Calle Marsou, Jasmina Carolina El mito del “eterno femenino”: de la condición femenina a la mística de la feminidad Filosofía, Género e Igualdad Curso 2023/2024 Jasmina Carolina Calle Marsou Paul Cézanne, El eterno femenino, 1877 ÍNDICE 1. Introducción .............................................................................................................. 2 2. Simone de Beauvoir y el mito del “eterno femenino” .............................................. 2 3. Betty Friedan y la “mística de la feminidad” ........................................................... 5 4. Principales semejanzas y divergencias entre Simone de Beauvoir y Betty Friedan 8 5. Conclusiones........................................................................................................... 10 Bibliografía ......................................................................................................................11 1 Calle Marsou, Jasmina Carolina 1. Introducción En este trabajo vamos a abordar la cuestión del “eterno femenino” en dos autoras que han analizado y estudiado los problemas que surgen de este: la filósofa francesa Simone de Beauvoir y, la psicóloga social estadounidense Betty Friedan. En primer lugar, explicaremos la noción del “eterno femenino” en el contexto de El segundo sexo (1949), destacando la situación de la mujer a lo largo de la historia, lo que para Simone de Beauvoir es la condición de la mujer. Para ello, veremos el marco conceptual sobre el que se basa esta autora, el existencialismo. En segundo lugar, veremos el contexto de Estados Unidos en 1950 para entender la vuelta a unos valores tradicionales por parte de la nación y abordaremos el examen que realiza Friedan en La mística de la feminidad (1963) para dar cuenta de lo que ella llama “el malestar que no tiene nombre”. Asimismo, trataremos las principales nociones y tensiones que se derivan del “eterno femenino” en cada autora. Por último, explicaremos la conexión entre el pensamiento de De Beauvoir y Friedan, con el fin de señalar las principales semejanzas y diferencias entre las ideas de estas dos autoras. 2. Simone de Beauvoir y el mito del “eterno femenino” Simone de Beauvoir comienza su gran obra El segundo sexo (1949), señalando la urgencia de la situación de la feminidad, esto es, el peligro de la definición de mujer, de lo que se considera y a lo que se atribuye el ser una mujer. Esta obra toma de la Ilustración los aspectos positivos y más emancipatorios para el ser humano, destacando la noción de igualdad entre seres humanos independientemente de su sexo. Esta autora es la primera en realizar un estudio sobre la mujer como ser humano, y no sólo desde un punto de vista histórico, sino desde diferentes ángulos: cultural, psicológico, sociológico, científico y ontológico. Para comenzar, intentaré aclarar las principales nociones y tensiones que se derivan de la noción de lo “eterno femenino” en De Beauvoir. Pues bien, esta se hace preguntas sobre lo que define a la mujer y analiza y critica muchas de las respuestas que se han dado a lo largo de la historia, desde la Antigüedad hasta mediados del siglo XX. Así, De Beauvoir pone de manifiesto que “en tiempos de Santo Tomás, se presentaba como una esencia definida con tanta seguridad como las virtudes somníferas de la adormidera” (2015: 48). Además, señala que, para los nominalistas y los antifeministas, la definición de mujer recaía en la simple afirmación de que la mujer no es hombre, lo 2 Calle Marsou, Jasmina Carolina cual lleva a una conceptualización de la mujer en términos negativos y en oposición al hombre. De Beauvoir señala cómo desde los principios de la historia, se ha definido a la mujer como algo defectuoso, fallido, ocasional, o carente de determinadas cualidades. Lo que va a criticar esta autora, es que la historia ha sido siempre contada por los hombres y la modernidad ha resignificado los espacios de lo femenino y lo masculino, apoyándose en principios que oprimen a la mujer y estableciendo unos cánones de lo que es normal para esta (Carnero, 2005: 3). Para De Beauvoir, es el momento de que las mujeres tomen la palabra de su propia historia y ejerzan su libertad, puesto que la historia las ha presentado siempre como un ser dependiente y sometido al hombre. En palabras de De Beauvoir: “La humanidad es masculina y el hombre define a la mujer, no en sí, sino