Ciencias Naturales14 Se suele considerar que las ciencias naturales se basan en las pruebas, la racionalidad y la búsqueda de una comprensión profunda. La observación y la experimentación cumplen un papel clave, y términos como teoría tienen un significado especial en las ciencias naturales en comparación con cómo se utilizan en la vida cotidiana y en otras áreas de conocimiento. Un enfoque para discutir en las ciencias naturales puede ser qué diferencia lo científico de lo no científico o pseudocientífico. Muchas personas dirían que el factor de distinción clave son los métodos utilizados en las ciencias naturales, lo cual plantea la pregunta de qué es lo que tienen estos métodos que hace que los conocimientos que generan suelan considerarse muy fiables. Los alumnos también pueden considerar si la palabra ciencia significa cosas diferentes en distintas lenguas, o si se ha utilizado de maneras diferentes en distintos períodos de la historia. Otro enfoque interesante para las discusiones puede ser el desarrollo científico, las revoluciones y los cambios de paradigma. Se puede abordar qué se entiende por cambio de paradigma, si el conocimiento científico siempre ha ido en aumento, o cómo los avances tecnológicos han impulsado el progreso y los descubrimientos científicos. También puede reflexionarse sobre si alguna vez podremos llegar a un punto en el que se conozca todo lo que es importante para las ciencias naturales. Los alumnos también pueden considerar el papel del consenso en las ciencias naturales, y la función e importancia de la comunidad científica. Por ejemplo, pueden analizar el papel de la revisión entre compañeros como método de escrutinio de las afirmaciones científicas y la medida en que esto es una forma eficaz y objetiva de autorregulación. Esto puede llevar a discutir si el conocimiento es, o debería ser, asequible al escrutinio público o no. También puede conducir a una reflexión más general sobre si existen valores, metodologías y suposiciones comúnmente acordados sobre el conocimiento que sustentan toda indagación científica. Otra valiosa fuente de material para las discusiones de TdC relacionadas con las ciencias naturales puede provenir de la cuestión de la financiación. Un gran número de investigaciones están financiadas por empresas con fines de lucro y por Gobiernos, lo cual plantea preguntas interesantes acerca de cómo se determinan las prioridades para financiar la investigación científica y quién decide qué dirección tomará la investigación. Ciencias naturales y método científico https://youtu.be/9vAoRKi_PfM (Gonzalez del Riego, 2020) 14 (ORGANIZACIÓN DE BACHILLERATO INTERNACIONAL, 2020, pp. 33-34). 41 ALCANCE 10 frases de Karl Sagan sobre el conocimiento científico15 Cuando escuchamos el nombre de Carl Sagan inmediatamente pensamos en ciencia. Carl Sagan fue uno de los divulgadores científicos más populares en la década de los 70 y 80, todo gracias a su serie de televisión “Cosmos”, uno de sus intentos por volver la ciencia y el conocimiento científico accesible e interesante para todos los públicos. Nacido el 9 de noviembre de 1934 en la ciudad de Nueva York, Carl Sagan no sólo fue un divulgador científico reconocido, también fue un investigador, astrónomo, cosmólogo, astrofísico y escritor; dentro de sus investigaciones se encuentran sus observaciones de la atmósfera de Venus y fue de los primeros científicos en estudiar el efecto invernadero a escala planetaria. 1. “La ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos: es una manera de pensar”. 2. La ciencia no es perfecta, con frecuencia se utiliza mal, no es más que una herramienta, pero es la mejor herramienta que tenemos: se corrige a sí misma, está siempre evolucionando y se puede aplicar a todo. Con esta herramienta conquistamos lo imposible”. 3. “afirmaciones extraordinarias requieren siempre de evidencia extraordinaria”. 4. “dentro de un milenio nuestra época se recordará como el tiempo en que nos alejamos por primera vez de la tierra y la contemplamos desde más allá del último de los planetas, como un punto azul pálido casi perdido en un inmenso mar de estrellas”. 5. “a veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa”. 6. “la tierra es un lugar más bello para nuestros ojos que cualquiera que conozcamos. Pero esa belleza ha sido esculpida por el cambio: el cambio suave, casi imperceptible, y el cambio repentino y violento. En el cosmos no hay lugar que esté a salvo del cambio”. 7. “el cosmos es todo lo que es, todo lo que fue y todo lo que será. Nuestras más ligeras contemplaciones del cosmos nos hacen estremecer: sentimos como un cosquilleo nos llena los nervios, una voz muda, una ligera sensación como de un recuerdo lejano o como si cayéramos desde gran altura. Sabemos que nos aproximamos al más grande de los misterios”. 8. “la curiosidad y el afán de resolver dilemas constituyen el sello distintivo de nuestra especie” 9. “crecemos en una sociedad basada en la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Esta mezcla combustible de ignorancia y poder tarde o temprano, va a terminar explotando en nuestras caras”. 10.“en la ciencia la única verdad sagrada es que no hay verdades sagradas”. 15 (National Geographic, 2018) 42 El conocimiento científico16 Una de las expresiones con la que pretendemos afirmar la validez absoluta de un determinado conocimiento es decir que se trata de un punto de vista científico. Sin embargo, ya vemos que la ciencia como tal no tiene una antigüedad mayor de trescientos años, aunque no se pude negar a los humanos anteriores el valor de sus aportaciones. Cierto es, también, que nuestra forma de entender la ciencia es distinta a la de épocas anteriores, y que hoy en día valoramos la ciencia más por lo que tiene de aplicación técnica que como actividad contemplativa. Admiramos su capacidad para interpretar el mundo, sus teorías, pero, sobre todo, los resultados prácticos que permiten atender a nuestras necesidades. Desde siempre la humanidad ha tratado de conocer el mundo, de entenderlo y dominarlo a fin de superar su desamparo para poder sobrevivir. Responde así a una sociedad que implica la asimilación de una realidad exterior que, de esa forma queda transformada, humanizada, y constituye un nuevo objeto de permanente estudio. La ciencia aparece como la culminación de un proceso en el que las explicaciones se han sucedido a medida que los hombres daban respuesta a los problemas más inmediatos; y aunque, como dice ARISTÓTELES, sólo comenzamos a preocuparnos por la sabiduría cuando las necesidades inmediatas ya están resueltas, esta tarea no es el resultado del juego o de una vana ocupación, sino de una profunda necesidad. Distintos modelos de explicación de la realidad. El ser humano se mueve en un mundo de cosas y relaciones que necesita entender. El conocimiento le permite decir lo que son las cosas y poder manejarlas. Con él no se refiere sólo a lo que tienen inmediatamente delante, sino que pretende ir más allá para dominar y transformar la realidad. Para alcanzar esta meta, es necesario que lo que conocer por la experiencia adquiera coherencia. Esto implica la organización de sus conocimientos en un sistema que unifique y permita una visión de conjunto. Esta tarea sólo es posible gracias a la capacidad simbólica que posee el ser humano y que le permite establecer relaciones simbólicas, y transmitirlas con significado a otros. Sólo entonces se puede hablar propiamente de “mundo”. Llegar a este punto, conocer el mundo, parece ser la meta de esa necesidad humana, que, según dice ARISTÓTELES, hace que todos los hombres deseen por naturaleza conocer y, para ello, disponen del arte y del razonamiento. Se trata, pues, de buscar algo que dé “razón” de las cosas y que busque para cada cosa un lugar, una función. No se trata de contestar ya al simple ¿qué es?, sino de buscar un “sentido” que lleve a comprender la existencia del hombre. Para ello se han utilizado diversos modelos de explicación -el mito, la filosofía y la ciencia- cuyo objetivo único era dar respuesta a esta cuestión. 16 (Echano, de., J., 1998, pp. 178 - 182) 43 Explicación científica de la realidad La ciencia ha tratado de diseñar una forma de investigación, de trabajo, un “camino”, un método – en una palabra- que conduzca con seguridad a alcanzar el conocimiento verdadero. Su importancia es tal que se puede afirmar que donde no hay método no hay ciencia. Se trata de evitar que admitamos como verdadero algo que responda únicamente a una apreciación subjetiva del individuo que conoce. En última instancia se pretende separar la opinión, tomada como verdadera y cierta, de la verdad. En este sentido conviene distinguir lo que es la certeza de la verdad. Tenemos certeza cuando afirmamos algo como verdadero a partir de nuestras propias convicciones individuales o colectivas y, por ello, la certeza es algo subjetivo, aun cuando el sujeto sea una colectividad. Frente a ella, la verdad tiene como carácter distintivo la objetividad, es decir, lo afirmado como verdadero no depende de las convicciones del sujeto sino de la forma misma de las cosas. Pues bien, la ciencia lo que pretende es precisamente diseñar un camino para llegar a conocimientos que no dependan de los sujetos, sino que sean objetivos, que reflejen la realidad, lo que hay o sucede. El método científico es un rasgo característico de la ciencia, tanto en pura como de la aplicada: donde no hay método científico no ha ciencia. Pero no es infalible: puede perfeccionarse mediante la estimación de los resultados a los que lleva y mediante el análisis directo. Tampoco es autosuficiente: no puede operar en un vacío de conocimiento previo que pueda luego reajustarse y elaborarse; y tiene que completarse mediante métodos especiales adaptados a las peculiaridades de cada tema. Mario Bunge. Cada tipo de ciencia, de acuerdo con su estructura, ha entendido de una forma distinta la verdad. - Las ciencias formales consideran que toda la verdad es una verdad formal, lo que significa que una afirmación, para ser verdadera, debe estar de acuerdo con el resto de las afirmaciones del sistema. Tienen que ser coherente con el sistema y demostrable por procedimientos deductivos. - Las ciencias empíricas se basan en la verdad empírica aquella verdad empírica, aquella verdad que es mostrable. Lo que se afirma está de acuerdo con los hechos, se puede mostrar por medio de la experiencia, es observable. Un caso particular de este tipo de ciencias son las llamadas ciencias humanas, en la que más que hablar de verdad habría que hablar de interpretación correcta o de comprensión del sentido de lo observado. En todos los casos, sin embargo, se pretende el mismo objetivo: alcanzar la verdad. Pero, al mismo tiempo se tiene conciencia de que la verdad n o es alcanzable totalmente, sino el resultado de un proceso de acercamiento. De aquí que, la ciencia, no considere que ha alcanzado la verdad, sino que defiende que lo afirmado en un momento dato es más verdadero que lo que afirmaba anteriormente y, en este sentido, sostiene que es capaz de descubrir sus deficiencias y autocorregirse. La provisionalidad es una virtud del propio método científico: producir conocimientos parciales, aproximaciones, que debe constantemente reanalizar. El conjunto de estos conocimientos pertenece a la historia de la ciencia pero ninguno es la ciencia. Esta es más el esfuerzo. Ésta es más el esfuerzo por interpretar la realidad que un modo concreto de explicarla. Este esfuerzo queda reflejado en los cambios que observamos para ajustar el significado de los conceptos científicos, en la evolución de los instrumentos utilizados e, incluso, en los métodos que aplica. 