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Terapia cognitiva Fundamentos teóricos y conceptualización del caso

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Walter
TERAPIA Riso
COGNITIVA
Fundamentos
teóricos y conceptualización
del caso clínico
TERAPIA COGNITIVA
Walter Riso
Terapia
Cognitiva
Fundamentos teóricos y
conceptualización
del caso clínico
grupo editorial norma
www.norma.com
Bogotá Barcelona Buenos Aires Caracas Guatemala
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San Salvador Santiago de Chile Santo Domingo
Riso, Walter.
Terapia cognitiva : fundamentos teóricos y conceptualización
del caso clínico / Walter Riso. – Bogotá : Grupo Editorial Norma,
2006.
432 p. ; 23 cm. - (Colección Vitral)
ISBN 9580492468
1. Terapia cognoscitiva ~ Teoría 2. Cognición 3. Psicoterapia
I. Tít. II. Serie.
616.8914 cd 19 ed.
A1077168
CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango
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texto original. Es copia SIN INTENCIÓN DE LUCRO. La baja calidad de
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El conocimiento es un derecho universal. Si te es posible, apoya al
autor. Este es un buen libro; si está disponible en tu país,
cómpralo.
© Walter Riso, 2006
© Editorial Norma S.A., 2006
Primera edición: abril de 2006
Derechos reservados para todo el mundo
Ilustración de Cubierta: Olga Lucía García
Diseño: Camilo Umaña
Armada: Luz Jazmine Güechá Sabogal
Impreso en Colombia por Cargraphics S.A. — Impresión digital
Printed in Colombia
cc. 22355
ISBN 958-04-9246-8
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio
Sin permiso escrito de Editorial Norma S.A.
Este libro se compuso en caracteres Bembo
Contenido
15
Prólogo
23
Introducción
Primera Parte
Principios teóricos de la terapia cognitiva:
Una perspectiva multinivel
capítulo 1
29
Algunas consideraciones generales
capítulo 2
39
42
Niveles de conceptualización del caso clínico
• Primer nivel
43
• Segundo nivel
47
• Tercer nivel
capítulo 3
51
52
Nivel 1: Estudio descriptivo/sintomático
• El análisis interactivo de respuestas
61
• Respuesta cognitiva o producto cognitivo:
pensamientos y distorsiones cognitivas
63 1. Pensamientos automáticos
65 2. Distorsiones cognitivas
73 • Respuesta emocional/biológica
74 1. Características de las emociones
75 2. Diferencia entre emoción y estado de
ánimo (afecto)
76 3. Estado de ánimo y cognición
78 • Respuesta motora
79 1. La cognición no es conducta verbal
84
• Antecedentes y consecuentes
capítulo 4
87
Nivel ii. Estudio explicativo/preventivo
91 • Esquema nuclear o creencia central
91
1. El concepto de esquema
2. El concepto de autoesquema
96
97
3. Concepto y contenido del esquema nuclear
102
• Autoconcepto
104
• Autodiscrepancia: yo real vs yo ideal
• Autoestima
105
107
• Autoeficacia
4. Especificidad de contenido
109
116
5. Vulnerabilidad y diáthesis-estrés
• Vulnerabilidad cognitiva
116
• Diáthesis-estrés
120
122
6. Origen y etiología del esquema nuclear: historia
del problema
124
• Temperamento
• La vinculación temprana afectiva o apego
127
A. Teoría del apego: resumen breve
127
B. Tipos de apego
128
129 C. Attachment y vulnerabilidad:
Influencias a mediano y lago plazo
131
• Deprivación afectiva: buenos y malos cuidadores
• Estilos parentales
134
138
• Maltrato infantil
• El aprendizaje de estilos cognitivos negativos
140
141
• Procesamiento controlado y procesamiento automático
145
• Sistemas de autoperpetuación esquemática
147
154
154
156
160
161
161
166
171
1. Sistema A: economía cognoscitiva o selectividad
informacional
• Sesgos confirmatorios
A. Atención selectiva o sesgo atencional
B. Sesgos perceptuales y correlaciones ilusorias
C. Sesgos de memoria
• El yo totalitario
A. Egocentrismo y centramiento
• Heurísticos
2. Sistema B: creencias intermedias, sistema de
producción, y estrategias de afrontamiento conformatorias
172
172
175
175
176
180
183
191
202
• Creencias intermedias
A. Actitudes negativas y creencias trágicas
anticipatorias
B. Creencias compensatorias e imperativos
• Sistema de producción
• Estrategias de afrontamiento
A. Estrategias de evitación
B. Estrategias compensatorias/aseguradoras
• Profecías autorrealizadas y estrategias
interpersonales confirmatorias
• Equilibrio patológico
capítulo 5
207
Nivel iii: Esquemas de segundo orden
218
• Esquemas ideológicos/conceptuales
(EI/C) (sistema de creeencias de segundo orden)
222 • Esquemas valorativos (EV)
222
1. Valores y virtudes
224
2 Psicología social de los valores
226
3. Religión y espiritualidad
231
• Esquemas motivacionales superiores (EMS)
241 • Esquemas constructivos (EC)
241
1. Concepto
246
2. Autoactualización
Segunda Parte
La conceptualización del caso clínico
desde la perspectiva cognitiva multinivel
capítulo 6
265
La alianza terapéutica
capítulo 7
269
Conceptualización clínica
cognitiva multinivel: análisis por fases
capítulo 8
277
La evaluación cognoscitiva
277 • La entrevista semiestructurada
278 • La entrevista no estructurada o abierta
279 • Cuestionarios de autorreporte
281 • Observación directa del comportamiento
281 • Autorregistro y autobservación
282 • Interconsulta
282 • Entrevista con personas significativas
capítulo 9
283
Una breve introducción epistemológica
285 • El papel de las hipótesis en la conceptualización
clínica cognitiva multinivel: pensar como científico
287 • La hipótesis central integradora y módulos
de variables cognitivas relevantes
capítulo 10
293
Desarrollo de la conceptualización por Fases:
evaluación inicial
293 Fase 1: Análisis descriptivo
293 1. Información demográfica
293
2. Motivo de consulta, listado y presentación
de problemas del paciente
296 3. Impresión de terapeuta
296 4. Autodescripción
297 5. Evaluación del estatus mental
299 6. Historia médico/psiquiátrica del paciente
300
7. Evaluación del desempeño, roles y condiciones
de vida
301 8. Evaluación motivacional global y estilo de vida
301 9. Diagnóstico psiquiátrico
capítulo 11
303
303
303
305
307
Desarrollo de la conceptualización por Fases:
primer nivel de análisis (Nivel I)
Fase ii: Análisis del estado actual e histórico de los
problemas o síntomas objetivo
1. Autorregistro
2. Microanálisis de los síntomas objetivo o
problemas específicos
3. Análisis de la entidad diagnóstica
309
309
Fase iii: Análisis interactivo de respuestas
4. Elaborar gráficos o mapas cognitivos/
comportamentales
310
Fase IV: Análisis intracognitivo
capítulo 12
313
Desarrollo de la conceptualización por Fases:
Segundo nivel de análisis (Nivel II)
313
Fase v: Análisis de los eventos estresantes
314
Fase vi: Análisis e identificación del esquema nuclear
316
Fase vii: Origen y desarrollo del esquema nuclear:
historia del problema
317
Fase viii: Determinar diáthesis-estrés
317
Fase ix: Análisis e identificación del Sistema A de
autoperpetuación: selectividad informacional
320
321
321
322
324
Fase x: Análisis del Sistema B de autoperpetuación
• Creencias intermedias
• Estrategias evitativas y compensatorias/aseguradoras
• Profecías autorealizadas
• Tres ejemplos de cómo interactúan el Sistema A y
el Sistema B
Fase xi: Análisis de la crisis y el equilibrio patológico
325
capítulo 13
327
Desarrollo de la conceptualización por Fases:
tercer nivel de análisis (Nivel III)
327 Fase xii: Análisis e identificación de esquemas
conceptuales, valorativos y motivacionales superiores
332 Fase xiii: Análisis e identificación de los esquemas
constructivos que posee el paciente
335
Fase xiv: Resumir la información y elaborar diagrama
del Nivel III
capítulo 14
337
Desarrollo de la conceptualización por Fase:
diagrama de conceptualización integrada y
plan de tratamiento
337
Fase xv: Resumen y explicación del funcionamiento
cognitivo informacional del paciente en los tres niveles:
Hipótesis central integrada
339
Fase xvi: Definir blancos terapéuticos y recursos técnicos
341
apéndice 1
Esquema de conceptualización clínica cognitiva multinivel
342
apéndice 2
Aplicación de la conceptualización clínica multinivel
El caso de Carmen
387
referencias bibliográficas
P RÓ L O G O
Prólogo
Ya inmersa en su quinta década de andadura, la terapia de
conducta o, como suele denominarse también, terapia cognitivo-conductual (TCC), ha logrado un éxito y unos avances científicos sin precedentes, si bien también se enfrenta
a importantes retos, algunos de los cuales no son más que
una prolongación de problemas y horizontes ya suscitados
durante la década de los años noventa. Algunos de estos retos
o desafíos son claramente visibles y se refieren a cuestiones
enraizadas con la propia sustancia del modelo cognitivo conductual y, por ende, franqueando una vuelta hacia el interés
por las bases teóricas y conceptuales (p.ej., el estudio de los
mecanismos asociados al cambio terapéutico), sin perder de
vista el tradicional compromiso con la esfera profesional, y
por tanto con las técnicas y enfoques terapéuticos apoyados
científicamente y/o validados empíricamente. Otros, sin ser
tan visibles, emergen desde distintos frentes de la psicología
clínica parapetándose en la consabida naturaleza pluridimensional y multidisciplinar de la TCC. Mientras que los primeros constituyen un avance científico en la línea ya pergeñada
desde la primera década de la terapia de conducta basada en
el método científico (hipotético-deductivo o inductivo), los
segundos, y estos constituyen un problema grave en la década
actual de la TCC, consisten básicamente en desarrollos terapéuticos híbridos (por no decir “revoltijos”), más o menos
oscurantistas y algunos apoyados en colegios o grupos más
o menos invisibles, que siguen la denostada costumbre de
que en modificación de conducta todo vale, especialmente
si se asumen y asimilan técnicas basadas en valores filosóficos
o humanistas, consistiendo, a veces, más en un retorno a las
filosofías humanistas y orientales que en técnicas de terapia
basadas en los principios científicos de la terapia cognitivoconductual. El problema no es que estas técnicas sean o no
eficaces o efectivas, sino que, para adquirir un rango científico, se resguarden en el paraguas que les brinda el concepto
genérico de las técnicas cognitivo-conductuales.
La TCC ha desarrollado múltiples técnicas psicológicas que
han demostrado ser efectivas y eficaces para el tratamiento de
[ 17 ]
walter riso
los más importantes trastornos psicológicos y psicosomáticos,
pudiendo afirmarse que en el momento actual puede aplicarse a los principales ámbitos de la psicología clínica y de
la salud, implicando toda clase de trastornos, de individuos
y de situaciones. Aunque, como indico arriba, los desafíos
de la TCC durante la presente etapa son múltiples y de especial significado y relevancia, algunos han sido resaltados
recientemente por autores españoles, tales como el problema
de la discrepancia entre la investigación y la práctica clínica
(Becoña, 1999), o el estudio de los tratamientos de trastornos
específicos cuya eficacia (y/o efectividad) haya sido empíricamente probada (Echeburúa, 1998), ambos aspectos potenciados y estimulados en la psicología clínica internacional
a partir de 1995, fecha en la cual la División de Psicología
Clínica (División 12) de la American Psychological Association, a través de la Task Force (Promoción y Diseminación de
los Procedimientos Psicológicos), efectuó el primero de sus
informes sobre los tratamientos psicológicos empíricamente validados (véase http://www.apa.org/divisions/divi2/est/
est.html).
Prologar este libro sobre terapia cognitiva, aparte de representar un honor, tiene para mí una honda significación.
El profesor Walter Riso ha desempeñando su labor docente
en varias universidades de Colombia país pionero en el desarrollo de la terapia de conducta en lengua española, tan
importante como lo fueron México y Brasil, dos consabidos
gigantes de la modificación de conducta en Latinoamérica.
Sirva como ejemplo la fundación en Bogotá, en 1975, de
la Asociación Latinoamericana de Análisis y Modificación
del Comportamiento (ALAMOC), o, por ajustarme más específicamente a los contenidos centrales del presente libro, la
posterior fundación de la Asociación Colombiana de Terapia
Cognitiva. Curiosamente la fundación de la ALAMOC coincidió, temporalmente hablando, con la fundación de la revista Análisis y Modificación de Conducta por el profesor Vicente
Pelechano, uno de los hitos más importantes en el desarrollo
de la modificación de conducta en España.
[ 18 ]
Prólogo
El profesor Walter Riso reúne de forma ejemplar los requisitos que se precisan para escribir un libro con las características del que tengo el honor de presentar. Enseñar
la terapia cognitiva en la universidad y practicarla intensivamente en centros clínicos y en consulta privada desde hace
25 años, le acreditan cabalmente para escribir este libro. No
estoy hablando de un libro más, como muchos de los que
habitualmente nos rodean, nutrido de un conjunto más o
menos amplio de recetas y consejos terapéuticos al uso, o un
libro colaborativo de diversos autores con opiniones divergentes sobre algún tópico relevante, con o sin hilo conductor.
Se trata de un libro de autor innovador, reflexivo, y a la vez
práctico, y sin duda pionero en la psicología latinoamericana,
que refleja la madurez, la capacidad deductiva y los conocimientos del autor en el campo de la TCC, y particularmente
en la variante más estrictamente cognitiva.
El libro se articula en dos partes. En la parte primera se
presentan los principios teóricos de la terapia cognitiva desde una perspectiva multinivel (nivel descriptivo/sintomático,
nivel explicativo/preventivo, y nivel de esquemas de segundo
orden). A partir de estos niveles, el autor integra magistralmente los diferentes componentes, proporcionando una presentación sistematizada y heurística para una posterior conceptuación del caso clínico. Estos tres niveles de organización
del modelo integran los componentes cognitivos, emocionales y comportamentales (nivel descriptivo), las creencias,
el procesamiento y los sistemas de autoperpetuación (nivel
explicativo), y los esquemas ideológicos, valorativos, motivacionales y constructivos (nivel de esquemas de segundo
orden). Siguiendo una presentación argumentativa basada en
esta estructura multinivel, el autor muestra en la segunda parte del libro la conceptuación del caso clínico sobre la base de
una estructura de 16 fases.
Pocas veces pueden encontrarse tan bien integrados y articulados, como ocurre en este libro, los tres pilares, o las tres
caras, de la psicología clínica: psicopatología, evaluación y
tratamiento. En algunas de mis publicaciones he abogado por
[ 19 ]
walter riso
esta integración como base para un tratamiento psicológico
efectivo. Esto quiere decir que no puede hacerse un buen tratamiento psicológico (no digamos ya un diagnóstico) sin un
conocimiento psicopatológico preciso sobre el caso clínico.
Del mismo modo, la aplicación de un proceso terapéutico
implica necesariamente un proceso continuado e integrado
de evaluación psicológica.
El modelo cognitivo-informacional que presenta el profesor Walter Riso tiene también el mérito de aunar las dos facetas
de la aproximación cognitiva de la psicopatología y psicología
clínica. Me refiero a lo que se ha venido denominando como
cognitive appraisal models (modelos basados en la valoración o
evaluación cognitiva), por una parte, e information-processing models (modelos basados en el procesamiento de la información).
Mientras que la primera orientación se basa en la existencia
de creencias, actitudes y evaluaciones desadaptativas, accesibles
a través de la introspección (p.ej., mediante autoinformes), los
productos científicos de la segunda sólo pueden ser inferidos a
través de procedimientos más o menos experimentales y mediante indicadores no introspectivos (p.ej., a través de la medida del tiempo de reacción). Aunque el libro integra ambas
facetas de la psicología cognitiva, sin embargo, se decanta más
por la defensa de la primera perspectiva, lo cual es consistente con la evidencia actual que sugiere la mayor relevancia de
ésta en los diferentes frentes de la psicopatología y la psicología clínica; el desarrollo de esta perspectiva es actualmente
paradigmática en el campo de los trastornos de ansiedad y los
trastornos depresivos, dos ámbitos en los que se centra el libro
de forma más específica.
Aunque, como ya he señalado, el libro posee méritos
indudables que suponen una aportación significativa al desarrollo de la psicología clínica, tal vez una de las virtudes
del libro que más ha llamado mi atención viene dada por la
concepción de la terapia cognitiva (yo diría TCC) como un
modelo heurístico que, nutriéndose de la psicología científica, integra los planos conceptual, metodológico y aplicado.
Parafraseando a Cyril M. Franks, cabría afirmar que en este
[ 20 ]
Prólogo
libro “el concepto y la metodología son lo principal y las
técnicas específicas lo secundario”. Ante la proliferación de
tantas técnicas de tratamiento psicológico que nos invaden
en el momento actual, este libro constituye un buen camino para que los psicólogos clínicos dejen de ser únicamente
expertos en técnicas de TCC y se conviertan en terapeutas
cognitivo-conductuales.
No quisiera terminar sin antes enfatizar que el modelo
cognitivo que se presenta en este libro ya ha sido aplicado en
un número considerable de instituciones de psicología clínica
en Latinoamérica. El modelo sostiene la conceptuación multinivel para la elaboración de hipótesis clínicas y la formulación del caso, a través de varias fases estructuradas. Dado el
auge de los enfoques de naturaleza cognitiva, que actualmente imperan en los modernos desarrollos de la psicopatología
y psicología clínica, el libro constituirá sin duda un estímulo
conceptual y metodológico para la investigación de la TCC, y
una herramienta y punto de partida de innegable valor para
ayudar a las personas que sufren. No sólo deseo agradecer
al autor su deferencia al invitarme a prologar este libro, sino
que también le animo a que continúe en la línea productiva e
innovadora que se vislumbra en el presente libro, deseándole
así mismo el mayor éxito y el justo reconocimiento por la
comunidad científica.
Madrid, octubre de 2005
Bonifacio Sandín
Universidad Nacional de Educación a Distancia
[ 21 ]
[ 22 ]
I N T RO D U C C I Ó N
La terapia cognoscitiva (TC) es sin lugar a dudas una de
las corrientes que más se ha desarrollado en los últimos años,
tanto a nivel teórico e investigativo, como aplicado. Los descubrimientos en lo que se conoce como ciencias cognitivas
en general y procesamiento de la información en humanos en
particular, ha permitido el desarrollo de modelos de evaluación
e intervención clínica cada vez más fructíferos y eficientes.
Es claro que la TC de corte informacional no es un simple
conjunto de técnicas, sino un paradigma que resulta de una
posición filosófica, epistemológica, teórica y metodológica
determinada, ampliamente sustentada y continuamente validada a través del método científico.
Por todos es conocido que muchos psicólogos clínicos
que han adherido a modelos experimentales y que se han
regido por la premisa de “pensar como científicos”, se han
visto obligados a ampliar sus modelos con perspectivas más
integradas (no necesariamente eclécticas), que les permitan
afrontar los problemas de los llamados casos difíciles, es decir,
casos, donde un abordaje tradicional no mostraría los resultados esperados.
El psicólogo clínico debe contar con modelos que le permitan tener la opción de intervenir tanto en un nivel terciario,
como en la prevención y la promoción del trastorno, creando
en los pacientes estilos de afrontamiento cognitivos, emocionales y comportamentales que redunden en una mejor calidad
de vida. No sólo se trata de lidiar con la enfermedad psicológica, sino ampliar los horizontes de la salud.
[ 23 ]
walter riso
Reconocer que el ser humano es un ser psicobiosocial es
aceptar de alguna manera la complejidad de nuestra aérea de
estudio y el imperativo de que cualquier aproximación debe
contemplar los distintos niveles de la realidad con la que interactúa el sujeto. Un repaso por la literatura científica especializada en el tema, hace evidente que existe una evolución que
va desde los modelos más observacionales hacia modelos más
elaborados donde se intenta estudiar variables representacionales relacionadas con los mecanismos que actúan al interior
de la caja negra. No obstante, vale la pena señalar, que cada
aproximación aporta elementos válidos, según sean las necesidades y exigencias de la terapia. Por ejemplo, una intervención
en crisis requerirá de intervenciones rápidas, más orientadas a
producir alivio de los síntomas, mientras que un trastorno de
la personalidad o un trastorno bipolar deberá incluir muchos
más aspectos (vg. biológicos, sociales). Y habrá casos en los
cuales será importante retomar los aportes de ciencias afines,
como la antropología, sociología y la filosofía, o incluso áreas
de la psicología distinta a la clínica, como la psicología social, la
psicología evolutiva y evolucionista, para realizar un abordaje
completo del caso.
El presente texto recoge la experiencia de veinticinco años
de trabajo clínico, en investigación y docencia. En él se presenta un modelo que ha sido refrendado y mejorado durante los
últimos diez años en distintos casos y poblaciones. De ninguna
manera se intenta mostrar un modelo de conceptualización
cerrado sobre sí mismo y concluido. Por definición, y siendo congruente con la posiciones cognitivo-informacionales,
todo esquema de formulación debe ser provisorio, inacabado
y abierto, si no se quiere caer en el dogmatismo de la pseudociencia o la protociencia. Un modelo de conceptualización
serio debe contar con la capacidad de procesar la crítica y la
autocrítica e ir integrando los avances recientes, teóricos y/o
empíricos, del área en cuestión.
Un esquema de conceptualización del caso clínico es
una forma de organizar los datos, que responde a un modelo
teórico y a una metodología específica. El psicólogo clíni-
[ 24 ]
Introducción
co debe ser capaz de dar cuenta de tal organización, fundamentarla y justificar sus hipótesis y decisiones clínicas. Una
conceptualización del caso sólida y bien estructurada incrementa las probabilidades de éxito terapéutico, y por tal razón
es imprescindible que exista una fuerte amalgama entre el
sustrato teórico del modelo y la experiencia clínica del psicólogo. El terapeuta debe contar con un saber conceptual y
uno práctico.
El libro está dividido en dos partes. En la primera se expone
el modelo teórico cognitivo/informacional acorde a los avances
más recientes en el área de procesamiento de la información y
la psicología clínica cognitiva. Se plantean tres niveles de análisis: sintomático/descriptivo (Nivel I: que corresponde más a un
enfoque cognitivo/comportamental), explicativo/ preventivo
(Nivel II: que corresponde más a una aproximación cognitivo/
informacional) y explicativo/promocional (Nivel III: que hace
referencia a un enfoque más cognitivo/social o cultural). La mayoría de los puntos tratados en este apartado se retoman a la
hora de ejecutar la formulación.
En la segunda parte se presenta el Modelo de conceptualización del caso clínico multinivel, donde se explica paso a paso
como llevar a cabo una conceptualización de acuerdo con los
principios teóricos mencionados.
En el Apéndice 1 se propone un Esquema resumen para
integrar los datos en una hipótesis central. En el Apéndice
2 se muestra en detalle la aplicación del modelo a un caso
concreto que presenta problemas tanto en el Eje I como en
el Eje II. Nuestra experiencia en la aplicación del modelo es
que cuánto más se familiarice el psicólogo con los principios
teóricos cognitivos subyacentes, más amigable será el manejo
de las variables implicadas.
Finalmente, a este primer libro le sigue un segundo tomo
referido básicamente a la intervención cognitivo/informacional.
Van mis agradecimientos al Dr. Bonifacio Sandín por haber accedido amablemente a relatar el prólogo, a mis estudiantes y pacientes, así como a mis colegas clínicos.
[ 25 ]
walter riso
La intención principal que mueve al autor es que el presente texto pueda ser de utilidad tanto práctica como teórica
y que permita crear espacios de reflexión sobre el quehacer
clínico en general.
Walter Riso
Bogotá, noviembre de 2005
[ 26 ]
PRIMERA PARTE
Principios teóricos de la terapia cognitiva:
una perspectiva multinivel
cap í tu lo 1
Algunas consideraciones generales
La aplicación de la Terapia Cognitiva (TC) al caso individual
se basa en la Conceptualización clínica cognoscitiva (CCC)
del o los trastornos en cuestión, cuya fundamentación teórica
proviene de la psicología cognitiva y del paradigma del procesamiento de la información.
Lo que define la CCC es la planeación e implementación
del tratamiento de acuerdo a unos principios y una metodología cognoscitiva. La TC no debe ser reducida a un conjunto
de técnicas sino a una manera de pensar y organizar la problemática del paciente en un conjunto conceptualmente integrado de datos. Es decir, la CCC parte de un modelo cognoscitivo
que incluye una fundamentación epistemológica, unos principios
teóricos debidamente validados y una metodología específica, que
guían la recolección de información significativa y la generación constante de hipótesis clínicas.
El modelo cognitivo, tal como lo expresa J. Beck, (2000):
...propone que todas las perturbaciones psicológicas
tienen en común una distorsión del pensamiento, que influye en el estado de ánimo y en la conducta de los pacientes. Una evaluación realista y la consiguiente modificación
[ 29 ]
walter riso
del pensamiento producen una mejoría en esos estados
de ánimo y comportamientos. Esta mejoría permanente
resulta de la modificación de las creencias disfuncionales
subyacentes (pág. 17).
Por su parte, Leahy (2003), afirma:
El modelo de terapia cognitiva esta basado en la idea
que los estados disfuncionales como la depresión, la ansiedad y la ira son frecuentemente mantenidos o exacerbados
por pensamientos distorsionados. El papel del terapeuta es
ayudar a los pacientes a reconocer sus estilos idiosincrásicos
de pensamiento y modificarlos mediante la aplicación de la
evidencia y la lógica (pág. 1).
La TC, tal como veremos más delante, parte de un modelo
diathesis-estrés, el cual sostiene que para que la patología tenga
lugar deben confluir tanto el evento estresante como la vulnerabilidad cognitiva. O dicho de otra forma: el acontecimiento
estresante no es suficiente per se para que el trastorno ocurra,
como tampoco lo es la manera inadecuada de procesar la información: la alteración se produce en la confluencia de ambos
factores (Clark y Beck, 1989; Clark, Beck y Alford, 1999).
Parafraseando a Mahoney (1977), podríamos afirmar que:
«Los organismos humanos responden en principio a las representaciones de su ambiente, más que el ambiente mismo». La
epistemología realista que asume la TC es congruente con la
afirmación que hiciera Rubinstein (1964) desde la psicología
soviética: «Las leyes externas actúan a través de las leyes internas».
La TC es una psicoterapia estructurada y de resolución
de problemas, donde se integran la intervención clínica directa del problema (terciaria) con la intervención secundaria
(prevención) y primaria (promoción),y que utiliza procedimientos cognitivos, comportamentales y experienciales para
modificar fallas en el procesamiento de la información en
distintos trastornos psicológicos (Riso, 1992).
La TC enfatiza la modificación cognitiva de esquemas, procesos y productos, y las relaciones que el pensamiento automático o controlado y las distorsiones cognoscitivas estable-
[ 30 ]
Algunas consideraciones generales
cen con la conducta motora y las emociones. Básicamente,
el tratamiento se focaliza en la identificación y corrección
sistemática de aquellas estructuras informacionales cognitivo/
afectivas, así como aquellos aspectos relacionados con la filosofía de vida, los valores, los esquemas motivacionales y el
sistema general de creencia del paciente (Hollon y Kriss, 1986;
Riso, 2000; Beck, 1996).
El modelo cognitivo reconoce la interdependencia entre
emoción, comportamiento motor y cognición, pero utiliza
esta última como vía principal para la transformación terapéutica (Clark, 1995). Siguiendo a Ferrer (2004), la elección
del modelo cognitivo obedece a una preferencia epistemológica. Priorizar lo cognitivo, es enfatizar la manera de abordar un fenómeno complejo, por tal razón, al elegir, se está
informando la perspectiva teórica desde la cual se va a observar la realidad. Datilio y Padesky (1995) y Greenberg y Padesky (1998) afirman que en toda problemática humana hay
al menos cinco elementos presentes: ambiente, cogniciones,
emociones/afectos, comportamientos motores y biología. Es
apenas natural que cualquier abordaje será parcial, en tanto la
integración total y exhaustiva es poco menos que imposible.
Así, afirmarse en la primacía cognitiva es priorizar, destacar,
mostrar el peso o las relaciones (a veces causales) que se establecen cuando tomamos como centro de interés y estudio
uno de los aspectos de la realidad o del fenómeno en cuestión.
No obstante, esta ponderación o peso atribuido (predilección
epistemológica) no implica desconocer la existencia de otras
variables, sino manifestar una posición teórica. Citando a Ferrer (2004):
Pienso que tenemos que partir de considerar que el
fenómeno está integrado en lo real. Es decir, tenemos que
pensar que en la problemática humana los cinco elementos
interactúan entre sí. Esta integración en lo real es una exigencia que se le hace a quién decida estudiar la problemática humana: debe explicar cómo el aspecto elegido ejerce
influencia sobre los otros cuatro (pág. 3).
Clark y Beck (1989) dicen al respecto:
[ 31 ]
walter riso
Acorde con el modelo cognitivo, el sistema de procesamiento de la información conduce a la aparición de los
síntomas afectivos, conductuales, motivacionales y fisiológicos de la ansiedad y la depresión. Sin embargo, el modelo
cognitivo no afirma que el sesgo en el procesamiento de la
información sea la única causa de psicopatología: las variables genéticas, del desarrollo, hormonales físicas y fisiológicas pueden también estar involucradas en los desórdenes
de la ansiedad y la depresión (pág. 381).
En el caso específico de la depresión, la TC sostiene que los
pensamientos automáticos y el procesamiento de la información distorsionado no tienen forzosamente un estatus causal
sino más bien contribuyente, en el sentido de que incrementan la probabilidad futura de ocurrencia de los síntomas pero
que no son ni necesarios ni suficientes per se para que el trastorno haga su aparición (Clark, Beck y Alford, 1999; Ingram,
Miranda y Segal, 1998).
En última instancia, la hipótesis de la primacía cognitiva
sostiene que los productos informacionales periféricos dependerán de programas centrales, y esta afirmación implica
la aceptación de hipótesis representacionales, que intervienen
no sólo como variables intervinientes sino también y fundamentalmente como constructos hipotéticos (Bunge, 1979;Torres, Mejías y Milán, 1999).
Podríamos decir que la CCC ha tenido una evolución pragmática al abarcar en su estudio trastornos de alta dificultad
terapéutica como lo son por ejemplo: depresiones existenciales, trastornos bipolares, adicciones crónicos, alucinaciones y
esquizofrenia, delirios, obsesiones sin compulsiones, traumas
severos de la primera infancia (deprivación afectiva, abandono, humillación, maltrato físico, abuso sexual), desórdenes de
la personalidad, histeria de conversión, trastorno disociativo y
personalidad límite, entre otros. Esta ampliación de la terapia
cognitiva estándar a una terapia cognoscitiva más profunda
y compleja, que no sólo apunte a aliviar los síntomas sino
que incluya intervenciones orientadas a la prevención y la
promoción de la salud psicológica, obedeció más a exigencias
[ 32 ]
Algunas consideraciones generales
prácticas que teóricas. Los llamados «casos difíciles» han empezado a ocupar un puesto importante en la literatura clínica
científica. Tarrier, Wells, Haddock (1998), señalan que estos
casos están conformados por pacientes con una comorbilidad
extensa, sintomatologías crónicas no remisibles, vulnerabilidades estables y duraderas, condiciones psicóticas, dificultades
persistentes en las relaciones sociales, problemas de conducta
antisocial y, en general, alteraciones que muestren una alta y
persistente resistencia al cambio.
Siguiendo a Pretzer y Beck (2004) y Beck, (2000), podríamos postular, al menos, siete principios básicos que subyacen
a la TC y que desde mi punto de vista deberían aplicarse a
todos los casos, sean del Eje I o del Eje II, sean sencillos o
complejos. Es decir, debemos partir del hecho clínico evidente que los casos considerados «fáciles» son realmente escasos
(si es que existen) y que en muchas ocasiones esta supuesta
«facilidad» no es otra cosa que la visión parcializada que surge
de aplicar a presión modelos que no están preparados para
abordar patologías de alta complejidad informacional. Es probable que un modelo simplista tienda al reduccionismo clínico y se conforme con tratar los «síntomas» o las conductas
aisladas, sin integrar los datos en formulaciones de alto nivel,
donde se pueda pasar de la descripción a la explicación del
mecanismo responsable de la patología. De no realizarse este
salto inferencial/conceptual, es muy probable que el paciente
recaiga o que la mejoría solo sea parcial.
Vale la pena aclarar, que la intención de elaborar modelos
multivariados y adaptables a la realidad psicobiosocial que
presenta el ser humano, no significa de ninguna manera caer
en la complejización psicoanalítica o en las especulaciones
carentes de toda evidencia empírica de algunas corrientes
constructivistas. En los países latinoamericanos, víctimas de
una globalización cada vez más generalizada y feroz, necesitamos modelos eficientes, económicos y duraderos en sus
efectos, donde la complejidad no riña con los resultados. Se
requieren aproximaciones que apunten a atacar la enfermedad psicológica antes de que ocurra (prevención/promo-
[ 33 ]
walter riso
ción) y que aseguren una mayor inmunidad (disminución de
la probabilidad futura de ocurrencia del trastorno) mediante
la creación de estilos de vida saludables y con altos niveles
de resiliencia.
Retomando a J. Beck (2000) y Freeman y col, (2004),
los principios señalados podrían resumirse de la siguiente
manera:
Principio 1: La TC se fundamenta en una conceptualización
cognitiva del paciente y sus problemas. En la propuesta que se
desarrolla en el presente texto, el terapeuta encara el estudio
del paciente abarcando tres niveles: (a) el de las interacciones
entre los pensamientos automáticos y distorsiones cognitivas con
las emociones, las conductas motoras y sus relaciones con el
ambiente, (b) los autoesquemas implicados y las estrategias de
autoperpetuación asociadas a ellos, y (c) los esquemas de segundo orden (la visión del mundo del paciente) y sus relaciones
con las demás estructuras cognitivas. La información obtenida
a través de diversos procedimientos de recolección de datos
permitirá la planeación de las intervenciones correspondientes. Como veremos, los tres niveles interactúan de manera
compleja y simultánea. La metodología, la CCC y la intervención que pregona la TC, se fundamentan en principios
psicológicos informacionales (ciencia cognitiva, psicología
cognitiva básica, psicología experimental, psicología social)
y ciencias afines (biología, antropología, sociología, filosofía),
las cuales están orientadas a producir cambios cognitivos, que
redundaran tanto en los aspectos emocionales como en los
comportamientos motores. Como dije antes: la TC es mucho
más que un conjunto de técnicas.
Principio 2: La TC enfatiza la colaboración estrecha con el
paciente. La TC está basada en una estrecha relación paciente/terapeuta, donde ambos trabajan mancomunadamente
(alianza terapéutica) para superar los manifiestos que aquejan al paciente (Mazzucchelli y Ritorto, 1996; Howarth y
Symonds, 1991). El terapeuta habla abiertamente de los ob-
[ 34 ]
Algunas consideraciones generales
jetivos que se pretenden alcanzar en la terapia e interviene
de manera directa para eliminar los síntomas o desarrollar
habilidades específicas. En la TC el paciente no es pasivo ni
se limita a obedecer las indicaciones del terapeuta, sino que,
por el contrario, asume una participación activa y responsable frente a sus cambios. Actualmente muchos psicólogos
clínicos de corte constructivista (Greenberg y Safran, 1987;
Greemberg y Paivio, 2000; Safran y Segal, 1994) consideran que los procesos interpersonales en la terapia son un
elemento indispensable para lograr la mejoría del paciente,
ya que la relación interpersonal paciente/terapeuta es vista como un factor de cambio en sí misma (la terapia contemplada como un laboratorio vivencial donde se aprenden
nuevas formas de relacionarse y pensar). Para la terapia cognitiva estándar, más conservadora, el énfasis en la relación
paciente/terapeuta es considerada esencialmente como una
posibilidad de facilitar la aplicación de técnicas específicas,
pero no como un factor de cambio per se. (Llewelyn y Hardí, 2001; Semerari, 2002; Terepka y col., 2004).En la segunda
parte del libro volveremos sobre este tema.
Principio 3: Una parte importante de la TC está relacionada
con planear y alcanzar objetivos y resolver problemas concretos. El
terapeuta ayuda al paciente a identificar objetivos y avanzar
gradualmente hacia ellos. Muchos pacientes con alteraciones
en el Eje II muestran serios dificultades para definir objetivos (vaguedad o planteamientos poco realistas) y mantenerse
en ellos de manera coherente (Beck y Freeman, 1995; Pretzer
y Beck, 1996). Mientras los pacientes del Eje I poseen algunas estrategias de resolución de problemas intactas o pueden
desarrollarlas, los pacientes del Eje II o con trastornos complejos muestran grandes dificultades para aprender a manejar
sus problemas personales. Con estos pacientes, el terapeuta
necesitará un mayor tiempo para identificar objetivos consistentes y desarrollar estrategias de resolución de problemas.
[ 35 ]
walter riso
Principio 4: La TC es educativa, tiene por objetivo enseñar al
paciente a ser su propio terapeuta y pone énfasis en la prevención
y las recaídas. Este aspecto es fundamental, ya que obliga a ir
más allá de los problemas concretos del paciente e identificar
e intervenir sobre aquellas estructuras cognitivas profundas
que determinan la vulnerabilidad de base para prevenir la alteración y crear inmunidad psicológica (Beck, 1979; Hollon,
DeRubeis y Evans, 1996; DeRubeins, Tang y Beck, 2001). El
paciente aprende cómo se originaron y desarrollaron sus esquemas negativos, qué los dispara y qué lo mantiene, cómo se
autoperpetúan y de qué manera deben controlarse y/o modificarse los pensamientos negativos responsables del malestar.
En la TC, el terapeuta enseña que no es la situación en sí
misma la responsable de las reacciones disfuncionales (aunque
debe incluirse el aquí y ahora) sino la interpretación que se
hace de la misma, y que dicha interpretación (pensamientos,
atribuciones, imágenes) son el resultado de un procesamiento
central subyacente, relativamente estable. Una cosa es el alivio
o los tratamientos paliativos y otra la verdadera cura, es decir,
la modificación esquemática (Hollon, 2003).
Principio 5: La TC destaca tanto el presente como el pasado.
Como veremos más adelante, en el estudio y modificación
del esquema nuclear o central, la inclusión del pasado es fundamental para lograr la modificación cognoscitiva, en tanto
permite que el paciente se apropie de su caso, lo internalice
y pueda comprender a cabalidad los factores que intervinieron en la conformación de su problema (Young, 1994). El
pasado o la historia previa está almacenada en la memoria
episódica/conceptual, en el aquí y el ahora, y por lo tanto
es real y presente en tanto puede afectar distintos niveles del
procesamiento de la información (Goldfried, 2003). En los
desórdenes del Eje II y en la mayoría de los casos difíciles, la
influencia e importancia de experiencias pasadas se hace más
evidente que en los casos del Eje I, lo cual no significa que
los datos de la historia personal deban descartarse en estos
últimos. Un número considerable de técnicas cognitivas par-
[ 36 ]
Algunas consideraciones generales
ten de la reestructuración informacional de las experiencias
pasadas (McGinn y Young, 1996).
Principio 6: Las sesiones de la TC son estructuradas, pero flexibles. El terapeuta, no importa la complejidad del caso o el
diagnóstico establecido, tiende a armar una estructura determinada de sus sesiones. Esto no significa, sobre todo en pacientes del Eje II y en los casos complejos, que tal estructura
no pueda modificarse y que el terapeuta no tenga que apelar a su imaginación e improvisación (pensemos por ejemplo
en aquellos pacientes con desorden de la personalidad límite,
que parecen cambiar radicalmente de personalidad de sesión
a sesión). De todas maneras existe una estructura básica de las
sesiones que permanece más o menos constante a lo largo de
la terapia (J. Beck, 2000).
Principio 7: La TC se sirve de una variedad de técnicas para
cambiar el sistema de procesamiento de los pacientes. Lo que define la esencia de un modelo psicológico no son las técnicas
que emplea dicho modelo, sino el objetivo terapéutico que
persigue y al cual se adecúan las técnicas. Se puede recurrir a
técnicas predominantemente cognitivas para modificar comportamiento motores o a técnicas predominantemente conductuales para modificar estructuras cognoscitivas o afectivas
(Lyddon y Jones, 2001; McMullin, 2000). Las técnicas obran al
servicio de los principios teóricos que determinan el modelo
al cual recurre la terapia. La meta de la TC es la modificación
cognitiva del procesamiento de la información alterado en sus distintos niveles de complejidad.
[ 37 ]
Niveles de la conceptualización del caso clínico
cap í tu lo 2
Niveles de la conceptualización
del caso clínico
La ecuación informacional básica en la que se fundamentan los modelos cognitivos es como sigue:
Retroalimentación esquemática
Cognitivo
E
Esquema
Procesos
Productos
Emocional
C
Motor
Los eventos ambientales (E) operan sobre una esquema de
base (estructura con significado, teorías sobre uno mismo, el
mundo y el futuro, constructos personales), quien organiza y
guía la información entrante y saliente por medio de determinados procesos u operaciones informacionales (atención,
percepción, memoria, análisis inferencial),los cuales generan
los productos finales o conclusiones (cognitivos, emocionales
y motores). A su vez estos productos interactúan entre sí y
con el ambiente y retroalimentan el esquema de base fortificándolo o debilitándolo según sea el caso (mantenimiento
esquemático).
[ 39 ]
walter riso
La propuesta de CCC aquí presentada aunque toma los
principios arriba expuestos, los expande e integra a modelos
recientes en procesamiento de la información y les da cuerpo
en un nuevo diagrama de conceptualización, donde se destacan especialmente los mecanismos subyacentes al pensamiento de manera más detallada y profunda.
La presente Conceptualización clínica cognitiva multinivel
(CCCM) se centra en tres niveles de estructuración psicológica que se entremezclan en un todo complejo: (a) Nivel I:
sintomático/descriptivo; (b) Nivel II: explicativo/preventivo;
y (c) Nivel III: explicativo/promocional.
La Figura 1 muestra la conceptualización completa de los
distintos niveles y sus enlaces básicos intracognitivos (respuesta cognitiva, esquema nuclear y esquemas de segundo orden).
El terapeuta cognitivo, durante el proceso de generación de
hipótesis, se mueve en los tres niveles simultáneamente, aunque puede centralizarse más en uno u otro dependiendo del
momento de la conceptualización, la demanda del paciente
o a la urgencia de los síntomas. Lo importante es poder integrar las distintas variables que afectan la psicopatología del
paciente.
Lo que el sujeto piensa y las distorsiones cognoscitivos asociadas (Nivel I), el esquema nuclear que ha desarrollado durante
su vida (Nivel II), los esquemas de segundo orden (Nivel III),
configuran la manera particular en que el paciente se relaciona consigo mismo, el mundo, las demás personas y el futuro.
El terapeuta no debe perder de vista que los distintos niveles
actúan como un sistema integrado, aunque los separemos para
fines didácticos.
Tratar de explicar la totalidad del ser humano desde cualquier perspectiva es imposible, su solo intento sería irracional o resultado de la más absoluta arrogancia. Frente a
la teoría del conocimiento, la TC asume una posición congruente con el realismo crítico, cuyas características son básicamente tres: (a) se acepta la existencia de una realidad
objetiva (postura incompatible con el idealismo filosófico
y sus variantes psicológicas), (b) se considera que el acceso
[ 40 ]
E
ESQUEMAS DE SEGUNDO ORDEN
Estímulo
Significado
ESQUEMA
NUCLEAR
SA
SB
Segundo nivel (explicativo/preventivo)
Tercer nivel (explicativo/promocional)
Respuesta
Emocional/biológica
Respuesta
cognitiva
PA/DC
Actitudes negativas
Creencia trágica
anticipatoria
C Cognitiva
Economía cognoscitiva
(sesgos confirmatorios,
heurísticos
Profecías autorrealizadas o
estrategias interpersonales
confirmatorias
Estrategias de afrontamiento:
evitativas y compensatorias/
aseguradoras
C Emocional
Respuesta
motora
C Cognitiva
C Ambiental
Primer nivel (sintomático/descriptivo)
Sistema de
producción
C Emocional
Creencia compensatoria
Reglas/imperativos
Estrategias de autoperpetuación
Conceptuales, valorativos, motivacionales y constructivos
Figura 1. Esquema integrado multinivel
Niveles de la conceptualización del caso clínico
[ 41 ]
walter riso
a esta realidad solo es parcialmente cognoscible a través de
aproximaciones sucesivas y graduadas (postura incompatible
con el materialismo empirista y sus variantes psicológicas), y
(c) se considera que la certeza definitiva en el conocimiento
es una utopía (Riso, 2000).Tal como sostienen Persons y
Davidson (2001), la conceptualización clínica es la aplicación de una teoría particular a un caso concreto. Es la «teoría individualizada» o personalizada en el paciente, que trata
de explicar de qué forma los principios generales operan en
el caso particular. En el presente texto, la conceptualización
clínica se refiere a la aplicación clínica de la teoría cognitivo/
informacional, por lo tanto, sólo debe ser considerada como
una de las tantas aproximaciones posibles.
Primer nivel
El Primer nivel trata de establecer las relaciones interactivo/funcionales que los tres tipos de respuestas (cognitiva,
emocional y motora) tienen con el ambiente, y la interacción
entre ellas, haciendo especial énfasis en los pensamientos automáticos (PA) y las distorsiones cognitivas (DC). Su enfoque
es cognitivo/conductual y el objetivo principal es producir
alivio de los síntomas del paciente mediante distintos procedimientos de intervención y técnicas cognitivas, conductuales
o experienciales. En este nivel, el terapeuta se concentra en el
aquí y el ahora y en las demandas específicas que manifieste
el sujeto consultante, generalmente vinculadas directamente
al motivo de consulta. Sin embargo, como veremos en la segunda parte del texto (Conceptualización del caso clínico), el
análisis descriptivo del Nivel I, es una «descripción con significado», es decir, además de resolver problemas específicos, es
un medio para generar inferencias de alto nivel en relación a
las estructuras subyacentes o esquemas negativos responsables
de la disfunción a tratar.
[ 42 ]
Niveles de la conceptualización del caso clínico
Segundo nivel
En el Segundo nivel no sólo se parte del punto de vista del
paciente sino del punto de vista del psicólogo, su experiencia
y formación teórica. Su enfoque es cognitivo/informacional.
En este nivel, se pasa de la descripción a la explicación, a través
del estudio de la estructura interna del sistema, que pretende
hallar el mecanismo cognoscitivo responsable del trastorno, o
lo que es lo mismo, su dinámica, a partir de los principios del
procesamiento de la información. Ya no responde al «cómo»,
sino al «por qué». La pregunta central que guía el análisis en
el Nivel II es: ¿Dónde se originan las respuestas cognitivas?
¿Dónde se asientan o qué hay detrás de ellas? Si consideramos
que los pensamientos son los resultados últimos (out-put) del
sistema de procesamiento de la información, es apenas natural
preguntarse por la estructura de fondo (esquemas) que los
determinan. Esta estructura define la vulnerabilidad o predisposición cognoscitiva/afectiva del paciente y nos ubica en un
nivel preventivo. Su modificación disminuirá la probabilidad
futura de ocurrencia de la enfermedad a tratar.
La complejidad de la mayoría de las situaciones clínicas
nos obliga a dar este salto cualitativo en el manejo de la información y a pasar de las variables intervinientes a los constructos hipotéticos. Los trabajos pioneros de Meyer (1957; 1970)
ya habían anticipado la necesidad de este salto inferencial. Más
recientemente, Bruch y Meyer (1996), han sugerido que la
evaluación individual de los casos debería ir más allá de las
quejas de los pacientes y reconocer las diferencias individuales y los factores de predisposición de tipo cognitivo. En sus
palabras:
Finalmente la estrechez de las primeras teorías del
condicionamiento y de sus derivados han demostrado
ser poco adecuadas para las situaciones clínicas complejas
(pág. 90).
Y más adelante agregan:
Hemos concluido que las técnicas estándar de trata-
[ 43 ]
walter riso
miento, que se centran solo en la conducta objetivo, podrían ser adecuadas para las necesidades de investigaciones realizadas en grupo, preferiblemente con estudiantes
universitarios, pero a duras penas pueden aplicarse a las
necesidades individuales de los casos complejos (pág. 91).
Para los terapeutas cognitivos es claro que los principios de
condicionamiento son insuficientes (aunque no deben descartarse, ya que las teorías del aprendizaje siguen funcionando) para explicar los casos de alta complejidad, por lo que se
requiere de modelos conceptuales más profundos e integrales
(Meyer y Lidell, 1977).
Bruch (2001a), en relación a los casos complejos y a la necesidad de abarcar nuevos niveles explicativos, dice:
Esto es especialmente verdadero para los casos complejos cuando la carencia de acontecimientos de condicionamiento traumático convierte en inadecuadas las explicaciones basadas en un principio de condicionamiento.
Además, una conceptualización de los problemas conductuales que involucren el concepto de autoesquema y estilos de vida pueden tener valor predictivo para considerar
las situaciones de alto riesgo donde la exacerbación de los
síntomas o recaídas pueda ocurrir (pág. 33).
El Segundo nivel se refiere a lo estrictamente clínico, es decir, a la dinámica que explica la patología en sí misma (que se
manifiesta en el Nivel I), con relación a:
1. La esquema nuclear del paciente (autoconcepto y esquemas sociales/interpersonales): «Cómo me veo a mi mismo
y cómo percibo a los demás», las creencias trágicas que se
desprenden de dicha creencia central, las creencias compensatorias que se desprenden de las creencias trágicas, las
estrategias de evitación y compensatorias/aseguradoras que se
desprenden de las creencias compensatorias (autoperpetuación originada en el Sistema B).
2. Los principios de economía cognitiva (autoperpetuación
originada en el Sistema A).
[ 44 ]
Niveles de la conceptualización del caso clínico
El Segundo nivel permite formular los trastornos del Eje
II, incluidos ciertos estilos personales (rasgos de personalidad)
que sin configurar un desorden de la personalidad muestran
un perfil cognitivo (rasgo) similar a ellos.
El Segundo nivel podría asimilarse en parte, pero de una
manera más amplia y actualizada, a lo que Beck (1979) llamó
en su momento «supuestos inadecuados» o «creencias básicas
predisponentes», con especial referencia a las recaídas que pudiera sufrir el paciente depresivo:
Para subrayar la importancia de la modificación de estas
reglas, el terapeuta puede decirle al paciente que, incluso cuando hayan desaparecido los síntomas, seguirá siendo
vulnerable a otras depresiones futuras que se identifiquen y
modifiquen creencias inadecuadas (pág. 225).
Y en otra parte, afirma:
Una vez que la terapia ha superado los datos concretos
de los pensamientos automáticos y de las conductas observables, existe el peligro de que la intervención terapéutica
pierda el rumbo (pág. 227).
Este Segundo nivel, también podría relacionarse en parte
con la conceptualización de Judith Beck (2000) cuando se refiere a esquema nuclear, creencias intermedias y estrategias
compensatorias. Sin embargo, en la presente propuesta se destacan nuevos elementos y el peso de la teoría informacional y
del análisis conductual es mayor.
Si bien el paciente en el Nivel I puede darse cuenta (estar consciente) de su trastorno y los factores precipitantes y
mantenedores de la conducta problema, en el Nivel II, la dinámica de las estructuras involucradas y las estrategias de autoperpetuación suelen actuar de manera automática, lejos de
la conciencia. Como veremos más adelante, la mayoría de los
pacientes se sorprenden cuando descubren las estrategias de
autoperpetuación informacionales que utilizan y la responsabilidad directa o indirecta que tienen en el mantenimiento de
sus propios comportamientos disfuncionales.
[ 45 ]
walter riso
El Segundo nivel intenta explicar la forma en que el paciente ha logrado «convivir» con sus esquemas maladaptativos y mantenerlos a raya, mediante sus estrategias evitativas/
compensatorias. Por lo general, este «equilibrio patológico»
se rompe ante eventos estresantes inescapables y es cuando
el trastorno del Eje I se hace manifiesto. Por ejemplo, si una
persona se ve a sí misma como «no querible» y percibe a los
demás como «especialmente críticos», su vida transcurrirá en
una especie de infierno interpersonal. Para él o ella, la percepción negativa del yo y de las demás personas será un hecho
irrefutable y absolutamente real, que deberá enfrentar. Algunas estrategias de supervivencia utilizadas por el paciente para
mantenerse en «equilibrio» podrían ser: tener pocos amigos,
evitar las personas críticas, no exponerse en público, no hablar
de su intimidad, estar especialmente alerta a los señalamientos
críticos, aparentar ser indiferente o interesante, autobservarse
exageradamente para evitar que su «idiotez» se note, alejarse
de las personas que le gustan porque terminaría defraudándolas, en fin, es posible que él o ella, utilicen un repertorio amplio y variado de estrategias de afrontamiento para sobrellevar
la carga de no ser querible en un mundo hostil. El paciente
estará convencido que haciendo estas cosas se protegerá de la
vergüenza de ser como es o del rechazo interpersonal. Dicho
de otra forma: para el paciente su realidad construida es una realidad objetiva. Ahora bien, si él o ella fuera verdaderamente no
querible o un fraude existencial y además la gente fuera tan
crítica y cruel en sus apreciaciones, tendría razón en actuar
como lo hace. Su comportamiento sería evaluado por un observador imparcial como «racional», aunque no como razonable, en tanto habría soluciones mejores que escapar o evitar.
Este ejemplo corresponde a un Desorden de la personalidad por
evitación y muestra el montaje que realiza el sujeto para que
la creencia central autorreferencial («No soy querible») no se
haga realidad (no se active radicalmente). La enseñanza es que
algunos síntomas son claramente funcionales para el paciente
y otros pueden mostrar una consistencia lógica a toda prueba.
[ 46 ]
Niveles de la conceptualización del caso clínico
Si el sujeto paranoico pudiera mostrar que sus miedos tienen
fundamento, además de perder su rótulo de paranoide, nadie
dudaría que estar a la defensiva sería la mejor de las opciones.
Tercer nivel
El Tercer nivel corresponde al estudio de esquemas de orden superior que definen la visión del mundo del paciente y
funcionan como una guía generalizada y orientadora de conducta en distintos contextos (Dewan, Steenbarger y Greenberg, 2005). Los esquemas de segundo orden influyen sobre el
esquema nuclear y los pensamientos automáticos de manera
directa o indirecta.
D’Adamo y García (2002) utilizan el término «Meta-esquemas» para señalar este tipo de estructuras:
Los ‘Meta-esquemas’ establecerían reglas generales del
funcionamiento cognitivo. Importan supraestructuras cognitivas referidas a la tendencia humana a organizar y clasificar la información (pág. 292).
El Tercer nivel integra esquemas de segundo orden que al
interactuar entre sí conforman un sistema complejo y abstracto de significados o un modo integrado e idiosincrático
(personalizado) de procesamiento de la información a través
del cual es posible comprender el mundo y conectarse con él.
El Tercer nivel consta de cuatro esquemas de segundo orden: esquemas ideológicos /conceptuales (Durán, 2001; Norman,
1989; Lega Caballo y Ellis, 1997), esquemas valorativos (Cortina,
2003; Camps, 2003; Koenig, 1998; Lazarus, 2000; Leahy, 2003;
Ros y Gauvela, 2001), esquemas motivacionales superiores (Beck,
1996; Clark, Beck y Alford, 1999; Greenberg, Rice y Elliot,
1996; Reeve, 2003) y esquema constructivos (Clark, Beck y Alford, 1999; Ellis, 1999; Ellis y Abrahms, 2000; Fernández-Ríos y
García-Fernández, 1999; Becoña y Oblitas, 2004).
En ocasiones, el Tercer nivel tiene implicaciones directas
sobre el esquema nuclear (Nivel II). Por ejemplo, en una depresión autonómica (Nivel I), donde el sujeto se considera
[ 47 ]
walter riso
fracasado (Nivel II), puede existir la influencia del Nivel III a
través de esquemas de segundo orden conceptuales:«El mundo es de los exitosos»; valorativos: «Vales por lo que tienes»;
y motivacionales:«Necesito ser famoso y poderoso». En otro
caso, un paciente admitía sin recato alguno que era machista (Nivel III) (esquema ideológico/conceptual). Dentro de la
escala de valores que manejaba, su esposa no podía tener los
mismos derechos que él, porque él era más «importante» por
ser varón (esquema valorativo). En consecuencia, cada vez que
la mujer protestaba o se oponía a sus exigencias o deseos, la
reacción del hombre era de total indignación: «¡Cómo se atreve a contradecirme!». Aunque en el Nivel II se encontró un
esquema nuclear cuyo contenido mostraba rasgos obsesivos y
narcisistas (necesidad de control, responsabilidad exacerbada,
subestimación de otros), para mejorar las relaciones con su
esposa fue imprescindible intervenir en el Nivel III y reestructurar sus creencias generales frente al sexo opuesto y el
sistema de valores asociado. En un caso así, tratar de mejorar la
comunicación, el intercambio de reforzadores y las estrategias
de solución de problemas no es suficiente si no se flexibiliza
y confronta la «actitud sexista» del hombre.
El Tercer nivel no sólo aporta a la prevención de trastornos
específicos, sino también y fundamentalmente a la promoción
de estilos de vida saludables y de mejoramiento continuo mediante la implementación y el desarrollo de esquemas constructivos que potencien las capacidades humanas.
En general, el Tercer nivel intenta crear en el paciente una
coherencia fundamental entre su manera pensar, sentir y actuar. Lo que Pascual-Leone (1990), retomando a Ortega y
Gasset, denominó razón vital (como veremos otros autores
otorgan otros nombres): un equilibro entre la explicación y
la experiencia, lo racional y lo vivencial, la conciencia de estar implicado en la vida y de ocupar un lugar en el mundo.
Cuando esta coherencia existencial se rompe pueden ocurrir
alteraciones de distinto tipo.Veamos un caso.
Mariana era una ejecutiva de 33 años, altamente eficiente
y exitosa, que había escalado rápidamente hasta ocupar un
[ 48 ]
Niveles de la conceptualización del caso clínico
importante cargo en una empresa de cosméticos. Cuando llegó a mi cita reportó dificultades para conciliar el sueño, irritabilidad, dolores musculares y falta de motivación. Su motivo de consulta fue como sigue: «No sé como explicarlo... Yo
nunca he sido una mujer muy existencial, pero a veces no le
encuentro sentido a la vida... ¿Tanto esfuerzo,para qué?... Últimamente no creo en la gente... Tengo un novio que quiero
mucho y un trabajo que es la envidia de mis amigas... Sin
embargo, algo me falta. Las depresiones existenciales son más
comunes de lo que uno cree. Algunos psicólogos no las detectan simplemente porque su encuadre teórico se los prohíbe.
Las entrevistas mostraron que la insatisfacción existencial
y la sintomatología depresiva de Mariana estaban relacionadas
con una dimensión ética (Nivel III). Durante toda su niñez y
parte de su juventud se había educado en un medio familiar
de alta sensibilidad social y honestidad, y ahora tenía que enfrentar a diario decisiones que reñían con esos principios. En
el último mes, debido a la política de «recorte de personal» y a
rencillas entre empleados, ella había despedido a seis personas
sin estar de acuerdo con la decisión. Por ejemplo, sabía que
uno de los despidos era para entregarle el puesto a la amante
del presidente de la compañía, una gerente de marca especialmente favorecida por el hombre. En otra ocasión, asistió
a una reunión informativa donde se explicó cómo se investigaba las consecuencias nocivas de los productos en animales
y quedó impresionada por la crudeza de las imágenes y la
insensibilidad del grupo ante la situación. Un hecho adicional agudizaba su estado de ánimo negativo: en una reunión
realizada a puerta cerrada y sólo con personal de confianza,
ella votó positivamente una decisión que ocultaba información importante a los consumidores. Así, poco a poco, fueron
surgiendo situaciones donde su accionar no concordaba con
lo que pensaba y sentía. En su interior, Mariana sabía que
estaba negociando con sus principios. Ella misma consideraba
que era especialmente obsecuente con sus superiores y que
en muchas ocasiones no opinaba lo que en verdad creía por
miedo a perder el puesto.
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walter riso
Con el transcurrir de las citas se hizo cada vez más evidente la disociación que existía entre lo que pensaba, sentía
y hacía. Un día me dijo: «Ya he logrado identificar mis sentimientos, lo que siento es vergüenza...». Cuando asimiló el
mensaje que su conciencia le enviaba y finalmente tomó la
decisión de ser coherente, renunció a su cargo. Al año había
montado su propia empresa de exportaciones. A Mariana no
le gustaba ser injusta con la gente, le dolía ver una persona
necesitada, adoraba los animales, no aceptaba la explotación
ni el tráfico de influencias, no convenía con ningún tipo de
discriminación. Sin duda estaba en el lugar equivocado y en
franca contradicción con sus esquemas valorativos.
Como dije anteriormente los tres niveles interactúan de
manera compleja y forman una realidad única, dinámica y
compleja. El análisis multinivel explicita que un mismo evento puede adquirir connotaciones distintas según sea el nivel
en que se analice y/o intervenga. Por ejemplo, una distorsión
cognitiva puede actuar como un factor precipitante en el Nivel I o puede tomar la forma de sesgo cognitivo y relacionarse
con la autoperpetuación que surge del principio de economía
cognitiva en el Nivel II. De manera similar, una creencia puede obrar distinto en cada nivel. El perfeccionismo podría estar
asociado a un patrón ideológico/conceptual en el Nivel III:
«La gente que comete errores es poco inteligente e irresponsable» o podría cumplir la función de estrategia compensatoria en el Nivel II. En otro ejemplo, la inhibición emocional
podría ser una respuesta a una situación temida (Nivel I), una
estrategia evitativa más o menos generalizada en el Nivel II
(estilo represivo de afrontamiento) o el resultado de valorar
el autocontrol como un indicador de valentía y templanza
(esquema valorativo) en el Nivel III.
[ 50 ]
cap í tu lo 3
Nivel I:
Estudio descriptivo/sintomático
Varias formulaciones establecen este nivel como una aproximación preliminar y pragmática. Preliminar porque nos
ayudará a avanzar posteriormente hacia niveles más representacionales. Pragmática porque nos permitirá operacionalizar,
delimitar y comprender los síntomas/problema principales
del paciente e intervenir lo más rápidamente posible sobre
ellos. (Beck, 1983; Bruch, 1988, 2001b; Dryden, 2001; Meyer y
Turkat, 1979; Persosns y Tompkins, 1997; Persons y Davidson,
2001; Riso, 1988a; 2000; Turkat, 1985; Turkat, 1986). Por lo
tanto es importante contar con métodos para identificar los
problemas más urgentes y atacarlos, mientras se va estructurando la conceptualización multinivel. Tal como sugiere Beck
(1983), en este nivel se intenta alcanzar una buena relación
terapéutica para definir y resolver problemas del paciente de
tal manera que éste sienta una mejoría o alivio considerable
desde la primera cita. Esta preocupación por la reducción de
los síntomas no es la meta última del terapeuta cognitivo, ni
un obstáculo para alcanzar el mecanismo subyacente (como
sostienen algunas terapias de corte psicoanalítico).
Daré un breve bosquejo sobre los principios que guían el
análisis interactivo de respuestas y luego me centraré en los
[ 51 ]
walter riso
conceptos de pensamiento automático, distorsiones cognitivas, respuesta emocional y respuesta motora desde una perspectiva cognitivo/informacional.
El análisis interactivo de respuestas
La Figura 2 muestra los elementos de análisis de este nivel. Como puede observarse, desde la perspectiva cognoscitiva, los Estímulos al operar sobre el organismo pueden
producir tres tipos de respuesta según sea el sistema activado:
Respuesta cognitiva (pensamientos automáticos y distorsiones cognoscitivas), Respuesta emocional/biológica y,
a través de los dos sistemas anteriores, Respuesta motora.
Los tres sistemas de respuesta definen lo que el paciente
piensa, siente y hace. Siguiendo a Lang (1979), en el caso de la
ansiedad, y Riso (1988a; 2002), en el caso de las habilidades
sociales y la conducta asertiva, se estipula que cada una de
las respuestas puede activar a las otras y/o inhibirlas configurando un modelo tripartito interactivo, el cual genera
consecuencias de distinto orden.
De una manera más detallada, el Estímulo puede producir una Respuesta cognitiva (flecha 1) o una Respuesta emocional (flecha 2). A su vez ambas respuestas pueden
interaccionar entre sí (flecha 3 y flecha 4) y cada una puede
establecer relaciones funcionales con la Respuesta motora (flecha 5 y flecha 6). Además la Respuesta emocional
puede generar consecuencias directas con el ambiente (sin la
mediación de la respuesta motora) a través de un conjunto de
indicadores fisiológicos observables (vg. ponerse rojo, sudoración, palidez) (flecha 7). Por su parte la Respuesta motora
produce tres tipos de consecuencias: Consecuencias cognitivas (flecha 8), Consecuencias emocionales (flecha 9)
y Consecuencias ambientales (flecha 10). Finalmente las
Consecuencias ambientales pueden generar a su vez nuevas Consecuencias cognitivas (flecha 11) y Consecuencias emocionales (flecha 12).
[ 52 ]
Estímulo
2
1
3
P / DC
Respuesta
Cognitiva
4
Respuesta
Emocional/biológica
Figura 2. Primer nivel (sintomático/descriptivo)
9
8
12
7
11
Respuesta
Motora
C Emocional
C Emocional
6
5
C Cognitiva
C Cognitiva
10
Consecuencia
Ambiental
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
[ 53 ]
walter riso
Las Consecuencias cognitivas (C Cognitivas) se refieren a los procesos de autobservación y autoevaluación que realiza
el sujeto de la Respuesta motora (o del mismo pensamiento
por medio de metacognición) y de las Consecuencias ambientales. Por lo general, la mayoría de las personas durante
el proceso de autobservación tienden a integrar la información que procede de la respuesta motora y aquella que llega
de las consecuencias ambientales en un sólo contenido. El ser
humano es un procesador activo de sus propios pensamientos
(metacognición), emociones, comportamientos manifiestos y
de las relaciones que éstos establecen con el ambiente.
Por su parte, la Consecuencia emocional (C Emocionales) se enmarca más en una descripción de condicionamiento clásico u operante. Puede ocurrir directamente desde
la respuesta motora como retroalimentación y condicionamiento propioceptivo, incrementado o disminuyendo la actividad emocional (vg. condicionamiento correlacionado de
respuesta, tensión muscular o relajación) o a través de condicionamientos sociales (vg. castigar las expresiones de alegría).
Sin embargo, para la TC, incluso en los casos de condicionamiento clásico u operante, el sujeto puede «darse cuenta» de
los mecanismos que determinan los mismos y modificarlos o
resistirse a ellos.
También podríamos referirnos a los factores mencionados
como: (a) factores precipitantes (estímulos, situaciones activantes
o eventos estresantes), (b) respuestas, y (c) factores de mantenimiento (consecuencias ambientales, cognitivas, emocionales).
Los factores de predisposición o vulnerabilidades cognitivas
son estudiadas en el Nivel II.
El Nivel I representa un corte transversal del sistema informacional, donde las estructuras subyacentes (vg. esquemas,
creencias, valores) entran momentáneamente en suspenso
para destacar la interacción de cada respuesta con las otras
y con el medio. Sin embrago, no debemos olvidar, tal como
vimos en la ecuación informacional, que los estímulos o
eventos estresantes operan en primer lugar sobre los esquemas o sobre un fondo informacional (en la Figura 1 puede
[ 54 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
observarse una línea punteada que relaciona al estímulo con
el Esquema nuclear). La descripción que se lleva a cabo en el
Nivel I, poniendo los esquemas entre paréntesis, es heurística
y provisional. Actuar «como sí» los estímulos dispararan directamente respuestas obedece a la necesidad de dar respuesta
a las demandas inmediata del paciente y a una estrategia que
pretende ir gradualmente de lo observable a lo no observable
y de lo fenomenológico a lo representacional. El terapeuta
cognitivo, desde la entrevista inicial y durante todo el proceso
de conceptualización, tiene la mente puesta en su principal
objetivo: acceder a los esquemas y procesos cognoscitivos involucrados en el Nivel II.
Desde el punto de vista del procesamiento de la información, todas las respuestas (cognitivas, emocionales y motoras)
son consideradas productos informacionales. Los productos son
definidos como las salidas finales o conclusiones a las que
llega el aparato cognitivo luego de procesar activamente información interna y externa. O dicho de otra forma: los productos informacionales (pensamiento, emoción y comportamiento motor) son el resultado de programas centrales de alto
nivel, que cumplen, a través de estos productos, una función
auto- confirmatoria, manteniendo la estabilidad de los esquemas subyacentes (Turk y Salovey, 1985; Riso, 2000).
Según los principios de la TC, los productos cognitivos (PA
y DC) poseen primacía sobre la respuesta motora y emocional.
Recordemos que el postulado principal del que parte el modelo informacional es que nuestra manera de actuar y sentir
depende de cómo interpretamos la realidad. La mente (entendida ésta como un sistema de procesamiento altamente organizado, capaz de procesar información interna –top-down– y/o
externa –bottom-up) modula (selecciona, transforma, decodifica, almacena, recupera) la entrada de la información y actúa
(media) sobre los otros sistemas. De cierta manera, creamos
nuestros sentimientos y nuestra manera de comportarnos. No
obstante, se acepta que cada sistema puede interactuar o retroalimentar al otro (primacía no significa exclusividad). La R
Cognitiva, por ejemplo, puede activarse por la información
[ 55 ]
walter riso
que llega del sistema emocional (flecha 4), como sería el caso
de las interpretaciones catastróficas en el trastorno de pánico
(Clark, 1996), o por la información que llega del sistema motor (flecha 8), como sería el caso de la autobservación negativa
y el autocastigo en algunos casos de depresión mayor (Rehm,
1977; 1989).
La Figura 3 muestra la secuencia funcional interactiva de
un paciente con Trastorno de pánico.
Como puede observarse, el Estímulo inicial parte del sistema emocional/biológico (Resaca/malestar de haber bebido
el día anterior), el cual activa (flecha 4) la R Cognitiva 1,
compuesta de una distorsión cognoscitiva (filtro mental) y un
pensamiento automático de tipo catastrófico («Me va a dar
infarto»), la que activa la R Emocional de malestar/ansiedad (flecha 3). Esta R Emocional incrementa nuevamente
la R Cognitiva 1 (flecha 4), la que acrecienta aún más la R
Emocional de malestar/ansiedad (flecha 3), la que a su vez
reactiva la R Cognitiva 1, y así sucesivamente. Este círculo
vicioso se rompe cuando la R Emocional dispara o genera
la R Cognitiva 2: «Debo pedir ayuda, para salvarme» (flecha
4), la que activa la R Motora de ir al médico (flecha 5). La
ida al médico, produce una C Ambiental de bienestar (flecha
10) que genera un doble impacto: (a) una C Cognitiva de
soporte afectivo/social que refuerza la R cognitiva 2 (flecha
n), y (b) una C Emocional (flecha 12) de alivio físico de los
síntomas que disminuye la ansiedad y termina reforzando la
R Cognitiva 2 (flecha 4).
Nótese que la R Cognitiva 2 («Debo pedir ayuda para
salvarme») se vio doblemente reforzada, lo cual incrementará
notablemente la probabilidad futura de su aparición y por
ende la R Motora de ir al médico. La R Cognitiva 2 suministró a la R Motora la connotación de señal de seguridad
(Salkovskis, 1996).
A partir de ese primer análisis interactivo, debido a: (1) un
claro esquema de vulnerabilidad al daño y percepción de incontrolabilidad (vulnerabilidad cognitiva), y (2) a una historia
familiar/hereditaria de trastorno de pánico y un alto nivel de
[ 56 ]
3,3
R Emocional 1
4,4
Resaca / malestar y ansiedad
Estímulo
«Me va a dar un infarto»
R Cognitiva 1
Filtro mental
4
R Cognitiva 2
«Debo pedir
ayuda para
salvarme»
Figura 3. Secuencia interactiva funcional de un caso de Trastorno de Pánico
12
R Motora
Ir al médico
C Emocional
5
10
C Cognitiva 11
C Ambiental
Medicación
Efecto placebo
Buen trato
Protección
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
[ 57 ]
walter riso
neuroticísmo/sensitividad a la ansiedad (vulnerabilidad biológica), el paciente desarrolló la ansiedad anticipatoria necesaria
para que su ataque de pánico se transformara en trastorno de
pánico.
Una intervención cognitivo-conductual en el Nivel I
apuntaría de manera preferencial a modificar de manera rápida (combatir y/o reemplazar) la R cognitiva 1 y 2 mediante
diversas técnicas, pero también podría intervenirse de manera
complementaria sobre lo emocional/biológico (vg. medicación, relajación, autorregulación emocional), lo motor (vg.
prevención de respuesta) y/o las consecuencias ambientales
(vg. colaboración de familiares y médicos), si esto produjera
el alivio esperado.
Analicemos ahora la secuencia funcional interactiva en un
caso de depresión autonómica, donde el paciente mostraba un
esquema de incompetencia/fracaso (Figura 4).
Como puede verse, el Estímulo desencadenante (una tarea
laboral difícil), activa (flecha 1) la R Cognitiva 1, compuesta
por dos distorsiones cognitivas (DC) (catastrofización y rotulación) y un pensamiento automático («No voy a ser capaz.
Soy un fracaso»), los que activan la R Emocional mixta de
tristeza/ansiedad, pero con una mayor valencia en la emoción
de tristeza (flecha 3). Esta R Emocional genera dos derivaciones, que terminan por afectar de manera inhibitoria la R
Motora. De una parte, activa (flecha 4) (memoria dependiente del estado) la R Cognitiva 2 («Con seguridad fracasaré»),
la que a su vez bloquea la R Motora (flecha 5).Y de otra
parte, la R Emocional inhibe directamente, vía fisiológica, la
R motora (flecha 6). La R motora de torpeza/ineficiencia
genera a su vez dos consecuencias: (a) una C Cognitiva (flecha 8) que produce una R cognitiva 3 («Definitivamente soy
un desastre»), y (b) una C Ambiental negativa (flecha 10) de
mala evaluación por parte de los jefes. A su vez esta C. Ambiental genera una C Cognitiva (Flecha 11) que termina
por reforzar aún más la R Cognitiva 3. Para cerrar el ciclo,
la R Cognitiva 3 incrementa la R Emocional de tristeza
(flecha 3).
[ 58 ]
3
Estímulo
Tarea laboral
difícil
1
4
R Emocional/biológica
Tristeza (ansiedad)
3
6
5
R Motora
Inhibición
Torpeza/
ineficiencia
C Cognitiva 11
C Cognitiva 8
R Cognitiva 2
«Con seguridad
fracasaré»
R Cognitiva 1
Catastrofización
Catalogar
«No voy a ser capaz,
Soy un fracaso
R Cognitiva 3
«Definitivamente soy
Un desastre»
Figura 4. Secuencia interactiva funcional de un caso de Depresión
10
C Ambiental
Mala evaluación
de superiores
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
[ 59 ]
walter riso
Como pudo analizarse en los dos ejemplos expuestos, las
secuencias interactivas funcionales se cierran sobre sí mismas,
ya que es muy difícil concebir un individuo que no autobserve su comportamiento y evalúe las consecuencias que tal
comportamiento tiene en el medio (a no ser, obviamente, que
exista un marcado deterioro cognitivo como ocurre en los
casos, por ejemplo, de autismo, retardo mental, psicosis o demencia). No obstante,habrá casos donde es imposible cerrar
el círculo y completar el diagrama funcional por falta de datos
o información.
¿Qué busca un terapeuta cognitivo
con el análisis interactivo funcional?
Primero, ayuda a determinar la o las fuentes del problema
concreto y cómo atacar los síntomas de la manera más eficiente.
Si se debe hacer hincapié exclusivamente en lo cognoscitivo o
si también se debe intervenir sobre otros aspectos ambientales y
comportamentales. Pese a que el terapeuta cognitivo comienza
a intervenir desde la primera cita, sin contar aún con registros u
observaciones detalladas, no puede desconocerse que el análisis
interactivo funcional permite, al tener un mapa de las variables
en juego, optimizar las intervenciones.
Segundo, facilita elementos para que el terapeuta pueda
generar hipótesis respecto al Nivel II y III, partiendo de las
regularidades de los pensamientos y los comportamientos
motores. En el análisis interactivo funcional, tal como dije en
otra parte, es posible destacar esbozos o manifestaciones enmascaradas de otros procesos y eventos cognitivos más complejos implicados en el Nivel II y III. Por ejemplo, es probable
que las respuestas motoras en el Nivel I reflejen las estrategias
compensatorias en el Nivel II o que los pensamientos automáticos nos conduzcan al significado del esquema nuclear y
algunos esquemas de segundo orden o que las distorsiones
cognitivas permitan acceder a sesgos más complejos cuando
se indague como opera el principio de la economía cognitiva
en el paciente.
Tercero, el paciente aprende a observar el propio com-
[ 60 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
portamiento y a integrar gradualmente su manera de pensar
(metacognición), sentir y actuar. El hecho de poder interpretar su proceder desde una perspectiva lógica y fundamentada,
crea en el paciente la disciplina y el hábito saludable de pensar
y pensarse como científico. Uno de los objetivos de la TC
es que el paciente sea capaz de comprender, ejemplificar y
explicar su caso con una pericia similar a como lo haría un
psicólogo experimentado. En otras palabras, el paciente se va
preparando para empoderarse de la conceptualización de su
caso y hacerse cargo de sí mismo.
Respuesta cognitiva o
producto cognitivo: pensamientos
y distorsiones cognitivas
El modelo de psicopatología en el cual se fundamenta la
TC otorga a los pensamientos automáticos (PA) y las distorsiones cognitivas (DC) un rol central en el desencadenamiento y mantenimiento de emociones negativas como ansiedad,
depresión e ira (Beck, Emery y Greenberg, 1985; Bruch, 1997;
Leahy y Holland, 2000; Abramowitz,Tolin y Street, 2001;
Lundh y Wangby, 2002). El efecto negativo de los pensamientos automáticos y las distorsiones cognitivas (su falta de identificación y control) se ha reconocido prácticamente en todos
los desórdenes mentales; por ejemplo: fobia social, ansiedad
generalizada, hipocondríasis, desórdenes de alimentación,
abuso de sustancias, depresión, estrés postraumático, trastornos
bipolares y desórdenes de la personalidad, entre otros (Calvete
y Connor-Smith, 2005; Fehm y Hoyer 2004; Najavits,y col.,
2004; Coles y Heimberg, 2005).
Los productos cognitivos han recibido distintas denominaciones (Riso, 1992): autoverbalizaciones (Meichembaum,
1977), pensamientos automáticos (Beck, 1967; 1976), atribuciones (Abramson, y col., 1978), inferencias (Hollon y Bermis, 1981), errores cognitivos (Beck, 1983) y construcciones y
perspectivas (Clark, Beck y Alford, 1999), entre otros.
[ 61 ]
walter riso
Los productos cognitivos también se han intentado categorizar por su contenido. Por ejemplo, Hollon y Bemis (1981)
han propuesto una taxonomía acorde con el tipo de contenido inferencial: a) atribuciones causales (referidas a causas de
eventos y conductas), b) atribuciones de características (inferencias sobre características de objetos situaciones o personas), y
c) expectativas (inferencias sobre resultados futuros). Clark y
Beck (1989) diferencian los temas de los productos cognitivos
depresivos (pérdida, fallas, rechazo, carencia y incompetencia), de aquellos contenidos típicamente ansiosos (alarma y
potenciales peligros físicos o mentales, baja autoeficacia para
dominar y controlar las situaciones de miedo).
