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SOBRE LA NATURALEZA HUMANA EXPLICACIÓN Y COMPRENSIÓN DE LA CONCIENCIA

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ARTICULO DE REVISION
SOBRE LA NATURALEZA HUMANA
EXPLICACIÓN Y COMPRENSIÓN DE LA CONCIENCIA
LUIS FEI.IPI; OROZCO CABAI. *
Todos nosotros hemos experimentado ser conscientes.
Sin embargo, rara vez podemos dar una definición
exacta de este concepto. Desde sus orígenes el género
humano ha buscado incesantemente el secreto de su
naturaleza. Ser consciente no sólo es darse cuenta de
algo, sino darse cuenta de que uno se da cuenta de algo.
En este artículo se exponen algunas reflexiones en
torno al fenómeno de la conciencia y, de manera
particular, se hace referencia a su espacio y a sus
límites.
Palabras Clave: Conciencia;
ON HUMAN NATURE EXPLAN ATION
AND UNDERSTANDING OF CONSCIENCE
Most of us have experienced what is like to be
conscious, but rarely one can give an exact definition of
this concept. From the origins of humankind, men have
been searching for the secret of its human nature.
Consciousness is not only to be aware of something,
but to realize that we are aware of something. In this
paper I describe some ideas regarding human
consciousness and more specifically about conscious
experience, its phenomenal room and limits.
Key Words: Consciousness;
* Médico. Miembro fundador y Coordinador del Capítulo Académico en Neurotaiología de la Conciencia (NEUROCON), miembro Adherente de la Sociedad Colombiana de
Psiquiatría, miembro de la Cognitive Science Society y de la Association for the Scientific Study of Conciousness. Comentarios y Correspondencia: NEUROCON, Capítulo
Académico en Neurobiología de la Conciencia, Transversal 20 No. 121-11 Apto.201 Santa Fe de Bogotá, Colombia. Correo Electrónico: neuro6@Yahoo.coni
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OROZCO LUIS FELIPE
"Sean optimistas frente a los
prospectos para una teoría sobre
la conciencia, no porque los
prospectos para tal teoría sean
muy certeros, sino porque el sólo
optimismo hará de la búsqueda
de la solución a este difícil problema, una tarea válida"
bien lo que es, si no se me pregunta.
Pero cuando quiero explicárselo al
que me lo pregunta, no lo sé. Pero
me atrevo a decir que sé con
certeza que si nada pasara no habría tiempo pasado. Y si nada existiera, no habría tiempo presente"
(Confesiones, XI, 14).
O. Flanagán (1997)
En la filosofía y demás "ciencias del
espíritu", y últimamente en las
ciencias exactas, se han hecho tantas
definiciones de conciencia, como
autores. En la tradición filosófica la
heterogeneidad acerca del concepto
de la conciencia no sólo refleja la
intensa búsqueda por una definición
que satisfaga la inmensidad de su
experiencia; sino también, el
desconocimiento
que
persiste
acerca de ella. Aquí, continuando
la tradición histórica, se busca
una definición que no sólo permita
saber a qué se hace referencia,
sino que además permita distinguir
entre el concepto de conciencia
humana verdadera y otra serie de
conceptos que, con frecuencia, son
utilizados como sinónimos de ella.
Tal tarea no tiene como objeto
confundir al lector, ni representa un
ansia de cientifici-dad; tan sólo
invitar a la reflexión y al análisis.
INTRODUCCIÓN
Ningún problema ha preocupado
tanto a la especie humana como la
comprensión de sí misma. Ahora
bien, esta comprensión pasa no solamente por la explicación de la
conciencia humana, con la ayuda
de las ciencias, sino por su comprensión en totalidad con el apoyo
de las disciplinas hermenéuticas.
En este texto podrá apreciarse el
análisis de la conciencia desde la
perspectiva de las ciencias y, más
allá de éstas, con el concurso de la
filosofía. Esta propuesta otorga al
lector la posibilidad de una visión
no reduccionista del fenómeno de
la conciencia pues la analiza como
un fenómeno humano.