en relación con él; la mujer no tiene consideración de ser autónomo” (2015:50). De esta manera, la autora plantea que mujeres y hombres, son fruto de una cultura, una sociedad y unas relaciones de poder. Es en el primer volumen de El segundo sexo, donde analiza el mito del “eterno femenino”, siendo este un mito que encadena a la mujer a una imagen fija de lo que debe ser, lo cual lleva a la inmanencia de su ser. De Beauvoir aborda esta cuestión desde una perspectiva social, existencial e histórica, y así habla de una “condición” femenina en contraposición a una “esencia” femenina. Para entender el pensamiento de esta autora, cabe destacar que el existencialismo de esta reúne el de estos tres: Kierkegaard, Heidegger y Sartre. Se trata de una mezcla de elementos tomados de cada uno que encaja a su propia manera, concibiendo así, al ser humano como una trascendencia (López, 2009: 64). Por lo que, De Beauvoir afirmará que no se puede hablar del “eterno femenino”, porque las mujeres no tienen una esencia fija, inmutable y universal que determina sus roles, comportamiento y capacidades, sino que pueden ir más allá de sus limitaciones. La autora defiende que esta concepción esencialista no tiene base en la realidad y sirve para justificar la subordinación de las mujeres. De esta manera, De Beauvoir se embarca en la tarea de dar respuesta a la cuestión: ¿qué significa existir como mujer? Esta se dio cuenta de que había crecido en un mundo masculino lleno de mitos hechos por los hombres y decidió abordar la condición femenina en general desde su experiencia vivida. Inicialmente, El segundo sexo, tenía un propósito autobiográfico, que era signo de una motivación personal que se corresponde con la 3 Calle Marsou, Jasmina Carolina filosofía existencial que defiende nuestra autora, pues, el existencialismo es una filosofía del sujeto que analiza los problemas a partir de la experiencia vivida y encuentra en lo singular de la contingencia del sujeto, la universalidad de su condición (López, 2015:8). Por lo que la obra se convirtió en un tratado sobre un tema filosófico de carácter universal. Es importante destacar que el planteamiento teórico de la autora en El segundo sexo es el de una ética de la autenticidad, el de una moral existencialista. Y pese a las numerosas críticas que ha recibido el existencialismo de nuestra autora por considerarse como una continuación del existencialismo de Sartre, De Beauvoir lleva a cabo sus propios planteamientos existencialistas en el estudio de la condición de la mujer (López, 2009: 65). Así, la moral existencialista en la que basa su investigación se fundamenta en varias proposiciones clave: todo individuo se afirma como trascendencia a través de sus proyectos; la libertad del individuo solo se realiza mediante la continua superación hacia otras libertades; la única justificación de la existencia es su expansión hacia un futuro indefinidamente abierto; y, cada vez que la trascendencia se convierte en inmanencia, la existencia y la libertad se degradan, resultando una falta moral cuando la inmanencia es consentida por el sujeto y una opresión cuando le viene del exterior (López, 2009: 66). Estas proposiciones son claves para entender el rechazo de la “esencia” femenina y el paso a la “condición” femenina por parte de De Beauvoir ya que el mito del “eterno femenino” ha confinado a la mujer a la inmanencia, y ella aboga por la trascendencia en todo individuo. Siguiendo la filosofía existencialista, sostiene que la existencia precede a la esencia y, por tanto, las mujeres no nacen con una esencia predeterminada; sino que, su identidad se forma a través de sus experiencias y contextos. De esta manera, De Beauvoir distingue entre lo que ella llama la “condición femenina”, esto es, la situación social, histórica y cultural de la mujer, y, la “esencia femenina”, una idea innata y eterna de lo que es ser mujer. En este contexto, la noción de situación es muy importante, pues, para ella, “la situación delimita el alcance de la libertad” (López, 2009: 68), diferenciándose de la noción de Sartre, en tanto que no se entrelaza con ella. De Beauvoir establece una jerarquía de las situaciones, en las que algunas ofrecen mayor posibilidad para la libertad y otras casi ninguna. Dado que las libertades no son equivalentes debido a estas jerarquías, cuando la mujer no puede ejercer su libertad