MARIOLOGÍA “EL DOGMA DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA.” ESCRITO POR: FRANCISCO PINEDA CARLOS. Agosto 2020. EL DOGMA DE LA ASUNCION DE MARIA. 1- La muerte de la Santísima Virgen El hecho de la muerte de la Virgen no está incluido en la formula definitoria del dogma de la Asunción; no está por lo tanto definido como de fe. Sin embargo avalado por un elevado número de testimonios a lo largo de la historia. Podemos decir de manera resumida que hasta el siglo III no consta ningún documento histórico de la muerte de María. Aunque hay un grupo de autores que defienden la tesis inmortalista, actualmente los estudiosos en su mayoría, sostienen que María murió. Basan su tesis en argumentos de tradición, en los textos litúrgicos de la fiesta y sobre todo presentan la muerte de María como garantía de la realidad de la encarnación de Cristo: la virgen al morir atestigua que es una persona humana, y como tal tiene el débito de la muerte. 1.1.- Opinión inmortalista. La cuestión teológica de si María murió o no, se suscitó de la definición dogmática de la Inmaculada, poco antes de la definición del dogma el tema de la muerte de María fue replanteada por algunos teólogos. Esos sostenían que el hecho de la muerte de María era indemostrable. Otros afirmaban la inmortalidad de hecho: La hipótesis de la inmortalidad de María no va en contra del dogma definido, pero opinamos que está en contra del sentir común de la tradición doctrinal. La cuestión no afecta a la sustancia de la verdad definida de la Asunción, pero si al sentido real de la glorificación: si murió, la glorificación presupone la resurrección anticipada; Si María no hubiese muerto, la Asunción sería una simple traslación de la vida terrena a la celestial (dormición). Las razones en que se apoyan estos autores para dudar de la muerte de la Virgen y afirmar su inmortalidad son: a) El silencio de los primeros siglos de la muerte de María. b) Las dudas de algunos padres. c) El dogma de la Inmaculada Concepción sirve de fundamento teológico para defender la posición inmortalista. En efecto, si María no tuvo pecado original y siendo la muerte el castigo del pecado, ella-concluye- no tuvo que morir. Además, añaden que su perfecta virginidad reclama la incorrupción esencial de la muerte. 1.2.- La opinión mortalista. A pesar de los argumentos aducidos para defender la inmortalidad de María, el sentir casi unánime de los doctores, los teólogos y los santos, es que la Virgen murió. Se fundan en las siguientes tesis: a) Argumento histórico. Durante más de mil años ha prevalecido en la Iglesia la creencia casi unánime en la muerte de María; testimonios antiquísimos de esas creencias son Orígenes, San Efrén, San Gregorio de Niza, San Agustín y San Ambrosio. b) Argumento litúrgico. La antiquísima fiesta de la Asunción (dormición) se entendió y se celebró con el sentido de muerte y resurrección. c) Argumento teológico. Por su maternidad divina María estuvo asociada en todo a Cristo redentor y compartió con él los misterios de su vida, muerte y glorificación. Siendo ella la primera y la más excelentemente redimida, más que nadie hubo de estar configurada con Cristo; y habiéndonos redimido el Señor por su muerte y resurrección, esa tenía que ser también la suerte de la Virgen. Pero la inmortalidad era un don preternatural que se perdió para la humanidad en el pecado de nuestros primeros padres- para ellos y su descendencia- ; María tenía la naturaleza de Adán y por ello su muerte fue simple consecuencia de la condición propia de esa naturaleza: mortal y pasible. 2.- LA ASUNCIÓN DE MARÍA EN LA TRADICIÓN. El tema de la Asunción de María aparece más tarde en la época patrística y originalmente sólo en Oriente. Sin embargo, en Occidente se hace común la celebración de la fiesta a partir del siglo VII1, aunque causa extrañeza que no se conservan obras que hablen del misterio2. Apenas excepcionalmente se descubre alguna somera alusión, como la de San Gregorio de Tours, en el siglo VI: “María, la gloriosa engendradora de Cristo, que como se cree virgen antes del parto así también se confiesa después del parto, como dijimos arriba fue llevada al paraíso en medio de los coros angélicos que la glorificaban con sus cantos, precedidos por el Señor”3 2.