EL CONCEPTO
No existe otro fenómeno en la naturaleza humana que experimentemos nías y que sepamos definir
menos(1). Es probable que muchos de
nosotros respondamos a la pregunta
sobre qué es la conciencia humana,
como San Agustín cuando le
preguntaron acerca del tiempo:
"¿Qué es, pues, el tiempo? Sé
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No es posible dar una definición
exacta de la conciencia. Por lo menos en los términos aristotélicos de
género y diferenciación, o en los
términos cartesianos de lo claro y
lo distinto. Sin embargo, intentar
definirla es el punto de partida
REVISTA COLOMBIANA Díí PSIQUIATRÍA / VOL XXIX ; N° 4. 2000
SOBRE U NATURALEZA HUMANA: LA CONCIENCIA
obligatorio para desarrollar un análisis sobre el terna. Tal necesidad
obedece no sólo al valor práctico y
metodológico, sino a que permite
distinguirla de otros términos que
son utilizados como sinónimos o de
otros con los que suele confundirse(2).
La conciencia, en términos generales,
puede definirse como esa capacidad
que tiene el ser humano de "darse
cuenta de ... algo". Aquello de lo
que un ser humano puede darse
cuenta, constituye el contenido de
su conciencia o de sus estados
conscientes. Tal capacidad no es
unívoca sino análoga. Es decir,
consta de diferentes niveles, según
su contenido. Así, darse cuenta de
dimensiones como el tiempo y el
espacio es cualitativamente diferente al hecho de darse cuenta de
uno mismo (autoconciencia) o a
darse cuenta que uno se da cuenta
de algo (autoreflexión o experiencia
consciente). Posiblemente los dos
primeros niveles no son exclusivos
del género humano y permiten a
todo ser viviente estar ubicado en el
espacio y en el tiempo e
identificarse como individuo frente
a otros de su especie o de especies
diferentes. Estos constituyen la base
de la experiencia sensible.
"No se puede dudar que todos
nuestros conocimientos comienzan
con la experiencia, porque, en efecto,
¿cómo habría de ejercitarse la
facultad de conocer si no fuera por
los objetos que, excitando nuestros
sentidos de una parte, producen
por sí mismos representaciones y,
de otra, impulsan nuestra inteligencia
a compararlas entre sí, enlazarlas o
separarlas, y de esta suerte
componer la materia informe de las
impresiones sensibles para formar
ese conocimiento de las cosas que
se llama experiencia? En el tiempo,
pues, ninguno de nuestros conocimientos precede a la experiencia, y
todos comienzan en ella.
Pero si es verdad que todos nuestros conocimientos comienzan con
la experiencia, sin embargo, no todos proceden de ella, pues bien
podría suceder que nuestro conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos por las
impresiones y de lo que aplicamos
por nuestra propia facultad de conocer..." (3).
Este último nivel de apercepción al
que hace referencia Kant es aquel al
que nos referimos como la experiencia consciente. El conocimiento
que se deriva de él no depende de la
experiencia sensible sino de la
experiencia de esa experiencia
sensible. A este nivel distinguimos
al hombre de otros vertebrados superiores y es éste mismo, el pilar de
lo misterioso del fenómeno humano.
En esa experiencia consciente, la
forma puede tomar varios significados, entre el contexto y el recuerdo. Es ella la base de la subjetividad humana, el espacio en donde
las capacidades humanas alcanzan su
pleno valor, en la comprensión de lo
inmanente a la materia.
RliYISTA miOMBIANA I)K PSIQUIATRÍA VOL XXIX V 4 2000
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OROZCO LUIS FELIPE
Goldman afirma al respecto: "un
estado mental parcial es consciente,
si y sólo si, va acompañado de
cualidades fenomenológicas, es
decir, de subjetividad o sentimientos"(4). Sólo a través de la experiencia
consciente los placeres de la belleza
dejan de ser los más "zoológicos"
de todos, si Savater me permite el
uso de tal expresión (5).
SU FUNCIÓN
El organismo vivo capaz de tener
experiencia consciente es, por definición, humano. Sólo él, a través de
la conciencia, posee su propio mundo
al estar éste presente ante él. "La
conciencia es para cada individuo
como el foco en el que se concentra
la luz de sus experiencias. En tal
forma de hablar, la conciencia aparece como lo individual en cada
caso. Cada individuo entiende en
su conciencia precisamente su
mundo" (6).