44 Todo esto forma parte de la ciencia. Ésta utiliza conceptos, hipótesis, leyes y teorías, por medio de las cuales construye y expone su forma de entender el mundo. Entre estos métodos científicos más utilizados sobresalen el axiomático, el inductivo y el hipotético deductivo. Conceptos, hipótesis, leyes y teorías. a. Conceptos Cuando la ciencia trata de explicar la realidad, tiene que recurrir a ciertos términos que reciben el nombre de conceptos. Los conceptos son, pues, términos que forman parte del vocabulario de la ciencia. En cuanto que los conceptos son palabras, no se diferencias de los términos utilizados en el lenguaje ordinario. De hecho, muchos de los conceptos científicos tienen su origen en el lenguaje común. Lo característico de los conceptos científicos es el haber sido definidos de tal forma que tiene un uso específico en cada ciencia. Así, si utilizamos la palabra “ácido”, podemos distinguir su uso común que se refiere a una sensación determinada, y el uso científico en química, para referirse al comportamiento de determinados compuestos que producen un intercambio de protones al relacionarse con otros. Por medio de los conceptos, cada ciencia define su propio lenguaje y el medio de expresión de sus explicaciones, De esta forma, los conceptos adquieren sentido dentro de un determinado contexto y permiten dar coherencia a su visión de la realidad. Sin embargo, esta forma de entender los conceptos, como términos con un significado determinado, solamente corresponde a una situación ideal. Como afirma K. Popper (1902 -1994), buscar precisión en los conceptos es como buscar un mirlo blanco. Los conceptos, al ser definidos dependen del sentido de los términos en virtud de los cuales se definen. Si definimos “triángulo” como “polígono de tres lados”, su sentido depende de los términos “polígono”, “tres” y “lados” como términos primitivos. Si la definición se realiza a partir de una teoría, entonces su significado depende de la teoría misma a la que pertenece. Así, el sentido del concepto “selección natural” cobra su significado y se define en el marco de la teoría de la evolución. La falta de precisión aquí apuntada es uno de los factores que permite entender la evolución permanente de la ciencia, la utilización de términos similares en contextos distintos y el desuso y olvido en el que entran algunos por la pérdida de su significado. Términos como el éter, por ejemplo, han dejado de ser aplicados en astronomía, en donde significó un fluido sutil, invisible, que llenaba todo el espacio, para utilizarse en química. Sin embargo, y a pesar de estas dificultades para definir los conceptos, su uso es necesario para organizar la experiencia y poder comunicar los conocimientos. Son imprescindibles también para formular hipótesis, leyes y teorías. Hipótesis. La formulación de hipótesis es una de las piezas clave en todo el proceso de investigación científica. Cuando se quiere dar respuesta a un problema, es necesario sugerir alguna solución. Las soluciones sugeridas parten siempre de los datos conocidos sobre este tipo de problemas. Si estas sugerencias son formuladas en forma de proposiciones, entonces se considera que se está estableciendo una hipótesis. 45 Una hipótesis es, por lo tanto, una respuesta provisional a un determinado problema. Por ello, la hipótesis tiene como papel fundamental el dirigir la investigación. Esta tarea debe partir del contexto, determinando qué hechos son significativos para la solución del problema. Es, pues, necesario tener algún conocimiento previo para poder realizar hipótesis y solucionar problemas o, dicho de otro modo, nadie que no tenga un conocimiento previo puede establecer hipótesis significativas. Toda hipótesis debe reunir cuatro características desde el punto de vista formal: - - Debe ser posible que se deriven de ella consecuencias que permitan decidir si explica o no el problema. Si se cumplen las consecuencias que se deducen de a hipótesis, esta será válida y el problema quedará explicado. Debe dar respuesta al problema. Debe permitir hacer previsiones o predecir comportamientos del mismo ámbito todavía no observados. Debe ser siempre lo más simple posible desde un punto de vista sistemático para explicar el mayor número de casos posibles que se han de investigar. Leyes Una hipótesis, sin embargo, aunque cumpla todas estas condiciones, no es en sí una solución al problema. La solución sólo existe si se comprueba que es verdadera, y esta tarea es precisamente la que debe llevar a cabo la investigación científica. La comprobación de la verdad hace que deje de ser hipótesis para ser un enunciado por medio del cual se explica algún fenómeno o se pone orden en las observaciones, con lo cual se alcanza el primer escalón de la explicación científica. De acuerdo con lo dicho, leyes son hipótesis demostradas. Tienen un carácter general de aplicación sobre un tipo de fenómenos y definen la forma de actuar de los objetos observables. Pueden predecir comportamientos futuros y, junto con otras leyes, forman teorías cuyo alcance explicativo se refiere a un campo cada vez más amplio de fenómenos en busca de una explicación que afecte a toda la realidad. Una ley científica es una hipótesis de una determinada clase, a saber: una hipótesis confirmada de la que se supone que refleja un esquema objetivo. La posición central de las leyes en la ciencia se reconoce al decir que el objetivo capital de la investigación científica es el descubrimiento de esquemas o estructuras. Las leyes condensan nuestro conocimiento de lo actual y lo posible; si son profundas, llegarán cerca de las esencias. En todo caso, las teorías unifican las leyes, y en medio de las teorías -que son tejidos de leyesentendemos y prevemos los conocimientos. Mario Bunge. Aunque la meta final de las leyes sea el agruparse formando teorías, las leyes, en cuanto que son explicaciones que afectan y predicen el comportamiento de un tipo de objetos, pueden clasificarse como leyes históricas, físicas, químicas, económicas, etc., ya que se podrían atribuir a cada grupo de fenómenos estudiados sus propias leyes. Teorías La importancia de las leyes radica en que forman entramados que unifican la experiencia. Este conjunto de leyes integrado constituye una teoría. Una teoría es un marco desde el que se interpreta la realidad. Debe estar formado por un conjunto de conocimientos coherente sobre un determinado tipo de objetos o experiencias. Se reúnen en ellas explicaciones respecto a un tipo de problemas y posibilitan la creación de nuevas hipótesis y leyes. En toda teoría se utilizan 46 conceptos y se dan, pues, hipótesis y leyes, considerándose de alguna forma que la teoría es el marco en el que se justifican y explican las leyes, mientras que éstas tienen su justificación en la experiencia. En las relaciones entre las leyes se establecen a partir de teorías, pero en ellas hay leyes demostradas y contenidos teóricos no demostrados, que son necesarios para la correcta comprensión de las relaciones entre las distintas leyes y entre éstas y los fenómenos. Constituyen modelos de explicación, partir de los cuáles se orienta toda la investigación científica. Las teorías según lo explicado pueden ser consideradas hipótesis a gran escala cuya confirmación definitiva no es posible en un momento dado. Además, las teorías se relacionan entre ellas de forma que constituyen unidades cada vez más amplias con la pretensión de llegar a una “teoría unificada de la ciencia” que explique todos los fenómenos. Este intento ha sido vano hasta el presente y permanece como el objetivo inalcanzable de la ciencia. Ha servido, sin embargo, para entender metafóricamente a las teorías como la “red” que lanza el científico para “pescar” la realidad ¿Qué es la ciencia?17 No se puede hacer ciencia sobre una realidad no observable o con una observación ininteligible. ¿Y qué deja de serlo? Se diría que cada disciplina científica tiene su propia metodología y que cada investigador tiene su personal manera de enfrentarse a la realidad. ¿Qué tendrán que ver las maneras de un astrónomo con las de un psiquiatra, las de un naturalista con las de un físico de partículas o las de un arqueólogo con las de un oncólogo? Ni siquiera está claro lo que cada una de esas disciplinas entiende por comprender. En efecto, los físicos buscan leyes (cuanto más universales y fundamentales mejor) y sueñan con reunir teorías particulares en otras más universales. Los químicos buscan estructuras moleculares, los biólogos más bien mecanismos. Geólogos, paleontólogos, historiadores, arqueólogos y paleoantropólogos excavan y escarban tras los restos y rastros de nuestros ancestros con la ilusión de reconstruir el tiempo perdido, mientras que la preocupación de los ingenieros es anticipar el tiempo futuro. A los médicos, por otro lado, les encanta cruzar estadísticas para identificar factores de riesgo e implicaciones mutuas. ¿Cómo sacar algo en claro de un bosque tan diverso en prioridades, prácticas y enfoques? Hay una manera que se desprende directamente de la buena filosofía de la ciencia: indagar si todas esas diferentes metodologías tienen algo en común. Porque si así fuera, entonces ese algo compartido podría llamarse, perfectamente, el método científico. La revista Biological Theory del Instituto Konrad Lorenz de Klosterneuburg (Austria) publica este mes un extenso artículo con un título deliberadamente provocador: Sobre la existencia y unicidad del método científico. O sea: primero propone un método (solo por eso ya existe) y después intenta convencer de que tal método además es único. Se trata de llamar ciencia a todo conocimiento que sea compatible con tres principios fundamentales. La propuesta tiene su atractivo, porque recomienda más lo que no hay que hacer que lo que sí debe hacerse. Funciona, pues, como un código penal que no obliga a seguir una ruta concreta, sino que planta señales de prohibido el paso en el acceso a algunos caminos. De ello se deduce, por el mismo precio, la demarcación de lo científico, una definición de sus límites. La esencia de las 16 densas páginas de este trabajo cabe en menos de 17 (Wagensberg, J., 2014) 47 media página. Consta de tres conceptos de partida, tres hipótesis de trabajo, tres principios fundamentales