plenamente debido a la imposición de la inmanencia, no es culpable de mala fe, pues esta le es infligida desde fuera. Así, vemos cómo De Beauvoir describe a la mujer 4 Calle Marsou, Jasmina Carolina desde una existencia degradada en el contexto de una sociedad patriarcal y resalta la frustración y opresión infligidas por los hombres (López, 2009:68). En síntesis, para De Beauvoir, las mujeres y los hombres son fruto de la cultura y la educación, rechazando cualquier definición esencialista y negando que la naturaleza imponga un destino que precisamente en las mujeres, lleva a la imposibilidad de realizar su proyecto, y, en definitiva, de ser como trascendencia (Femenias, 2008:34). Una vez aclarada la noción del “eterno femenino” en De Beauvoir, podemos ver cómo la idea de que las mujeres tienen una esencia fija y universal las limita a roles tradicionales de esposa y madre, y, como hemos mencionado antes, les niega la plena realización de su libertad. En conexión con esto, veremos a continuación cómo dicha noción encuentra resonancias significativas en la obra y pensamiento de Betty Friedan, en especial, en su gran obra La mística de la feminidad (1963). 3. Betty Friedan y la “mística de la feminidad” En primer lugar, es importante destacar el contexto histórico de Betty Friedan (19212006), pues se trata de un contexto muy distinto del de Simone de Beauvoir. El de Friedan se sitúa en Estados Unidos en los años sesenta, en una época en la que el problema de la identidad femenina surge como un nuevo problema, por lo que veremos a continuación. Tras la década de 1930, las mujeres pasaron a realizar trabajos en las fábricas y hospitales, y, durante la Segunda Guerra Mundial, muchas trabajaron en la industria militar. Es a partir de los años de la posguerra, cuando las mujeres regresaron a sus casas y su labor económica se convirtió en una labor doméstica sin remuneración económica, ligada al modelo de familia de clase media respetable que había emergido (Bloch, 2013: 69). Esta vuelta a unos valores tradicionales que exaltaban el papel de la mujer en el hogar fue una reacción a la incorporación masiva de mujeres en la fuerza laboral durante la guerra. Se trataba de una sociedad caracterizada por un fuerte conservadurismo social, en la que el “sueño americano” estaba vinculado con la vida suburbana, el matrimonio y la maternidad. La responsabilidad de la mujer de clase media era garantizar el bienestar de su marido, hijos y hogar. El hogar y los barrios residenciales se convirtieron en un espacio seguro y lleno de comodidades para la mujer, un lugar donde resguardarse de los peligros (Bloch, 2013: 79). 5 Calle Marsou, Jasmina Carolina Si bien Friedan divulgó en cierto sentido el mensaje de Simone de Beauvoir en el marco estadounidense, en tanto que puso de manifiesto los problemas específicos que conlleva el ser mujer, El segundo sexo, no fue bien recibido en Estados Unidos cuando se publicó en 1953 porque De Beauvoir no iba en la línea del conservadurismo de la nación, sino que era muy radical y poco pragmática para la sociedad estadounidense. De hecho, recibe fuertes críticas porque se considera que en Estados Unidos la mujer no tiene esos problemas, sino que se trata de la situación de la mujer francesa (Friedan, 1963:40). Una década más tarde, encontramos la obra de Friedan, La mística de la feminidad (1963), la cual recibe una gran influencia de la de De Beauvoir y tiene un éxito notable entre el público. Friedan será un personaje clave en la reactivación y posicionamiento del feminismo liberal. Para este feminismo es esencial el haber logrado la entrada de la mujer al espacio público y sus esfuerzos se orientaban a eso. Además, reivindica el feminismo ilustrado y considera como necesario partir de unas premisas de igualdad para ejercer la libertad. Friedan estudió psicología social y en sus obras se puede ver este enfoque marcado por su formación. Fue una gran activista y trabajó como periodista hasta que se casó en 1945, cuando fue despedida del periódico en el que trabajaba y se mudó a un barrio de Nueva York con su familia. Aunque siguió trabajando en el ámbito del periodismo, se dedicó principalmente a ser ama de casa (Bloch, 2013: 72). Friedan empieza a advertir de un tipo de malestar que compartían las mujeres de su país y que ella misma siente en sus propias carnes. Como redactora y entrevistadora