Traumatología y ortopedia Generalidades Enrique Gómez Barrena (coordinador) José Cordero Ampuero (vocal editorial SECOT) ERRNVPHGLFRVRUJ Avda. Josep Tarradellas, 20-30, 1.º, 08029, Barcelona, España Traumatología y ortopedia. Generalidades, 1.ª ed., de Enrique Gómez Barrena © 2020 Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT) © 2020 Editado y distribuido por Elsevier España, S.L.U. ISBN: 978-84-9113-157-1 eISBN: 978-84-9113-587-6 Todos los derechos reservados. Reserva de derechos de libros Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70/93 272 04 45). Advertencia La medicina es un área en constante evolución. Aunque deben seguirse unas precauciones de seguridad estándar, a medida que aumenten nuestros conocimientos gracias a la investigación básica y clínica habrá que introducir cambios en los tratamientos y en los fármacos. En consecuencia, se recomienda a los lectores que analicen los últimos datos aportados por los fabricantes sobre cada fármaco para comprobar la dosis recomendada, la vía y la duración de la administración, y las contraindicaciones. Es responsabilidad ineludible del médico determinar la dosis y el tratamiento más indicados para cada paciente en función de su experiencia y del conocimiento de cada caso concreto. Ni los editores ni los directores asumen responsabilidad alguna por los daños que pudieran generarse a personas o propiedades como consecuencia del contenido de esta obra. Servicios editoriales: Gea consultoría editorial s.l. Depósito legal: B. 18.005-2019 Impreso en Polonia Índice de capítulos Título 12 Fisiopatología articular: cartílago y sinovial 123 Presentación VII Prólogo IX Colaboradores XI Javier García Coiradas, Fernando Marco Martínez 13 Patrón del crecimiento humano 134 Parte I Principios generales 1 Evolución de la cirugía ortopédica: de la prehistoria a las células madre Juan Carlos Abril, Ana Ramírez Barragán, Gabriel Á. Martos Moreno 3 Luis Ferrández Portal Norma Padilla Eguiluz, Enrique Gómez Barrena 15 Biomecánica del aparato locomotor 150 Luis Fernando Llanos Alcázar 3 Cirugía ortopédica y traumatología 21 28 Enrique Guerado Parra, Gabriela Guerado Romero, Gema Guerado Romero 5 Métodos de investigación clínicos en cirugía ortopédica y traumatología 40 Francisco Forriol Campos 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente 51 José Sueiro Fernández, Ana Torres Pérez 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños 178 Pedro González Herranz, Miguel Castro Torre, M.ª de los Llanos Rodríguez, Natalia Penelas en cirugía ortopédica y traumatología 192 José Antonio Villalba Tejero, Alberto Damián Delga do Martínez 19 Fragilidad y metabolismo óseos 203 José R. Caeiro Rey, Íñigo Etxebarría Foronda, Manuel Mesa Ramos 20 Displasias óseas 217 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología 64 Amalia Lamana Domínguez, Arancha Rodríguez de Gortázar, Marta Martín Millán, Santos Castañeda Sanz 8 Bases de genética en cirugía ortopédica 86 Estrella Borrego Paredes, Francisco Javier Downey Carmona, David Farrington Rueda 21 Necrosis óseas 224 Ana Cruz Pardos 22 Traumatismos articulares: contusiones, Sonia Vidal Rodríguez esguinces y luxaciones 235 9 Fisiopatología ósea 101 Pablo Hernández Esteban Pedro Carpintero Benítez 10 Bases fisiopatológicas de la respuesta sistémica 110 Josep Maria Muñoz Vives 11 Interacción implante-huésped 118 Eduardo García Rey Luis López-Durán Stern 18 Otras complicaciones locorregionales Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología al traumatismo grave 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general 161 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología Parte III Patología general Ricardo Larraínzar Garijo, Fernando Corella Montoya, Olivier Marín-Peña, Raúl García Bógalo, José María Martínez Gómiz y traumatología locomotor: músculos, ligamentos, tendones y meniscos 141 Rafael Ballesteros Massó 2 Bases de epidemiología 10 basada en la evidencia 14 Fisiopatología de tejidos blandos del aparato 23 Inestabilidad articular 245 Gonzalo Samitier Solís, Alfonso Prada Cañizares, David Gómez Garrido 24 Artropatías degenerativas, inflamatorias y neuropáticas 255 Otto Olivas, Emilio Calvo V ERRNVPHGLFRVRUJ VI Índice de capítulos 25 Manejo ortopédico de la hemofilia 262 38 Bases de rehabilitación del aparato locomotor 398 ‑ Emérito Carlos Rodríguez Merchán Hortensia de la Corte Rodríguez, Juan Manuel Román Belmonte 26 Lesiones traumáticas musculares 39 Asistencia inicial al politraumatizado 409 268 ‑ Francisco Chana Rodríguez, Julio de las Heras Sánchez Heredero, Javier Vaquero Martín 27 Lesiones inflamatorias de partes blandas (tendones, vainas tendinosas y bolsas serosas) y quistes sinoviales 282 Pedro J. Delgado Serrano, Carmen Barreiro Pensado, Francisco Forriol Campos bases generales Daniel Pérez Prieto, M.ª Eugenia Portillo Bordonabe, Lluís Puig Verdié ‑ 43 Implantes en cirugía ortopédica Eduardo Ortiz Cruz, Manuel Peleteiro Pensado, Irene Barrientos Ruiz y traumatología 44 Amputaciones y preservación de miembros Luis Rafael Ramos Pascua, Andrés Díaz Martín, Javier López Goenaga, María Ángela Mellado Romero, Paula Casas Ramos en cirugía ortopédica y traumatología 450 Manuel Peleteiro Pensado, Eduardo Ortiz Cruz, Irene Barrientos Ruiz de decisiones toma la 45 Medicina regenerativa en cirugía ortopédica 333 y traumatología Pedro Caba Doussoux Carlos Olaya González 35 Métodos, indicaciones y complicaciones de tratamiento conservador o quirúrgico 366 Cristina Ojeda Thies, Alberto Damián Delgado Martínez 36 Manejo perioperatorio en cirugía ortopédica ‑ Hanna Pérez Chrzanowska, Miguel Ortega Andreu is r qu a del picos osc t a gicos ó picos osc t y r r a gicos i 526 ó picos osc y r r t qu rúr a dajes r bo José Ángel Santos Sánchez, Luis Rafael Ramos Pascua ortopédica 390 ó io o del miemb 46.3 A 34 Pruebas complementarias de imagen 355 37 Anestesia y ahorro de sangre en cirugía y r r Enrique Guerado Parra, María Luisa Bertrand García gicos Esther Carbó Laso, Javier Vaquero Martín qu rúr r r 484 i 347 Felícito García Álvarez García pe o r r bo 46.2 A 33 Historia clínica: anamnesis y exploración y traumatología 378 u Gloria Talavera Buedo, Jorge de las Heras Soto, Samuel Antuña Antuña, Juan de la Cerda Sánchez, Raúl Barco Laakso, David Durán Manrique Parte IV Técnicas y métodos física qu rúr r r 468 i r r del miemb 342 io 46.1 A bo toma del miembro superior, el miembro inferior y el raquis 468 dajes o , cicas rá to gicas aneales c i en la lesiones las de mpacto de decisiones abdominales y r qu rúr 46 Abordajes quirúrgicos y artroscópicos s 336 ñ da del ol cont de ategias st r Ismael Auñon Martín 32.3 I 461 Enrique Gómez Barrena dajes gicas i de n alo aci 32 Enfermedad traumática grave 333 r 445 Eduardo García Rey 31 Tumores de partes blandas 324 32.2 E 435 José Sueiro Fernández, Juan José Ballester Alfaro, Mariano Fernández Fairen 30 Tumores óseos primarios frecuentes 312 ó 421 Eduardo Ortiz Cruz, Manuel Peleteiro Pensado, Irene Barrientos Ruiz 42 Biomateriales y sustitutos óseos: 29 Infección protésica 307 r de los tumores en el aparato locomotor Daniel Moya Guijarro, Darío Rodrigo Guizado Elme, Homero Valencia García, Javier Martínez Martín Pablo Corona Pérez-Cardona qu rúr 40 Orientación diagnóstica y terapéutica 41 Injertos y bancos de tejidos 429 28 Infección aguda y crónica 292 32.1 V José Antonio Rodríguez Yuste, Miguel García Cancho, Juan Antonio Constantino Cabrera infe y tendinosas Sergi Alabau Rodríguez, Gemma Vila Canet, Enric Cáceres Palou 47 Técnicas quirúrgicas en partes blandas 540 Angel Masferrer Pino, Marta Vecino López, Joan Carles Monllau Garcia 48 Bases del tratamiento del dolor en cirugía ortopédica y traumatología 551 Ignacio Aguado Maestro, Alberto Damián Delgado Martínez Índice alfabético ERRNVPHGLFRVRUJ 561 Presentación Valgan estas líneas para presentar una nueva y actual versión del Tratado SECOT de cirugía ortopédica y traumatología en esta ya su tercera ocasión. Frente a obras tan ambiciosas, es lícito plantearse dudas al comienzo: su utilidad en los tiempos de la necesidad instantánea de información, su formato cuando todo cabe en un móvil o su coste en términos de esfuerzo por parte de autores, de editores y de nuestro colaborador. Para estas preguntas existen, por supuesto, diferentes respuestas, pero la Junta de la SECOT que tuve el honor de presidir en el período 2016-2018 respondió positivamente con el entusiasmo de un proyecto que ha marcado ya a muchos de nuestros socios en anteriores ocasiones. A unos, permitiéndoles expresar su concepto de nuestra especialidad de una forma libre y clara; a otros muchos, utilizándolo como referencia autorizada tanto para el estudio como para dirimir cuestiones de opinión que surgen en numerosas facetas de nuestro quehacer profesional diario. Una vez tomada la iniciativa, quedaba por decidir la dimensión de la obra y pronto quedó claro que, tal como sucedió en la ocasión anterior, debía producirse un incremento en contenido, en paralelo con el rápido desarrollo de nuestra especialidad y sus áreas de conocimiento específico. Parece, pues, lógica la división en diferentes tomos, dedicados a «Generalidades», «Miembro superior», «Miembro inferior y raquis» y «Pediatría». Desde luego, una iniciativa de esta envergadura no se aborda en dos años y su arranque implica no solo el esfuerzo final de la elaboración del manuscrito, sino hacer creer en ella a todos los actores implicados, incluyendo tanto a nuestra Socie- dad como a la empresa editora y a nuestro colaborador. Vaya por delante que en todos los casos nos encontramos con facilidades y apoyo. Tal y como ocurre con obras de alcance similar, debemos contemplar el trabajo como un continuo en el que la actualización comienza inmediatamente después de completada, a manera del puente sometido a la inclemencia del tiempo y que debe repintarse constantemente. Así debe seguir ocurriendo con nuestro Tratado en el futuro. Es por todo ello que ve la luz el primero de los cuatro tomos del nuevo Tratado SECOT, dedicado a los conceptos básicos de nuestra disciplina. Me alegro de haber decidido empezar con el hueso duro por muchas razones, que van desde superar el obstáculo de que muchos compañeros dediquen esfuerzo a escribir sobre aspectos alejados de su práctica diaria hasta el hecho de que la edición del siguiente tomo parezca mucho más ágil. Pero entre estas dos razones se encuentra el principio de que es el conocimiento de estos fundamentos el que aporta valor añadido tanto a la obra como a nuestro ejercicio profesional. No me queda ya más que agradecer a todos los que han contribuido al desarrollo inicial de este nuevo Tratado. Dar nombres siempre implica riesgo de equivocarse y no quiero hacerlo en esta última expresión del período que presidí. Todos los autores y editores saben que esta obra es suya y de nadie más. El resto somos meras herramientas que coyunturalmente servimos a nuestra SECOT. Fernando Marco Martínez Presidente de la SECOT, 2016-2018 VII ERRNVPHGLFRVRUJ Prólogo La edición de un libro es una tarea por momentos inacabable, tanto más si es un tratado que intenta digerir para el estudioso una parte del creciente conocimiento. Sin embargo, el esfuerzo de síntesis e interpretación no deja tras de sí un conocimiento volátil, como tanta información que pasa por nuestras manos todos los días, sino que frecuentemente consigue definir las bases del edificio de la educación. Esta visión nos ha animado en la preparación del primer tomo del Tratado SECOT de cirugía ortopédica y traumatología. La especialidad de cirugía ortopédica y traumatología se torna inabarcable en nuestros días. El dinamismo de sus ramas obliga a la dedicación preferente de muchos de nosotros a un área cada vez más restringida de la especialidad, mientras que nuestra visión global como especialistas quirúrgicos del aparato locomotor sigue siendo esencial, tanto en la formación como en gran parte de nuestra labor asistencial. El que pierde las bases corre el riesgo de perder el concepto general de nuestra especialidad y de nuestro paciente y, en definitiva, de quedar a un lado de la corriente que nos mantiene unidos y útiles en una especialidad cada vez más versátil. Por ello, un tratado de la especialidad actual debe comenzar por las bases comunes de la patología quirúrgica osteoarticular, tal como se comprenden hoy. Y la actual interpretación del conocimiento disponible nos afianza en nuestra práctica clínica, a la vez que nos prepara para el desarrollo futuro. Nuevas soluciones, mejores diagnósticos y tratamientos más efectivos se gestan en el conocimiento básico que a veces tendemos a soslayar. Pero no comprenderemos el progreso en nuestra especialidad, tantas veces dependiente del progreso de muchas ciencias afines, si no interpretamos adecuadamente las claves. Hacia estas claves, hacia esta interpretación del conocimiento básico necesario para progresar en nuestra especialidad, es hacia donde se dirige este primer tomo del Tratado SECOT. La magna obra que esperamos que siga adelante atenderá con detalle a técnicas y protocolos, pero mi recomendación es revisar primero el conocimiento básico que sirve a la mejor comprensión de nuestra especialidad, tanto para el que se está formando como para el que quiere actualizar su visión. No me queda sino agradecer los esfuerzos que han hecho todos los autores y que ha hecho nuestra Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT) para llevar a los socios y a todos los interesados este primer tomo del Tratado SECOT que tiene en sus manos. Aquí encontrará una selección de temas generales que hemos creído representativos del conocimiento básico disponible. A este conocimiento se añadirán nuevas nociones, pero quede tranquilo el lector: el conocimiento no caducará, sino que se complementará con otras aportaciones y visiones, como nuevos ladrillos en el muro cada vez más sólido de nuestra educación como especialistas. Enrique Gómez Barrena IX ERRNVPHGLFRVRUJ Colaboradores Título Juan Carlos Abril Martín Carmen Barreiro Pensado Jefe de Servicio Servicio de Ortopedia Infantil Hospital Infantil Universitario Niño Jesús Madrid, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario HM Montepríncipe Boadilla del Monte, Madrid, España Ignacio Aguado Maestro Irene Barrientos Ruiz Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario de Río Hortega Valladolid, España Especialista Servicios de Cirugía Ortopédica Oncológica, y Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España Sergi Alabau Rodríguez Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología ICATME: Hospital Universitario Dexeus Barcelona, España Samuel Antuña Antuña Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España Ismael Auñon Martín Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Juan José Ballester Alfaro Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario de Puerto Real Cádiz, España Rafael Ballesteros Massó Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario de Fuenlabrada Fuenlabrada, Madrid, España M.ª Luisa Bertrand García Jefe de Unidad Unidad de Gestión Clínica de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario Costa del Sol Marbella, Málaga, España Estrella Borrego Paredes Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital de Écija Écija, Sevilla, España Pedro Caba Doussoux Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Enric Cáceres Palou Catedrático Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Facultad de Medicina Universitat Autònoma de Barcelona Barcelona, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología ICATME: Hospital Universitario Dexeus Barcelona, España Raúl Barco Laakso Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España XI ERRNVPHGLFRVRUJ XII Colaboradores José R. Caeiro Rey Juan Antonio Constantino Cabrera Jefe de Servicio Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela Santiago de Compostela, La Coruña, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario Universitario Infanta Cristina Badajoz, España Fernando Corella Montoya Emilio Calvo Crespo Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Infanta Leonor Madrid, España Jefe de Servicio Servicio de Reumatología Fundación Jiménez Díaz Madrid, España Pablo S. Coron Pérez-Cardona Esther Carbó Laso Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario Vall d’Hebron Barcelona, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital General Universitario Gregorio Marañón Madrid, España Hortensia de la Corte Rodríguez Pedro Carpintero Benítez Especialista Servicio de Medicina Física y Rehabilitación Hospital Universitario La Paz Madrid, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario Reina Sofía Córdoba, España Ana Cruz Pardos Paula Casas Ramos Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica. Unidad de Cadera IdiPAZ-Hospital Universitario La Paz Madrid, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario de León León, España Alberto D. Delgado Martínez Santos Castañeda Millán Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario de Jaén Jaén, España Jefe de Unidad Unidad de Reumatología Hospital Universitario de La Princesa Madrid, España Pedro J. Delgado Serrano Miguel Castro Torre Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital Teresa Herrera-Complexo Hospitalario Universitario A Coruña La Coruña, España Juan de la Cerda Sánchez Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España Francisco Chana Rodríguez Jefe de Servicio Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario HM Montepríncipe Boadilla del Monte, Madrid, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía de la Mano y Microcirugía Hospital Universitario HM Montepríncipe Boadilla del Monte, Madrid, España Andrés Díaz Martín Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital General Universitario Gregorio Marañón Madrid, España ERRNVPHGLFRVRUJ XIII Colaboradores Francisco Javier Downey Carmona Miguel García Cancho Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital Virgen del Rocío Sevilla, España Residente Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario Universitario Infanta Cristina Badajoz, España David Durán Manrique Javier García Coiradas Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Clínico San Carlos Madrid, España Íñigo Etxebarría Foronda Eduardo García Rey Jefe de Servicio Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Alto Deba Arrasate-Mondragón, Guipúzcoa, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología IdiPAZ-Hospital La Paz Madrid, España David Farrington Rueda Enrique Gómez Barrena Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital Virgen del Rocío Sevilla, España Catedrático Departamento de Cirugía Ortopédica y Traumatología Facultad de Medicina Universidad Autónoma de Madrid Madrid, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología IdiPAZ-Hospital Universitario La Paz Madrid, España Mariano Fernández-Fairen Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Instituto de Cirugía Ortopédica y Traumatología de Barcelona Barcelona, España David Gómez Garrido Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología infantil Hospital General de Villalba Villalba, Madrid, España Luis Ferrández Portal Catedrático emérito Facultad de Medicina Universidad Complutense de Madrid Madrid, España Pedro González Herranz Francisco Forriol Campos Catedrático Departamento de Cirugía Ortopédica y Traumatología Facultad de Medicina Universidad San Pablo CEU Boadilla del Monte, Madrid, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología infantil Hospital Teresa Herrera-Complexo Hospitalario Universitario A Coruña La Coruña, España Enrique Guerado Parra Felicito García-Álvarez García Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa Zaragoza, España Raúl García Bógalo Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Infanta Leonor Madrid, España Catedrático Departamento de Ortopedia y Traumatología Universidad de Málaga Málaga, España Director Unidad de Gestión Clínica de Cirugía Ortopédica, Traumatología y Rehabilitación Hospital Universitario Costa del Sol Marbella, Málaga, España ERRNVPHGLFRVRUJ XIV Colaboradores Gabriela Guerado Romero Luis López-Durán Stern Máster en Ingeniería Grand École d’Ingénieurs. Paris Polytech. UPMC. Paris VI París, Francia Máster en Proyectos e Innovación Université Paris I. Panthéon. Sorbonne París, Francia Exjefe vinculado Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Clínico San Carlos Madrid, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Gema Guerado Romero Máster en Economía Internacional y en Comercio Internacional Université Paris I. Panthéon. Sorbonne París, Francia Fernando Marco Martínez Jefe de Servicio Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Clínico San Carlos Madrid, España Darío Rodrigo Guizado Elme Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario de Toledo Toledo, España Oliver Marín Peña Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Infanta Leonor Madrid, España Julio de las Heras Sánchez-Heredero Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital General Universitario Gregorio Marañón Madrid, España Marta Martín Millán Especialista Servicio de Medicina Interna Hospital Universitario Marqués de Valdecilla Santander, Cantabria, España Jorge de las Heras Soto Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España Javier Martínez Martín Pablo Hernández Esteban Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital Universitario Santa Cristina Madrid, España Amalia Lamana Domínguez Postdoctoral Fellow Laboratorio de Reumatología Hospital Universitario de La Princesa Madrid, España Ricardo Larraínzar Garijo Jefe de Servicio Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Infanta Leonor Madrid, España Luis Fernando Llanos Alcázar Javier López Goenaga Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario Fundación Alcorcón Alcorcón, Madrid, España Gabriel Ángel Martos Moreno Especialista Servicio de Endocrinología Hospital Infantil Universitario Niño Jesús Madrid, España Investigador CIBER Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición. Instituto de Salud Carlos III Madrid, España Ángel Masferrer Pino Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología ICATME: Hospital Universitario Dexeus Barcelona, España Profesor titular Departamento de Cirugía Facultad de Medicina Universidad Complutense de Madrid Madrid, España ERRNVPHGLFRVRUJ XV Colaboradores María Ángela Mellado Romero Eduardo Ortiz Cruz Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica Oncológica Hospital Universitario La Paz Madrid, España Manuel Mesa Ramos Norma Padilla Eguiluz Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Valle de los Pedroches Pozoblanco, Córdoba, España Investigadora IdiPAZ-Hospital Universitario La Paz Madrid, España Joan Carles Monllau García Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica Oncológica Hospital Universitario La Paz Madrid, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología ICATME: Hospital Universitario Dexeus Barcelona, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Parc de Salut Mar Barcelona, España Daniel Moya Guijarro Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario Fundación Alcorcón Alcorcón, Madrid, España Josep María Muñoz Vives Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Nostra Senyora de Meritxell Escaldes, Andorra Cristina Ojeda Thies Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Carlos Olaya González Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Otto Olivas Vergara Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Fundación Jiménez Díaz Madrid, España Miguel Ortega Andreu Manuel Peleteiro Pensado Natalia Penelas Abelleira Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital Teresa Herrera-Complexo Hospitalario Universitario A Coruña La Coruña, España Hanna Pérez Chrzanowska Especialista Servicio de Anestesia y Reanimación Hospital Universitario La Paz Madrid, España Daniel Pérez Prieto Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital del Mar Barcelona, España María Eugenia Portillo Bordonabe Investigadora Servicio de Microbiología Clínica Hospital Universitario de Navarra Pamplona, Navarra, España Alfonso Prada Cañizares Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital General de Villalba Villalba, Madrid, España Lluís Puig Verdié Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital del Mar Barcelona, España Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España ERRNVPHGLFRVRUJ XVI Colaboradores Ana Ramírez Barragán José Sueiro Fernández Especialista Servicio de Ortopedia Hospital Infantil Universitario Niño Jesús Madrid, España Director Departamento de Cirugía Facultad de Medicina Hospital Universitario de Puerto Real Cádiz, España Luis Rafael Ramos Pascua Gloria Talavera Buedo Jefe de Servicio Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario 12 de Octubre Madrid, España Residente Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario La Paz Madrid, España Arancha Rodríguez de Gortázar Profesora adjunta Departamento de Ciencias Médicas Básicas Facultad de Medicina Universidad San Pablo CEU Madrid, España Ana Torres Pérez Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario Universitario Santa Lucía Cartagena, Murcia, España Emérito Carlos Rodríguez-Merchán Homero Valencia García Jefe de Unidad Unidad de Cirugía Ortopédica y Traumatología IdiPAZ-Hospital Universitario La Paz Madrid, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital Universitario Fundación Alcorcón Alcorcón, Madrid, España María de los Llanos Rodríguez Rodríguez Javier Vaquero Martín Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital Teresa Herrera-Complexo Hospitalario Universitario A Coruña La Coruña, España Jefe de Servicio Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital General Universitario Gregorio Marañón Madrid, España Marta Vecino López José Antonio Rodríguez Yuste Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario Universitario Infanta Cristina Badajoz, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Hospital General de Villalba Villalba, Madrid, España Sonia Vidal Rodríguez Juan Manuel Román Belmonte Especialista Servicio de Medicina Física y Rehabilitación Hospital Cruz Roja Madrid, España Coordinadora Unidad Investigación Biomédica y Clínica Hospital Monográfico de Traumatología, Cirugía Ortopédica y Rehabilitación, ASEPEYO Coslada, Madrid, España Gonzalo Samitier Solís Gemma Vila Canet Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Infantil Hospital General de Villalba Villalba, Madrid, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología ICATME: Hospital Universitario Dexeus Barcelona, España José Ángel Santos Sánchez José Antonio Villalba Tejero Especialista Servicio de Radiodiagnóstico Hospital Universitario de Salamanca Salamanca, España Especialista Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología Complejo Hospitalario de Jaén Jaén, España ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 1 Evolución de la cirugía ortopédica: de la prehistoria a las células madre Luis Ferrández Portal Introducc ón i Conviene que antes de entrar de lleno, y de una manera concreta, en cómo se han desarrollado cronológicamente los acontecimientos que han marcado la evolución de nuestra especialidad, consideremos cómo ha sido el desarrollo de la ciencia en general durante los últimos años. De esta forma, comprenderemos mejor las diferentes etapas de este desarrollo y lo que en cada una de ellas se ha conseguido. Durante la segunda mitad del siglo xx, hemos sido testigos de cambios y avances extraordinarios en el campo de las ciencias, pudiendo decir que 150 años de ciencia han resultado más explosivos que 5.000 años de cultura precientífica. Más de los dos tercios de todos los descubrimientos científicos han tenido lugar después de la Segunda Guerra Mundial. A comienzos del siglo xx, el horizonte intelectual del hombre se vio ensanchado hasta límites inimaginables hasta entonces. Los últimos 50 años del siglo xx (y lo siguen experimentando los primeros del siglo xxi) se han caracterizado por una excesiva tecnificación y una constante lucha contra el factor tiempo. Además, hemos sido testigos del espectacular desarrollo de las comunicaciones, lo que ha servido para que el hombre trate de alcanzar sus logros de la manera más rápida posible a costa de aumentar su angustia vital. Estamos en la época de la velocidad, de los ordenadores y de la cibernética. Hoy en día, con Internet y un pequeño aparato conocido como «móvil» podemos enterarnos al instante de todo lo que sucede en el mundo, comunicarnos con cualquiera y en cualquier lugar, y recibir información inmediata de lo que precisemos. Ciertamente, estos dispositivos se están transformando en verdaderos apéndices del hombre, que, paradójicamente, se está viendo dominado y convertido en adicto a ellos. Umberto Eco habla de una «alineación solitaria» que lleva a un aislamiento progresivo de las personas y conduce a un deterioro de sus relaciones. Hasta la deshumanización e, incluso, el deterioro de los valores morales. Podríamos decir que estamos inmersos en una época de auge del materialismo y de crisis ética y religiosa. La ciencia, en la actualidad, representa el papel de religión dominante y, valiéndose de ella, el hombre se ve capaz de los mayores logros. Incluso quiere llegar a conocer el origen del universo y de la vida, y, por eso, reacciona muchas veces con indiferencia hacia la mayor parte de los descubrimientos que se van realizando. Incluso los ignora. ¿Cuántos se acuerdan hoy de la fecha de la llegada del hombre a la luna o de la del primer trasplante de corazón, así como de los nombres de los que realizaron tales hazañas? Sobre este telón de fondo se han venido desarrollando los principales acontecimientos que han permitido el espectacular desarrollo de la medicina en general y, de manera particular, de la cirugía ortopédica, cuyos avances principales y hechos fundamentales han tenido lugar a partir de los últimos años del siglo xix. Desde entonces, de la mano de los avances experimentados por la ciencia y la técnica, nuestra especialidad ha estado en permanente evolución, muchas veces ligada a otras especialidades médicas; sobre todo, a la cirugía general. Los dolorosos acontecimientos de las dos guerras mundiales contribuyeron, sin embargo, a impulsar el desarrollo y a facilitar la adquisición de nuevos conocimientos tanto clínicos como de gestión en el campo de la cirugía ortopédica y traumatología. Así, durante la Primera Guerra (1914-1918), Robert Jones puso las bases para lo que después serían los modernos centros ortopédicos de la posguerra, cuyos hospitales sirvieron posteriormente como modelo de otros más modernos. Un ejemplo de ellos fue el creado por Lorenz Böhler en Viena. Robert Jones fue, además, un acérrimo defensor de la unión de la traumatología con la ortopedia, actividades que hasta entonces permanecían separadas. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se lograron avances importantes en el tratamiento de las fracturas del raquis y de los miembros, así como en las técnicas de la osteosíntesis. De todo ello se beneficiaron después los pacientes traumatizados en los ambientes de los accidentes industriales y de tráfico. También nuestra Guerra Civil sirvió como campo experimental: Josep Trueta popularizó el llamado «método español» para el tratamiento de las fracturas abiertas de los heridos en el campo de batalla. Fue lo que entonces se consideró como «cura cerrada de las heridas», cuyo método estaba basado en los principios aplicados anteriormente por Ollier y Örr. Todos los acontecimientos referidos hasta ahora han servido para modular el carácter y marcar la forma profesional de actuar de la generación que vivió su madurez a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo, generación a la que pertenezco y que ha sido testigo del desarrollo extraordinario de la ciencia médica y de la cirugía ortopédica. A continuación, nos referiremos a cómo esta especialidad ha venido desarrollándose desde los albores de la humanidad hasta la actualidad, influida por el mundo de la biotecnología y la medicina regenerativa. 3 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 4 Parte I Principios generales i i i Hi pócrates: el com enzo de la traumatología c entíf ca Con el apogeo de la cultura griega, se empezó a tener cierta idea científica de la medicina y sería Hipócrates (460-370 a. C.), en su Corpus Hippocraticum y, dentro de él, en los escritos sobre las fracturas y las articulaciones, quien da detalles sobre técnicas quirúrgicas, inmovilización de fracturas, reducción de luxaciones y técnicas de tracción continua. Con Hipócrates la medicina y la cirugía empiezan a dejar de tener connotaciones mágico-religiosas y se empiezan a notar los albores del método científico. Muchas de las ideas que aparecen en sus obras se extendieron por el mundo a lo largo de los siguientes siglos, llegando parte de su contenido hasta nuestros días. Durante la época del Imperio romano, destacaron las figuras de Celso (25 a. C.-50 d. C.) y Galeno (129-199 d. C.). El primero, posiblemente más enciclopedista que médico, describió en su obra De re medica diferentes tipos de férulas y de vendajes, así como de materiales quirúrgicos. Galeno, que vivió un siglo después, fue un personaje clave en la medicina romana. Poseedor de profundos conocimientos anatómicos, consiguió gran experiencia en el tratamiento de las heridas y diferentes traumatismos tanto durante las guerras como en las luchas de gladiadores. En sus tratados hizo referencia a distintas deformidades del aparato locomotor, sugiriendo su corrección con diversos aparatos. i i i i R i i M dad ed a, enac m ento e Ilustrac ón: el método c entíf co se enlentece E Ya desde los tiempos prehistóricos se han podido recoger datos a través de estudios paleopatológicos y de restos arqueológicos sobre la existencia de huesos fracturados sobre los que se había actuado con procedimientos de inmovilización, así como la presencia de callos óseos bien desarrollados o con diferentes defectos de consolidación. También se han encontrado esqueletos con signos claros de diferentes patologías, como malformaciones, procesos degenerativos, tumorales, infecciosos o displásicos. Durante el paleolítico, se utilizaban ya procedimientos para la reducción e inmovilización de fracturas. Sin embargo, en aquella época predominaba la magia y el empirismo, estando ausente en las actuaciones de aquellos antepasados cualquier intervención con una mínima base científica. Hasta la civilización mesopotámica, se venía haciendo una medicina y una cirugía absolutamente primitivas y, solo a partir de esta época, empiezan a aparecer escritos sobre la práctica médica recogidos en tablillas de arcilla. No obstante, todo lo relacionado con la medicina seguía sobrecargado de influencias religiosas y, en muchos casos, atribuían a los propios dioses la causa de las enfermedades. Por estos motivos, los encargados de su tratamiento solían ser médicos-sacerdotes. De la antigua civilización egipcia, nos han llegado datos referentes a lesiones traumáticas recogidos en los papiros de Ebers (1500 a. C.) y de Edwin Smith (1600 a. C.), donde se describen actuaciones sobre fracturas y luxaciones, y sistemas de inmovilización y vendaje de las mismas. La medicina árabe asumió y difundió los conocimientos médicos de la civilización griega. Cabe destacar aquí al médico persa Rhazes (850-923 d. C.), al que se atribuyen los primeros trabajos sobre la utilización del yeso para la inmovilización de las fracturas mezclando polvo de sulfato cálcico con agua. Para nosotros, tiene interés sobre el resto de los médicos árabes Abulcasis (963-1013 d. C.), que en sus escritos habla sobre distintos procedimientos para el tratamiento de las fracturas y luxaciones, refiriéndose también al yeso como método de inmovilización. Avicena (980-1073 d. C.), quizás más destacado que el anterior, mostró más interés por lo médico que por lo quirúrgico, como en general el resto de los médicos árabes. En la Edad Media se inició un período de oscurantismo y de cierto retroceso científico, donde dominó el oscurantismo, la superstición, lo sobrenatural y el dogmatismo, y salvo Guy de Chauliac (1230-1268), que aportó datos sobre la tracción continua, hasta bien entrado el Renacimiento no se encuentran hechos significativos en la historia de la cirugía ortopédica. Estos fueron los trabajos de Ambrosio Paré (1510-1590), en los que se encuentran referencias al tratamiento de las fracturas abiertas, a las fracturas de cadera y a la reducción de las luxaciones del hombro, además de a una serie de aparatos con intención correctora de diversas deformidades y a distintos tipos de prótesis externas. En España, en la misma época, destacaron Luis Mercado (15251606) y, como cirujano, Dionisio Daza (1513-1596). Aunque durante el siglo xvii se producen ciertos cambios y se dice que durante este tiene lugar una revolución científica, la cirugía ortopédica apenas muestra progresos. El siglo xviii, a pesar de ser llamado el siglo de la Ilustración, no significó tampoco para la especialidad un siglo de excesivas luces, aunque sí destacaron hombres como Astley Cooper (1768-1841) y John Hunter (1728-1793), que en sus publicaciones y tratados no pasaron por alto referencias al tratamiento de las fracturas y a su consolidación. Hay quien considera como punto de partida de la cirugía ortopédica moderna el año 1741, en el que el francés Nicolas Andry (1658-1742) publica una obra que lleva por título Orthopedia o el arte de corregir y prevenir en los niños las deformidades del cuerpo, creando el emblema de la cirugía ortopédica que es conocido como «el árbol de Andry», que ha sido admitido universalmente como símbolo de nuestra especialidad y, particularmente, por las sociedades científicas. Pero Andry fue un crítico de la cirugía y de los cirujanos, y su obra no aportó prácticamente nada a nuestro mundo. Conviene decir que, a partir de entonces, va a existir un vacío de más de 100 años, vacío que, por tanto, se prolongará hasta mediados del siglo xix sin que existan apenas avances significativos en la especialidad. Todavía en el siglo xviii dominaban los llamados «algebristas», que venían dedicándose en nuestro país desde la época de los Reyes Católicos al tratamiento de las fracturas y dislocaciones de los huesos. A estos «algebristas» se les llegó a valorar socialmente por debajo de los «cirujanos barberos». A lo largo de estos 100 años, la ortopedia era una actividad poco o nada quirúrgica que se valía de tracciones, corsés, lechos y de ­ i i i i i i i i i i D esde la preh stor a hasta la c v l zac ón heleníst ca: la traumatología mág co-rel g osa ERRNVPHGLFRVRUJ C todo tipo de aparatos de metal y madera aplicados para reducir fracturas y luxaciones o para corregir deformidades. glo x x: los albores de la c rugía ortopéd ca moderna Si i i i © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 5 apítulo 1 Evolución de la cirugía ortopédica: de la prehistoria a las células madre En realidad, la verdadera historia de la cirugía ortopédica moderna comienza a mediados del siglo xix, siendo en 1852 cuando se produce la primera inflexión en el campo de nuestra especialidad. Aquel hito fue la introducción del vendaje de yeso convencional por un cirujano holandés, también médico militar, llamado Antonius Mathijsen (1805-1878). Este cirujano, formando parte de la guarnición de Harlem y no estando conforme con los métodos usados hasta entonces para la inmovilización de los huesos fracturados, recomendó el uso de «un tejido arrollado entre cuyas vendas se debía colocar cierta cantidad de yeso en polvo». El yeso que utilizó Mathijsen fue el llamado «yeso de París», que era una variante de yeso que se encontraba en gran cantidad en los subsuelos de la capital francesa. El famoso escritor Émile Zola llegó a decir y escribir en 1876 que «gracias a Pasteur, Lister y Mathijsen se habían podido salvar gran cantidad de vidas y evitar infecciones y amputaciones en fracturas de los miembros». Mathijsen no tuvo el reconocimiento a nivel del mundo científico que alcanzaron Pasteur y Lister, pero a él le corresponde el mérito de haber creado un método racional para el tratamiento de las fracturas. Un método que se sigue utilizando en la actualidad resistiendo a importantes innovaciones y avances. En efecto, el vendaje de yeso sigue siendo una técnica fundamental en el trabajo cotidiano del cirujano ortopédico tanto para la inmovilización de fracturas como para el tratamiento de esguinces, lesiones traumáticas de tejidos blandos, lesiones inflamatorias como tendinitis y tenosinovitis, heridas que necesitan reposo y vigilancia, y también para corregir y mantener corregidas deformidades (escoliosis, cifosis, espondilolistesis, pies equinovaros, caderas displásicas, etc.), fabricación de moldes y de lechos, teniendo además un efecto analgésico, antiinflamatorio y, por supuesto, estabilizador. Para nuestra generación, el vendaje enyesado fue de uso cotidiano en el quehacer de la traumatología y ortopedia, y los que vivimos con intensidad esta técnica adquirimos un dominio bastante preciso de la misma, haciendo con ella también algo de arte. Por este motivo, no comparto la afirmación de Vittorio Putti de que «la venda de yeso nada tiene de ciencia ni de arte, pero desde luego es un instrumento de incalculable significado», y sí la de Lorenz Heister, que ya en 1739 destacaba la importancia de los vendajes en general (faltaban todavía 100 años para la aparición del vendaje enyesado de Mathijsen): «Si un médico conociese y dominase todo lo concerniente a su profesión, pero ignorara la técnica del vendaje, su saber de nada le serviría». En la actualidad, recayendo la técnica del vendaje de yeso en manos del personal auxiliar y teniendo el cirujano ortopédico cada vez menos experiencia con ella, podríamos decir que la época romántica del enyesado en nuestra especialidad está a punto de desaparecer. También a lo largo del siglo xix, tuvieron lugar acontecimientos que, sin estar relacionados directamente con la cirugía ortopédica, fueron claves para el progreso de la misma. En primer lugar, hay que referirse a la introducción de la anestesia moderna, que tuvo como su máximo representante a William Morton (1819-1868). Este autor, el 17 de octubre de 1846, en el Massachusetts General Hospital de Boston, permitió con su técnica anestésica la extirpación de un tumor del maxilar en un paciente sin que sintiera dolor alguno. El segundo acontecimiento transcendental se llevó a cabo el 22 de diciembre de 1896. Este día, Willian Conrad Roentgen realizó la primera radiografía utilizando una de las manos de su esposa. Este descubrimiento provocó una auténtica revolución en el mundo de la ortopedia y traumatología. glo xx: la c rugía ortopéd ca se tecn f ca Si i i i i La tracción continua ha sido otro procedimiento muy utilizado durante la segunda mitad del siglo xx como tratamiento definitivo o provisional de muchas fracturas. Como se sabe, es un método corrector y, fundamentalmente, inmovilizador. No era infrecuente, hasta pasados los años sesenta, ver varias camas hospitalarias ocupadas por enfermos con distintas fracturas de miembros inferiores sometidos a distintos procedimientos de tracción o verla utilizada como método de tratamiento de muchas fracturas de la región trocantérea del fémur en ancianos. En la actualidad, la tracción continua transesquelética, apenas se utiliza como método de tratamiento de fracturas y, cuando se hace, se suele aplicar sobre partes blandas durante corto tiempo y como método de espera de un tratamiento definitivo. Los métodos de ostesíntesis que hoy ocupan una gran parte del trabajo de cualquier cirujano ortopédico comenzaron a ponerse en práctica a partir de finales del siglo xix y, sobre todo, a lo largo de la primera mitad del xx. Con ellos, se vino a producir un cambio definitivo en la manera de tratar las fracturas. Entre los muchos cirujanos que contribuyeron a este cambio, cabe destacar, en principio, a tres: William Arbuthnot Lane (1856-1938), Albin Lambotte (1865-1955) y Robert Danis (1880-1962). Lane fue pionero en el método de fijación interna de las fracturas, utilizando, primero, alambres de plata y, luego, tornillos de acero y placas fuertes ensanchadas a la altura de los orificios por donde se introducían los mismos, diseñando así una placa que lleva su nombre. Fue un acérrimo defensor de la reducción quirúrgica abierta y de la estabilización interna, así como de la cirugía aséptica, por lo que esterilizaba en seco los campos quirúrgicos y el instrumental, evitando el contacto de sus manos con los tejidos, lo que supuso la introducción de la técnica del «no tocar». Lambotte, cirujano belga que también fue ingeniero, utilizó por primera vez el término osteosíntesis y algunos le reconocen como uno de los iniciadores de la fijación externa. A partir de sus ideas, se empezó a dar gran importancia a la estabilidad para lograr la curación de las fracturas, pues de esta manera se trataba de evitar la rigidez articular, la atrofia muscular y los trastornos de la circulación provocados por inmovilizaciones prolongadas. A Robert Danis se le considera el padre de la osteosíntesis moderna, dando importancia a la compresión del foco de fractura y a la fijación rígida. Su obra Teoría y práctica de la ostesíntesis marcó un hito en su época. En 1930, un cirujano ortopédico de Boston llamado Marius Smith-Petersen diseñó un clavo con tres aletas que se conoció como «clavo trilaminar» para la osteosíntesis de las fracturas cervicales femorales. El clavo fue modificado posteriormente ERRNVPHGLFRVRUJ 6 Parte I Principios generales foco, como se hacía inicialmente, empezándose a hacer el enclavado a «cielo cerrado». La consecuencia de ello fue una importante disminución de las tasas de infección, que llegaron a ser mínimas con el uso de los antibióticos. Poco a poco se fueron introduciendo modificaciones a los primeros diseños, destacando la introducción de los clavos «encerrojados» mediante tornillos transversales y distales para dar una mayor estabilidad al sistema. El clavo de Küntscher perdió protagonismo entre los años sesenta y ochenta del pasado siglo en favor de los métodos de osteosíntesis con placa atornillada debido a la gran aceptación que tuvieron los trabajos de la escuela de Müller, aunque en la actualidad ha vuelto a recobrar interés y el enclavado endomedular se considera el sistema de tratamiento ideal de las fracturas diafisarias de los grandes huesos largos de los miembros. Con su uso se consigue una rápida recuperación y una temprana reincorporación del paciente a sus actividades habituales. Entre otros sistemas de enclavado endomedular utilizados, no con tanto éxito como el clavo de Küntscher, destacaron el clavo de Rush y el clavo de Ender. Este último, diseñado a mediados de los años setenta, era un clavo delgado y flexible que se colocaba a través de un mínimo abordaje desde la cara interna de la rodilla para tratar fracturas pertrocantéreas del fémur. La técnica no era tan sencilla como aparentaba y requería de cierta habilidad para su colocación. Además, no era infrecuente el descenso de los clavos y la penetración articular de los mismos. Por estas razones, se fue abandonando su uso a partir de finales de los años ochenta, quedando su indicación reducida a casos muy concretos y con ciertos efectos paliativos. La fijación externa de las fracturas tuvo sus primeros precedentes dentro ya de la época moderna de la cirugía ortopédica en un primitivo diseño que hizo Malgaigne en 1849. Se trataba de un aparato metálico rudimentario que tenía forma de «grifa» con dobles ganchos en sus extremos y que se utilizó para tratar una fractura de rótula con gran desplazamiento. En 1938, Raoul Hoffman, cirujano ortopédico suizo, creó la primera generación de fijadores externos, introduciendo el término osteotaxis para dar nombre a la técnica. El fijador de Hoffman, que estaba compuesto de acero inoxidable rígido, se utilizó mucho a partir de 1970 para el tratamiento de las fracturas de los huesos de las extremidades y de la pelvis, introduciéndose después mejoras por otros cirujanos. A finales de los años setenta, Gavriil Ilizarov, cirujano de la antigua Unión Soviética, marcó un hito en la historia de la fijación externa construyendo un sistema de fijación que utilizaba múltiples agujas finas transóseas similares a los radios de una bicicleta mantenidas a tensión con una serie de aros circunferenciales dispuestos alrededor del miembro fracturado y formando un cuadro circular. Este método fue adoptado por los cirujanos ortopédicos americanos y, enseguida, por muchos de otros países. En España, dos prestigiosos colegas, Cañadell y Lazo, construyeron un modelo de fijador que permitía ciertos micromovimientos continuos a nivel del foco de fractura, donde se creaba un efecto de «biocompresión». Otro modelo fue el de Wagner, que tuvo también difusión entre los años setenta y noventa. Implantes art culares i ­ ­ por Sven Johansson, cirujano sueco y contemporáneo del anterior, dotándolo de un canal central que permitía colocarlo a través de una aguja guía previamente introducida a través del cuello del fémur mediante control radiológico que obligaba a la realización de varias placas de control hasta lograr una correcta situación. Teniendo en cuenta que todavía no se manejaban los modernos amplificadores de imagen, con este sistema la radiación de los profesionales era muy elevada. El clavo trilaminar, primero aislado y después combinado con placa de tipo móvil o fijo (clavoplaca monobloque), se utilizó hasta mediados de los años sesenta del pasado siglo, aunque con complicaciones frecuentes del tipo de la expulsión del clavo, el desprendimiento entre el clavo y la placa, y fallos del material. En la actualidad, los modernos métodos de osteosíntesis con sistemas de fijación de tipo tornillo-placa y clavo endomedular-placa, con o sin métodos complementarios, han supuesto prácticamente la resolución técnica del tratamiento de las fracturas del extremo superior del fémur, que no del problema asistencial ortogeriátrico general. Basándose en las observaciones e ideas de Danis, un cirujano suizo, Maurice Müller (1918-2009), sentó los principios biológicos y biomecánicos de la osteosíntesis y dio una base científica a la fijación interna. Junto con sus colegas Robe Schneider, Martin Allgöwer y Hans Vilenegger, creó, en 1958, la llamada Asociación para la Osteosíntesis, conocida en el mundo de la cirugía ortopédica como la AO. Más tarde, en la ciudad suiza de Davos, puso en marcha un laboratorio experimental para realizar estudios basados en la anatomía, la biomecánica, la biología y la estabilidad, comenzando a trabajar sobre nuevos diseños de placas con el objetivo de preservar la circulación perióstica y evitar trastornos en la interfaz entre hueso e implante. Todo ello sirvió para diseñar una instrumentación adecuada dirigida fundamentalmente a los distintos modelos de placas atornilladas y a una estandarización de las técnicas. La escuela de Müller también elaboró una clasificación de las fracturas que sirve de base para las indicaciones y técnicas terapéuticas a utilizar en cada una de ellas. Actualmente, el centro experimental de Davos sigue acogiendo periódicamente a un gran número de jóvenes cirujanos ortopédicos para ser instruidos en los principios de la ostesíntesis moderna, realizando así una importante labor de formación. Un punto importante de inflexión en el mundo de la osteosíntesis tuvo lugar en 1939, cuando el cirujano alemán Gerhard Küntscher (1900-1972), que trabajaba en el Hospital Universitario de Kiel (Alemania), colocó su modelo de clavo intramedular, diseñado junto con el ingeniero Ernst Pohl. Este clavo era de acero inoxidable con sección en forma de trébol y se introducía a lo largo del conducto medular. La invención llegó a ser considerada como la más importante realizada en Alemania después del descubrimiento de las sulfonamidas. En 1940, Küntscher empezó a intervenir pacientes, incrementando su número a partir de la Segunda Guerra Mundial al aplicar la técnica en prisioneros de los ejércitos aliados con fracturas de los miembros. Este hecho hizo que algunos llegasen a considerar esta actitud como un «crimen de guerra». Los colegas americanos, sin embargo, pronto se dieron cuenta de que el procedimiento era bueno y que presentaba muchas ventajas, y empezaron a utilizarlo con profusión una vez acabada la guerra. Así, en poco tiempo, se extendió a otros países. Después, con la mejora de los métodos de radioscopia y el manejo de los amplificadores de imagen, dejó de ser necesaria la apertura del La historia de los implantes articulares es tan extensa que aquí solamente podemos referirnos a los acontecimientos más rele- ERRNVPHGLFRVRUJ C vantes. Hasta los años cincuenta del pasado siglo, los procedimientos quirúrgicos que se llevaban a cabo para tratar algunos procesos articulares, como procesos infecciosos, inflamatorios, degenerativos y fracasos del tratamiento de las fracturas, fueron las artrodesis, las artroplastias de resección y las plastias de interposición con materiales blandos. Por aquella época, empezaron a utilizarse implantes articulares para la articulación de la cadera. Prótesis pioneras fueron la cúpula de SmithPetersen y las prótesis de Aufranc y Judet, que pronto mostraron sus fracasos. A. Thompson y Austin Moore diseñaron en 1950 y 1952, respectivamente, sendos modelos que fueron manejados por entonces y hasta pasados los años sesenta por muchos cirujanos ortopédicos. Ambas eran prótesis parciales fabricadas