Apuntes - Docente: Lic. Matías Martinez. Carrera: Lic. en Actividad Física y Deportiva. Materia: Introducción al Entrenamiento. Clase: Velocidad. Introducción a la Velocidad como Capacidad Física Básica Definición En el caso de la velocidad, se trata de un complejo extraordinariamente variado y complejo de capacidades, que se manifiesta de forma muy diferente en las distintas modalidades. La velocidad no es sólo la capacidad para correr rápidamente, sino que también desempeña un papel importante en movimientos acíclicos (saltos, lanzamientos, cambios de dirección) y en otros cíclicos (carreras de patinaje, esprint en ciclismo) (cf. Voss, 1993, citado por Weineck, 2005). La velocidad es una forma fundamental de trabajo motor que puede clasificarse tanto como capacidad condicional (junto con la fuerza y la resistencia, debido a su relación con el rendimiento y los mecanismos energéticos implicados), como capacidad coordinativa, ya que depende en gran medida de los procesos de regulación del sistema nervioso (Martin, Carl & Lehnertz, 2001). Definir la velocidad no es una tarea sencilla, ya que existen múltiples enfoques y definiciones. No obstante, una de las más completas surge de la combinación de las interpretaciones de Frey (1977) y Grosser (1991) (citados por Weineck, 2005). “La velocidad es la capacidad de realizar un movimiento en el menor tiempo posible (Frey, 1977), siendo una cualidad física esencial en deportes que requieren desplazamientos rápidos, cambios de dirección y reacciones ante estímulos. En el ámbito deportivo, la velocidad se basa en procesos cognitivos, la fuerza de voluntad y la eficiencia del sistema neuromuscular para alcanzar las máximas velocidades de reacción y movimiento en determinadas condiciones” (Grosser, 1991). Fundamentos anatomo-fisiológicos del entrenamiento de la velocidad Varios factores influyen en la capacidad de una persona para manifestar una alta velocidad, entre los que destacan: Tipos de musculatura (Fibras tipo 1 y tipo 2) La velocidad de contracción muscular está directamente relacionada con el porcentaje y proporción de fibras musculares: a mayor cantidad de fibras rápidas (FT2), mayor es la capacidad para generar velocidad (Coyle et al., 1979; Inbar, Kaiser & Tesch, 1981; Thorstensson et al., 1975). Estas fibras se destacan por producir más fuerza y hacerlo con mayor rapidez que las fibras lentas, aunque se fatigan con mayor facilidad. No es casual, entonces, que los velocistas profesionales presenten una mayor proporción de fibras FT2 en comparación con los corredores de fondo. Esta ventaja no se limita únicamente a acciones cíclicas como la carrera, sino que también se evidencia en gestos acíclicos, como el despegue en el salto, donde una mayor presencia de fibras rápidas se traduce en un mejor rendimiento (Tihanyi, Apor y Fekete, 1983). Por su parte, las fibras de contracción lenta (tipo I) son más eficientes en actividades de resistencia y, aunque no aportan tanto a la generación de velocidad máxima, sí desempeñan un rol importante en su mantenimiento durante esfuerzos prolongados, como en una carrera de 5.000 metros. Si bien la proporción de fibras rápidas (FT) y lentas (ST) es relativamente estable y está determinada genéticamente, su desarrollo funcional puede modificarse a través del entrenamiento (Gollnick et al. 1973; Plotkin et al. 2021). Además, entrenamientos intensos o iniciados a edades tempranas pueden inducir pequeñas transformaciones en el tipo de fibra. Fuerza de la musculatura La velocidad en disciplinas deportivas como el sprint depende en gran medida del nivel de fuerza máxima, especialmente durante la fase de aceleración inicial. Esta relación ha sido respaldada por diversos estudios que evidencian una fuerte correlación entre la fuerza máxima del tren inferior (particularmente en sentadillas o press de piernas) y el rendimiento en distancias cortas de carrera (Suchomel et al., 2016; Seitz et al., 2014). Además, la coordinación intermuscular es un factor clave que permite una aplicación más eficiente de esa fuerza durante movimientos de alta velocidad. Desde el punto de vista fisiológico, el aumento del área de sección transversal del músculo, producto de la hipertrofia, permite una mayor producción de fuerza debido al incremento en la cantidad de puentes cruzados entre actina y miosina (Wackerhage & Schoenfeld, 2021). Este crecimiento muscular, combinado con mejoras neuromusculares como la sincronización de unidades motoras, resulta en una mejor relación fuerza/peso corporal, favoreciendo así la aceleración y la velocidad de desplazamiento (Beardsley & Contreras, 2014). La fuerza explosiva contribuye directamente a variables biomecánicas fundamentales del sprint, como la longitud y frecuencia de zancada, así como la reducción del tiempo de contacto con el suelo, todas ellas determinantes en el rendimiento del velocista (Morin et al., 2015). Por otro lado, la transferencia del entrenamiento de fuerza al gesto técnico es un aspecto clave en el diseño del programa, la cual hace referencia a cuánto las mejoras logradas mediante ciertos ejercicios (por ejemplo, una sentadilla con barra) se traducen en mejoras en gestos deportivos específicos (como correr, saltar, cambiar de dirección, etc.). Young (2006) y Cormie, McGuigan y Newton (2011) destacan que lo fundamental no es que el ejercicio se parezca al gesto técnico, sino que desarrolle las cualidades físicas limitantes del rendimiento, como la capacidad de generar fuerza rápidamente en el vector adecuado. Si bien la especificidad es importante, la transferencia no se logra necesariamente mediante ejercicios que imiten visualmente el gesto deportivo, sino a través del desarrollo de cualidades físicas fundamentales. Ejercicios como las sentadillas pesadas o el peso muerto, por permitir una mayor producción de fuerza y aplicar altos niveles de tensión mecánica, generan adaptaciones estructurales y neuromusculares que se transfieren con mayor eficacia a gestos deportivos, especialmente cuando se complementan con ejercicios de mayor velocidad o dirección específica (Young, 2006; Harris et al., 2020; Rumpf et al., 2016). Bioquímica de la musculatura La velocidad depende de las reservas musculares de ATP y fosfocreatina (PCr), capaces de mantener esfuerzos máximos durante unos pocos segundos (hasta 10s aprox.). Sin estas reservas, el rendimiento cae drásticamente. Además, si la recuperación es eficiente, especialmente mediante el sistema aeróbico, la PCr se regenera rápidamente y permite repetir acciones explosivas con eficacia (Bogdanis et al., 1996; Hultman et al., 1988). Con entrenamiento, se puede aumentar entre un 10 % y 20 % la cantidad de estas reservas y mejorar la actividad de enzimas como la creatina quinasa, optimizando la contracción muscular (Greenhaff et al., 1994; Bogdanis et al., 2012). También el uso de suplementos como la creatina puede mejorar la restauración de PCr entre esfuerzos (Demant & Rhodes, 1999). Además, durante actividades explosivas, entran en juego las hormonas. Por ejemplo, la adrenalina ayuda a liberar rápidamente el glucógeno y la grasa desde el músculo, y mejora la contracción muscular al facilitar la