Aquel que entiende su mundo es
capaz también de crear espacios de
convivencia, en donde se da generosamente a otros con su misma
capacidad. Él tiene la posibilidad de
ser conocido y de conocer cuando
se entrega, sólo parcialmente, en
ese espacio virtual que se llama la
interacción. "Haciendo que mi
mundo no sólo sea el mío en cada
caso, sino en unidad con ello también el general; y la conciencia en
que aparece el mundo tiene ese
mismo doble sentido de lo individual y general a la vez. La conciencia
aparece en este contexto no sólo
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como lo individual en cada caso,
sino también como lo que el sujeto
entiende en cada caso, siendo así
con ello él mismo, o sea, como sujeto en general o, dicho de otro
modo, como subjetividad" (6).
Tal acto de entrega a otros seres
conscientes no sólo es generoso,
sino que hace de éste un acto ético (7).
El universo de convivencia es un
espacio donde aquellos con conciencia acuerdan comunicarse simbólica y parcialmente la subjetividad de su experiencia consciente.
En este ejercicio de convivencia
nace el lenguaje simbólico como la
posibilidad de reportar los estados
internos del dinámico mundo consciente (8). Por esto, lo más natural de
los hombres es no serlo nunca del
todo. Edgar Morin escribe: "finalmente, existe en nuestra subjetividad humana ese lugar habitado
por las nociones de alma, de espíritu,
animus, anima, y tenemos el
sentimiento profundo de una insuficiencia del alma que sólo pude
llenar el otro sujeto". Un ser consciente se comparte únicamente en
su bordes, porque hacerlo en totalidad haría que perdiese su identidad como sujeto. "En el fondo... en el
sentimiento de amor, está la idea de
que el otro nos restituye a nosotros
mismos la plenitud de nuestra
propia alma, permaneciendo totalmente diferente de nosotros mismos. Es nosotros aún siendo otro" (9).
Por tanto, la experiencia consciente
también hace del hombre un ser
libre. "La acción es libre porque su
Kl-YISTA COLOMBIANA I)l: PSIQUIATRÍA VOL X X I X N° 4. 2000
SOBRE LA NATURALEZA HUMANA: LA CONCIENCIA
causa es un sujeto capaz de querer,
de elegir y de poner en práctica proyectos; es decir, de realizar intenciones" (5). Sólo así la historia biológica que demarca nuestro actuar,
se convierte en algo más que un
cúmulo de genes determinados.
Somos, ante todo, seres subjetivos
por la conciencia. Y ésta, a la vez,
nos hace libres; libres de sentir y de
dar a los objetos que hacemos nuestros, por las facultades de nuestra
lente, un universo propio.
consciente, siempre, en cada momento, aparecen ante nosotros
como una experiencia homogénea y
total;
dos
características
fenome-nológicas propias de éste (10).
"Por la representación sujeto y
objeto se pertenecen mutuamente;
la representación o, con otro
nombre, la conciencia, es la
unidad, cuyos momentos aparecen
como sujeto y el objeto; pues el
sujeto no es sino lo representante, y
el objeto no es sino lo representado.
En este proceso de pensamiento la
El mundo externo no se representa conciencia... no sólo se entiende
en nosotros. Nosotros lo creamos y, como la unidad del sujeto, sino
por limitado que parezca, esa es la como aquella unidad que unifica y
totalidad de nuestra experiencia. separa el sujeto y el objeto" (6>.
¿Qué sería del hombre sin estética y
pasión por aquello que no depende La conciencia como lo individual,
de la experiencia sensible?
como lo subjetivo y como unidad
trascendental, hace de nosotros seres
Momento a momento, construimos humanos y de nuestros actos,
un mundo en que los colores pier- actos de generosidad y algunos
den su valor, para ser reemplazados perversos, éticos, de bondadosa
por conceptos tan vagos como el entrega pedagógica. En The Princiamor y la esperanza de vivir. En el pies ofPsychology, James afirma: "La
encuentro con alguien amado nos persecución de fines y la elección
entregamos en los bordes para de los medios para llegar a éstos son
construir subjetividad. La experiencia por excelencia, la marca y los
consciente nos hace elevarnos a criterios para definir la presencia de
construir -como sujetos y a través mentalidad en un fenómeno" (11).
de la facultad del entendimiento-, Algunos nos preguntamos: ¿en qué
síntesis de aquello que no está en el momento cambio todo esto?
breve espectro del mundo sensible.
