Proyecto de Texto para Formación Humanística II- Padre Amadeo Tonello
Acción humana voluntaria
El hombre, como sujeto moral, se dirige hacia su fin, se acerca o se aleja de él, por
medio de sus actos. Al establecer el objeto de la ética, hemos explicado la diferencia entre
los actos de hombre (aquellos que simplemente se dan en él, sin su intervención personal)
y los actos humanos (que comprometen su voluntad libre). Todo ente puede actuar, pero
las acciones pueden revestir caracteres muy diferentes: pueden ser acciones automáticas,
como las que hace una calculadora, o meramente mecánicas, como una máquina
cualquiera; pueden ser instintivas, o fruto de un entrenamiento, como las que aprenden
por medio de reflejos condicionados los animales. De todas estas acciones se distingue la
acción humana, que es acto de la persona. El hombre pone en juego su libertad, y por ello
mismo se compromete como persona en cada acto que realiza: por medio de nuestros
actos somos “autores” de nuestra biografía, o como decían los antiguos, “padres de
nosotros mismos”. Cuando hacemos algo, nos hacemos a nosotros mismos. La acción
humana implica entonces la autoposesión de la persona, pues ella dispone de sí misma en
sus actos; su autodominio, porque es capaz de conducirse a sí misma en una cierta
dirección; y su autodeterminación, porque por sus actos se configura de una manera
determinada.
La acción humana voluntaria puede definirse como la acción que procede de un
principio intrínseco con conocimiento formal del fin. Que provenga de un “principio
intrínseco” significa que no es algo producido por coacción o violencia: la acción humana
voluntaria es libre, y no obedece tampoco a ningún tipo de determinismo, si bien siempre
se encuentra sujeta a condicionamientos. Defender la voluntariedad de las acciones
humanas sin querer reducirlas al desencadenamiento mecánico de ciertos influjos es
esencial tanto para la fundamentación de la ética como para la del Derecho. La referencia
al “conocimiento formal del fin” diferencia la acción voluntaria de otras actividades
espontáneas que vienen de principios intrínsecos, como todas las funciones vitales de los
organismos animados; en el caso de la acción humana hay un fin (es decir, un bien que
se busca y se persigue) que es conocido como tal y que el hombre se propone a sí mismo
como objetivo de su acción: “quiero hacer (y hago) esto”. Por eso la acción humana no
podría ser descripta meramente como un “hacer externo” separado del propósito interior
del que procede y que lo inspira. Por ejemplo, “apretar un botón rojo” no es la descripción
adecuada de una acción humana, dado que ese acto puede materialmente significar
muchas cosas. Ahora, “dar la alarma de incendio” o “arrojar una bomba” sí serían
descripciones de acciones humanas que se realizan por medio del acto de apretar el botón
rojo.
Las acciones voluntarias presentan, entonces, ciertos caracteres:
a) Son acciones conscientes: es decir, hay conciencia refleja de lo que estoy haciendo
y por qué lo hago. Encierran un juicio intelectual en su estructura íntima: “yo estoy
haciendo esto” (o sea, se hacen con conciencia psicológica).
b) Son actos guiados y ordenados racionalmente. Es decir, obedecen a un propósito
elaborado, valorado y dirigido por la razón (o sea, están sometidos a la conciencia moral).
c) Son (valga la redundancia) activas y no pasivas: no se refieren a una mera reacción
del sujeto a un estímulo, como las emociones o pasiones. Sin embargo, estas últimas, en
la medida en que se las consiente, pasan a ser activas también.
d) Son autorreferenciales, revierten sobre el sujeto personal y por ello implican
responsabilidad y autodeterminación. Toda determinación de la voluntad es a la vez
autodeterminación. Cada uno se convierte en lo que hace: el que roba se convierte en
ladrón, el que miente, en mentiroso…
Actos elícitos e imperados
Los actos humanos dependen esencialmente de la voluntad. Pero esa dependencia
puede darse de dos modos. Es la distinción que corresponde a lo que llamamos actos
elícitos e imperados.
Actos elícitos son aquellos que realiza directamente la voluntad (querer, amar, odiar).