en una revista, a sus oídos llegaban cada vez más los testimonios de mujeres amas de casa que decían sentirse insatisfechas y afligidas por un malestar que desconocían (Friedan, 1963:41). Contaban cómo a pesar de tener las necesidades económicas básicas y no tan básicas cubiertas, no eran capaces de sentirse satisfechas. Friedan evidencia este malestar con muchos testimonios de mujeres como el siguiente: “Quiero a mis hijos, a Bob y a mi hogar. No tengo un problema al que pueda dársele un nombre determinado. Pero estoy desesperada. Empiezo a sentir que no tengo personalidad. Soy la que sirve la comida; la que viste a los niños y hace las camas; alguien a quien puede llamarse cuando se desea algo. Pero ¿quién soy realmente?” (1963: 43). El problema era que desde que se levantaban hasta que se acostaban su vida giraba en torno al cuidado del hogar, del marido y de los hijos. En cuanto a ellas mismas, ¿cuál era su identidad? ¿por qué se sentían tan frustradas? Se hacían preguntas como: ¿qué clase 6 Calle Marsou, Jasmina Carolina de mujer soy yo, si no soy capaz de comprender esa misteriosa satisfacción de encerar el suelo de mi cocina? (Friedan, 1963: 40). El problema de las mujeres se achacaba a una represión sexual tras los estudios recientes de Freud, pero a raíz de las numerosas entrevistas y testimonios recopilados de amas de casa, Friedan hace un análisis del estilo de vida de la mujer y los problemas específicos que conlleva este, pues no se trata de un problema de índole sexual, sino de un problema de identidad (Friedan, 1963: 58). El hecho de que el llegar a ser ama de casa implicaba ser feliz, llevaba a la represión de la personalidad de la mujer, pues su papel venía impuesto desde fuera, su función estaba designada. No podían desarrollar ninguna personalidad, más que la que ofrecía la imagen creada por las revistas, novelas, televisión, etc. Aunque muchos médicos y psicólogos pusieron distintos nombres a este malestar, no supieron dar cuenta de que era lo que fallaba y atormentaba de manera generalizada a las mujeres. Pues bien, en La mística de la feminidad, examina este malestar desde una perspectiva psicológica y sociológica que denomina “el problema que no tiene nombre”: la sensación de vacío y falta de propósito que experimentaban las amas de casa de clase media. A través de entrevistas, estudios de caso y análisis de medios de comunicación, Friedan argumenta que la sociedad había creado un mito sobre la feminidad que confinaba a las mujeres a un papel subalterno. Este mito, que Friedan llama “la mística de la feminidad”, promovía la idea de que las mujeres podían encontrar la verdadera realización únicamente a través de su papel de ama de casa en el hogar. Pues, “su único sueño era ser perfectas esposas y madres; tener cinco hijos y una hermosa casa; su única lucha, “pescar” y conservar un marido” (Friedan, 1963: 39). Además, todo lo que se producía y consumía en la nación giraba en torno a esta mística de la feminidad: Son los propios intereses creados del país los primeros fomentadores de esta perniciosa imagen de la mujer: todo el tinglado comercial, toda la propaganda publicitaria están montados sobre la mentalidad “sexy” y doméstica, a la par, de las mujeres. Mentalidad que de este modo es casi reductible a un enorme y vasto plan de venta, a una red múltiple y asfixiante de solicitaciones de compra. “The sexual sell” lo califica certeramente Betty Friedan. Todas las compañías de neveras, de aspiradoras y lavadoras eléctricas, de cosméticos, de detergentes, de vestimenta, de automóviles, etc., viven de esta “feminidad” artificiosa […] (Friedan, 1963: 12). 7 Calle Marsou, Jasmina Carolina De este modo, la imagen que emergió de la mujer era la de una joven sumisa y satisfecha con el mundo del hogar, de la cocina, y de los hijos. Se trataba de una estética concreta de la mujer estadounidense, la de la feliz ama de casa. Sin embargo, no solo el sistema económico evidencia esta mística de la feminidad que denuncia nuestra autora, sino que el sistema educativo creó cursos matrimoniales, residencias para casados, e incluso una nueva titulación para apoyar que los maridos estudiasen (Friedan, 1963:52). Friedan reflexionó sobre esta imagen de la mujer que determinaba su identidad, y no podía entender cómo habiendo conseguido los derechos y oportunidades para estudiar y emanciparse, la mujer