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InteligenciaEspiritual

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Inteligencia Espiritual
Conference Paper · March 2019
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Lourdes I. Morales
University of Puerto Rico, Río Piedras Campus
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Spirituality integrated in social work intervention; Social work and Spirituality and Religion; Children and Adolescence Spirituality View project
Espiritualidad y religión: Su influencia en las conductas de riesgo de la salud- uso de drogas, alcohol y sexualidad temprana- en niños/as y adolescentes View project
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Inteligencia Espiritual
Dra. Lourdes I. Morales Alejandro MSW, EdD
Simposio Teológico: Activando la Esperanza
29 de septiembre de 2018
Iglesia Ministerio Sanador, Inc.
San Juan, Puerto Rico
Mi saludo cordial a todos los presentes. Me propongo en estos momentos
hablarles sobre el concepto de Inteligencia Espiritual. Concepto, que puede ser
nuevo cuando se le ve acompañado con el de Inteligencia. Sin embargo, no lo es.
En la Epístola de San Pablo a los Colosenses, en el capítulo 1, verso 19, Pablo le dice
a los de colosas que está orando por ellos para que sean llenos de conocimiento de
la voluntad de Dios, en toda sabiduría e inteligencia espiritual.
El concepto de inteligencia ha sido objeto de estudio a través de los años.
Mucho se ha teorizado sobre él. Bhullar (2015) lo define como la capacidad de
aprender o comprender, a partir de la experiencia, o para responder con éxito a
nuevas experiencias; capacidad de adquirir y retener el conocimiento. Implica el
uso de la razón o el intelecto para resolver problemas y dirigir la conducta
(Bhullar, 2015) y planificar, pensar de manera abstracta, y comprender ideas
complejas (Ardila, 2011). También se ha teorizado sobre la existencia de diversas
inteligencias. Observemos que a finales del siglo 19 y comienzos del siglo 20 Albert
Binet (1857-1911) y Lewis Terman (1877-1956) presentaban y discutían la
Inteligencia Intelectual (Cociente de Inteligencia). Edward Thorndike, en el
1930, introdujo la Inteligencia Social, la que describe la capacidad de relacionarse
bien con otras personas. En el 1975, Howard Gardner elabora la teoría de
Inteligencias Múltiples. Los psicólogos Peter Salovey y John Mayer, en el año
1990, trabajan la teoría de la Inteligencia Emocional y cinco años más tarde el
psicólogo Daniel Goleman la popularizó al publicar su libro, La Inteligencia
Emocional. En el siglo 21, año 2001, Danah Zohar e Ian Marshall introducen el
concepto Inteligencia Espiritual (IES) en su libro: Inteligencia Espiritual: La
inteligencia que permite ser creativo, tener valores y fe, publicado por la editorial
española Plaza & Janés Editores. Es en este libro, donde por primera vez este
concepto se desarrolla en detalle. La presentación que a continuación desarrollo
está basada en este importante escrito.
Es ineludible que les ofrezca algunos datos sobre la inteligencia intelectual y
la emocional porque son interdependientes con la inteligencia espiritual. De
acuerdo a Zohar y Marshall (2001) la Inteligencia Intelectual o racional es la que
usamos para resolver problemas lógicos o estratégicos. Notoria en cuanto a la
conciencia, reflexiva, capaz de analizar y meditar. Los psicólogos crearon pruebas
(tests) para medir la capacidad intelectual de las personas. Estas pruebas clasifican
a la gente en distintos niveles de inteligencia, conocida como cociente de
inteligencia (IQ o CI). Según la teoría, cuanto más alto el cociente, más
inteligencia tiene la persona. Por su parte, Goleman (2000) comienza su
exposición del concepto de Inteligencia Emocional definiendo lo que es emoción.
Es un sentimiento y sus pensamientos característicos. Son impulsos para actuar,
PAGE 1
planes instantáneos para enfrentarnos a la vida. Esta alimenta e informa las
operaciones de la mente racional. Además, nuestras emociones tienen mente
propia; una mente que puede sostener puntos de vista con bastante independencia
de la mente racional. Así pues, inteligencia emocional incluye habilidades tales
como: ser capaz de motivarse y persistir frente a las decepciones; controlar el
impulso y demorar la gratificación; regular el humor y evitar que los trastornos
disminuyan la capacidad de pensar; mostrar empatía y abrigar esperanzas (p. 54).
Para Goleman, la inteligencia emocional es el equilibrio entre las dos mentes:
intelectual (la que piensa) y emocional (la que siente). Su piedra angular es
conócete a ti mismo (p. 67). Aclara que no se trata de que suprimamos la emoción
y colocar en lugar la razón, sino encontrar el equilibrio inteligente entre ambas.
Goleman cita a Aristóteles diciendo: “es dominar la capacidad de enfadarse con la
persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito
justo y del modo correcto” (p. 67).
La inteligencia emocional se origina en el cerebro (Goleman, 2000). La
amígdala actúa como depósito de la memoria emocional. Es como un centinela
psicológico. Reacciona instantáneamente como una red de transporte nervioso,
telegrafiando un mensaje de crisis a todas las partes del cerebro. Observemos esta
imagen (IN Slide Share, 2019).
Según Goleman (2000), existen cientos de emociones y familias de ellas (p.