con acero inoxidable o Vitalio y que solo sustituían a la cabeza femoral, fijándose al fémur mediante un vástago introducido en el canal medular, con o sin cementación. Su gran inconveniente era que el cotilo sufría pronto los efectos de la erosión. A partir de 1950, G. K. McKee creó un modelo de artroplastia total bicompartimental, convirtiéndose en uno de los primeros sistemas de fricción metal-metal, mejorado más tarde, junto con J. Farrar, con la modificación de la longitud del cuello. Años después, P. A. Ring diseñó un cotilo metálico que se fijaba a la pelvis mediante un tornillo largo y fuerte, mientras que el vástago era bastante semejante al modelo de Moore. Todos estos tipos de prótesis fueron utilizados en nuestro país por algunos colegas, pero debido a que los resultados eran poco satisfactorios enseguida se abandonaron. El año 1960 marcó un punto de inflexión muy importante en el mundo de los implantes articulares, cuando el cirujano ortopédico británico John Charnley (1911-1982) introdujo el concepto de «artroplastia de baja fricción» y diseñó un modelo de prótesis con un vástago de acero inoxidable que encajaba en una pieza acetabular fabricada en polietileno de ultra-alta densidad. Además, utilizó como método de fijación del implante al hueso el polimetil-metacrilato, que ya estaba siendo utilizado por los odontólogos. Charnley disminuyó el tamaño de la cabeza femoral (que pasó de 40 a 22 mm), así como el grosor de la pieza acetabular, consiguiendo con ello una importante disminución del coeficiente de fricción del par. A este modelo se le considera como el «patrón oro» de los implantes articulares por haber significado un hecho transcendental en el mundo de las modernas artroplastias. El problema de todas las prótesis cementadas era la aparición de zonas de osteolisis, de la fragmentación del cemento y de su aflojamiento. Estudios posteriores llevados a cabo por Harris y su escuela demostraron que, en realidad, el aflojamiento era debido más al desprendimiento de partículas causado por abrasión como consecuencia del roce entre las distintas superficies. Con las innovaciones introducidas en los modelos de prótesis cementadas y el comienzo de la era de las prótesis totales no cementadas, empezó a trabajarse sobre los materiales y los componentes de los pares de fricción, apareciendo aleaciones de cromo-cobalto-molibdeno, titanio-aluminio-vanadio y hierro-cromo-níquel, así como sistemas de pares metal-metal y cerámica-cerámica que pretendían disminuir el desgaste de las prótesis. Un gran adelanto ha sido la utilización del polietileno crosslink, que también ha contribuido a mejorar el par de fricción y a que sea mayor la supervivencia de las prótesis. El revestimiento de los vástagos con hidroxiapatita favoreció en gran medida la incorporación de la superficie protésica ­ ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 7 apítulo 1 Evolución de la cirugía ortopédica: de la prehistoria a las células madre al hueso cortical diafisario, disminuyendo las tasas de aflojamiento. También las piezas cotiloideas han ido mejorando y han ido apareciendo nuevos modelos que pueden ser fijados con o sin tornillos, así como cotilos metálicos porosos que, mediante un mecanismo de press-fit, pueden fijarse a la superficie del acetábulo previamente cruentada. Desde hace pocos años, se han empezado a utilizar como nuevos modelos las prótesis de «resuperficialización» con el objetivo de conservar un mayor volumen de stock óseo en el paciente. Estas prótesis, de las que ya existieron precedentes, tuvieron bastante aceptación inicial, pero no han llegado a demostrar del todo su eficacia y su uso, lejos de generalizarse, está decayendo. Otro hecho a destacar es la posibilidad de fabricar «prótesis personalizadas» para casos concretos y muy seleccionados. En la actualidad, con los modelos existentes de prótesis de cadera, se logran casi perfectas tolerancias a sus materiales e importantes grados de fijación, con supervivencias de los implantes que superan los 20 años o más. Los implantes articulares de rodilla fueron en un principio a la zaga de los de cadera, con casi un retraso de 20 años. Los primeros modelos que empezaron a utilizarse fueron los de bisagra o charnela y otros como el de Attenborough, dotado de un pivote central. Unos y otros solían fracasar por movilizaciones e infecciones. El panorama cambió con el modelo de Insall, conocido como «prótesis total condilar». A partir de él, empezaron a aparecer nuevos modelos que cada vez se iban acercando más a la anatomía y a las complejas características biomecánicas de la articulación de la rodilla, hasta llegar a completar series con diferentes aleaciones semejantes a las que se utilizaban para la cadera. Como el implante de una prótesis de rodilla requiere una mayor precisión que el de la cadera, se están manejando sistemas de navegación para conseguir este objetivo; también en España, donde es defendido por algunos prestigiosos colegas. Actualmente, el número de implantes de rodilla ha superado al de cadera en muchos hospitales, cosa impensable hace pocos años. Además, la supervivencia de estas prótesis con los nuevos modelos y técnicas también puede llegar hasta los 20 años. La articulación del hombro se ha beneficiado también de los implantes, sobre todo, en el caso de traumatismos complejos del tipo de las fracturas con tres y cuatro fragmentos, y de las fracturas-luxaciones y sus secuelas. Para otras articulaciones como son las del tobillo y las intersomáticas vertebrales, los implantes se están utilizando con relativo éxito, publicándose series largas en los últimos años. ¿ ac a la superespec al zac ón? H i i i i La columna vertebral es uno de los segmentos de nuestro aparato locomotor que más se ha visto beneficiado por los progresos técnicos de los últimos años, sobre todo, en lo concerniente al tratamiento de las deformidades y de la patología discal y degenerativa. La técnica de Harrington fue una gran novedad como sistema de corrección de las escoliosis, pero el método fue superado por otros de fijación segmentaria que prevalecen en la actualidad. Las técnicas de microcirugía también han dejado en el cajón de los recuerdos a los amplios abordajes con laminectomías extensas, y se han abandonado técnicas como, en los años setenta, la quimionucleolisis, de dudosa eficacia en ERRNVPHGLFRVRUJ 8 Parte I Principios generales el seno de la cirugía general hace aproximadamente unos 40 años, con las ventajas y desventajas subsiguientes. Se dice que, de todas las técnicas que se han venido practicando en los últimos 50 años, solo algo menos del 20% de ellas se siguen utilizando, lo que quiere decir que un 80% se han quedado obsoletas. No obstante, en la actualidad, más de un 70% de la actividad de un cirujano ortopédico generalista queda prácticamente centrada en los métodos de osteosíntesis, en los implantes articulares y, en un menor porcentaje, en la artroscopia. El vendaje enyesado, con el que consideramos que comenzó la época moderna de la especialidad, habría quedado como un simple método complementario de inmovilización, cada vez menos utilizado. i i i glo xx : presente y futuro de la c rugía ortopéd ca Si el tratamiento de las hernias discales y con la posibilidad de generar reacciones anafilácticas. La utilización de cementos inyectados en el interior de los somas vertebrales permite la corrección de aplastamientos vertebrales de origen tanto osteoporótico como tumoral y es una técnica que, bien indicada y practicada por manos expertas, es eficaz. En cuanto se refiere a la patología tumoral del aparato locomotor, se ha pasado de la cirugía mutilante a la cirugía conservadora de los miembros en los sarcomas musculoesqueléticos, consiguiéndose supervivencias prolongadas (de hasta el 80% a los 5 años) e, incluso, situaciones de curación clínica. A ello han colaborado de manera importante las mejoras en la tecnología de la imagen, el uso de los modernos agentes quimioterápicos y sus protocolos (quimioterapia neoadyuvante y adyuvante), la radioterapia, el perfeccionamiento de las técnicas quirúrgicas y de los materiales de los implantes, etc. También ha contribuido la popularización de los homoinjertos gracias a la puesta en marcha de los bancos de tejidos, así como de las «prótesis tumorales», que parece que fueran ganando terreno a los anteriores. Hoy en día, la cirugía de los tumores del esqueleto es, junto con la de los grandes recambios protésicos, la más difícil y arriesgada del campo de la cirugía ortopédica, requiriendo una gran habilidad quirúrgica y la colaboración de diferentes especialistas en centros reconocidos y con equipos multidisciplinares bien formados. La artroscopia es una de las técnicas que más han revolucionado el mundo de la cirugía ortopédica, siendo actualmente un método imprescindible para el tratamiento de gran parte de las patologías articulares. Su historia es bastante reciente y los primeros trabajos parten de los realizados por Tagaki en 1918, que logró la visión articular de una rodilla en un cadáver manejando un cistoscopio. En 1955, Watanabe, al que hay que considerar como el padre de la artroscopia moderna, extirpó por primera vez bajo esta técnica un tumor xantomatoso. En 1962, realizó la primera cirugía artroscópica meniscal, consistente en una meniscectomía parcial. Los trabajos de Herning en 1980 sirvieron para darle un empuje definitivo a la reparación meniscal por vía artroscópica. Así, se pasó de una cirugía meniscal «mutilante» a una cirugía conservadora de los meniscos, pero también a una más fácil y menos agresiva reparación de las lesiones ligamentosas que permitía una más rápida recuperación de los pacientes con un corto período postoperatorio. La artroscopia ha terminado extendiéndose a otras articulaciones, habiendo sido la del hombro una de las más beneficiadas, así como la de la cadera, donde la cirugía artroscópica se usa actualmente para tratar lesiones del labrum y patologías novedosas, como el llamado «choque femoroacetabular». Algunas lesiones del tobillo y de pequeñas articulaciones también se benefician de ella. Sin embargo, la artroscopia ha obligado a muchos cirujanos ortopédicos a tener que centrarse casi exclusivamente en el manejo de la técnica, que requiere un tiempo determinado de aprendizaje. También ha dado pie a la creación de sociedades científicas y grupos de trabajo específicos, constituyéndose en una verdadera superespecialización, de la misma manera a como está sucediendo en otros campos de nuestra especialidad. Es el caso de la columna vertebral, de la cirugía de la mano, de la cirugía ortopédica infantil y de la cirugía oncológica osteoarticular, entre otras, que nos están abocando a una etapa de atomización similar a la que tuvo lugar en En los albores del siglo xxi, se confirmó el triunfo de la cirugía miniinvasiva, casi se logró la perfección en las prótesis articulares, se introdujo la cirugía robótica y por navegación, y se produjo un boom en el mundo de la investigación, destacando los avances en biotecnología y en el terreno de la medicina regenerativa, con énfasis en los biomateriales, en la ingeniería genética y en las células madre. En lo que concierne a la medicina regenerativa, tenemos que decir que es un tema apasionante en el que se integran todos los aspectos que forman parte de la llamada «ingeniería de tejidos» y que reúne campos tan importantes como el de los biomateriales, las terapias génicas, la nanotecnología, la farmacología, etc. Conviene recordar, no obstante, que los cirujanos ortopédicos ya venían utilizando factores de crecimiento, como las BMP, para acelerar el proceso de consolidación de las fracturas y favorecer la artrodesis en la cirugía de la columna vertebral. El manejo de las células madre mesenquimales es una de las estrategias más innovadoras a considerar dentro de la medicina regenerativa, teniendo en cuenta que pueden aportar soluciones para lesiones concretas del aparato locomotor. Esta idea viene de lejos, ya que en 1869 Ernst Haeckel observó por vez primera la capacidad pluripotencial de las células embrionarias. Desde entonces y gracias al esfuerzo de grupos de investigación, se ha venido progresando y se han podido conocer mucho mejor las características y el comportamiento de estas células, que ya fueron descritas por Friedenstein en 1968, 100 años después de los trabajos de Haeckel. Se sabe que las células madre troncales adultas, ante señales específicas del medio en el que actúan, pueden generar nuevas células o diferenciarse hacia otra estirpe celular. El microambiente en el que actúan es muy importante en cuanto a su línea de diferenciación. Las células madre adultas, aunque se obtienen básicamente de la médula ósea, se encuentran también en tejidos como la córnea, la piel, los músculos, el periostio, los nervios y el intestino; pudiéndose también obtener a partir de adipocitos del tejido graso subcutáneo. Una vez obtenidas, se pueden aportar a los distintos tejidos mediante inyección o valiéndose de diferentes biomateriales transportadores. El campo de acción de las células madre se extiende actualmente al tratamiento de lesiones musculotendinosas, diversas enfermedades óseas, necrosis isquémicas, osteogénesis imperfecta, osteopetrosis, procesos degenerativos discales, lesiones ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 1 Evolución de la cirugía ortopédica: de la prehistoria a las células madre quísticas, fracturas, pseudoartrosis, artrosis, así como al tratamiento de lesiones medulares, existiendo trabajos en este terreno que han mostrado que se consiguen ciertas recuperaciones motoras y el control de esfínteres en algunos pacientes. Experimentalmente, se ha logrado revertir el envejecimiento en ratones con progeria y se pretende que estos éxitos puedan extenderse en el futuro a los humanos para conseguir así el rejuvenecimiento de determinados órganos. Pero todavía no existe evidencia científica suficiente como para poder decir que su uso sea completamente efectivo, y pudiera correrse el riesgo de un manejo abusivo. Habrá que seguir investigando en este apasionante campo con la convicción de que en los próximos años la utilización de las células madre ocupará un lugar muy importante como método innovador en nuestra especialidad, contribuyendo al tratamiento de muchas patologías del aparato locomotor. ­ I CONCLUS ONES solidación rápida del foco de fractura. Suponiendo que solo fueran necesarias previamente las maniobras de reducción, ¿resultarían inútiles tanto el vendaje de yeso como la osteosíntesis para su estabilización? Si se consigue que con la utilización de células madre se logre una correcta reparación del cartílago articular, ¿sufrirá el mundo de los implantes articulares un duro golpe? Hay quien dice que aventurarse a predecir el futuro puede resultar peligroso. Yo me atrevo a hacerlo: teniendo en cuenta el ritmo desenfrenado con el que se van produciendo los avances en el mundo de la ciencia, no creo que esté excesivamente lejos (en contra de la opinión de algunos) el día en que los cirujanos comiencen a abandonar sus utensilios habituales de trabajo. Los jóvenes cirujanos ortopédicos de la próxima generación y, más aún, los de las venideras, tendrán otro perfil y hábitos profesionales. Lo biológico primará sobre lo quirúrgico y nos aproximaremos a la idea de Marquardt y Reynold, que decían que «nos estamos moviendo desde una época de manofactura a otra de mentofactura; desde una sociedad básicamente productora de bienes a otra en la que va a dominar la información y el conocimiento». Se entrará en un mundo en el que se tendrá que trabajar mucho más con el cerebro que con las manos, que hasta ahora son los órganos de expresión del hacer quirúrgico y las herramientas principales de cualquier cirujano. El traumatólogo del futuro tendrá que pasar de manejar las tijeras y el bisturí a emplear más la pipeta, el tubo de ensayo, las placas de cultivo y el microscopio, y se irá introduciendo cada vez más en el mundo de la investigación. Se dice que un siglo de historia de la humanidad no es más que un parpadeo y hemos podido ver que a lo largo del último medio siglo (lo que sería medio parpadeo) se han logrado innovaciones espectaculares en el campo de la medicina y, de manera particular, en el de nuestra especialidad. Posiblemente durante los próximos 25 años (solamente un cuarto de parpadeo) los avances sean inimaginables y tan importantes que dejen obsoletos los conseguidos hasta ahora. Fue precisamente un cirujano ortopédico italiano de gran prestigio, Mario Campanacci, en el Instituto Ortopédico Rizzoli de Bolonia, quien, en 1996 y al finalizar una conferencia, dijo y profetizó que «si un buen cirujano ortopédico que, como la bella durmiente, se hubiera dormido en 1966 y despertara hoy, no sabría hacer casi nada». Pues bien, yo diría, remedando al colega italiano, lo siguiente: «Si un buen cirujano ortopédico que, como la bella durmiente, se quedase dormido ahora y despertara dentro de 20 años, posiblemente no podría hacer absolutamente nada». © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Los que, como yo, han tenido que ejercer la profesión sobre todo durante la segunda mitad del pasado siglo han sido testigos de los cambios espectaculares que la cirugía ortopédica ha experimentado a lo largo de este período. Hemos visto pasar del vendaje de yeso y la tracción continua como procedimientos de inmovilización a la osteosíntesis con base científica y técnica depurada; de la amputación a la conservación de los miembros; de la artrodesis y plastias de resección a los implantes articulares; de los grandes abordajes a la cirugía miniinvasiva; de las amplias artrotomías a las artroscopias; de la imprecisión quirúrgica a la precisión con técnicas de navegación, y de la cirugía ortopédica general a la especialización. Y seguimos siendo testigos de los nuevos tiempos que se avecinan: el mundo de los biomateriales, de la medicina regenerativa, de la robótica y de la impresión tridimensional (3D). Es posible, por tanto, que en el futuro y sobre la base de estos adelantos se logre curar los sarcomas, que se llegue a encontrar la solución para la patología degenerativa del cartílago articular y que, por manipulación genética, se evite la aparición de procesos congénitos y displásicos y de muchas deformidades del aparato locomotor. Si esto se hace realidad en algún momento, la medicina en su conjunto será una medicina, y, sobre todo, una cirugía, muy diferente a la que nuestra generación conoció, estudió y tuvo que practicar. Posiblemente en el futuro se logre que la inyección de un componente con las mismas características biológicas del hueso dé lugar a una con- 9 ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 2 Bases de epidemiología Norma Padilla Eguiluz, Enrique Gómez Barrena esumen R Las lesiones musculoesqueléticas son un problema de salud pública global debido a su gran prevalencia que, además, asocia un elevado coste tanto social como en servicios de salud. Un mejor conocimiento sobre el impacto de dichos problemas musculoesqueléticos es del mayor interés para los especialistas en cirugía ortopédica y traumatología. Dicho conocimiento puede orientar medidas preventivas y de tratamiento, incluyendo la identificación de intervenciones coste-efectivas y el impulso de terapias innovadoras, a la vez que refrendar o no las que están actualmente en uso. Por ello, son muy necesarios los conocimientos básicos de epidemiología aplicada a las patologías que tratamos, y algunas claves de interés se revisan en este capítulo. Por otra parte, las artroplastias son quizás el paradigma de la cirugía reconstructiva actual en la especialidad, y la epidemiología de las artroplastias de cadera y rodilla en nuestro país permite una mejor comprensión del alcance y evolución de la cirugía ortopédica nacional y puede servir como ejemplo de la aplicación de la epidemiología en nuestro campo. Introducc ón i De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es el completo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia. La investigación en salud pública pretende aplicar las ciencias biológicas, sociales y de conducta al estudio de los fenómenos de salud en poblaciones humanas1 y, para ello, utiliza dos niveles de análisis: el nivel individual o subindividual, donde se encuadra la investigación biomédica y la epidemiología clínica, y el nivel poblacional, que incluye la investigación epidemiológica y la investigación en sistemas de salud. La epidemiología es la ciencia que, apoyada en la bioestadística, se encarga del estudio de la frecuencia, distribución y determinantes de las condiciones de salud en una población, así como de la respuesta social para mejorarlas.2 La ciencia epidemiológica configura la metodología de base para diseñar y ejecutar un estudio de investigación que permita generar o contrastar una hipótesis por medio del análisis de las medidas de frecuencia, asociación y de impacto (cuadro 2-1). En el nivel de análisis individual, se ubican los ensayos clínicos o experimentales, y en el nivel de análisis poblacional, los estudios observacionales transversales, de cohortes, de casos y controles, o los estudios ecológicos. Los determinantes de salud son factores que participan en la relación causa-efecto de la enfermedad, aumentando o disminuyendo el riesgo de presentar la enfermedad o evento en salud. Pueden ser desde un agente etiológico, un rasgo o característica poblacional, la exposición a un agente, o el medio ambiente físico y social, entre otros. En epidemiología clínica, se conocen los determinantes en salud como factores pronósticos, mientras que, en la epidemiología en salud pública, como factores de riesgo o protección.3 Por distribución entenderemos la localización geográfica de los eventos en salud, lo que resulta especialmente interesante para comparar los datos a través del tiempo o estimar la variabilidad entre dos poblaciones (p. ej., estudios de utilización de servicios o de variaciones en la práctica médica). Sin embargo, el término distribución también hace referencia a la categorización del evento de interés en sus posibles determinantes. Esta caracterización permite identificar aquellos factores de riesgo que realmente contribuyen a la relación causal y permite medir la fuerza de asociación. Todos estos factores son, a veces, de difícil análisis por las inherentes diferencias que se encuentran a lo ancho del mundo. Por eso, es necesario contar con datos de referencia para establecer una aproximación a la situación en estudio. A este respecto, destaca el proyecto de la OMS sobre la carga global de la enfermedad (GBD, global burden of disease) como un proyecto multinacional que ofrece la posibilidad de medir y comparar el impacto de enfermedades, lesiones y factores de riesgo en la salud de las poblaciones combinando aspectos biológicos y sociales en una medida resumen. Un ejemplo que combina la mortalidad prematura debida a una enfermedad y los años de vida perdidos por la discapacidad de la enfermedad son los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD, o DALY, disability-adjusted life years).4 La suma de los DALY en la población equivale a la diferencia en años entre la población enferma y una población ideal que vive una edad avanzada en perfecta salud (libre de enfermedades y libre de discapacidades), es decir, los años de vida sana perdidos debido a la enfermedad o evento. Para estudiar el impacto que tienen las enfermedades en la población, así como sus factores determinantes, en muchas ocasiones nos valemos del análisis de fuentes de datos secundarias. Dichas fuentes de datos son creadas y gestionadas por organismos gubernamentales y se nutren de fuentes oficiales, tal es el caso de la GBD gestionada por la OMS que recopila información de todo el mundo. A escala nacional, destaca la fuente del conjunto mínimo básico de datos (CMBD) gestiona- 10 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C 11 apítulo 2 Bases de epidemiología uadro 2-1 Principales medidas utilizadas en epidemiología C Medidas de frecuencia Indican la magnitud de la enfermedad en relación con el tamaño de la población en riesgo. Razón de momios (RM) o razón de odds (OR)* Indica cuántas veces más o menos ocurre el evento o enfermedad en el grupo expuesto en comparación con el no expuesto. Proporción Expresa la frecuencia con que ocurre un evento en la población total de estudio. Riesgo relativo (RR)* Indica cuántas veces aumenta o disminuye el riesgo del grupo expuesto frente al no expuesto. Razón Expresa la relación entre dos eventos independientes (p. ej., casos enfermos/casos sanos). Medidas de impacto Indican el efecto que tiene en una población el cambio o la eliminación de uno o más factores de riesgo, o la implantación de medidas preventivas. Tasa Indica la probabilidad de que ocurra un evento en una población determinada a lo largo del tiempo. El resultado se multiplica por un factor (100, 1.000, 100.000) para su mejor interpretación. Indicadores de mortalidad Expresan la magnitud con que se presenta la muerte en una población. Puede calcularse de forma global usando como denominador toda la población de estudio (tasa de mortalidad general) o de forma específica usando solo una fracción de la población (tasa de mortalidad específica). Indicadores de morbilidad Miden la frecuencia de una enfermedad o evento en una población: • Prevalencia (P): indica la proporción de individuos que tienen la enfermedad o evento en un momento de tiempo determinado; puede ser puntual (hoy) o lápsica (p. ej., en los últimos «x» meses). • Incidencia (I): indica el número de casos nuevos de una enfermedad durante un período de tiempo determinado en relación con la población expuesta durante el mismo período. • Incidencia acumulada (IA): es la razón del número de casos nuevos de enfermedad y el número de casos libres de enfermedad (población expuesta) en el mismo período; se interpreta como la probabilidad que tiene una persona de desarrollar la enfermedad. • Tasa de incidencia (TI): es la razón del número de casos nuevos de una enfermedad durante el seguimiento y la suma de todos los tiempos de cada individuo participante. Medidas de asociación o efecto Estiman la magnitud de la asociación estadística entre un factor (variable independiente) y una enfermedad (variable dependiente). © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Diferencias de prevalencia (DP) Indican la diferencia entre expuestos (E) y no expuestos (nE): DP = PE – PnE Riesgo atribuible (RA) Es el porcentaje que se puede atribuir a un factor como causa de una enfermedad o evento: RA = TIE – TInE Fracción atribuible poblacional (FAP) Indica la reducción proporcional de una enfermedad o de la mortalidad en una población si se eliminara la exposición o el factor de riesgo: FAP = (∑PE RRE – ∑PnE RRE)/∑PE RRE Medidas de impacto sobre la carga de la enfermedad Son indicadores que miden la asociación de una enfermedad específica con la mortalidad, la discapacidad y/o la calidad de vida en una población de estudio. Estos indicadores agregan tanto factores biológicos de la enfermedad como factores sociales. Años de vida ajustados por discapacidad (AVAD, o DALY, disability-adjusted life years) Indica los años de vida de salud perdidos por la presencia de discapacidad. Un DALY representa la pérdida de 1 año de completa salud por causa de la enfermedad estudiada. Para calcular los años vividos con discapacidad, se utiliza la siguiente fórmula: DALY = YLL + YLD = (N × L1) + (I × DW × L2) donde YLL son los años de vida perdidos (years of life lost) debido a la mortalidad prematura en la población (N, número de muertes; L1, esperanza de vida media a la edad en la que ocurre la muerte) y YLD son los años de vida perdidos por la discapacidad (years lost due to disability) de las personas que viven con una enfermedad o con las consecuencias de una enfermedad (I, número de casos nuevos en el período; DW, peso por discapacidad; L2, duración media de la enfermedad, en años, hasta su cese o muerte). Más información en http://www.who.int/healthinfo/global_burden_disease/metrics_ daly/en/. Años de vida ajustados a calidad (AVAC, o QALY, quality adjusted life years) Es una medida resumen que indica los años de vida ajustados por calidad de vida. Para su cálculo, se combinan dos variables: calidad de vida y cantidad de vida. Actualmente se pueden utilizar formularios validados, como el EuroQol (EQ-5D) o el índice de utilidades de salud (HUI). *Tanto la OR como el RR se calculan utilizando el número de casos (C) o no casos (nC) de enfermedad en la población expuesta (E) y no expuesta (nE) siguiendo las siguientes fórmulas: OR = (CE × nCnE)/(nCE × CnE) RR = (CE/CE + CnE)/[nCnE/(nCE + nCnE)] Para su interpretación, se considera que un resultado igual a 1 indica ausencia de asociación; < 1, asociación negativa (factor protector), y > 1, asociación positiva (factor de riesgo). La validez estadística se debe probar con el test de Mantel-Haenszel. ERRNVPHGLFRVRUJ 12 Parte I Principios generales do por el Ministerio de Sanidad en España. Dichas bases de datos tienen como principal inconveniente el trabajar con datos agregados de pacientes, ya que, en caso de problemas con el envío de la información a la central, los resultados pueden estar sobreestimados o subestimados. Otro problema identificado en las bases de datos a gran escala es que la clasificación utilizada para las enfermedades en las diferentes regiones o países que nutren de datos puede no ser la más adecuada o la más comúnmente utilizada en el conjunto de las regiones o países participantes.5 Otras fuentes de información provienen de centros de investigación y asociaciones médicas que, en ocasiones, logran realizar potentes encuestas poblacionales o estudios de cohorte a gran escala para conocer un problema determinado en una población específica. Así, destacan las encuestas realizadas por la American Academy of Orthopaedic Surgeons (AAOS) para conocer la carga de la enfermedad musculoesquelética en EE. UU., que sirven como referencia del problema para otros países desarrollados.6 e i e e i e e m e m e Estado actual d las l s on s usculo squ lét cas n todo l undo ­ El interés de la epidemiología en la cirugía ortopédica y traumatología se ha acentuado al constatar el impacto en la sociedad actual de enfermedades osteoarticulares crónicas y traumatismos graves. Ambas áreas de patología tienen diferente distribución geográfica y diferentes consecuencias según el país estudiado, pero, tanto en España como en Europa, su alta prevalencia implica a grandes segmentos de población y la derivada utilización de servicios de salud modula decisiones de gestión que afectan a los recursos humanos disponibles en la especialidad. Por otra parte, tanto las secuelas y la discapacidad que se producen como la demanda de calidad de vida por parte de pacientes y de la sociedad en conjunto hacen que el conocimiento epidemiológico de la patología musculoesquelética sea capital para sustentar el presente y el futuro de la especialidad. Globalmente, 18.000 personas por cada 100.000 habitantes viven afectadas por alguna lesión (o enfermedad) musculoesquelética (LM), el 57% de las cuales son mujeres y, anualmente, se registra una tasa de incidencia de problemas musculoesqueléticos de 8 por cada 1.000 habitantes. Los datos de 2016 del Institute for Health Metrics and Evaluation (http://www.healthdata.org/data-visualization/gbd-compare) indican que las enfermedades musculoesqueléticas son la séptima causa global de incapacidad, con una pérdida aproximada de 1.894,28 años de vida sana por 100.000 habitantes, equivalente al 6% del total de los DALY de la población mundial (7,4% en el caso de las mujeres y 4,5% en el caso de los varones). La prevalencia en Europa es relativamente mayor que la media global, con tasas de 30.400 casos/100.000 habitantes y una tasa de incidencia anual de 15 casos/1.000 ha bitantes. En este grupo poblacional, se estima que el 13,6% de los años perdidos por discapacidad se asocian a las LM. Los países europeos que más DALY pierden por estas enfermedades son Austria (17,2%) y Bélgica (15,4%). España, con el 13,2%, ocupa el puesto 19 y se ubica debajo de Portugal, con un 13,8%. En EE. UU., las LM duplican en frecuencia (48%) los problemas circulatorios y las enfermedades respiratorias, y se consideran la principal causa de discapacidad afectando al 14% de la población. La AAOS informó que cerca del 17% de las ausencias laborales y el 21% de los días en cama de la población mayor de 18 años tenían como factor común una LM, superior a los ocasionados por enfermedad circulatoria crónica (8%) y enfermedades respiratorias (9%). Las principales causas de ausencia laboral por LM fueron dolor crónico de las articulaciones (49%), artritis (27%), dolor cervical (14%), dolor lumbar (27%) y dolor por debajo de las rodillas (9%).6 La pirámide poblacional de este país prevé que dentro de 25 años la población de más de 65 años se habrá duplicado y, dado que las LM afectan al 75% de este grupo poblacional y que existe una correlación positiva con la obesidad que afecta a cerca del 79% de la población, el impacto en términos de discapacidad, pérdida de productividad, utilización de servicios y pérdida de calidad de vida se espera importante.7 En Europa, el envejecimiento poblacional no es más alentador, ya que para 2045 se estima que el 40% de la población tendrá más de 55 años, equivalente a 285 millones de personas, y otro 40% estará entre los 20 y los 55 años.8 La edad como factor de riesgo, para las enfermedades de hueso y articulaciones está presente en más de la mitad de los procesos crónicos en personas con edad superior a 50 años, en países desarrollados. Las LM tienen un componente multicausal, y otra fuente importante de casos son los accidentes de tráfico (AT), que, mundialmente, ocupan la novena causa de mortalidad con cerca de 1,2 millones de muertes al año y 50 millones de personas más que sufren traumatismos no mortales, de las cuales el 13% presentan algún tipo de discapacidad permanente con un coste de 300 millones de años de vida sana (causan el 11% de los DALY mundiales) y un coste económico medio en Europa de 180.000 millones de euros anuales. La OMS pronostica un incremento del 65% en las tasas de mortalidad en países desarrollados y hasta un 80% en países en desarrollo para 2020. Esta situación coloca a los traumatismos por AT en primer lugar como causantes de muerte y discapacidad en todo el mundo, por encima de las lesiones de guerra y las muertes por el VIH.9 Aproximadamente el 25% de las lesiones no mortales corresponden a lesiones intracraneales; el 23%, a fracturas de huesos largos (tibia, húmero y fémur) de corta y larga duración; el 10%, a heridas abiertas; el 7,5%, a heridas internas; el 5,5%, a fracturas de radio; el 3%, a fracturas de huesos de la cara; el 3%, a fracturas de pelvis; el 4%, a fracturas de hueso de pies o manos, y el 2%, a fracturas de vértebras.7 Las fracturas, además, son responsables del 32% de los casos de discapacidad permanente.10 Estos pacientes representan cerca del 31% de todas las personas atendidas por traumatismos y el 48% de la ocupación de camas en plantas quirúrgicas. Además, son los usuarios más frecuentes de los quirófanos, de las unidades de cuidados intensivos, de los servicios de radiología, fisioterapia y rehabilitación. Las acciones preventivas son, por tanto, de vital importancia y tanto la OMS como la comunidad internacional se han propuesto el objetivo de salvar 5 millones de vidas en la próxima década implementado intervenciones de seguridad vial.11 Desde el punto de vista del tratamiento oportuno, se busca identificar intervenciones que utilizadas correctamente ERRNVPHGLFRVRUJ C 13 apítulo 2 Bases de epidemiología contribuyan a disminuir la mortalidad y discapacidad. Un ejemplo es el estudio CRASH-2, que informó de un total de 100.000 muertes evitables al año previniendo hemorragias en pacientes traumatizados con el uso de ácido tranexámico y antifibrinolíticos,12 y, aunque los resultados fueron inicialmente criticados, el estudio es un ejemplo de posibles formas de actuación.13 La magnitud del problema de las LM desencadenó, finalmente, que en 1998 se declararan los años 2000-2010 como la década del hueso y las articulaciones. La misión de esta iniciativa fue mejorar la salud relacionada con la calidad de vida de los pacientes afectados con LM en todo el mundo. Los principales objetivos fueron incrementar la difusión del crecimiento de las LM y la carga social que supone a los sistemas sanitarios; involucrar a los pacientes a participar activamente en su tratamiento; prevenir lesiones con intervenciones coste-efectivas, y promover la investigación para mejorar la prevención y el tratamiento.14 Las áreas de acción se clasificaron en cuatro grandes grupos: los traumatismos musculoesqueléticos graves, las lesiones articulares, los trastornos del raquis, la osteoporosis y las fracturas de fragilidad relacionadas.15 El European Bone and Joint Health Strategies Project encontró en Europa que la incidencia anual de los traumatismos musculoesqueléticos es de 10 por cada 1.000 habitantes, de los cuales el 5-10% corresponden a no uniones o pseudoartrosis. Sobre las fracturas relacionadas con la osteoporosis, pronostica que el 40% de las mujeres mayores de 65 años tendrán una fractura de fragilidad (fémur proximal, húmero proximal, radio distal, cuerpos vertebrales) con un limitado potencial de curación. Del total de procedimientos quirúrgicos vertebrales, se espera que el 34% sean artrodesis y reartrodesis. Y sobre las enfermedades articulares, se encontró que el 50% de las personas de más de 65 años tienen problemas o lesiones articulares y, de estas, el 25% precisan tratamiento.13 Estado actual d las artro last as d cad ra y rod lla n Es aña e © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. e e i p e i p En el área de la cirugía ortopédica, una fuente de datos importante son los registros sanitarios que permiten identificar las principales intervenciones quirúrgicas y los dispositivos médicos implantados como parte del tratamiento de las LM, y también evaluar su efectividad y supervivencia en el tiempo. En Europa existen varios ejemplos de registros de artroplastias, como el Registro Sueco de Artroplastias de Cadera o de Rodilla,16 el National Joint Registry o Registro Nacional de Articulaciones de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte,17 o el Registro Italiano de Implantes Protésicos en Ortopedia,18 por mencionar algunos. En España no se cuenta con un registro de artroplastias desarrollado. Para el desarrollo de la segunda parte de este capítulo, se consultaron los datos de procedimientos del CMBD, proveniente del Instituto de Información Sanitaria del Ministerio de Sanidad, correspondientes a las artroplastias de cadera y rodilla, junto con su diagnóstico principal en España desde 1997 hasta 2015, desagregado por comunidad autónoma, edad y sexo (varón, mujer). Los datos fueron posteriormente agrupados según la novena edición de la Clasificación Internacional de Enfermedades modificada (CIE9-CM). Los datos poblacionales se obtuvieron del Instituto Nacional de Estadística a través de las cifras de población y censos demográficos de la población española. Los objetivos aquí han sido estimar la prevalencia de las artroplastias en España, describir su distribución por edad, sexo y comunidades autónomas, y analizar la evolución de los procedimientos en España en el tiempo de estudio. Para el análisis descriptivo, se utilizaron las tasas crudas de los procedimientos. Para el procedimiento analítico, se generó un modelo de regresión binomial negativa para cada una de las artroplastias, utilizando como variables independientes el tiempo, la región (comunidades autónomas, España), los grupos de edad (> 74 años, 65-74 años, 45-64 años y 15-44 años) y el sexo (varón, mujer). Los datos de población se utilizaron para ajustar los modelos. El número total de artroplastias de cadera y rodilla realizadas en España en los 19 años incluidos (1997-2015) es de 1.426.900, de las cuales el 31% corresponden a artroplastia total de cadera (ATC); el 17%, a artroplastia parcial de cadera (APC); el 5%, a recambios de cadera (RC); el 45%, a artroplastia total de rodilla (ATR), y el 3%, a recambios de rodilla (RR). La tasa cruda media anual por cada 100.000 habitantes es de 52 para ATC, de 28 para APC, de 8 para RC, de 75 para ATR y de 5 para RR (tabla 2-1). El diagnóstico principal descrito como causa de ATC y ATR es la artrosis, con el 73 y el 94%, respectivamente; el 93% de las APC son debidas a fracturas, y más del 70% de las RC y RR se originan por complicaciones mecánicas y no mecánicas de los implantes primarios. A nivel de los servicios de salud, la media de la estancia hospitalaria de los pacientes con artroplastia primaria es de entre 9 ± 6 y 11 ± 9 días, cifras que se duplican en el caso de artroplastia de revisión. Llama la atención la variabilidad que existe entre las RC, las RR y las APC. En el análisis temporal de la figura 2-1, observamos que, en general, todos los tipos de artroplastias tienen una tendencia positiva, aunque la velocidad de crecimiento es distinta. Comparando las tasas crudas de las artroplastias de 1997 con las de 2015, observamos que las ATC han aumentado a un ritmo de 111.000 artroplastias anuales, lo que se traduce en un crecimiento acumulado del 50%, pasando de una tasa cruda de 40 × 105 a una de 60 × 105 habitantes/año. Las APC han aumentado un 66% a un ritmo de 78.000 artroplastias por año, pasando de una tasa cruda de 21 × 105 a una de 35 × 105 habitantes/año. Las ATR han aumentado un 114% a un ritmo de 267.000 artroplastias anuales, pasando de una tasa cruda de 42 × 105 a 90 × 105 habitantes/año (con una máxima en 2011 de 100 × 105). Finalmente, las RC han pasado de una tasa de 9 × 105 a 10 × 105 habitantes/año, lo que representa un crecimiento porcentual del 11% a un ritmo de más de 5.000 artroplastias por año, mientras que las RR muestran un crecimiento de un 80%, pasando las tasas crudas de 5 × 105 a 9 × 105 habitantes/año a una velocidad de 22.000 artroplastias anuales. Si bien estos datos descriptivos sugieren un incremento en el número de procedimientos, los modelos de regresión de la tabla 2-2 indican que en los casos de ATC y APC no parece haber diferencias en el número de procedimientos desde 2008 y que las RC parecen haber frenado su crecimiento entre 2012 y 2015. En el caso de las artroplastias de rodilla, los modelos ERRNVPHGLFRVRUJ 14 T Parte I Principios generales abla 2-1 Características generales de las artroplastias de cadera y rodilla en España (1997-2015) ATC APC RC ATR RR N.º de procedimientos (1997-2015) 435.875 238.933 67.683 638.542 45.869 Tasa cruda (× 100.000 habitantes/año) 52 28 8 75 5 Sexo, mujer (%) 53,4 76,3 57,7 72 73,5 Edad en años (media ± DE) 67,6 ± 12,4 82,3 ± 8,6 69,7 ± 12,2 70,6 ± 7,7 70,7 ± 8,4 73,5 0,7 3,1 94,9 2,5 Causa de artroplastia (%) Osteoartrosis Fractura 14,5 93,2 3,1 — — Osteonecrosis 4,6 0,2 0,3 0,2 — Aflojamiento aséptico 0,5 — 13,3 — 19,3 Infección 0,3 — 0,7 0,2 1,5 Complicación mecánica 0,8 1,1 73,1 0,3 37 Complicaciones (otras) — — — — 32,4 Otros 5,9 4,7 6,5 4,3 7,3 Media ± DE 10,6 ± 9,2 13,9 ± 10,8 18,6 ± 19,6 8,9 ± 6,4 14,8 ± 16,9 Rango intercuartílico 5 8 13 4 9 Tiempo de estancia (días) APC, artroplastia parcial de cadera; ATC, artroplastia total de cadera; ATR, artroplastia total de rodilla; DE, desviación estándar; RC, revisión de cadera; RR, revisión de rodilla. 2015 2014 2013 2012 2011 2010 2009 2008 2007 2006 2005 2004 2003 2002 2001 2000 1999 1998 110 100 90 80 70 60 50 40 30 20 10 0 1997 Tasa cruda* (× 100.000 habitantes/año) de la tabla 2-3 sugieren que también el crecimiento de estos procedimientos se ha frenado a partir de 2013, nuevamente en relación con 2015. Sobre la distribución por sexos, en el análisis descriptivo (fig. 2-2) de las artroplastias encontramos que la mayoría Año ATC APC RC ATR RR i F gura 2-1 Tasa de prevalencia de las artroplastias de cadera y rodilla en España de 1997 a 2015. APC, artroplastia parcial de cadera; ATC, artroplastia total de cadera; ATR, artroplastia total de rodilla; RC, revisión de cadera; RR, revisión de rodilla. *Datos suavizados usando un modelo de regresión lineal. (Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del Sistema Nacional de Salud.) (> 50%) de los procedimientos se realizan en mujeres. Sin embargo, el RR de la tabla 2-2 indica que los varones tienen un 16% más de riesgo de ser intervenidos por ATC, un 45% menos de probabilidad de recibir una APC, y no hay diferencias por sexos en el caso de RC, riesgos ajustados por el resto de variables del modelo. Los datos de rodilla (v. tabla 2-3) confirman la tendencia descriptiva, ya que los varones tienen un 48% menos de posibilidad de recibir una ATR y un 54% menos de riesgo de recibir una RR. En relación con la distribución por grupos de edad, de la figura 2-3 se puede deducir que la población con más de 65 años es la más afectada por cualquier tipo de artroplastia, aunque se aprecia un incremento de retrasar la edad para realizar los procedimientos hacia el subgrupo de más de 74 años. En el análisis detallado encontramos que, en comparación con el grupo de más de 74 años, la población de entre 65 y 74 años tiene un 5% más de posibilidades de recibir una ATC, 90 veces menos riesgo de recibir una APC, 20 veces menos riesgo de recibir una RC, un 43% más de posibilidades de recibir una ATR y un 27% más de posibilidades de recibir una RR. Finalmente, en el análisis regional por comunidades autónomas encontramos que en las comunidades de Asturias, Cantabria, Navarra y el País Vasco se realizan anualmente entre un 30 y un 80% más de ATC respecto de la media española, mientras que comunidades como Extremadura y Andalucía realizan entre un 25 y un 30% menos. Esta variabilidad se repite en prácticamente todos los tipos de artroplastia y se pueden observar gráfi- ERRNVPHGLFRVRUJ C 15 apítulo 2 Bases de epidemiología abla 2-2 Análisis de los determinantes del número de artroplastias de cadera en España T ATC RR APC Valor P Intervalo confianza, 95% RR RC Valor P Intervalo confianza, 95% RR Valor P Intervalo confianza, 95% ño A 2015 1,000 1997 0,653 0,000 (0,613-0,695) 1,000 0,985 0,740 (0,899-1,079) 0,702 1,000 0,000 (0,640-0,769) 1998 0,685 0,000 (0,644-0,730) 0,923 0,088 (0,842-1,012) 0,769 0,000 (0,703-0,842) 1999 0,652 0,000 (0,613-0,694) 0,853 0,001 (0,778-0,935) 0,792 0,000 (0,724-0,867) 2000 0,695 0,000 (0,653-0,740) 0,824 0,000 (0,752-0,903) 0,875 0,003 (0,801-0,957) 2001 0,759 0,000 (0,713-0,807) 0,869 0,002 (0,793-0,952) 0,954 0,298 (0,874-1,042) 2002 0,790 0,000 (0,743-0,841) 0,886 0,010 (0,809-0,971) 0,976 0,594 (0,894-1,066) 2003 0,805 0,000 (0,757-0,857) 0,860 0,001 (0,785-0,942) 0,996 0,933 (0,913-1,087) 2004 0,794 0,000 (0,746-0,845) 0,873 0,003 (0,797-0,956) 0,982 0,682 (0,900-1,072) 2005 0,868 0,000 (0,816-0,923) 0,879 0,005 (0,803-0,962) 1,028 0,535 (0,942-1,121) 2006 0,916 0,005 (0,861-0,974) 0,865 0,002 (0,790-0,947) 1,106 0,022 (1,014-1,206) 2007 0,922 0,010 (0,867-0,981) 0,943 0,201 (0,861-1,032) 1,080 0,080 (0,991-1,178) 2008 0,967 0,277 (0,909-1,028) 0,953 0,296 (0,870-1,043) 0,556 0,000 (0,507-0,610) 2009 1,006 0,859 (0,946-1,069) 0,963 0,412 (0,880-1,054) 0,448 0,000 (0,408-0,493) 2010 1,060 0,062 (0,997-1,127) 1,001 0,974 (0,915-1,096) 0,436 0,000 (0,396-0,480) 2011 1,073 0,023 (1,010-1,141) 1,133 0,007 (1,035-1,240) 0,415 0,000 (0,377-0,457) 2012 0,919 0,007 (0,864-0,977) 0,904 0,027 (0,826-0,989) 0,976 0,591 (0,895-1,065) 2013 0,979 0,489 (0,921-1,040) 0,886 0,008 (0,810-0,969) 1,040 0,370 (0,954-1,134) 2014 1,003 0,912 (0,944-1,067) 0,983 0,707 (0,899-1,075) 1,091 0,048 (1,001-1,189) omunidad autónoma © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. C Madrid 1,000 1,000 1,000 Andalucía 0,736 0,000 (0,697-0,777) 1,098 0,013 (1,020-1,181) 0,588 0,000 (0,547-0,631) Aragón 1,039 0,192 (0,981-1,100) 0,904 0,017 (0,832-0,982) 0,709 0,000 (0,652-0,771) Asturias 1,892 0,000 (1,788-2,002) 0,861 0,001 (0,791-0,938) 1,471 0,000 (1,360-1,592) Islas Baleares 0,872 0,000 (0,822-0,925) 0,722 0,000 (0,661-0,790) 0,793 0,000 (0,725-0,868) Islas Canarias 0,624 0,000 (0,588-0,661) 0,805 0,000 (0,741-0,875) 0,575 0,000 (0,528-0,626) Cantabria 1,708 0,000 (1,611-1,811) 0,898 0,020 (0,820-0,983) 1,388 0,000 (1,272-1,514) Castilla y León 1,249 0,000 (1,182-1,320) 0,862 0,000 (0,796-0,933) 0,891 0,003 (0,827-0,961) CastillaLa Mancha 0,813 0,000 (0,768-0,860) 0,993 0,868 (0,917-1,076) 0,655 0,000 (0,604-0,710) Cataluña 1,215 0,000 (1,151-1,283) 1,050 0,197 (0,975-1,130) 1,121 0,001 (1,046-1,202) Comunidad Valenciana 0,921 0,003 (0,872-0,973) 0,958 0,268 (0,889-1,033) 0,816 0,000 (0,759-0,878) Extremadura 0,588 0,000 (0,554-0,624) 0,985 0,721 (0,904-1,072) 0,551 0,000 (0,502-0,604) Galicia 1,153 0,000 (1,091-1,218) 0,699 0,000 (0,646-0,758) 0,717 0,000 (0,665-0,774) Murcia 0,779 0,000 (0,735-0,826) 0,901 0,016 (0,828-0,981) 0,967 0,424 (0,897-1,050) Navarra 1,718 0,000 (1,621-1,821) 0,891 0,013 (0,814-0,976) 1,113 0,022 (1,016-1,219) País Vasco 1,542 0,000 (1,459-1,629) 0,915 0,030 (0,845-0,991) 1,218 0,000 (1,130-1,312) La Rioja 1,373 0,000 (1,289-1,463) 1,033 0,519 (0,937-1,138) 2,180 0,000 (1,991-2,387) (Continúa) ERRNVPHGLFRVRUJ 16 T Parte I Principios generales abla 2-2 Análisis de los determinantes del número de artroplastias de cadera en España (cont.) ATC G RR APC Valor P Intervalo confianza, 95% RR RC Valor P Intervalo confianza, 95% RR Valor P Intervalo confianza, 95% rupo edad (años) 1,000 65-74 1,057 0,000 (1,028-1,086) 0,113 0,000 (0,109-0,117) 0,813 0,000 (0,783-0,843) 45-64 0,109 0,000 (0,106-0,112) 0,004 0,000 (0,004-0,005) 0,069 0,000 (0,066-0,072) 15-44 0,098 0,000 (0,095-0,101) 0,003 0,000 (0,003-0,003) 0,069 0,000 (0,065-0,072) 0,365 (0,984-1,044) S > 74 1,000 exo Varones 1,000 Mujeres 0,861 A 1,000 1,000 0,000 (0,844-0,879) 1,840 1,000 0,000 (1,784-1,898) 1,014 nálisis del modelo psd.R2 (valor P) 0,247 (0,000) 0,331 (0,000) 0,275 (0,000) Ji2(alfa) 0,000 0,000 0,000 T APC, artroplastia parcial de cadera; ATC, artroplastia total de cadera; RC, revisión de cadera; RR, riesgo relativo. Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del Sistema Nacional de Salud usando un modelo de regresión binomial negativa. abla 2-3 Análisis de los determinantes del número de artroplastias de rodilla en España ATR A IRR RR Valor P Intervalo confianza, 95% IRR 0,000 (0,283-0,333) 0,230 Valor P Intervalo confianza, 95% 0,000 (0,204-0,260) ño 2015 1,000 1997 0,307 1,000 1998 0,375 0,000 (0,346-0,406) 0,308 0,000 (0,274-0,345) 1999 0,397 0,000 (0,367-0,431) 0,341 0,000 (0,305-0,382) 2000 0,459 0,000 (0,424-0,498) 0,458 0,000 (0,411-0,510) 2001 0,527 0,000 (0,487-0,570) 0,524 0,000 (0,472-0,581) 2002 0,614 0,000 (0,568-0,664) 0,598 0,000 (0,540-0,663) 2003 0,669 0,000 (0,619-0,723) 0,724 0,000 (0,655-0,800) 2004 0,729 0,000 (0,674-0,788) 0,783 0,000 (0,709-0,864) 2005 0,795 0,000 (0,735-0,859) 0,861 0,003 (0,781-0,950) 2006 0,904 0,010 (0,837-0,976) 0,929 0,135 (0,843-1,023) 2007 0,941 0,124 (0,872-1,017) 1,026 0,603 (0,932-1,129) 2008 1,039 0,329 (0,962-1,122) 0,714 0,000 (0,646-0,789) 2009 1,083 0,042 (1,003-1,169) 0,675 0,000 (0,611-0,746) 2010 1,148 0,000 (1,064-1,239) 0,625 0,000 (0,565-0,691) 2011 1,265 0,000 (1,172-1,365) 0,639 0,000 (0,578-0,707) 2012 0,880 0,001 (0,815-0,915) 0,842 0,001 (0,764-0,929) 2013 0,972 0,466 (0,900-1,049) 1,008 0,873 (0,915-1,110) 2014 0,990 0,804 (0,917-1,070) 1,011 0,821 (0,918-1,113) ERRNVPHGLFRVRUJ C 17 apítulo 2 Bases de epidemiología abla 2-3 Análisis de los determinantes del número de artroplastias de rodilla en España (cont.) T ATR IRR RR Valor P Intervalo confianza, 95% IRR 0,802 (0,925-1,062) 0,844 Valor P Intervalo confianza, 95% 0,000 (0,779-0,914) omunidad autónoma C Madrid 1,000 Andalucía 0,991 1,000 Aragón 1,108 0,005 (1,031-1,192) 0,831 0,000 (0,754-0,916) Asturias 1,142 0,000 (1,061-1,229) 1,188 0,000 (1,081-1,306) Islas Baleares 0,797 0,000 (0,740-0,859) 0,872 0,012 (0,783-0,971) Islas Canarias 0,658 0,000 (0,611-0,708) 0,813 0,000 (0,738-0,895) Cantabria 0,902 0,008 (0,836-0,974) 0,642 0,000 (0,564-0,730) Castilla y León 0,921 0,024 (0,857-0,989) 0,802 0,000 (0,734-0,875) Castilla-La Mancha 1,063 0,092 (0,990-1,142) 1,021 0,640 (0,935-1,116) Cataluña 1,454 0,000 (1,358-1,558) 1,541 0,000 (1,426-1,665) Comunidad Valenciana 0,984 0,656 (0,917-1,056) 1,227 0,000 (1,132-1,330) Extremadura 0,855 0,000 (0,794-0,920) 0,880 0,012 (0,796-0,973) Galicia 0,610 0,000 (0,567-0,655) 0,636 0,000 (0,582-0,696) Murcia 0,950 0,168 (0,884-1,022) 1,204 0,000 (1,096-1,322) Navarra 1,336 0,000 (1,240-1,439) 0,855 0,010 (0,759-0,963) País Vasco 1,062 0,097 (0,989-1,141) 1,158 0,001 (1,061-1,264) La Rioja 1,173 0,000 (1,084-1,269) 2,077 0,000 (1,858-2,322) rupo edad (años) G > 74 1,000 65-74 1,438 0,000 (1,392-1,486) 1,283 1,000 0,000 (1,232-1,336) 45-64 0,076 0,000 (0,073-0,078) 0,071 0,000 (0,068-0,074) 15-44 0,010 0,000 (0,010-0,011) 0,017 0,000 (0,016-0,019) 0,000 (2,112-2,266) exo S Varones 1,000 Mujeres 1,928 1,000 0,000 (1,879-1,979) 2,188 nálisis del modelo © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. A psd.R2 (valor P) 0,267(0,000) 0,321 (0,000) Ji2(alfa) 0,000 0,000 ATR, artroplastia total de rodilla; IRR, incremento del riesgo relativo; RR, revisión de rodilla. Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del Sistema Nacional de Salud usando un modelo de regresión binomial negativa. camente en las figuras 2-4 y 2-5. El análisis espacial permite apreciar cómo la tasa cruda de las artroplastias se incrementó de 1997 a 2010 y, a partir de entonces, se mantiene estable o incluso ha llegado a disminuir en algunas comunidades autónomas. Según los datos anteriores, hay que destacar que, estudiando los procedimientos de artroplastia de cadera y rodilla realizados en España entre 1997 y 2015 en el CMBD, se puede constatar la evolución de cada tipo de procedimiento en comparación con los demás y se puede observar la evolución de las artroplastias de cadera y rodilla por sexo y por grupos de edad, con claras tendencias tanto en cirugía primaria como de revisión. Si comparamos la relación entre artroplastias primarias y artroplastias de revisión en España con la del National Joint Registry de Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte, encontramos que la razón es 2,55 veces menor para las caderas y 2,21 menor para las rodillas.19 Comparando los datos de rodilla en el estudio de Kurtz et al.,20 ERRNVPHGLFRVRUJ 18 ATC APC 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 100 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 Parte I Principios generales RC 90 80 70 % 60 50 40 30 20 0 Varones 100 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 10 Mujeres ATR RR 90 80 70 % 60 50 40 30 20 Varones 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 0 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 10 Mujeres i F gura 2-2 Distribución de las artroplastias en España (1997-2015) por sexo. APC, artroplastia parcial de cadera; ATC, artroplastia total de cadera; ATR, artroplastia total de rodilla; RC, revisión de cadera; RR, revisión de rodilla. (Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del Sistema Nacional de Salud.) observamos que en 2008 la tasa cruda (TC) de ATR primaria en España era de 82,9 × 100.000 habitantes/año, superior a la de Portugal (TC = 55,4), similar a la de Italia (TC = 94,7) y Francia (TC = 98,1), y bastante inferior a las de Inglaterra (TC = 144,6), Australia (TC = 165,5), Suiza (TC = 176,8), Alemania (TC = 188,3) y EE. UU. (TC = 213,3). Notamos, entonces, que España está en rango equivalente a países de nuestro entorno, aunque otros superan ampliamente nuestra tasa de implantación. Faltaría ajustar el análisis por edad y sexo, puesto que cada país tiene una distribución poblacional diferente. Si bien el número de las artroplastias totales de cadera y de las artroplastias totales de rodilla se ha incrementado desde que se inició el registro de los procedimientos quirúrgicos, no podemos concluir que la tendencia sea a crecer en los próximos años. La distribución de las tasas crudas muestra en ambos casos un posible estancamiento y se requiere un análisis especializado para conocer las proyecciones de futuro. Merece la pena comparar dicha tendencia entre comunidades autónomas, ya que llama la atención la marcada variabilidad en las técnicas quirúrgicas entre las diferentes regiones. La variabilidad detectada llega a observar un riesgo de RR en algunas comunidades de hasta 20 veces más que la media, donde se sitúa Madrid, mientras que en otras la posibilidad es de la cuarta parte de la media. A día de hoy, se desconoce el motivo, posiblemente multifactorial, de la variable implantación de artroplastias en nuestro país, aunque algunos estudios han encontrado una in- fluencia moderada del número de cirujanos ortopédicos (5-10%), la renta en salud per cápita y el índice de envejecimiento en la variabilidad de las tasas ajustadas por edad y sexo.21 Son necesarios otros estudios sobre la utilización de los servicios de salud y el uso apropiado de las intervenciones para poder identificar los factores que influyen en la variabilidad de los procedimientos entre las regiones, aunque los límites de potencia instalada para la intervención y la demanda de la población se han considerado posibles factores. Para la realización de este estudio, se utilizaron bases de datos secundarias provenientes de los informes anuales de cada comunidad autónoma. Esto tiene una limitación metodológica, ya que los datos se reciben anónimos y agregados por regiones, y, a nivel de análisis, impide distribuir los datos por tipo de hospital, tipo de entorno (urbano/rural), etc. Tampoco nos es posible conocer los pormenores de las intervenciones, como el tipo de fijación o el tipo de par de fricción. Pese a las limitaciones, dichas bases de datos nos permiten evaluar la utilización de la tecnología a escala nacional y compararla con la de otros países,20 y, especialmente, comprender la distribución regional de los procedimientos en nuestro país y su evolución temporal, como hemos verificado en la cadera21 y en la rodilla.22 Pero la utilización conjunta de bases de datos permite también análisis poblacionales de mayor calado, como el análisis de la utilización de medicación en el tratamiento de la osteoporosis y su efecto en la incidencia de fracturas de cadera.23 ERRNVPHGLFRVRUJ APC RC 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 ATC 100 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 C 19 apítulo 2 Bases de epidemiología 90 80 70 % 60 50 40 30 20 0 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 10 RR ATR 100 90 80 70 % 60 50 40 30 20 Grupos de edad en años: < 15 15-44 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 0 1997 1998 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 2014 2015 10 45-54 55-64 65-74 > 74 F gura 2-3 Distribución de las artroplastias en España (1997-2015) por grupos de edad. APC, artroplastia parcial de cadera; ATC, artroplastia total de cadera; ATR, artroplastia total de rodilla; RC, revisión de cadera; RR, revisión de rodilla. (Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del Sistema Nacional de Salud.) i © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ATC > 90 71-90 51-70 30-50 < 30 1997 2010 2015 1997 2010 2015 1997 2010 2015 APC > 45 31-45 16-30 5-15 RC > 30 21-30 11-20 5-10 <5 F gura 2-4 Evolución de la distribución espacial de las artroplastias de cadera en España (tasas crudas × 100.000 habitantes/año). APC, artroplastia parcial de cadera; ATC, artroplastia total de cadera; RC, revisión de cadera. (Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del Sistema Nacional de Salud.) i ERRNVPHGLFRVRUJ 20 Parte I Principios generales ATR > 110 91-110 71-90 50-70 < 50 1997 2010 2015 1997 2010 2015 RR >9 8-9 6-7 3-5 <3 i F gura 2-5 Evolución de la distribución espacial de las artroplastias de rodilla en España (tasas crudas × 100.000 habitantes/año). ATR, artroplastia total de rodilla; RR, revisión de rodilla. (Fuente: Elaboración propia a partir de la base de datos del Sistema Nacional de Salud.) ­ ­ ­ 1. Frenk J. La salud pública: campo del conocimiento y ámbito para la acción. Salud Pública de México 1988;30(2):246-54. 2. López-Moreno S, Hernández Ávila M. Desarrollo histórico de la epidemiología. En: Hernández Ávila M. Epidemiología. Diseño y Análisis de Estudios. Madrid: INSP, Editorial Médica Panamericana; 2009. 3. Rodríguez Artalejo F. Concepto y uso de la epidemiología. Método Epidemiológico. Madrid: Escuela Nacional de Sanidad (ENS); 2009. 4. World Health Organization. Health Statistics and information Systems: About the Global Burden of Disease (GBD) Project. Consultado en junio de 2017. Disponible en: http://www.who.int/healthinfo/ global_burden_disease/about/en/#. 5. Byass P, de Courten M, Graham WJ, Laflamme L, McCaw-Binns A, Sankoh OA, et al. Reflections on the Global Burden of Disease 2010 Estimates. PLoS Med 2013;10(7):e1001477. doi:10.1371/journal. pmed.1001477. 6. United States Bone and Joint Decade: The Burden of Musculoskeletal Diseases in the United States. 2nd ed. Rosemont, IL: American Academy of Orthopaedic Surgeons; 2010. Disponible en: http:// www.boneandjointburden.org/docs/The%20Burden%20of%20Musculoskeletal%20Diseases%20in%20the%20United%20States%20 %28BMUS%29%202nd%20Edition%20%282011%29.pdf. 7. World Health Organization (WHO). Decade of Action for Road Safety 2011-2020 Global Launch. Disponible en: http://www.who.int/ roadsafety/publications/global_launch.pdf. 8. PopulationPyramid.net. Disponible en: https://www.populationpyramid.net/es/europa/2046/. 9. Organización Mundial de la Salud (OMS). Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito. Ginebra: OMS; 2004. Disponible en: https://www.who.int/violence_injury_ prevention/publications/road_traffic/world_report/summary_es.pdf. 10. Bone and Joint Decade Foundation (BJD), The European League Against Rheumatism (EULAR). European Bone and Joint Health Strategies Pro- ject. European Action Towards Better Musculoskeletal Health. A Public Health Strategy to Reduce the Burden of Musculoskeletal Conditions. Lund: BJD, EULAR; 2005. Disponible en: http://ec.europa.eu/health/ ph_projects/2000/promotion/fp_promotion_2000_frep_15_en.pdf. 11. Peden M, Scurfield R, Sleet D, Mohan D, Hyder AA, Jarawan E, Mathers C, editors. World Report on Road Traffic Injury Prevention. Geneva: World Health Organization (WHO); 2004. Disponible en: http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/42871/1/9241562609.pdf. 12. CRASH-2 trial collaborators, Shakur H, Roberts I, Bautista R, Caballero J, Coats T, et al. Effects of tranexamic acid on death, vascular occlusive events, and blood transfusion in trauma patients with significant hemorrhage (CRASH-2): a randomized, placebo-controlled trial. Lancet 2010;376(9734):23-32. 13. Binz S, McCollester J, Thomas S, Miller J, Pohlman T, Waxman D, et al. CRASH-2 Study of Tranexamic Acid to Treat Bleeding in Trauma Patients: A Controversy Fueled by Science and Social Media. J Blood Transfus 2015;2015:874920. doi: 10.1155/2015/874920. 14. Heinegard D, Johnell O, Lidgren L, Nilsson O, Rydevik B, Wollheim F, et al. The Bone and Joint Decade 2000-2010. Acta Orthop Scand 1998;69:219-20. 15. Cáceres Palou E. La década del hueso y las articulaciones (20002010). Rev Ortop Traumatol 2002;3:207-10. 16. The Swedish Knee Arthroplasty Register. Disponible en: http://www. myknee.se/en/. 17. National Joint Registry. Disponible en: http://www.njrcentre.org.uk/. 18. Registro dell’implantologia Protesica Ortopedica (RIPO). Disponible en: https://ripo.cineca.it/. 19. National Joint Registry for England, Wales. Northern Ireland and the Isle of Man. 13th Annual Report. ISSN 2054-183X (Online). Surgical data to 31 of Decembre 2015. Disponible en: http://www.njrreports.org.uk/Portals/0/PDFdownloads/NJR%2013th%20Annual%20 Report%202016.pdf. 20. Kurtz SM, Röder C, Ong KL, Lau E, Widmer M, Maravic M, et al. International Survey of Primary and Revision Total Knee Replacement. Int Orthop 2011;35(12):1783-9. 21. Padilla-Eguiluz NG, García-Rey E, Cordero-Ampuero J, GómezBarrena E. Regional variability in the rates of total hip replacement in Spain. Hip International 2014;24(1). 22. Gómez-Barrena E, Padilla-Eguiluz NG, García-Rey E, CorderoAmpuero J, García-Cimbrelo E. Factors influencing regional variability in the rate of total knee arthroplasty. Knee 2014;21(1):236-41. 23. Alves SM, Economou T, Oliveira C, Ribeiro AI, Neves N, GómezBarrena E, de Pina MF. Osteoporotic hip fractures in a South European country: bisphosphonates sales and observed turning point in trend. A population- based retrospective study. Bone 2013;53(2): 430-6. ­ f bl ogra ía i Bi Otros muchos análisis de base epidemiológica a escala nacional e internacional son necesarios para obtener un mejor conocimiento de la situación actual y, sobre todo, de la previsión futura de la patología que tratamos y trataremos en cirugía ortopédica y traumatología. Urge la formación de nuestros especialistas en estas técnicas de estudio para una adecuada comprensión del campo de acción de nuestros servicios, lo que permitirá el mejor diseño de la especialidad del futuro basado en las necesidades de la población y el rendimiento de nuestras técnicas. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 3 Cirugía ortopédica y traumatología basada en la evidencia Ricardo Larraínzar Garijo, Fernando Corella Montoya, Olivier Marín-Peña, Raúl García Bógalo, José María Martínez Gómiz Resumen El ejercicio profesional de la cirugía ortopédica y traumatología en el siglo xxi trae consigo un desarrollo tecnológico sin precedentes: nuevos conocimientos, nuevas técnicas, nuevos fármacos, nuevas tecnologías, pero también el gran reto de manejar este ingente volumen de información y realizar un proceso de toma de decisiones de forma sistemática y objetiva. La medicina basada en la evidencia proporciona al clínico las herramientas necesarias para conseguir este objetivo y, en el ámbito de nuestra especialidad, ha permitido un avance de la calidad de la producción científica. Int oducc ón r i En pleno siglo xxi, la proliferación de datos e información clínica disponibles en revistas biomédicas ha crecido de tal manera que resulta del todo imposible «estar al día» y, sobre todo, poder discernir lo que es útil y relevante de lo que no lo es. Hace ya casi tres décadas que Guyatt1 publicó en 1991 un editorial en el ACP Journal Club en el que definía la medicina basada en la evidencia (MBE) como «una actitud de escepticismo ilustrado respecto a la aplicación de tecnologías diagnósticas, terapéuticas y pronósticas al manejo cotidiano del paciente». Desde entonces, son muchos los clínicos, gestores y profesionales sanitarios que han incorporado la MBE a la práctica asistencial. El principal valor que aporta esta actitud de escepticismo ilustrado es sistematizar2 y, por tanto, parametrizar la forma de tomar esa decisión.3 Sin lugar a dudas, este enfoque ha cambiado la forma en la que los clínicos, organizaciones y autoridades sanitarias toman las decisiones que afectan a los cuidados en salud y la MBE se ha consolidado definitivamente hasta el punto de condicionar el pensamiento científico y, sobre todo, su aplicación asistencial.2,4 Es difícil que cuestiones relevantes en el día a día no tengan en la actualidad un análisis de la evidencia disponible en alguna de las organizaciones en Internet, como COCHRANE (www.cochrane.org) o NICE (www.nice.org.uk). La difusión de acceso a Internet en las instituciones sanitarias y el empleo de dispositivos móviles hace que sea fácil para el clínico consultar las guías de práctica clínica y las respuestas clínicas que se buscan. De hecho, es posible descargar podcasts en castellano para escuchar estas revisiones clínicas sobre las intervenciones (www.cochrane.org/es/search/site/podcasts). La cirugía ortopédica y traumatología no es ajena a este movimiento y existen multitud de recursos docentes en forma de libros y publicaciones en la red que abordan aspectos más concretos de la especialidad. El verdadero valor que ha tenido la ortopedia basada en la evidencia es que ha conseguido mejorar la calidad de los trabajos publicados a través del interés de los autores en conseguir trabajos clínicamente relevantes con validez externa e interna. La principal actividad de un traumatólogo es la cirugía y la dificultad de llevar a cabo estudios aleatorizados con grupo control es muy alta, pero esto no es excusa para conseguir avanzar en el conocimiento real de la especialidad, alejándonos de sesgos y otros factores de confusión, y centrándonos en el enfermo. Es precisamente este enfoque el que ha creado una nueva corriente de generar evidencia en la cirugía ortopédica y es conocida como los manuscritos «POEM» (patient oriented evidence that matters). El objetivo no es publicar por publicar, sino conseguir información clínica veraz que realmente influya en los resultados y, a través de un ciclo continuo de mejora, conseguir el desarrollo de la especialidad y los tratamientos disponibles (fig. 3-1). Resolución de problemas Mejora de resultados Investigación básica y desarrollo de producto Ortopedia basada en la evidencia POEM F gu a 3-1 i r Necesidades clínicas Método científico Ensayo clínico Revisión sistemática Publicación Comunicación Lectura crítica Ciclo continuo de mejora en la evidencia científica. 21 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 22 Parte I Principios generales • ¿Tengo que prescribir una heparina de bajo peso molecular • • Los problemas que surgen de la relación médico-paciente son, como todo buen clínico sabe, infinitos y cada uno sabe las inquietudes que desea resolver. El problema clínico es lo que nos debe llevar a formular la pregunta clínica y es el punto de partida. Cuanto más identificado esté el problema clínico, más fácil será conseguir una pregunta relevante y, cuanto más relevante sea la pregunta clínica, mayor validez externa va a tener nuestro trabajo. i r como profilaxis (esta es la medida que me estoy cuestionando). Intervención con la que comparar: frente a la evolución natural tromboembólica tras meniscectomía simple artroscópica (quiero saber qué ocurre cuando no se realiza profilaxis antitrombótica). Resultado clínico que se valora: es suficientemente positivo como para obviar sus efectos secundarios (quiero conocer qué tiene más beneficios para mi paciente, si prevenir y asumir los posibles efectos secundarios de las HBPM, o no prevenir y asumir los riesgos de la trombosis en lugar de los farmacológicos). En la lectura crítica de un trabajo científico, la primera criba siempre se realiza a partir de la pregunta inicial, pues esta determina la validez interna («¿Utilizaron los autores el diseño adecuado para contestar a la pregunta?») y la validez externa («¿Intenta el estudio contestar a una pregunta claramente definida, útil y relevante?»). Formular bien la pregunta clínica es un paso fundamental en la calidad científica de las publicaciones. úsqueda de la ev denc a Buscar la evidencia es la suma de dos acciones: por un lado, definir claramente una estrategia de búsqueda a partir de los elementos simplificados en nuestra pregunta clínica y, por otro, elegir la base de datos biomédica donde vamos a realizar la búsqueda. ir r • i r i r r r Fo mulac ón de mane a p ec sa de una p egunta a pa t de un p oblema clín co • Formular una pregunta de forma relevante consiste en dividir los elementos principales del problema clínico y descomponerlo para poder sistematizar la información disponible. Una forma E • (HBPM) a este paciente al que le he hecho una meniscectomía simple artroscópica? ¿Qué tratamiento prescribo para la osteoporosis en esta paciente con DMO (densidad mineral ósea) > 3 DE y alto riesgo de fractura vertebral? Tras la resección oncológica masiva, ¿reconstruyo con un homoinjerto o con una megaprótesis? ¿Puedo mejorar la supervivencia de mis prótesis de rodilla si empleo un navegador quirúrgico como elemento de apoyo? se ha realizado una meniscectomía artroscópica simple. • Intervención que se quiere considerar: el empleo de HBPM i Saber qué es lo que queremos buscar es el primer paso para encontrar. Del modo más básico, podemos entender el problema clínico como la inquietud que nos lleva a cuestionar nuestros conocimientos sobre un hecho concreto asistencial: • Paciente o problema de interés: en un paciente sano al que i r i i ifi Ident cac ón de un p oblema clín co de recordarlo es seguir el acrónimo PICO (paciente descrito, intervención que se quiere realizar, comparación y resultado [outcome]). Con la experiencia se mejora la capacidad de formular preguntas relevantes, pero todas tienen elementos comunes:6 1) identificación del paciente y/o problema: tratar de describirnos a nosotros mismos el grupo de pacientes que son similares al que nos interesa; 2) intervención: hay que descubrir la principal acción que quiero llevar a cabo, ya sea diagnóstica, terapéutica, etc., y es crucial ser específico; 3) intervención que se quiere comparar: cuestionarnos cuáles son las alternativas u opciones que existen de forma muy específica, y 4) resultado: buscar qué esperamos que le suceda al paciente, preguntarnos por cuál es el beneficio más específico deseado. Imaginemos que nuestro problema clínico sea: «¿Tengo que prescribir una HBPM a este paciente al que le he hecho una meniscectomía simple artroscópica?». En este caso, podemos formular la pregunta así: «En un paciente sano al que se ha realizado una meniscectomía artroscópica simple, ¿el empleo de HBPM como profilaxis frente a la evolución natural tromboembólica tras el procedimiento es suficientemente positivo como para obviar sus posibles efectos secundarios?». Esta pregunta contiene los elementos que caracterizan mi problema clínico: B Siguiendo este esquema, la Asociación Británica de Ortopedia comenzó en 2015 un programa que ha denominado «GIRFT» (getting it right first time, «haciéndolo bien a la primera») con un programa que se marca unos objetivos al corto (reducción de costes de implantes, reducción de estancias, reducción de infecciones quirúrgicas), medio (reducción de complicaciones quirúrgicas, protocolos y registros nacionales) y largo plazo (disminución en cirugía protésica de revisión, disminución de demandas judiciales). Está claro que la ortopedia basada en la evidencia no es una moda pasajera, sino que trata de incorporar a nuestra práctica clínica la sistemática aprendida de otras disciplinas adaptándola y orientándola hacia la resolución de problemas de la forma más eficiente en nuestro campo. El objetivo de este capítulo no es recopilar y procesar toda la información clínica disponible en cirugía ortopédica, sino facilitar al lector la comprensión de los pasos sucesivos y secuenciales5 de la MBE, la lectura crítica de los artículos y su impacto económico sanitario para que adquiera los conocimientos y habilidades que le permitan mejorar el diseño de sus estudios y adquirir una opinión propia de la veracidad y validez de los datos que le sean presentados. strategia de búsqueda Para obtener una información de calidad, es muy importante que desarrollemos una estrategia sistemática y tratar de limitar al máximo la búsqueda. ERRNVPHGLFRVRUJ 23 C apítulo 3 Cirugía ortopédica y traumatología basada en la evidencia Elección de los términos de búsqueda • Reducción de la búsqueda: 1) emplear términos más pre ­ Una vez definida claramente nuestra pregunta, deberíamos realizar una «tormenta de ideas» para tratar de conocer los términos que mejor identifican nuestra búsqueda. En nuestro ejemplo, podrían establecerse como «adulto», «artroscopia», «rodilla», «trombosis», «adulto», «factores de riesgo», etc. Estos términos libres se conocen como keywords y son aquellos que nosotros elegimos para definir nuestra pregunta. El principal problema de realizar la búsqueda empleando términos libres es que se realiza exactamente por la palabra y podemos perder información por motivos como emplear escrituras incorrectas del inglés (p. ej., «arthroscopi» en lugar de «arthroscopy») o sinónimos («flebitis»). Para obviar este tipo de problemas, se desarrolló en Medline una herramienta de búsqueda mediante el empleo de términos MeSH. Estos constituyen una serie de términos predefinidos y actualizados constantemente que los editores de Medline emplean para clasificar las referencias bibliográficas. Están organizados en forma jerárquica en varios niveles. Combinación de los términos de búsqueda Para poder combinar los términos elegidos, deberíamos tratar de agruparlos por afinidades o por grupos que expresen la misma idea. En nuestro ejemplo, podemos utilizar un término libre, «meniscal», y dos MeSH por cada grupo, «adult/arthroscopy» y «thrombophlebitis/postoperative complication», y agruparlos por afinidad. Una vez agrupados, podemos empezar la búsqueda, para lo cual emplearemos los operadores booleanos que sirven para expresar las relaciones entre los distintos grupos: • And: da como resultado de la combinación aquellos que se encuentran en todos los grupos que estamos comparando. • Or: da como resultado de la combinación aquellos que se cisos; 2) añadir más términos y usar el operador and, y 3) emplear términos MeSH muy específicos. jemplo de una búsqueda E En nuestro caso práctico sobre la necesidad de realizar profilaxis con HBPM, habíamos identificado dos grupos: uno compuesto por el sujeto sano que se somete a cirugía meniscal mediante un término libre, «meniscal», y dos MeSH, «adult/arthroscopy», y otro de complicaciones asociadas a la cirugía mediante dos términos MeSH, «thrombophlebitis/postoperative complication». Combinando los dos grupos con el operador booleano and, obtenemos cuatro artículos relevantes: 1. Demers C, Marcoux S, Ginsberg JS, Laroche F, Cloutier R, Poulin J. Incidence of venographically proved deep vein thrombosis after knee. Arthroscopy. Arch Intern Med 1998;158(1):47-50. 2. Delis KT, Hunt N, Strachan RK, Nicolaides AN. Incidence, natural history and risk factors of deep vein thrombosis in elective knee arthroscopy. Thromb Haemost 2001;86(3): 817-21. 3. Michot M, Conen D, Hotlz D. Prevention of deep-vein thrombosis in ambulatory arthroscopic knee surgery. A randomized trial of prophylaxis with low weight molecular heparin. Arthroscopy 2002;18(3):257-63. 4. Ilahi OA, Reddy J, Ahmad I. Deep venous thrombosis after knee arthroscopy: a meta-analysis. Arthroscopy 2005;21(6): 727-30. Encontrada la evidencia que buscábamos, a continuación debemos hacer una lectura crítica de la misma. encuentran en alguno de los grupos que estamos comparando. • Not: da como resultado de la combinación aquellos que se encuentran en el primero de todos los grupos que estamos comparando (elimina los que tengan en común). ectu a c ít ca de la n o mac ón c entí ca L r i lección de una base de datos E Las fuentes donde debemos buscar son Medline (PubMed), Cochrane (Bandolera), NICE, UpToDate, Scottish Intercollegiate Guidelines Network, EMBASE, Current Concepts, etc. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Revisión de los resultados de una búsqueda El resultado de una búsqueda bibliográfica depende del número de referencias bibliográficas que existan en la base de datos. Si queremos una búsqueda muy sensible que contenga todos los artículos posibles, debemos tratar de ensanchar la búsqueda lo máximo posible; si, por el contrario, queremos realizar una búsqueda muy específica, debemos tratar de estrechar la búsqueda: • Ampliación de la búsqueda: 1) emplear sinónimos; 2) usar caracteres comodines al final de cada palabra para localizar todas las palabras que empiecen de esa manera; 3) utilizar términos MeSH muy genéricos; 4) comprobar el correcto empleo de operadores booleanos, y 5) cambiar de base de datos. r i i f r i fi Para que un artículo aporte valor a una decisión clínica, debemos saber y, por tanto, buscar tres aspectos esenciales: su validez, la magnitud de los resultados y la aplicabilidad de los mismos. Es decir, hacer una lectura crítica.5 alidez interna V Hace referencia directamente al diseño del estudio, a la ejecución del mismo y, sobre todo, a la posibilidad de contener sesgos, es decir, al grado en el que las conclusiones del investigador describen correctamente lo que verdaderamente ocurre en el estudio. Una diferencia entre dos intervenciones puede estar causada por la propia intervención (lo que se investiga), por el azar (lo medimos con la p = error a), por terceras variables (modifican la relación entre la exposición y el resultado, ya sea porque aumentan o disminuyen el efecto de la exposición) o por sesgos (un desequilibrio entre los grupos en algo que condiciona el resultado). Los sesgos de selección y de desgaste de la muestra se minimizan mediante la aleatorización. Los sesgos de evaluación o actuación se minimizan mediante el enmascaramiento. Los sesgos disminuyen cuando los investigadores realizan estudios experimentales, es decir, controlan el escena- ERRNVPHGLFRVRUJ 24 Parte I Principios generales rio de ejecución (ensayo laboratorio, ensayo clínico, ensayo comunitario), frente a los estudios observacionales, en los que el investigador describe un escenario. En estos últimos, hablamos de estudios analíticos cuando hay un grupo control (cohortes, casos y controles, transversal) y descriptivos cuando no lo hay (series de casos) (fig. 3-2). Podemos afirmar que el menor sesgo se produce en los ensayos clínicos aleatorizados (ECA) y el mayor en las series de casos (ECA < casos y controles < transversales < series de casos). No obstante, no debemos rechazar los estudios observacionales,7 ya que aportan mucha información útil que nos permite estimar el espectro clínico de una enfermedad (las causas de una enfermedad no se pueden ver en ensayos experimentales), aparte de requerir menos recursos y dinero en su ejecución. Es importante conocer el valor que cada diseño aporta. Para que las agencias sanitarias aprueben un medicamento, requieren un nivel de evidencia I (ECA) y retiran medicamentos del mercado con un nivel de evidencia II-III primando la seguridad frente a la eficacia. No es que haya mejores o peores diseños, sino que hay diseños para cada momento y circunstancia. En ocasiones, se confunden entre sí los estudios observacionales y grupo control. La diferencia viene marcada por la dirección temporal entre la exposición y los resultados: ¿Asigna el investigador la exposición? Sí. Estudio experimental No. Estudio observacional ¿Asignación aleatoria? ¿Grupo control? Sí. ECA No. Ensayo no aleatorizado Otro aspecto importante es prestar atención sobre cómo se han tratado los abandonos y pérdidas durante el período de estudio. El abandono es inevitable en la investigación clínica: el paciente retira el consentimiento, presenta efectos adversos, se traslada geográficamente, etc. Si los investigadores solo consideran a aquellos durante el período que han recibido tratamiento, hablamos de análisis por protocolo. Si los investigadores han considerado que, a pesar del abandono, el paciente figurará como si hubiese recibido la intervención, nos referimos al análisis por intención de tratar. Este enfoque por intención de tratar es el más exigente, mantiene la homogeneidad del grupo y tiene más valor en el caso de demostrarse efecto beneficioso que el análisis por protocolo. Cada situación específica requerirá un tipo de estudio u otro, y lo que variará será el nivel de evidencia en función de los posibles sesgos.8 Resultados Los resultados de un trabajo de investigación son el fin en sí mismo. Investigamos para poder estimar y conocer el efecto de un tratamiento y debemos cuestionarnos cuán precisa fue la estimación del efecto, así como su magnitud. Nos interesa saber cómo se ha medido ese efecto para posteriormente poder conocer la magnitud y fortaleza de la asociación estadística.9 En este sentido, es muy importante destacar que el valor de p no F gu a 3-2 r • i • No. Estudio descriptivo Dirección temporal entre exposición y resultado • Estudio de cohorte: se selecciona por aquellos que han es- tado expuestos (de la exposición al resultado). Estudio de casos y controles: se selecciona por el resultado (del resultado a la exposición). Estudio transversal: simultanea el resultado y la exposición, por lo que no puede establecer relaciones de causa-efecto sino de asociación. Sí. Estudio analítico Estudio de cohorte Exposición Resultado Estudio de casos y controles Exposición Resultado Estudio transversal Exposición Resultado Distintos diseños de estudios. tiene nada que ver con la magnitud del efecto. La p estadística solo viene a representar la probabilidad de que lo que se afirma es debido al azar y no al efecto encontrado. Un ejemplo nos puede ayudar a entenderlo mejor: imaginemos que un tratamiento A tiene un efecto adverso de un 15%, y el fármaco B, del 14,5%, y esta diferencia es estadísticamente significativa con una p < 0,0000001. Lo que nos quiere decir es que la posibilidad de que esa diferencia sea debida al azar es de una millonésima, pero la diferencia de efectos secundarios es solo del 0,5%. Lo que nos marca la verdadera dimensión del efecto son las medidas de asociación o, lo que es igual, la medida de la magnitud de las asociaciones. Vamos a trabajar sobre uno de los artículos que hemos encontrado.10 Michot et al. presentan un trabajo sobre 130 pacientes que tras cirugía ambulatoria artroscópica han sido divididos en dos grupos de forma aleatoria: 66 reciben profilaxis y 64 no (los resultados se muestran en la tabla 3-1): • Riesgo absoluto (RA): viene a representar la probabilidad de que un determinado resultado o evento ocurra en el grupo en cuestión. El riesgo absoluto de trombosis venosa profunda (TVP) en el grupo que recibe profilaxis es del 1,5% (1 de 66) y en el grupo que no recibe HBPM es del 15,6% (10 de 64). ERRNVPHGLFRVRUJ C 25 apítulo 3 Cirugía ortopédica y traumatología basada en la evidencia abla 3-1 Matriz de información. Resultados del trabajo de Michot sobre 130 pacientes tras cirugía ambulatoria artroscópica T TVP + TVP – Total Profilaxis con HBPM: sí 1 65 66 Profilaxis con HBPM: no 10 54 64 Total 11 119 130 siempre menor del 100% y que el efecto que esperamos alcanzar oscila entre el 25 y el 99%. Odds ratio: riesgo y probabilidad no son lo mismo, el riesgo de intervenir mediante prótesis total de cadera (PTC) a una paciente con un aneurisma aórtico es alto a pesar de que la probabilidad de la rotura del mismo durante la PTC sea baja. Hasta ahora, a través del trabajo de Michot hemos estimado el riesgo de desarrollar TVP en función de si realizamos profilaxis con HBPM; podemos, además, estimar la probabilidad de presentar la TVP dependiendo de si hacemos profilaxis o no. El parámetro de asociación que lo representa es el odds ratio, que se calcula dividendo entre sí las probabilidades de tener el evento o no. En este caso, la posibilidad de desarrollar una TVP en el grupo que recibe HBPM es de 1/65 y la probabilidad de TVP en el grupo control es de 10/54. El cociente entre ambas es de 0,083 y nos indica que, al ser menor de la unidad, la medida terapéutica es válida. Si hubiese salido de 1, querría decir que no hay efecto y, si sale mayor de la unidad, que es un efecto adverso. Lógicamente, la odds ratio también debe valorarse con su intervalo de confianza. Number needed to harm (NNH): representa otro parámetro clínico, que nos indica el número de tratamientos que deben prescribirse para desarrollar un efecto adverso. Cuanto mayor sea el NNH, tanto más seguro será un tratamiento. Hasta ahora, no se solía incluir esta información en los trabajos, pero día a día va adquiriendo importancia. • HBPM, heparina de bajo peso molecular; TVP, trombosis venosa profunda. ­ • Reducción del riesgo absoluto (RRA): el efecto terapéutico • • © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • • se puede calcular hallando la diferencia entre los dos grupos (15,6 – 1,5 = 14,1%) y viene a representar la proporción de pacientes que no presentarían TVP si recibiesen HBPM. Riesgo relativo (RR): para poder comprender la magnitud del riesgo de desarrollar TVP, debemos compararla con otra situación y estimar el riesgo relativo dividiendo entre sí el valor del riesgo absoluto de cada grupo. En este caso, el riesgo relativo es del 9,7% (1,5/15,6) y viene a representar la proporción de riesgo que sigue presente cuando los pacientes reciben HBPM. Reducción del riesgo relativo (RRR): es el inverso del RR (RRA = 1 – RR) y viene a representar la proporción de riesgo eliminado por la acción del experimentador; en este caso, la HBPM. Dicho con otras palabras, cuanto mayor sea la reducción del riesgo relativo, tanto más eficaz será la acción del investigador. En nuestro ejemplo, la RRR es del 90,3% (1 – 0,097). Número necesario de tratamientos (NNT): el valor de la reducción del riesgo relativo nos orienta sobre la magnitud del efecto, pero, como ocurría con la p estadística, puede ser que no tenga repercusión sobre la práctica clínica. En nuestro ejemplo, se obtenía una espectacular RRR del 90,3%, pero que puede representar una situación en la que el fármaco reduzca el riesgo de trombosis del 31,1 al 3,1% o del 1 al 0,1%. En este último caso, el efecto es espectacular: ¡un 90,3%!… pero sin casi relevancia clínica (0,9%). Para rellenar este vacío se utiliza el NNT, que es un parámetro clínico que nos indica el número de tratamientos a prescribir para evitar, en este caso, una TVP. Se calcula dividiendo la unidad por el valor de la reducción del riesgo absoluto (NNT = 1/RRA): 7 en nuestro caso (1/14,1). Nos indica que debemos realizar profilaxis en siete pacientes para evitar en uno la aparición de TVP. Intervalo de confianza: de todos es conocido que las cifras de resultados en medicina se presentan con un intervalo de confianza, generalmente, del 95%, que viene a representar el margen de cifras donde se encuentra en realidad el potencial terapéutico. En el trabajo de Michot et al. obteníamos una RRR del 90,3, con un intervalo de confianza del 95% de entre el 26,4 y el 98,7%. Lo que nos representa es que con casi total seguridad podemos afirmar que las HBPM tienen un efecto terapéutico, ya que el intervalo es • plicabilidad de los resultados. alidez externa A V La aplicabilidad de los resultados o validez externa representa el grado de aplicación de las conclusiones fuera del marco ideal del investigador. Para ello, debemos ver si los sujetos de estudio están suficientemente bien caracterizados y los datos clínicos relevantes bien detallados para que pueda comparar a esos pacientes con los de mi estudio; si se tuvieron en consideración todos los resultados clínicamente relevantes; si la intervención es consistente con los valores y preferencias de los pacientes, y si los beneficios son mayores que los daños o costes. Un trabajo puede ser excelente desde el punto de vista de diseño y ejecución, y no poder utilizarlo para la toma de decisiones clínicas, por ejemplo, si no dispongo de la herramienta diagnóstica o terapéutica que se ha utilizado. La validez externa analiza los beneficios, riesgos, costes económicos y sociosanitarios de los resultados obtenidos en el trabajo antes de emplearlos en la práctica diaria, y presta especial atención al marco terapéutico del estudio, la selección de los pacientes, sus características y aleatorización, las diferencias entre los procedimientos del protocolo y los de la práctica clínica, las medidas del resultado y seguimiento, así como los efectos adversos del tratamiento. pl cac ón de la ev denc a A i i i i Tras la lectura crítica de los trabajos encontrados y su aceptación, ya tenemos la información necesaria para responder a nuestra pregunta clínica: «En un paciente sano en el que se ha realizado una meniscectomía artroscópica simple, ¿el empleo de HBPM como profilaxis frente a la evolución natural trom- ERRNVPHGLFRVRUJ 26 Parte I Principios generales Cuando los autores realizan un análisis estadístico de un conjunto de estudios comparables, hablamos de un metaanálisis. Cuando es una descripción de las series que componen los distintos trabajos, hablamos de una revisión sistemática. Del modo más básico, podemos decir que el metaanálisis es el ensayo sumatorio de los ensayos similares entre sí y que, por tanto, todos los aspectos que hemos comentado de validez interna y externa, resultados y aplicabilidad, son aplicables. Con la misma importancia con que destacamos que la p es una medida de significación estadística y no de relevancia clínica, debemos incidir en que un metaanálisis no es por sí solo garantía de calidad y veracidad del mismo, sino que dependerá directamente de la calidad de la búsqueda de información realizada y de la calidad de los trabajos que se analizan. A la hora de enfrentarse a un metaanálisis, debemos prestar atención a la forma en la que se han obtenido los trabajos, a cómo ha sido la ruta de búsqueda y a cuáles han sido las bases de datos consultadas. Es igualmente importante fijarse en los criterios de inclusión/exclusión de los estudios encontrados, así como en el número de enfermos y sus características demográficas. Supongamos que unos autores quieren conocer la incidencia de tromboembolismo tras cirugía meniscal artroscópica y, para ello, inician un metaanálisis que finalmente está compuesto por tres trabajos: uno sueco que aporta 30 enfermos, uno americano que aporta 40 enfermos y uno chino que aporta 450 enfermos. Este metaanálisis tendría como población de estudio a 520 enfermos (30 + 40 + 450), pero difícilmente podría representar a la raza caucásica o africana por el alto predominio de la asiática. ri i E conomía san ta a La comunidad médica en general, y, en especial, la ortopédica, no puede ser ajena al aspecto económico en la toma de decisiones clínicas.12 Ya no se trata de encontrar la medida más eficaz, sino de encontrar aquella que produzca los mayores beneficios con el menor coste permitiendo, así, la universalidad y el sostenimiento de los sistemas sanitarios, en especial, de aquellos que se financian a través del erario público. En este sentido, es pertinente aclarar tres conceptos: 1. Eficacia: hace referencia al impacto o efecto de una acción llevada a cabo en las mejores condiciones posibles o experimentales. Es el resultado del ensayo clínico. 2. Efectividad: hace referencia al impacto o efecto de una acción llevada a cabo en condiciones reales. Es el resultado de la práctica clínica. 3. Eficiencia: hace referencia a alcanzar el mayor efecto con el menor coste social. En nuestro conocimiento, debemos ser eficaces (conocemos lo que se sabe); en nuestra práctica clínica, efectivos (conocemos cómo funciona), y en la toma de decisiones debemos ser eficientes (elegimos lo que es mejor en términos globales). Favorable Desfavorable F gu a 3-3 Ejemplo de diagrama de bosque que muestra los resultados de un metaanálisis. r i r r i i i r i M etaanál s s e nte p etac ón de un d ag ama de bosque Casi todos los metaanálisis se expresan en forma de diagrama de bosque (forest plot), por lo que es importante estar familiarizado con este tipo de información gráfica (fig. 3-3). El diagrama suele estar dividido en dos zonas: una con resultado favorable a la intervención y otra con resultado desfavorable. Cada trabajo viene representado por una barra que será más o menos ancha según la dispersión de los resultados. El punto medio de esta barra es la media de la variable analizada. No es infrecuente que un trabajo comparta ambas zonas en su intervalo de confianza y que su valor medio esté en zona favorable, pero la cola de la serie total (intervalo de confianza del 95%) esté en la zona contraria. Los resultados de la serie global se suelen representar con un diamante. Su anchura es el intervalo de confianza, y su centro, el valor medio. i boembólica tras este procedimiento es suficientemente positivo como para obviar sus posibles efectos secundarios?». El metaanálisis encontrado en nuestra búsqueda, firmado por Ilahi,11 nos muestra la evolución natural de la TVP tras artroscopia de rodilla. El trabajo recoge la experiencia acumulada en seis ECA respecto al riesgo de TVP tras una artroscopia simple con una incidencia del 9,9% y un rango de confianza del 95% entre el 8,1 y el 11,7%. El trabajo de Michot nos había enseñado que el empleo de HBPM conseguía una reducción del 90,3% del riesgo con un NNT razonablemente bajo de 7, aunque en su trabajo el riesgo absoluto era mayor (15,6%) (¿más sensibilidad en las pruebas realizadas?), y que conseguíamos una reducción de este riesgo absoluto en un 14,1% hasta quedarse en el grupo de intervención en torno al 1%. Por otro lado, sabemos que existe un riesgo del 1% de trombocitopenia y hemorragia en pacientes que reciben HBPM como efecto adverso.5 Conociendo el valor de la intervención que quiero comparar, que si no se realiza profilaxis el riesgo de TVP es de aproximadamente el 10% y que si empleo estas medidas el riesgo se reduce casi en un 90% para quedarse en valores en torno al 1%, se llega a la conclusión de que la cifra es similar a la de los riesgos de sufrir un efecto adverso por la utilización de HBPM tras meniscectomía artroscópica. Por tanto, puedo aconsejar a mi paciente que, sobre la base de las evidencias/ hechos disponibles, parece aconsejable prescribirle un tratamiento preventivo con HBPM para evitar una complicación posquirúrgica con un desenlace potencialmente fatal. ERRNVPHGLFRVRUJ C © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 27 apítulo 3 Cirugía ortopédica y traumatología basada en la evidencia Muchas veces se confunde eficiencia con barato, y nada más lejos de la realidad. No se trata de elegir lo más barato, sino de elegir lo más eficiente; y esta decisión se basa en el desarrollo de trabajos de economía sanitaria que siguen una metodología muy concreta. Si no se tienen en cuenta los costes ni las consecuencias de las distintas alternativas, es un simple análisis de costes. Existen diferentes métodos para construir el marco económico, pero el más extendido es el de Markov. Consiste en un modelo matemático de probabilidad de los distintos sucesos que pueden acontecer de forma secuencial (se opera y se puede infectar; si se infecta, se puede recambiar; si se recambia, puede fracasar, etc.). La información clínica que se da al modelo se nutre de los estudios publicados en relación con estos sucesos. Los datos económicos se obtienen de los servicios centrales de los hospitales u organizaciones sanitarias. Del modo más simple, podemos distinguir tres tipos de estudios económicos. Todos tienen en común que se tienen en cuenta las consecuencias de comparar dos o más alternativas (p. ej., a través de un modelo de Markov) y el coste (directo e indirecto) de las opciones a analizar, y en lo que difieren es en la medida del resultado: está directamente relacionado con la economía de cada país y su producto interior bruto. En España no existe un valor establecido, pero se suele considerar una ratio de coste-efectividad por AVAC de 25.000 euros. El sistema nacional de salud británico tiene establecido esta ratio de coste-efectividad por QALY en 30.000 libras esterlinas (39.500 euros). Conocer el punto de corte es muy importante, ya que los resultados de un estudio económico comparativo entre dos opciones se suelen representar en una matriz de dos por dos: 1. Coste-eficacia: compara el resultado de la opción A y su coste frente al resultado de la opción B y su coste. La medida de comparación es la misma que la de la variable (p. ej., coste del descenso en mg/dl de la colesterolemia) o estado salud (los valores obtenidos de un cuestionario de estado de salud [SF-36] son un resultado). Hay multitud de escalas generales (SF-36) y específicas de cada patología. 2. Coste-beneficio: compara el beneficio social de la opción A y su coste frente al beneficio social de la opción B y su coste. 3. Coste-utilidad: compara la ganancia en calidad de vida de la opción A y su coste frente a la ganancia en calidad de vida de la opción B y su coste. La medida de comparación es años de vida ajustados a calidad (AVAC, o QALY, quality adjusted life year). Es una herramienta que transforma en valor (0-1) una situación clínica concreta y se basa en cinco dimensiones de la vida de las personas. El valor se obtiene a través de unos formularios EQ-5D-5L (www.euroqol.org). 1. Guyatt GH. Evidence-Based Medicine [Editorial]. ACP Journal Club 1991;112(2):A16. 2. Evidence-Based Medicine Working Group. Evidence-based medicine. A new approach to teaching the practice of medicine. JAMA 1992;268(17):2420-5. 3. Pozo Rodríguez F. La medicina basada en la evidencia. Una perspectiva desde la clínica. Medicina Clínica 1999;112(1):12-6. 4. Sacristán JA. Evidencia basada en la medicina. Medicina Clínica 1999;112(1):9-10. 5. Schunemann HJ, Bone L. Evidence-based orthopaedics: a primer. Clin Orthop Relat Res 2003(413):117-32. 6. Sacket DL. Medicina basada en la evidencia: cómo ejercer y enseñar la MBE. Madrid: Churchill-Livingstone; 1997. 7. Song F, Altman DG, Glenny AM, Deeks JJ. Validity of indirect comparison for estimating efficacy of competing interventions: empirical evidence from published meta-analyses. BMJ 2003;326(7387):472. 8. Scottish Intercollegiate Guidelines Network (SIGN). Forming guideline recommendations. In: SIGN. A Guideline Developers’ Handbook. Edinburgh: SIGN, 2001. 9. Gómez de la Camara A. Investigación Clínica en COT. Curso Organizado de la Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 2005. 10. Michot M, Conen D, Hotlz D. Prevention of deep-vein thrombosis in ambulatory arthroscopic knee surgery. A randomized trial of prophylaxis with low weight molecular heparin. Arthroscopy 2002;3(18): 257-63. 11. Ilahi OA, Reddy J, Ahmad I. Deep venous thrombosis after knee arthroscopy: a meta-analysis. Arthroscopy 2005;21(6):727-30. 