VOLUMEN I MANUAL DE PS ICO PATOLOGÍA Amparo Belloch | Bonifacio Sandín | Francisco Ramos 4a EDICIÓN ACTUALIZADA CON DSM-5-TR MANUAL DE PSICOPATOLOGIA, VOLUMEN I Coordinadores: Amparo Belloch, Bonifacio Sandín, Francisco Ramos ISBN-13 (IMPRESO) 978-84-485-4122-1 ISBN-10 (IMPRESO] 84-486-4122-1 ISBN-13 (DIGITAL EPUB] 978-84-486-4124-5 ISBN-13 (DIGITAL VS] 978-84-486-4125-2 DEPÓSITO LEGAL: M-4790-2024 Mc Graw Hill Publicado por McGraw Hill Edificio Oasis, 1.a planta Basauri, 17 28023 Aravaca (Madrid, España) Tel. +34 91 1803000 www.mheducation.es © 2024. Derechos exclusivos de McGraw Hill para manufactura y exportación. Este libro no puede ser re-exportado desde el pais al que sea vendido por McGraw-Hill. Reservados todos los derechos. 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Contenido general RELACIÓN DE COLABORADORES (VOLUMEN I) vii Prefacio a la tercera edición ix Prefacio a la cuarta edición -................................................................................................................ xiii PARTE I. Aspectos históricos, conceptuales y diagnósticos de la psicopatología 1 Capitulo 1. Historia de la psicopatología Amparo Belloch, M.d José Galdón y Belén Pascual-Vero 3 Capitulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología Amparo Belloch, Bonifacio Sandín y Francisco Ramos......................................................................... 41 Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología Paloma Chorot, Rosa M. Valiente y Bonifacio Sandin____________________________________ 81 Capítulo 4. La entrevista diagnóstica Maria Roncero, Gemma García-Soriano y Conxa Perpiñá_____________ _____________113 PARTE II. Psicopatología de los procesos y las funciones psicológicas________________ 139 Capitulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia Marta Miragall, Rosa María Baños y Maria José Galdón 141 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación Belén Pascual-Vera, Elvira Martínez-Besteiro y Amparo Belloch____________________________ 171 Capítulo 7. Psicopatología de la memoria Margarita Diges Junco y Conxa Perpiná Tordera................................................................................ 229 Capítulo 8. Psicopatología del pensamiento Gemma García-Soriano y Amparo Belloch 271 Capítulo 9. Psicopatología del lenguaje Francisco Ramos Campos, Israel Contador Castillo y José A. Adrián Torres__________ 329 Capítulo 10. Psicopatología del comportamiento y la conducta motora Gemma García-Soriano, Sandra Arnáez y María Roncero ____________ ___ ____________ ____375 Capítulo 11. Regulación emocional Rosa Maria Baños, Maria José Galdón y Azucena García-Palacios 407 Capítulo 12. El estrés Bonifacio Sandín 433 PARTE III. Trastornos asociados a necesidades básicas y adicciones ........................................... 483 Capitulo 13. Trastornos alimentarios y de la ingestión de alimentos Maria Roncero y Conxo Perpiñá 485 Capítulo 14. Disfunciones sexuales, trastornos parafilicos y disforia de género Rafael Ballester-Arnal______________________________________________________________ 515 V Manual de psicopatología. Volumen 1 Capítulo 15. Adicciones a sustancias Elisardo Becoña Iglesias________________________________________________ —----------------565 Capitulo 16. Adicciones comportamentales Mariano Chólizy Paulina Herdoiza-Arroyo 597 Capitulo 17. Trastornos del sueño Gualberto Buela-Casaly Alejandro Guillén-Riquelme 631 Respuestas a la autoevaluación 649 Índice analítico_________________________________________ __ ____ ________________ — 651 vi Relación de colaboradores (Volumen 1) José Antonio Adrián Torres Margarita Diges Junco Catedrático de Psicopatología del Lenguaje. Facultad de Psicología. Catedrática de Psicología de la Memoria. Universidad de Málaga. Facultad de Psicología. Sandra Arnáez Sampedro Universidad Autónoma de Madrid. Profesora Ayudante Doctora. Maria José Galdón Garrido Facultad de Psicología. Catedrática de Psicopatología. Universidad de Valencia. Facultad de Psicología. Rafael Ballester-Arnal Universidad de Valencia. Catedrático de Psicología. Azucena García-Palacios Facultad de Ciencias de la Salud. Catedrática de Universidad. Universidad Jaume I, Castellón. Facultad de Ciencias de la Salud. Rosa Maria Baños Rivera Universitat Jaume I, Castellón. Catedrática de Psicopatología. Facultad de Psicología. Gemma García-Soriano Universidad de Valencia. Profesora Titular de Psicopatología. Facultad de Psicología. Elisardo Becoña Iglesias Universidad de Valencia. Catedrático de Psicología Clínica. Facultad de Psicología. Universidad de Santiago de Compostela. Alejandro Guillén-Riquelme Doctor en Psicología. Amparo Belloch Fuster Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC). Catedrática de Psicopatología. Universidad de Granada. Facultad de Psicología. Universidad de Valencia. Gualberto Buela-Casal Catedrático de Psicología Clinica. Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC). Universidad de Granada. Paulina Herdoiza-Arroyo Profesora Titular de Universidad. Universidad Internacional del Ecuador. Elvira Martínez-Besteiro Profesora Contratada Doctora. Facultad de Psicología. Universidad de Valencia. Mariano Chóliz Montañés Catedrático de Universidad. Facultad de Psicología. Marta Miragall Montilla Profesora Ayudante Doctora. Universidad de Valencia. Facultad de Psicología. Universitat de Valncia. Paloma Chorot Raso Catedrática de Psicopatología. Belén Pascual-Vera Facultad de Psicología. Profesora Ayudante Doctora. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Madrid. Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Madrid. Israel Contador Castillo Profesor Titular de Psicobiología. Conxa Perpiñá Tordera Facultad de Psicología. Catedrática de Psicopatología. Universidad de Salamanca. Facultad de Psicología. Universidad de Valencia. vii Manual de psicopatología. Volumen 1 Francisco Ramos Campos Bonifacio Sandin Ferrero Catedrático de Psicopatología. Catedrático de Psicopatología. Facultad de Psicología. Universidad de Salamanca. Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Madrid. Maria Roncero Sanchis Rosa Maria Valiente Garcia Profesora Titular de Universidad. Profesora Titular de Psicopatología. Facultad de Psicología. Facultad de Psicología. Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), Madrid. Universitat deValncia. Prefacio a la tercera edición A principios de los años noventa del siglo pasado quienes coordinamos este manual, tres psicólogos profesores de psicopatología, coincidimos en la creciente insatisfacción que sentíamos cuando nuestros estudiantes y nuestros colegas interesados en la clínica nos pedían recomendaciones y sugerencias sobre manuales que fueran no solo comprehensivos, sino también actuales y acordes con los conocimientos disponibles sobre la psicopatología, materia que impartíamos en nuestras respectivas universidades y sobre la que versaban tanto nuestros intereses de investigación como nuestra práctica clínica. No quiere esto decir que no hubiera entonces textos de psicopatología, algunos de ellos sin duda magníficos, aunque la denominación Manual de Psicopatología era inusual o anecdótica. Pensábamos que todos adolecían de un problema que, para nosotros, era fundamental afrontar: no recogían, o lo hacían muy de pasada, las muchas aportaciones que la psicología científica estaba proporcionando a la comprensión de las alteraciones psicopatológicas. Esa, y no otra, fue la principal motivación que nos llevó a plantear un manual de psicopatología firmemente anclado en la psicología. En el prólogo de la primera edición del manual de 1995, hace ahora 25 años, decíamos: «Se están realizando importantes avances en áreas como las neurociencias, la psicopatología experimental, la medicina conductual, la psicofisiología, etc., que involucran tanto a los aspectos estrictamente teóricos o conceptuales como a los metodológicos. Así mismo, se está produciendo un importante y necesario acercamiento, cada vez más visible, entre las ciencias biológicas, las psicológicas y las sociales en todo lo que concierne a la salud y la enfermedad humanas. La psicopatología es, probablemente, una de las áreas de conocimiento cientifico donde más se han hecho notar estos cambios y avances. Nuestros métodos de investigación son más potentes y eficaces, lo que nos permite disponer de más y mejores datos para comprender la naturaleza de las diversas alteraciones psicopatológicas; se están formulando nuevas teorías, capaces de proporcionar mejores respuestas a los viejos problemas que tiene planteados nuestra disciplina, a la vez que se han reformulado y adaptado muchas de las que ya existían». Hoy seguimos suscribiendo esas palabras y, en coherencia con ellas, decidimos que había llegado el momento de renovar en profundidad este manual para incluir las nuevas aportaciones que la psicología ha hecho durante estos años a la comprensión de las psicopatologías e integrarlas, siempre que fuera posible, con las más consolidadas. Así pues, desde el primer momento planteamos una decidida apuesta por la ciencia psicológica como marco de referencia imprescindible para el desarrollo de la psicopatología que, desde siempre, hemos concebido como una disciplina básica de la psicología científica, entendiendo por «básica» aquella que trata de encontrar respuestas a los problemas e interrogantes que plantea la realidad que, en nuestro caso, es la relacionada con los trastornos mentales y del comportamiento humano. Dicho en otros términos, lo que verdaderamente nos motiva e impulsa es, antes que nada, tratar de entender qué le sucede a una persona cuando dice que le pasan pensamientos «raros» por la cabeza, o que escucha voces, o que no consigue afrontar con eficacia los inevitables y necesarios cambios en su entorno vital, o que se pregunta por qué, a pesar de que se supone que debiera ser una persona «sana y feliz», no consigue encontrar sentido a su existencia, o que tiene miedo de perder la razón y volverse «loco». Estamos convencidos de que si no somos capaces de entender y encontrar respuestas convincentes a esos dilemas, dificilmente la psicopatología podría resultar de ayuda. Por eso pensamos también que la psicopatología es la ciencia base que, partiendo de los conocimientos que aporta la psicología cientifica, permite establecer las bases para diseñar nuevos y mejores modos para evaluar y diagnosticar y, como consecuencia, para intervenir eficazmente y mejorar la vida de las personas. En este sentido, concebimos la psicopatología como una disciplina, un conjunto de saberes, cuya finalidad última es la de servir de puente entre la psicología y la clínica psicológica; y los puentes tienen por definición una doble dirección. En definitiva, esta y no otra ha sido desde el principio la finalidad de este manual. ix Manual de psicopatología. Volumen 1 La primera parte del Volumen I está dedicada a analizar los referentes históricos fundamentales de la psicopatología y los cambios conceptuales que ha experimentado a lo largo de los siglos, con el fin de llegar a entender dónde se ubica actualmente y cómo todo ello se refleja en los modos de clasificar primero, y diagnosticar después, los distintos trastornos y anomalías que pueden calificarse como psicopatológicos. Hemos intentado no caer en el presentismo a la hora de exponer la evolución histórica y conceptual de nuestra disciplina, conscientes de que analizar el pasado desde contextos del presente no solo no contribuye a entender la realidad, sino que la distorsiona y perturba de manera, por qué no decirlo, irresponsable y dañina. Esta parte se cierra con un capítulo dedicado a la entrevista diagnóstica, el procedimiento ineludible que cualquier interesado en el funcionamiento humano debe conocer y ser capaz de utilizar. La segunda parte, psicopatología de los procesos y las funciones psicológicas, está dedicada a presentar las anomalías y disfunciones que se producen en los procesos mentales, desde los aparentemen­ te más simples, hasta los más complejos, sin olvidar el hecho cierto de que todos ellos están íntima e ineludiblemente interconectados y que, por lo tanto, las anomalías o disfunciones en uno de ellos tiene repercusiones en los demás. El estudio de los procesos y las funciones mentales es, sin duda, uno de los fundamentos básicos de la psicología desde sus mismos orígenes como disciplina científica. A ellos recurrimos y de ellos partimos para intentar entender cuándo esos procesos y funciones se «desvían» de su trayectoria esperable y predecible y, sobre todo, cómo lo hacen y qué consecuencias tiene todo ello en la salud mental. Pero estaríamos equivocando nuestro propósito si olvidáramos incluir aquí también las anomalías y disfunciones que se producen en otros ámbitos, tradicionalmente entendidos como «no cognitivos», como son los comportamientos y las emociones que, como no podía ser de otro modo, actúan a modo de bumerán sobre los procesos cognitivos, modificándolos, regulándolos, mediando en sus efectos y consecuencias: produciendo, en suma, un efecto dominó de alta complejidad y de consecuencias a veces imprevisibles. Todo ello, las relaciones de interdependencia entre funciones mentales, comportamientos, y emociones, se evidencia de un modo palmario en el gran tema del estrés, que además remite a otras connotaciones de orden fisiológico. Esta parte del manual no trata, por tanto, de un mero «regreso al síntoma», objetivo postulado y reivindicado desde algunos enfoques de la psicopatología, sino de re-situar el objeto de la psicopatología en el lugar que nunca debió abandonar, esto es, la investigación de los procesos y funciones mentales y comportamentales, incluyendo las emociones, que atraviesan todos los denominados trastornos mentales y del comportamiento. En consecuencia, se trata de procesos, funciones y comportamientos cuya naturaleza primigenia es de indole transdiagnóstica. La tercera parte del primer volumen está dedicada a los trastornos asociados a necesidades básicas y adicciones. Con ello se aborda el estudio de un grupo heterogéneo de alteraciones comportamenta­ les y emocionales relacionadas, en muchos casos, con necesidades y/o impulsos de naturaleza biológica, si bien es evidente que, aunque necesaria, la perspectiva biológica dista mucho de ser suficiente para comprender la génesis y el mantenimiento de esos trastornos. El componente social de los mismos es imprescindible para abordarlos de un modo cabal, especialmente en el caso de algunos de esta sección, que tienen en común, además, el carácter adictivo y de control del propio comportamiento por parte del individuo. El segundo volumen está dedicado integramente a presentar los diferentes trastornos mentales y del comportamiento siguiendo, en parte, la agrupación que de ellos se realiza actualmente en los sistemas oficiales de clasificación y diagnóstico psiquiátricos. La primera parte, dedicada a los trastornos emocionales, agrupa un conjunto diverso de entidades que, de un modo genérico, aunque con algunas excepciones (p. ej., los trastornos bipolares y algunas manifestaciones depresivas), se agrupaban históricamente bajo el rótulo general de «neurosis», término denostado desde los años ochenta por sus referentes psicoanalíticos, pero también por su incoherencia tanto etimológica como conceptual —recuérdese que, en su origen, hacía referencia a «inflamación de los nervios»— La ansiedad es, sin duda, un componente esencial que impregna todos los trastornos que se incluyen en esta parte: desde los estrictamente denominados como trastornos de ansiedad hasta los disociativos, pasando por los vinculados con las respuestas al estrés, los obsesivo-compulsivos, o los somatoformes. Pero ese componente no es el único ni, en algunos casos, el más importante. Entre otras razones, es la acumu­ ? X Prefacio lación de evidencias que ponen en cuestión el rol predominante de la ansiedad lo que ha dado lugar a la disgregación de los trastornos de ansiedad en grupos diferenciados que, además, se configuran como «espectros» de trastornos. Esos espectros, que se postulan sobre la base de elementos comunes (comorbilidad, edad de inicio, referentes neurobiológicos, respuesta al tratamiento, entre otros], no siempre están justificados por evidencias sólidas. Sea como fuere, más allá de los debates sobre la configuración concreta de cada espectro o conjunto de trastornos (es decir, sobre los trastornos concretos que se incluyen en cada agrupación o espectro), lo cierto es que, como decíamos, la ansiedad no es el único ni el más importante elemento aglutinador de todos ellos. Tampoco los cambios en el estado de ánimo y la modulación de los afectos y las emociones son exclusivos de los trastornos depresivos ni responden únicamente (ni en algunos casos, mayoritariamente] a causas psicológicas. Pero al mismo tiempo configuran el núcleo fundamental de lo que hoy sabemos sobre los trastornos depresivos y sobre los bipolares, dos conjuntos de trastornos que hoy se consideran diferentes y por tanto se presentan aquí en capítulos separados. El segundo bloque del volumen está dedicado a exponer los trastornos psicóticos y de la personalidad, dos conjuntos de problemas que, ya en la primera edición de este manual, calificábamos como los más complejos a los que se enfrenta la psicopatología. No debemos olvidar que, de hecho, la historia misma de esta disciplina está unida inextricablemente a la historia de las psicosis, consideradas como sinónimo de locura 0, al menos, como su más genuina expresión; y la locura era el objeto primigenio del estudio de la psicopatología. Su carácter a menudo devastador, considerado irreversible, y su indudable impronta biológica, dejaban poco margen tanto a la investigación como a la práctica clínica de los psicólogos. Afortunadamente, también aquí la psicología ha demostrado, una vez más, que precisamente por su complejidad no pueden ser entendidos ni abordados desde una óptica exclusivamente biológica. Por lo que se refiere a los trastornos de la personalidad, siguen siendo uno de los retos más complicados que tiene hoy planteados la psicopatología y todas las disciplinas de ella derivadas y/o con ella asociadas, desde la evaluación y el diagnóstico hasta las diversas orientaciones psicoterapéuticas. Una muestra de esa complejidad es el enconado debate que han suscitado y siguen provocando entre los expertos, cuyo resultado más evidente es la falta de acuerdo, tal y como se pone de manifiesto tanto en la actual edición del manual de diagnóstico y estadística de los trastornos mentales propuesto por la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM, como en el capítulo dedicado a los trastornos mentales de la clasificación internacional de enfermedades, la CIE, propuesta por la OMS. Es muy probable que este conjunto de trastornos experimente cambios sustantivos en los próximos años, aspecto en el que insisten los dos capítulos dedicados a ellos. La tercera y última parte del Volumen 2 está dedicada a los trastornos del neurodesarrollo y a los neurocognitivos, intimamente vinculados con el ciclo vital. De nuevo nos hallamos frente a un conjunto de problemas y trastornos altamente complejos, que están experimentado una remodelación profunda en la última década debido, en parte, al descubrimiento de nuevos datos y hechos, pero también al elevado impacto que tienen sobre la salud mental de las personas y al notable incremento que están experimentando en nuestras sociedades actuales. Más allá de la organización temática seguida en el manual, queremos hacer notar algo que nos parece de la máxima importancia y que hemos intentado poner en valor a lo largo de todo el libro. Se trata de la noción de la dimensionalidad y, estrechamente vinculada con ella, la del transdiagnóstico, ambas subrayadas e integradas desde los primeros capítulos del primer volumen. La dimensionalidad de las psicopatologías significa entenderlas y abordarlas no como algo diferente de la «normalidad mental», sino como claramente vinculado con ella, hasta el punto de que no es posible comprender las psicopatologías prescindiendo del hecho ampliamente contrastado de la continuidad entre lo «normal» y lo psicopatológico. La psicología científica siempre reivindicó esa idea y el tiempo, la investigación, y la realidad, le han dado la razón. Baste como ejemplo la propuesta que hace el DSM-5 de dimensiones y síntomas transversales que «atraviesan», y por tanto trascienden, los diferentes trastornos mentales (ansiedad, depresión, ira, ideación suicida, conductas repetitivas, etc.), o la apuesta de la CIE-11 por caracterizar los distintos trastornos no como conjuntos más o menos estables y definidos de síntomas (o no solo así), sino como problemas crecientes en gravedad partiendo de lo que denominan «trastornos subumbrales». Pero, además, la noción de dimensionalidad permite, nos parece, abordar Manual de psicopatología. Volumen 1 de un modo eficaz el peligro del estigma que tan injustamente ha recaído desde hace siglos sobre las personas que, en algún momento de sus vidas, experimentan algún problema mental, estigma que agrava todavía más su sufrimiento. El viejo aforismo hipocrático, no existen enfermedades sino enfermos, ocupa también un lugar de honor en el ámbito de la salud mental: no hay depresivos, o esquizofrénicos, o hipocondríacos, sino personas con depresión, con esquizofrenia o con hipocondría. Y esas personas, y su sufrimiento, no son tan diferentes de quienes no tienen esos problemas, porque comparten con ellas la mayor parte de las características que configuran la vida mental humana. Para concluir, es obligado poner de manifiesto nuestro más profundo y sincero reconocimiento y gratitud a todas las personas que han contribuido tan generosamente a hacer realidad este nuevo proyecto. Sin su concurso y su trabajo, hubiera sido imposible haber llegado hasta aquí, a esta tercera edición del manual. Tampoco queremos dejar pasar la oportunidad de agradecer el apoyo y el impulso incondicional que, desde el principio, hemos recibido de la editorial McGraw-Hill Interamericana de España, representado de manera notable por nuestra editora Cristina Sánchez. Por último, no queremos dejar de mostrar nuestro agradecimiento a todas las personas que se disponen a dedicar una parte de su tiempo a la lectura y estudio de los diferentes capítulos que conforman el manual. A todos, muchas gracias. En Valencia, Madrid y Salamanca, en junio de 2020. Amparo Belloch, Bonifacio Sandín y Francisco Ramos. Prefacio a la cuarta edición Tras la excelente acogida en 2020 de la tercera edición de este manual, enteramente actualizado, hemos querido dar respuesta a algunos comentarios y sugerencias de nuestros lectores. Es por ello que, aprovechando la actualización de criterios que ha supuesto en ciertos diagnósticos la publicación del DSM 5-TR, hemos retocado, además, la presentación del contenido con el fin de hacer su lectura mucho más amigable. Esperamos haber logrado nuestro propósito. Como siempre, a todos, muchas gracias. En Valencia, Madrid y Salamanca, en enero de 2024. Amparo Belloch, Bonifacio Sandín y Francisco Ramos. xiii PARTE I Aspectos históricos, conceptuales y diagnósticos de la psicopatología CAPITUL01 HISTORIA DE LA PSICOPATOLOGÍA Amparo Belloch, M.a José Galdón y Belén Pascual-Vera V. Enfermedades y trastornos mentales I. Introducción 3 II. Antecedentes conceptuales 4 y del comportamiento: el siglo xx 21 A. Las civilizaciones griega y romana 5 A. Clasificación y diagnóstico de los trastornos III. B. La Edad Media: el mundo árabe y la cristiandad 8 y enfermedades mentales y del comportamiento: C. El Renacimiento 9 de Kraepelin, Bleuler y Jaspers a los DSM 22 De la locura a la enfermedad: los siglos XVII y XVIII 11 y su impacto en psicopatología 25 A. Psicopatología y medicina 11 C. Hacia la integración de escuelas y su traslación B. El descubrimiento de la mente no consciente 13 a la práctica 34 C. La primera gran revolución de la psiquiatría: el tratamiento moral 14 IV. B. Diversificación de las escuelas psicológicas VI. Resumen de aspectos fundamentales 34 La enfermedad mental en el siglo xIX 15 TÉRMINOS CLAVE 36 A. Los enfoques organicistas 16 B. Las nuevas ciencias: el nacimiento de la psicología LECTURAS RECOMENDADAS 36 REFERENCIAS 37 científica 18 C. La psicología dinámica 20 AUTOEVALUACIÓN 39 D. El nacimiento de la psicología clínica 21 I. Introducción La psicopatología sigue siendo hoy una ciencia relativamente mos, sus sentimientos, sus pensamientos, sus conductas, 0 joven. A pesar de ello, un análisis histórico permite constatar sus relaciones con los demás, del mismo modo que se las cómo muchas teorías, modelos y procedimientos técnicos hicieron sobre el funcionamiento de los astros y de su mun- hoy vigentes, tienen una larga historia que conectan el pen- do inmediato. No es por tanto de extrañar que, ya desde samiento actual con creencias y sistemas de pensamiento sus mismos orígenes, el interés por el funcionamiento de preexistentes, muchos de los cuales tienen sus raíces en la mente y el comportamiento humanos —y sus alteracio- acontecimientos descubri- nes— se hallaran bajo la influencia de dos formas diferentes mientos accidentales, pero también en innovaciones brillan- de abordar la realidad que, aun a riesgo de simplificar, pode- tes y creativas (Millon y Simonsen, 2010). El interés en noso- mos catalogar como la espiritual (que incluye la moralista tros mismos, en nuestras debilidades y en nuestros logros, y la religiosa) y la natural, en la que se incluyen las que hoy siempre ha sido inherente a la curiosidad humana. Incluso denominaríamos perspectivas filosóficas y científicas. fortuitos, ideologías culturales y antes de que cualquier registro del pensamiento humano se Esa dualidad de abordajes entre la visión espiritual y la redactara en forma escrita, es muy probable que los huma- naturalista de las psicopatologías ha estado presente desde nos se hicieran preguntas fundamentales sobre ellos mis­ el inicio mismo de las especulaciones sobre ellas y ha marca­ 3 Manual de psicopatología. Volumen 1 do el desarrollo de los conocimientos, hasta el punto de que aun hoy encontramos señales claras de ello: el estigma que, te (Coto et al., 2008). Las consecuencias de este enfoque son «anacronismo, distorsión, falsa interpretación, analogías desafortunadamente, sigue marcando a las personas con trastornos mentales, a pesar de los avances científicos, es (Stocking, 1965, p. 215). El mayor peligro del presentismo seguramente un ejemplo palmario de lo que queremos decir. Las ideas de posesión demoníaca (o divina, según los casos], engañosas, pérdida del contexto, simplificación del proceso» es que deja de lado los contextos social, cultural, político la locura como privación de la razón, entendida esta como y económico en los que se enmarcan los conceptos sobre lo psicopatológico de las diferentes épocas históricas. Por lo la esencia misma del ser humano, han convivido durante tanto, cualquier relato sobre el devenir histórico de la psi- siglos con la búsqueda de explicaciones filosófico-cientifi- copatología debe tener en cuenta que lo que se considere co-naturales, lo que complica sobremanera la tarea de llevar a cabo una síntesis histórica de la psicopatología. Durante o no psicopatológico en un momento y lugar determinados siglos ambas visiones fueron complementarias, en parte por- cia considere adecuado y adaptativo según los condicionan­ que resultaba muy difícil diferenciarlas. Pero a medida que tes del contexto. Por tanto, es una empresa poco fructífera avanzaba el conocimiento científico, el enfrentamiento entre intentar comprender los conceptos implicados en el ámbito ambas se hizo inevitable. Y, paralelamente, las aproximaciones filosófica y científica se irán distanciando cada vez más, son exclusivos de su objeto de estudio (Baños, 2007). dependerá, sobre todo, de lo que el grupo social de referen- de la psicopatología atendiendo solo a los que, en apariencia, con un predominio progresivo de la segunda, que alcanzará En suma, si queremos abordar la historia de la psicopato- su máxima expresión con el surgimiento de las «nuevas cien- logía debemos entender el contexto cultural de cada época cias», la psicología entre ellas, a finales del siglo xIX (Reisman, histórica y ser conscientes de las limitaciones que tenemos 1976). No obstante, es preciso destacar que el desarrollo his- para ello que, entre otras, hacen referencia tanto a la esca- tórico de los conocimientos sobre las psicopatologías corre sez paralelo al desarrollo de la medicina, y solo confluirá con el históricos como a los sesgos de interpretación a los que ha desarrollo de la psicología a finales del xIX y, sobre todo, en el primer tercio del siglo xx. En definitiva, el camino hacia el presente es cualquier de fuentes documentales de determinados momentos estado sujeto el estudio de la historia de la psicopatología. El recorrido histórico que a continuación presentamos es deudor del reconocimiento de estas limitaciones. cosa menos una línea simple y recta; más bien, es el producto de líneas en parte desconocidas del desarrollo histórico, ) Presentismo. Estudiar el pasado en atención al presente movimientos a menudo sujetos a confusiones y malentendi- en términos del análisis histórico. La mayor limitación es dos de nuestro pasado remoto y a la implicación con valo- dejar de lado los contextos social, cultural, político y econó- res y costumbres de los que solo podemos ser parcialmente mico en el que se enmarcan los conceptos de las diferentes épocas históricas. conscientes. En este sentido, debemos reconocer que la historia de cualquier disciplina está siempre sujeta a sesgos de interpretación y la historia de la Psicopatología no podía ser menos. Como señalan Maher y Maher (2014), los historiadores de la psicopatología se plantean responder, básicamen- II. Antecedentes conceptuales te, a tres interrogantes: ¿cuándo definían las sociedades del pasado un comportamiento como patológico?, ¿cuáles eran sus creencias sobre los orígenes o las causas de esos com­ portamientos?, y ¿cómo se trataba a las personas que los presentaban? Los intentos por responder a estas preguntas están sujetos a sesgos debido, en parte, a la escasez o falta de precisión de las fuentes documentales. Un ejemplo de ello es lo que se ha dado en llamar el enfoque whig de la historia, es decir, la creencia de que a lo largo de la historia hemos ido adquiriendo un conocimiento cada vez mayor de los problemas mentales y de su tratamiento más adecuado. Estas falsas expectativas generan percepciones que, a su vez, dan lugar a mitos que se documentan en ocasiones como hechos (Maher y Maher, 2014). Como hemos dicho, los conceptos sobre la locura no surgen, como ningún concepto sobre la naturaleza humana, al margen de una determinada visión del mundo. Y esto significa que los conceptos no son neutros. No es lo mismo decir que la causa de la locura es la posesión demoníaca (o, simplemente, que la locura es una forma de posesión), o que es una enfermedad, o que es un comportamiento anormal, o una actividad cognitiva desviada y anómala. Detrás de cada uno de esos términos se oculta un complejo entramado de propósitos que, casi siempre, tienen como finalidad última establecer algún tipo de puente entre las creencias (pre-juicios) dominantes en un momento dado y algunos pocos hechos. El cambio de unos a otros prejuicios se produce, algunas veces, merced a la comprensión Otro de los peligros que conlleva la elaboración de la historia de una ciencia como la psicopatología es el presen- o incluso al descubrimiento de hechos nuevos y diferentes. Pero esto no es lo habitual: lo más común es que el cam- tismo, es decir, estudiar el pasado en atención al presen­ bio se produzca más bien por la concurrencia de (o la cons­ 4 Capitulo 1. Historia de la psicopatología trucción de) explicaciones más compatibles con el momen- ciudades de la cuenca del Mediterráneo, incluida Roma en el to social y cultural (Magaro, 1976). Si la sociedad idealiza 300 a. C. (Millon y Simonsen, 2010). o valora positivamente un modo determinado de ser, de No obstante, también es en esa época cuando, muy len- sentir, de pensar o de comportarse, la ausencia de los tamente, comienza a gestarse lo que más tarde dará lugar valores implícitos en esos modos e, incluso, su puesta en a un cambio fundamental en la forma de abordar el estu- entredicho será probablemente considerada como impropia e inadecuada para la imagen dominante de persona. los agentes externos e invisibles ya no podían servir como La consecuencia de ello es obvia: las imágenes que una base lógica para una comprensión genuina de los fenómenos sociedad, o un grupo humano dominante, posean acerca mentalmente problemáticos. Para abordarlos, comenzaron a dio de las psicopatologías. Para algunos pensadores griegos de lo que es verdaderamente humano y, por extensión, plantear la necesidad de comprender cómo y por qué estos de lo normal y ajustado a derecho serán imperativos ines- fenómenos se expresaban en el mundo natural, alejándose capables a la hora de construir las imágenes de lo psicopa- así de lo sobrenatural y místico. Esta transición fue lidera- tológico (Belloch, 1993; Coto et al., 2008). da por una serie de pensadores en los siglos vIyva. C., A. Las civilizaciones griega y romana goras (582-510 a. C.), Alcmeón de Crotona (557-491 a. C.) y Aunque la mayor parte de los textos sobre historia de la Empédocles (495-435 a. C). Tales de Mileto alejó del foco del psicopatología sitúan en la civilización griega los orígenes misticismo los trastornos psicopatológicos al reconocer que entre los que destacan Tales de Mileto (652-588 a. C.), Pitá- trastornos eran eventos naturales y que, en consecuencia, debían abor- mentales, como señala Mora (1982), lo que denominamos darse desde una perspectiva natural. Por su parte, Pitágoras civilización occidental tuvo su comienzo en diversas áreas reafirmó la importancia de identificar los principios cientifi- de nuestras concepciones actuales sobre los de las regiones que hoy conocemos como Oriente Medio cos subyacentes que pudieran explicar todas las formas de (p. ej.. Babilonia) y Extremo Oriente (p. ej., India, China], cul- comportamiento humano. Fue uno de los primeros filósofos turas entre las que se produjeron constantes relaciones e en afirmar que el cerebro era el órgano del intelecto huma- influencias mutuas. La civilización griega, por tanto, contaba no, pero también la fuente de las perturbaciones mentales. con un amplio legado cultural procedente de otras culturas Adoptó la noción de los humores biológicos (i. e., líquidos cor- con las que estuvo en contacto. Millon y Simonsen (2010) porales naturales) y postuló el concepto de temperamento recuerdan que el antiguo Imperio babilónico constituye el emocional para ayudar a decodificar los origenes de pasiones fundamento del pensamiento filosófico para la mayoría de y las naciones mediterráneas; de hecho, muchas de las tra- de equilibrio y relación le sirvieron para explicar las variacio- diciones de pensamiento presentes en las culturas griega y nes en los estilos caracterológicos humanos (p. ej., grados de romana se pueden remontar a ideas generadas inicialmente humedad o sequedad, la proporción de frio o calor, etc.), de en esa civilización. No obstante, la contribución de la civili- tal manera que los equilibrios y desequilibrios entre los fun- zación griega a la síntesis y desarrollo de las aportaciones de damentos humorales explicarían si la salud o la enfermedad comportamientos aberrantes. Los principios matemáticos estas distintas culturas justifican, en cierta medida, el califi- estaban presentes (Millon y Simonsen, 2010). Alcmeón de cativo de «cuna de la civilización» (Coto, et al., 2008). Crotona, discípulo aventajado de Pitágoras, centró su inte- En los primeros periodos de la civilización griega, la locura rés en el estudio de la naturaleza humana y, especialmente, se consideraba un castigo divino, un signo de culpa por trans- en las funciones de los sentidos. Anticipó la idea de que los gresiones mayores o menores. La cólera de los dioses enviaba conductos (nervios] de los sentidos confluyen en el cerebro, a espíritus malignos personificados en las diosas Lisa y Manía que poseían al enfermo. El tratamiento buscaba combatir la situando también en este órgano el centro de la razón y locura mediante diversos ritos expiatorios que eliminaran las jo de Empédocles e Hipócrates, pues pensaba que la salud impurezas. Los sacerdotes mediaban en las oraciones de una requería un equilibrio entre los componentes esenciales de persona enferma para asegurar su curación en los templos la vida: frialdad vs. calor, humedad vs. sequedad, y así suce- dedicados al dios de la medicina, Asclepios (Esculapio para los sivamente. De hecho, la noción de elementos fundamentales el alma. Como sus antecesores, también anticipó el traba- romanos]. Ubicados en entornos pacificos y atractivos, estos en equilibrio se convirtió en un tema central en el trabajo templos se establecieron para alentar a los pacientes a creer de los filósofos pitagóricos. Empédocles también adoptó el que había buenas razones para querer recuperarse. Entre modelo homeostático de Pitágoras y Alcmeón, si bien lo más los procedimientos de lo que pudiera considerarse como tra- significativo fue su propuesta de que los elementos básicos tamientos, se incluían una dieta equilibrada, masaje diario, de la vida (fuego, tierra, aire y agua) interactuaban con otros sueño tranquilo, sugerencias sacerdotales y baños tibios. A dos principios: amor vs. conflicto. Empédocles hizo hinca- medida que el culto a Asclepios se extendió por todo el impe- pié en que el equilibrio entre los cuatro elementos podría rio griego, se erigieron numerosos templos en las principales complicarse si se combinaban de forma complementaria o 5 Manual de psicopatología. Volumen 1 contraria. El amor y el conflicto representaban expresiones tenía una causa natural. Además, las leyes naturales que humanas de procesos más elementales, como la atracción y la repulsión. Todos los elementos/humores se podían com- postulaba se centraban en la teoría de los cuatro humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla) y el necesario equi- binar, pero Empédocles postuló que la fuerza de atracción (amor] probablemente produciría una unidad armónica, se producía un desequilibrio en estos fluidos, ya fuera por mientras que la repulsión (conflicto] prepararía el escenario influencias externas, como la alimentación o los problemas para el colapso personal o social. familiares, ya por factores internos, como la herencia, se pro- Estas y otras influencias llegaron a Hipócrates (460-377 librio entre ellos para el mantenimiento de la salud. Cuando ducía la enfermedad. Hipócrates también identificó cuatro a. C.), cuyas ideas y concepciones inauguran lo que se ha temperamentos básicos: el «colérico», el «melancólico», el denominado «la medicina occidental». Nacido en la isla de «sanguíneo» y el «flemático», que correspondían, respectiva- Cos —el centro de una antigua escuela de medicina—, era mente, a excesos en bilis amarilla, bilis negra, sangre y flema. hijo de un sacerdote de Esculapio de quien adquirió las pri- El enfoque de Hipócrates fue esencialmente empírico, a meras lecciones de medicina y cuya filosofía seguiría en sus pesar de la predominancia del pensamiento filosófico carac- propios esfuerzos terapéuticos futuros. Heredero de la tradi- teristico de la época. Era lo que hoy consideraríamos un bió- ción de su padre y de los conceptos humorales de Pitágoras logo práctico que hacía hincapié en el papel de los humores y Empédocles, con Hipócrates los trastornos mentales pro- corporales y se centraba en el uso de tratamientos fisicos (en gresaron desde el ámbito mítico y mágico —y los enfoques particular dieta, masajes, música y remedios que promovían terapéuticos demonológicos de una época anterior— a uno el sueño y el descanso] en lugar de los espirituales y/o mora- de observación clínica cuidadosa y teorización inductiva. Sin- listas. Contrariamente al trabajo de Platón, que se basó en tetizó los elementos prácticos y compasivos del culto a Escu- hipótesis abstractas y en las llamadas «verdades evidentes lapio con las propuestas más biologicistas de Pitágoras, com- por sí mismas», Hipócrates centró su atención en lo obser- binando estos elementos para elevar los procesos mentales vable (i. e., los síntomas]), sus tratamientos y sus resultados. y sus desequilibrios a una ciencia clínica (Millon y Simonsen, Así, centrales para las prácticas médicas de Hipócrates y sus 2010). El trabajo de Hipócrates puso de relieve una visión seguidores, fueron la observación y la recopilación cuida- naturalista en la que la fuente de todos los trastornos, tanto dosa de datos, lo que comportaba el registro cuidadoso de mentales como físicos, debía buscarse dentro del paciente y la historia personal de cada caso, detallando el curso y el no en los fenómenos espirituales. resultado de los trastornos y anomalías que observaba. Esas Asumiendo las propuestas de sus antecesores, Hipócra- historias proporcionan descripciones a menudo muy precisas tes enfatizó que el cerebro era el centro primario del pensa- de trastornos que hoy conocemos como manía, melancolía, miento, la inteligencia y las emociones: «Es solo del cerebro paranoia, epilepsia, o histeria —término este último que él de donde surgen los placeres, las alegrías y risas, así como mismo acuñó— Asimismo, Hipócrates y sus seguidores de los dolores, las penas, y las lágrimas (...) es esta misma fuen- Cos fueron pioneros en enfatizar la necesidad de una rela- te la que nos vuelve locos o delirantes, nos inspira terror, y ción entre el diagnóstico y el tratamiento. La mera descrip- trae insomnio, errores inoportunos, ansiedades sin sentido, ción de una alteración clínica no era suficiente, a menos que distracción y otros actos contrarios a las formas habituales proporcionara una indicación clara del curso que debería de la persona. Todos estos fenómenos provienen del cerebro seguir el tratamiento posterior. Por ello, prescribieron una cuando no es saludable» (es decir, cuando existe un desequi- serie de regímenes terapéuticos que incluían prácticas tan librio entre calor y frío, o entre humedad y sequedad). En variadas como el ejercicio, la tranquilidad, la dieta, o las san- consecuencia con este planteamiento, sugirió que lo que grías, entre otras, que creían útiles para restablecer el equi- hoy denominamos trastornos y enfermedades mentales se librio humoral que, según sus planteamientos, subyacía a la debían a causas y procesos naturales, al igual que las enfer- mayoría de las enfermedades. medades fisicas. Con ello, la idea de locura iba a experimen- Los planteamientos hipocráticos sobre la enfermedad y tar un cambio radical, pues pasaba de ser considerada como los trastornos mentales, anclados en un enfoque naturalista una maldición o imposición divina a conceptualizarse como y (pre)científico, convivían con los filosóficos de Platón (427- una enfermedad. Como dijo Marshall (1982), los dioses griegos no eran para Hipócrates ni menos sagrados ni menos siderablemente 347 a. C.) que, según Zilboorg y Henry (1941), debilitaron con­ los supuestos hipocráticos. Platón defendió verdaderos o reales que para sus antecesores y coetáneos; el elemento místico en la explicación del comportamiento la diferencia estaba en que para Hipócrates los dioses de y el modo de ser de las personas. La consideración de la la enfermedad estaban sujetos a las leyes naturales y era existencia de dos principios (el espíritu y la materia) le llevó misión del médico descubrirlas. Así, Hipócrates consideraba, al planteamiento de la dualidad psicofisica en su concepción por ejemplo, que la epilepsia no era más divina ni más sagra- de la naturaleza del hombre, en la que concebía dos almas: da que otras enfermedades, sino que, como el resto de ellas. la racional y la irracional. El trastorno mental tenía lugar ♦ 6 Capítulo 1. Historia de la psicopatología cuando el alma irracional rompía su débil conexión con la racional. Platón distinguía dos clases de locura: una resulta- trastornos mentales como enfermedades del espíritu cuyo tratamiento y curación correspondía a la filosofía. Propuso ba de la enfermedad, mientras que la otra era de inspiración dos categorías, relativamente cercanas a los futuros con- divina y dotaba a su poseedor de cualidades proféticas. De ceptos de neurosis y psicosis, la insania, ausencia de calma este modo, el misticismo platónico diluía el punto de vista y equilibrio, y el furor, trastorno completo de la capacidad más naturalista de Hipócrates y su planteamiento ejerció intelectual que hacía al afligido irresponsable de sus actos. una notable influencia durante varios siglos debido, en parte, De este modo. Cicerón fue uno de los primeros en cuestio- a sus muchos discípulos eminentes entre los que destaca, nar la responsabilidad legal del enfermo mental. Esta idea sin duda, Aristóteles (384-322 a. C.). No obstante, Aristóteles cristalizará en las leyes del derecho romano —el Corpus lu- se distanció de su maestro pues, aunque admiraba el racio- ris Civilis—, que se considera una de las aportaciones más nalismo abstracto de Platón, estaba mucho más dispuesto importantes de la civilización romana a la psicopatología: la a tratar con el mundo tangible que con abstracciones de consideración de la enfermedad mental como atenuante en orden superior o principios generales. Al igual que su maes- los actos delictivos. No obstante, la consideración «legal» de tro distinguió dos facetas del alma humana: la racional y la locura no iba acompañada de un reconocimiento paralelo la irracional, pero, a diferencia de él, defendió que no era de la figura del médico, puesto que era el juez quien dicta- posible separarlas pues obraban como una unidad. Defen- minaba sobre el estado mental de los reos (Coto et al., 2008). día además que el alma irracional no podía ser atacada por Entre las aportaciones naturalistas de este periodo a la enfermedad alguna a causa de su naturaleza inmaterial e comprensión de los trastornos mentales cabe destacar, entre inmortal. Este planteamiento le llevaría a negar la existencia otros, las de Areteo de Capadocia (30-90 d. C.), Aulo Cornelio misma de enfermedades puramente psicológicas y a insistir Celso (25 a. C-50 d. C.) y, muy especialmente, las de Galeno en que toda enfermedad tiene sus raíces en la estructura de Pérgamo (130-200 d. C.). Las observaciones de Areteo, de física. Además, Aristóteles fue el primero en sugerir que los origen turco-griego, sobre las condiciones premórbidas de los trastornos nerviosos se debían a los vapores, idea que resur- pacientes que consideraba como formas de vulnerabilidad giría una y otra vez hasta el siglo XVII. El alcance de la obra de Aristóteles fue excepcionalmente o susceptibilidad a varios síndromes clínicos, fomentaron la consideración de los trastornos mentales como procesos amplio. Describió los fundamentos de la percepción huma- normales exagerados. En este sentido, afirmó que existía na y el pensamiento racional, enfatizando la importancia y una conexión directa entre las características normales de la validez de las impresiones sensoriales como la fuente de personalidad de un individuo y la expresión de los síntomas una forma objetiva de estudio. Además, articuló una serie de que mostraba cuando estaba afligido. Así mismo, fue uno propuestas sobre la naturaleza del aprendizaje, basado en de los primeros en reconocer el hecho de que los estados los principios de la asociación, enfatizó la importancia de la maníacos y depresivos se daban en un mismo individuo. experiencia temprana y educación en la adquisición de habi- Introdujo también estudios de seguimiento a largo plazo de lidades y el papel del hábito y la práctica en la formación de los pacientes, realizando cuidadosas descripciones del curso, actitudes psicológicas, de modo que los procesos de desarro- las manifestaciones periódicas de la enfermedad y su retor- llo eran fundamentales para comprender el comportamiento no a un patrón de comportamiento más normal, anticipan- humano. El sistema aristotélico había surgido en una época en que do en cierto modo los planteamientos que, ya entrado el siglo XIX, realizará Emil Kraepelin al reconocer el curso de la grandeza de Atenas había logrado su culminación. Las vic- la enfermedad como un factor clave para diferenciar entre torias macedonias crearon un imperio que unió Grecia con trastornos. Por su parte, Celso, conocido como el Hipócrates lo que hoy conocemos como el Oriente. Después de la muer- latino, redactó una enciclopedia De Artibus en la que recopi- te de Alejandro y el desplazamiento del centro del saber a laba los conocimientos sobre distintos saberes acumulados Alejandría, el contacto con el Oriente aumentó. A partir de hasta entonces. Dedicó un capítulo especial a los conoci- entonces el misticismo de estas culturas comenzó a dejar mientos médicos —De Medicina—, en el que describió los sentir su influencia y en los siglos siguientes, Roma adquiriría distintos tipos de locura, diferenció la locura del delirium y una importancia política creciente (Zilboorg y Henry, 1941). las ilusiones de las alucinaciones. Asimismo, propuso trata- Aunque el comienzo y el final de la época romana no se mientos como el uso de drogas, la alimentación, el descanso, pueden demarcar claramente, la República Romana, como las actividades de ocio y la terapia por la palabra (Maher y organización formal, suele datarse entre los siglos va.C.y Maher, 2014). III d. C. En el terreno de la filosofía y de la ciencia, el pueblo Pero la culminación de la importancia del Imperio roma- romano permaneció siempre bajo la influencia de la cultura no para la psicopatología recae en Galeno (131-201 d. C.), que griega. No obstante, cabe destacar las aportaciones de pen- reunió y coordinó todo el conocimiento médico acumulado sadores como Cicerón (106-43 d. C.), quien consideraba los por sus predecesores, añadió sus propias observaciones y 7 Manual de psicopatología. Volumen 1 comunicarse con seres sobrenaturales), no hay evidencias monium es un alegato contra la demonología que le costó la inequívocas de que todos los ajusticiados por brujería fue- persecución de la Inquisición. Su interés por la observación y ran, en realidad, enfermos mentales (Spanos, 1978). Es posi- las descripciones clínicas detalladas constituyen una valiosa ble que el comportamiento atribuido a las brujas fuera más aportación a nuestro ámbito de estudio. un producto de la imaginación de los inquisidores, que logra- Los humanistas, que combinaban explicaciones médicas ban poner en boca de los acusados todo aquello que espera- y filosófico-psicológicas para la comprensión de la enferme- ban escuchar después de prolongadas torturas. Teniendo en dad mental, contribuyeron, pues, a que se tratara a los enfer- cuenta el contexto social de la época, en la que el poder de la Iglesia estaba amenazado por el desorden social provoca- mos do por las guerras, las epidemias y las hambrunas, es lógico pensar que era «conveniente» encontrar culpables de esos males. Así, la caza de brujas pudo constituir un intento de la Iglesia por mantener su poder, con el fin de eliminar a las personas que amenazaran su estatus económico, político y social. Como señaló Vázquez (1990), es posible que todo ello se debiera a un intento desesperado por parte de la Iglesia ante su pérdida de poder debido a la imparable y progresiva secularización de la sociedad. mentales como tales, proporcionándoles tratamientos humanitarios. Este planteamiento dio lugar a centros dedicados a los enfermos mentales. La apertura de la Casa de Orates en Valencia por el padre Jofré en 1409, primer centro psiquiátrico de la Europa occidental, inaugura la asistencia especializada para el enfermo mental. A este centro siguieron otros en distintas ciudades de España, en el resto de Europa y, ya después, en el Nuevo Mundo, como el hospital de Bethlem en Londres en 1547, el de San Hipólito en México en 1565 y el Hospital General de París en 1656. En principio, los tratamientos consistían en descanso, dietas y paseos. Sin embargo, hacia el siglo XVII, el trato se fue deshumanizando 2 Demonológico. La posesión del espíritu o del alma huma- cada vez más hasta que estos centros, salvo honrosas excep- na por parte del demonio es el origen de las llamadas enfer- ciones como el santuario de Gheel en Bélgica, se convirtieron medades mentales. más en centros de custodia y reclusión forzada que de curación (Baños, 2007). También en esta época es posible encontrar concepcio- La figura de Joan Lluis Vives (1492-1540) es, por el con- nes que buscaban en el mundo de las pasiones y la moral trario, un claro ejemplo del ideal del saber universal del las causas de la enfermedad mental (Coto et al., 2008). Un Renacimiento, y en especial, del Humanismo. En su obra El claro exponente de ello es la obra de Burton (1576-1640), La alivio de los pobres defiende que no hay nada más exce- Anatomía de la Melancolía (1621), considerado como el pri- lente en el mundo que el hombre, y nada más importante mer tratado sobre la depresión, en el que no es la bilis, sino en el hombre que su espíritu. Señala la necesidad de aten- el desbordamiento de pasiones lo que determinan el estado der al bienestar del espíritu manteniéndolo sano y racional, melancólico. Descrito por Millon y Simonsen (2010), como un y defendiendo el trato humanitario que debía dispensarse clérigo depresivo y erudito solitario, sus informes introspecti- a los enfermos mentales (Coto et al., 2008). En el ámbito vos sobre sus propios estados de ánimo contenían una gran de la medicina, Paracelso (1493-1541) es considerado por dis- cantidad de cuidadosas descripciones clínicas. También buscó tintos historiadores como una figura extraña, mezcla de la registrar el comportamiento y las emociones de los demás, mística del pasado y del enfoque pragmático de su época. reconociendo patrones similares a su propio estado de ánimo. Médico, astrólogo y alquimista, sus principales contribucio- Todo ello, le llevó a identificar las causas de la melancolía, nes al campo de la psicopatología fueron, por un lado, su entre las que destacó la culpa, el deterioro corporal y la vejez, denuncia de las crueldades de la Inquisición, afirmando que las dietas inadecuadas, la ociosidad, la soledad, los miedos, la «hay más supersticiones en la Iglesia romana que en todas vergüenza y la malicia. Burton afirmaba que la melancolía estas mujeres pobres y presuntas brujas» (Paracelso, 1567, podía ser engendrada por una amplia gama de debilidades citado en Millon y Simonsen, 2010]; y, por otro, su defensa humanas y circunstancias de la vida. También recomendaba del enfermo mental al que no consideraba ni un pecador ni la alteración del curso de la vida, la música, y la compañía un criminal, sino solo una persona enferma necesitada de alegre, como modos de escapar de la melancolía. Además, la ayuda del médico. Propuso que existía una fuerza univer- en cierto modo anticipó también lo que siglos después será sal que provenía de los astros y estaba relacionada con la el núcleo de la psicoterapia moderna: implicar a un pacien- enfermedad, incluida la mental. Más adelante, esta idea del te en un diálogo con una persona extraña que le muestra «fluido universal» influirá en Mesmer, uno de los precursores confianza y comprensión (Millon y Simonsen, 2010). En suma, del psicoanálisis. También el médico holandés Johan Weyer junto a las formas de tratamiento que incluían sobre todo la (1515-1576), considerado por algunos como el padre de la reclusión de los enfermos en centros especificos, encontra- psiquiatría moderna, fue uno de los luchadores acérrimos mos otro tipo de prácticas en las que se proponía modificar y contra el Malleus Maleficarum. Su obra De Praestigiis Dae- mejorar el ambiente y las relaciones (Coto et al., 2008). ♦ 10 Capitulo 1. Historia de la psicopatología En definitiva, la idea medieval y renacentista del «loco» fue paulatinamente desapareciendo. La Reforma, las nuevas un ataque contra el orden establecido en todos los ámbitos, desde la política a la ciencia (Baños, 2007). tendencias religiosas, una visión más crítica de los plantea- En el ámbito de la Psicopatología se van abandonando mientos filosóficos, el avance de la técnica y los nuevos pos- las concepciones demonológicas, tan contrarias a la razón. tulados sobre la investigación científica fueron desencade- Las «cazas de brujas» disminuyen de manera significativa, nantes fundamentales para la nueva visión de la enfermedad aunque todavía se producen algunas hasta finales del siglo, mental y su investigación (Belloch, 1987), que cristalizaría en como el juicio de Salem en 1692, en Nueva Inglaterra, en los dos siglos posteriores, XVII y XVIII, el Siglo de las Luces y el que se ajustició a diecinueve mujeres acusadas de bru- la Edad de la Razón, cuyas aportaciones a la psicopatología jería. Pese a que se ha apuntado como razón al auge de las resumimos a continuación. ideas humanistas y racionalistas (Zilboorg y Henry, 1941) como determinante de la desaparición de las concepciones III. De la locura a la enfermedad: los siglos xvn y xvin demonológicas sobre la enfermedad mental, lo cierto es que también había una serie de factores económicos y sociales que explican el cambio de orientación (Vázquez, 1990). Entre ellos cabe mencionar la prohibición de confiscar los bienes El siglo XVII fue un período de crisis de todo tipo: demográficas, económicas, sociales y políticas que, si bien no se produjeron de la misma forma ni en los mismos momentos en todas las regiones europeas, configuran un contexto generalizado de conflictos y de tensión (Palop, 1998). Se produce un estancamiento demográfico, un retroceso económico y revueltas sociales debido todo ello a la crisis agraria y la presión que sobre la población ejercen las clases poderosas y el absolutismo monárquico. A partir de estas crisis surgirán cambios profundos en la política, la sociedad y la a los acusados, de manera que ya no era lícito despojar a los ajusticiados de sus posesiones (Spanos, 1978). Diversos autores señalan que otras figuras sociales, como el pobre y el loco, van sustituyendo a las brujas como «culpables» de los males sociales y, por tanto, como las victimas preferentes de persecución (Foucault, 1964). Esta nueva visión desmitifica, aún más si cabe, la idea de que las brujas eran enfermas mentales. Los nuevos análisis de la historia apuntan a personas que eran «inconvenientes», social o económicamente, como foco y motivo para su persecución. economía, cambios que van a influir en las concepciones filosóficas y cientificas de la época. De hecho, es en este siglo llamado de las luces, donde asientan las bases del pen- Sea como fuere, lo cierto es que en estos siglos se producen avances fundamentales en diversos ámbitos científicos y aplicados, como la astronomía, la biología, o la medicina, que samiento filosófico y científico moderno. tendrán una influencia capital en el cambio conceptual sobre En el campo de la filosofía dos concepciones marcarán el desarrollo de la ciencia tal y como la entendemos actualmente. Por un lado, el racionalismo —inaugurado por Descartes (1596-1650) en Francia— pretende prescindir de los sistemas filosóficos anteriores con el fin de encontrar un criterio metodológico nuevo más seguro que guíe el pensamiento (Palop, 1998). Las reglas del método deductivo cartesiano, reflejadas en su Discurso del Método, tendrán un amplio eco en la filosofía y la ciencia posteriores, así como en la concepción del hombre y del mundo. La otra concepción filosófica del siglo es el empirismo, fundado por el bri- la enfermedad y los trastornos mentales, además de servir de caldo de cultivo imprescindible para el surgimiento de nuevas ciencias y modos de abordar la naturaleza humana y sus trastornos en los siglos posteriores. En este punto vamos a referirnos al desarrollo de la psicopatología en el contexto médico, pero también al «descubrimiento» del inconsciente, un nuevo y hasta entonces desconocido aspecto del funcionamiento mental, y a los primeros movimientos médico-sociales que constituyen la denominada primera revolución psiquiátrica y buscaban modificar las condiciones en las que vivían y eran tratadas las personas con enfermedades mentales. tánico Locke (1632-1704) que, con los mismos objetivos que Descartes, llega a la conclusión de que el conocimiento proviene de la experiencia, proponiendo un sistema inductivo A. Psicopatología y medicina y abierto en el que la experiencia sirve como demostración Como dijimos en la introducción, el devenir histórico de de la naturaleza. El empirismo, junto a la ciencia newtonia- la psicopatología corre paralelo al de las ciencias médicas na, que propugnaba un método empírico-matemático, será hasta prácticamente finales del siglo xIX. Hasta entonces, la la guía del pensamiento del siglo XVIII y se convertirá en la relación entre la medicina y la psicopatología ha sido tor- base tuosa, especialmente por el escaso interés que los trastor- del método científico actual. Estos cambios dieron como resultado el movimiento ideológico de la Ilustración, nos y enfermedades mentales suscitaba entre los médicos, que tuvo por bandera a la razón, y que, en el ámbito cientí- tal y como se revela en los tratados médicos. Para Zilboorg fico, se guiará por la observación, la experiencia y la demos- y Henry, resulta frustrante constatar cómo en los tratados tración. Amparados en la razón, los ilustrados llevan a cabo médicos de los siglos XVII y XVIII n Manual de psicopatología. Volumen 1 (...) la enfermedad mental solo ocupa un lugar secundario en sus sistemas de medicina (...). Parecía que la medicina se alejaba deliberadamente de la enfermedad mental (...). Evidentemente la tradición demonológica era aún fuerte en el espiritu de siglo XVII (...). El médico del siglo XVII no era un erudito empírico: era un estudioso de libros. Conocía bien la atmósfera que rodeaba a las camas y la digna quietud de su biblioteca o gabinete de estudio o la estremecedora aspereza de la sala de disección. Pero no sabía nada de los calabozos y prisiones donde se mantenía a la mayoria de los enfermos mentales con esposas y cadenas (...)» (Zilboorg y Henry, 1941, pp. 249-250). tomas histéricos podrían simular casi todas las formas de enfermedades verdaderamente orgánicas, señalando que las emociones podían generar y simular trastornos físicos. También hizo hincapié en la importancia de identificar los factores emocionales antecedentes que pueden conducir al desarrollo de los trastornos mentales y, de forma perspicaz, observó la interacción entre las emociones personales y las presiones sociales (Millon y Simonsen, 2010). Cullen (1710-1790) realizó un importante esfuerzo por categorizar todas las enfermedades conocidas, tanto mentales como físicas, en línea con los síntomas que mostraban, Estos autores se refieren al hecho de que, a pesar de los los métodos por los que se podía llegar a los diagnósticos y el intentos del siglo anterior ejemplificados en Weyer por «desteologizar» la enfermedad mental, esa concepción siguió tipo de tratamiento que mejor se podría aplicar. Elaboró una siendo una forma usual de entenderla, incluso para médicos clasificación de las plantas del naturalista y botánico Linneo, de las primeras nosologías siguiendo la estela de la exitosa prestigiosos como Willis (1621-1675), precursor de los enfo- en la que aparece por vez primera el término neurosis. Cullen ques anatomo- y fisio-patológicos de la locura, que hacían de ella una enfermedad. creía que la mayoría de las afecciones patológicas de la men- Willis introdujo en medicina el estudio de los procesos te debían atribuirse a enfermedades del cerebro. A pesar de ello, reconoció que las experiencias de vida a menudo influían nerviosos bajo la denominación de Psycheology. Estaba inte- en cómo se expresaban estas enfermedades, biológicamente resado sobre todo por el movimiento muscular y sus pato- fundadas. Calificó de enfermedades nerviosas o neurosis logías, como la rigidez tetánica, la contracción histérica, o la agitación coreica, y encuadrarlas en su teoría sobre los espíritus de los nervios y su relación con los músculos. En cambio, la melancolía, menos interesante desde el punto de vista muscular, la enmarcaba en las teorías «químicas» tradicionales, atribuyéndola tanto a los espíritus nerviosos ...a todas las afecciones (...) del sentido y del movimiento, (...) y a todas las que no dependen de una afección local de los órganos, sino de una afección más general del sistema nervioso y de las potencias de donde dependen más especialmente el sentido y el movimiento...» (citado en López Piñero y Morales Meseguer, 1970, p. 25-26). como al corazón. La manía, en cambio, era considerada por él como más periférica y consecuencia de otras formas. Por su parte, Whytt (1714-1766] se centró las condiciones Su sistema explicativo neuropsicológico barrió las interpredel mentales menos graves categorizándolas en tres amplios sindromes: histeria, hipocondría y agotamiento nervioso. La pensamiento hipocrático y galénico, de forma que a partir teoría básica de Whytt era similar a la de Cullen: postuló que de él las enfermedades se entenderán como producidas por la motilidad perturbada dentro del sistema nervioso produ- sacudidas mecánicas procedentes de objetos externos. La cía trastornos nerviosos. taciones químico-humorales tradicionales, heredadas locura, en aquellos casos en los que no era posible detec- Los planteamientos de médicos como los mencionados, tar daño material (físico) procedía, según Willis, de que los espíritus nerviosos, solo reconocibles por sus efectos, habían que se ocupaban de las enfermedades mentales, proporcionaban una idea vaga de la enfermedad mental que, sobre sido afectados. Pero, según Zilboorg y Henry (1941, p. 258), todo, contrastaba con los hallazgos anatómicos y fisiopatoló- sus aportaciones al estudio de la neurología, su propuesta gicos que se estaban descubriendo para explicar otras enfer- teórica y su práctica divergían notablemente, ya que creía medades. En este contexto, la frenología de Gall (1758-1828) en los demonios y se inclinaba más a golpear a los enfermos constituye quizá el intento más significativo en la búsqueda mentales, o a considerarlos poseídos por el diablo, que a tra- de alteraciones en el cerebro que expliquen la enfermedad tarlos como a enfermos. mental. Sus dos supuestos básicos eran inusuales para su Sydenham (1624-1689), amigo del filósofo Locke, sostu- época: primero, que las diferentes funciones mentales esta- vo que las hipótesis y teorías especulativas debían dejarse ban ubicadas en diferentes regiones del cerebro; y, segundo, de lado en favor de la observación cuidadosa de todas las que la topografía externa del cráneo reflejaba la magnitud formas de fenómenos naturales, como las distintas enfer- de estas funciones. Según Millon y Simonsen (2010), este medades sus fue el primer esfuerzo «cientifico» realizado para analizar contribuciones a la descripción de la histeria. Planteó que médicas. Especialmente importantes fueron la estructura cerebral subyacente a partir de la cual podría este trastorno era una de las enfermedades crónicas más comunes y observó que los hombres exhibían el complejo derivarse el carácter y la personalidad. Respecto a la enfermedad mental, pensaba que esta se debía a un problema sintomático tanto como las mujeres. Afirmó que los sín­ en el desarrollo, por defecto o por exceso, de determinados ♦ 12 Capitulo 1. Historia de la psicopatología órganos cerebrales. Aunque la frenología fue desacreditada, descubrimientos posteriores en el campo de la neurofisio- B. El descubrimiento de lamente no consciente logía apoyaron la tesis de que las funciones psicológicas se encontraban localizadas en el cerebro. Si esto era así, la con- Cuando Franz Anton Mesmer (1734-1815) irrumpió en la secuencia era que las distintas manifestaciones de la psi- escena de la medicina, aportó un método que no guardaba copatología podrían estar causadas por lesiones cerebrales. relación alguna con los planteamientos místicos o religiosos Esta creencia se vio respaldada por el hallazgo de amplias y que satisfacía los requisitos de la era ilustrada. Como ha de dicho Ellenberger (1970), Mesmer dio el paso del exorcismo pacientes afectados por la paresia general (Maher y Maher, a la psicoterapia y, al igual que Colón, descubrió un nuevo 2014). Sus ideas sufrieron el castigo de la jerarquía eclesiás- mundo, el del inconsciente; pero permaneció el resto de su tica: el papa Pío VII lo excomulgó e incluyó sus obras en el vida en el error acerca de la naturaleza real de su descubri- famoso Indice. Pese a ello (o puede que por ello), sus ideas miento y, también como Colón, murió cruelmente decepcio- alcanzaron cierto prestigio popular y se desató una especie nado. destrucciones en el tejido cerebral en las autopsias de manía colectiva por la medida del cráneo. Su descubrimiento se produjo merced a la introducción En suma, los planteamientos anatomo-patológicos de la locura se caracterizaban, ante todo, por una extremada de un nuevo «elemento terapéutico» durante el tratamiento pobreza de criterios, tanto para definirla como para establecer posibles procesos etiológicos. Sus postulados centrales tes, que Mesmer había intentado eliminar durante más de de localización y reducción de la enfermedad a lo anatómico chocan con las primeras concepciones sobre la neurosis y, nas enfermedades mediante imanes y pensó provocar una en general, de las enfermedades nerviosas. La investigación parado con hierro y le adhirió tres imanes: la muchacha de las bases anatómicas de las enfermedades se basaban en comenzó a sentir extrañas corrientes que le recorrían el trabajos provenientes sobre todo de autopsias. La caracterización de las enfermedades nerviosas como producidas por desapareciendo durante varias horas. Lo más importante de algún tipo de lesión anatómica conllevaba la idea de que, a medida que se fueran descubriendo las lesiones específicas supuso que tales efectos beneficiosos no podían ser produci- que estaban en el origen de las neurosis, estas acabarían por desaparecer. Pero tanto los planteamientos anatómicos de la de una joven que presentaba crisis resistentes y recurrenun año. Sabia que ciertos médicos ingleses trataban algu«corriente artificial» en su paciente. Le hizo tomar un pre- cuerpo hacia abajo y paulatinamente sus síntomas fueron esta historia es la interpretación que Mesmer dio al hecho: dos solamente por los imanes, pues habían intervenido también otros elementos; es decir, que las «corrientes magnéti- escuela francesa (Pinel, entre ellos), partidaria inicialmente cas» de su paciente estaban producidas por un fluido que de un planteamiento lesional negativo, como los pertene- ella había acumulado y al que llamó «magnetismo animal». cientes a la alemana (Schnlein, por ejemplo), defensores de El imán era, pensó, tan solo un instrumento que reforzaba un enfoque lesional positivo, acabaron por ser incompatibles ese magnetismo y le daba una dirección. Más adelante, ya con la idea de «enfermedad nerviosa» o neurosis, ya que, a en París, descubriría que podía provocar los mismos efectos pesar de los muchos esfuerzos vertidos en el empeño, no se sin utilizar imanes. consiguió encontrar la ansiada alteración anatómica responsable de esta especie morbosa. En otro orden de cosas, y para complicar aún más el panorama de las relaciones entre psicopatología y medicina, a finales del XVIII se produjo una división entre los médicos especialistas de los nervios (los En 1779 describió en 27 puntos lo fundamental de este nuevo 1. curativo. Sucintamente, según Ellenberger Hay un fluido fisico que llena el universo y constituye el medio de unión entre el hombre, la tierra y los cuerpos neurólogos) y los médicos especialistas de los pacientes ner- celestiales, asi como entre hombre y hombre. viosos (los psiquiatras]. Los primeros se orientarán definitivamente hacia el organicismo, mientras que los segundos se verán obligados a reorientar sus planteamientos sobre las sistema (1970), pueden resumirse en estos cuatro: 2. La enfermedad es la consecuencia de la distribución desigual de este fluido en el cuerpo humano; la recuperación se logra cuando se restaura el equilibrio original. enfermedades mentales. 3. Con la ayuda de ciertas técnicas, ese fluido puede ser canalizado, adecuado y transmitido a otras personas. ) Anatomopatológico. Las causas de la enfermedad mental residen en lesiones físicas producidas en alguna de las 4. De este modo se pueden provocar crisis en los pacientes y curar sus enfermedades. estructuras del sistema nervioso. ) Fisiopatológico. La alteración de las relaciones entre las Sus doctrinas alcanzaron una notable popularidad tanto estructuras anatómicas, o de su funcionamiento, es el origen en Viena como, posteriormente, en Paris. No obstante, nunca de las enfermedades. fueron aceptadas por la medicina académica que, tras investigar la actividad de Mesmer, llegó a la conclusión de que no 13 Manual de psicopatología. Volumen 1 existía ningún fluido o fuerza y que los resultados obtenidos que este movimiento es considerado como la primera gran eran debidos a la sugestión que era inducida en los pacien- revolución de la psiquiatría. Como antes dijimos, pese a las tes. De todos modos, la importancia de los planteamientos buenas intenciones de los humanistas durante el Renaci- mesmerianos reside precisamente en anticipar la idea de miento, los asilos para enfermos mentales se habían conver- salud como equilibrio y en la posibilidad de «transferencia» tido en centros de custodia y reclusión, más que de trata- de capacidades entre dos personas. miento. El mérito de esta revolución se debe a psiquiatras No obstante, el marqués de Puységur (1751-1825) es reco- como Philippe Pinel (1745-1826), Vincenzo Chiarugi (1759- nocido como el verdadero fundador del magnetismo y el pre- 1820) y William Tuke (1732-1819), que en sus respectivos cursor más evidente de lo que después se denominará el países —Francia, Italia e Inglaterra— lideraron el cambio de movimiento psicodinámico de la psicopatología. Como en el enfoque sobre el tratamiento que debían recibir las personas caso de Mesmer, Puységur basó todos sus descubrimientos con enfermedades mentales. en el estudio inicial de un caso: Victor Race, un joven campe- Aunque en Francia el trato dispensado a los enfermos sino que padecía una leve enfermedad respiratoria y al que mentales ya había sido abiertamente criticado por eminen- le fue extraordinariamente sencillo «magnetizar». Lo peculiar tes psiquiatras como Cabanis o La Rochefoucauld, el adveni- de Victor fue que no mostró convulsiones ni movimientos miento de la Revolución francesa suprimió cualquier intento espasmódicos, sino que cayó en un estado similar al sue- de iniciar las mejoras en las instituciones existentes. En con- ño, aunque al mismo tiempo permanecía en vigilia, ya que traposición, la Ilustración italiana, bajo el gobierno del Gran podía responder a las preguntas con normalidad e incluso Duque Pedro Leopoldo (1747-1792), promulgó la Ley de los con mayor claridad y brillantez que en un estado «normal». Locos en 1774 y construyó el Hospital de San Bonifacio en Una vez superada la crisis, no recordaba nada de lo sucedido. Florencia, bajo la dirección de Chiarugi. En las regulaciones Como bien pudo detectar Puységur, todos los pacientes de ese hospital se especificaba: «...es un deber moral supre- que trató después atravesaban dos momentos bien diferen- mo y una obligación médica respetar al individuo loco en ciados: el primero se caracterizaba por un estado de apa- su característica de persona» (citado en Mora, 1982). En el rente vigilia en el que se producía una relación especial con programa de reforma de Chiarugi se enfatizaba la importan- el «magnetizador» que concluía con ausencia de recuerdo. cia de tratar a los pacientes con tacto y comprensión y con Relacionó esta especie de sueño con el sonambulismo y un enfoque autoritario y firme que, al mismo tiempo, fuera de ahí que lo denominara «sonambulismo artificial». Tiempo después, el neurólogo británico James Braid lo llamaría agradable e individualizado. Al mismo tiempo en Inglaterra, bajo el liderazgo de Tuke, se fundó en York el hospital The hipnosis. El segundo momento se caracterizaba por la luci- Retreat, en el año 1796. Aquí también intervinieron las insti- dez que mostraban algunos pacientes, en especial al hablar tuciones políticas. De hecho, el parlamento inglés creó una de su enfermedad. Aquí Puységur aprendió algo más: por comisión para investigar el trato que recibían los enfermos un lado, la capacidad del «magnetizador» para influir sobre en los manicomios ingleses, entre los que se encontraba el el curso de la enfermedad de su paciente, aconsejándole Hospital de St. Mary of Bethlem, donde los pacientes llega- sobre el camino a seguir; y por otro, la facilidad con la que ban a ser exhibidos como animales de feria. La información el paciente podía hablar de sus problemas. En definitiva, se sobre el trato deshumanizado y cruel que recibían estos enfermos sirvió para reformar las leyes respecto a las institu- había abierto el camino hacia el descubrimiento del inconsciente. El descubrimiento de este nuevo fenómeno se atribui- ciones mentales. rá a la acción de fuerzas psicológicas aún desconocidas, que Mientras tanto, en Paris, Phillipe Pinel es nombrado en además de introducir una visión particular sobre el funciona- 1793 superintendente del hospital de la Bictre y más tarde miento de la mente humana y sus capacidades, dará pie a del de la Salptriére, donde se recluía indistinta e indiscrimi- las potencialidades del inconsciente en la curación de ciertas nadamente a criminales junto a personas con retraso mental formas de trastornos mentales. y con enfermedades mentales. Aunque se atribuye a Pinel el mérito de la liberación de las cadenas de los locos en la Sal- C. La primera gran revolución de la psiquiatría: el tratamiento moral petrire, tal y como se representa en el conocido cuadro de Uno de los hitos incontestables del siglo XVIII para la psico- internado previamente en un hospital mental, quien asumió patología proviene de una perspectiva más moral y social esa liberación. En todo caso, el movimiento alienista llevó a Robert Fleury, en realidad, parece que el mérito fue de un trabajador de la Bictre, Jean Baptiste Pussin, que había estado que fisica o naturalista sobre la enfermedad mental: el movi- cabo una reforma importante de los centros de internamien- miento to psiquiátrico de aquel entonces. Pinel, en su Tratado médi- alienista, también llamado tratamiento moral, que buscaba modificar radicalmente la actitud de la sociedad (y co filosófico de la enfermedad mental o la manía demostró de los médicos) hacia los enfermos mentales, razón por la ser un gran observador clínico de las enfermedades menta­ 14 Capitulo 1. Historia de la psicopatología les y propuso un tratamiento diferenciado para cada una de En definitiva, los enfoques organicistas de la locura con- ellas. Clasificó las enfermedades mentales en cuatro tipos: manía, melancolía, idiocia y demencia, y explicó su origen por viven, durante estos siglos, con planteamientos moralistas. Así, mientras se defiende que las causas inmediatas o próxi- la herencia y las influencias ambientales. Propugnó un trata- mas de la locura eran de tipo orgánico, las causas lejanas miento basado en principios morales y humanitarios como el incluían tanto los antecedentes biográficos (p. ej., las pasiones del alma), como los sociales (p. ej., vicios, malas compa- respeto, la firmeza y la realización de actividades al aire libre que fomentaran relaciones interpersonales adecuadas, para ñías, lecturas perniciosas, obcecación religiosa, miseria, etc.) lo que era necesario la atención y cuidado del personal del y los ambientales (humedad, frío, calor, etc.) (Foucault, 1964). centro. Además, propuso la creación de un cuerpo especial Y son precisamente estas «causas morales remotas» las que de médicos que, convenientemente capacitados, se encarga- se encuentran en la base del tratamiento moral y, conse­ ran del cuidado de los alienados. Esta es una de las razones cuentemente, por las que se considera a Pinel el padre de la psiquiatría manicomial llevadas a cabo en distintos momentos y lugares. de las primeras reformas del tratamiento moderna. El continuador de la obra de Pinel en Francia fue Esquirol (1772-1840), una figura simbólica en psiquiatría por ser el primer médico que enseñó esta disciplina desde 1817 (Vázquez, 1990). En Estados Unidos también se produjo una ) Organicista. Término genérico que se aplica a todas las reforma asilar. La figura más influyente fue Benjamin Rush medades, incluyendo las mentales. (1745-1813), considerado el padre de la psiquiatría en Estados ) Moralista. Las causas de la locura hay que buscarlas en Unidos, que practicó el tratamiento moral en el Hospital de las condiciones sociales y/o biográficas personales de cada Pensilvania. Dorothea Dix (1802-1887) también participó en individuo. teorías que subrayan el origen físico (orgánico) de las enfer- esta reforma, liderando una campaña de recaudación de fondos y de presión sobre los gobernantes para la creación de hospitales mentales adecuados (Baños, 2007). El tratamiento moral constituyó un avance en la consideración del enfermo mental como un individuo con derechos, que merece respeto y recibir un tratamiento adecuado para IV. La enfermedad mental en el siglo xix su enfermedad. El tratamiento moral y la reforma de los asi- El siglo xIX se caracteriza por la dualidad de perspectivas los en Europa ejemplifica también la visión unitaria que, en la sobre las enfermedades y trastornos mentales: por un lado, práctica clínica, se produjo entre las perspectivas biológica y se afianzan los enfoques organicistas vinculados a los avan- psicológica. Las figuras de este movimiento son médicos que ces sobre el conocimiento del cerebro y los desarrollos en creen que la enfermedad mental tiene una base orgánica. fisiopatología y, por otro, especialmente a partir del últi- Sin embargo, el tratamiento que proponen es psicoterapéu- mo tercio del siglo, surgen los primeros movimientos que tico, centrándose en conseguir el bienestar psicológico de los reclaman la necesidad de fundamentar las nociones sobre pacientes. En los años posteriores, los efectos de esta refor- la enfermedad mental en la observación cuidadosa de los ma se fueron disipando, en parte debido a que constituye- pacientes —lo que Coto et al. (2008) denominan «el regreso ron obras unipersonales y, al ir desapareciendo sus creadores, a la clínica»— y en la búsqueda de causas psicológicas que fue debilitándose la fuerza de este movimiento. Relacionado expliquen el desarrollo y curso de las enfermedades. En este con ello, está el hecho de que esta reforma no se apoyaba contexto surgen y se consolidan nuevos enfoques, como el en unos principios teóricos sistematizados (Vázquez, 1990). psicodinámico, y nuevas ciencias, como la Psicología que Otra razón fue la necesidad de la sociedad de aislar a sujetos ejercerá una influencia considerable en el cambio de orien- «indeseables», categoría en la que entraban tanto delincuen- tación sobre las psicopatologías. tes como indigentes y locos, que produjo una masificación de los hospitales mentales y, por tanto, un tratamiento cada vez más deficitario y alejado de los principios éticos (y científicos] del movimiento por el tratamiento moral. También en este siglo se producen los primeros grandes movimientos sociales vinculados a los profundos cambios que conlleva la instauración de la industrialización como forma primigenia de organización social, en contraste con las épocas anteriores. A mediados de ese siglo, toda Europa estaba ) Movimiento alienista (también llamado tratamiento moral). Se considera como la primera gran revolución de la psiquiatría. Buscaba modificar radicalmente la actitud de la sociedad hacia los enfermos mentales por medio de un trato humanitario y mejoras en el tratamiento. envuelta en una atmósfera de cambio, consecuente a la introducción de esos procesos de industrialización, que afectaban especialmente a las normas de convivencia social hasta entonces imperantes. Además, el respeto hacia los otros, la libertad del individuo, la igualdad entre las personas, la solidaridad y, en definitiva, los nuevos valores sociales que a finales del siglo 15 Manual de psicopatología. Volumen 1 anterior habían inspirado la Revolución francesa, habían cala- en las historias de la psicopatología es el descubrimiento de do hondo y se habían extendido como un reguero de pólvora que la paresia general era consecuencia de la sífilis, que, a por prácticamente todo el continente (Belloch, 1997). su vez, era causada por un agente biológico, una bacteria. En esa atmósfera, la ciencia experimenta también cambios notables que Reisman (1976] sintetizó en dos aspectos: primero, la adopción de un cambio de mentalidad según el cual la observación natural (al modo hipocrático] y el pensamiento reflexivo (al modo filosófico] dejan paso a la observación controlada y a la necesidad de predecir de un modo fiable el curso de los acontecimientos. El escepticismo, el relativismo y el mecanicismo son las características dominantes de la «nueva ciencia». La posibilidad de experimentar con la realidad, o sea, de intervenir activamente en ella y no solo de observarla pasivamente, se convierte en la marca de contraste de la auténtica actividad científica, contrapuesta a la reflexión filosófica. El segundo cambio tiene que ver con la Estos hallazgos daban esperanzas a la psiquiatría para ser, por fin, reconocida como una especialidad médica con los mismos derechos que el resto de especialidades que habían adquirido respetabilidad gracias a sus avances y su enfoque estrictamente biologicista. El mismo Griesinger señalaba: La psiquiatría ha sufrido una transformación en su relación con el resto de las disciplinas médicas... Esta transformación se basa principalmente en la constatación de que los pacientes con las llamadas enfermedades mentales son en realidad individuos con enfermedades de los nervios y el cerebro... La psiquiatria... debe convertirse en una parte integral de la medicina general y comprensible en todos los círculos médicos». (Griesinger, 1868, p. 12; citado por Millon y Simonsen, 2010). implicación de los nuevos científicos en el mundo social en que viven: el científico adquiere conciencia de su poder para influir en los cambios sociales. Pinel, Tuke, Todd, Itard, o Dix, ya habían dado las claves para ello a finales del siglo precedente y comienzos del presente. Pues bien: es esta atmósfera la que hace posible el surgimiento de nuevas ciencias: en Alemania, la psicología con Wilhelm Wundt, en Inglaterra, la antropología con James Prichard, y en Francia la sociología, con Auguste Comte. a. El hereditarismo Junto a la influencia de Griesinger es preciso incluir también aquí al hereditarismo. Una de las vías para tratar de superar las dificultades en la concepción de la locura desde el campo médico en el siglo XIX fue otorgar un papel predominante a la herencia. Es decir, al no encontrar causas orgánicas claras para muchos trastornos mentales, se adoptó la idea de que la herencia podía explicar la enfermedad mental. La propues- Como es natural, muchos de los cambios y avances del ta de autores como Morel y Foville, entre otros, consistió en siglo tendrán su máximo desarrollo en el siguiente. En este sentido, la separación entre estos dos siglos para relatar la mórbida de la inteligencia, caracterizada por una lesión fun- historia de la psicopatología resulta bastante arbitraria. No obstante, hemos decidido mantenerla con el fin de diferen- se vuelve crucial el papel de la herencia patológica: considerar la enfermedad mental como una manifestación cional difusa del sistema nervioso. Es en ese marco en el que ciar lo que significa el germen del surgimiento de la ciencia psicopatológica, que tiene su origen en el siglo xIX, con su desarrollo y consolidación que se producirán en el siglo xx. A. Los enfoques organicistas Griesinger (1817-1868), que ejemplifica la perspectiva organicista durante el siglo xIX, reivindicó el concepto mismo de enfermedad aplicado a «lo mental» en su texto Mental Es necesario buscar el elemento patológico, en un gran número de circunstancias, en otro orden de lesiones cerebrales funcionales. Este elemento es nada menos que la degeneración con la cual los individuos señalados hereditariamente están heridos invariablemente en el desarrollo normal del sistema nervioso... Es importante prescindir por un instante de la noción de sentido común atribuida a la palabra lesión, y entrar en el significado real de la palabra herencia en una manera particular» (Morel, 1866; citado en Dowbiggin, 1985, p. 206). Pathology and Therapeutics, publicado en 1845. Su declaración «Las enfermedades mentales son enfermedades cere- En palabras de Dowbiggin (1985, p. 207), «...la herencia brales» no solo determinó el curso de la psiquiatría alemana llegó a ser el nuevo punto de referencia y la base conceptual —y, por ende, del resto de la psiquiatría europea— durante para la interpretación modificada de la lesión psiquiátrica». los siguientes 40 años, sino que además sigue siendo deter- Enfrentados con el creciente fracaso para descubrir daño minante en los planteamientos actuales de una parte impor- cerebral estructural, y reticentes a librarse del somaticis- tante de la psicopatología de orientación psiquiátrica. La afirmación de Griesinger se vio posteriormente apoyada por mo que les unía a la medicina y aseguraba su credibilidad importantes hallazgos, como la localización de la afasia sensorial por Wernicke, los correlatos fisiológicos del síndrome de Korsakoff encontrados en 1889 y la degeneración neuro- como médicos cientificos, los psiquiatras se remitieron a los «hechos» hereditarios, lo que les permitía obviar el problema de las lesiones orgánicas inverificables como explicación de la enfermedad mental (Coto et al., 2008). nal y las placas cerebrales encontradas en un paciente con Así, en Francia, entre 1868 y 1886, la teoría de la herencia demencia por Alzheimer en 1906. Pero el hito más repetido patológica recibió el apoyo profesional de la Société Médi­ 16 Capítulo 1. Historia de la psicopatología co-Psychologique. En este contexto. Charles Féré presentó su teoría de la «familia neuropática» en 1884, que reunía los trastornos mentales, sensoriales y motores del sistema nervioso. Estas enfermedades, afirmaba Féré, constituían una familia indisolublemente unida por las leyes de la herencia (Dowbiggin, 1985). La «familia neuropática» justificaba la maleabilidad de los síntomas en las enfermedades del sistema nervioso. Cada alteración era capaz de manifestarse en la progenie como un trastorno completamente distinto, o incluso transformarse en el mismo individuo con el paso del tiempo. Se pensaba que la herencia tenía que ser acumulada antes de poder manifestarse en una forma característica. Esto significó que, por ejemplo, en el caso de un alcohólico, incluso si se podía comprobar que los padres y antecesores nunca habían estado afectados por neurosis, psicosis o disfunciones motoras, la causa principal de la enfermedad seguía siendo la b. Fisiología y psicopatología En este siglo se producen los primeros contactos fructíferos entre el asociacionismo, como base de las funciones y procesos mentales, y la fisiología. Estos contactos habían sido ya iniciados por autores del último tercio del siglo anterior, como Brown (1778-1820), Hall (1790-1857), Gall (1758-1828) y Spurzheim (1776-1834), entre otros. El estudio empírico de la localización cerebral y el intento de determinar un conjunto de funciones que pudieran explicar el pensamiento y la conducta del hombre y los animales en su entorno natural había comenzado, según Young (1970), con el trabajo de Gall, cuando convenció a la comunidad científica de que «el cerebro es el órgano de la mente»; defendió que su estructura y funciones podían ser analizadas por observación mejor que por especulación, rechazó el sensismo herencia patológica, ya que era suficiente que sus anteceso- de sus contemporáneos por resultar irreconciliable con el res hubieran sido muy «excitables», «inventivos» o «entusias- hecho de las diferencias individuales y especificas y puso el tas» para que se pudiese deducir una causa hereditaria. Se puede decir que la herencia patológica fue, en gran acento en los innumerables parecidos entre los hombres y los animales. medida, el prisma a través del cual se reflejaban las imáge- Desde el primer cuarto de siglo XIX en adelante, ese nes de la psicopatología para los psiquiatras y neurólogos enfoque fue aplicado progresivamente. Flourens (1794-1867), franceses de finales del siglo XIX. Que la evidencia de la Magendie (1783-1855) y Mueller (1801-1858) fueron los prin- herencia pareciera adecuada a sus ojos tenía más que ver cipales exponentes de la aplicación sistemática del método con una propensión profundamente arraigada para aceptar experimental a la investigación del sistema nervioso. Desta- las explicaciones hereditarias que con la evidencia misma. Y can también los trabajos de J. Hughlings Jackson (1834-1911) no faltaron voces para proclamarlo. Incluso una figura de la sobre la jerarquización de las funciones cerebrales, junto a los de Broca (1824-1880) y Wernicke (1848-1905) sobre el fun- predisposición hereditaria como Wilhelm Griesinger tuvo que reconocer sus endebles bases epistemológicas. Aunque el cionamiento psicológico y neurofisiológico y la identificación hereditarismo constituía una posición teórica respetable para de lesiones cerebrales que explicaban ciertas modalidades los psiquiatras franceses, se caracterizaba por sus inconsisten- de afasia, proporcionando así las primeras evidencias convin- cias, incongruencias, pobre definición y escasa contribución centes sobre la localización cerebral de las funciones men- al tratamiento de la locura y a la práctica médico-psicológica. tales, o los de Korsakov (1844-1908) sobre las alteraciones En suma, la teoría de la degeneración también surgió, en parte, por la necesidad de dar una entidad médica a la enfermedad mental. Desde la psicopatología francesa, auto- mnésicas debidas a la destrucción de zonas subcorticales específicas. Todos ellos aportaron datos relacionados con alteraciones del funcionamiento psicológico, que abrirán paso al conocimiento de las estructuras básicas sobre las res como Foville o Morel propugnaron la idea de que la locura era causada por una predisposición heredada a la progre- que se asienta una parte importantísima del funcionamiento sión degenerativa del sistema nervioso. Desde la escuela de la mente humana. inglesa, Maudsley, influenciado por el darwinismo, afirmaba Al mismo tiempo los asociacionistas desarrollan un inte- que la locura podía interpretarse como una inversión en la rés por el movimiento —y por tanto por la conducta—, con evolución o degeneración que se transmitía por medio de una mirada más atenta al sistema nervioso. Estos desarro- la herencia. Las implicaciones sociales de esta teoría fue- llos se evidencian especialmente en el trabajo de Bain (1818- ron una idea determinista sobre la locura, que contribuyó al empeoramiento de las condiciones de los enfermos menta- por liberar a la psicología de su contexto filosófico y conver- les y, en algunos casos, al racismo y la eugenesia (Maher y tirla en una ciencia natural por derecho propio. El énfasis en Maher, 2014). 1903), quien, según Brett (1921), hizo más que ningún otro el aprendizaje como consecuencia del hacer (el movimiento) que desarrolló puso los cimientos para el interés por la conducta que se iba a producir en el cambio de siglo. ) Hereditarismo. La enfermedad mental (o la predisposición a padecerla) se hereda: los miembros de una misma familia presentan un desarrollo anormal del sistema nervioso. Si Bain enriqueció la psicología de la asociación con este nuevo interés por el movimiento, a la vez que proporcionó una importante alianza con la neurofisiología experimental. Manual de psicopatología. Volumen 1 Herbert Spencer (1820-1903) suministró una nueva base para verdadero artífice de la medida de las diferencias individua- el estudio de los procesos psicológicos con la biología evolu- les entre las personas y, desde aqui, impulsor de una de las cionista. Ambos compartieron un interés inicial por la freno- disciplinas básicas para la psicopatología: el psicodiagnósti- logía. Bain se alejó de ella, pero Spencer siguió utilizándola co. Desde una perspectiva más general, el evolucionismo y para subrayar la relación entre los fenómenos mentales y las sus posteriores desarrollos se hacen evidentes, asimismo, en necesidades del organismo con el ambiente. El aprendizaje la diferenciación entre causas distales o mediatas y causas llega a entenderse como un continuo ajuste o adaptación próximas para explicar la génesis y el mantenimiento de las de las relaciones internas a las externas. Con Spencer, la psicopatologías, es decir, en los modelos de vulnerabilidad y psicología va moviéndose hacia la presunción de que toda diátesis-estrés que impregnan hoy la explicación de la inmen- conducta sirve para las funciones de ajuste, adaptación y sa mayoría de los trastornos mentales y del comportamiento. supervivencia (Young, 1970). Las concepciones de Bain y Todo estaba dispuesto para que la psicología diera sus Spencer se unen y aplican en el trabajo clinico-neurológico primeros pasos como disciplina independiente. Una discipli- de J. Hughlings Jackson sobre el córtex cerebral. na que necesitaba (¡cómo no!] los conocimientos proporcio- En opinión de Young (1970), el estudio del cerebro y sus nados por la fisiología y por la biología evolucionista, pero funciones se convirtió en una ciencia experimental basada que, a su vez, resultaba imprescindible para el desarrollo en la teoría de la evolución. La mente dejó de ser vista como de las investigaciones que se estaban poniendo en marcha una sustancia aislada dedicada a la representación de la sobre las funciones mentales y su flexibilidad para adaptarse realidad (objeto de estudio de una rama de la metafisica] y y sobrevivir en diferentes nichos ecológicos. empezó a investigarse su papel en la adaptación al entorno. ) Localizacionista. Énfasis en la búsqueda de un lugar concreto en el cuerpo humano en el que ubicar (localizar) la causa de las enfermedades. B. Las nuevas ciencias: el nacimiento de la psicología científica La psicología como campo de reflexión filosófica tenía una larga tradición, de la que podemos encontrar claros ejemplos en muchos de los grandes pensadores de todas las épocas y lugares: desde Avicena y Maimónides, pasando por Vives, c. Evolucionismo Huarte de San Juan, Feijoó, Descartes, Spinoza, hasta llegar Es en este contexto en el que resulta necesario apelar al a Leibniz y Kant. Sin embargo, el interés de Wilhelm Wundt desarrollo de la biología evolucionista, cuyo artifice funda- (1832-1920), que poseía una sólida formación filosófica y al mental fue Charles Darwin (1809-1882). La obra de Darwin mismo tiempo era médico, era el de estudiar los contenidos hizo que se impusiera una idea que antes solo había sido conscientes de la mente humana y escogió las sensacio- apuntada: la de que las especies de los organismos no son nes como elementos o unidades básicas de la experiencia constantes, sino variables, y todos los seres vivos actuales inmediata. El título mismo de su primer libro Principios de pueden ser deducidos de formas anteriores, distintas. Estos psicología fisiológica de 1874 responde a ese interés. Este planteamientos han pasado a ser parte integrante de los libro, considerado por muchos como el primer texto de psi- manuales de Biología, hasta el punto de que para el biólo- cología cientifica-experimental, se constituyó en el vehículo go la teoría de la evolución es el andamiaje que sostiene su de difusión de la nueva ciencia psicológica, con una decidi- ciencia. Darwin posibilitó, además, salvar el abismo entre el da apuesta por vincularla al ámbito de la nueva orientación «animal» y el «ser humano», al relacionar el comportamiento experimental de la ciencia, lo que la alejaría definitivamente de su anciana matriz filosófica. humano con la propia evolución de los organismos. Las influencias de Darwin en la psicología y psicopato- Pero Wundt no es el único nombre al que debemos recu- logía son muchas y muy variadas: desde las primeras for- rrir para reconstruir adecuadamente la historia de la psico- mulaciones funcionalistas, heredadas en parte por los con- logía y, menos todavía, si queremos rastrear los orígenes de ductistas, hasta las ideas sobre la enfermedad mental como la psicopatología. Franz Brentano, Francis Galton, William regresión a estados evolutivos antericres, pasando por la James, J. McKeen Cattell, Külpe, Pavlov, y la amplia tradición psicología evolutiva, la motivacional o la de las diferencias psicodinámica individuales. Wiggins (1973] sostiene que las cuatro perspectivas más importantes de la psicología de la personalidad tantes en este aspecto, como han señalado prácticamente (biológica, experimental, social y psicométrlca) se sustentan tancial de las contribuciones de varios de estos autores se en los postulados darwinistas de selección natural, relevancia produce en la zona fronteriza entre el siglo xIX y el siguiente, del ambiente, supervivencia del más adaptado y variaciones merece la pena mencionarlas aquí pues constituyen ejem- intra-especies, respectivamente. Además, la obra de Darwin llega a la psicología de la mano de su primo Francis Galton, plos paradigmáticos del rápido desarrollo que tuvo la ciencia psicológica a partir de Wundt. seguramente mucho más impor- todos los historiadores. Si bien es cierto que una parte sus- ♦ 18 resultan Capítulo 1. Historia de la psicopatología Al mismo tiempo que Wundt publicaba sus Principios, James identificó la mente con la conciencia e hizo corres- Brentano (1838-1917) publicó su Psicología desde el punto de ponder la finalidad de la conducta con su utilidad adaptativa, vista empírico. Proponía que los actos mentales debían ser siguiendo así la estela del evolucionismo darwinista. Tanto netamente diferenciados de los fenómenos físicos, teniendo sus intereses como la formación médica recibida le facilitan en cuenta cuál era su objeto básico de conocimiento: así ver el reflejo como componente de la acción, y las ideas como los objetos físicos eran susceptibles de experimenta­ darwinistas hacen que sitúe al instinto en un lugar central ción, los psicológicos tenían intencionalidad y la única forma tanto para el desarrollo del hombre como para el de los ani- de abordarlos era mediante la intuición. Con su tesis acerca males (Buxton, 1985). Aceptar ese papel le llevó a incluir en de la «intencionalidad de los actos de experiencia», Brentano la psicología no solo el estudio de las acciones conscientes, buscaba situar al «sujeto psicológico» en el centro de la teorización psicológica. Por eso no es de extrañar que se convir- sino también de aquellas que parecen ser inconscientemente seleccionadas o dirigidas; y convencido de la unidad de los tiera en el auténtico inspirador de dos de los modelos más procesos mentales y conductuales argumentó en contra de influyentes en la historia del desarrollo de la psicopatología una visión de la conciencia puramente cognitiva, en favor europea: por un lado, la psicología de la Gestalt, inspiradora de otra en la que está siempre rodeada de componentes de diversos tipos de psicoterapia y antecesora de algunos afectivos y propositivos. Al igual que Bain o Spencer, James de los postulados actuales del modelo cognitivo; por otro, el extendió su pensamiento motivacional al estudiar el placer movimiento fenomenológico liderado por Husserl, al que se y el dolor y atribuyó al afecto un papel causal en la conducta vinculará posteriormente Karl Jaspers, considerado el funda- adaptativa. Según Buxton (1985), el interés que desarrollaron dor de la moderna psicopatología. posteriormente los psicólogos americanos por el tema de la Los planteamientos de Francis Galton (1822-1911) estaban mucho más cercanos a la práctica aplicada de la actividad científica y sus repercusiones en la psicopatología van a estar ligadas a esta perspectiva. Con su interés en la medición de las características fisicas y mentales de las personas y su reconocimiento del valor adaptativo de las diferencias individuales, participó decisivamente en el desarrollo de las técnicas de diagnóstico de las capacidades mentales, que es, como sabemos, la primera de las actividades que comenzaron a desempeñar los psicólogos clínicos. Las razones de este interés hay que buscarlas en la fascinación que produjeron en Galton las nuevas ideas evolucionistas de su primo motivación tiene más relación con esta posición de James que con el influjo de las teorías de Freud. Los funcionalistas enfatizaron el interés por las observaciones objetivas y la utilidad del estudio de grupos para la psicología (enfermos mentales, personas de distintas edades, etc.). Con ello lograron establecer un importante puente hacia el desarrollo de la psicología aplicada. Tradicionalmente son vistos como los antecesores del conductismo watsoniano y de la psicología cognitiva: del conductismo, a través de la psicología comparada de influencia darwiniana y las teorías sobre el aprendizaje, y del cognitivismo a través de los estudios sobre memoria, pensamiento y resolución de problemas. Charles Darwin. Uno de sus discípulos. James McKeen Cattell Külpe (1862-1918), discípulo de Wundt y máximo repre- (1860-1944), que había realizado su doctorado en Leipzig con sentante de la escuela de Wurzburgo, se propuso estudiar Wundt, acuñó el término «test mental» en uno de sus traba- procesos jos («Mental tests and measurements») que publicó en 1890. utilizando la introspección. Los resultados de los estudios Pero su contribución más importante a la psicopatología fue, tuvieron como consecuencia poner en entredicho al estruc- seguramente, su énfasis en «las aplicaciones prácticas que tenían los test para la selección de personas y como indicadores de enfermedad» (Reisman, 1976, p. 29). El trabajo de Wundt llegó a los Estados Unidos en la versión introspeccionista de Titchener. Frente a ella reacciona el llamado «funcionalismo americano» iniciado por James y Dewey. Como Buxton señaló (1985) los Principios de psicología de William James (1842-1910) publicados en 1890 fueron el trabajo académico más influyente en la psicología americana durante décadas. La psicología es la ciencia de la vida mental, tanto de sus fenómenos como de sus condiciones. Los fenómenos son cosas del tipo de aquellas a las que llamamos sentimientos, deseos, cogniciones, razonamientos, decisiones y cosas por el estilo» (James, 1890; citado en Riviére, 1990, p. 116). complejos como la memoria o el pensamiento turalismo de Wundt por su enfoque excesivamente asociacionista, estático y reduccionista. De estas investigaciones surgieron resultados contrarios a las tesis estructuralistas como la evidencia sobre el pensamiento sin imágenes, o de la disposición mental, un proceso no consciente que dirige la formación de asociaciones. Para los wurzburgueses, el asociacionismo fracasaba a la hora de explicar los resultados de las tareas experimentales en torno al pensamiento, ya que algo debía dirigir al pensamiento a través de los hilos adecuados de la red asociativa. Propusieron que era la tarea misma la que dirigía, en el sentido de que la tarea establecía una «disposición mental» que dirigía adecuadamente la utilización que hacía el individuo de su red asociativa. La acogida que tuvo en Estados Unidos la idea de disposición mental fue mucho mayor que la prestada al pensamiento sin imágenes. El concepto de disposición tenía sentido para 19 Manual de psicopatología. Volumen 1 los psicólogos funcionalistas americanos, interesados en las 1. que podían reinterpretar la «disposición», de modo que esta Adoptar el hipnotismo como vía principal de aproximación a la mente inconsciente. operaciones mentales; y los conductistas se dieron cuenta de 2. Dedicar una especial atención a ciertos cuadros clínicos estableciera tendencias determinantes en la conducta, en (sonambulismo espontáneo, letargia, catalepsia y, ya a vez de en la mente. Sus investigaciones sobre los procesos finales del siglo, a la histeria). del pensamiento les encaminaron hacia una psicología de la 3. función, en lugar de hacia una del contenido. Descubrieron Adoptar sin reservas un modelo de mente humana basado en la dualidad consciente/inconsciente. que el trabajo de laboratorio podía revelar cosas sobre cómo funciona la mente, además de sobre lo que contiene, razón 4. por la que sus trabajos han sido recuperados como un pre- energía mental después. cedente importante de la psicología cognitiva actual (Coto et al., 2008). Aunque los trabajos inspirados en esta escuela Elaborar teorías de la enfermedad mental (nerviosa) basadas en la idea de un fluido desconocido primero, y de la 5. Permitir el desarrollo de técnicas terapéuticas basadas en continuaron con posterioridad a 1909, en particular por parte el poder de la palabra y en las relaciones entre pacien- de Otto Selz, la escuela prácticamente se disolvió cuando te-terapeuta (i. e., las psicoterapias] (Ellenberger, 1970). Külpe la abandonó para trasladarse a Bonn. Hacia 1880, la psicología dinámica conseguiría despegar- Una alternativa sólida al estudio de la mente y la concien- se del lastre populista que le proporcionó Mesmer (lastre cia fue el protagonizado por la denominada escuela refle- que, en parte, era el responsable del rechazo que suscitaba xológica soviética, con una base fundamentalmente fisioló- en los círculos oficiales de la medicina). Tanto Charcot (1825- gica. Las aportaciones de Pavlov (18949-1936) constituyeron 1893) y sus seguidores en La Salpetrire como sus oponen- las bases de una psicología fuertemente determinista en la tes Bernheim (1835-1919) y Libault (1823-1904) en Nancy explicación del comportamiento, que rechazaba la experien- impulsaron de forma definitiva el surgimiento de un nuevo cia mental subjetiva como base aceptable de investigación enfoque para acercarse al conocimiento de la mente huma- empírica. A diferencia de las otras escuelas psicológicas, que na, que seria magistralmente desarrollado más adelante por se preocuparon exclusivamente del comportamiento normal, Sigmund Freud y Pierre Janet. Pavlov aplicó sus principios a la inducción experimental de trastornos mentales. En un estudio de aprendizaje por discriminación realizado con perros, en los que el objetivo era entrenar a los animales a diferenciar entre un círculo y una elipse, uno de los animales presentó una conducta desorganizada al no poder realizar la tarea cuando las diferencias entre los dos estímulos se reducían. Pavlov denominó a este y otros resultados no esperados «neurosis experimentales» y lo incluyó como parte de sus investigaciones. Pavlov formuló una teoría psicopatológica en la que afirmaba que los trastornos aparecían cuando se daba un conflicto entre procesos neuronales opuestos de excitación, que es la respuesta normal al estímulo positivo (recompensado), e inhibición, que es la respuesta al estímulo neutro (no recompensado) (Maher y Maher, 2014). La aportación de Pavlov a la psicopatología ha sido fundamental, pues proporcionó un marco neuropsicológico que situaba a las neurosis en el campo de la psicobiología que, además, era accesible a la experimentación rigurosa (Maher y Maher, 2014). El neurólogo francés, Charcot (1825-1893) que trabajaba en la Salptriere parisina, se interesó por los llamados fenómenos histéricos, a los que se suponía una causalidad orgánica. Charcot utilizó la hipnosis para estudiar estas alteraciones, llegando a la conclusión de que solo los histéricos podían ser hipnotizados, por lo que la hipnosis era un signo de anormalidad. El hecho de que Charcot considerara la alteración neurológica como causa de la histeria hizo que sus teorías fueran aceptadas por la comunidad médica francesa, fomentando el estudio de estas alteraciones, que habían sido muchas veces relegadas. Sin embargo, la denominada «Escuela de Nancy», representada por Liébault y Bernheim, plantearon importantes objeciones al Charcot, señalando una interpretación planteamiento alternativa de sobre el papel de la sugestión en la técnica hipnótica. Defendieron que la hipnosis podría emplearse con una variedad de dolencias, que sus efectos provenían del poder de la sugestión, y que todas las personas eran susceptibles a la sugestión en diferentes grados. Bernheim avanzó la idea de que la histe- C. La psicología dinámica ria era esencialmente un trastorno psicógeno y aplicó el tér- Otra influencia fundamental para la psicopatología proviene síntomas, del surgimiento, a finales del siglo, del movimiento psicodiná- mente biológica. Al desarrollar el concepto de psiconeurosis, mico heredero del magnetismo animal y del hipnotismo des- Bernheim trató de proporcionar, paralelamente a la tradición mino «psiconeurosis» a este y otros síndromes similares de desconcertantes desde una perspectiva estricta- cubiertos por Mesmer el siglo anterior. Esta orientación de la médica de buscar causas biológicas subyacentes para el tras- psicología —apartada tanto de las otras psicologías como de torno, una noción comparable de causas psicológicas subya- las orientaciones biologicistas— se caracterizó, entre otras centes. Por tanto, como señalan Millon y Simonsen (2010) el cosas, por: papel de Charcot en el fomento de una psiquiatría orientada ♦ 20 Capítulo 1. Historia de la psicopatología psicoanaliticamente proviene menos de la intención o la ori- pasos, acudió también al laboratorio de Wundt en Leipzig. ginalidad de su trabajo que de la parte incidental que jugó Según Joseph Collins (1931), Witmer describió la psicología para estimular las ideas de otros, especialmente en uno de clínica en su conferencia ante la American Psychological sus discípulos, Sigmund Freud. Association (APA) de 1896 en los siguientes términos: La psicología dinámica enfatizó el potencial de las experiencias no conscientes en el desarrollo de las personas y proporcionó a la psicopatología no solo una nueva concepción de la enfermedad mental, según la cual esta podía tener, al menos en parte, una naturaleza psicológica, sino además un nuevo modo de tratamiento basado en dos grandes pilares: la fuerza de la palabra y la implicación del propio sujeto en su proceso de curación. El nuevo modelo abrirá las puer- La Psicología Clínica se deriva de los resultados obtenidos en el examen individualizado de muchos seres humanos (...) la clínica psicológica es una institución pública, abierta al servicio de la sociedad, a la investigación propia y a la formación de los estudiantes» (Collins, 1931, p. 5) A Witmer le debemos, pues, la creación de una profesión, su denominación y algunas de sus características distintivas. Sin embargo, como han dicho Bernstein y Nietzel tas a la posibilidad de desarrollar tratamientos psicológicos, (1980, p. 44), «Witmer puso en marcha la Psicología Clíni- diferentes de los tratamientos orgánicos que eran los únicos ca, pero tuvo muy poco que ver con su desarrollo». Las disponibles hasta entonces. causas de la escasa relevancia de Witmer en el desarrollo Pero a pesar de su decidida apuesta por la mente como y la consolidación de la psicología clínica, hasta el punto objeto primigenio de estudio, la psicología dinámica fue, al de ser considerado por algunos como una mera anécdota menos en sus inicios, asumida por la orientación psiquiátrica histórica (Watson, 1953), son variadas. Entre ellas podemos de la psicopatología y, por ello mismo no entró a formar par- destacar las siguientes: a) porque hizo poco o ningún caso te de las «escuelas» o corrientes fundadoras de la psicología, de los desarrollos que se estaban produciendo en la psico- o al menos no al mismo nivel que lo hicieron otras, como logía, especialmente en el ámbito del diagnóstico y de la la reflexología, el funcionalismo americano, o la escuela de Wurzburgo. Solo con la posterior división de la psicología terapia —en especial del psicoanálisis—; b] porque quizá sus colegas no estaban todavía preparados para concebir en especialidades, la orientación dinámica logrará un esta- y aceptar una profesionalización de la psicología, a la que tus disciplinar acorde con su importancia, especialmente en seguían disciplinas como el psicodiagnóstico, la psicología de la per- «pura» (Reisman, 1976); c) porque el casi exclusivo énfasis sonalidad, la psicoterapia y, naturalmente, la psicopatología. considerando Como dijimos al inicio, todos estos acontecimientos estaban sucediendo en un lugar y un tiempo específicos: la Europa del siglo XIX. Sin embargo, el nacimiento «oficial» de la psicología clínica como disciplina aplicada de la psicopatología, se produjo en Estados Unidos. Las razones de este traslado geográfico son muchas, pero todas guardan relación con un como una actividad científica e interés de la clínica de Witmer estaba centrado en los problemas 0. El nacimiento de la psicología clínica más infantiles, mientras que el gran despegue de la psicopatología y la psicología clínica se producen, sobre todo, en el ámbito de la evaluación psicológica de adultos, y d) porque es difícil admitir que un solo individuo sea el responsable de la creación de una profesión y/o de una ciencia. La historia nos demuestra que eso solo es posible en algunos casos de personas excepcionales; pero Witmer estaba seguramente bastante lejos de serlo (Belloch, 1997). aspecto muy característico de la cultura norteamericana: su Al principio de este apartado decíamos que este fue un concepción eminentemente práctica, aplicada, de la cultura y siglo decisivo para el desarrollo de la psicopatología de base la actividad científicas, es decir, la necesidad de poner la cien- psicológica, en la medida en que la mayoría de los desarrollos cia al servicio de la sociedad y no al contrario, como tantas científicos que se producen, si no todos, configuran el ger- veces había sucedido en Europa. Como dijo Korchin (1983, p. 5) men de nuestra disciplina, que florecerá en el siguiente siglo. El enfoque funcionalista y pragmático de la psicología americana proporcionaba un terreno especialmente receptivo a la clínica y a otras psicologías aplicadas. El americano tenía poca paciencia para una psicología que diseccionaba hasta en sus más minimos detalles las estructuras de la mente (...) así como para una psicología que especulaba en exceso sobre la naturaleza final de la mente humana». V. Enfermedades y trastornos mentales y del comportamiento: el siglo xx El siglo XX está unido a avances extraordinariamente importantes en todos los campos cientificos. Muchas disciplinas La psicología clínica surge como una disciplina aplica- alcanzan su madurez epistemológica y empiezan a producir da de la psicopatología de base psicológica y lo hace de la avances a una velocidad hasta entonces inimaginable. La mano de un norteamericano, Lightner Witmer (1867-1956), que había estudiado con J. M. Cattell y que, siguiendo sus psicopatología, tanto desde su orientación psiquiátrica como desde la psicológica, desarrolla las primeras clasificaciones 21 Manual de psicopatología. Volumen 1 de los trastornos mentales. Las perspectivas organicistas yó en sus investigaciones— lo que le motivó a proporcionar adquieren importancia e impulso crecientes con el desarro- descripciones cuidadosamente detalladas de llo de las teorías bioquímicas y los primeros datos sobre la Kraepelin eficacia de los psicofármacos. Pero también en este siglo se manifiestas de los trastornos mentales, en contraste con producen críticas acérrimas al concepto mismo de «enferme- sus contemporáneos más orientados hacia la búsqueda de se centró en las los pacientes. manifestaciones psicológicas dad mental», los excesos de la medicalización y el fracaso causas orgánicas, haciendo hincapié en la evolución de esos de las instituciones manicomiales para el tratamiento de las trastornos para realizar el diagnóstico (Millon y Simonsen, personas con enfermedades mentales. 