331,332). Algunas son:
PAGE 2
•
Ira: furia, ultraje, resentimiento, cólera, exasperación, indignación,
aflicción, aspereza, animosidad, fastidio, irritabilidad, hostilidad; y en el
extremo: violencia; y odio patológicos.
•
Tristeza: congoja, pesar, melancolía, pesimismo, pena, autocompasión,
soledad, abatimiento, desesperación; y en casos patológicos: depresión
grave.
•
Temor: ansiedad, recelo, nerviosismo, preocupación, abatimiento,
inquietud, cautela, incertidumbre, pavor, miedo, terror; en un nivel
psicopatológico: fobia y pánico.
•
Sorpresa: conmoción, asombro, desconcierto
•
Placer: felicidad, alegría, alivio, dicha, deleite, diversión, orgullo, placer
sensual, estremecimiento, embeleso, gratificación, satisfacción, euforia,
extravagancia, éxtasis; y en el extremo: manía.
•
Amor: aceptación, simpatía, confianza, amabilidad, afinidad, devoción,
adoración, infatuación, ágape (amor espiritual).
•
Disgusto: indiferencia-despego, menosprecio, aborrecimiento, aversión,
repulsión.
•
Vergüenza: culpabilidad, molestia, disgusto, remordimiento, humillación,
arrepentimiento, mortificación y contrición (arrepentimiento de una culpa).
Igualmente, existen las siguientes habilidades emocionales:
•
Autoconocimiento
•
Autocontrol o el dominio de uno mismo; control de los impulsos; confianza
en uno mismo
•
Una personalidad fácil de llevar
•
Entusiasmo; actitud persistente de optimismo ante el fracaso y la
frustración
•
Habilidad de recuperarse rápidamente tras un revés
•
•
Empatía, ponerse en la piel de los demás
Conocimiento de la diferencia entre sentimientos y acciones
PAGE 3
De igual modo, antes de ampliar el concepto inteligencia espiritual,
considero pertinente definir los de espiritualidad y religión. Llevo más de una
década, en mis funciones como docente universitaria, estudiando la espiritualidad,
la religión y su influencia en la conducta de los niños y las niñas, y en las personas
adolescentes. En esta travesía, me he topado con muchas definiciones de
espiritualidad, particularmente, con aquellas que permiten su estudio científico.
Les comparto algunas de ellas.
•
“La búsqueda personal de significado, trascendencia, integridad, propósito y
la realización del espíritu como esencia animadora en el centro de la vida”
(Parks, 2000).
•
“Es el sentido de conexión a un todo mucho más grande que nosotros
mismos, que incluye una experiencia emocional de inspiración y reverencia
(un sentimiento abrumador de reverencia, admiración, miedo, etc.),
producido por aquello que es grande, sublime, extremadamente poderoso o
similar; por ejemplo Dios...” (Pargament, 2007).
Desde la perspectiva cristiana, espiritualidad es la relación estrecha, la
conexión fuerte, dependiente e interdependiente con Dios, llena de total
convicción del significado de Cristo en nosotros y nuestra completa
responsabilidad con seguir sus principios y reflejar en nuestro ser los frutos de esa
unión. Como proclamara el pastor evangélico, Orlando Figueroa1, “es el estado de
la vida del creyente que anda, escucha, se somete a la vida del espíritu para dar
continuidad a las enseñanzas de Cristo”i.
Religión se define como el patrón institucionalizado (sistemático y
organizado) de valores, creencias, símbolos, conductas y experiencias que
involucra espiritualidad, una comunidad de adherentes o feligreses, transmisión de
tradiciones a través del tiempo y funciones de apoyo a la comunidad (por ejemplo,
estructura organizacional, asistencia material, apoyo emocional o defensa política)
que están directa o indirectamente relacionadas con la espiritualidad (Canda &
Furman, 2010).
La inteligencia espiritual, según es abordada por Zohar y Marshall (2001, p.
24), es: (a) nuestra inteligencia primordial; (b) una capacidad interna e innata del
cerebro y la psiquis humanas, que extrae sus recursos más profundos del meollo
del mismo universo; (c) una prestación desarrollada a lo largo de millones de años
1
Sermón presentado en la Iglesia Ministerio Sanador Inc., 16 de septiembre de
2018.
PAGE 4
que permite al cerebro encontrar y usar significados en la solución de los
problemas; (d) es el alma de la inteligencia; y (e) la inteligencia que cura y nos
hace completos. Está conectada con la sabiduría más allá del ego o de la mente
consciente. Es la inteligencia con la que no sólo reconocemos los valores
existentes, sino que creativamente descubrimos nuevos valores. Esta tiene que ver
con la rectitud, la conciencia, el discernimiento, la veracidad, el significado
iluminado del yo y la sabiduría. Nos da capacidad para determinar que un curso
de acción o un camino es más valioso que otro. Además, nos transmite nuestro
sentido moral, una capacidad para atemperar reglas rígidas con comprensión y
compasión, y una capacidad similar para ver cuándo la compasión y la
comprensión han llegado a su límite. La utilizamos para afrontar cuestiones sobre
el bien y el mal; imaginarnos posibilidades no realizadas; soñar; anhelar; y
levantarnos del lodo. Es la inteligencia con la que afrontamos y resolvemos
problemas de significados y valores; con la que podemos poner nuestros actos y
nuestras vidas en un contexto más amplio, más rico y significativo.