12. Hurwits S. Evidence-based medicine in orthopaedic surgery–a way to the future. Iowa Orthop J 2003;23:61-5. Es importante comprender el significado de la QALY/AVAC, ya que representa cuánto gana en calidad de vida un enfermo o cuánto gana en años de vida ese mismo enfermo. Corresponde a cada país determinar cuántos recursos está dispuesto a emplear en esa ganancia de calidad de vida; es decir, el punto de corte • Opción A es peor que B y más cara: desechada. • Opción A es mejor que B y más barata: aceptada. • Opción A es peor que B, pero más barata: decidir por QALY. • Opción A es mejor que B, pero más cara: decidir por QALY. Sin lugar a dudas, no se puede concebir un ejercicio profesional eficiente si no se está familiarizado con estos términos de gestión sanitaria. bl og a ía Bi i ERRNVPHGLFRVRUJ r f Capítulo 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología Enrique Guerado Parra, Gabriela Guerado Romero, Gema Guerado Romero Resumen La gestión clínica consiste en la administración de capital humano y tecnología para cumplir unos objetivos de salud dentro de un contexto geopolítico concreto. Para ello, son necesarios conocimientos profundos de la especialidad, además de otros complementarios de inglés, economía básica, informática o investigación. En este capítulo se presenta una introducción a los principios básicos de la economía: los recursos son limitados, el coste de oportunidad, las decisiones marginales y las personas se mueven por incentivos. Se realiza un análisis de la cadena de producción, desde el mercado macro-, meso- y microeconómico hasta los indicadores clínicos, de costes y de calidad de una unidad de gestión clínica de cirugía ortopédica y traumatología (UGCCOT), y se establece una secuencia clara (proceso) partiendo de unos factores de producción (estructura) constituidos por capital humano (personas con alta cualificación) y tecnología para conseguir unos objetivos (resultados) fijados de antemano. Esta secuencia se establece en el orden: facultativos, diagnósticos, ingresos hospitalarios/hospital de día, tratamientos, investigación y mercadotecnia. La eficiencia de cada paso de esta secuencia está expresada en indicadores clínicos, económicos y de calidad. En este texto, se propone un algoritmo de funcionamiento de una UGCCOT y el papel del director de la UGCCOT. Int oducc ón r i La gestión clínica consiste en la administración de capital humano y tecnología para cumplir unos objetivos de salud dentro de un espacio geopolítico concreto. Durante los últimos 30 años, la gestión clínica ha irrumpido en los sistemas nacionales de salud de los estados occidentales como un concepto que quiere conciliar la práctica clínica de calidad con una utilización adecuada de los recursos, concepto conocido en economía como eficiencia (máxima efectividad al mejor coste).1-3 Como cualquier actividad que consista en tutelar personas, la gestión clínica en un departamento hospitalario —actualmente se suele denominar unidad de gestión clínica (UGC)— es una labor compleja que transciende el hospital porque este pertenece a un espacio donde conviven agentes sociales: pacientes, asociaciones, sindicatos, políticos, empresarios, etc., que diseñan un marco regulador de relaciones al que podemos llamar ordenamiento o, mejor, superestructura jurídico-política, dado que este último concepto incluye aspectos sociológicos informales.4 En un sentido práctico, desde la posición del director de una UGCCOT deben fijarse unos objetivos cuyo fin último debe servir para aumentar y corregir la salud de las personas, fomentando la especialización profesional y actualizando la tecnología, en coherencia con un presupuesto que se rige bajo los principios básicos de la economía.1-3 Generalmente, estos objetivos suelen estar incluidos en los ya fijados desde la dirección de los hospitales, que, a su vez, los recibe desde el poder político en el caso de los hospitales públicos, o desde el consejo de administración, en los privados. Por razones de espacio, escapa de los objetivos de este capítulo la gestión de las emociones del capital humano (personal facultativo, de enfermería, directivos, etc.), aunque son la base del éxito en la gestión de cualquier actividad, dado que atañen a la condición humana, y, junto con la tecnología —incluso más importante que esta—, los factores de producción esenciales en un hospital, del mismo modo que excluimos las técnicas de negociación de recursos, actividades comprendidas todas ellas en la llamada inteligencia emocional,5 esencial en economía. Principios básicos de la economía La economía —base de la gestión— se trata de una ciencia social que estudia el comportamiento de las personas,1-3 si bien pretende hacerlo en lo posible midiéndolo de forma objetiva mediante unos modelos matemáticos y estadísticos que constituyen una disciplina denominada econometría. En economía, la base de la actividad es la producción de «bienes».1-3 Cuando producimos un objeto material o una actividad inmaterial beneficiosa para la sociedad, decimos que hemos producido un bien. Cuando una fábrica manufactura un clavo intramedular, decimos que ha fabricado un bien, pero también, cuando realizamos un enclavamiento en un paciente, hemos producido un bien porque este se considera dependiendo del objetivo de su producción, denominándose insumos a las partes que lo constituyen. Así, para una fábrica de implantes quirúrgicos la producción de un clavo intramedular es el bien y sus insumos el titanio, la manufactura, etc., mientras que para una UGCCOT el bien es la curación de una fractura y el clavo es simplemen- 28 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología te un insumo que, junto con otros como los fármacos, las camas hospitalarias, las actividades clínicas, etc., produce el bien referido. Por tanto, lo que para unos es un bien para otros es un insumo. El objetivo de la economía consiste en producir bienes para satisfacer las necesidades de todos los miembros de una comunidad y, por ello, se dice que una economía está en equilibrio cuando todos sus miembros tienen satisfechas todas sus necesidades, objetivo deseable, aunque utópico, hacia el que debe encaminarse la planificación de cualquier economía. Consecuentemente, diremos que una UGCCOT es una economía encaminada a producir bienes que satisfagan las necesidades de salud, en concreto, del aparato locomotor, de una población determinada, y, por esta razón, en un sistema de salud se le da una importancia capital a la lista de espera: porque hay personas que aún no han visto satisfechas sus necesidades de salud. Aunque la economía se rige por diversos principios, hay cuatro básicos que un director de UGCCOT debe conocer: los recursos son limitados, el coste de oportunidad, las decisiones marginales y las personas se mueven por incentivos.1-3 © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Los recursos son limitados En cualquier actividad económica, los recursos están siempre limitados, siendo necesario hacer un uso eficiente de ellos. Se entiende que se ha hecho una utilización eficiente de unos recursos cuando se obtienen los mejores resultados con relación a un objetivo fijado de calidad y coste. Se dice, entonces, que se ha conseguido una efectividad social. Efectividad se distingue de eficacia cuando esta se consigue no en condiciones ideales (eficacia) sino en condiciones reales (efectividad). También decimos que la actividad es sostenible cuando puede mantenerse en el tiempo en relación con la asunción de sus costes personales y económicos. Si una actividad prevista como parte de un objetivo no puede mantenerse en el tiempo, es que el objetivo, aunque sea socialmente deseable, es imposible de cumplir y, por tanto, está mal fijado. Por consiguiente, la eficiencia relaciona consustancialmente la efectividad con el coste e, imprescindiblemente, con la sostenibilidad. Podemos afirmar que los objetivos deben ser eficientes y sostenibles. Un ejemplo de estos conceptos aparece en la utilización de una heparina de bajo peso molecular (HBPM) para evitar una enfermedad tromboembólica (ETE) tras una artroplastia de cadera. El efecto de la heparina en las personas se estudió bajo condiciones ideales en unos pacientes con variables seleccionadas (ensayo clínico controlado y aleatorizado: concepto de eficacia); tras ello, se empleó en todos los pacientes reales (uso clínico generalizado: concepto de efectividad) para conseguir una incidencia menor de embolismo en esta población tratada quirúrgicamente durante un año concreto, por ejemplo, el 0,3%.6 Cuando se han administrado las dosis adecuadas de HBPM fijadas en las mejores evidencias científicas y se ha conseguido el objetivo, podemos decir que nuestra práctica clínica ha sido eficiente. Si hemos administrado más dosis de las indicadas y no hemos disminuido la incidencia de embolismo, habremos malgastado los recursos para no ser más efectivos y diremos, por tanto, que hemos sido ineficientes. Si, además de la administración de HBPM, podemos colocar la extremidad intervenida en un colchón de presión intermitente y, con ello, disminuir la incidencia de ETE, pero debido al coste de esta tecnología no podemos aplicarla a todos los pacientes, diremos 29 que este otro objetivo es insostenible para el presupuesto del que disponemos, es decir, nuestros recursos son limitados. Coste de oportunidad Cuando se realiza una actividad concreta, se utilizan unos recursos y, dado que estos son limitados, no se aplican a otra actividad que podría haberse realizado, aunque fuera beneficiosa. El concepto de coste de oportunidad se relaciona con las decisiones de rechazar actividades que podrían ser beneficiosas, pero llevarlas a cabo traería renunciar a otras consideradas más importantes, y se refiere tanto a lo material como a lo inmaterial, bienes o acciones que dejaron de hacerse en favor de otros. En el ejemplo anterior, dado que los recursos son limitados, hemos tomado como decisión utilizar nuestro presupuesto para administrar la HBPM, pero rechazado el colchón de presión intermitente; diremos que este ha sido el coste de oportunidad. El coste de oportunidad, si el colchón de presión intermitente no disminuye el tromboembolismo, diremos que fue cero, pero si disminuye un 0,2% marginal diremos que este fue nuestro coste de oportunidad, al cual se le puede dar un valor dinerario debido al aumento de estancia hospitalaria o de otros fármacos para tratar esos casos. Nuestra decisión ha conllevado un coste de oportunidad. Decisiones marginales Las decisiones marginales gestionan el coste de oportunidad debido a que los recursos son limitados. El concepto de decisión marginal es la base del diseño de un presupuesto. En cualquier presupuesto, como los recursos son limitados, habrá actividades o inversiones beneficiosas que rechazaremos, tomando decisiones marginales sobre a qué dedicamos nuestro dinero. Siguiendo el ejemplo anterior, ahora podríamos administrar HBPM a todos los pacientes, excepto a los de bajo riesgo; así, ahorramos costes y los aplicamos, junto con los de la presión intermitente, a los de alto riesgo; mediremos el resultado de nuestra decisión marginal, que será acertada si disminuimos el tromboembolismo en los pacientes de alto riesgo sin aumentarlo en los de bajo. Lo ideal sería que ambos grupos de riesgo se beneficiaran del tratamiento con HBPM y colchón neumático, pero, dado que nuestros recursos son limitados, debemos asumir el coste de oportunidades perdidas y tomar la opción de administrar los recursos mediante decisiones marginales. Las personas se mueven por incentivos Tener siempre presente que las personas se mueven por incentivos es el concepto clave de cualquier actividad porque esta no es posible si no hay personas. La totalidad de las personas se mueven por conseguir incentivos que las benefician o por evitar aquellos que las perjudican; estos incentivos pueden ser de orden moral, económico, de prestigio o cualquier otro. La conciliación de una actividad para conseguir un objetivo social eficiente con un incentivo individual es una habilidad imprescindible en la gestión de las personas de cualquier organización. Recordemos que en los hospitales públicos durante las sesiones quirúrgicas extras con pagos por intervención se podía intervenir a más pacientes que en las sesiones corrientes donde la actividad está incluida en un salario mensual cerrado. De igual manera se observa en la medicina privada, donde se paga por actividad, que los tiempos se gestionan con mayor eficiencia. Cualquier planificación que no tenga en cuenta que las personas ­ ERRNVPHGLFRVRUJ 30 Parte I Principios generales oducc ón i adena de pr C se mueven por incentivos está destinada al fracaso, y considerar este hecho no como un fenómeno normal sino como un fenómeno malévolo por parte de los profesionales es perder una oportunidad para mover la voluntad de las personas hacia objetivos constructivos. Desgraciadamente, existe una tendencia generalizada en muchos hospitales públicos a considerar la gestión como un instrumento de dirigir desde el poder y no de beneficiar a las personas dirigidas. Se olvida que el capital humano es la base de cualquier economía y, puesto que los recursos son limitados, las decisiones marginales que se deben tomar para minimizar el coste de oportunidad las llevan a cabo siempre las personas, que se mueven por incentivos. Mercado Conocido el concepto de bien y los principios básicos que rigen la economía, es conveniente saber que las personas intercambian bienes para vivir y lo hacen atendiendo a los principios básicos enunciados. En la vida se puede afirmar que existe un espacio físico y virtual donde hay intercambio de «bienes» entre personas al cual, en economía, se le llama mercado.1-3 El mercado no es más que un espacio físico, aunque actualmente, debido a las nuevas tecnologías, también virtual, donde se sitúan las personas que, para poder convivir, intercambian bienes materiales o inmateriales, movidas por conseguir un beneficio individual. Un empleado ofrece un bien a una empresa (su trabajo) y recibe otro bien (un sueldo), o compra un bien (p. ej., electricidad) y lo cambia por otro bien (p. ej., pago de una tarifa de consumo); un médico ofrece un bien (su trabajo para tratar pacientes) y lo intercambia por otro bien (su salario e incentivos profesionales). A este mercado lo rigen unas reglas, la mayoría de ellas no escritas, que denominamos «leyes del mercado»,1-3 y están reguladas por costumbres afectivas, morales, ideológicas, legislación, etc. —la superestructura jurídico-política4—, haciendo que, a veces, las decisiones que se tomen puedan parecer irracionales y que van en contra de los intereses de los ciudadanos. Por ejemplo, muchas omisiones de decisiones por la dirección de un hospital público o privado están mediatizadas por su aversión al conflicto, aun cuando este fuera necesario para solucionar un problema, pero debido a que podría ocasionar una respuesta sindical que llegaría a los medios de comunicación y una crítica pública al poder político o al prestigio de la empresa, que, a su vez, nombra a la dirección del hospital, se evita tomar algunas decisiones aunque fueran en beneficio de la comunidad. A este juego no escapa ningún colectivo y, dependiendo del nivel social, costumbres, instrucción y otras variables incluidas en la superestructura jurídico-política, la respuesta es diferente. Aceptar este hecho como algo consustancial a la condición humana es básico para la gestión diaria.7 Más aún, si analizamos nuestra propia actividad, comprobaremos que, como los directivos, muchas veces sacrificamos objetivos generales en virtud de incentivos personales. A este conjunto de objetivos personales capaces de anteponerse a los generales, se le denomina agenda oculta.8 Somos personas y, como tales, nos movemos por incentivos personales. Por tanto, todo esto se debe asimilar para dirigir con éxito a un grupo de personas altamente especializadas (capital humano) que utilizan una tecnología compleja —los dos factores de producción más importantes— en un asunto tan preciado como la salud de las personas. Los pacientes que llegan a un hospital y, por tanto, a la UGCCOT los provee el mercado sanitario (fig. 4-1A). En los hospitales públicos en algún modo los proveedores de pacientes, situados en el mercado, forman parte de la propia cadena productiva.9,10 Por ejemplo, atención primaria dirige a determinados pacientes a un hospital para un tratamiento más especializado o estos se dirigen al hospital por iniciativa propia a través de las urgencias porque creen que necesitan un diagnóstico o un tratamiento, aunque aún, hasta su posible ingreso, estén bajo la competencia de su médico de atención primaria, una vez dados de alta en la urgencia. Los costes de la atención de estos pacientes los cubre una aseguradora a la que el paciente le ha ido abonando unas tasas y que puede ser de titularidad pública —en la Seguridad Social, las tasas están incluidas en los impuestos— o privada. Estas tasas están fijadas por la empresa aseguradora tanto en el caso de que sea pública como en el de que sea privada y se corresponden con unos derechos en caso de necesidad. En la sanidad pública existen los mismos derechos para todos los pacientes (equidad) con independencia del pago (solidaridad) y se habla de sostenibilidad porque, aunque no existe un objetivo de lucro sino de perpetuación de la efectividad social, es necesario que los pagadores compensen a los que no aportan suficiente para sostener el sistema. En la sanidad pública, se considera que la salud de todas las personas es un bien irrenunciable. En la sanidad privada, los derechos se basan en el pago previo individual —no hay solidaridad—, bien por póliza, bien por pago directo, y atañen solo a las personas que estén incluidas en el pago con unos derechos dependientes de la cuantía de la póliza —no hay equidad—; por tanto, podremos decir que no solo no hay solidaridad ni equidad con el resto de la población, sino que tampoco las hay entre los propios afiliados a la aseguradora. Dado que esta sí tiene afán de lucro, su efectividad social no es el objetivo y, además, la sostenibilidad se ve constreñida a un balance económico positivo entre ingresos y gastos. En economía, los análisis no preconizan modelos, sino que analizan y presentan situaciones, correspondiendo las decisiones al poder político1,2 y, en el caso de los médicos, conviene conocer esto porque condiciona la actividad clínica, sea pública o privada. Puesto que las relaciones de deberes del hospital y derechos de los pacientes están reguladas por un contrato previo entre el hospital y la institución —política o mercantil— responsable de la gestión de la salud (contrato-programa), diremos que estos pacientes son clientes. Este concepto de cliente adquiere mayor vigor si tenemos en cuenta que los pacientes no suelen venir solos sino acompañados de sus padres, hijos u otros familiares o amigos, que percibirán el servicio y generarán opinión.11,12 Esta opinión es muy importante porque forjará, a su vez, un rédito a los titulares de la empresa trayendo fidelidad y nuevas afiliaciones a la aseguradora o, en el caso de los hospitales públicos, contribuirán a la percepción de eficiencia de la gestión de un determinado partido político en el poder. La opinión que los clientes tienen del servicio se capta mediante sondeos de opinión y le sirve a la aseguradora para tomar decisiones sobre cómo regular el servicio. En España, un ejemplo de la implicación de la opinión de los clientes en los intereses que mueven la gestión política del sistema sanitario público es el ERRNVPHGLFRVRUJ C 31 apítulo 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología MACROECONOMÍA Concertaciones Mercado Atención primaria Departamentos (UGC) del hospital Trabajadores especializados Clientes MESOECONOMÍA Servicios Trabajadores, bienes y servicios Producto no elaborado MICROECONOMÍA Administración Comisiones hospitalarias Director de la UGCCOT Producción ambulatoria y hospital de día A Biomateriales Producción hospitalaria (cirugía con ingreso) UGCCOT © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Gestión clínica Gestión económica Gestión de la calidad Práctica clínica Ingresos Gastos Controles Facultativos Versatilidad SNS y Con. Salarios Acreditación Diagnóstico Valor predictivo SNS y Con. Unidades Coste-efectividad Ingreso hospitalario Protocolos SNS y Con. Días Coste-efectividad Tratamiento Efectividad SNS y Con. Unidades Coste-efectividad Fármacos Efectividad SNS y Con. Unidades Coste-efectividad Investigación Aplicación clínica Becas Becarios Coste-efectividad Mercadotecnia Promoción de salud Con. y patrocinios Complementos Coste-efectividad Producto hospitalario Según estándares de calidad y costes B F gu a 4-1 A. Los niveles macroeconómicos (sociedad civil) y mesoeconómicos (hospital) condicionan la gestión del microeconómico (unidad de gestión clínica [UGC] de cirugía ortopédica y traumatología [UGCCOT]). El mercado provee los clientes con enfermedad y los insumos para utilizar sobre estos. El director de la UGCCOT, tras recibir información clínica de las comisiones hospitalarias (médicos y enfermeros) y económico-administrativa de soporte (p. ej., economistas, ingenieros), toma las decisiones estratégicas. B. La UGCCOT lleva a cabo la práctica clínica (gestión clínica), que precisa ingresos monetarios (del Sistema Nacional de Salud) y provoca gastos (gestión económica), lo cual requiere controles de calidad (gestión de la calidad) clínica y económica para ver la eficiencia de las acciones que llevan al producto hospitalario (cliente sin enfermedad). Tanto la práctica clínica como la económica son mediables desde indicadores. Por razones didácticas, en este capítulo coste y gasto se asimilan a un mismo concepto. Con., concertaciones. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 32 Parte I Principios generales N calendario vacunal distinto según cada comunidad autónoma, donde se reivindica la superioridad de un determinado partido político en el poder en la defensa de la salud de sus ciudadanos en comparación con otros de distinto signo político que gobiernan en otras comunidades, y esto a pesar de la preconización de los profesionales de contar con un calendario único.13 Se pretende crear opinión para que, ante unas elecciones, los ciudadanos elijan la opción que supuestamente mejor defiende sus intereses: ante un libre mercado donde hay varios oferentes —los partidos políticos—, los demandantes —los ciudadanos— optan por el mejor producto, aunque el mejor producto no sea el real, pero sí el percibido como mejor. Además de la transacción entre el mercado y el hospital —aunque por razones docentes hemos abstraído el hospital del mercado, el propio hospital forma parte del mercado y sería deseable la mayor eficiencia en la continuidad de cuidados—, la hay de pacientes, en menor cuantía, entre UGC del mismo hospital, por ejemplo, entre cirugía ortopédica y traumatología, y anestesia o radiología, así como dentro de una misma UGC cuando se envían pacientes a unidades especializadas (p. ej., de una unidad de rodilla a una unidad de raquis). Por ello, podemos observar que hay tres niveles de transacciones: entre el mercado y los hospitales, entre las UGC hospitalarias y entre las unidades especializadas de cada UGC. En economía diremos que estas transacciones se localizan en una macroeconomía (mercado-hospitales), en una mesoeconomía (entre UGC) y en una microeconomía (dentro de la misma UGC).1-3 Los límites de estas subeconomías no son siempre precisos, sino que se definen por convenir un ámbito de estudio. iveles económicos Las transacciones entre los agentes de los tres niveles referidos anteriormente pueden estar acordadas mediante contrato general o por el intercambio de un precio por servicio y funcionan de forma distinta según sea el nivel macro, meso o micro, o bien correspondan a empresas públicas o privadas.1-3,9,10 Macroeconómico Por ejemplo, entre la Seguridad Social y el hospital las transacciones se escriben en un contrato (contrato-programa) que fija el presupuesto que recibe el hospital por atender a una población específica asignada previamente de unas prestaciones concretas. En el caso privado, una póliza da derecho al cliente a un servicio dependiente de la cuantía de la póliza y podemos decir, en este caso, que sí hay un «mercado competitivo» o una «economía libre de mercado» con, en teoría, una mano invisible14 que hace que se regule solo: los clientes eligen la aseguradora mejor para sus intereses porque es la que ofrece el servicio —oferente— que quiere recibir el que lo necesita —demandante—. En el caso público, esto no ocurre así, sino que se rige por un oferente único y capta a un demandante que no puede elegir porque no está en condiciones de conseguir el servicio público de otro oferente público. Esta incapacidad del demandante —usuario— de comprar el servicio de otro oferente se puede deber a la inexistencia de este o a la incapacidad del demandante para pagar el servicio de forma privada. Por ello, la asistencia pública decimos que es solidaria, dado que a los demandantes que no pueden pagar el servicio —no cotizan— los cubre la cotización de otros, pero también monopolística porque no tiene competencia. Consecuentemente, como en cualquier monopolio, es el oferente el que fija las condiciones de la prestación sin que tenga una competencia oferente que le fuerce a mejorarlas. Mientras que entre las aseguradoras privadas existe un mercado competitivo, en la pública decimos que no sigue las leyes del mercado competitivo porque actúa en régimen de monopolio: hay un único oferente. Por definición, un monopolio que suministra un bien de consumo imprescindible, como la salud, no tiene que hacer esfuerzos para contentar y captar al demandante porque este acudirá a él. Esto que en economía se denomina fallo del mercado se pensó paliar poniendo a competir a los hospitales públicos, pero ello no es factible porque no se pueden ir ampliando, reduciendo o cerrando hospitales en relación con las fluctuaciones de pacientes; es muy ineficiente y generaría aumento y reducciones de plantilla que los trabajadores y sus sindicatos no asumirían; una aproximación a ello es la concertación con hospitales privados, pero en estos casos puede ser aún peor si la base del contrato no es la calidad sino el abaratamiento. No obstante, sí que se podría argumentar que hay algo de las leyes del mercado competitivo en la sanidad pública porque la competitividad en el funcionamiento de los hospitales públicos se traslada al debate político sobre quién los gestionaría mejor, dado que hay varios oferentes políticos. De este modo, diremos que la sanidad es monopolística, mientras que la oferta política que puede regir la sanidad lo hace por las leyes del mercado competitivo, lo que puede beneficiar a los demandantes. Sin embargo, esto puede ser discutido porque en cada país del mundo occidental con un sistema de salud desarrollado suele haber dos partidos políticos de acciones similares rigiendo la vida pública en régimen de oligopolio, donde hay muy pocos oferentes que pueden llegar a acuerdos confidenciales a espaldas de los demandantes. Cuando los oferentes en régimen de oligopolio se ponen de acuerdo, incurren en colusión; paradójicamente, aunque la colusión es un delito punible —se ha multado a las petroleras y a empresas de otros sectores—, los políticos practican colusión amparados en el «interés general», cuando no en acuerdos confidenciales. Además de ello, existen territorios donde es previsible que gane un partido político con casi total independencia de cómo gestione la sanidad, debido a la práctica de marcos políticos en otros campos muy sensibles para la población y que desde la política se explotan con habilidad.15 Este monopolio macroeconómico también se da en los niveles meso- y microeconómico, y, así, en un régimen de monopolio la dirección del hospital aceptará el contrato-programa que se dicte desde el órgano de poder político porque no tiene capacidad de negociar la «compra de servicios» con quien tiene incluso la potestad de cesar a la propia dirección. En economía, hay frecuentes ejemplos de ello tanto en un partido político que gobierna en monopolio (p. ej., en una dictadura) como en el suministro de un servicio monopolístico cual es la sanidad o el ejército. Consecuentemente, lo que ocurre en los hospitales públicos no debe caer en un análisis de buenos o malos, sino que no son más que las leyes de la economía monopolística, y una habilidad importante en un director de una UGCCOT es saber reconocer los roles de cada uno en este juego, dentro de su propia institución, y saber mover las emociones de directivos para conseguir recursos con vistas al cumplimiento de los objetivos, dado que estos son innegociables debido a que entre el director del hospital y el director de la UGCCOT se da la ERRNVPHGLFRVRUJ C misma relación de potestas explicada. Estas relaciones se extienden con mayor intensidad a los hospitales privados porque la capacidad coercitiva de la empresa sobre los directivos es incluso mayor, pero la diferencia está en el manejo de los incentivos que tienen los trabajadores. Esto explica que las relaciones laborales en muchos de estos hospitales se basen en un contrato de trabajador autónomo —ni siquiera hay una relación amparada por la sindicación—, pero a cambio de mejores incentivos económicos. La migración de trabajadores especializados de hospitales públicos a privados se debe simplemente a la diferencia de incentivos económicos o profesionales, e incluso los que permanecen en el hospital público lo hacen también por incentivos como la estabilidad, la posibilidad de investigación u otras razones. En definitiva, en uno u otro caso, las personas se mueven por incentivos. Mesoeconómico © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 33 apítulo 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología En un nivel mesoeconómico, podemos considerar al propio hospital con un mercado interno constituido por las transacciones que hay entre sus UGC. En este caso, las relaciones laborales definen el marco de este mercado. En un hospital público las UGC, entre sí, también ofrecen el servicio en régimen de monopolio. Por ejemplo, para una UGCCOT no es posible comprar servicios a una de anestesia que sea más eficiente, sino que debe aceptar cuándo y cómo se anestesian los pacientes, porque la UGC de anestesia suministra el servicio de forma monopolística. Y no solo como tal servicio, sino que los trabajadores lo suministran también en régimen de monopolio: legalmente, no es posible que vengan anestesiólogos de otro sitio del mercado, sino que serán los que pertenezcan a la plantilla del hospital. Más aún, la posibilidad de establecer colusión interna basada en la estabilidad laboral y el amparo sindical les da una cierta fuerza frente a la dirección de su propia UGC. Desde un análisis puramente económico, este es un claro fallo del mercado. Como en economía cuando hay fallos del mercado es necesario que intervenga una autoridad superior —lo que en macroeconomía corresponde al Estado,1-3 en mesoeconomía corresponde a la dirección del hospital— regulando las relaciones, es esperable que la dirección del hospital intervenga con determinación ante un mal funcionamiento. Pero en un hospital público se da la paradoja de que el mercado competitivo se sitúa más arriba, en el plano político y, por las razones anteriormente explicadas, es frecuente cuando existen estos fallos que desde las direcciones hospitalarias públicas se tienda a negar su existencia, salvo que se vislumbre que el problema puede alcanzar potencialidades incontrolables y perniciosas para la agenda oculta. En muchas sociedades occidentales, el silencio ante los problemas y la ausencia de análisis crítico han acabado por convertirse en un valor —no es infrecuente valorar la capacidad de las personas por su «prudencia» ante los problemas—, circunstancia que ya analizaban los filósofos presocráticos. Si bien este valor se está acrecentado en las culturas orientales, la escasa agenda oculta y el alto sentido de pertenencia a la empresa empleadora compensan este problema; la sociedad japonesa es un ejemplo de ello. Aunque el debate anestesia-UGCCOT cae con excesiva frivolidad en una política de buenos y malos, conviene conocer que simplemente sigue las leyes de la economía monopolística. Esto es importante recordarlo para dirigir una UGCCOT, dado que el monopolio técnico también puede estar dentro de la propia UGCCOT y restar autoridad a su director, por ejemplo, otorgando la exclusividad de una técnica a una sola persona o a un número reducido, que llegarán, a su vez, a colusión. El régimen de monopolio de las microeconomías que son las UGC conviene analizarlo porque la posición de una UGCCOT se sitúa en el extremo de lo que se llaman servicios finalistas —los más cercanos al tratamiento último del enfermo—, que necesitan de otras UGC intermedias (anestesia, radiología, laboratorio) para realizar su labor. Cuanto más finalista sea una UGC, más sufrirá las externalidades (acciones de otras UGC que benefician o perjudican a terceros) de otros y menor capacidad de negociación tendrá. Por ejemplo, la UGCCOT depende de radiología, anestesia, medicina interna, etc., pero de ella no depende ninguna UGC, al menos de forma significativa, salvo que estableciera acciones perversas de ocupar camas innecesarias para bloquear el hospital y propiciar una negociación. Por ello, en los hospitales privados se enfoca la compra de servicios intentando también salvar el problema de tener varios servicios de una misma especialidad que atomicen las políticas profesionales y las decisiones de gestión, pero obviando el régimen monopolístico: los contratos a los grupos de profesionales que prestan su servicio tienen un límite de tiempo muy corto hasta su renovación, con cláusulas de cese inmediato; también los propios médicos tienen un contrato como trabajadores autónomos, porque habiendo otros profesionales en el mercado se pueden recambiar con tremenda facilidad, lo que no ocurre en los hospitales públicos, donde sus profesionales están amparados por mayores derechos laborales. Por ello, en el algoritmo (v. fig. 4-1A) hemos situado el suministro de los trabajadores en el nivel macroeconómico, porque está regulado por leyes macroeconómicas —negociadas a nivel macro por los sindicatos—, así como los precios de biomateriales, medicamentos y otros servicios concertados. Aunque haya convenios colectivos en hospitales públicos en régimen de empresa privada o se negocien los concursos de implantes localmente, los derechos y precios están fuertemente influenciados por el entorno macroeconómico. Del mismo modo ocurre en los privados. ­ Microeconómico El nivel microeconómico es el de la propia UGCCOT. En este ejercemos nuestra actividad directa, aunque con importante repercusión sobre los niveles mesoeconómico, sobre todo, y macroeconómico. La actividad realizada debe tener unos objetivos medibles y, para ello, a lo largo de un ejercicio económico —tiempo concreto en que se desarrolla una actividad mediante un presupuesto previo (generalmente, 1 año)— se debe tener un conjunto de indicadores (cuadro de mando) que vaya informando si la actividad está teniendo los resultados esperados (p. ej., tasa de infección o de reingresos, u otro indicador) conforme al dinero gastado hasta ese momento (balance económico). Por tanto, para gestionar es imprescindible, secuencialmente, tener objetivos claros, presupuesto e informes con indicadores de actividad clínica y económica donde se vea si hay una correlación sostenible entre uno y otro a lo largo del ejercicio económico, el año presupuestado. Lo explicado quiere afirmar rotundamente que sin información no es posible la gestión porque no se pueden tomar decisiones con una razonable certeza de que sean las adecuadas. Para diseñar y seguir el cuadro de mando, puede establecerse una secuencia de acon- ERRNVPHGLFRVRUJ 34 Parte I Principios generales Como se ha explicado, la gestión de una UGCCOT consiste en tomar decisiones basadas en información cuantificada, de tal modo que pueda evaluarse periódicamente el impacto de esta toma de decisiones. La información se recibe como expresión de medidas de frecuencia,16 como, por ejemplo, número de pacientes que se han infectado con respecto al total, expresado en un valor absoluto (p. ej., 23 de 2.000) o en porcentaje de pacientes con respecto a ese total (p. ej., 1,15%). La frecuencia puede medirse en un momento determinado y lo llamaremos prevalencia, o tras el seguimiento durante un tiempo y, entonces, lo llamaremos incidencia acumulada o simplemente incidencia. Cuando se obtiene el mismo valor en cada medición concreta de una misma actividad, decimos que el método de medida tiene reproductibilidad o precisión, mientras que cuando expresa el valor real decimos que el método de medida tiene validez o exactitud. Un ejemplo fácil para comprender estas cualidades es el de un reloj: si tiene la hora correcta y funciona de forma infalible, diremos que las mediciones de la hora son exactas, mientras que si, funcionando bien, está adelantado 15 min, diremos que el reloj tiene precisión (reproduce bien) pero no exactitud (proporciona un valor irreal). En medicina hay muchas mediciones que tienen precisión pero no exactitud. En nuestro ejemplo de las infecciones, el análisis anual de los cultivos de herida quirúrgica suele tener precisión porque sistemáticamente suelen crecer las bacterias que traía la muestra, pero no exactitud de diagnóstico porque se suman falsos positivos (muestras contaminadas) o falsos negativos (muestras tomadas en sitios donde no estaban las bacterias o el paciente tomaba antibióticos). La visión retrospectiva de la historia clínica sí tiene precisión y exactitud porque una infección que evoluciona suele dar unos síntomas y signos clínicos tales que se acaban por detectar y recoger en la historia clínica,17 aunque la inmediatez de la información provista por la historia clínica, y necesaria para tomar decisiones, no exista. Por consiguiente, el indicador de infecciones se basará en la retrospección de la historia clínica y no en el análisis de los cultivos. Puesto que la media de un número de mediciones efectuadas en el tiempo (incidencia) se acerca más al valor real que una toma única (prevalencia), la incidencia (p. ej., datos tomados una vez a la semana) tiene mayor exactitud o validez que la prevalencia (p. ej., datos tomados una única vez). El concepto de que cuantas más veces repitamos una medición más nos acercamos al valor real lo denominamos regresión a la media. Por ello, registramos gráficas de comportamiento de una variable (p. ej., la evolución de la proteína C reactiva en el seguimiento de una infección) a lo largo de un número de medicio- ERRNVPHGLFRVRUJ ­ r eneralidades ­ G i Ind cado es nes tomadas durante un tiempo. De este modo, ya sabemos si la calidad de un dato que proporciona un valor de información (p. ej., sobre la infección) tiene validez (es real o no). Es fácil deducir, por tanto, que interesan indicadores exactos basados en incidencia. En gestión, a cada valor de información se le denomina indicador y podemos, en general, clasificarlos en tres grupos como anteriormente se ha explicado: clínicos, económicos y de calidad9,10,16-18 (v. fig. 4-1B), si bien podemos utilizar cualquier otra clasificación, como indicadores secuenciados de estructura (p. ej., número de médicos), de proceso (recursos y métodos utilizados) y de resultados (curación, mejoría, complicaciones o fallecimiento)18,19 (v. fig. 4-1B). En cualquier caso, los indicadores están encadenados. Así, un indicador clínico (p. ej., incidencia de infecciones) genera un indicador económico (los pacientes estarán un tiempo esperado en el hospital generando unos costes también esperados) y un indicador de calidad (infecciones [obtenidas] comparándolas con un rango internacional [esperadas o estándares] y costes esperados o estándares). Al conjunto de indicadores, en número variable, que sirven para gestionar la UGCCOT lo hemos llamado cuadro de mando. El cuadro de mando puede —y debe— presentar los datos agregados y desagregados porque los primeros sirven de seguimiento cotidiano y llamada de atención, y los segundos, de análisis meticuloso para toma de decisiones. Por ejemplo, un dato agregado es la incidencia de infecciones de nuestra UGCCOT, pero nos interesa también saberla de forma desagregada: infecciones quirúrgicas, infecciones respiratorias, infecciones urinarias. Y más aún: infecciones quirúrgicas secundarias a cirugía de urgencia o programada, de cadera, de rodilla, de raquis; por edades, en pacientes con o sin comorbilidades, etc., porque los resultados agregados pueden enmascarar que unos indicadores con buen comportamiento compensen otros mal comportados. Para construir un cuadro de mando, puede utilizarse la secuencia mostrada en el algoritmo descrito en la figura 4-1, que no es más que la aplicación de la secuencia estructura-procesoresultado9,10,18,19 explicada anteriormente. A priori existen estándares para casi todos los indicadores, pudiendo fijarse unos objetivos generales como meta alcanzable al final de un período (tasas de indicaciones, incidencia de infecciones, reingresos, costes, etc.), junto con otros objetivos más concretos. Efectivamente, en cualquier UGCCOT se tienen unos objetivos finales anuales clínicos, de calidad y de costes, pudiendo expresarse en valor numérico el porcentaje de esos objetivos totales que se ha alcanzado, con análisis del valor de cada ítem y un plan de mejora. Por consiguiente, para la gestión clínica se precisa tener buenos conocimientos de medicina porque es necesario, siguiendo nuestro ejemplo de la infección, conocer la validez de los indicadores. Por ejemplo, es fácil comprender que pueden ser in dicadores de poca validez para el diagnóstico de una infección la fiebre —puede actuar como un falso positivo o un falso negativo; su validez predictiva positiva depende incluso de la magnitud medida en grados—, un cultivo —también sometido a los falsos positivos y negativos— o la validez de la revisión retrospectiva de la historia clínica —paradójicamente, el indicador de mayor validez—, pero los buenos conocimientos son imprescindibles para analizar cómo se disminuye la incidencia de una complicación quirúrgica, porque así se disminuye también la ­ tecimientos microeconómicos en una UGCCOT, cuyas decisiones siempre toman los facultativos y que didácticamente pueden dividirse en tres aspectos: la práctica clínica (gestión clínica), el coste que ello genera (gestión económica), y el seguimiento y control de los estándares de calidad clínica y económica de la actividad realizada (gestión de la calidad). Para cada paso que siguen de forma secuencial las decisiones de los facultativos, hay unos indicadores clínicos, económicos (realmente econométricos, monetarios) y de calidad (fig. 4-1B). C apítulo 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología estancia hospitalaria y, por ende, los costes. Un cirujano que sepa prever las complicaciones de una intervención, que la realice con pulcritud técnica, que sepa resolver las posibles complicaciones e interpretar los indicadores de esta cadena, obtendrá mejores resultados «de gestión» que otro que solo sepa interpretar indicadores. Actualmente, se sabe que el conocimiento es la base de la buena gestión en cualquier actividad; no en vano, se dice que vivimos en la sociedad del conocimiento. Los protagonistas del resultado que muestran los indicadores son los profesionales sanitarios, altamente especializados. En economía, a las personas con formación especializada las hemos denominado capital humano y, por razones de espacio, aquí estudiamos solo el papel de los médicos dentro de una UGCCOT, aunque la labor de enfermería es también capital en la ejecución de acciones que modificarán los indicadores, siendo importante en la provisión de información la labor de los economistas que suministran datos de costes o la de los ingenieros que facilitan las condiciones de trabajo, además de otras muchas personas no sanitarias que trabajan en un hospital (trabajadores sociales, personal de comunicación, cuerpo de voluntarios, etc.). El algoritmo de la figura 4-1B muestra un flujo de gestión partiendo solo de las decisiones tomadas por los facultativos. ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Facultativos Los indicadores los proporcionan los facultativos cuando utilizan su conocimiento y la tecnología —las dos variables esenciales en economía como factores de producción— para llegar a un diagnóstico, aunque a veces requieran del conocimiento de otros facultativos. La eficiencia (efectividad diagnóstica y de los tratamientos a un coste adecuado) de cada facultativo es fácil de saber porque con las aplicaciones informáticas actuales pueden medirse indicadores concretos (p. ej., pruebas diagnósticas pedidas que fueron positivas, tasas de indicaciones quirúrgicas o resultados de intervenciones quirúrgicas y su coste). Cuando la práctica clínica de un facultativo se rige por los criterios de calidad predefinidos en unos indicadores esperados, se le puede otorgar una acreditación20 que corresponda a un nivel de carrera profesional al que se le adjudique una retribución específica. Esto puede incentivar las buenas prácticas, siendo un claro ejemplo de conciliación entre un incentivo personal —uno de los principios básicos de la economía explicados— y un objetivo institucional. Idealmente, este es un buen sistema de mejora paulatina de las retribuciones, aunque en la función pública española sindicalmente se tiende a la igualdad fundamentada en categorías profesionales, antigüedad y otros criterios no basados en el mérito sino en la posición administrativa. No obstante, en algunas comunidades autónomas se ha introducido este modelo con éxito, aunque haya que ir introduciendo modificaciones y profundizando en él. Métodos diagnósticos Cuando un facultativo entra en contacto con un paciente por primera vez, pretende llegar al diagnóstico de su problema. La efectividad clínica de los métodos diagnósticos utilizados se puede medir según su capacidad para clasificar a los enfermos como tales (sensibilidad) y a los sanos como sanos (especificidad), de tal modo que tienen la cualidad de predecir si el pa- 35 ciente tiene o no una enfermedad o anomalía (valor predictivo positivo o negativo) para un diagnóstico concreto.16 El cálculo del coste de cada prueba diagnóstica puede ser relativamente sencillo si se imputa un precio estándar de antemano (p. ej., al valor de una radiografía se le puede añadir la amortización de equipos más la del tiempo de las personas que intervienen: técnicos, administrativos, etc., ajustando todo lo que se quiera, aunque siempre será un valor aproximado y distinto según la prueba diagnóstica). La calidad de las acciones diagnósticas se medirá en virtud de la incidencia de hallazgos patológicos encontrados en el total de las pruebas durante ese año, detrayendo las que fueron negativas. Estos estudios comparan el coste con la efectividad y existen muchas variantes de los mismos. En economía, generalmente las mediciones se hacen de forma aproximada porque suele ser muy difícil y poco práctico ajustar cada coste exacto.1-3 Por ejemplo, en este caso estamos midiendo las radiografías efectuadas (incidencia de las hechas con hallazgos patológicos menos las que mostraron la normalidad), pero nos dejamos aquellas que no hicimos y deberíamos haber hecho porque mostrarían un resultado patológico o proporcionarían información valiosa, asumiendo que quien realizó más aciertos también omitió menos. Por ello, ante la inseguridad diagnóstica se pueden pedir más pruebas, aunque a priori sean de efectividad incierta para llegar a un diagnóstico, pero solo si no producen efectos deletéreos en los pacientes o no son muy costosas. Por ejemplo, las radiografías no son muy costosas, pero producen radiaciones y, en determinados diagnósticos, tienen un valor predictivo exiguo, mientras que una resonancia magnética es aparentemente inocua y tiene mayor valor predictivo en otros casos, pero es mucho más costosa en amortización de equipos y tiempo. Por ello se están generalizando pruebas, como en muchos casos la ecografía, que ni producen efectos secundarios ni son muy costosas, si bien sus valores predictivos pueden tener un espectro más reducido que la resonancia magnética. Esta estimación de valor predictivo, efecto secundario y coste debe calcularse durante la planificación de actividad, basándose en los datos de años anteriores, para poder fijar un objetivo de mejora. En aquellos pacientes cuyo diagnóstico tiene una cierta gravedad que requiere tratamiento hospitalario, se procede a su ingreso urgente o programado. El ingreso hospitalario es el paso siguiente en la secuencia del proceso de la cadena productiva de una UGCCOT (v. fig. 4-1B). Ingreso hospitalario El ingreso hospitalario del paciente es motivo de costes importantes y ha cambiado radicalmente en los últimos años.9,10,21-23 No en todos los casos existe una medida clara de si un ingreso es procedente o podría haberse evitado, pero sí en la mayoría de ellos, aunque no con certeza absoluta; de hecho, tratamientos realizados antaño con indicación indiscutible de ingreso hospitalario, actualmente se practican de forma ambulatoria (artroscopia, cirugía de mano, pie), y estos tratamientos realizados sin ingreso se valoran cada día más porque se disminuye la exposición del paciente al riesgo y disminuyen el coste drásticamente, lo que es una decisión fundamental, como se expresa en la figura 4-1A, de la dirección de una UGCCOT. El coste originado por el ingreso hospitalario puede medirse con facilidad en días de estancias, a los cuales se les puede ponderar un valor monetario (p. ej., una cama 1 día puede cos- ERRNVPHGLFRVRUJ 36 Parte I Principios generales T tar 700 euros) como suma del coste de los insumos (coste de personal, alimentación, lencería, etc.). Para poder gestionar con ellos y saber si estos días son los adecuados, se agrupan por diagnósticos —obviamente, el tratamiento de una fractura de tobillo no requiere la misma estancia que un politraumatizado pero sí la misma que una fractura de antebrazo— y se comparan con un estándar. Estos grupos relacionados por el diagnóstico (GRD) se caracterizan porque la base de esta relación no es técnica, sino económica, atendiendo al consumo de días de estancias.24 Los GRD son, pues, agregaciones de diagnósticos con su tratamiento para predecir los días de estancia y analizar si se están consumiendo los esperados tras compararlos con un estándar. Estas agregaciones deben desagregarse para su análisis tanto como el sistema de información del hospital permita (urgentes o programados, hombres o mujeres, fin de semana o día laborable, etc.), de hecho, internacionalmente los GRD se han ido desagregando por edades, comorbilidades, tipos de tratamiento y otras variables importantes. Las agregaciones son muy útiles para la gestión habitual; sin embargo, para analizar más meticulosamente las causas de variaciones con respecto a las frecuencias esperadas, es necesario trabajar con los datos desagregados. Un ejemplo especialmente importante en esta desagregación consiste en sacar de las estancias totales los días de estancia preoperatoria porque, si un paciente ingresa para un tratamiento quirúrgico, se considera que la estancia preoperatoria no cumple con los objetivos terapéuticos y debe ser eliminable por ineficiente. El análisis de las causas de estos días es fundamental. Un ejemplo frecuente de esta ineficiencia son las estancias preoperatorias en el tratamiento de las fracturas por no disponibilidad de recursos (p. ej., anestesia, quirófanos), aunque hay casos justificados, como la estabilización del estado general del paciente afectado de diagnósticos secundarios (p. ej., insuficiencia cardíaca descompensada) considerando como diagnóstico primario el que ha originado el ingreso, como, por ejemplo, una fractura de cadera. ratamiento En una UGCCOT, el objetivo del ingreso suele ser la aplicación de un tratamiento quirúrgico. Y la medición de su resultado, la efectividad, es esencial porque es el objetivo fundamental del diagnóstico e ingreso hospitalario. La medición de la efectividad puede ser, no obstante, compleja. Por ejemplo, en el tratamiento de una coxartrosis mediante artroplastia se mide el resultado en relación con el dolor, la marcha y la movilidad, pero, sobre todo, la calidad postoperatoria de la vida diaria y la satisfacción del paciente; para ello, existen escalas diseñadas a las que hay que añadir los indicadores adversos del curso hospitalario (p. ej., infecciones urinarias, tromboembolismo), los cuales no queda claro si se desarrollaron en el hospital o fuera de él. Por último, hay que medir el coste y relacionarlo con la efectividad. También una parte del tratamiento, aunque en muchas ocasiones más como prevención de complicaciones que como tratamiento propiamente dicho, es el uso de fármacos hospitalarios. La profilaxis antibiótica, antitrombótica, analgésica, etc., tiene indicadores estandarizados en la bibliografía internacional que permiten medir con facilidad su efectividad y costes. Todas estas acciones sobre los pacientes se realizan mediante el conocimiento médico y la tecnología para conseguir que un individuo enfermo se convierta en un individuo sano. A este producto final (persona curada o mejorada tras recibir los bienes provistos en el hospital), lo llamamos producto hospitalario, que será eficiente si se utilizaron las pruebas y tratamientos adecuados según los estándares elegidos de calidad y costes (v. fig. 4-1B). Investigación La investigación al final de todas estas acciones25 es muy importante porque permite conocer la calidad y costes de lo que se ha hecho, basada en el conocimiento disponible, y también porque permite aportar conocimiento original sobre nuevos diagnósticos o tratamientos. A la investigación cuyo objetivo consiste en aportar conocimiento fundamentado en analizar los resultados conseguidos en los pacientes atendidos se la denomina investigación clínica, mientras que a aquella que aporta sobre nuevos diagnósticos o tratamientos basados en métodos experimentales efectuados fuera del cuerpo humano, previamente a su aplicación, se la denomina actualmente con el neologismo traslacional, después de haberse denominado investigación básica o preclínica. Los mejores tipos de estudio disponibles para la investigación clínica se basan en la epidemiología clínica y la estadística, y dependen del objetivo y la hipótesis de trabajo.16 La idea de que los estudios prospectivos son mejores que los retrospectivos no es siempre cierta porque los estudios prospectivos requieren mucho tiempo para obtener conclusiones y, por tanto, poder tomar decisiones; la indicación del tipo de estudio a elegir depende del objetivo y la premura que la toma de decisiones requiera. Por ejemplo, para saber si la cirugía de revisión en una artroplastia infectada es mejor hacerla en uno o dos tiempos, de optarse por un ensayo clínico (prospectivo y experimental) habría que hacer un seguimiento muy largo —probablemente mayor de 10 años— y no podríamos tomar decisiones con cierta premura, mientras que un estudio retrospectivo de casos y controles permitiría decisiones rápidas. Los objetivos a largo plazo, como los ensayos clínicos, son necesarios para adquirir conocimiento en condiciones de variables controladas para que los pacientes del futuro se beneficien de los avances de la medicina, pero es necesario acompañarlos de otros que permitan decisiones para que se beneficien pacientes contemporáneos al investigador. La investigación traslacional se realiza sobre modelos biológicos, mecánicos o incluso matemáticos, y presenta mayor complejidad porque requiere mayor infraestructura, fondos y alianzas con otras instituciones. Para la investigación traslacional, las alianzas son esenciales porque actualmente ningún equipo de investigación posee el conocimiento y la infraestructura necesarios para acometer una línea de investigación sólida. Para que una alianza funcione, hay que hacer un análisis exhaustivo de los posibles asociados. Solvencia científica, posibilidad de conseguir fondos y producción son importantes, pero empatía, generosidad en las relaciones y posibilidades de desarrollo profesional y personal están entre las variables esenciales. Un director de una UGCCOT debe poseer conocimientos sólidos de epidemiología clínica, partiendo de la gran cantidad de textos sencillos que hay publicados al respecto16 para ir profundizando en metodología, porque así puede tomar decisiones tras analizar lo realizado, además de la información que obtie- ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología ne a través de las comisiones hospitalarias (efectividad clínica y de calidad) y de la administración del hospital (efectividad de costes) (v. fig. 4-1A). Las alianzas para investigación traslacional requieren una profundización en equipos de investigación donde se puede conseguir instrucción sobre la gestión de la investigación, sobre todo, la orientación hacia la aplicabilidad. La investigación de calidad debe formar parte de la planificación estratégica de cualquier UGCCOT25 y se caracteriza por concluir en la aplicabilidad para modificar la práctica clínica, en la publicación de los resultados en forma de artículos científicos originales en revistas indexadas en bases de datos reputadas, como PubMed o el Journal Citation Index, incluida en la Web of Citation Index26,27 y contribuir, así, a la difusión del conocimiento, o bien por la generación de patentes licitadas por empresas independientes con la intención de su explotación productiva. Cualquier investigación requiere la redacción de un proyecto previo con el objetivo de conseguir financiación ex profeso, y no detrayendo recursos de la cadena productiva de la UGCCOT porque con ello se incurre en lo que expresivamente se denomina investigación sumergida. La investigación sumergida es siempre de mala calidad y supone una ruptura del compromiso ético de dirigir los recursos al tratamiento de pacientes. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Mercadotecnia Como se ha explicado anteriormente, a toda investigación debe seguirle un plan de comunicación de sus resultados. Los objetivos de este plan suelen ser diferentes según se trate de hospitales públicos o privados. Los públicos suelen tener un objetivo social, mientras que desde los privados se acercan a la mercadotecnia como conjunto de principios y prácticas que buscan el aumento del comercio, especialmente, de la demanda.28 Un volumen de pacientes elevado condiciona, en un hospital público, un problema político porque la lista de espera genera alarma social, mientras que, por el contrario, en uno privado es una fuente de ingresos. Sin embargo, en unos y otros hay objetivos de interés general, de interés institucional e incluso individual de los profesionales, como aumentar el currículum para la carrera profesional, cumplir objetivos, etc. Ciertamente, uno de los problemas de la producción científica y su difusión altruista o mercadotécnica es la verdadera utilidad social.29-32 Desgraciadamente, que el objetivo de la difusión de la investigación se debe situar en un compromiso ético, siendo indiscutible, no siempre se cumple y, actualmente, se publican muchos resultados de investigación inútiles29 porque les interesa a los investigadores o porque están mediatizados por la industria.30-32 El algoritmo analizado (v. fig. 4-1) se acerca bastante a la cadena productiva de cualquier UGCCOT; sin embargo, cada institución debe diseñar el suyo, con su correspondiente cuadro de mando. Una aproximación interesante para diseñarlo puede ser añadirle indicadores a cada ítem de este algoritmo. Dir ecto de la r UGCCOT Obviamente, el director de la UGCCOT es fundamental para el funcionamiento de la misma y, para ello, debe poseer formación clínica, de economía —al menos de contabilidad analítica (también llamada de costes)— y de indicadores de calidad que relacionen a ambas (v. fig. 4-1A). Actualmente, hay una gran 37 accesibilidad a libros, cursos y seminarios sobre dirección, tutorización de personas, gestión de conflictos y otras habilidades directivas contenidas en la palabra inglesa coaching. Más de 140 millones de entradas de todo tipo ofrece Google sobre coaching course:33 presencial, en línea, modular, gratuito, etc. La idea que subyace en estos cursos y en libros escritos por personas ajenas al mundo hospitalario dedicadas a la formación en gestión de empresas es lo esencial de aprender conceptos de economía como ciencia social, incluyendo fundamentalmente manejo de indicadores y balances económicos, complementados por los gestores y políticos en el caso de los hospitales públicos, con indicadores de política sanitaria unas veces coherentes y otras no tanto. Por otra parte, en el caso de los hospitales privados la rentabilidad social se ve subyugada a objetivos de rédito. Desgraciadamente, en los hospitales públicos de los estados occidentales —desde luego, también en España—, se ha ido pasando del jefe de servicio con conocimientos técnicos omnímodos al que «no tiene por qué ser el que más sepa», para acabar llegando directamente a la figura de un director de UGC que debe ser el que gobierne, aunque sus conocimientos técnicos sean escasos, pero sí que transmita los objetivos de la dirección provenientes de la autoridad política. Incluso la denominación del puesto ha ido cambiando, donde figura de forma constante la palabra «gestión». La mayor parte de estos cursos, seminarios y libros suelen ignorar lo esencial: un director no dirige una empresa, dirige a las personas de esa empresa y los resultados de la misma son los que estas quieren. Los resultados de los tres brazos de las competencias clínicas necesarias y sistematizadas en la pirámide de Miller (actitudes, conocimientos y habilidades)34 los poseen las personas —esas que se mueven por incentivos en un marco de escasez de recursos, donde se pagan costes de oportunidad y se necesitan decisiones marginales—, y el director de la UGCCOT debe saber cómo se las motiva hacia la proactividad (actitud), qué necesitan saber de la especialidad (conocimientos) y qué tecnologías deben saber utilizar (habilidades) —empezando por sí mismo—, no solo en el presente sino también en el futuro hacia el que se dirige la práctica de la especialidad. En el aparato locomotor, el papel de la genómica, de los proyectos de big data o del Internet de las cosas es esencial en la planificación estratégica docente para que los facultativos posean conocimientos necesarios para el futuro inmediato.35-42 Bien es cierto que aparentemente, en la actualidad, la dirección de una UGCCOT se ha hecho más compleja, siendo necesario dominar muchos más conceptos de materias distintas que solo el nivel de experto en la especialidad médica, pero esto siempre ha sido así. El bajo nivel de humanidades en que han caído muchas de las universidades del mundo occidental ha llevado a ignorar lo que ya estaba escrito. Baltasar Gracián, conceptista español del siglo xvii, en su Oráculo manual y arte de prudencia43 ya afirmaba que la formación va requiriendo de campos más amplios cuando alegaba que «más se precisa hoy para ser un sabio que antiguamente para formar siete». Este libro, en una versión en inglés, The Art of Worldly Wisdom: a Pocket Oracle,44 estuvo durante 1992 casi 5 meses entre los libros más vendidos de The Washington Post, con más de 150.000 ejemplares, y fue publicitado como un manual de autoayuda para ejecutivos. Constituido por más de 300 aforismos creados y discutidos por Gracián, causó un gran impacto en ERRNVPHGLFRVRUJ 38 Parte I Principios generales f r i ib B l og a ía 1. Krugman P, Wells R. Microéconomie. 2.ª ed. Louvain la Neuve: De Boeck; 2009. 2. Krugman P, Wells R. Macroéconomie. 3.ª ed. Louvain la Neuve: De Boeck; 2016. 3. Mankiw NG. Principles of Economics. 9th ed. Cincinnati: South-Western College Pub; 2017. 4. Harnecker M. The Basic Concept of Historical Materialism. Sidney: University of Sidney; 1976. 5. Coleman D. Emotional Intelligence. Why it Can Matter More Than IQ. London: Bloomsbury Publ LTD; 2014. 6. Zhang Z, Shen B, Yang J, Zhou Z, Kang P, Pei F. Risk factors for venous thromboembolism of total hip arthroplasty and total knee arthroplasty: a systematic review of evidences in ten years. BMC Musculoskelet Disord 2015;16:24.1-14. 7. Roberts DJ. The Modern Firm. Organizational Design for Performance and Growth. Oxford:Oxford University Press; 2004. 8. Allen K. The Hidden Agenda: A Proven Way to Win Bussiness & Create a Following. Brookline: Bibliomotion; 2012. 9. Guerado E. La organización de un Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología en el marco de un hospital-empresa: método de trabajo. Todo Hospital 1997;141:37-40. 10. Guerado E. Introducción general. Situación de los protocolos en la organización de un servicio quirúrgico. Mapfre Medicina 1999;10 (Supl III):24-8. 11. Guerado E, Pérez Rielo A, Garcés G. Algunas consideraciones para la gestión de un departamento hospitalario clínico (I). Origen de los clientes. Gestión Hospitalaria 2000;11:11-4. 12. Guerado E, Pérez Rielo A, Garcés G. Algunas consideraciones para la gestión de un departamento hospitalario clínico (II). Oportunidades y competencias. Gestión Hospitalaria 2000;11:71-4. 13. Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria. Calendarios vacunales españoles. Disponible en: https://www.aepap.org/vacunas/ calendarios-espanoles (último acceso agosto de 2017). 14. Smith A. Théorie des sentiments moraux. 3.ª ed. Paris: Presses Universitaires de France; 2014. 15. Lakoff G. Don’t think of an elephant! White River Junction: Chelsea Green Pbl; 2004. 16. Fletcher R, Fletcher SW. Clinical Epidemiology. The Essentials. 5th ed. Philadelphia: Wolters Kluwer/Lippincott Williams & Wilkins; 2013. 17. Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene. EPINE. Disponible en: http://hws.vhebron.net/epine/ (último acceso agosto de 2017). 18. Donabedian A. The quality of care: How can it be assessed? JAMA 1988;260:1743-8. 19. Donabedian A. Evaluating the quality of medical care. The Milbank Memorial Fund Quarterly 2005;83:691-729. 20. Junta de Andalucía. Agencia de Calidad Sanitaria. Sevilla 2015. Disponible en: http://www.juntadeandalucia.es/agenciadecalidadsanitaria/export/sites/acsa/.content/galerias/documentos/documentos-certificacion/Profesionales/nuevos-manuales-2015/Manual_ Competencias_Cirujano_Ortopedico_Traumatologo_ME108_03.pdf (último acceso agosto de 2017). 21. Guerado E, de la Varga V, Aguiar F, Cara JA, Díaz A, González A. Diseño de un programa de artroplastias de rodilla con criterios de efectividad: su relevancia clínica y económica en un servicio de cirugía ortopédica. Mapfre Medicina 2000;11:198-211. 22. Guerado E, García Ruiz JA, García Fernández JM. Control de las estancias hospitalarias en Cirugía Ortopédica y Traumatología. Un estudio prospectivo. Gestión hospitalaria 1997;3:53-62. 23. Guerado Parra E, García Ruiz JA, Lorenzo Nogueiras L, Jiménez Puentes A. Desarrollo de una Unidad de Hospitalización de Día en Cirugía Ortopédica y Traumatología. Gestión hospitalaria 1998;1:31-5. 24. Value Health Care Servicies. Disponible en: http://valuehealthcareservices.com/education/what-is-a-diagnosis-related-group-drg/ (último acceso agosto de 2017). 25. Guerado E, Becerra J, Garcés G. Planificación prospectiva de la investigación y su aplicación a la producción en un departamento clínico hospitalario. Todo Hospital 2000;164:115-9. ­ uno de los padres del pensamiento moderno, Arthur Schopenhauer, quien lo tradujo al alemán, así como las «máximas» de La Rochefoucauld.45 Por consiguiente, que el director de la UGCCOT debe poseer conocimientos profundos de medicina, junto con otros complementarios (de economía, de informática, de inglés, internacionalización y otros) para dirigir una UGCCOT con plenitud era sospechado desde hace siglos. El dominio y, sobre todo, la práctica de la especialidad médica, en este caso, la cirugía ortopédica y traumatología, son esenciales y eso se ha ido obviando en el recambio generacional desde el poder gestor de los hospitales públicos, aunque igualmente se escribió hace siglos. Mucho antes del siglo xvii al que pertenece Gracián, fue en el Renacimiento italiano. Nicolás de Maquiavelo, padre de la ciencia política moderna, incomprensiblemente estigmatizado por la ignorancia, recoge en El príncipe46 las bases de lo que constituyen las mejores enseñanzas de cómo gestionar, desde un puesto directivo, no una empresa sino a las personas que hacen que cualquier empresa sea eficiente. Maquiavelo dice que «si no ejerces por ti mismo el arte de las armas, está el menosprecio».46 Esto es aplicable al campo de la medicina y, fundamentalmente, al de la cirugía. Un grupo de cirujanos que no ven al director de su UGCCOT ejercitarse como especialista de un cierto nivel habrán ocupado una parcela de poder esencial para la gestión y su consideración del director de la UGCCOT será baja, salvo que les convenga para sus intereses «porque de los hombres en general se puede decir esto: que son ingratos, volubles, simuladores y disimulados, que huyen de los peligros y están ansiosos de ganancias; mientras les haces bien […] te son enteramente adictos, te ofrecen su sangre, su caudal, su vida y sus hijos, cuando la necesidad está cerca; pero cuando la necesidad desaparece, se rebelan».46 Esto no es más que la visión en el siglo xvi de lo que los economistas actuales han descubierto: que las personas se mueven por incentivos1-3 y quieren satisfacer su agenda oculta.8 Junto con los conocimientos médicos, debe existir la capacidad de motivación5,7 acometiendo proyectos profesionalmente interesantes porque «ninguna cosa le granjea mayor estimación a un príncipe que las grandes empresas y las acciones raras».46 Aunque, por último, hay situaciones en que, ante el fracaso de la motivación y los métodos de consenso, se requiere ejercer el poder de forma sutil (soft power) o con mayor dureza (hard power), como también sentencian autores contemporáneos47,48 y el propio Maquiavelo: «Debéis, pues, saber que hay dos maneras de combatir: una con las leyes y otra con la fuerza; la primera es propia del hombre, la segunda lo es de los animales; pero como muchas veces la primera no basta, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, a un príncipe le es necesario hacer buen uso de una y otra».46 El estudio de autores clásicos, desde Aristóteles, en las mejores universidades occidentales, incluso en el currículum de materias experimentales y sociales, facilita la integración de los conocimientos técnicos en el contrato social. Los autores de este capítulo sugieren vivamente al lector la lectura de los textos aquí citados, junto con una formación médica de calidad y una conducta ejemplar. El manejo de indicadores o de una cuenta de resultados económica no es más que una mera praxis instrumental que no requiere de gran habilidad y es de fácil aprendizaje. ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 4 Gestión clínica en cirugía ortopédica y traumatología 36. Becker’s. Five trends that every orthopedic professional should watch in 2017. Disponible en: http://www.beckersspine.com/orthopedic-spine-practices-improving-profits/item/35272-five-trends-that-everyorthopedic-professional-should-watch-in-2017.html (último acceso agosto de 2017). 37. Rifkin J. The Third Industrial Revolution. Disponible en: http://www. thethirdindustrialrevolution.com (último acceso octubre de 2016). 38. Schwab K. The Fourth Industrial Revolution. Geneva: World Economic Forum; 2016. 39. Hermann M, Pentek T, Otto B. Design Principles for Industrie 4.0 Scenarios. IEEE Xplore Digital Library 2016. Disponible en: http:// ieeexplore.ieee.org/document/7427673/authors?ctx=authors (último acceso enero de 2017). 40. Jariwala SH, Lewis GS, Bushman ZJ, Adair JH, Donahue HJ. 3D Printing of Personalized Artificial Bone Scaffolds. 3D Print Addit Manuf 2015;2:56-64. 41. National Institute for Clinical Excellence (NICE). Disponible en: https://www.evidence.nhs.uk/search?q=orthopaedic+guidelines (último acceso agosto de 2017). 42. Guerado E. Scientific Societies and the Third Industrial Revolution. The Future Role of the OTC. Injury. 2017 Nov;48 Suppl 6:S1-S4. doi: 10.1016/S0020-1383(17)30788-X. 43. Gracián y Morales B. Oráculo manual y arte de prudencia. Madrid: Cátedra; 2005. 44. Maurer C. The art Of Worldly Wisdom: a Pocket Oracle. New York: Currency and Doubleday; 1992. 45. La Rochefoucauld F. Réflexions ou sentences et maximes morales et réflexions diverses. Paris: Édition Laurence Plazenet, Honoré Champion; 2002. 46. Maquiavelo N. El príncipe. 2.ª ed. Barcelona: Bruguera; 1978. 47. Stiglitz JE. The Price of Inequality. How today’s divided society endangers our future. New York: WW Norton & Company Incorporation; 2013. 48. Nye JS. Soft power: The Means To Success in World Politics. New York: Public Affairs; 2002. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 26. US National Library of Medicine National Institutes of Health. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed (último acceso agosto de 2017). 27. Instituto de Salud Carlos III. Disponible en: http://www.isciii.es/ ISCIII/es/contenidos/fd-el-instituto/fd-organizacion/fd-estructura-directiva/fd-subdireccion-general-redes-centros-investigacion2/ fd-centros-unidades2/fd-biblioteca-nacional-ciencias-salud/fd-buscar-informacion-biblioteca-cs/acceso_a_bases_de_datos/JCR.shtml (último acceso agosto de 2017). 28. Real Academia Española de la Lengua. Disponible en: http://dle.rae. es/?id=OyavUPb (último acceso agosto de 2017). 29. Munafò MR, Nosek BA, Bishop DWM, Button KS, Chambers CD, Percie du Sert N, et al. A manifesto for reproducible science. Nature Human Behaviour 2017;1:0021. 30. Angell M. The Truth About the Drug Companies. New York: Random House Inc; 2004. 31. Dickinson J. Deadly medicines and organised crime. How big pharma has corrupted healthcare. Can Fam Physician 2014;60:367-8. 32. Gotzsche PC. Deadly Medicines and Organized Crime: How big pharma has corrupted healthcare. London: Radcliffe Publishing; 2013. 33. Google. «Coaching Course». Disponible en: https://www.google.es/ search?client=firefox-b&q=coaching+course&spell=1&sa=X&ved=0ahUKEwjq6860lNLVAhXsDcAKHeUWDZEQvwUIJCgA&biw=1920&bih=923 (último acceso agosto de 2017). 34. Miller G. The Assessment of Clinical Skills/Competence/Performance. Invited Review. Academy Medicine 1990;65:S63-7. Disponible en: http://winbev.pbworks.com/f/Assessment.pdf (último acceso agosto de 2017). 35. Press Release Distribution. GBI: The Future of Orthopedic Implants, Analysis and Forecasts to 2016 on reports-research.com. Disponible en: https://www.prlog.org/10740350-gbi-the-future-of-orthopedicimplants-analysis-and-forecasts-to-2016-on-reports-researchcom. html (último acceso agosto de 2017). 39 ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 5 Métodos de investigación clínicos en cirugía ortopédica y traumatología Francisco Forriol Campos aspectos. La investigación básica adquiere conocimientos, mientras que la investigación aplicada resuelve problemas clínicos específicos para que la solución se aplique de forma directa e inmediata. Ambas pueden dividirse en investigación experimental, efectuada en animales, o clínica, con pacientes2,3 (fig. 5-1). La investigación clínica incluye cualquier investigación en la cual la unidad de análisis es la persona4 y despierta cada vez Resumen La investigación básica y la investigación clínica son fundamentales para el avance del conocimiento. Por esta razón, es conveniente que el traumatólogo dedique parte de su tiempo a investigar. Para lograr resultados influyentes en la práctica clínica es imprescindible un diseño y una ejecución adecuados del estudio. En este capítulo se analizan las variables de estudio, los distintos tipos de estudios clínicos, los principios básicos de la medicina basada en la evidencia y los fundamentos éticos para investigación. abla 5-1 Fases de la investigación (según Salter y Janssen) T Int oducc ón r i La investigación para un cirujano es la mejor manera de evaluar su propia actividad. Una consecuencia de su práctica clínica y una necesidad para la docencia. Investigar es una actividad bien vista socialmente, aunque mal remunerada, que empieza a ser una exigencia en el desarrollo profesional. La investigación requiere dedicación, continuidad y una metodología que se adapte a los principios del método científico, base de todo planteamiento científico, y constituye la estrategia universal de la investigación, observar hechos que permitan descubrir las leyes generales por las que se rigen los fenómenos. Salter1 denomina al método científico «ciclo de la naturaleza de la investigación médica» y lo divide en 16 fases (tabla 5-1). Pero no hay un solo método científico. Según el modo de razonar, se puede seguir el método deductivo, del todo a las partes, de lo general a lo particular, o el método inductivo, de las partes al todo, de lo particular a lo universal. El método científico puede ser aplicado tanto a las ciencias formales o abstractas (matemáticas) como a las ciencias fácticas que se ocupan de los hechos reales materiales (física, química, medicina, etc.). Sin embargo, el método de investigación es diferente, pues las ciencias formales se basan en el método deductivo, mientras que las fácticas lo hacen en el método experimental y el criterio de verdad científica es la verificación.2 Existen dos tipos de investigación: la epidemiológicoclínica o «investigación clínica» y la básico-experimental o «de laboratorio». La investigación clínica se ha dividido, a veces, de forma arbitraria, en dos categorías, básica y aplicada, que se rigen por los mismos principios, aunque difieren en algunos Salter Janssen 1. Reconocer el problema clínico no resuelto 1. Identificar el problema 2. Pensar 3. Revisar la literatura 2. Revisar la bibliografía 4. Plantear cuestiones inteligentes 5. Formular hipótesis 3. Desarrollar la hipótesis 6. Plan de protocolo 4. Diseño experimental 7. Buscar colaboración 8. Aplicar subvención 9. Conducir la investigación 5. Realizar el experimento 10. Recogida y análisis de datos 11. Interpretar datos 12. Conclusiones válidas 6. Conclusiones 13. Responder a la cuestión original 14. Presentación de los resultados ­ 15. Publicar los resultados 16. Aplicar los nuevos conocimientos 40 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C 41 apítulo 5 Métodos de investigación clínicos en cirugía ortopédica y traumatología Investigación clínica abla 5-2 Diferencias entre estudios experimentales y observacionales (Schuster y Powers) T Investigación de laboratorio Investigación de laboratorio Investigación de poblaciones - Estudios in vitro - Fisiología animal, patofisiología - Investigación de enfermedades - Estudios in vitro - Epidemiología - Fisiología animal, patofisiología - Estudios de comportamiento - Diagnóstico/ tratamiento de enfermedades - Evoluciones Ensayos clínicos - Servicio de salud Estudios observacionales Mecanismo de la enfermedad Impacto de la enfermedad en el paciente Eficacia Eficiencia Efecto de factores bioquímicos y fisiológicos en la evolución biofísica Efecto de factores socioeconómicos en la evolución del paciente Pruebas de fármacos/equipos Pruebas de procesos y cuidados Centrados en la enfermedad Centrados en el paciente y la comunidad Desarrollo de tecnología Comprobar la tecnología Práctica clínica F gu a 5-1 Interacciones e interrelaciones entre investigación clínica, investigación básica y práctica clínica (Schuster y Powers). i Estudios experimentales r Traducido y adaptado con autorizción. © 1998 American Thoracic Society. Fuente: Rubenfeld et al. Am J Respir Crit Care Med 1999;160(1): 358-67. mayor interés la investigación traslacional, un intento de llevar la información del laboratorio a la práctica clínica. El nacimiento de la investigación traslacional es una necesidad de trasladar la información obtenida en el laboratorio desde los llamados sistemas no humanos al hombre lo antes posible.5 datos de un hecho real, que se pueden adquirir de tres formas distintas: por la observación, por la medición o por el planteamiento de una hipótesis de trabajo.6,7 Según se manipulen los sujetos de estudio o no, los estudios serán experimentales u observacionales (tabla 5-2 y fig. 5-2). La investigación de calidad debe centrarse en proyectos concretos bien estructurados metodológicamente manteniendo el principio que los anglosajones han llamado KISS («beso»; keep it simple and succint), es decir, medios simples, singulares en sus propósitos y sencillos en su diseño.8 Un proyecto no seño expe mental Di ri El investigador debe considerar los parámetros que deben ser comparados, los procedimientos a utilizar y los grupos a estudiar. Un proceso que exige esfuerzo y meticulosidad, pues cualquier fallo puede invalidar los resultados; además, precisa de creatividad, imaginación y conocimientos del método científico sin olvidar los conocimientos técnicos. El modelo experimental es el diseño de un trabajo de investigación o, lo que es lo mismo, el modo elegido para recoger Tipos de estudios Manipulación NO Observacional Aleatorizado Sí Descriptivo No Analítico Exposición Experimento puro Cuasiexperimental Ecológico F gu a 5-2 i r Tipos de estudios según la manipulación de la población. ERRNVPHGLFRVRUJ Desenlace ➝ ➝ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. SÍ Experimental Desenlace Exposición Cohortes Casos y controles 42 Parte I Principios generales Investigar: el camino hacia la publicación Ideas nuevas Selección Fase I Concepción Planteamiento Ideas prácticas Fondos Dinero Vías Diseño de un proyecto Experimentos iniciales, datos Experimento Fase II Experimental Análisis Experimento final Análisis final Escribir Rechazo Envío Publicación r i F gu a 5-3 Proceso de la investigación. Fase III Análisis Publicación abla 5-3 Tipos de estudios de investigación, objetivos y diseño T puede encontrar todas las respuestas a todas las cuestiones; es más, un único proyecto de investigación no suele dar una respuesta completa a una cuestión. Todo proyecto de investigación atraviesa por tres amplias fases:3 1) diseñar el proyecto; 2) realizar el diseño, y 3) comunicar los resultados obtenidos. En investigación, lo primero es identificar el problema. Un problema mal planteado conlleva el fracaso de la línea de investigación. El segundo paso comprende una revisión de la literatura en profundidad. Los datos publicados por otros autores pueden variar las perspectivas de la línea de investigación y disminuir su coste, evitando repetir experiencias ya realizadas y ampliando el campo de visión. En tercer lugar, hay que desarrollar una hipótesis que se debe comprobar experimentalmente. El cuarto paso establece el modelo experimental, diseña el experimento para demostrar la hipótesis9 (fig. 5-3; v. tabla 5-1). El modelo experimental depende de la hipótesis y de los objetivos establecidos, del rigor científico deseado y, también, de los recursos disponibles. A la hora de diseñar un modelo hay que ser muy crítico, realista y práctico, pues debe ser posible su realización7,10 (tabla 5-3). Ante un problema científico hay que plantear una hipótesis, analizar la forma de estudiarla y solucionarla por medio del material y método más adecuados. Por ello, el objetivo del modelo de investigación es planificar los medios que nos permitan recoger los datos de manera óptima y utilizarlos con la técnica analítica más apropiada. En el método científico, el investigador parte de una idea. Después, propone una hipótesis nula, una afirmación contraria a la idea que puede ser verdadera si no se observa ninguna diferencia entre los grupos experimentales. La hipótesis nula es, dentro de la investigación de la hipótesis, la hipótesis inicial que la prueba estadística debe considerar y, posiblemente, rechazar.10 El experimento, según los resultados obtenidos, puede refutar la hipótesis nula si muestra que hay diferencia entre los Investigación Objetivo Diseño ideal Terapéutico Eficacia de nuevo tratamiento o cirugía Ensayo controlado y aleatorizado Diagnóstico Probar si un nuevo diagnóstico o examen es válido y realizable Estudio transversal Rastreo (screening) Probar el valor de un diagnóstico en un rastreo en una población grande Estudio transversal Pronóstico Detectar pronto aspectos de una enfermedad Estudio de cohortes longitudinal Factores de riesgo Determinar si un factor de riesgo está relacionado con el desarrollo de una enfermedad Estudio de cohortes o casos y controles grupos. Esto avala la idea original. De alguna manera, investigar consiste en intentar rechazar una hipótesis nula. Los estudios más complejos de diseñar son, sin lugar a dudas, los ensayos clínicos, siendo muchas veces irrealizables o no éticos, por lo que será necesario recurrir a la experimentación animal. En la investigación clínica, hay que tener en cuenta dos aspectos, la manipulación y la aleatorización, para crear conjuntos iguales duplicados de individuos repartidos o asignados al azar; aleatorio para cada sujeto al grupo control o al grupo donde se produce la variación. Si el tamaño de la muestra es grande, el azar reparte homogéneamente todas las variables de estudio entre los grupos. Es recomendable utilizar grupos control, pues aumentan el nivel de evidencia y mejoran la confidencia y, por tanto, las posibilidades de su aplicación en clínica.6,10-15 Un diseño puede seguirse en el tiempo, será un estudio longitudinal, o analizarse en un momento determinado, en tal caso hablaremos de un estudio transversal o de corte. También los estudios se pueden centrar en individuos concretos o en un grupo de sujetos y, además, según la información disponible, pueden ser completos o incompletos.2,10 El diseño de un estudio puede ser no experimental o experimental; los estudios experimentales, a su vez, se dividen en estudios experimentales puros y los llamados cuasiexperimentales. Cada uno de ellos está indicado según las situaciones. Los estudios experimentales son manipulados y prospectivos. Si bien hay que distinguir los estudios experimentales puros, que están manipulados y son aleatorios, de los estudios cuasiexperimentales o comunitarios, manipulados, pero no aleatorios. Además, los diseños pueden recoger una muestra con un final ya conocido, retrospectivos, o hacer un planteamiento para saber su final, en cuyo caso se denominan prospectivos.10 ERRNVPHGLFRVRUJ C ed das y va ables. uest as y selecc ón M M © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 43 apítulo 5 Métodos de investigación clínicos en cirugía ortopédica y traumatología i ri r i La mayoría de los estudios en medicina clínica involucran poblaciones que no pueden ser medidas en su totalidad, para lo cual se evalúan muestras parciales de esas poblaciones. La mejor medida para conocer si una muestra es representativa del grupo es su tamaño, pues las verdades estadísticas son más evidentes a medida que aumenta el número de observaciones.2,16 Cuando se investiga una hipótesis, se introduce una incertidumbre porque nos tenemos que basar en una muestra y una muestra es una medición incompleta.17 Solo podemos tener una cierta probabilidad (< 100%) de que la observación de nuestra muestra sea la misma que la que se obtendría de una medición de la población completa. El método fundamental para establecer hechos biológicos es el experimento controlado. No olvidemos que un experimento es una situación en la que el examinador manipula el medio, aplicando una acción a un grupo y otra a un segundo grupo. Las mediciones de un experimento pueden obtenerse de forma directa sobre el espécimen o de manera indirecta con técnicas que no se integran en la pieza de estudio (radiografías, vídeo, modelos físicos, diseño por ordenador, etc.).18,19 Cuando se efectúa investigación clínica, se deben especificar: 1) los criterios seguidos en la admisión de los pacientes del estudio; 2) conocer y explicar los pacientes perdidos en el estudio; 3) cómo se evalúan los cambios radiográficos; 4) el control desarrollado en la población estudiada; 5) las estrategias seguidas para evitar la subjetividad; 6) la exposición del análisis estadístico; 7) los criterios utilizados en la recogida de los datos, y 8) la evaluación correcta de su tratamiento. Tanto los buenos como los malos resultados son componentes de la salud del paciente.6,9,20 Como casi nunca se conoce la verdad con certeza absoluta, todos los resultados se deben expresar en términos de probabilidad. De hecho, los resultados se expresan con una p, que cuantifica la probabilidad de error. El criterio umbral de probabilidad es el nivel a. Cuando p es inferior a a, se considera que la hipótesis nula es falsa. En la mayoría de los estudios clínicos, se establece a en 0,05, es decir, se admite una probabilidad menor del 5% de que se haya cometido un error. Cuando el valor de p se encuentra por encima de este umbral, se dice que los resultados obtenidos no son estadísticamente significativos. Un estudio puede ser no significativo porque realmente no hay diferencia entre dos muestras o porque el estudio no tiene suficiente potencia para detectarla. La potencia estadística de un estudio viene determinada por el estadístico b, que depende del tamaño de la muestra, y, en menor grado, de la magnitud del efecto de interés y la variabilidad de los datos. También aumenta si se eleva el umbral a.17,20,21 La magnitud del efecto de interés es un parámetro que se verifica simplemente, no se calcula. Por ejemplo, la división de las poblaciones en edades, alturas o pesos puede depender del interés del investigador. De haberlo hecho de otra forma a la elegida, hubiera o no sido significativa. La variabilidad de los datos es un aspecto interesante, pues también puede ser manipulada, pero, si los datos se agrupan alrededor de la media, se necesitan menos mediciones para determinar esa media. Cuanto mayor sea una muestra, habrá más confianza de que la media calculada sea la media verdadera del grupo. No es bueno au- mentar considerablemente una muestra, pues se desperdician recursos y puede significar que algunos pacientes se someten sin necesidad a tratamientos placebos o inferiores. Para evitarlo, se requieren cálculos de la muestra mínima necesaria. Por lo general y de forma aproximada, sin ser un principio estadístico, cuando se quiere detectar un efecto de magnitud moderada asumiendo una variabilidad moderada y un error a de 0,05, se requieren alrededor de 75 individuos.17-19 Al efectuar un estudio muchas veces, se precisa conocer cuál es el resultado con la evolución en el tiempo. Una rodilla intervenida puede moverse con normalidad o presentar unas imágenes normales pasado un tiempo, pero, sin embargo, haber creado un trastorno en el tipo de vida del sujeto. Por eso, incluir un protocolo de calidad de vida relacionada con la salud en los estudios clínicos hace que se comprenda lo que se ganó o perdió como consecuencia del tratamiento. Se dispone de diferentes protocolos de calidad de vida, algunos generales (SF-36) y otros específicos (IKDC, para rodilla; Oswestry, para columna vertebral). Todos intentan valorar datos objetivos y subjetivos recogiendo la opinión del paciente, del médico, y de las pruebas efectuadas. Un protocolo de calidad de vida debe ser fiable, válido y con calidad de respuesta.22 La fiabilidad viene determinada por el grado en que un instrumento ofrece los mismos resultados cuando se aplica reiteradamente a una población. Por su parte, la validez del estudio de la muestra está avalada por la capacidad del instrumento para medir lo que se proponía. Además, es importante medir bien lo que es difícil de medir. Por ejemplo, la salud no se puede medir directamente, pero se puede conocer el estado de salud por cosas que asociamos con la buena salud. La capacidad de respuesta es la capacidad de una variable para reflejar un cambio subyacente o una diferencia verdadera entre las puntuaciones antes y después de un tratamiento.14 pos de estud os Ti i Existen distintos tipos de investigación clínica, que podrían agruparse en dos grandes campos, la investigación sobre la eficacia y los estudios sobre la efectividad. La investigación sobre la eficacia es la investigación de técnicas y tratamientos en su fase de desarrollo, que se lleva a cabo en instituciones que disponen de los medios necesarios para determinar la validez o el fracaso de un nuevo tratamiento. Por su parte, los estudios sobre la efectividad pretenden conocer una técnica o un fármaco ya adoptados y generalizados, para confirmar si los resultados de las investigaciones sobre eficacia son válidos en la práctica general. A este grupo pertenecen la mayoría de los trabajos clínicos.23 Pero la mayoría de los estudios clínicos no se puede olvidar que proceden de una investigación básica que tuvo lugar en un momento determinado, más o menos lejano, y que sigue los procesos más variados. La investigación quirúrgica no es fácil ni sencilla, pues hay muchos sesgos y las muestras son heterogéneas. Además, no siempre resulta factible programar grupos control ni controlar variables, como puede ser la habilidad o experiencia de los cirujanos. Cuando se comparan tratamientos quirúrgicos y conservadores, hay una tendencia a que los pacientes más graves reciban un tratamiento quirúrgico y los pacientes prefieren los tratamientos más novedosos. No está justificado, profesional y éticamente, practicar cirugías placebo.23,24 ERRNVPHGLFRVRUJ 44 Parte I Principios generales i i i o es en los d seños de nvest gac ón r No todo lo que ocurre en las investigaciones animales se puede trasladar al hombre y la investigación necesita vías que garanticen a la experiencia clínica una validez científica.26 La medicina basada en la evidencia (MBE) es un método que reconoce y define la mejor observación científica influida por la práctica clínica; es la evaluación de una evidencia clínica y de las ciencias básicas para incorporarlo al ejercicio profesional.17 El primer aspecto de la MBE es plantearse la pregunta adecuada y, para ello, se requieren cuatro elementos: una situación clínica interesante; una intervención que se desea juzgar o evaluar; un patrón de referencia, y una definición operativa de la cualidad o parámetro clave de la intervención y del desenlace.27 La Cochrane Collaboration constituye un metaanálisis de todos los ensayos aleatorios sobre diferentes temas y en las task forces, donde un grupo de expertos revisan las evidencias disponibles en la bibliografía médica y las transforman en recomendaciones estructuradas y clasificadas según las evidencias empíricas evaluadas clínicamente. También se puede recurrir a las bases de datos informatizadas, como Medline. Se puede pensar que todo estudio estadísticamente bien planteado es una forma de hacer MBE, pero no siempre es i i i r i i M ed c na basada en la ev denc a: un método de t abajo cierto. Muchas veces las mejores evidencias provienen de estudios no aleatorios que constituyen la base para desarrollar hipótesis de trabajo futuras.28 Están de moda los niveles de evidencia, un método o, mejor, una llamada de atención a tener en cuenta la metodología a la hora de realizar una publicación y plantear un trabajo científico. El Journal of Bone and Joint Surgery americano clasifica sus trabajos, siguiendo la clasificación del Oxford Centre for Evidence-based Medicine, en cinco niveles de evidencia según el diseño del artículo y englobado en uno de los diferentes apartados: terapéutico, pronóstico, diagnóstico y económico o análisis de decisión28 (tabla 5-4). En el nivel I, están los ensayos clínicos controlados de alta calidad aleatorios con o sin diferencias estadísticamente significativas, pero siempre con estrechos intervalos de confianza. Al nivel II pertenecen ensayos controlados aleatorios de menor calidad, como un estudio comparativo o una revisión sistemática de estudios de nivel II. En el nivel III se encuentran los estudios de casos y controles, comparaciones retrospectivas y revisiones de artículos de este tipo. El nivel IV lo ocupan los casos clínicos y, por último, el nivel V corresponde a la opinión de los expertos en un tema. En principio, los niveles más bajos muestran los estudios con mayor garantía para la aplicación en el tratamiento de los pacientes. La jerarquía establecida para los niveles de evidencia es muy rígida, ya que defiende que los estudios aleatorios y controlados son los mejores y que lo demás es una metodología de peor calidad. Es una mentalidad muy simple, pues cada estudio tiene valor si está bien hecho (cuadro 5-1).29,30 Los niveles de evidencia son difíciles de valorar en el mundo de la cirugía, pues no resulta fácil realizar estudios aleatorios o controlados de alta calidad de los diferentes tipos de tratamientos quirúrgicos, ya que participan consideraciones éticas, dificultades para adherirse a los protocolos de cada cirujano, organización del estudio con suficiente poder y diferencias en las técnicas individuales. Como señala el actual editor del Journal of Bone and Joint Surgery británico, los mayores avances en cirugía ortopédica y cirugía general son ensayos controlados; la mayoría de los avances estarían en el nivel III y muy pocos en el nivel II.31 En muchas ocasiones, algunas cuestiones planteadas en clínica no pueden ser desarrolladas según la MBE con niveles I o II por lo infrecuente de la enfermedad o patología dejando como única opción la recogida de casos clínicos.32 Err ­ La mayoría de los trabajos aleatorizados y controlados en cirugía tienen un elevado número de exclusiones, influye la técnica de cada cirujano y la experiencia del centro, así como el volumen de pacientes intervenidos. Además, también se relaciona con la curva de aprendizaje. Por otro lado, si pensamos en los estudios comparativos con implantes, es casi imposible que se pueda analizar el comportamiento de dos o más implantes que no estén aprobados y más difícil que se puedan hacer modificaciones de un implante después de un estudio.24 Distinguimos entre estudios retrospectivos y prospectivos. Los estudios retrospectivos consisten en la recogida y elaboración de datos obtenidos antes de iniciar el estudio y que, por tanto, no se obtuvieron con ese propósito. Entre los estudios retrospectivos, encontramos2,10 los análisis de variación en pequeñas áreas, análisis de grandes bases de datos y el metaanálisis. Los estudios prospectivos se realizan de forma planificada con unos protocolos establecidos previamente. Entre los estudios prospectivos, tenemos los estudios de coste y eficacia, el análisis de decisión, las recomendaciones clínicas y los estudios clínicos. Los estudios de coste y eficacia son cada vez más importantes y, según el método de medición utilizado, las evaluaciones económicas pueden ser análisis de coste-eficacia, de costeutilidad o de coste-beneficio. Los ensayos clínicos longitudinales de asignación aleatoria son los estudios ideales para valorar un tratamiento. Es aconsejable disponer de un grupo control para contrastar los resultados del tratamiento y aumentar el valor del trabajo. En cirugía interesa efectuar estudios multicéntricos, donde cada uno realiza la técnica que domina con un equipo de personas que conocen el manejo de esos pacientes, siguiendo unos protocolos analizados y evaluados, y procurando disponer de muestras lo más grandes posible.19,25 En los diseños de investigación, se pueden producir errores sistemáticos o sesgos que impiden detectar los efectos buscados. Pueden ser predecibles y, a veces, se pueden evitar con un diseño correcto y el análisis adecuado de los datos.10 Hay sesgos de selección, de clasificación, de confusión y de interpretación. Los sesgos de selección se producen cuando el procedimiento selecciona individuos que no representan a la población a la que se extrapolan los resultados. El sesgo de mayor interés es el error en la estimación del tamaño de la muestra.2 En ocasiones, el entrevistador fuerza situaciones que tienden a apoyar la hipótesis de partida del propio investigador. Por ERRNVPHGLFRVRUJ C 45 apítulo 5 Métodos de investigación clínicos en cirugía ortopédica y traumatología abla 5-4 Niveles de evidencia para cuestiones de investigación primarias T Estudios terapéuticos: investigación de los resultados del tratamiento Estudios pronósticos: análisis prospectivo de enfermedades Estudios diagnósticos: investigación de pruebas de diagnóstico Análisis económico y de decisión: desarrollo de un modelo económico o de decisión ivel I 1. Ensayos controlados y autorizados: a. Con diferencias significativas b. Sin diferencias significativas, pero con intervalos de confianza estrechos 2. Revisión sistemáticab de ensayos controlados y aleatorizados (estudios homogéneos) 1. Estudios prospectivosa 2. Revisión sistemáticab de estudios de nivel I 1. Pruebas de criterios de diagnóstico desarrollados previamente en series de pacientes consecutivos (con una referencia universal gold standard) 2. Revisión sistemáticab de estudios de nivel I 1. Costes clínicos y alternativas; valores obtenidos de muchos estudios; análisis de sensibilidad por diferentes vías 2. Revisión sistemáticab de estudios de nivel I ivel II 1. Estudios prospectivos de cohortesc 2. Ensayos aleatorizados de escasa calidad (p. ej., seguimiento < 80%) 3. Revisiones sistemáticasb: a. Estudios de nivel II b. Estudios no homogéneos de nivel I 1. Estudio retrospectivod 2. Estudio de controles no tratados de un ensayo clínico aleatorizado previo 3. Revisión sistemáticab de estudios de nivel II 1. Pruebas de criterios de diagnóstico en base de pacientes consecutivos (con una referencia universal gold standard) 2. Revisión sistemáticab de estudios de nivel II 1. Costes clínicos y alternativas; valores de estudios limitados; análisis de sensibilidad por diferentes vías 2. Revisión sistemáticab de estudios de nivel II ivel III 1. Estudios de casos y controlese 2. Estudio retrospectivo de cohortes 3. Revisión sistemáticab de estudios de nivel III 1. Estudio de pacientes no consecutivos (sin referencia a un gold standard) 2. Revisión sistemáticab de estudios de nivel III 1. Alternativas limitadas y costes; estimación baja 2. Revisión sistemáticab de estudios de nivel III ivel I Serie de casos (histórica, sin grupo control) Serie de casos 1. Estudio de casos y controles 2. Patrón de referencia débil Análisis de sensibilidad ivel Opinión de un experto Opinión de un experto Opinión de un experto Opinión de un experto N N N N N V V Todos los pacientes están incluidos en el mismo punto durante su enfermedad (inception cohort) con un seguimiento del 80% o más de los pacientes incluidos. b Estudio de resultados de dos o más estudios. c Los pacientes son comparados con un grupo control de pacientes tratados en el mismo tiempo e institución. d El estudio se inició después de aplicar el tratamiento. e Los pacientes con un seguimiento particular («casos» con una prótesis de cadera de revisión) son comparados con aquellos que no tienen seguimiento («controles» con una prótesis de cadera que no hay que revisar). © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. a eso, es bueno que los entrevistadores que participan en un estudio desconozcan las hipótesis del proyecto. Para evitar los sesgos del observador, se utilizan las técnicas de enmascaramiento o de ciego, muy frecuentes en los ensayos clínicos. El ciego simple es cuando el participante en el estudio no sabe si pertenece al grupo experimental o al control; doble ciego, cuando ni el participante ni el que recoge la información saben a qué grupo pertenece, y triple ciego, cuando ni el participante, ni el que recoge la información ni tampoco el analizador de los datos conocen el grupo al que está adscrito. Los sesgos de confusión producen una distorsión en la estimación del efecto, pues se sobrestima, se subestima o se anula por la presencia de una tercera variable que se conoce como factor de confusión. Para evitar los sesgos de confusión en la etapa de diseño del estudio, hay que admitir únicamente a los sujetos que no presentan factores de confusión; realizando en ERRNVPHGLFRVRUJ 46 Parte I Principios generales i i i i É En la realización de un diseño experimental, se plantean y revisan muchos aspectos técnicos. Pero la ética es un valor que siempre tiene que estar presente. El informe de la comisión de ética del centro responsable donde se realiza el estudio es una de las partes más importantes de un proyecto de investigación y nunca se debe limitar a un mero trámite administrativo. La ética de la investigación debe ajustarse a las normas de conducta elementales que están permanentemente presentes y dirigidas a proteger la salud.33 Cualquier estudio de investigación en pacientes debe estar justificado, señalando que los beneficios potenciales son mayores que las desventajas y ningún diseño debe ser planteado si el paciente no da su consentimiento, una decisión libre fruto de una amplia información en la que no se le oculta ningún dato. La Asociación Médica Mundial formuló una serie de recomendaciones en su Asamblea de Helsinki, en 1964,43 que se ha revisado hasta nuestros días. Es una guía pensada para todos los médicos que realicen investigación biomédica con seres humanos y pretende unir dos intereses, que a veces pueden entrar en conflicto, la salud de los pacientes y la necesidad de ayudar al progreso de la medicina.33,43 i i i t ca de la d vulgac ón del conoc m ento i La publicación es el resultado final de todo trabajo de investigación, el último eslabón de la cadena científica. Dar a conocer los resultados obtenidos o las ideas es una obligación que aporta las bases para el desarrollo de nuevos trabajos.33 Además, la difusión de los conocimientos publicados beneficia a la sociedad y promueve la salud humana y establece los principios científicos. Tiene también una repercusión directa sobre el investigador y su equipo, ya que el descubrimiento pertenece al primero que lo publica y la reputación y los fondos se basan en el número y en el factor de impacto de las publicaciones. El prestigio personal de cualquier investigador está en relación con la calidad humana y lo publicado.34-42 La publicación es un proceso largo y la elaboración de un manuscrito define la calidad de un proyecto al pasar por un control de calidad al ser revisado por los editores y juzgado por correctores anónimos. Los artículos de investigación son las unidades básicas del proceso científico. El desarrollo de líneas de investigación requiere un conocimiento de la bibliografía y, especialmente, los trabajos relacionados con la investigación que se comienza. Para buscar en la literatura, se pueden seguir cuatro procesos distintos. El abordaje ancestral que comienza con un artículo centrado en el área de investigación y desde el cual se buscan otros artículos. La búsqueda en descenso que comienza con los trabajos clásicos y, a partir de ellos, llega a los más actuales. Las bases de datos incluyen los dos caminos anteriores aprovechándose de las posibilidades de la informática, mientras que la cuarta vía se basa en contactar directamente con expertos en el área de trabajo para que indiquen los trabajos más adecuados y recomienden los de mayor interés y necesarios.35,36 Además, para evaluar los méritos académicos y profesionales se mide la cantidad de publicaciones apoyada por el factor de impacto. Los parámetros bibliométricos pretenden definir la calidad de un trabajo, aunque resultan discutibles, pues la evaluación científica es difícil y precisa del examen cons- t ca de la nvest gac ón i i ubl cac ón i P los estudios experimentales puros una asignación aleatoria o un emparejamiento (matching), procurando que los grupos sean homogéneos. También se pueden evitar los sesgos de confusión con la estratificación, es decir, dividiendo la muestra global en estratos según los posibles valores de la potencial variable de confusión. Por último, entendemos por sesgos de interpretación cuando se cometen errores por la interpretación de los resultados estadísticos. É 1. Metaanálisis/ensayo clínico aleatorizado y controlado 2. Ensayo clínico aleatorizado simple 3. Estudio de cohortes 4. Estudio de casos y controles 5. Serie de casos 6. Opinión de expertos ciente de los artículos publicados por expertos cualificados. Sin embargo, en los últimos años se ha considerado como un factor de calidad el número de veces que son citados los trabajos por otros autores. El factor de impacto de una revista es la media anual de frecuencia de citaciones de todos sus artículos, basado en el Science Citation Index (SCI). Se considera que un artículo es mejor cuantas más veces está citado. Esto puede ser cierto si no se olvidan algunos matices. Una cita es, ante todo, una medida de utilidad más que de calidad y la selección de la bibliografía puede ser por pura casualidad, porque el tema está de moda o porque la revista es más influyente. El sistema de control de calidad de las publicaciones, siempre dentro de la misma área de conocimiento, es bueno a falta de otro mejor y presenta aspectos positivos, pues premia la calidad sobre la cantidad y permite comparar trayectorias científicas, pero presenta inconvenientes difíciles de solucionar como son el país de origen de la revista y el idioma, que influyen directamente en los índices.37-42 Publicar es una actividad intrínsecamente ética, desde el principio hasta el final, y se habla de que cualquier autor científico debe atender a la deontología del estilo, a la ética de la rectitud y a la ética de la veracidad. D J C uadro 5-1 erarquía descendente del nivel de evidencia de los diferentes tipos de estudio eontología del estilo Escribir un artículo científico es un esfuerzo intelectual, pues se parte de un trabajo desarrollado con la mayor libertad que, sin embargo, se amolda a unas normas que cada revista impone a los autores. Adaptarse a dichas normas que, por lo general, son muy similares, pues siguen la normativa de Vancouver,34,36 y que ayudan al orden y a la autocrítica requiere un estilo claro, ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 5 Métodos de investigación clínicos en cirugía ortopédica y traumatología sencillo, preciso, organizado y honrado. Seguir la normativa para los autores es, sin lugar a dudas, el primer principio ético para cualquier autor. Existe una normativa para cada revista que viene expresada en el apartado de instrucciones para los autores o normas de publicación. El conocimiento de estas normas implica que, si los autores remiten sus trabajos siguiendo estas instrucciones, no les serán devueltos por motivos de estilo. La verdad es, en ciencia, el objetivo y el valor al que nadie puede renunciar. Conviene recordar que cualquier persona involucrada en el desarrollo o ejecución de un experimento y el proceso de datos es responsable de la exactitud de los mismos. Sin embargo, toda presentación de un dato científico incluye artificios, adecuaciones y estética. Nunca se dan los resultados fríos; se trabajan, ordenan y simplifican, lo cual puede introducir sesgos o errores de mayor o menor importancia. No son, por el contrario, criterios para ser autor ocupar una posición administrativa, contribuir con pacientes, reactivos o animales, y recoger y organizar los datos que pueden figurar en el apartado de agradecimientos. En definitiva, un autor debe realizar una contribución esencial en la concepción y diseño, el análisis e interpretación de los datos, la redacción y revisión, y aprobar el resultado final.33,34 Se habla de autoría honoraria cuando un firmante no cumple los requisitos para ser autor y de autoría ficticia cuando se efectúan publicaciones fragmentadas, repetidas o se participa en una rueda de autores. La investigación clínica es un largo proceso que reúne aspectos muy diversos, como hemos visto, técnicas, creatividad, ética y, sobre todo, la comunicación entre profesionales para realizar una tarea común. Investigar es plantear problemas, trabajar para resolverlos y llegar a su solución sin renunciar nunca al método científico. tica de la rectitud É En este punto, se incluyen los objetivos que persiguen los autores a la hora de enviar sus publicaciones. Los motivos pueden ser muy diversos y todos ellos válidos, como puede ser enseñar, mejorar el currículum vítae o agradecer favores. Se habla de motivos nobles, como son la búsqueda de la verdad, verificar o falsear una hipótesis original, contribuir a dignificar la existencia del hombre o aportar algo nuevo a la ciencia. También hay motivos aceptables, como son cumplir con un trabajo, mantener un rango académico, mejorar en la situación profesional, obtener beneficios económicos o el reconocimiento social. Por último, los motivos egoístas comprenden la investigación rutinaria o ficticia, la falta de ambición u originalidad, o ampliar la lista de publicaciones. tica de la veracidad © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. É En ocasiones, se han detectado comportamientos de mala conducta científica que no incluye los errores involuntarios o diferencias de opinión. Dentro de estos comportamientos hay que distinguir errores de mala fe, como es la fabricación de datos, cuando se «inventan» los resultados; la falsificación sería manipular material, equipos, procesos científicos o cambiar u omitir datos o resultados para modificar los hallazgos científicos. Por último, el plagio es la apropiación sin consentimiento de ideas, procesos, resultados o palabras ajenas. El plagio es responsabilidad de todos los autores del trabajo.44 También hay errores de buena fe, como son los descuidos, negligencias, errores inadvertidos o involuntarios. Dentro de la bibliografía hay dos faltas éticas; por una parte, el exceso de autocitaciones, exaltar injustificadamente la tarea realizada por el propio equipo y, por otra, el silencio selectivo cuando no se citan conscientemente los trabajos de otros investigadores. utoría A Los autores de un trabajo son aquellos firmantes que han participado en la concepción y planificación del trabajo o han interpretado su evidencia, o ambos; han escrito o revisado las versiones sucesivas del mismo y participado en su revisión, y, finalmente, han aprobado la versión definitiva del manuscrito. 