y, a modo de postre, los tres beneficios que premian la fidelidad al método. El fin último de la ciencia es comprender la realidad, por lo que los tres grandes conceptos son la realidad (1), su comprensión (3) y, entre ambos, la observación (2). Las hipótesis no son verdaderas ni falsas, simplemente se aceptan o no se aceptan. Hay una para cada uno de los tres conceptos: la realidad existe y es observable (1), la observación (de la realidad) es comprensible (2) y la comprensión (de la observación de la realidad) es sensible a las contradicciones con la realidad (y 3). O sea: no se puede hacer ciencia sobre una realidad no observable (por ejemplo: no se puede hacer ciencia sobre una experiencia mística a pesar de que la experiencia exista y se perciba); tampoco se puede hacer ciencia con una observación ininteligible (por ejemplo: los resultados de todos los encuentros de fútbol jugados durante los últimos 50 años); y tampoco se puede esperar que un conocimiento blindado contra todo lo que ocurra en la realidad llegue a ser científico (por ejemplo: una creencia religiosa). Cada una de estas hipótesis sostiene un principio fundamental y cada principio llega con un pan bajo el brazo: -Principio de objetividad. Se elige la manera de observar que menos afecte a la propia observación (tanto al observador como a aquello que se observa). El premio por ser objetivo es la universalidad de la ciencia (depende mínimamente de la ideología de su autor y extiende al máximo su dominio de vigencia). -Principio de inteligibilidad. Se elige como comprensión la mínima expresión de lo máximo compartido en la observación. El premio por respetar este principio es, nada menos, que anticipar la incertidumbre del mundo, sin duda la mejor estrategia para sobrevivir. -Principio dialéctico. Se elige entre las comprensiones la más falsable: si lo que veo contradice lo que creo, entonces o cambio mi manera de creer o cambio mi manera de mirar, si no comprendo lo que veo entonces busco una comprensión y si no veo lo que comprendo entonces busco una observación. El premio a la dialéctica es que, gracias a ella, la ciencia necesariamente progresa. El método, intersección de todas las metodologías, es imprescindible no solo para crear ciencia sino también para enseñarla y difundirla: el primer principio confía en el gozo intelectual por la conversación, el segundo en el gozo intelectual por la comprensión y el tercero en el gozo intelectual por la paradoja. Antropología en las ciencias naturales18 IV. La imagen del hombre La antropología constituye un círculo con las ciencias, pues toda actividad científica está posibilitada por una antropología y, a la inversa, el resultado de la actividad científica cambia la antropología. Habría que distinguir entre una antropología fundante y una antropología fundada. Es decir, la astronomía de Ptolomeo no es independiente del hombre concibiéndose como centro del universo. Por otra parte, Darwin y Mendel tienen como consecuencia un conflicto con cierta idea del hombre. Véase el caso Lysenko en la Rusia soviética. En la ciencia griega, el hombre aparece como parte de la physis, es tan natural como las piedras o los animales. El horror al apeirón (lo infinito, lo indeterminado) le hace encontrar la consumación de lo real en la forma finita. Y el hombre, como forma finita, encuentra, en la mímesis o imitación de la naturaleza, su máxima perfección. 18 (Flores, L., 1993). 48 En la ciencia moderna, el hombre se separa de la naturaleza. El hombre se ve a sí mismo como un pequeño creador que imita al modo de un inventor de máquinas (machinator) al Dios cristiano Creador y esto hará posible la praxis transformadora del experimentum realis, que desembocará en tecnología. Este hombre se descubre como cosa pensante (Descartes). Pascal dice: "L' homme est visiblement fait pour penser; c' est toute sa dignité et tout son métier, et tout son devoir est de penser comme il faut. Or l' ordre de la pensée est de commencer par soi, et par son auteur et sa fin" (Pascal, 1964, Pensée W 146, pp. 115-116). En suma, el mente concipio de Galileo prepara este carácter activo pensante del sujeto. El hombre deviene juez (Kant) y no siervo o eco de la naturaleza: non serviam. En la ciencia moderna, el hombre deviene excéntrico, perdido en el infinito. Pascal ha admirablemente escrito: "Car enfin, qu' est-ce que l' homme dans la nature? Un néant el l' égard de l' infini, un tout el l' égard du néant, un milieu entre rien et tout (Pascal, 1964, Pensée NQ72, p. 88). En la ciencia moderna, desaparece el observador cualitativo, se efectúa una abstracción del cuerpo animado del observador que substituye sus sentidos por los sensores. La objetividad consiste en las cualidades sensibles primarias, que son determinaciones cuantitativas de los cuerpos. Los colores, los olores, los sabores son eliminados como subjetivos. Considérese este texto de Galileo: "Por lo que pienso que estos sabores, olores, colores, etc. del lado del objeto en el cual parecen residir no son más que puros nombres, pero que tienen su residencia solamente en el cuerpo sensitivo, de modo que al quitarse el animal (subrayado nuestro) se quitan y aniquilan todas estas cualidades" (Galileo, 1623, p.95). Por eso el conflicto entre los aristotélicos y Galileo, a propósito del telescopio. Pero también así se entiende que en Galileo -y antes que Descartes- está en germen L' Homme-Machine (1748) del médico materialista Julien Offroy de La Méttrie (1). El observador de la ciencia moderna es una máquina informativa, manejada al comienzo por un Deus ex machina (Descartes, Leibniz, Newton) que después ya no es necesario (Laplace). El escenario de la ciencia contemporánea supone un hombre que se ve a sí mismo distinto, pero interrelacionado con la naturaleza. Ya no es siervo ni juez. Esta correlación toma formas incluso discutibles como la del llamado principio antrópico (Barrow/Tipler, 1986), el cual afirma que "el universo posee las características que de hecho conocemos, porque, en caso contrario, no podríamos existir y no las conoceríamos. Por tanto, nuestra existencia pone límites a las propiedades posibles del universo" (Artigas, 1992, p. 193). Algunas como H. R. Pagel han calificado a este principio como una cosmología casera. No obstante, es significativo el cambio de enfoque. Se retorna a una teleología pre-galileana. Galileo destruyó la pregunta para qué sirve Júpiter. Ahora los valores restringidos de las cantidades físicas estarían ordenados al desarrollo de la vida tal como la conocemos. Aceptando el riesgo de antropologismo del principio antrópico, es relevante la reinstauración de la pregunta del para qué. ¿Desquite de Leibniz contra Newton? En todo caso, esta nueva imagen del hombre es isomórfica con una física interesada por sistemas no aislados y que se plantea el problema teleológico de saber el lugar hacia el cual se dirige el sistema, es decir, el atractor. Antropología y ciencias son solidarias, mas distintas. Como ha dicho con justeza Mariano Artigas: "El problema del hombre no proviene de la física clásica ni se soluciona mediante la física cuántica, empalmando la libertad con un indeterminismo físico" (Artigas, 1992, p. 69). La antropología del futuro tendrá que ser consciente de los límites o condicionamientos del hombre detectados por, al menos, las ciencias naturales, pero, al mismo tiempo, ha de desarrollar una concepción positiva del hombre que pueda fundar a éstas, y, en general, a las ciencias como una dimensión cultural antropofánica y, por qué no decirlo, teofánica. 49 Una breve historia de la ciencia19 Resumir la historia de la ciencia en 400 palabras es un reto de brevedad y concisión. En esencia, esta historia comprende un período de antigüedad, otro de ciencia clásica y otro de ciencia moderna. La ciencia antigua creía en el poder supremo de la razón para resolver todos los problemas sin necesidad de experimentos y su influjo duró dos milenios. Su principal representante es Aristóteles, que consideraba que una piedra grande cae más deprisa que una pequeña, aunque nunca se le ocurrió probarlo. Experimentar no estaba en el espíritu de esa época, que ignoraba la verdadera relación entre la vida humana y la naturaleza. El supuesto esplendor de los tiempos antiguos solo era aplicable a clases privilegiadas, pero no a las condiciones de vida del hombre ordinario. La ciencia antigua acabó en el siglo XVI cuando Galileo demostró que si dos piedras desiguales se dejan caer simultáneamente llegan al suelo al mismo tiempo. Este experimento fue un momento clave en la historia de la humanidad. Abrió una nueva relación entre el hombre y la naturaleza, inaugurando una etapa de cambio en la mente humana que fue continuada por muchos otros. El despertar racional de la ciencia clásica clarificó las relaciones entre nosotros y las cosas del mundo visible hasta desembocar en la Revolución Industrial del siglo XIX que liberó al hombre, al menos en parte, de la miseria. La ciencia moderna comenzó a principios del siglo pasado con descubrimientos singulares como el de los rayos X, el electrón y la radioactividad. Con la teoría de la relatividad o la mecánica cuántica desveló un mundo enteramente nuevo no sospechado con anterioridad, porque nuestros sentidos no están hechos para verlo o sentirlo. Esta nueva ciencia permitió entender el átomo, el sol y las estrellas, y aportó una idea de unidad fundamental en la naturaleza. Cambió todos los parámetros que dominaban hasta entonces la vida humana: la velocidad del caballo por la de la luz, la combustión por la fusión nuclear, la fuerza bruta por la de potentes diseños y el aislamiento geográfico por la desaparición de las distancias terrestres. La historia de la ciencia y la de la humanidad llegaron a fundirse en una misma historia. Esta misma secuencia se aprecia también en el progreso histórico de la biología. Inicialmente se ocupó de lo que era visible, descendió luego al nivel celular y estudia ahora procesos vitales a dimensiones moleculares increíblemente pequeñas. PREGUNTAS DE CONOCIMIENTO 19 ¿Por qué algunas personas pueden considerar la ciencia como la forma suprema de todo el conocimiento? ¿Las ciencias naturales deben considerarse como un conjunto de conocimientos, un sistema de conocimiento o un método? ¿Puede haber problemas científicos que se desconozcan actualmente porque la tecnología necesaria para desvelarlos no exista todavía? ¿El conocimiento humano se limita a lo que descubren las ciencias naturales, o hay otras indagaciones importantes que no cubren dichas ciencias? ¿Qué conocimiento, si hubiera alguno, es probable que siempre sobrepase las posibilidades de la ciencia para investigarlo o verificarlo? ¿Se basan las ciencias naturales en suposiciones que no son en sí mismas demostrables mediante la ciencia? ¿Es la predicción el principal propósito del conocimiento científico? ¿Cómo pueden los avances en el conocimiento científico desencadenar controversias políticas