LA OSTEOPATÍA, ¡VAYA TIMO! La osteopatía, ¡vaya timo! p Rubén Tovar Ochovo Primera edición: abril 2021 Depósito legal: AL 681-2021 ISBN: 978-84-1398-409-4 Impresión y encuadernación: Editorial Círculo Rojo © Del texto: Rubén Tovar Ochovo © Maquetación y diseño: Equipo de Editorial Círculo Rojo © Fotografía de cubierta: Depositphotos.com Editorial Círculo Rojo www.editorialcirculorojo.com info@editorialcirculorojo.com Impreso en España — Printed in Spain Editorial Círculo Rojo apoya la creación artística y la protección del copyright. Queda totalmente prohibida la reproducción, escaneo o distribución de esta obra por cualquier medio o canal sin permiso expreso tanto de autor como de editor, bajo la sanción establecida por la legislación. Círculo Rojo no se hace responsable del contenido de la obra y/o de las opiniones que el autor manifieste en ella. El papel utilizado para imprimir este libro es 100% libre de cloro y por tanto, ecológico. Disclaimer Este es un libro de divulgación científica, el autor no se hace responsable de que aparezca almacenado en las secciones de terapias alternativas o libros de autoayuda de las librerías, pero si esto ocurriera, le ruego tenga el detalle de colocarlo entre los manuales de osteopatía que a buen seguro encontrará allí, al menos así la incomodidad será mutua. Aunque si de verdad quiere ayudar, por favor, no obligue a este libro a convivir entre libros que defienden la magia y la superchería, no se lo merece, y desde luego no es su hábitat natural. A decir verdad existe una tercera opción, si este libro ha despertado su interés siempre puede llevárselo a casa y darle un nuevo hogar. Índice: Disclaimer...............................................................................7 Agradecimientos....................................................................13 Prólogo..................................................................................15 1. Introducción.....................................................................19 1.1. La cebolla osteopática: definición de una pseudociencia por capas....................................................19 1.2. Una terapia manual con ínfulas.................................27 1.3. La paradoja osteopática..............................................33 1.4. Parasitismo................................................................37 2. Historia.............................................................................43 2.1. El fundador: Andrew Taylor Still ..............................43 2.2. Las Influencias: Mesmerismo, Espiritismo y Bonesetters.........................................................................55 2.3. El enemigo: la Medicina heroica................................67 2.4. El vecino de enfrente: la quiropráctica.......................77 2.5. La osteopatía en el siglo XX.......................................97 9 3. Los principios filosóficos osteopáticos..............................109 3.1. Una cuestión de principios......................................109 3.2. Palabra de Still.........................................................111 3.3. Los principios osteopáticos......................................117 3.4. Filosofía Osteopática...............................................121 3.5. El decálogo osteopático............................................127 4. Filosofía de la ciencia vs osteopatía..................................153 4.1. Separar el grano de la paja........................................153 4.3. Multicriterios ..........................................................169 4.4. ¿Qué caracteriza a las pseudociencias? .....................175 4.5. Paradigmas..............................................................189 5. Osteopatía Craneal..........................................................197 5.1 El padre: William Sutherland....................................197 5.2. El ideólogo: Emanuel Swedenborg...........................205 5.3. La teoría..................................................................209 5.4. El tránsfuga: John Upledger y la terapia craneosacra.....................................................................217 5.5. Osteopatía biodinámica...........................................223 5.6. El fetiche del cráneo................................................227 6. Osteopatía Visceral..........................................................231 6.1. Los precedentes: Still, Glènard y la osteopatía esotérica.. 231 6.2. El fundador: Jean-Pierre Barral................................239 6.3. La teoría..................................................................245 6.4. Los puntos neuro-linfáticos de Chapman................255 6.5. Belivers.....................................................................259 10 7. Osteopatía Estructural.....................................................265 7.1. La disfunción somática............................................265 7.2. Las cadenas osteopáticas..........................................273 7.3. Las fascias................................................................283 7.4. Osteopatadas...........................................................295 7.5. Osteopatrañas..........................................................301 8. El futuro de la osteopatía.................................................307 8.1. El emperador va desnudo.........................................307 8.2. El futuro de la renovación........................................311 8.3. Barcos y calcetines...................................................313 8.4. El futuro de la eterna juventud................................317 8.5. El fantasma en la máquina.......................................319 11 Agradecimientos Este libro nace fruto de un malestar personal creciente a nivel profesional, el vínculo impostado de la osteopatía en la fisioterapia, y todo lo que eso ha supuesto para mi profesión. No tengo nada en contra de las personas, ni de los defensores de la osteopatía, es meramente un malestar académico, intelectual y deontológico. Desgraciadamente, es imposible arbolar una crítica a la osteopatía sin ofender a unos cuantos miles de fisioterapeutas, sin duda esto ha sido un inconveniente que ha ejercido en ocasiones de autocensura, pero la conclusión a la que llego después de años es el motivo por el cual introduzco este párrafo en los agradecimientos. Quiero agradecer en primer lugar a la fisioterapia que tanta pasión, interés y dedicación ha despertado en mí, y a la cual creo estar dignificando con este libro. Dentro de ella, además, hay numerosas personas a las cuales les debo mucho, tanto en lo personal como en lo profesional, y de las cuales me siento muy orgulloso de haber conocido. Para todas esas personas, amigos y compañeros de profesión que me animaron a completar este proyecto, va dedicado también este libro, y muy especialmente a mi gran amigo el fisioterapeuta Eduardo Fondevila, quien ha sido y sigue siendo fuente de inspiración y estímulo constante, y a quien debo reconocer, además, la propiedad intelectual del término belivers, que encabeza el título del apartado 6.5, una ingeniosa combinación de believer (creyente) y liver (hígado), así como del análisis ecológico de la relación entre la fisioterapia y la osteopatía 13 en términos de relación comunitaria de organismos vivos, expresada como relación de simbiosis y parasitismo en el apartado 1.4. También quiero agradecer a Héctor Tarancón por su revisión y anotaciones al texto, que sin duda han mejorado la comprensión y lectura de esta obra, y en especial quiero agradecer a todos esos osteópatas y lobbies osteopáticos que con su beligerancia y resistencia a la crítica reforzaron la idea de la necesidad de este libro. Pero nada de esto podría haberse escrito sin la estabilidad, serenidad y apoyo incondicional de mi familia. Este libro está especialmente dedicado a ellos. A mi madre, a la que debo todo. A Jenny, sin su calma y paciencia no habría podido sentarme a escribirlo, y a mis hijos, Lucía y Daniel, mis únicas aportaciones verdaderamente importantes a este mundo. 14 Prólogo El Plan del Gobierno contra las pseudociencias encendió, en 2018, el debate social respecto a las prácticas pseudocientíficas. Un hito, en gran parte consecuencia de la actividad incansable de asociaciones escépticas y sociedades científicas que colocaron en la agenda política la impunidad de curanderos, charlatanes y vendedores de productos milagro que hasta entonces habían ocupado espacios públicos, medios de comunicación, y hasta reconocimientos académicos universitarios, contagiando a los propios profesionales sanitarios y legitimando, así, algunas de esas prácticas. Para la medicina es la homeopatía, como para la psicología el psicoanálisis, y para la fisioterapia la osteopatía. Se señaló al elefante en la habitación y las reacciones no se hicieron esperar. La osteopatía apareció en el listado de pseudociencias del Gobierno. Así andábamos hasta que la Covid-19 eclipsó y monopolizó toda la atención a principios de 2020. Pero no ha habido hasta la fecha ningún Plan Nacional apoyado en un Real Decreto de similares características en ningún otro país. Para encontrar algo mínimamente similar tendríamos que remontarnos a 1910 en Estados Unidos con el Informe Flexner, y la regulación de la actividad en medicina que persiguió al resto de prácticas pseudocientíficas no oficiales del país. A la espera de tiempos mejores, y con la idea de arrojar algo de luz sobre una de estas prácticas más extendidas y a la vez menos conocidas, nace este libro. ¿Es la osteopatía una pseudociencia? 15 ¿Tiene algún valor en el campo de la salud? ¿Cómo ha llegado a ser una especialidad médica reconocida en Estados Unidos? ¿Por qué es tan difícil encontrar un fisioterapeuta que no utilice la osteopatía? ¿Cómo puede ponerse en tela de juicio la osteopatía, si hasta el médico de Donald Trump que comparecía en los medios durante su convalecencia por coronavirus era osteópata? Este libro recopila el conjunto de cosas que merece ser conocido antes de posicionarse respecto a la osteopatía. Es una lectura recomendada para usuarios, pacientes y curiosos, escépticos y creyentes, estudiantes de osteopatía, osteópatas consumados y todo tipo de profesionales sanitarios, con especial interés para los fisioterapeutas. Los osteópatas que lleguen a leer esto probablemente encuentren aquí una crítica muy dura sobre la osteopatía, pero en todo momento he pretendido dar una perspectiva general huyendo de lo anecdótico y lo particular de afirmaciones y ocurrencias de algunos osteópatas, y me he limitado a aquello que forma parte del corpus osteopático. Para los usuarios que frecuenten habitualmente los servicios de osteopatía espero que entiendan que nada de lo expresado aquí desafía la idea de que acudir a su osteópata pueda ser reconfortante y les haga sentir bien, nada más lejos de mi intención, lo que encontrará aquí el lector es una presentación de las afirmaciones y pretensiones de la osteopatía que sobrepasan lo razonable para una terapia manual. No pretende ser un libro académico. Se han omitido las referencias de forma deliberada para hacer más ágil su lectura, pero sí aprovecharé aquí para reconocer la importante aportación de dos obras que han inspirado y ayudado en la elaboración de este libro. En primer lugar, The DOs: Osteopathic Medicine in America del historiador Norman Gevitz, que se interesó por la osteopatía en los años setenta mientras estudiaba un posgrado de sociología de la Universidad de Chicago. Constituye una de las escasas obras sobre la osteopatía sin filiación ni agencia personal, y su investigación ha ayudado a comprender y conocer desde un punto de 16 vista historiográfico el surgimiento y desarrollo de la osteopatía en los Estados Unidos. En segundo lugar, Phylosophy of Pseudoscience, del filósofo Massimo Pigliucci, es una obra que reúne a los filósofos de la ciencia actuales más destacados interesados en el problema de la demarcación científica, cuyas propuestas son aplicadas a la realidad osteopática. El libro está dividido en ocho secciones, así, en el primer capítulo introduzco la osteopatía en la actualidad y su relación con el mundo, especialmente con la fisioterapia, una honesta declaración de intenciones y una justa definición sobre la que poder echar a andar. En el capítulo 2 expongo los aspectos históricos y fundacionales por los que la osteopatía no puede ser tomada en serio. Lo que siempre fue y cómo ha llegado a ser considerada es fundamental para comprender la profesión osteopática. Ya no solo por establecer una línea de conexión argumental también por la gran filiación de los propios osteópatas a su fundador y a sus orígenes históricos. Esto puede parecer un tiro a tablero para el sesgo histórico, porque con la perspectiva del tiempo todo se torna más evidente. No juzgaré a su fundador, Andrew Taylor Still, por lo que decía en el siglo XIX con lo que sabemos en el siglo XXI, pero necesitamos entender el contexto en el que se desarrolló y por qué se desarrolló. Sostengo que Still no era, en realidad, ningún genio, ni tampoco un visionario como defienden los osteópatas. Los capítulos 3 y 4 versan, respectivamente, sobre lo que la osteopatía es, y lo que debería ser para ser científica, en el plano filosófico. Su razonamiento clínico y sus principios filosóficos, aquello que constituye la esencia y la identidad de la osteopatía en oposición a la filosofía de la ciencia. Enfrentaré ambas perspectivas para exponer las diferencias e incompatibilidades por las cuales no puede considerarse a la osteopatía una ciencia. En los capítulos 5, 6 y 7 se desarrolla lo que la osteopatía supone en la actualidad, su cuerpo de conocimiento, sus postulados y su pra17 xis. La osteopatía craneal, visceral y estructural, respectivamente. Los asertos osteopáticos, a buen seguro, no dejarán indiferente al lector. Algunos osteópatas y fisioterapeutas sostendrán que no comparten parte de las afirmaciones clásicas de la osteopatía, y sin embargo siguen viendo en ella algo valioso. Lo que abre el camino al capítulo 8 sobre el problema de la identidad, ¿qué es entonces la osteopatía?, ¿qué es lo que le confiere originalidad y cuáles de ellas son rescatables? Lamentablemente, el número de aportaciones de la osteopatía al conocimiento científico es exactamente cero. No hay nada de valor que pueda atribuirse genuinamente a la osteopatía, ni nada que pueda ser utilizado por el resto de profesionales sanitarios y provenga de ellos. Las posibles proyecciones futuras de la osteopatía dependerán en gran medida de las denuncias presentes y de una correcta comprensión del pasado. Pasado, presente y futuro se presentan en esta obra para una mejor comprensión sobre qué es esa cosa llamada osteopatía, y por qué la critican tanto si a mí me dejan nuevo cada vez que voy a uno. Si usted es un defensor de la osteopatía o incluso si la ejerce, y aun así ha decidido leer este libro, le felicito por aceptar el reto de leer una visión que desafía sus ideas. Como dice James Clear, «el mejor lugar para valorar una idea amenazante es un ambiente no amenazante. Por ello, un libro es un mejor vehículo para transformar creencias que conversaciones o debates». 18 1. Introducción 1.1. La cebolla osteopática: definición de una pseudociencia por capas Una buena definición debe sintetizar y recoger la esencia de aquello que pretende ser definido, reunir el mayor número de características y condensarse en el menor número de palabras. En el caso de la osteopatía no siempre se han expresado en un primer término los descriptores más exactos que su definición merecía, y a decir verdad no ha sido hasta los últimos años cuando ha empezado a hablarse de manera crítica en el seno de la fisioterapia española, y a denunciar su carácter pseudocientífico. La osteopatía es, probablemente, una de las pseudociencias donde más reservas se han tenido siempre para posicionarla en el espectro ciencia-pseudociencia. De la osteopatía solo opinaban los osteópatas, que para algo tenían el monopolio como únicos conocedores de sus bondades. El inconveniente que siempre se omitía era que al no haber voces discordantes era presentada con magnanimidad como una ciencia, una medicina y una terapéutica resolutiva y eficaz que contemplaba a la persona en su globalidad gracias a una visión holística. En este apartado me dispongo a hacer una definición más justa y objetiva que la lírica apasionada que ofrecen a menudo los osteópatas. 19 Si la osteopatía fuese una cebolla podríamos definirla, en un primer estrato, dentro de esa primera capa externa que apreciamos visualmente, de manera más general y para enmarcarla adecuadamente, como una terapia alternativa que constituye una profesión independiente, no oficial y no reconocida en España. Que la osteopatía es una terapia alternativa es algo que sostiene hasta la misma Organización Mundial de la Salud, que tanto mencionan los osteópatas por su abierto posicionamiento a favor de la regulación de las terapias naturales entre las que se incluye la osteopatía. Es también una de las acusadas que conforman el listado del Ministerio en el Plan de Protección de la Salud contra las Pseudociencias. A nivel mundial es considerada una terapia alternativa, no es un capricho definirla como tal. Personalmente, prefiero no emplear el término complementaria, porque su intención siempre ha sido la de sustituir al sistema médico convencional. Las terapias alternativas, todas ellas, surgen como crítica a la medicina y se presentan como sustitutos de esa medicina malvada, que nos envenena y se doblega a los intereses de la industria farmacéutica. Si bien los abusos y mal usos en medicina merecen una crítica, las terapias alternativas nunca han pretendido ser un complemento, ni sus afirmaciones pretenden completarla porque se rigen por principios diferentes. Se consideran sistemas médicos independientes y alternativos, superiores, más naturales, más eficaces y menos dañinos. Si se han dulcificado y han pasado a llamarse terapias complementarias es debido, por un lado, al rechazo que han causado y los palos que han recibido por el camino, y, por otro, a la adopción de esas terapias por parte de algunos profesionales de la salud que han contribuido a su legitimación, aumentado así la confusión al respecto. El problema con las terapias alternativas es que plantean realidades alternativas. La homeopatía pretende una química alternativa, las teorías bioenergéticas que plantean el reiki o la acupuntura pretenden una física alternativa, y la quiropráctica y la 20 osteopatía pretenden una biología alternativa con sus aspiraciones terapéuticas basadas en subluxaciones imaginarias, movimientos de los huesos del cráneo inexistentes o movilidades viscerales fantasma, por tanto, la denominación como terapia alternativa no debería ser interpretada como algo positivo, sino como algo inevitablemente no deseable. En el caso de la osteopatía también surgió como crítica a la medicina heroica de su época, ciertamente muy inferior a la actual, pero nace como un sustituto, no como un complemento. Su fundador, Andrew Taylor Still, llamaba a la osteopatía «la cirugía sin bisturí», y eso que la cirugía era la disciplina que más respeto le merecía dentro de la medicina. Que la osteopatía es una profesión independiente es un hecho innegable que los propios osteópatas han defendido siempre con orgullo, pese a haber crecido bajo el amparo de otras profesiones sanitarias, como en Estados Unidos con la medicina o en España con la fisioterapia. Sin embargo, en relación a esta última, en los últimos tiempos el alegato de muchos fisioterapeutas-osteópatas, o lo que es peor osteópatas-fisioterapeutas, que esto del orden de las identidades tiene su razón de ser y algunos no esconden sus prioridades, defienden por conveniencia la peculiaridad de la tradición española de mantener ambas unidas. Fisioterapeutas que abrazaron la osteopatía como su nueva identidad profesional y menospreciaron el valor de la fisioterapia. Y es que la osteopatía se vendió como la fisioterapia plus. Era considerada delirantemente la alternativa a la fisioterapia dentro de la fisioterapia, algo superior. No se consideraban un complemento, sino una alternativa deseable. Era sinónimo de terapia manual. Si alguien se presentaba como un fisioterapeuta especialista en terapia manual se asumía automáticamente que, en realidad, se trataba de un osteópata. Mientras la fisioterapia era ridiculizada por el discurso osteopático, reducida a un saber técnico que solo poseía conocimiento técnico —techne— y no conocimiento teórico —episteme—, la osteopatía era la promesa del éxito. Un sistema global y 21 holístico de tratamiento manual que acudía a la verdadera causa de todos los problemas. Y si ahora se escucha defender la osteopatía como un complemento de la fisioterapia es porque el valor de la osteopatía se ha devaluado en los últimos años. Del mismo modo que las terapias alternativas quieren ser llamadas ahora complementarias, la osteopatía quiere considerarse un complemento dentro de la fisioterapia. La identidad de la fisioterapia ha estado muy distorsionada y todavía sigue recuperándose de aquello. Un porcentaje importante de fisioterapeutas tiene formación osteopática, y está tan impregnada dentro de la profesión que sus defensores están presentes en todos los estamentos e instituciones, al mismo nivel que el psicoanálisis para los psicólogos o la homeopatía en medicina. Por tanto la osteopatía es una terapia alternativa, pero no es una alternativa a la fisioterapia, ni tampoco un complemento. Son profesiones independientes y marcadamente diferentes. En Estados Unidos, en cambio, los osteópatas se imbricaron con la medicina probablemente porque allí gozó de más popularidad, reconocimiento y estatus social. Aunque también convendría ponderar la realidad de esa hibridación de la que tanto presumen los osteópatas. En Estados Unidos, los médicos osteópatas se comportan más como médicos que como osteópatas, y está convirtiéndose en una práctica marginal. Es una rama de la medicina que no encaja bien con el resto, porque su filosofía y manera de pensar es contraria a la medicina. Hay muchas publicaciones que hablan sobre este sentimiento. Osteópatas que creen haber perdido su identidad y haberse subyugado a la medicina, y médicos que perciben con extrañeza a sus colegas osteópatas. Nada sorprendente teniendo en cuenta que se ha pretendido mezclar el agua con el aceite. Pero el principal problema no radica tanto en la práctica como en el plano mental. La filosofía, el razonamiento clínico, lo que ellos creen que hacen cuando hacen lo que hacen, no es que jue22 guen en otra liga, es que directamente juegan a otra cosa. El mejor de los futuros para la osteopatía dentro de la fisioterapia sería quedar reducida a un conjunto de técnicas de terapia manual desprovistas de sus interpretaciones e ideas floridas. Fuera de ella, alcanzar el anhelado reconocimiento legal. Tanto dentro como fuera de la fisioterapia la mayoría de osteópatas sueñan con ese reconocimiento de la profesión y suelen señalar la regulación de otros países. Este es un argumento bastante pobre, pero a nivel político y legislativo puede resultar convincente, lo que refuerza la necesidad de este libro. Donde la osteopatía se ha hecho más fuerte es en los países anglosajones, no porque estos sean más avanzados, sino porque Still era norteamericano y es donde más se ha desarrollado, enraizada en una suerte de tradición fundacional. El reconocimiento social no es tanto una muestra de estatus científico como una cuestión de logros políticos y de popularidad alcanzada. Apelar al reconocimiento legal y social de una tradición son argumentos falaces si se presenta como un aval científico, pero construyen una realidad política y legislativa. La situación actual con la norma europea obliga a todos los países a garantizar la libre circulación de los ciudadanos europeos, incluidos los osteópatas que vengan de un país con regulación de la profesión y quieran ejercer en un país sin regulación. La regulación funciona por contagio. La siguiente capa de la cebolla la constituyen los principios osteopáticos, que son en última instancia el fundamento y su razón de ser, el logos del eidos osteopático. Su esencia, su filosofía y sus señas identitarias no son ni mucho menos el conjunto de maniobras y técnicas manuales, sino sus principios filosóficos, lo que ellos piensan que hacen. Este punto es central en la comprensión de la profesión osteopática y requiere un análisis en profundidad, que será desarrollado en el capítulo 3. Bucear en la evidencia científica de la osteopatía para arrojar algo de luz sería como leer interminables esquelas de guerra de las víctimas de un fuego 23 cruzado nocturno. La reclamación de pruebas en osteopatía suele transcurrir entre el lanzamiento de papers sin criterio y sus correspondientes réplicas tras una lectura crítica. La osteopatía posee publicaciones científicas, aunque en menor número que cualquier otra profesión sanitaria. Mucho menor al volumen de publicaciones científicas en fisioterapia, pero tienen cierta actividad científica que publican en sus propias revistas científicas. Esto por sí solo no les otorga un asiento en los salones de la ciencia, por eso conviene conocer el marco teórico, donde se desarrollan sus teorías. Los principios osteopáticos son los pilares de su razonamiento clínico. Y de hecho ellos ensalzan esos principios como parte de su filosofía, su manera de entender los problemas relacionados con la salud y su acción terapéutica, su manera de pensar y de entender el mundo, su cosmovisión. Para los propios osteópatas, guardar la esencia de la osteopatía depende de la preservación de esos principios osteopáticos, por tanto es esencial hablar de ellos para poder evaluar la osteopatía en el plano científico. La división estructural, craneal y visceral pertenecería a la capa más profunda de la cebolla osteopática. Es como se divide la osteopatía a nivel interno, en estos tres grandes bloques que conforman su cuerpo de conocimiento. Dos tercios de ese cuerpo de conocimiento, la parte visceral y la craneal, son altamente pseudocientíficos. La orden de fisioterapeutas en Francia ha emitido informes para que dejen de ejercerse en fisioterapia. En orden decreciente, la más pseudocientífica es la osteopatía en el campo craneal, seguida de la visceral y por último la estructural, pero no por ello menos equivocada. A ellas nos dedicaremos en los capítulos 5, 6 y 7. Tanto la visceral y la craneal, como la estructural, han adoptado en los últimos tiempos a la fascia como chivo expiatorio de sus elucubraciones, y toda la investigación en el campo fascial y las propiedades de este tejido como justificación y garante de sus intervenciones. La teoría de la tensegridad, que veremos en 24 el apartado 7.3, se postula como el marco teórico de relevo para fundamentar conceptos osteopáticos desgastados y sin existencia comprobada, como el movimiento respiratorio primario o la malposición visceral. El razonamiento osteopático basado en la tensegridad encaja bien en el razonamiento de las cadenas osteopáticas, de las que hablaremos en el apartado 7.2. La tensegridad parece jugar más bien un papel de decoración, una envoltura para justificar viejas ideas más que una hipótesis que pueda ser demostrada. El problema fundamental de la osteopatía, y por el que se la puede acusar definitivamente de pseudociencia, es por su resistencia al cambio y a la crítica. No están dispuestos a dar por muerto el caballo. Nada se desecha. Nada se invalida. Nada se abandona, y su único y escaso interés científico es para demostrarse costo-efectivos, no para intentar separar el grano de la paja o averiguar los mecanismos por los cuales podrían llegar a ser efectivas las técnicas de terapia manual. El debate interno en la profesión es anecdótico, y toda la crítica externa es vista como una amenaza. Los estudios publicados en los últimos 30 años han cuestionado seriamente las justificaciones relacionadas con la alineación de los tejidos exclusivamente biomecánicas, la validez y fiabilidad de la palpación y las pretensiones de modificar, corregir, alinear o normalizar esos tejidos con el tratamiento manual. 25 1.2. Una terapia manual con ínfulas La osteopatía es, fuera de toda pompa y retórica, una terapia manual. La terapia manual es la atención basada en la aplicación sistemática de hábiles movimientos con las manos con un sentido terapéutico, y guiado por un proceso de razonamiento clínico. Ese razonamiento clínico es dependiente del marco teórico que envuelve a cada disciplina de terapia manual y determina qué técnica realizar, en qué momento emplearla y con qué intención aplicarla. La terapia manual la realizan fisioterapeutas, médicos especialistas en medicina manual, osteópatas y quiroprácticos. La técnica emblemática de osteópatas y quiroprácticos son las manipulaciones, es decir, las maniobras rápidas articulares que normalmente van acompañadas de un ruido audible, y que popularmente se las reconoce por «hacer crujir los huesos», aunque no son exclusivas de ellos, sin embargo, la técnica más popular y representativa por antonomasia de la terapia manual es el masaje, y probablemente la intervención manual más antigua y más utilizada. En los países anglosajones está vinculada históricamente a la profesión de enfermería y al origen de la fisioterapia. La fisioterapia no tiene dibujado un punto de origen tan claro como la osteopatía y la quiropráctica porque no tuvo un creador único que estableciera los términos y condiciones de servicio, ni creció al margen como un sistema médico alternativo patentado. Se desarrolló dentro de la medicina y la enfermería vinculada al ejercicio físico y la terapia manual. Para algunos historiadores el origen de la fisioterapia se sitúa en 1813, en Suecia, con la creación del Real Instituto Central de Gimnasia, por Pehr Henrik Ling, que desarrolló lo que hoy es conocida como gimnasia sueca, aunque realizaban tanto ejercicio como maniobras pasivas que incluían las manipulaciones. Otros autores sitúan a la fisioterapia en la Gran Bretaña de 1854. En plena guerra de Crimea las enfermedades como el có27 lera, el tifus y la disentería estaban matando diez veces más a los soldados británicos que el enemigo ruso. La falta de higiene y las infecciones hacían el resto. Al frente del cuidado de los soldados estaba la enfermera Florence Nightingale. La gestión de Nightingale redujo la mortalidad con los cuidados de higiene y ventilación. Esto, que parece tan intuitivo ahora, no lo era en aquella época. Aún no estaba aceptada la teoría de los gérmenes. Además de higiene y ventilación, el equipo de Nightingale empleó métodos de rehabilitación física como el masaje y el ejercicio terapéutico. En 1894 cuatro enfermeras inglesas fundaron la Society of Trained Masseuses («Sociedad de Masajistas Capacitadas»), que en 1944 pasaría a llamarse Chartered Society of Physiotherapy («Sociedad Colegiada de Fisioterapia»). En España, al igual que en otros países, la enfermería vehiculizó el desarrollo de la fisioterapia como una especialización de la enfermería relacionada con la terapia manual. La fisioterapia, finalmente, se desarrolló de manera independiente, pero en el ámbito asistencial creció relacionada con la gerencia hospitalaria en enfermería, y en el ámbito académico ligada a las facultades y departamentos de enfermería. La fisioterapia no solo está vinculada a la enfermería en sus orígenes, también a la profesión médica. El médico ortopeda James Cyriax jugó un papel decisivo en el desarrollo de la terapia manual contemporánea dentro de la fisioterapia. El padre de Cyriax fue uno de los fisioterapeutas formados en el Real Instituto de Gimnasia Sueca, e influyó en su trabajo de estandarización de los procedimientos manuales. Algunos de los alumnos fisioterapeutas de Cyriax, a su vez, desarrollaron distintos aspectos y metodologías que siguen vigentes en fisioterapia, pero aún se sigue llamando terapia manual ortopédica por su desarrollo histórico ligado a la medicina ortopédica. Todos los modelos teóricos en terapia manual se desarrollaron en torno a la biomecánica. No solo en fisioterapia y medicina 28 manual ortopédica, también en osteopatía, quiropráctica y otras tantas disciplinas con nombre propio. La manera de brindar un primer soporte racional y científico se vislumbró desde un primer momento desde el desarrollo de la biomecánica. Osteópatas y quiroprácticos desarrollaron reglas biomecánicas especiales para ellos que no eran compartidas por el resto de especialistas del movimiento, pero todos se nutrieron de modelos estructuralistas y mecanicistas, y en cierta medida siguen haciéndolo. En el último cuarto de siglo la fisioterapia ha ido desarrollando un nuevo paradigma basado en un modelo biopsicosocial, y con el conocimiento en ciencia del dolor ha tenido que aprender a reconsiderar sus actuaciones. Hoy sabemos que las técnicas de terapia manual no modifican el tejido, las manipulaciones no corrigen la posición articular, los estiramientos musculares no aumentan la elongación del músculo de manera permanente, las fascias no se liberan y las contracturas musculares no se deshacen. No somos muñecos de plastilina moldeables. Los resultados con la terapia manual son mediados por cambios neurofisiológicos que modulan e interfieren en la percepción de dolor y disminuyen los niveles de excitabilidad nerviosa. La terapia manual es un tratamiento eficaz que contribuye a la recuperación de las capacidades funcionales, y las personas que lo reciben refieren un alto grado de satisfacción, pero debe incluirse dentro de un enfoque multimodal dirigido a la recuperación funcional del paciente. Las técnicas en terapia manual van dirigidas a tejidos concretos, cada una pone el foco en un tejido distinto, sin embargo, existe una superposición considerable entre las técnicas que las hace indistinguibles unas de otras, una vez desprovistas de su intención específica. Los resultados de las técnicas manuales específicas son en su mayoría inespecíficos, y sus efectos positivos son solo a corto plazo. Los ensayos clínicos no han demostrado que sean superiores a otras formas de ejercicio u otros tipos de tratamiento. 29 La palpación del sistema musculo-esquelético como valoración y diagnóstico adoptados por la mayoría de los enfoques de terapia manual, incluida la traumatología ortopédica, en medicina no han mostrado niveles adecuados de validez y confiabilidad para aquello para lo que supuestamente fueron diseñados. Realmente, no podemos extraer conclusiones objetivas y fiables de un tejido específico para identificarlo como responsable de los síntomas del paciente. Cuando se ha investigado a los terapeutas manuales de cerca no han sido capaces de reconocer dónde está el dolor si no reciben instrucciones de sus paciente, ni han coincidido en sus interpretaciones respecto a otros terapeutas manuales examinando al mismo paciente. De hecho, ni siquiera aciertan con buena fiabilidad a localizar algunas estructuras anatómicas, así que en el fondo debería ser un alivio saber que la perfecta alineación y estado de los tejidos no es tan relevante. Las asimetrías anatómicas son la norma, no la excepción, por lo que siempre puede hallarse una excusa para intervenir y un motivo para justificar las quejas de los pacientes. Todos los terapeutas manuales antes de los años 90 utilizaron estos modelos. No había intención de engaño ni dolo. Siempre creyeron conocer las causas y corregir los problemas. Y lo cierto es que lo hacían, pero no por las vías que pensaban. Hay fenómenos descritos en el campo de la psicología que nos ayudan a entender por qué percibían esas correcciones. La pareidolia es la tendencia a detectar patrones de información conocidos sobre la base de entradas aleatorias, de tal manera que el entrenamiento en detectar esas supuestas anormalidades se acaba convirtiendo en una profecía autocumplida. De esto son víctimas todas las profesiones. Cuando uno tiene en la mano un martillo todo lo que encuentra son clavos. No es un problema de deslealtad o fraude. Todos lo han hecho siempre con la mejor de sus intenciones creyendo tener el martillo de oro, incluso hoy, cuando los osteópatas niegan las críticas de las que se les acusa, lo 30 hacen con el convencimiento de una práctica ética y superior a cualquier otro tipo de acción terapéutica. Aunque no existe una terapia manual superior a otra en cuanto a efectividad, la osteopatía está a la cola de las terapias manuales si contemplamos el número de asertos disparatados que les lleva a cometer errores de razonamiento clínico. Una terapia manual dogmática es una práctica clínica negligente que genera falsas expectativas en sus pacientes con pretensiones imposibles. 31 1.3. La paradoja osteopática La osteopatía vive en un estado de paradoja permanente. Una relación de amor y odio por la ciencia y por la medicina. Critican y atacan a la ciencia al tiempo que reivindican formar parte de ella. En Estados Unidos, tras más de cien años de convivencia y de luchas internas interminables, los médicos osteópatas conjugan las dos esencias como buenamente entienden. A principios de la década de 1960, la Asociación Médica de California y la Asociación Osteopática de California se fusionaron definitivamente. Podría pensarse que la osteopatía celebró alcanzar el mayor estatus de reconocimiento en el mundo de la salud al imbricarse con la medicina, pero nada más lejos de la realidad, muchos osteópatas lo percibieron como un agravio en lo que se ha denominado «la hora más oscura de la profesión osteopática». Los osteópatas solo debían asistir a un breve seminario y pagar 65 $ para obtener el título de doctor en medicina. De 2000 osteópatas que había en aquel momento en el Estado de California, aproximadamente el 86 % se sumaron a la oscuridad. Desde entonces la osteopatía es una especialidad de la medicina en los Estados Unidos. Una peculiaridad legal del país que vio nacer a la osteopatía, y ha provocado que una parte de los osteópatas en Estados Unidos consideren que la imbricación con la medicina les ha hecho perder su identidad, para lo que han acuñado el término «síndrome de invisibilidad osteopática», que describe esa situación en la que se ha desdibujado la esencia de su profesión. No deja de resultar paradójica la situación en la que, al tiempo que se aprovechan y disfrutan del paraguas legal y el reconocimiento social y económico de la medicina, los osteópatas critican la medicina y la «medicalización de la osteopatía». Un artículo publicado en 1999 en la revista científica New England Journal of Medicine por el profesor de medicina interna de la Universidad de Michigan, Joel Howell, lleva por nombre 33 precisamente «La paradoja osteopática». Explica la relación de la osteopatía con la medicina en Estados Unidos, y se cuestiona por qué las aportaciones científicas de la osteopatía permanecen exclusivamente dentro de la osteopatía, y cómo la práctica osteopática allí se ha alejado de la filosofía osteopática. La paradoja de Howell dice: «Si la osteopatía se ha convertido en el equivalente funcional de la medicina alopática, ¿cuál es la justificación de su existencia? Y si hay algún valor en la terapia que es únicamente osteopático, ¿por qué debería limitarse su uso a los osteópatas? ». Howell denuncia el comportamiento patológico de «ni contigo ni sin ti» que ha desarrollado la osteopatía dentro de la medicina, pero no es el único caso. La imbricación de la medicina manual con la osteopatía en Estados Unidos ha producido cambios en la práctica médica, del mismo modo que en España dentro de la fisioterapia. La inmersión de la osteopatía dentro de la terapia manual ha provocado durante las últimas dos décadas una «osteopatización de la fisioterapia», aunque en los últimos tiempos la influencia ha empezado a revertirse. Ahora que los fundamentos osteopáticos están siendo seriamente cuestionados y la hegemonía de la osteopatía se blande en retirada, asistimos a un proceso inverso donde los baluartes en la investigación de la osteopatía, a nivel mundial, ofrecen propuestas para actualizarse basadas en planteamientos fisioterápicos en un fenómeno de «fisioterapeutización de la osteopatía». La situación interna entre los osteópatas se asemeja cada vez más a la de los quiroprácticos, que han adoptado dos posiciones divergentes. En Estados Unidos, estos dos grupos que han dividido la profesión reciben el nombre de straight y mixer, los que se mantienen rectos y los que se han mezclado. Estos últimos utilizan agentes físicos y tienen una actividad más parecida a los fisioterapeutas, mientras que los straight se mantienen fieles a las ideas del fundador David D. Palmer. En el caso de la osteopatía, la variedad de regulaciones ha favorecido una diferencia 34 mayor entre corrientes, pero en su ADN tienen todas el código de no molestarse entre ellas. El profesor de osteopatía y filosofía Stephen Tyreman, recientemente fallecido, señalaba en un artículo de 2013 que existe una creciente relación entre fisioterapia, osteopatía y quiropráctica en el Reino Unido, y que muchos osteópatas se sienten amenazados por estas tendencias y quieren defender la idea de que hay algo distintivo en la osteopatía que busca refugio en los principios osteopáticos. También señalaba que existe un espectro de osteópatas que refleja la diversidad de enfoques, que van desde los «similares a los de fisioterapia» a los profesionales místicos cuyas creencias se aproximan a las de una religión fundamentalista. Al igual que observó Howell con la medicina en Estados Unidos, cabe plantearse, entonces, una paradoja osteopática en relación a la fisioterapia en España: Si la osteopatía tal y como existe es anacrónica y no aporta nada a la fisioterapia, ¿por qué mantenerla? Y si la osteopatía se sustituye por lo que ya existe en fisioterapia, de nuevo, ¿para qué mantenerla? 35 1.4. Parasitismo Si la relación de la osteopatía con otras ramas de la salud fuese un ecosistema no mantendrían una relación de simbiosis, sino de parasitismo. Allí donde la osteopatía se ha imbricado con otras profesiones sanitarias ha aprovechado su estatus y capacitación para ejercer legalmente mientras criticaba a su huésped. Utilizando su reconocimiento y paraguas legal se postulaba, cuando tenía la ocasión, como una opción superior y mordiendo la mano de quien le daba de comer. En un folleto de la Asociación de Osteopatía Americana (AOA) de 1987 podía leerse: «(a) La osteopatía es la única rama de la medicina convencional que sigue el enfoque hipocrático. (b) El sistema musculoesquelético del cuerpo es fundamental para el bienestar del paciente. (c) El tratamiento manipulativo osteopático es una técnica probada para muchos diagnósticos prácticos y, a menudo, puede proporcionar una alternativa a los medicamentos y la cirugía». Cien años después de su comunión con la medicina, la osteopatía no puede evitar criticar a la medicina y compararse con ella como una práctica superior. Esta situación recuerda a la fábula de la rana y el escorpión. La rana vio al escorpión en peligro. El río estaba creciendo y el escorpión estaba atrapado. La rana se ofreció a llevar al escorpión a la otra orilla para ponerlo a salvo. Entonces, el escorpión preguntó «¿no te has dado cuenta que soy un escorpión?». La rana le dijo «claro, pero si te llevo al otro lado del río no me picarás porque si yo me hundo tú te ahogarás». El escorpión se subió a la rana y a mitad de camino el escorpión le picó a la rana. La rana miró al escorpión incrédula, «¿por qué lo has hecho? ahora moriremos los dos», y mientras se hundían en el río el escorpión respondió «no pude evitarlo, soy un escorpión». 37 La AOA siempre ha promovido la idea de que el tratamiento manipulativo osteopático es la mejor opción disponible de tratamiento aun sin ningún tipo de evidencia para poder afirmar tal cosa. El proselitismo de la osteopatía nunca ha estado supeditado a la verdad ni a la defensa de la salud pública o la evidencia científica. La AOA está al servicio de los osteópatas, y su única intención es la de la promoción de la osteopatía. A partir de la segunda mitad del siglo XX, la Asociación de Médicos Americana (AMA) fue abandonando poco a poco el ataque a la osteopatía. La osteopatía también disminuyó el nivel de beligerancia. Pese a mantener una postura más conciliadora, una resolución de la AOA de 1994 describía la osteopatía como «un sistema completo de atención médica y, como tal, mucho más holístico que la medicina en el sentido clásico». La presunción holística de los osteópatas significa en román paladino que ellos son los únicos que consideran a sus pacientes como individuos brindando atención integral y contemplando al ser humano como un todo. Así que todo ensalzamiento de la identidad osteopática implica una crítica poco disimulada a los modelos que no comparten la filosofía osteopática. En los años noventa en España la osteopatía se vendió como una opción superior en la que formarse los fisioterapeutas. Enunciando sus mantras, abordajes holísticos y búsquedas de la verdadera causa de los problemas de la salud se apoderó de la terapia manual. Todos los fisioterapeutas acabaron creyendo que la osteopatía era sinónimo de terapia manual. Las escuelas de osteopatía llenaron sus aulas de fisioterapeutas entusiasmados que querían adquirir habilidades en el manejo de pacientes en sus consultas privadas. Los fisioterapeutas recién emancipados de su labor hospitalaria supeditada, hasta ese momento, al médico rehabilitador, veían florecer un mercado de oportunidades. Corrían buenos tiempos para ganarse la vida con la fisioterapia. Pocos fisioterapeutas y una actividad nueva y en auge. España se fue llenando de 38 consultas privadas de fisioterapia y los ciudadanos aprendieron a pronunciar la palabra «fisioterapeuta». Los fisioterapeutas podían atender a pacientes como profesionales de primera intención, y esa responsabilidad tenía que asumirse mejorando las capacitaciones. La osteopatía ocupó esa necesidad. Tras años de formación los fisioterapeutas salían con una nueva identidad. Ya no se sentían fisioterapeutas, se sentían osteópatas. La osteopatía ahora ridiculizaba y menospreciaba a la fisioterapia. La fisioterapia era la hermana pequeña, más limitada, que los osteópatas reducían absurdamente a enchufar máquinas y a tratar partes del cuerpo sin contemplar a la persona que había detrás. El ofrecimiento de la osteopatía era una alternativa superior. Este comportamiento se denomina doctrina desviada, y la osteopatía lo ha difundido hasta la saciedad creando la ilusión de representar el conocimiento más confiable en su área. Detrás de este mensaje perverso hay fisioterapeutas que acabaron haciendo de altavoz, renegando de su profesión y asumiendo la identidad de otra, la osteopatía. El caso de la osteopatía en España ha sido mucho más erosivo para la fisioterapia de lo que fue la medicina en Estados Unidos. La osteopatía secuestró la fisioterapia durante décadas, y poco a poco fue eclipsando la actividad y la marca fisioterapia en detrimento de la marca osteopatía. La osteopatía copó las instituciones y llegaron a monopolizar todos los intereses hacia su marca. El 70 % de los fisioterapeutas estaban representados en el ámbito de la terapia manual, y la terapia manual era en exclusiva de los osteópatas. El secuestro era absoluto. El grueso de la difusión y de la formación para fisioterapeutas giraba alrededor de la osteopatía. Representantes de escuelas de osteopatía ocupaban los principales puestos de las instituciones políticas y representativas de la fisioterapia. En el año 2000 la revista Fisioterapia de la Asociación Española de Fisioterapeutas publicaba en su volumen 22 un monográfico dedicado en exclusiva a la osteopatía. En el editorial de ese número decía: 39 «En España y en otros países la hemos tomado desde la disciplina fisioterápica y con una carga lectiva de nivel de especialización de más de 1000 horas. Colocamos así al fisioterapeuta en un nivel altamente cualificado en osteopatía, como el único profesional capaz de ofrecer a la sociedad la garantía del trabajo responsable y eficaz en práctica osteopática. Las instituciones profesionales y académicas han sido sensibles a este hecho, y prueba de ello es que hoy día se realizan diversos postgrados con apoyo colegial y/o universitario. Y no solo eso, sino que la masa crítica ya generada se ha instalado y ha colocado su buen trabajo en todo el territorio nacional, identificándose fisioterapia y osteopatía como una unión que favorece a las dos disciplinas, y sobre todo ofrece a la sociedad un servicio inmejorable». Actualmente, la osteopatía es una tendencia a la baja dentro de la fisioterapia. Al igual que le pasó en Estados Unidos con la medicina, cada vez la practican menos miembros. Aun así, hay que reconocer que la osteopatía todavía es hegemónica en fisioterapia. Se calcula que entre un 20 y un 25 % de los fisioterapeutas activos están formados en osteopatía. Estos porcentajes no oficiales puestos en números representan aproximadamente a unos 10.000 fisioterapeutas-osteópatas en España, y esta es una realidad palpable. No es esperable que la osteopatía desaparezca a corto plazo, salvo que un decreto del Gobierno considere la osteopatía una pseudociencia y prohíba a los sanitarios ejercerla. Existe cierta ingratitud en el hecho de que los miembros de una comunidad asuman el rol de otra, y acaben criticando a su comunidad original renunciando a su identidad primera. Una especie de gramática de alteridad de englobamiento supremacista. Son los propios miembros arrepentidos quienes actúan como catalizadores en un acto de autofagia. Si una serpiente empieza a comerse a sí misma por la cola, ¿dónde está la serpiente? Esta es la llamada paradoja de la serpiente. Si la serpiente está dentro de su estómago y su estómago está dentro de ella, entonces, ¿dónde está la serpiente? Tenemos, entonces, una serpiente desubicada que no 40 sabe ni dónde está. Cuando la fisioterapia permitió que la osteopatía llegara a la cabeza y gobernara sus acciones, sencillamente abrió la boca y empezó a devorarse a sí misma. Paradójicamente, criticar a la osteopatía acabó percibiéndose como un ataque a la propia fisioterapia, con el agravante de irresponsabilidad e insolidaridad si esta crítica provenía de manera interna por un fisioterapeuta. 41 . 2. Historia 2.1. El fundador: Andrew Taylor Still No se puede entender el surgimiento de la osteopatía y al personaje que la fundó, Andrew Taylor Still (1828-1917), sin conocer el contexto histórico en el que ambas se desarrollaron: el siglo XIX en el Medio Oeste americano. Still creció en la época de la fiebre del oro, los llamados fortyniners, inmigrantes que llegaron a California en busca de oro en el año 1849, e imprimaron para siempre la idea romántica del sueño americano, lugar de nuevos comienzos y grandes oportunidades. Ese mismo año, un joven llamado Andrew Taylor Still se casaba con su primera esposa, Mary M. Vaughn, y nacía su primer hijo. Still tenía 21 años. En la América del siglo XIX abundaban los bandidos y forajidos. Veintiuno tenía también Henry McCarty, más conocido como Billy «el Niño», cuando le llegó su hora, en 1881. Un año más tarde, en 1882, le llegaría el turno al infame ladrón de bancos, trenes y diligencias, Jesse James. Una década más tarde, en 1892, el mismo año que se fundó la Escuela Americana de Osteopatía, fallecían en acto de servicio los hermanos Dalton mientras robaban un banco. Es también la época del Salvaje Oeste, la lucha de los indios y los vaqueros en la Conquista del Oeste que tantas veces ha idea43 lizado el género cinematográfico conocido como western. Una de las tribus más importantes que ocuparon las extensas llanuras del Medio Oeste fue la tribu de los Sioux. El famoso jefe de la tribu de los Sioux, «Caballo loco», fallecía en 1877 en los albores de la osteopatía, y unos años más tarde, en 1890, le llegaría el turno a Tatanka Iyotanka, más conocido como «Toro Sentado», el chamán de la tribu de los Sioux. Andrew Taylor Still fallecería en 1917, el mismo año que Buffalo Bill. La esclavitud aún era una práctica habitual y legal. Lo fue hasta 1865, aunque en los años posteriores algunos esclavos seguirían huyendo hacia el sur para cruzar la frontera de México. En los saloon se bebía más whisky del que se debía mientras las iglesias promovían la abstinencia. Vendedores ambulantes recorrían las ciudades en carromato, ya fuera vendiendo lociones crecepelo o aceite de serpiente. Mapa de los Estados Unidos de América el año que nació A. T. Still, en 1828, y la ruta que recorrió Still hacia el Oeste desde su nacimiento en Lee (Virginia) hasta su muerte en Kirksville (Missouri). 44 Still nace en una cabaña de madera, el 6 de agosto de 1828, en el seno de una familia metodista en el Estado de Virginia. Fue el tercero de nueve hermanos. La religión a través de su padre, Abram, tendrá gran influencia en él, tanto en su faceta de pastor metodista, como de médico y granjero. El joven Still le seguiría en todos sus pasos. La religión metodista era considerada la «Iglesia Baja», la denominada iglesia de los pobres a la que se adscribían granjeros, esclavos y en general trabajadores con pocos ingresos. Para la liturgia metodista la salvación es para todo aquel que la acepte. Como muchos otros pastores de la época, el Reverendo Still fue designado a predicar en distintas áreas geográficas. En las primeras décadas del siglo XIX, la iglesia metodista ordenó a sus ministros seguir la marcha de la conquista hacia el Oeste, haciendo a cada uno de ellos responsable de un área geográfica. Abram viajaba a menudo largas distancias a caballo, pasaba fuera de casa intervalos semanales, y en repetidas ocasiones se vio obligado a mudarse con su familia. En 1834 la familia Still se muda de Virginia a Tennessee. El pequeño Still tiene en ese momento seis años. Tres años más tarde, en 1837, la familia Still vuelve a trasladarse, esta vez al Estado de Missouri, donde Abram compra una granja. Conviene considerar la aventura que suponía estos desplazamientos en aquella época. Los Still tardaron siete semanas en recorrer los más de 700 km de distancia desde Tennessee a Missouri, con seis niños, el más pequeño de menos de un año, en dos carros y seis caballos. Los ingresos como pastor eran insuficientes para mantener a su familia, y Abram tiene que trabajar como médico itinerante a la vez que en la granja. Los estudios del pequeño Andrew se ven interrumpidos con las mudanzas, y su infancia transcurre entre trabajos de granja y leer los libros de medicina de su padre. En ocasiones, Andrew acompañaba a su padre en sus sermones. En esos encuentros religiosos se conversaba, se cantaba y se rezaba comunitariamente, a veces de manera muy entusiasta. El «aviva45 miento» se acompañaba en ocasiones de movimientos compulsivos, sacudidas, bailes, caídas, revuelcos por el suelo e incluso ladridos. Andrew cultivó en ese ambiente su devoción por Dios, al que se referiría más tarde como «El Arquitecto». En 1849 Andrew Taylor Still se casa con su primera esposa, Mary Margaret Vaughan. Él tiene veintiún años y ella unos dieciséis en ese momento. Still aprende entonces, de su padre, el oficio de médico, de manera informal, durante dos años. En 1851, el padre de Still recibe otro emplazamiento, esta vez en el territorio de Arkansas como misionero de los indios Shawnee. Andrew y su esposa Mary Margaret permanecen en Missouri, pero dos años después, en 1853, se ven obligados a abandonar Missouri tras inundarse la cosecha, y se marchan a Arkansas con su padre, el reverendo Abram. Still tiene ya veinticinco años y dos hijos cuando llega a la reserva india. Allí, un joven Still empieza arando la tierra y acompañando a su padre asistiendo como médico a los indios Shawnee. Dos años más tarde, en 1855 empieza su formación como magnetista. Entre 1855 y 1877 realiza también estudios de mecánica y maquinaria. La salud de Mary Margaret es débil y se pasa enferma la mayor parte de su matrimonio. Fallece en 1859, tras diez años de matrimonio, por complicaciones de un parto. Para entonces ya habían fallecido dos de sus cinco hijos. Still enviuda con tres niños. Al año siguiente, en 1860, se casa con su segunda esposa, Mary Elvira Turner, con la que tuvo otros cinco hijos más. Still ya había aprendido medicina bajo la dirección de su padre, pero se mostró insatisfecho, autodidacta y abierto a considerar otras terapéuticas. Por entonces ya manipulaba a los indios para curarlos de erisipela, fiebre, neumonía o cólera. Leía textos médicos y no médicos, y desarrolló una macabra afición por profanar las tumbas de los indios Shawnee exhumando sus cadáveres para observar los huesos con detenimiento. Realizaba incursiones nocturnas ocasionales en los cementerios indios, y aunque reco46 noció que su conciencia estaba preocupada por esto, «al menos los sujetos nunca se opusieron ni se declararon objetores para el desarrollo de la ciencia». «Indio tras indio fue exhumado y disecado, y aún no estaba satisfecho. Mil experimentos se hicieron con huesos, hasta que me familiaricé bastante con la estructura ósea. Podría haber avanzado antes en osteopatía si nuestra Guerra Civil no hubiera interferido con el progreso». La década de 1860 traería a Still una gran desgracia. En 1861 estalla la Guerra de Secesión en Estados Unidos. Los confederados esclavistas contra los unionistas abolicionistas, el Norte contra el Sur. Una Guerra Civil en la que se jugaba el futuro de la esclavitud. Still se alista en el bando de los abolicionistas, un posicionamiento en el que influyó, sin duda, la figura de su padre y el metodismo religioso. Hasta 1864 Still estuvo en el frente en calidad de cirujano militar. La guerra no acabaría hasta 1865, pero Still vuelve a casa a principios de 1864 cuando cuatro de sus hijos fallecen repentinamente, tres en un brote de meningitis y el cuarto de neumonía. La experiencia de perder a sus hijos, pese a recibir atención médica, desencadena en Still una desafección por la medicina. Este acontecimiento doloroso es presentado siempre como el detonante que lanzó a Still en la búsqueda de un sistema médico alternativo y el descubrimiento de la osteopatía. Sin duda, marcó su rechazo contra la medicina, sin embargo, conviene recordar que Still en ese momento ya dominaba el arte de los bonesetter y de los magnetistas, y su práctica se parecía más a la de estos que a la de un médico ortodoxo. Supuestamente, en esta época, Still asistió a la facultad de medicina en Kansas City. Décadas más tarde Still declaró haber formalizado sus estudios de médico antes de la Guerra Civil, y algo más tarde cuando se le volvió a insistir en este asunto dijo que lo había hecho justo después de la guerra, entre 1865 y 1866, solo que nunca recogió el diploma. Lo cierto es que la primera escuela 47 de medicina documentada en Kansas City no abrió sus puertas hasta 1869, y no se han encontrado en los registros la presencia de Andrew Taylor Still entre sus alumnos, por lo que lo más probable es que Still mintiera y no exista motivo alguno para referirse a él como el «Dr. Still». En 1867 fallece Abram, el padre de Still, de neumonía a la edad de 71 años. Still tiene entonces 39 años. Ese mismo año Still comienza a estudiar espiritismo. La relación de Still con su padre era muy cercana y le marcó profundamente. La posibilidad de comunicarse con él siendo una persona religiosa era una idea muy seductora para Still. En 1874 se publica una carta de Still en un periódico espiritista regional. En ese momento Still se publicitaba como «Magnetic Healer», es decir, sanador magnetista. Ese mismo año Still es oficialmente expulsado de la Iglesia Metodista, acusado de tratar de emular a Jesucristo por sus «imposiciones de manos», y es señalado como aliado del diablo. Condenado al ostracismo social y profesional, arruinado económicamente, Still se ve obligado a abandonar Kansas tras 22 años viviendo allí. Still tiene en este momento 46 años y aún no ha inventado la osteopatía, de hecho, ese término no sería utilizado hasta 1890, cuando Still cumplía 62 años, sin embargo, en sus escritos Still referencia el origen de la osteopatía en el año 1874. Con mucha prosa, Still relata su epifanía como una visión profética que le fue revelada como un disparo «no en el corazón, sino en la cúpula de la razón… como una explosión solar, toda la verdad cayó en mi mente». Este, en realidad, no es más que el año en el que Still deja atrás una etapa de su vida donde fracasó estrepitosamente, siendo objeto de burlas y señalado como curandero, y tuvo que probar suerte en otra ciudad. El destino elegido sería Kirksville (Missouri). La familia Still se traslada a Kirksville definitivamente. Allí Still alcanzará el reconocimiento y el éxito profesional. Como buen gurú, Still no solo relata su epifanía, también su paciente 48 cero, el primer paciente tratado supuestamente con osteopatía. Nada más llegar a Kirksville Still relata que vio a una mujer con tres hijos por la calle, y se percató que uno de ellos tenía disentería hemorrágica porque el niño iba perdiendo sangre. Empezó a seguirles y se ofreció para ayudarla a llevar al niño hasta su casa. Lo que ocurrió después es descrito pintorescamente por Still: «Lo levanté y puse mi mano en la parte baja de su espalda. Lo encontré caliente, mientras que el abdomen estaba frío. El cuello y la parte posterior de la cabeza también estaban muy calientes, y la cara y la nariz muy frías. Esto me puso a razonar, porque hasta ese momento lo más que sabía de la disentería era que era fatal en muchos casos […] Comenzando en la base del cerebro del niño, encontré lugares rígidos y sueltos en los músculos y ligamentos de toda la columna vertebral, mientras que la porción lumbar estaba muy congestionada y rígida. Podría haber una tensión o una dislocación parcial de los huesos de la columna vertebral o las costillas, y que por presión estuviera empujando algo de calor a los lugares fríos, y al tratarlo, solo ajusté los huesos y liberé el nervio y el suministro de sangre a las entrañas». La historia posee todas los elementos típicos del nacimiento de una leyenda de culto: la desgracia, la revelación y la cura milagrosa, pero resulta difícil aceptarla y darla por buena. Aun tomando por cierta la historia a pies juntillas, lo cierto es que el razonamiento del frío y el calor eran elementos aún vigentes en la medicina heroica, herencia de la teoría de los humores, obviamente desacreditada, y no un aporte original de la osteopatía. Analizado bajo la lente del siglo XXI, por un lado resulta ingenuo pretender que una manipulación vertebral pueda curar una enfermedad como la disentería y, por otro lado, asumir que si el niño se recuperó fue gracias a su intervención, dado que no todos los pacientes con disentería fallecían. La auténtica revelación divina de Still fue que la causa de cada enfermedad se debía a interferencias con el suministro de sangre o la función nerviosa, siempre causada por un desplazamiento de algún hue49 so fuera de su sitio. Esa es la verdadera propuesta original de la osteopatía como origen y causa de todas las enfermedades. El mismo año que Still llega a Kirksville, el Estado de Missouri aprueba una ley que obligaba a todos los médicos residentes a acreditar su formación para obtener la licencia y poder ejercer. Still acabaría siendo acusado de practicar la medicina ilegalmente. El juicio se celebró en 1899, y tuvo gran repercusión porque la figura de Still se había hecho célebre en Kirksville. Still declaró ante el Tribunal que se había graduado en una escuela de medicina y cirugía de Kansas City en 1865 y 1866, pero había perdido su diploma, y durante la Guerra Civil la escuela había sido incendiada, por lo que no pudo obtener un duplicado para obtener una licencia. Still salió finalmente absuelto y consiguió su licencia. Resulta poco convincente que Still dijera la verdad sobre sus estudios de medicina teniendo en cuenta la tragedia de la muerte de sus hijos a la vuelta de la Guerra de Secesión, y la renegación por la medicina en 1864. Este episodio puede parecer poco relevante, pero en realidad no lo es porque la base de la reivindicación de la osteopatía como parte de la medicina en Estados Unidos, y la consideración de sus títulos como equiparables a los de los médicos, radica originalmente en el argumento de que Still también lo era. A pesar de que Still escribiera en su autobiografía que el origen de la osteopatía se fechaba en 1874, lo cierto es que en aquella época la osteopatía aún no existía ni se la esperaba. Entre 1876 y 1877 Still no pudo trabajar mucho. Sufrió una grave infección por fiebre tifoidea que le mantuvo una larga temporada sin ingresos. La familia Still atravesó serios problemas económicos para poder subsistir. Los años siguientes Still trabajó como médico itinerante desplazándose por los pueblos para atraer nuevos pacientes. Still cumplía entonces los 50 años. En esta época, Still se hace llamar «The Lightning Bonesetter», que podríamos traducir como «el huesero alucinante», un título más propio de un curandero 50 que de un médico respetable. Este título aparecería en sus tarjetas de presentación hasta 1890. Still a menudo trabajaba gratis con la esperanza de llamar la atención sobre su práctica médica. La presencia de un hombre que asegurase curar las enfermedades con sus manos en vez de con medicamentos atraía a algunas personas y provocaba rechazo en muchas otras. A principios de la década de 1880 «el huesero alucinante» llegaba a los pueblos como un vulgar vendedor de crecepelo y aceite de serpiente, repartía panfletos y realizaba exhibiciones como un charlatán en plazas públicas, crujiendo los huesos a los incautos sobre algún vagón o carreta de bueyes. Saturaba sus discursos con palabras que invocaban a Dios y a la Naturaleza, adornadas con metáforas y parábolas desconcertantes. Su aspecto desaliñado con la camisa arrugada, el sombrero holgado y los pantalones metidos en sus botas de cualquier manera no ayudaba demasiado. Muchos en Kirksville lo veían como un genio excéntrico, y otros como un viejo trastornado. A veces podían verle por la calle portando un largo bastón de madera en una mano y un saco de huesos sobre el hombro. Durante la década de 1880 la popularidad de Still va en aumento. En 1885 acuña el término «osteopatía». Still tiene en ese momento 57 años. Para 1886 el trabajo es tan abundante que deja de desplazarse de manera itinerante, abre su propia consulta y emplea a sus hijos en el negocio. Los pacientes empiezan a venir de lugares lejanos para ser atendidos por «el huesero alucinante», y la afluencia fue tal que la empresa de ferrocarriles tuvo que aumentar el número de trenes a Kirksville. En 1892 Still funda la American School of Osteopathy en Kirksville, la primera escuela de osteopatía en el mundo, con apenas un puñado de estudiantes, la mitad de ellos eran sus hijos y la otra mitad mujeres. A diferencia de muchas escuelas de medicina de la época, Still permitió que tanto mujeres como afroamericanos se inscribieran en su escuela. Los alumnos llamaban a Still cari51 ñosamente «el viejo doctor». Still tenía ya 64 años. Unos meses antes de que comenzaran las clases, Still tuvo la suerte de conocer al Dr. William Smith, un médico escocés de treinta años que estaba en Kirksville por negocios. Smith aceptó la oferta de Still de enseñarle todo lo que sabía a cambio de que el joven médico sirviera como instructor de anatomía en la escuela. Cada mañana durante cuatro meses, los alumnos recibieron las clases de anatomía con Smith y por las tardes con Still. Acostumbrado a la prosa adornada y el lenguaje metafórico con explicaciones alegóricas, Still ejercía como gurú tratando pacientes y explicando lo que hacía. Ahí Still se sentía más cómodo, eso ya lo había hecho antes como vendedor ambulante. Smith ofrecía la rigurosidad académica y Still la ambigüedad filosófica. Por testimonios de algunos alumnos sabemos que a menudo Still entraba en trance durante las clases y hablaba en la lengua de los indios Shawnee. Tenía un desarrollado sentido del espectáculo, pero la pedagogía osteopática no fue desarrollada por él. Still no sistematizó los contenidos formativos ni brindó un enfoque organizado de sus ideas, y ni siquiera dio una definición clara de lo que debía constituir la osteopatía. En su lugar, Still dejó abierto su legado para que fuera ampliado por sus discípulos, pero respetando sus enseñanzas. Los casos de curación de la gente que peregrinaba a Kirksville iban desde recuperar la vista hasta curar el asma, la sordera, el cáncer de mama o incluso la locura. Uno de los hijos de Still recordaba así a una paciente: «Recuerdo un caso interesante. La señora había estado en el manicomio durante varios años. Parecía que había perdido la cabeza de repente mientras tocaba el piano. El padre examinó su cuello y encontró una lesión del atlas. En menos tiempo de lo que he tardado en contarlo, la niña fue tan racional como siempre. Por extraño que parezca, lo primero que dijo fue «¿dónde está mi piano y mi música?». Estaba ansiosa por terminar la pieza que había comenzado a tocar tres años antes». 