47 bl og a ía Bi i r f 1. Salter RB. Trastornos y lesiones del sistema musculoesquelético. Barcelona: Salvat; 2.ª ed., 1990. 2. Forriol F. Métodos de investigación clínica en cirugía ortopédica y traumatología. En: SECOT. Cursos de actualización. 43 Congreso Nacional de la SECOT, Barcelona, 2006. Madrid: SECOT; 2006; p. 67-76. 3. Gabel LL. Preparing a research proposal. J Am Podiatr Med Ass 1990;80:617-22. 4. Schuster DP, Powers WJ. Translational and experimental clinical research. Philadelphia: Lipincott Williams & Wilkins; 2005. 5. Lubowitz JH, Poehling GG. Arthroscopy, anatomy and translational research. Arthroscopy 2007;23:233-4. 6. Bhandari M, Schemitsch EH. Planning a randomized clinical trial. An overview. Techniques in Orthopeadics 2004;19:66-71. 7. Bhandari M, Tornetta P. Issues in the hierarchy of study design, hypothesis testing, and presentation of results. Techniques in Orthopeadics 2004;19:57-65. 8. Keller RB. The methods of outcome research. Current Opinion in Orthopaedics 1994;5:86-9. 9. Janssen HF. Experimental design and data evaluation in orthopedic research. J Orthop Res 1986;504-9. 10. Martínez MA, de Irala J. Conceptos básicos de epidemiología y medicina basada en evidencias. En: Forriol F, editor. Ciencias Básicas Aplicadas a la Cirugía Ortopédica. Madrid: Drug Farma; 1999. p. 467-84. 11. Zlowodzki M, Bhandari M, Brown GA, Cole PA, Swiontkowski MF. Planning a randomized trial. Determining the study sample size. Techniques in Orthopeadics 2004;19:72-6. 12. Jacobs WCH. Methodology and reporting of randomised controlled trials. The Knee 2004;11:423-5. 13. Marx RG, Dunn WR. Randomized controlled trials in knee surgery. J Knee Surg 2005;18:65-8. 14. Dainty K, Karlsson J. ISAKOS Committee Report. Factors to consider in determining the feasibility of randomized clinical trials. Arthroscopy 2003;19:882-4. 15. Boutron I, Ravaud P, Nizard R. The design and assessment of prospective randomised, controlled trials in orthopaedic surgery. J Bone Joint Surg (Br) 2007;89-B:858-63. 16. Martínez MA. Estimación del tamaño muestral. Investigación médica. Mapfre Medicina 1996;7(supl IV):79-83. 17. Bernstein J, McGuire K, Freedman KB. Muestreo estadístico e investigación de hipótesis en la investigación ortopédica. Clin Orthop 2004;6:69-76. 18. Audigé L, Hanson B, Bhandari M, Schemitsch EH. Interpretation of data and analysis of surgical trials. Techniques in Orthopeadics 2004;19:94-101. 19. Freedman KB, Bernstein J. Sample size and statistical power in clinical orthopaedic research. J Bone Joint Surg (Am) 1999;81-A: 1454-60. ­ ­ ERRNVPHGLFRVRUJ 48 Parte I Principios generales 20. Lang T. Twenty statistical errors even YOU can find in buiomedical research articles. CMJ 2004;45:361-70. 21. Dunn WR, Lyman S, Marx R. ISAKOS Committee Report. Research methodology. Arthroscopy 2003;19:870-3. 22. Jackowski D, Guyatt G. Una guía para la medición de la salud. Clin Orthop 2004;6:77-85. 23. Busse JW, Bhandari M, Schemitsch EH. Type of randomized trials in surgery. Techniques in Orthopaedics 2004;19:77-82. 24. Carr AJ. Evidence-based orthopaedic surgery. J Bone Joint Surg (Br) 2005;87-B:1593-4. 25. Wright JG, Gebhardt MC. Multicenter clinical trials in orthopaedics: time for musculoskeletal specialty societies to take action. J Bone Joint Surg (Am) 2005;87-A:214-7. 26. Sackett DL. Evidence-based medicine. Spine 1998;23:1085-6. 27. Schünemann HJ, Bone L. Ortopedia basada en evidencia: un punto de partida. Clin Orthop 2004;6:86-100. 28. Wright JG, Swiontkowski MF, Heckman JD. Introducing levels of evidence to the Journal. J Bone Joint Surg (Am) 2003;85-A:1-3. 29. Lubowitz JH. Understanding evidence-based arthroscopy. Arthroscopy 2004;20:1-3. 30. Kuhn JE, Dunn WR, Spindler KP. Evidence-based medicine for orthopaedic surgeons. J Knee Surg 2005;18:57-63. 31. Horan FT. Judging the evidence. J Bone Joint Surg (Br) 2005;87-B: 1589-90. 32. Obremskey WT, Pappas N, Attallah-Wasif E, Tornetta P, Bhandari M. Level of evidence in orthopaedic journals. J Bone Joint Surg (Am) 2005;87-A:2622-38. 33. Herranz G. La ética de la experimentación biomédica. Mapfre medicina 1996;7(Supl IV):35-40. 34. Comité internacional de Editores de Revistas Médicas. Requisitos de uniformidad para manuscritos presentados a revistas biomédicas. Med Clin (Barc) 1988;91:300-6. 35. Forriol F. Publicar, el último paso del proceso investigador. Mapfre medicina 1996;7(Supl IV):89-94. 36. Herranz G. Sobre el concepto de autor. Med Clin (Barc) 1985;84: 275-6. 37. Forriol F. El impacto (y su factor) de la Cirugía Ortopédica. Editorial. Revista de Ortopedia y Traumatología 1999;43:81-3. 38. Gonzalo LM. Índice de impacto: pros y contras. Rev Med Univ Navarra 1995;4:184-5. 39. Seglen PO. Editorial. Citation frequency and journal impact: valid indicators of scientific quality? J Int Med 1991;229:109-11. 40. Brown H. How impact factors changed medical publishing and science. BMJ 2007;334:561-4. 41. Hakkalamani S, Rawal A, Hennessy MS, Parkinson RW. The impact factor of seven orthopaedic journals. J Bone Joint Surg (Br) 2006; 88-B:159-62. 42. Smith R. Beware the tyranny of impact factors. Editorial. J Bone Joint Surg (Br) 2008;90-B:125-6. 43. World Medical Association. Declaration of Helsinki. JAMA 1997;277: 909-14. 44. Brand R, Jacobs JJ, Heckman JD. Professionalism in publishing. Clin Orthop 2006;452:1-3. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente José Sueiro Fernández, Ana Torres Pérez Resumen Añadir la medición y el análisis de los resultados referidos por el paciente a nuestra práctica clínica diaria como cirujanos ortopédicos y, en particular, como especialistas en artroplastias totales de cadera o de rodilla es complejo y exige una disposición de medios, tiempo adicional y un período de adaptación. El comienzo será duro, pero creemos que una vez instaurado en nuestra actividad clínica habitual obtendremos muy buenos resultados con el análisis de los datos recogidos, que permitirán un salto cualitativo tangible al conocer la percepción que tienen los pacientes de la cirugía y de los resultados de esta. Independientemente de ciertas barreras y lagunas sobre estas evaluaciones, el Sistema Nacional de Salud del Reino Unido y el Registro de Artroplastias Sueco son dos buenos ejemplos de cómo mejorar nuestros resultados y la calidad en el cuidado de nuestros pacientes. Existe la necesidad de proporcionar unos cuidados sanitarios de calidad. La opinión del paciente sobre la intervención quirúrgica y los resultados de esta es valiosa y conocerla permite mejorar la práctica del cirujano y corregir los puntos de disconfort detectados. ­ Int oducc ón r i La opinión del paciente de cara a su atención sanitaria es un indicador mayor de calidad asistencial. Los facultativos deben ser capaces de demostrar mejorías mensurables en los resultados de sus pacientes como parte de su práctica clínica diaria.1 Para medir los estados de salud y enfermedad percibidos por el paciente, se desarrollan y se emplean cuestionarios y escalas. Los patient reported outcome measures (PROM), o la evaluación de los resultados comunicados por el paciente (ERCP), valoran la calidad de la asistencia sanitaria percibida por los pacientes y las perspectivas de estos sobre los resultados de la salud. A partir de ahora, usaremos el acrónimo anglosajón PROM, que ya es reconocido y aceptado por la mayoría de los facultativos dentro del léxico médico general en castellano. Se definen como «[…] Cualquier comunicado del estado de la salud del paciente que viene indicado directamente por el paciente, sin ser interpretada esta respuesta por un facultativo o cualquier otra persona».2 Los PROM son sistemas para recoger la opinión de los pacientes sobre la efectividad de los cuidados de salud que se les proporcionan. Esta información se utiliza junto con la informa- ción clínica existente. Se diseñaron para valorar la efectividad de los tratamientos dentro de ensayos clínicos,3 pero ahora se emplean más ampliamente para valorar las perspectivas de los pacientes en los resultados de la salud. Se empezaron a utilizar en el servicio público de salud del Reino Unido (United Kingdom National Health System) en abril de 2009 y buscan cambiar la asistencia sanitaria moderna.4 Se están aplicando en cuatro procedimientos quirúrgicos: prótesis de cadera, prótesis de rodilla, hernias inguinales y varices. Calculan las ganancias en salud tras la cirugía empleando cuestionarios pre- y posquirúrgicos. Los PROM dan información sobre la salud del paciente y el impacto que tienen los tratamientos o los cambios en su estilo de vida sobre su calidad de vida. Los pacientes rellenan un cuestionario prequirúrgico y, más tarde, se les envía a su casa un cuestionario posquirúrgico (al menos 3 meses tras una hernia inguinal o varicectomía y 6 meses tras una prótesis de cadera o rodilla). Miden el estado de salud del paciente o la calidad de vida relacionada con la salud en un punto específico, y los datos se recogen a través de cortos cuestionarios completados por los pacientes. Para cada paciente, los PROM incluyen: • Datos personales del paciente. • Una medida de valoración del estado de salud específica. • Una medida de valoración genérica del estado de salud. • Preguntas adicionales sobre la salud del paciente, incluyendo si tenían patologías previas como artrosis o diabetes. La idea es ampliar la utilización de los PROM para más tratamientos quirúrgicos o médicos, y se utilizan cada vez más por los profesionales sanitarios para mejorar la calidad de su asistencia médica y en la investigación clínica. La información obtenida puede guiar a los clínicos en la toma de decisiones, para monitorizar los resultados de los tratamientos realizados y seleccionar pacientes candidatos a un tipo de tratamiento. La utilización de los PROM para medir el estado de salud en la práctica clínica rutinaria tiene ventajas sobre las medidas tradicionales de resultados, puesto que pueden facilitar los cambios de actitud de los pacientes, personal sanitario, etc. Incorporarlos a la práctica clínica motivará a los pacientes, apoyará la toma de decisiones clínicas y llevará a una mejoría de la calidad asistencial. Su uso en la práctica clínica ayuda a tener 51 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ­ ­ ser rellenados por el paciente o por alguien que el paciente designe. En el Reino Unido, los datos obtenidos mediante los PROM se publican cada mes y cada cuatrimestre se realiza un análisis de estos datos. Los datos son provisionales hasta que a finales de año se realiza una publicación final. Los datos del Reino Unido se pueden visualizar en www.hscic.gov.uk/proms. El análisis de las diferencias entre los datos pre- y pos quirúrgicos puede emplearse para determinar los resultados de la cirugía según los ve el paciente en términos del impacto que estos producen en sus síntomas y su estado funcional. Los pacientes completan los PROM puntuando su salud en respuesta a una serie de preguntas. Estas respuestas se puntúan según el nivel de dificultad o severidad descrita por el paciente. Cuando se analizan los PROM, las puntuaciones individuales se combinan para obtener una puntuación final. Además, estos se relacionan con los datos del hospital (Hospital Episode Statistics) y del Registro Nacional de Artroplastias (National Joint Registry) para obtener aún más información. Antes de que un paciente vaya a ser sometido a una de las cirugías englobadas en los PROM, se le debe entregar un cuestionario en el período de tiempo situado entre haber pasado el estudio preoperatorio y la cirugía. Cumplimentar el cuestionario es voluntario y es necesario obtener el consentimiento del paciente para recopilar los datos, procesarlos y utilizarlos. Los cuestionarios completos prequirúrgicos se transfieren en condiciones de seguridad a los centros donde se recopilará la información. El análisis se centra en el cambio que se produce en los pacientes en su condición o en su estado general de salud relacionado con su calidad de vida. A los 3 o 6 meses de la cirugía (según el tipo de intervención), se envía el cuestionario al domicilio del paciente para que lo rellene. Una vez completado, se vuelve a enviar a la base de datos para recoger toda la información. Cuando el consentimiento expira, los datos personales del paciente se retiran de la base de datos y se dejan con un pseudónimo. Al final, todos los datos se envían a centros de estadística para realizar un análisis detallado e interpretar los resultados. O Evoluc ón d los PR M e ­ en cuenta la opinión del paciente en todos los aspectos de su cuidado, hecho esencial para asegurar que el tratamiento continúe centrado en el paciente.5 Su manejo permite y permitirá estudiar el impacto del tratamiento, valorar la efectividad de los diferentes procedimientos y ayudará al desarrollo de estrategias óptimas de atención y cuidados del paciente. Pueden ser realizados bien en formato electrónico, bien en papel. Estos cuestionarios se diseñan para centrarse en uno o más elementos específicos del buen estado del paciente. Algunos PROM miden específicamente una combinación de aspectos físicos, mentales y sociales conocidos colectivamente como relacionados con la calidad de vida (HRQL, healthrelated quality of life), mientras que otros evalúan dimensiones individuales de salud, por ejemplo, la actividad física.6 Las preguntas específicas del PROM (conocidas como ítems) se agrupan en subcategorías o dominios. Por ejemplo, las preguntas sobre la deambulación pueden englobarse en el dominio movilidad. Las respuestas de estas subcategorías dan unas puntuaciones que se combinan para ofrecer una puntuación general final del PROM. Los métodos de puntuación varían según el PROM que se utilice. Se pueden categorizar como genéricos o específicos,7 y miden el bienestar de todo tipo de pacientes. Son muy útiles a la hora de comparar resultados de tratamiento. Por ejemplo, el EuroQol de cinco dimensiones (EQ-5D)8 es un cuestionario PROM recomendado frecuentemente como medidor genérico estándar del tratamiento fisioterápico de la patología musculoesquelética.1 Su utilización permitirá realizar comparaciones de resultados locales y nacionales, e incluso internacionales. Los PROM genéricos pueden no proveer de información suficientemente detallada o no medir el cambio de la satisfacción del paciente con el tiempo. Es recomendable añadir un PROM especifico centrado en una enfermedad o tratamiento, un ejemplo de estos es el índice de discapacidad cervical (Neck Disability Index).9 Los específicos detectan mejor los cambios percibidos por cada paciente y están mejor diseñados para medir los resultados a nivel individual. Una tercera categoría de PROM que ha ganado la atención en la investigación y la práctica clínica son los instrumentos individuales como el Patient Generated Index,10 el Patient Specific Function Scale11 y el Make Yourself Medical Outcome Profile (MYMOP).12 Los instrumentos individuales examinan la definición propia del paciente de su calidad de vida relacionada con la salud y cambian el punto de vista clásico de interpretación de los resultados por los investigadores y los facultativos. Su valor particular es que monitorizan el progreso a nivel individual y los objetivos de una manera más sensible que las medidas convencionales, y se combinan normalmente con otros tipos de PROM. Se utilizan en investigación médica acompañando a los test de valoración de resultados objetivos. Por ejemplo, en los pacientes que han sufrido un infarto de corazón, se emplearía un PROM genérico para medir la independencia a la hora de realizar las actividades de la vida diaria (el índice de Barthel) asociado a un test específico que mida la calidad de vida —la escala de impacto del infarto (Stroke Impact Scale)—13 y a un test físico objetivo —escala de FuglMeyer (Fugl-Meyer Assessment)—. Asociar test para medir resultados objetivos y subjetivos mejora la toma de información teniendo en cuenta aspectos de la recuperación que son importantes para los pacientes. Pueden i 52 Los PROM se desarrollaron para ser empleados en ensayos clínicos, en evaluaciones económicas y también para ayudar a los profesionales de la salud a mejorar el asesoramiento y los cuidados de los pacientes. En general, se propusieron para ayudar a estudiar las necesidades de salud de la población. Actualmente, se reconoce que los estudios clínicos deben incorporar la opinión de los pacientes de cara a los resultados obtenidos tras un tratamiento o la cirugía.3 Estos cuestionarios permiten obtener una información estandarizada y cuantificable del beneficio para poder juzgar los resultados de la intervención. El aumento de estos cuestionarios refleja el amplio número de tratamientos médicos o quirúrgicos existentes cuyo fin principal es mejorar la calidad de vida de los pacientes en vez de prolongarles la vida. Los PROM también pueden ser muy útiles para aplicarlos en situaciones en las que los procedimientos quirúrgicos pueden producir tanto efectos beneficiosos como efectos dañinos. Cuando los investigadores necesitan ver el valor global de una intervención sobre los cuidados de la salud para poder compararlos frente a los de otra, necesitan que los resultados se expresen en unidades específicas. El modo más conocido ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente para expresar el valor de los tratamientos y poder compararlos entre sí es la de años de vida ajustados a calidad (AVAC, o QALY, quality adjusted life years) A través de esto se refleja la calidad y la cantidad de ganancia vital, y se expresan mediante un índice que puede ayudarnos a tomar decisiones sobre la administración de los recursos del cuidado de la salud.14 Para valorar la efectividad de los diferentes procedimientos, los PROM pueden implementarse de manera rutinaria. La información obtenida puede guiar a los clínicos en la toma de decisiones y para monitorizar los resultados de los tratamientos realizados. A diferencia de otra toma de datos, los cuestionarios relacionados con el paciente se centran exclusivamente en los resultados percibidos por el paciente. Se ha discutido que ofrezcan importante información a los facultativos para ayudarles en el cuidado de sus pacientes.15,16 Los cuestionarios rellenados por el propio paciente representan una forma rápida de obtención de evidencia sobre cómo ellos ven su salud y esto puede complementarse con la evidencia clínica. Los instrumentos empleados pueden ser utilizados para monitorizar problemas de salud y la progresión de estos, así como los resultados de cualquier tratamiento. También permiten seleccionar pacientes candidatos a un tratamiento. Los PROM pueden emplearse para valorar el perfil de salud y las necesidades de salud de la población;17,18 sin embargo, no está claro que estos instrumentos den el nivel de precisión necesario para obtener esta información. Se han empleado en ensayos clínicos,19,20 auditorías nacionales,21 registros nacionales de prótesis22,23 y otros.24 Su interés ha ido en aumento para informar de los cuidados y el manejo de la salud de los pacientes.25-29 l cc ón d l PR M co Se e i e O dida es consistente con las hipótesis en cuanto a: • La probable relación con otros instrumentos, y/o en diferentes subgrupos • La actuación de la herramienta y la validez de los criterios.32 Algunas medidas son mejores que otras a la hora de discriminar entre diferentes niveles de gravedad en un determinado punto, y otras son mejores en cuanto a la habilidad de detectar los cambios con el tiempo.32 Los PROM deben ser aptos para la población en la que se aplican30 y los datos de estos deben ser fácilmente interpretables.33 Hay un número de fuentes disponibles para ayudar a la localización y la selección de PROM válidos, como la base de datos de PROM —Patient-Reported Outcome and Quality of Life Instruments Database (PROQOLID), https://eprovide.mapi-trust.org/about/about-proqolid—.34 Se puede buscar por test específicos (Neck Disability Index), por enfermedad/alteración (artrosis) o por dominio (dolor). La International Society for Quality of Life Research (ISOQOL) ha publicado las recomendaciones de las propiedades de medida estándares que deben tener los PROM.35 También el grupo de consenso para seleccionar los instrumentos de medida de la salud (Consensus-based Standards for the Selection of Health Measurement Instruments [COSMIN]) ha creado una lista de validación (disponible en www.cosmin.nl) para evaluar las propiedades de medida de los PROM.32,33,36 Basado en todo ello, se ha podido establecer que los criterios más adecuados para seleccionar los PROM3 son los siguientes: cando? A la hora de buscar el PROM adecuado, es importante plantearse las siguientes preguntas: • ¿Qué es lo que se quiere medir? • ¿Qué es lo que hay que valorar de manera racional? • ¿Cómo lo queremos medir: de manera conjunta o individual? © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • Construcción, esto es, ver si el comportamiento de la me- • Pertinencia: ¿se adecúan las preguntas a lo que se está bus- cto rre Para los facultativos que quieren alcanzar la excelencia en su trabajo es muy importante que se pregunten también lo siguiente: «¿Qué PROM se recomiendan y están siendo utilizados por otros autores?». La primera pregunta nos ayudará a determinar qué dominio de salud debe ser utilizado: dolor, movilidad, etc. Las preguntas segunda, tercera y cuarta nos orientarán a seleccionar la herramienta adecuada. Para medir diferencias de dolor entre pacientes de grupos que han recibido diferentes tratamientos, la utilización de un PROM general sería lo más correcto.7 Sin embargo, si lo que buscamos es medir los cambios obtenidos en un paciente para ver cómo evoluciona su tratamiento, será preciso elegir un PROM específico.30 En ocasiones, lo más apropiado es utilizar un PROM genérico y otro específico.31 Estos tienen que seleccionarse basándose en la fuerza de sus propiedades de medida, que deben ser establecidas sobre la población de interés y sobre otros aspectos clave como la aceptación y la interpretación.17 La validez del PROM elegido precisa presentar: • Contenido: el grado en el que se evalúan los aspectos importantes de la enfermedad/alteración. 53 • Aceptabilidad: ¿los pacientes lo aceptan? • Viabilidad: ¿es fácil de administrar y procesar? • Interpretable: ¿cómo se interpretan las puntuaciones? • Precisión: ¿cómo son de precisas las puntuaciones? • Fiabilidad: ¿los resultados son reproducibles e internamente consistentes? • Validez: ¿mide realmente lo que dice que mide? • Sensibilidad: ¿detecta los cambios en el tiempo que importan a los pacientes? Pertinencia El contenido del cuestionario tiene que ser apropiado para su aplicación particular. Hay que tener cuidado a la hora de elegir los objetivos de la aplicación, según las áreas de la salud a evaluar, ya que, para determinadas dimensiones de la salud, la naturaleza del grupo de pacientes y el contenido de los cuestionarios son importantes.3,37,38 Es muy difícil dar unas recomendaciones generales sobre qué factores hacen que un cuestionario sea apropiado para un uso, ya que esto finalmente depende de las preguntas específicas al paciente y del contenido de aquel. La selección del cuestionario está con frecuencia dominada por consideraciones psicométricas de viabilidad y validez, y presta una atención insuficiente al contenido del mismo. Se debe revisar profundamente todo el contenido del cuestionario PROM39 y tener en cuenta también la medición objetiva. Este puede tener tres medidas objetivas: discriminación, evaluación y predicción.40 La discriminación se relaciona con la medi- ERRNVPHGLFRVRUJ 54 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Aceptabilidad V Los indicadores para que el cuestionario sea aceptable incluyen: el tiempo de administración, los porcentajes de respuesta y los niveles de datos perdidos.3 Hay un número de factores que pueden influir en que sea aceptable, como son el modo de administración del cuestionario, el diseño del cuestionario y el estado de salud de los pacientes.43 Los PROM deben adaptarse al idioma del paciente. Hay guías para garantizar una traducción correcta44,45 que recomiendan la comparación de varias traducciones independientes y la validación de estas. Antes de aplicar el cuestionario, se debe realizar una fase de prueba para ver las opiniones de los pacientes sobre la dificultad de las preguntas.46 iabilidad Es importante la viabilidad para los investigadores que recogen y procesan la información obtenida en los PROM.47,48 Si los cuestionarios se administran y se responden con dificultad, esto afectará a la investigación. El personal debe estar formado sobre ellos y ayudar a los pacientes con dificultades a completarlos. Interpretable tuación y las escalas, y la distribución de los ítems. La forma de respuesta más sencilla (es decir, sí o no) no permite recoger los grados de dificultad o gravedad. La mayoría de los cuestionarios emplean escalas de tipo Likert: completamente de acuerdo, de acuerdo, incierto, en desacuerdo, completamente en desacuerdo. Las escalas visuales analógicas (EVA) ofrecen una gran precisión, aunque no existe suficiente evidencia científica para demostrarla y pueden ser peor aceptadas por los pacientes. Fiabilidad Se relaciona con que un cuestionario sea internamente consistente o reproducible, y estima el porcentaje de acierto de este. A medida que la posibilidad de error de un cuestionario aumenta, se necesita más muestra para obtener resultados precisos.3 Valora que, si al paciente se le repite el cuestionario en el mismo momento, los resultados no cambien. El coeficiente de fiabilidad se calcula con el coeficiente de correlación de Pearson.54 Un coeficiente de correlacióna de Pearson de 0,7 y 0,9 es válido para aplicar ese cuestionario en grupos y en individuos, respectivamente.3 La fiabilidad debe relacionarse con la población específica y el contexto.54 V da de diferencias entre pacientes cuando no hay criterios externos disponibles para validar el cuestionario. Por ejemplo, medidas de buena situación psicológica se han desarrollado para identificar a los individuos que sufren ansiedad y depresión. La evaluación está basada en la medida de los cambios con el paso del tiempo. Por ejemplo, los PROM administrados antes y después del tratamiento se emplean como medidas de resultados en ensayos clínicos. La predicción se relaciona con la clasificación de los pacientes cuando se dispone de criterios para determinar si la clasificación es correcta. Por ejemplo, los PROM pueden utilizarse en el diagnóstico y el screening como medio de identificación de pacientes candidatos a determinados tratamientos. Se debe tratar de detectar los efectos más inmediatos en la enfermedad, así como las posibles consecuencias.41,42 alidez Se basa en que el cuestionario mida aquello para lo que está diseñado. Se puede evaluar mediante un examen del contenido del cuestionario, análisis de factores y comparación con otras variables relacionadas. Depende de la población específica y del contexto. Es muy importante tener en cuenta cómo se fue desarrollando el cuestionario. En su creación, deben participar expertos en medidas del estado de salud55 y pacientes.56 Los PROM están diseñados para medir funciones físicas o dolor. Unas variables pueden relacionarse con otras y esto debe estudiarse a la hora de realizar el cuestionario.57 La estructura interna de estos sistemas puede ayudarse de métodos de construcción de validación. Hay técnicas estadísticas para identificar dominios de salud independientes dentro de un cuestionario.58 ensibilidad 1. Comparar los cambios en las puntuaciones para situaciones importantes en la vida del individuo como la pérdida de trabajo.49 2. Identificar la diferencia clínica mínima importante (MCID, minimal clinically important change), que se define como el menor cambio obtenido en los instrumentos de valoración que se percibe como beneficioso por los pacientes.50,51 3. Los datos de la población general pueden utilizarse para interpretar puntuaciones obtenidas en instrumentos genéricos.52,53 Se relaciona con la medida de importantes cambios en la salud. Se emplea para valorar cambios en los pacientes en los que se sabe que su salud ha cambiado. Normalmente, han sido sometidos a un tratamiento de reconocida eficacia.59 La estandarización de los instrumentos de puntuación permite que los cambios se puedan expresar adaptados a la población general.53 Precisión Depende del número y la exactitud de las distinciones medidas por el cuestionario. Está relacionada con los métodos de pun- tilidad de los PR M O U S Se han propuesto tres vías de interpretación: Los PROM nos ofrecen una serie de beneficios, como: • Asesorar la relativa calidad clínica de cirugías electivas. • Evaluar la efectividad y la relación coste-efectividad de • diferentes técnicas. Se pueden comparar frente a los resultados obtenidos en pacientes que no han sido tratados o lo han sido mediante tratamientos alternativos. Valorar el estado de salud antes de la cirugía. Conocer los datos de los PROM nos permitirá valorar situaciones sociales, condiciones médicas y el riesgo de complicaciones que pueden limitar la obtención de resultados próximos a la excelencia (benchmarks). ERRNVPHGLFRVRUJ C • Apoyar la reducción de las desigualdades de salud. Se pue- den analizar los datos según el origen étnico, geográfico, etc. tilidad en investigación U Antes de empezar un estudio de investigación, se debe asegurar que cada PROM está validado en la población a estudiar, típicamente, en un estudio longitudinal o transversal o como parte de un ensayo clínico.6,60 Si no, es necesario realizar un proceso de validación para diseñar el proyecto.60 El instrumento de medida debe poseer las propiedades de medida correctas, de respuesta, aceptabilidad e interpretabilidad. Es muy importante determinar cómo se realizará la recogida de los datos de los PROM para mejorar la calidad de estos.61 Se debe tener en cuenta la pérdida de datos a la hora de emplearlos.62 Hay disponibles guías locales para incluir la información obtenida con los PROM en los protocolos63 y están siendo desarrolladas guías de consenso internacional.64 Una lista de validación (checklist) ha sido realizada por CONSORT (estándares consolidados de ensayos clínicos) para ayudar a los investigadores a comunicar los resultados obtenidos en los ensayos donde se emplean PROM.65 En la práctica clínica Los PROM pueden ayudar a los facultativos en su proceso clínico de razonamiento para obtener el diagnóstico y el tratamiento, centrándose de manera específica en la perspectiva del paciente. Implicar al paciente también puede ayudar a estimular su evolución terapéutica.66 También pueden ser empleados por el facultativo para identificar los problemas principales en la función y las actividades de la vida diaria. Pueden ayudar a establecer los objetivos del tratamiento y a monitorizar los resultados de este. Es importante conocer el dato mínimo clínicamente importante de cambio (MCID) en los resultados de los PROM (PROMs Minimal Clinically Important Change Score), definido como la menor diferencia en los resultados de los PROM que se percibe como beneficiosa y que es suficientemente significativa para cambiar el manejo del paciente.51 Cuestión fundamental es que las medidas de los PROM han de usarse siempre asociadas al juicio clínico.67 tilidad como medida de calidad U © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 55 apítulo 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente Los datos obtenidos se emplearán para evaluar los servicios de asistencia sanitaria en varios países. El Sistema Nacional de Salud inglés (National Health Service [NHS]) introdujo la toma de datos rutinaria de los PROM en 2009, empleando el cuestionario genérico EQ-5D y otros cuestionarios para obtener datos antes y después de intervenciones quirúrgicas electivas como las prótesis totales de rodilla y/o cadera.68 En Holanda, los PROM se recogen con fines de contabilidad y se combinan con medidas de opiniones de los pacientes.69 Mientras estos estudios internacionales ilustran la utilización de los PROM en la práctica clínica, falta demostrar la utilidad de estos a mayor escala. Su utilización para mejorar la calidad o las medidas de actuación ha sido poco tratada en la bibliografía. La efectividad de la publicación de sus resultados está comenzando a ser estudiada. Sin embargo, la evidencia indirecta de la efectividad de comunicar los resultados de los PROM públicamente sugiere que la calidad de los cuidados de salud del paciente mejora al tener en cuenta sus opiniones.70-72 El uso de estos datos es un desafío metodológico. Primeramente, debe ser válido y permitir medir los resultados del tratamiento adecuándose al paciente. Seguidamente, las medidas obtenidas a partir de los datos de los PROM deben ser válidas para identificar las variaciones en la práctica y la calidad de los cuidados de salud. En tercer lugar, los datos deben ser comunicados y presentados de manera no ambigua para informar a los pacientes a la hora de tomar decisiones.73-76 Es necesario mejorar la interpretación de los datos obtenidos en los PROM para comparar la calidad de los cuidados de salud e informar a los pacientes. s on b l d d y b Di p i i i a arrera s d los PR M e O Los datos de los PROM en el Reino Unido se actualizan una vez al mes y están disponibles en www.ic.nhs.uk/article/2191/ New-Data-Interrogation-Service. Los facultativos reconocen ampliamente el uso potencial de los PROM para mejorar el cuidado de los pacientes aumentando la comunicación, la educación del paciente y la toma de decisiones compartidas, y monitorizando la respuesta al tratamiento. Sin embargo, existen varias barreras para su uso que, si se vencen, pueden aumentar la utilidad de estos para tomar decisiones en cuidados de salud. Boyce et al.77 revisaron estudios cualitativos investigando las experiencias en cuidados de salud profesionales empleando PROM e identificaron barreras incluyendo la ausencia de una infraestructura para la colección de los mismos. Una revisión sistemática realizada por profesionales de la salud notificó varios obstáculos de los PROM, como la ausencia de una organización efectiva específica de estos y la falta de estudios sobre la confianza de los resultados obtenidos tras emplearlos.78 Estos hallazgos destacan la importancia de tener sistemas eficientes de colección de datos para los PROM, así como poseer personal formado en utilizarlos. Varios estudios han identificado su beneficio para mejorar la comunicación entre médicos y pacientes, y para detectar los problemas de salud que de otra forma hubieran pasado desapercibidos.79 Sin embargo, las revisiones sistemáticas que valoran su efectividad demuestran que el impacto de estas intervenciones es variable.79,80 Parecen más efectivos cuando se emplean en poblaciones especializadas que al aplicarlos en la población general.80 Para asegurar el máximo beneficio de la toma de datos, se debe seleccionar una población y tener claros los objetivos a estudiar. M todologí d untu c ón y gunt s cu st on o e pre a a e e p i a i ari El programa de los PROM emplea un número de métodos con eficacia probada para permitir que los pacientes puntúen su estado de salud. Todos los pacientes completan un conjunto de preguntas sobre su estado de salud. Esto incluye los apartados de situación del paciente, condiciones preexistentes y el cuestionario EQ-5D (compuesto por cinco sistemas descriptivos dimensionales y una EVA). ERRNVPHGLFRVRUJ Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología 1. Movilidad. 2. Cuidados personales como lavarse o vestirse. 3. Actividades de la vida cotidiana. 4. Dolor/disconfort. 5. Ansiedad/depresión. C. Pregunta sobre salud general. Esta pregunta también está en el cuestionario preoperatorio: 1. En general, usted diría que su salud es: Excelente. Muy buena. Buena. Media. Pobre. Los cuestionarios posquirúrgicos tienen también preguntas de la cirugía sobre cómo ha sido percibida por el paciente y si hubo alguna complicación. Los pacientes sometidos a una varicectomía, prótesis total de rodilla o prótesis total de cadera tienen que completar también una sección de condiciones específicas. El sistema EQ-5D tiene cinco dimensiones: Dentro de cada dimensión, hay tres niveles: 1) no hay problemas; 2) algún problema, y 3) graves problemas. Hay que responder colocando una cruz en la opción elegida. La EVA va de 0 a 100, siendo el valor 0 el peor estado de salud y 100 el mejor. En el caso de los pacientes intervenidos de varices, se rellena el cuestionario Aberdeen para venas varicosas. Fue diseñado en 1993 y consta de 13 preguntas. Valora el dolor, el edema del tobillo, la utilización de calcetines, las dificultades a la hora de hacer actividades sociales y domésticas, y los problemas cosméticos. En los pacientes a los que se ha implantado una prótesis total de rodilla o de cadera, se aplican las escalas de Oxford para cadera y rodilla con 12 preguntas que valoran el dolor, la función y la capacidad del paciente para realizar actividades de la vida diaria como caminar o subir escaleras. Cada una de las 12 preguntas se puntúa de la misma manera, bajando la puntuación si los síntomas son peores. Todos los resultados obtenidos en esas 12 preguntas se suman y se recogen en una escala del 0 al 48, siendo 48 la máxima puntuación. A los enunciados anteriormente, se suman las preguntas del cuestionario sobre la percepción del paciente del acto quirúrgico: A. Preguntas sobre el acto quirúrgico: 1. ¿Ha experimentado alguno de los siguientes problemas tras su cirugía? Alergia o reacción a medicamentos. Problemas urinarios. Sangrado. Problemas con la cicatriz quirúrgica. 2. ¿Ha vuelto a ingresar en el hospital tras la intervención? 3. ¿Ha necesitado otra cirugía en su (ingle/cadera/rodilla/ varices) desde su cirugía? B. Preguntas sobre los resultados: 1. ¿Cómo describiría usted los resultados de su cirugía? Excelentes. Muy buenos. Buenos. Medios. Pobres. 2. ¿Cómo está su (ingle/cadera/rodilla/varices) en comparación con la situación anterior a la cirugía? Mucho mejor. Un poco mejor. Similar. Un poco peor. Mucho peor. a e e S ie O re e i i e Dire cc on s c nt s y s gund g n c ón: PR MI era 56 La Koninklijk Nederlands Genootschap voor Fysiotherapie (KNGF) ha establecido un programa nacional de 4 años para estimular la utilización de PROM en la práctica clínica. Se están utilizando por su valor adicional a la hora de apoyar a los fisioterapeutas y a los pacientes en la toma de decisiones. Se ha establecido una base de datos nacional para analizar estos números y medir los resultados y la calidad de los servicios de fisioterapia. Los datos obtenidos se reenvían a los fisioterapeutas para mejorar su calidad asistencial. El programa actual de recogida de PROM en Alemania está centrado en su utilización en la atención primaria para cinco grupos de pacientes (dolor lumbar, dolor cervical, problemas de cadera, problemas de rodilla y dolor de hombro). También se utilizarán en un futuro para patologías severas crónicas como la enfermedad arterial periférica. Se están intentado desarrollar los mismos proyectos de utilización de los PROM en el Reino Unido para valorar la calidad asistencial de los servicios de fisioterapia. La investigación ortopédica ha evolucionado mucho durante estos 20 años. Tal vez uno de los cambios más importantes sea el pasar a centrarse en los pacientes y la interpretación de estos sobre sus cuidados sanitarios. Esto se evidencia cuando miramos los parámetros que definían éxito o fallo de la cirugía. Clásicamente, la medida de éxito ortopédico de la artroplastia era la valoración de la radiografía postoperatoria. En la actualidad, el resultado de la cirugía incluye la valoración del paciente de este proceso. La primera generación de PROM mostraba limitaciones que fueron estudiadas por Brodke et al.81,82 Con el fin de solucionar estas limitaciones, se desarrolló el sistema de información de PROM (Patient-Reported Outcomes Measurement Information System [PROMIS]) en EE. UU. Este sistema representa una década de investigación para encontrar las propiedades fundamentales para medir los resultados referidos por los pacientes y lo integra con la toma de datos computarizada. Los registros de artroplastias pueden beneficiarse de la adición de los PROM que valoren el alivio del dolor y la mejoría del rango de movilidad articular, y no solo centrarse en analizar la supervivencia del implante y los porcentajes de cirugía de revisión.83 Algunos registros nacionales están recogiendo PROM: Inglaterra y Gales, EE. UU., Nueva Zelanda, Noruega y Suecia; y enfatizan la percepción del paciente del dolor y de la movilidad articular.84 La investigación basada en la evidencia científica ha destacado el valor de estos.85 Los PROM capturan la insatisfacción de los pacientes que no han alcanzado los objetivos esperados en cuanto al alivio del dolor y la mejoría funcional. ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente En una revisión bibliográfica reciente realizada sobre los registros de artroplastias, se concluyó que la omisión de los PROM impide al cirujano tener un completo entendimiento de los factores que contribuyen al alivio del dolor, a la restauración de la función y a la satisfacción del paciente.84 Pueden ser útiles como una medida de resultados positivos (como alivio del dolor y mejoría de la función) o como una medida de resultados negativos (como la presencia de dolor persistente o alto riesgo de fallo del implante). Los PROM pueden utilizarse en investigación para comparar intervenciones y estudiar el coste-efectividad, y, en la práctica clínica, para monitorizar la mejoría de los síntomas.86 La comunidad ortopédica no ha definido todavía unas bases nacionales o internacionales para establecer las medidas óptimas de PROM tras las artroplastias totales.83 El registro de Inglaterra incluye medidas del estado de salud (EQ-5DTM, SF-36) y del rango de movilidad articular (Oxford Hip Score [OHS], Hip disability and Osteoarthritis Outcome Score [HOOS]/Knee injury and Osteoarthritis Outcome Score [KOOS]). Suecia utiliza una escala visual analógica (EVA). Algunos registros nacionales han comenzado a recoger datos de los PROM y el valor añadido de estos es evidente, teniendo en cuenta la investigación derivada de estos datos.85,87,88 Los datos de los PROM suelen recogerse directamente del paciente, pero se han puesto en marcha sistemas que recogen los datos electrónicamente (PROMIS). Los costes del registro de estos datos deben estar justificados por el valor del conocimiento que se puede obtener a partir del análisis de los resultados obtenidos a través de los PROM. PR M n c ugí otés c d c d y od ll O e ir era a r i pr i a a Muchos factores influyen en la evolución postoperatoria del paciente intervenido de una artroplastia de cadera o rodilla. Las características del paciente (edad, comorbilidad, índice de masa corporal, etc.), tipo de cirugía y técnica anestésica, lugar y duración de la intervención, grado de invasividad y factores sociales (condiciones sociales, acompañamiento familiar, etc.).89 Se pueden estudiar tanto al terminar el procedimiento anestésico-quirúrgico como después para valorar la repercusión final en su calidad de vida. La escala de satisfacción del paciente de Iowa ha sido empleada en varios estudios porque ha sido validada para emplearse en pacientes al final de los cuidados anestésicos monitorizados.90 En el Reino Unido, el momento ideal para realizar este cuestionario es cuando los pacientes están listos para ser dados de alta de la unidad de recuperación posquirúrgica. La mayoría de los cuestionarios emplean escalas de tipo Likert: completamente de acuerdo, de acuerdo, incierto, en desacuerdo, completamente en desacuerdo. La satisfacción del paciente intervenido es un resultado importante y se emplea con frecuencia en la evaluación de la recuperación91-95, junto con la percepción de los pacientes de la calidad de la recuperación.96,97 Hay varias formas para valorar la recuperación posquirúrgica.98 Se evalúan el dolor,99-101 los agentes anestésicos o las técnicas anestésicas tanto en fases precoces e intermedias102-105 como en fases tardías de la recuperación posquirúrgica.105,106 ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. e a 57 Variables del proceso de cuidados, como el estar listo para el alta hospitalaria107-109 y el ser reingresado tras el alta hospitalaria,110-114 se emplean con frecuencia como medidas de calidad y resultados. Los datos obtenidos meses o años después en relación con el dolor o la función desde el punto de vista del paciente ofrecen información sobre cómo percibe este el procedimiento quirúrgico de la artroplastia de cadera: estado de salud, calidad de vida relacionada con la salud y satisfacción con el procedimiento.91 El grupo de trabajo sobre los PROM de la Sociedad Internacional de Registros de Artroplastias quiso valorar hasta qué punto se habían incorporado los datos ofrecidos por los pacientes en los distintos registros de artroplastias.115 Realizaron una encuesta de 41 registros mostrando que ya 8 de ellos tenían un programa PROM para pacientes de cirugía electiva de artroplastias de cadera y rodilla, y 6 recogieron estos datos para poblaciones de muestra. Los instrumentos genéricos más comúnmente utilizados fueron el cuestionario de resultados de salud EQ-5D y la encuesta de salud Short Form 12 (SF-12) o similar, como la encuesta de salud Veteranos RAND 12 Items (VR-12). Los PROM específicos más comunes fueron la puntuación de la discapacidad de la cadera y la osteoartritis (HOOS), la puntuación sobre la lesión de la rodilla y la osteoartritis (KOOS), la puntuación de la cadera de Oxford (OHS), la puntuación de la rodilla de Oxford (Oxford Knee Score [OKS]), la puntuación del Western Ontario and McMaster Universities Osteoarthritis Index (WOMAC), y la puntuación sobre la actividad de la University of California-Los Angeles (UCLA). Prodinger et al.116 estudian la mejoría de la calidad de la atención a través de los PROM y enfocan su atención en el Sistema Nacional de Salud del Reino Unido y el Registro Nacional Sueco de Artroplastias de cadera y rodilla como ejemplo. Concluyen que tener en cuenta estos datos es muy valioso en la clínica y, aunque tienen sus lagunas y barreras, para el desarrollo en el futuro un enfoque con participación y el compromiso de las partes interesadas en la clínica y a nivel gerencial puede ser recomendado basado en los hallazgos de este estudio. Es interesante la revisión sistemática que realizan Gagnier et al.117 publicada en 2018 sobre la calidad metodológica de los PROM para pacientes con artroplastia total de cadera. Se realizaron búsquedas en bases de datos que incluían PubMed, MEDLINE, EMBASE, CINAHL, la Biblioteca Cochrane y otros artículos publicados hasta 2017, utilizando los términos de búsqueda «outcome instrument, the condition or procedure of interest (hip arthroplasty), and psychometric properties». La calidad metodológica de los estudios y la evidencia de las propiedades psicométricas se resumieron y evaluaron utilizando la lista de verificación COSMIN (estándares basados en el consenso para la selección de instrumentos de medición de la salud). Se incluyeron 73 estudios que investigaron 26 instrumentos. El WOMAC, la OHS, la puntuación de la cadera de Harris y la HOOS fueron los instrumentos evaluados con mayor frecuencia. El WOMAC tenía cinco propiedades con evidencia positiva y fue el instrumento de mayor calidad en general, seguido por la HOOS y la encuesta europea de entrevista de salud (EUROHIS) —índice de calidad de vida de ocho ítems—. A pesar de una gran cantidad de estudios incluidos, muchos tenían bajas calificaciones de COSMIN, por lo que nos recomiendan estudios rigurosos adicionales para explorar las pro- ERRNVPHGLFRVRUJ 58 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología 1. Factores fisiológicos: tres medidas (T 0 + T 15 + T 120) 1.a. PAS → 3 = 90-140; 2 = 70-89 o 141-180; 1 = < 70 o < 180 mmHg 1.b. FC → 3 = 45-100; 2 = 35-44 o 101-139; 1 = < 35 o ≥ 140 lpm 1.c. Temperatura → 3 = 36-37,6; 2 = 35-35,9 o 37,7-38,9; 1 = < 35 o ≥ 39 ºC 1.d. Oxígeno utilizado para mantener Sat O2: 3 = oxígeno utilizado por protocolo o no utilizado 2 = cualquier Sat O2 < 95% que requiere oxígeno 1 = cualquier Sat O2 < 90% que requiere oxígeno 1.e. Vía aérea: 3 = automantenimiento de vía aérea permeable 2 = mantenimiento de vía aérea con soporte 1 = dispositivo in situ 1.f. Agitación: 3 = sin signos de agitación 2 = muestra ocasionalmente agitación 1 = agitación severa 1.g. Conciencia: 3 = completamente despierto 2 = se despierta con estimulación auditiva o física 1 = no despertable 1.h. Por favor, tóquese la nariz o levante la cabeza: 3 = sigue las órdenes completamente 2 = responde apropiadamente, pero es incapaz de completar el requerimiento 1 = sin respuesta o respuesta sin objetivo Puntuación del primer dominio: 21-8 2. Factores nociceptivos 2.1. Al enseñarle la escala con cinco caras, indique cuál es de forma más segura la que describe su nivel de dolor en este momento (1-5) 2.2. Al enseñarle la escala con cinco caras, indique cuál es de forma más segura la que describe su sensación de náuseas o vómito en este momento (1-5) Puntuación del segundo dominio: 10-2 3. Factores emocionales 3.1. Al enseñarle la escala con cinco caras, indique cuál es de forma más segura la que describe en qué medida se siente triste, decaído o deprimido en este momento (1-5) 3.2. Al enseñarle la escala con cinco caras, indique cuál es de forma más segura la que describe en qué medida se siente ansioso o nervioso en este momento (1-5) Puntuación del tercer dominio: 10-2 4. Factores cognitivos 4.1. Por favor, dígame su nombre, la ciudad donde estamos y su fecha de nacimiento (registre el número de respuestas correctas: 1-3) 4.2. Voy a leerle una lista de números, escuche cuidadosamente y cuando acabe, por favor, repítalos en el orden en que yo los he leído: Puntuación del cuarto dominio: 9-2 i F gu ra Primer dominio 21-8 6-1 Segundo dominio 10-2 Tercer dominio 10-2 Escala Post Discharge Surgical Recovery (PSR) preoperatoria/postoperatoria. ERRNVPHGLFRVRUJ Cuarto dominio 9-2 PUNTUACIÓN FINAL 50-14 C 59 apítulo 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente piedades psicométricas de estos instrumentos en el análisis de las artroplastias de cadera. Se sabe que las distintas publicaciones en cirugía ortopédica respaldan un seguimiento médico arbitrario de 24 meses para las artroplastias del miembro inferior. Los PROM, por ejemplo, nos pueden ayudar a definir esta estrategia. Se han realizado una revisión sistemática y metaanálisis utilizando las bases de datos PubMed y EMBASE para los estudios de artroplastias totales de cadera y rodilla primarias, y de revisión, en los que se informaron los datos de PROM a los 12 y 24 meses.118 Se examinaron un total de 15 informes, 9 sobre prótesis de rodilla (n = 1.564) y 6 sobre prótesis de cadera (n = 740). No se encontraron diferencias para cuatro tipos de PROM entre los 12 y los 24 meses de seguimiento, y concluyen que puede que no haya un valor adicional en la revisión a los 24 meses de estos pacientes en la práctica rutinaria. onclus ón C i Hay pocas publicaciones sobre el estudio de la utilización de los PROM para mejorar la calidad o las medidas de actuación; sin embargo, la calidad de los cuidados de salud del paciente mejora al tener en cuenta sus opiniones y al comunicar los resultados de los PROM públicamente. Es por lo que recomendamos que se inicie este camino en nuestra actividad quirúrgica. En el caso concreto de los pacientes que van a ser intervenidos de artroplastia total de cadera, proponemos estudiar la satisfacción de estos empleando los PROM de la siguiente manera: • Emplear para analizar la recupera ción posquirúrgica los • • cuestionarios: escala de alta de reanimación (escala Post Discharge Surgical Recovery [PSR])119 y escala de calidad de recuperación tras la anestesia y la intervención quirúrgica (Quality of Recovery 15 [QoR-15]).96 Para valorar la calidad de vida asociada a la salud, el EQ-5D.120 Este cuestionario tiene dos partes, una descriptiva y la escala visual analógica (EQ-EVA). Antes de la intervención quirúrgica, se deben entregar la escala PSR (fig. 6-1) y el EQ-5D preoperatorios (fig. 6-2). A las 2 h de la llegada a la unidad de recuperación quirúrgica, al paciente se le entrega las escalas PSR postoperatoria (v. fig. 6-1) y QoR-15 (fig. 6-3). Elija una única respuesta de cada apartado que mejor describa su estado de salud en el día de hoy. No marque más de una casilla en cada grupo. 