Ingram y Read (1986), Kendall e Ingram (1987) y Clark y
Beck (1989), anotan una importante e interesante diferencia
entre el contenido preposicional de los productos cognitivos
utilizados por sujetos depresivos y ansiosos. Mientras los individuos ansiosos utilizan proposiciones con base en preguntas
(«¿Y si me pasara algo?», «¿Y si no supiera qué hacer?», «¿Si
tuviera cáncer?»), los depresivos ya han dado respuesta a los
interrogantes, pero negativamente («Yo no soy capaz», «Siempre me va mal», «Nunca sé qué hacer», «Soy un fracaso», «Tengo cáncer»). Así, la diferencia principal entre ambos tipos de
pensamientos (eventos) está en el contenido que aportan los
esquemas: las autoverbalizaciones de los depresivos toman la
forma de conocimientos negativos y absolutistas (pesimismo) y la
de los sujetos ansiosos se configuran sobre preguntas de contenido incierto e inseguro frente a posibles consecuencias negativas
o amenazantes (incertidumbre probabilísima). Más recientemente se ha propuesto la diferencia entre «pensamientos
rumiativos» típicos de la depresión y del trastorno obsesivo
compulsivo (Nolen-Hoeksema, 1998; Papágeorgiou y Siegle,
2003; Cohen y Calamari, 2004) y la «preocupación» como el
pensamiento típico de la ansiedad anticipatoria (Segerstrom,
Tsao, Adíen y Craske, 2000; Fresco y col., 2002; Muris y col,
2004).
Es importante destacar, tal como afirma Beck (2000), que si
bien los pensamientos automáticos disfuncionales y las distor-
[ 62 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
siones cognoscitivas casi siempre están asociados a un contenido negativo, en los casos de trastornos maníacos, hipomaníacos
y narcisistas, la distorsión está referida a contenidos positivos.
1. Pensamientos automáticos
La terminología que más ha prosperado en TC es la de
pensamientos automáticos (Alford y Beck, 1997). Tal como sostienen Clark y Beck (1989), existen dos tipos de productos
cognitivos que son especialmente relevantes para los estados
psicopatológicos: los pensamientos voluntarios y los pensamientos automáticos (PA). Los PA son involuntarios y repetitivos por naturaleza, y difieren de los pensamientos voluntarios
en el grado de control asociado con su ocurrencia. Los PA
son intrusiones reflejas de las cuales el paciente no siempre es
consciente. La TC utiliza técnicas específicas para hacer consciente estos PA y poder controlarlos. Es decir, se pasa de un
procesamiento automático a uno controlado.
Clark, Beck y Alford (1999) señalan que los PA son: (a) pasajeros, (b) altamente específicos y discretos, (c) espontáneos,
inmediatos e involuntarios, (d) plausibles, (e) consistentes con
el estado afectivo de ese momento o con su personalidad, y
(f) una representación sesgada de la realidad, incluyendo el sí
mismo. Cada PA refleja, como se dijo antes, un perfil cognitivo
asociado a los distintos aspectos del desorden (ver más adelante: Especificidad de contenido).
J. Beck (2000) sostiene que los PA constituyen un flujo
de pensamientos que coexisten con otros más conscientes.
Los PA son comunes a todos, ya que la mayoría de nuestras
acciones ocurren bajo un procesamiento de tipo no controlado. La autora señala las siguientes características de los PA: (a)
suelen ser breves e inmediatos, (b) a menudo el paciente está
más consciente de la emoción que experimenta como consecuencias de su PA, (c) habitualmente estos pensamientos se
aceptan como si fueran verdaderos sin reflexionar sobre ellos
ni evaluarlos, (d) la emoción está conectada de manera lógica
con el contenido del PA, (e) los PA suelen aparecer de manera
muy escueta pero son asequibles para el paciente cuando se
[ 63 ]
walter riso
pregunta por su significado, y (f) los PA pueden manifestarse
en forma verbal, visual (imágenes) o de ambas maneras. En
cuanto a la importancia de los PA para la TC, afirma:
El modelo cognitivo sostiene que más que la situación
es la interpretación de la misma, expresada con frecuencia
como PA, la que influye sobre las emociones, el comportamiento y la respuesta fisiológica subsiguiente. Por supuesto,
existen acontecimientos que son casi universalmente perturbadores, tales como ser atacado, padecer rechazo o un
fracaso. Las personas con trastornos psicológicos, no obstante, a menudo perciben mal situaciones neutras o hasta positivas y deforman sus pensamientos automáticos. Al
examinar críticamente estos pensamientos y corregir los
errores, en muchos casos se sienten mejor (pág. 103).
Finalmente, siguiendo a Ellis (1999; 2001a; 2001b; 2001c)
y Ellis y Abrahams (2001), es posible evaluar los PA según tres
criterios: (a) por su evidencia empírica (¿Qué hechos sustentan o avalan el PA?), (b) por su consistencia lógica (¿Hay otras
explicaciones alternativas plausibles?, ¿Cuáles son las premisas
y cuáles fueron los procedimientos de deducción?), y (c) por
su utilidad y pragmatismo (¿De qué manera me ayudará o
perjudicará este PA?). Cada una de estas aproximaciones llevará a una disputa específica como método e intervención:
debate empírico, pragmático y lógico.
Los PA son la puerta de entrada del sistema, de acceso relativamente fácil para los pacientes y susceptibles de ser modificados o controlados. Esa es la razón por la cual en el Nivel
I se convierten en blanco principal. Judith Beck (2000) dice
al respecto:
El curso habitual del tratamiento en terapia cognitiva
implica usualmente que en los inicios se ponga más énfasis
en los pensamientos automáticos, que son conocimientos
más cercanos a la conciencia. El terapeuta enseña al paciente a reconocer, evaluar y modificar sus pensamientos para
lograr un alivio de los síntomas. Luego el tratamiento se
[ 64 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
centra en las creencias y pensamientos que subyacen en las
ideas disfuncionales (pág. 35).
Haciendo una analogía con el modelo lingüístico
chomskiano, los esquemas representarían las estructuras profunda; los productos cognitivos, las estructuras superficiales;y
los procesos, las reglas de transformación por medio de las
cuales la información entrante se almacena y transforma. Desde una perspectiva informacional los PA son la «punta del
iceberg», con relación a las estructuras subyacentes de las cuales
se desprenden. Esa es la razón por la cual la modificación de
los PA no es considerado un tratamiento completo (aunque
puede producir alivio e incluso la desactivación temporal de
esquemas negativos), ya que se estaría dejando por fuera los
factores de predisposición y el mecanismo central explicativo
de por qué el paciente tiene, mantiene y utiliza esos PA.
2. Distorsiones cognitivas
Las distorsiones cognitivas (DC) se refieren a la validez de
los PA. Hasta qué punto están bien fundamentados (evidencia
empírica o teórica), si son verdaderos o falsos, y si se desprenden de razonamientos erróneos (Beck, 1985; Beck, 2001, citado por Henriques y Leitenberg, 2002; Leahy, 2003 a; Taylor y
Brown, 1994). Las DC serían entonces conclusiones o productos cognitivos ilógicos o equivocados. Por ejemplo, la distorsión cognitiva conocida como rotulación: «Soy un fracasado»,
puede estar precedida de la premisa: «Fallé en el examen». Entonces el silogismo resultante sería: «Como fallé en el examen,
soy un fracaso». La conclusión («Soy un fracasado») estaría
distorsionada porque no se puede tomar la parte por el todo
o a partir de un comportamiento aislado (o un rasgo) llegar a
una clasificación global.
En otro ejemplo, el paciente puede tener el siguiente pensamiento: «Nadie me querrá nunca», luego de dos fracasos
amorosos. Pero un análisis más detallado mostraría que este
PA no es válido, ya que a partir de una premisa cierta («Fracasé
en dos relaciones») el paciente utilizó un proceso de sobrege-
[ 65 ]
walter riso
neralización para llegar a la conclusión (pensamiento distorsionado) «Ya fracasé en dos relaciones, por lo tanto nadie me
querrá nunca».
En la TC, además de develar evidencia, el terapeuta intenta
confrontar las DC mediante el análisis lógico y racional de
cómo se conformó el pensamiento (sus premisas e inferencias), tratando de crear explicaciones alternativas, razonables y
sin errores deductivos o inductivos. La teoría cognitiva afirma
que el sistema mental humano está constantemente evaluando, interpretando y analizando información interna y externa,
y que por lo tanto es susceptible de cometer distorsiones, pero
que dichas distorsiones son más pronunciadas y sistemáticas
en ciertas patologías debido a la activación de esquemas disfuncionales específicos (Burns, 1996; 1999; Riso, 2004).
El modelo cognitivo propone que una de las posibles razones de lo anterior se debe a que en los sujetos no clínicos
o «normales» las interpretaciones se realizan de una manera
más balanceada entre la información derivada del contexto y
la inferencias de orden superior (Clark, Beck y Alford, 1999).
Los sujetos no patológicos son a la vez: «constructivistas» y
«empiristas», mientras los individuos que muestran desordenes psicológicos se guían básicamente por las construcciones
que han elaborado de la realidad. En el contexto clínico, la
TC anima a sus pacientes a adoptar una aproximación empirista, además de constructivista, contrastando cada vez que
sea posible hacerlo sus inferencias con los hechos prácticos.
Tal como sostiene Ingram (1986), los seres humanos en general mostramos la tendencia a ser más theory-driven que data-driven. En otras palabras: le creemos más a las teorías que
hemos elaborado en el transcurso de nuestra vida, que a los
datos que aporta la realidad. La patología podría estar claramente relacionada con cierta insensibilidad a los datos de la
vida cotidiana y, en consecuencia, a un rechazo implícito al
realismo cognitivo.
En relación a lo anterior Alford y Beck (1997) afirman:
La terapia cognitiva es frecuentemente mal entendida cuando se afirma que ella solamente habla desde un
[ 66 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
perspectiva realista. No obstante, la perspectiva cognitiva
postula al mismo tiempo la existencia dual de una realidad
objetiva y una realidad personal, subjetiva y fenomenológica (pág. 23).
Y más adelante agregan:
Una persona con un desorden psicológico suele hallarse en un estado puramente constructivista. Pero en un
estado normal, la persona es tanto constructivista como
realista/empirista. Así cuando alguien reacciona cognitivamente de manera instantánea ante un dolor (Por ejemplo:
«Me está dando un ataque cardíaco»), puede rápidamente
reflexionar (metacognición) y descartar la hipótesis negativa (pág. 24).
De manera similar, un terapeuta cognitivo cuando está llevando a cabo la terapia oscila entre dos estados: (a) constructivista, cuando intenta comprender empáticamente al paciente,
y (b) realista/empírico, cuando busca nueva información y
generar explicaciones alternativas para un evento particular.
Alloy y Abramson (1988) hacen una diferencia entre «error
cognitivo» y «sesgo cognitivo». Las inferencias erróneas (distorsiones cognitivas en nuestro caso) ocurren cuando un juicio o
una conclusión difiere o es inconsistente con alguna medida
comúnmente aceptada de realidad objetiva (Por ejemplo: «La
gente negra es menos inteligente que la blanca»). Mientras
que los sesgos inferenciales son definidos como una tendencia a hacer juicios de una manera sistemática y consistente,
en determinado tiempo y situación, como por ejemplo, desconocer constantemente los logros obtenidos porque pienso
que soy un fracasado). De manera similar, Harvey, Town y
Yarkin, (1981) y Coyne y Gotlib (1983) establecen diferencias
entre sesgos y distorsiones cognitivas. Los sesgos son definidos
como «una tendencia subjetiva a preferir una cognición dada
sobre otras alternativas», mientras la distorsión es vista como
«una inconsistencia entre una hipótesis y los hechos».
Aunque a veces ambos conceptos se superponen, en la TC
[ 67 ]
walter riso
moderna las distorsiones cognitivas se vinculan más a errores del
pensamiento respecto de una realidad objetiva consensuada
(J. Beck, 2000; McMullin, 2000), mientras que los sesgos cognitivos/informacionales están más asociados al aspecto confirmatorio esquemático (sesgo confirmatorio) del sistema de
procesamiento de la información (Leahy, 2001), o lo que es lo
mismo: al proceso de economía cognitiva por el cual se ignora aquella
información que es inconsistente con los esquemas y se resalta aquella
que sí es congruente con ellos. Históricamente hablando, el concepto de distorsiones cognitivas ha quedado más referenciado
a la TC estándar, mientras el tema de los sesgos informacionales constituye un capítulo importante de la psicología social
(cognición social) (Worchel y col., 2002), la ciencia cognitiva
(Simon, 1983) y de aquellos modelos que han intentado hacer
un cruce entre TC y ciencia cognitiva (Ingram, 1986; Ingram
y Siegel, 2001; Stein y Young, 1992).
Un apoyo indirecto a las diferencias entre errores y sesgos
lo encontramos en el siguiente hecho clínico: la modificación
de las distorsiones cognitivas y pensamientos automáticos
ofrecen significativamente menos resistencia al cambio por
parte del paciente que la modificación de los sesgos confirmatorios. Podríamos concluir que lo que en verdad separa los
sesgos de las distorsiones, no es tanto el pensamiento implicado o los resultados obtenidos, sino el proceso y la motivación
subyacente a cada uno.
El carácter selectivo de los sesgos informacionales y lo
procesos ilógicos que utilizamos en la toma de decisión (heurísticos), así como sus efectos en el mantenimiento de los esquemas maladaptativos, lo veremos en detalle cuando abordemos el tema de los Sistemas de autoperpetuación, concretamente,
el Sistema A. Aquí me ocuparé de las distorsiones cognitivas
propiamente dichas, es decir, de aquellos errores del pensamiento que ha sido detectados e investigados por los clínicos
en relación a los trastornos del estado de ánimo, la ansiedad y
los desordenes de la personalidad.
Presentaré a continuación una lista de las distorsiones cognitivas más frecuentes.
[ 68 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
1.
Lectura de la mente: El paciente asume que conoce lo
que los demás están pensando y que tiene suficiente
evidencia de ello (Por ejemplo: «Ella piensa que soy
poco atractivo», «Él piensa que soy un perdedor»).
2.
Adivinar el futuro: El paciente predice el futuro en un
sentido negativo, involucrando fallas o peligros (Por
ejemplo: «Fallaré en la entrevista», «Yo nunca podré entrar a la universidad», «Seré feliz en el matrimonio»).
Esta dimensión esta referida a eventos o comportamientos calamitosos donde el afecto no está explícitamente involucrado.
3.
Catastrofización: El paciente piensa que lo sucederá será
terrible e insoportable y que no será capaz de enfrentarlo (Por ejemplo: «Sería terrible e insoportable que
ella me dejara», «No soportaría el dolor de fracasar»).
Como puede verse la catastrofización sí involucra el
aspecto afectivo, es decir: lo mal que «se sentirá» el paciente si el evento tiene lugar.
4.
Maximizar/miniminizar: El paciente se evalúa a sí mismo o a otros o a una situación y se exagera lo negativo
y minimiza lo negativo, o viceversa. (Por ejemplo: «Mi
marido me maltrata a veces, pero no es vital para mí.
En el fondo es un hombre bueno» o «Lo que logré no
tiene gran mérito, cualquiera lo hubiera hecho»).
5.
Catalogar o rotulación: El paciente asigna rasgos negativos
globales a sí mismo y a otros (Por ejemplo: «Soy indeseable», «Él es una persona no confiable», «Las mujeres son malas»). No se señala un comportamiento o un
pensamiento en particular, sino que se ataca a la persona como un todo. Como decía, Lazarus (1980): «No es
lo mismo decir ‘Robó una vez’, a decir, ‘Es un ladrón’».
6.
Descalificar o dejar de lado lo positivo: El paciente considera, de una manera poco razonable, que las experiencias, logros o cualidades propias o ajenas, no valen
nada. (Por ejemplo: «El éxito que tuve fue fácil, pura
[ 69 ]
walter riso
suerte», «Ella me dice que le gusto porque teme herir
mis sentimientos»).
[ 70 ]
7.
Filtro mental negativo: El paciente se focaliza exclusivamente en los detalles negativos y raramente descubre
los positivos (Por ejemplo: «Cuando hablé en público
hubo un momento que me turbé, sigo con mi fobia
social»), y desconoce el hecho que durante una hora
la conferencia fue magistral. En otro caso: «Nuestro
matrimonio no está bien porque ayer discutimos», y
desconoce el hecho de que es su primera discusión en
meses). Esta distorsión fue llamada por Beck (1983) abstracción selectiva. En términos informacionales, también
sería posible analizar el filtro mental negativo con un
proceso más cercano al concepto de sesgo, tal como
es la atención focalizada, atención autofocalizada o hiper-vigilancia.
8.
Sobregeneralización negativa: El paciente percibe un patrón global de negatividad a partir de un simple y único
incidente. O dicho de otra forma: el paciente llega a
una conclusión negativa que va mucho más allá de lo
que sugiere la situación. (Por ejemplo: «Como no pasé
la entrevista laboral, significa que nunca podré trabajar
en ninguna parte»).
9.
Pensamiento dicotómico o del tipo «todo» o nada»: El paciente ve la situación en dos categorías en lugar de
considerar toda una gama de posibilidades intermedias
(matices). (Por ejemplo: «Si no tengo erección todas las
veces que tengo relaciones, soy impotente», «Si no soy
el mejor de mi clase, soy mediocre», «Los buenos nunca
se equivocan»).
10.
«Debo»o «Tengo que»: El paciente interpreta los eventos en términos de cómo piensa que «deberían ser las
cosas», no tendiendo en cuenta lo «que es». (Por ejemplo: «Debería ser más disciplinado. Si no lo logro, voy
a ser un hombre débil e inútil», «Debo ser el mejor a
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
lo que de lugar», «Tengo que conseguirme un novio si
quiero ser feliz»). En los perfiles cognitivos de los desórdenes de la personalidad, los «debería» han recibido
el nombre de «imperativos» (Beck y Freeman, 1995);
también se los ha considerado como manifestaciones de un pensamiento preoperacional (absolutista)
(Leahy, 1995; Flavell, 1978). El pensamiento dicotómico está referido a evaluaciones extremas sobre determinados eventos, mientras lo «debería» son exigencias para actuar, imposiciones absolutistas que llevan
directamente al comportamiento (Ver más adelante,
Creencias intermedias).
11.
Personalización: Existen dos versiones: (a) el paciente se
culpabiliza por determinados eventos negativos y falla
en analizar que otras personas o variables ajenas a él
también pueden haber influenciado sobre dichos eventos (Por ejemplo: «Mi marido me dejó porque yo era
una pésima esposa», siendo el marido extremadamente
infiel) ; y (b) el paciente cree que las demás personas
tienen una actitud negativa hacia él o ella, sin tener en
cuenta otras posibles explicaciones de los comportamientos (Por ejemplo: «Mi jefe está indiferente y antipático conmigo porque debo haber hecho algo que no
le gustó», cuando podría haber pensado simplemente
que ese día el jefe amaneció de mal humor). En el primer caso la clave es la culpa, en el segundo, la actitud
prevenida (paranoide a veces).
12.
Echar la culpa: El paciente considera que otra personas
son el origen o la causa de sus sentimientos negativos y
se niega a tomar la responsabilidad de su propio cambio
(Por ejemplo: «Mi esposo es el culpable de que no haya
podido estudiar», cuando en realidad el hombre nunca
se opuso. En otro caso: «Yo soy así porque mis padres
no fueron cariñosos conmigo»).
13.
Comparación falsa: El paciente interpreta los eventos con
estándares poco realistas. Se focaliza aquellos sujetos
[ 71 ]
walter riso
que son «mejores que él» en algún aspecto y obviamente se siente inferior en la comparación (Por ejemplo: «Ella es más exitosa que yo», «Yo soy un completo
fracaso porque mis amigos tienen mejores empleos»,
«Soy bastante fea, basta mirar a cualquier supermodelo
para darse cuenta que tengo razón»).
[ 72 ]
14.
Orientación hacia el remordimiento o «lo que podría haber
sido y no fue»: El paciente se focaliza en la idea de que
él podría haber tenido mejores resultados en el pasado,
más que prestar atención a su buen rendimiento en el
aquí y el ahora. (Por ejemplo: «Podría haber tenido un
trabajo mejor del que tuve», «Si hubiera elegido bien
mi pareja no estaría sufriendo»). El paciente piensa que
de haber tenido la información oportuna que hoy posee, podría haber evitado determinados resultados negativos (Por ejemplo: «Yo debería haber sabido el estado de mis cuentas y evitar la quiebra», «Yo podría haber
sospechado que ella era una persona no confiable»).
15.
«Y qué si...»: El paciente afirma de manera oposicionista: «Y qué importa sí esto o aquello ocurre» (Por ejemplo: «¿Si, pero y qué si soy ansioso?, ¿Y qué si no puedo
controlar mi respiración?) Esta distorsión puede tomarse como una forma de resistencia pasiva del paciente al
tratamiento («Qué me importa») o una manera de minimizar y evitar el problema («No es tan importante»).
16.
Razonamiento emocional: El paciente piensa que algo
tiene que ser real porque él así lo siente. En consecuencia, lo que guía su interpretación de la realidad son los
sentimientos más que la razón (Por ejemplo: «Si me
siento un fracasado, lo soy», «Si siento que mi esposa no
me quiere, entonces no me quiere»).
17.
Inhabilidad para desconfirmar: El paciente rechaza aquella
evidencia o argumento que puede contradecir sus pensamientos negativos (Por ejemplo: si el paciente siente
que no es querible y alguien le confiesa su amor, podría
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
pensar que esa persona debe tener algún problema para
fijarse en él; o ante un ascenso en la empresa pensar
que fue por razones distintas a su capacidad). En realidad esta distorsión funciona más como un sesgo o una
inatención selectiva.
Respuesta emocional/biológica
De acuerdo con la conceptualización cognitiva,la emoción
es un estado subjetivo que resulta de la valoración o evaluación de estímulos internos y externos. Para la TC, y acorde con
otras teorías cognitivas de la emoción, la evaluación determina
el tipo, intensidad y persistencia de la experiencia emocional.
(Beck, 1976; J. Beck, 2000; Beck y Clark, 1997; Johnson-Laird,
1990; Lazarus, 2000a, 2000b; Lazarus y Lazarus, 2000; Scherer,
1997). Más específicamente, esta experiencia emocional ocurre
en el contexto de la interacción y transacción dinámica entre la
persona y el medio (Lazarus y Folkman, 1986).
La valoración cognitiva puede ser deliberada y concierne
o intuitiva y automática (Froufe, 1997).Esta valoración (percepción valorativa) asigna significado, un tema nuclear específico para cada emoción. Por ejemplo, la tristeza es evocada por
la percepción de pérdida, de privación o frustración/derrota;
el miedo y la ansiedad son consecuencia de evaluaciones de
peligro y vulnerabilidad personal; la ira es activada cuando
percibimos la situación como ofensiva o degradante para uno
o las personas amadas; la alegría, cuando somos conscientes de
haber alcanzado un logro o un beneficio o nos aproximamos
a ellos; la culpa, cuando consideramos que hemos trasgredido
un imperativo moral importante; la vergüenza, cuando pensamos que no hemos estado a la altura de nuestro ideal de
ego; y así. El modelo cognitivo considera que la emoción que
experimenta el paciente está conectada lógicamente con el
contenido del pensamiento automático. Si pienso que soy un
fracasado, me sentiré triste; si pienso que alguien está violando
mis derechos, me sentiré enojado; o si pienso que corro pe-
[ 73 ]
walter riso
ligro, me sentiré ansioso. Es decir, el pensamiento otorga significado a la emoción, sin embargo, las emociones no son las
valoraciones, aunque puedan relacionarse directamente con
ellas. Lazarus (2000) dice al respecto:
Las emociones no son las valoraciones, sino un sistema
organizado complejo constituido de pensamientos, creencias, motivos significados, experiencia orgánicas subjetivas
y estados fisiológicos, todos los cuales surgen de nuestra
lucha por la supervivencia y florecen en los esfuerzos por
atender el mundo en el que vivimos (pág. 111).
La TC no desconoce la importancia filogenética de algunas emociones (emociones primarias adaptativas, en términos
Greenberg y Paivio, 2000). Por lo tanto, rescata el significado
adaptativo que puedan dichas emociones tener en la terapia y considera que muchos de los trastornos afectivos son
la exacerbación inadecuada de emociones intrínsecamente
válidas. Existen emociones primarias, que terapéuticamente
deben seguir su curso y no ser interferidas o interrumpidas
cognitivamente (vg. un proceso de duelo, el miedo racional, la
tristeza, la alegría, la ira justificada) y emociones secundarias,
que deben ser atacadas con el arsenal cognitivo-conductualexperiencial disponible (vg. depresión, ansiedad irracional,
hostilidad injustificada, apego). La diferencia entre emociones
primarias y secundarias es importante a la hora de planear una
intervención (Safran y Greenberg, 1989; Riso, 2003a).
1. Características de las emociones
Siguiendo a Reeve (2003) podríamos decir que las emociones son fenómenos enmarcados en, al menos, cuatro dimensiones: subjetivas, biológicas, funcionales (propósito) y sociales.
[ 74 ]
1.
La subjetividad (cognitiva) de la emoción se desprende
del contenido informacional de las mismas y de nuestra
manera de procesarlo. Así decimos que estamos irritables, alegres o avergonzados.
2.
El aspecto biológico (fisiológico) tiene que ver con la
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
movilización de energía que alista al cuerpo para adaptarse a las distintas situaciones que se vea obligado a
enfrentar.
3.
Son funcionales (meta/propósito o tendencia a la acción) en el sentido que persiguen un propósito, lo que
los psicólogos evolucionistas definen como significancia o funcionalidad adaptativa. Por ejemplo, escapar del
peligro en el miedo, desactivar el organismo en la tristeza, defenderse y atacar en la ira.
4.
Son fenómenos que se enmarcan en una dimensión
social (comunicación) en tanto cada emoción envía señales faciales y corporales, verbales y posturales que son
reconocibles y que le otorgan calidad a nuestra comunicación.
Consecuente con lo anterior Reeve, conceptualiza el fenómeno emocional de la siguiente manera:
La emoción es aquello que conjuga los componentes
subjetivo, biológico, funcional y expresivo dentro de una
reacción coherente para una situación provocadora (pág.
444).
Izard (1991) define tres funciones básicas de las emociones:
(a) la función biológica (reordenar energías biológicas según
la función —vg. escapar, inmovilidad tónica, atacar), (b) la
función motivacional (en el sentido que la emoción puede
organizar, guiar e impulsar la acción y el pensamiento), y (c)
una función social (asociada con la conducta expresiva que
se convierten en señales y signos de vital importancia para la
comunicación social).
2. Diferencia entre emoción
y estado de ánimo (afecto)
En el Nivel I nos concentraremos en la respuesta emocional haciendo una separación conceptual con el afecto o estado
de ánimo. La literatura especializada ha referido algunas diferencias entre ambos conceptos (Mayer, 1986; Strongman, 1987;
[ 75 ]
walter riso
Russell y Barrett, 1999). Generalmente se acepta que la «emoción» es una respuesta de baja latencia, intensa, determinada
por estímulos ambientales claros (bottom-up) y no permanente.
Su influencia en la conducta y en otros subsistemas puede ser
detectada por el sujeto de manera más o menos consciente. El
«afecto» es más identificado con el sentimiento (estado de ánimo), como una respuesta de intensidad moderada, relativamente permanente, de latencia más o menos larga y no tan ligada a
factores precipitantes externos (top-down).
Otro grupos de autores señalan tres diferencias básicas entre
emoción y afecto (Ekman, 1994; Goldsmith, 1994; Davidson,
1994): (a) antecedentes (mientras las emociones emergen de
situaciones vitales para nuestro bienestar, el afecto se presenta
en procesos mal definidos y a veces desconocidos), (b) especificidad de la acción (las emociones influyen conductas y cursos de acción específicos, mientras que los estados de ánimo
funcionan más sobre las cogniciones) y, (c) duración temporal
(las emociones duran segundos o acaso minutos, mientras los
estados de ánimo proviene de acontecimientos mentales que
pueden durar horas o más).
No es difícil hacer una analogía con los conceptos clásicos
en procesamiento de la información. Las emociones son asimilables al concepto de producto cognoscitivo (en este caso
emocional), mientras el carácter estructural-estable del afecto
concuerda con el concepto de esquema emocional (Greenberg
y Paivio, 2000).
3. Estado de ánimo y cognición
El afecto negativo o positivo puede causar un sesgo congruente con ese estado de ánimo (mood congruity effect) (Barry,
Naus y Rehm, 2004, Beevers y Carver, 2003; Bower, 1981, 1987;
Fargas, 1995; Leahey y Harris, 1998; Scout y Cervone, 2002;
Zajonc, 1980, 1984). La emoción y/o el afecto puede «arrastrar», contextualizar y facilitar la aparición y/o activación de
cogniciones congruentes con él. Por ejemplo, los sujetos felices
recuerdan mejor palabras aprendidas en otro momento feliz
que las palabras aprendidas en un momento triste, mientras se
[ 76 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
produce lo contrario cuando a los sujetos se les induce tristeza (aprendizaje dependiente del estado). Tal como propone la
teoría informacional de Lang (1976, 1993), la red emocional
almacenada en la memoria posee información en nodos sobre
estímulos externos (vg. visuales, táctiles), respuestas (vg. viscerales, propioceptivos) y proposiciones semánticas (vg. creencias,
valores), los cuales pueden ser activados por distintas entradas
informacionales. Cuando un nodo se activa, se accede a uno
o varios nodos relacionados de la estructura y la red entera se
activa. Foa y Kozak (1986), en un sentido similar, aplicaron el
principio de Lang a los casos de fobia para representar el miedo
como una imagen organizada donde destacan la importancia
del procesamiento emocional.
La posición actual es que el afecto y la emoción no se
pueden excluir de lo cognitivo si se quiere tener una modelo completo de procesamiento de la información humana.
Desde el punto de vista de la TC, el afecto y lo cognitivo
pueden ser vistos como dos sistemas independientes pero
interactuantes, donde el peso o predominio suele estar más
anclado en lo cognitivo. Se podría decir que no existen
emociones puras o hay muy pocas. Una vez se experimenta
tal o cual emoción y es almacenada en la memoria, automáticamente queda inserta en una trama de información donde
lo cognitivo tiene una fuerte prevalencia.
De lo dicho hasta aquí queda claro que la emoción no
puede ser reducida a un canal fisiológico-autonómico. La
emoción es un concepto que rebasa por lejos los indicadores fisiológicos. La conceptualización moderna del procesamiento emocional implica rescatar su significancia filo y
ontogenético. Ya no solamente importa el sustrato fisiológico medible (funcionamiento físico), sino también su función
adaptativa, tal como lo demuestra la psicología evolucionista
y las actuales teorías la emoción. Hablamos entonces de una
«psicología de la emoción». La tradicional «respuesta autonómica» tampoco representa la gran cantidad de emociones
existentes, a excepción del miedo/ansiedad. Por eso prefe-
[ 77 ]
walter riso
rimos el término «biológico», ya que podemos incluir en él,
además del sistema autónomo, el endocrino, el metabolismo
del cuerpo, la información genética, el sustrato bioquímico (neurotrasmisores, segundos mensajeros, mitocondrias), y
constructos psicofisiológicos como la sensitividad a la ansiedad o el neuroticismo.
Respuesta motora
La respuesta motora (RM) puede ser: motora verbal (lo
que el paciente dice) y no verbal (lo que el paciente hace:
movimientos, gestos,posturas). La RM suele ser definida operacionalmente por sus componentes topográficos (vg. frecuencia, intensidad) y/o funcionalidad (vg. conducta de evitación, conducta compensatoria). El pensamiento automático
y la mayoría de las respuestas emocionales necesitan de la RM
para relacionarse con el mundo exterior. La RM es la puerta
de salida visible de las operaciones que realiza el sistema y
también, por medio de la retroalimentación y la autobservación, el canal por el cual el sujeto puede generar información
entrante disonante o confirmatoria respecto a los contenidos
esquemáticos ya existentes.
Los pensamientos no poseen un canal directo de contacto con el ambiente exterior (a no ser que se crea en la telepatía) que permitan establecer relaciones funcionales con
el ambiente, de ahí que la RM se convierta en el medio de
comunicación de la respuesta cognitiva por excelencia, ya sea
a través de las expresiones verbales o a través de expresiones
corporales: una mueca, cierta latencia de respuesta o una sonrisa, pueden mostrar de manera indirecta el contenido del
pensamiento. Sin embargo, debe quedar claro que para los
modelos cognitivos/informacionales la conducta verbal no
debe confundirse con lo cognitivo, aunque en ocasiones la
conducta verbal motora pueda encarnar el contenido de una
idea o pensamiento. El paciente podría decir lo que piensa,
pero también podría decir exactamente lo contrario. Veamos
[ 78 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
con un poco más en detalle qué se entiende por cognición
desde un enfoque informacional.
1. La cognición no es conducta verbal
Tal como se dijo, la conducta verbal es el canal por excelencia a través del cual se expresa lo cognitivo, pero ambos
conceptos no son sinónimos. Lo cognitivo se refiere a la
representación informacional, es decir, a una estructura portadora
de significado. Tal como la acreditan las investigaciones sobre
cognición en animales (Lamb, 1991; Wrigth, 1989; Vauclair,
1996), en bebés (Baillargeon, 1995) y fetos (Streri, 2003), no
es necesaria una lengua natural para que ocurra el fenómeno
cognitivo.
Por el contrario, algunos autores como Fodor (1975, 1981,
1995), afirman que sí existe un «lenguaje del pensamiento»
conformado por estructuras lógico-sintácticas, semánticamente evaluables y con propiedades causales, cuyo contenido
informacional estaría dado por nombres, predicados, variables, cuantificadores y conectores lógicos. La hipótesis de un
lenguaje del pensamiento favorece la idea de que toda información es codificada en último término en forma altamente
abstracta por el cerebro. Los estudios en inteligencia artificial apoyan lo anterior. La informática posee un gran número
de técnicas para simbolizar entidades de toda naturaleza: por
ejemplo, las modernas lógicas de descripción pueden representar sonidos, textos o imágenes optimizando plenamente
su utilización (Best 2001; Kayser, 2003). De manera similar, la
mente humana posee la capacidad de representar y procesar
información presentada de formas muy diversas y en distintas
organizaciones (carácter multimodal): analógicas (imágenes
mentales), preposicionales (lógica preposicional), semánticas
(simbólica) o híbridas.
Neisser, en 1967, en el clásico texto, Psicología cognitiva,
ofreció esta definición:
La psicología cognitiva se refiere a todos los procesos
mediante los cuales la entrada (input) sensorial se trans-
[ 79 ]
walter riso
forma, reduce, elabora, almacena, recupera y utiliza (pág.
15).
Los temas de estudio de la psicología cognitiva son los
sucesos mentales (cogniciones): reconocimientos de patrones,
memoria, organización del conocimiento, lenguaje, razonamiento, resolución de problemas, clasificación, conceptos, categorización de la información, y muchos más.
Dunlop y Fetzer (1993) se refieren a la cognición «como
una instancia de operación mental que incluye intencionalidad» .Y definen la psicología cognitiva como:
Una aproximación al estudio del fenómeno mental en
términos de los modelos del procesamiento de la información, usualmente tomando la analogía del computador. En
oposición al conductismo, la psicología cognitiva postula
un número de mecanismos internos y procesos que operan
sobre la información (pág. 25).
Por su parte, Gardner (1988) afirma:
Defino la ciencia cognitiva como un empeño contemporáneo de base empírica por responder a interrogantes
epistemológicos de antigua data, en particular vinculados a
la naturaleza del conocimiento, sus elementos componentes, sus fuentes, evolución y difusión (pág. 21).
Y en otra parte dice:
La ciencia cognitiva se basa en la creencia de que es legítimo —más aún, necesario— postular un nivel separado
de análisis, al que podría denominarse ‘nivel de la representación’. El hombre de ciencia que opera en este nivel
trabaja con entidades representacionales como símbolos,
reglas, imágenes —la materia prima de la representación,
que encontramos entre lo que afluye y lo que efluye, entre
lo que entra a la mente y lo que sale de ella—, y explora la forma en que estas entidades representacionales se
amalgaman, transforman o contrastan entre sí. Este nivel es
indispensable para explicar toda variedad de las conductas,
acciones y pensamientos humanos (pág. 55).
[ 80 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
Lo «cognitivo» es lo que media entre los estímulos (entrada) y los comportamientos (salidas), es decir, lo que ocurre
dentro de la caja negra. Tiberghien (1993) sugiere que la referencia a lo cognitivo obliga a trasformar la fórmula tradicional
que establecía las relaciones funcionales entre situaciones y
respuestas (R = f(S)),por otra donde la representación mental
o los estados mentales (cognición) esté presente: R = f (S x
M). El autor propone la siguiente definición de cognición:
El conjunto de fenómenos resultantes de la codificación, del almacenamiento y de la manipulación de la información por obra del sistema llamado en el mundo animal
sistema nervioso central (pág. 226).
En una dirección similar, Codol (1993), retomando la investigación cognitiva básica, conceptualiza la cognición como:
El conjunto de actividades por las que todas la informaciones son tratadas por un aparato psíquico, cómo este
las recibe y las selecciona, cómo las trasforma y las organiza,
cómo construye así representaciones de la realidad y elabora conocimientos (pág. 215).
Desde el punto de vista histórico, puede afirmarse que los
modelos de representación cognitiva se desarrollaron a medida que se generalizaba la idea (constructivista) de que los individuos «construyen» un modelo interiorizado de su entorno y de sus relaciones con el mismo. La psicología cognitiva
y las ciencias cognitivas en general postularon que las representaciones, pese a ser entidades no observables directamente,
podían ser estudiadas mediante una metodología científica a
través de operaciones experimentales sobre comportamientos
observables. Las representaciones, identificadas en estructuras
de alto orden, serían las responsables de la conservación de
información y la guía y regulación de la conducta, así como
la planificación de la misma.
Tan pronto surgieron los primeros computadores, y al ver
cómo funcionaban las máquinas «pensantes», la analogía mente-ordenador no se hizo esperar y rápidamente fue asumida
por una corriente filosófica que se denominó funcionalismo.
[ 81 ]
walter riso
Se establecieron dos niveles descriptivos básicos de comparación.
1. El nivel de soporte físico, conocido como hardware (vg.
chips, circuitos eléctricos, cambios magnéticos),y se lo
relacionó con la estructura húmeda del cerebro (wetware) y su fisiología. Para el funcionalismo, el sistema
nervioso y el microchip del ordenador, si bien materialmente son diferentes, poseen la misma capacidad de
ejecutar programas.
2.
El nivel del soporte lógico, que se refiere al nivel del programa que el ordenador está llevando a cabo (software).
La idea funcionalista expresa que más allá de los procesos electrónicos o neuroquímicos implicados en una
tarea, es posible explicar las operaciones necesarias para
ejecutar una tarea determinada al margen de su base
material. Un programa de computador puede elaborar
cualquier actividad, si esta actividad puede describirse
detalladamente como un conjunto de reglas formales.
En otras palabras: es posible describir el funcionamiento de un ordenador de forma lógica, independiente de
cómo está construido internamente.Tal como aseveran,
Torres, Mejía y Milán (1999):
Un mismo programa puede funcionar exactamente
igual que un ordenador con chips de silicio o fibra óptica,
con disco duro convencional o disco compacto, en un ordenador personal o en un servidor de red. Las diferencias
estarían en aspectos como la velocidad de funcionamiento,
pero no habría diferencias en el modo en que la tarea se
está realizando, es decir, en los pasos que se dan para alcanzar el fin pretendido (pág. 7).
Desde el enfoque computacional, la mente es al cerebro, lo
que el programa es al ordenador. De acuerdo con está metáfora,
la mente sería el programa o, si se quiere, un conjunto de
reglas que manipulan la información almacenada en la memoria operativa y en la memoria largo plazo, que controla el
[ 82 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
comportamiento del organismo. En cierto sentido, parecería
que los ordenadores y los humanos compartimos la tendencia
a ser «informívoros» (Pylyshyn, 1984). No obstante,y pese a
las similitudes, la mayoría de los autores coinciden en afirmar que, a diferencia del ordenador, la mente es básicamente
un sistema intencional, dotado no sólo de racionalidad sino de
también propósito (Bechtel, 1991; Dennett, 2000).
Retomando lo dicho hasta aquí, la TC podría definirse
como: la aplicación (tecnología) de la ciencia cognitiva o la ciencia de
la mente a la psicopatología humana (Riso, 2000).Y el terapeuta cognitivo podría ser considerado como un experto o un
programador del software humano (Leahey, 1997). La conclusión funcionalista es tajante: si podemos crear mentes artificiales,
la mente existe.
No debemos olvidar que el interés básico del modelo cognitivo/informacional es el estudio del funcionamiento interno del sistema.Tal como sostiene Kendler (Baars, 1986): para la
TC la restricción de no inferir procesos mentales inobservables a partir
de los datos conductuales ha sido levantada. El planteamiento básico de la TC parte de un supuesto ontológico; la conducta
motora es insuficiente para comprender la complejidad del
fenómeno humano en general y de la cognición en particular,
esa es la razón por la cual el terapeuta cognitivo siempre intenta rebasar, dentro de las limitaciones naturales que plantea
el proceder científico, el nivel conductual de análisis. Tal decisión no obedece solamente a una vocación filosófico-epistemológica, sino a una exigencia práctica.
A manera de resumen podemos decir:
1.
La actitud reduccionista por medio de la cual se pretende subsumir los fenómenos cognitivos a la conducta
verbal manifiesta, es epistemológica y metodológicamente incompatible con el paradigma del procesamiento de la información.
2.
La cognición es la manera en que el cerebro representa
y procesa internamente la información.
[ 83 ]
walter riso
3.
Para la TC, el comportamiento motor no es un fin, sino
un medio para: (a) inferir constructos, (b) contrastar
hipótesis representacionales y (c) generar información
terapéutica (retroalimentación).
4.
Como manifestación observable de los procesos informacionales internos (cognición), el comportamiento
motor permite una forma de verificabilidad y contrastación de invaluable valor metodológico para la psicología cognitiva. Esta posición es congruente con lo que
Richelle (1992) denomina cognitivismo atenuado o no
radical, ya que el modelo cognitivo/informacional no
considera que se deba prescindir del comportamiento
observable. La TC no desconoce la importancia intrínseca que adquiere el evento motor en la práctica clínica
cuando se debe trabajar necesariamente con modelos
de caja negra (vg. pacientes de alto deterioro cognitivo)
y tampoco descarta los paquetes técnicos de los procedimientos conductuales tradicionales.
Antecedentes y consecuentes
Los antecedentes se refieren a los estímulos que disparan
o precipitan las respuestas. Pueden ser ambientales o internos,
mediatos o inmediatos, crónicos o transitorios. A su vez, cada
respuesta (cognitivo, emocional o motor) puede convertirse
en estímulo, dependiendo de cómo sea la dinámica funcional.
Un PA puede ser respuesta a un evento determinado y obrar
a la vez como estímulo en la cadena de conexiones internas.
Si bien para al TC la relevancia de los estímulos, a excepción
de algunos acontecimientos vitales más o menos universales,
depende de la valoración cognitiva que se haga de los mismos,
tal como afirman Persons y Davidson (2001), hay ocasiones
en que el trabajo terapéutico no sólo debe dirigirse a cambiar
las reacciones a las situaciones ambientales sino a modificar las
situaciones en sí mismas.
[ 84 ]
Nivel I:Estudio descriptivo/sintomático
El DSM-IV-R en relación al impacto de los problemas ambientales afirma:
Un problema psicosocial o ambiental puede ser un
acontecimiento vital negativo, una dificultad o deficiencia ambiental, un estrés familiar o interpersonal, una insuficiencia en el apoyo social o los recursos personales, u
otro problema relacionado con el contexto en que se han
desarrollado alteraciones experimentadas por una persona
(pág. 36).
Ingram, Miranda y Segal (1998) se refieren al impacto
cognitivo de los eventos estresantes y los dividen en mayores
(eventos ambientales crónicos que obran como factores de
mantenimiento; por ejemplo problemas económicos, laborales, de pareja, enfermedades físicas) y menores (que pueden
influir sobre la problemática, pero de manera menos drástica).
Persons y Davidson (2001) y Persons y Tompkins (1997)
proponen dos términos para describir las situaciones o eventos externos que activan los esquemas: los eventos precipitantes
(más molares y referidos a la crisis del paciente) y situaciones
activantes (referidos a eventos de pequeña escala que precipitan las conductas motoras, la emociones negativas y/o los
pensamientos automáticos). En nuestra terminología cognitiva,los primeros estarían más asociados al Nivel II y los segundos al Nivel I. Una extensión de lo anterior lleva a considerar
que no siempre es posible establecer una relación funcional
estricta entre los antecedentes y el comportamiento.
Clark, Beck y Alford (1999) definen la activación esquemática como:
Aquellos procesos de emparejamiento/igualación entre los input o las situaciones, con los rasgos/contenido do
modo o esquema que llevan a incrementar la prominencia
del sistema de procesamiento de la información (pág. 97).
De esta manera, habrá una activación directa cuando el contenido informacional de la situación o experiencia coincida
con la información contenida en el interior de un estructura
[ 85 ]
walter riso
cognitiva particular; y habrá una activación indirecta cuando el
contenido de los estímulos coincidan con un elemento del
esquema o modos y no con la totalidad e la estructura (Segal
e Ingram, 1994) (Ampliaremos este tema en el apartado de
Diathesis-estres).
De otra parte, las consecuencias de las respuestas, como ya
se ha visto, pueden ser de varios tipos: ambientales, cognitivas
o emocionales. Para la TC todas las consecuencias son susceptibles de autobservación, lo que las convierte automáticamente en estímulos potenciales de gran impacto.
[ 86 ]
cap í tu lo 4
Nivel II:
Estudio explicativo/preventivo
Al terapeuta cognitivo le interesa especialmente la estructura que da origen a los pensamientos automáticos y las distorsiones cognoscitivas y, por ende, a la patología del paciente.
En el Nivel I analizamos básicamente la organización de las
respuestas: los output del sistema. En el Nivel II, la complejidad
del análisis es mayor porque nos centraremos en el mecanismo y el funcionamiento básico que sustenta la dinámica del
trastorno, las variables predisponentes, mantenedoras y contribuyentes.
La figura 5 muestra los componentes del Nivel II.
Como puede observarse, las variables cognitivas a estudiar son: el esquema nuclear (EN), el Sistema 5a de selectividad informacional y el Sistema 5b de autoperpetuación,
conformado por las creencias intermedias (actitudes, creencia
trágica, creencia compensatoria e imperativos), las estrategias
compensatorias/aseguradoras y evitativas, y las profecías autorrealizadas. Tanto el Sistema A como el Sistema B actúan
en un sentido de autoperpetuación o automantenimiento del
esquema nuclear de fondo.
La pregunta que más interesa al terapeuta cognitivo es:
¿Cuáles son las relaciones intracognitivas que establece el
[ 87 ]
[ 88 ]
E
ESQUEMA
NUCLEAR
Figura 5. Segundo nivel (explicativo/preventivo)
SB
SA
Actitudes negativas
Creencia trágica
anticipatoria
Creencia compensatoria
Reglas/imperativos
Sistema de
producción
Economía cognoscitiva
(sesgos confirmatorios,
heurísticos)
Profesías autorealizadas y
estrategias interpersonales
confirmatorias
Estrategias evitativas y/o
Compensatorias/
aseguradoras
Estrategias de autoperpetuación
walter riso
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
pensamiento respecto al esquema nuclear y otros sistemas implicados? o ¿cuál es el mecanismo informacional que produce
y subyace a los pensamientos automáticos (PA) y a las distorsiones cognoscitivas (DC)? Si solo atacáramos las respuestas
dejaríamos por fuera la estructura informacional responsable
de la disfunción.
La Figura 6 muestra esquemáticamente las relaciones intracognitivas que atañen al terapeuta cognitivo.
El significado del pensamiento automático se relaciona
semántica y lógicamente con el contenido de esquema nuclear, por la importancia que tiene para el sujeto. El contenido informacional y/o afectivo se manifiesta en el pensamiento y en la congruencia informacional entre esquema
y producto. El significado personal es el producto de una
valoración sobre lo que el sujeto quiere y cree, es el concepto del sí mismo, su representación. O dicho de otra forma:
el contenido del pensamiento refleja el valor esencial del
esquema nuclear, lo hace asequible y lo traduce. Por ejemplo, si el sujeto posee una baja autoeficacia («No soy capaz»),
su pensamiento tendrá elementos conceptuales y valorativos
relacionados con el sentimiento de incapacidad (vg. «Seguro
fracasaré», «Soy un desastre», «No quiero fracasar de nuevo»).
En otro caso, si el esquema nuclear del paciente es: «Soy
débil» y «Los demás son mis protectores» (trastorno de la
personalidad por dependencia), el significado de los pensamientos estará relacionado directamente con la temática
del abandono, la soledad y la protección (vg. «No soporto el
abandono», «Necesito a alguien más fuerte», «Me siento sola
o solo», «Soy demasiado frágil», «La vida es difícil»).
Como veremos más adelante, en la conceptualización clínica cognitiva, buscar el factor común de los pensamientos y
la regularidad de los mismos, es una de las tantas maneras de
ir de «afuera hacia adentro», de lo periférico a lo central, del
pensamiento al esquema.
La relación del pensamiento con los esquemas de segundo
orden es similar a la que se establece con el esquema nuclear, pero la articulación con ellos no sólo es de significado,
[ 89 ]
[ 90 ]
Estímulo
Significado
ESQUEMA
NUCLEAR
Respuesta
Emocional/biológica
PA / DC
Respuesta
Cognitiva
C Emocional
C Emocional
Respuesta
Motora
C Cognitiva
C Ambiental
Primer nivel (sintomático/descriptivo)
C Cognitiva
Conceptuales, valorativos, motivacionales y constructivos
ESQUEMAS DE SEGUNDO ORDEN
Figura 6. Respuesta cognitiva y relaciones intracognitivas
walter riso
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
sino también de lógica deductiva. Por ejemplo, ser racista
(un estereotipo o prejuicio, es decir, una generalización sin
fundamento) podría llevarme de lo general a lo particular
a través de un simple silogismo: «Los negros son ladrones,
mi empleado es negro, debe ser ladrón», y la consecuencia
podría verse manifestada en un trato áspero hacia la persona de color. Lo que obró fue un silogismo, además de una
valoración/significado. De otra parte, los esquemas motivacionales superiores (EMS) establecen relaciones combinadas
y complejas con el pensamiento: de significado, de lógica,
pero también afectivas o de gusto. Muchos pensamientos
que se desprenden de estructuras motivacionales son imperativos que impulsan a actuar: «Quiero esto o aquello», «No
puedo renunciar», «Debo perseverar», «Es imprescindible hacerlo»,«Me agrada y punto».
A continuación se examinarán los componentes del segundo nivel (ver, Figura 5), las definiciones, principios y
fundamentos de: (a) el esquema nuclear, (b) el Sistema A de
autoperpetuación, y (c) el Sistema B de autoperpetuación
(creencia intermedias, estrategias de evitación y estrategias
compensatorias y profecías autorrealizadas).
Esquema nuclear o creencia central
1. El concepto de esquema
El concepto de esquema ha tenido una larga historia en
psicología (Bartlett, 1932, 1958; Piaget, 1952, 1954, 1980), sin
embargo, es sólo en la década de los setenta y ochenta cuando su utilización comienza a cobrar fuerza en áreas como
la psicología social (Taylor, Crocker y D’Agnostino, 1978;
Taylor y Crocker, 1981), el procesamiento de la información
e investigación básica en cognición (Carver y Scheider, 1981;
Jennings, Amabile y Ross, 1982; Neisser, 1976) y la psicología
clínica cognitiva (Beck, 1982; Golfried y Robins, 1983; Hollon
y Kriss, 1984; Ingram y Hollon, 1986, Beck y col., 1985). En la
actualidad, el concepto de esquema es un tema ampliamente
investigado y reconocido, tanto en la conceptualización como
[ 91 ]
walter riso
en la intervención clínica cognitiva (Clark, Beck y Alford,
1999; Ingram, 2003; Leahy, 2004; Mahoney, 2003; Newman y
col., 2002; Wells, 2000).
El esquema puede ser visto como una entidad organizacional cognitiva y estable, que contiene todo el conocimiento
acerca de uno mismo y el mundo (Hollon y Kriss, 1984). En
términos más específicos un esquema se refiere a una estructura cognitiva en la cual se representa la información referente a una particular categoría de personas objetos u eventos
(Taylor y Crocker, 1981).
Clark, Beck y Alford (1999) dan la siguiente definición;
Los esquemas son estructuras internas relativamente
estables que han almacenado de manera genérica o prototípica características de estímulos, ideas o experiencias que
son usadas para organizar información de acuerdo a cómo
los fenómenos son percibidos y conceptualizados (P. 79).
Los esquemas, como plantean Beck y Freeman (1995), poseen cualidades estructurales adicionales, tales como capacidad informacional (estrecha,limitada o poca), flexibilidad o
rigidez (su capacidad de modificación), densidad (la relativa
distinción o relieve en algún contenido específico) y nivel de
activación o valencia (latentes o hipervalentes).
Sin embargo, sería erróneo identificar el concepto de
esquema como un simple reservorio pasivo donde se guarda determinada información. Por el contrario, los esquemas
cumplen una función activa en el procesamiento de la información, dirigiendo la atención, recordando o percibiendo estímulos relevantes y/o ignorando los input de escaso
valor. Parafraseando a Neisser (1976), los esquemas «no solamente contienen el plan, sino también son ejecutores del
plan». En cierto sentido, un esquema puede ser visto como
un intento que los individuos hacen para imponer su propia
realidad al mundo (Gitomer y Pellegrino, 1985; Greenberg y
Pascual-Leone, 1998; Maturana, 1997; Leahy, 2003a).
Se ha asumido que los esquemas proveen las teorías o hi-
[ 92 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
pótesis que en última instancia guían y orientan la búsqueda
de información relevante y determinan cómo los estímulos
recibidos y decodificados son organizados y estructurados.
Los esquemas tienden a mantener su consistencia, a ignorar
información contraria a su contenido y a facilitar información congruente con su base de datos (Riso, 1992; William
y col., 1997; Leahy, 2001). Como veremos, es más probable
que los esquemas utilicen una cognición confirmatoria de sus
preconcepciones, pese a existir evidencia en contra.
¿Cuál es el contenido informacional de un esquema? El
contenido de los esquemas puede incluir actitudes y creencias de uno mismo el mundo y el futuro. La triada de Beck
reposa en lo profundo de los esquemas. Quizás la distinción
más aceptada, en lo que a contenido se refiere, es la que se ha
establecido entre conocimiento declarativo y procedimental
por un lado (Anderson, 1983, 1995) y memoria semántica y
episódica por otro (Tulving, 1983, 1984).
El conocimiento declarativo es concebido como un conocimiento conceptual básico, estático, de los hechos y creencias
almacenadas acerca del mundo de objetos o eventos, tanto
reales como imaginados (Nasby y Kihlstrom, 1986).También
se lo ha definido como el «conocimiento del que». El conocimiento declarativo incluye información acerca de significados conceptuales, como también información de experiencia
personales frente a los conceptos y los eventos del mundo real,
o lo que es lo mismo: información abstracta y concreta acerca
del mundo. De esta manera, se asume que el conocimiento
declarativo contiene información semántica (la cual es independiente del contexto y se desprende del conocimiento compartido por la gran mayoría de la personas que pertenecen a
una comunidad lingüistica-cultural determinada) e información episódica (la cual se refiere a las experiencias individuales,
autobiográficas, relacionadas con el contexto espacio-temporal-emocional donde se produjo el contacto sujeto-objeto)
(Gibbs y Rude, 2004; Decaer, Williams y Eelen, 2003; Raes,
y col., 2002).
También puede hablarse de una memoria semántica y de
una memoria episódica, según sea el tipo de información alma-
[ 93 ]
walter riso
cenada (van der Kolk, van der Hart y Marmar, 1996; Puente,
1989). Ambos tipos de memoria se diferencian por sus características de procesamiento. Por ejemplo, la memoria semántica
es más estable en el tiempo, los mecanismos de recuperación
de la información son realizados de manera relativamente más
automática (con menos esfuerzo) y está sujeta a menos errores y olvido que la memoria episódica. Desde un punto de
vista neuropsicológico, también se ha definido una memoria
semántica para palabras, hechos verbales y conceptos, que se
alteraría por lesiones en las regiones postero-inferiores del
hemisferio izquierdo, y una memoria experimental (similar a
la memoria episódica antes mencionada), la cual almacenaría
las experiencias, no tan estables, que se alteraría por lesiones
a nivel del lóbulo límbico e hipocampo (Warrington, citado por Ardila, 1979; van der Kolk, 1996). Lo anterior estaría
mostrando el carácter diferencial de ambas memorias en lo
referente a la participación, o no, del componente afectivo.
El conocimiento procedimental se refiere al «conocimiento del
como». Esto es, el conjunto de reglas, habilidades y estrategias
por medio de las cuales se opera la información declarativa.
Este tipo de conocimiento comúnmente permanece ajeno
a la conciencia. El conocimiento procedimental es generalmente representado como aquella secuencia de acciones que
conducen a una meta. Incluye reglas de sintaxis lingüísticas,
operaciones lógico-matemáticas, juicios y análisis de inferencias. Desde el punto de vista lógico, respondería al condicional, si-entonces, y desde una perspectiva neurolinguística se
asemejaría al componente sintagmático del lenguaje, mientras
el conocimiento declarativo podría asimilarse al componente
paradigmático (Leahey y Harris, 1998).
Nisbett y Ross (1980) distinguen dos tipos de conocimiento estructural: esquemas y teorías o creencias. Los esquemas son considerados por estos autores como una forma
más genérica de conocimiento, donde las proposiciones no
se relacionan necesariamente. Las creencias en cambio, se refieren a cogniciones que incluyen relaciones entre dos o más
conceptos y que contienen información general en forma de
[ 94 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
reglas (Best, 2001). Esta perspectiva considera entonces que la
información puede organizarse en teorías o sistema de creencias (Abelson, 1979; Beck, 1996; Ellis, 1980; Ellis y Harper,
2003) y que dicho contenido sería de un nivel de complejidad
mayor al simple listado de conceptos.
De Vega (1984), partiendo del contenido informacional
dominante, propone clasificar los esquemas en: interpretativos
visuales (marcos o frames), situacionales o guiones (script), sociales, de autoconcepto y dominio.
Resumiendo lo expuesto hasta aquí, el contenido preposicional del esquema, o lo que es lo mismo, la información que
contiene, puede dividirse en información semántica (vg. hombre,
luz, silla, perro, lluvia), información episódica (las vivencias frente
a los eventos o las cosas), información procedimental (la manera
o el «como» se procesa y manipula la información), teorías
o creencias (sistemas altamente organizados de proposiciones
relacionadas) y conocimientos prototípicos sobre un dominio específico (vg. marcos, script). Sin embargo, no debe perderse de
vista que esta clasificación obedece a fines didácticos y que
los distintos tipos de información presentadas interactúan y se
entremezclan conformando estructuras que no siempre son
fáciles de comprender.
El contenido de los esquemas no necesariamente debe ser
«racional» o correcto. Si los conceptos son erróneos, si las experiencias personales se organizan más alrededor de vivencias
negativas que positivas y si las teorías o creencias se estructuran sobre la base de hechos falsos, el esquema resultante
será disfuncional y, en consecuencia, los pensamientos y comportamientos resultantes tendrán un carácter maladaptativo
en la medida en que no estarán adecuados a la realidad. Por
ejemplo, la idea de que «el destino está escrito» (locus de control externo), generará pensamientos del tipo «Nada puede
hacerse» o «De nada sirve intentarlo», y un comportamiento
de inhibición y/o pasividad frente a los problemas y acontecimientos vitales.
[ 95 ]
walter riso
2. El concepto de autoesquema
El concepto de esquema, cuando es aplicado a uno mismo,
se lo denomina autoesquema. Markus (1977) lo define como:
Generalizaciones cognitivas acerca de uno mismo,
derivadas de experiencias pasadas, que organizan y guían
el procesamiento de la información relacionada con uno
mismo contenida en la experiencia social de un individuo
(pág. 64).
La teoría cognitiva asume que el autoconocimiento o la
representación interna de «yo» incluyen elementos afectivos
(Markus, 1990; McMahon y col., 2003; Strauman y Higgins,
1993; Winfrey y Golfried, 1986).Tal como lo han demostrado
un número considerable de investigaciones, el autoesquema
influye de manera determinante la forma de procesar información autorreferencial. A este fenómeno se lo reconoce
como efecto de referencia de sí mismo o efecto de autorreferencia, y
se lo define como: la tendencia a procesar eficientemente y a recordar mejor la información que se relaciona con uno mismo comparado
con el procesamiento de otras clases de información (Higgins y Bargh, 1987; Symons y Johnson, 1997).
El autoesquema o esquemas de uno mismo (Markus y
Wurf, 1987) organiza el mundo del yo (autopercepción), y
ayuda a responder la pregunta clave que define el autoconcepto: «¿Quién soy?». La teoría cognitiva no asume que los
autoesquemas son simples unidades cognitivas, sino que son
entidades complejas que incluyen información conductual,
motivacional, fisiológica y afectiva respecto de uno y el mundo. Por tal razón, la diferenciación yo-otros es vital para definir los subsistemas involucrados en la conformación de los
autoesquemas.
Los trabajos de Robert y Monroe (1994), Strauman y Higgins (1993) y Clark, Beck y Alford (1999), entre otros, permiten establecer algunos patrones de funcionamiento general
de los autoesquemas.
[ 96 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
•
Algunos autoesquemas pueden representar la visión
actual del yo mientras otros pueden referirse a una
visión idealizada del mismo.
•
Los autoesquemas pueden diferir en la orientación
temporal y procesar información pasada, presente y/o
futura.
•
Los autoesquemas pueden brindar una visión positiva
o negativa de uno mismo.
•
Los autoesquemas, de acuerdo con la información
procesada, pueden ser más rígidos o más flexibles.
•
Es probable que los autoesquemas tengan una fuerte
orientación interpersonal y que la información almacenada y codificada se refiera a un autoesquema relacional/social, donde el «yo» se compare constantemente con los otros.
•
Los autoesquemas tienden a mantener su consistencia
interna.
3. Concepto y contenido
del esquema nuclear
La naturaleza del esquema nuclear (EN) es usualmente más
global, sobregeneralizada y absoluta que otras creencias. Por
lo general, el contenido de los EN se refiere a términos de
evaluación absolutas y generalizadas respecto de uno mismo y
los otros. Beck (1996) dice con respecto a los EN patológicos:
La creencia nuclear consiste en el componente más
sensible del concepto del sí mismo o el «yo» (sentirse vulnerable, desvalido, no amable, incompetente, inútil) y la
primitiva visión de otros (antipáticos, hostiles, desagradables (pág. 14).
Prezter y Beck (2004) afirman que en TC los términos «esquema», «creencia central»,«supuestos subyacentes» y «creencias disfuncionales» habían sido términos intercambiables,
pero en el uso contemporáneo tienden a diferenciarse. Los
[ 97 ]
walter riso
esquemas son estructuras cognitivas que sirve como base para
procesar, categorizar e interpretar experiencias. Las creencias
centrales autorreferenciales (para nosotros EN), son creencias
incondicionales, como por ejemplo: «Yo soy malo» o «Los
demás quieren hacerme daño» o «Soy incapaz». La creencia
nuclear opera fuera de la conciencia del individuo y frecuentemente no es claramente verbalizada. Los supuestos subyacentes o creencias disfuncionales son creencias condicionales
que responden a determinadas experiencia o situaciones.
Por ejemplo: «Si me doy a conocer tal cual soy, entonces ella
me rechazará».
El modelo presentado en el presente texto prefiere el término «esquema nuclear» a «creencia central o nuclear» por
dos razones. La primera tiene que ver con el hecho de que el
concepto de esquema es más amplio e integrador que el de
creencia. Como ya vimos, el esquema puede contener distintos tipos de información relacionados En segundo lugar,
el término esquema nuclear explicaría mejor las estrategias
de autoperpetuación o de autoconfirmación esquemática. Es
decir, el EN no es una entidad estable y acomodada, sino que,
como veremos más adelante, influye activamente en el desarrollo de las creencias intermedias (trágica, compensatoria,
imperativos, actitudes) y en la manera de procesar la información (sesgos confirmatorio).
Beck (1987) y Clark, Beck y Alford (1999) sugieren que
el contenido último del EN patológico incluye dos factores
básicos: la supervivencia (desvalido, incapaz) y el attachment (no
sentirse querible o amable).
El EN puede estar totalmente desactivado, totalmente activado o parcialmente activado. La activación del EN debe
verse como un continuo dependiendo de cómo intervienen
los eventos estresantes, los procesos de recuperación de información de la memoria, el estado de ánimo o las variables
de personalidad. Por ejemplo, en un trastorno del Eje I el EN
puede estar activado de manera discontinua, mientras que en
los casos del Eje II (no me refiero a retardo mental) puede estar activado de forma continua. Es un error conceptual plan-
[ 98 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
tear dicotomías de activación, como veremos en el apartado
de Especificidad de contenido.
Según la TC, el contenido del EN gira alrededor de dos
factores: «Cómo me veo a mi mismo» y «Cómo veo a los demás». Tradicionalmente estas variables fueron tratadas en conjunto en los trastornos de la personalidad (Beck y Freeman,
1995), aunque el yo y los otros suelen estar clínicamente presentes en la mayoría de las patologías, ya que pueden existir
«rasgos» de personalidad, que si bien no lleguen a configurar
un trastorno, incluirán necesariamente «un yo en relación con
otros». Por ejemplo, una persona desconfiada, con rasgos paranoides, además de sentirse vulnerable mostrará la tendencia
a ver a los demás como potencialmente amenazantes. Incluso
en los trastornos del Eje I, el EN puede incluir a «los otros»
como factor determinante además del sí mismo. Por ejemplo,
en una fobia social, el paciente no sólo se siente incapaz de
comportarse de manera adecuada, sino que percibe a los demás como altamente críticos o evaluativos. Y en un caso de
depresión, la idea negativa de sentirse un fracasado hará que el
sujeto se aísle y no se considere querible, lo que aumentará el
sentido de pérdida y de soledad afectiva (la ausencia de otros):
«Necesito el amor de la gente, pero no lo merezco».
Tal como ha quedado suficientemente demostrado por la
psicología social: «nos enteramos de quienes somos a través
de nuestras experiencias con el mundo, en particular con las
otras personas» (Klein, Loftus y Burton, 1989; Worchel y col.,
2002). El entorno social afecta la conciencia del sí mismo,
mientras la opinión del sí mismo influye en el juicio social
(Meyer, 2000) .Varias investigaciones dan soporte al constructo de la valoración reflejada, el cual sostiene que toda autoevaluación refleja la percepción que los demás tienen de nosotros
(McNulty y Swann, 1994; Aron, Paris y Aron, 1995, citado por
Worchel y col., 2002).
Desde el punto de vista evolutivo los niños de 18 a 24
meses comienzan a dar muestras de reconocerse a sí mismos,
posiblemente debido a que internalizan los esquemas senso-
[ 99 ]
walter riso
riomotores y logran así formar imágenes mentales. Entre los
3 y 4 años, comienzan a codificar experiencias relacionadas
con recuerdos autobiográficos (memoria episódica) y a reconocer un «yo estable», receptor de lo que ocurrió en el pasado (Nelson, 1993; Povinelli y Simon, 1998). No obstante,para
que un desarrollo cognitivo autorreferencial adecuado tenga
lugar se deben incluir necesariamente las experiencias sociales
(Shaffer, 2002). Gallup (1979) halló que los chimpancés adolescentes que se habían criado en aislamiento social completo
no eran capaces de reconocerse en un espejo, en comparación
con los chimpancés criados en grupos sociales. No hay reconocimiento del yo en aislamiento social; Pooper llamó a este
proceso: el «fenómeno de mirarse al espejo» (Pooper y Eccles,
1982). Somos humanos en la medida que nos vemos reflejados en los demás. Para que lo específicamente humano haga
su aparición, además de un cerebro desarrollado, se requiere
una dimensión social interactiva. Uno de los factores que más
contribuyen a la conciencia del yo en los niños es el apego
seguro, contar con un cuidador básico y amable o con un vínculo confiable y afectuoso (Bowlby, 1980; 1990; Riso, 2003b).
Otro elemento que relaciona el yo con los otros es la comparación social. Festinger (1954) definía la comparación social
como la tendencia compararnos a nosotros mismos con los
otros para determinar si nuestra visión de la realidad es correcta o no. En la medida que nuestras opiniones coincidan
con la de los demás, concluimos que nuestra manera de pensar
es correcta. Es más, nos dejamos influenciar por la opinión de
otros al extremo de modificar las nuestras sin más prueba que
la opinión. Las investigaciones muestran que oír opiniones
negativas sobre algo o alguien hará que probablemente adoptemos opiniones similares, pese a nuestro desconocimiento al
respecto (Maio, Esses y Bell, 1994).
En resumidas cuentas, el yo se encuentra indisolublemente
ligado a los otros, no solamente en los trastornos de la personalidad sino en la formación misma de los autoesquemas. La
identidad social, el aspecto referido a «nosotros» contenido en
el autoesquema, contiene la definición social de lo que so-
[ 100 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
mos (raza, sexo, religión, sexo, profesión) y, por oposición, lo
que no somos. La relación yo-otros nos incluye o excluye. Es
importante destacar que un número de propuestas de formulación clínica tienen en cuenta el «sí mismo» y «los otros»
en sus conceptualizaciones (DeRubeis,Tang y Beck, 2001;
Horowitz y Eells, 1997; Leahy, 2003a; Wells, 1998; Young y
Behary, 1998).
El concepto de EN guarda alguna similitud con el concepto
de esquemas maladaptativos tempranos.Young (1994) propone
una terapia centrada en esquemas, cuyo núcleo principal son
los «esquemas maladaptativos tempranos», a los que define:
Son temas extremadamente estables y permanente que
se desarrollan durante la niñez y son elaborados a lo largo
de la vida del sujeto, los cuales son fortalecidos por el procesamiento de experiencias posteriores (pág. 9).
Estos esquemas son aceptados a priori como verdaderos e
irrefutables, se autoperpetuan, muestran resistencia al cambio,
son significativamente disfuncionales, se activan por eventos
externos y están asociados con altos niveles de afecto. Young
define tres procesos esquemáticos: mantenimiento (procesamiento que refuerza el esquema), esquemas de evitación (el
individuo evita pensar sobre situaciones activantes, evita los
sentimientos negativos asociados al esquema y evita conductualmente situaciones que puedan activar el esquema) y
esquemas de compensación (el individuo actúa de manera
consciente en un sentido opuesto a lo que se podría esperarse
de sus esquemas).
Gluboski y Young (1997) sostienen que los esquemas maladaptativos tempranos son temas amplios, concernientes al sí
mismo y a sus relaciones con los demás. Son multifacéticos,
contienen componentes cognitivos, afectivos, interpersonales
y conductuales, y están fuera de la conciencia. Según ellos,
los esquemas maladaptativos tempranos tienen varios rasgos
que los definen: se originan prematuramente en la vida y son
crónicos a menos que sean tratados; llevan emociones intensas
y disfuncionales (vg. autodestrucción, perjudicar a los demás);
[ 101 ]
walter riso
interfieren poderosamente la habilidad de los individuos para
lograr sus necesidades básicas; y se mantienen rígidamente y
son difíciles de cambiar, dado que abarcan el núcleo individual del sentido del sí mismo.
Debido a su importancia clínica, pasaremos a analizar en
detalle los distintos contenidos esquemáticos que han sido
relacionados, desde una perspectiva cognitiva, especialmente
con la dimensión del yo.
Autoconcepto
Para la terapia cognitiva el término autoconcepto suele
referirse a la representación interna del yo. La hipótesis de
autoevaluación en la que se basa el modelo cognitivo precisa
que el contenido de los esquemas del sí mismo guiarán las
autopercepciones, autoevaluaciones y autoestima. Por ejemplo, para los individuos que sufren de depresión, la activación
de sus autoesquemas latentes de contenido negativo los llevará a tener una autopercepción extremadamente negativa o
pesimista de sí mismos (Dozois, 2002). En la manía ocurriría
algo similar, pero en sentido contrario, es decir, el sesgo sería optimista (Leahy, 2003b). El contenido del autoconcepto
ha sido también asociado al trastorno bipolar (Power, Jong y
Lloyd, 2002), a la capacidad de moderar estados emocionales
(Donahue, Robins, Robert y John, 1993, Showers, 1992) y a
los efectos protectores (autocomplejidad) sobre el impacto de
eventos estresares en la depresión (Solomon y Haaga, 2003).
El autoconcepto es visto como un mosaico de las autorrepresentaciones que los individuos utilizan dentro de diversos
dominios de vida, tales como familia, trabajo, vida social y recreación. El autoconcepto sería un término que incluiría los
distintos autoesquemas y estaría más próximo al constructo
de EN. Por ejemplo, Andersen y Cyranowski (1994) sugirieron la existencia de un autoesquema sexual, al cual definieron
como: generalizaciones cognitivas sobre los aspectos sexuales
de una persona que se originaron en experiencias pasadas, se
manifiestan actualmente e influyen el procesamiento de la información sexual y guían el comportamiento sexual. Aún así,
[ 102 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
muchos terapeutas cognitivos prefieren seguir utilizando el
término autoesquema en lugar de autoconcepto o utilizarlos
como sinónimos.
Rentsch y Heffer (1994) pidieron a doscientos estudiantes universitarios que dieran veinte respuestas diferentes a la
pregunta: «¿Quién soy yo?». Al estudiar los contenidos de las
categorías que construían el autoconcepto, encontraron ocho
categorías, lo cual llevó a pensar que el autoconcepto no se
trataba de una estructura sólida con un solo contenido específico. Las categorías halladas fueron: (a) atribuciones interpersonales («Soy una novia», «Soy un estudiante», «Soy un jugador de fútbol»), (b) características adscritas («Soy un hombre»
«Tengo 20 años», «Soy Carmen»), (c) intereses y actividades
(«Me gusta cocinar», «Voy mucho al cine»), (d) autodeterminación («Soy católico», «Soy capaz de alcanzar mis metas»),
(e) diferenciación social («Soy francés», «Soy gay», «Soy un ser
humano»), (f) conciencia del self («Soy una persona buena»,«Soy coherente»), (g) creencias interiorizadas («Estoy en contra
del aborto»,«Apruebo el matrimonio entre homosexuales»,
«Soy pacifista y demócrata»), y (h) aspectos existenciales («Soy
atractivo»,«Soy un ser especial»).Aunque los participantes se
describían utilizando las mismas categorías, los contenidos
eran diferentes.
Una hipótesis comúnmente aceptada es que el autoconcepto va cambiando a medida que crecemos. Los cambios en
la vida nos obligan a asumir nuevos roles y por lo tanto una
nueva identidad social (Sheeran y Abraham, 1994; Stradling,
Crowe y Tuohy, 1993). William James (1890) sostenía que
aunque tenemos un núcleo central del self consolidado hacia
los treinta años, también tenemos muchos selfs sociales que se
manifiestan diferencialmente en nuestras relaciones sociales.
Al respecto, Baron y Byrne (1998) afirman:
En definitiva, parece ser que el autoconcepto está lejos
de constituir un aspecto fijo de la persona, y que acontecimientos que proviene del exterior pueden provocar cambios en él (pág. 186).
[ 103 ]
walter riso
Desde el punto de vista clínico se ha intentado organizar
el contenido del EN o autoconcepto en dos categorías básicas de creencias: (a) las que se asocian con desamparo («Estoy
indefenso», «Yo soy débil», «Soy inadecuado»,«Soy vulnerable»,«Soy fracasado»,«Estoy atrapado»,«No soy capaz»,«Soy
incompetente») , y (b) las que se asocian con incapacidad de
ser amado («No soy querible», «No soy atractivo», «Soy malo»,
«Van a abandonarme», «No soy deseable») (Beck, 1996; J.
Beck, 2000).
Auto discrepancia: yo real vs yo ideal
Según algunos autores, el autoconcepto no sólo incluye
los autoesquemas actuales (lo que somos), sino también los
«yo probables», lo que podríamos llegar a ser, lo que se conoce
en psicología social como: los posibles yo o los yo que podamos
proyectar. La visión del yo que añoramos ser o el que nos sentimos obligados a ser, nos conduce a una confrontación con lo
que verdaderamente somos y nuestras aspiraciones (Inglehart,
y col., 1989; Markus y Nurius, 1986).
Higgins (1987) propone la teoría de la autodiscrepancia
o la discrepancia del yo. Sostiene que más que el contenido
esquemático per se, lo determinante del EN es la dinámica
que relaciona los distintos niveles de aspiraciones y metas que
construimos alrededor del yo. Higgins, propone tres dominios
del yo: el yo real, actual (los atributos que creo poseer actualmente: «Lo que soy en realidad» o «Como me veo a mi mismo
en el aquí y el hora»), el yo ideal (los atributos que me gustaría
poseer: «Qué y cómo me gustaría ser») y el yo obligado (lo
atributos que creo debo poseer: «Qué tengo la obligación de
alcanzar»). Se postula que estas discrepancias entre el yo real y
el yo ideal y obligado actúan como guías para el procesamiento
de la información y la conducta manifiesta, y pueden generar
consecuencias emocionales negativas. Más específicamente se
pronostica que las personas que muestren discrepancias significativas o la falta de correspondencia entre el yo ideal y el yo
real padecerán tristeza y disforia, mientras la discrepancia entre el yo real y el yo obligado producirán activación, agitación
[ 104 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
y ansiedad.Varios estudios apoyan estas predicciones (Higgins,
Klein y Strauman, 1985; Higgins, Strauman y Klein, 1986; Higgins, Roney, Crowe y Hymes, 1994, citados por Worcheñl y
col., 2002).
Clark, Beck y Alford (1999) afirman respecto a lo anterior:
Así la estructura, contenido e interrelaciones o discrepancia entre diferentes partes de la organización de los autoesquemas contribuyen a nuestro entendimiento del papel
del sí mismo... (pág. 107).
Bruch (1988) sostiene que la discrepancia yo real vs yo
ideal genera sentimientos de inseguridad: conductas que llevarían
a una atención prolongada hacia aspectos negativos del sí mismo. Bruch (1988) encontró que las discrepancias entre el yo
real y el yo ideal correlacionaban con pesimismo y creencias
irracionales, ansiedad interpersonal, evitación social, estilos
atribucionales negativos, depresión y baja autoeficacia.
Autoestima
La autoestima ha sido relacionada con la función evaluadora que caracteriza el autoconcepto (Showers, 2000). En general se la considera como un esquema, que si su contenido
es negativo (baja autoestima), incrementa la vulnerabilidad a
la depresión (Roberts y Monroe, 1994; Abela y Payne, 2003),
afecta la sociabilidad, (Olmseand y col, 1991), debilita del sistema inmunológico (Strauman, Lemieux y Coe, 1993) e impide el mantenimiento de emociones positivas (Smith y Petty,
1995), entre otras muchas consecuencias. La autoestima pude
definirse como la autoevaluación de las cualidades que componen el concepto del yo (Marsh, 1993). Es la parte del autoconcepto que determina qué tanto me quiero o qué tanto
me detesto. La autoestima, entonces, envuelve observaciones
acerca de uno mismo en términos de bueno-malo, deseableindeseable, amable-no amable. Las personas con una elevada
autoestima se perciben a sí mismas como mejores, reconocen
sus defectos y virtudes, se sienten más capaces y con más valía
personal. Una baja autoestima tiende a generalizar los fracasos
[ 105 ]
walter riso
(Baron y Byrne, 2000) y hace que las personas, incluso los
niños, se concentren más en sus deficiencias que en sus cualidades (Brown, 1998). La autoestima se vincula también con las
discrepancias que el autoconcepto establece con su yo ideal
(autodiscrepancia) (Eisenstadt y Leipe, 1994).
