Martín-Mártir “Tenemos una labor, una misión que cumplir, y hemos de llevarla a término rápidamente. Sabemos que su demora es nuestra ruina. La más importante crisis de nuestra vida reclama con perentoriedad la acción y energías inmediatas. La impaciencia de comenzar la tarea nos abrasa y consume. El saborear anticipadamente el éxito inflama nuestro espíritu. Es necesario que emprendamos hoy mismo esta tarea, y, sin embargo, la diferimos para mañana. ¿Por qué?” (Edgar Allan Poe, el Demonio de la Perversidad). Martín aparece en la sala de espera muy puntual, es un muchacho joven de 28 años, muy alto y flaco, de aspecto cuidado. Lleva una larga campera verde militar, con pelo en el cuello y pantalones ajustados. Una vez dentro del consultorio, se la quita y deja a la vista sus brazos cubiertos de tatuajes de cantantes femeninas. La remera lleva impresa la siguiente leyenda: “I'm not afraid to die, I just don't wan't to be there when it happens”, lo que traducido literalmente significa “No tengo miedo a morir, sólo que no quiero estar ahí cuando esto ocurra”. Lo saludo y le pregunto inmediatamente que significa lo que dice la remera a lo que responde con su traducción, luego de una sonrisa, - ¿Viste, está buena, te gusta? - me pregunta - ¿Y cómo sería esto de no estar ahí cuando cuándo tu muerte tenga lugar? - Y…, sería como poder estar sin la conciencia, como anestesiado, sin que nadie te vea morir - ¿Te vea, me dijiste? – le pregunto - Claro, sin que nadie me vea en ese momento, la gente siempre está mirando todo, la gente siempre es muy curiosa, ¿no te parece? - Creo que hay gente curiosa y gente que no lo es o gente que es curiosa en algo y en otros temas no, ¿a vos que te da curiosidad por ejemplo? - No sé, si te gustan mis tatuajes - responde divertido 1 - Veo muchas mujeres…, pero no se quiénes son ni de qué se trata - respondo - Son cantantes, me gustan mucho - ¿Las cantantes? - No, si, las cantantes pero también las mujeres, me gustan mucho las cantantes mujeres- se queda pensativo. Le pregunto qué lo trae por acá, por qué quiere hacer terapia. Me contesta que está muy angustiado porque no tiene un trabajo rentable y que tiene miedo de perder a su novia por éste motivo. Vive con los padres, tanto él como su hermano de 36 años son adoptados. No sabe quiénes son sus padres biológicos y manifiesta que no le interesa en lo más mínimo. Esto lo dice con tanta vehemencia que me hace pensar, sin proponérmelo, en el concepto freudiano de formación reactiva. Su novia tiene 23 años y es actriz, trabaja en la tele, en una de esas novelas actuales para adolescentes. Está muy bien ubicada en su carrera y parece que gusta mucho al público en general, le acaban de ofrecer un viaje de trabajo a París y ella le propone que la acompañe pero Martín está indeciso. Dice que cuando se conocieron él estaba haciendo producciones para el canal de televisión donde trabaja ella, que “se enamoró de lo que yo era antes” cuando estaba muy ocupado moviendo cosas y personal, no como ahora que trabaja con el padre en una revista de electrónica en donde éste es el dueño y no le paga bien porque quiere que salga a vender suscripciones y Martín no puede conseguir motivación bajo ningún concepto. Insiste que en todos los días se plantea salir a conseguir clientes porque sino no va a poder ganar dinero suficiente como para estar al nivel de hombre que su novia necesita, que cualquier mujer en verdad necesita, según sus palabras. Refiere estar con la revista porque es una época mala para las producciones y no lo llamarían ahora. Lo dejo seguir desarrollando la línea de pensamiento y me dice que su padre piensa que él es un vago, que siempre le dijeron que era un vago, que no tiene título más allá del secundario, que siempre fue un poco “drogón” igual que el hermano del que cuenta que es gay, vive con su novio y estuvo internado en una clínica de rehabilitación pero que ahora “se rescató” y estudia psicología, 2 carrera que paga vendiendo drogas porque no tiene otro trabajo. Dice que su padre no entiende nada, que tiene 74 años y que está todo el día pendiente de ver si está trabajando o no, le dice que le va a pagar el día que “lo vea laburando”, dice que su padre es como el personaje de la torre del señor de los anillos que todo lo ve en todo momento, una suerte de panóptico personal 24 horas al día. En la segunda sesión afirma que en estos seis meses de tratamiento tiene que hacer algo sí o si, que no puede seguir en esta inactividad. Comenta que a raíz de las insistencias de la novia de que la acompañe al viaje a Paris, encaró al