1. Movilidad • No tengo problemas para caminar • Tengo algunos problemas para caminar • Tengo que estar en la cama 2. Cuidado personal • No tengo problemas con el cuidado personal • Tengo algunos problemas para lavarme o vestirme • Soy incapaz de lavarme o vestirme 3. Actividades cotidianas (ejemplo: trabajar, estudiar, hacer las tareas domésticas, actividades familiares o actividades durante el tiempo libre) • No tengo problemas para realizar mis actividades cotidianas • Tengo algunos problemas para realizar mis actividades cotidianas • Soy incapaz de realizar mis actividades cotidianas © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 4. Dolor/malestar • No tengo dolor ni malestar • Tengo moderado dolor o malestar • Tengo mucho dolor o malestar 6. Comparando con mi estado general de salud durante los últimos 12 meses, mi estado de salud hoy es: • Mejor El mejor • Igual estado de salud • Peor imaginable 7. Para ayudar a la gente a describir 100 lo bueno o malo que es su estado de salud hemos dibujado una escala parecida a un termómetro en la cual se marca con un 100 el mejor 9 0 estado de salud que pueda imaginarse. Nos gustaría que nos inidicara en esta escala, en su opinión, lo bueno o malo que es su estado de salud en el día de HOY. Por favor, dibuje una línea desde el casillero donde dice «Su estado de salud hoy» hasta el punto del termómetro que en su opinión indique lo bueno o malo que es su estado de salud en el día de HOY. Su estado de salud hoy 5. Ansiedad/depresión • No estoy ansioso ni deprimido • Estoy moderadamente ansioso o deprimido • Estoy muy ansioso o deprimido 8 0 7 0 6 0 5 0 4 0 3 0 2 0 1 0 0 F gu 6-2 EuroQol de cinco dimensiones (EQ-5D) preoperatorio/postoperatorio. (Traducida y publicada con permiso. © 1996, Elsevier. Fuente: Brooks R. EuroQol: The current state of play. Health Policy. 1996;37:53-72.) i ra ERRNVPHGLFRVRUJ 60 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Fecha: --/--/-- Estudio # PARTE A ¿Cómo se ha encontrado en las últimas 24 h? (De 0 a 10, donde 0 = mal y 10 = excelente) 1. Respira con facilidad 2. Disfruta de la comida 3. Se siente descansado 4. Duerme bien 5. Realiza su aseo personal sin ayuda 6. Se comunica con amigos y familia 7. Es asistido por doctores y/o enfermeros 8. Puede volver al trabajo o a sus actividades domiciliarias habituales 9. Se siente bien y controlado 10. Se encuentra bien de manera general 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 PARTE B ¿Ha tenido alguno de los siguientes síntomas en las últimas 24 h? (De 0 a 10, donde 0 = mal y 10 = excelente) 11. Dolor moderado 12. Dolor severo 13. Náuseas o vómitos 14. Se encuentra preocupado o ansioso 15. Se siente triste o deprimido 6-3 ra i F gu 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 0---------------------------------------------------10 Quality of Recovery 15 (QoR-15). • En la revisión posquirúrgica que tendrá lugar en la consul• ta de traumatología, normalmente al mes del alta hospitalaria, se le entrega el EQ-5D postoperatorio (v. fig. 6-2).120 Como test específicos en nuestro medio, podemos optar por el WOMAC, la escala de Harris, la OHS o la HOOS. í a raf bl og i Bi Finalizamos afirmando que existe la necesidad de proporcionar unos cuidados sanitarios de calidad. La opinión del paciente sobre la intervención quirúrgica y los resultados de esta es valiosa, y conocerla permitirá mejorar la práctica del cirujano y corregir los puntos de disconfort detectados. 1. Chartered Society of Physiotherapy. Patient reported outcome measures-how do you use patient-reported outcome measurement in routine musculoskeletal outpatient physiotherapy practice? 2014. Disponible en: https://www.fda.gov/downloads/drugs/guidances/ucm193282.pdf. 2. Food and Drug Administration (FDA). Guidance for industry. Patient-reported outcome measures. Use in medical product development to support labeling claims: 2009. Disponible en: www.fdagov/ downloads/Drugs/GuidanteComplianceRegulatoryInformation/Guidances/UCM193282.pdf. 3. Fitzpatrick R, Davey C, Buxton MJ, Jones DR. Evaluating patient-based outcome measures for use in clinical trials. Technology Assessment 1998;2:14. 4. Black N. Patient reported outcome measures could help transform health care. BMJ 2013;346:fl67. 5. Sloan JA, Berk L, Roscoe J, Fisch MJ, Shaw EG, Wyatt G, et al. Integrating patient reported outcomes into cancer symptom management clinical trials supported by the National Cancer Institute-sponsored clinical trials networks. J Clin Oncol: Off J Am Soc Clin Oncol 2007;25:5070-7. 6. Fayers P, Mahin D. Quality of life–the assessment analysis and interpretation of patient reported outcomes. 2nd ed. Chichester: John Wiley and Sons Ltd.; 2007. 7. Calvert MJ, Freemantle N. Use of health-related quality of life in prescribing research. Part 1: Why evaluate health-related quality of life? J Clin Pharm Ther 2003;28:513-21. 8. Rabin R, de Charro F. EQ-5D: a measure of health status from the EuroQol Group. Ann Med 2001;33:337-43. 9. Vernon H, Mior S. The neck disability index: a study of reliability and validity. J Manip Physiol Ther 1991;14:409-15. 10. Ruta DA, Garratt AM, Leng M, Russell IT, Mac Donald LM. A new approach to the measurement of quality of life: the patient generated index. Med Care 1994;32:1109-26. 11. Stratford P, Gill C, Westaway M, Binkley J. Assesing disability and change on individual patients: a report of a patient specific measure. Physiother Can 1995;47:258-63. 12. Paterson C. Measuring outcome in primary care: a patient generated measure, MYMOP, compared to the SF-36 health survey. Br. Med J 1996;312:1016-20. 13. Thieme H, Bayn M, Wurg M, Zange C, Pohl M, Behrens J. Mirror therapy for patients with severe arm paresis after stroke-a randomized controlled trial. Clin Rehabil 2013;27:314-24. 14. Torrance GW. Measurement of health state utilities for economic appraisal: a review. Journal of Health Economics 1986;5:1-30. 15. Tarlov AR, Ware j, Greenfield S, Nelson EC, Perrin E, Zubkoff M. The Medical Outcomes Study. An application of methods for monitoring the results of medical care. Journal of the American Medical Association 1989;262:925-30. 16. Nelson EC, Berwick DM. The measurement of health status in clinical practice. Medical Care 1989;27:S77-90. 17. Hunt SM, Mc Ewen J, McKenna SP. Measuring health status: a new tool for clinicians and epidemiologists. Journal of the Royal College of General Practitioners 1985;35:185-8. 18. Ventegodt S. Measuringthe quality of life. Copenhagen: Forskningcentrets Forlag; 1996. ERRNVPHGLFRVRUJ C © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. apítulo 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente 19. Silverman LR, Deamkos EP, Peterson BL, Komblith AB, Holland JC, Odchimar-Reissig R, et al. Randomized controlled trial of azactidine in patients with the myelodysplastic syndrome: a study of the cancer and leukemia group B. J Clin Oncol 2002;20:2429-40. 20. Grant AM, Wileman SM, Ramsay CR, Mowat NA, Krukowski ZH, Heading RC, et al REFLUX Trial Group. Minimal access surgery compared with medical management for chronic gastro-oesophageal reflux disease. UK collaborative randomised trial. BMJ 2008;337:a 2664. 21. Williams O, Fitzpatrick R, Hajat S, Reeves BC, Stimpson A, Morris R, et al. Mortality, morbidity and 1-year outcomes of primary elective total hip arthroplasty. J Arthroplasty 2002;17:165-71. 22. Malchau H, Grellick G, Eisler T, Herberts P. Preseidentital guest address. The Swedish Hip Registry: Increasing the sensitivity by patients outcome data. Clin Orthop Relat Res 2005;441:19-29. 23. New Zealand Joint Registry. The New Zealand Joint Registry Nine Year Report January 1999 to December 2007. Christchurch: Department of Orthopaedic Surgery and Musculoskeletal Medicine, Christchurch Hospital; 2008. Disponible en: https://nzoa.org.nz/system/ files/NJR%209%20Year%20Report.pdf. 24. Zanoli G, Nilsson LT, Stromqvist B. Realiability of the prospective data collection protocol of the Swedish Spine Register: test-retest analysis of 119 patients. Acta Orthop 2006;77:662-9. 25. Appleby J, Devlin N. Measuring success in the NHS. Using patient-assessed health outcomes to manage the performance of heathcare providers. London: The King’s Fund; 2004. 26. Wasson J, Keller J, Rubenstein L, Hays R, Nelson E, Johnson D. Benefits and obstacles of health status assessment in ambulatory settings: the clinica’s point of view. Med Care 1992;30:MS42-MS49. 27. Greenhalgh J, Long AF, Flynn R. The use of patient reported outcome measures in routine clinical practice: lack of impactor lack of theory? Soc Sci Med 2005; 60:833-43. 28. Haywood K, Marshall S, Fitzpatrick R. Patient participation in the consultation process: a structures review of intervention strategies. Patient Educ Couns 2006;63:12-23. 29. Timmins N. Assesing patient care-NHS goes to the PROMS. BMJ 2008;336:1464-5. 30. Bent NP, Wirght CC, Rushton AB, Batt ME. Selecting outcome measures in sports medicine: a guide for practitioners using the example of anterior cruciate ligament rehabilitation. Br J Sports Med 2009;43: 1006-12. 31. Cakvert M, Freemantle N. Use of health-related quality of life in prescribing research. Part 2: Methodological considerations for the assessment of health related quality of life in clinical trials. J Clin Pharm Ther 2004;29:85-94. 32. Mokkink LB, Terwee CB, Knol DL, Stratford PW, Alonso J, Patrick DL, et al. The COSMIN checklist for evaluating the methodological quality of studies on measurement properties: a clarification of its content. BMC Res Methodol 2010;10:22. 33. Mokkink L, Terwee C, Patrick D, Alonso J, StratfordP, Knol D, et al. The COSMIN study reache international consensus on taxonomy, terminology, and definitions of measurement properties for health related patients reported outcomes. J Clin Epidemiol 2010;63:737-45. 34. Patient Reported Outcome and Quality of life Instruments Database (PROQOLID); 2014. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/ pmc/articles/PMC555954/. 35. Reeve BB, WyrwichKW, Wu AW, VelikovaG, Terwee CB, Snyder CF, et al. ISOQOL recommends minimum standards for patient reported outcome measures used in patient entered outcomes and comparative effectiveness research. Qual Life Res 2013;22(8):1889-905. 36. Terwee C, Mokkink L, Knol D, Ostelo R, Bouter L, de Vet H. Rating the methodological quality in systematic reviews of studies on mea surement properties: a scoring system for the COSMIN checklist. Qual Life Res 2012;21:651-7. 37. Liang MH, Cullen KE, Larson M. In search of the perfect mousetrap (health status or quality of life measurement). Journal of Rheumatology 1982;9:775-9. 38. Guyatt GH, Feeny DH, Patrick DL. Issues in quality of life measurement in clinical trials. Controlled Clinical Trails 1991;12:81S-90S. 39. Ware JE. Standars for validating health measures: definition and content. Journal of Chronic Diseases 1987;40:473-80. 40. Kirshner B, Guyatt G. A methodological framework for assessing health indices. Journal of Chronic Diseases 1985;38:27-36. ­ 61 41. Cox DR, Fitzpatrick R, Fletcher AE, Gore SM, Spiegelhalter DJ, Jones DR. Quality of life measurement: can we keep it simple? Journal of the Royal Statistical Society 1992;155:353-93. 42. Garratt AM, Ruta DA, Abdalla MI, Russell IT. Responsiveness of the SF-36 and a condition specific measure of health for patient with varicose veins. Quality of Life Research 1996;5:223-34. 43. Ruta DA, Garrat AM, Russell IT. Patient centred assessment of quality of life for patients with four common conditions. Quality in Health Care 1999;8:22-9. 44. Bullinger M. Ensuring international equivalence of quality of life measures. In: Orley J, Kuykken W, editors. Qualityof Life Assessment: International Perspectives. Berlin: Springer; 1994. p. 33-40. 45. Leplege A, Verdier A. The adaptation of health status measures: methodological aspects of the translation procedure. In: Shumaker S, Berzon R, editors. The International Assessment of Health Erlated Quality of Life: Theory, Translation, Measurement and Analysis. Oxford: Rapid Communications of Oxford; 1995. p. 93-101. 46. Sprangers MA, Cull A, Bjordal K, Groenvold M, Aaronson NK. The European Organisations for Research and Treatment of Cancer. Approach to quality of life assessment: guidelines for developing questonnaire modules. EORTC Study Group on Quality of Life. Quality of Life Research 1993;2:287-95. 47. Aarsonson NK. Assessing the quality of life of patients in cancer clinical trials: common problems and common sense solutions. European Journal of Cancer 1992;28A:1304-7. 48. Erickson P, Taeuber RC, Scott J. Operational aspects of quality of life assessment choosing the right instrument: review article. Pharmacoeconomic 1995;7:39-48. 49. Testa MA, Simonson DC. Assessment of quality of life otucomes. New England Journal of Medicine 1996;334:835-40. 50. Jaeschke R, Singer J, Guyatt GH. Measurement of health status. Ascertaining the minimal clinically important difference. Controlled Clinical Trials 1989;10:407-15. 51. Juniper EF, Guyatt GH, Willan A, Griffith LE. Determining a minimal important change in a disease specific quality of life questionnaire. Journal of Clinical Epidemilogy 1994;47:81-7. 52. Stewart AL, Greenfield S, Hays RD, Wells K, Rogers WH, Berry SD, et al. Funcional status and well-being of patients with chronic conditions: results from the medical outcomes study. Journal of the American Medical Association 1989;262:907-13. 53. Garratt AM, Ruta DA, Abdalla MI, Russell IT. The SF-36 heath survey questionnaire: responsiveness to changes in health status in four common clinical conditions. Quality in Health Care 1994;3:186-92. 54. Streiner GL, Norman RD. Health measurement scales: A practical guide to their development and use. 2nd ed. Oxford: Oxford University Press; 1995. 55. Guyatt GH, Cook DJ. Health status, quality of life and the individual. Journal of the American Medical Association 1994;272:630-1. 56. Lomas J, Pickard L, Mohide A. Patient versus clinician item generation for quality of life measures. The case of language disabled adults. Medical Care 1987;25:764-9. 57. McDowell I, Jenkinson C. Development standards for health measures. Journal of Health Services Research and Policy 1996;1(4):1238-46. 58. Garratt AM, Hutchnson A, Russell IT. The UK version of the Seattle Angina Questionnaire (SAQ-UK), reliability, validity and responsiveness. Journal of Clinical Epidemiology 2001;54:907-915. 59. Liang MH, Fossel AH, Larson MG. Comparisons of five health status instruments for orthopaedic evaluation. Medical Care 1990;28:632-42. 60. Coyne KS, Tubaro A, Brubaker L, Bacendam T. Development and validation of patient reported outcomes measures for overactive bladder: a review of concepts. Urology 2006;68:9-16. 61. Kyte D, Draper H, Ives J, Keely T, Calvert M. Inconsistencies in Health Related Quality of Life (HRQL) data-collection in clinical trials-a potential source ofbias? Interviews with research nurses and trialist. Qual Life Res 2013;20(Suppl). 62. Fairclough D, Peterson HF, Chang V. Why are missing quality of life data a problem in clinical trials of cancer therapy? Stat Med 1998;17:667-77. 63. Psycho- Oncology Co-operative Research Group (University of Sydney) Resources, 2013. Disponible en: www.pocog.org.au. 64. International Society for Quality of Life Research (ISOQOL). Best practices for PROs in randomized clinical trials task force; 2014. Disponible en: http://www.isoqol.org/about-isoqol/committees/best-practices-for-pros-in-randomized-clinical-trials. ERRNVPHGLFRVRUJ Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ­ 88. Rothwell AG, Hooper GJ, Hobbs A, Frampton CM. An analysis of the Oxford hip and knee scores and their relationship to early joint revision in the New Zealand Joint Registry. J Bone Joint Surg Br 2010;92:413-8. 89. Bettelli G. High risk patients in day surgery. Minerva Anestesiologica 2009;75:259-68. 90. Dexter F, Aker J, Wright WA. Development of a measure of patient satisfaction with monitored anesthesia care: the Iowa Satisfaction with Anesthesia Scale. Anesthesiology 1997;87:865-73. 91. Meadows K. Patient-reported outcome measures: an overview. British Journal of Community Nursing 2011;16:146-51. 92. Lemos P, Pinto A, Morais G, Pereira J, Loureiro R, Teixeira S, et al. Patient satisfaction following day surgery. Journal of Clinical Anesthesia 2009;21:2005. 93. Rhodes L, Miles G, Pearson A. Patient subjective experience and satisfaction during the perioperative period in the day surgery setting: A systematic review. International Journal of Nursing Practice 2006;12:178-92. 94. Krywulak S, Mohtadi N, Russell M, Sasyniuk T. Patient satisfaction with inpatient versus outpatient reconstruction of the anterior cruciate ligament: a randomized clinical trial. Canadian Journal of Surgery 2005;48:202-6. 95. Mira J, Tomás O, Virtudes-Péres M, Nebot C, Rodríges-Marín J. Predictors of patient satisfaction in surgery. Surgery 2009;145:536-41. 96. Idvall E, Berg K, Unosson M, Brudin L, Nilsson U. Assessment of recovery after day surgery using a modified version of quality of recovery-40. Acta Anaesthesiologica Scandinavica 2009;53:673-7. 97. Myles P, Weitkamp K, Jones K, Melick J, Hensen S. Validity and reliability of a postoperative quality of recovery score: the QoR-40. British Journal of Anaesthesia 2000;84:11-5. 98. Lee A, Chui P. What outcomes should be measured after anaesthesia? Best Practice & Research Clinical Anaesthesiology 2001;15:531-40. 99. Schnaider I, Chung F. Outcomes in day surgery. Current Opinion in Anesthesiology 2006;19:622-9. 100. Rawal N. Postdischarge complications and rehabilitation after ambulatory surgery. Current Opinion in Anesthesiology 2008;21:736-42. 101. Mattila K, Toivonen J, Janhunen L, Rosenberg P, Hynynen L. Post discharge symptoms after ambulatory surgery: first week incidence, intensity, and risk factors. Anesthesia and Analgesia 2005;101: 1643-50. 102. Macario A, Dexter F, Lubarsky D. Meta-analysis of trials comparing postoperative recovery after anesthesia with sevoflurane or desflurane. American Journal of Health-System Pharmacy 2005;62:63-8. 103. Seitsonen E, Yli-Hankala A, Korttila K. Similar recovery from bi spectral index-titrated isoflurane and sevoflurane anesthesia after outpatient gynecological surgery. Journal of Clinical Anesthesia 2006;18:272-9. 104. Martin M, Ollé G, Oferil F, Opisso L, Serra-Prat M, Hidalgo L. Recovery time and patient satisfaction in ambulatory knee arthroscopy. Prospective study comparing three anaesthetic methods. Journal of Ambulatory Surgery 2005;12:75-9. 105. White P, Tang J, Wender R, Yumul R, Stokes O, Sloninsky A, et al. Desflurane versus sevoflurane for maintenance of outpatient anesthesia: the effect on early versus late recovery and perioperative cough ing. Anesthesia and Analgesia 2009;109:387-93. 106. Moore J, Elliott R, Payne K, Moore E, St Leger A, Harper N, et al. The effect of anaesthetic agents on induction, recovery and patient preferences in adult day care surgery: a 7-day follow-up randomized controlled trial. European Journal of Anaesthesiology 2008;25:876-83. 107. Mathews D, Gaba V, Zaku B, Neuman G. Can remifentanyl replace nitrous oxide during anesthesia for ambulatory orthopedic surgery with desflurane and fentanyl? Anesthesia and Analgesia 2008;106:101-8. 108. Chung F, Mezei G. Factors contributing to a prolonged stay after ambulatory surgery – a prospective study. Anesthesia and Analgesia 1999;89: 1352-9. 109. Coons S, Rao S, Keininger D, Hays R. A comparative review of generic quality-of-life instruments. Pharmacoeconomics 2000;17: 13-35. 110. Coley K, Williams B, DaPos S, Chen C, Smith R. Retrospective evaluation of unanticipated admissions and readmissions after same day surgery and associated costs. Journal of Clinical Anesthesia 2002;14: 349-53. ERRNVPHGLFRVRUJ ­ ­ ­ 65. Calvert M, Blazeby J, Altman DG, Revicki D, Moher D, Brundage M. Reporting of patient reported outcomes in randomised trials: the CONSORT PRO extension. JAMA 2013;309:814-22. 66. Greenhalgh J. The applications of PROs in clinical practice: what are they do they work, and why. Qual Life Res 2009;18:115-23. 67. Juniper EF, Guyatt GH, Willan A, Griffith LE. Determining a minimal important change in a disease specific quality of life questionnaire. J Clin Epidemiol 1994;47:81-7. 68. De Vet HCW, Terwee CB, Mokkink LB, Knol DL. Measurement in medicine: a practical guide. Cambridge: Cambridge University Press; 2011. 69. Devlin NJ, Appleby J. Getting the most out of PROMs: putting health outcomes at the heart of NHS decision making. London: The King’s Fund; 2010. 70. Stichting Miletus. PROMs Heup Knie Resultaten meting 2013. Disponible en: https://stichtingmiletus.nl/wp-content/uploads/2016/01/ stichting-miletus-presentatie-PROMs.pdf. 71. van der Wees PJ, Nijhuis-van der Sanden MWG, Ayanian JZ, Black N, Westert GP, Schneider EC. Integrating the use of patient reported outcomes for both clinical practice and performance measurement: views of experts from three countries, Milbank Q 2014;92(4):754-75. 72. Fung CH, Lim YH, Mattke S, Damberg C, Shekelle PG. Systematic review: the evidence that publishing patient care performance data improves quality of care. Ann Intern Med 2008;148:111-23. 73. Smith MA, Wright A, Queram C, Lamb GC. Public reporting help drive quality improvement in outpatient diabetes care among Wisconsin physician groups. Health Aff (Millwood) 2012;31:570-7. 74. Devlin NJ, Parkin D, Browne J. Patient reported outcome measures in the NHS: new methods for analysing and reporting EQ-5D data. Health Econ 2010;19:886-905. 75. Deutsch A, Gage B, Smith L, Kelleher C. Patient reported outcomes in performance measurement. Washington, DC: National Quality Forum (NQF); 2012. 76. Cella D, Hahn EA, Jensen SE, Butt Z, Nowinski J, Rotrock N. Methodological issues in the selection, administration and use of patient reported outcomes in performance measurement in health care settings. Washington DC: National Quality Forum (NQF); 2012. 77. Boyce MB, Browne JP. Does providing feedback on patient reported outcomes to health care professionals result in better outcomes for patients? A systematic review. Qual Life Res 2013;22:2265-78. 78. Boyce MB, Browne JP, Greenhallgh J. The experiences of professionals with using information from patient reported outcome measures to improve the quality of health care: a systematic review of qualities research. BMJ Qual Saf 2014;23(6):508-18. 79. Duncan EA, Murray J. The barriers and facilitates to routine outcome measurement by allied health professionals in practice: a systematic review. BMC Health Serv Res 2012;12:96. 80. Valderas JM, Kotzeva A, Espallargues M, Guyatt G, Ferrans CE, Halyard MY, et al. The impact of measuring patient reported outcomes in clinical practice: a systematic review of the literatura. Qual Life Res 2008;17:179-93. 81. Brodke DJ, Man Hung BA, Bozic K. Item Response Theory and Computerized Adaptive Testing for Orthopaedic Outcomes Measures. J Am Acad Orthop Surg 2016;24:750-4. 82. Brodke DJ, Saltzman C, Brodke DS. PROMIS for Orthopaedic Outcomes Measurement. J Am Acad Orthop Surg 2016;24:744-9. 83. Franklin P, Harrold L, Ayers C. Incorporating Patient-reported Outcomes in Total Joint Arthroplasty Registries: Challenges and Opportunities. Clin Orthop Relat Res 2013;471:3482-8. 84. Rolfson O, Rothwell A, Sedrakyan A, Chenok KE, Bohm E, Bozic KJ, Garellick G. Use of patient-reported outcomes in the context of different levels of data. J Bone Joint Surg Am 2011;93(Suppl 3):66-71. 85. Rolfson O, Karrholm J, Dahlberg LE, Garellick G. Patient-reported outcomes in the Swedish Hip Arthroplasty Register: results of a nationwide prospective observational study. J Bone Joint Surg Br 2011;93:867-75. 86. Berliner JL, Brodke DJ, Chan V, SooHoo NF, Bozic KJ. John Charn ley Award: Preoperative patient-reported outcome measures predict clinically meaningful improvement in function after THA. Clin Orthop Relat Res 2016;474(2):321-9. 87. Baker P, Petheram T, Jameson S, Reed M, Gregg P, Deehan D. The association between body mass index and the outcomes of total knee arthroplasty. J Bone Joint Surg Am 2012;94:1501-8. ­ 62 C apítulo 6 Evaluación de los resultados comunicados por el paciente 116. Prodinger B, Taylor P. Improving quality of care through patient-reported outcome measures (PROMs): Expert interviews using the NHS PROMs Programme and the Swedish quality registers for knee and hip arthroplasty as examples. BMC Health Serv Res 2018;18(1): 1-13. 117. Gagnier JJ, Huang H, Mullins M, Marinac-Dabi D, Ghambaryan A, Eloff B, et al. Measurement Properties of Patient- Reported Outcome Measures Used in Patients Undergoing Total Hip Arthroplasty: A Systematic Review. JBJS Rev 2018;6(1):e2. doi: 10.2106/JBJS. RVW.17.00038. 118. Ramkumar PN, Navarro SM, Haeberle HS, Ng M, Piuzzi NS, Spindler KP. No Difference in Outcomes 12 and 24 Months After Lower Extremity Total Joint Arthroplasty: A Systematic Review and MetaAnalysis. J Arthroplasty 2018;33(7):2322-9. 119. Kleinbeck S. Self-reported at-home postoperative recovery. Research in Nursing & Health 2000;23:461-72. 120. Brooks R. EuroQol: The current state of play. Health Policy 1996;37: 53-72. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 111. Fleisher L, Pasternak L, Herbert R, Anderson G. Inpatient hospital admission and death after outpatient surgery in elderly patients. Archives of Surgery 2004;139:67. 112. Fleisher L, Pasternak L, Lyles A. A novel index of elevated risk of inpatient hospital admission immediately following outpatient surgery. Archives of Surgery 2007;142:263-8. 113. Woods D, Thomas E, Holl J, Weiss K, Brennan T. Ambulatory care adverse events and preventable adverse events leading to a hospital admission. Quality and Safety in Health Care 2010;16:127-31. 114. Zulfiquer F, Pattanayak K. Evaluation of unplanned admission following day surgery at a new surgical centre in London. Ambulatory Surgery 2009;15:104-23. 115. Rolfson O, Eresian Chenok K, Bohm E, Lübbeke A, Denissen G, Dunn J, et al. Patient-reported outcome measures in arthroplasty registries: Report of the Patient-Reported Outcome Measures Working Group of the International Society of Arthroplasty Registries: Part I. Overview and rationale for patient-reported outcome measures. Acta Orthop 2016;87(362):3-8. 63 ERRNVPHGLFRVRUJ ­ Capítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología Amalia Lamana Domínguez, Arancha Rodríguez de Gortázar, Marta Martín Millán, Santos Castañeda Sanz Resumen En este capítulo, trataremos de forma sencilla y resumida los principales aspectos relacionados con la biología celular y molecular del sistema musculoesquelético. En un primer apartado, abordaremos aspectos generales de biología celular para centrarnos, posteriormente, en aspectos concretos de la biología celular de los diferentes compartimentos del hueso y cartílago. Int oducc ón r i Las células del sistema musculoesquelético (ME) forman parte de diferentes tejidos (cartílago, hueso, músculos, etc.) y proceden de linajes celulares diferentes, lo que aumenta la complejidad de dicho sistema. Las células del sistema ME están constantemente sometidas a una gran cantidad de estímulos externos, como factores hormonales, factores de crecimiento, citoquinas, perturbaciones mecánicas, interacciones con otras células y/o componentes de la matriz celular, así como a factores ambientales (temperatura, pH, influencias iónicas y osmóticas). Estos estímulos provocan la activación de numerosas vías de señalización que interactúan dentro de la célula y que, finalmente, deben ser integradas para activar la transcripción de un patrón de genes apropiados que respondan a la suma total de los estímulos recibidos. Muchas de estas señales influyen en diferentes aspectos de la regulación, proliferación y diferenciación celular, y reconocen puntos específicos de control del ciclo celular, estimulando o inhibiendo la división celular. También pueden actuar controlando la muerte celular programada o apoptosis, que tiene un papel crucial en el desarrollo y homeostasis de los diferentes tejidos. Señal zac ón celula i i r aracterísticas generales de la señalización celular C La respuesta de las células a determinadas señales que les llegan del exterior va a dirigir complejas cascadas de señalización intracelular que permiten que la célula responda adecuadamente a las condiciones del entorno. Las señales vienen influidas por una serie de mediadores extracelulares que pueden ser de naturaleza proteica, lipídica, iónica, gaseosa, etc., o pueden ser mediadores físicos como el olor, la luz, el frío, el calor, etc. Algunos ejemplos son ciertas hormonas como la adrenalina, el glucagón o la insulina; neurotransmisores como la somatostatina o la serotonina; factores de crecimiento como el factor de crecimiento epidérmico (EGF) o el factor de crecimiento vascular endotelial (VEFG), o citoquinas como la interleucina (IL) 6 o el factor de necrosis tumoral a (TNF-a).1,2 Los mediadores extracelulares se unen a proteínas receptoras específicas que pueden existir en la superficie celular o en el interior de las células, donde desencadenan una cascada de señales intracelulares en la que median efectores, segundos mensajeros o mensajeros intracelulares, y proteínas quinasas. La activación de estas señales intracelulares va a terminar en la activación de determinadas proteínas diana como enzimas del metabolismo (controlando los procesos metabólicos), proteínas reguladoras de algunos genes (modificando la expresión de esos genes) o proteínas del citoesqueleto (que modifican el tamaño o el movimiento celular).1,2 Existen varios tipos de comunicación celular según la distancia que tenga que recorrer el mediador extracelular hasta contactar con la célula diana:2 • Comunicación celular dependiente de contacto, donde el • mensajero extracelular se encuentra en la superficie de la célula que lo produce, uniéndose al receptor específico de la célula diana. Este tipo de comunicación es muy importante en la respuesta inmune. Comunicación paracrina/autocrina, donde el mensajero extracelular es reconocido por las células diana próximas o por la propia célula que lo produce. El objetivo de la señal autocrina/paracrina es coordinar decisiones que afectan a un grupo de células en un tejido. Los mensajeros implicados en este tipo de comunicación celular tienen la característica de ser rápidamente degradados, por lo que solo pueden actuar sobre células próximas. 64 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C • Señalización sináptica, específica de neuronas que liberan • el mensajero extracelular, llamado en este caso neurotransmisor y que actúa sobre la célula diana a través de la sinapsis neuronal. Señalización endocrina, en la que el mensajero es una hormona que se produce en las glándulas endocrinas. En este caso, la hormona viaja por el torrente sanguíneo hasta alcanzar a la célula diana que posee receptores específicos. Este sistema permite que diferentes hormonas actúen sobre células de manera simultánea y a mucha distancia entre los diferentes tipos celulares. • Receptores de membrana: • Receptores asociados a proteínas G, también conoci- Con frecuencia, las cascadas de señalización dependen de sucesivas fosforilaciones y desfosforilaciones de las proteínas participantes. Básicamente, la fosforilación es efectuada por proteínas llamadas quinasas (o cinasas), y la desfosforilación, por fosfatasas. Las principales quinasas son serina treonina quinasas o tirosina quinasas en función de los residuos aminoacídicos que fosforilan en las proteínas. El número de quinasas y fosfatasas actualmente identificadas es muy abundante, lo que subraya el papel crucial que tienen en las cascadas de señalización.2 Las diferentes vías de señalización activan normalmente factores de transcripción (FT), que regulan la expresión génica de numerosas proteínas implicadas en determinadas funciones o procesos celulares. La transcripción es el proceso mediante el cual se transfiere la información contenida en la secuencia del ADN a diversos tipos de moléculas de ARN, que actúan como intermediarios para posteriormente guiar la síntesis de proteínas durante la traducción. Los FT son proteínas de unión al ADN que se unen en zonas de control de la expresión génica como promotores o secuencias reguladoras, pudiendo aumentar o disminuir la transcripción de un determinado gen. Además, sobre un único promotor pueden estar influyendo múltiples FT simultáneamente y, en algunos casos, se requiere la combinación de varios FT actuando de manera cooperativa para activar la transcripción de un determinado gen, lo que implica la existencia de un complejo sistema de control de la expresión génica.1,2 En células diferenciadas, como las que componen el sistema ME, solo una pequeña parte del total de sus genes está activa transcripcionalmente. Esta especificidad transcripcional determina la identidad de las células e influye en la composición del tejido, así como en la homeostasis y la reparación del mismo. • • Receptores intracelulares: entre ellos, encontramos recep- tores citoplasmáticos y nucleares que se unen a moléculas capaces de atravesar la membrana plasmática, como pueden ser algunas hormonas tiroideas y esteroideas, o la vitamina D. Adenilato Fosfolipasa C ciclasa Exterior ascadas de señalización según el tipo de receptor presente en la célula diana El proceso por el cual se transmiten las señales que recibe una célula de su medio externo comienza con el reconocimiento de un mediador extracelular por un receptor presente en la membrana o en el interior de la célula diana. A su vez, los receptores van a actuar sobre una serie de efectores, pudiendo generar segundos mensajeros intracelulares que amplifican la señal. Cada tipo de receptor de la célula diana orquesta un tipo de respuesta intracelular, pudiendo clasificarse en varias familias: dos como receptores de siete dominios transmembrana. Como su nombre indica, sus principales efectores son las proteínas G, GTPasas con funciones inhibidoras o activadoras de los siguientes efectores de la cascada de señalización.3 Cabe destacar su efecto sobre la adenilato ciclasa, enzima encargada de producir AMPc, segundo mensajero que amplifica la señal y activa la proteína quinasa A (PKA), o sobre la fosfolipasa C, que a su vez genera diacil glicerol (DAG) e inositol 1,4,5-trisfosfato o trifosfoinositol (IP3).4-7 Por efecto de IP3, se produce la salida de Ca2+ del retículo endoplásmico (RE) hacia el citosol, otro importante mensajero intracelular capaz de inducir diferentes respuestas, así como activar la proteína quinasa C (PKC), junto con el DAG y fosfoinosítidos de membrana.8 En la figura 7-1, se muestra un esquema del funcionamiento básico de este tipo de receptores. Receptores asociados a una actividad enzimática. Suelen ser receptores que presentan dominios intracelulares con actividad tirosina quinasa o serina treonina quinasa (aunque también hay receptores con actividad guanilato ciclasa o tirosina fosfatasa), o también receptores que, no teniendo una actividad enzimática intrínseca, se asocian a enzimas. En la familia de receptores con actividad tirosina quinasa intrínseca, se incluyen el receptor de la insulina o receptores de los principales factores de crecimiento (EGF, factor de crecimiento derivado de las plaquetas [PDGF], VEGF, entre otros), y en la familia de receptores con actividad serina treonina quinasa encontramos a los receptores de la familia del factor de crecimiento transformante b [TGF-b], de las activinas o de las proteínas morfogenéticas del hueso (BMP).9,10 En cuanto a los receptores que se asocian con quinasas, cabe destacar a los receptores de muchas Hormona estimuladora C © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 65 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología Citosol Gβγ PI3K GαS G D P AMPc DAG IP3 PKA PKC Ca+2 F gu a 7-1 Mecanismo de acción de los receptores acoplados a proteínas G (GPCR). Los GPCR son receptores de siete dominios transmembrana que actúan acoplados a las GTPasas triméricas conocidas como proteínas G, que a su vez actúan sobre sus principales efectores moleculares, la adenilato ciclasa y la fosfolipasa C. Como resultado de la activación de estos dos efectores, se activan las quinasas PKA y PKC, respectivamente. AMPc, monofosfato de adenosina cíclico; Ca2+, calcio; DAG, diacil glicerol; G, proteína G; GDP, difosfato de guanosina; IP3, inositol 1,4,5-trifosfato; PI3K, fosfoinositol 3 quinasa; PKA, proteína quinasa A; PKC, proteína quinasa C. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 66 • Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología citoquinas que se asocian con las quinasas de la familia Janus quinasa (JAK), que a su vez fosforilan a los FT de la familia STAT (signal transducer and activator of transcription), implicados en funciones tan importantes como la diferenciación de los linfocitos T.11 Por último, existen otras vías de señalización que median una cascada que implica algún paso regulado por una degradación proteolítica. Estas vías de señalización están implicadas en procesos del desarrollo embrionario y también en la vía de activación del factor nuclear potenciador de las cadenas ligeras k de las células B activadas (NF-kB), que es la que utilizan los receptores del TNF-a, la IL-1b o los receptores de tipo Toll, implicados en la respuesta inmune innata y adquirida.12,13 En la figura 7-2, se muestra un resumen de los tipos de receptores y su señalización en respuesta a diferentes tipos de señales. Principales mediadores extracelulares que actúan sobre las células Factores de crecimiento Se trata de proteínas locales secretadas por diferentes tipos celulares que se unen a receptores específicos y median eventos de señalización que modulan la proliferación y la diferenciación celular. Las citoquinas actúan de forma similar sobre receptores de activación local; de hecho, la distinción entre ambas es algo artificial. ✓ Algunas hormonas esteroideas y tiroideas ✓ Retinoides ✓ Vitamina D Receptores intracelulares Receptores de membrana Receptores de siete dominios transmembrana Asociados a proteínas G ✓ Familia I: adrenérgicos, serotoninérgicos, citoquinas, hormonas (LH, TSH, FH), opiáceos, rodopsina ✓ Familia II: glucagón, secretina, VIP ✓ Familia III: metabotrópicos, glutamato, algunas feromonas ✓ Familia IV: otras feromonas ✓ Familia V: smooth y fizzled Tipo Gα Efector asociado Segundo mensajero Gαs Adenilato ciclasa ↑ AMPc Gαi Adenilato ciclasa ↓ AMPc Gαolf Adenilato ciclasa ↑ AMPc Gαq Fosfolipasa C ↑ DAG, IP3 Gαo Fosfolipasa C ↑ DAG, IP3 Gαx GMPc fosfodiesterasa ↓ GMPc Receptores asociados a actividad enzimática • Actividad enzimática intrínseca ✓ Tirosina-quinasa: insulina, factores de crecimiento, etc. ✓ SER/THR-quinasa: receptores de la familia del TGF-β, activinas, proteínas morfogenéticas del hueso (BMP) ✓ Guanilato ciclasa ✓ Tirosina fosfatasa • Asociados a enzimas ✓ JAK quinasa: receptores de citoquinas ✓ Histidina quinasa Receptores cuya señalización implica alguna degradación proteolítica ✓ Vía del factor de transcripción NF-B r i F gu a 7-2 Esquema de los tipos de receptores y su señalización en respuesta a diferentes señales. Se muestra un esquema de los distintos tipos de receptores según se localicen en el interior celular o en la membrana plasmática. Dentro de este último grupo, se encuentran los receptores acoplados a proteínas G (GPCR) y los receptores que se asocian a una actividad enzimática, generalmente quinasa. Estos últimos pueden tener actividad enzimática intrínseca o pueden asociarse con las enzimas que la tienen para continuar de este modo la cascada de señalización iniciada tras la unión al ligando. Algunos receptores tienen la peculiaridad de activar una cascada que requiere la proteolisis regulada de alguno de los efectores de la vía para transmitir la señal. AMPc, monofosfato de adenosina cíclico; BMP, proteínas morfogenéticas del hueso; DAG, diacil glicerol; FH, hormona foliculoestimulante; GMPc, monofosfato de guanosina cíclico; IP3, inositol 1,4,5-trifosfato; JAK, Janus quinasa; LH, hormona luteinizante; NF-kB, factor nuclear potenciador de las cadenas ligeras k de las células B activadas; TGF-b, factor de crecimiento transformante b; TSH, hormona estimulante del tiroides; VIP, péptido intestinal vasoactivo. ERRNVPHGLFRVRUJ C 67 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología Esencialmente, todos los tejidos del sistema ME producen y responden a factores de crecimiento y estas proteínas tienen una importante función en el crecimiento y desarrollo, pero también están implicadas en procesos patológicos, así como de daño y reparación de tejidos.1 La mayoría de los factores de crecimiento son mitogénicos y estimulan la proliferación celular. En la tabla 7-1, se resume el efecto de los principales factores de crecimiento y su acción sobre el sistema ME. abla 7-1 Efecto de los principales factores de crecimiento en el sistema musculoesquelético © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. T Tipo de factor Funciones principales y células o tejidos en los que actúan Factor de crecimiento epidérmico (EGF, epidermal growth factor) • Estimula la proliferación celular en un amplio rango de linajes celulares • Actúa sobre las células del hueso y cartílago • Mutaciones en el receptor de EGF se han asociado al desarrollo de carcinomas de células escamosas Factor de crecimiento derivado de plaquetas (PDGF, platelet-derived growth factor) • Efectos mitogénicos en un amplio rango de tipos celulares. Está presente en altas concentraciones en plaquetas y células del endotelio vascular • Molécula dimérica con dos isoformas: A y B. Puede formar homo- y heterodímeros • La sobreproducción de PDGF se ha asociado con algunos tumores • Lo liberan las plaquetas en grandes cantidades en las zonas donde hay heridas. Tiene un papel crucial iniciando la proliferación de células reparadoras en la zona dañada • Estimula la reparación de los tendones, y tiene efectos estimuladores sobre la proliferación de condrocitos y osteoblastos Factores de crecimiento de la familia del TGF-b (transforming growth factor-b) • Los factores de crecimiento de la familia del TGF-b son una familia ubicua y estructuralmente relacionada TGF-b • TGF-b 1-4 tienen efectos pleiotrópicos en hueso y cartílago • Estimula la proliferación de células msq. En células epiteliales, inhibe su proliferación • Estimula la síntesis de PG por condrocitos, y puede evitar el efecto de otras citoquinas, como la IL-1, que estimulan la degradación de la matriz • En hueso estimula la proliferación de osteoblastos, así como la síntesis de matriz • Se acumula en hueso y matriz de forma latente. Durante la reabsorción de hueso, se libera de la matriz ósea y el pH ácido podría activarlo • TGF-b podría regular las interacciones osteoblasto/osteoclasto en la formación y resorción de hueso. Se ha utilizado para estimular la reparación del cartílago, mostrando efectos modestos en la curación de fracturas Receptores de TGF-b • Se han identificado los tres tipos de receptores en el cartílago (tipos I [50-60 kDa], II [75-80 kDa] y III [200 kDa]) • Su expresión está regulada durante la maduración de los condrocitos. Aumenta progresivamente la expresión del receptor de tipo II (que puede inhibir la proliferación) y puede ser responsable de una bajada de la estimulación mitogénica hasta que las células comienzan a hacer hipertrofia Proteínas de morfogénesis del hueso (BMP, bone morphogenetic proteins) • La mayoría de las BMP comparten la capacidad de inducir diferenciación del cartílago y hueso a través de la vía de calcificación endocondral. La expresión de BMP es crítica para la inducción de apoptosis en los espacios interdigitales en la formación de los dedos durante la embriogénesis BMP-1 • Es una metaloproteinasa que funciona como una C-propeptidasa para Col I, II y III BMP-2 • Factor osteoinductivo que induce la diferenciación condrogénica de células msq BMP-4 • Mutaciones que provocan su sobreexpresión en células inflamatorias se han relacionado con la fibrodisplasia osificante progresiva BMP-5, BMP-6 y BMP-7 • Están muy relacionadas entre sí y, en general, son agentes osteoinductivos • BMP-6 y BMP-7 están localizadas en el cartílago hipertrófico, y promueven la maduración del cartílago y la vía de calcificación endocondral • BMP-6 regula el desarrollo y crecimiento del cartílago en la placa de crecimiento • BMP-7 (también conocida como OP1) está siendo utilizada en ensayos clínicos para inducir regeneración ósea Factores de crecimiento similares a la insulina (IGF, insulin-like growth factors) • Son importantes en la regulación de los tejidos esqueléticos (Continúa) ERRNVPHGLFRVRUJ 68 T Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología abla 7-1 Efecto de los principales factores de crecimiento en el sistema musculoesquelético (cont.) Tipo de factor Funciones principales y células o tejidos en los que actúan IGF-1 (somatomedina C) • Se produce en el hígado y en los tejidos ME en respuesta a la activación de receptores de membrana de la hormona del crecimiento • Su producción local en la placa de crecimiento estimula la proliferación de los condrocitos y probablemente contribuya a la estimulación del crecimiento de huesos largos a través de la hormona del crecimiento • IGF-1 estimula la síntesis y proliferación de PG IGF-2 • IGF-2 está expresado en hueso y estimula la proliferación y síntesis de matriz por los osteoblastos • Se encuentran en hueso y cartílago, estimulando la proliferación de ambos tejidos • Inhiben la proliferación de la placa de crecimiento in vivo o en cultivo de órganos, a pesar de que en cultivo de condrocitos en monocapa actúan como estimuladores • Mutaciones de los receptores de FGF se han implicado en varias condrodisplasias humanas, incluyendo la mutación en FGFR3 que produce acondroplasia • Son angiogénicos y estimulan el crecimiento de los vasos. Pueden tener un efecto sinérgico con IGF-1 y TGF-b en la estimulación de la proliferación de condrocitos Factor de crecimiento vascular endotelial (VEGF, vascular endotelial growth factor) • Factor de crecimiento angiogénico que se encuentra en las células endoteliales y estimula su proliferación in vitro. Asimismo, estimula la angiogénesis in vivo • Se ha identificado en la zona hipertrófica baja de la placa de crecimiento, donde se piensa que dirige la vascularización necesaria para soportar la formación de hueso Factores de crecimiento de fibroblastos (FGF, fibroblast growth factors) Col, colágeno; IL-1, interleucina 1; kDa, kilodalton; msq, mesenquimales; ME, musculoesquelético; OP1, proteína osteogénica 1; PG, proteoglicanos; TGF-b, factor de crecimiento de transformación b. Citoquinas Las citoquinas o citocinas son un grupo diverso de moléculas peptídicas solubles. Se han identificado más de 100 moléculas diferentes hasta la actualidad. Las citoquinas son bien conocidas por su papel en inflamación y también afectan a mecanismos como la homeostasis y reparación de tejidos. Las producen distintos tipos celulares, pero primordialmente los linfocitos y monocitos activados.2 Otros mediadores importantes son las quimioquinas. El término quimioquina (o quimiocina) se utiliza para designar citoquinas con actividad quimioatrayente para fibroblastos o leucocitos. Las citoquinas normalmente se producen localmente y actúan de manera autocrina y paracrina. Sin embargo, también pueden tener efectos sistémicos como puede ser una respuesta febril producida por una infección. Un aumento sistémico de los niveles de citoquinas se ha asociado con la hipercalcemia de la malignidad secundaria al incremento de la resorción ósea. Las citoquinas actúan sobre receptores de membrana específicos y tienen efectos pleiotrópicos en una variedad de células diana. Uno de los efectos más importantes de estas moléculas es su papel en la regulación del sistema inmunitario.1,2 La activación de monocitos/macrófagos por fagocitosis o la estimulación con lipopolisacáridos bacterianos provocan la síntesis de importantes citoquinas proinflamatorias como la IL-1, la IL-6 o el TNF-a. Estas moléculas incrementan la permeabilidad vascular, atraen a otras células mononucleares al sitio de inflamación, dirigen la proliferación y diferenciación de los linfocitos, y estimulan la liberación de otras citoquinas proin- flamatorias. De esta manera, amplifican la respuesta inflamatoria. Por otro lado, la regulación negativa de la respuesta inflamatoria está mediada en parte por el efecto de citoquinas antiinflamatorias como la IL-4 o la IL-10.1,2 Las citoquinas tienen un papel primordial en el sistema ME. Las artropatías inflamatorias están asociadas con la liberación de citoquinas proinflamatorias. Estas citoquinas conducen al catabolismo del tejido mediante mecanismos directos e indirectos. Las citoquinas proinflamatorias estimulan la actividad de las metaloproteinasas de la matriz (MMP, matrix metalloproteinases) en células de la membrana sinovial y promueven el desarrollo de un pannus proliferativo y erosivo que invade y destruye la superficie del cartílago. Sin embargo, las citoquinas proinflamatorias también tienen efectos directos en el metabolismo de los condrocitos. Los condrocitos articulares estimulados por citoquinas secretan MMP, que llevan a la degradación del cartílago y a la producción de agrecanasas, lo que da lugar a la rotura de los proteoglicanos (PG). Además, los condrocitos articulares estimulados con citoquinas proinflamatorias tienen disminuida la síntesis y secreción de colágeno, fomentando el efecto catabólico de estos agentes.1,2 Las citoquinas proinflamatorias IL-1, IL-6 y TNF-a son importantes reguladores de la resorción ósea en condiciones de inflamación patológica, incluyendo infecciones, osteolisis periprotésica y artropatías inflamatorias. Estas citoquinas estimulan el reclutamiento de osteoclastos a partir de células indiferenciadas del linaje granulocítico/macrofágico favoreciendo su maduración. Recientemente, se ha observado que la pérdida de hueso asociada a tumores está mediada por osteoclastos que ERRNVPHGLFRVRUJ C actúan en respuesta a la producción de citoquinas por las células tumorales. Prostaglandinas Son moléculas de señalización derivadas de lípidos que actúan como importantes mediadores de la respuesta inflamatoria. Están compuestas por 20 moléculas de carbono que contienen un anillo de cinco carbonos. El ácido araquidónico es el precursor de las prostaglandinas y de otros eicosanoides, incluyendo leucotrienos y tromboxanos. Las prostaglandinas son el producto de la vía de la ciclooxigenasa (COX) del metabolismo del ácido araquidónico y señalizan por unión a receptores de membrana específicos promoviendo varias vías de señalización.1,2 La COX es una enzima asociada a la membrana plasmática que presenta dos isoformas bien diferenciadas, COX-1 y COX-2, con efectos fisiológicos muy diferentes. La COX-1 se expresa constitutivamente y es muy importante en la fisiología de varios tejidos (p. ej., estómago o riñón). Por el contrario, la COX-2 es la forma inducible de la enzima y se expresa, sobre todo, en condiciones inflamatorias. Los fármacos antiinflamatorios no esteroideos inhiben la actividad de COX y disminuyen el dolor y el edema asociados con el tejido dañado y la inflamación. A pesar de que estos efectos están asociados con la inhibición de la COX-2, los efectos secundarios de estos fármacos se asocian a la inhibición de la COX-1. Por este motivo, los fármacos que inhiben selectivamente la COX-2 tienen la potencialidad de inhibir el efecto inflamatorio de las prostaglandinas con mucho menor riesgo de daño gástrico y renal.2 clo celula y u egulac ón Ci © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 69 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología r s r i La división celular es un proceso complejo y muy regulado. De hecho, las células cancerosas se caracterizan por romper todo tipo de reglas básicas en cuanto al comportamiento celular. Estudiando la pérdida de la normalidad en las células cancerígenas, se han llegado a descubrir muchos aspectos normales del proceso de la división celular y numerosas proteínas relacionadas tanto con el ciclo celular como con la transducción de señales o la muerte celular programada. El ciclo celular es un proceso extremadamente controlado, donde los principales mecanismos de control son muy similares en todas las células eucariotas. Existen tres puntos específicos de control que sirven para comprobar que las células cumplen los requisitos adecuados para ir avanzando por las distintas fases del ciclo celular. En concreto, el ciclo celular se divide en cuatro fases activas (fases G0, G1, S y G2) y una inactiva (fase de mitosis o fase M):1,2 • Fase G (gap, «puente o descanso»): es la primera etapa de 1 la interfase. Es el período de tiempo entre la mitosis y la fase S, que corresponde con la etapa de replicación del material genético. Durante esta fase, la célula crece, se habitúa al medio externo e interno que la rodea, y se asegura de que las condiciones ambientales son las adecuadas para continuar dividiéndose. La duración de esta fase es muy variable entre diferentes tipos celulares, pero se estima que, en el caso de las células humanas que se dividen cada 24 h, dura entre 6 y 12 h. Si las condiciones extracelulares son desfavorables, las células pueden entrar en un estado de reposo • • • especializado denominado fase G0, donde pueden estar días, semanas o años. Si las condiciones extracelulares son adecuadas, las células pueden recibir señales para continuar el ciclo celular. Al final de esta fase, se llega al primer punto de control del ciclo, llamado inicio en levaduras y punto de restricción en células de mamíferos, y en él se comprueba si la célula ha crecido lo suficiente, si tiene toda la maquinaria preparada para duplicar el material genético y si las señales que recibe del exterior son las adecuadas. Si las células reciben señales extracelulares favorables, quedan determinadas a pasar a fase S. Fase S: es la fase de replicación del ADN. Dura entre 6 y 8 h. En esta etapa, el núcleo incrementa su tamaño significativamente y la célula aumenta su contenido en proteínas. Fase G2: es una «etapa puente» entre la fase S y la fase M. Suele tener una duración de 3-4 h. En esta fase la célula crece, duplica sus orgánulos y se prepara para entrar en mitosis. Se caracteriza por un continuo incremento en la síntesis de ARN y proteínas sin síntesis de ADN. Para mantener su tamaño, las células tienen que coordinar su crecimiento con división. Después de esta etapa, llegamos al siguiente punto de control, el punto de control de G2 o transición G2/M. Justo antes de la entrada en mitosis, se comprueba si la célula ha crecido lo suficiente, si ha duplicado todo su material genético y si las señales extracelulares son favorables para continuar el ciclo celular. Si se pasa este punto de control, la célula prepara la maquinaria de la mitosis, empezando por la formación del huso mitótico. Fase M o mitosis, durante la cual los cromosomas replicados se reparten entre las dos células hijas bajo el control del huso mitótico, una estructura formada a partir de los microtúbulos del citoesqueleto al principio de la mitosis. El proceso de mitosis finaliza con la división celular o citocinesis, y dura muy poco tiempo (menos de 1 h en mamíferos). Durante esta etapa, se produce el tercer punto de control, justo en la etapa de transición entre la metafase y la anafase. Este punto de control actúa como un sensor para determinar si todos los cromosomas están situados correctamente en el huso mitótico. Si la señal es la adecuada, se termina la anafase y se produce la citocinesis. Casi todas las células siguen este patrón de división, excepto las células de la embriogénesis temprana, que se dividen rápidamente y pueden alternar las fases S y M sin crecimiento entre ambas. Después de la división, las células pueden entrar en fase G0 o pasar nuevamente a G1 para empezar otro ciclo de división celular.2 La regulación del ciclo celular a través de los sistemas de control del ciclo responde tanto a factores externos como a procesos internos que se dan en la propia célula. Los sistemas de control externo responden a las señales extracelulares que reciben las células, por ejemplo, estimulando la división cuando en un tejido se necesitan más células y bloqueándola cuando no se necesitan. Los sistemas de control interno comprueban la progresión del ciclo y retrasan los acontecimientos posteriores hasta que no se hayan completado los acontecimientos previos, por ejemplo, hasta que no se completa la segregación de los cromosomas, no se prepara toda la maquinaria para duplicar el ADN en la fase S.2 ERRNVPHGLFRVRUJ ­ 70 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología C omponentes del sistema de control: ciclinas y quinasas dependientes de ciclinas Hay dos familias de proteínas clave en el control del ciclo celular: las ciclinas y las quinasas dependientes de ciclinas (cdk). Las cdk son enzimas del tipo serina treonina quinasas que fosforilan proteínas reguladoras diana implicadas en la progresión del ciclo celular. Estructuralmente, son heterodímeros constituidos por una subunidad quinasa y una subunidad ciclina. Las ciclinas son proteínas activadoras que se unen a cdk y controlan su actividad quinasa. Actualmente, se han descrito 7 familias de ciclinas (A, B, C, D, E, F y G) y 10 genes cdk. Las cdk se asocian sucesivamente con diferentes ciclinas para dirigir los diferentes eventos del ciclo celular. Además, la actividad catalítica de las cdk también está controlada por fosforilaciones específicas. Cuando en un complejo cdk-ciclina se degrada la ciclina, la cdk se inactiva. De manera que una misma cdk se puede asociar con ciclinas diferentes y fosforilar a proteínas distintas. Estas fosforilaciones específicas dirigen los mecanismos moleculares de cada etapa del ciclo celular.16,17 Los principales mecanismos moleculares de regulación del ciclo celular están resumidos en la figura 7-3. C ontrol de la división celular y del crecimiento celular Existen una serie de moléculas de señalización extracelulares que regulan el crecimiento de las células y su proliferación. Desde el punto de vista funcional, estas moléculas se dividen en tres grandes grupos: r r sis p o to o mue te celula og amada r pr Ap 1. Mitógenos, que modulan la proliferación celular. Actúan de manera paracrina, actuando sobre las células próximas a las que los producen. La señal de los mitógenos produce una cascada de señales que estimula la transcripción de genes de respuesta precoz (p. ej., c-Jun y c-Fos) e induce la síntesis de complejos cdk-ciclinas G1 y G1/S (genes de respuesta retardada).18 2. Factores de crecimiento, que estimulan el crecimiento celular (aumento de masa celular) induciendo la síntesis de proteínas y de otras macromoléculas, e inhibiendo su degradación. 