-1-La muerte de María en los Padres Latinos. Ninguno niega la Asunción, pero tampoco se propone siquiera el problema de si María tuvo algún destino particular, diverso del reservado a los justos. Ambrosio por ejemplo, al hablar de Cómo María había permanecido valientemente al pie de la cruz, sin miedo a los verdugos; sino al contrario con deseo de entregarse junto con su hijo, en cuyas heridas descubría la redención del mundo. Mientras el Hijo pendía de la cruz, la madre le ofrecía a los perseguidores. El obispo de Milán llega a pensar que incluso ella hubiera deseado morir antes Ya en los siglos VII-VIII encontramos la misa bajo el título de Missa in Absumtione Sanctae Mariae, en los misales galicanos, como en el sacramentario y en el misal gótico. En el primero se encuentra entre las “Lecciones de Adventus Domini”. Los textos de estas misas claramente indican que se creía en este misterio en el sentido de muerte-resurrección. Por ejemplo, en la exhortación inicial de la primera se lee: “inter homines adsumtione Virginis singulare, apud quam vitae integritas obtinuit Filium, et mors nom invenit par exemplum; nec minus ingerens stuporem de transitu quam exultationem ferens único beata de partu” PL 475-477; et cf. Ibid, 244-246. 2 Apenas se conserva el Pseudoagustín, tal vez del siglo IX o X. por ello comenta un autor: ”En qué orden pasó de esta vida a los reinos celestiales, no hay historia católica que lo narre. La Iglesia no sólo rechaza a los apócrifos, sino que hasta los ignora… no encontramos entre los latinos quien haya dicho abiertamente algo sobre la muerte de María…No queda pues, otra solución que ésta: “No finjamos conocer aquello que Dios quiso permaneciese oculto”. J. MONTANCHEZ, María, Madre de Dios, Buenos Aires, Compañía del Divino Maestro, 1954, p. 332. 3 S. GREGORIO DE TOURS, De gloriam martyrum I, 9; PL 71, 713. 1 que él, porque tenía clara la promesa de la resurrección si moría junto con él, pues no ignoraba el misterio de haber engendrado al que había de resucitar. 2.3.- La muerte de María en los padres griegos. El primero que habla de la muerte de María es San Efrén (s. IV). Más lo hace en la forma simplemente indicada en la cual no encontramos ninguna insinuación especial: “Virgen lo ha parido, y queda incólume en los signos de su virginidad: se inclina y lo da a luz. Y así, virgen, lo levanta y lo alimenta con su leche. Y ella es virgen, y así muere, sin que sean rotos los sellos de su virginidad”4. En San Epifanio tenemos un testigo del siglo IV e inicios del siglo V que muestra como las tradiciones de ese tiempo eran semejantes a las latinas: “Yo no afirmo sin embargo, esto de manera absoluta, ni puedo decir que ella permaneció inmortal. Pero tampoco puedo decir que haya muerto. Pero en todo caso aun cuando fuese sido sepultada, ella nunca tuvo comercio carnal con un hombre. O bien la virgen santísima murió y fue sepultada, y entonces su muerte estaba unida a un gran esplendor”.5 2.4.- La Asunción de María en los apócrifos. Los primeros testimonios de la Asunción se encuentran en los apócrifos Transitus Mariae que tuvieron origen después del Concilio de Éfeso de Egipto como respuesta popular a la fe proclamada en la definición dogmática. Desde luego, dichos escritos carecen de valor histórico pues a veces nos dan detalles tan improbables como la misma fecha del tránsito de María o el traslado de todos los apóstoles, por obra de los ángeles desde el lugar en que trabajaban en la difusión del evangelio. Por ejemplo, en el evangelio apócrifo de San Juan del siglo IV, encontramos un texto griego que versa de la siguiente manera: Un ángel que llevaba una palma anuncia a María su tránsito después de tres días. El tercer día, a la hora tercia (9 a.m.) llega el Señor. María le agradece y le entrega su alma. Jesús da a Pedro las instrucciones pertinentes para sepultarla dignamente en un sepulcro nuevo, y confía el alma de su madre al Ángel Miguel. Después de tres días Jesús desciende a la tumba de su madre, con los ángeles, los cuales toman el cuerpo envuelto en nubes y lo llevan al paraíso donde lo colocan en el árbol de la vida 2.4.1.