entrada de calcio en las fibras. El cortisol, por su parte, regula el uso de proteínas y otras fuentes de energía cuando el cuerpo está bajo mucho esfuerzo. Estas respuestas hormonales ayudan a sostener el rendimiento, sobre todo si la actividad se repite varias veces o se extiende en el tiempo (Phillips et al., 2020; Stokes et al., 2017). Procesos de regulación neuromuscular y patrones de inervación La velocidad depende en gran medida de una coordinación neuromuscular eficaz. Para poder ejecutar respuestas rápidas y precisas, el sistema nervioso central debe activar con exactitud las unidades motoras necesarias, tanto dentro del músculo (control intramuscular) como en la coordinación entre varios músculos que trabajan juntos (agonistas y antagonistas) para producir un movimiento eficiente y controlado (Harre, 1991; Latash, 2012). Esta coordinación no es algo fijo ni constante. Cambia según factores como la carga que se ejerce, la velocidad del movimiento, la técnica que se emplea, y también el grado de fatiga que tiene el músculo y el sistema nervioso. Por eso, siempre el entrenamiento debe tener ejecuciones a máxima velocidad/intensidad, ya sea desde los ejercicios de fuerza, hasta los esprints en específico, pero también debe incluir variaciones en las condiciones (por ejemplo, cambiar la velocidad, la carga o el tipo de movimiento). Esto ayuda a que la coordinación mejore de forma más generalizada y se transfiera mejor al gesto deportivo real (Rühl & Wittekopf, 1984; Sánchez-Molina et al., 2017). Además, la coordinación entre músculos agonistas y antagonistas no es estática: el sistema nervioso adapta constantemente la activación para lograr un equilibrio funcional. Esta dinámica es necesaria para mantener la estabilidad articular y para que el movimiento sea eficiente y seguro, evitando movimientos bruscos o pérdidas de control que pueden disminuir el rendimiento o aumentar el riesgo de lesiones (Falla et al., 2012). Por último, la fatiga neuromuscular afecta la coordinación, ya que reduce la capacidad del sistema nervioso para reclutar fibras musculares de manera rápida y precisa, lo que puede comprometer la técnica y la velocidad en ejercicios prolongados o repetidos (Hunter, 2018). Por eso, entrenar la coordinación también debe incluir la capacidad de mantenerla bajo condiciones de fatiga para un mejor rendimiento en la práctica deportiva. Velocidad de transmisión nerviosa La velocidad de conducción nerviosa es clave para lograr respuestas rápidas y precisas en movimientos que requieren velocidad máxima y potencia explosiva. Esta velocidad depende de la integridad de las fibras nerviosas, especialmente del grosor de la mielina, que permite una transmisión eficiente de los impulsos nerviosos (Waxman, 1980). Estudios recientes muestran que atletas especializados en deportes de velocidad y fuerza explosiva tienen velocidades de conducción nerviosa mayores que deportistas de disciplinas menos explosivas (Lundbye-Jensen et al., 2011). Esta mayor eficiencia en la transmisión nerviosa facilita una activación más rápida y sincronizada de las unidades motoras, mejorando el rendimiento neuromuscular (Aagaard et al., 2002). Además, la plasticidad del sistema nervioso permite adaptaciones con el entrenamiento, incrementando la velocidad y eficiencia de conducción nerviosa, lo que contribuye a mejorar la capacidad de acelerar y mantener velocidades máximas (Ross et al., 2001). En conclusión, la velocidad y calidad de la conducción nerviosa, moduladas por características estructurales y adaptaciones al entrenamiento, son determinantes esenciales para el éxito en deportes que exigen rapidez y potencia. Elasticidad, capacidad de estiramiento y relajación de la musculatura La elasticidad, junto con la capacidad de estiramiento y relajación muscular, son fundamentales para alcanzar una amplitud de movimiento óptima y una coordinación eficiente. Cuando estas cualidades son insuficientes, los músculos agonistas enfrentan una mayor resistencia por parte de los antagonistas, lo que disminuye la eficacia del movimiento y puede incrementar el gasto energético. Sin embargo, un cierto grado de rigidez muscular puede ser beneficioso para almacenar y liberar energía elástica durante movimientos explosivos, mejorando la economía del gesto técnico (Kubo et al., 2015). Por otra parte, la capacidad de relajación muscular activa y rápida es esencial para permitir secuencias motoras fluidas y reducir co-contracciones, lo que es especialmente importante en acciones rápidas y repetidas (Gribble et al., 2004). Estado de calentamiento de la musculatura Un calentamiento adecuado es fundamental para alcanzar altas frecuencias de movimiento y desarrollar fuerza con intensidad. Este proceso mejora la elasticidad y capacidad de estiramiento muscular al reducir la viscosidad interna del tejido, facilitando movimientos más eficientes y rápidos (Fradkin, Zazryn & Smoliga, 2010). Además, el calentamiento acelera la velocidad de transmisión nerviosa, potenciando tanto la reacción como la regulación motora, aspectos clave para el rendimiento en deportes de alta velocidad (Shellock & Prentice, 1985). A nivel bioquímico, el aumento de la temperatura corporal favorece las reacciones enzimáticas involucradas en el metabolismo energético, siguiendo la regla reacción-velocidad-temperatura (RVT), la cual indica que un incremento térmico dentro del rango fisiológico puede acelerar estos procesos hasta en un 20 % (Fitts, 1994). Por lo tanto, lograr un estado óptimo de calentamiento no solo prepara el cuerpo físicamente, sino que también es imprescindible para alcanzar el máximo rendimiento en velocidad y fuerza. Fatiga La fatiga muscular ocurre cuando las reservas energéticas disminuyen y se acumulan productos ácidos en el músculo, generando señales que inhiben el sistema nervioso central. Esto reduce la frecuencia y cantidad de descargas de las motoneuronas, lo que limita la coordinación y disminuye la capacidad para alcanzar la velocidad máxima (Gandevia, 2001; Enoka & Duchateau, 2016). Por ello, los ejercicios que exigen velocidad máxima deben realizarse preferentemente al inicio de la sesión, tras un calentamiento adecuado, para maximizar el rendimiento. No obstante, los patrones neuronales básicos que controlan la velocidad parecen resistir la fatiga mejor que otros sistemas. Investigaciones muestran que, incluso después de realizar numerosos saltos intensos, los deportistas mantienen intactos sus patrones de activación neuromuscular, indicando una elevada resistencia neuronal a la fatiga (Gandevia, 2001; Duchateau & Enoka, 2016). Magnitudes antropométricas, Sexo y Edad La amplitud y la frecuencia de zancada varían considerablemente entre individuos, por lo que ni la estatura ni las condiciones de palanca resultan determinantes para estos parámetros. Según Letzelter et al. (1979), citado por Weineck (2005), se observan las siguientes tendencias: ● En términos absolutos, los hombres, que suelen ser de mayor estatura, presentan zancadas más largas que las mujeres. ● Sin embargo, al relacionar la zancada con la estatura, tanto hombres como mujeres muestran amplitudes de zancada similares, independientemente