Fernández-Esquer, C. (2020). “Sistemas electorales”, en Pendas, B. (ed.),
Enciclopedia de las ciencias morales y políticas para el siglo XXI, Madrid:
RACPM-BOE, pp: 452-54.
ENCICLOPEDIA DE LAS CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS PARA EL SIGLO XXI
SISTEMAS ELECTORALES
En su Glosario básico de sistemas electorales, Colomer, Montero y Lago (2005:
356) definen un sistema electoral como
la «combinación de reglas, fórmulas y
mecanismos que traduce los votos emitidos por los electores a partidos o candidatos en escaños de un Parlamento, y los
escaños se asignan a los partidos o candidatos». De la definición se desprende
que la noción de sistema implica la existencia de una pluralidad de elementos
interrelacionados que forman parte de
un todo. La literatura dedicada al estudio
de los sistemas electorales identifica, al
menos, cinco elementos que intervienen
en la conversión de votos en escaños: tamaño del Parlamento; circunscripción o
distrito electoral; fórmula electoral; barrera o umbral legal, y tipo de listas. Según la forma en que se combinen dichos
elementos, los sistemas electorales producen efectos diferentes, que, a su vez,
pueden estimular distintos comportamientos en los actores participantes en
las elecciones.
Los sistemas electorales se han agrupado
tradicionalmente en tres grandes grupos:
mayoritarios, proporcionales y mixtos
(Reynolds et al., 2005). La familia de los
sistemas electorales mayoritarios es
aquella en la que habitualmente se emplean distritos uninominales. Estos sistemas están concebidos con la finalidad de
lograr que el partido vencedor en unas
elecciones obtenga una mayoría de escaños con la que implementar desde el gobierno el mandato de sus votantes. El
más conocido es el sistema de mayoría
relativa o first past the post, donde el candidato más votado se adjudica el escaño
en juego; es el empleado en el Reino
Unido, Estados Unidos, Canadá o India.
Pero también existen sistemas de mayo-
452
ría absoluta como en Francia, donde si
ninguno se hace con la mayoría se celebra una segunda ronda electoral (ballotage) para dirimir por mayoría relativa a
qué candidato otorgar el escaño.
La familia de los sistemas electorales proporcionales engloba a todos aquellos en
los que la distribución de escaños entre
los partidos se realiza de forma que su
representación parlamentaria sea proporcionada respecto a sus porcentajes de
voto. Los sistemas proporcionales, de amplia implantación en países europeos y
latinoamericanos, son aquellos que emplean fórmulas distributivas, que pueden
ser de divisor (D’Hondt o Sainte-Laguë) o
de cuota (Hare, Droop o Imperiali). Además, los sistemas proporcionales tienen
que poseer circunscripciones plurinominales donde haya varios escaños en juego. La proporcionalidad es una cuestión
de grado, y cuanto mayor sea la magnitud
de las circunscripciones más proporcionales serán los resultados y más partidos podrán optar a la representación. En ocasiones,
los
sistemas
proporcionales
establecen barreras o umbrales electorales, es decir, porcentajes de voto mínimos
que los partidos deben superar para acceder al reparto de escaños.
Por último, encontramos la categoría de
los sistemas electorales mixtos, aquellos
en los que se combinan reglas de mayoría y reglas de representación proporcional. Existen dos grandes modalidades de
sistemas mixtos, dependiendo de si los
«circuitos» proporcionales y mayoritarios
están o no conectados. Cuando la adjudicación de escaños se aplica de forma separada en ambos circuitos, nos encontramos ante un sistema paralelo como el de
Japón hasta 1993, Rusia hasta 2007 o Co-
SISTEMAS ELECTORALES
rea del Sur. Cuando, en cambio, los resultados de los dos tipos de elección sí
están vinculados, estamos ante un sistema de representación proporcional personalizada, empleado en Alemania o
Nueva Zelanda. Estos sistemas electorales han despertado un gran interés en los
últimos años porque, en opinión de algunos, consiguen un equilibrio virtuoso
entre los efectos positivos de los sistemas
proporcionales y de los mayoritarios.
La dimensión de los sistemas electorales
que más atención ha recibido tradicionalmente ha sido la interpartidista, esto
es, la que se refiere a cómo la combinación de elementos del sistema electoral
afecta a la distribución de escaños entre
las distintas fuerzas políticas. Pero también debe hacerse referencia a la dimensión intrapartidista, es decir, la dimensión del sistema que condiciona el
reparto de escaños entre los candidatos
hacia el interior de los partidos. En los
sistemas proporcionales, es el grado de
apertura de las listas lo que determina
que sean los ciudadanos quienes seleccionen a unos candidatos respecto a
otros o, por el contrario, lo sea el orden
establecido previamente por los partidos.
