La producción del libro en el movimiento Arts & Crafts Paula Fayos Pérez Directora: Dra. Jesusa Vega Trabajo de Fin de Grado de Historia del Arte Universidad Autónoma de Madrid Junio de 2013 ÍNDICE Introducción………………………………………………………………………1 1. El contexto sociocultural en la época de William Morris 1.1. El medievalismo……………………………………………………….4 1.2. El socialismo……………………………………………………….…12 2. El arte de William Morris 2.1. Arts & Crafts……………………………………………………….…26 2.2. La Kelmscott Press y “el libro ideal”…………………………………34 3. La producción del libro en la Kelmscott Press………………………………..48 Conclusiones: William Morris, “el hombre total”…………………………...…...55 Ilustraciones……………………….……………………………………………...57 Bibliografía……………………………………………………………………….75 0 Introducción En el último tercio del siglo XIX surgió en Gran Bretaña un importante movimiento artístico llamado Arts & Crafts que tenía como objetivo ofrecer una alternativa al arte mecanizado e impersonal del momento, producto de la Revolución Industrial. Diferentes escritores, artistas, arquitectos y pensadores de la época aunaron sus fuerzas para desarrollar una reforma estética. El representante más importante de este movimiento fue William Morris (1834-1896), poeta, artesano, impresor, diseñador de interiores y activista socialista. En el primer capítulo estudiaremos el contexto social y artístico en la Inglaterra victoriana para valorar las principales influencias de Morris: el medievalismo y los movimientos de izquierda. La tendencia medievalista, donde destacan figuras como los arquitectos Philip Webb, George Edmund Street y Augustus Pugin, se alimentó de las leyendas artúricas y la búsqueda del Santo Grial, así como de la mitología inglesa, germana y nórdica, constituyendo una importante fuente artística para Morris, tanto en el diseño de tapices y vidrieras, como en la inspiración de poemas, por ejemplo en La defensa de Ginebra. En cuanto a los movimientos de izquierda —socialismo, comunismo y anarquismo—, algunas figuras afectaron decisivamente a su obra, como Pierre-Joseph Proudhon y Peter Kropotkin. La labor primordial de Morris como activista fue desarrollada en el seno de la Liga Socialista, aunque más tarde se disolvería debido a las discrepancias entre comunistas y anarquistas. En cuanto al socialismo utópico, en su pensamiento se registra la influencia tanto de las utopías políticas de los franceses Henri de Saint-Simon y Charles Fourier, como de las literarias del renacentista Tomás Moro y el contemporáneo Edward Bellamy; el resultado más directo se puede comprobar en las novelas, Noticias de Ninguna parte y El sueño de John Ball. No obstante, también estuvo expuesto el creador británico a la tendencia del socialismo cristiano, entre cuyos defensores se encontraba Leo Tolstoi, cuyo objetivo principal era la unión de los principios de las comunidades anarquistas con los del cristianismo primitivo en el que todos los bienes eran compartidos y no se buscaba en enriquecimiento personal. Finalmente, para una mejor contextualización del pensamiento y la actividad de Morris, también se ha tenido en cuenta el ambiente intelectual y literario que le fue más cercano, por esa razón hemos considerado especialmente a dos pensadores y críticos fundamentales: John Ruskin y 1 Oscar Wilde. El primero fue una referencia fundamental para Morris respecto al factor social del arte, y el último llegando a desarrollar un pensamiento muy próximo a ambos, aunque con elementos propios de la generación siguiente. William Morris tuvo una extensa y variada carrera artística, la cual trataremos en el segundo capítulo. Comenzó a interesarse por el arte cuando estudiaba arquitectura en la Universidad de Oxford con su compañero Edward Burne-Jones, a través del cual conoció a miembros de la Hermandad Prerrafaelita como Dante-Gabriel Rossetti. Este ambiente intelectual fue determinante en su trayectoria como artista, ya que al poco tiempo fundaría la empresa Morris, Marshall, Faulkner & Co., más tarde simplificada como Morris & Co. Colaborando con artistas de diferentes disciplinas (decoradores, arquitectos, dibujantes), esta empresa se dedicó al diseño y fabricación de todo tipo de objetos decorativos basados en la estética medievalista, fruto del minucioso estudio que Morris había realizado de las fuentes, pero caracterizándose por una ornamentación más sobria que los recargados estilos historicistas, especialmente el revival neo-gótico. En la Exposición Universal de 1851 se expusieron por primera vez diseños medievalistas (a cargo de Pugin), pero fue a partir de 1888 con la Sociedad para la Exposición de Arte y Artesanía cuando Morris junto con Walter Crane y otros colaboradores, dio a conocer sus productos marcados por la máxima, “utilidad y belleza”, de la que Morris hizo bandera durante toda su vida. En su opinión el arte debía ser agradable también en el momento de ser creado y no sólo en el de ser contemplado, asociando el placer con el trabajo, y transmitiendo al mismo tiempo unos valores de comunidad y esfuerzo a través del trabajo gremial del taller. Uniendo la artesanía medieval con los ideales socialistas, Morris desarrolló una nueva concepción del arte, que incorporaba la ornamentación y la belleza al trabajo de utilidad social y moral. El Movimiento Estético, que defendía “el arte por el arte”, fue una rama del movimiento Arts & Crafts, menos ligada al medievalismo y más cercana al gusto burgués, aunque renovando sus principios estéticos. Esta filosofía de belleza había afectado sobre todo a las artes plásticas, pero en menor medida a otras prácticas como la edición, tal como se puede observar en la homogeneidad y tosquedad de los libros de la época. Morris, como ávido lector, escritor y coleccionista de incunables, fundó su propia editorial en 1891, la Kelmscott Press, decidido a reformar también la práctica del diseño de los libros. Para la mayoría de sus biógrafos se trata de la etapa más importante y con mayor repercusión 2 de la carrera de Morris, ya que estableció una auténtica revolución editorial, imprimiendo sus libros con pequeñas prensas manuales imitando los procesos del siglo XV, y teniendo por modelos a artífices como Nicolas Jenson, impresor veneciano del último tercio del siglo XV. Cada libro de la Kelmscott Press estaba diseñado con un detallismo exhaustivo, desde la tipografía y los márgenes, hasta el tipo de papel y la encuadernación, o la clase de tinta utilizada. Es especialmente reseñable la combinación de grabados (ilustraciones normalmente realizadas por Burne-Jones) y texto, siguiendo los parámetros de los primeros libros impresos. Morris utilizaba siempre los mejores materiales, aunque hiciera falta importarlos desde el extranjero o fabricarlos él mismo. Y paralelamente se rodeaba de los mejores especialistas para la fabricación de cada parte del libro, llegando a crear lo que él mismo denominó “el libro ideal”. El alcance de la Kelmscott Press fue extraordinario a pesar de la limitada tirada de ejemplares de cada título, consecuencia a su vez de la fabricación manual y su alto coste. Su fama fue gracias a la prensa que se hizo eco de la producción en artículos en periódicos, pero también a los viajes que realizaron algunos socios de Morris al extranjero, donde se difundió la ideología de la Kelmscott Press, creándose numerosas editoriales que imitaron su ejemplo. Entre ellas destacan la inglesa Dove Press, la francesa Eragny Press y la americana Merrymount Press, formando toda una generación de editoriales creadoras de bellísimos libros, enormemente cotizados y valorados hoy en día por los coleccionistas de todo el mundo. En el último capítulo nos ocupamos de la actividad editorial de la Kelmscott Press, de cuyas prensas salieron libros clave en la historia de la imprenta entre los cuales cabe citar textos religiosos como los Salmos Penitenciales o La leyenda dorada, diferentes obras de poesía tanto del inmediato pasado (Keats, Coleridge, Shelley) como contemporáneas (Rossetti, el propio Morris), panfletos políticos de ideología socialistas (Liga Socialista de Hammersmith), cuentos de temática mitológica medieval (Las historias de Sir Percival de Gales), y clásicos de la literatura inglesa entre los cuales destacan Las obras de Geoffrey Chaucer. Este libro es especialmente importante ya que fue la última obra de Morris, y en la que invirtió una mayor cantidad de medios, tanto materiales, como humanos y económicos. El resultado fue que pronto se convirtió en el paradigma de la integración orgánica de las artes y la cooperación artesanal propias de la Edad Media, así como del trabajo colectivo y con repercusión social, dando lugar a un trabajo de arte total. 3 1. El contexto sociocultural en la época de William Morris 1.1. El medievalismo El origen del medievalismo se encuentra a finales del siglo XVIII en “el deseo de retornar a una sociedad ordenada aunque orgánicamente vital de cara a un gran cambio social” (Harris 1984: 2). Debido a la escasa repercusión del Renacimiento en Inglaterra, el gótico prácticamente se unió al (posteriormente llamado) Neogótico, por lo que autores como Kenneth Clark (1962: 12) no hablan de “renacer” en cuanto a la Edad Media sino de “sobrevivir” – ya los escritores isabelinos usaban imágenes medievales para legitimar los cambios sociales y políticos que se dieron en los siglos XVI y XVII –. Jennifer Harris (1984: 2) sostiene que “el medievalismo del siglo XIX puede ser visto como una respuesta directa a las agitaciones de la sociedad inglesa provocados por las revoluciones económicas y sociales del siglo XVIII, y como reacción ante la Revolución Francesa y la amenaza de la violenta rebelión del período post-napoleónico. La Edad Media cada vez se veía más como una época dorada de fe, estabilidad y creatividad”. El medievalismo fue un fenómeno que recorrió todo el siglo XIX: la aproximación de Walter Scott (1771-1832), autor de novelas históricas y románticas como El monasterio1, era diferente a la de Thomas Carlyle (1795-1881), ensayista y filósofo, y a la de John Ruskin2, quien defendía una filosofía basada en el arte. “El medievalismo de Morris es un desarrollo linear simple de las ideas expuestas por quienes le precedieron en esa tradición. Está firmemente anclado en esa tradición pero también va más allá, lo cual expresa las condiciones particulares de la sociedad en la segunda mitad de siglo” (Harris 1984: 2). Según Jennifer Harris los textos clave del renacimiento victoriano son Pasado y futuro3 de Thomas Carlyle, Las piedras de Venecia 4 de John Ruskin, y Un 1 El monasterio (The Monastery) es una novela histórica publicada en 1820 por la editorial Longman en Londres. Junto con El Abad (The Abbot) conforma los Cuentos de fuentes benedictinas (Tales from Benedictine sources). 2 John Ruskin (1819-1900) fue un crítico de arte y dibujante inglés. En su juventud fue el principal defensor de la obra de J. M. W. Turner. Estuvo muy vinculado tanto al Renacimiento Gótico como al movimiento Prerrafaelita y a William Morris. Sus escritos fueron enormemente influyentes durante varias generaciones. 3 Past and Present, 1843 (Chapman&Hall). 4 The stones of Venice, 1853 (Smith Elder & Co.) 4 sueño de John Ball5 de William Morris. Morris lee Las piedras de Venecia en 1853 cuando estudiaba en la Universidad de Oxford – en una ciudad que apenas había cambiado desde la Edad Media –. Sobre la naturaleza del gótico” (“On the nature of Gothic”) se convertiría en el fundamento filosófico del movimiento Arts & Crafts (Meyer 2009: 2); más tarde Morris lo editaría en la Kelmscott Press. El medievalismo no se basa meramente en la nostalgia por una época dorada, sino que se fundamenta en el estudio de la literatura y sociedad medieval que se realizó desde comienzos del siglo XIX. Podríamos decir que el medievalismo quedó oficialmente inaugurado de cara al público en el Pabellón Medieval de la Gran Exposición de Londres de 1851, diseñado casi en su totalidad por Augustus Pugin (1812-1852), el arquitecto y diseñador considerado el padre del Renacimiento Gótico (Gothic Revival), que incluía bordados, vidrieras, azulejos, vasijas de plata, trabajos de acero y lámparas, todo de inspiración medieval. Once años más tarde, en la exposición de 1862, la recién creada empresa Morris, Marshall, Faulkner & Co., exhibía sus productos para la decoración de interiores. La enorme diversidad de las actividades de William Morris se explica conociendo la variedad de ideas y la naturaleza poliédrica del renacimiento victoriano (Victorian Revival). Por encima de la política, su principal interés era el arte, tanto el suyo propio como el de sus contemporáneos, ya que consideraba que “la historia del arte era la historia de las personas y la más fehaciente expresión de la sociedad que la producía” (Harris 1984: 2). Influenciado por el periódico de la Hermandad Prerrafaelita, The Germ, Morris empezó a colaborar en la revista The Oxford and Cambridge Magazine, escribiendo sobre Ruskin, Carlyle y James Anthony Froude (1818-1894), un historiador y novelista que realizó la biografía de Carlyle. También contribuyó con romances breves en prosa como Las iglesias del norte de Francia: La sombra de Amiens6 y La historia de la iglesia desconocida 7 – una historia sobre la vida medieval narrada por un maestro masón –, o la que más tarde se convertiría en La defensa de Ginebra 8. En esta revista también publicaba sus poemas el ilustrador, pintor y poeta Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) [Fig. 1], fundador de la Hermandad Prerrafaelita (Pre-Raphaelite Brotherhood) en A dream of John Ball and a King’s Lesson, 1888 (Reeves&Turner). The Churches of North France: The Shadow of Amiens, publicado en 1856. 7 The Story of the Unknown Church, publicado en 1856. 8 The defence of Guenevere, publicado en 1858. 5 6 5 1848 junto con los pintores William Holman Hunt (1827-1910) [Fig. 2] y John Everett Millais (1829-1896). Años más tarde Morris escribiría lo que Yuri Allen Cowan (2000: 6) denomina “sueño-visiones” (“dream-visions”); los principales son Un sueño de John Ball (A dream of John Ball, 1888), en el que Morris hace un retrato de la ayuda mutua y las hermandades en la Edad Media, y Noticias de ninguna parte9 donde la tradición orgánica del arte medieval se funde con el socialismo. En su etapa de Oxford, Morris y su amigo, el pintor y decorador nombre Edward BurneJones (1833-1898), a raíz de las conferencias de Edimburgo que Ruskin impartió en 1854, oyeron por primera vez hablar de los Prerrafaelitas: éstos pasaron a simbolizar para Morris la posibilidad de crear un arte en el presente de la misma calidad que el del pasado (Harris 1984: 8). A través de Burne-Jones, Morris conoció a Rossetti en 1856, quien le convenció de que debía abandonar sus estudios de arquitectura para dedicarse plenamente a la pintura. También Burne-Jones centró su atención en la pintura, en cuyas escenas “lánguidas y ensoñadoras” (Meyer 2009: 5), se adivina su admiración hacia el arte del final de la Edad Media y principio del Renacimiento, así como una influencia de artistas coetáneos como Rossetti. Su estilo lineal y simplificado, la estilización de las figuras y la esquematización de las ropas, encuentran su inspiración en el Románico y el gótico temprano, como las esculturas de las jambas en la Catedral de Chartres (Meyer 2009: 5). Thomas Graham Jackson (1835-1924), autor del célebre Puente de los Suspiros de Oxford (Bridge of Sighs), dijo en 1856: “En Francia, el culto al siglo XIII ha sido elocuentemente predicado por Viollet-le-Duc10, cuyo lúcido estilo literario, y sus ilustraciones inteligentes aunque imaginativas, tuvieron una enorme influencia a los dos lados de Canal” (Harris 1984: 9). En 1855 el propio Morris viajó a Bélgica donde vio la pintura de los primitivos flamencos como Van Eyck y Memling, y después a Francia para visitar las catedrales de Beauvais, Amiens, Chartres y Rouen. Llegados a este punto ya hemos visto que Morris era, en el mejor de los sentidos, una persona tremendamente influenciable. Absorbía de forma insaciable los conocimientos y los estilos que tenía a su alrededor – primero de Carlyle y Ruskin, más tarde de 9 News from Nowhere: se editó por primera vez en la revista Commonweal en Londres 1890, con su correspondiente versión en Boston; en 1891 se publicó la primera edición revisada (Reeves&Turner), reeditado en abril y junio de 1891 y en marzo de 1892; la Kelmscott Press realizó una edición en 1892; fue reimpreso en 1895, 1897, 1899, 1902, 1905, 1907 y 1908 (ediciones Longman). 10 Eugène Emmanuel Viollet-le-Duc (1814-1879) arquitecto y teórico francés es una figura primordial del renacimiento Gótico, especialmente por sus restauraciones “en estilo” de edificios y monumentos públicos. 6 Rossetti, y durante toda su vida, de artistas medievales como Geoffrey Chaucer y Nicolas Jenson, de quienes hablaremos en otro capítulo. Veremos que a lo largo de la vida de Morris, el adjetivo “influenciable” se iría convirtiendo en “influyente”, tanto a través de sus escritos de alcance político y social como de sus producciones artísticas. A continuación trataremos brevemente los tres elementos que, después de leer los principales trabajos sobre el tema (Harris, Cowan, Meyer y Collette entre otros), considero que contribuyen a constituir el Medievalismo de Morris: la arquitectura, la historia y la religión. La visión de Morris de la arquitectura medieval y su influencia queda perfectamente reflejada en El resurgimiento de la arquitectura 11, en el que considera que el Medievalismo no alcanzaría grandes objetivos debido a su limitación a las aspiraciones de un grupo exclusivo. Admiraba que hubiera aceptado la noción inclusiva de nueva historia, pero consideraba que había fracasado en entender el principio evolucionario de una arquitectura cambiante para un mundo cambiante (Harris 1984: 16). La arquitectura del futuro mundo utópico de Morris que se describe en Noticias de ninguna parte “se asemeja a la gótica y sin embargo tiene su propio carácter, ya que refleja su propia época y está producida bajo las condiciones responsables de la grandeza de la arquitectura medieval: libertad y alegría de trabajo. Y estas condiciones no podían darse en una sociedad mecanizada e industrial, por lo que el cambio de la arquitectura debe ser precedido por un cambio en la organización fundamental del mundo” (Harris 1984: 16). Morris escribe en Noticias de ninguna parte: “Mientras tanto estamos esperando un nuevo desarrollo de la sociedad, algunos en una cobarde inacción, otros entre trabajo esperanzado hacia el cambio; pero al menos estamos esperando por lo que debe ser el trabajo, no el ocio o el gusto de unos pocos académicos, escritores y artistas, sino de las necesidades y aspiraciones del trabajador a lo largo del mundo civilizado”. En la tradición orgánica medieval que se encuentra en la arquitectura gótica, Morris encontró la semilla del arte popular que buscaba (Cowan 2000: 16). Numerosos arquitectos estaban involucrados en el Resurgimiento Gótico, considerando la arquitectura del siglo XIV un modelo a seguir. El ya nombrado Jackson, y George Edmund Street (1824-1881), fueron alumnos del prolífico arquitecto neogótico George Gilbert Scott (1811-1878), diseñador de edificios como el Albert Memorial, la estación 11 The revival of Architecture se publicó en la Fortnightly Review en Londres en mayo de 1888. 