- La Asunción de María en los Padres Bizantinos. Más importante para la teología son los otros dos elementos: la fiesta liturgica del 15 de agosto, que se conoce desde el siglo VI como la dormición, del tránsito, o de la traslación. Y sobre todo las homilías riquísimas de los grandes predicadores bizantinos de los siglos VII y VIII: (San Modesto, San Andrés de Creta y especialmente San Juan Damasceno). He aquí algunos de los puntos que consideramos los principales representantes de la teología de la época: 4 5 SAN EFREN, Imno 15,2, En la ed, De G. RICCIOTTI, inni alla Vergine, pp 71. SAN EPIFANIO, Panariun (Adv. Haer. 78,11 y 24) a) María murió verdaderamente. Ninguno de los autores bizantinos se pone delante ni siquiera de la posibilidad contraria. Aunque afirman inmediatamente la incorruptibilidad de su cuerpo. Y es que consideran la muerte física como un fenómeno natural. Si pues, hablan de la dormición de María, lo hacen en el sentido bíblico: para quien muere en la fe de la resurrección, la muerte no es definitiva sino sólo un sueño. b) La corrupción no disolvió su cuerpo: sino éste resucitó como el de su hijo. Las razones que suelen dar son las siguientes: La maternidad divina. No parecía conveniente que se corrompiese en el sepulcro la carne que era la misma de Cristo. La maternidad virginal. Si la carne de María concibió sin corrupción, era digno que tampoco sufriese la corrupción del sepulcro María ha sido redimida. Por lo tanto, su salvación se realiza no según la economía de la creación en Adán (cuyo término es la inmortalidad) sino según la economía de la redención de su hijo (cuyo término es la resurrección). Asunta como su hijo. Es de siglos posteriores hablar de la diferencia entre el término de Jesús y el de María diciendo que el primero es ascensión porque subió por su propio poder, mientras que el de la segunda es Asunción porque fue llevada. 3.- LA ASUNCIÓN DE MARÍA EN CUERPO Y ALMA A LA GLORIA CELESTIAL. La Asunción de María, lo mismo que sucede con la Inmaculada Concepción, no se encuentra implícita en un texto de la Sagrada Escritura. Esta verdad dogmática se haya testimoniada principalmente en la Tradición. Desde los primeros siglos existen testimonios de la fe de la Iglesia en este misterio. El objeto y contenido de esa fe, se fue manifestando de manera p´rogresiva y clara. La fe en la Asunción fue profesada por los fieles que iluminados por la divina gracia e impulsados por el amor hacia aquella que es madre y madre nuestra, han contemplado con luz cada vez más clara la armonía maravillosa de los privilegios que el providentísimo Dios concedió a la augusta socia de nuestro redentor. Uno de los testimonios y argumentos más claros y válidos que atestiguan la fe católica en la Asunción de María es la antiquísima fiesta que comenzó a celebrarse en Oriente a mediados del siglo VI bajo el nombre de la dormición. Desde Oriente la festividad pasó a las Galias y a Roma, donde comienza a celebrarse como simple memoria de María en la fecha del 15 de agosto. En el siglo VI queda establecido en Roma la fiesta de la Asunción de Santa María. En los siglos VII y VIII se extendió a todo Occidente, haciéndose así universal en la Iglesia. No se celebraba un simple hecho histórico, sino un acontecimiento salvífico que era objeto de fe y de culto. Al testimonio puramente litúrgico cabe añadir, los innumerables templos en honor de María Virgen Asunta al cielo y las sagradas imágenes, ciudades, diócesis y regiones puestas bajo el patrocinio de la Virgen Asunta. Y no se debe silenciar que en el rosario mariano, vuyo recitación recomienda la Sede Apostólica, se propone a la meditación piadosa de un misterio que trata de la Asunción de la Beatísima Virgen. 