o controversias en otras áreas de conocimiento? (Fernández, A. M. G., 2018) 50 PERSPECTIVAS (González del Riego, L., 2021, p. 222) El cambio en la ciencia20 A lo largo de la historia no sólo han cambiado los modos de explicación sino también las teorías derivadas de los procesos de investigación. Este hecho nos debe hacer conscientes -humildes dicen las científicos- de nuestra capacidad limitada de alcanzar la verdad. Los teóricos de las ciencias, los filósofos de la ciencia, han pretendido buscar una explicación sin haber conseguido llegar a conclusiones definitivas. Teorías sobre el cambio de la ciencia De entre las múltiples teorías para explicar el cambio en la ciencia, podemos destacar, por su influencia, las de Thomas Kuhn, Imre Lakatos y Paul Feyerabend. Thomas Kuhn Th. Kuhn (nacido en 1922) es el pensador que más ha revolucionado. Los planteamientos sobre la explicación del cambio científico. Su planteamiento quedó recogido en La estructura de las revoluciones científicas (1962). Según esta obra, cada ciencia se forma a partir de la coincidencia de diversas escuelas sobre un mismo campo de investigación. esta ocurrencia no permite la formación de un cuerpo de conocimientos, pero paulatinamente se va unificando el conjunto de supuestos básicos que hacen desaparecer las escuelas y construir lo que Kuhn llama un paradigma. constituido el paradigma, existe un modo de resolver problemas que resulta aceptado por toda la comunidad científica y muestra el camino que la investigación debe seguir. Además, el paradigma se entiende como el conjunto de supuestos básicos de esa disciplina científica que permite resolver los problemas. 20 (Echano, de., 1998, pp. 186 - 187) 51 La existencia del paradigma permite a la ciencia entrar en un periodo de ciencia normal. Ésta consiste en resolver problemas a partir de las de los supuestos establecidos. Al mismo tiempo, la ciencia normal perfila y mejora el paradigma. Poco a poco se extiende el campo de aplicación y se convierte en el modelo de toda investigación. La aceptación del nuevo paradigma da lugar a una nueva etapa de ciencia normal. La secuencia del cambio en las ciencias es, pues, ciencia normal, crisis, revolución, nueva ciencia normal. esta secuencia no sigue un patrón fijo en los cambios de paradigma sino que, mientras unos científicos abandonan el paradigma antiguo, otros se mantienen fieles a él. Es la preferencia personal la que impulsa el cambio, implica cierto relativismo. Imre Lakatos I. Lakatos (1922 – 1974) considera que no es posible evaluar o comparar teorías, lo que se debe comparar son programas de investigación científica. Las teorías son parte de estos programas y son ellas las que evolucionan. Según Lakatos, los programas de investigación están compuestos por un núcleo, con los presupuestos fundamentales y no sometidos a refutación por los defensores del programa, un cinturón protector compuesto por hipótesis auxiliares modificables y sometidas a contrastación y, finalmente, por metodológicas o heurísticas que siguen los científicos en su investigación. El cambio de teorías se hace manteniendo el núcleo y la heurística. La sucesión de teorías debe ampliar lo explicado hasta entonces por el programa de investigación. Cuando esto sucede, se dice que el programa es progresivo y por lo tanto científico. En caso contrario estamos en un programa degenerativo. La historia de la ciencia debe basarse en la sucesión de los programas en competencia. Dado que la comprobación de la progresividad de un programa puede llevar bastante tiempo, no se puede afirmar la racionalidad inmediata del cambio en la investigación. por ello debe tenerse una tolerancia metodológica que permita comprobar en el futuro la racionalidad del programa. Paul Feyerabend P. Feyerabend (1928 – 1994) considera que deben analizarse las teorías globales. Éstas son teorías que tratan de comprender grandes cambios de la experiencia y se fundamentan en supuestos metafísicos. Si se cambia de teoría global, hay que redefinir el significado de todos los términos utilizados en la investigación. El proceso de cambio es sumamente lento y progresa más por propaganda que por argumentación, por lo que los científicos eligen estas teorías por preferencias subjetivas o por cuestión de gusto. De aquí que todas las teorías sean radicalmente inconmensurables. Esta forma de ver el cambio lleva a la conclusión de que ningún método es universalizable, lo cual es beneficioso para la ciencia. Esto hace a la ciencia más adaptable y permite variar los métodos de investigación. Nada hay fijo ni obligatorio, por lo que existe un anarquismo metodológico que lleva a inventar nuevas teorías que impulsan el desarrollo de la ciencia. El mismo Feyerabend resume su pensamiento afirmando que todo vale como principio que dirige la pluralidad de teorías y el avance de la ciencia. 52 Macro y Micro21 1. Del cosmos al átomo De lo dicho resulta que no se puede comprender la evolución de las estrellas si no se tiene conocimiento de lo que sucede con sus átomos, sus moléculas, y sus partículas subatómicas. La macrofísica está fundamentalmente ligada a la microfísica. La cosmología y la teoría atómica forman un solo cuerpo de doctrina. Por eso, para aumentar nuestra capacidad de comprensión del cosmos, debemos tener un mínimo de información sobre las modernas concepciones del átomo y de sus integrantes subatómicos. 2. La historia del átomo La palabra “átomo” proviene del griego clásico, y significa incortable. Desde que el átomo fue concebido por los filósofos griegos Leucipo y Demócrito, tuvo una función explicativa. El átomo se concibió para comprender ciertos fenómenos que, de otra manera, resultaban ininteligibles. Por ejemplo, la propiedad que tenía un cuerpo de poder cambiar de tamaño, si era apretado por sus dos extremos; o, cómo era posible que un cuerpo sólido se tornara gaseoso. La creación de la teoría atómica es la unión de dos posiciones filosóficas contrapuestas. Ambas posiciones son tan fundamentales que se han mantenido a través de los siglos hasta llegar a nuestros días. Parménides uno de los primeros creadores de la filosofía helénica22, sostenía que el movimiento era pura apariencia. Era la manera como se veía el Ser a través de los sentidos. Pero la realidad fundamental, el ser en sí mismo, era eterno e inmóvil. Heráclito, por el contrario, sostenía que nada es inmóvil, que todo está en perpetuo movimiento. Esta idea fue expresada en una de las más famosas frases de la filosofía: “Nadie puede bañarse dos veces en el mismo río”. Es obvio que ambos tenían razón, pero de manera complementaria. Si todo varía, es imposible comprender lo que sucede en el mundo. Para hablar necesitamos usar conceptos, y ningún concepto puede formarse de algo que no tenga por lo menos una propiedad invariable. Supongamos que estamos utilizando el concepto de silla. Si una silla variara constantemente de forma, no podríamos tener el concepto de que la silla es un mueble que sirve para sentarse. Pero, a su vez, Heráclito también tenía razón. En efecto, si nada se moviera en el universo, no podría haber vida, ni biológica ni mental, porque la vida es movimiento permanente. Los latidos del corazón, el movimiento de los párpados, respirar, andar, hablar, pensar, etc., serían imposibles. El genio de los atomistas, Leucipo y su discípulo Demócrito, consistió en armonizar ambas posiciones y lograron, así, crear una visión más coherente del mundo. En la posición normal de un cuerpo elástico, los átomos están a una distancia determinada los unos de los otros. La elasticidad se explica porque la presión que se ejerce sobre el cuerpo elástico acerca los átomos que lo integran. Y, el hecho de que dicho cuerpo pueda distenderse hasta una forma cuyos extremos están a una distancia mayor de la normal, se explica porque la distancia interatómica se ha hecho más grande. Esta convincente teoría fue adoptada por varios filósofos de la Antigüedad, como Epicuro, en Grecia y Lucrecio, en Roma. Sin embargo, no fue la que predominó a través de la historia. Pero, en los primeros años del siglo XIX fue reinventada por Dalton. La teoría atómica de Dalton era, desde luego, mucho más elaborada que la de sus 21 (Miró Quesada, F., 2003, Pp. 87 - 95). Según la tradición, el primer filósofo griego fue Thales de Mileto. Pero, Parménides, Heráclito y Pitágoras fueron los primeros en crear teorías filosóficas que, en relación con la época y con los escasos textos disponibles, pueden ser llamadas “sistemáticas”. 22 53 antecesores, porque permitía explicar una serie de hechos que no se conocían en la Antigüedad. La teoría tuvo, en sus comienzos, muchos opositores. Pero, conforme pasaban los años, y los métodos de observación de la física y de la química se perfeccionaban, terminó por ser adoptada por numerosos científicos. A fines del siglo antepasado, en 1887, J.J. Thompson demostró, de manera irrefutable, que el átomo no era simple sino compuesto. Para hacer la de mostración utilizó instrumentos muy simples: un tubo de Crookes y un magneto cargado de electricidad positiva. Un tubo de Crookes es un tubo, ca si vacío de aire, por el cual es posible hacer pasar una corriente eléctrica negativa. Decimos “casi vacío de aire”, porque hasta hoy día es imposible eliminar todo el aire que hay dentro de un tubo cerrado. Pero, desde luego, en la actualidad, la eliminación puede ser mucho mayor. Cuando se hacía pasar la corriente surgía, en el extremo opuesto, una pequeña marca luminosa. Hecho esto, Thompson acercó un magneto cargado de electricidad positiva a una de las paredes del tubo, y la corriente eléctrica que iba de un extremo al otro del tubo, se desvió hacia el lado en que estaba el magneto. En aquella época se sabía ya mucho sobre la corriente eléctrica, pero se suponía que estaba integrada por átomos simples. Mas con esta concepción era imposible explicar por qué el rayo de electricidad negativa se había desviado hacia el magneto que estaba cargado de electricidad positiva. La única explicación posible era suponer que en el átomo había algo que estaba cargado de electricidad negativa. Pero ¿dónde estaba ese algo? Thompson supuso que estaba incrustado en el átomo, como una pasa está incrustada en un panetón. Para dar un nombre a la pasa, la nombró “electrón” que, en griego clásico, significa ámbar. Los griegos habían comprobado que, frotando un pedazo de ámbar con un trapo, dicho pedazo atraía cuerpos muy livianos, como pedacitos de metal o pequeños cabellos. Pocos años más tarde, en 1907, haciendo un razonamiento puramente lógico, Ernest Rutherford, llegó a la conclusión de que los electrones giraban en torno de un objeto que llamó núcleo. Los átomos que integran las diferentes sustancias, salvo raras excepciones como en las sustancias radioactivas, son eléctricamente neutros. Pero, los electrones tienen carga negativa. Si el núcleo estuviera integrado por electrones, como los cuerpos que tienen carga eléctrica del mismo signo