7 de St. Pancras o la iglesia de St. Mary’s de Edimburgo, y restaurador de incontables catedrales, como la de Durham, St. Albans y Salisbury. El arquitecto y diseñador Philip Speakman Webb (1831-1915) colaboró en la empresa de Morris y contribuyó a la decoración de la Red House. Por su parte, Pugin hablaba en su obra Contrastes (1836) sobre la inferioridad de la arquitectura de su época comparada con la medieval, siendo el elocuente subtítulo del libro: Un paralelo entre los nobles edificios de la Edad Media y los edificios correspondientes del presente, mostrando la decadencia actual del gusto. Pugin estaba convencido de que solo una renovación moral podría recrear la sociedad ideal de la Edad Media, lo que para él, convertido al catolicismo, implicaba una renovación de la Iglesia tradicional de Inglaterra. Solo cuando los valores morales se restablecieran podría volver a construirse una gran arquitectura, que para él estaba asociada a la fe cristiana (Meyer 2009: 2). Por tanto, al igual que Ruskin y Morris, sostenía que las cualidades de un edificio dependían de las cualidades de la sociedad que la producía. El medievalismo de Ruskin difería del de Pugin, ya que estaba basado en el ateísmo activo y se acerca más a la filosofía natural que a la religión. En la filosofía social de Ruskin se explica que la Inglaterra victoriana no puede producir arte debido a su alejamiento de la naturaleza, al contrario que los pintores de la época de Giotto (tal como se dice en Pintores modernos, 1846): “incapaces de crear, los artistas imitan” (Harris 1984: 5). En Las siete lámparas de la arquitectura 12 sostiene que la arquitectura es la expresión visible de la sociedad que la produce: “La mayor gloria de un edificio no son sus piedras no su oro. Su gloria está en su presente” (Ruskin 2011: 177). Morris consideraba que la Naturaleza y la Historia eran, o debían ser, las dos grandes maestras de la Humanidad. La unión que hace de naturaleza y pasado, y la identificación de ambas con la Edad Media, le sitúan en el medievalismo pastoral de Walter Scott, el periodista y panfletista William Cobbett (1763-1835) y el poeta Robert Southey (1773-1843), donde la naturaleza se aproxima a todo lo que haya soportado las arremetidas de la industrialización (Harris 1984: 3). Cuando Morris habla de la naturaleza alude a un sentimiento de pérdida hacia la Inglaterra rural, acercando su visión al romanticismo. Esta visión pastoral se mantendría incluso en sus años de 12 The seven lamps of Architecture: primera edición en 1849 (George Allen & Sons). En 1853 se ampliaría para formar Las piedras de Venecia. 8 socialista. Yuri Allan Cowan (2000: 3) nos recuerda que Morris también albergaba una aproximación útil, dando una gran importancia a la influencia que la naturaleza tenía en la vida diaria y en el trabajo. Un aspecto que William Morris no condenaba de su época, era el desarrollo de un nuevo sentido de la historia, más inclusivo. El historiador y político liberal Thomas Babington Macaulay (1800-1859) dice en Historia de Inglaterra: “Será mi labor relatar la historia del pueblo así como la del gobierno; seguir el progreso de las artes útiles y ornamentales, describir el surgimiento de sectas religiosas y los cambios en el gusto literario… Y no ignorar incluso las revoluciones que han tenido lugar en el vestir, el mobiliario, las comidas, y las diversiones públicas. Y soportaría alegremente el reproche de haber descendido la dignidad de la historia, si logro poner ante la mirada de los hombres del siglo XIX, un retrato veraz de la vida de sus ancestros” (Macaulay 1871: 3). Jennifer Harris (1984: 3) asegura que la visión analítica y crítica de Morris incluía una evolución en el carácter: en Arquitectura e Historia, rechaza la idea comúnmente defendida de que la Edad Media era una época de confusión accidental entre dos períodos de orden (el clásico y el moderno). Morris creía que esta “Nueva Historia” (“New History”) provenía de la literatura del romanticismo, especialmente de la figura de Walter Scott: “Es una capacidad para crear una auténtica concepción de la historia, un poder de hacer del pasado una parte del presente” (Harris 1984: 3). Por otro lado, el período victoriano en Inglaterra experimentó un renacer de la alta Iglesia (“High Church”) y una vinculación sentimental con todo lo asociado al catolicismo y lo medieval – siendo una razón significativa para la fundación de los movimientos Prerrafaelita y Arts & Crafts (Meyer 2009: 2) –. Este renacer religioso provocó el Movimiento Oxford (que debe su nombre a su asociación con la Universidad de Oxford), el cual pretendía recuperar las tradiciones católicas perdidas de la fe, e incluirlas en la liturgia y teología anglicanas, desarrollando el Anglo-Catolicismo. También recibió el nombre de Movimiento Tractario (Tractarian) debido al nombre del recopilatorio de artículos Panfletos para el Tiempo (Tracts for the Time)13. Hasta 1845 a 13 Tracts for the Time es un conjunto de noventa ensayos teológicos escritos entre 1833 y 1841 por miembros del Movimiento Oxford y de la reforma Anglo-católica tales como John Henry Newman, Edward Pusey y John Keble (1792-1866). 9 los seguidores del Movimiento Oxford también se les llamó Newmanianos (por John Henry Newman14), y Puseítas desde 1845 (por Edward Bouverie Pusey15). El ambiente monástico pervivió a lo largo del siglo y estaba asociado el renacimiento de las artes debido al “aspecto comunal de la vida medieval”, que tanto atraía a Morris. A lo largo del país se fundaron pequeñas comunidades religiosas como la de Newman en Littlemore. Por su parte, Street quería fundar una institución que combinara los rasgos de universidad, monasterio y taller. Hasta 1855, Morris y Burne-Jones habían estado centrados en la defensa de una vida puritana y renovada16, y después de leer a Ruskin y a Carlyle, así como a los nuevos defensores del anglo-catolicismo, idearon la fundación de una especie de orden monástica, creando una hermandad que tenía como a patrón a Sir Galahad (uno de los caballeros del rey Arturo). Para Morris el catolicismo medieval era “el crecimiento natural de esa concepción simple e inocente del universo” (Morris y Beltfort 1891: 97); su fe estaba ligada al sentimiento de pertenencia a una congregación mayor que su propia parroquia. “Era este aspecto de la Iglesia, la inclusiva Madre Iglesia que todo lo abarcaba y que dominaba la vida de los hombres, que tantos medievalistas habían buscado recrear en Inglaterra. Para Morris la Iglesia no era tanto una fuente de doctrina y espiritualidad, como una institución dedicada a la idea de la hermandad [fellowship] (Collette 1983: 4)”. En la reevaluación de la historia medieval se realizaron atractivos retratos de las instituciones, de la fraternidad de los gremios y de la libertad creativa del artesano medieval (Harris 1984: 4). Yendo más allá que sus predecesores Cobbett y Southey, Morris comparaba las artes de la época medieval con las de su propio tiempo, como un reflejo del estado de las sociedades que las produjeron: “Por un breve momento en la historia, la sociedad inglesa, tal como se reflejaba en su arte, su arquitectura y su existencia diaria, era comunal y bella” (Harris 1984: 15). A través de obras como La Inglaterra feudal17 y Arte e industria en el siglo XIV18 se puede analizar la visión de Morris sobre instituciones medievales como el feudalismo, 14 John Henry Newman (1801-1890) fue una figura clave de la Historia de la Iglesia en Inglaterra durante el siglo XIX. Era el líder del Movimiento Oxford y defendía un retorno a la tradición religiosa medieval. 15 Edward Bouverie Pusey (1800-1882) fue uno de los líderes del Movimiento Oxford. Ejerció como catedrático de Hebreo en el Christ Church de Oxford durante más de cincuenta años. 16 Inspirados por el ejemplo del movimiento Nazareno, fundado por los pintores alemanes Johann Friedrich Overbeck (1789-1869) y Peter von Cornelius (1784-1867), quienes formaron en Roma una hermandad comunal con normas monásticas. 17 Feudal England fue una conferencia impartida para la revista Commonweal en el verano de 1887. 10 la Iglesia y los gremios artesanales, y qué aspectos de la sociedad medieval consideró relevantes para su propia época y para el futuro. Al contrario que Ruskin y otros medievalistas de su época, Morris no consideraba necesario el control paternal del Estado, ya que “la naturaleza del hombre era buena” (Harris 1984: 15). En La Inglaterra Feudal detalla su opinión respeto a la sociedad jerarquizada y estratificada del Medievo. Por su parte, Burne-Jones tenía como libro de cabecera la obra del escritor Kenelm Henry Digby (1800-1880), The Broad Stone of Honour (1822), un retrato favorecedor del arte de la Inglaterra medieval, que era además un código de conducta al que el hombre moderno podía aspirar; el subtítulo del libro es muy elocuente en este sentido: Reglas para los caballeros ingleses (Rules for the Gentlemen of England). El novelista Mark Rutherford19 aseguró a Webb que la Edad Media estaba “más allá de nosotros; está (casi) completamente fuera de nosotros y es inalcanzable, y aquel que se acerca con un intento del siglo XIX, es seguro que la malinterpretará” (Rutherford 1924: 299). Pero esta “malinterpretación” formaba parte de la tradición de Ruskin, en la que Morris avanzaba. David Cody y George P. Landow nos recuerdan que Morris decía “haber nacido fuera de época” (Cody y Landow 1987). Morris dijo: “Si alguna aspiración tengo que aprecie es la esperanza de poder prestar mi aportación a que llegue el día en que podamos decir: tal como era antaño, así es ahora” (Morris 2011: 65). También dijo que “el arte medieval fue ascendiendo por la senda de la perfección” (Morris 2011: 57). “El gremio era una institución de la vida medieval que Morris llevó sin hacerle prácticamente ninguna modificación, a su mundo utópico del futuro, que estaba en el centro mismo de su interés en el aspecto social de la época” (Harris 1984: 15). El medievalismo de Morris “no busca reconstrucciones de anticuario sino una forma de recuperar los altos criterios y la energía de la artesanía medieval” (Cody y Landow 1987). Podría decirse que el movimiento en sí es “una oportunidad para recuperar la frescura de la visión y la dedicación a sus habilidades, que fue atribuida por los críticos románticos del siglo XIX al artesano medieval” (Robinson 1982: 13). Para Morris el 18 Art and Industry in the Fourteenth Century fue una conferencia impartida para la Liga Socialista de Hammersmith en 1889. Se incluyó en las Obras Recopiladas de William Morris (Collected Works of William Morris), volumen XII, pp. 375-390. 19 Mark Rutherford era el pseudónimo del escritor y funcionario inglés William Hale White (1831-1913). 11 arte popular se expresaba cuando el trabajador tenía la mayor libertad posible para crear; y este espíritu se desarrollaría mejor en una sociedad comunista. Su visión no era puramente nostálgica: “Al contrario que sus contemporáneos, no pretendía volver al orden social de la Inglaterra feudal, sino construir uno a partir de las tradiciones orgánicas del arte popular y la ayuda mutua, que él consideraba contenidas en el arte y ciertas instituciones democráticas medievales” (Cowan 2000: iii). Margaret Grennan defiende que “sus ideas, al igual que sus vidrieras, eran francamente modernas en su diseño, aunque medievales en su inspiración. Trabajó en la tradición de la artesanía, pero sería un insulto a su imaginación histórica y su concepción del tiempo si le imagináramos, tanto en arte como en filosofía social, contentándose con meras imitaciones” (Grennan 1945: 49). En su conferencia La abadía de Westminster 20, Morris dice que los artesanos medievales trabajaban “bajo la influencia de una tradición que no se había roto desde el mismo comienzo del arte en el planeta; eran incapaces de aparentar ser otra cosa de lo que eran, artistas de su propia época” (Morris 2012: 415). Morris se sitúa a favor tanto de un arte popular como de un reconocimiento de la individualidad de cada artista. William Morris hizo suya la estética medieval, no solo en su poesía sino también en su artesanía, así como en su particular rama del socialismo. El medievalismo y el socialismo de Morris miran hacia adelante; se preocupan por el pasado no solo por su propio bien, sino que más bien por el futuro. Yuri Allen Cowan (2000: 5) expresa así que “el objetivo primordial de Morris nunca era imitar el pasado, sino siempre trabajar hacia una estética que reflejara su propia posición histórica, esbozando simultáneamente las fuerzas del pasado e insinuando las posibilidades del futuro”. 1.2. El socialismo Si bien hemos considerado que el medievalismo es la primera gran influencia en la obra de William Morris, el Socialismo sería la segunda. Esta división (medievalismo y socialismo) queda respaldada especialmente por el título de dos trabajos: William Morris, artesano y socialista (Jackson 1908), del periodista y bibliófilo Holbrook Jackson (1874-1948), y reformulando las palabras, el artículo “William Morris, 20 La conferencia Westminster Abbey fue impartida en la Sociedad para la Protección de Edificios Antiguos (Society for the Protection of Ancient Builings) en junio de 1893. 12 ¿Romántico o revolucionario?” de Paul Hampton (Hampton 2008a), basado en el libro de Edward Thompson, William Morris: de romántico a revolucionario (Thompson 1977). Cuando Morris dirigía su empresa de artes decorativas en las décadas de 1870 y 1880 (por entonces simplemente llamada Morris & Co.), ya era un reconocido socialista, y su concepción de producción artesanal era una expresión de estas ideas (Parrys 2005: 15): “Aparte de la pasión por producir objetos bellos, la mayor pasión de mi vida ha sido y es, el odio hacia la civilización moderna” (Morris 1894:1). Thompson afirma que Morris era “un miembro sobresaliente de la primera generación de intelectuales comunistas europeos” (Thompson 1977:10), y Hal Draper (1996) asegura que era la personalidad más carismática del socialismo revolucionario de su época, siendo probablemente el mayor defensor y difusor del Socialismo en Gran Bretaña en el último tercio del siglo XIX. En la década de 1880, Morris participó en más de mil conferencias a lo largo del país, a la que acudieron en total alrededor de doscientos cincuenta mil personas. Morris escribió cuatrocientos cincuenta artículos para los periódicos Commonweal, Today y para el Socialist Hammersmith Record. Morris se afilió a la Liga Socialista, una organización disidente de la Federación Social Democrática 21, que agrupaba a comunistas, socialistas cristianos, fabianos22 y anarquistas. Participantes en la organización y compañeros de Morris, fueron la activista y traductora Eleanor Marx (1855-1898), el ilustrador y grabador Walter Crane (1845-1915) y Edward Carpenter23. A partir de 1887 había más miembros favorables al anarquismo que al comunismo, desarrollándose una divergencia ideológica progresiva. Debido a estas discordancias, Morris abandonó la Liga en 1890, y en 1901 se disolvió, aunque él continuó hasta el final de su vida colaborando en la Sociedad Socialista de Hammersmith [Fig. 3]. El lema de la Liga Socialista en 1888 era “¡Agitar! ¡Educar! ¡Organizar!” [Fig. 4]. En la obra de Morris, además de la utilidad y la propaganda, encontramos el placer de crear y observar lo creado, lo cual recuerda al lema Prodesse et delectare24. La cuestión de la utilidad en el arte era un tema ampliamente discutido en la sociedad victoriana, y sobre 21 Social Democratic Federation, fundada por el escritor y político Henry Hyndman (1842-1921). . Fabian Society: organización socialista británica defensora del gradualismo y el reformismo, en la que participaron importantes intelectuales como George Bernard Shaw (1856-1950). Está muy vinculada al Partido Laborista. También Wilde asistió a conferencias del club en 1888. 23 Edward Carpenter (1844-1929): poeta, filósofo socialista y activista de los derechos homosexuales, contribuyó a la creación de la Fabian Society y el Partido Laborista. 24 El lema Prodesse et delectare (Instruir y deleitar) proviene del poeta latino Quinto Horacio Flaco (65 a.C.-8 a.C.). A finales del siglo XVIII sería utilizado por los ilustrados. 22 13 la que había importantes discrepancias. Dentro de los intelectuales que consideraban que el arte tenía un papel fundamental en la sociedad, encontramos una gran disparidad: Por un lado y vinculado con el Simbolismo, se encontraba el Movimiento Estético, que defendía el valor intrínseco del arte, con figuras como Oscar Wilde 25, el ensayista y crítico Walter Pater (1839-1894), y el colectivo de los prerrafaelitas, afirmando que el arte – excepto quizás para educar el gusto estético del público – no debía tener ninguna finalidad ni utilidad (“Todo arte es completamente inútil”, Wilde 2007: 102), ya que era un fin en sí mismo, dándose el fenómeno de “el arte por el arte” 26; el pintor James McNeill Whistler (1834-1903) escribió que “el arte debería ser independiente de cualquier sandez: debería estar solo […] y atraer el sentido estético del ojo o del oído, sin confundirlo con nociones enteramente ajenas a él como la devoción, la piedad, el amor, el patriotismo y semejantes” (Owen 2006: 29), y el poeta y dramaturgo Algernon Charles Swinburne (1837-1909) dijo: “El arte por el arte lo primero, luego… que se añada todo lo demás” (Prettejohn 1999: 61). En segundo lugar estarían autores como Ruskin y el propio Morris, quienes defendían un punto medio en el cual el arte debía ser estético a la par que servía como un instrumento de educación moral y reforma social, aunando el factor decorativo del Movimiento Estético con el factor funcional del Socialismo (la máxima de Morris, “utilidad y belleza”, será debidamente explicada en el capítulo siguiente). También el escritor Leo Tolstoi (1828-1910), defensor de la revolución pacífica y del socialismo cristiano, sostenía que el arte era una forma de comunicación que unía a los hombres a través de emociones, cuyo objetivo no era el placer en sí mismo, sino que debía tener una finalidad moralizante. En tercer lugar, al extremo contrario del Movimiento Estético, se encuentran el Socialismo, el Comunismo y el Anarquismo más radicales (casi todos los intelectuales nombrados eran socialistas o simpatizantes del socialismo, aunque más moderados), cuyos máximos defensores abogaban por un arte útil, como instrumento de educación de las masas, y con la menor cantidad posible de decoración (contemplada como un obstáculo para comprender el auténtico mensaje). El científico, teórico revolucionario y escritor Peter Kropotkin (1842-1921), amigo de Morris y autor de Ayuda mutua: un 25 Oscar Wilde (1854-1900): ensayista, dramaturgo y poeta, es una figura fundamental para comprender el Movimiento Estético y el Decadentismo de finales del siglo XIX. 26 Art for Art’s sake, derivado del término francés L’Art pour l’Art, atribuido a Téophile Gautier. 