52 Curar la locura son pretensiones muy grandes para una terapia manual. Still deslizaba los dedos por la columna vertebral, y detectaba las lesiones donde los nervios estaban alterados por la presencia de un frío o calor anormal en ese punto. Cuando los pacientes no mejoraban como esperaba Still, arremetía contra la medicina y culpaba a los tratamientos médicos recibidos anteriormente. Mientras estaban en tratamiento con él, Still no permitía que los pacientes tomaran alcohol ni medicamentos. «¿Acaso Dios se emborracha alguna vez? ¿Está la naturaleza intoxicada alguna vez?». Still publicó cuatro libros: Autobiography (1897), Philosophy of Osteopathy (1899), Philosophy and Mechanical Principles of Osteopathy (1902) y Research and Practice of Osteopathy (1910), todos ellos con bastante liturgia y pompa. Así hablaba de sí mismo en su autobiografía: «Puede ser que todas las masas no sean Galileos, Washingtons, ni Lincolns, pero de vez en cuando un Fulton, un Clay, un Grant, un Edison surge, o alguna mente desencadenada se mueve contra la tradición, con infalible filosofía». Still compara la osteopatía con la máquina de vapor de Fulton, la máquina de coser de Howe, la telegrafía de Morse o la bombilla de Edison, y no le temblaba el pulso al compararse con los presidentes de Estados Unidos George Washington y Abraham Lincoln al estudiar las libertades de América. En 1910 fallece su segunda esposa, Mary Elvira, tras 50 años de matrimonio. Cuatro años más tarde Still sufre un ictus grave del que nunca se recuperó, y perdió la capacidad de hablar. Murió tres años más tarde, en 1917, a los 89 años de edad. Still pasó toda su vida buscando reconocimiento siendo un paria social. La iglesia metodista le expulsó, condenó su práctica y le acusó de ser el demonio encarnado. Los médicos locales le injuriaron y en las escuelas de medicina le vetaron. Su propia familia le puso en duda y algunos de sus hermanos le abandonaron. Para muchos de 53 sus vecinos era un loco o un charlatán, y estuvo condenado al ostracismo por muchos de sus conocidos. El reconocimiento no le llegó hasta pasados los sesenta años de edad. En su autobiografía, Still afirma que la revelación de la osteopatía llegó a él en un solo momento de inspiración, y que ningún otro sistema de creencias o práctica contemporánea influyó significativamente en él, pero eso sencillamente no es cierto. 54 2.2. Las Influencias: Mesmerismo, Espiritismo y Bonesetters La biografía de Still y los orígenes de la osteopatía se han escrito y difundido en infinidad de ocasiones. Andrew Taylor Still sigue siendo fuente de veneración y admiración. Cientos de páginas web, libros y textos vinculados a la osteopatía ensalzan la figura del fundador como la de un visionario, un genio, un innovador, una mente preclara, inquieta, alguien adelantado a su época que descubrió una nueva forma de curación, el auténtico origen de las enfermedades, sin embargo, no se puede entender el surgimiento de la osteopatía sin su contexto y sus influencias. El arte de la curación de la osteopatía no es tan original ni tan visionaria como los osteópatas se empeñan en repetir. A decir verdad, la osteopatía es una amalgama de pensamientos preexistentes que se desarrollaron junto a otras propuestas en una época donde solo podían florecer. La filosofía de Still es el fruto de algunas de las influencias sociales y filosóficas más importantes de su época, como el estructuralismo de Herbert Spencer, el estudio de la célula de Rudolf Virchov, el chamanismo de los indios Shawnee, el magnetismo de Franz Mesmer a través del magnetista Paul Caster, el espiritismo de Andrew Jackson, la vitapatía de Campbell, las manipulaciones de los bonesetter, la espiritualidad de la religión metodista o el misticismo de Emanuel Swedenborg. Resulta francamente difícil encontrar alguna propuesta terapéutica atribuida clásicamente a Still que pueda considerarse verdaderamente original y suya. Prácticamente todas existían ya antes, a excepción de la palabra «osteopatía», que si bien Still necesitó para darle un empaque a su propuesta, no es que fuera una elección muy brillante. A menudo, el término «osteopatía» era una desventaja. Un buen número de pacientes interpretaban que los osteópatas creían que todas las dolencias se debían a huesos enfermos o que solo trataban fractu55 ras y luxaciones. Algunos de los estudiantes de Still reconocieron el problema y le suplicaron que cambiara el nombre. Still se mantuvo firme: «No me importa lo que digan los eruditos griegos… quiero llamar a mi niño osteopatía». En realidad el nombre «osteopatía» tampoco se libra de otras influencias. Resulta evidente que Still copió el sufijo de otras alternativas terapéuticas como la naturopatía, la homeopatía o la vitapatía. Espiritismo En los precedentes del espiritismo resuena con propiedad el nombre de Emanuel Swedenborg, un teólogo, filósofo y científico sueco del siglo XVIII cuyos textos inspiraron a Still, pero sobre todo a William Sutherland, el creador de la osteopatía craneal, aunque el verdadero origen del espiritismo, entendido como la creencia en espíritus inmortales y su presencia entre nosotros, que solo son capaces de percibir algunas personas llamadas mediums, se sitúa en Estados Unidos, no muy lejos en espacio y tiempo de Andrew Taylor Still. En 1848 Still tenía exactamente veinte años. Ese año, en Hydesville (Nueva York), a unos 1000 kilómetros de distancia nacía el espiritismo. La existencia de espíritus es una de las creencias populares más ancestrales de la humanidad. La habilidad democrática de poder comunicarse con los seres queridos fallecidos no tanto. Ese don se lo debemos a dos niñas de seis y ocho años, Kate y Maggie Fox, que un día quisieron gastar una broma a su madre. En la casa de los Fox se empezaron a escuchar golpes y su madre llegó a la conclusión de que eran espíritus. Pensó que la mejor manera de confirmarlo era preguntárselo directamente a ellos: tres golpes eran «sí», y un golpe era «no». La broma empezó a alargarse y el hogar de los Fox empezó a ser frecuentado por curiosos. La familia Fox no tardó en explotarlo como negocio cobrando la entrada a su casa para escuchar los ruidos de ultratumba. Al poco tiempo se trasladaron a un salón de actos con aforo 56 para cuatrocientas personas. Los Fox hicieron fortuna. Llegaron a actuar en La Casa Blanca y ante la reina Victoria en Londres. Tras la Guerra de Secesión la mayoría de las personas había perdido a algún ser querido, y resultó muy tentador y agradable creer que podían volver a hablar con ellos, al menos para despedirse. Aun sin tener en cuenta la guerra, el índice de mortalidad infantil era muy elevado en aquella época. Still vio morir a la mitad de sus hijos, según las cronológicas. Los mediums proliferaron por todo el país. Treinta años después de que se iniciara la broma, en 1888, Maggie Fox reconoció en público que había sido todo un fraude. Sin embargo, el espiritismo no se resintió. Para finales del siglo XIX había ocho millones de adeptos al espiritismo en Estados Unidos y cientos de mediums proclamando hablar con los muertos. Lejos de ser una creencia del pasado superada en el siglo XXI, más del 40 % de los norteamericanos cree actualmente en la existencia de espíritus. Probablemente, el medium más conocido en la época de Still, el llamado padre del espiritismo estadounidense, fue Andrew Jackson Davis. Davis escribió numerosos libros, incluida la serie de varios volúmenes titulada The Great Harmonia, que se publicó en 1850. El primer volumen de su obra se tituló The Physician, es decir, «el médico». Por la época que fue publicado, y teniendo en cuenta la afición de Still al espiritismo, es razonable pensar que Still lo leyese. Además, Davis expresa ahí una serie de ideas que resultan familiares a los osteópatas. De Andrew a Andrew se hace difícil diferenciar a un autor de otro en ciertos aspectos: 1. La visión de la Naturaleza como una máquina poderosa, magnífica y omnipotente. 2. La concepción de la enfermedad como una perturbación en la circulación del principio espiritual. 3. La acusación a la medicina de equivocada en el manejo de los pacientes por tratar los síntomas y no las causas de las enfermedades. 57 4. La postura contraria a los fármacos: «Estoy impresionado de que la medicina nunca haya curado un trastorno en el cuerpo humano», dijo Davis. 5. El magnetismo. Los dos Andrews emplearon el magnetismo para restablecer la armonía. El sanador magnético o magnetista más famoso antes de la Guerra Civil fue, de hecho, Andrew Jackson Davis. La atracción de Still por la curación magnética estaba ligada a sus creencias religiosas. En su etapa de magnetista absorbió el vitalismo del que más tarde bañaría la osteopatía. Toda la espiritualidad de Still estaba inherentemente expresada en la osteopatía. Expulsado de la Iglesia Metodista, Still se convirtió y abrazó el espiritismo, una filiación y creencia que ya nunca abandonaría. Se anunció en periódicos espiritistas y acudió a reuniones de asociaciones espiritistas. En 1903 asistió a una convención espiritista en Iowa, en la que tendría un célebre encuentro con David Palmer, el fundador de la quiropráctica, a la edad de 75 años. Mesmerismo El mesmerismo fue la gran estafa del siglo XVIII, de la que emanaron muchas otras creencias terapéuticas y espirituales pseudocientíficas. El médico alemán Franz Mesmer postulaba la existencia de una energía universal presente en todos los objetos animados e inanimados que podía ser transferida. Una teoría vitalista que pasaría a la historia como el «magnetismo animal», y se definía como un fluido natural por el que la vida se originaba y con el cual se preservaba. El término «animal» hacía referencia a ánima (alma), aunque caricaturas de la época ridiculizaban a Mesmer representándole como un burro o cualquier otro animal. Por otro lado, en sus orígenes, Mesmer empleó el término «gravitación animal», ya que era la gravedad celestial la que afectaba al fluido invisible del cuerpo, como lo hacía con la marea. Ese flujo y reflujo podía desequilibrar el espíritu y causar desórdenes men58 tales. El magnetismo del alma unificaba el mundo natural con el mundo espiritual. Mesmer siguió la recomendación del sacerdote jesuita Maximilian Hell, quien propuso utilizar imanes sobre sus pacientes para tratar la enfermedad. Así que Mesmer comenzó a utilizar los imanes sobre el cuerpo y adoptó el término «magnetismo animal». Poco después, Mesmer se enfadó con el padre Hell (debe ser el colmo de un sacerdote apellidarse infierno) y abandonó el uso de los imanes, ya que era quien se los proveía. El jesuita acabó reclamándole por el éxito de su cura, pero Mesmer conservó el término. En adelante utilizaría sus propias manos para transferir el magnetismo. Utilizando su propio magnetismo animal a su antojo, Mesmer pasó de postular una energía externa relacionada con la fuerza gravitacional de los planetas a referirse a una fuerza interna. Mesmer sostenía que podía concentrar el poder y liberarlo en cualquier sustancia que quisiera. El siguiente paso fue magnetizar el agua. Estableció su clínica en un lujoso hotel en el que sus pacientes podían sumergirse en baños de «agua magnetizada». Mesmer inventó «la bañera», un recipiente de madera lleno de agua magnetizada y varillas de metal que tenían un imán en su base. Los pacientes cogían las varillas y las restregaban contra las partes del cuerpo afectadas. Eran tratamientos grupales donde algunos pacientes se mareaban, se agitaban y hasta convulsionaban. La puesta en escena de la terapéutica de Mesmer incluía incienso, música en directo, iluminación tenue, espejos que reflejaban la escena, los pacientes se cogían de los pulgares y Mesmer se paseaba a su alrededor vestido con una túnica de seda y realizando movimientos con sus manos. Cuando algunos pacientes caían en trance empezaban a balbucear, a gritar y a desmayarse. Para atender a los más desfavorecidos, que no disponían de recursos económicos, Mesmer realizó un acto de altruismo desmedido anunciando que había magnetizado algunos árboles y los pobres podrían beneficiarse del tratamiento milagroso abrazando sus troncos. 59 En 1784, diez años después de que Mesmer afirmara por primera vez sentir el fluido universal del magnetismo animal, el rey de Francia, Luis XVI, ordenó una comisión para evaluar el mesmerismo. Mesmer había alcanzado gran fama. La propia reina, María Antonieta, era paciente de Mesmer. El Gobierno francés dirigió una comisión científica compuesta por personajes tan célebres como el químico Antoine Lavoisier, el político Benjamin Franklin, el que aparece aun en los billetes de cien dólares, y el médico Joseph-Ignace Guillotin, inventor de la guillotina, en la que irónicamente perdería la cabeza Lavoisier otros diez años después, en 1794, en plena Revolución Francesa, junto a los reyes Luis XVI y María Antonieta. Ya en los prolegómenos de la Revolución Francesa el mesmerismo tomó un cariz político. El rechazo repetido de la Academia Francesa de Ciencias y la Royal Society of Medicine posicionó a Mesmer en la reivindicación de la libertad de elección. Mesmer argumentó que la libertad era tan necesaria para la felicidad como para la salud. La República debía basarse en la soberanía de los ciudadanos, no en un sistema monárquico y feudal. El argumento de la libertad de elección es atemporal, y sigue siendo habitual entre los defensores de las pseudoterapias. El informe concluyó que la práctica del mesmerismo era por completo una filfa, y los resultados se debían únicamente a la sugestión. La existencia de un fluido magnético inconmensurable era, por definición, imposible de probar. El comité de científicos analizó el agua magnetizada, indistinguible de cualquier otra agua, invisible, insípida e inodora. Los estados de trance se producían también con agua no magnetizada cuando los pacientes creían que sí lo era. A pesar de haber sido desacreditado a finales del siglo XVIII, el mesmerismo tuvo influencia durante bien entrado el siglo XIX, llegando a la época de Still. El mesmerismo se considera también el precursor del hipnotismo. Los mesmerizados sufrían cuadros 60 de sonambulismo lúcido donde se manifestaban los espíritus que les acompañaban y con los que se comunicaban. Este aspecto del magnetismo era más bien una mezcla entre espiritismo e hipnotismo. El legado pseudocientífico de Mesmer ha inspirado a su vez otras terapias alternativas como el biomagnetismo, la magnetoterapia, la arboterapia, la kinesiología holística, el par biomagnético, la quiropráctica o la osteopatía. A pesar de que el informe que desacreditó el mesmerismo cumple ya 250 años, todavía podemos ver a personas abrazando árboles o sugestionadas por televisión creyendo ser gallinas. El magnetismo animal era un fluido que desempeñaba un papel de agente terapéutico dentro de un modelo bioenergético entremezclado con espiritualismo pseudoreligioso. Los sanadores magnéticos fueron un fenómeno social en el corazón de Estados Unidos derivado del mesmerismo. A finales de la década de 1860 había tres sanadores magnéticos notables en esta región: Paul Caster, Andrew Taylor Still, fundador de la osteopatía, y Daniel David Palmer, fundador de la quiropráctica, en un momento donde ambas disciplinas estaban aún cocinándose. Still fue uno de los pacientes del sanador magnético Paul Caster, quien le aconsejó a Still que se hiciera sanador magnético, y poco después comenzó a tratar a los pacientes de acuerdo a este sistema. Cuando Still llegó a Kirksville en 1875 fue a ver a Caster, a unos cien kilómetros al norte de Kirksville, en la siguiente ciudad de tamaño medio, en Ottumwa (Iowa), donde residía el sanador magnético más famoso del Medio Oeste. Caster llegó allí en 1869 y dos años después, en 1871, debido a la demanda de sus servicios, construyó un «hotel magnético» con 98 habitaciones para atender a sus clientes. Cuando Still vio el éxito de Caster como sanador magnético recobró las esperanzas en lo que podía lograr. Poco después colocó un anuncio en el periódico local que decía: «Andrew Taylor Still, Sanador Magnético». 61 Durante los años siguientes, Still continúa con la práctica de la curación magnética, pero comienza a explorar el arte curativo de la colocación de los huesos mediante la manipulación. De 1874 a 1883 Still se va adentrando en el mundo de los bonesetters, influencia directa de los magnetistas. Muchos sanadores magnéticos utilizaron también las manipulaciones. El libro Vital Magnetism, the Life-Fountain del magnetista Edwin Dwight Babbitt, publicado en 1874, el supuesto año del alumbramiento osteopático, hablaba ya de la manipulación espinal como remedio para todo tipo de afecciones, desde las convulsiones o la apoplejía hasta la insolación. A pesar de que Still negara el vínculo de la osteopatía con el magnetismo, resulta evidente que no estaba inventando nada en realidad. Still abrazó algunas corrientes provenientes del mesmerismo, como el espiritismo o el vitalismo, e impregnó la osteopatía con algunas ideas derivadas de los magnetistas, las más destacables: 1. El flujo de «fluidos» sin obstrucciones para curar las enfermedades (vitalismo). 2. La metáfora del hombre como una máquina divinamente ordenada (mecanicismo). 3. La salud como la interacción armoniosa de todas las partes del cuerpo (holismo). Bonesetters La figura del bonesetter ha estado presente en el folklore tradicional de muchas culturas mucho antes que se fundara la osteopatía. Existe evidencia considerable de que muchos cultos y rituales tribales ancestrales trataban las enfermedades haciendo crujir las articulaciones de manera ceremonial. Las enfermedades eran entendidas como posesiones demoníacas, y en los rituales se recitaban cánticos y oraciones. Las manipulaciones se empleaban para expulsar a los espíritus malignos, y el ruido de las articulaciones al ser manipuladas representaban su expulsión del cuerpo. 62 En España se les conocía como ensalmadores, por los salmos que recitaban. Los huesos eran «ensalmados» cuando se colocaban en su sitio. En la Edad Media los ensalmadores alcanzaron el grado máximo de reconocimiento, concretamente en la etapa de los Reyes Católicos. En 1477 emitieron una cédula de reconocimiento oficial como profesión a los ensalmadores, aunque la alegría les duró poco. En 1500 la ordenanza para barberos dejó fuera a ensalmadores, brujas, hechiceros, astrólogos y nigromantes, y fueron perseguidos y juzgados por el tribunal de la Santa Inquisición. La influencia psicológica de percibir que los huesos se colocan de nuevo en su sitio ha sido un factor muy potente para mantener esta práctica históricamente como tratamiento de muchas dolencias. Los bonesetter, ensalmadores, componedores o también llamados hueseros han existido en la mayoría de culturas de todos los tiempos. Los indios americanos, con quienes Still convivió, también han practicado una forma de manipulación espinal durante siglos. En cada ciudad de los Estados Unidos había curanderos que reclamaban poderes mágicos y misteriosos para curar enfermedades, recolocar huesos y aliviar el dolor mediante la imposición de manos. En la actualidad, las manipulaciones como parte del arsenal terapéutico de curanderos siguen presentes en su versión más primitiva. Las técnicas manipulativas también son practicadas por fisioterapeutas, osteópatas, quiroprácticos y médicos especialistas en medicina manual, y la principal diferencia entre ellos es el razonamiento que subyace a esas manipulaciones. En la Inglaterra del siglo XVII los bonesetter eran principalmente mujeres, normalmente campesinas con una sensibilidad especial, que tenían el don de recolocar los huesos. Una de las más célebres fue Sally Mapp, a la que apodaban «la loca Sally». Ese don no se adquiría, se nacía con él, es más, se heredaba. Hay registros de familias de bonesetters que perduraron de generación en generación más de doscientos años. Estirpes familiares heredaban el negocio. Solía decirse que para ser un huesero exitoso debías 63 ser el séptimo hijo de un séptimo hijo. Still ni siquiera cumplía la superstición, ya que fue el tercero de nueve hermanos. En algunas culturas son los bebés nacidos de nalgas quienes pueden tener el don. Still, sin embargo, decidió abandonar esa tradición que transfería al negocio un carácter protector para construir una escuela. La osteopatía debía ser algo que pudiera enseñarse, no un don divino. Esta idea de negocio la copiaría poco más tarde D. David Palmer al fundar la quiropráctica. Al ampliar el tablero de juego Still no se limitó a tratar huesos rotos o dislocados como hacían los bonesetter. La propuesta lo abarcaba todo. Cuando Still llegó a Kirksville en 1875 se publicitó como «The Lightning Bonesetter» («El huesero alucinante») aunque todavía realizaba tratamientos de magnetista. Los comienzos allí tampoco fueron fáciles. A menudo ofrecía sus servicios gratis con la esperanza de llamar la atención sobre su práctica. En una de las primeras tarjetas de presentación, Still aseguraba tratar «el dolor de cabeza, las enfermedades cardíacas, la parálisis facial y de los brazos, el lumbago, la ciática, el reumatismo y las venas varicosas». Para principios de la década de 1880, Still fue abandonando los roces magnéticos y centrándose más en las manipulaciones de los bonesetters. Estamos en los prolegómenos de la fundación de la osteopatía. Aunque el término osteopatía surge en 1885, Still siguió publicitándose como «el huesero alucinante» hasta 1890. El trabajo de los bonesetter consistía básicamente en reducir fracturas y luxaciones, aunque siempre se atribuyeron ciertos malestares a huesos fuera de su sitio que en realidad no lo estaban. Para Still, los cirujanos siempre fueron los médicos más respetables de todas las especialidades, y no era algo casual. La relación de los cirujanos con los bonesetter era muy cercana. Cuando los cirujanos fueron considerados una especialidad de la medicina muchos bonesetter vieron la oportunidad de regularse y se hicieron médicos. Los bonesetter empezaron a ampliar su formación como médicos. Se familiarizaron y desarrollaron instrumentos quirúrgicos y métodos de 64 intervención bajo anestesia para tratar esas fracturas y luxaciones. El origen de la cirugía ortopédica traumatológica que hoy conocemos hunde sus raíces en los hueseros, bonesetter o ensalmadores. Still fusionó elementos de los principios de la sanación magnética con los bonesetter en una sola doctrina. Las enfermedades se debían a la obstrucción o desequilibrio de los fluidos, como sostenían los magnetistas, pero esto sucedía por huesos fuera de su sitio, especialmente de la columna vertebral, que interferían con la inervación de nervios que regulaban el flujo sanguíneo. Existen documentos de bonesetters previos a Still que hablaban de interrupción del flujo sanguíneo y nervioso relacionado con las enfermedades y las manipulaciones. Así que técnicamente Still ni siquiera mezcló eso. No parece haber ningún motivo para afirmar que el personaje de Andrew Taylor Still fuese un visionario ni un genio, dado que no hay nada en su discurso verdaderamente original. Vitapatía Como corolario de las influencias osteopáticas podríamos llamar al estrado a la vitapatía, acusada de inspirar a Andrew Taylor Still en el nacimiento de la osteopatía. Como muchas otras propuestas de medicina popular de la época, la vitapatía no llegó a germinar. Esta práctica de curanderismo murió en el intento, pero tuvo su momento, su público y sus seguidores. Se definía como «un sistema científico y religioso de vida y salud para el cuerpo y el alma», inventada por John Bunyan Campbell, un pastor predicador inglés del siglo XVII que pasó doce años encarcelado por hereje según la ley de convento de la época. La vitapatía aspiraba no solo a curar y prevenir enfermedades, también a prolongar la vida indefinidamente. Campbell aseguraba que podía resucitar a los muertos y convertir a una persona en inmortal. Afirmaciones tan estrambóticas como que el poder curativo entraba por la coronilla, pero que el cabello, al no ser conductor, debía ser apartado en el medio. Esto permitía identificar a un seguidor de 65 la vitapatía por su peinado con una marcada raya en el medio. La vitapatía compartía rasgos comunes con la sanación magnética. Campbell proponía una combinación de agentes naturales que incluían el aire, la luz, los baños, la electricidad y el magnetismo. El fin último era restaurar la fuerza vital o vita para curar a los enfermos. Como predicador que difundía su propia palabra, Campbell fundó una escuela, pero sus alumnos tenían prohibido divulgar el contenido de sus libros y de sus enseñanzas. Still se vio influenciado por la vitapatía a través de C. D. Henry. En 1883, en pleno apogeo de su época como «huesero alucinante», a Still le salió un competidor. Henry llegó a Kirksville y se publicitó en el periódico local como un exponente de la vitapatía. Su anuncio decía: «Trata todas las enfermedades agudas y crónicas. Las enfermedades crónicas son una especialidad». Henry además era espiritista, como Still, y parte de su filosofía estaba reflejada en los escritos de Andrew Jackson Davis. Es probable que Still y Henry se conocieran, o al menos tuvieran constancia de la existencia del otro. La ciudad de Kirksville apenas contaba con dos mil habitantes en aquella época, ambos ofrecían sus servicios y tenían puntos de vista religiosos y desempeños similares. La vitapatía irrumpió en la vida de Still justo antes de presentar al mundo la osteopatía. Existen indicios suficientes para pensar que la vitapatía jugó un papel decisivo, y podemos enumerar como probables influencias: 1. La creación de una escuela de enseñanza. Esto no existía en el mundo de los bonesetter, pero sí en otras prácticas como la vitapatía. 2. La emisión de un diploma como DO (Doctor en Osteopatía) aparece por primera vez en 1891, inspirado en el diploma expedido a los vitápatas, el VD (Doctor en Vitapatía). 3. La construcción del nombre «osteopatía» podría estar inspirado en el sufijo de la vitapatía. 66 Herófilo, médico alejandrino 2.3. El enemigo: la Medicina heroica La medicina del siglo XVIII y del siglo XIX era muy diferente a la que conocemos actualmente. Era la época de la denominada medicina heroica, llamada así porque era la actitud que había que tener para recibirla. La teoría del agotamiento heroico era un método terapéutico que abogaba por el tratamiento consistente en sangrías, purgas, eméticos, catárticos y diaforéticos para recuperar la salud. Las enfermedades eran causadas por un desequilibrio humoral que alteraba la homeostasis de los cuatro humores: bilis negra, bilis amarilla, flema y sangre. Todo lo que había que hacer para curarse era expulsar fluidos de la manera que fuese: sangrando, vomitando, sudando o defecando. La agresividad de los tratamientos se cobró la vida de muchos enfermos. Uno de los más célebres fue George Washington, de quien tenemos documentado de manera minuciosa la tortura que recibió hasta morir desangrado y envenenado por los mejores médicos de la época. A finales del siglo XIX, época en la que Still alumbró la osteopatía, la medicina heroica ya había caído en descrédito. La crítica que Still hacía a la medicina era pertinente, pero no era ni mucho menos el único, eran muchas las voces que señalaban estas prácticas como peligrosas, incluido algunos médicos. No hay nada extraordinario ni contracultural en lo que Still señalaba, por mucho que los osteópatas insistan en atribuir a la historia de su fundador. La supuesta revelación tras la muerte de sus hijos no fue más que el divorcio definitivo de Still con la medicina heroica. Sangrías (extracciones de sangre) La eliminación forzosa de secreciones corporales en grandes cantidades provocaron la muerte de muchos enfermos, que ya de por sí tenían la salud deteriorada. El sangrado podía extraer hasta el 80 % del volumen de sangre corporal. Para dimensionar estas magnitudes tenemos a George Washington. El primer presidente 67 de Estados Unidos se despertó un día de 1799 con fiebre y dolor de garganta, y murió desangrado cuatro días después. En menos de 24 horas ya le habían extraído más de tres litros de sangre. Un hombre adulto puede tener entre cinco y seis litros de sangre recorriendo su sistema circulatorio. Las sangrías eran procedimientos realmente agresivos. Normalmente se utilizaban lancetas que seccionaban alguna arteria o vena del antebrazo, o de la pierna, en condiciones higiénicas dudosas. En la época de Still las sangrías eran ya una práctica en desuso, sin embargo, la sangre estaba presente en las teorías osteopáticas. El historiador de la osteopatía, Norman Gevitz, señala que la ley de la arteria de Still estaba inspirada en las sangrías. Las enfermedades no eran provocadas por un exceso de sangre que debía ser expurgado, sino todo lo contrario, una deficiencia que debía ser restaurada mediante manipulaciones. Toda enfermedad era consecuencia de una mala circulación porque «la ley de la arteria es absoluta». Eméticos (purgantes) En la medicina heroica vomitar era depurativo. La mayoría de eméticos eran también laxantes y viceversa, todo dependía del tiempo que aguantaran en el sistema digestivo. La dosis del veneno determinaba la rapidez con la que el organismo intentaba expulsarlo. En su mayoría provocaban cuadros gastrointestinales con dolor abdominal, vómitos, diarrea y deshidratación. Eran esencialmente sustancias tóxicas como antimonio o arsénico, algunas de ellas heredadas directamente de los indios americanos, como la pulsatila o la lobelia. El «tártaro emético» era un compuesto de antimonio y potasio cuya función se hallaba de manera explícita en el nombre. Se usaba también como remedio para la intoxicación por alcohol. El whisky, de hecho, se usaba en medicina como remedio para aliviar el dolor, y en ciertas dosis también se convertía en emético, 68 lo cual podía ser interpretado de manera positiva. La mayoría de los eméticos eran compuestos herbales extraídos de plantas como la lobelia o la belladona. La «lobelia» es una planta cuyas flores se han utilizado históricamente como emético. En la época heroica los médicos copiaron el uso de lobelia de los indios americanos, que la usaban desde tiempos ancestrales con fines medicinales y ceremoniales. La fumaban para inducir el vómito, motivo por el cual a la lobelia se le conoce también como tabaco indio o hierba del vómito. La lobelia inflata se sigue utilizando actualmente con fines médicos. Se piensa que la lobelina, el principio activo de la lobelia, podría servir como antidepresivo y expectorante, aunque no hay suficiente investigación al respecto. En 1993, la FDA prohibió que se siguiera vendiendo como producto para dejar de fumar por falta de efectividad, de hecho, se observó que contenía una sustancia química similar a la nicotina. En dosis altas la lobelia es incluso mortal. La belladona es una planta venenosa también conocida como cereza del diablo, hierba de la muerte, baya del asesino, baya del hechicero o también baya de la bruja, cuyas hojas y raíces se usaban para hacer un medicamento con el mismo nombre, belladona, cuya traducción del italiano significa «bella dama» por la intención con la que se empleaba. El jugo de bayas de belladona se usaba en la Italia del Renacimiento para agrandar las pupilas de las mujeres y verse más atractivas. También tenía cierto efecto vascular que aumentaba el enrojecimiento y la temperatura de la piel. A pesar de su toxicidad, la belladona tiene algún uso medicinal en la actualidad. La dilatación de pupilas se usa en oftalmología para explorar el fondo de ojo. La atropina y la escopolamina se extraen de la belladona, sirven para relajar los espasmos musculares y regular la frecuencia cardíaca. La escopolamina es también una droga alucinógena más conocida como burundanga, y es el motivo por el cual la belladona se utilizaba también como nar69 cótico en rituales ancestrales, y asociado a la brujería en la Edad Media. Su utilización como veneno en la Antigüedad para dar muerte a los reyes es legendaria. Los catadores reales identificaban «el dulce sabor de la muerte» de las bayas de belladona con el que se envenenaba el vino. Se cree que la muerte del emperador romano Claudio fue por belladona. En la época de Still la belladona ya era un reconocido veneno, pero no suponía un problema para utilizarlo de manera heroica como emético. Catárticos (laxantes) Los tratamientos catárticos provocaban irritaciones y úlceras en la pared intestinal, y por supuesto tampoco se conocía las implicaciones en la flora intestinal. Dos de los remedios heroicos laxantes más conocidos eran el aceite de ricino y el calomel. Las diarreas por aceite de ricino no eran nada en comparación con su sabor desagradable. La ingesta era por cucharadas y tenía un uso cotidiano muy extendido. El uso de aceite de ricino como laxante se remonta al Egipto antiguo en el papiro Ebers, de alrededor del 1550 a. C. En cuanto al «calomel», fue el buque insignia de la medicina heroica, el más emblemático y popular de todos los remedios heroicos, le llamaban «el Sansón de la materia médica». Provocaba en los pacientes úlceras en labios, mejillas y lengua, dolor e inflamación en las encías, diarreas sanguinolentas y con frecuencia aflojamiento y pérdidas dentales. Algunos niños murieron por gangrena bucal y osteomielitis de los huesos maxilares, aunque la respuesta más habitual era dolor y espasmo abdominal con vómitos. El calomel podía administrarse como un purgante, en una sola dosis grande destinada a eliminar del cuerpo todas las obstrucciones y la materia nociva que se había acumulado allí, haciendo que la bilis y la sangre fluyeran libremente de nuevo, o podía administrarse en dosis más pequeñas repetidas durante un período de tiempo para permitir que se infiltrara por los canales 70 estancados y devolverlos a la vida. Los defensores de dosis grandes creían que las dosis pequeñas envenenaban al receptor sin lograr ningún resultado, y los defensores de pequeñas dosis pensaban que grandes dosis destruían el interior sin curar. Ambos tenían razón. El calomel no era otra cosa que un compuesto de cloruro de mercurio. Una de las características del calomel era su densidad, gracias a la cual supuestamente se abría paso limpiando las obstrucciones corporales. Se decía que era dulce, «mercurio dulce» le llamaban también, aunque en realidad era debido solo a la cobertura de azúcar o miel que lo acompañaba para quitarle el amargor. De hecho, el sabor dulce inicial rápidamente se desvanecía dejando el regusto amargo. Se suministraba para una infinidad de afecciones. Durante la Guerra de Secesión el calomel alcanzó cotas máximas de demanda. Se extendió la creencia de que calomel era útil para aumentar el ímpetu y el arrojo en el campo de batalla. Los soldados demandaban más calomel del que podía fabricarse. También se vendía para mejorar el estado de ánimo y como profiláctico para contraer la sífilis. Generaciones enteras de norteamericanos se envenenaron con mercurio a diario creyendo que prevenían enfermedades. Diaforéticos (inflexiones de sudor) Las inflexiones de sudor para expulsar la fiebre formaban parte de la terapia por agotamiento. Todavía puede escucharse en la actualidad un eco reminiscente de aquella época heroica que inducía la sudoración con la creencia popular de meterse en la cama para sudar cuando uno tiene fiebre y eliminar toxinas. En la época de Still se inducía la sudoración con ampollas de cantaridina, polvos de dover o belladona. En cuanto a la «cantaridina», no es que se suministrase en ampollas, sino que las provocaba. La cantaridina es una sustancia tóxica que se extrae de los escarabajos. No cualquier tipo de 71 escarabajo y no con su picadura. La cantaridina se encuentra en la hemolinfa del llamado «escarabajo ampolla» que habita entre los Estados Unidos y México, solo cuando este se tritura se libera la cantaridina. La quemadura química de la cantaridina provoca una ampolla a las pocas horas de entrar en contacto con la piel, pero no causa cicatrices ni daños en la piel, motivo por el cual se utiliza actualmente en dermatología para tratar las verrugas. Los «polvos de dover» eran un compuesto formado por polvo de ipecacuana, opio y sulfato de potasio desarrollado por Thomas Dover, un médico inglés del siglo XVIII. La ipecacuana es una planta de Centroamérica cuyas raíces se usaban para hacer jarabe de ipecacuana, un potente emético que también se usaba en aquella época como medicamento de venta libre. El polvo se usó en gran medida en la práctica doméstica para inducir la sudoración, para vencer el avance de un resfriado y en cuadros de fiebre. Es justo decir que la medicina heroica usaba algunos medicamentos de manera beneficiosa. Quinina para la malaria, colchicina para la gota y opio para el dolor, entre otros, aunque se usaban de manera inapropiada. También se abusó del opio. No solo se aumentó el tamaño de las dosis, también la frecuencia en su uso, pero no solo la medicina era heroica, existía toda una tradición cultural de significado del dolor y del sufrimiento para la curación. David Le Breton, en su libro Antropología del dolor, relata: «El dolor de muelas no se curaba. Se hacían arrancar de un tirón, y sin anestesia cuando pasaba por el pueblo el dentista itinerante. O bien el herrero con una tenaza lo reemplazaba en la faena. El barbero cortaba los abscesos de un tajo, con la navaja. Las medicaciones corrientes, aunque a veces aliviaran, también daban su ración de dolor. Los procedimientos terapéuticos de los médicos no eran más suaves. Se usaba la adustión, es decir, la cauterización con hierro calentado al rojo, de las heridas infectadas, las mordeduras, las picaduras. 72 Sobre las verrugas, hemorroides, chancros, etc., se aplicaban sustancias cáusticas. La urticación (flagelación con ortigas), la rubefacción (quemaduras de primer grado), la revulsión o la derivación se preconizaban para estimular las reacciones de un órgano, crear, mediante irritaciones cutáneas, exutorios para los humores corrompidos, y en cierto modo atraer el mal al exterior del cuerpo». La osteopatía de Still surgió como alternativa a esa medicina de la que acabó renegando. Rumiaba a menudo un discurso de absoluto rechazo a los fármacos y tratamientos médicos para presentar su terapéutica manual, un planteamiento monista del origen y tratamiento de las enfermedades. Los remedios heroicos eran un blanco fácil, razón no le faltaba al «viejo doctor», pero él no estaba menos equivocado. Still creía en la miel para la diabetes, la teoría de la generación espontánea, que las células sanguíneas tenían su propia inteligencia y eran clarividentes, que los huesos descolocados provocaban todas las enfermedades y que con su técnica era posible remediar hasta la calvicie. Las enfermedades estacionales eran dependientes del clima en la medicina heroica, pero Still también construía sus teorías con base en hipótesis climatéricas. Así hacía referencia Still al tratamiento médico: «Él observa y trata las enfermedades invernales con poderosos purgantes, sudoraciones, ampollas, aplicaciones de frío y calor con vistas a eliminar fluidos congestionados. No está muy seguro de qué poder del kit médico va a necesitar. Él toma muchos tipos de medicamentos con la esperanza de que algunos de ellos sean capaces de soportar la carga. Embrida a sus caballos con opio, los carga con purgante en polvo, y los bate con aceite de ricino, y por miedo a que no viajen lo suficientemente rápido, utiliza como estímulo un instrumento delicadamente conocido como jeringa hipodérmica. Él golpea y aguijonea hasta que sus caballos caen exhaustos. La enfermedad y la muerte deberían darle una gran pensión por la asistencia que ha prestado en su servicio. Todo un trabajo de adivinación cuyo padre y madre son «tradición e ignorancia». Ignorancia del tipo que es totalmente inexcusable para cualquiera que no sea un doctor en Medicina». 73 Sin embargo, a principios del siglo XX, y con la entrada de la osteopatía como especialidad médica, con Still aún en vida, los osteópatas empezaron a cambiar el discurso. La osteopatía ahora era parte de la medicina, y la cirugía les pertenecía a ellos por herencia de los bonesetter. Ya en 1897, la revista Journal of Osteopathy estaba usando el término «médico» para referirse a los DO, aunque el certificado de graduación continuara diciendo «Diplomado en Osteopatía». Mientras la osteopatía se iba enroscando en sus inconsistencias y contradicciones, la medicina fue depurándose y transformándose en la medicina científica que hoy conocemos. El gran cambio lo atravesó en el último cuarto del siglo XIX, con el descubrimiento de los agentes patógenos, precisamente en los albores del nacimiento de la osteopatía. Still proponía tratar enfermedades como la viruela, la escarlatina o la disentería con osteopatía. Enfermedades de su época, algunas de ellas desaparecidas gracias al avance de la medicina, muy diferente a la medicina heroica que Still conoció. La medicina cambió y se ganó su puesto hegemónico en la vigilancia de la salud, la osteopatía, en cambio, fracasó en sus aspiraciones de sustituir a la medicina, y de hecho se puede considerar un milagro que haya sobrevivido al escrutinio del tiempo. El éxito de Still puede entenderse en su tiempo, ante la necesidad de un cambio en la medicina que se volvía insostenible; el estatus actual solo puede entenderse por la inercia de su posicionamiento y los logros políticos alcanzados. Así simplificaba Still en 1899, en su libro Philosophy of Osteopathy, un buen número de enfermedades: «Deseo insertar un párrafo corto sobre algunos efectos después de una dislocación hacia abajo, adelante y afuera de las cuatro costillas superiores de cada lado. Hemos estado familiarizados con el asma, el bocio, la parálisis del escribiente, la parálisis por sacudidas, los espasmos y las enfermedades cardíacas de diversos tipos. Hemos estado tan familiarizados con la existencia de esas variaciones anormales como 74 lo estamos de la salida y la puesta del sol. Nuestros mejores filósofos sobre enfermedades y causas han escrito y publicado sus conclusiones, y el mundo ha examinado cuidadosamente con profundo interés lo que han dicho sobre todas las enfermedades mencionadas anteriormente, también en las enfermedades pulmonares, y hoy estamos abandonados en la oscuridad total en cuanto a la causa de las enfermedades mencionadas anteriormente, también sobre convulsiones, locura, pérdida de la voz, agitantes braquiales y muchas otras enfermedades del tórax, cuello y cabeza. Como el campo está abierto y claro para que cualquier filósofo establezca su punto de observación, anote e informe lo que observa, aprovecharé esta oportunidad. En pocas palabras, no he encontrado ninguna de las enfermedades indicadas anteriormente sin la presencia de alguna variación de las primeras costillas superiores del tórax». La medicina, mientras tanto, hacía limpieza en su casa. En 1901, la prestigiosa revista JAMA (Journal of American Medical Association) comenzó a publicar las atrocidades de su práctica médica en una muestra honesta de espíritu crítico y anhelo de reforma y mejora. Crearon un Consejo de Farmacia y Química para examinar las afirmaciones hechas sobre todos los medicamentos, nuevos y viejos, y para determinar sus virtudes reales. En las décadas de 1850 y 1860 los médicos norteamericanos eran generalmente profesionales poco entrenados. Antes de la Guerra Civil, la gran mayoría de los médicos, incluido Still, nunca había asistido a una escuela de medicina ni habían formalizado su aprendizaje. Después de la guerra la práctica médica empezó a regularse por ley. En el último tercio del siglo XIX la práctica médica sufrió cambios importantes. Con cada año que pasaba un porcentaje cada vez mayor de médicos regulares empleaba un menor número de procedimientos heroicos. El pensamiento médico estaba transformándose especialmente en bacteriología con el descubrimiento de los microorganismos patógenos, y en inmunología con el descubrimiento de las vacunas. La primera vacuna de la historia fue la de la viruela en 1796, pero no fue has75 ta 1885 cuando se consiguió la segunda vacuna, esta vez para la rabia, gracias a Louis Pasteur. Después de aquello vendrían todas seguidas: las de la difteria y el tétanos en 1891, el cólera en 1892, la peste en 1897 y la fiebre tifoidea en 1898. A comienzos del siglo XX, se habían identificado ya los diferentes microorganismos que causaban catorce enfermedades conocidas. La medicina entraba en una nueva dimensión que cambiaría para siempre su paradigma, mientras que la osteopatía se vio en la encrucijada de compatibilizar la resurgida teoría de los gérmenes con la teoría osteopática. Still tenía dos opciones, negar la teoría de los gérmenes o reconciliarla con la osteopatía de manera acomodaticia. Si la enfermedad la causaban microorganismos patógenos, ¿qué rol jugaban los huesos descolocados y las obstrucciones de los fluidos corporales en un proceso infeccioso? Still vio la salida en el otro campo emergente de la medicina, el de la inmunología. El tratamiento osteopático entonces devolvía la capacidad del organismo de combatir las enfermedades. Así surgía el principio de autocuración del cuerpo. Mientras la osteopatía se mantenía imperturbable en su inmovilismo, la medicina seguía haciendo avances importantes. En la década de 1940 aparece la penicilina para el tratamiento de las bacterias grampositivas, y de la estreptomicina para las bacterias gramnegativas. Poco después llegarían los analgésicos, agentes antiinflamatorios, relajantes musculares y tranquilizantes. La medicina actual con sus bondades y sus miserias puede presumir de haber evolucionado, la osteopatía por no cambiar, no ha cambiado ni su discurso antimedicina, y sigue acusando a la medicina de reduccionista, de tratar los síntomas sin acudir a la causa de las enfermedades, y de mercenaria al servicio de la industria farmacéutica. 76 2.4. El vecino de enfrente: la quiropráctica Osteopatía y quiropráctica comparten muchos rasgos históricos e identitarios, sin embargo, la crítica ha sido siempre mucho más benevolente con la osteopatía. Pese a ser disciplinas muy similares, han corrido una suerte muy diferente en su país de origen. La osteopatía goza de reconocimiento como especialidad médica, aunque vive eclipsada por la medicina, mientras que la quiropráctica sobrevive enfrentada a la medicina pero con mayor popularidad entre la población. La quiropráctica fue inventada por Daniel David Palmer, un sanador magnético de Davenport (Iowa) en 1895, 21 años después de la osteopatía, y a unos 240 km de Kirksville. Si somos estrictos con la fecha real del surgimiento de la osteopatía, y no con la fecha que Still dio a posteriori, tan solo diez años después. La proximidad temporal y espacial entre la osteopatía y la quiropráctica no es una alegre coincidencia. Las similitudes entre ambas disciplinas, y sus protagonistas, tampoco. Ambas se basaban en manipulaciones, aspiraban a curar todas las enfermedades e invocaban teorías vitalistas. A principios del siglo XX los osteópatas denunciaban amargamente la quiropráctica como un «robo puro» a la osteopatía. Ya en 1897 el Journal of Osteopathy acusó: «Hay un falso sanador magnético en Iowa que publicó un artículo dedicado a sus supuestos nuevos sistemas, y que hasta hace poco extrajo todo el contenido del Journal of Osteopathy, cambiándola solo para insertar el nombre de su propia práctica». Palmer acudió a la consulta de Still como paciente para observar lo que hacía. Varios quiroprácticos de Missouri declararon haber visto el nombre de Palmer en el libro de visitas de Still a principios de la década de 1890. Con lo que Palmer vio decidió aprender más sobre la osteopatía. El osteópata Obie Stothers fue 77 quien enseñó a Palmer las técnicas osteopáticas de Still. Palmer se defendía de las acusaciones recordando que las manipulaciones tampoco las había inventado Still, ya que provenían del noble arte de los bonesetter. En su libro The Chiropractic Adjuster, publicado en 1921, Palmer dedicó gran parte del mismo a refutar las acusaciones de los osteópatas. El aroma a plagio perseguiría a la quiropráctica por siempre, pero Palmer demostró tener la piel lo suficientemente gruesa como para soportar eso y mucho más. En un impulso fanfarrón Palmer le ofreció a Still 10.000 $ si conseguía demostrar que le había robado la osteopatía. Tanto Palmer como Still eran bonesetter, sanadores magnéticos y espiritistas. Ambos anunciaron al mundo haber descubierto algo nuevo. Ambos montaron una escuela y fundaron sistemas de salud alternativos cuestionando la medicina. Ambos estaban en contra de las vacunas. Ambos consideraban que los huesos fuera de su sitio o mal alineados eran los responsables de las enfermedades. La diferencia fundamental radicaba en lo que cada uno creía restaurar. Still se centró más en el flujo sanguíneo, y Palmer en los impulsos nerviosos como los motores responsables de todas las funciones. Palmer y Still tuvieron un célebre encontronazo en la reunión anual del campamento de espiritistas del valle del Mississippi de 1903 sobre los méritos de la quiropráctica y la osteopatía. Still tenía 75 años, y Palmer 58: —¡Eres un ladrón! Me robaste mi trabajo y lo etiquetaste como quiropráctica —espetó Still. —¿Cómo podría robar lo que nunca tuviste? —replicó Palmer con cinismo. —Fundé la osteopatía en 1874. Se basa en la manipulación de los huesos de la columna para permitir que la sangre fluya suavemente y sin interrupción —señaló Still. —Fundé la quiropráctica en 1895. Se basa en lo fundamental del ajuste específico de los huesos subluxados de la columna vertebral para liberar los nervios afectados, y permitir que los impulsos nerviosos fluyan al cuerpo sin interrupción. ¡El 78 cuerpo está controlado por los nervios, no por la sangre! — respondió en un tono burlón Palmer. Al igual que Still, Palmer también tuvo su paciente cero mientras se ganaba la vida como sanador magnético. Su momento de epifanía, cuando alumbró su creación, ocurrió supuestamente al curarle la sordera a un conserje. Palmer le diagnosticó una vértebra cervical fuera de su sitio y se la recolocó. De repente la audición había regresado. Algo absolutamente inverosímil a la luz del conocimiento actual. Tan solo tres años más tarde, en 1898, Palmer abrió su propia escuela, seis años después de que lo hiciera Still. Palmer no tuvo tanta suerte como Still con la regulación de la quiropráctica, y a principios de siglo muchos quiroprácticos fueron encarcelados por ejercer la medicina sin licencia, para algunos la acusación fue directamente ejercer la osteopatía sin licencia. El propio Palmer fue condenado a seis meses de prisión por ejercer sin licencia. Durante su encarcelamiento, el hijo de Palmer, Bartlett Joshua (B. J.) tomó el mando de la escuela. La relación de Palmer con su hijo constituye una de las partes más oscuras de la quiropráctica. En 1913, el día de la celebración de la quiropráctica, B. J. Palmer atropelló por la espalda con el coche a su padre, D.D. Palmer, al que ni siquiera se le había invitado al desfile siendo el fundador. D.D. Palmer murió meses más tarde, con algunos de sus seguidores convencidos de que su muerte fue consecuencia de las heridas del accidente. El primer quiropráctico procesado por practicar osteopatía sin licencia fue absuelto en 1907. Pese a todas las pistas y elementos comunes, el tribunal fue convencido de que la quiropráctica no era osteopatía. Lo que genera que la osteopatía sea una pseudociencia es lo que provoca que también lo sea la quiropráctica, aunque los términos empleados en el lenguaje sean deliberadamente diferentes en sus esfuerzos por diferenciarse. Puede nombrarse al menos un decálogo de motivos por los cuales la quiropráctica debe ser considerada una pseudociencia. La quiropráctica se define bajo 79 un paradigma anacrónico como el de la subluxación, bañado con un trasfondo vitalista al que denominan inteligencia innata, y que les ha llevado a adoptar actitudes contrarias a la ciencia y la medicina. Se declaran antivacunas y no dudan en apelar al miedo en sus artes de persuasión y venta de procedimientos excesivos e innecesarios. La esencia de la quiropráctica puede describirse en 10 puntos: 1. Subluxación Daniel David Palmer no fue, ni mucho menos, el primero en reducir todas las enfermedades a una única causa simple, pero en el caso de los quiroprácticos el gran chivo expiatorio es la subluxación. D. D. Palmer aseguraba que el 95 % de todas las enfermedades se debían a subluxaciones de la columna, y que el 5 % restante era causado por subluxaciones de las extremidades, especialmente las articulaciones de los pies. En realidad, el concepto de subluxación ya existía, pero Palmer lo convirtió en el fetiche obsesivo de los quiroprácticos y le añadió un componente vitalista: la subluxación interfería con la transmisión de la Inteligencia Innata, una fracción de la Inteligencia Universal. La subluxación es entendida desde entonces como una pérdida parcial de la posición articular correcta, que es detectada por los quiroprácticos mediante palpación, y corregida mediante la manipulación en la que normalmente se emite un ruido, lo que popularmente se conoce como hacer crujir los huesos. Hasta aquí son todos rasgos compartidos con los osteópatas, sin embargo, los quiroprácticos acabaron alzando el término «subluxación» al altar de lo sagrado, el carnet de identidad quiropráctico, al mismo nivel que los principios osteopáticos para los osteópatas. Actualmente, sigue siendo el estandarte en torno al cual gira y da sentido a toda la profesión, y ponerlo en duda es atacar al mismo corazón de la quiropráctica. El equivalente de la subluxación en osteopatía 80 sería, más bien, las disfunciones somáticas, el conjunto de cosas que los osteópatas diagnostican. Durante el último siglo los quiroprácticos han intentado demostrar desesperadamente cómo podría funcionar la subluxación de Palmer, en lugar de investigar si existe. Los estudios sobre la efectividad de la manipulación vertebral no prueban la existencia o no de la subluxación vertebral. Algo similar le ocurre a la acupuntura, que estudia los resultados de insertar agujas en el cuerpo. De ninguno de esos estudios en acupuntura puede concluirse la existencia del qi o los meridianos energéticos. La palpación no ha mostrado ser fiable para detectar esas subluxaciones. En la práctica clínica diaria, muchos quiroprácticos afirman poder identificar y tratar subluxaciones y cobran a los pacientes con base en esto, pero cuando se les somete a prueba en estudios controlados los quiroprácticos han fallado sistemáticamente en ponerse de acuerdo sobre dónde se encuentran las subluxaciones, y ni siquiera pueden repetir sus propios hallazgos cuando se les pide que verifiquen al mismo paciente más de una vez. Estamos en condiciones de decir que las subluxaciones no existen. No es que debamos seguir diciendo que no se han probado aún, sino que, con lo que sabemos, las subluxaciones no son plausibles. No hay nada fuera de su sitio. El ruido audible durante la manipulación se denomina cavitación, y no modifica la posición de la vértebra. Aunque fuese así, la palpación no sería una manera fiable de detectar esos cambios tan sutiles. Las vértebras son asimétricas. No hay nada que medir allí. No habría ninguna ventaja evolutiva en considerar que las vértebras fuesen tan sensibles para que una ligera desalineación provocase una disfunción orgánica grave, como insuficiencia renal o problemas cardíacos. Eso es especialmente cierto si esas desalineaciones pueden ser causadas, como creen muchos quiroprácticos, por el estrés o las simples actividades de la vida diaria. Palmer atribuyó a las subluxaciones tres posibles causas, a cada cual 81 más extravagante: toxinas, trauma físico y autosugestión. Y aun suponiendo que existieran, y los quiroprácticos pudieran detectarlas, resulta inverosímil que puedan causar enuresis nocturna, infecciones de oído o asma. Todo esto es perfectamente aplicable a los osteópatas, que difieren más en el lenguaje que en los planteamientos. Las manipulaciones son en osteopatía lo que los ajustes para los quiroprácticos. Palmer se encargó de dejar claro las diferencias. Los quiroprácticos inicialmente utilizaban más los impulsos con las manos, mientras que los osteópatas tendían a usar más las extremidades para hacer de palanca, aunque actualmente gran parte de su repertorio terapéutico es compartido. 2. Vitalismo Al igual que la osteopatía, la quiropráctica tiene claros tintes vitalistas, incluso de un modo menos ambiguo. El vitalismo de Palmer tenía nombre propio: la Inteligencia Innata. Palmer definía la Inteligencia Innata como la parte de la fuerza universal responsable de la vida que controla todas las funciones biológicas en el cuerpo fluyendo a través del sistema nervioso. La Inteligencia Innata palmeriana procede de las mismas influencias osteopáticas, principalmente del mesmerismo, y rociado con un buen chorro de espiritismo y fundamentos religiosos. Palmer describió dos tipos de inteligencia en el hombre, la innata y la educada. El espíritu y la mente, el Creador y lo creado. La innata dirige lo involuntario y la educada dirige lo voluntario. Al igual que Still, Palmer tenía una manera de comunicarse poco rigurosa y científica. Palmer prefería la prosa y el lenguaje metafórico: «Los nervios son como cuerdas de violín que necesitan mantenerse en la tensión correcta para que puedan resonar con el tono de la Inteligencia Innata que zumba como el diapasón de Dios». Para Palmer, la Inteligencia Innata «nunca duerme ni se cansa; no reconoce ni la oscuridad ni la distancia, y no está 82 sujeta a leyes o condiciones materiales». Decía que el innato individual que ocupaba el cuerpo de cada persona existía antes del nacimiento y sobrevivía a la muerte del cuerpo físico. También afirmó que la Inteligencia Innata deseaba comunicarse con los quiroprácticos para ayudarlos a sanar el cuerpo de forma natural. Palmer llegó a decir que el secreto de la quiropráctica le fue enviado directamente por Dios: «La quiropráctica ha hecho a un lado la cortina de la ignorancia que oscureció la causa de la enfermedad; con el tiempo levantará el velo de la superstición que ha obstruido nuestra visión del gran más allá. Con el tiempo, la existencia espiritual será tan conocida y comprendida como la del mundo físico». Las apelaciones espirituales son recurrentes en la quiropráctica. En ocasiones, la inteligencia innata o innate es definida como el propio espíritu. Al devolver la innate los quiroprácticos apelaban al mismo principio de autocuración de los osteópatas, solo que sin mencionarlo. «¿Qué es lo que está presente en el cuerpo vivo y ausente en los muertos? Es una fuerza inteligente, que me pareció apropiado llamar innate, generalmente conocido como espíritu. Crea y continúa la vida cuando los órganos vitales están en condiciones de que esa inteligencia actúe sobre ellos». Para Palmer los agentes que causaban la enfermedad siempre venían de fuera, nunca de dentro. Al igual que Still, Palmer ignoraba las enfermedades autoinmunes y otorgaba a la Naturaleza humana un origen divino, y por tanto, perfecto. La quiropráctica, al igual que la osteopatía, restauraba la capacidad del cuerpo para curarse, la quiropráctica concretamente al permitir el flujo de la inteligencia innata. Palmer describía dos tipos de nervios: los innatos por los que viajaba la inteligencia innata, y los educados por los que viajaban los impulsos nerviosos de la mente. Unos se encargan de la actividad voluntaria y otros de la involuntaria. Corregir las vértebras desplazadas alivia la presión para que innate pueda transmitir impulsos de manera normal. 83 El vitalismo bañó de pseudoreligiosidad a la quiropráctica. El propio Palmer lo llamó «la nueva teología de la sanación». Algo que los quiroprácticos no dudaron en explotar en el juicio contra la Asociación de Medicina Americana (AMA) que solicitaba su prohibición. Los quiroprácticos ganaron el juicio alegando libertad religiosa. 3. Antivacunas Al igual que Still, Palmer negó la teoría de los gérmenes en la enfermedad infecciosa y se mostró contrario a la vacunación. Sostenía que la enfermedad era el resultado de las subluxaciones vertebrales, y por tanto los microorganismos patógenos no conjugaban bien con su teoría. Palmer dijo sobre las vacunas: «Creo que todas las inoculaciones son peligrosas porque se mezclan con el sistema inmune natural del cuerpo». La oposición quiropráctica a la teoría de los gérmenes continuó hasta bien entrado el siglo XX. Según se fue afianzando la identificación de los agentes causales de las enfermedades en medicina, se hizo cada vez más indefendible el negacionismo quiropráctico. La salida que vieron, una estrategia que también copiaron a la osteopatía, fue aceptar la presencia de gérmenes como la consecuencia de la interrupción de la inteligencia innata. El hijo de Palmer, B. J. Palmer, dijo: «Si tuviéramos cien casos de viruela, puedo demostrarle dónde encontrará, en uno, una subluxación y las mismas condiciones en los otros noventa y nueve». Tanto para osteópatas como para quiroprácticos los medicamentos eran considerados veneno que interfería con los mecanismos naturales de curación del cuerpo, pero especialmente vehemente era su posición frente a la vacunación. Los osteópatas, en su proceso de integración en la medicina, fueron abandonando esa postura, los quiroprácticos, en cambio, se mantuvieron abiertamente antivacunas. La evidencia que demuestra que la vacunación es un método altamente efectivo para controlar enfermedades infecciosas es ac84 tualmente abrumadora, sin embargo, una parte importante de la profesión quiropráctica sigue un argumentario contrario a la vacunación. Aproximadamente, un tercio de los quiroprácticos cree que no hay pruebas científicas de que la vacunación prevenga la enfermedad, que no ha cambiado sustancialmente la incidencia de ninguna enfermedad infecciosa importante en el último siglo, y que causan más enfermedades de las que previenen, y por lo tanto, contraer una enfermedad infecciosa es más seguro que vacunarse. Más de dos tercios de los quiroprácticos creen que la nutrición y la higiene son más importantes que la vacunación para prevenir enfermedades infecciosas. Más de la mitad cree que los riesgos de la vacuna contra la tos ferina son mayores que sus beneficios. 4. Anatomía inventada La propuesta quiropráctica nace de una anécdota que hoy en día se torna algo inverosímil. Palmer aseguró curar la sordera a un conserje mediante una manipulación de la cuarta vértebra cervical que encontró fuera de su sitio, y él recolocó. Hoy en día sabemos que los nervios cervicales guardan poca relación con el oído, porque de hecho se encuentran en el cráneo, forman parte de los llamados pares craneales, y aunque estuviesen en el cuello tampoco es muy probable que una manipulación pudiera devolver la audición a nadie. De hecho, la proeza de Palmer no ha sido replicada ni documentada por nadie como un caso de curación de sordera mediante manipulación1. Aunque el error de bulto más importante a nivel anatómico de los quiroprácticos es el «sistema Meric». Este sistema, desa1 El nervio responsable de la audición es el estato-acústico. Es el octavo par craneal y está contenido, como su nombre indica, dentro del cráneo. Aunque existe virtualmente cierta conexión con la columna cervical alta a través del núcleo trigémino cervical (NTC), que recibe aferencias tanto cervicales como de la rama mandibular del nervio trigémino que inerva la parte anterior de la membrana timpánica. La columna cervical alta se ha relacionado con la percepción de acúfenos o ruidos, pero en ningún caso curar una sordera, ni aunque el nervio estato-acústico estuviera allí donde se manipula… para mayor imposibilidad técnica, el NTC solo recibe aferencias de las tres primeras vértebras cervicales, y Palmer relató ajustar la cuarta vértebra cervical. 85 rrollado por B. J. Palmer, relacionaba las subluxaciones de cada vértebra con órganos y enfermedades concretas. Esas relaciones se representaron más tarde en grandes pósteres que desde los años 60 empezaron a suministrar la Palmer College, e inundaron las consultas de los quiroprácticos. Esta visión simplista de que cada segmento vertebral representa a un órgano diana reduce cada problema a una bala de plata. Un solo ajuste vertebral es lo único necesario para curar cada enfermedad. De esta forma, en la columna torácica, por ejemplo, la segunda vértebra (T2) representa al corazón, T3 a los pulmones, T4 vesícula biliar, T5 hígado, T6 estómago, T7 páncreas, T8 bazo, T9 glándulas suprarrenales, T10 riñones, y así sucesivamente. El segmentalismo palmeriano es anatómicamente incorrecto porque ningún órgano recibe información de un solo segmento en exclusiva. Cada órgano y víscera está inervada de manera compleja por información que llega de varios ganglios que convergen, y a su vez reciben información de varios ganglios paravertebrales que, a su vez, reciben información de varios segmentos vertebrales. Por tanto, una subluxación, en el caso de que existieran, solo afectaría a una pequeña parte de la información que recibe una víscera. Es más, aunque uno tuviera la mala suerte de tener subluxaciones múltiples por toda la columna vertebral, sus órganos seguirían funcionando perfectamente. Muestra de ello son las secciones medulares que dejan a sus propietarios parapléjicos incapaces de mover su cuerpo, pero con la función de sus órganos intacta. Esto se debe al nervio vago, que es un par craneal e inerva también órganos y vísceras del cuerpo. El sentido común nos dice que cada disfunción biomecánica de la columna no puede causar una enfermedad visceral. Si nuestra especie fuera tan frágil, nos habríamos extinguido hace mucho tiempo. Reducir la complejidad de cualquier enfermedad que afecte a un órgano como pueda contemplar un neumólogo, un nefrólogo o un cardiólogo a una causa única, y que esta causa sean subluxaciones de la columna, carece de plausibilidad biológica. 