Problemas época moderna Índice: ● Problema del “ser humano”: Descartes. ● Problema de la ética y/o moral: Hume. ● Problema de la “sociedad y/o política: Rousseau ● Problema del “conocimiento”: Descartes. ● Problema de “Dios”: Descartes. ----------------------------------------------------------------------------------------- Exponga el problema del “ser humano” en un autor o en una corriente filosófica de la época moderna. Descartes. La antropología cartesiana se fundamenta en un dualismo ontológico, al distinguir en el ser humano dos sustancias independientes: el alma, cuya naturaleza es el pensamiento, y el cuerpo, definido por su extensión. El alma, por ser simple, indivisible e inmutable, es inmortal, mientras que el cuerpo, concebido como una máquina compleja creada por Dios, funciona según leyes mecánicas. Estas sustancias, la res cogitans (sustancia pensante) y la res extensa (sustancia extensa) son autónomas en su ser y no dependen entre sí para existir. Sin embargo, la separación entre estas sustancias plantea el problema de cómo interactúan dos realidades tan distintas. Descartes resuelve esta cuestión mediante la glándula pineal, situada en la base del cerebro, que conecta ambas sustancias a través de los llamados “espíritus animales”. A partir de este dualismo, Descartes desarrolla su teoría de las pasiones, entendidas como emociones del alma provocadas por el cuerpo sin intervención directa de la voluntad. Estas surgen de los movimientos del corazón, la sangre y el sistema nervioso. Además, identifica seis pasiones primitivas: admiración, amor, odio, deseo, alegría y tristeza, que se combinan dando lugar a emociones más complejas. Aunque las pasiones afectan al alma, el ser humano no está completamente sometido a ellas. A diferencia de los animales, que están dominados por sus pasiones, el ser humano tiene la capacidad de controlarlas gracias al libre albedrío y al uso de la razón. Este dominio es posible cuando la voluntad se guía por ideas claras y distintas, obtenidas mediante un método racional, lo que permite tomar decisiones más acertadas y alcanzar un mayor grado de libertad. Exponga el problema de la “ética y/o moral” en un autor o en una corriente filosófica de la época moderna. Hume. Hume afirma que nuestras ideas morales, como todas las demás, se basan en la experiencia, por tanto, niega la existencia de ideas innatas sobre el bien y el mal. Con esto Hume se opone a toda la tradición filosófica para la que los principios morales están inscritos en la propia naturaleza humana (Santo Tomás). Por otro lado, Hume sostiene un emotivismo moral, oponiéndose al intelectualismo moral que basa la ética en la razón (Sócrates y Platón). Para Hume, la conducta humana no se guía por la razón, ya que esta no tiene fuerza motivadora. Lo que nos impulsa a actuar, y es el fundamento de nuestras decisiones morales, es la emoción, el sentimiento y el deseo. Hume limita la razón a dos tipos de conocimiento: las relaciones de ideas y las cuestiones de hecho, y las afirmaciones morales no pertenecen a ninguno de estos ámbitos, así que no proceden de la razón sino del sentimiento. En primer lugar, los juicios morales no son deducciones necesarias, como los teoremas matemáticos. En segundo lugar, la moralidad no es un hecho observable en la conducta. Por ejemplo, la acción de matar es físicamente la misma en un asesinato, un homicidio involuntario o una ejecución legal, aunque cada caso reciba un juicio moral distinto. Incluso objetos inanimados pueden relacionarse de modos similares a los humanos, sin que ello implique juicio moral alguno. Por ello, Hume concluye que los sentimientos, y no la razón, establecen nuestras valoraciones morales. Llamamos virtud a aquello que provoca en nosotros una sensación de aprobación placentera, y vicio, a lo que genera desaprobación. Así, la bondad y la maldad no son cualidades objetivas de las acciones, sino efectos subjetivos que surgen al ser evaluadas por un sujeto dotado de sensibilidad moral. Este enfoque elimina la posibilidad de una moral objetiva, racional y universal, lo que parece conducir al relativismo ético. Sin embargo, Hume introduce una corrección mediante un utilitarismo moral: los seres humanos consideran bueno aquello que resulta útil para la sociedad, ya que comprenden que la protección de sus propios intereses depende del bienestar colectivo. No obstante, esta simpatía tiene un fondo egoísta, ya que dicho deseo ajeno está motivado, en última instancia, por la búsqueda de la propia felicidad. Exponga el problema del “conocimiento” en un autor o en una corriente filosófica de la época moderna. Descartes. El conocimiento en Descartes se basa en el uso de un método universal que garantiza la seguridad de los razonamientos. Este método tiene cuatro reglas principales. La primera es la evidencia, que implica aceptar solo las ideas claras y distintas, conocidas por intuición o deducción. La segunda es el análisis, que consiste en descomponer las ideas complejas en sus partes más simples. La tercera es la síntesis, que permite reconstruir las ideas complejas a partir de las simples. Finalmente, la enumeración implica revisar todos los pasos para evitar cometer errores. Para identificar una verdad absolutamente cierta, Descartes propone la duda metódica. Este método cuestiona todo conocimiento con el objetivo de encontrar algo seguro e indudable. En primer lugar, se desconfía de los sentidos porque a veces engañan, lo que significa que podrían hacerlo siempre. Luego, se plantea que los sueños pueden ser indistinguibles de la realidad, lo que abre la posibilidad de que toda la realidad sea ilusoria. Posteriormente, se considera la hipótesis de un “Dios engañador”, quien podría inducirnos al error incluso en los razonamientos matemáticos más simples. Finalmente, se imagina la existencia de un “genio maligno” que confunde todos los juicios que emitimos. Sin embargo, a pesar de esta duda radical, Descartes encuentra una certeza que resiste: la existencia del