Esta inteligencia es la base necesaria para el eficaz funcionamiento, tanto de
la Inteligencia Intelectual como de la Inteligencia Emocional (p. 24). Nuestros
cerebros están diseñados de modo que nuestras tres inteligencias básicas
funcionen juntas y se complementen. Aunque, necesariamente no seamos
óptimos en las tres inteligencias de forma simultánea, cada una de ellas tiene su
propia área de acción y pueden funcionar por separado. Observemos la siguiente
figura (3 Q Institute, 2012-2019).
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Figura 1 Esencia medular del ser humano
La IES no se refiere a ser religioso o no tiene necesariamente conexión con la
religión (p. 23, 24). Para algunos, la IES puede hallar un modo de expresión a través de
la religión organizada, pero ser religioso no garantiza un alto coeficiente de inteligencia
espiritual. Una persona de alta IES puede practicar cualquier religión, pero sin estrechez
mental, fanatismo ni prejuicios (p. 28). De igual manera, una persona con alta IES puede
tener grandes cualidades espirituales sin ser religioso. Sin embargo, el desafío de lograr
una alta inteligencia espiritual no es de ningún modo antirreligioso (p. 267). La mayoría
de nosotros necesitamos alguna especie de marco religioso como referencia para la vida:
los pensamientos de los grandes maestros, los actos de los santos, las pautas de algún
código ético (p. 268). Gran parte de las personas se apoyan en algunas creencias básicas
muy profundas y se sentirían perdidos sin ellas.
Según Zohar y Marshall (2001, p. 20), la IES no depende de la cultura ni de los
valores. No sucede a partir de valores existentes, sino que más bien crea la posibilidad de
tener valores. En la historia humana, toda cultura conocida ha tenido algún conjunto de
valores, aunque estos difieran de cultura en cultura. Por tanto, la IES es anterior a todos
los valores específicos y a cualquier cultura y es primero a cualquier forma de expresión
religiosa. Hace posible (y quizá necesaria) la religión, pero no depende de ella.
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La inteligencia espiritual nos permite integrar lo intrapersonal con lo interpersonal
(superar el abismo entre el ser y el otro) y avanzar con mayor plenitud hacia la persona
desarrollada que tenemos el potencial de llegar a ser (p. 268). Podemos ser egoístas,
ambiciosos y otras cosas más, pero la IES nos ayuda a vivir la vida a un nivel más
profundo de significado, a afrontar los problemas y los orígenes más profundos del
sufrimiento y desesperación humanos. De acuerdo con Zohar y Marshall (2001), para
poder lograr la plena posesión de nuestra inteligencia espiritual debemos haber conocido
personalmente la desesperación, el dolor, el sufrimiento profundo y la pérdida, y haber
logrado la paz en todo ello.
Existen pruebas científicas de la existencia de la inteligencia espiritual. Zohar y
Marshall (2001) aseveran que el ser humano tiene un punto divino, al que se le ha
llamado el módulo de Dios (p. 95). Se ha comprobado que la gente propensa a ataques
epilépticos en los lóbulos temporales tiene mayor tendencia de lo normal a vivir intensas
experiencias espirituales (p. 94). El profesor V. S. Ramachandran, director del Center for
Brain and Cognition de la Universidad de California en San Diego, ha trabajado toda su
vida profesional con pacientes con epilepsia. Después de un ataque, es frecuente que el
paciente diga, por ejemplo, que hay «una luz divina que lo ilumina todo». Se sabe que la
epilepsia origina fuertes y frecuentes oleadas de actividad eléctrica en ciertas zonas del
cerebro. De este modo, se han relacionado esas intensas experiencias espirituales con el
aumento de actividad en el lóbulo temporal. Como parte de mi experiencia como
trabajadora social en la Sociedad Puertorriqueña de Ayuda a Pacientes con Epilepsia en
los años 70, me topé con un paciente que aseguraba tener visiones de personas con
problemas mientras convulsaba. Este paciente padecía del tipo de epilepsia parcial
compleja, originada en el lóbulo temporal. Michael Persinger (1996, citado en Zohar &
Marshall, 2001, p. 95), neuroteólogo y neurobiólogo estadounidense, descubrió que podía
estimular artificialmente los lóbulos temporales con actividad de campo magnético
(“Casco de Dios”), y había podido identificar e investigar, dentro del control del
laboratorio, diferentes clases de experiencias místicas (de más allá del propio cuerpo, del
pasado, de ovnis, etc.). En la gran mayoría de los casos, la estimulación de los lóbulos
temporales produjo una o más experiencias de este tipo. Observemos esta imagen del
cerebro, que nos permitirá conocer la ubicación de los diferentes lóbulos (Science ABC,
2019).
PAGE 7
Figura 2 Lóbulos del cerebro
En 1997, Ramachandran y sus colegas realizaron más experimentos sobre la
relación entre la actividad del lóbulo temporal y las experiencias espirituales.
Llevaron a cabo un experimento con gente sin padecimiento de epilepsia y en
condiciones normales y con personas padeciendo la condición (Ramachandran &
Blakeslee, 1998, citado en Zohar & Marshall, 2001, p. 96) Le fijaron electrodos del
Electroencefalograma (EEG) a las sienes de los sujetos sin epilepsia, así como a los
que la padecían. Descubrieron que cuando las personas con epilepsia son
expuestas a palabras evocadoras de religión o espiritualidad, la actividad en el
lóbulo temporal aumenta casi como la de una persona con epilepsia durante una
crisis. Concluyeron, que “puede haber una maquinaria neural en los lóbulos
temporales (de gente bastante normal) relacionada con la religión y que el
fenómeno de la creencia religiosa puede estar cableado en el cerebro”.