86 Otra de las innumerables similitudes con la osteopatía es que la quiropráctica exhorta la eliminación de la causa de la enfermedad en lugar de los síntomas, y la lista de enfermedades es absoluta. B. J. Palmer llegó a afirmar en uno de sus libros que la quiropráctica podía curar asma, cáncer, cataratas, cólicos, epilepsia, hernia, locura, meningitis, viruela, alergias, bronquitis, ictericia, estreñimiento, diarrea, enuresis nocturna (hacerse pis en la cama), autismo y hasta problemas de aprendizaje. Creer que un problema en la columna, sea del tipo que sea, puede provocar toda esta variedad de enfermedades requiere una gran inventiva anatómica. 5. Aversión a la ciencia En la década de 1920, cientos de quiroprácticos estadounidenses habían cumplido sentencias de cárcel por ejercer su profesión. Los quiroprácticos llevan recibiendo denuncias y litigios toda su existencia, desde su fundación y tienen una percepción de conspiración contra ellos. Cualquier crítica es vista como un acto de difamación injustificada. En las escuelas quiroprácticas alimentan el hecho de que son perseguidos por los médicos por una cuestión económica. Los estudiantes salen aleccionados de que el mundo irá contra ellos por envidia. Realmente, la persecución del colectivo médico a los quiroprácticos ha sido una constante en el último siglo, no siempre con nobles artes. En 1963, la AMA formó un Comité de Charlatanería que trabajó agresivamente para destruir la profesión quiropráctica. Cuando el Comité se disolvió doce años después, en 1975, salieron a la luz algunas de sus actividades, y los quiroprácticos demandaron a la AMA. Hubo que esperar otros doce años más y, en 1987, en una decisión histórica, la AMA fue declarada culpable de violar la Ley Sherman, que limitaba los monopolios y permitía el libre comercio. El enfrentamiento de la AMA con los osteópatas fue mitigándose durante la segunda mitad del siglo XX con la hibridación 87 profesional, en cambio con los quiroprácticos la beligerancia se mantiene viva. Los quiroprácticos más puristas, los straight, se ven a sí mismos como soldados en una guerra santa contra la profesión médica. Podríamos caer en el error de justificar a los quiroprácticos alegando que este enfrentamiento histórico blindó a la profesión de cualquier crítica que afianzó el dogma, pero es más sensato recordar que esa fue siempre su naturaleza. Valgan los siguientes dos ejemplos: Un estudio de 1997 basado en una encuesta encontró que el 74 % de los quiroprácticos no acepta el ensayo controlado como el estándar de evidencia científica más alto para validar los procedimientos quiroprácticos, y el 51 % considera que la experiencia clínica personal es la mejor manera de validar la quiropráctica. Una carta al editor del año 1993 de una conocida revista científica quiropráctica denunciaba la publicación de estudios en su área absolutamente surrealistas, como sugerir usar la Inteligencia Innata para vencer a las máquinas tragaperras; el análisis de rayos X para detectar tendencias homicidas latentes, o que el SIDA no era infeccioso y no podía transmitirse sexualmente. El autor describió estos estudios como ideas no científicas y sin sentido «nauseabundas, irresponsables y patéticas». 6. Apelar al miedo Apelar al miedo es un método de mercadotecnia comúnmente usado que intenta cambiar el comportamiento de los consumidores creando ansiedad en aquellos que reciben un mensaje de temor, por ejemplo el miedo de que te roben si eres un vendedor de alarmas. Se utiliza con regularidad también en iniciativas de salud pública, como las campañas contra el tabaquismo o la conducción bajo los efectos del alcohol. La exposición a imágenes duras con la intención de disuadir a la población de comportamientos peligrosos se ampara en el hecho de que al menos muestran la realidad. Los quiroprácticos recurren con frecuencia a la apelación al 88 miedo para promover los ajustes quiroprácticos regulares, como el tratamiento preventivo de la salud, y en su caso el alarmismo y los mensajes apocalípticos ni siquiera están justificados. Los quiroprácticos llaman a la subluxación «el asesino silencioso», una de las amenazas de salud más graves conocidas por el hombre. La pérdida de Inteligencia Innata es representada como la batería de una pila que, cuando se acaba, te mueres. Algunos quiroprácticos sostienen que una subluxación puede provocar incluso un paro cardíaco, y por eso es necesario hacerse ajustes de manera periódica como cualquier otro chequeo de salud. Paradójicamente, los ajustes quiroprácticos provocan, a su vez, miedo en algunos usuarios. Les asusta tener que ir al quiropráctico a que les crujan la espalda, pero están totalmente persuadidos de la necesidad de someterse a sus ajustes periódicamente. Para ellos, algunos quiroprácticos disponen de una licencia especial para manipular bajo anestesia. Literalmente duermen al paciente con anestesia general para crujirles en el quirófano. Ignorando los peligros inherentes de la anestesia general, y manipular a alguien en estado de inconsciencia, debemos preguntarnos por la utilidad de una manipulación con anestesia general, es exactamente igual de útil que el índice de un diccionario. Si algo ha demostrado la manipulación vertebral es proveer cierto alivio del dolor de espalda a corto plazo. Realizarlo bajo anestesia para ajustar las subluxaciones elimina la única posibilidad de acción más allá del efecto placebo. 7. Radiación excesiva e innecesaria «Ante todo no hagas daño», reza el principio ético de los sanitarios. Si las cuentas de riesgo-beneficio con la manipulación bajo anestesia ya no salían, la historia de los quiroprácticos con las radiografías no deja lugar a dudas. En 1910 B. J. Palmer introdujo la máquina de rayos X en la profesión de manera pionera. Los rayos X se descubrieron el mismo año de la fundación de la qui89 ropráctica, en 1895, por el ingeniero alemán Wilhelm Roentgen, y todavía se consideraba un fenómeno casi mágico. B. J. Palmer siempre fue un gran innovador y utilizó la tecnología disponible al servicio de sus intereses. Cuando incorporó los rayos X lo rebautizó como «espinógrafo» para darles un valor distintivo a los quiroprácticos. Las primeras máquinas de rayos X eran artilugios mucho más aparatosos que los actuales, y las imágenes de mucha peor calidad, pero B. J. Palmer vio lo potente que podía ser mostrárselo a sus pacientes, y en el fondo es lo único que le interesaba, vender su producto. B. J. Palmer lo hizo oficial, las subluxaciones se veían en las radiografías. Una revisión estándar de toda la columna en una consulta quiropráctica implica un análisis radiológico. Realizan radiografías cervicales, torácicas, lumbares, pélvicas y sacras, cada una de ellas con varias proyecciones diferentes. De media, el número de radiografías de columna para un sujeto sano que solo acude para una revisión rutinaria es de diez. Si el quiropráctico le ha convencido para que acuda mensualmente eso quiere decir que esa persona recibirá más de cien radiografías anuales innecesarias. Además de las radiaciones innecesarias, el relato de los quiroprácticos a sus clientes sobre lo que han encontrado en las imágenes para justificar sus intervenciones añade preocupación y sufrimiento innecesario. En el listado de motivos por los cuales los quiroprácticos deberían realizar radiografías, difundido por la Palmer School of Chiropractic, destacan: porque aumenta la confianza, procura el negocio, atrae a una clase mejor de pacientes, añade prestigio en tu comunidad, construye una reputación fiable, es una inversión que no es cara y es una demanda actual, es decir, criterios mercantiles, no de salud. Esto cuestiona la ética profesional de la profesión quiropráctica. Los quiroprácticos radiografían sistemáticamente a sus pacientes con mayor frecuencia y desobedeciendo las recomendaciones 90 de las guías de práctica clínica. El uso de rayos X en dolor lumbar agudo está desaconsejado. La mayoría de cuadros dolorosos en la columna son autolimitados y de carácter benigno, y no requieren examen radiológico. 8. Una profesión dividida Dentro de la quiropráctica existen dos maneras de entender la profesión bien diferenciadas, y que dividen a los quiroprácticos en straight y mixers. En 1907, y con B. J. Palmer al mando de la escuela, empezaron a promover una política de defensa de la quiropráctica pura y recta, la straight, que sostenía que las subluxaciones eran la raíz de toda enfermedad, y salirse de esta directriz era abandonar la quiropráctica. El motivo de esta defensa tenía que ver con la diseminación de su legado. Tanto Still como Palmer habían fundado una escuela y formado a alumnos, pero estos alumnos, a su vez, no sentían el apego de defender con pureza el credo que habían aprendido, y muchos de ellos se mostraron más eclécticos. Los quiroprácticos, además, habían adquirido habilidades comerciales aprendidas de los Palmer y habían decidido fundar sus propias escuelas. Dicen que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, pero para Palmer esas escuelas rivales que mezclaban su técnica con otras terapias eran mixers, vulgares imitadores. Al igual que le pasó a Still, que en su lecho de muerte dijo aquello del «keep it pure, boys», Palmer tuvo que ver cómo su idea y su éxito, que había copiado de otros, era a su vez copiada por terceros y se rebeló contra eso, como suele ocurrir en estos casos, tirando de copyright. Sin embargo, B. J. Palmer no tuvo éxito en su contención, los mixers siguieron presentes. A raíz del Informe Flexner de 1910, y viendo la evolución de la osteopatía hacia la hibridación, muchos quiroprácticos entendieron la necesidad de ir incorporando a su práctica ideas nuevas. Además, algunas ocurrencias de B. J. Palmer, como el neurocalómetro, generaron cierta desafección en los straights. Un siglo después, la división entre straights y mixers sigue 91 presente. Los straight basan todo en la subluxación y los ajustes vertebrales, son reacios a derivar pacientes al médico porque para ellos todas las enfermedades se deben a las subluxaciones, como dijeron los Palmer. Los mixers, en cambio, utilizan agentes físicos, ejercicio, dieta y hábitos alimentarios en su práctica diaria. La falta de concordancia entre los diagnósticos quiroprácticos les ha valido el conocido dicho dentro de la profesión: «Por cada quiropráctico hay un quiropráctico igual y opuesto». La actividad de algunos quiroprácticos se asemeja bastante a la de los fisioterapeutas. Solo el 18 % de los quiroprácticos encuestados cree que la profesión debe limitarse al tratamiento de los trastornos musculoesqueléticos, la única parte de la práctica que está respaldada en cierta medida por la evidencia científica. 9. Marketing y publicidad: Un espectáculo de luces y sonidos En 1910, B. J. Palmer se sentó en el banquillo de los acusados por haber atropellado a su propio padre con el coche. El escándalo ya era mayúsculo, pero lo que B. J. Palmer testificó sorprendería aún más. Relató que cuando él tenía 11 años su padre, D. D. Palmer, el fundador de la quiropráctica, le echó de casa, se convirtió en un vagabundo y se vio forzado a robar, motivo que le llevó a la cárcel. Tal vez esta experiencia forjó a B. J. Palmer un carácter decidido, audaz y ambicioso. Lo cierto es que fue su figura carismática, sus habilidades de marketing y sus dotes de showman las que hicieron de la quiropráctica un éxito comercial. El hijo de los Palmer fue un pionero en el uso de la tecnología de su época, lo hizo con los rayos x y también con la radio. Se compró una estación y empezó a publicitar la quiropráctica desde la radio. Eran los inicios de este medio, y la quiropráctica supo estar allí. En la Convención de Quiroprácticos de 1924, B. J. Palmer presentó su invento para identificar subluxaciones, el neurocalómetro, que básicamente consistía en dos termómetros que registraban diferencias de temperatura. B.J. Palmer se dirigió al 92 auditorio de quiroprácticos para compartir con ellos su descubrimiento. Justificó que la interrupción en el impulso nervioso creaba un cambio en la temperatura de la piel. B. J. Palmer lo describió como «la invención más valiosa de la época que selecciona, prueba y ubica la causa de todas las enfermedades en la raza humana». Palmer anunció que el neurocalómetro solo estaría disponible para los quiroprácticos straight. El precio del neurocalómetro ascendía a 2.200 $, el precio de una casa en aquella época, pero no tenía intención de venderles el dispositivo. Él solo lo alquilaría por diez años. Palmer alquiló rápidamente mil neurocalómetros en el Liceo y otros mil al año siguiente. El cachivache, que le costó fabricar menos de 100 $, le convirtió en un hombre rico. A pesar del éxito del neurocalómetro, muchos quiroprácticos se sintieron molestos con B. J. Palmer por enriquecerse a costa de las cuotas de alquiler mensuales a otros quiroprácticos, aunque mucho mayor fue el malestar cuando, a principios de la década de 1930, en otra convención anual, declaró haber inventado un nuevo método, el HIO o «Hole in One». Basándose en estudios que había realizado supuestamente con el neurocalómetro, había llegado a la conclusión de que si la primera vértebra de la columna estaba perfectamente alineada, el resto también lo estarían. En otro alarde de charlatanismo y vendedor de crecepelo, B. J. Palmer aseguró que podían corregirse todas las vértebras tratando una sola, haciendo «hoyo en uno», en una referencia golfística. Todo lo que había que hacer era ajustar la primera vértebra y el resto se alinearían solas como buenos soldados. Esto reducía toda la profesión a un solo golpe, y muchos straights sintieron cada vez mayor desafección con las declaraciones de B. J. Palmer, que parecía estar preocupado solo por la facturación. Actualmente, este método se sigue practicando. Sus promotores realizan manipulaciones solo en esta vértebra, que estadísticamente es la más peligrosa. En España se conoce como Atlas Profilax. 93 En Estados Unidos, los quiroprácticos son considerados por muchos como el profesional de la salud más adecuado para tratar el dolor de espalda y otros problemas musculoesqueléticos. Eso no es un accidente. Las organizaciones quiroprácticas han promovido durante años el éxito de la profesión en el tratamiento de problemas de espalda. Folletos, hojas de información y anuncios de radio y televisión han intentado posicionar a los quiroprácticos como la mejor opción para tratar esas afecciones. Los quiroprácticos tienen desarrollados una serie de estrategias de marketing y venta con la única intención y deseo de ser vendidos. Ensalzan cualquier elemento que pueda generar impacto o sorpresa en sus clientes. Tienen claro que el sonido de los ajustes vertebrales es un elemento potente en sus intervenciones. Por eso no dudan en utilizar camillas con drop que generan un ruido externo o el martillo percutor, un dispositivo que realiza un golpeteo asociado a un ruido que simula la cavitación. Así se aseguran la creencia del paciente de que algo se ha colocado en su sitio. 10. Tratar infantes y neonatos Uno de los asuntos más delicados en el ejercicio de la quiropráctica es el tratamiento de recién nacidos. Alegando que el parto provoca subluxaciones en los neonatos, los quiroprácticos han acabado por usurpar ese momento íntimo como es la maternidad y la paternidad, para realizar ajustes quiroprácticos innecesarios y peligrosos en el mismo quirófano, a columnas diminutas y vulnerables. Los vendedores de ajustes quiroprácticos han centrado muchos esfuerzos en promocionar que los niños acudan a consulta apelando al miedo. El fantasma de la subluxación se esconde detrás de cada golpe y caída que sufren los niños a diario. No les tiembla la voz para decir que las subluxaciones asociadas con el trauma del nacimiento pueden causar hiperactividad, disminución de la resistencia, infecciones del oído, asma, enuresis nocturna o signos de deterioro motor central. La mejor prevención son las revisiones periódicas. 94 Con un poco de voluntad, no debería resultarles muy difícil demostrar sus afirmaciones. Si los quiroprácticos son capaces de diagnosticar subluxaciones por palpación, y el canal del parto provoca subluxaciones, deberían poder distinguir un bebé nacido por cesárea de uno por parto natural, aunque resulta un poco difícil de creer, de entrada, que sea posible siquiera reconocer todas las vértebras por palpación en un bebé. No hay espacio apenas para poner los dedos en su cuello, mucho menos para reconocer siete vértebras distintas y manipularlas de manera selectiva. Osteopatía y quiropráctica comparten muchos rasgos en común, no solo en lo relativo a la terapéutica y la práctica, incluido el tratamiento de infantes, también históricas y filosóficas, algunas de ellas presentes también en este decálogo. Ambas se concibieron originalmente como sistemas completos de medicina alternativos que aspiraban a curar enfermedades. Andrew Taylor Still, por ejemplo, trató enfermedades infecciosas y ceguera entre una gran variedad de afecciones. Curiosamente, el tratamiento de los problemas de la espalda rara vez aparece en sus escritos. Hemos dedicado hasta ahora un espacio importante en este capítulo para entender los orígenes históricos de la osteopatía, pero es momento de avanzar. 95 2.5. La osteopatía en el siglo XX La osteopatía en el siglo XX es la historia de cómo un país como Estados Unidos acabó reconociendo una pseudociencia como la osteopatía, e integrándola en la medicina. Este fenómeno solo puede entenderse desde una estructura de Estados con independencia legislativa. Estados Unidos no tenía en aquel momento las mismas presiones regulatorias que Europa, especialmente en el Medio Oeste, donde se regularon las principales prácticas por popularidad: la osteopatía en Missouri y la quiropráctica en Iowa. Sin duda, fue más fácil convencer a un gobernador y reconocerla en un Estado que convencer a todo el país de una sola vez. Con el tiempo se fue ampliando el reconocimiento por contagio. Lo primero que tuvo que hacer la osteopatía fue mejorar los estándares educativos. A finales del siglo XIX los intentos de regular la osteopatía fueron tumbados por falta de formación académica, así que Still empezó a aumentar el tiempo de formación. Ahora la osteopatía, que antes tardaba cuatro meses en enseñarse, necesitaba veinte meses de formación. En 1897, Andrew Taylor Still consiguió regular la actividad osteopática. La noticia se celebró en Kirksville como si fuese el cuatro de julio. La osteopatía era por primera vez una práctica médica reconocida. Las matriculaciones se multiplicaron. A pesar de los esfuerzos de multiplicar por cinco las horas formativas, el plan de estudios de dos años (veinte meses) parecía escaso al lado del programa de cuatro años (treinta y seis meses) exigido por las escuelas de medicina. Los planes formativos siguieron adaptándose progresivamente. Aunque los contenidos formativos seguían sin ser equiparables, para 1916 todas las universidades osteopáticas ya impartían una formación de cuatro años. La osteopatía había conseguido asombrosamente ampliar su cuerpo de conocimiento en escasos años. Algo que no puede interpretarse más que como un esfuerzo de imaginación forzada, y no tanto de observación empírica. 97 Sin embargo, los estudiantes seguían teniendo dificultades para convertirse en médicos y cirujanos de pleno derecho, y obtener la licencia como tales. Los estándares formativos inferiores provocaban que muchos osteópatas no aprobasen el examen para obtener el título de MD (Doctor en Medicina), y otros decidieran quedarse solo con el título de DO (Diplomado en Osteopatía) sin ni siquiera presentarse al examen. Para mejorar los estándares las escuelas de osteopatía también tuvieron que aumentar los requisitos de admisión. El endurecimiento repercutió en el número de inscripciones. A mediados de siglo los osteópatas registraban mínimos históricos en cuanto a inscripciones. Las tasas de aprobados fueron incrementando y con los años fueron remontando también las inscripciones. La osteopatía en el siglo XX también es la historia de dos asociaciones enfrentadas: la Asociación de Osteopatía Americana (AOA) y la Asociación de Medicina Americana (AMA). En 1901 se constituye la AOA, el aparato político de la osteopatía. Con su creación ganó un grado considerable de autonomía y seguridad jurídica. A lo largo de la primera mitad del siglo XX, la política de la AMA fue desacreditar la medicina osteopática y acusarla de práctica de culto. El código ético de la AMA declaró que no era ético que un médico se asociara voluntariamente con un osteópata. Andrew Taylor Still fue llevado ante los tribunales por tratar pacientes con difteria. Muchos osteópatas fueron acusados de practicar sin licencia, aunque fueron normalmente absueltos gracias a las declaraciones de sus pacientes, a los que llamaban como testigos para narrar los milagros de curación. La revista científica de la AMA, el Journal of the American Medical Association (JAMA), lanzaba periódicamente duras acusaciones contra la osteopatía con reportes y descalificaciones que reflejaban el enfrentamiento abierto entre médicos y osteópatas: «La osteopatía apareció recientemente en una investigación en Toronto, una mujer que murió repentinamente en la oficina de uno de estos irregulares. Según parece, estaba siendo 98 masajeada por bocio, y la manipulación de su tumor fue seguida por una hemorragia en el pulmón con asfixia y muerte. El osteópata, según los informes, se declaró producto de la escuela de Kirksville y afirmó que no era necesario que él supiera nada sobre medicina. Su libro de casos fue llevado a los tribunales y en él aparecieron casos diagnosticados como fiebre tifoidea, difteria y muchas otras dolencias. El veredicto del jurado fue bastante peculiar: absolvió a todos de la responsabilidad por la muerte, pero condenó el tratamiento como peligroso, y expresó la opinión de que se deben promulgar leyes estrictas «para poner fin a esta práctica peligrosa y otras de naturaleza afín». Por supuesto, hasta que se promulgue dicha ley, el osteópata probablemente continuará; sin embargo, es una satisfacción saber que la práctica está condenada, incluso con un blanqueo por el practicante»2. «Lo que es valioso en la osteopatía es el masaje. A pesar de sus negaciones, los osteópatas son simplemente masajistas, pero utilizan sus métodos con una ignorancia y presunción que puede hacer que sus manipulaciones sean peligrosas en algunos de los casos más graves, que con demasiada frecuencia se aventuran a tratar. Habla mal de la cultura científica y la inteligencia general del país que una pseudociencia tan palpable, como las declaraciones de la propaganda de Still, no haya visto todos sus engaños»3. «Ahora es absolutamente seguro que los osteópatas, quienesquiera que sean, tienen una conspiración organizada para que se reconozcan sus diplomas, y se coloquen por encima de la profesión regular a la vista de la ley, en todos los Estados de la Unión, ya que los proyectos de ley de osteopatía idénticos en palabras se han introducido en varias legislaturas. En la mayoría de los Estados, se ha intentado introducir los proyectos de ley en la Legislatura sin comentarios y, como era de esperar, con la menor publicidad posible. ¿Quién está pagando por toda esta acción enérgica por parte de los Solons legislativos en los diferentes Estados?, aún no se ha 2 ANOTHER VICTIM TO OSTEOPATHY. (1901). JAMA: The Journal of the American Medical Association, XXXVII(20), 1323.doi:10.1001/jama.1901.02470460037007. 3 OSTEOPATHY VS. MASSAGE. (1901). JAMA: The Journal of the American Medical Association, XXXVI(14), 972.doi:10.1001/jama.1901.02470140042010. 99 hecho evidente, pero cierto charlatán publicitario en Chicago admitió, en la audiencia del escritor de este artículo, que él mismo había de «hospedarse», dijo que sería el medio de romper las leyes vigentes promulgadas contra la charlatanería y la publicidad en general»4. Como respuesta a la ofensiva de la JAMA, la AOA presentó en 1901 su propia revista científica, el Journal of the American Osteopathic Association (JAOA). Hay que reconocer que 1901 es una época temprana para el nacimiento de una revista científica. Las revistas científicas más prestigiosas del mundo, como la británica Nature (1869), la estadounidense Science (1880) o la propia JAMA (1883) habían surgido apenas unas décadas antes, aunque este hito histórico le había llegado a la osteopatía demasiado pronto, y por motivos no demasiado científicos. La JAOA no tenía estudios científicos que publicar, la revista era poco más que un pasquín publicitario. Solo reportaban resultados favorables, que los médicos percibían como bravuconadas intercaladas con ataques a la medicina. Los publirreportajes eran tan poco aseados que mostraban numerosas inconsistencias. Para una condición determinada, por ejemplo el asma, un osteópata refería haber encontrado lesiones a nivel cervical, otro en el área dorsal y un tercero las habría localizado en la región lumbar, y cada uno anunciaba resultados positivos manipulando solo donde las lesiones habían sido palpadas. En 1910, Abraham Flexner, un director y profesor de escuela secundaria, entregó los resultados del informe que había sido encargado realizar sobre la enseñanza en las escuelas de Medicina de Estados Unidos y Canadá. El Informe Flexner es considerado el hito más importante en la historia de la educación médica estadounidense y canadiense. Flexner informó de las malas condiciones de las escuelas de medicina y del ex4 AN OSTEOPATHY CONSPIRACY. (1897). JAMA: The Journal of the American Medical Association, XXVIII(19), 903.doi:10.1001/jama.1897.02440190041012. 100 ceso de escuelas y de médicos. Permitió regular la apertura de nuevas escuelas y establecer estándares más altos de admisión y graduación, pero también sirvió para condenar las prácticas médicas no convencionales, como la homeopatía o la osteopatía, a las que Flexner denominó «sectas médicas». Las escuelas de medicina alternativa, como las de homeopatía, tuvieron que cerrar, sin embargo, la osteopatía pudo continuar. El Informe Flexner solo consiguió prohibir la apertura de nuevas escuelas de osteopatía, pero las que ya existían pudieron seguir operando, no sin antes sufrir profundas transformaciones. A partir de 1910, la mayoría de osteópatas incorporaron diagnósticos físicos, pruebas de laboratorio, radiografías, medicamentos, vacunas, sueros y cirugías. A pesar de haber incluido procedimientos médicos a su práctica, los osteópatas seguían defendiendo la misma osteopatía. Los médicos, por su parte, veían con recelo estas incursiones en los procedimientos médicos. Liderando esa resistencia estaba el médico especialista en ortopedia A. J. Steele, que no hay que confundir con A. T. Still. Para Steele, «la osteopatía no era diferente de la Ciencia Cristiana, la sanación magnética o el agua de Lourdes». En 1917, el año que fallecía Still, el mundo vivía su Primera Guerra Mundial. La AMA se opuso a que los osteópatas tratasen a los heridos de guerra y desató las protestas. El asunto trascendió hasta el presidente Roosevelt, que se posicionó a favor de la osteopatía, ganaron la contienda y los osteópatas salieron reforzados en popularidad. Eran tiempos en los que estar unidos. El tema más controvertido con el que lidiaron los osteópatas durante las primeras tres décadas del siglo XX fue el tipo de enfermedades y condiciones que debían tratar. Por un lado estaban los lesion osteopaths o «diez dedos», que consideraban que tenían que limitarse a identificar las lesiones osteopáticas 101 descritas por Still usando solo sus manos, y luego estaban los broad osteopaths, que en su hibridación con la medicina habían adquirido conocimientos de análisis de laboratorio, cirugía y obstetricia. También mostraban simpatía por la hidropatía y la electroterapia. Para Still y los «diez dedos» el empleo de técnicas no osteopáticas por parte de los osteópatas constituía una herejía. El manifiesto de Still en 1902 con los principios osteopáticos dejaba claro aquello que no era osteopatía: «Ni fármacos, ni vacunas, ni hidroterapia», sin embargo, tanto la hidroterapia, como el ejercicio correctivo, la terapéutica mental y la dieta y química de los alimentos siguió abriéndose paso entre los osteópatas broad, y en 1912 la JAOA introdujo columnas mensuales de cada una de ellas. Los nuevos conocimientos médicos dieron una nueva perspectiva a los estudiantes de osteopatía que resultaba difícil de maridar con la filosofía y los tratamientos osteopáticos. Por un lado, estaban aprendiendo a tratar amígdalas inflamadas, hemorroides, tumores fibroides, cálculos biliares y apendicitis con manipulaciones osteopáticas inverosímiles, y por el otro adquiriendo conocimientos en química, farmacología y cirugía para resolverlos. En la década de 1930, los osteópatas empiezan a usar el término «medicina osteopática» para reivindicar los mismos derechos que los médicos. Querían ser considerados médicos sin perder su esencia de osteópatas, pero solo el 20 % de los osteópatas fue capaz de obtener su licencia de Medical Doctor (MD). Los osteópatas no aprobaban el examen de medicina. A principios de los 40, durante la II Guerra Mundial, los osteópatas consiguieron que el Congreso aprobara la Ley de Asignaciones Militares, que permitía el ingreso de osteópatas en el departamento médico del ejército. A mediados de la década de 1940 la AMA volvió a cargar contra la osteopatía, esta vez para oponerse tajantemente a los preceptos de William Sutherland en la recién 102 inventada osteopatía craneal, a la que tacharon de práctica no científica. Los osteópatas se volvían más oscuros, al mismo tiempo que utilizaban cada vez más procedimientos médicos. Para los años cincuenta solo el 10 % de todos los osteópatas empleaba procedimientos exclusivamente osteopáticos. En la década de 1960, la AMA aún consideraba cultista la actividad de los osteópatas, pero el vínculo histórico y el enraizamiento político y legislativo de la osteopatía en Estados Unidos ya era difícil de detener. La infraestructura de universidades, organismos, pasantías, residencias y miembros operantes suponía un impedimento a su disolución, aunque la AMA no estaba dispuesta a ponérselo fácil a los osteópatas. En 1961 la AMA declaró: «No puede haber dos ciencias de la medicina o dos sistemas diferentes pero igualmente válidos de práctica médica… La pregunta ahora debería ser: ¿ejerce el médico osteópata la osteopatía o practica un método de curación fundado en una base científica? Si ejerce la osteopatía, practica un sistema de cura de culto». La AOA respondió: «No es realista sostener que la práctica de la medicina es ciencia pura. Es igualmente poco realista insistir en que solo un sistema de práctica médica, ese sistema oficialmente aprobado por un cuerpo político, pueda ser válido». La AOA seguía manteniendo su posición de independencia y defensa de la identidad osteopática. California era el único Estado que apostaba por la fusión completa. Los californianos fueron los primeros en llevar a cabo la conversión y abandonar su título de DO para convertirse en MD de pleno derecho totalmente acreditados. El 86 % de los osteópatas decidió hacerlo. California era el estandarte de los osteópatas broad. Estaban mejor cualificados y se consideraban más científicos que el resto de osteópatas del país, estaban más próximos a la medicina que a la osteopatía. Con la fusión surgieron los términos MD 103 «congénito y adquirido». Los «adquiridos» o «MD pequeños», era como llamaban con recelo los médicos «congénitos» a los osteópatas convertidos a médicos, eran los muggles del universo de Harry Potter. La AOA aprovechó para recordar que ellos preferían ser «el gran DO» antes que «el pequeño MD». En California, mientras tanto, los médicos osteópatas empezaron a remitirse pacientes con sus nuevos compañeros, y la situación poco a poco se fue normalizando. La conversión de California sirvió de acicate para replicarse en el resto de Estados. Antes de acabar la década de 1960 ya había diez Estados que habían aprobado la práctica médica ilimitada para los osteópatas. La AMA retiró la etiqueta de cultistas sobre los osteópatas. Médicos y osteópatas empezaron poco a poco a conciliar. Los colegios de medicina osteopática fueron creciendo durante los años 60 y 70, lo que supuso una defensa institucional y política de la osteopatía más alineados con la AMA. En los años 70 y 80 los osteópatas empezaron a cubrir la necesidad asistencial de médicos de familia y acabaron filiados a esta especialidad. En los años 80 y 90 las escuelas de osteopatía evolucionaron hacia las universidades de ciencias de la salud, que incluían también farmacia, fisioterapia, podología, odontología y optometría. Los enfrentamientos entre médicos y osteópatas fueron disminuyendo en intensidad. Para 1999 aproximadamente el 60 % de todos los osteópatas estaban en atención primaria (48 % en medicina familiar, 8 % en medicina interna y 3 % en pediatría). En la actualidad, los osteópatas americanos tienen licencia para practicar la medicina, sin embargo, tienen sus propias universidades, hospitales, asociaciones, juntas especializadas y sus propias revistas. Estudian cuatro años en una escuela de medicina osteopática, donde los dos últimos años tienen estancias rotativas hospitalarias junto al resto de especialidades 104 médicas, y después cursan dos años más de capacitación para la especialidad, normalmente en atención primaria. Usan más medicamentos y procedimientos médicos que manipulaciones osteopáticas. Cada vez son más los osteópatas miembros de la AMA y menos de la AOA. Las universidades osteopáticas no son instituciones orientadas a la investigación. A diferencia de la mayoría de las escuelas de medicina, no disponen apenas de becas para investigación, ni plazas a tiempo completo en departamentos de investigación. Su orientación es eminentemente asistencial. Las escuelas de osteopatía americana han hecho una contribución relativamente pequeña para crear nuevo conocimiento en osteopatía, y teniendo en cuenta que quienes más publican a nivel mundial en su campo son los osteópatas americanos, esto debe ayudar a dimensionar la relación de la osteopatía con la ciencia. La osteopatía ha sobrevivido en términos darwinistas por selección natural bien entendida, no por ser la más apta ni la más fuerte, sino por haber conseguido adaptarse a las condiciones que su ambiente requerían. A diferencia de otras terapias alternativas que se marchitaron con el desarrollo de la medicina, la osteopatía se afianzó en el sistema de salud americano, pero el pasaje no fue gratis. El gran bastión de la osteopatía mundial, los osteópatas americanos de los que tanto hablan el resto de osteópatas del mundo como el ejemplo a seguir, cada vez utilizan menos la osteopatía. En la encuesta nacional de atención médica ambulatoria de 1974 realizada por el Centro Nacional de Estadísticas de Salud, se estimó que menos del 17 % de todas las visitas de pacientes a osteópatas se resolvió con tratamiento manipulativo osteopático. Estudios más recientes confirman esta tendencia a la baja. Según un estudio de 2001, el 30 % de los médicos de familia osteópatas encuestados informaron que empleaban el tratamiento manipulativo osteopático en menos del 5 % de sus pacientes, 105 el 50 % lo usaban del 5 al 25 % y solo el 20 % de los médicos de familia osteópatas lo usaba en más de la mitad de sus pacientes. La AOA, por su parte, sigue empeñada en soplar y sorber a la vez. Continúa su compromiso de mantener la independencia e identidad de la profesión osteopática, y no hay atisbos de que esa posición vaya a cambiar. De hecho, sigue denunciando una situación de «invisibilidad social» eclipsada por la medicina de la que forma parte. La osteopatía no puede compararse a la medicina en número. En muchas partes de los Estados Unidos hay tan pocos osteópatas que apenas tienen representatividad. La identidad de homeópatas y acupuntores es mucho más clara y evidente para los ciudadanos norteamericanos que la osteopatía. En el ranking de profesiones sanitarias los osteópatas están a la cola en la percepción de la población. A lo largo del siglo XX la fusión médicos-osteópatas llevó a unos y a otros a adoptar posiciones enemistadas entre sus respectivos organismos. La AMA pasó de la política de «matar a la medicina osteopática» de la primera mitad del siglo XX al «amarnos hasta la muerte». En la segunda mitad del siglo XX la AMA adoptó la postura de absorber a los osteópatas. Obligar a las universidades a incorporar su programa para ser considerados médicos y atraer los estudiantes a ellos. Fagocitarla y doblegarla dentro de la práctica médica. La AOA luchó por mantener la independencia y su identidad separada, en facultades propias, mientras luchaban por adquirir los mismos derechos que los médicos. La AMA alentó a los estudiantes osteópatas a matricularse en universidades de medicina a cambio de créditos académicos. La AOA denunció que la AMA les estuviera robando estudiantes. Esta disputa dividió también a los estudiantes. Algunos osteópatas no apoyaban la política de la AOA, que desalentaba la fusión. A fin de cuentas, lo que se estaba haciendo era juntar el agua con el aceite, así que lo removieron todo muy fuerte intentando alcanzar el punto de emulsión. 106 El batido de la medicina osteopática resultó para muchos, tanto médicos como osteópatas, indigesto, pero sin duda la historia de la osteopatía en Estados Unidos durante el siglo XX es un buen ejemplo del dicho «la política hace extraños compañeros de cama». 107 3. Los principios filosóficos osteopáticos 3.1. Una cuestión de principios La osteopatía, como los propios osteópatas remarcan, no es simplemente un sistema de terapia manual, sino un sistema filosófico para comprender la naturaleza del hombre y el universo. Una filosofía de armonía con la naturaleza y una visión del mundo, incluida la perspectiva espiritual que confiere una gran filiación identitaria y sensación de pertenencia al grupo en sus miembros, que es difícil de disolver. La filosofía osteopática, irremediablemente, abre el camino hacia el dogma. Esta filosofía se fundamenta en los llamados principios osteopáticos. Unos principios que se consideran los pilares del razonamiento clínico osteopático, y que diferencian su enfoque de otros campos de la terapia manual. He de insistir en ello, la osteopatía es, por encima de todo, la expresión de su filosofía en un contexto clínico. Sin esa filosofía la osteopatía no sería más que un conglomerado de técnicas manuales con mayor o menor fortuna. Y obviamente existe un problema inherente al hecho de vincularse de por vida a unos principios expresados por un hombre del siglo XIX. Es ante todo una actitud profundamente anticientífica e ingenua pretender que puedan erigirse como ver109 dad para todos los problemas de salud, en todas las personas y en todas las circunstancias, en vez de limitarse exclusivamente a una práctica basada en la evidencia. Algunos osteópatas sostienen que los principios osteopáticos deben ser interpretados a la luz del conocimiento actual, como la adaptación de las sagradas escrituras, pero eso no es muy distinto a decir que el arca de Noé es un relato bíblico metafórico para narrar un hecho que sí ocurrió en verdad, el diluvio universal. A esto se le denomina investigación por exégesis. Quienes sostienen tan filólogo esfuerzo consideran que los principios de Still tampoco decían nada erróneo. «La ley de la arteria es absoluta», si se quiere, tampoco es tan excéntrica, los tejidos necesitan estar bien vascularizados. Ciertamente, no se puede decir que eso no sea correcto, el problema es que un principio es una regla de un sistema que tiene que cumplirse siempre si pretende ser cierto y, como veremos en el siguiente apartado, lo que Still pretendía decir con la ley de la arteria no era simplemente eso. En esa interpretación que busca darle un sentido contemporáneo, tal vez la osteopatía ya no tenga nada distintivo que ofrecer al cuidado de la salud. La disyuntiva es delicada: o admiten que los principios son anacrónicos y falsos, o reconocen que lo que se sigue de adaptarlos al siglo XXI es que son autoevidentes, y no constituyen un elemento distintivo significativo. 110 3.2. Palabra de Still Andrew Taylor Still no creó la osteopatía con la intención de realizar técnicas de manipulación de manera secuencial. Esas técnicas ya existían. Still configuró su terapéutica en torno a la expresión de una filosofía. Esa filosofía osteopática es la que confirió originalidad a su propuesta. La identidad osteopática se construyó sobre esta filosofía. La misión, visión y valores de cualquier empresa es su identidad corporativa, y en el caso de la osteopatía esto es sinónimo de filosofía osteopática. Algo así como el ADN de la empresa osteopática quedaba patente en su libro Phylosophy of Osteopathy, escrito por Still en 1899. Detrás de toda esa falsa complejidad en la causa última y verdadera de todas las enfermedades Still apuntaba a una sola cosa: la ley de la arteria. «Creo que en este momento estoy completamente preparado para decir que puedo ofrecer una filosofía más racional de lo que debería ser el primer objeto del médico [...] Creo que esta filosofía sostendrá a las mentes más fuertes en la conclusión de que nuestro primer y más sabio paso para combatir con éxito todas las enfermedades sería primero inhibir los nervios de los linfáticos, luego producir constricción muscular y hacer que descarguen sus contenidos enfermos y los mantengan descargados hasta que la renovación esté completa; dejar a los linfáticos en un estado puramente saludable, y mantenerlos en esta condición en cualquier período de la enfermedad. Desde hace mucho tiempo he opinado que si pudiéramos evitar que se acumularan todas las impurezas en los vasos linfáticos, y nunca permitir que se sobrecarguen, no tendríamos enfermedades como fiebre biliosa, fiebre tifoidea, fiebre de montaña, malaria, neumonía, enfermedades cardíacas, enfermedades cerebrales, ictus, locura y la lista completa de problemas climáticos, relacionados con el cambios de invierno y verano». Para Still, la sangre era el medio de transporte de todos los elementos que asegura la inmunidad natural contra las enferme111 dades. Una interrupción en el aporte sanguíneo abocaba irremediablemente a la enfermedad. La ley de la arteria tiene una justificación actual si se prescinde de la idea de que la sangre sea la causa única de todas las enfermedades. Es evidentemente que los tejidos necesitan aporte sanguíneo, pero la ausencia de aporte sanguíneo, la isquemia propiamente dicha, provoca una única e inexorable consecuencia, la necrosis en los tejidos. Ni la falta de alineación en las vértebras ni ninguna otra disfunción osteopática supone una falta de vascularización de los tejidos. De hecho, algo sucede habitualmente cuando la isquemia se produce, es el dolor. El dolor nos avisa de que algo malo está sucediendo en un proceso isquémico de los tejidos musculo-esqueléticos. Se considera que las posturas mantenidas provocan dolor isquémico, que nos obliga a realizar constantes cambios posturales para salvaguardar la integridad de los tejidos. Esto es fácilmente comprobable con un experimento casero. Si uno se provoca un torniquete en el brazo lo suficientemente fuerte como para interrumpir el flujo sanguíneo, el brazo empezará a doler súbitamente en cuestión de varios minutos, tal vez segundos, y la intensidad del dolor irá aumentando rápidamente a menos que se libere la presión del brazo. El dolor isquémico inducido es un procedimiento que se utiliza en algunos experimentos, especialmente los que estudian el efecto placebo, porque es un dolor fácilmente reversible y que no causa daños secundarios siempre y cuando no se prolongue en el tiempo. La enfermedad visceral tampoco sobreviene por un debilitamiento de sus funciones, consecuencia de una ausencia de aporte sanguíneo. Este es un reduccionismo paradójico para un sistema médico alternativo que postula complejidad y holismo. La realidad del planteamiento osteopático original es de una simpleza pasmosa. Still proclamó que «la regla de la arteria debe ser absoluta, universal y sin obstrucciones, o la enfermedad será 112 el resultado». Sobre esta base con categoría de ley, nada menos, Still aseguró que podían curarse la erisipela, la disentería, la neumonía, la meningitis, la escarlatina, la difteria, el sarampión, las paperas y todas las enfermedades estacionales relacionadas con los cambios de tiempo. «Es ignorancia y falta de atención a las arterias para abastecer y las venas para eliminar todos los depósitos antes de que formen tumores en los pulmones, el abdomen o cualquier parte del sistema. Es la ignorancia del hombre de cómo y porqué la sangre se renueva y por qué se forman los tumores la que ha permitido que el cuchillo sea encontrado en los cinturones de tantos médicos hoy en día. En esta ley, la osteopatía se ha mantenido con éxito y ha curado a más que cualquier otra escuela de sanación, y ha sostenido económicamente a todos sus diplomados. Escribo este artículo sobre la sangre para el estudiante de Osteopatía. Quiero que ponga la naturaleza a prueba de su mérito, y saber si es una ley igual a todas las demandas. Si no es así, estará muy seriamente limitada cuando vaya a la guerra contra las enfermedades. ¿Qué se debe entender por enfermedad?». A Still no le gustaba tratar pacientes intervenidos quirúrgicamente porque decía que la cirugía había destruido las arterias y ya no se podía hacer nada. En ocasiones, se refería a la imago de salud y enfermedad de una manera más genérica y metafórica como «los fluidos». El conjunto de vehículos de transmisión de vida y clave en la génesis de la enfermedad eran dichos fluidos. En esos fluidos se hallaba también el espíritu y la esencia de la vida impulsada por el Creador. Religión y espiritualidad se mezclaban con la anatomía en esos fluidos corporales. Algunos osteópatas en la actualidad han visto en esa «osteopatía de los fluidos» una manera de disfrazar el impulso de la osteopatía más pseudocientífica. «Los fluidos se conocen como los ríos de la vida, cuyo deber es transmitir material a todas las partes del cuerpo sin omisión alguna, que llamamos maquinaria de nutrición». 113 Sin embargo esta teoría primitiva por sí sola no termina de explicar la filosofía osteopática, tan solo esboza un origen monista de las enfermedades. Entonces, ¿qué es la filosofía osteopática y qué supone clínicamente? Un acercamiento más claro lo podemos encontrar en el manifiesto de 1902, que Still hizo público con los nueve puntos que consideraba como la visión oficial de la profesión osteopática, y a los que denominó «principios fundamentales de la osteopatía», que no era más que una declaración fronteriza de lo que no era osteopatía y con lo que no debía confundirse. Estos principios más tarde se publicaron en su libro de 1910 Osteopatía; investigación y práctica: «Creemos en la sanidad y la higiene. Estamos en contra del uso de medicamentos como agentes curativos. Estamos en contra de la vacunación. Estamos en contra del uso de sueros para el tratamiento de las enfermedades. La naturaleza fabrica su propio suero si aprendemos cómo hacerlo. Somos conscientes de que muchos casos necesitan de tratamiento quirúrgico, y en estos casos lo defendemos como último recurso. Creemos que muchas operaciones son innecesarias y que muchas podrían ser evitadas gracias al tratamiento osteopático. El osteópata no depende de la electricidad, los rayos X, hidroterapia o cualquier otra ayuda, sino que confía en las medidas osteopáticas para el tratamiento de las enfermedades. Tenemos una simpatía especial hacia otros métodos curativos naturales o que no usan fármacos, pero no los incorporamos en nuestro sistema de trabajo. Estamos en contra de los fármacos; y en esto coincidimos todos los métodos naturales y no dañinos de curación. La osteopatía es un sistema independiente y puede ser aplicado para todas las condiciones de enfermedad, incluidos 114 los casos puramente quirúrgicos, en esos casos la cirugía es una rama de la osteopatía. Creemos que nuestro hogar terapéutico es lo suficiente amplio para la osteopatía, y que cuando otros métodos son traídos la osteopatía deben irse a otra parte». 115 3.3. Los principios osteopáticos En realidad, Still no se esforzó demasiado por aclarar ni definir la filosofía osteopática. Pese a haber escrito un libro entero con el título de Filosofía en Osteopatía en el año 1899, Still no enumeró los principios osteopáticos. Still hablaba de «un plan», «un Creador», «fuerzas que se transmiten» y «sabiduría de la Naturaleza» junto a descripciones mecanicistas que comparaban osteópatas a maquinistas o mecánicos que ajustan piezas anatómicas. Desde 1874 hasta 1917, cuando Still falleció, no hubo ningún consenso sobre los principios osteopáticos. Fueron sus alumnos y discípulos quienes dieron cuerpo a los principios osteopáticos y se esforzaron en extraer la esencia de los textos de Still. En la década de 1920 la facultad de la escuela de osteopatía de Kirksville publicó el primer consenso de principios osteopáticos, y fueron ampliamente aceptados en toda la profesión. Enumeraron tres principios fundamentales: 1. La estructura gobierna la función. 2. El cuerpo es autosuficiente y tiende a curarse. Siempre tiende a lo normal. 3. La ley de la arteria es suprema. En 1953, los principios osteopáticos fueron revisados y pasaron a ser cuatro, pero la ley de la arteria desapareció. En su lugar floreció la unidad del cuerpo, que de nuevo, más que un principio parecía una obviedad y los otros dos principios fueron matizados. La fanfarronada de que el cuerpo siempre se cura solo fue sustituida por «el cuerpo posee mecanismos de autorregulación», y la estructura gobierna la función por «estructura y función están relacionadas entre sí», de tal manera que los principios osteopáticos dejaron de decir errores conceptuales de bulto para decir solo obviedades. El cuarto principio emergió solo para recordar cuáles eran los tres anteriores por si alguien se había perdido por el camino, de modo que el asunto quedó así: 117 1. El cuerpo es una unidad. 2. El cuerpo posee mecanismos de autorregulación. 3. Estructura y función están recíprocamente interrelacionados. 4. La terapia racional se basa en un entendimiento de los tres anteriores. En 2002 los principios osteopáticos fueron revisados una vez más por un comité de expertos, que decidió no cambiar nada y hasta la fecha siguen vigentes. Aun así los principios revisados y edulcorados se siguen intercambiando con los principios osteopáticos de los años 20. Se nombran indistintamente. En la norma europea de 2015 se hace mención a los principios osteopáticos. A nivel legal, el documento UNE-EN 16685:2015. Osteopathic Healthcare Provision tiene mayor validez que cualquier consenso que hayan emitido los osteópatas. Según esta norma europea los principios osteopáticos son: El ser humano es una unidad funcional dinámica, en cuyo estado de salud influye el cuerpo, la mente y el espíritu; si una de estas partes se cambia en el sistema, el equilibrio del conjunto se verá afectado. El cuerpo posee mecanismos autorreguladores y se cura a sí mismo de forma natural; el ser humano intenta siempre recuperar su propio equilibrio dinámico y establecer la homeostasis. Estructura y función están interrelacionadas a todos los niveles del ser humano. Estos principios aclaran mucho mejor algunas ambigüedades. «El cuerpo es una unidad», resulta que quería decir que la osteopatía encaja mejor en las terapias mente-espíritu de las new age que en la medicina. El principio de autorregulación del cuerpo vuelve a decir que el cuerpo tiende siempre a curarse y encontrar el equilibrio, lo cual de nuevo se aleja de la realidad. El tercer principio de la interrelación entre estructura y función sigue 118 siendo bastante ambiguo. ¿Qué quieren decir los osteópatas con «estructura y función están interrelacionadas a todos los niveles»? Para ayudarnos a entenderlo mejor la AOA en su página web nos da un ejemplo muy ilustrativo: «Tercero, la estructura y la función están interrelacionadas y pueden afectarse entre sí. Por ejemplo: la mala nutrición puede conducir a problemas de inmunidad e inflamación. Esos problemas pueden conducir a problemas gastrointestinales. Los problemas gastrointestinales pueden causar problemas con la detoxificación. Los problemas con la detoxificación pueden provocar estrés oxidativo y una menor producción de energía. Estos problemas pueden provocar estrés ambiental, que puede influir en los malos hábitos nutricionales del paciente. Es importante que un médico entienda que el paciente es más de lo que declara como su síntoma. Como DO, está capacitado desde el primer día para tener en cuenta la interrelación de estructura y función». Honestamente, no sabría decir si esto aclara o enturbia aún más el significado. Lo que sí parece es que se meten en otro jardín, el jardín de la «detoxificación». La detoxificación es una pseudociencia que se define como una limpieza corporal que supuestamente elimina las sustancias «tóxicas» que se han ido acumulando en el organismo, pero no existe tal cosa como la «desintoxicación» o «detoxificación». En términos médicos es una tontería, pero tiene un vínculo con la osteopatía que se remonta a la época de Still. Cuando la medicina heroica empezó a ser criticada surgió la teoría de la intoxicación. Los médicos mataban a sus pacientes con venenos que intoxicaban aún más a los enfermos, y lo «natural» surgió como opuesto a las intervenciones médicas. La osteopatía abrazaba la Naturaleza como expresión de oposición a los medicamentos, y lo «detox», que se ha puesto de moda de nuevo con las dietas depurativas, ha sido aplaudido por la osteopatía. Como se suele decir, «la cabra tira para el monte», pero resulta sorprendente que a médicos capacitados con for119 mación en osteopatía en Estados Unidos no les chirríen estas elucubraciones Pero nos habíamos quedado en intentar aclarar la ambigüedad de «la estructura gobierna la función», ya que lo que la AOA podría estar expresando aquí es otra característica esencial de la osteopatía, el holismo, y es que en el consenso de mínimos de los principios osteopáticos se dejaron fuera muchos aspectos distintivos de la osteopatía que algunos osteópatas reivindican, y que reflejan de una manera más detallada y completa la filosofía osteopática. 120 3.4. Filosofía Osteopática Los principios osteopáticos, en resumen, no expresan el carácter distintivo de la osteopatía. Como expresó el osteópata Stephen Tyreman, «son ambiguos, imprecisos e incompletos», se quedan cortos y requieren información adicional para entender el sustrato filosófico de la osteopatía. Muchos osteópatas han mostrado interés por entender mejor su filosofía y sintetizar los elementos más distintivos. Uno de esos autores es el estadounidense Steve Paulus. Paulus es un médico-osteópata que lleva más de una década enseñando filosofía osteopática por todo el mundo. De acuerdo con Paulus, los principios osteopáticos son un conjunto vago de ideas que muchos profesionales de la salud no osteopáticos y profesionales de la medicina alternativa también recomiendan. Paulus, además de médico osteópata, es también instructor de yoga, formado en medicina tradicional china, homeopatía y medicina ayurvédica. Por eso Paulus propone profundizar en los elementos filosóficos distintivos de la osteopatía. En su artículo «Definiendo la osteopatía» del número 2 de la revista canadiense The Osteopathyst de 2015, Paulus describe un extenso listado de veinte principios distintivos de la filosofía osteopática, a los nueve primeros los considera principios fundacionales y los restantes, principios relacionados con la práctica. Los principios fundacionales reflejan la manera de ser del osteópata, y los siguientes la manera de ejercer: 1 Holismo 2. La conexión cuerpo-mente 3. El equilibrio de estructura y función 4. Saber lo normal 5. Encontrar la salud 121 6. Material y no material 7. Curiosidad clínica 8. La consciencia del osteópata 9. La vida interior del osteópata 10. Tratamiento manipulativo osteopático 11. Autocuración y compensación creativa 12. Disfunción somática 13. Especificidad anatómica 14. Restauración del movimiento 15. Sistema musculoesquelético 16. Fluidos 17. El poder de los nervios sin obstrucciones 18. La conexión visceral 19. Los ciclos de causa y efecto 20. Dolor = Síntoma. El listado de Paulus sigue incluyendo elementos distintivos de las terapias alternativas, pero es inevitable que sea así porque la osteopatía es una terapia alternativa más. El holismo, la conexión cuerpo-mente y la autocuración son rasgos característicos del misticismo new age, lo que Still llamó la «unidad conectada con la Naturaleza». La Naturaleza cobra un valor abstracto de poder superior, de conexión y de fuerza de curación, presente en todo lo que nos rodea. Un ente que conecta lo material con lo inmaterial en la dimensión espiritual. Pero también incluye puntos muy específicos de la osteopatía. Uno de ellos es lo que Paulus denomina «saber lo normal». Para comprender las condiciones anormales de lesión o enfermedad el osteópata debe conocer el equilibrio de estructura y función de lo que es normal. Es un canon de anatomía normal como expresión de salud renacentista, como si todos fuéramos 122 el Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci, y esta es la base del diagnóstico y tratamiento de la osteopatía. «Consideramos que el cuerpo en salud significa perfección y armonía, no en una parte, sino en su conjunto». A. T. Still Un delicado equilibrio que puede verse alterado fácilmente con las actividades de la vida diaria. ¡Cuánta fragilidad para una máquina perfecta! Todos esos elementos anormales son detectados por los osteópatas. Ese reconocimiento palpatorio de la arquitectura humana es muy minucioso, y es lo que Paulus denomina la «especificidad anatómica para detectar la anatomía anormal». Al conjunto de cosas que los osteópatas encuentran anormal le denominan «disfunciones somáticas», y sobre estas aplican el «tratamiento manipulativo osteopático» para devolverles la normalidad. «Un conocimiento de anatomía es solo un peso muerto si no sabemos cómo aplicar ese conocimiento con habilidad exitosa». A. T. Still Las correcciones suceden tan fácilmente como se alteraron, aplicando pequeñas fuerzas manuales, como moldear con plastilina. Paulus señala también como punto filosófico el sistema musculoesquelético, pero esto resulta algo confuso porque en realidad la osteopatía no se limita al sistema musculoesquelético, se refiere más bien a la relación musculoesquelética con la salud general de todo el organismo. Cuando el sistema musculoesquelético no funciona con normalidad, todo el organismo puede verse afectado. Es, por tanto, la concepción del sistema musculoesquelético como origen de enfermedades y afectaciones en otros sistemas. La restauración del movimiento como objetivo último de la normalización de los tejidos tiene un sentido muy amplio. No es 123 solo el movimiento articular cinemático que uno imagina cuando piensa en una persona en movimiento, es movimiento en su máxima expresión. Y en su mínima expresión, en realidad. Se refiere al movimiento de las vísceras, de los huesos del cráneo, el fluir de toda sustancia corpórea, ya sea líquido cefalorraquídeo, líquido extracelular, sangre o linfa. Es el fluir de las propias células, de las fascias y también de la energía. Movimientos tanto vitales como materiales. Los fluidos a los que Still llamaba «los grandes ríos de la vida» debían discurrir sin obstrucciones o se corromperían como el agua estancada. Still utilizó toda una pléyade de términos como «campos marchitos», «acumulación no natural de líquidos», «retraso en el paso de la sangre», «sangre suspendida», «retraso de líquidos», «fluidos obstruidos», «congestión», «estancamiento» y «edema», porque era el nexo de unión entre lo material y lo inmaterial. El fetiche de los fluidos no hacía referencia a un sistema hidrodinámico objetivo, sino a un flujo vital. Still hablaba también de «fluidos desvitalizados», «fluidos muertos» o «calidad de vida» haciendo referencia a ese flujo vital. «La enfermedad es causada por la interrupción del suministro de líquido o la calidad de vida». A. T. Still Dos elementos místicos más que menciona Paulus son la consciencia y la vida interior del osteópata como algo extraordinariamente digno de mención en la filosofía osteopática. Esto nos da una idea de su autoestima y autopercepción profesional. Suena raro, pero en la práctica osteopática se insiste mucho en la importancia de la atención y la intención de la técnica que se está aplicando. Dirigir la atención, concentrarse, focalizar, visualizar y desear que suceda mejora los resultados clínicos. Y de alguna manera esto es cierto, y por esa misma razón se hacen los estudios doble ciego, porque la actitud del clínico influye en los resultados, pero por la percepción del paciente al ver a un terapeuta que 124 se concentra y se lo toma muy en serio, no porque la técnica que se está ejecutando resulte más eficaz, por mucha hipérbole con la que se rodee. «Durante un tratamiento osteopático, se produce un diálogo íntimo entre el osteópata y el paciente. Este diálogo no es verbal». Steve Paulus Por vida interior se entiende la parte trascendental y metafísica de la esfera espiritual. Paulus en este punto afirma que «aunque la osteopatía en sí no es una religión, los osteópatas de manera individual pueden elegir interpretar abiertamente la práctica clínica osteopática a través del filtro de sus creencias religiosas personales, o la opción de disociar las creencias personales y mantener la religión y la espiritualidad dentro de la esfera privada del osteópata». Interpretar la práctica clínica a través del filtro de las creencias religiosas personales, como dice Paulus, no parece ni muy serio ni muy científico. Las explicaciones religiosas a fenómenos completamente explicables desde el punto de vista científico tienen repercusiones clínicas sobre el paciente. Plantear esto como una opción de elección personal del osteópata es absolutamente inaceptable. Un tema crucial en la filosofía osteopática es, también, la relación causa-efecto. Ir a la causa de los problemas para tratarlos. Esto se relaciona con el rechazo del tratamiento sintomático. El dolor es un efecto, un síntoma, no una enfermedad, y por tanto no es la causa del problema. Causalidad y tratamiento sintomático son en realidad una expresión de crítica a la medicina. Para poder llegar a la verdadera causa del problema tienen que contemplar la conexión visceral tanto en su diagnóstico como en su tratamiento, ya sea de manera directa o indirecta, tanto la esfera visceral como la craneal, y ambas tienen una alta probabilidad de acabar formando parte del tratamiento. 125 «Encontrar salud debe ser el objeto del médico, cualquiera puede encontrar la enfermedad». A. T. Still Esta es la más famosa de todas las citas que se le atribuye a Andrew Taylor Still. Una frase aparentemente profunda, tan cierta como evidente y estéril, de la que solo se extrae un aire de superioridad que insinúa que solo los osteópatas aciertan a encontrar la salud. Dos años antes de su artículo sobre los veinte principios filosóficos, en 2013 Paulus publicó más formalmente un artículo en la International Journal of Osteopathic Medicine titulado «Los principios nucleares de la filosofía osteopática», donde describía detalladamente diez principios osteopáticos. Un decálogo que será examinado en el siguiente apartado para terminar con el análisis de los principios filosóficos: Holismo Autocuración La estructura gobierna la función Palpación Mecanicismo Tratamiento individualizado Terminología propia Tratar la causa, no el síntoma Inmaterialismo Experiencia. 126 3.5. El decálogo osteopático 1. Holismo El paradigma holístico defiende la idea de que todo está interconectado, que como sostiene el teólogo Gonzalo Len, en el fondo es un monismo: «el todo», un solo espíritu, que en su expansión ecológica se refiere a la Naturaleza como un ente vivo que lo incluye todo, la llamada hipótesis Gaia, y que está fuertemente vinculada al movimiento new age. El principio holístico es utilizado por las terapias alternativas como vector integrador de creencias esotéricas, energías vitales y pensamiento mito-mágico, y ciertamente está bien representado en la osteopatía. Still hablaba de la «unidad conectada» con la Naturaleza. Como señaló el filósofo español Gustavo Bueno con su teoría del cierre categorial, la idea de que todo esté relacionado con todo es una imposibilidad existencial porque no se puede aceptar que haya infinitas causas para cualquier cosa, existe un límite, un cierre entre categorías que son las que conforman las parcelas científicas, cada campo de conocimiento científico puede responder a sus preguntas dentro de su campo, aunque se relacione con otros campos, de tal manera que si de un dolor en el bazo se trata, no se puede invocar a las conjunciones astrales, por ejemplo, como la causa del dolor. El holismo, como concepto, para los osteópatas incluye los componentes biomecánicos, biomédicos, biopsicosociales, ambientales, energéticos, y espirituales y la relación entre todos estos componentes. El sincretismo holista incluye con frecuencia la aceptación de dimensiones pseudocientíficas, como lo energético y lo espiritual con repercusiones clínicas directas. En osteopatía el paradigma holístico se traduce en dos principios: • «El cuerpo es una unidad» • «El todo es más que la suma de las partes». 