2010). Su mayor aportación a la psicopatología es la ela- En palabras de Vásquez Rocca (2006, p. 9), «la "enfer- boración de un sistema de clasificación psiquiátrica cuyos medad mental" se transforma (...) en el mecanismo social, principios, como veremos, han influido hasta nuestros días regulado y determinado por la psiquiatría, para patologizar en los sistemas de clasificación de la Asociación Psiquiátrica la heterogeneidad humana, su carácter antinómico y su sin- Americana (APA). En su «Compendio de Psiquiatría» describe gularidad». distintas especies morbosas, es decir, cuadros sintomatoló- Por su parte, la psicología como ciencia independiente se desarrolla con rapidez, dando lugar a distintas escuelas que influirán en los conceptos psicopatológicos y los distintos modos de aproximarse a los trastornos mentales. Por último, aunque no por ello menos importante, se suceden los conflictos y las guerras que impactan, como no podía ser de otro modo, en el desarrollo de los conocimientos y conceptos sobre las psicopatologías y su abordaje. Sobre todo ello intentaremos hacer una síntesis en este apartado. gicos específicos que corresponderían a causas orgánicas determinadas. En su clasificación, Kraepelin distinguió entre la psicosis maníaco-depresiva y la demencia precoz, que dividió a su vez en tres tipos, hebefrenia, catatonia y paranoia. Su descripción de la demencia precoz por su curso crónico y degenerativo caracteriza la importancia que se da a la evolución del trastorno en el sistema clasificatorio de Kraepelin. Así, el curso evolutivo, y no la sintomatología o la etiología, debía ser el principal criterio. Pese a que defendía una etiología orgánica, abogaba también por el análisis cuidadoso A. Clasificación y diagnóstico de los trastornos y enfermedades mentales y del comportamiento: de Kraepelin, Bleuler y Jaspers a los DSM del comportamiento de los pacientes y daba prioridad a la Dentro de la tradición médica de finales del siglo XIX y prin- riores. Bleuler (1857-1939), en su obra Demencia precoz o el cipios del xx, se produce un retorno a la clínica que enfatiza grupo de las esquizofrenias, se desprende del curso evolu- el criterio de utilidad práctica a la hora de decidir sobre la tivo como característica esencial de la esquizofrenia y enfa- adecuación de esta o aquella teoría etiopatogénica (Coto et tiza al., 2008). La figura más representativa de este nuevo enfo- como criterio diagnóstico (Coto et al., 2008). Los principales que fue Emil Kraepelin (1855-1926), otro eminente discípulo de Wundt, que se propuso trasladar y aplicar los métodos y síntomas de la esquizofrenia, en opinión de Bleuler, eran principios wundtianos a la psicopatología, inaugurando así la una brecha entre afecto e intelecto, la ambivalencia hacia psicopatología experimental. Tras pasar nueve años colabo- los mismos objetos y un desapego autista de la realidad. rando en el laboratorio de Leipzig, Kraepelin volvió a Heidel- Las diversas variedades de pacientes que mostraban estos investigación sistemática para comprender mejor la conducta anormal (Belloch y Baños, 1986). Siguiendo la estela de Kraepelin se fueron delineando las bases de los sistemas de clasificación diagnóstica poste- una característica alteraciones en el psicopatológica, vínculo sentimientos asociativo la escisión entre mental, pensamientos, berg, donde fundó su propio laboratorio en 1889. Kraepelin pensamientos, partía de la idea de que los procesos mentales normales ron a Bleuler a denominar a sus trastornos «el grupo de las y acciones fragmentadas lleva- eran medibles y que se podían encontrar diferencias cuanti- esquizofrenias». Pese a su crítica hacia el modelo clasifica- ficables entre el funcionamiento normal y el patológico (Coto torio de Kraepelin, mantuvo como él la opinión de que el et al., 2008). En sus experimentos estudiaba el efecto de la deterioro básico en estos trastornos derivaba de un proceso fatiga, las drogas, el alcohol y la privación de sueño en la de enfermedad unitaria que era atribuible a una patología capacidad mental, sobre todo en la eficacia atencional, tan- fisiológica básica (Millon y Simonsen, 2010). to en individuos sin patologías como en enfermos mentales Por su parte, Adolf Meyer (1866-1950) simpatizó con las que sufrían paresia o demencia precoz. Su objetivo era la teorías de Freud. Asumió la opinión compartida por la mayo- identificación y medición de déficits psicológicos en distintos ría de los psicoanalistas, que consideraban los trastornos problemas mentales. mentales no tanto como condiciones fundamentalmente Como discípulo de Wundt, tal vez fue la influencia de su orgánicas, sino más bien como consecuencias de factores mentor —en la importancia otorgada a la aguda observa- ambientales y acontecimientos de la vida. Aunque Meyer fue ción y análisis del comportamiento de los sujetos que inclu­ el psiquiatra más prominente que introdujo el sistema krae- 22 Capítulo 1. Historia de la psicopatología peliniano en Estados Unidos, creía que estos trastornos no eran entidades de enfermedad, sino «reacciones psicobiológicas» al estrés ambiental (Millon y Simonsen, 2010), hasta el punto de defender que el concepto mismo de enfermedad mental debía sustituirse por el de «tipos de reacción». Con del cerebro, sino un desarrollo de los puntos de vista para la investigación de las cuestiones y problemas, de los conceptos y relaciones, desde los fenómenos psicopatológicos mismos» (Jaspers, 1946, p. 19). Para Jaspers, el objeto de la psicopatología era el cambio de denominación intentaba dar relevancia a la historia individual y personal de las reacciones psicobiológicas a los múltiples problemas con los que se hubiera enfrentado el individuo. Los tipos de reacción eran conjuntos de signos y síntomas que tenían una ocurrencia simultánea y eran característicos de una determinada alteración. En la línea pragmática norteamericana, Meyer recalcaba la importancia de hacer uso de los conocimientos procedentes de muy diversas áreas (biología, fisiología, psicología y sociología) para poder llegar a comprender el comportamiento humano (Belloch y Baños, 1986). Los desórdenes mentales no eran (...) el acontecer psíquico realmente consciente. Queremos saber qué y cómo experimentan los seres humanos, queremos conocer la dimensión de las realidades anímicas. Y no solo el vivenciar de los hombres, sino que también queremos investigar las condiciones y las causas de las que depende, las relaciones en que está y las maneras cómo se expresa objetivamente. Sin embargo, no es nuestro objeto todo acontecimiento psíquico, sino solo el psicopatológico» (Jaspers, 1946, p. 17). Naturalmente, este planteamiento le alejaba del determinismo psicológico propugnado por el Psicoanálisis. Y para sino formaciones de hábitos establecidos de un modo pro- el estudio de ese objeto, la psicopatología necesitaba de la gresivo; en consecuencia, el tratamiento debía consistir en psicología: enseñar hábitos nuevos y eliminar los anteriores: una idea semejante a la que subyace en muchos de los procedimien­ tos técnicos de la modificación de conducta. En su libro Psicobiología de 1957, repite en varias ocasiones que diagnosticar implica una etiqueta, y no hay etiqueta que pueda representar la complejidad de un ser humano y su entorno. Lo importante es comprender el cómo y el porqué y no el nombre de la enfermedad; lo importante es el paciente y no lo que padece (Belloch y Baños, 1986). La influencia de Meyer fue decisiva en la primera edición del Manuol diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-I), publicado por la APA en 1952, que adoptó el concepto de «tipo de reacción» como criterio de organización diagnóstica. En la línea fenomenológica proveniente de la psicología del acto de Brentano, el autor que desarrolló el método fenomenológico siguiendo más la dirección filosófica de Husserl que la experimental de Stumpf, fue el psiquiatra alemán Karl Jaspers (1883-1969). La impronta de la influencia fenomenológica (Husserl, Stumpf), pero también de Kant, se evidencian en su idea de que la psicopatología solo puede estudiar el fenómeno de la enfermedad mental, su fenomenología. Jaspers hizo una fuerte apuesta por la fundamentación psicológica de la psicopatología. En la introducción de su Psicopatología general publicada por primera vez en 1913, se puede constatar la tensión existente entre el anhelo de una psicología distinta a la oficial, que se ocupaba «...solo de procesos tan elementales que en las verdaderas enfermedades mentales pocas veces son perturbados, fuera de los casos de lesiones neurológicas, orgánicas, del cerebro...» (Jaspers 1946, p. 18), y sus conocimientos de medicina que, aunque necesarios, no le proporcionaban respuestas a las preguntas clave en psicopatología. La psicología estudia la llamada vida psíquica normal. Un estudio de la psicología es para el psicopatólogo tan necesario en principio como un estudio de fisiología para el anatomopatólogo» (Jaspers, 1946, p. 17). Admitió sin reservas además que la diferenciación entre lo normal y lo patológico era difícil en muchos casos, pues el concepto mismo de psicopatología (como el de enfermedad) es escurridizo. Su decidida apuesta por la psicología como ciencia básica de la psicopatología le permite trabajar con los mismos conceptos fundamentales en ambas ciencias, psicología y psicopatología. El conocimiento del hombre enfermo lo obtenía Jaspers de tres formas distintas y complementarias: la psicopatología general, que estudia los hechos individuales de la vida psíquica; la psicopatología comprensiva, que estudia el espíritu; y la psicopatología explicativa, que estudia la conciencia en general. Anteponer la psicopatología comprensiva a la explicativa le lleva a primar la comprensión como método idóneo para estudiar la vida psíquica, relegando la explicación al mundo de lo físico. La psicopatología es capaz de comprender ciertos fenómenos psicopatológicos desde la estructura psíquica completa de la personalidad, es decir, desde su desarrollo unitario, pero otros se le presentan como absolutamente refractarios a este método y deben ser considerados incomprensibles. A los primeros, Jaspers los denomina «desarrollos», a los segundos, «procesos». Los procesos son solo explicables, de ahí que sea inútil buscar sus motivos biográficos: solo podemos conocer sus causas somáticas o psíquicas (González de Pablo, 1987; Gracia y Espino, 1989). Su visión de la enfermedad mental le llevó a acercarse a la clasificación de las psicopatologías de un modo diferen- Nuestra tarea científica única no es una construcción sistemática imitada de la neurología con la permanente visión te al de Kraepelin o Bleuler: buscaba describir la verdadera experiencia subjetiva de cada paciente y cómo se enfrentaba 23 Manual de psicopatología. Volumen 1 a la enfermedad mental, en lugar de simplemente descri- publica bajo la enorme influencia de la corriente psicodiná- bir los síndromes psicológicos manifiestos observados por mica en la psiquiatría norteamericana. Sin embargo, en la el terapeuta. Jaspers afirmó que la profundidad infinita e década de los setenta se produjo un renovado interés por inagotable y la naturaleza única de cualquier individuo, ya los planteamientos de Kraepelin, que no era ajeno al aluvión esté mentalmente enfermo o funcione de manera saluda- de críticas sobre el movimiento psicodinámico, pero también ble, no podía ser completamente entendida y objetivada, a los movimientos de la antipsiquiatría y su crítica hacia los sino que el médico/psicólogo debía esforzarse por lograr una diagnósticos psiquiátricos por su inutilidad e ineficacia. comprensión lo más cercana posible. Esta visión existencial Bajo ese clima crítico, varios psiquiatras norteamerica­ de la humanidad fue lo que distinguió a este enfoque de nos (Robins, Winokur, Guze, Klein, Spitzer, Feighner, Endicott los medios tradicionales de diagnóstico y tratamiento. En y Fleiss, entre otros) acuerdan publicar lo que se conocerá contraste con los psicoanalistas, que intentaron investigar como los Criterios Feighner (Feighner et al., 1972), un pri- la superficie de los informes verbales de los pacientes para mer prototipo de sistema de clasificación y diagnóstico que descubrir sus raices inconscientes, Jaspers se centró en la proporcionaba definiciones concretas autodescripción consciente de los sentimientos y experien- des consideradas más mentales de las frecuentes enfermeda- [esquizofrenia, cias de los pacientes, creyendo que sus informes eran las depresión, manía, trastornos afectivos secundarios, neurosis mejores vías para lograr la verdadera comprensión de su de ansiedad, neurosis obsesivo-compulsiva, neurosis fóbica, mundo (Millon y Simonsen, 2010). histeria, trastorno de la personalidad antisocial, alcoholismo, Jaspers, su obra y la escuela de Heildelberg no pervivie- dependencia de drogas, retraso mental, síndrome orgánico ron en la psicopatología, inmersa en avances tan poderosos cerebral, homosexualidad, transexualismo y anorexia nervio- como el psicoanálisis, el funcionalismo americano, el conduc- sa). Poco tiempo después, Spitzer, Endicott y Robins (1975, tismo y el movimiento gestáltico. Solo se recuperarán sus 1978) aportaciones, si bien con escasas referencias a sus traba- (Research Diagnostic Criteria, RDC), con la definición ope- jos, con el auge del estudio de los procesos mentales de la rativo-descriptiva de 25 categorías o trastornos, sin aludir a orientación cognitiva de la psicología en el último tercio del supuestos etiológicos y centrados en la sintomatología, junto siglo xx. con criterios de exclusión para cada una de las entidades El máximo continuador de la obra de Jaspers fue Kurt Schneider (1887-1967). Otorgó un papel central al diagnóstico, que concebía como atender al cómo (la forma) y no al qué (el tema o contenido]. Además, son dignos de destacar sus trabajos sobre las personalidades psicopáticas, sobre los delirios y sobre las psicosis endógenas. Son precisamente sus publican los Criterios Diagnósticos de investigación diagnósticas que se describen. Se hace referencia tanto a los sintomas como a su duración, curso y nivel de gravedad. Desde una perspectiva conceptual, los RDC suponen una ruptura con la terminología tradicional al prescindir de los conceptos de neurosis o psicosis e introduciendo el término «trastornos» como sustituto del de «enfermedades». planteamientos con respecto a estas últimas los que adquirieron con el tiempo una gran popularidad junto con la dis- ) Criterios Feighner. Primer prototipo de sistema de cla- tinción que estableció, en el campo de la esquizofrenia, de sificación los «síntomas de primer orden». entre otros— las por definiciones concretas de las enfermedades mentales consideradas más Los esfuerzos de Kraepelin, Bleuler, Meyer, y Jaspers — adquieren y diagnóstico que proporcionaba sistematizar psicopatologías las tienen diferentes un formas impacto que frecuentes. ) Criterios Diagnósticos de Investigación (Research desigual Diagnostic Criteria, RDC). Definición operativo-descriptiva en el desarrollo de los sistemas oficiales de clasificación y de 25 categorías o trastornos. Se centran en la sintomato- diagnóstico impulsados tanto por la Organización Mundial logía y no aluden a supuestos etiológicos. Incluyen la des- de la Salud (OMS) como por la APA. En el caso de la OMS, cripción de los síntomas, su duración, curso y gravedad y no se introduce un capítulo especifico para los trastornos los criterios de exclusión de otras entidades. Introducen el y enfermedades mentales hasta la 6.a edición de la Clasi- término «trastornos» como sustituto de «enfermedades». ficación internacional de Enfermedades (CIE) de 1946. En esa edición se establecen tres grupos de trastornos: psicosis, carácter, del Con todos estos elementos se publica en 1980 la tercera comportamiento y de la inteligencia. No obstante, más allá edición del DSM, avalado por un buen número de investiga- desórdenes psiconeuróticos, y trastornos del de la mera clasificación, no se ofrecían definiciones concre- ciones financiadas por el Instituto Nacional de Salud Men- tas de los trastornos incluidos ni se especificaban las razones tal para su ordenación y categorización. Algo similar sucedió NIMH). La publicación de este manual, que pretende ser no con la siguiente edición del sistema de la APA, el DSM-II de solo de clasificación sino también de psicopatología, supuso una auténtica revolución en nuestro ámbito por muchas y 1968, que abandona el concepto de «tipos de reacción» y se 24 norteamericano (National Institute of Mental Health, Capítulo 1. Historia de la psicopatología diversas razones. Por vez primera, no solo se tenía en cuenta se vería ineludiblemente afectada si renunciáramos a una la sintomatología presente en un momento dado, sino tam- fundamentación bién la historia previa del individuo, su nivel de adaptación, dos. la gravedad y la presencia de un determinado patrón de notables avances a lo largo del siglo xx, y la psicopatología características personales y de Esta prioritariamente fundamentación psicológica psicológica ha de las otras experimentado enfermedades físicas con- ha sido probablemente una de las áreas de investigación y comitantes con el trastorno psiquiátrico; es decir, que a la teorización psicológicas que más ha progresado, generando «etiqueta» diagnóstica le acompañaban otros cuatro ejes: el un número importante de modelos explicativos de trastor- sistema multiaxial, con lo que se pretendía eludir las críti- nos mentales complejos tales como las esquizofrenias, obse- cas a la mera etiquetación de los trastornos mentales. A su siones y compulsiones, depresión, ansiedad, hipocondría, o vez, se especificaban los elementos claves de la sintomato- los trastornos alimentarios, como se verá a lo largo de este logía y su grado de relevancia para el diagnóstico final. La psicopatología, y la psicología clínica, acogieron sin reservas la buena nueva y los libros de texto se apresuraron a reestructurarse sobre la base de los nuevos criterios clínico-diagnósticos. Por fin parecía que la psicopatología, tanto la de base médico-psiquiátrica como la psicológica, disponía de un lenguaje propio y, sobre todo, común. Desde entonces hasta ahora se han publicado tres ediciones más (DSM-IV, DSM-IV-TR, y DSM-5), la última en 2013. En el capitulo de este manual dedicado al diagnóstico y la clasificación se detallan las novedades, cambios, aportaciones e inconvenientes de las sucesivas ediciones del DSM, por lo que no nos deten- manual. Una de las características más significativas de tales modelos es la de su profunda vinculación con la investigación psicológica experimental, incluida la neurológica, sobre procesos mentales complejos (atención, percepción, memoria, pensamiento, lenguaje, etc.), adoptando una perspectiva dimensional y transdiagnóstica, lo que, en nuestra opinión, supone una garantía para la viabilidad de esos modelos, además de poner en valor el proyecto jasperiano acerca de la necesidad de fundamentar la teorización psicopatológica en la psicología (Belloch, 1997). En suma, la duda es si realmente estos sistemas de diag- dremos aquí en ello. No obstante, nos parece importante nóstico nos ayudan a comprender, desde una perspectiva mencionar, siguiendo a Sandin (2013), uno de los aspectos psicológica, los trastornos mentales y del comportamiento, y que nos parece más problemático por lo que se refiere a si son útiles para avanzar en la integración entre la investiga- la historia de la psicopatología psicológica: la ausencia casi ción psicológica básica y la práctica clínica que es, al fin y al total de psicólogos expertos en nuestra disciplina, o en su cabo, el objetivo de la psicopatología. Conocer otros modos vertiente aplicada, la psicología clínica. Además, a pesar de de enfocar la realidad es, sin duda, un ejercicio saludable; los intentos por establecer dimensiones transversales de sin- pero puede que no lo sea el asumir acriticamente esos otros tomas, el sistema sigue siendo en gran medida categorial, modos, especialmente si convierten en un puro espejismo con lo que las aportaciones de la investigación psicopato- los lógica de los últimos 50 años, basada en una perspectiva esfuerzo a lo largo de la historia. conocimientos que hemos ido adquiriendo con tanto dimensional de la normalidad-patología, no se han tenido en cuenta de manera adecuada. El diagnóstico psicopatológico supone una consideración dimensional, es decir, de continuidad entre lo normal y lo patológico y esto es, en principio, B. Diversificación de las escuelas psicológicas y su impacto en psicopatología incompatible con la caracterización categorial excluyente, a El siglo XX es, sin duda, determinante para la psicopatología, more botánica, de los trastornos mentales que, pese a todo, especialmente, aunque no solo, por dos motivos: primero, sigue vigente. porque se desarrollan y consolidan diferentes escuelas, enfo- En definitiva, el modelo de la psiquiatría norteamerica­ ques o perspectivas de la nueva ciencia psicológica que, na sigue manteniendo los principios kraepelinianos, al igual en la mayoría de los casos, se muestran como opciones que lo hace la OMS con las sucesivas ediciones de la CIE (la enfrentadas e incluso incompatibles tanto por lo que hace última, número 11, pendiente aún de hacerse efectiva]. La uti- a su objeto de estudio como a los métodos para su aborda- lidad para la psicopatología de estos sistemas psiquiátricos je. Segundo, porque durante este siglo la psicopatología se reside en su valor heurístico para la investigación, además nutre de, y crece con, los desarrollos en diferentes ámbitos de propiciar la comunicación interprofesional, pero no debe- de la psicología, tanto de los más «aplicados» (p. ej., el diag- ría caerse en la tentación de considerarlos como la síntesis nóstico, las psicoterapias, la psicología evolutiva, etc.) como perfecta de dos de las funciones que la psicología clínica de los más «básicos» (p. ej., psicología experimental, psico- ha ido asumiendo, no sin esfuerzo, a lo largo de los años: el metría, personalidad, etc.). Todos estos desarrollos se imbri- diagnóstico de los trastornos mentales y la comprensión y can, inexorablemente, con un conjunto de acontecimientos explicación de su naturaleza, es decir, de su psicopatología. sociales, entre los que cabe destacar las grandes guerras Y naturalmente, la tercera de las funciones, la psicoterapia. que asolaron Europa hasta prácticamente la mitad del siglo. 25 Manual de psicopatología. Volumen 1 El florecimiento de la diversidad de escuelas psicológicas, de las que destacan en especial la psicodinámica, la gestaltista y la conductista, se produce en las tres primeras décadas del siglo, y de manera especial en el período que va desde el final de la Primera Guerra Mundial (1918) hasta el comienzo de la Segunda (1939). No en vano, Koch (1964) denominó este período como «la época de la teoría» y Watson (1953) afirmaba que en esas décadas la psicopatología y la psicología clínica habían dejado atrás la infancia y entrado en una adolescencia, «más bien desnutrida pero también rápida y tempestuosa». Se trata de un momento de catalización de las diversas aportaciones provenientes de ámbitos tan diversos como los estudios de Pavlov sobre las neurosis experimentales, junto a las de los constitucionalistas (Krestchmer, Sheldon), o los estudios de los gestaltistas sobre la percepción, sin olvidar la creciente influencia psicodinámica en todos los ámbitos de la psicopatología, incluyendo la infantil. Además, aunque inicialmente el conductismo había arraigado sobre todo en EE. UU., mientras que la psicología de la Gestalt y la psicodinámica lo habían hecho sobre todo en Europa, con la Segunda Guerra Mundial a. La escuela psicodinámica El psicodinámico puede considerarse como el primer modelo explicativo de los trastornos mentales que, frente al biologicismo imperante en su surgimiento a finales del siglo XIX, hace una apuesta decidida por la etiología psicológica de las enfermedades y trastornos mentales. Su máximo exponente es, como ya avanzamos en un apartado anterior, Sigmund Freud (1856-1939), médico y neurólogo judío nacido en lo que actualmente es la República Checa, aunque la familia se trasladó a Viena cuando Freud contaba tres años. Pero además de Freud, hay otros autores especialmente relevantes para la psicopatología dentro de este modelo, que contribuyeron decisivamente a difundir en Europa los planteamientos freudianos: en Francia, Pierre Janet (1859-1947), en Austria, Alfred Adler (1870-1937) y en Suiza, Carl Gustav )ung (1875-1961). Los dos últimos acabaron desarrollando enfoques propios, críticos con los de Freud, mientras que Janet fue en realidad contemporáneo de Freud y desarrolló una obra propia a menudo contrapuesta a la freudiana. se produce, como es bien sabido, una emigración masiva de Bajo la influencia de las ideas de Bernheim sobre el papel científicos europeos a Estados Unidos, con lo que este país se que la autosugestión inconsciente podía tener en la base de convierte en el centro nuclear del desarrollo de la psicología los síntomas de muchos trastornos mentales, Freud obser- científica y, por ende, de la psicopatología. vó que cuando los pacientes hablaban de sus problemas y Las escuelas psicológicas, alternativas al modelo bio- conflictos durante los trances hipnóticos, se producía una desarro- reacción emocional intensa y al salir de la hipnosis se sen- llo de la psicopatología. Según algunos autores (p. ej., Pil- tían aliviados y mejoraban, aunque no eran conscientes de grim y Treacher, 1992; Stone, 1985), una de las razones de los conflictos de los que habían hablado durante la sesión tal importancia reside en el impacto que tuvo la Primera hipnótica. Interpretó estas observaciones clínicas como que Guerra Mundial (1914-1918) en la salud mental de muchos la mente estaba dividida en consciente e inconsciente, atri- combatientes. La aparición de muchos casos de «neurosis buyéndole a este último un papel importante en el desarrollo de se calificarían como tras- de los trastornos mentales. Postuló la idea de que el material tornos por estrés postraumático— puso al descubierto las conflictivo se hacía inconsciente gracias a un mecanismo de médico, tuvieron una importancia guerra» —que actualmente crucial en el limitaciones de una psiquiatría marcadamente biologicista y defensa que denominó represión. Este material podía recu- favoreció la búsqueda de otros marcos de referencia alternativos, de los que el psicodinámico era, sin duda, el más perarse provocando una reacción emocional intensa (catarsis], ya mediante la hipnosis, ya a través de otros métodos torno afectaba, además, a hombres jóvenes bien nutridos y como la asociación libre o la interpretación de los sueños. Recuperar el material inconsciente y relacionarlo con los anteriormente sanos, que en muchos casos habían prestado sus servicios como voluntarios, y que nada tenían que ver Freud, a la curación. El «descubrimiento» del inconsciente con la legión de enfermos mentales que eran atendidos en y la etiología psicológica que se atribuye a los trastornos importante y conocido. Téngase en cuenta que este tras- problemas que presentaba el paciente le llevaría, suponía los manicomios, que en su mayor parte pertenecían a las mentales serán la base de la escuela psicoanalítica que clases sociales más bajas (y desprotegidas). En consecuencia, no solo había que buscar nuevos modelos para expli- tendrá una influencia muy importante en la psicopatología posterior (Baños, 2007). Además de «rescatar» las neurosis car adecuadamente la ruptura que se había producido en (las psicopatologías «menores», por oposición a las psicosis o las mentes de estos grupos de gente «normal», sino que «mayores»] del campo de la neurología, introdujo el estudio además se ponía seriamente en cuestión la utilidad de los de las «psicopatologías de la vida cotidiana» como tema pro- adecua- pio de investigación y análisis para una nueva psicopatología damente. En todo caso, las diversas escuelas psicológicas, que, desde este enfoque, no solo se aleja de la perspectiva con sus diferentes planteamientos sobre lo que debía ser netamente organicista, sino que además permite acercar lo el objeto de la psicología (y sobre lo que no debía serlo), psicopatológico a la normalidad: es decir, que deslegitima recursos asistenciales disponibles para atenderlos son el origen de los actuales modelos de la psicopatología el carácter mórbido de muchas experiencias humanas que, que se describen con detalle en el Capítulo 2 de este libro. aun siendo anómalas, no por ello resultan ser necesariamen­ 26 Capitulo 1. Historia de la psicopatología te indicadoras de trastorno O enfermedad mental alguna. El Adler, médico formado en psiquiatría, estaba interesado impacto de la obra de Freud ha sido indudable no solo en especialmente en los aspectos psicológicos de la infancia psicopatología, sino también en muchos otros ámbitos dedicados a comprender la naturaleza humana, incluyendo los lo que le llevó a contactar a principios del siglo con Freud del que, sin embargo, se separó muy pronto para formar no cientificos o legos (Ferrándiz, 1989). Como muy bien dijo su propio grupo, la Sociedad de Psicología Individual, que Pinillos (1976, pp. 25-26): rechazaba la etiología sexual de las neurosis, formulada por Freud. El impacto de su obra en psicopatología cabe centrar- La contextura científica del psicoanálisis es endeble, y su eficacia terapéutica, escasa. Queda, sin embargo, la vía de la hermeneusis, por donde sí parece que el método psicoanalítico discurre con paso firme y mirada sagaz». El segundo gran autor de mención obligada es sin duda Pierre Janet. Profundizó en el estudio de la histeria, considerándola como una manifestación y un resultado inevitable de la herencia y la «degeneración». A través de un cuidadoso examen de las historias clínicas de sus pacientes descubrió que un gran número de ellos había sufrido un shock emocional antes de la aparición de la enfermedad. Estos acontecimientos parecían haber sido olvidados y, en su opinión, este lo especialmente en sus indagaciones sobre las causas de la neurosis y la psicoterapia. Para Adler, toda forma de neurosis deriva del modo de vivir desde las etapas más tempranas de la vida. La predisposición a las neurosis deriva, por tanto, de las experiencias infantiles: ya sea las de abandono, las de sobreprotección, o de la mezcla confusa de ambas. Estas experiencias dan claves erróneas al niño, de tal manera que impiden o dificultan su desarrollo social. En consecuencia, el objetivo de la psicoterapia es ayudar a conseguir una reorganización del estilo de vida, que disminuya los sentimientos de inseguridad y mejore las relaciones con los demás (Ferrándiz, 1989). olvido representaba una debilidad anormal y distintiva de la Jung es considerado por muchos autores psicodinámicos personalidad del histérico, ya que las experiencias de las per- la personalidad más importante de las denominadas «escue- sonas normales estaban totalmente integradas y accesibles las de psicología profunda». Médico y psiquiatra formado en a la conciencia. En su trabajo L’état mental des hystériques la Universidad de Basilea, fue ayudante de Eugen Bleuler. postuló que la disociación o desdoblamiento de la concien- Bajo la influencia de este, Jung propuso que la demencia cia era uno de los mecanismos fundamentales de los estados precoz podría explicarse a partir de la explicación freudiana histéricos, a los que por esta razón llamó psicasténicos. La psicastenia se definía como una disociación parcial de la sobre las neurosis. En parte por ello, y por el gran presti- capacidad para mantener las ideas en su plena conciencia es considerado uno de los mayores difusores de la obra de gio que tenía la obra de Bleuler sobre la esquizofrenia, Jung debido a la debilidad de las actividades integradoras superio- Freud en todo el mundo, y especialmente en Estados Unidos. res. Realizó brillantes descripciones clínicas de la histeria, las Aunque participaba de manera entusiasta de los plantea- fugas y las amnesias, entre otros síntomas y síndromes, pero mientos freudianos, nunca fue un ciego seguidor de su obra sus trabajos se vieron pronto relegados a un segundo plano, (Selesnick, 1968), en especial de su teoría sexual y su inter- al contrario de lo que sucedió con Freud e incluso con el pretación de la libido. La teoría de Jung es compleja, pues maestro de ambos, el propio Charcot. Según Pichot (1983), incluye nociones de naturaleza muy diversa: desde cuestio- mientras que Janet tenía auditores, lectores y admiradores, nes religiosas y filosóficas hasta otras antropológicas y mito- Freud tenía una escuela y discípulos. No obstante, lo cierto lógicas. Sus contribuciones a la psicopatología abarcan desde es que actualmente las ideas de Janet sobre la disociación el desarrollo de las pruebas de asociación de palabras, hasta están siendo retomadas en las investigaciones sobre los tras- su propuesta de una psicoterapia analítica, individualizada, tornos disociativos o, más genéricamente, en las recientes en la que resulta imprescindible atender a las reacciones de formulaciones sobre información —véanse, procesamiento por ejemplo, no consciente de la transferencia y contra-transferencia, pasando por la conside- los textos Dixon ración de la estructura dinámica y cambiante de la psique, de (1981), Bowers y Meichenbaum (1984), o Hilgard (1986)—. en oposición a la rigidez estática de la propuesta de Freud, o las distinciones entre el inconsciente personal —que incluye recuerdos olvidados, percepciones subliminales y experien- cias reprimidas— y el inconsciente colectivo —que contiene ) Psicastenia. Se definía como una disociación parcial de la capacidad para mantener las ideas en su plena concien- todas las experiencias acumuladas por la humanidad de un modo simbólico («arquetipos»)—. cia debido a la debilidad de las actividades integradoras superiores. Las ideas de Janet sobre la disociación están siendo retomadas en las investigaciones sobre los trastornos disociativos y en las formulaciones sobre procesamiento no consciente de la información. Además de las aportaciones de estos grandes autores psicodinámicos, hay que mencionar otras que se producen también desde este modelo en el ámbito de la evaluación y el psicodiagnóstico, como las pruebas proyectivas de Rorschach, de 1921, y el test de apercepción temática de Murray, 27 Manual de psicopatología. Volumen 1 de 1943, junto con la irrupción del modelo en el ámbito de vo de redefinir todos los procesos mentales superiores, des- las enfermedades y trastornos no mentales, a través de la de el aprendizaje y la memoria hasta el pensamiento y la denominada medicina psicosomática, que había iniciado su andadura en Alemania y en Reino Unido al final de la Prime- motivación, en términos gestaltistas. Introdujeron conceptos importantes para la psicopatología y la psicología en general ra Guerra Mundial, y que Alexander, Funkestein y Masser- como el insight o aprendizaje «rápido, inteligente y de una man se encargarían de desarrollar en Estados Unidos. sola vez», un modo de aprendizaje radicalmente opuesto al lento y acumulativo que planteaban los conductistas (Capa- b. La psicología de la Gestalt rrós et al., 1989). Partiendo de sus estudios sobre la percep- En la primera década del siglo, las insuficiencias del enfoque ción, llegan a la conclusión de que las experiencias tienen introspeccionista de la conciencia, iniciado por Wundt para una cualidad de globalidad que no puede encontrarse en las estudiar las funciones mentales superiores, se habían hecho partes, lo que se resume en su conocido postulado «el todo evidentes. En palabras de Caparrós et al. (1989, p. 237), es más que la suma de las partes», con la que se quiere significar el hecho de que en el todo se incluyen no solo los ele- La estructura misma de la conciencia estaba en cuestión, tanto empírica como teóricamente. Y todo ello en unos términos artificiosos y farragosos que además de no resolver cientificamente los problemas conferian a la psicología experimental una imagen cuasi-metafisica cada vez más alejada de sus objetivos fundacionales». mentos que lo componen, sino también sus relaciones y las propiedades que emergen de todo el conjunto. Otros autores importantes del modelo fueron Kurt Lewin (1890-1947), con sus aportaciones a la comprensión de la personalidad y la motivación en los contextos sociales, y Kurt Goldstein (18781965) con su enfoque organísmico y holista de la personali- Es en este contexto en el que surgen la psicología de la dad. En suma, las aportaciones de este modelo al desarrollo Gestalt en Europa y el conductismo en Norteamérica. Pero, de la psicología son múltiples y van más allá del estudio del a diferencia de los conductistas, que atribuían el problema a proceso perceptivo. En muchos sentidos, la moderna psicolo- considerar que el objeto de estudio de la psicología fuera gía cognitiva es deudora y seguidora de este modelo. la conciencia, los gestaltistas criticaban el enfoque meto- c. El conductismo dológico (la Introspección) y teórico de los wundtianos. Su propuesta, claramente vinculada con la psicología de Brenta- A pesar de las indudables aportaciones de la escuela psico- no, fue el análisis fenomenológico, es decir, una observación dinámica a la psicopatología, su influencia experimenta un «ingenua», libre de concepciones teóricas previas. No recha- declive casi imparable a partir de los años cincuenta. De zaban la cuantificación de los fenómenos ni la búsqueda de hecho, es prácticamente eliminada de la escena psicológica explicaciones sobre lo observado, pero pensaban que la psi- oficial-académica y sustituida por el conductismo como mar- cología era todavía demasiado joven como ciencia para plan- co de referencia para explicar las psicopatologías. A su vez, el tearse, y encontrar, explicaciones de tipo causal y/o cuantita- predominio del psicoanálisis en el contexto de la psicoterapia tivo que fueran relevantes: había que centrarse primero en va siendo también sustituido por la cada vez mayor acepta- la observación y la descripción cuidadosa de los fenómenos, ción de la orientación psicoterapéutica de Rogers (1951), a la antes de plantear teorías explicativas sin el suficiente fun- que posteriormente se unirá la terapia racional-emotiva de damento. En este sentido, su propuesta es prácticamente Ellis (1958). Si indagamos un poco en las razones que dan superponible a lo que planteó Jaspers para la psicopatología: cuenta antes de explicar, había que observar y describir. námico por el conductista en psicopatología, encontramos, En este contexto, Wertheimer (1880-1943) publica en 1912 de esa paulatina sustitución del enfoque psicodi- entre otras, las siguientes. el articulo «Estudios experimentales sobre la visión de movi- En primer lugar, la orientación dinámica había sido asu- mientos» sobre el que asientan las bases de este modelo, mida también por los psiquiatras, especialmente ingleses y especialmente interesado norteamericanos, como modelo alternativo al biomédico en por el fenómeno perceptivo. En este y otros trabajos experimentales, Wertheimer se centró psicoterapia. Como señalan Pilgrim y Treacher (1992, p. 14): en los problemas que presentaba la percepción del movimiento aparente (que denominó «fenómeno phi»], y estudió multitud de situaciones estimulares que provocaban la ilusión de movimiento, es decir, la percepción de un movi- En 1954 la Asociación Médica Americana declaró que la psicoterapia era un procedimiento médico (...). La lógica consecuencia de esta toma de postura era que el psicólogo que practicara psicoterapia, lo haría de forma ilegal». miento que físicamente no existe, como sucedía en el recién inaugurado cinematógrafo (Caparrós et al., 1989). Entre los La «guerra» entre dos profesiones afines, la psiquiatría autores más representativos de este modelo, destacan sin y la psicología clínica, estaba servida y, de momento, la pri- duda Kóhler (1887-1967) y Koffka (1886-1941), que ampliaron mera batalla parecía ganada por los psiquiatras. En segun- y difundieron las propuestas de Wertheimer con el objeti­ do término, la psicología había comenzado a avanzar en el 28 Capitulo 1. Historia de la psicopatología desarrollo de sus propios modelos explicativos, diferentes de dase en Occidente un nuevo marco teórico, centrado en la los biologicistas, además de ser coherentes con el programa objetividad y el condicionamiento. wundtiano, que ofrecian las suficientes garantías metodoló- Su interés por la psicopatología era, en realidad, marginal, gicas como para ser catalogados de «cientificos». En suma, pero el impacto de sus planteamientos fue enorme especial- se ajustaban al programa positivista imperante en la ciencia. mente a través de dos de sus estudiantes, Rosalie Rayner El más coherente con ese programa era el conductismo que, (esposa de Watson) y Mary Cover Jones, que demostraron además, era clínico: los efectos del condicionamiento del miedo en personas: permitía explicar, trastorno los famosos y conocidos casos de Albert y Peter, dos niños mental, sin exclusión, fuera cual fuese la edad en que este de once meses y casi tres años, respectivamente, fueron se presentara, de forma individualizada o en grupo, depen- paradigmáticos de sus hallazgos. Demostraron que el mie- diendo de la naturaleza del problema y de los objetivos del do podía no solo aprenderse («condicionarse»), sino además fácilmente transportable diagnosticar y tratar al contexto cualquier tratamiento. Y, sobre todo, permitía hacer todo eso desde generalizarse a otros estímulos diferentes al que inicialmente dentro de la psicología. En palabras de Barlow y Durand se había condicionado (Rayner) y que podría «desaprender­ (2001, p. 25) «El modelo conductual (...) llevó el desarrollo sis- se» temático del método científico a los aspectos psicológicos de ciones sucesivas al estímulo temido (Jones]. Estos hallazgos («descondicionarse») y extinguirse mediante aproxima- la psicopatología». Además, desde el enfoque conductista los constituyen, en muchos sentidos, los cimientos del futuro psicólogos se «permitieron» atacar a los psiquiatras a través modelo conductual del comportamiento anormal, en espe- de la crítica al modelo que estos sustentaban, el psicodinámi- cial de la conducta neurótica. co. Y lo atacaban por «acientifico» o, en el mejor de los casos, Estos y otros hallazgos llevaron a Joseph Wolpe (1915- por pseudocientifico y, sobre todo, por ineficaz frente al con- 1997), psiquiatra sudafricano, a desarrollar una serie de pro- ductista, que consideraban el propio de la «verdadera» y cedimientos y técnicas para tratar las fobias de sus pacientes, moderna psicopatología. En este contexto hay que situar las como la desensibilización sistemática, que además de las demoledoras críticas a los postulados psicodinámicos de H. J. aproximaciones sucesivas, introducía un elemento adicional: Eysenck (1952, 1960, 1964), que ayudaron a consolidar el pre- el entrenamiento en conductas incompatibles con el miedo. dominio del conductismo en Europa, o los trabajos de Astin De mención obligada por su impacto en la psicopatología es (1961) y Yates (1958), que hicieron lo propio en Norteamérica. B. F. Skinner (1904-1990). Bajo la influencia de Watson, pero Los origenes de la escuela conductista hay que situarlos también de Thorndike y su ley del efecto, amplió y desarrolló en la reflexología soviética, especialmente en los descubri- las fronteras teóricas y metodológicas del conductismo. Su mientos de Pavlov sobre una modalidad de respuesta que obra más conocida. La conducta de los organismos, publi- se produce bajo ciertas condiciones especificas y que cons- cada en 1938, proponía otra modalidad de aprendizaje que tituye un modo especial de aprendizaje que posteriormente denominó se conocerá como aprendizaje por condicionamiento clásico. conducta sufre una serie de modificaciones en función de John B. Watson (1878-1958), reconocido como fundador del los resultados que se produzcan de ella 0, lo que es igual, «condicionamiento operante», según el cual la conductismo, propuso bajo la influencia de Pavlov que la psi- la conducta «opera» en un contexto o situación concretos cología debía alejarse del método introspeccionista wundtia- lo que, a su vez, provoca cambios en la conducta posterior. no y otras metodologías no susceptibles de cuantificación y Introdujo términos y conceptos de importancia notable en convertirse en una ciencia puramente experimental similar psicopatología como los de reforzamiento y moldeamiento, al resto de las ciencias naturales, cuyos objetivos fueran el que actualmente están en la base de la explicación de las control y la predicción del comportamiento. Su apuesta para psicopatologías en las que la ansiedad tiene un papel central. la psicología gira en torno a dos conceptos fundamentales: En definitiva, el conductismo psicológico, basado sobre uno de tipo metodológico, el objetivismo, otro teórico, el todo en los procesos del aprendizaje e inaugurado por Wat- condicionamiento, como eje central de la conducta. Watson son y desarrollado, entre otros, por Thorndike (acuñó el tér- rechazó el estructuralismo y el funcionalismo (ambas teorías mino de «conductas instrumentales» y formuló la ley del empleaban la introspección como método de investigación) efecto), Hull (enfatizó la importancia de las variables inter- y abogó por el conductismo como única alternativa psico- medias motivacionales; p. ej., relevancia del impulso o dri- lógica; al igual que en la reflexología soviética, las unidades ve], Tolman (con su interés por las conductas intermedias de análisis del conductismo son variables objetivas (observa- intencionadas; p. ej., cogniciones), Mowrer (con su propues- bles]). Así mismo, el condicionamiento (de forma similar que ta para integrar las dos modalidades básicas de aprendizaje en la reflexología) se convirtió, más que en un método de por condicionamiento, el clásico y el operante] o Skinner, a estudio, en un concepto central para explicar los mecanis- lo largo del siglo se constituye en el referente conceptual y mos de la conducta compleja (Kazdin, 1983). En cierto modo, metodológico de la «auténtica» psicología científica desde pues, Watson es el máximo responsable de que se consoli­ prácticamente el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 29 Manual de psicopatología. Volumen 1 bien entrada la década de los ochenta. Su ámbito de teo- hace, pues, análoga a la «psicología anormal». Según Pele- rización se restringe, al menos al principio, a la conducta chano (1979), a partir de 1960 se constituye la «modificación observable. A partir de aquí, la adscripción de normalidad de conducta», con una cierta coincidencia temporal en torno depende de que el observador decida si el comportamiento a esta constitución en tres puntos geográficamente distan- observado se ajusta o no a la norma social. Por lo tanto, el tes: Norteamérica, Inglaterra y Sudáfrica. Ciertamente, como criterio de validación es externo (social) y la información que Bernstein y Nietzel (1980) señalan, en Norteamérica había sobre sí mismo proporcione el paciente (via introspección] es ya muchos «modificadores de conducta» antes de esa fecha, poco relevante. pero también es cierto que es a partir de los sesenta cuando Las críticas a la eficacia de la psicoterapia-psiquiátrica se configura como un movimiento organizado y unitario en (el psicoanálisis) se extendieron también a los modelos de muchos lugares diferentes. Por otro lado, hechos tan diver- diagnóstico y clasificación de las enfermedades mentales, sos como las demoledoras críticas de Szasz (1960, 1961) al frente a los que el conductismo ofrecía su propia alternati- modelo biomédico de enfermedad aplicado a los trastornos va (el análisis funcional de la conducta) y su propio objeto mentales, o la aparición del famoso texto de Khun (1962), se conceptual (la conducta anormal). Con este modelo, parecía retomaron por los modificadores de conducta como «prue- que el proyecto wundtiano se había cumplido o estaba en bas» vías de cumplirse. Además, quizá no es exagerado afirmar que nunca hasta entonces habían estado tan próximas la modo, obtenían un «refuerzo» extraordinario, en este caso, desde fuera incluso de la propia psicología. psicología experimental (paradigma de la psicología científi- La influencia del conductismo en la psicopatología actual ca) y la psicopatología. Frutos de esa cercanía, hubo muchos: queda puesta de manifiesto a través de todo este libro, espe- desde nuevos modos de diagnosticar y conceptualizar los cialmente en los capítulos dedicados a los trastornos emo- complementarias de sus argumentos que, de este trastornos mentales hasta la proliferación de programas de cionales (i. e., de ansiedad y depresivos). Por esta razón, y tratamiento para muy diversos trastornos, pasando por la también por la falta de perspectiva histórica que es nece- ampliación de las fronteras de la psicopatología hacia los saria para construir un relato acertado sobre la historia de aspectos de la salud-enfermedad fisica, con un enfoque radi- la psicopatología, dejamos aquí la revisión que ha tenido la calmente distinto al de la antigua psicosomática de corte influencia de la escuela conductista en nuestra disciplina. psicodinámico. Este último aspecto fue desarrollado por la Por otro lado, en el siguiente capítulo se presenta de manera inclusión de las técnicas de biofeedback en el marco más más detallada esta escuela psicológica. general de la modificación de conducta que favorecieron la Además de lo mencionado, el positivismo lógico y el ope- creación de la «medicina conductual» concebida como «un racionalismo, campo interdisciplinar dedicado al desarrollo y la integración estaban en declive. En su lugar, comenzaba a abrirse paso el del comportamental racionalismo, que sustituía al empirismo radical. La noción de con las técnicas relevantes para la salud y la enfermedad» «hecho psicológico» va siendo reemplazada por la de «suce- (Schwartz y Weiss, 1978, p. 250). Casi paralelamente, surgió la so», es decir, por una concepción no estática de la realidad conocimiento «salud científico comportamental», biomédico inicialmente y entendida como una subespecialidad de la anterior, cuyo objetivo era el «mante- psicológica respaldos con un epistemológicos fuerte componente del de conductismo, intencionalidad, que complica enormemente el problema de la objetividad nimiento de la salud y la prevención de la enfermedad y las en psicología. La aparición de una epistemología sociocultu- disfunciones de las personas actualmente sanas» (Mataraz- ral (Khun, 1962), propiciaba la crítica del modelo naturalista zo, 1980, p. 807). Todos estos desarrollos serian asumidos por urbi et orbe del conductismo (Pinillos, 1980). La investiga- una nueva rama de la investigación psicopatológica y sus ción demostraba que era posible aprender mediante la pura aplicaciones clínicas: la psicología de la salud. y simple observación, sin necesidad de apelar al contexto En suma, el modelo de la psicología académica oficial era del refuerzo y el condicionamiento. Las críticas de Mischel el conductista —especialmente en Norteamérica—, y es esa (1968, 1973) a las teorías de los rasgos de la personalidad, opción y no otra la que se erige como máximo exponente que asumían la idea de que los rasgos estables y altamente de garantía científica para la psicopatología. La década de consistentes de la personalidad influían en la conducta de los sesenta representa la consolidación y extensión de la las personas en muchas situaciones diferentes, tuvieron un anterior, con una reafirmación del concepto de «conducta enorme impacto en la psicología, puesto que, entre otras anormal» como objeto de estudio de la psicopatología, ligado cosas, ponían seriamente en duda la capacidad de los rasgos al de la «conducta normal». De hecho, la mayor parte de los (evaluados mediante test altamente fiables y válidos] para textos que se publican sobre psicopatología durante todo el predecir la conducta por sí solos, sin tener en cuenta el con- predominio del conductismo llevan el título de «psicología texto en el que se desarrollaba el comportamiento. anormal». El de H. J. Eysenck de 1960, Manual de psicología El conductista entusiasta de antaño se queda perplejo anormal, es solo un ejemplo de ello. La psicopatología se ante todos estos acontecimientos, que suponen un rudo gol­ 30 Capitulo 1. Historia de la psicopatología pe a su seguridad. Todos estos elementos contribuyen a la ría de la información y la teoría general de sistemas, y ten- crisis del corpus teórico conductista que constituía enton- dría su máximo desarrollo a partir de la década de los ochen- ces el corpus básico de la psicología cientifica. En definitiva, ta. Como bien recordaba Delclaux (1982), esta orientación ha entra en crisis la psicología misma y, con ella, la psicopatolo- existido desde siempre en la psicología, pues el estudio de gía, si bien, como dijo Pinillos (1980), la psicología ha tenido la actividad mental y de la conciencia, temas centrales en desde su mismo nacimiento una cierta propensión a la cri- la psicología cognitiva actual, fueron para Wundt y James sis —recordemos que, recién estrenada como disciplina con los objetos constitutivos de la investigación psicológica. Del Wundt, Brentano presentó una psicología alternativa. Hemos mismo modo, cientificos eminentes de esa misma época, dicho que la crisis del conductismo radical como sustento de como Ebbinghaus (1850-1909), con sus investigaciones pio- la psicopatología se hace clara y patente a partir de la déca- neras sobre la memoria, Donders (1818-1898), con sus estu- da de los ochenta. Pero hay que decir también que la crisis dios sobre la cronometría mental, o Bartlett (1886-1951), con- afecta no solo a la psicología, sino a la práctica totalidad de siderado como el precursor de la psicología cognitiva actual, los contextos científicos y profesionales que tratan con la manifestaron un interés preferente por la cognición y sus salud y la enfermedad humanas. Por ejemplo, se publican procesos, es decir, por los fenómenos psicológicos relaciona- las primeras criticas sistemáticas al modelo biomédico tradi- dos con percibir, atender, memorizar, recordar y pensar. En cional, excesivamente determinista, mecanicista y reduccio- definitiva, se preocuparon por los procesos mentales superio- nista, incapaz ya de explicar por sí solo la complejidad de los res del individuo; y de ellos se ocupa hoy, en mayor medida procesos de la enfermedad humana. Se propone un cambio que otras perspectivas, modelos o paradigmas psicológicos, radical de enfoque, que tenga en consideración no solo los la psicología cognitiva. aspectos biológicos, sino también los psicológicos y sociales para la adecuada comprensión y tratamiento de la enfermedad: el modelo biopsicosocial (Engel, 1977). d.Elcognitivismo Durante al menos tres décadas, desde los años veinte hasta los cincuenta, la psicología científica marginó el estudio de estos temas, debido, entre otras cosas, a la pobreza y escasez de resultados obtenidos, a las dificultades para su repetición o verificación, a la imprecisión de sus métodos de Pese a la indudable influencia que ha tenido el conductismo en la psicopatología actual, su excesiva restricción al concepto de conducta anormal empieza a ser considerada a partir de los años ochenta como insuficiente por muchos psicopatólogos, que hasta entonces habían sido defensores entusiastas del conductismo. Dicho en otros términos, la excesiva restricción del conductismo a dos de los modos posibles de aprendizaje, el clásico y el instrumental u operante, como procesos explicativos fundamentales de todo comportamien­ to humano, estaba provocando que esta psicología se alejara cada vez más de lo que la psicología científica, en su conjunto, estaba haciendo. La psicología había avanzado mucho en la compren- investigación y a las dificultades para encontrar referentes empíricos y aplicaciones prácticas que, al cabo, permitieran considerar sus planteamientos como algo más que meras piruetas mentalistas. A todo ello contribuyó además el auge de la psicología conductista, que siempre se caracterizó por sus anclajes empíricos y su incansable búsqueda de soluciones útiles y practicables para los problemas que planteaba la psicopatología. Pero en la década de los cincuenta estaba listo el escenario para que la psicología retomase sus antiguas antorchas. Con el abandono relativo del positivismo, hasta entonces considerado como la única via posible para la ciencia, el énfasis en un contexto más relativo del descubrimiento científico y la puesta en duda de la prepotencia del sión de procesos mentales tan diversos como la memoria, contexto de la justificación, muchos psicólogos comenzaron el pensamiento, la imaginación, o el lenguaje, a la vez que a considerar seriamente la posibilidad de que sus observa- disciplinas como la psicología social o la de la personalidad ciones no fueran tan «objetivas» como se podía pensar, sino (ignorada por el conductismo radical) estaban aportando ele- que estaban bajo la influencia de aspectos tan imprecisos mentos de indudable utilidad para la psicopatología. Pero la como sus propias intenciones, motivaciones, deseos e, inclu- escuela conductista no se ocupó nunca de otros procesos y so, teorías implícitas sobre qué era digno de ser observado y funciones mentales diferentes a los propios del aprendizaje o, qué no lo era (Seoane, 1981, 1982). Como dijo Pinillos (1985), en el mejor de los casos, los redujo a ese proceso. Y, lo más importante, todos estos avances se estaban produciendo sin menoscabo de la pureza y el rigor metodológicos, exigibles a toda actividad científica. entre la realidad y la forma en que esta se nos hace presente en la observación, hay una mediación subjetiva, que se convierte ya en dificilmente eludible. En 1980, George A. Miller escribía: Estaba entrando en escena un nuevo enfoque para el estudio psicológico de los procesos y funciones mentales y del comportamiento, el cognitivo, que había comenzado a desarrollarse en los años cincuenta con la cibernética, la teo­ Creo que la conciencia es el problema constitutivo de la psicología. Es decir, me deja insatisfecho un psicólogo que ignora la conciencia, igual que me sucedería con un biólogo 31 Manual de psicopatología. Volumen 1 que ignorase la vida o un físico que ignorase la materia o la energía» (Miller, 1980, p. 34). Si hacemos un pequeño recuento histórico, hay que referirse a un conjunto de hitos importantes: la publicación en 1937 del famoso articulo de Turing sobre los «números computables» y su propuesta de una máquina computadora universal; el artículo de McCulloch y Pitts de 1943, sobre la aplicación del cálculo lógico al estudio de la actividad nerviosa superior; la publicación, también en 1943, del trabajo de Wiener, Rosenblueth y Bigelow, en el que se aplican y/o se extienden las ideas de servomecanismo al sistema nervioso central; las contribuciones de Shannon y Weber a la teoría verdadera revolución en este campo. La propuesta de una gramática transformacional, radicalmente opuesta a la hasta entonces dominante gramática asociativa y lineal de los conductistas, implicaba que el lenguaje se podía estudiar «como un dispositivo de competencia, que incluye un conjunto de reglas de reescritura de símbolos, capaz de generar todas las frases gramaticales del lenguaje natural» (De Vega, 1984, p. 29). La teoría de Chomsky fue inmediatamente aceptada por la naciente psicología cognitiva y, actualmente, los lingüistas post-chomskyanos mantienen estrechas relaciones discipli- nares con los psicólogos cognitivos interesados en el estudio del lenguaje y en la inteligencia artificial. Un hito especialmente significativo fue la publicación, de la comunicación y la información; el desarrollo de la teoría general de sistemas de Von Bertalanffy; la invención de en 1960, de Plans and the Structure ofBehavior, de Miller, los primeros ordenadores por Polya, Von Neumann, Aiken, Galanter y Pribram, un texto que se considera como el mani- o Minsky, entre otros. En palabras de Delclaux (1982, p. 25) fiesto fundacional de la psicología cognitiva y, muy especialmente, del Pl. En este libro, los autores desarrollaban la ana- (...) a lo largo de los años treinta y principios de los cuarenta, se va produciendo un cambio de perspectiva desde la visión analítica de la ciencia, hacia una visión más sistémica e integradora de los distintos componentes de cualquier proceso. Tal cambio se puede señalar en base a algunos aspectos tales como el desarrollo de la teoría de la información, la idea de la retroalimentación negativa, la posibilidad de manejar algoritmos, así como la teoría general de sistemas como contraposición a la idea heredada del positivismo del análisis por la síntesis». logía mente-computador, incluyendo conceptos mentalistas como «imágenes mentales», «planes», «metas», «estructuras», «estrategias», etc. La analogía permitía plantear que el cerebro, en tanto que sustrato físico de la mente, es ante todo un dispositivo capaz de tratar con información y no una estructura que sirve, únicamente, para responder a ciertos tipos de estímulos. El reconocimiento de esta posibilidad abría el camino para que los psicólogos pudieran investigar sobre las representaciones internas, sin necesidad de recurrir a marcos de referencia neurológicos o bioquímicos, ya que Como este mismo autor señala, en 1956 se reúnen en Dartmouth un grupo posibilidad del de científicos comportamiento para tratar inteligente en sobre «independientemente de su naturaleza fisica, esas represen- la taciones internas podían comenzar a ser explicadas en tér- máquinas. minos del tipo y la cantidad de información que contenían» Allen Newell y Herbert Simon, dos desconocidos por aquel (Williams et al., 1988, p. 15). Con todo, la analogía, aun siendo entonces para la psicología, acudieron a esa reunión con un solamente funcional, no dejaba de ser también formalista, programa de ordenador que simulaba operaciones similares por lo que se iba a enfrentar con no pocas dificultades para a las que podía realizar una persona cuando pensaba. Este traducir o trasladar los hallazgos e hipótesis generadas en el hecho iba a cambiar radicalmente el panorama de la inves- contexto del laboratorio y del análisis formal a la vida real. Y tigación en psicología, porque consiguió demostrar que era estas dificultades son especialmente relevantes en ámbitos posible estudiar los procesos mentales (internos) a través de como el de la psicopatología, en donde las variables motiva- su simulación exterior. Frente a la analogía del comporta- cionales y las diferencias individuales no pueden ser expli- miento animal, defendida por el conductismo, se desarrolla- cadas recurriendo exclusivamente a la analogía mente-orde- ba aquí la analogía funcional del computador, que iba a ser nador, tal y como esta se planteaba desde la perspectiva ingenua del Pl inicial. esgrimida como garantía de cientificidad por el procesamien­ to de información (Pl), el cual, a su vez, iba a erigirse como el movimiento o paradigma más visible de la nueva psicología cognitiva (De Vega, 1984). La actual psicología cognitiva ha ido ampliando sus marCOs de referencia más allá de su casi exclusiva fijación inicial en el Pl. Por poner un ejemplo significativo: la denominada Junto al desarrollo de las ciencias de la computación. De «cognición social» (o psicología social cognitiva) resulta un Vega (1984) señala además como antecedente importante el marco de trabajo imprescindible para la psicopatología, pues desarrollo de la moderna psicolingüística, cuyo nacimiento si pretende comprender cómo y por qué se producen los pro- oficial puede fecharse en 1951 en la Universidad de Cornell, blemas y anomalías que presentan las personas, no puede en donde se desarrolló un seminario interdisciplinar sobre obviar que estas son, ante todo, seres sociales. Por tanto, lenguaje investigar cómo se registra, elabora y recupera la informa- con la participación de psicólogos y lingüistas. Pero sería un poco más tarde, con la publicación en 1957 ción social, además del tipo y cantidad de información social de Syntactic structures, de Chomsky, cuando se produjo la a la que se accede, incluyendo la información acerca de uno 32 Capítulo 1. Historia de la psicopatología mismo y de los demás, constituye, sin duda, un objetivo fun- social cognitiva), 0 la revitalización de las investigaciones damental para explicar el origen y el mantenimiento de las sobre el sí mismo y los procesos cognitivos involucrados en psicopatologías. su adquisición y desarrollo (Miró y Belloch, 1990). El replan- Por otro lado, la idea de que los procesos mentales inter- teamiento de estos temas desde la perspectiva cognitiva, vienen entre los estímulos y las respuestas tiene un claro tanto la derivada del Pl como la heredera de Kelly, o la deu- referente histórico en la psicología de la Gestalt, como ya dora de los primeros psicólogos sociales, ha supuesto una mencionamos planteamientos verdadera revolución en el ámbito de la personalidad que ha de este movimiento europeo de los años veinte influyeron tenido su reflejo en la psicopatología en temas tales como antes (Brewin, 1990). Los decisivamente no solo en el ámbito de la percepción de los la psicopatología del sí mismo, los delirios, o en modelos y objetos en el mundo físico, sino que alcanza también a la percepción de los objetos sociales. A partir de aquí, es posi- teorías tan influyentes como las de Beck (1967, 1976) y Ellis (1962) sobre la ansiedad y la depresión, tal y como se verá en ble entender cómo, a pesar del dominio conductista, psicó- posteriores capítulos. logos sociales como Lewin, Heider o Festinger, enfatizaban El tratamiento que desde la psicología cognitiva se ha en sus investigaciones y sus modelos teóricos la importancia dado al amplio y complejo campo de las emociones y los de la percepción consciente y de su evaluación a la hora de afectos, especialmente por autores como Schachter, Weiner explicar el comportamiento humano. Estos teóricos aludían y, sobre todo, Lazarus, es asimismo importante para la psico- a conceptos tan «mentalistas» y, desde luego, tan alejados patología. Las teorías cognitivas sobre la emoción parten del del conductismo de su época, como los de «expectativa», supuesto de que todo estímulo o situación debe ser primero «nivel de aspiración», «balance», «consistencia», «atribución identificado, reconocido y clasificado antes de que pueda ser causal», o «disonancia cognitiva». Ninguno de estos con- evaluado y de que suscite o active una respuesta emocio- ceptos posee una correspondencia unívoca y directa con nal. En consecuencia, la cognición es una condición previa a el comportamiento observable, pero menta- la aparición de una emoción. Ahora bien: la realización que les complejos permiten explicar comportamiento. una persona haga de una tarea que no evoca ninguna emo- que son procesos ese Es decir, no podemos observar directamente las expectati- ción particular (como por ejemplo, detectar la aparición de vas que tiene una persona ante un determinado problema un estímulo luminoso en una pantalla) será cualitativamente social, o qué atribuciones causales está realizando sobre la diferente de la que esa misma persona haría si la naturaleza contestación de los estímulos involucrados en la tarea conlleva o provoca que alguien proporciona a una pregunta, y, desde luego, no podemos observar estos aspectos del mis- algún significado emocional, previamente almacenado en la mo modo que observamos si una persona tiembla o cierra memoria (p. ej., cuando los estímulos son rasgos de perso- los ojos al enfrentarse a un problema o al mirar un cuadro. nalidad y la persona debe decidir si le describen o no). Este Actualmente, como tipo de planteamientos ha recibido muchas críticas, no tanto los del aprendizaje social de Bandura, o las teorías sobre la porque convierte las emociones y los afectos en un proceso indefensión de Abramson y sus colegas, o las de Beck y su más de conocimiento, sino más bien porque lo relega a un grupo sobre los trastornos emocionales, tienen importantes lugar secundario o consecuente a otros, tales como la aten- planteamientos clínicos tan importantes deudas con todos aquellos psicólogos sociales que introdu- ción, la percepción, o la memoria. Sobre todo ello se tratará jeron ideas y conceptos tan nucleares como los de expecta- más extensamente en capítulos posteriores. tivas, atribuciones, valores y creencias, sin los cuales sería Con todo lo dicho hasta aquí, es evidente que el ámbi- muy dificil explicar muchos cuadros psicopatológicos, como to de lo que se entiende hoy por psicología cognitiva no se se verá en posteriores capítulos de este libro. restringe al paradigma del Pl, y menos aún a la analogía sim- Otra disciplina no menos importante para la psicología plista mente-computador, aunque es evidente que ese sigue y la psicopatología cognitivas es, sin duda, la psicología de siendo uno de sus «pilares fundacionales» fundamentales. En la personalidad, especialmente la que deriva de los plantea- las personas, el resultado final del proceso tiene un efecto mientos que, en los años cincuenta, defendió George A. Kelly retroactivo sobre todo el sistema, de manera que el output sobre los sistemas de constructos personales con los que las opera tanto como regulador de las diferentes vías y canales personas categorizamos el mundo, interpretamos los even- por las que inicialmente entra la información en el sistema tos que en él suceden, y elaboramos predicciones. A partir (la mente] como mecanismo de ajuste de todos los tramos de aquí, y no tanto de los planteamientos derivados del Pl, intermedios de la secuencia del flujo informacional (Fernán- es posible entender la consideración actual de los rasgos dez-Álvarez, 1992). En todo caso, las consecuencias de esta de personalidad como categorías cognitivas, o los estudios orientación para la psicopatología son difíciles de analizar, sobre los estilos y dimensiones cognitivas, los planteamien­ pues todavía carecemos de la adecuada perspectiva históri- tos sobre la construcción social de la personalidad (ligados, ca, habida cuenta de que la psicopatología actual está imbui- como se puede suponer, a los desarrollos de la psicología da de conceptos procedentes del enfoque cognitivo. 33 Manual de psicopatología. Volumen 1 C. Hacia la integración de escuelas y su traslación a la práctica funcionamiento humano y a nuestras propias e intrínsecas limitaciones técnicas y conceptuales. Pese a ello, en el escenario de la psicopatología surgen constantemente conceptos La búsqueda de puntos comunes de anclaje entre las dife- e hipótesis nuevas que nos hacen replantearnos las viejas rentes propuestas psicológicas para la explicación y la com- preguntas y buscar nuevas respuestas que desafien los prin- prensión de las psicopatologías es, actualmente, uno de los cipios establecidos. Y, afortunadamente, en esto la ciencia temas recurrentes de nuestra disciplina y de sus derivaciones de la psicopatología no difiere del resto de los saberes científicos. y aplicaciones necesarias (i. e., las psicoterapias, la evaluación, y el diagnóstico] (Fernández-Álvarez, 1992). No obstante, la búsqueda de integración no es nueva: el texto de Dollard y Miller Personalidad y psicoterapia: un análisis en términos de aprendizaje, pensamiento y cultura, publicado en 1950, es quizá el mejor ejemplo de ello. La pretensión de estos autores era, según puede leerse en el prólogo, aunar tres VI. Resumen de aspectos fundamentales En este capítulo se presentan los principales hitos históricos escuelas o corrientes psicológicas: el psicoanálisis freudiano, que, desde nuestro punto de vista, permiten comprender los principios reflexológicos y conductistas, y las aportaciones de la psicología social. el origen y el devenir histórico de la diversidad de conceptos que, a lo largo del tiempo, se han incluido bajo el rótulo La propuesta de Dollard y Miller tuvo un escaso impacto común de psicopatología. Como hemos venido comentando, en su momento. Pero su idea sobre la necesidad de aunar ese camino no ha sido lineal, ni ha estado exento de dificul- conceptos y hallazgos en un corpus teórico unitario que die- tades e interpretaciones, ya que estas dependen tanto del ra sentido a las diversas formas que adquieren las psicopato- contexto sociocultural en el que surgen los diversos con- logías ha tenido seguidores. En el ámbito de la psicoterapia, ceptos como de los conocimientos disponibles para abordar- por ejemplo, los modelos integrativos o integradores son un los y de la propia perspectiva de quien los recoge y narra. buen ejemplo de ello. La denominación de «cognitivo-con- Siendo conscientes de ello, hemos intentado evitar caer ductual» a una parte muy significativa de modelos explica- en el presentismo, es decir, estudiar el pasado basándonos tivos actuales de diversas psicopatologías es otro ejemplo en lo que hoy sabemos y pensamos. El mayor peligro del revelador. Integrar no significa manera acrítica presentismo es que deja de lado los contextos social, cultu- diferentes técnicas, procedimientos o hallazgos procedentes ral, científico, político y económico en los que se enmarcan de metodologías y orientaciones teóricas dispares, sino bus- los conceptos sobre lo psicopatológico de las diferentes épo- car todos aquellos elementos que explican mejor el padeci- cas históricas. Sin embargo, las psicopatologías dependen, aunar de miento humano en sus múltiples formas para presentarlos en gran medida, de lo que el grupo social de referencia con- de manera conjunta, de manera que sea teórica y metodo- sidera adecuado y adaptativo según los condicionantes del lógicamente coherente y ajustado a la realidad clínica. La nueva explicación que surja de esa integración debe tener tar comprender los conceptos implicados en el ámbito de valor diagnóstico y utilidad clínica: es decir, debe ser útil para la psicopatología atendiendo solo a los que, en apariencia, establecer un pronóstico, ajustarse a los datos contrastados son exclusivos de su objeto de estudio por una razón obvia: sobre sus posibles causas y también facilitar la predicción de porque ese objeto cambia a través del tiempo. la respuesta a los tratamientos disponibles. Como han señalado Millon y Simonsen (2010), parece contexto. Por tanto, es una empresa poco fructifera inten- Teniendo, pues, en cuenta que los conceptos sobre las psicopatologías no surgen, como ningún concepto sobre la probable que los futuros desarrollos en el ámbito de la psi- naturaleza humana, al margen de una determinada visión copatología reflejarán los esfuerzos recientes por abarcar e del mundo, comenzamos el relato presentando los antece- integrar los enfoques biológicos, psicológicos y sociocultura- dentes conceptuales de lo que constituye el pilar de nuestra les. Si esto es así, cabe esperar que ya no será prominente ningún punto de vista único y restringido, pues cada enfo- disciplina: las ideas dominantes sobre la enfermedad mental, la locura, o las psicopatologías en las sucesivas épocas en que enriquecerá a todos los demás como un componente de un todo sinérgico. Integrar las partes dispares de una que habitualmente se distribuye el devenir del pensamiento filosófico-científico de la humanidad. ciencia clínica —teoría, nosología, diagnóstico y tratamien- Las primitivas explicaciones sobrenaturales de las psico- to— es la última fase de la gran cadena de la historia que patologías, que van desde las distintas formas de posesión exhibe una evolución en las profesiones de la ciencia mental desde la antigüedad hasta el nuevo milenio. El desafio de y alienación del ser humano por espíritus de diversa indo- saber quiénes somos y las razones por las que enfermamos paulatinamente es, seguramente, interminable, debido a la complejidad del naturalistas y organicistas de Alcmeón y Pitágoras, entre le hasta el pago por los «pecados» cometidos, van siendo ♦ 34 sustituidas por los primeros planteamientos Capítulo 1. Historia de la psicopatología otros, en los albores de la civilización greco-romana. Bajo la considerándolos como individuos con derechos, dignos no influencia de estos pensadores, empieza a gestarse lo que solo de respeto, sino también de recibir un tratamiento ade- se ha calificado como el nacimiento de la medicina occiden- cuado para su enfermedad. Apostaba por la defensa de un tal, cuyo máximo exponente será Hipócrates. Con ello, las trato humanitario y reivindicaba un cambio de enfoque en ideas sobre la locura experimentan un cambio radical, pues la intervención, lo que sirvió para reformar las leyes respecto dejan de ser consideradas como una maldición o imposi- a las instituciones mentales en muchos países de Europa. enfermedad. Pero, al mismo tiempo, estos hechos nos indican que, una No obstante, estas ideas conviven con los planteamientos vez más, los enfoques organicistas conviven, también a lo lar- místicos y filosóficos que siguen otorgando un papel irra- go de estos siglos, con planteamientos moralistas o sociales. ción divina para conceptualizarse como una cional y sobrenatural a la locura. Ya en la época de dominio El siglo XIX significa el inicio de una orientación verda- del Imperio romano, será Galeno quien reunirá y coordinará deramente científica para el estudio de las psicopatologías todo el conocimiento médico acumulado por sus predece- gracias a las aportaciones sobre la herencia, la fisiología y el sores, añadiendo sus propias observaciones y creando un evolucionismo. Surgen, además, los primeros movimientos sistema médico que ejercería una profunda influencia en que reclaman la búsqueda de causas psicológicas que expli- los siglos posteriores. Las explicaciones organicistas de la quen el desarrollo y curso de las enfermedades mentales. enfermedad mental se van consolidando y su influencia se En este contexto se consolidan y originan nuevos enfoques deja notar en buena parte de las reflexiones sobre la salud en la psicología que ejercerán una influencia considerable y la enfermedad de la Edad Media. No obstante, siguen en el cambio de orientación sobre las psicopatologías. El estando nacimiento de la psicología científica y su influencia en la también presentes las nociones sobrenaturalistas sobre la enfermedad mental, especialmente bajo el dominio psicopatología se lo debemos tanto a Wilhelm Wundt como omnímodo de la Iglesia católica, de tal modo que las ideas a otros como Franz Brentano, Francis Galton, William James, demoníacas sobre la enfermedad mental prevalecen hasta J. McKeen Cattell, Külpe, o Pavlov, quienes, en sus respectivas bien entrado el Renacimiento. orientaciones, destacaron por sentar las bases de la psicolo- A pesar de todo, la idea medieval y renacentista del gía como ciencia epistemológica. Apostaban por un méto- «loco» irá desapareciendo paulatinamente. La Reforma, las do de investigación objetivo y observable y con un ámbito nuevas tendencias religiosas, una visión más crítica de los de actuación claro: el sujeto y su mente (i. e., experiencia, planteamientos filosóficos, el avance de la técnica y los nue- conducta, procesos mentales superiores, etc.). Otra de las vos serán los influencias fundamentales fue el desarrollo del movimiento desencadenantes fundamentales para la nueva visión de la psicodinámico que, además de proporcionar a la psicopato- enfermedad mental y su investigación, que cristalizará en logía una nueva concepción de la enfermedad mental según los dos siglos posteriores, XVII y XVIII, el Siglo de las Luces y la cual esta podía tener, al menos en parte, una naturaleza la Edad de la Razón, cuyas aportaciones a la psicopatología psicológica, propone un nuevo modo de tratamiento basado postulados sobre la investigación científica en dos grandes pilares: la fuerza de la palabra y la implica- resumimos a continuación. En los siglos XVII y XVIII destacan los avances en los cono- ción del propio sujeto en su proceso de curación. Por todo cimientos anatómicos y fisiológicos del cuerpo humano. Los ello, no es de extrañar que también en este siglo se produz- primeros caracterizaban las enfermedades mentales como can los primeros intentos de aplicación de los conocimientos producidas por algún tipo de lesión anatómica, mientras que propios de la psicopatología psicológica a la mejora de los los segundos las ubicaban en el sistema nervioso. De aquí procedimientos de diagnóstico y tratamiento para las perso- deviene la división posterior entre los médicos especiolistos nas con enfermedades y trastornos mentales, intentos que de los nervios y los médicos especialistas de los pacientes cristalizarán en la creación de una nueva profesión: la psico- nerviosos, que, en términos simplistas, representa la diferen- logía clínica. ciación entre las especialidades de neurología y psiquiatría. En el siglo xx, la psicología alcanza una madurez episte- En este escenario, surge también el magnetismo animal, mológica notable que, en el ámbito de la psicopatología, se con Mesmer y Puységur que, si bien no destacó precisamen- pone de manifiesto en una diversidad de hechos entre los te por los métodos utilizados, sí lo hizo por plantear por pri- que destacan dos: por un lado, el surgimiento de los prime- mera vez la idea de salud como equilibrio (i. e., homeostasis ros intentos sistemáticos por organizar, clasificar y describir del individuo) y por sentar las bases de principios psicodiná- los trastornos mentales tal y como los conocemos hoy en micos, como el inconsciente o la transferencia. Otro de los día y, por otro, el auge de nuevas teorías psicológicas que hitos de este período, conocido como la primera revolución apuestan decididamente por los modos de hacer de la cien- de la psiquiatría, es sin duda el tratamiento moral o movi- cia (i. e., conductismo, cognitivismo, teorías gestálticas) para, miento alienista, que pretendía modificar la actitud de la desde ahí, abordar la explicación y la comprensión de la etio- sociedad y de los profesionales hacia los enfermos mentales, patogenia de los trastornos mentales. Desde estos mismos 35 Manual de psicopatología. Volumen 1 enfoques surgen también, como no podía ser de otro modo, entre otras cosas, por las limitaciones e insuficiencias mani- las criticas a la conceptualización en extremo biologicista fiestas de los sistemas psiquiátricos de clasificación para del enfermo (y la enfermedad) mental, cuyas consecuencias explicar las psicopatologías (p. ej., comorbilidad, dificultades son los excesos asociados a la patologización: estigma, aisla- para establecer puntos de corte entre lo normal y lo psicopa- miento y medicalización. tológico, etc.), a pesar de lo cual a menudo dominan y guían Fruto de todas estas influencias y de los cambios cícli- la práctica y la investigación. cos que suceden en toda disciplina, llegamos al punto en En definitiva, como dijimos al principio, el camino hacia el que nos encontramos hoy en día. Como veremos en los el presente es cualquier cosa menos una línea simple y recta; capítulos que contiene este manual, actualmente nos ubica- más bien, es el producto de líneas en parte desconocidas del mos en una época de integración, en la que predominan la desarrollo histórico, movimientos a menudo sujetos a con- búsqueda de elementos comunes para la mejor explicación fusiones y malentendidos de nuestro pasado remoto y a la y comprensión de las psicopatologías. Los modelos teóricos implicación con valores y costumbres de los que solo pode- integrativos, los paradigmas dimensionales y los enfoques mos ser parcialmente conscientes. En este sentido, debemos transdiagnósticos tanto reconocer que la historia de cualquier disciplina está siempre son algunas de estas propuestas, en lo que se refiere a la psicopatología como al tratamien- sujeta a sesgos de interpretación, y la historia de la psico- to. Estos modelos evidencian la necesidad de un cambio de patología, tal y como aquí la hemos relatado, no podía ser paradigma para el abordaje de las psicopatologías motivado. menos. ••Términos clave Anatomopatológico 13 Fisiopatológico 13 Moralista 15 Criterios Feighner 24 Hereditarlsmo 17 Organicista 15 Criterios Diagnósticos Localizacionista 18 Presentlsmo 4 de Investigación [Research Movimiento alienista Psicastenia 27 Diagnostic Criterio, RDC] 24 (también llamado Oemonológlco 10 tratamiento moral) 15 •• Lecturas recomendadas Canguilhem, G. (1971). Lo normal y lo patológico. Buenos Aires: Siglo XXI. Caparrós, A. (1980). Los paradigmas en psicología: sus alternativas y sus crisis. Barcelona: Horsori. Drner, K. (1974]. Ciudadanos y locos. Madrid: Taurus. (Publicación original: 1969). Ellenberger, H. F. (1976). El descubrimiento del inconsciente. Madrid: Gredos. (Publicación original: 1970]. Foucault, M. (1964). Historia de la locura en la época clásica. 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Las aportaciones sobre la herencia, la fisiología y el evolucionismo. ¿Cuál de las siguientes afirmaciones NO fue una de El surgimiento de los primeros sistemas de clasificación de los trastornos mentales. las aportaciones principales del magnetismo?: a) Probar la eficacia del uso de imanes para el tratamiento de los enfermos mentales. a) W.Wundt. c) Proponer la existencia de la mente no consciente. b) K. Jaspers. d) c) J. M. Cattell. a) b] c) d) Sentar las bases de algunos principios psicodinámicos, como la transferencia. d) E. Kraepelin. 8. Se basaba en las leyes del derecho romano, que consideraban la enfermedad mental como un atenuante en los actos delictivos. b) Fisiológicas. d) Anatómicas. La contribución más importante de James a) Un primer prototipo de sistema de clasificación y diagnóstico que proporcionaba definiciones de las enfermedades mentales más frecuentes. b] Los criterios diagnósticos de investigación (Research Diagnostic Criteria, RDC). c) Uno de los ejes diagnósticos del DSM-III. Los criterios que hacían referencia a los «síntomas de primer orden». El concepto de «tipo de reacción» como criterio de organización diagnóstica en el primer DSM se debe Cattell (1860-1944) a la psicopatología fue: a la influencia de: a) Formular una teoría psicopatológica sobre las neurosis experimentales. a) S. Freud. b) El énfasis en las aplicaciones prácticas de los test (i. e., selección de personas, indicadores de enfermedad). c) A. Meyer. c) Desarrollar técnicas terapéuticas basadas en el poder de la palabra y en las relaciones entre pacien­ te-terapeuta. d) Escribir el primer texto de Psicología cientifica-experimental (i. e., «Principios de Psicología Fisiológica») y 9. Los Criterios Feighner eran: 10. McKeen maníaco-depresiva c) Schneider. d) c) Hereditarias. psicosis d) Jaspers. de vulnerabilidad y diátesis-estrés tie- a) Evolucionistas. entre b] Bleuler. Tenía como misión la protección de los dogmas cristianos y una de sus funciones fue la persecución de la brujería. Los modelos distinción a) Kraepelin. Se basaba en los principios del darwinismo, para explicar el aislamiento social de los enfermos mentales. Buscaba modificar la actitud de la sociedad hacia los enfermos mentales y sirvió para reformar las leyes respecto a las instituciones mentales. La demencia precoz se la debemos a: nes sus raíces principales en las teorías: 5. Según diversos autores, el fundador de la psicopatología moderna fue: b) Plantear la idea de salud como equilibrio. 3. Señala la afirmación correcta. El tratamiento moral: 4. 7. b] K. Jaspers. d) E. Kraepelin. 39 CAPITULO 2 CONCEPTOS Y MODELOS EN PSICOPATOLOGÍA Amparo Belloch, Bonifacio Bandín y Francisco Ramos I. Introducción: precisiones conceptuales 41 IV. II. V. Resumen de aspectos fundamentales 73 Conceptos y criterios de psicopatología 44 A. El criterio estadístico 45 Modelos y realidad clínica 70 TÉRMINOS CLAVE 75 B. Los criterios sociales e interpersonales 46 LECTURAS RECOMENDADAS 75 C. Los criterios subjetivos o intrapsiquicos 47 III. D. Los criterios biológicos 48 REFERENCIAS 75 E. Criterios de psicopatología: conclusiones 49 AUTOEVALUACIÓN 79 Los modelos de la psicopatología 50 A. El modelo biomédico 51 B. El modelo conductual 58 C. El modelo cognitivo 62 Desde una perspectiva hegeliana del conocimiento y las 1. Introducción: precisiones conceptuales praxis científicas se pueden establecer tres niveles de trabajo y análisis (Mussó, 1970): el teórico, el experimental y el técnico. La interacción entre esos tres niveles es lo que carac- Este libro trata sobre la psicopatología, esto es, sobre una teriza la actividad científica. Las representaciones simbólicas modalidad menta- y el manejo de símbolos son los elementos característicos les, emociones, sensaciones, experiencias y comportamien­ del nivel teórico, cuyos medios de trabajo básicos son, por particular de actividades, elaboraciones tos que, en ciertas ocasiones, tenemos y/o hacemos las per- un lado, los estrictamente conceptuales, es decir, el razona- sonas. Pero sucede que, en la delimitación precisa de esa particularidad, reside la mayor dificultad de la disciplina: la miento, la imaginación, la memoria, y sus productos o elaboraciones, esto es, las definiciones estipulativas, los sistemas proliferación de modelos, conceptos y criterios para definir de clasificación, los modelos teóricos disponibles, etc., y, por lo psicopatológico a lo largo de la historia es un ejemplo de otro, los medios materiales y/o tecnológicos de los que dis- ello, como quedó de manifiesto en el capítulo anterior. El ponemos para aumentar la eficacia de toda esa actividad objetivo de este capítulo es examinar las concepciones más intelectual —desde el lápiz y el papel, hasta los libros, los la archivos, o las computadoras, además de los cuestionarios, naturaleza de las psicopatologías. Pero antes, es necesario los instrumentos de estimulación, de registro de datos, o de precisar a qué nos referimos cuando hablamos de «criterios» control de variables. El tipo de trabajo científico que puede y «modelos», cuáles son sus elementos fundamentales y qué esperarse desde este nivel, sigue diciendo Mussó, es básicamente crear conceptos, proyectar actividades y elaborar críti­ influyentes que actualmente podemos encontrar sobre utilidad poseen para el avance del conocimiento científico. 41 Manual de psicopatología. Volumen 1 cas, o sea, valoraciones acerca de la oportunidad e idoneidad de los conceptos disponibles en un momento dado. Los criterios y modelos de la psicopatología son ejemplos característicos de las herramientas conceptuales badas. Un modelo, por el contrario, es una orientación mucho más amplia que refleja una posición básica para conceptualizar problemas» (Kazdin, 1983, p. 20). del Desde este planteamiento de Kazdin, podemos hallar las nivel teórico. En términos generales, un criterio es una nor- huellas de los diversos significados que el término «modelo» ma, regla o propiedad, que guía el conocimiento sobre algo contiene; muchas veces se utilizan de modo intercambiable (Hempel, 1973). La expresión «guiar el conocimiento» con- y, en general, no son incompatibles. Una primera acepción lleva, primero, delimitar con precisión los hechos que cons- refiere a un modo concreto de concebir el propio statu quo tituyen datos para la comprensión y explicación del objeto, de la psicopatología, como ciencia diferente y diferenciada, es decir, cuáles de entre la multitud de sucesos que ocurren en la realidad poseen algún valor explicativo o nos permiten incluyendo tanto la definición del objeto mismo (el espíritu entender una parcela de nuestro objeto de conocimiento; endemoniado, la enfermedad mental, los conflictos no conscientes, la conducta anormal, la actividad mental anóma- y segundo, la ordenación de esos datos, según su mayor o menor importancia respecto a la capacidad y utilidad que la...), como de los procederes técnicos y metodológicos más tienen para la comprensión del objeto. Así pues, un crite- lo que solemos entender cuando hablamos de las «escuelas rio es una categoría, más o menos genérica, una norma o de la psicopatología», herederas en gran parte de una cier- conjunto de normas que designa la propiedad o propiedades ta manera de entender el objeto de la psicología. Por eso sobre cuya base se clasifican y ordenan los datos que pare- mismo, en todos los modelos psicológicos y psicopatológicos adecuados para abordarlo: en términos generales, esto es cen relevantes para un objeto y un área concreta de cono- podemos encontrar aún las influencias de varias escuelas cimiento. En consecuencia, la utilidad y la funcionalidad de de pensamiento, más o menos recientes, que en un cier- los criterios que se han venido esgrimiendo a lo largo de la to momento histórico se fueron constituyendo alrededor de historia de la psicopatología residen, primordialmente, en su algunas personas (Wundt, Freud, Janet, James, Kraepelin, Jas- capacidad para delimitar el objeto y guiar su explicación y pers, Pavlov, Watson, Galton...), y en ciertos lugares (Leipzig, su comprensión. Esto implica, además, que la elección de Viena, París, Harvard, Heidelberg, San Petersburgo, Baltimore, un criterio suele significar casi siempre la exclusión de otros, Cambridge...), para acabar por extenderse, ya sin delimita- de lo que se deduce que todo aquello que no entre a formar ción geográfica, a unas doctrinas y sus seguidores. Su per- parte de dicho criterio, no será susceptible de explicación, vivencia es, en algunos casos, escasa mientras que en otros ni será tampoco considerado como re evante para la investi- adquiere tintes casi doctrinarios y dogmáticos. Finalmente, gación del objeto. Tener esto en cuenta es importante por- en la mayoría de los casos, se mantiene bajo la apariencia que nos permite entender, por ejemplo, la coexistencia de de un énfasis especial en unas determinadas ideas, áreas de diversos criterios a través del tiempo, así como la utilidad y trabajo y métodos de análisis (Ardila, 1990). el alcance explicativo de cada uno de ellos, es decir, el tipo de preguntas que permiten formular y las respuestas que de ellos se pueden esperar. Otra acepción de modelo que resulta especialmen­ te importante para la psicopatología es la de analogía: se toman ciertos conceptos de otros campos que después se aplicarán, con mayor o menor fortuna, al de la psicopato- 2 Criterio de anormalidad. Conjunto de normas que desig- logía (Davison y Neale, 1978). Ejemplos de este tipo son los nan las propiedades sobre cuya base una persona puede modelos animales, los de condicionamiento o los de provo- conceptuarse o categorizarse como psicopatológica. cación experimental de experiencias anormales, tales como las alucinaciones, los delirios, o las alteraciones de conciencia (McKinney, 1988). En estos casos, además de considerar el Junto al de los criterios para definir lo psicopatológico, el segundo objetivo de este capítulo hace referencia a los modelos que han servido, y siguen sirviendo, de marco de referencia para la psicopatología. Kazdin señalaba que un modelo de psicopatología es (...) una forma global de ordenar o conceptualizar el área de estudio. Representa una orientación para explicar la conducta anormal, llevar a cabo la investigación e interpretar los hallazgos experimentales (...). Una teoria tiende a ser una explicación más especifica de un fenómeno particular. Propone un conjunto particular de proposiciones o afirmaciones que pueden ser pro­ modelo como una herramienta conceptual, se trata de instrumentos útiles para el nivel de trabajo experimental. Los modelos constituyen pues un modo de representación de la realidad que se quiere conocer, que ayuda a seleccionar ciertos hechos como relevantes y organizar sus relaciones y permite reproducir algunas de las propiedades del sistema original, pero no todas. En consecuencia, es preciso tener en cuenta que todo modelo es parcial y selectivo, pues en su elaboración se adoptan exclusivamente los aspectos que son significativos para el uso que se pretenda hacer del mismo. Por tanto, un modelo será útil en la medida en que permita responder a las preguntas que interesan a quien lo utiliza. ♦ 42 Capitulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología La tercera acepción de modelo que queremos resaltar ciones aisladas, sino más bien como ramificaciones y prolon- es la que lo hace análogo a la noción de paradigma para indicar un modo concreto de abordar el objeto de estudio, así gaciones de problemas antiguos, extraordinariamente complejos, y como aspectos o dimensiones de una solución que como el tipo de problemas que se plantean y las clases de todavía no se ha logrado. La respuesta a la pregunta sobre información y metodología que se pueden utilizar. Este planteamiento ha permitido hablar de «paradigmas» para cubrir basarse seguramente en una de estas dos ideas, o en ambas el origen y la pervivencia de distintos modelos tendría que contenidos idénticos a los que se incluyen bajo el término «modelo»: se habla del modelo de aprendizaje, del sistémico, a la vez: primero, que las diversas opciones encarnadas en del social, o del cognitivo, del mismo modo que se habla los problemas constitutivos de la misma psicología; segun- del paradigma del aprendizaje, del sistémico, del social, o del do, que tales opciones representan intentos de solución de cognitivo. El término paradigma posee, a su vez, diferentes problemas usos y acepciones de los que mencionaremos tres. Primero, psicológico normal o psicopatológico que, hasta entonces, las diferentes escuelas representan intentos de solución a nuevos, esto es, aspectos del funcionamiento el paradigma como metáfora de la realidad enfatiza el aspec- no se habian planteado o no se habían considerado como to metafórico que tienen la mayoría de las teorías científicas. relevantes. Es decir, que si en la definición misma del objeto Los modelos no son descripciones isomórficas de la realidad, de la psicopatología cabe la consideración de que un deter- pues contienen ciertos supuestos que no son susceptibles minado comportamiento (por ejemplo, creer que uno es el de verificación empírica directa, pese a lo cual sirven —0 se enviado de los dioses y actuar en consonancia] es normal, utilizan— para definir la parcela de realidad que pretenden sano o adaptado, tal comportamiento no será considerado estudiar (Ribes, 1990). Segundo, el paradigma como ejemplar susceptible de investigación, diagnóstico o tratamiento; pero metodológico o, en otros términos, el consenso que existe si, por el contrario, se considerara como patológico, entonces en una comunidad cientifica sobre cuáles son los problemas entraría sin duda alguna a formar parte del estudio de nues- relevantes de los que debe ocuparse y cómo resolverlos. El tra disciplina. tercer significado es el de asiento institucional de la comu- Una segunda respuesta posible a la cuestión de la diver- nidad científica, esto es, los hábitos y reglas tácitas de su actuación. Es interesante subrayar estos tres aspectos, ya sidad de modelos y criterios tiene que ver con la relatividad sociocultural de su objeto mismo de conocimiento: si una que los modelos psicológicos de las psicopatologías recogen sociedad o un grupo cultural, valoran positivamente (o sea, al menos alguno de ellos. como saludable y deseable) unos ciertos modos de compor- Un problema diferente es el de por qué conviven actual- tarse, de ser, de pensar, de experimentar la realidad, de sentir, mente en la psicopatología tantas perspectivas y modelos o de expresarse, cualquier atisbo de rechazo, critica, minus- distintos. Por qué han surgido y por qué se mantienen. Una valoración o, por supuesto, de contradicción manifiesta con primera tales modos, corre el riesgo de ser calificado como psicopa- respuesta tiene que ver con la indeterminación evolución tológico, enfermizo, absurdo, disfuncional, o anómalo. Este de la propia psicopatología (y puede que, también, de sus planteamiento significa, además, que en muchas ocasiones «ciencias-madre»: la psicología y la medicina). Como ya se ha la cualificación de algo como «psicopatológico» no responde dicho en otros lugares [Belloch, 1987, 1993; Belloch e Ibáñez, a criterios cientificos, sino más bien a otros de naturaleza éti- conceptual que ha presidido históricamente la 1992) a las preguntas de ¿qué es la psicopatología? y ¿por ca o moral, de tal manera que todo aquello que contraviene qué la ética dominante, puede ser caracterizado «legítimamente» catalogamos ciertos modos de actividad, experiencia, comportamiento, e incluso a ciertas personas, como psico- como psicopatológico. En definitiva, las ideas sobre la salud patológicas?, respuestas: mental que mantiene una sociedad, resultan determinantes casi tantas como estudiosos de la psicopatología. Semejante para la construcción de las ideas sobre su carencia o ausen- podemos encontrar multitud de diversidad e incluso disparidad es probablemente el resulta- cia. Por lo tanto, esas ideas impactan de manera crucial en do bien de la ausencia de criterios ampliamente compartidos los modelos y criterios de la psicopatología. Las «imágenes sobre el significado de «lo psicopatológico», esto es, del objeto mismo de la psicopatología como actividad científica pro- determinantes a la hora de construir las «imágenes de lo psi­ piamente dicha, bien de la relatividad de los criterios que lo copatológico». Esas imágenes cristalizan en lo que se suele definen, o bien de un grado de complejidad tan elevado del llamar «modelos» y «criterios» de psicopatología. del hombre» que una sociedad o un grupo posean van a ser objeto que hace inviable su abordaje desde un único mode- Como dijo Magaro (1976), la mayor parte del contenido lo o criterio, dado el nivel de conocimientos y tecnologías de los criterios y modelos que manejamos intentan crear un disponibles. De ser cierto este planteamiento, puede que la puente entre nuestras creencias (valores, prejuicios) sobre la única solución para considerar la psicopatología como una psicopatología y algunos pocos hechos. El cambio de unos ciencia sea concebir su larga historia de modelos, escuelas y paradigmas no como una sucesión de problemas y solu­ criterios a otros se produce, en ocasiones, a causa del «descubrimiento» o la «comprensión» de nuevos hechos. Pero 43 Manual de psicopatología. Volumen 1 esto no es lo habitual. Lo normal es que el cambio se produz- remos por delimitar los tipos de criterios que se han venido ca por la construcción de explicaciones más compatibles con manejando para pasar después a examinar cómo esos cri- el contexto y el momento político, económico, cultural y de terios formales han ido derivando hacia la construcción de desarrollo técnico-metodológico. De modo que cuanto más extraña, inusual o desviada resulten una persona, una expe- modelos o sistemas de creencias sobre la salud y el equilibrio mentales y sobre sus alteraciones. riencia mental, un sentimiento, o un modo de comportarse y expresarse, más necesidad tendrá la sociedad de hacer explícitos sus conceptos sobre lo normal. De este modo, las creencias que enfatizan aspectos tales como la racionalidad, 11. Conceptos y criterios de psicopatología el deseo de control o el de poder como elementos definitorios de lo humano, tenderán a suponer que la ausencia de, Luisa ingresó en el hospital con una parálisis parcial del lado o el desprecio a, esos elementos es la esencia de lo psicopa- izquierdo de su cuerpo. Dice que no tiene idea sobre cuál tológico. Pero si nuestras creencias sobre lo esencial de la puede ser la causa. Su madre cree que puede tener algu- naturaleza humana enfatizan la irracionalidad y la ausencia na relación con el pánico que le produjo ver cómo su novio del control de los instintos, el concepto de psicopatología era atacado por un perro. Sin embargo, el síntoma se había será diferente del anterior. La alternancia de estos modos de presentado ya en otras ocasiones, antes de este suceso, de concebir la naturaleza humana ha sido una de las constantes forma intermitente. en la historia de las ideas sobre la psicopatología y la norma- Manuel está terriblemente angustiado y sin atreverse a lidad y, en cierto modo, explica la vigencia de algunos de los salir de casa porque últimamente tiene lo que él llama «ata- modelos y criterios actuales. ques», que consisten en sensación de pánico, palpitaciones Pero aún habría que señalar otro problema más: sean muy intensas, visión borrosa y como a través de un túnel, cuales sean las creencias sobre la naturaleza de la psicopa- mareos, náuseas y una especie de peso en el pecho que le tología y la normalidad, no se suelen aplicar por igual, ni del impide respirar con normalidad. Le suelen suceder cuando mismo modo, a todos los miembros de una misma sociedad. está en el cine, o en el autobús e incluso, últimamente, en Los económi- su propio coche. Su reacción inmediata es salir corriendo y cOs o científicos) asignan a sus contrarios o adversarios una en varias ocasiones ha tenido que ir a urgencias porque pen- «naturaleza» diferente de la suya propia. Y esto es aún más saba que iba a morir. grupos dominantes (intelectuales, políticos, evidente, si cabe, cuando examinamos los conceptos sobre Sonia, de 18 años, ha perdido más de 20 kilos en los dos la psicopatología: vamos a encontrarnos con diferencias, a últimos años. Solamente come algunas verduras y, de vez en veces nada sutiles, según la clase o el grupo social al que cuando, un poco de jamón de pavo y algún vaso de leche pertenezca una persona, según su historia anterior, según su nivel de instrucción cultural, y un largo etcétera. Y, natu- desnatada. Solo bebe un vasito de agua al día, y todos los días hace al menos una hora de gimnasia. Es cumplidora, ralmente, ello va a repercutir en aspectos tan cruciales como autoexigente y, salvo por sus manías con la comida, sus el pronóstico y el tratamiento (Hollingshead y Redlich,1958). padres la consideran una hija modelo. Dice que empezó a En definitiva, la diversidad de modelos y criterios de la psicopatología responde al hecho de que su objeto no se hacer dietas porque se veía «como una vaca», a pesar de que todos le decían que tenía un tipo estupendo. corresponde con una «verdad objetiva», en el sentido de Felipe describe así sus experiencias: «Al principio era que no puede ser explicado recurriendo exclusivamente a como si una parte de mi cerebro, que hasta entonces estaba hechos y leyes científicas, como han argumentado Szasz dormido, empezara a despertarse... Empecé a comprender (1972) o Braginsky y Braginsky (1974), entre otros. Y, por su parte, las escuelas y modelos, encarnados en instituciones muchas cosas..., me acordé de que, cuando tenía siete años, violé a mi hermana que entonces tenía seis... Entendí por y comunidades científicas, pueden ser concebidos como el qué el portero de la oficina me daba todos los días el correo puente que une las creencias implicitas o tácitas de la socie- cogido con una cinta ancha de goma de color verde... Com- dad, con el comportamiento concreto de sus actores y agen- prendí por qué mis padres habían puesto mi nombre en el tes. En cierto sentido, su nacimiento responde a la necesidad buzón... Las luces de los semáforos me enviaban mensajes... de implementar un sistema de creencias. Y a medida que el Todo empezó a cobrar un significado que hasta entonces no había sido capaz de captar....» sistema cambia, cambian también los criterios, las escuelas, los modelos y, por supuesto, las instituciones (Magaro, 1976]. Con estas ideas en mente, vamos a abordar ahora el tipo de «creencias» que dominan hoy las diferentes concepciones Andrés, de 35 años, ha abandonado su trabajo en una empresa multinacional porque «no podía librarme de la sen- sobre la psicopatología, y cómo estas se han organizado en sación de que todo estaba sucio... cuando llegaba a casa tenía que lavar todo muchas veces, lavarme yo también, sistemas más o menos coherentes y compactos. Comenza­ perdía mucho tiempo con todo eso... prefiero quedarme en 44 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología casa y buscar algún tipo de teletrabajo..., así evito encontrar- de baja versus alta inteligencia para designar la capacidad me con otras personas, darles la mano, tocar las cosas que mental y cognitiva de las personas, o de hiper- versus hipoes- otros han tocado... soy consciente de que lo mío es exage- tesia para calificar la capacidad y sensibilidad sensoriales, o rado..., pero no consigo librarme de esta sensación de sucie- de baja versus alta estabilidad emocional (neuroticismo vs. dad, todo me da asco, yo mismo me doy asco.... el asco se estabilidad), por poner algunos ejemplos conocidos. apodera de mi y no puedo hacer nada hasta que me libro de él por completo...» Todas estas Sin embargo, la restricción al ámbito de lo infrecuente no siempre conlleva psicopatología (Martin, 1976]). El genio personas presentan o relatan problemas creador es desde luego poco frecuente, pero no es patológi- muy diferentes. Todos ellos serán estudiados con detalle en co. Creer en la existencia de una vida después de la muerte este libro. Pero también nos sirven como ejemplo de la diver- puede ser muy frecuente, pero el no creer en ello no signifi- sidad de temas y problemas humanos que son objeto de ca patología. Problemas de este estilo requieren adoptar un estudio para la psicopatología. Y, al mismo tiempo, nos sirven supuesto adicional al de frecuencia para la definición de las para explicar y comprender las razones de la diversidad de psicopatologías: el supuesto de la continuidad y dimensionali- criterios y modelos a los que hemos aludido en el apartado dad, según el cual los elementos constitutivos de las psicopa- anterior. En este vamos a examinar algunos de los criterios tologías se hallan también presentes en la normalidad, si bien más influyentes que se manejan para catalogar, comprender constituyen una exacerbación, por exceso o por defecto, de y explicar la multiplicidad de psicopatologías que podemos esa normalidad. De modo que las diferencias entre lo normal presentar las personas. y lo psicopatológico son de naturaleza cuantitativa, de grado. De aquí que, además de los prefijos «hiper» o «hipo», se utilice el defectivo «a-» y se hable de conductas, actividades, A. El criterio estadístico o experiencias anormales, que se caracterizan no solo por Como sugirió Ibáñez (1980], cuando la psicología y, con ella, ser poco frecuentes, sino además por contener los mismos la psicopatología decidieron optar por homologarse a las elementos de la normalidad, pero en un grado ya sea exce- ciencias naturales ya bien entrado el siglo XIX y postular sivo, ya escaso. Así que, cuando la psicopatología se rige por leyes que fueran susceptibles de formalización, se recurrió un criterio estadístico, se suele emplear el término anorma- a la cuantificación de los datos psicológicos. Esa cuantifica- lidad como análogo o sinónimo al de psicopatología, lo que ción se produjo fundamentalmente a través de la estadística, significa que una conducta, rasgo, actividad, o característica, ciencia auxiliar de una buena parte de las ciencias naturales. es muy poco frecuente y, por tanto, poco representativa del En psicopatología, la estadística dejó de ser un recurso auxi- grupo social normativo de referencia, además de ser cuanti- liar formal para convertirse en algo más: se transmutó en tativamente distinta de lo que se considera normal (véase por criterio definitorio del objeto y adquirió rango de concepto, ejemplo, Eysenck, 1970). Este salto conceptual desde la idea cuya máxima ejemplificación se encuentra en el denomina- de infrecuencia estadística a la de anormalidad, ha permitido, do criterio estadístico de la psicopatología. además, que el criterio estadístico pase de ser considerado La buena acogida que tuvo en nuestro contexto se debe, únicamente como parte del «contexto del descubrimiento» en parte, a que ya había sido profusamente utilizado en (por utilizar la terminología de Reichenbach, 1964), a ser uti- ámbitos psicológicos tan relevantes como el de las teorías lizado también como parte del contexto de la explicación y constitucionalistas sobre la personalidad o el de las investiga- la justificación. ciones pioneras sobre la inteligencia, que dieron paso a toda La adopción del criterio estadístico en psicopatología una tecnología que permitiría más adelante «medir» hechos ha resultado ser enormemente fructifero tanto desde una psicológicos complejos (p. ej., la personalidad, los valores, las perspectiva de investigación como desde la aplicada o clíni- normas, los motivos, o las creencias). El postulado central del ca. Por ejemplo, conceptos nucleares en la explicación de un criterio estadístico es el de que las variables que definen psi­ buen número de síntomas psicopatológicos, como la sensibi- cológicamente a una persona poseen una distribución nor- lidad a la ansiedad, el asco, los pensamientos desagradables mal en la población general de referencia de esa persona. e intrusivos, o características y rasgos de personalidad como Consecuentemente, psicopatológico es todo aquello que se el perfeccionismo, la búsqueda de sensaciones, la impulsivi- desvia de la normalidad, es decir, «algo» (un rasgo de perso- dad, o la extroversión, son conceptuados como dimensiones nalidad, una capacidad intelectual, una actividad mental, un que fluctúan a lo largo de continuos de intensidad y que comportamiento, una emoción, un afecto, etc.) que resulta están presentes, en mayor o menor medida, en todas las poco frecuente, que no entra en los límites de la distribución personas. Este planteamiento justifica y avala el uso de aná- normal de la población que nos sirve de referencia. Según logos «normales», es decir, de población general sin psicopa- este criterio, hablamos, de hiper- o hipoactividad para cata- tologías, para la investigación de psicopatologías presentes logar en personas con una amplia variedad de trastornos y enfer­ un determinado comportamiento motor alterado, o 45 Manual de psicopatología. Volumen 1 medades mentales (Abramowitz et al., 2014). Además, la ignorarlas, o en proclamar, ingenuamente, que no existen psi- noción de dimensionalidad implícita en el criterio estadístico copatologías ni personas que las padezcan. Muy al contrario, impregna hoy los modelos más avanzados de diagnóstico y cualquier solución pasa necesariamente por estudiar y definir clasificación de las psicopatologías, como se verá a lo largo de este libro. del modo más preciso posible esas normas y los supuestos en que se fundamentan con el fin de evitar al máximo que nuestra actividad clínica se deje llevar por los prejuicios y la falsa moral, que tan malos compañeros de viaje resultan siem- ) Criterio estadístico. Determina la anormalidad en pre. Y, sobre todo, con el de ayudar a la persona que presenta base a una desviación de la norma estadística (distribu- la psicopatología en cuestión a incorporarse, en las mejores ción normal). condiciones, en el contexto social al que tiene derecho a pertenecer. De hecho, la adaptación a los modos de comportamien­ B. Los criterios sociales e interpersonales De una naturaleza diferente son los criterios que podríamos denominar, genéricamente, como sociales. Uno de ellos es el que H. S. Sullivan denominó consensual para señalar que la definición de las psicopatologías es una cuestión de normativa social, es decir, del consenso social que se alcance al respecto en un momento y lugar determinados. De aquí a afirmar que lo psicopatológico no es más que una «construc- to esperables, habituales y sancionados como correctos por el grupo social al que una persona pertenece, se ha esgrimido también como un criterio para la presencia o ausencia de psicopatologías y por ello se encuentra en la base del criterio «legal» de normalidad mental versus psicopatología. En la medida que una persona se comporte, piense o sienta como lo hacen sus congéneres, o como estos esperan que lo haga, será catalogada como normal. Así, la adecuación al rol social y personal que se nos adscribe, o que buscamos y deseamos, ción social» y una «convención» que la comunidad adopta constituye muchas veces el marco de referencia imprescindi- en un momento, de un modo por lo general poco explícito, no hay más que un paso. Y solo otro más para afirmar que lo ble para la catalogación de normalidad. Si, por ejemplo, ante psicopatológico solo existe en las mentes (en las creencias) de quienes lo postulan. nal de euforia y alegría incontenibles, seremos catalogados Cierto es que en muchas ocasiones la investigación transcultural ha demostrado que este modo de argumentar mo modo, esperamos que unos progenitores responsables y adaptados se comporten de acuerdo con su rol y, por lo no es, en absoluto, una estupidez, pues lo que, en un con- tanto, dediquen buena parte de su tiempo y esfuerzos a pro- texto cultural, social, o histórico, es normal, se torna patoló- curar para su familia estabilidad económica y emocional. Y, a la muerte de un ser querido, tenemos una reacción emociocomo de anormales o patológicos... ¡como mínimo! Del mis- gico en otros; y, a la inversa, no lo es menos que en todas decir verdad, conseguir restaurar la capacidad de adaptación las culturas y épocas es posible detectar ciertas normas que social suele ser objetivo fundamental de muchas estrategias definen lo que es psicológicamente normal. Otra cuestión y técnicas de tratamiento e intervención psicológicas. diferente es la de que nuestra cultura occidental sea una de las que, históricamente, más se ha ocupado en establecer normas de ese estilo que, en muchos casos, implican juicios de valor peyorativos que tanto han criticado, y con razón, los ) Criterio social. Es establecido por la normativa social que teóricos del rotulado social, cuando afirmaban que diagnos- de la conducta. Se han referido varios tipos, tales como el ticar implicaba poner una etiqueta a lo que simplemente era un problema o un modo de vivir, pero que marcaba «a hierro consensual y el legal. determina lo esperable (normal) y lo inadecuado (anormal) y fuego», y para siempre, a su destinatario añadiendo con ello un problema más al del sufrimiento o el malestar que la persona pudiera estar experimentando: el problema del estigma social asociado a la etiqueta de «enfermo mental». De hecho, la lucha contra el estigma asociado a las enfermedades y trastornos mentales es una de las prioridades