Neurobiólogos como Persinger y Ramachandran han apodado «el punto divino o
de Dios» a esta zona de los lóbulos temporales relacionada con la experiencia
religiosa o espiritual. La mayoría sugiere que esta se ha desarrollado en el cerebro
siguiendo algún propósito evolutivo, pero también se apresuran a decir que eso no
prueba ni deja de probar que Dios exista o que los seres humanos se comuniquen
de verdad con Él.
Cuestionamientos han surgido sobre este punto divino, como por ejemplo:
si la fuerza de la conversión de Pablo en el camino de Damasco fue el efecto de un
ataque epiléptico o si este punto divino es un componente determinante de nuestra
inteligencia espiritual y la actividad en el lóbulo temporal es la forma que tiene la
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naturaleza de permitir que el cerebro tenga un papel en el conocimiento más
profundo de nosotros mismos y del universo (Zohar y Marshall, 2001). El trabajo
de Persinger y Ramachandran y de los demás neurólogos y psicólogos que han
estudiado la actividad del punto divino en relación con la locura y la creatividad,
confirma la correlación del lóbulo temporal o zona límbica de estimulación con
experiencias «anormales» o «extraordinarias» de toda clase y tiene un papel
biológico esencial en la experiencia espiritual (p. 97).
Algunos escépticos sugieren que todas las experiencias de esta naturaleza
son una señal de perturbaciones mentales reales o incipientes, porque tanto los
esquizofrénicos como los maniacodepresivos tienen visiones, sienten presencias y
reciben instrucciones sobre actos que se espera que lleven a cabo (p. 101). Esto,
debido a que tienen como característica un aumento de la actividad en el lóbulo
temporal o punto divino. No obstante, los psicólogos especializados en los
vínculos entre experiencias espirituales y enfermedades mentales no están de
acuerdo. Ramachandran, por ejemplo, ha demostrado que gente mentalmente
sana tiene un aumento de actividad en el lóbulo temporal cuando se le expone a
palabras o temas espirituales.
Otros investigadores afirman que hay diferencias importantes entre las
experiencias de la gente sin problemas mentales y las de los enfermos mentales.
Por ejemplo, Jackson (1991, citado en Zohar & Marshall, 2001, p. 101) afirma que los
psicóticos tienden a sentirse más abrumados por esas experiencias que la gente
normal «y pierden efectivamente contacto con la realidad por mayores períodos de
tiempo, durante los cuales viven sus visiones con comportamientos estrafalarios».
Arguyen Zohar y Marshall, que a diferencia de la gente sana, a los psicóticos les
resulta difícil integrar sus experiencias espirituales en su vida cotidiana y, por
tanto, no pueden hacer un uso duradero y positivo de las mismas.
Aseveran Zohar y Marshall (2001), que el punto divino puede ser una
condición necesaria para la IES, pero no es suficiente. Para conseguirla, todo el
cerebro, todo el ego, toda la vida, deben estar integrados. Así como se observa en
la siguiente gráfica (3 Q Institute, 2012-2019).
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Figura 3 Holismo de la inteligencia espiritual
En conclusión, tanto para la neurología como para la física de la conciencia,
la Inteligencia Espiritual es una capacidad innata del cerebro humano y de la
manera que el cerebro se relaciona con una realidad más amplia (Zohar &
Marshall, 2001, p. 181). No tenemos que aprenderla ni heredarla. Nunca está
ausente, pero nuestra visión de la misma y, por tanto, nuestra capacidad para
usarla, puede estar bloqueada. Lo que puede bloquearnos es el acto de mirarla
como si fuera un objeto exterior ajeno a nosotros, no obstante, la IES está tanto en
el que mira como en lo mirado. Desde la perspectiva cristiana ese Centro es Dios.
En la persona cristiana, el Espíritu Santo siempre está con la persona y en la
persona.
En la fábrica de la vida tenemos muchas travesías o caminos. El camino se
refiere a nuestro viaje por la vida, nuestras relaciones, nuestro trabajo, nuestros
sueños y cómo vivimos todas estas cosas (p. 209). Hay caminos espirituales
inteligentes y enfermos. Los caminos de mayor inteligencia espiritual se distinguen
porque buscan una transformación personal.
El primer paso es querer
comprendernos a nosotros mismos. Es poner al descubierto las motivaciones que
nos hacen actuar y «limpiarlas» (p. 214). Es necesario evitar los prejuicios y el
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dogmatismo, y protegernos de seguir a mi grupo ciegamente y de caer en el error o
en el mal.
El camino de mayor inteligencia espiritual requiere la disciplina de la
reflexión, la oración, la meditación y el estudio (p. 225). Abarca, desde
comprender problemas prácticos generales, la búsqueda filosófica de la verdad, la
búsqueda espiritual de Dios y su voluntad hasta la unión definitiva con Él por
medio del conocimiento (p. 221). Busca resolver cualquier problema teórico o
práctico poniéndolo en una perspectiva amplia para verlo con la mayor claridad
posible (p. 224). Asimismo, reconocer o aceptar los problemas, analizarlos desde
un punto amplio, reconocer nuestra parte en ellos, y generar y pesar alternativas
tanto reales como sabias. El énfasis es en el amor ágape, en la compasión (p. 216).