127 Ya en el consenso de 1953 se menciona como principio osteopático la unidad del cuerpo. El holismo se presenta como una alternativa integradora frente al reduccionismo médico, que contempla la globalidad del individuo frente a la visión fragmentada de las especialidades médicas. Saber mucho de poco o saber poco de mucho. Abarcar o apretar. Parte de esta crítica puede ser aceptable, pero no ha sido denunciada solo por los holistas. De estas debilidades del modelo biomédico clásico surgió el modelo biopsicosocial y la atención centrada en la persona sin necesidades de recurrir a fenómenos sobrenaturales. Algunos autores proponen que la osteopatía se acoja al modelo biopsicosocial, como ha estado desarrollándose en fisioterapia los últimos veinte años, sin embargo, su razonamiento sigue siendo fuertemente mecanicista, por lo que el holismo continúa siendo el modelo más representativo de la actividad osteopática. Para el filósofo Mario Bunge la medicina asume una filosofía sistemista, no holística. En el sistemismo bungeano cada elemento forma parte a su vez de un sistema, y cada sistema tiene propiedades emergentes producto de la combinación de los elementos que lo conforman. El todo es más que la suma de las partes, pero esta no es una frase originariamente ni de Bunge, ni de Still, ni tampoco del holismo, es tan antigua como Aristóteles. Para Bunge, el sistemismo conserva las tesis válidas del individualismo: «no hay un todo sin partes», y del holismo «las totalidades poseen propiedades globales de las que carecen las partes». Como decía Bunge: «El holismo une pero confunde; el individualismo distingue pero aísla; solo el sistemismo une sin confundir». En el materialismo emergentista defendido por Mario Bunge, entre otros filósofos de la mente, se sostiene como característica que poseen los sistemas complejos, la emergencia de nuevas propiedades que no están presentes en sus partes, por eso se dice aquello de que «el total es más que la suma de sus partes», que es 128 también el lema de la Gestalt, y no es en absoluto una idea originaria de la osteopatía, pero este eslogan, tomado de manera absoluta, también es falso, porque dependerá de qué sistema estemos hablando, y además debe interpretarse en términos de interacciones, no como una emergencia espontánea, aleatoria, que surge de la nada y en la que cabe justificar cualquier cosa, sino que son las interacciones las que agotan y clausuran todas las posibilidades del sistema, es decir, no es que «el total sea más que la suma de las partes» sino que «el total es igual a la suma de las partes, más la suma de sus interacciones». Etimológicamente, holismo viene de holos (el todo), con la que también se construye la palabra inglesa holy (sagrado, santo). El cuerpo es sagrado. En la Antigüedad el poder de curación era potestad exclusiva de los representantes religiosos. Hasta el siglo XIII el carácter sagrado del cuerpo prohibía al hombre adentrarse en las competencias de lo divino. El holismo intersecciona con la osteopatía en la experiencia vital de Still con los indios Shawnee. La visión de los nativos americanos es también que todos estamos relacionados. Los seres humanos tienen relaciones con animales, insectos, árboles y plantas y forman parte de la Naturaleza, no aspiran a controlarla. El holismo se utiliza en muchos contextos diferentes. La antropología, por ejemplo, es una disciplina que se considera a sí misma holística. El estudio de la actividad humana implica la interacción transversal con numerosas áreas: la biología, la geología, la sociología, la arqueología, la lingüística, la historia, la economía o la psicología entre otras, y se desempeña de manera aplicada en ámbitos muy diversos en ciencias, humanidades y de gestión que pueden abarcar ámbitos de salud pública, planificación familiar o proyectos culturales, entre otros. En salud, el holismo es un término desgastado por el mal uso. Actualmente, goza de popularidad y es un término que asumen muchos sanitarios que no quieren ser acusados de reduccionistas, 129 pero en realidad resulta difícil saber de qué se habla cuando se hace referencia a la salud holística. La ontología científica presupone un mundo natural, causal y legal, no admite entidades o eventos sobrenaturales. El dominio de estudio consiste en objetos concretos, no puede contener por tanto energías o vibraciones difusas ni entidades espirituales. La llamada medicina holística surge oficialmente en 1978 cuando un grupo de médicos, principalmente osteópatas, formaron la American Holistic Medicine Association (AMHA) con la misma premisa: «Un principio fundamental de la medicina holística es el reconocimiento de todos los factores contribuyentes: psicológicos, psicosociales, ambientales y espirituales». El holismo osteopático, en definitiva, está imbuido de una especie de creacionismo soterrado en la filosofía pseudorreligiosa de Still. «El hombre forma parte del cosmos, un todo indivisible, con sus leyes físicas inmutables, y no creer en estos principios es desafiar al Creador». T. Still 2. Autocuración En 1876 Robert Koch, el padre de la bacteriología moderna, aisló la bacteria responsable del ántrax, en 1882 descubrió el bacilo de la tuberculosis y un año más tarde el del cólera. El último cuarto del siglo XIX fue el nacimiento de la teoría de los gérmenes impulsada por los postulados de Koch. Al comienzo del siglo XX se habían identificado ya los microorganismos que causaban catorce enfermedades humanas diferentes. Se empezó a desarrollar la higiene y la esterilización. La medicina entraba en una nueva dimensión que cambiaría para siempre el paradigma de enfermedad. La osteopatía se vio en apuros para compatibilizar su teoría con la de los gérmenes, ¿qué beneficios podía tener la manipulación de la columna vertebral si la enfermedad se debía a virus y bacterias? 130 Invocar el proceso de autocuración del cuerpo parece una llamada a la Naturaleza con el sello osteopático, pero en realidad fue una salida ex profeso a la teoría de los gérmenes. La teoría de Still de los huesos fuera de su sitio como el origen de las enfermedades tal vez sonara mejor que las teorías heroicas, pero con el descubrimiento de los microorganismos la osteopatía no tenía cómo compatibilizarlo con sus propuestas, por lo que solo tenía dos opciones: o negaba el origen de los agentes patógenos como origen de la enfermedad, o la hacía encajar con alguna explicación ad hoc. Still decidió inteligentemente la justificación acomodaticia. Así surgió el principio de autocuración. «Un osteópata es instruido en la idea de que la naturaleza es confiable hasta el final». A.T. Still La bacteriología parecía contradecir la teoría original de Still, pero había otro campo en la medicina que también se estaba desarrollando con fuerza, la inmunología, y Still vio la salida. Si las enfermedades eran causadas por gérmenes estas ocurrían porque el sistema inmunológico no hacía bien su trabajo. Desde entonces la osteopatía no cura, solo favorece el proceso de curación del cuerpo, el que cura es el propio organismo. Con este aserto enviaba además una lección de humildad a la pretenciosa medicina. La soberbia de creerse más humildes que los demás pareció funcionar, pero la medicina del siglo XIX no es la medicina basada en la evidencia del siglo XXI, y hoy en día no es razonable sugerir que las intervenciones médicas no son necesarias porque «el cuerpo posee mecanismos de autorregulación y es naturalmente autocurativo». Tampoco debe elevarse a principio axiomático que el cuerpo posea mecanismos de autorregulación. El cuerpo humano claramente no se «autocura» ante innumerables contingencias. El conjunto de enfermedades autoinmunes víctimas del sistema de 131 autocuración del cuerpo dan buena cuenta de las limitaciones de ese principio. Por otro lado, se hace necesario despojar de misticismo a los procesos de regulación corporales. No son la expresión de una inteligencia corporal innata o una fuerza vital inteligente. Afirmaciones como «el cuerpo sabe lo que necesita», o que «el osteópata debe comunicarse con los tejidos y explorar la consciencia corporal», sostienen teorías vitalistas e incurren en una vulgar metonimia tomando el todo por la parte al atribuir propiedades globales de fragmentos particulares. El cuerpo no tiene consciencia, el individuo la tiene. Invocar los mecanismos de autorregulación y elevarlos a un principio osteopático tampoco fue una ocurrencia de Still. Él solo la tomó prestada de otras terapias alternativas existentes, como la homeopatía, que ya incurrían en la falacia naturalista. Apelar a lo natural como argumento de que algo es más deseable por ser natural ha perdurado hasta nuestros tiempos y goza de gran popularidad, sin embargo, la crítica a la falacia naturalista ya existía en la época de Still. La célebre frase de John Stuart Mill es precisamente del año de fundación de la osteopatía, en 1874: «O bien es cierto que deberíamos matar porque la naturaleza mata; torturar porque la naturaleza tortura; arruinar y devastar porque la naturaleza hace lo mismo; o no deberíamos considerar en absoluto lo que hace la naturaleza, sino hacer lo que es bueno hacer». La tendencia del cuerpo a superar sus aflicciones tampoco era nada nuevo. La vis medicatrix natura ya la había expresado Hipócrates dos milenios atrás, pero el planteamiento de Still era además acusativo. La Naturaleza es perfecta porque la ha creado Dios y dudar de la perfección de la Naturaleza es dudar de Dios. Tomar medicamentos era dudar de la capacidad de autocuración del cuerpo, y por tanto cuestionar a Dios: 132 «Ahora hagamos una pregunta al Señor, y hacer estas preguntas es correcto: ¿Puedes, Señor, crear el sistema interno del hombre para que pueda beber todo tipo de agua y no tener piedras en la vejiga? La respuesta sería Sí. Dios no olvida nada, y encontramos un suministro de ácido úrico para destruir cálculos en la vejiga o cálculos biliares. No tengo miedo de investigar en esta línea, porque siempre encuentro que Dios ha hecho su obra perfectamente». Siguiendo esta idea Still también se manifestó contrario a las vacunas. En la actualidad, los médicos osteópatas americanos no cuestionan la vacunación y probablemente muchos otros tampoco, pero hay sectores dentro de la osteopatía que aún defienden la «osteopatía tradicional» y promueven el movimiento antivacunas. Esta actitud, aun siendo minoritaria, es inaceptable y vergonzante para toda la profesión osteopática. En la página web del British Institute of Osteopathy podía leerse hasta hace poco: «Las vacunas no encajan realmente con la curación natural. Proporcionan una provocación antinatural al sistema inmune que puede ser un gran shock, y los efectos más amplios sobre la salud general no se han estudiado médicamente a un nivel suficiente. Contienen una variedad de sustancias tóxicas que tienen efectos, tanto conocidos como desconocidos». 3. La estructura gobierna la función Charles Darwin y Andrew Taylor Still tienen una cosa en común, a ambos se les atribuye una frase que no es suya, sino del sociólogo y antropólogo inglés Herbert Spencer. Tanto «la supervivencia del más apto» como «la estructura gobierna la función» son originariamente de Spencer, el máximo exponente del darwinismo social. El darwinismo social postulaba los mismos principios que la teoría de la evolución de las especies, pero aplicado a las sociedades, y por lo que es más recordado es por haber servido 133 como ideario al movimiento nazi, aunque previo a eso la obra de Spencer gozó de una gran popularidad a finales del siglo XIX y principios del XX. El darwinismo social de Herbert Spencer bien podría ocupar un lugar privilegiado en la sección de influencias de Still del capítulo dos. Situarlo aquí tiene la única finalidad de darle mayor continuidad a los principios filosóficos osteopáticos, porque gran parte de la filosofía osteopática se extrajo de Spencer. Entre sus teorías estaba la correspondencia mutua entre estructuras y funciones. «Los cambios en la estructura no pueden ocurrir sin cambios en la función». Para Spencer, la estructura de una sociedad determina la función de sus integrantes. A medida que la sociedad crece y se hace más compleja, cada vez es más difícil que sus integrantes puedan cumplir funciones que no sean las correspondientes a su especialización. La biología evolutiva describía los cambios en la anatomía que tanto atraía a Still para explicar cómo las especies evolucionan. «Las partes del cuerpo cambian en su disposición por cualquier fuerza mecánica incidente», decía Spencer. Algunos de los principios evolutivos de las leyes naturales que describió Spencer como el uso y el desuso, la causa y efecto, la interrelación de la estructura, la interrelación de las partes y la función del mecanismo autorregulador del organismo, el funcionamiento holístico del organismo y la aparición de presión anormal en una parte, creando presiones anormales en otras partes, influyeron profundamente en Still. Algunos de los osteópatas que se formaron con Still describieron la osteopatía como «evolución aplicada». En el lenguaje de Spencer había todos los elementos que encontramos actualmente en la osteopatía, como estructuras, funciones, ajustes y equilibrios: «Un individuo biológico es cualquier conjunto concreto que tiene una estructura que le permite, cuando se coloca en condiciones apropiadas, ajustar continuamente sus relaciones internas a relaciones externas, a fin de mantener el equilibrio de sus funciones». 134 Una parte importante de la filosofía evolutiva mecánica de Herbert Spencer eran los esenciales evolutivos, que explican cómo cambian y varían las especies: 1. El cuerpo funciona como una unidad total. 2. El cuerpo posee mecanismos de autocuración y autorregulación. 3. Estructura y función están interrelacionadas. 4. La presión anormal en una parte del cuerpo produce presiones y tensiones anormales sobre otras partes del cuerpo. ¿Resulta familiar? Más que eso, son prácticamente idénticos a los principios osteopáticos fundamentales. Me atrevería a decir que el 99,9 % de los osteópatas desconoce la vinculación de la osteopatía con Herbert Spencer, por ser algo prudente. Desde el consenso de principios osteopáticos de 1953 se estableció «la estructura y la función están relacionadas recíprocamente», sin embargo, se sigue usando y enseñando como una máxima en osteopatía que «la estructura gobierna la función», que es aún más antigua y dogmática. Algunos autores abogan por que ese cambio se haga efectivo para una visión más contemporánea, pero en realidad no es más acertado decir que «la estructura y la función están interrelacionadas». Es cierto que existe una relación entre estructura y función, pero para que fuese un principio debería cumplirse siempre. Aplicado a la anatomía es la expresión de una visión mecanicista. El trabajo del osteópata es, por tanto, «ajustar» la estructura para «ajustar» su función. La función digestiva, la función respiratoria, la función cardíaca, todas las funciones de los distintos sistemas se regulan desde la estructura que los gobierna. Para el osteópata implica que la alteración de una estructura es la causa última de la enfermedad, y la alineación correcta o normalización de esas estructuras garantiza la función óptima del organismo, pero basados en el conocimiento científico actual podemos 135 afirmar que el aserto osteopático no es cierto, y las alteraciones estructurales suceden en sujetos asintomáticos y sin alteraciones en su función, del mismo modo que alteraciones de la función se dan en sujetos sin alteración estructural. Still se dejó seducir por las ideas de Spencer. La evolución era la ola del futuro, y Still la abrazó del mismo modo que abrazó el espiritismo. No le importó que ambas tendencias tuviesen ideas tan diferentes, una materialista y mecanicista, y la otra esotérica y espiritual. Spencer y Still fueron contemporáneos, apenas se llevaban unos años. Still declaró que su filósofo favorito era Herbert Spencer. Prácticamente toda su filosofía la tomó del darwinismo social. No puede decirse que haya en la osteopatía ideas propias. ¿Qué aportó Still? Absolutamente nada. Y quizá por eso, por recoger las influencias sociales y culturales de su época, llegó a tener éxito. Mezcló dos profesiones que ya existían: los sanadores magnéticos y los bonesetter, y les añadió una filosofía en auge que mezclaba espiritismo con teorías evolutivas. La osteopatía es un subproducto de la cultura mainstream del siglo XIX. 4. Palpación La palpación es la piedra angular del diagnóstico y tratamiento osteopático, y el principal componente de la toma de decisiones clínicas. Los osteópatas tienen un exceso de confianza en sus habilidades palpatorias y lo que esa información es capaz de revelar. La confianza en las manos expertas se promueve en osteopatía como elemento distintivo, pero existe un peligro evidente en depositar tanta credibilidad a las sensaciones subjetivas. «Ver es creer, pero sentir es estar seguro», dijo John Ray, el padre de la historia natural británica. Tanto la vista como el tacto son dos experiencias sensoriales sujetas a error, del mismo modo que existen ilusiones ópticas existen ilusiones palpatorias. La palpación es solo una percepción sensorial subjetiva, y está influenciada entre otras cosas por experiencias y conocimientos 136 previos, la información visual y el estado emocional. La palpación no ha mostrado ser una herramienta por sí sola fiable y está sujeta a sesgos como la pareidolia (el reconocimiento ilusorio de patrones conocidos), el sesgo de confirmación (encontrar lo que se espera encontrar), la facilidad cognitiva (tendencia a evitar el esfuerzo mental), el sesgo perceptivo (la influencia de la presión social y el pensamiento grupal en un determinado contexto), la intuición o el efecto ideomotor (percepción de movimiento ilusorio). Todos estos fenómenos pueden influir en la experiencia de percibir algo. El ejemplo paradigmático de ilusión palpatoria lo constituye la osteopatía en el campo craneal. La palpación del movimiento respiratorio primario y el movimiento de los huesos del cráneo cifrado en micras carece de plausibilidad biológica. Las habilidades palpatorias en osteopatía son enseñadas como un conocimiento tácito que no se puede describir fácilmente a través del lenguaje. Los osteópatas son entrenados para confiar en su intuición, cuando no pueden explicar sus hallazgos clínicos y el proceso de toma de decisiones, para que algunas de sus decisiones se basen principalmente en la intuición clínica. La fiabilidad palpatoria para los osteópatas se alcanza con la práctica y la experiencia de unas «manos expertas». La capacidad de palpar en osteopatía se entrena místicamente. Una parte nuclear en su diagnóstico recae en la palpación. Con la palpación determinan el estado de los tejidos y aseguran sentir movimientos milimétricos. Los osteópatas sobredimensionan lo que la palpación es y puede llegar a hacer. «Cuando mi cerebro se equivoca, mis manos lo corrigen», dicen a los estudiantes. El calado pseudocientífico que hay detrás de esa frase es mayúsculo. El potencial de entrenamiento de la sensibilidad palpatoria es ilimitado. Los alumnos pueden aspirar a conseguir con entrenamiento las capacidades de sus maestros sensei. A menudo se les sugiere a los estudiantes que practiquen por su cuenta con distintas tareas. Algunas de ellas son colocar un 137 pelo debajo de un folio e intentar sentirlo a través del folio. Cuando eso se consigue se pueden ir añadiendo folios. Siempre hay margen de mejora hasta poder alcanzar a sus profesores, algunos de ellos aseguran poder sentir el pelo al final de las páginas amarillas. Otros sugieren contar granos de arroz debajo del folio. Algunas escuelas han construido literalmente circuitos de entrenamiento palpatorio. Los osteópatas entrenan la estereognosia, la capacidad para reconocer objetos a través del tacto. Existen estudios publicados sobre el entrenamiento en circuitos donde con los ojos cerrados tienen que identificar surcos en la madera, esto viene muy bien para palpar las suturas del cráneo, o cuerdas apretadas a distinta tensión y ordenarlas, aquí se entrena el reconocimiento de la tensión muscular, o el contorno de la una figura tallada en madera sobre relieve, para la identificación de los contornos de las vísceras. Todo con un estilo muy naif. Si la palpación tiene cierta capacidad de mejora no es razonable pensar que ocurra en los términos que los osteópatas piensan, y por encima de todo, existe un problema con esos circuitos de entrenamiento, la transferencia. Palpar tablones de madera no es palpar personas. Mejorar en el reconocimiento de formas talladas en la madera no mejora la capacidad de identificar las vísceras en el abdomen. No hay transferencia entre ambas tareas. Aprender braille no mejora el reconocimiento de personas tocando sus rostros. Los entrenamientos que aspiran a mejorar una capacidad tienen que respetar el principio de especificidad. 5. Mecanicismo El concepto de hombre-máquina cartesiano hunde sus raíces en el siglo XVII, y surge para ofrecer una nueva concepción del funcionamiento del cuerpo desligado del alma. El mecanicismo de René Descartes alcanzó también la antropología. La visión del hombre como un conjunto de piezas que al observarlas podía llegar a comprenderse cual138 quier problema como observar los engranajes, o el mecanismo interno de una maquinaria, encajaba bien con las preferencias de Still. En su época de granjero Still también tuvo tiempo de inventar maquinaria agrícola, que incluso llegó a patentar. En los escritos de Still la anatomía humana era constantemente comparada con máquinas. Las teorías vitalistas de Still encajaron en su momento en el dualismo cartesiano cuerpo-espíritu, que en otras áreas supuso el dualismo cuerpo-mente, del que aún no hemos salido del todo, pese a los avances en neurociencias. A partir de la década de 1960 la osteopatía, al igual que el resto de las terapias new age, entraron entonces en la tercera dimensión, cuerpo-mente-espíritu, guiadas por el holismo, pero ¿cuál es el problema con el dualismo cartesiano? Básicamente, que es un falso dualismo. En realidad tenemos una teoría unificadora que nos dice que no existe «lo físico» por un lado y «lo psicológico» por otro. Siguiendo con el razonamiento del hombre como una máquina, podemos establecer un símil con una computadora. El sistema músculo-esquelético conformado por el conjunto de músculos, huesos y articulaciones sería el hardware, y el sistema nervioso sería el software, que a su vez también tiene un soporte físico, los nervios, el cableado en nuestro símil, y es la suma de información y soporte lo que permite que podamos encender nuestro ordenador y navegar por internet. Sin embargo, para que se entienda bien el punto, a diferencia de la computadora, en nuestro caso no existen «problemas del hardware» o «problemas del software», porque para que se manifieste un problema del hardware depende en última instancia del software, es decir, sucede que se puede experimentar dolor sin un problema de daño corporal, y se puede no sentir dolor ante un daño corporal, y por supuesto también se puede tener un dolor proporcional a un daño en el cuerpo dado. Esto quiere decir que los modelos estructuralistas, basados en alteraciones de la alineación o en movimientos que deben responder reglas biomecánicas que consideramos normativas, no 139 pueden, por sí solos, explicar la complejidad de la experiencia de dolor. Es necesario integrar un modelo biopsicosocial, esa teoría unificadora del dualismo cuerpo-mente y que considera creencias, expectativas y cogniciones dentro de los factores contextuales inherentes del padeciente. Tener escoliosis, una desviación estructurada de la columna, no es condición necesaria ni suficiente para tener dolor de espalda, y de ser así, ninguna terapia manual puede aspirar a corregirla. Si hablamos de disfunciones somáticas, las lesiones que identifican los osteópatas, que son mucho más sutiles y poco fiables, no pueden establecer relaciones causales con la experiencia del dolor del individuo. Las asimetrías e imperfecciones en la alineación y en la postura son variaciones normales, no una patología. El cuerpo tiene capacidad excedente para tolerar dicha variación sin perder su función normal ni desarrollar síntomas. La corrección de todos esos factores no es clínicamente alcanzable y es poco probable que cambie el curso futuro de una condición dolorosa. No es razonable pensar que el cuerpo sufra desalineaciones tan fácilmente, con las tensiones físicas diarias ni que puedan corregirse, ajustarse ni reposicionarse con las pequeñas fuerzas que puedan ejercer con la terapia manual. El lema de Still era «encuéntralo, repáralo y déjalo en paz». La osteopatía se construyó sobre una base de estructura que rige la función y persiste una brecha intelectual entre el conocimiento actual en anatomía funcional y la biomecánica. Corría finales del siglo XIX cuando Still comparaba la osteopatía y el trabajo de un osteópata con el de un fontanero que desatasca las tuberías. El hombre-máquina, como la obra perfecta del Gran Arquitecto que no debe ser cuestionada, no tiene cabida en una profesión del siglo XXI que aspira a ser científica: «El Dios de la naturaleza ha hecho su trabajo por completo. La palabra Dios significaba la perfección en cada particular. Antes de eso pensé que era imperfección, todo menos un poco, y que la imperfección podría ser llenada por fármacos… El que tiene fiebre pulmonar, neumonía, disentería o cualquier 140 fiebre, y bebe su whisky, niega todo idea de la perfección de Dios. Lo abofetea en el cara, y no solo eso, sino que en efecto dice: Dios es un fracaso». 6. Tratamiento individualizado Otra de las señas de identidad de la osteopatía es el tratamiento individualizado. No hay dos pacientes iguales, por tanto, no puede haber dos tratamientos iguales. En consecuencia, los osteópatas rechazan protocolos y guías de práctica clínica porque consideran que no puede existir un tratamiento establecido para una misma condición, ya que las variables que conducen a esa condición son prácticamente infinitas. Un modelo de investigación tan reduccionista no puede resultar útil siendo el cuerpo humano tan complejo, así que la evidencia científica es percibida como una amenaza para la profesión. La evidencia científica se representa jerárquicamente en una pirámide donde en la base se sitúan los estudios de casos, reportes de casos aislados para llamar la atención a la comunidad científica sobre algún aspecto, más arriba se sitúan los estudios observacionales de casos-control y de cohortes, los estudios de cohortes se realizan sobre población sana, y los de casos-control compara población sana con población enferma. Por encima de ellos tenemos los estudios controlados aleatorizados (ECA), donde el grupo control recibe un tratamiento placebo y se compara con el tratamiento que estamos evaluando. Los ECA se consideran el estándar de investigación para averiguar la efectividad de un tratamiento. Cuando existen suficientes estudios sobre un tratamiento se realizan revisiones sistemáticas y meta análisis que cotejan la información de esos estudios, y constituyen la parte más alta de la pirámide. Un estudio publicado en 2016 en la revista Manual Therapy realizado en Reino Unido, la cuna de la osteopatía en Europa, señalaba que la pirámide de la evidencia osteopática parecía estar invertida, otorgando mayor valor a las experiencias personales, las 141 anécdotas y las enseñanzas de expertos, mientras que los resultados de las revisiones sistemáticas y los meta-análisis eran menos valorados. Situaba un escalón más por debajo de la base de la pirámide la opinión de los expertos, que para los osteópatas representa el estándar más valioso negando cualquier otro tipo de evidencia científica. El estudio también señalaba que los osteópatas poseen una fuerte identidad profesional fomentada por su educación, y tienen la percepción de poseer una filosofía más amplia y compleja que otras terapias manuales. Una filosofía que es, incluso, superior a la ciencia y, por lo tanto, la ciencia no debería restringir de ninguna manera. La exaltación del tratamiento individualizado es en realidad un índice de aversión a la ciencia, que defiende un modelo de práctica basada en la «eminencia» en lugar de la «evidencia». Muchos defensores de las terapias alternativas consideran que los ensayos controlados y la práctica basada en la evidencia son recursos incompatibles con un abordaje holístico, no es un rasgo exclusivo de la osteopatía, pero sí es bastante marcado entre ellos. Un estudio australiano publicado en 2016 comparó los procesos de creación de conocimiento en los departamentos universitarios de osteopatía y medicina tradicional china para evaluar si respondían de manera diferente al desafío de producir una terapia alternativa basada en la evidencia. Las conclusiones fueron poco esperanzadoras para la osteopatía. Los osteópatas fueron más reacios que los acupuntores, estaban mucho menos convencidos de que esta metodología tuviera la capacidad de captar de manera efectiva los resultados terapéuticos de su práctica, fueron más críticos con los enfoques científicos y se centraron en replantear las nociones de evidencia hacia la experiencia. La ruptura de la filosofía osteopática con la ciencia es incluso más acusada que en otras terapias alternativas. Un abordaje centrado en la persona asume que el tratamiento debe ser individualizado, y que los pacientes no siempre se ajustan a las recomendaciones de guías clínicas o revisiones sistemáticas, pero acepta el valor de la evidencia científica en la toma de decisiones. 142 7. Terminología propia Un aspecto deseable para el lenguaje técnico de una profesión es que este se ajuste a la realidad. Hay una máxima en la fenomenología que se entiende muy bien con el ejemplo del humo. Si te asomas a la ventana y ves una columna de humo, ¿qué está pasando? Una persona que se ponga en lo peor puede decir que se está incendiando una casa, otra persona más despreocupada podría decir que simplemente están haciendo una barbacoa o incluso quemando rastrojos, pero una reducción fenomenológica dirá simplemente «es una columna de humo». En la comunicación con el paciente esto se traduce sencillamente en no hacer más afirmaciones de las que podamos asegurar, aplicar la epojé y la afasia de los escépticos griegos que encontraban la ataraxia en la virtud de suspender el juicio, y no hablar de aquello que no pueda tomarse por cierto. El lenguaje técnico dentro de una profesión cumple además la función de describir la realidad observada y poder comunicarse entre sus miembros, y debería estar alineado con el lenguaje que utilizan otros profesionales de la salud en aras de brindar una atención transdisciplinar, sin embargo, la terminología que utiliza un osteópata solo sirve para comunicarse con otro osteópata. El diagnóstico de disfunción somática, antes llamado lesión osteopática, es un cajón de sastre que solo sirve para denominar cualquier cosa que los osteópatas diagnostican. Curiosamente, Still nunca habló de lesión osteopática ni disfunción somática, solo de anatomía «normal» o «anormal». En palabras del osteópata australiano Gary Fryer, una de las pocas voces críticas dentro de la profesión: «La disfunción somática representa un concepto anacrónico y obsoleto de principios del siglo XX que refuerza la creencia en una causa esotérica y estructural de dolor [...] Su patofisiología es confusa y tiene poca fiabilidad de detección, no tiene ninguna utilidad clínica y amenaza con ridiculizar la profesión de manera similar a la desacreditada subluxación quiropráctica [...] Hay poco valor en comunicar la presencia de disfunción somática en pacientes a otros osteópatas cuando se 143 pueden usar descriptores más precisos, y aísla a la osteopatía del resto de profesiones sanitarias». El problema no es solo con la terminología osteopática, hasta cierto punto es normal que se desarrollen términos propios, el problema principal es con el lenguaje informal. Como advertía el osteópata Stephen Tyreman, existe un grave peligro al descender a las sensaciones subjetivas sin sentido y sin un análisis racional, con expresiones como «el cuerpo está diciéndome» o «estoy siguiendo hacia donde me llevan los tejidos». La constante reificación de estructuras anatómicas como si tuviesen voluntad propia suena poco científico. Por otro lado, seguir hablando de vértebras flexionadas o rotadas, ilíacos anteriores o posteriores y sacros torsionados que se ajustan, equilibran o normalizan solo existe en el imaginario de la osteopatía. Además, la interpretación que los pacientes puedan hacer al recibir ese tipo de información puede influir en las creencias y en sus conductas con pensamientos de fragilidad y perpetuación de sus dolencias. Algunos podrían interpretar las palabras de manera negativa, y contribuir a la percepción de amenaza que rodea a su dolor y tener menor sensación de control y capacidad de automanejo. Esto es contrario a las recomendaciones actuales en la comunicación con el paciente. Diagnósticos de vértebras mal alineadas, relacionadas con problemas viscerales que el paciente ni siquiera contemplaba, músculos a distancia sorprendentemente implicados o movimientos de los huesos del cráneo que el pacientes ni siquiera sabía que debían suceder multiplica las preocupaciones que el paciente traía a la consulta. 8. Tratar la causa, no el síntoma Los osteópatas aseguran tratar la causa de los problemas y se oponen al tratamiento sintomático que no va a la raíz, oscurece la luz que ilumina el origen verdadero e interrumpe el proceso natural de autocuración del cuerpo. Esta es una idea que comparten con otros terapeutas alternativos como los naturópatas. Una idea muy loable si no fuera porque es una quimera inalcanzable. El 90 % del dolor 144 lumbar se considera inespecífico, eso quiere decir que no se conoce la causa específica que lo provoca, y aunque existen distintas propuestas lo cierto es que nos movemos en esa incertidumbre. ¿Qué problema hay con el tratamiento sintomático? Se dice que una gripe dura siete días con tratamiento y una semana sin tratamiento, es decir, los tratamientos para la gripe, al igual que muchos otros, no modifican la historia natural de la enfermedad, es decir, no reducen el tiempo de vida del virus, sin embargo, los fármacos pueden paliar los síntomas haciendo más llevadero el proceso. ¿Es esto indigno para la medicina? A veces todo lo que se necesita es eliminar una dolencia cuanto antes, y a veces es todo a lo que podemos aspirar. Los osteópatas utilizan a menudo la analogía del bombero y el humo. El humo, por supuesto, es el síntoma y el fuego es la causa. El bombero apaga el fuego, claro, ese es su trabajo. Pero, ¿y qué tal si no tienes agua? Si no puedes apagar el fuego, tal vez te interese que al menos nadie muera intoxicado por el humo y les pongas máscaras de oxígeno. Y volviendo al ejemplo del fenomenólogo del punto anterior, ¿y si el humo no era un incendio y no hacen falta los bomberos? En medicina el estudio sobre las causas se denomina etiología, y la conclusión para una gran parte de ellas es desconocida. El término para denominar una enfermedad desconocida es idiopático. Muchas enfermedades tienen una etiología idiopática, pero eso no significa que no puedan recibir un tratamiento adecuado. El filósofo libanés Nassim Taleb utiliza el término «opacidad causal», que no es exclusivo pero sí perfectamente aplicable al campo de la salud, para describir ese entorno de incertidumbre en el que no reconocerla puede esconder riesgos ocultos. No saber que no se sabe es un juego peligroso: «Bajo la opacidad y ante la nueva complejidad del mundo, las personas pueden ocultar riesgos y dañar a otros, con la ley incapaz de detenerlos. La iatrogenia tiene consecuencias 145 tanto retardadas como invisibles. Es difícil ver vínculos causales, comprender completamente lo que está sucediendo. Bajo tales limitaciones epistémicas jugarse la piel es el único mitigador verdadero de la fragilidad». N. N. Taleb La causalidad en las ciencias de la salud es más escurridiza que en la física o en las matemáticas, donde se utilizan los criterios de necesidad y suficiencia. La mecánica, como parte de la física que estudia la fuerza y movimiento de los cuerpos, si incluía al hombre-máquina, podía postularse como la aproximación más exacta para evaluar al ser humano. Lamentablemente, el cálculo de cargas y momentos angulares no predicen uniformemente las respuestas en los tejidos vivos, y mucho menos la experiencia sensorial del sujeto. Los sistemas complejos donde existen más variables de las que somos capaces de manejar, como el ser humano, requieren otras estrategias de causalidad. La aproximación a la causalidad en las ciencias de la salud utiliza los criterios de Bradford Hill. El primero de esos criterios es la fuerza de asociación que establece distintos grados de causalidad. Las relaciones causales pueden ser fuertes o débiles. Las relaciones de causa y consecuencia rara vez suceden en una relación de 1:1, es decir, siempre que A, entonces B. Algunas causas pueden generar algunas consecuencias en determinadas circunstancias y no ser reproducibles. Este es el caso de la postura, la biomecánica o los hallazgos radiológicos en relación al dolor musculo-esquelético. Los modelos mecanicistas han perdido mucho peso. Se asume que pueden llegar a ser relevantes en determinadas circunstancias, pero no son relaciones causales fuertes de dolor musculo-esquelético. Asumir la incertidumbre en el fondo es muy liberador para el terapeuta manual, porque si la verdadera causa de todos los problemas estuviera al alcance, cada paciente que no responde como era de esperar resultaría insoportablemente frustrante. Culturalmente 146 percibimos la incertidumbre como una amenaza, pero como dijo Voltaire «la incertidumbre es una posición incómoda, pero la certeza es una posición absurda». La osteopatía tiene esa absurda idea de poder responder a todo. Still afirmó con rotundidad que la osteopatía, a diferencia de la medicina, era una ciencia exacta. «Muchas enfermedades declaradas incurables son causadas por la dislocación parcial o completa de los huesos del cuello, el pecho, la columna vertebral o las extremidades, y rara vez se curan hasta que se ajustan los huesos defectuosos [...] Ahora busquen un estudio que sea tan cierto como las matemáticas, que pueda responder afirmativamente a todas las preguntas de la misma manera que el Astrónomo puede rastrear la velocidad y la magnitud de los cuerpos celestes. Por el contrario, la medicina no solo es inexacta, sino que consiste principalmente en adivinar y especular sobre la causa y la cura». 9. Inmaterialismo La osteopatía siempre se ha debatido en una dualidad vitalista y mecanicista difícil de maridar. Ya en 1901, un artículo publicado en Journal of Osteopathy con el título «Vitalista o mecanicista» se lo planteaba. Hay osteópatas que han desarrollado puntos de vista exclusivamente vitalistas, otros puramente mecanicistas, y algunos otros han llegado a compaginar las dos vertientes en un esfuerzo exegético: el vitalismo puede alterar la función del mecanismo, y la mecánica del cuerpo puede alterar la vitalidad de la persona. En lugar de buscar solo la razón mecánica o la razón vitalista de la lesión osteopática, el osteópata debe tener en cuenta todas las piezas del puzle si quiere ser holístico. Al igual que sucede con los acupuntores y el modelo bioenergético, en osteopatía no faltan las reinterpretaciones y reformulaciones del concepto vitalista, como la expresión energética del organismo y su metabolismo, o bien traducen el vitalismo como la acepción de ser una persona vital o sentirse vital. La vitalidad es una cosa, y la filosofía vitalista que soporta teorías bioenergéticas otra 147 muy distinta. Esta justificación acomodaticia resulta poco satisfactoria, ya que la idea de fuerza vital siempre fue planteada como un fluido del cuerpo que podía movilizarse para restaurar la función, y por lo tanto susceptible de ser tratada con terapia manual. El campo inmaterial, intangible e invisible de lo bioenergético, es el aspecto pseudocientífico más evidente de la osteopatía. La filosofía vitalista de Still estaba influenciada por el mesmerismo y el espiritismo de su época, pero sigue presente para muchos osteópatas. Los vitalistas incluso consideran que en las lesiones que no tienen una base mecánica, el tratamiento mecánico está contraindicado, y cuando es un problema mecánico la fuerza vital no debe ser manipulada porque puede ser perjudicial. Si la palabra de Still no tuviera el peso que aún tiene para los osteópatas no habría tanto problema, pero está muy adherido a su identidad. En el siglo XIX hablar de Dios en íntima conexión con la osteopatía tal vez no era tan extraño, pero en el siglo XXI las palabras de Still suenan a catecismo: «Osteopatía es la ley de Dios, y quien puede mejorar la ley de Dios es superior a Dios mismo. Osteopatía abre los ojos para ver con claridad; cubre todas las fases de la enfermedad y es la ley que mantiene la vida en movimiento». Una revisión del Código de práctica osteopática publicado en Estados Unidos en 2002 pone de manifiesto que la espiritualidad sigue muy presente. El primer principio osteopático sigue siendo «una persona es el producto de la interacción dinámica entre cuerpo, mente y espíritu». Artículos recientes mencionan el modelo bio-psico-espiritual en osteopatía para utilizar la práctica espiritual personal como parte del tratamiento y utilizar la conexión con otros a través de la religión. Otro artículo publicado por Simon Bacon en la International Journal of Osteopathic Medicine en 2018 indagaba en el rol de la espiritualidad, y en qué se traducía en la práctica osteopática: 148 «La espiritualidad en la práctica osteopática es percibida como un reflejo del enfoque holístico en el que se establece una conexión transpersonal a través del tacto y la intuición, que se desarrolla principalmente en dos categorías: encontrar la espiritualidad como un tema de conversación, en relación con las actividades religiosas personales del paciente, y las experiencias de los pacientes interpretadas como de naturaleza sobrenatural». Esta noción de espiritualidad puede generar reacciones encontradas. Las personas con sensibilidad religiosa pueden ver con buenos ojos este acercamiento, mientras que otras personas sin esta sensibilidad pueden sentir rechazo. El problema va más allá de si una profesión científico-sanitaria debe abordar los aspectos religiosos de sus pacientes, el verdadero problema es contemplarlo como una esfera terapéutica más que debe ser abordada para poder tratarla de manera completa. Establecer relaciones estructura-función-espíritu en la dinámica del ser humano es un problema mayor al de las competencias científicas. Dado que la figura de Still es la referencia para justificar el vitalismo y la espiritualidad en el siglo XXI no puede ser exculpado como un hombre de su época. De hecho, las excentricidades de Still ya eran notorias en su época. Para celebrar el Día de la Independencia, el 4 de julio de 1891, Still imprimió y distribuyó un folleto titulado «Osteopatía: oración y rezo», en el que mezclaba religiosidad con su filosofía de curación y su aversión por la medicina. A menudo hablaba alegóricamente de las serpientes para referirse a la medicina. Su versión del Padre Nuestro causó bastante rechazo entre sus vecinos, que lo tomaron por tonto y hereje: «Padre Nuestro que estás en el cielo y en la tierra y en todas las cosas excepto en el whisky y cosas con las que los hombres no tienen nada que hacer... Danos nuestro pan de cada día y nada de whisky; danos la razón y mantén a las serpientes fuera de nuestras botas. Danos un buen conocimiento de nuestras verdaderas formas corporales, y dinos cómo saber cuándo un hueso se ha desviado de su verda149 dera posición y cómo devolverlos a su estado natural. Oh, Señor, saca algunos errores de la razón de los médicos. Sabes que sus ojos no pueden abrirse todos a la vez como una camada de cachorros, sino iluminarlos uno a uno, y si fallas, abre las mentes de las personas, para que no sean sujetos de experimentos por más tiempo. Dios, libéranos de todas las drogas, porque tú ves justo delante de nosotros un mundo de maníacos, idiotas, criminales, desnudez para los bebés y hambre para las madres. Porque tuyo es el reino de ahora en adelante. Amén». 10. Experiencia En la fase de entrenamiento de un osteópata se insiste mucho en la importancia de la experiencia. «Si no lo sientes aún ya lo harás con la experiencia». Así que los osteópatas depositan su confianza en la experiencia, en sus sentidos y en la intuición. No es que la experiencia no sea importante, lo es, pero nunca por sí sola. David Sacket estableció en 1992 que la práctica basada en la evidencia es la suma de la evidencia científica, la experiencia clínica y las preferencias del paciente. Son las tres patas de un taburete necesarias para que no cojee. Se complementan, no se sustituyen, por tanto, la reacción a los resultados que arrojan los estudios científicos no puede ser de manera sistemática «mi experiencia me dice lo contrario». La asimetría de una práctica basada en la experiencia se acompaña de una aversión a la ciencia poco disimulada. La producción científica osteopática está muy por detrás del resto de profesiones relacionadas con la salud, y la destinación de fondos a investigación para las escuelas de osteopatía está a la cola de las profesiones relacionadas con la salud. Las contribuciones académicas de las facultades de medicina osteopática son inaceptablemente bajas tanto en cantidad como en calidad. Las publicaciones revisadas por pares son escasas, y más de la cuarta parte de estas publicaciones nunca han sido citadas. Esto 150 tiene que ver en gran medida con su educación y valores inculcados durante la formación. La evidencia científica es percibida como una limitación del «arte» de la profesión, y no es consistente con la filosofía osteopática. La pirámide de la evidencia científica en osteopatía está invertida y va a ser difícil darle la vuelta. Los osteópatas continúan abrazando y practicando conceptos y tratamientos que carecen de apoyo basado en la evidencia, pero resulta difícil separar el grano de la paja si todo se evalúa bajo el término «tratamiento manipulativo osteopático». Gran parte de las publicaciones científicas compara ese tratamiento manipulativo osteopático, que supone haber recibido una intervención diferente para cada paciente, frente a no hacer nada o recibir otro tratamiento rehuyendo la investigación de técnicas concretas. Considerar que debe estudiarse la osteopatía en su conjunto, de tal forma que o bien es válido todo o no lo es nada, no parece tener un interés real en descubrir qué puede haber de útil en sus intervenciones, más bien parece una intención poco disimulada de avalar la osteopatía. Sin duda, investigar el valor costo-efectivo de un proceso terapéutico complejo tiene un valor pragmático, pero querer validar toda una disciplina terapéutica que incluyen diversas acciones en un mismo paquete parece una estrategia anticientífica que no disipa las dudas sobre la osteopatía. Los osteópatas aspiran a tratar condiciones de enfermedad donde las técnicas manuales pasivas son cuestionables, y proponen mecanismos poco plausibles biológicamente para avalarlos. Valorar en los estudios el tratamiento manipulativo osteopático como una entidad única, junto al bajo número de estudios y la baja calidad metodológica, ofrece un exceso de heterogeneidad y alto riesgo de sesgo que impide sacar conclusiones en las revisiones sistemáticas. Hablar de «tratamiento manipulativo osteopático» (el conjunto de técnicas que realizan los osteópatas) y de «disfunción somática» (el conjunto de cosas que los osteópatas diagnostican) es tan profundo como decir que los osteópatas hacen osteopatía. 151 4. Filosofía de la ciencia vs osteopatía 4.1. Separar el grano de la paja Ya hemos ahondado en los orígenes históricos y los principios filosóficos de la osteopatía. Ahora formularemos una aproximación a la ciencia con la que poder comparar la osteopatía. Definir la ciencia no es una tarea sencilla, ha sido objeto de estudio por numerosos filósofos. Un prisma historicista de las distintas concepciones de la ciencia nos arroja al menos cuatro versiones de la misma. La más antigua es la noción de ciencia como «saber hacer». La ciencia como técnica, así existiría la «ciencia del zapatero» o «la ciencia del relojero». Una concepción que hemos venido a sustituir en parte por los términos arte y técnica. Si bien esta es la idea más primitiva de ciencia, hay autores que defienden su utilización en cuanto que existen aún sociedades tribales que la utilizan como conocimiento o sabiduría. La segunda noción es la de ciencia como «sistema ordenado de proposiciones derivadas de principios». Es la ciencia como saber académico que surge con la filosofía griega. Es el conocimiento que se recoge en los libros. Algunos de esos saberes siguen contemplándose como ciencias, como la matemática o la geometría, y otros han permanecido como saberes filosóficos. Es la 153 diferenciación entre ciencia y filosofía que nace en la Revolución Científica junto a la tercera noción de ciencia. La ciencia como «conocimiento auténtico» del positivismo que marca distancias con la filosofía especulativa y la pseudociencia. Es el nacimiento del método científico y el auge del empirismo. La asociación de la ciencia al laboratorio y a la observación. La idea de que la ciencia es la única manera de conocer el mundo fue rápidamente desafiada. En ese corpiño de la ciencia en el que solo entraban las denominadas ciencias duras empezaban a reclamar su lugar áreas como la psicología, la historia y toda la gama de ciencias sociales. Con esta noción de múltiples ciencias llegamos al siglo XX en un estado en el que se hacía necesario definir y limitar qué era la ciencia, qué tenía de especial y qué cosas entraban allí. La delimitación entre lo que es científico y lo que no lo es fue bautizada por Karl Popper como «el problema de la demarcación científica». El mismo Popper propuso en 1933 como solución al problema el falsacionismo. Pronto aparecieron críticas y debilidades al falsacionismo, como el criterio de demarcación científica, y con ellas nuevas propuestas de diferentes filósofos. Pero en casi un siglo de debate no se ha alcanzado un consenso sobre dónde colocar la línea fronteriza entre ciencia y pseudociencia. De hecho, el falsacionismo sigue estando tan vigente como el propio problema de la demarcación científica. Para algunos filósofos la falta de consenso en el problema de la demarcación significa que el asunto debe ser abandonado, sin embargo, la inmensa mayoría coincide en lo esencial e identifican las mismas pseudociencias, aunque no se pongan de acuerdo en qué tienen en común y qué criterios deben cumplir. Para Wittgenstein, este tipo de problemas de definición no eran más que «juegos del lenguaje». Los conceptos complejos no admiten definiciones estrictas, sino que aprendemos sobre ellos a través del ejemplo. Desde esta perspectiva pragmática la mejor manera de 154 describir las pseudociencias como diría Wittgenstein, sería presentar alguna pseudociencia como ejemplo y decir: «Esto y cosas similares son las pseudociencias». Los casos muy evidentes de pseudociencias no necesitan estrategias muy sofisticadas para diferenciarlas, pero existe un espectro donde los casos son más difusos. Entre ciencia y pseudociencia hay toda una escala de grises. El consenso de mínimos por arriba y por abajo es fácil establecerlo. El problema, de nuevo, reside en la delgada línea de la demarcación. En cierto sentido, tratar el grado de «cientificidad» de una propuesta es una paradoja de sorites, ¿cuántos granos de arena son un montón de arena y cuántos granos hay que quitarle para que deje de ser un montón de arena? Aplicado a la osteopatía sería como preguntarse ¿cuántas propuestas pseudocientíficas tiene que tener la osteopatía para considerarla pseudocientífica?, y ¿cuántas de esas propuestas tendrían que ser eliminadas para dejar de serlo? En realidad, el primer error es considerar el problema de la demarcación como una dicotomía: es científico o es pseudocientífico. Evidentemente, el mundo no se divide entre ciencia y pseudociencia. Existen otras muchas categorías. Este fue el error que asumió el Círculo de Viena. Para que una proposición pueda ser considerada pseudocientífica, en primer lugar, tiene que aspirar o pretender ser considerada científica. Multitud de áreas, como el arte o la música, no tienen esas pretensiones y, por tanto, son propuestas, sencillamente «no científicas». Uno de los requisitos imprescindibles para una ciencia es tener publicaciones científicas, pero esta tampoco es una condición por sí sola de consideración científica. Algunas pseudociencias como la homeopatía o la acupuntura cuentan con una gran cantidad de publicaciones científicas, por tanto, publicar es una condición necesaria, pero no suficiente. Además, sabemos que el filtro de revisión por pares de las revistas científicas no es un sistema perfecto, y en ocasiones las revistas han tenido que retractarse y retirar 155 artículos que habían sido publicados bien por una metodología pobre no detectada, o porque los datos habían sido «cocinados». Otras veces el problema está en la propia revista que publica artículos, que de manera inverosímil han pasado el filtro académico. Son las llamadas revistas depredadoras o predatory journals que no cumplen una función de filtro, y el único requisito para publicar en ellas es pagar por ello, aunque este tipo de artículos de mala calidad también han sido publicados en alguna deshonrosa ocasión en revistas prestigiosas. Al conjunto de publicaciones fraudulentas o que metodológicamente son insuficientes lo llamamos mala ciencia. Por otro lado, esperar que desde el inicio un campo nuevo de conocimiento tenga publicaciones científicas sería como insinuar que todas las propuestas científicas son pseudocientíficas en sus inicios hasta que se consolidan con el volumen de sus publicaciones, lo cual tampoco es cierto. Algunas ramas de conocimiento tienen un marco teórico sólido, pero no tienen aún demostraciones empíricas. El ejemplo paradigmático es la teoría de cuerdas en física. Tiene un modelo teórico fuerte, matemático de hecho, pero es empíricamente indemostrable. Al conjunto de propuestas científicas incipientes que aún no posee evidencia científica sólida le llamamos «protociencias». Otra posibilidad es que tenga evidencia empírica de resultados positivos, pero sin un marco teórico fuerte o que sus hipótesis científicas sean débiles. Los estudios tienen limitaciones por debilidades conceptuales inherentes a su campo de estudio. Este es el caso de las llamadas «ciencias blandas». Y por último, existe también la posibilidad de una propuesta científica que con el tiempo acabe desacreditada. Esto es de hecho bastante frecuente, y es interpretado como una debilidad del método científico, pero en realidad es la seña de identidad de la ciencia. La progresividad es, incluso, el criterio de demarcación científica lakatosiano que al tiempo que es identitario de las ciencias, su ausencia, la falta de progresividad, aquello que no evoluciona 156 y permanece inalterable en el tiempo, apelando a su antigüedad milenaria, es dogmático y característico de las pseudociencias. Al conjunto de propuestas científicas que con el tiempo son abandonadas, bien porque su modelo teórico es desafiado, o porque surja evidencia científica en contra, le llamamos «ciencia fallida». En resumen, antes de contemplar una propuesta como pseudocientífica no solo tenemos que diferenciarla de aquellas que sean científicas, también puede tratarse de mala ciencia, protociencia o ciencia fallida. Esto, lejos de resolver el problema de la demarcación científica, nos sumerge aún más en la complejidad, pero nos permite al menos esbozar una primera definición de pseudociencia. Una pseudociencia es, por tanto, aquella propuesta que tiene pretensiones científicas, pero su marco teórico conceptual, en el que se establecen sus hipótesis, no es científico y tampoco tiene evidencia empírica suficiente. Lo que nos quedaría por determinar es qué constituye un marco teórico científico, y qué entendemos por evidencia científica suficiente. Figura. Diagrama de flujo de las dimensiones alternativas a la ciencia. 157 Si tomamos como marco teórico de la osteopatía los principios osteopáticos fundamentales dictados por Still y sus seguidores, debemos asumir que este no es un campo científico, y por tanto a lo máximo que podría aspirar la osteopatía es a ser una ciencia blanda en el caso de que tuviera evidencia científica sólida. A esta cuestión trataremos de responder en los siguientes tres capítulos dedicados a los distintos campos de la osteopatía: la estructural, la craneal y la visceral. 158 4.2. Criterios Los criterios de demarcación científica solo nos permiten un diagnóstico por exclusión, es decir, son sensibles pero no son específicos. Dicho de otro modo, la presencia del criterio de demarcación no garantiza que sea una proposición científica, pero su ausencia, el hecho de que no se cumpla el criterio de demarcación, lo clasifica inmediatamente como una proposición pseudocientífica. La conclusión a la que han llegado los filósofos de la ciencia es que necesitamos un conjunto de criterios para mejorar la fiabilidad de la demarcación científica. Disponemos de un conjunto de criterios de demarcación científica necesarios, pero no suficientes, por lo que no podemos determinar qué es científico, pero sí podemos afirmar aquello que no lo es cuando los criterios necesarios no se cumplen. • Una condición necesaria identifica TODAS las propuestas científicas. • Una condición suficiente identifica SOLO las propuestas científicas. No hay criterios que cumplan la condición suficiente porque las pseudociencias se hacen pasar por ciencia, y adoptan distintos aspectos y características de la ciencia. Por tanto, no hay nada exclusivo que esté presente en todas las propuestas científicas y no esté en ninguna pseudociencia. Lo que sigue es un listado con las distintas propuestas que mayor acogimiento han tenido en el último siglo, y que cumplen con el criterio de necesidad pero no de suficiencia. Por tanto, por sí solos los criterios no puede decirnos si son propuestas científicas, pero su ausencia las coloca automáticamente en el campo de la pseudociencia. Algunas pseudociencias pueden cumplir alguno de estos criterios, pero la ausencia de alguno de ellos las revela automáticamente como pseudocientíficas. Por tanto, un campo científico debe cumplir obligatoriamente: 159 Criterio de demarcación Propuesta Verificación Es científico si es verificable Falsación Es científico si es falsable Comprobación Es científico si es contrastable Progresividad Es científico si progresa en el tiempo Consiliencia Es científico si está alineado con otras disciplinas Racionalidad Es científico si es razonable Plausibilidad Es científico si es plausible Fiabilidad Es científico si es confiable Elegibilidad Es científico si eligen las hipótesis antes de estudiarlas Predictibilidad Es científico si tiene capacidad de predicción Naturalismo Es científico si tiene una fundamentación natural Pensamiento Crítico Es científico si sus miembros presentan críticas Parsimonia Es científico si es parsimonioso Criterio de verificación. Es científico si es verificable, es decir, si puede demostrarse que es cierto. El verificacionismo era sostenido por los positivistas lógicos del Círculo de Viena (19211936). El objetivo principal de los neopositivistas era distinguir el sentido del sinsentido mediante la comprobación empírica. Uno de los positivistas del Círculo de Viena más influyente, Rudolph Carnap, propuso una opción más taimada, el confirmacionismo, que aceptaba distintos grados de confirmación sin la exigencia de alcanzar una verdad definitiva, aunque la principal crítica al verificacionismo la presentó el filósofo alemán Karl Popper, quien, 160 además de señalar que la verificación nunca es concluyente, invirtió los términos presentando el falsacionismo. Criterio de falsación. Es científico si es falsable, es decir, si puede demostrarse que es falso. Popper le dio la vuelta a la tortilla y sostuvo que la ciencia solo podía aspirar a demostrar cuando las cosas no son ciertas. La verificación absoluta es inalcanzable, como ya señaló Hume con el problema de la inducción. Tan solo la falsación es definitiva. Un cisne negro es suficiente para poder decir que no todos los cisnes son blancos. Popper atacó duramente al psicoanálisis de Freud, y concluyó que era una pseudociencia porque sus afirmaciones no eran falsables. Si el subconsciente es por definición aquello que no es accesible a la consciencia, y negar un trauma reprimido en el subconsciente solo confirma la existencia del trauma, no hay posibilidad de refutación. El falsacionismo popperiano no satisface el criterio de demarcación por sí solo porque hay pseudociencias que sí son falsables, pero no han sido estudiadas. Otras, en cambio, han sido falsadas pero omiten la evidencia en contra. Tal es el caso del terraplanismo, que permanece impermeable a la crítica, y persiste en sus teorías a pesar de las pruebas que demuestran ser falsas. A las debilidades del falsacionismo hay que añadir la crítica que recibió del filósofo húngaro Imre Lakatos, que propuso un falsacionismo sofisticado señalando que las propuestas científicas son un conjunto de teorías que se desarrollan dentro de programas de investigación, y por tanto la falsación de un fenómeno o teoría no invalida toda la disciplina. Esto es precisamente lo que ocurre con la osteopatía. Su programa obliga a tomar en consideración todas sus teorías y postulados de manera individual, y analizarlos por separado. Refutar una parte de ese programa no invalida consecuentemente el total de programa, es necesario estudiar cada uno de los elementos como posibles propuestas valiosas. Criterio de contrastabilidad. Ya sea la verificación o la falsación, en definitiva, lo que se exige a una propuesta científica 161 es que sea contrastable. El requisito de comprobabilidad o demostrabilidad es demasiado fuerte, es decir, solo nos va a señalar algunas pseudociencias, las más evidentes o intuitivas, pero no todas. La naturaleza de los criterios de demarcación necesarios responde mejor a proposiciones individuales, más que a la disciplina que los acoge. La acupuntura, en sí, es comprobable, se puede estudiar el resultado de insertar agujas en el cuerpo, pero el modelo bioenergético que lo sustenta no es comprobable. No se puede demostrar la existencia del qi y los meridianos energéticos, ni ninguna otra energía invisible e inconmensurable, al igual que tampoco se puede demostrar la parte vitalista de la osteopatía. Criterio de progresividad. Es científico si progresa en el tiempo. Si no avanza y se aferra a la tradición y a su descripción original es pseudocientífico. Lakatos en 1970 sintetizó la esencia de los programas de investigación científica con la condición de progresividad. La honestidad del científico consiste, para Lakatos, en tratar de proponer o de adherirse a teorías que anticipen hechos nuevos, y en rechazar aquellas que hayan sido superadas por otras más predictivas y potentes después de un cierto tiempo de tolerancia. Muchas teorías científicas envejecen mal y siempre hay cierta reticencia en la comunidad científica a ser sustituidas. La diseminación y aceptación de nuevas ideas requiere tiempo, pero debe acabar implantándose. La pregunta es ¿cuánto tiempo de tolerancia es razonable esperar? Esta es una pregunta sin respuesta, aunque un siglo es un margen más que holgado, como en el caso de la tradición osteopática. En cualquier caso, la principal limitación al criterio de progresividad lakatosiano es que constituye un criterio dependiente del tiempo, es decir, para aplicarlo debemos examinar su historia pasada, por tanto, no sirve para las propuestas científicas novedosas. La falacia de antigüedad, apelando a la tradición de una terapéutica, no solo no es motivo para conservar ese criterio, sino que se enfrenta al criterio de progresividad. 162 Criterio de consiliencia. Es científico si es compatible con el resto de conocimiento científico. Edward Wilson, en el año 2000, publicó las diferencias en el razonamiento de científicos y pseudocientíficos, y llega a la conclusión de que, aunque no hay nada que esté presente exclusivamente en uno de los dos lados, existe cierto sincretismo entre las pseudociencias, donde unas no se molestan a otras pese a sostener ideas antagónicas, a la par que critican y desafían las ciencias establecidas. Del mismo modo, los campos científicos reconocidos tampoco se contradicen. La física, la química, la biología o la medicina están alineadas, y suelen informar y enriquecer a los campos vecinos, no están aislados. La consiliencia como unidad del conocimiento está emparentada con el criterio de unidad de George Reisch. Reich, en 1998, propuso que una disciplina científica se caracteriza por estar adecuadamente integrada en las otras ciencias. La homeopatía, por ejemplo, no es consiliente con lo que sabemos en química sobre las diluciones. Paradójicamente, al entomólogo estadounidense Edward Wilson se le conoce más por su Sociobiología, acusada de pseudociencia por determinismo biológico, que por su obra Consiliencia. Criterio de racionalidad. Es científico si es razonable. Para ser científico necesariamente tiene que responder a principios lógicos y utilizar un razonamiento válido, pero también puede estar presente en otro tipo de actividades sin pretensión científica, por tanto, por sí sola no nos dice si es científica. Una vez más, es condición necesaria pero no suficiente. Su ausencia en una propuesta con pretensiones científicas sería suficiente para clasificarla como pseudociencia. El principal inconveniente es la ambigüedad del término racional, o la limitación del mismo si nos ceñimos estrictamente al campo de la lógica. Algunas cosas pueden parecer razonables y no ser ciertas, y otras desafiar el sentido común y ser ciertas porque no las comprendemos del todo. 163 Criterio de plausibilidad biológica. Es científico si es plausible. La posibilidad biológica de lo que se pretende predecir es una condición necesaria, pero no suficiente para ser una proposición científica. Que un fenómeno pueda ocurrir no quiere decir que sea cierto, pero debe regir el pensamiento. Un buen ejemplo de esto lo constituye la ligadura de la arteria mamaria interna. Este era un procedimiento habitual que se realizaba con éxito para el tratamiento de la angina de pecho. Cuando empezó a cuestionarse su plausibilidad biológica se realizó un experimento. En 1959 se llevó a cabo un estudio en el que se dividió a los pacientes en dos grupos, uno recibió la ligadura y el otro recibió falsa cirugía, es decir, simplemente se les durmió, se les realizó una pequeña incisión en la piel y se les volvió a despertar. Los pacientes mejoraron por igual en ambos grupos. Este fue el primer estudio que utilizó falsa cirugía. La falta de plausibilidad biológica llevó a realizar la investigación, y el procedimiento de la ligadura de la arteria mamaria interna para la angina de pecho fue abandonado pese a los beneficios reportados. Los pacientes mejoraban por efecto placebo, y no era ético someterles a una cirugía. Las teorías que sustituyen a las anteriores deben explicar los hechos de una manera más plausible y revelar las inconsistencias en la teoría rival. Las pseudociencias menos burdas suelen utilizar cierto revestimiento de plausibilidad biológica que utilizan para minimizar la crítica, y cuando se presentan críticas responden con teorías ad hoc para justificar la falta de plausibilidad en vez de ser abandonadas a pesar de no ser satisfactorias. En acupuntura, por ejemplo, se han descrito teorías alternativas a la existencia de los meridianos energéticos a través de estructuras anatómicas reales como vasos sanguíneos, nervios o fascias, pero ninguna de estas estructuras es satisfactoria porque ninguna estructura coincide plenamente con los meridianos energéticos. 