de la Organización Mundial de la Salud. Pero no siempre es fácil determinar en qué consiste la adaptación social. Y, lo que es más importante: suponer que adaptación es sinónimo de salud mental puede llevarnos a cometer graves errores. Por ejemplo, para un joven que vive en un barrio marginal o desestructurado de una gran ciudad, puede ser muy adaptativo socialmente asumir la violencia y Así pues, y con todas las precauciones que haya que la agresión como forma de comportamiento habitual, ya que adoptar, no queda más remedio que admitir honestamente ello le permite no solo integrarse en un grupo social importante en su contexto, sino también hace que se comporte de que esas normas sobre cuyas bases catalogamos a una persona como normal o psicopatológica, existen en nuestras men- acuerdo con el estereotipo que se asigna a su rol y estatus tes. La solución no está, creemos, en negar su existencia, en |«joven-marginal-urbano»|. En el mismo sentido, no hay más 46 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología que recordar algunos ejemplos recientes de nuestra historia. mentales: quejas sobre la propia infelicidad o disgusto, sobre Probablemente fuera más adaptativo —en el sentido de útil la incapacidad para afrontar un problema o buscar una solu- para la supervivencia personal inmediata— para la población ción razonable, retraimiento social, comportamientos poco alemana de la década de los cuarenta del siglo pasado asumir eficaces y/o incapacitantes, contacto deficiente con la reali- como algo normal la reclusión en zonas específicas y aparta- dad, malestar físico e, incluso, búsqueda de ayuda especiali- das de la comunidad a judíos, negros, gitanos, o políticamen- zada (Maher, 1976). Una variante de este criterio es el deno- te «desafectos» con el régimen político dominante. Además, minado alguedónico, propuesto por Schneider (1959), que se esperaba de las personas bien adaptadas (i. e., «norma- hace referencia al sufrimiento personal, propio o ajeno, como les»] que actuaran como agentes de socialización detectan- elemento definitorio de la presencia de una psicopatología. do y denunciando la presencia de personas pertenecientes a En términos generales los criterios subjetivos aluden a alguno de esos grupos humanos: es decir, se esperaba que dos aspectos nucleares de la clínica: la conciencia de enfer- cumplieran con las leyes. Dificilmente podemos admitir que, medad y la egodistonía. La primera fluctúa desde su prácti- en casos como estos, la adaptación social entendida como ca ausencia hasta un grado máximo, constituyendo así uno el cumplimiento acrítico de las leyes y normas explícitas de los aspectos cruciales para establecer un diagnóstico y constituya un criterio de salud mental, o sea, de ausencia su gravedad: en el caso del diagnóstico, porque si la persona de psicopatología. En definitiva, la definición de qué significa no expresa de algún modo su malestar, el proceso diagnós- adaptación social, presenta casi tantos problemas como la de tico puede llegar a ser imposible a no ser que se detecten psicopatología y, lo que es más importante, no puede erigirse consecuencias observables del trastorno en diversos ámbitos en el criterio por excelencia para la delimitación de lo psico- de su vida; en cuanto a la gravedad, su nivel dependerá de patológico ni de lo normal. cuáles sean las consecuencias (i. e., interferencia) del proble- Un modo de solucionar los problemas derivados de la ma, incluyendo tanto las que pueda detectar un observador indeterminación de criterios de este tipo pasa por postular externo como las que manifiesta el propio afectado. Algo la existencia de condicionantes situacionales, que serían los similar sucede con la egodistonía, es decir, la disonancia o responsables de la aparición de psicopatologías. El individuo el conflicto que se produce entre la autoimagen (incluyendo se convierte asi en un mero actor, en una especie de marioneta sometida a contingencias ambientales que representa su significado, o la interferencia que provocan. Cuanto más las propias necesidades, deseos, valores, etc.) y los síntomas, el papel que la sociedad le adjudicó; y si ese papel no es bue- egodistónico es un trastorno, es muy probable que mayor no, la responsabilidad recae en la sociedad, no en el actor. sea la consciencia de este. Por el contrario, una menor ego- Probablemente esto es bastante cierto en muchos casos. distonía (o una mayor egosintonía] se asocia con una menor Pero tiene un riesgo importante: al sustraer de la naturaleza consciencia de trastorno, lo que repercute no solo en los pro- humana aquello que más y mejor la define, la autodeter- cesos de evaluación y diagnóstico, sino también en el trata- minación y la racionalidad, convierte a la persona que pre- miento y la respuesta al mismo (Belloch et al., 2012; Roncero senta una psicopatología en un alienado, un ser sin razón ni et al., 2013). En suma, resulta obvio que, tanto en la práctica capacidad para decidir por sí mismo. Por lo tanto, lo mejor clínica como en la investigación, es imprescindible tener en es que los demás decidan y piensen por él. Esto no signifi- cuenta las múltiples facetas de los criterios subjetivos pues- ca que los condicionantes situacionales no puedan explicar to que, en muchos casos, son el elemento central a través muchas veces la aparición de psicopatologías, ni que deban del cual se hace evidente una psicopatología. excluirse de la investigación. Muy al contrario, es preciso examinar muy a fondo el contexto social, así como el tipo de contingencias ambientales que modulan el comportamiento y la actividad mentales si queremos llegar a comprender la génesis y/o el mantenimiento de muchos comportamientos y experiencias mentales perturbadas. Pero no hay que perder de vista que un énfasis exclusivo en esos condicionantes puede llevarnos hacia atrás en el túnel del tiempo, cuando al alienado se le robaba la condición de ser humano. Pero como sucede con todos los criterios, tienen limitaciones. La principal reside, precisamente, en su carácter dimensional y fluctuante. Las personas con psicopatologías no siempre son conscientes de sus problemas e incapacidades y, a lo largo de la evolución de un trastorno, su consciencia del problema y la egodistonía con respecto al mismo varían: por ejemplo, en muchos cuadros demenciales, o en determinadas fases de un trastorno psicótico, o en algunos estados disociativos, en algunos trastornos de la conducta C. Los criterios subjetivos o intrapsíquicos alimentaria, o en buena parte de los trastornos de la personalidad, entre otros muchos casos, la persona está lejos de De un orden diferente son los criterios subjetivos, intrapsí- ser consciente de su problema e, incluso, de que tiene un quicos, o personales, según los cuales es el propio individuo problema. Lo mismo cabe decir de la egodistonía, ya que no el que dictamina sobre su estado o situación, lo que se suele siempre los síntomas ni sus consecuencias resultan disonan- traducir en quejas y manifestaciones verbales o comporta- tes con lo que la persona desea y valora para si misma (p. ej., 47 Manual de psicopatología. Volumen 1 en la anorexia nerviosa, en el trastorno dismórfico corporal, Todas estas disciplinas mantienen un mismo supuesto bási- en el trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo, o en co: el de que las diferentes psicopatologías son, fundamen- las fases maníacas agudas de un trastorno bipolar). Y cuando talmente, la expresión de alteraciones y/o disfunciones en esto sucede, es improbable que decida por sí misma buscar el modo normal de funcionamiento, bien de las estructuras, bien de los procesos biológicos, en los que se sustentan. Esas ayuda especializada y acepte involucrarse en un programa de tratamiento (Belloch et al., 2009; Del Valle et al., 2017, 2018). alteraciones pueden estar causadas a su vez por la acción Un problema adicional es el de que no todas las personas de agentes patógenos externos (y entonces se califican con que manifiestan quejas de infelicidad o angustia personal, el prefijo dis-), o por carencia de determinados elementos que tienen problemas para entablar y/o mantener relaciones constituyentes (y entonces se aplica el prefijo a-), o por una sociales, que se comportan de un modo poco eficaz o que ruptura en el equilibrio normal de los diferentes procesos, ele- son poco realistas, presentan una psicopatología diagnostica- mentos, o estructuras involucradas (en este caso, se suelen ble, aun cuando recurran a un especialista en salud mental. aplicar los prefijos hiper- o hipo-) (Canguilhem, 1971). Lo mismo sucede con las personas que acuden al médico: Asumir una etiología orgánica como explicación última el hecho de ir al médico no significa necesariamente que y exclusiva de la aparición de las psicopatologías conlleva se tenga una enfermedad o que se requiera tratamiento. El adoptar el término genérico de «enfermedad mental» para criterio subjetivo o personal no tiene tampoco en cuenta los caracterizar estos trastornos. Evidentemente, la irrupción de efectos que un comportamiento anormal produce en el contexto social inmediato de la persona que lo exhibe (mientras esta clase de criterios en psicopatología supuso tanto una ruptura radical con las hasta entonces dominantes perspec- que sí lo haría el alguedónico). Y ninguno de los dos permite tivas mágico-míticas y religiosas, como la adopción de plan- distinguir entre, por ejemplo, psicopatologías y reacciones teamientos científicos para la explicación y el tratamiento de normales de adaptación al estrés. las psicopatologías, como se vio en el capítulo precedente. El En síntesis, este tipo de criterios resulta insuficiente tanto al nivel explicativo —aunque en realidad, ni siquiera se plan- dudar pues de su importancia ni debería permitirse la arbi- tean la génesis de las psicopatologías— como a la hora de trariedad de ignorar su existencia o de despreciarla. Lo que analizar sus consecuencias. De todos modos, como hemos ya no está tan claro es que el hecho de que se descubra avance ha sido desde entonces incuestionable. Nadie puede dicho, no hay que olvidar que en la práctica constituyen cri- una etiología orgánica signifique descartar sin más la inter- terios muy a tener en cuenta, pues es cierto que en muchos vención de factores estrictamente psicológicos y sociales, o casos es el propio individuo quien detecta una anomalía que sea, de naturaleza no primariamente biológica, bien sea en supera sus recursos normales de afrontamiento y, sobre todo, la etiología misma, bien en su mantenimiento, bien en las es capaz de comunicarla e incluso de determinar su origen consecuencias que una causa orgánica tenga en el funcionamiento psicológico del individuo afectado. o su causa. Y, en todo caso, tanto si se da un auto-reconocimiento del problema como si no, la información que una persona nos proporciona sobre sí misma y sobre su estado es una fuente de datos irrenunciable e imprescindible para la psicopatología. Las personas somos, además de organismos biológicamente determinados, individuos sociales, con una historia personal de aprendizajes, de memorias y de modos de conocimiento del mundo, que no son meros epifenómenos de nuestra condición de organismo, ni son tampoco explicables ) Criterio subjetivo. Es un criterio propuesto por el propio individuo. Se basa en la conciencia que tiene el sujeto de su situación psicopatológica (sufrimiento, conducta indeseable, etc.). recurriendo única y exclusivamente a esa condición. Un delirio o una alucinación pueden estar ocasionados por factores biológicos (desde una intoxicación alcohólica, hasta un deterioro cerebral, pasando por otras muchas posibilidades], pero no todas las personas que tienen esos síntomas los padecen con la misma intensidad ni manifiestan el mismo grado de deterioro en su funcionamiento social y personal. Y desde el D. Los criterios biológicos punto de vista de la intervención terapéutica, resulta evidente la necesidad de tener en cuenta todos estos aspectos. En Por último, es preciso hacer referencia a un conjunto de crite- definitiva, los planos psicológico y biológico están lejos de ser rios de naturaleza no psicológica que enfatizan, sobre todo, incompatibles; antes bien, son complementarios e igualmen- la naturaleza biológica, física, de las personas. La variedad de este grupo de criterios es muy amplia, puesto que son te necesarios para la comprensión de las psicopatologías. De muchas y muy diferentes las disciplinas que se encuadran en las perspectivas biologistas o fisicalistas de la psicopatología: genética, neurología, bioquímica, inmunología, fisiología, etc. 48 hecho, el modelo bio-psico-social, que es el adoptado por la mayoría de los científicos de la salud para la explicación de la naturaleza humana y sus alteraciones y enfermedades, mentales 0 médicas, significa el reconocimiento de esa com- Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología plementariedad necesaria e inevitable (Belloch y Olabarría, gicos. Para calificarlos como tales, es necesario apelar a una 1993). En esta misma línea se sitúa la moderna biología de sis- relativamente amplia gama de condicionantes contextuales, temas que asume los denominados modelos de redes y cons- (Mahoney, 1980), así como examinar su posible utilidad adap- tituye un reto muy importante para los criterios biológicos tativa y estratégica. Y aquí se incluyen las «ganancias secun- reduccionistas no solo en el ámbito de la salud mental, sino darias», tácitas o explícitas, que la persona que los exhibe, o también en el de la salud «física». Un aspecto nuclear de esos sus allegados, o la sociedad obtienen con ellos. modelos es la idea de que los síntomas de cualquier trastor- Tercero: la presencia de psicopatologías representa un no o enfermedad están conectados entre sí de forma causal obstáculo importante para el desarrollo individual de la per- a través de una amplia variedad de mecanismos biológicos, sona que las mantiene, o para su grupo social más cerca- psicológicos y sociales. Si esas relaciones causales son lo suficientemente potentes y estables, los síntomas pueden provo- no, es decir, no tienen utilidad estratégica, o esta es escasa (Martin, 1976). car a su vez un alto grado de retroalimentación que los hace Cuarto: las dificultades que tienen las personas con psi- autónomos (Borsboom, 2017; Borsboom y Cramer, 2013). copatologías les impiden lograr sus niveles óptimos de desarrollo social, afectivo, intelectual y/o fisico. Y esas dificulta) Criterio biológico. Mantiene que la «enfermedad mental» se produce por una alteración del sistema nervioso. des no son exclusivamente el resultado de condicionantes socioculturales insuperables para un individuo particular, puesto que en ellas intervienen anomalías y disfunciones en sus actividades, procesos, funciones y/o estructuras, ya sean cognitivas, afectivo/emocionales, sociales, biológicas y/o comportamentales. E. Criterios de psicopatología: conclusiones Quinto: los elementos que definen un comportamiento Después de todo lo expuesto, podría pensarse que ninguno o una actividad mental como psicopatológica no difieren de de los criterios mencionados es útil para explicar y describir los que definen la normalidad más que en términos de gra- las psicopatologías. Nada más lejos de la realidad. Todos y do, extensión y repercusiones, lo que significa que es más cada uno de ellos son necesarios, pero ninguno es suficiente, correcto adoptar criterios dimensionales que categoriales o por sí mismo, para la psicopatología. Uno de los objetivos de discontinuos para caracterizar a las diversas psicopatologías nuestra disciplina consiste, entre otras cosas, en delimitar (Cattell, 1970; Eysenck, 1970; Mahoney, 1980). el peso relativo de cada uno de los criterios aquí comenta- Sexto: la presencia de psicopatologías no conlleva nece- dos a la hora de clasificar, explicar, y/o predecir la aparición sariamente de actividades nos encontramos a menudo con anomalías de la actividad mentales anómalas, o enfermedades mentales. Y, en otro mental, tales como los lapsus linguae, o despertarnos antes plano diferente, no debemos olvidar que la elección en exclu- de que suene el despertador creyendo que ya ha sonado comportamientos y experiencias anormales, siva de un criterio significa optar por una teoría y un modelo concretos en detrimento de otros. (imagen con o ausencia de alucinación experiencias salud auditiva alucinatorias mental. En psicopatología hipnopómpica) relacionadas con o, la incluso, inges- A modo de conclusión, y antes de examinar cómo estos tión (voluntaria o no] de ciertas sustancias, por no hablar de criterios toman cuerpo en los modelos o escuelas actuales hechos tan cotidianos como que, en un examen, olvidemos de la psicopatología, será útil establecer algunos postulados cómo se llamaba ese autor tan importante que desarrolló o principios generales sobre los que podemos basarnos para el concepto de neuroticismo, o no consigamos recordar el caracterizar y catalogar un determinado modo de pensar, actuar o sentir como anormal o psicopatológico: nombre de nuestra mejor amiga de la infancia o de qué color Primero: no hay ningún criterio que, por sí mismo o aisladamente, sea suficiente para definir un estaba pintada la clase del colegio al que fuimos durante años. Sigmund Freud ya habló de esto en su Psicopatología comportamiento, de la vida cotidiana. Así pues, todas estas anomalías son un sentimiento o una actividad mentales como desviada, tremendamente corrientes en la vida y todos alguna vez las anormal y/o psicopatológica. Este principio es aplicable no hemos experimentado en pleno estado de salud. Y también solo al concepto y el objeto de la psicopatología en general, son objeto de estudio para la psicopatología, precisamente sino también para explicar la psicopatología que presenta porque representan anomalías que se producen en el curso una persona concreta en un momento especifico: en suma, de una actividad mental normal y porque en muchos casos, son necesarios más de un criterio para aprehender y explicar como sucede sobre todo con el estudio del olvido, sirven de la psicopatología. ayuda para entender el funcionamiento de otros procesos y Segundo: ningún comportamiento, sentimiento, expe- actividades mentales anómalos, como la amnesia. Existen, riencia o actividad mental son por sí mismos psicopatoló- pues, grados de anomalía o alteración mental, y no todos 49 Manual de psicopatología. Volumen 1 implican ausencia de salud mental, tal y como ya argumen- la salud, i. e., el mental, el físico y el social, están intimamen- tamos en el punto anterior. te imbricados, en mutua interdependencia. Como conse- Séptimo: del mismo modo sucede que salud no impli- cuencia de ello, resulta evidente que la salud mental es uno ca simplemente ausencia de enfermedad. Como señalaba de los pilares fundamentales en los que asienta el bienestar la OMS ya en 1946, salud no es solo ausencia de enfer- de los individuos y las sociedades, a pesar de lo cual suele medad sino también presencia de bienestar. En el ámbito recibir mucha menor atención de la que se presta a la salud de la salud mental, la Federación Mundial para la Salud física en nuestras sociedades. Mental la definió en 1962 como «un estado que permite el desarrollo óptimo físico, intelectual y afectivo del sujeto en la medida en que no perturbe el desarrollo de sus semejantes». En definitiva, tampoco la salud mental es un concepto monolítico, definible simplemente en función de, o sobre la base de un solo criterio. Parámetros tales como autonomía funcional, percepción correcta de la realidad., adaptación eficaz y respuesta competente a las demandas del entorno, relaciones auto-eficacia, interpersonales buen adecuadas, auto-concepto, percepción estrategias de adecuadas para afrontar el estrés y para desarrollarse intelectual, social y emocionalmente, etc., constituyen parámetros en los que debemos fijarnos cuando de lo que se trata es de diagnosticar o calificar el grado de salud mental de una persona III. Los modelos de la psicopatología Hemos visto en los apartados precedentes la diversidad de criterios o «creencias» acerca de lo que se considera anormal o psicopatológico. Si bien los criterios no deben identificarse con los grandes sistemas o modelos sobre la psicopatología, lo cierto es que las diferentes perspectivas teóricas se basan en tales criterios y, en principio, se diferencian entre sí según el mayor o menor énfasis que pongan en cada uno de ellos. No debe extrañarnos, por tanto, que las perspectivas o modelos en psicopatología sean también múltiples. Así, en el cuerpo de literatura sobre esta cuestión se han referido modelos como el biomédico, el psicodinámico, el socio-bio- (Belloch e Ibáñez, 1992). La dimensión positiva de la salud mental es enfatizada también por la OMS en su documento constitutivo y en todos los documentos posteriores (p. ej., OMS, 2013): «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y lógico, el conductual, el cultural, el humanista, el cognitivo, el existencial, el social (de «etiquetación social»), el evolucionista, o el constitucional, entre otros, cuyas principales características se resumen en la Tabla 2.1. social y no solamente la ausencia de afecciones o enferme- Esta proliferación de modelos o perspectivas refleja una dades». El estado de bienestar se define a su vez como la realidad más ficticia que real, ya que algunos de ellos, más capacidad que permite a las personas reconocer sus habili- que constituir un sistema teórico original y propio sobre la dades y capacidades para hacer frente a los estresores nor- concepción de lo normal y lo psicopatológico, se limitan a males de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a destacar algunos aspectos de los fenómenos psicopatológi- sus comunidades. Salud mental hace pues referencia tam- cos. Por ejemplo, los enfoques sociales, humanistas y exis- bién a la posibilidad de acrecentar la competencia de los tenciales, más que aportar paradigmas innovadores sobre individuos y comunidades y permitirles alcanzar sus propios la psicopatología, se limitan a criticar ciertos aspectos de objetivos. Paralelamente se afirma que la salud mental es los modelos más influyentes en un momento dado (básica- materia de interés para todos, y no solo para quienes se mente el biomédico, el conductual y el psicodinámico], o en hallen afectados por un trastorno mental. En efecto, los pro- enfatizar ciertos aspectos que no se contemplan en tales blemas de la salud mental afectan a la sociedad en su tota- modelos (p. ej., conceptos como el sí-mismo, la autorrealiza- lidad, y no solo a un segmento limitado o aislado de la mis- ción, el relativismo cultural, etc.). Además de la propia debili- ma y, por lo tanto, constituyen un desafío importante para dad teórica y técnica (metodológica) asociada a estos enfo- el desarrollo general de la sociedad misma. Los estudios ques, se han argumentado problemas relativos a la eficacia epidemiológicos muestran que no hay grupo o colectividad de las técnicas terapéuticas derivadas de ellos, ya que, o no inmune a padecer trastornos mentales, pero también reve- se ha estudiado, o cuando se ha investigado, ha resultado Ian que hay ciertos grupos humanos en donde el riesgo se ser muy baja (p. ej., Rosenhan y Seligman, 1984). A nues- incrementa de manera notable: personas pobres, sin techo, tro juicio, muchos de estos enfoques teóricos —que dicho desempleadas, con de migrantes, violencia, bajo nivel de refugiados, escolarización, victimas sea de paso, tuvieron su mayor apogeo en momentos de poblaciones indígenas, menor desarrollo científico de la psicopatología y mayor auge mujeres maltratadas o ancianos abandonados son especial- de cambios sociales (i. e., movimiento anti-psiquiátrico)—, mente vulnerables a experimentar todo tipo de psicopato- tienen el valor de haber denunciado aspectos críticos de los logías (y enfermedades médicas). Por último, se recalca que modelos dominantes (en especial, el modelo biomédico) y de los tres dominios o ámbitos básicos en los que se manifiesta haber enfatizado cuestiones de indudable relevancia para la ♦ 50 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología psicopatología, como los factores psicosociales, el estigma tar diversos trastornos mentales: ansiolíticos, antidepresivos, asociado a las enfermedades mentales, las características antipsicóticos, hipnóticos y estabilizadores del ánimo, entre individuales, o las de los grupos de referencia para una persona particular. de la enfermedad mental (Comer, 1992), aunque el cambio Partiendo por tanto de este punto de vista, no vamos a no siempre se ha producido, como veremos después, en una detenernos en la descripción de toda esta variedad de modelos sobre la psicopatología. Nos centraremos únicamente en tres grandes orientaciones teóricas que cubren adecuada- otros, que cambiaron la imagen que se tenía del tratamiento dirección positiva. a. Bases biológicas de la psicopatología mente el panorama de la psicopatología científica actual, es Los decir, las perspectivas biomédica, conductual y cognitiva. No como enfermedades producidas por el funcionamiento pato- defensores del modelo entienden las psicopatologías obstante, al tratar sobre los procesos y trastornos psicopato- lógico de alguna parte o función del organismo. Se presu- lógicos en los diferentes capítulos de este manual, se hace pone que la alteración del cerebro (estructural o funcional) referencia explícita a cualquiera de los modelos disponibles cuando su aportación al conocimiento psicopatológico es, o es la causa primaria de las psicopatologías (Rosen, 1991; Rosenzweig y Leiman, 1989) o enfermedades mentales. Así ha sido, suficientemente relevante. como desde este modelo se postula que los trastornos cardiovasculares están causados por alteraciones celulares en ) Conductual. Se utiliza en este capítulo para designar esos órganos, también las enfermedades mentales estarían relacionadas con alteraciones del cerebro y/o del sistema que el objeto de estudio se centra en la conducta, no en nervioso. Las alteraciones pueden ser anatómicas (p. ej., el la mente o el cerebro. Aunque con este término se asu- tamaño o la forma de ciertas regiones cerebrales] o bioquí- me que el aprendizaje es el principal componente de la micas (i. e., los elementos bioquímicos que contribuyen al conducta, incluye también otros principios derivados del funcionamiento neuronal pueden tener alterada su función, estudio científico del comportamiento (p. ej., asociados a por exceso o por defecto]. Dichas alteraciones pueden ser componentes psicobiológicos o cognitivos) y no se reduce, adquiridas o «innatas», vinculadas con variables genéticas, como el conductismo radical (o en general conductismo) a trastornos lo directamente observable. tornos cardiovasculares, traumas físicos, estrés, y un largo metabólicos, infecciones, alergias, tumores, tras- etcétera (Haroutunian, 1991; Murphy y Deutsch, 1991). Según Buss (1962), pueden distinguirse hasta tres tipos diferentes de enfermedad atendiendo a sus mecanismos cau- A. El modelo biomédico sales primarios: las infecciosas, las sistémicas y las traumábiológica, ticas. La gripe, la pulmonía y la hepatitis, son ejemplos del fisiológica o neurofisiológica, asume como principio fundamental que el trastorno mental es una enfermedad de igual primer tipo en el que un microorganismo (virus) ataca a un órgano o a un sistema orgánico. La diabetes, causada por un naturaleza que cualquier enfermedad física. En consecuen- mal funcionamiento de las células pancreáticas encargadas cia, las psicopatologías se producen porque existen anorma- de secretar insulina, es un ejemplo de enfermedad sistémi- La perspectiva biomédica, denominada también lidades biológicas subyacentes (genéticas, bioquímicas, neu- ca. La fractura de un brazo, o la condición producida por la rológicas, etc.). Por tanto, según este modelo el tratamiento ingestión de una sustancia tóxica, son ejemplos de trastor- deberá centrarse en corregir tales anormalidades orgánicas. nos traumáticos. Los origenes del modelo médico hunden sus raíces en la propia historia de la humanidad, fiel reflejo de la lucha del por aplicar el modelo sistémico de enfermedad a la psico- A partir de los años cincuenta, se intensificó el interés hombre por su supervivencia a través de los obstáculos más patología. La concepción sistémica se vio reforzada por el variados, entre los cuales las enfermedades ocupan un lugar descubrimiento predominante. Y, como se vio en el capítulo anterior, el inicio lina, serotonina, etc.) y de una amplia gama de fármacos psi- mismo de la psicopatología y sus primeros desarrollos estuvieron intimamente vinculados con los desarrollos propios concibieron como el resultado de problemas neuro-bio-quími- de la medicina y los saberes científicos con ella asociados (biología, bioquímica, genética, etc.). La enorme influencia e «teorías del desequilibrio bioquímico». Estas teorías se erigie- impacto que ha seguido teniendo el modelo médico en la psi- ron como el enfoque más prometedor del modelo biomédico copatología hasta bien entrado el siglo xx, y particularmente de enfermedad mental, considerándose desde entonces que a partir de los años cincuenta, guarda una estrecha relación algunas formas de psicopatología podían deberse a desequi- con el desarrollo de diferentes clases de psicofármacos que librios en la bioquímica del sistema nervioso. Actualmente, mostraron una eficacia hasta entonces desconocida para tra­ existe abundante evidencia empírica de que un buen núme- de sustancias neurotransmisoras (noradrena- coactivos, como mencionamos antes. Las psicopatologías se cos y se explicaban, por tanto, a través de las denominadas 51 )) Tabla 2.1. Características de los principales modelos teóricos de psicopatología* MODELOS Causas (etiología) Diagnóstico Inicio El hombre es un organismo biopsicológico en el que las funciones son un todo. Continuidad: alteraciones emocionales leves son continuos neurosis-psicosis. Aparatos y mecanismos psicológicos: yo, ello, superyó, etc. Psicoanálisis. El hombre está motivado por fuerzas irracionales en conflictos con otros y con las normas sociales. Continuidad de salud y enfermedad mental, aunque puede haber discontinuidad entre las etapas de desarrollo o evolución. Construcciones ontogénicas tales como diferenciación, integración... Educación reparadora. El hombre es un organismo en desarrollo, pasando de un nivel elemental a uno complejo. Experiencias tempranas causan conflictos inconscientes. Diagnóstico del nivel de evolución ontogenética. La evolución se para en una determinada etapa o hay una regresión hacia una anterior primitiva. Psicodinámico Conflictos psicológicos inconscientes. Evolucionista Detención del proceso de maduración o regresión a una etapa temprana más primitiva. ____________________ Custodial y sintomático. Diagnóstico de fuerzas psicodinámicas inconscientes (biográficas). Diagnóstico de somatotipo y temperamento. (ontogénico) Temperamento y biotipos Continuidad de la salud y enfermedad mental (aunque se pueden establecer puntos de corte). Somáticoorganísmico (la totalidad de la constitución biológica). (discrasia) Extrínseco a la evolución de la personalidad. Concepto del hombre El hombre es una compleja máquina fisicoquímica en la que algunos componentes pueden tornarse defectuosos («estropearse»). Innato: intrínseco a la evolución de la personalidad. En cualquier momento de la vida. Tratamiento Somático: principalmente drogas, pero también TC y neurocirugía. Enfermedad (morbus). Importancia de la clasificación en categorías nosológicas (enfermedades). Constitucional Constructos teóricos Discontinuidad de enfermedad y salud mental. Somáticas (localizadas o sistémicas); los síntomas mentales son epifenómenos. Enfermedad Continuidaddiscontinuidad Proceso de enfermedad. ______________ _ (Continúa) Manual de psicopatología. Volumen 1 DIMENSIONES )) Tabla 2.1. /Continuación/ "----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------" DIMENSIONES MODELOS Causas (etiología) Conductista Cognitivo Diagnóstico Inicio Condicionamiento. Aprendizaje de hábitos inadecuados. Diagnóstico preciso de los hábitos inadecuados. Análisis funcional de la conducta. En cualquier momento de la vida. Esquemas de conocimiento disfuncionales. Anomalías en estructuras y procesos mentales (y sus funciones). Modelos diátesis/ estrés. Estrategias de afrontamiento ineficaces. Causas distales y próximas. En cualquier momento del desarrollo. Constructos teóricos Continuidad de salud y enfermedad mental. No hay diferencia intrínseca entre hábitos correctos e incorrectos. Condicionamiento clásico. Continuidad. Sesgos, esquemas, creencias, expectativas, estrategias de control, procesamiento (consciente y no consciente). Las estructuras y procesos mentales anómalos fluctúan en dimensiones de normalidadpatología. Condicionamiento operante. Tratamiento Concepto del hombre Terapia de conducta. El hombre es una unidad de hábitos y reflejos Terapias cognitivas (incluyendo psico-educación). La mente humana es un sistema físico que procesa información. Individual o grupal. Modelado. Análisis funcional. Macro-social Desintegración o conflicto sociales. Diagnóstico de En cualquier los procesos momento, pero de interacción en se da mucha grupos pequeños importancia a los en los que participan procesos tempranos los individuos. de socialización. Continuidad de salud y enfermedad mental. Enfermedad mental continua con desviación social. Construcciones tales como estructura social, rol, institución, alienación. Ingeniería social. El hombre es un eslabón de lo social y refleja relaciones sociales, estructuras, valores e instituciones. Micro-social Relaciones ¡nterpersonales y comunicaciones alteradas en los grupos pequeños. Diagnóstico de los procesos de interacción en grupos pequeños en los que participan los individuos. Continuidad de salud y enfermedad mental. Los pequeños grupos anómalos son continuos con los normales. Construcciones tales como roles, diadas y canales de comunicación. Psicoterapia de grupo. El hombre es un eslabón en procesos dinámicos de grupo, tales como las relaciones familiares. _ ________________ "Modificado de Weckowicz (1984]. En cualquier momento, pero las relaciones familiares tempranas son importantes. _________________ _ Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología Interacciones defectuosas entre procesos, funciones, y comportamientos. Lo que hace el sujeto es lo importante, y no su historia. Continuidaddiscontinuidad Manual de psicopatología. Volumen 1 ro de sustancias bioquímicas intervienen en muchos tras- que presenten el mismo trastorno u otro que se considere tornos mentales y del comportamiento, si bien no son los similar por sus características sintomatológicas. únicos factores causantes de ellos (ni, en muchos casos, los más importantes). Una extensión reciente del enfoque genetista a la comprensión de las psicopatologías proviene de los descubri- Ejemplos relevantes de las teorías del desequilibrio bioquí- mientos derivados de la demostración de la estructura en mico, en especial de ciertos neurotransmisores, son la activi- doble hélice del ADN: el código y secuenciación genética del dad insuficiente del ácido gamma aminobutírico (GABA) en ADN que culmina en el Proyecto sobre el Genoma Huma- el caso de los trastornos de ansiedad (Braestrup et al., 1982; no Costa, 1983), el exceso de actividad dopaminérgica en la 2001). En palabras de Plomin y McGuffin (2003), los avan- (International Human Genome Sequencing Consortium, esquizofrenia (Angrist et al., 1974; Sandín, 1984; Snyder, 1981), ces en este proyecto van a permitir identificar con éxito las los déficit en la actividad de las catecolaminas y serotonina influencias en la depresión (Sandin, 1986; Siever et al., 1991; Schildkraut, ticas) tienen sobre el desarrollo de ciertas psicopatologías. que determinados genes (y secuencias gené- 1965), o los desequilibrios del sistema serotoninérgico en No obstante, los mismos autores reconocen que el progreso el trastorno obsesivo-compulsivo (Zohar et al., 2004). Junto en esta dirección está siendo menor y más lento de lo que a estos enfoques, la investigación biomédica ha avanzado cabía esperar, en gran medida porque, en contra de lo que también en la comprensión de las alteraciones estructura- inicialmente pensaron ingenuamente los entusiastas de este les que subyacen a enfermedades como la corea de Hun- campo, hay muchos genes involucrados en cada uno de los tington, profundas posibles fenotipos o manifestaciones psicopatológicas, lo que crisis emocionales, delirios, ideas de suicidio y movimientos motores involuntarios, cuyo factor responsable es la pérdida implica que los efectos aislados de los genes sobre la apa- un trastorno degenerativo marcado por rición de una psicopatología son escasos y, además, no se de neuronas en los ganglios basales. Las causas biológicas, conocen todavía las mutuas influencias entre el ambiente como factor causal necesario, son asimismo evidentes en las demencias, las denominadas «amnesias puras», las afasias, o y la estructura genética a la hora de explicar la aparición (o las enfermedades mentales adquiridas como no) de una psicopatología. Por esta razón Plomin y McGuffin consecuencia argumentan que el futuro de este ámbito de investigación de la ingestión de tóxicos, traumatismos craneoencefálicos, para la psicopatología reside en averiguar cómo trabajan los y un amplio etcétera. genes y cómo se produce su interacción con el medio, es Así, en términos generales, los trastornos y enfermedades mentales cuyas causas físicas son evidentes se denominan «trastornos mentales orgánicos», para diferenciarlos de los «trastornos mentales funcionales» en los que, o bien no hay evidencias funcionales de alteraciones (incluyendo orgánicas desequilibrios estructurales bioquímicos), o ni decir, la «genómica funcional». Su propuesta pasa, por tanto, por analizar las trayectorias y conexiones entre los genes y el comportamiento tanto al nivel de análisis psicológico «de arriba a abajo» (genómica conductual) como al nivel molecular biológico celular que va de lo general a lo particular. bien En suma, los seguidores del modelo biomédico estricto los datos no son lo bastante relevantes como para permitir buscan ciertos tipos de indicios cuando evalúan las causas una explicación estrictamente (exclusivamente) biológica del de trastorno o enfermedad. familiares de ella y, por tanto, una probable predisposición Otro de los enfoques en los que se sustenta el modelo biomédico actual refiere a la genética, a partir de los estudios que constatan un aumento significativo de la frecuencia con que ocurren ciertos trastornos mentales entre parientes biológicos de primera generación. Desde este enfoque se plantea que si un determinado trastorno (o algunos de sus síntomas nucleares) ocurre con una relativa mayor frecuencia en una familia en comparación con su ocurrencia en la población general, quizás sea porque alguno/s de los miembros de esa familia ha heredado una «predisposición genética» a padecerlo. Se habla así de las bases genéticas de la esquizofrenia, de la depresión, de la manía o de la enfermedad de Alzheimer, intentando averiguar si se debe a un gen dominante o recesi- una psicopatología específica. ¿Existen antecedentes genética? ¿El trastorno está causado por alguna enfermedad anterior o accidente, o sigue su propio curso con independencia de los cambios situacionales? ¿Se ha exacerbado por eventos, que pueden interpretarse como productores de efectos fisiológicos? Cuando se presupone una vulnerabilidad orgánica, asociada al efecto de agentes externos patógenos, se ha explicado en términos de una interacción denominada «predisposición-estrés» (también entendida como modelos de «diátesis-estrés»). Siguiendo pues el planteamiento del modelo biomédico, una vez que se han precisado las áreas concretas afectadas de una probable disfunción orgánica, el clínico estará en una mejor posición para prescribir el tratamiento biológico a seguir. vo. También desde este modelo se ha enfatizado la importancia de la investigación epidemiológica sobre los denominados b. Postulados del modelo biomédico «grupos de riesgo», observando casos de parientes biológicos Asumiendo que el modelo médico de las psicopatologías de un paciente diagnosticado de una psicopatología específica se ha desarrollado básicamente en el campo de la medici­ 54 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología na (psiquiatría), este se fundamenta en una serie de con- como los de personalidad (ver el capítulo correspondiente ceptos centrales que contribuyen a configurar los compo- a estos trastornos en este manual), que no se ajustan a nentes básicos de su estructura. Estos conceptos son los planteamientos categoriales dicotómicos (i. e., presencia vs. ausencia de un trastorno]. siguientes: 1. Signo. Indicador objetivo de un proceso orgánico anómalo (p. ej., la fiebre puede ser un signo de un proceso inflamatorio]. 2. c. Evaluación del modelo biomédico El modelo biomédico goza de un considerable prestigio en amplios sectores de la psicología clínica y la psicopatología, Síntoma. Indicador subjetivo de un proceso orgánico y/o y las investigaciones sobre las bases biológicas de las psico- funcional (p. ej., sensación de tener fiebre). De hecho, el patologías son cada vez más numerosas. Los nuevos fárma- síntoma aislado, considerado en sí mismo, no resulta anor- cos son, además de elementos terapéuticos por sí mismos, mal o morboso. Se considera que el síntoma es la unidad instrumentos relevantes de investigación sobre las posibles causas biológicas de las psicopatologías. mínima descriptible en psicopatología. Por otra parte, se diferencia entre síntomas primarios (rectores, nucleares o patognomónicos), es decir, que orientan hacia un diagnóstico determinado, y síntomas secundarios cuan- do no cumplen los criterios etiológicos o descriptivos de la entidad nosológica en la que se han identificado. 3. causas o concomitantes biológicos dignos de evaluación y Síndrome. Conjunto de signos y síntomas que apare- nicas biomédicas, la investigación sobre los aspectos neuro- cen en forma de cuadro clínico. O, dicho en otros térmi- fisiológicos de las psicopatologías a menudo progresa con nos, un agrupamiento o patrón recurrente de signos y rapidez, produciendo nueva y valiosa información en períodos de tiempo relativamente cortos. Tercero, los tratamien- Enfermedad mental [enMad nosológica). Estructura tos biológicos (en especial, los psicofarmacológicos] han totalizante en la que adquieren sentido los fenómenos proporcionado aportaciones significativas para la terapia de particulares y, por tanto, dota de recursos explicativos al las enfermedades mentales, ya sea cuando otras estrategias médico para comprender desde los factores etiológicos de intervención se han mostrado ineficaces, ya como trata- del trastorno hasta la validez del pronóstico, aumentan- mientos complementarios a las estrategias de intervención do, por supuesto, la eficacia del tratamiento. Sin embar- psicológicas. go, de por sí, este constructo no agota en ningún caso el nivel explicativo de los trastornos mentales. 5. psicológicos, aunque complejos y específicos, pueden tener estudio. Segundo, gracias al desarrollo de sofisticadas téc- síntomas. 4. Se ha sugerido que el modelo biomédico tiene bastantes virtudes. Primero, sirve para recordarnos que los problemas El modelo biológico, no obstante, adolece de problemas y limitaciones. En su ambición explicativa más extrema pare- Discontinuidad entre lo normal y lo anormal. El trastor- ce hipotetizar que toda la conducta humana puede explicar- no mental, al ser considerado como una enfermedad se en términos biológicos y, por tanto, que todo problema («enfermedad mental»), se clasifica y diagnostica sobre psicológico puede ser tratado mediante técnicas biológicas. la base de criterios categoriales (en contraste con las Este reduccionismo puede limitar más que potenciar nuestro orientaciones mental conocimiento de las psicopatologías. Aunque es cierto que constituye una entidad clínica (nosológica) discreta, con los procesos biológicos afectan a nuestros pensamientos y características emociones, también lo es que ellos mismos están influen- dimensionales]. clínicas Cada enfermedad (sintomatología], etiología, curso, pronóstico y tratamiento específicos. Según el modelo ciados biomédico, por tanto, cada categoría clínica se diferencia y ambientales. Cuando percibimos un evento negativo que cualitativamente por variables psicológicas (intrapsíquicas), sociales, de las demás enfermedades mentales, está fuera de nuestro control, la actividad de la noradrenali- así como también de lo «no clínico». Contrasta con la na o la serotonina de nuestro cerebro desciende, propiciando concepción dimensional de la psicopatología, punto de la aparición de un trastorno depresivo. Nuestra vida men- vista más enraizado en la tradición psicológica, donde la tal es una interacción de factores biológicos y no biológicos diferencia entre lo normal y lo patológico es, sobre todo, (psicológicos, sociales, culturales, ambientales, etc.), por lo una cuestión de grado (no discontinuidad). Son reflejo que es más importante poder explicar esa interacción que de esta orientación médica los sistemas de clasificación centrarse exclusivamente en un tipo de variables (en este caso, las biológicas]. Una consecuencia obvia de los hallaz- categorial establecidos en los sistemas de diagnóstico de la American Psychiatric Association (APA) y de la Orga- gos y datos que viene proporcionando el modelo biomédico nización Mundial de la Salud (OMS) (véase el Capítulo es la comprensión más integrada y holista de los trastornos 3). No obstante, en estos mismos sistemas se plantea la mentales bajo el paradigma del modelo biopsicosocial, para posibilidad de adoptar una perspectiva dimensional, en conducir al científico hacia una aproximación a la forma de especial con respecto a ciertos grupos de trastornos. interpretar los actos del comportamiento humano en fun- 55 Manual de psicopatología. Volumen 1 el proceso de recuperación de cualquier persona sobre ) Enfermedad mental. Trasvase del concepto de enferme- la que recaiga un diagnóstico de enfermedad (mental o dad física a los fenómenos mentales. no], con los consiguientes riesgos que ello conlleva tanto ) Signo. Indicador objetivo de un proceso orgánico (como, a nivel individual como social y colectivo. por ejemplo, la fiebre). 2. ) Síndrome. Conjunto de signos y síntomas que aparecen El trastorno mental es una enfermedad y como tal tiene una etiología (causa) de tipo orgánico (defecto genético, alteración metabólica, desregulación endocrina, etc.). Sin en forma de cuadro clínico. 0 dicho en otros términos, es un agrupamiento o patrón recurrente de signos y síntomas. embargo, existe amplia evidencia de que muchos tras- ) Síntoma. Indicador subjetivo de un proceso orgánico y/o tornos psicológicos no obedecen a causas orgánicas, así funcional (vivencia de la fiebre). De hecho, el síntoma, aisla- como que en la inmensa mayoría de los procesos psico- do, considerado en sí mismo, no resulta anormal o morboso. patológicos se produce un intercambio constante de cau- Se considera que el síntoma es la unidad mínima descripti- sas biológicas, psicológicas y sociales, tanto en su génesis ble en Psicopatología. Por otra parte, se pueden clasificar como en su mantenimiento. los síntomas como primarios (rectores, nucleares o patog- 3. Como indicamos atrás, el diagnóstico se establece sobre la nomónicos) es decir, que nos orientan hacia un diagnóstico base de la existencia de una serie de síntomas («criterios determinado, y síntomas secundarios cuando no cumplen los de diagnóstico»]. Sin embargo, resulta cuanto menos pro- criterios etiológicos o descriptivos de la entidad nosológica blemático reducir el diagnóstico a un mero etiquetado, ya en la que se han identificado. que en muchas ocasiones este procedimiento ha resultado ser contraproducente además de inadecuado desde una perspectiva científica. Si bien el diagnóstico se ha basado Un segundo problema con el que se encuentra el mode- con frecuencia, siguiendo este modelo, en criterios etio- lo biomédico es la validez explicativa de sus teorías que a lógicos, actualmente se tiende a evitar la implicación de menudo son incompletas y poco concluyentes. Muchos estu- asunciones teóricas empleándose con preferencia criterios dios bioquímicos y neurológicos, por ejemplo, se realizan con puramente descriptivos (sintomáticos), tal y como ha ocu- animales que aparentemente presentan síntomas de depre- rrido en los sistemas de diagnóstico categorial psiquiátrico sión, ansiedad, o algún otro comportamiento anormal indu- más influyentes de los últimos cuarenta años (i. e., los DSM cido mediante de la APA). Los investigadores drogas, cirugía tienen a o manipulación menudo muchas conductual. dificultades para generalizar la validez de sus conclusiones al comporta- Además de estos problemas, Deacon (2013) ha señalado miento humano y sus alteraciones. Igualmente, los estudios otros que merece la pena comentar. En primer lugar, alude genealógicos y genéticos, citados a menudo para apoyar los al fracaso del modelo en ofrecer causas biológicas inequí- argumentos biológicos, están abiertos a sucesivas interpre- vocas y, sobre todo, únicas de las enfermedades mentales, taciones y reinterpretaciones en función de los avances en a pesar de los indudables avances de las neurociencias, de las neurociencias. la genómica y de las nuevas tecnologías (p. ej., técnicas de Por otra parte, la aceptación rígida de los postulados anteriormente descritos acarrea diversos problemas que neuroimagen, génetica molecular, entre otras]. Como prueba de ello, remite a la falta de pruebas biológicas (marcadores) como criterios diagnósticos en el DSM-5 y, citando a Insel reflejamos a continuación: (2010, 2011), hace referencia a la ausencia de innovaciones 1. mental») importantes en la farmacoterapia de los trastornos menta- como algo pasivo. Si aceptamos el concepto de enferme- Tiende a considerar al individuo («enfermo les como consecuencia de la ausencia de biomarcadores, la dad, hemos de considerar al sujeto enfermo con todas escasa validez de las categorías diagnósticas y el (todavía] las muy limitado conocimiento sobre las causas biológicas de implicaciones, positivas y negativas, que conlleva. Haciéndonos eco de las palabras de Kraepelin (1913), el sujeto enfermo, se acepta y es aceptado como tal, lo que conlleva asumir un papel pasivo al no ser el agente responsable del inicio y posterior curación del trastorno o enfermedad: es decir, el enfermo es un mero intermediario entre el médico y la enfermedad. Por contra, el papel del médico es activo ya que cuenta con la capacidad y medios adecuados para solucionar el problema. Este planteamiento tiene efectos claramente nocivos, pues limita y reduce la capacidad de decidir y asumir un rol activo en 56 las enfermedades mentales. En segundo término, Deacon hace referencia a la popularidad de ciertas teorías estrictamente biologistas supuestamente explicativas de trastornos mentales, con las consiguientes implicaciones terapéuticas: buscar (y utilizar) fármacos u otros procedimientos «físicos» (cirugía, implantación de electrodos, etc.) para el tratamiento. El ejemplo más notorio remite a la popularidad de la teoría del desequilibrio bioquímico que antes mencionamos para explicar la depresión, uno de los trastornos mentales más prevalentes, con la Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología consiguiente implicación de tratar tal desequilibrio con fárma- distintos se describen (y se entienden) mejor como diferentes cos dirigidos a restaurarlo. Sin embargo, esa teoría no está aspectos de un único trastorno (p. ej., Maj, 2005; Mineka et sustentada en datos lo suficientemente importantes y definitorios; y, lo que es más importante, los psicofármacos desa- un mismo diagnóstico como la homogeneidad entre diagnós- rrollados a su amparo no han demostrado su eficacia con la ticos diferentes impiden la validez de constructo (o validez suficiente solidez como para avalarla. Un tercer problema es de la teoría), debido a la ausencia de validez discriminante el relativo a la incapacidad del modelo para reducir el estig- (o capacidad para diferenciar constructos diferentes] y de ma asociado a las enfermedades mentales. Pescosolido et al. validez convergente (o capacidad para relacionar constructos (2010) concluyeron que promocionar una visión biológica de semejantes) (Galdón, 2018). las enfermedades mentales para reducir el estigma asociado a ellas no solo es ineficaz, sino que, además, supone aumen- la comorbilidad entre los trastornos mentales no se debe a tar su importancia entre la población general. El estigma co-ocurrencias tiene muchas facetas y el intento por reducirlo apelando a ticos de comorbilidad. Por ejemplo, un análisis de casi una anormalidades biogenéticas puede, de hecho, aumentar los docena deseos de distanciarse socialmente de los enfermos, a la vez muestral combinado de casi 100.000 individuos de edades al., 1998). Por otro lado, tanto la heterogeneidad dentro de Las investigaciones también revelan que gran parte de de aleatorias, conjuntos sino de que datos hay patrones distintos con sistemá- un tamaño que reforzar las dudas y preocupaciones sobre la naturaleza comprendidas entre seis y 65 años muestra que los diagnós- crónica e «intratable» de las enfermedades mentales (Lam ticos del DSM y la CIE pueden organizarse jerárquicamente y Salkovskis, 2006] y/o sobre la peligrosidad y lo impredeci- (Kotov et al., 2017). Esta estructura tiene en su vértice un ble del comportamiento de los enfermos (Read et al., 2006). factor general de psicopatología, seguido al menos de tres La falta de innovación en farmacoterapia (asociada con una amplias escasa rentabilidad coste-beneficio] y los pobres resultados que se corresponden con tres de las cuatro dimensiones asociados con la medicación (en especial los antipsicóticos de atípicos, los estabilizadores del ánimo y los inhibidores selec- interiorizados, en los que la experiencia subjetiva de distrés dimensiones síntomas de trastornos identificadas por en Markon el siguiente (2010): nivel, trastornos tivos de la recaptación de serotonina o ISRS), son otras de las o malestar emocional es un componente principal (p. ej., razones que argumenta Deacon para criticar la prevalencia trastornos del modelo biomédico en psicopatología. Junto a todo ello, exteriorizados, en los que las manifestaciones primarias son o típicamente como consecuencia, menciona la tasa imparablemen­ depresivos, ansiedad comportamientos generalizada]; observables (p. trastornos ej., depen- te ascendente de personas con trastornos mentales y la dencia del alcohol y drogas, trastornos de la conducta), y tendencia a la cronificación de los problemas debido a la trastornos del pensamiento o cognitivos (p. ej., trastornos prevalencia psiquiátricos del espectro de la esquizofrenia, trastornos del estado de basados en un enfoque exclusivamente biologista (i. e., far- ánimo con síntomas psicóticos). A su vez, cada dimensión macoterapia). de nivel superior se divide en dimensiones más concretas e ineficacia de los tratamientos A estas insuficiencias añadiremos una más: según el que se basan en subconjuntos de trastornos que ocurren modelo médico, la presencia de dos o más enfermedades con mayor frecuencia, lo que conduce a niveles más bajos —i. e., trastornos coexistentes o comórbidos— en una per- de la jerarquía. La investigación genética también ha mos- sona no resulta conceptualmente problemática. En muchos casos se considera que tales co-ocurrencias son aleatorias (p. trado que la comorbilidad entre determinados trastornos, como la depresión mayor y el trastorno de ansiedad gene- ej., una persona con una hernia discal también puede tener ralizada, puede explicarse por los genes compartidos y que apendicitis). En otros casos, las enfermedades comórbidas las diferencias entre estos trastornos pueden deberse a las pueden estar vinculadas sin dejar de ser entidades diagnósti- experiencias de vida de los individuos, así como a diversos cas claramente distintas: en estos casos se asume que estos factores socioculturales. La evidencia de estas dimensiones fenómenos son «complicaciones de» o «secundarios a» el tras- jerárquicas torno primario (p. ej., la enfermedad renal, como una com- comprensión, clasificación, tratamiento e incluso prevención puede tener importantes implicaciones para la plicación común de la diabetes], pero cada una representa de los trastornos mentales. Por lo tanto, puede ser más fruc- una condición de salud distinta que requiere un tratamiento tífero buscar causas comunes de los principales grupos de distinto. Sin embargo, estos planteamientos no son fácilmen- trastornos mentales que utilizar los principios de Robins y te trasladables al ámbito de las psicopatologías. En primer Guze (1970) para establecer la validez de distintos síndromes lugar, porque la comorbilidad en los trastornos mentales es clínicos. Este planteamiento constituye la base de los enfo- la regla y no la excepción; segundo, porque las presentacio- ques transdiagnósticos que se comentan en los diferentes nes de trastornos «puros» y sin complicaciones «secundarias» capítulos de este texto, que constituyen, junto con los mode- son relativamente raras; de hecho, diversas investigaciones los de redes, una alternativa útil y prometedora al modelo han biomédico tradicional aplicado a las psicopatologías. demostrado que algunos trastornos presumiblemente 57 Manual de psicopatología. Volumen 1 Por último, autores relevantes en el ámbito de la psiquia- zó a sufrir críticas internas, sobre todo procedentes de tría actual (p. ej., Stein et al., 2010), muestran descontento autores insatisfechos con la extrema rigidez del esquema con el concepto mismo de enfermedad mental, tal y como estímulo-respuesta se plantea en los sistemas de diagnóstico psiquiátrico y, lución histórica de la perspectiva conductual ha dado lugar propuesto inicialmente. La propia evo- especialmente, en el DSM. Proponen un cambio conceptual y a diferentes orientaciones o submodelos que se asumen y una redefinición del término, de manera que se ajuste mejor aplican alternativamente en la actualidad, tanto desde la a la realidad clínica y permita el avance del conocimiento en concepción este ámbito. Su propuesta se reproduce en la Tabla 2.2. campo aplicado de la modificación de conducta. de la propia conducta anormal como en el B. El modelo conductual ) Condicionamiento clásico. Proceso de aprendizaje Como se vio en el capítulo anterior, a principios de la déca- mediante el cual un organismo establece una asociación da de los sesenta el modelo conductual se perfila en Esta- entre un estímulo condicionado (EC) y un estímulo incon- dos Unidos y en Europa como el nuevo paradigma de la dicionado (EI), siendo el EC capaz de elicitar una respues- psicopatología, alternativo a las insuficiencias de los mode- ta condicionada (RC). Experimentalmente se obtiene esta los médico y psicodinámico y, en principio, más explicativo y útil. El auge experimentado por la psicología del aprendi- forma de condicionamiento exponiendo el organismo a un EC y un EI en repetidas ocasiones. También se denomina zaje y su adhesión a las normas científicas imperantes condicionamiento pavloviano. jugaron un papel decisivo en el cambio de paradigma. Los dos factores primarios que determinaron el surgimiento del modelo conductual en psicopatología fueron la madu- La insatisfacción que se experimentó a finales de los cin- rez alcanzada por la psicología del aprendizaje (aplicación cuenta y principios de los sesenta en la psicología europea y norteamericana con respecto al modelo médico (incluyendo de principios del condicionamiento clásico y operante al control de la conducta anormal) y la insatisfacción con el el modelo psicodinámico) se debía tanto a factores teóricos estatus científico y modus operandi de los modelos médi- (epistemológicos y metodológicos) como prácticos (rol del psicólogo clínico, diagnóstico y tratamiento). Frente a estos co y psicodinámico respecto a la conducta anormal, término que se postula desde este enfoque para identificar las enfoques, psicopatologías y/o las enfermedades y trastornos mentales. El modelo conductual, si bien se perfiló como una alter- modo casi simultáneo en tres lugares: Sudáfrica, Inglaterra y nativa teórica fascinante en psicopatología, pronto comen­ se desarrolla la perspectiva conductual de Estados Unidos. No obstante, pronto se ponen de manifiesto importantes diferencias entre el más puro enfoque nortea­ )) Tabla 2.2. Propuestas para re-definir el trastorno mental o psiquiátrico (Stein et al., 2010] CRITERIOS A. Síndrome 0 patrón, conductual 0 psicológico, que se produce en un individuo particular. B. Las consecuencias del síndrome son malestar clínicamente significativo (p. ej., dolor) o discapacidad (p. ej., deterioro en una o más áreas importantes de funcionamiento). C. No debe constituir una respuesta esperable a estresores y pérdidas normales (p. ej. la pérdida de un ser querido), o una respuesta culturalmente aceptada ante un hecho concreto (p. ej. estados de trance en rituales religiosos). D. El síndrome es el resultado de una disfunción psico-biológica subyacente. E. No es el resultado de una desviación social o de conflictos con la sociedad. Otras consideraciones F. El síndrome tiene validez diagnóstica, sobre la base de diferentes factores de validación (p. ej. significado pronóstico, alteración psicobiológica, respuesta al tratamiento). G. Tiene utilidad clínica (contribuye a conceptuar mejor el diagnóstico, la evaluación y el tratamiento). H. Ninguna definición especifica a la perfección los límites precisos para el concepto de «trastorno médico» o «trastorno mental/psiquiátrico». I. Los factores de validación del diagnóstico y la utilidad clínica deben ser útiles para distinguir un trastorno del diagnóstico de sus «vecinos más cercanos». J. Cuando se plantee ya sea añadir ya sea eliminar de la nomenclatura una condición mental/psiquiátrico, los beneficios potenciales de hacerlo (p. ej. proporcionar una mejor atención a los pacientes, estimular nueva investigación) deben ser superiores a los potenciales daños o inconvenientes (p. ej. resultar dañino para individuos concretos, ser susceptible de un mal uso). 58 un Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología mericano (análisis experimental de la conducta] y el enfoque de «personas enfermas mentalmente», no cabe estable- europeo intermedias cer categorías para etiquetar la conducta anormal. Como introducidas por Hull o Mowrer, tales como el concepto de alternativa al diagnóstico médico tradicional se propone «impulso»). El modelo europeo se centró más en la conducta el «diagnóstico o análisis funcional de la conducta» (Cho- neurótica, mientras que el enfoque del análisis experimental rot, 1986; Fernández Ballesteros y Staats, 1992). Además, (asume la participación de variables de la conducta abordó también la conducta psicótica. Aparte la perspectiva conductual entiende que la clasificación de las notables diferencias que existen entre estos enfoques, de la conducta anormal debe hacerse según dimensio- se perfilan algunas características propias de la perspectiva nes (p. ej., neuroticismo, psicoticismo, etc.; o bien, afec- conductual que son comunes a ambos. De entre estas carac- to, motivación, emoción, inteligencia, etc.) en las que se teristicas merecen citarse las siguientes: sitúan 1. cionamiento defectuoso de ciertos sistemas psicológicos trarse en especulaciones sobre posibles «complejos» o (dimensiones). anormalidades de la mente no consciente (o del cerebro], 5. malías en el funcionamiento del sistema nervioso], y el Los principios del aprendizaje como base teórica. La con- modelo psicodinámico en la existencia de factores cau- ducta anormal es, como hemos dicho, el criterio adopta- sales psicológicos subyacentes (traumas infantiles incons- do por el modelo conductista como constructo para defi- cientes, etc.), la perspectiva conductual considera que la nir las psicopatologías. Consiste básicamente en hábitos causa de los trastornos comportamentales obedece a fac- desadaptativos que han llegado a condicionarse a ciertos o por (bien por ambos). condicionamiento Tales hábitos Relevancia de los factores ambientales. Así como el modelo biológico insiste en la causación orgánica (ano- causales entre los fenómenos ambientales y la conducta. estímulos anormal, ducidas por «causas» definidas; connota más bien el fun- y la especulación. El modelo conductual, en lugar de cen- de conducta a personas que sufren de enfermedades mentales pro- centrado en gran medida en la introspección, la intuición instrumental, La tación). La anormalidad, dice Eysenck (1983), no connota co (fisiológico y psicodinámico] porque este último se ha tipos individuos. pero no cualitativamente (no es factible, pues, la etique- dad y la experimentación. Contrasta con el modelo médi- 2. diferentes por tanto, se diferencia cuantitativamente de la normal, Objetividad. El modelo conductual se basa en la objetivi- se centra en los fenómenos objetivos, buscando relaciones los tores ambientales que se han ido condicionando a través clásico, de toda la experiencia del individuo (no únicamente por constituyen traumas durante la infancia). Esta orientación ambienta- los síntomas clínicos y la propia conducta anormal (i. e., lista es extrema en el enfoque skinneriano y constituye, no existen causas subyacentes responsables de los sinto- a su vez, una de las fuentes de debilidad del modelo. mas), y son generados de acuerdo con las leyes y principios del aprendizaje. El tratamiento de la conducta anormal, según este modelo, debe basarse en la aplicación de los propios principios del aprendizaje (terapia o modificación de conducta) tanto para extinguir las conductas indeseables como para instaurar (mediante el apren- dizaje) conductas adaptativas, normales y deseables. 3. 6. Teoría científica. La teoría conductual se propuso como una «auténtica» teoría científica. Ofrecía una explicación parsimoniosa sobre las causas y el tratamiento de la conducta anormal, sus variables eran definidas de forma objetiva y operacional, y las hipótesis podían (y debían] ser contrastadas empíricamente, es decir, eran susceptibles de verificación o de rechazo. En consecuencia, Rechazo del concepto de enfermedad. Puesto que el las relaciones e hipótesis teóricas que se establecieran modelo conductual no asume la existencia de causas debían subyacentes a los síntomas, rechaza igualmente el con- experimental, lo que incluye demostrar la superioridad cepto de enfermedad. La teoría conductual entiende que de la eficacia de las estrategias terapéuticas basadas en haber sido suficientemente probadas de forma el concepto médico de enfermedad no es aplicable a los el modelo teórico en comparación con otros tipos de trastornos terapia existentes hasta su aparición (p. ej., farmacotera- del comportamiento. La enuresis funcional, por ejemplo, es entendida por el modelo médico como pia, psicoanálisis, etc.). un sintoma producido por otros problemas psicológicos 4. (enfermedad) que tiene el niño (p. ej., algún complejo a. Críticas al modelo conductual de la psicopatología reprimido]; el modelo conductual entiende, en cambio, Aun cuando parece tratarse de una teoría sobre el compor- que la enuresis es en sí misma el problema, producida por tamiento anormal aparentemente perfecta, lo cierto es que un deficiente condicionamiento del control de esfinteres. pronto se evidenciaron deficiencias, sobre todo en relación Aproximación dimensional. Al rechazar el concepto de con los sectores más radicales. Por ejemplo, la asunción de enfermedad el modelo conductual rechaza igualmente la que únicamente los factores ambientales son responsables conceptuación psicológicos de la psicopatología se oponía a abundantes datos empíricos propia del modelo médico. Partiendo de la inexistencia indicativos de que ciertos trastornos (p. ej., la esquizofrenia) categorial de los trastornos 59 Manual de psicopatología. Volumen 1 presentaban cierto grado de transmisión genética. Esta crí- tiva una «teoría de estrategia central». En ella afirman que tica, no obstante, no afectaba a todos los enfoques conduc- en la neurosis se aprenden una serie de estrategias centrales tuales (recordemos que H. J. Eysenck, por ejemplo, siempre que guian la adaptación del individuo a su medio. Tal formu- otorgó una gran importancia a los factores genéticos). lación, que fue duramente rechazada por algunos autores Un tipo de crítica más determinante es la que se ha cen- (p. ej., Rachman y Eysenck, 1966), fue aceptada parcialmente trado en el papel de las variables intermedias. Una foca- por otros (p. ej., Beach, 1974). A juicio de este último autor, la lización estricta en las consecuencias objetivamente verifi- orientación cognitiva de Breger y McGaugh, sin que supusie- cables de los estímulos externos dejaria fuera del campo de ra un enfoque alternativo dentro de la teoría conductual de estudio de la psicopatología aspectos tan relevantes como el las neurosis, sí poseía interés por enfatizar las deficiencias de pensamiento o la experiencia subjetiva en general. En prin- los modelos más convencionales de la teoría del aprendizaje cipio, parece lógico asumir que los sucesos externos poseen como explicaciones completas de la psicopatología, obligán- efectos diferenciales para los individuos en función de cómo donos a buscar explicaciones que se sustentaran en procesos estos los perciben y evalúan (Lazarus y Folkman, 1984), los más complejos, como el pensamiento. procesan y los recuerdan (ver más adelante la perspectiva Lo cierto es que ya desde sus comienzos se observa que cognitiva). El ser humano no es simplemente un conjunto el modelo conductual no es un fenómeno uniforme. Algo de reflejos condicionados; también es capaz de pensar. Gran semejante, diría Kazdin (1991), ocurre con la modificación parte de lo que observamos, dice Beach (1974), en la conduc- de conducta. Más bien parece tratarse de diversos enfoques ta de los pacientes y mucho de lo que ellos dicen, parece conceptuales y metodológicos que valoran de forma diferen- abogar por un énfasis mayor sobre «cogniciones» que sobre te los conceptos mediacionales y las variables intervinientes. su conducta manifiesta. Por otra parte, si bien los cambios Por lo tanto, la necesidad de incluir variables mediacio- conductuales también nales o parece ser cierto que hay muchos cambios conductuales Aun asumiendo inducidos por cambios en los procesos cognitivos. La con- como el mediacional de autores como Mowrer o Eysenck y ducta humana [tanto la normal como la anormal) resulta ser el análisis experimental de la conducta de Skinner, la princi- demasiado compleja como para poder ser explicada única- pal fuente de desestabilización del modelo conductual como mente sobre la base de estímulos y respuestas. algo monolítico ya fue apuntada por Breger y McGaugh: es la pueden originar cambios cognitivos, Un problema adicional hace referencia a aspectos más encubiertas parece insalvable la existencia de (Pelechano, 1979). planteamientos distantes, necesidad de incluir los procesos cognitivos como elementos prácticos o aplicados: muy a menudo la práctica de la modi- esenciales del modelo. Los propios representantes del sector ficación de conducta no suele aplicar, en sentido estricto, lo mediacional (p. ej., Eysenck, 1979) son reacios a identificar los que la teoría predica; por ejemplo, mientras que los defen- factores cognitivos como componentes centrales del modelo sores de la modificación de conducta tendían a rechazar los conductual del comportamiento anormal. Sin embargo, no factores internos, a la hora de la práctica muchos hacían pocos autores han invocado la necesidad de incluir tal tipo alusión a cusas subyacentes (p. ej., la ansiedad como factor de factores ya que muchos trastornos psicológicos consisten, inductor de síntomas motores). Cuando el modelo conduc- en sí mismos, en problemas cognitivos, tales como las obse- tual apenas llevaba poco más de media década de existen- siones, las interpretaciones inapropiadas de la realidad, los cia, surgió la primera gran crítica dentro de la propia pers- pensamientos ilógicos, o los trastornos de la percepción y la pectiva conductual por medio de la publicación de Breger y imaginación (p. ej., alucinaciones). McGaugh (1965). En el fondo, la crítica de estos autores vino Pese a sus inconvenientes y limitaciones, la irrupción a reflejar las discrepancias teóricas existentes dentro de la del modelo conductual en psicopatología supuso un avance entonces nueva teoría. importantísimo en muchos sentidos: desde la consideración Aparte de otras críticas vertidas sobre la modificación de la evaluación y el diagnóstico como la búsqueda de rela- de conducta, el articulo de Breger y McGaugh enfatizaba la ciones funcionales entre los síntomas (conductas anormales) necesidad de una teoría que explicara la conducta comple- y las experiencias de aprendizaje, que permite comprender ja que implica factores internos («cognitivos», en un sentido qué es lo que realmente le sucede a un individuo particular amplio) no reductibles (misión casi imposible desde una concepción de los trastor- a relaciones de estímulo-respuesta (E-R). Los autores sugerían que la teoría E-R aportaba una nos mentales como categorías diagnósticas aisladas o discre- base irreal para la terapia de conducta, ya que los terapeutas tas]), hasta la planificación de una estrategia de tratamiento debían hacer uso de constructos no claramente definidos por adaptada a los problemas y necesidades de ese individuo y la teoría como la imaginación, el pensamiento, o la memoria, su valoración en términos de eficacia y efectividad. A lo largo entre otros. Llamar respuestas a estos constructos, decían de este libro podrán valorarse con mayor profundidad las los autores, supone forzar la realidad para que concuerde muchas e importantes aportaciones del modelo conductual con una teoría del aprendizaje y propusieron como alterna­ a la comprensión de las psicopatologías. 60 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología ) no ) Estímulo condicionado (EC). Estímulo neutro que, tras su observables directamente. Se refieren a variables de tipo Variables encubiertas. Variables mediacionales, asociación con un estímulo no neutro o incondicionado (pro- cognitivo, tales como la imaginación o los procesos de pen- voca de forma natural una respuesta incondicionada), eli- samiento. Se supone, desde la teoría conductual, que están cita una respuesta particular (respuesta condicionada, RC). sometidas a leyes de aprendizaje semejantes a las que rigen ) Estímulo incondicionado (EI. Estímulo que provoca una para las variables directamente observables. respuesta natural o incondicionada (respuesta incondicionada, RD) sin necesidad de condicionamiento previo. Por ejemplo, un ruido muy fuerte provoca una respuesta de susto. b. Apertura del modelo conductual a la cognición: el enfoque cognitivo-conductual Tal vez nos gustaría contar con un único enfoque conduc- La tendencia actual dominante en la perspectiva conduc- tual que fuese capaz de articular las bases psicopatológi- tual es un reconocimiento creciente de la relevancia de los cas de los diferentes trastornos psicológicos. La realidad, procesos cognitivos, relevancia que ya fue significada previa- no obstante, es algo diferente. Actualmente conviven varias mente por los propios teóricos del aprendizaje (p. ej., Mac- orientaciones conductuales. Tres de ellas ocupan un lugar prominente: dicionamiento pavloviano es largo, y su rango y flexibilidad 1. kintosh, 1983; Rescorla, 1988). El camino recorrido por el con­ es muy superior al que se supuso en principio. El condicio- Enfoque mediacional (clásico o clásico/operante). 2. Enfoque operante o análisis experimental de la conducta. 3. Enfoque cognitivo. namiento puede ocurrir incluso cuando los estímulos están separados en el espacio y en el tiempo; se puede producir Las dos primeras se centran prioritariamente en facetas condicionamiento no solo a estímulos discretos, sino también a relaciones abstractas entre dos o más estímulos. El observables de la conducta, por ejemplo, las relaciones entre condicionamiento es un proceso altamente flexible y funcio- estímulos y respuestas, mientras que la tercera lo hace explí- nal (Rachman, 1991). Progresivamente se ha ido modificando en direcciones que le unen cada vez de forma más estrecha citamente en los procesos cognitivos como por ejemplo, la percepción e interpretación de los eventos externos e inter- con la psicología cognitiva. Más que centrarse en asociacio- nos. A veces, la teoría del aprendizaje social (Bandura, 1977) nes de contigüidad entre estímulos, enfatiza relaciones de ha sido conceptuada como intermedia e integradora de las información (p. ej., aprendizaje de relaciones entre eventos]. posiciones La asunción de que el condicionamiento pavloviano implica la presencia de factores cognitivos no es nueva en mediacional/operante y de la cognitiva (véase Franks, 1991), ya que considera como elementos centrales tanto las respuestas observables como los procesos cognitivos. absoluto (también en el condicionamiento operante se han reconocido los fenómenos cognitivos, tal como ocurre, La explicación de la conducta anormal en términos del por ejemplo, en el concepto de «autocontrol»). Recordemos aprendizaje no puede considerarse como algo estático ya que ya E. C. Tolman reconoció la importancia de la cognición que con el paso del tiempo ha experimentado actualizacio­ nes y reformulaciones. La teoría de la preparación (Ohman, tegias 1986; Seligman, 1971), la inclusión de la ley de incubación segundo sistema de señales para referirse al condicionamien­ (Eysenck, 1989), la teoría pavloviana de expectativas del miedo (Reiss, to semántico, i. e., al condicionamiento sin contacto directo con el estímulo incondicionado, o a lo que actualmente se 1980), la implicación psicopatológica del denominado «con­ dicionamiento evaluativo» (p. ej., Levey y Martin, 1987), la mulo-estímulo) en lugar del clásico E-R [asociaciones estí­ 1985; reevaluación Sandín, cognitiva Chorot del y estimulo Fernández-Trespalacios, incondicionado en el aprendizaje al sugerir que lo que se aprende son estracognitivas; también Pavlov postuló el denominado entiende en términos de paradigmas E-E (asociaciones estí­ (Davey, mulo-respuesta] (véase Rescorla y Wagner, 1972). Tampoco 1989), o la consideración específica de las diferencias indi- son nuevas las orientaciones teóricas conductuales sobre el viduales de vulnerabilidad (Eysenck, 1979), son ejemplos de comportamiento mejoras o actualizaciones del modelo que, en algunos casos, vos diversos como elementos centrales de la misma (p. ej., conllevan además procesos de re-conceptuación del mismo. Abramson, Seligman y Teasdale, 1978; Bandura, 1969; Breger En metodológico y McGaugh, 1965; Reiss, 1980; Seligman y Johnston, 1973). actual del modelo conductual, al menos en la vertiente que No obstante, en el momento presente el modelo conductual implica de algún modo al condicionamiento pavloviano, es entendido en términos más complejos y de menor rigidez, atraviesa un estado de expansión cognitivista. Esto no signifi- tal y como se desprende del moderno neo-condicionamiento (Rachman, 1991). se apoya, el neo-condicionomiento, sirve como marco teóriCO apropiado para dar cuenta de las nuevas exigencias cog- términos generales, el marco teórico y anormal que incluyen conceptos cogniti- ca un cambio de paradigma radical, ya que la base en la que 61 Manual de psicopatología. Volumen 1 nitivistas (inclusión de conceptos mediacionales cognitivos psicopatología. Un ejemplo de este nuevo enfoque puede y privados; p. ej., expectativas, memoria, atención, imagina- apreciarse en el reciente modelo cognitivo trifactorial sobre ción, pensamientos, percepción, evaluación, etc.) (Rachman, el trastorno de pánico desarrollado por Sandín et al. (2015), 1991; Rescorla, 1988; Rescorla y Wagner, 1972). Como sugiere según el cual los constructos cognitivos de sensibilidad a la Rachman (1991), la nueva orientación del condicionamiento ansiedad, (el neo-condicionamiento) no consiste en un mero ejercicio catastrofistas de las sensaciones corporales desempeñan un de descrédito de las explicaciones clásicas, sino que se trata papel clave en la gravedad del trastorno de pánico. autoeficacia hacia el pánico, e interpretaciones de integrar nuevos fenómenos que han sido descubiertos y En definitiva, el rechazo de los fenómenos cognitivos al que permiten, a su vez, nuevas predicciones y explicaciones más puro estilo watsoniano o skinneriano conduciría a un que no son posibles desde el mero aprendizaje asociativo. La modelo obsoleto incapaz de explicar los problemas psico- simple contigüidad es insuficiente; la información es esencial lógicos complejos. El hecho de que el modelo conductual (el condicionamiento implica aprender relaciones de informa- incorpore elementos cognitivos en sus formulaciones sobre ción entre estímulos]. Como diría Rescorla (1988), el condicio- el aprendizaje, no significa otra cosa que seguir la tradición namiento pavloviano no es un proceso estúpido mediante el de la psicología cientifica. Es en este marco en el que cabe cual el organismo establece asociaciones «a la fuerza» entre considerar la denominada perspectiva cognitivo-conductual estímulos que tienden a concurrir en el espacio y el tiempo, de la psicopatología, que, a partir de los avances en la com- sino que más bien es un buscador de información, que usa prensión de los fenómenos psicopatológicos que han propor- relaciones lógicas y perceptivas entre los eventos para for- cionado los desarrollos de la psicología conductual, permite mar una representación sofisticada del mundo. La evolución del modelo hacia una integración de los elementos más cognitivos de la mente y el comportamiento conectar los procesos de aprendizaje con otros no menos importantes (i. e., atención, imaginación, memoria, pensa- miento]. humanos con los más estrictamente conductuales da lugar Pero, además de esta integración, cuyo resultado más a lo que actualmente conocemos como modelo o enfoque visible es, como hemos dicho, el enfoque cognitivo-conduc­ «cognitivo-conductual». Dos ejemplos de lo que significa esa tual, la tradición cognitiva (en sentido estricto) de la psicolo- integración para el avance de la psicopatología y otras disci- gía cientifica aporta sus propias hipótesis y marcos teóricos plinas con ella relacionadas (diagnóstico, evaluación, psicolo- y metodológicos a la comprensión de las psicopatologías. gía clínica, psicoterapias] lo constituyen, primero, el papel del Desde esta perspectiva, la investigación sobre los procesos aprendizaje inhibitorio en el proceso de extinción de la ansie- mentales, incluyendo su estructura, contenidos, y productos, dad y el miedo. El enfoque basado en el aprendizaje inhibi- se configura como un paradigma diferente, aunque comple- torio, en contraste con el clásico enfoque basado en la habi- mentario, del conductual (y de su extensión cognitivista), tuación, establece que durante la extinción del miedo no se tanto desde el punto de vista teórico como desde el metodo- produce un borrado de la asociación entre el EC y el El, sino lógico. Es necesario, por tanto, que veamos los aspectos más un nuevo aprendizaje, i. e., una nueva asociación en la que el relevantes de la perspectiva cognitiva. El no ocurre tras la presentación del EC; es decir, se produce un nuevo aprendizaje que se sobrepone a la asociación excitatoria original EC-El. En términos de implicaciones para la terapia cognitivo-conductual, según este nuevo enfoque es más importante la desconfirmación de la expectativa señalada por el El (constructo cognitivo] que la reducción de la ansiedad (habituación) durante el proceso de exposición del ) Condicionamiento operante. Proceso a través del cual un organismo aprende a asociar ciertos actos con determinadas consecuencias. El organismo aprende a efectuar ciertas respuestas instrumentales para obtener un refuerzo o escapar de un castigo. También se denomina condicionamiento instrumental. estímulo fóbico (para una exposición detallada de esta nueva teoría, véase Torrents-Rodas et al., 2015). El segundo ejemplo al que queremos referirnos es la inclusión de constructos estrictamente cognitivos, tales como las valoraciones, las C. Et modelo cognitivo expectativas y las creencias, especialmente para comprender y explicar los trastornos emocionales (véase McNally, 2001; El actual modelo cognitivo de la psicología no es, desde lue- Rachman, 2015). Los avances en la investigación del papel go, nuevo en la historia psicológica, como ya se vio en el etiopatogénico nuclear que juegan variables como las men- capítulo anterior. En las décadas de los cincuenta y sesenta cionadas fueron iniciados en la década de los setenta del del siglo pasado se desarrollaron dos modelos que utilizaban siglo pasado por Beck (1976), autor de referencia indiscutible de la reorientación cognitiva del modelo conductual y, dos analogías diferentes para explicar y entender el comportamiento humano: la del comportamiento animal, defendida por tanto, del moderno modelo cognitivo-conductual de la por el conductismo, y la analogía funcional del computador 62 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología con la consiguiente visión de la mente humana como un que los procesos cognitivos necesitan disponer de ciertos dispositivo que procesa o elabora información. Es precisa- recursos para funcionar o, si se prefiere, requieren «esfuer- mente esta analogía, sustentada por el enfoque del proce- zo» (Kahneman, 1973; Kahneman y Treisman, 1984; Shiffrin, samiento de información (Pl), la que inicialmente se erige 1976). Tanto las características de la persona, como las de la como paradigma visible de la nueva psicología cognitiva (De tarea a realizar, o la situación a resolver, determinan la can- Vega, 1984). tidad de esfuerzo o los recursos que serán necesarios para En un sentido genérico, el término psicología cognitiva una adecuada ejecución. Así pues, normalmente consumi- implica un conjunto de contenidos y procedimientos técni- mos menos recursos cognitivos, necesitamos menos capa- cos que son los que guían la investigación. Esos contenidos cidad, para contar las x que aparecen en una hoja escrita, hacen referencia, como es lógico, a la cognición, es decir, la que para resolver un problema de estadística. Algunos inves- actividad mental humana y sus productos, o sea, al conoci- tigadores han definido las limitaciones de capacidad como miento. Implica la consideración del hombre como ser auto- una consecuencia o resultado de nuestras dificultades para consciente, activo, y responsable que no se haya inexorable- coordinar, o para ejecutar al mismo tiempo, procesos cogniti- mente ligado a los condicionantes ambientales ni a la lucha vos diferentes (Hirst y Kalmar, 1987; Spelke, et al., 1976). En el por la mera adaptación pasiva al medio, por la supervivencia. ámbito psicopatológico, se ha apelado a este supuesto para Un ser que busca activamente conocimiento y que, por lo explicar la deficiente actuación de algunos pacientes en la tanto, se halla en un proceso constante de autoconstruc­ realización de tareas sencillas, tales como la tarea de detec- ción, que hace planes, tiene objetivos, tiene recuerdos, y no ción de señales simples del ejemplo anterior (contar x). Para puede librarse de ciertos sesgos y prejuicios a la hora de rea- realizar esta tarea es preciso prestar atención (consciente) y lizar su propia elaboración de la realidad. Implica, por tanto, concentrarse, lo que implica, entre otras cosas, desatender también la aceptación del supuesto de que los procesos de a otras fuentes de estimulación diferentes, que actuarían búsqueda y transformación de la información, operan sobre como distractores; asimismo, la presencia de ciertos sínto- representaciones internas de la realidad. Conlleva la idea de mas (p. ej., las dificultades para concentrarse en algo concre- que es posible elaborar modelos que expliquen la organiza- to, o para seguir el curso del propio pensamiento), se explica- ción estructural y funcional de las diferentes fases y momen- rían aludiendo a la existencia de una limitación básica en la tos implicados en el procesamiento y su vinculación con las capacidad disponible para procesar información. Esa limitación tendría, a su vez, origen en muy diversas fuentes, entre estructuras neurológicas en las que se sustentan. Desde el punto de vista técnico, la psicología cognitiva recurre a la utilización preferente de la metodología propia de la denominada psicología experimental como base para establecer inferencias sobre los procesos de conocimiento, partiendo de datos comportamentales, informes introspec- las cuales caben desde las alteraciones neurológicas hasta la existencia de una especie de «saturación» de la capacidad cognitiva, relacionada con conflictos emocionales, problemas personales, etc. 2. Procesamiento selectivo tivos, registros psicofisiológicos y, en fin, todo el arsenal de datos de que se puede hoy disponer en psicología (véanse, p. ej.. De Vega, 1984; Eysenck, 1988; Eysenck y Keane, 1990, para una exposición más detallada). No obstante, por lo que respecta a la psicopatología, ello no implica renunciar al uso de metodologías más «blandas», tales como las que propor- Ligado al hecho de que nuestra mente tiene una capacidad limitada, sabemos que selecciona ciertos estímulos, situaciones, o tareas y, a la vez, elimina o ignora otras que, de ser tenidas en cuenta, podrían perturbar la correcta realización de las «elegidas», al entrar en competición unas con otras. Por ejemplo, el tipo y cantidad de información que seleccio- ciona la psicología social o la psicología de la personalidad. namos para resolver un problema complejo de estadística es a. Procesamiento de la información (Pl) A continuación, examinaremos algunos diferente al que seleccionamos cuando estamos mantenienconceptos de fre- cuente utilización en psicología cognitiva, vinculados sobre todo al Pl, que resultan de especial interés para la investigación psicopatológica. Seguiremos para ello el esquema propuesto por Williams et al. (1988). do una conversación intranscendente en una cafetería. Este estilo de procesamiento se ha rotulado con el término de «atención selectiva», y se han propuesto bastantes modelos experimentales que proporcionan explicaciones de cómo se produce la selección. Las razones por las cuales una persona selecciona ciertas informaciones y, al mismo tiempo, no 1. Limitaciones en la capacidad de procesamiento selecciona otras, al menos de modo consciente, son de muy diversa indole y constituyen una fuente importante de datos El cerebro humano es un sistema de capacidad limitada. Las para la psicopatología, como se verá en los capítulos dedica- limitaciones de capacidad han sido a su vez, definidas según dos a los trastornos afectivos y emocionales y a las esqui- diferentes conceptos, entre los cuales destaca la opción de zofrenias. Otra cosa diferente, como veremos también más 63 Manual de psicopatología. Volumen 1 adelante, es que la ausencia de selección consciente impli- suponía estaban por debajo de las operaciones y procesos que siempre que no se registre información: la existencia de cognitivos más complejos. Surgieron así dos tipos de mode- un estilo de procesamiento no consciente de información, los complementarios: los modelos que postulaban preferen- que en muchos casos actúa paralelamente al procesamiento temente una metodología aditiva, y los que utilizaban otra y/o selección consciente, indica que nuestra mente es capaz basada en la sustracción. Más tarde, Sternberg (1977) inclu- de registrar y elaborar mucha más información de la que, yó, además de la metodología sustractiva, mediciones sobre aparentemente, cabría esperar. las diferencias individuales que se producen en el tiempo que cada persona consume para realizar una tarea. Este tipo 3. Etapas de procesamiento de modelos ha recibido multitud de críticas, centradas, sobre De lo dicho hasta aquí se deduce que la mente humana es todo, en su excesiva simplicidad a la hora de caracterizar al un sistema de capacidad limitada, diseñada para procesar «procesador humano». Actualmente, los teóricos que siguen únicamente rele- investigando sobre los supuestos de las etapas de procesa- vantes de la información que le es accesible. Pero nada se miento, plantean el sistema cognitivo como un conjunto de (o fundamentalmente) los aspectos más ha dicho de cómo se produce ese procesamiento. Es decir, módulos de procesamiento, cada uno de los cuales está hemos hablado de aspectos estructurales (i. e., la mente dedicado, sobre todo, a realizar un tipo especial de trans- como un sistema de capacidad limitada que se ve «obligada» formaciones. a seleccionar), pero no de los procesuales (i. e., cómo y qué mente del entorno, del ambiente, mientras que otros la reci- se selecciona]. Desde el Pl se han propuesto distintos mode- ben de otros módulos. Algunos de ellos son «cognitivamente los procesuales para explicar los muy diversos tipos de acti- impenetrables», es decir, están de algún modo involucrados vidad cognitiva. A pesar de sus diferencias, todos comparten con la estructura del si-mismo, mientras que otros podrían algunas características como las que vamos a comentar. Todos los modelos intentan identificar cuales son los sub- estar bajo Algunos control módulos voluntario reciben y/o información intencional. directa- Además, el modo en que esos módulos se organizan a la hora de rea- procesos más simples en los que se puede descomponer lizar una tarea específica es bastante más complejo que el un proceso complejo: por ejemplo, cuáles son los pasos o que se postulaba en los primeros modelos lineales. De todos actividades cognitivas que se producen para que podamos modos, y a pesar de que siguen siendo modelos útiles a la recordar algún suceso, o para construir la imagen mental hora de explorar los diferentes componentes y subprocesos de un centauro. El paso siguiente suele consistir en elabo- involucrados en una actividad mental determinada, plantean rar hipótesis plausibles y verificables acerca de cómo están serias limitaciones a la hora de explicar la complejidad de la organizados esos subprocesos. Y es aquí donde casi siempre organización aparecen las mayores diferencias entre los diversos modelos: son las que dieron pie a la aparición de otro tipo de supues- los más sencillos postulan que los mencionados subprocesos tos como el que vemos a continuación. mental humana. En parte, estas limitaciones son en realidad etapas o fases de procesamiento, independientes entre sí, lineales y secuenciales, es decir, que una vez 4. Procesamiento en paralelo acabada una, comienza la siguiente. Según estos modelos, Es indudable que la mente humana es capaz de realizar cada una de las etapas recibirá información de la anterior, varias tareas a la vez y, además, hacerlas correctamente. En realizará ciertas transformaciones sobre ella, y dará lugar los modelos anteriores se partía del supuesto de la seriali- a un output, que será recogido por la subsiguiente etapa, dad, es decir, que la realización de algo depende de lo que que a su vez reobrará sobre la información recogida, y así antes se hizo, y no es posible «saltarse» pasos (algo similar a sucesivamente. Uno de los atractivos más importantes de lo que se postulaba en algunas teorías conductistas sobre el estos modelos es el de que permiten averiguar cuáles son aprendizaje). Este modo de funcionamiento puede ser cierto los subprocesos básicos, y cuáles sus invariantes, de los pro- para muchas tareas, tales como contar letras, hacer cálculos cesos más complejos que componen o forman la actividad matemáticos, e incluso, solucionar un problema. Pero no es mental. Se supone que, si se pudieran identificar exhausti- menos cierto que, en muchos otros casos, la solución de un vamente todos y cada uno de los subcomponentes de cada problema, o el afrontamiento adecuado de una situación, no proceso, resultaría factible elaborar modelos más complejos exige su descomposición en pasos más pequeños, y sobre cuya misión sería, en el fondo, la de «montar» o unir unos todo, no exige que todos y cada uno de los componentes elementos con otros, del mismo modo que se construye un se hayan realizado correctamente para alcanzar una solu- circuito eléctrico complejo partiendo de elementos eléctricos ción final adecuada. En realidad, la solución se alcanza de simples. un modo más globalizado, en el sentido de que se analizan Como explican Williams et al. (1988) a partir de los años varios aspectos a la vez, o sea, simultáneamente o en para- setenta, una gran parte de la investigación se dedicó a iden- lelo. Esta es la visión más aceptada actualmente acerca de tificar las etapas que componen el procesamiento, y que se cómo funciona habitualmente la mente humana, excepto en 64 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología aquellos casos en los que la propia naturaleza de la tarea entre las etapas últimas y las primeras. Es decir, que la acti- exija un procesamiento secuencial. En consecuencia, quizá vidad cognitiva tiene unas metas que alcanzar, está guiada la pregunta importante aquí es: ¿y cómo se produce ese pro- por esas metas u objetivos y, tanto si el resultado final de cesamiento en paralelo? La respuesta implica tener en cuen- todo un proceso es satisfactorio como si no lo es, podemos ta al menos tres características básicas del procesamiento suponer que se producirá un retorno de la información (algo humano de la información: (a) la presencia de un procesa- así miento paralelo contingente; (b) la existencia de jerarquías y «objetivo no conseguido») hacia las primeras etapas, con lo estructuras de control, y (c) la puesta en marcha de proce- que en el segundo caso (i. e., fracaso), será necesario reini- sos y estrategias automáticas versus controladas. Vamos a examinar estos conceptos. ciar el proceso bajo otros parámetros. Dicho con otras pala- como: «objetivo conseguido satisfactoriamente» versus bras: elfeedback procedente de las últimas etapas de procesamiento, puede modificar a las primeras o, incluso, provocar ) Procesamiento en paralelo. Forma de procesamiento de una reorganización total de las mismas. Así pues, la mente y el cerebro humanos, funcionan con la información en la que dos o más actividades se procesan de forma simultánea. ciertos bucles y circuitos, gracias a los cuales la información sigue un flujo continuo entre todas las etapas y en ambas direcciones: los modelos que intentan desvelar cómo se pro- 5. Procesamiento paralelo contingente, modelos bottom-up y top-down, y el papel de los esquemas en la organización del conocimiento duce el flujo de información desde los niveles inferiores hasta los superiores suelen denominarse «modelos de abajo-arriba» o «de lo particular a lo general» (bottom-up), mientras que los dedicados a analizar el flujo de información desde los Desde una perspectiva de etapas de procesamiento, la efica- niveles superiores hasta los inferiores reciben el nombre de cia en la realización de las tareas de las últimas fases depen- «modelos de arriba-abajo» (top-down] (Sanford, 1985]. de, como ya hemos comentado, de que se hayan completado Un elemento importante relacionado con el funciona- con éxito las tareas de las fases anteriores. Es decir, que las miento de los modelos top-down es que se ven en cierto fases o etapas son contingentes unas con otras. Sin embargo, varios teóricos cuestionaron que la realización completa modo obligados a postular la existencia de representaciones de una fase fuera condición necesaria para que se iniciara otra. Plantearon como posibilidad alternativa la de que los resultados —el output— de un proceso concreto, de una etapa, eran continuamente accesibles para los demás (Norman y Bobrow, 1975; Posner y McLeod, 1982). Si esto fuera así, significaría que una etapa de procesamiento comenzaría antes de que la anterior hubiera finalizado y, lo que es más importante, utilizando o teniendo en cuenta el output que, hasta ese momento, hubiera producido la anterior. Esto implicaría, además, que todas las etapas serían operativas, estarían funcionando, simultáneamente. mentales de orden superior, sin las cuales sería difícil o imposible entender tales modelos. Estas representaciones reciben diversos nombres, entre los que destaca el de esquemas, originalmente propuesto por Bartlett (1932) y que alude a la existencia de representaciones estereotipadas, típicas, de situaciones o actividades. Los esquemas contienen infor- mación que, por lo general, es válida para una situación o momento específicos, pero que es modificable por los nuevos inputs. El proceso de comprensión requiere, inicialmente, identificar cuál es el módulo más apropiado para alojar la información, probablemente mediante un análisis inicial del tipo bottom-up. Posteriormente, ese módulo ejercerá una influencia del tipo top-down puesto que decidirá cómo debe ) Esquema cognitivo. Representación mental estereotipada organizarse e interpretarse la información, a fin de que sea (típica) más o menos estable asociada a ciertas situaciones o actividades. incorporada del modo más eficaz posible. Por lo tanto, la comprensión e integración final del input está en gran medida pre-determinada por estructuras de conocimiento ya existentes, y estas estructuras suplirán la información adicional En definitiva, las operaciones que se realizan en diferen- que permite la realización de inferencias. tes etapas de procesamiento están bajo la influencia cualita- Entre los aspectos más importantes relacionados con el tiva —y no solo cuantitativa, como proponían la metodolo- papel de los esquemas está el siguiente: el modo en que gía sustractiva y la de factores aditivos— de los resultados una situación compleja va a ser interpretada y/o recordada que se están produciendo en otras etapas anteriores o previas. Pero, además, esto nos lleva a otra consideración: pues- típicos que se encuentren almacenados en la memoria a to que la actividad cognitiva no consiste en una respuesta largo plazo, ya que son esos esquemas los que facilitarán simplemente pasiva a un input, parece más oportuno pensar que también se producirá un efecto de retroalimentación la incorporación de los detalles. Estas representaciones se depende en gran medida del abanico de esquemas proto- adquieren, probablemente, a través del aprendizaje (vicario 65 Manual de psicopatología. Volumen 1 o directo]. Por lo tanto, es más que probable que existan ciencia (p. ej., Frith, 1979; Hilgard, 1980; Kihlstrom, 1984; Mei- amplias diferencias individuales en cuanto a la naturaleza de chenbaum y Gilmore, 1984; Rozin, 1976), que, de este modo, los esquemas que se encuentran en la memoria así como retornaría a la psicología después de muchos años de ausen- en cuanto a su relativa accesibilidad. Una parte importan- cia. En el capítulo dedicado a los trastornos disociativos se te de las investigaciones sobre la organización de los contenidos de memoria en personas deprimidas y en ansiosas comentan más a fondo estos aspectos. muestra la utilidad de estos planteamientos, especialmente porque parece que la tendencia de estas personas a interpretar la información de un modo amenazador, en el caso de los ansiosos, o negativo en el caso de los deprimidos, tendría que ver con una mayor accesibilidad a los esquemas de amenaza/tristeza, lo que a su vez intensificaría el estado de ) Procesamiento jerárquico. Denota la existencia de interacción entre el procesamiento de unas tareas y otras, produciéndose entre ellas diferentes niveles de control jerárquico (el procesamiento de unas actividades depende del procesamiento de otras de orden jerárquico superior). ánimo ansioso o el deprimido (Beck, 1976; Beck, et al., 1986). 7. Procesos automáticos vs. estratégicos o controlados ) Procesamiento en serie. Procesamiento de la información de forma lineal, donde al procesamiento de una etapa le sigue el procesamiento de otra de forma secuencial. El planteamiento de que el sistema cognitivo puede ser concebido como una organización compleja y jerárquica de procedimientos de control da lugar a la introducción de otra posibilidad alternativa, aunque no excluyente con respecto a la anterior. Nos referimos a lo siguiente: una misma tarea o 6. Jerarquías de control actividad cognitiva puede realizarse de un modo cualitativa- Parece poco realista concebir el cerebro y la mente huma- mente distinto por distintas personas, o por la misma perso- nas como una especie de «colección de sistemas de proce- na en diferentes situaciones. Los datos a favor de este plan- samiento» poco o nada relacionados entre sí. Por lo que aca- teamiento son muy numerosos (para una revisión pueden bamos de comentar, más bien parece que los distintos tipos de actividad cognitiva están continuamente interactuando unos con otros. Por ejemplo, el aprendizaje de habilidades y destrezas motoras está íntimamente relacionado con el procesamiento perceptivo; solucionar un problema requiere consultarse Eysenck y Keane, 1990; Williams et al., 1988) y la consecuencia inmediata de todas estas diferencias inter- e intra-individuales, es la de que el sistema cognitivo es extremadamente flexible, o mejor, estratégicamente flexible, en el sentido de que es capaz de adaptarse a las modificaciones casi siempre la recuperación de datos desde la memoria, etc. ambientales, así como de lograr un mismo objetivo siguiendo Uno de los recursos teóricos más utilizados para explicar diferentes rutas o empleando mecanismos distintos (Broad- este modo de actuar de la mente humana es el de apelar a bent, 1984; Dillon, 1985). estructuras de control. Esta hipótesis supone que las activi- En este contexto surge la distinción entre procesos auto- dades cognitivas están organizadas de un modo jerárquico, y en el vértice de la jerarquía estaría situada la estructura máticos o rígidos, y procesos controlados o flexibles (Schneider y Shiffrin, 1977; Shiffrin y Schneider, 1977). Los procesos que controlaría todo el proceso de organización. A su vez, automáticos implican secuencias de las estructuras situadas inmediatamente debajo controlarían que se activan como respuesta a una configuración especial otras inferiores y así sucesivamente. Es importante no con- o concreta de inputs externos o internos, que no requieren fundir este planteamiento de niveles con el de etapas que atención o esfuerzo consciente (y, por lo tanto, no consumen capacidad atencional), que una vez han sido activados, fun- antes mencionamos. Aquí no se habla de secuencialidad ni de linealidad, sino de control jerárquico. operaciones mentales, Uno de los ejemplos más utilizados para explicar, meta- cionan de manera independiente de los procesos de control, que pueden actuar en paralelo unos con otros (y con otros fóricamente, este modo de operar del sistema cognitivo es controlados), y que son posibles gracias a la existencia de el de la conducción de vehículos. Los procesos y estructuras un conjunto relativamente permanente de redes y conexiones asociativas, que, a su vez, pueden ser el resultado de de nivel superior son los encargados de determinar el rumbo y el destino al que queremos dirigirnos cuando conducimos un automóvil. Las estructuras inferiores son las encargadas de ejecutar las maniobras precisas para lograr el obje- un entrenamiento intensivo previo o, incluso, estar genéticamente determinadas. Por su parte, los procesos controlados consisten en tivo deseado y cualquier error será, en principio, detectado secuencias temporales o momentáneas de operaciones cog- por las estructuras Inmediatamente superiores y, en última instancia, por la superior a todas ellas. Ahora bien: ¿cuál es nitivas que una persona activa de manera consciente y/o esa estructura superior? Para muchos autores sería la con­ están limitados por las propias limitaciones de la capacidad 66 intencional. Consumen recursos atencionales y, por lo tanto, Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología )) Tabla 2.3. Procesos automáticos versus procesos controlados o estratégicos CONTROLADOS AUTOMÁTICOS Son rígidos. • Son flexibles. Implican secuencias fijas de operaciones mentales. • Implican secuencias momentáneas de operaciones mentales. Se activan ante una configuración específica del mundo estimular. • Se activan de forma consciente y/o intencionada. No requieren atención consciente (no consumen recursos atencionales). Una vez activados, funcionan por sí solos. Pueden actuar simultáneamente a otros procesos (en paralelo). Se producen gracias a la existencia de redes asociativas ya establecidas (aprendidas o determinadas genéticamente). • Requieren (consumen) atención consciente. • Su funcionamiento, una vez puestos en marcha, requiere del control del individuo. • No pueden actuar varios a la vez (a no ser que uno de ellos sea muy sencillo o que su ejecución sea muy lenta). • No dependen de redes asociativas previas, por lo que facilitan la adaptación a nuevos ambientes. y el esfuerzo atencional. Difícilmente pueden darse en el en la medida en que algunas de las secuencias de procesa- mismo momento dos procesos de este tipo, a no ser que su ejecución sea tan lenta (o sus características tan fáciles) que miento se vuelvan automáticas (Williams, et al., 1988). permita la actuación en paralelo. Su gran ventaja reside en su extrema flexibilidad para adaptarse a situaciones nuevas, b. Otros desarrollos y aportaciones del modelo cognitivo a la psicopatología al contrario de lo que sucede con los procesos automáticos. La importancia de los conceptos que acabamos de comen- En la Tabla 2.3 se resumen las diferencias entre estos dos tar es sin duda crucial en la actual psicología cognitiva. Sin tipos de procesos. La distinción entre procesos automáticos embargo, todos estos conceptos nos dicen muy poco acerca y controlados está siendo muy útil para explicar la presencia de qué es lo que se elabora en la mente humana, es decir, de ciertos déficits básicos de la psicopatología de la atención, cuáles son en definitiva los contenidos sobre los que operan especialmente en el ámbito de la psicopatología atencional todos los procesos comentados. Por poner un ejemplo: si el en las esquizofrenias (p. ej., Frith, 1979, 1981). Por otro lado, Pl se interesa por conocer cómo funciona la atención, la psi- actualmente se plantea también la existencia de déficits de copatología se interesa, además, por saber a qué se atiende procesamiento automático en los trastornos afectivos y por y por qué. En psicopatología nos interesa saber no solo cómo ansiedad, que se analizan en los capítulos correspondientes. funciona la mente, sino también cuáles son los contenidos 8. Del procesamiento de información a la psicología qué trabaja y si se produce alguna relación entre el cómo mentales sobre los que trabaja o, dicho de otro modo, en cognitiva En definitiva, conceptos como los que acabamos de comentar, derivados en su mayor parte de las investigaciones sobre ))Tabla 2.4. Procesamiento de información: conceptos básicos Pl, constituyen una fuente importantísima para la explicación de muchas psicopatologías, tal y como se verá a lo largo de diversos capítulos de este libro. En la Tabla 2.4 se resumen las principales ideas comentadas hasta aquí. Es evidente que la actividad humana y las experiencias subjetivas están mediatizadas por el tipo de información a la que se tenga acceso, así como por la capacidad para elaborarla y los modos en que se utiliza. También parece claro que están moduladas por la naturaleza y la eficacia de las diferentes etapas de procesamiento encargadas de analizar la información, y bajo las restricciones que imponen los distintos tipos de esquemas que se encuentran accesibles. Estos esque- 1. La mente y el cerebro humanos tienen und capacidad limitada para procesar información. 2. Procesar información requiere: a) Esfuerzo (consume recursos o capacidad). b) Seleccionar. c) Secuenciar los pasos a seguir (establecer etapas). d) Especializarse (distintos módulos, distintas funciones, distintos modos de procesar). e) Poder procesar varias cosas a la vez (en paralelo): procesar algunas de forma «automática» y otras de forma controlada (secuencialmente). mas ejercen, a su vez, un control de arriba-abajo sobre la percepción, la comprensión, la memoria y el resto de operaciones y procesos cognitivos. La organización que imponen las estructuras de control, y las metas u objetivos que se 3. Los procesos y operaciones mentales (cognitivas) están organizados de forma jerárquica. 4. El sistema cognitivo es extremadamente flexible. plantean en cada nivel, serán más o menos idiosincrásicas, 67 Manual de psicopatología. Volumen 1 y el qué. Por ejemplo. Si cuando recordamos algo desagra- ceptual, definen lo que podría catalogarse como el modelo dable nuestra mente funciona igual (se activan los mismos cognitivo de la psicopatología. procesos y operaciones] que cuando lo que recordamos es c. agradable. Como y, decíamos consecuentemente, antes, la la psicología psicopatología cognitiva actual tienen también Concepto cognitivo de psicopatología desde el modelo La influencia que han tenido los planteamientos cognitivos, importantes raíces en los ámbitos de la psicología social y como los que acabamos de comentar, sobre la psicopatología la psicología de la personalidad. Así, mientras que el Pl se ha sido enorme y ha permitido que los psicólogos-psicopató- ha ocupado tradicionalmente de estudiar tanto los procesos logos recuperen un conjunto nuclear de temas, tales como mentales (i. e., atención, memoria, etc.) como sus estructu- alucinaciones, delirios, conciencia o amnesias, dándoles un ras y operaciones (i. e., esquemas, redes asociativas, reglas tratamiento metodológico diferente del que hasta entonces de inferencia, etc.), la psicología social cognitiva se ha ocu- se les había dado, que opera desde, y se fundamenta en los pado de investigar lo que en un sentido genérico podríamos supuestos denominar «contenidos mentales» (Brewin, 1990), es decir, le sirve de base. En un primer momento, puede afirmarse, atribuciones, actitudes, expectativas, creencias, valores, etc., pues, que el objetivo básico de la psicopatología cognitiva es experimentales de la psicología cognitiva que que pueden ser o no accesibles a la conciencia, y cómo todo el análisis de las estructuras y los procesos de conocimien- ello modula y da sentido al comportamiento y la actividad to que controlan la aparición de los comportamientos y las humanas. Por su parte, la psicología de la personalidad, con experiencias extrañas, anómalas, y no tanto las conductas su énfasis en el estudio de cuestiones tan centrales como anormales en y por sí mismas (Ibáñez, 1982). Paralelamente la identidad personal, la autoconciencia o el sí-mismo, resul- a ese objetivo, el énfasis se sitúa en el concepto de experien- ta de especial e ineludible interés para la psicopatología. cia anómala, que se hace equivalente a los de disfunción y Como hemos dicho en ocasiones, se puede dudar de la uti- psicopatología, y no tanto en el de conducta anormal, en la lidad científica de constructos tales como el si-mismo o la medida en que este último parece restringirse excesivamen- identidad personal; pero no queda más remedio que recono- te a un solo ámbito: la conducta. cer que ciertas psicopatologías, tales como la pérdida de la Como explicamos en otro lugar (Belloch, 1987), esta identidad personal, la difusión del sí-mismo, o la pérdida de perspectiva critica las concepciones reflejas, automáticas y atribución personal, no se podrían comprender, investigar, predeterminadas que subyacen en otros modelos o perspec- ni explicar sin recurrir a los constructos psicológicos que las tivas, tales como el conductista radical (skinneriano], el bio- sustentan y que no son otros que los mencionados. médico, o el psicodinámico, sobre la base de argumentos de diversos este tipo (Giora, 1975]: el sistema nervioso central es, funda­ como las atribuciones y explicaciones, las metas y valores, mentalmente, un sistema que procesa información, esto es, En consecuencia, contenidos psicológicos tan las creencias, las predicciones, las emociones y los sentimien- que la recibe, la selecciona, la transforma, la almacena y la tos, y un largo etcétera de temas centrales para la psicología recupera. Incluso los reflejos incondicionados más sencillos, social cognitiva y la re-conceptuación cognitiva de la perso- como la respuesta de orientación (RO) —una respuesta ines- nalidad, son aspectos de la vida mental cuya investigación pecifica a un cambio producido en el medio, que se extingue resulta obligada para la psicopatología. A partir de aquí es posible alejarse de la metáfora hombre-computador y dibu- cuando el cambio que inicialmente la produjo se repite y, por tanto, deja de ser un cambio, algo nuevo— implican cogni- jar un cuadro del ser humano mucho menos racional y más ción. ¿Qué significa aquí cognición? La respuesta es sencilla: realista o cercano a la realidad. Un ser humano que muchas la RO es la consecuencia de una reacción al cambio o a la veces explica, describe, predice, juzga y decide modos de novedad que conlleva la activación de procesos complejos comportamiento mediante utilizando todo inferencia intuitivas, de juicio y comparación, no siempre conscientes, que son razonamiento inductivo, los que en última instancia conducen a una toma de deci- dejándose guiar por intuiciones a veces nada razonables (o sión, que finalmente se traducirá en una conducta o modo sobre reglas modos de de racionales), que no tiene en cuenta las evidencias en contra, de o simplemente no las considera como evidencias, sometido ración, etc.), dependiendo de las características del estímulo, comportamiento especifico (huida, acercamiento, explo- pues a múltiples sesgos de interpretación que, inevitable- la situación del organismo, la elaboración que este realiza mente, producen errores y disfunciones de comprensión y de aquel, etc. de explicación. Son muchas las aportaciones que esta «otra» Por lo que se refiere a postulados como el psicodinámico psicología cognitiva ha hecho a la investigación psicopatoló- de la transmisión de la energía, se argumenta aquí que lo que gica actual, la mayoría de las cuales se irán viendo a lo largo se transfiere no es energía, sino más propiamente señales o del libro. A modo de resumen, expondremos a continuación indicios —0 sea, información—, que son los que activan los los elementos centrales que, desde el punto de vista con­ procesos de conocimiento (selección, categorización, memo­ 68 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología ria, etc.). Y son estos procesos los que, en definitiva, propor- en términos dimensionales, lo que implica que: (a) es cionarán un sentido, un significado, a la señal. Solo cuando necesario considerar en qué grado se presentan en un este proceso se ha completado, se producirá lo que llama- momento dado y a lo largo del tiempo (estabilidad), (b] mos respuesta o comportamiento observable (Belloch, 1987). qué variables median en su incremento y en su atenuación y (c) en qué grado difieren de la normalidad. A nivel metodológico, ya hemos dicho que propugna la utilización preferente de las técnicas y modos propios de la 3. Las diferencias entre la normalidad (i. e., salud mental) psicología cognitiva (tanto de la experimental como de la y la psicopatología son cuantitativas (de grado]. No obs- social y la personalidad), cuyos hallazgos, teorías, y conclusio- tante, las diferencias de grado conllevan diferencias cua- nes se van a tomar como punto de partida y como referente litativas en el procesamiento de la información y, como último de las anomalías. En este sentido, la psicopatología es natural, en la forma de experimentar la realidad. Por se configura como un área de investigación básica cuyo ejemplo, cuando se dice que bajo estados de ansiedad se objetivo es estudiar, primero, cómo funcionan los procesos produce un procesamiento preferente de estímulos ame- cognitivos anómalos y/o las anomalías que se producen en nazantes, se está indicando a la vez que la persona que los procesos de conocimiento de las personas. Y, segundo, se halla en ese estado está experimentando la realidad cuáles son los contenidos de esos procesos anómalos, qué de un modo cualitativamente distinto a como lo haría información manejan. si su estilo de procesamiento fuera diferente (v. gr., no ansioso]. Desde esta perspectiva, las experiencias, sentimientos o actividades anómalas o inusuales no deben Hemos dicho que, desde el modelo cognitivo, la psicopatología se puede caracterizar como una disciplina de investi- considerarse necesariamente mórbidas (i. e., indicadoras gación básica y es preciso aclarar qué entendemos por ello: de trastorno mental o del comportamiento). significa que su objetivo no es, primordialmente, la aplicación inmediata o práctica de sus resultados (p. ej., diseñar 4. El objetivo preferente de la investigación psicopatológica es el funcionamiento de los procesos de conocimiento una técnica concreta de terapia, o elaborar un método especifico de evaluación o diagnóstico de tal o cual trastorno). De anómalos. Los procesos de conocimiento incluyen no ello se ocupan otras áreas o especialidades de la psicología. solo los típicamente considerados como procesos cogni- Pero es evidente que, al igual que sucede con esas otras dis- tivos (i. e., atención, percepción, pensamiento, memoria), ciplinas, la psicopatología se mueve también en el ámbito sino también las emociones, motivos, afectos, y senti- de los problemas humanos y, por ello mismo, su principal mientos, ya que unos y otros forman parte del «apara- objetivo es buscar las mejores respuestas a esos problemas to» del conocimiento y, por tanto, inciden por igual en el teniendo como marco de referencia la investigación rigurosa, cómo experimentamos la realidad. sistemática, y ética. La aplicación en la práctica de los mode- 5. La investigación de las psicopatologías puede llevarse a los y técnicas procedentes de la investigación debe servir, a cabo tanto en situaciones naturales como en condicio- su vez, para replantear, ajustar, modificar y explorar la viabili- nes artificiales (i. e, de laboratorio o experimentales). En dad y utilidad de las respuestas iniciales. En suma, cualquier el segundo caso, es necesario que se reproduzcan con disociación entre investigación y aplicación, está condenada la máxima fidelidad posible los contextos en los que se al fracaso de ambas. Pero cada una de ellas debe, a la vez, produce de forma natural el fenómeno a estudiar. Se restringir su ámbito de interés y sus expectativas a sus posi- consideran como fuentes de datos útiles tanto los proce- bilidades y objetivos en aras de la eficacia y la utilidad. dentes de la información subjetiva (por ejemplo, informes introspectivos, Para resumir, los principales postulados del modelo cog- incluyendo cuestionarios estandarizados), nitivo en el contexto de la psicopatología son los siguientes como los directamente observables por parte del experi- (Belloch, 1987): mentador (por ejemplo, latencias de respuesta, comportamiento motor, rendimiento en una tarea, verbalizacio- 1. El objeto de estudio propio de la psicopatología son las nes, etc.), y sus concomitantes neurológicos. Desde esta experiencias, o perspectiva, interesa tanto el cómo se elabora la infor- anó- mación (forma), como el tipo de esta (contenido] y las sentimientos comportamentales, que y/o resultan: actividades (a) mentales inusuales o malas (Reed, 1988), (b] disfuncionales y dañinas (Wakefield, 1992, 1997), (c) inadaptadas y fuera del control (o la voluntad) personal (Widiger y Trull, 1991; Widiger y Sankis, mutuas interacciones entre forma y contenido. 