Primera de Corintios 13: 4-8 expone que el amor es paciente, benigno; no es
envidioso, ni jactancioso… (Biblia de Referencia Thompson, 1988). Este es un amor
transformador, que acentúa el afecto y la empatía (Zohar y Marshall, 2001, p. 234);
hace lo que esté en sus manos para no imponer sus propios valores y expectativas
(p. 220).
Cuando aplicamos el camino de mayor inteligencia espiritual al liderazgo,
hablamos de un líder o lideresa con voluntad de servicio. El mayor camino
espiritual es el servicio, el que requiere de una integridad inquebrantable. Este o
esta líder sabe que sirve más que a su familia, más que a su comunidad, a su
empresa o nación, incluso más que a sus visiones y valores; logra que sucedan
cosas que los demás creen imposibles; inventa nuevas maneras de relación entre la
gente, nuevos modos en que las empresas puedan servir a la sociedad; y nuevas
formas de ser para la misma sociedad (p. 237). Ejemplos de este tipo de líder son:
Moisés, Jesús, Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mándela y el Dalai Lama.
Por otro lado, está el camino espiritual enfermo. El camino más enfermo o
distorsionado es el del odio y la venganza; lo opuesto al amor y la entrega. El amor
puede ser paciente y bondadoso, pero también tempestuoso, amargo y destructivo
(p. 217). Este camino conduce al dogmatismo, al prejuicio, a la estrechez de visión,
a la falta de imaginación y dinamismo (p. 213). Está motivado por el narcisismo;
rompe de forma radical con el grupo y las relaciones para perder contacto creativo
con el propio entorno y para encerrarse por completo en sí mismo. La persona
espiritualmente enferma es fría, pedante y aburrida. Sigue las reglas y normas del
grupo por miedo, hábito, aburrimiento o por no desentonar con los demás.
También, tiende a entregarse con pasión al comportamiento autodestructivo o a
buscar y crear cosas grotescas (p. 226) y son incapaces de conocer y vivir los
conflictos (p. 231).
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Cuando se traslada este camino espiritual al liderazgo, es su forma negativa.
Es el líder y lideresa tirano/a que utiliza el poder para sus propios fines o para fines
perversos. También se observa en personas que sienten una pasión intensa por su
trabajo, pero se encadenan al servicio de lo minúsculo; se alejan del conocimiento
más amplio y abierto de la vida y de la realidad verdadera (p. 224).
Una persona que disfruta de una mayor o alta inteligencia espiritual tiene la
capacidad para (Emmons, 2000 a, citado en Zohar & Marshall, 2001, p. 29): (a)
expresar conducta e integridad moral; (b) ser flexible (activa y espontáneamente
adaptable); (c) enfrentar, usar y trascender el sufrimiento y el dolor; (d) regular sus
emociones o convertir lo negativo en pensamientos y emociones positivas; y (e)
participar en un comportamiento virtuoso o de ser virtuoso (por ej.: capacidad
para el perdón y el amor, expresar gratitud, ser humilde, mostrar compasión,
sabiduría, fe, alegría, creatividad, paz). Igualmente, posee un alto grado de
conciencia de sí misma; tiene capacidad de trascendencia y de entrar en estados
elevados de conciencia espiritual; encuentra significado y propósito más profundo
de la vida; emplea sus recursos completos y es la mejor en cualquier situación; y se
opone a causar daños innecesarios. Es una persona que se distingue por su
empatía, el ayudar a otros y mejorar la sociedad mediante el uso de una mayor
dimensión de su inteligencia (Griffiths, 2017, citado en Zohar & Marshall, 2001)).
Ostenta una marcada tendencia a preguntar "por qué" o "qué pasa si…" y a buscar
respuestas "esenciales". Además, expone facilidad para trabajar en contra de lo
convencional (conformidad).
Retomemos el libro de Colosenses, capítulo uno y verso nueve, que nos
permite enfocar la inteligencia espiritual. Este capítulo a su vez nos conduce a
Primera de Corintios 2, versos del 10 al 16 (Biblia de Referencia Thompson, 1988).
Versos en los que San Pablo quiere establecer una comparación entre la persona
espiritual (inteligente espiritual) y la carnal o natural. El apóstol describe a estos
dos tipos de personas porque insta a los colosenses a comportarse como individuos
con alta inteligencia espiritual. Deja establecido que todos los creyentes cuando
vienen a los pies de Cristo reciben el Espíritu Santo; que Jesucristo es el único
fundamento (Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII, 1984). Además, que la vida
espiritual solo es posible en y mediante el Espíritu Santo. Por ello, la persona
espiritual tiene capacidad espiritual para cerner (depurar), investigar, examinar,
discernir todas las cosas dentro del marco de la divina revelación de la redención
(Primera Co 2: 15-16). La persona espiritual acostumbra “acomodar lo espiritual a
lo espiritual”. La plenitud (totalidad) espiritual satisface las más profundas
necesidades del ser humano (Biblia de Referencia Thompson, 1988) y provee
abundancia de bendiciones, gozo, sabiduría y llenura del Espíritu.
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La persona espiritual está dotada de sabiduría verdadera o de conocimiento
espiritual (Biblia de Referencia Thompson, 1988). Esto es, “buen juicio frente a las
demandas hechas por la vida humana y específicamente, por la vida cristiana”.