164 Criterio de fiabilidad. Es científico si es fiable. Una declaración científica debe ser correcta, o al menos no contener indicios de ser falsa. Una pseudociencia no consiste necesariamente en mentiras concatenadas, suele contener, de hecho, muchas verdades, incluso valiosas, entre las que camufla las afirmaciones pseudocientíficas. Las propuestas científicas deben ser fiables al menos con carácter provisional. Dentro de una ciencia se acepta que existan hipótesis que aún no hayan demostrado fiabilidad, siempre y cuando se mantengan en cuarentena y en un estado de revisión mostrando distintos grados de solidez científica. El filósofo sueco Sven Hansson propone una tríada de criterios de calidad científica, donde la fiabilidad es uno de ellos: • La fiabilidad • La fertilidad o productividad científica • La utilidad práctica. Criterio de elegibilidad. Es científico si sus hipótesis son elegidas previamente a la experimentación. Una hipótesis debe cumplir con ciertos requisitos de elegibilidad antes de ser estudiada, es decir, la hipótesis debe ser planteada antes del estudio, no como consecuencia de sus resultados, de lo contrario se incurre en la falacia del francotirador tejano. Si primero se dispara y luego se dibuja la diana dentro del disparo siempre parecerá que hemos acertado. Las hipótesis ad hoc pueden ser ciertas y corregir una falla en la expresión inicial, pero debemos ser escépticos con la agregación de correcciones que vuelven más complejas las teorías y no aceptan ser falsadas. Las teorías deben predecir resultados, no al revés. Uno puede hacer caer la bola en el agujero de carambola o simplemente tener suerte. En ciencias de la salud los tratamientos predicen los resultados deseados de una manera imperfecta. Ningún tratamiento es 100 % efectivo, pero las posibilidades tampoco son infinitas ni caóticas. Esto convierte a la elegibilidad en un criterio muy exigente de manera general para identificar una pseudociencia, pero puede ser útil para descartar algunas justificaciones de supuestas mejorías que no fueron anticipadas. 165 Criterio de predictibilidad. Es científico si tiene capacidad de predicción. Ya en 1849 William Whewell describió las teorías científicas como aquellas que predicen hechos, diferenciando las pseudocientíficas que acomodan los hechos a las teorías. La capacidad de predicción y la elegibilidad de las hipótesis están muy relacionadas. Elegibilidad y predictibilidad son criterios fuertes de las ciencias positivas, están ligados a la relación de causalidad, pero en ciencias de la salud la capacidad predictiva es más limitada, y las predicciones son más probabilísticas que absolutas. La capacidad de predicción, por tanto, sería un estándar demasiado exigente como criterio de demarcación científica, aunque pueden contemplarse distintos grados de predicción imperfecta. Algunos autores diferencian las condiciones necesarias de las meramente deseables. Para Vollmer (1993) la previsibilidad (predictibilidad), la reproducibilidad, la fecundidad y la simplicidad (parsimonia) son características deseables, no necesarias. Criterio de naturalismo metodológico. Es científico si se limita a proporcionar explicaciones naturales para el mundo natural. Para el filósofo Robert Pennock el naturalismo metodológico es una regla básica del campo de juego de la ciencia. Es un criterio que excluye todas las explicaciones sobrenaturales, como las espirituales o fantásticas. La ciencia se limita a explicar el mundo natural por medio de procesos naturales, las declaraciones sobre fuerzas sobrenaturales están fuera de su dominio. No confundir la distinción natural-sobrenatural con la falacia natural, que confunde el ser con el deber ser. Criterio de pensamiento crítico. Es científico si los miembros de esa comunidad presentan críticas. El falsacionismo popperiano reveló la verdadera esencia de la ciencia al sustituir la verificación por la falsación como criterio de demarcación. La aspiración de la ciencia a demostrar que se equivoca en vez de darse la razón se manifiesta mediante el pensamiento crítico de los miembros de 166 esa comunidad. La filósofa de la ciencia Noretta Koertge señala el pensamiento crítico como seña de identidad de una comunidad científica, contrario a la pseudociencia, que son amigos de fe, personas que comparten un compromiso firme con los intereses de una comunidad que percibe como una amenaza la crítica, y recopilan evidencia y argumentos de apoyo como sesgo de confirmación, pero son muy reacios a fomentar la crítica. Es lógico que los científicos tengan cierto grado de confianza en sus hipótesis, o de lo contrario probablemente abandonarían esa línea de investigación, pero el resto de miembros de esa comunidad actúan como escépticos y exigen pruebas convincentes. Las comunidades pseudocientíficas son dogmáticas y se protegen de la crítica, este es el caso de la osteopatía, que concibe la crítica como un ataque a la profesión. Criterio de parsimonia. Es científico si es parsimonioso. El principio de parsimonia enunciado por primera vez por Guillermo de Ockham, un monje del siglo XII, sostiene que la pluralidad no debe ser planteada sin necesidad, es decir, que la respuesta más simple suele ser la verdadera. Parsimonioso es aquello que es más probable, y es más probable aquello que utiliza el menor número de variables. El efecto de esta estadística se ejemplifica muy bien con el problema clásico de Kahneman y Tversky (1983), al que llamaron «Linda». Se invita a los participantes a leer la siguiente descripción: «Linda tiene 31 años, es soltera, franca y muy brillante. Ella se especializó en filosofía. Como estudiante, estaba muy preocupada por los problemas de discriminación y justicia social y ha participado en manifestaciones antinucleares». Luego, se les pregunta cuál de las dos opciones siguientes cree que es más probable: (a) Linda es cajera de un banco. (b) Linda es cajera de un banco y feminista. Los psicólogos Kahneman y Tversky reportaron que cerca del 85 % cometía el error de responder la opción b. La suma de dos opciones 167 nunca puede ser superior en probabilidad que cada una de ellas por separado. El error se debe a que la opción b parece más representativa del texto que se expone, la descripción encaja más con una feminista que con una cajera de banco, pero para que se cumpla la opción b debe cumplirse la opción a y además que sea feminista. A este sesgo le denominaron falacia de conjunción. La falacia de conjunción es muy frecuente en osteopatía. Los osteópatas describen con frecuencia una pluralidad de eventos, como sucede en las cadenas lesionales, donde predicen el resultado de alteraciones de estructuras a distancia omitiendo el principio de parsimonia. Supongamos que una persona sufre un esguince de tobillo. Por definición eso quiere decir que los ligamentos del tobillo han sufrido una distensión súbita, y como consecuencia probablemente el tobillo se ha hinchado y ha aparecido un hematoma. Desde el punto de vista osteopático lo que ha ocurrido es una sucesión de catastróficas desdichas. El hueso astrágalo se ha anteriorizado, el hueso escafoides ha rotado internamente y el cuboides ha descendido, lo que provoca un pie plano y una pierna más corta, lo que genera a su vez tensión en los isquiotibiales, que rotan posteriormente el ilíaco y generan una torsión sacroilíaca. En este punto, el piramidal ha entrado en espasmo y ha comprimido el nervio ciático, el peroné se ha anteriorizado por abajo y posteriorizado por arriba, la columna ha generado una escoliosis compensatoria y la mitad de los músculos están tensos. Si no se normalizan pronto, todos estos huesos descolocados entrarán en la categoría del esguince mal curado por la negligencia y miopía de la medicina, que no ve a la persona en su totalidad y solo ve en un esguince de tobillo un esguince en el tobillo. 168 4.3. Multicriterios Uno de los autores que han presentado propuestas multicriterio de demarcación científica es Mario Bunge. Bunge ofrece en 1983 una perspectiva muy atractiva y completa de la que se extrae una lección valiosa: solo se puede alcanzar el fondo del asunto si se analizan en profundidad las propuestas científicas. Para Bunge, un campo epistémico es científico si todos los elementos que la conforman satisfacen las siguientes condiciones: 1. Comunidad (C). Sus miembros son investigadores o consumidores de ese conocimiento. 2. Sociedad (S). Que acoge sus actividades, apoya, o al menos tolera a los miembros de C. 3. Dominio (D). La colección de elementos a los que se refiere C en su discurso. 4. Trasfondo filosófico o perspectiva general (G). Que consiste en una ontología y una epistemología realista (las cosas existen independientemente de que nosotros las percibamos) y natural (las cosas que existen forman parte de la Naturaleza), y una metodología, axiología y moralidad sobre las formas adecuadas de adquirir y manejar el conocimiento. 5. Fondo formal (F). La colección de suposiciones o teorías lógicas que se dan por sentadas en el proceso de investigación. 6. Fondo específico (B). La colección de elementos de conocimiento tomados de otros campos epistémicos. 7. Problemática (P). La colección de problemas epistémicos relacionados con su D. 8. Fondo de conocimiento (K). La colección de elementos de conocimiento obtenidos por los miembros anteriores y actuales de C. 9. Objetivos (A). Los objetivos cognitivos, prácticos y morales de los miembros de C. 10. Métodos (M). La colección de métodos (y técnicas) utilizados en investigación. 169 Además de las diez condiciones iniciales, Bunge añadió dos condiciones adicionales: 11. Sistematicidad. Consiliencia. 12. Progresividad. Criterio lakatosiano. Estos doce criterios llevados a la osteopatía evidencian las miserias de una pseudociencia: C. La inmensa mayoría de los miembros de la Comunidad osteopática ni se dedica a la investigación ni demandan ciencia como clínicos. S. La Sociedad a rasgos generales percibe de una manera positiva a los profesionales de la osteopatía. El estatus alcanzado se ha ganado la confianza de la población, auspiciado por la fisioterapia en el caso de España. Hay un número importante de usuarios con opinión favorable hacia ellos, sin embargo, en el seno de las profesiones sanitarias el número de escépticos que la desaconsejan o no confían demasiado en ella es bastante más elevado. No tiene el estatus de profesión sanitaria y no está regulada. D. El Dominio de la osteopatía rebasa lo razonable para una terapia manual de la que se espera quede circunscrita al sistema musculoesquelético. El dominio de la fisioterapia, por ejemplo, también es amplio, pero esto es porque la fisioterapia no es solo terapia manual. G. El Trasfondo filosófico osteopático es en parte realista, material y natural, y en parte vitalista e inmaterial. Desde el punto de vista bungeano la parte vitalista sería inadmisible en una perspectiva científica. F. El Fondo formal de la osteopatía no ha satisfecho los criterios de plausibilidad biológica para algunas de sus propuestas, sobre las que se construyen sus teorías. La falta de estudios científicos y teorías basadas en principios filosóficos imposibilitan un fondo formal aceptable para la osteopatía. B. El Fondo específico tomado de otras ramas del conocimiento es amplio. La osteopatía está basada fundamentalmente 170 en la anatomía. El sustrato de anatomía, fisiología y patología son las que le confieren a la osteopatía una imagen de credibilidad, sin embargo, sus teorías o ideas desarrolladas a partir de ellas no son utilizadas por los demás. El número de aportaciones de la osteopatía a la comunidad científica internacional es cero. P. La Problemática que plantea la osteopatía es más filosófica que científica. Hay poco interés en averiguar qué hay de acertado o de equivocado en sus postulados y en sus técnicas. Las teorías no probadas y sin plausibilidad en osteopatía son interpretadas, ingenuamente, como carencias de la ciencia que aún no ha alcanzado su estatus de conocimiento como si la ciencia fuese quien tuviera que demostrar lo que ellos ya saben. K. El Fondo de conocimiento propio de los osteópatas en su inmensa totalidad es equivocado o pseudocientífico, y aquello que merece ser salvado no es exclusivamente producción propia. O. Los Objetivos de la osteopatía son asegurarse la supervivencia y alcanzar el reconocimiento legal, adaptándose a las exigencias del guion cuando las circunstancias lo requieran. No hay ningún atisbo de progreso, de crítica o de abandonar ni una sola de sus señas de identidad. Los únicos movimientos son intentos de validar viejas cosas con nuevas teorías que estén menos desgastadas adaptando el discurso. M. La colección de Métodos y técnicas que emplean es compartida con otras terapias manuales, han bebido mutuamente unas de otras y les confieren poca exclusividad. Se aprecian más diferencias en torno a las interpretaciones sobre las mismas que a las técnicas propiamente dichas. La Sistematicidad en osteopatía tiene una apariencia consistente que se diluye cuando se profundiza en ella. Juega en las reglas del modelo biomédico. El osteópata no es ajeno a las condiciones de patología y enfermedad, simplemente le confiere un significado distinto, y ahí es donde se mantienen más opacos. 171 Desde fuera, el colectivo médico puede percibirles con extrañeza o aceptación, pero es frecuente que no conozcan el trasfondo teórico y filosófico de sus apreciaciones sobre los pacientes. La Progresividad es claramente deficiente en osteopatía. La única progresión es aditiva, solo suma componentes en pos del sincretismo holístico, un interés creciente por la psiconeuroinmunología clínica y terapias fasciales dan buena cuenta de ello, pero nunca resta, ni son sustituidos unos elementos por otros. Es una progresión a lo ancho, no a lo alto. Pese a las deficiencias, la osteopatía craneal y visceral no han sido abandonadas ni se espera que lo hagan. En resumen, para que la sociedad (S) que acoge a la osteopatía tolere a la comunidad osteopática (C), sus miembros deberían investigar y consumir más investigación y deberían hacerlo dentro del dominio (D) relacionado con el sistema musculo-esquelético, limitando al mismo su problemática (P), y prescindiendo de su trasfondo filosófico (G) y teorías (F) divergentes con el conocimiento en fisioterapia (B). La renovación de su fondo de conocimiento (K) se hace necesario para cumplir el principio de progresividad y demostrar que la osteopatía verdaderamente avanza, y no necesita los asertos de su fundador, Andrew Taylor Still, exhortados en el siglo XIX sin que ese avance sea visto como una traición al padre. La pregunta es ¿está la osteopatía dispuesta a eso? ¿Consideraría seguir llamándose osteopatía sin todo eso que la hace distintiva? Bunge enumeró, además, los requisitos exigibles para evaluar una concepción que pretenda ser científica o filosófica con el fin de liberarse de cualquier sospecha pseudocientífica, y que él aplicó al psicoanálisis: 1. Inteligibilidad. ¿Es esa concepción clara u oscura? Si es oscura, ¿se resiste a definirse? Todo texto impreciso, críptico, es sospechoso. 2. Coherencia lógica. ¿Contiene contradicciones o es internamente coherente? ¿Se pueden eliminar las contradicciones modificando los supuestos? 172 3. Sistemicidad. La perspectiva sometida a análisis, ¿es un sistema o parte de un sistema? ¿Se trata de una conjetura aislada? ¿Se puede desarrollar en forma de teoría? 4. Literalidad. Hay que analizar si la concepción cuestionada contiene alguna afirmación literal, o solo es una analogía o metáfora, y si esa analogía o metáfora es superficial o profunda y puede ser reemplazada en todo caso por una afirmación literal. 5. Comprobabilidad. ¿Es posible controlar conceptual o empíricamente la concepción en cuestión? ¿O es invulnerable a la crítica y a la experiencia? 6. Respaldo empírico. Es decir, si las comprobaciones han resultado favorables, desfavorables o inconcluyentes. 7. Coherencia externa. Tenemos que evaluar la compatibilidad de la propuesta con el grueso del conocimiento de todos los campos de la investigación. 8. Originalidad. Comprobar si la propuesta resuelve algún problema importante, o presenta alguna novedad significativa. 9. Capacidad heurística. Determinar si la concepción analizada suscita problemas de investigación nuevos e interesantes. 10. Sensatez filosófica. Es preciso analizar la compatibilidad de la propuesta con la filosofía propia de la investigación científica: si es realista, naturalista, y accesible al control experimental. 173 4.4. ¿Qué caracteriza a las pseudociencias? Hemos visto cómo la ausencia de rasgos científicos necesarios nos da como resultado propuestas pseudocientíficas. La otra manera de diferenciar ciencia de pseudociencia es analizar no lo que tiene de especial la ciencia, sino qué tiene de especial o caracteriza a la pseudociencia. El libro de Daisy & Michael Radner, Science and Unreason (1982), presenta nueve marcas distintivas de la pseudociencia. La ausencia de todas no garantiza que no se trate de una pseudociencia, pero la presencia de alguna de ellas sí: Pensamiento anacrónico Búsqueda de lo misterioso Apela a los mitos Evidencia de equipaje de mano Presentando evidencia irrefutable Argumento de similitud espuria Explicación por escenario Investigación por exégesis Negativa a corregir ante la crítica Pensamiento anacrónico. Cuando una teoría es abandonada no se vuelve a ella si no se han resuelto sus inconsistencias. Del mismo modo, si aparece una teoría que explica de una manera más sencilla y elegante un mayor número de hechos debe sustituir a la anterior. La única razón para conservar un modelo de pensamiento es creer que ya no es perfectible. Búsqueda de lo misterioso. Es la apelación a lo enigmático tomando la curiosidad de la ciencia. Los misterios forman parte de la ciencia. La curiosidad por saber es el principal motor de 175 búsqueda del conocimiento, sin embargo, en la pseudociencia se convierte en la principal excusa de preservación. Es un estado permanente esencial en el que el misterio forma parte de la respuesta, y un añadido innecesario en el planteamiento de la pregunta. Los planteamientos fantásticos y las respuestas extraordinarias se vuelven más atractivas. Suele entrar en contradicción con el principio de parsimonia. Apela a los mitos. Cuando las premisas de las que se parten asumen hechos no probados se recurre al mito. Está relacionado con el pensamiento anacrónico y los enunciados fundacionales. Apelan a la antigüedad y la tradición. El mito está en los orígenes. En el caso de la osteopatía, la refutación a Still es sustituida por la comprensión y la interpretación de Still. Evidencia de equipaje de mano. La aceptación de una hipótesis depende del grado de confirmación y el grado de confirmación depende, a su vez, de la cantidad de evidencia a favor y en contra. Un montón de mala evidencia no hace buena evidencia. Cuando se ofrece una crítica a un artículo presentan dos artículos más. Elevan la anécdota a prueba, y creen que solo necesitan sembrar la duda razonable para enfrentar la crítica. Presentando evidencia irrefutable. Toda hipótesis científica es, por definición, refutable. Es el principio falsacionista de Popper. Las teorías crecen o decrecen gradualmente en credibilidad en función de las pruebas que presentan y el grado de fiabilidad. Cuando una teoría es muy sólida hará falta una gran prueba para hacer que se tambalee. Por eso cuando una teoría pseudocientífica ofrece incompatibilidades con postulados científicos se dice que afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Argumento de similitud espuria. Una estrategia habitual de la pseudociencia es hacer pasar por respetable sus teorías haciendo ver que están basadas en ciencia legítima. Lo que ellos proponen «no es muy diferente a…» cierta propuesta científica. Emplean argumentos de similitud o analogía con la Naturaleza. 176 La doctrina de las signaturas o «teoría del signo» es la creencia de que las cosas en la naturaleza tienen un color, una forma, un sonido o una estructura que revela su utilidad terapéutica. En esta idea se fundamentaba la medicina hipocrática o la medicina tradicional china. Paracelso sostenía que la cúrcuma curaba la ictericia porque es amarilla. Para Galeno los cangrejos curaban el cáncer simplemente por su nombre. La medicina del siglo XVIII aún mantenía la doctrina de las signaturas porque derivaba de un principio teológico. La metafísica cristiana introdujo la noción de que Dios desea ayudarnos a encontrar curas para las enfermedades. En ese mismo siglo, Samuel Hahnemann inventó la homeopatía, que también utiliza la doctrina de las signaturas. En homeopatía lo similar cura lo similar y por eso se prescribe, por ejemplo, caliza para las descalcifcaciones. Una piedra que se erosiona con facilidad, y tiene un aspecto porótico, se asemeja en su estructura a los huesos osteoporóticos. Es el mundo al revés y muy diluido todo, pero con la misma magia representacional que rige la doctrina de las signaturas. Así, el poder curativo de las nueces puede deducirse por su aspecto externo, que recuerda a la forma de un cerebro. Una modalidad de signatura es la opoterapia, comer órganos de animales para sanar los nuestros dañados, normalmente triturados («opo» = jugo, extracto). Una creencia que ejemplifica a la perfección el refrán «de lo que se come se cría», y que por cierto tiene su origen en la costumbre de Fernando V de Aragón de comer criadillas de toro para aumentar su fuerza y su virilidad. Comer testículos de animales para la virilidad, la impotencia o la fertilidad era habitual hasta hace bien poco. Famosas fueron las inyecciones de puré de testículos de cobaya y perro del doctor Brown-Séquard. La versión moderna de signatura serían los condroprotectores, como el sulfato de condroitin u otras sustancias contenidas en el cartílago, o directamente comer cartílago de aleta de tiburón en el 177 mundo alternativo para tener más cartílago en las articulaciones. Tomar glucosamina ha sido comparado con dar de comer pelo a un calvo. Porque no, de lo que se come, no se cría. Explicación por escenario. Las teorías científicas deben explicar eventos pasados y predecir eventos futuros. Son legítimas las hipótesis que explican escenarios pasados, pero solo pueden comprobarse prediciendo los eventos futuros. Un detective que reconstruye el escenario de un crimen tiene una explicación del escenario. Si el muerto ha aparecido es porque no se ha evitado que ocurriera, simplemente se explica el escenario. No hay criterio de predictibilidad. Las explicaciones por escenario pseudocientíficas no explican otros escenarios, no resuelven otras dudas que no encajaban ni explican un mayor número de cosas de una manera más sencilla. Investigación por exégesis (interpretación de un texto). La literatura científica es muy diferente a las Sagradas Escrituras de una religión. La interpretación literaria o exégesis no tiene cabida en un texto científico. El lenguaje que utiliza es deliberadamente impersonal, concreto y literal, precisamente, para evitar las interpretaciones. El lenguaje metafórico y alegórico de Still ha propiciado la interpretación de sus textos alabando sus aciertos, y pidiendo consideración por sus errores acogiéndose a la enmienda del sesgo retrospectivo. Los osteópatas juegan al juego de «lo que Still realmente nos quería decir con» para reformular y adaptar la osteopatía al siglo XXI. Negativa a corregir ante la crítica. Las pseudociencias presumen de nunca equivocarse y señalan los errores de la ciencia como debilidades, cuando en realidad esta es una de sus mayores fortalezas. El enrocamiento de la osteopatía se debe a un hecho fundamental, si no investigan y no hay nuevas propuestas no pueden abandonar las anteriores. La propuesta de Radner define a la perfección los problemas más distintivos en la osteopatía: un anacronismo decimonónico 178 basado en teorías obsoletas en la búsqueda de unicornios que consideran incuestionables y evidentes, y sin embargo justifican de manera poco satisfactoria. El reflejo de la osteopatía en el espejo pasa por responder honestamente a los criterios de Radner, y reconocer que no destacan por hacer autocrítica, y la crítica externa es vista como un ataque al que responden con fundamentos teóricos no probados, o evidencia débil que presentan como irrefutable. Algunos rasgos de su esencia son característicamente pseudocientíficos. Los osteópatas argumentan que la osteopatía es una ciencia porque todo lo que hacen se basa en la anatomía, es una práctica oficial y reconocida en muchos países, y sus pacientes refieren mejoría. Para poder opinar sobre la osteopatía hay que ser un auténtico osteópata, y que haya cosas que aún no se hayan demostrado no quiere decir que no sean ciertas. Como vemos, describir o enumerar rasgos y características de la ciencia y la pseudociencia no necesariamente clarifica la demarcación en todos los casos. Algunas prácticas son las que el psicólogo estadounidense Michael Shermer llama «ciencias fronterizas», están a caballo compartiendo rasgos en ambos lados. De hecho, para Shermer la quiropráctica y la osteopatía pertenecerían a esa ciencia fronteriza. Este limbo de la ambigüedad indeterminada favorece a estas prácticas, a las que se concede el beneficio de la duda. El inconveniente de la gramática ternaria es que, lejos de sentir la espada de Damocles pendiendo sobre sus cabezas, se acomodan en ese estado sin problema porque el revisionismo con el que se las amenaza se convierte en una concesión, del mismo modo que en un semáforo, el verde y el ámbar permiten circular. No es una pausa para la deliberación, es un estado fronterizo en el que permanecen de manera indeterminada. Para salir del atolladero con la clasificación de Shermer, convendría sustituir ciencia fronteriza por pseudociencias elaboradas y ciencias poco elaboradas. Así, como es179 cribió Lakatos, el problema de la distinción entre lo científico y lo pseudocientífico «no es un pseudoproblema para filósofos de salón», o de simple risa, «sino que tiene serias implicaciones éticas y políticas». Además de todos los criterios y argumentos expuestos confrontados con la realidad osteopática, existen unos criterios recurrentes que los osteópatas utilizan en su argumentario para defenderse de las críticas, pero son todos ellos, como veremos, deficientes, y constituyen, en realidad, los criterios de demarcación pseudocientífica osteopática: Criterio de demarcación Propuesta Posibilismo Anatómico Es científico si puede darse una explicación anatómica Ningún osteópata verdadero Es científico si lo dice un verdadero osteópata Apelar a la autoridad Es científico si tiene reconocimiento oficial Efectismo Es científico si mis paciente mejoran Apelar a la pureza Es científico si se mantiene fiel a sus orígenes Posibilismo anatómico Es la justificación osteopática por excelencia. Los osteópatas ven en la anatomía el mapa del tesoro escondido que solo ellos ven, y que los lleva a realizar, por ejemplo, un tratamiento manipulativo en astrágalo, occipucio, tercera vértebra cervical, ilíaco y cráneo para tratar una ciática. Con la precisión de las coordenadas de un GPS, el osteópata va relacionando las estructuras anatómicas hasta alcanzar la causa última del problema. Un ejemplo paradigmático de posibilismo anatómico es la relación entre el dolor de hombro y el hígado. Es solo una cuestión de anatomía, aseguran los osteópatas. 180 «La Osteopatía es como si fuera un taburete de tres patas, sobre las que se mantiene. Una de las patas es la anatomía, la segunda es la anatomía y la tercera... la anatomía». A. T. Still Los osteópatas presumen de tener un profundo conocimiento de anatomía. Ciertamente, dedican bastantes horas al estudio de la anatomía humana. Cada ligamento, glándula, vena, vaso linfático, fascia, muesca u orificio en el hueso es analizado minuciosamente para darle un sentido terapéutico. Esto a priori no suena mal, y de hecho suelen utilizarlo como argumento para validar la osteopatía como una ciencia. «Nosotros nos basamos en la anatomía», aseguran. Este credo de la anatomía forma parte de la filosofía osteopática, y se basa en la célebre frase de Andrew Taylor Still «anatomía, anatomía, anatomía». Todo está ahí. Observando la anatomía se puede alcanzar a comprender la manera de curar las enfermedades. Todo debe estar ahí para algo, y todo debe poder utilizarse terapéuticamente. «¡Oh Señor!, dame más anatomía cada día que vivo, porque la experiencia me ha enseñado demandas inevitables cuando estoy en la habitación del enfermo». Oración confesa de un osteópata El estudio de la anatomía se ha venerado en osteopatía de manera pomposa como «las antorchas que iluminan las vías para descubrir las causas subyacentes de la enfermedad». El posibilismo anatómico es la respuesta a todas las dudas que sus propuestas puedan suscitar. Para Still, «el reconocimiento de la anatomía anormal viene con años de estudio y de acampar allí». Bien, ha llegado la hora de levantar el campamento. Cuando se estudia detenidamente la anatomía de un hueso se observan imperfecciones, asimetrías y diferencias constantemente. La asimetría es la norma y no la excepción. Los huesos desarrollan prominencias que se generan por las tensiones a las que se ven sometidos, se deforman, se torsionan, e incluso pueden encontrarse 181 huesos supernumerarios, es decir, que hay personas que tienen más huesos que otras, y todo ello se considera normal. El fantasma de la «anatomía normal» con la que Still pretendía justificar el tratamiento osteopático, y dar explicación al verdadero origen de la enfermedad, no se sostiene a la luz del conocimiento actual. El posibilismo anatómico es como el argumento teleológico o falacia del relojero que pretende demostrar la existencia de Dios. El argumento es que de la realidad de la Naturaleza, de su belleza y de su perfección se deduce que debe existir un Creador, un ser superior que la haya creado con alguna intención, no puede deberse al azar. Es el argumento del diseño inteligente, pero de la existencia de los ríos, las montañas, las flores o los animales no se sigue la demostración de un Creador, ni un fin existencial. Las montañas no existen para algo. En el posibilismo anatómico la realidad anatómica es prueba suficiente de que el problema está ahí, que su existencia y su estructura tiene un fin terapéutico, es decir, que existe de esa forma para poder ser tratada y un ser superior, el osteópata, puede influir en ella y corregirla. Y de nuevo, aquí no se sigue el argumento teleológico en relación a que la anatomía está configurada de esa manera y no de otra para que podamos tratarla y repararla. Su existencia no tiene un fin terapéutico. Los osteópatas del siglo XXI siguen detectando anormalidades y diferencias anatómicas. Las ínfulas osteopáticas de acudir a la verdadera causa, a la raíz de los problemas, es un fantasma que se sostiene siempre de la misma manera: el estudio anatómico es una verdad incuestionable que se justifica por sí sola, pero solo esconde un falso soporte de justificación y plausibilidad biológica. Ningún osteópata verdadero Un escocés está leyendo el periódico cuando se topa con una noticia sobre un inglés que ha cometido un crimen, y exclama: «¡Ningún escocés haría eso!». Al día siguiente, al abrir el periódico se encuentra otra noticia, esta vez sobre un escocés que ha 182 cometido un crimen aún peor; se queda pensando unos segundos y dice: «¡Ningún verdadero escocés haría eso!». Esta es la conocida falacia de «ningún escocés verdadero» acuñada por el filósofo inglés Anthony Flew. Afirmar las bondades de cualquier creencia negando los datos que la contradicen es mucho más sencillo apelando a la pureza. Basta con negar que aquello para lo que no se encuentra justificación no forma parte de la esencia a la que se hace referencia. Es una vía de escape perfecta ante cualquier crítica. Los osteópatas utilizan esta falacia de diversas maneras, tanto para referirse a otros osteópatas, como para referirse a cualquier parte de su conocimiento con la que no se sienten cómodos. La falta de estandarización de los estudios osteopáticos provoca que podamos encontrar en España osteópatas con formación muy diversa. Aquellos que han cursado cinco años afirman que los verdaderos osteópatas son los que han terminado ese ciclo formativo, y todos los demás no están capacitados para opinar. De manera recurrente ante cualquier crítica preguntarán por el carnet de verdadero osteópata olvidando que en un argumento no importa quien lo exprese, sino el peso que tenga por sí mismo. En 2020 se publicó un artículo que tenía por título «Si no usas o entiendes la osteopatía visceral no eres un verdadero osteópata: identidad profesional en la osteopatía australiana a través de la lente de una sola técnica tradicional». Se trata de una encuesta realizada a osteópatas australianos y su percepción de la osteopatía visceral. La mayoría siente que no tiene formación adecuada en visceral, y es que la osteopatía visceral se desarrolló fundamentalmente en Francia, los anglosajones nunca se interesaron mucho por ella. Sin embargo, acabó siendo un reclamo exitoso para osteópatas y, en la concepción holista-panteísta, un buen osteópata es aquel que lo tiene en cuenta todo y lo relaciona todo. La otra variante es negar fragmentos del relato osteopático. La osteopatía, como el resto de pseudociencias, se caracteriza por su inmovilismo. Sostiene las mismas creencias de manera imperturba183 ble con el paso del tiempo. Los fisioterapeutas-osteópatas, en cambio, han pasado el filtro de la fisioterapia a algunas cosas que les contaron en osteopatía. Es por tanto un filtro personal, y cada fisioterapeuta-osteópata ha depurado unos contenidos distintos, por lo que ante una crítica expresada alegan que «eso ya ha cambiado», y que «un verdadero osteópata sabe que eso ya no es así». Muchos enfrentan la crítica diciendo «no reconozco esa osteopatía de la que me hablas». Otros en cambio reclaman la «verdadera osteopatía» a la «osteopatía tradicional», que en esencia es la misma, pero con un lenguaje y pretensiones aún más oscuras. La extraña mezcla entre vitalismo y mecanicismo marcó con el tiempo dos posicionamientos dentro de la osteopatía. Los defensores de las corrientes vitalistas consideran que ellos son los verdaderos osteópatas que siguen los dictados originales del fundador, Andrew Taylor Still. La corriente mecanicista, en cambio, rechaza el vitalismo y considera que ellos son los verdaderos osteópatas, e incluso se avergüenzan de la mística de sus compañeros. Justifican que Still era un personaje del siglo XIX con posturas insostenibles en el siglo XXI. Lógicamente aciertan al rechazar la filosofía bioenergética, sin embargo, no parecen ser conscientes de que ellos están igual de equivocados, además de no ser cierto que las ramas como la visceral y la craneal, propuestas postradicionales, estén carentes de vitalismo, al contrario, los nuevos odres tienen un sabor a vino aún más viejo. Apelar a la pureza En la inauguración de la convención de osteópatas de Portland de 1915, un anciano Andrew Taylor Still de 87 años, en su habitual tono alegórico, espetaba: «Hay una alarma en la puerta de todas las escuelas osteopáticas. El enemigo ha atravesado el piquete. ¿Permitiremos que la profesión osteopática se esclavice a la verdad médica? Como padre de la osteopatía, hago un llamado internacional a los DO puros de Simon que están dispuestos a ir a la línea de combate sin ser reclutados para el servicio». 184 Es razonable que las afirmaciones de Still sean evaluadas en su contexto histórico. Tan razonable como esperar que sus ideas hayan quedado desfasadas. Lo que no es razonable es pretender que el credo osteopático sea imperturbable al paso del tiempo. Este arraigo por la pureza y por respetar la esencia filosófica del fundador radica en la frase que Still dijo en su lecho de muerte: «keep it pure, boys», es decir, ¡manténganlo puro! La medicina heroica, con sus purgas, sangrías e intoxicaciones por mercurio, evolucionó con el paso del tiempo y abandonó todas esas prácticas. Sin embargo, la osteopatía no ha movido ni un ápice desde sus fundamentos fallando en el criterio lakatosiano de progresividad. El «keep it pure» condenó para siempre a la osteopatía en el terreno de las pseudociencias. Es cierto que en Estados Unidos la osteopatía que Still había presentado al mundo, llamada a derrocar el orden alopático arraigado, se fue diluyendo con el paso del tiempo y su imbricación con la medicina. En la medida que fueron aumentando su reconocimiento y equiparación con los médicos, las ínfulas antimedicina de los osteópatas fueron disminuyendo. Cuanto más se convertían en quienes criticaban más difícil se hacía mantener la disonancia. El caso norteamericano no es comparable a ningún otro país, y su evolución no puede considerarse progresividad propiamente, sino «desosteopatización». El aumento de procedimientos médicos fue en detrimento de los procedimientos osteopáticos. La osteopatía fue quedando relegada al ámbito ambulatorio porque los médicos osteópatas consideraban poco práctico realizarlo en el entorno hospitalario con los pacientes encamados, intubados o con oxígeno, y cuando tuvieron otras opciones eligieron más medicina y menos osteopatía. Las universidades osteopáticas empezaron a denunciar que cuando sus alumnos iniciaban las prácticas en los hospitales comenzaban un período de «desosteopatización». La amenaza de la medicina que Still vaticinaba en 1915 acabó cumpliéndose, y constituye paradójicamente no solo un debate interno de identidad, también su mejor argumento de reconocimiento científico. 185 La pureza, en definitiva, a la que apelan los osteópatas en su ejercicio tiene dos vertientes, una técnica, en cuanto a procedimientos manuales, y otra, la más importante, mental. La osteopatía es enseñada como una manera de entender las cosas, su esencia es capturada mejor en su manera de pensar, de entender el mundo, pensar como un osteópata y vivir como un osteópata. Apelar a la autoridad Los osteópatas incurren en la falacia ad verecundiam de manera recurrente al pretender validar sus propuestas mediante figuras de autoridad, y el reconocimiento alcanzado en algunos países. El alegato puede resumirse en la frase: «La osteopatía en Estados Unidos es una rama de la medicina, por tanto, la osteopatía es ciencia». Lamentablemente, este no es un argumento válido para calificar la osteopatía como una ciencia. Desde el capítulo 3 hemos profundizado en las dificultades que supone abordar la espinosa cuestión de la demarcación entre ciencia y pseudociencia, y ventilar el asunto en una sola frase apelando al estatus de reconocimiento legal de un único país no es en absoluto aceptable. De hecho, son dos, la osteopatía es una especialidad de la medicina reconocida en Estados Unidos y Rusia, lo que significa también que la osteopatía no es una rama de la medicina reconocida en casi doscientos países, es decir, no lo es en todos los países salvo en dos. No fue hasta la década de 1990 cuando otros países como Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, en 1993, se sumaron a la lista de países donde la osteopatía tiene algún tipo de reconocimiento legal como profesión sanitaria, y mucho más reciente es la incorporación progresiva de países europeos como Islandia en 2012, Portugal en 2013, Suiza en 2016, Italia, Dinamarca y Luxemburgo en 2018, entre otros, donde ha alcanzado diferentes estatus legales, algunos solo como profesión reconocida, otros como profesión sanitaria. A menudo, estos países son presentados por los defensores de la osteopatía como países más avanzados, 186 como si el progreso fuese el motor que impulsara su regulación en un alarde etnocéntrico y pseudoevolucionista. Especialmente, a raíz de la aparición de la osteopatía en el Plan de Protección de la Salud Contra las Pseudociencias el argumento «la osteopatía es ciencia porque es legal en otros países» empezó a cotizarse. El argumento de autoridad apela al prestigio y la reputación como justificación científica, contar con el reconocimiento de un país, una institución, la Universidad de Stanford o la NASA, independientemente del vínculo que les una, es expuesto como argumento de prestigio. Una apelación a la autoridad sería decir que dado que Conley, el doctor de Donald Trump encargado de informar de la salud del expresidente, es osteópata, es a todas luces evidente que la osteopatía es una opción recomendable, sino no la usaría un presidente de los Estados Unidos, pero es igual de evidente que ser rico, famoso y poderoso no es sinónimo de estar bien informado ni de hacer lo mejor. Efectismo La palabra está escogida convenientemente, no es efectividad, es efectismo, es una apariencia de efectividad creada para impresionar. El mantra que se repite es que los pacientes que acuden a diario a la consulta de un osteópata se muestran satisfechos con el servicio recibido, y por tanto constatan que la osteopatía es efectiva. «El éxito de las clínicas de osteopatía llenas de pacientes demuestra que la osteopatía funciona». La osteopatía lleva vendiendo el éxito y superioridad en sus tratamientos desde su fundación. Como buenos bonesetters y curanderos se vendían a través de sus milagros, pero a diferencia de sus antecesores ellos habían formado una escuela y debían vender éxito profesional. Promocionaron la osteopatía como una profesión con un éxito garantizado, que crecía como ninguna otra. «En este momento no existe una profesión en la que un hombre o una mujer jóvenes puedan ganar dinero tan rápida y exitosamente como en la práctica de la osteopatía». 187 La realidad no era tanto así, como tampoco lo eran sus milagros. Usaron el Journal of Osteopathy para su propaganda, una revista científica llena de testimonios y frases grandilocuentes del tipo: «Estamos tratando al mes más pacientes que nadie». La verdad era muy diferente. Still afirmaba que podía prevenir los escalofríos y la fiebre de la malaria sin quinina ajustando periódicamente las vértebras lumbares, dispersar el líquido en hidropesía sin digital mediante la manipulación de las últimas costillas, y reducir la hinchazón del dedo gordo del pie sin colchicina manipulando el pie. Los osteópatas siempre han vivido de impresionar a su clientela. Los alumnos hoy día siguen apreciando sus tratamientos en función de la satisfacción de sus pacientes. Cualquiera que niegue ese incuestionable éxito será acusado de fracasado, frustrado, acomplejado y envidioso, sin embargo, el éxito de una consulta suele guardar más relación con algo más humano que científico. El trato y las habilidades sociales son los mejores predictores del éxito profesional. Aun si fuera cierto que la satisfacción de los pacientes fuese superior en una consulta de osteopatía, este no sería un buen medidor de efectividad. Cuando se les pregunta a los pacientes qué consideran un buen médico, lo que responden es aquel que les recibe con amabilidad y les escucha. Los pacientes por encima de todo quieren sentirse bien atendidos. Aun si fuera cierto, apelar a la popularidad es, de nuevo, un argumento inválido, y no se sigue de la pregunta «¿funciona la osteopatía?». Para responder a esa pregunta el método científico cuenta con los estudios controlados aleatorizados. Los trucos efectistas de la osteopatía están lejos de ser convincentes. 188 4.5. Paradigmas El filósofo de la ciencia e historiador Thomas Kuhn introdujo la noción de paradigma en los modelos de desarrollo científico, que según este autor, históricamente, se resuelven en un ciclo de revoluciones científicas donde los nuevos paradigmas se imponen a los anteriores al señalar sus debilidades provocando una crisis en el paradigma vigente, hasta que este es abandonado. La revolución culmina con la imposición de un nuevo paradigma que resuelve momentáneamente las aporías del modelo anterior, hasta que es nuevamente desafiado por un nuevo paradigma. En ciencias de la salud, esos paradigmas en pugna, aunque no son los únicos, serían el «biologicista» y el «holístico». La osteopatía comparte con la medicina ambos paradigmas, salvo que en el caso de la medicina sucede que el paradigma holístico no termina de desbancar al biologicista. En el caso de la osteopatía, sin embargo, pretenden encajar ambos paradigmas en un ejercicio de equilibrio circense. El paradigma biologicista sostiene que la salud depende de la integridad y buen funcionamiento del organismo. Se desarrolló en los siglos XIX y XX junto al nacimiento de la osteopatía. Es el paradigma, desde entonces y hasta la fecha, más conocido y empleado en medicina, y entiende la medicina como biología aplicada. Al paradigma biologicista le acompaña una problemática que ha ido creciendo en las últimas décadas. El biologicismo es un enfoque naturalista que presupone unos indicadores de salud objetivos, observables y medibles, pero ha sido acusado de reduccionista, mecanicista y determinista. Además, en las últimas décadas la práctica basada en la evidencia ha puesto de manifiesto que muchos de sus presupuestos no se cumplen como se esperaba. El primer inconveniente surge en torno a la noción de enfermedad. El diagnóstico médico está recogido en la Clasificación internacional de la enfermedad, que actualmente va por su undécima versión (CIE-11), y determina la salud como la ausencia de enfer189 medad, pero muchas afecciones no encajan bien en la categoría de enfermedad. Algunas especialidades médicas como la oftalmología, otorrinolaringología o dermatología se ocupan principalmente de problemas que no tipifican como enfermedad. En el caso del sistema musculoesquelético, del que se ocupa la fisioterapia o la osteopatía, los elementos diagnósticos giran alrededor de dos conceptos, lesión y disfunción. Un esguince de tobillo es una lesión, pero no una enfermedad. Por otro lado, existen enfermedades que no se manifiestan de ninguna manera, es decir, son subclínicas, no presentan síntomas. Ante esta problemática, algunos defensores del paradigma biologicista plantearon alternativas. La más afianzada es probablemente la propuesta de sustituir el término «enfermedad» por el de «patología», defendido por el filósofo médico Christopher Boorse. Así, los pacientes, más que enfermedades, tendrían patologías, ya sean cardíacas, respiratorias o musculoesqueléticas. Ciertamente, este cambio recogía un mayor número de problemas que se ajustaban a la realidad clínica de las especialidades médicas, pero no dejaba de ser problemático. Para empezar, la división entre «lo normal» y «lo patológico» trajo la inevitable pregunta ¿qué es normal? La respuesta de Boorse fue la bioestadística. El criterio de normalidad entendido como lo mayoritario, lo habitual, lo más frecuente. La teoría bioestadística de Boorse determina como normal lo que se halla dentro de una distribución normal. El principal problema es que algunas condiciones son altamente prevalentes como la miopía o las caries, y no por ello deben dejar de ser tratadas. Las prevalencias además varían y pueden ser estacionales o irrumpir abruptamente, como en una pandemia. Boorse diferencia, entonces, entre lo patológico (enfermedad constitutiva), el patógeno (que causa la enfermedad) y lo patódico (que indica la enfermedad). De esta manera, los indicadores de enfermedad (patología) no representarían necesariamente enfermedad, sin embargo, a Boorse no le faltarán detractores. La pato190 logía también será acusada de no contemplar apropiadamente la respuesta del organismo, como la inflamación o el sistema inmunitario. Para el profesor Jerome Wakefield, con la patología, la enfermedad quedaba a expensas de «la intuición de los patólogos». Según Wakefield, para el patólogo nadie es normal, una célula muerta es patológica. El propio Wakefield añadió en 1992 otro elemento al paradigma biologicista, el de la disfunción biológica. El paradigma de la disfunción en el que se desenvuelven a menudo los fisioterapeutas también tiene su problemática. El determinismo funcional asume que todos los individuos deben funcionar de la misma manera, lo cual desde el punto de vista evolutivo carece de sentido, ya que sin emergencia no habría diversidad funcional, y sin diversidad funcional no evolucionarían las especies. Los detractores la consideran una visión aristotélica anticuada que ignora la relatividad ambiental y la capacidad de adaptación de los organismos. Preguntarse por la función de un órgano o sistema hace referencia a su carácter teleológico como organización biológica, apela a su finalidad, lo que Aristóteles llamaba la causa final, pero presenta el mismo problema de «lo normal». Para poder hablar de disfunción hace falta saber cuál es la «función normal», y que esos parámetros se ajusten a los que denominamos sanos y se encuentren alterados en los que llamamos enfermos, lo cual no sucede con tanta frecuencia como les gustaría a los biologicistas. El problema de cómo establecer lo biológicamente normal, independientemente de si hablamos de patología, enfermedad o disfunción es que asume en todos los casos un determinismo normativo. Si un estado concreto se ajusta a este ideal, estamos ante lo sano y si no ante lo enfermo. La osteopatía, en definitiva, por esta convergencia con la medicina del paradigma biologicista, afrontaría, además de todos sus problemas propios, el del biologicismo. Con todo, la medicina tiene motivos para salvaguardar, hasta cierto punto, el paradigma biologicista. Las enfermedades causadas por microorganismos son un claro ejemplo de agentes 191 biológicos monocausales suficientes de enfermedad. En el caso de la osteopatía no hay ejemplo que pueda servir de excusa. El paradigma holístico, por su parte, se presenta en medicina como alternativa al biologicista. Su principal exponente, el filósofo sueco Lennart Nordenfelt, presentó en su obra On the Nature of Health de 1987 la teoría holística, aunque se les considera a los higienistas del siglo XIX los predecesores del paradigma holístico. Salvando las distancias y los aportes de ambos, la revolución científica que preconizaba Kuhn no se ha consumado y, lejos de haberse derrocado, el paradigma biologicista sigue siendo el hegemónico en medicina. La principal aportación del holismo es la incorporación de la noción de bienestar en la salud. La salud ya no sería la ausencia de enfermedad, sino el sumo bienestar, la capacidad de los individuos para vivir de forma satisfactoria. La meta última es alcanzar los objetivos vitales, propios de cada persona, que ofrecen una felicidad mínima. Las bases se sentaron ya con la definición de «salud», en la década de 1940, de la Organización Mundial de la Salud: «Un estado de completo bienestar físico, mental y social y no simplemente la ausencia de enfermedad o dolencia». En un esfuerzo maximizador e inclusivo, la OMS se pasó de frenada, y convirtió la salud en algo inalcanzable, el «completo bienestar». Por su parte, el bienestar es, según el Wellness National Institute (Instituto Nacional de Bienestar), «un proceso activo a través del cual las personas toman conciencia y toman decisiones para lograr una existencia más exitosa». Si el bienestar sonaba a quimera, el éxito, directamente, a utopía. Tanto la percepción de bienestar como de éxito vital son tan volátiles y subjetivos como la propia felicidad, y en todo caso un objetivo individual de realización personal, no una responsabilidad social, y con un problema añadido, como expone el libro The Wellness Syndrome, la presión siempre presente para maximizar nuestro bienestar ha comenzado a trabajar en nuestra contra haciéndonos sentir peor. La salud deja de ser algo objetivo, y la insatisfacción de no alcanzar el bienestar absoluto genera aún más malestar. 192 El bienestar se considera multidimensional y holístico, abarca las dimensiones física, social, espiritual, ocupacional, intelectual y emocional. Nordenfelt establece su teoría en términos de objetivos vitales que debe poder alcanzar una persona sana. La salud deja de ser una competencia exclusivamente de la medicina. Para Nordenfelt, «A está sano si, y solo si, A tiene la capacidad de segundo orden, dadas las circunstancias estándar, para realizar todas las metas necesarias (y en conjunto suficientes) para su mínima felicidad», por tanto, la enfermedad puede ser médica o no médica. El vínculo del bienestar con el enfoque holístico tiene muchos elementos tangentes con las terapias naturales, espirituales y la autocuración. Típicamente, estos enfoques alternativos poseen una visión constructivista y relativista de la enfermedad, y denuncian la sobremedicalización y el sobrediagnóstico médicos. Paradójicamente, el enfoque holístico ha contribuido en gran medida a la promoción de la enfermedad al incluir la noción de bienestar en la salud y convirtiéndonos a todos en enfermos, expresado en el viejo chiste «¿qué es una persona sana? Aquella que aún no ha sido examinada a fondo». Como entidades diferentes que son, la actividad sanitaria y la promoción del bienestar merecen espacios diferenciados, de lo contrario cualquier cosa querría contemplarse como una actividad sanitaria: una agencia de viajes, un parque de atracciones o un taller de pintura. A nivel tributario, en España, las actividades sanitarias están exentas de IVA, por lo que nuevas actividades buscarían figurar bajo este estatus. Los sanitarios estarían también tentados a comercializar un número cada vez mayor de actividades bajo la condición de bienestar, e incluso introducir esas actividades como tratamiento de cualquier enfermedad, donde los masajes relajantes para enfermedades de salud mental o los talleres de pintar mandalas serían lo más anecdótico. Llegados a este punto, pareceríamos estar ante un dilema irremediablemente insatisfactorio, en realidad no es así, los pa193 radigmas biologicista y holístico no son los únicos aspirantes a guiar la salud. Existe toda una plétora de modelos que satisfacen parcialmente algunos aspectos mejor que otros. El «funcionalismo evolutivo» tiene en cuenta las interrelaciones que los individuos establecen en su entorno. Los darwinistas insisten en la incorporación de una explicación evolutiva al concepto de función. Formalmente respondería a «una característica tiene una función en un organismo si, y solo si, la actividad produce el efecto porque fue seleccionada naturalmente (sobre algunas otras causas y efectos) para lograr los objetivos de supervivencia y éxito reproductivo». El relato evolutivo permite distinguir las funciones genuinas de los efectos secundarios y de las ficciones. Así, el hígado, por ejemplo, tendría entre sus funciones la desintoxicación de la sangre en los mamíferos porque esta actividad ha sido seleccionada naturalmente en aras de la supervivencia y la reproducción. La ausencia de hígado es incompatible con la vida. El movimiento del hígado no es una función genuina suya, sino un efecto secundario de otra función principal, como es la respiración pulmonar. La ausencia de respiración pulmonar en los mamíferos también es incompatible con la vida, pero no hay explicación evolutiva genuina para el movimiento del hígado. Tenemos así, en el paradigma del funcionalismo, una perspectiva razonable para rechazar la osteopatía visceral. El microbiólogo ambientalista René Jules Dubos definió la salud como «expresiones de éxito o fracaso experimentadas por el organismo en su esfuerzo por responder adaptativamente a los cambios del entorno». Se considera sano si está adaptado a su entorno, y enfermo si ocurre un desajuste entre las capacidades del organismo y las exigencias del ambiente. Esto abre a su vez una serie de problemas para identificar las respuestas que consideramos adaptativas y maladaptativas, pero en este paradigma ecológico resulta interesante tener otra perspectiva macro que suponga una alternativa al holismo. 194 A diferencia de la visión fragilizadora del paradigma holístico, el paradigma evolutivo entiende que el objetivo de la medicina es la búsqueda de la mayor autonomía posible de los individuos desde nuestras diferencias particulares, y que es posible percibirse sano dentro de un estado que consideramos patológico de enfermedad. Esta idea se antoja realmente liberadora tanto para la medicina como para los individuos, y huye de la visión normativa y capacitista clásica de percepción de la salud. 195 5. Osteopatía Craneal 5.1 El padre: William Sutherland «Siente la quietud para tener el conocimiento» W. G. Sutherland William Garner Sutherland (1873-1954) es, después de Andrew Taylor Still, el personaje más importante para la osteopatía. Sutherland nació en el seno de una familia de clase trabajadora, el tercero de cuatro hermanos. Su padre era herrero y su madre ama de casa. Su primer trabajo fue como reportero en un periódico local en el norte de Wisconsin. Fue allí donde se enteró de la existencia de la osteopatía. Sutherland visita Kirksville para cubrir un reportaje sobre la emergente Escuela de Osteopatía Americana. Unos años más tarde, en 1898, a la edad de 25 años, Sutherland decide matricularse en la Escuela de Still, que por entonces comprendía dos años de formación, y en 1900 recibe de manos del propio Still su diploma de osteopatía. Durante los siguientes veinte años ejerce como osteópata sin atisbo alguno sobre el campo craneal, sin embargo, al igual que hizo Still a toro pasado al situar el inicio de la osteopatía décadas atrás, Sutherland situó la semilla de la osteopatía craneal en su época de estudiante. Sutherland relata que en 1999, caminando por la 1899 197 Escuela de Still, se detuvo frente a una vitrina donde había una colección de cráneos, y se quedó observando las suturas biseladas que unían los distintos huesos, y entonces como si un rayo le iluminara pensó ¿y si los huesos temporales del cráneo se movieran como las agallas de los peces cuando respiran? A este pensamiento frugal el mismo Sutherland lo denominó «la loca idea». Pero en realidad no fue hasta 1920 cuando empieza a desarrollar cierta obsesión por los cráneos. Sutherland tenía entonces 47 años. Observaba ensimismado las cabezas de la gente por la calle. Su primer cráneo, al que llamaba «Mike» y colocaba en un guante de baseball lo desarticuló hueso por hueso para volverlo a montar con gomas y tornillos, y estudiar así sus posibilidades. Llegó a tener en su casa una colección de trescientos cráneos. Siguiendo la máxima de Still «anatomía, anatomía y anatomía», Sutherland estudió los veintidós huesos del cráneo como estructuras diferenciadas diseñadas para el movimiento, sin embargo, la simple observación de esas suturas invita a pensar lo contrario. Las suturas craneales tienen superficies dentadas, como una sierra que encaja con otra. Esta no es la estructura más propicia para una superficie de deslizamiento. La mera observación sugiere una estructura de cremallera diseñada para la estabilidad y la ausencia de movimiento. Las articulaciones móviles del cuerpo poseen un sistema cóncavo-convexo, trócleas y enartrosis que sin duda cumplen mejor con el objetivo de proveer movimiento. En un paso adelante hacia la conexión clínica de esas teorías, Sutherland empieza a experimentar sobre su propio cráneo. Ideó varios dispositivos con cascos de fútbol americano seccionados y boles de madera con diversas cinchas, correas y cinturones que podía apretar y aflojar para restringir el movimiento de los huesos del cráneo convenientemente. Empezó a anotar en su libreta cualquier sensación experimentada, y le pidió igualmente a su esposa que apuntara cualquier cambio de ánimo que percibiese en él. Su primer experimento sobre el cuarto ventrículo fue ab198 solutamente revelador. En un escenario claramente teatralizado, la compresión de las correas casi le hizo perder el conocimiento. Afortunadamente pudo liberar la presión a tiempo. Acto seguido le inundó una sensación de calor y percibió cómo el «aliento de la vida» volvía a fluir desde su cabeza hacia su columna hasta llegar al hueso sacro. La compresión del cuarto ventrículo es una técnica que aún hoy día en los manuales de osteopatía aparece con notas de precaución del tipo: «Procurar no efectuarlo en componentes emocionales fuertes recientes hasta que el paciente los tenga asumidos». Sutherland continuó con los experimentos, en los que las distintas compresiones se mantenían por días o semanas. Vivía con el casco puesto. En su libreta anotaba cualquier sensación que tuviera, problemas visuales, de concentración, memoria, irritabilidad y hasta sinusitis. Cuando Sutherland presentó sus trabajos provocó el rechazo de toda la comunidad. Al igual que Still, Sutherland fue tachado de charlatán. La década de 1920, durante sus años de estudio obsesivo por el cráneo, fue difícil y convulsa a nivel personal. El matrimonio de Sutherland se debilitó y su esposa se acabó divorciando. Sutherland volvió a casarse en 1927. No fue hasta la década de los treinta cuando empezó a ser considerado entre los osteópatas. Para entonces Sutherland tenía ya 57 años. Según fue profundizando en la teoría del campo craneal Sutherland se fue haciendo más oscuro y metafísico. En la década de 1930, el foco pasó de los huesos del cráneo a las meninges y el líquido cefalorraquídeo. Describió también un enrollamiento y desenrollamiento en espiral de las circunvoluciones del cerebro. Sutherland entendía que los repliegues y cisuras del cerebro tenían el cometido de acoplar el movimiento del cerebro en el mecanismo de respiración primaria. Bañó de misticismo al líquido cefalorraquídeo y sus fluctuaciones, al que denominaba «la Marea»: 199 «Cuando tenga dudas sobre el diagnóstico, deje que (el líquido cefalorraquídeo) haga el trabajo por usted [...] Puede dirigir la Marea a una región del cráneo y sentir su efecto en la mano receptora. Si siente que rebota, significa que tropieza con algo que perturba su fluctuación [...] El fluido que se rige por la misma inteligencia que rige el universo y se expresa por él». Al tiempo que las ideas vitalistas de Sutherland florecían, su lenguaje se fue haciendo más ambiguo y metafórico. Utilizaba términos junto al de «marea» como «aliento de vida», «luz líquida» o «transmutación de elementos invisibles», que justificaba como una sofisticación de la osteopatía en la dirección en la que el padre fundador, Andrew Taylor Still, había señalado: «A menudo dije que habíamos perdido algo en la osteopatía que el Dr. Still había tratado de comunicarnos. Es la espiritualidad, que se incluye en la ciencia de la osteopatía. No me refiero al mundo de los espíritus, ¡no! Me refiero a lo espiritual, viniendo directamente de su Creador». El término «breath of life», que podríamos traducir como «aliento de vida» o «soplo de vida», es central en la tesis de Sutherland y permanece aún vigente en osteopatía. Sutherland lo describe como una fuerza invisible que habita dentro del líquido cefalorraquídeo, un «líquido dentro de un líquido», que es «una Inteligencia que constituye el elemento más elevado conocido» que alimenta las células nerviosas y viaja a lo largo de las fibras nerviosas por una «transmutación». En 1939 Sutherland publica su primer y única obra, un texto breve que tituló The Cranial Bowl, en el que hablaba del aliento de vida, y algunos autores lo interpretaron como el alma: «Según la historia bíblica: el aliento de la vida se respiró en los nasales, y el hombre se convirtió en un alma viviente. Tenga en cuenta que fue el aliento de la vida, no un soplo de aire; el soplo de aire es uno de los elementos materiales que el aliento de la vida utiliza en un mecanismo para caminar sobre la tierra». The Cranial Bowl (1939) 200 A partir de los años 40 la popularidad de Sutherland se expande. Su curso empezó a ser muy reclamado entre osteópatas, y en 1946 abre una academia en la que prepara a otros osteópatas para ser instructores de su método, igual que hizo Still. Algunos de ellos ayudarían a organizar y estructurar el pensamiento de Sutherland. Uno de los más célebres fue Harold Magoun, que en 1951 escribió Osteopathy in the Cranial Think, el gran libro de referencia para los osteópatas en el campo craneal, al que Sutherland dio su visto bueno, y que los osteópatas conocen como «el Magoun». En él se recoge la parte más filosófica y espiritual de la osteopatía craneal. Sutherland exploró las posibilidades de la osteopatía craneal en bebés y niños con problemas de aprendizaje, desarrollo motor y afectación neurológica, a quienes llamaba las «ramitas dobladas» que había que conseguir enderezar. Magoun centró las enseñanzas de Sutherland en esta área, y fijó las bases de lo que constituye actualmente la principal aplicación clínica de la osteopatía craneal, el tratamiento en infantes. Si existía un escenario más difícil de cuestionar sobre el movimiento de los huesos era en el cráneo de los neonatos, donde los huesos aún no se consideran fusionados. Los osteópatas en el campo craneal introdujeron la idea perversa de la vulnerabilidad en el momento del parto, por las fuerzas ejercidas sobre sus cráneos, como causa de problemas de salud que debía ser corregida mediante la manipulación osteopática craneal. Otra insigne alumna de Sutherland fue Viola Frymann, que goza de una gran reputación entre los osteópatas. Frymann también se decantó por la terapia craneal en neonatos, que por circunstancias biográficas la hicieron filiarse emocionalmente a ella. En 1949, tras un parto complicado, el hijo de Viola muere a los pocos días de nacer en sus brazos. Al año siguiente asistió a un curso de Sutherland y se convenció de que su hijo no habría muerto si le hubiesen realizado las técnicas de la osteopatía craneal. Dedicó el resto de su vida a la promoción y el ejercicio de la osteopatía craneal en recién nacidos. En 1963 publicó los resulta201 dos de un estudio, actualmente inaccesible, realizado sobre 1.250 recién nacidos, en el que supuestamente demostró que el 90 % de los niños tenían lesiones craneales relacionadas con el parto. La osteopatía craneal era por tanto la solución para cólicos, problemas de succión, regurgitaciones, llantos incontrolados, otitis, hiperactividad, autismo y cualquier problema habitual de bebés y niños. La propuesta de Frymann era el tratamiento preventivo con osteopatía para todos los recién nacidos. Viola Frymann es una figura que actualmente admiran muchos osteópatas que se dedican al área de la osteopatía infantil. Frymann era también homeópata y contraria al uso de medicamentos. Lo que es menos conocido entre los osteópatas es su dudosa ética en el tratamiento de bebés por la fe incondicional que le profesaba a la osteopatía. La Junta Médica Osteopática de California abrió expediente a Frymann en 1991 y en el año 2000 por «repetidos actos de negligencia grave e incompetencia por el tratamiento inadecuado de bebés». A principios de los noventa Frymann prescribió vitamina C y osteopatía craneal como tratamiento para una infección grave de un bebé con fiebre y diarrea. Fue condenada a cinco años de libertad condicional, pero siguió ejerciendo negligentemente hasta que volvió a ser acusada en 1999 por negligencia en un bebé que no cogía peso y presentaba vómitos, congestión, erupción cutánea y aletargamiento. Frymann realizó siete sesiones de osteopatía craneal sin mejoría. El bebé fue finalmente hospitalizado de nuevo por infección grave. Frymann fue de nuevo sancionada y condenada a cinco años de libertad condicional, pero nunca le retiraron la licencia y pudo seguir ejerciendo. Con su conducta estuvo varias veces muy cerca de provocar la misma suerte que a su propio hijo. Viola Frymann murió en 2016 a los noventa y cinco años. Sutherland también exploró la aplicación de la osteopatía craneal en la salud mental. Postuló que las enfermedades mentales podrían estar relacionadas con el movimiento de los huesos del 202 cráneo, e intentó trabajar en un Sanatorio para enfermos mentales. Envió una carta con su propuesta para colaborar con ellos, pero fue rechazado. De haber sido aceptado probablemente la osteopatía craneal tendría actualmente insinuaciones terapéuticas muy diferentes. Para finales de la década de los cuarenta, el trabajo de Sutherland empieza a ser cada vez más sutil y predica que las fuerzas para ejercer la terapia craneal deben ser muy suaves. Su misticismo se acentúa aún más. Las tribulaciones de la osteopatía craneal utilizan cada vez más elementos vitalistas conectados a un modelo biomecánico ficticio. Sutherland se considera legitimado para profundizar en el conjunto de fuerzas invisibles y no materiales de las que Still había hablado, por el que mostraba veneración: «El Dr. Still no podía hablar de todas las cosas que entendía sobre el cuerpo humano vivo porque no estábamos listos para escucharlo». Poco después, en 1954, William Sutherland fallecía a la edad de 81 años dejando tras de sí un legado que constituye, actualmente, un tercio de la identidad de la osteopatía basada en el principio del mecanismo de respiración primaria (MRP), que asume cinco componentes: 1. El movimiento del cerebro y la médula espinal 2. Las fluctuaciones del líquido cefalorraquídeo 3. La movilidad de las meninges 4. La movilidad de los huesos craneales 5. El movimiento involuntario del sacro entre los huesos ilíacos. Y al que se le aplicaron las mismas reglas que al resto de la osteopatía, la búsqueda de restricciones de movimiento y su relación con las enfermedades, y la normalización de los tejidos mediante la terapia manual aplicada. La osteopatía craneal encajó bien en el holismo osteopático de tenerlo en cuenta todo. 203 5.2. El ideólogo: Emanuel Swedenborg A pesar de considerarse a Sutherland como el padre de la osteopatía craneal, lo cierto es que su planteamiento terapéutico tiene algo más que una mera inspiración en la figura de Emanuel Swedenborg (1688-1772). Todo el marco teórico del supuesto movimiento de los huesos del cráneo, el cerebro, las meninges y la médula a través del líquido cefalorraquídeo se debe a este místico sueco. Swedenborg fue un prolífico científico y teólogo del siglo XVIII. Inicialmente, se interesó por las ciencias y realizó aportaciones en campos tan diversos como las matemáticas, la geología, la astronomía, la botánica, la química, la filosofía, la fisiología o la anatomía. También se interesó por la música, el dibujo, la poesía y la lengua, hablaba quince idiomas. Sin embargo, la segunda etapa de Swedenborg está marcada por una epifanía que dejó por escrito, en la que se tomó un té con Jesucristo y este le encomendó la tarea de reconducir la Iglesia, la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras, y le dio un pase VIP para visitar el Cielo y el Infierno y así revelar a la humanidad los secretos de la vida después de la muerte. Swedenborg se convirtió en un filósofo en busca del alma, y el resto de su vida lo dedicaría a esa misión encomendada. Estudió la Biblia y desarrolló todo un sistema teológico. En sus escritos Swedenborg rellenó más de 40.000 páginas principalmente sobre temas místicos con sus conversaciones con ángeles y espíritus, que le valieron la consideración de médium espiritista y algunos de sus escritos de la primera etapa, como los de anatomía y fisiología, los utilizó en su etapa mística mezclando ciencia y religión. En su obra The Brain, escrita en 1744, el mismo año en el que transiciona de erudito científico a prolífico teólogo, Swedenborg describe el movimiento de expansión y contracción de los tres huesos principales del cráneo: el frontal, los parietales y el occipital, y cómo ese movimiento sucedía armónicamente junto al cerebro y la 205 médula espinal. Sutherland enumeró exactamente los mismos movimientos y simplemente lo amplió al resto de huesos del cráneo. Swendenborg también describió el flujo pulsátil del líquido cefalorraquídeo como una fuerza movida por un ente esotérico asociada al alma, el «fluido espirituoso», al que también se refirió como espíritu animal, en clara alocución al mesmerismo. Las ideas de Swedenborg pasaron del mesmerismo a la hipnosis, y de ahí al psicoanálisis de Freud, pero Swedenborg no solo tuvo influencias en el psicoanálisis, también sirvió de inspiración a la homeopatía de Hahnemann, la psicología de las profundidades de Carl Jung y la terapia fascial de Ida Rolf. A través de Sutherland también tuvo influencia en la osteopatía, y esa fuerza a la que Swedenborg llamó «fluido espirituoso» Sutherland simplemente le cambió el nombre y la llamó el «aliento de vida», un término oscuro que nunca se molestó en aclarar. Y estas no son las únicas similitudes, Swedenborg también describió el «movimiento respiratorio del cerebro», el movimiento del cerebro era primario al de la respiración pulmonar. Es llamativo que la única aportación de Sutherland fuera convertir las teorías de Swedenborg en una terapéutica, y al hacerlo contradijera al propio Swedenborg, que afirmó que el movimiento de respiración primario era «un movimiento sutil que no es evidente para los sentidos». De los cinco elementos del concepto craneal de Sutherland, los cuatro primeros eran de Swedenborg. El quinto componente, que incluye el movimiento involuntario del sacro, sí es original de Sutherland, y es precisamente el más polémico en el campo de la osteopatía craneal, pues generó una división y el surgimiento de la terapia craneosacra, que se constituyó como una terapia alternativa independiente. Pese a tantas coincidencias entre Swedenborg y Sutherland, el número de veces que Sutherland menciona a Swedenborg en su presentación al mundo osteopático en 1929 es cero. En un inocente descuido Sutherland olvidó mencionar de dónde había tomado prestado todas sus ideas, y en su lugar introdujo la historia del descubrimiento personal y experiencial. 