de la velocidad. ● Las mujeres alcanzan frecuencias de zancada semejantes a las de los hombres. ● La frecuencia relativa de zancada parece tener mayor influencia en el rendimiento que la amplitud relativa, según comparaciones entre esprinters de élite de ambos sexos. Aunque la frecuencia de zancada y la relación entre zancada y estatura son similares entre hombres y mujeres, las mujeres presentan en general velocidades máximas absolutas menores. Esto se debe principalmente a que, en promedio, las mujeres tienen menor estatura y, por ende, menor longitud absoluta de zancada. En consecuencia, el entrenamiento debería enfocarse principalmente en mejorar la frecuencia de zancada, aunque esta recomendación está respaldada principalmente por estudios realizados en varones. En sujetos no entrenados, las mujeres presentan una velocidad básica aproximadamente un 10-15 % menor que los hombres (Hollmann y Hettinger, 1980, citado por Weineck, 2005). Esta diferencia se atribuye principalmente a un menor nivel de fuerza absoluta y masa muscular, y no a diferencias en la coordinación, ya que la frecuencia de movimientos en carreras cortas es similar entre ambos sexos (Letzelter et al., 1979, citado por Weineck, 2005). Además ambos sexos poseen diferencias hormonales y fisiológicas que afectan la potencia muscular y la capacidad neuromuscular, así como los mayores niveles de testosterona en hombres. La velocidad básica es, además, la capacidad física que más rápida y marcadamente disminuye con la edad. Esta reducción se debe principalmente a la pérdida de fuerza y a la disminución de la capacidad coordinativa que conlleva el envejecimiento, limitando así el rendimiento en velocidad. Influjos psíquicos La capacidad para esprintar depende en gran medida de una coordinación neuromuscular eficiente y de la regulación central del movimiento. En situaciones de alta presión o fatiga, por ejemplo, cuando un esprinter es adelantado, puede ocurrir una desregulación del control motor, causando pérdida de velocidad y descoordinación (Enoka & Stuart, 1992). Además, intentar controlar conscientemente movimientos que normalmente son automáticos puede perturbar la coordinación. Este fenómeno, conocido como interferencia cognitiva o "desautomatización", se observa especialmente en gestos aún no consolidados (Masters, 1992). Por otro lado, la denominada motivación y activación voluntaria resulta decisiva para alcanzar la máxima velocidad, ya que ayuda a movilizar al organismo sin alterar los patrones motores ni la eficiencia técnica (McCormick, Meijen & Marcora, 2015). Tipos de Velocidad Velocidad Motora La velocidad en el deporte se manifiesta de diferentes formas. En relación con la velocidad motora, Schiffer (Citado por Weineck, 2005) distingue las formas “puras” y “complejas” y sus subcategorías: Formas puras de la velocidad La velocidad puede tener componentes más "puros", como la velocidad de reacción o la velocidad de movimiento segmentario (por ejemplo, mover una mano rápido sin carga). Estas pueden entrenarse sin fuerza máxima como base, al menos hasta cierto punto ya que dependen casi exclusivamente del sistema nervioso central y de factores genéticos, sin la influencia significativa de la fuerza o la resistencia. Se dividen en: ● Velocidad de reacción: Es la capacidad de responder en el menor tiempo posible ante un estímulo determinado (visual, auditivo o táctil). Este tipo de velocidad depende casi exclusivamente de la eficiencia del sistema nervioso central y de la velocidad de procesamiento neuromuscular, siendo poco influida por las capacidades físicas como la fuerza o la resistencia. Es clave en deportes donde el tiempo de respuesta ante un estímulo es determinante, como en la salida de una carrera o la reacción a un pase en deportes de conjunto. El entrenamiento incluye ejercicios con estímulos imprevistos, variabilidad de señales, y trabajos de toma de decisión bajo presión. ● Velocidad de acción: Se refiere a la capacidad de realizar movimientos únicos, acíclicos (no repetitivos), a la máxima velocidad posible y frente a resistencias muy bajas, generalmente ligadas al peso del segmento corporal en movimiento. Es fundamental en acciones explosivas como un golpe, un lanzamiento o un salto sin contramovimiento. Su desarrollo está vinculado a la velocidad de reclutamiento de unidades motoras y a la coordinación intermuscular. Entrenamientos con gestos específicos a alta velocidad, lanzamientos balísticos, y técnicas de contraste pueden favorecer su mejora. ● Velocidad de frecuencia: Es la capacidad de realizar movimientos cíclicos (repetitivos), como correr, pedalear o bracear, a la mayor frecuencia posible y sin pérdida de amplitud o técnica. Se trata de una forma de velocidad muy influenciada por la eficiencia neuromuscular, el patrón de coordinación motora y el ritmo. Aunque se considera una forma “pura” de velocidad, su manifestación prolongada puede requerir cierto nivel de resistencia específica. Para desarrollarla se utilizan ejercicios con series breves de alta frecuencia, trabajo técnico con metrónomo o cronometraje parcial, y entrenamiento de la economía del gesto. Formas complejas de velocidad En muchos gestos explosivos, la velocidad no depende solo de moverse rápido, sino de cuánta fuerza puede aplicarse en muy poco tiempo. Por eso, para mejorarla de manera efectiva, es clave desarrollar también la fuerza. Estas formas, llamadas “complejas”, combinan velocidad, fuerza y resistencia, y se manifiestan según el nivel de fatiga y los sistemas energéticos involucrados. Se clasifican en: ● Velocidad de la fuerza: Implica la capacidad de generar una gran cantidad de fuerza en un tiempo muy corto, especialmente frente a resistencias moderadas o elevadas. Es central en acciones como esprints, cambios de dirección, saltos o lanzamientos potentes. Se entrena con métodos como la halterofilia, ejercicios de potencia con sobrecarga (40–70% del 1RM), y el entrenamiento basado en la velocidad (VBT). Esta forma representa el punto de cruce entre la fuerza máxima y la velocidad pura, por lo que su desarrollo requiere una base de fuerza significativa y una transferencia hacia gestos rápidos. ● Resistencia de la fuerza rápida: Es la capacidad de mantener esfuerzos acíclicos de alta intensidad frente a la fatiga, conservando la capacidad de aplicar fuerza con velocidad. Es clave en situaciones donde se repiten acciones explosivas sin tiempo completo de recuperación, como en deportes de combate, saltos repetidos o sprints intermitentes. Su mejora requiere entrenamientos que combinen volumen, intensidad y velocidad, como series con cargas moderadas realizadas a alta velocidad, repeticiones balísticas, y métodos de contraste con pausas incompletas. También se estimula con circuitos de fuerza-potencia bajo condiciones de fatiga controlada. ● Resistencia de la velocidad máxima: Se refiere a la capacidad de sostener la velocidad máxima durante un tiempo prolongado, pese a la aparición de fatiga. Se expresa especialmente en gestos cíclicos, como en carreras de 100–400 m, ciclismo en pista o natación de velocidad. La fatiga limita rápidamente la contracción muscular