Fennell (1997) propone una conceptualización cognitiva
de la baja autoestima con base en el modelo cognitivo de
Beck. Define la autoestima en términos de representaciones
genéricas del yo (esquema), considerando la persona como
un todo. Según la autora, la baja autoestima es una creencia
central o esquema nuclear en la cual un individuo llega a una
conclusión negativa de sí mismo (vg.«Yo soy débil»,«Yo soy
poco inteligente»). Esta conclusión resulta de una interacción
entre el temperamento y las experiencias negativas tempranas.
En general, desde el punto de vista cognitivo, se considera
que la autoestima modera (de manera similar a lo que ocurre
con los estados de ánimo o mood) los estilos atribucionales y
otros esquemas que pueden actuar como diáthesis (Southall y
Roberts, 2002).
La evaluación global de la autoestima surge de un proceso
evolutivo. Entre los 4 y los 7 años, las autoevaluaciones de los
niños se centran en dos áreas: aceptación social («Cuánto le
gusto a los demás») y competencia general, especialmente en
las tareas («Qué tan bien realizo mis tareas»). Hacia los ocho
años evalúan sus competencias en tres campos: competencia
física, competencia académica y aceptación social, pero estas
autoevaluaciones están fuertemente influenciadas por los demás, sobre todo por los padres. Todos los datos concuerdan en
que tanto el autoconcepto como la autoestima dependen en
buena medida de la forma en que los demás perciben nuestro
comportamiento y reaccionan frente a él (yo reflejado) (Harter, 1998). Esto se hace mucho más evidente durante la adolescencia, donde la valía personal se centra en las relaciones
interpersonales, pero de manera diferenciada según se trate
el contexto (vg. padres, amigos, profesores). A partir de ese
momento, la «autoestima relacional» va construyendo una valoración del yo más global. Podemos tener una autoestima
[ 106 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
global positiva, si en un campo del desempeño somos brillantestero no en otros. El balance ponderado varía de persona a
persona: podría afirmarse que los individuos que se evalúan a
sí mismos de manera general y balanceada son las que obtienen puntajes más altos en autoestima.
La comparación social que determina la autoestima se caracteriza por dos efectos: (a) el efecto de contraste: cuando
nos comparamos con alguien y en algún aspecto esta comparación puede producir efectos positivos en la autoestima
(Reis, Gerrard y Gibbons, 1993), y (b) efecto de asimilación:
cuando al compararnos con algún familiar o alguien cercano
y la autoestima es mayor si percibimos algo positivo en ellos
(Brown y col., 1992).
Finalmente, existe una tendencia a considerar que la variabilidad de la autoestima es más importante, que la cantidad
(alta o baja). Por ejemplo,un número considerable de estudios
convergen en que la variabilidad de la autoestima, más que el
rasgo de autoestima, incrementa la vulnerabilidad de la depresión ante eventos estresantes, especialmente en personas
que han tenido una historia de depresión (Hayes, Harris y
Carver, 2004). Específicamente, con relación a la depresión,
Clark, Beck y Alford, afirman:
Lo que confiere mayor riesgo para al depresión es la
reactividad de la autoestima causada por falta de resiliencia
a los eventos negativos. Así, es la inestabilidad temporal de
la autoestima (o su labilidad) y no la baja autoestima como
rasgo, lo que caracteriza ala autoestima como un factor de
vulnerabilidad a la depresión (pág. 350).
Auto eficacia
Como vimos, el autoconcepto es una visión compuesta
de uno mismo, formada a través de experiencias directas y
de evaluaciones realizadas por otras personas. La autoeficacia
sería uno de los componentes del EN, otra faceta del pensamiento autorreferencial. La diferencia con la autoestima es
como sigue: mientras la autoestima se refiere a la valía per-
[ 107 ]
walter riso
sonal en esencia, la autoeficacia percibida hace referencia a
la evaluación de las capacidades personales. Aunque las relaciones entre la autoestima y autoeficacia están ligadas, ya que
cultivamos nuestra autoeficacia en aquellas actividades donde
la valía personal tiende a ser positiva, no correlacionan en una
relación uno a uno. Podemos sentirnos eficaces en tareas que
no fomentan nuestra autoestima (vg, alguien puede ser muy
eficaz como ladrón), pero no sentirnos dignos u orgullosos de
llevarla a cabo.
Para Bandura (1977) la autoeficacia hace referencia a la
evaluación que realiza un individuo respecto a su capacidad
para desempeñar una tarea, alcanzar un meta o superar un
obstáculo.
Bandura (1987), define el contracto de autoeficacia de la
siguiente manera:
La autoeficacia percibida se define como los juicios de
cada individuo sobre sus capacidades, en base a los cuales
organizará y ejecutará sus actos de modo que le permitan
alcanzar el rendimiento deseado. Por tanto, el concepto no
hace referencia a los recursos de que se disponga sino a la
opinión que una tenga de sobre lo que puede hacer con
ellos (pág. 416).
En última instancia representa la confianza del individuo
de que será capaz de ejecutar exitosamente un comportamiento específico. La autoverbalización que acompaña la baja
autoeficacia es: «No soy capaz».
El constructo de autoeficacia parte de dos tipos de expectativas: (a) expectativas de resultados (la estimación de que
cierta conducta llevará a ciertos resultados), (b) expectativas
de eficiencia (la convicción o certeza de uno puede ejecutar,
exitosamente, la conducta requerida para producir los resultados) (Riso, 1988a). Una autoeficacia alta hace que los sujetos
se sientan más seguros ante los retos personales, más persistentes ante los obstáculos, menos ansiosos y menos depresivos:
ser autoeficaz genera ventajas considerables (Bandura 1997;
Bogels y col, 2002; Scheier y Carver, 1992).
[ 108 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
La autoeficacia ha sido relacionada con un gran rango de
problemas clínicos, incluyendo fobias, adicción, depresión,
habilidades sociales, asertividad, estrés, enfermedades médicas,
control del dolor y competencias académicas y atléticas (para
una revisión, ver Pajares, 1997).
Desde el punto de vista del procesamiento de la información, se ha relacionado la autoeficacia con los heurísticos,
(Tillena, Cervone y Scott, 2001), con la autopercepción (Kashdan y Roberts, 2004) y con la atención autofocalizada (Gaudiano y Herbert, 2003). Si consideramos que la autoeficacia
es un esquema o autoesquema,no es de extrañar que influya
sobre el procesamiento a través de sesgos confirmatorios manifestados en los procesos de atención, percepción y memoria.
4. Especificidad de contenido
El modelo cognitivo parte de la hipótesis de que cada trastorno psicológico tiene un perfil cognitivo distintivo que se
hace evidente en el contenido informacional, el tipo de cogniciones negativas y la manera de procesar la información
asociada con el desorden en cuestión.
Clark y Beck, (1987) sostienen que:
Un principio importante de la teoría cognitiva es que
la diferenciación entre varios tipos de psicopatología se
hace evidente en el contenido de los esquemas, los pensamientos automáticos y las interpretaciones erróneas o sesgadas que parecen en la distorsión (pág. 392).
Así, por ejemplo, la teoría cognitiva sostiene que es posible
trazar perfiles cognitivos específicos a cada alteración psiquiátrica o psicológica, que en última instancia serían los temas
cognitivos predominantes de cada trastorno (Clark, Beck y
Alford, 1999; Semerari, 2002). Por ejemplo, en la depresión/
tristeza, el tema nuclear es la pérdida personal, la deprivación
y/o la soledad afectiva ((Beck, 1971; 1991); en la ansiedad, el
tema predominante es la percepción de amenaza y la baja autoeficacia (Clark y Steer, 1996); en la manía, una visión positiva exagerada del uno mismo, el mundo y el futuro (Newman
[ 109 ]
walter riso
y col., 2002; Scott, 2004); en el trastorno obsesivo compulsivo,
una evaluación no realista del daño potencial de los pensamientos intrusivos y la importancia del control mental (Tallis,
1999; Clark, 2004a); en la paranoia, sesgos atribucionales de
que otros me quieren hace daño (Prezter y J. Beck, 2004); y
así.
También se considera que cada trastorno de la personalidad (TP) tiene un conjunto específico de creencias y patrones comportamentales relacionados (Beck y Freeman, 1995;
J.Beck, 1996). Por ejemplo:
•
Los pacientes que sufren de un TP dependiente piensan que son incompetentes o incapaces de afrontar los
problemas por sí solos. Ellos tienden a buscar la sobreprotección de otros y evitar tomar decisiones importantes sin ayuda, de tal manera que existe una pérdida
de la autonomía.
•
Los pacientes que muestran un TP por evitación pensarán que no son queribles y se sentirán altamente vulnerables ante el rechazo. Ellos evitarán la intimidad,
recibir críticas y las emociones negativas. Las habilidades de apertura, asertividad y tolerancia emocional
estarán infradesarrolladas.
•
Los pacientes con TP obsesivo-compulsivo piensan
que ellos son vulnerables a la ineficiencia de los demás
y las imperfecciones que el mundo pueda mostrar, y
por lo tanto sobre enfatizan de manera compensatoria
las reglas, la responsabilidad y el control, e inhiben la
espontaneidad y la flexibilidad.
•
El TP límite parece incluir varias creencias de otros trastornos como: «Yo soy defectuoso», «Yo soy vulnerable»,
«Yo seré abandonado», lo que llevará al paciente a manifestar comportamientos externos y dramáticos.
Leahy (2003b) propone diferencias esquemáticas en tres tipos de emociones (tristeza/depresión, miedo/ansiedad e ira/
agresión:
[ 110 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
La depresión es caracterizada por esquemas acerca de
pérdida, deprivación y fracasos; la ansiedad esta caracterizada por esquemas acerca de amenaza o miedo a las fallas o
fracasos; y la ira está caracterizada sobre insultos, humillación o violación de reglas. Las investigaciones sobre desórdenes de la personalidad también difieren en sus temas de
fondo (pág. 256).
En otra publicación, Leahy (2001) dice:
El modelo cognitivo propone que los individuos difieren en la manera por la cual ellos procesan la información.
Por ejemplo, el trastorno de la personalidad puede se visto
como variaciones del procesamiento esquemático: la gente
dependiente se focaliza en el abandono, la gente depresiva
en negativas evaluaciones, los paranoides sobre los engaños,
los compulsivos sobre le control y los narcisistas sobre su
estatus especial (pág. 115).
En la Tabla 1, y siguiendo a Clark y Beck (1988), se establecen algunas diferencias informacionales entre depresión y
ansiedad partiendo de la taxonomía que plantea esquemas,
procesos y productos.
Tabla I: Especificidad de contenido en depresión y ansiedad
Depresión
Ansiedad
Esquemas focalizados
principalmente
en pérdida/fracaso
interpersonal y dominios
de realización/logro
Creencias maladaptativas
focalizadas en amenaza física o
psicológica y
baja autoeficacia
(vulnerabilidad al daño)
Operaciones o
procesos
Privilegian procesos de
información negativa
autorreferencial y excluyen
la positiva
(Atención autofocalizada)
Procesos selectivos de aspectos
amenazantes sobre estimación
de la vulnerabilidad
(Atención autofocalizada)
Productos o
pensamientos
Autoverbalizaciones
orientadas al pasado
De la forma del «todo
o nada»
Autoverbalizaciones orientadas
al futuro
de estructura
probabilística
Esquemas
[ 111 ]
walter riso
Como puede observarse, los perfiles informacionales son
esencialmente distintos en el nivel del contenido esquemático, en la dirección que toman los procesos cognoscitivos y
en la estructura de los pensamientos. Como veremos en el
tema de «Vulnerabilidad y diáthesis-estrés», los disparadores
de un estado u otro están directamente relacionados con la
congruencia informacional. La depresión es probable que se
dispare ante estímulos que sean percibidos como pérdida o
deprivación, mientras que los esquemas ansiosos que envuelven conductas de evitación/escape serán disparados por eventos percibidos como física o psicológicamente amenazantes.
De otra parte, los perfiles cognitivos ofrecen una guía para
la intervención. Por ejemplo, se ha visto que los depresivos
responden terapéuticamente mejor que los sujetos ansiosos
cuando se los confronta con evidencia que contradice sus
creencias y pensamientos (discrepancia informacional). Esta
diferencia, tal como señalamos en el apartado de Pensamientos
automáticos, se debe al hecho de que en el trastorno depresivo,
los pensamientos toman la forma de «conocimiento ya determinado» y en la ansiedad se presentan como «preguntas».
Mientras que en la depresión los pensamientos son absolutistas y dicotómicos («Nunca», «Todo», «Siempre», «Nada»), en
los sujetos ansiosos los pensamientos son probabilísticos, lo
que dificulta la confrontación empírica. Las estrategias deberán variar de acuerdo al trastorno. Por ejemplo, a diferencia de
cómo se interviene en los depresivos, en los sujetos ansiosos
el terapeuta cognitivo intenta que: (a) el paciente «calibre» su
calculador de probabilidades y que ajuste su fórmula de riesgo (Clark, 1996) o (b),que simplemente acepte lo peor que
podría pasarle (Ellis, 1999; 2001b). Mientras que el objetivo
terapéutico en los depresivos es alejarlos del pasado, en los
ansiosos se intenta bloquear su atención catastrófica futurista.
Como afirma J. Beck (2000):
Los principios básicos [de la terapia cognitiva] se aplican a todos los pacientes. Sin embargo, la terapia varía considerablemente según los casos, la índole de la dificultad,
los objetivos, la capacidad el paciente para establecer un
[ 112 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
vínculo terapéutico sólido, su motivación para el cambio,
su experiencia previa en terapia y sus preferencias. El énfasis
que se da al tratamiento depende del trastorno particular
(pág. 26).
La autora señala los siguientes ejemplos de intervención
diferencial. En los trastornos de ansiedad, el tratamiento cognitivo consiste en enfatizar la reevaluación del riesgo y los
recursos que dispone el paciente para hacerle frente al miedo.
En el trastorno de pánico la intervención apunta a identificar
las interpretaciones catastróficas que el paciente tiene sobre
sus sensaciones físicas y mentales. La anorexia requiere modificar las creencias sobre la valía personal y del control sobre
uno mismo. El tratamiento de la drogadicción se centra en la
no aceptación del yo y modificar una actitud permisiva o de
justificación. En fobias sociales se enfatiza la reestructuración
cognitiva, el control de la ansiedad y la exposición gradual. En
el trastorno obsesivo-compulsivo se utiliza la prevención de
respuesta y pruebas de realidad para que el paciente descubra
por medio de experimentos que el problema está en sus pensamientos y no en el mundo real. En el estrés postraumático,
se busca, además de manejar la intensa angustia y las imágenes, modificar el significado que el paciente otorga al trauma.
En la esquizofrenia, como complemento de la medicación,
la terapia se centra en crear explicaciones alternativas de las
diversas experiencias psicóticas. El mismo enfoque diferencial, marcado por la especificidad de contenido, se aplica a los
trastornos de la personalidad, problemas de pareja y trastorno
bipolar, entre otros. Es decir, los objetivos terapéuticos varían
de acuerdo con el perfil cognitivo (esquemas, procesos y productos implicados) que caracteriza cada trastorno. De allí que
definir la especificad de contenido sea una guía importante
para las intervenciones cognitivas.
Podría quedar la idea errónea de que la especificidad de
contenido se refiere a un material quieto y «disponible». Pero
si retomamos la definición inicial, veremos que la hipótesis
de especificidad no sólo hace referencia al contenido alma-
[ 113 ]
walter riso
cenado sino también a la manera de procesar y «acceder» a la
información. La TC hace una diferenciación entre material
disponible y material accesible. Puede haber un contenido
disponible pero que no pueda ser accesible (activado) por determinados proceso de recuperación de información desde la
memoria largo plazo (Higgins y King, 1981; Torres, Mejías y
Milán, 1999; Best, 2001).
Tal como señalan, Ingram, Miranda y Segal, (1998):
La accesibilidad puede ser vista como la activación de
estructuras cognitivas, mientras la disponibilidad se refiere
a si esa estructura existe o no (pág. 25).
Una de las premisas de la TC es que necesariamente se
deben activar los esquemas en la consulta clínica y trabajar en
«caliente». Si no se activa el esquema no tendremos acceso a
los nudos informacionales que debemos modificar. Una de las
formas de activación más frecuentes es la inducción del estado de ánimo. Es común, que cuando el terapeuta comienza
a tratar temas altamente significativos, el paciente active sus
emociones y junto al ellas el esquema (Guidano, 1994). Es
decir, se necesita que el material cognitivo que almacenan los
esquemas esté disponible para ser intervenido. Esta sería una
de las razones que sustentaría el éxito abrumador de la TC en
los trastornos depresivos, quienes llevan su tristeza «a cuestas»
mientras dura su depresión. El terapeuta no debe activar el
esquema negativo en la cita, porque el paciente «ya está deprimido en consulta». En contraste, por ejemplo, un paciente
con trastorno de pánico que considera al terapeuta como una
señal de seguridad, puede limitarse a hablar de sus ataques
de pánico como si estuviera contando una historia donde él
no es el protagonista. Recordar un evento estresante no es
lo mismo que vivirlo, por tal razón, los terapeutas cognitivos
intentan producir el pánico en consulta (vg. hiperventilación)
o en lugares facilitadores del miedo. Desde el punto de vista
cognitivo/informacional, las terapias de exposición no sólo
producen extinción, habituación o contracondicionamiento,
sino que además, y principalmente, permiten la activación de
[ 114 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
esquemas significativos con alto contenido terapéutico (vg.
aumento de la autoeficacia y percepción de control). Los
recursos técnicos con los que cuenta el terapeuta cognitivo
para activar esquemas y hacerlos asequibles a la intervención
son muchos y bien sustentados (Ellis y Abrahms, 2000; Ellis y
Grieger, 1990; Greenberg y Paivio, 2000; Leahy 2001).
Es importante señalar la diferencia que existe entre los
trastornos del Eje I y Eje II en lo que activación esquemática
se refiere. En el Eje I el contenido esquemático se activa, se
hace asequible, mientras dure el episodio y permanece latente
toda vez que el trastorno remite, si no es erradicado definitivamente. El paciente del Eje I puede permanecer asintomático así su esquema no haya cambiado fundamentalmente. En el
caso del paciente que sufre un trastorno del Eje II, el contenido esquemático está siempre activado, los esquemas negativos
frente a él y los otros permanecen totalmente disponibles. La
activación de los esquemas y autoesquemas en el Eje I está
más asociado al concepto de estado, mientras que la activación
en el Eje II responde más a un modelo de rasgos.
La especificidad de contenido define en gran parte el sentido del comportamiento, su significado o propósito. Dos tipos
de conductas, que podrían parecer casi idénticas en cuanto a
sus indicadores operacionales, a la luz del concepto de especificidad podrían adquirir significados clínicos muy distintos.
Por ejemplo, desde la perspectiva cognoscitiva de los desórdenes de la personalidad, un comportamiento de evitación social
podría ser evaluado cualitativamente distinto en un individuo
que padece un trastorno de la personalidad esquizoide y en un
sujeto con trastorno de la personalidad por evitación, a pesar de
que ambos comportamientos pudieran mostrar una topografía
y antecedentes similares. Sin embargo, el esquizoide se retira de
la gente «porque valora su libertad», mientras que el evitativo
lo hace porque «teme ser descubierto». Los dos sujetos perciben a la gente como amenazante, pero la especificidad de sus
esquemas aduce razones distintas: en el esquizoide, la gente es
considerada entrometida e invasiva; y en el evitativo, los demás
son vistos como especialmente críticos.
[ 115 ]
walter riso
Los perfiles subyacentes en cada caso marcarán la diferencia: las motivaciones difieren sustancialmente, así el comportamiento
motor manifiesto pueda resultar casi idéntico.
5.Vulnerabilidad y diáthesis-estrés
Vulnerabilidad cognitiva
Nadie puede negar que existen diferencias individuales en
el desarrollo y mantenimiento de trastornos como la depresión, la ansiedad y los desórdenes de personalidad (vg. recaídas, tiempo de mejoría, persistencia de síntomas). Es un hecho
que algunos individuos cuando se enfrentan a determinados
eventos estresantes son más susceptibles que otros a contraer
la enfermedad. El modelo cognitivo afirma que los esquemas
y autoesquemas pueden permanecer «dormidos» o latentes
hasta que son activados por eventos del medio (cuya información es congruente con el contenido esquemático) que son
percibidos por el sujeto como amenazantes (vg. percepción
de pérdida afectiva o fracaso laboral en pacientes depresivos,
percepción de amenaza física o psicológica en sujetos ansiosos, percepción de intrusión territorial en pacientes esquizoides, percepción de actitudes autoritarias en individuos pasivo-agresivos, hacer el ridículo para un paciente que sufre de
fobia social o un TP por evitación).
Ante acontecimientos similares las personas que muestran
ciertos estilos cognitivos particulares tendrán más probabilidad
de configurar el cuadro patológico. O dicho de otra formados
esquemas maladaptativos idiosincrásicos pueden contribuir a
incrementar la susceptibilidad del trastorno. Así como existen
vulnerabilidades biológicas que influyen en la probabilidad
de adquirir algunos trastornos psicológicos (Shelton, Hollon,
Purdon y Loosen, 1991; Wright, 2004; Kendler y KarkowskiShuman, 1997), también existen «vulnerabilidades cognitivas»,
contenidos esquemáticos prepotentes que incluyen creencias,
actitudes y asunciones acerca de sí mismo y los otros, que
predisponen a contraer distintos tipos de alteraciones. Estas
vulnerabilidades también son consideradas como constelacio-
[ 116 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
nes supraordinales, personalidad o modos, siguiendo la visión
de Beck y sus colegas. (Alford y Beck, 1997; Beck, 1987; Beck,
1996; Clark y Beck, 1989; Clark, Beck y Alford, 1999).
La vulnerabilidad ha sido estudiada y refrendada principalmente en variables relacionadas con el trastorno depresivo:
estilos atribucionales (Abela y Brozina, 2004; Alloy, Abramson
y Francis, 1999), estilos inferenciales y actitudes disfuncionales, (Alloy y col., 2000; Segal, Gemar y Williams), interpretaciones sesgadas negativamente (Rude y col., 2003), tendencia
a la rumiación (Robinson y Alloy, 2003), autocrítica (Shahar y col., 2004), dependencia y autocrítica (Blatt y Zuroff,
1993), personalidad sociotrópica y autonómica (Beck, 1983;
Raghavan, Le, y Berenbaum, 2002; Connor-Smith y Compás,
2002), memoria autobiográfica (Kuyken y Brewin, 1995; Gibbs y Rude, 2004), baja autoestima (Roberts y Monroe, 1994),
perfeccionismo (Hewitt y Flett, 1993; Kawamura, y col., 2001;
Rosser, Issakidis y Peters, 2003), optimismo y pesimismo (Seligman 2003; Chang, 2002) y desesperanza (Abramson y col.,
1989; Alloy y Clement, 1998).
Sin embargo, también se ha trasladado el estudio de la vulnerabilidad a otras patologías y problemas como por ejemplo, el estudio de las causas distales en psicopatología (Ingram
2003; Inrgram 1998), los desórdenes de la personalidad, abuso
de sustancia, desórdenes de ansiedad, esquizofrenia y trastorno
de la alimentación (Ingram y Price, 2001).
Siguiendo a Ingram y Price (2001) e Ingram, Miranda y
Segal (1998) podríamos destacar los siguientes aspectos básicos el concepto de vulnerabilidad:
1. La vulnerabilidad cognitiva como un rasgo estable. Se trata
de una característica relativamente permanente y duradera. Esto no sugiere que la vulnerabilidad no pueda
ser atenuada por diversos factores, como por ejemplo
los efectos de la medicación. Una cosa es controlar la
vulnerabilidad (vg. la medicación con litio en los desórdenes bipolares) y otra muy distinta eliminarla. En
el caso de la medicación es muy probable que el epi-
[ 117 ]
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sodio vuelva a surgir si dicha medicación es descontinuada, es decir, las intervenciones farmacológicas es
más probable que operen sobre la desactivación de los
esquemas que sobre su contenido informacional. La
TC considera la vulnerabilidad como un rasgo y no
como un estado.
Aunque los términos «estabilidad» y «permanencia»
suelen ser vistos como sinónimos existen importantes
diferencias entre ellos. El concepto de estabilidad sugiere una resistencia al cambio, pero no presume que el
cambio sea imposible. Si partimos que la vulnerabilidad
cognitiva es psicológica y no genética, podríamos decir
que dicha vulnerabilidad obedece a un aprendizaje y
que por lo tanto los esquemas que la sustentan pueden
desaprenderse. El concepto de permanencia está más
relacionado a un contexto genético y significa inmutabilidad: aquí el cambio es virtualmente imposible de
lograr. La vulnerabilidad cognitiva debe ser considerada
como una estructura estable pero no inmutable.
2. La vulnerabilidad cognitiva es endógena. Si bien el término endógeno está racionado tradicionalmente con variables biológicas, puede aplicarse a la vulnerabilidad
cognitiva, ya que nos referimos a «información almacenada en la memoria» y al proceso de recuperación
y transformación de la información. Los responsables
del procesamiento de la información son mecanismos
internos, si bien el sistema cognitivo puede activarse
o relacionarse con factores externos. La vulnerabilidad cognitiva reside dentro del sujeto. Esto puede ser
contrastante con aquellos modelos que hacen hincapié
en variables de tipo ambientales. No obstante, aunque
estas variables «externas» son importantes, la vulnerabilidad cognitiva postula un nivel representacional del
procesamiento.
3. La vulnerabilidad cognitiva es latente. La tendencia hallada
en diversos estudios es que la vulnerabilidad puede se-
[ 118 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
guir presente a pesar de que los síntomas del desorden
hallan desaparecido.
4. Vulnerabilidad cognitiva y riesgo. El riesgo se refiere a la
influencia de aquellas variables que están empíricamente asociadas con el incremento de la probabilidad de
que el desorden aparezca (vg, injusticia social, pobreza, desplazamiento). Pero estos factores de riesgo están
más referidos a variables básicamente correlacionales
y descriptivas que causales, es decir, pueden predecir,
pero no dicen nada o muy poco sobre los mecanismos
cognitivos del desorden. Cabe señalar que la separación
conceptual entre factores de riesgo y vulnerabilidad no
implica que empíricamente ambas variables sean excluyentes. Scher, Segal e Ingram (2004), dicen la respecto:
Los factores externos son conceptualizados en términos de factores de riesgo (por ejemplo, pobreza), más que
vulnerabilidad,porque ellos no especifican los mecanismos
que disparan o mantienen el trastorno; el término (vulnerabilidad) se refiere a estos mecanismos (pág. 29).
5. Vulnerabilidad cognitiva y resiliencia. Según Ingram y Price (2001) la resiliencia se opone al término vulnerabilidad, porque la resiliencia implica resistencia al desorden
y no resistencia la cambio, y de ninguna manera tiene
que ver con la idea de inmunidad. Como veremos en
el apartado de esquemas constructivos, superar la adversidad y salir fortalecido de ella, es una forma de ver
la resiliencia (Cyrulnik, 2001). Infante (2002) dice lo
siguiente:
En el área de la intervención psicosocial, la resiliencia
intenta promover procesos que involucren al individuo y
su ambiente social, ayudándola a superar la diversidad (y el
riesgo), adaptarse a la sociedad y tener una mejor calidad
de vida (pág. 31).
[ 119 ]
walter riso
Diáthesis-estrés
La vulnerabilidad cognitiva podría entenderse como una
variable que incrementa la probabilidad o el riesgo de que
ocurra el trastorno, pero su presencia no asegura que el desorden se haga manifiesto. La vulnerabilidad cognitiva no puede
realizarse o activarse sin la presencia de eventos estresantes
correlacionados con el contenido esquemático. En tal sentido,
los modelos de diáthesis-estrés son una extensión del concepto de vulnerabilidad. El concepto de diáthesis tiene una larga
historia en la terminología médica. Desde el punto de vista
médico «diáthesis» es una predisposición, básicamente constitucional o biológica, a la enfermedad.
Los modelos de etiología cognitiva proponen que cuando
las personas se enfrentan a determinadas situaciones estresantes, los individuos con cierto tipo de diáthesis (vulnerabilidad
o predisposición cognitiva) poseen mayor probabilidades de
desarrollar el trastorno que aquellos que no la poseen. Beck
(1991) sostiene que la congruencia o semejanza entre la ocurrencia de cierto tipo de eventos externos y la existencia de un esquema
específico o personalidad, hace más probable que se incremente la susceptibilidad al trastorno que cuando los eventos extremos no impactan
sobre la vulnerabilidad.
Un número considerable de investigaciones con adultos
y adolescentes han dado apoyo empírico al componente diáthesis-estrés que plantea la teoría (Abela, 2002; Abela y Seligman, 2000; Metalsky y Joiner, 1997; Hankin, Abranson y
Siler, 2001). Sin embargo, las investigaciones que examinaron
el componente de diáthesis-estrés en relación a la teoría de
la desesperanza en niños obtuvieron resultados tanto a favor
(Hilsman y Garber, 1995; Joiner, 2000; Robinson, Garber y
Hilsman, 1995), como en contra (Abela, 2001. Turner y Cole,
1994; Cole y Turner, 1993; Nolen-Hoeksema, Girus y Seligman, 1992).
Un ejemplo muy claro de diáthesis-estrés lo constituyen la
constructos de personalidad sociotrópica y autonómica acuñados por Beck con relación al trastorno depresivo (Beck,
1987; Bieling y Alden 2001; Mendelson, Robins y Johnson,
[ 120 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
2002). La hipótesis incluye predicciones de la interacción entre personalidad o modos y eventos de la vida diaria (congruencia informacional). Las personalidades autonómicas
valoran la independencia, la libertad de acción, la autodeterminación, la competencia, el poder y la obtención de logros.
Las personalidades sociotrópicas otorgan un gran valor a las
relaciones interpersonales, la aceptación y el afecto. Ahora
bien, la probabilidad de que los individuos autónomos o autocríticos configuran un cuadro depresivo es mayor cuando
sus principales intereses (vg. diferenciarse de los demás o destacarse a través de sus logros y manifestaciones de poder) se
ven amenazados por determinadas fallas o errores (vg. fracasar en un examen, sentirse perdedor,no alcanzar determinada
meta económica). Por su parte los individuos con una tendencia extrema a ser sociotrópicos pueden manifestar síntomas depresivos cuando su mayor valor (vg. mantener relaciones interpersonales cercanas donde se sientan protegidos) es
amenazado (vg, rechazo, abandono, confrontación y pérdida).
Lo que es vital para un tipo de personalidad no lo es para el
otro. Cada quien posee un sistema de valores y una susceptibilidad especial que solamente es activada por ciertos eventos
relacionados con el tema esquemático o su significado.
Clark, Beck y Alford (1999) afirman que lo que en realidad dispara la diáthesis o vulnerabilidad individual, no es
la mera congruencia informacional, sino la percepción que
la persona tenga sobre el evento y el impacto de éste sobre
el autoconcepto. La diáthesis por sí sola no es definitiva y la
sola presencia del evento estresante tampoco, es la conjunción
de ambas variables la que hace que el trastorno aparezca. Tal como
vimos en el tema de especificidad de contenido, cada perfil
tiene un tema central. Cuando los estímulos adquieren significación para ese tema en especial, decimos que hay congruencia informacional y que entonces es probable que el
sujeto perciba el estímulo como amenazante. Por ejemplo:
situaciones peligrosas para un sujeto con alta sensitividad a la
ansiedad; rechazo afectivo o fracasos, en un sujeto que posee
vulnerabilidad depresiva; vergüenza social para un TP por evi-
[ 121 ]
walter riso
tación; o soledad y abandono para aquellos sujetos que padezcan TP dependiente. En otras palabras: determinados eventos
pueden ser percibidos como congruentes con el esquema y
activar la diáthesis. Si bien es difícil conceptualizar los eventos
al margen de quien los procesa, separar a un nivel puramente
teórico el estrés de la vulnerabilidad (diáthesis) ayuda a comprender mejor las variables que operan en psicopatología. La
separación conceptual hace que el estrés puede se medido y
definido independientemente de los esquemas implicados y
permite estudiar el fenómeno por sí mismo, como es el caso
del impacto de los acontecimientos vitales en salud física y
psicológica.
6. Origen y etiología del esquema
nuclear: historia del problema
Para la TC es supremamente importante determinar los
factores contribuyentes distales que determinan los esquemas
maladaptativos tempranos, su historia. La pregunta que guía al
terapeuta es: ¿Cómo se originó el esquema nuclear? ¿Cómo
evolucionó? ¿Qué mecanismos de autoperpetuación fueron
utilizados? ¿Cómo sobrevivió o afrontó el sujeto al contenido negativo esquemático? ¿Qué acontecimientos de la vida
fueron importantes? La búsqueda estará guiada por las microteorías y los modelos psicopatológicos, así como la experiencia personal del terapeuta. Es decir, la hipótesis de conceptualización es la que orientará la búsqueda de información relevante.
La tradición conductual siempre ha sido reacia a incorporar elementos del pasado, ya que sus estrategias de intervención están dirigidas al aquí y el ahora: «Lo que ya ocurrió no
tiene como modificarse o solucionarse». Y en cierto sentido
es verdad, no tenemos la máquina del tiempo. Sin embargo, para el modelo informacional, los hechos pasados siguen
vigentes en la memoria del paciente. De manera distorsionada, abierta o encubierta, la información almacenada, especialmente si hablamos de trauma (Follete, Ruzek y Abueg,
1998; Rothschild, 2000), sigue actuando sobre un conjunto
significativo de decisiones y comportamientos. El pasado no
[ 122 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
desaparece, queda depositado en distintos esquemas y sigue
trasformándose, tal como lo confirman los estudios sobre falso
recuerdo, sugestión y memoria (Diges, 1997). Desde esta perspectiva, se considera que el núcleo central de determinados
hechos pasados permanecen latentes, en forma de problemas
no resueltos o emociones no procesadas, tal como ocurre en
los casos de maltrato infantil deprivación afectiva, abandono
o abuso sexual. Como lo señala J. Beck (2000), en ocasiones,
los datos de la infancia pueden ser sutiles y relacionarse más
que con los eventos estresantes con las percepciones del niño
(válidas o no) de no sentirse amado, cuidado o sencillamente
creer que no satisfacía las expectativas de sus padres.
Recuperar información sobre el pasado del paciente en relación al tema específico que la conceptualización establezca,
permite: (a) comprender las situaciones disparadoras y por lo
tanto predecir qué eventos externos o internos pueden activar
actualmente el esquema, tomando como referencia conceptual
los principios de especificidad del contenido y la congruencia informacional estímulo-esquema, (b) recoger datos sobre
la posible vulnerabilidad cognitiva y biológico/genética del
sujeto, en los términos antes explicados, (c) relacionar las estrategias de supervivencia que utilizó en paciente para sobrevivir
las situaciones estresantes, con la estrategias que ahora utiliza,
o descubrirlas y vislumbrar su funcionalidad sintomática, (d)
entender como evolucionó el esquema nuclear y como se autoperpetuó, si existieron eventos ambientales que reforzaron
los procesos cognitivos involucrados o si el paciente desarrolló
cierta autonomía funcional respecto del ambiente, (e) definir los procesos de aprendizaje implicados, generalización del
comportamiento o de estímulos, y (f) detectar las crisis anteriores, si las hubiera, y estudiar en cada «estación» los factores
que intervinieron, no solo en la aparición del problema, sino
en su remisión: se trata de poder detectar aquellas regularidades funcionales significativas para el caso (coincidencias históricas y similitudes con la situación actual).
Tal como veremos en apartado de Conceptualización clínica
cognitiva multinivel, la historia del problema se completa con la
[ 123 ]
walter riso
historia personal relevante, que no gira alrededor del problema, y que se refiere a los aspectos o esquema constructivos o
de autocuidado que haya desarrollado el paciente. La historia
personal relevante ayuda a organizar la información en el Nivel III de análisis.
La investigación sobre el impacto de las experiencias tempranas en psicopatología ha ido avanzando a pasos agigantados. Los estudios longitudinales y retrospectivos, sobre todo
los primeros, han crecido en número y temática. Señalaré a
modo de resumen aquellos factores de riesgo donde el respaldo empírico indica una tendencia significativa: temperamento, vinculación afectiva (apego), deprivación afectiva, estilos
parentales de crianza y maltrato infantil. Es importante señalar
que la influencia de estas variables distales en la conformación
de los trastornos son de tipo contribuyente y no causal. Su
aparición, dadas ciertas circunstancias, incrementa la probabilidad de ocurrencia del problema, pero de ninguna manera
deben entenderse como una fuerza que opera ciega y categóricamente sobre le comportamiento, similar al determinismo
freudiano.
Temperamento
El temperamento se ha definido como un rasgo hereditario o como una vulnerabilidad biológica. Es un rasgo que
intenta describir aspectos de la personalidad del niño desde
la biología. El temperamento es, entonces, la tendencia individual a responder de forma predecible a hechos del entorno que constituye la base de los paquetes emocionales y
conductuales de la personalidad adulta (Shaffer, 2002). Para
algunos autores, el temperamento tiene bases biológicas que
son relativamente estables (DiLalla, Kagan y Reznick, 1994).
Las manifestaciones del temperamento pueden ser muchas,
sin embargo, parece haber un acuerdo sobre cinco dimensiones básicas: (a) nivel de actividad (fuerza y tipo de movimiento), (b) irritabilidad (tolerancia a los eventos negativos),
(c) capacidad de tranquilizarse (volver la nivel basal luego de
alterarnos), (d) temor (suspicacia o reactividad autonómica, y
[ 124 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
(e) sociabilidad (capacidad de estar con otros y favorecer al
intercambio de estímulos sociales).
La pregunta clave que preocupa al terapeuta cognitivo es:
¿Qué tan estable es el temperamento? ¿De alguna manera un
bebé irritable está «condenado» a ser agresivo en su vida adulta? Los datos disponibles obtenidos en estudios longitudinales
muestran que los elementos del temperamento antes mencionados son moderadamente estables durante la niñez y durante
el inicio de la vida adulta (Lemery y col., 1999; Newman y
col., 1997). Su influencia no es cero,pero tampoco es determinante. La estabilidad, como ya vimos, y tal como afirman
Ingram, Miranda y Segel (1998), no significa inmutabilidad o
permanencia.
El temperamento obra como un factor de riesgo en distintas patologías. La irritabilidad/afectividad negativa es un factor claro de vulnerabilidad en los trastornos de alimentación
(Keel, Leon y Fulkerson, 2002; Leon y col., 1999) y en la psicopatología en general (Clark, Watson y Mineka, 1994). Se ha
encontrado en estudios longitudinales que la inhibición conductual temprana, definida como la tendencia a evitar personas y situaciones desconocidas (Kagan, 1989; Snidman y col.,
1995), es un precursor de los desórdenes de ansiedad en general y ansiedad social en particular (Caspi y col., 1995). En un
sentido similar, se ha encontrado que la timidez, dependiendo
de la cultura, es un factor de riesgo para la depresión y la baja
autoestima. En el tema de abuso de sustancias, la evidencia
(la mayoría realizada en estudios longitudinales) indica que
el temperamento temprano (vg. déficit en autorregulación
emocional, irritabilidad, impulsividad, dificultades para concentrarse, inhibición conductual, alta reactividad) juega un
importante papel en la vulnerabilidad de trastorno (Atyaclar y
col., 1999; Colder y Chassin, 1997; Caspi y col., 1996; Chassin
y Ritter, 2001). La relación entre temperamento y trastornos
de la personalidad ha sido ampliamente documentada (Millón,
1999; Oldham, Skodol y Bender, 2005) y especialmente como
factor de vulnerabilidad prácticamente en todos los trastornos
(Geiger y Crick, 2001; Meyer; 2002; Sperry, 1999).También
[ 125 ]
walter riso
se hacia estímulos nuevos), ha encontrado que determinados
patrones temperamentales, no necesariamente suscritos a trastornos patológicos clasificados, tienen un valor predisponente
para otros problemas: por ejemplo, los niños que muestran
un temperamento difícil (Thomas y Chess, 1977), son activos,
irritables y de hábitos irregulares, tienen más probabilidades
de manifestar dificultades de adaptación escolar y una alta tasa
de conducta agresiva con sus pares y hermanos (Lytton, 1990).
Es importante señalar que el temperamento, aunque
muestre una tendencia a la estabilidad, interactúa con el ambiente de una manera funcional y por lo tanto es susceptible
de ser modulado o modificado (Cohen y col., 1998; Rothbart
y Bates, 1998). Podrían hacerse una analogía entre el temperamento y el concepto esysenckiano de Neuroticismo (1970).
Recordemos que Eysenck definía el Nueroticismo como un
constructo que caracteriza un sistema nervioso autónomo
sobreactivo y lábil que responde demasiado intensa y persistentemente a las situaciones de estrés. En consecuencia, las
personas con un alto Neuroticismo tienen más probabilidades de crear fobias y otros trastornos de ansiedad, en comparación con aquellas cuyo Neuroticismo es bajo. El medio
pude exacerbar dicha predisposición o inhibirlo dependiendo
del aprendizaje social al que esté expuesto el sujeto. Así una
«ansiedad constitucional» podría transformarse en «estabilidad emocional socializada». El mismo análisis puede hacerse
con la variable introversión-extroversión y conceptualizar la
existencia de introvertidos o extrovertidos constitucionales y
«socializados».
Thomas y Chess (1986) se refieren al concepto de «bondad de ajuste» para señalar las relaciones entre aprendizaje y
temperamento: el desarrollo tiende a ser óptimo (buen ajuste)
cuando las prácticas de crianza de los padres se adaptan a las
características temperamentales del niño. Esto no significa, por
ejemplo, que si un niño posee un temperamento ansioso los
padres deban sobreprotegerlo o que si un niño es tímido los
padres deban aislarlo. De lo que se trata la «bondad de ajuste»
es acoplar los métodos de enseñanza-aprendizaje para no vio-
[ 126 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
lentar al niño.Volviendo a Eysenck, aceptar las diferencias individuales podría significar establecer un refuerzo diferencial
entre introvertidos (más suave) y extrovertidos (más enfático)
o establecer más pautas de descanso para los extrovertidos que
para los introvertidos o no utilizar, sin más, exposición directa
a los estímulos temidos en un niño con alto Neuroticismo
sino más bien enseñarle a relajarse, a regular sus emociones y
avanzar poco a poco.
La vinculación temprana afectiva o apego
A. Teoría del apego: resumen breve
Considerando el fuerte impacto del ambiente inmediato
del niño, especialmente el parental, en la construcción de su
propia identidad y la del mundo exterior, es evidente la importancia que adquiere el estudio del apego o attachment (AT).
Las teorías psicodinámicas habían atribuido las conductas de
apego a la reducción del impulso primario del hambre. Sin
embargo, Harlow (1958), en su impactante y estimulante artículo «La naturaleza del amor», mostró claramente que el real
mediador de la conducta de attachment es el contacto con el
progenitor.
Es importante ver el apego como un repertorio relativamente móvil y flexible, que progresa evolutivamente desde
conductas simples y estereotipadas de búsqueda de contacto
y protección hasta modelos representacionales internalizados
y estables.
Desde esta perspectiva, y siguiendo la propuesta de Guidano y Liotti (1983), podríamos distinguir entre conductas de attachment y el «attachment propiamente dicho». Las conductas de
AT incluyen los sistemas de conductas y estrategias orientadas
a mantener contacto con la figura vinculante, ya sea la madre
o el padre. El «attachment propiamente dicho» es conceptualizado como un estructura representacional relativamente estable, cuya adquisición, siguiendo las pautas piagetanas, debe
conquistarse en el período preoperacional, es decir, alrededor
de los dos años, cuando el niño adquiere la función simbólica y
[ 127 ]
walter riso
la capacidad de hacer representaciones (Falvell, 1978). Gracias a
ello el niño es capaz de tolerar cada vez más tiempo lejos de la
madre y entender los obstáculos y limitaciones para acceder a
la figura materna. Estos modelos representacionales se vuelven
más articulados y complejos a medida que el infante aprende
más de sí mismo y el mundo. Su desarrollo posterior, muy posiblemente, genere los principales autoesquemas que determinen
la propia identidad.
El apego, además de constituirse en el principal vínculo
emocional-afectivo para el niño, también cumple una función
de seguridad (Ainsworth, 1979; Bowlby, 1988). Alrededor de los
dos años, aproximadamente, la necesidad de protección del infante cede paso a una nueva «intención biológica de la especie»:
la necesidad de exploración. Gracias al desarrollo del lenguaje
y a que las representaciones comienzan a adquirir cierta estabilidad, los niños liberan a sus padres (o se liberan a sí mismos)
y se «atreven» a explorar el mundo circundante. Comienza un
proceso complementario al attachment, conocido como detachment. La traducción literaria del término detachment (separación,
alejamiento, desligue, abandono) no alcanza a mostrar sus implicaciones psicológicas. Comienza quizás el primer gran conflicto (atracción-atracción) de la historia del hombre: seguridad
vs autonomía. El dilema podría expresarse de este modo: «Si
me alejo pierdo mis señales de seguridad, si me quedo debo
sacrificar mi sano impulso a explorar, descubrir y crecer como
persona».
Si el apego interfiere el «desapego», una importante función
adaptativa es alterada. La figura de attachment se convierte en
una base de seguridad para que el niño se «anime» a explorar
medio y alejarse de su progenitor. La presencia de la madre permite una mayor exploración de lo desconocido por parte del
infante. Como veremos una figura de attachment no confiable
puede inhibir los intentos exploratorios del niño o dar lugar ala
conocida ansiedad pro separación (Thurber, 1995).
B.Tipos de apego
Bowlby (1985,1988, 1990) encontró tres tipos principales de
[ 128 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
apego, los cuales, como veremos más adelante parecen ser un
factor contribuyente (vulnerabilidad cognitivo/afectiva) para
un número considerable de trastornos.
Apego seguro. En Estados Unidos, el 60% de niños de un año
de edad muestran este patrón (Hazan y Shaver, 1987; Mickelson, Kessler y Shaver, 1997). Se cree que unos padres sensibles
y responsivos facilitan este estilo equilibrado (DeWolff y Ijzendoorn, 1997). Los niños seguros sienten algo de temor cuando
la madre se aleja pero cuando regresa la reciben con alegría y
siguen explorando el medio y jugando con naturalidad.
Apego inseguro/evasivo. El 25% de niños y adultos manifiestan
el patrón inseguro/evasivo. Padres indiferentes que se muestran
distantes y que suelen ignorar sus hijos afectivamente, son los
responsables de este estilo (Cassidy y Berlin, 1994, niños) Estos
niños no parecen alterarse cuando la madre se ausenta ni muestran alegría con su regreso.
Apego ansioso /ambivalente. El 15 % de los niños y adultos
manifiestan el estilo ansioso/ ambivalente. Los padres de estos niños son inconsistentes en la expresión de afecto. Algunas
veces responden a sus necesidades con amor y preocupación
y otras los ignoran. En una situación desconocida, estos niños
se aferraran desesperadamente a sus madres y tienen miedo de
quedarse solos; lloran cuando sus progenitores se alejan y son
indiferentes u hostiles cuando estos regresan.
C. Attachment y vulnerabilidad:
Influencias a mediano y largo plazo
En la medida en que los niños van interactuando con sus
cuidadores principales se van generando lo que algunos autores denominan modelos operativos internos (Bretherton, 1990).
Se trata de una nueva forma de denominar la internalización.
Estos operadores se refieren a las representaciones cognitivas
que los niños van desarrollando sobre sí mismos y los demás, es
decir, esquema nuclear (Colejacquez y Maschman, 2001). Desde un punto de vista cognitivo, se ha demostrado que los niños
criados con apegos seguros e inseguros difieren en la manera de
procesar la información (Hofer, 2004). En una situación expe-
[ 129 ]
walter riso
rimental, los niños «seguros» recordaban más y mejor eventos
positivos, mientras niños «inseguros» recordaba mejor eventos
negativos (Belsky y col., 1996).
Un conjunto significativo y sustentado de datos muestra
que los niños que han establecido apegos seguros obtienen resultados más positivos en el desarrollo posterior que aquellos
niños que han sido criados con un apego inseguro (Shulman,
Elicker y Sroufe, 1994; Klohenen y Bera, 1998). Por ejemplo, los
bebés con un attachment seguro en la etapa preescolar tendrán
más habilidades de resolución de problemas, serán más creativos y más sociables (Frankel y Bates, 1990; Pipp, Easterbrooks,
Harmon, 1992; Fagot, 1997). Los bebés que sufren de apego
inseguro, en la etapa escolar muestran altos índices de hostilidad
y agresividad en comparación con los bebés con apego seguro
(Lynos-Ruth,Easterbrooks y Cibelli, 1997). Las investigaciones
de Bost y col. (1998), Elicker, Egeland y Sroufe (1992) y Carlson (1998), revelan de manera consistente que:
•
Los bebés que habían tenido apego seguro eran más
tarde líderes sociales en la etapa preescolar, eran autónomos y curiosos y especialmente sensibles a las necesidades de otros niños, mostraban mejores habilidades
sociales y mayor cantidad de amigos íntimos diez años
después.
•
Los bebés que habían sido criados con apego inseguro
no les gustaba compartir, eran poco curiosos, menos
interesados en aprender, con poca perseverancia para
obtener sus nietas y pocas habilidades sociales. Había
mayor tendencia a mostrar conductas desviadas y problemas en la adolescencia.
En general, desde la perspectiva de la psicopatología cognitiva,las investigaciones muestran una fuerte evidencia empírica
entre attachment y vulnerabilidad cognitiva (Ingram, 2003). El
apego inseguro se ha sido asociado con: (a) elevada autocrítica
(Brewin, y col., 1992; Roberts, Gotlib y Quinlan, 1996), (b)
atribuciones disfuncionales, actitudes depresónicas y una alta
[ 130 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
vulnerabilidad a la depresión (Ingram 2001; Wishman y McGarvey, 1995), (c) pasividad/evitación social (Renken y col.,
1989) y desorden de la personalidad por evitación (Grieger
y Crick, 2001), (d) Baja autorregulación emocional e intensa
emotividad (Eisenberg, y col., 1993), (e) baja autoestima (Sroufe, 1990), (f) trastornos disociativos (Ogawa y col., 1997), (g)
ansiedad por separación (Thurber, 1995) y (h) trastornos de la
personalidad límite (Nickel y col., 2002).
De manera similar a lo que ocurre con el temperamento,
sería un error hacer de la teoría del apego una forma de destino insalvable. El attachment, como esquema cognitivo/afectivo, obra como un factor contribuyente distal. Recordemos
que una vez se instauran, los esquemas tempranos comienzan
a relacionarse con el ambiente de manera sesgada y van configurando un sistema de autoperpetuación que tiende a reforzarlos y a mantenerlos. Los vínculos tempranos son uno de los
factores que explican los orígenes de los esquemas nucleares,
más específicamente su contenido. Y una vez conformados,
evolucionarán de acuerdo a los eventos ambientales y a los
procesos cognitivos que operen sobre ellos. Schaffer (2002),
dice al respecto:
En resumen, los historiales de apego seguro no son una
garantía de ajuste positivo en la vida posterior... Aún así, no
deberíamos despreciar la importancia adaptativa del apego
seguro temprano, dado que los niños que se han comportado de forma adecuada pero poco exitosa durante el período preescolar (debido a una o más situaciones vitales muy
estresantes) probablemente recuperarán y mostrarán habilidades sociales adecuadas y confianza en sí mismo durante
los años que estén en la primaria si sus historiales de apego
eran seguros en vez de inseguros... (pág. 161) (la itálica es mía) .
Deprivación afectiva: buenos y malos cuidadores
El abandono físico y psicológico parece afectar bastante
a los niños (Fisher y col., 1997; Chisholm, 1998). DeAngelis
[ 131 ]
walter riso
(1997), luego de estudiar a niños adoptados criados en orfanatos rumanos donde no había buenos cuidadores ni recibían
atención, acuñó el término alteración del apego reactivo, para señalar la incapacidad de muchos de esos niños de formar vínculos de apego seguro con sus nuevos padres no biológicos.
Los estudios sobre residencia muestran que lo determinante
para la salud mental del niño es que este logre establecer, no
importa con quien o quienes, relaciones afectivas sostenidas
con personas que sean capaces de amarlos y cuidarlos adecuadamente (Cyrulnik, 2001; 2002). Werner y Smith (1982)
en un estudio longitudinal de más de treinta años en una isla
de Hawai, estudiaron la vida de quinientas personas que vivían en condiciones extremas de pobreza, estrés deprivación y
abuso. Los autores pudieron observar que un grupo de niños
pese a la adversidad lograron superarse y salir adelante. Lo que
hallaron fue que en estos niños «resilientes» había un factor
común: todos habían contado con algún adulto, familiar o no,
que los había aceptado de manera incondicional. Independiente de la teoría a la cual se adscriba el clínico: deprivación
maternal, estimulación social o desesperanza aprendida, es claro que el aislamiento afecta el normal desarrollo de los niños.
Los esquemas depresivos de «no soy querible» encuentran en
la deprivación afectiva un excelente caldo de cultivo.
Según DeWolff y Ijzendoorn (1997), los buenos cuidadores, que generen apego seguro, deben reunir seis atributos
(a) sensibilidad (ser responsivo a las necesidades del niño), (b)
actitud positiva (expresar afecto), (c) sincronía (reciprocidad y
suavidad), (d) mutualidad (interacciones donde madre e hijo
atienden a lo mismo, (e) apoyo (atención despierta y ayuda),
y (f) estimulación (dirigir con frecuencia acciones hacia el
niño).
Los cuidadores ineficientes o insensibles, además de no
cumplir los requisitos anteriores, muestran algunas características o condiciones especiales:
•
[ 132 ]
Los padres y madres deprimidos (aunque las investigaciones se han centrado más en las madres depresivas)
disminuyen sus estándares de cuidado. Estas madres
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
además de descuidar a sus hijos generan en ellos estilos cognitivos depresivos y baja autoestima (Taylor e
Ingram, 1999; Garber y Flynn, 2001).
•
Padres que sufren de trastorno bipolar no sólo pueden
trasmitir a sus hijos, genética y socialmente los patrones dicotómicos cognitivo/afectivos, sino que sus funciones como padres no alcanzan un estándar adecuado
(Newman y col., 2002).
•
Padres y madres maltratados. Pese a sus buenas intenciones de no repetir lo que hicieron con ellos cuando
niños, ante situaciones de estrés (vg. llanto, irritabilidad, desatención) pueden retirar fácilmente el afecto
(Biringer, 1990).
•
Los embarazos no deseados hacen que los padres se
distancien de sus hijos, lo cual repercute en el desarrollo posterior del niño y en su propia autoestima
(Shaffer, 2002).
•
Algunos estilos educativos favorecen la deprivación
afectiva. Los padres que adoptan un estilo de «dejar
hacer» y no se implican en la educación de sus hijos
afectan negativamente a los mismos. Por ejemplo, los
hijos de padres no implicados ya muestran desde los
tres años la típica conducta de «niños malcriados» (pataletas y agresión), suelen ser malos estudiantes y presentar rasgos sociopáticos (Eckenrode, Laird y Doris,
1993; Weiss y Schwarz, 1996, niños).
En general, el rechazo es fuente de todo tipo de alteraciones patológicas. En relación a lo cognitivo, Ingram (2003)
concluye que el rechazo parental puede ser un importante
factor no sólo para el desarrollo de depresión, sino para el
origen de vulnerabilidades cognitivas. Manian, Strauman y
Denney (1998) encontraron que el rechazo de los padres generaba niveles altos de autodiscrepancia y fallas en el autocontrol emocional. Gieger y Crick (2001) relacionan el rechazo
[ 133 ]
walter riso
del cuidador con patrones esquizoides y esquizotípicos y un
negativo sentido del sí mismo. Los estudios también han evidenciado la relación entre rechazo de los pares en niños con
síntomas depresivos y abuso de drogas (Dumas y col., 1996;
Reinherz y col., 2000). Boivin, Hymel y Hodges, (2001), en
una revisión sobre el tema hallaron que el rechazo de los pares, prospectivamente, predecía baja autoestima y cogniciones
negativas. Finalmente, Zanarini y Frankenburg (1997) encontraron que experiencias de pérdida y prolongada separación
eran un factor que favorecía el desarrollo del trastorno de
la personalidad límite. De manera similar, Klosko y Young
(2004) han identificado una relación entre el abandono infantil y el alejamiento con el trastorno de la personalidad límite.
Estilos parentales
Mucho se ha hablado sobre los estilos educativos que
adoptan los padres y los problemas psicológicos ocasionados
en los niños a raíz de su aplicación (Singer y Singer, 1971;
Ivanova e Israel, 2005).
Se han establecido dos dimensiones básicas de los estilos
parentales: aceptación/sensibilidad y exigencia/control (Maccoby y Martin, 1983).
La aceptación/sensibilidad es la expresión de cariño y sensibilidad que se expresa a los hijos. Estos padres son tolerantes
y dan refuerzo, pero a la vez son capaces de aplicar e imponer
normas.Ya vimos que este estilo favorece al desarrollo de apegos seguros y un buen autoconcepto.
La exigencia/control se define como el grado de restricción,
exigencia y supervisión que ejercen los padres. Este estilo es
represivo, controlador y crítico, con un alto nivel de demandas y exigencias. Los niños educados en este estilo tienden a
ser irritables, tristes y muy poco amistosos.
Macoby y Martin (1983), al cruzar los dos patrones obtuvieron cuatro patrones educativos: padres positivos, padres autoritarios, padres permisivos y padres no implicados. Al relacionar estos patrones con los definidos por Baumrind (1991),
resultan tres estilos:
[ 134 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
•
Estilo autoritativo (racional/democrático): estilo flexible
y democrático, tolerantes pero con límites claros. Permiten que sus hijos opinen y les colaboran con cariño.
Estos padres logran mezclar adecuadamente la disciplina con el amor. Los resultados evolutivos en competencias cognitivas y sociales de este estilo ubican a los niños
en un rendimiento académico, habilidades sociales, autoestima y preocupaciones morales bastantes altas.
•
Estilo autoritario: patrón restrictivo, impositivo, donde
se espera obediencia absoluta y se hace uso de la fuerza
para controlar a los niños. Más concretamente utilizan castigo o retirada de afecto si el niño desobedece.
Los resultados evolutivos en competencias cognitivas
y sociales de este estilo ubican a los niños en un rendimiento académico y habilidades moderado, más dóciles que los hijos de padres permisivos
•
Estilo permisivo (una mezcla entre padres no implicados y permisivos en el modelo de Maccoby y Martín):
padres tolerantes y con pocas exigencias, que le permiten expresar los sentimientos a sus hijos, pero con
carencia de normas y control. Estos niños muestran a
mediano plazo autocontrol y rendimiento académico
bajos y consumo de drogas.
La TC sostiene que los estilos parentales influyen de manera significativa en el desarrollo de esquemas tempranos.
Idarter (1999) afirma que los cuidadores que utilizan métodos disciplinarios amables y sensibles producen niños con una
autoimagen favorable, mientras que los agentes de socialización que utilizan estilos orientados al rechazo y el castigo
generan en los niños autoevaluaciones negativas. En general
podríamos afirmar que las investigaciones tienen a mostrar
una correlación significativa entre estilos parentales críticos,
despreciativos, intrusivos y carentes de afecto, y niños con baja
autoestima, alta autocrítica, ansiedad, depresión y actitudes
disfuncionales (Blatt y Homann, 1992; Randolph y Dykman,
1998; Stark y col., 1996;Whisman y McGarvey, 1995; Garber y
[ 135 ]
walter riso
Flynn, 2001). Con respecto al estilo autoritario,se ha hallado
que genera conflictos crónicos y severos con los modelos de
autoridad y es un factor de vulnerabilidad para el trastorno
de la personalidad agresivo-pasivo (Vereycken, Vertommen y
Corveleyn, 2002).
Young (1994),partiendo de la teoría de los esquemas, establece una correspondencia entre dichos esquemas y los estilos
parentales y las experiencias afectivas vividas en la infancia,
para explicar la conformación de los esquemas maladaptativos
tempranos. Algunos ejemplos son:
•
Esquema de abandono: pérdida temprana de uno o ambos padres.
•
Esquema de deprivación emocional: negligencia física o
emocional.
•
Esquema de dependencia: enfermedades físicas a temprana edad que llevan a una sobreprotección parental.
•
Esquema incompetencia o defectuosidad: críticas destructivas constantes hecha por cuidadores poco sensibles
y empáticos, lo que hará que el sujeto desarrolle una
exagerada autocrítica.
•
Esquema de inamabilidad: rechazo de los padres.
•
Esquema de desconfianza: abuso de cuidadores u otras
personas donde el niño se ve obligado a satisfacer las
necesidades de los maltratantes.
En una consideración más ampliada donde se tienen en
cuenta dominios esquemáticos específicos, McGin y Young
(1996) y Gluboski y Young (1997), encontraron la siguiente
descripción de experiencias tempranas casuales o contribuyentes:
•
[ 136 ]
Desconexión rechazo (esquemas de abandono/inestabilidad, desconfianza/abuso, deprivación emocional
y defectuosidad/vergüenza): individuos que fueron
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
criados en entornos que carecían de alimentación,
afecto, aceptación y estabilidad. O que sus familia era
fueran impredecibles o abusivas.
•
Autonomía y desempeño (esquemas de vulnerabilidad al
daño, dependencia/incompetencia, sí mismo inmaduro/complicado, fracaso): refleja ambientes complejos y
sobreprotectores, donde no se refuerza la independencia al niño para que pueda poner aprueba su competencia personal.
•
Límites inadecuados (esquemas de derecho/grandiosidad y autocontrol insuficiente): el estilo parental fue
muy permisivo y demasiado indulgente. Carentes de
dirección, confrontación o normas.
•
Tendencia hacia otro (esquemas de subyugación, autosacrificio, búsqueda de aprobación/reconocimiento):ocurre cuando las necesidades del niño son secundarias
a las necesidades de los demás. Las familias de estos pacientes muestran una aceptación condicionada o condicional, lo que hace que el niño deba suprimir aspectos muy importantes del sí mismo para ser aceptado y
amado. En algunas de estas familias las necesidades y
deseos emocionales de los padres, o la aceptación y el
estatus, son valoradas más que las necesidades y sentimientos de los niños.
•
Sobrevigilancia e inhibición (esquemas de control excesivo/inhibición emocional, negatividad/vulnerabilidad al error, reglas implacables/hipercríticas y condena):los niños son educados con un estilo donde se
reprime la satisfacción y la espontaneidad. Son familias
que exaltan el rendimiento y el perfeccionismo a expensas del placer, la alegría y la relajación. Usualmente
los padres son pesimistas y están muy embebidos en
sus preocupaciones y fallan en prestar la niño la atención adecuada.
[ 137 ]
walter riso
Maltrato infantil
La familia puede ser una base segura o puede convertirse
en la principal fuente de angustia y tortura. Shaffer (2002)
define los malos tratos infantiles como:
Un término empleado para describir toda forma extrema de maltrato infantil: las palizas, los abusos sexuales, los
insultos psicológicos como el ridículo persistente, el rechazo o el tener aterrorizado al niño, y la desatención física o
emocional (pág. 412).
De acuerdo a esta definición, el término maltrato sería
asimilable a prácticamente todos los factores de riesgo que
hemos mencionado. El maltrato infantil tiene muchas facetas,
unas evidentes, otras sutiles. Por ejemplo, no pocos autores
piensan que la desatención psicológica, si es sostenida e intensa, a largo plazo puede ser tan o más perjudicial que las palizas,
siendo estas últimas detestables y un atentado a los derechos
humanos (Erickson y Egeland, 1996).
Aunque los maltratantes proceden de todas las razas y clases sociales, algunas características predisponen al mal trato.
Por ejemplo, las personas drogodependientes (Emery y Laumann-Billings, 1998), los que han sido maltratados (Simons
y col., 1996), los padres autoritarios y, como demuestra la
experiencia clínica, padres ansiosos, con baja tolerancia a la
frustración y poco autocontrol. Tal como afirma Worchel y
col., (2002), el maltrato y la violencia familiar no es algo que
siempre podamos achacar a las enfermedades mentales. Lo
que no ocurre en los casos de abuso sexual, donde los abusadores sí muestran patologías (vg. paidofilia y otras parafilias)
(Echeburrúa y Guerricaechevarría, 2000).
Las consecuencias del maltrato infantil son múltiples y variadas. Se ha encontrado que los niños de uno a tres años
víctimas de malos tratos expresan más patrones alterados de
conducta, temor, cólera, agresión o ambivalencia ante el llanto
de sus compañeros (Main y George, 1985). El maltrato físico y
sexual lleva al fracaso escolar (Eckenrode, y col., 1993, niños),
a ser rechazados por sus iguales (Bolger, Patterson y Kuper-
[ 138 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
smidt, 1998) y dificultades para expresar conductas compasivas o altruistas (Klimes-Dougan y Kistner, 1990). En general,
los niños maltratados muestran déficit intelectuales, problemas académicos, depresión, ansiedad social, baja autoestima
y problemas en las relaciones interpersonales (Bagley, 1995;
Bolger, Patterson y Kupersmidt, 1998).
En el caso específico del abuso sexual, Echeburrúa y Guerricaechevarría, (1998) hacen un resumen de algunas de las
consecuencias a corto plazo y largo plazo halladas en distintas
investigaciones:
•
A corto plazo: pérdida de control de esfínteres, pesadillas, cambios en los hábitos de comida, miedo generalizado, hiperactividad, culpa, vergüenza, rechazo
del propio cuerpo, trastorno de estrés postraumático,
conductas exhibicionistas, entre otras.
•
A largo plazo: hipocondría, problemas gastrointestinales, intentos de suicidio, consumo de drogas trastornos
disociativos, trastornos de la personalidad, inhibición
afectiva, aversiones y fobias sexuales, trastorno del deseo sexual, aislamiento, dificultades para educar los hijos, entre otras.
Es evidente que la victimización infantil es un factor de
riesgo importante en la adquisición de distintas patologías
psicológicas (Barsky y col., 1994).
En el área clínica, Lipman, MacMillan y Boyle (2001),
encontraron que el abuso sexual en la infancia se relacionaba con desórdenes psiquiátricos adultos, como por ejemplo, trastornos de ansiedad, trastornos disociativos, abuso de
sustancias, desórdenes de alimentación, disfunciones sexuales,
baja autoestima y problemas en las relaciones interpersonales. También se han hallado correlaciones significativas entre
ideación suicida y conductas autolesivas en niños abusados
(Romans y col., 1995), lo que ha hecho pensar que el abuso
sexual puede ser un factor de riesgo importante para la conducta suicida (Soloff y col., 2002).
[ 139 ]
walter riso
Desde el punto de vista de la TC, se considera que el
maltrato genera esquemas maladaptativos y estilos cognitivos
negativos que predisponen a determinadas patologías. Por
ejemplo, Kuyken y Brewin (1995), hallaron que las mujeres
deprimidas que habían sido abusadas sexualmente, mostraban fallas en la memoria operativa. Los estudios han encontrado una fuerte relación entre abuso sexual y estilos
cognitivos disfuncionales (Rose y col., 1994). Específicamente, las prácticas negativas de los padres y una historia
de maltrato y negligencia pueden contribuir a las formaciones individuales de estilos cognitivos que operan como un
factor de riesgo para la depresión (Chiariello y Orvashel,
1995). En un sentido similar, Gibb, y col. (2001) encontraron
que el maltrato emocional fue fuertemente relacionado con
vulnerabilidad cognitiva a la depresión, en distintos niveles de desesperanza. En un procedimiento de meta-análisis
sobre maltrato, Hawker y Boulton (2000) hallaron que la
victimización física y verbal de los pares de los infantes se
relacionaba cognitivamente con depresión, ansiedad y baja
autoestima. Finalmente, Gibb, Abramson y Alloy (2004), reportaron que la conducta de victimización verbal infantil
llevada a cabo por sus pares contribuía significativamente a
la predicción de estilos cognitivos negativos.
El aprendizaje de estilos cognitivos negativos
Tal como se dijo, la mayoría de los eventos antes señalados producen en los niños esquemas maladaptativos o estilos
cognitivos negativos que incrementan su vulnerabilidad a distintas patologías. Las interacciones con los padres o pares, ya
sea mediante modelamiento u otras formas de aprendizaje,
puede hacer que el niño aprenda determinados estilos cognitivos negativos (Gamble y Roberts, 2005; McGinn, Cukor
y Sanderson, 2005).Varios autores (Beck, 1987; Clark y col,
1999; Rose y Abramson, 1992; Ingram, 2003) han sugerido
que las experiencias tempranas de aprendizaje pueden contribuir al desarrollo de estilos cognitivos negativos. Rudolph,
[ 140 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
Kurlakowsky, y Conley (2001), en un estudio longitudinal,
encontró que las familias disfuncionales con problemas de comunicación generaban en sus hijos percepción de incontrolabilidad. También se sabe que padres depresivos contribuyen
a crear estilos cognitivos depresivos en sus hijos (Alloy, 2001).
Alloy y col. (2001) halló que los estilos cognitivos parentales
afectaban los estilos atribucionales de los niños haciendo que
incrementarán su vulnerabilidad a la depresión. Otras investigaciones han sustentado una fuerte relación entre maltrato
infantil, estilos inferenciales (Giba y col., 2003) y actitudes
disfuncionales (Gibb, Alloy y Abranson, 2003). Turk y Bry
(1992), hallaron que los niños pueden adquirir algunas de tendencias cognitivas negativas al observar los comentarios que
realizan sus padres acerca de su conducta o la de otros niños.
Harris y Curtin (2002) descubrieron que algunos esquemas
maladaptativos tempranos se asociaban a percepciones negativas parentales. Más concretamente, los esquemas implicados
eran defectuosidad/vergüenza, insuficiente autocontrol, vulnerabilidad e incompetencia/inferioridad.
Los puntos reseñados hasta aquí en relación a la historia del problema, muestran algunos factores que intervienen
en la conformación del contenido del esquema nuclear desde el punto de vista distal. Estas referencias conceptuales no
pretenden agotar el tema y deben ser completadas con otras
aproximaciones que el terapeuta considere relevantes. Los datos e investigaciones expuestas podrán ofrecer un marco de
referencia conceptual para orientar la indagación clínica sobre
la pregunta con la que comenzamos este apartado ¿Cómo se
originó el esquema nuclear?
Procesamiento controlado y
procesamiento automático
Antes de analizar los sistemas de autoperpetuación es necesario estudiar cómo procesa la información el sistema cognitivo.
[ 141 ]
walter riso
En psicología cognitiva se han distinguido dos tipos de
procesamiento, los cuales presentan diferencias cualitativas
importantes: automático vs controlado (Alford y Beck, 1997;
Ingram, 1986; Ingram, Miranda y Segal, 1998; Riso, 2000;
Schneider, Dumais y Shiffrin, 1984; Schneider y Fisk, 1983;
Semerari, 2002; Stein y Young, 1992; Lautrey, 2003). Kahneman (2003), denomina Sistema 1, al procesamiento automático guiado por la «intuición», y Sistema 2, al procesamiento
controlado guiado por el razonamiento semántico/lógico.
El procesamiento automático actúa de manera no consciente,
rápidamente,con poco esfuerzo,puede operarla información
en paralelo, es mas holístico que analítico y utiliza mecanismos de sobreaprendizaje. No recurre a procesos de atención
limitada (requiere poca concentración) y por lo general son
almacenados en la memoria a largo plazo. El procesamiento
automático simplifica la ejecución diaria al reducir las demandas cognitivas y suele activarse cuando enfrentamos situaciones consistentes y/o rutinarias, como manejar carro,
escribir a máquina, etc. Su instauración requiere de un largo
entrenamiento. También se lo conoce como pensamiento intuitivo (Hogarth, 2001; Myers, 2002) o «inconsciente cognitivo» (Piattelli, 1995; Fraufe 1997).
El procesamiento controlado requiere atención conciente, o lo
que es lo mismo, ocurre en el seno de nuestro conocimiento,
depende de intención voluntaria, es lento, secuencial-analítico, demanda esfuerzo, es más creativo que rutinizado, utiliza
la memoria a corto plazo y se lo puede considerar filogenéticamente más reciente. A diferencia del anterior, el procesamiento controlado se activa en situaciones nuevas, variadas o
inconsistentes (deVega, 1984; Best, 2001).
Los dos procesos cooperan e interactúan permanentemente cumpliendo roles diferenciales en el procesamiento de la
información. Por ejemplo, el procesamiento automático permite liberar el procesamiento controlado y ocupar así la atención hacia aspectos nuevos o relevantes, mientras el proceso
controlado se encarga de activar nuevos procesos automáticos
y tiende a mantener los nudos en la memoria (Ackerman y
[ 142 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
Schneider, 1985). En realidad es muy difícil separarlos en la
práctica, ya que la gran mayoría de nuestras conductas necesitan de ambos procesos.
Al procesamiento automático puede atribuírsele más una
función de ejecución de estrategias o comportamientos y al
procesamiento controlado funciones de planeación (pensar) y
mantenimiento de patrones de respuesta .Varios autores sostienen la idea que el procesamiento automático favorece a una
mayor probabilidad de error. Langer (1978) se ha referido a este
procesamiento como «insensato» o «negligente». Por su carácter de inconsciente, el sujeto no tiene la posibilidad de «pensar
sobre ello» o atender voluntariamente a determinados aspectos
de lo que está pensando. Los procesos de metacognición se
dificultan, si estos ocurren fuera de la atención consciente del
sujeto. En cambio, el procesamiento controlado permite algún
tipo de control sobre los procesos, pensamientos o conductas.
Es probable que este tipo de procesamiento lleve a productos
o pensamientos más adecuados (debido entre otras cosas a que
no se apoya en operaciones heurísticas) y facilite los procesos
de acomodación (Hollon y Kriss, 1984).
De lo anterior se desprende que, si la situaciones lo permiten o si el dominio del problema lo requiere, pasar de un procesamiento automático a uno controlado sería aparentemente
más adaptativo, en tanto permitiría no solo «tomar conciencia», sino también focalizar la atención sobre determinadas
cogniciones y creencias para posteriormente evaluarlas (Riso,
2000; 2004). Un número considerable de procedimientos de
intervención utilizados en terapia del comportamiento (vg.
autorregistro, autorrefuerzo, asignación de tareas y los métodos auto directivos en general) recurren a un procesamiento
controlado. De hecho, la información no es asimilada totalmente y no es estructurada en la memoria a largo plazo, hasta
tanto no sea automatizada.
En TC, el paciente debe estar consciente de lo que se está
haciendo, cuáles son las metas terapéuticas, qué se persigue
con determinado procedimiento y cuál es la conceptualización de su caso. La idea del empirismo colaborativo (Beck,
[ 143 ]
walter riso
1983) sugiere que el paciente debe transformarse en un psicólogo de sí mismo. El acto de conocer no debe ser visto como
un proceso pasivo o una reducción al mero insight freudiano,
sino como la capacidad del paciente de identificar y modificar sus pensamientos negativos y sus esquemas, sin embargo,
este proceso es imposible de llevar acabo si no se realiza desde un procesamiento controlado. Repitamos: un desideratum
que permanecerá a lo largo de todo el proceso terapéutico, es
que el paciente pase de un procesamiento automático a uno
consciente.
Para comprender mejor esta transición es conveniente distinguir entre comportamiento gobernado por reglas y comportamiento que sigue reglas (Leahey y Harris, 1998). El primero obedece a un locus de control externo típico, aunque
no exclusivo, de los sistemas físicos (cuando un objeto cae a
tierra por la ley de la gravedad no «sigue» la regla de Newton,
sino que es «gobernado» por ella: no hay intencionalidad). Un
piloto de avión, aunque esté en parte gobernado por las leyes
físicas (vg. condiciones climáticas), puede establecer un curso
de acción o computar los datos para cambiar de rumbo: hay
intencionalidad, hay un pensamiento interno, una voluntad,
puede decidir (locus de control interno), seguir o no las reglas. Los que adscriben a un modelo simbólico suelen aceptar
que el ser humano está gobernado por reglas, pero puede
seguirlas tanto a nivel controlado como automático. Los modelos conexionistas, asumen que el ser humano solo es un
seguidor de reglas a nivel controlado. Independiente de la disputa, queda claro que el organismo humano es un sistema que
sigue reglas y también es gobernado por ellas. La discusión
sobre los límites de la razón, la determinación (Freud, Marx,
Skinner) o la indeterminación de la conducta (posmodernismo) humana, su libertad, su posibilidad no condicionada de
elección, queda abierta.
La Tabla II resume las diferencias entre un tipo de procesamiento y otro.
[ 144 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
Tabla II. Diferencias entre procesamiento controlado y automático
Procesamiento
automático
Procesamiento
controlado
No consciente
Consciente
Más rápido
Más lento
Sin esfuerzo
Con esfuerzo
Holístico
Analítico
Procesamiento en paralelo
Procesamiento secuencial
Rutinizado
Creativo
Memoria a largo plazo
Memoria a corto plazo
Filogenéticamente viejo
Filogenéticamente nuevo
Menos atención y concentración
Más atención y concentración
Menosacomodación
Más acomodación
Más susceptible a errores
Menos susceptible a errores
Más orientado a la ejecución
Más orientado a la planeación
y mantenimiento
Sistemas de
autoperpetuación esquemática
Ya la noción de Kelly (1955) sobre constructos personales anticipaba la existencia de procesos de autoperpetuación
como un rasgo característico de las estructuras cognoscitivas.
Según él, los constructos guían, filtran y codifican las experiencias nuevas. El concepto de autoperpetuación se refiere al
mecanismo por el cual las estructuras cognoscitivas tienden a
perpetuar (por lo general, con un procesamiento automático) sus contenidos informacionales. Una de las razones para
que esto sea así, es que el sistema cognitivo funciona con un
sistema de racionalidad limitada o restringida, lo cual hace que el
sistema apunte al «aprovechamiento máximo de los medios
para alcanzar los objetivos en el menor tiempo posible, con el
menor gasto de recursos» (Broncano, 1996).
[ 145 ]
walter riso
El sistema de procesamiento de la información humano
es económico, en el sentido de que debe autorregular sus
capacidades para poder adaptarse a un mundo cambiante y
multivariado. Muchos autores han documentado la tendencia de diversas estructuras informacionales a automantenerse,
como por ejemplo, estereotipos, creencias religiosas, esquemas
y autoesquemas, prejuicios, creencias políticas y morales, entre
otras. En el área clínica, los círculos viciosos han llevado a formulaciones más cerradas sobre sí mismas que lineales y abiertas (Clark, Beck y Alford, 1999; Dunkley y Blankstein, 2000;
Shahar y Priel, 2003). Una vez la información se encuentre
almacenada y organizada, el sistema asumirá el control de la
información entrante, saliente y la que fluye entre esquemas,
lo que hará que se alimente o refuerce a sí misma. Con los
años, una experiencia inicial habrá sesgado a su favor infinidad de experiencias, lo cual fortalecerá el esquema en cuestión (Millón, 1999). Esa es la explicación de por qué somos, de
alguna manera, insensibles a las experiencias y malos estadísticos naturales, y preferimos tomar decisiones basándonos más
en las teorías que construimos que en los datos. Desconformar
es mucho más costoso, que confirmar las creencias preestablecidas. La
autoconfirmación esquemática se ha estudiado, entre otras alteraciones, en el trastorno de pánico e hipocondría (Salkovski,
1996), depresión y estrés (Priel y Shahar, 2000; Dunkley y col.,
2000) y trastornos de la personalidad (Millón, 1999; Pretzer y
Beck, 1996).
Veremos dos sistemas de autoperpetuación: (a) el Sistema
A, que corresponde al principio de economía cognoscitiva
(sesgos, selectividad informacional, heurísticos) y sustentado
en el área de las ciencias cognitivas y en el paradigma del procesamiento de la información, y (b) un Sistema B de autoperpetuación, más relacionado con el área de psicología clínica
(creencias intermedias, conductas de evitación y compensación y profecías autorrealizadas).