206 Sutherland dio crédito a Still como fuente de inspiración para desarrollar sus teorías cuando el mérito era todo de Swedenborg, y solo se limitó a encajarlo con la osteopatía. La osteopatía craneal pasó a formar parte del corpus de la osteopatía desde 1929 y no fue hasta 1944, quince años después de dedicarse a enseñar la osteopatía craneal, coincidiendo con el 200 aniversario de la publicación de The Brain, cuando Sutherland mencionara por primera vez a Swedenborg como influencia. Esto quiere decir que Sutherland nunca sintió el movimiento y empezó a investigar para explicar lo que había experimentado, ni tampoco tuvo su momento de epifanía observando uno de los cráneos de la colección de Still siendo aún estudiante de osteopatía. Nunca tuvo «la loca idea», sino que copió las locas ideas de Swedenborg sobre el movimiento de los huesos del cráneo, y les aplicó la lógica operativa de la osteopatía. Sutherland conocía las teorías de Swedenborg sobre la respiración primaria del cerebro, y fue así como se le ocurrió la analogía con la respiración de los peces, pero ni siquiera le cambió el nombre. Muchos osteópatas ven en el modelo del MRP de Sutherland una de las contribuciones más importantes al pensamiento osteopático, pero en realidad no son originarias de la osteopatía, y no es más que una teoría mística anacrónica de mediados del siglo XVIII sin ninguna validez en la actualidad. 207 5.3. La teoría Como se ha mencionado antes, la teoría de la osteopatía craneal se fundamenta en la asunción de cinco componentes: el movimiento del cerebro y la médula espinal, las fluctuaciones del líquido cefalorraquídeo, la movilidad de las meninges, la movilidad de los huesos craneales y el movimiento involuntario del sacro. El matiz del término involuntario es para diferenciarlo del movimiento voluntario del sacro que sucede junto a los movimientos de la columna y la pelvis. El movimiento involuntario, al que se refieren en la osteopatía craneal, sucede rítmicamente y en estado de reposo. Como toda teoría basada en la anatomía, el MRP contiene ciertos componentes de verdad, pero la manera en la que fue presentada hace imposible que pueda ser salvada con hipótesis a posteriori. La respiración primaria se teoriza como un mecanismo independiente de la respiración pulmonar y la circulación sanguínea, es de hecho una respiración más importante, una respiración primaria y primitiva, cuya ausencia o perturbación, llevada hasta sus últimas consecuencias lógicas, debería ocasionar la muerte, como ocurre con la ausencia de respiración pulmonar. De hecho, en su versión más naif los osteópatas aseguran que el MRP permanece hasta quince minutos después de la muerte, y en los equipos de emergencia debería haber gente entrenada en osteopatía craneal para resucitar a los sujetos en parada cardiorrespiratoria. MRP es un término que no tiene sentido fuera de la osteopatía, es un concepto endogámico que no tiene el reconocimiento de la comunidad científica y no ha demostrado su existencia. El movimiento de los huesos del cráneo Swedenborg describió el movimiento de los huesos del cráneo como algo pasivo y secundario al movimiento activo primario del cerebro. Afirmó que la estructura de los huesos individuales de la cabeza reflejaba el movimiento del cerebro. Esta es la misma idea 209 que recoge Sutherland, y a simple vista ya suena desconcertante. Si el movimiento de los huesos del cráneo depende o sucede por el movimiento del LCR, ¿qué clase de fuerzas se desarrollan dentro del cráneo? ¿Qué presión hidráulica debería tener para mover los huesos del cráneo? Aparentemente, los huesos del cráneo no se deforman tan fácilmente. La escala de movimiento descrita por los osteópatas es ínfima, se cifra en micras, una cantidad de movimiento que escapa a los sentidos, salvo para los osteópatas, sin embargo, las superficies articulares de las suturas craneales son planas, ¿cómo es posible que suceda un movimiento a una escala tan pequeña si las suturas no ofrecen límites articulares? Toda articulación en el cuerpo tiene un límite de grados de movimiento posible. Esta cantidad de movimiento está en algún punto delimitada por las superficies articulares que hacen de tope. Los movimientos descritos en las suturas craneales son de cizalla. Si existiera un movimiento empujado por presiones tan ínfimas nada las impediría moverse en grados más amplios, dado que sus superficies son planas, pero eso sería poco práctico para la supervivencia, porque cualquier presión externa hundiría el cráneo sobre el cerebro y moriríamos absurdamente. Lo más parecido a esta situación es el cráneo del recién nacido, donde los huesos aún no están del todo unidos. Se llaman fontanelas y no se forman las suturas hasta los dieciocho meses. Esas suturas son áreas de absorción y transmisión de fuerzas y tienen cierta flexibilidad, es decir, poseen una limitada capacidad de deformación para permitir el crecimiento. Flexibilidad no implica movilidad involuntaria y constante entre los distintos huesos. En el caso del adulto, la teoría se complica porque, a partir de los veinte años, al finalizar la etapa de crecimiento, las suturas se calcifican y los huesos del cráneo se fusionan. Si los huesos del cráneo fuesen las placas tectónicas de la Tierra, pretender sentir su movimiento sería como pretender sentir la deriva continental, salvo por una diferencia, en el cráneo no 210 ocurren terremotos. La tectónica de placas cifra el movimiento de la corteza terrestre en unos quince centímetros al año, eso quiere decir que cada día nos desplazamos unas cuatrocientas micras. Si yo propusiera un ejercicio de meditación para llegar a sentir ese movimiento, ¿sonaría creíble? Pues estas son las cifras que los osteópatas aseguran sentir. Lo más probable es que esa percepción de movimiento que aseguran sentir los osteópatas sea una ilusión. En una ocasión sugerí irónicamente en un auditorio que había descubierto el MBP, el Movimiento de Butaca Primario. Pedía a los asistentes que se concentrasen en el asiento de sus butacas e intentaran sentir el movimiento de la butaca, que de manera natural tiende a hacer para plegarse cuando no hay nadie sentado encima, un movimiento muy sutil, microscópico, pero que sucede de manera rítmica y oscilatoria. Se puede inducir una sensación de movimiento con relativa facilidad. La evaluación de la esfera craneal comienza con la «escucha craneal», que consiste en colocar la yema de los dedos sobre el cráneo con cierta presión «como si quisieras atrapar una mosca pero sin aplastarla», y concentrarse mucho hasta sentir la movilidad del cráneo. Los osteópatas utilizan el oxímoron «biomecánica craneal» para referirse a la movilidad normal del cráneo. El único hueso claramente móvil del cráneo es la mandíbula y puede apreciarse en sus superficies articulares, diseñadas para tal fin, cada vez que abrimos y cerramos la boca. Es esperable que en las suturas craneales exista cierta flexibilidad ante las fuerzas de compresión, pero es dudoso que eso ocurra con fuerzas tan pequeñas. La hipótesis que tiene que ser demostrada es que estos movimientos se deben a cambios en la presión intracraneal causados por la inyección de LCR en un ventrículo, y que ese movimiento suceda de manera rítmica. Los primeros estudios que utilizaron dispositivos de medición para comprobar las hipótesis de los osteópatas sobre la existencia del movimiento de los huesos del cráneo empezaron en los años 211 sesenta, pero son metodológicamente pobres y opacos respecto a la información presentada en los resultados. Estos estudios registraron la movilidad de los huesos del cráneo, pero es necesario asegurar que los movimientos percibidos no se debieran a artefactos no deseados como el movimiento del cuero cabelludo, la respiración o movimientos involuntarios del sujeto como tragar saliva o apretar los dientes. También hay que descartar posibles errores de medición del propio dispositivo. En ocasiones, la validez y fiabilidad del dispositivo de medición no se conocían. Estos estudios cifraban el movimiento del cráneo en micras (µm), del orden de 20 o 40 µm, otros en cambio subían a 100, 200 o incluso 300 µm. Para hacernos una idea de si esto es mucho o es poco hay que recordar que una micra (1 µm) es la milésima parte de un milímetro, dicho de otro modo, 1 mm = 1.000 µm, es el límite entre la microscopía óptica y la electrónica, es decir, estamos hablando de sentir bacterias. Un glóbulo blanco mide 12 µm, un miocito (una célula muscular) mide 100 µm, un espermatozoide mide 44 µm y un óvulo 150 µm. Las fluctuaciones del líquido cefalorraquídeo (LCR) El LCR es un fluido biológico contenido en las meninges que, efectivamente, fluye, pero ese descubrimiento no se debe a ningún osteópata. La circulación del LCR se conoce desde el Renacimiento. Los neuroanatomistas del siglo XVI y XVII describieron el sistema ventricular que contiene el LCR en el cerebro, y en el siglo XVIII surgen las primeras descripciones de la circulación del LCR. Aunque Swedenborg fue uno de esos pioneros en describir dichas fluctuaciones, sus escritos no fueron publicados hasta 1887, más de un siglo después de su muerte, debido a que Swedenborg no tenía credenciales como médico y ningún editor de la época quiso publicar sus textos. Los mecanismos de la circulación de LCR también son conocidos, y ninguno de ellos tiene que ver con Inteligencias místicas ni energías vitalistas. Básicamente tiene que ver con dos mecanismos: 212 • Un gradiente de presión entre el sitio de formación y el de absorción que da como resultado una circulación unidireccional de presión hidrostática. • El pulso cardíaco de las arterias cerebrales que causa la circulación bidireccional pulsátil del LCR. Estos dos mecanismos generan unos ritmos de movimiento determinados. Los osteópatas aseguran que el LCR atraviesa el cerebro entre diez y catorce veces por minuto, es decir, que hay de media unos 10-14 ciclos de fluctuaciones cada minuto, lo cual no es cierto, si nos referimos a las fluctuaciones del LCR. La tasa de producción de LCR es de unos 0.5 ml por minuto, es decir, que se renueva todo cada cinco horas, y por tanto su tasa de renovación es de entre 4 y 5 veces al día. Esas 10-14 oscilaciones de media por minuto, que aseguran sentir los osteópatas, las olas, que llamaba Sutherland, de ahí lo de «la marea», algunos estudios sobre la percepción de los osteópatas lo han registrado por debajo, en seis, o incluso tres olas por minuto, lo que claramente estaría por debajo del ciclo de respiración pulmonar en reposo, que es de entre doce y veinte ciclos por minuto en el adulto, y del cual Sutherland se desmarcó afirmando que no guardaba relación, sin embargo, es bastante probable que lo que sientan algunos osteópatas sea precisamente ese movimiento. Pretender sentir el líquido cefalorraquídeo palpando la cabeza es como pretender sentir las pipas de una sandía sin abrirla. No es la manera científica de medir el flujo del LCR. Las percepciones de los osteópatas registradas en los estudios no coinciden entre ellos ni en número de oscilaciones ni en la cadencia del MRP. Si un osteópata sitúa sus manos en el cráneo y otro las sitúa en el sacro del mismo sujeto, ambos deberían reportar los mismos ciclos al mismo tiempo, sin embargo, no se ha encontrado concordancia entre los examinadores. Se ha llegado a constatar en algún estudio incluso que la percepción que reportaron ambos examinadores era en realidad ya no la respiración del paciente, sino la respiración de los propios osteópatas. 213 La fiabilidad de la palpación del impulso rítmico como herramienta de diagnóstico es aproximadamente cero. La reproducibilidad interobservador e intraobservador no es mejor que el azar. En palabras de Hartman, «es difícil imaginar cómo un ritmo que muchos no pueden percibir, y que muchos otros no pueden detectar sin entrenamiento, podría medirse con más reproducibilidad que la frecuencia cardíaca y respiratoria, que puede ser medida objetiva y precisamente por cualquiera que sepa contar». Steve Hartman es un zoólogo que enseña anatomía en la facultad de medicina osteopática de la Universidad de Nueva Inglaterra en Estados Unidos, y es de quien proviene el grueso de publicaciones científicas críticas con la osteopatía craneal. Hartman critica no solo la fiabilidad de la palpación, también la plausibilidad biológica y los resultados científicos demostrados con la terapia: «Hasta que los estudios muestren que estas técnicas producen un efecto clínico directo y positivo, deben eliminarse de todos los planes de estudio académicos; las compañías de seguros deberían dejar de pagarlos; y los pacientes deberían invertir su tiempo, dinero y salud en otro lugar». Aun si el LCR fuese detectable y mostrase «anomalías» en su circulación sigue habiendo dos cuestiones no resueltas: el cómo se corrige y el qué implica. En cuanto a la primera, los osteópatas sostienen que el simple hecho de detectarlo ya es suficiente para normalizarlo, que simplemente guiándolo mentalmente, durante el tiempo suficiente, se normaliza. Es como si el LCR necesitase un psicólogo y al ser escuchado y atendido se recuperarse. Así, la consulta del osteópata transcurre con su paciente tumbado y las manos en la cabeza puestas por minutos, cinco, diez, quince… El tiempo que haga falta, en absoluto silencio y nada más. «La marea de líquido cefalorraquídeo se puede usar y controlar modificando su patrón rítmico existente, llevando su movimiento fluido (con su aliento de vida inherente) hacia abajo y a través de un punto fijo». W. G. Sutherland 214 En cuanto a la segunda cuestión, la alteración en la circulación del LCR puede conducir a patologías, esto es parcialmente cierto, pero no el totum revolutum de patologías que los osteópatas proponen, sino entidades muy concretas y conocidas, como hidrocefalia o meningitis, cuadros donde la osteopatía craneal no tiene nada que hacer. Una pregunta recurrente en la consulta de los osteópatas son los traumatismos craneales del pasado. No importa que hayan pasado treinta años y que se hayan recuperado por completo. Cualquier accidente de tráfico del pasado, o caída de un columpio cuando tenía cinco años, será motivo de sospecha como la causa original de su problema sea cual sea, y aunque haya aparecido nuevo hace tres días. Cualquier excusa es buena para integrar la parte craneal en la terapia. ¿Quién no se ha dado un golpe en la cabeza alguna vez? La osteopatía está llamada a abandonar la parte craneal, por ser claramente la más pseudocientífica, sin embargo, la mayoría de osteópatas ve en esto una «decapitación» de la profesión. Un atentado al holismo que lo tiene en cuenta todo, y lejos de desaparecer, la osteopatía craneal va ganando popularidad. Es, de hecho, la técnica más frecuentemente utilizada en el tratamiento manipulativo osteopático, que para muchos osteópatas es un complemento en el tratamiento para todos los pacientes que acuden sea cual sea el motivo de consulta. 215 5.4. El tránsfuga: John Upledger y la terapia craneosacra John Upledger fue un médico osteópata que nació nada menos que en Kirksville (Missouri), la cuna de la osteopatía, en el año 1932, y lo que sucedió viene a ser como que te traicione con otro equipo un jugador de la cantera. Kirksville es una ciudad pequeña, actualmente tiene menos de 20.000 habitantes, pero en los años treinta apenas llegaba a los 8.000. En 1963 Upledger se gradúa en la Andrew Taylor Still University (ATSU) a la edad de 31 años. En Florida se inicia y ejerce como médico osteópata. En 1969, el año del Festival de Woodstock, en pleno apogeo hippie, Sutherland se divorcia de su mujer, con la que llevaba diez años casado y tenía cuatro hijos, y se casa con su segunda esposa, una joven de veinte años, se hace acupuntor y abre una clínica gratuita para toxicómanos. En 1973, durante una cirugía cervical de un paciente que tenía una placa calcificada en la duramadre (la membrana externa de las meninges que envuelven la médula y por las que circula el LCR), Upledger sujetó entre sus dedos la duramadre para que el neurocirujano pudiera raspar la calcificación cuando sintió las fluctuaciones que subían y bajaban por la médula. Algo que según Upledger nadie había observado antes. Este es el momento de epifanía que pasaría a la posteridad, relatado por el propio Upledger. La estrategia siempre es la misma, la misma que hizo Still, y más tarde Sutherland, contar la historia de un precedente donde se muestra que lo que defienden tiene algo de original y genuino en el pensamiento. Al parecer, pese a ser osteópata, Upledger nunca había oído nada al respecto. Así que tal descubrimiento le llevó a investigar y descubrió que había alguien que lo había investigado antes, William Sutherland. Seis meses después de la cirugía acude a un curso de la Cranial Academy de Sutherland en Kentucky. Upledger llevaba diez años ejerciendo como osteópata. Después de aquel curso Upledger montaría un imperio mucho más fructífero que el de la osteopatía 217 craneal. Algo que a día de hoy muchos osteópatas aún no le perdonan. Fundó un Instituto y empezó a enseñar la osteopatía craneal a cualquiera sin necesidad de ser osteópata, le puso el nombre de terapia craneosacra, e hizo algunas modificaciones para poder decir que era otra cosa y tuvo mucho éxito. El contexto cultural de auge de las terapias alternativas y la new age hizo el resto. La reacción de los osteópatas no se hizo esperar. Le acusaron de plagio y de hacer accesible un conocimiento propio de la osteopatía a personas no cualificadas. Upledger fue contratado en la Universidad de Michigan desde 1975 a 1983 como investigador clínico y profesor de biomecánica, donde supuestamente demostró que los huesos del cráneo se mueven y la existencia del ritmo cráneo-sacro, sin embargo, sus trabajos nunca se publicaron. Upledger se defendía de las acusaciones de los osteópatas con desdén: «Se corrió la voz en el circuito de que estaba trabajando de esta manera, y, por supuesto, lo interesante de esto fue que gran parte de la profesión de osteópatas quería que todos estos muchachos de la Academia Cranial murieran y dejaran de ser una vergüenza. Ahora viene Upledger, “Mr. Ciencia”, “Mr. Bioquímica”, haciendo esto con el neurocirujano y teniendo éxito. Entonces, realmente, cuando me pidieron que fuera al Estado de Michigan, una de las cosas que querían que hiciera era probar si la osteopatía craneal funcionaba o no funcionaba». Upledger dirigió sus ataques a la Cranial Academy, cuyo presidente era nada menos que Magoun, para no tener que enfrentarse a todo el colectivo de osteópatas. Enfrentó sus postulados atacando las ideas más ridículas de Sutherland. Una de sus principales críticas fue que atribuyeran al movimiento de la respiración primaria una acción de una energía de Dios, y que el hueso que lo dirigía todo fuera el esfenoides. En su lugar, Upledger describió un mecanismo al que llamó «la bomba hidráulica de presostato, en campo semicerrado», y acusó a la Cranial Academy de ser un grupo muy sectario. 218 «Mi teoría era solo una aclaración de la idea sobre la presión hidráulica del líquido cefalorraquídeo que se me había ocurrido casi desde el principio, ¡la idea que presenté en la Academia Craneal y que casi los hizo vomitar! ¡Herejía! ¡Sal de aquí! Pero hoy en día hay osteópatas y muchos otros en todo el mundo que aceptan el hecho del ritmo craneal y nuestro modelo de presión de funcionamiento». La rivalidad con los osteópatas nunca se extinguió del todo, aunque según fueron pasando las décadas cada vez más osteópatas se interesaron por la terapia cráneo-sacra debido a su popularidad. Upledger también criticó que los osteópatas utilizaran en las escuelas de osteopatía su libro de texto para enseñar la osteopatía craneal habiendo sido acusado de plagio. Cuando Upledger vuelve de su curso y empieza a tratar pacientes con lo que ha aprendido introduce poco a poco cambios en las técnicas y la teoría, pero ni mucho menos fue para darle un aire más científico y serio. A pesar de que Upledger criticara la falta de explicación de un mecanismo para las fluctuaciones del LCR, las explicaciones vitalistas y espirituales eran aún más frecuentes que las de Sutherland. Upledger restó importancia a los huesos del cráneo, y puso el foco en las membranas y describió un sistema unitario consistente en dos movimientos, gracias a los cuales circulaba todo el LCR, el movimiento de flexión y el de extensión, que en realidad no se limitaba al sistema nervioso, sino que estaba presente en todos los tejidos a través de las fascias. Afirmaba que el ritmo cráneo-sacro podía sentirse en todo el cuerpo, incluidas las vísceras, por lo que también copió técnicas de osteopatía visceral. La energía de las manos y el poder de la mente ayudaban a que esas fascias bloqueadas se relajasen y el ritmo cráneo-sacro volviera a la normalidad, ya que el LCR que va por el interior de todas las fascias tenía un gran poder energético y poseía su propia inteligencia. Inventó la liberación somato-emocional, la relación entre las emociones y el cuerpo, y cómo la terapia manual podía liberar las emociones 219 reprimidas. Aseguró la existencia de «quistes energéticos» que se depositaban en las fascias por traumas psicológicos. Esos quistes se definían como «energía residual postraumática que contiene emociones desagradables que el cuerpo no puede eliminar y quedan encapsuladas». El trabajo manual disolvía los quistes energéticos, hacía emerger la emoción reprimida: un llanto, ira, miedo, tristeza, y volvía el recuerdo de una lesión olvidada. La memoria del tejido provocaba también movimientos involuntarios, y eran las fascias quienes guiaban el movimiento de las manos. La sutileza manual era tal que prácticamente sugería que las manos no tenían que hacer nada, solo tener la intención y acompañar al movimiento, «la distancia más corta entre dos puntos es la intención», decía. Upledger afirmaba que se comunicaba con lo que llamaba el «médico interno» del paciente. Formulaba preguntas a los tejidos para con respuestas «tipo ouija», sí-no, encontrar la causa del problema, y el cuerpo le respondía paralizando el LCR: «Al conectarse profundamente con un paciente mientras se realiza la Terapia CraneoSacra, en la mayoría de los casos fue posible solicitar contacto con el Médico Interno del paciente. También quedó claro que el médico interno podría tomar cualquier cosa que el paciente pudiera imaginar: una imagen, una voz o un sentimiento. Por lo general, una vez que apareció la imagen del médico interno, estaba lista para dialogar conmigo y responder preguntas sobre las causas subyacentes de los problemas de salud del paciente, y qué se puede hacer para resolverlos. También quedó claro que cuando la conversación con el médico interno era auténtica, el sistema craneosacro entraba en un patrón de retención». En 1983 publica su primer libro, Craniosacral Therapy, donde reconoce a Sutherland como el descubridor del ritmo cráneo-sacro, y apela al holismo para tolerar su copia como «multidisciplinariedad» que complementaba el trabajo de Sutherland. En 1985 funda el Upledger Institute para dedicarse al lucrativo mundo de la formación bajo la premisa de enseñárselo a cualquiera. En su página web presume de haber formado a más de 100.000 terapeutas en sesenta países. Al final de su vida desarrolló programas con niños autistas 220 y veteranos del Vietnam, a quienes aplicaba la terapia cráneo-sacra combinada con terapia con delfines. Varios terapeutas imponían sus manos sobre los pacientes en tanques de flotación, a los que añadían delfines que interactuaban con ellos. Atribuían a los cetáceos propiedades místicas de energías curativas. En una ocasión aseguraron que los delfines habían reducido en cinco centímetros una dismetría de una pierna. La terapia cráneo-sacra de Upledger acabó incorporándose de alguna manera en muchas escuelas de osteopatía, y sirvió de inspiración a su vez para nuevos métodos, como los de terapia fascial, más interesados en copiar un modelo de éxito que científico. Upledger falleció en 2012, a la edad de ochenta años. Sutherland le copió a Swedenborg y Upledger le copió a Sutherland. Irónicamente, el único elemento que Sutherland no le copió a Swedenborg, el movimiento involuntario del sacro, es el que utilizó Upledger para diferenciarse de Sutherland. Upledger describió el hueso sacro como una balsa que flotaba a la deriva, y del mismo modo se podía percibir: «En el estudio de toda la estructura ósea del cuerpo, el sacro es el hueso más vital y más descuidado». Los quiroprácticos, siempre interesados en las propuestas de la osteopatía, también copiaron las ideas de Sutherland del mismo modo que hizo Palmer con Still, y se crearon conceptos como la «craneopatía» de Cottam o la «técnica sacro-occipital» de DeJarnette. Y dentro de la osteopatía también han florecido otras propuestas como la bio cranial therapy o la «osteopatía biodinámica». 221 5.5. Osteopatía biodinámica En 1994, el osteópata James Jealous describió el concepto de «osteopatía biodinámica». La visión biodinámica de la osteopatía es una expansión de la osteopatía en el campo craneal que se fundamenta en la absurda teoría del movimiento embrionario. Si la base de la osteopatía es la anatomía, la de la osteopatía biodinámica es la embriología. La teoría postula que en el desarrollo y crecimiento del embrión las células van migrando hasta dar forma y diferenciar las distintas áreas del feto. El término biodinámica hace referencia al conjunto de movimientos que describen las células de los distintos órganos repitiendo los patrones de las células embrionarias. Ese movimiento, en realidad, ya fue descrito por Sutherland en sus textos. Para justificar ese movimiento recurren a la inteligencia y sabiduría de las células. La fuerza embriológica es también la fuerza restauradora que recupera la salud. El osteópata se comunica con las células a través de un contacto sutil sobre la piel y sincroniza el movimiento alterado como el que sintoniza la radio. Escuchan la «quietud dinámica» hasta que los tejidos entran en «tranquilidad equilibrada». Utilizan términos como «osteopatía celular» u «osteopatía de los fluidos», y creen que el tejido se enrosca y limita el movimiento debido a traumas físicos o emocionales, como decía Upledger. El lenguaje oscuro y sinsentido de los osteópatas biodinámicos y corrientes osteopáticas similares invoca a la parte más vitalista de Still, que sus defensores y practicantes reconocen como parte inherente de la osteopatía, de la que no se puede desprender la profesión. Aseguran estar en consonancia con los mismos principios osteopáticos favoreciendo el proceso de autocuración del cuerpo y respetando la unidad del cuerpo, y quieren ser reconocidos como la cuarta dimensión de la osteopatía junto a la estructural, la craneal y la visceral, aunque en realidad no es más que un refrito de ideas craneales. Lejos de ser una práctica marginal dentro de la osteopatía, la 223 biodinámica es una corriente al alza. Un estudio sobre el tratamiento manipulativo osteopático constató que los osteópatas realizaban osteopatía biodinámica al 55 % de sus pacientes, y la osteopatía craneal era la técnica más frecuentemente utilizada por los osteópatas. Los osteópatas biodinámicos enfatizan al segundo Sutherland. Las ideas de Sutherland pueden dividirse en dos períodos distintos: un período «biomecánico» hasta 1942, y un período «biodinámico» de 1942 en adelante. Se consideran terapeutas energéticos que abordan los fenómenos subatómicos de la física cuántica junto con la exploración de la conciencia. Utilizan el concepto de arquetipo, un término usado para describir un símbolo universal que evoca respuestas profundas y a veces inconscientes en el paciente. Pero no es la única biodinámica existente, además de la biodinámica de la osteopatía craneal de Jealous, está la biodinámica cráneo-sacra de Franklyn Sills. La primera en torno a Sutherland, la segunda en torno a Upledger. El término biodinámico proviene originalmente de la «agricultura biodinámica» de Rudolf Steiner en 1924, una pseudociencia que mezclaba la astrología con la agricultura. Steiner inventó también la medicina antroposófica, otra pseudociencia que en un momento dado incluyó la terapia cráneo-sacra. De hecho, Rudolf Steiner fundó la Asociación de Terapia Cráneo-sacra en el Reino Unido en 1989. Franklyn Sills es un osteópata británico nacido en 1947, alumno de Sutherland, que en la década de los 90 introduce la biodinámica cráneo-sacra mezclada con la filosofía zen oriental. Franklyn Sills se interesa por el budismo y en un viaje a Birmania decide hacerse monje budista, impregnando a la terapia cráneo-sacra de un mayor esoterismo. El propio Sills define la biodinámica cráneo-sacra como «una medicina energética que nos conecta con lo más profundo de la fuente de la vida», que al igual que los osteópatas biodinámicos completa con nociones de física cuántica que ni siquiera comprenden. Al ya de por sí lenguaje oscuro de la osteopatía craneal se le 224 añade el espiritismo cuántico con tintes de parapsicología de los biodinámicos con términos no menos oscuros y vitalistas como «energía cerebral», «ondas rítmicas vibratorias del cerebro», «el campo de la vida», «la dimensión energética de las fascias», «el sistema maestro», «el compañero silencioso» o «potenciales biodinámicos». La doctrina metafísica imposible de demostrar de la osteopatía continúa creciendo, menguando así las posibilidades de ser considerada una ciencia. 225 5.6. El fetiche del cráneo La fetichización obsesiva por los cráneos de William Sutherland contagió a toda la osteopatía, e instauró la perspectiva totémica de incluir la contemplación del cráneo en todas sus evaluaciones y tratamientos. Sutherland supuso una encrucijada para los osteópatas, y con su aceptación y difusión escogieron el camino oscuro del que ya nunca regresarían. Sorprendentemente, la osteopatía no es la única pseudociencia que ha tomado como fetiche al cráneo, un rápido repaso por los anales de la pseudociencia nos topa de frente (hablando de cráneos) con el casco de Dios y la frenología, dos historias que nos advierten de la tentación de relacionar el continente de la cabeza, el cráneo, con el contenido, lo mental. El casco de Dios En los años 80 del siglo XX, un neurólogo estadounidense llamado Michael Persinger inventó un dispositivo que acuñó con el sobrenombre de «el casco de Dios». Los estudios de Persinger, en los campos de la parapsicología y la neuroteología, se granjearon muchos detractores y acabó menospreciado por la comunidad científica internacional. El casco de Dios era un dispositivo con unas bobinas a ambos lados del casco que emitía un campo electromagnético de 1 microtesla (µT). 1 µT es una inducción magnética inferior a la de un imán común. El campo magnético de la Tierra se considera que oscila entre 25 µT y 65 µT, por tanto 1 µT debe considerarse totalmente inocuo, sin embargo, Persinguer y sus seguidores aseguraban que el casco provocaba experiencias espirituales que relacionaban con percepciones extracorpóreas o presencias divinas, oían voces y relataban todo tipo de experiencias religiosas que atribuían a la estimulación de los lóbulos temporales. Muchos testimonios corroboraron esas experiencias, sin embargo, los 227 estudios que intentaron replicarlo terminaron desacreditándolo, ya que se demostró que se podían inducir las mismas experiencias con cascos falsos. La deprivación sensorial en los experimentos donde los sujetos estaban a oscuras e insonorizados, y tenían que concentrarse en el casco, condicionaban las respuestas de los sujetos. A pesar de estos estudios Persinguer continuó con su línea de investigación. La ética de Persinger también fue muy cuestionada porque vendía los cascos a domicilio al módico precio de 650 $ cada uno. La ventaja de los dispositivos es que son más fáciles de falsar. Es posible crear un falso dispositivo que simule el verdadero y hacerlo pasar por él para ver si hay diferencias. Con la osteopatía craneal la cosa es más compleja. Se podrían intentar replicar los estudios de las correas de Sutherland que pretendían inmovilizar los movimientos en las suturas craneales con dispositivos de correas falsas, de tal manera que ejerzan poca presión o que la ejercieran en puntos del mismo hueso, pero nunca se ha molestado nadie en someter a prueba esos estudios, donde la muestra total aceptada había sido n = 1, es decir, William Sutherland como único testimonio de sus propios experimentos. Aunque tal vez deberíamos considerar la idea de que si miles de repartidores a domicilio, que van todo el día en moto con su casco, no convulsionan al terminar la jornada por mantener sus huesos comprimidos e inmóviles, sea suficiente para cuestionar la verosimilitud de las afirmaciones de Sutherland. En realidad, no importa si se investiga o no porque a las pseudociencias les da absolutamente igual. Deberíamos abandonar la idea cándida de desacreditar con ciencia la pseudociencia. A la pseudociencia no se la combate con ciencia. A la sinrazón se le combate con razón, y si no se consigue al menos se ahorra en tiempo y recursos que son muy valiosos y limitados en ciencia. Ninguna pseudociencia ha caído en el olvido por los resultados científicos. Buena prueba de ello son el reiki 228 o la astrología. La frenología, de hecho, sí cayó en el olvido, pero no fue por estudios científicos sino por la derrota de la sinrazón. Frenología Durante el siglo XIX también se popularizó una pseudociencia que relacionaba la forma del cráneo con la personalidad y la inteligencia. Esta pseudociencia, a la que llamaron frenología, asumía un determinismo biológico, y por tanto el carácter y las capacidades de las personas estaban inevitablemente definidos por una suerte de dimensiones morfológicas en sus cráneos. Del mismo modo que un quiromante leía el futuro en la palma de la mano, los frenólogos leían a las personas por sus prominencias y perímetros craneales. Así podían saber qué esperar de un niño cuando llegase a adulto o de un delincuente, y obrar en consecuencia o explicar la inferioridad de razas, esclavos, pobres y mujeres. Nadie parecía ver inconvenientes en este nuevo saber. La frenología fue la pseudociencia mental más popular de la época victoriana. Una pseudociencia con sus propias revistas y sociedades científicas repartidas por todo el mundo que cayó en el descrédito al entrar el siglo XX. La frenología encontró su último refugio en China, pero murió definitivamente con la revolución cultural que llevó aparejada el desarraigo por las tradiciones. Aunque más que una derrota de la sinrazón debiéramos decir un triunfo de la moralidad. Del casco de Dios podemos extraer la importancia de una buena metodología en investigación. Realizar estudios sin un grupo placebo, como los experimentos de Sutherland, donde anotaba las sensaciones en una libreta llevando un casco no pueden ser tomadas en serio. De la frenología, en cambio, la lección es la importancia de las teorías para la supervivencia, porque no es tanto la falta de racionalidad como lo mal que puedan envejecer las teorías. 229 6. Osteopatía Visceral 6.1. Los precedentes: Still, Glènard y la osteopatía esotérica La osteopatía visceral, propiamente dicha, no fue descrita por Still, aunque claramente hizo referencia a ella. Su propuesta siempre fue la de una terapia manual capaz de curar todas las enfermedades, un sistema médico completo y alternativo que acudía a la causa última de todas las enfermedades. Enfermedades como el bocio, el sarampión, las paperas, la difteria o el tifus. Enfermedades relacionadas con órganos y vísceras como la disentería, el asma o la neumonía tenían también solución con tratamiento osteopático, porque en la propuesta original de Still todos los problemas se resolvían devolviendo la sangre a los tejidos: «El fracaso de la acción libre de la sangre produce debilidad general, congestión, tipos bajos de fiebre, hidropesía, estreñimiento, tumefacción y toda la lista de enfermedades viscerales». A. T. Still Cabe recordar aquí el relato del paciente cero de Still, un niño con disentería que caminaba por la calle con su madre. Still reparó en él, imaginamos que por llevar sangre en sus pantalones, y le siguió para examinarlo. Still relató que la osteopatía nació en 1874 con ese niño, que tenía la espalda caliente y la barriga fría, y razonó que el problema estaba en la barriga por culpa de 231 la espalda, donde estaba la sangre obstruida. Su razonamiento era siempre muy similar, enfermedades que afectaban a órganos y vísceras, que se curaban tratando los huesos de la columna: «Una mujer irlandesa [...] tenía asma en mal estado, aunque solo había sido tratada por el dolor en su hombro. Descubrí que tenía las vértebras superiores fuera de su sitio, y detuve el dolor aI restablecer la columna vertebral y algunas costillas. En aproximadamente un mes, ella volvió a verme sin ningún dolor ni rastro del asma […] Este fue mi primer caso de asma tratado de la nueva manera, y me puso en un nuevo tren de pensamiento». A. T. Still Las historias épicas de Still, actualmente, son difíciles de creer hasta para los propios osteópatas, que han rebajado un poco sus pretensiones, aunque siguen creyendo en una acción beneficiosa de virica, la terapia manual en procesos que trascienden los problemas musculo-esqueléticos. Una prueba de ello son los estudios osteopáticos bacteriana, enfermedad de origenvírica infeccioso recientes sobre la neumonía, una enfermedad infecciosa. No es razonable pensar que una terapia manual pueda intervenir enmicótica la proliferación y desarrollo del neumococo. bacteria Still también aseguraba poder tratar la apendicitis mediante osteopatía. El apéndice para Still no era un órgano vestigial inservible y debía ser salvado. Still reflexionaba sobre las operaciones de apéndice innecesarias, que ciertamente existían, y de hecho siguen observándose en las extracciones de quirófano, pero sin duda morir de una peritonitis es un mal mayor que extirpar un apéndice sano. «Con el diagnóstico de médicos y cirujanos de que la apendicitis era la enfermedad, y que la elección del alivio era el cuchillo o la muerte, o posiblemente ambos, muchos de estos casos han llegado para recibir tratamiento osteopático, y el examen ha revelado que en todos los casos ha habido lesión a algún conjunto de nervios espinales, causada por sacudidas, distensiones o caídas. Todos los casos de apendicitis, cálculos biliares o renales pueden atribuirse a alguna de esas causas. Estos principios los he proclamado y pensado durante veinticinco años». A. T. Still 232 Además, Still señaló que el problema era no tanto un error diagnóstico, sino un movimiento antinatural y forzado del apéndice que debía ser revertido. Still sentaba con esto las bases de la osteopatía visceral, que relaciona la salud de los órganos con su movilidad. Aunque el trabajo principal de Still fue relacionar los problemas viscerales con los huesos, la columna también describió algunas técnicas viscerales que sirvieron de base para forjar la osteopatía visceral: «Levantemos los intestinos y todas las vísceras de la pelvis, con el paciente a su lado, para establecer el drenaje arterial y venoso». A. T. Still El surgimiento de las vacunas propició que Still perdiera interés en desarrollar tratamientos para algunas enfermedades mediante osteopatía. Enfermedades de su época, algunas de ellas desaparecidas gracias al avance de la medicina, muy diferentes a la medicina heroica que Still conoció. La osteopatía en cambio fracasó al pretender curar una sola enfermedad. Frantz Glénard Frantz Glènard (1848-1920) fue un médico francés del siglo XIX que describió las técnicas de palpación y diagnóstico visceral que sentaron las bases de la osteopatía visceral. También introdujo las principales ideas teóricas que en la actualidad se manejan en osteopatía. Glènard contempló la movilidad de las vísceras como un requisito para la salud y clasificó la disfunción visceral en: poco móvil, comprimido o congestionado, de tal forma que una víscera podía afectar al resto y los problemas se debían a falta de movilidad, compresión o falta de aporte sanguíneo. Aunque su aportación más célebre, y por lo que pasaría a la posteridad sería por el concepto de ptosis visceral de 1885. En su obra La ptosis (1903) la define así: «Se distingue bajo el nombre de Ptosis visceral o simplemente Ptosis, al estado de bajada de los órganos abdominales, 233 no saludable, debajo de su asiento normal y en la dirección de la gravedad predeterminada de sus medios de suspensión en la cavidad del abdomen». Entre finales del siglo XIX y principios del XX publicó sus principales obras. Describió la ptosis de cada una de las vísceras: la del estómago la llamó «gastroptosis», la de los intestinos «enteroptosis», la del hígado, «hepatoptosis», la de los riñones «nefroptosis» y así sucesivamente. La caída de las vísceras se debía a la relajación o distensión de los ligamentos y fascias mesentéricas, y se vinculó al diagnóstico de neurastenia. La neurastenia era un trastorno neurótico que se caracterizaba por un cansancio inexplicable que se presentaba en personas melancólicas, normalmente mujeres. Un diagnóstico que también cayó en desuso, y es lo que actualmente denominamos síndrome de fatiga crónica. El cansancio generalizado de la neurastenia provocaba el descuelgue de las vísceras y las molestias asociadas, y era, al criterio de Glènard, muy frecuente: «La enfermedad de la ptosis es una enfermedad cotidiana: de cada 100 pacientes que padecen una de estas afecciones tan frecuentes que la clasificamos en dispepsias gastrointestinales o neuropatías, hay 30 que tienen dispepsia o neuropatía causada por la enfermedad de ptosis». El tratamiento de la ptosis visceral era quirúrgico. Se empleaban corsés y algunas recomendaciones de ejercicio, como la gimnasia sueca, que luego más tarde conformó la fisioterapia, pero el tratamiento de elección era la cirugía. Se describieron más de doscientos intervenciones quirúrgicas. Para probar las teorías de Glènard era necesario, primero, determinar la posición normal de las vísceras, a las que se aplicaban estos términos. Antes del descubrimiento de los rayos x la posición de las vísceras se había estudiado en cadáveres en posición supina, es decir, tumbados, donde la acción de la gravedad no podía revelar la decadencia de los órganos internos. Hasta 1910 no fue posible probar la tesis del Dr. Glènard. Ese año se introdujo el contraste con sulfato de barrio, que permitió por primera vez el estudio del sistema gastrointestinal con radiografías. 234 En la década de los veinte se realizaron numerosos estudios para describir la posición normal de los órganos con la nueva tecnología de rayos x. Uno de esos investigadores fue Robert Orton Moody. Moody publicó en 1929 sus resultados en The American Journal of Surgery tras examinar a mil estudiantes de la Universidad de California sin antecedentes de trastorno intestinal o estreñimiento crónico, y llegó a la conclusión de que «la función no depende de su posición, las vísceras bajas funcionan con la misma normalidad que las altas y, por lo tanto, las vísceras bajas no deben ser consideradas una causa de enfermedad». El grueso de publicaciones y resultados de las investigaciones señalaba una gran variabilidad en la posición de las vísceras que no se relacionaba con la clínica de ninguna manera. Un estudio radiográfico en estudiantes en el University College de Londres demostró que los estudiantes británicos tenían estómagos más bajos que los estadounidenses. En medicina se perdió el interés poco a poco por la ptosis visceral, y pasó a llamarse históricamente como la «enfermedad de Glènard» cuando la posición de las vísceras era especialmente llamativa, como una rareza anatómica que no se consideraba patológica. Las intervenciones quirúrgicas fueron abandonadas, el diagnóstico de las visceroptosis quedó relegado al campo de lo anecdótico o especulativo. Uno de los últimos sobrenombres en ser utilizados fue el de «riñón flotante» para referirse a la nefroptosis, actualmente también en desuso. Osteopatía Esotérica Osteopatía esotérica es el título de un libro publicado por el osteópata Herbert Hoffman en 1908. El título no defrauda. Hoffman desarrolló una filosofía dentro de la osteopatía basada en las energías autocurativas de los órganos internos que predicaba que «los microbios no tienen poder para causar enfermedades». 235 La enfermedad, para Hoffman, comenzaba en la perturbación de la «mente» de los órganos. Cada órgano posee su propia mente, su propia inteligencia, y todo lo que hay que hacer es decirle a cada órgano y a cada célula lo que tiene que hacer. Así, para un problema de hígado el osteópata tiene que comunicarse con la «mente hepática», o para un problema de riñón con la «mente del riñón». Toda enfermedad, por tanto, es mental, no un problema en la mente central, sino en la «mente de las partes»: «Tan pronto como la Osteopatía reconoce la Mente como la fuerza que moldea y da forma a los átomos de la materia, ya sea en estados normales o anormales, ese momento la Osteopatía manda como MAESTRO todo el reino de lo Físico. Sin esta comprensión, la osteopatía está condenada a revolcarse en el fango de la ignorancia médica. Tendrá su ascenso y caída como otras escuelas materiales que no están fundadas en la roca de la verdad y la realidad». Esta teoría de la imagen mental y el pensamiento curativo proviene de culturas hinduistas, y tuvo buena acogida entre las corrientes vitalistas de la osteopatía. En la búsqueda de las causas de la filosofía osteopática, acudir a la raíz de los problemas y el enfoque holístico que todo lo tiene en cuenta, encajaba perfectamente con la «sanación psíquica». Comunicarse con partes del cuerpo, como los órganos, e incluso descender al abismo de la célula y pretender hablar con ellas sin duda es bastante esotérico, nada que no harían más tarde la biodinámica y la craneosacra de Upledger. Esa comunicación no tenía porqué ser verbal, bastaba con el pensamiento, y se conoce que también daba igual el idioma en que se hable en el pensamiento, las células se enteraban: «Si tiene un músculo duro y contraído, simplemente trabaje fácilmente sobre él, diciéndole a la “Mente Muscular” que se relaje, y lo hará en muy poco tiempo. Dé su tratamiento osteopático habitual, más los comandos mentales en palabras adecuadas para el caso, y practicará la osteopatía esotérica 236 en realidad. Eso es todo lo que hay que hacer. Recuerde que está hablando con la MENTE de la parte orgánica, la mente celular sí entiende el pensamiento de la palabra, sin importar el idioma que se hable. ¿No es maravilloso? Cuando se dirige o da órdenes a la “mente” de las partes que necesitan atención, hágalo con un pensamiento silencioso. La mente de las partes comprenderá los comandos tan fácilmente como si el pensamiento fuera dicho en voz alta». 237 6.2. El fundador: Jean-Pierre Barral La osteopatía visceral podríamos decir que tiene denominación de origen francesa. La concepción actual se desarrolló íntegramente en Francia, los países anglosajones apenas hicieron aportaciones. No solamente por el Dr. Glènard, también por el resto de personajes que entraron en escena después. En la década de 1980 los osteópatas Jacques Weischenk, Jean-Pierre Barral y Pierre Mercier rescataron los principios olvidados en medicina de Glènard. El término «osteopatía visceral» es empleado por primera vez en 1982 en un libro de Weischenck y un año más tarde, en 1983, lo hizo Barral, considerado por muchos el fundador de la osteopatía visceral. Weischenck y Barral son autores de numerosos libros de osteopatía visceral, pero ninguno de los dos tiene una sola publicación científica. Quien mejor supo popularizar y comercializar la osteopatía visceral fue Barral. En 1974 Barral obtiene su diploma de osteopatía de la Escuela Europea de Osteopatía en Maidstone (Reino Unido). Al año siguiente, en 1975, empieza a dar clase en la misma escuela hasta 1982. Antes de dejar las clases de Maidstone Barral ya había inventado la osteopatía visceral, y estaba impartiendo cursos de osteopatía visceral en Estados Unidos. La rapidez de sus éxitos sugiere ciertas habilidades innegables, pero no un profundo estudio reflexivo y experiencial. Es cierto que antes de ser osteópata Barral ya era fisioterapeuta, pero siempre estuvo bastante próximo al guruismo, también a nivel biográfico, la abuela de Barral fue una curandera. Como todos sus referentes a la hora de narrar su propia leyenda, Barral remonta sus primeras investigaciones en la década de los setenta, antes incluso de ser osteópata. Una de sus aportaciones, el «diagnóstico termal manual», pese a ser un libro de 1996, según Barral lo descubrió en 1971. El paciente cero para este descubrimiento, cuenta Barral, fue una mujer que al girarse en la camilla sintió una fuerte emanación 239 que salía de su glándula mamaria al tocarla el pecho con su mano (sus palabras). «Él descubrió que ella había sido operada de un tumor en esta área. Investigando este fenómeno en otros pacientes, descubrió cómo se podían localizar con exactitud áreas de tensión en el cuerpo mediante la palpación de la energía asociada, la cual verificó ser termal». El diagnóstico termal es algo que rescató de los quiroprácticos, que a su vez robaron la idea a Still, recordemos el paciente cero de la disentería. Se basa en la idea de que la diferencia de temperatura puede mostrarnos la enfermedad, como si todo proceso tuviese una naturaleza inflamatoria, lo cual no es cierto, pero cuando eres osteópata y crees que la ley de la arteria es absoluta, pues lo que se sigue de ese razonamiento es una diferencia de temperatura en animales de sangre caliente. Barral no proponía el neurocalómetro de Palmer, sino un moderno dispositivo de infrarrojos o incluso las propias manos para realizar el diagnóstico. Y efectivamente hay zonas con mayor y menor temperatura que varían de una persona a otra, del mismo modo que varía la capa de grasa que los rodea. Situar el origen en 1971 permitió a Barral poder afirmar que desde entonces había observado a decenas de miles de pacientes hasta haber construido un «mapa topográfico» de la temperatura de la piel para diagnosticar los distintos trastornos y enfermedades. Barral describió el diagnóstico térmico manual sin contacto sobre la piel, tan solo acercando las manos pero sin tocar, un plus de dificultad que según Barral es más fiable porque así no se altera la temperatura, incluso con la ropa puesta, no es un problema. Barral asegura poder sentir variaciones de 0,1 ºC y haberlo constatado miles de veces con cámaras de infrarrojos, ultrasonidos, fluoroscopia, escáner y eco-doppler, pero jamás se molestó en publicar sus resultados. La localización de una variación térmica indica lo que Barral llama una «zona de conflicto», lo cual resulta muy útil para diagnosticar una úlcera duodenal o una piedra en el riñón, pero también para conflictos emocionales. 240 Para Barral la información térmica es más fiable que las preguntas que se le hace al paciente, por lo que sugiere primero escanear la temperatura acercando al paciente las manos a 10 cm de la piel como si estuvieras haciendo reiki, y solo después hacerle preguntas respecto a las variaciones encontradas, lo que inevitablemente llevará a un sesgo de confirmación. «Todas las patologías del cuerpo, pasado y presente, están inscritas en los tejidos. Esta inscripción es a menudo expresada térmicamente». La incorporación de la tecnología en las clínicas cada vez es mayor, aunque solo sea para dar cierta cosmética científica de vanguardia, y los dispositivos térmicos infrarrojos no son una excepción. Cada vez son más las terapias alternativas que se suman al diagnóstico termográfico de enfermedades. El ejemplo más pernicioso y recalcitrante es la detección del cáncer. Algunas clínicas de terapias alternativas regentadas por naturópatas y homeópatas, principalmente, han incorporado las cámaras infrarrojos para el seguimiento de la enfermedad durante sus tratamientos que alientan falsas recuperaciones. El uso radiológico de las cámaras de infrarrojos es muy limitado y poco fiable. No sirven para la detección de enfermedades y no se recomienda su utilización. Teniendo en cuenta que esa es la manera precisa de detectar la temperatura, ¿qué se puede esperar de la detección manual? Barral también asegura haber demostrado radiológicamente cambios en la posición de las vísceras tras la manipulación visceral, lamentablemente tampoco se publicaron en ningún sitio. Entre sus numerosos y concienzudos estudios no publicados también comprobó el movimiento de las vísceras. En su libro La manipulación visceral, publicado en 1983 junto a Pierre Mercier, Barral describe diferentes movimientos viscerales y diferencia el movimiento diafragmático del visceral. Las vísceras se mueven pasivamente con los movimientos corporales al caminar, agacharse o correr, esto es cierto, no de una 241 manera individual en cualquier caso, sino de manera conjunta todo el saco visceral. El movimiento del diafragma durante la respiración también influye en las vísceras, aunque no está claro si deberíamos hablar de compresión y deformación más que de desplazamiento visceral propiamente dicho. Obviamente, también existe un movimiento activo, intrínseco al funcionamiento de algunos órganos internos: el corazón late, los pulmones se inflan y el peristaltismo intestinal permite el avance de los desechos alimenticios. Pero Barral describe también un movimiento visceral, y aquí es donde el asunto se vuelve oscuro, relacionado con el movimiento respiratorio primario, pese a no existir el líquido cefalorraquídeo en las vísceras y con la migración celular durante el desarrollo del feto: «Las vísceras también tienen un movimiento intrínseco y activo que llamamos motilidad. Se mueven independientemente, con un movimiento lento y de amplitud tan baja que es casi imperceptible. La motilidad visceral es perceptible para la mano, pero requiere un sentido del tacto educado. Es la expresión cinética de los tejidos en movimiento. No tenemos una explicación científica para este fenómeno, y somos conscientes de ello solo por experiencia. ¿Es solo una extensión del ritmo craneosacro, o corresponde a los movimientos de los órganos durante la embriogenia?». Barral habla de un ciclo de movimiento visceral más lento que la respiración diafragmática, 7-8 ciclos por minuto. Un movimiento que asegura haber constatado con el paciente en apnea, y que es del orden de unos 3 cm para el riñón. Supuestos estudios, de nuevo, no publicados. También asegura haber constatado que dichos movimientos difieren a lo largo del día correspondiendo para cada víscera una hora de mayor movilidad, y coincidiendo con la teoría de ritmos circadianos de la medicina tradicional china. De nuevo, datos no publicados más que en sus libros. Otro concepto introducido por Barral es el de «escucha visceral», la movilidad de las vísceras no solo se puede probar con test 242 de movimiento, también se puede sentir por imposición de manos. Una licencia que toma prestado del concepto de escucha fascial de Upledger en la terapia cráneo-sacra. El tratamiento visceral de Barral recupera la movilidad de las vísceras de dos maneras, con la imposición de manos y la intención mental de reconducir el movimiento como en la terapia craneal, y también con maniobras más estructurales combinando las teorías mecanicistas y energéticas: «La osteopatía parece estar dividida en dos escuelas, la mecanicista y la energética. Para los adeptos de la teoría mecanicista, la energética parece ser “charlatanismo magnético”, mientras que, para los defensores de esto último, los manipuladores de acción directa parecen ser “salvajes musculares”. Pero el hecho es que la osteopatía debe ser integrada en un todo, utilizando ambos abordajes». La epifanía del movimiento visceral y su relación con la patología le llegó, supuestamente, también en los años setenta. Barral describe su paciente cero como un anciano que sufría dolor lumbar, que durante la examinación inicial apreció un movimiento en su abdomen y el anciano aseguró sentirse mejor. Lo bueno de no publicar los estudios es que uno puede decir que ocurrieron cuando quiera. En los años ochenta Barral ya se dedicaba a la enseñanza. En 1985 fundó su propio Instituto como hizo Upledger, con fines de expansión de la enseñanza. Hasta la fecha, Jean-Pierre Barral ha creado veinticinco cursos de niveles formativos diferentes, ha escrito dieciocho libros, traducidos a nueve idiomas, y ha formado a más de 400.000 terapeutas por todo el mundo. El Instituto Barral tiene actualmente cuarenta y cinco sedes repartidas por todo el mundo. Pese a haber utilizado las ideas obsoletas de Glènard mezcladas con las ideas vitalistas de Upledger y la terapia cráneo-sacra, y no tener prácticamente aportaciones personales ni originales en la osteopatía visceral, Jean-Pierre Barral es considerado el padre de la osteopatía visceral. Tener éxito con las ideas de otros es un clásico en la osteopatía. En el año 2000 la revista Time Magazine nombró a Barral como uno de los grandes innovadores en la terapia manual. 243 6.3. La teoría La tesis fundamental de la osteopatía visceral ha sido brevemente presentada en la sección anterior. Se basa en el principio de movilidad visceral, y cómo la pérdida de esa movilidad se relaciona con la patología y disfunción visceral, que de alguna manera también permite una regulación hormonal, inmunológica y emocional. Cualquier problema en el cuerpo puede tener un componente visceral, y por tanto puede abordarse como tratamiento primario específico de un órgano o tratando las vísceras de manera secundaria para promover el flujo sanguíneo, linfático, nervioso o eliminando las obstrucciones musculoesqueléticas, de modo que siempre quedaría justificada su intervención. Las interacciones musculo-esqueléticas, craneales, viscerales y emocionales avalan que para cualquier condición quede justificado cualquier abordaje. La movilidad ventilatoria de los órganos es un hecho constatado. Los órganos se mueven con la respiración diafragmática, pero este no es un descubrimiento de los osteópatas. Cuando inspiramos los pulmones se hinchan y ocupan más espacio, el diafragma desciende y aumenta la presión intraabdominal. En la espiración soltamos el aire, el diafragma y las vísceras vuelven a ascender. Es un movimiento que puede llegar a ser de unos pocos centímetros. No es nada mágico, se debe a la respiración pulmonar, sin embargo, los osteópatas tienen teorías alternativas tomadas de la osteopatía craneal, y la teoría embriológica, según la cual los órganos sufren una migración durante la vida fetal y guardan la memoria de este movimiento. Esa movilidad involuntaria y misteriosa Barral la llama «motilidad» para diferenciarla de la movilidad pasiva de la respiración pulmonar. La teoría craneal invocaba el movimiento respiratorio primario, y la teoría embriológica sucedería de manera rítmica gracias a la memoria celular. Ambas teorías son falsas: 245 «Creemos que las células tienen una organización en el espacio, pero también en el tiempo, cada célula tiene una memoria y un programador que ordena un ciclo bajo la influencia de factores desconocidos». Barral & Mercer (1983) Uno de los aspectos cruciales de la teoría de la osteopatía visceral es la plausibilidad biológica. En 2015, Ramona Horton, una fisioterapeuta norteamericana, publicó un artículo titulado: «Anatomía, plausibilidad biológica y eficacia de la movilización visceral en el tratamiento de la disfunción del suelo pélvico» en el que presentaba, a su juicio, los argumentos por los cuales la terapia visceral es plausible biológicamente. Horton sostiene que «para aceptar la plausibilidad biológica de la aplicación de la terapia manual a los órganos internos como una técnica de tratamiento viable, debemos centrarnos en las ciencias de la anatomía, la fisiología y la física, que proporcionan la siguiente información»: 1. Las vísceras están ahí y ocupan la práctica totalidad del abdomen. 2. Tienen membranas serosas de deslizamiento entre ellas. 3. Poseen tejido fascial que las une entre sí y al cuerpo. 