elegía vivir conforme el modelo establecido con el que se negaba el desarrollo de sus capacidades y por tanto su libertad, pues no podían realizar un proyecto propio, sino un proyecto construido por la sociedad patriarcal (Friedan, 1963:116). La mística de la feminidad las hacía anularse como personas, pero, la autora sostiene que en realidad no es solo este mito de la feminidad lo que les impide el desarrollo pleno de su libertad, sino el temor a enfrentarse con sus miedos, con la incapacidad de poder verse más allá de la joven esposa ama de casa (Friedan 1963:122). En definitiva, la sociedad, y, sobre todo, las personas que controlaban el sistema económico, en su mayoría hombres, defendían que la razón por la que producían productos que asociaban a la mujer con el mundo de lo doméstico y de la familia era porque a las mujeres solo les interesaba eso, no querían tomar parte de las decisiones sobre cuestiones acerca del mundo que las rodeaba, sino que preferían que eso lo hicieran sus maridos. Ellas podían tomar decisiones acerca de la vestimenta, la compra, la educación de los hijos y cualquier tema relacionado con las actividades que les son propias según el mito de lo femenino. Así, vemos, una vez más cómo la mística de la feminidad dirigía y marcaba sus modos de vida. 4. Principales semejanzas y divergencias entre Simone de Beauvoir y Betty Friedan Tras el análisis de las nociones del “eterno femenino” y la “mística de la feminidad” encontramos semejanzas y divergencias entre el pensamiento de Betty Friedan y el de la primera autora que hemos abordado, Simone de Beauvoir. Como sabemos, De Beauvoir toma presupuestos ilustrados y defiende la igualdad entre seres humanos independientemente de su sexo. Al igual que esta, Friedan reivindica el feminismo ilustrado y defiende la necesidad de partir de unas premisas de igualdad, – que 8 Calle Marsou, Jasmina Carolina entiende como despoje racional de prejuicios limitantes– afirmando que sólo mediante esta se puede ejercer la libertad. Así, vemos como el punto de partida que las une, es la necesidad de igualdad y la consecución de la libertad. Por su parte, hemos visto que, De Beauvoir, se apoya en la moral existencialista al sostener que todo individuo se afirma como trascendencia a través de sus proyectos para el ejercicio de su libertad y denuncia el paso a la inmanencia por parte del sujeto, o de la sociedad. Si bien esta lo hace en el contexto del estudio de la condición de la mujer, Friedan sigue en la línea de este pensamiento al abogar por el desarrollo de la libertad mediante proyectos personales como queda reflejado en el siguiente fragmento: El hombre, y lo mismo la mujer, deben poder realizarse según sean sus capacidades. No se pueden estancar por debajo de ellas. Únicamente el proyecto creativo personal de un quehacer en el mundo puede conseguir este crecimiento. Únicamente el que lucha por expresarse a sí mismo en la vida exterior puede cobrar el sentido liberador de identidad, de vida propia. Ese es el reto, el challenge of life, al que, en soledad responsable, cada uno debe exponerse, a menos de dimitir de su ser, de traicionarse a sí mismo (Friedan, 1963:11). Por otra parte, encontramos similitudes en el rechazo al esencialismo y al mito de una identidad femenina determinada, eterna y universal. Lo que para De Beauvoir es el mito del “eterno femenino” para Friedan es esa identidad esencial mítica, que llama la “mística de la feminidad”. Las dos autoras desvelan los mitos sociales que perpetúan la opresión de las mujeres. Asimismo, ambas instan a las mujeres a luchar por la igualdad y a transformar la sociedad, proponiendo cambios estructurales en las leyes, la educación y las oportunidades laborales para lograr su liberación. En cuanto a las principales divergencias encontradas en el pensamiento de nuestras autoras desatacamos las siguientes: En primer lugar, hay que señalar la perspectiva desde la que cada una reflexiona sobre la mujer. Pues, De Beauvoir va a partir de la filosofía existencialista, mientras que Friedan tiene un enfoque sociológico y psicológico. A partir de este enfoque, Friedan se centra en las consecuencias de la vida cotidiana de la mujer y detecta los problemas psíquicos que esta conlleva. Por su parte, la filósofa francesa aborda la “condición” de la mujer, es decir, la situación social, histórica y cultural de la mujer, y