se repelen, no podría comprenderse por qué los electrones giraban en torno de dicho núcleo, sin salirse de la órbita. Ergo, el núcleo debería estar integrado por partículas positivas que atraían a las negativas. El mismo año corroboró experimentalmente su teoría y recibió, por su descubrimiento, el Premio Nobel. En 1920, acuñó el nombre de “protón” para referirse a las partículas que integraban los núcleos atómicos. Y supuso que el número de electrones y protones era el mismo. A partir de esta fecha los descubrimientos sobre la naturaleza del átomo se suceden rápidamente. James Chadwick descubre el neutrón, que está en el núcleo, para explicar los fenómenos del espectro de los gases23. Para resolver este enigma hubo que esperar hasta que Niels Bohr concibiera un modelo revolucionario del 23 Cuando la luz se hace pasar a través de un prisma transparente, se descompone en los siete colores del arco iris. Cuando un gas contenido en un recipiente cristalino, es sometido a fuertes temperaturas, comienza a irradiar luz cuyo espectro varía según sea la sustancia. A cierta distancia del recipiente hay una pantalla, que es iluminada por la irradiación del gas. Y en ella aparece una franja luminosa en la que hay rayas que se van sucediendo una tras otra de acuerdo con una determinada regularidad. Cada sustancia tiene un espectro propio. Si las sustancias están mezcladas, por ejemplo, si una de ellas es hidrógeno, y la otra es nitrógeno, cada una producirá su respectivo espectro. Y esto sucede aunque una de las sustancias esté en el recipiente en mínima cantidad. La producción de espectros para estudiar las propiedades de las diferentes sustancias, se llama “análisis espectral”. La aplicación del análisis espectral es de enorme importancia en ciencias como la física, la química y la astronomía. Múltiples veces, ha permitido llegar a resultados extraordinarios. El más extraordinario de todos, es la posibilidad de saber de qué sustancias están compuestas las estrellas. Estudiando el espectro solar se descubrió una sustancia que no se conocía en nuestro planeta y que fue bautizada con el nombre de “Helio” que, en griego, quiere decir Sol. Poco después se descubrió dicha sustancia en la Tierra. Y se vio que el hidrógeno y el helio son las sustancias que predominan en el universo. 54 átomo, basado en la teoría que Max Planck había elaborado en 1900 (sobre la que hablamos más adelante, en la sección 4 de este capítulo). Pero, su modelo tenía propiedades que no permitían explicar una serie de fenómenos ópticos, como las franjas negras que se veían en los espectros de la luz que pasaba a través de un gas incandescente. Para explicar este fenómeno se supuso que los electrones tenían espín. Es decir, que giraban sobre sí mismos, y que había dos tipos de espín: levógiro (que gira hacia a la izquierda) y dextrógiro (que gira hacia la derecha). Al poco tiempo, gracias a los refinamientos de la observación óptica, se descubrió que muchas líneas del espectro no eran simples sino dobles, y a veces triples. Y se tuvo, nuevamente, que enriquecer la teoría del electrón, suponiendo que el espín tenía propiedades aún más complicadas respecto de las descritas. Pero con cada nueva explicación surgían problemas cada vez más difíciles y profundos. Las partículas subatómicas comenzaron a proliferar como una cría de conejos. Del neutrón se pasó al muón, al pión, y a los quarks que están dentro de los protones y neutrones. Del electrón se pasó al positrón, que era un electrón con carga eléctrica positiva. Y se desarrolló de inmediato una teoría de la antimateria. Según esta teoría, aceptada plena mente por la comunidad mundial de los físicos, a toda partícula subatómica cargada con electricidad negativa, corresponde una partícula cargada de electricidad positiva, y viceversa. Teóricamente, es posible que existan universos en que todas las cargas eléctricas sean exactamente las de signo contrario al que tienen en el nuestro. Puede concebirse un universo de antimateria en la que todas las cargas eléctricas están invertidas. Pero la forma como lo veríamos sería idéntica a la que vemos en nuestro propio mundo. Por otra parte, gracias a la utilización de poderosos aparatos que permiten obtener niveles altísimos de energía, llamados “aceleradores”, o “colisionadores” (colliders), es posible, hoy día, generar partículas de antimateria, como el antiprotón, el positrón, etc. Se han logrado estos resultados haciendo chocar diferentes partículas subatómicas impulsadas con tremenda energía. Y se ha comprobado experimentalmente que, cuando un electrón choca contra un positrón, se produce una explosión espectacular (con relación al pequeñísimo tamaño de las partículas). Ambos desaparecen, generando un grado muy alto de energía. Lo mismo sucede con otras partículas, como el protón y el antiprotón, el muón y el antimuón, y otras más. En estos experimentos se descubrió una partícula rarísima llamada “neutrino”, para diferenciarla del neutrón y que, como éste, era totalmente ajena a la electricidad. 3. Seguimos alejándonos del sentido común Hemos visto en forma sucinta y muy elemental, cómo la teoría de la relatividad se aleja por completo del sentido común. Sin embargo, este alejamiento no es nada comparado con los resultados de la física cuántica que, desde comienzos del siglo XX y, sobre todo, a partir de 1925, gracias a los aportes de Born (que no es Bohr), Schrödinger, Heisenberg, Dirac y otros, se han ido acumulando hasta el presente. Para comprender lo que ha pasado, hay que describir el experimento fundamental. Este experimento fue el que obligó a crear una física completamente distinta de la clásica y de la relativista. Un cañón de electrones, muy sofisticado, los dispara contra una pantalla. La pantalla tiene dos rendijas y, detrás de ella, hay una placa luminiscente que revela, mediante puntos luminosos, los impactos de los electrones que van cayendo sobre su superficie. Por otra parte, sólo puede conocerse la probabilidad de que tal o cual electrón choque contra la pantalla. Mientras se dirigen los electrones a una sola rendija, pasan por ella como si fueran partículas; pero, cuando se les hace pasar por las dos rendijas, el resultado es desconcertante. Porque, de acuerdo con la física clásica y con la relativista, en la pantalla donde se registran los impactos debería verse un círculo cuyo centro tuviera la mayor luminosidad y, luego, deberían verse circunferencias que rodean el centro, cuya luminosidad va disminuyendo conforme la probabilidad del impacto electrónico va siendo cada vez menor. Mas en lugar de lo previsto, se ve que ¡un mismo electrón ha pasado, a la vez, por las dos rendijas! Pero hay más. En 1925, Heisenberg de mostró que no se podía lograr un conocimiento exacto de las cantidades que determinan el estado de un electrón. Estas cantidades son la posición 55 y el momento (el momento es el producto de la masa por la velocidad). En la física clásica y la relativista se podían determinar, con precisión, tanto la posición del electrón como su momento. Pero, de acuerdo con la mecánica cuántica, si se mide con exactitud la posición de un electrón, entonces la medición de su momento se torna borrosa y es imposible precisarla. Y, viceversa, si se mide con exactitud el momento, saber cuál era su posición de manera precisa, no es posible. Lo mismo sucede con el tiempo y la energía. Este resultado está ya muy alejado del sentido común. Un resultado muy importante de las teorías de Heisenberg y de Schrödinger es que todas las medidas relativas a los fenómenos microfísicos, sólo pueden expresarse de manera probabilística24. Conforme se profundiza en los conceptos de la nueva física, se van descubriendo cada vez más rarezas. Se descubre que los protones tienen en el interior unas partículas llamadas quarks, que tienen una carga análoga a la eléctrica, pero no reducible a ésta. Para explicar la carga del protón y de las partículas atómicas más pesadas que éste, se supone que cada quark tiene las siguientes propiedades: arriba, abajo, extraño, encanto25. Pero un alejamiento, aun mayor, es el experimento de pensamiento26 que elucubró Erwin Schrödinger, llamado, en su honor, “el gato de Schrödinger”. Se encierra un gato en una caja, en la que hay una fuente de materia radioactiva y un detector de partículas radioactivas. Cada minuto, el detector busca una partícula. Si la encuentra, de un lugar de la caja sale un gas venenoso que mata al gato. Luego, la caja se envía al espacio en una astronave en cuya tripulación van científicos expertos en física cuántica. Y cuando abren la caja encuentran que el gato está vivo. O que está muerto. Pero según el experimento de pensamiento, resulta que, durante el trayecto, hasta el momento mismo de abrir la caja, el gato estaba vivo y muerto. Y según algunos físicos importantes, como Niels Bohr que, como hemos visto, fue el gran pionero en el desarrollo de la física cuántica, durante el trayecto de la caja, no había ningún gato. ¡El gato sólo existía cuando era observado! Podría pensarse que, después de estas rarezas, los físicos tuvieran un poco de compasión por nuestro sentido común. Pero no hay nada de eso. Si bien el experimento conceptual de Schrödinger fue el colmo, el colmo de los colmos es que un mismo electrón esté en una posición determinada y también en otra posición diferente de la primera. En ciertas condiciones experimentales, de gran rigor técnico, sucede lo siguiente. Se está observando un electrón e, en un lugar P1 (ponemos e para evitar confusiones con las letras que están a su lado). Cerca de esta posición, en la posición P2 se ve algo que debería ser otro electrón. Sin embargo, es el mismo. Todo lo que hace e en P1 lo hace también en P2. Para salir de dudas hacemos que e salga en un lugar muy lejano de P1 y de P2, que llamamos P3. Por más que hagamos, todo lo que sucede con e en sus anteriores posiciones, sigue sucediendo en P3. La única manera de comprender lo que pasa (o, por lo menos, de tratar de comprenderlo) es que el electrón e es exactamente el mismo en todas sus posiciones posibles. Este hecho increíble ha sido bautizado con el nombre de “Principio de no separabilidad”. Lo que acabamos de relatar nos conduce a un resultado sumamente importante: con tal de poder explicar racionalmente algunos resultados experimentales, nos vamos alejando cada vez más del sentido común. Este 24 Este hecho desconcertó a los físicos que habían contribuido a la creación de la física precuántica. Entre ellos, a Einstein. Einstein nunca aceptó que la expresión matemática de la manera como se establecían las propiedades de los átomos y las partículas subatómicas fuera probabilística. De ahí su famosa frase: “Dios no puede jugar a los dados”. Pero los extraordinarios avances que se han realizado en el conocimiento físico, en los últimos cincuenta años, dan la razón a la tesis probabilística. 