4. Las vísceras se mueven. 5. Están inervadas y por tanto pueden doler. 6. El intestino tiene movilidad activa, el peristaltismo, y lo hace gracias a neuronas propias para su motilidad (sistema nervioso entérico). 7. La disfunción visceral se ha constatado (inflamación y distensión en estreñimiento crónico). 8. Se ha demostrado que las cicatrices abdominales generan adherencias, disminuyen la movilidad y genera disfunción. 9. Las cicatrices están inervadas y pueden doler. Los argumentos presentados en estos nueve puntos resumidos son habituales en osteopatía, y se basan principalmente en el posibilismo anatómico. Las vísceras existen, son una realidad anatómica y representan el 12 % de todo el organismo. Tienen un aspecto 246 escurridizo por las membranas que las recubren y permiten el deslizamiento entre ellas. Barral considera esto como una articulación y las denomina «articulaciones viscerales», como las puedan ser un codo o una rodilla. Efectivamente, están rodeadas de tejido conectivo, las fascias, omnipresentes en todo el cuerpo, pero todas estas descripciones anatómicas en realidad no presentan un solo argumento a favor de la osteopatía visceral. El argumento teleológico de finalidad terapéutica que justifique su existencia es falaz. La anatomía no existe así para poder ser reparada manualmente. Las vísceras se mueven, pero la existencia de un movimiento involuntario y rítmico, no relacionado con la respiración, no se sostiene en nada, y la movilidad pasiva de las vísceras con los movimientos del cuerpo o la respiración no necesitan mayores atribuciones existenciales. El hecho de permitir y facilitar los movimientos corporales y la respiración ya son mecanismos suficientes de justificación, no existe ningún motivo para atribuirles un sistema de relación con la salud y la enfermedad. Los problemas de riñón no suceden por una pérdida de movilidad en el riñón. Si los osteópatas quieren conseguir credibilidad en sus manipulaciones viscerales tienen que demostrar la existencia de problemas viscerales asociados a una pérdida de movilidad, no hacer descripciones anatómicas. Los problemas de estreñimiento son disfunciones, alteraciones de la función, no patológicos y relacionados con el peristaltismo, los movimientos del intestino, esto es correcto. El mundo de las disfunciones es más difuso que el de la patología. Una patología se define por cambios en la estructura que son objetivables, se pueden apreciar y medir radiológicamente. Una disfunción, en cambio, es una alteración en la función de una estructura sin que se lleguen a apreciar cambios patológicos. Las disfunciones son entidades siempre más problemáticas de diagnosticar porque no son objetivables, y se basan en la subjetividad de los síntomas de quien los padece. El concepto de disfunción visceral es clave en la osteopatía visceral porque es el terreno de justificación. En el caso 247 del estreñimiento sí existe como entidad asociada a una pérdida de la movilidad. Una obstrucción intestinal puede acabar incluso en quirófano, es el ejemplo paradigmático de movilidad visceral asociada a un problema de salud, pero de nuevo es una movilidad distinta a la que proponen los osteópatas. El peristaltismo intestinal no lo ha descubierto ningún osteópata ni lo niega nadie. El punto cinco sí es pertinente para la argumentación, pero no es suficiente. Que las vísceras sean estructuras capaces de generar dolor es una condición necesaria, pero no suficiente. Si no fueran estructuras generadoras de dolor automáticamente quedaría invalidada la idea de hacer algo con ellas para el tratamiento del dolor, pero que exista el dolor visceral no valida la teoría de la movilidad visceral. Y dicho sea de paso, existen diferencias entre el dolor visceral y el del resto del cuerpo, el dolor somático. Los receptores nociceptivos viscerales se activan por inflamación, isquemia o distensión en vísceras huecas, pero no por estímulos mecánicos como el dolor somático. No hay tantas maneras de generar dolor visceral como de generar dolor somático. Se podría cortar un intestino sin anestesia y no generar dolor. Las vísceras no están inervadas, solo sus envolturas están inervadas, y los receptores de esas envolturas no se activan igual que el resto de estructuras somáticas. Las entradas aferentes viscerales a nivel medular representan solo el 10 % de ese segmento. El dolor visceral es una realidad, pero no tiene un protagonismo proporcional a su tamaño y presencia corporal. En la representación corporal de la corteza cerebral hay áreas más importantes sobre las que recibir información. Si cerramos los ojos podemos decir en qué posición están nuestros pies, pero no podemos decir en qué posición está nuestro páncreas. Las cicatrices asociadas a heridas de arma blanca, traumatismos o cirugías que generan problemas en la función visceral normalmente hacen referencia a cicatrices internas, dentro de la propia víscera, pero la mayoría de cicatrices abdominales afectan a la 248 piel y al tejido conectivo, y no tienen ningún problema asociado. Infinidad de pacientes con cicatrices no tratadas demuestran que las cicatrices no constituyen necesariamente un problema, y aún menos que esos problemas se deriven de la pérdida de movilidad de las vísceras. El ejemplo paradigmático son las cesáreas. Las cicatrices pueden doler, ciertamente, y formar queloides, una complicación secundaria de la cicatrización, pero la mayoría de ellas cumplen con el cometido de regeneración del tejido en los tiempos esperables y sin necesidad de tratamiento. El concepto de fijación visceral, la pérdida de su movilidad, está fuertemente asociado al de adherencia. Restricciones virtuales del tejido fascial al que convierten en culpable y objeto de tratamiento. Restaurar la movilidad devuelve la vascularización y el drenaje para esa víscera y para estructuras remotas, de modo que la fascia se ha convertido en el nuevo chivo expiatorio de la osteopatía, que postula una suerte de adherencias que asolan el organismo, pero que no se pueden observar ni medir de manera fiable. Amparándose en la neurofisiología, los osteópatas describen dos mecanismos de acción: uno viscero-somático, en el cual una víscera puede generar un problema en el resto del cuerpo y un mecanismo somato-visceral por el cual, cualquier problema en el cuerpo, incluidas las disfunciones somáticas, pueden generar problemas viscerales. En cuanto al mecanismo viscero-somático, hasta donde sabemos, lo que sí es capaz de hacer una víscera es generar dolor referido, como puede ser el dolor referido del hígado en el hombro. Esto ya fue descrito por Head en 1893, un año después de que Still abriera su escuela, pero no genera un problema intrínseco en el área referida. Para los osteópatas el reflejo viscero-somático justifica que para un problema de rodilla, como pueda ser un esguince de rodilla por un traumatismo, se realice una intervención manipulativa visceral a nivel del útero. Tales afirmaciones solo son defendidas en la osteopatía. Del mismo modo, un problema musculo-esquelético tampoco puede generar 249 un problema visceral. Un estudio de 1997 publicado en el Journal of Manipulative Physiotherapy concluyó: «No hay la más mínima evidencia clínica de la que seamos conscientes que los pacientes con fracturas de columna, o pacientes con caderas u hombros enteros destrozados por disparos de escopeta, o incluso pacientes con dolor cervical mecánico o disfunción lumbar posteriormente desarrollen incidencias más altas de cualquier enfermedad de órganos internos relacionada de forma segmentaria o regional». Los reflejos viscero-somático y somato-visceral no establecen una relación lineal entre las vísceras y el resto del cuerpo. Un problema en un músculo no genera un problema en la víscera ni viceversa. Si esto fuese cierto los deportistas que sufren con frecuencia daño muscular por agujetas tendrían mayor prevalencia de disfunción visceral. La lesión de un músculo no causa un cambio en la actividad visceral. Las implicaciones de estas relaciones anatómicas son más bien al contrario y limitadas al tono muscular, sensibilidad y cambios simpáticos, es decir, un problema visceral puede generar dolor, espasmo muscular y cambios simpáticos en estructuras locales, pero no al revés. El hecho de que cerremos los ojos cuando estornudamos, no significa que vayamos a estornudar cada vez que cerremos los ojos. Un problema en la columna no tiene porqué generar un problema en la función de las vísceras. No depende de esos nervios. Como bien saben los osteópatas, depende en gran medida del nervio vago. El nervio vago o neumogástrico es un par craneal que emerge del cráneo para inervar todas las vísceras sin pasar por la columna. Ese es el motivo de que a un lesionado medular se le quede paralizado el cuerpo, pero no muera por fallo orgánico. Ese nervio es también la excusa de los osteópatas para relacionar el dolor cervical con problemas de estómago, o utilizar técnicas craneales para abrir el agujero rasgado posterior del cráneo por el que sale el nervio vago, vinculando así la osteopatía craneal y la visceral. 250 En el primer libro de Barral, Manipulaciones Viscerales, aparecen al menos cincuenta afirmaciones terapéuticas de la osteopatía visceral que van desde hipertensión arterial, síndrome del túnel carpiano, bronquitis crónica, asma, alergias, disfunciones oculares, hemiplejia, demencia, problemas dentales, el uso de ortodoncia, trastornos cerebelosos, trastornos de audición, enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple, accidente cerebrovascular, intoxicación alcohólica y alimentaria, hepatitis, eczema, psoriasis, fatiga, inmunodeficiencia, hipersudoración, enfermedad de Crohn, fibromialgia, hasta la infertilidad. Las manipulaciones por vía vaginal y rectal son parte de la caja de herramientas diagnóstica y terapéutica de la osteopatía visceral de Jean-Pierre Barral, que utiliza las manipulaciones para mejorar la movilidad del útero que Barral postula que es el problema para que el óvulo y el espermatozoide se encuentren. Las técnicas hemodinámicas completan el mapa de la osteopatía visceral. Las manipulaciones vasculares viscerales pretenden una regulación neurovegetativa. Los osteópatas entienden por manipular arterias a la disminución en la frecuencia cardíaca con la compresión manual de un área abdominal. A esto lo denominan reflejo dinamogénico. Cuando esto no sucede los osteópatas consideran que se debe a una lesión osteopática visceral. Tras la normalización de la lesión osteopática visceral el reflejo hemodinámico de esa zona queda restaurado. Lamentablemente, esto es una ficción osteopática y las pruebas de detección del pulso son poco fiables. En 2015, la orden de fisioterapeutas franceses emitió un informe científico sobre la osteopatía visceral y otro sobre la osteopatía craneal, en los que se concluía que no era recomendable su utilización por falta de evidencia científica y por fallas graves tanto teóricas como clínicas. En concreto, sobre el informe visceral, los autores hacen una reflexión interesante sobre cómo la osteopatía visceral ha podido pasar de puntillas durante tanto tiempo sin ser cuestionada: 251 «La osteopatía visceral es lo que el sociólogo de creencias Gérald Bronner llama un milhojas argumentativo. Un milhojas argumentativo ofrece una metáfora culinaria a una gran suma de argumentos débiles, falsos o fuera de tema invocados para defender una tesis. El primer problema con este tipo de argumento es que es muy costoso ir y verificar cada argumento. El segundo problema que plantea un milhojas argumentativo es que inevitablemente genera un sentimiento ficticio de “¿y por qué no?”. A lo que es muy difícil, si no imposible, resistir como auditor o lector. Sin embargo, la suma de medios argumentos y cuartos de prueba nunca constituye una prueba formal. Esta pendiente que nuestro cerebro toma conduce a lo que Bronner llama un efecto fuerte: [...] “uno se sorprende por la amplitud de la argumentación desarrollada y por la dificultad de la mente no preparada para responder racionalmente a esta masa de pseudopruebas”». La media verdad principal de la osteopatía visceral es la movilidad visceral. El ascenso y el descenso del diafragma durante la respiración es un hecho constatado, pero las asunciones de los osteópatas asociadas a esa movilidad no lo son. Al igual que en la biomecánica articular los osteópatas predicen movimientos de las vísceras en los tres planos del espacio, de tal forma que al coger aire, el diafragma desciende empujando las vísceras hacia abajo, pero también rotan y se inclinan en distintos ejes de movimiento. Así, por ejemplo, el hígado realiza una inclinación hacia la derecha cuando desciende, el estómago, en cambio, realiza una inclinación hacia la izquierda asociado a una rotación hacia la derecha, y así víscera por víscera. ¿Esta biomecánica visceral es un hecho probado? No. Del mismo modo que la biomecánica articular no funciona como los osteópatas aseguran, la biomecánica visceral tampoco. Los osteópatas basan todas sus observaciones en una sola carta, el posibilismo anatómico. La anatomía para los osteópatas es la regla absoluta que suple y supera a los estudios científicos. No hay empirismo en esos movimientos viscerales, pero necesariamente tienen que ser ciertos, ya que al descender tal o cual ligamento frena el movimiento y provoca que se incline o rote. 252 La teoría de la movilidad/motilidad visceral como condicionante de la salud puede ser rebatida por reducción al absurdo. Del mismo modo que un repartidor de pizzas que lleva un casco de moto ocho horas diarias no tiene problemas por fijación de los huesos craneales, el uso de cinturones o fajas que limiten la movilidad visceral de manera prolongada tampoco genera trastornos viscerales. Si puede sentirse y restaurarse el movimiento visceral por simple palpación abdominal, también debería ser igualmente fácil detener el movimiento con fuerzas externas sutiles, lo que nos convertiría en seres muy vulnerables al entorno. 253 6.4. Los puntos neuro-linfáticos de Chapman Frank Champan (1871-1931) fue un osteópata estadounidense que en los años veinte describió los denominados «reflejos neuro-linfáticos». Se graduó en la escuela de Still, en Kirksville, en 1899, coincidiendo con William Sutherland, solo que Chapman nunca alcanzó el reconocimiento que consiguió su coetáneo con la osteopatía craneal. La difusión de sus ideas se mantuvo solo de manera marginal. Los puntos neuro-linfáticos de Chapman quedaron pronto en el olvido para gran parte de su profesión hasta que fueron rescatados convenientemente por la osteopatía visceral. Lo que Chapman proponía en su obra Lymphatic Reflexes, a Specific Method of Diagnosis and Treatment (1929) era que esos puntos tenían cambios en la textura del tejido y representaban disfunciones viscerales. Para Chapman, el 80 % de las enfermedades estaban relacionadas con el bloqueo del sistema linfático y el otro 20 % se debían a disfunciones óseas. Originalmente los describió como pequeñas contracturas del ganglio nervioso, unos puntos sensibles a la palpación, de unos 2 mm de diámetro en los tejidos blandos que representaba, de manera refleja, a los tejidos viscerales, linfáticos y glándulas endocrinas del organismo. Tenían una función tanto diagnóstica, cuando eran dolorosos a la presión revelaba una disfunción visceral, como de tratamiento, manteniendo la presión e imprimiendo un pequeño movimiento de rotación en el sentido de las agujas del reloj entre 10 y 30 segundos. Los puntos de Chapman, esas «pequeñas perlas de tapioca», resultaron no tener una buena correlación anatómica con el sistema linfático, así que fueron reinterpretados a través del sistema nervioso. Acomodaron la teoría y actualmente los consideran como reflejos viscero-somáticos que representan el «estasis linfático» en las vísceras, que a su vez causan disfunción visceral. Como de costumbre en 255 osteopatía, la relación encadenada de puntos de Chapman predecía una cascada de catastróficas desdichas que los osteópatas llaman, de manera genérica, disfunciones somáticas que afectan al eje «pélvico-tiroideo-adrenal». Para los seguidores de Chapman, la glándula tiroides era la clave para la oxidación incompleta de las células que causaba el estasis de los fluidos linfáticos, reteniendo toxinas. La visión de unos puntos neuro-linfáticos especiales como una serie de conmutadores mágicos que sirven para equilibrar y drenar los órganos a nivel linfático es genuinamente del osteópata Frank Chapman, aunque hay que decir que la concepción de los atascos en el sistema linfático como origen recurrente de enfermedades encajaba bien dentro de la cosmovisión del padre fundador de la osteopatía, Andrew Taylor Still. Still observó que la circulación linfática, el metabolismo de eliminación de residuos celular y la libre circulación del líquido intercelular eran determinantes en la génesis de enfermedades y seguía el mismo principio que la ley de la arteria. Los fluidos, tanto sanguíneos como linfáticos, son la causa última de las enfermedades. Still afirmaba que «no existe ningún espacio, por muy pequeño que sea, que no esté en comunicación con la linfa, sus nervios, sus canales secretores y excretores. El sistema linfático es total y universal en todo el cuerpo», y «cuando nos ocupamos de los linfáticos tocamos la fuente de la vida y de la muerte», es «el alma indispensable para el organismo». Still relacionaba la acción de su tratamiento sobre el sistema linfático a través de la fascia. La enfermedad sobreviene por la fermentación de las impurezas que se estancan en los conductos linfáticos, y para ello las fascias debían estar relajadas y en su sitio: «Durante muchos años he pensado que el sistema linfático y celular de la fascia, el cerebro, los pulmones y el corazón en todo el sistema de suministro de sangre se llena de fluidos impuros y poco saludables, mucho antes de que una enfermedad produzca apariencia, y que el procedimiento de cambios conocido como fermentación, con sus perturbacio- 256 nes electromagnéticas, fue la causa de al menos el noventa por ciento de las enfermedades que trabajamos para aliviar mediante una preparación química llamada medicamento. Cuando estuve completamente satisfecho de que podíamos hacer más daño que bien con tales remedios, comencé a buscar métodos más razonables para aliviar el sistema de sus gases y fluidos venenosos, a través del sistema excretor de los linfáticos y otros canales, a través del cual esperábamos renovar y purificar el sistema». A. T. Still, Philosophy of Osteopathy (1899) El estancamiento linfático como generador de enfermedades es una teoría exclusivamente osteopática y definitivamente equivocada. La congestión linfática es una entidad clínica con nombre propio y se llama linfedema. Los puntos neuro-linfáticos de Chapman son una hipótesis sin plausibilidad biológica y no probada. Hasta la fecha solo existe un estudio sobre los puntos neuro-linfáticos realizado en 2003 para determinar si los pacientes hospitalizados con neumonía tenían puntos reflejos en la pared torácica. Los resultados mostraron una relación estadísticamente significativa de presencia de puntos reflejos de Chapman en pacientes con neumonía respecto a grupo control. Pero este estudio no puede concluir la existencia de puntos neuro-linfáticos, tan solo demuestra, una vez más, los cambios regionales en el umbral de dolor a la presión en personas con dolor. Once de dieciséis pacientes en el grupo de estudio tenían puntos Chapman positivos para los pulmones, pero en el grupo control 19 de 53 también tenían puntos Chapman positivos. No existen pruebas de la existencia de puntos reflejos de Chapman, ni tampoco fiabilidad en cuanto a su detección y diagnóstico. La reproducibilidad intra e interobservador y la eficacia terapéutica de los procedimientos clínicos basados en estos puntos reflejos hipotéticos tampoco ha sido probada, y no hay ningún motivo científico para recomendar su utilización. 257 6.5. Belivers La disfunción visceral osteopática se define como la alteración de la movilidad de una estructura visceral que a su vez afecta a los elementos fasciales, neurológicos, vasculares, esqueléticos y linfáticos relacionados. Asumiendo que esto existiese y fuese cierto, la pregunta más pertinente sería ¿cómo se diagnostica?, ¿cómo se detectan las disfunciones viscerales osteopáticas? Los test de escucha fascial son los más ingenuos de todos, y obviamente no han probado fiabilidad ni identificando las mismas cosas diferentes osteópatas, ni detectando las mismas cosas el mismo osteópata en el mismo sujeto. Los test de movilidad asumen que el movimiento de cada víscera puede ser evaluado de manera pasiva con una maniobra. Una movilidad cifrada en algunos casos en milímetros, y que como máximo alcanza los escasos centímetros ya es difícil de detectar desde el punto de vista teórico, máxime teniendo en cuenta que no tenemos acceso directo para palpar esas vísceras. Son como la caja negra de un avión. La palpación es siempre indirecta. Pongamos por ejemplo el test de movilidad del hígado. Un test que se realiza con el paciente sentado y se valora la capacidad de poder penetrar con el canto de la mano por debajo de las costillas del flanco derecho. El ascenso del hígado se ve limitado por los ligamentos inferiores y el descenso, la vuelta, por los ligamentos superiores. Pero incluso la localización del hígado, que tiene la referencia ósea de las costillas, es una presunción no demostrada. No se siente el reborde de cada una de las vísceras donde delimitan. Simplemente se percibe la resistencia ofrecida a la presión. A nivel médico, se utiliza también la palpación abdominal, pero las pretensiones no son tan concretas. En los informes médicos se pueden leer frases del tipo: «Abdomen blando, depresible, no doloroso, no masas, ni visceromegalias», y cualquier hallazgo no constituye por sí solo un diagnóstico. Asumir que los dedos están exactamente sobre la víscera que se quiere valorar y solo sobre esa víscera, y que con esos 259 mismos dedos se puede valorar el deslizamiento de cada una de esas vísceras, cifrado como hemos dicho, en milímetros o a lo sumo unos pocos centímetros, en cualquiera de las direcciones y determinar si existe una disfunción visceral osteopática o no, y esperar que eso sea reproducible y fiable entre distintos examinadores es de una ingenuidad clamorosa. Así que tenemos una teoría no demostrada que se diagnostica mediante unos test que no son fiables. Tampoco se ha demostrado nunca la tesis de Glènard sobre la ptosis visceral. Siguiendo con el ejemplo del hígado, el test de ptosis visceral, en este caso, se considera positivo cuando la palpación del borde inferior del hígado sobrepasa el reborde costal y en el test de movilidad hay dificultad en el ascenso. De nuevo, nos topamos con la falta de fiabilidad palpatoria de estos test para diagnosticar una entidad clínica que no existe más que en el imaginario de los osteópatas. Si volvemos al principio del posibilismo anatómico podríamos preguntarnos porqué no iba a ser cierto que tales cosas pudieran suceder con el efecto de la gravedad actuando sobre nuestros órganos internos. Esa ventana de oportunidad donde se siembra la duda que sea cierto es la que utilizan los osteópatas siempre para validar sus propuestas, pero recordemos que quien afirma algo es quien tiene que demostrar su existencia, y no al revés. El posibilismo anatómico se responde con la carga de la prueba, y las pruebas débiles que suelen aportar los osteópatas son insuficientes o anecdóticas. Una mala movilidad visceral se postula siempre como fuente de mala vascularización y drenaje para esa víscera. Y una posible causa aparte de las adherencias fasciales son las disfunciones somáticas de la columna, es decir, las alteraciones vertebrales y por tanto antes de la manipulación visceral se realiza la manipulación vertebral correspondiente, pero también es posible que sea por una alteración del MRP craneal, así que no es mala idea hacer craneal también. No es de extrañar que muchos osteópatas en el ejercicio clínico diario acaben haciendo una batería de técnicas 260 para todos los pacientes igual, porque en la relación de todo con todo han aprendido que nada está mal relacionado. Un poco de craneal, un poco de visceral y un poco de estructural. Crujir de arriba a abajo todo lo que pillen y llamar al siguiente paciente. Los nombres que reciben las técnicas de manipulación visceral y el lenguaje empleado son toda una declaración de intenciones: bombeo de hígado, reducción de la flexión del íleon, drenaje de vesícula, relajación de la válvula ileocecal o reducción de la flexión del ciego son algunas de ellas. Propuestas mecanicistas con una asunción de malposición visceral y de corrección manual que nunca se ha probado, y convierten a la osteopatía visceral en un acto de fe. Cada víscera tiene un patrón de dolor referido. Esto es cierto, pero para los osteópatas la probabilidad de ocurrencia es mucho más elevada que la realidad. Así, todo dolor en el hombro derecho convierte al hígado en un sospechoso que debe ser evaluado y normalizado. Un hígado sano que no presenta patología es, por ser generoso, altamente improbable que proyecte dolor referido al hombro derecho, pero en el mundo de las disfunciones viscerales osteopáticas es lo habitual, y el hígado, prácticamente un fetiche. En la justificación que Barral da a la relación visceral-emocional que toma de la medicina tradicional china, el hígado es «el órgano del yo profundo». Está relacionado con los conflictos con uno mismo, y le atribuyen un papel protagonista en los problemas psicosomáticos. El estómago, en cambio, es «el yo frente a los demás», y en función del conflicto emocional que se tenga la motilidad de la víscera correspondiente estará afectada. Algunos métodos recientes, también provenientes de Francia, han invocado ese pastiche entre osteopatía y medicina tradicional china que inauguró Barral. Así, tenemos el método Poyet, propuesto por el osteópata Maurice Poyet, o el método Solère por el osteópata Roland Solère probando fortuna en el lucrativo mundo de la formación. Una encuesta publicada en 2020 sobre 991 osteópatas australianos encontró que solo 98 osteópatas, el 261 9,9 %, realizaba técnicas viscerales. Recordemos que la osteopatía visceral ha tenido poco desarrollo en los países anglosajones. Los osteópatas que «a menudo» utilizan técnicas viscerales tenían más del doble de probabilidad de participar en referencias con acupuntores, y once veces más de tratar quejas no musculo-esqueléticas y, por tanto, alejarse de una terapia manual racional. Al igual que con la osteopatía craneal, los resultados de las diversas revisiones y análisis de la literatura científica, así como los fundamentos teóricos de la osteopatía visceral, indican a día de hoy, claramente, que carece de cualquier base científica. En la base de datos Cochrane hay tres metaanálisis sobre osteopatía visceral: en cólico infantil, dismenorrea y dolor en el parto. En todos los casos falta evidencia de eficacia debido a la mala calidad de los estudios disponibles. Tampoco hay datos satisfactorios para apoyar la reproducibilidad intra e interobservador de los procedimientos de evaluación de la osteopatía visceral. Los pocos estudios que han evaluado los parámetros de movilidad visceral tienen resultados negativos, o se han asociado a un alto riesgo de sesgo o una gran incertidumbre sobre el riesgo de sesgo. La revisión sistemática de 2018, la última hasta la fecha, incluyó ocho estudios de fiabilidad diagnóstica y seis de eficacia, y concluyó que no hay evidencia sólida sobre la fiabilidad y la eficacia de las técnicas en osteopatía visceral. La conclusión lógica de todo este razonamiento no puede ser otra que clasificar a la osteopatía visceral como pseudocientífica. Si el conjunto de elementos pseudocientíficos de la osteopatía craneal no dejaba lugar a dudas y acudía al pensamiento la frenología, la osteopatía visceral tampoco puede salvarse de la quema y, aquí, emerge la imagen de la cirugía psíquica. La cirugía psíquica se puso de moda a finales de los años 60 con el florecimiento de las terapias alternativas y la new age. Consistía en una performance en la que un falso cirujano se acercaba con sus manos desnudas al abdomen del paciente y penetraba con sus 262 dedos dentro de la cavidad abdominal. De pronto algo de sangre emanaba del abdomen y tras unos segundos hurgando extraía un trocito de carne. Al limpiar la sangre la herida se había cerrado sin dejar rastro. El abdomen estaba intacto y el mal había sido extirpado. El mago ilusionista, recientemente fallecido, James Randi, reveló el truco de magia en los años 80. Tan solo había que esconder un trocito de víscera animal en la mano y doblar los dedos a medida que se presionaba el abdomen, simulando estar penetrando en la cavidad abdominal. Al aplastar la víscera animal la sangre añadía un elemento teatral que impedía ver con claridad lo que estaba ocurriendo. Al terminar solo había que retirar la mano y mostrar la víscera animal como trofeo. Acto seguido el tumor extirpado se arrojaba al fuego para extinguir el mal. Este ritual proveniente de una iglesia espiritista en Filipinas se popularizó en televisión, y provocó que enfermos de cáncer viajaran a Filipinas desde Estados Unidos en los años setenta y ochenta en busca de una cura milagrosa. Surgieron curanderos por todo el mundo que anunciaban la cirugía psíquica para todo tipo de condiciones, y testimonios de personas que creían haberse curado de una enfermedad que nunca habían tenido. La cirugía psíquica fue cayendo en descrédito cuando se expuso el fraude, pero la moraleja de esta historia es cómo la atribución visceral de la enfermedad con testimonios de éxito y satisfacción desapareció al desvanecerse la fe en ella. 263 7. Osteopatía Estructural 7.1. La disfunción somática Se suele decir que la osteopatía estructural es la parte de la osteopatía que merece la pena y debe salvarse de la quema. Algunos consideran que el ejercicio osteopático debería limitarse a un conjunto de técnicas estructurales y eso la convertiría de facto en una práctica científica. Lamentablemente, esa es una visión demasiado optimista. La osteopatía estructural se fundamenta en el análisis, diagnóstico de las desviaciones, desalineaciones y desequilibrios de las distintas estructuras del cuerpo que se relacionan con problemas de salud, y en el mejor de los casos se vincula al dolor musculo-esquelético. Las etiquetas diagnósticas hacen referencia a esas desviaciones. Así podemos tener un ilíaco anterior, un sacro en torsión o una vértebra en inclinación, rotación y extensión. Las técnicas estructurales van encaminadas a corregir la posición de la alteración y devolver la estructura a su sitio. De algún modo se pretende generar cambios en el tejido, sea el que sea. Esta ha resultado ser una premisa equivocada. No se pueden provocar cambios en el tejido con la terapia manual, o al menos estos son muy limitados. Tampoco debe asumirse que toda desviación o pérdida de la alineación que se salga de los valores normativos del hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci sea constitutivo de acusación y denuncia. 265 Esta visión ha sido compartida por todas las formas de terapia manual y ciencias del estudio del aparato locomotor desde sus orígenes. El fin de la ortopedia sigue siendo enderezar lo que está torcido. Etimológicamente, el término ortopedia proviene del griego orthos que significa «recto o derecho», y paideía, que significa «educación o formación», pero con el tiempo se han ido rebajando las exigencias hacia las intervenciones terapéuticas. Así, para una columna con escoliosis solo se prescribe un corsé en casos muy graves, y cirugía si sobrepasa los 40º de inclinación. Las dismetrías en el miembro inferior, es decir, la diferencia de longitud entre ambas piernas, solo se corrigen con un alza si supera los 2 cm de diferencia, etc. Aunque aún existe controversia sobre algunos procedimientos, en general, hemos aprendido a darle algo de cancha al sistema musculo-esquelético y la confianza en que sea capaz de generar adaptaciones. Al fin y al cabo no sería muy útil tener un cuerpo tan frágil y vulnerable. Hasta aquí nada profundamente desnortado en la osteopatía. La biomecánica sigue siendo un motivo de análisis y estudio tanto en medicina como en fisioterapia. El verdadero problema empieza con los enunciados biomecánicos osteopáticos. Ya el concepto de «biomecánica osteopática» es perturbador. No existe una biomecánica para la osteopatía y otra para el resto de los mortales. La biomecánica es el estudio de los movimientos corporales, no existen distintos tipos de biomecánica. Sin embargo, los osteópatas tienen, literalmente, sus propias reglas, enunciadas en las leyes de Fryette y de Lovett, principalmente. Las leyes de Fryette asumen unos movimientos acoplados en la columna que creen que puede predecir los movimientos de las vértebras en los tres planos del espacio, y conforman unas reglas para predecir cómo se moverá cada vértebra. Siguiendo estas reglas de movimiento, las disfunciones somáticas vertebrales, es decir, las posiciones alteradas de esas vertebras se sucederían siguiendo esas reglas. Actualmente, sabemos que la columna no tiene una capacidad de predicción en los movimientos acoplados. Las reglas de 266 Fryette son falsas. Y aunque fueran ciertas seguiría sin existir las vértebras desalineadas y la posibilidad de devolverlas a su posición mediante las manipulaciones. Las leyes de Lovett, por su parte, relacionan las vértebras de arriba con las de abajo, de tal manera que cada vértebra se corresponde con otra a distancia, y lo que le ocurra a una afectará incuestionablemente a su par hermanado. En el sorteo del amigo invisible a la primera vértebra cervical le tocó la última vértebra lumbar. El «Lovett Brother» de C1 es L5. Así que si una rota hacia la derecha la otra también lo hará. Esta feliz idea de las vértebras hermanadas fue en realidad descrita en 1972 por un quiropráctico, Goodheart, inventor de la kinesiología aplicada, otra pseudociencia, pero es actualmente ampliamente utilizada por los osteópatas. La confirmación sucede al percutir sobre la vértebra con el dedo. Cuando una es sensible una vértebra, su homóloga, también. Obviamente, esta ocurrencia no es cierta y solo es sostenida por osteópatas y quiroprácticos. Además de las leyes de Fryette y Lovett, los osteópatas obedecen también a las descripciones biomecánicas de Martindale y Littlejohn. Littlejohn describió la biomecánica de las líneas de fuerza, polígonos de fuerza y los pivotes osteopáticos. Los pivotes osteopáticos son vértebras sobre las cuales se deposita una mayor relevancia o bien de transición de cargas o de atribuciones clínicas. Así, si para Littlejohn ciertas vértebras serían clave en el tratamiento osteopático, la ley de Martindale, por su parte, relaciona vértebras de manera consecutiva y establece lesiones en grupo, en trenecitos de tres o cuatro vértebras, de tal forma que si está lesionada la 6º vértebra torácica la lesión de grupo es hasta la novena (T6-T9), el vecino de arriba, la 5º vértebra torácica no estaría en esa lesión básicamente porque Martindale lo dice, T5 pertenece a otro trenecito, T3-T5. El lector avezado se habrá percatado de que las leyes osteopáticas son contradictorias entre sí, pero eso no parece ser un problema para los osteópatas. Basta con seguir en cada momento las reglas que a uno le parezca bien y listo. Todas las relaciones son 267 posibles y todas las alteraciones pueden suceder. Un sujeto puede tener una vértebra desalineada según las leyes de Fryette, y a la vez tener una lesión de grupo según Martindale. En la década de 1920 se introduce el término lesión osteopática, una manera de diferenciarse y nominar al conjunto de cosas que los osteópatas encontraban. Ya no había lesiones provocadas por alteraciones biomecánicas, eran lesiones osteopáticas provocadas por alteraciones de la biomecánica osteopática, diferenciándose para siempre del resto de profesionales como marca de identidad. Una diferenciación a la que jamás renunciarían. A mediados de la década de 1960 se introduce el término de disfunción somática para sustituir el de lesión osteopática. Aunque ambos términos seguirán circulando de manera intercambiable, el de disfunción somática es actualmente el más aceptado. De entrada, el hecho de que las disfunciones tengan el apellido de la profesión que las describe tiene poco sentido epistemológico. Es como sugerir que la realidad depende de quien la describe. Cualquier problema en el universo que ha intentado ser respondido ha ido siempre en consonancia con el resto de conocimiento, y cuando algo desafía una parte del conocimiento y demuestra ser cierto se incorpora en ese cuerpo de conocimiento aceptado por todo el mundo. Los problemas de salud no pueden ser osteopáticos y no osteopáticos. Y ninguna propuesta osteopática ha sido aceptada fuera de la osteopatía. En su afán de reivindicarse y dar a entender lo que les hace diferentes olvidaron la importancia de la consiliencia, y de que esas propuestas válidas para ellos lo sean también para las demás profesiones de la salud que se encarguen de esas áreas. El principal problema con las disfunciones somáticas es que su detección no es fiable. Aunque fueran ciertas las reglas biomecánicas de los osteópatas no pueden encontrar las mismas disfunciones somáticas dos veces. Un test diagnóstico debe ser reproducible en el mismo paciente por dos o más personas independientes o, al menos, por el mismo examinador en dos ocasiones distintas. Esto 268 es lo que en investigación se llama fiabilidad inter-examinador y fiabilidad intra-examinador. En otras palabras, el test diagnóstico será fiable si se pueden reproducir los mismos resultados cuando el test se repite. Los estudios disponibles concluyen que la detección de disfunciones somáticas no es fiable ni a nivel de pelvis, ni en extremidades inferiores, ni en columna vertebral ni en el cráneo. Y todos estos problemas solo en cuanto a la existencia y detección de la lesión osteopática, pero si avanzamos hacia las implicaciones clínicas que los osteópatas atribuyen a esas disfunciones nos topamos con el verdadero trago difícil de digerir. La osteopatía se concibió como un sistema médico alternativo completo, capaz de curar todas las enfermedades, no limitado al sistema musculo-esquelético pese a que sus intervenciones fueran sobre el mismo. Así hablaba Still sobre el origen de unas cuantas enfermedades: «Deseo insertar un párrafo corto sobre algunos efectos después de una luxación hacia abajo, adelante y afuera de las cuatro costillas superiores de cada lado. Hemos estado familiarizados con el asma, el bocio, la parálisis del escribiente, la parálisis por sacudidas, los espasmos y las enfermedades cardíacas de diversos tipos. Hemos estado tan familiarizados con la existencia de esas variaciones anormales como lo estamos de la salida y la puesta del sol. Nuestros mejores filósofos sobre enfermedades y causas han escrito y publicado sus conclusiones, y el mundo ha examinado cuidadosamente con profundo interés lo que han dicho sobre todas las enfermedades mencionadas anteriormente, también en las enfermedades pulmonares, y hoy estamos abandonados en la oscuridad total en cuanto a la causa de las enfermedades mencionadas anteriormente, también sobre convulsiones, locura, pérdida de la voz, agitantes braquiales y muchas otras enfermedades del pecho, el cuello y la cabeza. Como el campo está abierto y claro para que cualquier filósofo establezca su punto de observación, anote e informe lo que observa, aprovecharé esta oportunidad. En pocas palabras, no he encontrado ninguna de las enfermedades indicadas anteriormente sin la presencia de alguna variación de las primeras costillas superiores del tórax». A. T. Still, Philosophy of Osteopathy (1899) 269 Alguien podría alegar que la osteopatía de ahora es muy diferente, y es cierto que ya no creen con tanta soberbia que curen enfermedades, pero sí creen que puedan ayudar e influir en muchos procesos que nada tiene que ver con el sistema musculoesqulético, o como dicen los osteópatas, el sistema somático y que esconden bajo la denominación de disfunciones somáticas para no tener que rendir cuentas con nadie. La disfunción somática, en definitiva, se define como «el conjunto de alteraciones del sistema somático que es tratable mediante el tratamiento manipulativo osteopático», o lo que es lo mismo, el conjunto de cosas que los osteópatas hacen. Dentro de las atribuciones esperpénticas, no de la época de Still, sino actuales, relacionadas con las disfunciones somáticas, está el origen emocional de la enfermedad. La idea de que emociones concretas se depositan en áreas corporales concretas y las altera provocando disfunciones. Una perversión del conocimiento en neurofisiología del dolor. Así describe François Ricard en uno de sus tratados de osteopatía la causa de los problemas psicosomáticos: «La espalda es la única parte del cuerpo que el ser humano no puede verse directamente. Por lo tanto sirve de refugio a numerosos problemas que queremos esconder». F. Ricard ¿Qué tendrá que ver que no nos veamos la espalda? ¿Si la observamos con dos espejos enfrentados veremos los problemas entre los lunares? Este lenguaje metafórico que juega con el subconsciente y los traumas reprimidos ya lo vimos en Barral y sus ideas viscero-emocionales, y en Upledger y sus quistes energéticos. La disfunción somática resultó tener las espaldas anchas para soportar cualquier cosa. El término de disfunción somática se impuso al de lesión osteopática porque el término lesión hacía referencia a un daño estructural que no siempre estaba presente. La disfunción es un es270 tado previo al daño donde se aprecia la patología en la imagen. El mundo de la disfunción es más ambiguo y difícil de objetivar. Son entidades siempre más controvertidas y encajan mejor en las descripciones de la osteopatía, sin embargo, hay un término que se sigue utilizando herencia de la lesión osteopática: la cadena lesional. 271 7.2. Las cadenas osteopáticas En osteopatía los problemas nunca vienen solos. Se estructuran en torno a secuencias donde unos se suceden a otros. El objetivo entonces se convierte en la búsqueda de la raíz, el origen primario. La lesión primaria genera lesiones secundarias compensatorias en las estructuras vecinas, que a su vez genera compensaciones en las estructuras vecinas siguientes formando así cadenas lesionales. Solo cuando se alcanza la lesión primaria, y se restaura el orden, se soluciona el problema. La causa ha sido resuelta. Nombrando estructuras anatómicas a granel pueden establecerse las rutas que se quiera. Una ardilla podría recorrer el cuerpo de estructura en estructura sin tocar el suelo. Como fichas de dominó las estructuras van generando disfunciones somáticas en una espiral apocalíptica de catastróficos resultados. Estas secuencias no son azarosas sino predecibles, están descritas y se estudian en osteopatía como cadenas lesionales. Los osteópatas describen dos tipos de cadenas lesionales: las ascendentes y las descendentes. Las ascendentes empiezan en los pies y van subiendo. Están ligadas a la acción de la gravedad, y por tanto están relacionadas con la carga. Un pie que prona, una rodilla que rota, una pelvis que se desajusta, una falsa pierna corta que finalmente acaba provocando un dolor lumbar. Las lesiones antiguas pueden ser la verdadera causa del problema del paciente aunque sea a distancia. Así, el osteópata puede determinar que la lumbalgia que sufre su paciente se debe a un esguince de hace dos años que no se trató. Empezará a manipular el pie e irá subiendo corrigiendo la cadena lesional, pero cuando llegue a la columna no se detendrá hasta que llegue al cráneo, porque aunque el dolor se haya manifestado a nivel lumbar la cadena lesional sigue su curso inexorable hasta que el osteópata lo corrija. Desgraciadamente, esto no es una sobrerrepresentación ni una exageración, es lo habitual en el razonamiento clínico osteopático, y para un dolor de cabeza crónico puede plantearse como la causa primaria los pies. 273 En el caso de las cadenas lesionales descendentes, el razonamiento es inverso, la causa primaria estaría arriba y la sucesión de lesiones osteopáticas descendería hacia el suelo. Esta irónica realidad en la que la Naturaleza parece reírse de nosotros le fue revelada a los osteópatas como los elegidos para conocer la causa de los problemas. El chivo expiatorio de las cadenas descendentes son los músculos y las fascias omnipresentes en el cuerpo. Bajo esta concepción surge un nuevo término, el de cadenas musculares. Supongamos que el osteópata en su exploración encuentra una asimetría en el cuello, la cabeza está ligeramente desplazada hacia un lado. El osteópata pregunta «¿has recibido algún traumatismo en la cabeza?». El paciente responde «mmm, no recientemente». El osteópata insiste, «¿y en el pasado?». El paciente concluye «bueno, sí, el año pasado recibí un pelotazo en la cabeza». Bien, ya está. El balonazo causó la desviación de la cabeza, pero no solo eso. La tensión de los músculos y las fascias en esa asimetría generó a su vez compensaciones, que a su vez generaron tensión en otros músculos y fascias siguientes, estableciendo así una cadena lesional descendente. Las cadenas lesionales y las cadenas musculares son constructos teóricos que jamás se han probado. La gran precisión de las descripciones de las cadenas contrasta con la ausencia de investigación empíricas sobre ellas. Como siempre la respuesta de los osteópatas es la anatomía. El razonamiento que conduce al diseño de una cadena es simple, elegimos dos estructuras anatómicas de cualquier tipo, si es posible, distantes y luego buscamos en los libros de anatomía cómo llegar de una a otra, paso a paso, como la ruta de un GPS. La cadena así creada puede integrarse como un enlace de otra cadena, y así sucesivamente hasta quedar todo vinculado en el enfoque holístico. 274 El subterfugio mecanicista que defienden los osteópatas tiene sus limitaciones. No todo movimiento implica movimiento en el conjunto de piezas del sistema. Esto puede ser cierto en el mecanismo interno de un reloj, en el que el movimiento de una ruedecilla hace girar al resto de engranajes, pero no lo es para la complejidad del comportamiento del movimiento humano. En el caso de las cadenas musculares su origen se sitúa, en realidad, en el seno de la fisioterapia. Al igual que la osteopatía visceral, el concepto de cadenas musculares también es eminentemente francés. La fisioterapeuta Françoise Mézières lo introdujo por primera vez allá por 1947, después de la II Guerra Mundial. Las cadenas musculares supusieron un cambio de paradigma en la fisioterapia que se oponía a la gimnasia sueca de Ling, aunque la postura seguía siendo el objeto de estudio. Con una serie de posiciones mantenidas tipo estiramiento, el objetivo ya no era tonificar y fortalecer como en la gimnasia correctiva, sino todo lo contrario, para Mézières los músculos posturales no eran débiles sino cortos y rígidos, y había que estirarlos. Mézières describió las cadenas musculares como las «tejas superpuestas de un tejado», y su principal propuesta era estirar la cadena posterior, es decir, los músculos de la espalda. Lo importante eran los músculos. «Todos los esqueletos se parecen en el cementerio», decía. Lo que había que observar no eran los huesos como hacían los osteópatas, sino los músculos. En los años 60 la fisioterapeuta y osteópata Madame Godelieve Denys-Struyf añade el aspecto psico-comportamental a las cadenas musculares. La postura de cada persona señalaba una pulsión psicológica, emotiva o afectiva que la mantenía en esa postura y favorecía un comportamiento. La postura sugería actitudes en las personas, y estudiando las cadenas musculares dominantes podía conocerse la pulsión psico-comportamental. El método de madame Godelieve, GDS, tenía cierto aire oriental y de la medicina tradicional china por influencia del marido de Godelieve, el Dr. André Struyf, que sentía interés hacia ese tipo de técnicas. 275 Otra fisioterapeuta francesa, Therèse Bertherat, discípula de Mézières, introdujo en los años setenta, en plena expansión de lo «anti», el término «antigimnasia» para referirse esencialmente a lo mismo. La antigimnasia se oponía al ejercicio clásicamente entendido para proponer un trabajo de percepción corporal, flexibilidad y postura. Para Bertherat el ejercicio físico y el deporte no eran deseables porque desarrollaban la cadena posterior, y por tanto la rigidez y el acortamiento de los músculos, como sostenía Mézières. La antigimnasia proponía «domesticar al tigre» a base de estiramientos. En los años ochenta, Philippe Souchard, otro fisioterapeuta francés, en la misma cuerda de las cadenas musculares, introduce el concepto de RPG, reeducación postural global, otro sucedáneo de las cadenas musculares de Mézières, probablemente el más emparentado, ya que Souchard y Mézières llegaron a trabajar juntos en los años setenta. Con 65 años, Mézières vende sus propiedades y forma junto a Philippe Souchard el «Centro Mézières». Firmaron un contrato de asociación por el cual Mézières cedía la mitad de la titularidad de su método y enseñanza a Souchard. Cada curso debía ser impartido por ambos. El carácter de Mézières era complicado. Siempre estuvo recelosa con la idea de que le robaran su método y no permitía que nadie lo impartiese sin su supervisión. Viendo cómo se desarrolló el asunto, razón no le faltaba a Mézières, pero el exceso de control y desconfianza empezó a hacer irrespirable el ambiente con Souchard. Entre 1979 y 1981 Souchard publica tres libros sobre el método Mézières sin su consentimiento y Mézières lo interpreta como una traición. Inmediatamente interpone una demanda y lleva a Souchard ante los tribunales para disolver la sociedad. Durante todo el proceso Souchard y Mézières se ven obligados a convivir en el «Centro Mézières», y no fue hasta 1984 cuando la sentencia resolvió a favor de Mézières el trato de colaboración. Rompen la relación y ese mismo año Mézières abandona el centro. Al año siguiente Souchard cambia el nombre de «Centro 276 Mézières» por el de «Centro de Reeducación Postural de SaintMont» y comienza la RPG. El temperamento de Mézières se volvió aún más irascible e intratable. Se agudizó en ella cierta misandria y en los cursos que impartió tras el juicio solo aceptaba a mujeres. Decía que los hombres eran poco higiénicos y que tenían suciedad en la piel que se evidenciaba al frotar. Souchard, por su parte, aprovechó para introducir algunos cambios que Mézières siempre había negado, como la esfera psico-emocional. Al igual que Godelieve, Souchard añadió en sus cursos la relación entre la psique y la postura aunque pronto abandonó esa línea, como dijo el propio Souchard, al ver que se le llenaban los cursos de hippies. Los métodos de cadenas musculares se hicieron muy populares, especialmente en Francia, pero no fue hasta los años ochenta, cuando el fisioterapeuta y osteópata francés Leopold Busquet popularizó el término de cadenas musculares como marca, pese a darle el peor uso posible. En 1977, siendo fisioterapeuta y alumno de osteopatía, acude al «Centro Mézières» al curso que impartían Souchard y Mézières. En 1979, al terminar sus estudios de osteopatía decide combinar ambas cosas que acababa de aprender, y añade las vísceras y el cráneo a las cadenas musculares para darle un toque osteopático. Busquet no pareció encontrar ningún problema en el hecho de llamar cadenas musculares a algo que no estaba conformado por músculos, pero aseguraba que las vísceras tenían su propia cadena y que podían afectar a cualquier cadena muscular. Así podía darse, por ejemplo, una escoliosis de origen hepático y cardiaco. También prolongó las cadenas hacia el cráneo y en 2008, en un ejercicio de coherencia, le cambió el nombre y pasó a llamarse «cadenas fisiológicas». La propuesta de Busquet acabó siendo la más compleja y enrevesada. Una amalgama de conceptos teóricos osteopáticos con los principios de cadenas musculares. Godelieve, Souchard y Busquet no fueron los únicos descendientes de Mézières, aunque sí los más populares. Ninguno publicó 277 ni un solo estudio científico que los avalase, tan solo crearon métodos formativos para lucrarse basados en un constructo teórico fantasma. El método de madame Godelieve, GDS y el de las cadenas musculares de Busquet están más próximos a la osteopatía, mientras que la RPG de Souchard está más vinculada a la fisioterapia. Las cadenas musculares supusieron una transformación en la osteopatía, pero sobre todo en la fisioterapia. El auge de la terapia manual y los modelos de tratamiento pasivos surgieron como alternativas a las terapias activas basadas en el ejercicio físico, que en realidad eran superiores y nunca debieron abandonarse. En la actualidad, los modelos basados en cadenas musculares ya no son mainstream, pero siguen con su actividad formativa. El concepto de cadenas en osteopatía es más amplio. Incluye las cadenas lesionales, pero también las cadenas musculares, articulares, fasciales, la cadena visceral y el cráneo. Todas las estructuras se concatenan unas con otras. Solo hace falta coger un atlas de anatomía y enumerar las conexiones necesarias. Puesto que en el cuerpo no tenemos nada por ahí suelto todo está relacionado con todo de alguna manera, siempre hay algún tejido, ligamento, fascia o tendón que lo vincula al resto del cuerpo, lo que convierte el concepto de cadena en algo superfluo, artificial y vacío de contenido. Si todo son posibles cadenas entonces nada son cadenas. No es decir nada especial que los músculos o los huesos están relacionados, esa es, de hecho, la razón de que constituyan un sistema, el sistema musculo-esquelético, de hecho, podría decirse lo mismo de cualquier otro sistema en el organismo, el endocrino, el vascular o el nervioso, pero un sistema tiene sus normas y sus límites. Relacionar el hueso astrágalo del pie con el occipital del cráneo es precisamente una ausencia de límites. Todo es posible, de la misma manera relacionar los músculos de la planta del pie con los suboccipitales de la nuca es una ausencia de límites. Recordemos el problema de Linda, la conjunción de hipótesis o de variables en osteopatía las hace menos probables, no al revés, 278 por mucho sentido que pueda tener a nivel biomecánico o anatómico. Los osteópatas parecen no contemplar el principio de transitividad en la conjunción de hipótesis. Si yo conozco a Pepe y Pepe conoce a Juan, eso no significa que yo conozca a Juan, tal vez sí, pero no se sigue lógica y necesariamente. En el modelo de cadenas musculares los músculos se relacionan secuencialmente. Si tomamos como ejemplo la cadena muscular posterior de Mézières, la musculatura de la planta del pie, posterior de la pierna y de la espalda hasta la nuca forman una unidad funcional. Esta secuencia analizada por binomios, es decir eslabón por eslabón, nos da un imposible. Supongamos un dolor en la planta del pie, la condición dolorosa más conocida es la fascitis plantar. La relación entre la musculatura de la planta del pie y la musculatura posterior de la pierna (el gemelo) es evidente. Esto podría representarse mediante un diagrama de Venn, lo que además evoca a dos eslabones de una cadena, siendo A la fascitis plantar, y B la musculatura posterior de la pierna. Podríamos decir que la relación entre A y B, siendo estos dos conjuntos, quedaría representada como un área de intersección tal que A ∧ B sería la cantidad de casos donde, en una fascitis plantar, los sujetos se beneficiarían de estirar o flexibilizar la musculatura posterior de la pierna. A∧B Esta misma relación podría aplicarse a distintos binomios dentro de la cadena muscular descrita, por ejemplo, el gemelo (B) y los isquiotibiales (C) en una limitación de extensión de rodilla, isquiotibiales (C) y glúteos (D) en un problema de flexión de cadera o de la musculatura glútea (D), y lumbar (E) para un determinado cuadro de dolor lumbar, la relación de binomios funciona bien 279 porque tiene en cuenta al vecino de al lado. Ahora bien, la propuesta del modelo de cadenas musculares asume una transitividad entre los distintos binomios, es decir, que si A se relaciona con B, y B se relaciona con C, entonces A se relaciona con C: Existen relaciones transitivas y relaciones no transitivas. Un ejemplo de relación transitiva sería: si yo soy más alto que Eduardo, y Eduardo es más alto que Arturo, entonces yo soy más alto que Arturo. Un ejemplo de relación no transitiva sería el juego de piedra, papel o tijera, pero hay muchos más. Si el Alcorcón ha ganado al Real Madrid y el Real Madrid gana al Barça, entonces, ¿el Alcorcón ha ganado al Barça? Que el cuerpo humano se comporte categóricamente de manera transitiva como un modelo matemático quizá sea pedirle demasiado, pero asumamos que así fuere. Imaginemos que existe transitividad entre las distintas relaciones binarias y apliquémoslo a nuestro ejemplo. Tan solo necesitamos, en verdad, asumir tres relaciones de transitividad: Seamos generosos y otorguemos a cada intersección un porcentaje de un 25 %, es decir, que hasta una cuarta parte de los 280 sujetos contenidos en A se debe a B. En nuestro ejemplo, que un 25 % de los sujetos con fascitis plantar (A) necesita flexibilizar o estirar la musculatura posterior de la pierna (B). Sobre ese 25 % ahora apliquemos la transitividad y asumamos que un porcentaje de esos sujetos necesitan flexibilizar o estirar la musculatura posterior del muslo, y otorguemos otro generoso 25 % a esos isquiotibiales. Si partíamos de 100 sujetos donde solo 25 cumplían la primera condición (A ∧ B), y ahora solo la cuarta parte de esos 25 cumple la segunda condición (B ∧ C), tan solo nos quedan 6 individuos de 100 y estamos en las primeras de cambio. Para la siguiente transición ya solo nos quedaría 1, y aún estamos en la región glútea. 1 de cada 100 individuos. Algo realmente poco frecuente, pero aún podría merecer la pena. Repitamos la operación hasta llegar a la nuca, y descubriremos que nuestras opciones de mejorar el dolor de la planta del pie estirando el cuello se han diluido como en una solución homeopática. Aunque fuera lícita la transitividad entre binomios, y asumiendo un escenario optimista, donde siempre la cuarta parte de todos los problemas dentro de cada binomio se debiesen o solucionasen mediante esta relación planteada en el modelo de cadenas musculares, y simplificando el número de eslabones de esta cadena posterior a ocho, necesitaríamos más de 10.000 sujetos con fascitis plantar para que al menos uno se beneficiase de estirar la musculatura suboccipital. Para ser justos con la propuesta de cadenas musculares, estas no plantean los estiramientos analíticos, músculo por músculo, son en verdad estiramientos globales en una sola postura, los osteópatas, en cambio, sí son analíticos en sus tratamientos globales basados en cadenas lesionales. Ahora bien, negar cierta complejidad en las interconexiones y asumir que dichas relaciones sean siempre expresiones binomiales e intransitivas sería caer en un reduccionismo igualmente equivocado. Ni eslabones débiles de cadenas infinitas ni tampoco hula-hops multiusos. El enfoque 281 holístico suena siempre muy atractivo y, a priori, nadie debería estar en contra de contemplar todas las variables que puedan estar influyendo en un problema. En la práctica, sin embargo, esta filosofía ha tenido una serie de derivadas terapéuticas inverosímiles. La anatomía no es un cheque en blanco sobre el que extender cualquier justificación. 282 7.3. Las fascias En las últimas décadas, la fascia se ha convertido en objeto de máximo interés. Multitud de investigaciones se han centrado en analizar esta estructura del cuerpo que hasta ahora había sido poco considerada. El motivo de esa investigación a lo largo de todo el planeta es el negocio instalado ante la idea de que el origen de los problemas está en la fascia, y hay algo terapéutico en tratarla. La razón de que no se le haya prestado demasiada atención es que a nivel médico, en realidad, no existen más que un puñado de problemas muy específicos y poco prevalentes relacionados con la fascia. La fascia es el tejido de relleno, el poliespan del cuerpo. Es paja. Son membranas finas de tejido conectivo. Es la ternilla blanca del filete que se hace bola al masticar, la envoltura de las salchichas, los pellejitos de la naranja que separa los gajos. Se denomina tejido conectivo o tejido conjuntivo porque esa es su principal función, unir, juntar o conectar estructuras. La fascia recubre, divide y subdivide cada porción del cuerpo, rodeando y penetrando cada fibra de tejido corporal, lo hace sin solución de continuidad, es decir, es omnipresente, nada más holístico que la fascia. Se le han atribuido una serie de propiedades y capacidades terapéuticas únicas y fascinantes. La fascia todo lo puede, es decir, es omnipotente. Y además es la estructura que conecta de manera espiritual con las emociones. Las emociones se registran en puntos de tensión fascial y forman quistes energéticos. Los recuerdos se almacenan en la fascia, la fascia todo lo sabe, es decir, es omnisciente. Una estructura sacralizada a la que se le han otorgado atributos divinos, de omnipresencia, omnipotencia y omnisciencia para referirse a un trozo de pellejo inerte, es sin duda una tremenda exageración. La teoría de la fascia gira alrededor de tres conceptos clave importados: la tensegridad, la tixotropía y la piezoelectricidad. Conceptos desconcertantes tomados de la arquitectura, de la física y de la geología, respectivamente, con la noble intención de acercarnos 283 a la comprensión y estudio de la fascinante fascia. Lamentablemente, todo ese esfuerzo de aprendizaje teórico que nos invita a creer que somos cristales, puentes o esculturas no se sigue relevancia clínica alguna, por lo que solo cabe pensar que cumplen una función ornamental para revestir de una falsa profundidad y ciencia a la terapia fascial. Tensegridad es un término acuñado en la década de 1920 por el arquitecto Richard Fuller que surge de la unión de dos palabras yuxtapuestas: tensión e integridad. En los años setenta el biólogo Donald Ingber introdujo el término en el estudio de la célula. La representación gráfica es un icosaedro, un poliedro de veinte caras con triángulos equiláteros, el dibujo típico de un virus. Una estructura de transmisión de fuerzas multidireccional que se mantiene estable por la compensación de unos elementos en tensión y otros en compresión. Este modelo de tensegridad representando a la fascia se ofrece como la superación del modelo de biomecánica clásico de palancas y vectores de fuerza del esqueleto, que postula que cuando la fascia se altera en un punto afecta a todo el organismo. La analogía del jersey suele utilizarse para explicar cómo queda afectada la fascia a distancia y, en realidad, creo que es un buen símil para demostrar precisamente que la teoría no es cierta. La fascia es continua en todo el organismo y está presente en todo el organismo, pero eso no significa que cualquier punto afecte a cualquier punto distante. Si tiramos de una manga del jersey obviamente toda la manga se va a deformar hacia abajo, pero se detiene en un punto, no hace que se suba la manga del lado contrario. La distancia a la que se ve afectada depende de la fuerza con la que se deforma el tejido. Asumiendo que la deformación sucediera y fuese relevante, pequeñas deformaciones generarían pequeñas repercusiones a distancia, o incluso ninguna. La fascia no es tan importante ni siquiera como estructura de sostén. Pretender explicarlo todo con la fascia es como preten284 der montar una tienda de campaña sin los palos o navegar sin el mástil. El esqueleto sigue siendo nuestro armazón. La tensegridad es en realidad un término vacío cada vez más utilizado por los terapeutas alternativos. Piezoelectricidad significa literalmente «electricidad por presión». Es una propiedad que tienen algunos cristales, en los que se genera un potencial eléctrico ante la deformación mecánica, provocado por la reorganización de las cargas eléctricas. Es el mecanismo del mechero. El efecto piezoeléctrico fue descubierto en 1880 por Pierre Curie, el marido de Marie Curie. En 1964, unos japoneses describieron una especie de comportamiento piezoeléctrico en el colágeno del tendón. La teoría se ha construido sobre esta publicación. Si al comprimirse la fascia se genera una pequeña diferencia de potencial eléctrico, al alterarse esa composición se pierden sus propiedades piezoeléctricas de transmisión del impulso mecánico. También se ha postulado la piezoelectricidad en el hueso. Durante la década de 1960 se invocó la piezoelectricidad del colágeno en el hueso como un mecanismo potencial por el cual aumentaba la densidad mineral ósea en las zonas de mayor estrés mecánico, pero la piezoelectricidad fue perdiendo interés a medida que se identificaban mecanismos más convincentes para este fenómeno. Actualmente, la piezoelectricidad es una teoría más bien obsoleta en la fisiología del hueso, y debería replantearse también la utilización de campos electromagnéticos para la aceleración de la consolidación ósea en fracturas. Por muy atractiva que resulte la piezoelectricidad del colágeno, esta propuesta sigue siendo especulativa para la fascia y, aunque así fuera, de su existencia no se sigue necesariamente la veracidad de su teoría. En rigor, ni siquiera está claro que la fascia se deforme. Se han estudiado las cargas necesarias para provocar una deformidad de la fascia y son muy elevadas, inasumibles para una terapia manual, ni siquiera como método de tortura. Lo cual nos lleva al tercero de los conceptos, la tixotropía. 