14 factor de la evolución27, defendía el anarco-comunismo, basado en la autogestión y las asociaciones libres entre trabajadores. Por otra parte, el escritor y teórico político Friedrich Engels (1820-1895), colaborador de la Liga Socialista y coautor de El manifiesto Comunista 28 junto con Karl Marx (1818-1883), escribió la obra La condición de la clase trabajadora en Inglaterra 29. Vladímir Ilich Lenin (1870-1924) escribió: “Con sus trabajos científicos, Marx y Engels fueron los primeros en explicar que el Socialismo no es un invento de soñadores, sino el objetivo final y el resultado necesario del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad moderna. Toda la historia hasta ahora ha sido una historia de lucha de clases, de la sucesión del dominio y la victoria de ciertas clases sociales sobre otras”. Lo que sucedió en la Liga Socialista en Inglaterra no fue sino una equivalencia a pequeña escala de las disidencias que se estaba dando en la izquierda europea a finales del siglo XIX, especialmente entre comunistas y anarquistas. Maijaíl Bakunin (18141876), uno de los líderes del anarquismo, acusaba a Marx y a Engels de centralizadores: “Cuando hablan de “libres asociaciones de productores”, abogaban por la disciplina y la jerarquía” (Service 2007: 37). Por su parte los anarquistas gozaban de mala fama en la sociedad debido a que algunos grupos radicales habían realizado atentados con bombas. Según declaraciones de Wilde en 1894 para la revista Theatre que “todos somos más o menos socialistas hoy en día… creo que soy algo más que un socialista. Soy algo parecido a un anarquista, pienso, pero por supuesto la política de dinamita es totalmente absurda”30; también afirmaba que “el socialismo y el comunismo, convirtiendo la propiedad privada en un bien público y sustituyendo la competición por cooperación, restaurará a la sociedad a su propia condición de organismo sano, y asegurará el bienestar material de cada miembro de la comunidad. Dará en realidad a la vida su base apropiada y su ambiente apropiado” (Wilde 2001: 128). El propio Morris fue incluido en la obra de George Woodcock, El lector anarquista 31, y aunque él nunca se consideró un anarquista sino comunista (“Me considero comunista. […] El objetivo del comunismo me parece el de la más completa igualdad de condición para todas las personas”, Morris 1889: 1), simpatizaba con los ideales que el socialismo y el 27 Mutual Aid: A Factor of Evolution: fue publicado por William Heinemann en Londres en 1902, aunque los capítulos fueron publicados de forma individual en la revista Nineteenth Century entre 1890 y 1896. 28 Das Kommunistische Manifest, publicado en 1848. Ha sido reconocido como uno de los textos políticos más influenciables de la Historia. 29 Die Lage der Arbeitenden Klasse in England, publicado en 1845 en Leipzig por Otto Wigand. 30 Ellmann, R. (1988). Oscar Wilde. London: Vintage Books. P.290. 31 The Anarchist Reader, antología publicada en 1977. 15 anarquismo tenían en común: “el sentido de comunidad y de hermandad” (Faulkner 2002: 38). Respecto al papel de la autoridad, Morris se sitúa en un razonable punto medio entre el socialismo y el anarquismo: “Si liberarse de la autoridad significa […] la posibilidad de que un individuo haga lo que le plazca bajo cualquier circunstancia, esto es una negación absoluta de la sociedad, y hace que el Comunismo como máxima expresión de la sociedad sea imposible; [es más bien] afirmar que uno puede hacer lo que plazca, añadiendo “siempre que no interfieras en los derechos de otras personas” (Morris 1889: 1); es decir, una reformulación de la conocida frase “Tu libertad termina donde empieza la del otro”. Morris sostiene que siempre que no se coaccione a los otros, debe haber una autoridad colectiva, precisamente para evitar la coacción. Sin embargo, en su poema de Cantos para Socialistas32 llamado Sin Patrón33, Morris escribe, “Sin patrón, de arriba o de abajo”34, afirmación de claros tintes anarquistas, similar a “Ni Dios ni amo”35. Y la siguiente opinión de Gagnier, aunque hace referencia a Wilde, muy bien podría aplicarse a Morris: “El esteticismo de Wilde era una protesta comprometida en contra del utilitarismo, la racionalidad, la objetividad científica y el progreso tecnológico victorianos – en realidad en contra de todo el camino de la clase media hacia la conformidad. Quería liberarse de cualquier autoridad para que la imaginación y la sociedad humana se desarrollasen” (Gagnier 1986: 3, 15). El arte debía desarrollarse por encima del utilitarismo, y con asociaciones voluntarias: “El arte florecería liberado de las demandas del mercado” (Wilde, 2001, p.139). Por tanto vemos que Wilde, al igual que Morris, no es fácil de clasificar, no es un esteta puro ni anarquista puro; es un híbrido entre ambos. En “Arte y Trabajo”36 Morris dice que “[el capitalismo] ha fortalecido y solidificado a la clase trabajadora, los ha reunido en fábricas y grandes ciudades, los ha forzado a actuar juntos en uniones comerciales, y les ha dado cierta cantidad de poder político: lo que necesitan ahora para entrar en la última etapa de la revolución moderna de trabajo, es entender su auténtica posición… Cuando entiendan que ellos mismos pueden regular el trabajo, y siendo maestros absolutos de sus materiales, herramientas y tiempo, pueden 32 Chants for Socialists, publicado en 1885 en la revista Commonweal. No Master: tercer poema de Cantos para Socialistas. 34 No Master, High or Low. 35 Frase atribuida a Bakunin en 1869. 36 “Art and Labour”, publicado el 1 de abril de 1884, en The Sunday Society. 33 16 ganar todo lo que se puede ganar de la naturaleza”. Según Paul Hampton, “Morris creía que la clase trabajadora era el principal agente de cambio social, y era el trabajo de los socialistas el que debía ayudar a levantar el movimiento trabajador y hacer a los trabajadores autoconscientes de sus condiciones e intereses” (Hampton 2008b). Para comprender la relación entre arte y socialismo en esos años, cabe destacar el recopilatorio literario-musical Cantos de Trabajo37, editado por el ya nombrado Carpenter, por dos motivos: por un lado resulta un paradigma en la unión de la educación artística (musical) con la educación política (socialista), y por otro está formado por poemas cantables compuestos por un grupo de figuras artísticas increíblemente heterogéneo (poetas, pintores, conferenciantes, diseñadores, oradores y escritores), “acogiendo diversas y multiformes naturalezas” (Wilde 2001: 18). Wilde afirma en el ensayo Socialistas Poéticos (Poetical Socialists) que “[El Socialismo] no es un movimiento ordinario, el que puede unir en estrecha fraternidad a hombres con tan distintas ocupaciones” (Wilde 2001: 17). El poema de Morris La voz del trabajo38 está incluido en el recopilatorio, así como algunas arias de obras de Ludwig van Beethoven (1770-1827)39 y Félix Mendelssohn (1809-1847). Al final del ensayo, Wilde expresa de una forma elegante y elocuente su visión acerca de la unión del Arte y el Socialismo (Wilde 2001: 18): “[El recopilatorio] tiene la atracción de una maravillosa personalidad y toca el corazón de uno y del cerebro de otro, y dibuja a un hombre por su odio hacia la injusticia, y a su vecino por su fe en el futuro, y a un tercero por su amor por el arte o por su salvaje veneración hacia un pasado perdido y enterrado. Y todo esto está bien. Porque hacer a los hombres socialistas no es nada, pero hacer el Socialismo humano es algo grande”. Wilde asegura con esto que el socialismo “viene bien equipado, y que si fracasa, no será por falta de expresión” (Wilde 2001: 17). “Víctor Hugo habla del rugido de “el tigre popular” [“Le tigre populaire”], pero está claro que si la revolución estalla en Inglaterra no tendremos un rugido inarticulado sino agradables coros y elegantes partituras. Nerón cantaba mientas Roma ardía, pero es para la construcción de una ciudad eterna por lo que los socialistas de nuestros días están haciendo música, y tienen una confianza total en los instintos artísticos del pueblo” (Wilde 2001: 19). 37 Chants of Labour: A song-book for the People, fue publicado en 1889 en la Pall Mall Gazette, con decoración a cargo de Walter Crane. 38 The Voice of Toil es el segundo poema incluido en Cantos para Socialistas (Chants for Socialists). 39 Para la coral del cuarto movimiento de su novena sinfonía (1824), Beethoven utilizó el poema de Friedrich Schiller (1759-1805) Oda a la alegría (Ode an die Freude, 1785), que dice Todos los hombres serán hermanos (Alle Menschen werden Brüder), una afirmación, cuanto menos, con un aire socialista, y que implica literalmente una hermandad. 17 Un aspecto fundamental de la obra de Morris es la importancia de las utopías incluido el socialismo utópico. Como es sabido son tres sus principales exponentes: el anarcosocialista Pierre Joseph Proudhon (1809-1865), colaborador de Marx y autor de ¿Qué es la propiedad? 40; el socialista Charles Fourier (1772-1837), quien consideraba que el éxito de la sociedad dependía de la cooperación, y que el ser humano debía ser liberado a través de dos vías: la educación y la liberación de la pasión humana. Por último el pionero del socialismo Henri de Saint-Simon (1760-1825), defensor de la implantación de una sociedad basada en la cooperación y el progreso tecnológico, y quien aseguraba que el poder de la ciencia sustituiría el de la religión. Fue el reformador social Robert Owen (1771-1858), quien promovía el movimiento cooperativo, el que usó por primera vez el término “socialista” en la conferencia de 1835 Asociaciones de todas las clases de todas las naciones (Associations of all Classes of all Nations). Owen puso en práctica las ideas de Proudhon, de Saint-Simon, y especialmente de Fourier (de las comunidades cooperativas llamadas Falanges 41), construyendo ciudades socialistas experimentales tales como Nueva Armonía (New Harmony) en el estado de Indiana, fundamentada sobre la educación, la ciencia y la vida comunal, aunque desafortunadamente fracasó al cabo de dos años (1825-1827). Para Morris, estas comunidades experimentales eran anti-socialistas en sí mismas, ya que se alejaban de la sociedad, a cuya población total va dirigido el socialismo; aseguraba que “no era posible establecer una comunidad socialista en medio de un sistema capitalista, una isla social en medio de un mar individual; porque todo su comercio exterior tendría que realizarse con la base de un intercambio capitalista, y por tanto sostendría el sistema de ganancias y trabajo no remunerado” (Morris 1885a: 1). Al leer las obras utópicas de Morris como Noticias de Ninguna Parte42 (basada en el “rechazo radical de las ideologías del progreso”, Wagner 2002), El Paraíso Terrenal 43, o El sueño de John Ball44, uno podría pensar que su autor es partidario del Qu’est-ce que la propriété? ou Recherche sur le principe du Droit et du Gouvernement se publicó por primera vez en 1840, donde afirma que “la propiedad es un robo”. 41 Las Falanges o Phalanxes eran comunidades que vivirían en grandes estructuras llamadas Phalanstères, en las que cada individuo elegiría libremente su profesión, dándose incentivos para la ejecución de las tareas más pesadas o desagradables. 42 Cabe recordar que Utopía (u-topos, no-lugar) significa literalmente Ninguna Parte. 43 The Earthly Paradise es un conjunto de poemas publicado en 1867 (Reeves & Turner), reeditado en la Kelmscott Press en 1896. Esta obra tuvo tanto éxito entre el público, que desde de su publicación, en los sucesivos libros aparecía la inscripción William Morris, autor de El Paraíso Terrenal. 44 En A dream of John Ball se dice que la auténtica felicidad reside en la pertenencia a una hermandad y a las armonía con la naturaleza. Hay dos dimensiones de comunidad: la comunidad cósmica que abarca a 40 18 establecimiento de comunidades plenamente socialistas, al estilo de Robert Owen. No obstante, por lo que expresa en el anterior de la Commonweal, se deduce que Morris no pretendía crear de la nada este tipo de sociedades utópicas en miniatura, sino que optaba por preparar el terreno en la sociedad ya establecida, para que en el momento en el que la revolución llegase, toda la población estuviera receptiva y deseosa de unirse a ella. Podríamos decir entonces que las utopías no eran para Morris algo que llevar estrictamente a la práctica en la sociedad moderna, sino el horizonte hacia el que ésta debía avanzar, mejorándose a sí misma, aunque en su totalidad fuera inalcanzable. Por tanto las utopías serían absolutamente necesarias como instrumento que encamina a la sociedad hacia el progreso, como modelo y referencia constante. Wilde dice que “un mapa del mundo en el que no se incluya Utopía no merece la pena ser mirado, ya que deja fuera el único país en el que la Humanidad está siempre desembarcando. Y cuando la Humanidad desembarca allí, mira fuera, y viendo un país mejor, pliega las velas. El progreso es la realización de las Utopías” (Wilde 2001: 141); también dijo que “Inglaterra nunca será civilizada hasta que añada Utopía en sus dominios. Hay más de una colonia que podría entregar por tan noble territorio” (Faulkner 2002: 32). Faulkner sostiene que tanto Wilde como Morris y Crane, compartían la creencia “en una relación directa entre socialismo y buen arte” (Faulkner 2002: 32). Morris defendía a ultranza la instauración de las utopías, como queda patente la edición de la Kelmscott Press en 1893 de Utopía, de Tomás Moro (1478-1535), de la que Morris escribió el prólogo: “La esencia de su libro es también la esencia de la lucha en la que estamos envueltos […] Un retrato del Nuevo Nacimiento”. Y si hablamos de intelectuales defensores de la Utopía, no podemos olvidar al escritor socialista norteamericano Edward Bellamy (1850-1898), autor de la novela utópica Mirando hacia atrás45, la cual tuvo un rotundo éxito entre el público. Otro elemento de las utopías es el cambio y el progreso, una noción muy extendida en el siglo XIX, especialmente con la filosofía del materialismo dialéctico de Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831): “[Si no cambiamos] permanecemos atrapados en las condiciones existentes. La única cosa que podemos conocer de las naturaleza humana es que cambia. […] Los sistemas que fallan son los que dependen de la permanencia de la naturaleza humana, y no de su crecimiento y desarrollo” (Wilde 2001: 155). Wilde asegura que el progreso no se da por imposición toda la creación y todas las generaciones, y la comunidad social de la vida diaria en la que se comparten las cosas humanas (Collette 1983: 7). 45 Looking Backwards, publicada en 1888 (Houghton Mifflin), y ambientada en la sociedad del año 2000. 19 alguna, sino que surge del hombre de forma natural, y que es inevitable: “Es el punto al que tiende todo desarrollo. […] Es la perfección la que es inherente a cada forma de vida, y hacia la que avanza toda forma de vida” (Wilde 2001: 155). Las utopías de Morris aúnan una vez más el medievalismo y el socialismo, ya que sus poemas y relatos utópicos están muy influenciados tanto por la iconografía mitológica medieval, como por el cristianismo primitivo: “Morris el soñador medievalista y Morris el activista socialista parecen ser uno y el mismo. Su utopía era un sueño imposible neomedieval” (Macpherson 2012: 3). Y aunque ahora nos parezca una obviedad la asociación de hermandad y socialismo, Morris sería “el único medievalista del siglo XIX que trataría de reconciliar su admiración hacia la Edad Media con la creencia en el socialismo democrático” (Harris 1984: 5). Morris admiraba profundamente el arte tardo-medieval, que para él era consecuencia de una sociedad basada en la fraternidad y la cooperación: “Para Morris el gremio artesanal encarnaba el espíritu comunal de la sociedad medieval. Le atribuía un espíritu genuino de democracia, y lo consideraba el equivalente medieval de su concepción de comunismo moderno […] Una auténtica sociedad fundamentada en la igualdad del trabajo: la Edad Media vio la tierra prometida del Socialismo desde lejos” (Harris 1984: 15). El periódico Christian Socialist dijo que el primer poema de Cantos para Socialistas conmovería a cualquier inglés que lo oyera. Y es que “aunque teóricamente suscritos al materialismo histórico de Marx, los socialistas británicos seguían usando un lenguaje religioso tradicional” (Macpherson 2012: 3). Según Macpherson, ciertas obras de Morris (como por ejemplo, La defensa de Ginebra) tienen “la utopía revolucionaria en una mano, y el Reino de Cristo en la otra” (Macpherson 2012: 3). Sin duda, para Morris las historias de caballeros que rescataban doncellas vírgenes de las terribles garras de monstruos, no eran solo pintorescos cuentos mitológicos, sino que probablemente simbolizaban el rescate de valores (supuestamente) medievales como la pureza y la belleza, de las zarpas de la voraz industrialización; al igual que los cruzados que acuden a la liberación de Jerusalén46, que simboliza todo lo que merece ser protegido y resguardado. 46 Uno de los libros que Morris editó en la Kelmscott Press fue La historia de Godofredo de Bolonia y la conquista de Jerusalén (The History of Godefrey of Boloyne and the Conquest of Iherusalem) en 1892. 20 El principal objetivo del Socialismo era, como hemos visto, la abolición de la propiedad privada, ya que esclavizaba a la sociedad y se basaba en leyes injustas. Morris decía que “la esclavitud del comercialismo ha sustituido al las esclavitudes del pasado”, y que “[la sociedad presente] está basada en el peor tipo de robo – el robo legal a los pobres” (Wilde 1888: 1). Wilde hizo uso en una ocasión (con consentimiento) de la siguiente frase de Morris: “El comercialismo, con su vil dios de lo barato, su horrible indiferencia hacia el trabajador, su innata vulgaridad de carácter, es nuestro enemigo. Para obtener algo bueno debemos sacrificar parte de nuestro lujo – debemos pensar más en los demás, más en el Estado, el bien común [the Commonwealth]” (Wilde 2000b: 111). Proudhon afirmaba simplemente que la propiedad es el robo (en la ya mencionada obra ¿Qué es la propiedad?); el político Benjamin Disraeli47 (1804-1881), menos radical, sostenía que “la tenencia de propiedad es el ejercicio de sus deberes” (Collette 1983: 6). Para Wilde la atadura de la propiedad privada, privaba al hombre del auténtico individualismo, creando uno falso: “«Conócete a ti mismo» está escrito sobre la puerta del mundo antiguo48. Sobre la puerta del mundo nuevo debería escribirse «Sé tú mismo»” (Wilde 2001: 135). Además, la importancia desmedida que la sociedad daba a las posesiones había provocado que se midiera el valor o la importancia de cada individuo por lo que tenía, y no por lo que era: “el auténtico individualismo no depende de lo que un hombre tiene sino de lo que un hombre es” (Wilde 2001: 129). La avaricia y el deseo de prestigio llevaban a las personas a acumular posesiones: “Una comunidad como la nuestra hace que nuestro objetivo sea acumular propiedades […] más de las que quieres, o puedes usar, o disfrutar, o incluso conocer” (Wilde 2001: 133); y esta acumulación innecesaria estaba respaldada por las mismas leyes de los gobiernos, ya que “la personalidad del hombre ha sido absorbido por sus posesiones hasta tal punto que la ley inglesa49 siempre ha tratado las ofensas contra la propiedad de un hombre con mucha mayor severidad que las ofensas contra su persona, y la propiedad es todavía la prueba de ciudadanía completa” (Wilde 2001: 133). 47 Disraeli formaba parte del club Joven Inglaterra (Young England), un grupo político del entorno de Cambridge y Eton (excepto Disraeli), relacionado con la aristocracia conservadora. 48 “Conócete a ti mismo”: inscripción sobre la puerta del templo de Apolo en Delfos, y lema de la filosofía socrática. 49 Linda Dowling dice en las notas de El alma del hombre bajo el socialismo (p. 331), que Gran Bretaña había ampliado los derechos en 1832, 1867 y 1884, pero incluso en la ampliación más tardía y liberal del voto, los votantes varones todavía requerían poseer alguna propiedad. 