máxima, por lo que esta forma requiere entrenamiento específico para prolongar la capacidad del sistema nervioso y energético de sostener gestos a alta velocidad. Se entrena mediante repeticiones de sprints con pausas incompletas, trabajos de tempo-runs, y ejercicios de técnica bajo fatiga. En resumen, la velocidad es una capacidad física básica que rara vez se manifiesta de forma aislada en el deporte. Cuanto más complejo y explosivo es el gesto, mayor es la influencia de la fuerza aplicada en poco tiempo. Por eso, la velocidad motora no debe entenderse sólo como rapidez de movimiento, sino como una capacidad multifactorial: psíquica, cognitiva, coordinativa y condicional. Está influida por factores genéticos, de aprendizaje, desarrollo, percepción sensorial, control neuronal y funcionamiento músculo-tendinoso. Características parciales de la velocidad en el juego (Adaptado de Weineck, 2005). Esta capacidad “psíquica, cognitiva, coordinativa y condicional” se articula en sus características parciales de la siguiente manera: ● Velocidad de percepción: Consiste en la capacidad para captar, procesar y evaluar rápidamente los estímulos sensoriales relevantes del entorno (principalmente visuales y auditivos). En deportes de juego, esto implica identificar de forma veloz la posición de compañeros, adversarios, el balón, y las trayectorias o dinámicas del juego. Una percepción eficiente permite anticiparse a las situaciones y reducir el tiempo total de respuesta. Ejemplo: un mediocampista que percibe de reojo el movimiento de un rival antes de recibir el pase y ajusta su control en consecuencia. ● Velocidad de anticipación: Es la capacidad de prever lo que va a suceder en el juego antes de que ocurra, basándose en experiencias previas, patrones conocidos y una lectura intuitiva del contexto. Cuanto mejor es la anticipación, menor es la necesidad de reacción pura, porque el jugador se adelanta al desarrollo. Ejemplo: un arquero que “adivina” hacia dónde irá el penal por el lenguaje corporal del ejecutante. ● Velocidad de decisión: Se refiere a la capacidad de elegir con rapidez y eficacia una acción concreta entre varias alternativas, en función del objetivo y las condiciones del juego. La rapidez de decisión depende tanto de la percepción como del nivel de automatización de las respuestas técnicas y tácticas. Ejemplo: un base en básquet que decide en milésimas si penetrar, pasar o lanzar ante una defensa rotando. ● Velocidad de reacción: Implica la capacidad de responder rápidamente ante un estímulo imprevisto. A diferencia de la anticipación, aquí la acción es desencadenada por un estímulo que no se puede prever. Ejemplo: un lateral que reacciona ante un rebote inesperado para ganar la segunda pelota. ● Velocidad de movimiento sin balón: Es la capacidad de realizar desplazamientos o gestos motores a máxima velocidad sin interacción directa con un implemento o pelota. Puede incluir sprints, cambios de dirección, frenadas, giros, etc., tanto cíclicos como acíclicos. Ejemplo: un extremo que realiza un desmarque explosivo para recibir un pase profundo. ● Velocidad de acción con balón: Se refiere a la capacidad de realizar acciones técnicas específicas (pases, lanzamientos, controles, conducciones, remates) a la máxima velocidad posible, sin perder precisión ni eficacia. Es una cualidad que exige una integración óptima entre técnica, coordinación y percepción. Ejemplo: un jugador que controla, gira y dispara al arco en una fracción de segundo. ● Velocidad de actuación: Es la capacidad integradora de actuar eficazmente y con la máxima rapidez posible dentro del juego real, combinando todas las formas anteriores de velocidad. Incluye tanto la velocidad física como las decisiones técnico-tácticas, la ejecución precisa, y la adaptación a las condiciones cambiantes del entorno. Ejemplo: un contraataque bien ejecutado desde la recuperación del balón hasta la finalización en pocos segundos. Su importancia para el rendimiento en modalidades de juego Solo con un desarrollo óptimo de todas estas capacidades parciales puede decirse que la velocidad ha sido realmente adquirida como una cualidad compleja. En el juego real, estas manifestaciones no actúan de forma aislada, sino que se integran de manera dinámica y simultánea. A continuación, se ejemplifica cómo estas características parciales de la velocidad se articulan en el contexto específico de los deportes de conjunto, influyendo directamente en el rendimiento del jugador en situaciones clave: La velocidad psíquica-cognitiva del jugador se manifiesta en la comprensión inmediata (capacidad de percepción y de anticipación) de una situación de juego y en la capacidad para “activarse” y decidirse con rapidez por una acción eficaz (velocidad de decisión). La reacción instintiva rápida ante situaciones de juego imprevistas caracteriza sobre todo al delantero: su “olfato de gol” le permite actuar con una intuición relámpago, anticipando las posibles situaciones próximas (velocidad de anticipación). La capacidad de arranque, dependiente de la fuerza, también denominada “capacidad de aceleración”, como subcategoría de la velocidad de movimiento del jugador, permite plasmar en hechos lo observado o lo intuido, soltarse del contrario, aparecer de forma sorpresiva en posiciones decisivas y volverse peligroso de cara al gol. Finalmente, el dominio del balón bajo presión de tiempo, espacio y del contrario exige un alto grado de velocidad de acción. Velocidad de actuación El desarrollo coordinado de los distintos componentes que conforman la velocidad permite alcanzar un nivel óptimo de velocidad de actuación, aspecto decisivo en los deportes de situación. Esta forma compleja de velocidad no depende únicamente de la ejecución motora, sino también de la capacidad para percibir y procesar rápidamente la información relevante del entorno, y de adaptar la respuesta motriz de manera eficaz a las exigencias del juego. Según Schlimper, Brauske y Kirchgässner (1989, citados por Weineck, 2005), la velocidad de actuación puede definirse como: “una forma de velocidad compleja, específica de la modalidad. Es una característica de ejecución psicofísica que refleja, en situaciones de juego dadas, la velocidad de los procesos cognitivos y motores en curso, propios de las acciones de juego técnico-tácticas (reguladas a su vez, desde el punto de vista emocional y motivacional, de forma diferente según los individuos).” Velocidad de Esprint Factores Determinantes de la Velocidad de Esprint Para alcanzar una velocidad de carrera elevada no basta con tener buenas condiciones innatas; también se requiere un desarrollo integral que incluya fuerza, técnica, coordinación y fortaleza mental (Voss, 1993, citado en Weineck, 2005). El entrenamiento del esprint no se orienta únicamente a mejorar la velocidad máxima, sino que también abarca el trabajo de fuerza, la economía de carrera y el desarrollo de la voluntad. Según Weineck (2005, fig 296), el rendimiento en el esprint se apoya en factores tanto elementales como complejos, entre los que destacan la velocidad de reacción, la capacidad de aceleración, la velocidad máxima de carrera y la resistencia de la