Somos, por la conciencia, seres SU NATURALEZA
sublimes, capaces de amar y de acDesde el nacimiento de la cultura
tuar libremente.
occidental, múltiples disciplinas
La conciencia da unidad a nuestro han hecho suya la conciencia como
mundo. A pesar de las diferencias objeto de estudio. Esta ha divagado
existentes entre los objetos que in- de una disciplina a la otra sin
encontrar una que satisfaga comcorporamos a nuestro universo
KHYISTA CULOMBIANA DI! PSIQUIATRÍA YOL XXIX / N° 4< 2000
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OROZCO LUIS FELIPE
pletamente sus necesidades. Propongo que tal dificultad es producto
de la naturaleza particular del
fenómeno que nos proponemos estudiar.
Muchos consideran la conciencia
como un fenómeno que cuenta con
una naturaleza bipartita. Con esto
no justifican un tipo de aproximación dualista al problema, sino confirman que existe evidencia que nos
hace innegable el hecho de aceptar
que en ella conviven elementos biológicos
con
elementos
fenomenoló-gicos. Ante esto se nos
impone una gran dificultad que
hemos de sobrepasar: la de unir los
principios fisiológicos subyacentes a
la actividad consciente, con la
subjetividad
emergente
que
caracteriza la experiencia de la
misma. Lo que en neu-rociencias se
ha llamado el binding problem (12).
G. Güzeldere, del Centro para el
Estudio del Lenguaje e Información
de la Universidad de Stanford escribe: "El fenómeno de la conciencia
no tiene límites teóricos claros, y su
compleja estructura no admite
afirmaciones fáciles" (13). Ella no
pertenece por completo al mundo
natural, ni por completo al mundo
subjetivo. Por lo tanto, su explicación no es del todo posible por las
ciencias exactas, ni su comprensión a
través de la metafísica. En la generación de ésta, el cerebro es una
condición necesaria pero no suficiente.
Owen Flanagan lo expone de la siguiente manera: "Los estados men-
380
tales conscientes sobrevienen estados cerebrales. Estos, a su vez, son
aspectos esenciales o constituyentes
de los primeros, así como también lo
son los aspectos fenómeno-lógicos
de éstos. Pero naturalmente, no hay
en ellos, al nivel f enome-nológico,
ningún tipo de revelación de los
estados neurales subyacentes" (14). Y
vale la pena preguntarse: ¿será que
este embrollo tiene alguna solución?
La conciencia es un fenómeno -y a
la vez un concepto-, que no resiste
explicaciones mecanicistas. Ella es
más que un simple complejo proceso neuronal y eso lo hace un término no definible funcionalmente.
Por tanto, en el momento, tenemos
que aceptar que las ciencias empíricas tienen un límite en su intento
de explicación. Le corresponde a
estas últimas aproximarse al mecanismo neuronal que tantas veces
hemos documentado de manera
precisa. Es decir, descubrir las leyes
naturales a las que están sujetos tales
procesos neurofisiológicos, pero
teniendo siempre presente, que
aun cuando lleguen a explicarlo, no
habrán explicado en su totalidad la
conciencia misma. Porque como se
ha mencionado, el explicar el cómo
no significa explicar el qué (brecha
epistemológica).
La subjetividad de la experiencia
consciente, por su parte, no se agota
en una explicación reduccionista.
Porque, en el fondo, la subjetividad
es una sola, que aunque
RF.VISTA COLOMBIANA Db! PSIQUIATRÍA / VOI. XXIX / N° 4< 2000
SOBRE LA NATURALEZA HUMANA: LA CONCIENCIA
emerge de procesos biológicos, no
se explica mediante éstos, sino que
sólo se comprende en totalidad en
el contexto de las ciencias hermenéuticas. Nunca vamos a tener la
posibilidad de mirar objetivamente
la conciencia humana, porque
sólo a través de esta misma tenemos la capacidad de comprenderla.