25 Naturalmente, se trata de nombres que no tienen nada que ver con lo que significan en el lenguaje común. “Encanto” no quiere decir que los quarks sean encantadores, ni extraños que sean extraños, o por lo menos que sean más extraños que los encantadores. A veces los físicos tienen sus humoradas. Pocos años después que se comenzaron a utilizar dichos nombres, se introdujeron términos cromáticos para hacer referencia a las cargas de los quarks, más o menos análogas a las eléctricas, pero no reducibles a ellas. Así, un quark es rojo, azul o verde. Y, para denotar propiedades de la fuerza débil (la fuerza de interacción que se da en las emisiones radioactivas) se utilizaron sabores. Esto es el colmo, pero así son los físicos. 26 Un “experimento de pensamiento” es un experimento puramente teórico que se realiza conceptualmente, pero que no tiene corroboración empírica. 56 hecho se produce porque, de otra manera, dichos resultados serían ininteligibles. Para que sean inteligibles, tenemos que avanzar por terrenos que nos parecen absurdos. Pero ya Platón, uno de los filósofos más grandes de la civilización helénico-occidental, tal vez el más importante, en su principal diálogo, La República, dice: “mas por donde mi razón, como un soplo, me conduzca, por allí será mi camino”27. 4. Hágase la luz y la luz fue hecha Cuando meditamos sobre el origen de las extrañísimas teorías físicas que gozan, hoy, de una aceptación general en la comunidad científica, nos percatamos de algo maravilloso y, a la vez, lleno de misterio: la teoría de la relatividad restringida y la física cuántica se han creado para explicar fenómenos luminosos. La teoría de la relatividad restringida fue creada por Einstein para explicar por qué la luz tiene siempre la misma velocidad, sea cual fuere la velocidad constante del sistema de referencia del observador en el espacio vacío. Y, La teoría de los cuantos fue concebida para explicar por qué, con los recursos de la física clásica, era imposible comprender la variación de la energía luminosa de los cuerpos negros. Es asombroso ver cómo la atosigante complicación de la física relativista y de la física cuántica se ha producido para poder comprender dos fenómenos luminosos28. Aunque la teoría de la irradiación de energía luminosa de los cuerpos negros es bastante complicada, vale la pena decir algunas palabras sobre el asunto. Un cuerpo negro es un cuerpo que absorbe todas las ondas electromagnéticas que caen sobre él. Ondas electromagnéticas son las que común mente llamamos “rayos de luz”. Cuando percibimos el color de una cosa estamos percibiendo el color del rayo de luz que ha rebotado al incidir sobre ella. Es ampliamente conocido que los rayos de luz blanca (la que nos viene del Sol, o la que irradia un foco cuando prendemos la luz) pueden descomponerse en rayos de siete colores. Estos colores se ven en el arco iris, o cuando se hace pasar la luz blanca a través de un prisma. Un hecho paradójico es que el color de una cosa se debe a que los rayos electromagnéticos de dicho color, que han incidido sobre ella, han rebotado y son captados por nuestra retina. Así, cuando una superficie se ve roja, es porque los rayos de luz roja han rebotado sobre ella. Todos los rayos de colores, diferentes del rojo, han sido absorbidos por la superficie. Cuando esta penetración es total, es decir, cuando todas las ondas electromagnéticas son absorbidas por una superficie, no rebota ninguna y, en consecuencia, el cuerpo se ve negro. La sustancia más negra de todas es el hollín. El cuerpo negro que se utiliza en la física es una esfera totalmente compuesta de hollín. Cuando un cuerpo ha absorbido un rayo de luz, y se comienza a calentar, emite el rayo que absorbió. Como el cuerpo negro ha absorbido todos los rayos lumínicos que han caído sobre su superficie, conforme va aumentando su temperatura (por algún proceso que lo vaya calentando), va emitiendo todos los rayos que había absorbido. Y como los había absorbido todos, llegará un momento en que se tornará blanco y emitirá una luz deslumbrante. Para describir con precisión este hecho tan notable, había que expresarlo matemáticamente. Mas todos los esfuerzos resultaron vanos. En todas las fórmulas que se habían elaborado, para describir la irradiación de las ondas electromagnéticas emitidas por un cuerpo negro, se había supuesto que la energía luminosa de dichas ondas variaba de manera continua. Desde hacía tres siglos, la continuidad de la energía de los rayos electromagnéticos era aceptada por todos los físicos. Pero, no sólo de la energía de las ondas electromagnéticas que irradiaba un cuerpo negro, sino la de cualquier tipo de variación energética. Los físicos habían supuesto siempre, como si se tratase de un principio 27 Los textos de Platón son diálogos. En ellos interviene, como figura central, su maestro Sócrates. Platón vivió en Grecia, en el siglo IV a.C. 28 La teoría de la relatividad generalizada no fue creada para explicar el comportamiento de los rayos de luz, sino para comprender los fenómenos gravitatorios. Pero fue espectacularmente corroborada por la experiencia. Einstein predijo que los rayos luminosos se desplaza ban en trayectorias curvas, y que la curvatura de dicho desplazamiento dependía de la masa gravitatoria que curva el espacio circundante. De manera que, una vez más, la luz resultó ser un fenómeno fundamental de la física. 57 fundamental de la física, que toda variación de energía era continua. Hasta que a Max Planck le vino la idea de suponer que dicha variación era discontinua. O sea, avanzaba a saltos. Y, en cada salto, la energía irradiada era una cantidad pequeñísima: el cuanto de acción h o un múltiplo de h9. También se le llamó “constante de Planck”. Esta idea era la más revolucionaria de todas las innovaciones que se habían producido a través de la historia de la física. A partir de ella se ha elaborado un nuevo tipo de física, que se llama “física cuántica”, o “física de los cuantos”. 5 mitos sobre el cambio climático (y cómo la ciencia los desacredita)29 La ciencia del cambio climático tiene más de 150 años y es, probablemente, el área más estudiada de todas cuantas conforman la ciencia moderna. Sin embargo, la industria energética y los grupos de presión políticos, entre otros, llevan 30 años sembrando la duda sobre el cambio climático donde no la hay. Las últimas investigaciones estiman que las cinco compañías petroleras y de gas más grandes del mundo dedican alrededor de US$200 millones al año al mantenimiento de lobbies que controlan, retrasan o impiden el desarrollo de políticas climáticas de obligado cumplimiento. La negación organizada del cambio climático ha contribuido al estancamiento en la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) hasta desembocar en el estado de emergencia climática global en el que nos encontramos. Como consecuencia, que los negacionistas se sirvan de ciertos mitos (en el mejor de los casos, noticias falsas; en el peor, descaradas mentiras) para desautorizar a la ciencia del cambio climático puede hacer que las personas de a pie no sepan a qué atenerse. 1. El cambio climático no es más que una parte del ciclo natural El clima de la Tierra nunca ha dejado de cambiar, pero el estudio de la paleoclimatología o, lo que es lo mismo, los "climas antiguos", demuestra que los cambios acontecidos durante los últimos 150 años (desde el comienzo de la Revolución Industrial) no pueden ser naturales por su excepcionalidad. Los resultados de los modelos indican que el calentamiento previsto para el futuro podría no encontrar precedentes en los últimos cinco millones de años. El argumento de la "naturalidad de los cambios" esgrimido por los negacionistas se apoya en que el clima terrestre aún se está recuperando de las frías temperaturas 29 (Maslin, M., 2019) 58 de la Pequeña Edad de Hielo (1300 d.C-1850 d.C.), y que las que tenemos en la actualidad son las mismas que las del Período Cálido Medieval (900 d.C.-1300 d.C.). La laguna de dicha apreciación es que ambas etapas no supusieron cambios globales, sino regionales, que afectaron al noroeste de Europa, al este de América, Groenlandia e Islandia. Un estudio con 700 registros climáticos ha demostrado que la única vez que el clima ha cambiado al mismo tiempo y en el mismo sentido en todo el mundo durante los últimos 2.000 años ha sido en los últimos 150, en los que más del 98% de la superficie del planeta ha experimentado un aumento de temperatura. 2. Los cambios se deben a las manchas solares o a los rayos cósmicos Las manchas solares son regiones de la superficie del astro que albergan una intensa actividad magnética y pueden ir acompañadas de erupciones solares. Si bien estas manchas poseen la capacidad de modificar el clima de la Tierra, desde 1978 los científicos han empleado sensores en satélites para obtener un registro de la energía solar que llega al planeta y no han observado la existencia de una tendencia ascendente, por lo que no pueden ser la causa del calentamiento global reciente. Los rayos cósmicos son radiación de alta energía originada fuera del sistema solar, surgida, quizá, en galaxias lejanas. En alguna ocasión se ha señalado que estos rayos podrían ser uno de los motivos por los que se "fabrican" las nubes, por lo que si se redujera la cantidad de rayos que alcanzan la Tierra disminuiría el número de nubes, lo cual haría que se reflejase menos luz solar en el espacio y, como consecuencia, que el planeta se calentase. Sin embargo, esta teoría tiene dos escollos. En primer lugar, la ciencia demuestra que los rayos cósmicos no son demasiado eficaces a la hora de crear nubes, y en segundo, a lo largo de los últimos 50 años la cantidad de radiación cósmica que alcanza la Tierra ha aumentado hasta establecer nuevos récords durante los últimos años. Si la hipótesis fuese correcta, los rayos cósmicos deberían enfriar el planeta, pero lo cierto es que está ocurriendo todo lo contrario. 3. El CO₂ solo es una pequeña parte de la atmósfera, así que no puede calentar demasiado Se trata de un intento de jugar una carta de sentido común, pero yerra el tiro. En 1856, la científica estadounidense Eunice Newton Foote 59 realizó un experimento con una bomba de aire, dos cilindros de vidrio y cuatro termómetros con el cual demostró que un cilindro expuesto a la luz solar que contiene dióxido de carbono atrapa más calor y durante más tiempo que un cilindro que alberga aire normal. Desde entonces, la ciencia ha repetido este experimento tanto en laboratorios como en la atmósfera llegando a la misma conclusión una y otra vez: el dióxido de carbono emite más gases de efecto invernadero. En cuanto al argumento atribuido a la escala del "sentido común" de que una parte diminuta de algo no puede generar un efecto significativo, basta con recordar que solo se necesitan 0,1 gramos de cianuro para matar a una persona adulta, es decir, el 0,0001% de su peso corporal. Estos datos se pueden comparar con la presencia del dióxido de carbono en la atmósfera (0,04%), a lo que se suma el hecho de que es un potente gas de efecto invernadero. Por su parte, el nitrógeno conforma el 78% de la atmósfera y apenas es reactivo. 