[ 146 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
1. Sistema A: Economía cognoscitiva
o selectividad informacional
La Figura 7 muestra el Sistema A y su relación con el EN.
Toda la evidencia disponible hace pensar que este nivel de
autoperpetuación corresponde a un sistema de procesamiento
más automático que controlado. Su drive o motivación parecería estar anclada en la historia filogenética y en procesos
que escapan al aprendizaje social. Esta visión sostiene que la
naturaleza de lo cognitivo está íntimamente vinculada con el
desarrollo de estrategias adaptativas (Benejam, 1996; Guidano,
1987; Mithen, 1998).
Simon (1957) sostiene que debido a que nuestra racionalidad es restringida, la simplificamos y al hacerlo dejamos
por fuera información relevante. El principio ordenador por
el cual reducimos la información es probable que sea o haya
sido adaptativo para la especie: es menos gasto para el sistema confirmar lo que ya tenemos almacenado, que des confirmarlo.
(Riso, 1992).
De Vega (1984), dice al respecto:
El sistema [de procesamiento de la información humano] ofrece ciertas limitaciones y características generales:
una memoria a corto plazo de capacidad limitada y con una
velocidad de procesamiento también limitada, una memoria
a largo plazo que almacena gran cantidad de información
relevante para la resolución de problema y un procesamiento
de tipo serial (pág. 505).
Simon (1995), en relación al sistema de procesamiento humano, sostiene:
Dejando a un lado sus órganos sensoriales, el sistema opera casi por completo, serialmente llevando a cabo un proceso
cada vez, en vez de hacerlo en forma paralela. Esta serialidad
se refleja en la estrechez de su focalización de atención momentánea. Los procesos elementales del sistema de procesamiento de la información se ejecutan en decenas o cientos
de milisegundos. Las entradas y resultados de estos procesos se
mantienen en una pequeña memoria a corto plazo, con una
[ 147 ]
[ 148 ]
ESQUEMA
NUCLEAR
SA
(explicativo/preventivo)
Segundo nivel
Economía cognoscitiva
(sesgos confirmatorios,
heurísticos)
Estrategias de autoperpetuación
Figura 7. Economía cognitiva y estrategias de autoperpetuación (Sistema A)
walter riso
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
capacidad de sólo unos pocos (por ejemplo, entre cuatro y
siete) símbolos familiares o chunks, (pág. 200).
Torres, Mejías y Milán (1999) afirman:
La mente humana tienen una fundamental necesidad de
economía cognoscitiva. Necesitamos organizar el mundo para
no caer presos de su increíble variedad. Mediante la organización reducimos la cantidad de información que tenemos que
aprender, recordar y manipular y ampliamos la capacidad de
enfrentarnos a relaciones nuevas... La organización categorial
y las relaciones entre distintos contenidos del conocimiento
semántico nos permiten convertir el mundo en algo manejable, entenderlo como dotado de sentido... (pág. 129).
En la misma dirección, de Vega (1984) asevera:
El segundo principio [economía cognitiva] asume que
el sistema categorial está diseñado de modo que obtiene el
máximo de información acerca del medio, empleando el mínimo de recursos cognitivos (pág. 325).
La evidencia disponible sustenta el hecho de que nuestro
sistema atencional es de capacidad limitada (Neisser y col.,
1981; Best, 2001). La atención funcionaría como un filtro seleccionando la escala de análisis de estímulo, para finalmente
guiar la conducta (Eriksen, 1990; Laberge, 1995). Rara vez
podemos hacer dos cosas concientemente sin que la ejecución entre en detrimento. Por lo general, ejecutamos una tarea conscientemente y la otra u otras de forma automática
para poder así «desocupar la mente».
La economía cognoscitiva también puede relacionarse con
el principio de autoconsistencia (Swann y col., 1992), el cual
sugiere que los individuos buscan información externa que
verifique su autoconcepto, sea este negativo o positivo. Existe
una motivación a buscar lo familiar y lograr la consistencia, es
decir, evitar las contradicciones que afecten el núcleo duro de
la información ya organizada. Leahy (2001), en una revisión
sobre el tema, trata de responder a la pregunta: ¿Por qué es tan
[ 149 ]
walter riso
insoportable la inconsistencia o qué ventajas tiene la consistencia? Cuatro puntos vale la pena señalar:
1.
Puede haber una necesidad innata para alcanzar la consistencia perceptual y cognitiva, tal como lo planteara
en su momento la Gestalt.
2.
Las estructuras de conocimiento, sean negativas o positivas, reducen la incertidumbre y complejidad. La evidencia disponible sugiere que puede haber una predisposición innata a establecer percepciones categoriales
del habla, el color y la forma.
3.
Los estereotipos o pensamientos categoriales reducen
las demandas informativas, ya que se funciona con un
esquema. Por lo tanto, hay menos necesidad de hacer
excepciones a la regla, resolver contradicciones o enfrentar la disonancia cognitiva. El procesamiento se
hace más fácil y eficiente, pero su costo es que se pierde exactitud.
4.
En relación, por ejemplo, con la posibilidad de utilizar
estrategias preventivas para la depresión, la consistencia
cognitiva puede desarrollar la creencia de que los eventos son más predecibles y controlables, lo que disminuiría la probabilidad de la desesperanza.
Los puntos de vista de Piaget (1970; 1974) sobre el tema
de la asimilación y la acomodación, guardan una relación estrecha con el principio de economía cognoscitiva. Según Piaget las estructuras cognoscitivas son conservadoras en tanto
intentan mantenerse a sí mismas. La asimilación consiste en
modificar el input o estímulo para hacerlo compatible con la
estructura de fondo. La acomodación implica la modificación
de la estructura cognoscitiva para incluir en ella un nuevo
elemento. En el área del procesamiento de la información y
la psicología clínica cognitiva se ha considerado que la acomodación es más adaptativa para el sujeto. Sin embargo, la
[ 150 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
evidencia parece sugerir que los procesos de asimilación se
dan más frecuentemente que los de acomodación en los seres
humanos: funcionamos más por asimilación que por acomodación
(Nisbet y Ross, 1980). Es decir: cuando estamos ante algún
tipo de información que contradice nuestras concepciones
previas, mostramos una mayor tendencia a transformar lo percibido (estímulo) que ha transformar el esquema. Esta forma
de procesar la información puede hacerse extensiva tanto a
grupos patológicos como no patológicos.
Stanovih (2003) agrega otra posibilidad sobre por qué
el sistema cognitivo tiende a ser económico. Siguiendo a
Evans, Over y Manktelow (1993) plantea que si las conclusiones son creíbles o compatibles con sus esquemas los
sujetos las aceptarán, sin utilizar en lo más mínimo el razonamiento lógico. Pero si se enfrentan a situaciones extrañas,
desconocidas o que se salen de lo normal, el razonamiento
lógico es inmediatamente retomado. Cuando se plantea si
semejante estrategia de procesamiento podría ser racional o
adaptativa, responden:
Teniendo en cuenta que la revisión de una única
creencia posee efectos interactivos en el resto de la red de
creencias, no utilizar esta operación puede resultar costosa
desde una perspectiva computacional. (pág. 191).
Queda claro que en realidad, aunque el terapeuta piense
que está modificando una creencia o un esquema, está atacando toda una red de creencias y comportamientos relacionados. Por ejemplo, si una mujer piensa que los hombres
solo están interesados en explotarla sexualmente, cambiar esa
idea implicaría: tener más amigos hombres, no hablar mal de
ellos con las amigas, cambiar ciertas amigas ultrafeministas,
estar abierta a tener relaciones sexuales con algún hombres,
cambiar su actitud ante sus compañeros de trabajo, en fin, el
cambio, cuando es verdadero, también modifica el modo o la
constelación de esquemas o creencias relacionadas con el blanco terapéutico. El cambio es incómodo.
[ 151 ]
walter riso
Los esquemas funcionan con el principio de economía
cognitiva o de un procesamiento selectivo de la información.
Clark y Beck (1989) dicen al respecto:
Debido a que el sistema de procesamiento humano
funciona con una capacidad limitada, los esquemas actúan
con un método acorde a tal economía: los estímulos consistentes con los esquemas preexistentes son elaborados y
codificados, mientras que la información inconsistente con
ellos es ignorada u olvidada, (pág. 382).
Este procesamiento top-down puede sacrificar exactitud y
precisión por economía y rapidez (Simon, 1983), e incrementar su resistencia al cambio (Leahy, 2001).
Desde la perspectiva de la psicología social, algunos autores han denominado a este fenómeno de resistencia al cambio
perseverancia en las creencias (Ross y Anderson, 1982; Davies,
1997). Este principio sostiene que, una vez se inculque una
idea, así sea falsa, es sorprendentemente difícil modificarla o
eliminarla. Si las personas ya han internalizado la creencia y
han establecido la razones para sustentarla, la defenderán a
toda costa. Este aspecto marca la esencia de la irracionalidad
humana: una vez insaturados, los esquemas tenderán a perpetuarse, sean negativos o positivos. La hipótesis que surge de lo
anterior es que probablemente exista algún mecanismo muy
enraizado en la naturaleza humana que actúa ciegamente sin
ser capaz de discriminar qué información es adaptativa y que
información es maladaptativa, cuál merece ser defendida y
cuál debe ser descartada por inútil o peligrosa.
Resumiendo lo dicho hasta aquí, podríamos afirmar que
independiente de las influencias culturales y/o ambientales, la
arquitectura cognitiva humana posee una capacidad limitada
de procesamiento.
A. Algunas de estas restricciones informacionales están referidas a los siguientes factores:
1. Memoria a corto plazo de escasa capacidad (7 chunks o
trozos de información).
[ 152 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
2. Un sistema atencional de capacidad limitada (es muy
difícil realizar de manera controlada o consciente dos
tareas complejas al mismo tiempo).
3. Una tendencia a procesar, posiblemente debido a las
reservas antes mencionadas, la información más serialmente que en paralelo.
4. Una velocidad de procesamiento relativamente lenta.
B. Estas limitaciones, de carácter constitucional, imposibilitan
abarcar toda la información que nos llega del ambiente o
del interior del organismo, lo que conduce necesariamente a seleccionar la información.
C. El criterio de selectividad parece responder a la siguientes
reglas económicas: es mejor creerle a la información ya almacenada (conservadorismo cognitivo) y es menos gasto confirmar
que desconfirmar (pereza cognitiva).
D. Tal como señalan algunos estudiosos, la estrategia conservadora puede haber sido filogenéticamente adaptativa para
el desarrollo biológico (la información que entra al banco
de genes lo hace porque cumple una función adaptativa),
pero no para la mente humana, ya que, como todos sabemos, ésta posee una gran capacidad para almacenar basura.
Así que el criterio psicológico: «Todo lo que está almacenado en la memoria es útil», no es asimilable al criterio genético/evolutivo, que dice: «Todo lo que está almacenado
en la memoria biológica es útil o lo fue».
La economía cognitiva no es ni buena ni mala en sí misma, depende para quien trabaje. Si el esquema es negativo se convierte en un
obstáculo para la salud, pero en una persona con esquemas positivos o
saludables,facilita el reforzamiento de estructuras preventivas o estilos
de vida adaptativos.
Analizaremos, algunos procesos de cómo el Sistema A logra autoperpetuar los esquemas: sesgos confirmatorios (atención, percepción, memoria), yo totalitario y heurísticos.
[ 153 ]
walter riso
Sesgos confirmatorios
Leahy (2003), con relación a la selectividad de los esquemas, afirma:
Los esquemas selectivamente atienden, buscan, recuerdan valoran y reconocen información consistente con sus
particulares conceptos o creencias subyacentes. Los psicólogos cognitivos se refieren a este particular patrón como
‘sesgo confirmatorio’ (pág. 158).
Los sesgos confirmatorios son expresiones de la economía
cognitiva. Recordemos que en el apartado de «Distorsiones
cognitivas» definíamos los sesgos inferenciales como una tendencia a hacer juicios de una manera sistemática y consistente,
en determinado tiempo y situación. Los sesgos confirmatorios son desviaciones metódicas y ordenadas para ratificar o
revalidar lo que ya se sabe, es decir, la información almacenada. Se altera o manipula la realidad para que concuerde con
los esquemas de base. Los psicólogos sociales suelen llamar a
esta manera de procesar la información «sesgo de confirmación» y lo definen como la tendencia a buscar información
que ratifique nuestras concepciones previas (Meyer, 2000). Es
decir, el sesgo confirmatorio no consiste simplemente en una
operación de filtro pasiva empleada para desechar información contradictoria y aceptar aquellos datos que coincidan
con el contenido esquemático, sino que se trata de un proceso
activo de búsqueda confirmatoria, generación de hipótesis y
autoverificación. Analizaremos tres tipos de sesgos: atención,
percepción y memoria
A. Atención selectiva o sesgo atencional
La atención selectiva o sesgo atencional se refiere a la tendencia de las personas a ver lo que quieren ver (Eysenck,
1999; Bradley, Mogg y Lee, 1997; Cowan, 2005; Yiend, Mathews y Cowan, 2005). La atención trabaja al servicio de los
esquemas que tenemos. No es libre, sino esclava de las creencias.Vemos lo que nos conviene, sacrificamos el todo, lo real,
por aquellas partes o trozos de información que concuerdan
[ 154 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
con nuestra motivación básica (Riso, 2004). Prestamos más
atención a la información que confirma nuestras expectativas
(estereotipos/esquemas) y tendemos a omitir aquella que las
niega. Así, el proceso atencional puede manifestarse en la decodificación o entrada de la información (atención focalizada
o hipervigilancia), en los procesos de metacognición (atención
autofocalizada) o una vez se ejecuten los productos o salida de la información (atención focalizada en las consecuencias
o en las propias estrategias de afrontamiento) (Luecken, Tártaro
y Appelhans, 2004). Por ejemplo, un paciente que sufra de
una fobia específica, por ejemplo a las arañas, es probable
que destine gran parte de sus recursos atencionales a detectar
movimientos rápidos que ocurran a ras del piso, a observar
animales pequeños o a detectar elementos de color negro
que asemejen una araña. Como resulta obvio, esta atención
focalizada aumentará la probabilidad de que encuentre más
arañas que aquellas personas que no muestren fobia a los
insectos; como dice el refrán: «el que busca encuentra». Una
persona hipocondríaca estará pendiente del mínimo cambio
en su organismo, podrá decir con exactitud que tal o cual
lunar no estaba hace quince días o que ha crecido milimétricamente, lo cual incrementará su angustia (Owens y col.,
2004). Un sujeto con trastorno de pánico mostrará una especial hipervigilancia a sus estados internos y podrá señalar
con exactitud el menor cambio basal, que luego interpretará
como catastrófico (Casey, Newcombe y Oei, 2005). Un sujeto depresivo desarrollará una persistente atención autofocalizada dirigida a recuperar material autorreferente de carácter
negativo y a incrementar su disforia (Siegle, Ingram y Matt,
2002). La atención focalizada también se ha encontrado en
sujetos con ansiedad social (Bögels, Rijsemus y de Jong, 2002)
y ansiedad generalizada (Mogg y Bradley, 2005). Un paciente
obsesivo-compulsivo estará pendiente de la menor pérdida
de control o riesgo potencial (Cohen y Calamari, 2004). Una
persona insegura frente a su rendimiento estará muy atenta
a detectar fallas o errores en su manera de actuar. Un individuo paranoide focalizará su atención en las conductas de los
[ 155 ]
walter riso
demás que se insinúen como explotadoras o ventajosas. Un
paciente esquizoide estará vigilante ante cualquier sospecha
de intromisión territorial (Pretzer y Beck, 1996). Prestamos
una atención mejor y más sostenida a aquellos eventos que
consideramos potencialmente dañinos o amenazantes, de
acuerdo a nuestro esquema.
Por tal razón, el sistema atencional puede actuar como
un factor de mantenimiento (Thayer y Lane, 2000). Si un
sujeto fóbico social asiste a una reunión, es probable que su
atención se dirija a descubrir expresiones, gestos y miradas
«rechazantes», despreciativas o indiferentes, lo cual hará que
su miedo anticipatorio se confirme, ya que por puras probabilidades, siempre habrá alguien que no lo mire de manera amable. Si una persona posee un esquema de incompetencia
(«No soy capaz»), su atención estará más orientada a detectar
fallas que aciertos personales, lo cual fortalecerá cada vez más
su idea de incapacidad personal. Un esquema de grandiosidad
(narcisismo) hará que la persona esté más atenta a los elogios
que a las críticas y el narcisismo subirá como espuma.
En otro caso, una muchacha de 23 años, muy insegura en
el amor porque se sentía poco interesante y «no querible»
se concentraba más en los indicios negativos, aburrimiento,
cansancio y distracción de su amigo de turno, que en las manifestaciones positivas (alegría,interés, expresiones de afecto).
Consecuente con lo anterior, su mente contabilizaba más lo
malo que lo bueno y reforzaba (erróneamente) el esquema
de «antiamor» del cual era víctima. Como resulta evidente,
ninguna relación prosperaba. De manera sistemática, al cabo
de uno o dos meses la contabilidad mostraba un saldo rojo
de proporciones enormes y ella optaba por retirarse antes de
que sus acompañantes la dejaran por «poco interesante».
B. Sesgos perceptuales y correlaciones ilusorias
Un segundo tipo de sesgo se refiere a los juicios, inferencias o interpretaciones que los individuos generan cuando se
enfrentan a distintas situaciones, especialmente si son com-
[ 156 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
plejas o ambiguas (Clark, Beck y Alford, 1999; Andrade y May,
2004). A diferencia de los sesgos atencionales, los sesgos perceptivos son más elaborados (Mathews, 1997). Desde la perspectiva del paradigma del procesamiento de información, el
proceso perceptivo es considerado como una actividad típica
de las funciones corticales superiores, por medio de la cual el
individuo integra de manera activa la información que llega
a sus sentidos con el conocimiento previamente adquirido,
sus expectativas, estados afectivos, metas, necesidades y valores. Tal postura aleja la actividad perceptiva de las posturas
pasivo-reflejas inmediatistas del impresionismo ingenuo y la
aproxima a las concepciones constructivistas mediacionales,
donde el individuo es considerado un procesador activo de
su propia realidad (Riso, 2004).
La percepción no es un proceso «puro» y totalmente fiel
a la realidad. Por el contrario, la evidencia parece sugerir
que se trata de un proceso altamente contaminado por los
esquemas y el conocimiento previo. De esta forma, el sujeto
perceptor conjuga las claves contextuales de la situación concreta con el modelo internalizado del mundo, producto de su
experiencia previa. Los estudios muestran que los esquemas
influyen sobre nuestras percepciones y la forma de interpretar la información, a menudo de manera sutil y automática
(Worchel y col., 2002).
Veamos algunos ejemplos.
Un joven de 17 años cree que su cara se parece a una vejiga
porque, según él, su cuello es demasiado ancho respecto de la
cabeza. Se detesta y se ve monstruoso cada vez que mira su imagen al espejo. Cuando se le midió la proporción cabeza-cuello
para «demostrarle» que estaba dentro de los parámetros normales, rechazó enfáticamente el procedimiento. Dijo que las
estadísticas estaban equivocadas y que el terapeuta pretendía
engañarlo para evitarle el sufrimiento. El joven padece un Trastorno dismórfico corporal, cuya característica es una distorsión de la
autoimagen expresada como: «Preocupación por algún defecto
imaginado o exagerado del aspecto físico» (DSM-IV-R).
[ 157 ]
walter riso
En estos casos, el sesgo perceptual a favor del esquema de defectuosidad (imagen corporal negativa) es evidente para todos,
menos para quien padece el trastorno.
En otro caso, se dio que en una reunión social, un joven
homosexual con sida hizo un comentario sobre las connotaciones místicas del orgasmo. Según él, la sexualidad es una vía
de comunicación con Dios, ya que durante el clímax el tiempo psicológico desaparece. Uno de los asistentes, que conocía
la enfermedad del hombre, no pudo esconder su disgusto ante
el comentario: «No me parece que la sexualidad sea el camino más seguro para alcanzar la espiritualidad. Esa concepción
puede llevar fácilmente a la promiscuidad. La vida desordenada sólo conduce a problemas, por eso pienso que deberíamos
ver el sexo con más responsabilidad». Acto seguido se levantó
y se fue. Más tarde, la persona que se había ofuscado manifestó que los portadores del VIH eran «enfermos sexuales». Su
procesamiento fue como sigue:partiendo de un estereotipo
(creencia irracional o esquema irracional), había percibido la
opinión del joven homosexual como una apología a la promiscuidad. Guiado por su creencia «antisida», realizó una interpretación sesgada de la información, una inferencia arbitraria a
favor de su presunción.
Gran parte del tiempo generamos deducciones equivocadas: un gesto, una mirada, un ademán o un silencio, pueden
ser mal percibidos si existen creencias rígidas que orienten
nuestro pensamiento. El prejuicio es una enfermedad en cualquiera de sus formas y los errores y sesgos interpretativos su
consecuencia obvia.
El sesgo perceptual ha sido implicado en el mantenimiento en diversos trastornos. Por ejemplo, en el caso de la ansiedad social, los teóricos sugieren que las personas que sufren de fobia social tienden a interpretar negativamente las
situaciones confusas. Esta tendencia refuerza los esquemas de
incompetencia social o defectuosidad/vergüenza y las creencias de que los demás piensan negativamente acerca de ellos
(de Jong y col., 2001; Stopa y Clark, 2000). La evidencia disponible apoya el hecho de que en los sujetos que sufren de
[ 158 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
ansiedad social, los sesgos interpretativos ejercen una función
de autoperpetuación esquemática (Huppert, y col, 2003). Los
sesgos perceptivos también afectan la probabilidad estimada
de las consecuencias, haciendo que los sujetos piensen que
los eventos positivos son menos probables que los eventos
negativos (Rheingold, Herbert y Franklin, 2003). En los sujetos con trastorno de pánico se ha encontrado un marcado
sesgo perceptual cuando interpretan estímulos interoceptivos
ambiguos (Richards, Austin y Alvarenga, 2001).También se
ha investigado la automaticidad de estos sesgos en los casos
de trastorno de pánico (McNally y col., 2001). En sujetos
depresivos los datos demuestran que los esquemas negativos
afectan significativamente las percepciones. Entre otros muchos, podemos señalar: juicios de contingencias (Dobson y
Push, 1995), atribuciones causales (Haack y col., 1996; Joiner
y Wagner, 1995) y juicios sobre expectativas futuras (MacLeod
y Cropley, 1995; Tripp y col., 1997).
Un tipo especial de sesgo perceptual es el que se conoce
como correlación ilusoria: la percepción de una relación que
no existe sino en nuestra imaginación (Devine, Hamilton y
Ostrom, 1994). Las experiencias cotidianas que son contrarias
a nuestra manera de pensar no parecen ser suficientes por sí
solas para producir cambios significativos y modificar nuestros
esquemas disfuncionales: los humanos somos malos observadores naturales (Hamilton y Sherman, 1989).Tal como se dijo
antes, la presencia de una teoría a priori que relacione dos
eventos incrementa la probabilidad de que se «vea» una correlación entre ellos (Evans y Hollon, 1988; Berndsen, Spears y
Van der Plight, 1996). Este hecho explicaría cómo se originan
y mantienen una gran cantidad de supersticiones, pensamientos mágicos y estereotipos (Hamilton y Sherman, 1994; Hamilton, Sherman y Ruvolo, 1990).Algunos pacientes pueden
incrementar sus pronósticos catastróficos simplemente por la
ocurrencia simultánea de los eventos (Leahy, 2003). Por ejemplo, un sujeto con ansiedad generalizada podría suspender su
viaje en avión, si éste debe hacerlo un 11 de septiembre. Una
mujer había «correlacionado» a los hombres de corbata con
[ 159 ]
walter riso
el acoso sexual. Un paciente depresivo estaba convencido de
que si se demostraba alegría, le iría mal el resto del día. Un
individuo que padecía un trastorno obsesivo, pensaba que
nunca le había estallado la estufa porque el chequeaba continuamente su funcionamiento.
Vale la pena señalar que la tendencia a establecer correlaciones ilusorias, aunque puede ocurrir debido a un simple error lógico, en muchas ocasiones sigue el principio de
selectividad esquemática, es decir: las correlaciones ilusorias
actúan como una forma de sesgo confirmatorio (Ingram, 1986).
Así como atendemos, percibimos y recordamos mejor y más
rápido lo que marcan los esquemas, establecemos más fácilmente aquellas covariaciones que mejor coincidan con nuestras creencias y sentimientos de base (Riso, 1992).
C. Sesgos de memoria
En el apartado sobre la «Respuesta emocional/biológica»
hicimos referencia a las relaciones entre estado de ánimo y
cognición, y el fenómeno conocido como mood congruity effect. El estado de ánimo arrastra información relacionada con
él o facilita la recuperación de información coincidente con
los datos almacenados (Bower, 1981; 1987; McNally, 2005).
Los sesgos de memoria son una forma de selectividad esquemática en que la información congruente se recuerda mejor.
Leahy (2003) sostiene:
En el procesamiento esquemático, la persona atiende
y recuerda selectivamente información consistente con el
esquema, lo cual termina por reforzarlo (pág. 176).
Entre otras patologías, los procesos de recuperación de la
información y los sesgos implicados en memoria se han estudiado en sujetos depresivos (Hedlund y Rude, 1995; Miranda
y Gross, 1997; Dozois y jonson, 2001), memoria implícita y
depresión (Barry, Naus y Rehm, 2004), parejas disfuncionales
(Halford, Keefer y Osgarby, 2002), trastornos de alimentación
(Israeli y Stewart, 2001), fobia social (Mansell y Clark, 1999),
trastorno bipolar (Newman y col, 2002), olvido selectivo y
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Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
trauma (Folíete, Ruzek y Abueg, 1998; Rothschild, 2000) y
estrés postraumático (Resick, 2001).
El yo totalitario
La tendencia claramente egocéntrica (el «yo’’ como centro
del mundo) y conservadora de la mente (la resistencia al cambio para mantener la autoconsistencia), ha generado la idea de
un yo totalitario, muy difícil de modificar (Greenwald, 1980;
Riso 1992).Worchel y col. (2002) sostienen que:
... se detecta una semejanza funcional entre la forma
en que el yo controla y sesga la información y el modo
en que los gobiernos totalitarios la trastocan y manipulan
(pág. 80).
Algunos autores cognitivos han hablado de un ego totalitario, como si cada uno de nosotros funcionara en una réplica en miniatura del famoso paradigma científico de Kuhn,
(1971): un homúnculo epistemológico (Ross y Sicoly, 1982).
El yo totalitario sería el encargado de coordinar la información positiva de nosotros mismos, interna y externa, a través de distintos sesgos o distorsiones.
A. Egocentrismo y centramiento
El egocentrismo se ha definido como la tendencia a ver
el mundo desde la propia perspectiva de uno sin poder reconocer que otros pueden tener puntos de vista diferentes
(Shaffer, 2002). Por ejemplo, una de las tantas consecuencias
del egocentrismo es exagerar la importancia del propio rol en
la conformación de sucesos (Ross, 1981).
Flavell (1978), en relación a los trabajos de Piaget, afirma
que el egocentrismo:
Denota un estado cognoscitivo en el cual el sujeto
cognoscente ve el mundo sólo desde un punto de vista
—el propio, pero sin conocer la existencia la existencia
de puntos de vistas o perspectivas distintas y, a fortiori, sin
tener conciencia de que él es prisionero de su punto de
vista. De este modo, el egocentrismo de Piaget es, por
[ 161 ]
walter riso
definición, un estado del cual el sujeto no puede tener
conciencia (pág. 8o).
Desde un punto de vista más filosófico, el sujeto egocéntrico podría asimilarse a un solipsista ignorante, es decir, que
no sabe que es solipsista. No lo asume, lo vive, sin tener conciencia del yo.
Respecto a este punto Piaget (1954), dice lo siguiente:
.. .precisamente cuando el sujeto está más centrado en
sí mismo es cuando menos se conoce, y sólo en la media
que se descubre a sí mismo llega a situarse en el universo y
construirlo en virtud de este hecho (pág. xxi).
El único camino para integrarse al mundo es la separación
entre yo y el mundo, o si se quiere, el reconocimiento de los
otros como interlocutores válidos. Cabe señalar que una de
las características del egocentrismo piagetano es que el niño
egocéntrico no siente la necesidad de justificar sus razonamientos ante otros o de buscar contradicciones en su lógica,
así sea precaria.
Por otra parte, centramiento o pensamiento centrado se define
como la tendencia a centrase solamente en un único aspecto
de un problema, generalmente el más evidente o sobresaliente, cuando dos o más aspectos son relevantes (Flavell, 1978;
Piaget, 1952; Shaffer, 2002).
Según Piaget, en la etapa operacional aparecen dos funciones básicas: (a) la conservación, que implica las operaciones cognitivas de reversibilidad (la capacidad de deshacer mentalmente o
revertir una acción), y (b) la compensación (la capacidad de centrarse en varios aspectos de un problema al mismo tiempo). Al
menos en teoría, a medida que se avanza y adentra en las operaciones concretas, el egocentrismo y el centralismo comienza
ceder y el niño es capaz de descentrar sus ilusiones cognitivas.
No obstante, renunciar al egocentrismo no es fácil, ya que no
podemos desconocer las relaciones que existen entre poder y
sesgos egocéntricos (Moya y Rodríguez-Bailon, 2001).
Para explicar el proceso del descentramiento (lo opues-
[ 162 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
to del egocentrismo), Selman (1976, 1980) y Yeates y Selman
(1989), propusieron la teoría de adopción de perspectivas, la cual
sostiene que los niños logran una comprensión mucho más
amplia de ellos mismos y de otras personas cuando adquieren
la capacidad de diferenciar entre sus propias perspectivas y las
de sus iguales. Selman sostiene que la adopción de perspectivas
de la sociedad se adquiere en la adolescencia y es cuando el
sujeto intenta comprender la perspectiva de la otra persona
comparándola con la del sistema social en la que funciona (la
perspectiva del «otro generalizado»). Dicho de otro modo, el
adolescente espera que otros consideren y adopten de modo
típico las perspectivas sobre sucesos que la mayor parte de las
personas tomarían. Sin embargo, la teoría de adopción de perspectivas no siempre sigue el derrotero esperado. Tal como decía Piaget, los adolescentes pueden centrarse en ellos mismos
y en su pensamiento de una manera tanto o más egocéntrica
que cuando eran escolares de primaria. Por ejemplo, Elkind
(1981) identificó dos tipos de «egocentrismo adolescente» que
contradice en parte la creencia de un descentramiento a esa
edad: (a) la audiencia imaginaria (creerse que uno vive en un
escenario donde todos lo miran, evalúan o critican), y (b) la
fábula personal (en la cual el individuo piensa que él y sus pensamientos y sentimientos son especiales y únicos).
En realidad, tal como se ha venido afirmando, el fenómeno
de egocentrismo o centramiento cognitivo se observa en la
mayoría de los sujetos humanos adultos en forma de sesgos
confirmatorios y se magnifica ostensiblemente en la mayoría
de las patologías (Hollon y Kriss, 1984; Leahy, 1995; Clark,
Beck y Alford, 1999). En general, la «madurez» en el pensamiento no parece romper definitivamente con la tendencia
a procesar la información de manera autorreferencial. Por
ejemplo, Kohlberg (1992) propone que le desarrollo moral
de las personas se alcanza con el proceso de reversibilidad, el
cual se desarrolla a plenitud en el estadio 6 (posconvencional)
de su modelo:
Todos los individuos en la sexta etapa pueden llegar a
un acuerdo porque sus juicios son totalmente reversibles:
[ 163 ]
walter riso
han asumido el punto de vista de cualquier otro al elegir,
en tanto en cuanto es posible hacerlo, cuando las perspectivas entran en conflicto (pág. 214).
Pero tal como a sostiene Thomas (1995), y lo verdaderamente interesante para el tema del descentramiento, es
que Kohlberg no afirma que todas las personas alcancen
la sexta etapa. Más bien parece pensar que la mayoría de
la gente se encuentra en la cuarta etapa (orientación del
orden social). La constatación empírica muestra que un escaso número de individuos dan pruebas de un pensamiento moral postconvencional (auténticamente descentrados).
Tomado a una escala mundial, solo un 2% de los sujetos
ofrecen respuestas de este nivel a los dilemas morales (Carranza y Escudero, 1999).
Desde la psicopatología, Leahy (2001), haciendo un cruce
entre la teoría piagetana y el procesamiento de la información, ha sugerido que durante el desarrollo de algunas patologías, como por ejemplo la depresión, se activan esquemas
maladaptativos tempranos los cuales son estructuralmente
primitivos, ya que son desarrollados durante la infancia y hacen que el sujeto actúe durante el episodio depresivo con un
nivel de inteligencia característica del período preoperacional
(Leahy, 1985). Así, de manera similar a como explicara Piaget (1934), en el pensamiento preoperacional, los esquemas
maladaptativos tempranos depresivos son dicotómicos (todo o
nada), están basados en un realismo moral («Las intenciones no
cuentan), en la justicia inminente («Si pienso mal soy malo») y
en la causalidad egocéntrica («Yo debo ser la culpa de todo lo
malo que me ocurre»).
En relación al procesamiento patológico, el egocentrismo
y el centralismo cognitivo explicarían en parte algunas de las
distorsiones cognitivas, como por ejemplo: (a) lectura de la
mente (incapacidad de distinguir la propia perspectiva de las
de los demás), (b) filtro mental negativo, sobregeneralización,
catalogar o rotulación y pensamiento dicotómico (el individuo se focaliza solo sobre una dimensión y no reconoce la va-
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Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
riación total, es decir, no considera variación de una conducta
a lo largo del tiempo y la situaciones, lo que envuelve la seriación piagetana), (c) pensamiento absolutista imperativo en
relación a la conducta moral de otros o de uno (la incapacidad
para buscar atenuantes, el pensamiento se centra en factores
situacionales externos más que en los procesos encubiertos de
intencionalidad: «Las conductas negativas son realizadas por
gente mala») y, (d) personalización (el individuo se focaliza en
el yo como único causa de los eventos).
Leahy (1991, 2001) considera estos pensamientos erróneos
como una forma de fijación estructural («fijados» durante el desarrollo), los cuales muestran rigidez, absolutismo y realismo
moral. Los esquemas, especialmente los patológicos, estarían
estructuralmente limitados por el egocentrismo, que les impide tomar distancia y observar los hechos desde una nueva
perspectiva, alejada del ego totalitario, para crear discrepancia
informacional o actitudes autocríticas. La TC busca generar
en todos los niveles de intervención estilos de vida cognitivamente descentrados. El descentramiento puede definirse
clínicamente como la habilidad de coordinar diferentes perspectivas dentro de un sistema (Leahy, 2003). Estos sistemas
pueden ser diádicos (relaciones de pareja), familiares, roles específicos (roles sexuales), etc. Tal como sostiene Leahy (2003):
Debemos reconocer que Piaget fue el primero en acuñar la idea de descentración. Enfatizando la coordinación
de elementos dentro de un sistema. Aunque su análisis original se focaliza sobre el razonamiento espacial, el principio es aplicable a todos los sistemas como Piaget enfatizó
en su libro El estructuralismo (pág. 197).
Descentrase es ponerse en el punto de vista del otro, es
lograr un giro cognitivo/afectivo para entender a los demás
individuos u otros puntos de vista y finalmente cuestionar el
propio. Descentramiento es flexibilidad, pluralismo, apertura
cognitiva y afectiva. Es democratizar la mente. Parafraseando a
Flavell (1978), descentrarse es tomar en cuenta rasgos que podrían equilibrar y compensar los efectos distorsionadores, par-
[ 165 ]
walter riso
ciales, sesgados o alterados, ocasionados por la centralización
de haber tomado solo parte de la información. El descentramiento es activar los recursos cognitivos para interactuar
directamente con la realidad, de manera honesta, sin intermediarios, así duela o incomode: implica «relativizar» el sí mismo
(Riso, 2005). En relación al descentramiento como una forma
de oponerse al egocentrismo, Tugendhat (2004) afirma:
En todo caso a estas alturas debería estar claro que la
egocentricidad que resulta de la relación de la relación
proposicional objetivante conmigo mismo, requiere a diferentes niveles la formación de capacidades destinadas
a mitigarla. Los miembros de esta especie son de por sí
egocéntricos; sin embargo, solo pueden vivir bien cuando
aprenden a entenderse menos egocéntricamente (pág. 97).
Finalmente podemos agregar que el yo totalitario suele
manifestarse de distintas maneras, casi todas relacionadas con
sesgos autorreferenciales. Citaré cuatro de los más estudiados:
(a) exceso de confianza o engreimiento intelectual: la tendencia
a ser más confiados que acertados y a sobrestimar lo certero y adecuado de nuestras creencias (DePaulo y col., 1997;
Swann y Gill, 1997), (b) sesgo de autocumplimiento: la tendencia
a atribuir nuestros resultados positivos a causas internas y los
resultados negativos a causas externas (podría verse como el
opuesto de la reformulación de la desesperanza aprendida, es
decir, como un sesgo optimista) (Baumeister, Stillwell y Wotman, 1990; Brown y Roger, 1991), (c) falacia de planificación
o sesgo en el cumplimiento de tareas: la tendencia a hacer predicciones optimistas concernientes a cuánto tiempo llevará
realizar la tarea (Buehler, Griffin y Ross, 1994), y (d) ilusión de
control: percibir eventos incontrolables como si pudieran estar, de alguna forma, bajo nuestro control (Presson y Benassi,
1996; Morales, 1995).
Heurísticos
En situaciones de incertidumbre los humanos (parece que
todos sin excepción) utilizamos estrategias inferenciales para
[ 166 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
reducir la complejidad de la información y realizar juicios
(Dugas y col. 2005).
Tversky y Kahneman (1974) definen los heurísticos como
estrategias de «atajos» o «caminos reducidos» que pueden facilitar la eficiencia del procesamiento de la información. Los
heurísticos reducen los juicios complejos a un conjunto de
operaciones más simples para facilitar su comprensión y manejo. Sin embargo, estos «caminos abreviados», si bien aumentan la eficiencia y pueden llevar a resultados positivos o exactos, debido a que obran por «saltos», desechando e ignorando
determinadas piezas de información, pueden cometer errores
inferenciales de carácter «ilusorios».
Los heurísticos pueden verse como una manera de compensar las deficiencias de nuestro aparato cognitivo para procesar una realidad sumamente variable y compleja. Dado que
la racionalidad de los humanos y de las máquinas es limitada,
la «búsqueda heurística» puede compensar tal déficit y aproximarse a decisiones útiles y funcionales (Tversky y Kahneman,
1973; Tversky y Kahneman, 1982; Kahneman y Frederick,
2002). Las limitaciones de tiempo, la complejidad, el volumen
de la información con la que somos bombardeados constantemente y la incertidumbre informacional que debemos enfrenar a diario, nos impiden utilizar estrategias de resolución
de problemas exhaustivas para realizar nuestros juicios. Necesitamos incrementar nuestra rapidez, así el costo sea a veces
cometer errores (Sherman y Corty, 1984).
Afirmar que nuestros recursos cognitivos son limitados
conlleva la siguiente consecuencia: cuando nuestra capacidad
para procesar la información es excedida por la suma de información disponible, se produce una sobrecarga de la información, la cual debe ser evacuada o solucionada (Baron y
Byrne, 1998). Además de un razonamiento formal, que sigue
los principios del pensamiento lógico-deductivo, existe un razonamiento natural donde no se aplican al dedillo las reglas
de deducción lógica sino inferencias mediadas por estrategias
que responden más a las exigencias de la vida cotidiana (Best,
1999).
[ 167 ]
walter riso
Aunque la investigación deTversky y Kahneman sobre
este tema es realmente abrumadora e impactante, por cuestiones de espacio, señalaré cuatro de los heurísticos más estudiados: disponibibilidad, representatividad, anclaje/ajuste y
falacia tasa-base.
El heurístico de disponibilidad se refiere a la predisposición a
generar inferencias basándose en aquel material que podemos
recordar con facilidad y no en el análisis lógico de las características que presenta la situación. Lo «primero que llega la
mente», por lo general, lo constituyen aquellas experiencias
más vividas, interesantes o dramáticas. La familiaridad de algunas situaciones de estímulo, la importancia y los estados
afectivos determinan en gran parte cómo es recuperada la
información. Dicho de otra forma: cuando tenemos que hacer algún juicio sobre frecuencia o probabilidad de eventos,
recurrimos a aquellas categorías que están más accesibles. Esta
forma de recuperación de la información, en la cual basamos
nuestros juicios, aunque pueden reflejar la realidad en determinadas ocasiones, produce fallas con relativa frecuencia. Por
ejemplo, una persona que haya sido rechazada recientemente,
puede ignorar las manifestaciones de afecto y aceptación de
personas no conocidas y anticipar nuevamente otro rechazo; el
juicio sobre la probabilidad de rechazo no se realiza con base
en datos reales sino a eventos ya ocurridos, altamente activados en la memoria. En ocasiones, el heurístico de disponibilidad se mezcla con un nivel alto de egocentrismo y se genera
el efecto del falso consenso, el cual se define como la tendencia
a suponer que los otros se comportan o piensan como uno,
en mayor medida de lo que realmente ocurre (Sherman, Presson y Chassin, 1984). Obviamente nos sorprende sobremanera
descubrir que hay más gente en desacuerdo con nuestras ideas
de lo que suponemos.
El heurístico de representatividad muestra la tendencia a realizar juicios basándonos, más en la similitud percibida que en
las características que conforman las propiedades lógicas del
evento. Se predicen resultados atendiendo a rasgos salientes,
como si realmente fueran significativos o representativos de
[ 168 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
un dominio mayor. Estos rasgos sobresalientes, que pueden
coincidir con alguna característica esencial de cierto esquema
o conjunto preexistente de expectativas, se toman equivocadamente como «representativos» del conjunto. La secuencia
puede estructurarse de la siguiente manera: (a) se atiende selectivamente a determinado estímulo o input, (b) se observa si
coincide o no con algún rasgo esencial de cierta idea previa, y
(c) si coincide, se infieren automáticamente todos los aspectos
que se supone están asociados al rasgo saliente original. Por
ejemplo, la madre de una de nuestras jóvenes pacientes no
aceptaba al mejor amigo de su hija por ser «uno de esos locos violentos, vagos y sucios». Cuando se le preguntó porque
pensaba así, ella respondió: «¡Tiene un mechón de pelo azul y
arete!». La señora nunca había hablado personalmente con el
joven amigo de su hija. Su atención se había concentrado en
un rasgo saliente (color del pelo) y tomó una decisión destacando una característica como representativa de una categoría
general de persona (punk).
El heurístico de anclaje ajuste se refiere a las fallas de los individuos para revisar o adaptar sus creencias ante cualquier
tipo de información no confirmatoria. Piattelli (1995) dice al
respecto:
La revisión de un juicio intuitivo, impulsivo, nunca llegará anularlo completamente. Consciente o inconscientemente seguiremos anclados al juicio inicial y haremos las
correcciones solo a partir de éste. En este caso el anclaje se
mezcla con el orgullo y el amor propio (pág. 128).
Cuando establecemos un juicio acerca de algo o alguien,
permanecemos «anclados» o «apegados» a él de manera obstinada, sin realizar «ajustes» de ningún tipo o haciendo algunos
superficiales, aún cuando la experiencia muestre evidencia
contraria. Una vez definida una creencia cualquiera, las posteriores decisiones o evaluaciones son influenciadas o sujetas («atadas») por la evaluación inicial; y si intentamos ajustar
nuestras ideas a hechos contrarios, lo haremos sin alejarnos
demasiado de ellas. Es común observar este heurístico en el
[ 169 ]
walter riso
proceso clínico de evaluación psicológica. Una vez hacemos
el diagnóstico, formulamos el problema o simplemente rotulamos al paciente, esta estimación servirá de punto referencia
para todo el proceso clínico y mostraremos cierta resistencia
a cambiarlo (Turk y Salovey, 1986).
El heurístico de falacia tasa-base o de falta de atención a la
frecuencia de base hace referencia a que con frecuencia ignoramos la información general disponible y prestamos atención
a casos concretos. Por ejemplo, puedo dejar de comprar un
automóvil de excelente calidad (tal como me lo indican la
estadísticas) porque un amigo tuvo problemas con un modelo
igual al que quiero comprar. Tomo el hecho aislado y me desprendo de la información basal que indica todo lo contrario,
es decir, que el automóvil es muy bueno. Tenemos la tendencia a decidir más por la tipicidad que por la demografía objetiva. Retomando un ejemplo típico de Tversky y Kahneman,
si damos la siguiente consigna:
Jorge es metódico, obsesivo y reflexivo. No le gusta mucho la gente,
usa gafas y le fascina la lectura.
Y se pregunta: ¿qué profesión tiene Jorge: bibliotecario o
agricultor? o ¿qué es más probable: que Jorge sea agricultor o
bibliotecario? La mayoría de las personas responden que Jorge es bibliotecario. Podría pensarse que la gente que toma la
decisión no posee la información basal sobre el tema, pero, tal
como dice Piattelli (1995), no es cierto que no tengamos suficiente información. Tenemos una idea bastante aproximada
de la proporción demográfica entre agricultores y bibliotecarios. Es evidente que hay más agricultores que bibliotecarios
(en Estados Unidos la relación es de mil a uno). El caso único,
su tipificación, tiene más peso a la hora de tomar decisiones
que la estadística poblacional. Meyer (2000), con relación a la
psicología social, define la falacia de tasa-base como: «La tendencia a ignorar o a subrutinizar la información tasa-base (información que describe a la mayor parte de las personas) y, en
su lugar, a estar influenciado por rasgos distintivos del caso en
juicio».Y desde una perspectiva similar,Baron y Byrne (1998)
denominan a este heurístico como falacia del índice básico, y lo
[ 170 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
definen así:«Tendencia a ignorar o infrautilizar la información
relativa a los índices básicos (la frecuencia relativa con la que,
de hecho, las situaciones o estímulos ocurren)».
No es difícil relacionar los heurísticos con el proceso de
asimilación, en tanto que los «caminos rápidos» modifican la
información para poder realizar inferencias que sean útiles.
Los heurísticos pondrían ser conceptualizados como un tipo
especial de sesgos inferenciales.
Hollon y Kriss (1984) se refieren a los procesos heurísticos
como estrategias innatas, automáticas, que operan sin control
voluntario y fuera del conocimiento consciente del sujeto.
Tal como señalamos de manera indirecta en el apartado de
«Procesamiento automático y procesamiento controlado», si
relacionamos los heurísticos con el tipo de procesamiento de
la información, podemos establecer dos criterios básicos: (a) el
procesamiento automático facilita la utilización de heurísticos (la asimilación) y por ende incrementa la probabilidad de
obtener resultados negativos (errores) y (b), el procesamiento
controlado disminuye la probabilidad de utilizar heurísticos
(la acomodación) e incrementa la probabilidad de obtener
resultados positivos (más exactos).
2. Sistema B: Creencias intermedias,
sistema de producción y estrategias de
afrontamiento confirmatorias
La dinámica del Sistema B corresponde más a un tipo de
procesamiento controlado que automático. Mientras el Sistema A está regulado posiblemente por tendencias filogenéticas,
el Sistema B responde más al aprendizaje social individual o,
si se quiere, al desarrollo ontogénico del individuo. La motivación del paciente para estructurar el Sistema B se desprende
de la creencia trágica anticipatoria, la cual pronostica «lo peor
que podría pasar» si el EN se hiciera realidad o se activara totalmente. El Sistema B se monta sobre el miedo anticipatorio
y las creencias que el sujeto tenga de sí mismo.
Ahora bien, aunque el paciente no necesariamente es
[ 171 ]
walter riso
consciente del contenido del EN, sí lo es de la creencia trágica
anticipatoria, la cual se desprende lógicamente del contenido
del EN. Podríamos decir entonces que, de alguna manera, el
paciente puede tener un conocimiento directo a indirecto
sobre su autoconcepto. Dicho de otra manera, la motivación
a escapar, evitar o compensar, requiere saber a qué se teme:
la ansiedad anticipatoria implica que el esquema subyacente
debe tener algún grado de activación. El Sistema B no elimina el EN sino que lo mantiene bajo control. La mayoría
de los pacientes «saben» qué no les gusta de sí mismos y qué
deben hacer para protegerse o incrementar la tolerancia al
sufrimiento que genera un autoesquema negativo. La Figura
8 muestra la constitución del Sistema B.
Como puede observarse, a partir del EN se despliegan las
actitudes negativas y la creencia trágica anticipatoria, las cuales
activan una o varias creencias compensatorias y un conjunto
de imperativos o «deberías». Éstas, a su vez, ponen en marcha
distintas estrategias de afrontamiento (evitativas y/o compensatorias/ aseguradoras) que terminan autoperpetuando el EN,
en tanto le impiden exponerse a información contradictoria
y «desaprender» sus contenidos. De otra parte, tanto las estrategias de evitación como las compensatorias/aseguradoras
pueden producir en el ambiente consecuencias directamente
confirmatorias (profecías autorrealizadas o estrategias interpersonales confirmatorias). (Ver figuras 9 y 10).
Veamos en detalle cada elemento del Sistema B.
Creencias intermedias
Las creencias intermedias se desprenden del EN y se relacionan entre sí, motivando o impulsando al sistema a actuar
en un sentido protector y facilitando la autoperpetuación.
Las creencias intermedias pueden asimilarse al concepto de
«supuestos subyacentes» o «creencias disfuncionales» (J. Beck,
2004).
A. Actitudes negativas y creencias trágicas anticipatorias
Las actitudes negativas se refieren a las opiniones que el pa-
[ 172 ]
ESQUEMA
NUCLEAR
SB
Segundo nivel
(explicativo/preventivo)
Actitudes negativas
Creencia trágica o
anticipatoria
Creencia compensatoria
Reglas/imperativos
Sistema de
producción
Profecías autorrealizadas y
Estrategias interpersonales
confirmatorias
Estrategias evitativas y/o
Compensatorias
/aseguradoras
Estrategias de autoperpetuación
Figura 8. Creencias intermedias y sistema de producción (Sistema B)
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
[ 173 ]
walter riso
ciente tiene sobre la problemática en cuestión. Por ejemplo,
una mujer con un EN de defectuosidad/vergüenza y un trastorno dismórfico corporal, opinaba que: «No voy a progresar
en la vida porque soy fea», «Nadie se enamorará de mi porque soy fea» o «Mi vida es terrible porque soy muy fea». Las
actitudes negativas no son condicionales, sino aserciones que
a manera de conclusión coadyuvan, magnifican, soportan o
acompañan la o las creencias trágicas anticipatorias. Las actitudes negativas incluyen al sujeto en primera persona.
Las creencias trágicas anticipatorias (también llamada por
Beck (1996): regla condicional anticipatoria, y por J. Beck
(2000): presunciones negativas) responden a la regla «si... entonces». La conjetura es anticipatoria y catastrófica, es lo que
le preocupa al paciente en relación con el EN. Parafraseando
a Dryden (1990), podríamos decir que se trata de la «pesadilla
personal o interpersonal» del paciente, lo peor que podría
ocurrir si su EN negativo se activara o se hiciera realidad con
toda su fuerza y en la peor de las situaciones. Los pacientes no
sólo verbalizan su creencia trágica en términos pro posicionales sino que la enriquecen con la fantasía. Un joven ejecutivo
que sufría de trastorno de pánico imaginaba que si se subía a
un avión quedaría en un estado cuasi cataléptico, totalmente
inmovilizado y con los ojos brotados. Su pesadilla consistía en
que dos enormes policías lo sacaban del avión en andas ante
la mirada atónita de sus compañeros y otros ejecutivos de alta
monta.
Las creencias trágicas varían de acuerdo al trastorno. Por
ejemplo: «Si dejo que los demás me conozcan, verán que soy
un fraude y me rechazarán o se burlarán de mí» (trastorno
de la personalidad por evitación y/o fobia social), «Si yo no
actúo para bloquearlos agentes tóxicos, yo seré el responsable»
(trastorno obsesivo-compulsivo), o «Si yo intento cualquier
reto laboral con seguridad fracasaré» (depresión).
La creencia trágica anticipatoria también puede estar referida a la preocupación de que el esquema nuclear se desactive, como en el caso de los pacientes que manifiestan una
personalidad (o un trastorno de la personalidad) narcisista o
[ 174 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
histriónico, lo que hará que las estrategias de evitación y compensatorias/aseguradoras eviten la desactivación y afirmen la
perdurabilidad del esquema de grandiosidad o de ser glamoroso/amable.
La creencia trágica anticipatoria es central en el modelo
aquí presentado, ya que es a partir de ella que se organizan los
componentes del sistema de producción (creencias compensatorias y estrategias de afrontamiento evitativas y/o compensatorias/ aseguramiento).
B. Creencias compensatorias e imperativos
La creencia trágica activa dos tipos de creencias. Los imperativos («Debo», «Tengo que») responden a necesidades o
deseos que de manera automática inducen el comportamiento (vg. «Debo quedar bien pase lo que pase»,«Tengo que evitar
enfrentar a mi jefe a lo que dé lugar»). Los imperativos tienen
un componente motivacional/emocional de base muy fuerte.
Las creencias compensatorias, como su nombre lo indica, intentan compensar, equilibrar o disminuir la probabilidad futura
de ocurrencia que designa la creencia trágica anticipatoria.
Indica «qué hacer» ante la situación temida anticipatoria. Por
ejemplo: si temo que la gente se me acerque y «descubra» mi
esencia negativa (creencia trágica), las creencias compensatorias podrían estar relacionadas con: (a) no mostrarme muy
amigable o incluso antipático y/o (b) evitar ir a lugares donde
la gente me interrogue sobre cuestiones personales. Si la premisa fuera cierta, es decir, si la creencia trágica tuviera asidero
en la realidad, la creencia compensatoria sería una buena alternativa, pero, por definición, el contenido del EN del paciente (del cual se desprende la creencia trágica) es maladaptativo. La creencia compensatoria es el proceso cognitivo por
el cual se genera una intención/acción destinada a solucionar
el problema, tal y como lo percibe el paciente.
Sistema de producción
Una vez se activa la creencia compensatoria, ésta induce
a la acción. La secuencia lógica que relaciona creencia com-
[ 175 ]
walter riso
pensatoria y estrategias de afrontamiento (o comportamientos
de solución) se la conoce en procesamiento de la información
como sistema de producción (Newell, 1973; 1990). Las producciones son reglas de programas emitidas como oraciones condicionales del tipo «si... entonces» que constan de una condición y una acción (Leahey y Harris, 1998), y cuyo su objetivo
es hallar la respuesta correcta o más adaptativa (Best, 2001).
Klahr (1995) define los sistemas de producción de la siguiente manera:
Un sistema de producción es un formalismo para expresar de qué modo un sistema de procesamiento de la
información puede responder al estado actual del conocimiento (pág. 223).
Una vez conocemos las creencias compensatorias, llegamos fácilmente a las estrategias de afrontamiento que el paciente ha creado para hacerle frente a sus problemas (comportamientos evitativos y compensatorios/aseguradores). Dicho
de otra forma: las estrategias protectoras responsables en gran
parte de la autoperpetuación esquemática son una prolongación lógica de las creencias compensatorias, es decir, su puesta
en práctica. De lo cual podemos deducir que las estrategias
de evitación y compensatorias/aseguradoras se extinguirían o
dejarían de ser funcionales para el paciente si la creencia trágica desapareciera. Entonces, la pregunta que guía al terapeuta
es: ¿Qué estrategias de afrontamiento desarrolló el paciente
para tolerar el EN y/o sobrevivir a él?
Estrategias de afrontamiento
Lazarus y Folkman (1986) definen afrontamiento
como: Aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las
demandas específicas externa y/o internas que son evaluados como excedentes o desbordantes de los recursos de los
individuos (pág. 164).
En esta definición queda claro que el afrontamiento se centra en aquellas exigencias del medio que son evaluadas como
[ 176 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
desbordantes y excesivas para el sujeto.También se infiere que
el afrontamiento es un proceso (esfuerzos) cuya funcionalidad
no depende necesariamente de los resultados obtenidos:
Una estrategia puede servir a una función determinada (por ejemplo, la evitación) pero fracasar en su intento
de evitar. En otras palabras, las funciones no se definen
en términos de resultado. Aunque cabe esperar que determinadas funciones tendrán determinados resultados. Esta
diferenciación es consecuente con nuestra definición de
afrontamiento en cuanto a que es algo independiente de
los resultados (pág. 171).
Las dos funciones de manejo más importantes son las que
se centran en el problema y las que se centran en la emoción
(Folkman y col., 1986; Lazarus, 2000). En el afrontamiento dirigido al problema, el individuo le interesa buscar información
sobre qué hacer para eliminar definitivamente el problema.
Sus acciones están encaminadas a modificar la problemática en sí. Pueden ser externas (vg. definición del problema,
vencer obstáculos, búsqueda de soluciones alternativas y recursos, planeación) o internas (vg. aprender procedimientos
nuevos de enfrentamiento, modificar los niveles de aspiración,
reevaluaciones cognitivas). El afrontamiento centrado en la emoción tiene como finalidad disminuir el grado de disconfort
o de malestar emocional mediante estrategias como la evitación comportamental, la minimización, el distanciamiento,
la atención selectiva, la revaloración positiva, la reevaluación
cognitiva, la negación y el distanciamiento, entre otras. No se
pretende modificar la situación problemática sino modular los
estados emocionales negativos y sobrevivir a ellos. El objetivo
es tranquilizarse o no estar peor.
Lazarus y Folkman (1986) hacen referencia a las condiciones de ocurrencia de las estrategias orientadas a la emoción y
al problema:
En general, la formas de afrontamiento dirigidas ala
emoción tienen probabilidades de aparecer cuando ha habido una evaluación de que no se puede hacer nada para
[ 177 ]
walter riso
modificar las condiciones lesivas amenazantes o desafiantes
del entorno. Por otro lado, las formas de afrontamiento dirigidas al problema, son más susceptibles de aparecer cuando tales condiciones, resultan evaluadas como susceptibles
de cambio (pág. 172).
Hay muchas formas de afrontamiento que pueden utilizarse para manejar el estrés real o anticipado. Folkman y Lazarus
(1988) hallaron ocho factores en la elaboración de un cuestionario sobre formas de manejo: manejo confrontador, distanciamiento, autocontrol, búsqueda de apoyo social, aceptación
de responsabilidad, escape-evitación, resolución planificada de
problemas y revaloración positiva. Fernández-Abascal (1999)
propone dieciocho estrategias que han sido señaladas en la
literatura sobre el tema: reevaluación positiva (lograr un nuevo significado de la situación), reacción depresiva (pesimismo),
negación (la no aceptación del problema), planificación (aproximación racional al problema), conformismo (pasividad-resignación), desconexión mental (distracción o inatención), desarrollo
personal (autoestimulación y aprender de la situación), control
emocional (regular y ocultar los sentimientos), distanciamiento
(supresión cognitiva de los efectos emocionales), supresión de
la distracción (paralizar actividades para concentrarse en la búsqueda de la información y valorar el problema), refrenar el
afrontamiento (aplazar cualquier afrontamiento hasta tener más
y mejor información), evitar el afrontamiento (no empeorar la
situación), resolver el problema (acción directa y racional para
hallar soluciones), apoyo social (buscar consejo y orientación
para resolver el problema), desconexión comportamental (evitación), expresión emocional (asertividad y expresión interpersonal de los estados internos), apoyo social emocional (compresión
por parte de los demás) y respuesta paliativa (buscar el alivio sin
atacar el problema, como fumar o beber).
Siguiendo a Fernández-Abascal y col. (1997) podrían definirse tres dimensiones para conceptualizar las estrategias de
afrontamiento: (a) el método empleado en el afrontamiento
(activo/esforzado, pasivo/inactivo, evitativo), (b) focalización
[ 178 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
del afrontamiento (dirigido al problema, dirigido a la emoción, reevaluación del problema), y (c) actividad movilizada
en el afrontamiento (estilo cognitivo, estilo conductual).
Retomando lo dicho hasta aquí y en relación con los modelos cognitivos, podemos decir que para la TC el contenido
de los esquemas nucleares negativos son globales, sobregeneralizados y absolutistas, lo que crea en el sujeto sentimientos
de impotencia y de incontrolabilidad frente a la posible solución del problema. No es extraño detectar, sobre todo en los
llamados casos difíciles, que el paciente muestra un marcado
pesimismo frente a su posibilidad de mejoría. Un paciente hipocondríaco dijo en su primera consulta: «Yo sé que no tengo
arreglo. Llevo con esto muchos años y ya aprendí a sobrevivir.
Sufro, pero armé a mí alrededor infinidad de soportes y ayudas. Tengo amigos médicos, vivo cerca de los hospitales, me
observo con detalle todos los días a ver si aparece algo sospechoso, mi biblioteca está llena de libros médicos, me cuido del
clima, las comidas y la bebida, no fumo, no trasnocho, en fin.
Ya aprendí a vivir con esto... Realmente no sé porqué vine a
la consulta». Este sentimiento de desesperanza o resignación
frente a la enfermedad, lleva a que los pacientes desplieguen
un número considerable de estrategias de afrontamiento (generalmente dirigidas más a la emoción que al problema) para
sobrevivir al trastorno o a su autoesquema disfuncional.
La TC apunta a desarrollar estrategias racionales y eficientes dirigidas a solucionar el problema mediante distintas
técnicas cognitivo/comportamentales. Es decir, incrementar
sustancialmente las estrategias dirigidas al problema y modular paulatinamente las estrategias focalizadas en la emoción,
dejando aquellas que no generen un efecto negativo como es
el de la autoperpetuación o mantenimiento esquemático. Si
el paciente se concentra exclusivamente en las estrategias dirigidas a la emoción y descuida las que apuntan a modificar el
problema, es posible que siga expuesto a las fuentes patógenas
del trastorno.
Recientemente Luecken, Trataro y Appelhans (2004) han
enfatizado las diferencias voluntarias e involuntarias en las es-
[ 179 ]
walter riso
trategias de afrontamiento y en espacial en relación a los sesgos atencionales. Los autores sugieren que un estilo evitativo
de afrontamiento suele estar más relacionado con un procesamiento consciente o una percepción supraliminar. Además,
encontraron que las estrategias de afrontamiento evitativas solo
eran eficientes cuando estaban asociadas a un estrés moderado,
pero que en los casos de niveles altos de ansiedad o depresión
la evitación podía resultar contraproducente o no adaptativa.
Los procesos voluntarios incluyen estrategias de afrontamiento
deliberadas y controladas y son utilizados para moderar el impacto de los eventos estresantes, así como para regular estados
emocionales o cognitivos (Compas y col., 1997), independientemente que la estrategia en cuestión sea de acercamiento o
alejamiento del problema (Connor y col., 2000).
El conjunto de estrategias de afrontamiento que utiliza
el Sistema B, responde a conductas que pretenden disminuir
o modificar la fuente del estrés emocional (problema) y/o
crear condiciones paliativas para sentirse más seguro (emoción), que son procesadas más frecuentemente de un modo
consciente. Cómo decíamos anteriormente, las estrategias del
Sistema B están reguladas por el aprendizaje social/personal
del sujeto (ontogenético) y no por operaciones filogenéticas
como ocurre en el Sistema A.
Por lo general la gente que escapa, evita o compensa puede dar razones sobre por qué lo está siendo, ya que su objetivo
es resguardarse. Estos «cinturones de seguridad», heurísticos
negativos o maniobras defensivas (Lakatos, 1970; Guidano y
Liotti, 1983), hacen que el sujeto se proteja a sí mismo del
sufrimiento que ocasionaría enfrentar su esquema negativo
o desactivar uno positivo e incrementan sustancialmente la
resistencia al cambio (ya que éste implicaría activar esquemas
dolorosos) y la posibilidad de crear un nuevo paradigma informacional (Khun, 1971).
A. Estrategias de evitación
Un conjunto considerable de modelos han destacado la
importancia de las experiencias evitativas internas y exter-
[ 180 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
nas como un rasgo central para comprender no solo la los
problemas de la ansiedad sino de la psicopatología en general (Greenberg y Safran, 1987; Hayes, y col., 1999; Roemer y
col., 2005). Los mecanismos de evitación pueden ser comportamentales (vg. retirarse de la situación temida, no llevar
acabo algunas actividades, quitarse la vida, guardar silencio,
usar drogas o bebidas) o cognitivos (bloquear pensamientos
o imágenes, negarla, distanciarse, justifica conductas de otras
personas o la propia incapacidad, rumiar, atención selectiva
o inatención, «olvidar», represión emocional o estilo represivo de afrontamiento).Ya sea, manifiesta o encubiertamente,
la estrategia de evitación parece orientarse más a la regular la
emoción y/o a escapar, huir o bloquear la situación que pudiera activar el esquema y sufrir sus consecuencias negativas
cognitivo/afectivas.
Por ejemplo, un paciente que se consideraba a sí mismo
incompetente evitaba por todos los medios obtener un ascenso porque, según él, sacaría a flote su ineficiencia (vg. no ser
tan eficiente, ser inactivo o poco responsivo a las demandas
laborales). Obviamente estas conductas operaban como una
profecía autorrealizada, cuanto más evitaba más confirmaba
su incompetencia porque no progresaba en la empresa. Una
paciente con problemas de dependencia utilizaba dos estrategias evitativas cognitivas, justificación y distanciamiento, para
«modular» el maltrato físico al cual era sometida por su esposo: (a) «Él tiene problemas hay que comprenderlo, no tiene
mala intención (justificación), (b) «Yo creo que soy en gran
parte culpable (justificación), y (c) «No me parece tan grave,
no me siento tan afectada (distanciamiento). En otro caso, una
paciente con rasgos histriónicos y una marcada vulnerabilidad a la pérdida afectiva y al rechazo, ignoraba olímpicamente
los desplantes y la antipatía de su «mejor amiga», atendiendo
solamente a las «cosas buenas» que la amiga le ofrecía, que no
eran muchas. Su estrategias evitativa cognitiva era la inatención selectiva, una forma de tapar el sol con el dedo y autoengañarse, en lugar de utilizar un manejo confrontador dirigido al
problema, como podría ser la asertividad.
[ 181 ]
walter riso
Un paciente que se consideraba a sí mismo poco inteligente, evitaba la gente brillante. Un individuo que padecía un
trastorno narcisista de la personalidad también evitaba estar
con gente brillante para no sentirse opacado. Una mujer joven que sufría de fobia social evitaba ser amable con la gente
para no verse obligada a intimar o tener amigas que la invitaran después a salir. Un hombre con un fuerte esquema
de abandono a quien su mujer lo había dejado por otro no
mostraba recuerdos positivos de su relación y había tejido una
historia distorsionada de porque «él había hecho todo lo posible para que ella se fuera».
Si bien los modelos conductuales tradicionales sugieren
que la evitación aumenta la probabilidad futura de la respuesta
evitativa porque se ve reforzada por la disminución de ansiedad (Morwer, citado por Lazarus, 1980; Gray, 1975) (lo cual
parece ser cierto en un número considerable de casos), la TC
postula que además existen formas sutiles y virtuales de mantenimiento (Salkovskis y Wahl, 2004). Por ejemplo, una señora
de edad que sufría de un trastorno de pánico con agorafobia,
evitaba ir a los supermercados y a otros lugares donde hubiera
mucha gente. El no ir al sitio le producía alivio y con eso lograba sentirse bien, sin embargo, su mente seguía procesando
la información dándole un sentido adicional a la evitación e
incrementando las ventajas de la misma. Se imaginaba de manera persistente lo peor que podría haber pasado: «Menos mal
que no fui al supermercado, de lo que me salvé... Me podría
haber desmayado... y me hubieran llevado en una ambulancia
a una clínica desconocida y el médico no hubiera tenido la
más remota idea de lo que es un trastorno de pánico y con seguridad me hubiera medicado de manera equivocada... Además hubiera hecho el ridículo...». Obviamente la conducta de
evitación multiplicaba su poder reforzante debido a lo que ella
pensaba que podría haber ocurrido.
Un número considerable de pacientes suelen bloquear o
evitar los pensamientos o sentimientos dolorosos mediante
evitación crónica McGinn y Young (1996), lo cual obra como un
factor de mantenimiento porque impide que el EN pueda confrontarse
[ 182 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
con la realidad. Los mecanismos cognitivos de evitación de los
pensamientos peligrosos y el dolor dificultan sensiblemente la
acomodación esquemática (Williams, Stiles y Shapiro, 1999).
Millón (1999), en el área de los trastornos de personalidad, se
refiere a las estrategias evitativas como «constricción protectora» y la asocia a mecanismos represivos que evitan eventos
presentes que puedan reactivar recuerdos pasados, en nuestro
caso, los contenidos del EN:
El individuo desarrolla una red de maniobras protectoras conscientes o inconscientes para disminuir la probabilidad de que estas experiencias perturbadoras ocurran en el
futuro (pág. 132).
La conducta evitativa entonces, no solo incrementa la probabilidad de ocurrencia futura de la conducta problema debido a que disminuye la ansiedad anticipatoria, sino que autoperpetúa el esquema nuclear porque le «quita» la posibilidad de
desaprender sus contenidos negativos.
B. Estrategias compensatorias/aseguradoras
Aunque se han asociado las estrategias compensatorias al
concepto freudiano de formación reactiva, aquí se analizarán
dichas estrategias desde una óptica cognitivo-conductual, más
acorde con las afirmaciones de Clark, Beck y Alford, (1999)
y Leahy, (2003), y al concepto de conductas de seguridad
(Salkovskis, 1996).
Las estrategias compensatorias/aseguradoras podrían considerarse una forma más elaborada de conducta de evitación,
en tanto que, si bien cumplen una función protectora, el
sujeto «opera» en el ambiente o en sí mismo, produciendo
transformaciones que disminuyen la probabilidad futura de
que el esquema negativo se haga realidad. Mientras las estrategias compensatorias/aseguradoras «operan» en el medio, las
estrategias de evitación se «retiran» del medio. Dicho de otra
forma: el individuo hace uso de sus recursos cognitivos, afectivos y
comportamentales para «hacerle frente» o tener bajo control las situaciones que podrían disparar el esquema nuclear. El comportamien-
[ 183 ]
walter riso
to compensatorio/asegurador construye previsiones ante el
«peligro» anticipado. Desde este punto de vista, podríamos
hablar de una «evitación constructiva o reconstructiva», aseguradora, que mantiene a raya la creencia trágica anticipatoria
e impide la activación y confrontación del esquema, generando una autoperpetuación similar lo que ocurre con las
estrategias de evitación.
Cuando el sujeto no quiere o no puede evitar o escapar de las situaciones temidas, es probable que las estrategias
compensatorias/aseguradoras se pongan en marcha (Botella,
Baños, Perpiña, 2003). El paciente se convence a sí mismo
de que desplegando un repertorio compensatorio se protegerá del contenido esquemático (vg. del fracaso, el desamor,
la soledad, el rechazo) y no se hará notoria su dificultad (vg.
incapacidad, esencia negativa, inseguridad personal, fealdad
interior y/o exterior, vergüenza).
Sin pretender agotar todas las posibilidades, el paciente
puede desplegar las siguientes estrategias compensatorias/aseguradoras:
1. Intentar ocultar o disimular las manifestaciones incómodas o dañinas del EN, para no se descubierto Por ejemplo, cuando en algunos casos de fobia social, con miedo
al sudor, el sujeto decide vestirse de blanco, sentarse
cerca de la ventana para que llegue el aire de afuera y
cargar muchos pañuelos para secar el sudor. Estas conductas de seguridad, le permitirán pasar desapercibido
y evitar que la creencia trágica anticipatoria de la burla
o la humillación pública ocurra, debido a su «defecto»
(Botella, Baños y Perpiña, 2003).
2. Neutralizar activamente un agente que podría eventualmente hacer realidad la creencia trágica anticipatoria.
Por ejemplo, en el caso del TOC donde el sujeto debe
chequear constantemente que el gas esté apagado o la
puerta bien cerrada. Esta revisión pretende anular el
potencial peligro y no sentirse «irresponsable» si los da-
[ 184 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
ños esperados llegaran a ocurrir, debido a un esquema
de control total (Clark, 2004a; Tallis, 1995).
3. Reforzamiento discriminado interpersonal. Por ejemplo,
cuando la persona dependiente decide ser especialmente amable, inasertiva y subyugada con su pareja
para que la creencia trágica de quedarse sola o solo
no se haga realidad (Riso, 2004; Beck y Freeman,
1995).
4. Equilibrar un déficit percibido desarrollando comportamientos opuestos a los que marca y define el contenido
del EN. Por ejemplo, cuando el paciente se percibe a sí
mismo como intelectualmente incompetente y crea un
estilo de elevada autoexigencia (vg. estudiar de manera
exagerada) para compensar o nivelar la supuesta incapacidad (Leahy, 2003a; 2003b).
Los comportamientos anteriores tienen en común que
cada uno, en su estilo, crean un cinturón de seguridad/protección para que el EN no se active, la creencia trágica no se haga
realidad y por lo tanto puedan controlar, tolerar o sobrellevar
el sufrimiento de manera aceptable. No obstante, tal como
ya dijimos, es importante marcar una vez más una diferencia
cualitativa entre estrategias de evitación y compensatorias en
tanto su dirección: mientras las primeras están más dirigidas
a la emoción, las segundas están más dirigidas al problema,
aunque no sea resuelto adecuadamente. Por ejemplo, cuando
un paciente con un desorden de la personalidad obsesivocompulsivo despliega una excesiva hipervigilancia y crítica
hacia sus subalternos para que cometan menos errores porque los considera «incompetentes», el sujeto está pensando y
actuando con el propósito de «resolver» una situación que le
genera estrés. Es funcionalmente distinto a tomar la decisión
de no ir al trabajo y abandonar su responsabilidad. De todas
maneras, aunque tal diferencia no es tajante, podríamos decir
que en ambas estrategias el objetivo es que no se produzca la
activación esquemática.
[ 185 ]
walter riso
Muchas estrategias compensatorias/aseguradoras no son
en sí mismas maladaptativas, en contextos no patológicos y
motivadas por estructuras positivas podrían ser consideradas
adaptativas. Lo que las convierte en disfuncionales es su tendencia a autoperpetuar el EN negativo, su elevada frecuencia,
su desproporción objetiva respecto al peligro real y su intención paliativa, en tanto su meta no es producir cambios radicales sino reformismo parciales. En otras palabras: sobrevivir a
lo que de lugar con el problema a cuestas (reformismo) y no
eliminarlo de una vez por todas.
J. Beck (2000) afirma al respecto:
Las estrategias compensatorias son comportamientos
normales que todos llevamos a cabo alguna vez. La dificultad de los pacientes que padecen perturbaciones radica en
un uso abusivo de estas estrategias, a expensas de conductas
más funcionales (pág. 179).
No obstante, las estrategias compensatorias/aseguradoras autoperpetúan la veracidad de los contenidos esquemáticos patológicos y en muchos casos pueden exacerbar los síntomas (Peri
y Torres, 1999; Salkovskis, Clark y Gelder, 1996). Cuatro casos:
[ 186 ]
•
Si una persona con ansiedad social manifiesta miedo a
temblar mientras toma en sus manos una taza de café, es
posible que intente asegurarse de que estos movimientos involuntarios no aparezcan asiendo aún más firmemente la taza con sus dedos, pero al tomarla con mayor
fuerza hará que sea más difícil controlar el temblor.
•
La conducta de rumiación genera cierta tranquilidad
en el paciente obsesivo porque le permite creer (irracionalmente) que mientras «repite los pensamientos»
aparecerá mágicamente la solución. Sin embargo, la
consecuencia real es que la ansiedad se incrementa, ya
que el paciente termina reafirmando sus preocupaciones sin tener espacio para encontrar la solución.
•
Un paciente con déficit en habilidades hetero sociales
puede «prepararse» con anterioridad y llevar un dis-
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
curso listo y memorizado para poder iniciar y mantener una conversación, pero esta preparación, paradójicamente, le quitará espontaneidad y por lo tanto
posibilidad de lograr sus objetivos.
•
Un paciente agorafóbico que se siente «atrapado» en
algún lugar repleto de gente, podría tocar su crucifijo y rezar mentalmente (conducta de seguridad),
pero este comportamiento al disminuir la ansiedad del
paciente puede convertirse fácilmente en otra nueva
forma de evitación sintomática.
Repitámoslo una vez más: mientras el modo evitativo hace
que el sujeto se aleje de la situación, el estilo compensatorio
surge cuando el sujeto no puede evitar o escapar del evento
amenazante por que no quiere o no se siente capaz y, por tal
razón, crea mamparas y escudos defensivos.
Bowlby (1990) observó que algunos niños quienes habían
tenido experiencias de amenaza de pérdida o pérdida real podían compensar su sentimiento mediante comportamientos
de apego excesivo, búsqueda de fuentes de seguridad o necesidad compulsiva de un cuidador.
Clark, Beck y Alford (1999) hacen una distinción entre estrategias compensatorias conscientes y estrategias compensatorias automáticas:
La terapia cognitiva también reconoce un segundo nivel de afrontamiento, conocido como estilo de afrontamiento,
el cual, despliega estrategias compensatorias que están relacionadas con autoesquemas y personalidad y son activadas
por eventos estresantes congruentes. Sin embargo, estos estilos individuales son mucho más conscientes, voluntarios
y con esfuerzo que las estrategias compensatorias automáticas. Las primeras requieren la percepción del problema y
un considerable esfuerzo (pág. 379).
Leahy (2001) reconoce una doble función de las estrategias
compensatorias/aseguradoras: si bien generan alivio al disminuir la probabilidad de las creencias trágicas anticipatorias y
[ 187 ]
walter riso
mantenerlas controladas, no generan cambios esquemáticos
sino que más aún los fortalecen:
Las compensaciones pueden ser un intento para adaptarse a los esquemas negativos acerca de uno mismo y otros,
pero de hecho la compensación no puede efectivamente
cambiar un esquema (pág. 116).
Algunos ejemplos de estrategias compensatorias/aseguradoras son:
[ 188 ]
•
Una persona que se siente esencialmente débil, puede
equilibrar el déficit volviéndose agresivo y hostil (contra atacar para que no lo ataquen).
•
Un paciente hombre que se consideraba «ordinario»,
nada especial y se avergonzaba de sus orígenes, desarrolló una obsesión por acumular dinero y ser recibido
como socio en clubes importantes, como una manera
de equilibrar su «complejo de clase social».
•
Las personas que poseen un esquema de defectuosidad/
vergüenza, un trastorno dismórfico corporal o que simplemente se consideran poco atractivas, suelen utilizar
varias estrategias: rodearse de gente más fea y así «camuflarse», comparar los productos de belleza más caros
y la ropa más fina para simular o maquillar la fealdad,
volverse glamorosas y especialmente simpáticas para
contrarrestar lo feo con el desarrollo de la inteligencia
o el humor.
•
Un paciente que había sufrido de dislexia en la niñez
decidió esforzarse para estar dentro de los mejores e
incluso ser escritor.
•
Un paciente narcisista sólo se rodeaba de gente menos poderosa e inteligente para mantener su esquema
de grandiosidad activado. Además se pasaba gran parte
del tiempo alardeando sobre lo especial de su familia y
su «linaje» superior. Algunos autores consideran que el
trastorno narcisista de la personalidad puede desarrollarse por experiencia tempranas de dos tipos: (a) tra-
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
tar al paciente desde pequeño como un niño o niña
especial, y (b) por un trato humillante o abandono, lo
cual genera un estilo opuesto compensatorio a los sentimientos de inseguridad y a un esquema de inamabilidad/vergüenza (Millón, 1999; Leahy, 2003a).
•
Algunos depresivos sociotrópicos optan por «cerrarse
afectivamente» (defenderse) porque temen ser abandonados, no queridos o rechazados. Un depresivo autónomo podría sobrexigirse para alcanzar sus metas y
escalar posiciones, y descuidar su entono social.