velocidad. Velocidad de Reacción La velocidad de reacción es un elemento fundamental en diversas actividades humanas, desde el deporte hasta la conducción, y hace referencia al intervalo entre la presentación de un estímulo y la ejecución de una respuesta motriz, expresándose así a través del tiempo de reacción. En el deporte, generalmente se basa en la capacidad de responder motrizmente ante un estímulo en el menor tiempo posible. Comprender los factores que lo influyen y las diferencias entre los distintos tipos de reacción resulta clave para optimizar el rendimiento y la seguridad en diversas áreas. Elementos del Tiempo de Reacción y Latencia: El tiempo de reacción se compone de varios elementos interrelacionados basados en la detección del estímulo, identificación, selección de respuesta, programación motora y ejecución: ● Latencia del receptor: Tiempo que tarda un órgano sensorial en captar y procesar un estímulo externo. ● Transmisión aferente: Período en el que la señal viaja desde el receptor hasta el sistema nervioso central. ● Procesamiento central: Tiempo necesario para la interpretación del estímulo y la toma de decisiones. ● Transmisión eferente: Fase en la que la respuesta se transmite a los músculos involucrados en la acción. ● Latencia motora: Tiempo que transcurre desde que la orden llega al músculo hasta que se produce el movimiento observable. Estos elementos son determinantes para la rapidez y eficacia de la respuesta motriz en cualquier situación que requiera reacciones rápidas y precisas. Factores que Influyen en la Capacidad de Reacción: Diversos factores pueden afectar la velocidad de reacción de un individuo, incluyendo: ● Edad: A medida que envejecemos, el tiempo de reacción tiende a aumentar debido a la disminución de la velocidad de conducción nerviosa y la capacidad de procesamiento cognitivo. ● Nivel de entrenamiento: La práctica y el acondicionamiento pueden mejorar la rapidez en la toma de decisiones y la ejecución motora. ● Experiencia previa: Las personas con experiencia en situaciones específicas pueden responder más rápido gracias a la memoria muscular y la anticipación de los eventos. ● Atención y concentración: La fatiga mental, el estrés o la distracción pueden ralentizar significativamente la reacción. ● Estado físico: La fatiga muscular, la calidad del sueño y el estado nutricional pueden influir en la eficiencia de las respuestas motoras. Tipos de Reacción y Sus Diferencias: La capacidad de reacción es fundamental en la velocidad de respuesta ante un estímulo y se clasifica en tres tipos principales, que varían según la cantidad de opciones de respuesta y la complejidad del proceso de decisión: ● Reacciones Sencillas: Son respuestas automáticas a un único estímulo sin necesidad de tomar decisiones. Ejemplo: Reaccionar al disparo de salida en una carrera. ● Reacciones Complejas: Requieren procesar información y tomar decisiones antes de actuar. Se dividen en: Disyuntivas: Se debe elegir entre varias opciones según el estímulo. Ejemplo: Un futbolista decide entre pasar o tirar a portería según la posición del adversario. Diferenciadas: Además de decidir, se ejecuta un movimiento técnico específico. Ejemplo: Un jugador de baloncesto ajusta la dirección y fuerza de su tiro mientras esquiva a un defensor. ● Reacciones Electivas: Se caracterizan porque la respuesta no puede ser programada con antelación, ya que depende del desarrollo de la jugada y de la interpretación en tiempo real. Requieren un alto nivel de percepción. Ejemplo: Un tenista reacciona a un golpe inesperado del rival, adaptando su movimiento en el momento. En síntesis, cada tipo de reacción plantea exigencias distintas para el atleta y, por lo tanto, merece estrategias de preparación específicas: ● Las reacciones sencillas (como la salida de tacos) dependen en gran medida de la velocidad de conducción nerviosa y de la eficiencia sináptica heredada. Por eso su margen de mejora es limitado: pequeños avances provienen de afinar la activación neuromuscular (rutinas de “priming”, optimización del arousal, control de la respiración) y de crear rituales pre-inicio que minimicen la variabilidad. ● Las reacciones complejas (disyuntivas y diferenciadas) son eminentemente entrenables. Cada repetición de juego reducido, cada video-análisis y cada simulación situacional van construyendo libros mentales de jugadas que el cerebro consulta casi en modo automático. Cuanto mayor sea ese banco de experiencias, más veloz será la elección y la ejecución técnica correcta. ● Las reacciones electivas representan el grado máximo de adaptabilidad: hereje a la planificación, el deportista debe “leer” el guión que se escribe en tiempo real y escribir la respuesta en la misma fracción de segundo. Estas se optimizan desarrollando la percepción periférica, la anticipación táctica y la creatividad motora mediante juegos con incertidumbre creciente y feedback inmediato. En conjunto, el entrenamiento intensivo (siempre que combine estimulación cognitiva, presión temporal y exigencia técnica) no sólo acorta el tiempo de reacción sino que también mejora la capacidad de concentración: el atleta aprende a filtrar lo irrelevante y a fijar la atención en los indicios críticos que disparan la acción correcta. Así, acelerar la mente es tan necesario como acelerar el cuerpo: la auténtica ventaja competitiva surge cuando la decisión adecuada y la ejecución eficaz confluyen antes que en el adversario. Factores Fisiológicos de la Reacción El tiempo de reacción no solo depende del tipo de estímulo o de la experiencia previa, sino también de varios factores fisiológicos que determinan cuán rápida y eficazmente el cuerpo puede responder. Entre los más relevantes se encuentran: ● Velocidad de conducción nerviosa: La información sensorial y motora viaja por el sistema nervioso a través de impulsos eléctricos. La velocidad con la que se transmiten estos impulsos está influida por el grado de mielinización (la capa aislante de las fibras nerviosas) y por la eficiencia de las sinapsis (las conexiones entre neuronas). Una conducción más rápida permite procesar el estímulo y activar la respuesta motora en menos tiempo. Este factor es en gran parte genético, pero puede mantenerse o incluso optimizarse mediante el entrenamiento neuromuscular y la estimulación cognitiva en situaciones de juego real. ● Tono muscular: El estado de activación de los músculos antes del estímulo influye directamente en la capacidad de reaccionar. Un músculo completamente relajado tarda más en activarse, mientras que un músculo con un tono óptimo (ni demasiado tenso ni totalmente inactivo) puede responder más rápido. Este tono de preparación es parte del control postural y de la regulación automática del sistema nervioso autónomo. Entrenamientos que incluyen activaciones previas, como saltos reactivos, ejercicios pliométricos o rutinas de activación específicas, favorecen este estado de "alerta física". ● Coordinación neuromuscular: Se refiere a la capacidad del sistema nervioso central para reclutar de forma rápida, precisa y secuencial las unidades motoras necesarias para ejecutar una respuesta. No solo importa qué tan fuerte