Vida constituida por el temor de Dios, el apartarse del mal es la sabiduríainteligencia/discernimiento (Job 28:28), aumenta la experiencia, percibe la verdad
divina, pone un fundamento sólido, su fuente es la Biblia, y está llena de frutos
espirituales.
Por el contrario, el hombre natural (psychicos) denota la vida del mundo
natural y lo que a él pertenece, en contraste con el mundo sobrenatural que se
caracteriza por el pneuma o espíritu (Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII,
1984). La persona natural tiene solo los poderes comunes del hombre o mujer
separado/a de Dios, como tal, no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios… y
no las puede entender porque se han de discernir espiritualmente (p. 353). Es
“alguien que posee… simplemente el órgano de la cognición puramente humana,
pero aún no tiene el órgano de la cognición religiosa en el espíritu” (Vincent, 1957,
citado en Comentario Bíblico Beacon, Tomo VIII, 1984). Vive de acuerdo a la
razón humana o los impulsos humanos. Igualmente, vive como si la totalidad de la
vida estuviera en las cosas físicas; vive solamente para el mundo. Sus valores se
basan en lo material y lo físico, y lo juzga todo a la luz de estos términos; no puede
entender las cosas espirituales. Algunas de sus características personales son:
celos, contiendas, falsas lealtades, discordia, disensión, orgullo, entre otras.
Ser espiritualmente inteligente en una cultura espiritualmente enfermiza
Ahora bien, qué retos existen para la persona espiritualmente inteligente en
una cultura espiritualmente enferma. Escuchemos esta anécdota discutida por
Zohar & Marshall (2001, p. 259-260) en su libro, la que intenta describir el choque
de estas dos culturas.
Un hombre de negocios norteamericano estaba en el embarcadero de un
pueblecito costero de México cuando llegó una barca con un solo tripulante
con atunes de gran tamaño. El norteamericano felicitó al mexicano por la
calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo había tardado en pescarlo.
El mexicano le contestó que sólo un ratito. Entonces, el norteamericano
indagó la razón por la que no se había quedado más tiempo para capturar
más peces. El mexicano le dijo que ya tenía suficiente para las necesidades
de su familia. El norteamericano le cuestionó lo que hacía con el resto de su
tiempo. Ante lo que su contraparte le responde: “duermo hasta tarde, pesco
un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi mujer, voy cada tarde
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al pueblo… a tocar la guitarra con los amigos. Tengo una vida plena y
ocupada, señor”. En tono burlón, el norteamericano le respondió que era
graduado de Harvard y le podía “echar una mano”. Le expresó que debía
dedicar más tiempo a la pesca y con las ganancias comprarse una barca más
grande. Con los beneficios que esta le reportaría, podría comprar varias
barcas. Con el tiempo, podría hacerse de una flotilla de barcas de pesca y
en vez de vender su captura a un intermediario, se la podría vender al
mayorista; incluso, podría llegar a tener su propia fábrica de conservas. Así,
controlaría el producto, el proceso industrial y la comercialización. Tendría
que irse de su aldea y mudarse a Ciudad México, luego a Los Ángeles y
finalmente a Nueva York, donde dirigiría su propia empresa en expansión.
Pero señor, le pregunta el mexicano, cuánto tiempo tardaría todo eso. De
quince a veinte años, le respondió el hombre de negocios. Y luego qué,
añadió el mexicano. El norteamericano soltó una carcajada y le dijo que eso
era la mejor parte de todo porque cuando llegara el momento oportuno
podía vender la empresa…, hacerse muy rico y ganaría millones de dólares.
¿Millones, señor; y luego qué?, preguntó el mexicano. El norteamericano le
responde que luego podría retirarse; irse a un pequeño pueblo costero
donde podría dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con sus nietos,
dormir la siesta con su mujer e irse de paseo al pueblo por las tardes a
tomar unas copas y tocar la guitarra con sus amigos.
Como hemos escuchado, de acuerdo al análisis de Zohar y Marshall (2001, p.
260), el hombre de negocios de esta historia está espiritualmente atontado
mientras que el pescador es espiritualmente inteligente. Esto, porque tiene un
sentido inteligente de los propósitos profundos de su vida y de sus propias
motivaciones. Él se ha creado un estilo de vida que satisface sus propias
necesidades y las de su familia, dedica su tiempo a cosas que le importan, está
tranquilo y centrado. Mientras, que el otro es un producto de su propia cultura
espiritualmente enfermiza. Está presionado y tiene que obtener logros por el mero
hecho de tenerlos; está fuera de contacto con aquellas cosas de la vida que motivan
a alguien como al pescador; ha absorbido objetivos sin sentido sólo porque los
aprendió en Harvard. Es probable que el pescador disfrute de una larga vida y
muera en paz. Mientras, el de negocios va rumbo a un ataque cardíaco a los
cincuenta y cinco años, y morirá sintiendo que nunca logró sus objetivos, enfatizan
Zohar y Marshall.
En la sociedad moderna, la IES es baja. Vivimos en una cultura
espiritualmente pobre caracterizada por el materialismo, la eficacia, la estrechez de
visión y carencia de significado y compromiso (Zohar & Marshall, 2001, p. 261). En
PAGE 14
una cultura espiritualmente enferma, las motivaciones se distorsionan. Las
presiones sociales y económicas que nos rodean nos hacen confundir deseos con
necesidades y nos presionan a querer más de lo que necesitamos, a querer más de
forma constante e insaciable. La medida del éxito en nuestra sociedad nos hace
querer más posesiones, más dinero y más poder. Existe una crisis de sentido.