•
Algunos pacientes con «déficit de atención adulto»,
desarrollan un amplio catálogo de excusas creíbles, autoengaños y mentiras para tapar sus errores y seguir
procastinando.
•
Un paciente paranoide había decidido portar arma de
fuego y recibir clases de defensa personal para controlar las supuestas situaciones de riesgo.
•
Un paciente esquizoide buscaba estar con mujeres que
no cumplirán todos sus requisitos para no enamorarse
y no poner así en riesgo su independencia y libertad.
Si empezaba a sentir afecto, las dejaba de ver.
•
Algunos sociópatas muestran un lado caritativo para
equilibrar su imagen negativa y que la gente los reconozca o recuerde por razones distintas a sus actos delictivos. Por lo general, justifican sus delitos para evitar
la sanción social y/o la cárcel (su peor enemigo).
•
La timidez lleva muchas veces a que los sujetos intenten mostrarse especialmente emocionales.
•
Algunos pacientes con sentimientos de inseguridad y
un pobre autoconcepto adoptan posiciones autoritarias
en el trabajo con sus subalternos para «hacerse respetar».
•
Una paciente con necesidad de aprobación, muy inteligente y culta, adoptaba el papel de incompetente y
[ 189 ]
walter riso
despistada para que las demás amigan no se sintieran
amenazadas por sus cualidades.
[ 190 ]
•
Los pacientes con trastorno de la personalidad por
evitación suelen crear adicción al Internet, ya que les
permite comunicarse sin ser vistos ni evaluados.
•
Las pacientes que sufren de obesidad pueden vestirse
de negro y con ropa ancha, usar fajas reductoras y sobredesarrollar habilidades intelectuales o artísticas.
•
El exhibicionismo de los pacientes histriónicos, así
como su manera de ser extravagante o sus actitudes
infantiles pueden interpretarse como formas de estrategias compensatorias para mantener activado el esquema de seducción y atractibilidad.
•
Una paciente que no se sentía querible había desarrollado un amplio repertorio de ayuda a los amigos y
amigas para que la aceptaran. Otra paciente que nunca
se había sentido querida por su madre, buscaba afanosamente su afecto complaciéndola en todo lo que podía, lo cual hacía que la madre se aprovechara de ella.
•
Un paciente que durante su infancia se había sentido
alfeñique y débil, hizo del fisiculturismo su sentido de
vida y una forma de equilibrar su pobre autoimagen.
Su obsesión lo había llevado a consumir todo tipo de
anabólicos.
•
Un paciente hombre, que no tenía éxito con las mujeres, había decidido tratarlas mal o no mostrar interés
por ellas para evitar el rechazo.
•
De manera similar una mujer, que se sentía poco atractiva y no querible, utilizaba el tener sexo fácil como
una manera de equilibrar la relación con los hombres.
•
Un ejecutivo de una importante empresa, que sufría
de un trastorno de ansiedad de separación adulto, cada
vez que viajaba tenía que volver el mismo día, porque
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
no era capaz de pasar la noche fuera de su casa, por
lo cual trataba de acelerar las reuniones y delegar en
otros sus obligaciones.
De lo dicho hasta aquí puede desprenderse que los humanos creamos nuestro propio nicho psicológico. Cuando el
paciente monta sus cinturones de seguridad o su sistema de
protección, desactivarlos producirá una fuerte resistencia al
cambio, ya que quedaría «expuesto» a que las creencias trágicas anticipatorias pudieran hacerse realidad. Las estrategias de
evitación y compensatorias/aseguradoras son funcionales para
el paciente, ya que lo ayudan a sobrellevar su déficit y situarse
en el mundo, así sea de una manera disfuncional.
Profecías autorrealizadas y estrategias
interpersonales confirmatorias
Muchas de las conductas de evitación y compensatorias/
aseguradoras pueden transformarse en profecías autorrealizadas (Olson, Roese y Zanna, 1996; Snyder, 1984; Morales
y col, 2002) o en estrategias interpersonales confirmatorias
(Safran y McMain, 1992; Pretzer y Beck, 1996; Snyder y Kiviniemi, 2001; Moya y Rodríguez-Bailón). Lo que define la
profecía autorrealizada, cuya procedencia nos llega más de la
psicología social y específicamente de la cognición social, es
la tendencia a través de la cual las expectativas (profecías) que
producimos (usualmente frente a otras personas) nos llevan
a actuar de tal forma que nuestras profecías se cumplan. Por
lo general, los sujetos que utilizan profecías autorrealizadas
suelen comportarse de manera no consciente (procesamiento automático), aunque puede haber excepciones (Milton y
Darley, 1991, citado por Worchel y col., 2002).
Recientes estudios, realizados en el área del mercadeo
y de la psicología del consumidor han demostrado que los
efectos de la autoprofecía (hacer predicciones sobre las propias acciones) parece afectar el comportamiento de manera
significativa (Sport, Sapangenberg y Fisher, 2003). Se ha encontrado que la autoprofecía incrementa la persistencia en
[ 191 ]
walter riso
alcanzar las metas (Sherman, 1980), reduce el estereotipo sexual Spangernberg y Grennwald, 1999), decrementa la conducta de hablar o molestar en clase (Spangerber y Obermiller,
1996), mejora la adherencia de los alumnos a la universidad
(Obermiller y Spangernberg, 2000), y aumenta la participación social (Spangernberg y Grennwald, 2001), entre otras
muchas. Todo parece indicar que cuando las personas hacen
profecías positivas o negativas sobre su comportamiento tendrán más probabilidades de ejecutar conductas congruentes
con sus predicciones. El poder de las expectativas es, sin lugar
a dudas, muy poderoso.
Worchel y col., (2002) en relación a los estereotipos y las
profecías autocumplidas, afirman:
Cuando tenemos estereotipos acerca de alguien, nuestras expectativas hacen que nos comportemos de tal manera con esa persona de lo que lo haríamos si no la tuviésemos. A veces, estas conductas diferenciadas producirán en
el sujeto algún acto que confirmará nuestras expectativas.
Este círculo vicioso, un fenómeno llamado profecía autorrealizada, genera una confirmación conductual real de
nuestras expectativas (que no es lo mismo que sólo percibir
una confirmación como resultado del procesamiento sesgado de la información) (pág. 207).
En la profecía que se cumple a sí misma, el sujeto no sólo
atiende, decodifica o recupera la información a favor de los
esquemas, como en el caso de los sesgos confirmatorios, sino
que modifica el ambiente de tal manera que pueda confirmarse su profecía. La profecía autorrealizada se ha estudiado en las
relaciones maestro-estudiante (Babad, Bernieri y Rosenthal,
1991; Jussim, Eccles y Madon, 1996), en problemas de pareja (Murray, Holmes y Griffin, 1996), en psicología de salud
(Sherman, 1980) y en trastornos de la personalidad (Millon,
1999), entre otras.
Por su parte, las estrategias confirmatorias interpersonales (incluidas aquellas que ocurren entre terapeuta-paciente) tienen
su origen en los modelos clínicos interpersonales (Safran y
[ 192 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
Segal, 1994; Safran y Muran, 2000) y en los estudios cognitivos realizados con trastornos de la personalidad (Beck y col.,
2001; Beck y col., 2004.).La proposición clínica,finalmente,es
similar a la que llega de la psicología social. Tal como señalan
Safran y Segal (1994):
La premisa básica es que las expectativas funcionan
como profecías que se cumplen a sí mismas y que influyen su entorno... Por ejemplo,los individuos que prevén
ser tratados con hostilidad, interpretarán selectivamente
cualquier conducta neutral como hostil, responderán a la
hostilidad esperada y percibida con su propia hostilidad, y
así suscitarán hostilidad de parte del otro (pág. 101).
Este tipo de ciclo cognitivo-interpersonal amplia la visión cognitiva radical y promueve la idea de que las personas
interpretan y construyen su entorno. Por lo general, cuando
los pacientes descubren la manera en que ellos mismos están
generando la consecuencias que temen, la motivación para
el cambio es bastante fácil de alcanzar. Por el contrario, si la
toma de conciencia se concentra exclusivamente en la autoperpetuación de los contenidos de los esquemas sin obtener
un beneficio inmediato, la resistencia al cambio se incrementa
notablemente (vg. tratar de convencer a una persona dependiente que no debe adular a su pareja para poder empezar a
hacerse cargo de sí misma). Recordemos que cualquier estrategia evitativa o compensatoria/aseguradora son funcionales
para el paciente.
Parece haber una o dos diferencias sutiles entre los conceptos de profecía autorrealizada y estrategias interpersonales
confirmatorias. La primera se refiere a que la profecía autorrealizada no requiere necesariamente de la variable interpersonal, ellas pueden ocurrir «sin la presencia de otras personas»,
es decir, el sujeto puede confirmar expectativas respecto de sí
mismo. Por ejemplo, un paciente hipocondríaco comenzó a
tener pensamientos recurrentes sobre la posibilidad de contraer cáncer en uno de sus testículos. En especial, le preocupaba el izquierdo, el cual palpaba continuamente para asegurarse
[ 193 ]
walter riso
de que «no estuviera más grande». Sin embargo, la manipulación lo inflamaba y terminaba por confirmar su hipótesis.
En otro caso, un joven que se sentía torpe, inútil y poco inteligente, se sometía constantemente a diversas pruebas para
demostrarse a sí mismo que era capaz, pero las tareas a las que
se abocaba eran extremadamente difíciles y casi imposibles
de alcanzar, lo que terminaba por comprobar su «inutilidad».
Como puede verse, en los dos ejemplos señalados el ciclo no
es interpersonal.
Otra diferencia podría hallarse en los postulados subyacentes a cada concepto. Las profecías autorrealizadas han sido
relacionadas históricamente con conceptos psicoanalíticos
(Horney, 1950) o humanistas (Roger, 1966). En ocasiones el
terapeuta cognitivo-conductual suele transitar una especie de
pendiente resbaladiza al verse tentado a interpretar la profecía
autorrealizada como una forma de «intencionalidad no consciente», una forma de autocastigo o de conducta auto destructiva. Por ejemplo, una «conceptualización» comúnmente
utilizada por algunos terapeutas cognitivos youngnianos establece que aquellas personas que poseen un esquema de inamabilidad, «buscan» parejas disfuncionales para «demostrarse a
sí mismas» que no son queribles. Es decir, la autoperpetuación
en estos casos tendría como fundamento una intencionalidad
oscura y masoquista a mantener el sufrimiento. El modelo
de estrategias interpersonales confirmatorios no fundamenta
sus teoría en motivaciones ocultas/inconscientes sino a malos
aprendizajes, generalizaciones del comportamiento, carencia
de habilidades o interpretaciones erróneas (expectativas mal
elaboradas que llevan a que el sujeto actúe en concordancia
con ellas porque son «creíbles «para él).
En todo caso, trátese de profecías autorrealizadas o ciclos
interpersonales confirmatorios, la aproximación a estos temas
debe hacerse con cuidado. Considerar que el paciente «hace
trampa» o que en realidad sólo se trata de malos aprendizajes,
dependerá de la elección epistemológica y la orientación clínica que asuma cada terapeuta. En el presente texto se toman
las profecías autorrealizadas (cognición social) como una for-
[ 194 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
ma especial de comportamiento confirmatorio mediado por
las expectativas del sujeto (se descarta cualquier tipo de pulsiones o «motivaciones inconscientes» orientadas a exacerbar
el sufrimiento o el placer), las cuales podrían o no involucrar
a las demás personas.
Prezter y Beck (2004) dicen respecto a la influencia de los
esquemas en la autoperpetuación:
La respuesta de otros a las conductas interpersonales
de los individuos puede resultar en experiencias que refuercen o fortalezcan las creencias disfuncionales y presupuestos. Si la conducta interpersonal de un individuo
consistentemente elicita respuestas de otros que refuerzan
las creencias disfuncionales, esto puede resultar en un ciclo
cognitivo-interpersonal de autoperpetuación que mantiene y persevera el comportamiento inadecuado... (pág. 303).
Y luego agregan:
Si los ciclos de autoperpetuación continuamente refuerzan las creencias interpersonales, el terapeuta puede
necesitar moderar los ciclos de autoperpetuación y desarrollar en el paciente conductas interpersonales más adaptativas, que dejen de alimentar las creencias disfuncionales
o el terapeuta puede necesitar atacar las creencias disfuncionales y las conductas interpersonales disfuncionales simultáneamente (pág. 303).
La mayoría de los autores sobre el tema, los clínicos cognitivos y cognitivo-comportamentales, coinciden en afirmar
que si bien todos lo humanos hacemos uso de las profecías
autorrealizadas y comportamientos confirmatorios interpersonales, en situaciones de conflicto o en determinados estados
patológicos, estas estrategias se incrementan de manera considerable y se hacen más resistentes al cambio.
Si quisiéramos resumir el mecanismo de base de lo arriba
señalado, podríamos sugerir la siguiente secuencia: se parte de
una profecía o anticipación de algo que va ocurrir, después
se actúa para que dicha profecía se cumpla (casi siempre de
[ 195 ]
walter riso
manera no consciente), y finalmente se concluye que la expectativa era cierta: «Yo dije o sabía que esto iba a pasar». En
un caso más concreto:
•
Profecía: Pienso que alguien no me quiere o le caigo
mal.
•
Conducta confirmatoria: Me alejo o trato de manera
seca y antipática al otro, anticipándome al rechazo.
•
Consecuencia confirmatoria: La persona responde a
mi trato antipático de manera indiferente o poco amable.
•
Ratificación de la profecía: Concluyo que yo tenía razón, que definitivamente no le caigo bien.
La secuencia es totalmente autoconfirmatoria. Se da por
sentado lo mismo que queremos demostrar e interferimos en
la realidad de tal manera que la hipótesis termina por comprobarse (Riso, 2004).
Algunos ejemplos de profecía autorrealizada y ciclos interpersonales confirmatorios son:
[ 196 ]
•
Un sujeto con trastorno de la personalidad obsesivo-compulsiva pensaba que la gente que trabajaba en
su empresa era ineficiente y poco inteligente. Su estrategia compensatoria fue desarrollar una alta vigilancia
y regañar de manera autoritaria a cada persona que se
equivocaba o era «lenta». Como resulta natural, el método persecutorio hizo que los trabajadores mostraran
nivel altos de estrés, miedo a equivocarse y ansiedad
anticipatoria, lo que afectaba su rendimiento laboral y
confirmaba las creencias de ineficiencia del individuo.
•
Un hombre con dificultades en habilidades sociales,
bastante tímido y con miedo a hacer el ridículo, que
pensaba que no era interesante y que nadie quería ser
amigo o amiga de él, desarrolló dos tipos de estrategias para enfrentar las situaciones temidas y mantener a raya el esquema de incompetencia social: una
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
evitativa y otra compensatoria. Por desgracia ambas
terminaron configurando un ciclo interpersonal confirmatorio. En el caso de la evitación, cuando estaba
en una fiesta o una reunión intentaba acercarse a los
demás pero «para no equivocarse ni hacer el ridículo»
prefería permanecer callado, lo que hacía que la gente
lo ignorara. En el caso de la estrategia compensatoria/aseguradora, había ocasiones en que optaba por
mostrarse especialmente inteligente y agudo en sus
intervenciones para no parecer estúpido, pero la gente
interpretaba tal comportamiento como pedantería y
terminaban alejándose de él.
•
Un hombre que no quería mostrarse débil y necesitado de amor, porque pensaba que así ninguna mujer se
sentiría interesada por él, optó por una estrategia compensatoria de mostrase extremadamente independiente,
seguro y distante, lo que hacía que nadie se le acercara
porque lo evaluaban como «muy suficiente». La paradoja era clara, por no mostrase demasiado «humano» y
evitar que las mujeres lo rechazaran, se convertía en un
«sujeto racional» e «inhumano», lo que definitivamente
era desagradable para las mujeres. Con el tiempo descubrió que la ternura y una «debilidad» bien manejada
podía resultar atractivo para muchas mujeres.
•
Algo similar ocurrió en un joven que había perdido
a su novia en un accidente y decidió mostrarse fuerte
(estrategias compensatoria) y evitar así una mala evaluación social de parte de sus amigos al verlo débil y
sufriente. Pero la respuesta de la gente fue lo opuesto
y le criticaron su falta de sensibilidad, al actuar como
si nada pasara. No quería ser mal evaluado por su debilidad y consiguió ser mal evaluado por su supuesta
«fortaleza».
•
Una mujer casada con un hombre dominante, con
miedo a los modelos de autoridad, había utilizado toda
su vida una estrategia evitativa de sumisión con su ma-
[ 197 ]
walter riso
rido para calmar el mal genio del hombre. Sin embargo, la estrategia de apaciguar al depredador solo hacía
que el hombre se volviera más dominante y agresivo.
[ 198 ]
•
Un joven que apenas estaba comenzado la universidad,
tenía una clara personalidad esquizoide. Prefería mantenerse alejado de cualquier mujer porque según él:
«Lo peor que me pudiera ocurrir sería enamorarme...
Quiero estar solo y libre, por eso es mejor mantenerme lejos de ellas...». La estrategia que había elegido
para defender su autonomía y mantener al «enemigo»
lejos fue ser indiferente, hablar poco, y actuar como
un solitario consecuente. Pero el resultado no fue el
esperado, su conducta fue interpretada por las mujeres
estudiantes como «interesante». Su manera de ser lo
convirtió en enigmático e incluso hubo apuestas entre
las jovencitas sobre quien iba ser la primera en conquistarlo. Como resulta evidente su esquema de territorialidad y la creencia que la gente es entrometida se
vio confirmada una y otra vez.
•
Una mujer con un trastorno de la personalidad narcisista, que ocupaba un importante puesto diplomático,
utilizaba una estrategia compensatoria que terminaba
por reforzar su esquema de egolatría, rodeándose de
personas admiradoras que confirmaban la creencia de
que ella era un «ser muy especial». Cuando asistía a
una reunión, excluía a las personas que no reconocían
su estatus y sólo estaba con aquellas que le rendían
pleitesía. Después se dedicaba a alardear sobre sus logros para que los adeptos la halagaran. Su conclusión
era desconcertante: «No es culpa mía, doctor, yo no
estoy exagerando nada. Es la gente la que me considera especial. Ellos son los que me alaban y exaltan mis
virtudes...Y si lo hacen, por algo será...».
•
Una mujer que padecía un trastorno histriónico de
la personalidad necesitaba conquistar a lo que diera
lugar para sentirse «amada», atractiva y deseada (es-
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
quema de abandono y «No soy querible»). Su estrategia compensatoria era ser especialmente alegre, tomar
trago, coquetear y tener sexo fácil, especialmente con
hombres muy atractivos. El círculo confirmatorio era
evidente. De un lado los hombres no la veían como
una mujer «seria» así que cada vez que se acercaban y
obtenían lo que querían se alejaban rápidamente. De
otra parte los «hombres lindos» podían optar por muchísimas mujeres más bellas y jóvenes que ella, así que
de una manera u otra terminaba siendo abandonada.
Las dos estrategias tenían por resultado confirmar que
un esquema de abandono y falta de amabilidad.
•
Un hombre inseguro en su trabajo, con un esquema
de baja autoeficacia e incompetencia social y miedo a
ser despedido, decidió utilizar dos estrategias: (a) una
estrategia evitativa: no decir nada que pudiera contradecir al jefe, y (b) una compensatoria: felicitarlo
y alabarlo efusivamente. Por desgracia para él, ambas
conductas generaron en el jefe cierto recelo y empezó
a percibirlo como una persona poco confiable (sospechosa), lo cual le impidió avanzar en la compañía.
Solamente cuando comenzó a comportarse como él
era realmente, sin buscar agradar a nadie, la relación
con el jefe pudo mejorar.
De los ejemplos expuestos queda claro, tal como dijimos
antes, que tanto una estrategia evitativa como una compensatoria/ aseguradora pueden convertirse en profecías autorrealizadas y sumar a la autoperpetuación que ya generaban
ambas.
A manera de resumen
Las Figuras 9 y 10 muestran cómo se organiza el diagrama
resumen del Nivel II, en dos casos concretos:
La Figura II, resume las relaciones intracognitivas que el
EN establece con el Nivel III y el Nivel I (significado del pensamiento).
[ 199 ]
[ 200 ]
Los demás
son inútiles
Soy
responsable
por todos
Necesito
el control total
EN
SA
SB
Soy la principal
responsable
Si me descuido
harán mal la tesis
Si estoy vigilante
y controlo a los demás
la tesis saldrá bien
Debo empujar y obligar
a los responsables
Creencias intermedias
Sistema de
producción
Estrategias
Sesgos confirmatorios:
Hipervigilancia
Atención selectiva
Recuerdos confirmatorios
Economía cognitiva
Profecías autorrealizadas:
Ansiedad de los demás
y baja de rendimiento
Compensatoria:
Perfeccionismo
Revisar, regañar, criticar
Evitación:
No delegar
Estrategias de autoperpetuación
Figura 9. Paciente con trastorno de la personalidad obsesivo en el Eje II, y Ansiedad generalizada en el Eje I
walter riso
Estoy por encima
de los demás
y las reglas
Soy especial y
merezco un
trato único
en el trabajo.
EN
SA
SB
No merezco que me
desprecien
Si no muestro que soy
especial, seré común
y corriente
Si muestro mi grandeza
no seré ignorado
Debo destacarme
a toda costa
Creencias intermedias
Sistema de
producción
Estrategias de autoperpetuación
Estrategias
Sesgos confirmatorios:
Ignorar los críticos o devaluarlos
Menospreciar los errores
Recordar éxitos laborales
Economía cognitiva
Profecías autorrealizadas:
Felicitación
Compensatoria:
Mostrar logros
Rodearse de adeptos
Alardear, mostrar logros
Evitación:
Evitar gente negligente
Figura 10. Paciente con trastorno de la personalidad narcisista en el Eje II, y Depresión mayor en el Eje I
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
[ 201 ]
walter riso
El equilibro patológico
El Nivel II que se ha expuesto hasta aquí no debe verse
como un sistema estático. Por el contrario, los Sistemas A y B
interactúan entre sí tratando de establecer un «balance adaptativo» según la visión del paciente. Recordemos que mientras el Sistema A es un programa instalado en gran parte por
la evolución, el Sistema B es un programa instalado por el
aprendizaje social y es activado y regulado por procesos de
metacognición. El funcionamiento del Sistema A es permanente, variando su intensidad según sea el grado de activación
del esquema subyacente: su estrategia adaptativa es la autoperpetuación esquemática per se. El funcionamiento del Sistema B
responde a pautas más controladas que automáticas, es creado
por el sujeto y puesto en marcha siguiendo el principio del
alivio de la aversión: su estrategia adaptativa es no sufrir, pero
produce una autoperpetuación esquemática colateral no deseada conscientemente por el individuo.
La paradoja salta a la vista. El paciente desea acabar con el
esquema nuclear negativo origen de su sufrimiento, pero las
estrategias equivocadas del Sistema B y el miedo a enfrentar
el esquema, terminan por perpetuar la causa de su desdicha.
De otra parte, el Sistema A sigue operando de manera sistemática a favor del contenido esquemático y refuerza el mismo
esquema que el sujeto conscientemente quiere eliminar. Es
decir: mientras que por un lado el paciente escapa al esquema
temido, por el otro, lo nutre; como si viviera con un perro
feroz al cual le tuviera mucho miedo y en vez de enfrentarlo
o sacarlo de la casa, lo alimentara con el mejor alimento existente para perros.
A está contradicción esencial, expresada de manera evidente en el fenómeno de la resistencia al cambio, debemos
agregarle uno o varios procesos de fluctuación complementaria y equilibrante entre los Sistemas A y B.
1. En primer lugar, el paciente prefiere evitar el esquema
nuclear negativo a enfrentarlo. Durante gran parte de
[ 202 ]
Significado
ESQUEMA
NUCLEAR
B
A
Segundo nivel (explicativo/preventivo)
R Cognitiva
P / Op
Actitudes negativas
Creencia trágica
Creencia compensatoria
Reglas/imperativos
Economía cognoscitiva
(sesgos confirmatorios,
heurísticos)
Profecías autorrealizadas
Estrategias evitativas y/o
compensatorias (cognitivas
motoras y afectivas)
Primer nivel (sintomático/descriptivo)
Sistema de
producción
Estrategias de autoperpetuación
Conceptuales, valorativos, motivacionales y constructivos
ESQUEMAS DE SEGUNDO ORDEN
Figura 11. Esquema Nuclear y relaciones intracognitivas
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
[ 203 ]
walter riso
su vida sobrevivió a sus autoesquemas maladaptativos
mediante un conjunto de estrategias de afrontamiento
que tenían un efecto boomerang o de fortalecimiento
sobre el EN: producían alivio, pero terminaban por autoperpetuar los contenidos disfuncionales. Es decir, las
estrategias de supervivencia que se generaban desde el
Sistema B, lejos de acabar con el paradigma disfuncional, lo prolongaron. Mantener bajo control la activación del esquema y obtener un equilibrio patológico
(convivir con el EN enfermizo sin activarlo) puede satisfacer transitoriamente al paciente en relación a su temor.
Mientras este equilibrio dure, es probable que no se
pida ayuda profesional.
2. En segundo lugar, no podemos considerar la activación
del esquema, su accesibilidad y disponibilidad con la
ley del todo o nada. Existen distintos niveles de activación esquemática, según sea la congruencia entre los
aspectos de la situación con el contenido esquemático (Clark, Beck y Alford, 1999). La prominencia del
esquema se incrementará de manera directa cuando el
contenido de la situación o experiencia coincida manifiestamente con el contenido de una estructura cognitiva particular. La activación será indirecta cuando el
contenido de los estímulos coincidan con un elemento
de un esquema que está relacionado a su vez con otros
esquemas o modos (Segal e Ingram, 1994). Los esquemas pueden tener un bajo nivel de activación o ser hipervalentes. En otras palabras, la activación esquemática
es un continuo. La pregunta es: ¿cómo afecta la activación esquemática al funcionamiento del Sistema A? De
acuerdo a nuestra experiencia y a la evidencia disponible, el proceso de economía cognitiva correspondiente
al Sistema A opera de manera continua (no se detiene),
pero con una fuerza directamente proporcional al nivel
de activación. Muchas de nuestras creencias no están
permanente activadas en un ciento por ciento, pero
ante cualquier información contradictoria el sesgo se
[ 204 ]
Nivel II: Estudio explicativo/preventivo
produce. Por ejemplo, si soy una persona autoritaria y
con creencias fascistas, los comentarios positivos sobre
las ventajas del pluralismo, la tolerancia y la democracia
serán minimizados, ignorados o alterados por el sistema, aunque no me halle en pleno debate ideológico.
Algo similar ocurre con nuestros estereotipos: siempre
están sesgando, a veces intensamente, cuando estamos
cara a cara con el disparador, o más subrepticiamente,
cuando enfrentamos otros aspectos del día a día no tan
determinantes: la economía cognoscitiva es un mecanismo
que no cesa de trabajar. Podemos bloquearlo por un tiempo para hacer que la información discrepante llegue
al esquema y cambiarlo por uno más funcional, pero
tarde que temprano habrá que dejar el nuevo esquema
adaptativo librado otra vez a los sesgos confirmatorios,
en esta ocasión al servicio de un contenido positivo
para el sujeto. La tendencia es clara: una vez se instala
un esquema este será defendido.
3.
En el caso del Sistema B es claro que el sujeto tiene algún grado de metacognición frente a su déficit
y conoce en parte la existencia de su esquema nuclear, porque de otro modo no intentaría evitarlo o
compensarlo. Con lo anterior quiero significar que el
Sistema A siempre estará activado, haya o no esquemas
maladaptativos. El Sistema B, más relacionado con la
existencia de esquemas patológicos, tratará de mantener un equilibrio sintomático, a no ser que se produzca una ruptura en el sistema defensivo y los mecanismos de protección pierdan su efectividad. Esto nos
lleva al siguiente punto.
4. Cuando los estímulos estresantes o la situación amenazante sean irrevocables e inevitables, y por lo tanto las
conductas de evitación y compensatorias/aseguradoras
pierdan su funcionalidad, el Sistema B colapsará y el
esquema nuclear se hará realidad (confirmación de la
creencia trágica). Entonces el Sistema A se manifestará
[ 205 ]
walter riso
con mucha más fuerza debido a la elevada activación
del esquema. Dicho de otra forma: mientras el Sistema
B sea eficiente para el paciente, el Sistema A actuará a
una baja intensidad, pero cuando los recursos defensivos (estrategias de afrontamiento del Sistema B) ya no
sirvan como factores de seguridad ante determinada
crisis, el Sistema A se hará más evidente.
5. Es probable que ante una situación de crisis inescapable, donde el equilibrio patológico se rompa, haga su
aparición el trastorno del Eje I, el cual podrá observarse
en el Nivel I de análisis. No obstante, los rasgos de personalidad y la dinámica que caracterizó la actividad del
Nivel II, seguirá latente, obrando a manera de predisposición, a no ser que se intervenga terapéuticamente.
El equilibrio patológico explica por qué algunos pacientes buscan el alivio y no la cura. La cura implica desbaratar
los cinturones de protección o bloquearlos y confrontar el
esquema maladaptativo con a la realidad y crear nuevos contenidos. Dicho de otra forma: la «cura» es la modificación del
contenido esquemático negativo o la creación de un nuevo
esquema adaptativo.
[ 206 ]
cap í tu lo 5
Nivel III:
Esquemas de segundo orden
Varios autores han señalado la existencia de esquemas
que parecen obrar como superestructuras cognitivo/afectivas, motivacionales o valorativas, que regulan y orientan el
comportamiento humano en sus distintas facetas. Algunas de
estas denominaciones son: modos (Clark, Beck y Alford, 1999;
Padesky, 2004), intenciones conscientes (Beck, 1996), aprendizaje
de alto orden o metacognición (Alford, 1997), esquemas supraordinales (Clark y Beck, 1989), inclinaciones naturales (Young, 2001),
valores y metas (Clark, y col, 1999), necesidades, metas e intereses
(Greenberg y Padesky, 1998), razón vital (Pascual-Leone, 1990;
Greenberg y Pascual-Leone, 1998), sistema de valores (Mullin,
2000), objetivos vitales, ideales del Ego y valores morales (Lazarus,
2000), sistemas intencionales (Gardner, 1988), sistema de creencias (Norman, 1989), sistema de valores (Riso, 1988a), contenidos
existenciales (Riso, 2000), autoconciencia (Johnson-Laird, 1990),
esquemas motivacionales (Leahey y Harris, 1997), temas vitales
(DeVega, 1984), pensamiento de orden superior (Guerrero del
Amo, 2001), sistemas o contenidos mentales teleológicos (Lowe,
2000) y concepto de segundo orden (Rodríguez, 2000).
Los esquemas de segundo orden conforman en parte lo
que Dewan, Steenbarger y Greeenberg (2005) denominan la
[ 207 ]
walter riso
visión del mundo del paciente (lo que marcaría una tendencia a la
acción más o menos global y consistente, no necesariamente
irracional o patológica).
Baruth y Manning (1999) definen la visión del mundo del
paciente como la suma de las experiencias individuales relacionadas con las creencias políticas, sociales y religiosas, y las
actitudes que comparte el individuo con otros miembros de
su o sus grupos de referencia (vg. familia o comunidad, grupos
raciales, étnicos, socioeconómicos, o nacionalidad). El estudio
de la visión del mundo del paciente y los esquemas ideológicos,
valorativos, motivacionales superiores y constructivos que lo
componen, no debe ser entendido como mera «curiosidad
psicológica» sino como un factor de suma importancia para
la conceptualización y la intervención clínica. El desconocimiento por parte del terapeuta de estos valores, motivaciones
y estilos de vida del paciente, así como el medio sociocultural
en el cual se desempeña, ha sido considerado un factor que
afecta el manejo de la salud mental (Paterson, 1996) y que
puede incrementar los efectos negativos del tratamiento en
general (Cuéllar, 1998, Sue y Sue, 1999).
Los esquemas de segundo orden representan entonces un
punto de encuentro entre lo cognitivo y lo cultural, donde se
intenta establecer un balance dinámico entre lo individual y
lo grupal, entre las creencias sociales, los valores y la necesidades de crecimiento personal del sujeto.
Para explicar esta intersección, León (2001) acuña el término: representaciones sociales. Más concretamente, León, siguiendo a Jodelet (1991), afirma que en el proceso de representación social, las personas interpretan la realidad, y en esa
interpretación quedan plasmados sus valores, su posición políticas, su religión, ideología, necesidades y roles sociales. Existe
una apropiación cognitiva-afectiva de lo social que en última
instancia influirá nuestros estilos de vida. El autor define las
representaciones sociales siguiente manera:
... teorías o formas de pensamiento de sentido común,
socialmente elaboradas y compartidas, que le permiten a
los individuos interpretar y entender su realidad y orientar
[ 208 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
y justificar los comportamientos de los grupos. Son construidas en los procesos de interacción y comunicación social, en las conversaciones de la vida diaria, y al mismo
tiempo guían y dan forma a esos procesos de intercambio
y comunicación (pág. 369).
Como puede observarse en la Figura 12, el constructo esquemas de segundo orden sugerido aquí, esta compuesto por
cuatro esquemas: ideológicos/conceptuales, valorativos, motivacionales superiores y constructivos, los cuales interactúan
entre sí creando un mosaico móvil de alta complejidad. Como
se verá más adelante, lo esquemas constructivos ocupan un
papel central en el procesos de intervención clínica.
Sin embargo, aunque todos los esquemas de segundo orden están vinculados fuertemente a factores socio/culturales,
no todos tienen igual ponderación. Habrá esquemas de segundo orden con un predominio más social (ideológico/conceptual y valorativos) y otros con contenidos más cognitivos,
donde la representación social a dado más cabida a aspectos
personales, tal como ocurre con los esquemas motivacionales
superiores y constructivos (sobre todo estos últimos).
Retomando a Moscovici (1988), Jodelet (1991), Abric
(1994) y León (2001), podemos afirmar que las representaciones o esquemas sociales mantienen ciertas funciones de
supervivencia general importantes: (a) convierten una realidad extraña en familiar, (b) permiten la comunicación entre
individuos, (c) contribuyen a la consolidación y formación
de grupos sociales, (d) poseen un valor motivacional en tanto
guían y organizan la acción social, y (e) sirven para justificar
las conductas y decisiones adoptadas.
La influencia de las variables socioculturales sobre el área
clínica queda muy bien reflejada en los siguientes ejemplos
históricos: (a) la variación que han sufrido algunos criterios
de normalidad a lo largo del tiempo como es el caso de la homosexualidad, la cual fue categorizada como desorden «aberrante» en el DSM-II (1968) y modificada luego en el DSM-III
al reconocer el fuerte peso cultural del diagnóstico, (b) la ac-
[ 209 ]
[ 210 ]
ESQUEMAS DE SEGUNDO ORDEN
Esquemas
valorativos
• Valores y virtudes
• Psicología social
• Religión y
espiritualidad
Esquemas
ideológicos
conceptuales
• Creencias generales
• Política
• Estereotipos
• Necesidades
sociales
• Crecimiento
• Automotivación
Esquemas
motivacionales
superiores
Conceptuales, valorativos, motivacionales y constructivos
Figura 12. Esquema de segundo orden
• Autoactualización
• Calidad de vida
• Estilos de vida
Esquemas
constructivos
walter riso
Nivel III: Esquemas de segundo orden
titud de la comunidad médica del siglo XIX, quien diagnosticaba como enfermos mentales a los esclavos que se animaban
a huir, (c) los desterrados a hospitales mentales en la Rusia
stalinista para ser purgados ideológicamente, (d) la dificultad
de separar diagnósticamente en determinados grupos étnicos
las alucinaciones visuales de las visiones religiosas (expresiones culturales específicas de la fe), y (e) el rechazo de algunos grupos de inmigrantes en los Estados Unidos (asiáticos
americanos, nativos americanos e individuos del Europa del
Este) a la clásica psicoterapia «impersonal» por considerarla
insultante y deshumanizante.
Más allá de las posibles explicaciones psicosociales, considerar la visión del mundo del paciente e incorporarla a las conceptualizaciones clínicas es beneficioso al menos en dos sentidos:
1. Incluir la perspectiva global, grupal, cultural e ideológica del paciente, ya sea como variable coadyuvante, contribuyente o predisponente, fortalece conceptualmente
la formulación, ayuda a determinar los objetivos del
tratamiento y aumenta la potencia predictiva, así como
la posibilidad de trabajar en la promoción y prevención
del problema. Además, da la posibilidad de destacar aún
más la importancia del caso único y relativizar la conducta patológica (Negry, 2000).
2.
Induce al terapeuta cognitivo a preguntarse por su
propia visión del mundo y de qué manera ésta puede
afectar o no el normal desarrollo del proceso terapéutico. No sólo se aboga por una terapia culturalmente
sensitiva, sino también metacognitiva, en el sentido de
que el terapeuta debe ser capaz de explicar cómo su
personal ideología, religión y sistema de valores pueden llegar a crear estereotipos o prejuicios y distorsionar los objetivos de la intervención y/o imponer
puntos de vista ajenos y contraindicados para el paciente. Por ejemplo: cuando un terapeuta ateo atiende
a un paciente altamente religioso, cuando la visión del
[ 211 ]
walter riso
mundo del psicólogo valora de sobremanera la independencia en un tratamiento de pareja cuyos miembros valoran la dependencia «no patológica», o cuando se debe atender a un sujeto racista y el terapeuta
definitivamente se opone a esta forma de discriminación (Dewan, Steenbarger y Greeenberg, 2005). La
autobservación permanente del psicólogo clínico en
relación con su visión del mundo (política, religiosa,
motivacional) incrementa la tolerancia a la diferencia
y fomenta una actitud pluralista en el terapeuta, que
redundará en una mejor alianza terapéutica y una mayor adherencia al tratamiento por parte del paciente
(Ponterotto, 2001).
Los esquemas de segundo orden (ideológicos/conceptuales, valorativos motivacionales superiores y constructivos)
trabajan conjuntamente estableciendo correlaciones multivariadas, a veces de manera congruente (coherencia informacional) y otras no. Por otro lado, los esquemas de segundo
orden pueden afectar directa o indirectamente la expresión
cognitiva del Nivel I (pensamientos automáticos y distorsiones cognitivas) y el Nivel II (esquema nuclear).
Los esquemas de segundo orden obedecen más a la historia
relevante del sujeto que a la historia del problema del sujeto (aunque ambos aspectos pueden estar relacionados en determinados momentos claves del pasado). Además de los aportes de
la psicología cognitiva, el constructo de la visión del mundo del
paciente posee como referentes conceptuales disciplinas afines
(vg. antropología, sociología, ética y filosofía), otras áreas de la
psicología además de la clínica (vg. psicología social, psicología de la motivación), y factores relacionados con la psicología
de salud (vg. psicología preventiva, promoción de salud).
El Nivel III es un intento de retomar e integrar a la conceptualización aspectos vitales de la vida del paciente que a
veces pasan desapercibidos por los clínicos. Para la teoría cognitiva lo social siempre se asimila y «personaliza» en la historia previa del individuo. Decir que algunos esquemas son
«socioculturales» en su origen, no significa que deba aislarse
[ 212 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
el aspecto individual en lo que a procesamiento informacional se refiere. Por ejemplo, aunque el tema de la amistad es
un tópico que ha sido bastante estudiado por la filosofía y la
antropología, la psicología no puede hacerlo a un lado argumentando que es un tópico «exclusivo» de otras disciplinas,
ya que el tema puede abordarse seriamente desde un marco
psicológico científico, como lo hacen la psicología clínica,
social, evolutiva y evolucionista.
Tratar, por ejemplo, un trastorno esquizoide de la personalidad, requiere que el psicólogo clínico, además de un conocimiento sólido en el tema de los desórdenes de la personalidad,
tenga también un conocimiento fenomenológico y conceptual amplio de temas como la empatía, la libertad, el amor y
la amistad, tanto desde la perspectiva psicológica no clínica,
como desde otras perspectivas complementarias. Algo similar
ocurre con la cuestión de la felicidad, una temática que ha
sido sistemáticamente desconocida por la psicología clínica
(con algunas honrosas excepciones, como por ejemplo, Seligman, 2003), pese a que la realidad clínica nos muestra una y
otra vez que la mayoría de los pacientes depresivos y algunos
llamados «depresivos existenciales», necesitan reestructurar sus
creencias acerca del hedonismo, el placer y la felicidad, además de incrementar ciertas contingencias de reforzamiento.
El objetivo terapéutico que se desprende de lo dicho hasta
aquí es intervenir sobre los esquemas de segundo orden para
ajustar la visión del mundo del paciente a la realidad en la
que se mueve, procurando optimizar su capacidad adaptativa de
acuerdo a sus intereses primordiales. Por ejemplo, en el caso de
los pacientes que sufren de fobias y además muestran altos niveles de neuroticismo o sensitividad a la ansiedad, se ha visto,
tal como señala Ellis (2001a), que el desarrollo de un estilo
de vida (esquema de segundo orden constructivo) dirigido
a la audacia y experimentalismo (valentía y curiosidad hacia lo
desconocido) disminuye la probabilidad futura de recaídas: un
modo de vida que no siempre promueve el lado tradicional
de la cultura.
Imaginemos a dos pacientes con problemas en las rela-
[ 213 ]
walter riso
ciones interpersonales: uno, exageradamente desconfiado, que
cree que la gente es esencialmente mala, y otro, extremadamente confiado, que piensa que el ser humano es bueno por
naturaleza. Obviamente, estas «posiciones filosóficas» frente a
la naturaleza moral del ser humano afectarán diferencialmente
el comportamiento de cada uno. De hecho, a mí entender,
sería imposible modificar sus comportamientos, sin modular
o cambiar la idea general, el punto de vista, de «cómo es el
ser humano», lo cual implicaría adentrarse al tercer nivel y
modificar la visión del paciente sobre la gente, la cual que no necesariamente debe ser considerada como patológica.
El modelo multinivel indica que un mismo problema puede ser visto desde distintas ópticas según el grado de complejidad o de variables implicadas. La creencia «la gente es mala»
puede pasar desapercibida en un Nivel I, ser tratada como el
sustrato esencial de un esquema nuclear de desconfianza/abuso típico de una estructura paranoide en el Nivel II o como el
resultado de una «visión del ser humano» que surge del grupo
de referencia y de una manera de sobrevivir (vg. inmigrantes
en un país hostil) o de un enfoque meramente existencial (vg.
la condición moral del ser humano). Por ejemplo: ser «satánico» y pertenecer y asumir las reglas de un grupo de referencia
que profese el culto al diablo, no necesariamente representa
una patología. Vestirse de negro, la palidez facial y otras características, no son manifestaciones forzosas de un esquema
nuclear alterado ¿Cómo deberíamos entonces denominar a
aquellas creencias, valores, motivaciones o estilos de vida que
parecen influir sobre algún tipo de patología, pero que no son
«enfermas» per se?
En otro caso, supongamos que un sacerdote se ha enamorado de una feligresa con la que mantiene relaciones sexuales
esporádicas: ¿no sería importante el manejo ético/religioso del
«llamado vocacional» al sacerdocio (autorrealización) (Nivel
III), además de tratar la culpa, la ansiedad y la depresión (Nivel
I y II)? ¿Cómo intervenir en este paciente sin tener en cuenta
su «visión del mundo y la vida» en relación a los esquemas valorativos que utiliza y a las motivaciones superiores que de ellos
[ 214 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
se desprenden, que no necesariamente entran en la categoría de
«creencias irracionales» o esquemas maladaptativos?
O qué decir de aquellas mujeres que continúan permaneciendo en matrimonios destructivos con hombres maltratantes porque su esquema religioso/valorativo afirma que «El
matrimonio es para toda la vida», «La mujer es el centro de la
familia» o «Una buena esposa debe ser abnegada». Estas creencias van más allá de las creencias intermedias y tienen fuertes
raíces en los grupos sociales de referencia, y por lo tanto no
pueden ser consideradas como creencias necesariamente patológicas. Debido a que estas creencias culturales «conservadoras» harán que la paciente muestre conductas de sumisión,
inasertividad y culpa, cabe la pregunta: ¿cómo intervenir en
estos casos sin analizar, profundizar y/o discutir los esquemas
de segundo orden involucrados desde una perspectiva más
amplia que la de «conducta anormal»?
El enfoque multinivel no propone una especie de encarnizamiento terapéutico ideológico o religioso, en el sentido de
irrespetar a la persona y atacar sus creencias generales como
si fueran las creencias intermedias (funcionalmente patológicas) y sus metas motivacionales como si se tratara de simples contingencias. Los esquemas de segundo orden requieren
aproximaciones que no violen los derechos de los pacientes y
una intervención más cuidadosa y de amplio espectro. Como
ya dije, más bien se trata de una invitación a reflexionar y
repensar las propias creencias, valores y motivaciones vitales e
intentar crear nuevos esquemas y metas más flexibles y saludables (repensar la vida).
Como ya se dijo,la perspectiva cognitiva asume que el ser
humano debe ser estudiado desde un enfoque psicobiosocial.
Esta concepción requiere que el terapeuta cognitivo desarrolle una serie de competencias específicas para abarcar los temas del tercer nivel. La «cultura clínica» que se requiere en los
niveles I y II debe estar acompañada de una «cultura general
e interdisciplinaria» en el Nivel III. Si sólo existiera la cultura general, operaría el sentido común o un reduccionismo
hacia arriba, y si sólo nos quedáramos con la cultura clínica
[ 215 ]
walter riso
se correría el riesgo de caer en una terapia deshumanizada,
incompleta y asocial.
Los objetivos terapéuticos, al estudiar e intervenir sobre
los esquemas de segundo orden son: (a) crear un espacio de
reflexión, tanto para el terapeuta como para el paciente sobre
la condición existencial de ambos, (b) conocer el contenido
de cada esquema con el fin de reestructurarlos y/o analizar su
influencia sobre la psicopatología concreta del paciente, y (b)
establecer la coherencia interna necesaria entre ellos (pensar,
sentir y actuar) para crear esquemas adaptativos o constructivos.
A manera de resumen. Los esquemas de segundo orden,
son esquemas supraordinales que conforman la visión del
mundo del paciente a través de representaciones sociales y
cognitivas, cuyo origen y desarrollo no están necesaria o exclusivamente relacionados con el esquema nuclear, sino que
dependen principalmente de la historia vital del paciente en
relación a los valores trasmitidos por su grupo de referencia.
La intención terapéutica es estudiar estas dimensiones de orden superior en cuanto a su generalidad, origen y contenido, para establecer su influencia en la patología del paciente.
Como veremos en el apartado de esquemas constructivos, el
Nivel III se interesa por la promoción de la salud, mientras
que el Nivel I y se concentran en la eliminación de la enfermedad psicológica y su prevención.
Algunos terapeutas pueden pretender ignorar tales esquemas o simplemente considerar que con un modelo de uno
o dos niveles sean suficientes, sin embargo, la inclusión manifiesta de un tercer nivel «obliga» al terapeuta a puntualizar,
revisar y exponer aspectos de la vida del paciente que de otra
manera podrían ser obviados. También permite hacer y hacerse preguntas relevantes sobre ciertas áreas de difícil ubicación clínica, como por ejemplo: ¿El racismo y el machismo
son una enfermedad o una manera de ver el mundo? ¿Qué
tanto peso tiene en la conformación de la anorexia el concepto cultural de belleza como valor? ¿Qué tan saludable es tener
creencias religiosas? ¿La fidelidad es cuestión de autocontrol
[ 216 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
o el resultado de la aplicación de un código moral? ¿Cómo
influye la posición política en la calidad de vida del paciente?
¿Asumir un enfoque nihilista podría ser saludable en algunos
casos? Este desplazamiento cultural y existencial hacia arriba permite enmarcar los comportamientos del paciente en
un referente más amplio que el comportamiento motor, los
pensamientos automáticos, el autoconcepto y las creencias intermedias.
Si bien algunas corrientes cognitivas, como por ejemplo
la Terapia Cognitiva de Beck, hacen referencia a la «visión de
uno mismo, el mundo y el futuro» e incluyen la variable de
«los otros» en el contenido esquemático central, no es clara la
importancia que se le otorga a esta «visión» en la conceptualización del caso y en las posteriores intervenciones. El interrogante es el siguiente: ¿Cómo se integra a la formulación y
la intervención cognoscitiva de la Terapia cognitiva estándar
«la visión de sí mismo, del mundo, los otros y el futuro» que
no pertenece ni se desprende de la patología del esquema
nuclear?
Desde el enfoque multinivel, para evitar caer en un vacío
conceptual, el terapeuta debe tratar de establecer cómo se relaciona el Nivel III con los Niveles I y II (ver Figura 13).
Figura 13. Esquemas de segundo orden y relaciones intracognitivas
ESQUEMAS DE SEGUNDO ORDEN
Conceptuales, valorativos, motivacionales y constructivos
ESQUEMA
NUCLEAR
Respuesta
Cognitiva
PA/DC
[ 217 ]
walter riso
Esquemas ideológicos/conceptuales (EI/C)
(sistema de creencias de segundo orden)
El sistema de creencias que componen estos esquemas es
relativamente estable y se mantiene a través de diversas situaciones. Por ejemplo: si asumo una posición racista, no lo seré
solamente con una persona en especial sino que incluiré a
toda la gente de color; o si asumo una posición «antiabortista»,
lo seré ante el aborto en sí y no solamente con alguien en
particular que vaya a abortar. Aunque puede odiarse a una
persona específica de color o no aceptar el aborto en ocasiones especiales, lo que marca el EI/C es la tendencia general en
relación a un contexto cultural determinado de asumir ciertas creencias o ideologías.
Las creencias que componen los EI/C son aprendidas y
pueden desaprenderse y ser reemplazadas por otras. Según
Honderich (2001), las creencias son:
... un estado mental de carácter representacional que
toma como contenido una proposición (verdadera o falsa) e interviene, juntamente con factores motivacionales,
en la dirección y control del comportamiento voluntario
(pág. 221).
Norman (1989), asocia las creencias al «sistema de conocimiento» y afirma que estas estructuras de conocimiento son
un importante elemento cultural:
El conocimiento cultural es ese subconjunto especial
de conocimiento general que se transmite de generación
a generación, que se enseña en la familia o en la escuela...
Sin embargo, los sistemas de creencias van más allá de
las interacciones culturales obvias. Ellas influyen en cosas
como las reglas para la memoria y el pensamiento (pág.
437).
La idea de aterrizar los sistemas de creencias o los EI/C
puede verse claramente en el siguiente análisis de Lazarus
[ 218 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
(2000), en el cual el autor relaciona esquemas de segundo
orden con emociones típicas del Nivel I:
Así el orgullo y la ira son consecuencias del deseo de
preservar o fomentar la estima personal y social; la ansiedad
depende de una amenaza incierta que tenga implicaciones
existenciales vinculadas a la propia identidad, a la vida y a
la muerte; la culpabilidad depende de los valores morales y
la vergüenza con los ideales del Ego (pág. 103).
En el Diccionario de la ética, García Gutiérrez (2002) afirma:
Algunos filósofos han afirmado que la creencia es un
estadio intermedio entre la opinión y el conocimiento.
Mientras que la opinión consiste en tener una idea imperfecta sobre aquello de lo que opinamos y conocer es saber
algo con certeza, en el caso de la creencia se posee mayor
grado de certeza que en la opinión pero sin argumentos
que demuestren esa certeza (pág. 63).
Lazarus y Folkman (1986), definen las creencias como:
...configuraciones cognitivas formadas individualmente o compartidas culturalmente... Son nociones preexistentes de la realidad, que sirven de lente perceptual... En la
evaluación, las creencias determinan la realidad de ‘cómo
son las cosas’ en el entorno, y modelan el entendimiento de
su significado (pág. 87).
Podríamos decir que las creencias, al actuar conjuntamente con otros estados mentales (deseos, intenciones, actitudes)
funcionan como razones para la acción. Los EI/C podrían
asimilarse a lo que Adamo y García (2004) denominan: «superestructuras cognitivas referidas a la tendencia humana a
organizar y clasificar la información».
Aunque todas las creencias reconocen un origen social, los
autores establecen dos categorías diferenciales: creencias sociales,
mapas de conocimiento que regulan las interacciones interpersonales (Seoane y Garzón, 1990), y de creencias individuales,
definidas como toda afirmación, expectativa o conjetura que
[ 219 ]
walter riso
el sujeto identifica como verdaderas (Seliktar, 1986). Ajzen
(1995), desde la óptica de la psicología social, postula que las
creencias representan información que las personas poseen
acerca de sí mismas y del entono social y no social, sea dicha
información precisa o imprecisa.
La Terapia-racional-emotivo-conductual (TREC) de Ellis
separa creencias racionales (CR) de creencias irracionales (CI).
Ellis y Harper, (2003) proponen cinco características principales del pensamiento racional: (a) las CR se adaptan a la
realidad social o al menos la reconoce los hechos y normas
que la conforman, (b) cuando se activan preservan la vida y
la integridad, (c) ayudan a conseguir los objetivos personales,
(d) minimizan los conflictos y las profecías autorrealizadas, y
(e) hacen que las personas se interesen por los demás, de tal
manera que intentan perpetuar y potenciar la felicidad del
grupo de referencia y la especie humana en general. Las CR
son aquellas que ayudan a la supervivencia y a la felicidad, y
son saludables porque el pensamiento racional lleva a emociones constructivas, mientras las CI conducen casi siempre a
emociones malsanas. Si una creencia nos permite sobrevivir y
alcanzar los objetivos o valores para llevar una buena calidad
de vida, es racional, lógica y adaptativa.
Lega, Caballo y Ellis (1997) sugieren algunas características de las CI: (a) son inconsistentes con la lógica, (b) incongruentes con la evidencia empírica, (c) son absolutistas y
dogmáticas, (d) producen emociones perturbadoras, y (e) no
nos ayudan a alcanzar nuestros objetivos.
Tal como vimos, el Nivel III y el Nivel II pueden influirse
mutuamente. El EN puede reforzar o intervenir sobre los contenidos de los EI/C de diversas maneras. Por ejemplo, algunos
hombres con problemas de autoimagen y poco exitosos con
el sexo opuesto tienden a asumir un enfoque sexista como
estrategia de compensación. No es poco común observar que
en momentos de depresión o desesperación algunas personas
asumen creencias religiosas con una rapidez sorprendente y
quedan adscritos a la nueva fe como consecuencia de sentir
un alivio significativo de los síntomas. Es frecuente que los
[ 220 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
sujetos con rasgos esquizoides asuman la creencia de que el
matrimonio es una institución caduca y alaben por tanto la
soltería. En los casos mencionados el EN ayuda la configuración de algunos contenidos ideológico/conceptuales.
Los EI/C también pueden afectar y/o modular negativamente el EN de diversas formas. Sólo a manera de ejemplo,
señalaremos algunas concepciones ideológicas (EI/C) que en
nuestra experiencia clínica tuvieron impacto en la conformación y mantenimiento de diversos esquemas nucleares disfuncionales: machismo/feminismo, muerte/eutanasia, actitud
frente al aborto, guerra/violencia, dinero/economía, Dios, el
Diablo, brujería, la valoración del trabajo, autoritarismo, racismo/discriminación, hedonismo, culpar a otros, maternidad/
paternidad, nacionalismo, conservadurismo, matrimonio, poder/prestigio/posición, belleza, honor/dignidad, xenofobia y
homofobia, enfermedad/salud, procreación, vejez, esoterismo,
familia, desarrollo de la libre personalidad, política, optimismo/pesimismo, control, corrupción, derechos humanos, altruismo/egoísmo virginidad, humor/felicidad, amistad, amor,
ahorro y sufrimiento. Es decir, estos contenidos esquemáticos
ideológicos/conceptuales tuvieron un peso importante en la
conceptualización clínica a la ahora de explicar la conformación patológica del Nivel II.
Dicho de otra forma: el contenido del EN estaba, por así
decirlo, enraizado en los EI/C, quienes daban sustento y reforzaban el autoconcepto negativo del paciente. Sin embargo,
ninguno de estos EI/C podían ser catalogados como «patológicos» per se (vg. la posición ante el aborto, el concepto
de belleza, el conservadurismo, una idea religiosa). A los ojos
del terapeuta, algunos resultaban chocantes, equivocados o sin
más fundamento que la tradición, pero de ninguna manera
podían ser considerados como «esquemas maladaptativos» o
creencias irracionales en el sentido clínico del término.
[ 221 ]
walter riso
Esquemas valorativos (EV)
Greene y Simons-Morton (1988) sostienen que las creencias tienen, por lo menos, tres características básicas: a) pueden
clasificarse como falsas o verdaderas, b) un efecto cognoscitivo: las personas que las sostienen saben o creen saber que
saben, y c) poseen un componente afectivo que hace referencia
al valor o grado de importancia que posee una determinada creencia
para un sujeto.
Este último punto nos sitúa en el campo de los valores:
¿qué creencia es importante o «vale» para el paciente? Aquellas creencias que adquieren una categoría de valor/importancia especial son las que configuran el sistema de valores del
paciente, que puede llegar a ser relevante clínicamente. Estos
valores ejercen una gran influencia sobre el comportamiento
humano y estilo de vida de los individuos, ya que no sólo
guían conceptualmente la acción, sino que determinan necesidades de alto orden, es decir, motivaciones que van mucho
más allá de lo meramente físiológico.
1. Valores y virtudes
Desde el punto de vista ético/filosófico, Adela Cortina
(2002) afirma:
La vida no se hace sólo de hechos valorados, de decisiones valoradas; hacemos nuestra vida desde lo que valoramos, desde lo que preferimos. Por eso el lenguaje de
los hechos sin más no es un lenguaje humano, sino que
es preciso entender qué valoramos, qué preferimos, desde
dónde valoramos y preferimos, porque una vida se hace en
realidad desde las valoraciones (pág. 28).
Y en otra parte la misma autora (Cortina, 2003), frente a la
pregunta: ¿qué son los valores?, responde:
Recuerda Ortega que, cuando nos enfrentamos a las
cosas, no sólo hacemos con respecto a ellas operaciones
intelectuales, como comprenderlas, compararlas entre sí,
clasificarlas, sino que también las estimamos o desestima-
[ 222 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
mos, las preferimos o las relegamos, es decir, las valoramos
(pág. 27).
García-Gutiérrez (2002) sugiere una definición de valores:
De forma genérica, decimos que algo tiene ‘valor’
cuando es deseable por sí mismo o se juzga como superior
a otras cosas... ‘Vale’ para mí porque yo la deseo, porque me
resulta útil,porque me gusta... (pág. 288).
Desde el concepto de virtudes o valores morales, Comte-Sponville (1997) reflexiona:
¿Qué es la virtud? Es una fuerza que actúa, o que puede actuar. Así la virtud de una planta (o un medicamento)
es sanar; la de un cuchillo cortar, y la de un ser humano, la
voluntad de actuar humanamente. Estos ejemplos que nos
legaron de los griegos dicen lo esencial: la virtud es una
fuerza específica... La virtud de un ser es lo que constituye
su valor, es decir, su excelencia particular, el buen cuchillo
corta bien, el buen remedio sana, el buen veneno mata...
(pág. 11).
En otras de sus publicaciones, Comte-Sponville (2003)
afirma que la virtud es el esfuerzo por actuar bien, y el bien
se define por ese esfuerzo mismo. Junto con Spinoza (1995),
Savater (1996) y Ferry y Vincent (2001), podríamos decir que
lo específicamente humano es perseverar en el «ser humano»
(connatus), un ser que se completa en la libertad y la dignidad
(no ser cosa). Cuando nos negamos a la cosificación y aceptamos que somos seres no inmutables, autorreferenciales, sistemas abiertos y complejos, donde la determinación externa
obra sólo en parte, estamos actuando humanamente en tanto
aceptamos lo esencialmente humano.
Algunas de las virtudes tratadas por Comte-Sponville y
otros autores a través de la historia (ver, Camps, 2003) son:
cortesía, fidelidad, prudencia, temperancia, coraje, justicia, generosidad, compasión, misericordia, gratitud, humildad, simplicidad, tolerancia, pureza, dulzura, humor y amor.
[ 223 ]
walter riso
Obviamente la pretensión no es que el psicólogo se convierta en un filósofo moral, sino más bien que posea la capacidad de reflexionar sobre el sistema de valores del paciente y
de lo que éste considera virtuoso o valioso, con fundamento
y propiedad. Por ejemplo, Gibbs (1993, 1996) ha utilizado procedimientos cognitivo-morales, especialmente la capacidad de
descentramiento cognitivo o ponerse en el punto de vista del
otro (Kohlberg, 1984; Riso, 2005), y la teoría de relaciones
empáticas (Hoffman, 2002), para tratar sujetos sociópatas y
delincuentes. Las mejorías son significativas cuando los sujetos logran practicar detalladamente la adopción de la perspectiva ajena, un método que podría llamarse sensibilización ética.
También otros desórdenes de la personalidad han sido asociados a cierto déficit en valores socialmente aceptados (Millon,
1999; Leahy, 2003b). Por ejemplo, en nuestra práctica clínica,
muchos problemas somatomorfos, de autoimagen y de anorexia/bulimia, son tratados desde los tres niveles. Con relación
a los esquemas valorativos de segundo orden, la intervención enfatiza la discusión activa del concepto posmoderno
de belleza, que muchas pacientes mujeres han internalizado
en forma de premisas, tales como: «La gente vale por lo que
aparenta físicamente», «Belleza, igual a delgadez» o «La belleza
es salud». En general, como lo han demostrado McCullough
y Zinder (2000), virtudes como la compasión, el autocontrol,
la esperazna, la sabiduría y el amor pueden promover salud a
través de una variedad de mecanismos. Parafraseando a Beck
(1996), un cambio en el sistema de valores del paciente puede
producir una estabilización terapéutica de la autoestima y de
la autoimagen.
2. Psicología social de los valores
Desde la perspectiva de la psicología social de los valores (Ros y Gouvela, 2001; Kornblit, 2001), se han producido
importantes avances en el aspecto social-transcultural y en
los factores cognitivos que determinan el desarrollo moral de
niños y adolescentes.
Rockeach (1973, 1982) define los valores personales como
[ 224 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
metas y principios que guían nuestras vidas. Metas que están ordenadas jerárquicamente e interrelacionadas con un
alto grado de coherencia interna. En otras palabras, se trata
de creencias duraderas o relativamente estables acerca de un
modo específico de conducta compartido por los miembros
de una cultura determinada. Tal como lo demostró Festinger
(1957), las personas tienden a mantener la congruencia interna de los componentes de sus valores, para reforzar la autoestima y evitar la disonancia cognitiva. El modelo de Rockeach
plantea que los valores y las creencias asociadas conforman
un sistema general de creencias que soportan y determinan
la relevancia del autoconcepto, es decir: el self se halla íntimamente relacionado con dicho sistema de valores. También
describe la técnica de la autoconfrontación, que consiste en
hacer consciente los valores y asociar aquellos que se quieren
incentivar a grupos de referencia positivos. Este procedimiento ha mostrado un alto nivel de efectividad para modificar
actitudes y comportamientos, como, por ejemplo: reducción
del racismo, apoyo a los derechos de los homosexuales, pérdida de peso, dejar de fumar y mejora del rendimiento escolar,
entre otros (Ros, 2001).
Hofstede (citado por Kornblit, 2001) define los valores
como una amplia tendencia a preferir unas cosas sobre otras,
e incluye elementos más connotativos y motivacionales que
cognitivos en su conceptualización.
Schwartz (2001) señala que la bibliografía muestra un gran
acuerdo respecto a cinco rasgos formales que distinguen los
valores de otros conceptos relacionados, como necesidades o
actitudes. Un valor es: a) una creencia, b) que pertenece a fines o formas de comportamiento deseables, c) que trasciende
las situaciones específicas, d) guía la selección o evaluación de
los comportamientos, las personas y los sucesos, y e) que se
ordena por su importancia relativa para formar una ponderación valorativa. El autor define así el concepto de valor:
... defino los valores como metas deseables y transituacionales que varían en importancia, que sirven como principios en la vida de una persona o de otra entidad social.
[ 225 ]
walter riso
Implícita en esta definición de valores como metas, está
qué: 1) sirven a los intereses de alguna entidad social, 2)
que pueden motivar la acción, 3) funcionan como criterios
para juzgar y justificar la acción, y 4) que se adquieren tato
a través de la socialización en valores del grupo dominante
como a través de la experiencia personal de aprendizaje
(pág. 55).
Schwartz (1992, 1999), después de años de investigación en
diversas culturas, halló diez tipos «motivacionales de valores»:
poder, logro, hedonismo, estimulación, autodirección, universalismo, benevolencia, tradición, conformidad y seguridad.
Como resultado de las relaciones dinámicas entre estos diez
valores se hallaron cuatro factores de orden superior estructurados en dos polaridades: autotrascendencia (benevolencia
y universalismo) vs autopromoción (poder y logro), y conservación (tradición, conformidad y seguridad) vs apertura al
cambio (autodirección y estimulación).
3. Religión y espiritualidad
Un aspecto adicional sobre los esquemas valorativos, el
cual comporta especial interés para el clínico, es el tema de
la religión y la espiritualidad del paciente. Recientemente se
ha visto un crecimiento significativo de la investigación en
este campo, en especial en las relaciones entre religión y salud (Ornan y Thorensen, 2005; Koenig, 1998; Millar y Kelley,
2005). Ejemplo de ello es el número especial de enero de
2003 de American Psychologist sobre las relaciones entre religión, espiritualidad y salud mental, así como el número de
vinculaciones entre las palabras «religión y salud mental» por
un lado y «espiritualidad y salud mental» por el otro en bases
de datos como PsychlNFO y Medline, las cuales se quintuplicaron desde el año 1994 al año 2001.
Lazarus y Folkman (1986) se han referido a las creencias
religiosas como «creencias existenciales»:
Las creencias existenciales, como la fe en Dios o en
otro orden natural del universo, son creencias generales
[ 226 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
que ayudan a la gente a conservar la esperanza y a buscar
significado de vida, a pesar de sus experiencias dolorosas
(pág. 100).
Los efectos positivos sobre la salud física y mental (protector) de las creencias religiosas y la espiritualidad han sido
documentados en un número considerable de investigaciones.
Algunas de las alteraciones estudiadas, entre otras muchas, alteraciones, son: mortalidad y recuperación de la enfermedad
(Powell y col., 2003) y morbilidad asociada (Koenig y col.,
2001); hipertensión (Steffen y col., 2001); estilos de vida saludables referidos a poco consumo de alcohol, abuso de sustancias, riesgo sexual, ejercicio físico y dietas saludables y consumo de tabaco (Strawbridge y col., 2001); manejo del estrés
y estrategias de afrontamiento (Pargament, 1997; Pargament
y Brant, 1998); depresión y suicidio (Smith, McCullough y
Poll, 2003; Kennedy, 1998); utilización de los servicios de salud (Reindl y Brown, 2004); reducción de la rumiación y el
rencor a través del perdón (Thorehen y col, 2005); y autocontrol (Bandura, 2003). De un modo general, podría afirmarse
que quienes practican de un modo activo la religión o la espiritualidad, incrementan significativamente el soporte social,
el que a su vez afecta los estados psicológicos positivos que
promueven la salud mental (Ryffy Singer, 1998).
No obstante, la religión y la espiritualidad también pueden
influenciar negativamente sobre la salud mental de algunos
sujetos. Más concretamente, hay datos que sugieren que pueden exacerbar patrones patológicos como las alucinaciones
psicóticas (Siddle y col., 2002), incrementar la sintomatología del TOC (Greenberg y Shefewr, 2002), debilitar el ego y
aumentar la ansiedad existencial en los casos de conversión
religiosa (Zinnbauer y Pargament, 1998), fomentar la homofobia y la intolerancia a las diferencias (Ferriss, 2002), e intensificar la culpa y la preocupación (Miller y Kelley, 2005; Clark,
2004b), así como los desórdenes de ansiedad (Thorson, 1998).
Desde el punto de vista cognitivo y del procesamiento de
la información, los esquemas religiosos parecen supeditarse
[ 227 ]
walter riso
a los mismos efectos de cualquier esquema pero con mucha
más penetración y fuerza (Sinnott, 2000). Específicamente la
investigación se ha orientado a estudiar los efectos de las religiosidad y la espiritualidad en percepción (Wegner, 2004),
memoria (McCauley, 2001), racionalidad/irracionalidad y
motivación (Cantor, 2002), toma de decisión en temas como
la anticoncepción y la abstinencia sexual (Ier, 2002), resolución y evaluación de problemas (Matby y Day, 2003), conocimiento implícito (Millar y C’De Baca, 2001), atribuciones
de causalidad (Weeks y Lupfer, 2000), esquemas relacionales
(Hill y Hall, 2002), disonancia cognitiva (Exline, 2002), autopercepción y autoestima (Rowartt y col., 2002) y percepción
de otros (Hewstone, Rubin y Willis, 2002).
Evidentemente existen razones prácticas suficientes para
incluir el tema de la religión y/o la espiritualidad del paciente
dentro de los protocolos de conceptualización clínica. No hay
duda de que la religión asumida juega un rol importante en la
conformación de la visión del mundo del paciente. Richards
y Bergin (1997) sugieren que la evaluación de los esquemas
de religión/espiritualidad puede ayudar al terapeuta en los
siguientes puntos:
1. Alcanzar un mayor entendimiento sobre la visión del
mundo del paciente y de esta forma incrementar una
comprensión empática que permita intervenir con una
mayor sensibilidad por parte del terapeuta.
2. Determinar que impacto tiene orientación religiosa/
espiritual del paciente o está teniendo sobre los problemas y disfunciones presentes.
3. Determinar si las creencias religiosas y espirituales del
paciente y la comunidad religiosa que habita y frecuenta pueden ser utilizadas como un recurso de apoyo,
cura o cambio.
4. Determinar qué intervención clínico/espiritual puede
ser utilizada para ayudar la paciente.
[ 228 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
5. Determinar si las dudas que los pacientes tienen sobre
su espiritualidad deben ser resueltas por el terapeuta o
un consejero espiritual.
Finalmente, es importante tratar de hacer una diferenciación entre los términos «religión» y «espiritualidad». En
primer lugar, hay un acuerdo en que ambos constructos son
multidimensionales (Moberg, 2002). Estos diferentes tipos
de análisis incluyen los nuevos desarrollos científicos entre
religión y áreas afines a la psicología clínica, como ciencia
cognitiva, neurobiología, psicología evolucionista, antropología, filosofía, bioética y biosociología (Emmons y Paloutzian,
2003), que parecen configurar un «paradigma multinivel interdisciplinario» con propiedades emergentes. Aunque la tendencia actual es establecer una conceptualización amplia de
cada término y unificar las divergencias entre espiritualidad y
religiosidad alrededor de lo sagrado, existe, tanto a nivel popular como dentro de ciertos círculos académicos, la idea de
que los constructos de religión y espiritualidad se diferencian
en una serie de oposiciones básicas no tan reconciliables, donde la religión es vista como sustantiva, estática, institucional,
objetiva (no tan «buena» ni recomendable), y la espiritualidad
es evaluada como funcional, dinámica, personal, subjetiva, basada en la experiencia (más «buena» y recomendable): modernismo versus posmodernismo, sostienen algunos autores
(Hood, 2003). Podríamos resumir estas oposiciones de la siguiente manera:
La religión es sustantiva y la espiritualidad es funcional. La espiritualidad representa aquí el esfuerzo individual, la búsqueda por hallar una verdad universal y el sentido
de la vida, desarrollando el potencial interno y la interrelación
con los otros, mientras que la sustancialidad de la religión se
observa en las creencias formales, prácticas grupales, institucionales, tradicionales y ritualizadas (Pargament, 1999).
La religión es estática y la espiritualidad dinámica.
El lenguaje utilizado en una y otra parece diferir en su dinámica (Emmons y Paloutzian, 2003).
[ 229 ]
walter riso
La religión es institucional y la espiritualidad es
subjetiva/personal. Peteet (1994) define la religiosidad como
aquellas creencias y prácticas caracterizadas por una tradición
particular, y la espiritualidad como la condición humana de
trascender y conectarse a un ser superior o Dios o lo sagrado para descubrir por sí mismo el sentido de la vida. Emblen (1992) define la religión como un sistema organizado
de creencias y prácticas que ejecutan los feligreses, y la espiritualidad como un principio personal de vida que anima a
trascender cualitativamente las relaciones con Dios. Aunque
lo sagrado parece estar en el fondo de ambas definiciones,
aquella relacionada con la religiosidad incluye referencias a
prácticas y actividades dentro de una organización, ejecución
de rituales y adherencia a las creencias que definen la institución. Por el contrario, la mayoría de las definiciones de
espiritualidad se refieren a los sentimientos y experiencias de
estar vinculado a lo sagrado en un sentido más místico. A manera de resumen y tal como hallaron Zinnbauer y Pargament
(2002), la religión parece estar más asociada a lo formal/organizacional y la espiritualidad en términos de acercamiento y
conexión con Dios.
La religión gira alrededor de un cuerpo de creencias organizadas y la espiritualidad es más emocional/
experiencial. Algunos datos muestran que esta variación,
aunque no es absoluta, sí existe como tendencia: lo espiritual
está más abierto al asombro y al descubrimiento no previsto
(Nelson-Becker, 2003).
La religión es más negativa y la espiritualidad más
positiva. Según Tart (1975), la religión está más asociada a
dogmas, doctrinas, deberes, templos, exigencias, castigos y
organización social, y la espiritualidad con el desarrollo del
potencial humano. La religión, cuánto más estricta y rígida
es, más genera estados emocionales negativos, aunque no en
todas las personas.
Sin embargo, tal como afirman Zinnbauer y Pargament
(2005), las oposiciones señaladas deben ubicarse en el contexto cultural e histórico para ver que la polarización entre
espiritualidad y religión no es tanta, y quizás esté reflejando
[ 230 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
la tendencia posmoderna de un individualismo creciente, con
su consecuente rebelión a distintas formas de tradición o una
reacción al orden jerárquico establecido. (Hood, 2003).
Los valores y las virtudes se entremezclan con las creencias
religiosas, formando un esquema de segundo orden valorativo
de alta complejidad. Tal como sostiene Pérez-Delgado (1995),
la religión está íntimamente ligada al sistema de valores de
los individuos y se determinan mutuamente Pérez-Delgado
y Mestre (1993), aplicando la escala de valores de Rokeach a
sujetos españoles, encontraron que los grupos religiosos con
respecto a los no religiosos mostraban perfiles distintos en
cuanto a su preferencia de valores. El grupo no religioso prefería: «una vida confortable, una vida feliz e independiente»,
los que a su vez aparecían asociados a otros valores como:«tener una vida excitante, la autorrealización, seguridad familiar,
ser ambicioso, ser competente, ser intelectual y ser lógico».
Por su parte, el grupo religioso prefería: «lograr la salvación,
tener verdadera amistad y ser obediente», los que estaban a
su vez asociados a: «tener igualdad entre todos, tener respeto
y admiración por demás, tener sabiduría, ser abierto, alegre,
indulgente servicial y honrado». Ambos grupos coincidían en
valores como: «equilibro interno, autorrespeto, la libertad, un
mundo en paz, la realización en el amor, tener un mundo
agradable, tener seguridad nacional, ser responsable, ser cariñoso, ser controlado, defender las propias ideas, ser creativo,
ser educado, ser limpio».
Esquemas motivacionales superiores
(EMS)
Los procesos motivacionales que intervienen en cada nivel
de análisis no son los mismos, aunque pueden estar íntimamente relacionados. En el Nivel I, las necesidades del paciente
se concentran en los problemas concretos referidos a situaciones específicas. Siguiendo a Ryan y Deci (2000) podríamos decir que las motivaciones que priman en el Nivel I son
extrínsecas: aquellos incentivos y consecuencias ambientales
[ 231 ]
walter riso
que proporcionan energía y dirección a la conducta en distintos entornos (reforzadores materiales, evitación de la aversión,
reconocimiento). Las metas son cuasi inmediatas y los logros
fáciles de medir.
No obstante, una misma conducta puede adquirir distinto
significado motivacional según del nivel del que se trate. Por
ejemplo, buscar y esperar afanosamente el reconocimiento de
alguna persona, en especial mediante comportamientos de
sumisión en el Nivel I, puede ser interpretado en el Nivel II
como el resultado d una estrategia compensatoria más amplia
que obra al servicio de un esquema de poca amabilidad (autoconcepto), o ser evaluado en el Nivel III como la expresión
de una metanecesidad originada en una subcultura donde la
aprobación social es considerada un valor de clase.
Las motivaciones en el Nivel II son más complejas y sutiles
que en el Nivel I. Tal como vimos, en este nivel, el andamiaje cognitivo, afectivo y comportamental gira alrededor de
un sistema motivacional que se desprende del o los autoesquemas básicos negativos. No es lo mismo tratar de resolver
un problema situacional que está generando molestia en el
paciente (defender un derecho con la pareja), que, por ejemplo, sobrevivir a un esquema de vergüenza/defectuosidad, que
es percibido por el paciente como una alteración «estable» o
«esencial», y que requiere cambios múltiples, con metas más
difíciles de alcanzar y acciones que posiblemente produzcan
situaciones de crisis, aunque el terapeuta trate de «operacionalizarlas».
En el Nivel III las necesidades e intereses del paciente son
aún más complejas porque resultan de la integración de tres
fuentes motivacionales: las psicológicas que provienen del Nivel II (necesidades psicológicas que se desprenden de la patología del autoconcepto), las culturales (necesidades sociales —
poder, logro, afiliación, etc.— que suelen estar representadas
en los esquemas ideológicos/conceptuales y los esquemas valorativos), y las de crecimiento personal (necesidades de autorrealización). Esta constelación de intereses/metas/necesidades (Greenberg y Paivio, 2000) determinan una organización
[ 232 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
de segundo orden a la que llamamos esquemas motivacionales
superiores (EMS), en el sentido que aporta Maslow (1987):
sólo son humanos y referidos a sujetos adultos (una forma de
«supervivencia psicológica»),
Clark y otros (1999) y Beck y otros (2003) sostienen que
los esquemas motivaciones otorgan al ser humano actividad,
direccionalidad y capacidad de respuesta. Algunos de estos
esquemas representan impulsos involuntarios automáticos o
inhibiciones relacionados con apetito, sexualidad, placer, dolor, recompensa y castigo. Estos esquemas rudimentarios son
universales, biológicos en naturaleza e imprescindibles para la
supervivencia física (necesidades fisiológicas). Otros esquemas
motivacionales son más elaborados y se refieren a motivaciones adquiridas por los procesos de socialización colectiva.
Estos esquemas definen la tendencia a alcanzar metas relacionadas con el logro, intimidad, afiliación y poder. Y un tercer
tipo de esquemas motivacionales son aquellos que se focalizan
en necesidades más personales e idiosincráticas: como valores,
expectativas e ideología. Los esquemas motivacionales, según
la terapia cognitiva, representan valores y metas adquiridas o
personalizadas que mantienen fuertes relaciones con los esquemas conceptuales y con los esquemas nucleares.