sujeto que duda y piensa. Por ello, formula su célebre principio: “Pienso, luego existo”, la primera verdad indubitable de la metafísica cartesiana. Descartes distingue, en el alma pensante, tres tipos de ideas: las adventicias, que parecen provenir de la experiencia; las facticias, producidas por la imaginación; y las innatas, propias del entendimiento. Entre estas últimas se encuentra la idea de un ser infinitamente perfecto, que no puede haber sido creado por un ser finito e imperfecto como el yo. Esta idea solo puede haber sido puesta en el sujeto por un ser realmente infinito, lo que demuestra que Dios existe. Además, si el yo se hubiese dado a sí mismo la existencia, también se habría otorgado todas las perfecciones. No obstante, el yo es consciente de que tuvo un inicio y que puede dejar de existir. Lo cual indica que ha sido creado por otro ser. Esto implica que su existencia depende de otro ser, y este debe ser necesario. Ese ser necesario es Dios, quien no solo creó al yo, sino que también lo mantiene continuamente en la existencia. Finalmente, Dios, al ser perfecto y bondadoso, no puede engañar. Esto garantiza tanto la existencia del mundo exterior como la validez del conocimiento científico, siempre que este se ajuste a las reglas del método. Exponga el problema de “Dios” en un autor o en una corriente filosófica de la época moderna. Descartes. En la filosofía moderna, Descartes ofrece un tratamiento singular del problema de Dios, combinando elementos tradicionales con aportaciones originales. Su reflexión parte de la búsqueda de una verdad absolutamente segura, lo que lo conduce a aplicar la duda metódica a todos los conocimientos que no sean claros y distintos. Así, descarta los datos de los sentidos, duda de la realidad misma y, con la hipótesis del genio maligno, incluso pone en cuestión los conocimientos matemáticos. Sin embargo, su duda no puede eliminar al propio sujeto que duda: “Pienso, luego existo”. Sin embargo, esta certeza no garantiza aún la validez del pensamiento, por lo que Descartes distingue tres tipos de ideas: adventicias, provenientes del exterior; facticias, creadas por la imaginación; e innatas, presentes por naturaleza. Las dos primeras quedan bajo sospecha, pero entre las innatas, se encuentra la idea de Dios como ser infinito y perfecto. Esta idea no puede haber sido creada por el yo, que es finito e imperfecto. Por tanto, debe haber sido transmitida por un ser que posea esas propiedades, lo que demuestra que Dios existe. Además, Descartes también argumenta que, si el yo se hubiera dado existencia a sí mismo, habría poseído todas las perfecciones, lo que evidentemente no ocurre. Siendo un ser contingente, el yo necesita una causa necesaria que explique su existencia, y esa causa solo puede ser Dios. A ello se suma el argumento ontológico, según el cual la idea de un ser infinitamente perfecto implica necesariamente la perfección de existir, pues sería contradictorio concebir un ser perfecto que no existiera. Al probar la existencia de Dios, Descartes justifica la validez de las ideas que habían quedado bajo sospecha. Dios, como ser infinitamente perfecto y bondadoso, no puede engañar. Por ello, garantiza la existencia del mundo exterior y la veracidad de las matemáticas, siempre que estas sigan las reglas del método. Exponga el problema de la “sociedad y/o política” en un autor o en una corriente filosófica de la época moderna. Rousseau. Según Rousseau, la sociedad surge cuando los seres humanos abandonan el estado de naturaleza, en el que viven en condiciones de igualdad, libertad e inocencia, guiados por sentimientos espontáneos como el amor de sí y la piedad natural. Con el aumento de la población y la multiplicación de las necesidades, los seres humanos forman comunidades más complejas, en las que la institución de la propiedad privada transforma el amor de sí en amor propio, generando envidia, orgullo y ambición. Esta transformación provoca una creciente desigualdad social y sustituye las relaciones naturales por vínculos de dominio y subordinación. El Estado aparece así como un instrumento creado por los poderosos para legitimar su control sobre los más débiles. Rousseau sostiene que el desarrollo de las ciencias y las artes ha contribuido a esta corrupción, alejando al ser humano de su naturaleza y de la auténtica libertad. No obstante, el sentimiento moral, manifestado en la voz de la conciencia, le recuerda que es posible otra forma de vida, más libre y genuina, hacia la cual debe esforzarse por retornar. Para ello, propone reorganizar la sociedad mediante un pacto social que permita al individuo unirse a todos sin dejar de obedecerse únicamente a sí mismo, conservando así su libertad. Este contrato libre, aunque no devuelve la libertad natural, sí permite alcanzar la libertad civil, al no someter al individuo a ninguna voluntad particular, sino a la de la comunidad en su conjunto. A través del contrato, el ser humano se convierte en ciudadano y parte activa del pueblo soberano. El pacto da origen a la voluntad general, expresión de la soberanía colectiva, que es inalienable y tiene como fin el bien común. El gobierno, elegido por los ciudadanos, tiene como función aplicar las leyes emanadas de esta voluntad general, y debe ser depuesto si actúa en contra de ella. Rousseau distingue entre la voluntad general, que siempre busca el bien común, y la voluntad de todos, que representa la suma de intereses particulares y puede desviarse de ese fin. Aunque la voluntad general es moralmente recta, su aplicación práctica puede fallar, por lo que el legislador debe actuar con prudencia y considerar las particularidades geográficas, culturales y sociales de cada pueblo. Esto permite diversas formas de gobierno (monarquía, aristocracia y democracia), cuya conveniencia depende del contexto. Sin embargo, Rousseau considera que el modelo más adecuado es la democracia, viable únicamente en repúblicas de pequeña escala.
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