6. La salud mental se define sobre la base de tres parámetros interrelacionados e inseparables: (a) habilidad para 2000] y (d) que provocan interferencias o deterioro en el adaptarse a los cambios y demandas externas y/o inter- desarrollo personal, en el comportamiento y en las rela- nas; (b] esfuerzos de auto-actualización, es decir, bús- ciones sociales. queda de novedades y cambios que supongan retos; y Las experiencias, sentimientos y actividades mentales (c) sentimientos de autonomía funcional y capacidad de 2. o comportamentales psicopatológicas se conceptúan autodeterminación (Giora, 1975). 69 Manual de psicopatología. Volumen 1 Pese a lo expuesto, seria erróneo pensar que existe un teoría este tipo de tratamiento debe basarse en la aplicación planteamiento unitario sobre los postulados que acabamos de los principios del modelo conductual. Sin embargo, la rea- de enunciar. Entre otras cosas porque, como antes dijimos, lidad es muy diferente; los terapeutas de conducta, como tampoco existen planteamientos unitarios sobre la psicolo- cualquier otro terapeuta, utilizan todos aquellos elementos gía cognitiva. Esta perspectiva ha ido ampliando progresiva- que consideran de utilidad en un momento o caso particular, mente sus marcos de referencia hasta tal punto que bajo el apellido «cognitivo» es posible hoy encontrar modelos y lugar de hacerlo al revés. Tal vez el enorme distanciamiento explicaciones tan diferentes como los derivados de la inte- entre la teoría y la práctica se debe a lo que Lazarus (1981) es decir, tienden a ajustar la teoría a la práctica clínica en ligencia artificial y el Pl, los neuropsicológicos, los conduc- definía como eclecticismo técnico (citado por Franks, 1991); tuales-cognitivos, o los sociales-constructivistas. De lo que en línea con lo defendido por Lazarus, si bien un científico no se deduce que es realmente dificil, y puede que hasta equi- debe ser un ecléctico, un clínico no debe permitirse el lujo voco, hablar de la existencia de un modelo cognitivo de la de no ser ecléctico. Bien es cierto que la terapia de conducta psicopatología (Ibáñez, 1980, 1982). Lo que hasta ahora tene- no procede de un cuerpo homogéneo de doctrina, sino más mos son modelos cognitivos sobre determinados trastornos bien de múltiples escuelas del pensamiento, de sistemas o grupos de trastornos (depresión, ansiedad, esquizofrenia), filosóficos y teóricos diversos e, incluso, de metodologías sobre experiencias anómalas especificas (alucinaciones, deli- contrapuestas (Franks, 1991). No obstante, esto no justifica rios] o sobre anomalías en algunos de los procesos de conoci- la extravagante proliferación de métodos diferentes, a veces miento (atención, percepción, memoria] o en sus contenidos contradictorios, de terapia de conducta que se practican en (atribuciones, categorías), y/o en las estructuras superiores la actualidad, muchas veces sin base teórica alguna. Tal vez de control (conciencia, si-mismo]. Esos modelos se basan en por esta razón, algunos autores como Franks (1991) recono- datos, obtenidos mediante procedimientos experimentales y cen cosas como las siguientes: de observación de muy variada naturaleza y validez. Quizá sea pronto para hablar pues de «un» modelo cognitivo de Parecería que hubiéramos entrado en un dique seco en la psicopatología. Quizá sea, además, poco útil. Pero proba- lo que a la innovación teórica se refiere, incluso aunque sigan ocurriendo avances tecnológicos. El comienzo de la cuarta década de la terapia de conducta trae consigo desarrollos alentadores. En primer lugar se encuentra el progresivo interés en blemente no lo sea para hablar con razonable seguridad de una psicopatología cognitiva, tal y como queda patente en muchos capítulos de este libro. IV. Modelos y realidad clínica Como hemos señalado anteriormente, las perspectivas teóricas sobre la psicopatología son múltiples. Modelos y más una vuelta a nuestras bases teóricas y conceptuales. Hasta ahora, quizás porque los reforzadores del éxito profesional son más potentes que los que conlleva el progreso del conocimiento, la mayoría de los terapeutas de conducta se encuentran intelectual y emocionalmente comprometidos con el aspecto profesional» (p. 23). modelos han sido la tónica teórica dominante en psicopatolo- En la actualidad se habla de orientaciones conductua- gía. Modelos médicos, de estrés-afrontamiento, humanistas, existenciales, sociales, culturales, cognitivos, conductuales, les (más o menos radicales] y cognitivas como paradigmas etc. Da la impresión de que cada variante de la psicología se todas las técnicas de terapia de conducta utilizan en mayor diferenciales. Muchos autores, no obstante, asumen que ha permitido el lujo de formular «su propia psicopatología». o menor medida los fenómenos cognitivos; o, dicho en otros Esta multiplicidad de enfoques en general ha servido más términos, que toda terapia de conducta es simultáneamen­ para crear confusión dentro de la propia psicopatología que te conductual y cognitiva. Muchos autores que se definen a para formar una idea coherente sobre el concepto de esta sí mismos como cognitivistas emplean en mayor o menor disciplina. En nuestro análisis hemos pretendido huir de esta tradición centrándonos únicamente en las tres perspectivas grado procedimientos comportamentales. Vemos, por tanto, que la realidad con que se aplica la psicopatología, esto es, la más relevantes en el momento presente, esto es, la conduc- psicología clínica, no se ajusta a un modelo teórico concreto, tual, la cognitiva y la biológica. Algunos autores, no obstante, diferenciado y más o menos coherente. opinan no sin razón que las psicopatologías son tan complejas que difícilmente pueden ser explicadas con un solo modelo, sea este cual sea. Un primer problema que surge ante cualquier plantea- 7 Terapia de conducta. Tipo de tratamiento psicológico miento teórico es que la realidad clínica no parece ajustarse que, mediante la aplicación de los principios de la teoría del muy bien a los modelos que le respaldan. Un claro ejemplo, aprendizaje, pretende reemplazar la conducta desadaptada por no poner otros más dramáticos, es lo que ocurre con la o indeseable por formas adaptativas y modos constructivos de afrontamiento. aplicación de la terapia de conducta. Como sabemos, en 70 Capítulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología Un primer acercamiento crítico a esta problemática podría basarse en la necesidad de una aproximación mul­ teóricos irreconciliables. En este caso, tal vez no sería aceptable afirmar que todos los modelos son igualmente válidos. tidisciplinar en lo que concierne a los problemas psicopato- Esta última cuestión, al aplicarla a la psicopatología, lógicos. A este respecto, tal vez tengan razón autores como presenta un problema particularmente delicado a la luz del Willerman y Cohen (1990) cuando afirman que cada modelo desarrollo cientifico actual. Desde el punto de vista psicoló- teórico de la psicopatología en realidad es un conjunto de gico, la cuestión se centra en la aparente incompatibilidad enunciados que explican algunos pero no todos los aspectos entre los dos principales modelos de la psicopatología, i. e., de la anormalidad. Usar un solo modelo para explicar la psico- el conductual y el cognitivo. Si bien desde ciertos sectores patología, dicen estos autores, es como tratar de explicar un se aboga por dos paradigmas diferenciales, lo cierto es que, cilindro basándose únicamente en una de las sombras que al menos en psicopatología, esto no parece ser tan claro. A puede proyectar. Cuando la luz se envía desde un extremo nuestro juicio, tal separación parece reflejar más bien equi- del cilindro, la sombra que este proyecta es circular. Cuando pos de trabajo metodológicamente diferentes, en lugar de la luz se arroja desde un lado del cilindro, este proyecta una dos sistemas científicos diferentes con objeto, explicación, sombra rectangular. Cualquier inferencia sobre la naturaleza descripción y predicciones psicopatológicas independientes. del cilindro basada en un tipo de sombra proyectada es solo parcialmente correcta. Claramente, la naturaleza cilindrica del objeto es algo más que su aspecto circular o rectangu- La historia reciente parece decirnos que en estos últimos años hemos pasado de un extremo al otro; de posiciones E-R más o menos radicales a enfoques cognitivos (analogía con lar, e incluso más que la suma de los dos. En conclusión, si el computador) más o menos radicales. Un error que se ha damos por válido el símil del cilindro, cabría decir que ningún estado cometiendo es que las críticas dirigidas al conductis- modelo particular de psicopatología captura todas las formas mo radical se han tomado como criticas al modelo conduc- de psicopatología. tual como un todo (incluido el conductismo metodológico). Tal vez la necesidad de una aproximación multidisciplinar es más metodológica que epistemológica. Prácticamente Si la «revolución cognitiva» consistiera solo en introducir el todos los manuales de psicopatología describen una serie de to, más que en un cambio de paradigma, en realidad sería modelos o perspectivas teóricas más o menos irreconcilia- un retorno al conductismo metodológico (si quien hace el uso de las variables intervinientes, tales como el pensamien- bles. Cuando se aboga, cosa que es frecuente, por la necesi- cambio es un psicólogo conductual), un retorno a Tolman dad de un enfoque multidisciplinario para abordar los proble- (Matzman, 1987). Como afirma este autor, un psicólogo cog- mas psicopatológicos, no suele quedar claro qué se pretende nitivista puede ser conductista o mentalista, todo depende con ello, lo cual tiende a incrementar la propia confusión del del estatus de los términos «intencionales»' dentro de su lector. Puede significar que cualquier modelo de psicopa- psicología, que sean trasladados en términos conductuales tología debe incluir variables de análisis menos propias, es o no. En el primer caso se trata de un conductismo de cor- decir, más características de otros modelos. Por ejemplo, el te cognitivo; en el segundo caso es una psicología cognitiva modelo conductual debe considerar, aparte de estímulos y centrada en la conciencia. Lo característico del modelo con- respuestas, variables cognitivas (p. ej., atención, memoria, ductual es explicar la conducta en cuestión; para ello se vale imaginación, etc.) y fisiológicas (herencia, actividad neuroen- tanto de eventos observables como de conceptos teóricos docrina, etc.); esto es, variables propias del modelo cognitivo no y del modelo biomédico, respectivamente. En la actualidad tica, neurotransmisores, etc.). La revolución de Watson con- tanto los psicopatólogos conductuales como los cognitivos sistió en trasladar el objeto de la psicología de la mente a la observables directamente (cogniciones, atención, gené- emplean frecuentemente y sin sonrojo en investigación el conducta. La revolución cognitiva hace lo contrario, volver a sistema categorial vigente de clasificación y diagnóstico de los contenidos de la mente como finalidad (p. ej., cómo tra- la American Psychiatric Association. Bien es cierto que este baja la mente). Sin embargo, un problema referido por Maltz- sistema dista mucho de sus primeras ediciones. Pero también lo es que este sistema es fruto del modelo médico. Esto no plantearía problemas graves al modelo teórico, ni implicaria consideraciones adicionales aparte de las propiamente metodológicas. Los cognitivistas, por ejemplo, conceden gran importancia a los factores neurológicos y a la simulación por ordenador. Los conductistas, salvo algunos sectores, siempre han reconocido y asimilado la relevancia de los factores fisiológicos (véase, por ejemplo, la historia del aprendizaje pavloviano). El problema surge cuando se trata de hacer una aproximación multidisciplinara epistemológica de sistemas i Asumimos, siguiendo la idea de Brentano (1874-1973), que un concepto mental es intencional, siempre se refiere a un objeto y consiste en actos (p. ej., «espero el El»). La presencia de términos intencionales en una teoría psicológica caracteriza la teoría como cognitiva. Estos términos, no obstante, no suelen ser definidos o explicados; son empleados de forma que el autor asume que todos conocemos su significado. Usar los términos intencionales de esta forma es nocivo y perjudicial para el avance del conocimiento cientifico, independientemente de su estatus en filosofía (Maltzman, 1987). 71 Manual de psicopatología. Volumen 1 man (1987) es que, mientras que un psicólogo mentalista A veces se han separado los procesos del condiciona- tiende a inferir procesos mentales a partir de la conducta del miento y los cognitivos sobre la base de conceptos como no individuo, un psicólogo conductual define tales procesos en consciente y consciente, automático y controlado, involun- términos conductuales (p. ej., conducta propositiva, conducta tario y voluntario, etc. Sin embargo, este tipo de diferencias de expectativa, etc.; lo que interesa es explicar la conducta no solo han resultado inútiles en este sentido, sino, sobre definida con estos términos). todo, irreales (Rapee, 1991). Ni el condicionamiento se limi- Como hemos indicado en el apartado anterior, existe ta a lo involuntario, inconsciente y automático, ni lo cog- científica nitivo a lo consciente, controlado y voluntario. Este autor en psicopatología que en principio podría englobarse en lo concluye que los términos cognición y condicionamiento no que están bien definidos y generalmente se refieren a fenómenos altamente solapados que incluyen tanto los procesos actualmente hemos un importante denominado cuerpo modelo de evidencia cognitivo. Sin embargo, una de las principales dificultades con que nos encontramos en el momento presente para asumir que este mode- automáticos como los que implican esfuerzo. Tal vez, como lo de psicopatología tiene un estatus cientifico claramente sugiere Rapee, no sea muy productivo ni científicamente diferente del conductual es el gran solapamiento conceptual válido, establecer tal dicotomía. Por usar erróneamente tales que existe entre ambos; en concreto entre los conceptos de cognición recurso a y la condicionamiento. etiquetación Asimismo, el socorrido «conductual-cognitivo» contie- ne información redundante (Zinbarg, 1993). Muchas de las teorías psicopatológicas que se han propuesto como cognitivas son igualmente conductuales, o al menos incluyen conceptos conductuales fundamentales (p. ej., Bandura, 1969, 1977; Lang, 1985). Existe, igualmente, una inextricable interrelación entre los procesos conductuales y los denominados cognitivos. Por ejemplo, la evidencia demuestra que la exposición, uno de los principales procedimientos empleados en terapia de conducta (y desde luego el más eficaz para eliminar la ansiedad), induce cambios conductuales mediados por mecanismos del procesamiento de la información (Lang, 1985). Otro ejemplo diferente: tan cierto como que las cogniciones y la evaluación cognitiva afectan al condicionamiento, lo es que el condicionamiento genera cogniciones que, a su vez, afectan al curso del condicionamiento (Davey, 1987). Los avances recientes en la teoría del condicionamiento, particularmente el condicionamiento pavloviano, podría aportar una estructura teórica coherente para integrar los enfoques conductual y cognitivo. Como venimos resaltando, el condicionamiento pavlovia- conceptos, actualmente se está produciendo un enorme e innecesario debate donde muchas veces se confunden los procesos con los procedimientos. Sabemos desde hace bastantes años, por ejemplo, que las fobias pueden adquirirse, aparte de por condicionamiento directo, por aprendizaje vicario. La adquisición de una fobia por este procedimiento ¿es condicionada (no requiere la verbalización) o es cognitiva (no requiere la experiencia directa)? Las señales interoceptivas de miedo en los ataques de pánico ¿son condicionadas o son cognitivas? (ambos aspectos han sido señalados]. Nos gustaría terminar este apartado con las siguientes palabras de Rapee (pp. 200-201): «Los términos cognitivo y condicionado han sido utilizados durante muchos años con un sentido eminentemente político». Mientras que las connotaciones políticas pueden tener un papel en algunas esferas, presumiblemente este no es el caso en la escena científica. La investigación conductual (tal como la natu- raleza de la formación de asociaciones] tiene mucho que ofrecer al conocimiento futuro de la psicopatología. Ciertamente, si abandonamos las inclinaciones políticas respecto al condicionamiento versus cognición y utilizamos orientaciones (E-E) más contemporáneas, entonces ciertos fenómenos psicopatológicos pueden comenzar a ser comprendidos no (neo-condicionamiento) se entiende actualmente en tér- desde la perspectiva del condicionamiento. Es probable que la futura investigación conductual pueda avanzar nuestro minos de procesamiento de la información (Rescorla, 1988; conocimiento sobre la psicopatología una vez que sea adop- Rescorla y Wagner, 1972; Wagner, 1981; Zinbarg, 1993). Por tado un marco de referencia menos emocional». Esperemos ejemplo, el modelo SOP (standard operating procedures) de (y esto lo decimos nosotros), que en los próximos años se Wagner (1981) enfatiza los mecanismos estándar de opera- perfile con mayor precisión el estatus y alcance científico ción de la memoria a corto plazo, y la representación cog- que corresponde a cada una de estas perspectivas de la nitiva de los estímulos como unidades de información (EC psicopatología, así como también sus legitimas propiedades, y El). Esta idea de que el estímulo conlleva información que incompatibilidades, y convergencias. es procesada, está en línea con el desarrollo de los recientes modelos de condicionamiento definidos en términos E-E en lugar de E-R (p. ej.. Rescorla, 1988); una aplicación de estos modelos en psicopatología es, por ejemplo, el concepto de «expectativa de ansiedad». Tales reconceptuaciones también han sido aplicadas al condicionamiento operante (conductas dirigidas a metas]. 72 7 Aprendizaje vicario. Aprendizaje obtenido por medio de la imitación de la conducta de otros. También denominado aprendizaje observacional, modelado, o aprendizaje social. Capitulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología V. Resumen de aspectos fundamentales psicopatología sin claros indicios de alteraciones orgánicas cerebrales. Se ha puesto de relieve la frecuencia con que ocurren los trastornos mentales entre parientes biológicos. El primer problema que se plantea en la psicopatología como ciencia es la definición de su propio campo de estudio. En la actualidad, como ha sucedido en épocas anteriores, siguen coexistiendo diversos criterios para delimitar lo que se entiende por psicopatológico y, por tanto, para definir el Desde este modelo se plantea que si un determinado trastorno ocurre con una relativa frecuencia en una familia en relación a la población general, quizás sea porque alguno de los miembros de esa familia ha heredado una predisposición genética a padecerlo. objeto y el campo de estudio propios de la disciplina. Entre No obstante, el modelo biológico adolece de diversos los principales criterios que se manejan actualmente los más problemas y limitaciones. En su ambición explicativa más importantes son el estadístico (que postula el concepto de extrema, parece hipotetizar que toda la conducta humana conducta anormal), los sociales e interpersonales (que hacen se explique en términos biológicos y, por tanto, sea tratada referencia a los determinantes y consensos sociales para deli- con mitar lo normal y lo patológico], los intrapsíquicos o subjeti- más que potenciar nuestro conocimiento del comportamien­ técnicas biológicas. Este reduccionismo puede limitar vos (que aluden al sufrimiento personal propio o ajeno) y los to anormal. Aunque es cierto que los procesos biológicos biológicos (que remiten al concepto de enfermedad mental). afectan a nuestros pensamientos y emociones, también lo Entre las razones que justifican tal diversidad de criterios, se es que ellos mismos están influenciados por variables psi- histórico-conceptual cológicas y sociales. Nuestra vida mental es una interacción de la psicopatología, la relatividad de los propios criterios de factores biológicos y no biológicos (psicológicos, sociales, (según el momento histórico y el contexto sociocultural) y culturales, ambientales, etc.), por lo que es más relevante encuentran la propia indeterminación la propia complejidad de los trastornos. Teniendo en cuen- explicar esa interacción que centrarse exclusivamente en las ta este último aspecto, lo cierto es que ningún criterio es variables biológicas. suficiente, por sí mismo, para definir el objeto de la psicopa- Entre los modelos psicológicos más importantes y rele- tología, desde una perspectiva tanto general (teórica] como vantes para la psicopatología destaca, en primer lugar, el aplicada a un caso o situación particular. Por consiguiente, se modelo conductual que surgió a comienzos de la década requiere la concurrencia de varios de ellos para comprehen- de los sesenta como una reacción a las inadecuaciones del der y explicar las entidades psicopatológicas. Un aspecto adi- modelo médico y a los planteamientos especulativos, subje- cional, especialmente relevante para ese propósito, requiere tivos e intuitivos de la época, como un intento de aplicar los tener en cuenta no solo los aspectos negativos (i. e., sinto- principios de la psicología experimental al campo del com- mas, anomalías, etc.), sino también los positivos (i. e., capaci- portamiento anormal. El modelo conductual se formula de dad de resiliencia, recursos de afrontamiento eficaces, apoyo forma prioritaria en relación con los trastornos neuróticos, social, etc.). Esta idea es congruente con la consideración y sus principios fundamentales son la objetividad y el apren- actual de la salud mental no tanto como «ausencia» de un dizaje de los trastornos del comportamiento (principios del trastorno o enfermedad, sino sobre todo como presencia de condicionamiento clásico y operante). Entiende los proble- un estado de bienestar que permita el desarrollo óptimo de mas psicopatológicos como conductas desadaptativas apren- la persona en diversos ámbitos. didas a través de la historia del individuo (importancia del Los diversos criterios de anormalidad se han venido plas- ambiente). Rechaza el concepto de enfermedad por conside- mando de forma más o menos consistente en modelos gene- rar que, aunque puede ser apropiado para las enfermedades rales que tratan de dar cuenta de los diferentes problemas fisicas, no se ajusta a los problemas de conducta. que plantea la psicopatología. No todos los modelos revisten El modelo ha sido criticado por ser excesivamente reduc- el mismo grado de cientificidad, coherencia y poder predic- cionista (limitarse a relaciones entre estímulos y respues- tivo y explicativo sobre la psicopatología. Hemos hecho hin- tas) y ser excesivamente ambientalista. Estas críticas, no capié en tres de estos modelos por su particular relevancia obstante, son válidas en relación con las versiones radicales actual: el biomédico (biológico], el conductual y el cognitivo. del modelo (p. ej., orientación skinneriana], ya que el con- Los defensores del modelo biológico entienden el com- ductismo metodológico asume diversas formas de variables portamiento anormal como una enfermedad producida por subjetivas y no observables directamente (cogniciones, aten- el funcionamiento patológico de alguna parte del organismo. Se presupone que la alteración del cerebro (orgánica modernos, tales como los basados en el neo-condiciona­ ción, imaginación, imitación, etc.]. En particular, los enfoques o funcional) o, en última instancia, del SNC es la causa pri- miento pavloviano, permiten un acercamiento más comple- maria de la enfermedad mental. Los clínicos han distingui- jo y realista sobre la conducta anormal ya que entienden el do de aprendizaje en términos del procesamiento de la informa- los trastornos mentales funcionales, que son patrones de ción, y no únicamente en términos de relaciones de contigüi­ tradicionalmente los trastornos mentales orgánicos 73 Manual de psicopatología. Volumen 1 dad entre los estímulos y las respuestas. Asimismo, las aso- la psicología social ha sido en general más patente sobre los ciaciones según esta forma de aprendizaje son asociaciones contenidos mentales. del tipo E-E, y no únicamente del tipo E-R. Se incluyen, por La psicología cognitiva ha delimitado algunos conceptos tanto, las variables cognitivas como elementos metodológi- básicos cos y conceptuales del aprendizaje implicado en el desarrollo de la información. La consideración teórica de muchos de de la conducta anormal. relacionados principalmente con el procesamiento estos principios, así como su operativización experimental, El modelo conductual cumple los requisitos de una teoría han resultado ser de enorme interés en la investigación de científica. Sus hipótesis han sido probadas experimentalmen­ los problemas psicopatológicos. Así por ejemplo, es precisa te, y como tal el modelo ha servido para explicar y predecir y útil la delimitación del procesamiento automático en con- eficazmente la conducta desadaptada. La aplicación de los traposición a controlado o estratégico, o la separación entre principios del modelo conductual, mediante la denominada procesamiento terapia de conducta, ha resultado ser superior a otros pro- amén de la consideración de otros conceptos como las jerar- cedimientos quías de control o las contingencias en el procesamiento. de intervención terapéutica conocidos. En la actualidad, el modelo evoluciona hacia una mayor conside- secuencial y procesamiento en paralelo, La psicopatología cognitiva, o perspectiva cognitiva de ración de los componentes cognitivos relacionados con la la psicopatología, al igual que la propia psicología cognitiva, psicopatología (modelo cognitivo-conductual). se caracteriza por una multiplicidad de contenidos y opcio- El segundo gran modelo psicológico de interés para la nes, que hace difícil su consideración como un paradigma psicopatología, cuyos desarrollos y aportaciones para la dis- o modelo unitario. No obstante, el enfoque cognitivo de la ciplina se han producido en épocas más recientes que las de psicopatología maneja ciertos conceptos que lo identifican. los dos anteriores, es el modelo cognitivo. La perspectiva Su objeto de estudio no se centra únicamente en el compor- cognitiva de la psicopatología se basa en el desarrollo de la tamiento observable, sino también en los procesos y estra- propia psicología cognitiva, basada a su vez en los desarro- tegias (manifiestos y encubiertos) que las personas utilizan llos del procesamiento de información, las neurociencias, pero también en las aportaciones de otras disciplinas psi- sus emociones y experiencias subjetivas. para comportarse del modo en que lo hacen, así como en cológicas como la social, la experimental, o la personalidad. A partir del análisis de los diferentes modelos de la psi- En consecuencia, sus fuentes son más heterogéneas que copatología se podría concluir la importancia que reviste un las de la psicología conductual. Por lo tanto, deben tenerse acercamiento en cuenta al menos los siguientes antecedentes recientes los tres modelos (biológico, conductual y cognitivo) tiende de la psicología cognitiva: (1) Teoría del procesamiento de la información; desde esta línea ha influido de forma decisiva a enfatizar un aspecto de la problemática psicopatológica el desarrollo de las ciencias de la computación y, a su vez, la pectivamente]. A veces se ha sugerido la necesidad de contemplar las aportaciones de los diferentes enfoques teóricos, simulación del procesamiento de la información del cerebro metodológico multidisciplinar. Cada uno de (mecanismos fisiológicos, conducta y procesos mentales, res­ humano a partir de su analogía con el funcionamiento del en lugar de encerrarse en una sola orientación, en orden a ordenador (se trata de estudiar los fenómenos mentales a poder abordar las distintas facetas que implica la psicopato- partir de procedimientos externos de simulación). (2) psicolo- logía. Por otra parte, se ha indicado también la posibilidad gía social cognitiva, con aportaciones esenciales como las de de que ciertos modelos sean más apropiados para determi- expectativa, atribución, valores, creencias, etc. (3) Psicología nados trastornos; por ejemplo, el modelo conductual para la de la personalidad: con aportaciones como la teoría de los conducta neurótica, el modelo cognitivo para los fenómenos constructos personales de Kelly. Todas estas fuentes, cada mentales (alucinaciones, obsesiones, etc.) y el biológico para una a su modo, han influido y están influyendo de forma fun- los damental en la psicopatología cognitiva. Así, mientras que la etc.). El futuro decidirá, no obstante, sobre la validez y utili- teoría del procesamiento de la información se ha aplicado dad de estas u otras formas de eclecticismo, asi como de su más a los procesos y estructuras mentales, la influencia de coherencia epistemológica. 74 trastornos neuropsicológicos (demencias, esquizofrenia, Capitulo 2. Conceptos y modelos en psicopatología a ••Términos clave Aprendizaje vicario 72 Criterio social 46 Procesamiento en serie 66 Condicionamiento clásico 58 Criterio subjetivo 48 Procesamiento jerárquico 66 Condicionamiento operante 62 Enfermedad mental 56 Signo 56 Conductual 51 Esquema cognitivo 65 Sindrome 56 Criterio de anormalidad 42 Estímulo condicionado |EC| 61 Sintoma 56 Criterio biológico 49 Estímulo Incondicionado (El) 61 Terapia de conducta 70 Criterio estadístico 46 Procesamiento en paralelo 65 Variables encubiertas 61 •• Lecturas recomendadas Brewin, C. (1990). Cognitive foundotions ofclinical psychotogy. Londres: LEA. Canguilhem, G. (1971). Lo normal y lo patológico. Buenos Aires: Siglo XXI (publicación original, 1966). Davey, G. (Ed.) (1987). Cognitive processes and Pavlovian conditioning in humans. Chichester: Wiley. Eisdorfer, C., Cohen, D., Kleinman, A. y Maxim, P. (Eds.) (1981). Models for clinical psychopathology. Nueva York: Spectrum. Giora, Z. (1975). Psychopathology. 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Cuando un paciente afirma que ha perdido el apetito, está haciendo referencia a: de condicionamiento? a) Un signo. a) El origen de las psicopatologías radica en conflictos que permanecen en el inconsciente. b) Un síntoma. b) Las conductas anormales se producen como consecuencia del aprendizaje de, y la exposición a, estímulos y situaciones específicas. d) Un estresor. c) La investigación de procesos internos, incluyendo la experiencia subjetiva, es clave para entender las psicopatologías. la última vez que lo vimos, hace un mes. Cuando inda- La familia y/o el grupo social de referencia son los principales productores de psicopatologías. a) Un signo. d) 2. de c) Una experiencia subjetiva. 7. Observamos que un paciente ha perdido peso desde gamos sobre ello nos dice que no está haciendo dieta alguna. La pérdida de peso en este caso es: b) Un síntoma. ¿Cuál de los criterios que se enumeran es más nece- c) Una experiencia subjetiva. sario para entender y abordar las psicopatologías? d) Un estresor. a) El biológico. 8. b) El estadístico. La egodistonía con respecto a un síntoma o un trastorno hace referencia a: c) El interpersonal o social. a) El malestar ínter-subjetivo que provocan los síntomas. b) La interferencia que provocan los síntomas en la vida cotidiana. c) Un estado de disonancia o conflicto entre la autoimagen y lo que representa el síntoma para el individuo. d) Una escasa o nula consciencia del problema que puede representar el síntoma o el trastorno. d) Todos los anteriores de forma conjunta. 3. Indique cuál de los principios que se enumeran es característico de la psicopatología de orientación cognitiva: a) El origen de las psicopatologías radica en conflictos que permanecen en el inconsciente. b) Las conductas anormales se producen como consecuencia de estímulos específicos. c) La investigación de procesos internos, incluyendo la experiencia subjetiva, es clave para entender las psi­ copatologías. d) 4. 9. Una «variable encubierta» es: La familia y/o el grupo social de referencia son los principales productores de psicopatologías. «Psicopatológico es todo comportamiento o a) Una variable mediacional, no observable directamente. b) Una variable mediacional que se manifiesta y, por tanto, se observa directamente cuando el individuo interactúa con otras personas o realiza una tarea experimental controlada. c) Un estado del organismo que solo es cuantificable a través de la introspección. expe- riencia mental que se desvía de la normalidad». Esta afirmación se corresponde bien con el criterio: a) Médico o biológico. a) Una variable que no es cuantificable. b) Psicodinámico. c) Conductual. 10. 5. En Psicopatología, el énfasis en el estudio de los procesos y funciones tico del modelo: a] Biomédico. En las personas, los procesos de condicionamiento se circunscriben o limitan a: d) Estadístico. mentales anómalos es caracterís- a) Los aspectos más involuntarios y automáticos del comportamiento. b) Los contenidos conscientes y controlados del procesamiento. c) Los elementos voluntarios, aunque no conscientes, del comportamiento. d) Ninguna de las respuestas anteriores describe correctamente los procesos de condicionamiento. b] Conductual. c) Psicodinámico. d) Cognitivo. 79 Manual de psicopatología. Volumen 1 en psicopatológicas. En esencia consiste en asumir que la clasi- situar correctamente al individuo en un sistema de diag- psicopatológico (o diagnóstico psiquiátrico) consiste ficación de los trastornos mentales sea algo arbitrario o bien nóstico (o sistema de clasificación). Este proceso de asig- que sea un reflejo de algo natural que subyace a las entida- nación de diagnósticos a individuos se conoce como «iden- des. Por ejemplo, podemos clasificar a las personas en altas tificación». En este capítulo nos referiremos a los procesos y bajas según que su estatura sea superior o inferior a 170 de cm. Esta clasificación sería arbitraria ya que no partimos (de clasificación y diagnóstico de los trastornos como aspecto central de la psicopatología, y no tanto a los pro- hecho lo desconocemos] de que «alto» y «bajo» reflejen de cesos de identificación de los diagnósticos, aspecto este forma precisa categorías reales que ocurren en la naturaleza. último más propio de las disciplinas aplicadas de la psico- Los sistemas de diagnóstico psiquiátrico (p. ej., el sistema logía clínica. DSM) suelen asumir que las entidades diagnósticas reflejan El concepto de nosología hace referencia a la clasificación de las enfermedades. Aunque se ha producido mucho categorías naturales, y por tanto no consisten en categorías arbitrarias. debate en torno a la posibilidad de conceptualizar los tras- Más recientemente ha adquirido especial relevancia en tornos mentales como enfermedades (i. e., como «enfermedades mentales»], en el ámbito de la psiquiatría las distin- el ámbito de la clasificación y diagnóstico de los trastornos mentales el concepto de taxón (véase Schmidt et al., 2004; tas condiciones psiquiátricas suelen ser consideradas como Waller y Meehl, 1998). El término de taxón generalmente se enfermedades mentales. Por tanto, si se asume este supuesto de la psiquiatría, los conceptos de clasificación y nosología utiliza para referirse a las categorías que son naturales (no a podrían utilizarse de forma equivalente. las categorías arbitrarias]. Waller y Meehl (1998) diferenciaron dos significados comunes de este término: (a) Un significa- La taxonomía es una forma particular de clasificación, do que se refiere a términos familiares que se utilizan en el y se refiere a la ordenación de las entidades en «categorías ámbito científico, tales como «especies», «síndrome», «enfer- naturales» en base a sus características similares. Dicho tér- medad», «tipo», «categoría», y «clase latente»; en todos estos mino hace referencia al ordenamiento de entidades de inte- casos el término se refiere a clases no arbitrarias, es decir, a rés científico o clínico en categorías «naturales» sobre la base tipos naturales, (b] Una segunda acepción hace referencia de las características clave que ellos comparten. Incluye estu- al origen causal del tipo natural o clase no arbitraria; algu- diar la lógica, los principios y los métodos de construcción de nas disputas en la taxonomía de plantas y animales se han sistemas categóricos, asi como también los procedimientos y abordado a partir del origen filético del árbol evolutivo. Por reglas mediante los cuales se llevan a cabo las identificacio- ejemplo, aplicado a la psicopatología, se ha sugerido que el nes y la adscripción a las diferentes categorías. El término de trastorno de identidad disociativo es un verdadero taxón, taxonomía suele aplicarse a los sistemas científicos de clasi- es decir, es un «tipo» de condición mental con una etiología ficación, habiéndose utilizado tanto para referirse al proceso específica que consiste en haber sufrido abuso sexual duran- de clasificación como, de forma más genérica, al estudio de te la infancia. la clasificación. Los taxones pueden ser descritos en términos de conjuntos de objetos, como las especies biológicas (perros, lagar- ) Nosología. Se refiere a la clasificación de las enferme- tijas, etc.) o como las enfermedades orgánicas (enfermedad dades y asume el conocimiento etiológico de las mismas. arterial coronaria, viruela, etc.). Representan, por tanto, ele- Cuando se aplica a los trastornos mentales, se entiende que mentos significativos de la naturaleza que pueden ser dis- estos son enfermedades médicas (i. e., causados orgánica- criminados; son algo que existen con independencia de que mente). seamos capaces o no de identificarlos. Cuando se trata de 2 Taxonomía. Es una forma de clasificación consistente en ordenar las entidades en categorías en base a sus características naturales. Implica el estudio de la lógica, los princi- una categoría arbitraria no seria un taxón sino algo dimensional. Por ejemplo, el afecto negativo o neuroticismo es un rasgo dimensional de la personalidad. Por tanto, el hecho de pios y los métodos de construcción de sistemas categóricos, clasificar a alguien como «neurótico» o «no neurótico» es y la aplicación de las reglas pertinentes. algo arbitrario ya que no existe una categoría «real» (natural) subyacente al neuroticismo. Dicho en otros términos, no se trata de que una persona sea neurótica o no neurótica, sino de que una persona pueda tener un mayor o menor nivel Algunos autores han subrayado la distinción entre taxo- de neuroticismo a lo largo de este rasgo (es decir, puede nomía y clasificación sobre la base de que las categorías ser más o menos neurótica). En psicopatología resulta de formadas sean o no entidades naturales, respectivamente gran interés poder determinar cuándo los fenómenos psi- (Schmidt et al., 2004). Este es un aspecto fundamental que copatológicos son de naturaleza taxónica (i. e., categorial) es necesario considerar en relación con las clasificaciones y cuándo son de naturaleza dimensional (i. e., no taxónica ♦ 82 Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología o arbitraria), lo cual puede llevarse a cabo a través de la taxometría 1. En los sistemas de clasificación categorial pueden aplicarse métodos monotéticos y politéticos. El enfoque monotéti- Existen diversos tipos de métodos para llevar a cabo la clasificación psicopatológica. Los dos principales enfoques co, o enfoque categorial clásico, requiere que deben cumplirse todos los criterios de la categoría para que un individuo son el categorial y el dimensional. El enfoque categorial es pueda ser diagnosticado en ella. Por ejemplo, el trastorno el método dominante en la psiquiatría, y las clasificaciones de la Tourette es definido por cuatro criterios (DSM-5) que de la conducta anormal se han realizado básicamente desde deben cumplirse en su totalidad: (1) presencia de tics moto- la psiquiatría. Este enfoque se basa en la presencia de sig- res múltiples; (2) persistencia durante más de un año desde nos y síntomas, los cuales caracterizan la enfermedad men- la aparición del primer tic; (3] comienzo antes de los 18 años, tal. Esta se define a partir de sus características esenciales y (4) no deberse a los efectos fisiológicos de una sustancia o (signos y/o síntomas) que se toman como referencia para una condición médica. El resultado de este enfoque es que establecer no mucha gente reúne los criterios para un trastorno dado, el diagnóstico. Implica un proceso dicotómico, pues se tiene o no la enfermedad (según se reúnan o no los y que estas personas parecerán muy similares. criterios). Por tanto, se asume implícita o explícitamente que El enfoque politético se basa en conjuntos de caracte- se clasifican taxones (categorías naturales). En contraste, el rísticas y variantes para definir los criterios, de tal forma enfoque dimensional asume que no existen dicotomías o que únicamente se requiere que se cumplan algunas para tipos de conductas a clasificar cualitativamente diferentes. ser incluido en la categoría. Por tanto, sistema politético Las conductas se entienden como dimensiones o continuos puede definir la categoría del trastorno sobre la base de un que reflejan desviaciones cuantitativas respecto a los niveles subconjunto de síntomas perteneciente a un conjunto más considerados normales. Por ejemplo, una puntuación pato- amplio de síntomas y posibilidades. Por ejemplo, el DSM-5 lógica en ansiedad indica únicamente una manifestación especifica que para el tercer criterio del trastorno de ansie- elevada de este síntoma de acuerdo con la curva de distribu- dad generalizada deben cumplirse al menos tres síntomas ción normal en la población. Cualquier punto de corte que entre un conjunto de seis síntomas. Por tanto, pueden dar- se establezca al respecto (algo muy común en psicología) es se grandes variaciones entre unos y otros individuos con el por definición un proceso arbitrario. mismo diagnóstico. Los sistemas de diagnóstico categorial actuales suelen aplicar un enfoque mixto, integrando ambos enfoques (monotético y politético], aunque suele predominar ) Categoría. El término «categoría» se identifica con tér- el enfoque politético. minos como especie, clase, tipo y síndrome. Implica que las entidades que forman la categoría son homogéneas entre sí II. Relevancia de la clasificación y el diagnóstico en psicopatología y que la categoría posee unos límites claros. Se aplica ordinariamente a categorías naturales (no a las categorías arbitrarias), y coinciden con el término de «taxón» (la especie de gatos, por ejemplo, es una categoría natural). Implica un proceso dicotómico (i. e., se pertenece o no a la categoría). Uno de los aspectos más relevantes del nivel descriptivo ) Taxón. Un taxón es una categoría natural (no arbitraria). de la psicopatología está asociado al fenómeno de la cla- Categorías como perros, gatos, delfines, etc., son ejemplos sificación y el diagnóstico. Sin embargo, la psicología de las de taxones. décadas de los años cincuenta y sesenta se significó por una actitud general antidiagnóstica. De hecho, no pocos psicólogos y psiquiatras influidos bien por el psicoanálisis o bien por 1 La taxometría es un enfoque metodológico que posibilita poder identificar la naturaleza de las entidades diagnósticas, pudiendo diferenciar la existencia de taxones (clases naturales) de los fenómenos continuos (dimensiones, rasgos latentes, factores). Dicho en otros términos, la metodología taxométrica nos permite diferenciar empíricamente las variables categóricas de las variables dimensionales. Como tal es mucho más que un conjunto de procedimientos estadísticos, pues se trata de un enfoque complejo para la investigación de estructuras de la realidad objetiva. Desde el punto de vista metodológico, cualquier procedimiento de análisis que pueda identificar taxones puede ser considerado como taxométrico. Para obtener información detallada sobre los procedimientos de análisis taxométricos, véase Schmidt et al. (2004) y Waller y Meehl (1998). la corriente antipsiquiátrica, adoptaron una actitud negativa frente a la tarea diagnóstica, considerando inadecuada la función de etiquetar a los sujetos en base a los principios de los sistemas de clasificación. De hecho, en la primera versión del Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-I; APA, 1952) se llevó a cabo una agrupación muy simplista de los trastornos mentales, estableciéndose únicamente tres grandes grupos de trastornos, incluyendo las psicosis orgánicas (p. ej., reacciones esquizofrénicas), las neurosis psicógenas (p. ej., ansiedad y depresión), y los trastornos del carácter (trastornos de la personalidad y adicciones). Cabe subrayar que tanto el DSM-I (APA, 1952) como el DSM-II 83 Manual de psícopatología. Volumen 1 (APA, 1968) carecían de una descripción de criterios formales 1. y únicamente proporcionaron descripciones globales de los Facilitar la comunicación entre profesionales, posibili- tando el uso de un lenguaje común entre los investiga- trastornos mentales. Basándonos en ambos manuales, era dores y los terapeutas para describir la psicopatología, prácticamente imposible determinar la fiabilidad de los diag- facilitando la replicación de trabajos de investigación, las nósticos, lo cual no planteaba ningún inconveniente a los acciones interdisciplinares, la homologación de los trata- psiquiatras de la época (generalmente de orientación psicoanalítica), ya que no consideraban tan relevante la delimitación mientos, los estudios epidemiológicos, y el análisis de la efectividad de las terapias basadas en la evidencia. Un de los síntomas como la dinámica de los conflictos subyacen- sistema de clasificación representa el desarrollo de un tes que generalmente no se expresaban de forma directa. De lenguaje común que permite una comunicación consis- hecho, la mayoría de los psiquiatras de corte psicoanalítico apenas utilizaban el DSM-Il con fines diagnósticos. tente y progresiva entre los clínicos e investigadores. 2. Desde el ámbito de la psicología, la noción del diagnóstico psiquiátrico defendían una fue rechazada por aproximación también conductual de autores los Los sistemas de clasificación facilitan la recuperación de la información. Posibilitan que la información fragmen- que tada sea recuperada más fácilmente por la memoria. trastornos La sintomatología de los pacientes puede ser recordada psicológicos. Por ejemplo, en esta línea Mischel (1968) denun- con más facilidad desde el contexto sistemático y orga- ció que los sistemas de diagnóstico psiquiátrico en curso, nizado que proporcionan los sistemas de clasificación y particularmente el DSM-I y el DSM-II, adolecían de serias diagnóstico, haciendo que los diagnósticos sean más ági- dificultades metodológicas en cuanto a su validez y fiabili- les y fáciles de recordar por los clínicos. Esta es una de dad. Así mismo, la orientación conductual inicial se oponía al las características responsables del éxito de los sistemas categoriales. diagnóstico psiquiátrico básicamente porque este se basaba en el modelo médico de enfermedad y asumía la existen- 3. cia de causas subyacentes a las categorías sindrómicas. Una Una de las funciones más relevantes de la clasificación es que contribuye de forma relevante en la construcción de aplicación relevante del enfoque conductual fue el desarrollo la teoría, siendo en cierto modo la base de dicha teoría. del análisis funcional de la conducta, el cual enfatizó la falta Algunos autores han sugerido que la teoría y la clasifica- de utilidad del diagnóstico psiquiátrico al evidenciar ciertas ción se encuentran inextricablemente unidas (Schmidt et al., 2004). De acuerdo con estos autores, la validación carencias, como no aportar información sobre el sujeto individual, no permitir llevar a cabo un análisis operativo de la de un constructo asume que la clasificación es un fenó- conducta problema, y no prestar atención a los elementos meno central e indispensable en la teoría; la clasificación funcionales de dicha conducta (situaciones antecedentes y de un trastorno forma una representación del constructo consecuentes). teórico necesario para establecer la base con la que se Una consecuencia razonable que podría derivarse de las elabora y prueba la teoría. Por ejemplo, el DSM propor- múltiples críticas a los sistemas de clasificación tradicionales ciona un medio para interpretar y operativizar las ideas (de corte médico) sería el rechazo al uso de los mismos, tanto en el ámbito clínico como de investigación. Sin embargo, teóricas abstractas en definiciones más concretas (gene- como señalaron Carson et al. (1988), cualquier ciencia nece- tal entre la teoría y la clasificación puede apreciarse en ralmente Una integración fundamen- el enfoque transdiagnóstico (véase el epígrafe VI]. sita disponer de un sistema comprensivo de clasificación, ya que los sistemas de clasificación constituyen un elemento comportamientos). 4. necesario para la descripción de la psicopatología. Dado que Una implicación importante de la relación entre la clasificación y la teoría es que los sistemas de clasificación los sistemas de clasificación ayudan a ordenar y organizar definen e impulsan la investigación. Una prueba de esto los conocimientos de una disciplina, aplicándolos a la psico- es el enorme impulso que generó el DSM-III promoviendo patología cabría afirmar que favorecen la construcción de y estimulando la investigación de los diferentes trastor- un marco de referencia conceptual sistemático para esta nos mentales (muchos descritos por primera vez en este disciplina. manual), tanto en el ámbito psiquiátrico como en el psicológico. Se ha señalado que la clasificación y diagnóstico cumplen numerosas funciones relacionadas tanto con la teoría 5. Algunas ventajas específicas de la clasificación incluyen: como con la práctica de la disciplina de que se trate. En lo (a) acumular información y documentación sobre cada que concierne a la psicopatología, algunos autores (Blashfield, 1984; Millon et al., 2011; Sandin, 2013; Santed y Olmedo, categoría clínica; (b] permitir hacer predicciones desde una perspectiva longitudinal; (c) clarificar la etiología de 2003; Schmidt et al., 2004; Vázquez et al., 2017) han enfatiza- los trastornos, pues la posibilidad de seleccionar grupos do diversas ventajas que puede proporcionar la clasificación de individuos homogéneos con el mismo trastorno posi- de la conducta anormal, entre las cuales podrían citarse las siguientes: factores etiopatogénicos. 84 bilita incrementar la eficacia de la investigación sobre los Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología 6. Entre las ventajas de la clasificación aplicadas al campo ción de los modelos categorial y dimensional, siendo descrito de la psicología clínica podrían mencionarse las siguien- por Degerman (1972; citado por Blashfield, 1984) como un tes: (a) poder realizar un diagnóstico más preciso, válido «radex». Una ilustración de este modelo podría entenderse y fiable; (b) determinar el tratamiento más adecuado apli- al combinar un tipo especifico de trastorno (enfoque catego- cable a cada categoría clínica; (c) predecir el curso clínico rial) con su correspondiente nivel de gravedad [componente del paciente y la respuesta al tratamiento; (d) determinar dimensional]. el estatus legal del paciente en base a su funcionamiento Un sistema categorial agrupa los trastornos mentales en y competencia; (e) proporcionar información fiable para diversos tipos o categorías en base a una serie de criterios la elaboración de la historia clínica y, en su caso, de los como rasgos definitorios. A nivel teórico, emplear un siste- informes preceptivos. ma de tipo categorial exige el cumplimiento de una serie Algunos autores (p. ej., Mezzich, 1984) han señalado que de requisitos a destacar: (1) la existencia de límites claros un aspecto importante a considerar es que los sistemas de entre las distintas categorías; (2) las diferentes categorías son clasificación y diagnóstico maximizan sus ventajas cuando mutuamente excluyentes, y (3) debe darse la homogeneidad integran los aspectos categoriales y los dimensionales. Como entre los miembros de una categoría. Ahora bien, desde la ha indicado este autor, un ejemplo de ello fue la inclusión del psicopatología es difícil apoyar dichos supuestos, fundamen- sistema multiaxial a partir del DSM-III. Mediante este sistema talmente como consecuencia de la presencia de altas tasas podían establecerse las categorías de los trastornos (prime- de comorbilidad entre diferentes trastornos (Lilienfeld et al., ros tres ejes) y la descripción de las características psicoso- 2013), tal y como se ha puesto de manifiesto a través de los ciales y funcionales del paciente (dos últimos ejes), pudiendo estudios epidemiológicos a gran escala donde se comprueba llevarse a cabo, por tanto, un diagnóstico dual (categórico y que la coexistencia de dos o más categorías diagnósticas dimensional]. Una integración más reciente de ambos enfo- del DSM en la misma persona es la regla y no la excepción ques se ha plasmado en la psicopatología a través del nue- (Kessler et al., 2012), o la evidencia de heterogeneidad den- vo enfoque conocido como transdiagnóstico (Belloch, 2012; tro de un mismo trastorno en términos de gravedad y sintomatología (First y Tasman, 2004; citado por García-Soriano, Sandin et al., 2012). 2016), por lo que ambos fenómenos podrían reflejar ciertas limitaciones del modelo categorial. Según esta última autora, ) Transdiagnóstico. Enfoque consistente en formalizar la la dificultad de emplear sistemas de clasificación categoria- psicopatología desde un conjunto de procesos cognitivos y les se hace patente en el caso de la ansiedad y la depresión, conductuales etiopatogénicos causales y/o de mantenimien- donde es complejo determinar dónde está el umbral para to, los cuales constituyen la base sobre la que se pueden decidir si un paciente manifiesta o no el trastorno. organizar los trastornos mentales en grupos o espectros. En contraposición, un sistema dimensional clasifica los casos clínicos basándose en la cuantificación de atributos más que en la asignación de categorías. Se centra, por tan- III. Modelos de clasificación to, en el grado en el que se puede clasificar a un individuo en función de la gravedad con la que se presentan deter- Clásicamente se ha venido señalando (p. ej., Skinner, 1981; minadas dimensiones y, por tanto, proporciona una descrip- Blashfield, 1984) que el desarrollo de los enfoques de cla- ción de fenómenos que se distribuyen de forma continua sificación y que no poseen límites definidos, lo cual resulta más con- podría estructurales configurarse básicos que a partir corresponden de cinco modelos a: gruente con el enfoque de la psicopatología, al menos desde (1) modelos jerárquicos; (2) modelos categoriales; (3) mode- específicamente una perspectiva psicológica (Belloch, 1987). A pesar de que los dimensionales; (4) modelos circumplejos, y (5) modelos mayoritariamente híbridos. Estos tipos diferentes de modelos no son necesa- y dominan los principales sistemas de clasificación (Sandín los enfoques categoriales han dominado riamente excluyentes entre sí. Por ejemplo, existe una clara et al., 2012), se ha planteado que la distinción entre los sis- relación entre los modelos categoriales y los jerárquicos, por temas categoriales (cualitativos) y los dimensionales (cuanti- una parte, y entre los modelos dimensionales y circumplejos, tativos) a la hora de elaborar las clasificaciones psicopatoló- por otra; de hecho, los modelos circumplejos no son otra gicas no tienen por qué ser excluyentes, de tal modo que se cosa que una variante de los modelos dimensionales clási- puede utilizar un sistema o el otro, o bien un modelo híbrido cos (Belloch y Baños, 1986). Como indican estas autoras, el dependiendo de la alteración que se desee estudiar. Tanto modelo circumplejo parte del supuesto según el cual una algunos aspectos del DSM-5 como el enfoque multiaxial del determinada circular, DSM-III [Ejes I y II como representativos de tipos especificos constituyendo la mitad del círculo la parte opuesta de la otra de trastornos (enfoque categorial) y el Eje V como escala de evaluación de la gravedad del trastorno (enfoque dimensio­ dimensión adopta una ordenación mitad. A su vez, el modelo híbrido representa una combina­ 85 Manual de psicopatología. Volumen 1 IV. Hitos en la clasificación de la conducta anormal nal)] podrían corresponder a ejemplos de modelo híbrido tal y como expondremos más adelante. Desde la psicología conductual se han sugerido algunas opciones de clasificación como alternativas a los sistemas La historia de la clasificación de la conducta anormal es rela- de conducta tivamente nueva y su desarrollo es aún limitado. Básicamen- operativos. En este contexto se presentó hace ya algunas te ha estado siempre liderada desde la psiquiatría y desde el décadas el sistema psicológico de clasificación Psychologi- modelo médico categorial, aunque actualmente se está pro- cal Response Classification System (PRCS), elaborado por duciendo un interés renovado hacia enfoque dimensional. En Adams et al. (1977). En él se clasifican las conductas, no los individuos, en base a seis sistemas de respuesta (motor, per- la Tabla 3.1 hacemos una breve presentación sobre algunas diagnóstico ceptivo, clásicos, biológico, ofreciendo cognitivo, criterios emocional y de social] definidos de las principales contribuciones al desarrollo de la clasifica- operativamente a través de categorías de respuesta. En cier- ción en psicopatología. Las contribuciones de Pinel, Cullen, Kraepelin, OMS, y DSM-III fueron previamente señaladas por to sentido, este sistema de clasificación supuso un avance García-Soriano (2016). con respecto a las clasificaciones psiquiátricas al uso existentes hasta ese momento ya que: (1) clasifica conductas, no individuos; (2) las conductas están definidas operativamente, y (3) está basado en datos objetivos más que en inferencias (Chorot, 1990). Este sistema, a pesar de su potencial interés, ha tenido escasa aceptación en el campo de la psicopatología, tal vez debido al enorme impacto que supuso el DSM-III (APA, 1980). En el reverso de los modelos dimensionales se sitúan los modelos categoriales, típicos de la tradición clínico-médica. En este marco se ubican los principales sistemas de clasificación oficiales en la actualidad (CIE y DSM), a pesar de que en Los antecedentes de las clasificaciones psiquiátricas actuales habría que buscarlos fundamentalmente en Alemania (Kalhbaum, Kraepelin, etc.). El primer autor representa la vertiente clínica y es un antecesor directo de Kraepelin. Este último encarna un proceso de evolución hacia un modelo en el que se distingue entre alteraciones constitucionales y adquiridas, y en el que particularmente se sientan las bases de los grandes síndromes psicóticos funcionales, base de los que se manejan actualmente. Además, Kraepelin define las alteraciones en términos de complejos sintomáticos en lugar de enfermedades. Así mismo, también parece constatarse que, hasta el momento actual sigue imperando un enfoque la construcción de las últimas versiones del DSM se pueden de clasificación categorial, que asume un modelo médico encontrar matices dimensionales, referentes al peso de las (actualmente representado por el DSM-5). Se evidencia, no investigaciones psicométricas en su elaboración, a la inclu- obstante, la incursión de modelos dimensionales desde el sión de un sistema de diagnóstico multiaxial, a la irrupción ámbito de la psicología, como el propuesto inicialmente por de los espectros clínicamente relevantes (p. ej., en la clasifi- Eysenck basado en las dimensiones de la personalidad. Tam- cación del autismo y la esquizofrenia), asi como a la inclusión bién se aprecia en la tabla cómo en los principios de la psico- de medidas de síntomas transversales y de gravedad, cuya patología, la enfermedad mental se basaba en la existencia valoración es dimensional. de alteraciones orgánicas, y que hasta Kraepelin, e incluso 5 CIE. Clasificación Internacional de las Enfermedades. Es posteriormente, se ha dado relevancia al estudio de las psicosis frente a las neurosis. el sistema de clasificación y diagnóstico de las enfermedades oficial de la Organización Mundial de la Salud. A partir de la publicación en 1948 de su sexta edición (CIE-6), incluye un capítulo dedicado a la clasificación de los trastornos ) Síndrome. Conjunto de signos y síntomas que configuran un cuadro clínico. mentales. Sin embargo, a partir de la teoría de Freud sobre las neurosis parece que el panorama cambia en cierta forma. ) DSM. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disor- Este autor conceptualiza definitivamente las neurosis como trastornos de origen no orgánico (psicológico] en contra de ders. Es el sistema de clasificación y diagnóstico oficial de los supuestos originales de Cullen, y establece dos grandes la American Psychiatric Association. En 1952 se publica la tipos de neurosis (psiconeurosis) según que la ansiedad fuera primera edición de este manual (DSM-I); la última edición se experimentada o inferida. En el primer tipo (ansiedad senti- publicó en 2013 (DSM-5). Desde la publicación de la tercera da) incluyó las neurosis fóbicas y las neurosis de ansiedad, edición (DSM-III) en 1980 se ha convertido en el manual de y en el segundo tipo (ansiedad inferida) las neurosis obse­ referencia a nivel mundial. sivo-compulsivas y la histeria. Una diferencia fundamental entre la descripción de las neurosis que hacen Eysenck y Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología )) Tabla 3.1. Principales hitos en el desarrollo de la clasificación de la conducta anormal | AUTOR Philippe Pinel CONTRIBUCIÓN (1745-1826) En 1789 publica su libro Nosographie philosophique, donde lleva a cabo una clasificación de las enfermedades mentales. William Cullen (1710-1790) Clasifica los trastornos mentales usando un enfoque basado en los sistemas biológicos utilizados para clasificar a las plantas y a los animales. Karl L. Kahlbaum (1828-1899) Incorporó a la nosología la evaluación del curso de la enfermedad. Henry Maudsley (1835-1918) Sugirió clasificar los trastornos mentales sobre la base de síntomas identificables. Emil Kraepelin (1856-1926) En 1883 publica el Compendio de psiquiatría, en el cual clasifica los trastornos mentales como complejos sintomáticos, no como enfermedades. j Diferencia las entidades nosológicas asociadas a la demencia precoz (hebefrenia, catatonía, y demencia paranoide) de la psicosis maníaco-depresiva (trastorno afectivo). En su obra introduce ciertos conceptos dimensionales comunes a las psicosis (demencia precoz), al referirse a trastornos del pensamiento, la atención, las emociones, y el negativismo. Sigmund Freud (1856-1939) Clasifica los trastornos mentales en neurosis, psicosis y perversiones. Organización Mundial de la Salud (OMS) (1948) Publica la sexta edición de la Clasificación internacional de las enfermedades, traumatismos y causas de defunción (CIE-6), incluyendo un capítulo dedicado a la clasificación de los trastornos mentales. American Psychiatric Association (APA) (1952) Publica la primera edición del DSM (Diagnostic and statistical manual of mental disorders). Incluye tres grandes grupos de trastornos (psicosis orgánicas, neurosis psicógenas, y trastornos del carácter). Hans Eysenck (1916-1997) Delimita las dimensiones de neuroticismo, extraversión y psicoticismo, y clasifica los trastornos mentales sobre la base de dichas dimensiones. American Psychiatric Association (1980) Con la publicación de la tercera edición del DSM (DSM-III) se produce la primera gran revolución en la Lee A. Clark y David Watson (1991) Publican el modelo tripartito sobre el afecto, la ansiedad y la depresión. Christopher G. Fairburn, Zafra Cooper y Roz Shafran (2003) Establecen la primera clasificación transdiagnóstica de los trastornos mentales (aplicada a los trastornos alimentarios). American Psychiatric Association (2013; DSM-5) Publica el primer enfoque híbrido para la clasificación de los trastornos mentales (aplicado a los trastornos de la personalidad). Clasifica las neurosis en neurosis experimentados (neurosis fóbicas y neurosis de ansiedad) y neurosis inferidas (neurosis obsesivo-compulsiva e histeria). clasificación de los trastornos mentales. Incluye (a) criterios específicos para el diagnóstico de los trastornos mentales (basados en elementos externos de validación), y (b) el sistema multiaxial. Integra parcialmente aspectos del enfoque dimensional en estructuras de base categorial. Consorcio HiTOP (Román Primera clasificación dimensional de la psicopatología, como alternativa a las nosologías categóricas Kotov et al., 2017) tradicionales. - ---------------------------------------------- ---------------------------- _—_ ______________________________________________________________________ _ Nota: HITOP = Hierarchical Taxonomy of Psychopathology. 87 Manual de psicopatología. Volumen 1 Freud (ambos comparten modelos dimensionales), aparte de son necesarios. Aunque históricamente se han presentado las notables diferencias en cuanto a los supuestos etiológicos, se refiere a que mientras que el primero entiende las como dos alternativas irreconciliables, debiendo optar por uno u otro en función de la orientación teórica (desde la neurosis y las psicosis según dimensiones independientes psicología se ha presentado siempre como más apropiado (asociadas a las dimensiones de personalidad, neuroticismo el enfoque dimensional), lo cierto es que ambos enfoques y parecen necesarios (véase Sandin et al., 2012). Por otra parte, psicoticismo respectivamente), Freud considera que las categorías de neurosis y psicosis se sitúan sobre una única no tiene mucho sentido actualmente plantear el tema como dimensión de «funcionamiento del yo». Este último autor una cuestión de mera elección, optando por uno u otro separa las neurosis de las psicosis en base a que las psicosis enfoque en función de las preferencias teóricas pues, como poseen mayor grado de regresión del yo que las neurosis, indicamos atrás, disponemos de una herramienta metodoló- y estas mayor que la normalidad (i. e., las personas no clí- gica (la taxometría) que posibilita conocer la naturaleza de nicas). La influencia de la clasificación de Freud desde un los trastornos; es decir, nos permite saber si un trastorno es modelo psicoanalitico, durante el último tramo del siglo xIX categorial, dimensional o mixto. y principios del xx, ha marcado las clasificaciones contemporáneas en la psicopatología. Con pequeños retoques, esta clasificación es seguida por algunos autores recientes (p. ej., ) Taxometría. Enfoque metodológico dirigido a identificar la naturaleza de las entidades objeto de clasificación (o Rosenhan y Seligman, 1984) que categorizan, de forma similar a los postulados de Freud, las fobias, pánico, ansiedad generalizada y trastorno de estrés postraumático (TEPT) en entidades diagnósticos). Permite detectar la existencia de taxones (clases naturales), y diferenciarlo de los fenómenos continuos (dimensiones). el grupo de la ansiedad observada, y la histeria (trastornos somatomorfos) y la disociación (trastornos disociativos] en el grupo de la ansiedad inferida. Se asume, por tanto, que Algunos estudios han puesto de relieve de forma con- estos trastornos poseen como elemento central común la sistente ansiedad, si bien esta puede entenderse de dos formas dife- copatológicos, entre los que se incluyen la esquizotipia, la rentes (observada vs. no observada). la naturaleza taxónica de algunos dominios psi- disociación, el consumo de sustancias (alcohol y nicotina), el autismo, el juego patológico, el riesgo de suicidio, la paidofilia y la psicopatía (Haslam et al., 2012, 2020; Schmidt et ) Dimensión. Una dimensión psicológica es un continuo a al., 2004; Waller y Meehl, 1998). La esquizotipia se solapa con lo largo del cual pueden distribuirse las puntuaciones. Por síntomas de la esquizofrenia y del trastorno de personalidad ejemplo, el neuroticismo es un continuo, pues un individuo esquizotípico, y se caracteriza por el «deslizamiento cogniti- puede puntuar más o menos en el mismo. La clasificación vo» (percepciones inusuales, creencias mágicas; se ha asocia- de un individuo como «neurótico» o «no neurótico» es do a pérdida de asociaciones y pensamiento tangencial) y la algo arbitrario, ya que no existe una categoría real (natu- anhedonia (no disfrutar de las interacciones sociales, etc.); se ral) de neurótico. han constatado ambos taxones, i. e., de deslizamiento cognitivo y de anhedonia, asociados a la esquizotipia. También se ha demostrado un taxón de la disociación, aspecto nuclear Finalmente, en la tabla subrayamos nuevos intentos de de los trastornos disociativos, especialmente del trastorno clasificar la conducta anormal desde los avances de la propia de identidad disociativo (la disociación implica una falta de psicología, entre los que incluyen las aportaciones del modelo integración de las funciones de la conciencia, la memoria, la tripartito sobre el afecto positivo, la ansiedad y la depresión identidad, o de la percepción del medio). La evidencia sobre (Clark y Watson, 1991), la emergencia de los nuevos sistemas la naturaleza taxónica de la psicopatía es menos consistente, de clasificación transdiagnósticos (Fairburn et al., 2003), y la aunque existen datos que la avalan (la psicopatía se relacio- reciente propuesta de clasificación dimensional de la conduc- na estrechamente con el trastorno de personalidad antiso- ta anormal llevada a cabo por el Consorcio HITOP (Hierarchi- cial, el cual se asocia a la conducta criminal). Más reciente- cal Taxonomy of Psychopathology; Kotov et al., 2017). mente se ha sugerido que otros trastornos como el autismo, Un tema de gran controversia en la historia de la clasifi- la paidofilia, el juego patológico, y el riesgo de suicidio pare- cación de la conducta anormal concierne a la disputa en la cen tener también una naturaleza taxónica (i. e., categorial, preponderancia entre los enfoques categorial y dimensional, no arbitraria) (Haslam et al., 2020). y su aplicación en el diagnóstico. El primero es un enfoque Respecto a otros trastornos (trastornos alimentarios, práctico, intuitivo, y fácil de aplicar. El enfoque dimensio- depresión, trastornos de ansiedad, trastornos de la persona- nal es más complejo, más laborioso y menos familiar. Sin lidad, etc.) existe evidencia preliminar sobre su naturaleza no embargo, ambos poseen ventajas e inconvenientes y ambos taxónica (i. e., dimensional]. Por ejemplo, aunque es posible 88 Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología que existan taxones relacionados con subtipos especificos de rrollo de nuevos procedimientos terapéuticos de terapia cog- depresión (p. ej., la depresión melancólica), no se ha demos- nitivo-conductual trado que exista un taxón general de depresión, siendo como diseñados también de para trastornos los tratamientos especificos, asi psicofarmacológicos, al esta más bien de naturaleza dimensional (p. ej., Liu, 2016). igual que el desarrollo y utilización de nuevos instrumentos Tampoco parece que el trastorno de ansiedad generalizada, psicométricos para la evaluación de síntomas, conductas y el trastorno de estrés postraumático u otros trastornos de características de personalidad. ansiedad sean de naturaleza taxónica (Haslam et al., 2012, Los sistemas de clasificación imperantes son los estable- 2020). No obstante, un aspecto relevante sugerido por algu- cidos por la American Psychiatric Association (APA) y la Orga- nos autores (p. ej., Schmidt et al., 2004) consiste en que un nización Mundial de la Salud (OMS). El primero corresponde trastorno general puede ser de naturaleza dimensional, pero a las diversas versiones del DSM (Diagnostic and Statistical ciertas facetas o subtipos pueden ser taxones (p. ej., ciertos Manual of Mental Disorders), y el segundo a las respectivas subtipos del trastorno depresivo mayor como la depresión versiones de la CIE (Clasificación Internacional de las Enfer- melancólica, o un taxón de vulnerabilidad cognitiva al tras- medades). En general se trata de dos sistemas paralelos torno de pánico —similar a la sensibilidad a la ansiedad)—. con categorías diagnósticas equiparables (existe una corres- Parece claro, por tanto, que las diferentes variantes psicopa- pondencia entre los códigos de diagnóstico de la CIE y las tológicas pueden ser de naturaleza taxónica, dimensional o categorías del DSM). De este modo, existe una gran com- de ambas. Los sistemas de clasificación y diagnóstico debe- patibilidad y equivalencia entre los diagnósticos de ambos rían contemplar e integrar dichas condiciones. Resulta cuan- sistemas. No obstante, hasta el momento actual las princi- to menos chocante que los psicólogos clínicos defiendan a pales pautas en la clasificación de los trastornos mentales toda costa el modelo dimensional obviando esta evidencia. han estado marcadas por la psiquiatría norteamericana a Y lo que es más llamativo, muchos de los psicólogos que través del sistema DSM, especialmente desde la publicación defienden el enfoque dimensional no se ruborizan aplicando del DSM-III. indiscriminadamente puntos de corte sobre los resultados de escalas dimensionales, con objeto de establecer categorías A. Primeros intentos de clasificación de la conducta anormal diagnósticas sobre constructos no taxónicos. En 1934, en colaboración con la New York Academy of V. Enfoques de clasificación categorial: sistemas DSMy CIE Medicine, la American Psychiatric Association (APA) desarrolló fied una nomenclatura Nomenclature of conocida como Standard Classi- Disease, creada principalmente para pacientes crónicos internos, la cual no resultó útil para el A partir del siglo xx, el influjo del psicoanálisis en la psiquia- elevado número de veteranos que, al final de la Segunda tría y la psicología clínica fomentó una atmósfera de rechazo Guerra Mundial, necesitaban ayuda psicológica al no estar hacia la actividad clasificatoria. Desde esta perspectiva, el representados en dicha clasificación los trastornos agudos, diagnóstico tradicional no resultaba esencial para la prácti- los trastornos psicofisiológicos o los trastornos de la persona- ca terapéutica; lidad (Widiger et al., 1991). Durante la Segunda Guerra Mun- ocurriendo además que diversos sintomas pueden deberse a la misma causa, y un mismo tipo de sín- dial, el 10% de las exclusiones del ejército de Estados Unidos toma puede estar producido por causas múltiples. Por otro se debieron a causas psicopatológicas y, por entonces, no se lado, los psicólogos con tendencias conductuales criticaban disponía de un sistema de clasificación consensuado. el diagnóstico tradicional por su escasa consideración de En 1948, se dio un importante paso cuando la OMS, en la variación individual y por hacer énfasis en el concepto su sexta edición de la CIE (la CIE-6], dedicó por primera vez de «enfermedad». A su vez, los psicólogos con tendencias un capítulo a la clasificación de los trastornos psiquiátricos humanistas mostraban cierto rechazo al diagnóstico por su (Capítulo V], como parte de la clasificación de las enfermeda- carácter «deshumanizador», por los efectos sociales nega- des, con el objetivo de proporcionar criterios consensuados tivos de la «etiquetación social» y por su escaso valor en que permitieran establecer indices de morbilidad y morta- el desarrollo del tratamiento. Por otra parte, este panorama lidad comparables internacionalmente. Las enfermedades estaba también en cierto modo justificado por la escasa fia- mentales se organizaron en tres grupos de trastornos: (1) bilidad que mostraban los sistemas diagnósticos existentes psicosis, (2) trastornos psiconeuróticos, y (3) trastornos del en la época. Sin embargo, en las últimas décadas, la acti- carácter, del comportamiento y de la inteligencia. Aunque vidad clasificatoria en psicopatología ha tenido un franco este capítulo fue mejorando con las sucesivas ediciones de crecimiento. este la CIE, hasta su novena edición (CIE-9; WHO, 1979) las clasifi- renovado interés por la clasificación cabe destacar el desa­ caciones eran poco descriptivas y nada operativas, ya que se Entre los factores que han potenciado 89 Manual de psicopatología. Volumen 1 limitaban básicamente a meros listados de trastornos, glosa- generalmente rios y rótulos. La CIE-9 (WHO, 1979) mantiene en el Capítulo V estos sistemas con fines diagnósticos, ya que no necesita- de corte psicoanalítico, apenas utilizaban (Trastornos mentales, del comportamiento y del desarrollo ban hacer diagnósticos por no ser relevantes en su enfoque neurológico] los tres grupos generales de clasificación de clínico; para ellos no era tan relevante la delimitación de los las enfermedades mentales presentes en la versión previa [i. e., (a) psicosis, (b) trastornos neuróticos, trastornos de la síntomas que pudieran configurar un diagnóstico cuanto la personalidad y otros trastornos mentales no psicóticos, y (c) se expresaban de forma directa. dinámica de los conflictos subyacentes que generalmente no retraso mental]. La APA publicó en 1952 el primer manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-1), muy influido por la doc- B. DSM-III: revolución en la clasificación de los trastornos mentales trina de Meyer (1866-1959). Este autor rechazó el reduccionismo biológico de Griesinger y Kraepelin y se inclinó por identificar los trastornos mentales como patrones de reacciones psicobiológicas de la personalidad, y no como enfermedades, lo cual le sitúa en una posición próxima al psicoanálisis desde el momento en que este acentúa el carácter individual de los problemas mentales y su determinación por factores situacionales o por estresores psicológicos, sociales o físicos. La influencia de Freud en el DSM-I fue particularmente importante, poniéndose de manifiesto a través del uso frecuente de conceptos psicoanalíticos como «mecanismos de defensa», «neurosis» o «conflicto neurótico». No obstante, en el manual predominó la idea de Meyer de que los trastornos mentales son reacciones de la personalidad a los factores sociales, y se organizaron los trastornos en tres grupos generales, que fueron denominados como psicosis orgánicas, neurosis psicógenas, y trastornos del carácter. gada con el ClE-8, elevando a diez los grupos de trastornos. El DSM-II abandona el concepto de «reacción» y su orientación gravita en gran medida sobre el concepto de neurosis, asumiendo en este sentido la idea psicoanalítica de que las neurosis son defensas contra la ansiedad; al asumir este concepto, el DSM-Il acepta también el supuesto de que en todos estos trastornos existe un mecanismo subyacente supuestamente patológico (ya que se entendía que este mecanismo estaba directamente relacionado con la ansiedad, y básicamente se asume que todas las neurosis son trastornos de ansiedad). descripción de criterios formales que sirvieran para determinar los límites de cada trastorno, incluyendo la ausencia de (a) una definición de los síntomas y síndromes, (b) una lista de los síntomas requeridos para efectuar el diagnóstico y (c) unos criterios objetivos para evaluar los sintomas. únicamente proporcionaban descripciones globales de los trastornos mentales, tal y como se ha hecho en la CIE, por lo que era prácticamente imposible determinar la fiabilidad de los diagnósticos. Algunos estudios sobre la fiabilidad de estas versiones del DSM realizados entre los años 1950 y 1970 indicaron que esta era inferior a 0,50 (Spitzer y Wilson, 1975). De hecho, la mayoría de los psiquiatras, 90 y Horoitz (2005), «En 1980, de un solo golpe, el sistema de diagnóstico basado en el DSM-III transformó radicalmente la naturaleza de la enfermedad mental». En poco tiempo, la psiquiatría se deshizo de un paradigma intelectual y adoptó un sistema de clasificación totalmente nuevo. El DSM-III importó un modelo de diagnóstico de la medicina donde el diagnóstico es «la piedra angular de la práctica médica y la investigación clínica». La psiquiatría se reorganizó a sí misma pasando de una disciplina donde el diagnóstico desempeñaba un papel marginal a otra en la que se convertía en la base de la especialidad. El DSM-III enfatizó las categorías de enfermedad en lugar de los límites imprecisos entre la conducta normal y anormal, dicotomías en lugar de dimensiones, y manifiestos en lugar de mecanismos etiológicos subyacentes» (p. 250, citado por Sandín, 2013). El efecto revolucionario producido por el DSM-III se ha explicado por el uso de un nuevo paradigma (categorial) basado en síntomas para definir los trastornos mentales. Este nuevo paradigma no se basó en un nuevo conocimiento científico ya que, aunque incrementó el número de trastornos, no incrementó el número de conductas tratadas en psiquiatría. Tampoco supuso un incremento de la medicalización, pues la psiquiatría ya se había encargado de hacerlo mucho antes. Otras explicaciones que se han sugerido son el triunfo de la ciencia sobre la ideología, y la capacidad del DSM-III para clasificar un elevado número de problemas Estas dos primeras ediciones del DSM carecían de una manuales sificación de los trastornos mentales. Como señalaron Mayes síntomas La segunda edición del DSM-Il (APA, 1968) fue homolo- Estos De acuerdo con Sandín (2013), la publicación del DSM-III en 1980 por la APA supuso la primera gran revolución en la cla- médicos y legitimar a la psiquiatría como profesión que debe tratar tales problemas. El DSM-III significó el triunfo de Kraepelin sobre Freud (Sandín, 2013), es decir, un cambio de un paradigma psicosocial (dimensional] a un paradigma basado en los síntomas (categorial). Robert Spitzer, máximo responsable de este manual, aplicó el enfoque de Kraepelin, según el cual debían especificarse de forma rigurosa y bien definida los criterios para el diagnóstico de cada trastorno mental. Esta orientación, basada en el innovador trabajo de Robins y Guze (1970) sobre criterios externos de validación diagnóstica, ya había sido utilizada con éxito a través de los Feighner criteria (Feighner et al., 1972) y los Research Diagnostic Criteria (Spitzer et al., 1975). Este nuevo modelo de clasificación Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología de los trastornos mentales fue aprobado por las principales El éxito del DSM-III no se debe únicamente al cambio instituciones sanitarias norteamericanas, y se utilizó para la revolucionario que produjo sobre la psiquiatría en sí misma, sino también por las características del manual y sus repercu- construcción del DSM-III. Una innovación importante del DSM-III fue la introducción del sistema de diagnóstico multiaxial. Mediante cinco ejes, el sistema multiaxial puede mejorar la claridad conceptual en la descripción de los casos y facilitar la organización de la información clínica, permitiendo elaborar un plan comprensivo más útil para el manejo de cada caso. Los tres primeros ejes se refieren a los síndromes clínicos (Eje I), los trastornos de personalidad y trastornos especificos del desarrollo (Eje II), y los trastornos somáticos o físicos (Eje III). Los ejes cuarto y quinto, introducidos en parte con fines de investigación, determinan la gravedad de los siones sobre otros campos afines a la psiquiatría. Una propiedad importante del DSM-III es su carácter ateórico (neutral en cuanto a posibles causas o teorías etiológicas), lo cual ha facilitado su utilización por los clínicos de cualquier orientación y formación (p. ej., médica o psicológica). Este manual ha sido utilizado con frecuencia en contextos clínicos y de investigación (especialmente por psiquiatras y psicólogos), en medicina y psicología forense, en tribunales de justicia, en las compañías de seguros, y en general en organizaciones e instituciones relacionadas con la salud. Aunque en su concepción y desarrollo subyace el modelo biomédico, la precisión y estandarización de los criterios diagnósticos referidos estresores psicológicos (Eje IV) y el nivel de funcionamiento a los diferentes trastornos mentales enriqueció enormemen- adaptativo del sujeto (Eje V). Con la utilización del enfo- te las descripciones de la psicopatología clínica, fomentando, que multiaxial, el DSM-III refleja que se pueden integrar las así mismo, la creación de nuevos instrumentos para la eva- aproximaciones categorial y dimensional en un mismo sis- luación psicológica de los trastornos mentales, favoreciendo tema clasificatorio. De esta forma, mientras los Ejes I, II y con ello la investigación y la práctica de la psicología clínica. III son de naturaleza categorial, los Ejes IV y V forman una La revolución del DSM-III no solo afectó a la psiquiatría sino escala también, y especialmente, a la psicología clínica. dimensional donde se valora cuantitativamente el papel de los estresores psicosociales y el funcionamiento adaptativo. La decisión de incluir estos últimos ejes supone c. DSM-IV y CIE-10: refinamiento una concepción más adecuada y global de los trastornos del enfoque basado en síntomas mentales, además de dotar a la clasificación de un enfoque Al igual que ocurrió con los sistemas DSM-III y CIE-9, las nue- más bio-psico-social. El notable incremento del número de trastornos que se produjo en el DSM-III con respecto al DSM-II se ha interpretado como evidencia de la superior capacidad del DSM-III para definir y clasificar un elevado número de problemas psicológicos. La descripción precisa de muchos «nuevos» trastornos mentales supuso dar un nuevo impulso a nuevos desarrollos de investigación y tratamiento en la psicopatología y la psicología clínica. No pocos trastornos fueron descritos y/o establecidos por primera vez en este manual, incluyendo trastornos tan relevantes actualmente como el trastorno de estrés postraumático, el trastorno de pánico, el autismo infantil, el trastorno de déficit de atención/hiperactividad, el trastorno de personalidad múltiple, la fuga y la amnesia psicógenas, el trastorno de ansiedad de separación, y la fobia social. Sin duda cabría afirmar que hay un antes y un después del DSM-III en la clasificación categorial de los trastornos mentales. ) Trastorno perturbación mental. i. e., el DSM-IV y la CIE-10, caminarán paralelas con evidencia de importantes correspondencias entre ambas. Aunque las clasificaciones de la CIE nunca han alcanzado los niveles de precisión en las descripciones clínicas que reflejan las versiones del DSM, lo cierto es que ambos sistemas han tenido que convivir desde hace años, y aún lo hacen ahora, debido fundamentalmente al carácter oficial que se ha dado a la primera a nivel internacional (en algunos países es obligatorio aplicar los criterios de la CIE en muchos centros de las redes sanitarias públicas, incluida España). Esto ha llevado a que el DSM adopte los códigos de diagnóstico establecidos por la CIE, homogeneizando de este modo los diagnósticos. Así, mientras que el DSM-III incluye los códigos de la CIE-9, el DSM-IV (APA, 1994) incluye los códigos de la CIE-9 y CIE-10 (OMS, 1993) debido a que esta última incluye nuevos códigos para la identificación de los diagnósticos]. Los responsables de la CIE-10, conscientes de Síndrome clínicamente caracterizado significativa en la por una cognición, la regulación emocional, o la conducta del individuo que refleja una disfunción en los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen al funcionamiento mental (DSM-5). vas ediciones de estos dos grandes sistemas de diagnóstico, las deficiencias de este sistema en la clasificación de los trastornos mentales, mejoraron significativamente esta versión dotándola de mejores descripciones de los trastornos; pero aun así, están muy lejos de las descripciones, tanto en precisión como en extensión, que aparecen en el DSM-IV. De este modo, la clasificación de la CIE se acerca al modelo clasificatorio del DSM puesto en práctica a partir de su tercera edición. 91 Manual de psicopatología. Volumen 1 )) Tabla 3.2. Grupos (clases] de trastornos mentales descritos en el DSM-5, y sus correspondencias con los grupos del DSM-IV y la CIE-10 r CIE-IO • Retraso mental. DSM-5 DSM-IV • Trastornos del neurodesarrollo. • Trastornos de inicio en la infancia, la niñez o la adolescencia. • Esquizofrenia, trastorno esquizotípico y trastornos de ideas delirantes. • Espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. • Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. • Trastornos del humor. • Trastornos bipolares y trastornos • Trastornos del estado de ánimo. • Trastornos del desarrollo psicológico. • Trastornos del comportamiento y de las emociones de comienzo en la infancia y la adolescencia. relacionados. • Trastornos depresivos. • Trastornos neuróticos, secundarios a situaciones estresantes y somatomorfos. • Trastornos de ansiedad. • Trastornos de ansiedad. • Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados. • Trastornos relacionados con traumas y estresores. • Trastornos del comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas y factores somáticos. • Trastornos disociativos. • Trastornos disociativos. • Trastorno de síntomas somáticos y trastornos relacionados. • Trastornos somatomorfos. • Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingestión de alimentos. • Trastornos de la conducta alimentaria. • Trastornos de la eliminación. • Trastornos del sueño-vigilia. • Trastornos del sueño. • Disfunciones sexuales. • Trastornos sexuales y de la identidad sexual. • Disforia de género. • Trastornos parafílicos. • Trastornos disruptivos, del control de impulsos y de la conducta. • Trastornos del control de impulsos no clasificados en otros apartados. • Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de sustancias psicoactivas. • Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos. • Trastornos relacionados con sustancias. • Trastornos mentales orgánicos, incluidos los sintomáticos. • Trastornos neurocognitivos. • Delirium, demencia, trastornos amnésicos y otros trastornos cognoscitivos. • Trastornos de la personalidad y del • Trastornos de la personalidad. • Trastornos de la personalidad. comportamiento del adulto. • Trastornos facticios. • Trastornos adaptativos. • Otros trastornos mentales. • Trastornos mentales debidos a enfermedad. • Trastornos motores inducidos por medicamentos y otros efectos adversos de la medicación. — • Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica. ♦ 92 • Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica. ‘ Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología El DSM-IV, aparte de incrementar el número de trastornos que inicialmente pretendió llevar a cabo un cambio de para- mentales, mejoró significativamente los criterios y la descrip- digma, i. e., un cambio desde un sistema categorial clásico ción de las diferentes categorías diagnósticas. De hecho, los basado en la coherencia de conjuntos de síntomas hacia un criterios diagnósticos son mucho más precisos, claros y des- sistema dimensional basado en circuitos cerebrales y eviden- criptivos que en el DSM-III. Otra aportación importante del cia neuroquímica. Lógicamente, una pretensión de este tipo DSM-IV consistió en incluir de forma explícita y especifica estaba, hoy por hoy, condenada al fracaso (véase Sandín, los criterios de significación clínica, i. e., el requerimiento de 2013). Finalmente, el DSM-5 optó por una posición interme- que estuviera presente un deterioro o malestar clínicamente dia, esto es, no renunciar al enfoque categorial de base, si significativo. Este criterio debía darse para poder efectuar el bien introduciendo conceptos psicológicos dimensionales. El diagnóstico respectivo, en adición a los criterios que definen resultado ha sido un manual que refleja cambios generales y las características propias del síndrome específico. El DSM- conceptuales importantes, modificaciones sustantivas en las IV no modificó sustancialmente la esencia del modelo que definiciones categoriales de algunos trastornos, y una tímida subyacía al DSM-III, sino que significó el éxito y el esplen- incursión en las clasificaciones mixtas categoriales-dimensio- dor del modelo categorial, limitándose a perfeccionar dicho nales. Los principales cambios afectan a múltiples aspectos manual mejorando la descripción y caracterización de los de la clasificación de los trastornos mentales, e incluyen (1) trastornos mentales. Así mismo, y al igual que su antecesor, cambios en la estructura organizativa de los trastornos men- los responsables del desarrollo del DSM-IV se esforzaron por tales; (2) cambios en los grupos de trastornos mentales, y (3) minimizar las inconsistencias lingüísticas con la CIE-10, así cambios en categorías especificas de trastornos mentales. como también por potenciar la colaboración y maximizar las correspondencias diagnósticas. El DSM-IV ha tenido una amplia aceptación por parte de la comunidad científica, y ha 1. Cambios en la estructura organizativa de los trastornos mentales /dimensiones y espectros/ ejercido una enorme influencia sobre el desarrollo reciente Tal vez uno de los cambios más significativos que introduce de la psiquiatría, la psicopatología y la psicología clínica. el DSM-5 en relación con su antecesor el DSM-IV se refiere a D. El DSM-5: hacia un nuevo paradigma fundamentalmente a través de la inclusión de dimensiones cambios conceptuales y organizativos generales, plasmados y espectros, así como también mediante la incorporación Tras una larga espera por la comunidad científica, en 2013 de medidas de síntomas transversales y de gravedad clínica. se produce la publicación del DSM-5 (APA, 2013), la cual Sin duda, la inclusión de dimensiones/espectros ha sido una ocurrió rodeada de una expectación y críticas sin prece- de las principales aportaciones del DSM-5, aun cuando no dentes. A pesar de las múltiples críticas que envolvieron su pudiera plasmarse en la extensión y/o términos previstos publicación, consideramos que el DSM-5 ha proporcionado inicialmente. importantes aportaciones; en este apartado nos referiremos diferencia entre el DSM-5 y el DSM-IV debía ser el uso más Según los propios responsables, la principal brevemente a algunos de los cambios y aportaciones más prominente relevantes (para una presentación más detallada, véase San- aunque finalmente el DSM-5 debió conformarse con estable- dín, 2013; Sandín et al., 2016; Echeburúa et al., 2014). cer un marco estructural abierto que posibilite una nueva El DSM-5 incluyó aspectos como la incorporación de los de parámetros dimensionales en el primero, conceptualización y reorganización de los síndromes y las avances neurocientificos en psicopatología y psiquiatría, la categorías diagnósticas sobre la base de dimensiones psico- posibilidad de añadir criterios dimensionales a los trastor- patológicas relevantes (Sandín, 2013). Esta idea de integrar nos, y la necesidad de delimitar los trastornos según el ciclo dimensiones psicológicas con categorías y síndromes diag- vital, el género y las características culturales. El proceso de nósticos es consistente con los nuevos avances de la psico- elaboración, desde 1999, fue complejo y minucioso mediante logía clínica en el campo del transdiagnóstico (Sandín et al., la participación de múltiples grupos de trabajo que revisaron 2012). Aunque, de hecho, el único ejemplo de clasificación (a) la evidencia de la literatura validada empíricamente (des- dimensional propiamente dicha se intentó con los trastor- de la publicación del DSM-IV); (b) la realización de ensayos de campo; (c) la apertura de la información a la opinión pública nos de personalidad, cuyo fruto finalmente quedó relegado a la Sección III del manual, como modelo emergente que de profesionales, y (d) la revisión de los criterios de diagnós- debe investigarse en el futuro, en lugar de aparecer en la tico. El DSM-5 incluye 22 grupos generales de trastornos (en Sección II (Criterios diagnósticos y códigos). la Tabla 3.2 se presenta una comparativa de los grupos del DSM-5 con los del DSM-IV y CIE-10). Por otra parte, el intento de incorporar parámetros dimensionales para agrupar los trastornos mentales se tradujo bási- Este nuevo sistema de clasificación no consistió simple- camente en agregar especificadores de gravedad acompa- mente en un intento de mejora del modelo anterior (como ñados de las correspondientes dimensiones subyacentes. La ocurrió con el DSM-IV respecto a la versión anterior], sino delimitación de las dimensiones clínicamente relevantes para 93 Manual de psicopatología. Volumen 1 las diferentes agrupaciones de trastornos se estableció par- estudio que puedan favorecer el diagnóstico y tratamiento tiendo de once elementos externos de validación (véase la del trastorno. La segundas consisten en instrumentos varios Tabla 3.3). Algunos de estos elementos, tales como la simili- de evaluación de la gravedad del trastorno (medidas especi- tud de síntomas, los factores genéticos y neurofisiológicos, la ficas para cada trastorno mental). Como ocurre con el resto evolución de la enfermedad y la respuesta al tratamiento, ya de escalas de evaluación, la mayor parte de ellas se encuen- fueron utilizados por Robins y Guze (1970), aunque con una tran fuera del manual (ambos tipos pueden obtenerse a tra- finalidad muy diferente, i. e., definir trastornos categoriales vés del siguiente enlace: www.psychiatry.org/dsm5). en lugar de agrupar trastornos sobre la base de un espectro común (Sandin, 2013). Otros cambios generales asociados al DSM-5 incluyen modificaciones referidas a descripciones de los trastornos según las etapas del ciclo vital, y a la supresión del sistema multiaxial. El primero se refiere a modificaciones que afec- )) Tabla 3.3. Criterios externos de validación compartidos, sugeridos para la agrupación de trastornos en dimensiones/ espectros propuestos por el grupo de trabajo de Diagnóstico de Espectros del DSM-5 tan a algunas de las descripciones clínicas de los criterios para un mejor ajuste al ciclo vital, especialmente a las etapas más tempranas (p. ej., se incluyen criterios del TEPT específicos para los niños que no superan los seis años de edad). En una línea similar, el DSM-5 establece un nuevo grupo CRITERIOS EXTERNOS DE VALIDACIÓN de trastornos asociados al proceso del desarrollo del ciclo • Sustratos neurológicos (p. ej. circuitos de temor o recompensa). vital (i. e., grupo de «Trastornos del neurodesarrollo»). Como • Biomarcadores. colofón de este posicionamiento de integración de variantes • Antecedentes comportamentales. del proceso evolutivo, se refleja un cambio formal en la orga- • Procesos cognitivos y emocionales. nización de la presentación de los trastornos en el manual • Factores de riesgo genético. (el orden de los trastornos con que aparecen en el manual se • Familiaridad (p. ej., factores relacionados con interacciones familiares). relaciona con el ciclo vital, es decir, con la edad en que suele • Factores de riesgo ambientales causales manifestarse de forma más típica; en las anteriores ediciones • Similitud de síntomas. del manual no parecía existir ningún criterio al respecto]. Un • Altas tasas de comorbilidad entre trastornos según definiciones actuales. ma multiaxial. Los responsables del DSM-5 no ha aportado • Evolución de la enfermedad. ninguna justificación sobre ello, más allá de insinuar que la • Respuesta al tratamiento. naturaleza biológica de todos los trastornos mentales justifi- cambio aparentemente negativo es la supresión del siste- ca la no inclusión de este sistema (a pesar de haber demosNota: Adaptado de Hyman (2012, p. 12). trado sobradamente su utilidad clínica]. 2. Cambios en los grupos de trastornos Desafortunadamente, dimensional los clasificación nuevo manual tiene que ver con la reorganización general discapacidad plasmados intelectual en Un segundo tipo de cambios que pueden observarse en el de los trastornos mentales, con el consiguiente efecto sobre la tímidamente de nuevo DSM-5, afectando principalmente a los criterios de de quedado conceptos el diagnóstico han del los grupos (clases] de trastornos. Como puede apreciarse en desarrollo intelectual; dimensiones conceptual, social y prác- (trastorno la Tabla 3.2, el DSM-5 clasifica los trastornos mentales sobre tica), el trastorno del espectro del autismo (dimensiones de la base de 22 grupos o clases generales de trastornos. Con- comunicación trasta con los 17 grupos del DSM-IV y, más aun, con los 10 social y conductas restrictivas/repetitivas), el espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos grupos de la CIE-10 (en dicha tabla se establecen, de forma (dimensiones aproximada, las correspondencias entre los grupos corres- de delirios, alucinaciones, pensamiento/len- guaje desorganizado, conducta psicomotora anormal, y síntomas negativos), y los trastornos neurocognitivos (dimensiones de atención compleja, función ejecutiva, aprendizaje y memoria, lenguajes, perceptivo-motora, y cognición social). pondientes a estos tres sistemas de clasificación). Un cambio importante con respecto al DSM-IV es la sustitución del grupo clásico dedicado a la infancia y a adolescencia por el actual grupo de «Trastornos del neurode- El pretendido enfoque dimensional del DSM-5 se reflejó sarrollo». Llama la atención la creación de este grupo con también en la inclusión de medidas transversales (cross-cu- pretensiones de estar fundamentado etiológicamente, lo que tting) y de gravedad clínica. Las primeras se encuentran en consecuencia obliga a dejar fuera de él a diversos tras- en su mayoría fuera del propio manual, y consisten en ins- tornos descritos anteriormente en el grupo de trastornos de trumentos dirigidos a efectuar evaluaciones diversas sobre la infancia/adolescencia. Con este nuevo grupo se eviden- síntomas transversales, para identificar áreas adicionales de cia el énfasis que hace DSM-5 en el modelo biomédico, al 94 Capitulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología Los cambios referidos a las nuevas denominaciones de igual que ocurre con la nueva denominación de grupo de «Trastornos neurocognitivos» (estos trastornos se definen los trastornos mentales son menos relevantes, aunque pue- en el DSM-IV como «trastornos cognoscitivos»). Otros cam- den suponer implicaciones importantes si afectan a la con- bios relevantes incluyen: (a) la fragmentación del grupo de ceptualización los trastornos de ansiedad en tres grupos («Trastornos de denominaciones como las del trastorno del desarrollo inte- del trastorno. Por ejemplo, algunas nuevas ansiedad», «Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos rela- lectual (antes retraso mental), trastorno depresivo persisten- cionados» y «Trastornos relacionados con traumas y estre- te (antes distimia), o disforia de género (antes trastorno de sores»]; (b] la división del grupo de trastornos del estado la identidad sexual), no suelen implicar cambios sustantivos de ánimo en dos grupos («Trastornos bipolares y trastornos relevantes en la definición y/o caracterización del trastorno. relacionados» y «Trastornos depresivos»], y (c) la creación de Otras modificaciones, en cambio, si tienen implicaciones clí­ tres grupos [«Disfunciones sexuales», «Disforia de género», y nico-diagnósticas, tales como las relacionadas con la separa- «Trastornos parafilicos»] a partir del grupo genérico anterior ción entre los diagnósticos de trastorno de pánico y agorafo- de trastornos sexuales y de la identidad sexual. Aparte de la bia o, en los trastornos disociativos, la integración de la fuga desagrupación de los trastornos sexuales, justificada por la disociativa en la amnesia disociativa. diferente naturaleza de cada uno de los tres nuevos grupos, el resto de desagrupaciones podría justificarse por el intento de asumir dimensiones (o espectros] diferenciales para cada uno de estos grupos, que de por sí podrían resultar excesivamente heterogéneos. Una consideración especial merecen los trastornos que, estando presentes en el DSM-IV, han sido suprimidos en el DSM-5. No obstante, tal vez ocurra algo similar a lo indicado para los cambios de denominación evidenciados en algunos trastornos; es decir, mientras que en algunos casos es asumible y posiblemente apropiado el hecho de suprimir entidades 3. Cambios en categorías especificas de trastornos obsoletas, en otros puede resultar al menos polémico. Por mentales ejemplo, en lo que concierne a los largamente consolidados Este tipo de cambios afecta a múltiples categorías y subtipos de trastornos mentales. Los cambios pueden referirse a la descripción de nuevos tipos de trastornos mentales, a cambios en la denominación de trastornos mentales recogidos en el DSM-IV, o a la supresión de algunos trastornos. Entre los nuevos tipos de trastornos mentales sugeridos por el DSM-5 caben destacarse el trastorno de síntomas somáticos (sustituye principalmente a los trastornos de somatización y de dolor], el trastorno neurocognitivo leve, el trastorno de desregulación del ánimo disruptivo, el trastorno de atracones, y el trastorno de ansiedad hacia la enfermedad. Salvo los dos últimos (el trastorno de atracones ya estaba predefinido en el DSM-IV, y el trastorno de ansiedad a la enfermedad es una mera «reconceptualización» de la hipocondría), los demás trastornos han sido duramente criticados. Los tres primeros implican una inflación innecesaria del número de diagnósticos, ya que, de acuerdo con los criterios de estos nuevos trastornos, (a) es factible diagnosticar un trastorno mental (trastorno de sintomas somáticos) en cualquier paciente médico por el mero hecho de tener una enfermedad con trastornos somatoformes, la supresión de los trastornos de somatización y de dolor puede ser razonable, dada la ambigüedad diagnóstica que les caracterizaba; sin embargo, no resulta tan clara la supresión de la hipocondría. Por otra parte, ha llamado la atención la supresión de los tipos clásicos de esquizofrenia (paranoide, desorganizada y catatónica], aunque el DSM-5 lo ha justificado por la escasa validez de estos tipos. Finalmente, merece la pena subrayar la oposición de gran parte del colectivo científico a la supresión de algunos tipos de trastornos que en el DSM-5 han quedado englobados en la categoría de «Trastorno del espectro del autismo», tales como el trastorno de Asperger, o el síndrome de Rett. La inclusión de estos trastornos en el espectro del autismo implica incrementar de facto el número de autistas diagnosticados (al incluirse como tal el sindrome de Asperger), así como la pérdida de un diagnóstico válido aplicado previamente al síndrome de Rett (Rutter, 2013). 4. Comentario sobre las aportaciones, limitaciones y criticas relacionadas con el DSM-5 elevada sintomatología somática (un porcentaje muy elevado de pacientes con cáncer tendrían también este trastorno A modo de comentario final desearíamos hacer alusión a mental, especialmente al haberse excluido el criterio de la no algunas de las principales limitaciones o críticas que se han explicación médica de los síntomas); (b) un porcentaje eleva- vertido en relación con el DSM-5. Estas han procedido desde do de niños exhiben síntomas de cambios en el estado de múltiples y diferentes ámbitos de la psicología y la psiquia- ánimo [desregulación) disruptivos por «comportarse como niños», sin que necesariamente presuponga que se trata de tría, incluyendo sociedades o instituciones de prestigio como un trastorno mental, y (c) el declive cognitivo natural (p. ej., American Psychological Association], el National Institute of pérdida de memoria] que se produce durante la vejez puede Mental Health (NIMH), a través de su director Thomas Insel, ser la British Psychological Society (BPS), o incluso desde el coor- erróneamente diagnosticado e., trastorno neurocognitivo leve]. como trastorno mental (i. la SHP (Society for Humanistic Psychology, División 32 de la dinador del DSM-IV (Allen Frances]. Los puntos más críticos 95 Manual de psicopatología. Volumen 1 del nuevo sistema han sido la expansión del sistema diag- ficatorio (autismo, esquizofrenia, etc.), además de un nuevo nóstico (creación de nuevos trastornos] y la reducción de los enfoque umbrales en algunas categorías diagnósticas existentes, que trastornos de personalidad (en la sección III del DSM-5), asi podrían dar lugar a una inflación de diagnósticos creando como también un esquema de evaluación dimensional (eva- falsas epidemias de trastornos mentales. luaciones transversales y sobre gravedad), todo ello supone hibrido (categorial/dimensional] para clasificar los El NIMH, a través de su director Thomas Insel, manifiesta un avance importante hacia una clasificación más válida de que este sistema de diagnóstico no es válido por basarse en la psicopatología. En suma, entre las aportaciones del DSM-5 síntomas clínicos en lugar de hacerlo en la biología como se encuentra, sin duda, el hecho de llevar a cabo un cierto el resto de la medicina. Este autor, como sustitución del acercamiento entre DSM-5 apuesta por una clasificación dimensional, el sistema combinando síndromes Research Domains Criteria (RDoC), que pretende mejorar el diagnóstico psiquiátrico por una «medicina de precisión». nes psicopatológicas los modelos categorial y clínicos (categorial] con dimensio- clínicamente relevantes psicológicas dimensional, (dimensional). Desde otra perspectiva, la Asociación Británica de Psicología (British Psychological Society, BPS) defiende dar menos E. La CIE-11: ¿acercamiento al DSM-5? importancia al diagnóstico psiquiátrico y más a otro tipo de análisis más biopsicosocial. También ha sido criticada la desaparición de la evaluación multiaxial introducida en el DSM-III. En el DSM-5 los tres primeros ejes se funden en uno ya que se asume que no hay diferencias entre los conceptos asociados a cada eje (trastorno mental, trastorno de personalidad, Aunque la 11.a edición de la CIE aún no se ha publicado; desde hace más de dos años circulan borradores sobre sus posibles características (su publicación estaba prevista para 2018). Lo que refleja este periodo de borradores no solo no presupone ningún cambio de paradigma, pues ni siquiera y enfermedad médica). La desaparición del Eje IV ha sido parece implicar mejoras especialmente relevantes con res- criticada desde diversos campos de la psicología (especial- pecto al DSM-5. El salto a un nuevo paradigma desde el mar- mente desde los tratamientos de corte sistémico y familiar) co categorial parece inviable en estos momentos, y lo más y la psiquiatría. Por otra parte, la ausencia del Eje V supone que puede hacer la CIE-11 es continuar con el enfoque cate- perder una evaluación dimensional del caso integrada en el gorial y la adición de un pequeño «lavado de cara» con ingre- diagnóstico clínico. dientes dimensionales (i. e., adición de algunos espectros o La mayor frustración de Kupfer (coordinador del DSM-5) no fue tanto el no haber podido implementar un cambio de paradigma cuanto que el anhelado cambio no pudiera plasmarse y sustentarse en la biología y la neurociencia (genética, biomarcadores, circuitos cerebrales, neuroquimica, etc.), es decir, en lo que Bracken et al. (2012) han enfatizado como paradigma tecnológico de la psiquiatría. No obstante, ya desde la propia psiquiatría científica algunos autores han alertado de este peligro, subrayando que una definición de la dimensiones). La CIE-11 clasifica los trastornos mentales en el grupo del neurodesarrollo. síndromes de Trastornos Estos caracterizados mentales, trastornos por del comportamiento son definidos perturbaciones o como significativas cognitivas, de la regulación emocional o conductuales en el individuo, que reflejan una disfunción en los procesos psicológicos, biológicos o del desarrollo que subyacen al funcionamiento mental o conductual. La CIE-11 clasifica 21 grupos generales de trastornos mentales en el Capítulo 6 (Tabla 3.4). psiquiatría como neurociencia aplicada revaloriza el cerebro Un primer aspecto que llama la atención en esta nueva pero la conduce a una disciplina sin mente, sin sociedad y sin clasificación es su semejanza con la categorización estable- cultura (Bracken et al., 2012). Aparte de los problemas que cida recientemente por el DSM-5, existiendo una correspon- puede suponer el diagnóstico de nuevos trastornos, como dencia casi perfecta con este en los grupos de trastornos el trastorno neurocognitivo leve o el trastorno de síntomas establecidos (véase la Tabla 3.4). Este acercamiento al siste- somáticos, y aunque se reafirme su carácter ateórico, no ma DSM ha supuesto que la CIE haya incrementado signifi- pocos autores consideran que el DSM-5 sigue impregnado cativamente el número de grupos de trastornos (ha duplica- del modelo médico, o bien es un intento artificial de expli- do el número de grupos de la CIE-10]. Aunque aún no se ha car los trastornos desde la biología (Sandín, 2013). De hecho, publicado la versión definitiva, comentamos a continuación desde ambos contextos (el psicológico y el médico) podría algunos de los cambios generales que supone esta nueva afirmarse que el DSM-5 supone una evolución, pero no una edición de la CIE. revolución. En primer lugar parece que los principales grupos de A nuestro juicio, los puntos fuertes del DSM-5 parecen trastornos vigentes actualmente en el DSM-5 se reproducen estar determinados por la integración, aunque tímida, de bastante fielmente en el sistema de la CIE-11. No obstante, se conceptos dimensionales en la clasificación psicopatológica. Aunque inicialmente solo haya conseguido introducir aprecian algunos cambios importantes que merece la pena algunos espectros o dimensiones en el marco general clasi- rencia que apreciamos en relación con la clasificación del 96 comentar, aunque solo sea brevemente. Una primera dife- Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología )) Tabla 3.4. Grupos (clases) de trastornos mentales descritos en la CIE-11, y sus correspondencias con los grupos del DSM-5 r CIE-11 DSM-5 • Trastornos del neurodesarrollo. • Trastornos del neurodesarrollo. • Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos primarios. • Espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. • Catatonia. • Trastornos del estado de ánimo. • Trastornos bipolares y trastornos relacionados. • Trastornos depresivos. • Trastornos de ansiedad 0 relacionados con el miedo. • Trastornos de ansiedad. • Trastorno obsesivo-compulsivo o trastornos relacionados. • Trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados. • Trastornos asociados específicamente con el estrés. • Trastornos relacionados con traumas y estresores. • Trastornos disociativos. • Trastornos disociativos. • Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingestión de alimentos. • Trastornos de la conducta alimentaria y de la ingestión de alimentos. • Trastornos de la eliminación. • Trastornos de la eliminación. • Trastornos de distrés corporal o experiencia corporal. • Trastornos de síntomas somáticos y trastornos relacionados. • Trastornos por consumo de sustancias o conductas adictivas. • Trastornos relacionados con sustancias y trastornos adictivos. • Trastornos de control de impulsos. • Conducta disruptiva o trastornos disociales. • Trastornos disruptivos, del control de impulsos y de la conducta. • Trastornos de la personalidad y rasgos relacionados. • Trastornos de la personalidad. • Trastornos parafílicos. • Trastornos parafílicos. • Trastornos facticios. • Trastornos neurocognitivos. • Trastornos neurocognitivos. • Trastornos mentales o del comportamiento asociados al embarazo, el parto y el puerperio. • 6E40 Factores psicológicos o comportamentales que afectan a trastornos o enfermedades clasificados en otro lugar. • Síndromes mentales o comportamentales secundarios asociados a trastornos o enfermedades clasificados en otro lugar. • Trastornos del sueño-vigilia. • Disfunciones sexuales. • Disforia de género. • Otros trastornos mentales. • Trastornos motores inducidos por medicamentos y otros efectos adversos de la medicación. • Otros problemas que pueden ser objeto de atención clínica. Nota. Los grupos CIE-11 se basan en el borrador de esta edición recuperado el 18 de mayo de 2020 de: https://icd.who.int/en. En negrita se indican los grupos de la CIE-11 no recogidos como tales en el DSM-5 (excluyendo los dos grupos residuales). DSM-5 es la presencia de un nuevo grupo no presente en rio (durante las seis semanas tras el parto), los cuales implican este último, el cual ha sido denominado como Trastornos aspectos mentales y comportamentales significativos. En el mentales o del comportamiento asociados al embarazo, el caso de que también se cumplieran los criterios para el diag- parto o el puerperio. Este grupo se refiere a síndromes en la nóstico de algún trastorno mental específico, también debe- mujer asociados a los periodos de gestación, parto y puerpe­ ría asignarse este último trastorno. 