se contrae un músculo, sino cuán sincronizada está la acción entre varios grupos musculares involucrados. La coordinación neuromuscular mejora con la automatización técnica, el entrenamiento de la velocidad específica y la exposición frecuente a situaciones similares a las del deporte. ● Niveles hormonales: Sustancias como la adrenalina y el cortisol influyen en la activación general del organismo. En momentos de estrés o competencia, una liberación adecuada de adrenalina puede agudizar los sentidos, acelerar los reflejos y aumentar el foco atencional. Sin embargo, un exceso de estrés (altos niveles de cortisol sostenido) puede bloquear la capacidad de respuesta, generar rigidez muscular y reducir la eficacia en la toma de decisiones. Por eso, el manejo emocional y las rutinas de regulación del estrés (respiración, mindfulness, visualización) son claves en el rendimiento reactivo. El tipo de estímulo sensorial también incide en la rapidez con la que se puede iniciar una respuesta: ● Señales acústicas: (como un silbato o una palmada) suelen generar respuestas más rápidas porque el procesamiento auditivo implica menos etapas y menor tiempo de integración en el cerebro. ● Señales visuales: (como una luz o el movimiento de un oponente) son más lentas, ya que la transformación de la luz en señales eléctricas a través de la retina requiere más tiempo, además de un procesamiento más complejo en áreas visuales del cerebro. Esta diferencia puede tener implicancias prácticas en la planificación de tareas de reacción, en el uso de estímulos durante el entrenamiento y en la adaptación específica a las demandas del deporte. Capacidad de Aceleración en el Esprint La aceleración es el cambio de velocidad en función del tiempo. En el contexto del movimiento humano, se refiere a la capacidad para incrementar la velocidad del centro de masas en una dirección específica, como resultado de la aplicación de fuerza muscular (Morin et al., 2011; Haugen et al., 2019). En el sprint, esta aceleración, también conocida como velocidad de arranque o fuerza de esprint, representa la habilidad del atleta para aumentar su velocidad de forma progresiva desde una posición de reposo o baja velocidad (Morin et al., 2011). Esta capacidad es fundamental en pruebas de velocidad como los 100 metros lisos y se expresa principalmente durante los primeros 30-40 metros de la carrera, donde se produce un incremento progresivo en la velocidad hasta alcanzar el pico máximo. La carrera de 100 metros puede dividirse en tres fases, cada una con un grado diferente de influencia de la aceleración: 1. Fase de salida y aceleración inicial (0-10 m): Es donde la aceleración tiene mayor impacto. El atleta parte desde cero, con el tronco inclinado hacia adelante y aplicando fuerza casi exclusivamente horizontal. Cualquier incremento de velocidad en este tramo representa una mejora relativa muy significativa. 2. Fase de aceleración progresiva (10-30/40 m): Aunque la velocidad sigue aumentando, el impacto de la aceleración empieza a disminuir. El cuerpo se va incorporando y la fuerza aplicada pierde horizontalidad. Las ganancias de velocidad son menores y más difíciles. 3. Fase de velocidad máxima y mantenimiento (30/40-100 m): Se alcanza la velocidad pico y la aceleración tiende a cero. El objetivo ya no es seguir acelerando, sino mantener la velocidad el mayor tiempo posible. Las fuerzas horizontales son mínimas y predomina el componente vertical (Mero et al., 1992; Haugen et al., 2019). Importancia de la Capacidad de Aceleración La aceleración es la capacidad de aumentar la velocidad progresivamente desde una posición inicial. Es decisiva en carreras cortas: los velocistas más destacados presentan tiempos de salida más rápidos y mejor aceleración (Morin et al., 2011). De hecho, según Ballreich (1969, citado por Weineck, 2005), hasta el 85 % de las diferencias de rendimiento en esta prueba pueden explicarse por el nivel de aceleración (Weineck, 2005, fig. 303). Aunque la aceleración guarda relación con la velocidad máxima, ambas capacidades no son equivalentes ni totalmente dependientes entre sí. Son parcialmente independientes, ya que involucran componentes fisiológicos, técnicos y neuromusculares diferentes. La aceleración depende más de la producción rápida de fuerza y de su orientación horizontal, especialmente en los primeros metros, además de una técnica eficiente de salida. Por su parte, la velocidad máxima implica mantener una alta frecuencia y amplitud de zancada, con un cuerpo más erguido y una orientación de fuerza más vertical. Esto explica por qué un atleta puede tener una buena velocidad máxima a pesar de una aceleración inicial deficiente. Por ejemplo, si no posee una técnica de salida eficiente, puede que no logre aplicar suficiente fuerza en los primeros metros. Sin embargo, a medida que se acomoda en la carrera, puede mejorar su técnica y aumentar la aplicación de fuerza, logrando una velocidad final elevada, incluso superior a otro atleta que haya salido mejor. No obstante, en una carrera corta como los 100 metros, este retraso inicial puede ser determinante: aunque el atleta con mayor velocidad máxima logre eventualmente correr más rápido, es probable que no le alcance el tiempo ni la distancia para recuperar la ventaja perdida frente a un rival que aceleró mejor desde el principio. En resumen: ● Cuanto más corta la carrera, más importante es la aceleración. ● La aceleración y velocidad máxima son complementarias, pero no dependen linealmente una de la otra. ● Se puede tener alta velocidad sin buena aceleración, aunque en carreras cortas, eso difícilmente se traduzca en mejor rendimiento. Factores que Influyen en la Aceleración La capacidad de aceleración depende de múltiples factores que interactúan entre sí. Entre los más relevantes se encuentran: ● La producción rápida de fuerza, especialmente en la musculatura de las piernas, lo que permite generar impulsos potentes en cada paso. ● El tiempo de aplicación de la fuerza, ya que en el esprint este tiempo es muy breve, y cuanto más rápido se pueda aplicar una fuerza significativa, mayor será la aceleración (Bosco, 2000; Morin et al., 2011) ● La orientación del vector de fuerza respecto al suelo, siendo más efectiva cuando se dirige de forma horizontal, crucial en los primeros metros de carrera (Morin et al., 2011; Haugen et al., 2019). ● Los aspectos técnicos, como la posición del tronco, la coordinación entre zancadas y la mecánica de carrera. ● El adecuado programa temporal acíclico, es decir, la capacidad del sistema neuromuscular para aplicar fuerza de forma explosiva en acciones no repetitivas ni cíclicas. ● El rendimiento neuromuscular, reflejado en la alta correlación entre fuerza de salto y rendimiento en el sprint: 0,64 para los saltos horizontales y 0,50 para los verticales, lo que sugiere que quienes saltan mejor también aceleran mejor (Morin et al., 2011). Aspecto Bioquímico Desde el punto de vista metabólico, la aceleración se sostiene principalmente mediante el sistema anaeróbico aláctico, utilizando fosfatos de alta energía (ATP y CP). Esto implica esfuerzos breves, explosivos y de muy alta intensidad (Haugen et al., 