da cuenta de los problemas a los que ha llevado la definición de la mujer a lo largo de la historia. Si bien es cierto que ambas tratan de dar cuenta del problema de su existencia limitada y 9 Calle Marsou, Jasmina Carolina subordinada al hombre, De Beauvoir se rodea de un aparataje conceptual denso para explicar las causas de este, y, Friedan analiza sus efectos a través de entrevistas, medios de comunicación y estudios de caso. Otra diferencia fundamental que encontramos en el pensamiento de estas dos autoras radica en la solución y las propuestas que proponen cada una para luchar contra la opresión sobre la mujer. Por su parte, frente al mito de la feminidad, De Beauvoir plantea que lo que hay que buscar es la existencia en reciprocidad con el hombre y la toma de conciencia de la mujer en su auto-reconocimiento. Mientras que Friedan propone un individualismo liberal, en tanto que cada individuo aspira a construir su propia identidad y vida. Para esto, la autora cree que la solución es la construcción de un marco formal que lo posibilite. Como vemos, sus propuestas se diferencian en tanto que la de una propone un cambio conceptual, rompiendo con la lógica patriarcal que ha dominado la historia y, la otra, pretende un cambio en la esfera de la legalidad, pero ambas, lo hacen con el objetivo de la consecución de la igualdad. Finalmente, aunque sus enfoques y contextos son distintos, ambas ofrecen perspectivas muy valiosas sobre la opresión de género y la lucha por la igualdad. Así, las criticas que han recibido por sus limitaciones—como el enfoque de Friedan en las mujeres de clase media y la perspectiva eurocéntrica de De Beauvoir—han llevado a una evolución en el pensamiento feminista, destacando la necesidad de un análisis interseccional que considere la diversidad de experiencias de todas las mujeres. 5. Conclusiones A lo largo del trabajo hemos visto cómo el mito del “eterno femenino” ha desencadenado la imposición de una determinada identidad femenina, definiendo a la mujer con unos rasgos inmutables independientemente del momento histórico. Tras el estudio de la condición femenina realizado por De Beauvoir, no solo quedan reveladas las injusticias y limitaciones impuestas a las mujeres, sino que también proporcionó un marco teórico sólido para entender y desafiar estas estructuras. Gracias a este estudio, que inspiró un movimiento hacia la liberación y la igualdad, hemos visto cómo posteriormente, Friedan vuelve sobre este mito al analizar las consecuencias de la vida cotidiana de la mujer estadounidense de los años 50, y así, se pasa de la “condición” femenina, a la “mística de la feminidad”, de la construcción social que define y limita la existencia de la mujer, a la falta de identidad y personalidad que perturba a las mujeres 10 Calle Marsou, Jasmina Carolina en la sociedad patriarcal estadounidense. Sin embargo, el problema de ambas autoras radica en ofrecer un análisis poco completo al no considerar a mujeres de todas las clases sociales y económicas, ni culturales y étnicas. En definitiva, al estudiar las ideas de De Beauvoir y Friedan, llegamos a la conclusión de la necesidad de un feminismo que aborde las diversas formas de opresión y que busque transformar estructuras sociales de manera inclusiva y equitativa. Bibliografía Bloch, Avital H.. (2013). Betty Friedan: el trabajo de las mujeres, el liberalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial y los orígenes de la liberación feminil en Estados Unidos. Signos históricos, 15(30), 64-106. Carnero, S. (2005). La condición femenina desde el pensamiento de Simone de Beauvoir. A Parte Rei: Revista de Filosofía, 40, 12. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4167048 De Beauvoir, S. El segundo sexo. Femenías, Mª Luisa. (2008). “Simone de Beauvoir: hacer triunfar el reino de la libertad”. Revista: Oficios Terrestres; nº23, 32-45. Disponible en: http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/45087/Documento_completo.pdf?sequ ence=1 Pardina, T. L. (2009). Simone de Beauvoir y Sartre: consideraciones hermenéuticas en torno a “El segundo sexo”. Ágora, 28(1), 63-73. Disponible en: https://minerva.usc.es/xmlui/bitstream/10347/6000/1/pg_063-074_agora28-1.pdf 11 Calle Marsou, Jasmina Carolina Friedan, B. (2009). La mística de la feminidad. Ediciones Cátedra. 12
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