padre y le dijo “decime ¿que es lo que tengo que hacer para conseguir que me pagues?” el padre le responde sencillamente “cuando te vea trabajando”. Le pregunto a qué se refiere exactamente con esto y me dice que para el padre nunca es suficiente lo que hace. Le pregunto concretamente qué es lo que hizo en la semana en el trabajo y obtengo por respuesta otra queja acerca del padre, termina diciendo que tiene razón ya que le cuesta mucho empezar a hacer las cosas y que si sigue de ese modo va a perder a su novia, que ésta le dio un ultimátum que le dijo que no puede soportar verlo de ese modo, durmiendo hasta las doce del medio día, angustiado, sin hacer nada de la vida. Dice que la novia le pidió por favor que volviera a ser el que era anteriormente. Seguidamente cuenta una discusión muy fuerte con ella en donde le dice “vos estas conmigo porque querés tener un ex novio”. Le pregunto acerca de esta frase, a qué se refiere y por qué dijo particularmente eso, a lo que responde que ya sabe que se fue “al carajo”, que era algo personal, que se hacía cargo y que quería en el fondo que su novia lo consolara y eso fue lo que pasó realmente. Termina la sesión contando que se reencontró con amigos de la secundaria, que eran todos licenciados, trabajando de sus profesiones y con familias constituidas, “con hijos y todo eso” y que se sintió bien porque nadie lo discriminó. Cuando le pregunto por qué creía que lo iban a tratar de ese modo me dice que porque él no terminó ninguna carrera, que siempre fue un bardo y que no está a la altura de las circunstancias. 3 En la próxima sesión Martín me dice que dejó de trabajar con el padre, que retomó un viejo proyecto que tenía (su propia revista de cine) y que su novia lo está apoyando anímicamente y dándole buenos consejos, confía en que cuando esté terminada lo ayude a promocionarla en su ámbito de trabajo. Dice que el padre también puede ayudarlo a distribuirla porque está en el rubro. Cuenta que si bien hizo mucho durante toda la semana, cree que puede hacer más “necesito ver resultados, eso me cuesta manejar”. Le digo que piense por un momento en esos pintores que están todo el día dándole retoques al cuadro y pueden pasar días o meses ocupados en estas cosas y los “resultados” conseguidos con cada pincelada sólo ellos pueden verlos. Se queda pensando ¿vos qué resultado estás buscando? – le pregunto – No sé, pero necesito una solución inmediata - me dice - y lo despido hasta la próxima semana. Se va en silencio y un poco enojado. En la sesión que sigue, cuenta que está muy mal porque se separó de la novia definitivamente. Sostiene que hablaron y resolvieron dejarlo. Está muy mal pero se motivó mucho con la revista y ahora ocupa todo su tiempo en eso. Cuenta que fuma porro y no se siente mal: “estoy como relajado”. Le sugiero que tal vez ahora no tiene que hacer las cosas para ganarse el favor de alguien. Me responde que igual se siente muy mal, que la extraña, que tiene ganas de volver, que si bien está muy productivo, por momentos siente que se le viene el mundo abajo. Le recuerdo que está en duelo, que es algo muy reciente. Me responde que necesita que pase rápido, que no puede seguir de ese modo. Le pregunto a qué se refiere y me dice que no sabe bien, que tiene dudas de haber precipitado la ruptura con su novia. Dice que ella, siendo mucho más chica que él, ya consiguió de todo en la vida. Le digo que en cualquier caso parece que ella lo eligió a él a pesar de eso y parece que eso no era lo que él quería. “Es que yo no podía darle a ella lo que ella necesitaba”, responde. “¿Y qué era lo que ella necesitaba Martín, se lo preguntaste alguna vez?”, le contesto. “Y lo que todas las mujeres quieren, una persona al lado que no sea un bardo”, respondió molesto ante mi insistencia. 4 Hubo sólo una sesión más en donde Martín contó lo mucho que la extrañaba y las dudas acerca de si debería volver a verla. Si bien continuaba activamente con la revista de cine, no podía dejar de pensar en ella insistiendo en que estaba deprimido y que había empezado a tomar alcohol. En un momento dice que ya estaba bien, “este tema no lo quiero tocar más”. Le pregunto a qué se refería y me dice “de esto, de mi ex novia, es siempre más de lo mismo” y con esta frase termina la sesión. A las dos próximas no viene y no avisa. Cuando lo llamo para ver que había pasado y recordándole que debería darle el alta según las normas de la institución me dice que lo disculpe pero que estuvo muy ocupado trabajando y que si era posible retomaba el próximo martes. Le digo que se puede hacer una excepción