2019). Optimización de la Aceleración El desarrollo de esta capacidad requiere una técnica depurada de salida y aceleración, que debe trabajarse desde las primeras fases del entrenamiento. Automatizar patrones técnicos erróneos en etapas iniciales puede limitar seriamente el rendimiento en niveles avanzados, donde corregirlos resulta extremadamente difícil (cf. Morin et al., 2011; Haugen et al., 2019). Velocidad de Acción La velocidad de acción es la capacidad de ejecutar un gesto motor en el menor tiempo posible. Puede manifestarse como coordinación rápida (en acciones técnicas específicas) o como velocidad máxima de carrera (en desplazamientos). En el caso de la velocidad de esprint, lo fundamental es la combinación de ambas: una alta velocidad de desplazamiento lograda gracias a la coordinación eficiente de distintos gestos, como la frecuencia de zancada y de braceo. Velocidad: un concepto en distintos niveles El término velocidad puede adoptar distintos significados según el campo en que se utilice: ● Desde la física, la velocidad es una magnitud escalar o vectorial que representa el cambio de posición en el tiempo (m/s). Es un valor medible y objetivo, aplicable a cualquier tipo de movimiento, desde el desplazamiento de un objeto hasta el de un atleta en competencia (Knudson, 2007). ● En el contexto del esprint (velocidad de esprint) o la locomoción humana (velocidad motora), alude a la rapidez con la que una persona se desplaza, sin que necesariamente se trate de su punto máximo. Cualquier ritmo sostenido de movimiento, ya sea caminar, correr o nadar, implica una cierta velocidad (Dintiman et al., 2012). ● La velocidad de acción, por su parte, hace referencia a la capacidad máxima del sistema neuromuscular para ejecutar movimientos específicos de alta intensidad en el menor tiempo posible. Esta velocidad puede involucrar desplazamiento (como correr), pero también acciones localizadas como golpear, fintar, girar, pasar o saltar. Se relaciona directamente con la eficiencia del sistema nervioso y la capacidad de reclutar unidades motoras rápidamente (Zemková, 2014). Como señala Lehmann (1992, citado por Weineck), usar indistintamente términos como "velocidad", "velocidad de carrera" o "velocidad máxima" puede inducir a errores de interpretación, especialmente fuera del ámbito del atletismo.Esta distinción es clave, ya que no siempre que hablamos de velocidad nos referimos a la máxima velocidad posible, y no todo movimiento rápido es expresión de velocidad de acción. Especificidad de la velocidad de acción La velocidad de acción es altamente específica al gesto motor que se entrena o se evalúa. No existe una transferencia automática entre distintas manifestaciones de velocidad dentro del mismo individuo cuando los patrones de coordinación y las demandas neuromusculares difieren de forma sustancial (Young, 2006; Behm & Sale, 1993). Por ejemplo: ● Un atleta puede mostrar excelente velocidad en carrera lineal, pero eso no garantiza el mismo rendimiento en desplazamientos laterales, natación o en acciones como lanzar o golpear, donde intervienen otros patrones motores y direcciones de fuerza. ● Mejorar el salto vertical (como en un countermovement jump, CMJ) puede transferirse positivamente a la aceleración en carrera, el lanzamiento de peso u otras acciones que requieren una rápida extensión del tren inferior. Sin embargo, no necesariamente influirá en gestos como nadar, golpear o esquivar, donde intervienen otras estructuras neuromusculares y secuencias coordinativas. Esta especificidad obedece a la naturaleza del principio de entrenamiento específico, que indica que las adaptaciones neuromusculares son mayormente dependientes del tipo de ejercicio realizado, su velocidad de ejecución, dirección de la fuerza y tipo de contracción involucrada (Cormie, McGuigan & Newton, 2011). Aplicaciones deportivas ● En deportes como el salto en largo o el triple salto, la capacidad de alcanzar una alta velocidad antes del despegue (velocidad de acción en el sprint) es determinante para maximizar el rendimiento. ● En disciplinas que requieren cambios de dirección, reacciones rápidas o gestos específicos (como boxeo, natación o deportes de combate), la velocidad de acción en gestos específicos es más relevante que la velocidad de desplazamiento pura, y debe entrenarse con estímulos acordes a sus exigencias coordinativas. Resistencia de la Velocidad de Acción La resistencia de la velocidad de acción es la capacidad del deportista para sostener movimientos ejecutados a máxima velocidad neuromuscular durante un período prolongado, sin deterioro significativo en la coordinación ni en la eficacia técnica del gesto. También puede denominarse capacidad de aguante de la velocidad máxima. Este tipo de resistencia es clave en disciplinas donde se busca mantener una elevada velocidad lineal durante varios segundos, como en los 200 y 400 metros llanos, pero también tiene relevancia en los 100 metros, ya que los mejores velocistas no solo alcanzan mayores velocidades, sino que logran mantenerlas durante más tiempo (casi hasta la meta), minimizando la pérdida en la fase final. Desde una perspectiva fisiológica, esta capacidad está influenciada por: ● La acumulación y disponibilidad de fosfatos de alta energía (ATP y fosfocreatina). ● Los depósitos de glucógeno intramuscular, clave para esfuerzos de duración intermedia. ● La actividad enzimática, especialmente de enzimas como la creatina quinasa y fosfofructoquinasa, que sostienen el metabolismo anaeróbico aláctico y láctico (Weineck, 2005). Según Gundlach (1969, citado por Weineck), los músculos rápidos y potentes pueden mostrar distintos niveles de resistencia, lo que sugiere que esta capacidad es entrenable, en mayor medida que otras como el programa temporal acíclico. El entrenamiento debe centrarse en repeticiones de sprints prolongados, con pausas controladas, buscando retrasar la fatiga neuromuscular sin comprometer la calidad técnica del movimiento. En síntesis, mejorar la resistencia de la velocidad de acción permite prolongar la fase de coordinación rápida, sostener velocidades elevadas por más tiempo y reducir la caída del rendimiento técnico y mecánico en tramos decisivos de las pruebas de velocidad. Resistencia del Esprint La resistencia del esprint se refiere a la capacidad del atleta para repetir esfuerzos de esprint de alta intensidad múltiples veces, con recuperaciones parciales, y sin una caída marcada en la velocidad de arranque ni en la capacidad de aceleración. Es fundamental en juegos deportivos como el fútbol, hockey, o handball, donde los desplazamientos explosivos se repiten a lo largo del partido. A diferencia de la resistencia de la velocidad, que busca sostener una única velocidad máxima, la resistencia del esprint está más relacionada con: ● La capacidad de recuperación entre esfuerzos de corta duración. ● La restitución rápida de fosfocreatina (CP), cuya resíntesis depende del metabolismo aeróbico (Bogdanis, et al., 1996) ● La tolerancia a la fatiga neuromuscular y metabólica acumulada tras múltiples acciones explosivas (Weineck, 1992). Este tipo de resistencia involucra tanto componentes anaeróbicos (alácticos y lácticos) como la capacidad aeróbica como soporte de recuperación. Por eso, aunque parezca contradictorio, un sistema aeróbico bien desarrollado puede favorecer indirectamente el rendimiento en deportes intermitentes de alta intensidad (Harris et al., 1976). El entrenamiento de esta capacidad incluye métodos como: ● Repeated Sprint Training (RST): series de sprints máximos con pausas breves (10-30 segundos). ● Small-Sided Games o tareas específicas con estímulos intermitentes de alta intensidad. ● Ejercicios que simulen la densidad real del esfuerzo en el deporte practicado. En resumen, la resistencia del esprint es la base fisiológica que permite a un jugador seguir siendo explosivo en el minuto 1 y en el minuto 90, soportando las demandas de múltiples sprints con eficacia, sin pérdida significativa de rendimiento en la aceleración o velocidad inicial. Entrenabilidad de la Velocidad Entrenar la velocidad requiere una combinación precisa de estímulos neuromusculares, metabólicos, biomecánicos y psicológicos, que deben ser adaptados a la edad, sexo y nivel del deportista para optimizar su desarrollo. La velocidad máxima está fundamentalmente condicionada por la capacidad de las fibras musculares rápidas tipo IIb para activarse y contraerse rápidamente, un proceso que solo se logra con entrenamiento realizado a máxima velocidad, pues el trabajo submáximo no activa eficazmente estas fibras (Banister et al., 1985; Meder et al., 1983, citado por Weineck, 2005; Schwarke et al., 1987). Esta activación rápida depende también de las reservas energéticas inmediatas, especialmente de ATP y fosfocreatina (PCr), que sostienen esfuerzos explosivos de hasta 10 segundos (Keul et al., 1969; Mader et al., 1983, citado por Weineck, 2005). El entrenamiento adecuado incrementa estas reservas y la actividad enzimática asociada (ATPasa, CPK), mejorando la capacidad para mantener esfuerzos máximos (Keul & Berg, 1985; Pansold, 1973, citado por Weineck, 2005; Thorstensson et al., 1975, citado por Harre, 1991). La fuerza, particularmente la fuerza máxima y explosiva, es otro pilar esencial en el desarrollo de la velocidad, ya que permite generar mayor potencia durante la fase de aceleración y mantener la técnica adecuada en alta velocidad. Las diferencias de sexo en la velocidad básica, donde las mujeres presentan valores aproximadamente 10-15 % menores que los hombres, se atribuyen mayormente a diferencias en fuerza y no a la coordinación ni frecuencia de movimientos, que son similares en ambos sexos (Hollmann & Hettinger, 1980, citado por Weineck, 2005; Letzelter et al., 1979, citado por Weineck, 2005). Además, la velocidad básica es la capacidad física que más rápido disminuye con la edad, principalmente por la pérdida de fuerza y capacidad coordinativa que impone el envejecimiento (Hollmann & Hettinger, 1980, citado por Weineck, 2005). Desde un punto de vista biomecánico, la amplitud y frecuencia de zancada varían ampliamente, y aunque los hombres suelen presentar zancadas absolutas más largas por su mayor estatura, en relación con la estatura hombres y mujeres muestran amplitudes de zancada similares, así como frecuencias semejantes (Letzelter et al., 1979, citado por Weineck, 2005). La frecuencia relativa de zancada parece ser más importante para el rendimiento que la amplitud relativa, especialmente en esprinters de élite, lo que indica que el entrenamiento debería enfocarse prioritariamente en aumentar la frecuencia de zancada, aunque esta evidencia esté mayormente comprobada en varones. La coordinación neuromuscular juega un rol fundamental para activar adecuadamente las unidades motoras y equilibrar la acción de agonistas y antagonistas, procesos que deben entrenarse específicamente en condiciones de máxima intensidad y con variabilidad de carga, velocidad y técnica (Harre, 1991; Rühl & Wittekopf, 1984, citado por Harre, 1991). La mejora en la velocidad en edades tempranas está más relacionada con el desarrollo de la fuerza que con la coordinación (Bauersfeld & Voss, 1992). Es importante trabajar tanto acciones cíclicas como acíclicas sin aislarlas, dado que ambas contribuyen a los patrones temporales de activación del sistema nervioso central (Verjoyanski, 1988). La velocidad de conducción nerviosa, determinada por el tamaño de las neuronas y la mielinización de sus fibras, es clave para la rapidez de respuesta y suele ser mayor en velocistas y atletas de fuerza explosiva (Lehnert & Weber, 1975). La flexibilidad y capacidad de relajación muscular también influyen en la eficiencia del movimiento y en la velocidad, ya que una musculatura rígida genera mayor resistencia entre agonistas y antagonistas, aumentando el gasto energético y reduciendo la economía del gesto (Harre, 1991). Por ello, los programas de entrenamiento deben incluir ejercicios específicos de estiramiento y relajación adaptados a las demandas particulares de cada deporte. El calentamiento es indispensable para optimizar la velocidad, pues mejora la elasticidad muscular, reduce la viscosidad interna y acelera la transmisión nerviosa, lo que se traduce en una mejor reacción y regulación motora. A nivel bioquímico, el aumento de temperatura corporal acelera los procesos metabólicos, siguiendo la regla reacción-velocidad-temperatura (RVT), lo que puede incrementar la velocidad de las reacciones hasta un 20 % (Keul et al., 1969). La fatiga limita la velocidad máxima debido a la pérdida de reservas energéticas y a la acidificación muscular, que envían señales inhibidoras al sistema nervioso central reduciendo la frecuencia y número de descargas motoneuronales, afectando la coordinación y el rendimiento (Keul et al., 1969). Por este motivo, las series de velocidad máxima deben realizarse al inicio de la sesión, después de un calentamiento y estiramiento activo adecuados. Sin embargo, los patrones neuronales temporales básicos de la velocidad tienen baja fatigabilidad, permitiendo mantener la coordinación incluso tras esfuerzos prolongados (Rühl & Wittekopf, 1984, citado por Harre, 1991). Finalmente, los aspectos psíquicos son decisivos para el rendimiento en velocidad. Una coordinación neuromuscular insuficiente en situaciones de alta presión puede generar desregulación nerviosa central, pérdida de velocidad y descoordinación motora, fenómeno conocido como “desautomatización” (Koitzsch, 1972, citado por Harre, 1991; Ter-Ovanesian, 1971). Por otro lado, la fuerza de empuje de la voluntad moviliza recursos internos y potencia la máxima velocidad sin alterar la secuencia motora (Grosser, 1976; Harre, 1991). En síntesis, el entrenamiento de la velocidad debe integrar el trabajo de fuerza máxima y explosiva, la mejora de la coordinación neuromuscular a máxima intensidad, la optimización de las reservas energéticas rápidas, el desarrollo de la flexibilidad y relajación muscular, así como un calentamiento eficaz y consideraciones psicológicas para la ejecución en condiciones competitivas. Además, debe ser adaptado según la edad y sexo del atleta, enfocándose en potenciar la frecuencia de zancada y prevenir la fatiga para maximizar el rendimiento. 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