21 Al contrario que Morris, Wilde y Tolstoi daban mucha importancia al hecho de que desprenderse de todas las propiedades había sido parte del mensaje que Cristo dejó a los hombres, como necesidad para alcanzar la perfección. Ted Mellor realiza una interesante comparación del poema de Morris, Tuyo y Mío50, con las palabras de Juan Crisóstomo (347-407), estableciendo una relación entre la sociedad pre-capitalista y sin propiedad privada del cristianismo primitivo, y el socialismo fraternal de Morris. Una de las comparaciones más destacables que establece es la frase de Juan Crisóstomo, “mientras que Dios nos junta de todas las maneras, nosotros estamos deseosos de dividirnos y separarnos apropiándonos de las cosas, usando esas frías palabras, “mío y tuyo”51, frente a los versos de Morris, “Dios, bien aconsejado para nuestro bien / nos dio toda esta riqueza momentánea de la tierra / una herencia común a todos52”. También cabe recordar el pasaje del Evangelio que dice: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios” (Mateo, 19: 24). Muchos intelectuales criticaban las enormes desigualdades que este sistema de propiedades y ganancias había generado. Carlyle hacía hincapié en la chocante condición de la Inglaterra moderna, “llena de riquezas pero muriendo de inanición” (Harris 1984: 5). La burguesía inglesa destacaba por su supuesta filantropía con los pobres, pero Morris y Wilde coinciden en que la caridad es insuficiente y que no hay lugar para ella (“La filantropía tuvo su época y ya se acabó”, Morris 1885b: 1) ya que en lugar de resolver el problema, lo alarga, beneficiando normalmente al que ayuda y no al que recibe dicha ayuda, en un intento inconsciente e hipócrita de calmar la conciencia: “La caridad es una forma de restitución parcial ridículamente inadecuada, o una compensación sentimental, normalmente acompañada por algunos intentos impertinentes por parte de los sentimentalistas de tiranizar sus vidas privadas. ¿Por qué deberían estar agradecidos de las migas que caen de la mesa del rico? Deberían estar sentados a la mesa, y se están empezando a dar cuenta de ello” (Wilde 2001: 130). Morris dice que “[las limosnas] son paliativos endebles – intentos, eso es, de hacer un infierno feliz, en lugar de una solución para librarse de él; y aun así lo último es imposible en el estado actual de las cosas” (Morris 1888: 1). Wilde habla de la caridad como un premio de consolación, un “pan y circo” moderno: “Sus remedios no curan la 50 Mine and Thine. From a Flemish Poem of the Fourteenth Century es el poema número treintaiocho del volumen Poems by the Way (1891). 51 Whereas God brings us together in every way, we are eager to divide and separate ourselves by appropriating things, using those cold words 'mine and thine'. 52 God, well counselled for our health / Gave all this fleeting earthly wealth /A common heritage to all. 22 enfermedad: solo la prolongan. Sus remedios son parte de la enfermedad […] Intentan resolver el problema de la pobreza, en el caso de una escuela muy avanzada, entreteniendo a los pobres […] El auténtico objetivo es tratar de reconstruir la sociedad de forma que la pobreza no sea posible” (Wilde 2001: 127). Tanto Wilde como Morris sostienen que el pobre no solo no debería conformarse con la caridad del rico, sino que tiene que rebelarse contra él, como única forma de romper el yugo que éste le impone: “La desobediencia, para cualquiera que haya leído historia, es la virtud original del hombre. Es a través de la desobediencia que se construye el progreso, a través de la desobediencia y de la rebelión” (Wilde 2001: 130). “Un gran pensador53 dijo, “aquel que quiera ser libre, no debe conformarse” (Wilde 2001: 138). El segundo elemento fundamental del socialismo es el trabajo, el cual según Morris, se había convertido en un desagradable lastre para la clase trabajadora, obligada a encerrarse en grandes e impersonales fábricas. Todo el trabajo se realizaba en cadena, en serie, llevando a cabo una uniformización de los productos, que también afectaba al arte. Morris lamentaba la pérdida de los valores artesanales que esta mecanización había producido: “Hasta que la esclavitud de la mercancía estuvo completa y coronada por la revolución de las grandes industrias maquinarias, había algún atractivo en el trabajo del artesano” (Morris 1885b: 1). También lamentaba “la deshumanización del trabajador en la sociedad industrial y su alienación de los productos de su trabajo” (Harris 1984: 15). Hablando sobre la relación entre trabajo y arte industrial, Morris sostiene que existen dos tipos de bienes: “los que tienen alguna pretensión de ser considerados ornamentales, y los que no. Y el último, creo yo, es el más amplio de los dos” (Morris 1885b: 1). Para él no había un término medio, ya que “todo objeto hecho por el hombre debe ser o bien feo o bien bello” (Morris 1885b: 1). Y es que la uniformidad y el utilitarismo de los productos conllevaban una inevitable fealdad: “En los bienes que se han creado solo por utilidad, es raro encontrar algún tipo de belleza” (Morris 1885b: 1). La razón de esta fealdad es que el ornamento se había convertido en una mera parte del trabajo mecanizado, “hecho para venderse y no para usarse, como hecho por máquinas humanas, o no humanas” (Morris 1885b: 2), corrompiendo y afeando al mismo tiempo el trabajo en sí. Wilde criticaba “los estúpidos sistemas mecánicos sin vida, que tratan a 53 Wilde se refiere al ensayista y poeta Ralph Waldo Emerson (1803-1882) y a su ensayo Autoconfianza (Self-Reliance, 1841). Emerson fue un defensor del trascendentalismo y promulgaba la individualidad, la libertad y la no-conformidad. 23 las personas como si fueran cosas” (Faulkner 2002: 36). Pero Morris estaba seguro de que una situación semejante no duraría mucho tiempo, ya que los propios trabajadores no lo permitirían, ellos acabarían con el sistema opresor y privativo: “La falta de atractivo del trabajo, que ha sido el resultado necesario de la industria comercial, habrá desempeñado un gran papel en esta revolución; el precio que la comercialización tendrá que pagar por privar a al trabajador de compartir el arte, será su propia muerte” (Morris 1885b: 2). Según Morris, lo único que impide que el trabajo sea bello y placentero, es el sistema económico basado en jerarquías de poder: “El trabajo podría desempeñarse con esperanza y placer, si no se desperdiciara por la locura y la tiranía, por la perpetua lucha de clases opuestas” (Morris 1884: 1). Por lo tanto, la situación del arte no es sino “un microcosmos en el sistema capitalista general, mano a mano con un estado imperialista” (Hughes 2013); y es este capitalismo el que debe reformarse en primer lugar, para alcanzar, como una de sus muchas consecuencias, la transformación y mejora del arte. “He llegado gradualmente a la conclusión de que el Arte ha sido esposado por el capitalismo y se extinguirá de la civilización si el sistema continúa. Esto me lleva a la condenación de todo el sistema” (Harris 1984: 10). Morris y Wilde coincidían en que todos los ciudadanos deberían poder “elegir el campo de la actividad que realmente sea afín a ellos y les resulte placentero” (Wilde 2001: 129). Sin embargo, ambos son conscientes de que en aquel momento solo los poetas, filósofos, hombres de ciencia y de cultura podían realmente trabajar en algo agradable o interesante. Wilde sostiene que el hombre debería ocupar su tiempo en cosas bellas, dejando que fuera el gobierno quien se ocupara de los asuntos prácticos: “El Estado está para hacer lo útil y el individuo está para hacer lo bello” (Wilde 2001: 140). En Noticias de Ninguna Parte, “los sirvientes y los servidos son los mismos, y todos se benefician de la sociedad y del trabajo bello” (Collette 1983: 10). Por su parte, Wilde considera que la humanidad necesita de las máquinas precisamente para convertirlas en sus esclavas y encargarlas de toda tarea desagradable y degradante, eliminando la esclavitud humana: “La esclavitud humana está mal, es insegura y desmoralizante. De la esclavitud mecánica, de la esclavitud de la máquina, es de lo que el futuro del mundo depende” (Wilde 2001: 141). Morris también piensa que la maquinaria debería servir al hombre, y no al contrario, aunque su teoría no llega tan lejos como la de Wilde: “Yo tengo una fe ilimitada en sus capacidades [las de una máquina]. Creo que las máquinas pueden hacerlo todo –excepto obras de arte” (Moris 2011: 71). 24 Como hemos podido ver, el Socialismo de Morris está indudablemente mezclado con su concepción de las artes y su sentido de la estética. Podríamos decir que hay ciertas cosas que querría conservar del pasado (la comunidad y la fraternidad artesanal, y la belleza e integración de las artes) y otras que intenta adelantar de un futuro que aún no ha llegado (la sociedad comunista: la abolición de la propiedad privada, la gestión del trabajo por parte del proletariado, etc.) De la misma manera, hay aspectos del pasado que Morris preferiría dejar atrás (como el feudalismo), y otros de la sociedad moderna que le gustaría eliminar (el arte en serie y sin personalidad, o la fealdad de las ciudades). La belleza del entorno era algo fundamental para Morris, ya que afectaba al trabajador y por tanto a la calidad de su labor: “La extensión urbana de Londres era un engendro industrial imparable, virtualmente devorando la belleza. Su acción es intrusiva y destructiva, características totalmente contrarias a la noción de hermandad” (Collette 1983: 8). En “Londres feo” dice: “París ya no es una ciudad bella, pero es una maravilla comparada con Londres. Uno puede pasearse gustosamente por París; en Londres no puedes, a no ser que seas un filósofo o un loco; solo puedes ir de un negocio a otro” (Morris 1888: 2). Morris luchaba para cambiar esta situación degradante y deshumanizante, y estaba convencido de que el Socialismo era la esperanza de la civilización, “liberando las manos y las mentes de los hombres para producir y salvaguardar la belleza de la vida” (Morris 1885b: 2). 25 2. El arte de William Morris 2.1. Arts & Crafts En los capítulos anteriores hemos visto las influencias principales en la obra de William Morris: el medievalismo y el socialismo. A través de ambos Morris vio la posibilidad de llevar a cabo la urgente reforma que tanto el arte como la sociedad necesitaban, mejorando el arte a través de una sociedad socialista, y mejorando la sociedad a través de un arte medieval. El medievalismo dio a su obra la faceta decorativa y ornamental, mientras que el socialismo cubría la parte social y moral. De esta forma se destila el célebre lema de Morris, utilidad y belleza, que se aplica al arte y al artesano, ya que ambos están inseparablemente conectados, como los dos platos de una balanza. Morris comenzó a tramar la idea de promover un cambio en las artes decorativas cuando compartía un apartamento con Burne-Jones [Fig. 5] en Red Lion Square, pero fue al casarse y adquirir su primera vivienda individual, cuando se dio cuenta de que no había ningún artesano, artista ni empresario que cumpliera sus expectativas de decoración. Entonces Morris “descubrió de que no había nacido pintor, sino artesano” (Harris 1984: 10), y fue con el objetivo inicial de decorar su casa, que Morris fundó la empresa Morris, Marshall, Faulkner & Co. en 1861, con el sobrenombre de “Trabajadores de Bellas Artes en Pintura, Escultura, Mobiliario y Metales” (Harvey y Press 1991: 38) 1, dándose a conocer por primera vez en la Exposición Internacional de 1862 en South Kensington (Londres). Además de Morris, en la empresa participaron el ingeniero civil y pintor aficionado Peter Paul Marshall (1830-1900), quien diseñó vidrieras y mobiliario, y el matemático, miembro de la Liga Socialista, Charles Joseph Faulkner (1833-1892), creador de pinturas y vidrieras para la decoración de iglesias, empleado de la administración y bibliotecario de la Universidad de Oxford 2. En 1875 la empresa cambió de nombre pasando a llamarse Morris & Co. hasta su cierre en 1940. Además de la decoración de casas e iglesias, se amplió su actividad con la fabricación de colorantes y el tejido de tapices [Fig. 6], utilizando temas de mitología medieval como las leyendas artúricas. Entre los años 1878 y 1892, cuando ya vivía en la Kelmscott House, Morris se dedicó a aprender técnicas de tejido de tapices utilizadas 1 Fine Art Workmen in Painting, Carving, Furniture and the Metals. Además, Faulkner realizó un viaje en 1872 a Islandia junto a Morris y Eiríkr Magnússon (1833-1913), bibliotecario de la Universidad de Cambridge y profesor de Nórdico Antiguo. 2 26 desde épocas primitivas, tales como el alto lizo (high warp), permitiendo “una abundante y bella decoración, que era un rasgo característico del arte medieval” (Harris 1984: 11). Los principales colaboradores de la empresa inicial fueron los ya nombrados Rossetti, Crane, Burne-Jones y Webb, además del pintor Ford Madox Brown (1821-1893), quien fue tutor de Rossetti y organizador del Club Hogarth3. Entre los colaboradores de Morris & Co. se encuentra John Henry Dearle (1860-1932), quien creó textiles (tejidos y bordados), papeles de pared y vidrieras, y el diseñador de cerámica William Frend de Morgan (1839-1917), quien creó azulejos, vidrieras y muebles (inspirados en diseños medievales y persas, con frecuente uso de animales fantásticos y galeones [Fig. 7]). No obstante, a pesar de la confianza que Morris tenía como artista y como empresario, es difícil de creer que predijera que la labor de su empresa transformaría el panorama artístico del momento, marcando un antes y un después en la decoración, y suponiendo una influencia decisiva en las siguientes generaciones de artistas: “Morris & Co. contribuyó a modelar el gusto de la casa “artística” de finales del siglo XIX. Sus interiores aparecían en revistas como The Studio (Londres, desde 1893) y Das Englische Haus, de Hermann Muthesius (Berlín, 1905)” (Harris 1984: 12). El término Arts & Crafts (que podríamos traducir como Arte y Artesanía) proviene de la Sociedad para la Exposición de Arte y Artesanía 4, la cual exponía sus productos de artes decorativas una vez al año en la New Gallery de Regent St., desde 1888 hasta 1890 (Parry 1989: 12-13) [Fig. 8]. Al referirse Crane a los objetivos de esta sociedad explicaba lo siguiente: “Ante todo deseábamos dar una oportunidad al diseñador y al artesano de exponer su trabajo ante el público por su interés artístico, y además asentar las pautas de arte decorativo y artesanía, con igual atención que las de la pintura de caballete, hasta el momento asociado casi en exclusiva con el término de arte en la mente del público” (Crane 1905: 2). Crane presidió la empresa hasta 1891, fecha en la que le sucedió Morris, quien alargó la frecuencia de las exposiciones con el fin de que hubiera más productos en cada ocasión. En 1893 se publicó un recopilatorio de ensayos de los principales miembros de la empresa (Arts & Crafts Essays), siendo éstos Morris, Crane, el artista y encuadernador James Cobden-Sanderson (1840-1922), Madox Brown 3 El Club Hogarth (1858-1861) era una sociedad artística con el fin de realizar exposiciones, fundada por antiguos miembros de la Hermandad Prerrafaelita. 4 Arts & Crafts Exhibition Society, fundada en 1887. 27 y la diseñadora de bordados, socialista y editora May Morris (1862-1938), hija menor de William Morris. La cuarta exposición en 1893 tuvo más éxito que las anteriores, y la última en 1896, que coincidió con la muerte de Morris, fue un rotundo éxito (Parry 2005: 71). En 1899 se organizó una retrospectiva de Morris y en 1903 hubo otra exitosa exposición; las cuatro últimas fueron en 1906, 1910, 1912 y 1916. El arquitecto, joyero y diseñador Henry Wilson (1864-1934) fue nombrado el nuevo presidente tras la muerte de Crane en 1915, dirigiendo la empresa hasta su cierre en 1922 5, aunque nunca se logró recuperar el esplendor de la década de 1890 (Parry 2005: 89-92). El renacer del anglo-catolicismo, del que ya hemos hablado, se refleja claramente en la producción resultado de la gran demanda de decoraciones con motivos religiosos que tuvo la empresa de Morris, especialmente de vidrieras para cubrir los vanos de las nuevas y las antiguas iglesias. Los encargos que dieron a conocer Morris & Co. en la década de 1860 fueron los proyectos de decoración de la armería y la sala de tapices del palacio de St. James, y el “comedor verde” en el Museo de South Kensington, ahora el Victoria & Albert (Parry 1996: 139-140). En 1871 Morris & Co. se encargó de la decoración de las ventanas de la iglesia All Saints en el pueblo de Wilden. Entre 1892 y 1894 la empresa decoró el interior de Standen, en West Sussex, la vivienda del abogado James Beale. El encargo más importante de Morris & Co. fue de William Knox d’Arcy (1849-1917) para la decoración de Stanmore Hall con los tapices dedicados a la búsqueda del Santo Grial [Fig. 9]; se realizó justo antes de la muerte de Morris en 1896, y fue Dearle quien concluyó el encargo (Parry 1996: 146-147). En una vidriera de la abadía de Malmesbury sobre las leyendas artúricas, diseñada por Burne-Jones para Morris & Co., [Fig. 10] se lee el versículo “Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida”6 (Apocalipsis 2:10); al pie de la vidriera, bajo tres figuras armadas, se lee: “Fe. Coraje. Devoción” (“Faith. Courage. Devotion”). Podríamos decir que es una visualización de los valores fundamentales para Morris: la fe (que podríamos asociar a la espiritualidad en el caso de Morris, más que a la creencia religiosa), el coraje (que lleva al hombre a la rebelión) y la devoción (no hacia Dios, sino más bien como sinónimo de dedicación y entrega). 5 La Sociedad de Diseñadores Artesanos (Society of Designer Craftsmen) es la heredera de la Sociedad para la Exposición de Arte y Artesanía y sigue operativa. http://www.societyofdesignercraftsmen.org.uk/ 6 “Be [thou] faithful unto death, and I will give you the crown of life”. 28 No obstante, no se puede considerar excepcional el éxito de Morris y su voluntad de reformar el estado de las artes en Gran Bretaña. La renovación de la decoración de interiores a nivel doméstico contó con muchos adeptos. En este sentido se pueden citar la conferencia de Wilde La casa bella 7, que toma su título de una expresión creada por Pater (Faulkner 2001: 31), y recoge ideas del crítico de arte norteamericano Clarence Chatham Cook (1828-1900), así como del por entonces célebre libro Consejos sobre el gusto doméstico8, del arquitecto y diseñador de interiores Charles Eastlake (1836-1906) (Gere 2000: 92). Demostrando una importante interrelación entre artistas y escritores, Gere asegura que el artículo de Wilde “El arte y el artesano” está claramente inspirado por la obra de Morris “Las artes menores” 9 (Gere 2000: 88). En su artículo, Wilde, coincidiendo con las ideas de Morris, dice que “todas las cosas son o bien bellas o bien feas, y la utilidad estará siempre del lado del objeto bello, porque la decoración bella es siempre una expresión del uso que se le da a algo y el valor que se le ha otorgado” (Wilde 1908: 132). Para Morris y Wilde, la utilidad estaba necesariamente ligada a la belleza, dependiendo la una de la otra: “Queremos ver que no tenéis nada en vuestras casas que no resultara un placer al hombre que lo fabricó, y que no resulte un placer para aquellos que lo usan” (Wilde 1908: 144).Wilde, claramente influenciado por Morris, dice: “¿Qué es la decoración sino la expresión de la alegría del trabajador en su trabajo?” (Wilde 2008: 78). Cuando Morris envió a Wilde une ejemplar de Las raíces de las montañas10, éste le escribió una emotiva carta diciendo: “Siempre he sentido que tu trabajo proviene del más puro deleite de hacer cosas hermosas: que ningún otro motivo ajeno te interesa: que en su singularidad como objetivo, así como en su perfección de resultado, es puro arte, todo lo que haces” (Wilde 2000a: 476). El arte como expresión no solo de una utilidad, sino de la mentalidad y el carácter de una sociedad, es una idea ampliamente defendida, casi como un elemento patriótico, si no nacionalista (muy frecuente en esta época): “El arte debe volver a ser la más gloriosa de todas las cuerdas a través de las que el espíritu de una gran nación encuentra su más noble voz” (Wilde 1908: 139). 