285 La tixotropía es una propiedad reológica por la cual la viscosidad de un líquido disminuye cuando se agita, como un bote de ketchup o de miel. Es la propiedad que define a los fluidos no newtonianos, capaces de alterar su viscosidad. Son esas sustancias que se comportan como sólidos o líquidos en función de las fuerzas que reciben. La tixotropía, del griego thixis (tocar) y tropos (transformar) es la propiedad que invocan los métodos que utilizan técnicas para hablar de la liberación de la fascia, sin embargo, no es una propiedad que perdure en el tiempo. Tan pronto como cesa el movimiento vuelve a su estado basal. Los anglosajones tienen una expresión, «motion is lotion», el movimiento es lubricante y es un eslogan para mantenerse activo físicamente, no para liberar permanente ningún tejido. Para deformar un 1 % del tejido fascial se requieren novecientos kilos de fuerza. La pretensión del remodelado del tejido conectivo del cuerpo con el objetivo de restaurar la alineación y simetría corporal no puede ser cierta, pero la plausibilidad biológica del modelo teórico fascial tampoco se sostiene apelando a la tixotropía. La sustancia fundamental en la que se encuentra el tejido conectivo es un fluido que puede disminuir su viscosidad con el movimiento, pero no favorece la deformidad de un tejido que por definición es duro y resistente. Al igual que las cadenas musculares, el interés por la fascia también es compartido por fisioterapeutas y osteópatas. Si bien en el caso de las cadenas musculares su origen se vinculaba a la fisioterapia, en el caso de la fascia el origen de este planteamiento terapéutico reside, sin ninguna duda, en la osteopatía, y no en cualquier osteópata, concretamente en su fundador, Andrew Taylor Still: «La causa de todas las enfermedades está en la fascia». A. T. Still, Phylosophy of Osteopathy (1899) En los textos de Still hay cierto oscurantismo respecto a cómo debía ser abordada la fascia. No describió técnicas específicas 286 orientadas al tratamiento fascial, pero si teorizó sobre ellas. Otorgaba a este tejido una suerte de espiritualidad y misticismo canónicos en los que residía un poder: «Podemos ver todos las bellezas de la vida en exhibición a través de ese gran poder con el que está dotada la fascia. El alma del hombre con todas las corrientes de agua viva pura parece habitar en la fascia de su cuerpo». A. T. Still, Phylosophy of Osteopathy (1899) Para Still, los fluidos debían poder circular sin restricciones o aparecería la enfermedad, y en la fascia depositó una importancia capital, aunque dejó el campo abierto para que los osteópatas se interesaran por ella. «No conozco ninguna parte del cuerpo que iguale la fascia como terreno de caza». A.T. Still, Phylosophy of Osteopathy (1899) Quien recogió el guante de manera más firme fue la estadounidense Ida Pauline Rolf. Rolf nació en 1896 y se doctoró en bioquímica en 1922. Durante esa década empieza a interesarse por las terapias alternativas, especialmente homeopatía, osteopatía, quiropráctica y yoga. Exploró distintas formas de curación para su propia salud y la de sus hijos. Rolf tenía artritis en la columna y sufría de dolores de manera recurrente. Acabaría fundando su propia terapia alternativa basada en la fascia, el Rolfing, un nombre acuñado por sus discípulos aunque a ella nunca le gustó, siempre quiso que su método se llamara «Integración Estructural». Ida Rolf siempre estuvo muy vinculada a la osteopatía e incorporó muchas ideas de la osteopatía a su método. Llegó a ser alumna del fundador de la osteopatía craneal, William Sutherland. Aunque Rolf no era osteópata, Sutherland la dejó asistir como su secretaria. Sutherland y Rolf se conocieron anteriormente cuando esta llevó a uno de sus hijos como modelo para un seminario que impartía Sutherland en 1943. Rolf llegó a impartir una clase en la escuela de osteopatía de Still en Kirksville. La propusieron que se quedase 287 como maestra, pero Rolf declinó la oferta. Tenía mejores planes, ¿por qué admitir solo alumnos osteópatas pudiendo llegar a muchos más? En la década de 1950 Rolf disemina su método, especialmente entre los osteópatas, los quiroprácticos no se mostraron tan interesados. Aunque el verdadero éxito no llegaría hasta los años sesenta. En esta década Rolf se muda a California, al Instituto Esalen, un centro de educación alternativa de corte humanista ubicado en una antigua reserva india, lugar de confluencia de terapias alternativas y filosofías orientales. Cuando el movimiento new age llegó a su apogeo a finales de los sesenta el rolfing ya estaba muy bien posicionado. En 1971 funda el Instituto Rolf de Integración Estructural. Rolf falleció poco después, en 1979, a la edad de 83 años. Cuarenta años después de su muerte el Instituto Rolf mantiene su actividad y tiene sedes por todo el mundo. Se mantiene fiel e indeleble a los postulados de su fundadora, Ida Rolf, aunque en los años noventa introdujo un cambio viendo el desarrollo de otros métodos fasciales. Pasó de ser una técnica intensa y dolorosa a aceptar técnicas algo más amables. El rolfing se define como una técnica de presión profunda, lenta y sostenida que ayuda a expulsar el líquido de la fascia, como al estrujar una toalla. Se utilizan los codos sin piedad hasta que las fascias se rinden y se ablandan, aunque su lado más oscuro es el teórico. El rolfing es considerado una pseudociencia principalmente por sus teorías energéticas y vitalistas. Rolf afirmaba haber encontrado una asociación entre las emociones y el tejido blando, y que con el rolfing podían equilibrarse los aspectos mentales y emocionales de las personas. El rolfing promueve la visión de su tratamiento como una experiencia transformadora. En una sesión de rolfing se pueden esperar cambios emocionales, de aspecto físico, al modificar la postura, e incluso hasta la voz. «El ser humano es un patrón de energía. Un conjunto de ondas, un conjunto de campos de energía, que es la energía básica del Universo. La enfermedad viene cuando los patrones 288 de energía del cuerpo se desvían. Su trabajo como Rolfer es comprender qué patrón da una buena función». A raíz del éxito del rolfing, en Estados Unidos surgieron muchos métodos de tratamiento fascial. Uno de los métodos que alcanzó mayor reconocimiento fue la «Liberación miofascial», originalmente acuñada por el osteópata Robert Ward en 1960, que fue alumno de Ida Rolf, aunque quien lo comercializó y popularizó fue el fisioterapeuta John Barnes en los años setenta. A principios de la década de 1990 el osteópata estadounidense Stephen Typaldos creó el modelo de «Distorsión Fascial». Ambos métodos siguen vigentes en Estados Unidos, tanto en fisioterapia como en osteopatía. Otro de los alumnos de Ida Rolf, Thomas Myers, creó en la década de 1990 el método Kinesis Myofascial Integration, aunque por lo que más se le conoce su teoría es como Anatomy Trains (Vías anatómicas). Myers conoció a Rolf a mediados de los años sesenta, cuando esta tenía ya cerca de los 70 años, en el entorno alternativo de Esalen y «el movimiento del potencial humano». Exploró allí también el desarrollo interior de la meditación y las terapias alternativas orientales, y llegó a ser docente en el Instituto Rolf. En 1997, siendo aún instructor rolfing, Myers publica el libro Anatomy Trains, en el que describe unas vías anatómicas de transmisión fascial muy concretas, más emparentadas con las cadenas musculares de Mézières que con la fascia, a las que llamó «meridianos»: «Aunque los meridianos miofasciales tienen algún solapamiento con los meridianos orientales no son equivalentes. Piensa en estos meridianos como se definen en geografía dentro del sistema miofascial. El meridiano de pulmón coincide con la línea profunda frontal del brazo». T. Myers, Anatomy Trains El concepto de Myers en realidad utiliza la fascia como nexo de unión entre los músculos que conforman sus líneas de fuerza o meridianos, como «ristras de salchichas», como en el concepto 289 de cadenas musculares, pero Myers, para desmarcarse de esas afirmaciones, sostiene que esas líneas de tensión o transmisión miofasciales son como una vía ferroviaria, deben ir rectas o realizar cambios de dirección graduales para no descarrilar, a diferencia de las descripciones en cadenas musculares. Y en realidad el método de Myers está más cerca de la osteopatía que de las cadenas musculares pero, por encima de todo, se aprecia como un sucedáneo del método rolfing. Ida Rolf decía que el «campo de energía» del cuerpo humano podía beneficiarse cuando estaba alineado con el campo gravitacional de la Tierra. Describió el cuerpo como organizado alrededor de un eje perpendicular a la Tierra, paralelo a la fuerza de la gravedad. Consideraba el cuerpo en continua lucha con la gravedad. La gravedad acortaba la fascia, desordenaba su disposición en el cuerpo y creaba desequilibrios. Así que no parece muy original y novedosa su idea de «meridianos» y «vías anatómicas». Myers es, sorprendentemente, uno de los autores con más publicaciones sobre la fascia pese a no tener un perfil académico ni investigador. Todos sus artículos se publicaron curiosamente en la revista Journal of Bodywork and Movement Therapies, dirigida entonces por el osteópata británico Leon Chaitow. Ninguno de ellos era un estudio propiamente dicho. Fuera de los Estados Unidos el interés por la fascia también ha sido notable. Diversos autores como Robert Schleip o Carla Stecco han profundizado en el estudio anatómico de la fascia con investigaciones de campo serias, sin embargo, pese a sus hallazgos anatómicos sobre la estructura fascial no existe ningún correlato con la clínica ni con los planteamientos terapéuticos en la terapia manual. El interés que ha movido a estos autores a investigar en una estructura tan aburrida como la fascia es absolutamente personal. En el caso de Carla Stecco está vinculado al negocio familiar, el método «Manipulación de la fascia». El inventor de este método es el fisioterapeuta Luigi Stecco, que en los años setenta tras 290 diplomarse en fisioterapia se formó en el método de Rolf. Los hijos de Luigi, Carla y Antonio Stecco son ambos médicos. Carla Stecco es traumatóloga, y es la que ha cogido el peso científico del método con publicaciones muy detalladas sobre estudios cadavéricos sobre la fascia, mientras que Antonio Stecco es médico rehabilitador y también se dedica a impartir formación. La familia Stecco tiene un lucrativo negocio en torno a su método. En cuanto a Robert Schleip, es un biólogo y psicólogo alemán vinculado al Instituto Rolf. En los años 80 se hizo rolfer, y actualmente es el director ejecutivo de investigación de la European Rolfing Association y vicepresidente de la Fundación de Investigación Ida P. Rolf. En 2005, Schleip publicó un estudio que confirmaba la presencia de células contráctiles en la fascia. La fascia dejaba de ser una estructura pasiva e inerte, ¡tenía vida! Podía contraerse y apoyaba la teoría de una estructura que se acortaba generando problemas. Este hallazgo, ciertamente novedoso, tiene que ponderarse. La contracción de la fascia es anecdótica y la presencia de esas células es algo marginal. Es una estructura de tránsito ligada al músculo, y no es muy sorprendente que contenga alguna célula muscular, pero eso no cambia que la fascia sea una estructura de soporte ni se debe asumir que la fascia altera su forma de manera patológica como fuente primaria del dolor musculo-esquelético. Para explotar su descubrimiento Schleip publicó en 2014 Fascial Fitness, que no aporta nada en el campo del ejercicio físico, pero no quiso dejar pasar la oportunidad de teorizar sobre la importancia de la fascia en relación a su descubrimiento. En España, el método que más ha explotado la fascia es la Inducción Miofascial del fisioterapeuta Andrzej Pilat. A diferencia de otros métodos que habían salido directamente del rolfing, como la distorsión fascial o la manipulación de la fascia, las técnicas de inducción miofascial no son intensas y dolorosas. En el método de Pilat se utilizan fuerzas suaves que inducen un movimiento involuntario en el que se liberan las fascias. El paciente, supuestamente, 291 se retuerce en la camilla al desenredar la maraña de fascias desestructuradas que tiene. Algo que paradójicamente solo ocurre en los alumnos en prácticas que están sugestionados por esa idea. La inducción miofascial, fiel a la tradición española de la fisioterapia, se desarrolló con claros tintes osteopáticos. El nivel avanzado de inducción miofascial corresponde al módulo somato-emocional, en el que recupera la esencia de la fascia de Rolf en clara combinación con Upledger. En el libro de 2003 Inducción Miofascial de Pilat hay más de 40 referencias al libro del osteópata John Upledger. Conviene recordar que Upledger fundó la liberación somato-emocional como anexo a la terapia cráneo-sacra. La memoria de los traumas pasados almacenados en la fascia en forma de quistes energéticos. La cobertura científica se terminó de materializar a través del I Congreso Internacional de la Fascia en 2007 realizado en la escuela de medicina de Harvard, y fue un impulso para su comercialización a nivel mundial. Fue esponsorizado por el Instituto Rolf y el Instituto de Investigación A. T. Still. Algunos de los panelistas fueron los ya conocidos Thomas Myers, Robert Schleip, Leon Chaitow o Donald Ingber, pero también estuvo una de las investigadoras más prolíficas en el campo de la fascia que aún no hemos mencionado, Helene Langevin. Langevin es la directora del Departamento de Medicina Integrativa del centro Osher, adscrito a la escuela de medicina de la Universidad de Harvard, y por lo que principalmente se la conoce es por sus teorías de la fascia aplicada a la acupuntura. Para Langevin, la explicación científica de la acupuntura está en la fascia, pero quizá el aporte más importante en el estudio de la fascia sea el hallazgo de un engrosamiento de la fascia toraco-lumbar en pacientes con dolor lumbar crónico. Este es un dato interesante, pero no necesariamente relevante. No se puede concluir que la fascia sea causa del dolor lumbar, ni siquiera un factor contribuyente. De ser cierto este engrosamiento, podría ser una consecuencia del dolor lumbar, 292 como mecanismo de defensa para disminuir el movimiento en esa área. En cualquier caso, las afirmaciones de Langevin deben ser puestas en cuarentena por numerosas razones. En 2018 publicó un estudio que afirmaba una reducción del tumor en cáncer de mama en ratones aplicando estiramientos. Una peligrosa declaración y una página más en el libro del mito de la fascia. Desde 2007 se han realizado cinco ediciones del Congreso Internacional de la Fascia, en 2009, 2012, 2015 y 2018. La 6º edición está prevista para 2021, y lejos de frenarse el interés por la fascia parece que sigue cogiendo carrerilla. Nadie niega la importancia de la investigación primaria, pero no existe evidencia alguna de que los hallazgos anatómicos tengan alguna aplicación clínica. La terapia fascial lleva más de medio siglo aplicándose y actualmente sigue sin haber evidencia científica sólida que la respalde. Descubrimientos sobre algunas propiedades de este tejido que no pasan de la curiosidad o la anécdota han acabado siendo la justificación infranqueable de la necesidad de abordarla en clínica. La fascia es un buen ejemplo de cómo el estudio de la anatomía, anatomía y anatomía puede desatar las fantasías. El conjunto de afirmaciones de los defensores de la terapia fascial han sido cuestionadas sin una refutación aceptable. La fascia no se deforma tan fácilmente. Las adherencias fasciales no pueden medirse con fiabilidad. No hay un test de referencia aceptado con el cual verificar la validez del diagnóstico fascial. No hay tampoco estudios de fiabilidad inter ni intraexaminador sobre la palpación y diagnóstico de restricción o tensión fascial. El rigor mortis no es ninguna evidencia de la existencia de las adherencias fasciales, como se sostiene a veces como argumento. No está muy claro si el rigor mortis se debe a la creación de ácido láctico o a la acidificación del ph, pero en ningún caso es algo que ocurra de manera específica en la fascia. La liberación del tejido que los terapeutas aseguran sentir durante el tratamiento no puede atribuirse a la fascia, que las manos 293 colocadas sobre la piel se separen solo señalan un estiramiento de la piel, o tal vez simplemente las manos se estén escurriendo. Existen algunas, aunque no muchas, condiciones donde realmente se afecte la fascia. Una de las más conocidas es la enfermedad de Dupuytren, una contractura de la fascia de la palma de la mano que provoca que los dedos de la mano se cierren. Una condición objetiva y patente de afectación de la fascia, desafortunadamente, la terapia fascial es absolutamente estéril en este tipo de problemas. No existe un vínculo neuroquímico conocido entre las emociones y el comportamiento de la fascia. La fascia no almacena los recuerdos ni los traumas reprimidos. No hay ningún papel de la fascia en el envejecimiento o en el cáncer. Reducir prácticamente todas las dolencias musculoesqueléticas a la fascia es bastante inverosímil. La fascia no es especial porque recorra todo el cuerpo. Eso mismo se podría pensar de otras estructuras como la piel, y ningún dermatólogo consideraría reducir todos los trastornos únicamente a causas dermatológicas. 294 7.4. Osteopatadas La parte estructural es considerada la rama más respetable de toda la osteopatía, al menos a nivel técnico, como terapia manual. Irónicamente, es también la que más se ajusta a las propuestas originarias de Andrew Taylor Still. Esto no deja en muy buen lugar el avance de la osteopatía desde que fuera enunciada en el siglo XIX, y aunque es cierto que la osteopatía craneal y visceral son más delirantes que la osteopatía estructural, esta última no puede ser considerada de manera sensata y científica, y como los propios osteópatas sostienen, si el padre fundador hubiese conocido la visceral y la craneal probablemente hubiese contado con su beneplácito. Para Still, la osteopatía tenía un camino por recorrer, todo lo que había que hacer era seguir sus principios filosóficos para no perder su esencia. «El camino hacia la salud está tan claramente escrito que el caminante no puede errar aunque sea un tonto». A. T. Still La técnica más emblemática de la osteopatía estructural es la manipulación vertebral tomada de los bonesetter, pero existe también toda una retahíla de propuestas sobre tejidos blandos para intervenir sobre todo tipo de estructuras. Desde que Still anunciara sus principios, la osteopatía ha defendido su intervención sobre el sistema linfático. La capacidad de influir sobre el sistema linfático mediante el manejo de fluidos y la función inmune ha propuesto numerosas ofertas terapéuticas. Una de tantas aplicaciones quedó expresada en un artículo publicado en 2011 para la curación crónica de heridas, como úlceras arteriales, venosas y diabéticas, aunque su propuesta más gloriosa es el abordaje de enfermedades infecciosas, supuestamente avaladas por el éxito que tuvieron los osteópatas durante la epidemia de 1918. La pandemia de la mal llamada gripe española se cobró la vida de cincuenta millones de personas en todo el mundo. La muerte 295 de Andrew Taylor Still el 12 de diciembre de 1917 anunciaba la llegada de la peor pandemia conocida hasta entonces. A comienzos de 1918, todavía inmersos en la I Guerra Mundial, los periódicos españoles fueron los primeros en dar la voz de alarma de lo que estaba pasando. Basándose en las ideas de Still, muchos osteópatas estadounidenses trataron a los pacientes infectados de influenza con tratamiento manipulativo osteopático. Algunos de ellos se contagiaron y fallecieron por aplicar terapia manual a pacientes infectados con un virus, algo que a simple vista no parecía tener mucho sentido, sin embargo, en 1920, al finalizar la epidemia, el osteópata Kendric Smith publicó un estudio retrospectivo basado en un cuestionario autoinformado con los resultados del tratamiento osteopático durante la epidemia, en el que se describía «la conquista osteopática de una enfermedad en la que ha fallado la medicina». Los datos reportados por los osteópatas de más de 100.000 pacientes sugerían una tasa de mortalidad de solo el 0,25 % frente al 5 % de los pacientes que habían recibido tratamiento médico convencional. Inspirados en ese supuesto éxito otros estudios se publicaron a comienzos de los 2000 para el tratamiento osteopático de la neumonía, donde reportaron una reducción en el uso de antibióticos y de la estancia hospitalaria. En 2007, con la crisis de la gripe aviar, se publicó un artículo escrito por dos osteópatas estadounidenses recordando el éxito durante la gripe española postulando el tratamiento osteopático, y en 2020 con la pandemia del coronavirus asistimos de nuevo a la aparición de editoriales y artículos rememorando la victoria de la osteopatía sobre la medicina un siglo atrás, y ofreciendo la osteopatía para el tratamiento del Covid-19. El artículo de Smith ha sido promocionado como una prueba incuestionable del éxito de la osteopatía en el mecanismo de estimulación del flujo linfático, responsable de la mejoría en la función inmunológica, sin embargo, las técnicas linfáticas descritas en los 296 estudios de la neumonía, la gripe aviar y el coronavirus, no fueron descritas hasta diez años después de la pandemia de la gripe española. Los osteópatas parecen haber olvidado la carta al editor del Journal of American Osteopathic Association, en julio de 2008, del osteópata Mark Alain Déry, que argumentó que las estadísticas de Smith sobre la gripe española no eran válidas porque los datos se habían recopilado en un estudio observacional no controlado que «carecía de los rigurosos estándares científicos actuales». El artículo tiene muchos problemas cuando se evalúa según los rigurosos estándares actuales para la investigación epidemiológica. En el momento de la pandemia, había poca comprensión del virus. No se conocía el patógeno exacto y, por tanto, no se podía hacer un diagnóstico preciso de la enfermedad. Tampoco había datos detallados sobre la historia clínica, ni la edad, ni a qué ola pertenecían los pacientes de su informe. Ni siquiera había un protocolo de tratamiento que aplicaran de manera estandarizada. Los cuestionarios no eran para casos individuales, sino un resumen total de los casos manejados por los osteópatas. En base a esta falta de rigurosidad, la carta al editor de Déry llamaba a la responsabilidad profesional para «dejar de referirnos a él como si siguiera siendo un trabajo con mérito científico». Durante más de un siglo, la profesión osteopática en todo el mundo ha proporcionado evidencia anecdótica del beneficio de la osteopatía en procesos infecciosos, algunos de ellos se siguen defendiendo y practicando actualmente, como es el caso de otitis, neumonías y gripes. La terapia manual es inútil en el mejor de los casos para este tipo de condiciones, y en el peor un peligro si se retrasa o se prescinde del tratamiento médico adecuado. La osteopatía estructural suele relacionarse con un abordaje circunscrito al sistema musculo-esquelético, pero en realidad es un conjunto ecléctico de propuestas, algunas de ellas bastante bizarras, que incluso en sus versiones estrictamente musculo-esqueléticas son falsas. Uno de los grandes temazos de la osteopatía estructural 297 es precisamente la «falsa pierna larga-pierna corta», que no se debe a una auténtica diferencia de tamaño en las extremidades, sino a una desalineación de las estructuras y que por tanto es corregible. Todo un sistema de valoración y diagnóstico basado en sutiles diferencias de longitud mediante test poco fiables, y conclusiones de atribuciones clínicas sin fundamento. La dismetría o diferencia de longitud de los miembros inferiores en osteopatía es condición sine qua non de alteraciones múltiples. Con asombrosa precisión predicen cambios biomecánicos del tipo: «La pierna corta genera disfunción sacroilíaca en rotación anterior del lado de la pierna corta y rotación posterior del lado de la pierna larga, lesión en extensión del sacro de la pierna corta o torsión anterior contralateral». Cada uno de los elementos repercute en el siguiente, ascendiendo por la columna, de tal modo que la supuesta pierna corta pueda ser la causa última de un dolor cervical. Esto forma parte de la estructura de cadenas lesionales osteopáticas. Al margen de las distancias topográficas entre el origen y la causa hay una falta de ponderación en la relevancia de una pierna larga o corta. La historia natural de la desigualdad en la longitud de las extremidades ha despojado de todo rigor la búsqueda de la simetría perfecta. Solo el 10 % de la población tiene exactamente la misma longitud de extremidades inferiores, la inmensa mayoría tenemos una discrepancia de longitud de menos de 1 cm. Aproximadamente en el 50 % de la población esa discrepancia es de 4 mm o más. Los tejidos se adaptan y somos perfectamente capaces de sobreponernos a las asimetrías corporales, que suponen más la norma que la excepción. Otro de los grandes hits de la osteopatía es el diafragma. Ya Still le atribuía a este músculo cierto estatus de becerro de oro, al que se le atribuía toda suerte de motivos por los cuales sucedían todos los problemas y se solucionaban todas las cosas. «Incluso un daño local a menudo causa un efecto general. Suponga que una caída sacude la vértebra lumbar y la empuja en alguna dirección anterior, posterior o lateral; digamos 298 lumbar con una o dos costillas descendidas contra los nervios lumbares con un prolapso y destensado del diafragma, presionando fuertemente sobre la aorta abdominal, la vena cava y el conducto torácico. ¿No ha encontrado una causa para detener o alterar la circulación de la sangre en arterias, venas, vasos linfáticos y todos los demás órganos debajo del diafragma? Entonces los problemas del corazón serían el resultado natural. Los tumores fibroides, las menstruaciones dolorosas, el estreñimiento, la diabetes, la dispepsia o cualquier problema del sistema que pudiera provenir de la mala sangre sería un resultado naturale, porque la linfa es demasiado vieja para ser pura cuando ingresa a los pulmones para purificarse. Si la sangre o el quilo se mantienen demasiado tiempo debajo del diafragma, se enferma antes de llegar a los pulmones y después de la renovación, pero queda poca sangre buena. Luego, la materia muerta se separa de la sangre y se expulsa a los pulmones mientras está en forma de vapor. Por lo tanto, los nutrientes no son lo suficientemente buenos como para mantener el suministro normal». A.T. Still, Filosofía osteopática (1899) El diafragma divide en dos la cavidad abdominal. Por encima el corazón y los pulmones, por debajo el resto de órganos y vísceras. Una serie de agujeros o hiatos atraviesan el diafragma permitiendo el acceso de nervios, arterias, venas, conductos linfáticos y también el esófago. El diafragma es acusado de sufrir espasmos y constricciones, sobre todos esos hiatos, provocando toda una serie de atascos, constricciones y obstrucciones. Problemas vasculares, nerviosos, linfáticos y digestivos. Alteraciones viscerales a ambos lados del diafragma incluidas tanto enfermedades pulmonares y cardíacas como de bazo, hígado, riñones u otros órganos del abdomen y la pelvis, víctimas todas de la privación de una correcta vascularización según la ley de la arteria. Ya Still alertaba en su autobiografía de que la contracción del diafragma podía suspender el paso de la sangre y producir alteraciones por estancamiento. No es que los sanitarios no contemplen la isquemia, obviamente sí lo hacen, pero la frecuencia 299 y sus manifestaciones expresadas por los osteópatas bajo la ley de la arteria es una caricatura llevada al absurdo. El posibilismo anatómico osteopático también profetiza disrupciones del flujo axoplasmático, alteraciones en la conducción nerviosa y pérdidas de la movilidad visceral por espasmos del diafragma. Tantas posibilidades se abren que por h o por b el diafragma acaba convertido en sujeto de acusaciones y tratamiento. El conjunto de afirmaciones que se defiende desde el abordaje estructural de la osteopatía es extenso, pero en esencia equivocado. Innumerables propuestas, algunas de ellas realmente difíciles de creer. Pongamos por caso que un osteópata examina la región anterior del cuello y se detiene a valorar minuciosamente el movimiento del hueso hioides y determina que «un espasmo del músculo digástrico está generando tensión en el nervio neumogástrico, que a su vez le genera una enfermedad en los pulmones, o tal vez una pérdida de agudeza visual debido a una congestión venosa». Hay que hilar muy fino para establecer una relación «hueso de la nuez-agudeza visual». Esta forma de razonar posibilista basada en la anatomía le confiere a la osteopatía cierto halo de superioridad, ya que solo ellos han caído en la cuenta de tales implicaciones. 300 7.5. Osteopatrañas Desde su fundación, la osteopatía ha exagerado con grandilocuencia las bondades de sus tratamientos. Su fundador, Andrew Taylor Still, afirmaba poder curar todas las enfermedades «más de cien mil en número». En disentería «la osteopatía nunca falla», decía Still. «No ha perdido un caso de difteria», afirmaba con seguridad. «Nunca ha perdido un caso de tos ferina». Aseguraba resolverlas todas en menos de tres días... Lo mismo con escalofríos, tos, resfriados, y toda la lista de enfermedades que se aprovechan del sistema humano. La osteopatía de Still tenía respuesta para cada problema, hasta el dolor de garganta. «Controlamos todas las fiebres de cualquier clima, todas las enfermedades contagiosas, como paperas, varicela, escarlatina, sarampión, difteria o tos ferina; además del flujo, estreñimiento, enfermedades de los riñones y de la columna vertebral Nos ocupamos del cerebro, el hígado, pulmones y el corazón. En resumen, cada división de todo el cuerpo humano, con todas sus partes». Still presentó un sistema de salud alternativo superior a la medicina y sin los efectos secundarios de los fármacos. Lo hizo a través de afirmaciones e historias de curación que no pueden ser juzgadas en la actualidad más que como mentiras y propaganda barata. Patrañas y fanfarronadas de supuestos milagros y resultados infalibles. «El objeto de la osteopatía es mejorar los sistemas actuales de cirugía, obstetricia y tratamiento general de enfermedades. Es un sistema de curación que alcanza enfermedades internas y externas mediante operaciones manuales y sin fármacos». Cuando en 1891 el periódico de Kirksville publicó un discurso de Still dirigido a los primeros alumnos de su escuela, que en esencia eran sus hijos, presentó el nombre de su nueva ciencia, «su nombre es y será osteopatía» y firmó agregando a su nombre las siglas D.O. Desde ese momento las siglas D.O. acompañarían 301 a los osteópatas graduados en la escuela de Still. Las siglas significaban «Diploma de Osteopatía», sin embargo a partir de 1898, seis años después, cambiaron las certificaciones por «Doctor en Osteopatía». Se iniciaba la fusión con la medicina. Actualmente, los osteópatas siguen añadiendo a sus identificaciones las siglas D.O. en todo el mundo, sin embargo, fuera de los Estados Unidos no pueden tener el denominativo de doctor. La confusión entre diplomados y doctorados parece no estar del todo resuelta, al menos en España, y en ocasiones siguen presentándose como «Doctores en Osteopatía» pese a no estar siquiera regulada la osteopatía. Los osteópatas modernos han abandonado ese estilo de vendedor de aceite de serpiente del salvaje Oeste del padre fundador por otro más contemporáneo, pero igualmente poco creíble. Continúan exagerando sus resultados, sus tasas de éxito y su rapidez en la resolución de los problemas de los pacientes. Siguen sosteniendo que sus pacientes están más satisfechos y sus clínicas tienen más rentabilidad que las demás. Las ahora múltiples escuelas de formación promocionan la osteopatía como una profesión de éxito exactamente, igual que lo hizo Still con la Escuela que fundó en 1892, pero con técnicas de marketing 2.0. La teoría de la osteopatía de Still siempre fue más bien simple: corregir las desviaciones anatómicas que interferían en el flujo sanguíneo, linfático y nervioso y provocaban todas las enfermedades. Un principio muy elemental que en la práctica se complicaba hasta límites insospechados, pero dejaba bastante frío, desde el punto de vista científico, a los interesados en la fundamentación de dicha teoría. El revestimiento científico llegaría a finales de la década de los cuarenta de la mano del neurofisiólogo Irvin Korr y su teoría de la «facilitación medular segmentaria» para explicar la generación de la disfunción somática. La hipótesis de la facilitación medular sostenía que un bombardeo de información a nivel medular generado por la alteración 302 en la alineación normal de las estructuras provocaba una disminución en el umbral de activación, y de manera secundaria un espasmo de la musculatura de esa zona que la mantenía fija en esa posición. El bombardeo de información y la disminución del umbral de activación neuronal observados por Irvin Korr eran ciertos, y actualmente se integran en la teoría de la sensibilización central. El problema es que de sus hallazgos no se seguía una patofisiología de la disfunción somática. Korr presentó su teoría de la mano del osteópata John Stedman Denslow, pero a mediados de los años ochenta empezaron a presentarse críticas desde el campo de la fisioterapia. Los cambios en la alineación de las estructuras y su mantenimiento mediante el espasmo muscular secundario están actualmente desacreditado, sin embargo, los osteópatas siguen enseñando a sus alumnos y justificando sus intervenciones mediante la teoría obsoleta de la facilitación medular. La investigación clínica, sin una ciencia básica sobre la que construir la teoría osteopática, dejaba huérfana a la osteopatía de sentido y racionalidad, pero en cuarenta años no se ha presentado una alternativa ante esta problemática. Korr ofreció una teoría sobre la que fundamentar la lesión osteopática, pero en su esfuerzo presentó al cuerpo humano como un conjunto de piezas vulnerables que podían desajustarse ante la acción de la fuerza de la gravedad y las actividades cotidianas. Los hallazgos iniciales de Korr y Denslow en la década de 1940 fueron alejándose de lo razonable según fueron profundizando en la insistencia de adecuarlo a la teoría osteopática. En los años cincuenta y sesenta se centraron en la actividad simpática como la sudoración y conductancia de la piel, la vasoconstricción y vasodilatación, la temperatura corporal, etc. Introdujeron cambios posturales, como la elevación del talón de un lado, o que los sujetos se sentaran en una silla inclinada y observaron cambios simpáticos como el patrón de sudoración. 303 La supuesta facilitación segmentaria encontrada por Korr en sus estudios se realizó casi siempre en sujetos sanos. Esto introducía una pregunta incómoda, si la facilitación sucedía como un estado neuropatológico en todos los sujetos eso quería decir que todo el mundo estaba enfermo. El sistema nervioso autónomo se encarga de regular algunas funciones básicas en el funcionamiento de nuestro organismo sin nuestra voluntad como la respiración, el ritmo cardíaco o la digestión. Estos sistemas automáticos se regulan mediante un sistema dual: uno que activa la función de esas funciones, el sistema simpático, y otro que disminuye su respuesta, el sistema parasimpático, en lo que se conoce como respuesta de estrés fisiológico. Cuando el sistema simpático aumenta su actividad aumenta la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria, se dilatan las pupilas, aumenta el tono muscular y la oxigenación en el músculo. Se produce vasoconstricción, aumenta la vascularización y la sangre disminuye su presencia en las vísceras para aumentar en el músculo. Los procesos internos metabólicos y digestivos se ralentizan porque el cuerpo se prepara para luchar o huir, es decir, atiende a lo que está ahí fuera. Cuando se detiene la percepción de amenaza y estamos descansando se activa el sistema nervioso parasimpático, las pulsaciones y la frecuencia respiratoria disminuyen, y el organismo presta atención a lo de dentro, a las funciones digestivas y metabólicas. En su máximo esplendor estos representan los estados de vigilia y sueño pero es un sistema en constante fluctuación. Cualquier cosa supone eventualmente y en mayor o menor medida una modificación en la respuesta de estrés fisiológico. Los osteópatas han centrado sus justificaciones en el sistema nervioso autónomo, y sus investigaciones en la modificación de estas respuestas. Un ejemplo de la limitación de estos hallazgos lo encontramos en la historia del polígrafo. Cuando se empezaron a comercializar los primeros dispositivos en la década de los cuarenta bajo 304 el nombre de «detector de mentiras» o «máquina de la verdad», lo que registraban dichos aparatos no eran más que cambios en el sistema autónomo. Cambios electrofisiológicos que sucedían involuntariamente y revelaban supuestamente cuando un sujeto mentía, ya que no podían evitarse precisamente por ser involuntarios. Nada que en realidad no se supiese desde los albores de la civilización. En la antigua China ya sabían que una de las respuestas de estrés fisiológico es la sequedad de boca, y lo utilizaban en los interrogatorios introduciendo un bol de arroz en la boca de los acusados. Si no eran capaces de tragarlo eran condenados como culpables. El problema en ambos casos es, esencialmente, que esos cambios no indican cuándo un individuo miente, sino cuándo se pone nervioso. Del mismo modo que hay personas que sufren del llamado «síndrome de la bata blanca», y les sube la tensión por el simple hecho de que el médico les toma la tensión, hay personas que se ponen nerviosas cuando son sometidos a interrogatorio aun siendo inocentes o, al contrario, son capaces de mantener la calma cuando dicen una mentira. Las respuestas sobre el sistema nervioso autónomo con la terapia manual suelen ser tan duraderas como las que suceden durante la prueba del polígrafo. Provocar cambios en la frecuencia cardíaca, en la conductancia de la piel, la frecuencia salival o el cortisol en sangre no implica relevancia clínica alguna. Provocar cambios no es regular, equilibrar o normalizar, son solo eso, cambios. No hay ninguna relevancia en disminuir la frecuencia cardíaca en un hipertenso o un cardiópata. Los cambios significativos a largo plazo en ese caso se han observado con el ejercicio físico de manera regular, no con osteopatía. 305 8. El futuro de la osteopatía 8.1. El emperador va desnudo Andrew Taylor Still tenía nueve años cuando Hans Christian Andersen publicó el El traje nuevo del emperador, una buena edad para leer este, ya clásico, cuento infantil. No sabemos si Still llegó a leerlo, pero es una valiosa lectura de la cual extraer una enseñanza para los osteópatas. Es la historia de un emperador al que le gustaban mucho los trajes. De hecho, no se interesaba por ninguna otra cosa. Tenía un vestido distinto para cada hora del día. Un día se presentaron en palacio dos bribones haciéndose pasar por sastres y asegurando que poseían un tipo de tela que tenía la milagrosa virtud de ser invisible a toda persona que no fuera capaz de apreciarla o que fuera irremediablemente estúpida. Al emperador le pareció una idea maravillosa poder identificar así quienes de sus fieles súbditos eran ineptos para el cargo que ocupaban. Los falsos sastres instalaron un telar y empezaron a fingir que trabajaban. Pasaron los días y el emperador, impaciente, mandó a unos de sus súbditos a investigar y que le dijera cómo iba el nuevo traje del emperador. Envió a su mejor ministro, un hombre de confianza e inteligencia suficientes que, sin duda, sabría ver la tela. Cuando el ministro llegó al telar los dos tramposos le pidieron que se acercara a apreciar los colores y el dibujo de las telas. El hombre, al no ver nada, se preguntó 307 si acaso no sería estúpido. No podía regresar y quedar como un tonto o perdería su empleo, así que el ministro les siguió el juego y volvió a las instancias del emperador. Quedó entusiasmado con las explicaciones de su ministro, pero pronto decidió, impaciente, enviar a otro de sus ministros. A su regreso el segundo ministro no tuvo por menos que decir que el traje era digno de admiración. Cuando llegó el día el rey llegó para admirar su nuevo traje y quedó horrorizado al ver que no veía nada, ni se le había pasado por la imaginación que él fuera tonto y no lo pudiera ver, pero dadas las circunstancias, pensó que era mejor disimular a admitir que era estúpido, y dio su aprobación. Los sastres para rematar le sugirieron al emperador que lo estrenara en un desfile delante de todo el pueblo. «Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, mas precisamente esto es lo bueno de la tela», aseguraron los sastres. Cuando el emperador salió a la calle todos miraron con asombro al hombre desnudo, pero nadie dijo nada. Todos se deshacían en halagos hacia el nuevo traje del emperador, hasta que un niño exclamó, ¡pero si no lleva nada!, y entonces todo se derrumbó, muchos empezaron a confesar que no veían nada hasta que el pueblo entero señaló que, efectivamente, el emperador iba desnudo. Still creía que la causa de la enfermedad se podía encontrar en una ligera desviación anatómica de la presentación normal, incluso una desviación tan pequeña como «la milésima parte de una pulgada», estas eran las telas del nuevo traje del emperador. Los estudiantes que aún hoy entrenan para sentir esas dimensiones acaban elogiando la belleza del traje del emperador, y pocos son los que señalan que el emperador va desnudo porque eso sería admitir la ineptitud para sentir esa milésima parte de una pulgada que sus compañeros, veteranos experimentados, aseguran sentir. Hasta hace pocos años prácticamente nadie criticaba la osteopatía. El imperio osteopático se paseaba y desfilaba a sus anchas exhibiendo ante todos su vestido invisible sin que nadie señalara 308 lo evidente porque a todo el mundo le parecía que reconocerlo mostraba más sus miserias que las de la osteopatía, sus limitaciones de no poder sentir o comprender lo que otros habían llegado a alcanzar. Zanjaban el asunto con un «esto no va conmigo», y se alejaban o sucumbían al autoengaño narrativo de creer estar viendo el vestido. Las pseudociencias tienen la capacidad de inventar nuevos trajes cuando los anteriores quedan expuestos, y proclaman un renovado vestuario del emperador para no mostrar sus vergüenzas, pero una vez se avista al emperador desnudo, nunca más se le vuelve a ver con la misma dignidad. Al igual que las imágenes dobles, una vez se consiguen ver ya no puedes dejar de verlas. 309 8.2. El futuro de la renovación Si quitamos a la osteopatía su pasado, la despojamos de su fundador, la abstraemos de todas las ideas decimonónicas, le sustraemos la filosofía, borramos todos los principios osteopáticos, eliminamos la práctica visceral y craneal, minimizamos el mecanicismo y le damos una visión contemporánea de la terapia manual, ¿qué nos queda? En efecto, una bonita fisioterapia. La osteopatía se construyó sobre una base de la estructura que rige la función. Un estructuralismo fuerte dentro de los modelos mecanicistas, pero entonces el modelo biomecánico fue cuestionado. No era algo que afectara solo a la osteopatía. La experiencia del dolor parecía tener poca congruencia explicada solo en términos biomecánicos. El hombre-máquina cartesiano se derrumbaba y los modelos tenían que reformularse. Para la osteopatía suponía un esfuerzo extra por su estructuralismo fuerte, y sin embargo no se hizo nada. Enrocados en su biomecanicismo obsoleto y falso con las leyes de Fryette, esto ha dejado a la osteopatía en una posición muy delicada dentro de la fisioterapia. La fisioterapia avanzaba y la osteopatía no. Ahora eliminar esta base para la práctica osteopática se ha definido como un «efecto Jenga» en su razonamiento, diagnóstico y aplicación técnica de habilidades manuales. El conocido juego de la torre de piezas de madera que se van sustrayendo para depositarlas en la parte más alta ofrece una metáfora al problema, ¿cuántas piezas puede extraer la osteopatía sin que se caiga la torre? Un sector minoritario del colectivo osteopático defiende y promueve un cambio, un reducto que convive pacíficamente con sus colegas tradicionales sin enfrentar seriamente posturas. El motivo es que una profesión como la osteopática carece de una de las señas de identidad características de las ciencias, la crítica interna. La crítica es percibida como una amenaza y todos conocen las reglas de ese juego. En cualquier caso, lo que esos osteópatas 311 proponen como renovación son esencialmente propuestas de la fisioterapia. Los que sostienen un avance palpable en la profesión deberían admitir que su propuesta no es otra cosa que una fisioterapización de la osteopatía, algo que, con toda seguridad, será rechazado sistemáticamente por el grueso de la profesión. Con todo y con eso, este sector conforma la mejor representación del futuro de la osteopatía, pero no es la única versión posible. El futuro de la renovación más probable pasa por la adición de nuevas teorías que encajen bien en la tradición osteopática, y no desafíen a las antiguas. Así que, en el fondo, el futuro de la renovación más probable es una falsa renovación, los nuevos ropajes del emperador, incluso por parte de aquellos que proponen las corrientes provenientes de la fisioterapia es probable que acaben adaptando y corrompiendo sus principios para adaptarlos a la tradición osteopática. Aquellos que perciben la eliminación de la osteopatía craneal como una decapitación de la osteopatía están haciendo algo más que un juego de palabras. Es toda una declaración de principios. Están dejando claro que no pueden tratar a la persona sin tener en cuenta todos sus componentes. No pueden resolver los problemas de sus pacientes sin contemplar la cabeza, ¿acaso los pacientes van por ahí sin cabeza? Recordemos que la filosofía osteopática utiliza el lema de la Gestalt: «La totalidad es más que la suma de sus partes», y lo lleva hasta sus últimas consecuencias, de tal modo que, al variar un elemento, se modifica la estructura total, tanto en la enfermedad como en la salud. Así que es bastante probable que lo que sustituyan sean solo los nuevos odres para conservar el viejo vino de siempre. 312 8.3. Barcos y calcetines A lo largo del libro hemos expuesto las características que conforman la identidad de la osteopatía, especialmente en el capítulo 3, dedicado a los principios filosóficos. La identidad es un asunto recurrente en sus revistas científicas. La osteopatía es una institución en continua crisis existencial, en el limbo entre el reconocimiento y la tradición. La paradoja osteopática que presentamos en el epígrafe 1.4, fruto de la fusión de la osteopatía con la medicina y la fisioterapia es, en esencia, una paradoja de identidad. Esto nos lleva directamente a «la paradoja de Teseo» de la antigua Grecia que recogió el historiador Plutarco. Teseo fue un rey mitológico de Atenas célebre por matar al Minotauro del laberinto. Tras matar al malvado Minotauro de Creta Teseo regresó a Atenas en un barco. Para honrar esta hazaña heroica los atenienses mantuvieron el barco atracado en el puerto durante siglos. El tiempo hizo que el barco se fuera deteriorando. Cada vez que una pieza se desgastaba era sustituida. Así expresó Plutarco la paradoja del barco de Teseo: «El barco en el cual volvieron desde Creta Teseo y los jóvenes de Atenas tenía treinta remos, y los atenienses lo conservaban desde la época de Demetrio de Falero, ya que retiraban las tablas estropeadas y las reemplazaban por unas nuevas y más resistentes, de modo que este barco se había convertido en un ejemplo entre los filósofos sobre la identidad de las cosas que crecen; un grupo defendía que el barco continuaba siendo el mismo, mientras el otro aseguraba que no lo era». La leyenda de Teseo es una paradoja de identidad. Si todas las piezas del barco son sustituidas, ¿sigue siendo el mismo barco?, ¿qué hace al barco, entonces, ser el barco de Teseo? Si ya no es el mismo barco, ¿en qué momento deja de ser el barco de Teseo? Thomas Hobbes añadió a la historia de Plutarco el supuesto de que cada pieza vieja del barco es guardada y reconstruida una a una 313 en otro sitio, de tal modo que ahora tenemos dos barcos, el nuevo y el viejo, ¿cuál es el barco de Teseo, el reconstruido con las piezas originales o el anclado en el puerto con las piezas nuevas? Este es el dilema de los osteópatas que se devanen entre el cambio y la tradición… No tienen claro cuál es el barco de Teseo. La mayoría apela al viejo barco de Teseo, que aunque ya no flota y no sirve para navegar es el auténtico, en cambio, algunos prefieren el nuevo barco que, aunque no es el barco que navegó Teseo, al menos flota. En cualquiera de los dos casos hay un problema de identidad. La mayoría de osteópatas no percibe el cambio como una renovación, sino como una pérdida, perder la craneal, por ejemplo, sería una «decapitación» de la profesión. La osteopatía concibe que la manera de crecer es por adición, no por sustracción. Cualquier sustitución es percibida como una pérdida de identidad, aunque tampoco todo lo que suma es visto como una ganancia. En Estados Unidos la fusión con la medicina sumó y restó componentes. Los nuevos tablones sustituyeron a los viejos tablones. En la práctica resultó ser que «a más medicina menos osteopatía». Algunos principios fundacionales que surgieron como alternativa a la medicina ahora eran parte de la osteopatía. Los médicos osteópatas estadounidenses prescriben fármacos, pero en el resto del planeta mantienen una filosofía contraria a los mismos. Panta rei, decía Heráclito, todo fluye, es imposible bañarse dos veces en el mismo río. En la concepción aristotélica del conocimiento, las cosas tienen cuatro causas: causa formal, causa material, causa eficiente y causa final. Para Aristóteles, por tanto, sí sería el mismo barco, en tanto que la causa formal, lo que un objeto es y la causa final, para lo que un objeto es, seguirían siendo iguales, a pesar de que la causa formal, de lo que está hecho, haya cambiado. El filósofo empirista inglés John Locke presentó otra variante de la paradoja de Teseo, un poco más mundana, la paradoja del calcetín. Si a un calcetín le sale un agujero y lo remendamos ¿sigue siendo nuestro calcetín? ¿Y si le sale otro toma314 te y lo volvemos a remendar?, ¿qué pasaría si siguiesen saliendo agujeros y llegase un momento en que todo fueran remiendos?, ¿seguiría siendo nuestro calcetín? La identidad de una práctica científica reside precisamente en el cambio, en el avance, en el remiendo de un calcetín o el trasplante de una tabla de madera. La medicina o la fisioterapia dentro de dos mil años podría no tener ni un solo punto en común con la de ahora y seguir llamándose medicina y fisioterapia, la osteopatía, honestamente, no puede. Para ellos la identidad es el barco y el calcetín originales, no es el hilo o la madera, es el producto, es ese barco y ese calcetín, y ningún otro. «Los académicos osteópatas tienen grandes dificultades para reconciliar su pasado con su futuro». Brosnan (2016) «Resulta sorprendente que tan a menudo dentro de la osteopatía el lenguaje y los debates parezcan haber cambiado poco, caracterizándose por la repetición y lo que podría describirse como una falta de voluntad para comprometerse con el conocimiento científico actual». McGrath (2013) 315 8.4. El futuro de la eterna juventud La osteopatía es indeleble, su pasado, presente y futuro es el que es y no puede ser otra cosa, pretende, por tanto, la eterna juventud, pero como es sabido, el santo grial de la eterna juventud no existe, y la mayoría de ideas que damos por buenas en un momento dado envejecen mal. Normalmente, a las teorías que son sustituidas por otras mejores se les atribuye el valor de haber servido en su momento para sustituir a las que le antecedieron. En las pseudociencias, en cambio, las teorías no prescriben, no son perecederas. En 1992, un barco que se dirigía desde Hong Kong a los Estados Unidos perdió la carga que transportaba durante una tormenta. 28.800 patitos de goma se perdieron en las aguas del océano Pacífico y flotaron a la deriva durante más de quince años. Los patitos recorrieron miles de kilómetros. Acabaron maltrechos con pinchazos, arañazos y hasta perdieron el color, pero se mantuvieron insistentemente en la superficie. Los patitos de goma eran prácticamente insumergibles. James Randi, el mago ilusionista que consagró su vida a desenmascarar a charlatanes describió así a las pseudociencias, insumergibles como los patitos de goma, y es realmente un símil acertado. Las pseudociencias son impermeables a los hechos y a la evidencia en contra, se caracterizan por no abandonar sus tesis y resistirse al cambio indefinidamente. La osteopatía se mueve en torno a una tradición escolástica que no ofrece alternativas a las críticas presentadas ni avances en ninguna dirección. Siguiendo el criterio de demarcación científica lakatosiano, la osteopatía debe progresar para no ser clasificada como pseudociencia, pero ¿qué es progresar? Progresar no puede ser adaptar las formas para no cambiar el fondo. No pueden seguir dibujando dianas alrededor de sus disparos para decir que siempre habían estado acertados. No pueden seguir apelando a las 317 limitaciones de la ciencia para entender su sabiduría y decir que algún día la ciencia les dará la razón. No pueden continuar empleando falacias en su discurso como la del francotirador tejano o la falacia historicista de estos dos ejemplos. No pueden seguir venerando la figura de Still sin reconocer que era un mentiroso compulsivo. Ciertamente, Still no lo tuvo fácil para implantar la osteopatía. Había muchas reticencias a formas nuevas de curación, los charlatanes y vendedores de crecepelo aparecían en cada esquina en el salvaje Oeste. El proselitismo osteopático no fue bien recibido la mayoría de las veces, pero resulta difícil tomarse en serio a alguien que aseguraba tener un 100 % de éxito curando enfermedades. Aun cuando fuese cierto que la osteopatía pudiera haber curado la disentería, la erisipela o la escarlatina con manipulaciones, es poco probable que lo hiciera con una tasa de éxito infalible, como aseguraba siempre Still, salvando incluso a gente desahuciada y condenada a morir. Still relata en su autobiografía curaciones de neumonía, meningitis, asma e incluso ojos purulentos y ulcerados, simplemente devolviendo la sangre a las arterias a base de manipulaciones. La clave era encontrar y corregir las desviaciones anatómicas que interferían con el flujo sanguíneo en el cuerpo humano. «La sabiduría del arquitecto de la Naturaleza está presente en cada gota de tu sangre», decía Still. Como muchos otros profetas de la sanación, Still se buscó la vida ofreciendo cosas similares a las que otros curanderos locales hacían, y el imperio que hay hoy día por todo el mundo en torno a él y su método de formación recuerdan la insumergibilidad de los patitos de goma. La crítica no les va a hacer hundirse, solo pueden desaparecer si se les saca del mar para que no sigan flotando a su antojo. 318 8.5. El fantasma en la máquina Matt Wallden es un osteópata británico que cuenta en su haber con treinta y cinco publicaciones científicas. Este dato en condiciones normales reflejaría una trayectoria importante como investigador, si no fuera porque dichas publicaciones son en la misma revista, la Journal of Bodywork and Movement Therapies, donde es el editor desde hace una década y, en realidad, ninguna de sus publicaciones son estudios propiamente dichos, más bien son artículos de opinión y pseudo filosóficos. Recordemos que sobre esta revista, de Leon Chaitow, ya comentamos en el capítulo 7.3 que uno de los autores más prolíficos sobre la fascia, Thomas Myers, tenía todas sus publicaciones también allí y ninguna era un estudio real. Pues bien, dos de esos artículos de Wallden publicados en el mismo número de 2018 se titulaban «Trabajando con el fantasma en la máquina» y «El fantasma en la máquina. ¿Le falta alma a la medicina musculo-esquelética?». El dogma del fantasma en la máquina es como denominó el filósofo británico Gilbert Ryle en su famoso libro El concepto de lo mental (1949) al problema del mecanicismo de Descartes y su teoría del dualismo cuerpo-mente. Resulta sorprendente que la crítica de Ryle de hace setenta años para refutar el dualismo cartesiano de hace cuatrocientos, al que Ryle denominó despectivamente como dogma, sea rescatado como un anhelo por los osteópatas. En El concepto de lo mental Ryle ofrece contra Descartes el argumento del error categorial. El dualismo cuerpo-mente no puede suponer una división de algo porque el cuerpo y la mente, sencillamente, no pertenecen a la misma categoría. Si el hombre es como una máquina y todo se reduce a compuestos mecánicos, ¿quién dirige la máquina? La mente, por tanto, se confiere como un fantasma indeterminado con coordenadas materiales. La existencia física y la existencia mental. En palabras de Ryle: 319 «Como hombre de ciencia (Descartes) no podía dejar de apoyar las pretensiones de la mecánica, pero como hombre religioso y de convicciones morales no podía aceptar —como decía Hobbes— la consecuencia de que la naturaleza humana difiere de la de un reloj únicamente en grado de complejidad. Lo mental no podía ser una mera variedad de lo mecánico. Erróneamente, Descartes y otros filósofos optaron por la siguiente escapatoria. Las mentes son cosas, aunque de un tipo distinto de los cuerpos. Las mentes no son trozos de un mecanismo de relojería. Son, simplemente, trozos de un no-mecanismo. Puesto que, de acuerdo con ella, la mente pertenece a la misma categoría que los cuerpos, y estos están regidos por leyes mecánicas estrictas [...] En consecuencia, carece de sentido su conjunción o su disyunción». La tradición dualista cartesiana ha sido ampliamente criticada desde la segunda mitad del siglo XX. Autores como Antonio Damasio y su libro El error de Descartes han reforzado la idea de romper con el dualismo cuerpo-mente, y aún no hemos disuelto las implicaciones en salud que eso tiene. La emergencia de un modelo biopsicosocial como crítica al modelo biomédico ha cristalizado, pero no se ha materializado del todo. No existen problemas físicos y problemas psicológicos de tal manera divididos. Los problemas físicos afectan psicológicamente y los problemas psicológicos afectan somáticamente, sin embargo, los problemas en los que no se haya una causa física son acusados de origen psicológico, estigmatizados como algo no real o lo que es peor, una cosa de locos. Desde la filosofía griega y helenística, que más tarde desembocó en el Cristianismo, la mente ha sido traducida en muchos casos como alma, y en esta tradición religiosa estos términos han tenido un carácter trascendental y divino. Unas connotaciones a las que parecía referirse el osteópata Matt Wallden en su apología al fantasma en la máquina. A lo que Wallden hace referencia no es ni más ni menos que a las corrientes vitalistas osteopáticas, y 320 demás teorías energéticas de las terapias alternativas y la new age. La manera en la que los osteópatas han retorcido y pervertido el modelo biopsicosocial para hacerlo encajar en sus teorías holísticas es representado fielmente en esta publicación: «Muchas culturas antiguas reconocen una combinación de complejidad, integración y causalidad ascendente / descendente en sus sistemas médicos tradicionales. Medicina tradicional china, Ayurveda y muchas de las formas de medicina indígena o chamánica incorporan enfoques integrados para su tratamiento de protocolos; abrazando la interacción de los órganos con el soma, con las emociones y con la fuerza vital. Además de trabajar con remedios nutricionales y herbales a nivel bioquímico (causalidad hacia arriba), también han incluido a menudo creencias espirituales (causalidad descendente) en sus modelos. Los medicamentos (o el 74 % de la farmacopea basada en plantas alopáticas) se derivan de plantas medicinales identificadas por la medicina indígena. Cuando se reconoce que hay al menos 250.000 especies de plantas y, con frecuencia, estas plantas deben prepararse y combinarse de formas complejas para lograr efectos farmacológicos. La pregunta, entonces, es ¿cómo se adquiere este conocimiento indígena? Y la respuesta que los chamanes, casi invariablemente, dan a los antropólogos es, “los espíritus de las plantas nos dijeron”. Esta realidad, tal vez incómoda, ilustra los problemas con la prevalencia lineal, objetiva, modelo de conocimiento predominantemente ascendente. La mayoría de los lectores de esta revista encontrará la influencia de su propia sociedad y sistema educativo para ser discordantes con la realidad que los productos farmacéuticos pueden haber usado o recetado se identifican originalmente a partir de conversaciones que los chamanes tenían con espíritus vegetales. Un lector de una cultura científico-materialista probablemente perciba que este fue un proceso ascendente de prueba y error experimental, lo que llevó a los técnicos de laboratorio a crear un producto farmacéutico a partir de él. Sin embargo, esta es una percepción errónea nublada por la programación cultural. Tales creencias de que nuestros medicamentos altamente investigados son puramente un fenómeno ascendente, es un ejemplo de dónde falta el alma (y se 321 echaría mucho de menos) en el pensamiento médico científico. En conclusión, el fantasma en la máquina puede verse como el proceso inconsciente que ocurre debajo». El arcano de la consciencia y la inconsciencia en las terapias alternativas sirve como laboratorio en el que trabajar de manera conjunta con dos conceptos en los que conviene reflexionar: espiritualidad y salud. Las personas pueden tener creencias religiosas o espirituales en su esfera personal. Algunos de los lectores pueden compartir algunas de esas creencias, pero en lo tocante con la salud pretender maridar ambas cosas es peligroso y poco deseable. Cuando una persona visita a su médico, esta espera que utilice la medicina, no que se ponga a rezar. Independientemente de las creencias de cada uno, las personas no esperan que la medicina incluya rituales espirituales o religiosos. Esta es la diferencia entre un chamán y un médico. La medicina no niega las creencias que puedan profesar las personas, simplemente es que no forman parte de ella. Cuando los osteópatas apelan a la religiosidad de las personas están en el fondo abriendo la puerta a su propia espiritualidad, la espiritualidad de la new age, las teorías bioenergéticas y vitalistas, que se alejan de la medicina y se acercan a la chamanería. Esta reivindicación no es un avance sino un retroceso que nos devuelve a las trepanaciones primitivas, agujeros que se realizaban en el cráneo para expulsar a los malos espíritus. «Ante la aparente ruptura de los aspectos biomecánicos de la medicina musculoesquelética se sugiere una complejidad de enfoque de sistemas, incorporando factores biológicos, psicológicos, sociológicos y trascendentes. Esto se refleja en el hecho de que no existen culturas humanas sin una creencia espiritual […] Encuestas recientes señalan que la mayoría de la población (entre el 66 % y el 89 %) cree en un Dios o no sabe qué creer, pero no son ateos. Desde los conceptos religiosos de Deidades y Demonios, las construcciones mentales del bien y el mal, hasta las emociones de alegría y tristeza, ira y miedo; todos son parte de nuestra experiencia vivida y no deben pasarse por alto cuando se trabaja con humanos en cualquier caso, y especialmente no en el contexto clíni322 co […] Incluso los ateos pueden “decidir” sobre sus creencias expresadas desde una perspectiva consciente, pero todo el tiempo la mayoría de sus comportamientos no se dirigen consciente o explícitamente, sino a través de procesos implícitos e inconscientes». El fantasma en la máquina según Wadell es «un alma incorpórea», «el asiento de la vida sobre el que se asienta la autoconciencia consciente», «aquello que se considera sagrado», un popurrí metafísico en el que encajar toda la espiritualidad new age. El fantasma y la máquina son la expresión posmoderna del dualismo osteopático vitalismo-mecanicismo. Esto es todo lo que sale de la reivindicación osteopática, invocar a un fantasma. Si la salida a las limitaciones y errores de la perspectiva mecanicista van a ser más fuerzas vitalistas, como reza la expresión de los cuentos de Juan de Arguijo, ¡virgencita, que me quede como estoy! Hemos analizado con detenimiento las influencias históricas y sociales que acontecieron en el alumbramiento de la osteopatía, sin embargo, la religión protestante merece un espacio que desarrollaremos a continuación. Es la tesis weberiana de La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1904). Pese a su gran legado, por lo que más se conoce al sociólogo Max Weber es por vincular la economía con la religión. El puritanismo introdujo una recta moral y una ética del trabajo. Frente al ascetismo y contemplación que preconizaba el catolicismo, las corrientes protestantes sostenían una vida dedicada al trabajo. Hacer la obra de Dios. Si Dios nos ha puesto en la Tierra no es para que nos evadamos de lo intramundano, sino para que nos ganemos la salvación. La reforma protestante subvertió los votos monacales para la salvación. Ya no había que hacer voto de pobreza siguiendo la vida de Jesús, sino dignificarse mediante el trabajo. El individualismo frente al comunitarismo fue tomando forma con la racionalización del trabajo y el deber profesional. El hombre solo tenía que rendir cuentas ante Dios, no ante los demás hombres. Como rama del protestantismo, el metodismo al que se adscribió el padre de Still como pastor, y más tarde el propio Still, funcionaban como 323 sectas. El recto vivir debía seguir un método, a cambio, el comportamiento aceptado dentro de la comunidad metodista garantizaba el éxito y reconocimiento. Los comerciantes se ganaban así el prestigio y la fama de honrados, lo que redundaba en su éxito («honesty is the best policy»). Todas las dificultades que Still atravesó se debieron precisamente a esta falta de reconocimiento, pero su éxito final, también. Cuando Still consiguió finalmente el reconocimiento social en Kirksville la propia comunidad veló por el éxito de la osteopatía. Hemos llegado al final de este viaje que emprendimos para conocer la osteopatía. Un viaje que iniciamos en el presente con el capítulo 1, pasamos a conocer el pasado y los orígenes históricos en el capítulo 2, nos introdujimos en las profundidades de la teoría y práctica osteopática en los siguientes capítulos y terminamos con un atisbamiento de su futuro. Un horizonte, como hemos visto, incierto tanto a nivel interno como a nivel externo. Desde el punto de vista científico, la osteopatía cumple con los criterios de una pseudociencia. Desde el punto de vista histórico, el origen de la osteopatía y el retrato de su construcción reflejan una miseria muy diferente a la que suelen contar los osteópatas. Desde el punto de vista filosófico la osteopatía es insostenible, los principios filosóficos o bien no dicen nada y no son representativos, o bien son equivocados. La osteopatía es un subproducto cultural decimonónico. Desde el punto de vista teórico se devanan entre un mecanicismo obsoleto y un pensamiento mágico vitalista. Lo poco que pueda considerarse rescatable de esta terapia manual es utilizado también por otros terapeutas manuales. En 140 años de historia no hay absolutamente ninguna aportación osteopática original digna de mención de la que se hayan servido otras profesiones. Con todo y con eso el futuro de la regulación y la aceptación oficial del sinsentido de la osteopatía parece una realidad más que posible. El marco europeo dispone a su regulación inminente, las instituciones de la fisioterapia siguen convencidas en amparar esa regulación siempre y cuando permanezcan exclusivamente en el 324 seno de la fisioterapia. El plan de salud del Gobierno para proteger al ciudadano de las pseudociencias se presenta como la única posibilidad de frenarlo. Ante todos estos escenarios, albergo la esperanza de que este libro arroje algo de luz, sea cual sea el futuro que nos depara. 325
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