y me responde “El martes me tenés ahí”. Llegado el día en cuestión, me informan en la institución que el paciente había llamado y que decía que abandonaba el tratamiento. Martín se ve alejado en relación a su ideal del yo. Aquella construcción imaginaria a alcanzar se hace imposible dadas las condiciones actuales. Necesita un buen trabajo para tener el dinero suficiente para poder estar con su novia, para ser el que era anteriormente, para poder ser, en resultas. Por otro lado, el impulsar a la novia a terminar la relación está a las claras mostrando los accionares inconcientes en tanto síntoma que repite, que insiste, resiste y persiste. Martín había contado en varias sesiones que había armado discusiones en donde el tema de que no era suficientemente hombre para estar con su novia era el núcleo de todo el asunto, tema que impulsaba él y llevaba a la novia a la posición de consolarlo pero instándolo seguidamente a que cambiara su actitud, como si se tratara de una segunda oportunidad, que por otro lado le generaba aún más ansiedad y autoexigencia, ya que luego de fallar tenía no solo que hacerlo mejor sino que “subsanar” aquel traspié, aquella falta. Martín, por su parte se aliviaba al escuchar esto, pero se sentía otra vez impulsado a trabajar para sostener su noviazgo, y este acto de buscar inconcientemente el corte de la relación no puede responder a 5 otra cosa que al deseo de lograrlo de una vez por todas para sentirse aliviado de la presión superyoica de estar a la altura de su ideal del yo. Esto queda evidenciado en sus dichos de las últimas sesiones en donde refería estar muy activo en la revista y no sentirse mal, para su sorpresa. El tema de extrañar a la novia, de pensar todo el tiempo en ella, de la tristeza, de las ganas de llamarla además de atribuirlo a un proceso doloso habla también a las claras de las dificultades con las que tropieza el neurótico a la hora de sostener el acto (acto de la separación en este caso) que propició. La retracción de la libido del objeto amoroso novia, sumado al no tener que rendir cuentas a nadie (superyo) se sospecha detrás de esas energías renovadas con las que Martín se consagra a su trabajo en la revista de cine. Quedaron sin averiguarse muchas cuestiones claves con respecto a posiciones masculinas y femeninas, a su pasado, a la relación con sus padres y demás cuestiones de extrema relevancia, pero lo que sí se destaca es la gran admiración para con las mujeres, en sus tatuajes así como en sus dichos y la insistencia a colocarse a sí mismo en una lógica del todo o nada, muy neurótica por cierto, de ser el hombre proveedor. Esta posición conservadora, se puede decir, del rol del varón, que contrasta con su forma de vida y de expresión, podría venir vía la identificación con su padre adoptivo, distante pero sostenedor de su familia. De cualquier modo, sólo puedo hacer especulaciones al respecto pero lo que si es claro es que Martín tiene un ideal del yo que se le antoja inalcanzable al mismo tiempo que ha dado con un objeto de amor muy idealizado. Entonces las investiduras libidinales que ha dirigido tanto a su ideal del yo como al objeto idealizado han dejado su yo debilitado y, en la imperiosa tarea narcisística de protegerlo, ha hecho que se repliegue, que se sustraiga por no poder sostener una relación que le reportaba un alto costo desde el punto de vista planteado. Los comportamientos compulsivos con respecto al alcohol y al consumo de marihuana se pueden pensar como compensaciones orales y el hecho de haber dejado terapia en forma tan súbita e inmediatamente después de haber cortado con su novia también se pueden leer como replegamiento a favor de conservar su narcisismo. Martín llegó al límite de sufrimiento 6 posible, se ha convertido en un Mártir por elección inconciente y concientemente hace lo posible para escapar de esta posición. ¿Qué sería entonces trabajar compulsivamente en la revista de cine simultáneamente a cortar la relación con su novia y la terapia repentinamente sino una cabal demostración de hacer “cruz” como un Mártir luego de haber estado pagando “cara” como Martín en esta lógica neurótica del todo o nada? ¿Cuánto podrá Martín como un Mártir sostener este nuevo acto? Y acaso dejar la terapia ¿no ha sido por otro lado, un actingout al modo histérico? El haberme dicho, luego de mi llamado telefónico “El Martes que viene me tenés ahí” habilita a darle el sentido de que hubo respondido a mi demanda como analista para finalmente no acudir. La única ausencia a terapia (sacando las dos últimas que precedieron al abandono del tratamiento) no