7 The House Beautiful, conferencia de 1882. Hints on Household Taste, publicado en 1868. 9 “The Lesser Arts” es un artículo incluido en Esperanzas y Miedos para el Arte (Hopes and Fears for Art) publicado en 1882 (Ellis & White). 10 The Roots of the Mountains, publicado en 1889 (Reeves & Turner). 8 29 En la obra de Morris, el hecho de que el trabajador disfrute con su labor es fundamental, ya que asegura la calidad de la obra así como su propia felicidad: “Es nuestro cometido, como artistas, mostrar al mundo que el placer de ejercer nuestras energías es el objetivo de la vida y la causa de la felicidad, y de este modo mostrarle por qué senda debe discurrir el descontento de la vida moderna con el objeto de alcanzar un final fructífero” (Morris 2011: 127). Y esto va indisolublemente unido a una sociedad gremial y fraternal: “Para Morris, si se desarrollaban las condiciones de gremio, se llegaría a la realización de un trabajo libre, placentero, y por lo tanto (según las premisas de Ruskin) artístico” (Harris 1984: 16). De esta manera, Morris hace del trabajo la piedra angular de su filosofía, del que dependen (si está realizado con placer y calidad) el bienestar del arte y del artista, así como el propio progreso de la sociedad: “Nosotros hemos recordado lo que la mayoría han olvidado entre los esfuerzos odiosos e infructuosos de la época de innovaciones provisionales, que es posible ser feliz, que el trabajo puede ser un placer; mejor aún, que la esencia del placer reside en el trabajo si está debidamente dirigido; si está dirigido hacia la ejecución de esas funciones que la gente sabia y sana desea ver ejecutadas; dicho de otra forma, si la ayuda mutua es un principio motor” (Morris 2011: 127). Morris resume la relación entre el arte, el trabajo y el placer en una frase: “La función del arte es hacer que el trabajo sea placentero” (Morris 2011: 95). Por otro lado, Morris ponía en duda el supuesto grado máximo de civilización al que la sociedad victoriana había llegado, ya que tenía muchas carencias que la riqueza colonial no podía cubrir: “Hemos ganado riquezas materiales sin restricciones, pero la auténtica riqueza está tan lejos de nosotros como siempre o incluso más. Vamos pues, ya que somos tan poderoso, a intentar si podemos hacer lo único que merece la pena hacer: hacer al mundo, del que formamos parte, algo más feliz” (Morris 2011: 125). Morris (2011: 87) considera que la riqueza y los recursos técnicos supondrían una ventaja si se utilizaran bien: “El dinero y la tecnología, que malgastamos en ingenios para destruir y mutilar a nuestros enemigos de hoy y del futuro, serían una buena inversión para promover una vida digna si tan solo decidiéramos hacer ese tremendo sacrificio”. En su opinión, la sociedad moderna había degradado el arte con la industrialización, convirtiéndolo en una mercancía más – “Este cambio no significa sino que la tradición se ha trasladado del arte al comercio” (Morris 2011: 117) –, y la única forma de mejorar el estado del arte era reformar antes el sistema social y económico: “Las actuales condiciones de vida en que se realiza la aplicación del arte a los objetos útiles implican 30 que se ha producido un cambio radical desde que se realizaron esas obras de arte cooperativo en la Edad Media” (Morris 2011: 115). La intención de Morris era recuperar la sociedad comunal de hermandades de la Edad Media, aplicándola al presente: “La expresión total de este espíritu de trabajo común y en armonía se dio solo durante el período, relativamente corto, de la baja Edad Media, época en que existía la completa armonía de los trabajadores en los gremios artesanales” (Morris 2011: 105). La cooperación, la comunidad gremial y la hermandad artesanal son para Morris el sustento del arte: “Esta es la verdadera pieza maestra de arte, de hombres sensatos y conscientes de los lazos de unión de la verdadera sociedad, que hace que todo lo que un hombre realiza sea importante para todos los demás” (Morris 2011: 101). Pero como comentábamos anteriormente, el camino de Morris no fue el único hacia la reforma estética. A pesar de la gran inspiración que Morris supuso para Wilde, y de que coincidían en el plano teórico en casi todas las ideas en cuanto al arte, ambos intelectuales siguieron estilos muy dispares, debido probablemente a la diferencia generacional (Wilde era veinte años más joven que Morris). Mientras que Morris era partidario de una decoración más medievalista y abigarrada, Wilde se decantaba por un estilo extremadamente sobrio, mucho más “moderno” (Henderson 1967: 206), más refinado y de gusto burgués, situado en el centro del Movimiento Estético y ya encaminado hacia el arte de avant-garde y el Art Nouveau (del que hablaremos más tarde). Para los decoradores de la tendencia de Wilde, el arte de Morris resultaba claustrofóbico y marcado por un claro horror vacui, y los seguidores de Morris tachaban ese nuevo gusto utilizado en la casa de Wilde, de “frígido” (Faulkner 2001: 31) y, según palabras de Crane, de “innecesariamente espartano” (Thompson 1991: 96). Wilde decoró su casa de Chelsea en Tite Street siguiendo el consejo de Whistler y del arquitecto y diseñador progresista Edward William Godwin (1833-1886) (Wilde 2001: 31), quien ejemplifica perfectamente el cambio de gusto que se dio a finales de siglo, ya que comenzó su carrera como seguidor indiscutible del gótico ruskiniano (con Las piedras de Venecia como libro de cabecera), y terminó desembocando en el Movimiento Estético, de gusto anglo-japonés, influenciado el movimiento Arts & Crafts. La expresión de esta segunda tendencia pudo verse en la exposición Belleza, 31 Moral y Voluptuosidad en la Inglaterra de Oscar Wilde11 (título de la exposición en París) o El Culto de la Belleza: el Movimiento Estético 1860-1900 (título de la exposición en Londres). Aunque de formas diferentes y con distintos estilos, queda patente que la necesidad de una reforma estética era algo evidente para muchos, como una reacción ante la maquinización de la industrialización: “No os dejéis convertir en máquinas, o estáis acabados como artistas”, escribía Morris (2011: 79); y ante la tiranía de la fealdad afirmaba, “creo que tengo derecho a consideraros soldados alistados para llevar a cabo esa rebelión contra la patente fealdad” (Morris 2011: 73); una suerte de revolución de la belleza, que unos encaminaron por el medievalismo y demás estilos con influencias del pasado, y otros hacia la modernidad de las vanguardias. “El hombre necesita más que medios materiales para ser feliz; necesita belleza y sentido de la recompensa” (Collette 1983:2). Para Wilde, es un elemento esencial de la vida: “Respecto a la belleza pretendida por el arte, no es un mero accidente de la vida humana que uno pueda tomar o dejar, sino una necesidad positiva de la vida si vivimos tal como nos dicta la naturaleza, claro está, a no ser que nos contentemos con ser algo menos que hombres” (Wilde 1908: 133). La segunda cuestión en la que Morris hace mayor hincapié respecto a la función del arte y la decoración, es la separación de las artes. Según Morris, las “Artes Mayores” y las “Artes Menores” estaban apartadas desde el Renacimiento, ensalzando la pintura, la arquitectura y la escultura como artes superiores, y desdeñando y marginando el papel de las llamadas artes decorativas; dice Morris (2011: 49): “Considero casi imposible disociar un arte decorativo de otro”. Al igual que Ruskin, Morris consideraba el clasicismo aristocrático del Renacimiento europeo como inorgánico, y una “ruptura de la continuidad de la cadena de oro” (Cowan 2000: 10) del arte popular. Además, para él la ruptura de esta “cadena de oro” coincidió con la adopción del sistema capitalista (Cowan 2000: 10). Una de las razones por las que Morris admiraba la sociedad medieval, además de por su sentido de la comunidad y la fraternidad, es por el hecho de que las artes estaban integradas y se comprendían como un todo (pintura, escultura, mobiliario, textiles, etc.). Beauté, Morale et Volupté dans l’Angleterre d’Oscar Wilde, en el Musée d’Orsay (13 de septiembre de 2011 – 15 de enero 2012); The Cult of Beauty : the Aesthetic Movement 1860-1900, en el Victoria & Albert Museum (2 de abril 2011 – 17 de julio 2011). 11 32 Como consecuencia, las obras de arte siempre serían fruto de una cooperación y la autoría sería colectiva: “Nadie desde el maestro diseñador para abajo podría decir “ésta es mi obra” sino que todos podrían en verdad decir «ésta es nuestra obra»” (Morris 2011: 103). Tanto él como Ruskin sostenían que la arquitectura era el arte más completo, ya que podía abarcar todas las artes de una forma orgánica: “La obra completa de artes aplicadas, la auténtica unidad del arte, es un edificio con toda su debida decoración y mobiliario” (Morris 2011: 99). En “Sobre el movimiento Arts & Crafts” Crane consideraba que “ignorando la distinción artificial entre Bellas Artes [Fine Arts] y Artes Decorativas [Decorative Arts], sentíamos que la auténtica distinción era la que había entre el buen y el mal arte, o entre el gusto falso y verdadero en los métodos artesanales, considerando de poco valor el esfuerzo en clasificar el arte según su valor comercial o su importancia social, cuando todo depende del espíritu, la habilidad y la fidelidad con la que la realización [conception] fue expresada […] Un trabajador se ganaba el título de artista a través […] del reconocimiento de su capacidad y sus limitaciones naturales, así como de la relación del trabajo con el uso y la vida” (Crane 1905: 22). El ya mencionado Emerson dice en “El Hombre Reformador” que “no puede haber ninguna separación del trabajo sin una pérdida de poder o de verdad por parte del observador” (Emerson 2010: 76). Podríamos poner como ejemplo de unión de las artes la Wightwick Manor, en Wolverhampton (web Wightwick Manor): una mansión victoriana decorada según los parámetros de Morris [Fig. 11], muy influenciada también por la House Beautiful de Wilde. Por último, no debemos olvidar la opinión de Morris en cuanto al papel del artista en la sociedad, a medio camino entre la revolución marxista, el compromiso moral y la reforma artística: “El espíritu de esta última parte de nuestro siglo es el de un descontento fructífero o rebelión, es decir, de esperanza. Y de esta rebelión formamos parte los artistas; y aunque somos pocos, somos estos pocos meros amateurs comparados con la competencia estable de los artistas de épocas pasadas, pero somos útiles al movimiento que pretende alcanzar la riqueza auténtica, es decir, hacia lograr que nuestros instrumentos sean de utilidad” (Morris 2011: 127). Y el elemento de la nostalgia medievalista se une a la noción de arte: “Los artistas nos hallamos en esta situación, es decir, que somos los representantes de un saber artesanal que se ha extinguido en la producción de las mercancías del mercado” (Morris 2011: 129). Por lo tanto, el arte no representa la faceta decorativa de la sociedad, sino que se encuentra en 33 el corazón de su funcionamiento, como instrumento de unión y medio para alcanzar la felicidad: “Para mí, arte significa el trabajo debidamente organizando de todos los hombres que realizan algo; ese será al menos un poderoso instrumento en la elevación de la autoestima de los hombres al añadir dignidad a sus vidas” (Morris 2011: 85). Christine Norstrand sintetiza los fundamentos del movimiento Arts & Crafts y de la estética de Morris, incluyendo sus contradicciones y sus ambivalencias, así como su alcance y trascendencia: “Una cualidad casi religiosa caracteriza sus diseños densos y alargados, y las figuras míticas o santos y héroes […] Los conflictos centrales de Morris quedan sin resolver: un costoso trabajo artesanal vs. la asequibilidad; ricos bordados y tapices vs. líneas simples y materiales naturales; una postura reaccionaria en contra de la industrialización desalmada vs. la liberación de los trabajadores de la tiranía de sus tereas tediosas y repetitivas. Esa dialéctica continúa hasta nuestros días, pero no hay duda de la influencia de Morris en la filosofía del diseño moderno. Su estética tiene vida propia, desechando lo que no es esencial, desperdiciando la codicia, revela por qué es verdaderamente «bello y útil»” (Norstrand 2013). 2.2. La Kelmscott Press y “el libro ideal” Con la industrialización y las imprentas modernas, los libros pasaron a convertirse en un producto más, y la producción en serie hizo de la industria del libro, como de todas las demás, una mera fabricación de objetos iguales entre sí marcados por su utilidad. Los libros ya no se diseñaban y encuadernaban individualmente, un solo diseño se aplicaba a todos con el fin de minimizar los costes, siendo indiferente el contenido, daba igual que fuera un manual de historia o una recopilación de poemas. Al hablar sobre el libro Gress (1917: 83-84) hacia las siguientes observaciones: “La impresión como oficio era un distintivo del desarrollo moderno. Los tipógrafos antiguos eran principalmente impresores de panfletos y libros, y en muchos casos el interés principal estaba focalizado en publicar periódicos y calendarios […] Esto provocó una similitud entre las tipografías de periódicos, libros y trabajos profesionales […] Hoy en día esas tres clases de trabajo están separados en departamentos distintos, con sus propias reglas, estilos y prácticas”. La evolución de las prensas había abaratado los costes pero también había degradado la calidad de las impresiones; los tipógrafos aspiraban a ser considerados artistas por el mero uso de procesos mecánicos, pero ignoraban que “el arte de la 34 impresión es simplicidad y algo más” (Gress 1917: 85). Para William Morris el arte estaba deshumanizado debido a la estandarización y el uso de máquinas para todo tipo de producciones entre las cuales el libro era el ejemplo más paradigmático: “Como artesano, Morris aborrecía la maquinaria. Y dudosamente, si no hubiera utilizado imprentas manuales, hubiera conseguido resultados tan buenos” (Gress 1917: 86). Este fenómeno de producción en cadena a todos los niveles y de “fealdad y falta de individualidad” (Jackson 1908: 155) provocó una reacción en diferentes campos del arte. En capítulos anteriores hemos hablado del movimiento Arts & Crafts refiriéndonos a las artes decorativas, ahora vamos a ocuparnos de la edición y la impresión, un arte donde es fácil reconocer los mismos motivos decorativos creados por Morris y sus colaboradores para los papeles pintados, alfombras, telas, etc. Varios de los diseños pensados para esos objetos fueron luego utilizados en la decoración de los libros de la Kelmscott Press: “Los diseños de flores y hojas son planos y afiladamente curvilíneos. Sus formas ensortijadas y su énfasis en la serpentina presagia la evolución del Art Nouveau en la última década del siglo XIX” (Meyer 2009: 3). La protesta contra el industrializado y carente de belleza “se canalizó de una forma creativa y positiva” a través de la fundación de editoriales, que surgieron de manera “tan natural como el crecimiento y florecimiento de las plantas” (Jackson 1908: 256).Y así tras algunos precedentes de los que trataremos brevemente, “la década de 1890 se encuentra en medio de la Edad Dorada de lo que podríamos llamar la impresión subjetiva” (Jackson 1908: 255), marcada por los mismo parámetros estéticos que los nuevos movimientos estilísticos de las artes plásticas, tales como la pintura Prerrafaelita. Gress (1917: 86) sostiene por su parte que en la última década del siglo XIX se dio “una cadena de sucesos que tendría una influencia revolucionaria en la tipografía comercial así como en el arte comercial. El primer vínculo de esta cadena fue el establecimiento de la Kelmscott Press en Inglaterra por William Morris”. Como veremos a lo largo de este capítulo, las actividades editoriales y tipográficas de Morris se convirtieron en un paradigma. Es más, en opinión de Gress (1917: 87), “Morris causó una revolución en la tipografía moderna. En lugar de los ornamentos y tipos delicados y no-artísticos de 1890, sus libros ahora revelaban unas letras fuertes y artísticas, y unos bordes y ornamentos de un arte con sentido común” En palabras del propio Morris, el objetivo de la Kelmscott Press era producir libros que “aspiren a la belleza, al mismo tiempo que resulten fáciles de leer, sin confundir el ojo u obstaculizar 35 la lectura con letras excéntricas” (Morris y Cockerell12 1898: 1). Por estas razones Gress (1917: 85) inserta a Morris en lo que él llama el “Renacimiento Moderno” (“Modern Renaissance”). Como gran admirador de la caligrafía de la Edad Media y del siglo XV, Morris asegura que es posible realizar una impresión bella simplemente a través de la tipografía, sin añadir ornamentos innecesarios. Respecto a la decoración, Gress (1917: 84) dice: “El atractivo es tan necesario para la tipografía de un trabajo general de impresión, como la dignidad y la legibilidad lo son para un artículo legal, pero esforzándose en hacer atractivo su trabajo, los impresores se pierden. Trabajan bajo la idea equivocada de que para que su trabajo sea distinguido tiene que ser raro. La tipografía no es buena a no ser que esté basada en los principios del arte”. Y es que Morris no imprimía sin conocimiento de causa y por mero ánimo de lucro, sino que “antes de que se hiciera cada impresión, estudiaba el arte desde el principio” (Gress 1917: 86), produciendo obras eruditas a la par que bellas. Orcutt y Bartlett (1923: 157) afirman que “No hay nadie, cuyos logros hayan sido notables, que no haya buscado su inspiración en la fuente de los antiguos maestros, y que no haya renovado su espíritu a través de la comunión con otros compañeros trabajadores del mundo”. Desde comienzos de la década de 1870 durante su etapa en Oxford, Morris había estado inmerso en el estudio de los antiguos manuscritos con el fin de entender y aprender los métodos de elaboración con el fin de reproducirlos algún día en sus propios libros. Admiraba especialmente el trabajo de los impresores venecianos de finales del siglo XV, en los que “había dignidad, refinamiento y delicada pulcritud” (Gress 1917: 83). No es extraño por tanto que también coleccionara estas obras en la medida de sus posibilidades, llegando a formar una pequeña pero valiosa biblioteca, en la que destacaba un ejemplar de Historia de Florencia del humanista e historiador Leonardo de Arezzo (1370-1444), impresa en Venecia en 1476 por el francés Jacobus Rubeus o Jacques le Rouge (muerto en 1490). Entre los impresores más venerados por Morris se encuentran el grabador y tipógrafo francés Nicolas Jenson (1420-1480), discípulo de Johannes Gutemberg (1395-1468), inventor de los tipos móviles; Jenson pertenecía a lo que podríamos llamar la primera 12 Sidney Carlyle Cockerell (1867-1962) era el conservador y director del Museo Fitzwilliam (Cambridge). Era amigo de John Ruskin y trabajó con William Morris en la Kelmscott Press siendo uno de los mayores coleccionistas de los libros que se editaban, destacando su biblioteca de William Blake. 