Zohar y Marshall aseveran que la cultura moderna es espiritualmente pobre
(p. 34). Que hemos perdido el sentido de los valores fundamentales, aquellos
enraizados a la tierra y sus estaciones, al día y a las horas que pasan, a los
instrumentos y rituales cotidianos de nuestras vidas, al cuerpo y sus cambios, al
trabajo y sus frutos, a las etapas de la vida y a la muerte como fin natural. Vemos,
usamos y experimentamos sólo lo inmediato, visible y pragmático.
Este desierto espiritual es el producto de nuestra elevada inteligencia
racional (p. 37). Por medio de la razón las personas se han alejado de la
naturaleza, de sus semejantes y la religión; dejado atrás la cultura tradicional y los
valores que implicaba. Como resultado, con frecuencia se busca sentido en
actividades distorsionadas o periféricas como el materialismo, el sexo promiscuo,
la rebelión insensata, la violencia, el abuso de drogas o el ocultismo.
Gran parte del sufrimiento, incluso de condiciones físicas crónicas, consiste
en «enfermedades de significado» y no algún desequilibrio químico (p. 40). El
sistema médico y científico aumenta la proliferación de enfermedades de
significado al ignorar los orígenes complejos de esos males. En cambio, se atan a
«la medicalización” de la enfermedad (encontrar el gen "correcto", diseñar la droga
"correcta" para bloquear o eliminar la anomalía) mientras hacen caso omiso de que
muchas patologías no son básicamente físicas, sino más bien espirituales o
psicofísicas. Ejemplos de estas son el cáncer, las enfermedades coronarias, el
Alzheimer y otras demencias que pueden estar precedidas por la depresión, la
fatiga, el alcoholismo o el abuso de drogas. La muerte es vivida con dolor y terror
porque no tenemos un contexto, que tenga sentido, donde colocar el fin natural de
esta vida, y así no hay modo de morir con paz, gracia o bendición.
Así que, cómo podemos mejorar la inteligencia espiritual. He aquí algunas
alternativas (Zohar & Marshall, 2001, p. 30).
•
•
•
aumentar nuestra tendencia a preguntar por qué
buscar la realidad por debajo de cualquier deseo superficial
buscar conexiones entre las cosas o a poner de manifiesto las creencias que
hemos creado sobre el sentido que tienen las cosas en sí mismas o más allá
de ellas
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•
•
•
•
•
•
•
ser más reflexivos
ir más allá de nosotros mismos
asumir responsabilidades
ser más conscientes de nosotros mismos
ser más honestos con nosotros mismos
ser más valientes
volver a conectarnos con las fuentes y los significados profundos, y usar esa
reconexión para causas y procesos mucho más importantes que nosotros
mismos.
La inteligencia espiritual y la iglesia
En mis investigaciones y en varias de mis publicaciones como académica, he
obtenido y divulgado evidencia científica de la alianza entre la familia y la iglesia, y
su influencia en la vida de los niños y las niñas, las personas adolescentes y sus
padres y madres. Al respecto, en un estudio que conduje para determinar la
influencia de la religión y la espiritualidad en las conductas de riesgo de la salud,
particularmente, en el uso de drogas, alcohol y sexualidad temprana en niños,
niñas y adolescentes, publicado en el 2014, concluyo lo siguiente (Morales
Alejandro, 2014, p. 233):
La iglesia cuenta con un andamiaje bien estructurado y organizado para
operar y sostener este nuevo mundo descrito previamente.
Los/as
entrevistados/as religiosos/as la perciben como un lugar seguro; un
santuario sagrado en el que Dios habla y se manifiesta. En ella “fortalecen
su relación con Dios”; reciben ayuda para “luchar contra las tentaciones”;
“los separa del mundo corrompido”; y “conecta con Dios” y los “ilumina
para tomar buenas decisiones”. De igual manera, parece que juega un papel
importante en evitar que los/as niños/as y adolescentes religiosos/as se
involucren en las conductas de riesgo estudiadas. Lo hace orientándoles
sobre las mismas en la escuela bíblica, la catequesis, los retiros, las vigilias,
predicaciones y en el Colegio, en el caso de los Protestantes 2, entre otras
formas. También, les desarrolla su liderazgo, les provee sentido de
pertenencia y autorrealización; es su familia.
Familia e iglesia desarrollan y fomentan la inteligencia espiritual de los
niños y las niñas, las personas adolescentes, y los padres y madres. Voy a
presentarles algunas viñetas de varios niños que respondieron a mis preguntas
abiertas y reflexivas dirigidas a conocer su espiritualidad y cómo la viven. Las
edades de estas personas son de 10 y 11 años y usan seudónimos seleccionados por
ellos/as mismos/as. Deseo que los y las maestros/as de escuela bíblica y los padres
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y madres aquí presentes, observen que lo que les enseñan a los/as niños/as lo
entienden y lo usan para conducir sus vidas.
Investigadora- ¿Por qué razón tú vienes a la iglesia?