4. Los científicos manipulan los datos para mostrar la tendencia ascendente de la temperatura No solo no es cierto, sino que es una maniobra simplista utilizada para atacar la credibilidad de los científicos que estudian el clima. Para que una conspiración de estas dimensiones fuera posible, sería necesario que miles de científicos de más de 100 países se pusieran de acuerdo con la hora de mentir sobre los datos obtenidos. Los científicos corrigen y validan continuamente la información recabada. Por ejemplo, entre nuestras labores está la corrección de registros históricos de temperatura, ya que los sistemas de medición han variado a lo largo del tiempo. Entre 1856 y 1941, la mayoría de las mediciones de la superficie marina se llevaban a cabo izando el agua con un cubo desde la cubierta del barco. Este método no ofrecía garantías, ya que al principio se utilizaban cubos de madera y después se emplearon de lona. Asimismo, el cambio de embarcaciones de vela a barcos de vapor alteraba de igual manera la temperatura del agua, ya que la diferencia de altura entre las naves hacía que la evaporación fuera mayor o menor en cada caso cuando el agua llegaba a cubierta. Desde 1941, la mayoría de las mediciones se han realizado a través del sistema de toma agua de los barcos, por lo que no hay que preocuparse por la refrigeración producida por la evaporación. 60 Por otra parte, debemos tener en cuenta que muchas ciudades han crecido en tamaño, por lo que las estaciones meteorológicas que antaño se encontraban en zonas rurales ahora están integradas dentro de áreas urbanas que presentan habitualmente temperaturas más altas que el campo por el que están rodeadas. 5. Los modelos climáticos no son fiables y son demasiado sensibles al dióxido de carbono Esta afirmación es incorrecta y demuestra un pobre entendimiento acerca del funcionamiento de los modelos, a la par que menosprecia el alcance del cambio climático. Existe una amplia gama de modelos climáticos, desde aquellos que se ocupan de mecanismos específicos, como puede ser los ciclos de las nubes, hasta los modelos de circulación general (MCG), los cuales se utilizan para predecir el clima futuro de nuestro planeta. Hay más de 20 centros en todo el mundo en los que algunas de las personas más inteligentes del planeta han dado forma y dirigen modelos de circulación general que contienen millones de líneas de código que representan la vanguardia de lo que se conoce sobre el sistema climático. Estos modelos se someten continuamente a pruebas con datos históricos y paleoclimáticos, así como con acontecimientos climáticos independientes, como grandes erupciones volcánicas, para confirmar que reconstruyen el clima de manera correcta (como, de hecho, así es). Un modelo, por sí mismo, no se debería considerar correcto, ya que representa un sistema climático global sumamente complejo. Sin embargo, al tener tantos modelos diferentes construidos y calibrados de manera independiente podemos confiar en su fiabilidad cuando coinciden en sus resultados. Al estudiar los resultados de todos los modelos, observamos que duplicar de las emisiones de dióxido de carbono podría aumentar la temperatura entre 2˚C y 4,5˚C, con una media de 3,1˚C. Tras combinar el conocimiento científico sobre el calentamiento y enfriamiento del clima a partir de factores naturales (energía solar, volcánica, aerosoles y ozono) y factores propiciados por el hombre (gases de efecto invernadero y cambios en el uso de la tierra), podemos asegurar que el 100% del calentamiento observado a lo largo de los últimos 150 años se debe a los humanos. No existe un 61 solo argumento científico sobre el que apoyarse para negar sistemáticamente el cambio climático. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), creado por las Naciones Unidas para acercar la ciencia climática a la ciudadanía, ofrece seis pruebas irrefutables sobre el cambio climático. A medida que las alteraciones extremas del tiempo se vuelven cada vez más habituales, la gente se está dando cuenta de que no necesitan que los científicos les digan que el clima está cambiando, ya que lo están experimentando en primera persona. PREGUNTAS DE CONOCIMIENTO ¿Cómo es posible que el conocimiento científico cambie a lo largo del tiempo? ¿Qué papel desempeñan los cambios de paradigma en el conocimiento científico? ¿De qué forma el contexto social del trabajo científico afecta a los métodos y descubrimientos de la ciencia? ¿De qué maneras han contribuido los individuos influyentes al desarrollo de las ciencias naturales como área de conocimiento? ¿La precisión del lenguaje utilizado en las ciencias naturales elimina satisfactoriamente toda ambigüedad? ¿La lista de disciplinas que se incluyen en las ciencias naturales, o se excluyen de ellas, cambia de una era, cultura o tradición a otra? ¿Facilita la competición entre científicos la producción de conocimiento o la dificulta? 62 MÉTODOS Y HERRAMIENTAS Explicación hipotético-deductiva30 La explicación hipotética-deductiva constituye hoy día el método de explicación e investigación más utilizado por la ciencia como hemos visto el modelo axiomático dejó de ser el modelo de explicación propio de las ciencias empíricas asimismo la explicación inductiva tampoco tiene actualmente el prestigio que tuvo en el pasado. Dicho método consiste en establecer hipótesis a partir de lo observado deducir consecuencias demostrables y comprobarlas con nuevas observaciones o por medio de experimentos. Sus orígenes se remontan a los comienzos del estudio de las llamadas ciencias de la naturaleza, cuyo estudio está en íntima relación con la experiencia. Su desarrollo tuvo lugar a partir del nacimiento de la ciencia moderna, en el Renacimiento sobre todo con Galileo (1564-1632), pero ha sido elevado a su más alto puesto gracias a los planteamientos de K. Popper. El punto de partida es la observación. Ésta consiste en analizar los fenómenos para ver los factores que intervienen en su aparición. Este análisis exige una postura crítica, lo que recibe el nombre de realismo crítico, que impide la admisión inmediata e ingenua de lo visto. Toda observación se realiza siempre desde una teoría relacionada con el problema planteado. Debe ser pública, es decir, que no sea privativa de un solo observador, sino que pueda ser realizada por cualquiera. La observación lleva a la formulación de interrogantes e hipótesis. Con ello se intenta dar una explicación provisional a lo observado que se formula como hipótesis. En la terminología de K. Popper, como hemos visto, recibe el nombre de “conjetura”, es decir, una afirmación que debe ser sometida a prueba, “falsación”, y que puede considerarse verdadera en tanto no haya sido refutada, mostrada su falsedad. El tercer paso consiste en expresar de forma matemática las hipótesis y deducir las consecuencias. Las hipótesis deben ser traducidas al leguaje matemático como instrumento de análisis y para establecer consecuencias. Los resultados así obtenidos, aunque sean el resultado de una deducción correcta, son simplemente hipótesis teóricamente establecidas. Este paso ha cobrado cada vez más importancia en la ciencia de forma que hoy día, en muchos casos, la investigación se inicia por la construcción de un algoritmo, o modelo matemático, que luego se experimenta. Por último, es necesaria la experimentación. Esta es el paso característico de este modo de explicación. El experimento es el “artificio” capaz de demostrar que las hipótesis y sus consecuencias se cumplen; mediante él, éstas son observadas por otros investigadores y pueden repetirse. Si el experimento arroja un resultado negativo, hay que abandonar esta hipótesis y es necesario formular otras distintas. El resultado positivo confirma la hipótesis haciendo que esta adquiera la categoría de ley. Según Popper, sin embargo, el resultado positivo del experimento solamente muestra que lo establecido como hipótesis no es falso, no que sea verdadero. La suposición de la verdad de las hipótesis la tenemos como punto de partida al establecerla, por lo que el experimento va encaminado a demostrar su falsedad. 30 (Echano, de., 1998, pp. 184 - 185) 63 La explicación hipotético-deductiva implica, según Popper, que la investigación científica, por necesitar del refrendo de la observación, formula leyes y teorías que sólo son verdaderas mientras no se demuestre su falsedad. La meta final de este método es establecer leyes y teorías que expliquen el funcionamiento de la naturaleza. Además, la experimentación muestra el camino para la reproducción de fenómenos y permite la intervención del hombre en la naturaleza. De esta forma, la ciencia ya no es solo construcción teórica sino también conocimiento práctico, lo que hace posible la aparición de la técnica. “No existe un método científico” https://youtu.be/TftMXFJoZW0 (Metodología de la Investigación - Tesis, 2021) PREGUNTAS DE CONOCIMIENTO • • ¿Hay un único método científico? ¿Qué papel desempeñan la imaginación y la intuición en la generación de hipótesis en las ciencias naturales? ¿Qué clase de explicaciones ofrecen los especialistas en ciencias naturales? ¿Por qué muchas de las leyes de las ciencias naturales se enuncian utilizando el lenguaje de las matemáticas? ¿Cuál es el papel del razonamiento inductivo y deductivo en la indagación, predicción y explicación científica? ¿Tiene el lenguaje científico una función principalmente descriptiva, explicativa o interpretativa? 64 ÉTICA La ciencia nos cambia31 ¿Os habéis preguntado alguna vez para qué sirve la ciencia? Es difícil responder, aunque podríamos decir que nos ayuda a explicar nuestro entorno. Es un conocimiento que nos sirve para descifrar el libro de instrucciones de la naturaleza. Dicho esto, ¿cómo evoluciona la ciencia con el tiempo?, o lo que es lo mismo, ¿ha cambiado la percepción de la vida gracias al conocimiento científico? Es lógico pensar que, si lo ha hecho, al igual que nosotros y nuestra apreciación del entorno. La percepción del medio de hace varios siglos era distinto al actual. Incluso nos parecía lógico suponer que el sol diese vueltas alrededor de la Tierra. Después, vino Copérnico y nos ayudó a comprender que era justo lo contrario. Si cada vez sabemos más de nuestro entorno gracias a la ciencia, ¿cómo puede haber todavía gente con ideas contrarias a la lógica y a la experiencia? Me refiero al caso de los terraplanistas. Yo tengo dos teorías: 1. La primera es que pretenden ser herederos de las escuelas clásicas del pensamiento griego, donde lo importante era el discurso y no la experimentación. 2. Y la segunda es que son unos enamorados del universo fantástico del Mundo Disco de Terry Platchett. 