36 generación de impresores estetas, ya que antes que Morris, otorgó la misma importancia al diseño de los libros que a su contenido, como reacción hacia la creciente fealdad y estandarización de las impresiones (A thing of Beauty 1980: 9). Morris opinaba que “como ejemplo de buena tipografía, el libro más antiguo impreso con tipos móviles, la Biblia de cuarentaidós líneas de Gutenberg de 1455, nunca ha sido superado” (Orcutt y Bartlett 1923: 172). También admiraba Morris al humanista italiano Aldo Manuzio (1449-1515), creador de la cursiva y fundador de la imprenta Aldina en 1494. Aunque, en opinión de Morris no alcanzaron la calidad de estos impresores, durante el siglo XVI trabajaron impresores que igualmente merecían ser reconocidos, especialmente el del humanista franco-holandés Christophe Plantin (1520-1589), fundador de la imprenta Plantin, y el holandés Lodewijk Elzevir (1540-1517), impresor de las obras de Galileo Galilei (1564-1642) y fundador de la Casa Elzevir (operativa hasta el siglo XVIII). Según Morris, la decadencia y fealdad editorial llegó a su cénit durante el siglo XVIII, no sin hacer una excepción, como es el tipógrafo, impresor y editor italiano Giambattista Bodoni (1740-1813). Morris estudió los dos tipos básicos de tipografía: el gótico, cuyos mejores ejemplos eran los de Konrad Sweynheym (muerto en 1477) y Arnold Pannartz (muerto en 1476), monjes del monasterio de Subiaco (Orcutt y Bartlett 1923: 173) e introductores del invento de Gutenberg en Italia, y las del comerciante y editor William Caxton (14151492), responsable del primer libro impreso en inglés (Gordon Duff 1977: 6), Las Historias de Troya 13 [Fig. 12]; y el tipo romano, que encontraba sus mayores exponentes en Jenson entre 1470 y 1476 (Morris y Cockerell 1898: 3), y en el armero y tipógrafo inglés William Caslon (1693-1766). Para Morris y Coben-Sanderson la decoración y el texto tenían la misma importancia, ya que cada parte del libro colaboraba a su belleza y su perfección, sin que se diera una subordinación entre ellas: “Todo el deber de la tipografía es comunicar a la imaginación, sin perderse por el camino, el pensamiento o imagen que el autor trata de comunicar. Y el deber de una tipografía bella no es sustituir con una belleza o interés propios, la belleza o el interés del objeto” (Orcutt y Bartlett 1923: 95). Gress (1917: 86) resume el cambio que Morris produjo en las prácticas de decoración afirmando que su influencia “provocó el abandono de los dorados, los brillos y los ribetes, y creó una 13 The Recuyell of Historyes of Troye, escrito por Raoul Lefèvre en 1464, se publicó por primera vez en 1473 en Londres; Morris lo conmemoró reeditándolo en la Kelmscott Press. 37 demanda de colores tenues y líneas rectas en la decoración de las casas. Quien puede influenciar a otros para pensar y actuar de forma diferente y mejor de lo que lo habían hecho antes, es verdaderamente grande”. Hablando sobre la breve experiencia de Morris como impresor, Gress (1917: 87) dice que aunque “no llegó a cinco años, su nombre vivirá para siempre debido a la buena tipografía que hizo en durante el siglo XIX”. La Kelmscott Press [Fig. 13] surgió, como hemos visto, en medio de una revolución estética que abarcaba todos los campos del arte, e inició sus actividades con el firme propósito de producir libros instructivos y bellos. En 1866 se realizó un primer proyecto para una edición de El paraíso terrenal en tamaño folio, impreso a dos columnas y profusamente ilustrado con xilografías de Burne-Jones, realizadas a la maniera de los maestros alemanes más tempranos. Este ejemplar era sin duda tipográficamente superior a otros libros coetáneos, tal como admite sin falsa modestia el propio Morris. Los tacos utilizados fueron ejecutados por Morris, George Young Wardle (1836-1910), G. F. Campfield14 y Elizabeth Burden15. Sin embargo por diversas razones el proyecto no llegó a materializarse. Cuatro o cinco años más tarde se ideó una edición ilustrada de El amor es suficiente16, que tampoco llegó a buen término. A pesar de esto, podemos decir que el diseño de varios grabados que se llevaron a cabo para esta edición muestran ya desde el comienzo que en la Kelmscott Press “la idea de revivir algunos de los motivos figurativos de los libros impresos más antiguos llevaba mucho tiempo en la mente de su fundador” (Morris y Cockerell 1898: 8). La Kelmscott Press imprimió un total de cincuenta y dos obras, en sesenta y seis volúmenes, usando exclusivamente prensas manuales del tipo Albión. En 1891 se compró la segunda prensa, cuando la edición de La leyenda dorada 17 aún estaba sin terminar, destinada a la nueva sede, recién adquirida, situada en el número 14 del Upper Mall y que era adyacente a la primera localización. Tres años después se compró una tercera sede (el número 21 de la misma calle) que contaba con una excelente iluminación debido al reflejo del río (Morris y Cockerell 1898: 20). Al año siguiente 14 George F. Campfield fue un grabador inglés. Trabajó con William Morris en la historia de Amor y Psique perteneciente al libro El paraíso terrenal (The Earthly Paradise). 15 Elizabeth Burden era ayudante en la empresa de Morris & Co y cuñada de Morris. Daba clases de costura en la Royal School of Arts. 16 Love is enough o The Freeing of Pharamond se publicó por primera vez en 1872. En 1897 se editó una versión en la Kelmscott Press. 17 La leyenda dorada (o Legenda Aurea) de Jacobo de la Vorágine (1230-1298) es una colección de leyendas de santos que incluye la de San Jorge y el dragón, símbolo de la nación británica: “Me defenderé con mi mejor caballo y con San Jorge a mi lado” (Ricardo III, Acto 5, Escena 3). 38 Morris adquirió una tercera prensa, con el fin de que las dos primeras estuviesen dedicadas exclusivamente a la elaboración del Chaucer (Morris y Cockerell 1898: 46). William Morris diferenciaba en el diseño del libro cuatro elementos principales si se pretendía alcanzar un estado de perfección: el papel, la tipografía, los espacios entre las letras, palabras y líneas, y por último la posición de la página en el papel (Morris y Cockerell 1898: 1) [Fig. 14]: En cuanto al papel, éste debía ser hecho a mano porque se obtenían resultados más duraderos y mejor aspecto; preferiblemente de fibra de lino (en lugar de algodón) y de consistencia relativamente dura (Morris y Cockerell 1898: 2). Las dimensiones debían ser proporcionadas y los hilos de la forma no debían notarse en exceso. Teniendo por modelo a los fabricantes de papel del siglo XV, Morris encargó el papel de sus libros a Mr. Batchelor, de Little Chart, en Kent (Morris y Cockerell 1898:2); los pliegos medían 40,6 x 27,9 cm (16 x 11 pulgadas), teniendo cada una, una filigrana en forma de prímula entre las iniciales W y M. No obstante, hubo excepciones, por ejemplo para la edición del Chaucer se eligió un papel más grueso y de dimensiones ligeramente mayores, que llevó como filigrana un pájaro con un ramillete en el pico. Diferente tamaño de papel fue el que se utilizó para la edición de El paraíso terrenal, cuya filigrana fue una manzana entre las iniciales W y M. Además, de casi todos los libros se imprimieron unos pocos ejemplares en vitela de piel de becerro. Los seis ejemplares de La llanura resplandeciente18 [Fig. 15] se realizaron con una vitela de excelente calidad procedente de Roma (casi todo este papel-pergamino era requerido por el Vaticano); para el resto se usó una vitela proporcionada por H. Band, de Brentford, y por W. J. Turney & Co., de Stourbridge19 (Morris y Cockerell 1898: 19). La mayoría de la vitela que se conseguía era blanca o de color claro, aunque la preferida por Morris era la oscura, que reservaba para sus propias copias. Por último diremos que las hojas nunca estaban pegadas sino cosidas, y en el caso de las copias en vitela, se usaba un hilo especial de seda cuidadosamente tejido y teñido en cuatro colores (rojo, azul, amarillo o verde). La encuadernación de los libros solía estar a cargo de J. & J. Leighton (Morris y Cockerell 1898: 19). 18 The Glittering Plain o The Land of the living men (La tierra de los hombres vivos) o The Acre of the un-dying (El terreno de los que no mueren) se publicó en 1891 (Reeves & Turner). 19 William J. Turney fue el fundador de la empresa peletera W. J. Turney & Co en Stourbridge, calle Mill Lane, que funcionó hasta la década de 1950. 39 Por otra parte, la tinta negra que más gustaba a Morris era la que fabricaba Gebruder Janecke en Hanover y aunque a menudo habló de fabricar su propia tinta, nunca terminó realizando este proyecto. En cuanto el tipo de letra, Morris se decantó en un principio por el romano, ya que poseía las características de severidad sin excesos decorativos y pureza de forma que tanto admiraba. En opinión de Morris era una letra “sólida, sin hacer más gruesas o finas las líneas, lo que dificulta la lectura” (Morris and Cockerell 1898: 2). Además, Morris precisó que para que una tipografía fuera legible, las letras no debían estar comprimidas por los lados. Estudiando el otro gran tipo de letra, el gótico, Morris decidió liberarlo de la ininteligibilidad por la que se había caracterizado hasta ese momento. Con este fin suprimió los perfiles angulosos con el fin de aliviar la compresión lateral, y eliminó el exceso de letras enlazadas; es decir, se propuso hacer la letra gótica tan legible como la romana. En cuanto a los tamaños o cuerpos de las letras van desde el Pica (el más pequeño), pasando por el English (mediano), usado para el tipo romano, hasta el tamaño Great Primer (el más grande). Las matrices de estos tipos fueron realizadas por Edward Philip Prince (1846-1923), siguiendo los diseños cuidadosamente. Otro tema fundamental es el equilibrio entre el texto impreso y los blancos del papel. En opinión de Morris debían evitarse los blancos innecesarios entre las letras y los espacios entre palabras deberían ser iguales entre sí y no más grandes de lo que exige la estricta distinción entre ellas, de lo contrario se podían producir los antiestéticas calles a través de las páginas. Finalmente, el interlineado tampoco debía ser excesivo. Un elemento fundamental en el equilibrio de los blancos eran los márgenes de página. La proporción idónea sería la siguiente: partiendo del margen interior (el de la encuadernación) que sería el más estrecho, el resto serían gradualmente más anchos en este orden: el superior, el exterior aún más ancho, y el inferior, siendo este último el más ancho de los cuatro (Morris y Cockerell 1898: 5). Esta es la proporción que se seguía en los libros medievales, tanto manuscritos como impresos. Los impresores contemporáneos de Morris la ignoraban, contradiciendo además el hecho de que la unidad de un libro no se encuentra en la página individual, sino en la doble página. Estas pautas son esenciales para la realización de libros bellos, de hecho en opinión de Morris, era prioritaria la disposición correcta y visualmente atractiva de la página, pues de lo contrario incluso la 40 mejor y más bella tipografía tendría mal efecto, y el resultado quedaría arruinado (Morris y Cockerell 1898: 5). A partir de 1888 Morris comenzó a estar en constante comunicación con su vecino y amigo Emery Walker 20, quien no solo compartía las mismas opiniones sobre el tema, sino que además tenía el conocimiento práctico de las técnicas de impresión, del que Morris carecía. En 1889 Morris propuso a Walker que se asociara con él como impresor, y aunque éste rechazó la oferta y no se involucró en la parte financiera, permaneció durante toda la historia de la editorial como socio virtual, hasta el punto de que no se tomaba ninguna decisión importante sin contar con su consejo. Las ideas que ambos tenían en común fueron puestas por escrito por primera vez en los artículos del catálogo de la Sociedad para la Exposición de Arte y Artesanía en 1888. Ese mismo año y tras varias conversaciones, se imprimió The house of Wolfings21 (sin traducción al español) y al año siguiente Las raíces de las montañas, ambas obras originales de William Morris. Morris declaró que Las raíces de la montaña se trataba del libro más atractivo producido desde el siglo XVII (Morris y Cockerell 1898: 10). Este libro fue producido con el papel sobrante de la edición de Tres historias de amor norteñas22 y de una traducción de la Saga Gunnlaug23, llamado tipo Whatman. Cuando Morris editó estos primeros libros aún no tenía del todo decidido si iba a crear su propia editorial (Peterson 1991: 67), por lo que se publicaron en la Chiswick Press, una editorial fundada por Charles Wittingham (1767-1840) en 1811 con el objetivo de recuperar la calidad en la impresión de los libros. Holbrook Jackson (1922: 255) la consideraba la pionera en “el resurgir de la impresión” y sirvió de claro precedente a la Kelmscott Press. El primer libro que se imprimió en la Chiswick Press fue El diario de Lady Willouhby24, reutilizando el tipo romano de Caslon. De la misma generación que Whittingham era el editor William Pickering (1796-1854), quien reeditó las obras de William Blake (1757-1827), William Shakespeare (1564-1616) y Thomas Robert 20 Emery Walker (1851-1933) fue un grabador e impresor inglés. Colaboró con el movimiento Arts&Crafts y tras la muerte de Morris fundó la Doves Press. 21 J. R. R. Tolkien dice en sus cartas (carta #19, 31 de diciembre de 1960) que la obra de Morris sobre mitología (germana y finlandesa) supuso una influencia para escribir El señor de los anillos. 22 Three Northern Love Stories se publicó por primera vez en 1875 (Longmans, Green & Co.), y de nuevo en 1901 con la letra Golden (Chiswick Press). La traducción del islandés fue realizada por Magnússon. 23 The Gunnlaug Saga fue publicado en 1891 (Chiswick Press) y traducido del islandés por Magnússon y Morris. La saga es una historia popular islandesa similar a Romeo y Julieta. 24 The Diary of Lady Willouhby, as relates to her Domestic History, and to the Eventful Period of the Reign of Charles the First se publicó anónimamente en 1844 (Chiswick Press). En 1845 se editó en Nueva York. Su autora era Hannah Mary Rathbone (1798-1878). 41 Malthus (1766-1834) entre otros, y fue el primero en utilizar una encuadernación de tela en Inglaterra. “Wittingham y Pickering, en el campo de la tipografía artística, se adelantaron cincuenta años a su tiempo, ya que los impresores en general no estaban preparados para aceptar las cosas buenas que les ofrecían. El renacimiento aún no había comenzado” (Gress 1917: 83). El diseño de nuevas tipografías [Fig. 16] no llegó hasta la época en que Morris conoció a Walker. En 1892 Morris diseñó una primera tipografía a la que llamó Golden25, en honor el primer libro en el que se utilizó, La leyenda dorada [Fig. 17]. Swinburne dijo que éste era “el libro más bello jamás salido de una imprenta” (Peterson 1991: 216). Esta tipografía consta de ochenta y un diseños, incluyendo los puntos y las letras unidas, y el tamaño al que se decidió producir las letras fue el English (mediano). Fue Prince quien abrió los punzones, terminando en agosto de 1890. En 1891 William Bowden, un impresor jubilado, se encargó de la prensa26, y J. Batchelor e hijo proporcionaron al papel (Morris y Cockerell 1898: 18). Y así surgieron los primeros capítulos de La llanura resplandeciente. En cuanto se terminó el primer título, Morris decidió diseñar una segunda fuente, esta vez de letras en negrita. Se usó por primera vez en una página del cuento Franklin de Geoffrey Chaucer (1343-1400) y otra página de La historia de Sigurdo el Volsungo y la caída de los Nibelungos27, bautizándose en 1891 como tipo Troy28 (Troya), resultando fácil de leer a la par que decorativa. Esta fuente, que fue sin duda la preferida de Morris, deja ver la gran influencia de las tipografías de impresores tempranos como Peter Schoeffer de Mainz (1425-1503), quien trabajó con Gutemberg, Gunter Zainer de Augsburgo (muerto en 1478), editor del primer gran libro ilustrado (La leyenda dorada), y Anthony Koburger de Nuremberg 29. Pero a diferencia de cualquier tipografía medieval, la Troy posee un “carácter propio, incluso más que el Golden” (Morris y 25 Alfabeto Golden: abcdefghijklmnñopqrstuvwxyz. “Compositor” (colocar los tipos para imprimir una página) y “pressman” (encargado de manejar la prensa). 27 The story of Sigurd the Volsung and the Fall of the Niblungs: leyenda perteneciente a la Saga Volsunga, de la mitología nórdica. Wagner compondría entre 1813 y 1883 el ciclo de óperas épicas llamado El anillo del Nibelungo (Der Ring des Nibelungen), compuesta por El Oro del Rin (Das Rheingold), Las Valquirias (Die Walküre), Sigfrido (Siegfried) y El ocaso de los dioses (Götterdämmerung). 28 Alfabeto Troy: abcdefghijklmnñopkrstuvwxyz. 29 Anthony Koburger (c.a. 1445-1513) fue un impresor, editor y librero alemán. Encuadernaba sus libros de una manera muy elaborada y hoy es considerado como uno de los mejores impresores del siglo XV. 26 42 Cockerell 1898: 3), el cual fue remodelado en Estados Unidos haciendo que perdiera su singularidad. La tercera tipografía producida en la Kelmscott Press fue la llamada Chaucer, que se diferencia de la Troy tan solo en el tamaño (el Chaucer más pequeño, de tamaño Pica; el Troy de tamaño Great Primer). Prince, quien trabajó para las principales editoriales del momento30, fue quien construyó los tacos de este tipo de letra, utilizada por primera vez en 1892 en el glosario de Historias de Troya 31 [Fig. 18]. Por otra parte cabe destacar que Morris diseñó en un período de siete años, trescientas ochenta y cuatro letras iniciales, cincuenta y siete bordes, ciento ocho ornamentos y seiscientos ochenta y cuatro marcos (Morris y Cockerell 1898: 22). Las iniciales y los ornamentos sueltos solían imprimirse con electrotipos, mientras que tanto los títulos como las ilustraciones, entre cuyos creadores se cuentan Burne-Jones, Crane y el pintor y diseñador de vidrieras Charles March Gere (1869-1957), se imprimían directamente desde los tacos de madera. Estos se dibujaban primero sobre papel, y luego eran redibujados a tinta o bien por el pintor e ilustrador socialista Robert Sidney CattersonSmith (1853-1938), o bien por Charles Fairfax Murray32; más tarde y con la aprobación de los artistas, se pasaban a madera por medios fotográficos. En la actualidad estas planchas se encuentran en su totalidad en el Museo Británico, donadas con la condición de no ser copiadas o reproducidas en un período de cien años. La muerte de Morris interrumpió un proyecto de edición del Génesis, que se publicó en una edición limitada en Boston en 1903 a través de la Merrymount Press, cuyo fundador, el impresor y tipógrafo americano Daniel Berkeley Updike (1860-1941), era un gran admirador de Morris. Updike aplicó en su editorial los principios de la Kelmscott Press, con cuyos libros tienen un sorprendente parecido algunos de Updike, como el Libro de Altar 33 [Fig. 19] y el Libro del orador común34. 30 Talló las letras Troy y Chaucer para la Kelmscott Press en 1892, la letra Vale para Charles Ricketts (Vale Press) en 1896, y en 1899 para la Dove Press. Más tarde trabajó para la Ashendene Press, la Essex House Press, la Eragny Press y la Cranach Press. 