No esperemos poder ponerla en una
laminilla bajo el microscopio y decir
objetivamente la comprendí, ya que
nosotros
mismos
somos
el
microscopio y nuestra propia conciencia, sus lentes. "A partir de una
nueva
visión
del
modelo
cerebro-mente, la conciencia se
convierte en un componente de
trabajo de la función cerebral, un
fenómeno que cobra autonomía por
sí mismo, no reductible a
mecanismos electroquímicos. A
pesar que éstos mecanismos
sostienen y ayudan a determinar
cualquier tipo de acción, la libertad
para la acción reside, en su mayoría,
a niveles más elevados, en los estados
conscientes" (15).
Ahora bien, tal concepción acerca
de la conciencia obliga también a
las disciplinas a reinventar la manera de entender el funcionamiento
cerebral. Éste, producto de un
largo camino evolutivo, ha construido un sistema dinámico de funcionamiento no lineal del cual
emerge la subjetividad, no sabemos
en qué momento. Debemos dejar a
un
lado
las
posiciones
localizacio-nistas de las funciones
cerebrales y empezar a verlo como
un todo, que es más que sus partes.
Sólo en tota-
lidad la experiencia de vivir adquiere
sentido. Debemos tener claro que
el sistema nervioso es un órgano que,
en conjunción con el resto de los
sistemas del organismo, tiene la
capacidad intrínseca de generar un
modelo de realidad, incluso en
ausencia de estímulos externos
(16,17,18) EI es un participante de ese
estado pseudonírico en el que decimos abrir las puertas al mundo
que nos rodea, para inventar un
nuevo mundo que vivimos e interpretamos como real. Sólo somos
creadores de mundos compartidos
allí donde, al contrario de lo que
nos dice el sentido común, somos
nosotros los que más aportamos a
él. Nuestra lente tiene la capacidad
de generar espacios subjetivos que
llamamos "condición humana". Somos sistemas representacionales
con una larga historia biológica.
EL ESPACIO CONSCIENTE Y
SUS LÍMITES
El espacio consciente es el espacio
de la experiencia subjetiva, porque
en él estamos parcialmente representados el mundo y nosotros mismos.
Este
es
un
espacio
fenómeno-lógico y ante todo un
estado
repre-sentacional.
Las
representaciones
del
mundo
acceden al universo consciente a
través de vehículos que contienen
información. A éstos últimos los
llama Metzinger modelos mentales.
Nuestro universo consciente es
un universo compuesto por
modelos mentales cargados de
información subjetiva que se
superponen. El modelo mental
RKVISTA COLOMBIANA DK PSIQUIATRÍA VOL XXIX / N° 4< 2000
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OROZCO LUIS FELIPE
más importante, bajo el cual se
agrupa el resto de modelos mentales,
en un momento determinado, es el
que denominamos el "Modelo de
Realidad". Solamente el mundo
recreado en el modelo de realidad es
nuestra relativa realidad. Tal
realidad cuenta con dos características aparentes: coherencia y totalidad. Nuestro universo de experiencias siempre aparece ante nosotros como indivisible. La indivisibilidad de mi realidad subjetiva
es la base de mi yo fenomenológico.
Sin embargo, sabemos con bastante
precisión
que,
neurofisiológica-mente, no se da
de esta manera. Que diferentes
partes de nuestro sistema nervioso
procesan de manera paralela los
diferentes componentes de nuestro
mundo sensible, que acceden a éste a
través de nuestros sentidos. Luego,
podríamos
inferir
que
tal
integración de la información
adquiere la propiedad de la
coherencia y la totalidad del
procesamiento que el sistema nervioso hace de ella. Anteriormente,
el acertijo acerca de cómo el cerebro
une los componentes sensibles en
una sola experiencia total, fue
explicado a través de las redes
neu-ronales existentes en nuestra
corteza. Pero, bajo la prueba del
tiempo, tal modelo de globalidad
encontró sus límites. Imaginemos
que solamente contamos con las
conexiones
espaciales
entre
elementos
neuronales
para
configurar nuestra experiencia.
Llegaríamos a un punto donde, por
la finitud del
382
espacio, sólo podríamos tener tantas
experiencias como número de
conexiones neuronales, lo que sería
casi imposible.
Durante la última década se ha visto
un creciente interés por el descubrimiento de mapas temporales
sobrepuestos a los mapas espaciales
de los componentes del sistema
nervioso. El mecanismo de globalidad temporal o de unión temporal,
consiste en que los diferentes
componentes de una percepción
son procesados por grupos
neura-les diferentes y específicos .