97 Manual de psicopatología. Volumen 1 En segundo lugar, se propone la independencia de algu- mente grave (p. ej., personas que han estado expuestas a nos grupos (catatonia, trastornos del control de impulsos, y condiciones estresantes muy graves durante gran parte de trastornos facticios) que en el DSM-5 son subsumidos por su vida, tales como las que se dan en veteranos de guerra, grupos más amplios; i. e., la catatonía se integra en el grupo niños menores expuestos a abuso físico o sexual, etc.). del espectro de la esquizofrenia y otros trastornos psicóticOs; los trastornos del control de impulsos se integran en En lo que concierne a la inclusión de la categoría de «Trastorno de el grupo de trastornos disruptivos, del control de impulsos como avance y de la conducta; y los trastornos facticios son integrados a pérdidas afectivas que se mantienen durante un tiempo por DSM-5 en el grupo de trastorno de síntomas somáticos prolongado (más de seis meses). Así mismo, podría servir y trastornos relacionados. para esclarecer la controversia suscitada a partir del DSM-5 Por otra parte, el borrador actual de la CIE-11 refleja algu- un duelo prolongado», clarificador de podría los ser entendido trastornos asociados sobre la conveniencia o no de la inclusión de las reacciones nos cambios que podrían ser de gran relevancia, ya que impli- depresivas como un trastorno depresivo mayor o como un can cambios de ubicación en algunos trastornos y su salida trastorno de duelo. Sorprende, no obstante, que el «duelo del grupo de los trastornos mentales. En concreto, según esta no complicado» se codifique fuera del subgrupo de trastor- nueva versión de la OMS, los trastornos del sueño, el tras- nos asociados específicamente con el estrés, y fuera del torno de estrés agudo, y los trastornos sexuales dejan de Capítulo 6. El duelo no complicado es categorizado por la ser considerados como trastornos mentales. Más especifica- CIE-11 en el Capítulo 24, en el subgrupo de «Factores que mente, los trastornos del sueño-vigilia, que siempre han sido afectan el estado de salud. Problemas asociados con la considerados como trastornos mentales, se codifican ahora ausencia, pérdida o muerte de otras personas. en un nuevo capítulo (Capítulo 7) de la CIE-11 relacionado Merece la pena subrayar la exclusión de los trastornos únicamente con este tipo de trastornos (incluye los clásicos sexuales (disfunciones sexuales y disforia de género) como trastornos del sueño: insomnio, hipersomnolencia, parasomnias, relacionados con la respiración, etc.). Llama la atención trastornos mentales. Las disfunciones sexuales son codificadas por la CIE-11 en el Capítulo 17 («Condiciones relacio- que la CIE-11 dedique un capítulo entero a los trastornos del nadas con la salud sexual»], por tanto, fuera del capítulo sueño-vigilia (pues un único capítulo se dedica, así mismo, a dedicado a los trastornos mentales. Así mismo, se vuelve a todos los trastornos mentales). la tradicional separación entre disfunción y dolor sexuales, De modo similar, dejan de ser considerados como tras- superada en el DSM-5, al diferenciar los trastornos de dolor tornos mentales las reacciones de estrés agudo (conocido sexual de las disfunciones sexuales. También sale del Capí- en el DSM-5 como «Trastorno de estrés agudo»). Estos tras- tulo 6 la denominada aquí como incongruencia de género, tornos se clasifican en el Capítulo 24 («Factores que afectan conocida el estado de salud o el contacto con los servicios de salud») sexual, y en el DSM-5 como disforia de género, ubicándose de la CIE-11 como reacción de estrés aguda, en el subgru- ahora en el Capítulo 17. Esta nueva denominación va en línea tradicionalmente como trastorno de la identidad po de «Factores que afectan el estado de salud. Problemas con las actuales reivindicaciones de los grupos LGTB (lesbia- asociados con sucesos de daño o traumáticos». El TEPT, no nas-gais-transexuales-bisexuales). obstante, se mantiene en el grupo de «Trastornos asociados Merece la pena resaltar también la consideración como específicamente con el estrés». En este grupo de trastornos trastorno mental del trastorno de adicción a los juegos (jue- mentales, la CIE-11 incluye como novedad, además de otros gos digitales o videojuegos] (gaming disorder], bien a través trastornos, complejo de internet (online) o de forma offline. Este trastorno no y el trastorno de duelo prolongado. El TEPT-complejo, ade- debe confundirse con el trastorno de juego (o juego patoló- más de cumplir los criterios para el diagnóstico del TEPT, se gico; gambling disorder), el cual hace alusión a jugar dinero caracteriza por: (1) problemas graves y generalizados en la (apuestas, etc.). Este último trastorno ya fue incluido como el trastorno de estrés postraumático regulación del afecto; (2) creencias persistentes sobre uno conducta adictiva en el DSM-5. La adicción a los juegos tam- mismo como disminuido, abatido o inútil, acompañado de bién fue propuesta inicialmente por el DSM-5, pero fue eli- sentimientos profundos y generalizados de vergüenza, culpa minada posteriormente debido a las críticas sufridas desde o fracaso relacionados con el suceso traumático, y (3) difi- distintos ámbitos de la comunidad científica y no científica. cultades persistentes para mantener relaciones y sentirse Un cambio llamativo es la ubicación de la hipocondría cerca de otras personas. Estas perturbaciones deben causar en el grupo de «Trastorno obsesivo-compulsivo o trastornos un deterioro significativo en las diferentes áreas de funcio- relacionados», separándola del grupo de los trastornos soma- namiento (personales, sociales, etc.). El diagnóstico de este tomorfos trastorno excluye el diagnóstico de TEPT. El TEPT-complejo somática. Esto supone mantener en el sistema nosológico o trastornos relacionados con la sintomatología suele asociarse a personas que han vivido múltiples sucesos este clásico trastorno (parcialmente equivalente al «trastor- traumáticos, un trauma prolongado, o un trauma especial­ no de ansiedad a la enfermedad del DSM-5»], nombre más 98 Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología que arraigado en la psiquiatría y psicología clínica occidenta- dimensionales. La mayor parte de estos intentos se basan les (aunque eliminado en el DSM-5), y organizar este trastor- en la psicología, destacando entre ellos el Hierarchical Taxo- no, por primera vez, como un trastorno emparentado con el nomy of Psychopathology (HiTOP). Desde la medicina, así trastorno obsesivo-compulsivo. mismo, se está desarrollando otro sistema dimensional cono- En suma, aunque solo nos hemos referido a algunos cido como Research Domain Criteria (RDoC), aunque princi- aspectos generales del borrador de la CIE-11, no parece que palmente fundamentado en conceptos biológicos y médicos. esta nueva clasificación vaya a suponer grandes cambios res- En pecto al DSM-5. A grandes rasgos, el principal cambio parece estas dos propuestas, aunque haremos un breve recorrido suponer un alejamiento de la antigua filosofía de la CIE hacia por algunas sugerencias de clasificación dimensional proce- el estilo de las actuales versiones del DSM, especialmente dentes de la psicología que en cierto modo son anteceden- del DSM-5. No se vislumbra que se intente un posible cambio tes del sistema HITOP. este apartado nos centraremos fundamentalmente en de paradigma en la clasificación de los trastornos mentales, ni siquiera un intento de integración transdiagnóstica. ) HiTOP. Hierarchical Taxonomy of Psychopathology. Clasi- La congruencia y adecuación respecto a la no consideración ficación dimensional de la psicopatología desde un enfoque de los trastornos del sueño-vigilia, el trastorno de estrés agu- psicológico empírico. Se basa en una estructura jerárqui- do y los trastornos sexuales como trastornos mentales es ca con diversos niveles de generalización, entre los que se algo que deberá ser valorado en los próximos años. También incluyen espectros, subfactores, síndromes/trastornos, com- habrá que valorar la validez y utilidad clínica de los nuevos ponentes y síntomas. trastornos mentales, incluidos el TEPT-complejo y el duelo ) RDoC. Research Domain Criteria. Sistema de clasificación prolongado. psiquiátrica basado en dimensiones sustentadas biológicamente. Incluye sistemas psicológicos (procesos cognitivos, VI . Enfoques de clasificación dimensional: HiTOP y RDoC motivación, etc.) y unidades de análisis biológicas (genes, moléculas, etc.). Un aspecto importante que merece ser resaltado fue el reconocimiento manifiesto desde el propio DSM-IV de la insuficiencia del enfoque categorial y la necesidad de una A. aproximación más dimensional para la clasificación de los Enfoques psicológicos dimensionales: el HiTOP trastornos mentales. Por otra parte, es cierto que el DSM-IV incluye explícitamente un concepto dimensional a través del Eje V, pero esto es únicamente algo adicional y secundario 1. Enfoques dimensionales iniciales El interés por la organización dimensional de la conducta a la propia clasificación. No obstante, su no alineamiento anormal sobre la base de métodos cuantitativos (p. ej., aná- con un sistema dimensional se justificó por considerar a este lisis factorial) siempre ha estado presente de algún modo en con serias limitaciones y menos útil para la práctica clínica y la psicología. Eysenck (1967), basándose en las dimensiones la investigación, ya que (a) las descripciones dimensionales de personalidad de neuroticismo y extraversión, diferencia numéricas resultan menos familiares y claras que los nom- entre diversos grupos de trastornos mentales, incluidos los bres de las categorías de los trastornos mentales, y (b) aún grupos de neuróticos, distímicos, histéricos, psicosomáticos, no existe acuerdo para la elección de las dimensiones ópti- y psicópatas. Posteriormente, diferenció entre pacientes mas que deben usarse para clasificar (APA, 2002). Y concluye neuróticos y psicóticos a partir de las dimensiones de neuro- diciendo que «es posible que el aumento de la investigación ticismo y psicoticismo (Eysenck y Eysenck, 1976). Este mode- y la familiaridad con los sistemas dimensionales conduzca lo de los «Tres Grandes» (neuroticismo, extraversión y psico- a una mayor aceptación tanto como método de transmi- ticismo] fue seguido por el modelo de los «Cinco Grandes», el sión de la información como herramienta de investigación» cual incluye las dimensiones de neuroticismo, extraversión, (p. xxx]. apertura, afabilidad y tesón (escrupulosidad) (Wiggins, 1996). Bien es cierto que el DSM-5 abordó directamente este El modelo de los Cinco Grandes ha tenido una gran problema, aunque desde un enfoque tal vez errado desde el influencia en el intento de clasificación dimensional de los comienzo trastornos de la personalidad llevado a cabo por el DSM-5. cas al pretender fundamentadas delimitar dimensiones psicopatológi- biológicamente (marcadores biológicos, circuitos cerebrales, etc.). Aunque finalmente no fue aceptada esta clasificación (quedó relegada a la Sección III del manual, como modelo alter- de nativo del DSM-5 para los trastornos de la personalidad), ha clasificación de la conducta anormal basados en enfoques supuesto el primer esfuerzo serio por clasificar y diagnosti­ Recientemente se han producido diversos intentos 99 Manual de psicopatología. Volumen 1 car los trastornos mentales desde una óptica dimensional. Un avance importante en la conceptualización dimen- Este nuevo modelo parte de que los trastornos de la perso- sional de los trastornos de ansiedad y la depresión se ini- nalidad se caracterizan por dificultades en el funcionamiento ció a partir del modelo tripartito sobre el afecto negativo y de la personalidad y por rasgos de personalidad patológicos. positivo, la ansiedad y la depresión formulado por Clark y Los trastornos de la personalidad específicos que parecen Watson (1991). Estos autores establecieron que los síntomas derivarse de este modelo son los seis trastornos siguientes: de ansiedad y depresión tenían aspectos comunes (i. e., la obsesivo-compulsivo, elevada afectividad negativa) y aspectos especificos (el bajo y esquizotípico (quedan fuera de la clasificación las catego- antisocial, evitativo, límite, narcisista, afecto positivo es característico de la depresión, mientras rías clásicas de trastorno paranoide, esquizoide, histriónico y que la elevada activación fisiológica es una característica de dependiente). los síntomas de ansiedad). Asi pues, en contraste con el modelo clásico que se basa Aunque Clark y Watson únicamente pretendían diferen- en criterios politéticos referidos a conjuntos de síntomas, este ciar entre los síntomas de ansiedad y depresión sobre la base nuevo modelo se fundamenta en la existencia de deterioro de la combinación de afectividad (positiva y negativa) y acti- moderado o grave en cuatro áreas del funcionamiento de la vación fisiológica, establecieron las bases para clasificar los personalidad (identidad, autodirección, empatía e intimidad), trastornos emocionales. Clasificaron la ansiedad y la depre- y en la presencia de cinco rasgos de personalidad desadap- sión en tres subtipos básicos: (1) un síndrome de ansiedad, tativos: afectividad negativa (frente a estabilidad emocional), caracterizado por presentar alto afecto negativo y elevada desapego (frente a extraversión), antagonismo (frente a la activación fisiológica; (2) un síndrome depresivo, caracteri- afabilidad), la desinhibición (frente a escrupulosidad) y psico- zado por presentar alto afecto negativo y bajo afecto positi- ticismo (frente a lucidez o apertura). Estos rasgos de persona- vo, y (3) un tipo mixto ansioso-depresivo caracterizado por lidad constituyen una extensión de modelo de personalidad presentar las tres características (alto afecto negativo, bajo de cinco factores (Widiger y Costa, 2002; Widiger et al., 2002) afecto positivo y elevada activación fisiológica]. Aparte de la referido a las variantes de personalidad más extremas y desa- diferenciación entre los síntomas de ansiedad y depresivos, daptativas, y comprenden 25 facetas especificas de rasgos de este modelo sirvió también para explicar el controvertido sín- la personalidad. Por ejemplo, son facetas específicas la hosti- drome ansioso-depresivo. lidad (de la afectividad negativa], la evitación (del desapego), Brown et al. (1998) ampliaron este modelo extendiéndo- la manipulación (del antagonismo], la impulsividad (de la des- lo a los trastornos de ansiedad y depresivos descritos en el inhibición), y la excentricidad (del psicoticismo]. DSM-IV, no únicamente a los síntomas de ansiedad y depre- Un modelo dimensional basado en métodos cuantitativos sión. Estos autores enfatizaron que los trastornos de ansie- que ha tenido cierta repercusión en el ámbito de la infancia dad y del estado del ánimo son fundamentalmente trastor- y la adolescencia ha clasificado la psicopatología en síndro- nos de la emoción, y, por tanto, relacionaron estos trastornos mes interiorizados (p. ej., síntomas de ansiedad) y síndromes con procesos asociados a estas tres emociones básicas (i. e., exteriorizados (p. ej., conductas perturbadoras] (Achenbach, ansiedad, miedo y depresión). Sugirieron una corresponden­ 1966). Este enfoque establece dos grandes dimensiones «de cia con el modelo tripartito de Clark y Watson (1991), de tal banda ancha» que este autor denomina como interiorizada modo que la combinación de alto afecto negativo y elevada y exteriorizada. Cada una de estas bandas incluye síndromes activación autónoma se asociaba a los diferentes trastornos más especificos que denomina «de banda estrecha». La ban- de ansiedad, mientras que la combinación de alto afecto da o agrupación de tipo interiorizado está constituida por negativo y bajo afecto positivo se vinculaba con los trastor- problemas o síndromes (banda estrecha) etiquetados como nos depresivos. Así mismo, propusieron que la fobia social, a semejanza de la depresión, se asociaba también con el bajo ansioso/depresivo, sintomatología somática, y retraimiento. La agrupación de tipo exteriorizado consta de problemas afecto positivo. (banda estrecha] que implican conflicto con otras personas Posteriormente Watson et al. (2008) extendieron el y con las normas sociales, como se describe en los sindro- modelo enfatizando la estructura jerárquica y la necesidad mes de conducta agresiva, síndromes de problemas sociales de y conducta de ruptura de reglas. No obstante, las conductas Los autores partieron de la elevada comorbilidad que suele correspondientes a los problemas de banda ancha interiori- darse entre los síntomas depresivos (tristeza, depresión] y zados y exteriorizados no son mutuamente excluyentes y los síntomas de ansiedad y miedo entre los pacientes diag- establecer una superclase de trastornos emocionales. la comorbilidad entre las conductas que caracterizan ambas nosticados de algún trastorno de ansiedad o depresivo. Por dimensiones es elevada (Liu, 2004). Por otra parte, cabe tanto, concluyeron que se trataba de una separación artifi- afirmar que los síndromes de problemas atencionales y de cial entre los trastornos del estado de ánimo y los trastornos pensamiento en principio no se vinculan con ninguna de las de ansiedad, que deberían categorizarse conjuntamente en dos grandes dimensiones (interiorización vs. exteriorización). una superclase de trastornos emocionales. Basándose en evi- 100 Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología dencia empírica, sugieren que esta superclase debería estar copatología], y seis espectros, denominados interiorizado (o constituida por las tres subclases siguientes de trastornos: (a] afectividad negativa), trastorno del pensamiento (o psicoti- La primera subclase incluiría los trastornos que definen el cismo), factor deno- desapego, y somatomorfo (véase la Figura 3.1). El espectro minan como «trastornos de distrés», los cuales son la depre- de afectividad negativa es relevante para los subfactores de de ansiedad-sufrimiento [anxious-misery], que desinhibido/exteriorizado, antagonista/exteriorizado, sión mayor, la distimia, y el trastorno de ansiedad generaliza- distrés, miedo, manía, patología de conducta alimentaria, y da; todos ellos se caracterizan por implicar la experiencia de problemas sexuales. Tanto el afecto negativo como el psi- malestar subjetivo generalizado, y contienen en gran medida coticismo contribuyen en el subfactor de manía, el cual se el componente no especifico de afectividad negativa, (b] La asocia a los trastornos bipolares. La desinhibición es parti- segunda subclase consiste en los trastornos que definen cularmente prominente en los trastornos relacionados con el factor de miedo en los análisis estructurales; incluye el sustancias. El antagonismo es especialmente significativo en trastorno de pánico, la agorafobia, la fobia social, y la fobia los trastornos de personalidad narcisista, histriónico, paranoi- especifica. de y limite. La desinhibición y el antagonismo contribuyen Finalmente, sugieren un tercer grupo (tercera subclase) más especulativo que incluiría los trastornos bipo- ambos en el trastorno de déficit de atención/hiperactividad, lares (bipolar I, bipolar II, y ciclotimia). En lo que concierne al la conducta antisocial, la agresión, y otros trastornos del trastorno comportamiento obsesivo-compulsivo, estos autores sugieren que comparte características con un abanico de sindromes que perturbador. (Para una pruebas sobre descripción más detallada, véase la figura). se sitúan fuera de los trastornos de ansiedad y del estado Los autores aportan la existencia de del ánimo desde diferentes puntos de vista (sintomatológico, evidencia de validez externa de los diferentes espectros y etiológico, farmacológico, etc.), los cuales podrían denomi- subespectros, narse como «síndromes del espectro obsesivo-compulsivo»; como por lo cual, tal vez este trastorno o conjunto de síndromes (p. ej., estudios genéticos moleculares), los factores de riesgo debería clasificarse fuera de la clase de los trastornos de ambientales comunes (p. ej., estudios de gemelos], las anor- ansiedad (Sandin et al., 2012). la incluyendo existencia malidades de neurobiológicas diferentes criterios vulnerabilidad (p. ej., de validación genética compartida diferenciando entre los subfactores de distress y miedo), el curso de la enfermedad 2. La clasificación HITOP (p. ej., fenómenos de recuperación), el deterioro funcional (p. Una nueva clasificación dimensional de la psicopatología ha ej., la dimensión de afecto negativo explica el deterioro aso- sido propuesta por el Consorcio HITOP (40 psicólogos coor- ciado a los síntomas de ansiedad y depresión], y la eficacia dinados por R. Kotov, entre los que se encuentran autores del tratamiento para muchas formas de psicopatología (p. conocidos en el campo de la clasificación de la conducta ej., anormal como T. M. Achenbach, R. F. Krueger, L. A. Clark, implementarse para espectros o subfactores]. la terapia cognitivo-conductual transdiagnóstica podría D. Watson y T. A. Widiger, entre otros (Kotov et al., 2017). Aunque Kotov et al. sugieren que el sistema de clasifi- En este trabajo los autores introducen una nueva clasifica- cación HiTOP proporciona una guía más útil para la inves- ción de los trastornos mentales basada empíricamente, que tigación y la práctica clínica que los sistemas taxonómicos denominan tradicionales, aún no existe evidencia en este sentido. No como Hierarchical Taxonomy of Psychopatho- logy (HiTOP). Con ella se pretende solucionar algunos de los obstante, la HITOP constituye sin duda un planteamiento problemas básicos que aquejan a las clasificaciones tradicio- actual ambicioso sobre clasificación dimensional de la psi- nales (categoriales), incluida la discontinuidad en lo normal copatología. Tiene el mérito de haber integrado diferentes y lo anormal, la heterogeneidad dentro de cada trastorno, enfoques la comorbilidad entre trastornos, y la baja estabilidad de los tales como los derivados del modelo tripartito del afecto trastornos. La HITOP parte de la construcción de síndromes la ansiedad y la depresión, las propuestas sobre los síndro- psicopatológicos y sus componentes/subtipos sobre la base mes interiorizados y exteriorizados, y el moderno enfoque de la covariación empírica de los síntomas, reduciendo de de clasificación de las dimensiones y trastornos de la per- este modo la heterogeneidad. Combina los trastornos (sín- sonalidad. Se aprecia, asi mismo, una clara consistencia empíricos que se han sugerido recientemente, dromes] en espectros partiendo de la covariación entre ellos con clasificaciones tradicionales, como la separación entre (síndromes que se dan conjuntamente), controlando así la los comorbilidad. forma trastornos de conducta y de la personalidad. Aunque se dimensional, reduce los problemas de separación entre los aprecian algunos aspectos novedosos, por ejemplo, la ubi- Al caracterizar estos fenómenos de síndromes y la inestabilidad de los diagnósticos. La clasificación es de tipo jerárquico, y está constituida trastornos neuróticos, los trastornos psicóticos, y los cación de los trastornos relacionados con el consumo de sustancias y la integración y diversificación del espectro por dimensiones de orden superior (super espectros; estas de conducta exteriorizada con las dimensiones de perso- no identifican, aunque se sugiere un factor general de psi- nalidad patológica, el nuevo sistema refleja mucho de los 101 Manual de psicopatología. Volumen 1 DIMENSIONES DE ORDEN SUPERIOR Somatomorfo Trastorno del pensamiento Interiorizado Exteriorizado Antagonista Manic dimentaro I Exteriorizado Desinhibido ( Trastornos del espectro de la esquizofrenia Fobia social b 2 i g Trastorno de síntomas somáticos Bajo deseo. Problemas de activación Trastorno de ansiedad a la enfermedad Función orgásmica Dolor sexual Bulimia nerviosa Agorafobia Anorexia Fobia específica nerviosa TAS Trastorno de atracón Trastorno de pánico __/ Distimia TAG TOC > TDM Bipolar I yii TEPT TP límite Trastornos del estado de ánimo con psicosis TP antisocial Trastornos por consumo de sustancias Trastorno de conducta TND TP esquizotípica TDAH TP esquizoide TEI TP narcisista TP esquizoide TP histriónica TP evitativa TP paranoide TP paranoide COMPONENTES DE SINTOMAS Y RASGOS DESADAPTATIVOS SIGNOS Y SÍNTOMAS )) Figura 3.1. Espectros correspondientes a la HITOP. Las líneas discontinuas indican elementos del modelo que fueron incluidos provisionalmente y que requieren mayor estudio. El signo menos denota una relación negativa entre la personalidad histriónica y el espectro de desapego (detachment]. TDAH = trastorno de déficit de atención/hiperactividad; TAG = trastorno de ansiedad generalizada; TEl = trastorno explosivo intermitente; TDM = trastorno depresivo mayor; TOC = trastorno obsesivo compulsivo; TND = trastorno negativista desafiante; TP = trastorno de personalidad; TEPT = trastorno de estrés postraumático; TAS = trastorno de ansiedad de separación. Adaptado de Kotov et al., 2017, Journal of Abnormal Psychology, 126, p. 462. - TP histriónica TP límite Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología UNIDADES DE ANÁLISIS Dominios/constructos Genes Moléculas Células Circuitos Fisiología Conducta Autoinformes Paradigmas Sistemas de valencia negativa Amenaza aguda (miedo) Miedo potencial (ansiedad) Miedo mantenido Pérdida Frustración por no reforzamiento Sistemas de valencia positiva Motivación de aproximación Responsividad inicial al reforzamiento Responsividad mantenida al reforzamiento Aprendizaje por reforzamiento Hábito Sistemas cognitivos Atención Percepción Memoria operativa Memoria declarativa Lenguaje Control cognitivo (esfuerzo) Sistemas para los procesos sociales Imitación; teoría de la mente Dominancia social Identificación de la expresión social Miedo de apego/separación Áreas de autorepresentación Sistemas de arousal/regulatorios Arousal y regulación (múltiple) Actividad de estado de reposo )) Figura 3.2. Matriz de los Research Domain Criteria (RDoC). Adaptado de Cuthbert, 2014, World Psychiatry, 13, p. 30. viejos sistemas de clasificación, lo cual no tiene por qué ser y Treadway, 2016). El objetivo primordial en que se basan los necesariamente negativo. RDoC se fundamenta en promover investigaciones que puedan validar dimensiones definidas mediante medidas neu- B. Un enfoque dimensional desde el modelo médico: los RDoC ro-biológicas y conductuales en relación con las categorías diagnósticas vigentes y permitan posiblemente el desarrollo de revisiones de los sistemas de diagnóstico en el futuro. Los Research Domain Criteria (RDoC) constituyen un pro- Como puede apreciarse en la Figura 3.2, el modelo cla- yecto ambicioso dirigido a transformar la actual estructu- sificatorio propone una matriz de dos dimensiones (unida- ra de clasificación psiquiátrica de los trastornos mentales des de análisis y dominios/constructos). La dimensión hori- en un sistema de base explícitamente biológica (Cuthbert, 2014; Cuthbert e Insel, 2013; Insel, 2014). El proyecto está zontal incluye siete unidades de análisis que se organizan desde el nivel más básico hasta el menos básico e incluye, patrocinado por el NIMH (Estados Unidos) con el propósito por este orden, genes, moléculas, células, circuitos (cere- de desarrollar un sistema de clasificación dimensional de la fines brales), fisiología, conducta, y auto-informes. También se incluye una columna para los paradigmas, posibilitando a dirigidos fundamentalmente a la investigación (para un aná- los investigadores indicar las tareas útiles para el problema lisis crítico sobre los RDoC, véase Lilienfeld, 2014; Lilienfeld de investigación de que se trate. En el eje vertical hay cin- psicopatología fundamentado biológicamente, y con 103 Manual de psicopatología. Volumen 1 CO dominios/constructos amplios que corresponden a circuitos cerebrales que han sido estimados relevantes para la psicopatología: sistemas de valencia negativa (pérdida, amenaza, etc.), sistemas sostenida al sistemas cognitivos valencia etc.), sis- Los clásicos enfrentamientos entre los enfoques categoria- temas de procesos sociales (dominancia social, imitación, les y los dimensionales no parecen tener mucho sentido en sistemas (control de de (respuesta aproximación, y motivación positiva atención, etc.) refuerzo, de VII. El transdiagnóstico: un nuevo enfoque desde la psicología cognitivo, activación/regulación etc.), (activación, des- canso]. estos momentos. La polémica categorial vs. dimensional tal vez resulte estéril, no solo porque parece más lógica una Los RDoC se apoyan en varios supuestos que configu- integración que una separación entre ambos enfoques, sino ran su filosofía y metodología; estos podrían resumirse del porque, de acuerdo con los modernos conceptos y métodos siguiente modo: (1) Los RDoC enfatizan la aplicación de la de análisis taxométricos, parece demostrarse que ni todos ciencia básica de los sistemas cerebrales y la conducta para los trastornos son dimensionales, ni tampoco muchos dejan entender los trastornos mentales. (2) Adoptan una estruc- de ser categoriales (véanse, por ejemplo, Haslam et al., 2012, tura claramente dimensional, en línea con la evidencia de 2020; Schmidt et al., 2004). Por otra parte, la cuestión pare- que la mayor parte de los circuitos cerebrales se distribuyen cer ser más compleja si asumimos que algunos constructos de forma continua (p. ej., los implicados en el refuerzo y la psicopatológicos pueden ser categoriales y dimensionales a amenaza). (3) Los RDoC intentan otorgar de partida un peso similar a las diferentes unidades de análisis. y dimensionales. Los RDoC poseen muchos aspectos positivos, por suponer una alternativa seria a los sistemas clásicos de clasifi- psicopatología y la psicología clínica (para una presentación cación (DSM/CIE), por adoptar una enfoque dimensional de comprensiva y detallada de esta nueva perspectiva, véase la psicopatología, por ser consistentes con los principios del Sandín et al. (2012). Desde el punto de vista psicopatológico, la vez, ya que podrían compartir características categoriales El transdiagnóstico constituye un nuevo enfoque de la transdiagnóstico, y por pretender incorporar los avances de el transdiagnóstico consiste en entender los trastornos men- la neurociencia cognitiva. No obstante, como han subrayado tales sobre la base de un rango de procesos cognitivos y con- algunos autores (De León, 2014; Lilienfeld, 2014; Lilienfeld y ductuales Treadway 2016; Sandín, 2013), aun considerando el estado de la mayor parte de los trastornos mentales o de grupos de desarrollo todavía provisional de este nuevo sistema, los de trastornos mentales (Sandín et al., 2012). En este sentido, etiopatogénicos causales y/o de mantenimiento RDOC presentan algunos problemas importantes. Aparte de aunque el transdiagnóstico se basa en una conceptualiza- problemas metodológicos básicos, como, por ejemplo, la limitada validez y fiabilidad de los actuales métodos de neu- ción dimensional de la psicopatología, consiste más en una integración entre ambos enfoques (dimensional y categorial) roimagen (Bennett y Miller, 2010), un problema principal de que en un rechazo de la clasificación categorial. Un enfo- este nuevo sistema de clasificación de la psicopatología es que transdiagnóstico de la psicopatología debe proporcionar el excesivo énfasis que se atribuye a los factores biológicos. una base para entender, clasificar e integrar los diferentes Aunque el modelo incluye unidades de análisis de tipo psi- síntomas y diagnósticos desde procesos y factores (dimen- cológico, de las siete unidades propuestas cinco son de tipo siones) comunes más o menos generales. Dicho en otros biológico. Pero tal vez el mayor problema, previamente seña- términos, un objetivo del transdiagnóstico consiste en deter- lado por Sandín (2013), es el intento de hacer una clasifica- minar hasta qué punto un conjunto dimensional (procesos ción de «medicina de precisión» centrada esencialmente en y/o factores o dimensiones) apoya o refuta un conjunto de un modelo puramente médico, así como también en la asun- trastornos comunes; por ello el transdiagnóstico representa ción básica de que los trastornos mentales son trastornos del una aproximación científica convergente e integradora pues, cerebro (De León, 2014). Supone en cierto modo una vuelta aunque se basa en un enfoque dimensional de base, supone a épocas pasadas de la psiquiatría biológica disfrazada de una asumir la existencia de algún sistema de diagnóstico (Sandín nueva tecnología. A no ser que se modifique sustancialmente et al., 2012). Aunque aquí únicamente vamos a referirnos a la estructura básica de este modelo de clasificación, suponemos que los RDoC a lo sumo nos proporcionarán una visión las implicaciones del transdiagnóstico sobre la clasificación de la psicopatología, sus implicaciones afectan a múltiples muy completa sobre el papel del cerebro en las dimensiones áreas de la psicopatología, incluidos los procesos psicopa- de la conducta humana, pero no mucho para la clasificación tológicos y diagnóstico de la psicopatología. Si no se produce alguna vo-conductual transdiagnóstica] (véanse, p. ej., Belloch, 2012; etiopatogénicos y el tratamiento (terapia cogniti- corrección sobre este aspecto, es posible que el pretendido García-Escalera et al., 2016; Sandín et al., 2012). La Revista de cambio de paradigma fracase de forma similar a como ocurrió el «cambio de paradigma» en la elaboración del DSM-5. Psicopatología y Psicología Clínica dedicó en 2012 un núme- 104 ro monográfico al análisis del transdiagnóstico como nuevo Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología enfoque emergente en psicología clínica, en el cual colabo- Así mismo, subrayan cuatro constructos psicopatológicos raron algunos de los principales especialistas internacionales transdiagnósticos (vol. 18, n.o view/769). los cuales consisten en (1) atención autofocalizada (auto-pre- 3; http://revistas.uned.es/index.php/RPPC/issue/ ocupación Si bien los conceptos transdiagnósticos se inician desde los primeros desarrollos relevantes de la psicología científica nucleares neurótica); (2) en los trastornos percepción de emocionales, incontrolabilidad e impredecibilidad; (3) tendencias a la acción y conductas impulsadas por la emoción, y (4) evitación emocional (situa- a través de las aportaciones sobre los procesos de condicio- cional, interoceptiva y cognitiva). Los dos primeros procesos namiento y la personalidad, su formalización no se inicia has- (atención autofocalizada e incontrolabilidad/impredecibilidad) están implicados en las evaluaciones negativas ante- ta el presente siglo con la publicación del trabajo de Fairburn et al. (2003). Estos autores partieron de que los pacientes cedentes que suelen ser características en los pacientes con con trastornos alimentarios, con independencia del tipo de trastornos de ansiedad y/o depresión, tales como las relacio- trastorno de que se trate, suelen compartir ciertos síntomas nadas con las señales de peligro internas (p. ej., sensaciones nucleares (p. ej., sobrevaloración de la silueta y peso corpo- físicas) o externas, y suelen expresarse como evaluaciones rales, y preocupación excesiva por el peso, las dietas y otras erróneas de sobre-estimación o catastrofismo (p. ej., inter- conductas relacionadas con el control del peso) y ciertos pretaciones catastrofistas en el trastorno de pánico]. Tales procesos baja procesos pueden llevar a la adopción de diversas formas autoestima, intolerancia emocional, y dificultades interperso- de evitación emocional comunes a los pacientes con ansie- psicopatológicos genéricos (perfeccionismo, nales). El aspecto central que confiere la característica trans- dad o depresión, como la distracción, la racionalización, los diagnóstica consiste en que los distintos síndromes de la rituales cognitivos, la supresión emocional, la preocupación/ conducta alimentaria están mantenidos por procesos psico- rumiación, y la búsqueda de señales de seguridad. Otras for- patológicos comunes al espectro de los trastornos alimenta- mas de evitación más específicas (p. ej., rituales comporta- rios sugiriendo, igualmente, una TCC común para todos estos mentales, evitación de una situación específica, etc.) pueden trastornos (i. e., una TCC transdiagnóstica; TCC-T) (véanse las Tablas 3.5 y 3.6). ser características de ciertos trastornos más que constructos Posteriormente, Barlow et al. (2004) desarrollaron este nuevo enfoque aplicándolo a la clasificación de los trastornos emocionales (trastornos de ansiedad y depresión]. Para ello elaboraron un modelo psicopatológico transdiagnósticos. Las conductas impulsadas por la emoción (CIE) son respuestas que reducen la intensidad de las sensaciones que tenemos cuando estamos experimentando emociones demasiado intensas. Pueden ser adaptativas (p. transdiagnóstico ej., si nos protegen de un peligro real inminente) o desadap- de los trastornos emocionales y un programa de TCC-T uni- tativas (p. ej., la tendencia a aislarse ante la emoción de ficado para abordar conjuntamente estos trastornos (Barlow et al., 2018), el cual ha sido aplicado con ciertas variantes en depresión elevada]). formato online (p. ej., Botella et al., 2015). Así mismo, este Harvey et al. (2004) llevaron a cabo una sistematización de programa se ha adaptado a población infantojuvenil (Ehr- los procesos psicológicos básicos que podrían etiquetarse Paralelamente al trabajo original de Barlow et al. (2004), enreich-May et al., 2018), y ha sido adaptado recientemente como transdiagnósticos (i. e., que estuvieran implicados etio- para su aplicación online (Sandín et al., 2019). Actualmente lógicamente en más de un trastorno). Categorizaron cinco existe evidencia sobre la eficacia de los protocolos de TCC-T dominios psicológicos amplios que denominaron como (1) en el ámbito de los trastornos emocionales, tanto en pobla- atención, (2) memoria, (3] razonamiento, (4) pensamiento y ción adulta como en niños y adolescentes (véase García-Escalera et al., 2016). (5) conducta. Para determinar los procesos correspondientes a cada dominio (p. ej., sesgos interpretativos en el dominio Barlow et al. (2004, 2018] parten de la existencia de un de razonamiento], Harvey et al. (2004) aislaron 14 procesos espectro amplio basado en el neuroticismo (o afecto nega- transdiagnósticos. Los autores asumen que algunos procesos tivo), el cual es propuesto como dimensión latente de vul- podrían solaparse en cierto modo. Por ejemplo, la evitación nerabilidad general hacia los trastornos emocionales. Estos atencional (p. ej., evitar el contacto con la mirada] puede ser autores han sugerido que este factor general también podría considerada también como una conducta de seguridad (i. e., ser aplicado a otros trastornos donde el afecto negativo jue- evitar el rechazo social). De los 14 procesos aislados, dos de gue un papel funcional, tales como los trastornos alimenta- ellos (memoria sobregeneralizada y supresión del pensamien- rios, los trastornos bipolares, y los trastornos somatomorfos to] no cumplían todos los criterios requeridos pues, aunque y disociativos. Los autores se apoyan también en los desarro- eran compartidos por muchos trastornos, no resultaron ser llos dimensionales derivados del modelo tripartito sobre el tan universales como el resto de procesos indicados arriba. afecto, la ansiedad y la depresión (comentados atrás], enfa- Se han sugerido otros constructos y/o procesos trans- tizando la elevada comunalidad fenomenológica que se da diagnósticos que podrían ser relevantes en los trastornos entre la ansiedad y la depresión. emocionales, asi como en otros grupos de trastornos men105 Manual de psicopatología. Volumen 1 )) Tabla 3.5. Aportaciones de la psicopatología antecedentes al desarrollo del transdiagnóstico f AUTOR(ES) CONCEPTO TRANSDIAGNÓSTICO PROCESOS TRANSDIAGNÓSTICOS Mowrer (I939) Skinner (I957) Wolpe (I969) Principios de condicionamiento. Reforzamiento. Extinción. Trastornos mentales. Eysenck (1967) Eysenck y Eysenck (1976) Neuroticismo. Extraversión. Psicoticismo. Hiperactivación autónoma. Activación cortical. Impulsividad. Trastornos neuróticos. Trastornos psicóticos . Conducta antisocial. Ellis (I962) Pensamiento irracional. Exigencia (demandingness). Catastrofismo. Baja tolerancia a la frustración. Trastornos emocionales. Beck (I967) Beck y Emery (1985) Esquemas cognitivos Actitudes disfuncionales. Creencias disfuncionales. Sesgos cognitivos (procesamiento de la información). Trastornos depresivos. Trastornos de ansiedad. Reiss y McNally (I985) Sensibilidad a la ansiedad. Physical concerns. Cognitive concerns. Social concerns. Trastornos de ansiedad. Trastornos depresivos. Adicciones. Atención autofocalizada. Incontrolabilidad/impredecibilidad. Tendencias a la acción. Trastornos de ansiedad. Barlow (1988) TRASTORNOS IMPLICADOS " Achenbach (1966) Interiorizado. Exteriorizado. Trastornos emocionales. Trastornos de conducta. Tyrer (I989) Síndrome neurótico general. Trastornos neuróticos. Ingram (I990) Atención autofocalizada. Auto-absorción. Trastornos mentales. Wulfert et al. (I996) Principios de condicionamiento. Reforzamiento. Alcoholismo. Paidofilia. Supresión del pensamiento. Depresión. TEPT, TOC, TAG. Purdon (I999) Clark y Watson (I99I) Afecto negativo. Afecto positivo. Hiperactivación autónoma. Trastornos depresivos. Trastornos de ansiedad. Widiger y Clark (2000) Anhedonia. Depresión. Esquizofrenia. Fobia social. Barlow (2002) Vulnerabilidad biológica general. Vulnerabilidad psicológica general. __________________________ Afecto negativo. Neuroticismo. Inhibición conductual. Incontrolabilidad. Trastornos emocionales. _____________ _______ ) Nota. TEPT = trastorno de estrés postraumático, TOC = trastorno obsesivo-compulsivo, TAG = trastorno de ansiedad generalizada. Adaptado de Sandin, Chorot y Valiente (2012, p. 190). En las Tablas 3.5 y 3.6 se diferencia entre conceptos y procesos transdiagnósticos siguiendo criterios arbitrarios de conveniencia para clasificar los fenómenos transdiagnósticos. Los conceptos hacen referencia a constructos más amplios, que suelen implicar diversos procesos (i. e., constructos más específicos). No obstante, a veces tal distinción puede modificarse en función del contexto o modelo, tal y como hace Barlow (un mismo constructo, el afecto negativo, ha sido interpretado como proceso transdiagnóstico o como concepto transdiagnóstico). No obstante, en términos generales, el concepto transdiagnóstico es un constructo más amplio que el de proceso transdiagnóstico, aunque a veces se utilizan de forma intercambiable. tales, entre los que se incluyen las estrategias de regulación nismo (véase la Tabla 3.6). Una característica importante del emocional (reevaluación, evitación emocional, resolución de transdiagnóstico es que no presupone la ausencia de diag- problemas, supresión, aceptación, etc.], la sensibilidad a la nóstico, lo cual significa que una contribución importante de ansiedad, la intolerancia a la incertidumbre y el perfeccio­ este nuevo enfoque es la integración de facetas categoriales 106 Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología )) Tabla 3.6. Conceptos y procesos psicopatológicos transdiagnósticos AUTOR(ES) CONCEPTO TRANSDIAGNÓSTICO PROCESOS TRANSDIAGNÓSTICOS TRASTORNOS IMPLICADOS 1 Trastornos alimentarios. Fairburn et al. (2003) Perfeccionismo clínico. Baja autoestima. Intolerancia emocional. Dificultades interpersonales. Barlow et al. (2004) Afectividad negativa. Afectividad positiva. Hiperactivación fisiológica. Atención autofocalizada. Incontrolabilidad/impredecibilidad. Tendencias a la acción. Evitación Distracción. Racionalización. Rituales cognitivos. Supresión emocional. Señales de seguridad. Preocupación/rumiación. Trastornos emocionales (trastornos de ansiedad y trastornos depresivos). Harvey et al. (2004) Atención. Atención selectiva. Evitación atencional. Cualquier trastorno. Memoria. Memoria selectiva. Memorias recurrentes. Memoria sobregeneralizada. Razonamiento. Sesgos interpretativos. Sesgos de expectativa. Razonamiento emocional. Pensamiento. Pensamiento negativo repetitivo. Creencias metacognitivas. Supresión del pensamiento. Conducta. Evitación. Conductas de seguridad. Aldao et al. (2010) Estrategias de regulación emocional. Reevaluación. Solución de problemas. Aceptación. Supresión. Evitación emocional. Rumiación. Trastornos de ansiedad. Trastornos depresivos. Trastornos alimentarios. Adicciones. Egan et al. (20I1) Perfeccionismo. Comprobación del rendimiento. Evitación. Dilación («procrastinación»). Conductas contraproducentes. Trastornos de ansiedad. Trastornos depresivos. Trastornos alimentarios. Naragon-Gainey (2010) Wheaton et al., (2012) Sensibilidad a la ansiedad. Expectativas físicas. Expectativas cognitivas. Expectativas sociales. Trastornos emocionales. Trastornos depresivos. Carleton et al. (2012) Pineda (2018) Intolerancia a la incertidumbre. Prospectiva. Inhibitoria. Trastornos de ansiedad. Trastornos depresivos. Trastornos alimentarios. \__________________________ Nota. Adaptado de Sandín, Chorot y Valiente (2012, p. 193). en un esquema de base dimensional. Tal aspecto es consis- únicamente dimensionales, pudiendo algunos ser categoria- tente con la evidencia de la literatura, basada en estudios de les o poseer características de tipo categorial. taxometría (Schmidt et al., 2004; Haslam et al., 2012, 2020), El transdiagnóstico posibilita una nueva orientación en la la cual sugiere que los conceptos psicopatológicos no son clasificación de los trastornos mentales, en la cual las diferen­ 107 Manual de psicopatología. Volumen 1 tes superclases de trastornos (p. ej., los trastornos emociona- Tras la publicación del DSM-5 se produce un cierto cam- les] y las clases de trastornos (p. ej., los trastornos de ansie- bio en la perspectiva categorial que se había venido conso- dad) pueden articularse con dimensiones transdiagnósticas lidando durante las décadas precedentes. Por primera vez, genéricas (p. ej., el neuroticismo] o más circunscritas (p. ej., el la sensibilidad a la ansiedad), respectivamente (p. ej.. Pineda, conceptos y contenidos de tipo dimensional, tales como las 2018), que sirva de base para integrar los diferentes trastornos ideas de espectros o grupos de trastornos basados dimensio- en grupos o espectros basados etiológicamente. No se trata, nalmente, o mediante la incorporación explícita de medidas por tanto, de que el transdiagnóstico, al centrarse en un enfo- de evaluación clínica a través de pruebas de autoinforme o sistema categorial incluye, aunque muy tenuemente, que dimensional, rechace la clasificación categorial. El trans- estimaciones clínicas. Aunque fracasó la pretensión inicial de diagnóstico debe posibilitar una clasificación de los trastornos construir un manual de clasificación de los trastornos menta- mentales basada en criterios teóricos y empíricos, y no tanto les basado en dimensiones sustentadas biológicamente (cir- basada en criterios de consenso o de política científica. En cuitos cerebrales, información neuroquímica, etc.), al menos dicha clasificación deben establecerse las relaciones funcio- se inició una nueva ruta de reconocimiento del papel relevan- nales entre los procesos transdiagnósticos más genéricos y te de las dimensiones psicopatológicas y de integración de los procesos intermedios o más especificos (p. ej., la evitación estas con las categorías de trastornos mentales, sirviendo de interoceptiva, etc.), que expliquen tanto las manifestaciones guía integrativa para organizar grupos consistentes de sín- psicopatológicas generales (p. ej., los sintomas comunes a los dromes clínicos. Aunque no se llega a producir un cambio de trastornos emocionales) como los relativos a cada trastorno paradigma, al menos teóricamente este nuevo manual asi- o subgrupos de trastornos. También sería necesario determi- mila algunos de los avances de constructos psicopatológicos nar las bases etiológicas de los diversos conceptos transdiag- de naturaleza dimensional. A nivel práctico el manual sigue nósticos, su papel en el desarrollo y/o mantenimiento de los siendo un sistema de diagnóstico categorial, diferenciándose trastornos (p. ej., su papel mediador en la conducta anormal), poco a este respecto de sus antecesores. Uno de los mayores y su naturaleza taxónica o dimensional. errores del DSM-5 ha sido el exceso con que transpira a lo largo del mismo la idea de que los trastornos mentales son VIII. Resumen de aspectos fundamentales y tendencias futuras enfermedades médicas, es decir, trastornos de naturaleza biológica. Esto crea a veces confusión cuando se describen los criterios de diagnóstico, y posiblemente es una de las causas principales de la supresión del sistema multiaxial. La clasificación es un fenómeno imprescindible en la cons- Tanto desde la psicología como desde la medicina, se han trucción científica de cualquier disciplina del conocimiento. producido recientemente algunos intentos dirigidos a esta- Aparte del valor intrínseco que posee para toda ciencia, el blecer clasificaciones basadas dimensionalmente. Dese la psi- disponer de una clasificación de la conducta anormal posibi- cología científica se ha propuesto el sistema de clasificación lita el uso de un lenguaje común entre los investigadores y HiTOP, el cual ha sido elaborado por un grupo amplio de psi- terapeutas para describir la psicopatología, siendo múltiples cólogos con la finalidad de proporcionar una taxonomía de la sus ventajas. En este capítulo se describen algunos de los psicopatología alternativa a los clásicos sistemas categoriales. aspectos más relevantes relacionados con la clasificación Para su construcción se parte de la covariación empírica de de la conducta anormal, incluyendo algunas de las prime- los síntomas, llegando a la construcción de los diferentes sín- ras de dromes psicopatológicos. De este modo, se pretende reducir la evolución conceptual de los dos grandes sistemas de al máximo la heterogeneidad entre los síndromes, pudiendo aproximaciones y una descripción pormenorizada clasificación, i. e., el DSM y la CIE. Se hace más énfasis construirse grupos de síndromes o trastornos en espectros en las aportaciones del sistema DSM ya que hasta estos (dimensiones), controlando de este modo la comorbilidad que momentos ha ofrecido unas descripciones más rigurosas de suele darse entre los trastornos mentales en las clasificacio- los trastornos mentales, así como también de los criterios nes categóricas clásicas. Al organizarse de forma dimensional, de diagnóstico, que su homóloga la CIE. El sistema DSM ha se minimizan los problemas de separación entre los sindro- venido clasificando las diferentes conductas psicopatológicas mes y la inestabilidad de los diagnósticos. Se trata, por tanto, desde un enfoque claramente categorial, y ha proporcionado de una estructura jerárquica que incluye niveles de mayor a un marco de referencia útil para el diagnóstico de los tras- menor grado de generalización, entre los que se incluyen los tornos mentales, especialmente desde la publicación en 1980 espectros (p. ej., el afecto negativo), los subfactores (p. ej., el de su tercera edición (DSM-III). Este marco de referencia ha miedo), los síndromes o trastornos (p. ej., la fobia social), los sido muy productivo para la construcción de la psicopatología descriptiva, así como también para la investigación y (i. e., signos y síntomas). Desde el marco de la medicina se tratamiento de los trastornos mentales. ha propuesto un nuevo sistema de clasificación (los RDoC) 108 componentes (p. ej., los grupos de síntomas), y los síntomas Capítulo 3. Clasificación y diagnóstico en psicopatología basado fundamentalmente en la medicina de precisión (y la consideración de que los procesos o factores que consti- parcialmente en la psicología]. Incluye ocho tipos de unidades tuyen la base de los grupos o espectros de trastornos deben de análisis (cinco de ellas son de tipo biológico) y cinco siste- tener una relación etiológica común con los síndromes que mas o constructos generales (sistemas de valencia positiva y conforman el espectro. Al aplicarlo en terapia, para que esta negativa, sistemas cognitivos, sistemas sobre procesos socia- sea les, y sistemas de activación y regulación). El sistema se ha debe basarse en este principio fundamental, pues de lo con- propuesto con fines de investigación más que de diagnóstico trario se trataría de un mero tratamiento de tipo genérico. clínico y, aunque la idea de base es aceptable, refleja el riesgo de biologización de la psicopatología. se encuentran las relacionadas con el desarrollo de estos de Entre tipo las transdiagnóstico, principales el líneas protocolo futuras de de tratamiento investigación Finalmente, en los últimos años hemos visto emerger un nuevos frentes abiertos en los últimos años, incluyendo la nuevo enfoque de naturaleza dimensional, aunque con cua- necesidad de examinar la validez y el papel de las nuevas lidades integrativas: el transdiagnóstico. Este nuevo enfoque propuestas de clasificación dimensional (tanto de la HiTOP tiene el potencial de poder acabar con las clásicas polémicas como de los RDoC). Otra nueva frontera es la integración entre las perspectivas categorial y dimensional. Aunque se de los modelos de clasificación dimensional con los mode- trata de una concepción dimensional de la psicopatología, los categoriales, constituyendo los primeros una base para la consiste más en una integración entre los enfoques catego- ordenación de las diferentes categorías. Este enfoque, que se rial y dimensional que en un rechazo de la clasificación cate- ha iniciado tímidamente con el DSM-5 y la CIE-11, constituye gorial. Este enfoque posibilita la determinación de conjuntos la esencia del transdiagnóstico. Finalmente, un reto ineludi- dimensionales (basados en procesos y/factores) para enten- ble es la delimitación de la naturaleza taxónica, no taxónica der, clasificar e integrar los diferentes síndromes y trastornos. [dimensional] o mixta de los diferentes conceptos y trastor- Por nos mentales, mejorando y ampliando la información de la ello, el transdiagnóstico representa una aproximación científica convergente e integradora. Un aspecto esencial es que se dispone al respecto en estos momentos. ••Términos clave Categoría 83 Nosología 82 Taxonomía 82 CIE 86 RDOC 99 Transdiagnóstlco 85 Dimensión 88 Sindrome 86 Trastorno mental 91 DSM 86 Taxometria 88 HiTOP 99 Taxón 83 •• Lecturas recomendadas American Psychological Association (APA) (2014). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5.a ed.]. Madrid: Editorial Médica Panamericana (original inglés, 2013). Belloch, A. (2012). Propuestas para un enfoque transdiagnóstico de los trastornos mentales y del comportamiento: Evidencia, utilidad y limitaciones. Revista de Psicopatología y Psicología Clínica, 17(3), 295-311. Regier, D. A., Narrow, W. E., Kuhl, E. A. y Kupfer, D. J. (2012) (Eds.). DSM-5: Evolución conceptual. Madrid: Editorial Médica Panamericana (original inglés, 2011). Sandín, B. (2013). DSM-5: ¿Cambio de paradigma en la clasificación de los trastornos mentales? Revista de Psicopatología y Psico­ logía Clínica, 18(3), 255-286. 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Por favor indique cuál de los siguientes grupos generales (clases) de trastornos mentales está incluido en a) El subfactor de miedo. la CIE-11 pero no en el DSM-5: b) El espectro somatomorfo. c) Los componentes de síntomas y rasgos desadaptativos. d) El subfactor de distrés. 3. 8. Trastornos facticios. c) Trastornos del neurodesarrollo. d) Trastornos asociados al estrés o estresores. Para la construcción de los espectros del DSM-5 se utilizaron b) Multidimensional. Por favor, señale cuál de los que se indican a conti- (CIE-6) externos de validación. a) Nivel de gravedad de la enfermedad. de Clasificación Internacional de a) Introducir el sistema multiaxial. b) Constituir los códigos de diagnóstico internacionales. c) Establecer la correspondencia diagnóstica con el sistema DSM. d) Incluir un capítulo para la clasificación de los trastornos mentales. En relación con el cabría afirmar lo siguiente: enfoque del c) Factores de riesgo genético. las Enfermedades (CIE) a la clasificación de la conducta anormal fue: transdiagnóstlco a) Los constructos transdiagnósticos deben relacionarse etiológicamente con los trastornos. b) Un constructo que se relacione con múltiples trastornos es por definición un constructo transdiagnóstico. c) criterios b) Similitud de síntomas. Una de las grandes aportaciones en 1948 de la 6.a edición varios nuación no corresponde a tales criterios: d) Politético. 112 b) a) Circumplejo. c) Jerárquico. 5. Trastornos parafilicos. El DSM-5 aplica criterios de clasificación y diagnóstico fundamentalmente de tipo: 4. a) El transdiagnóstico es un enfoque dimensional incompatible con las clasificaciones categoriales. d) Respuesta al tratamiento. 9. Uno de los siguientes tipos de trastornos no es contemplado como tipo de trastornos mentales en la CIE-11, a pesar de ser considerado como tal en la tradición de la clasificación psiquiátrica, incluido el DSM5. ¿De qué trastornos se trata? a) Trastornos disociativos. b) Trastornos neurocognitivos. c) Trastornos del sueño-vigilia. d) Trastornos de estrés postraumático. 10. Un nuevo tipo de trastorno descrito en la CIE-11 pero no en el DSM-5 es: a) El trastorno de disforia de género. b) El trastorno de estrés postraumático complejo. c) La catatonía. d) Los trastornos del control de impulsos. CAPITULO 4 LA ENTREVISTA DIAGNÓSTICA María Roncero, Gemma García-Soriano y Conxa Perpiñá I. Introducción 113 B. El examen del estado mental o psicopatograma 129 II. Medios y estrategias de recogida de información C. Diagnóstico clínico 132 e interaccción 114 IV. A. Habilidades de comunicación e interacción. 115 Resumen de aspectos fundamentales y tendencias futuras 135 B. Proceso de la entrevista. Fases TÉRMINOS CLAVE 136 de la entrevista 120 III. Información a explorar en las entrevistas LECTURAS RECOMENDADAS 136 diagnósticas 124 REFERENCIAS 137 A. La historia del problema y anamnesis 124 AUTOEVALUACIÓN 138 I. Introducción Los pacientes son los mejores profesores, pero es necesario saber lo que se busca, los aspectos prácticos y clínicos por los que el paciente se describe a si mismo, a sus sentimientos y a su mundo. los datos recogidos y la formulación de las conclusiones en A. Sims (2008, p. 19). tres niveles de análisis se alternarán continuamente durante La entrevista diagnóstica es el paso previo a cualquier tipo los mismos intervendrán datos recogidos a través de otros de intervención terapéutica. Es el proceso a través del cual procedimientos o técnicas de evaluación como la observa- base a las hipótesis planteadas, es decir, en qué medida el problema del paciente se ajusta a los criterios diagnósticos planteados por los manuales diagnósticos oficiales. Estos el proceso de la entrevista (Muñoz, 2003), y en el análisis de el clínico conoce las dificultades del paciente y establece las ción, las medidas psicofisiológicas, los autoinformes estanda- bases de la relación terapéutica. Tiene una función evaluado- rizados (p. ej., cuestionarios psicométricos) o personalizados ray diagnóstica, y podría ubicarse en la primera y segunda (p. ej., autorregistros), o datos facilitados por otros especia- fase descritas por la Asociación Europea de Evaluación Psico- listas. Toda esta información permitirá contrastar y comple- lógica (European Association of Psychological Assessment) tar lo recogido durante de la entrevista. Pero además de la en la Guía para orientar el Proceso de Evaluación Psicológica función evaluadora y diagnóstica, la entrevista diagnóstica tiene otro objetivo que resulta igualmente relevante, el de en general (GAP). Por tanto, los objetivos de la entrevista se relacionan con el análisis del caso y organización (e información) de los resultados, concretamente con: (1) el análisis descriptivo detallado y preciso de la queja o demanda de la establecer los cimientos de la relación con el paciente —o rapport—, fomentando la empatía y comprensión, de forma persona; (2) el desarrollo de hipótesis de evaluación contras- que la persona se sienta cómoda, algo que, por un lado, facilitará la exploración de la información requerida, y por otro, tables y evaluables, y la recogida de la información necesaria la implicación en el proceso terapéutico (García-Soriano y para contrastar las hipótesis; (3) así como en el análisis de Roncero, 2012). 113 Manual de psicopatología. Volumen 1 El proceso de evaluación puede llevar varias sesiones, ciente para poder establecer hipótesis desde cualquier mode- pero será necesario para poder proponer un tratamiento lo, y poder justificar la recomendación terapéutica, así como que se ajuste a la realidad de los problemas del paciente. la intervención realizada (o propuesta]; y para que a través Algunos entrevistadores sienten el impulso de «hacer algo» de ella los pacientes estén ubicados en su momento preci- para demostrar al paciente su competencia y ayudarlo en la so del proceso terapéutico (Pérez et al., 2006; Sommers-Fla- primera sesión, de hecho esta suele ser en parte la demanda nagan y Sommers-Flanagan, 2017). Por todo lo dicho hasta del paciente que puede considerar irrelevantes gran parte de aquí, podemos concluir que la historia clínica cumple diver- las preguntas del entrevistador sintiéndose impaciente por sas funciones, entre ellas permite describir y comprender el recibir una ayuda inmediata. Sin embargo, es conveniente problema, valorar la gravedad del mismo, formular el caso y resistir el impulso y esforzarse por realizar una evaluación tomar decisiones clínicas. También facilita la comunicación cuidadosa. entre profesionales y resulta imprescindible en las sesiones mínimo Un diagnóstico retrasaría el precipitado tratamiento más e incorrecto, indicado como (Morrison, clínicas, al contener la información necesaria, suficiente e 2014). Además, conviene recordar que la escucha activa y imprescindible empática por sí sola es beneficiosa y ayuda a una compren- en su contexto. sión del problema y establecimiento del diagnóstico adecuado (García-Soriano y Roncero, 2012). En los para comprender siguientes apartados el problema nos del centraremos paciente en los medios y estrategias que nos servirán para realizar una La información recogida a lo largo del proceso de evalua- entrevista diagnóstica, así como en aquellas variables en las ción, elaborada y analizada por el clínico, se recogerá en un que debemos focalizar nuestra atención a la hora de realizar documento o archivo al que se suele denominar historia clí- la evaluación, y que con posterioridad incluiremos en la his- nica. Este documento, además de recoger aquellos datos de toria clínica. relevancia para e/los problema/s a tratar, fruto de la entrevista diagnóstica, y de otros procedimientos de evaluación, incluye información sobre la formulación del caso, pautas de ) Entrevista diagnóstica. Proceso a través del cual el clíni- tratamiento y la evolución del problema. Por tanto, recoge co conoce las dificultades del paciente y establece las bases información tanto a nivel longitudinal, por ejemplo, aquella de la relación terapéutica. Tiene una función evaluadora, referida a la evolución del problema a lo largo de la vida del diagnóstica, así como de establecimiento de los cimientos paciente, como trasversal, por ejemplo, la que proviene del de la relación con el paciente. examen del estado mental en el momento actual de evaluación; y además está en continuo cambio, al recoger infor- ) Historia clínica. Documento o archivo donde se recoge la información relacionada con la evaluación y seguimiento mación relativa a la respuesta al tratamiento, o a los segui- de un paciente: información relativa al problema, a la his- mientos una vez se haya dado el alta. Es importante tener toria de su problema, historia personal, examen del estado en cuenta que la historia no incluye únicamente información mental, diagnóstico, formulación clínica del caso, resultados recogida del usuario (o familiares), sino que es fruto de un pro- de estudios adicionales, informes psicológicos, propuesta de ceso de interpretación y evaluación de la situación por parte tratamiento, notas del progreso y de seguimiento. del clínico, al incluir la información relativa a las hipótesis diagnósticas, diagnóstico, y plan terapéutico. En la Tabla 4.1 se listan los elementos que puede reunir la historia clínica. )) Tabla 4.1. Elementos que recoge la historia clínica I. Historia del problema y anamnesis. II. Medios y estrategias de recogida de información e interaccción 2. Examen del estado mental. Realizar una entrevista no es una tarea sencilla, requiere que 3. Otros estudios adicionales. el entrevistador posea una serie de habilidades de comunica- 4. Formulación clínica del caso. ción para lograr el objetivo de la entrevista, i. e., obtener la 5. Informes psicológicos (en su caso). información precisa para ser capaces de hacer un diagnósti- 6. CO, así como de adquirir una visión global de la persona que Notas del progreso. 7. Notas de los seguimientos tras el alta. permita entenderla mejor en su conjunto, lo cual facilitará su posterior abordaje terapéutico, si fuera el caso. Es por ello que, en primer lugar, en este apartado se describen los aspec- En general, aunque la información que se considera rele- tos básicos a tener en cuenta respecto a la comunicación e vante diferirá en función de la orientación del evaluador, la interacción entre clínico y paciente, definiendo técnicas con- información recogida en la historia clínica debería ser sufi­ cretas y aportando algunas claves esenciales que resultarán 114 Capitulo 4. La entrevista diagnóstica de gran utilidad. A continuación, se definen las fases en las está pensando o lo que nos contestará a una pregunta. Así que se puede descomponer la entrevista, puesto que su mismo, se ha de evitar la distracción con factores externos conocimiento y manejo eficaz serán cruciales para obtener la o con los propios pensamientos. Por el contrario, estrategias cantidad justa de información, que esta sea válida y fiable, y positivas que favorecen la escucha activa son preparar previa- llevarlo a cabo en el menor tiempo posible. mente la entrevista, respetar y no confundir a la persona con sus problemas, y ser consciente de las propias emociones. A. Habilidades de comunicación e interacción A continuación, se exponen una serie de técnicas verbales de escucha activa, que animan al paciente a expresarse En este apartado se describen las habilidades esenciales que debe poseer el entrevistador para llevar a cabo de manera exitosa la entrevista diagnóstica, saber escuchar y saber preguntar, y junto a ellas, las principales técnicas y estrategias de comunicación directivas y no directivas. y con las que se le demuestra que está siendo escuchado y comprendido. Estas técnicas también son llamadas no directivas, porque se realizan desde el marco de referencia del entrevistado (Rojí, 1994), o también facilitadoras de la narrativa del paciente, porque invitan a que sea el cliente quien explore en su propio discurso (Fernández-Liria y Rodríguez-Vega, 2008). Describiremos las características y princi- a. Saber escuchar pales usos de las técnicas de paráfrasis, reflejo, resumen, El entrevistador deberá disponer de una buena capacidad para la escucha que le permita plantear preguntas adecuadas, estableciendo un buen hilo conductor, facilitando la y clarificación. También haremos referencia aquí a la autorrevelación y la inmediatez, aunque algunos autores consideran estas últimas como técnicas directivas o mixtas. En la expresión de ideas, haciendo que la persona se sienta escu- Tabla 4.2 se exponen de manera resumida los objetivos que chada, y no se sienta abrumada con las preguntas. Esta persiguen cada una de las técnicas descritas. habilidad es conocida como escucha activa, y se puede —y debe— aprender y trabajar. La escucha activa implica realizar un esfuerzo mental y fisico por parte del entrevistador no solo para percibir los mensajes verbales y no verbales de la persona, sino también para transmitir que la escuchamos, atendemos y comprendemos (Perpiñá, 2012). Gracias a la escucha activa se logrará una mejor exploración y comprensión del paciente, haciendo que la persona se sienta respetada y valorada desde su marco de referencia, lo cual favorecerá el establecimiento del rapport, y a su vez el deseo del paciente a expresar y aceptar sus emociones y pensamientos. El proceso de la escucha activa implica, en 1. Paráfrasis La técnica de la paráfrasis, o reflejo del contenido, trata de repetir el contenido cognitivo que acaba de transmitir el cliente, pero en palabras del entrevistador, sin alterar el contenido. Ayuda a que la persona se sienta entendida y escuchada, por lo que resulta una herramienta muy útil para establecer o fortalecer la alianza terapéutica. Puede utilizarse para poner el foco en el aspecto cognitivo, «retirando» o reduciendo el lado emocional, sobre todo cuando el paciente está desbordado emocionalmente o se centra excesivamente en sus emociones, ignorando los hechos. primer lugar, recibir los mensajes verbales y no verbales de la persona con actitud de respeto, colaboración y empatía para, a continuación, procesarlos y comprenderlos desde la perspectiva de la persona, y, finalmente, emitir un mensaje para hacerle ver que ha sido escuchada y entendida. Para ello serán necesarias una serie de estrategias verbales (p. Paciente: Cuando tuve a mis dos hijas solicité una reducción de jornada en mi trabajo y mis jefes me cambiaron a otro departamento donde las condiciones eran mucho peores que las que yo tenía. Creo que lo hicieron como castigo. Me sentó muy mal. iYo que siempre había dado todo por la empresa! y cuando pedí algo, mira cómo me trataron. ej., paráfrasis, reflejo, clarificación, y resumen) y no verbales (p. ej., manteniendo el contacto visual y una postura abierta, asentir con la cabeza, con interjecciones de interés del Clínico (paráfrasis): Entonces, parece que el hecho de reducir tu jornada laboral hizo que te empeoraran las condiciones en el trabajo. tipo «mm», «ajá», entre otros) que exponemos a continuación (Perpiñá, 2012). Durante la entrevista, el clínico puede encontrarse algunas barreras o dificultades que interfieren en la escucha activa, como estar pendiente excesivamente de su propio turno para hablar, o centrarse en exceso en el contenido del mensaje para llegar al diagnóstico, pasando por alto mensajes no verbales o matices verbales que pueden ser muy relevantes para comprender a la persona. Otro aspecto a evitar es «leer la mente» del paciente, o dar por supuesto lo que 2. Reflejo En la técnica del reflejo, el entrevistador se centra en el contenido emocional del mensaje. Se trata de enfatizar la parte emocional que transmite el paciente, sin interpretar ni especular (Sommers-Flanagan y Sommers-Flanagan, 2017). De esta manera la persona siente que sus sentimientos se han comprendido. Entiendo que eso hizo que te sintieras defraudada con tus jefes. 115 Manual de psicopatología. Volumen 1 )) Tabla 4.2 Objetivos de las técnicas de escucha activa (no directivas) OBJETIVOS r TÉCNICA Paráfrasis - Transmitir que se ha entendido el significado central del mensaje. - Facilitar la ordenación y expresión del pensamiento de la persona. - Centrar la atención sobre el contenido cognitivo del mensaje. - Ayudar a comprender el mensaje y comprobar si se le ha entendido bien. Reflejo - Comunicar que se ha captado la parte emocional del mensaje verbal. - Facilitar el conocimiento y expresión emocional por parte de la persona. Resumen - Demostrar que la persona está siendo escuchada. - Enlazar y ordenar los diferentes aspectos tratados a lo largo de la entrevista. - Realzar los temas centrales de la entrevista poniendo el foco en los mismos. - Identificar comunalidades entre mensajes o entre diferentes sesiones. - Facilitar una transición suave entre diferentes temas. - Disminuir la intensidad emocional del entrevistado dando un «respiro» psicológico. Clarificación - Aclarar el mensaje cuando existe una confusión por parte del clínico. Autorrevelación - Hacer que se considere al entrevistador como un ser humano más para equilibrar en cierta medida los niveles de «poder» y así facilitar la colaboración por parte del paciente. - Hacer que la persona se sienta comprendida. - Facilitar la apertura y autorrevelación de la persona. - Compartir información que puede resultarle útil a la persona. - Modelar nuevas conductas. - Puede emplearse como estrategia directiva, como un modo de hacer sugerencias. Inmediatez - Discutir algo que el entrevistador siente sobre sí mismo, sobre el entrevistado o sobre la relación, y que no se ha expresado de forma directa. - Proporcionar retroalimentación sobre un momento concreto de la entrevista. - Ayudar a la autoexploración del entrevistado dado que es frecuente que se relacione con el clínico del mismo modo que lo hace con otras personas significativas. V Basado en Cormier et al., (2017) y Roncero y García-Soriano (2012). 3. Resumen 2. Cuando se emplea el resumen o recapitulación se realiza una síntesis de los aspectos más relevantes que se han tratado durante la entrevista o en una parte de ella, atendiendo tanto a la parte cognitiva como a la emocional del mensaje. Como se recoge en la Tabla 4.2, el resumen puede servir para cubrir diferentes objetivos, desde demostrarle al paciente que está siendo escuchado, hasta para hacer un descanso con la idea de dar un respiro emocional a la persona. En función del objetivo, podremos emplear el resumen en un momento u otro de la entrevista: al inicio, para recordar lo que se vio en la sesión anterior, a mitad, para facilitar la transición de un tema a otro, o al final, como cierre. Algunos ejemplos de colaboración en el resumen serían los siguientes (García-Soriano y Roncero, 2012): 1. 116 Pedir que el paciente resuma él mismo lo comentado: Emplear pausas durante el resumen para que el paciente corrija si es necesario «[....)». 3. Emplear expresiones informales para introducir el resumen: «A ver si he comprendido los aspectos principales de los que has hablado,...»; «Si no he entendido mal,...»; «A ver si te he entendido correctamente,...». 4. Clarificación Cuando el clínico está confuso en un momento dado de la entrevista, y trata de comprobar de manera explícita que ha comprendido correctamente el mensaje del paciente, está empleando la técnica de clarificación. Más vale evidenciar la confusión a tiempo, y no quedar en evidencia más adelante cuando el paciente se dé cuenta de que no ha sido entendido/escuchado adecuadamente. Esto puede tener conse- cuencias negativas en la relación, por lo que se empleará esta técnica si se valora que la información en cuestión es «¿Cómo resumirías los aspectos más relevantes de los importante. A continuación se presentan los tres tipos de que has hablado?». clarificaciones que pueden emplearse: Capítulo 4. La entrevista diagnóstica )) Tabla 4.3 Objetivos de las técnicas de escucha activa (directivas) Técnica Objetivos Indagación o sondeo - Conocer a la persona en su conjunto, aspectos de su problema, gravedad de la sintomatología, frecuencia, duración, así como su contexto. Interpretación - Contribuir al desarrollo de una relación positiva reforzando la autorrevelación del entrevistado y la credibilidad del clínico. I - Identificar patrones entre mensajes y conductas. - Explicitar los mensajes del paciente. - Contribuir a que el paciente comprenda mejor su problema desde un marco de referencia distinto al suyo. - Promover el autoconocimiento del paciente. Encuadre - Ayudar a comprender los objetivos del tratamiento. - Cambiar el modo de interpretar la conducta de otra persona o situación para que responda de modo diferente. Confrontación - Animar a explorar maneras alternativas de percibir algún suceso o situación. - Hacer consciente al paciente de discrepancias o incongruencias en sus pensamientos, sentimientos o conductas. Afirmación de la capacidad - Ayudar a la toma de conciencia de su propia capacidad. - Motivar al paciente a realizar una determinada actividad. - Enfatizar los beneficios que tendría implicarse en la actividad. Información - Explicar la estructura y objetivos que tendrá la propia entrevista. - Mostrar al paciente información de cualquier tipo. - Plantear las consecuencias o implicaciones de las alternativas de acción que tiene el paciente. - Corregir información no exacta o disipar mitos. - Motivar al paciente a considerar conductas o decisiones que puede haber estado evitando. Instrucciones ______________________ - Proporcionar la información necesaria para que el paciente sea capaz de realizar -0 dejar de realizar- una determinada tarea o conducta. Basado en Cormier et al., (2017), Roncero y García-Soriano (2012), y Sommers-Flanagan y Sommers-Flanagan, 2017. 1. 2. Se pide una aclaración o repetición de lo dicho: «Lo sien- dades (Cormier et al., 2017). Un ejemplo de autorrevelación to, no te he escuchado bien, ¿puedes repetirlo?». podría ser el siguiente: Planteamos un resumen seguido de una pregunta: «Lo Clínico: Entiendo perfectamente lo que dices, yo odio toda esa burocracia. Yo también tuve que hacer todo ese papeleo hace unos meses; la documentación hay que entregarla en la Subdelegación del Gobierno. que te molestó de la actitud de tus jefes fue que te cambiaran a otro departamento, ¿me equivoco?». 3. Presentamos alternativas de respuesta esperando la aclaración: «Entonces, ¿lo que te molestó fue que te cambiaran de departamento, o que te enteraras por tus compañeras?». 6. Inmediatez Finalmente, la 5. Autorrevelación explícito un La autorrevelación es una técnica en la que el clínico expresa rriendo respecto a si mismo (el clínico], la situación, o la alguna información personal, demográfica o experiencia pro- relación entre clínico y paciente, en ese preciso instante. en inmediatez técnica de determinado puede cubrir inmediatez momento diversos consiste en hacer lo está ocu- que pia. Su empleo puede servir para lograr distintos objetivos, La desde nivelar la posición del entrevistador con la del pacien- Tabla 4.2), pero en general se trata de poner el foco en lo objetivos (véase la te, hasta tratar de hacer sugerencias (véase Tabla 4.2). En que el clínico está sintiendo aquí y ahora para poder traba- función de la influencia que se pretenda lograr, esta técnica jarlo en ese mismo instante y así evitar que el rapport se será más o menos directiva. Antes de emplearla, el clínico vea afectado negativamente. A la hora de su empleo, es tendrá que estar seguro de que su uso ayudará a la relación aconsejable tener en cuenta algunas consideraciones (Cor- y que no se emplea como respuesta a las propias necesi­ mier et al., 2017): 117 Manual de psicopatología. Volumen 1 1. 2. 3. Emplear la inmediatez en el momento preciso en el que cas no directivas para lograr la información justa sin que la ocurre el problema: «me siento incómoda» en lugar de persona tenga la sensación de que está siendo sometido a «me sentí incómoda», o «me he sentido incómoda». un interrogatorio. Proporcionar una descripción no evaluativa de la situa- Antes de comenzar con las preguntas, es interesante ción: «he notado que las últimas sesiones has llegado hacer explícito al paciente que se le va a hacer varias pre- tarde a las citas». guntas, con algún mensaje de tipo: «Para poder conocerte Elaborar el mensaje en voz activa, en primera persona: mejor y hacerme una idea de lo que te ocurre, voy a hacerte «yo me siento incómoda por esta situación», en lugar de varias preguntas, ¿te parece bien?» Tras esto, habitualmen­ en voz pasiva «me estás haciendo sentir incómoda por te se comenzará a recabar datos con una pregunta abierta. esta situación». Las preguntas abiertas son aquellas que empiezan por los adverbios interrogativos qué, cómo y por qué. La ventaja de formular este tipo de preguntas es que anima a la persona 2 Técnicas verbales no directivas. Aquellas que animan a responder libremente favoreciendo respuestas elaboradas. al paciente a expresarse y con las que se le demuestra que está siendo escuchado y comprendido. Se realizan desde Como decíamos, aportan información general útil al inicio de el marco de referencia del entrevistado. También llamadas la entrevista. Algunos ejemplos de preguntas abiertas al ini- la sesión, y también cuando empezamos un tema nuevo en facilitadoras de la narrativa del paciente, porque invitan a cio de la entrevista para valorar el motivo de consulta serian que sea el cliente quien explore en su propio discurso. Des- los siguientes: taca la importancia de la escucha activa en la entrevista Si te parece, cuéntame, qué te ha traído hasta aquí. diagnóstica. ¿Qué te ha motivado a pedir ayuda? Una vez el paciente haya comenzado su relato, se b. Saber preguntar emplearán las técnicas no directivas oportunas expuestas Para poder lograr el objetivo de la entrevista, además de la persona se sienta escuchada y comprendida. A continua- en el punto anterior para favorecer el rapport, haciendo que saber escuchar, se requiere la habilidad de saber preguntar, ción, se puede seguir con la técnica del embudo, que trata esto es, la capacidad de formular la pregunta exacta en el de ir acotando las respuestas del paciente por medio de pre- momento adecuado, ya que en función del tipo de pregunta guntas cada vez más cerradas para averiguar exactamente que hagamos obtendremos un tipo y cantidad de informa- qué le ocurre y cuáles son los sintomas. Para ello se emplea- ción u otro. Para ayudarnos en esta tarea, existen una serie rán las preguntas cerradas, que son aquellas que ayudan a de técnicas de intervención verbal directivas que se expo- obtener información concreta y breve, evitando que la perso- nen a continuación (i. e., indagación, interpretación, encua- na se extienda en su discurso. Son preguntas que empiezan dre, confrontación, validación de capacidad, información e por ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cuánto?, ¿con qué?, entre otras, instrucciones). Se les llama técnicas directivas porque el entrevistador ejerce una influencia directa sobre el cliente o y, a diferencia de las técnicas no directivas, estas parten del porque ayudan a concretar sobre síntomas que presenta el marco de referencia del entrevistador. Es por ello que la reco- paciente y que puede resultarle difícil especificar, y pueden mendación será no comenzar a emplear estas técnicas hasta ser importantes para poder establecer si se cumplen ciertos también pueden ser preguntas disyuntivas. Estas pre- guntas son muy necesarias en las entrevistas diagnósticas asegurarnos que hemos establecido el rapport con el cliente criterios diagnósticos o no. En este sentido, es frecuente que en los primeros minutos de la entrevista. Excepto la técnica los pacientes se expresen en términos psicológicos, con un de indagación, el resto son más empleadas en entrevistas significado lego o que no se ajuste a la descripción cientifica terapéuticas o motivacionales, pero es interesante conocer- del término, por ejemplo, describiéndose como una perso- las porque en momentos puntuales pueden ser de utilidad na «obsesiva» o «depresiva», o que ha tenido un «ataque de también en la entrevista diagnóstica. En la Tabla 4.3 se pre- nervios». Será labor del clínico determinar la exactitud de sentan los objetivos de las técnicas directivas que expone- estas afirmaciones para ver a qué se refiere exactamente y mos a continuación. si se ajusta su descripción a la alteración que presenta. Con 1. Indagación o sondeo Al empleo de preguntas para obtener información se cono- preguntas del tipo: ¿Qué quieres decir cuando indicas que has tenido... (p. ej., un ata- ve a manejar son qué, cómo y cuándo preguntar. Por otra que de ansiedad, o un atracón, o que se siente mal, o que no duerme, o que no come nada, o que se obsesiona)?, ¿podrías ponerme un ejemplo?, ¿podrías describirme la última vez que parte, es necesario saber combinar la indagación con técni­ te pasó? ce como técnica de indagación o sondeo. Los aspectos cla- 118 Capitulo 4. La entrevista diagnóstica )) Tabla 4.4. Directrices sobre cómo formular las preguntas (- Empleando un lenguaje adecuado al paciente. - En sentido positivo, evitando preguntas del tipo «no fumas mucho, ¿no?». - En tono agradable para animar a contestar de manera honesta y abierta. - Sobre conocimientos que la persona sea capaz de contestar. - Sin abusar de términos técnicos, y, en caso de ser necesario, se definirán. - Sobre temas menos íntimos al inicio de la sesión. Se irá cambiando progresivamente cuando se perciba que la persona está preparada y cómoda para contestar. - Personalizando la pregunta de manera que la persona se sienta más identificada. - Secuenciando las preguntas de una en una para evitar la sensación de interrogatorio o bombardeo, y dejando tiempo para pensar. - Realizar solo preguntas justificadas de cara al objetivo de la entrevista. - Permitir -0 no evitar- los silencios, ya que son útiles para que la persona ponga en orden sus pensamientos y da la oportunidad de hablar con libertad al entrevistado. - No deben sugerir nunca una respuesta. - Evitar, en la medida que se pueda, preguntas disyuntivas. - Explicar al paciente por qué las preguntas que formulamos son importantes para conocer su caso. Basado en García-Soriano y Roncero (2012). O preguntas más específicas dirigidas a clarificar la forma, frecuencia y características de la sintomatología descrita para determinar si se ajusta a la descripción psicopatológica del concepto. Por ejemplo: Paciente: No pego ojo en toda la noche. 2. Interpretación Esta técnica consiste en proporcionar explicaciones alternativas a los problemas del paciente desde el marco de referencia del clínico, por tanto, dependerá de su perspectiva teórica. Para ello el clínico interpreta los mensajes implicitos Clínico: Veo que pasas malas noches, ¿cuántas horas has dormido del paciente, en los que expresa conductas, patrones, objetiesta noche?, ¿suele ser así todas las noches?, ¿cuántas veces vos, deseos y sentimientos no conscientes. La aplicación de sueles despertarte por las noches?, ¿tardas en conciliar el sue- esta técnica es compleja, y se recomienda su uso de manera ño?, ¿te despiertas antes de tiempo? muy respetuosa y tentativa, y solo cuando la relación con el Paciente: Después de aquella discusión llegué a casa muy anguspaciente está bien establecida. Por otra parte, sería aconsetiada y perdí el control, tuve un atracón, luego me sentí fatal, jable emplearla únicamente en los casos en los que estemos fui corriendo al baño y vomité. seguros de que el paciente podría llegar por sí mismo a esa Clínico: ¿Podrías decirme cuánto tiempo duró el atracón?, ¿qué misma interpretación, está en condiciones de asumir el nueingeriste exactamente? vo significado, y solo si se cuenta con suficiente tiempo en la El empleo de las preguntas cerradas es también aconentrevista para manejar la ansiedad o resistencia que puede sejable cuando se acerca el final de la entrevista, con objeto de ir limitando el discurso y favorecer la transición a la fase final. Algunos ejemplos de preguntas cerradas serian ocasionar en el paciente. Puede que me equivoque, pero escuchando lo que me cuentas me parece que... ¿estoy en lo cierto? los siguientes: En esos momentos, ¿también sientes que se te acelera el pulso o que pierdes el control?, ¿sueles pedir ayuda a alguien cuando tienes esos ataques de nervios que describes? Como norma general, a lo largo de la entrevista se organi- 3. Encuadre El encuadre es una técnica similar a la interpretación, puesto que su objetivo principal es que el paciente vea el mundo desde una perspectiva más adaptativa. La diferencia es que zarán las preguntas por áreas temáticas, para asegurarse de esta técnica trata de ofrecer significados alternativos a deter- no hacer una transición a otro tema hasta haber conseguido minadas situaciones que el paciente interpreta de manera la información necesaria sobre el anterior. En la Tabla 4.4 se negativa, abriendo así un posible camino al cambio. Aunque presentan algunas indicaciones o directrices adicionales a la esta técnica es fundamental en la entrevista terapéutica, hora de saber cómo preguntar en la entrevista diagnóstica. también puede ser de utilidad en la entrevista diagnóstica 119 Manual de psicopatología. Volumen 1 para motivarlo a que continúe con la entrevista o para que nuación, se presentan algunas recomendaciones a la hora acepte recibir tratamiento. Un ejemplo de encuadre sería el de emplear esta estrategia (Cornier et al., 2009; Roji, 1994): siguiente: 1. Paciente: Mi hijo pequeño es insoportable, cuando llego a casa y me siento en el sofá comienza a gritar, a hacer el bestia, tirarse por los sofás... Busca ponerme al límite, iy lo consigue! Clínico: Quizá tu hijo, después de todo el día sin verte, quiere tu atención, y la única manera que encuentra de conseguir que le hagas caso es comportándose de esa manera. Dar la información de forma objetiva, sin incluir opiniones ni ocultar parte de la información. 2. Ajustar la cantidad para no sobrecargar al paciente. 3. Proporcionar únicamente información de la que se esté seguro. 4. Elegir el momento adecuado, cuando el entrevistado la necesite y pueda aceptarla. 4. Confrontación Se trata de hacer explícita una contradicción que observamos a nivel de discurso y/o conducta del paciente. El obje- 7. Instrucciones El objetivo principal de esta técnica es mostrar las pautas tivo final es promover el cambio de manera constructiva, para realizar una determinada tarea o conducta. En la entre- poniendo de manifiesto una incongruencia que percibimos. vista diagnóstica habitualmente se utilizará para mostrar al Para que la confrontación no se transmita en tono de crítica, paciente cómo ha de completar registros o cuestionarios es necesario que nos limitemos a exponer la contradicción que ha de rellenar para la siguiente sesión. Deberán estar de manera descriptiva, evitando el tono recriminatorio y el formuladas con un lenguaje sencillo y adaptado a las habili- juicio de valor. Solo se recomienda su uso cuando esté ase- dades del paciente. Será recomendable asegurarse de mane- gurada la relación de confianza con el paciente, y cuando ra sutil que ha comprendido la instrucción. Se le puede pedir se perciba que está preparado para recibir el mensaje posi- directamente que exprese «qué dudas tiene», en lugar de tivamente, y nunca cuando se encuentre en un momento preguntar «si tiene dudas». Además, la instrucción siempre de será mejor recibida si la exponemos a modo de deseo y no elevada carga emocional. Tampoco será conveniente emplearla al finalizar la sesión, pues se debe disponer de de orden. Un ejemplo de instrucción puede ser el siguiente: tiempo para trabajar con posibles resistencias. Una buena Clínico: Me gustaría que esta semana pensaras qué actividades manera de plantear la confrontación es añadiendo una cla- te gustaba hacer antes, y que las escribieras en orden de pre- rificación al final para suavizar el tono, como se muestra en ferencia. el siguiente ejemplo: Por un lado, me dices que te cuesta concentrarte y no puedes estudiar, pero por otro parece que tu media en lo que llevas de curso es de sobresaliente, ¿es así? 5. Afirmación de capacidad ) Técnicas verbales directivas. Aquellas en las que el entrevistador ejerce una influencia directa sobre el cliente y, a diferencia de las técnicas no directivas, parten del marco de referencia del entrevistador. Al emplear esta técnica se hace explícita una capacidad que tiene el paciente para realizar alguna actividad y así animarle a que la realice. Solo se usará si se tiene la certeza de que efectivamente el paciente es capaz de realizarla, y siempre B. Proceso de la entrevista. Fases de la entrevista que no presente una imagen muy negativa de sí mismo en Atendiendo al dinamismo propio de la entrevista, esta pue- ese ámbito. A continuación, se presenta un ejemplo de afir- de ser definida como un proceso comunicativo entre dos mación de capacidad: personas, en el que —como en cualquier proceso— pueden Paciente: (...) no sé si seré capaz de manejarme bien con el ordenador. diferenciarse una serie de fases. Y a pesar de que las fases de la entrevista que se plantean son extrapolables a cualquier Clínico: Usas el ordenador casi a diario, editas tus fotos, buscas y ámbito, aquí enfatizaremos las peculiaridades de la entrevis- lees información por Internet, hablas por Skype con tus hijas ta en el ámbito clínico. Así mismo, cabe recalcar que, a pesar que viven fuera de España... Seguro que eres capaz de manejarte bien en un curso on-line. del empeño por homogeneizar las entrevistas con unas fases 6. Información comunes estableciendo tiempos aproximados para cada una de ellas, el ritmo de la entrevista dependerá de las personas que estén involucradas, por lo que no existirán dos entre- Esta técnica trata de proporcionar alguna información útil vistas iguales. Estableciendo un símil con el baile, el entre- para el paciente, como, por ejemplo, dar información psicoe- vistador deberá marcar el paso de manera sutil, pero clara, ducativa sobre el funcionamiento de la ansiedad. A conti­ atendiendo en todo momento el paso de la otra persona, 120 Capítulo 4. La entrevista diagnóstica )) Tabla 4.5. Descripción de los objetivos propios de las fases de la entrevista diagnóstica [ OBJETIVO DESCRIPCIÓN FASE INCIAL Establecer la base del rapport. Aspecto central de la fase inicial. Primeros minutos en los que se forja la base de la relación personal. Reducir la incertidumbre. Definir la situación, explicar el objetivo y el desarrollo de la entrevista, para modificar ideas preconcebidas y reducir resistencias. Sondear y establecer expectativas. Saber qué espera la persona de la entrevista para establecer una expectativa realista y así evitar malentendidos. Obtener los primeros datos del estado mental. Se recabarán datos iniciales sobre aspectos como la orientación, la atención, el lenguaje, la apariencia física, y nivel de conciencia. FASE INTERMEDIA Obtener información relevante y precisa. El principal objetivo de la entrevista es que la persona transmita la cantidad justa y necesaria de información. Identificar el problema. Identificar y definir el problema de la manera más exacta posible. Elaborar hipótesis. Durante la entrevista es importante ir elaborando hipótesis que guíen las preguntas posteriores de la entrevista. Decisión de derivación o tratamiento. Tomar una decisión sobre la conveniencia de que la persona reciba tratamiento psicológico o sea derivada a ofro profesional. Y si fuera necesario, profundizar en el caso para diseñar la intervención. FASE FINAL Resumir lo que se ha visto en la entrevista. Recapitular lo que se ha tratado para obtener una visión global. Permite aclarar informaciones erróneas o malentendidos. Planificar citas, acciones y/o tareas futuras. En este punto se pautarán posibles tareas que sean interesantes que la persona realice de cara a la siguiente cita, se explicará cómo y cuándo tiene que llevarlas a cabo. Además, en caso de ser necesario se pactará la siguiente visita con la persona. Aclarar dudas o comentarios. Asegurarse de que la persona no se queda con ninguna pregunta o duda por formular. Cierre o despedida. En función de la situación, en la despedida se hará referencia a la próxima cita o se le deseará que todo le vaya bien. Basado en Roncero y García-Soriano (2012). pues el objetivo es que ambos vayan al unisono y a un ritmo secuenciado, esto no implica que en caso de ser necesario adecuado, ni muy rápido, ni muy lento. Por ello, una de las se pueda retroceder y retomar alguna tarea o aspecto de habilidades básicas del entrevistador será tener la flexibilidad una fase anterior, aunque esto no será un buen indicador. y a la vez el dominio necesario para amoldarse a las circunstancias de cada persona sin dejar de tratar los puntos que a. Fase inicial desea en el momento oportuno. La fase inicial tiene una duración muy breve, transcurre Por lo que respecta a la diferenciación de fases en la durante los primeros ocho o diez minutos de la entrevis- entrevista psicológica, existen diversas propuestas de auto- ta, aunque como acabamos de exponer, lo principal será la res que establecen desde tres hasta cinco fases (Roncero flexibilidad, pues algunas personas necesitarán cinco minu- y García-Soriano, 2012; Shea, 2002; Sommers-Flanagan y tos, mientras que otras requerirán diez. En estos primeros Sommers-Flanagan, 2017). En este apartado se definirán las minutos la persona formará una primera impresión sobre tres fases fundamentales: inicial, intermedia y final. Cada el entrevistador y sobre lo que va a ocurrir en la entrevis- una de estas fases tendrá unos objetivos y herramientas o ta, por lo que el clínico tratará de transmitir una impresión medios específicos para lograrlos, así como una duración lo más acertada y positiva posible (Shea, 2002). Como se aproximada. Y a pesar de que deben seguirse en un orden puede observar en la síntesis presentada en la Tabla 4.5, el 121 Manual de psicopatología. Volumen 1 objetivo principal en esta primera fase es el establecimien­ los to del rapport. Forjar una buena relación personal positiva consentimiento informado en caso de ser necesario (Som- asuntos tratados durante la entrevista, firmando un entre entrevistador y paciente, contribuirá en gran medida al mers-Flanagan y Sommers-Flanagan, 2017). éxito de la entrevista —y el tratamiento posterior si fuera el También en los primeros minutos, el clínico comenzará a caso—. Hay que tener presente que en la siguiente fase se valorar el estado mental de la persona, observando atenta- le pedirá a la persona que hable de cuestiones personales y mente aspectos desde la apariencia física, nivel de concien- con una alta carga emocional, por lo que será esencial lograr cia, la comodidad y confianza. Este objetivo se puede lograr dentro del examen del estado mental que veremos más ade- comenzando con alguna pregunta intrascendente o comen- lante. De esta manera se comienzan a establecer hipótesis tario social que no suponga ninguna dificultad a la persona y que dan información para orientar el resto de la entrevista, ayude a reducir la tensión, pudiendo continuar con recogida y que en determinadas ocasiones nos permitirán tomar la orientación, atención y lenguaje, elementos incluidos de datos de identificación de paciente. Hablar sobre situacio- decisión de posponer la entrevista si la gravedad del tras- nes de la vida cotidiana relaja al cliente y facilita que expli- torno lo requiere. Por ejemplo, en situaciones en las que la que mejor sus experiencias (Poole y Higgo, 2017). Se puede persona no es capaz de mantener su atención, requiere aten- comenzar el primer contacto con frases como las siguientes: ción clínica inmediata, o en pacientes con déficits permanen- ¿Ha llegado bien a la consulta? Hay obras en todo el barrio y es un poco lioso; Hace bastante frío fuera, ¿verdad? He puesto la calefacción, si tiene calor puedo apagarla. tes con los que desaconsejan su uso (p. ej., retraso mental grave o demencia grave). b. Fase intermedia Otro elemento relevante a la hora de establecer el rapport es averiguar de qué manera quiere la persona que Esta fase representa el grueso de la entrevista, con una nos refiramos a ella, saber si le podemos tutear, y qué nom- duración aproximadamente de 45 minutos. Por ello es espe- bre prefiere que utilicemos para llamarle. De esta manera, cialmente importante calibrar el tiempo para recabar toda la según Shea (2002), logramos que la persona sienta que la información necesaria para la evaluación, sin tener que ter- respetamos, mostramos que tiene control sobre algo impor- minar la entrevista de manera precipitada o dejar aspectos tante para él/ella y, además, nos aporta información sobre el sin abordar. El principal objetivo de la entrevista —y de esta trato que quiere recibir, más cercano o más formal. fase en particular— es recoger la información imprescindi- El segundo objetivo de la primera fase será reducir la incertidumbre, especialmente importante en la primera entrevista, cuando la persona trae una serie de ideas preconcebidas, inquietudes y miedos que se tendrán que averiguar. Estas dudas pueden ir desde cuestiones como ¿cuánto tiempo durará la entrevista? hasta inseguridades acerca del profesional y su relación con él, ¿cómo será el clínico?, ¿será buen profesional?, ¿qué pensará de mí?, ¿me obligará a hablar de cosas de las que no quiero hablar? Responder estas cuestiones ayudará a que se reduzca la ansiedad y la persona se sentirá más cómoda (Shea, 2002). Igualmente relevante será conocer las expectativas que trae la persona sobre esa sesión —y el tratamiento en su conjunto, si fuera ble para identificar el problema, elaborar hipótesis diagnósticas que sirvan como guía a la hora de preguntar acerca de los síntomas que nos interesa rastrear, y finalmente, realizar una primera toma de decisiones en cuanto a la conveniencia de ofrecer tratamiento o derivación a otro profesional (véase la Tabla 4.5]. La información que recojamos deberá ir encaminada a obtener no solo una descripción «topográfica» de las conductas problemáticas, sino también lograr apresar una perspectiva general de la persona y sus circunstancias vitales, que nos permitan comprender mejor a la persona. Realizar estas entrevistas requiere un buen conocimiento psicopatológico y diagnóstico, sobre todo en entrevistas no estructuradas, pero también en el caso de el caso—. Para ello, por medio de la técnica de encuadre, se emplear entrevistas estructuradas se requerirá formación y nivelarán expectativas con la explicación del principal obje- entrenamiento especifico sobre su empleo. tivo de la entrevista, especificando qué se hará y durante Durante esta fase se requiere por parte del entrevistador cuánto tiempo. Se le explicará que durante la siguiente hora principalmente las habilidades de saber preguntar y saber se recogerá información sobre su problema, para lo cual se escuchar expuestas en el punto anterior. Esta fase se comen- le irán haciendo algunas preguntas, más o menos especificas zará formulando una pregunta abierta para que la persona sobre diferentes aspectos relacionados con el tema. Así se se sienta libre para expresarse. En esta fase es el entrevis- logra reducir la incertidumbre y la ansiedad de la persona tado quien pasará la mayor parte del tiempo hablando en a la vez que se establecen unas expectativas realistas que respuesta a las preguntas del entrevistador de una manera pueden coincidir —0 no— con las que la persona contaba previamente. Además, permite que el entrevistador se haga más o menos dirigida. Durante toda la entrevista deberá pre- una idea inicial de la persona a la que entrevista. También lizar transiciones sutiles entre temas y evitar así transmitir en esta fase es necesario explicitar la confidencialidad de una sensación de interrogatorio. Este es el momento donde 122 dominar la fluidez, para lo que será importante saber rea- Capitulo 4. La entrevista diagnóstica cobra mayor importancia que el clínico marque «el ritmo del Pero, además, el propio entrevistador puede experimen- baile» que mencionábamos anteriormente. En este sentido, tar barreras que le impidan actuar con la objetividad necesa- existen algunas actitudes y gestos sutiles que pueden ser de utilidad (Sommers-Flanagan y Sommers-Flanagan, 2017): (1) ria para realizar una correcta evaluación. En este sentido, Rojí y Cabestrero (2008) señalan la importancia de la auto-obser- mostrar una actitud relajada con una postura «abierta» que vación para tratar de evitar conductas o actitudes de apro- animan a la persona a hablar; (2) mantener el contacto visual bación y especialmente de desaprobación, que puedan ser percibidas por el paciente. y no tomar notas muestra que el entrevistador está atento a lo que la persona cuenta; (3) realizar gestos como recolo- La decisión de cerrar esta parte de la entrevista para carse en la silla, apartar la mirada o coger el block de notas, pasar a la fase final está determinada por el límite de tiem- muestra que debe terminar de hablar o cambiar de tema. po, pero también puede precipitarse cuando se observe que En general, se debería apreciar a lo largo de la entrevis- el paciente se encuentra cansado, o existe alguna dificultad ta que la persona se va sintiendo más relajada y cómoda, que no permita proseguir con la entrevista en buenas condi- pudiéndolo comprobar a través de su lenguaje verbal y no ciones, por ejemplo, por un ruido que dificulta el diálogo, o verbal. A la hora de escoger el rumbo de las preguntas, se cualquier circunstancia que ponga en riesgo la intimidad y debe tener en cuenta que las personas pueden presentar confidencialidad de la persona. ciertas barreras o resistencias, siendo conscientes de que puede haber sesgos en la información que obtengamos, y que resultará necesario consultar con familiares y/o allega- c. Fase final Esta fase tendrá una duración aproximada de entre diez y dos para poder contrastar los datos. Las barreras pueden doce minutos, y al igual que en las fases anteriores, será provenir de (García-Soriano y Roncero, 2012): flexible en función de las circunstancias de cada paciente. 1. El propio contenido. Hay que tener presente que la persona tendrá que hablar de aspectos personales que resulten difíciles de verbalizar, o que incluso nunca haya compartido con nadie. 2. La motivación para realizar la entrevista. Uno de los aspectos que hay que valorar desde el inicio es si la deci- Será en este momento cuando resumamos lo visto, planifiquemos y expliquemos tareas, resolvamos dudas, y nos despidamos (véase la Tabla 4.5). El objetivo principal de esta fase será reforzar al paciente para animarle a volver y hacer las tareas —si es el caso—, o a acudir al profesional que le derivemos (Shea, 2002). Podemos reforzar al paciente con frases del siguiente tipo: sión de acudir a consulta ha sido tomada por la propia persona o por otro profesional (p. ej., un juez o un médico] o persona (p. ej., su pareja o sus padres). También es posible que la persona haya acudido por propia voluntad pero que su motivación sea trabajar únicamente algunos aspectos del trastorno, como pueda ser una paciente con bulimia que quiera librarse de los atracones y vómitos con idea de poder adelgazar para sentirse mejor consigo misma. 3. La conciencia del problema. Son especialmente complejos los casos en los que no existe conciencia del proble- 4. Sé que no ha sido sencillo para ti pedir ayuda y haber venido hoy aquí. Es un paso muy importante para poder solucionar tu problema. Entiendo que no ha sido fácil hablar de ciertos temas, pero gracias al esfuerzo que has hecho, ahora tengo información muy valiosa para que podamos abordar entre ambos tu problema de la mejor manera posible. Seguramente no tendrás muchas ganas de rellenar los cuestionarios que te he pedido que completes esta semana, pero me darán información necesaria para poder entender mejor cómo te sientes. ma, y el paciente ha acudido a la consulta obligado por En esta fase será de mucha utilidad realizar un resumen otra persona, como puede ocurrir en pacientes con epi- de los aspectos que se han tratado durante la entrevista sodios de manía, con delirios, anorexia nerviosa grave, o para dar una visión global, así como descubrir y aclarar mal- trastornos de personalidad. entendidos si los hubiere. Si la persona saca en ese último La incongruencia entre la queja del paciente y el proble- momento algún tema, se valorará si lo hace por una resis- ma principal. Es necesario tener en cuenta que la deman- tencia a terminar con la entrevista, o para evitar que se pro- da de algunos pacientes no está relacionada con el pro- fundice en el tema. blema que el clínico valora como principal. Por ejemplo, En este punto se planificarán posibles citas, pautas o en el caso de un paciente con problemas en sus relacio- tareas que la persona ha de realizar para la próxima sesión, nes sociales donde se detecta que existe un trastorno de explicando cómo y personalidad a la base. Aquí, el clínico tendrá que indagar remos que efectivamente sobre aspectos que el paciente puede considerar irrele- pidiéndole de manera sutil que nos explique qué es lo que vantes para su queja, a la vez que atiende a la demanda ha entendido, para evitar que la falta de comprensión sea del paciente. motivo de no hacer la tarea propuesta. Si fuera el caso, se de cuándo debe hacerlas. lo ha Nos asegura- comprendido, incluso 123 Manual de psicopatología. Volumen 1 hablará sobre la necesidad de una próxima sesión y se cerra- A. La historia del problema y anamnesis rá la cita. Antes de dar por finalizada la entrevista, daremos una nueva oportunidad para que la persona plantee cualquier cuestión, duda o inquietud que le haya quedado pendiente. Se recomienda que se formule la pregunta afirmando que hay algo que preguntar, con alguna frase del tipo ¿qué preguntas tienes sobre lo que hemos hablado hasta ahora?, en lugar de ¿hay alguna pregunta que te gustaría hacerme? De esta forma se anima a la persona a preguntar y se reducen posibles reticencias (Morrison, 2014). Para poder definir y comprender adecuadamente cómo se ha desarrollado el problema, se requerirá obtener información variada que además de valorar la sintomatología en profundidad, incluirá el estilo de vida, preocupaciones, debilidades y fortalezas de la persona, entre otras cuestiones. En la Tabla 4.6 se recoge un guion de las áreas de evaluación que se pueden incluir. A continuación se describe cada una de estas áreas, junto con pautas sobre cuándo y cómo valorarlas, y se proponen preguntas que pueden guiar esta explora- Al terminar, hay que tener en cuenta que en ningún caso ción en una primera entrevista de evaluación. Sin embargo, se podrá cerrar una entrevista si el paciente se encuentra como con un estado de ánimo bajo —o peor de lo que empezó—, tener presente que cualquier entrevista es un proceso flui- hemos comentado con anterioridad, es importante tratando siempre de cerrar la sesión con un estado de ánimo do, entre paciente y entrevistador, por lo que a menudo no positivo. Finalmente, se mencionará la próxima cita que se seguirá en orden estricto la obtención de esta información, y haya acordado, acabando con un mensaje en tono positivo la valoración de estos apartados podrá requerir más de una y esperanzados sesión de evaluación. III. Información a explorar en las entrevistas diagnósticas En este apartado se describirá aquella información que a lo 1. Datos de identificación del paciente. Recoge infor- mación relativa al nombre, sexo, edad, nacionalidad, idioma habitual, estado civil, personas con quien convive en la actualidad, nivel de estudios, profesión, y situación laboral actual, principalmente. largo del proceso de evaluación y diagnóstico es recomenda- Estos datos pueden recogerse al principio de la entre- ble recoger, y que se recogerá y organizará en los primeros vista, o por medio de alguna ficha que puede completar el apartados de la historia clínica. Abarca, por tanto, toda aque- paciente, por ejemplo, mientras espera a ser atendido. Parte lla información a evaluar y recoger desde el primer contac- de esta información se habrá recogido en un primer con- to con el paciente hasta el momento en que se realiza un tacto telefónico cuando la persona (o algún familiar) solicita diagnóstico. ayuda, o cuando es derivado. La información a recoger aborda las siguientes áreas: (1) historia del problema y anamnesis; (2) el examen del esta- 2. Datos del referente y motivo de referencia o deri- vación. En ese apartado se valora quién remite al paciente, do mental o psicopatograma, y (3] toda aquella información necesaria para realizar el diagnóstico clínico. Es por ello que incluye datos proporcionados por el paciente tanto a nivel trasversal como longitudinal. Cabe tener en cuenta que, aun- )) Tabla 4.6. Áreas para valorar para la realización de la historia del problema y anamnesis que esta información se presente por separado con un objetivo didáctico y comprensivo, y porque así se organiza en / " 0 — Datos de identificación del paciente. la historia clínica, dichos elementos no son independientes - Datos del referente y motivo de referencia o derivación. sino que están interrelacionados, por lo que su evaluación a - Queja o motivo de consulta. menudo se realizará a la par. - Descripción del problema actual. Como se ha indicado con anterioridad, la evaluación se realizará principalmente a través de la entrevista, empleando tanto la observación, la conversación informal, como preguntas abiertas y otras especificas (Muñoz, 2003). Es importante recordar que, en la entrevista, a través de la observación y de preguntas informales, se puede obtener - Interferencia o consecuencias del problema actual en la vida diaria. — Historia y evolución del problema actual. — Tratamientos para el problema actual. - Problemas mentales anteriores y tratamientos. mucha información, y «aligera» el proceso de evaluación, - Historial médico. reduciendo el número de preguntas a realizar. Para esta - Información biográfica relevante. exploración, el clínico partirá de información recogida de — forma previa a la primera entrevista (p. ej., contacto tele- - Personalidad premórbida. fónico) o proporcionada por el especialista que remite al paciente. - Otra información relevante. 124 Antecedentes familiares. ) Capítulo 4. La entrevista diagnóstica qué especialista le ha derivado o recomendado que solicite Se tratará de recoger la queja del paciente con sus pro- ayuda, o qué institución (p. ej., judicial, sanitaria) y el motivo pias palabras, algo que puede resultar de utilidad para com- de tal solicitud. También puede que sea el propio paciente el prender mejor su estado mental y la visión que tiene de sus que ha decidido solicitar ayuda, o algún familiar o amigo se síntomas (Sims, 2008), así mismo se procurará que la queja lo haya recomendado sin pasar por una evaluación previa de sea concreta, pues hay pacientes que describen motivos otro profesional sanitario. De nuevo esta información puede como «ser más feliz» o «dejar de sufrir» que resultan poco que se haya recogido con carácter previo a la entrevista ini- operativos. Una vez el paciente responde de forma más o cial con el cliente, por ejemplo, en un primer contacto tele- menos extensa, por ejemplo, «Pues es que no puedo concen- fónico. trarme en nada», se deberán combinar preguntas abiertas y 3. Queja o motivo de consulta. Recoge la descripción de la queja según el propio paciente. Es decir, qué razones le han llevado a solicitar ayuda en caso de que haya sido la persona quien la ha solicitado (y no un familiar, por ejemplo), o por qué ha sido derivado, en los casos en los que le deriva cerradas junto con la escucha activa para delimitar el problema y facilitar que el paciente nos describa cuáles son sus preocupaciones y sintomatología. Como ya se ha descrito, se tendrá que prestar atención al empleo de la terminología «psicológica» que emplean los pacientes. otro profesional. Es importante tener presente que el motivo Antes de pasar a explorar otros aspectos, es importante o queja por el que alguien se decide a solicitar ayuda puede que hagamos un resumen del motivo de consulta según lo no coincidir con el problema principal que el clínico define, hemos entendido para tratar de llegar a un acuerdo con el y que describiremos en el siguiente apartado. A lo largo de paciente sobre qué le ha llevado a solicitar ayuda. la entrevista habrá que definir cuál es el problema principal Entrevistador: Por tanto, si te he entendido bien, tu motivo de consulta... sobre el que se deberá seguir trabajando o valorando. Es importante también prestar atención a la correspondencia entre el motivo verbalizado por el paciente y el que Valoraremos también si, además del problema principal, hay otras razones por las que ha solicitado ayuda. le trae a consulta. Puede que el paciente indique que la soli- Y aparte de ese problema/preocupación ¿tienes algún otro?, éte preocupa algo más? citud de ayuda ha sido por voluntad propia y su deseo de superar una determinada situación o problema, pero al pro- Una vez se han identificado todos los problemas, se tra- fundizar, aflore que sus motivos son económicos, familiares, o judiciales. En algunos casos el paciente puede no clarificar el motivo, en otros, con frecuencia, es vago en sus definiciones. A lo largo del relato del paciente, es importante prestar tará de obtener información que permita jerarquizarlos y determinar cuál de ellos es más grave o relevante para el paciente. Esto nos dará información sobre el modo en que el paciente conceptualiza sus problemas, y sugiere un objetivo preliminar para el tratamiento (Sims, 2008). una atención especial a aquellas áreas de interés clínico que se describirán en los siguientes capítulos (p. ej., alteraciones a nivel cognitivo, de los afectos y emociones, conductas de seguridad, sintomatología física, problemas de personalidad, uso de sustancias), identificar los síntomas que describa el Por tanto, podríamos decir que tus preocupaciones principales son tu estado de ánimo triste, todas esas comprobaciones que tienes que hacer en relación a las dudas sobre si has hecho daño a alguien, y tu timidez. De estos aspectos ¿cuál dirías que te molesta/interfiere más en estos momentos? paciente, cómo los experimenta, y qué interferencias tienen en su vida cotidiana (Perpiñá y Baños, 2019). Aspectos sobre los que se explorará a lo largo de la entrevista y que exponemos en los siguientes apartados. Puede que se haya obtenido información relacionada con la queja cuando el paciente llama para solicitar una cita. En este caso, suele ser breve la explicación por parte del paciente, por lo que será necesario ampliarla en la primera entrevista con el paciente. De modo que se puede empezar resumiendo la información que se tiene («Solicitaste esta cita porque...») para pasar a pedirle más información («¿cómo puedo ayudarte?»]