31 The recuyell of the Historyes of Troye se publicó en la Kelmscott Press en 1892 y se vendió por el librero y coleccionista Bernard Quaritch (1819-1899). 32 Charles Fairfax Murray (1849-1919) fue un artista, vidriero y coleccionista inglés. Colaboró en la decoración de la casa de William Morris, trabajó en el taller de Dante-Gabriel Rossetti, e hizo de copista para John Ruskin. Coleccionó manuscritos y libros, así como relieves, esculturas y cerámicas. También trabajó como asesor del Museo de South Kensington. David B. Elliott se refiere a él como “el prerrafaelita desconocido”. 33 Altar Book, publicado en 1896. 34 Book of Common Prayer, publicado en 1892. 43 Para Morris, la decoración de los libros era esencial para que fueran legibles, al igual que lo era en la arquitectura para que fuera habitable. “Es natural que yo, decorador de profesión, deba hacer un intento por ornamentar mis libros adecuadamente”, dijo Morris (Morris y Cockerell 1898: 5). A este respecto, diremos que la decoración debe formar parte integral de la página, indicación que en ningún momento olvidó Burne-Jones cuando diseñó los grabados con los que se decorarían el Chaucer. Seguir esta pauta asegura “no solo la posibilidad de poseer unos grabados hermosos, sino también que la decoración esté en la máxima armonía posible con el libro impreso” (Morris y Cockerell 1898: 6). Hablando sobre la integración del ornamento y la ilustración en el texto, Peterson cita a Holbrook Jackson, autor de Imprentas privadas en Inglaterra (1923) y La Estética de la imprenta (1939): “En los libros de la Kelmscott Press parece no solo que texto y decoración hayan surgido el uno del otro, sino que además podrían continuar brotando” (Peterson 1991: 133). Gilbert R. Redgrave35 también trata el tema, diciendo en la revista British Bookmaker (octubre de 1890): “Consideramos motivo de lástima que la gloria de los primeros días de las iniciales xilográficas se hayan perdido, y que en lugar de los elegantes diseños que encabezaban cada capítulo, ahora tenemos que depender con demasiada frecuencia de las florituras sin sentido que los tipógrafos nos proporcionan. Solo podemos esperar que un estudio más cuidadoso del trabajo de los primeros impresores y la creciente predilección por lo mejor de la época de los maestros de la artesanía, puedan conducir hacia un resurgimiento en el uso del libroornamento tal como se puede encontrar en la infancia del arte de la impresión”. Respecto a la ornamentación, la cantidad que se debería usar y su función en un libro, Orcutt y Bartlett (1923: 165) dicen lo siguiente: “La idea de ornamentación de una forma u otra es tan antigua como el libro mismo; sin embargo, generalmente es cierto que la escritura más antigua es la más sencilla y libre de decoración accesoria”. Según estos autores, los libros más antiguos limitaban la decoración de los libros a la primera inicial de cada página, agrandándola y coloreándola, y a los márgenes, cuya ornamentación se diseñaba por separado. “La ornamentación es peligrosa desde un punto de vista artístico a no ser que se use con restricción e inteligencia” (Orcutt y Bartlett 1923: 165). Algunas de las ediciones más llamativas de la Kelmscott Press 35 Gilbert Richard Redgrave (1844-1941) fue un historiador del arte, dibujante y bibliógrafo británico. Era presidente de la Sociedad Bibliográfica de Londres, oficial de la Legión de Honor y miembro del Club Athenaeum entre otras cosas ocupaciones. 44 debido a su ornamentación y sus ilustraciones, son Los poemas de John Keats36 [Fig. 20], El Romance de San Percival de Gales37 [Fig. 21], Noticias de Ninguna Parte [Fig. 22] y El amor es suficiente [Fig. 23]. La Kelmscott Press es para muchos el caso más característico de editorial privada fundada a finales del siglo XIX con el objetivo de producir libros bellos y únicos, pero existen otros ejemplos similares de la misma época, sin contar con la Chiswick Press, que pertenece a una generación anterior. James Moran (1973: 99) habla de otras editoriales que usaron la prensa manual privada de tipo Albión, como la Daniel Press, previa a la Kelmscott, que fue fundada en 1845 en Oxford por Henry Olive Daniel (1836-1919).Inmediatamente después del cierre de la Kelmscott Press y siguiendo sus mismas pautas, surgieron dos editoriales: la Doves Press, fundada por los socios de Morris, Walker y Cobden-Sanderson38 en 1900, produciendo la célebre Biblia Doves (1902-1905) con tipos basados en los utilizados por Jenson (Naylor 2003: 122) ; y la Ashendene Press, fundada por Charles Henry St. John Hornby39 en 1895, quien utilizó la tipografía Subiaco de Sweynheim y Pannartz en su edición de La reina de las hadas40 y de Don Quijote41. Según el Diccionario de Biografía Literaria (Thomson Gale 2005), éstas dos editoriales formaron junto a la Kelmscott Press “el triunvirato de las grandes imprentas privadas en Gran Bretaña a finales del siglo XIX y comienzos del XX”. Jackson (1923: 255) habla de otras tres editoriales estrechamente relacionadas con la Kelmscott Press: la Eragny Press [Fig. 24], fundada por el pintor impresionista francés Lucien Pissarro (1863-1944), que editó los cuentos de Charles Perrault (1628-1703) y la Areopagítica 42 de John Milton (1608-1674); también la Essex House, fundada en 1898 por el diseñador y empresario inglés Charles Robert Ashbee (1863-1942), quien 36 The poems of John Keats, publicado en 1894. Syr Perecyvelle of Gales, publicado en 1895. 38 Cobden-Sanderson abrió un taller de encuadernación en 1884 donde trabajó hasta la fundación de la Doves Press en 1900. Acuñó el término Book Beautiful (Libro Bello) a partir de la ya citada conferencia de Wilde, House Beautiful. 39 Charles Henry St John (1867-1946) fue un editor y librero inglés. Comenzó trabajando con los libreros W. H. Smith & Son. En 1900 conoció a Emery Walker y a S. C. Cockerell, quien le animó a abrir su propia editorial e imprenta (Ashendene Press). 40 The Fairy Queen, publicado en 1923. Es un poema épico escrito por Edmund Spenser entre 1590 y 1596, con contenido alegórico que incluye alabanzas hacia la reina Isabel I. The Fairy Queen también es el título de una semi-ópera compuesta por Henry Purcell en 1692. 41 The History of the Valorous an Witty Knight-Errant Don Quixote of the Mancha, publicado en 19271928. 42 Areopagitica; A speech of Mr. John Milton for the Liberty of Unlicenc’d Printing, to the Parlament of England, publicado en 1644. Es un polémico artículo en contra de la censura de la prensa. 37 45 estableció el Gremio y Escuela de Artesanía 43 y produjo con un estilo medievalista El libro de oraciones del rey Eduardo VII44 [Fig. 25]; y por último la Vale Press, fundada por Charles Ricketts45 y con ilustraciones de Charles Hazelwood Shannon (1863-1937). La Vale Press [Fig. 26] editó las obras completas de Shakespeare (Ransom 1929: 253) al igual que Morris hizo en la Kelmscott Press, animado por su amigo el filólogo Frederick James Furnivall (1825-1920), fundador de la New Shakespeare Society (Peterson 1991: 177). Según el poeta Thomas Sturge Moore (1870-1944), estando Morris en su lecho de muerte, derramó lágrimas de admiración cuando vio las primeras obras de la Vale Press. Ransom (1922: 22) define la prensa privada como “la expresión tipográfica de una idea personal, concebida en libertad y mantenida con independencia”. Holbrook Jackson (1923: 256) dice: “El gusto de hombres como William Morris, Emery Walker y Charles Ricketts se vio herido por la fealdad de los libros de su época, vulgares, de mal gusto e inexpresivos, y siendo maestros de la imaginación práctica, su protesta fue creativa. Querían libros bellos, y en lugar de protestar con lo que había, se pusieron a trabajar y fabricaron lo que no podían comprar. Se vieron de nuevo movidos por esa forma vital de atavismo, volviendo a una época pasada, retomando el hilo caído de la tradición y así continuando con el proceso de la evolución; su protesta se convirtió así, en el mejor sentido de la palabra, en una revolución: un retorno al período donde la artesanía, la imaginación y la vida eran una unidad indivisible”. La esencia de los libros de la Kelmscott Press, así como de otros ejemplos de imprentas privadas, se muestra en la exposición Catedrales de bolsillo: construyendo el libro bello durante el movimiento de imprentas privadas en Gran Bretaña 46; en ella se muestran libros de la Kelmscott Press, la Vale Press, la Eragny Press, la Doves Press, la Essex House y la Ashendene Press. En la página de la exposición se cita a Walker: “Puede decirse que la tipografía y el papel son al libro impreso lo que la piedra, los ladrillos y el 43 Guild and School of Handicraft, fundada en Londres en 1888. Prayer Book of King Edward VII, publicado en 1903. El propio rey Eduardo VII recibió una copia. 45 Charles de Sousy Ricketts (1866-1931) era un ilustrador, escritor y artista inglés. Trabajó como impresor y tipógrafo, fundando la Vale Press. Además era diseñador de vestuario y trabajó en el teatro. Ilustró junto con Aubrey Beardsley el libro de Oscar Wilde, Salomé (1891), y dibujó al protagonista de El retrato de Mr. W. H., del mismo autor. Ricketts tenía también relación con la Eragny Press. 46 Pocket Cathedrals: constructing the book beautiful during the British private press movement, Universidad de Reading, Special Collections Service, del 4 de mayo al 29 de junio de 2007. http://www.reading.ac.uk/special-collections/news/exhibitions/sc-exhibition-pocket.aspx 44 46 mortero, son a la arquitectura. Son lo esencial, sin los que no puede haber libro en el primer caso, ni arquitectura en el otro”. La efervescencia creativa de finales del siglo XIX y el intenso intercambio de influencias que se dio en la producción de libros, se vio interrumpida por la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la idea de libros hechos a mano como objeto artístico se mantuvo en el siglo XX, si bien regidos por estilos decorativos más modernos. En este sentido, la mayor sobriedad decorativa de los libros de la Doves Press sirven de transición_(Meyer_2009:_11). 47 3. La producción del libro en la Kelmscott Press En sus siete años de actividad, la Kelmscott Press publicó cincuenta y tres títulos, entre ellos veintitrés del propio Morris (como La defensa de Ginebra o Noticias de ninguna parte), imprimiendo en total más de dieciocho mil ejemplares. Se editaron títulos de índole muy diferente: de naturaleza puramente literaria (los poemas de Keats, Coleridge1, Tennyson2, Shakespeare3 y Shelley4), de teoría del arte (como La naturaleza del gótico5 de Ruskin), libros paradigmáticos de la historia de la imprenta (La leyenda dorada), de carácter mitológico (El romance de sir Percival o La historia de Sigurdo el Volsungo), panfletos políticos de la Liga Socialista de Hammersmith, y por último algunos textos religiosos (los Salmos Penitenciarios6 o la Biblia Innocentium7). Un aspecto realmente admirable de los proyectos editoriales de la Kelmscott Press, es que Morris no se conformó con encargar los libros a quienes consideraba los mejores artistas o aquellos que coincidieran mejor con su manera de concebir un libro, sino que fue él mismo quien dirigió cada detalle (hasta el color de los hilos de seda con los que se ataban las tapas, o las irregularidades de la piel que se utilizaba para las copias en vitela), invirtiendo su propia fortuna cuando bien hubiera podido, como muchos otros hacían, usarla en negocios más rentables como los transportes o las materias primas. La editorial tuvo éxito hasta el final (que no llegó sino con la muerte de Morris), y aunque sus libros se vendieron bien entre coleccionistas y libreros selectos, el beneficio económico fue muy bajo si se compara proporcionalmente con el capital y el esfuerzo que se invirtió. Morris siempre antepuso su trabajo a su vida privada, lo que le causó más de un conflicto personal. Su dedicación y afán de perfeccionismo hasta la extenuación eran sobradamente conocidos por sus allegados, llevando a uno sus médicos a determinar la causa de su muerte en 1896 en “ser William Morris y haber trabajado más que diez hombres juntos” (Sooke 2012). 1 Poems chosen out of the work of Samuel Taylor Coleridge, publicado en 1896. Maud: A Monodrama, escrito Lord Alfred Tennyson y publicado en 1893. 3 The poems of William Shakespeare, printed after the original copies of Venus and Adonis (1593), The Rape of Lucrece (1594), Sonnets (1609), The Lover’s Complaint, publicado en 1893. 4 The poetical work of Percy Bysshe Shelley, publicado en 1895. 5 The nature of Gothic, publicado en 1892. Es un capítulo de Las piedras de Venecia (1853). 6 Psalmi Penitentiales, publicado en 1894. 7 Biblia Innocentium: Being the Story of God's chosen People Before the Coming of Our Lord Jesus Christ upon Earth, fue publicado en 1892. Su autor es John William MacKail (1859-1945). 2 48 Otro punto a tener en cuenta respecto al carácter privado de la editorial es que todo lo que se imprimía dependía exclusivamente de los intereses y objetivos del fundador y sus socios. Morris no dependía económicamente de la venta de sus libros, por lo que podía elegir los títulos con absoluta libertad, siendo el proyecto una mezcla de afición lúdica (como con los poemas épicos escandinavos) y de misión social autoimpuesta (editando los panfletos de la Liga Socialista de Hammersmith). “La frontera entre una imprenta profesional y amateur es difícil de establecer cuando a pequeños textos se refiere. El mismo tipo de pequeña imprenta de mano puede utilizarse por un comerciante para imprimir sus tarjetas de visita para obtener beneficios, así como por un particular para imprimir sus propios poemas por placer. La imprenta de juguete de un niño puede convertirse en un arma de guerra si se usa para imprimir propaganda tras las filas enemigas” (Moran 1973: 227). Otra idea fundamental es la colaboración entre artistas: esto permite una especialización mayor y por tanto la posibilidad de obtener una calidad superlativa en todos los aspectos del libro; asociarse con el mejor encuadernador, fabricante de papel, ilustrador, grabador, impresor, etc., y así cuidando hasta el menor detalle para fabricar un objeto perfecto en todas sus facetas. Se trata por tanto de una idea llevada a la práctica, y no solo de una formulación hipotética acerca de qué cualidades debería reunir “el libro ideal” (título del ensayo fundamental de Morris). Por otro lado, para la mayoría de los autores y biógrafos de Morris, de entre sus actividades como poeta, pintor, artesano, diseñador y activista, la fundación de la Kelmscott Press es sin duda la mayor aportación que Morris hizo a la historia del arte y al mundo editorial, suponiendo una fuente de inspiración para las generaciones de artistas y editores durante el siglo XX y un modelo a imitar en cuanto a los procedimientos y los recursos que utilizó para producir sus libros. La razón por la cual la Kelmscott Press es la obra más paradigmática de Morris, es que sintetiza sus principales ideales e intereses en cuanto al arte. En primer lugar se convierte en artesano y recupera la noción de taller, efectuando un trabajo manual que está influenciado por los procedimientos del siglo XV (tanto en el formato como en el diseño de las ilustraciones y la tipografía). Seguidamente, los libros impresos tratarían los temas que más interesaban a Morris: por una parte aquellos que transmiten los valores perdidos de la Edad Media tales como la heroicidad y el valor (los mitos épicos, las utopías y la 49 poesía medieval y romántica), y por otro lado los ideales socialistas y marxistas. Así podríamos decir que Morris se convierte en el héroe de su propia leyenda. La última y la más importante de las ideas que debemos destacar, es que en la Kelmscott Press encontramos la materialización de la máxima de Morris, “utilidad y belleza” (tratada en profundidad en el capítulo anterior), que atraviesa su obra desde el diseño de telas hasta la elaboración de tipografías (las cuales mezclan la utilidad y legibilidad de tipo romano, con la belleza y carácter decorativo del tipo gótico). En cuanto a este tema, Morris sostiene que “cuando, como en la mayoría de los casos, hay auténtica belleza en los grabados, los libros así ornamentados están entre las obras más maravillosas que el arte ha producido. Por lo tanto, asegurada una tipografía bien diseñada, gracias al espaciado de las líneas y las palabras, y una disposición adecuada de la página en el papel, todos los libros pueden ser por lo menos agradables y bonitos; y si a estas buenas cualidades se le añaden bellos ornamentos y dibujos, los libros impresos podrían volver a ilustrar a toda la sociedad que un trabajo de utilidad puede ser también un trabajo de arte, si nos preocupamos de que así sea” (Arts & Crafts Essays 1996: 133). La edición de Las obras de Gefrey Chaucer, ahora nuevamente impresas8, más conocido como el “Kelmscott Chaucer”, supuso en su momento, según se publicó en la revista Athenaeum el 3 de octubre 1896, “el logro que corona a Morris como editor”, ya que refleja su visión del “renacimiento de la belleza de los libros medievales” (Meyer 2009: 4). Más allá del impacto y la influencia que tuvo este libro en la revolución editorial de la que hemos hablado, Peterson (1991: 257) afirma que “Las obras de Geoffrey Chaucer representa la culminación de la búsqueda del Libro Ideal” que Morris hizo a lo largo de toda su vida, siendo “el tipo de libro que él y Burne-Jones soñaban con hacer cuando estudiaban en Oxford, y que intentaron producir sin éxito en la década de 1860 y 1870”. Sin embargo fue al final de su vida cuando Morris fue capaz de “volcar en este solo volumen toda su pasión bibliófila y su inigualable habilidad como diseñador de ornamentos” (Peterson 1991: 257). El Chaucer de la Kelmscott Press marcó un antes y un después en el diseño de los libros. Como el último gran proyecto de la vida de Morris y más que ningún otro título de la Kelmscott Press, sintetiza sus dos principales influencias: la literatura medieval, que inspiró gran parte de los temas y el estilo de sus propios escritos, y la filosofía 8 The Works of Geoffrey Chaucer, now newly imprinted. 