En estado de actividad, ellos
resuenan a una frecuencia entre los
30 a 40 Hz, utilizando esta
frecuencia como un código que une
temporalmente estos procesadores y
conforma la unidad de percepción y,
por tanto, la unidad de la
experiencia de realidad (18'19'2°<2U2)
Decimos entonces que el carácter
holístico de mi realidad es el
producto de la formación de una
gestalt que unifica a todos los
modelos mentales.
Según Metzinger, la unidad, es la
simultaneidad subjetiva dada dentro
un único momento psicológico.
Entonces, la realidad emerge en el
contexto de un presente subjetivo
determinado por las relaciones entre
las partes, como los modelos; y la
gestalt de la realidad, como el todo.
La anterior teoría es el correlato
biológico que explicaría como
unimos nuestras experiencias en
una sola realidad evidente e innegable para todos. Sin embargo, to-
RliVISTA C'OLOMBIANA DL: PSIQUIATRÍA VOL XXIX V 4 2000
SOBRE LA NATURALEZA HUMANA: LA CONCIENCIA
davía no explica el problema de la
emergencia de la subjetividad, de
la cualidad (qualitas) en nuestra
experiencia. La coherencia de la
experiencia para este autor es producto del mecanismo temporal de
ligamiento de los componentes de
nuestro universo consciente, casi
prescindiendo de los contenidos de
los modelos mentales para explicarla. Considero que la homogeneidad más que una propiedad del
mecanismo biológico subyacente a
la actividad consciente, es una propiedad del tiempo mismo, en el que
se sucede la experiencia y, por tanto,
en términos de la infinitud del
tiempo, ésta no sólo sería parcial
sino finita.
Así, no existen límites porque fuera
de ese universo consciente, no
existe nada para el hombre, y de la
nada no se tiene experiencia. Creo,
sin embargo, que tales limites son
expansibles o contraibles de acuerdo
a las circunstancias atenciona-les
en las que la persona se encuentre.
Tal vez un ejemplo que ayude a
aclararlo. Viene de la experiencia de
ensoñación. En trabajos anteriores
hemos afirmado que el estado de
ensoñación es también un estado
consciente. Lo ilógico de los contenidos que experimentamos durante los ensueños es producto de
la propia inatención que caracteriza
a tales estados. En ellos podríamos
decir que nuestro universo
consciente se expande considerablemente, con respecto al estado de
vigilia. En éste, los mecanismos
atencionales dirigen nuestra atención según fines prácticos al mun-
do exterior, que exige una respuesta
adecuada frente a él.
EXISTE FINAL
Muchos otros se preguntarán la
importancia de esta discusión. A los
positivistas les digo que tal discusión no tiene ningún fin práctico,
pero que la historia nos muestra,
una y otra vez, que los grandes
avances en el conocimiento del
hombre han nacido de discusiones
sin sentido práctico. A los reduccionistas, que tal enfoque sirvió a su
propósito y que ha sido un fin en la
historia por el cual hemos de transcurrir durante muchos años más,
pero que tal visión no debe volverse
solipsista. Si alguna verdad entraña
la conciencia es que las disciplinas
deben abrirse a la comunicación
interdisciplinaria en un acto de
honestidad intelectual(14).
En el futuro, tendremos que aceptar
cómo
nuestro
conocimiento
acerca de la conciencia humana se
encuentra todavía en un estado
muy primitivo y que, posiblemente,
como Alwyn Scott menciona en su
libro Stairway to the Mind, "Llegará
el día cuando será posible que la
ciencia entienda la naturaleza de la
conciencia sin negar sus más intangibles aspectos". Mientras ese
momento llega debemos seguir
adelante porque sólo el esfuerzo
invertido hará valer la pena el empeño. Quizá las diversas posiciones y
enfoques
teórico-metodológicos
que se han dado en el estudio de la
conciencia, son sólo momentos finitos de un infinito preguntar sobre
nosotros mismos.
Ri;\'!STA COLOMBIANA DL PSIQUIATRÍA VOL. XXIX N° 4, 2000
383
OROZCO LUIS FELIPE
AGRADECIMIENTOS
Extiendo mis sinceros agradecimientos
a los doctores Luis Enrique Orozco
S. y Silvio Sánchez K, por sus
inva-luables comentarios acerca de
este tema.
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