fue avisada previamente, y podría haber sido sólo un hecho aislado de no ser por la expresión que utilizó al abrir aquel encuentro analítico una semana más tarde “¿pensaste que no venía, no?”, sonriendo de buena gana, dejando en evidencia la idea de que él me puede (a mí en tanto analista) hacer una falta. Pero más allá de la actitud en consonancia con una posición histérica, por encima de todo me está diciendo que como analista hay cosas que no estoy escuchando, entonces: ¿Qué era aquello que, inconcientemente, quería que yo escuchara? El buscar el sentido, la significación que alivie lo sintomático es algo estructural y se puede pensar como un amor por el saber pero contradictoriamente lo que se impone es un verdadero rechazo a saber que posibilita que el sujeto sostenga su goce. Pienso que el goce de Martín es esencialmente superyoico por eso en vez de buscar saber se arroja a acciones que lo alejan de ese saber. En esas acciones, actos a medias en verdad por su inconsistencia a la hora de sostenerlos, sólo logra escapismos que están asociados a gratificaciones orales con un fuerte carácter impulsivo (drogas, verborragia) que no hacen sino repetir y reelaborar lo sintomático. Entiendo que sobre la neurosis de Martín, el fantasma histérico ha encontrado un modo de expresión de un goce superyoico. Si el deseo en la histeria es del orden de lo insatisfecho mientras que en la neurosis lo es del orden de lo imposible, en este caso el deseo será siempre 7 imposible por no estar a la altura de su ideal del yo, pero orientará su conducta hacia acciones que lo dejarán insatisfecho tanto en su relación con su novia, amigos, familiares y también en transferencia. Los dichos de “tengo que cambiar en estos seis meses de terapia”, “mi semana con mi novia y mi trabajo es más de lo mismo”, etc. seguida de las acciones abruptas de rupturas dejan ver claramente este pivotear entre los pensamientos obsesivos y las acciones impulsivas mientras que el modo de presentarlos estaba signado por el sello histérico. Henry Ey postula que el yo del histérico no pudo organizarse de acuerdo a una identificación de su propia persona, persistiendo una diferencia importante entre lo que queremos ser y lo que en verdad somos y agrega que en este caso la máscara del personaje oculta completamente a la persona. La actitud de Martín de mostrarme los tatuajes, de hablar de sus conquistas amorosas, de lo mucho que cuida el modo de vestirse y cómo se “produce” da cuenta de este comportamiento histérico. En pos de ser el “candidato” ideal para su novia y movido por la dialéctica edípica del tercer tiempo lógico de tener o no tener, Martín se va a buscar su falo como Mártir por ahí. Cree que la novia desea eso que él no puede darle porque no lo tiene o lo tuvo en su fantasías reivindicatorias y ahora debe recuperarlo pero… ¿Cómo hacerlo? O mejor dicho ¿Por qué le cuesta tanto hacerlo? No se saben los títulos que le legó su padre adoptivo de 73 años, pero podemos suponer cuáles fueron teniendo en cuenta su ideal de varón proveedor a la antigua usanza. La procastinación habla de la acción de postergar que relaciona de un modo particular al sujeto con su deseo, ya que este hábito otorga un plus a la suspensión del goce. Hay una fuerte interrelación entre deseo, angustia e inhibición que se anudan para demorar el concretar, haciendo de la demora una realidad penosa, causa de culpa y frustración. La evitación del acto es otra forma de pensar la imposibilidad del deseo desde el momento en que el llevarlo a cabo modificaría al sujeto. 8 Por eso en Martín, la angustia del saber cual es el “deber hacer” pero del errar en el “cómo” conseguirlo, lo sume en un estado de inhibición del que escapa a medias con actos impulsivos. Opino que aún está lejos de asomarse al “qué quiero hacer” que estaría en relación con su deseo, pero no obstante este saber que no se sabe, es ya en sí, un principio y un comienzo. 9 Bibliografía: _ Freud, Sigmund. Introducción del Narcisimo. Sigmund Freud, Obras Completas. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 2007 _ Freud, Sigmund. El Yo y el Ello. Sigmund Freud, Obras Completas. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 2007 _ Lacan, Jacques. “El estadío del espejo”, Escritos 1. Siglo XXI Editores. Buenos Aires. 2010. _ Ey, Henri; Bernard, P.; Brisset, Ch. Tratado de Psiquiatría, 8va Edición. Editorial Masson. Barcelona. 1990. _ Poe, Edgar. El demonio de la perversidad. Narraciones Completas, 4ta Edición. Editorial Aguilar. Madrid. 1968. 10
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