Se ha estudiado los efectos de los factores cognitivos que
causan y afectan la motivación para la acción: metas (Locke y Latham, 1990), intenciones de implementación (Orbell,
Hodgkins y Sheeran, 1997), teorías implícitas (Dweck, 1999),
disonancia (Harmon-Jones y Mills, 1999), valoraciones (Lazarus, 2000b), expectativas (Seligman, 2003), valores (Brophy,
1999; Baumeister, 2005), autoeficacia (Bandura, 1991; 1997) y
autoconcepto (Markus y Kitayama, 1991). En el área clínica
cognitiva, los esquemas motivacionales han sido considerados en diversas patologías un desorden bipolar, ira patológica, trastornos de alimentación, hipocondríasis y abuso de
sustancias, entre otros (Leahy, 2003c). Distintas publicaciones
han mostrado un especial interés para controlar y modificar la
pérdida de motivación para el cambio por parte del paciente
(Freeman y McClosskey, 2003; Greenberg, 2004; Clark, 2004)
[ 233 ]
walter riso
y establecer recursos de intervención desde una perspectiva
motivacional (Miller y Rollnick, 1999; Prochaska, DiClemente y Norcross, 1992; Freeman y col., 2004). Millar y Rollinck
(1999), siguiendo a Prochaska y DiClemente (1982), definen
seis etapas de cambio motivacional en la terapia, especialmente en los casos de abuso de sustancias:
Precontemplación: La persona aún no considera que tenga
un problema. La actitud es más de sorpresa que de agresión
defensiva. Suelen acudir a las citas bajo coacción y no por sí
mismas. Saben que tienen un problema pero no habían sido
conscientes de él. En este estadio el paciente necesita información y retroalimentación para que ocurra la toma de consciencia.
Contemplación: La persona entra en un estado de ambivalencia. Considera y rechaza el cambio a la vez. Hay razones
para cambiar y para no cambiar, tanto a Nivel I, II y III. Por
ejemplo, en un paciente tratado exitosamente, dejar de consumir droga no solo producía la preocupación del malestar físico
por la abstinencia, sino también pérdida de estatus entre los
amigos y pérdida de libertad (mayor autocontrol). Además también el sujeto debía comenzar a pensar en el futuro, cuando
sus creencias y valores se habían acoplado a una filosofía de no
futuro. El cambio del principio del placer al principio de la realidad modificaba todas las expectativas de vida y por ende las
motivaciones implícitas. Es posible en este caso identificar tres
esquemas valorativos (EV) que propiciaban un esquema motivacional superior (EMS): estatus grupal, una idea distorsionada
de la libertad (no hay reglas, hago lo que quiero) y la desaparición de toda esperanza por el futuro. Estos tres puntos eran
valores internalizados, filosofías de vida, cuyo cambio implicaba un gran costo para el paciente. Sólo cuando se incluyeron
estos tres aspectos en la formulación y posterior intervención,
el paciente pudo integrarlos lógicamente (Nivel III). Si el modelo de conceptualización del psicólogo no incluye los tópicos
del tercer nivel no se verá «obligado» a pensar en los términos
señalados. No estará dentro de sus objetivos indagar sobre los
valores y las motivaciones asociadas a ellos.
[ 234 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
Determinación: El terapeuta aconseja al paciente sobre las
maneras de intervenir para lograr el cambio, cuál es el recurso
más apropiado, eficiente y accesible para él.
Acción. Inicio de la terapia propiamente dicha. Aquí el paciente se implica en el proceso de cambio y en el problema a
resolver. Se dan pasos hacia el cambio.
Mantenimiento: Mantener el cambio conseguido en la etapa
anterior y ayudar al paciente a identificar y utilizar las estrategias para prevenir una recaída.
Recaída: El paciente debe retomar el curso de acción y
comenzar el proceso. El terapeuta intenta evitar bloqueos o
desmoralizaciones debido a la recaída. Se trata de renovar la
determinación.
En un contexto motivacional, el término valor hace referencia a la utilidad o importancia asociada con un objeto ambiental. Los valores crean un grado de satisfacción anticipada
y, por esta razón, la intensidad del valor predice algunos componentes de la motivación como el esfuerzo, la persistencia,
las elecciones y las reacciones emocionales de la persona (Wigflied y Eccles, 2000) .Tal como lo expresa Wigflied (1994),
el valor tiene un efecto multiplicativo con la expectativa, lo
que determina la fuerza o el deseo de la persona. Cuando los
valores se moralizan y se interiorizan hasta formar parte de la
definición que la persona asume de sí misma, son altamente
resistentes al cambio e incrementan los sesgos confirmatorios
(Rozin, 1999).
Si consideramos el Nivel III, de manera transversal, es decir,
observando las relaciones interesquemáticas, en una primera
aproximación podríamos decir que los EI/C y los EV determinan en gran parte los EMS. Si un individuo cree fervientemente en algo o alguien, y esa creencia ocupa un nivel alto
en su escala de valores o preferencias, estará muy motivado a
conservarlo u obtenerlo. La probabilidad de que su conducta
persista en alcanzar la meta y su esfuerzo se incremente para
tal fin será muy alta y predecible. Por ejemplo, en aquellos
paciente que creen el «tener es más importante que el ser»
(Fromm, 1996; Eckhart, 1998) (EI/C), y consideran que la
[ 235 ]
walter riso
«gente vale por lo que tiene», es decir, que valoran (es importante) la triada prestigio/poder/posición (Riso, 2004) (EV), es
altamente probable que su motivación se oriente a competir, a
trabajar mucho, a menospreciar a la gente de bajos recursos, a
querer aparentar, en fin, a escalar en cualquiera de sus formas
(EMS). También es posible que sus EI/C y EV se personalicen
en el contenido del EN o autoconcepto afectándolo negativamente («No valgo nada porque no tengo dinero», «Soy un fracasado», Si no logro ser poderoso mi vida no tendrá sentido)
creando síntomas de depresión y/o ansiedad (nivel I). El caso
inverso no puede descartarse; en determinadas condiciones el
esquema nuclear deficitario motiva al sujeto a crear nuevos
valores compensatorios que sirvan de paliativo.
Aunque no siempre es fácil separar los esquemas de segundo orden en la conceptualización y establecer sus interrelaciones, es importante que el terapeuta cognitivo genere
una preocupación sana (¡motivación!) para preguntarse sobre
cómo se configuran los EMS del individuo. Un ejemplo claro se puede observar cuando se trabaja la asertividad dentro
de un marco puramente conductual de habilidades sociales o
cuando se incluye la asertividad en un esquema de dignidad y
de derechos humanos. En la segunda intervención, el paciente
adquiere un plus motivacional al ubicar su comportamiento
en un sistema de valores que destaca el autorrespeto como
principio no negociable. Además, incluir la conducta asertiva
en el contexto de los derechos humanos permite abarcar a
los otros como sujetos válidos y asumir más fácilmente la responsabilidad social que la asertividad implica. Esto no significa que deban descartarse las técnicas cognitivo/conductuales
tradicionales, sino que hay que contextualizar la asertividad
en un Nivel III para que el paciente tenga un a visión más
«macro» sobre las consecuencias de su conducta y esté más
motivado a un cambio que no sólo implique la disminución
de síntomas y el desarrollo de habilidades concretas, sino que
genere un nuevo estilo de vida.
Podemos comprender de una manera más exhaustiva y
clara distintos paquetes comportamentales del paciente si los
relacionamos con los constructos motivacionales superiores:
[ 236 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
¿qué espera usted de la vida?, ¿cómo se ve en el futuro dentro
de cinco años?, ¿cuál es su sueño?, ¿está haciendo lo que le
gusta?, y así. En la conceptualización profundizaremos sobre
este tema.
Quizás el aspecto más importante de los EMS es el que se
refiere a la motivación para el crecimiento. Los contenidos esquemáticos motivacionales, tal como ya lo he insinuado, pueden
estar orientados a la supervivencia física y/o a la supervivencia psicológica, siendo la esencia de esta última una tendencia
al crecimiento y al desarrollo.
Greenberg, Rice y Elliot (1996) afirman que la tendencia
al crecimiento:
Supone un proceso continuo de reorganización en niveles superiores de complejidad para mantener el sí mismo
y lograr un máximo de flexibilidad creativa en cualquier
ambiente que el organismo se encuentre... La tendencia
al crecimiento, pues, es esencialmente una tendencia biológica hacia la supervivencia y la satisfacción de la propias
necesidades en un ambiente social complejo (pág. 96).
Y más adelante nos acercan a los esquemas constructivos:
Pensamos que la tendencia la crecimiento abarca diversas motivaciones que incluyen tanto la motivación de estar
unido a otros, a lograr la interdependencia, a sentir curiosidad, a dominar el medio social y físico y satisface las necesidades básicas. Además de estas motivaciones vemos que
la persona posee ciertos recursos que ayudan a crecer el
organismo. Estos recursos son la autoconciencia, un sistema emocional adaptativo fundamental y las fuerzas internas
apoyadas por el conocimiento y las habilidades (pág. 98).
Reeve (2002) asocia las necesidades de crecimiento con la
autorrealización (el deseo de convertirse en más de lo que es
uno y llegar a ser todo lo que uno es capaz de llegar a ser), y
cita a Maslow: «un músico debe hacer música, un pintor debe
pintar, un poeta debe escribir, si a final de cuentas quiere ser
feliz. Lo que un hombre puede ser, debe serlo. A esta nece-
[ 237 ]
walter riso
sidad podemos llamarla autorrealización». Para la perspectiva
aquí asumida, las capacidades son necesidades.
Más concretamente, Maslow (1987) afirma que las necesidades de autorrealización (motivación o necesidades de crecimiento) conforman un proceso de autorregulación autónoma donde prevalecen las valoraciones realistas, la compasión
hacia los otros y el valor para crear y explorar. Esta evolución
se refiere a una expansión siempre satisfactoria de los talentos, capacidades y potencialidades personales. El crecimiento
saludable adopta dos direcciones: autonomía (independencia
del propio yo) y apertura (exploración) a la información sin
distorsionarla: ver lo que es (Deci y Ryan, 1991; Mittel man,
1991; Maslow, 1994).
De otra parte, Maslow (1971; 1993) propuso una serie de
metanecesidades que se desprenden o alejan de las necesidades fisiológicas (necesidades de supervivencia física), que
podían, a su vez, ser jerarquizadas. Estas metanecesidades son:
verdad, bondad, belleza, unicidad, totalidad (trascendencia de
la dicotomía), viveza (procesos de orientación), perfección,
finalidad, justicia, orden, simplicidad, comprensión, esfuerzo,
regocijo, autosuficiencia y significado. La privación de cualquiera de ellas terminaría por generar diversas patologías. En
sus palabras:
Mi siguiente hipótesis básica es que los llamados valores superiores, la virtudes eternas, etc., etc., etc., son aproximadamente lo mismo que descubrimos como elecciones libres, cuando la circunstancia es favorable, en aquellas
personas que calificamos de relativamente sanas (maduras,
desarrolladas, autorrealizadas, individualizadas, etc.), en los
momentos en que se sienten mejores y más fuertes (pág.
211).
En un sentido similar, Rogers (1951) aseguraba que el organismo posee una tendencia, una especie de reto básico que
mejorar, realizar y mantener el sí mismo que experimenta.
Esta tendencia a la realización gira alrededor de tres procesos:
emergencia del yo, condiciones de valía y congruencia. Por su
[ 238 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
parte Young (2001) habla de la posibilidad de crear una visión
del cambio personal a partir del sentido de realización:
Para crear una visión personal, debes descubrir tus inclinaciones naturales, que incluirán intereses, las relaciones
y las actividades que inherentemente nos llevan a sentirnos
realizados. Creemos que cada persona tiene un conjunto
innato de preferencias personales (pág. 418).
Dykman (1998) opone la búsqueda del «crecimiento» a
la búsqueda de «validación». Los sujetos orientados a la validación se empeñan en mostrar su valía personal por medio
de símbolos externos de logro y aceptación de personas significativas o importantes en el área que quieran destacarse.
Funcionan con un locus de control externo. Por el contrario,
las personas motivadas por el crecimiento buscan el enriquecimiento de su potencial personal. Las situaciones difíciles son vividas como una oportunidad para el mejoramiento. Funcionan
con un locus de control interno. La motivación por el crecimiento en estas personas suele manifestarse como automotivación (Conangla, 2002), Freeman y col., (2004), y asocian la
automotivación a la expectativa de resultados y las expectativas de eficacia:
Cuando los individuos ven que sus acciones pueden
llevarlos a alcanzar las metas valoradas como importantes y
ellos muestran una confianza razonable en que sus intentos
tendrán éxito, se mostrarán entusiastas y motivados (pág. 57).
De esta manera, la automotivación siempre implica un proceso de metacognición y autoconfrontación en relación a las
propias metas, deseos, preferencias y aspiraciones.
Desde la perspectiva cognitiva/comportamental los modelos humanistas han recibido varias críticas, no tanto por los
temas que abordan, sino por la metodología empleada y por
asumir una posición cándida respecto a la naturaleza humana,
ya que también habría que explicar el odio, las guerras, la
explotación, los prejuicios y el egoísmo, entre otras características universales humanas no tan «buenas» (Geller, 1982).
[ 239 ]
walter riso
No parece que el ser humano sea intrínsecamente bondadoso,
tal como pensaba Rouseeau y otros optimistas humanistas, al
menos, la historia de la maldad muestra otra cosa. Lo cual no
significa que con trabajo y esfuerzo sea posible acceder a nuevas actitudes y esquemas positivos (Baumeister y Campbell,
1999). Otros autores sostienen que los constructos utilizados
por Maslow y Rogers son vagos y mal definidos, como por
ejemplo, «evaluación orgánica», «ser completamente funcional» o «experiencias cumbres» (Daniels, 1988). Una tercera
crítica proviene de algunos terapeutas cognitivos como Ellis
(1999, 2000), la cual se centra en dos aspectos: (a) la poca
importancia que atribuyó Maslow a la parte social, debido a
una sobrevaloración de un «yo orgánico» o un yo considerado «real» con una tendencia innata a la realización, y (b)
a la escasa o nula evidencia respecto a la posibilidad del ser
humano de estructurar un yo sobrehumano o transpersonal.
Ellis (1999) afirma:
La TREC no posee ninguna evidencia de que los seres
humanos trasciendan alguna vez su humanidad verdaderamente, ni de que se desarrollen un ‘yo’ transpersonal, trascendental o sobrehumano que alcance «estados de consciencia superiores y milagrosos»... Así que aunque muchos
místicos experimenten el nirvana, el desinterés, la unión
con el universo o estados ‘transpersonales’ similares, es improbable (aunque no imposible) que posean realmente poderes sobrehumanos (pág. 256).
La TREC (Terapia racional-emotiva-conductual) siempre
defendió las motivaciones de crecimiento personal, pero dentro de cánones racionales y científicos. En tal sentido se ha
opuesto a aceptar que algunos aspectos de la autorrealización, sean productos de procesos somáticos, emocionales y
experienciales, una especie de «sentimentalismo» humanismo
(Rowan, 1987), donde la intervención de la razón no parece
existir. La TC sostiene que el pensamiento, la imaginación, y
en general la manera de procesar la información, tienen un
peso considerable en las motivaciones superiores. No obstan-
[ 240 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
te, algunos conceptos humanistas y algunas técnicas experienciales son retomadas por la TC y estudiados a la luz de los
principios del procesamiento de la información emocional y
cognitivo. La TC reconoce que muchas nociones humanistas
son sugerentes e interesantes para el quehacer clínico.
Retomado lo dicho hasta aquí, podríamos afirmar que los
EMS están orientados hacia: (a) la autorrealización racional, (b)
la automotivación, (c) una búsqueda de crecimiento más que
de validación, (d) motivos intrínsecos más que extrínsecos
(sin descartar la necesidades de origen social), (e) la autonomía, (f) la búsqueda/exploración del medio, y (g) el potencial
humano personal. Su contenido esquemático está conformado por la interacción compleja del sistema de valores del sujeto, las necesidades adquiridas socialmente (cultura), y por
las distintas facetas del autoconcepto. Los EMS subsumen y
trascienden las necesidades fisiológicas y orgánicas, pero no
las anulan, sino que las incluyen en un proceso amplio de
crecimiento. Responden principalmente a preguntas sobre la
vocación y las preferencias, logro, poder, prestigio y posición,
relaciones interpersonales (intimidad/afiliación), sentido de
vida, autodeterminación/autoeficacia, desarrollo del propio
potencial, proyección futura, y otras cuestiones referidas a la
autoactualización que profundizaremos en el apartado de los
esquemas constructivos. Dicho de otra forma: interrogan sobre
las metas (adonde quiero llegar), planes (qué debo hacer), intereses (qué me gusta, qué deseo) y necesidades (de qué no
puedo prescindir para lograr una buena calidad de vida) del
paciente. En los EMS se especifican los motivos que garantizan
la supervivencia psicológica.
Esquemas constructivos (EC)
1. Concepto
La propuesta de los EC parte de un principio cognitivo
fundamental: conseguir los objetivos terapéuticos en el Nivel I y II (vg. superar los síntomas, producir alivio del dolor
y modificar los pensamientos y autoesquemas) no garantiza
[ 241 ]
walter riso
necesariamente el desarrollo de objetivos vitales relacionados con la felicidad y la vida saludable. La ausencia de enfermedad, incapacidad o invalidez psicológica no asegura un
mejoramiento en la calidad de vida. La no enfermedad es un
factor contribuyente pero no suficiente para lograr un funcionamiento pleno del ser humano. El amor, la vocación, los
amigos y el ocio, entre otras muchas condiciones, configuran
una concepción positiva de la salud (Godoy, 1999). Esta tendencia se ve reflejada en la definición de salud que propone la
Organización Mundial de la Salud (OMS, 1974; 1978) como
el estado de completo bienestar físico, mental y psicológico y
no meramente la falta de afecciones.
Los EC se organizan a partir de la coherencia informacional
de los contenidos positivos de los EI/C, EV y EMS. Los puntos
adaptativos en común de éstos últimos facilitan la aparición de
estructuras donde se desarrollan nuevas estrategias de afrontamiento y estilos de vida saludables (comportamientos de salud/
felicidad) y se potencian los recursos cognitivo/comportamentales que posee el paciente, con el fin de mejorar su calidad de
vida. Es decir, los EC son esquemas de inmunidad cognitivo/
comportamentales y de crecimiento que no sólo disminuyen
la probabilidad futura de adquirir patologías psicológicas (prevención), sino que incrementan la probabilidad de obtener una
vida satisfactoria (promoción). Los EC parecen ser el «producto» de la interacción de los otros tres esquemas de segundo
orden. La figura 14 muestra la interacción entre los distintos
esquemas de segundo orden y los estilos de vida resultantes que
pueden ser constructivos o no.
Por ejemplo, si creo firmemente que trabajar acorde con la
vocación determina en gran parte la felicidad de las personas
(EI/V), y si además valoro la felicidad/placer como un aspecto muy importante de la vida (EV), me sentiré muy motivado
a buscar mi «verdadera vocación» para luego decidir cómo
orientar mi vida (EMS). Esta coherencia o congruencia informacional positivo/adaptativa permitirá la creación de un
esquema constructivo individual de «vivir acorde a mis talentos»o «estar en lo que de verdad me gusta», mediante la puesta
[ 242 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
Figura 14. Estilos de vida y esquemas constructivos
EV
EMS
EVC
Estilos de vida:
constructivos o destructivos
en práctica de una serie de actividades orientadas a descubrir
mi vocación, para desarrollarme en y con ella. Según Ellis
(2000), las personas que sienten compromiso y placer intrínseco por lo que hacen (disfrutar las obligaciones, que entonces
no serían obligaciones), es un aspecto importante que mejora
la calidad de vida, disminuye el estrés e incrementa los niveles
de felicidad/satisfacción, todos factores de protección.
La coherencia entre los esquemas de segundo orden también pueden establecerse alrededor de contenidos negativos
y desarrollar así esquemas no constructivos, pero de todas
maneras congruentes desde el punto de vista informacional
(muchos estarán de acuerdo en que los Nazi fueron coherentes con sus ideas demenciales). Si creo que la violencia es un
método útil para alcanzar lo que las personas quieren (EI/C),
si además mi pensamiento moral es que «el fin justifica los
medios» y los otros no merecen consideración a la hora de
obtener lo que quiero (EV), estaré motivado a utilizar métodos violentos cada vez que quiera alcanzar una meta (EMS).
Esta de obtener lo que quiero (EV), estaré motivado a utili-
[ 243 ]
walter riso
zar métodos violentos cada vez que quiera alcanzar una meta
(EMS). Esta coherencia/congruencia informacional negativa
permitirá la creación de esquemas destructivos o maladaptativos, como es el caso de la sociopatía, donde prima el «ojo por
ojo» y la eliminación del más débil.
Decimos que un esquema es constructivo (positivo/adaptativo)
cuando no es dañino para el sujeto que lo ejecuta ni para las otras
personas ni para el entorno ambiental, y, además, se constituye en un
factor que incrementa la inmunidad psicológica y el bienestar para el
sujeto. Por lo tanto, en el caso de la vocación, determinarla no
es suficiente para afirmar que estamos ante un esquema constructivo positivo/adaptativo porque no sabemos qué tanto de ¡a
vocación elegida por el sujeto afectará a los demás. Si la elección del
paciente fuera ser un -buen verdugo», no cumpliría con uno
de los requisitos de la definición del esquema constructivo.
De esta manera los esquemas constructivos deben reunir los
dos requisitos; que no sea dañino , a) ni para uno, y b) ni para
otros. Y obviamente, si además logramos incluir el plus de
la beneficencia interpersonal, mediante el desarrollo de un
interés social y ético, mejor. En términos bioéticos: la beneficencia no puede obligarse, pero sí la «no maleficencia», por
ser esta última un mínimo ético.
Decimos que un esquema es no constructivo (negativo/maladaptativo) cuando es dañino para el sujeto y/o para los otros, y cuando
se constituye en un factor de riesgo para el bienestar y la salud mental
del sujeto, las personas involucradas y su entorno. En el ejemplo del individuo que desarrolla un esquema sociopático, tal
esquema es destructivo porque es dañino para el sujeto (mantiene el trastorno y lo refuerza) y para los otros (lastima, hiere,
explota y viola los derechos humanos en general).
Lazarus y Folkman (1986) se refieren al concepto de «sentido de coherencia» de Antonovski, que recuerda a ciertos
enfoques humanistas y al constructo de Kobasa (1979, 1988)
de personalidad resistente. Antonovski (citado por Lazarus y
Folkman, 1986) define el constructo de coherencia como:
... una orientación global que expresa hasta qué punto
uno tiene la penetrante, resistente, aunque dinámica, sensación de confianza, en que los cambios en el entorno in-
[ 244 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
terno y externo son predecibles y en que existe una gran
probabilidad de que las cosas marchen de la forma razonable que cabe esperar (pág. 123).
Sin embargo, este concepto no deja de ser un desideratum
más que una realidad, debido al hecho de que no parecen existir personas con coherencia absoluta. Todos manifestamos en
mayor o menos grado cierta fragmentación informacional en
nuestro cerebro, todos tenemos esquemas o creencia contradictorias con las que tenemos que sobrevivir. Si descartamos
entonces la idea de un esquema monolítico con cero inconsistencias, podríamos afirmar que cuanto mayor sea la coherencia
positiva, mayor será el funcionamiento integral positivo del sujeto, por
ejemplo, en la sociedad, el trabajo y la vida de pareja.
Según Clark, Beck y Alford (1999) los modos constructivos promueven actividades productivas que incrementan los
recursos vitales del individuo. En sus palabras:
Los modos constructivos que son determinantes para
una vida saludable incluyen la capacidad de establecer relaciones íntimas y románticas, efectividad en las relacione interpersonales, alcanzar logros, sentido personal de control
y eficacia, creatividad, independencia y otras características
como resiliencia, optimismo y racionalidad (pág. 91).
Los autores no descartan que puedan existir factores de
predisposición que faciliten la elaboración de esquemas constructivos. Dos variables predisponentes especialmente importantes son el concepto de dureza (hardiness) y el de resiliencia,
sobre los cuales volveré más adelante.
J. Beck y Bieling (2004) afirman que los esquemas constructivos operan dentro de un nivel consciente y que su contenido está relacionado con las metas personales y los principios que guían la sociedad. Se trata de una actividad orientada
a los fines. Los esquemas constructivos son relativamente
flexibles, accesibles y elaborados, que facilitan la resolución de
problemas, los pensamientos racionales y la creatividad.
Beck (1996) subraya un concepto importante para comprender mejor los esquemas constructivos: el sistema de con-
[ 245 ]
walter riso
trol consciente, el cual estaría determinado por un procesamiento más reflexivo, flexible, deliberante y consciente que
automático. Este sistema regularía los sistemas más primarios
(vg. pensamientos automáticos), mediante la operación de
pensar sobre lo que pesamos, lo que se conoce como metacognición (Wells, 2003; 2004; 2005). En el mismo sentido
Rasmussen (2005) considera el sistema de control consciente
como un sistema de autorregulación, «hacerse cargo de» o un
esquema supraordinal. La capacidad de pensar sobre lo que se
piensa (metacognición) y la competencia de autocontrol (autorregulación) han sido considerados factores determinantes
en la mayoría de los programas de prevención/promoción.
2. Autoactualización
Los esquemas constructivos también pueden relacionarse
con la búsqueda de autoactualización. Sin lugar a dudas, es
Ellis (1999; 2001 a; 2001b; Ellis y Abrahms, 2001; Ellis y Harper, 2003) el psicólogo cognitivo que más se ha interesado
en este tema. Según él, la autoactualización puede definirse
como la consecución de placer, crecimiento y desarrollo, o
bien, la adquisición de un interés vital absorbente a lo largo
de la vida para vivir mejor. Se trata de incrementar el potencial del individuo, sus esquemas positivos latentes (según
Greemberg esquemas de apoyo interno y autocuidado) y/o
crear nuevos esquemas que le permitan a la persona aumentar
su inmunidad psicológica a contraer enfermedades psicológicas y/o
físicas, y aproximarse a la felicidad y la autosatisfacción. Aunque los
términos «autorrealización» y «autoactualización» se superponen en un número considerable de significados, y el mismo
Ellis los ha tomado como sinónimos en más de una ocasión,
por razones teórico/prácticas preferimos utilizar el término
autoactualización.
El terapeuta cognitivo persigue dos objetivos: (a) ayudar
a reducir al máximo las alteraciones cognitivas, emocionales
y comportamentales de sus pacientes; producir alivio del sufrimiento, y (b) activar y/o enseñar esquemas constructivos
que le permitan al paciente arribar a una vida más saludable y
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Nivel III: Esquemas de segundo orden
placentera. Un paciente puede llegar a sentir una mejoría significativa de los síntomas y aún así estar muy lejos de su ideal
de vida o de autoactualización, lo que podría obrar a medio o
largo plazo como un factor de riesgo para futuras recaídas. No
pensamos que sea probable «alcanzar totalmente» la autoactualización, pero sí iniciar un proceso de aproximación a ella,
una reactualización constante, donde el sujeto incremente su
sentido de realización día a día: «crear el hábito estable de la
actualización o funcionamiento pleno».
Ellis propone que, para alcanzar la autoactualización de sus
pacientes, los terapeutas deben trabajar con ellos los siguientes
aspectos:
Inconformidad e individualidad. Las personas autoactualizadas
(PAA) no se encuentran totalmente ajustadas, ni son especialmente normativas ni rebeldes sin causa. Hacen uso de una
inconformidad sensata, un individualismo empático. Implica
ejercer el derecho a ser uno mismo y fijar posiciones claras en
temas como el sexo, el amor, el matrimonio, la vocación, el
ocio, los temas morales, etc.
Autoconciencia. Las PAA son conscientes de sus estados internos. Poseen niveles sostenidos de metacognición y autobservación. Se conocen a sí mismas, pero saben que tal conocimiento siempre será parcial; reconocen qué deben cambiar y
qué no. La autoconciencia no distorsionada siempre conduce
a la modestia.
Aceptación de la ambigüedad y la incertidumbre. Los PAA aceptan que no pueden controlarlo todo. Saben que en el universo opera cierto caos frente al que no se puede hacer nada.
Reconocen que la certeza absoluta es un mito y se acoplan
a las probabilidades. En palabras de Ellis: «Vivir en semejante
mundo no sólo es tolerable, sino que, en términos de aventura, aprendizaje y esfuerzo, puede ser incluso muy excitante
y placentero».
Tolerancia. Las PAA son esencialmente pluralistas. No se
asustan antelas diferencias, las aceptan y toleran, obviamente
dentro de los niveles razonables que marcan sus propios códigos éticos. No tienden a sobregeneralizar y son respetuosas
[ 247 ]
walter riso
con los otros puntos de vista. No se ofenden ni se indignan
fácilmente ante las minorías,
Compromiso y goce intrínseco. Las PAA tienden a disfrutar de
lo que hacen. Pueden disfrutar del proceso, sin pensar tanto
en los resultados. Gozan las cosas per se y no por lo que obtienen (Riso, 2003a). Implicarse y comprometerse en un sentido no patológico con los otros, las ideas y las cosas, es clave
para la salud emocional. Estas personas logran desarrollar un
interés vital absorbente a lo largo de sus vidas, tener pasión e
involucrarse con algún proyecto de vida vital.
Creatividad y originalidad. Los datos muestran que las PAA
son innovadoras, creativas y originales, obviamente no porque se lo propongan. Al estar orientadas a sí mismas, son más
espontáneas y logran manifestar lo que de verdad piensan y
sienten (Romo, 1998).
Interés social y ético. Las PAA son profundamente éticas. Son
conscientes de que pertenecen a un sistema social. De no ser
así se corre el riesgo de adoptar comportamientos narcisistas.
Ser ético implica descentrarse, ponerse en el punto de vista
del otro y volver a la propia creencia para confrontar argumentos y llegar a una solución donde ningún interés sea vulnerado (Singer, 2002). En otras palabras, se trata de respetar a
los demás y considerarlos interlocutores válidos.
Autodirección. Como lo ha demostrado suficientemente la
psicología clínica cognitiva, las personas sanas y con alta capacidad de disfrute poseen un locus de control interno moderado y bien estructurado. Esta internalización les permite ser
capaces de orientar y planificar su futuro. La autodirección
requiere de autorregulación y autocontrol y la percepción de
eficacia o competencia (Riso, 2003c). No necesitan desesperadamente el apoyo exterior.
Flexibilidad y perspectiva científica. La TC adopta una perspectiva intrínsecamente abierta, antidogmática y flexible. Las
PAA se acoplan a la realidad, a los hechos, a lo que es. Tratan en
lo posible de no utilizar imperativos rígidos y «deberías». La
autoactualización se logra de manera más segura cuando los
[ 248 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
«tendría qué» dogmáticos e incondicionales se transforman en
preferencias y deseos.
Autoaceptación incondicional. Las PAA no evalúan su «yo»
global, sino sus acciones. La aceptación incondicional sugiere que es posible reconocer y criticar los propios errores,
sin considerarse despreciable e indigno por ello. La dignidad
nunca está en juego. Una cosa es aceptar que es necesario
cambiar porque se han cometido errores y otra muy distinta
condenarse a sí mismo como un ser humano despreciable.
La autocrítica sana es la que llega desde el amor propio y no
desde el autodesprecio.
Asumir riesgos y experimentación. Es imposible la actualización sin correr riesgos ni experimentar. La única manera de
descubrir lo que realmente se quiere y lo que no se quiere en
la vida es arriesgándose a la frustración. Se aprende por ensayo
error. Las personas pueden experimentar en tareas, aficiones y
proyectos, así fracasen en el intento de búsqueda. La audacia y
experimentalismo permiten abarcar lo desconocido y explorar el mundo en un sentido positivo de crecimiento.
Hedonismo a largo plazo. El hedonismo a corto plazo, sin
pensar en el futuro puede traer problemas. Ellis afirma: «La
máxima autoactualización puede lograrse en gran medida aspirando a placeres intensivos y extensivos, hoy y mañana». Ser
sibarita, disfrutar del placer sin culpa, sentir que el goce se
merece y hacer uso de él.
Ellis alerta sobre las contraindicaciones de la autoactualización cuando se utiliza de manera obsesiva o por la fuerza. La
autoactualización debe ser manejada dentro de un contexto
terapéutico o por medio de materiales de autoayuda serios,
profesionales y bien estructurados, que no den la impresión
que la autoactualización es algo sencillo y fácil de lograr.
Otro modelo de autoactualización ampliamente utilizado es el de Young (2001). Partiendo de los principios de la
Terapia centrada en esquemas y los esquemas maladaptativos
tempranos, Young propone una «filosofía para el cambio» basada en una serie de suposiciones básicas, todas orientadas al
desarrollo de la autoactualización.
[ 249 ]
walter riso
1. Todos tenemos partes de nosotros mismos que están realizadas, es decir, que se han autoactualizado. Hay una parte
individual saludable en cada uno de nosotros, que ha
pasado desapercibida y ha sido soterrada por la crítica,
el abuso, el maltrato o una educación equivocada. Todo
cambio implica activar esos esquemas saludables.
2. Hay varias necesidades básicas o deseos que a casi todos
nos hartan felices si pudiéramos satisfacerlos. Por ejemplo,
Young señala la necesidad de relacionarnos y de sentirnos unidos, la independencia y autonomía, sentirse
deseado, competente, exitoso, ser tenido en cuenta, que
nos divirtamos y disfrutemos, que podamos expresar
nuestra creatividad, ayudar a los demás, entre otras. Somos muy parecidos en cuanto a nuestras necesidades
básicas, culturalmente trasmitidas.
3. Las personas pueden cambiar en sus aspectos más esenciales.
Los cambios de personalidad son posibles. Ahora bien,
cambiar patrones centrales es extremadamente difícil.
Cuanto más destructivas sean las fuerzas que se oponen
al cambio, más se deberá trabajar en el cambio y mayor
será el esfuerzo invertido.
4. Es muy improbable que cambiemos las trampas vitales esenciales (esquemas maladaptativos tempranos) sin tomar una
decisión consciente de ellas. El procesamiento automático
es cómodo y su tendencia es a no cambiar en absoluto.
Repetimos patrones estereotipados de pensamientos y
comportamientos que se han internalizado a lo largo
de nuestra vida porque, de alguna manera, nos han sido
útiles en algún momento. El cambio sólo es posible
si se hace de manera voluntaria y deliberada, es decir,
debemos conectarnos a un sistema controlado de procesamiento. Los cambios significativos no ocurren por
sí solos.
5. La mayoría de nosotros tenemos una fuerte inclinación a evitar el dolor; lo que es positivo y negativo a la vez. Por un
[ 250 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
lado, nos ayuda a la supervivencia, pero por el otro, el
deseo de evitar el dolor es uno de los mayores obstáculos para el cambio. Hay que enfrentarse al dolor manifestado en los recuerdos y en determinadas situaciones
aversivas. No hay cambio sin dolor.
6. No creemos que cada técnica o enfoque que se utilice para
cambiar tenga éxito en todas las personas. Los enfoques que
más producen cambio son los que integran diversas estrategias.
7. Hay que crear una visión del cambio personal. El cambio
que permite una autoactualización saludable implica
que nos proyectemos más allá del objetivo de vencer
las trampas vitales (Nivel I y II en nuestro caso) y busquemos sentirnos felices y realizados (Nivel III). Atacar
esquemas disfuncionales nos permite conseguir los objetivos de no sufrir y tumbar los obstáculos para crecer,
pero no nos dicen nada o muy poco sobre lo que cada
uno de nosotros debemos hacer para ser más felices
y aumentar nuestra calidad de vida psicológica. Algunas indicaciones para crear esta visión de cambio son:
(a) descubrir las inclinaciones naturales personales, (b)
fortalecer las relaciones afectivas, (c) incrementar la autonomía, (d) estructurar una buena autoestima, (e) consolidar la autoafirmación y la autoexpresión, (f) afianzar la preocupación por los demás, y (g) desarrollar la
espiritualidad y las creencias religiosas en sentido sano.
Como puede desprenderse de lo dicho hasta aquí, muchas
de las actividades que promueve la autoactualización están
íntimamente emparentadas con algunas corrientes filosóficas
(vg. socráticas, cínicas, estoicas, helénicas) y orientales (vg. budismo, taoísmo), lo cual no implica asumir una postura esotérica o pseudocientífica, sino integrarlas de manera crítica al
quehacer clínico.
[ 251 ]
walter riso
3. Estilos de vida
saludables y calidad de vida
Otra forma de visualizar los esquemas constructivos, no
incompatibles e incluso coincidentes con la propuesta de
autoactualización, llega del área de la psicología de la salud,
especialmente con los temas de psicología preventiva, promoción de salud y calidad de vida.
La prevención se enfoca básicamente a la enfermedad, a impedir su aparición futura, mientras la promoción se refiere a la
salud en un sentido positivo, su meta es la vida, el crecimiento
y la realización del ser humano en distintas áreas (Fiorentino,
2004).Tanto la prevención como la promoción pueden aplicarse a ámbitos clínicos o sociales, pero es importante destacar
que la promoción también puede aplicarse al caso individual.
Tal como hemos sostenido, un paciente puede ser intervenido
en los tres niveles: Nivel I (más terciario), Nivel II (más preventivo) y Nivel III (más promoción).La promoción pretende
activar o desarrollar factores de protección en la conjunción
dinámica de todos los esquemas de segundo orden, aunque su
aplicación se hace más evidente en los esquemas constructivos
(EC). En los esquemas constructivos se manifiesta el potencial
que requiere el sujeto para crear salud. Sin embargo, tal como
se dijo antes, cada nivel subsume algún aspecto del anterior, así
que los esquemas constructivos pueden cumplir una función
preventiva además de promocional. Si bien las conductas de
salud suelen relacionarse con actividades muy concretas y básicamente comportamentales (vg. dormir las horas adecuadas,
mantener una dieta balanceada, practicar ejercicios físicos, no
consumir alcohol), a la TC le interesan más aquellas variables
cognitivas o de personalidad o esquemáticas que incrementan
la probabilidad de un estilo de vida saludable.
Sánchez López (1997) define el estilo de vida como las
soluciones estratégicas que adopta el individuo para poder
cumplir sus planes y objetivos globales. Es decir paquetes cognitivos, afectivos y comportamentales que apuntan a lograr
una buena calidad de vida. Sin embargo, el autor también propone un concepto más general y transcultural que subsumiría
[ 252 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
el estilo de vida y el estilo cognitivo, al que denomina «estilo
psicológico». Manuera y col., (2004) dicen al respecto:
Así, cuando hablamos de estilo psicológico, partimos
del supuesto de que es una categoría supraordinal en la
organización de la personalidad, que se define como un
conjunto de modalidades de funcionamiento psicológico
observable... (pág. 76).
Sánchez López (1997) plantea que los estilos psicológicos:
(1) están en la cúspide del sistema jerárquico que forma la
personalidad, (2) organizan e integran el resto de niveles, (3)
atraviesan los niveles cognitivos, afectivos y motivacionales,
(4) proporcionan unidad y coherencia al comportamiento.
La OMS (1991, citado por Manuera y col., 2004) propuso la
siguiente definición de calidad de vida: «Percepción personal
de un individuo de su situación de vida, dentro del contexto
cultural y de valores en que vive, y en relación con sus objetivos, expectativas, valores e intereses».
Brengelmann (1986) define calidad de vida como:
...cosas como disfrutar la libertad, desarrollar la iniciativa, cultivar hábilmente las relaciones sociales, estar satisfecho,
presentar escasas molestias psicosomáticas, ingerir pocas pastillas, no estar enfermo, poseer una buena profesión, tener un
buen empleo y encontrar sentido de vida... (pág. 48).
Andrews y Withey (1976) afirman que la calidad de vida
no es sólo el reflejo pasivo de las condiciones objetivas, sino la
evaluación de éstas por parte del individuo. En sentido similar,
Lewton y col. (1982) sostienen que la calidad de vida puede
comprenderse mejor en el conjunto de evaluaciones que el
sujeto realice sobre su vida actual.
Ballester (1998) sostiene que la salud tiene mucho que ver
con los comportamientos y el estilo de vida de la persona o
comunidad, que se traduciría en la experiencia subjetiva de
bienestar del individuo. Turabián (1993) sugiere que la promoción de salud orientada a la calidad de vida implica, entre
otros objetivos: modificar creencias, cambiar actitudes y valo-
[ 253 ]
walter riso
res, y mejorar la toma de decisiones. Es decir, la promoción de
estilos de vida saludables implica conocer aquellos comportamientos que mejoran o socavan la salud de los individuos y
actúan en tal sentido incrementando los índices de calidad de
vida (Oblitas, 2004)
Si revisamos los contenidos que definen la calidad de vida
partiendo de algunos de los instrumentos disponibles (Evans
y col., 1985; Evans y Cope, 1989; World Health Organization,
1993; Frisch, 1994), encontramos las siguientes categorías:
bienestar general, relaciones interpersonales, actividad ocupacional, ocio y actividad recreativa, autoconsideración, filosofía de vida, creatividad, servicio social, amistad, relaciones
familiares, espiritualidad y religión. Otros comportamientos
que se han asociado al bienestar y la calidad de vida son: el
contacto con la naturaleza, la reestructuración cognoscitiva
(pensamientos, procesos y esquemas), la relajación y la meditación, la imagenería o visualización receptiva, el humor,
la asertividad (Labiano, 2004). Los estilos de afrontamiento
también han sido considerados mediadores importantes en
la calidad de vida (Miller, 1990; Kohlmann, 1993: Brannon y
Feist, 2001).
Como se puede observar, los contenidos se asemejan bastante a los conceptos que constituyen el constructo de autoactualización. Lo que se busca es incrementar la felicidad y
fomentar comportamientos que han demostrado disminuir la
vulnerabilidad e incrementar el crecimiento. La construcción
de esquemas cognitivos promotores de salud, desde una perspectiva informacional deben ser incluidos en todas las fases de
la conceptualización y la intervención.
Riso (2004) hace un cruce entre psicología cognitiva y
filosofía, y propone trabajar cinco esquemas saludables: 1)
ser más que tener (Eckhart), 2) sabiduría más que erudición
(Montaigne), 3) el otro como sujeto: ética más que moral
(Sócrates, Aristóteles, Spinosa), 4) aprender a perder (Epicúreo, Epícteto, Diógenes), y 5) perdonar (Comte-Aponville,
Jankélevich). No se trata de reducir la psicología a la filosofía,
sino de crear mediante estos esquemas un espacio de reflexión
[ 254 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
donde el paciente se atreva a pensar sobre él, el mundo y el
futuro, con más fundamento. En palabras del autor:
No obstante, la mente humana puede adquirir una
capacidad de vuelo sorprendente, tal como atestiguan las
tradiciones filosóficas y espirituales más antiguas. Podemos crear estilos de vida o esquemas saludables que nos
permitan superar o compensar algunas de las restricciones
de nuestro cerebro y evolucionar hacia una existencia más
tranquila y feliz: cada quien debe configurar su propia filosofía del buen vivir de manera consciente y explícita. Pensarse a sí mismo en relación a su propio proyecto de vida:
¿qué quiero?, ¿qué necesito?, ¿cómo he de vivir?, ¿qué es
negociable y qué no lo es? Preguntas existenciales, éticas y
motivacionales (pág. 77)
Los estilos de vida saludables también pueden surgir de
variables disposicionales (Eysenck, 1988; Sandín y otros 1994).
Tal como afirman Bellock, Sandín y Ramos (1995), algunas variables disposicionales obran corno potenciadoras de
salud (hardiness, optimismo, sentido del humor, motivación
de socialización y autoestima), otras favorecen la enfermedad
(conducta tipo A, hostilidad, cinismo, antagonismo, alexitimia,
personalidad tipo C). Sin lugar a dudas, la idea de que algunas
personas poseen rasgos personales (esquemas) que les ayudan
a protegerse e incluso a salir fortalecidas de eventos estresantes, resulta muy interesante y es totalmente compatible con
el concepto cognitivo/informacional de diátesis-estrés. Me
referiré a dos de ellos: el modelo la personalidad resistente
(Kobasa, 1979) y el concepto de residencia (Cyrulnik, 2001;
2002; Cyrulnik y otros 2002; Luthar y otros 2000).
Kobasa utilizó el término hardiness (resistencia o dureza)
para describir a las personas capaces de soportar el estrés y
no sucumbir a la enfermedad. Las características resistentes
o factores de protección encontrados en sus investigaciones,
con ejecutivos sometidos a estrés fueron: el compromiso con
ellos mismos, el locus de control interno y la tendencia a percibir el estrés como un reto o desafío y una oportunidad para
[ 255 ]
walter riso
crecer. Los que, por el contrario, enfermaban mostraban un
locus de control externo, una visión nihilista de sus vidas y
poca implicación con su entorno. Pese a las críticas, el modelo de resistencia se ha aplicado con éxito a diferentes grupos
(Constantini y otros, 1997; Duquete y otros, 1997). Brannon y
Feist (2001), retomando a Kobasa, afirman:
La resistencia, cuyos orígenes se remontan a la filosofía
y psicología existenciales, se aplica tal vez de forma óptima
a aquellas personas que buscan el sentido de su vida, que
están motivadas por la responsabilidad y la libertad (pág.
208).
Por su parte, el término resiliencia no debe confundirse con
resistencia, porque su significado está más asociado a la promoción que a la prevención. No sólo se trata de salir ileso de
la situación adversa, sino de crecer y salir fortalecido. Luthar y
otros (2000) definen la resiliencia como:
[...] un proceso dinámico que tiene como resultado la
adaptación positiva en contextos de gran adversidad (pág.
543).
La resiliencia también puede ser vista como la capacidad
del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida,
superarlas y ser transformado positivamente por ellas. Es más que
un factor de protección; se trata de un factor de evolución
personal. En la resiliencia, el individuo es afectado por los
eventos y, pese a ello, aprende. No se trata de invulnerabilidad,
sino de un proceso de cambio positivo. Por tal razón, el término está más relacionado con la salud que con la enfermedad:
la resiliencia contribuye a la calidad de vida, más que a evitar
la adversidad.
Con respecto a la salud mental y la calidad de vida, Grotberg (2002) afirma:
Cada día más personas consideran la resiliencia una característica de la salud mental [...] El rol de la resiliencia es
desarrollar la capacidad humana de afrontar, sobreponerse y
[ 256 ]
Nivel III: Esquemas de segundo orden
de ser fortalecido e incluso transformado por las experiencias de adversidad (pág. 24).
Una vez más el concepto se asocia a una forma de «adversidad ventajosa», a una crisis para aprender, o mejor, al impacto
positivo de las situaciones límites, donde la adversidad ayuda a
la adaptación. Estas transformaciones, por lo general, se relacionan con conceptos como empatía, altruismo y compasión. Hay
infinidad de casos donde los damnificados encaran campañas
para que los hechos no vuelvan a repetirse.
El concepto de resiliencia se comenzó a estructurar luego
de una investigación epidemiológica longitudinal de treinta
y dos años (Werner, citado por Mellino, 2002) en la isla de
Hawai, donde se observaron alrededor de quinientas personas
sometidas a condiciones de vida adversas, como pobreza, disolución de vínculos, abuso y alcoholismo, etc. Lo curioso fue
que algunos niños expuestos a semejantes situaciones lograron sobreponerse y establecerse como personas promisorias y
de bien. ¿Qué había hecho que estos niños no solo sobrevivieran sino que salieran fortalecidos? Los estudios posteriores
mostraron que más que el temperamento, la genética o la
capacidad cognitiva,la variable que más pesaba era que estos
niños habían contado con la aceptación de una persona adulta, familiar o no, de manera incondicional. Habían gozado de
un amor y un apoyo irrestricto por algún ser humano.
Desde entonces se ha intentado promover resiliencia partiendo de algunas competencias asociadas, como capacidad
de introspección, independencia, relaciones interpersonales,
creatividad, ética, autoestima y humor. Más concretamente
Alchourrón y col., (2002) afirman:
Si comparamos los factores protectores que, como características personales, fueron observados por numerosas
investigaciones en las personas que respondieron resilientemente frente a las adversidades, veremos que son aptitudes que la UNESCO plantea como fundamentales en el
aprendizaje para incrementar las posibilidades de éxito personal... Entre ellas cabe mencionar: la tendencia al acerca-
[ 257 ]
walter riso
miento, el humor, la empatía, la autoestima, el sentimiento
de autosuficiencia, al autonomía y la independencia (pág.
173).
Los EC se nutren de todo el bagaje conceptual, investigativo y práctico que se ha señalado en este apartado. La creación
de cualquier EC debe elaborar contenidos cognitivo/afectivos
que incluyan los principios de autoactualización, calidad de
vida, promoción, estilos de vida saludables, personalidad resistente y resiliencia, entre otros, o sus coincidencias operativas,
que son muchas. Esta construcción se acomodará a la realidad el paciente, sus deseos y capacidades potenciales, y deberá
relacionarse con los EI/C, EV y EMS. Recordemos que cada
paciente es considerado como un caso único, especialmente
cuando se aborde el tema de los EC de segundo orden.
[ 258 ]
SEGUNDA PARTE
La conceptualización del caso clínico
desde la perspectiva cognitiva multinivel
La concetualización del caso clínico desde la perspectiva cognitiva multinivel
Tal como se explicó detalladamente en la primera parte
del texto, el modelo cognitivo está interesado en el estudio
de la mente. Específicamente en los pensamientos automáticos, las distorsiones cognitivas, el esquema nuclear (EN), los
procesos de economía cognitiva del Sistema A, las creencias
intermedias y las estrategias de autoperpetuación confirmatorias/aseguradoras, evitativas y profecías autorrealizadas, que
se generan en el Sistema B, y su influencia sobre el comportamiento disfuncional, las emociones negativas y la problemática general del paciente. También investiga el efecto de los
esquemas de segundo orden (la visión del mundo del paciente
y su estilo de vida) sobre los otros niveles y el crecimiento o
actualización del sujeto. Estos esquemas de segundo orden
son: esquemas ideológicos/conceptuales (EI/C), esquemas valorativos (EV), esquemas motivacionales superiores (EMS) y
esquemas constructivos (EC).
Se postula además que los problemas psicológicos pueden
estudiarse, al menos, en tres niveles de complejidad. Cada uno
refleja una aproximación distinta pero integrada de la misma
problemática. El terapeuta se desplaza de un nivel a otro, según sea la faceta que quiere destacar, con el fin de producir
una explicación coherente y consistente con los principios
cognitivos (ver Capítulo 2).
Cada nivel se vincula con los otros dos por medio de relaciones intracognitivas, que van de lo particular a lo general
y de lo más observable a lo menos observable, siguiendo una
línea móvil de ascenso y descenso de acuerdo a las hipótesis
implicadas. Esta evolución en la información, salto inferencial
o vías ascendentes, permitirá que un mismo dato pueda ser
interpretado diferencialmente de acuerdo a la significación
informacional que determine la dinámica de cada nivel. Por
ejemplo:
1. El contenido de los pensamientos automáticos y la
regularidad que presenten en el Nivel I dará pie a la
identificación del esquema nuclear en el Nivel II y posiblemente ayudará a detectar algunos contenidos de
los esquemas de segundo orden en el Nivel III. Es decir,
[ 261 ]
walter riso
los pensamientos automáticos cumplen una función de
pivote: (a) como factor causal/mediacional en el Nivel
I y, (b) como información relevante que permite acceder a la elaboración de constructos hipotéticos en el
Nivel II y III.
2. Las distorsiones cognitivas, que en el Nivel I cumplen
una función causal/mediacional, pueden ser consideradas como manifestaciones o «muestras» de los sesgos
que utiliza el Sistema A de autoperpetuación (economía cognitiva) en el Nivel II.
3. Los comportamientos motores en el Nivel I adquieren
en el Nivel II una interpretación funcional más amplia
y complementaria. Mientras en el primer nivel responden a un análisis funcional cognitivo-comportamental,
en el segundo nivel, las mismas conductas son analizadas desde una óptica informacional, principalmente
en relación a su participación en el Sistema B (como
estrategias de afrontamiento, autoperpetuación y protección del esquema nuclear).
4. Los estímulos o precipitantes concretos y específicos
del Nivel I, en el Nivel II son analizados como categorías más globales. Si un paciente muestra temor a
las reacciones de su padre, su jefe y algunos amigos de
carácter fuerte en el Nivel I, en el Nivel II se tratará
de establecer un factor conceptual común a ellos, por
ejemplo: miedo a las figuras de autoridad, lo que permitirá una mejor aproximación al tema de diáthesis-estrés y especificidad de contenido.
5. De manera similar, y tal como se comentó en el Capítulo 4, los contenidos del esquema nuclear en el Nivel
II pueden afectar a la visión del mundo del paciente.
Por ejemplo, un hombre que manifieste miedo a ser
homosexual (esquema obsesivo) podría adscribirse a
grupos conservadores homofóbicos y asumir una ideología discriminatoria como una manera de sentirse más
[ 262 ]
La concetualización del caso clínico desde la perspectiva cognitiva multinivel
seguro.Y los esquemas de segundo orden pueden afectar y reforzar los contenidos maladaptativos del EN.
Un conceptualización del caso clínico desde la perspectiva cognitiva multinivel deberá estudiar cada Nivel y tratar
de integrar de manera lógica y fundamentada los aspectos
descriptivos, explicativos, preventivos y de promoción relacionados con una problemática específica. Cuando decimos
«fundamentada» nos referimos a la capacidad de sustentar las
distintas decisiones terapéuticas en los principios de modelo
cognitivo informacional, en las diferentes áreas de la psicología científica (vg. teorías del aprendizaje, psicología social,
psicología evolutiva y evolucionista) y en disciplinas afines
(vg. antropología, biología, sociología, filosofía).
[ 263 ]
walter riso
[ 264 ]
cap í tu lo 6
La alianza terapéutica
Antes de entrar en la conceptualización clínica cognitiva multinivel (CCCM), vale la pena retomar el tema de la alianza
terapéutica como un proceso básico para cualquier tipo de
formulación. Dentro del espíritu del «empirismo colaborativo», la ayuda que pueda ofrecer el paciente al tratamiento
es imprescindible para alcanzar las metas terapéuticas, llegar a
una conceptualización adecuada y asegurar la adherencia. Los
datos disponibles sustentan de manera consistente una fuerte
vinculación entre relación terapéutica y resultados exitosos
en el tratamiento (Lambert y Bergin, 1994; Stevens, Muran y
Safran, 2003; Stuart, 2004).
En terapia cognitiva (TC) el paciente adquiere un estatus
de experto. Ledley, Marx y Heimberg (2005) puntualizan así
este aspecto:
Mientras que los clínicos son entrenados para ser expertos en comprender y tratar los problemas psicológicos,
los pacientes son vistos como «expertos» en las dificultades
particulares que ellos experimentan (pág. 3).
Esta es la razón por la cual, a medida que se avanza en
las fases del tratamiento, el terapeuta va entregando cada vez
más al paciente la responsabilidad de su proceso de cambio.
[ 265 ]
A nadie quepa duda que la retroalimentación del paciente es
crucial para afinar las hipótesis de trabajo y evaluar la evolución del tratamiento, es decir, la repuesta del paciente es una
de las principales fuentes de contrastación.
Bordin (1994) sugiere que todas las terapias, independientemente de su orientación, incluyen alguna forma de alianza
terapéutica, y propone que una buena alianza gira alrededor
de los acuerdos que puedan establecerse a partir de tres elementos: metas, tareas y vínculos. El pacto se optimiza cuando
se logra una concordancia sobre los objetivos terapéuticos, las
técnicas utilizadas, el modelo que lo sustenta y la calidad de la
conexión emocional entre terapeuta y paciente.
Ledley, Marx y Heimberg (2005) sostienen que, por desgracia, no hay reglas claras o guías para establecer una buena
relación terapéutica; sin embargo, rescatan algunas sugerencias
del trabajo de Carl Rogers. Más específicamente, enfatizan en
tres cualidades que debe reunir el terapeuta: empatía (la habilidad o capacidad de entender la visión del mundo del paciente
y ponerse en su lugar), autenticidad (de qué manera actuamos
acorde con lo que sentimos y pensamos, es decir, congruencia) y calidez (estimar al paciente y tratarlo con respeto). La TC
no se opone a la aceptación incondicional del paciente (Ellis,
1999; 2000), entendiendo ésta como el respeto a los derechos
humanos, que, en última instancia, no es otra cosa que la aceptación de la persona como tal, sin culparla por sus síntomas
ni producir maleficencia. Las «cualidades terapéuticas» rogerianas han mostrado ser predictores confiables de los buenos
resultados en distintas terapias, incluida la terapia cognitiva y
la cognitivo-conductual (Keijers, Schaap y Hoogduin, 2000).
Quizás, una de las mejores guías, en cuanto a establecer una
buena alianza terapéutica, sea la propuesta por Beck (1983):
Las entrevistas deben estar planificadas para establecer:
a) una relación de trabajo terapéutico, donde se incluya
un buen rapport, b) un acuerdo en cuanto a objetivos y
métodos de tratamiento, c) colaboración para definir y «resolver» los problemas, y c) diálogos adecuados que proporcionen feedback tanto al paciente como al terapeuta sobre
[ 266 ]
La alianza terapéutica
la comprensión y entendimiento futuros, los retrocesos de
la terapia, el avance hacia la consecución de los objetivos,
etc. (pág. 99).
[ 267 ]
cap í tu lo 7
La Conceptualización
clínica cognitiva multinivel:
análisis por fases
La CCCM apunta básicamente a la elaboración de las hipótesis clínicas que intenten explicar de manera confiable los
problemas particulares del paciente en términos de la teoría
cognitiva, o dicho de otra formarla CCCM pretende desarrollar una «teoría clínica» que pueda explicar la patología del
paciente y permitir elaborar un plan de tratamiento. Se trata
de aplicar un modelo conceptual a un caso individual. Persons
y Davidson (2001) dicen con respecto a la formulación del
caso en los modelos cognitivo-conductuales:
La formulación del caso es una teoría de un caso particular. Una formulación cognitivo-conductual del caso es
una teoría ideográfica (individualizada) basada en una teoría cognitivo-conductual nomotética (general) (pág. 86).
La CCCM no puede asimilarse a la clásica taxonomía psiquiátrica, ya que la TC pretende dar cuenta del desarrollo y
mantenimiento de los problemas del paciente desde el modelo de procesamiento de la información. No obstante, las recientes operacionalizaciones diagnósticas (vg. DSM-IV-R) han
permitido una mayor comprensión de los desórdenes psicoló-
[ 269 ]
gicos (Bruch, 2001). La clasificación psiquiátrica no solo tiene
una utilidad pragmática, en cuanto facilita la comunicación
con otros profesionales (tal como afirma la terapia conductual
de línea dura), sino que el sistema taxonómico, al estar basado
en observaciones clínicas genuinas y directas, puede ayudar al
proceso de generación de hipótesis y ser un complemento de
la entrevista clínica. En TC los diagnósticos clasificatorios (vg.
depresión, ansiedad generalizada) dan una «pista» importante
sobre los contenidos esquemáticos (ver Capítulo 4, Especificidad de contenido). Sin embargo, vale la pena aclarar que si
bien el «diagnóstico» puede coexistir en términos descriptivos con la «conceptualización», no deben considerarse como
sinónimos.
La CCCM es un intento de organizar aquellos datos conceptualmente relevantes en un «cuadro con sentido» donde
sus componentes están lógicamente relacionados. O como
sugieren Persons y Tompkins (1997): en la conceptualización
o formulación, el terapeuta «relata una historia» donde intenta relacionar lógicamente los problemas del paciente, con
la creencia central y las situaciones o los eventos activantes.
Yo agregaría que el terapeuta cognitivo: relata una «historia
significante», que tendrá que ser verificada constantemente,
antes, durante y después del tratamiento. Este proceso conjuga el conocimiento teórico y técnico de psicólogo con su
experiencia profesional y otras competencias personales (vg.
creatividad, inventiva, improvisación, sensibilidad, suspicacia).
Las propuestas disponibles en psicología clínica sobre conceptualización del caso conforman, cada una en su estilo, una
guía para la búsqueda y clasificación de datos en concordancia
con un modelo de base para construir una teoría particular y
congruente del caso clínico.
Más que ver al paciente como una «colección de síntomas» aislados, la TC pretende conectar dichos síntomas factorialmente hasta donde sea posible y reducirlos a un nivel
manejable. Por ejemplo, si los síntomas que presenta el paciente cumplen los requisitos para establecer un desorden de
[ 270 ]
La Conceptualización clínica cognitiva multinivel: análisis por fases
la personalidad, el terapeuta se podrá acercar al tema desde las
investigaciones, los modelos y manuales de tratamiento que
abarquen científicamente el estudio de los trastornos de la
personalidad. Esta aproximación no excluye el análisis de los
comportamientos que conforman el cuadro en cuestión, sino
que dicho análisis se hará sin perder de vista la estructura
subyacente que «une y cohesiona» las conductas implicadas.
Decir que un paciente se lava las manos, muestra temor a
contraer gérmenes, es hipervigilante, tiene pensamientos intrusivos y compulsiones, no es lo mismo que describir estos
comportamientos en el contexto cognitivo/investigativo del
TOC e incluir todos los avances e investigaciones que actualmente se conocen del trastorno obsesivo compulsivo (que son
muchos, sin lugar a dudas).
Además, desde el punto de vista de la TC no siempre es
necesario tratar «todos» los comportamientos relacionados
con un esquema o una alteración específica. Más bien, el
terapeuta cognitivo utiliza algunos de estos comportamientos para «entrar» a la base informacional y modificarla, de tal
modo, que los otros comportamientos relacionados pierdan
su sustento y funcionalidad y se eliminen. El modelo informacional establece que un esquema o un conjunto de esquemas organizados (personalidad) pueden generar distintos
productos informacionales y un mismo producto puede estar
asociado a varios esquemas de base. La discusión sobre las
causas de este fenómeno de «mejoría por extensión o inclusión» (lograr modificar comportamientos sin tratarlos directamente sino a través de otras conductas relacionadas) queda
claramente planteada en la siguiente pregunta: los resultados
positivos desde el punto de vista terapéutico en terapia cognitiva o cognitivo-conductual ¿son obtenidos por el principio
de generalización de estímulos, por reestructuración esquemática o ambos?
A manera de resumen podríamos definir la conceptualización
clínica cognitiva multinivel (CCCM) como aquel procedimiento
de recolección y organización de la información que permite
desarrollar una o varias hipótesis de trabajo para comprender
[ 271 ]
(describir y explicar) los problemas individuales del paciente
o su patología de acuerdo al modelo cognitivo/informacional
en sus diferentes niveles de complejidad.
La tabla 3 muestra las distintas fases de análisis de la CCCM.
Los pasos presentados facilitan el proceso de «pensar el caso»
de manera ordenada y más o menos exhaustiva. No obstante,
un psicólogo cognitivo con experiencia, al obrar por heurísticos, puede obviar algunos pasos y pasar de una fase a otra con
una rapidez considerable. Nuestra experiencia clínica nos ha
mostrado que la aparente complejidad conceptual del modelo
se reduce considerablemente en la práctica. Más adelante, en
el Apéndice 2, mostraremos detalladamente el trabajo en cada
fase con relación a un caso específico.
Tabla 3. Conceptualización clínica cognitiva multinivel. Análisis por fases:
Evaluación inicial
FASE I: ANÁLISIS DESCRIPTIVO
1. Información demográfica.
2. Motivo de consulta, listado y presentación de
los problemas del paciente.
3. Impresión del terapeuta.
4. Autodescripción del paciente.
5. Evaluación o estatus mental.
6. Historia médico/psiquiátrica del paciente.
7. Evaluación del desempeño, roles y condiciones de vida.
8. Evaluación motivacional global y estilo de vida.
9. Diagnóstico psiquiátrico.
Primer nivel de análisis (Nivel I)
(Fundamentos teóricos en el capítulo 3)
FASE II:
[ 272 ]
ANÁLISIS DEL ESTADO ACTUAL E HISTÓRICO DE LOS
PROBLEMAS O SÍNTOMAS OBJETIVO
La Conceptualización clínica cognitiva multinivel: análisis por fases
1. Autorregistro e identificación de los pensamientos
automáticos y distorsiones cognoscitivas asociados con los
síntomas o problemas específicos
2. Microanálisis de los síntomas objetivo o problemas
específicos
3. Análisis de la entidad diagnóstica
FASE III:
ANÁLISIS INTERACTIVO DE RESPUESTAS
4. Elaborar gráficos o mapas cognitivos/
comportamentales funcionales
FASE IV:
ANÁLISIS INTRACOGNITIVO
5. Recopilar y organizar toda la información generada hasta el
momento sobre pensamientos automáticos y distorsiones
cognoscitivas (presunción ordenada)
6. Identificar regularidades y contenidos de los
pensamientos automáticos (PA) y distorsiones cognoscitivas
(DC) y realizar inferencias
Segundo nivel de análisis (Nivel II)
(Fundamentos teóricos en el Capítulo 4)
FASE V:
ANÁLISIS DE LOS EVENTOS ESTRESANTES
1. Identificar e integrar los estímulos específicos del Nivel 1 en
eventos estresantes o activantes globales
FASE VI:
ANÁLISIS E IDENTIFICACIÓN DEL ESQUEMA NUCLEAR
2. Recopilar y organizar toda la información generada
hasta el momento sobre el contenido del esquema nuclear
(EN) (presunción ordenada)
3. Ampliar la información y explorar mediante recursos
de indagación específicos, directos e indirectos el contenido
del esquema nuclear
4. Identificación de los contenidos del esquema nuclear (EN)
FASE VII: ORIGEN Y DESARROLLO DEL ESQUEMA NUCLEAR:
HISTORIA DEL PROBLEMA
FASE VIII: DETERMINAR DIÁTHESIS-ESTRÉS
[ 273 ]
FASE IX: ANÁLISIS E IDENTIFICACIÓN DEL SISTEMA A DE
AUTOPERPETUACIÓN: SELECTIVIDAD INFORMACIONAL
5. Recopilar y organizar toda la información generada hasta
el momento sobre selectividad informacional: sesgos
confirmatorios y heurísticos (SI) (presunción ordenada)
6. Ampliar la información y explorar mediante recursos de
indagación específicos directos e indirectos, los sesgos
confirmatorios, y heurísticos que utiliza el paciente
7. Identificación de los procesos de selectividad informacional:
sesgos confirmatorios e heurísticos (SI)
FASE X:
ANÁLISIS E IDENTIFICACION DEL SISTEMA B DE
AUTOPERPETUACIÓN:
a. Creencias intermedias
8. Recopilar y organizar toda la información generada hasta
el momento sobre creencias intermedias: actitudes (Act),
creencia trágica (Ctrg), imperativos (Imp) y creencia
compensatoria (Ccom) (presunción ordenada)
9. Ampliar la información y explorar mediante recursos de
indagación específicos directos e indirectos, cada una de
las creencia intermedias especialmente la creencia trágica y
compensatoria
10. Identificación de las creencias intermedias (Act, Ctrg, Imp,
Ccom)
b. Estrategias de autoperpetuación compensatorias/
aseguradores y evitativas
11. Recopilar y organizar toda la información generada hasta el
momento sobre estrategias compensatorias/ aseguradores y
evitativas (presunción ordenada)
12. Ampliar la información y explorar mediante recursos de
indagación específicos directos e indirectos, las estrategias
compensatorias/aseguradoras y evitativas intervinientes y su
manera de operar
13. Identificación de las estrategias compensatorias/
aseguradoras (Ec/a y evitativas (Ee) y su funcionamiento
c. Autoperpetuación y profecías autorrealizadas
[ 274 ]
La Conceptualización clínica cognitiva multinivel: análisis por fases
14. Recopilar y organizar toda la información generada hasta el
momento sobre las profecías autorrealizadas (presunción
ordenada)
15. Ampliar la información y explorar mediante recursos de
indagación específicos directos e indirectos, las profecías
autorrealizadas intervinientes y su manera de operar
16. Identificación de las profecías autorrealizada (Pa) y su
manera de operar
FASE XI:
ANÁLISIS DE LA CRISIS Y EL EQUILIBRIO PATOLÓGICO
17. Elaborar diagrama del Nivel II (análisis estructural)
18. Explicar la dinámica de autoperpetuación esquemática
del Nivel II (equilibrio patológico) y su funcionamiento en
situaciones críticas, de acuerdo a lo obtenido en las Fases
anteriores
Tercer nivel de análisis (Nivel III)
(Fundamentos teóricos en el Capítulo 5)
FASE XII: ANÁLISIS E IDENTIFICACIÓN DE ESQUEMAS
CONCEPTUALES, VALORATIVOS Y MOTIVACIONALES
SUPERIORES
1. Recopilar y organizar toda la información generada de todas
las fases anteriores sobre el contenido de los esquemas
ideológicos/conceptuales (El/C), esquemas valorativos (EV)
y esquemas motivacionales superiores (EMS) (presunción
ordenada)
2. Ampliar la información y explorar mediante recursos de
indagación específicos directos e indirectos, cada uno de los
tres esquemas de segundo orden señalados
3. Historia personal relevante
4. Identificación de los contenidos de los esquemas ideológicos
/conceptuales (El/C), valorativos (EV) y motivacionales
superiores (EMS)
FASE XIII: ANÁLISIS E IDENTIFICACIÓN DE LOS ESQUEMAS
CONSTRUCTIVOS QUE POSEE EL PACIENTE
5. Establecer la coincidencia o congruencia Informacional los
[ 275 ]
tres esquemas anteriores (ver Figura 14)
6. Recopilar y organizar toda la información generada hasta el
momento de todas las fases anteriores sobre los posibles
esquemas constructivos que posea el paciente (presunción
ordenada)
7. Ampliar la información y explorar mediante recursos de
indagación específicos directos e indirectos el contenido de
los esquemas constructivos
8. Identificación de los esquemas constructivos que existen en
el repertorio del paciente (EC)
FASE XIV: RESUMIR LA INFORMACIÓN Y ELABORAR DIAGRAMA
NIVEL III
Diagrama de conceptualización integrada
(ver Figura 1, Capítulo 2)
FASE XV: RESUMEN Y EXPLICACIÓN DEL FUNCIONAMIENTO
COGNITIVO INFORMACIONAL DEL PACIENTE EN LOS
TRES NIVELES: HIPÓTESIS CENTRAL INTEGRADA
FASE XVI: DEFINIR BLANCOS TERAPÉUTICOS Y RECURSOS
TÉCNICOS
*
[ 276 ]
cap í tu lo 8
La evaluación cognoscitiva
Las fuentes para obtener la información en TC son múltiples y variadas. Aunque existe una propuesta inicial, el clínico
puede recurrir a ellas para indagar cada Fase cuantas veces
crea conveniente, de acuerdo a las necesidades que plantee el
caso. Así, de acuerdo al momento terapéutico, cada Fase puede
ser abarcada por una a varias formas de recolección de datos.
Por lo general, la herramientas evaluativas incluyen entrevistas, cuestionarios de autorreporte, observación directa en la
sesiones y fuera de ellas, grabaciones, filmaciones, autobservación, interconsultas y entrevista con personas significantes de
la vida del paciente.
La entrevista semiestructurada
Algunas de estas entrevistas son utilizadas para investigación, si su nivel de estructuración es muy alto, o para establecer un diagnóstico psiquiátrico (vg. la Entrevista diagnóstica
estructurada para trastorno del Eje I del DSM-IV o SCID-I) (First,
Spintzer, Gibbon y Williams, 1995). Al tener un propósito u
organización preestablecida, pero no tan formal como la entrevista estructurada, la entrevista semiestructurada permite
[ 277 ]
cierta flexibilidad, aunque siempre alrededor de un objetivo
determinado. Dos ejemplos psiquiátricos de este tipo de evaluación son las entrevistas sobre el status mental del paciente
(Kaplan y Sadock, 1999) y la utilización de la Guía de los criterios de DSM-IV-R para establecer diagnósticos diferenciales.
Desde el punto de vista cognitivo podríamos citar las categorías de creencia central o esquema nuclear de Beck (1996) y
J. Beck (2004), las categorías de distorsiones cognitivas (Freeman y otros, 2004) y el checklist de distorsiones cognitivas
(Leahy, 2003b).
La entrevista no estructurada o abierta
La CCCM es uno de los instrumentos más utilizados. Obviamente esta entrevista es menos directiva y más flexible que
la anterior y responde básicamente a un motor de búsqueda
centrado en la hipótesis de trabajo que ha creado el psicólogo
clínico.Tal como dije en otra parte, el terapeuta no se enfrenta
al proceso de conceptualización con la mente en «blanco. Hay
un plan subyacente y un conjunto de sospechas, suposiciones
o conjeturas desde el primer contacto con el paciente, que el
terapeuta cognitivo intenta convertir en hipótesis, para luego
contrastarlas. La TC llama la atención sobre la importancia de
la metacognición del terapeuta cuando lleva a cabo una entrevista clínica. Por ejemplo: ¿qué tengo en mente? ¿Exactamente que quiero preguntar? ¿Qué guía o motiva mi pregunta?
¿Qué pienso hallar?
A lo largo de las fases, las entrevistas no estructuradas adoptarán formas específicas de acuerdo a la temática en cuestión
(identificación del esquema nuclear, heurísticos, esquemas
valorativos). La entrevista cognoscitiva utiliza distintos tipos
de preguntas, según sea el objetivo: a) abiertas (el paciente responde como quiere), b) facilitadoras (alienta la conversación),
c) aclaratorias (se busca claridad y precisión en la información),
d) confrontadoras (resaltan las contradicciones), y e) directas (especialmente útiles, una vez que se haya logrado un buen rapport con el paciente). Por lo general, el estilo de entrevista en
[ 278 ]
La evaluación cognoscitiva
la TC es muy empático y, a la vez, directivo. Como ya se sugirió antes, la TC rechaza tanto el encarnizamiento terapéutico
como cualquier violación directa o indirecta de los derechos
humanos del paciente y, por lo tanto, se adhiere a los protocolos internacionales de ética y manejo clínico comúnmente
aceptados por la comunidad científica.
También es importante señalar que para la TC el silencio
del paciente no es un motivo de preocupación guiado por
la urgencia del tiempo, sino uno de los tantos indicadores
revelantes observados en la consulta. No obstante, aprender
a detectar el «silencio clínicamente significativo» no implica
asumir ninguna teoría respecto al inconsciente. El terapeuta
cognitivo es supremamente activo en sus citas, no esconde
esencialmente su personalidad ni trata de asumir el papel de
«incógnito» frente al paciente. Tal como señalan Ellis y Beck
en sus escritos, una de las técnicas más importantes en la TC
es brindar al paciente, dentro de los límites que marca el buen
juicio clínico, libre información sobre uno mismo: el terapeuta como modelo de superación. Al estar el psicólogo «presente», de manera manifiesta y sentida, el paciente no crea
la necesidad de llenar el vacío informacional que genera el
anonimato, tal como suele ocurrir con algunos clínicos «misteriosos» que actúan «tras bambalinas» y que producen en el
paciente interpretaciones de todo tipo.
Cada fase presenta exigencias particulares que deben ser
resueltas por el terapeuta. La CCCM promueve que cada quien
elabore sus propias entrevistas siguiendo los principios cognitivos. En los próximos apartados se presentarán algunas propuestas que podrán ser modificadas o no de acuerdo a las
inclinaciones personales del clínico. En cada una de las fases
retomaremos el tema de las entrevistas y su aplicación.
Cuestionarios de autorreporte
El salto inferencial que debe realizar el terapeuta cognitivo
para la elaboración de constructos de orden superior se origina en distintas fuentes informacionales (observación directa,
autobservación, análisis interactivo de respuestas, regularidad
[ 279 ]
cognitivas). Una de ellas son los cuestionarios de autorreporte
debidamente estandarizados.
La CCCM sugiere que estos cuestionarios no se apliquen
antes de que el terapeuta tenga contacto con el paciente,
como proponen algunos modelos, sino durante el proceso de
recolección de datos, ya sea para generar información o confirmarla. En más de una ocasión, los test abren ventanas sobre
aspectos importantes que pueden haber pasado inadvertidos
para el psicólogo. Sin embargo, pese a su utilidad evidente,
no son per se suficientes para elaborar una conceptualización
confiable del caso.
Los cuestionarios de autorreporte se diferencian de las entrevistas estructuradas en que los primeros buscan la obtención de datos bajo condiciones estandarizadas. Los test clínicos deben estar debidamente normalizados para la población
donde se vayan a utilizar y deben mostrar buenos indicadores
de confiabilidad y validez. Algunos cuestionarios son excelentes herramientas para la investigación, mientras otros son
considerablemente empleados en terapia, como por ejemplo:
Cuestionario de esquemas maladaptativos temprano de Young
(YQL), Cuestionario de depresión de Beck (BDI) y Cuestionario de creencias irracionales de Ellis (IBT).
Una utilización adecuada de los cuestionarios debe ser, en
lo posible, tanto cuantitativa como cualitativa. Por ejemplo si
en el cuestionario de personalidad (PENL) de Eysenck (ver,
Riso, 1988) en el ítem: «¿Usted ama usted a su madre?», el entrevistado responde: «No, porque la odio», es apenas natural
que semejante respuesta adquiera una significación clínica tan
o más importante que el resultado ponderado del percentil
donde se ubica al paciente.
El criterio cognitivo/estadístico utilizado por nosotros en
la práctica es como sigue: se consideran clínicamente significativos aquellos puntajes que estén ubicados en la media
más o menos una desviación estándar, dependiendo del cuestionario. La elaboración, traducción y estandarización de un
número considerable de cuestionarios realizados por nuestro
grupo de trabajo ha mostrado que, en general, la media de los
[ 280 ]
La evaluación cognoscitiva
pacientes suele estar más allá del percentil 75 o por debajo del
25, según como sean configuradas las preguntas.
Observación directa del comportamiento
Durante la entrevista inicial y otras formas de recolección
de datos, el terapeuta cognitivo se forma una impresión del
paciente como persona. Aunque esta impresión puede ser
subjetiva y estar basada en los heurísticos que caracterizan al
experto, lo ideal es que el clínico sea capaz de hacer consciente este proceso automático y sustentar las apreciaciones, que
no siempre es fácil de lograr. Una manera de hacer lo «menos
subjetiva posible» la primera impresión es que el terapeuta
se obligue a una observación más depurada y sistemática del
paciente. Las citas cara a cara representan una forma experimental de encuentro, que guarda la esencia vivencial de cualquier relación.
El terapeuta cognitivo no escatima esfuerzos para tratar de
sacar todo el provecho posible de la observación in vivo del
paciente, a través de medios filmados o grabados. Por ejemplo,
durante los procesos de exposición o de activación de esquemas, la observación adquiere un papel vital, no sólo para la
eficiencia de la intervención en sí, sino para conocer detalles
de cómo el sujeto reacciona realmente. No es lo mismo que
un paciente «hable de su pánico» a que se le active el pánico
mediante hiperventilación. La riqueza informacional es mucho mayor cuando los esquemas están activados. La TC no
sólo interviene en «frío» sino también, y principalmente, en
«caliente», es decir, cuando los contenidos de los esquemas
son más asequibles.
Autorregistro y autobservación
La TC recurre tanto a procedimientos bastante estructurados, utilizados por la terapia conductual, cognitivo/conductual o cognitiva estándar, como a otras formas de autobserva-
[ 281 ]
ción menos estructuradas (vg. llevar un diario personal) (ver,
Fase II).
La autobservación también puede hacerse mediante filmaciones o grabaciones de las exposiciones o de algún procedimiento de intervención en consulta (vg. disputas racionales a
creencias, intercambio de roles).
Interconsulta
La modestia es un requisito imprescindible de cualquier
terapeuta. Es imposible saberlo todo y nunca tener dudas. La
interconsulta, ya sea con un profesional psicólogo o de otra
disciplina (vg. médicos internista, endocrinólogo, neurólogo,
psiquiatra, terapeuta del lenguaje), permite confirmar y/o reformular hipótesis, y también realizar la remisión de manera
adecuada. La TC no pretende ser la panacea para todos los males y comprende que en las enfermedades psicológicas operan
un número considerable de factores que exceden el marco
estrictamente cognitivo/informacional.
Entrevista con personas significativas
Hay ocasiones en que es imprescindible obtener información de la familia o pares del paciente. No solamente porque
hay «sospechas» de que la información no esté siendo veraz,
sino porque a veces el paciente simplemente no posee la información requerida. Por ejemplo, en el trastorno de pánico
nocturno, en las pesadillas, en el sonambulismo o en algunos
casos de ausencia y epilepsia, donde el sujeto no es consciente
de lo que hace o dice.