. En caso de que no se tenga información previa se puede solicitar con preguntas del tipo: 4. Descripción del problema actual. En este apartado se describe el problema actual, tratando de comprender con toda su magnitud las características de las dificultades del paciente. Se describirán tanto los signos y síntomas que está experimentando el paciente como su secuencia de aparición (antecedentes y consecuencias], su frecuencia, intensidad, duración, se delimitará en qué situaciones se da, y en qué situaciones o circunstancias no se presentan síntomas. Esta descripción será fruto de la evaluación durante la fase intermedia de la entrevista. Una vez el paciente ha delimitado el/los motivo/s de consulta, el entrevistador dirigirá la atención a aquellas áreas de interés clínico, tratando de delimitar los síntomas y signos que está experimentando el paciente. ¿Qué te ha traído a la consulta? Esta exploración del problema realizada en la entrevista se ¿Cuál es el problema o los problemas que te han llevado a buscar ayuda? puede completar con autoregistros que el paciente realice entre sesiones, por ejemplo, para recoger en qué situaciones 125 Manual de psicopatología. Volumen 1 le viene un pensamiento a la cabeza, con qué intensidad, el paciente (p. ej., dificultades de concentración, dificultades qué hace cuando le viene, o cómo se siente. para conciliar el sueño, o imposibilidad de salir de casa). Como indicábamos al describir la fase intermedia de la entrevista, se puede comenzar con preguntas abiertas: Describa un día típico y reciente en el que se manifieste el problema. Cuénteme como en una película la última vez que le apareció el problema. Podemos valorar la interferencia con preguntas del tipo: ¿Cómo dirías que este problema afecta en tu vida/en tu trabajo/ en tu casa/en tus relaciones con otras personas? ¿Cómo afecta el problema a tu familia/a tus amigos? El análisis de la interferencia del problema ofrece mucha información sobre su significación clínica y sobre su grave- E ir haciéndolas más concretas para delimitar las carac- dad. Cabe recordar que la definición misma de trastorno teristicas del problema. Por ejemplo, para evaluar los antece- mental hace referencia a que se tiene que dar un malestar dentes, contexto donde se da, frecuencia, gravedad, signos y clínicamente significativo, o un «estrés o discapacidad, ya síntomas, o secuencia de aparición del problema se pueden sea social, laboral o de otras actividades importantes» (APA, hacer preguntas del tipo: 2013, pp., 20]. ¿En qué situaciones aparece el problema? (i. e, en qué lugares, con qué personas, a qué horas y qué días). ¿Qué sientes antes de que ocurra el problema? ¿Qué piensas? 6. Historia y evolución del problema actual. Recoge una descripción cronológica y comprehensiva del problema del paciente. Es decir, se incluirá información relativa: (a) al ¿Con qué frecuencia surge el problema en la actualidad? inicio del problema, es decir, al momento en que los síntoSi tuvieras que indicar de I a 100 la intensidad de tu problema, ¿qué mas aparecieron, el momento en que empezaron a ser un número le darías? problema, si su inicio fue insidioso o brusco; (b) las causas a ¿Qué haces/piensas/sientes cuando surge el problema? ¿Qué hacenlas que se atribuye el origen del problema, si coincidió con los demás? (valorar posibles ganancias secundarias). algún acontecimiento vital o estresante; (c) los factores aso¿Qué ocurre tras el problema? (sucesos, pensamientos, sensaciones). ciados al inicio del problema (pasado], y (d) la evolución o curso del problema y los factores asociados a la evolución: 5. Interferencia o consecuencias del problema actual momentos en que ha habido mejoras, remisiones, recaídas en la vida diaria. Recoge aquella información relativa a las o empeoramientos. Se recomienda anotar también aspectos consecuencias que el problema tiene en la vida de la perso- relevantes que se descarten en la evaluación. Es muy impor- na, en su día a día. Se valorará el nivel de funcionamiento tante valorar si ha tenido otros episodios o problemas de de la persona y el impacto que el problema tiene a nivel salud mental a lo largo de su vida, y establecer si forman par- social, familiar, laboral/educativo, económico, asi como posi- te de la historia del problema actual o si, por el contrario, se bles complicaciones asociadas al día a día del paciente. Por trata de otros problemas experimentados en el pasado. Por ejemplo, un paciente con sintomas depresivos describe que ejemplo, en un paciente con síntomas de depresión que en hace tiempo que no tiene ganas de llamar a sus amigos ni el pasado experimentó síntomas de manía, estos síntomas de cogerles el teléfono o responder sus WhatsApp, de un se podrían conceptualizar como parte de la evolución de su tiempo a esta parte ya no le llaman, ni apenas le escriben, problema actual. Pero si ese mismo paciente tuvo un tras- además tampoco acude a trabajar y su jefe le ha dado varios torno alimentario, o experimentó ansiedad social durante la avisos de que podría perder el trabajo. Parece que sus sínto- adolescencia, estos serian problemas mentales anteriores, y mas están teniendo consecuencias a nivel social (aislamiento no parte de la historia del problema actual. social, deterioro de las relaciones sociales, deterioro de las actividades de ocio] y a nivel laboral, que pudieran desembocar en problemas económicos si finalmente pierde el trabajo. También se valorará si el paciente, de algún modo, obtiene algún tipo de beneficio o ganancia secundaria. Siguiendo con el ejemplo anterior, el paciente relata que su expareja está continuamente llamándole y enviándole mensajes de ánimo. Se valorará si la persona presenta problemas de tipo económico, legal o familiar (trámites de divorcio, custodia, ¿Cuándo esto que le sucede empezó a ser un problema para usted? ¿Desde cuándo le está molestando este problema? Durante ese periodo ¿recuerda si hubo algún cambio o acontecimiento en su vida? ¿El problema ha permanecido igual desde entonces, ha mejorado, ha empeorado? (En caso de que responda que ha habido cambios, preguntar cuándo ocurrieron, en qué circunstancias y qué acontecimientos los acompañaron). ¿A qué atribuye usted su problema? deudas...) en la actualidad, y si estos pudieran ser originados, o al menos influidos, por la problemática a tratar. Es impor- 7. Tratamientos para el problema actual. En este apar- tante no confundir la interferencia, que son las consecuen- tado se describirán tanto los tratamientos actuales como cias del problema (p. ej., problemas de rendimiento en el pasados para el problema actual. Se recogerá información trabajo o en los estudios) con la sintomatología que presenta relativa a cualquier tipo de tratamiento, realizado por un pro­ 126 Capítulo 4. La entrevista diagnóstica fesional sanitario (p. ej., psiquiatra, psicólogo clínico) o no (p. evaluación al preguntar las cuestiones anteriores relaciona- ej., curandero); valorando el tipo de tratamiento recibido, la das con la salud, o al hablar de la historia biográfica (véase adherencia y eficacia o resultado de los mismos. Así mismo, el apartado siguiente), y si durante la entrevista sale el tema, se valorarán también otros intentos de solución implemen- será el momento apropiado para valorarlo. tados por la persona, es decir, aquellas estrategias que ha empleado para resolver el problema. ¿Qué has hecho hasta ahora para solucionar tu problema? ¿Cómo has tratado de resolver este problema? (por ti mismo, tratamientos recibidos, medicación actual). ¿Has tratado de solucionar o eliminar el problema? De las cosas que has intentado, ¿cuál ha funcionado mejor?, ¿qué otras cosas han sido útiles? ¿Qué te ayuda a que no aparezca el problema?, ¿qué haces para que no ocurra?, ¿qué ha tenido más éxito? 8. Problemas mentales anteriores y tratamientos. Descripción de cualquier contacto previo con salud mental (psiquiátrico, psicológico, de otro tipo), analizando proble- mas mentales anteriores y tratamientos que ha recibido, así como la eficacia y adherencia a los mismos, y los resultados obtenidos. Si ha sido así, explorar la sintomatología experimentada anteriormente y valorar si esas alteraciones forman parte de la historia del problema actual, o si se refieren a otros problemas ya superados, o no. Se recogerá también sintomatología pasada por la que el paciente pudo no haber pedido ayuda. En este apartado se valorarán otros problemas de salud mental diferentes al actual, y exploraremos, al igual que para el problema actual, su curso, interferencia, duración, así como el diagnóstico recibido. Así mismo, se recogerá información relativa a los tratamientos seguidos y a su eficacia. Es importante anotar también si nunca recibió asistencia y si tuvo actos autolesivos o intentos de suicidio. ¿Cuánto alcohol consumes?, ¿tomas bebidas alcohólicas en las comidas?, ¿y fuera de ellas? ¿Durante el fin de semana? Se valorará la frecuencia y cantidad. Si describe un patrón de uso «normal», se puede valorar si en el pasado ha habido abuso: ¿Ha habido algún momento en el que hayas bebido más que ahora? ¿Consumes Chas consumido) otras sustancias como tabaco, estimulantes, tranquilizantes, hipnóticos, cocaína, heroína, éxtasis, «pastillas», etc.? (Se valorará la frecuencia del consumo, así como la cantidad), ¿cuándo comenzaste el consumo?, ¿en qué momento has consumido más? ¿Cuánto café, te, o bebidas con cafeína consumes? 10. Información biográfica relevante. Este apartado, que también se puede denominar historia personal, psicobiografía o línea de vida, recoge información que permite conocer a la persona y sus circunstancias más allá del problema que presenta, y destacar los acontecimientos vitales importantes en su desarrollo. Hasta el momento se habrá valorado el problema, pero para comprenderlo es importante conocer a la persona. Se trata de indagar aquellas áreas y aspectos de la persona que puedan ayudar a clarificar problemas presentes, a plantear hipótesis sobre los mismos. Por tanto, las preguntas irán dirigidas a recoger información útil y estrictamente necesaria. Es aconsejable realizar la exploración de la información biográfica relevante tras la evaluación del problema que le ha traído a consulta, de este modo se evita que la persona ¿Ha sido tratado anteriormente por un psicólogo o por un psiquiatra?/¿Ha tenido usted algún problema psicológico antes de la aparición del problema actual? ¿Por qué motivo?/¿Qué problema? se sienta incomprendida o dude de la pertinencia de la información que se está recogiendo. En todo caso, si al describir su/s problema/s menciona alguna de estas áreas, puede ser el momento adecuado para valorarla. Así mismo, es conve- ¿Recibió algún tipo de tratamiento? ¿Durante cuánto tiempo? (Especificar). niente explicar al paciente que se va a cambiar el foco de Historial médico. En este apartado se registrarán hacia aspectos de su vida personal que puedan servir para 9. atención de la entrevista desde el problema hacia él mismo, enfermedades, traumatismos u operaciones que hayan sido comprender mejor el problema y planificar el tratamiento. relevantes o que tengan alguna relación con el problema Tampoco está de más recordar al paciente que la informa- actual o su tratamiento, así como los fármacos prescritos. ción es confidencial. ¿Cómo describirías tu salud? ¿Has tenido algún problema médico, operación o accidente serio? ¿Padeces alguna enfermedad o problema físico (aparato cardiovascular, respiratorio...)? ¿Qué medicación tomas? También resulta necesario explorar el uso de sustancias A continuación te realizaré unas preguntas para obtener un panorama amplio de tu vida, tus respuestas me ayudarán a entenderte mejor y facilitarán el tratamiento. Es comprensible que te preocupe lo que ocurra con la información personal que vamos a relatar. Puedes estar seguro de que toda la información que me facilites es estrictamente confidencial. tanto legales como ilegales, y de fármacos que pueda estar Algunos pacientes responden de forma muy extensa a consumiendo sin prescripción. Estas cuestiones son un área los aspectos relacionados con su vida, por ello puede ser de que puede resultar complicada de tratar. Puede integrarse su utilidad emplear preguntas del tipo: 127 Manual de psicopatología. Volumen 1 Tu historia personal es relevante para mí, pero dado que no podemos explorarla en profundidad, ¿podrías indicarme qué tres elementos consideras que debería conocer? adulta, para ello se pueden formular preguntas que eviten emplear el término «abuso» como (Morrison, 2017): Cuando eras pequeño, ¿alguna vez se te acercó algún adulto o niño con intención de tener relaciones sexuales? Dependiendo de la naturaleza del problema, y de la edad de la persona, se explorarán unas áreas u otras, pero en general se pueden abarcar las siguientes áreas: a. Información sobre embarazo, parto, desarrollo evolutivo (psicomotor, lenguaje, control de esfinteres, psicoso- b. i. cial, psicosexual, menstrual, relacional), se explorará con mayor profundidad en menores. quién realiza/realizaba estas actividades, qué le impide ahora realizarlas (si es el caso). Información sobre etapas vitales anteriores: qué recuerdos j. Historia familiar: se puede realizar un genograma para (conducción bajo los efectos del alcohol, retirada del permiso de conducir], si ha cometido infracciones gubernati- las relaciones, la comunicación, los vinculos emocionales vas (tenencia y/o consumo en la via pública), o violencia y los conflictos interpersonales entre los miembros de la intrafamiliar. familia (con los padres, hermanos, pareja, hijos], los apoyos del paciente, qué familiares serían más proclives al académica: información relativa a problemas escolares, relaciones con sus pares, con sus profesores, rendimiento académico, adaptación escolar, nivel de estudios completados. e. Intentos de suicidio y violencia hacia otras personas: se agresión, con planificación o tentativas. En este caso se valorarán los métodos, consecuencias, implicaciones físicas y psicológicas. Esta es otra de las áreas sobre las que puede ser complicado preguntar, pero que será imprescindible abordar de forma directa: Historia laboral: primer trabajo, relaciones con compañeros, experiencias laborales, si actualmente está en activo, satisfacción con el empleo actual. f. k. valorará si ha tenido pensamientos, deseos de muerte/ apoyo e implicación de cara al tratamiento. Historia Área legal: si ha tenido problemas legales en algún momento, si ha sido arrestado, si ha sido sancionado valorar la composición de la familia, se valorarán también d. Intereses y aficiones: qué le gusta hacer en su tiempo libre, qué solía hacer/qué hace y con qué frecuencia, con tiene, qué experiencias diría que fueron más relevantes. c. Si la respuesta es positiva, o da lugar a dudas («No recuerdo mucho sobre mi niñez»), se explorará con detalle. Relaciones sociales: descripción de su red de apoyo social, cómo se relaciona con sus amigos, posibles con- ¿Has pensado alguna vez en hacerte daño, o has deseado estar muerto?, ¿has hecho planes para quitarte la vida?, ¿alguna vez lo has intentado? ¿Alguna vez has tenido ira incontrolable?, ¿has pensado en hacer daño a otros?, ¿o te has involucrado en peleas? flictos. g. Economía: repercusiones del problema a nivel económico y laboral. I. Por último, se recogerá también información sobre las condiciones de vida actuales, por ejemplo, sobre cuál es la situación familiar actual de la persona, con quién con- h. Área sexual: primeras citas, primeras experiencias sexua- vive, y sobre su estado civil, asi como las características les, historia de relaciones románticas, desarrollo sexual, de su red de apoyo. Se puede finalizar la valoración de valorar también si ha experimentado experiencias sexua- este apartado, el de información biográfica relevante, con les traumáticas. Esta área puede ser complicada de estas cuestiones, de modo que se haga una transición explorar, se puede valorar en este momento de la entre- desde la historia biográfica a la actualidad del paciente vista como un área más dentro de la batería de pregun- y se finalice la primera entrevista hablando del presente tas relacionadas con la historia biográfica, empleando (Sommers-Flanagan y Sommers-Flanagan, 2017). preguntas que de algún modo normalicen su valoración; por ejemplo, la siguiente pregunta asume que la mayor parte de las personas tienen relaciones sexuales, que es aceptable y normal (Morrison, 2017): La información de este apartado se puede completar con información obtenida de entrevistas posteriores que se realicen con familiares. También se pueden emplear autorregistros para recoger esta información, de modo que en la Ahora me gustaría que me hablaras de tu funcionamiento sexual. sesión de evaluación se parta de un esquema, y se analice Si el paciente no acaba de entender la pregunta, se pue- o profundice únicamente sobre aquellas áreas que parecen de aclarar que es relevante explorar el funcionamiento sexual de mayor interés en función de la información recogida, es habitual, y si este está afectado por el problema o queja del decir, más asociadas al/los problema/s actual/es. Por ejem- paciente. plo, respecto a las relaciones con su pareja se puede dar un Es especialmente relevante valorar posibles abusos dada su asociación con diferentes problemas mentales en la vida 128 documento que incluya preguntas del tipo: ¿Cómo te llevas con tu pareja? Capítulo 4. La entrevista diagnóstica ¿Cómo dirías que es vuestra comunicación siendo un 0 muy mala y un 100 muy buena? ¿Tenéis hijos? (recoger datos de los hijos). Por favor, indica dos conductas de tu pareja que te gusten y otras dos que no te gusten. 11. Antecedentes familiares. Se explorará y recogerá información relativa a antecedentes familiares de trastor- nos mentales y del comportamiento, tratamientos recibidos e intentos de suicidio, pero también de hospitalizaciones, enfermedades médicas que puedan tener alguna relación o influencia en el problema actual. De nuevo, estas preguntas se pueden integrar en la entrevista, o emplear algún tipo de autoinforme que puede completar el paciente en su casa o mientras espera a ser atendido, y que podría incluir pregun- Imagina que la terapia es exitosa y notas grandes cambios en tu vida ¿qué cosas habrán cambiado? ¿Cómo te ves dentro de cinco años? ¿Qué resultados esperas de la terapia? ¿A qué nuevas situaciones tendrías que enfrentarte si tuviera éxito la terapia? ¿Qué consecuencias (positivas y negativas) tendría para ti la desaparición del problema? ¿Qué consecuencias (positivas y negativas) tendría para tus familiares/amigos más cercanos la desaparición del problema? En caso de que la terapia fracasara, ¿a qué crees que se podría deber?, ¿qué harías? También puede ser relevante valorar por qué el paciente tas del tipo: ¿Algún miembro de su familia padeció o padece alguna enfermedad grave? Indique qué persona, qué enfermedad, y la duración de la misma. ¿Algún miembro de su familia ha estado sometido a tratamiento psiquiátrico o psicológico? Indique qué persona, por qué motivo, y la duración del mismo. 12. estar obteniendo con el problema de forma consciente o inconsciente. Personalidad premórbida. Recoge información ha solicitado ayuda en el momento en que lo hace. ¿Cuáles son las razones más importantes por las que solicitas ayuda en este momento? Igualmente, hay que explorar los recursos personales o elementos de que dispone el paciente para ayudarse a sí mismo (p. ej., estrategias de afrontamiento, actitud hacia el proceso), las debilidades o elementos de los que no dispone sobre la personalidad premórbida, es decir, cómo era su (p. ej., falta de recursos sociales, múltiples obligaciones, falta personalidad antes de tener el problema, si ha habido algún de recursos económicos para afrontar la terapia], así como cambio. Durante la entrevista, se puede extraer información otros recursos con los que cuenta (p. ej., apoyo social). Como sobre la personalidad del paciente a partir de tres áreas: se verá más abajo, esta información será de interés de cara a (1) las reacciones durante la entrevista al entrevistador; (2) la propia descripción del paciente sobre cómo se ve a sí mis- la formulación del caso, especialmente para la planificación del tratamiento y las estimaciones sobre el pronóstico de la mo, y cómo se veía antes de que tuviera el problema; (3) la misma. Se pueden introducir preguntas del tipo: valoración de sus actitudes, valores, humor predominante (p. ej., si fluctúa o es estable, si es reactivo a precipitantes Me has estado hablando de tus problemas, puntos débiles, ahora me gustaría que me contaras cuáles son tus fortalezas. externos), de cómo reacciona ante el estrés, de cuáles son sus actitudes hacia los demás en sus relaciones, de cómo se implica en las actividades de ocio (p. ej., si se muestra involucrado, participativo], de cómo considera a las personas de su entorno, o del tipo de relaciones que establece B. El examen del estado mental o psicopatograma (Sims, 2008). Así mismo, se valorará si se da una discrepancia El examen del estado mental (EEM) o psicopatograma se describe como el análisis del estado mental de la persona entre cómo se describe el paciente, y cómo lo describen los en el momento en que se está realizando la exploración. demás. Para ello, se puede preguntar al paciente, pero será Se trata, por tanto, de una evaluación transversal, una des- importante obtener información de familiares a quienes se cripción de cómo funcionan todos los procesos psicológicos podrá entrevistar en algún momento con el consentimiento y actividades mentales, identificando que se presentan en el momento actual. previo del paciente. 13. aquellas alteraciones Otra información relevante a evaluar sería aquella Este rastreo se realizará a través de diferentes vías, en relacionada con las expectativas del paciente respecto al tratamiento. De hecho, la evaluación de expectativas asocia- primer lugar, las observaciones del clínico durante la entrevista, pero también a través de preguntas explícitas que per- das al tratamiento puede ser una buena forma de finalizar mitan confirmar o descartar si se dan alteraciones en cada la primera sesión de evaluación, de modo que estas se pue- uno de los procesos psicológicos. Aunque se tengan sospe- dan ajustar (Sommers-Flanagan y Sommers-Flanagan, 2017). chas de que un proceso no está alterado, es importante eva- Es importante valorar también qué implicaciones (positivas luarlo, especialmente en las primeras sesiones de evaluación, y negativas) tendría en su vida una terapia exitosa, e igual- de otro modo se podría ignorar información relevante (Som­ mente explorar posibles ganancias secundarias que pueda mers-Flanagan y Sommers-Flanagan, 2017). Es importante 129 Manual de psicopatología. Volumen 1 )) Tabla 4.7. Áreas para valorar a través del examen del estado mental o psicopatograma - Apariencia, comportamiento durante el proceso de evaluación y conciencia de enfermedad. a partir de la información dada por el paciente (Perpiñá y Baños, 2019). Realizar la exploración psicopatológica requiere la comprensión del paciente, de lo que le ocurre, y un gran conocimiento de psicopatología descriptiva que ayude al clínico - Nivel de conciencia, alerta, orientación, y atención a decidir si las preocupaciones que el paciente describe son - Memoria preocupaciones en el contexto de un trastorno de ansiedad - Percepción e imágenes mentales generalizada, son preocupaciones relacionadas con un miedo, como en el caso de las fobias, o son una obsesión, como - Lenguaje y habla - Forma del pensamiento en el caso del trastorno obsesivo-compulsivo, o están asocia- - Contenido del pensamiento das a una creencia delirante. - Conciencia de sí mismo, identidad En la Tabla 4.7 se presenta un listado de las áreas que sue- - Afectos y emociones len valorarse en un psicopatograma (p. ej., Daniel y Gurczyns- - Actividad motora y conducta intencional ki, 2010; García-Soriano y Roncero, 2012; Morrison, 2017; Per- - Funciones fisiológicas piñá y Baños, 2019; Sommers-Flanagan y Sommers-Flanagan, - Capacidad intelectual 2017; Taylor y Vaidya, 2009). A continuación se describe muy - Área social y relaciones ¡nterpersonoles brevemente cada una de estas áreas dado que son objeto de — análisis a lo largo de los Capítulos 6 al 13, en los que se pro- Reacción del examinador porcionarán también ideas generales sobre cómo explorarlas. tener en cuenta que la exploración ha de estar basada en ) los hallazgos obtenidos de la evaluación del momento actual, Análisis del estado mental de la persona en el momento de Exploración del estado mental o psicopatograma. evitando que pueda contaminarse con la exploración de la evaluación. Se emplea también para referirse al documento historia del problema. que sirve para organizar y presentar la información recogida El nombre EEM surge como un paralelo de la valoración sobre el estado mental actual del paciente. física que se realiza en la exploración en la medicina general. Este término se emplea tanto para referirse a la exploración de los procesos psicológicos como al documento que sirve 1. La apariencia, el comportamiento durante el pro- para organizar y presentar la información recogida sobre el ceso estado mental actual del paciente, y que ayudará a la comprensión del problema, facilitando el proceso diagnóstico y recogerá en este apartado la primera impresión que causa elaboración de hipótesis sobre el mismo. si aparenta más o menos edad de la que tiene, si viste de El objetivo de la exploración psicopatológica es la comprensión de la sintomatología del paciente, ofrecer el marco en el que realizar un diagnóstico fiable. Además, permitirá valorar la presencia de síntomas que, aunque no constituyan un criterio diagnóstico, sí son relevantes para el paciente y para su funcionamiento, por lo que deberán abordarse a nivel terapéutico. Dado que se trata de la valoración en un momento dado, si hay cambios en la condición del paciente, se deberá volver a realizar, o reformular (Daniel y Gurczynski, 2010]. Tradicionalmente se ha descrito la información recogida sobre la historia del problema y anamnesis como «subjetiva» porque es la informada por el propio paciente, mientras que la información que recoge el EEM se ha descrito como de evaluación y la conciencia de enfermedad. Se el paciente al evaluador. Se ha de registrar la edad, y valorar forma inadecuada o inusual en función del contexto o época del año, si mantiene el aseo e higiene personales, características y marcas físicas que llamen la atención (p. ej., cicatrices o tatuajes), la postura, si parece enfermo, si mantiene el contacto ocular, así como el grado de congruencia entre la conducta verbal y no verbal. Todos estos elementos aportarán información relevante de cara al diagnóstico, como se irá describiendo a lo largo de los siguientes capítulos. Se valorará también la disposición que tiene el paciente hacia la entrevista y el evaluador. Morrison (2017) plantea que la actitud hacia el entrevistador se puede describir a lo largo de al menos cuatro continuos: colaboración-obstruc­ ción, amigable-hostil, abierta-reticente a responder, e involucrado-apático. Gran parte de esta información se recogerá a través de «objetiva» al ser fruto de la exploración clínica. Sin embargo, esta distinción se puede considerar algo simplista dado que la observación y conversación informal durante los primeros el EEM se hace sobre los comportamientos, experiencias, minutos, en la fase inicial de la entrevista. emociones actuales, que no siempre se darán en el momen- Por último, es muy importante valorar el grado en que la to de la exploración, y que se obtendrán en gran medida persona evaluada reconoce la existencia, naturaleza y alcan­ 130 Capítulo 4. La entrevista diagnóstica ce de sus problemas, es decir, la conciencia sobre su estado del habla (p. ej., cantidad, volumen, articulación), o si existen de salud (insight). Es importante tener en cuenta que el nivel dificultades en la comprensión del lenguaje. El examinador de conciencia de tener un problema es dimensional y variará puede tratar de responder a preguntas como ¿el paciente a lo largo de la evolución del problema. Puede ser menor en habla con expresividad y facilidad, o con monosílabos?, ¿res- momentos de crisis o cuando la persona presenta un sín- ponde solo a las preguntas o habla espontáneamente?, ¿su toma (p. ej., mientras tiene una obsesión en casa, estando conversación es coherente y apropiada al contexto?, ¿se dis- solo], y aumentar cuando los síntomas remiten o no se están trae fácilmente al responder? manifestando (p. ej., cuando no está experimentando la obsesión]. Se trata de una variable que ayudará a delimitar la cualidad de las alteraciones que presenta la persona, como se verá a lo largo de los diferentes capítulos. 2. Nivel de conciencia, alerta, orientación y atención. En este apartado se recogerá información relativa al grado 6. Forma del pensamiento. Se valorará cómo piensa el cliente (su forma, estructura y organización], así como el modo en que transcurre el pensamiento, su curso. Se explorará el discurso del paciente, si es lógico, coherente, o si, por el contrario, hay bloqueos, o pérdida de asociaciones entre ideas, entre otros. de lucidez y nivel de conciencia, al estado general de aler- Escuchar y estudiar las expresiones del paciente, es una ta, la orientación temporal, espacial y personal, así como la de las partes más importantes de la evaluación del estado habilidad para centrarse y mantener la atención en el estí- mental dado que nos dará información sobre las alteracio- mulo adecuado. Parte de la información se extraerá a partir nes del pensamiento. de la observación y las preguntas informales del inicio de la entrevista, que darán mucha información sobre si la persona está atenta, orientada, o totalmente consciente. Por ejemplo, simplemente preguntando por su nombre, qué día es, y en qué ciudad estamos, se podrá valorar la orientación perso- Puesto que la valoración de las alteraciones de la forma del pensamiento se realiza a través del análisis del discurso hablado del paciente, en muchas ocasiones estos dos apartados [lenguaje y forma del pensamiento) se valoran de forma conjunta. nal, temporal y espacial. 7. 3. Memoria. Se explorará la capacidad para recuperar experiencias pasadas, así como para almacenar y recuperar nueva información. Se explorará si existe algún deterioro de la memoria para sucesos o momentos especificos, así como si existen confabulaciones. Se puede explorar si la persona suele olvidar cosas, y su actitud ante tales «olvidos». Se valorará si se trata de una alteración orgánica o funcional, especificando en el primer caso, si se trata de una amnesia anterógrada o retrógrada. 4. Percepción e imágenes mentales. Se valorará la expe- Contenido del pensamiento. Se explorará qué piensa el cliente, qué creencias mantiene, qué valores, qué le preocupa, o qué pensamientos se le introducen en la mente. Se valorará la frecuencia, forma de aparición y el contenido de estas cogniciones, si resultan ilógicas, extravagantes, si son compartidas por otras personas, el grado de convicción, de implicación personal, o cómo interfieren con su vida cotidiana (Perpiñá y Baños, 2019). Se analizará si estos pensamientos constituyen preocupaciones, pensamientos automáticos negativos, obse- siones, ideas sobrevaloradas, o delirios. Como se ha comentado con anterioridad, al describir la anamnesis, habrá que pre- riencia senso-perceptiva del paciente y la interpretación de guntar de forma explícita, en todos los casos, si hay ideación los sucesos externos. Además, se examinará si se presentan suicida, si ha habido planes o intentos previos, por ejemplo: distorsiones de la percepción o engaños, así como si pre- ¿Alguna vez has pensado en hacerte daño? senta alteraciones de la imaginación (p. ej., alucinaciones]. Se valorarán las características de las mismas, si existen cir- Para valorar la presencia de las alteraciones del contenido cunstancias concretas que provoquen estas alteraciones (en del pensamiento se pueden realizar preguntas de cribado. qué condiciones/circunstancias se dan, por ejemplo, bajo el Por ejemplo, en el caso de los delirios: efecto de sustancias), así como el modo en que la persona responde a las mismas (p. ej., con sorpresa, con miedo, con convencimiento de que son percepciones reales]. ¿Has tenido experiencias poco comunes?, ¿cuál crees que es la explicación? ¿Ves/escuchas cosas/voces que otras personas no pueden ver?, ¿son reales?, ¿o es una forma de hablar? 5. Lenguaje y habla. Se examinará el discurso de la per- sona atendiendo a su fluidez, velocidad, ritmo, vocabulario, empleo de las normas de la gramática y sintaxis, cualidad ¿Alguna vez has tenido la sensación o has pensado que los demás te espiaban? ¿Alguna vez has tenido pensamientos o ideas que los demás podrían considerar extrañas? Una vez se ha detectado una alteración del contenido del pensamiento, se examinará en profundidad, para valorar su frecuencia, inicio, qué hace cuando la tiene, reacciones del paciente, etc. 8. Conciencia de sí mismo, identidad. Se valorará si la persona diferencia entre sí misma y el mundo exterior, 131 Manual de psicopatología. Volumen 1 Si produce entrevista. Para la valoración habrá que tener en cuenta ella misma, si tiene sentimiento de separación del yo o del reconoce que sus pensamientos/acciones los cuál es el nivel educativo de la persona, asi como su lengua ambiente, si presenta una falta de integración o disociación principal. En caso de sospecha de deterioro intelectual, se de diferentes procesos mentales, o si experimenta una fal- emplearán pruebas especificas. ta de convicción de la realidad de su propio yo y/o del entorno. Así mismo, se valorará el autoconcepto, la autoestima y la imagen corporal. 9. Afectos y emociones. Se evaluará el tono emocional predominante en la persona (p. ej., ansioso]), si resulta apropiado al contexto y circunstancias, su intensidad, su variabilidad (p. ej., si cambia de forma apropiada a lo largo de la entrevista), o si es capaz de responder emocionalmente a los cambios ambientales. Se observará a lo largo de la entrevista si el estado de ánimo es constante, si es apropiado a la situación, así como el modo en que se manifiestan los afectos, y regulan las emociones. 13. Area socialy relaciones interpersonales. Se valo- rará la adaptación de la persona a diferentes situaciones sociales. 14. Reacción del examinador. En este apartado se des- cribirá cómo el entrevistador se ha sentido en la entrevista (p. ej., puede sentir que el paciente está tratando de seducirle, o de ocultarle información, o no poder evitar sentirse aburrido, o abrumado), qué ha provocado en él/ella (p. ej., puede haberse sentido incómodo, o haberle generado frustración, o haber estado a gusto), y si se considera que la información extraída es fiable. Algunos elementos del estado cognitivo del paciente pue- 10. Actividad motora y conducta intencional. La acti- vidad motora se explorará tanto a nivel cuantitativo —rango de actividad desde la inmovilidad hasta el movimiento excesivo e incontrolado— como cualitativo. Entre las alteraciones cualitativas, se valorarán tanto las inducidas, solicitando al paciente que realice determinados movimientos para poder valorarlas (p. ej., «Dame la mano»] como involuntarias. Muchas de estas alteraciones se valorarán a través de la observación durante la entrevista (¿el paciente permanece den valorarse también con el «Examen del estado mental» o «Minimental» (Foldstein et al., 1975; adaptación al español: Lobo et al., 2002). Esta prueba puede emplearse cuando el entrevistador valora que existe un posible problema cognoscitivo. Se trata de una prueba estandarizada que a través de 30 preguntas valora, en aproximadamente 5 minutos, la orientación espacio-temporal, memoria, lenguaje, compren- sión, seguimiento de instrucciones y funcionamiento cognitivo general del cliente. sentado y quieto?, ¿a veces parece inmóvil?, ¿se mueve de un lado a otro?), en la que además se puede solicitar a la persona que realice determinadas conductas o movimientos para valorarlos. Asi mismo, se pueden recoger en este apartado aquellas C. Diagnóstico clínico Realizar el diagnóstico clínico implica un proceso complejo de toma de decisiones sobre el estado mental y la situación conductas y estrategias intencionales que realiza la persona clínica actual de la persona. Este proceso de formulación para manejar su malestar emocional, o prevenir algún suce- diagnóstica se puede plantear como el propio del método so temido. También se pueden recoger elementos relacio- científico, mediante el cual el clínico ejerce de cientifico nados con la motivación como la falta de capacidad para iniciar actividades (abulia), o la impulsividad. Para valorar (observa, establece hipótesis, y las pone a prueba) para finalmente tomar una decisión sobre el diagnóstico de la perso- todos estos elementos, se preguntará al paciente directa- na. Este proceso, a su vez, se lleva a cabo durante el proce- mente sobre las estrategias que emplea, cosas que evita, o so de evaluación a través de la entrevista diagnóstica. La conductas en las que se implica. Finalmente, se explorarán información recogida a lo largo de la entrevista, organizada también los movimientos que tienen que ver con la expresi- como hemos visto en el documento de la historia clínica, nos vidad (mímica], siendo la observación la estrategia que más aportará la información necesaria para realizar el diagnósti- información puede ofrecer. co clínico, o lo que es lo mismo, valorar si el problema del 11. Funciones fisiológicas. Se explorará también el fun- cionamiento del sueño, apetito y hábitos de ingesta, actividad sexual, y posibles molestias corporales. A lo largo de la evaluación del problema e historia biográfica, probablemen­ te se habrá obtenido información sobre estas áreas, si no es así, deberán abordarse específicamente. paciente se ajusta a los criterios propuestos para un determinado trastorno mental, según el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), en su vigente quinta edición (DSM-5; APA, 2013), o los criterios de la Clasificación Internacional de Enfermedades, propuestos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), específicamente en la sección sexta de 12. Capacidad intelectual. Se valorarán al menos los conocimientos generales de la persona, atendiendo al voca- su undécima edición (CIE-11, OMS 2019). Además, habrá que bulario que emplea, y en qué medida responde de forma algún otro diagnóstico comórbido y en ese caso, cuál es el adecuada, y comprende las instrucciones a lo largo de la principal. Como se ha descrito anteriormente, el diagnóstico 132 valorar con la información de la que se dispone, si presenta Capitulo 4. La entrevista diagnóstica es una parte de la historia clínica que, como se verá más abajo, se ubica en la formulación clínica del caso. mación recogida con anterioridad empleando una entrevista con mayor o menor grado de estructuración. En las entre- Para llevar a cabo este proceso diagnóstico con garantías vistas no estructuradas, el clínico irá realizando a lo largo de de fiabilidad y validez, uno de los requisitos básicos es que la exploración preguntas especificas que ayuden a valorar el clínico tenga un buen manejo y conocimiento de los siste- si la sintomatología descrita cumple o no con los criterios mas de clasificación y habilidad para diferenciar entre lo que diagnósticos propuestos por el DSM o la CIE (p. ej., «¿Desde son indicios (información) de lo que son hipótesis (inferen- cuándo presentas estos sintomas?»]), asi como preguntas que cia), contrastando las hipótesis de partida con los indicios y permitan valorar la posibilidad de diagnósticos comórbidos valorando tanto las evidencias positivas como las negativas. («¿Has tenido miedo de estar en lugares o situaciones en las Es importante también que posea una elevada tolerancia a que sería dificil o embarazoso escapar o conseguir ayuda si la Incertidumbre que le permita considerar todas las alterna- te ocurriera algo?»]. Decidir entre una y otra metodología tivas posibles para no precipitarse en la toma de una deci- dependerá de variables como la situación, necesidades, y sión diagnóstica. Otro aspecto a tener en cuenta es que, a la pericia del clínico. En los siguientes apartados revisamos pesar de que el proceso diagnóstico se lleva a cabo durante cada una de estas propuestas, y contextualizamos la deci- la entrevista diagnóstica —que en la mayoría de ocasiones sión diagnóstica en el marco del proceso de formulación del puede alargarse más de una sesión—, hay que tener en caso. cuenta que el clínico ha de permanecer atento durante todo el proceso terapéutico posterior a posibles nuevas evidencias que puedan sugerir la necesidad de modificación en el diag- a. La exploración del diagnóstico: estructuradas y no estructuradas entrevistas Las entrevistas no estructurados son las más empleadas en nóstico (Rhoads, 2011). Realizar un diagnóstico es un proceso en el que se pue- el ámbito clínico puesto que permiten una mayor flexibilidad a la hora de formular las preguntas teniendo en cuenta el den distinguir las siguientes fases (Perpiñá y Baños, 2019): examen del estado mental del propio paciente, ajustándose 1. Generación de hipótesis diagnósticos. En función del relato del paciente, el clínico va organizando y siguiendo un razonamiento en el que va generando hipótesis, descartando y aceptando premisas que le van marcando el camino a seguir, acotando y refinando las hipótesis con cada paso y cada pregunta. 2. 3. en cada momento a las circunstancias y sus necesidades, lo cual jugará a favor de la relación entre el clínico y el paciente. En este tipo de entrevistas serán determinantes variables del clínico como su formación, orientación, juicio clínico y la pericia adquirida con la experiencia (Miller, 2010). El aspecto negativo de este tipo de entrevistas es que presentan peores Verificación del diagnóstico. Teniendo en cuenta toda datos de fiabilidad y validez, con una baja correspondencia la información recabada en la historia del problema o interjueces. Además, existe el riesgo de dejarse algún diag- anamnesis y el EEM, el clínico ha de confirmar un diagnóstico, apoyado también por el diagnóstico diferencial, ticos explorados es menor si lo comparamos con entrevistas nóstico comórbido por detectar, ya que el rango de diagnós- según el cual el clínico descarta justificadamente cual- con un mayor grado de estructuración. Este tipo de entre- quier trastorno con el que presente síntomas en común vistas requiere un nivel muy elevado de conocimiento psi- y pueda inducir a error. copatológico y clínico por parte del entrevistador, que será Asignación de una etiqueta nosológica. En este punto el quien tenga que tomar la decisión en cada momento sobre clínico ha de establecer y justificar por qué se ha adscrito la dirección que debe tomar con sus preguntas. un diagnóstico concreto. En el caso de haber comorbili- Las entrevistas estructurados son más sencillas de apli- dad y efectuar más de un diagnóstico, se deberá expli- car —a priori— porque no requieren la toma de decisiones citar cuál se considera que es el problema principal. En constante por parte del entrevistador. Además, cubren todas casos principal las categorías diagnósticas siguiendo criterios DSM o CIE, y será aquel por el que se ha requerido el ingreso, y en los presentando una elevada validez de contenido y mayor fia- de ingreso hospitalario, el diagnóstico casos de atención ambulatoria, por lo general, el diagnóstico principal será aquel por el que se ha solicitado asistencia psicológica. bilidad interjueces, por lo que resultan de gran utilidad en el ámbito de la investigación, donde se requiere niveles elevados de control y estandarización. El aspecto negativo es que debe— son muy extensas y tediosas, y no permiten flexibilizar su emplear diversas herramientas (p. ej., entrevista, autoinfor- administración en función de la persona. Además requerirá mes] y fuentes de información (p. ej., entrevistas a familia- un entrenamiento extenso y preparación previa del entrevis- res). Por lo que respecta a la evaluación del paciente a través tador para evitar convertir la entrevista en un interrogatorio. de la entrevista, a la hora de explorar la información para Para esto se aconseja tratar de aportar calidez en la medida realizar el diagnóstico, se puede optar por completar la infor­ de lo posible, por ejemplo, empleando estrategias como tra­ Para llegar al diagnóstico se puede —y se 133 Manual de psicopatología. Volumen 1 tar de no leer las preguntas, hacer comentarios empáticos, y tar e información sociodemográfica. Tiene una duración resumiendo las respuestas mirando al cliente antes de ano- aproximada de dos horas. tarlas. Se aconseja, antes de comenzar la entrevista, explicar — La MINI (Entrevista Neuropsiquiátrica Internacional; Shee- aspectos clave como el objetivo de la misma, cuántos apar- han et al., 1997; traducción: Ferrando et al., 2000] es una tados tiene o la duración. entrevista A continuación, se describen brevemente las principales entrevistas estructuradas. para niños, adolescentes diferentes categorías diagnósticas del DSM-IV y CIE-10. Se 2016) es la entrevista semiestructurada diseñada por la APA para servir de guía en el diagnóstico de los trastor- b. La formulación del caso nos mentales siguiendo los criterios del DSM-5. Existen Una vez se ha recopilado toda la información sobre el cinco versiones diferentes, tres para evaluar los diagnós- paciente, llega el momento de realizar la formulación del ticos generales agrupados en diez módulos, y dos ver- diagnóstico incluida dentro de la formulación del caso. Será siones para evaluar los trastornos de personalidad. Por entonces cuando el clínico dará el salto desde la descripción el momento, solo existe traducción al español para la de los datos a la interpretación de los mismos, empleando versión de investigación en formato on-line (NetSCID-5- para ello tanto la información recogida como sus conoci- RV; disponible en https://telesage.com/netscid-5/). Si que están disponibles y validadas en español las versiones de mientos teóricos sobre el problema, las evidencias empíri- la SCID del DSM-IV y DSM-IV-TR: SCID-I para los trastornos definirse como una metodología cuyo objetivo final es com- del eje I del DSM-IV-TR (First et al., 1996; First et al., 2002; prender a la persona y su problema en conjunto, plantear cas y su experiencia clínica. La formulación del caso puede traducción First et al., 1999), y la SCID-Il para evaluar los el tratamiento y realizar una predicción de su evolución. trastornos de personalidad. Para ello relacionará la totalidad de la información recabada — La SADS (Schedule for Affective Disorders and Schi- sobre la persona y su problema para dar una explicación zophrenia; Endicott y Spitzer, 1978) es una entrevista en cuanto al diagnóstico y diagnóstico diferencial, factores semiestructurada afectivos predisponentes, precipitantes y mantenedores del problema, y la esquizofrenia, y está basada en los Criterios Diag- que además servirá para diseñar el tratamiento y prever la nósticos de Investigación. Se divide en módulos que evolución del mismo, teniendo en cuenta posibles barreras evalúan la presencia, gravedad y duración de síntomas en el proceso (Perpiñá y Baños, 2019). En la formulación del necesarios para realizar un diagnóstico, además de otros caso se tendrán en cuenta una amplia variedad de factores, que evalúa los trastornos adicionales para evaluar el historial médico, social y de desde su historia personal, creencias, atribuciones, manera tratamiento. de La KSADS-5 (Kiddie and Schizophrenia; Schedule for Affective Kaufman et al., 2017; Disorders traducción: de la Pena et al., 2018] es una entrevista semiestructu­ rada para evaluar a niños y adolescentes de entre 6 y 18 años siguiendo criterios DSM-5. Consta de una primera exploración inicial general y seis suplementos para administrar posteriormente si se registran sintomas de algún grupo de trastornos: (1) trastornos depresivos y bipolares; interactuar aspectos con el mundo, socioculturales, expectativas, socioeconómicos, pero también y laborales, entre otros. La formulación del caso ha de estar permanentemente abierta a revisiones a medida que se dispone de nuevos datos que puedan ir surgiendo a lo largo del proceso terapéutico, y que ayuden a comprender a la persona, a su problema, y al desarrollo del tratamiento. Como hemos comentado con anterioridad, la formulación del caso se recogerá en la historia clínica. (2) trastornos psicóticos; (3) ansiedad, estrés, trastorno Realizar la formulación implica un gran esfuerzo que obsesivo-compulsivo; (4) conducta disruptiva y control de debe llevar a cabo el clínico en solitario. En este sentido, Eells impulsos, (5) sustancias, trastornos de la alimentación y (2015) señala cuatro razones por las cuales conviene que el de la ingesta alimentaria, y (6] trastornos del neurode- clínico se esfuerce e invierta tiempo en realizar una buena sarrollo. formulación del caso: — La CIDI versión 3.0 (Composite International Diagnos- 1. Sirve como una guía durante el tratamiento, como un mapa de por dónde seguir sesión tras sesión, per- tic Interview; Kessler y Ustun, 2004) es una entrevista estructurada diseñada por la OMS como herramienta de mitiendo valorar el progreso, y darse cuenta de si en ayuda diagnóstica de las principales categorías incluidas algún momento se ha desviado del plan de tratamien- en las clasificaciones CIE-10 y DSM-IV. Se compone de 41 to trazado. secciones que evalúan trastornos mentales, comorbilidad fisica, riesgo de suicidio, funcionamiento general, males­ 134 breve completa en aproximadamente en 15 minutos. — La SCID-5 (Entrevista Clínica Estructurada-5; First et al., — estructurada y adultos, que consta de 16 bloques correspondientes a 2. Aumenta no solo la eficacia, sino también la eficiencia del tratamiento, gracias a la planificación del mismo. Capítulo 4. La entrevista diagnóstica 3. Promueve la realización de un diseño del tratamiento centrado en la persona y en sus circunstancias, favoreciendo el abordaje de distintas problemáticas que puede Favorece la empatía del clínico al permitirle lograr una mayor y más profunda comprensión de la persona, lo cual redundará en la eficacia del tratamiento. La formulación del caso se puede en relación la información recabada sobre la persona y su problema, con el objetivo de justificar el diagnóstico, analizar factores predisponentes, precipitantes y mantenedores presentar la persona teniendo en cuenta el contexto. 4. ) Formulación del caso. Metodología en la cual se pone del problema, lo cual servirá para diseñar el tratamiento y prever la evolución del mismo, teniendo en cuenta posibles barreras en el proceso. organizar en los siguientes cuatro pasos (Eells, 2015): — Paso1: crear un listado de posibles problemas del paciente organizados en función de su relevancia. — Paso 2: proponer el diagnóstico categorial y diferencial en base a los problemas descritos, considerar posibles diagnósticos, y discutir el diagnóstico del paciente junto — IV. Resumen de aspectos fundamentales y tendencias futuras con el diagnóstico diferencial, es decir, aquellas posibili- A lo largo del proceso de la entrevista diagnóstica, el clínico dades razonables de diagnóstico que finalmente son des- llevará a cabo una recogida de información lo más exhaus- cartadas en base a la información analizada. tiva posible acerca de la persona, su problema y las circuns- Paso 3: desarrollar hipótesis que expliquen el problema, tancias que la rodean, con el objetivo de realizar un análisis es decir, tratar de responder a la cuestión de por qué la descriptivo detallado de la queja o motivo de consulta, y persona tiene el/los problema/s identificado/s. Este es el la formulación de las conclusiones diagnósticas en base a punto central de la formulación del caso, dado que ayu- hipótesis, es decir, en qué medida el problema del pacien- da a la planificación del tratamiento. Incluirá información te se ajusta a los criterios diagnósticos planteados por los sobre el origen del problema (variables predisponentes manuales y precipitantes), las variables que lo mantienen (p. ej., diagnóstica, el clínico ha de alcanzar un objetivo no menos valoraciones disfuncionales], obstáculos o variables que relevante, formar una base sólida sobre la cual construir una pueden interferir en el tratamiento, así como los recursos relación de confianza que favorezca el proceso de recogida con los que cuenta la persona para afrontar la situación. de información y la posterior implicación en la terapia, si Se pueden seguir diferentes guías para elaborar esta fuera el caso. diagnósticos oficiales. Además, en la entrevista información, y dependerá en gran parte de la orienta- Realizar una buena entrevista de evaluación y diagnósti- ción del clínico y de las evidencias empíricas sobre los ca requiere, por parte del entrevistador, una serie de habilida- modelos explicativos del problema en cuestión. Por ejem- des de comunicación, así como conocimientos psicopatológi- plo, desde las propuestas conductuales se empleará la cos y diagnósticos. Aludimos específicamente a la habilidad herramienta del análisis funcional para analizar las hipó- de saber escuchar, con especial referencia a la técnica de la tesis explicativas, y desde una conceptualización cogniti- escucha activa, y saber preguntar. vo-conductual, el clínico tratará de explicar el problema del paciente en base a la propuesta teórica identificando valoraciones/creencias disfuncionales así como compor- tamientos de búsqueda de seguridad. La entrevista, conceptualizada como un proceso, puede dividirse en tres fases, cada una con objetivos y herramientas específicas. En la fase inicial, el objetivo principal será establecer el rapport. A lo largo de la fase intermedia se — Paso 4. Desarrollar el plan de tratamiento de modo que obtendrá la información relevante y precisa para identificar el se asocien los problemas identificados en el paso 1 con problema y elaborar hipótesis. Mientras que, en la fase final, las hipótesis diagnósticas (paso 3), teniendo en cuenta el se resumirá lo visto, se planificará el futuro, y se concluirá diagnóstico (paso 2). Implica elegir aquellas estrategias con algún cierre o despedida. que permitirán abordar el problema o problemas que se tratarán a lo largo de la terapia. Esta planificación del tratamiento orientará al clínico de cara a la terapia. Respecto a las áreas a evaluar en la entrevista diagnóstica, que incluirá información a nivel transversal y longitudinal, las hemos organizado en tres grandes bloques: (1) his- pronóstico, toria del problema y anamnesis (identificación del paciente; es decir, el curso probable o esperable según el tratamien- referente; queja; descripción, interferencia, historia y trata- to propuesto y las variables que lo pueden dificultar o favo- mientos recer, como, por ejemplo, el apoyo social o la presencia de res y tratamientos, historial médico, información biográfica, coterapeutas. antecedentes Se incluirá también información relativa al del problema familiares, actual, problemas mentales personalidad premórbida); anterio(2) el 135 Manual de psicopatología. Volumen 1 examen del estado mental o psicopatograma, donde se des- información y la comunicación (TIC) en el ámbito de la salud cribe cómo funcionan los procesos psicológicos y activida- mental. Desde que C. Rogers, padre de la terapia centrada des mentales, identificando las alteraciones en el momento en el cliente, empleó la grabadora en sus sesiones, hasta actual; y, finalmente, (3) toda aquella información necesaria hoy, el avance en las TIC ha sido vertiginoso. Actualmente para realizar el diagnóstico clínico. Para llegar a la decisión no se cuestiona la utilidad del empleo de la tecnología en diagnóstica, las la cual enmarcamos dentro del proceso de entrevistas diagnósticas, pudiendo recoger información formulación del caso, el clínico ha de contar con diversas herramientas, siendo la principal la entrevista con diferentes to a áreas sensibles como la sexualidad o ideación suicida grados de estructuración. Toda la información recogida a través de la entrevista diagnóstica, así como otros aspectos, la tecnología no interfiere en la relación terapéutica y, en en mayor cantidad y no de peor calidad, sobre todo respec(Miro, 2007). Además, los estudios indican que el empleo de como la formulación del caso, se recogerán en la historia concreto, la evaluación psicológica realizada por videocon- clínica. ferencia es bien aceptada por los evaluados (Herrera et al., Finalmente, y para concluir con el presente capítulo 2018), lo cual se ve reflejado en el hecho de que la tecnología fijando la vista hacia el futuro de la entrevista diagnóstica, está pasando a formar parte, cada vez más, del día a día del cabe destacar el uso cada vez mayor de las tecnologías de la ámbito terapéutico. ••Términos clave Entrevista diagnóstica 114 Exploración del estado mental o psicopatograma 130 Formulación del caso 135 Historia clínica 114 Técnicas verbales directivas 120 Técnicas verbales no directivas 118 •• Lecturas recomendadas Cormier, S., Nurius, P. S. y Osborn, C. I. (2017). Interviewing and Change Strategies forHelpers (8.2 edición]. Belmont: Brooks/ Cole. aspectos fundamentales, y las habilidades y competencias necesarias para realizar una entrevista en distintos ámbitos de la psicología. Manual que presenta habilidades de entrevista y estrategias de cambio basadas en la evidencia desde un enfoque multidisciplinar. Segal, D. L. (2019). Diagnostic Interviewing (5.a edición). Hillsboro: Springer. Morrison, J. (2014). The first interview: A guide forclinicians (4.a edición). New York: Guilford Press. Manual didáctico y sencillo centrado en la entrevista clínica en el ámbito de la salud mental. Perpiñá, C. (2012). Manual de entrevista psicológica. Madrid: Pirámide. Manual didáctico que presenta aspectos sobre el qué, el cómo y el dónde de las entrevistas psicológicas, describiendo los 136 Manual que se centra en la entrevista diagnóstica, con capitulos centrados en la evaluación de trastornos mentales especí­ ficos. Sommers-Flanagan, J. y Sommers-Flanagan, R. (2017). Clinical interviewing (6.a edición). Hoboken: John Wiley & Sons. Manual sobre la entrevista clinica con una parte dedicada a poblaciones especiales como poblaciones jóvenes o altamente demandantes. Capitulo 4. La entrevista diagnóstica << •• Referencias American Psychiatric Association. (2013). Diagnosticand Statistical Manual of Mental Disorders (5.8 edición). Arlington, VA: Arlington, VA, American Psychiatric Association (edición en español en Editorial Médica Panamericana, 2014). Cormier, S., Nurius, P. S. y Osborn, C. J. (2017). Interviewing and Change Strategies for Helpers (8." edición). Belmont: Brooks/ Cole. Daniel, M. y Gurczynski, J. (2010). Mental Status Examination. En D. L. Segal, y M. Hersen (ed.) (2010). Diagnostic Interviewing. Hillsboro: Springer. Eells, T. D. (2015). Psychotherapy Case Formulation. Washington, D. C: American Psychological Association. Fernández-Ballesteros, R., DeBruyn, E. E. J., Godoy, A., Hornke, L., Ter Laak, J., Vizcarro, C., Westhoff, K., Westmeyer H. y Zacagnini, J. L. (2001). 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Un documento o archivo que incluye información sobre el problema, la historia del problema, historia biográfica, estado mental del paciente, información de otros estudios adicionales, formulación clínica del caso, respuesta al tratamiento, notas de evolución y seguimientos. c) Una entrevista de evaluación estructurada. 2. ¿Cuál de las siguientes técnicas se considera una téc- d) Una entrevista de evaluación no estructurada. nica de intervención verbal directiva? a) Interpretación. b) Paráfrasis. c) Resumen. 7. En el apartado de la historia denominado Motivo de consulta, recogeremos información relativa a: d) Reflejo. a) Quien deriva al paciente y el motivo de derivación. 3. Uno de los objetivos principales de la fase inicial de la entrevista es: a) Conocer el motivo principal de consulta. b] El problema según la descripción y conceptualización del evaluador. c) El problema según la descripción y perspectiva del propio paciente. b) Realizar el análisis funcional del problema. c) Analizar la interferencia del problema. d) Establecer el rapport. d) La historia del problema. 8. En el apartado de la historia denominado Consecuen- 4. El psicopatograma es una exploración sobre: cias a) La historia biográfica de un paciente. va a: b) El estado mental de un paciente a lo largo de su historia evolutiva. a) La gravedad de la sintomatología del paciente y el malestar que le genera. c) El estado mental de un paciente en el momento de evaluación. b) La repercusión de la sintomatología del paciente en su día a día, por ejemplo, a nivel laboral, económico o social. d) La evolución de las alteraciones psicopatológicas del paciente. c) La repercusión de la sintomatología del paciente en otros síntomas como dificultades para conciliar el sueño o para concentrarse. 5. La entrevista diagnóstica tiene como funciones: a) La evaluación, diagnóstico del problema y establecimiento del rapport. b] La valoración del funcionamiento de los procesos psicológicos del paciente de forma longitudinal, pero no el diagnóstico. c) d) 6. La historia clínica se puede conceptualizar como: a] 138 Un documento o archivo que incluye información sobre el estado mental actual del paciente. problema, recogeremos información relati- d) Los motivos por los que el paciente solicita ayuda. 9. Una de las ventajas de las entrevistas estructuradas es: a) La recogida de información que permita conocer al paciente (no al problema]) en un momento determinado. La recogida de información que permita conocer el problema (no al paciente) en un momento determinado. del Que permite flexibilizar las preguntas en función de las necesidades. b) Que se la puede auto-aplicar el propio paciente. c) Su brevedad. d) 10. Sus buenas propiedades psicométricas (fiabilidad y validez]. Señala cuál de las siguientes entrevistas estructuradas sigue criterios DSM: a| SCID. c] SADS. b] CIDI. d] BDI. PARTE II Psicopatología de los procesos y las funciones psicológicas CAPITULO 5 PSICOPATOLOGÍA DE LA ATENCIÓN Y DE LA CONCIENCIA Marta Miragall, Rosa María Baños y María José Galdón I. Introducción 141 B. Alteraciones de la conciencia 155 II. Atención 142 C. Conciencia y trastornos mentales 162 A. Precisiones conceptuales 143 D. Evaluación de las alteraciones de la conciencia 163 B. Atención y psicopatología: la perspectiva clásica 144 IV Resumen de los aspectos fundamentales 165 C. Alteraciones de la atención 146 TÉRMINOS CLAVE 166 D. Las alteraciones atencionales en los trastornos LECTURAS RECOMENDADAS 166 mentales 150 REFERENCIAS 166 E. Evaluación de la atención y sus alteraciones 152 III. AUTOEVALUACIÓN 169 Conciencia 153 A. Precisiones conceptuales 153 I. Introducción En este capítulo se abordan dos constructos psicológicos han originado diferentes teorías que, en ocasiones, parecen fundamentales y muy ligados entre sí. De hecho, la mayo- irreconciliables, o al menos bastante distintas. En psicopato- ría de los manuales clásicos de psicopatología descriptiva los logía normalmente se ha resuelto haciéndola sinónimo de incluyen normalmente en un mismo apartado, como se hace consciencia, en este manual, e incluso suelen aparecer juntos cuando se mente como alteraciones de la conciencia consciente, como ordena la exploración psicopatológica en el examen del esta- veremos más adelante. do mental o psicopatograma (Perpiñá y Baños, 2019). y entendiendo sus alteraciones fundamental­ La atención ha sido un tema intensamente investigado Ambos constructos son tremendamente complicados de en las últimas décadas en psicología, especialmente con el definir en psicología. Si empezamos por la conciencia, ha ori- surgimiento de la psicología cognitiva. Pero todos esos años ginado debates interminables filosóficos, psicológicos y neu- de estudio no han sido suficientes como para que contemos rológicos. Como muy bien decía Pinillos (1983), la conciencia con una definición en la que todos los autores e investigado- suele jugar al escondite epistemológico con los psicólogos: res estén de acuerdo. Su dificultad proviene también de la cuando queremos encontrarla, no hay manera de hallarla, y propia complejidad de este concepto, como veremos en las cuando ya por fin dejamos de buscarla, aparece por todos los secciones posteriores. lados. Se trata de un concepto elusivo y escurridizo, sobre Desde la Psicopatología descriptiva, se suele decir que el que actualmente disponemos de muchas miradas (p. ej., la conciencia es la «escena», mientras que la atención es el fenomenológica, «foco» de luz que ilumina la escena. Desde esa perspectiva. experimental, neurológica, subjetiva], que 141 Manual de psicopatología. Volumen 1 II. Atención se ha entendido que ambos conceptos están intimamente relacionados. De hecho, y como veremos, la conciencia es el prerrequisito para que ocurran el resto de los procesos Definir cualquier concepto en psicología suele ser una tarea y mecanismos y, por tanto, cuando se altera surgen disfun- muy complicada y, a veces, casi imposible. Esto es precisa- ciones y problemas en prácticamente todas las funciones y mente lo que ocurre cuando abordamos el tema de la aten- procesos mentales (atención, percepción, memoria, pensa- ción. Aunque a pesar de que hace más de un siglo, William miento, etc.]. Por su parte, la atención también ejerce una James (1890) afirmaba: «Todo el mundo sabe lo que es la enorme influencia en el resto de procesos, y muchas veces atención», esta visión tan optimista no se mantiene actual- inferimos sus alteraciones precisamente por su efecto en el mente y la gran mayoría de manuales de psicología sobre resto del procesamiento de la información. el tema comienzan reconociendo que «nadie sabe qué es Las relaciones entre estos dos conceptos también han la atención» o, al menos, que no hay acuerdo entre los sido origen de intensa investigación y discusión. Por un lado, investigadores a la hora de definirla (Styles, 2010). De hecho. algunos es James decía que la atención «consiste en que la mente toma necesaria para la conciencia, sin embargo, la conciencia no posesión, de manera clara y lúcida (...). Implica dejar a un autores mantienen que mientras la atención es necesaria para la atención. Pero por otro, existe eviden- lado algunas cosas con el fin de abordar otras eficazmen- cia que indicaría que somos conscientes de aquello a lo que te», pero hoy sabemos que esa solo es una de las funciones prestamos atención, pero no prestamos atención a todas las de la atención. Y ahí es donde radica fundamentalmente el cosas de las que somos conscientes. Se trata, como vemos, problema, que la «atención» no es un único concepto, sino que engloba diversos fenómenos psicológicos (Styles 2010), de relaciones complejas, controvertidas, y muy debatidas. A estos dos conceptos, tan importantes y complejos, y este término se usa para referirse a distintos fenómenos y se dedica este capítulo. Hablaremos en primer lugar de la procesos. De hecho, hoy en día sabemos que la atención no atención, intentado hacer algunas precisiones conceptuales es de un solo tipo, sino que puede tener distintas varieda- y definiendo los términos más importantes para la psico- des. Este concepto ha sido asociado a términos como capa- alteraciones, cidad, esfuerzo, alerta, orientación y control. Y para todos resumiendo una «semiología» básica que suele ser la des- estos problemas no existe una explicación unitaria, a pesar crita por la psicopatología psiquiátrica, para pasar luego a de que todos están englobados bajo el término «atención». describir sus alteraciones más importantes según la función De hecho, a la hora de entenderla y estudiarla, se han utili- patología. Posteriormente hablaremos de sus de la atención que consideremos. Por último, veremos el zado muy diferentes metáforas, y se ha representado como papel tan importante que tiene este proceso en la vulnera- si fuera un filtro (Broadbent, 1958), esfuerzo (Kahneman, bilidad, de 1973), recursos (Shaw y Shaw, 1977), como un proceso de diversos trastornos mentales. Precisamente esta relevancia control de la memoria operativa (Shiffrin y Schneider, 1977), etiología, mantenimiento, e incluso tratamiento es la que está originando que actualmente se considere un orientación mecanismo «transdiagnóstico», es decir, que sus alteracio- características de los estímulos (Treisman y Gelade, 1980), (Posner, 1980), como conexión entre diversas nes están en la base de multitud de trastornos mentales. La como un foco (Eriksen y James, 1986; Tsal, 1983), o como un segunda parte de este capítulo lo dedicaremos a la revisión proceso de selección más una actividad preparatoria (LaBer- de las principales alteraciones de la conciencia. Comenza- ge y Brown, 1989). remos exponiendo brevemente las distintas acepciones de Como punto de partida, se podría afirmar que la aten- este concepto multifacético que son relevantes en el ámbito ción se caracteriza por la capacidad limitada de procesar de nuestra disciplina para pasar, posteriormente, a revisar información. Es decir, tal y como James enfatizaba, no pode- las principales alteraciones de la conciencia. Para ello, nos mos atender a todo, debemos «seleccionar» qué se atiende. centraremos, en un primer momento, en el criterio tradi- Pero, aunque esta característica «selectiva» de la atención cional de la psicopatología descriptiva que distingue entre es fundamental (nos permite filtrar la información relevante alteraciones cuantitativas y cualitativas de la conciencia. Pos- de un medio que está repleto de información), esa función teriormente, revisaremos las alteraciones asociadas a la con- de selección no agota lo que significa la atención. De hecho, ciencia entendida como conciencia de sí mismo y, por último, para poder seleccionar qué atender y qué no, debemos tener dedicaremos un apartado a las alteraciones en la capacidad información sobre lo que vamos a atender (para poder deci- de orientación. A continuación, revisaremos algunos de los dir sobre su relevancia), y qué vamos a inhibir (suprimiendo acercamientos existentes sobre la relevancia de la conciencia la información distractora o irrelevante para nuestra tarea). y sus alteraciones en el conjunto de cuadros psicopatológicos, para finalizar con una breve mención a las directrices Es decir, se requiere supervisión y control (consciente e generales que deben guiar al clínico en la exploración de do repartirnos nuestros recursos (limitados] entre dos tareas estas alteraciones. (atención dividida), porque muchas veces tenemos que aten- 142 inconsciente]. Pero la atención también es importante cuan- s Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia der simultáneamente a diversas fuentes de información. Y mación, sin confundirse con los otros estímulos «distracto- también intentamos res» o competidores. Este tipo de atención es la que nos per- «mantenerla» y «focalizarla» durante tiempo en una informa- mite centrar nuestra atención en una fuente de información ción particular. Es decir, la atención tiene que ver con la capa- y seguirla, a pesar de la enorme cantidad de información cidad de generar, seleccionar, dirigir y mantener un nivel de que recibimos al mismo tiempo. Por ejemplo, somos capa- tiene un papel fundamental cuando ces de leer un libro mientras la televisión está encendida y activación adecuado para procesar la información (relevante). Más allá de los problemas a la hora de definir y acotar qué es la atención, lo cierto es que es tremendamente importante en nuestro funcionamiento mental, está pre- sente en todas nuestras actividades, y ejerce una enorme influencia sobre otros procesos y mecanismos cognitivos y emocionales, como la percepción, la memoria, pero también el afecto e incluso la conducta, permitiendo o facilitando que realicemos las diversas tareas a las que nos enfrentamos en nuestra vida cotidiana. Tal es su importancia, que un déficit en el mecanismo atencional ocasiona graves perturbaciones y alteraciones adaptativas de indole cognitivo, emocional y/o motor en la persona que las padece. los demás hablan a nuestro alrededor. Como señalábamos, nuestra atención es un mecanismo de atención limitada, por lo que hemos de asegurar que procesamos adecuadamente el flujo sensorial de la información. Por supuesto, el origen de esa información puede ser tanto interno (p. ej., pensamientos, recuerdos], como externo (p. ej., la televisión), aunque la mayoría de los estudios sobre atención se han centrado tradicionalmente en la información proveniente del ambiente exterior. A veces, se ha mantenido como sinónimo el término atención selectiva y atención focalizada, pero muchos autores indican que existen diferencias entre ellas, matizando que la selectiva se refiere sobre todo a muestra capacidad para A. Precisiones conceptuales Como acabamos de decir, el campo del estudio de la atención es muy amplio y complejo, por lo que queda totalmente obviar los distractores, mientras que la focalizada tendría que ver con la habilidad para atender a esos estímulos que hemos seleccionado. Otro término fundamental es el de atención dividida, fuera del alcance de este apartado hacer un resumen de que se refiere a nuestra capacidad para realizar al menos los conceptos y modelos teóricos provenientes de la psicolo- dos tareas a la vez. En este caso, el énfasis no está en qué gía y neuropsicología sobre este proceso psicológico. Como nos dejamos fuera, sino en cómo repartimos y distribuimos apuntábamos, existen diferentes tipos de atención, o de fun- nuestros recursos limitados para hacer tareas simultáneas ciones que lleva a cabo, y aquí vamos solamente a recordar de manera eficaz, de forma que al menos una de las tareas algunos de ellos, ofreciendo algunos términos que son de requerirá un procesamiento más automático. Por ejemplo, relevancia para poder comprender los apartados posteriores, podemos conducir, al mismo tiempo que mantenemos una y dando un breve apunte de su definición. Un resumen de los conversación, o podemos hablar por teléfono mientras esta- diferentes tipos se puede encontrar en la Tabla 5.1. mos buscando nuestra ropa y vistiéndonos. En primer lugar, la atención selectiva se refiere a la Por otro lado, está la atención sostenida, que se refiere capacidad para atender a un estímulo o una fuente de infor­ a nuestra capacidad para mantener la atención y persistir en )) Tabla 5.1. Tipos de atención CRITERIO TIPOS DE ATENCIÓN Mecanismos implicados Selectiva-dividida-sostenida Objeto al que va dirigida la atención Externa-interno Modalidad sensorial implicada Visual-auditiva Amplitud e intensidad con la que se atiende Global-selectiva Amplitud y control que se ejerce Controlada-automática Manifestaciones de los procesos Manifiesta-encubierta Grado de control voluntario Voluntario-involuntaria Grado de procesamiento de la información no atendida Consciente-inconsciente ' "Ríos-Lago y Muñoz-Céspedes, 2004. 143 Manual de psicopatología. Volumen 1 una tarea. Por ejemplo, cuando mantenemos nuestra aten- encontrar problemas en este proceso en daños o deterio- ción en la clase que imparte el profesor durante dos horas. ros neurológicos (p. ej., lesión cerebral, epilepsia, etc.), pero Este tipo de atención está relacionada, por un lado, con la concentración, es decir con ser capaces de mantener todo también en estados de confusión tóxica aguda como las nuestro foco atencional en una tarea, pero también con la de la presión intracraneal, etc. En cuanto a los trastornos condiciones inducidas por las drogas y el alcohol, aumento vigilancia, ya que nos permite permanecer en un estado de mentales, a pesar de la ocurrencia de alteraciones atencio- alerta durante un periodo de tiempo. Por ejemplo, cuando nales en la mayoría de ellos, su disfunción no suele ser tan esperamos que algo suceda en el ambiente y estamos aten- «llamativa» como otros síntomas psicopatológicos como, por tos a un cambio o a la presencia de un estímulo que es rele- ejemplo, las alteraciones de la percepción, del pensamiento vante para nosotros. o de la memoria y, de hecho, no suelen ser consideradas Otro término relacionado que también nos podemos como uno de los signos o síntomas principales en el diagnós- encontrar, es el de atención alternante, que se suele referir tico de las patologías mentales. Pero eso no quiere decir en a la capacidad de la persona para cambiar el foco atencio- absoluto que su exploración no sea muy relevante, ya que su nal y modificarlo de una forma flexible y voluntaria de unas funcionamiento afecta a la capacidad de la persona para dar tareas a otras que requieren distintas demandas cognitivas. o recibir información, para trabajar, para realizar actividades Este tipo de atención implica controlar qué información será procesada en cada momento. Por ejemplo, se estaría cotidianas, es decir, afecta de manera significativa a la vida de la persona. refiriendo a la capacidad de un estudiante de estar en clase En los apartados siguientes vamos a describir cuáles son y tener la habilidad para escuchar al profesor, tomar apun- los problemas más frecuentes que nos podemos encontrar tes, y contestar a un mensaje urgente que ha recibido en en el proceso atencional. En primer lugar, ofreceremos un lis- el móvil. tado semiológico de los problemas que se suelen listar desde Por último, la atención también se ha calificado en fun- la psicopatología descriptiva, para luego enumerar las dificul- ción de si es voluntaria o involuntaria. En la atención volun- tades que puede haber en las distintas funciones y tipos de taria la persona realiza un esfuerzo consciente para movili- atención. zarse, para procesar la información entrante y mantener la atención el tiempo necesario. Por el contrario, se suele usar el término atención involuntaria cuando son los estímulos B. Atención y psicopatología: la perspectiva clásica los que atraen nuestros recursos atencionales sin requerir Desde la psicopatología descriptiva más clásica de corte psi- ningún esfuerzo por nuestra parte. Si tenemos en cuenta todos estos tipos y variedades, vemos que el funcionamiento de la atención dependerá del funcionamiento concreto de cada una de estas áreas, y que nos podemos encontrar diferentes disfunciones en cada una de ellas. Pero, además de tener en cuenta los distintos tipos y funciones de la atención, cuando nos centramos en sus alteraciones, hemos de precisar que estas pueden estar presentes en todas las personas. La atención puede verse disminuida o alterada en personas «sanas», en determinadas quiátrico, generalmente se ha entendido la atención como un proceso de focalización perceptiva que incrementa la conciencia «clara y distinta» de los estímulos. La atención se ha considerado como inseparable de la conciencia, o más concretamente de la consciencia o de la representación consciente, planteando que para que la atención se ponga en marcha y/o funcione correctamente, es necesario como prerrequisito la vigilancia y la claridad de la conciencia. En este sentido, se plantea incluso que términos como estar situaciones, como fatiga, sueño, estados hipnóticos, aburri- atento o estar consciente se pueden considerar casi sinó- miento, o cuando estamos muy activados, entre otros. En nimos (Gascó y Navarro, 2011). Desde esta perspectiva, las el campo específico de la psicopatología, hay también que alteraciones atencionales se han ubicado en un continuo, tener en cuenta que la atención puede estar alterada en una normalmente amplísima variedad de trastornos psicopatológicos y neuroló- las siguientes categorías: gicos (depresión, manía, esquizofrenia, ansiedad, trastornos — orgánicos, etc.), por no decir prácticamente en todos, por Aprosexia: cuantitativo, denominada donde han también ido a identificándose veces inatención, ya que implicaría una reducción máxima de la disposi- lo que estas anomalías generalmente no suelen tener valor ción atencional, es decir, una ausencia total de atención. diagnóstico. A veces, el término aprosexia se restringe a la falta de En cuanto a las condiciones o enfermedades neurológi- atención total, como ocurriría, por ejemplo, en el coma, cas, muchas veces denominadas como estados orgánicos, mientras que la inatención se utiliza para un tipo especí- dado que muchos de ellos generalmente cursan con dismi- fico de alteración que se produce por exceso de fijación nución de la conciencia (como veremos más adelante), esto de la atención, ya que la persona parece prestar aten- suele suponer alteraciones atencionales. Así nos vamos a ción únicamente a sus contenidos mentales, se muestra 144 x Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia ensimismada, y manifiesta una incapacidad de cambiar — Negligencia atencional: en este caso, se refiere a un sín- el foco de la atención. Esta alteración puede observarse drome, en el que además de inatención, se darían otras tanto en estados orgánicos agudos, como en trastornos manifestaciones como acinesia (pérdida o falta de movi- mentales, como podría ocurrir, por ejemplo, en el estupor miento] y negligencia hemiespacial (tendencia a ignorar melancólico, o la fascinación atencional que provocan las la mitad del espacio que nos rodea). alucinaciones, que hacen que la persona no atienda a — Fatigabilidad de la atención: se referiría a la modifica- su entorno, o en algunos pacientes con depresión, que ción causada por el efecto de mantener la atención, pueden estar excesivamente focalizados en sus pensa- que se acompaña de escasos rendimientos y abundan- mientos negativos, dejando de prestar atención a lo que cia de errores. Consistiría en un agotamiento de la aten- ocurre a su alrededor. ción. Puede ser consecuencia de factores cerebrales, es decir, por causas como traumatismos, tumores, procesos — Hipoprosexia: en este caso, estaríamos ante una dis- demenciales, etc. minución de la capacidad atencional. Es decir, aqui la persona presenta una capacidad disminuida para enfo- — Apatía atencional: a veces también se denomina indife- car, concentrarse y orientarse hacia un objeto. Se trata rencia atencional, o incluso inatención apática, y hace de un trastorno de la capacidad de prestar atención referencia a una considerable falta de atención para inte- persistentemente a una determinada actividad, objeto o resarse vivencia. estímulos que despiertan interés en situaciones norma- por los acontecimientos, siendo ineficaces los les. Es decir, la persona no presta atención a aconteci- — Hiperprosexia. A veces también se denomina hiperconHacen mientos del medio ambiente que normalmente interesa- referencia a alteraciones que se caracterizan por una rían a cualquier otro. Se puede encontrar en síndromes focalización excesiva y transitoria de la atención sobre orgánico-cerebrales, un estímulo, aspecto, tema, o vivencia. Es decir, se tra- etc. A veces, estas dificultades para mantener la atención taría de una concentración excesiva, tenaz y constante pueden ser debidas a condiciones como la fatiga extre- centración o estrechamiento de la atención. en algún subtipo de esquizofrenia, ma, la desnutrición, el sueño, etc. sobre un estímulo o grupo de estímulos, con exclusión de otros que suceden alrededor de la persona. Por tan- — Perplejidad atencional: esta es considerada como una to, llevaría a una desatención del resto de información. alteración cualitativa de la atención, y hace referencia a Como la mayoría de las alteraciones atencionales, este la incapacidad por parte de la persona para lograr la sín- tipo de anomalías se producen en personas sin psicopato- tesis del contenido de su atención, es decir, no es capaz logía, aunque también puede estar presente en pacientes de atrapar la significación de los fenómenos que están que presentan trastornos depresivos, trastornos obsesi- ocurriendo. Esto genera que la persona no termine de vos o trastornos psicóticos, entre otros. comprender sus actos y las circunstancias que le rodean, y le produce extrañeza. — Pseudoaprosexias: este término suele referirse a la falta ) Aprosexia. Término utilizado para designar la ausencia de atención hacia el entorno, a pesar de mantener con- completa de atención. servada la capacidad atencional. — Además de estas alteraciones, se distinguen otras en las que el foco, la amplitud, o la estabilidad atencional están alteradas. Aquí destacan las siguientes alteraciones: — Distraibilidad: que podría definirse como Como vemos, las diferencias entre estos términos son a veces bastante complicadas y excesivamente sutiles, y inestabilidad atencional y se manifiesta cuando la persona tiene dificultades para prestar atención a un estímulo, aspecto, tema, o vivencia. dependen en muchas ocasiones del manual de psicopatología que los define, o del cuadro psicopatológico en el que se producen, y que tradicionalmente los ha denominado con un término especifico. Además, también se puede observar que desde este enfoque existe una cierta confusión entre — Labilidad atentiva emocional: que estaría más relacio- — Paraprosexias: esta alteración indicaría solo una dirección anómala de la atención. las distintas funciones, tipos y características de la atención nada con inconstancia y oscilación en el rendimiento (concentración, vigilancia, selección, etc.). De hecho, pare- atencional ante niveles elevados de estrés o ansiedad ce que los problemas de este tipo de clasificaciones surgen (aunque es un término difícilmente diferenciable del de de la ausencia de una definición clara de atención, conci- distraibilidad). biéndola casi exclusivamente como foco de la conciencia. Inhibición atencional: que sería un término utilizado para referirse a la incapacidad para movilizar la atención. Por otro lado, parte de esa confusión surge también de la escasa consideración que se hace de los conocimientos que 145 Manual de psicopatología. Volumen 1 la psicología experimental ha proporcionado sobre la aten- tificar y atender a los estímulos relevantes) que en la imple- ción. Tal vez porque, como Gascó y Navarro (2011) plantean, mentación de la selección (el proceso que permite procesar los conceptos de atención desarrollados desde la psicología los estímulos relevantes y suprimir los estímulos irrelevantes] experimental, la psicofisiología y la psiconeurología son de (Luck y Gold, 2008). dificil traducción a la clínica ordinaria. Ello ha originado que los avances logrados en estos ámbitos y los conceptos que han ido desarrollándose no se hayan trasladado al lenguaje de la Psicopatología Descriptiva de corte psiquiátrico. En el caso de los episodios maníacos, la distraibilidad también es un sintoma muy característico, que se suele acompañar de otras manifestaciones, como la fuga de ideas o el habla distraída. En general, cuesta mucho centrar la atención de estos pacientes, que cambian de conversación C. Alteraciones de la atención continuamente, saltando de un tema a otro, y son «capta- A continuación, se enumeran las alteraciones atencionales dos» por cualquier estímulo irrelevante que aparezca en el que más frecuentemente se encuentran en la clínica, inten- ambiente. tando clasificarlos en función del tipo de atención que está En el caso del TDAH, los problemas atencionales, junto predominante alterado. Así, veremos las alteraciones relacio- a la hiperactividad e impulsividad, constituyen la sintoma- nadas con la atención selectiva, con la vigilancia, y con la tología concentración. es uno de los criterios diagnósticos en el DSM-5 (i. e., «ser a. Alteraciones relacionadas con la atención selectiva nuclear fácilmente del distraído trastorno. por De estímulos hecho, la distraibilidad irrelevantes»] (American Psychiatric Association, 2013), que puede presentarse en soli- Como comentamos anteriormente, dado que nuestra capa- tario o en combinación con otros problemas en la atención cidad de procesamiento de información es limitada, es nece- sostenida (p. ej., «a menudo evita, le disgusta o es reticente sario que seleccionemos la señal (o la secuencia de señales) en la dedicación a tareas que requieren un esfuerzo men- que es relevante para la tarea y excluyamos el resto. Es decir, tal sostenido»). En este caso, los niños muestran dificultad necesitamos «filtrar» la información. Sin embargo, algunos para focalizar su atención en una misma tarea sin distraerse individuos presentan problemas para separar los estímulos con otros estímulos, ya que no pueden resistirse a focalizar relevantes de los irrelevantes. En general, a este problema su atención en otras fuentes de información que pueden se le denomina distraibilidad, y se caracteriza por presentar resultar más atractivas. Los problemas en distraibilidad sue- una atención «inestable» (i. e., atender a muchos estímulos len persistir en adolescentes diagnosticados con TDAH (Slo- durante poco tiempo e ir cambiando el foco atencional fre­ bodin et al., 2018), así como en los adultos, ya que en este cuentemente). Además, suele ir acompañada de inquietud y trastorno los problemas en la atención son más frecuentes mayor número de movimientos. Se ha planteado que la distraibilidad podría ser un rasgo presente en algunas personas et al., 2009), teniendo importantes interferencias en el ámbi- que las haría más vulnerables a distraerse ante estímulos to académico, social y profesional (Wilens y Dodson, 2004), externos o internos irrelevantes (Forster y Lavie, 2016). Sin así como mayor probabilidad de sufrir accidentes (p. ej., acci- entrar a debatir de si se trata de un rasgo o no, lo cierto es dentes de tráfico) (Vaa, 2014). que los problemas en hiperactividad o impulsividad (Wilens que esta alteración en la atención selectiva es un síntoma que se presenta en muchos y diversos trastornos, y muy especialmente es una característica típica de los episodios ) Distraibilidad. Experiencia de presentar inestabilidad en maníacos (Malhi et al., 2016), los trastornos de ansiedad (Spa- la atención que se halla dirigida superficialmente a los estí- da et al., 2010), los trastornos psicóticos (Luck y Gold, 2008), mulos de cada momento (i. e., atención a muchos estímulos y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH] y durante poco tiempo), siendo difícil concentrarla y man- (Slobodin et al., 2018). tenerla en un objeto. En el caso de los trastornos psicóticos, y más especificamente en la esquizofrenia, los déficits en atención selectiva y la tendencia a la distraibilidad constituyen un síntoma Otro aspecto relacionado con las alteraciones en la aten- presente indiscutiblemente en dichos pacientes. En los años ción selectiva que está siendo muy estudiado en los últimos sesenta, McGhie y Chapman (1961 describían que las quejas años son los sesgos atencionales, que hacen referencia a más típicas de los pacientes esquizofrénicos eran del tipo: la tendencia sistemática a dirigir la atención de manera «Las cosas entran demasiado deprisa. No consigo atraparlas selectiva, preferencial, y generalmente no consciente, hacia y me pierdo», «Atiendo a todo al mismo tiempo y como resul- estímulos determinados, relacionados con las preocupacio- tado no atiendo a nada». No obstante, la evidencia actual nes de la persona. Estos estímulos hacia los que dirigimos apunta a que los problemas atencionales serían más promi- la atención suelen ser congruentes con nuestros miedos y nentes en el control de la selección (la capacidad para iden­ preocupaciones y también con nuestro estado de ánimo. 146 Capitulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia Así, por ejemplo, en el caso de los episodios de pánico, la para discriminar entre estímulos «objetivo» de los que no lo atención tiende a dirigirse de manera sesgada y preferencial eran; además, esta alteración se mantenía incluso cuando hacia las señales interoceptivas de ansiedad (p. ej., palpita- los pacientes estaban en fase de remisión. No obstante, algu- ciones, mareos, sensaciones de hormigueo), en el caso de nos estudios longitudinales han mostrado que existe hetero- los trastornos alimentarios hacia la información relaciona- geneidad en estos en cuanto al déficit de atención sostenida, da con el cuerpo y la comida, o en la hipocondría hacia y sería en aquellas pacientes que presentan mayor gravedad la información relacionada con la enfermedad. Los sesgos en los que el déficit en la alteración sostenida se mantendría, atencionales constituyendo un marcador de vulnerabilidad estable a sufrir se consideran un proceso transdiagnóstico con un papel causal en el desarrollo y mantenimiento de esquizofrenia (Liu et al., 2006]). diversos trastornos mentales (p. ej., trastornos de ansiedad y depresión, trastornos psicóticos, trastornos Por su parte, las personas que sufren TDAH también pre- alimentarios, sentan déficits para mantener la atención, por lo que habi- etc.) (Harvey et al., 2004; Mansell et al., 2008], por lo que, tualmente tienen problemas para rendir con normalidad en dada su relevancia, les dedicaremos un apartado especifico las tareas académicas (p. ej., por dificultades para leer —no más adelante. para comprender— los enunciados adecuadamente), labo- rales o en otras actividades, mostrando múltiples olvidos y ) Sesgos atencionales. Tendencia a dirigir la atención, selectiva y prioritariamente, hacia el procesamiento de la información material que es relevante para la persona, porque por ejemplo es congruente con sus miedos, preocupaciones, o su el estado de ánimo. despistes por su falta de atención. También pueden mostrar dificultades para mantener su atención en actividades lúdicas. No obstante, es posible que estas personas aumenten el tiempo de mantenimiento de la atención cuando muestran una elevada motivación por la tarea que están realizando (p. ej., jugar a videojuegos) (Jodar et al., 2013). En el otro extremo del continuo de la vigilancia, nos b. Alteraciones relacionadas con la vigilancia Como hemos comentado, la vigilancia se ha relacionado encontramos la vigilancia excesiva o hipervigilancia, que se utiliza para designar un estado de alta receptividad o hipersensibilidad, en el que la persona trata de buscar o rastrear con la alerta, definiéndose como la habilidad para mantener información (p. ej., amenazante] externa (p. ej., en el ambien- la atención consciente durante largos períodos de tiempo. te) o interna (p. ej., en el propio cuerpo) para asegurar su Desde los enfoques de la psicología experimental, los défi- rápida detección y estar preparado para dar una respuesta, cits en la capacidad de vigilancia se ponen de manifiesto o la ocurrencia de un posible peligro (Richards, et al., 2014). en tareas que requieren mantener la atención durante un Esta hipervigilancia excesiva puede llegar a ser desadaptati- periodo de tiempo prolongado, como las basadas en el para- va, e interferir en el funcionamiento de la persona, pudiéndo- digma de detección visual. Una tarea ampliamente utilizada se encontrar en diversos trastornos. para evaluar la vigilancia, aunque no exenta de limitaciones, Por ejemplo, en el caso de los trastornos de ansiedad, las es la tarea de ejecución continua (CPT o Continuous Perfor- teorías cognitivas subrayan el papel central de la hipervigi- mance Test] que consiste en detectar estímulos especificos lancia en la vulnerabilidad de estos trastornos, especialmen- (visuales o auditivos) que aparecen en una pantalla de orde- te en el trastorno de ansiedad generalizada, que se podría nador, e implica mantenerse en un estado de cierta alerta. manifestar de distintos modos (p. ej., Eysenck, 1992): una Los déficits en la vigilancia se pueden mostrar por la dificul- hipervigilancia general (es decir, una tendencia a atender a tad para detectar determinados estímulos «objetivo» (lo que cualquier estímulo irrelevante para la tarea que se presenta], se denomina «errores por omisión»]), o porque la persona se una confunde y detecta estímulos de manera errónea (lo que se caracteriza por numerosos movimientos oculares rápidos en tasa elevada de escudriñamiento ambiental (que se denomina «errores por comisión»]. Este tipo de déficits se el campo visual, que suponen rastreo], un ensanchamiento puede encontrar tanto en personas «sanas» en condiciones de la atención justo antes de la detección de un estímulo especiales, como por ejemplo tras una deprivación del sueño sobresaliente; y un posterior estrechamiento de la atención (Hudson et al., 2020) como en personas con trastornos men- cuando se detecta y se procesa el estímulo sobresaliente. tales (fundamentalmente esquizofrenia y TDAH). Existe evidencia que muestra que esta tendencia a la hiper- Respecto a la esquizofrenia, se ha comparado la ejecu- vigilancia no solo se encuentra en pacientes ansiosos, sino ción en el test CPT en pacientes con esquizofrenia con otros también en personas vulnerables, como aquellas que tienen trastornos (depresión y bipolares —con y sin sintomas psi- una alta ansiedad-rasgo, y especialmente en condiciones de cóticos—). Por ejemplo, Liu et al. (2002) encontraron que estrés y/o alta ansiedad-estado. La hipervigilancia, a su vez, los esquizofrénicos (seguidos de los bipolares con sintomas psicóticos] eran los que presentaban mayores dificultades puede generar un círculo vicioso, que incrementa aún más la ansiedad o el arousal (p. ej., a través de la malinterpretación 147 Manual de psicopatología. Volumen 1 de las situaciones ambiguas y exageración de las pequeñas que serían sensibles a cualquier señal (externas e internas) amenazas] (Beck et al., 2005; Kimble et al., 2014). que supusiera una amenaza para la integridad del cuerpo. Autores como Eysenck et al. (2007) han desarrollado En el caso del trastorno de estrés postraumático (TEPT), la teoría del control atencional, en la que se sugiere que la hipervigilancia constituye uno de sintomas clave (Kimble los individuos ansiosos presentan alteraciones en el control et al., 2013). De hecho, es uno de los criterios diagnósticos en atencional. La hipervigilancia (es decir, la tendencia a atender el DSM-5 dentro de la sintomatología referente a la altera- cualquier estímulo] cuando ocurre en situaciones en las que ción en la alerta y la reactividad, que puede ir acompañada hay una ausencia de amenazas, conlleva una mayor distrai- de un intenso estado de ansiedad en términos de un arou- bilidad hacia los estímulos irrelevantes y una reducida aten- sal elevado, una reactividad exagerada hacia determinados ción focalizada hacia la tarea que se está llevando a cabo, produciendo una interferencia en su rendimiento. Los estu- estímulos (p. ej., sonidos, olores, etc.), y un continuo rastreo del ambiente que puede llevar a la extenuación (APA, 2013). dios que utilizan la metodología de movimientos oculares En cuanto a los pacientes que sufren dolor crónico (p. (o eye tracker) confirman que los individuos ansiosos mues- ej., dolor lumbar, fibromialgia, artritis reumatoide), la existen- tran una hipervigilancia hacia las amenazas manteniendo un cia de un proceso atencional alterado a la base también ha ensanchamiento del foco atencional (i. e., menor número de adquirido cierto protagonismo (van Damme, et al., 2010). Los movimientos oculares al usar la visión periférica) o un ras- individuos que presentan un dolor persistente y molesto, que treo pormenorizado del ambiente (i. e., mayor número de es experimentado con gran preocupación y que no puede movimientos oculares], que facilita la detección de estímu- ser fácilmente explicable por criterios médicos, podrían pre- los amenazantes, pero que, a su vez, conlleva otras altera- sentar una hipervigilancia hacia el dolor, que surge de una ciones atencionales como el incremento de la distraibilidad forma no intencional al considerar que el dolor es altamente (Richards, et al., 2014). amenazante y es necesario escapar de él o evitarlo (Crombez, et al., 2005). Algunos autores identifican la hipervigilancia como un factor de riesgo para el desarrollo del dolor ) Hipervigilancia. Escudriñamiento continuo en búsqueda de determinadas señales o indicios, externas (p. ej., en el ambiente) o internas (p. ej., en el propio cuerpo). crónico (Rollman, 2009). Por ejemplo, el modelo miedo-evitación propone que los individuos que realizan una evaluación negativa o hipervigilancia Como comentábamos, la hipervigilancia puede estar presente en distintos trastornos de ansiedad, y no solo en el trastorno de ansiedad generalizada, sino también en la fobia social (p. ej., búsqueda de signos de rechazo en otras personas), en el trastorno de pánico (p. ej., rastreo atencional de cambios corporales interoceptivos) 0 en las fobias específicas (p. ej., búsqueda del estímulo fóbico). Además, puede estar presente en personas con problemas de ansiedad sobre la salud. Así, los pacientes con hipocondría, al igual que otros pacientes ansiosos como los que sufren trastorno de páni- «catastrófica» y del dolor comportamientos de presentan una mayor evitación y escape, que promueven un aumento del dolor crónico y, a su vez, una intensificación de la intensidad del dolor (Leeuw, et al., 2007; Vlaeyen y Linton, 2000). Se plantea que el incremento o «amplificación» de la sensibilidad al dolor en estos trastornos se produce por la incapacidad de llevar a cabo la distracción de una manera eficaz (dadas las dificultades para controlar la hipervigilancia), o por la generación de una reacción defensiva más intensa o de miedo ante el dolor en los individuos con mayor hipervigilancia (Crombez, et al., 2005). c. Alteraciones relacionadas con la concentración co, también se muestran hipervigi lantes hacia los síntomas físicos (Olatunji et al., 2009). El papel de la hipervigilancia En este apartado se incluyen todas las alteraciones que en la hipocondría queda patente en el concepto del «esti- están de algún modo relacionadas con la concentración o lo amplificador somatosensorial» descrito por Barsky (1992, fijación de la atención sobre estímulos, objetos o situaciones 2001). Según esta hipótesis, los pacientes con ansiedad por la salud se mostrarían hipervigilantes hacia las sensaciones en las que puede haber tanto un exceso como una carencia de esta. corporales (i. e., aumento del auto-rastreo y atención hacia La falta de concentración o dificultad para sostener la síntomas somáticos incómodos], informarían de una mayor atención está presente en muchas condiciones no patológi- tendencia a seleccionar y focalizarse en sensaciones fisicas cas (p. ej., fatiga extrema, necesidad de dormir, estados de débiles o infrecuentes, y de una tendencia a interpretar erró- desnutrición] y en condiciones orgánicas (p. ej., daño cere- neamente dichas sensaciones como signos de enfermedad. bral adquirido). También está presente en una gran variedad Kteles y Witthft (2017) han renovado el enfoque de este de trastornos emocionales [especialmente en la depresión o constructo llamándole «amplificación de la amenaza somá- distimia, y el trastorno de ansiedad generalizada) y el TEPT. tica», hipotetizando que estos pacientes no serían sensibles Así pues, en el caso de la depresión o distimia y el trastorno de ansiedad generalizada, las quejas de los pacientes respec­ a las señales internas (p. ej., viscerales o propioceptivas], sino 148 Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia to a los problemas para mantener la concentración son muy toda su capacidad atencional). Así, el profesor es capaz en habituales (p. ej., problemas para leer o mirar la televisión), el último momento de saltar a la acera ante el claxon del siendo un criterio diagnóstico en el DSM-5 en todos ellos. enfurecido conductor. En el caso de la depresión, se plantea incluso que los problemas de memoria que también presentan estos pacientes son secundarios a su dificultad para concentrarse (Marazziti et ) Ausencia mental. Experiencia que implica una gran con- al., 2010). Respecto al trastorno de ansiedad generalizada, se ha planteado que los problemas de concentración serían el centración sobre alguna cuestión concreta (generalmente preocupaciones sobre algún tipo de pensamiento), lo que mecanismo por el cual la dificultad para dejar de preocupar- a su vez lleva a «desatender» al resto de los estímulos, se o «dejar la mente en blanco» típica de este trastorno pro- dejando fuera gran cantidad de información externa que voca usualmente es accesible, y no respondiendo, por tanto, al un malestar e interferencia clínicamente significativo en el funcionamiento diario (Hallion et al., 2018). Por su parte, feedback respecto a cambios en las rutinas. en el TEPT, las dificultades de concentración se manifiestan en las dificultades para mantener la atención en tareas de la vida cotidiana como, por ejemplo, cuando se intenta seguir una conversación. Los problemas de concentración son un criterio diagnóstico en el DSM-5 que —como la hipervigilancia— forman parte de la sintomatología referente a la alteración en la alerta y la reactividad (APA, 2013). Además de esta sintomatología inespecifica, nos encon- Por otra parte, la laguna temporal es una experiencia en la que el individuo presenta una «laguna en el tiempo» de la que no puede recordar nada; aunque, en realidad, estaba realizando una tarea o actividad automática para la que no se requería esfuerzo cognitivo (p. ej., conducir). Este tipo de experiencia suele ser descrita por quien la padece como un «espacio en blanco» en la consciencia temporal. Sin embar- tramos con otras dos alteraciones de la concentración des- go, aunque el individuo nos diga que «no recuerda», no es un critas por Reed (1988) que, aunque se consideran anómalas, problema de amnesia estrictamente hablando. A diferencia extravagantes e inusuales, por lo general no son patológicas. de la amnesia, aquí no se presenta desorientación persisten- Estas son la ausencia mental y la laguna temporal. Por una te espaciotemporal, ni tampoco se presentan otras caracte- parte, la ausencia mental alude a una experiencia en la que rísticas típicas de la amnesia. En cierto modo se podría decir se presenta una gran concentración sobre alguna cuestión que el individuo no recuerda porque no ha estado atendien- concreta, que a su vez lleva a «desatender» al resto de los do conscientemente a los estímulos del entorno y, además, estímulos. En la ausencia mental el individuo está tan pre- no ha ocurrido nada «importante» o relevante, sino que ocupado por sus propios pensamientos que deja fuera gran estaba haciendo la tarea de manera «automática». En este cantidad de información externa que le es habitualmente caso, el símil más claro sería el del experto conductor que accesible. El individuo realiza las acciones de manera mecá- yendo por la autopista de Valencia a Barcelona, de repente nica y no ajusta su conducta a las demandas ambientales, «se da cuenta» de que desde el último peaje situado a más aunque sí es capaz de atender correctamente a cualquier de 100 kilómetros no recuerda nada de lo ocurrido, y, sin actividad externa relacionada con los pensamientos a los que embargo, era él quien conducía. No es que no haya ocurri- está tan atento. Se podría considerar que la ausencia mental do ningún acontecimiento (p. ej., seguramente el conductor es un fenómeno de umbral, ya que el nivel de atención es ha tenido que adelantar a otros coches en la autopista, el bajo para aquellos estímulos que resultan distractores (i. e., paisaje iba variando, etc.), sino que no han ocurrido aconte- todos aquellos que no se relacionan con sus pensamientos), cimientos que sugieran cambios importantes en la situación; pero ante un incremento súbito de los estímulos se elimina es decir, sería más correcto hablar de una ausencia de acon- la ausencia. Para explicar esta alteración, Reed (1988) utiliza- tecimientos de importancia. Además, y como se sabe, nues- ba el símil del «profesor despistado». Se trataría de un profe- tra experiencia del paso del tiempo está determinada por sor demasiado ensimismado en sus propios pensamientos y acontecimientos (externos o internos) que funcionan como disquisiciones, que cuando sale de clase es capaz de ponerse marcadores de tiempo. Por tanto, en la laguna temporal el la papelera por sombrero. Además de no darse por entera- individuo no registra sucesos que podrían haber funcionado do, es capaz de pasearse por toda la facultad sin ni siquiera como tales marcadores (Reed, 1988). Este tipo de fenómenos darse cuenta de los murmullos y miradas que genera. Solo es capaz de salir de su «ausencia mental» cuando al salir del se explica apelando al procesamiento automático (versus el controlado], y a cómo la realización de algunas tareas no edificio un coche está a punto de atropellarle por saltarse el requieren atención consciente o esfuerzo cognitivo. Es como semáforo en rojo. De este modo, el profesor no responde al si pudiéramos poner el «piloto automático» para conducir el cambio ambiental de la papelera, pero sí podría darse cuenta avión, porque las circunstancias permiten que no se tenga de algún otro estímulo que tenga conexión con el problema que atender con esfuerzo, y el verdadero piloto pudiera en el que está pensando (es decir, en el que está centrando repartir su esfuerzo consciente a otras tareas. 149 Manual de psicopatología. Volumen 1 podrían estar a la base tanto de los síntomas negativos ) Laguna temporal. Ausencia de registro de acontecimien- (Donohoe y Robertson, 2003; Jang et al., 2016) como posi- tos mientras se está realizando una tarea controlada por el tivos (Morris et al., 2013). Así pues, los pacientes con esqui- procesamiento automático. El sujeto se queja de un «espa- zofrenia pueden presentar déficits en la atención selectiva cio en blanco» en la consciencia temporal, es decir, no (i. e., dificultades para identificar y dirigir la atención hacia recuerda los acontecimientos ocurridos durante un período los estímulos relevantes), en la vigilancia (p. ej., en tareas de tiempo durante el cual, sin embargo, estuvo realizando como el CPT que implican mantenerse vigilante para detec- una tarea automática. tar estímulos especificos] y en la concentración. Por último, cabe resaltar también la presencia de sesgos atencionales en la esquizofrenia. Por ejemplo, en un estudio experimental D. Las alteraciones atencionales en los trastornos mentales se observó que los pacientes con esquizofrenia (paranoide y no paranoide] presentaban un sesgo hacia los estímulos relacionados con sus delirios (p. ej., pistola), frente a estímu- Como ya hemos comentado, las alteraciones atencionales no los neutrales (p. ej., taza) o ansiógenos (p. ej., tiburón). Esto se han considerado como signo o síntoma de importancia a tiene grandes implicaciones, ya que los sesgos atencionales la hora del diagnóstico de los trastornos mentales, especial- podrían propiciar el desarrollo y mantenimiento de los deli- mente si comparamos el impacto «diagnosticador» de estas rios (Moritz y Laudan, 2007). alteraciones con el que pueden tener otras, como las de la percepción (p. ej., alucinaciones], las del pensamiento (p. ej., delirios y trastornos formales), o las de la identidad (p. ej., la ruptura de los límites del yo]. De hecho, incluso en el estudio de la esquizofrenia, y a pesar de lo que podría parecer teniendo en cuenta lo expuesto en los apartados anteriores, la atención no fue considerada como una característica relevante de esta enfermedad hasta los años cincuenta-sesenta, ya que las anomalías atencionales se consideraban «manifestaciones tolerables» de este conjunto de trastornos. Sin embargo, lo cierto es que cada vez se está teniendo más en cuenta este constructo a la hora de describir y explicar desde un punto de vista psicológico ciertos trastornos mentales, y, en las últimas décadas, la atención, sus alteraciones, sus sesgos y sus disfunciones se han utilizado para intentar comprender mejor la vulnerabilidad, la ocurrencia, el mantenimiento y la recaída de diversos trastornos mentales. Es más, incluso se han propuesto estrategias terapéuticas concretas para intervenir sobre estos problemas. Sin intentar en absoluto desarrollar todos estos puntos, algo que excedería En el caso de la depresión, la vigilancia y la concentración están altamente afectadas, ya que la atención (voluntaria o involuntaria] hacia las preocupaciones y pensamientos negativos que acompañan al estado depresivo alteran la atención hacia otros estímulos (Oyebode, 2013). Así pues, los pacientes con depresión limitan su atención a un número reducido de tópicos, que son en su mayoría de valencia afectiva negativa, y presentan también problemas para retener la atención en una determinada tarea. Además, la investigación sobre la presencia de sesgos atencionales ha recibido una gran atención en los últimos años, ya que distintas revisiones sistemáticas y meta-análisis han encontrado que existe un sesgo (tanto en la orientación inicial como en el mantenimiento de la atención) hacia la información negativa auto-relevante (no necesariamente amenazante, algo que sería específico de la ansiedad) (Armstrong y Olatunji, 2012; Peckham et al., 2010) y un sesgo atenuado hacia la información positiva (Armstrong y Olatunji, 2012; Winer y Salem, 2016). el alcance de este apartado, y solo con el objetivo de que el/ Por último, la relación entre la ansiedad y la atención la lector/a adquiera una visión integrada de las alteraciones de atención, resumimos en esta sección los problemas que es bastante clara y se ha encontrado de manera consistente, ya que una de las funciones adaptativas de la ansiedad nos encontramos con este proceso en la esquizofrenia, la es facilitar la detección de un peligro o amenaza. En con- depresión y los trastornos de ansiedad. secuencia, la consideración de los procesos alterados de la a. Las alteraciones de la atención en esquizofrenia, depresióny ansiedad der la psicopatología de estos trastornos. Como vimos en el En el caso de la esquizofrenia, determinar qué aspectos de se encuentra alterada en los individuos que sufren trastor- la atención se encuentra alterados entraña una gran difi- nos de ansiedad debido a que presentan una hiper vigilancia atención en ansiedad patológica resulta crucial para entenapartado anterior, tanto la atención selectiva como sostenida cultad, dado que las tareas utilizadas para evaluar atención hacia el medio en busca de amenazas que repercute, a su implican el uso de otras funciones cognitivas (p. ej., memoria vez, en un aumento de la distraibilidad y una disminución de trabajo] que también se encuentran perturbadas (Oye- de la concentración. Por último, cabe resaltar la presencia bode, 2013). No obstante, se considera que los trastornos de sesgos atencionales que se han detectado en la ansiedad, de atención, junto con las alteraciones en las funciones eje- consistentes cutivas, tienen un papel central en la esquizofrenia, y que conlleva una facilitación de la atención hacia estímulos que 150 en un procesamiento automático inicial que Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia suponen una amenaza, una dificultad para «desenganchar» así como el claro solapamiento de síntomas que hay en la atención de dicha amenaza (que implicaría una combina- muchos de ellos. Todo esto, junto con el no tener en cuenta ción del procesamiento automático y controlado] y una evi- enfoques más dimensionales a la hora de entender los tras- tación atencional en los últimos estadios del procesamiento, tornos mentales, ha hecho que en los últimos años hayan que supondría que este fuera más controlado (Armstrong y surgido críticas muy relevantes a estos sistemas de clasifi- Olatunji, 2012; Cisler y Koster, 2010). Asi pues, mientras las cación, a la vez que se están promoviendo y desarrollando personas con ansiedad patológica muestran una «sensibi- enfoques lidad» hacia la información amenazante, las personas con Uno de los enfoques que más investigación está generando depresión muestran una disminución hacia la información positiva. psicopatología, su interés se centra en buscar mecanismos en la «sensibilidad» alternativos, en algunos casos complementarios. en los últimos años es el denominado transdiagnóstico. En Dada la centralidad de los sesgos atencionales en la psi- y procesos que sean comunes a diferentes trastornos y que copatología de la ansiedad y depresión, conviene explicar estén a la base de su vulnerabilidad y sintomatología. En brevemente «reentrena- esta búsqueda, las alteraciones atencionales se han erigido mientos» en sesgos atencionales que se han desarrollado en como un proceso transdiagnóstico presente en el desarrollo y mantenimiento de muy distintos trastornos mentales los procedimientos para realizar los últimos años. Estos entrenamientos consisten en tareas computarizadas en las que se presentan estímulos (imáge- (Harvey et al., 2004; Mansell et al., 2008). En concreto, se nes o palabras] que pueden ser amenazantes (p. ej., expresio- han nes faciales de enfado), positivos (p. ej., expresiones faciales sonrientes] o neutrales (p. ej., expresiones faciales neutras], identificado tres tipos de alteraciones atencionales transdiagnósticos: 1. Atención hacia los estímulos externos que constitu- y sin dar instrucciones explícitas, se intenta entrenar a las yen personas a redirigir su atención hacia los estímulos positi- sesgo se ha observado en trastornos de ansiedad (i. e., vos o neutrales. Los meta-análisis derivados que investigan trastorno de pánico con y sin agorafobia, fobia especí- preocupaciones relevantes para el individuo. Este la posibilidad de realizar estos re-entrenamientos muestran fica, que los efectos sobre la disminución de la sintomatología trastorno ansiosa y depresiva son aún pequeños y temporales (Cristea somáticos, trastornos dismórfico corporal, trastornos ali- et al., 2015; Fodor et al., 2020; Hallion y Ruscio, 2011). Por mentarios, insomnio, depresión unipolar, depresión bipo- fobia social, trastorno de obsesivo-compulsivo, ansiedad generalizada), trastorno de síntomas ello, autores como Everaert et al. (2020) están planteando la lar, trastornos psicóticos y trastornos por abuso de sus- necesidad de realizar re-entrenamiento en sesgos atenciona- tancias. También existe una evidencia sólida de que, en el les, junto con otras estrategias terapéuticas como el re-entre- caso del trastorno de ansiedad generalizada, fobia espe- namiento de otros procesos cognitivos (p. ej., interpretación, cífica y fobia social, se trataría de un proceso atencional memoria), ya que los sesgos atencionales no se dan de forma automático hacia estímulos amenazantes. También se ha aislada, sino que están interrelacionadas con otros procesos encontrado una evidencia preliminar para este proceso (p. ej., sesgos en el «almacenaje» de información negativa en el caso del trastorno de pánico, trastorno de estrés en la memoria de trabajo, sesgos de recuerdo hacia la infor- postraumático, trastornos psicóticos y trastorno de sin- mación negativa almacenada en la memoria —episódica o tomas somáticos. Este sesgo automático tiene implicaciones en la forma en que se procesa el mundo ya que, ante semántica— a largo plazo). situaciones de peligro o amenaza, la atención se dirige b. Las alteraciones transdiagnóstico El enfoque atencionales transdiagnóstico como proceso selectiva y preferentemente hacia las señales de peligro que están relacionadas con esa amenaza, interfiriendo en Psicopatología ha surgido en la recepción y el procesamiento de otros estímulos no relacionados con ese peligro. con fuerza en los últimos años, y su objetivo es centrarse fundamentalmente en lo que tienen en común los tras- 2. Atención hacia los estímulos internos que constituyen tornos mentales, en lugar de centrarse en lo específico y preocupaciones diferencial (Sandín, 2012). Desde este enfoque, se intenta mente, esto ha recibido en nombre de «atención autofo- relevantes para el individuo. Normal- superar algunos de los problemas que en las últimas déca- calizada», ya que implica una atención excesiva, sosteni- das se han puesto de manifiesto sobre las limitaciones de da en el tiempo y rígida hacia los propios pensamientos, los actuales sistemas de clasificación (p. ej., DSM, o CIE). emociones, recuerdos o estado fisico (Ingram, 1990). Esta Aunque el desarrollo de estos sistemas ha supuesto gran- atención autofocalizada se ha relacionado con un mayor des avances en el campo de la psicopatología y la salud afecto negativo (Mor y Winquist, 2002). Existe evidencia mental en general, lo cierto es que también adolecen de sólida para afirmar que dicho sesgo se encuentra en los muchas debilidades. Unas muy importantes tienen que ver trastornos de ansiedad (i. e., trastorno de pánico, fobia con la elevada comorbilidad entre los distintos trastornos. específica y fobia social) y en la ansiedad por la salud, y 151 Manual de psicopatología. Volumen 1 evidencia moderada para otros trastornos como trastorno de síntomas somáticos, trastorno dismórfico corporal, E. Evaluación de la atención y sus alteraciones trastorno de ansiedad generalizada, insomnio o depreComo hemos visto en los apartados anteriores, la atención sión unipolar. 