Nunca pueden ser sometidos a coacción, dado que la voluntad permanece radicalmente
libre, aunque ciertamente pueden encontrarse, en ciertas situaciones, bajo el influjo de
condicionamientos muy poderosos.
Actos imperados son aquellos que se realizan inmediatamente por otra facultad
diferente de la voluntad, ya sea una potencia interior (como la inteligencia y la
imaginación), o por un órgano exterior corporal. Los actos imperados pueden ser total o
parcialmente impedidos por la violencia, y en este último caso, en tanto que son menos
libres, están sujetos a menor cuota de responsabilidad.
Los actos elícitos son el fundamento de los imperados. Por medio de la actividad
elícita propia de la voluntad, la persona entera acepta o rechaza un objeto, y luego pone
en juego sus capacidades para conseguir lo que quiere, es decir, moviliza las potencias
operativas. Un acto elícito puede consistir tanto en el querer como en el no querer o querer
que algo no sea. Por lo tanto, las omisiones también pueden estar sujetas a
responsabilidad, sobre todo cuando son voluntarias y cuando la acción que se omite cae
de alguna manera bajo las obligaciones del sujeto que deja de hacerla.
Tipos de actos humanos
En la filosofía escolástica se suele analizar los actos humanos distinguiendo en ellos
doce movimientos posibles. Podemos tomar como referencia ese análisis, haciendo la
salvedad de que se trata de una “disección”, que, análogamente a lo que sucede cuando
examinamos la anatomía de un animal, nos da una visión analítica que luego debe ser
complementada por una mirada sintética, pues, en efecto, en los actos humanos estas
dimensiones o movimientos se dan unificados.
Seis de esos movimientos corresponden a la inteligencia (o a otras potencias) y seis
a la voluntad. Los movimientos intelectuales preceden a los volitivos. Los más
importantes de estos doce actos o pasos son la intención y la elección. Presentémoslos en
un cuadro:
Actos de la inteligencia u otras potencias
Actos de la voluntad
Simple aprehensión (1)
Simple querer (2)
Juicio sobre el fin (3)
Intención (4)
Deliberación sobre los medios (5)
Consentimiento a los medios (6)
Juicio de elección (7)
Elección (8)
Imperio (9)
Uso activo (10)
Uso pasivo (11)
Gozo o fruición (12)
La simple aprehensión (1) es la simple captación de un bien, por medio de la
inteligencia, que provoca una resonancia afectiva en la voluntad o simple querer (2).
Cuando ese bien se me presenta como fin posible de la acción (3), puedo entonces
proponérmelo como fin, querer alcanzarlo, y eso es la intención (4). Al querer el fin, debo
razonar sobre los medios para alcanzarlo (5), pero no todos los medios son apropiados u
honestos; sólo acepto los que sean convenientes (6). Pero debo juzgar sobre ellos (7) para
elegir el que mejor me lleve al fin (8). La inteligencia manda (9) poner en movimiento
(10) las demás potencias, en orden a ejecutar el o los medios necesarios para alcanzar el
fin (11). Al conseguir el fin se da el disfrutarlo como algo ya tenido (12).
Expongamos ahora en un ejemplo el significado de cada uno de estos pasos:
Veo una oferta de vacaciones en la playa (1) y digo: “¡qué bueno sería ir a esa playa!”
(2). Si no paso de allí, seguramente no haré nada, pero cuando pienso ya concretamente
en mis vacaciones y veo que es posible ese plan (3), luego me propongo ir a esa playa (4).
Aquí está la intención, acto importantísimo que versa sobre el fin. Para ir a ese lugar,
puedo hacerlo en auto, avión u ómnibus, o haciendo dedo como algunos amigos (5), pero
desecho esta última opción porque no me parece prudente. Queda, entonces, el auto, el
avión o el ómnibus (6). El análisis de estos medios me revela que lo mejor es el avión (7),
y elijo entonces ese medio (8). La inteligencia dice: ¡a buscar un vuelo conveniente! (9).
Para ello la voluntad mueve (10) a la misma inteligencia, a mi memoria y todas mis
potencias hasta comprar el pasaje y viajar en la fecha establecida (11). Conseguido el
objetivo, ya en mi lugar de descanso, puedo disfrutar del fin conseguido (12).