31 (Tortosa, 2022) 65 Historia de la experimentación animal32. La experimentación animal no es nueva y los problemas han existido desde hace muchos años. Ya en la antigüedad, los conocimientos se basaban en buena parte en la observación y la disección anatómica (2). En el Corpus Hipocrático (en el 350 a.C.) aparecen experimentos con cerdos y en el siglo VI se habla de inmunoprofilaxis en China. También es conocido como Anaxágoras, Aristóteles, Hipócrates, Galeno y muchos otros disecaron animales para conocer su cuerpo. Sin embargo, la "vivisección" es relativamente poco practicada en Occidente hasta el Renacimiento; a partir de entonces se aplica de manera esporádica tanto en el animal como en el hombre, y se desarrolla, sobre todo, en el siglo XVII, principalmente, con W. Harvey (1578-1657), quien puso de manifiesto la circulación de la sangre en 1628. El olvido del respeto hacia los animales en diversas culturas puede deberse a diversas causas. En la nuestra, para algunos autores, sería debido a nuestra tradición griega y judía. En ellas, la relación de los hombres con los animales no entraría dentro del ámbito ético (3). Nuestra civilización moderna habría hecho hincapié sólo en la tradición bíblica de considerar el mundo y los seres vivos que hay en él como seres que están bajo el dominio del hombre y para su servicio olvidando la otra tradición- también bíblica y no incompatible con la anterior- de considerar el mundo y los animales como manifestación de la grandeza de Dios y al hombre como administrador de ella. La excesiva unilateralidad por parte de la modernidad en acogerse a la primera tradición habría sido un acicate al deseo de constituir una ciencia moderna que tuviera como una de sus misiones prioritarias la de conocer mejor el mundo para dominarlo y transformarlo mediante la técnica. Este planteamiento implicaría más una visión del mundo mecanicista que una visión contemplativa del ser de las cosas. Así, Descartes comparaba a los animales con autómatas incapaces de pensamiento y de conciencia, carentes de alma y, por tanto, sin sensibilidad posible al dolor (4). El siglo XVIII marca una inflexión: en Inglaterra, el filósofo Jeremy Bentham (5) invita a algo más que amabilidad hacia los animales, plantea el "problema ético" de su sufrimiento y su explotación abusiva por el hombre. Para Hume (6), la moralidad: "es objeto del sentimiento, no de la razón". Las fundamentaciones "emotivistas" de la moral surgidas en el siglo XVIII introdujeron cambios importantes. Este "emotivismo" moral desarrolló una mayor sensibilidad hacia el dolor animal. Y el hecho de haber surgido principalmente en Inglaterra puede explicar que este país haya sido la cuna de los movimientos antiviviseccionistas y que tenga la legislación proteccionista más antigua (de 1871). Desde el siglo pasado los experimentos con animales han desempeñado un papel crucial en el desarrollo de la medicina moderna (7), más aún, no se conoce ninguna área de la medicina que no deba muchos de sus principales avances a la experimentación animal. Pasteur investigó las enfermedades infecciosas en animales domésticos y descubrió también que la inmunización podía proteger contra esas patologías. Lister declaró ante la Comisión Real en 1875 que los experimentos con animales habían sido fundamentales en sus propios trabajos sobre la asepsia y que restringir el uso de animales en la investigación impediría descubrimientos beneficiosos para la humanidad. En este siglo son también numerosos los avances científicos que han dependido de una previa experimentación con animales, como ocurrió con las sulfamidas que disminuyeron notablemente las cifras de 32 (Aranda, A., & Pastor, L. M., 1999). 66 sepsis puerperal, neumonía lobular e infecciones en heridas superficiales. Sin olvidarnos de la cirugía y tantos otros campos donde la experimentación animal ha sido fundamental. Sin embargo, las críticas a la experimentación animal son abundantes. Así se critica, sin justificación, que los animales utilizados sirvan de modelos de enfermedades, porque no reflejarían con exactitud las condiciones humanas, olvidando que lo que estos modelos proporcionan es la forma de estudiar un procedimiento concreto que luego se aplicará a humanos. Se aduce también, que, si estas prácticas hubiesen sido ilegales, los investigadores habrían desarrollado su imaginación y habrían inventado las técnicas adecuadas para sustituir a los animales. Esto último puede ser utópico. El uso de animales no siempre es lo más fácil, pero a veces es imprescindible. En la actualidad todavía es necesario su uso para resolver algunos de los problemas médicos existentes, por ejemplo: el estudio de las funciones de las proteínas o la puesta en marcha de tratamientos para lesiones traumáticas, etc. Grandes metidas de pata de las revistas científicas33 Cada día miles de científicos y académicos trabajan arduamente en sus investigaciones en universidades, institutos y fundaciones. Cuando por fin las terminan, las publican en revistas científicas que, se supone, revisan su veracidad y rigor. Ya han aportado su granito de arena a la historia del conocimiento. Pero, ¿realmente es así siempre?, ¿nos podemos fiar de los mecanismos de control de estas publicaciones? El foco de la sospecha se volvió a iluminar hace unos días, después de que la prestigiosa revista científica estadounidense "Science" anunciase la retirada, por "irregularidades", de un artículo publicado en diciembre sobre cómo una conversación de 20 minutos podía hacer cambiar la opinión de la gente sobre el matrimonio homosexual. "Tergiversación", "declaraciones falsas" e "incapacidad de despejar dudas sobre irregularidades estadísticas" fueron algunos de los argumentos esgrimidos por "Science" para retirar el artículo cinco meses después de publicarlo. Una mancha en su expediente. Por lo general el público se puede fiar de las publicaciones científicas más prestigiosas. Por ejemplo, la revista "Nature" rechaza el 92% de los trabajos que recibe, según sus datos. Aun así, el riesgo del fraude científico va en aumento. Tanto, que el número de estudios retractados por las publicaciones (retirados tras ser publicados) se ha multiplicado por 10 desde 1975, según un informe del instituto PNAS. Pero, sin ser la norma, algunas retractaciones han ocasionado un gran escándalo en los últimos años. Autismo relacionado con vacunas En 1998 la revista médica "The Lancet" publicaba un estudio del doctor Andrew Wakefield que vinculaba la vacuna de la triple vírica (sarampión, rubeola y paperas) con el autismo en niños. El estudio tuvo una gran repercusión y, junto a otras campañas, creó un ambiente contrario a las vacunas en muchos padres. En 2003, las vacunaciones de la triple vírica descendieron en Reino Unido por debajo del umbral recomendado. 33 (Moreno, J., 2015) 67 En 2010 la revista se vio obligada a retirar el supuesto estudio científico después de que el Colegio General Médico (GMC) británico descubriese el engaño. Las conclusiones eran falsas y los métodos utilizados también, según esta institución. Negligencia médica, ocultación de datos, utilización de niños… fueron algunas de las acusaciones vertidas en lo que muchos denominaron el mayor escándalo médico de la década. La deshonra de Haruko en "Nature" El 29 de enero de 2014, la joven bióloga japonesa Haruko Obokata publicaba en la prestigiosa revista "Nature" un método sencillo y revolucionario para reprogramar células adultas (sumergiéndolas en un ácido) para obtener células madre. Sin embargo, la comunidad científica denunció el uso de imágenes duplicadas para documentar el estudio y la incapacidad para replicar los resultados de este. En julio de 2014, "Nature" retiró el estudio debido a sus "errores graves". Ratas y cáncer por comer maíz transgénico En 2012 llegó una publicación bomba en pleno debate sobre los transgénicos. Una revista considerada respetable revelaba un estudio que vinculaba la ingesta de maíz transgénico de Monsanto con grandes tumores cancerígenos en ratas. El trabajo del biólogo francés Gilles-Eric Seralini mostraba en la revista "Food and Chemical Toxicology" roedores con tumores del tamaño de una pelota de pin pong que atribuía a este alimento genéticamente modificado. Los activistas contra los alimentos transgénicos utilizaron este estudio como arma en sus reivindicaciones… Se precipitaron tanto como la revista al publicarlo. Algo más de un año después, la publicación se vio obligada a revisar su autenticidad tras una investigación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Esta revisión llegó a la conclusión de que la cepa de ratas empleada por Seralini era propensa a desarrollar tumores de manera natural y que el investigador apenas utilizó 10 ratas por grupo de estudio, una cantidad insuficiente para sacar conclusiones, según la revista. La relación entre pesticidas y estrógenos que no se podía replicar Otro patinazo que sufrió "Science" en 1996. La revista publicó un estudio que aseguraba que la mezcla de algunos pesticidas podía provocar desórdenes endocrinos y aumentar anormalmente la producción de hormonas de estrógenos. Esto podía originar cáncer y malformaciones de nacimiento en seres humanos y animales. Un año después el autor, John A. McLahan, admitió que los resultados de su investigación no podían reproducirse. Por tanto, no eran válidos y hubo que retirar el trabajo. 68 Polémica retirada de un trabajo avalado por un Nobel A veces la retirada de un trabajo científico no es un asunto que responda a malas intenciones o prácticas lo suficientemente inexactas como para que haya un consenso de que debe retractarse. Es el caso de un trabajo científico publicado en "Science" en 2009 por un equipo internacional dirigido por Manuel Ferrer, de Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) español. Versaba sobre un nuevo método de análisis de la actividad enzimática de una célula basado en un chip que desarrollaron. Una serie de errores llevaron al retiro del artículo, aunque eminentes científicos no estaban de acuerdo con ello. Fue el caso de Richard Roberts, un premio Nobel de Medicina estadounidense, que aseguró haber probado el chip y que funcionaba casi a la perfección. Los pequeños errores no le parecían suficiente para retirarlo. De nada sirvió su queja. PREGUNTAS DE CONOCIMIENTO • ¿Carece, o debería carecer, la ciencia de valores? • ¿Debe la investigación científica estar sujeta a limitaciones éticas o es la búsqueda de todo conocimiento científico algo que intrínsecamente vale la pena? • ¿Tendemos a exagerar la objetividad de los hechos científicos y la subjetividad de los valores morales? • ¿De qué maneras los avances científicos han cuestionado valores éticos arraigados? ¿Pueden resolverse los desacuerdos morales haciendo referencia a pruebas empíricas? • ¿Existen los derechos humanos de la misma manera que existen las leyes de la gravedad? • ¿Quiénes ejercen una mayor influencia en lo que es aceptable desde el punto de vista ético en esta área de conocimiento, los científicos o las sociedades en las que los científicos desarrollan su labor? 69
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