3. Evitación atencional hacia ciertos estímulos y aten- ción hacia fuentes de seguridad. Este sesgo se ha encontrado de manera sólida en las fobias especificas y en la fobia social. Aunque también se ha encontrado una reducción de la atención hacia expresiones faciales en otros trastornos además de la fobia social, como en depresión o esquizofrenia, que se interpreta como una evitación para la interacción social. El trastorno en el que la mayoría de estudios no han encontrado evitación atencional es el de ansiedad generalizada, que algunos autores han intentado explicar de distintas maneras (p. ej., presencia de un déficit en la atención controlada, uso de la atención a estímulos amenazantes como estrategia de distracción, o incapacidad de encontrar adecuadas es un concepto complejo, cuyo estudio ha ido evolucionando en estas últimas décadas. Además, también hemos visto que la atención no es unitaria, sino que tiene diversas funciones, y podemos describir distintos tipos. En la atención se integran componentes perceptivos, motores y límbicos o motivacionales, y esa complejidad conceptual, neuroanatómica y neurofuncional hace que no esté ligada a una única estructura anatómica, y que tampoco pueda ser explorada solo con un simple test o prueba. Por tanto, y como nos recuerdan Ríos-Lago y Muñoz-Céspedes (2004), es lógico que haya muchas pruebas de evaluación de la atención, y que además esas pruebas no midan lo mismo. Algunas están diseñadas para evaluar componentes atencionales especificos, mientras que otras intentan hacer una evaluación global y heterogénea. Por otro lado, algunas de estas pruebas están basadas fuentes de seguridad). en una teoría cognitiva concreta, mientras que otras surgen También existe otro sesgo que hace referencia a un sesgo auto-protector disminuido que está presente de la práctica clínica, otras de la búsqueda de diferencias en individuales, y otras de la investigación básica en psicolo- depresión. Se trataría de un sesgo en el que el individuo con gía experimental. Por todo ello, las diferencias y variaciones depresión tiene más dificultades para desatender o «desen- entre ellas son importantes, existiendo pruebas de papel y gancharse» de la información negativa y atender a la infor- lápiz, baterías computarizadas y pruebas basadas en tiem- mación positiva. Sin embargo, todavía no existe suficiente po de reacción. Unas son adecuadas para medir diferencias evidencia para afirmar que es un proceso transdiagnóstico a individuales y otras son más adecuadas para medir las dife- todos los trastornos. rencias entre grupos de pacientes. Por último, las investigaciones recientes resaltan que la En el ámbito de la salud mental, en muchas ocasiones la interacción entre los sesgos cognitivos (p. ej., sesgos aten- atención se evalúa mediante la observación directa duran- cionales, sesgos de memoria de trabajo y memoria a largo te la entrevista o la exploración psicopatológica. En este plazo] podría constituir un proceso transdiagnóstico que contexto, el clínico suele valorar la presencia de comporta- está a la base de diversos trastornos emocionales. Así, por mientos que indiquen la presencia de problemas atenciona- ejemplo, las interacciones que se producen entre la infor- les tales como la distraibilidad, dificultades en la atención mación en la memoria de trabajo, los sesgos de interpreta- sostenida, problemas de concentración, etc. En este ámbito, ción, los sesgos de atención y los sesgos en la memoria a uno de los métodos más utilizados para evaluar problemas largo plazo podrían estar presentes en diversos trastornos atencionales, y cognitivos en general, de manera rápida y (Everaert et al., 2020). sencilla es el conocido como Mini-Mental (Mini Mental State La investigación realizada hasta el momento pone de Examination, MMSE). Se trata de una prueba de «screening» manifiesto la relevancia que tienen los problemas atencio- o cribado que, como su nombre indica, permite valorar de nales forma rápida el estado mental de un paciente. No es una como mecanismo transdiagnóstico que está involu- crado en la vulnerabilidad y la ocurrencia de muchos tras- prueba exclusivamente tornos mentales. No es por tanto extraño que también se nitivas en general. Consta de una serie de preguntas que cinco apartados: atencional, sino orientación, de fijación, funciones cog- esté investigando en cómo «tratar» estos problemas, lo que miden redundaría en el desarrollo de estrategias terapéuticas que y cálculo, memoria y lenguaje, y construcción. Otras prue- concentración pudieran ser eficaces y a la vez transversales en su uso para bas rápidas que se suele utilizar son el «test de resta serial» diferentes diagnósticos. Esta línea de investigación es muy de Stuss y Benson, o el subtest de Control Mental (WMS-R) prometedora, y, muy probablemente, en los próximos años de Wechsler, en los que se pide a la persona tareas como presenciaremos desarrollos muy relevantes que nos permi- contar hacia atrás desde el 20, o restar 7 desde el 100 en tirán psicopatoló- una serie descendente al menos cinco veces, o recitar el gicas, y a la vez generar estrategias que puedan ayudar a abecedario. En general, estas pruebas sencillas suelen dar reducirlas o prevenirlas. una valoración rápida del deterioro atencional de la persona. comprender mejor diferentes condiciones * 152 Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia Además de estas pruebas, que se pueden aplicar fácil- James, toda conciencia es personal, es decir, el pensamien- mente en el contexto de la consulta, o incluso en los ser- to siempre pertenece a alguien, se encuentra en cambio vicios hospitalarios o de urgencias, existen otras pruebas continuo más sofisticadas y estandarizadas, que suelen incluirse en solo abarcan algunas de las funciones atribuidas a este con- y fluye sin interrupción. Pero estas precisiones evaluaciones neuropsicológicas más amplias, como el test cepto tan polifacético. Efectivamente, como señala Zeman de Wisconsin, test de Símbolos y Dígitos, el subtest Clave (2006) en su revisión sobre la naturaleza de la conciencia, de Números de las escalas Wechsler, por citar solo algunos. al igual que ocurre con otros constructos psicológicos, la Desde la psicología experimental se han desarrollado una serie de tareas y pruebas para evaluar distintas funcio- investigación sobre la conciencia exige distintos acerca- mientos biológicos, psicológicos, sociales, culturales y filo- nes y tipos de atención, basadas fundamentalmente en la sóficos, medición de tiempo de reacción y tiempo de respuesta. Una su análisis. Pero esta exigencia parece ser particularmente todos ellos interconectados, para poder abordar de las tareas más utilizadas, que también se suele incluir relevante en el caso de la conciencia ya que este concepto, en las evaluaciones neuropsicológicas, es el test de Stroop, por encima de todos los demás, centra nuestra atención en el que las personas deben nombrar el color en el que en dilemas tan clásicos y arraigados en los intentos por están escritas una serie de palabras (que son nombres de comprender la naturaleza humana como son: la distinción colores) tan deprisa como puedan. En general, esta tarea es entre mente y cuerpo, la tensión entre la naturaleza de lo más complicada cuando el nombre del color y la tinta en objetivo vs. subjetivo, el análisis por parte de la ciencia vs. el que está escrito no coinciden (lo que se conoce como la síntesis a través de la experiencia. Esto es lo que hace «interferencia»). Una variante de esta prueba es la conoci- que el estudio de la conciencia sea tan atractivo y difícil. da como «Stroop emocional» (p. ej., Mathews y MacLeod, Este autor ilustra estos dilemas comparando este concepto 1994), en la que se pide que se nombre el color en el que con las dos caras del dios de la mitología romana Jano: así están escritas palabras que se refieren a preocupaciones, la conciencia mira, por un lado, hacia las ciencias del cuer- miedos, etc. Aquí, en general, la persona tarda más tiempo po y el comportamiento humano y, por otro, hacia nuestra en nombrar el color de aquellas palabras que están directa- subjetividad y un antiguo conjunto de creencias sobre lo mente relacionadas con sus preocupaciones (p. ej., «muer- que constituye el yo, la voluntad y la identidad personal. te» o «sangre» frente a «mesa» o «sartén» en el caso del Así pues, el concepto de trastorno de estrés postraumático). Existen muchas otras tareas que evalúan la atención, midiendo el tiempo en que intrincado en nuestra historia las de abordar su estudio. personas tardan en responder a distintos estímulos, conciencia cultural está y estrechamente tradición intelec- tual, influencias que subyacen en todos nosotros a la hora como la prueba de detección de puntos, la tarea de flancos, Queda fuera del objetivo de este capítulo un análisis las tareas de búsqueda visual, etc. Actualmente, además, existen métodos muy sofisticados para evaluar la atención visual, utilizando aparatos como el eye tracker que permi- exhaustivo de las distintas tradiciones asociadas al estudio de la conciencia y de sus alteraciones por lo que, en te medir dónde fija la atención visual la persona y durante el cuánto tiempo. en aquellos atributos o funciones asignadas a la conciencia siguiente apartado, nos centraremos exclusivamente más relevantes en el ámbito de la psicopatología. Como vemos, el campo de la evaluación atencional es tan amplio y complejo como el propio ámbito de la atención. Como decíamos al principio, la atención ejerce un papel fun- A. Precisiones conceptuales damental en el funcionamiento cognitivo y emocional, pero no es en absoluto un constructo unitario, y para abordarlo es Una distinción clásica y relevante en el estudio de las altera- necesario tener en cuenta esa complejidad. Además, está en nes que el significado de este término tiene en el lenguaje ciones de la conciencia hace referencia a dos de las acepcio- estrecha relación con otro constructo también complicado, coloquial, nos referimos a los términos vigilia y conciencia. la conciencia, y a ella dedicamos la siguiente sección de este La vigilia es un estado de consciencia, que se distingue de capítulo. otros estados como el sueño y el coma. Entre estos estados existen grados, por ejemplo, podemos estar muy des- III. Conciencia piertos o medio despiertos, así como podemos estar ligera o profundamente anestesiados. Normalmente confiamos en Para William James (1890), la conciencia podía ser descri- nuestra capacidad como científicos para juzgar el estado de ta como un río de pensamientos encadenados, pero tan consciencia de un individuo —en este primer sentido— con imposible de atrapar como una gota de nieve que al coger- la ayuda de criterios objetivos. Por ejemplo, tener los ojos la se derrite. Hacer introspección, mirar dentro de noso- abiertos o conservar la capacidad para mantener una conver- tros, sería como encender luz para ver la oscuridad. Según sación son considerados una indicación del estado de vigilia. 153 Manual de psicopatología. Volumen 1 Por otro lado, generalmente asumimos que cualquiera Por un lado, es obvio que la capacidad para distinguir que esté despierto también será consciente, es decir, no entre el «yo» y lo que está fuera de nosotros es biológica- solo está consciente, sino que es consciente de algo. Los mente crucial. Como señala este autor, hay muchas acti- criterios objetivos siguen siendo útiles para determinar la vidades que necesitamos dirigir hacia otros objetos en el presencia de la conciencia en este segundo sentido, por mundo como, por ejemplo, comerlos, lo que dirigido hacia ejemplo, cualquiera que pueda obedecer las instrucciones nosotros mismos, en este caso concreto, sería desastroso. que se le dan, o decir la fecha del día en que está, presu- Pero la «autoconciencia» implica más que la capacidad de miblemente está consciente. Pero esta segunda acepción comportarse de manera diferente hacia uno mismo y hacia tiene una connotación mucho más subjetiva que el primer los demás: requiere una representación de uno mismo y del sentido ya que, como todos sabemos, a menudo es dificil otro. estar seguro de lo que pasa por la mente de otro en base Por otro lado, la autoconciencia hace referencia a la a su comportamiento. Así pues, aquí se estaría haciendo capacidad de «auto-detectarse». Esta característica incluye referencia a los contenidos de la conciencia. Estos conteni- la conciencia de los estímulos que inciden directamente en dos han sido objeto de numerosos debates (Zeman, 2001, el cuerpo (p. ej., el calor del sol en mi cara); de la informa- 2003). Actualmente, existe un consenso sobre las siguientes ción propioceptiva sobre la posición corporal que contribuye propiedades: los contenidos de la conciencia son relativa- sustancialmente a nuestra imagen corporal; de la informa- mente tiempo ción sobre las acciones que estamos a punto de realizar o (unos escasos cientos de milisegundos), pero cambiantes a estables durante períodos muy breves de que estamos realizando, dando lugar a un sentido de agen- lo largo de períodos de tiempo más extensos; se focalizan cia o cualidad personal de nuestros actos; de información en determinados aspectos en un momento dado, pero a sobre el estado corporal (hambre, sed, etc.), y de emociones, través del tiempo nuestra conciencia puede abarcar todo como el miedo o el cariño, que señalan el estado de nuestra el permi- relación con los objetos y con las personas que nos rodean, tiéndonos ser conscientes de las sensaciones, percepciones, y sin las cuales podemos perder el sentido de nuestra propia pensamientos, memorias, emociones, deseos e intenciones realidad o la del mundo, como sucede en la despersonali­ (de hecho nuestra conciencia combina a menudo elementos zación de varios de estos dominios psicológicos]; nuestra concien- hace referencia a la conciencia de sí mismo como proceso cia es personal, permitiéndonos una perspectiva distintiva de control de orden superior que abarca más claramente las espectro de nuestras capacidades psicológicas, y en la desrealización. Una tercera característica y limitada del mundo y es fundamental para el valor que capacidades cognitivas. Incluye, entre otras, la capacidad de damos a nuestras vidas, puesto que mantener a las per- recordar sonas vivas una vez que su capacidad de conciencia se ha y nuestra capacidad de poder predecir nuestras posibilida- extinguido des de éxito en tareas que desafían nuestra percepción o permanentemente, se considera un esfuerzo estéril (Jennett, 2005). las acciones que hemos realizado recientemente memoria. No obstante, las relaciones entre vigilia, conciencia y sus Además, la conciencia de sí mismo implica autoreconoci- indicios comportamentales son más complejas de lo que miento que alude a nuestra capacidad para reconocer nues- parece a primera vista. Por regla general, mientras estamos tros cuerpos como propios, por ejemplo, en los espejos. Los despiertos somos conscientes. Pero los fenómenos de la vigi- niños desarrollan esta habilidad alrededor de los 18 meses. lia y la conciencia no siempre van en paralelo. Por ejemplo, el Entre los 18 meses y alrededor de los cinco años, los niños estado vegetativo, que es el resultado de un profundo daño dan otro gran paso intelectual: llegan a apreciar que, además en los hemisferios cerebrales y en el tálamo con una relativa de ser objetos que pueden ser inspeccionados en los espejos, preservación del tronco cerebral, es un estado de vigilia sin también son sujetos de experiencia (poseen, en otras pala- conciencia. Por el contrario, cuando soñamos, estamos dor- bras, no solo cuerpos, sino también mentes). La conciencia midos pero conscientes. de nosotros mismos como sujetos de la experiencia abre un Otro aspecto fundamental de la conciencia que resul- mundo de nuevas posibilidades para comprender nuestro ta extremadamente relevante en el estudio de sus altera- propio comportamiento y el de los demás en términos de ciones es el que hace referencia a los conceptos de con- deseos y creencias (Frith y Frith, 1999). Esta habilidad se ha ciencia descrito como la adquisición de una «teoría de la mente» y de sí mismo o autoconciencia. Estos conceptos son peculiarmente complejos, ya que combinan otros tres: constituye otra de las características fundamentales de la «yo», «consciencia» y «conciencia», siendo cada uno de los autoconciencia. cuales multifacético (Berrios y Markova, 2003). Siguiendo el Por último, el concepto de autoconciencia hace referen- planteamiento de Zeman (2006), intentaremos deslindar las cia a nuestro autoconocimiento en su sentido más amplio: principales características que engloban la conciencia de sí el conocimiento de uno mismo como el protagonista de mismo (o autoconciencia). una narrativa * 154 personal, profundamente condicionado por Capitulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia las propias circunstancias y nuestro trasfondo cultural. La Todo ello va a dificultar, como veremos en un apartado pos- capacidad de revivir nuestro pasado en una forma de «viaje terior, su exploración. mental en el tiempo» constituye la «conciencia autonoética» que Tulving (1985) identificó como un logro intelectual distintivamente humano. En los apartados que siguen, intentaremos revisar algu- a. Alteraciones cuantitativas vs. cualitativas de la conciencia Tradicionalmente las alteraciones de la conciencia se han nas de las alteraciones de la conciencia que implican un clasificado en alteraciones cuantitativas y alteraciones cuali- deterioro en algunas de las características o funciones de la tativas (p. ej., Palao, 2008; Perpiñá y Baños, 2019). Las prime- conciencia que hemos comentado. ras se centran en la descripción de los estados alterados de B. Alteraciones de la conciencia de conciencia normal o estado de vigilia. En las segundas, Como señalan Gastó y Penadés (2015) el concepto de con- los niveles de consciencia o vigilia, este se acompaña de una consciencia en función del grado de disminución del nivel aunque también se van a caracterizar por un descenso en ciencia y la clasificación de sus alteraciones han estado sujetos a una modificación creciente en los últimos años debido, fundamentalmente, a los hallazgos provenientes del ámbito alteración global de las funciones cognitivas (pudiendo estar presentes, delirios, alucinaciones, etc.), y/o de una restricción del campo de la conciencia. de investigación de las neurociencias. Dichos hallazgos han permitido describir con bastante precisión los correlatos neuronales asociados a la conciencia del yo (autoconciencia o conciencia representacional) y de la conciencia del propio cuerpo y de su relación con otros agentes (conciencia hetero-representacional). • Alteraciones cuantitativas de la conciencia Como hemos señalado, estas alteraciones hacen referencia a diversas patologías derivadas de un descenso en el nivel de vigilia. Antes de pasar a ellas, es importante tener en cuenta que no hay un consenso generalizado sobre la terminología Este hecho ha conllevado que la terminología clásica más apropiada para describir los distintos niveles de esta- utilizada en la psicopatología descriptiva para delimitar las dos disminuidos de la consciencia. Por lo que el/la lector/a alteraciones de la conciencia haya desaparecido casi por debe tener presente que, en los manuales al uso, puede completo de los tratados de psiquiatría actuales omitiéndo- encontrarse con clasificaciones diferentes de estos estados se, de hecho, en muchos de ellos un capítulo dedicado a la donde, a veces, se utiliza un mismo término para describir psicopatología de la conciencia. alteraciones del nivel de consciencia diferentes. Hecha esta Si bien es cierto que, como ocurre en las alteraciones en aclaración, nosotras seguiremos el esquema de clasificación otros procesos psicológicos, la terminología tradicionalmen­ propuesto por algunos de ellos (Palao, 2008; Perpiñá y Baños, te utilizada para describir las alteraciones de la conciencia 2019) para revisar los estados alterados que se deben a una se ha caracterizado por una falta de precisión conceptual e, disminución del nivel de consciencia, en un orden de menor incluso, por la utilización de un mismo término para describir a mayor intensidad: alteraciones diferentes (véanse, p. ej., las distintas acepcio- Obnubilación: describe el primer estadio de disminución nes del término «obnubilación»], en nuestra opinión, sigue del nivel de consciencia, caracterizándose por una dificultad proporcionando información clínicamente relevante para los para mantener el estado de alerta necesario para responder profesionales de la salud mental, por lo que la revisaremos adecuadamente a los estímulos del contexto, de tal mane- en este apartado añadiendo, en algunos casos, la clasifica- ra que se requieren estímulos externos de cierta intensidad ción alternativa planteada desde la investigación neuropsi- para hacerse conscientes. Esta alteración se acompaña de cológica. un cierto nivel de deterioro de otros procesos psicológicos considerarse como la atención, la percepción, el pensamiento y la memo- como un proceso psicológico de orden superior incluyéndo- Como hemos visto, la conciencia puede ria, además de la conciencia limitada al entorno, si bien no se, entre sus funciones, las de control ejecutivo del pensa- se pierde por completo la capacidad de reconocimiento. De miento y la acción. Por ello, las alteraciones de la conciencia este modo, el paciente puede entender y ejecutar lentamen- van a conllevar, en menor o mayor medida dependiendo de te órdenes sencillas (p. ej., sacar la lengua o dar la mano]. su gravedad, una alteración del resto de procesos psicológi- Puede estar asociada a somnolencia y a respuestas de irri- cos como la atención, la percepción, la memoria, el pensa- tación o agitación generalmente en respuesta a los inten- miento, el área motora, el área afectiva, etc. Hay que tener tos de estimulación llevados a cabo con el objetivo de que en cuenta, además, que cuando una persona presenta un la persona recupere el nivel de vigilia normal (Palao, 2008). estado alterado de conciencia va a resultarle dificil describir- Esta alteración puede estar presente en muchas enferme- lo ya que es necesario un nivel determinado de conciencia dades degenerativas y traumáticas, asi como en una amplia para poder describir o expresar lo que le está ocurriendo. variedad de condiciones orgánicas, como intoxicación por 155 Manual de psicopatología. Volumen 1 drogas y alcohol, meningitis, etc. También puede ocurrir acepción más amplia, a todos aquellos estados caracteriza- en diversos trastornos mentales, como la esquizofrenia, la dos por mutismo, reducción de la actividad motora y fluc- depresión, etc.1 tuación de la conciencia (Berrios, 1983). Los diferentes tipos suelen y características del estupor psiquiátrico serán revisados en utilizarse para describir un estado de disminución de la el apartado dedicado a las alteraciones cualitativas de la con- consciencia más persistente, en donde el paciente se queda dormido en cuanto se reduce la estimulación sensorial. Se ciencia. caracteriza por una disminución de la actividad psicomotora y de la capacidad para reaccionar a los estímulos externos, global de la conciencia en la que resulta imposible despertar al paciente a pesar de una estimulación intensa. Se trata, que deben ser más intensos para provocar una reacción en por tanto, de una alteración que se caracteriza por la pérdi- el paciente. Los reflejos están conservados, aunque dismi- da de consciencia, de sensibilidad y de motilidad voluntaria, Somnolencia, letargia o sopor: estos términos Coma: describe una forma prolongada de suspensión nuidos, al igual que el tono muscular, mostrando escasos desapareciendo incluso el funcionamiento reflejo, y en el que movimientos espontáneos. Si es capaz de hablar, sus res- se conservan solo las funciones vegetativas. Se suelen des- puestas suelen mostrar deficiencias articulatorias. Por estas razones, entrevistar al paciente en este estadio resulta dificil. cribir cuatro estadios de coma que se diferencian por signos neurológicos y cambios en el electroencefalograma. Las cau- Es importante, señalar que debe diferenciarse entre la som- sas que pueden provocarlo son múltiples y el tratamiento, nolencia normal que se produce antes de iniciar el sueño y lógicamente, está en función de ellas. Los tipos de coma más aquella originada por factores patológicos. frecuentemente descritos son: los tóxicos (i. e., producidos Estos estados disminuidos de consciencia pueden ser el resultado de una amplia variedad de causas: infecciones, por intoxicaciones etílicas, barbitúricos y otras drogas); los metabólicos (hipoglucémico, hepático, urémico, etc.); y los trastornos metabólicos, estados tóxicos, epilepsia, trastornos cerebrales (resultado de accidentes cerebrovasculares, trau- cerebrovasculares, daño cerebral, etc. matismos, tumores, etc.) Estupor: en neurología este término se ha utilizado tra­ dicionalmente para describir un estado más intenso y profundo de la alteración del nivel de consciencia en el que el paciente permanece inmóvil, dormido y donde solo es capaz de alcanzar un ligero y transitorio estado de vigilia mediante ) Alteraciones cuantitativas de la conciencia. Pato- logías derivadas de un descenso en el nivel de vigilia o consciencia. estímulos muy potentes (p. ej., ante estímulos dolorosos de gran intensidad]. Por tanto, no son capaces de emitir ningu- Antes de finalizar este apartado, dedicado a las alteracio- na conducta intencional y las ocasionales respuestas verba- nes cuantitativas de la conciencia, nos gustaría revisar muy les son incoherentes o ininteligibles. En este estado, es impo- brevemente la clasificación utilizada para estas alteraciones sible explorar el contenido del pensamiento. Puede haber en los estudios provenientes del ámbito de las neurociencias. actividad motora estereotipada, movimientos temblorosos y Si bien es cierto que este no es un manual de neuropsicología, nos parece conveniente que el lector esté al menos reflejos positivos de presión y succión. Se suele considerar este estado el antecedente inmediato del estado de coma (precoma o semicoma). familiarizado con esta perspectiva. En este ámbito de investi- Tradicionalmente, se ha distinguido entre el estupor de gación, y en función del grado de conectividad cerebral y de variables biológicas, se suelen distinguir los siguientes niveles origen neurológico y el estupor de origen psiquiátrico (Gastó de alteraciones de la consciencia: (i) estado de consciencia y Penadés, 2015; Palao, 2008) refiriéndose este último, en su mínima que se caracteriza por la presencia de cierta evidencia de consciencia de sí mismo o del entorno, conservando fragmentos de interacción significativa con el medio ambien- i Es importante señalar que no todos los autores consideran que la obnubilación sea el primer estadio de disminución del estado de conciencia. Por ejemplo. Gastó y Penadés, (2015) utilizan este término para describir una alteración más grave de la conciencia, donde es dificil extraer al paciente de su estado. Esto solo se consigue a través de estimulación repetida e intensa mostrándose el paciente, en estos casos, confuso y desorientado tanto a nivel espacial como temporal. Así mismo, presentan una distraibilidad permanente, distorsiones tanto auditivas como visuales, y todas las funciones cognitivas se encuentran seriamente alteradas, aunque la persona mantenga cierta cooperación durante la exploración psicopatológica]. te. Por ejemplo, en este estado la persona puede establecer contacto visual, agarrar objetos con un propósito, o responder a las órdenes o instrucciones de manera estereotipada; (ii] estado vegetativo que implica la ausencia de reactividad y consciencia de sí mismos y del entorno, por lo que no pueden interactuar con otras personas. Las respuestas intencionales a los estímulos externos están ausentes, al igual que la comprensión y la expresión del lenguaje. Pueden tener reflejos complejos, que incluyen movimientos oculares erráticos, bostezos y movimientos involuntarios a los estímulos nocivos; (iii) coma: también denominado en ocasiones esta­ * 156 Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia do vegetativo persistente, constituye un estado de incons- Por último, también son frecuentes las alteraciones emocio- ciencia funciones nales, como temor, ansiedad, depresión, irritabilidad, enfado, cerebrales superiores, mientras que otras funciones vitales euforia o apatía, y suele haber cambios rápidos e imprede- clave como la respiración y la circulación sanguínea siguen cibles de un estado emocional a otro. El delirium tiene un relativamente intactas; (iv] muerte cerebral: que implica la pérdida de la función de la totalidad del cerebro y del tronco comienzo agudo, habitualmente en unas horas o pocos días, y tiende a fluctuar a lo largo del día ya que, como hemos encefálico que conduce a coma, ausencia de respiraciones señalado, suele empeorar por las tardes y noches, cuando se espontáneas y pérdida de todos los reflejos del tronco ence- reducen los estímulos externos que sirven para orientarse. fálico. Pueden permanecer los reflejos medulares, que inclu- Este síndrome puede tener su origen en diversas condiciones profunda donde el paciente pierde las yen los osteotendinosos, de flexión plantar y de retirada. No orgánicas, p. ej., intoxicaciones y/o abstinencia de sustancias hay recuperación de este estado. (p. ej., alcohol, opiáceos, anfetaminas, etc.), traumatismos cerebrales, enfermedades metabólicas, • Alteraciones cualitativas de la conciencia síndromes orgánicos cerebrales, etc. Como señalamos anteriormente, en este apartado revisare- Antes de finalizar la revisión de este cuadro clínico nos mos aquellas alteraciones de conciencia que conllevan, ade- gustaría mencionar que, aunque en algunos manuales de más de un nivel disminuido de consciencia, una alteración referencia global de las funciones cognitivas y/o de una restricción del como síndrome confusional agudo, sociedades como la Aca- campo de la conciencia. Dentro de ellas, nos centraremos demia Americana de Neurología no recomiendan la utiliza- fundamentalmente en el delirium, dada su prevalencia en ción de este término como sinónimo de delirium. diferentes condiciones médicas o asociadas a abuso y/o abs- se suele denominar también a este síndrome Estupor: como hemos comentado en el apartado ante- tinencia de sustancias, y por la variedad de síntomas psico- rior, patológicos que conlleva. estado de estupor como un síntoma que se caracteriza, en hay trastornos mentales donde puede aparecer el Delirium: tal y como se describe en el DSM-5 (APA, 2013) estos casos, por el mutismo, la inmovilidad, falta de reacción la característica esencial de este trastorno es una alteración a los estímulos ambientales y las fluctuaciones en el nivel de la atención y de la conciencia que se acompaña de un de conciencia. En esta alteración, y a diferencia del estu- cambio en el funcionamiento de los procesos cognitivos y por neurológico, la reactividad sensorial y los reflejos están que difiere, significativamente, del estado basal de la perso- conservados y los EEG son normales (Berrios, 1983). El estu- na. Las alteraciones de la atención se ponen de manifiesto por es uno de los síntomas incluidos dentro de la catatonía, por una disminución marcada de la capacidad para dirigir, considerada actualmente como un especificador que puede centrar, mantener o desviar la atención. El paciente se dis- aparecer, trae fácilmente por estímulos irrelevantes por lo que, a la tro de la esquizofrenia y en los trastornos emocionales, en fundamentalmente, en los trastornos del espec- hora de realizar la exploración, las preguntas deben ser bre- concreto, en el trastorno depresivo mayor y en el trastorno ves y orientarles con frases sencillas. En ocasiones las res- bipolar I. El estupor que puede presentarse en los trastornos puestas del paciente tienden a la perseveración, i. e., a res- psicóticos se suele caracterizar por la presencia de variacio- ponder una y otra vez a una pregunta que se le ha solicitado nes bruscas del tono muscular, movimientos bizarros (p. ej., anteriormente, en lugar de responder a la última pregunta. mueca de hocico, movimientos estereotipados en las muñe- Por otro lado, la alteración de la conciencia se manifiesta cas), adopción de posturas extrañas (p. ej., catalepsia, flexi- por una disminución de la capacidad de orientación en rela- bilidad cérea) y ausencia de expresión facial. Estos síntomas ción con el entorno e incluso, en ocasiones, presentan una no suelen aparecer en el estupor depresivo en el que la per- desorientación respecto a sí mismos. Junto a estas altera- sona presenta una expresión facial de tristeza. Por último, el ciones también deben estar presentes deterioros, al menos, estupor también puede darse en el trastorno de conversión, en una función cognitiva adicional: (i) la percepción, donde tradicionalmente predominan las distorsiones o alucinaciones visuales, aunque algunos autores (p. ej.. Gastó y Penadés, 2015) lo consideran también pueden darse en otras modalidades sensoriales y más como un estado de mutismo asociado a obnubilación. oscilar, entre experiencias simples a altamente complejas; Estados conocido crepusculares: como este estupor término histérico, se aunque reserva para (ii) la memoria, especialmente la memoria reciente; (iii) el las alteraciones de conciencia que pueden aparecer como lenguaje y pensamiento, como pensamiento desorganizado, lenguaje irrelevante o incoherente; 0 una alteración en el consecuencia de la epilepsia, generalmente, en aquellos ataques epilépticos producidos por crisis en el lóbulo temporal. área psicomotora (p. ej., agitación). Así mismo, el delirium Como señalan distintos autores (p. ej., Palao, 2008; Perpiñá frecuentemente se asocia a alteraciones del ciclo vigilia-sue- y Baños, 2019), suele ser un estado transitorio, de duración ño que pueden incluir: excesiva somnolencia diurna, vigilia y variable (desde pocas horas hasta días) que tiene un comien- agitación nocturna, dificultades para conciliar el sueño, etc. zo y un final súbito, derivando en muchas ocasiones en el 157 Manual de psicopatología. Volumen 1 sueño. Durante estos estados se produciría una ruptura de ción». Es decir, la conciencia se caracteriza por la represen- la continuidad de la conciencia y una restricción del con- tación del yo, esto es, por proporcionar una visión del mun- tenido do, de esta, focalizándose exclusivamente en determi- nadas vivencias internas —en ocasiones acompañadas de por generar percepciones, pensamientos, emociones, acciones, etc., desde un lugar y un momento, ubicado en alucinaciones o delirios—. La persona, durante este estado, un marco de referencia egocéntrico. Es el yo quien siente, presenta una importante obnubilación de conciencia, asocia- recuerda, ve y planifica. Dicho de otro modo, es el yo quien da a una disminución o ausencia de la atención prestada determina a qué atendemos, es el producto de nuestras al entorno, desorientación y confusión en el curso del pen- experiencias almacenadas, y el que origina nuestras reaccio- samiento. Los automatismos, es decir, las acciones motoras nes emocionales. Por tanto, no se puede entender la concien- involuntarias que poseen cierto grado de coordinación, y las cia sin la representación del yo. En este sentido, Reed (1988) conductas impulsivas carentes también de carácter volunta- señala que la experiencia del propio yo subyace, determina rio son característicos de esta alteración. En algunas oca- e impregna todas las demás experiencias, estando involu- siones, esto puede dar lugar a actos violentos o explosiones crado en la totalidad de actividades y procesos cognitivos emocionales impredecibles, aunque en otras ocasiones el actuando como selector, integrador y sintetizador. Así pues, comportamiento que la persona muestra puede ser consi- la conciencia de sí mismo es una experiencia fundamental derado por un observador externo como normal. De este para comprender la totalidad del funcionamiento psicológico modo, la persona puede, por ejemplo, deambular sin rumbo de la persona y, por este motivo, las alteraciones en esta fijo durante horas. Este tipo de comportamientos se conocen experiencia pueden implicar serias alteraciones en otras fun- con ciones psicológicas. distintos nombres como fuga epiléptica, poriomania, dromomanio o dromofilia y es importante diferenciarlos de la fuga disociativa que puede acompañar al trastorno de amnesia disociativa. Estados oniroides: son estados alterados de conciencia donde el sujeto experimenta con una elevada claridad y vividez ilusiones o alucinaciones —generalmente de naturaleza escénica y multimodal— que, dependiendo de su contenido, pueden provocar reacciones emocionales de intenso terror 0, por el contrario, de alegría o diversión, así como respuestas motoras consistentes con el contenido emocional (p. ej., agitación o estados de acinesia). La persona se encuentra sumido en estas experiencias, aunque mediante estímulos muy intensos (p. ej., hablándoles enérgicamente] se le puede sacar transitoriamente de ese estado, presentando entonces perplejidad y desorientación, pero no amnesia respecto a lo En las últimas décadas, se ha reavivado el interés por el estudio la conciencia o la experiencia del sí mismo y sus distintas alteraciones, especialmente en el contexto de trastornos mentales graves, como la esquizofrenia. Jaspers (1913) ya señaló que, en el ámbito de la psicopatología, hay cuatro aspectos relevantes de la experiencia del sí mismo: la conciencia de los límites del yo; la conciencia del sí mismo y de su propia actividad; la conciencia de la unidad del sí mismo, y la continuidad de la propia identidad a lo largo del tiempo. Partiendo de esta clasificación, Reed (1988) agrupa las experiencias anómalas del sí mismo en cuatro niveles de alteración, en un orden descendente de gravedad o niveles de desintegración: 1. Anomalías en la experiencia del sí mismo como distin- vivenciado (Perpiñá y Baños, 2019). Estos estados pueden to del mundo exterior o confusión de los límites del yo: aparecer en distintas condiciones como las fases agudas de implicaría una anomalía en el nivel más básico o primario la esquizofrenia, en la epilepsia, en cuadros de intoxicación por sustancias y/o medicamentos, en algunos trastornos del rimentarse a uno mismo como una entidad diferenciada sueño, pero también en situaciones de fatiga extrema. o distinta del entorno. de la experiencia del yo, esto es, la capacidad para expe- 2. Anomalías de la experiencia del sí mismo como agente de sus propias acciones o pérdida de atribución perso- 7 Alteraciones cualitativas de la conciencia. Alteracio- nal: en este caso la persona pierde la capacidad de reco- nes en las que, además de un descenso en los niveles de consciencia 0 vigilia, este se acompaña de una alteración nocer el origen personal de sus ideas y/o actividades. En global de las funciones cognitivas (pudiendo estar presen- nos de sus pensamientos, sentimientos, acciones, etc., a tes, delirios, alucinaciones, etc.) y/o de una restricción del campo de la conciencia. agentes externos a sí mismo. este tipo de experiencias, la persona puede atribuir algu- 3. Anomalías en la experiencia de la unidad del sí mismo o deterioro en la unidad del yo: en estos casos la persona puede experimentar una sensación de separación o esci- b. Alteraciones de la conciencia del sí mismo Como ya nos recordaba William James (1890), no existe el pensamiento sin más, sino «mi pensamiento» o «mi emo­ 158 sión de su propio yo. 4. Anomalías en la forma de experimentar la realidad del sí mismo y/o del entorno: en las que la persona Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia puede experimentar una sensación subjetiva de cambio precipita dentro de su cabeza), o incluso experimentar que y/o extrañeza respecto a sí mismo y/o al entorno que le él mismo ha dejado de existir y sentirse como algo abstracto rodea. fusionado con su entorno. En estos casos, también suele darse una utilización inadecuada de los pronombres personales y de los adjetivos posesivos, describiéndose el paciente a sí ) Alteraciones de la conciencia del sí mismo. Experien- mismo en tercera persona (p. ej., cuando al preguntarle a cias anómalas en cuanto al selfo al uno mismo, que pueden un paciente cómo se siente, nos responde: «él está flotando, variar a lo largo de cuatro dimensiones: la conciencia de existiendo dentro de todas las cosas»). los límites del yo; la conciencia de uno mismo como agente de sus propias acciones; la conciencia de la unidad del sí Como señala Reed (1988) las experiencias descritas sugieren que, en todas ellas, se produce un deterioro en el mismo; y la conciencia de la realidad del sí mismo y del auto-concepto, un fracaso a la hora de mantener la diferen- entorno. ciación entre el sí mismo y lo que está fuera de él, de tal manera que la persona ya no puede ser consciente de que es A continuación, pasaremos a revisar brevemente las una entidad individual separada del entorno. Esta experiencia se conoce como confusión de los límites del yo. características fundamentales de estas experiencias anómalas y describiremos las diferentes situaciones o condiciones donde pueden observarse. Es importante recordar aquí que son experiencias anómalas y, por tanto, no siempre constituyen experiencias patológicas. Como en el resto de alteraciones recogidas en este volumen, serán las variables relacionadas con el contexto y con la vivencia e interpretación que el sujeto haga de las mismas las que determinen su naturaleza cia, en intoxicaciones por alcohol y drogas (fundamental­ mente las denominadas psicodélicas] y en cuadros esquizofrénicos. No obstante, en estos últimos, la confusión de los límites del yo no cursa con niveles alterados de consciencia, i. e., el paciente se encuentra en un estado de vigilia normal, considerando algunos clínicos que juega un papel relevan- psicopatológica o no. 1. Estas alteraciones pueden encontrarse en trastornos con base orgánica que impliquen estados alterados de concien- te la esquizofrenia (Reed, 1988). No obstante, y como este mismo autor señala, la confusión de los límites del yo no La confusión de los limites delyo Como hemos visto, una de las experiencias más fundamentales en el desarrollo de la conciencia de sí mismo es la capacidad para establecer límites claros entre el propio cuerpo y lo que está fuera de él. Este conocimiento se basa en el vinculo entre la información de los exteroceptores y los propioceptores, un vínculo que se aprende en las primeras etapas de la vida y que debe mantenerse a lo largo de ella (Casey y Kelly, 2008). Efectivamente, figuras tan representativas de la psico- constituye una experiencia patológica per se, ya que podemos encontrar experiencias fenomenológicamente similares en contextos religiosos propios de diferentes culturas, como por ejemplo, el estado de nirvana, las experiencias místicas, o en los niveles elevados de meditación contemplativa. En todos ellos, la persona se esfuerza y busca activamente esta experiencia que es considerada en esos contextos culturales como signo o testimonio de espiritualidad, virtud, o autodisciplina. Por el contrario, cuando se experimenta de forma logía evolutiva como Piaget (1926] ya señalaron que, en los espontánea e involuntaria en condiciones como trastornos inicios del desarrollo, el niño es incapaz de diferenciarse a sí psicóticos, epilepsia o estados tóxicos, la persona general- mismo como una unidad, describiendo este fenómeno como mente lo percibe como algo extraño y amenazador y reaccio- indiferenciación. El niño debe aprender a distinguir entre sus na a la misma con confusión y temor. Por tanto, la experien- propias sensaciones y los correlatos externos de las mismas, cia subjetiva de este fenómeno viene determinada, como en entre sus acontecimientos internos y los externos (proceso la mayoría de las experiencias anómalas, por el contexto y el conocido en el psicoanálisis como identificación primaria]. significado que le otorgue la persona. Sin embargo, en algunos trastornos mentales, los pacientes describen experiencias que hacen pensar que han per- 2. La pérdida de atribución personal dido esa capacidad para identificarse a sí mismos como una Las experiencias incluidas en este apartado presuponen que entidad la persona mantiene intacta su capacidad para diferenciar distinta esquizofrenia del pueden entorno. Así, algunos pacientes experimentar sucesos que con ocurren entre ella misma y el entorno. No obstante, presenta una a su alrededor como si estuvieran sucediéndole a él (p. ej., alteración de la conciencia del sí mismo al no poder recono- cuando ve cómo están sacudiendo las sábanas de una cama, cer como propios sus pensamientos, impulsos, sentimientos se queja de por qué le están sacudiendo a él), o que los obje- o acciones. Por ejemplo, algunos pacientes psicóticos pue- tos y personas que se encuentran a su alrededor están den- den creer que sus pensamientos o sus actos no son realmen- tro de él (p. ej., cuando ve otras personas moviéndose en te suyos, sino que estál i bajo el control de un agente externo la misma sala donde se encuentra, manifiesta que todo se a ellos. En otros casos, pueden creer que sus pensamientos 159 Manual de psicopatología. Volumen 1 o sentimientos son captados, O incluso, robados por otros. Brevemente, el concepto de disociación haría referencia a la Todas estas experiencias tienen en común la pérdida de atri- separación estructurada de los contenidos o procesos men- bución personal, es decir, la falta de conciencia acerca de la tales que normalmente se experimentan como integrados, o cualidad personal de los propios pensamientos, sentimientos serían o acciones. percepciones, procesados conjuntamente emociones, (como conación, los memoria pensamientos, e identidad) Cuando esta alteración de la conciencia de sí mismo se (Spiegel y Cardeña, 1991). Las reacciones disociativas no son circunscribe a la ausencia de reconocimiento de los pen- necesariamente patológicas sino que, por el contrario, cum- samientos como propios, asociada a la convicción de que plen una importante función adaptativa ya que, ante situa- estos están bajo la influencia de algún ente o agente ajeno al ciones de peligro inminente, constituyen uno de los procesos sujeto, nos hallamos ante un grupo específico de contenidos esenciales para la supervivencia del organismo, junto con las delirantes: los delirios de control o de pasividad, que fueron reacciones de ataque y/o huida. Como todas las experien- considerados por Kurt Schneider (1941) como síntomas de cias anómalas solo se considerarán patológicas cuando se primer rango de esquizofrenia. Se trata de los siguientes: lec- experimentan de forma crónica, y generan sufrimiento y/o tura o irradiación del pensamiento, inserción o alienación del deterioro significativo en el funcionamiento de la persona. pensamiento, difusión o transmisión del pensamiento, y robo A continuación, describiremos brevemente algunas de ellas. o privación del pensamiento (véase Capítulo 8, Psicopatolo3. Deterioro en la unidad elyo gía del pensamiento, para una descripción detallada). no solo engloba la ausencia de consciencia de la cualidad Dentro de este apartado se incluyen dos ejemplos de experiencias disociativas: la disociación de afecto y la escisión del yo. personal de los pensamientos, sino también de los senti- Disociación de afecto: en muchas ocasiones cuando la mientos, impulsos y acciones de la persona. En todos estos persona se enfrenta a una situación de peligro que percibe No hay que olvidar que la pérdida de atribución personal casos, Reed (1988) distingue entre experiencias de pasivi- como una amenaza a su integridad física o psicológica, es dad cuando el paciente atribuye todas estas experiencias a frecuente que experimente una sensación de desapego emo- una fuente externa sin saber especificar su origen concreto, cional, es decir, una sensación de calma embotada, antinatu- y delirios de pasividad cuando el paciente da explicaciones ral (en el sentido de que lo habitual sería verse desbordado delirantes detalladas sobre el agente externo responsable de por emociones intensas dadas las implicaciones amenazan- estas experiencias. No obstante, cabe señalar que los siste- tes de la situación). Tal y como expresa muy gráficamente mas de clasificación al uso de los trastornos mentales (p. Reed (1988), es como si la persona levantara un muro para ej., DSM-5) engloban todas estas experiencias dentro de la separarse de sus reacciones emocionales, de tal manera que denominación de delirios de control. no es consciente de ellas. Esta reacción es un mecanismo de Por otro lado, y al igual que en las experiencias de confu- defensa biológica ya que permite a la persona hacer frente sión de los límites del yo, Reed (1988] destaca cómo la expe- a la situación, sin verse sobrepasado por reacciones emocio- riencia fenomenológica de la pérdida de atribución personal nales intensas que posiblemente le impedirían actuar de for- puede darse en contextos donde, lejos de ser considerada ma coordinada. Tras la finalización de la situación de peligro, como algo patológico, es vivenciada como algo normal e normalmente incluso deseable. Sirvan, como ejemplos, las experiencias de emocional, inundándole de lleno la consciencia emocional de revelación divina presente en distintas religiones o las creen- la situación que ha vivido con las secuelas psicológicas que, la persona suele experimentar una reacción en ocasiones, eso puede conllevar. Esta experiencia, además cias, más minoritarias, en la telepatía o los médiums. Si bien las alteraciones de la conciencia de sí mismo de estar presente como síntoma en numerosos cuadros clí- que hemos descrito hasta ahora se dan, en sus formas nicos (p. ej., trastornos de ansiedad, depresión, trastorno de más extremas, en pacientes con cuadros clínicos graves; estrés agudo y postraumático, etc.) también puede estar las experiencias que vamos a revisar en los dos apartados presente en una amplia variedad de contextos situacionales, siguientes son bastantes frecuentes tanto en personas con por ejemplo, en miembros del ejército cuando se enfrentan problemas mentales como en la población general —en a situaciones de combate, o en otros profesionales cuando este último caso, bajo determinadas condiciones—. También tienen que hacer frente a situaciones que implican un grave es necesario señalar que, como señala Reed (1988), aunque riesgo; también son frecuentes en personas que se enfrentan los fenómenos que vamos a describir a continuación se a la muerte de un ser querido; o incluso en situaciones más pueden diferenciar en función de su fenomenología, están cotidianas, como aquellas que implican una evaluación social estrechamente relevante para la persona (p. ej., ante un examen oral), o la relacionados entre sí, presentándose con manifesta- ejecución de comportamientos que tiene una elevada impor- ciones distintas de un mismo tipo de experiencia anómala, tancia para la persona (p. ej., una prueba de competición en es decir todas serían ejemplos de experiencias disociativas. atletas de élite), por citar solo algunas de ellas. frecuencia 160 conjuntamente dado que constituyen Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia Escisión de la unidad del yo: en este tipo de reacción con menos vividez, intensidad o detalle, sino que tiene una disociativa, la persona, ante una situación percibida como sensación subjetiva de extrañeza o irrealidad respecto al amenazante, experimenta una forma más explícita de desa- entorno. Descripciones típicas de esta experiencia serían, pego ya que se siente como si estuviera fuera de sí mismo, por ejemplo, «todo parecía confuso, como si no estuviera observando su forma de actuar como si estuviera observan- allí» o «todo era igual que siempre, pero al mismo tiempo do a otra persona. Es importante recalcar que en este tipo ya nada parecía real». La desrealización puede aparecer en los mismos trastornos mentales que la despersonalización, de experiencias la persona conserva intacto el sentido de la realidad, es decir, sabe que esa experiencia es subjetiva, así como en las mismas situaciones dentro de la población aunque le resulte extraña y perturbadora. Al igual que en la general. disociación de afecto, la escisión del yo puede presentarse Por último, hay que recordar que las experiencias diso- como síntoma en una amplia variedad de trastornos menta- ciativas descritas en estos dos últimos apartados, aunque les y en la población general bajo situaciones de amenaza. fenomenológicamente pueden ser diferenciadas entre sí, suelen darse conjuntamente de tal manera que, en los 4. La pérdida de la experiencia de la realidad manuales de diagnóstico actuales, suelen ser englobadas En este apartado revisaremos otros dos ejemplos de reaccio- todas ellas dentro de los conceptos de despersonalización nes disociativas que, con frecuencia suelen darse conjunta- y desrealización. mente: la despersonalización y la desrealización. Despersonalización: Aunque c. Alteraciones de la orientación diferentes autores han enfatizado diferentes aspectos de esta experiencia; hay un La orientación es una función de la conciencia que nos acuerdo generalizado sobre las características básicas que la permite definen (Oyebode, 2013; Reed, 1988). Así, la despersonaliza­ determinadas ción se describe como una experiencia en la que la persona, siste, por tanto, en la capacidad de la persona para saber situarnos a nosotros referencias del mismos contexto en y relación con personales. Con- aunque mantiene intacta la conciencia de su propia identi- quién es y quiénes son los demás, dónde está y en qué dad, experimenta una sensación subjetiva de cambio, extra- momento (Perpiñá y Baños, 2019). Esta capacidad impli- ñeza 0 irrealidad respecto a sí misma. Es importante recalcar ca la integridad funcional de los sistemas neuroanatómi- el carácter subjetivo de esta experiencia ya que implica que cos básicos involucrados en la capacidad de aprendizaje, la persona es consciente de que su sensación de cambio memoria reciente, y de los sistemas que están a la base de o irrealidad no representa ningún cambio real. Por ello, las la atención (Palao, 2008). personas suelen describirlo utilizando expresiones como: «es La orientación se describe generalmente en términos de como si ya no fuera el mismo de siempre, como si yo no fue- tiempo, lugar y persona. Cuando la conciencia está alterada ra real». La despersonalización es uno de los síntomas más tiende a afectar a estos tres aspectos en ese orden (sien- frecuentes en la población psicopatológica (Steward, 1964) y, do también frecuente que remitan en orden inverso] (Casey de hecho, puede llegar a constituir un cuadro clínico cuan- y Kelly, 2008). La orientación en el tiempo requiere que un do las experiencias de despersonalización y desrealización son crónicas y generan malestar clínicamente significativo individuo mantenga una conciencia continua de lo que suce- y/o deterioro significativo en alguna de las áreas de fun- aquellos acontecimientos que marcan el paso del tiempo. La orientación espacial se guía por las señales del contexto que cionamiento del sujeto. No obstante, y al igual que ocurría con otras también experiencias suele disociativas, presentarse la despersonalización frecuentemente en personas de la población general. En efecto, esta experiencia puede manifestarse, de forma transitoria, tanto espontáneamente, de a su alrededor y sea capaz de reconocer el significado de proporcionan información relevante. Por último, la orientación personal, hace referencia a la capacidad de la persona para orientarse en función de referencias internas y biográficas, de identificarse a sí mismo. como en situaciones de amenaza percibida e, incluso, como Las respuesta a acontecimientos positivos (p. ej., cuando a una síndromes amnésicos, persona consigue algo muy anhelado). sustancias y/o alteraciones de la orientación neurocognitivos, medicamentos, y otras son frecuentes en intoxicaciones por condiciones médi- muy similar a la despersonalización. De hecho, como ya cas que impliquen alteraciones graves del nivel de consciencia, aunque también pueden presentarse en trastor- hemos señalado, suelen darse conjuntamente. En este caso, nos la persona experimenta una sensación subjetiva de cambio, depresivos, etc. Desrealización: este término describe una experiencia extrañeza o irrealidad con respecto al entorno, al mundo que le rodea. Es importante tener en cuenta que esta expe- mentales como Desorientación los trastornos temporal: se psicóticos, explora disociativos, preguntando a la persona en qué momento del día nos encontramos, qué día riencia no conlleva ninguna distorsión a nivel perceptivo, es de la semana es, el mes, el año o la estación. Como hemos decir, no es que la persona perciba las cosas que le rodean señalado, es la más susceptible de verse alterada y puede 161 Manual de psicopatología. Volumen 1 darse como consecuencia de una amplia variedad de con- más saber por qué la experiencia es anormal en cada una de diciones médicas y psicopatológicas. Cuando se evalúa el esas condiciones psiquiátricas, y esto supone, por lo menos, grado de orientación espacial en pacientes que están hos- entender los procesos psicológicos y los factores etiológicos pitalizados, hay que tener en cuenta que el mismo entorno relevantes de cada trastorno. (la hospitalización] puede llevar a los pacientes a cometer errores en la apreciación del transcurso temporal. Si nos centramos específicamente en la conciencia del sí mismo, observamos que también ocurre lo mismo, y la alte- Desorientación espacial: se explora a través de pregun- ración y/o división del selfestá presente prácticamente en tas acerca de la ubicación física de la persona, por ejemplo, todos los trastornos mentales y experiencias psicopatológi­ el nombre del hospital o la clínica en la que se encuentra, el cas, implicando distintos niveles de alteración. Así, por ejem- trayecto realizado para llegar a su ubicación actual, la ciu- plo, en el caso de los trastornos psicóticos, algunos autores dad donde reside, la provincia, etc. Suele ser más estable plantean que la orientación en el tiempo, sobre todo si la persona «pérdida de los límites del ego», en la medida que signifi- se encuentra en su entorno habitual ya que la informa- can una «confusión interno/externo». Algo similar ocurre con ción que este le proporciona es familiar para la persona. que las alucinaciones pueden entenderse como algunos delirios, como los delirios de control, en los cuales la Desorientación personal: se explora a través de pre- persona llega a ser consciente de sus propios pensamientos guntas sobre los datos de identidad de la persona, como o acciones, pero niega que sean suyos, o que les falta alguna nombre y apellidos, edad, dedicación profesional, miembros de su familia, etc. Generalmente, es más difícil que se vea afectada por procesos patológicos; por ejemplo, la pérdida del conocimiento del propio nombre o identidad está presente en estadios avanzados de deterioro cognitivo, en algunos trastornos disociativos y puede, a veces, presentarse en las cualidad. Por supuesto podemos encontrar problemas relativos a la unidad del selfen los trastornos disociativos, para los que supone el mecanismo central de su psicopatología, pero también nos encontramos problemas con todos los demás trastornos psicológicos, ya que en todos ellos el funcionamiento del selfestá más o menos afectado. Por último, si nos centramos no ya en la conciencia, sino fases agudas de los trastornos psicóticos. en el nivel de consciencia y alerta de la persona, y sobre todo en los estados alterados de consciencia, como hemos visto ) Alteraciones de la orientación. Alteraciones en la fun- en las secciones anteriores, nos podemos encontrar situa- ción de la conciencia que nos permite situarnos a nosotros ciones alteradas en personas normales bajo circunstancias mismos en relación con determinadas referencias del contexto y personales (tiempo, lugar, y persona). especiales, por ejemplo, bajo el efecto de sustancias psicoactivas o determinadas drogas, en situaciones de excesiva fatiga, en estado hipnótico, en una situación altamente peligrosa, etc. En el ámbito de la salud mental, estas alteraciones C. Conciencia y trastornos mentales Cuando analizamos la presencia de alteraciones de la con- están presentes en los que anteriormente se denominaban «trastornos mentales orgánicos», que agrupaban el delirium, las demencias, las amnesias y otros trastornos cognitivos. ciencia en los diversos trastornos mentales, Bentall (2017) Este grupo de trastornos estaba clasificado conjuntamen- nos recuerda que, aunque solo sea en un sentido muy trivial, te hasta la cuarta edición del DSM. Este manual eliminó el la mayoría, si no todas las formas de psicopatología conoci- término «orgánico» porque, según sus autores, esto podría das, es decir, todos los trastornos mentales, implican algún implicar que el resto de los trastornos mentales, es decir, los tipo de alteración de la experiencia consciente. Para expli- «no orgánicos», no tuvieran una base biológica (DSM-IV, Ame- carlo, pone como ejemplo a los deprimidos, quienes suelen rican Psychiatric Association, 1994). Esta razón puede resul- ser excesivamente conscientes de los aspectos negativos tar un tanto simple, dado que de algún modo presupone que del entorno y de sus propios pensamientos, o en una línea en las versiones anteriores se daba pie a esta confusión, cosa parecida las personas ansiosas, atentas preferentemente a que parece poco probable (Stephens y Graham, 2009). En las posibles amenazas en su entorno. Y ni que decir tiene, cualquier caso, y en alguna medida, en la base de querer eli- los experiencia consciente minar esta distinción, algunos autores presuponen que está es claramente disfuncional. Sin embargo, aunque este autor el entender que todos los trastornos mentales se pueden trastornos psicóticos, donde la reconoce que podríamos escribir una larguísima lista descri- considerar «trastornos cerebrales», aunque no haya daños o biendo las diferentes alteraciones de la experiencia conscien- deterioros neurológicos evidentes, como ocurría en los tras- te en cada trastorno mental, esto no supondría una gran tornos mentales orgánicos. Así, hay en estos momentos neu- contribución para la psicopatología, ya que no nos debería rocientíficos de reconocido prestigio como, por ejemplo, T. bastar con decir qué experiencia anómala de la conciencia Insel (psiquiatra) o B. Cuthbert (psicólogo] que defienden que se encuentra en cada trastorno, sino que deberíamos ade­ los 162 trastornos A mentales son alteraciones comportamentales Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia asociadas con disfunciones del cerebro 0 trastornos de los conciencia. Defienden que los trastornos mentales constitu- circuitos cerebrales. Se trata de un tema polémico y con- yen un subgrupo del conjunto amplio de trastornos médicos trovertido, cuya discusión excede mucho el alcance de este o enfermedades de la salud, y lo que les hace distintivos capítulo. es que en ellos la actividad o experiencia consciente juega Actualmente, autores e investigadores muy influyen- un papel único y multidimensional, que no desempeña en tes en el ámbito de la salud mental (p. ej.. Insel et al., 2010; otros trastornos médicos. Y ese papel lo juega al menos a Morris y Cuthbert, 2012) defienden este enfoque. Sin embar- tres niveles: caracterizando la naturaleza del trastorno (la go, otros eminentes representantes de la psiquiatría y de la amenaza que supone para el bienestar de la persona], en su psicología, como K. Kendler (2005) o S. Lilienfeld (Lilienfeld y etiología, y en su tratamiento, ya que en estos trastornos Treadway, 2016), por citar solo algunos, consideran que estas los cambios en la experiencia consciente suponen beneficios afirmaciones son, en cierto sentido, banales dado que todos terapéuticos los trastornos psicológicos y, en definitiva, todos los fenóme- poder comprender y tratar los trastornos mentales, se tiene nos psicológicos están mediados por el cerebro y el resto que considerar la actividad consciente. Esto no significa que del sistema nervioso central. En este sentido, no se puede la conciencia no tenga su base en el cerebro, según estos importantes. Estos autores señalan que para confundir la mediación biológica con la etiología biológica. autores, sino que las enfermedades mentales son enferme- Tal y como nos recuerda Graham (2013), podemos decir que dades en y de una mente consciente. Como antes comen- todos los trastornos mentales se encuentran en el cerebro, tábamos, estas tesis son polémicas y controvertidas, pero pero no son necesariamente del cerebro. La omisión de la seguramente marcarán muchos de los cambios en nuestra influencia que pueden tener otros factores en la etiología concepción de los trastornos mentales y de la propia visión y/o mantenimiento de los trastornos mentales puede tener de la enfermedad mental en las próximas décadas. implicaciones fundamentales, dado que la expresión fenotípica de las vulnerabilidades biológicas a menudo puede verse limitadas por factores socioculturales. Por ejemplo, las creen- D. Evaluación de las alteraciones de la conciencia cias religiosas, así como las diferencias geográficas en la fijación de precios y la disponibilidad de alcohol se asocian con, Si la conciencia es muy difícil de definir, también lo es de y probablemente se relacionan causalmente con el riesgo de evaluar, y con frecuencia su valoración se circunscribe el trastorno por consumo de alcohol (Kendler, 2012). Por lo tan- estado de consciencia en el que se encuentra la persona. to, incluso las personas con una potente propensión genética Para ello, en general, se suelen considerar dos dimensiones hacia el trastorno por consumo de alcohol pueden mostrar (Fernández-Espejo, 2016): el nivel de conciencia o estado de tasas bajas de prevalencia de esta condición si se educan y alerta, y el contenido de la conciencia, que a veces se deno- conviven en un entorno socialmente tradicional. mina «estado de conciencia» per se, y que se refiere a la Muchos investigadores nos recuerdan que, aunque la neurociencia puede tener un papel prometedor para mejorar capacidad de tener experiencias subjetivas y abarca tanto la autoconciencia como la conciencia del entorno. nuestra comprensión de la psicopatología, no debe minimi- Más allá de una exploración neurológica, aspecto que zarse el arraigo de los procesos cerebrales en los contextos excede este capítulo, y centrándonos en la exploración que socioculturales (Gallagher et al., 2013). La salud y la enferme- se puede hacer del paciente en contextos hospitalarios 0 de multicausales consulta, en general la evaluación que hace el clínico se basa y multinivel que requieren marcos integrados que vinculen en la observación del repertorio de comportamientos que dad mental son fenómenos inherentemente diferentes niveles de investigación (Paris y Kirmayer, 2016). A es capaz de mostrar la persona tanto de manera espontá- través de mecanismos epigenéticos y de otro tipo, la función nea como en respuesta a la estimulación externa propor- cerebral se remodela para adaptarse a circunstancias socia- cionada por el evaluador (Royal College ofPhysicians, 2003). les particulares; las propiedades emergentes de las estructu- Esta exploración a veces es complicada, porque el paciente ras neurobiológicas pueden conducir a una adaptación salu- puede tener diversos déficits cognitivos y motores que pue- dable o a una patología en función de entornos diferentes; dan dificultarla. A partir de la información recogida, el clínico y la introspección, la interpretación narrativa de la experien- valora si esos comportamientos pueden o no indicar que la cia y los patrones de interacción social pueden afectar a la persona es capaz de interactuar con su entorno de manera forma, el inicio y el curso del trastorno (Berrios y Marková, intencional (Fernández-Espejo, 2016). 2015; Kirmayer y Crafa, 2014; Lilienfeld, 2014; Meloni, 2014). Apelando a la importancia de factores como la introspección y/o Stephens y la interpretación Graham (2009) En muchas ocasiones, y para evaluar de manera rápida el estado mental (sobre todo las funciones cognitivas) de la narrativa de la experiencia, persona, se suelen hacer preguntas relacionadas con estos plantean que los trastornos tres tópicos: (a) orientación temporal, personal y espacial mentales podrían entenderse mejor como alteraciones de la (fecha en que se encuentra, dónde está físicamente, quién 163 Manual de psicopatología. Volumen 1 )) Tabla 5.2. Recomendaciones de la Disorders of Consciousness Task Force sobre escalas para el diagnóstico de las alteraciones de conciencia (American Congress of Rehabilitotion Medicine, Brain Injury-Interdisciplinory Special Interest Group, Disorders of Consciousness Task Force, 2010) s----------------------- a ESCALA REFERENCIA NOMBRE COMPLETO RECOMENDACIÓN Giacino, et al. (2004) (Versión en castellano: CRS-R Coma Recovery Scale-Revised CNC Coma/Near-Coma Scale Rappaport (2005) Con reservas CLOCS Comprehensive Levels of Consciousness Scale Stanczak et al. (1981) No GCS Glasgow-Liege Coma Scale Born (1988) No INNS Innsbruck Coma Scale (INNS) Benzer et al. (1991) No LCS Loewenstein Communication Scale Borer-Alafi, et al. (2002) No MATADOC Music Therapy Assessment Tool for Awareness in Disorders of Consciousness Magee, et al. (2013) No estudiada SMART Sensory Modality Assessment Technique Gill-Thwaites (1997) Sí SSAM Sensory Stimulation Assessment Meassure Rader y Ellis (1994) Sí RLS85 Swedish Reaction Level Scale-1985 Johnstone et al. (1993) No FOUR The Full Outline of UnResponsiveness Score Wijdicks, et al. (2005) No WHIM Wessex Head Injury Matrix Shiel et al. (2000) Sí Western Neuro Sensory Stimulation Profile Ansell y Keenan (1989) Sí WNSSP _____ Sí Noé et al., 2012) es —nombre y apellidos—); (b) valoración de la atención y __ _ ción de tres criterios de observación clínica: la respuesta inmediata ocular (si abre o no los ojos, y a qué intensidad estimular —p. ej., recordar tres palabras a los tres minutos—, memo- hay respuesta ocular); la respuesta verbal (si ofrece o no res- ria próxima —p. ej., ¿qué ha comido?—, memoria remota puestas verbales, y hasta qué punto son o no confusas], y —p. ej., hechos históricos, información personal—, etc.), y la respuesta motora (si hay o no movimientos inducidos o (c) valoración de la capacidad perceptiva (reconocimiento espontáneos). Cada uno de estos criterios se evalúa median- visual, táctil, auditivo de ciertos objetos). te una subescala, puntuando cada respuesta, y ofreciendo la memoria Además (repetir de esta dígitos, vigilancia, exploración, memoria existen diversas prue- una puntuación total todas las respuestas. del estado de conciencia sumando que pretende bas estandarizadas que se pueden utilizar. El grupo Brain Injury-Interdisciplinory of Consciousness Special Task Force, Interest (2010) Group, ha Disorders realizado una serie de recomendaciones en cuanto a utilidad y validez de diferentes escalas, que se encuentran resumidos en la Tabla 5.2. Destacaremos aquí la escala Glasgow, que permite una valoración del nivel de conciencia consistente en la evalua­ 164 Para finalizar, queremos resaltar si se hacer un diagnóstico preciso de alteraciones de la conciencia, y tal y como recomienda Fernández-Espejo (2016), sería conveniente administrar de manera repetida escalas estandarizadas y, por supuesto, en caso de sospecha de algún daño, sería necesario realizar técnicas de resonancia y/o de neuroimagen, concretas. A que permitan identificar alteraciones Capítulo 5. Psicopatología de la atención y de la conciencia En cuanto a la conciencia, tanto su estudio como el de IV. Resumen de los aspectos fundamentales sus alteraciones han estado sujetos a una modificación cre- Este capítulo recoge las alteraciones en dos constructos hallazgos provenientes de las neurociencias. Dado que la conciencia puede considerarse como un proceso psicológico ciente en los últimos años debido, fundamentalmente, a los psicológicos fundamentales, muy complejos. Desde la Psicopatología descriptiva, se suele decir que la conciencia es la «escena», mientras que la atención es el «foco» de luz que ilumina la escena. Desde esa perspectiva, se ha entendido que ambos conceptos están íntimamente relacionados y, de hecho, muchas veces se abordan de manera conjunta en la exploración psicopatológica. de orden superior y que entre sus funciones se encuentran las de control ejecutivo del pensamiento y la acción, no es extraño que sus alteraciones conlleven una alteración del resto de procesos psicológicos. Tradicionalmente las alteraciones de la conciencia se han clasificado en alteraciones cuantitativas y cualitativas. Las primeras se centran en la descripción de los estados alterados de consciencia en fun- En cuanto a la atención, hemos realizado en primer lugar ción del grado de disminución del nivel de conciencia normal algunas precisiones conceptuales, definiendo algunos térmi- o estado de vigilia, y aquí se pueden inscribir alteraciones nos usados en la psicopatología (atención selectiva, atención que van desde la obnubilación, la somnolencia, letargia o focalizada, atención dividida, atención sostenida, concentra- sopor, el estupor y, por último, el coma. Desde el ámbito de ción, las neurociencias, y en función del grado de conectividad vigilancia, atención alternante, atención voluntaria, atención involuntaria). Si tenemos en cuenta estos tipos de cerebral y de variables biológicas, se suelen distinguir los atención, entendemos que el funcionamiento de la atención siguientes niveles de alteraciones de la consciencia: estado dependerá de de consciencia mínima, estado vegetativo, coma y muerte estas áreas, y que nos podemos encontrar diferentes disfun- cerebral. En cuanto a las alteraciones cualitativas de la con- del funcionamiento concreto de cada una ciones en cada una de ellas. Antes de analizar las alteracio- ciencia, aunque también se caracterizan por un descenso en nes atencionales, hemos enfatizado que estas pueden estar los niveles de consciencia o vigilia, este se acompaña de una presentes en todas las personas, tanto en personas «sanas» alteración global de las funciones cognitivas (pudiendo estar en determinadas situaciones (p. ej., fatiga, sueño, estados hipnóticos, aburrimiento, o cuando estamos muy activados, presentes, delirios, alucinaciones, etc.), y/o de una restricción del campo de la conciencia. Dentro de ellas, nos encontra- entre otros) como en una amplísima variedad de trastornos mos con el delirium, el estupor, los estados crepusculares psicopatológicos esqui- y los estados oniroides. Posteriormente, hemos revisado las zofrenia, ansiedad, trastornos orgánicos, etc.), por no decir alteraciones de la conciencia del sí mismo. Para analizar sus y neurológicos (depresión, manía, prácticamente en todos. Por lo que se refiere al análisis de alteraciones, hemos partido de la división clásica de Jaspers, sus alteraciones, primero hemos recogido la «semiología» recogida por Reed, y agrupado las experiencias anómalas del básica que suele ser la descrita por la psicopatología psiquiá- sí mismo en cuatro niveles de alteración, en un orden des- trica. En este apartado hemos visto términos como aprose- cendente de gravedad: (1) anomalías en la experiencia del sí xia, hipoprosexia, hiperprosexia, y también alteraciones como mismo como distinto del mundo exterior (confusión de los distraibilidad, límites del yo), (2) anomalías de la experiencia del sí mismo labilidad atentiva emocional, inhibición aten- cional, negligencia atencional, fatigabilidad de la atención, como agente de sus propias acciones (pérdida de atribución apatía pseudoaprosexias, personal), (3) anomalías en la experiencia de la unidad del atencional, perplejidad atencional, o paraprosexias. La diferencia entre todos estos términos es sí mismo (deterioro en la unidad del yo] y (4) anomalías en a veces bastante complicada y excesivamente sutil. Poste- la forma de experimentar la realidad del sí mismo y/o del riormente, hemos descrito las alteraciones más importantes entorno. Por último, hemos descrito las alteraciones de la en función del tipo de atención. Así, hemos visto las altera- orientación, una función de la conciencia que nos permite ciones como selección (p. ej., problemas de distraibilidad y situarnos a nosotros mismos en relación con determinadas sesgos atencionales), como vigilancia (p. ej., hipervigilancia) referencias del contexto y personales. Aquí nos encontramos y como concentración (p. ej., baja concentración, ausencia con los siguientes problemas: (1) desorientación temporal, [2] mental, laguna temporal). En último lugar, hemos analizado desorientación espacial y (3) desorientación personal. Este el importante papel que tiene el proceso atencional en la vulnerabilidad, etiología, mantenimiento, e incluso tratamiento capítulo finaliza con la revisión de las alteraciones de la conciencia en los trastornos mentales, señalando cómo algunos de diversos trastornos mentales. Nos hemos centrado fun­ autores plantean que, aunque solo sea en un sentido muy damentalmente en tres grupos de trastornos: esquizofrenia, trivial, la mayoría, si no todas las formas de psicopatología depresión y trastornos de ansiedad. La investigación en los conocidas, implican algún tipo de alteración de la experien- últimos años considera que la atención se puede considerar cia consciente, y hemos señalado las polémicas actuales un sobre si los trastornos mentales pueden considerarse o no mecanismo «transdiagnóstico», y que sus alteraciones están a la base de multitud de trastornos mentales. como trastornos del cerebro, o, en su caso, de la conciencia. 165 DD Manual de psicopatología. Volumen 1 ••Términos clave Alteraciones cualitativas de la conciencia 158 Alteraciones cuantitativas de la conciencia 156 Alteraciones de la conciencia del si mismo 159 Distraibilidad 146 Alteraciones de la orientación 162 Laguna temporal 150 Aprosexia 145 Sesgos atencionales 147 Hipervigilancia 148 Ausencia mental 149 •• Lecturas recomendadas Bentall, R. P. (2017). Clinical Pathologies and Unusual Experiences. (pp. 157-170). En S. Schneider y M. Velmans (eds), The Blackwell Companion to Consciousness (2.° ed). John Wiley t Sons Ltd. Este capitulo se encuentra en un manual fundamental para entender los avances más importantes en el campo de la conciencia. En este capítulo en concreto se revisan las distintas expresiones de alteraciones de la conciencia que se encuentran en algunos trastornos mentales, Casey, P. y Kelly, B. (2008). Fish’s clinical psychopathology. Signs and symptoms in psychiatry (3.a ed.). Bain Limited. Se trata de un manual clásico en la formación de psicopatología para los profesionales en salud mental. Esta tercera edición es una versión totalmente revisada, que incluye nuevas secciones. Para este capítulo en concreto se recomiendan los Capítulos 6 y 7 que se titulan respectivamente «Trastornos de la experiencia del self y «Trastornos de la conciencia». Harvey, A. G., Watkins, E. R., Mansell, W. y Shafran, R. (2004). Cognitive behavioral processes across psychological disorders: A transdiagnostic approach to research and treatment. Oxford, UK: Oxford University Press. Se trata de un libro fundamental que reúne la investigación más relevante realizada desde el enfoque transdiagnóstico en psicopatología. Toma cada proceso cognitivo y conductual (atención, memoria, razonamiento, pensamiento, comportamiento), y examina si se trata de un proceso transdiagnóstico. Se recomienda especialmente el Capítulo 2 «Attention». Oyebode, F. (2013] Sims: síntomas mentales (6.a ed. Traducción al castellano, 2020. Barcelona: Elsevier. Se trata de un libro que desde su primera edición, en 1988, ha sido muy utilizado como introducción a la psicopatología clínica. En esta edición se han incluido los avances más recientes en neuropsicología y neurociencia cognitiva. Para este capítulo recomendamos los Capítulos 3y4 que se titulan, respectivamente, «Consciencia y alteraciones de la consciencia» y «Atención, concentración, orientación y sueño». Reed, G. (1988). La psicopatología de la experiencia anómala: un enfoque cognitivo (2.a ed). Traducción al castellano, 1999. Valencia: Promolibro. Constituye un libro básico de lectura recomendada para todos aquellos profesionales de la salud mental ya que supuso uno de los primeros acercamientos al estudio de los síntomas mentales desde una perspectiva cognitiva y contextual. Para este capítulo se recomiendan específicamente los Capítulos 1, 6 y 8 en los que se abordan las anomalías de la atención, la experiencia de sí mismo y la conciencia, respectivamente. ••Referencias American Psychiatric Association (1994). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (4.8 ed.. Washington, D. C.: Autor. American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5.8 ed.). Arlington, VA, American Psychiatric Association (edición en español en Editorial Médica Panamericana, 2014). Ansell, B. J. y Keenan, J. E. (1989). The Western Neuro Sensory Stimulation Profile: a tool for assessing slow-to-recover head-injured patients. Archives ofphysical medicine and rehabilitation, 70(2), 104-108. Armstrong, T. y Olatunji, B. O. (2012). Eye tracking of attention in the affective disorders: A meta-analytic review and synthesis. Clinical Psychology Review, 32(8), 704-723. Barsky, A. J. (1992). 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La post-traumático El mantenimiento de la atención mientras se está en un estado emocional. b) La presencia de sesgos atencionales hacia información emocional. c) Dónde fija la atención visual la persona y durante cuánto tiempo en una tarea emocional. d) La atención voluntaria e involuntaria ante información multisensorial. presente en los trastornos de o dolor crónico, hace referencia a: a] Un estado de alta receptividad o hipersensibilidad, en el que la persona trata de buscar o rastrear señales amenazantes (internas o externas). b] Una atención inestable y superficial, en la que se atiende a muchos estímulos y durante poco tiempo. c) Una gran concentración sobre alguna cuestión concreta (generalmente preocupaciones sobre algún tipo de pensamiento], que a su vez lleva a «desatender» al resto de los estímulos y a no responder a las demandas ambientales. d) Una incapacidad para distinguir unos estímulos de otros, que se acompaña de un escaso rendimiento y abundancia de errores en el test de ejecución continua (o CPT). 2. La tarea Stroop emocional sirve para evaluar: a) hipervigilancia ansiedad, ansiedad por la salud, trastornos de estrés [Continúa! 169 Manual de psicopatología. Volumen 1 4. ¿En qué trastorno se suele presentar la totalidad de las siguientes alteraciones atencionales: para identificar y dirigir la atención hacia los estimulos relevantes (i. e., déficits en atención selectiva), elevada distraibilidad, dificultad para vigilante para estímulos específicos detectar focalizada en los estímulos que la rodean, asociado a una falta de capacidad para cambiar el foco de la atención. dificultades c) Un síndrome cuya característica esencial es una alteración de la atención y la conciencia que se acompaña de un deterioro en el funcionamiento de los procesos cognitivos. d) Un estado alterado de conciencia que aparece como consecuencia de la epilepsia, generalmente, en los ataques epilépticos del lóbulo temporal. mantenerse (i. e., déficits en la vigilancia], y dificultad para mantener la concentración? a) Depresión. b) Esquizofrenia. 8. En la confusión de los límites del yo, la persona: c) Dolor crónico. a) Presenta la convicción delirante acerca de que sus propios pensamientos son captados por un agente externo a él. trastornos b) Experimenta una sensación subjetiva de irrealidad respecto al mundo que le rodea. a) La distraibilidad o inestabilidad de la atención hacia diferentes estímulos. c) Presenta la convicción delirante de que sus acciones están manipuladas y dirigidas por un ente superior. b) El sesgo hacia los estímulos (externos o internos) que constituyen preocupaciones relevantes. d) Es incapaz de experimentarse a sí mismo como una entidad diferenciada del entorno. c) El sesgo relacionado con la dificultad para desatender o «desengancharse» de la información negativa y atender a la información positiva. d) Ansiedad generalizada. 5. ¿Qué alteración atencional se considera un proceso transdiagnóstico mentales? d) 6. presente en diversos La incapacidad para concentrarse o fijar la atención sobre estímulos, objetos o situaciones. En el estupor de origen neurológico, (señale la alternativa incorrecta]: la persona 9. Las experiencias disociativas: a) Tienen un valor adaptativo. b] Son experiencias patológicas puesto que implican la pérdida de conciencia de la cualidad personal de las propias acciones del sujeto. c) Se dan solo en contextos de cuadros psicopatológicos que conllevan la pérdida de la identidad personal. a) Conserva solo las funciones vegetativas. b) Solo es capaz de alcanzar un estado transitorio de vigilia mediante la estimulación muy intensa. d) Solo se dan en los trastornos disociativos. 10. En la despersonalización, la persona: c) Puede presentar actividad motora estereotipada. a) Pierde la conciencia de su identidad personal. d) b) Experimenta una sensación subjetiva de extrañeza e irrealidad respecto a sí mismo. c) Presenta amnesia para lo ocurrido durante el episodio. d) Es incapaz de reconocer la cualidad personal de sus pensamientos sentimientos y acciones. No es capaz de realizar ningún tipo de conducta intencional. 7. El delirium describe: a) b) La presencia de un conjunto de delirios sistematizados en torno a un tema coherente. Una alteración cuantitativa de la conciencia en donde la conciencia de la persona está exclusivamente CAPITULO 6 PSICOPATOLOGÍA DE LA PERCEPCIÓN Y LA IMAGINACIÓN Belén Pascual-Vera, Elvira Martínez-Besteiro y Amparo Belloch I. Introducción /7I II. Concepto y clasificación de los trastornos perceptivos 179 de la percepción y la imaginación 173 A. Pseudopercepciones e imágenes anómalas 179 III. IV. B. Alucinaciones 181 Trastornos perceptivos: distorsiones sensoriales C. Aportaciones psicológicas a la comprensión e ilusiones 175 de las alucinaciones 200 A. Anomalías en la percepción de la intensidad V. de los estímulos 175 de los estímulos 176 VI. del tamaño y/o la forma 176 D. Anomalías en la integración perceptiva 176 E. Anomalías en la estructuración de estímulos Recomendaciones para la evaluación y el tratamiento 217 B. Anomalías en la percepción de la cualidad C. Metamorfopsias: anomalías en la percepción Trastornos de la imaginación: engaños Resumen de aspectos fundamentales 220 TÉRMINOS CLAVE 221 LECTURAS RECOMENDADAS 221 REFERENCIAS 221 AUTOEVALUACIÓN 226 ambiguos: las ilusiones 177 I. Introducción La mente humano funciona como una totalidad y no son los sentidos, sino el sujeto, quien percibe. J. L Pinillos, 1969, p. 93. lucran un proceso mental complejo, la imaginación, cuyo estudio cientifico ha sido siempre objeto de interés para los psicólogos, pero también de importantes debates y des- acuerdos por su naturaleza a menudo elusiva y difícil de Las psicopatologías que se examinan en este capítulo cons- ajustar a los parámetros habituales de la investigación cien- tituyen, históricamente, temas de estudio nucleares de la tifica; en cuarto lugar, porque además de la imaginación, investigación y la práctica clínicas. Las razones de ello son estas psicopatologías se imbrican con otro de los procesos varias: primero, porque los fenómenos que abarcan (distor- o funciones mentales más complejos y con mayor tradición pseudo-percepcio- en la investigación psicológica, la percepción; y, por últi- nes, ilusiones] se toman en muchas ocasiones como signos mo, porque también involucran procesos sensoriales, cuyo siones senso-perceptivas, alucinaciones, evidentes de trastorno mental, aunque, como veremos, esta correcto funcionamiento resulta a menudo crucial para la asunción no siempre es cierta; segundo, porque en muchos supervivencia y la adaptación de los seres vivos. casos se trata de experiencias mentales que quedan fuera Las investigaciones psicológicas han dado lugar a un del rango ordinario de experiencias humanas y resultan por tanto llamativas y extrañas, tanto para quien las experimen- buen número de teorías explicativas sobre la percepción y sobre la imaginación que difieren en muchos aspectos. Las ta como para quien las observa; en tercer lugar, porque invo­ palabras de Pinillos con las que hemos iniciado este capitulo 171 Manual de psicopatología. Volumen 1 son lo bastante elocuentes como para orientar al lector sobre nuestra experiencia inmediata, ocurre «dentro». Sin embar- cuál va a ser el tipo de planteamiento que adoptaremos a lo largo de nuestra exposición. Asumimos la idea de que la go, otras clases de experiencias, tales como los sueños, la percepción no implica una mera copia de la realidad, sino tro». Por todo ello, tan importante como averiguar por qué imaginación o el pensamiento, las experimentamos «den- un proceso constructivo, mediante el que se interpretan los decimos que ciertas experiencias tienen su fuente de acti- datos sensoriales. Por tanto, la percepción es un proceso vidad «fuera de nosotros» es saber por qué en otros casos, fundamentalmente psicológico, entendiendo por tal la inter- como cuando soñamos, imaginamos, o pensamos, decimos que su fuente somos «nosotros mismos». pretación activa que hace el individuo de aquello que están captando sus sentidos; y esa interpretación se fundamenta a su vez en las experiencias previas, los aprendizajes, las expectativas y las predisposiciones personales. Recordando de nuevo a Pinillos (1975), la percepción es: Así pues, asumimos que en el proceso perceptivo intervienen el juicio y la interpretación. Y esto implica también que las inexactitudes perceptivas y los engaños o errores sensoriales son tan normales como lo contrario, al menos en términos de probabilidad (Slade y Bentall, 1988). Este Una aprehensión de la realidad a través de los sentidos (...), un proceso sensocognitivo en el que las cosas se hacen manifiestas como tales en un acto de experiencia. Tal experiencia no es, por otra parte, un reflejo pasivo de la acción estimular ni una captación puramente figural de los objetos: percibir entraña un cierto saber acerca de las cosas percibidas y sus relaciones» (p. 153). capítulo trata precisamente de los errores perceptivos, los engaños sensoriales y los falsos juicios de realidad que en ocasiones realizamos sobre lo que son, sencillamente, imágenes mentales. Lo que ya no resulta tan sencillo es explicar por qué se producen esos errores y cómo y cuándo se realizan esos juicios. Y menos sencillo es, si cabe, explicar cómo y por qué se producen las imágenes mentales, e incluso si Por lo que se refiere a las ilusiones, han sido objeto de existen como productos mentales diferentes y sometidos a estudio e interés desde los inicios mismos de la psicología reglas particulares e idiosincrásicas. En definitiva, este capitulo versa también sobre un conjunto de experiencias mentales científica, especialmente por la escuela gestaltista en las primeras décadas del siglo xx. Las ilusiones son un ejemplo relacionadas con una de las modalidades más interesantes y palmario de que la percepción no depende únicamente de polémicas de representación mental: las imágenes. las características fisicas, sensoriales, de los estímulos y, por tanto, no puede entenderse sin apelar a procesos internos, El interés de la investigación psicológica sobre las imáge- mentales, de construcción y elaboración. Es decir, en el pro- nes ha atravesado fases históricamente desiguales. Frente al rechazo del tema por parte de psicometristas como Galton, o ceso perceptivo reaccionamos a los estímulos que se hallan al alcance de nuestros sentidos sobre la base de (o condicionados por) nuestras predisposiciones, expectativas y experiencias de aprendizaje previas, lo que, entre otras cosas, conlleva la intervención de otros procesos complejos como la memoria. En suma, no cabe hablar de ninguna percepción en la que no intervengan elementos subjetivos y de experiencia, además de los puramente sensoriales. El contexto proporciona las reglas en las que se basan nuestras percepciones, a la vez que, junto con la memoria, guía nuestras interpretaciones. En cierto sentido, somos capaces de adelantarnos a la información que nos ofrece el contexto. Todo esto significa que nuestro procesamiento perceptivo no está guiado solo por los datos, sino también por nuestras ideas, (prejuicios y conceptos. de los conductistas radicales de corte skinneriano, se alzaron voces tan significativas como la de Tolman, quien en plena vigencia del neoconductismo afirmó que los mapas cognitivos (representaciones mentales analógicas) constituían una guía fundamental del comportamiento que los organismos desarrollaban en su medio. Con ello se enfrentaba abiertamente a las interpretaciones conexionistas sobre el aprendizaje (Mayor y Moñivas, 1992). Desde entonces, y en un más que breve resumen, puede decirse que existen dos grandes opciones teóricas marcadamente antagónicas sobre el modo de abordar las imágenes mentales: una, de naturaleza dualista, representada por A. Paivio y S. Kosslyn, defiende la existencia de un código representacional especifico para el procesamiento de imágenes mentales y otro para el procesamiento proposicional. Frente a ellos, otros autores, como Z. Pylyshyn, abo- Preguntas del estilo de ¿cómo sabemos que los objetos gan por un planteamiento reduccionista o uniforme, según percibidos están realmente ahí fuera?, ¿cómo sabemos que el cual solamente es científicamente admisible la existencia de un único formato para las representaciones mentales, que ciertos acontecimientos están ocurriendo realmente? no son simples de responder. Como Helmohltz señaló hace ya más subyace tanto a «las palabras» como a «las imágenes», cuya de un siglo, no debería ser tan obvio por qué los objetos nos naturaleza parecen rojos, verdes, fríos, calientes, amargos o con buen o (i. e., elaboramos representaciones mentales de significados y mal olor: estas sensaciones pertenecen a nuestro sistema nervioso y no al objeto en sí. Por eso, lo extraño es que perci- no de palabras concretas). Este planteamiento es opuesto a la bamos los objetos «fuera», cuando el procesamiento, que es na psicología cognitiva puesto que, según se argumenta, las es fundamentalmente proposicional y abstracta utilidad explicativa del constructo de imagen para la moder- Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación llamadas imágenes mentales se pueden tratar simplemente 2. Una percepción diferente de la que se produciría en el caso de tener solamente en consideración la configu- como proposiciones (véase De ,1984) Queda lejos del alcance y naturaleza de este texto pole- ración fisica o formal del estímulo, como sucede en las mizar y abundar sobre este complejo e intrincado problema. ilusiones. En cualquier caso, la anomalía no reside en los No obstante, lo cierto es que existen algunas experiencias órganos de los sentidos estrictamente, sino más bien en mentales anómalas, que son las que aquí vamos a abordar, la percepción que la persona elabora a partir de un deter- que no serían explicables sin aludir a la existencia de las minado imágenes mentales y su equivalencia funcional y estructural que realiza acerca del mismo: recordemos que la percep- estímulo, es decir, la construcción psicológica con la percepción. Su construcción no depende solamente ción se inicia con el concurso de la sensación, pero no de recurre se halla completamente determinada por esta, pues en a la información semántica o descriptiva, en el sentido de el ciclo o proceso perceptivo se produce una interacción que podemos elaborar combinaciones nuevas de imágenes entre los procesos sensoriales y los conceptuales. la información sensorial previa, pues también a partir de descripciones verbales, o podemos ampliar una En la mayor parte de las ocasiones las distorsiones tie- imagen, añadirle detalles, etc., a partir de información verbal nen su origen en trastornos de naturaleza orgánica, que (Kosslyn, 1980). Veamos, pues, qué tipo de experiencias mentales, más o menos anómalas y no necesariamente mórbi- a la recepción sensorial propiamente dicha como a su inter- das o reveladoras de un trastorno mental diagnosticable, son pretación al nivel del sistema nervioso central. Pese a ello, es explicables recurriendo al constructo psicológico de imagen mental. Comenzaremos por realizar una clasificación de los más correcto calificarlas como perceptivas que como senso- fenómenos mentales anómalos que, hoy por hoy, se expli- la alteración: esto es, al hecho de que es la construcción que can a partir del proceso perceptivo y/o del imaginativo. A el individuo hace del estímulo, la percepción que experimen- continuación, ta, la que está primariamente alterada. En consecuencia, si describiremos las características psicológicas pueden ser transitorios o más permanentes, y afectar tanto riales, porque con ello se alude, precisamente, al núcleo de y psicopatológicas de esos fenómenos, incluyendo allí donde admitimos que en el proceso perceptivo se produce una sea posible información relevante sobre las explicaciones o interacción compleja entre las características del estímulo, teorías psicológicas de que disponemos actualmente para las del contexto en que este se produce o manifiesta, y las del receptor, las distorsiones serían el resultado final de una intentar comprenderlos. interacción defectuosa entre esos tres elementos. Por últi- II. Concepto y clasificación de los trastornos de la percepción y la imaginación mo, hay que señalar que, a excepción de las ilusiones, las Los trastornos de la percepción y la imaginación se pueden visual del tamaño de los objetos, estas no se refieren a un clasificar ton, 1985; Sims, 1988). Las primeras solamente son posi- solo estímulo-objeto, sino a la práctica totalidad de sus perceptos visuales relativos al tamaño (i. e., verá distorsionadas bles mediante el concurso de los órganos de los sentidos sus manos y sus pies, pero también la mesa ante la cual está (de ahí que muchas veces se califiquen como sensoriales), sentado, las restantes figuras humanas que se hallen a su es decir, que se producen cuando un estímulo que existe alrededor, los objetos de la estancia, etc.]. en dos grupos: distorsiones y engaños distorsiones perceptivas suelen afectar a una o más modalidades sensoriales y pueden involucrar todos los estímulos u objetos del mundo sensorial que se halle afectado: por ejemplo, si una persona presenta distorsiones en la percepción (Hamil- fuera de nosotros, y que además es accesible a los órga- Sin embargo, en el caso de los engaños perceptivos se nos sensoriales, es percibido de un modo distinto al que produce una experiencia perceptiva nueva que: cabría esperar dadas las características formales del propio 1. estímulo. La anomalía reside, por lo tanto, en el receptor, que percibe las características físicas del mundo estimular (forma, tamaño, proximidad, cualidad, etc.) de una manera distorsionada. Por distorsión cabe entender cualquiera sonas en esa misma situación estimular). 2. de individuo (como sucede en las alucinaciones y algunas Una percepción distinta a la habitual y/o más probable, teniendo en cuenta las experiencias previas, las carac- No se fundamenta en, o no se activa a partir de, o no se relaciona con estímulos que existen realmente fuera del estas dos posibilidades: 1. Suele convivir con el resto de las percepciones «normales» o esperables (i. e., las que tienen el resto de las per- 3. pseudopercepciones). Se mantiene y/o se activa a pesar de que el estímulo que terísticas contextuales, el modo en que otras personas produjo la percepción inicial ya no está «aquí y ahora» perciben ese estímulo, como sucede en las distorsiones físicamente presente (como es el caso de las imágenes relativas a la percepción del tamaño, la forma, la intensi- eidéticas, las parásitas o las consecutivas). Por lo tanto, la dad, la distancia, etc. experiencia perceptiva que tiene el individuo puede estar 173 Manual de psicopatología. Volumen 1 fundamentada (como sucede en algunas pseudopercep- De todos modos, sabemos que toda clasificación es pro- ciones) o no (como en las alucinaciones] en estímulos blemática y la que proponemos no es una excepción. Pese a «reales» y accesibles a los sentidos; pero en ambos casos, ello, y por las razones antes expuestas, nos parece un punto esa experiencia persiste independientemente de que se halle presente el estímulo que la produjo. de partida viable para abordar este importante capitulo de la psicopatología. Así pues, sobre la base de la distinción entre Este grupo de trastornos se ha denominado también distorsión y engaño expondremos la clasificación de los tras- como «percepciones falsas», «aberraciones perceptivas» o «errores perceptivos». Nosotras preferimos el término enga- tornos perceptivos, incluyendo los fenómenos más represen- ño —siguiendo a autores como Hamilton (1985), Reed (1988) ge en la Tabla 6.1. En las páginas que siguen comentaremos o Slade y Bentall (1988)— porque apresa mejor la experiencia fenomenológica que se produce en esas circunstancias. De hecho, el calificativo de «falso» aplicado a los procesos perceptivos e imaginativos no es adecuado porque alu- de al criterio de «verdad» como elemento definitorio de la tativos de cada categoría. La clasificación completa se reco- las principales distorsiones perceptivas, para continuar después con el desarrollo de los engaños, errores o aberraciones perceptivas que, clásicamente, constituyen el tema central de este grupo de psicopatologías. experiencia perceptiva, cuando en realidad se trata de una experiencia mental que puede ser calificada como probable, posible, e incluso consensuable en términos socioculturales, )) Tabla 6.1. Clasificación de las psicopatologías de la percepción y la imaginación pero difícilmente como «verdadera» o «falsa» en términos 1. DISTORSIONES PERCEPTIVAS absolutos. Y esa dificultad es todavía mayor si admitimos los postulados a los que antes aludimos sobre la percepción como un proceso cognitivo (i. e., mental) de construcción y reconstrucción de la realidad, que tiene lugar a través del concurso de la interacción entre estímulo a percibir, contexto en el que se presenta el estímulo y características del receptor (i. e., el individuo). Algo similar sucede con los otros dos términos, «aberración» y «error», que parecen remitir además a un aspecto difícilmente aplicable a muchos de estos trastornos: aluden a que la persona podía haber hecho algo para «no equivocarse» en su percepción, para no errar. De hecho, la mayor parte de las personas que experimentan alucinaciones y distorsiones perceptivas no pueden «hacer algo» por controlar, evitar o suprimir esas experiencias una vez se activan, del mismo modo que no las «activan» de manera voluntaria y consciente; o que cualquiera de nosotros, por poner un ejemplo más común, sea capaz de evitar experimentar una post-imagen, una imagen consecutiva, después de mirar directamente al sol durante unos instantes. En definitiva, en los engaños perceptivos el estímulo es, en la mayor parte de los casos, solo un supuesto: el ejemplo I. De la intensidad de los estímulos. • Hiperestesias versus hipoestesías. • Hiperalgesias versus hipoalgesias (percepción del dolor). • Analgesia: ausencia de percepción de dolor. • Anestesia: ausencia general de percepción de intensidad de los estímulos. 2. De la cualidad. 3. Del tamaño y/o la forma: metamorfopsias. • Dismegalopsias: anomalías en la percepción del tamaño: - Micropsias. - Macropsias. • Dismorfopsias: anomalías en la percepción de la forma. • Autometamorfopsías: distorsiones en la percepción del tamaño 0 forma del propio cuerpo. 4. De la integración perceptiva. • Aglutinación versus escisión. • Sinestesia. 5. Ilusiones. • Pareidolias. • Sensación de presencia. más obvio de ello es, sin duda, la alucinación. Sin embargo, en las distorsiones perceptivas los estímulos son un punto de partida necesario, aunque, como en toda percepción, no suficiente. Además, en estos casos los estímulos activadores II. ENGAÑOS PERCEPTIVOS I. Pseudopercepciones o imágenes anómalas. tienen una influencia desigual, no siempre predecible, sobre • Hipnagógicas e hipnopómpicas. el output o el resultado final (es decir, sobre el percepto), • Alucinoides. como sucede en las ilusiones que clásicamente ha estudiado • Mnésicas. la psicología experimental. Lo que, sin embargo, es común a los engaños y las distorsiones es que la persona tiene una • Consecutivas (post-imágenes). experiencia perceptiva, es decir percibe algo, tanto si esa • Parásitas. experiencia se fundamenta o no en una «percepción autén- 2. Alucinaciones. tica»: de ahí que hayamos optado por incluir ambos tipos de 3. Pseudoalucinaciones. experiencia en un mismo capítulo. 174 - Eidéticas. Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación III. Trastornos perceptivos: distorsiones sensoriales e ilusiones antes, 0 las propias características y estado de nuestros órganos sensoriales, entre otros. Por lo tanto, la intensidad con la que podemos percibir un determinado estímulo en un momento dado no es simplemente una cuestión de todo o nada, sino que depende de una multiplicidad de factores A. Anomalías en la percepción de la intensidad de los estímulos externos al individuo [características del estimulo), pero también internos a él (las referidas al estado del propio orga- (...) veo las flores, los árboles, las plantas... las veo como nuevas... los árboles, es como un verde, verde, fluorescente... no hay nada marchito... las flores lo mismo, super-nuevas, super-limpias, con el color más intenso... el cielo lo mismo...y el agua del mar igual, azul, azul, muy intenso todo... los colores muy brillantes... tengo más capacidad visual y sensorial... noto nismo]. En este sentido, puede hablarse de un continuo o dimensión de percepción de la intensidad de los estímulos, que varía como consecuencia de: (1) las características del estímulo a percibir; (2) el contexto y el momento en que se produce la percepción, y (3) las características y el estado del receptor (i. e., de la persona). como la bombilla de mi habitación se triplica la potencia... también se aumentan los sonidos... por ejemplo, se cae una hoja al suelo en otra habitación y la oigo... que normalmente no lo anomalías en este ámbito, ya que admitimos la existencia habría oido...» de un continuo de intensidad de la percepción. Sin embargo, Según lo anterior, puede parecer un sinsentido hablar de existen ciertas situaciones en las que podemos hablar de (...) como si estuviera solo en el mundo... todos los ruidos apagados, como en sordina... la voz de mi madre casi no la oigo... la tele... todo como apagado... sí, la vista también, como si todo estuviera marchito, feo, sucio... sin colores, sin brillo, sin luz...» anomalías, especialmente cuando una persona percibe como exagerada o mínima la intensidad de un estimulo que está al alcance de sus sentidos, a pesar de que otras personas que se hallan en la misma situación o momento dicen percibirlo con una intensidad normal, o al menos con la que habitual- En este grupo se incluyen las anomalías que se producen mente se suele percibir ese estímulo concreto, tal y como en la intensidad con la que se perciben los estímulos. Pueden producirse tanto por exceso como por defecto a lo largo relatan los ejemplos de pacientes anteriores. Por lo tanto, de un continuo: en el primer caso se califican como hipe- las del estímulo, las que probablemente se hallan aquí alte- restesias (i. e., percibir los estímulos con mayor intensidad radas. La anomalía puede tener origen neurológico, o guar- son las características del receptor, y no las del contexto o de la esperable, como en el primer relato) y en el segundo dar relación con una alteración transitoria de los órganos como hipoestesias (i. e., percibir los estímulos con una inten- sensoriales —como sucede en ciertos estados tóxicos—, o sidad menor de la esperable, como describe el paciente del bien puede ser de origen funcional —como ocurre en ciertos segundo relato]. La ausencia absoluta de percepción de la trastornos mentales—. En este último caso, la alteración es intensidad estimular se denomina anestesia. claramente de naturaleza perceptiva, ya que tanto los recep- Una modalidad especial la constituye la percepción de la intensidad de los estímulos que causan dolor: en este tores neurales como los sensoriales funcionan correctamen­ te o dentro de los limites de la normalidad. caso se habla de hiperalgesias (percepción exagerada de la La intensidad de las percepciones puede verse alterada intensidad del dolor: «cualquier golpecito, por pequeño que en trastornos mentales complejos, como los estados depre- sea... es como si me dieran con un martillo, me retumba y sivos. En estos casos se manifiesta, por ejemplo, mediante me duele por todo el cuerpo») versus hipoalgesias (percep- quejas sobre la incapacidad para «sentir» o «notar» los sabo- ción muy escasa de estímulos que causan dolor: «nada me res, los olores, los sonidos, etc. («Todo me sabe igual... no afecta, nada me impresiona, me golpeo con la cabeza en noto el sabor de la comida... es como si tuviera atrofiados la pared para ver si noto algo, pero apenas nada... como si los sentidos...»). Otros pacientes pueden presentar hipera- fuera un colchón la pared...»), reservando el término anal- cusia, es decir, quejarse de que los sonidos que escuchan gesia para la ausencia total de percepción de dolor: de ahí son exageradamente que ciertos fármacos destinados a disminuir el dolor físico se voz baja puede altos; resultar incluso una intolerablemente conversación ruidosa en («...oigo denominen, genéricamente, «analgésicos» («otras veces aun todo como en un home-cinemo... con diez altavoces y un es peor... me golpeo, veo la sangre, me tendría que estar sonido en cada altavoz, rodeándome... el sonido es como retorciendo de dolor, pero nada, no noto nada...»]. más claro, mas diáfano, más evidente... no es que sea más Sabemos que la intensidad con la que percibimos los agudo, mantiene la tonalidad»). Esta alteración es frecuen- estímulos, como por ejemplo, la luz, depende no solo de te no solo en los trastornos del estado de ánimo, especial- su intensidad, sino también de otros muchos factores, tales mente en fases de manía, pues también puede aparecer como el cansancio, la habituación, el nivel o la intensidad en trastornos de ansiedad, asociados a migrañas, o como estimular consecuencia de estados tóxicos debidos a muchas causas: a la que estuvimos expuestos inmediatamente 175 Manual de psicopatología. Volumen 1 alcohol, drogas, O efectos secundarios de ciertos fármacos. Asimismo, en algunas esquizofrenias, en los estados maníacos y en los de éxtasis producidos como consecuencia de la ingestión de ciertas drogas pueden producirse hiperestesias visuales, en las que los colores parecen mucho más intensos y vívidos de lo normal, como relataba la paciente con la que comenzamos este apartado. Otros casos en los que se detectan percepciones distorsionadas del dolor se encuentran en personas con trastornos de conversión (las antiguas C. Metamorfopsias: anomalías en la percepción del tamaño y/o la forma (...) de pronto todo se hacía pequeñito, pequeñito, el perro casi desaparecido... encogido de golpe... menos yo, que seguía igual pero, claro, en comparación con lo de alrededor, parecía enorme, me sentía como agrandado todo el cuerpo... con mucho miedo de pisar a alguien, de pisar al perro... como en la película esa de uno que encoge a sus hijos...» «histerias») 0 con trastornos disociativos: no dan muestras de sentir dolor (i. e., hipoalgesia) a pesar de exponerse a estímulos que lo provocan. Pero también pueden presentar lo contrario, hiperalgesias, que suelen ser discontinuas y cam- (...) me asusté muchísimo... mis manos y mis pies enormes, como en primer plano... como si mis propias manos fueran a atacarme o algo asi, de lo grandes que eran...» biantes, lo que es un indicador útil para diferenciar estas distorsiones de las que tienen un origen orgánico: por ejemplo, Con el término general de metamorfopsia se alude a dis- tumores, lesiones de distintos tipos (tisulares, musculares, torsiones en la percepción visual de la forma [dismorfopsias] viscerales), consumo de opiáceos, infecciones, etc. En suma, y/o del tamaño [dismegalopsias] de los objetos. Dentro de estas últimas se distingue entre micropsias y macropsias estas personas pueden presentar una amplia variedad de síntomas relacionados con anomalías en la percepción de la (o megalopsias], en las que los objetos reales se perciben, intensidad respectivamente, a escala reducida (o muy lejanos] o a escala estimular: desde anestesias hasta hiperalgesias y dolor psicógeno, sin que existan causas orgánicas que lo aumentada (o muy cercanos]. Cuando estas distorsiones se justifiquen. En todo caso, es importante tener en cuenta refieren a la percepción de partes del propio cuerpo reci- que muchas enfermedades de origen neurológico, y, por lo tanto, con una etiología claramente orgánica, cursan con ben el nombre de auto-metamorfopsias. La persona suele ser consciente de las anomalías que está experimentando alteraciones de este tipo, por lo que debemos ser cautos a en la percepción de los objetos (o de su cuerpo). Sus reac- la hora de aplicar un diagnóstico de «trastorno funcional» ciones emocionales ante la experiencia varían enormemen- (p. ej., dolor psicógeno, trastorno somatoforme, o trastorno te, oscilando desde el agrado hasta el terror o la ira. En la de conversión] ante la aparición de distorsiones como las mayor parte de las ocasiones, las metamorfopsias se asocian comentadas. a distorsiones en la percepción de la distancia; por ejemplo, B. Anomalías en la percepción de la cualidad de los estímulos des de lo que en realidad son y a una distancia mayor o un paciente puede ver sus propios pies mucho más granmenor de la normal. Todas estas anomalías se presentan en una amplia gama de situaciones: desde los trastornos neuroVan asociadas en muchas ocasiones a las anteriores y hacen lógicos, como la epilepsia o los producidos por lesiones en el referencia sobre todo a las visiones coloreadas, a la mayor o menor nitidez y detalle de las imágenes, aunque también lóbulo parietal, o en estados orgánicos agudos, hasta como pueden producirse en relación con otros sentidos como el la mescalina). Sin embargo, son muy poco frecuentes en los consecuencia de los efectos de determinadas drogas (p. ej., gusto, el olfato, o el tacto. Por lo general, están provocadas episodios agudos de esquizofrenia y en los trastornos emo- por el uso (voluntario o inducido] de ciertas drogas, como la cionales (Sims, 1988). mescalina, y/o de medicamentos, como la digital, además de por lesiones de naturaleza neurológica. También pueden aparecer en trastornos mentales, como las esquizofrenias o las depresiones: por ejemplo, un paciente esquizofrénico puede quejarse de que todos los dulces que come están amargos, o de que las flores huelen a excrementos; y uno ) Metamorfopsia. Distorsiones perceptivas consistentes en alteraciones en la percepción del tamaño (dismegalopsias) o de la forma (dismorfopsias) de los objetos, o en una combinación de ambos (tamaño y forma). depresivo puede decir que todo «lo ve» (en el sentido de que lo experimenta o lo vive) negro, opaco o sin color. Sin embargo, si le pedimos que enumere los colores de un cua- D. Anomalías en la integración perceptiva dro, los identificará correctamente. De nuevo, en este tipo de casos nos hallamos frente a un correcto funcionamien­ to de los órganos sensoriales: es la percepción del mundo (...) iba por la calle y notaba como si los ruidos de los coches no tuvieran nada que ver con los coches, no se cómo explicar- la que está alterada en estos pacientes (Gelder et al., 1989; Sims, 1988]. lo... era como si lo que veía y lo que escuchaba vinieran de mundos distintos, no se juntaban, eran separados...» 