3.3.- La Proclamación dogmática de la Asunción de María. Mediado el siglo XX, exactamente el día primero de noviembre del año santo de 1950 el Papa Pio XII definió solemnemente que María, cumplida la etapa terrena subió con cuerpo y alma al cielo. La definición dogmática lo expresa solemnemente en estos términos: “Por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y nuestra, proclamamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado: que la Inmaculada Madre de Dios, siempre virgen María, cumplido el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”6 Y la bula añade: “Por eso, si alguno lo que Dios no permita, se atreviese a negar o voluntariamente poner en duda lo que por Nos ha sido definido, sepa que se ha apartado totalmente e la fe divina y católica”7. 3.3.1- El significado del dogma. a) Unida a Cristo glorioso. El privilegio de la Asunción es el coronamiento de todos dones que María recibió de Dios. es el cumplimiento de su predestinación en Cristo y con Cristo. Es la consecuencia de la íntima y activa asociación de la virgen con su hijo. La Asunción de María a los cielos es en definitiva, la realización suprema de la gracia redentora del incluso en su aspecto temporal anticipado. Siendo ella la primera y más excelsa redimida, participó así del modo más pleno y singular, del triunfo de su hijo, vencedor de la muerte y rey inmortal de los siglos. b) Primicia y ejemplar de la Iglesia. La virgen Asunta es también, en este misterio primicia y modelo ejemplar de la Iglesia escatológica. Es imagen y principio de la Iglesia que habrá de tener su cumplimiento en la vida futura. El itinerario sobrenatural de María que culmina con su Asunción ha de ser también nuestro camino; ella nos ha precedido por la vía de la imitación de Cristo y la glorificación de nuestra madre es la firme esperanza de nuestra propia salvación. La Asunción de María es la primicia del término final de toda la Santa Iglesia. Es el modelo ejemplar de la glorificación fututa en cuerpo y alma de los miembros del cuerpo de Cristo. 3.3.2.- Reflexión teológica de la Asunción. Las principales consideraciones teológicas que muestran la conveniencia de la Asunción, por la estrecha conexión con las gracias y privilegios que Dios otorgó a María son las siguientes: 6 7 HEINRICH DENZINGER, El Magisterio de la Iglesia. Ibid. 3904. HERDER, Barcelona 1999, Núm. 3903. La Inmaculada concepción. La santísima virgen fue concebida sin pecado original y libre de toda culpa. María no debía estar sujeta a la corrupción del sepulcro, ni esperar allí la redención de su cuerpo hasta el fin del mundo. La maternidad Divina. Siendo la carne de Cristo la carne de María, era sumamente conveniente que el cuerpo de la madre fuese glorificado como lo fue el de su hijo. La perpetua Virginidad. La que concibió virginalmente y dio a luz sin corrupción corporal, la que es plena y perfecta virgen inviolada, debía ser también exenta de la corrupción del sepulcro y asunta con su cuerpo intacto a la vida incorruptible del cielo. Como resumen podemos decir que en el misterio de la Asunción la razón humana no alcanza a comprender sólo la fe acierta a ilustrar cómo una criatura haya sido elevada a dignidad tan grande, hasta ser el centro amoroso en el que convergen las complacencias de la Trinidad. Sabemos que es un divino secreto pero tratándose de nuestra madre, nos sentimos inclinados a entender más que en otras verdades de fe. BIBLIOGRAFIA. -JUAN LUIS BASTERO, María, Madre del Redentor, Eunsa Pamplona 1995. -CARLOS IGNACIO GONZALEZ, María evangelizada y evangelizadora, CEM, Bogotá 2008. - HEINRICH DENZINGER, El Magisterio de la Iglesia. HERDER, Barcelona 1999
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