Código Azul- “Para aprender más de Dios, eso sería la primera. Este, este
para enseñarle a los demás que Dios existe, este adorar a Dios también
sobre todas las cosas, confiar y creer en él, esas dos serían lo mismo. Este,
pues también vengo para si alguien, por ejemplo si alguien tiene una
preocupación o alguna, algún problema que tenga en su vida pues así yo le
puedo decir a la persona que Dios está contigo, que no tengas que sentirte
tan preocupado y que Dios va a estar siempre contigo para resolver ese
problema que tu tengas, que tú tienes en tu vida”.
Sonic- “Este, cuando yo era chiquito este, eh pensaba que era aburrido pero
ahora que crecí, y aprendí como era Dios pues vengo y me divierto y
aprendo de su palabra y la comparto”.
Luis (Católico): “Para comunicarme con Dios, para perdonar los pecado que
yo he hecho y para escuchar la palabra de Dios”.
Investigadora- Cuando tú tienes algún problema o estás preocupado o estás
enfermo o estás triste, qué tú haces.
Pokemon- “Me ayuda a resolver los problemas. Me ayuda a entender
mejor las cosas y saber si eso se debe hacer o no, se puede hacer o no”.
Investigadora- ¿Hay algún pasaje de la Biblia que te guste, que te ha
ayudado mucho cuando has tenido, te has sentido triste o…?
Pokemon- “Salmos capítulo uno versículo uno”.
Investigadora-¿Qué dice ese Salmo que te ha ayudado tanto?
Pokemon- “No me recuerdo bien porque es bastante largo, pero te voy a
decir lo que se me… “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de
malo ni en anduvo en camino de pecadores ni en silla de escarnecedores se
ha sentado. Ante la ley de Jehová está su delicia que medita de ley de noche,
como el tramo que arrebata el viento junto arroyos de agua” Eh, ahí es que
me quedé”.
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Tom: “Pues cuando yo estoy, cuando yo estoy triste al ratito me viene
felicidad; más si estoy preocupado, no me siento más preocupado porque se
lo puse en las manos de Dios”.
Rosalina- “Pues, cuando yo estaba en segundo grado yo me acuerdo que a
mí me dio un virus bien fuerte que hasta que tuvieron que ponerme un
suero, yo estaba con terapia y yo estaba pidiéndole al Señor que me sanara.
Mami oraba por las noches a veces yo dormía en la cama de ella por tan
cansada que yo estaba, hasta que pasó una semana y Dios me sanó”.
Investigadora- Tú dices que Dios te sanó, ¿Cómo tú sabes que fue Dios el que te
sanó?
Rosalina- “Porque cuando yo estoy en la iglesia ellos hablan que no hay
ningún médico mejor que Dios y yo me lo imagino y yo sé que aunque me
den eh, me den medicina, o lo que sea yo sé que Dios sigue siendo mi
médico, porque él es el único que te puede sanar”.
Investigadora- ¿qué cualidades deben tener las niñas y los niños para que
sean tus amigos?
Juan Carlos- “Este que siempre, en todo momento, sean corteses, sean
tolerantes, sean pacientes; que si algo hago mal, que ellos siempre tengan la
confianza de sentirse bien, de que me lo corrijan; de que sea respetuoso en
todo momento con todas las personas, sean, sean gente de que, decente, de
que en todo momento pues, este respeten a todo el mundo, amen a todo el
mundo por igual, que, y que sean tolerantes y pacientes; todas esas cosas.
Ah y cariñosos, y tenga caridad”.
La espiritualidad en los niños y las niñas ha sido investigada por muchos
científicos. En particular, estos argumentan que los niños y las niñas pequeños/as
tienen una comprensión espiritual intuitiva que es andamiada no sólo por el
pensamiento reflexivo, sino también por las interacciones familiares, sociales y
culturales (Johnson y Boyatzis, 2006). Esta espiritualidad innata es obstaculizada
por la falta de lenguaje para expresarla. Es la educación religiosa, incluyendo la
escritura espiritual, la que les provee el lenguaje y las herramientas que necesitan
para reflejar y explorar sus experiencias espirituales (Sasso, 2017). Ante las
expresiones de estos niños y niñas podemos confirmar que estos/as desarrollan su
experiencia espiritual a lo largo de su vida y son recipiendarios/as de cómo viven la
suya los que le rodean, les enseñan y modelan.
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Implicaciones generales para la iglesia
Lo que les he expuesto tiene unas implicaciones importantes para la iglesia
cristiana como institución eclesiástica en la sociedad, desde el punto de vista
congregacional y liderazgo eclesiástico. En nuestra sesión de preguntas, los invito
a ampliarlas. Estas son:
•
Es necesario concienciarse y comprometerse con el desarrollo permanente
de la inteligencia espiritual de los feligreses y de sus líderes o servidores.
•
Desarrollar un currículo de enseñanza bíblica o religioso de acuerdo a la
diversidad de sus feligreses (género, edades, lugar de residencia, cultura,
tiempo de conversión, entre otros) y levantar evidencia científica de sus
resultados.
•
Fomentar eficazmente el aprendizaje bíblico en sus feligreses.
•
Maestros bíblicos se conciencien que están desempeñando un rol
extraordinario en el desarrollo de la inteligencia espiritual de los niños, las
niñas, la juventud y los adultos.
•
Crear iniciativas que incorporen a los padres y a las madres en la escuela
bíblica de sus hijos e hijas para evaluar y fortalecer lo enseñado en y fuera
del hogar.
•
Padres/madres garanticen en sus hijos/as el desarrollo de una inteligencia
espiritual sana y la de ellos como fuente de enseñanza y modelaje.
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