176 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación Se trata de anomalías poco frecuentes, que a veces dos, luces, etc.). No se conoce con exactitud su prevalencia aparecen en los estados orgánicos y en la esquizofrenia. La entre la población general, aunque algunos estudios indican persona parece incapaz de establecer los nexos que habitual- tasas de hasta el 1% (Simner et al., 2006). Se han descrito mente existen entre dos o más percepciones procedentes casos de personajes famosos con gran capacidad sinestésica, de modalidades sensoriales diferentes: por ejemplo, cuando en su mayoría grandes creadores, como el poeta Baudelaire, está viendo la televisión experimenta la sensación de que el músico Rimski-Kórsakov, o el pintor Kandinsky. En el caso existe una especie de «competición», e incluso conflicto, de los trastornos mentales y/o enfermedades neurológicas, entre lo que oye y lo que ve, como si ambas sensaciones parece ocurrir con más frecuencia en personas con trastor- no tuvieran nada que ver entre sí, o como si procedieran nos del desarrollo neurológico (p. ej., autismo) y en quienes de fuentes de estimulación diferentes y «lucharan» entre sí padecen algunas formas de epilepsia. En todo caso, se trata por atraer su atención. Las conexiones entre ambas modali- de una experiencia involuntaria que se produce de forma dades sensoriales (auditiva y visual) han fracasado, o no se automática, han establecido correctamente, y, por ello, la persona tiene placenteros, que no debe confundirse con las estrategias normalmente asociada a estados emocionales la sensación de que proceden de fuentes diferentes y de normales que a veces utilizamos para, por ejemplo, memori- que atraen al mismo tiempo sus recursos atencionales (Sims, zar un texto asociándolo a una canción. Finalmente, aunque 1988). En estos casos estamos ante un ejemplo de lo que se se han descrito muchas formas de sinestesia, las más comu- denomina escisión perceptiva, en la que el objeto percibido nes son las de música-color (la persona «ve» diferentes colo- se desintegra en fragmentos o elementos, como ejemplifica res según sean las características de timbre, frecuencia, etc., el relato anterior. de la música que está escuchando), grafema-color (se «ven» colores concretos asociados a letras o números concretos), y léxico-gustativa (una palabra escuchada o pronunciada acti- ) Escisión perceptiva. Percepción desintegrada de los va un sabor concreto]. diversos elementos de un mismo estímulo. Puede ceñirse a las formas (morfolisis) o a la disociación entre color y forma (metacromía). Un fenómeno relacionado con la sinestesia, es el Mitempfindung, que podría traducirse como malestar a distancia o por empatía. Hace referencia a la presencia de una sensación molesta, generalmente prurito o picazón, pero también Además de ejemplos como el que acabamos de comentar, las escisiones pueden ceñirse solo a las formas (morfolisis), o a la disociación entre el color y la forma (metacromía]. Una representación pictórica de morfolisis se encuentra en el cuadro La persistencia de la memoria (más conocida como los relojes blandos o los relojes derretidos] del pintor Salvador Dalí. puede ser calor, opresión o dolor, en una parte del cuerpo diferente y distante de aquella en la que se ha producido una lesión cutánea, no necesariamente grave (p. ej., un arañazo). Tanto la lesión real como la sensación a distancia ocurren de forma simultánea y en el mismo lado del cuerpo (ipsilateralidad), y su duración tiende a ser breve. Se produce casi siempre en personas sanas y cuando se detecta en la infancia, suele persistir durante gran parte de la vida. En otros casos, El fenómeno opuesto a la escisión se denomina agluti­ tiene causas neurológicas, todavía no bien conocidas, y se nación perceptiva, y consiste en que las distintas cualidades han descrito algunos casos asociados a infecciones virales, sensoriales se funden en una única experiencia perceptiva. como el herpes zóster (Jewanski et al., 2020). En este caso, la persona tiene dificultades, o es incapaz, de distinguir entre diferentes sensaciones. Una forma especial de integración perceptiva anómala es la sinestesia, también ) Aglutinación perceptiva (fenómeno opuesto a la escisión conocida (no muy acertadamente) como fusión o confusión perceptiva). Percepción unitaria de sensaciones que en la de los sentidos. Consiste en la activación de una vía senso- realidad se producen de forma diferenciada. rial diferente a la que se activa ante un estímulo especifico, por lo que la persona experimenta una sensación (p. ej., visual), al percibir un estímulo en otra modalidad sensorial (p. ej., auditiva). Se perciben correctamente tanto el sonido como los colores (Callejas y Lupiáñez, 2012). No se trata E. Anomalías en la estructuración de estímulos ambiguos: las ilusiones pues de una fusión o confusión de sensaciones y no siem- La pre tiene connotaciones psicopatológicas: de hecho, hasta ceptiva en la medida en que se defina como una «percep- ilusión puede conceptuarse como una distorsión per- transcurridos cuatro meses de edad, los bebés presentan ción equivocada de un objeto concreto» (Arnold et al., 1979, un cerebro sinestésico porque todavía no se ha producido la p. 172). Esto equivale a admitir que las ilusiones son percep- especialización de las diferentes áreas cerebrales y pueden tos que no se corresponden con las características fisicas responder del mismo modo ante estímulos diferentes (soni­ «objetivas» de un estímulo concreto. Desde una perspectiva 177 Manual de psicopatología. Volumen 1 psicológica clásica, las ilusiones son el resultado de la tenden- Se trata de una modalidad especial de ilusión en la cual cia de las personas a organizar, en un todo significativo, ele- el individuo proporciona una organización o estructura fisi- mentos más o menos aislados entre sí o con respecto a un ca y, en consecuencia, otorga un significado específico a un fondo. La ilusión de Müller-Lyer, las ilusiones por contraste, o estimulo ambiguo, poco estructurado, sin una forma ni sig- las figuras reversibles son ejemplos típicos de ilusión, amplia- nificado concretos y, por tanto, sujeto al juego libre de inter- mente estudiados por la psicología experimental gestaltista. pretación y búsqueda de significado. Ejemplos cotidianos de Por su parte, la vida cotidiana nos ofrece abundantes ejem- pareidolia son las «caras» que vemos dibujadas en el per- plos de experiencias ilusorias: cuántas veces hemos creído fil de una montaña, en las nubes que observamos, o en las ver a un amigo al que estamos esperando en la puerta del llamas que surgen de una chimenea. Naturalmente, no son cine y, al acercarnos o al darle un golpecito en la espalda nos en absoluto patológicas (quizá lo sería la incapacidad para damos cuenta del error. O quién no ha escuchado alguna formarlas) y, como dijimos antes, ejemplifican lo que deno- vez pasos detrás de sí al caminar por una solitaria y oscura minamos callejuela. Y quién de nosotros es capaz de «no ver» la palo- No obstante, bajo determinadas circunstancias en las que el ma que «sale» de la bocamanga del prestidigitador. Como estado de ánimo se halla alterado —p. ej., cansancio físico una experiencia mental anómala no patológica. señala Reed (1988), en todos estos casos podemos encontrar extremo, disminución de la claridad de la consciencia por ciertos elementos comunes: por un lado, una cierta predis- ingestión de sustancias o enfermedad médica, aislamiento posición personal a interpretar la estimulación en un sentido o soledad prolongados, oscuridad ambiental—, una pareido- concreto, y no en cualquiera de los otros posibles; y, por otro, lia puede agravar el estado de ánimo inicial y provocar una la ambigüedad o falta de definición clara de esa estimula- crisis emocional o de ansiedad. En estos casos el problema ción que estamos recibiendo y/o de la situación en la que no está en la pareidolia en sí (que es un proceso normal de se produce. Así pues, lo que en realidad parece suceder en construcción de un estímulo ambiguo), sino en la interpre- estas experiencias que calificamos como ilusiones es que los tación secundaria que hace la persona del proceso de cons- estímulos que estamos realmente percibiendo se combinan trucción con una imagen mental concreta que no se corresponde, hizo previamente. de significados que, paradójicamente, ella misma necesariamente, con lo que representa el estímulo. El DSM-5 (APA, 2013) define las ilusiones como «percepción equivocada, o interpretación errónea, de un estímulo externo real», una definición confusa si bien asume que es la interpretación del estímulo lo que origina la experiencia ilusoria. Desde el punto de vista de la psicopatología, las ilusiones ) Pareidolia. Modalidad de ilusión que consiste en la reconstrucción voluntaria y activa de un estímulo ambiguo o poco estructurado con el fin de proporcionarle un significado o forma específicos. son un ejemplo claro de lo que constituye una experiencia mental anómala e inusual, pero no necesariamente patológica o mórbida, es decir, que no posee por sí misma un significado clínico. A continuación, describimos las dos modalidades más importantes de ilusiones para nuestra disciplina. ) Distorsión perceptiva. Se produce cuando un estímulo externo y accesible a los órganos sensoriales se percibe de un modo distinto al que cabría esperar dadas las características formales del propio estímulo. ) Ilusión. Distorsión perceptiva causada por la combinación de predisposición personal, ambigüedad o falta de definición clara del o los estímulos, y de la situación en la que se produce. a. Pareidolias (...) en la playa, tumbado en la arena, me distraigo buscando caras en las nubes... o sentado frente al fuego, en la chimenea, me entretengo buscando formas de animalitos en las pequeñas llamitas que van saliendo...» 178 b. Sensaciones de presencia Era el primer domingo de agosto. Me fumé un cigarrillo en el balcón... la calle estaba desierta... estaba solo en la finca. El día había sido agotador. Me fui a dormir, pensando cómo iba a solucionar al día siguiente un problema del trabajo. No se escuchaba nada, ni el más leve ruido... El sueño me fue venciendo ... Me desperté sobresaltado: ¿un golpe en la habitación de al lado? Agucé el oído: ahora me parecía escuchar susurros y, al mirar por la puerta entreabierta de mi habitación, vi que alguien cruzaba el pasillo en dirección al salón... me sentía aterrorizado, el corazón me iba a mil por hora... no sabía qué hacer... y vi que alguien parecía observarme a través de la cristalera del balcón... Me dije a mí mismo: calma, levántate y enciende las luces. Así lo hice y, en ese mismo momento, me di cuenta de que mi gata no estaba donde siempre, en el sillón, estaba tumbada en el balcón...» Este ejemplo de ilusión, denominada por Reed (1988) sensación de presencia, hace referencia a una especie de «sexto sentido», que conlleva una experiencia senso-perceptiva más compleja que la que se produce en el caso de las pareidolias, entre otras cosas porque incluye un buen número de Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación ellas y porque la voluntariedad para buscarlas O formarlas no mental es tan evidente como en el caso de las pareidolias aisladas, está provocada, en parte, por el hecho de que imaginación en percepción términos senso-perceptivos. comparten reglas de La interpretación ya que la persona no es plenamente consciente de ello. En y este caso la persona tiene la sensación de que no está sola, y no porque los órganos de los sentidos estén alterados o funcionamiento mental, aunque no haya nadie a su alrededor, ni sea capaz de iden- sean disfuncionales, lo que diferencia estas experiencias de tificar claramente un estímulo que apoye esa sensación, tal las distorsiones perceptivas que se explicaron antes. No obs- como una voz, una música 0 cualquier otro signo similar. tante, en algunos casos estos engaños pueden estar provo- Estas «sensaciones de presencia» son extraordinaria­ cados, inicialmente, por alteraciones y disfunciones de los mente frecuentes en ciertas situaciones vitales, tales como órganos de los sentidos como consecuencia, por ejemplo, el cansancio físico, las preocupaciones, o la soledad acom- de la ingestión accidental o voluntaria de tóxicos o por dis- pañada de disminución drástica de estimulación ambiental, funciones cerebrales que, a su vez, provocan alteraciones y como parece haberle sucedido a la persona del ejemplo. Pero disfunciones senso-perceptivas. también pueden aparecer asociadas a estados de ansiedad y miedo patológicos, a esquizofrenia, a histeria, a trastornos mentales de origen orgánico y/o secundarios a la ingestión A. Pseudopercepciones e imágenes anómalas de sustancias tóxicas (incluyendo ciertos fármacos). Téngase en cuenta que los estados emocionales intensos constituyen una causa fundamental para la aparición de ilusiones. Así, por ejemplo, en un estado delirante agudo, el umbral perceptivo es más bajo de lo normal y el paciente se encuentra aturdido, ansioso, activado, etc., todo lo cual le predispone a experimentar ilusiones. En este grupo se incluye un conjunto de imágenes mentales anómalas cuyo procesamiento es similar al de un percepto, lo que puede llevar a confundirlas con percepciones «auténticas». Estas imágenes se producen bajo una de estas dos circunstancias: o bien en ausencia de los estímulos concretos y apropiados para activarlas o desencadenarlas, o bien se mantienen y/o se activan a pesar de que el estímulo que Según Hamilton (1985), las ilusiones de este tipo tienen cierta importancia diagnóstica al menos por tres motivos: (1) por su probable asociación con otros signos y síntomas; (2) porque indican un estado emocional elevado, y (3) porque pueden alertar al clínico acerca de la existencia de una base etiológica para la falta de claridad perceptiva, si es que no están presentes causas obvias de oscuridad ambiental, por ejemplo, o de adormecimiento. En todo caso, es importante recalcar que las ilusiones las produjo ya no se encuentra activamente presente. En el primer caso se incluyen las imágenes hipnagógicas, hipnopómpicas y alucinoides, que se producen en torno a las fases del sueño o en otras circunstancias en las que, como en el sueño, hay una disminución de la claridad de la consciencia o del nivel de vigilancia atencional consciente. En el segundo grupo se pueden incluir las imágenes mnésicas, las parásitas y las consecutivas o post-imágenes, que no se asocian a disminución de la claridad de la consciencia. son el producto de una combinación entre predisposiciones internas o subjetivas (deseos, motivos, expectativas, emo- a. Imágenes hipnopómpicas e hipnagógicas ciones, cansancio, etc.) y externas (características físicas del En algunos textos clásicos se las denomina alucinaciones fisio- estímulo, contexto o fondo en que se produce, etc.). Y en lógicas, dadas las circunstancias en las que se producen, pues gran medida se pueden concebir como identificaciones y/o se trata de imágenes que aparecen en estados de semi-cons- interpretaciones nuevas —como reconstrucciones— de estí- ciencia, entre la vigilia y el sueño. En sentido estricto, el tér- mulos que se hallan presentes y al alcance de los sentidos mino imagen hipnagógica se reserva para los fenómenos (Reed, 1988). que acompañan al adormecimiento y, por tanto, se producen en los momentos que preceden al sueño, mientras que el de IV. Trastornos de la imaginación: engaños perceptivos rimentan en el período breve de tiempo (segundos o unos Este apartado está dedicado a lo que hemos denominado to las unas como las otras se caracterizan por su autonomía como «engaños perceptivos», en un intento por enfatizar el y espontaneidad, es decir, que aparecen y se transforman sin imagen hipnopómpica designa a las imágenes que se expepocos minutos) que va desde el sueño hasta el despertar. Tan- hecho diferencial de las psicopatologías que se incluyen aquí control alguno por parte del individuo. Suelen ser vividas y rea- y que se pueden resumir en que la persona las experimenta listas, aunque su contenido puede carecer de significado para como el resto de sus perceptos normales, aunque se trata el sujeto. Se pueden dar en todas las modalidades sensoriales, de imágenes y, por lo tanto, de productos cognitivos que ela- aunque las más frecuentes son las auditivas y las visuales. bora y construye su propia mente. Por tanto, lo que explica la experiencia es la interpretación engañosa de una imagen Estas experiencias son extraordinariamente comunes en la población general no clínica. Algunos estudios informan 179 Manual de psicopatología. Volumen 1 )) Tabla 6.2. Diferencias entre pseudopercepciones hipnagógicas e hipnopómpicas y alucinaciones - CARACTERÍSTICAS PSEUDOPERCEPCIONES ALUCINACIONES No Si Bajo, escaso Normal No No Elementos aislados en una escena Elementos inmersos en una escena Nulo o escaso Si Escasa Muy alta No Si Ninguna Muy alta No Muy frecuentes Juicio de realidad (posterior) Nivel de vigilia Control voluntario Amplitud de contenidos Impacto y/o contenido emocional Capacidad de recuerdo Atribución a fuerzas exteriores Interferencia cotidiana Valoraciones y creencias disfuncionales asociadas 1 de que cerca del 70% de la población las ha experimenta- zas externas, o la nula interferencia en la vida cotidiana y do con cierta frecuencia (Ohayon, et al., 1996) y, en muchos el escaso o nulo impacto emocional que tienen estas pseu­ casos, son olvidadas cuando la persona se despierta (Waters dopercepciones et al., 2016), especialmente en el caso de las hipnopómpicas Además, a diferencia también de las alucinaciones, son difi- frente al que poseen las alucinaciones. porque la persona las «integra» como formando parte de sus ciles de detectar porque la persona las olvida, ya sea porque sueños. Las más habituales se producen en las modalidades se duerme (en el caso de las hipnagógicas), ya sea porque visual, auditiva y somática. Entre las hipnagógicas, las más atribuye su aparición al sueño que estaba teniendo antes de frecuentes son las visuales (hasta el 86% de los casos) y con- despertarse en el caso de las hipnopómpicas («he soñado sisten en visiones de tipo caleidoscópico, patrones geomé- que sonaba el despertador y entonces me he despertado»). tricos, sombras, o luces y flases, aunque también pueden Sin embargo, como veremos más adelante, la persona que tratarse de escenas más complejas y con cierto significado. tiene alucinaciones suele mantener un recuerdo muy vívido Las auditivas las experimenta entre el 8 y el 34% de las per- de ellas, a pesar de que haya transcurrido tiempo desde la sonas y consisten en escuchar voces (p. ej., nuestro nombre, experiencia. Por último, es importante resaltar dos caracte- el llanto de un bebé], timbres (p. ej., el despertador, la puer- rísticas en las que, no obstante, coinciden ambos tipos de ta), ruidos (p. ej., pasos, puertas que cierran, golpeteos] o engaños perceptivos: por un lado, su carácter involuntario y, sonidos musicales, pero también otras más complejas como por otro, el hecho de que su aparición en el flujo de expe- conversaciones o ruido ambiental. En cuanto a las somáticas, riencia de la persona no se produce como consecuencia de son experimentadas por entre el 25 y el 44% de los casos, y la exposición a, o la presencia de, ninguna fuente estimular consisten en sensaciones de ingravidez, de caerse, de volar, que se corresponda con la experiencia perceptiva que se etc. (Waters et al., 2016). Además de ser muy comunes en está teniendo. cualquier situación, también se experimentan en circunstancias en las que se produce una disminución de la claridad de la consciencia, como, por ejemplo, en situaciones de hipertermia, estados tóxicos (ya sea por la ingestión de drogas, ya sea por efectos secundarios de, o intolerancias a, tratamientos farmacológicos), pero también en episodios depresivos graves. Se diferencian de las alucinaciones en varios aspectos que se presentan resumidos en la Tabla 6.2. y que van desde el juicio de realidad posterior a la experiencia, pasando por el nivel de vigilancia en el que se encuentra la persona cuando se experimentan, hasta la falta de atribución a fuer­ 180 ) Pseudopercepción. Imágenes mentales anómalas cuyo procesamiento es similar al de un percepto, lo que puede llevar a confundirlas con percepciones «auténticas». Pueden producirse en ausencia de los estímulos concretos y apropiados para activarlas o desencadenarlas (p. ej., imágenes hipnagógicas, hipnopómpicas y alucinoides) o bien, se mantienen y/o se activan a pesar de que el estímulo que las produjo ya no se encuentra presente (p. ej., imágenes mnésicas, parásitas y las consecutivas o post-imágenes). Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación b. Imágenes alucinoides Como en el caso anterior se producen en ausencia de estí- ejemplo, después de mirar un intenso color oscuro, se ve un color claro, o el movimiento descendente de una cascada se mulos concretos que las activen. Se caracterizan porque son experimenta subjetivas y autónomas, a la vez que poseen un claro carác- te. A pesar de su objetividad, fijeza y autonomía, el individuo ter de imagen y plasticidad. Se producen como consecuen- no las considera reales y raras veces revisten características patológicas. cia de situaciones que afectan al funcionamiento normal del sistema nervioso central, como sucede en las situaciones posteriormente con un movimiento ascenden- e. Imágenes parásitas de hipertermia provocada por enfermedades médicas, o en contextos de intoxicación (por tóxicos, fármacos, alimentos, Se diferencian de las mnésicas porque son autónomas e infecciones, etc.). Normalmente se trata de imágenes visua- involuntarias y de las consecutivas por su subjetividad (i. e., les muy simples y sin significado emocional [fantasiopsias]. Una modalidad, característica de los estados febriles, son las la persona sabe que son un producto de su mente). Pero al igual que ellas, se producen como consecuencia de un estí- denominadas «imágenes de la fiebre» o fenómeno de Müller mulo concreto que ya no se halla presente cuando se produ- (destellos, luces, figuras simples, etc.) que se producen en ce la imagen, lo que las distingue de las ilusiones. Estas imá- el «espacio negro de los ojos cerrados». También se pueden genes tienen un carácter intrusivo y se denominan parásitas producir en la modalidad auditiva (sonidos aislados, ruidos porque aparecen cuando el individuo no centra su atención simples, etc.). El individuo no les otorga juicio de realidad, es en ellas y, por el contrario, desaparecen cuando se concentra decir, sabe que son producto de su mente y, en este sentido, en la experiencia, lo que las diferencia de las obsesiones que se diferencian claramente de las experiencias alucinatorias. se producen en forma de imagen, ya que en estos casos, c. Imágenes mnésicas y eidéticas rezca la imagen, sino, a menudo, todo lo contrario. Suelen Se trata de imágenes de nuestros recuerdos que pueden darse en estados de cansancio, fatiga, o después de haber presentarse de un modo transformado. De hecho, a veces la persona las puede recombinar o variar en función de sus experimentado un acontecimiento traumático, pero también en circunstancias más cotidianas, como cuando, de pronto, deseos, lo que una vez más muestra la plasticidad de las nos asalta la imagen de algo que teníamos que hacer o decir, imágenes mentales. Si no se mantienen voluntariamente, comienzan a desvanecerse hasta su desaparición. Su natura- o la de un sabor concreto y, cuando intentamos fijarnos en centrar la atención consciente en ellas no hace que desapa- leza es eminentemente subjetiva y son experimentadas con poca nitidez y viveza. ello, se desvanece. B. Alucinaciones Las imágenes eidéticas constituyen un tipo especial de Las alucinaciones constituyen, como hemos dicho, los tras- imagen mnésica y pueden considerarse como una especie de tornos más característicos de las psicopatologías de la per- «recordar sensorial». Consisten en representaciones exactas cepción y la imaginación. Además, son uno de los síntomas (o casi) de impresiones sensoriales (normalmente visuales y de trastorno mental por excelencia: el prototipo del enfer- auditivas) que quedan como «fijadas» en la mente de la per- mo mental es el de una persona que dice ver, o escuchar, o sona. Pueden evocarse voluntariamente, o bien irrumpir en sentir, cosas que nadie más a su alrededor experimenta. Sin la consciencia de un modo involuntario. Según los criterios embargo, pese a su indudable valor diagnóstico, no siempre de Jaspers, estas imágenes son imaginadas (no corpóreas) y indican la presencia de un trastorno mental o, dicho en otros tienen determinación espacial (son «objetivas»], pero el juicio términos, su aparición no está reservada «en exclusiva» a de realidad permanece intacto, es decir, el sujeto no las viven- personas con trastornos mentales: algunas personas sanas cia como reales. Son más habituales en la infancia y en las mentalmente culturas primitivas o poco desarrolladas, pero también se han nes, pueden ser provocadas bajo condiciones estimulares pueden experimentarlas en ciertas situacio- descrito en personas con habilidades y aptitudes artísticas. especiales, sin olvidar que, históricamente, han constituido d. Imágenes consecutivas o post-imágenes incluso objeto de deseo para personas de muy diferentes ámbitos culturales. Se producen como consecuencia de un exceso de estimulación sensorial inmediatamente anterior a la experiencia, y por tanto se diferencian del eidetismo en que, en este, la a. Concepto de alucinación representación puede ser evocada al cabo del tiempo, mien- Una de las características más evidentes de la alucinación es, al mismo tiempo, una de las más difíciles de entender y tras que las post-imágenes se mantienen solamente unos explicar: lo que el clínico llama «alucinación» es una experien- pocos segundos. Además, la imagen que se produce tiene cia sensorial normal para el paciente, es decir, un percepto propiedades opuestas a las de la imagen original, hecho por como cualquier otro (Sims, 1988). Entender esta paradoja es, el cual a veces se las denomina «imágenes negativas»: por en cierto sentido, comenzar a entender qué significa la expe­ 181 Manual de psicopatología. Volumen 1 riencia alucinatoria. Sin embargo, la historia nos enseña que su imaginación y sus experiencias alucinatorias, las cuales, el camino hacia esa comprensión no ha sido lineal. La primera además, conviven con el resto de sus percepciones normales definición sobre este trastorno se atribuye a Esquirol (1832), o correctas. Otras críticas aluden al hecho de que se trata de quien habló de las alucinaciones en los siguientes términos: una conceptualización incompleta, inexacta y hasta contradictoria, además de partir de una interpretación incorrecta En las alucinaciones todo sucede en el cerebro (en la men- de la definición original de Esquirol. Es incompleta porque, te]. (...) La actividad del cerebro es tan intensa que el visionario, la persona que alucina, otorga cuerpo y realidad a las imágenes que la memoria recuerda sin la intervención de los entre otras cosas, no hace referencia al trastorno de la con- sentidos» (citado en Slade y Bentall, 1988, p. 8). ciencia que casi siempre acompaña a las alucinaciones, que altera el juicio de realidad y hace que la persona que alucina acepte esas imágenes como reales. Esta última considera- Unos años más tarde, en 1890, Ball, psiquiatra de la ción es de suma importancia, puesto que hay autores como escuela francesa, ofrecería una definición mucho más con- Reed (1988) que consideran que el atributo esencial de la alu- creta de los fenómenos alucinatorios, ya que simplemente cinación es la convicción de realidad de la experiencia que los Esta mantiene el individuo. Por otra parte, la definición de Ball es extraordinariamente inexacta y contradictoria en los términos en que se expre- popular y sigue manteniéndose aún hoy en muchos textos sa, puesto que las condiciones necesarias de la percepción prestigiosos. A su amparo surgieron multitud de modelos son la presencia de un objeto, además de una estimulación conceptualizó definición estaba como «percepciones destinada a hacerse sin objeto». y teorías explicativas que, pese a sus diferencias, tienen adecuada de los órganos sensoriales. Las alucinaciones, al en común la insistencia en los aspectos perceptivos de no reunir estas dos condiciones, no pueden ser clasificadas la alucinación, o si se prefiere, de «falsa percepción». Este como percepciones, ni en el fondo se debería utilizar siquiera tipo de definiciones se ha englobado tradicionalmente bajo este término a la hora de definirlas. el rótulo de «postura perceptualista», dentro de la cual se desarrollaron a su vez tres acercamientos: ) Alucinación. Representación mental que: a) comparte 1. Las alucinaciones son imágenes intensas y, por tanto, serían más bien un trastorno de la imaginación, ya que lo que sucede es que el sujeto percibe la imagen con tanta intensidad, que cree que ha adquirido un carácter perceptivo. En otras palabras, la alucinación se considera como una representación exteriorizada. Psiquiatras de la características con la percepción y con la imaginación; b) se produce en ausencia de un estímulo apropiado a la experiencia que la persona tiene; c) tiene toda la fuerza e impacto de la correspondiente percepción real, y d) no es susceptible de ser dirigida ni controlada voluntariamente por quien la experimenta (tiene carácter intrusivo). escuela francesa, como Falret, serían representantes de esta tendencia. 2. Las alucinaciones son un fenómeno más sensorial que perceptivo. Aquí el matiz se sitúa en las estimulaciones de Ball ha tenido mucho más éxito del que cabría suponer. externas, tan intensas que harían que el sujeto tuviera un Como muestra, repase los diversos tratados sobre psico- recuerdo de dicha estimulación y, por ello, las experimen- patología (incluyendo el presente) y compruebe el capítulo tara como si la estimulación estuviera realmente presen- en el que se incluyen las alucinaciones: invariablemente se te. Baillarger y Goldstein apoyaron este planteamiento. 3. Pese a estas consideraciones, es obvio que la definición Las características fundamentales de las alucinaciones son corporeidad (tienen cualidades objetivas) y espacialidad (aparecen en el espacio objetivo exterior y no en el espacio subjetivo], y, por lo tanto, se pueden concebir como percepciones corpóreas vivenciadas en el espacio externo (Jaspers, 1975). A partir de esta consideración, explican dentro del apartado dedicado a psicopatología de la percepción. Y, como es lógico, algo similar sucede si se estudian los textos de los grandes autores de la psicopatología, tales como Henri Ey (1963), para quien la alucinación es un trastorno psicosensorial diferente de la ilusión y de la interpretación delirante que, en su forma más característica, consiste en una «percepción sin objeto». Jaspers definió las alucinaciones como «percepciones cor- Más recientemente, pero también dentro de esta misma póreas engañosas que no han surgido de percepciones línea perceptualista, encontramos la definición que propone reales por transformación, sino que son enteramente nuevas, y que se presentan junto y simultáneamente a el Oxford Textbook of Psychiatry, uno de los más prestigiosos textos de psiquiatría: las percepciones reales» (Jaspers, 1975, pp. 87-88). críticas desde diferentes posiciones, fundamentalmente por- Una alucinación es un percepto que se experimenta en ausencia de un estimulo externo a los órganos sensoriales, y con una cualidad similar a la de un percepto verdadero» (Gel- que el paciente que alucina distingue perfectamente entre der y cols., 1989, p. 6). Los planteamientos perceptualistas han recibido muchas > 182 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación El manual de diagnóstico psiquiátrico de la APA (2013), el DSM-5, es también deudor de la definición de Ball: alucinaciones, como afirmaron Slade y Bentall (1988). Con todo, hay excepciones: Horowitz (1975) fue de los primeros en ofrecer una visión diferente a la tradicional psiquiátrica al Experiencia similar a la de una percepción, que tiene la claridad y el impacto de una percepción verdadera, pero en ausencia de la estimulación externa del órgano sensorial relevante» (APA, 2013, p. 822). Frente a este tipo de planteamientos, sin duda los más extendidos en la historia de la psicopatología, se encuentra plantear una definición de alucinaciones que, desde el enfoque cinación sería fundamentalmente un fenómeno de creencia, pensamiento que a los perceptivos, lo que la acerca o sitúa en la misma órbita que los delirios y otros trastornos asociados al pensamiento. Por esta razón, este tipo de definiciones se eng- En la alucinación se dan ambos tipos de juicio y/o creencia. También desde una perspectiva cognitiva, Slade y Bentall de las alucinaciones, que ellos mismos calificaron como una «definición de trabajo», según la cual una alucinación se puede definir como: Una experiencia similar a la percepción que: (1) ocurre en ausencia de un estímulo apropiado; (2) tiene toda la fuerza e impacto de la correspondiente percepción real, y (3] no es susceptible de ser dirigida ni controlada voluntariamente por quien la experimenta» (Slade y Bentall, 1988, p. 23). psicopatológica y alucinación experimental (p. ej., la inducida por drogas o mediante procedimientos eléctricos], ya que en esta última la persona tiene alterado el juicio psicológico (perceptivo), pero no el juicio de realidad, es decir, no está convencida de que lo que está percibiendo sea real, objetivo la constatación clínica de que la persona, cuando recuerda su alucinación, lo hace con un carácter perceptivo (p. ej., «yo escuchaba», «yo veía»] y, por lo tanto, la desaparición de esta psicopatología no se ve influida por la propia autocrítica del paciente, como sin embargo sí que puede ocurrir en el delirio. De hecho, se considera que el delirio ha remitido cuando el paciente es capaz de dudar, de poner en cuestión, la veracidad o plausibilidad de su creencia delirante. los (1988) han propuesto una conceptualización comprehensiva Admitir este principio permitiría distinguir entre alucinación y perteneciente al mundo exterior. Este enfoque choca con estructuraba (...) las alucinaciones son imágenes mentales que: (1) se producen en forma de imágenes; (2) proceden de fuentes internas de información; (3) son evaluadas, incorrectamente, como procedentes de fuentes externas de información, y (4) habitualmente se producen como una intrusión. Cada uno de estos cuatro constructos hace referencia a un grupo diferente de procesos psicológicos, aunque en su conjunto configuran una única experiencia» (Horowitz, 1975, p. 790). de juicio y, por tanto, debería ser considerada como un problema de naturaleza intelectual, más vinculado a los procesos de la creencia de que lo que se percibe es real (juicio de realidad). información, ción. Desde este planteamiento Horowitz afirmaba que: frente a los componentes sensoriales. En este contexto, la alu- lado, la de que se percibe algo (juicio psicológico) y, por otro, de to: codificación, evaluación y transformación de la informa- importancia ya señalada por Esquirol de la «convicción intima» se enfatizan dos aspectos de la creencia alucinatoria: por un procesamiento sobre la base de anomalías en tres procesos de conocimien- un segundo grupo de definiciones que subraya, en cambio, la loban bajo la etiqueta de «posturas intelectualistas». Además, del diversos aspectos involucrados en el fenómeno alucinatorio Estos tres criterios permiten, según sus autores, establecer diferencias entre las alucinaciones y otras experiencias similares (Slade, 1976a,b; Slade, 1984; Slade y Bentall, 1988; Bentall, 1990a,b]. El primer criterio, utilizado ya por Esquirol, es útil para diferenciar entre ilusión y alucinación, tal y como veremos más adelante. Este criterio incide en un aspecto muy importante que en ocasiones se olvida: la ausencia del estímulo apropiado, es decir, relacionado directamen­ te con la experiencia perceptiva. Hay que tener en cuenta este matiz, ya que con la excepción de los fenómenos alu- En tercer y último lugar, se encuentra un grupo de auto- cinatorios que se dan en situaciones de privación sensorial, res que, en cierto sentido, siguen la línea enunciada por lo normal es que existan diversas fuentes de estimulación Esquirol, ya que consideran que la alucinación sería una alte- sensorial que están afectando al individuo, puesto que se ración tanto de pensamiento como de percepción, lo que se encuentra, como todo ser vivo, en un mundo rico en esti- ha venido a denominar como «postura mixta», y que tendría mulación que es captada por sus órganos sensoriales. En en cuenta las dos notas definitorias de este fenómeno pato- este sentido, la persona que experimenta alucinaciones se lógico. Uno de sus representantes es Marchais (1970), que halla, como el resto de las personas, en un contexto pleno conceptualizaba de sensorialidad. Sin embargo, entre esos estímulos no se las alucinaciones como percepciones sin objeto que implican la convicción del paciente. encuentra aquel que da origen al engaño perceptivo que Todos estos planteamientos se enmarcan dentro de la experimenta, esto es, a la alucinación. Esta apreciación hace psicopatología de corte psiquiátrico tradicional y, como es posible, lógico, investigación consideradas como verdaderas alucinaciones y no como otro psicológica y sus diferentes modelos o perspectivas, las cua- tipo diferente de engaños perceptivos (este tipo de alucina- les, dicho sea de paso, se han interesado muy poco por las ciones se producen simultáneamente a la percepción correc­ quedan relativamente alejados de la además, que las alucinaciones funcionales sean 183 Manual de psicopatología. Volumen 1 ta de un estímulo concreto y desaparecen cuando lo hace el estímulo en cuestión). necesaria, pero tal vez no suficiente, para definir una experiencia mental como alucinatoria. Sobre este planteamiento volveremos más adelante, en el apartado dedicado a las teorías explicativas. Antes examinaremos los diversos aspectos 5 Engaño perceptivo (términos relacionados: error percep- clínicos de las alucinaciones. tivo, percepción falsa, aberración perceptiva). Experiencia perceptiva nueva que: a) suele convivir con el resto de las percepciones «normales»; y que b) 0 bien no se fundamen- b. Modalidades y clasificación de las alucinaciones ta en estímulos realmente existentes, fuera del individuo a tres criterios o categorías: (como las alucinaciones y algunas pseudopercepciones); c) o bien se mantiene y/o se activa a pesar de que el estímulo que produjo la percepción inicial ya no se halla físicamente presente (como las imágenes eidéticas, las parásitas y las consecutivas). Las alucinaciones suelen clasificarse atendiendo básicamente 1. Complejidad con la que se presentan. 2. Temas o contenidos sobre los que versan y su congruencia con el estado de ánimo. 3. Modalidad sensorial en la que aparecen. Aquí hemos añadido una cuarta categoría que denominamos «variantes de la experiencia alucinatoria», en la que El segundo criterio —fuerza e impacto de la experien- incluimos algunos tipos especiales de alucinación que, desde cia— suele ser tenido en cuenta para diferenciar entre aluci- el punto de vista de la forma fenomenológica que adoptan, nación y pseudoalucinación. Se trata de un criterio bastante no complejo, ya que indica que la persona que experimenta anteriores. Por otro lado, téngase en cuenta que el criterio una alucinación otorga a esta todas las características de una percepción real (objetividad, existencia, concomitantes rector de esta clasificación no es excluyente, esto es, que comportamentales, etc.) y, en ese sentido, es el elemento tica, atendiendo a las cuatro categorías mencionadas. En la que sustenta el sine qua non de toda experiencia alucina- Tabla 6.3 se resumen los distintos tipos de alucinaciones cla- toria: la convicción de que lo que se experimenta tiene su sificados según tales categorías. serian clasificables exclusivamente según los criterios cualquier experiencia alucinatoria debe evaluarse, en la prác- origen fuera de la persona, esto es, se produce en el mundo real, objetivo. Bentall (1990a) ha catalogado esta convicción )) Tabla 6.3. Clasificación de las alucinaciones como «ilusión de realidad» para enfatizar, precisamente, que la sensación de realidad u objetividad que experimenta el individuo con su alucinación es ilusoria, y por ello pertenece al ámbito privado de su imaginación. 1. SEGÚN SU COMPLEJIDAD • Elementales. • Complejas. 2. SEGÚN SUS CONTENIDOS El tercer criterio —ausencia de control o voluntariedad por parte del individuo— intenta distinguir entre alucinación y otras clases de imágenes mentales vívidas (incluidos los recuerdos], pues remite a la imposibilidad, o cuanto menos a la dificultad, de alterar o disminuir la experiencia por el simple deseo o voluntad de la persona. Esta incapacidad para • Miedos, deseos, recuerdos, experiencias anteriores, etc. • Contenidos culturales y/o religiosos. • Situaciones vitales especiales: reclusión, conflictos graves, etc. • Relacionadas con los contenidos de los delirios o de otras psicopatologías. 3. SEGÚN LA MODALIDAD SENSORIAL invocar, modificar, o terminar con la experiencia, es una de las características que hace que las alucinaciones se vivan casi siempre con miedo y angustia: téngase en cuenta que si se pudieran controlar a voluntad, el impacto emocional negativo se vería notablemente reducido. De todos modos, se trata de un criterio no exclusivo de las alucinaciones ya que la ausencia de control voluntario por parte de la persona se produce también en otros productos cognitivos, desde las ideas obsesivas a los delirios, pasando por las imágenes parásitas, las eidéticas o las hipnagógicas. En conclusión, el planteamiento del que parten estos autores es especialmente útil como punto de partida para la investigación y la delimitación de qué debemos entender —y qué no— por alucinación. Es evidente que la consideración de los tres criterios enunciados (y no de cada uno de ellos por separado) debe ser tomada como una condición • Auditivas. • Visuales. • Táctiles o hápticas. • Olfativas (fantosmias). • Gustativas. • Corporales: somáticas, viscerales, o cenestésicas. • Cinestésicas (o de movimiento). • Multimodales o mixtas. 4. VARIANTES FENOMENOLÓGICAS DE LA EXPERIENCIA ALUCINATORIA • Pseudoalucinaciones. • Alucinaciones funcionales. • Alucinaciones reflejas. • Alucinaciones negativas. • Autoscopia. • Alucinaciones extracampinas. s 184 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación C. Complejidad versus simplicidad muchos casos ambos síntomas, delirios y alucinaciones, apa- Se trata de un criterio dimensional según el cual la complejidad que adquieren las alucinaciones recorre un camino que va desde las denominadas «alucinaciones elementales», esto es, impresiones difusas, sencillas e indiferenciadas, tales como ruidos, luces, relámpagos, resplandores, zumbidos, sonidos aislados, etc., hasta la percepción de objetos o cosas concretas (voces, personas, animales, música, escenas, conversaciones, etc.), calificándose entonces como alucina- recen conjuntamente. Asi, el paciente delirante que se siente perseguido, probablemente experimentará alucinaciones auditivas en forma de «voces» que le amenazan o que le previenen de los peligros que le acechan; o el que manifiesta un delirio místico escuchará la voz de Dios o de la Virgen, posiblemente revelándole algún misterio o indicándole «cómo puede salvar a la humanidad». e. Modalidad sensorial en la que se presentan ciones «complejas» o «formadas». A diferencia de lo que se suele creer, la mayoría de las alucinaciones se situarían en el extremo menos complejo del continuo, esto es, se trata de experiencias poco formadas o acabadas, más bien elementales. De todos modos, hay que tener en cuenta un criterio adicional: cuanto menos formadas están las alucinaciones, más probable es que se deban a causas bioquímicas, neurofisiológicas o neurológicas, y menos a trastornos mentales como la esquizofrenia. Por lo tanto, dado que la incidencia de esquizofrenia es significativamente menor que la de los muchos trastornos causados por anomalías bioquímicas, neurológicas o neurofisiológicas, no es de extrañar que las alucinaciones elementales sean más frecuentes que las complejas. Este es el criterio que más se utiliza en la clínica. Las dos modalidades sensoriales en las que con más frecuencia se experimentan fenómenos alucinatorios son la auditiva y la visual. Pero también se pueden dar en las restantes modalidades y, en este aspecto, podemos encontrarnos con alucinaciones táctiles o hápticas, somáticas, de movimiento o cinestésicas, gustativas y olfativas. Además, las alucinaciones pueden presentarse en una sola modalidad sensorial o en más de una: en este caso se califican como alucinaciones multimodales o mixtas. Y, a excepción de las que se producen como consecuencia de la ingestión de ciertas drogas en donde la percepción está alterada casi en su totalidad, lo más habitual es que las percepciones normales convivan d. Temas o contenidos Los temas sobre los que pueden versar las alucinaciones son prácticamente inacabables, si bien suelen hacer referencia a cualquier temor, emoción, expectativa, deseo, sensación, recuerdo o experiencia vivenciadas anteriormente por el individuo. Como regla general, se puede decir que los contenidos concretos sobre los que versan las alucinaciones de una persona están relacionados con sus necesidades, conflictos, temores y preocupaciones particulares. Pero, además, al igual que sucede en otros muchos fenómenos mentales, los contenidos de las alucinaciones recogen y reflejan características culturales propias del medio en que la persona se ha desarro- con las alucinadas. Por último, no hay ninguna modalidad que sea exclusiva de ningún trastorno en concreto, pero pueden servir de guía algunas indicaciones: las alucinaciones visuales suelen alertar de un síndrome orgánico cerebral, mientras que las auditivas son más comunes en la esquizofrenia y otras psicosis (Gelder et al., 1989). En la Tabla 6.4 se resumen las distintas modalidades de alucinación que, con más o menos probabilidad, aparecen en distintos trastornos. Pasemos a analizar estas modalidades con un poco más de detalle. En la Tabla 6.5. se presentan algunos ejemplos de alucinaciones según la modalidad sensorial afectada (aunque hay que recordar que pueden producirse en más de una modalidad sensorial). llado (Al-Issa, 1977). Las experiencias religiosas representan un excelente ejemplo de expresión social de muchos conflictos personales: culpa, vergüenza, inseguridad, soledad y sentirse insignificante son temas sobre los que frecuentemen­ te versan las alucinaciones en contextos culturales como el nuestro. Por otro lado, hay ciertas situaciones o condiciones vitales extremas que, en cierta forma, predisponen a aluci- 1. Alucinaciones auditivas. Son probablemente las alucinaciones más frecuentes; y dentro de ellas, las más comunes son las verbales o voces, lo que quizá es una prueba de la importancia que tiene el habla para los seres humanos como medio de adaptación al ambiente (Ludwig, 1986). El rango de experiencias alucinato- nar sobre contenidos especificos: por ejemplo, la persona que rias en la modalidad auditiva es muy amplio. Pueden ir des- permanece encerrada en una celda en contra de su voluntad de las más elementales como los sonidos de ruidos, pitidos, puede tener alucinaciones relacionadas con sus verdugos (oír cuchicheos, murmullos, campanas, pasos, etc., que reciben que hablan de él, escuchar planes sobre cómo torturarlo, e el nombre de «acoasmas», hasta alucinaciones más estructuradas y formadas en las que la persona puede escuchar incluso oler cómo el gas va lentamente invadiendo su celda, o detectar sabores venenosos en la comida]. Además, los claramente palabras con significado. Estas voces alucinato- contenidos alucinatorios pueden ser congruentes o no con el rias fueron denominadas «fonemas» por Wernicke a comien- estado de ánimo en el que se halla la persona. En muchas ocasiones el tema alucinatorio está ligado al contenido del delirio, pues no hay que olvidar que en zos del siglo xx. El individuo puede asociarlas a voces familiares o desconocidas; pueden tener un tono imperativo que el paciente se ve obligado a cumplir, o simplemente pueden 185 Manual de psicopatología. Volumen 1 esquizofrenia, el paciente explica el origen de las voces de )) Tabla 6.4. Modalidades sensoriales de alucinación que aparecen más frecuentemente en diferentes trastornos diversas maneras: fruto de la telepatía, de los rayos cósmicos, de la televisión... Otras veces aseguran que provienen -----------------------------1 MODALIDAD SENSORIAL TDACTOPNG I NAO I VN- Auditiva Visual Táctil Epilepsia (lóbulo temporal) * ** * Delirium ** *** ** Alucinosis alcohólica *** * * Gustativa Olfativa del interior de su cuerpo: de sus piernas, de su estómago, de su pecho... Y, finalmente, otros pacientes son capaces de describir claramente la procedencia, el sexo y el idioma de *** *** las voces. Una forma especial de alucinación auditiva es el — — pensamientos expresados en voz alta a medida que los pien- - - eco del pensamiento, en el que el paciente oye sus propios sa. Similar a este fenómeno es el eco de la lectura, descrito por Baillarger como una variedad de alucinación verbal, en la que el sujeto escucha la repetición de lo que está leyendo. Tumor cerebral ** *** Trastorno delirante ** * Esquizofrenia *** Episodio maníaco ** Depresión mayor ** — — * * ** * En determinadas circunstancias, en especial cuando el paciente presenta además delirios, las voces pueden dar ** * ** * Estas órdenes alucinatorias tienen una gran fuerza sobre la * * - tar lo que le ordena la voz. Esta submodalidad de alucinación órdenes y se habla entonces de alucinaciones imperativas. persona que las experimenta, que se siente impelida a ejecu- Consumo de sustancias Trastorno esquizotípico - auditiva suele aparecer en la depresión mayor, en psicosis * - * * exógenas y en estados orgánicos. Para la mayoría de los expertos (p. ej., Gelder et al., 1989; * *** ** Sims, 1988), las alucinaciones auditivas son las que mayor - - significado diagnóstico tienen, especialmente cuando el paciente oye voces que le hablan (alucinaciones en segun** * * - - da persona: «vas a morir», «eres un cobarde»], o que hablan de él (alucinaciones en tercera persona: «es homosexual», Trastorno de personalidad límite * «quiere llevársela a la cama», «no sabe hablar», «va a morir», - - - - «es un cobarde»]. Las primeras suelen ser más típicas de estados depresivos, en especial cuando hacen comentarios desdeñosos o despectivos sobre el paciente, mientras que Trastorno disociativo (de conversión) * Trastorno por estrés postraumático’ * * * - - las alucinaciones en tercera persona son más características de la esquizofrenia. En este trastorno se pueden producir también el eco del pensamiento y alucinaciones referidas a * * * * ______) voces que anticipan los pensamientos y/o las acciones del paciente. Esas voces pueden manifestarse tan definidas y nítidas que el paciente puede llegar a asumirlas como un "infrecuente; **ocasional; *"*frecuente. tLas modalidades se relacionan con el tipo de acontecimiento traumático. percepto normal o, por el contrario, pueden resultarle des­ concertantes e incomprensibles. En ocasiones, la persona con esquizofrenia, a diferencia de la que tiene una depresión, protesta o se rebela contra las voces, especialmente consistir en voces que comentan las acciones del paciente; si estas hacen comentarios despectivos sobre su persona o pueden hablar en tercera persona 0 adquirir el carácter de sus comportamientos (Sims, 1988). También se han descrito diálogo o conversación entre dos o más personas; pueden alucinaciones auditivas en personas con trastorno de perso- tener una duración breve o estar produciéndose de manera nalidad límite (p. ej., Slotema et al., 2019). continua o casi continua; y, finalmente, su contenido puede ser terriblemente amenazador o, por el contrario, amigable. No obstante, las alucinaciones auditivas también pueden aparecer en algunos estados orgánicos agudos como la alu- A diferencia de lo que sucede en situaciones normales cinosis alcohólica. Lo que habitualmente describen las perso- en las que una persona escucha hablar a terceros, el pacien- nas en estos casos son sonidos pobremente estructurados te que experimenta una alucinación auditiva puede que no e incluso inconexos, es decir, alucinaciones elementales que manifieste preocupación alguna acerca de su incapacidad para describir de qué sexo son las voces que oye o el lugar muy frecuentemente se vivencian como desagradables o amenazantes. También pueden aparecer fonemas o frases de donde provienen. En otras ocasiones, sobre todo en la breves que suelen hablar al paciente en segunda persona, 186 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación )) Tabla 6.5. Ejemplos de alucinaciones según la modalidad sensorial AUDITIVAS - Oigo la radio aunque esté apagada. - En cuanto me meto en la cama, oigo voces que susurran mi nombre y no puedo dormir. - Oigo voces enfadadas y amenazantes que me dicen cosas como «vas a morir» «estás loco» «eres un peligro». - Las voces me dicen que no valgo para nada, me insultan. - Escucho a veces una voz que me dice que el psicólogo me vigila. - Cuando salgo a la calle, oigo voces que dicen que el psiquiatra me quiere envenenar. - Continuamente oigo voces sugerentes que me avergüenzan. Me dicen «guapo...» «ven conmigo y verás...». - Estoy en la cama y oigo los pasos de alguien paseando por el parque. Me asomo a la ventana y no hay nadie. - Oigo ruidos raros, como si la lavadora estuviera funcionando y yo sé que está rota. - Si quiero irme a dormir, la voz me dice «sal fuera, vete a la calle». - No sé qué dicen, son murmullos, no se les entiende, pero me molestan todo el día. - Tuve que irme corriendo porque todos mis pensamientos se oían como en un altavoz. VISUALES - Estoy en casa y de pronto veo personas 0 animales por las paredes. - En la cama, veo la habitación llena de ratones. - Aunque esté despierta, veo a mi alrededor colores, luces, estrellitas que se mueven... - Si miro a la pared, veo imágenes raras que se mueven todo el rato. - Enfrente de mi cama había algo como si fuera el mostrador de una tienda lleno de jamones, chorizos, lomo... OLFATIVAS (O FANTOSMIAS) - Todo me huele a podrido. - Cuando le pongo la ropa limpia a mi niña, se la tengo que quitar porque huele a orines. - Todo lo que me pongo huele a heces. - Mi casa, las tiendas, el hospital..., todo huele a gas..., otras veces a gasolina. - Es como si hubiera perdido el olfato, no huelo nada. GUSTATIVAS - Las comidas me saben a podrido, dan asco. - El agua, o cualquier líquido que intento beber, sabe a gasolina. - Las medicinas que me tomo saben a veneno, a cianuro. - No noto los sabores, me da igual si es dulce 0 salado, no me entero. TACTILES O HÁPTICAS - Noto que alguien me toca. Me giro y no hay nadie. - Noto como si tuviera bichos que se arrastran por la piel. - Noté una quemazón, como si alguien me estuviera quemando con algo. - A veces noto que alguien me manosea. Otras veces noto cosquillas. - Era como si estuviera tocando todo el rato bichos asquerosos. - De repente siento que alguien me pincha. CORPORALES (SOMÁTICAS, VISCERALES O CENESTÉSICAS) - Mi cuerpo está lleno de insectos, me recorren todo el cuerpo. - Me dolía mucho el dedo gordo del pie que me habían amputado después del accidente. - No tengo sangre, solo agua, estoy lleno de agua. - Noto que mis testículos están haciéndose cada vez más pequeños, como si encogieran. - Noto que mis vísceras, el corazón, las tripas, se retuercen, se dan vuelta..., es un dolor horrible. DE MOVIMIENTO (CINESTESICAS) - Mi pierna izquierda se está girando. - Mi brazo derecho se levanta. - La pierna derecha me tiembla. (- Los músculos de la cara se me contraen. 187 Manual de psicopatología. Volumen 1 dándole órdenes. Sin embargo, estas alucinaciones imperativas son habitualmente menos elaboradas o complejas que con una consistencia gelatinosa y transparente, con el cono- las que se producen en la esquizofrenia o en la depresión mismo, por lo que a veces se le conoce también con el nom- mayor. bre de «la imagen del espejo fantasma». En la autoscopia cimiento de que la figura humana que se está viendo es uno tiene esta modalidad aluci- negativa sucede lo contrario: el paciente no se ve a sí mismo retomaremos adelante cuando se refleja su imagen en un espejo. Este tipo de alu- para profundizar en los modelos explicativos actuales y su cinaciones pueden darse en los estados orgánicos, como la Dada natoria la en importancia que psicopatología, las más repercusión en la comprensión actual de las experiencias epilepsia del lóbulo temporal, o en la esquizofrenia, si bien en alucinatorias, tanto en la población clínica como en la no esta última suelen tomar la forma de pseudoalucinaciones. En personas vulnerables a esquizofrenia, las experiencias clínica. autoscópicas pueden ser activadas por una sensación pro2. Alucinaciones visuales. pioceptiva táctil intensa (Thakkar et al., 2011) Al igual que sucede en la modalidad auditiva, los fenóme- En nuestra cultura, las alucinaciones visuales son más nos alucinatorios que se presentan en la modalidad visual características de los estados orgánicos agudos con pérdida son también muy variados. Unas veces se trata de imágenes de conciencia, como en el delirium tremens, en el que la puramente elementales, denominadas fotopsias o fotomas, alucinación más frecuente es la de ver toda clase de anima- que consisten en destellos, llamas, círculos luminosos, etc., les repugnantes, vivenciándolo con verdadero terror, y, por bien inmóviles, bien en continuo movimiento. Pueden pre- supuesto, en los estados producidos por alucinógenos, con sentarse también con caracteres geométricos o ser de tipo todo el despliegue visual que provocan estas drogas. Tam- caleidoscópico y estar integradas, a veces, con colores muy bién son relativamente frecuentes en las demencias (El Haj vivos y luminosos 0, por el contrario, ser incoloras. En otras et al., 2019; Ropacki y Jeste, 2005). En cambio, son menos ocasiones, las alucinaciones visuales son complejas (figuras comunes en la esquizofrenia, aunque puede suceder que humanas, escenas de animales conocidos o fabulosos, etc.), las alucinaciones auditivas que presentan estos pacientes y pueden tener un tamaño natural 0 presentar un tamaño se acompañen de pseudoalucinaciones visuales (Sims, 1988). reducido (alucinaciones liliputienses, que suelen ser experimentadas con agrado] o gigantesco [gulliverianas]. No hay 3. Alucinaciones olfativas. que confundir estas experiencias con la micropsia ni con la Estas alucinaciones no son muy frecuentes, y lo serian aún macropsia, es decir, con distorsiones perceptivas, ya que en menos si tuviésemos en cuenta que, a veces, se toman como estas últimas el campo perceptivo real se ve a escala redu- alucinaciones lo que en realidad son ilusiones interpretadas cida o aumentada, respectivamente, y no se trata, como en de un modo delirante por el sujeto. De ahí que para estar el caso de las alucinaciones anteriores, de «alucinar» objetos, completamente personas o animales (enanos o gigantes) dentro del marco observar al paciente en el preciso momento en que está perceptivo normal. experimentando la alucinación, prestando especial atención Las alucinaciones visuales, en general, poseen cierta pers- seguros de su presencia sea importante tanto a su actitud como a los movimientos que realiza. pectiva, lo que lleva a la persona a experimentarlas con un Las alucinaciones olfativas pueden darse en la depresión, mayor realismo, aunque pueden aparecer superpuestas a en la esquizofrenia, en la epilepsia (aparecen en el aura, justo objetos, paredes, muros, etc. En algunas ocasiones, cuando antes de tener el ataque) y en otros estados orgánicos, como las alucinaciones están intensamente coloreadas, se acompa- las lesiones en el uncus del lóbulo temporal. Por lo general, ñan de un tono afectivo de exaltación o euforia, como ocurre los sujetos que la sufren dicen «oler» algo extraño, casi siem- en las visiones de los delirantes místicos en estado de éxtasis, pre desagradable, por lo que le atribuyen un significado con- o pueden tener un tono afectivo «pasional», como sucede en gruente como, por ejemplo, estar siendo envenenados con los delirios de contenido erótico o amoroso. Estas alucinacio- gas, anestesiados, etc., y, en consecuencia, juzgan esos olores nes visuales complejas aparecen en forma de visiones escé- como una agresión o persecución proveniente del exterior. nicas, similares a las imágenes de los sueños, como en las Otros pacientes, por el contrario, pueden expresar que son manifestaciones alucinatorias que se dan en los estados con- ellos mismos los que producen y emiten los olores, lamen- fusionales y en los delirios tóxicos, en los que su contenido y tándose de que se extenderán por toda la casa o incluso por tono afectivo suele ser sobrecogedor y terrorífico. Ejemplos la ciudad. Lo más común, con todo, es que estas experien- muy típicos de alucinaciones escenográficas son las visiones cias aparezcan juntamente con las siguientes, es decir, con religiosas del infierno o las de la crucifixión de Cristo. las alucinaciones gustativas, imitando en gran medida lo que poco sucede en condiciones normales: el olor y el gusto son dos usual es el fenómeno de la autoscopia, que consiste en verse a sí mismo como un doble reflejado en un cristal, a menudo Una sentidos que, en muchos casos, se activan ante el mismo tipo 188 variedad de experiencia alucinatoria visual de situaciones y/o estímulos, como la comida. Capitulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación 4. de un modo delirante; y aquellas en las que el paciente tiene Alucinaciones gustativas. Las personas que experimentan este tipo de alucinaciones la falsa sensación de haber sido tocado por algo, incluida la perciben gustos desagradables (a podrido, a excrementos, estimulación genital. Asi, un paciente decía: «Voy por la calle a sustancias tóxicas, etc.), y las pueden atribuir tanto a una y si alguien me mira entonces pellizca mis testículos... no fuente exterior como a su propio cuerpo (p. ej., por hallarse lo puedo evitan. Se dan con más frecuencia en la esquizo- podrido frenia. Una forma específica de alucinación háptica es lafor- interiormente, por padecer un proceso destructivo de sus órganos internos, etc.). Aunque son poco frecuentes, micación, la sensación de que pequeños animales o insectos pueden darse en trastornos muy diferentes (histeria, alco- reptan por debajo o encima de la piel. Este tipo de alucina- holismo crónico, epilepsia del lóbulo temporal, episodios maníacos, etc.], si bien son más típicas de la esquizofrenia, las depresiones graves y los estados delirantes crónicos. Pero también pueden sugerir epilepsia del lóbulo temporal, irritabilidad del bulbo olfatorio e incluso un tumor cerebral. Si ocu- ción es especialmente característico de estados orgánicos, como la abstinencia del alcohol o la psicosis cocaínica. En muchos casos son indistinguibles de las alucinaciones corporales que examinamos a continuación. 6. rren en la esquizofrenia, es habitual que se acompañen del delirio de ser envenenado. También puede darse el caso de que el paciente se queje de que lo que come no tiene gusto a nada o de que sabe desagradable (lo que también puede ocurrir en la depresión, o como consecuencia de ciertos tratamientos médicos para procesos oncológicos]. Alucinaciones sobre sensaciones procedentes del propio cuerpo (somáticas, corporales, cenestésicas, o viscerales). Se incluyen aqui alucinaciones que remiten a sensaciones peculiares que el paciente considera como procedentes casi siempre del interior de su propio cuerpo, o que afectan a sus órganos internos y externos (p. ej., los genitales), o a sus miembros más distales (extremidades y cabeza). Así, por La reacción del paciente ante este tipo de alucinaciones ejemplo, un paciente puede decir que las venas se le salen, es la misma que mostraría cualquiera que experimentara las se le enrollan y se le hacen una burbuja, o manifestar sensa- sensaciones correspondientes, y, por tanto, se comportará de ciones de estar petrificado, disecado, vacío, hueco, de sentir acuerdo con el contenido alucinatorio y la interpretación que que por dentro es de oro, de piedra, que su cuerpo o par- haga del mismo. Asi, si se trata de un paciente que se siente tes de él se están deformando o desfigurando, o cambiando perseguido, seguramente se negará a ingerir ciertos alimen- de forma o de tamaño, que sus genitales se han reducido, tos por considerarlos envenenados o contaminados por sus etc. Suelen estar presentes en la esquizofrenia y dan lugar a perseguidores, a causa de los sabores extraños que nota en la comida. Además, dada la naturaleza de la «sensación», «explicaciones» o atribuciones de tipo delirante de contenido suelen ir acompañadas de alucinaciones olfativas. do de que algún animal se arrastra por su cuerpo, o que está 5. Alucinaciones táctiles o hápticas. extraño o imposible: por ejemplo, un paciente está convencidentro de él y, aunque no lo puede ver, es capaz de describir la sensación con detalle. Este tipo de alucinaciones puede manifestarse en cualquier parte del cuerpo. Los pacientes se sienten tocados, pellizcados, manoseados, etc.; o pueden sentir calambres por supuestas corrientes eléctricas, o que se les está quemando alguna parte del cuerpo. Clásicamente, estas alucinaciones se dividen en activas y pasivas. En las primeras, el sujeto cree, por ejemplo, que ha tocado un objeto inexistente; suelen ser muy poco frecuentes, observándose especialmente en los delirios tóxicos, como sucede en el delirium tremens, en el que el enfermo experimenta la sensación de que toca insectos, hilos, etc. En las de forma pasiva, el paciente cree que alguien o algo le agarra, le toca, le quema, le sopla, le pincha, le estrangula, le corta, etc., y tales sensaciones pue- Diversos autores están de acuerdo en señalar que, sea cual sea la causa de estas alucinaciones, están relacionadas con una alteración de la conciencia del Yo en su vertiente somática o «Yo corporal». Esta alteración de la conciencia del Yo corporal lleva a que el propio cuerpo se perciba de una manera especial. No obstante, para poder hablar de verdaderas alucinaciones no basta con esta especie de despersonalización en la esfera somática, sino que es necesario que el sujeto tome esas falsas sensaciones como reales, debido a la pérdida del juicio de la realidad. De no ser así, no se podría hablar de auténticas alucinaciones, sino de falsas sensaciones o de extrañamiento en el ámbito corporal, tal y como manifiestan algunas personas con trastornos emocionales. den acompañarse o no de dolor. Se han descrito diversas submodalidades o formatos de 7. Alucinaciones de movimiento o cinestésicas. alucinaciones hápticas: las térmicas, en las que hay una per- Hacen referencia a percepciones de movimiento de ciertas cepción anormal y extrema de calor o frío; las hídricas, o partes del cuerpo que realmente no se están moviendo. Los percepción de fluidos («toda la sangre me está cayendo por sujetos que experimentan este tipo de alucinación tienen las piernas», «tengo el pecho lleno de agua»]; las parestési- una vívida sensación de que su cuerpo, o partes de él, se cas, o sensaciones de hormigueo, que por supuesto pueden mueven, que sus músculos se contraen, que sus brazos tener un claro origen orgánico, pero que el paciente explica se levantan, que sus piernas giran o se retuercen, que su 189 Manual de psicopatología. Volumen 1 cuerpo vibra o tiembla, etc., sin que el observador pueda mórbida de la sinestesia en la cual una imagen, basada en constatar que se produce el más ligero movimiento. Aunque una modalidad sensorial especifica (p. ej., la imagen de un estas alucinaciones se pueden presentar en la esquizofrenia, rostro humano], se asocia con una imagen alucinatoria basa- se dan con mayor frecuencia en pacientes con trastornos da en otra modalidad sensorial diferente (p. ej., sentir una neurológicos. Este es el caso, por ejemplo, de la enferme- punzada en el corazón). Es decir, un estímulo pertenecien­ dad de Parkinson, en la que antes de que se manifieste el te a un campo sensorial determinado activa la aparición de temblor característico estos enfermos experimentan con fre- una alucinación en otra modalidad sensorial diferente: un cuencia la sensación de que están temblando interiormente. paciente puede sentir dolor cuando otra persona estornu- También se han descrito alucinaciones de este tipo ante la da y estar convencida de que es el estornudo el que causa retirada de ciertos psicofármacos, como las benzodiacepinas. su dolor. Otra paciente sentía en el estómago las punzadas que daban sobre el papel las notas que estaba tomando su f. Variantes de la experiencia alucinatoria médico durante la entrevista. Y otra con trastorno esquizoa- Se incluyen en este grupo ciertas modalidades de experien- fectivo se quejaba de que notaba una vibración continua en cia especificas sus genitales cuando su madre abría y cerraba las puertas, o además de las ya comentadas: es decir, se pueden producir cuando hacía ruidos con sus uñas. La complejidad de estas en cualquier modalidad sensorial y versar sobre cualquier experiencias induce a pensar que, como en el caso de las alucinatoria que presentan peculiaridades temática. En la Tabla 6.6 se ofrecen algunos ejemplos de alucinaciones estas alucinaciones. Una primera modalidad la constituyen nicos con las sinestesias y con el Mitempfindung (o picor a funcionales, comparten elementos etiopatogé- las alucinaciones funcionales en las que un estímulo, que distancia]. De hecho, algunos expertos (p. ej., Jewanski et al., existe fuera del individuo y es accesible a sus órganos senso- 2020; Narang et al., 2014) proponen un espectro de condicio- riales, desencadena la alucinación. Tanto el estímulo «real» nes en las que la sinestesia y el Mitempfindung no patológi- (i. e., existente fuera y accesible a los órganos sensoriales] co serian los fenotipos no mórbidos, si bien podrían preceder como la alucinación se perciben de modo simultáneo y en o co-ocurrir con las alucinaciones reflejas y las funcionales, la además de con el Mitempfindung patológico. misma modalidad sensorial: por ejemplo, un paciente puede oír la voz de Dios al mismo tiempo que oye las campanadas del reloj; cuando las campanadas cesan deja de oir la voz. No se trata de una interpretación errónea de un estí- ) mulo externo (las campanadas en el ejemplo), como suele modalidad sensorial que es desencadenada por la percep- ocurrir en algunas ilusiones ya que ese estímulo se percibe correctamente. Lo que ocurre aquí es que la percepción Alucinación refleja. Alucinación en una determinada ción (correcta) de un estímulo perteneciente a un campo sensorial diferente. correcta del estímulo se superpone a la alucinación. Es por eso mismo por lo que se denomina funcional, ya que la aparición de la alucinación está en función de estímulos externos, apareciendo y desapareciendo con ellos. Es frecuente en la esquizofrenia, sobre todo en pacientes crónicos. Las alucinaciones negativas representan, en cierto modo, el polo opuesto a una alucinación: si en esta el sujeto percibe algo que no existe, en las alucinaciones negativas el sujeto no percibe algo que sí existe y está al alcance de sus Rajkumar (2012) informa de un paciente de 30 años que sentidos. Como señala Reed (1988), la experiencia que más trabajaba con maquinaria. Cada vez que funcionaban las se le parece es probablemente la contrasugestión hipnóti- máquinas escuchaba voces que lo insultaban y criticaban; ca, en la que al sujeto se le dice, por ejemplo, que no lleva como era una situación muy estresante para él, se iba sin ropa encima, o que no hay nadie más en la habitación y terminar sus tareas o simplemente no acudía al trabajo. No se comporta como si tales afirmaciones fueran ciertas. Sin escuchaba voces en ninguna otra situación. Ameen y Praha- embargo, hay un hecho diferencial importante que se debe raj (2013) presentan el caso de un paciente que presentaba tener en cuenta. Mientras que el paciente que experimen- alucinaciones funcionales como consecuencia del tratamien- ta las alucinaciones «ordinarias» actúa en consonancia con to con serotonina: escuchaba música cuando se encendía su experiencia alucinada, el que experimenta alucinaciones el ventilador y cuando abría el grifo del agua. Según estos negativas no percibe el objeto, pero tampoco se comporta autores, es posible que en este tipo de alucinaciones se pro- como si su ausencia fuera real: si dice que «no ve» a una duzca una interpretación incorrecta de la codificación neural persona (o un objeto determinado) que se encuentra ante del sonido (natural o real] de un objeto y de la ubicación de él en la misma sala, no intenta caminar a través de ella, sino sus características, lo que provocaría una «falsa percepción» que retiene ciertos aspectos de la señal original. que, de hecho, hace ademán de esquivarla. Esto ha origina- Otra modalidad especial la constituyen las alucinaciones reflejas. Como en el caso anterior, se trata de una variedad 190 do que algunos autores apunten la posibilidad de que tal vez esta experiencia tenga más en común con la sugestión que con las verdaderas alucinaciones (Reed, 1988). Más recien- Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación )) Tabla 6.6. Ejemplos de variantes de la experiencia alucinatoria FUNCIONALES: percepción simultánea de un estímulo y und imagen alucinada en la misma modalidad sensorial - Por la mañana, cuando me encuentro con mi vecina, veo a la vez la imagen de la Virgen María. - Cuando como salmón y lo miro fijamente, veo a mi alrededor peces saltando. - Cada vez que enciendo la lavadora, escucho voces que me insultan. - Cuando en verano pongo el ventilador, veo moscas girando junto a sus aspas. REFLEJAS: la percepción de un estímulo en una modalidad sensorial desencadena (o se asocia a) und alucinación en otra modalidad sensorial - Al mirar la imagen de Cristo en la cruz, noto cómo el olor a incienso se esparce por toda la iglesia hasta hacerme estornudar. - Cuando oigo el lavavajillas funcionar, noto pinchazos en la cara y me tengo que ir corriendo a lavarme. - Cada vez que hago paella, mientras frío el pollo, me dan dolores terribles en las pantorrillas. No me pasa cuando frío las verduras. NEGATIVAS: no se percibe un estímulo que está al alcance de los sentidos - Mi abuela se puso a gritar desesperada cuando entró en el cuarto de baño porque no se veía en el espejo a pesar de que la luz estaba encendida. Cuando entré y apagué sin querer la luz, volvió a verse y se tranquilizó. AUTOSCOPIA: la persona se ve a sí misma como un doble. Incluye sensaciones corporales y cinestésicas - El viernes pasado al salir de clase, me crucé conmigo mismo, pero solo con la mitad de mi cuerpo. - A veces, cuando estoy muy estresado, me veo a mí mismo enfrente de mí pero con los brazos en alto. EXTRACAMPINA: alucinación completamente fuera del campo sensorial posible - Cuando pasan los aviones por encima de mi casa, escucho cómo hablan los pilotos con las azafatas. - Yo no necesito Skype para oír los cantos en la fiesta de cumpleaños de mi primo que está de Erasmus en Italia. - No puedo sentarme en el sofá del comedor porque en cuanto lo hago, el demonio se me pone detrás, me chilla y echa bocanadas de fuego por la boca. Lo veo con toda claridad, como si estuviera delante de mi. además especular cuando la visión reproduce exactamente temente otros autores (p. ej., Naguy, 2019) sugieren que la alucinación negativa puede ocurrir cuando una experiencia a la persona e incluso repite sus movimientos. En algunos alucinatoria (verdadera) la bloquea: por ejemplo, al tener una textos, se diferencia entre autoscopia y heautoscopia: en alucinación de una casa, se podría oscurecer el paisaje real el primer caso se hace referencia a la visión alucinatoria de detrás de ella. Estas experiencias se han descrito también una parte del cuerpo, normalmente el rostro o la cabeza, en pacientes con demencias, si bien en esos casos lo más mientras que en la heautoscopia la visión es del cuerpo probable es que se deba a un problema de memoria (i. e., entero. ausencia de reconocimiento). externa: en la primera se «ven» partes internas del cuerpo También se diferencia entre autoscopia interna y (el corazón, los pulmones, etc.), mientras que en la externa lo que se ve es, como hemos dicho, el rostro o la cabeza tal ) Alucinación negativa. Representa el polo opuesto a una y como estos aparecerían reflejados en un espejo. Suele ser alucinación: la persona no percibe algo que sí existe y está una alucinación multimodal, pues además de visual puede al alcance de sus sentidos. venir acompañada de sensaciones cinestésicas y somáticas que, en cierto modo, confirman al paciente que la persona (o partes de ella) que está viendo, es ella misma. Una varianfenómeno te poco común es la autoscopia negativa, que consiste en del doble, la persona se ve a sí misma como reflejada en un espejo, a menudo de frente e inmóvil, razón por la que que la persona dice no verse a sí misma cuando está frente En la autoscopia, también denominada el a un espejo o cualquier otra superficie reflectante, pero sí se denomina también «imagen fantasma en el espejo». La puede ver a otras personas y objetos en esa misma super- imagen suele ser gelatinosa, transparente, y la persona se ficie. No se debe confundir con las dificultades o la incapa- reconoce como ella misma, «sabe» que es ella. Se denomina cidad para reconocer la propia imagen frente al espejo que 191 Manual de psicopatología. Volumen 1 presentan algunos pacientes con demencia: en estos casos, el problema reside en las deficiencias de la memoria carac- Las pseudoalucinaciones se producen normalmente en las modalidades auditiva y visual, y se suelen asociar a esta- terísticas en ellos, pero no en un trastorno de la imaginación dos hipnagógicos e hipnopómpicos, trance, fatiga, privación o la percepción. Además, el enfermo con demencia no solo sensorial y al uso de drogas (fundamentalmente alucinóge- no se reconoce a sí mismo, sino que tampoco reconoce a nos): es decir, suelen aparecer ligadas a situaciones en las las personas allegadas de su entorno cercano. Sin embargo, que se produce una disminución de la claridad de la cons- algo parecido a la autoscopia sucede con el llamado «signo ciencia o una disminución del estado normal de vigilia. La del espejo»: consiste en que el paciente se observa repeti- nota más característica de estas experiencias es la ausencia damente en el espejo tratando de comprobar si sigue siendo de la convicción de realidad por parte de la persona, lo que el mismo, en parte porque observa ciertos rasgos que perci- la lleva a describirlas como visiones, imaginaciones, ensimis- be como nuevos y diferentes (Naguy, 2019). No obstante, el mamientos, etc. Pueden experimentarlas personas sanas en reconocimiento de los demás no está alterado. Fue descrito momentos de crisis: por ejemplo, una persona que ha enviu- por Paul Abély en 1930 como indicador prodrómico de esqui- dado puede «oír» la voz de su pareja ya fallecida, o sus pasos, zofrenia, si bien se ha constatado también en personas con o «verla» sentada en su sillón preferido, o paseando por la demencia en estadios tempranos (lo que sugeriría un deterioro de la memoria), con lesiones cerebrales, bajo el efecto calle. Estas experiencias han sido descritas como alucinaciones de viudedad, pero en realidad se trata de pseudoaluci- de tóxicos, con trastornos de tipo conversivo e, incluso, en naciones (Sims, 1988), ya que la persona que las sufre no las personas sin psicopatología en situaciones de elevado estrés considera «reales». y desregulación emocional (Goedhart y Sno, 2014). La mayoría de las definiciones sobre estos fenómenos Por último, las alucinaciones extracampinas se refieren han surgido a partir de los escritos de Jaspers, quien a su a alucinaciones experimentadas fuera del campo visual o vez se basó en los trabajos de Victor Kandinsky, uno de los auditivo: por ejemplo, el paciente puede ver a alguien senta- fundadores de la psiquiatría rusa en el s. xIX. Kandinsky fue do detrás de él cuando está mirando de frente, o escuchar pionero en investigar y describir las alucinaciones y las pseu­ voces en Madrid cuando él está residiendo en Valencia. Este doalucinaciones, basándose en su propia experiencia perso- tipo de alucinación hay que distinguirla de las experiencias nal con la esquizofrenia que padecía, además de en la obser- ilusorias como las descritas en la sensación de presencia, ya vación cuidadosa de sus pacientes. Según Jaspers (1975), las que en estas últimas el sujeto tiene la sensación de que hay pseudoalucinaciones son una clase de imágenes mentales alguien presente, aunque no lo pueda oír ni ver con claridad, que, aunque claras y vívidas, no poseen la sustancialidad de mientras que en las alucinaciones extracampinas la expe- las percepciones auténticas; se pueden producir en estados riencia senso-perceptiva es muy potente y «real». Además, normales de consciencia y se localizan en el espacio subjeti- en la sensación de presencia, la experiencia se disipa si las vo interno, esto es, son descritas como percibidas con el ojo condiciones estimulantes cambian y dejan de ser ambiguas (u oído) «interior». En suma, para Jaspers las pseudoalucina­ o poco estructuradas (p. ej., se enciende la luz). ciones debieran ser consideradas como un tipo especial de imagen mental, más que como una verdadera alucinación. g. Pseudoalucinaciones Esta definición ha hecho que algunos autores utilicen el El concepto de pseudoalucinación ha originado una enor- término «pseudoalucinación» cuando un paciente sufre de me discusión en psicopatología desde que estas experien- alucinaciones, pero no las considera reales. De hecho, como cias fueron descritas por Griesinger en 1845 bajo el nombre señala Reed (1988], las personas que experimentan pseu­ de doalucinaciones no describen sus perceptos como escenas alucinaciones baum las pálidas. denominó Posteriormente, alucinaciones en aperceptivas 1866 Kahl- y Hagen, reales, sino que se refieren a ellas como «visiones». en 1868, les dio el nombre que actualmente mantienen: Uno de los autores que más ha trabajado sobre este tópi- pseudoalucinaciones. La complejidad de estas experiencias co es Sedman (1966), quien revisó la literatura al respecto y perceptivas radica en que se encuentran a medio camino ofreció un informe de su propia investigación con 72 pacien- entre las imágenes normales y las alucinaciones, puesto tes. Sedman confirmó la existencia de pseudoalucinaciones que ambos al modo jasperiano, aunque también encontró pacientes que tipos de experiencia mental: la persona reconoce que son sufrían alucinaciones que luego describían como experien- comparten características fenomenológicas de subjetivas (ocurren en el espacio subjetivo interno, como las cias subjetivas y no como «percepciones auténticas». Infor- imágenes], pero las experimenta con toda claridad y con los mes de este tipo han suscitado la cuestión de si esta clase mismos elementos sensoriales de las alucinaciones (viveza, de experiencia se ha de considerar como pseudoalucinación frescura sensorial, etc.). Además, no dependen de la volun- o como una verdadera alucinación. Según Sedman, la cues- tad de la persona al igual que sucede con las alucinaciones tión estribaría en la cualidad de realidad de la experiencia, (Jaspers, 1975). idea que suscribe Sanati (2012). Por su parte, Kráupl-Taylor 192 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación (1981) señalaba que el término «pseudoalucinación» se ha siones, es probable que el comunicarlas haya tenido como utilizado de dos modos: por un lado, para hacer referencia a consecuencia desde el ingreso en un hospital y/o la pres- alucinaciones que un individuo reconoce como percepciones cripción de psicofármacos u otros tipos más o menos agre- no reales [pseudoalucinaciones percibidas), y por otro, para sivos referirse a imágenes introspectivas de gran viveza y nitidez por parte del clínico de esa experiencia como imaginada. de intervención terapéutica, hasta la re-etiquetación [pseudoalucinaciones imaginadas). El problema surge cuan- En consecuencia, no es descartable que el paciente haya do el paciente intenta explicar su experiencia, ya que puede «aprendido» de su experiencia y acompañe el informe de sus atribuir equivocadamente una experiencia interna a una rea- alucinaciones actuales con una cierta dosis de incredulidad. lidad externa, debido a la claridad o la viveza con que la ha Por tanto, Slade y Bentall (1988] señalan que para que una experimentado. experiencia sea calificada como alucinación en estos casos, Un planteamiento diferente y probablemente más cer- cano a lo que en realidad sucede es el de Hare (1973). En su revisión sobre el tema señalaba que la diferencia entre solo se requiere que se parezca en todos los aspectos a la percepción real correspondiente, pero sin exigir necesariamente que el sujeto crea que pertenece al mundo exterior. alucinación y pseudoalucinación depende, en gran parte, de Siguiendo un planteamiento similar. Van der Zwaard y la ausencia o presencia de insight. Y si tenemos en cuen- Polak (2001) proponen abandonar el término de pseudoaluci- ta que el insight es, la mayoría de las veces, un fenómeno nación y sustituirlo por otros atendiendo a la fenomenología fluctuante y parcial, no debería ser considerado como una y características de la experiencia, pues «la simple dicotomía cuestión de todo o nada, sino de grado. A este respecto alucinaciones versus pseudoalucinaciones da como resultado hay que recordar que ya el mismo Jaspers señalaba que se una simplificación injustificada de la realidad que deja sin expli- podían dar transiciones graduales entre verdaderas alucina- car demasiadas experiencias que se producen entre ambas» ciones y pseudoalucinaciones, lo que en términos actuales (p. 49). En la Tabla 6.7 se resume la propuesta de estos auto- se podría explicar apelando a la existencia de un continuo res. Otros expertos (p. ej., Wearne y Genetti, 2015) inciden o dimensión de convicción de realidad de la experiencia en aspectos similares, y Mustafa (2020) propone denominar alucinatoria, aplicable por lo demás a la práctica totalidad estas de las experiencias mentales que se acompañan de juicios con el fin de diluir las connotaciones potencialmente peyora- experiencias como trastornos perceptivos funcionales de realidad (i. e., las convicciones que poseemos sobre algo tivas y engañosas del término pseudoalucinación, tanto para no son clasificables casi nunca en términos de todo o nada). el público como para los especialistas, porque pueden dar Del mismo modo, cuando nos imaginamos una escena o una lugar a considerar que se trata de síntomas fingidos con la posible situación no siempre lo hacemos con la misma rapi- consiguiente estigmatización de los pacientes que, en reali- dez, ni con la misma claridad, ni con el mismo número de dad, viven estas experiencias con gran malestar en muchos detalles. Además, imágenes muy vívidas y realistas conviven casos. En un apartado posterior nos referiremos más exten- en nuestra mente con otras más difusas o poco estructura- samente a las recientes investigaciones sobre voces, cuya das. Por lo tanto, es razonable pensar que algo similar sucede naturaleza y características guardan relación con el fenóme- con las alucinaciones que son, en definitiva, imágenes men- no pseudoalucinatorio. tales. Desde este punto de vista es posible que Hare tenga razón cuando afirma que el concepto de pseudoalucinación es superfluo. Puede que más que hablar de pseudoalucina­ ciones fuera más útil, en la práctica, calificar las experiencias alucinatorias según criterios dimensionales como los de claridad perceptiva, convicción, juicio de realidad, y duración, ) Pseudoalucinación. Modalidad de alucinación que se produce preferentemente en las modalidades visual y/o auditiva, en la que la convicción de realidad «exterior» de la imagen alucinada es escasa o nula. entre otros. Abundando en esta línea de razonamiento, Slade y Bentall (1988) han señalado el problema que se presenta en aquellos casos en que el paciente ha experimentado repeti- h. Guia para el diagnóstico de las experiencias alucinatorias damente alucinaciones en el pasado y, aunque la alucinación Uno de los principales problemas con que el clínico se tropie- actual tenga toda la fuerza e impacto de una percepción za en la práctica es el de poder asegurar que está ante un real, ha aprendido de sus experiencias previas que lo que caso de alucinación o de otro engaño perceptivo. Como es está experimentando es una alucinación y, a partir de ahí, lógico, cometer un error de este tipo puede llevar a un diag- dude de su naturaleza perceptiva «verdadera». No olvidemos nóstico equivocado del paciente, con las consiguientes impli- que la experiencia alucinatoria se comunica verbalmente y caciones terapéuticas y de pronóstico. Sin embargo, como requiere de la introspección por parte del que la experimenta. Si una persona ha sufrido alucinaciones en repetidas oca­ ya habrá sospechado el lector por todo lo hasta aqui dicho, es difícil establecer concomitantes conductuales fiables que 193 Manual de psicopatología. Volumen 1 )) Tabla 6.7. Modalidades de pseudoalucinación" " CARACTERÍSTICAS DENOMINACIÓN Alucinación no psicótica Experiencias aisladas de voces, como en las pseudopercepciones hipnagógicas e hipnopómpicas, en el duelo, la privación sensorial extrema, etc. Alucinaciones parciales Voces muy vívidas de origen interno, o voces que aun siendo de origen externo se experimentan como irreales. Alucinaciones transitorias Experiencias psicóticas breves como respuesta al estrés (p. ej., en trastorno de la personalidad límite). Alucinaciones intrusivas relacionadas con traumas Voces externas persistentes con ausencia de insight, asociadas al TEPT con síntomas disociativos. No hay asociación con delirios ni otros indicadores de esquizofrenia. El contenido negativo suele ser coherente con el abuso traumático sufrido. Para-alucinación Alucinaciones consecuentes a lesiones del sistema nervioso periférico como las que suceden en el miembro fantasma -________________ *Con modificaciones de Van der Zwaad y Polak (2001). dables 0 despectivos sobre su aspecto 0 sobre su modo indiquen la presencia de alucinaciones, por lo que la mayoría de las veces el clínico se ha de basar en gran medida en los de ser, pero no consigue ver a las personas que hacen autoinformes del paciente. Según Ludwig (1986), para asegurar en parte la fiabilidad del informe verbal es necesario tales comentarios, intentará buscar una explicación, ave- tener en cuenta aspectos tan diversos del mismo como: la so de búsqueda, es muy posible que la explicación que consistencia de dicho informe, el grado en que la conduc- encuentre sea tan extraña e improbable como la misma ta se ve afectada por la experiencia alucinatoria, el grado experiencia que dio lugar a ella. de convicción de esta y su concordancia con otros signos riguar quién o quiénes hablan mal de él y, en ese proce- 3. y síntomas. Este autor también señala una serie de indicios Aproximadamente en el 20% de pacientes, las alucinaciones son mezcla de distintas modalidades sensoriales y «consejos» más concretos que el clínico puede seguir a la [alucinaciones multimodales]; por lo tanto, siempre debe- hora de dilucidar si se encuentra ante un caso de alucina- remos ción. De entre ellos destacaremos los siguientes: modalidades diferentes a la que el paciente enuncie en 1. primer lugar. La claridad del informe verbal del paciente. Por lo general, cuanto más vaga es la experiencia, su naturaleza es 2. 4. por posibles «sensaciones» en otras Hay que tener en cuenta la cronicidad de la enfermedad, menos convincente y su informe más borroso. Sin embar- ya que cuanto más crónica es esta, menos perturbadoras go, no debemos olvidar que, a veces, es difícil determinar suelen ser las alucinaciones para el paciente (e incluso si lo que resulta poco claro es la experiencia en sí o su puede darse el caso de que comience a considerarlas descripción. A este respecto, hay menos dudas en las como «amistosas» o poco perturbadoras, como se verá alucinaciones visuales y auditivas en comparación con el más adelante], y por tanto es más probable que no infor- resto de las modalidades. Esto se debe en parte al hecho me sobre ellas espontáneamente. En este aspecto, preci- de que el lenguaje cotidiano suele ser más rico para des- samente, se basan Bentall (1990a) y Slade y Bentall (1988) cribir estas experiencias. para afirmar que las pseudoalucinaciones son verdaderas No se debe presuponer que un paciente que presenta alucinaciones que aparecen en personas con una larga historia de experiencias alucinatorias, esto es, en pacien- delirios también presentará alucinaciones, ya que si bien tes crónicos, como antes comentamos. se suele encontrar que el 90% de los que sufren alucinaciones sufre de delirios, sin embargo, solo un 35% de 5. Cuanto menos formadas estén las alucinaciones, más pacientes con delirios sufre de alucinaciones. Este tipo de probable es que se deban a causas físicas de distinta datos revela que cuando una persona experimenta una naturaleza alucinación, que dificilmente calificará como experiencia etc.). Y, al contrario: cuanto más complejas y formadas, perceptiva normal, intenta buscar algún tipo de explica- más probable es que se trate de síntomas nucleares de ción. Es decir, si un paciente «oye» comentarios desagra­ (bioquímicas, neurofisiológicas, neurológicas, trastornos como la esquizofrenia. ción que es, en definitiva, en lo que consisten los delirios que se producen como consecuencia de una alucina- 194 preguntar 6. Aunque no existe una correspondencia total entre un tipo de alucinación y una psicopatología determinada, Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación hay que tener en cuenta que los distintos trastornos tie- ducen como por las propias reacciones ante el contenido alu- nen diferentes probabilidades de presentar uno o más de cinatorio. Soreff (1987) señala las siguientes: los diversos tipos de alucinaciones, tal y como hemos ido 1. Retirada. El paciente se encierra en su propio mundo, exponiendo al comentar las diversas modalidades de alu- en sus pensamientos, visiones y creaciones. Prefiere la cinación y resumimos en la Tabla 6.4. realidad interna a la experiencia externa, se recrea en Por otro lado, puesto que las alucinaciones constituyen sus imágenes y aventuras mentales. Esto puede deberse una experiencia mental inusual de carácter intrusivo, es lógi- tanto a que las alucinaciones les producen placer y ale- co suponer que su aparición se acompañe de aspectos com- gría como a que les provocan dolor y molestia y por ello portamentales, emocionales y, por supuesto, fisiológicos que eligen, en este último caso, aislarse para intentar prote- se deben tener en cuenta. Es decir: dado lo anómalo de la gerse de la experiencia. experiencia, lo más probable es que la persona no perma- Huida. El paciente escapa de las voces acusadoras, de las 2. nezca indiferente ni siga con sus rutinas habituales, como si imágenes amenazantes, de los olores desagradables, etc. no pasara nada o como si esos insultos que escucha, o esos Están en un estado de gran agitación motora: corren, se bichos repugnantes que le recorren el cuerpo fueran algo tan tapan los oídos, pueden incluso llegar a lesionarse (p. ej., normal como oír la radio o ver una película en la televisión. saltando por la ventana, arrojándose a la calzada, etc.). Según Soreff (1987), la gama de respuestas emocionales 3. Agresividad. El paciente puede luchar con enemigos ima- que un paciente puede desarrollar ante sus experiencias alu- ginarios, atacar a otros siguiendo, por ejemplo, las indica- cinatorias es relativamente amplia, si bien la mayor parte de ciones de una orden (alucinaciones imperativas). Es decir, las veces se producen una o más de las siguientes: que su conducta violenta o agresiva es, en ocasiones, 1. Terror. Muchas personas reaccionan con pánico, ya que producto de la obediencia a los mensajes que están reci- las voces, imágenes, etc., pueden presentarse de un biendo. modo amenazador, terrorífico o agresivo, lo cual es típico 2. 3. 4. Búsqueda de seguridad. Las personas con alucinaciones visuales angustiosas, las consideran una amenaza para y de los episodios agudos de esquizofrenia. En muchos su bienestar y utilizan comportamientos de búsqueda de casos se acompaña además de agitación motora. seguridad (Dudley et al., 2012) Desagrado. Ciertos pacientes describen sus alucinaciones Por último, y por lo que se refiere a las respuestas fisio- como algo desagradable e incómodo. Las voces que dis- lógicas, pueden ser asimismo muy variadas dependiendo en cuten les molestan, el olor es insoportable, etc. Se sienten gran parte del tipo de trastorno que presenta el paciente. inquietos por la sensación, pero no necesariamente alar- Así, por ejemplo, en los síndromes por abstinencia alcohó- mados. Esto puede ocurrir en los pacientes deprimidos lica las alucinaciones suelen ir acompañadas de taquicardia que consideran sus voces como un castigo merecido, o e incremento de la temperatura; sin embargo, otras drogas cuyo contenido reafirma lo que piensan de ellos mismos. pueden llevar a descensos de la temperatura y la presión Agrado. Algunas personas, especialmente bajo los efectos arterial. En otros muchos casos se hallan presentes los com- de drogas, fármacos, o en episodios psicóticos de natu- ponentes físicos típicos de la ansiedad, tales como pulso ace- raleza exógena (i. e., inducida), pueden experimentar un lerado, incremento de la presión arterial, sudoración palmar sentimiento de alegría, bienestar o satisfacción. excesiva, taquicardia, midriasis, etc., lo que es, desde luego, Indiferencia. Otros las vivencian con total apatía, como es coherente con el tipo y contenido de experiencia que está el caso de los pacientes crónicos; las han sentido antes, teniendo la persona. De hecho, la sintomatología ansiosa es quizás durante mucho tiempo, y las reconocen como su uno de los concomitantes habituales de las alucinaciones, síntoma, su problema o su conflicto. De hecho, algunos especialmente en estados agudos de la enfermedad o tras- pacientes con psicosis crónicas, que saben que sus expe- torno en el que se producen. riencias alucinatorias no son normales, es decir, que significan una reagudización de su trastorno, pueden negar i. Enfermedades y trastornos que pueden cursar que las experimentan por miedo al tratamiento, a ser ingresados en el hospital, al rechazo familiar o social, etc. 5. 4. especialmente de los estados orgánicos (mentales o no) Curiosidad. Son las personas que quieren saber la causa, el significado y el curso de la sensación. Están intrigadas por su percepción y quieren comprenderla. con alucinaciones En términos generales la presencia de alucinaciones debe hacernos sospechar, al menos en nuestra cultura, que nos hallamos frente a una condición psicopatológica, que puede ser transitoria y/o no tener un significado clínico evidente (como lo demuestran los planteamientos recientes sobre la Las alucinaciones pueden provocar diversas respuestas escucha de voces en población general que comentaremos conductuales tanto por el contexto afectivo en que se pro­ más adelante), pero que también puede ser indicativa de 195 Manual de psicopatología. Volumen 1 Kurt un proceso psicopatológico complejo que es preciso valo- Schneider (1959) propuso una «guía diagnóstica rar. Como sucede con cualquier síntoma aislado, es necesa- práctica para la esquizofrenia» que está estrechamente rela- ria la presencia concurrente de otros síntomas para poder cionada con las alucinaciones, según la cual hay tres formas determinar su importancia o valor diagnóstico y el trastorno, de presentación de las alucinaciones auditivas que tienen enfermedad, o problema del que es más probable que sea un valor diagnóstico de primer rango para la esquizofrenia: manifestación. Teniendo estas ideas en mente, resumimos a (a) escuchar comentarios continuos sobre las propias accio- continuación los principales trastornos y enfermedades en nes; (b] escuchar voces que hablan sobre el paciente (alu- los que pueden presentarse las experiencias alucinatorias. cinaciones en tercera persona), y (c) escuchar los propios 1. Esquizofrenia y otros trastornos psicóticos. sistemas oficiales actuales de diagnóstico psiquiátrico (DSM- Las personas con trastornos de este grupo presentan una 5 y CIE-11), la presencia de alucinaciones en cualquier moda- amplia variedad de alteraciones perceptivas: ilusiones, altera- lidad constituye un criterio diagnóstico que, en la práctica, pensamientos en voz alta («eco del pensamiento»). En los ciones en la intensidad y calidad de la percepción (desde la orienta el diagnóstico hacia cualquiera de los trastornos que viveza a la atenuación), pseudoalucinaciones y alucinaciones se incluyen en el espectro psicótico y, de manera muy signi- parcial o totalmente formadas, siendo estas últimas las que ficativa, a esquizofrenia. adquieren mayor preponderancia y valor diagnóstico. Lud- Las voces que escuchan los pacientes pueden ser la wig (1986] estima que cerca del 75% de los pacientes hos- suya propia («la voz de la conciencia»] o la de alguien cono- pitalizados en primer ingreso informan de alucinaciones en cido, pero también las de santos o divinidades, o de seres más de una modalidad. Las auditivas son las más frecuentes, especiales (extraterrestres, personajes famosos, etc.), y pue- siguiéndoles en orden decreciente las visuales, somáticas, den estar susurrando, hablándole, riñéndole o cantando. El olfativas, táctiles y gustativas, frecuencia que suele replicar- paciente puede que no sepa si las voces provienen de ellos se en diversas investigaciones. Bauer et al. (2011) llevaron a o de objetos tales como televisores, radios, ventiladores, etc., cabo un análisis epidemiológico analizando diversos estudios en el caso de que además presente experiencias delirantes publicados de 1931 a 1990 sobre las alucinaciones en la esqui- de pasividad (una modalidad de delirio que afecta a la propia zofrenia (salvo un estudio en trastorno esquizoafectivo). En identidad y consiste en que la persona no atribuye a sí mis- todos los estudios la mayoría de las alucinaciones eran audi- ma, o a su propia voluntad y deseo, las cosas que hace, dice, tivas, con tasas de entre el 21% y el 88 %, seguidas de las piensa o experimenta). visuales (del 7% al 62%), cenestésicas (del 3% al 30%, salvo en una muestra alemana con cifras de hasta el 73%), táctiles (del 1%al 42%), olfativas (del 2% al 39%) y gustativas (del 0,3% al 31%). Estos autores, interesados en analizar tanto la frecuencia de las alucinaciones en la esquizofrenia como las posibles diferencias culturales, llevaron a cabo una investigación en siete países: Austria, Polonia, Lituania, Georgia, Pakistán, Nigeria y Ghana (N=1080). Las alucinaciones más prevalentes fueron las auditivas, encontrando las tasas más elevadas en Ghana (90,8%) y Nigeria (85,4%) y las menores en Austria (66,9%). Las alucinaciones visuales también fueron más prevalentes en Ghana (53,9%) y en Nigeria (50,8 %) y las menores tasas se encontraron en Pakistán (3,9%). Las alucinaciones cenestésicas fueron más frecuentes en los países europeos (en torno al 30%) y en Pakistán (23,3 %). No se encontraron diferencias significativas para las alucinaciones táctiles. Las alucinaciones olfativas y gustativas también fueron más frecuentes en los países europeos y, con excepción Si las alucinaciones son visuales se suelen diferenciar de las que se presentan en los trastornos con síntomas psicóticos inducidos por sustancias (p. ej., alucinógenos, opiáceos, estimulantes), o en algunas enfermedades de origen neurológico porque en los trastornos psicóticos suelen ir acompañadas por alucinaciones en otras modalidades, suelen ser más complejas, con temáticas emocionalmente significati- vas para el paciente y porque suelen ser recurrentes o estar presentes de manera casi continuada, excepto durante el sueño, no circunscribiéndose a ningún momento del día en particular, como sucede en las psicosis de origen neurológico cuya frecuencia es mayor durante la noche (Ludwig, 1986). Respecto al contenido de otras experiencias alucinatorias, normalmente están en consonancia con los delirios (p. ej., notar sabor a veneno en la comida) y experiencias delirantes de pasividad (dolores, corrientes eléctricas, excitación sexual, olores y otras sensaciones corporales que el paciente atribuye a fuentes externas o inespecificas). de Nigeria, muy raras en sociedades no europeas. La naturaleza de las alucinaciones puede cambiar a lo largo del trastorno. Durante los episodios agudos, las alucinaciones auditivas suelen ser acusadoras, 2. Trastornos del estado de ánimo: depresión mayory trastorno bipolar I. demandantes En estos trastornos la modalidad de experiencia alucinatoria o imperativas. Cuando el trastorno está en remisión pue- más frecuente es la auditiva, que suele ser congruente con de que las alucinaciones no desaparezcan, aunque pue- el estado de ánimo (Soreff, 1987). Además, es importante den adoptar un contenido más positivo, incluso sugerente. tener en cuenta que la presencia de alucinaciones, tanto en > 196 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación la depresión mayor (DM) como en el trastorno bipolar, es un o visual (visiones inspiradoras o panorámicas). Al contrario especificador necesario para calificar el episodio como más que en las alucinaciones de la esquizofrenia, las alucinacio- grave (gravedad moderada o grave en el caso de la CIE-11) nes del paciente en estado maníaco suelen ser más breves además de para añadirle la etiqueta de «episodio con carac- en su duración y normalmente no son de naturaleza impera- terísticas psicóticas» tanto en la CIE-11 como en el DSM-5. tiva (Ludwig, 1986). Una vez que el episodio ha remitido, es En el caso de la DM, los pacientes pueden experimentar frecuente que el propio paciente critique sus alucinaciones y diversas alteraciones perceptivas, tales como ilusiones, cam- ya no las considere como reales, sino como «visiones». Ade- bios en la imagen corporal, además de alucinaciones. No más, pueden acompañarse de delirios persecutorios, grandio- obstante, estas no suelen ser muy frecuentes ya que solo el sos y de referencia (Smith et al., 2017). 25% de los pacientes las informa. La modalidad más habitual Por último, en algunos casos en que los trastornos del es la auditiva con contenidos o temática congruente con el estado de ánimo tienen causa orgánica clara, también pue- estado de ánimo (p. ej., voces que le acusan, que le culpabili- den producirse alucinaciones, con formas de presentación zan, que le ordenan suicidarse...). Además, Bornheimer et al. y contenidos similares a los de los trastornos del estado de (2019) enfatizan el alto riesgo de ideación suicida entre las ánimo que acabamos de comentar. Entre las causas que pue- personas deprimidas que presentan alucinaciones o delirios den provocar estos síndromes se encuentran la intoxicación y el efecto de riesgo acumulativo de experimentar ambos por sustancias como la reserpina, la metildopa y algunos alu- (incremento del 12% de probabilidad si se presenta dicha cinógenos, pero también pueden deberse a enfermedades ideación]. En el caso de que las alucinaciones se presenten de tipo autoinmune u otras que afectan al sistema neuroen- en formato visual (lo que es muy poco frecuente), el pacien- docrino, como el hiper- o el hipotiroidismo y el hiper- o el te «ve» escenas de cementerios, infiernos, torturas, desas- hipoadrenocorticalismo, tres y desgracias de todo tipo, tanto sobre él/ella como sobre familiares y seres queridos. También pueden aparecer aluci- de tipo neurológico. naciones olfativas en las que el paciente huele (o se huele 3. a sí mismo] a cadáver, a cementerio, o cualquier otro olor Las alucinaciones pueden estar presentes en una amplia así como a algunas enfermedades Deficiencias sensoriales. desagradable que sugiere putrefacción. Pero también puede gama y variedad de problemas relacionados con el funcio- manifestar que ha perdido el sentido del olfato (a menudo namiento de los sistemas sensoriales, sobre todo en lo que unido al del gusto], o de que todo huele o sabe igual, o que no diferencia unos olores o sabores de otros. En estos casos, se refiere a las reducciones en la agudeza visual o auditiva, es posible que se trate más de una distorsión perceptiva que se han relatado casos de alucinaciones después de varios especialmente en la vejez. Por lo que respecta a la sordera, de una verdadera alucinación, sobre todo si las quejas hacen años referencia a todo el espectro perceptivo olfativo y gustativo componentes no formados (sensaciones simples) o, por el de haber padecido una sordera progresiva; incluye (p. ej., desde las comidas y las bebidas hasta los olores de contrario, formados (es decir, vívidos y detallados como can- colonias, cremas, desinfectantes, etc.), en lugar de a algunos ciones, voces familiares actuales o del pasado). Estas expe- estímulos concretos (p. ej., solo las comidas). riencias se producen sobre todo en situaciones y/o períodos En el trastorno bipolar I pueden producirse alucinacio- de bajo ruido ambiental y pueden llegar a controlarse con nes tanto en los episodios maníacos como en los depresi- entrenamiento en concentración o en subvocalización. Nin- vos. Según la revisión de Smith et al. (2017), los síntomas guno de los sujetos en los que se han descrito estas expe- psicóticos son comunes en las fases maníaca y depresiva, riencias era completamente sordo. Los intentos de reducir- aunque parecen ser más prevalentes en la manía. Como en las con fármacos antipsicóticos suelen ser poco eficaces; es el caso de la DM, se estima que solo un 25% de pacientes más, una vez que la alucinación ha sido experimentada es experimenta alucinaciones. Un 42,6 % de los pacientes con muy probable que los pacientes la sigan experimentando trastorno en el futuro. bipolar presentan alucinaciones, según un estu- dio multicéntrico de Alemania y Estados Unidos (California) Ali (2002) relata el caso de un hombre de 39 años con sín- con 1.342 pacientes con trastorno bipolar tipo I (van Ber- tomas de ataques intermitentes y cambios de humor durante gen et al., 2019). Los pacientes con historia de alucinaciones los últimos años. En su historial médico constaba una lesión eran con mayor frecuencia mujeres y habían sufrido signi­ en el lóbulo frontal derecho causada por un martillo cuan- ficativamente infantil. do tenía cuatro años y sordera desde la primera infancia, Las alucinaciones auditivas se asociaban con mayor grado habiendo perdido el 80% de la capacidad auditiva a los 20 de años. En el momento de la exploración usaba audífonos. Tras maltrato más episodios infantil, en maníacos contraste con y maltrato las alucinaciones visuales. Normalmente se presentan en las modalidades auditiva (las voces le comunican alguna misión o un estatus especial) un tratamiento de seis meses con carbamazepina, empezó a presentar comportamientos repetitivos como lavarse las manos con frecuencia y escuchar notas musicales repeti197 Manual de psicopatología. Volumen 1 damente. Una exploración adicional reveló una historia de razonables zumbidos en los oidos durante años y, gradualmente empezó esas imágenes. sobre la verdadera naturaleza alucinatoria de a oir música, que era más intensa cuando había silencio. A Se ha intentado dar una explicación a este tipo de expe- veces, escuchaba repetidamente la misma canción después riencias a partir de los resultados obtenidos en los estudios de escucharla en la radio o la televisión, pero si apagaba la de privación sensorial. Los bajos niveles de estimulación TV o la radio el sonido no se detenía. En otras ocasiones, se causan la desinhibición de los circuitos relacionados con despertaba escuchando una canción sin tener ninguna fuen- la percepción, lo cual tiene como resultado que los trazos te sonora a su alrededor. Intentó reemplazar esa música por perceptivos cualquier otro sonido, pero no pudo. La mayoría de las veces dos sean «liberados» hacia la consciencia (West, 1975). Por de acontecimientos previamente experimenta­ escuchaba canciones y melodías de su infancia y era músi- eso, las alucinaciones que se asocian a déficits sensoriales ca agradable, pero a medida que avanzaba el día, la música se conocen también como alucinaciones «liberadas o emiti- se volvía más irritante. Además, estas experiencias fueron das». Aziz y Asaad (2011), basándose en este planteamiento, anteriores al uso de carbamazepina y no se vieron afectadas indican que el oído debe mantener una cantidad mínima de por el uso de audifonos. Aziz y Asaad (2011) comentan tres estimulación casos en donde la aparición de alucinaciones musicales coin- No obstante, los datos no son concluyentes solo con esta para suprimir las percepciones espontáneas. cidió con una alteración en la capacidad auditiva debido a: explicación, ya que en condiciones de alto nivel de estimula- (a) proximidad a una granada explosiva; (b] eliminación de ción también se pueden producir alucinaciones de este tipo cera del oído, y (c) un implante coclear. Las alucinaciones (Slade y Bentall, 1988). musicales consistían generalmente en villancicos, canciones religiosas, música coral para hombres, melodías o piezas no Variaciones 4. o alteraciones en el estado fisiológico normal. vocales operísticas y música orquestal. Todas los sonidos encajaban con situaciones cotidianas. Una mujer incluso des- Algunas variaciones del estado fisiológico normal o habitual cribió una escena donde oía a «esas chicas cantando en las pueden asociarse con experiencias alucinatorias, si bien sue- escaleras». Hay que resaltar, como ya hemos señalado, que len ser muy simples, sin contenido emocional, y transitorias, algunas personas sordas poseen algo de audición residual, pues desaparecen en cuanto se restaura el equilibrio fisioló- por lo que a veces es difícil determinar en qué medida se gico. Ejemplos de situaciones de este tipo son las variaciones trata de una audición real de música o de una alucinación. extremas de temperatura corporal, o los estados carencia- Además, las personas sordas profundas tienen un concepto les extremos de alimento y liquidos, o por el contrario, una de la música por su capacidad para sentir vibraciones, lo que especie de estado de intoxicación por el consumo excesivo complica su estudio. durante un período breve de tiempo de líquidos o alimen- También se han descrito alucinaciones en la ceguera tos ricos en grasas y azúcares. También la hiperventilación, progresiva y en la pérdida visual por daño del quiasma ópti- caracteristica de estados agudos de ansiedad y pánico, pue- co. Dentro de este tipo de alteraciones hay que destacar el de provocar alucinaciones visuales y auditivas. En definitiva, síndrome de Charles Bonnet, un trastorno alucinatorio que las variaciones fisiológicas extremas, tanto por exceso como se da en ancianos con patología orgánica central o perifé- por defecto, al igual que las variaciones en la estimulación rica, externa (alta o baja) pueden provocar alucinaciones. cuya característica definitoria es la experimentación de alucinaciones liliputienses. Estos pacientes ven pequeñas figuras de animales u otras criaturas, frecuentemente 5. Enfermedades del sistema nervioso central (SNC). al anochecer, con ausencia tanto de delirios como de otra Hay una amplia variedad de condiciones que afectan al modalidad de alucinación. No hay que confundirlo con las SNC y que producen alucinaciones, tales como el síndrome micropsias, que es la visión de objetos que están presentes, post-contusional, las migrañas, los meningiomas, o la encefa- pero en una escala reducida (es decir, una distorsión per- litis virica, entre otras. La prevalencia suele ser baja: Miller et ceptiva). Según Jacob et al. (2004) la prevalencia de alucinaciones en personas con discapacidad visual oscila entre el 10% y el 15 %. También se han descrito alucinaciones visuales en al. (2015) informan de la existencia de alucinaciones acompañando a migrañas en torno al 0,17 %, fundamentalmente en mujeres. Las experiencias alucinatorias variarán enormemente pacientes geriátricos con una prevalencia relativamente alta en naturaleza y calidad, duración y modalidad, contenido (entre el 1,8% y el 3,5 %). La duración de las imágenes puede e intensidad en función de la localización del tumor o del variar entre unos pocos días hasta incluso años, cambian- daño. do en frecuencia y complejidad. No suelen tener significado Ciertas áreas del cerebro están más implicadas que otras personal y muchos pueden modificarlas voluntariamente o en la formación de alucinaciones. Tras una serie de experi- hacerlas desaparecer al cerrar los ojos, lo que plantea dudas mentos con animales, Baldwin et al. (1959) demostraron que 198 Capítulo 6. Psicopatología de la percepción y la imaginación para que se produzcan alucinaciones, el córtex temporal debe estar intacto. Las alucinaciones que se producen como consecuencia de un tumor cerebral suelen ser de una gran viveza. Normalmente no son atemorizantes y surgen súbitamente sin que se pueda predecir su aparición. La modalidad variará en función de la localización del área cerebral que esté dañada. Las lesiones en el lóbulo temporal pueden producir el fenómeno del doble y alucinaciones negativas además de olfativas, auditivas o visuales (Ludwig, 1986). Lesiones en los lóbulos occipitales pueden dar lugar a la aparición de alucinaciones visuales, tales como flases de luz, ruidos repentinos, etc. Las lesiones en el hipocampo provocan distorsiones liliputienses, cambios en la imagen corporal y olores 7. Trastornos de la personalidad. Las experiencias alucinatorias forman parte de los criterios diagnósticos del trastorno de la personalidad esquizotípico en el DSM-5, trastorno que en la CIE-11 forma parte del espectro de las psicosis (ver el capítulo sobre trastornos de la personalidad). Pero además de en este trastorno, se han descrito experiencias alucinatorias (o pseudoalucinatorias) en personas con trastorno de la personalidad límite (TPL). Slotema et al. (2017) analizaron la presencia de alucinaciones en un grupo de 324 pacientes holandeses con TPL y encontraron tasas tan elevadas como las siguientes: 27 % para las auditivas (incluidas verbales y no verbales], 11% para las desagradables (Soreff, 1987). En algunas personas con epilep- visuales, 17% para las olfativas, 15 % para las táctiles y 8% sia del lóbulo temporal, los episodios pueden comenzar con para las gustativas. En un estudio posterior (Slotema et al., experiencias alucinatorias elementales, casi siempre de tipo 2019) observan que las investigaciones realizadas durante olfativo y gustativo, aunque también pueden ser auditivas la última década revelan que las alucinaciones están lejos y visuales (p. ej., sonidos musicales, destellos, luces, olores). de ser raras en pacientes con TPL, con tasas de prevalencia Bell et al. (2010) informan de experiencias alucinatorias sim- que van del 26% al 54%. Analizando la sintomatología de 60 ples (patrones geométricos, cuadrículas y líneas) asociadas mujeres con TPL (37 con alucinaciones y 23 sin alucinacio- a condiciones muy diversas: migrañas, epilepsia del lóbulo nes), concluyeron que las características de las alucinaciones occipital, ciertos medicamentos, alucinógenos y el parpadeo auditivas verbales (voces) en estas
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