50 socialista, basada en una sociedad previa a la mecanización y la división del trabajo. Burne-Jones escribió: “Si vivimos para terminarlo, será como una catedral de bolsillo – tan lleno de diseño, y creo que Morris es el mayor maestro del ornamento del mundo”. De aquí proviene el título de la exposición ya citada de la Universidad de Reading, Pocket Cathedrals, como la síntesis que alberga en su interior todas las cualidades y valores admirados por los seguidores del movimiento Arts & Crafts. Además, la disposición que Morris adoptó finalmente para las páginas del Chaucer fue, como él dijo, “puramente arquitectónica” (Morris 1908: 13), una observación cuanto menos ruskiniana. Por el estudio de Yuri Allen Cowan (2000: 25), sabemos que Morris aprendió el género de los sueño-visiones (dream-visions) a través de escritores del siglo XIV como el cronista Jean de Froissart (1337-1404) y Geoffrey Chaucer (1343-1400). Morris escribió El paraíso terrenal en este mismo género, utilizando un marco de narración similar al de Los cuentos de Canterbury de Chaucer, y donde Morris dice que Chaucer es su “maestro” (Morris 1868: 446). Geoffrey Chaucer fue un escritor, filósofo, astrónomo y alquimista, trabajando además como administrativo y diplomático en la Corte del rey Eduardo III (1312-1377). Su obra sintetizó las influencias de la literatura francesa, italiana y clásica, en un estilo propiamente inglés 9, especialmente con Troilo y Crésida 10 y Los cuentos de Canterbury11. Según Peterson (1991: 236), el Kelmscott Chaucer es en realidad “la culminación espléndida del redescubrimiento victoriano de Chaucer y de la literatura inglesa temprana en general”. El responsable de este redescubrimiento fue el amigo de Morris ya nombrado, F. J. Furnivall, quien además de la New Shakespeare Society (1873), fundó La Sociedad de Textos Ingleses Tempranos (Early English Text Society, 1864) y la Chaucer Society (1868), con el fin de honrar a este autor y mostrar a quienes le estudiaban “hasta qué punto sus mejores manuscritos diferían de los textos impresos” modernos (Peterson 1991: 236). A partir de 1868, Furnivall realizó una edición de los seis manuscritos de Chaucer, y posteriormente, tanto la Universidad de Oxford como la de Cambridge emprendieron sendos proyectos para editar estos textos, paralelamente a la edición de 9 British Library online. Troilus and Criseyde es un poema escrito a mediados de la década de 1380, ambientado en la Guerra de Troya. 11 The Canterbury Tales es una recopilación de poemas de finales del siglo XIV, que cuenta el viaje de unos peregrinos desde Southwark hasta la catedral de Canterbury. 10 51 Morris. A este respecto debemos decir que los diseños de estas dos universidades tenían una calidad muy inferior a la edición de la Kelmscott Press, y contaban con un conocimiento de la literatura medieval inglesa muy inferior a la de Furnivall. Esta simultaneidad supuso un problema para Morris, ya que la Universidad de Oxford trató de prohibirle continuar con su edición del Chaucer, alegando que supondría una competencia injusta para su editor, el reverendo Walter William Skeat (1835-1912), catedrático de filología inglesa en dicha universidad. Morris respondió argumentando que era imposible que el libro resultara “una competencia para el texto que está siendo publicado por la imprenta de la universidad, ya que solo se producirán trescientos veinticinco ejemplares, a un precio alto, y sin notas ni comentarios. La intención es que sea esencialmente un trabajo de arte” (Cockerell 1956: 75). No obstante, sí es cierto que la edición de Morris era ya famosa antes de salir de la imprenta, y creó una gran expectación a su alrededor en el mundo editorial, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, especialmente en Boston. En la revista Athenameum en 22 de octubre de 1892 se publicaba lo siguiente: "Los seguidores de Chaucer a ambos lados del atlántico se alegrarán al oír que [Burne-Jones] ha hecho un gran progreso diseñando una serie de ilustraciones, cincuenta o sesenta en total, que serán tallados bajo su propia supervisión, con la intención de ilustrar Los cuentos de Canterbury y los demás poemas de Chaucer. Estos diseños prometen ser encantadoramente elegantes y bellos en su ejecución. [...] El texto para el que estos diseños están adaptados, estarán recopilados junto a los mejores manuscritos, y cuidadosamente editados por W. Morris y F. S. Ellis. La tipografía será digna para la ocasión, y el volumen será de un majestuoso [tamaño] cuartilla" (Peterson 1991: 228). Sin duda se trata de un una publicación excepcionalmente ambiciosa. El libro cuenta de quinientas cincuenta y seis páginas, ochenta y seis grabados de Burne-Jones [Fig. 27] y seiscientos sesenta y cuatro grabados en madera de William Morris. Morris y BurneJones trabajaron en él durante cuatro años. A principios de 1892, dos páginas de prueba ya estaban terminadas, con la tipografía Troya, pero Morris no quedó satisfecho, realizándose una segunda versión más pequeña de esta tipografía, a la que bautizaron como Chaucer. Burne-Jones se ocupaba cada domingo del diseño de las ilustraciones, que posteriormente eran pasados a tinta india y china por Catterson-Smith (British Library online). Después los diseños en blanco y negro eran transferidos a los tacos y 52 grabados por William Harcourt Hooper (1834-1912). Otros trabajadores de la imprenta que participaron en la producción del Chaucer fueron W. Collin y William H. Bowden [Fig. 28]. En un blog del Smith College (Massachusetts) llamado Artists Books (2012), se dice que con su combinación de ilustraciones, bordes y textos, el Chaucer “no se limita a proveer una estructura a través de la cual se pueda absorber una historia, sino que crea una variada experiencia de representación e interpretación”. El 18 de noviembre de 1895 el periódico neoyorquino The Book Buyer publicó un facsímil de la primera página de Los cuentos de Canterbury de la Kelmscott Press, declarando que sería “sin duda el libro más grandioso del siglo”. Ese mismo año se mostraron en la exposición de Arts & Crafts de Dublín algunas páginas del libro, provocando que el periódico Studio afirmara en enero de 1896 que el Chaucer "tendría el puesto de honor entre las otras publicaciones de la editorial". Por otra parte, los propios productores del libro no escatimaron en halagos hacia su trabajo: Burne-Jones aseguró que sería "el mejor libro jamás impreso, y probablemente no habrá otro igual", y Ellis afirmó que era "el libro más grandioso salido de una imprenta desde la invención de la tipografía" (Peterson 1991: 228). La fama de esta edición del libro perviviría a lo largo del siglo XX, provocando una admiración que rallaba casi en la devoción religiosa; en un catálogo de exposición de una biblioteca americana en 1976, se lee que el Chaucer es "uno de los mayores iconos de la fe bibliográfica, siendo el otro la Biblia de Gutenberg. Al igual que la cruz de la comunidad cristiana proclama por su mera presencia la palabra de Cristo, de la misma forma el Kelmscott Chaucer en vitela es un sustituto de todo lo que era importante en el mundo del libro antes de que se completara en 1896" (Peterson 1991: 229). El coste total de la producción del libro fue de 7.217 libras (de las cuales Burne-Jones recibió 500 libras por sus diseños), lo que suponía una enorme cantidad de dinero para la época. A los trescientos veinticinco ejemplares que en un principio se habían encargado se añadieron cien más, lo que según May Morris evitó una catástrofe financiera (Peterson 1991: 253). Cada ejemplar se vendió a 20 libras, a diferencia de otros títulos de la editorial como El paraíso terrenal que costaba 30 chelines, o La historia de Godofredo de Bolonia, de 6 guineas. Del total, trece ejemplares se realizaron en vitela, vendidos a 126 libras cada uno (los ejemplares en vitela de El Paraíso 53 terrenal habían costado 7 guineas, y los de Godofredo de Bolonia 20); cuarenta y ocho de ellos estaban especialmente encuadernados con piel de cerdo y broches de plata. A pesar de que la edición en su totalidad se vendió antes de su publicación, el libro de contabilidad de la Kelmscott Press muestra que Morris no obtuvo beneficios económicos de su trabajo: el 3 de octubre de 1896, tres meses después de la publicación, las ganancias obtenidas con las ventas del libro eran de 7.005 libras, y posteriormente, 123 libras más de los compradores que habían pagado a crédito. Podemos afirmar que el Chaucer no fue un éxito financiero; como Morris señaló en varias ocasiones, el Chaucer se subvencionó con otros libros más pequeños de la Kelmscott Press, que habían tenido un rendimiento económico mayor (Peterson 1991: 253). Cuando finalmente en 1896 el libro quedó terminado, Burne-Jones realizó un dibujo humorístico en el que aparecían él y Morris rodeados por los brazos del fantasma de Chaucer, que les decía, “benditos seáis, hijos míos” [Fig. 29]. Poco después de acabar el proyecto, Morris murió, y los impresores de la Kelmscott Press compusieron un poema en su honor que expresa con elocuencia los principales rasgos del poeta y diseñador: “Se fue demasiado pronto, estaba lleno de pensamientos nobles y actos caballerescos. Arrojado a una época de cambio, y estrés, y lucha, tu objetivo aún era, a través de la madurez y desde la juventud, embellecer las cosas más importantes de la vida con esa rica luz que surge del arte y la vida […] Tu sueño era un amanecer dorado; tu cruzada [quest] era para un paraíso terrenal”. La admiración que este libro provocó fue inmensa, especialmente entre los coleccionistas, editores y bibliófilos, y aparece nombrado en todos los trabajos que hacen referencias a libros bellos y a la evolución de la imprenta. Jackson (1923: 260) asegura que si pudiera elegir un libro de entre todos los editados por Morris, sería el Chaucer, “impreso con una total reverencia, que destaca entre el resto con distinción, […] con las soberbias decoraciones de Morris, y ochenta y seis ilustraciones de BurneJones. A ningún escritor se le ha hecho un homenaje tan bello como este libro, y cuando está presentado en su forma completa, con la encuadernación de Cobden-Sanderson, uno está en presencia del libro más bello y mejor diseñado que el mundo ha visto nunca”. El poeta irlandés William Butler Yeats (1865-1939) también dijo que para él era “el más bello de todos los libros impresos” (Rollins 1958: 30-31). 54 Conclusiones A lo largo de este trabajo hemos podido observar la extraordinaria variedad y complejidad del trabajo de William Morris, como poeta, decorador, activista político y editor. Este carácter interdisciplinar y poliédrico hizo de Morris un pionero tanto del Modernismo como del “arte total”. Esta dualidad (o multiplicidad) es el motivo de que algunos de sus admiradores y biógrafos le hayan diferentes sobrenombres, como por ejemplo el de “socialista poético” en palabras de Oscar Wilde, el de “romántico revolucionario” en opinión de Thompson, y más recientemente Faulkner (2002: 33) le ha calificado de “esteta subversivo”. A estos sobrenombres nosotros añadiríamos de de “hombre total”, haciendo referencia a la integración artesanal de las artes que fue la base de su trabajo. La relevación de la personalidad de Morris fue paralela a la de Ruskin, y los dos según Pevsner (2005: 15) fueron decisivos: “Morris fue el primer artista, y Ruskin el primer pensador, en darse cuenta de cuán precarios y decadentes se habían vuelto los fundamentos sociales del arte desde el Renacimiento, y especialmente durante la Revolución Industrial”. Ruskin y Morris vivieron en una época en la que en Europa convivían planteamientos tan dispares como el romanticismo, el historicismo y el socialismo, y desde estas diferentes perspectivas se plantearon la nueva realidad que planteaba la producción y el arte industrial. Conjuntamente buscaron la manera de encaminar una reforma social y estética. Se podría decir que Morris era romántico y nostálgico de corazón, poseía unas manos de artesano medieval, y contaba con un cerebro industrial plenamente instalado en el presente, aportando lo mejor de cada época. Morris, al igual que Wilde, poseía una naturaleza que era, como su propia época, híbrida y contradictoria. La principal contradicción de Morris, de la misma manera que en el Modernismo decorativo, es el hecho de que sus productos, de costosa fabricación, resultaron ser inaccesibles para la mayor parte de la población: “Los objetos manufacturados no podían competir en coste con los productos industriales, fabricados en masa; como Morris lamentaba, y como muchos de sus contemporáneas se habían percatado, la mayoría de sus productos solo eran accesibles a los ricos. Esto fue especialmente cierto con sus libros de la Kelmscott Press” (Meyer 2009: 2) Walter Crane y otros colaboradores de Morris, junto a la generación posterior que heredó sus enseñanzas, desarrollaron el heterogéneo movimiento artístico que hoy 55 conocemos por Art Nouveau o Modernismo. De este modo lo reconocía el arquitecto Henri Van der Velde (1863-1957): “Las semillas que han fertilizado nuestro espíritu, y originado la completa renovación de la ornamentación y la forma en las artes decorativas, fueron sin duda el trabajo e influencia de John Ruskin y William Morris” (Pevser 2005: 20). El Modernismo originaría dos vías fundamentales: una más burguesa y decorativa, siguiendo la línea de los Prerrafaelitas y el Movimiento Estético, como en el caso de Víctor Horta (1861-1947) –que usaba motivos decorativos vegetales muy similares a los utilizados por Morris en los bordes de sus libros–, y otra un modernismo industrial vinculado con el socialismo, basado en el uso de materiales prefabricados y la ausencia de ornamento, destacando especialmente Le Corbusier (1887-1965). Por último, el estudio de la obra de Morris trae consigo la idea de “obra de arte total” o Gesamtkunstwerk1, acuñada por Richard Wagner (1813-1883). Del mismo modo que Wagner aunaba en sus óperas poesía, música, arquitectura y teatro [Fig. 30], reuniendo en un escenario lo mejor de la actividad humana, los libros de la Kelmscott Press suponen una “obra de arte total”, ya que fusionan la literatura, el grabado y la edición, encuadernados con los valores de Chaucer y cosidos con las ideas de Marx. Se trata del arte como maestro y organismo vivo, debido al proceso de transmisión de ideas y la cooperación de todas sus partes: “La unidad entre arte y vida, que gozaba de una enorme relevancia en la estética del Modernismo, conducía obligatoriamente a la concepción de la obra artística total” (Heyl 2009: 171). La cuestión del arte orgánico y la unión del arte con la vida ha sido un tema que ha fascinado a muchos escritores y artistas. Schiller sostenía que la belleza debe constituir “la unidad concebible más completa de vida y forma” (Pevsner 2005: 14) y Shakespeare escribió (1969: 87) que “el fin de la representación es ofrecer a la naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma, el vicio su propia imagen, cada nación y cada siglo sus principales caracteres”. También Wilde afirmó que “la vida es en realidad el espejo, y el arte la realidad”, ya que “la vida imita al arte mucho más de lo que el arte imita a la vida” (Wilde 2004: 15). Por último Nicolas Bourriaud (2008: 67) consideraba “que la modernidad se construyó a partir de finales del siglo XIX sobre la idea de la vida como obra de arte". Nada de esto hubiera sido posible sin el compromiso y la actividad de William_Morris. 1 Gesamt: íntegro, completo, todo; kunst: arte; werk: trabajo, trabajo, mecanismo. 56 Ilustraciones Fig. 1: William Bell Scott (1811-1890), John Ruskin y Dante-Gabriel Rossetti en 1863. Fotografía de William Downey. National Portrait Gallery, Londres. Fig. 2: John Ruskin y William Holman Hunt en 1894. Fotografía de Frederick Hollyer. Life Photo Archive, Nueva York. 57 Fig. 3: La Sociedad Socialista de Hammersmith en 1891. Fotografía cedida por sir Emery Walker. National Portrait Gallery, Londres. Fig. 4: Sello con el lema de la Liga Socialista: “Agitar. Educar. Organizar”. Londres. 58 Fig. 5: Edward Burne-Jones y William Morris: a la izquierda una fotografía de Frederick Hollyer de 1874, cedida por Robert R. Steele en 1939, National Portrait Gallery; a la derecha otra fotografía de Frederick Hollyer de 1890, cedida por Emery Walker en 1956, National Portrait Gallery. Fig. 6: Trabajadores de Morris & Co. imprimiendo sobre tejidos en el taller de la abadía de Merton. Fotografía anónima. Londres. 59 Fig. 7: Vidriera de un barco vikingo producida por Morris & Co. en 1895. Londres. Fig. 8: Sello de la Sociedad para la Exposición de Arte y Artesanía, diseñado por Walter Crane en 1890. Londres. 60 Fig. 9: El armamento y la despedida de los caballeros (The Arming and Departure of the Knights), tapiz nº 2 de la serie del Santo Grial, tejida por Morris & Co. entre 1891 y 1894 para Stanmore Hall. Shropshire. 61 Fig. 10: Vidriera para William Scott Luce en la abadía de Malmesbury, diseñada por Sir Edward Burne-Jones en Morris & Co., donde se lee Fe, Coraje, Devoción. Wiltshire. Fig. 11: El interior de Wightwick Manor. Wolverhampton. 62 Fig. 12: Lefèvre escribiendo Las historias de Troya; imagen de un manuscrito del siglo XVI. Fig. 13: El personal de la Kelmscott Press en 1895: Thomas Binning, William Henry Bowden, Mr. Carpenter, F. Collins, W. Collins. R. Eatley, G. Heath, H. Howes, May Morris, William Morris, Stephen Mowlem, Henry Halliday Sparling, L. Tasker, J. Tippet y sir Emery Walker. Fotografía cedida por Emery Walker. Londres. 63 Fig. 14: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de Objetivos al fundar la Kelmscott Press (Aims in founding the Kelmscott Press) de 1898. Fig. 15: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de La llanura resplandeciente (Story of the Glittering Plain) de 1894. 64 Fig. 16: Sello con las tres tipografías de la Kelmscott Press: Golden, Troy y Chaucer. Fig. 17: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de La leyenda dorada (The Golden Legend of master William Caxton) de 1892. 65 Fig. 18: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de Las historias de Troya (The recuyell of historyes of Troye) de 1892. Fig. 19: Una página doble y una individual de la edición de la Merrymount Press de El Libro del Altar (Altar Book) de 1896. 66 Fig. 20: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de Los poemas de John Keats (The poems of John Keats) de 1894. Fig. 21: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de El Romance de Sir Percival de Gales (Romance of syr Perecyvelle of Gales) de 1895. 67 Fig. 22: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de Noticias de Ninguna Parte (News from Nowhere) de 1893. Fig. 23: Doble página de la edición de la Kelmscott Press de El amor es suficiente (Love is enough or the freeing of Pharamond) de 1897. 68 Fig. 24: Doble página de la edición de la Eragny Press de Selección de sonetos de Pierre de Ronsard (Choix de sonnets de Pierre de Ronsard) de 1903. Fig. 25: Doble página de la edición de la Essex House Press de El libro de oraciones de Eduardo VII (Book of King Edward VII) de 1903. 69 Fig. 26: Dos páginas editadas en la Vale Press: (arriba) Una casa de granadas (A house of pomegranates), escrito por Oscar Wilde y decorado por Charles Shannon; (abajo) Poemas de Thomas Chatterton (Rowley Poems of Thomas Chatterton) de 1898. 70 71 Fig. 27: Páginas de la edición de la Kelmscott Press de Las obras de Geoffrey Chaucer (The Works of Geoffrey Chaucer) de 1896. 72 Fig. 28: Los impresores de la Kelmscott Press, William H. Bowden y W. Collin, trabajando en Las obras de Geoffrey Chaucer. Londres. Fig. 29: Dibujo de Burne-Jones representándose a sí mismo, a Morris y a Chaucer. 73 Fig. 30: Dibujo del estreno de la ópera de Wagner El oro del Rin en 1876, que representa la idea de gesamtkunstwerk: unión de espectadores, músicos, actores, cantantes, bailarines, decoradores, escenógrafos, dramaturgos, pintores y arquitectos. 74 BIBLIOGRAFÍA: AA.VV. (1996). Arts & Crafts Essays by members of the Arts & Crafts Exhibition Society. Londres: Thoemmes Press. A Thing of Beauty. (1980). Catálogo de la exposición en el High Museum of Art de Atlanta, Georgia, 1 de febrero – 6 de abril de 1980. Atlanta: The High Museum of Art. Artists Books. (2012). Smith College. http://sophia.smith.edu/blog/artistsbooks/category/william-morris-the-ideal-book/ Bourriaud, N. (2008). La estética relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo. Clark, K. (1962). The Gothic Revival: An Essay in the History of Taste. Nueva York: Holt, Rinehart & Winston. Cockerell, S. C. (1956). 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