Una mayor apertura de las listas comporta un incremento en la llamada personalización de los sistemas electorales, es
decir, en el grado de autonomía que las
reglas electorales otorgan a los candidatos respecto a sus partidos, así como en
los incentivos para que los candidatos
cultiven un voto personal.
Entre los factores que afectan a esta dimensión intrapartidista en los sistemas
proporcionales destaca el tipo de lista
electoral utilizada. Un esquema convencional consiste en distinguir entre las listas cerradas y bloqueadas, listas desbloqueadas y listas abiertas. En los sistemas
con listas cerradas y bloqueadas, presentes en países como Israel, Sudáfrica, Es-
paña o Argentina, se sigue una dinámica
en la que el elector debe escoger una
candidatura de entre las presentadas por
las distintas formaciones políticas y en
las que sus componentes aparecen en un
orden predefinido e inalterable del que
dependerá la asignación de escaños a los
candidatos. En los sistemas de listas desbloqueadas, muy abundantes en perspectiva comparada, el elector también
escoge entre candidaturas, pero en este
caso dispone de la capacidad –mayor o
menor, en función del concreto modelo
de desbloqueo– para mostrar preferencias y, eventualmente, alterar el orden de
asignación de escaños a los candidatos
respecto al previsto inicialmente. Por último, las listas abiertas son aquellas que
ofrecen a los votantes la posibilidad de
seleccionar candidatos de distintos partidos políticos, como en los sistemas de
panachage de Suiza o Luxemburgo.
El campo de estudio de los sistemas
electorales es uno de los más fecundos
en la Ciencia Política; para una visión de
conjunto, puede verse Gallagher y Mitchell (2008), Renwick (2010) y Herron y
otros (2018). Desde la segunda mitad
del siglo XX, una importante nómina de
politólogos se ha esforzado en conocer
estas peculiares instituciones. Gran parte
de la literatura ha abordado su estudio
como variables independientes, es decir,
se ha ocupado de explicar cuáles son las
repercusiones que las reglas electorales
producen en otras dimensiones del sistema político y, en especial, en los sistemas de partidos. Sin embargo, desde
hace tres décadas, han comenzado a realizarse también investigaciones que invierten la perspectiva y analizan las reglas electorales también como variable
dependiente. Desde finales del siglo XX
se observa así un creciente número de
investigaciones que analizan los actores,
dinámicas y condicionantes que intervienen en el diseño inicial de los sistemas
453
ENCICLOPEDIA DE LAS CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS PARA EL SIGLO XXI
electorales, en la estabilidad que los caracteriza, así como en los escasos procesos de reforma electoral que acontecen.
Así pues, la investigación comparada de
los sistemas electorales es hoy un campo
de estudio consolidado. Un campo cuya
utilidad no se ha circunscrito únicamente
al terreno académico, sino que, entre
otros ámbitos, ha ayudado a la elaboración de sistemas electorales en países
que transitaban a la democracia o a la
formulación de recomendaciones para
afrontar el siempre delicado diseño institucional en sociedades multiétnicas.
Con todo, existen agendas de investigación que podrían enriquecer nuestra
comprensión sobre los sistemas electora-
les. Si las relaciones entre las reglas electorales y el número de partidos y la proporcionalidad están suficientemente
perfiladas, hay trabajo pendiente en el
ámbito de las reformas electorales, a pesar del enorme progreso realizado en los
últimos años. También se puede profundizar en la dimensión intrapartidista,
desentrañando los efectos que los distintos sistemas electorales tienen en el comportamiento de partidos, candidatos y
diputados. Por último, sería conveniente
dedicar mayor atención a los sistemas
electorales subnacionales, sistemas frecuentemente eclipsados por el estudio
de los nacionales, y así aumentar el número de observaciones en los estudios
comparados.
BIBLIOGRAFÍA
COLOMER, J. M.ª, et al.: «Glosario básico de sistemas electorales», en Zona Abierta, 110-111
(2005).
GALLAGHER, M.; MITCHELL, P., eds.: The Politics of Electoral Systems. Oxford: Oxford University Press, 2008.
HERRON, E. S., et al., eds.: The Oxford Handbook of Electoral Systems. Oxford: Oxford
University Press, 2018.
RENWICK, A.: The Politics of Electoral Reform. Cambridge: Cambridge University
Press, 2010.
REYNOLDS, A., et al.: New International Idea Handbook of Electoral System Design. Stockholm: IDEA International Institute, 2005.
Carlos FERNÁNDEZ ESQUER
Investigador en Ciencia Política
Universidad Autónoma de Madrid
VER TAMBIÉN: CAMPAÑA ELECTORAL / DEMOCRACIA / ELECCIONES / LEGITIMIDAD DEMOCRÁTICA / MAYORÍAS Y MINORÍAS / PARTICIPACIÓN POLÍTICA / PARTIDOS POLÍTICOS
454