[ 282 ]
cap í tu lo 9
Una breve introducción
epistemológica
La TC pretende mucho más que hallar un vínculo directo
entre aspectos observables: su objetivo fundamental es dar cuenta
de los inobservables. Es decir, generar explicaciones profundas
sobre el o los mecanismos responsables, ocultos a la realidad.
Esta búsqueda sólo es posible mediante la construcción de
teorías confiables. En tal sentido, la TC defiende la teorización
y la utilización del método hipotético deductivo como aspectos centrales de la actividad científica. Podría decirse que la
psicología cognitiva ha sentado las bases de una metodología
para teorizar. Tal como se dijo en otro apartadora TC asume
una epistemología realista: «Las leyes externas actúan a través de las
condiciones internas» (Rubinstein, 1964).
La TC rechaza la exigencia filosófica (ontológica) a renunciar a conceptos transobservacionales, y, por tal razón, además
de variables intervinientes, hace uso de constructos hipotéticos.
Su modelo básico es: (a) de caja traslúcida, como contraposición al cajanegrismo, y (b) representacional, como opuesto al
enfoque fenomenológico, aunque no descarta la utilidad clínica de este último, sobre todo en pacientes cognitivamente
deteriorados.
[ 283 ]
La TC afirma que los datos no son las hipótesis. Las hipótesis son las conjeturas que van más allá de la evidencia que
se intenta explicar, por eso, desde una perspectiva multinivel
se trabaja con hipótesis de distintos niveles de ostensividad y
profundidad. Siguiendo a Bunge (1979) y Riso (2000) los criterios que asume la TC para la generación y formulación de
hipótesis científicas se resumen en seis puntos básicos:
1. La producción de hipótesis (arranque) puede surgir de
procesos análógicos, intuición, deducción, construcción y por inducción. La producción de hipótesis es
una actividad cognoscitiva creadora y no una generalización de datos. Este punto aleja a la TC de los modelos
estrictamente conductuales.
2. El contenido semántico de las hipótesis (ostensividad)
no se limitará exclusivamente a conceptos observacionales (hipótesis de bajo nivel). Por el contrario, se
aceptan todo tipo de hipótesis no-observacionales de alto
nivel teorético, que cumplan con los requisitos 4, 5, y
6. Lo determinante no es el grado de abstracción de los
predicados que contenga la hipótesis, sino su escrutabilidad (posibilidad de contrastación). Este punto aleja la
TC de los modelos estrictamente conductuales.
3. El nivel de profundidad de las hipótesis no se limitará
exclusivamente a las hipótesis fenomenológicas. Por el
contrario, se aceptan todas aquellas hipótesis representacionales que cumplan con los requisitos 4, 5, y 6, y que
se refieran al funcionamiento interno del sistema. Este
punto aleja la TC de los modelos estrictamente conductuales.
4. Las hipótesis deberán ser lógicamente consistentes, es decir,
bien formadas, con significado y relacionadas de manera consistente con sus premisas y los datos de referencia.
5. Las hipótesis deberán estar debidamente fundamentadas,
es decir, coherentes y compatible con el cuerpo de co-
[ 284 ]
Una breve introducción epistemológica
nocimientos aceptados por la psicología científica. Este
punto aleja la TC de los modelos psicodinámicos.
6. Las hipótesis deberán ser empíricamente contrastables. Tal
como se ha dicho anteriormente, se acepta un criterio
amplio de contrastabilidad, en el sentido de que es posible
establecer fórmulas indirectamente contrastables. Este punto aleja totalmente la TC de los modelos psicodinámicos y parcialmente de los modelos conductuales.
El papel de las hipótesis en la
conceptualización clínica cognitiva
multinivel: pensar como científico
La CCCM, al igual que cualquier otra formulación del caso,
pretende generar una hipótesis de trabajo integrada sobre las
causas y mantenimiento de las dificultades que presenta el
paciente. Sin embargo, el contexto clínico no es un laboratorio de experimentación básico. El terapeuta cognitivo piensa
como científico, pero no «hace ciencia» en la consulta. Tal como
afirma Turkat (1985): el proceso de generación de hipótesis
puede resultar altamente subjetivo, ya que, nos guste o no, está
basado en un alto porcentaje en la experiencia y en los conocimientos del terapeuta, por tal razón, es importante que el
clínico esté continuamente revisando el proceso de construcción de hipótesis y evaluando su procedencia, ya sea mediante cuestionarios específicos, entrevistas, registros, el punto de
vista del paciente, personas allegadas a él, otros profesionales,
observación directa y los resultados del tratamiento.
«Pensar como científico, sin hacer ciencia» podría verse
en el siguiente ejemplo. Una señora de cuarenta y cinco años
con un diagnóstico de trastorno de pánico, presentaba además
serios problemas de pareja. La hipótesis del terapeuta fue que
la disfunción marital generaba en la señora una situación de
no escape, la cual disparaba una doble vulnerabilidad: biológica y cognitiva (esquema de vulnerabilidad y abandono). La
relación de pareja era descrita por ella como totalmente «asfi-
[ 285 ]
xiante» e inescapable: no era capaz de separarse, pero tampoco
de seguir con un matrimonio en decadencia. Partiendo del
razonamiento anterior, el terapeuta decidió tratar primero el
problema de pareja, ya que el pánico mostraba síntomas de
una intensidad moderada, con el siguiente argumento: «Si el
pánico es causado por el problema de pareja, los síntomas del
pánico deberían disminuir significativamente si el problema
de pareja se resuelve de alguna manera». Y en realidad fue lo
que ocurrió. La mujer logró separarse y quedar totalmente
libre de síntomas al poco tiempo, sin haber sido tratado el trastorno de pánico.
Independientemente de que se comparta o no la conceptualización en sí misma, podríamos decir que el terapeuta «sí
pensó como científico». Primero elaboró una mini teoría basada en la perspectiva cognitiva del «no escape», la pérdida de
control o necesidad de controlabilidad, la teoría de toma de
decisión de problemas irresolubles y otros principios informacionales con suficiente evidencia empírica. Segundo, llegó
a la hipótesis a través de un proceso organizado y sistemático
de recolección de datos, que facilitó una explicación coherente y lógica de la conclusión. Tercero, estableció una relación de causalidad contrastable respecto al problema, esto es,
sensible a los hechos. Si los resultados hubieran sido otros,
se debería haber reevaluado el caso. Insisto, más allá de los
intríngulis y detalles clínicos, lo que me interesa destacar es
que la reflexión del clínico siguió una pauta racional acorde
al pensamiento científico.
Repitamos la idea central. La TC induce al terapeuta a formular todo tipo de hipótesis clínicas cognitivas que estén fundamentadas
(en nuestro caso en el modelo cognitivo y la teoría del procesamiento
de la información), que sean lógicamente organizadas (que se puedan
deducir lógicamente de las premisas y de los datos recolectados) y que
sean contrastables (mediante la intervención o cualquier otro método
aceptado por el modelo).
En la CCCM, desde el primer contacto con el paciente, el
terapeuta cognitivo comienza a generar presunciones, sospechas y conjeturas de todo tipo.
[ 286 ]
Una breve introducción epistemológica
La hipótesis central integradora
y módulos de variables cognitivas
relevantes
La CCCM utiliza conjeturas y suposiciones parciales que
apuntan a identificar las variables cognitivas implicadas en el caso
y una hipótesis central integradora (HCI) que articula las variables
identificadas en un todo dinámico donde se relacionan los
tres niveles de análisis con la problemática del paciente desde
la perspectiva cognitivo/informacional.
El proceso de identificación apunta a definir cada uno de
los elementos involucrados en el esquema central de los tres
niveles (ver, Figura 1). La HCI pretende explicar de qué manera estos elementos (vg eventos estresantes, esquema nuclear,
procesos de autoperpetuación, esquemas de segundo orden
y los pensamientos automáticos) se relacionan entre sí para
generar la patología del paciente.
La HCI (hacia donde confluye todas las Fases) debe dar
cuenta de las variables cognitivas e informacionales que causan, contribuyen y/o mantienen el problema e informar sobre
el papel que cumplen otros factores coadyuvantes o predisponentes no psicológicos (vg. demográficos, neurofisiológicos,
genéticos) en la conformación del caso.
Las variables cognitivas que deben tenerse en cuenta para
llegar a la HCI son las estructuras, operaciones o productos
cognitivos que intervienen en los distintos niveles. La Tabla IV
muestra los 16 Módulos de variables cognitivas relevantes (PA, DC,
EN, DE, SI, Ac, Ctrg, Imp, Ccom, Ec/a, Ee, Pa, EI/C, EV, EMS, EC)
donde se irá almacenando la información de cada variable a lo
largo de todas la Fases. Por ejemplo, en el Módulo DE, el terapeuta recopilará toda la información sobre Diáthesis-estrés a
lo largo del proceso de recolección de datos, hasta que llegue
a la Fase VIII (ver Tabla III), donde deberá organizar toda la información acumulada al respecto e identificar concretamente
la variable de diáthesis-estrés, tal como fue definida conceptualmente en el Capítulo 4.
[ 287 ]
Tabla IV
Módulos de variables cognitivas relevantes.
Nivel I
Pensamientos automáticos: PA
Distorsiones cognitivas; DC
Nivel II
Contenido del esquema nuclear (vulnerabilidad cognitiva): EN
Diátesis-estrés (precipitantes): D-E
Sistema A de autoperpetuación:
Selectividad informacional: SI
Sistema B de autoperpetuación:
(Creencias intermedias)
Actitudes: Ac
Creencia trágica: Ctrg
Imperativos: Imp
Creencia compensatoria: Ccom
Estrategias de autoperpetuación compensatorias/aseguradoras: Ec/a
Estrategias de autoperpetuación evitativas: Ee
Profecías autorreaíizadas. Pa
Nivel III
Contenido de los esquemas ideológicos/conceptuales: EI/C
Contenido de los esquemas valorativos: EV
Contenido de los esquemas motivacionales superiores: EMS
Contenido de los esquemas constructivos: EC
La figura 15 muestra el proceso de recolección de datos en
función de las variables cognitivas señaladas.
Como puede observarse, cada fase de la recolección de
datos se vincula con las demás a través de un proceso central
de toma de decisiones donde el terapeuta coteja la información suministrada por cada fase con la siguiente y ésta con la
anterior. Pero además de la búsqueda que se establece en el
interior del bloque de recolección de datos el terapeuta debe
[ 288 ]
TOMA
DE
DECISIONES
Proceso de recolección de datos
Fase XII
Fase XI
Fase X
Fase IX
Fase VIII
Fase VII
Fase VI
Fase V
Fase IV
Fase III
Fase II
Fase I
EC
EMS
EV
EI/C
Pa
Ee
Ec/a
Ccom
Imp
Ctry
Ac
SI
D-E
EN
SBA
CInt
SAA
Módulos de variables cognitivas
Figura 15. Recolección de datos y módulo de variable cognitiva.
Una breve introducción epistemológica
[ 289 ]
ir acumulando información en cada módulo. En cada una de
las Fases, el clínico obtendrá información que corresponderá
a varios módulos a la vez.
Por ejemplo, si en la Auto descripción del paciente (Fase I,
Paso 4), el paciente escribe que se considera un «fraude», porque «no es lo que aparenta», y luego agrega: «seré el único
fracasado de la familia», el terapeuta podría registrar:
En el Nivel II:
• Módulo EN:
• Módulo Ctrg:
• Módulo DE:
• Módulo SI:
«Posible esquema de incompetencia/
fracaso»
«No podré salir adelante en la vida»
¿Posible estrés en el área laboral?
¿Precipitantes relacionados con retos
o desafíos?
¿Algún fracaso reciente?
Inatención selectiva o posible
autocrítica
En el Nivel III:
• Módulo EV:
«Familia que valora el éxito», ¿En qué
ambiente social se mueve?
• Módulo EI/C: «La gente fracasada no merece nada»
Los PA y DC, suelen ser abordados rápidamente y sin tanta
dificultad en el Nivel I mediante autorregistros y formatos de
micro análisis, tal como veremos más adelante. Por esa razón,
la utilidad de los Módulos de variables cognitivas relevantes se hace
más evidente en el Nivel II y III.
Una vez más: los módulos son reservorios de información
donde se guardan o almacenan las observaciones, así como las
sospechas, presunciones, conjeturas e interrogantes que se le
generan al terapeuta durante la obtención de datos, relacionadas con una variable cognitiva en particular, y que llegado el
momento, permitirán la elaboración de la HCI y su posterior
contrastación con los hechos.
Kerlinger (1975) define el término «hipótesis», como una
expresión conjetural entre dos o más variables, y Salkind
[ 290 ]
Una breve introducción epistemológica
(1998) afirma que la hipótesis es «una conjetura educada». En
general, las suposiciones y sospechas se diferencian de las hipótesis.Veamos las diferencias:
1. Presunciones: sinónimo de suponer. Suponer: conjeturar o calcular algo por las señales o indicios que se
tienen (básicamente racional inferencial).
2.
Sospechar: aprehender o imaginar una cosa por
conjetura (básicamente representación visual u otra forma
analógica).
3.
Conjetura: juicio que se forma de una cosa o acontecimiento por las señales o indicios que de él se tienen (opinión fundamentada sobre lo que se cree verdadero o
falso).
4.
Hipótesis: suposición (sospecha o juicio) imaginada
o calculada, sin pruebas o con pruebas insuficientes,
para deducir de ella ciertas conclusiones que estén de
acuerdo con hechos reales.
El terapeuta elabora correctamente una HCI cuando es
capaz de responder de manera satisfactoria a las siguientes
preguntas:
¿Cuál es su fundamentación teórico científica? (fundamentación científica o plausibilidad).
¿Cómo llegó a tal hipótesis partiendo de los datos? (consistencia lógica).
¿Cómo cree que afecta la problemática del paciente? (relaciones causales).
¿De qué forma se llevará a cabo al contrastación? (comprobación).
La confrontación directa y total de HCI sólo es posible con
la intervención. Un terapeuta puede lograr un gran «apoyo»
lógico y conceptual de su hipótesis, pero sólo en la etapa
del tratamiento propiamente dicho se sabrá la validez de la
misma. También es importante señalar que estas exigencias
metodológicas quedan supeditadas al caso en particular y a la
[ 291 ]
complejidad del mismo. Lo que más le interesa a la TC es que
el terapeuta «haga un intento serio» para reunir los máximos
controles posibles que requiere una conceptualización completa y bien sustentada y siempre tenga presente que deberá
«pensar como científico», así el caso lo embista. Cualquier
clínico con experiencia sabe que no siempre es posible llenar
todos los requisitos «teóricos» para lograr una conceptualización perfecta. Basta pensar en un trastorno de personalidad
límite, un trastorno bipolar severo o en un TOC sin compulsiones
motoras, para tener claro que cuánto mayor es la complejidad
del caso, más difícil será completar a cabalidad la exigencia de
cualquier protocolo de formulación, a no ser que se sacrifique
el paciente por el modelo.
[ 292 ]
cap í tu lo 10
Desarrollo de
la conceptualización por Fases:
evaluación inicial
En este capítulo se explicara paso a paso las distintas Fases de la conceptualización. En el Apéndice 2, puede verse la
aplicación a un caso concreto.
FASE 1: ANÁLISIS DESCRIPTIVO
1. Información demográfica
Aquí se incluye información demográfica sobre el individuo y su familia: edad, sexo, estado civil, profesión, actividad,
hijos, cónyuge, origen, residencia, nivel socio-económico,
etc. Los datos referidos a este tópico son similares a cualquier
anamnesis.
2. Motivo de consulta, listado y
presentación de problemas del paciente
La lista de problemas es un inventario exhaustivo de las
dificultades del paciente en términos concretos, simples y
descriptivos, relacionados con los productos informacionales
(pensamientos, emociones y conductas motoras) o con categorías fácilmente entendibles. Es conveniente que en el ini-
[ 293 ]
walter riso
cio del proceso la lista abarque distintos dominios de la vida
del paciente (problemas que probablemente no sean foco de
intervención) y que también incluya dificultades (problemas
adicionales) que el paciente no considere como tales (consumo de sustancias), pero que al terapeuta sí le parezcan significantes.
El paciente expresa sus preocupaciones en sus propias palabras (motivo de consulta) y posteriormente, el terapeuta intenta «traducirlas» a un lenguaje clínico sin perder el sentido
que el paciente les otorgó. El terapeuta revisará la lista de problemas y, en términos de Beck (1983), tratará de transformar
las «quejas principales del paciente» en «síntomas objetivos».
El autor afirma: «Un síntoma objetivo puede identificarse con
cualquier comportamiento que conlleve sufrimiento o algún
tipo de incapacidad funcional». Este proceso podría ser interpretado como una operacionalización relativa de las expresiones del paciente, de tal manera que permita un manejo eficaz
de la información. Si por distintas razones se presentaran dificultades para obtener descripciones claras, podría ser apropiado asignar la lista como una tarea para hacer en casa o utilizar
alguna escala ya estandarizada de lista de síntomas como, por
ejemplo: Checklist of bodily sensation, Subjetive units of distress
(SUDS), Checklist of positive an negative thoughts (CPNT) (Comeche, Díaz y Vallejo, 1995) o Cognitions Checklist (CCL) (Beck
y otros, 1987).
Aunque en el Nivel I se llevará a cabo el análisis interactivo
de respuestas, es importante que mientras se configura la lista de problemas, el terapeuta haga una breve introducción a
los aspectos funcionales de cada comportamiento-problema,
como, por ejemplo: frecuencia, intensidad y duración de los
episodios o sintomatología, factores disparadores, otras reacciones asociadas y cuándo aparecieron los síntomas.
La lista de problemas operacionalizados ayuda a orientar
la búsqueda y recolección de datos dentro de un rango de
dificultades de terminado y permite generar hipótesis sobre
entidades diagnósticas (depresión, trastorno de pánico, ansiedad generalizada). La lista de problemas también debe arrojar
[ 294 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: evaluación inicial
datos sobre la premura de intervenir ciertos comportamientos
motores, emociones o pensamientos (aquellos que ocasionen
un sufrimiento significativo y/o que son peligrosos para la
vida del paciente) o iniciar un proceso de remisión. J. Beck
(2000), en relación con qué pensamiento automático debe
atacar primero el terapeuta, propone hacerse las siguientes
preguntas:
¿Qué estoy tratando de conseguir en esta sesión? Trabajar en esto, ¿nos ayudará a alcanzar los objetivos terapéuticos? [...) ¿Se trata de un pensamiento importante? ¿Es
suficientemente distorsionado o disfuncional? ¿Investigar
este pensamiento me ayudará a profundizar en la conceptualization del paciente (pág. 138).
Una vez más, vale la pena resaltar que el terapeuta cognitivo no se enfrenta a los problemas del paciente como si fueran
una «tabla rasa». Cada dificultad de la lista sugiere sospechas
e inquietudes que van más allá de la inmediatez conductual,
para lo que contará con los módulos de las variables cognitivas donde podrá depositar sus conjeturas terapéuticas. La relevancia de cada síntoma resultará de la intersección dinámica
de las necesidades del paciente con la importancia clínica que
el terapeuta les asigne, de acuerdo al modelo cognitivo.
Un paciente mostró la siguiente lista de problemas: insomnio, ideas persistentes de miedo al fracaso, hipersensibilidad a la
crítica, problemas gastrointestinales, dolores musculares, sudor,
ansiedad anticipatoria, impotencia, irritabilidad y problemas
de pareja. El terapeuta realizó tres aproximaciones: a) eligió
los síntomas que más molestaban al paciente como blancos
terapéuticos inmediatos (insomnio y ansiedad anticipatoria,
ya que interferían con su desempeño en distintas áreas); para
tal efecto, llevó a cabo una interconsulta psiquiátrica para
controlarlos mediante medicación y, adicionalmente, se enseñó al paciente algunos principios de higiene del sueño y
relajación; b) hipotetizó un trastorno de ansiedad generalizada
(para tales efectos el terapeuta recurrió a los referentes teóricos cognitivo/informacionales más recientes del GAD y al
[ 295 ]
walter riso
sistema de clasificación del DSM-IV-R), y c) estableció qué síntomas podrían ser «causas» de otros (por ejemplo, el malestar
físico y el cansancio suelen incrementar la irritabilidad y los
problemas de pareja, y la ansiedad suele afectar negativamente
el rendimiento sexual).
Un aspecto adicional del motivo de consulta es el relacionado con la remisión y las intervenciones anteriores que
haya recibido el paciente. Por ejemplo: quién lo remite, si
asiste voluntariamente a la consulta, cuántas veces ha pedido
ayuda por el mismo problema, quien lo ha tratado, tipo de
tratamientos realizados, duración y adherencia al tratamiento.
3. Impresión del terapeuta
El terapeuta, además de prestar atención a lo que el paciente dice, debe observar sus comportamientos paralingüísticos, motores y gestuales. Por ejemplo, a una mujer de 38
años, cada vez que se le hacía referencia a algún error en su
manera de ser o actuar, se rascaba los ojos, como lo hace un
niño cuando tiene sueño. Este comportamiento, adquirió una
significación especial cuando en la Fase VI pudo relacionarse claramente con la conformación de un esquema nuclear
negativo (subyugación) originado en un padre autoritario y
maltratador.
El terapeuta también observa el aspecto físico del paciente,
sus reacciones emocionales, sus cambios de postura, si es desafiante o sumiso, si se demora en responder, en fin, se trata de
un «escaneo clínico», donde, si bien la objetividad debe marcar la pauta, es prácticamente imposible eliminar la experiencia clínica del paciente (heurísticos o el llamado «ojo clínico»)
y su capacidad de procesar información afectiva. De manera
similar al apartado anterior, el terapeuta genera sospechas y
conjeturas a partir de las observaciones in situ.
4. Autodescripción
Se pide a la persona que describa verbalmente o por escrito, cómo se ve a sí misma. Por lo general las instrucciones
no siguen ningún formato: «Escríbame en una hoja cómo
[ 296 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: evaluación inicial
se percibe a sí mismo/a siendo lo más directo/a, clara y honesto/a posible». Puede ser entregada como una tarea para la
casa y luego ser discutida con el terapeuta para profundizar
las respuestas.
En algunos casos es conveniente utilizar el cuestionario de
autodescripción MSGO II (Miskiminis, 1972), el cual hemos
modificado y adaptado a nuestro medio, donde el paciente
pueden describirse a sí mismo a lo largo de una serie de adjetivos opuestos: cómo me veo a mí mismo (yo real) y cómo me
gustaría ser (yo ideal).También las categorías sobre creencias
centrales expuestas por Beck (1996), J. Beck (2000) y J. Beck y
Bileing (2004), pueden servir como guía importante a manera
de entrevista semiestructurada (ver, apartado de Autoconcepto).
Los datos obtenidos de esta indagatoria permitirán hacer
distintos tipos de inferencias/sospechas/conjeturas. Por ejemplo, directamente en lo que respecta al contenido del esquema nuclear (vg. soy esto o aquello), sobre el impacto que el
autoconcepto tiene en las distintas áreas de desempeño (vg.
si el paciente tuviera dificultades de autoimagen podría verse
afectada el área de las relaciones interpersonales, o si se evaluara a sí mismo como inútil e incompetente, la repercusión
podría influir directamente en el área laboral) y en los esquemas valorativos (vg. verse a sí mismo como un pecador).
5. Evaluación del estatus mental
Este apartado es muy importante porque ayuda a tomar
decisiones respecto a la posibilidad/necesidad de hacer interconsulta, remitir al paciente o iniciar un trabajo interdisciplinario. Esta evaluación arroja datos sobre el Eje I y Eje III. La
Tabla V muestra un esquema clásico para el examen del estado
mental del paciente.
[ 297 ]
walter riso
Tabla V
Examen del estado mental del paciente
DESCRIPCIÓN GENERAL
• Apariencia
• Conducta y actividad psicomotora
• Actitud hacia el examen y el examinador
HUMOR Y AFECTIVIDAD
• Estado de ánimo
• Afecto
• Adecuación del afecto
CARACTERÍSTICAS DEL LENGUAJE
PERCEPCIÓN
PENSAMIENTO
• Proceso de pensamiento
• Contenido del pensamiento
SENSORIO Y COGNICIÓN
•
•
•
•
•
•
•
Conciencia
Orientación y memoria
Concentración y atención
Lectura y escritura
Capacidad psicoespacial
Pensamiento abstracto
Información e inteligencia
IMPULSIVIDAD
JUICIO E INTROSPECCIÓN
FIABILIDAD
Es indudable que los avances en TC han permitido abarcar un número cada vez mayor de trastornos que antes solo
estaban circunscriptos a la actividad psiquiátrica. Aún así, los
avances en el área de la psicofarmacología y la neurociencia
han dejada claro la influencia de variables biológicas y bioquímicas en un número considerable de alteraciones y, por
tal razón, muchas de ellas deben ser tratadas a través de me-
[ 298 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: evaluación inicial
dicamentos y/o por intervenciones mixtas donde el psiquiatra y el psicólogo cognitivo trabajan mancomunadamente, tal
como ocurre por ejemplo en los casos de manía, depresión
psicótica, esquizofrenia, y otras alteraciones. El examen mental también arroja datos sobre el estado del sujeto durante la
entrevista (vg. consumo de sustancias).
6. Historia médico/psiquiátrica del paciente
Esta evaluación se relaciona directamente con el Eje III. El
psicólogo clínico, independiente de su orientación, por razones técnicas y éticas, debe ser un conocedor de los diagnósticos diferenciales en psiquiatría y psicología, que le permita
sospechar y explorar las enfermedades mentales de base orgánica para remitir oportunamente al profesional adecuado. De esta
manera, se optimizan los recursos de intervención y se logra
que el paciente reciba un tratamiento oportuno y fundamentado. Ignorar estos aspectos podría llevar a cometer errores
graves. Por ejemplo: varios tipos de demencia pueden confundirse con depresiones, especialmente en los ancianos (vg.
Alzheimer, demencia multinfarto), y algunos tipos de epilepsia no se diferencian claramente de los trastornos de ansiedad,
como por ejemplo el TOC y los ataques de pánico producto
de enfermedades neurológicas hereditarias (vg. Huntington).
El hipotiroidismo, hipertiroidismo, enfermedad de Adison,
enfermedad de Cushing, como otras enfermedades endocrinas, también simulan trastornos afectivos y de ansiedad. Por
otra parte, no podemos olvidar las enfermedades de transmisión sexual como SIDA, lues (sífilis), hepatitis B y C, que también comprometen el sistema nervioso central, generando alteraciones de las funciones mentales superiores. Además de las
anteriores, existe un gran abanico de alteraciones metabólicas,
físicas y bioquímicas que podrían impactar negativamente la
percepción, el afecto y la conducta del ser humano, tal como
ocurre con las intoxicaciones, traumas craneanos, hidrocefalia,
alcoholismo severo, trastornos cardiovasculares, hepatopatías,
obesidad, etc.
El psicólogo clínico necesita organizar una pesquisa que
[ 299 ]
walter riso
facilite el acceso a la información pertinente de los diferentes sistemas del organismo. Sistemas de clasificación como el
DSM-IV y el CIE-10 aportan elementos taxonómicos que nos
acercan a un diagnóstico selectivo.
En el modelo CCCM se encara esta búsqueda teniendo en
cuenta tres dimensiones básicas:
Antecedentes médicos generales y enfermedades actuales: deformidades, traumatismos, cirugías, hospitalizaciones, enfermedades crónicas (vg. hipertensión, diabetes), ingesta de medicamentos actual o pasada, y otros.
Antecedentes médicos personales asociados a psicopatología: enfermedades endocrinas, metabólicas, neurológicas, tóxicas, infecciosas, y otras.
Antecedentes familiares o componentes genéticos: esquizofrenia,
trastorno afectivo bipolar, alcoholismo, demencia, epilepsia,
retardo mental, autismo, y otros.
7. Evaluación del desempeño,
roles y condiciones de vida
Aquí se intenta obtener información inicial sobre el desempeño y la satisfacción del paciente en distintas áreas de su
vida, así como los posibles eventos estresantes psicosociales o
ambientales. Esta evaluación es muy importante porque las
características de cada dominio podrán relacionarse con los
precipitantes y con el contenido de los esquemas. Además, el
estudio de cada dimensión ambiental permitirá conocer las
habilidades sociales del paciente en cada rubro y su capacidad
para resolver problemas de la vida cotidiana si los hubiera. Un
dato relevante a saber es qué tanto las condiciones de vida del
paciente en relación con el ambiente definen algún factor de
cronicidad. La herramienta utilizada es la entrevista no estructurada y a veces la entrevista con personas significantes.
Los dominios y roles a indagar, entre otros, son:
Vivienda, estrato social, barrio
Desempeño laboral/profesional
Relación de pareja
Rol de padre o madre
[ 300 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: evaluación inicial
Relaciones con la familia
Relaciones sociales
Condiciones económicas
8. Evaluación motivacional
global y estilo de vida
Aquí se intenta evaluar las metas/intereses/necesidades del
paciente desde una perspectiva global. Por ejemplo, aficiones,
ocio, recreación, autorrealización, vocación, sentido de vida,
estilo y calidad de vida del paciente. Se trata de un encuadre
existencial inicial que nos dará una primera aproximación a
los esquemas de segundo orden. Esta indagación suele desarmar la resistencia inicial del paciente y abrir un canal de
comunicación interesante. De otra parte, esta evaluación nos
dará información valiosa sobre los posibles esquemas constructivos que posea el paciente y su grado de satisfacción y
actividad global. Para este fin se pueden utilizar, entre otras, la
Escala de evaluación del actividad global (EEAG) (ver DSM-IV-R)
o la Escala de autoevaluación de adaptación social (SASS) (Bosc,
Dubini y Polin, 1997).
9. Diagnóstico psiquiátrico
Aquí se establece un diagnóstico de acuerdo a los cinco
Ejes del DSM-IV-R que le permitirá al terapeuta generar más
hipótesis y sistematizar en parte la información. Los datos recogidos de todos los pasos anteriores y la aplicación de cuestionarios específicos contribuirán a construir una evaluación
confiable de cada Eje.
Eje I:
Entrevista, lista de problemas, estatus mental,
cuestionarios.
Eje II: Entrevista, lista de problemas, cuestionarios.
Eje III: Entrevista, historia médico/psiquiatra,
interconsulta.
Eje IV: Entrevista, áreas de desempeño, cuestionarios.
Eje V: Entrevista, áreas de desempeño, motivación y
estilo de vida, cuestionario.
[ 301 ]
cap í tu lo 11
Desarrollo de
la conceptualización por Fases:
Primer nivel de análisis (Nivel I)
fase ii: análisis del estado
actual e histórico de los problemas
o síntomas objetivo
1. Auto registro
El autorregistro que utiliza la TC es similar a los utilizados
por otras corrientes. Sin embargo, en el proceso de CCCM el
componente que más se resalta es el cognitivo: pensamientos
automáticos (PA) y distorsiones cognitivas (DC). Responde a
la pregunta: ¿Cómo se relacionan los PA y las DC con las situaciones y los comportamientos problemas? ¿Cuál es su función
de enlace?
La Tabla VI muestra el esquema general.
Tabla VI
Autorregistro
Identificación pensamientos automáticos y distorsiones cognitivos
Situación
PA
DC
Emoción
¿Qué hice?
Consecuencias
[ 303 ]
walter riso
Tabla VII
Frecuencia hora a hora de la emoción
Intensidad horaria de la emoción
Mucho: 5; bastante 4; moderado :3; poco: 2; muy poco: 1
Hora
5-6
6-7
7-8
8-9
9-10
10-11
11-12
12-13
13-14
14-15
15-16
16-17
17-18
18-19
19-20
20-21
21-22
22-23
23-24
0-1
1-2
2-3
3-4
4-5
Total
prom.
[ 304 ]
Lunes
Martes
Miércoles
Jueves
Viernes
Sábado
Domingo
Total prom.
Desarrollo de la conceptualización por Fases: Primer nivel de análisis (Nivel I)
Un segundo tipo de registro, bastante útil para aquellas
emociones que parecen ser constantes, pero aparentemente
«desligadas»de eventos ambientales, es aquel que indaga, hora
a hora, la intensidad de la emoción. El paciente debe anotar,
al final de cada hora, la expresión subjetiva de cuánto cree que
ha sido la intensidad emocional promedio de esa última hora.
Por ejemplo, para registrar la ansiedad entre las seis y las siete
de la mañana, a las siete, el paciente hace un alto en el camino,
se detiene a pensar y hace un promedio del 1 al 5 sobre cómo
se sintió en la última hora. Esta sabana de información arroja
resultados muy interesantes desde el punto de vista clínico, ya
que permite conocer los promedios diarios y los promedios
por hora durante toda la semana, de la emoción en cuestión.
Ambos resultados pueden graficarse y dar una visión global o
parcial de cómo evoluciona o fluctúa la variable.
La tabla VII (página anterior) muestra el formato básico.
El autorregistro es el primer paso para elaborar el análisis
interactivo de respuesta. Nuestra experiencia es que resulta mucho más enriquecedor, desde el punto de vista clínico, completar el autorregistro con una entrevista para profundizar y
complementar la información obtenida.
2. Microanálisis de los síntomas objetivo o
problemas específicos
Una forma complementaria de estudiar la secuencia funTabla VIII
Microanálisis de los síntomas objetivo o problemas específicos.
¿Qué lo dispara?
¿Cómo reaccionas, qué sientes,
cómo lo afrontas?
¿Qué pasa por tu cabeza en ese
momento?
¿Cuándo comenzó y cómo
evolucionó?
¿Cómo ha afectado tu vida?
¿Puedes poner un ejemplo?
Observaciones
[ 305 ]
walter riso
cional es utilizar la plantilla de microanálisis de los síntomas objetivo o problemas específicos, que también abarca datos históricos.
Esta plantilla representa una entrevista semiestructurada, que
profundiza y amplia lo obtenido en el autorregistro en dos o
tres situaciones disparadoras. La tabla VIII muestra los ítems y
la organización de la información que recoger de un comportamiento o una problemática específica. La pregunta: «¿Qué
pasa por tu cabeza?», es la mejor forma de interrogar sobre los
PA y las DC. Preguntar: «¿Usted qué piensa?», no produce el
mismo efecto. Este análisis se lleva a cabo con los «síntomas
objetivo» que haya elegido el terapeuta.
Veamos un ejemplo sobre el «miedo a la evaluación negativa», que se obtuvo de una paciente con fobia social.
¿Qué lo dispara?
Ser inadecuada, una loca, mostrar
descontrol o ser una mujer de mal gusto.
Cuando me salgo del estándar y llamo
la atención. Cuando alguien encuentra
fallos en mí o en mi trabajo, cuando me
critican, si me rechazan o doy una mala
imagen.
¿Cómo reaccionas,
qué sientes, cómo lo
afrontas?
Me hipercontrolo, no digo lo que pienso
o siento. Trato de ser muy amable, no
contradigo ni entro en polémica, a no ser
que alguien me ataque, quiera competir
o hacerme sentir inferior. A veces
muestro mis logros, hablo de mis viajes o
les hago saber que tengo dinero.
¿Qué pasa por tu cabeza
en ese momento?
Que no debo dar una mala imagen por
nada del mundo. Nadie debe pensar que
soy insegura. Debo caer bien. No soporto
el rechazo.
¿Cuándo comenzó y
cómo evolucionó?
Desde que tengo uso de razón. Mi madre
me decía que lo más importante es la
imagen que proyectamos. Que la gente
de «clase» nunca da motivos para que se
hable de uno.
[ 306 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: Primer nivel de análisis (Nivel I)
¿Cómo ha afectado
tu vida?
Ha sido una tortura. Ya estoy cansada. Yo
creo que es mi problema principal.
¿Puedes poner un
ejemplo?
Cuando invito gente a mi casa siempre
compro lo más caro buscando que me
feliciten. Estreno ropa cada vez que salgo
y, si no me dicen nada, me siento mal. El
sábado fuimos a bailar y, como me vieron
tan seria, ninguno quiso bailar conmigo;
eso me sienta muy mal.
Como se desprende del ejemplo, los datos aportados por la
paciente permiten hacer un sinnúmero de inferencias para los
niveles II y III, los que se deberán consignar en los módulos
correspondientes.
3. Análisis de la entidad diagnóstica
De manera similar a como se realiza el microanálisis de
síntomas, es importante evaluar cómo evolucionó, cómo se
activa y mantiene el «trastorno» como entidad diagnóstica.
Aquí las preguntas no giran alrededor del comportamiento/
síntoma, sino alrededor de la crisis y la aparición del cuadro
clínico. Esto tiene dos objetivos. De un lado facilitar la comunicación sobre la problemática, ya que para muchos pacientes
es más comprensible hablar de la «categoría general» (vg. depresión). De otra parte, para el terapeuta es importante hacer
un recuento histórico de las veces que se haya manifestado la
«crisis» para explorar posibles regularidades y tratar de establecer un factor común de los precipitantes y los contenidos
esquemáticos. La Tabla IX muestra los aspectos a indagar.
Tabla IX
Microanálisis de la entidad diagnóstica
¿Cuándo comenzó y cómo
evolucionó esta crisis actual?
¿Cómo reaccionas, qué sientes,
cómo lo enfrentas?
[ 307 ]
walter riso
¿Cómo ha afectado tu vida?
¿Qué pasa por tu cabeza?
¿Podrías resumir cada una de
tus crisis anteriores?
¿Qué las dispara?
Observaciones
Veamos un ejemplo de un paciente diagnosticado con
trastorno de pánico:
¿Cuándo comenzó y cómo
evolucionó esta crisis actual?
Me sentí mal en el avión cuando
iba rumbo a Europa. Sentí ganas
de vomitar, luego mareo y
comenzó a faltarme el aire. Creí
que me estaba muriendo.
¿Cómo reaccionas, qué
sientes, cómo lo enfrentas?
Me quedo inmóvil, me concentro
en lo que siento. Trato de no
pedir ayuda porque me siento
ridículo. Escapo para mi casa, es
lo que hago y si no puedo me
tomo el Xanax. En realidad no lo
enfrento. No soy capaz.
¿Cómo ha afectado tu vida?
Toda mi vida, desde los quince
años me he sentido distinto.
Yo lo llamo la «cosa rara». Me
ha impedido ser feliz, tener
empleos, viajar, divertirme.
¿Qué pasa por tu cabeza
cuando estás mal?
Que me voy a morir asfixiado y
que los médicos no llegarán a
tiempo. Me obsesiona la idea
de estar consciente de que voy
a perder la conciencia, ¿me
entiende?
¿Podrías resumir cada una de
tus crisis anteriores?
Ya he perdido la cuenta. Una
cuando murió mi papá, otra
cuando me dejó mi primera
novia, cuando entré a la
universidad, cuando me casé,
en fin, ahora que lo pienso, cada
momento importante de mi vida
está asociado a esto (el paciente
[ 308 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: Primer nivel de análisis (Nivel I)
detalla cada una de ellas de
manera resumida).
¿Qué dispara tu pánico estos
días?
Desde que me despierto ya me
siento mal. Como que no soy yo.
Me siento muy inseguro y con
mucho miedo a que se repita
lo del avión. Me he aislado y he
faltado al trabajo. Pensé que
había logrado más o menos
superar esto con la medicación,
pero no.
Observaciones
Indagar posible esquema de
vulnerabilidad al daño donde
se involucren más temores.
¿Por qué no se ha podido curar
el paciente después de tantos
años?
fase iii: análisis interactivo de
respuestas
4. Elaborar gráficos o mapas cognitivos/
comportamentales
A partir de todos los datos anteriores, el terapeuta selecciona dos o tres situaciones típicas que representen las molestias principales del paciente donde pueda observarse el papel
que juegan los PA y las DC en la aparición y configuración del
trastorno y los comportamientos asociados. La elección de
estas situaciones deberá reflejar tanto la problemática diagnosticada en la fase I (TOC, estrés postraumático, abuso de sustancias, trastorno de la alimentación), como las preocupaciones
más relevantes del paciente (véanse las figuras 2, 3 y 4).
Tal como se dijo antes, el análisis interactivo pretende obtener datos para intervenir en el aquí y ahora y extraer trozos
significativos de información que permitan acceder a las estructuras subyacentes: esquema nuclear y esquema de segundo orden.
[ 309 ]
walter riso
fase iv: análisis intracognitivo
En este punto el terapeuta hace un salto inferencial (si ya
no lo ha hecho antes) y se adentra conceptualmente al segundo
nivel. El primer paso formal es tratar de establecer las regularidades de los pensamientos (pensamientos comunes) en cuanto
a su contenido informacional (vg. pérdida, amenaza, inutilidad),
ya que éste contenido se relaciona lógicamente con el dominio o tema del esquema nuclear. Es decir, el «ascenso vertical»
y «hacia adentro» en la CCCM comienza cuando se conecta
semántica y lógicamente la temática de los PA con la especificidad de contenido del EN o su narrativa.
A estas alturas de la conceptualización, el terapeuta ya a
acumulado y consignado bastante información en los distintos
módulos cognitivos, por lo que «enganchar» los PA a la estructura que lo antecede (EN) no suele ser un proceso engorroso.
Más aún: es posible que el terapeuta ya conozca el contenido
del EN y que la regularidad informacional de los PA sirva más
como un proceso de confirmación que de descubrimiento.
Una vez instauradas las relaciones «esquema-producto cognitivo», la ecuación informacional y la CCCM se asientan en la
dimensión cognitivo-informacional.
Por ejemplo: si un paciente registra un número considerable de pensamientos del tipo «No soy interesante» o «No soy
atractivo», tanto en los autorregistros, como en la planillas de
microanálisis y en el análisis interactivo, los procesos de inferencia indicaran una alta probabilidad de que el contenido
del EN esté relacionado con un esquema de defectuosidad/
vergüenza y/o indeseabilidad social, en términos deYoung, lo
cual se podría confirmarse más adelante (Fase VI, Paso 4) con
la aplicación de un cuestionario específico, una entrevista estructurada, nuevas autobservaciones o simular problemas para
analizar las respuestas del paciente.
El contenido de los PA también nos conecta con los esquemas de segundo orden. Por ejemplo, en el caso de Miedo
a la evaluación negativa presentado en la planilla de Microanálisis de problemas específicos, es clara la influencia «clasista» de la
[ 310 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: Primer nivel de análisis (Nivel I)
educación familiar sobre la paciente. La frecuencia y cantidad
elevada de pensamientos del tipo: «No debo quedar socialmente mal», «No debo parecer una persona de mal gusto»,
«Mis amigas deben tener ‘clase’», muestran claramente una
valoración desmedida por el estatus, los apellidos y la posición
social de las personas.
Aunque las DC también contribuyen de manera indirecta
a la identificación del EN, su mayor aporte estará referido al
Sistema A, en tanto, las DC en el Nivel I representan manifestaciones concretas de procesos de selectividad informacional
subyacente que realiza el sistema a nivel central (economía
cognitiva).
[ 311 ]
cap í tu lo 12
Desarrollo de la conceptualización
por Fases: segundo nivel de análisis
(Nivel II)
fase V: análisis de
los eventos estresantes
El terapeuta hace un recuento de todas las situaciones
concretas que activan los problemas del paciente, registrados
o no registrados (para lo cual se puede volver a entrevistar al
paciente o hacer un «repaso» con él). Se retoman entonces las
fases anteriores y se establecen dos categorías: las situaciones
activantes (Nivel I) y los eventos precipitantes (Nivel II) (ver,
Antecedentes y consecuentes). El o los eventos precipitantes representan el factor común de la situaciones activantes,
el significado subyacente conformado en una categoría más
global e integrada (vg. figuras de autoridad, situaciones de
pérdida, eventos de fracaso, evaluación negativa, indicadores
de enfermedad). Esto facilitará la conceptualización cognitiva en tres sentidos: (a) ayudará a identificar el contenido de
o los autoesquemas (EN) y esquemas de segundo orden, (b)
facilitará el manejo de la información a un nivel más macro
en el Nivel II, y (c) permitirá conectar a un nivel conceptual
los antecedentes o precipitantes a nivel esquemático (ver, diáthesis-estrés, Especificidad de contenido y Vulnerabilidad cognitiva).
[ 313 ]
walter riso
Nuestro grupo también utiliza una adaptación para el medio, del Cuestionario de estrés diario CED ( Santed, Sandín y
Chorot, 1996): CED-44a Modificado (Castrillón, 2002).
fase vi: análisis e identificación
del esquema nuclear
En esta Fase el terapeuta retoma todas las anotaciones que
se han consignado en el Módulo EN, desecha aquellos datos
irrelevantes, trata de dar un orden u organización a la información que considera importante y hace una presunción más
o menos estructurada u ordenada sobre el esquema nuclear.
En este estadio de la búsqueda es posible que el terapeuta ya
tenga una categorización bastante aproximada del EN, ya que
analizó el contenido y los temas comunes de los PA. Sin embargo, es importante explorar y ampliar la información sobre
le tema del EN mediante métodos de indagación más directos.
Entrevista semiestructurada sobre el tema en cuestión. Se le explica al paciente qué es un autoesquema y por qué es importante
explorar su esquema nuclear. El método consiste en preguntar
directamente. También puede utilizarse, tal como se explicó en
la Fase I, Paso 4, categorías y guías de autodescripción.
La técnica de la flecha hacia abajo o descenso vertical. Consiste
en preguntar al paciente sobre el significado o las implicaciones de alguno de sus pensamientos. Una vez se identifique un
pensamiento automático relacionado en algún sentido con el
supuesto EN, se le pregunta al paciente sobre el «significado»
del mismo, asumiendo que tal pensamiento es verdadero: «Si
tu pensamiento fuera cierto, ¿qué significa esto para ti? (o,
qué «implica para ti», o «cómo te afecta personalmente», o «si
llegará a ocurrir lo que temes, ¿qué?»). Es muy importante
llevar al paciente hasta el último eslabón de la cadena de pensamiento para identificar el EN, es decir, la autoverbalización
que tiene relación directa con su yo básico. Por lo general,
llegado a ese punto el paciente no tiene más que decir.
Veamos el ejemplo de una paciente que se consideraba
una mujer poco interesante a la hora de entablar relaciones
[ 314 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: segundo nivel de análisis (Nivel II)
con el sexo opuesto. El terapeuta le plantea la siguiente situación hipotética:
T: Supongamos que debes ir a una fiesta concurrida donde hay muchos hombres ¿Cuál sería tu pensamiento frente a
esto?
Ella: Me sentiría muy ansiosa si un hombre se me acercara
e intentara hablarme.
T: ¿Entonces que ocurriría?
Ella: Pienso que después de hablarme se alejaría.
T: Si esto pasara, ¿qué significa para ti?
Ella: Me sentiría como una tonta, una mujer poco exitosa
con los hombres.
T:Y si te consideras una tonta, ¿esto que significa?
Ella: Que nunca voy a encontrar un hombre con el que
pueda establecer una relación.
T:Y si tú nunca encontraras a esta persona, ¿entonces, qué?
Ella: Me quedaré sola.
T:Y si vas a quedarte sola, ¿por qué esto te preocupa tanto?
Ella: Nunca seré feliz, me sentiré miserable.
T: ¿Y esto que quiere decir?
Ella: Que no soy capaz de vivir sin un hombre (esquema
nuclear de dependencia).
Cuestionarios de autorreporte. El terapeuta puede utilizar distintos cuestionarios para medir los contenidos del EN. Señalaré algunos de los cuestionarios estandarizados para nuestro
medio, utilizados por nosotros:
•
Cuestionario de creencias irracionales de Ellis: IBT
modificado (Riso, 1988a).
•
Esquemas maladaptativos tempranos de Young: EMT
adaptado (Mejía, López y Jiménez, 1998).
•
Cuestionario de estilos atribucionales de Peterson
y asociados: ASQ adaptado (Bolívar, López y Siegert,
1990).
[ 315 ]
walter riso
•
Cuestionario de autoesquema (Concepto, Imagen y
Estima): CIE (Álvarez, Arango y Arismendy, 1992).
•
Locus de control de Rotter: LEI adaptado (Riso, 1988a).
•
Cuestionario de autoeficacia de Riso (1988a): CAE
(Huschler, Gómez y Ramírez, 1989).
Una vez obtenida toda la información que se considere
relevante, el terapeuta define el contenido del EN y formula
una hipótesis sobre como éste podría afectar la patología del
paciente. En este punto, puede resultar bastante útil recurrir a
la clasificación de Young sobre esquemas maladaptativos tempranos. No obstante, si el EN escapa a cualquier clasificación
o taxonomía conocida, el terapeuta procederá a categorizarlo
conceptualmente por su contenido. En nuestra experiencia
siempre asumimos una definición de autoconcepto acorde a
las definiciones del Eje II, tal como han sido consideradas
por Freeman, y col. (2003), donde se incluye la visión que
el paciente tiene de sí mismo y de los otros (ver, Capítulo 4,
Concepto y contenido del esquema nuclear).
fase vii: origen y desarrollo
del esquema nuclear:
historia del problema
En este apartado el terapeuta intenta establecer la etiología
del EN (una forma de reconfirmar su existencia). La Historia del problema, desde el punto de vista cognitivo, pretende
organizar una búsqueda guiada por la formulación de la hipótesis del esquema nuclear (no azarosa). El terapeuta no solo se
pregunta cómo se originó el EN, sino también cómo hizo el
paciente para sobrevivir a tal creencia. En otras palabras, al terapeuta cognitivo le interesan las causas etiológicas y cómo se
han desarrollado los factores de mantenimiento. Por tal razón,
tratará de determinar los factores predisponentes (vg. temperamento), el o los factores traumáticos (vg. maltrato infantil,
[ 316 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: segundo nivel de análisis (Nivel II)
abuso sexual, deprivación afectiva), los vínculos afectivos (vg.
apego) y los estilos educativos (vg. parentales), los sistemas de
autoperpetuación (estrategias de afrontamiento) y cualquier
variación del aprendizaje previo que sea significativa con relación al EN (Ver Capítulo 4, Origen y etiología del esquema
nuclear: historia del problema).
fase viii: determinar
diáthesis-estrés
En esta Fase el terapeuta conecta «informacionalmente»
(congruencia) los eventos precipitantes con el contenido del
EN ya definido, e intenta explicar tal conexión recurriendo
a los principios de Diáthesis-estrés, Especificidad de contenido y
Vulnerabilidad cognitiva, explicados en el Capítulo 4.
fase ix: análisis e identificación
del sistema a de autoperpetuación:
selectividad informacional
Una vez se haya vinculado desde el punto de vista informacional el EN con los pensamientos automáticos y los eventos precipitantes, el terapeuta se pregunta cómo se mantiene
el EN, en términos de selectividad informacional (Si) o, lo que
es lo mismo, de acuerdo a los principios de economía cognitiva. Debido a que este proceso de autoperpetuación ocurre
de manera automática y el paciente no suele ser consciente
de sus sesgos confirmatorios, es importante conectarse a un
procesamiento de tipo controlado. El paciente debe tomar
consciencia de qué tipo de operaciones cognoscitivas (atención, percepción, memoria, y heurísticos) utiliza para autoperpetuar el problema (ver Capítulo 4, Sistema A: Economía
cognoscitiva o selectividad informacional).
El terapeuta recoge las observaciones realizadas en el Módulo de SI, y las organiza basándose principalmente en las dis-
[ 317 ]
walter riso
torsiones cognitivas hallas en el Nivel I, y establece una presunción ordenada.
Para ampliar la información se puede recurrir a cuatro
procedimientos: (a) retomar las planillas de autobservación,
de microanálisis y el análisis interactivo de la Fase I y relacionarlo con los sesgos cognitivos, (b) explicar al paciente su
funcionamiento y elaborar nuevos ejemplos para ver cómo
pueden aplicarse a su caso, (c) analizar con el paciente la lista
de las 16 distorsiones cognitivas propuestas en el Capítulo 2,
y (d) llevar acabo autobservaciones específicas sobre dichas
distorsiones.
Sobre este punto vale la pena aclarar lo siguiente. Para
analizar el Sistema A, éste debe lentificarse o enfriar su funcionamiento para «ver mejor» su accionar, lo cual puede ser
terapéutico para el paciente. El siguiente ejemplo muestra
como se lleva a cabo esta «observación en frío» y como se
intenta reordenar la experiencia alrededor de una creencia
negativa.
Esperanza era una mujer de 32 años con un esquema de
desconfianza hacia el sexo opuesto. Su idea era que lo único
que les interesaba a los hombres era acostarse con ella y utilizarla: «Los hombres sólo buscan el sexo, lo que quieren es
aprovecharse de mí». Obviamente, esta manera de pensar la
mantenía a la defensiva todo el tiempo.
Durante la CCCM, luego de explicarle el principio de selectividad informacional, le sugerí que observara su manera
sesgada de relacionarse con los hombres. Ella decidió hacer
la tarea con un compañero de trabajo al cual consideraba
«morboso» y mal intencionado. Reproduzco parte de una
entrevista:
T (Terapeuta) :Veo que hiciste la tarea.
E (Esperanza): Sí, no fue fácil pero logré detectar algunas
cosas.
T: Recuerda que nuestro objetivo terapéutico es comprender cómo tu mente defiende y mantiene una idea determinada. En este caso, la creencia de que tu compañero de
[ 318 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: segundo nivel de análisis (Nivel II)
trabajo busca de alguna forma aprovecharse sexualmente de
las mujeres, tú incluida.
E: Si eso es...Veamos, aquí tengo unas observaciones... Estábamos en la cafetería a la hora del almuerzo y se sentó a mi
lado, muy cerca de mí. Ese fue el evento que disparó mi malestar...Yo pensé: «¿Por qué se acerca tanto a mí habiendo más
espacio?»... Creo que aquí hay un sesgo perceptivo...
T: Así es. Pongámoslo a prueba: ¿Intentó tocarte, fue incorrecto en algún sentido?
E: No, no hizo nada. Incluso cuando su pierna rozó la mía,
me pidió disculpas y se corrió un poco...
T: ¿Qué más descubriste durante tu observación?
E: Estuve todo el tiempo pendiente de lo que él hablaba,
pero... No fui muy objetiva... Prácticamente conté las palabras
y los comentarios que hacía sobre temas sexuales... Estuve
pendiente de cada gesto insinuante que él hacía... Aquí hay
un sesgo atencional, es obvio, me concentré en lo que quería
demostrar... Cuando me miraba, me parecía que era libidinoso... Creo que hago esto todo el tiempo con todos los hombres que se me acercan...
T: ¿En qué sentido era libidinoso? ¿Qué hacía exactamente?
E: No sé, no tengo forma de asegurarlo... Creo que a veces
me miraba los senos...
T: ¿Estás segura?
E: Bueno, ya no sé en realidad... Desde que usted me explicó lo que son los sesgos y las distorsiones cognoscitivas, ya
no sé...
T: Quizás muchos hombres desvíen su mirada hacia unos
senos bonitos o una piernas bien formadas, pero no creo que
deba interpretarse esta conducta como agresiva o grosera,
aunque entiendo que algunas miradas puedan ser provocadoras o irrespetuosas... ¿Lo eran?...
E: No, no estoy tan segura...
T: ¿Hubo sesgos de memoria? ¿Tus recuerdos alimentaron
la creencia de que él era un pervertido en potencia?
[ 319 ]
walter riso
E: En ese momento no, pero después, cuando ya estaba en
mi oficina, sí. Recordé durante toda la tarde situaciones incómodas en las que me sentí acosada, bueno..., más bien deseada
por hombres que no me interesaban... Y claro, lo asociaba a
él...
T: Muy bien, lo hiciste muy bien. Como te habrás dado
cuenta, tu mente tiene todo un montaje autoconfirmatorio
para mantener activada la creencia negativa de que los hombres te acosan: atención, memoria y percepción, al servicio
del esquema. Eso es lo que hay que desmontar, aunque ya
comenzaste a hacerlo.
Otras observaciones posteriores mostraron que cuando iba
a salir con algún nuevo pretendiente se «preparaba negativamente»: no sólo «recordaba» eventos desagradables, sino que
adoptaba una pose antipática (estrategia compensatoria) y, en
ocasiones, ella misma provocaba que el sujeto terminara hablando de sexo (profecía autorrealizada).
Una vez más: la CCCM no sugiere que el terapeuta renuncie a su creatividad preocupándose más por la forma que por
el contenido. Lo más importante es tener claro los principios
y saber cuál es el objetivo.
fase x: análisis del sistema b
de auto perpetuación
La información que se recogió durante la pesquisa histórica cobra especial importancia en el estudio del Sistema
R, ya que los estilos de autoperpetuación, aunque sufren de
algunas variaciones a lo largo del tiempo, suelen mantenerse
relativamente estables.
Al indagar el Sistema B el terapeuta debe tener en cuenta
el concepto de sistemas de producción: las creencias compensatorias están lógicamente vinculadas a las estrategias de
afrontamiento evitativas y compensatorias/aseguradoras.
[ 320 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: segundo nivel de análisis (Nivel II)
Creencias intermedias
Para detectar las Creencias intermedias el terapeuta recurre a los módulos de las cuatro creencias básicas Actitudes
(Ac), Creencia trágica (Ctrg), Imperativos (Imp) y Creencia
compensatoria (Ccom),y resume la información que ha obtenido de todas las fases y pasos anteriores. El terapeuta debe
tener en mente la siguiente secuencia lógica:
El EN dispara Ac (opiniones) relacionadas con su problema
y una o varias Ctrg (lo peor que podría pasarle). Esta o estas
Ctrg son la que permiten ligar el EN con el Sistema B, ya
que de ellas se desprende lógicamente los imperativos (lo que
«debo» hacer) y las Ccom (cómo «sobrevivir» a la creencia trágica). Las Figura 9 y 10 ejemplifican dos secuencias concretas
(Ver, Capítulo 4, Sistemas de producción y Creencias intermedias).
Entonces, el descubrimiento de cada creencia intermedia
es inseparable del EN y de las relaciones que establecen las
creencias entre sí, ya que están funcionalmente vinculadas al
temor de que el EN se haga realidad. De esta vinculación surge la hipótesis de las creencias intermedias
Estrategias evitativas y
compensatorias/aseguradoras
Una vez establecida la secuencia, el terapeuta recurre los
Módulos de Ec/a y Ee para recoger la información almacenada en ellos. Por lo general esta búsqueda se alimenta de
cuatro fuentes principales de datos: los comportamientos
registrados en las planillas de microanálisis y autorregistros,
el análisis interactivo de respuestas, la historia del problema
y las creencias intermedias (imperativos y creencias compensatorias). Los distintos comportamientos motores cobran
aquí un nuevo significado al formar parte de un sistema de
producción y relacionarlos con las creencias compensatorias
y los imperativos.
Es decir, el terapeuta debe tener claro que las estrategias
compensatorias/aseguradoras y evitativas no pueden separarse
de las creencias que las anteceden, ya que responden a una
necesidad de supervivencia psicológica: no dejar que el EN se
[ 321 ]
walter riso
active o se baga realidad.
Una vez que se haya logrado tener una presunción ordenada de las Ec/a y las Ev, se profundiza mediante entrevistas
concretas y/o autobservación. Se explica al paciente los principios de autoperpetuación del Sistema B (papel protector), se
retoman algunos ejemplos de su manera de actuar o se crean
situaciones hipotéticas, para verificar cómo se comportaría él
o ella en tales situaciones difíciles. La explicación gira alrededor de la función mantenedora de las estrategias: «Al evitar o compensar usted impide que el EN pueda confrontarse
con la realidad y modificarse». Nuestra experiencia es que
los pacientes captan rápidamente las Ec/a y las Ee, ya que se
encuentran más cerca de la conciencia (véase en el capítulo 4,
Estrategias de afroniamiento).
Existe un número considerable de cuestionarios que evalúan estrategias de afrontamiento en el área de la salud. Nuestra preferencia se inclina por dos escalas: a) una modificación
adaptada del cuestionario de modos de afrontamiento de Lazarus
y Folkman (1986): cuestionario sobre estrategias de afrontamiento al estrés: CEAE (Bermúdez y Cardona, 1990), y b) la
escala de estrategias de afrontamiento: EEA (Castrillón, 2001).
La hipótesis de las Ec/a y Ee surge de comprender la función protectora y de autoperpetuación que ambas estrategias
cumplen en el interior del sistema.
Profecías autorrealizadas
Finalmente, el terapeuta busca en el módulo Pa la información relevante que se haya almacenado hasta el momento
durante el proceso de CCCM. Básicamente, se trata de establecer las consecuencias que las Ec/a y Ee tienen en el ambiente
en términos confirmatorios. Una vez que ha establecido una
presunción ordenada, se pasa a ampliar la información si hiciera falta.
Como la mayoría de las profecías autorrealizadas no son
ejecutadas de manera consciente, el terapeuta debe hacer que
el paciente se conecte a un procesamiento controlado. Ante
una situación sospechosa de Pa, el paciente debe hacerse tres
[ 322 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: segundo nivel de análisis (Nivel II)
preguntas: (a) ¿Qué hago yo para que esto sea así?, (b) ¿He
influido en los resultados negativos?, y (c) ¿Estoy haciendo
trampa?
Un buen método, entonces, es entrevistar al paciente sobre
un caso concreto y observar todo el proceso de la Pa, desde
que se inicia hasta que se cierra sobre sí misma. Para tal fin se
puede utilizar una guía de cuatro pasos, la cual ejemplificaré
con el caso de Jorge, un paciente que pensaba que su jefe no
lo estimaba.
A. ¿Cuál es mi profecía o hipótesis frente a la persona en
cuestión? (escríbela lo más objetivamente posible).
Jorge: «No le caigo bien a mi jefe, él es más amable y cordial con los demás ».
B. ¿Cómo me comporto con esa persona? ¿Soy prevenido? ¿Doy por hecho la hipótesis? ¿Si me comportara de
otra manera, que ocurriría? (escribe lo que haces frente
a él, exactamente y sin autoengaños).
Jorge: «Soy distante con él. Nunca me acerco a su oficina.
Nunca le pregunto por su familia o por su vida. Su
madre estuvo enferma y no le dije nada. Soy muy
poco espontáneo cuando estoy con él».
C. ¿La conducta de la persona que me produce malestar
está relacionada con mi actitud hacia ella? ¿He influido de alguna manera en sus respuestas? ¿Cómo es esta
persona con los demás? ¿Qué impresión tendrá de mí?
¿Será que piensa de mí lo mismo que yo pienso de ella?
(escribe si crees que existe relación entre tu actitud y la
respuesta del sujeto en cuestión,y cuál es).
Jorge: «Creo que él es más amable con los demás porque
ellos son más amables con él. Me debe ver como poco
interesado en sus cosas o como muy distante...Yo lo
veo igual... Pienso que mi conducta sí influye en el
trato que tiene hacía mí... El es más asequible con
los que son asequibles con él...».
[ 323 ]
walter riso
D. ¿Mi profecía se cumple? Si es así, ¿es independiente
de mi influencia? ¿Si yo hubiera actuado de otra manera, el resultado sería distinto? (escribe si la hipótesis
se cumplió y qué tuviste que ver tú en ese resultado).
Jorge: «Sí. Mi profecía se cumple. No es limpia, yo hago
que sea así, aunque no quiero que sea así, no sé por
qué lo hago... Si yo fuera como los demás, es probable que nuestra relación fuera mejor…».
Como se puede observar, esta guía estructurada cumple
tanto una función de recolección de datos como terapéutica.
En nuestra experiencia, cuando el paciente «toma conciencia», es decir, observa sin sesgos de ningún tipo la profecía autorrealizada en acción, casi siempre la modifica por sí mismo.
tres ejemplos de cómo interactúan
el sistema a y el sistema b
Caso 1
Un paciente cuya obsesión giraba alrededor de la idea de
que «todos los franceses huelen mal». El hombre trabajaba
en una multinacional repleta de franceses, lo que agudizaba
sus síntomas. Luego de reordenar su experiencia a través de
la autobservación descubrió que: a) olía a sus compañeros de
trabajo constantemente, a veces de manera invasiva, lo que
hacía resaltar los olores desagradables (sesgo atencional), b) salía
a trotar con algunos de ellos, los retaba a correr duro y luego
los olía (profecía autorrealizada), c) cualquier olor extraño en el
ambiente se lo atribuía a la falta de aseo de sus compañeros
(sesgo perceptivo) y d) en ocasiones, cuando comía, se acordaba
de «los malos olores», lo que hacía que la comida le produjera
asco (sesgo de memoria).
Caso 2
Una señora con dos hijos pequeños había creado un doble
es quema negativo frente a su desempeño como madre: «Soy
mala madre» y «Mis hijos fracasarán en la vida por culpa mía».
[ 324 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: segundo nivel de análisis (Nivel II)
La observación y la reorganización de la experiencia arrojó
que: (a) se sentía responsable directa de cualquier cosa que le
pasara sus hijos, desde un resfriado hasta una caída (atribuciones
causales o sesgo perceptual), (b) la sobreprotección hacía que los
niños fueran cada vez más inseguros, lo cual redundaba en
una fuerte autocrítica (profecía autor realizada), (c) cuando se
acostaba por la noche rumiaba sus pensamientos negativos y
recordaba todos los errores que había cometido como mamá
en el día (sesgo de memoria), y (d) evitaba cualquier situación
nueva por miedo a que su «ineficiencia maternal» se hiciera
manifiesta (estrategia evitativa). Con este montaje, el esquema de
ineficiencia como mamá no sólo se reforzaba día a día sino que
era imposible de abordar.
Caso 3
Un señor mayor, bastante conservador y con una marcada homofobia, supo que uno de sus mejores amigos era
homosexual. A partir de ese momento, toda su mente comenzó a trabajar al servicio de un esquema homofóbico. El hombre
comenzó a interpretar cualquier aproximación de su amigo
como mal intencionada.Veía conductas afeminadas donde no
las había (sesgos perceptivos), se volvió extremadamente rudo
para demostrar que él sí era «un hombre de verdad» (estrategias
compensatorias/defensivas) y desarrolló una pesquisa histórica
tratando de recordar «conductas sospechosas de homosexualismo» de su compañero de andanzas (sesgos de memoria).
fase xi: análisis de la crisis
y el equilibrio patológico
En esta Fase el terapeuta realiza dos tareas importantes.
Una es elaborar el diagrama del Nivel II (ver, Capítulo 4: Figura 9 y 10), donde se muestra cómo se relacionan las variables cognitivas estudiadas (análisis estructural) y los sistemas
de autoperpetuación: eventos estresantes, EN, Sistema A y Sistema B.
[ 325 ]
walter riso
La segunda tarea consiste en explicar la dinámica del equilibrio patológico (ver Capítulo 4, Equilibrio patológico). Dicha
explicación tiene por objetivo mostrar como funciona el sistema con y sin la situación de crisis. En esta Fase queda esclarecida una gran parte de la Hipótesis Central explicativa.
El terapeuta debe estar en condiciones de explicar: (a)
cómo logra mantener el equilibrio sistémico el paciente
cuando no existen precipitantes fuertes o inescapables (crisis),
y (b) cómo se produjo o produciría el desequilibrio total o
parcial del sistema ante una situación de crisis para generar
en el Nivel I las manifestaciones, cognitivas, emocionales y
motoras.
Es determinante que el terapeuta esté vigilante para no
entrar en contradicciones con los datos recogidos. La explicación deberá estar fundamentada y desprenderse lógicamente
de las Fases anteriores. Si la explicación es incompleta, es decir, si no se puede dar cuenta de los puntos mencionados (a
y b), el terapeuta revisará nuevamente la CCCM. El Apéndice
2, muestra cómo se realiza este análisis en el caso de Carmen.
[ 326 ]
cap í tu lo 13
Desarrollo de
la conceptualización por Fases:
tercer nivel de análisis (Nivel III)
fase xii: análisis e identificación
de esquemas conceptuales,
valorativos y motivacionales
superiores
En este nivel de análisis el terapeuta se pregunta sobre dos
aspectos fundamentales: (1) la influencia directa y/o indirecta
que los esquemas de segundo orden ejercen sobre la patología
del paciente (síntomas relevantes y entidad diagnóstica) y (2),
la coherencia informacional interna de los EI/C, EV y EMS
(ver Capítulo 5).
El terapeuta resume, recopila y organiza la información
recogida hasta el momento en los Módulos de EI/C, EV y EMS
e intenta establecer una presunción ordenada sobre los contenidos de cada esquema que puedan tener peso en la explicación del caso.
Posteriormente se intenta ampliar la información obtenida
e indagar más específicamente cada grupo de esquemas, para lo
cual se invita al paciente a una reflexión compartida, mediante
lecturas específicas, películas, conferencias u otros medios que
produzcan la activación de los esquemas señalados.
[ 327 ]
walter riso
El instrumento clave para indagar las presunciones del tercer nivel es la entrevista, estructurada o semiestructurada, dirigida al esquema concreto y la historia personal relevante. Si
bien existen cuestionarios de autorreporte, y algunos podrían
utilizarse, pensamos que debido a las temáticas en cuestión, la
exploración personal del diálogo abierto y espontáneo, a la manera de una «conversación amistosa», puede ser más fructífero y
enriquecedor desde el punto de vista clínico (además de evitar
resistencias del paciente), que recurrir a métodos más rígidos.
En la indagación de los EI/V el terapeuta buscará establecer
la visión del mundo del paciente alrededor de temas/creencias que sean clínicamente significativos, es decir, que se presuma
puedan estar relacionados con el EN, los PA y la problemática
del paciente. Entonces, el contenido de los EI/C se refieren a
todas aquellas creencias, racionales o irracionales, socialmente
aceptadas o no, distintas a la creencias intermedias y a las que
conforman el autoconcepto, que puedan afectar la patología del paciente. Por ejemplo, en una pareja disfuncional, las
creencias sobre el matrimonio, la autonomía o la paternidad/
maternidad, pueden jugar un papel determinante. En un caso
de depresión, la idea de ser «un perdedor» o «un inútil» puede
estar relacionada con ideas de poder y ascenso social o de ser
«el mejor» porque su apellido pesa en la sociedad. En un caso
de sumisión/subyugación, la creencia que el paciente tenga
sobre los derechos humanos puede fácilmente trasformarse
en el centro de la conceptualización. Una creencia clasista
podría explicar en gran parte el trato agresivo y humillante a
personas subalternas.
En la indagación de los EV es importante inducir al paciente a indagar qué cosa valora en su vida. El terapeuta puede
comenzar por las creencias que detectó en los EI/V (recordemos que no toda creencia es necesariamente valorada como
«importante»). La Tabla X también puede ayudar a una primera aproximación. Se establecen unos valores y el paciente
debe: (a) completar la lista con otros valores, (b) ordenar cada
valor por su importancia, y (c) explicar por qué es importante
para el sujeto tal o cual valor.
[ 328 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: tercer nivel de análisis (Nivel III)
Tabla X
Calificación de valores
Valores
Amor
Familia
Relaciones interpersonales
Amistad
Logros laborales
Éxitos financieros
Belleza física
Salud física
Religión
Libertad personal
Servicio social o ayudar a otros
Recreación
Ternura
Crecimiento personal
Maternidad/paternidad
Humildad
Tradición
Benevolencia
Otros:
Por qué son importantes
El terapeuta completa la planilla con preguntas sobre los
distintos valores: ¿Por qué es importante para usted? ¿Tienen límite estos valores? ¿Estaría dispuesto a negociar alguno?
¿Podría poner un ejemplo de cómo los aplica? ¿Cómo los
descubrió? ¿Cómo los aprendió? ¿Es capaz de cuestionarlos?
¿Su grupo de referencia los comparte? ¿Le han traído problemas?, etc.
Algunos cuestionarios sobre valores más utilizados son:
Cuestionario de problemas sociomorales (Mestre y col., 1999), The
interpersonal recativity index (Davis y Franzoh, 1983), Escala de
valores de Rokeach (Vera, 2001), Instrumento de valores como metas sociales (Braithwaite y Blarney, 2001). Más recientemente
ha habido un incremento significativo en cuestionarios sobre
psicología de la religión y espiritualidad (ver, Hill, 2005).
Tal como dijimos a lo largo del texto, las motivaciones superiores (EMS) suelen ser una consecuencia lógica de los EI/C
[ 329 ]
walter riso
y los EV. La tabla XI muestra una guía para que el paciente
se interrogue a sí mismo sobre sus motivaciones (Conangla,
2002) y trate de ofrecer respuestas a ellas.
El terapeuta también elaborará guías respecto a motivaciones concretas para profundizar al respecto. Por ejemplo,
si el paciente señala que una de sus motivaciones vitales es
establecer relaciones interpersonales satisfatorias, el terapeuta
podría preguntar: ¿qué clase de relaciones quieres? ¿Qué implicación buscas en una situación social? ¿Cuál es el grado de
Tabla XI
Preguntas motivacionales
Preguntas
¿Qué me gusta y disgusta
realmente?
¿Quién soy?
¿Qué es lo que realmente me
importa?
¿Cuáles han sido las fuerza
que hasta este momento han
dirigido mi vida?
¿Qué sentido quiero dar a mi
vida?
¿Qué cosas me hacen sentir
bien?
¿Qué motivos me hacen sentir
bien?
¿Qué motivos de felicidad
tengo?
¿Qué pequeñas cosas hay en
mi vida que proporcionan
satisfacción y no son difíciles de
conseguir?
¿Qué es realmente importante
para mi y motivo suficiente para
luchar a pesar de las dificultades
que encuentre en mi camino?
[ 330 ]
Respuestas
Desarrollo de la conceptualización por Fases: tercer nivel de análisis (Nivel III)
compromiso que quisieras tener? ¿Qué cualidades buscas en
un amigo o amiga?
Un paso importante para la ampliación y exploración de
información es la historia personal relevante, que se refiere a la
historia de la vida del paciente desde una perspectiva más
general, ya no tratando de abarcar la etiología del EN, sino su
entorno educativo/vivencial en general. El terapeuta se pregunta: ¿cómo influyeron los eventos ambientales en la ideología, el sistema de valores y las motivaciones del paciente?
¿Obró alguna ideología en particular? ¿Hubo emigraciones,
problemas raciales o religiosos significativos? ¿Qué tipo de
creencias/valores/motivaciones inculcó el colegio, la universidad, los amigos y la familia? ¿Hubo alguna tradición especial que seguir? Se busca, entonces, conocer las condiciones
familiares, afectivas, sociales, grupos de referencia, escolares,
laborales y educativas en general, que hayan participado en la
conformación de los esquemas de segundo orden.
La indagación histórica abarca la edad preescolar, la infancia, la juventud/adolescencia y la vida adulta, en sus distintas
facetas y áreas de desempeño. Como resulta evidente, y tal
como se explicó en la historia del problema, el terapeuta no
encarará esta exploración con la «mente en blanco», sino con
presunciones bastante elaboradas sobre los contenidos de los
EI/C, EV y EMS.
Una vez que se hayan indagado los tres esquemas, el terapeuta establecerá dos líneas de análisis intracognitivo. Una
vertical, donde intenta confirmar cómo influyen los esquemas de segundo orden estudiados en el EN y los pensamientos automáticos.Y una horizontal, que consiste en relacionar
funcionalmente cada uno de los tres esquemas: cuáles son
las creencias generales del paciente que puedan resultar relevantes al caso, cuáles de estas creencias tienen peso valorativo para el paciente y qué necesidades se desprenden de
estos valores.
[ 331 ]
walter riso
fase xiii: análisis e identificación
de los esquemas constructivos que
posee el paciente
Los esquemas constructivos (EC), aunque están íntimamente relacionados con los demás esquemas de segundo orden, se analizarán a parte debido a su importancia para el
tratamiento, especialmente en lo que se refiere a promoción y
prevención. El terapeuta intenta estudiar en esta fase los factores de autoactualización y los estilos de vida constructivos
con los que cuenta el paciente, y los que no posee y requiere
desde el punto de vista terapéutico. Las referencias teóricas
relevantes, que guiarán toda la CCCM en este punto, serán los
conceptos de resistencia de Kobasa, los estilos de vida saludables, la resiliencia y la autoactualización de Ellis.
Como ya se ha dicho antes (véase la figura 14) los estilos de vida personales se hacen manifiestos o se desprenden
cuando se superponen los El/C, EV y EMS. La tendencia a la
acción de tal confluencia (lo que creo, lo que valoro y lo que
necesito) define en gran parte los estilos de vida, que podrán
ser constructivos o destructivos según sean los contenidos. Algunas formulaciones del caso clínico se concentran en los esquema destructivos (es decir, en la enfermedad) y subestiman
o ignoran el desarrollo de las potencialidades del paciente.
El terapeuta debe abarcar su estudio en dos categorías: a)
lo que el paciente ya posee en su repertorio como fortalezas
y no las utiliza, y b) qué competencias el paciente debe desarrollar, en cuanto a factores de resiliencia y autoactualización,
que le permitan una doble función: disminuir la probabilidad futura de recaídas y obtener una mejor calidad de vida.
Las competencias a desarrollar y/o a activar dependerán de
la patología en cuestión. El terapeuta debe preguntarse: de
acuerdo a la patología del paciente ¿qué competencias podrían jugar un papel de protección y resiliencia?
El terapeuta recoge la información almacenada en el módulo de EC sobre factores de protección, habilidades y/o
competencias que posee el paciente, y hace una presunción
[ 332 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases: tercer nivel de análisis (Nivel III)
ordenada sobre los repertorios constructivos a mantener o
reforzar.
En el paso siguiente se intenta ampliar y explorar lo recogido hasta el momento. Esta indagación no es fácil debido a que en muchos casos los pacientes no son conciernes
de sus capacidades potenciales. Más aún, es probable que en
algunas patologías los pacientes puedan ofrecer resistencia a
reconocer que conservan esquemas positivos. Por lo tanto, el
procedimiento más efectivo es crear metacognición a través
de un proceso de exploración y descubrimiento por medio
de entrevistas y autobservación, donde paciente y terapeuta
profundizan e indagan juntos las fortalezas de primero.
Los siguientes procedimientos cumplen este objetivo: (a)
revisar la historia del paciente y activar la memoria autobiográfica sobre éxitos pasados o logros personales, (b) revisar los
talentos que posee el paciente, y (c) organizar una serie de
preguntas para profundizar el tema tal como puede observarse
en la Tabla XII.
Tabla XII
Búsqueda de esquemas constructivos
Esquemas constructivos
Ejemplificar
¿Qué cosas mías me sirven para
mi crecimiento?
¿Cuáles de mis costumbres son
sanas?
¿Qué hago bien?
¿En cuáles de mis roles me
siento bien con mi desempeño?
¿Qué cualidades poseo?
¿Qué me gusta de mí?
¿Qué le gusta de mí a la gente?
¿En que voy a poner mi
voluntad?
[ 333 ]
walter riso
Esquemas constructivos
¿Qué aspectos de mí mismo
puedo desarrollar?
¿Cuáles son mis fortalezas?
¿Qué me proporciona equilibrio
y qué me desequilibra?
¿He logrado a veces controlar
mis problemas?
¿En qué me puedo considerar
una persona creativa?
¿Tengo sentido del humor?
¿Acepto la ambigüedad y la
incertidumbre?
¿Soy inconforme 0 rebelde a
veces?
¿Soy optimista?
¿Me gustan los desafíos y retos?
¿Considero que soy dueño de
mi propio destino?
¿Cómo son mis actividades de
ocio y recreación?
¿Soy una persona espiritual 0
religiosa?
¿Me refuerzo a mí mismo?
¿Soy amigable?
¿Asumo las cuestiones que me
interesan con compromiso?
¿Tengo conciencia de mis
problemas?
¿Cómo es mi calidad de vida?
¿Podría ser líder en alguna
actividad 0 grupo?
[ 334 ]
Ejemplificar
Desarrollo de la conceptualización por Fases: tercer nivel de análisis (Nivel III)
Esquemas constructivos
Ejemplificar
¿Sé gozar la vida?
¿Soy una persona flexible?
¿Soy hedonista?
¿Me acepto
incondicionalmente?
¿Me gusta asumir riesgos y
experimentar?
Como puede observarse, las preguntas señaladas indagan
aspectos que se han propuesto teóricamente en el área de autoactualización, resiliencia, estilo y calidad de vida.
La ampliación puede llevarse a cabo por medio de cuestionarios sobre calidad de vida. Por ejemplo: Quality of Life
Inventory (Frisch, 1988) o World Health Organization Quality of
Life Assessment Instrument (World Health Organization, 1993).
El terapeuta luego de aplicar los procedimientos anteriores, define qué esquemas constructivos ya posee el paciente y
cuales serían convenientes «instalar» o crear.
fase xiv: resumir la información
y elaborar diagrama nivel iii
Aunque no es indispensable, ya que la información del
tercer nivel no posee la dinámica del Nivel II, en ocasiones es
conveniente que el terapeuta resuma los contenidos de cada
esquema de segundo orden (ver, Figura 12) y las posibles relaciones entre ellos.
[ 335 ]
cap í tu lo 14
Desarrollo de
la conceptualización por Fases:
diagrama de conceptualización
integrada y plan de tratamiento
fase xv: resumen y explicación del
funcionamiento cognitivo
informacional del paciente en los
tres niveles: hipótesis central
integrada
La hipótesis central integradora (HCI) resulta de «ensamblar»
funcionalmente todos los elementos hallados para elaborar
el Esquema de conceptualización clínica cognitiva multinivel (ver,
Apéndice 1).
La HCI trata de explicar la patología del paciente y sus
distintas manifestaciones desde el punto de vista cognitivo, estableciendo las conexiones entre todas las variables cognitivas
intervinientes y de éstas con el ambiente, dentro de un contexto de evolución histórica y contemplando los tres niveles
de complejidad.
En el Esquema de conceptualización clínica cognitiva multinivel
del Apéndice 1 (ECCCM) se retoman algunos aspectos del diagrama de conceptualización propuesto por J. Beck y se agregan otras variables aquí presentadas referentes a los Niveles I,
[ 337 ]
walter riso
y III. El terapeuta debe llenar los casilleros correspondientes,
cuyos contenidos coinciden con las variables cognitivas de los
módulos cognitivos ya señalados.
Como se puede observar, el ECCCM parte de la historia
del problema e historia relevante, donde se citan los aspectos’
más importantes relacionados con la posible aparición del esquema nuclear y de los esquemas de segundo orden. A partir
del esquema nuclear se produce una secuencia que termina
con las estrategias evitativas, compensatorias y profecías autorrealizadas, que corresponde al Nivel II. De manera paralela se
definen los esquemas de segundo orden correspondientes al
nivel III. Tanto el esquema nuclear como los esquemas de segundo orden se relacionan con los pensamientos automáticos
y las distorsiones cognitivas, que forman parte de las distintas
situaciones y sus respectivos análisis funcionales.
Las flechas de líneas punteadas unen los tres niveles: PA y
DC (Nivel I), esquema nuclear (Nivel II) y esquemas de segundo orden (Nivel III).
El terapeuta, entonces, llegado a este punto, presentará el
ECCCM y relatará por escrito, de manera resumida, el contenido del mismo relacionando sus partes lógicamente.
La HCI se ha ido formando a lo largo de todo el proceso,
por este motivo no suele presentar mayores dificultades. El
análisis del equilibrio patológico representa una parte importante de la conceptualización final.
También es importante señalar que no siempre es posible
llenar todos los casilleros del ECCCM. Los diagramas resúmenes obligan al terapeuta a reafirmar su conocimiento del caso
y a integrar cada elemento en un todo funcional. Una vez
que se ha completado el ECCCM, el terapeuta planea su tratamiento y los blancos cognitivo/informacionales para completar la intervención que comenzó posiblemente desde la
primera cita.
II
[ 338 ]
Desarrollo de la conceptualización por Fases
fase xvi: definir blancos
terapéuticos y recursos técnicos
Aunque el tratamiento que corresponde al enfoque cognitivo informacional formará parte de un segundo volumen,
donde se hará hincapié en el plan de tratamiento, es importante hacer aquí unos breves comentarios sobre los blancos
terapéuticos y los recursos técnicos en general. Para la TC los
blancos terapéuticos finales o clínicos son siempre cognitivos,
así el recurso técnico, sea conductual o experiencial, ya que lo
que define un modelo de intervención no es la técnica en sí,
sino el objetivo terapéutico (el fin) que señala dicho modelo.
Por lo general, los blancos son los módulos cognitivos o su
categorización (véase la tabla IV, Módulos de variables cognitivas relevantes): PA, DC, SI, creencias intermedias, estrategias de
afrontamiento inadecuadas, EN y esquema de segundo orden.
No obstante, la meta fundamental y última son las estructuras
informacionales profundas. Se trata de producir acomodación
o crear nuevos esquemas incompatibles con el o los esquemas
maladaptativos.
Si el EN, por ejemplo, es de dependencia/incompetencia,
el objetivo será cambiar el contenido informacional de dicho
esquema por uno de contenido adaptativo de, por ejemplo,
«autonomía/competencia» y «placer por explorar lo desconocido». A través de diversas estrategias de intervención,
cognitivas, conductuales y experienciales, orientadas a crear
discrepancia informacional y a procesar adecuadamente la información, se intentará «desinstalar» la información existente
(cognitiva y afectiva) e «instalar» un nuevo código informacional. De manera similar a como se trabaja en el área cognitiva de ingeniería del conocimiento, el terapeuta intentará
reemplazar la información semántica (conceptual/teórica) y
episódica (experiencial/emocional/afectiva) por un tipo de
información organizada (esquemas) más funcional para el paciente. Creará nuevos conocimientos y nuevas experiencias
que se capitalizarán en la creación de un esquema más adaptativo y una filosofía de vida más saludable.
[ 339 ]
walter riso
De acuerdo con principio de economía cognitiva ya mencionado, es altamente probable que el paciente se resista al
cambio, especialmente a desmontar los sistemas de protección
y autoperpetuación que mantuvo por años, ya sea por miedo
(Sistema B) o por el esfuerzo implicado (Sistema A). Por tal
razón, el plan de tratamiento deberá ser construido de manera
no invasiva y consensuada: a medida que se desarma un esquema
y «devalúa»su poder, se va lentamente ubicando elementos del nuevo
esquema, tratando de desmontar los sistemas de autoperpetuación y
mantenimiento, de tal manera que el paciente siempre tenga disponible
la alternativa de «defenderse» ante un cambio brusco o preocupante, si
así lo deseara. Parte de la intervención es eliminar tal resistencia
y que el paciente adquiera la confianza suficiente para adoptar
una nueva perspectiva frente a su problema y a la vida misma.
La creación de esquemas adaptativos es entonces la meta
final, y garantizará la cura y un mejoramiento en la calidad de
vida. En el Nivel I se buscará aliviar síntomas, pero a medida
que nos alejamos de este nivel, buscamos más la prevención
y la promoción del caso, es decir, que el paciente disminuya
la posibilidad futura de recaídas y que pueda generar salud en
su entorno inmediato para él, para los seres que le rodeen y
el mundo que habita. Un paciente que se da de alta, siempre
debe ser considerado como un agente de cambio.
Aliviar síntomas (Nivel I) puede hacerse de manera más
o menos rápida, pero abordar el Nivel II requiere de un mayor esfuerzo e inversión de recursos; lo mismo ocurre con
el Nivel III. Si estamos ante un trastorno del Eje II, aunque
el paciente vea mejoría en las primeras semanas o meses, un
tratamiento completo puede abarcar alrededor de un año o
más. La TC es una terapia de tiempo limitado en el Eje I, pero
no en el Eje II o en casos difíciles que no necesariamente
impliquen desórdenes de la personalidad (vg. obsesiones sin
compulsiones, trastorno bipolar, abuso sexual). Por tal razón,
en ocasiones es muy difícil determinar fechas exactas en un
plan de tratamiento, aunque los blancos terapéuticos y las técnicas a utilizar sí deben explicitarse lo más operacionalmente
posible, así como los sistemas de evaluación para medir los
efectos del tratamiento.
[ 340 ]
apéndice 1
Esquema de conceptualización clínica cognitiva multinivel
Nombre del paciente ..................... Diagnóstico Eje I: .................
Fecha: .......................................... Diagnóstico Eje II: ................
Historia del problema e historia relevante
Esquemas de segundo orden
Esquema nuclear
EI/C
EV
EMS
EC
EN
Creencias intermedias
At
Ctrg
Coom
Imp
Sesgos confirmatorios (SI)
Atención
Percepción
Memoria
Estrategias evitativas, compensatorias y
profecías autorrealizadas
Ee
Ec/a
Pa
Situación
PA / DC
Emoción
Comportamiento
Situación
PA / DC
Emoción
Comportamiento
[ 341 ]
walter riso
apéndice 2
Aplicación de la conceptualización clínica multinivel
El caso de Carmen
Evaluación general
FASE I: ANÁLISIS DESCRIPTIVO
1. Información demográfica
Carmen es una mujer de clase media alta de 55 años de
edad. Estuvo casada 33 años y se separó hace 19 meses, porque su marido se involucró sentimentalmente con otra mujer. Completó estudios de secundaria, pero no posee estudios
universitarios. Desde hace cinco meses trabaja como profesora de cocina en un instituto gastronómico de enseñanza
no formal.
El ex cónyuge de Carmen es un hombre de 62 años, un
comerciante exitoso y adinerado que actualmente vive en
unión libre con una mujer veinticinco años menor que él.
La paciente tiene tres hijos, dos varones y una mujer. Pedro: soltero, ingeniero, 26 años, actualmente trabaja en otro
país. Sonia: 28 años, ama de casa, casada hace dos años y tiene
una hija recién nacida. Julián: 32 años, agrónomo, casado, sin
hijos.
Vive en el mismo apartamento de cuando era casada, en
un barrio de clase alta, con una empleada de servicio.
2. Motivo de consulta, listado y
presentación de problemas del paciente
La paciente fue remitida por un neurólogo debido a que
presentaba episodios de migraña y cefalea tensional occipital.
El informe neurológico agrega que la paciente mostraba signos y síntomas de depresión y ansiedad, y que inicialmente
se negó a tomar la medicación con psicofármacos. No quiso
tampoco asistir a consulta psiquiátrica.
La paciente expresó así su motivo de consulta:
«Vivo tensionada... La vida para mí es algo muy pesado,
[ 342 ]
como una carga aquí en la espalda... Se me hace muy difícil
manejar los problemas... Todo está al revés... Me quedé sola,
mi marido se fue con una mujer más linda y joven que yo...
A mis hijos casi no los veo y cuando los veo me regañan... El
médico me dijo que usted podía ayudarme, pero a esta edad...
¿tendré remedio?...».
Carmen manifestó los siguientes problemas/síntomas:
Trastornos del sueño, pesadillas, dolores de cabeza, inapetencia, miedo a equivocarse, miedo a estar sola, anhedonia,
inasertividad y dificultades para expresar sentimientos negativos, miedo a las personas autoritarias, pensamientos pesimistas recurrentes sobre su futuro, sentimientos de culpabilidad
frente a la separación, dependencia de su ex esposo, problemas
interpersonales con sus hijos y alumnos.
En el diagnóstico del Eje I se sospecha depresión y ansiedad social. Ambos aspectos se confirman con los resultados
obtenidos en los siguientes cuestionarios adaptados estadísticamente para el medio: Inventario de Depresión de Beck (BDI:
Beck Depression Inventory) (Riso y col., 1988b) y en las escalas de Miedo a la Evaluación Negativa (FNE: Fear of Negative
Evaluation Scale) (Riso, 1988a) y Ansiedad Social (SAD: Social
Avoidance and Distress Scale) (Riso, 1988a).
BDI: Puntaje: 21. Percentil: 90
FNE: Puntaje: 20. Percentil: 80
SAD: Puntaje: 17. Percentil: 80
3. Impresión de terapeuta
Carmen es una persona exageradamente amable y sumisa.
Su expresión corporal y gestual así lo señala. Trata de agradar
al terapeuta y sonreír incluso cuando relata eventos muy negativos respecto de su vida. Repite muchas veces que no es
capaz de solucionar sus asuntos y que no le teme a la muerte.
Da la impresión de ser una mujer muy débil, insegura y sufrida. Le cuesta sostener la mirada. Sus movimientos son lentos y
a veces muy parsimoniosa. Su atención se hace más despierta
cuando la entrevista gira alrededor de temas como la sole-
[ 343 ]
walter riso
dad, la separación y ser exitosa. Inspira compasión y sin darse
cuenta el terapeuta comienza a tratarla con excesivo cuidado
para no herir sus sentimientos. Queda la duda si Carmen es
consciente de que produce inicialmente en la gente un sentimiento de pesar y una percepción de excesiva debilidad/
incapacidad.
4. Autodescripción
La paciente manifestó claras dificultades para describirse a
sí misma, refiriendo que «no le gustaba lo que veía». No obstante, escribió lo siguiente:
«Soy muy tonta. Me gustaría ser más libre de todos y volver
a nacer. Nadie confía en mis capacidades. Soy buena mamá y
cocino bien, pero como soy tan insegura ellos se dan cuenta.
Quisiera ser como es mi marido. No sé manejar problemas
difíciles, me paralizo. Si volviera a nacer me gustaría tener otra
vida. Me veo como una mujer abandonada y me siento vieja.
Sé que fui una mujer linda pero ya no me interesa ser linda.
Me gustaría ser segura como mi hija. La gente se aprovecha de
mí porque se da cuenta que soy una inútil. No creo que pueda
cambiar pero me gustaría. Cuando me separaré no sabía mercar, ni manejar, ni ir a un banco, ni hacer una llamada internacional ni manejar el Internet... Ya estoy aprendiendo,pero
soy tan inútil a veces que hasta da risa... Me da mucho miedo
que se burlen de mí y me molestan mucho las reuniones con
los amigos ejecutivos del que era mi esposo, pues siento que
me descompongo, ya que empiezo a sudar, tiemblo, me pongo
roja como un tomate y las palabras se me traban .. .me provoca salir corriendo o que me trague la tierra».
En el Test Miskiminis adaptando (Riso, 1998) sobre discrepancia entre el yo real-yo ideal se encontró lo siguiente:
Yo real: la paciente se percibió como poco inteligente,
fracasada, incompetente para muchos trabajos, con malas
relaciones con el sexo opuesto, socialmente inhábil, triste,
tensa, desconfiado en los demás, incapaz de manejar sus
problemas personales, solitaria y apática (Puntaje: 45, Percentil: 15).
[ 344 ]
Yo ideal: máxima aspiración en todos los ítems arriba
señalados (Puntaje: 108, Percentil: 75).
Discrepancia yo real vs yo ideal: Puntaje: 63. Percentil: 90.
Conclusión: la paciente mostró una discrepancia entre el
yo ideal y el yo real mayor al 90% de la población, (ver Capítulo 4).
En las categorías sobre creencias centrales de Beck, la
paciente se identificó con las siguientes descripciones:
Desamparo-Impotencia-Minusvalía: desvalido, débil, atrapada, incompetente, fracasada, tonta, perdedora.
Desamor-No querible: soy diferente, estoy destinada al rechazo, al abandono y a estar sola.
Respecto del los trastornos del Eje II, se ven claros rasgos
de dependencia y algunos elementos que podrían relacionarse con personalidad evitativa.
De acuerdo a los criterios del DSM-IV R y a los perfiles
cognitivos presentados por Beck y col. (2004) la paciente reúne los requisitos para ser diagnosticada con un desorden de
la personalidad por dependencia. Esto se ve refrendado, además,
por el resultado obtenido en el Cuestionario de Personalidad
SCID-II (First y otros, 1999) y en el examen mental que sigue
a continuación.
[ 345 ]
walter riso
5. Evaluación del estatus mental
DESCRIPCIÓN GENERAL
Paciente de sexo femenino, raza blanca, quien aparenta la edad que dice tener (55 años). Ingresa en el
consultorio por sus propios medios, conciente, euprosexica (niveles de atención normal), con andar lento,
cabizbaja y encorvada.
Viste ropas oscuras y discretas, se observa aseada y
bien peinada, con un apropiado cuidado en su aspecto
personal, sin maquillaje ni adornos sobresalientes.
Sus movimientos son lentos y pausados, hay escaso contacto visual con el entrevistador. En la mímica
se observa una acentuación de las arrugas del entrecejo (Omega melancólica) y una sonrisa vacía al intentar
relatar sus síntomas. En la motricidad corporal, además
de la lentitud psicomotora, no evidenció temblor, tics u
otros movimientos involuntarios.
La actitud hacia el entrevistador es dócil, intentando
mostrarse amable y complaciente.
HUMOR Y AFECTIVIDAD
Refiere un sentimiento desagradable, penoso y aflictivo que se acompaña de pérdida de interés en las cosas
cotidianas, lo que la paciente denomina tristeza y aburrimiento. Presenta dos episodios de llanto durante la
entrevista. Refiere además estar desanimada, pesimista,
desesperanzada y desesperada. Durante la anamnesia se
observa labilidad emocional y menciona preocupación y
angustia por el rechazo, burla y desaprobación de su hija.
CARACTERÍSTICAS DEL LENGUAJE
Lenguaje verbal claro, monótono, pausado. Se observa perseveración en algunas temáticas durante la entrevista, también algunas respuestas tangenciales (evasión de
las respuestas) o circunstanciales a preguntas relaciona-
[ 346 ]
das con su historia vital (un discurso cargado de minuciosidades y detalles que intervienen en algunos de los
acontecimientos, pero que alargan innecesariamente el
relato, aunque no se pierde el sentido principal, llegando
finalmente a conclusiones precisas y concordantes con
la realidad). Expresa pensamientos sobrevalorados acerca
de la «aceptación familiar de manera incondicional», en
los que el aspecto afectivo del convencimiento predomina sobre el racional, de manera que éstos tienen un lugar
privilegiado en el discurso de la paciente.
PERCEPCIÓN
En cuanto a la percepción la paciente no refiere disestesias, parestesias, alucinaciones de ningún tipo; refiere haber presentado despersonalización y desrealización
asociados a eventos traumáticos (maltrato físico y psicológico) en su adolescencia, y además refiere pesadillas recurrentes cuyo tema principal eran situaciones de pareja
en las que ella siempre era abandonada o ridiculizada.
PENSAMIENTO
Pensamiento ilógico en su origen, en cuanto a su
curso o proceso se puede evidenciar un enlentecimiento
del mismo pensamiento, perseveración, circunstancialidad, algunos bloqueos del pensamiento e ideas sobrevaloradas. En cuanto al contenido del pensamiento hay
ideas que expresan preocupación, desesperanza, pesimismo, auto-reproche, culpa. Manifiesta grandes dificultades
para tomar decisiones por sí misma si no cuenta con el
consejo y aprobación de los demás, refiere preocupación
por sus grandes dificultades para manifestar su desacuerdo debido al temor de pérdida de apoyo por su familia.
No hay delirios, ni evidenció pensamientos obsesivos.
[ 347 ]
walter riso
SENSORIO Y COGNICIÓN
La paciente está consciente, orientada en tiempo,
persona y lugar, atención normal con apropiada concentración, cálculo normal, lectura y escritura sin limitaciones, adecuada capacidad viso-espacial, pensamiento abstracto desarrollado, adecuada información y nivel
educativo, inteligencia promedio.
IMPULSIVIDAD
No hay rasgos de impulsividad marcados.
JUICIO E INTROSPECCIÓN Y FIABILIDAD
Juicio y raciocinio bien conservados, con adecuada
introspección y prospección. Además, es consciente de
que está enferma y su información es digna de credibilidad (fiable).
SÍNTOMAS SOMÁTICOS
Refiere fatiga y falta de energía más evidente en las
horas de la tarde, cansancio físico, alteraciones del sueño
(insomnio intermedio), sueño poco reparador con pesadillas, disminución en su capacidad de concentración
y en la toma de decisiones, disminución del apetito (sin
evidenciar pérdida de peso), y pérdida del deseo sexual.
Refiere episodios de temblor, sudoración excesiva en
las manos, taquicardia y sensación de boca seca cuando
tiene que asistir a reuniones con personas de autoridad
a las que no conoce o a reuniones de trabajo a las que
debe asistir por obligación.
Conclusión: en el examen mental encontramos signos y síntomas compatibles con el diagnóstico anterior
de depresión y ansiedad, y se descartan en una primera
instancia problemas psiquiátricos mayores, como esquizofrenia o trastorno afectivo bipolar, que ameriten remi-
[ 348 ]
sión a psiquiátrica. Tampoco se encuentran alteraciones
en las funciones cognitivas superiores relacionadas con
enfermedades mentales de base orgánica. Por otro lado,
se encuentran elementos propios de trastornos de personalidad del grupo C (dependiente/evitativa).
6. Historia médico/psiquiátrica del paciente
Antecedentes médicos generales y patología actual. Hiperactividad bronquial, hipertensión arterial tratada desde hace cinco
años con Nifedipina. Tiene antecedentes de cefalea tipo migraña que ha sido tratada con Flunaracina e Ibuprofeno con
regular respuesta al tratamiento. Infecciones vaginales recurrentes tratadas por ginecólogo con buena remisión de sus
síntomas.
Antecedentes médicos personales asociados a psicopatología. No
existen.
Antecedentes familiares o componentes genéticos. Su padre sufría de alcoholismo, al igual que dos de sus hermanos.
7. Evaluación del desempeño, roles
y condiciones de vida
Vivienda, estrato social, barrio. La paciente manifiesta que si
bien vive en un estrato alto, a veces siente que los recuerdos y
el tamaño tan grande del apartamento la agobian. Considera
que donde vive es un poco alejado de sus quehaceres diarios,
y que, aunque ya es capaz de conducir, le gustaría mudarse.
Desempeño laboral/profesional. Se siente bien dando clases
de cocina, pero teme que su inseguridad pueda afectar su desempeño. Le gustaría estudiar más, ensayar nuevas recetas y
actualizarse en el tema culinario, pero a veces siente que no
tiene fuerzas y no es capaz de innovar. Cree que si la despi-
[ 349 ]
walter riso
dieran del trabajo actual su vida se acabaría definitivamente.
Relación de pareja. La relación actual con su ex esposo, al
igual que lo había sido en el matrimonio, es muy dependiente.
Aún recurre a él cuando tiene un problema y depende económicamente de él en todos los aspectos (los ingresos que obtiene por su trabajo son mínimos y apenas alcanza para unos
satisfacer unos pocos gastos personales). Pese a ser una mujer
agradable y atractiva, considera que no es interesante y que a
la edad que tiene nadie se fijará en ella. Su ex marido sigue
pendiente de ella y han tenido relaciones sexuales esporádicas.
Ella afirma que no sabe por qué no se niega. Gran parte del
contenido de sus pesadillas se refiere la separación o la visión
de él haciendo el amor con su actual pareja. Se siente afectivamente sola y se ve a sí misma como una “mujer abandonada”.
Rol de padre o madre. La relación con sus hijos es un poco
distante. Con los varones apenas habla de vez en cuando. Se
queja de que su hija es muy agresiva con ella y que incluso a
veces ha llegado a empujarla o insultarla. La paciente afirma:
“Una vez me dijo que lo que más deseaba en la vida era no
parecerse a mí y que jamás haría con su hija lo que yo hice
con ella...Yo creo que fui una buena madre, un poco insegura,
muy sumisa con mi ex esposo, pero yo los quise...”. Dice que
le tiene miedo a la hija porque es muy brava, y que uno de los
problemas más grandes es que quisiera ser una buena abuela,
ya que quiere mucho a su nieta, pero que su hija se lo impide.
Considera que sus hijos la han abandonado:“No son unos
buenos hijos, pero yo los quiero igual”.
Relaciones con la familia. Su familia es de un pueblo cercano a la capital. Su padre murió cuando ella tenía ocho años.
Su madre falleció hace diez años y dos de sus tres hermanos
hombres fueron asesinados por la guerrilla. Sólo le queda su
hermano mayor, al cual no frecuenta hace años. Le queda
una tía monja que ya está muy anciana y a la cual visita de
vez en cuando por compasión. Afirma que no extraña a su
familia genética, que nunca se sintió bien con ninguno de
[ 350 ]
ellos. Cuando se le pregunta por su madre, dice que no quiere
hablar de ello.
Relaciones sociales. Debido a su relación de dependencia
extrema con su ex marido, nunca tuvo la oportunidad de tener amigas, ya que “yo sólo vivía para él y, además, él era muy
celoso”. Por otro lado, la paciente manifiesta ser muy tímida,
y sentirse muy intimidada ante personas charlatanas o autoritarias, que rehuye. Su vida quedó reducida al hogar y a las
reuniones sociales con amigos de su esposo. Afirma que en el
trabajo ya hizo unas amigas, pero que, a veces, no le apetece
salir. Si bien existe el componente de ansiedad social y timidez, no podemos considerar a la paciente una persona con
déficit marcado en habilidades sociales.
Condiciones económicas. La paciente no tiene problemas
económicos, pero tal como se dijo, depende totalmente de su
ex marido para sobrevivir. Cuando se le preguntó si habían
hecho separación de bienes, ella respondió lo siguiente: “Él
me dijo que no me faltaría nada, pero que, si yo contrataba un
abogado, me dejaría en la calle”.
8. Evaluación motivacional global
y estilo de vida
Carmen no manifiesta inquietudes especiales alrededor de
su crecimiento personal. No tiene aspiraciones ni metas que
la motiven a tener una vida agradable, excepto la conservación del núcleo familiar. No cree en Dios ni es practicante de
ninguna religión. Tampoco muestra curiosidad por el mundo
espiritual, que considero que perdió hace mucho tiempo “por
cuestiones de la vida”. No es buena lectora ni tiene hobbies
que le generen pasión o entusiasmo. Su estilo de vida es plano, sin reforzadores especiales. No practica ningún deporte,
siendo su única motivación fuerte Internet, ya que recientemente le regalaron un ordenador y ha comenzado a navegar.
Dice que le gustan los “chismes” y que lee alguna revista de
farándula de tanto en tanto. Su mundo motivacional es extremadamente reducido. Cuando le preguntan por sus talentos
[ 351 ]
walter riso
naturales, algo que haga bien o que haya soñado hacer, afirma:
“No tengo la menor idea... Ahora que usted lo dice,ya no
tengo ilusiones... No sé qué me gustaría hacer ni para qué
sirvo, si es que sirvo para algo...Yo siempre había pensado que
mi papel en la vida debía ser la perfecta esposa y la madre
ideal...Y ya ve,fracasé en los dos...”.
En una primera aproximación no parece haber esquemas
constructivos con contenidos positivos de autoactualización,
resiliencia o resistencia. Su calidad de vida es extremadamente
pobre.
En el SASS obtuvo un puntaje de 27 (funcionamiento motivacional y social pobre), y en el EEAG arrojó un puntaje de
52 lo que muestra una actividad global disminuida con síntomas moderados.
9. Diagnóstico psiquiátrico
Eje I:
Episodio depresivo mayor
Fobia social
Eje II:
Trastorno de Personalidad Dependencia y rasgos de personalidad evitativa
Eje III:
Cefalea vascular tipo migraña, hipertensión arterial e infecciones del tracto genitourinario.
Eje IV:
Problemas relativos al grupo primario de apoyo (disfunción familiar, disfunción de pareja)
Problemas relacionados con el desempeño laboral
Problemas relativos al ambiente social (relaciones interpersonales limitadas)
Eje V:
EEAG: 52 (síntomas moderados, actividad global disminuida)
SASS: 27 (funcionamiento motivacional y social pobre)
[ 352 ]
Primer nivel de análisis (Nivel I)
FASE II: ANÁLISIS DEL ESTADO ACTUAL E
HISTORICO DE PROBLEMAS DEL PACIENTE
1. Autorregistro
Se decidió organizar los autorregistros alrededor de dos
temas: (a) sus pensamientos de debilidad/inutilidad y las emociones asociadas, y (b) una autobservación de cómo fluctuaba
su tristeza/depresión hora a hora.
El siguiente autorregistro (a), ampliado y mejorado en entrevista con la paciente, es representativo de otros autorregistros.
[ 353 ]
PA
En un ventajoso
A mi nadie me
quiere
No soporto la
soledad. ¿Cómo
voy a enfrentar la
vida sola?
No merezco eso.
Es el peor de los
rechazos
Soy una inútil
total
Situación
El hijo le devuelve el
carro sin gasolina
[ 354 ]
Su hijo la llama de
larga distancia y
habla muy poco con
ella
Sola un domingo
La hija no me deja
cuidar la nieta y
alzarla en brazos
Se equivocó al pasar
unas calificaciones
Todo lo hago mal.
Que vergüenza
con mi jefe
Si me enojo me
va a dejar para
siempre
Todo es horrible.
Soy la persona
más inútil y débil.
¿Qué hice?
Ansiedad,
tristeza
Ira, ansiedad,
tristeza
Tristeza
Pedir disculpas una y otra
vez.
Darle la razón a mi hija.
Acostarme, recordar y llorar
Supliqué afecto. Le dije por
qué me dejaba tan sola
Rabia y luego No le dije nada
tristeza
Emoción
Si no me quiere mi Tristeza
hijo, quién me va a
querer
Debe pensar que
soy una tonta
DC
No me soporto a mi
misma ¡Dios, que no
me despidan!
Soy una tonta. Ni
siquiera me defiendo.
No soy confiable
Soy culpable de
estar sola. Extraño
la seguridad que me
daba mi marido
Nunca pensé que
llegara a esta edad
sola, sin afectos
Soy una tonta. Me
dejo manipular por
todos
Consecuencias
walter riso
El siguiente autorregistro (b) muestra las fluctuaciones de
la tristeza en una semana típica.
Intensidad horaria de la tristeza/depresión
Mucho: 5; bastante: 4; moderado: 3; poco: 2; muy poco: 1
Hora Lunes Martes Miércoles Jueves Viernes Sábado Domingo
5-6
6-7
7-8
8-9
9-10
10-11
11-12
12-13
13-14
14-15
15-16
16-17
17-18
18-19
19-20
20-21
21-22
22-23
23-24
0-1
1-2
Total
prom.
3
3
2
2
2
3
3
3
3
3
2
1
4
5
3
3
1
1
1
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3
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4
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4
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2
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3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
3
1
1
4
4
4
4
4
3
3
2
2
2
2
2
2
2
2
2
3
3
3
3
4
4
3
4
2
2
2
2
2
2
1
1
1
1
5
5
5
4
3
3
3
4
4
4
4
4
4
3
3
3
3
3
4
3
2
4
2.8
3.4
2.1
3.0
2.6
2.5
3.6
Total
promedio
2.3
2.7
2.7
2.7
2.4
3.6
3.0
3.0
2.1
2.1
3.1
3.5
3.8
3.8
3.2
3.3
3.2
3.0
Los promedios de las columnas muestran que el día que
asiste al trabajo su estado de ánimo mejora. De otra parte, en
los promedios de las filas, se observa que después de las cinco
o seis de la tarde su tristeza/depresión se incrementa y por
la mañana está mejor. Los días por la tarde de mayor puntaje
coincidieron con los altercados con sus hijos y con su jefe, los
cuales son explicados en el autorregistro (a).
2. Microanálisis de los síntomas
objetivo o problemas específicos
La siguiente planilla muestra el microanálisis del «miedo a
no ser capaz» o «a ser inútil».
[ 355 ]
walter riso
¿Qué lo dispara?
Situaciones nuevas. Yo no tengo
experiencia y siempre me lo han
hecho todo. Diría que cualquier
problema me parece difícil. Con
la gente que es muy fuerte o
agresiva. Me paraliza la gente
con autoridad.
¿Cómo reaccionas, qué sientes,
cómo lo afrontas?
Me pongo muy nerviosa, pero
cuando veo que no soy diligente,
siento rabia Me provoca tristeza
que una mujer de mi edad sea
tan inútil. Por lo general, pido
ayuda a mi ex marido o a mis
hijos.
¿Qué pasa por tu cabeza en ese
momento?
No sirvo para nada. ¿Cómo voy a
afrontar la vida ahora que estoy
sola? Ya va para dos años y no he
sido capaz.
¿Cuándo comenzó y cómo
evolucionó?
Siempre he sido insegura. Pero
mi vida era perfecta cuando
estaba casada. Todo se arruinó
cuando mi marido encontró a
otra Yo me aguanté... tenía la
esperanza de reconquistarlo,
pero al final me dejó. Bueno,
para ser honesta, todavía espero
que vuelva...
¿Cómo ha afectado tu vida?
¿No me ve? Soy como una
lisiada... Yo sé que logré cosas,
ya conduzco, trabajo, pero no
soporto la soledad. No nací
para estar sola. Me siento una
estúpida y eso me avergüenza.
¿Puedes poner un ejemplo?
Se me estropeó la lavadora y el
techo se rajó porque el viento
golpeó la puerta. No tenía la
menor idea de qué debía hacer.
Mi ex marido me ayudó.
Observaciones
No ha logrado una
separación real por miedo.
Evita ponerse a prueba. La
estructura proposicional de
los pensamientos confirma
el diagnóstico de depresión.
Hay un fuerte autocastigo.
Profundizar en el tema de la
relación con el marido
[ 356 ]
Las otras guías que se aplicaron, que por cuestiones de
espacio no pueden mostrarse aquí, confirman la discrepancia
entre el yo-real y el yo ideal, una muy baja autoeficacia, y
la estructura de un autoesquema donde la paciente se siente
necesitada, débil, desvalida, abandonada e incompetente.También se destacan frecuentes auto verbalizaciones de autocastigo.
3. Análisis de la entidad diagnóstica
La siguiente plantilla muestra el análisis de la entidad diagnóstica realizada para la depresión.
¿Cuándo comenzó y cómo
evolucionó esta crisis actual?
Unos seis meses antes de
separarme. Cuando me di cuenta
de que veía a una mujer joven y
bonita.
Ahí supe que lo iba a perder...
Se me vino el mundo abajo; me
di cuenta de que era una inútil
total, muy insegura...
¿Cómo reaccionas, qué sientes,
cómo lo afrontas?
Trato de pelear con la depresión.
He ido a conferencias, al
bioenergética. No sé cómo
afrontarla... Me encierro. He
intentado tener pensamientos
positivos sobre mí misma, pero
me es imposible. También por
épocas me alejo de cualquier
cosa que me recuerde a él...
¿Cómo ha afectado tu vida?
Una pesadilla. Yo no conocía
el mundo. La depresión me ha
quitado fuerzas, me hace sentir
lenta y tonta para todo.
¿Qué pasa por tu cabeza?
Que no me voy a curar, que lo
tengo merecido... Que mi vida no
tiene sentido así, en el abandono
total, siempre sola...
¿Podrías resumir cada una de tus
crisis anteriores?
Es curioso pero no recuerdo
mucho haber sido depresiva. En
realidad me casé a los 19 años
y escapé de mi casa. Siempre
estuve con él... Bueno, quizás
en la infancia hubo momentos
difíciles... Yo era una persona feliz
hasta la separación...
[ 357 ]
walter riso
¿Qué dispara la depresión ahora? Cuando pienso en mi soledad, en
mi futuro, en lo que me espera...
Los domingos, cuando me
equivoco o me rechazan... Tengo
momentos que no son tan malos,
pero de pronto se dispara...
Observaciones
Se reafirma la idea de una
vulnerabilidad más cognitiva que
biológica. Es importante que la
paciente acepte medicación para
mejorar su estado de ánimo y
el sueño. Es importante indagar
esos años de niñez difícil.
Si bien no se encontraron elementos para sospechar algún
tipo de predisposición biológica (antecedentes familiares) se
hizo remisión e interconsulta con psiquiatría y se prescribió
medicación para mejorar la sintomatología pues los síntomas
afectivos y el compromiso cognitivo de la paciente eran importantes y dificultaban el abordaje psicológico del caso. Se
formuló: Fluoxetina 2omg diarios y Clonacepan 0.5 mg. al
día.
fase iii: análisis interactivo
de respuestas
4. Elaborar gráficos o mapas cognitivo/
comportamentales funcionales
Se realizaron cuatro análisis interactivos. Cada uno de ellos
mostró que las situaciones problemas terminaban con un pensamiento automático de autocastigo referido a incompetencia
o incapacidad (ver planilla de Autor registro). El análisis interactivo de la Figura A1 confirma lo dicho.
Análisis interactivo
Situación: hija
[ 358 ]
[ 359 ]
Ira
3
R. emocional 1
2
Estímulo
La hija
no le deja
subir a ver
a la nieta
“Soy débil, soy inútil”
Esquema nuclear
4
Ansiedad
3
R. emocional 2
R. cognitiva 1
Adivinar el futuro
“Si me pongo brava
me va a dejar”
6
R. cognitiva 2
“Y qué si...”
“No es importante
ver a mi nieta”
Significado
12
R. motora
Sumisión
5
10
4
R. emocional 3
Tristeza
C. ambiental
La hija se
muestra
amable
Activación de
recuerdos
negativos
Primer nivel (sintomático/descriptivo)
(A los pocos minutos)
8
R. cognitiva 3
Personalización
“Soy una tonta”
3
Figura A1. Análisis interactivo del caso Carmen: situación madre-hija
walter riso
La situación disparadora (la hija no la deja subir a ver la
nieta) produce una respuesta automática de ira, la que es inhibida por una DC (adivinar el futuro) y PA («Si me pongo brava
me va a dejar») y dispara a la vez una respuesta de ansiedad.
Esta respuesta de ansiedad activa una DC de tipo evitativa o
defensiva («Y qué si...») y un PA de negación («No es importante para mí ver a mi nieta»), lo que conlleva, congruente con
lo anterior, comportamientos de sumisión, los que son reforzados por la hija al incrementar su amabilidad, bajar el tono
de voz y sonreírle. Esto disminuye la ansiedad de Carmen.
Sin embargo, a los pocos minutos una DC de personalización
y un PA («Soy una tonta») generan una respuesta emocional
de tristeza. Esta tristeza activa recuerdos negativos de incompetencia compatibles con el estado emocional (aprendizaje
dependiente del mood) lo que confirma y refuerza la respuesta cognitiva de «Soy una tonta». Este ciclo puede repetirse
por horas o minutos. Como puede observarse, el contenido
de la autopercepción: «Soy tonta», se conecta lógicamente y
por significado a los contenidos esquemáticos de debilidad e
incompetencia, que definen en gran parte el Trastorno de la
personalidad por dependencia. (TPD).
En otros análisis interactivos la paciente mostró pensamientos de abandono y desprotección, que también se vinculan claramente a los contenidos esquemáticos del TPD.
fase iv: análisis intracognitivo
En el Módulo PA y DC se almacenó toda la información
referida a los PA encontrados. Esta información fue generada
por las entrevistas, la autodescripción del paciente, los autorregistros,las planillas de microanálisis de síntomas, los resultados hallados en el Miskimins y las repuestas a la escala de
creencias nucleares de Beck, así como los contenidos de los
perfiles cognitivos para trastornos de la personalidad.
Si bien el tema del abandono está presente no configura
necesariamente el tema central, debido a los siguiente (a) los
[ 360 ]
de pérdida solo aparecen asociados a estados específicos de
tristeza, pero no son la generalidad, (b) la preocupación del
paciente y sus reiteradas quejas están referidas más a su incapacidad para enfrentar a vida que a la separación: la dependencia de su ex esposo no es afectiva sino por conveniencia, y
(c) la reacción emocional de la paciente es mucho más intensa
cuando se refiere a su debilidad básica para enfrentar la vida
que la carencia afectiva en sí.
Esto no implica que deban descartarse los PA referidos a
pérdida (depresión). La idea básica es que los PA y sentimientos de pérdida no alcanzan a configurar un EN de abandono
propiamente dicho, por tal razón son asociados más al Eje I
(depresión) y contextualizados en un Nivel I como manifestaciones del EN de dependencia. Su tratamiento obedecerá a
estrategias paliativas de intervención en el Nivel I, partiendo
de la predicción que los PA de pérdida desaparecerán definitivamente cuando se intervenga en el Nivel II y III. Cuando
se le preguntó en un «juego imaginario» qué pasaría si apareciera en su vida un hombre que la cuidara y protegiera con
afecto, ella respondió: «Ni me acordaría de mi ex».
La regularidad, el factor común del contenido de los pensamientos, su significado o su narrativa, encajan desde el punto de vista informacional con los contenidos que definen:
(a) un TPD según el modelo cognitivo de Freeman y Beck,
y (b) con las características de un esquema maladaptativo de
dependencia/incompetencia, según Young. Esta presunción
deberá comprobarse en la Fase VI.
Existe la posibilidad, tal como se desprende de algunas
afirmaciones hechas por la paciente, que su concepto de familia podría estar afectando de alguna manera los pensamientos de culpa/fracaso que aparecen a veces.
PA
Segundo nivel de análisis (Nivel II)
(ver, Figura A2)
[ 361 ]
walter riso
fase v: análisis de
los eventos estresantes
Retomando los datos recogidos hasta el momento sobre la
distintas situaciones activantes, se pudo establecer dos grupos
de eventos activantes: (a) situaciones donde ella considera que
se vulneran sus derechos por parte de personas significativas
y/o de personalidad fuerte o con autoridad, ya que se siente
incapaz de actuar porque piensa que no podrá soportar el
costo de perder el soporte afectivo o de otra índole, y (b)
situaciones problemáticas nuevas o desconocidas, o que ella
piensa que serán muy complejas, donde siente que no está
preparada para afrontarlas debido a que se siente inútil, incapaz o incompetente. Es decir, las situaciones que demandan
oposición a figuras importantes que le dan soporte afectivo/
social/económico y aquellas situaciones percibidas como difíciles o nuevas que parecen activar un esquema de incapacidad.
fase vi: análisis e identificación
del esquema nuclear
Se recopiló toda la información almacenada en el Modulo
EN: las presunciones que se han desarrollado desde el Paso I
del Análisis descriptivo hasta aquí. La presunción ya ha sido
señalada: el contenido del EN parece concordar con el autoesquema (concepción de sí mismo) correspondiente a un TP
por Dependencia según los perfiles cognitivos propuestos por
Beck y co. (2004):«Los individuos que presentan este trastorno se ven a sí mismos desvalidos, y por lo tanto tratan de
unirse a alguna figura más fuerte que les proporcione recursos
para al supervivencia y la felicidad».
Lo que se ha observado también concuerda con el esquema maladaptativo de Dependencia/incompetencia de Young
(2001):«La creencia de que uno es incapaz de lidiar con las
propias responsabilidades diarias de manera competente sin
ayuda considerable de los demás. A menudo se presentan
[ 362 ]
como inválidos y desamparados». Y con la definición de Ellis
(1980) de la creencia irracional de dependencia: «la idea de
que se debe depender de los demás y que se necesita a alguien
más fuerte en quien confiar».
La entrevista semiestructurada corroboró todos los datos e
ítems anteriores en los que Carmen mostraba indicadores de
dependencia. Se le mostraron las anotaciones del Módulo EN y
no sólo confirmó la asignación, sino que amplió información
a favor de la dependencia. También se le pidió que luego de
leer las definiciones de otros trastornos de la personalidad se
ubicara en alguno de ellos, y eligió el TPD.
La técnica de la flecha hacia abajo, realizada dos veces, llevó al mismo tope inferior: «Soy débil», «No sé afrontar la vida
sola».
Terapeuta: Imagínate que nunca encontraras a un hombre
y que tu ex marido y tus hijos se alejaran para siempre... ¿Qué
piensas de eso?
Carmen: No quiero ni imaginármelo, sería terrible...
T: ¿Por qué? ¿Qué ocurriría?
Carmen: Tendría que enfrentarme al mundo.
T: ¿Y, entonces?
Carmen: ¡No sabría qué hacer!
T: ¿Y qué pasaría si no supieras qué hacer?
Carmen: Cometería miles de errores, me moriría del miedo...
T: Y, si cometieras millones de errores y sintieras un pánico indescriptible por la vida, ¿qué significa para ti?
Carmen: Sufriría mucho.
T: ¿Y entonces?
Carmen: ¿Le parece poco? La vida sería una tortura.
T: ¿Extrañarías el amor de ellos o la ayuda?
Carmen: Ambas cosas... No me imagino sin nadie...
T: ¿Qué pasaría?
Carmen:Ya se lo he dicho, sufriría la peor de las soledades.
T: ¿Qué significa para ti estar sola?
Carmen: Pelear sola contra el mundo, como una guerra.
T: Supongamos que fuera así...
[ 363 ]
walter riso
Carmen: Perdería la guerra.
T: ¿Y esa derrota que significa?
Carmen: Que soy demasiado débil, que no estoy hecha
para estar sola y menos para luchar (esquema de dependencia).
Se aplicaron los siguientes cuestionarios:
1. Cuestionario de EMT (Young) (se hallaron cinco esquemas con puntajes significativos).
EMT Fracaso: Puntaje 20. Percentil 70.
EMT Subyugación: Puntaje 25. Percentil 75.
EMT Dependencia/incompetencia: Puntaje 58. Percentil 95.
EMT Abandono: Puntaje 47, percentil 60.
2. Cuestionario IBT (Ellis) (se hallaron cuatro creencias
irracionales).
Irresponsabilidad emocional (locus de control externo):
Puntaje 38. Percentil 85.
Ansiedad por preocupación: Puntaje 37. Percentil 75.
Evitación de problemas: Puntaje 35. Percentil 85.
Dependencia: Puntaje 40. Percentil 85.
3. Cuestionario CAE de autoeficacia: Puntaje I 12. Percentil 90.
Los puntajes obtenidos en los cuestionarios son coherentes con lo que se ha observado en Carmen, y confirman las
presunciones hechas hasta ahora.
De todos los datos anteriores se puede concluir que se
identificó un Esquema Nuclear Central de Dependencia/ Incompetencia cuyo contenido responde a pensamientos automáticos relacionados con necesidad de protección, inutilidad/baja autoeficacia y soledad.
Tal como se señaló en el apartado de Análisis intracognitivo,
los otros esquemas hallados no son el centro de la preocupación del paciente, ni reacciona a ellos con la intensidad que
lo hace cuando se hablan temas relacionados con su debilidad
para enfrentar la soledad y el mundo.
[ 364 ]
fase vii: origen y desarrollo
del esquema nuclear:
historia del problema
Carmen se crió, hasta que se casó, en una casa de campo
un poco aislada y con escaso contacto social. Era la menor de
tres hermanos, dos hombres y ella. Su padre era un pequeño
hacendado y su madre ama de casa. Ambos eran personas de
origen humilde y sólo habían podido terminar la primaria.
La paciente recuerda a su padre como un hombre dulce y
paciente y a su madre como una mujer fuerte.
Su temperamento fue el de una niña introvertida y tímida
con dificultades para interactuar con otros niños y niñas de su
edad. Desde muy temprana infancia sufrió de asma y, según
ella recuerda,«era una niñita flaca y debilucha, que comía muy
poco y me pescaba todas las enfermedades».
Su vinculación afectiva temprana estuvo marcada por dos
estilos. Una marcada protección y contemplación por parte
del padre y una relación inconsistente afectiva por parte de la
madre. Cuando falleció su padre (ella iba a cumplir io años))
quedó «afectivamente huérfana», ya que la preferencia de su
madre por los hijos hombres era evidente. La paciente considera traumática la muerte de su padre porque pasó de un
mundo protegido y amable a uno inestable e inseguro, que
podríamos caracterizar como Apego ansioso / ambivalente.
Podemos considerar que hubo una deprivación afectiva moderada a partir de los 10 años de edad, el cual se reafirmó por un
estilo educativo exigente, controlador y autoritario por parte de su
madre. Por la misma época aparecen maltratos psicológicos por
parte de uno de sus hermanos mayores y de la madre: insultos,
gritos, referencias constantes a su inutilidad, a su lentitud para
las tareas domésticas (las cuales estaban prácticamente todas a
su cargo) y a su fragilidad/debilidad.
Conoció al que iba a ser su marido, un hombre, de buena
familia y adinerado, en una reunión social, y a los tres meses
se casaron. Un año después de desposarse, a los 19 años, tuvo
[ 365 ]
walter riso
su primer hijo. Al principio sus suegros no la aceptaron pero
con los años «se acostumbraron a mi».
Durante todo el matrimonio el esposo impuso las condiciones de vida. Él tomaba todas las decisiones y ejerció un
fuerte dominio sobre su manera de sentir y actuar.
Los datos obtenidos muestran una historia previa que contribuye significativamente a la conformación de un EN de
necesidad de protección, incompetencia y baja autoeficacia.
Este EN parece haber sido formado por la interacción de
un temperamento introvertido, un estilo parental ambiguo,
una marcada sobreprotección hasta los 9 años por parte del
padre y el cambio brusco a una nueva relación familiar donde
había deprivación afectiva y maltrato psicológico.
La paciente escapó cuando pudo del ambiente dañino, casándose. Su matrimonio, al estar con un hombre paternalista,
controlador y dominante, incrementó aún más su percepción
de incompetencia/debilidad. Estar bajo la «tutela» de un hombre con estas características fue su estrategia de supervivencia
básica, para enfrentarse a un mundo que ella veía y ve como
amenazante y dañino.
fase viii: determinar diátesis-estrés
Tal como lo demuestran las fases anteriores, es evidente la
existencia de una congruencia informacional entre los eventos disparadores/activantes y el contenido del EN. Situaciones
nuevas problemáticas, soledad, señalamientos a su incompetencia y desprotección, activan la especificidad de contenido
(vulnerabilidad/diátesis) referida a un EN de debilidad, soledad y baja autoeficacia. Esta relación diátesis-estrés dispara los
sentimientos de tristeza relacionados con la autopercepción
«inescapable» o «inevitable» (atribuciones) de incompetencia
y, en otras, con el sentimiento de haber quedado sola y en
desamor, aunque, tal como se ha dicho antes, parece que la
soledad pesa más que el desamor.
Las relaciones diátesis-estrés «atan», lógicamente, los factores ambientales con el contenido del EN.
[ 366 ]
Las relaciones diáthesis-estrés,«atan» lógicamente, los factores ambientales con el contenido del EN.
fase ix: análisis e identificación
del sistema a de auto perpetuación
La información almacenada en el Modulo SI, obtenida de
las planillas de autobservación (PA, DC y Consecuencias), de
las planillas de microanálisis (¿Qué pasa por tu cabeza en ese
momento?) y del análisis interactivo (Respuestas Cognitivas),
permite hacer un presunción ordenada en el sentido de establecer tres aspectos: inatención, autocrítica infundada y recuerdos distorsionados sobre lo hermoso que era su situación.
Se explicó a la paciente los principios de economía cognitiva (sesgos) y se le pidió que observara cada uno de los
tres sesgos en cualquier situación que se sintiera incapaz o
rechazada. Finalmente se recurrió a la formulación teórica
de Beck sobre el perfil cognitivo de dependencia, a cada DC
realizada por la paciente y a lo obtenido en las observaciones.
Se identificaron tres sesgos básicos:
S. perceptual: interpretar que es una tonta o una inútil (sesgo que refuerza su idea de incompetencia).
S. de memoria: recordar sólo las ventajas de estar acompañada
(sesgo que refuerza su contenido de soledad/desprotección).
S. atencional: ignorar o menospreciar el rechazo (sesgo que
evita someter a contratación su idea de debilidad).
fase x: análisis del sistema b
de auto perpetuación
Creencias intermedias
Del análisis de los PA y las opiniones recogidas en los Módulos de creencias, y del contenido del EN, a través de una en-
[ 367 ]
walter riso
trevista semiestructurada en relación a las situaciones temidas,
se obtuvieron las siguientes creencias intermedias:
Actitud (Ac): «Soy una tonta, siempre me equivoco. La vida
es difícil para mí».
Creencia trágica (Ctrg): «Si me quedo sola seré incapaz de
sobrevivir».
Creencia compensatoria (Ccom): «Si soy complaciente, no
me abandonarán».
Imperativo (Imp): «Debo identificarme con el agresor».
De esta manera la Ac y la Ctrg, activan la Ccom y el Imp, los
que inducen (sistemas de producción) determinadas estrategias de afrontamiento.
Estrategias evitativas y
compensatorias/aseguradoras
La información almacenada en los Módulos Ec/a y Ee, fue
obtenida de las planillas de autobservación (¿Qué hice?), de
las planillas de micro y macroanálisis (¿Cómo reaccionas,
qué sientes, cómo lo enfrentas?) y de los análisis interactivos
(Conducta motora y Respuesta cognitiva). Esta información
fue confrontada con la Creencia compensatoria y el Imperativo, ya que, como se dijo las estrategias Ee y Ec/a se desprenden
lógicamente de Ccom y el Imp.
Se realizó una entrevista semiestructurada con la paciente
revisando la presunción en los casos concretos observados y,
luego de explicarle el significado de «afrontamiento», se analizaron con ella, de manera cualitativa, los modos de afrontamiento de Lazarus y Folkman.
Se identificaron las siguientes estrategias de afrontamiento:
Estrategias evitativas (Ee): sumisión, no contradecir.
Compensatorias/de aseguramiento (Ce/a):amabilidad excesiva, mostrarse débil, pedir ayuda.
Profecías autorrealizadas
La información almacenada del Modulo Pa, se originó bá-
[ 368 ]
sicamente del apartado de «consecuencias», de las autobservaciones y de las planillas en general. También las impresiones
que el ex marido, los hijos y el jefe tenían de Carmen.
La presunción ordenada se confrontó con una entrevista
semiestructurada donde se explicó a la paciente qué es una
profecía autorrealizada. Luego, a partir de tres ejemplos en los
cuales las personas allegadas la hacían sentir inútil, se le pidió
que se respondiera a sí misma dos preguntas:
(a) ¿Qué hago yo para que esto sea así?
(b) ¿He influido en los resultados negativos?
Se lograron identificar las siguientes profecías autorrealizadas:
1. La conducta de «amabilidad excesiva», con el tiempo,
generaba fastidio y alejamiento, lo que confirmaba su
sentido de desprotección/soledad.
2.
La conducta de «mostrarse débil» producía en la gente
un trato lastimero hacia ella, lo cual confirmaba la idea
de que era débil y/o incompetente.
fase xi: análisis de la crisis
y el equilibrio patológico
La Figura A2 muestra el Diagrama del Nivel II (análisis
estructural), en la cual se resumen los datos pertinentes a la
estructura cognitivo/informacional de la paciente y como se
conectan lógicamente las variables estudiadas.
Como puede observarse, la paciente muestra un Esquema
Nuclear de Dependencia caracterizado por contenidos del tipo:
necesito protección, soy inútil y estoy sola.
El análisis del equilibrio patológico (su dinámica informacional) es el siguiente:
1. Para sobrevivir a la idea de que es débil e incompetente,
Carmen organizó durante su vida un fuerte Sistema B
de protección. Su objetivo fue evitar que la creencia
[ 369 ]
[ 370 ]
E
Estoy sola
Soy inútil
Necesito
protección
EN
Figura A2. Diagrama del Nivel II
SA
SB
Ac: Soy una tonta,
siempre me equivoco.
La vida es difícil para mi
Ctrg: Si me quedo sola
seré incapaz de sobrevivir
Cccm: Si soy complaciente
no me abandonarán
Egocentrismo e inatención.
S. perceptual: autocastigo
S. de memoria: recordar la compañía
S. atencional: Ignorar el rechazo
Economía cognitiva
Profecías autorrealizadas.
Amabilidad excesiva, fastidio
Mostrarse débil: trato lastimero
Compensatoria:
Amabilidad excesiva, pedir
ayuda
Evitativa:
Sumisión, evitar contradecir
Imp: Debo identificarme
con el agresor. Debo
hacer feliz a mi esposo
Sistema de
producción
Estrategias de Afrontamiento
Creencias intermedias
Estrategias de autoperpetuación
walter riso
trágica («Si me quedo sola seré incapaz de sobrevivir»),
reforzada por una actitud negativa de sí misma («Soy
una tonta, siempre me equivoco», «La vida es difícil
para mí»), se activara y la hiciera sufrir. Así, la paciente
desarrolló una creencia compensatoria («Si soy complaciente con la gente, no me abandonarán»), reforzada
por dos imperativos básicos uno más general y otro más
particular («Debo identificarme con el agresor», «Debo
hacer feliz a mi esposo»). La creencia compensatoria
activó o se «tradujo» en dos Estrategias de afrontamiento,
que si bien sirvieron a los fines de la paciente (evitar
enfrentar el esquema nuclear o evitar que el contenido
del mismo se hiciera realidad), tuvieron consecuencias
negativas para su dependencia, ya que autoperpetuaron
el esquema nuclear al impedir que éste se confronte
con la realidad (Evitativa: sumisión, evitación contradecir. Compensatoria: amabilidad excesiva, pedir ayuda).
Ambas estrategias también produjeron autoperpetuación esquemática (reforzamiento del esquema dependiente) al convertirse alguna de ellas en Profecías autorrealizadas. En tal sentido las profecías no sólo hicieron
que el medio terminara reforzando su esquema nuclear,
precisamente lo que ella quería eliminar, sino haciendo
que el marido perdiera cada vez más interés al verla
débil e insegura. Este círculo vicioso puede constatarse
de manera fehaciente desde el inicio mismo de su matrimonio.
2. A la par que el Sistema B cumplía la doble función
de proteger a la paciente de sus temores y mantener
sus contenidos negativos, el Sistema A definitivamente
reforzaba, cohesionaba y mantenía (autoperpetuación)
la dependencia, al sesgar la información a favor de los
contenidos del esquema nuclear (Sesgo perceptual: autocastigo. Sesgo de memoria: recordar la compañía. Sesgo
atencional: ignorar el rechazo).
[ 371 ]
walter riso
3. Carmen vivió gran parte de su vida en ese «equilibrio
patológico» donde el Sistema B mantenía a raya la activación del esquema nuclear y modulaba de alguna
manera el inevitable círculo de autoperpetuación del
Sistema A.
4. Este sistema equilibrado en lo afectivo se rompe cuando descubre que su marido tiene una amante y la va
a dejar (crisis desestabilizadora). El Sistema B en ese
momento comienza a desmoronarse, y a dejar de ser
funcional para ella, al menos en el contexto de pareja.
No obstante, durante el período inicial, Carmen incrementó sus estrategias de sumisión en un intento desesperado por retomar el control, pero sin resultado. En
ese momento, el temor esencial se hace realidad y el
esquema nuclear se activa con toda su fuerza: «¡Soy inútil, cómo me enfrentaré al mundo!», «¡Estoy desprotegida!», «¡Estoy sola!». El Sistema A se hace más evidente
y los sesgos se manifiestan de manera significativa, al
activarse totalmente el esquema nuclear.
5. La consecuencia de esa «desorganización informacional», desencadena el trastorno del Eje I con sus manifestaciones de depresión y fobia social.
6. Cuando el marido se va de casa, Carmen se ve obligada
a comenzar una nueva vida, sin embargo, sus estrategias de afrontamiento siguieron operando dentro del
esquema de dependencia en otras áreas, como el trabajo y la relación con sus hijos. La tendencia natural de la
paciente será restablecer el Nivel II tal como se hallaba
antes de la crisis, entre otras cosas, porque aún no ha
modificado su esquema de dependencia.
[ 372 ]
Tercer nivel de análisis (nivel III)
fase xii: análisis e identificación de
esquemas conceptuales,valorativos
y motivacionales superiores
Se retomó la información acumulada a lo largo de la
conceptualización en los Módulos de EI/C, EV y EMS. Los
primeros datos sugirieron la existencia de tres esquemas
de segundo orden que podrían estar afectando la autopercepción de minusvalía en Carmen. La presunción fue la siguiente:
Esquema ideológico /conceptual: «La gente fuerte y segura es
la que triunfa en la vida»,«El mundo es de los valientes»,«La
libertad no tiene precio».
Esquema valorativo: «La gente vale por lo que logra en la
vida», «Admiro la gente segura de sí misma»,«A la gente no
debería importarle tanto la opinión de los demás».
Esquema motivacional superior: «No quiero ser una inútil»,
«Quiero bastarme a mí misma».
Indudablemente existía una coherencia informacional
entre los esquemas y también se encontró una relación de
éstos con el contenido del esquema nuclear, en el sentido
que Carmen aborrece ser como es, y que no se valora a sí
misma, ya que sus creencias, valores y motivaciones se oponen a lo que marca el trastorno de la personalidad por dependencia. Muchos pacientes mantienen una contradicción
flagrante entre sus aspiraciones y lo que son: el yo ideal y el
yo real.
Se amplió la información obtenida hasta el momento con
los siguientes procedimientos y actividades:
1. Aplicación de la Tabla Calificación de valores:
[ 373 ]
walter riso
Valores
Por qué son importantes
Amor
importante. No hay que estar
sola.
Familia
igual.
Relaciones interpersonales
La gente tiene doble cara.
Amistad
Tener amigas debe ser algo muy
bello.
Logros laborales
Ser económicamente
independiente.
Éxitos financieros
No me interesan.
Belleza física
Lo soy.
Salud física
Si estás sola, lo peor.
Religión
No sé, estoy alejada de
Dios, pero considero que es
importante.
Libertad personal
Lo más importante. Hacer lo que
uno quiere.
Servicio social o ayudar a otros
No sé, más o menos.
Recreación
Me falta diversión, me gustaría
Ternura
Sí, sí...
Crecimiento personal
Me gustaría ser yo misma, ser
cada día mejor.
Maternidad/paternidad
No se si volvería a tener hijos,
aunque los adoro...
Humildad
No tanto como yo, soy
demasiado tonta
Tradición
Estoy pegada a la tradición y me
gustaría no estarlo.
Benevolencia
No entiendo
Otros
No depender de nadie.
2. Aplicación de la tabla Preguntas motivacionales
Preguntas
Respuestas
¿Qué me gusta y disgusta
realmente?
Ser débil e insegura. Quisiera ser
valiente
¿Quién soy?
Una mujer sola.
[ 374 ]
Preguntas
Respuestas
¿Qué es lo que realmente me
importa?
Llegar a ser fuerte
¿Cuáles han sido las fuerzas
que, hasta este momento, han
dirigido mi vida?
El miedo.
¿Qué sentido quiero dar a mi
vida?
Ser libre.
¿Qué cosas me hacen sentir
bien?
Sentirme capaz.
¿Qué motivos me hacen sentir
bien?
Ver que salgo adelante, que
logro hacer las cosas por mí
misma.
¿Qué motivos de felicidad
tengo?
No sé, hay días que no veo
ninguno. Hay días que sueño con
ser yo misma.
¿Que pequeñas cosas hay en
mi vida que me proporcionan
satisfacción y no son difíciles de
conseguir?
Internet, estar con mi nieta
cuando me dejan, ir a trabajar,
sentirme acompañada.
¿Qué es realmente importante
para mi y motivo suficiente para
luchar a pesar de las dificultades
que encuentre en mi camino?
Ser yo misma, no sentirme inútil,
ver que soy valiente.
3. Lectura y discusión extraídas de los siguientes libros:
«Con el amor no basta» (A. Beck).
«Aprendiendo a quererse a sí mismo» (W. Riso).
«Reinventa tu vida» (J.Young y J. Klosko).
«¿Amar o depender?» (W. Riso).
4. Carmen asistió a dos conferencias: una sobre autoeficacia y otra sobre mujeres que aman demasiado.
5. Se le sugirió que viera dos películas: una protagonizada
por Norma Aleandro y Héctor Alterio titulada «Cleopatra», y otra protagonizada por Mia Farrow, titulada
«Alice». Ambas películas resaltan la importancia de que
la mujer retome su vida y se independice de las trampas
afectivas en las cuales se halla atada.
[ 375 ]
walter riso
6. El análisis de la historia relevante mostró que en su
familia los retos personales y luchar por los ideales era
muy importante. Curiosamente, a Carmen, luego de la
muerte de su padre, se la educó para lo contrario.
Se llevó a cabo una nueva entrevista sobre cada uno de los
esquemas señalados a partir de los nuevos datos generados y,
finalmente, se confirmaron e identificaron los EI/C, EV y EMS
antes mencionados.
Se concluyó que estos esquemas de segundo orden afectaban directamente los pensamientos automáticos depresivos
y ansiosos, ya que contrastaban de manera marcada el yo real
del yo ideal.
fase xiii: análisis e identificación
de los esquemas constructivos que
posee la paciente
Carmen no vivió una vida plena en cuanto a crecimiento
personal y a logros se refiere. En realidad, su esquema constructivo vital se estableció sobre la base de una libertad y
autonomía limitada por el trastorno de dependencia. Aunque
podría deducirse fácilmente de los tres esquemas anteriores,
el terapeuta se pregunta: ¿qué estilo de vida constructivo es el
que ansia Carmen?
La recopilación de datos a lo largo de la conceptualización
arrojó las siguientes motivaciones superiores: «No depender
de nadie», «Ser capaz de hacer mis cosas», «Dejar de amar a
mi marido», «Independizarme de mis hijos», y así. Estas afirmaciones sólo aparecieron cuando la preocupación de «estar sola» quedó inhibida por momentos. Cuando regresaba la
preocupación por la soledad/desprotección, la dependencia
podía más que sus sueños de independencia.
Recordemos que, en el estudio de los esquemas constructivos, el terapeuta se concentra en «lo bueno» del paciente. La tabla de Búsqueda de esquemas constructivos, arrojó
lo siguiente:
[ 376 ]
Esquemas constructivos
Ejemplificar
¿Qué cosas mías me sirven
para mi crecimiento?
No tengo idea... ¿Ser buena?...
No, no, me fue peor con eso...
No sé
¿Cuáles de mis costumbres
son sanas?
Soy limpia y honesta. Cuando me
comprometo cumplo. *
¿Qué hago bien?
¡Hay, Dios! No sé. La gente me
quiere. Quizás relaciones públicas.
Llevar gente a pasear. Trabajar en
una compañía de viajes. *
¿En cuáles de mis roles me
siento bien con mi desempeño?
Me gusta dar clases. *
¿Qué cualidades poseo?
Ya las dije... Me falta una, soy
noble, no soy rencorosa...
¿Qué me gusta de mí?
Mi cuerpo. *
¿Qué le gusta de mí a la gente? Mi manera de ser. Se escuchar y
soy amable, creo que demasiado...
Me gustaría saber cómo soy sin
mi problema...
¿En que voy a poner mi
voluntad?
En aprender a vivir. *
¿Qué aspectos de mí mismo
puedo desarrollar?
Manejar carro, hacer mis
consignaciones, salir sola, en fin,
resolver mis problemas
¿Cuáles son mis fortalezas?
Soy persistente, pero muerta de
miedo. *
¿Qué me proporciona
equilibrio y qué me
desequilibra?
Sentirme acompañada, estar sola
¿He logrado a veces controlar
mis problemas?
En estos días he sentido por
momentos una sensación de ser
capaz, y es maravilloso, pero dura
poco. *
¿En qué me puedo considerar
una persona creativa?
No tengo idea
¿Tengo sentido del humor?
Si, todavía me queda (risa). *
¿Acepto la ambigüedad y la
incertidumbre?
No, ni un poco... Pero, no sé... A
veces me gusta lo desconocido,
sólo teóricamente, 0 mejor, me
gustaría que me gustara. *
[ 377 ]
walter riso
Esquemas constructivos
Ejemplificar
¿Soy inconforme o rebelde a
veces?
Sí, mucho, pero no hago nada. *
¿Soy optimista?
No, no creo...
¿Me gustan los desafíos y
retos?
En el fondo sí... sí me gustan... *
¿Considero que soy dueño de
mi propio destino?
No, por ahora... ¡Qué más
quisiera!*
¿Cómo son mis actividades de
ocio y recreación?
Cine, comer bien, es decir,
cocinar. Visitar o que me visiten. *
¿Soy una persona espiritual o
religiosa?
No sé, creo que sí, nunca lo he
explorado a fondo. *
¿Me refuerzo a mí misma?
Para nada.
¿Soy amigable?
Sí, sí lo soy. *
¿Asumo las cuestiones que me
interesan con compromiso?
Sí, casi siempre. *
¿Tengo conciencia de mis
problemas?
Estoy empezando... *
¿Cómo es mi calidad de vida?
Muy regular.
¿Podría ser líder en alguna
actividad o grupo?
Es uno de mis sueños, no sé... *
¿Sé gozar la vida?
Podría hacerlo... *
¿Soy una persona flexible?
Demasiado.
¿Soy hedonista?
El miedo no me deja.
¿Me acepto
incondicionalmente?
No, no lo hago.
¿Me gusta asumir riesgos y
experimentar?
Ahora no... *
* Indica áreas que son potencialmente positivas y que deberán tenerse en cuenta
cuando se intente crear esquemas constructivos. Carmen mostró bastantes indicadores de resiliencia y de resistencia, así como un alto compromiso para el cambio.
[ 378 ]
fase xiv: resumir la información y
elaborar diagrama nivel iii
La Figura A3 muestra los contenidos hallados para cada
esquema de segundo orden. Como puede observarse, y tal
como se dijo antes, los esquemas giran alrededor de creencias,
valores y motivaciones relacionados con la independencia/
autonomía y hacerse cargo de sí misma.
fase xv: resumen y explicación
del funcionamiento cognitivo
informacional del paciente
en los tres niveles: hipótesis
central integrada
En el Esquema de conceptualización clínica multinivel del caso
de Carmen (ver página 383) se resumen los aspectos más importantes de toda la conceptualización en los tres niveles.
Debido a una historia personal donde confluyeron variables de temperamento (timidez/introversión), biológicas
(asma) y ambientales (maltrato, disciplina autoritaria, etc.), especialmente a partir de la muerte de su padre, la paciente desarrolló un esquema de dependencia/incompetencia, el cual
se vio reforzado más tarde por una relación sobreprotectora
desde el momento que adquiere nupcias con un hombre paternalista. En su infancia, a partir de los diez años, sufrió de
críticas constantes y maltrato psicológico sobre su desempeño
y capacidades. Una vez el esquema nuclear de «Soy incapaz»
y «Soy débil» instala, Carmen desarrolla una serie de estrategias de protección (sumisión, agradar a otros, escape/evitación, etc) mediadas por un conjunto de creencias intermedias
catastróficas sobre su incompetencia/fracaso anticipado que
ocultan el problema. De otra parte su procesamiento de la
información desarrolla distintos sistemas de autoperpetuación
que mantienen el problema (vg. sesgos confirmatorios).Tal
como se vio en la explicación del proceso que determina
[ 379 ]
[ 380 ]
“Admiro a la gente
segura de sí misma”
“El mundo es de los
valientes”
“La libertad no tiene
precio”
“La gente vale por lo
que logra en la vida”
Esquemas
Valorativos
“La gente fuerte y
segura es la que
triunfa en la vida
Esquemas
Ideológicos
Conceptuales
“Quiero ser una
persona libre
y bastarme a
mí misma”
Esquemas
Motivacionales
Superiores
Esquemas
Constructivos
Humor, compromiso,
autonomía, amistad,
conocer, persistencia,
honestidad, bondad
ESQUEMAS DE SEGUNDO ORDEN
Conceptuales, valorativos, motivacionales y constructivos
Figura A3. Esquema de segundo orden, caso Carmen
walter riso
el equilibrio patológico, este sistema se desmorona cuando
su esposo la deja y el esquema de dependencia es imposible de mantenerlo a raya. Cuando se activa dicho esquema,
hace su aparición la depresión, como respuesta a la soledad,
y la ansiedad, como consecuencia de su incapacidad percibida (baja autoeficacia). La sintomatología se hace evidente en
situaciones donde hay demanda y exigencia a que actúe sola,
ante situaciones desconocidas o figuras de autoridad. En estas
situaciones sus pensamientos y distorsiones son autorreferenciales y relacionadas con su incapacidad y/o soledad. Ante la
crisis los sesgos se incrementan y la sintomatología avanza.
No obstante, aún ante la adversidad, Carmen, logra obtener
un trabajo, comienza a manejar su automóvil y da muestras de
una motivación por mejorar. La preocupación de la paciente
parece estar más relacionada por su necesidad de autonomía
que por la pérdida. No se encuentran vestigios específicos de
trauma por maltrato psicológico.
Como puede observarse en el esquema de conceptualización, los contenidos de los pensamientos automáticos están
lógica y semánticamente relacionados con el contenido del
esquema nuclear.
¿Cómo interviene el Nivel III? La motivación para el cambio se hace evidente cuando se analizan los esquemas de segundo orden, donde Carmen deja en claro su valoración y
deseo por la independencia. Estos esquemas valorativos llevan
a que ella se autocastigue (pensamientos automáticos) al ver
que su yo ideal está muy alejado de su yo real, lo cual va minando su autoestima, así como su autoeficacia. De otra parte
los esquemas constructivos se oponen claramente al EN, lo
que es un factor de buen pronóstico, en tanto permite abarcar
factores de resiliencia.
En conclusión: existe un mecanismo cognitivo subyacente
(Nivel II) responsable de la patología depresiva y ansiosa de la
paciente, que responde a un esquema nuclear de dependencia/incompetencia (vg. Soy inútil”, “Necesito protección”,
“Estoy sola”) (o Trastorno de la personalidad por dependencia), el cual ha sido adquirido por experiencias concretas en
[ 381 ]
walter riso
la niñez y empezando la adolescencia (vg. maltrato psicológico, deprivación afectiva, sobreprotección a temprana edad)
y tiende a autoperpetuarse mediante estrategias de afrontamiento inadecuadas (vg. sumisión, amabilidad excesiva, dar
lástima) y sesgos confirmatorios (vg. ignorar el rechazo, interpretaciones erróneas frente a sí misma, como autodescalificación). La depresión y la ansiedad se ven afectadas también por:
(a) el tipo de pensamientos automáticos (vg. autoverbalizaciones negativas frente a así misma), distorsiones cognitivas (vg.
atención focalizada) y comportamientos motores (vg. déficit
en asertividad) y las relaciones funcionales que estas variables
establecen entre si y con el ambiente (vg. mantener las fuentes
de seguridad, estar acompañada) (Nivel I); y (b) por el sistema
de creencias y valores (esquemas de segundo orden), los cuales
ponderan la autonomía, la libertad e independencia como un
valor de crecimiento al cual aspira la paciente (esquema constructivo), pero que en el contexto del esquema nuclear actual
remarcan e incrementan la discrepancia entre el yo real y el yo
ideal, lo que a su vez aumenta la autopercepción de debilidad
e incompetencia.
fase xvi: definir blancos
terapéuticos y recursos técnicos
De manera resumida señalaremos los aspectos más relevantes de la intervención que se deducen de la CCCM para el
caso de Carmen.
Nivel I (esta intervención se comenzó a aplicar desde el
momento mismo en que se detectaron los PA, las DC y las
emociones negativas y los comportamientos motores asociados).
1. Modificación de PA y DC mediante: (a) Registro de
pensamientos disfuncionales (ver J. Beck, 2000, y Leahy,
2003a), (b) Componer respuestas alternativas y ataque
lógico, empírico y pragmático, (c) Detención de pensamientos.
[ 382 ]
APLICACIÓN DE LA CONCEPTUALIZACIÓN CLÍNICA
MULTINIVEL: EL CASO CARMEN
Nombre del paciente: Carmen
Fecha: 17 de mayo 2003
Diagnóstico Eje I: Depresión y fobia social
Diagnóstico Eje II: Trastorno de la personalidad dependiente
Historia del problema e historia relevante
Introvertida, tímida. Apego ansioso/ambivalente. Deprivación
afectiva moderada. Educación exigente, controlada y autoritaria. Maltrato psicológico. Familia conservadora y motivada al
logro económico
Esquemas de segundo orden
EI/C: «La gente fuerte y segura es la
que triunfa en la vida.»
EV:
«La gente vale por lo que logra
en la vida», «admiro a la gente
segura de sí misma.»
EMS: «Quisiera ser libre e
independiente», «bastarme a mí
misma»
EC:
Esquemas nuclear
EN:
Motivación para el cambio,
humor, compromiso, motivada
por los retos, relaciones
interpersonales
«Soy inútil», «Necesito protección», «Estoy
sola»
Creencias intermedias
Ac: «Soy una tonta, siempre me equivoco»
Ctrg: «Si me quedo sola no seré capaz de
sobrevivir»
Ccom: «Si soy complaciente no me abandonarán»
Imp: «Debo identificarme con el agresor»
Sesgos Confirmatorios (SI)
Atención: Ignorar el rechazo
Percepción: Autocastigo
Memoria: Recordar compañía
Estrategias evolutivas, compensatorias
y profecías autorrealizadas
Ee: Sumisión, evitar contradecir
Ec/a: Amabilidad excesiva, pedir ayuda
Pa: Fastidio, trato lastimero
Situación
PA/DC
Emoción
Tristeza
Comportamiento
«No soporto la
soledad»
Situación
PA/DC
Emoción
Comportamiento
Error al pasar notas
de un estudiante
«Soy una inútil»,
«Todo lo hago mal»
Sola un domingo
Tristeza
Acostarse a llorar
Pedir disculpas
una y otra vez
[ 383 ]
walter riso
2. Modificación del comportamiento motor: (a) Entrenamiento en comunicación, y (b) Estrategias de resolución de problemas interpersonales.
3. Modificación y regulación emocional: (a) Entrenamiento asertivo para el manejo de la ira, (b) Relajación,
e (c) Imagen emotiva.
4. Entrenamiento en autobservación.
Nivel II
1. Explicación del modelo cognitivo.
2. Activación del esquema nuclear (conocimiento concierne de la paciente y de su historia de desarrollo).
3. Crear discrepancia informacional de los contenidos
del esquema nuclear de dependencia/incompetencia,
mediante experimentos cognitivos conductuales (Bennet-Levy, y col, 2004) y reestructuración cognoscitiva.
•
Reestructurar creencias intermedias en el contexto
de los sistemas de producción.
•
Modificar sistemas de autoperpetuación (sesgos y
estrategias de afrontamiento) mediante autobservación y desarrollo de habilidades alternativas.
4. Crear un esquema nuclear alternativo, relacionado con
contenidos de independencia/competencia (autoeficacia y autoestima) mediante el desarrollo e instalación
de información semántica y episódica, a través de experimentos conductuales cognitivos y desarrollo de nuevas experiencias.
Nivel III
1. Modular y canalizar los contenidos de los EI/C, EV y
EMS para disminuir la discrepancia entre yo real y yo
ideal y su impacto en los PA y DC, mediante lecturas,
actividades dirigidas y diálogo socrático.
[ 384 ]
2. Capitalizar los esquemas de segundo orden y estructurar esquemas constructivos (resiliencia y resistencia)
mediante lecturas, actividades dirigidas y tareas para
hacer en casa. Desarrollar locus de control interno, audacia y experimentalismo.
[ 385 ]
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Es claro que la terapia cognitiva de corte
informacional no es un simple conjunto
de técnicas, sino un paradigma que
resulta de asumir una posición filosófica,
epistemológica, teórica y metodológica
determinada, ampliamente sustentada
y continuamente validada a través del
método científico. Muchos psicólogos
clínicos se han visto obligados a ampliar
sus esquemas de trabajo con perspectivas
más representacionales e integradas
(no necesariamente eclécticas), que les
permitan afrontar los llamados “casos
difíciles” e implementar de este modo
programas efectivos de tratamiento.
Por tal razón, es importante contar con
modelos terapéuticos que ofrezcan la
posibilidad de generar formulaciones e
intervenciones tanto a un nivel terciario,
como en la prevención y la promoción del
trastorno, creando en los pacientes estilos
de afrontamiento cognitivos, emocionales
y comportamentales que redunden en una
mejor calidad de vida. No sólo se trata de
lidiar con la enfermedad psicológica, sino
ampliar los horizontes de la salud.
El presente texto recoge la experiencia
de veinticinco años de trabajo clínico
en el área cognitivo/comportamental
y especialmente en la aplicación del
paradigma del procesamiento de la
información. En él se presenta un modelo
de Conceptualización cognitiva multinivel
del caso clínico, que consta de tres niveles
interactuantes: sintomático/descriptivo
(Nivel I: que corresponde más a un enfoque
cognitivo/comportamental), explicativo/
preventivo (Nivel II: que se relaciona
más con una aproximación cognitivo/
informacional) y explicativo/promocional
(Nivel 111: que hace referencia a un enfoque
más cognitivo/social o cultural).
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