3. Factores de supervivencia, que estimulan la supervivencia celular bloqueando su apoptosis. La apoptosis es el fenómeno de muerte celular programada, que es importante en muchos procesos fisiológicos y patológicos. Existen una serie de vías de señalización paralelas a partir de las cuales diferentes estímulos pueden provocar la entrada en apoptosis y una vía final común que media el desensamblaje de los orgánulos celulares y el aparato nuclear, donde los compo- nentes celulares degradados desaparecen rápidamente sin inducir inflamación. Sin embargo, la muerte de las células por necrosis es un proceso muy diferente que provoca que las células se hinchen y estallen, derramando su contenido intracelular y produciendo una respuesta inflamatoria debida a los restos celulares.1,2 La apoptosis fue inicialmente caracterizada por sus particulares características microscópicas, que incluyen condensación y contracción del núcleo, vacuolización del citoplasma y fragmentación del material nuclear. Los restos celulares generados por la desintegración celular son fagocitados y degradados por los macrófagos o las células vecinas. La apoptosis puede inducirse por un número diferente de estímulos, incluyendo interacciones específicas receptor/ligando, agentes químicos, estimulación del receptor de glucocorticoides, radiación o hipoxia, y es el mecanismo normal por el que algunas células terminan su diferenciación, como ocurre en la placa de crecimiento de condrocitos y osteoclastos. Los trastornos de las vías apoptóticas normales pueden incrementar el potencial oncogénico en las células.1,2 Reguladores moleculares asociados a la apoptosis Caspasas Las proteínas más importantes implicadas en la apoptosis son las caspasas, familia de proteasas que poseen una cisteína en su sitio activo y que actúan sobre el ácido aspártico de sus proteínas diana. En humanos existen 11 caspasas diferentes, aunque no todas participan en la apoptosis. Se sintetizan como precursores inactivos, llamados procaspasas, que son activados por escisión proteolítica. Existen algunas procaspasas que intervienen en las etapas iniciales de la cascada proteolítica y se llaman procaspasas iniciadoras, las cuales activan a las procaspasas ejecutoras, que a su vez actúan sobre otras caspasas o sobre diferentes proteínas diana, por ejemplo, las láminas nucleares que provocan la desorganización de la membrana nuclear.1,2 Las caspasas necesarias para la apoptosis varían en función del tipo celular y del estímulo que desencadene el proceso.19 ­ Cualquier alteración o defecto en los puntos de control del ciclo celular puede ocasionar la pérdida de control de la división celular, lo que puede derivar en procesos tumorales.14,15 Proteínas de la familia Bcl-2 La familia Bcl-2 está compuesta por un grupo de 15 moléculas pro- y antiapoptóticas que colaboran en la activación de las procaspasas, actuando como puntos de control entre la señalización externa y las señales de muerte internas. Una característica de los miembros de esta familia es que pueden formar homo- o heterodímeros y actuar de manera independiente o conjunta en la regulación de la apoptosis. En ausencia de señales de muerte, las proteínas Bcl-2 se localizan en diferentes compartimentos intracelulares. Cuando reciben señales de muerte celular, los miembros proapoptóticos citosólicos cambian su localización y se integran dentro de la membrana externa mitocondrial bloqueando la actuación de los miembros antiapoptóticos de esta familia, neutralizándolos y permitiendo que salga el citocromo c de la mitocondria. Los miembros antiapoptóticos de la familia son proteínas integrales de membrana que se encuentran en la membrana de la mitocondria, del RE o del núcleo.1,2,20 ERRNVPHGLFRVRUJ C 71 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología A Proteínas quinasas y fosfatasas Fosforilación inhibidora Ciclina ✓ CAK o quinasa activadora de cdk ✓ Quinasa Wee1 ✓ Fosfatasa Cdc25 Ciclina Wee1 Cdc25 Fosforilación activadora cdk-ciclina de la fase M activos B Proteínas inhibidoras de cdk (CKI) cdk-ciclina de la fase M inactivos p27 Ciclina ✓ Se unen al complejo cdk-ciclina bloqueando el acceso de la cdk por el sustrato ✓ CKI de cdk-ciclinas G1: p16 ✓ CKI de cdk-ciclinas G1/S y S: p27, p21 y Sic 1 Ciclina p27 cdk-ciclina inactivo C cdk-ciclina activo Ubiquitinas ligasa y degradación proteolítica APC/C (complejo promotor de la anafase): ✓ Es una ubiquitina ligasa que poliubiquitina a las ciclinas y proteínas de la transición metafase-anafase (securina) para su degradación por el proteasoma ✓ Se activa por fosforilación ✓ Su especificidad está regulada por cofactores: Cdc20 (específico de ciclinas de fase S) y Cdh1 (específico de ciclinas de fase M) E3 Ciclina Ubiquitina APC/C + Cdc20 Ciclina E1 + E2 Enzimas de poliubiquitación E3 E3 Complejo SCF: ✓ Está siempre activo y poliubiquitina sustratos después de que hayan sido fosforilados ✓ Degrada CKI de los complejos cdk-ciclinas G1-S: p21, p27 y Sic 1 ✓ Degrada también inhibidores de metafase-anafase, como Wee1 Ubiquitina SCF p27 p27 E1 + E2 Enzimas de poliubiquitación © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. D Proteínas reguladoras de la expresión génica ✓ Factores de transcripción Ejemplo: E2F. Activa la transcripción de genes que codifican para las ciclinas G1/S, ciclinas S y proteínas que se requieren para la síntesis del ADN ✓ Proteínas supresoras de tumores Activan la transcripción de genes que inducen la parada del ciclo celular Ejemplo: p53 «guardián del genoma» Fosforilado por complejos cdk-ciclina de las fases G1/S y S Inactivo Activo Fosforilado por quinasas activadas por daño en el ADN Inactivo Activo F gu a 7-3 Principales mecanismos moleculares de regulación del ciclo celular. El ciclo celular está mediado por una serie de eventos que requieren la fosforilación de ciertos sustratos por los complejos de quinasas dependientes de ciclinas (cdk), pero, a su vez, la función de estos complejos está regulada por mecanismos moleculares complejos. En esta figura se muestran algunos de los más importantes, como son las fosforilaciones y desfosforilaciones de los complejos cdk-ciclina, los inhibidores de los complejos cdk-ciclina (CKI), las ubiquitina ligasas que actúan sobre los CKI (complejo SCF) o sobre ciclinas (complejo APC/C) mediando su degradación vía proteasoma. ADN, ácido desoxirribonucleico; APC, complejo promotor de la anafase; CAK, quinasa activadora de cdk; cdk, quinasas dependientes de ciclinas; CKI, proteínas inhibidoras de cdk; SCF, Skp1/Cullin/F-box protein containing complex (subunidad E3 del complejo de la ubiquitina ligasa). i r ERRNVPHGLFRVRUJ 72 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología diada por integrinas) conllevan la liberación de Bim del citoesqueleto. En la figura 7-4 se muestra un resumen de la función de las principales proteínas pro- y antiapoptóticas.24 1. Proteínas inhibidoras de la apoptosis o antiapoptóticas (p. ej., Bcl-2 y Bcl-xl). Estructuralmente, se caracterizan por tener cuatro dominios de homología Bcl-2 (dominios BH). Su función es inhibir la apoptosis. Bcl-2 y sus homólogos antiapoptóticos como Bcl-XL están localizados en membranas intracelulares como la del RE, la membrana nuclear y, particularmente, la membrana mitocondrial externa. Estas proteínas inhiben la apoptosis porque se unen a miembros proapoptóticos de la familia Bcl-2 como Bak, impidiendo su oligomerización y la liberación del citocromo c de la mitocondria. 2. Proteínas activadoras de la apoptosis o proapoptóticas. Comprenden dos subfamilias: las proteínas BH123 (p. ej., Bax y Bak) y proteínas solo BH3 (p. ej., Bid, Bim, Puma o Noxa). Actúan induciendo la activación de las procaspasas y, por tanto, la apoptosis. a. Las proteínas BH123 se activan por la vía intrínseca de la apoptosis, es decir, la dependiente de la mitocondria en respuesta a señales intracelulares. Cuando reciben un estímulo apoptótico, se agregan formando oligómeros en la membrana mitocondrial externa induciendo la liberación del citocromo c hacia el citosol. b. Las proteínas solo BH3 son la mayor subclase de proteínas de la familia Bcl-2. La célula las sintetiza y activa en respuesta a un estímulo apoptótico. Se dividen en dos subgrupos: las que inducen apoptosis inhibiendo las proteínas antiapoptóticas de la familia Bcl-2 y neutralizando su actividad (p. ej., Bad), y las que permiten que se agreguen las proteínas de la familia BH123 como Bax y Bak (p. ej., Bim o Puma).21 Apoptosis mediada por receptor i s i s i s s s C élula me enqu male de l naje o teoblá t co Los osteoblastos, osteocitos y células de recubrimiento óseo derivan de la célula madre mesenquimal (MSC, mesenchymal stem cell) residente en la médula ósea. Esta célula fue descrita por primera vez por Friedenstein como una célula con alta capacidad proliferativa, capaz de generar hueso cuando era tras- Proteolisis de sustratos Procaspasa 3 Caspasa 3 Caspasa 9 Señales tróficas Procaspasa 9 Apaf-1 Cit c Bad Oligómero BAK o BAX Bcl-2 Bcl-xL Membrana externa mitocondrial Espacio intermembrana Interrupción de la señalización Bim por integrinas Puma Cit c BAK o BAX Daño en el ADN Proapoptóticas «solo BH3» Proapoptóticas «BH123» Antiapoptóticas F gu a 7-4 Esquema simplificado de la función de las proteínas pro- y antiapoptóticas. La apoptosis es un proceso de muerte celular programada que está mediado principalmente por las caspasas, proteasas que actúan sobre sustratos clave para desencadenar la apoptosis, y que está muy regulado por una serie de mecanismos moleculares. En esta figura, se resume el efecto de las proteínas de la familia Bcl-2, que cuenta con miembros pro- y antiapoptóticos. ADN, ácido desoxirribonucleico; Apaf-1, apoptosis protease-activating factor-1; Cit c, citocromo C. r El mecanismo de acción de las proteínas de esta familia es el siguiente: en ausencia de un factor trófico, se activan las caspasas a través de la modulación de las proteínas de la familia Bcl-2. La proteína soluble Bad, de la familia Bcl-2 solo BH3, se une a las proteínas antiapoptóticas Bcl-2 y Bcl-XL que se sitúan en la membrana externa mitocondrial impidiendo su interacción con la proteína proapoptótica Bax, que se encuentra también en la membrana mitocondrial externa. En consecuencia, Bax o Bad pueden formar canales iónicos homodiméricos en la membrana que median el flujo de iones. Este proceso conduce a la liberación del citocromo c al citosol, donde se une a una proteína adaptadora, Apaf-1. A continuación, se activa la caspasa iniciadora 9 y comienza la cascada proteolítica que media la apoptosis.22,23 La señal inducida por factores tróficos provoca la activación de la vía de la fosfoinositol 3 quinasa (PI3K), que induce la degradación de Bad, lo que mantiene activas a las proteínas antiapoptóticas.14 La unión de Bim o Puma (familia Bcl-2 solo BH3) a las proteínas proapoptóticas BH123 (Bax o Bak) provoca la formación de oligómeros en la membrana mitocondrial externa, lo que permite que el citocromo c se libere al citosol. El ADN dañado o la radiación con luz ultravioleta (UV) provocan la inducción de la transcripción de Puma. Otros estímulos apoptóticos como la pérdida de anclaje de la célula con la matriz extracelular (MEC; interrupción de la señalización me- Esta vía de señalización está mediada por una familia de receptores transmembrana que contienen un dominio citoplasmático de muerte celular. Los dos receptores más estudiados de esta familia son el receptor Fas (también llamado Apo1 o CD95) y el receptor 1 del factor de necrosis tumoral (TNFR1). La unión de Fas a su ligando provoca que el dominio intracelular de muerte se una a una proteína llamada FADD, que activa a la caspasa 8, induciendo directamente la apoptosis. La activación de TNFR1 puede generar señales pro- y antiapoptóticas. Un dominio similar de muerte puede unir tanto FADD como una quinasa llamada RIP. Las proteínas que interaccionan con RIP pueden entonces activar el factor de transcripción NF-kB, catalizando su liberación de la proteína de unión IKB (inhibidores de kB) o estimulando la vía de Jun quinasa que fosforila Jun. Ambos procesos inhiben la apoptosis. Por otro lado, la unión de FADD activa la caspasa 8 y promueve la apoptosis directamente como ocurre tras la activación de CD95. i ­ Hasta la actualidad, se han descrito al menos 25 miembros de la familia Bcl-2, que pueden reunirse en dos grupos dis tintos: ERRNVPHGLFRVRUJ C 73 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología plantada in vivo. Esta célula, a la que llamó unidad formadora de colonias de fibroblastos (CFU-F), daría origen también a condrocitos, adipocitos y fibroblastos.25 En el tejido óseo, nos encontramos con diversas células que tienen su origen en la MSC y que aparecen por un proceso de diferenciación osteogénica: células osteoprogenitoras, osteoblastos, células de recubrimiento óseo y osteocitos (fig. 7-5). El estudio de la expresión de algunos de los genes específicos osteoblásticos permite evaluar el grado de diferenciación de las células de linaje osteoblástico. Algunos de estos marcadores son el colágeno de tipo I (Col I), la fosfatasa alcalina (ALP) y la osteocalcina (OC). Las células osteoprogenitoras se encuentran en la médula ósea o revistiendo el tejido óseo durante toda la vida, conservando su capacidad para proliferar y diferenciarse a osteoblastos maduros durante la reparación de fracturas u otras lesiones tisulares. steoblastos O Los osteoblastos son las células formadoras de hueso, es decir, sintetizan y secretan matriz ósea: fibras, fundamentalmente Col I, PG y moléculas de adhesión, como la sialoproteína ósea o la OC. El osteoblasto secreta la matriz que constituye el hueso inicial u osteoide, que posteriormente será mineralizado por un proceso regulado también por los osteoblastos. Bajo el microscopio óptico, los osteoblastos se reconocen por su forma cuboidea o poliédrica y su agrupación monoestratificada, de tipo epitelioide, en la superficie donde se está formando el hueso. Son células polares que secretan los componentes de la matriz hacia la superficie ósea. Poseen un núcleo excéntrico y un citoplasma amplio con un RE muy desarrollado y un abundante aparato de Golgi, como corresponde a una célula productora de proteínas de matriz. Además, los osteoblastos maduros presentan pequeñas prolongaciones citoplasmáticas delgadas hacia la matriz que conectan mediante uniones comunicantes con los osteocitos.26,27 Un paso clave en la diferenciación osteoblástica es la expresión del factor de transcripción clave asociado con la diferenciación de los osteoblastos (RUNX2). Este factor es fundamental para la formación de osteoblastos. De hecho, los ratones deficientes en runx2 carecen completamente de osteoblastos. Estos ratones presentan un esqueleto cartilaginoso sin depósito mineral.28 Así, la displasia cleidocraneal es una enfermedad Formación ósea • Osteoide • Depósito de mineral Células osteoprogenitoras Esclerostina Células de recubrimiento óseo Osteoblastos Runx2 Osterix ALP Osteocalcina Osteocito osteoide Osteoide E11/gp38; PHEX; MEPE Osteocito en proceso de mineralización Osteocito maduro Esclerostina FGF23 Mineral © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. DMP-1 F gu a 7-5 Células óseas de linaje osteoblástico. Esquema de la diferenciación osteogénica, desde las células osteoprogenitoras hasta los osteoblastos maduros, células de recubrimiento y osteocitos. ALP, fosfatasa alcalina; DMP-1, proteína de la matriz de dentina 1; FGF23, factor de crecimiento fibroblástico 23; MEPE, fosfoglicoproteína de la matriz extracelular; PHEX, endopeptidasa neutra reguladora de fosfatos ligada al cromosoma X; RUNX2, Runt-related transcription factor 2 (factor de transcripción clave asociado con la diferenciación de los osteoblastos). i r ERRNVPHGLFRVRUJ Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ­ ­ esquelética rara causada por la pérdida de una copia del gen runx2, que se caracteriza por un desarrollo defectuoso de los huesos craneales y ausencia de los huesos de la clavícula. Runx2 regula la expresión de diferentes genes específicos osteoblásticos como el Col I, la ALP, la OC, la osteopontina (OP) y la osteonectina. De hecho, y a pesar del papel esencial de los progenitores mesenquimales en la diferenciación osteoblástica, runx2 inhibe la expresión de OC, un marcador tardío de diferenciación, por lo que parece que runx2 mantiene a las células en un estado indeterminado.29 Otro factor de transcripción implicado en la diferenciación osteoblástica es osterix (Osx). Al igual que ocurre con runx2, los ratones deficientes en el gen Osx carecen totalmente de osteoblastos. Los ratones deficientes en runx2 tampoco expresan Osx, mientras que los ratones que carecen de runx2 sí lo expresan, por lo que la expresión de RUNX2 es anterior a la de Osx durante el proceso de diferenciación osteoblástica. De hecho, RUNX2 regula la expresión de Osx, ya que el promotor del gen de este último posee sitios de unión a RUNX2. De manera similar a RUNX2, Osx controla la transcripción de genes específicos de los osteoblastos, como OC, OP o Col I.30 Existen otros factores de crecimiento y citocinas que re gulan la diferenciación osteoblástica, como las proteínas Wnt (int/Wingless signaling gene family), las BMP, las proteínas hedgehog, el factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF-1) o el péptido relacionado con la parathormona (PTHrP). La vía Wnt/b-catenina controla el destino de las células mesenquimales restringiendo la diferenciación condrogénica y adipogénica, favoreciendo así la diferenciación osteoblástica. Esta vía es activada por la unión de las proteínas Wnt a un complejo de receptores formado por el receptor Frizzled y por un receptor de la familia relacionada con las lipoproteínas de baja densidad (LRP), como el LRP5 o el LRP6. Esta unión estabiliza b-catenina que se transloca al núcleo y activa la transcripción gé nica.31 Las células del linaje osteoblástico juegan también un papel fundamental en la activación de los osteoclastos durante el remodelado óseo. Así, durante el proceso de remodelado óseo —que permite la renovación del tejido dañado o envejecido por tejido nuevo—, es necesario que la actividad de los osteoclastos y la de los osteoblastos esté acoplada para que la misma cantidad de hueso que los osteoclastos reabsorben sea sintetizada por los osteoblastos y no exista una pérdida de tejido óseo. Los osteoblastos regulan la actividad de los osteoclastos y de sus progenitores mediante el ligando del receptor activador del NF-kB (RANKL, receptor activator nuclear factor kappa-B ligand) y de la osteoprotegerina (OPG).32 De manera similar, la actividad de los osteoblastos parece estar controlada por otros factores producidos por osteoclastos y otras células del entorno para mantener dicho acoplamiento. Son los llamados factores de acoplamiento.33 Los osteoblastos, tras la formación de la matriz ósea y durante el proceso de remodelado, pueden continuar diferenciándose a osteocitos, quedando embebidos en la matriz mineral, o a células de recubrimiento, situadas sobre la superficie del hueso. Sin embargo, más del 50% de los osteoblastos mueren por apoptosis una vez finalizado el proceso de formación ósea.34 Las células de recubrimiento óseo se encuentran revistiendo las superficies óseas en reposo. Son consideradas células quiescentes. Muestran una morfología aplanada, con citoplas- ma escaso y pocos orgánulos citoplasmáticos. Sin embargo, su actuación durante los procesos de remodelado óseo parece clave. Las células de recubrimiento descansan sobre una capa fina de osteoide que se pierde al inicio del remodelado óseo para que la matriz mineral quede expuesta ante los osteoclastos.35 Durante el inicio de un ciclo de remodelado óseo, las células de recubrimiento se separan de la superficie ósea y forman un toldo o dosel por encima del tejido que va a ser degradado por los osteoclastos. A través de dicho toldo de células de recubrimiento, se reclutan los progenitores celulares desde capilares próximos a las unidades de remodelado óseo o desde la médula ósea.33,36 O 74 steocitos Los osteocitos son osteoblastos terminalmente diferenciados que quedan enterrados en la matriz ósea mineralizada durante el proceso de formación ósea. Sin embargo, el proceso de formación de osteocitos u osteocitogénesis no parece ser un proceso pasivo. El cambio morfológico que sufre la célula durante la transición osteoblasto-osteocito (v. fig. 7-5) implica el paso de una célula grande poligonal a una célula pequeña con multitud de largas prolongaciones citoplasmáticas.37 La fase inicial de la diferenciación osteocítica, en la que la célula está siendo embebida dentro de la matriz, se caracteriza por una elevada expresión de E11, también llamado podoplanina. Esta proteína está implicada en la formación de las prolongaciones citoplasmáticas o dendritas.38 Sin embargo, osteocitos más maduros expresan niveles altos del inhibidor de la vía Wnt/b-catenina, SOST. Además, los osteocitos expresan mayores niveles de proteínas asociadas con la resistencia a la hipoxia en comparación con los osteoblastos.39 Los osteocitos constituyen el tipo de célula más abundante en el tejido óseo y constituyen más del 90% de todas las células óseas en hueso maduro, frente al 4-6% de los osteoblastos y al 1-2% de los osteoclastos.40 Este ambiente en el que se localizan los osteocitos —enterrados en la matriz mineralizada— es muy diferente de la superficie donde se localizan los osteoblastos, los osteoclastos y las células de revestimiento, o de la médula ósea que contiene progenitores osteoblásticos y osteoclastos. El hecho de que los osteocitos estén completamente rodeados de hueso mineralizado podría representar una característica negativa para establecer una comunicación celular. Sin embargo, cada osteocito se instala en una cavidad, conocida como «laguna osteocitaria», que contiene entre 40 y 60 procesos dendríticos que emergen del cuerpo celular en todas direcciones y viajan dentro de canales estrechos (260 nm de diámetro) llamados canalículos.41 Los osteocitos vecinos se ponen en contacto unos con otros mediante estos procesos celulares que transmiten señales moleculares a través de uniones comunicantes que permiten una rápida comunicación célula-célula. Este sistema lacunocanalicular proporciona una red compleja y extensa de comunicación que une no solo los osteocitos entre sí, sino también con otras células en la superficie ósea y la médula ósea.42 Los osteocitos son las células óseas con una vida media más larga y también las más abundantes, formando un sincitio funcional desde la matriz ósea profunda hasta el hueso superficial y la médula ósea, siendo capaces de detectar variaciones en la deformación mecánica. Todas estas características confieren a los osteocitos la capacidad de orquestar la función osteo- ERRNVPHGLFRVRUJ C © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 75 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología blástica y osteoclástica, dando lugar a respuestas adaptativas del hueso a los cambios ambientales. Los osteocitos, a través de la secreción de esclerostina, producto del gen SOST, pueden regular la formación ósea. La esclerostina es expresada solo por los osteocitos maduros, no por osteocitos tempranos ni por osteoblastos.43 Esta proteína puede unirse a LRP5/6 antagonizando su señalización. La ausencia del gen SOST o de la secreción de esclerostina ocasiona la esclerosteosis o la enfermedad de Van Buchem, ambas caracterizadas por presentar un fenotipo de elevada masa ósea debida a una formación ósea exagerada.44 Además, los osteocitos pueden controlar la función osteoclástica. Estas células, al igual que el resto del linaje osteoblástico, producen RANKL pudiendo, por tanto, activar la diferenciación y activación de los osteoclastos.45 Por otro lado, la eventual muerte de los osteocitos por apoptosis parece tener un papel importante en el reclutamiento y activación de los osteoclastos. La apoptosis de los osteocitos ocurre en las zonas con microlesiones provocadas por el desgaste óseo o en relación con la falta de carga mecánica, y se ha relacionado directamente con un incremento de la resorción ósea.46 Los osteocitos tienen una función importante en la regulación del metabolismo del fosfato y de la mineralización de la matriz. Expresan proteínas como el factor de crecimiento fibroblástico (FGF) 23, que regula el metabolismo del fosfato actuando sobre el riñón; la proteína de la matriz de la dentina (DMP) 1, que regula la mineralización de la matriz; la fosfoglicoproteína de la matriz (MEPE), que inhibe la mineralización y cuya deleción en animales de experimentación incrementa la masa ósea, o la endopeptidasa PHEX.47 Un concepto esencial en cuanto al osteocito es el del efecto mecánico. La estimulación mecánica es fundamental para el desarrollo del esqueleto, mientras que, en los adultos, los niveles fisiológicos de tensión ayudan a mantener la masa ósea reduciendo la resorción. Así, el esqueleto se ajusta a la carga cambiando su masa, forma y microarquitectura, dependiendo de la magnitud de la deformación. El concepto de que el esqueleto adapta su estructura a las cargas mecánicas fue inicialmente propuesto por Julius Wolff en 1892 y consagrado en la ley de Wolff, que todavía se refiere en nuestros días. A finales de los años ochenta, esta idea fue extendida por Harold Frost, que desarrolló la hipótesis del mecanostato, basada en un modelo conceptual para explicar la adaptación ósea a las fluctuaciones mecánicas.48 Por otro lado, la falta de carga mecánica induce pérdida de masa ósea, como ocurre en personas con una movilidad reducida o por la microingravidez que sufren los astronautas en sus viajes espaciales.49,50 Debido a su posición estratégica, los osteocitos representan la célula ideal para recibir ese estímulo mecánico siendo responsables de traducir la deformación mecánica en señales reguladoras de osteoblastos y osteoclastos. Las fuerzas mecánicas son reguladoras de la vida de los osteocitos. Niveles fisiológicos de carga mecánica reducen el número de osteocitos apoptóticos, mientras que una disminución de la carga mecánica conduce a la apoptosis de los osteocitos y al correspondiente incremento de la resorción ósea. Pero ¿cómo reciben los osteocitos el estímulo mecánico? Parece ser que, por acción de la carga mecánica, el líquido intersticial presente en el sistema lacunocanalicular de los osteocitos es empujado hacia delante y hacia atrás a través del espa- cio extracelular deformando la membrana plasmática tanto de las células dentro de las lagunas como de sus prolongaciones citoplasmáticas dentro de los canalículos.51 élula de l naje monocít co/mac o ág co C s i i r f i acrófagos M Los macrófagos son células mononucleares que derivan de las células madre hematopoyéticas de linaje mieloide y son un componente esencial del sistema inmunitario innato. La supervivencia, proliferación y maduración de estas células depende de la presencia del factor estimulante de colonias de macrófagos (M-CSF).52 Los monocitos/macrófagos se encargan de proteger el organismo ante la presencia de ciertos microorganismos o agresiones tisulares. Son reclutados al lugar de la agresión desde el torrente sanguíneo y, una vez en el tejido dañado, no solo inician la defensa, sino que también controlan la respuesta adaptativa del sistema inmunitario. Bajo condiciones fisiológicas, los monocitos también pueden migrar hacia los tejidos y allí diferenciarse a macrófagos con las peculiaridades que requiera el tejido en el que van a residir, dando lugar a las células de la microglía en el cerebro, las células de Kupffer en el hígado, las de Langerhans en la piel o los macrófagos sinoviales, por poner unos ejemplos. El sistema monocito/macrófago se caracteriza por su plasticidad y heterogeneidad. La plasticidad hace referencia a la habilidad en diferenciarse a múltiples tipos celulares y, con ello, a su capacidad de adaptación, de forma que los macrófagos son capaces de adoptar diferentes fenotipos funcionales de acuerdo con las modificaciones del microambiente que los rodea. La heterogeneidad, por otra parte, hace referencia a los diferentes marcadores de superficie que los macrófagos pueden expresar en cada momento. En los últimos años, se ha profundizado en el conocimiento de los procesos fisiológicos en los que el macrófago participa y hoy se sabe que, además de su labor defensiva, colabora activamente en el desarrollo y mantenimiento de la homeostasis de aquellos tejidos donde reside. Los macrófagos tienen varios orígenes: desde el saco vitelino y el hígado durante la época fetal, a la médula ósea durante la etapa posnatal y el resto de la vida adulta. Son las células del sistema inmunitario más abundantes en la médula ósea. Clásicamente, se pensaba que el osteoclasto era el macrófago «residente» del esqueleto. Sin embargo, en los últimos años se ha visto que esto no es así. El anticuerpo monoclonal F4/80 se ha considerado un marcador clásico del macrófago maduro y se ha utilizado para identificar los macrófagos en los diferentes tejidos. De hecho, la mayoría de los macrófagos residentes expresan esta proteína, incluidos los que residen en el tejido óseo. Por el contrario, F4/80 deja de expresarse al inicio de la diferenciación hacia osteoclastos, lo que indica que existen probablemente dos tipos de células (monocito/macrófago) residentes en el tejido óseo; unas que se mantendrán como macrófagos y otras que, bajo ciertas circunstancias, se diferenciarán a osteoclastos. La presencia de células F4/80 positivas en la superficie ósea ya fue descrita hace más de tres décadas por Hume et al.53 Sin embargo, el concepto de que el macrófago ocupa un nicho defi- ERRNVPHGLFRVRUJ 76 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Médula ósea Macrófago M1 TNF-β, IL-6, iNOS IL-4 IL-10 IL-21 IFN-γ Antiinflamatorio Macrófago M2 TGF-β, VEGF, PDGF r F gu a 7-7 Representación de la transformación fenotípica del macrófago. En la fase inicial del daño tisular predomina un microambiente (IL-21 e IFN-g) que favorece el fenotipo proinflamatorio o M1. Sin embargo, al final de la fase inflamatoria se producen ciertas modificaciones del microambiente (IL-4 e IL-10) que favorecen la transformación hacia el fenotipo antiinflamatorio o M2 y el inicio del fenómeno de aclaramiento de las células apoptóticas. IFN-g, interferón g; IL, interleucina; iNOS, sintetasa del óxido nítrico inducible; PDGF, factor de crecimiento derivado de las plaquetas; TGF-b, factor transformante del crecimiento b; TNF-b, factor de necrosis tumoral b; VEGF, factor de crecimiento vascular endotelial. Chang et al. realizaron estudios en cultivos primarios de osteoblastos a partir de células osteoblásticas de la calota de ratón que apoyaban la idea de que la presencia del macrófago cerca de las unidades de remodelado podría ser crucial para que la formación ósea fuera exitosa.54 Las preparaciones celulares de osteoblastos que se obtienen de médula ósea roja o de calota poseen un 15-20 y un 11-17% de células macrofágicas F4/80+, respectivamente. Los autores analizaron si eliminar estas células de la placa de cultivo de osteoblastos primarios modificaba la capacidad de mineralización de los osteoblastos. A partir de ahí, analizaron la capacidad de mineralización de los osteoblastos de la placa mediante tinción de Von Kossa y lo que evidenciaron fue que la mineralización osteoblástica inducida por fosfato-bglicerol y ácido ascórbico estaba atenuada en aquellas placas que se cultivaron en ausencia de macrófagos, lo que indicaba que la presencia de los macrófagos en la placa de cultivo era necesaria para que los osteoblastos completasen la mineralización de forma adecuada.54 En la misma línea se encuentra el trabajo publicado por Cho et al., que utilizó un modelo de apoptosis de macrófagos inducida por fas (MAFIA, macrophage fas-induced apoptosis transgenic mouse model), en el que se puede inducir una depleción temporal de macrófagos tras la inyección de un ligando sintético que induce la apoptosis de estos.59 Los ratones Mafia tienen un fenotipo osteopénico con un número de osteoclastos indistinguible de los animales control, lo que indica que el fenotipo de masa ósea baja se debe a un defecto en la formación. Por otro lado, los autores demuestran que estos ratones son insensibles al efecto anabólico de la hormona paratiroidea (PTH).59 Todos estos datos apoyan la hipótesis del papel mediador del macrófago residente en el hueso para canalizar las señales anabólicas sobre los osteoblastos y que estos culminen la formación ósea. Hallazgos similares fueron encontrados en otro modelo experimental; el modelo que expresa la toxina A de la ­ OsteoMacs Proinflamatorio i nido en la superficie del tejido óseo, que es fenotípica y funcionalmente diferente al del osteoclasto, no fue desarrollado hasta 20 años después. Es en este momento cuando se acuña el nombre de osteal macrophages (OsteoMacs)54 para describir una población celular mononuclear que expresa marcadores típicos de macrófagos (F4/80+, CD68+ y fosfatasa ácida tartrato resistente [TRAP]–), que se localiza preferentemente en las superficies óseas (endostio y periostio), intercalada entre las células de revestimiento quiescentes y, especialmente, junto a los osteoblastos, en zonas adyacentes a las regiones donde el remodelado óseo es más activo. Esta localización tan estratégica ya sugirió a los autores que los macrófagos que residen en el esqueleto, y que no se diferencian a osteoclastos, debían poseer efectos pleiotrópicos sobre el metabolismo óseo (fig. 7-6A). Aún hoy día se desconoce si los OsteoMacs podrían formar parte del pool macrofágico que, bajo ciertos estímulos microambientales, se diferencia a osteoclastos maduros. Lo que sí que parece cierto es que los OsteoMacs, al igual que los macrófagos residentes en otros tejidos, son capaces de adquirir dos fenotipos funcionalmente opuestos: macrófagos M1 frente a macrófagos M2 (fig. 7-7). Los primeros tendrían efectos proinflamatorios, y los segundos, efectos antiinflamatorios y reparadores. De modo que, dependiendo del microambiente en el que estén, los OsteoMacs pueden adquirir un fenotipo u otro, y sintetizar citoquinas proinflamatorias como TNF-a, IL-6, IL-1 o interferón b, que estimularían la osteoclastogénesis, o, por el contrario, secretar factores osteogénicos y reparadores como el TGF-b y BMP-2,55,56 que estimularían la osteoblastogénesis.57 Varios trabajos han mostrado que el 75% de los osteoblastos de la superficie del endostio cortical están cubiertos por estructuras en dosel que contienen marcadores propios de los macrófagos como F4/80+, CD68+, Mac-3+ y TRAP– (fig. 7-6B).54,58 Osteocito Osteoblastos Hueso A Progenitores osteoclastos OsteoMacs Osteoclastos Osteocito Osteoblastos Hueso B r i F gu a 7-6 Representación de la localización de los OsteoMacs en la superficie del hueso. A. Fase de reposo. B. Fase de remodelado óseo, donde favorecen la formación de un toldo celular que permite una comunicación con los distintos grupos celulares que en él participan. Se representan los diferentes tipos celulares de linaje osteoblástico y osteoclástico del hueso. ERRNVPHGLFRVRUJ C 77 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología difteria en células que expresan lisozima M (LysM/cre+/–; DTAf/–), es decir, monocitos y macrófagos. Al caracterizar estos ratones, los autores observaron que a los 3 meses de edad estos ratones eran más pequeños que los controles y los osteopénicos. Asimismo, encontraron que, si bien el número de osteoclastos TRAP+ en los huesos de los ratones LysM/cre+/–; DTAf/– era discretamente menor que en los controles, no había diferencias en los cultivos ex vivo. No obstante, lo interesante del trabajo fue que, al analizar la tasa de formación mediante marcaje con calceína, observaron que esta estaba disminuida en los animales carentes de macrófagos,60 lo que indica que los macrófagos no son solo un soporte necesario para la formación osteoblástica, sino que también son importantes para el mantenimiento de los progenitores mesenquimales. Además de los datos que apoyan la idea de que los macrófagos son imprescindibles para la formación ósea, también existen datos que sugieren que los macrófagos son esenciales para la formación del callo de fractura y, en consecuencia, de la reparación ósea.61 La formación del callo está completamente abolida cuando la depleción de macrófagos se realiza al inicio de la fractura y disminuida cuando la depleción ocurre más tardíamente, esto es, en el momento que se está desarrollando la fase anabólica de la formación del callo. En el modelo murino de fractura femoral, se han identificado macrófagos pro inflamatorios (F4/80+ Mac-2) al inicio de la formación del callo en los centros de condrificación y, por el contrario, los macró­ fagos antiinflamatorios F4/80+ Mac-2neg predominan durante la maduración del callo. Todo ello indica que tanto los macrófagos proinflamatorios como los antiinflamatorios son necesarios para la reparación exitosa de las fracturas óseas. Por otro lado, estos mismos autores observaron que la formación del callo blando de fractura se potenciaba tras el tratamiento local con el M-CSF.62,63 Con todo lo descrito, podemos concluir que los macrófagos representan una posible diana del tratamiento anabólico para potenciar la consolidación de las fracturas en determinadas circunstancias. O steoclastos Los osteoclastos son células multinucleadas de linaje hematopoyético, derivadas de precursores comunes con los de las células monocito/macrófago.64 Su función principal es la de degradar la matriz ósea. La transición desde la célula precursora al osteoclasto maduro depende de diversos tipos de estímulos capaces de crear el ambiente adecuado para su diferenciación. Estudios basados en animales genéticamente modificados, han ayudado a identificar alguna de las vías de señalización implicadas en su desarrollo. De hecho, se trata de una célula extremadamente compleja en cuanto a su morfología y función, que requiere de la expresión de múltiples proteínas (fig. 7-8) para alcanzar una maduración funcionalmente activa. Los osteoclastos poseen Anillo de actina c-src Pyk2 A Célula madre hematopoyética Célula estromal Catepsina K MMP M-CSF Laguna de resorción B RANKL RANKL © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. c-src Pyk2 v3 MitF Precursores de osteoclastos OC inmaduro TRAF6 NF-B AP-1 FcR V-ATPasa NFATc1 DAP12 DC-STAM Apoptosis OC maduro 3V-ATPasa CIC-7 CAII Catepsina-K AE2 Hueso F gu a 7-8 Proceso de diferenciación de las células de linaje osteoclástico. El esquema representa las proteínas necesarias en cada estadio de la diferenciación osteoclástica. El M-CSF induce la diferenciación y proliferación hacia unidades formadoras de colonias de macrófagos, que son los precursores comunes de los macrófagos y los osteoclastos. La diferenciación desde unidades formadoras de macrófagos hacia osteoclastos multinucleares implica la fusión celular, la reorganización del citoesqueleto y polarización celular, la adherencia a la superficie ósea y el inicio de la resorción. A. Visión desde el área de contacto con la superficie ósea. Se representa el anillo de actina. La organización del citoesqueleto está mediada por las integrinas y las quinasas c-src y PYK2. B. Visión lateral del osteoclasto. Se identifica la laguna de resorción. Primero se produce la digestión de la matriz inorgánica. Para ello, se necesita acidificar el ambiente, y este proceso está mediado por una bomba de protones especializada (a3V-ATPasa), un canal de cloro (CIC-7), la enzima anhidrasa carbónica (CAII) y un intercambiador aniónico (AE2). Posteriormente, se lleva a cabo la degradación de la matriz orgánica mediante la secreción de colagenasas (flechas). M-CSF, factor estimulante de colonias de macrófagos; OC, osteoclasto; RANKL, ligando de receptor activador para el factor nuclear kB. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 78 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología una membrana celular polarizada que se divide en dos zonas perfectamente diferenciadas: la membrana apical que contacta con el hueso y la membrana basolateral que contacta con el torrente vascular (fig. 7-9). La primera está compuesta por una región periférica en la que predominan moléculas de adhesión ricas en microfilamentos de actina que se reorganizan para formar un cinturón de podosomas,65 lo que permitirá el sellado de la periferia del osteoclasto a la superficie del hueso, y la formación de un compartimento central intracelular y aislado del resto del citoplasma, la laguna de Howship o de resorción, donde se va a iniciar el proceso de degradación ósea. La cara osteoclástica de la laguna se denomina ribete en cepillo, por su semejanza con las microvellosidades epiteliales. A su vez, este ribete se divide en dos subdominios: uno más periférico, llamado zona de fusión, y otro más central, denominado zona de absorción.66 El primero se encarga de secretar aniones ácidos y enzimas degradativas (colagenasas, catepsinas, etc.), y el segundo, de absorber los productos procedentes de la degradación ósea. Los orgánulos de los osteoclastos tienen una distribución peculiar, los núcleos están localizados cerca de la región basolateral, junto al RE, el aparato de Golgi y el centro organizador de los microtúbulos. Otra peculiaridad del osteoclasto es que poseen abundantes mitocondrias y estas se localizan próximas al ribete en cepillo, junto a los lisosomas y las vacuolas. Los microfilamentos se localizan en la periferia de la célula formando los podosomas, mientras que los microtúbulos cruzan la célula desde los centros de organización a la región apical, contribuyendo al tráfico de sustancias hacia el ribete en cepillo. Existen dos moléculas esenciales para la formación de los osteoclastos: RANKL y M-CSF. El M-CSF induce la translocación nuclear de distintos FT, como el MITF y el PU.1, relacio- nados con la supervivencia y diferenciación celular.67 La presencia adicional de RANKL facilita la asociación de coactivadores a los FT reclutados inicialmente por el estímulo del M-CSF. De esta forma, se consigue una respuesta sinérgica y eficaz en la transcripción de los genes necesarios para la diferenciación osteoclástica68 (fig. 7-10). El resultado de la unión del RANKL a su receptor RANK es la activación de las proteínas activadas por mitógenos (MAP, mitogen-activated protein) quinasas y de dos FT esenciales, NF-kB y AP-1,69 los cuales inducen la expresión del factor de transcripción fundamental en el control del desarrollo de los osteoclastos, el NFATc1. El NFATc1 tiene la peculiaridad de amplificar su propia expresión con un efecto en cascada70,71 y mantenerse activo en el núcleo participando en la expresión de la mayor parte de los genes que determinan la diferenciación y funcionalidad de los osteoclastos. La autoamplificación de NFATc1 requiere su localización nuclear. Sin embargo, su localización es preferentemente citoplasmática. Esto es así porque las proteínas NFAT se caracterizan por estar muy fosforiladas, y esta modificación postraduccional es la que determina su posición en el citoplasma. La translocación nuclear viene determinada por su desfosforilación, y ello se produce gracias a la fosfatasa calcineurina, una fosfatasa modulada por la presencia de calcio.72,73 A su vez, la señalización mediada por calcio está regulada por inmunorreceptores de membrana a los que están unidas moléculas adaptadoras del tipo FcRg o DAP12, caracterizadas por contener motivos citoplasmáticos de activación de tirosina (ITAM, immunoreceptor tyrosine-based activation motif)74 (v. fig. 7-10). Por otra parte, la regulación del calcio está también implicada directamente en la respuesta a la señalización de RANKL. Recientemente, se ha descrito que, además de los inmunorreceptores de membrana que acabamos de mencionar, existen resi- Dominio de secreción funcional Membrana basolateral Anillo de actina Cinturón de podosomas Membrana apical Zona de sellado Ribete en cepillo Laguna de Howship A B r i F gu a 7-9 Morfología del osteoclasto activado. A. Visión lateral del osteoclasto. El ribete en cepillo está aislado dentro de la laguna de resorción de Howship. En él existe una zona más periférica especializada en exocitosis, por fusión de las membranas lisosómicas con la membrana plasmática, y otra zona más interna de captación, especializada en la internalización de los productos degradados de la matriz ósea que son desplazados y liberados a la corriente vascular a través del dominio secretor funcional localizado en la membrana basolateral. B. Visión desde el área de contacto con la superficie ósea. Se representa el anillo de actina, que forma los podosomas. ERRNVPHGLFRVRUJ C 79 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología Célula estromal ¿? RANKL RANK Inmunorreceptor DAP12 ITAM TRAF6 ERK JNK Ca++ c-Fos Syk Rac Ca++ Ca++ Calc ineu AP-1 NFATc1 rina P NF-B NF-B NFATc2 NFATc1 AP-1 P Actina NFATc1 NFATc1 NFATc1 F gu a 7-10 Representación del inicio de la señalización RANKL/RANK y la autoamplificación de NFATc1. La señalización RANKL/RANK recluta la molécula adaptadora TRAF6. Tras recibir el estímulo de RANKL, la proteína NF-kB se desplaza al núcleo para unirse al promotor de NFATc1. AP-1 también se activa en respuesta a RANKL/RANK, a través de c-Fos, y se une al promotor de NFATc1 en una fase más tardía, cuando ya se ha empezado a expresar NFATc1. La señalización por calcio, a través de la activación de la calcineurina, favorece la localización nuclear de NFATc1 mediante su desfosforilación, lo que garantiza no solo su propia transcripción sino también la de los otros genes que caracterizan al osteoclasto. AP-1, proteína activadora 1 (factor de transcripción); ITAM, immunoreceptor tyrosine-based activation motif; NFATc1, factor nuclear de linfocitos T activados, citoplásmico 1; NF-kB, factor nuclear potenciador de las cadenas ligeras k de las células B activadas; RANKL, ligando de receptor activador del factor nuclear kB (RANK); TRAF6, factor asociado al receptor del TNF-6. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. i r duos ITAM en el dominio intracelular del receptor de M-CSF conocido como c-Fms. La activación de los motivos ITAM se lleva a cabo mediante su fosforilación cuando los inmunorreceptores interaccionan con sus ligandos. El resultado de esta fosforilación es la activación de Syk y PLCg. PLCg escinde el fosfatidil-inositol-4,5-bisfosfato (PIP2) para dar lugar a los segundos mensajeros, IP3 y DAG. El IP3 aumenta las concentraciones intracelulares de calcio mediante la liberación del mismo desde el RE, mientras que el DAG activa la PKC en la membrana. Recientemente, se ha visto que la quinasa Syk está involucrada en la reorganización del citoesqueleto y en el desarrollo de los anillos de actina a través de la activación de GTPasas como Rac.75,76 También son necesarias para la osteoclastogénesis algunas quinasas dependientes de calcio/calmodulina, como la CaMKIV. Su función tiene lugar a través de la fosforilación del factor de transcripción CREB, que colabora con el NFATc1 en la regulación de genes específicos de los osteoclastos como, por ejemplo, el gen del receptor de calcitonina, de la catepsina K, de la TRAP y de la integrina 3.77 No olvidemos que el objetivo final de la maduración funcional del osteoclasto es la degradación ósea. Para que dicha degradación se pueda llevar a cabo, entre la membrana del osteoclasto y la superficie ósea se forma una cámara sellada, a cuyo interior se vierten aquellas sustancias que van a destruir el hueso. Dicha cámara tiene una disposición circular, y el fenómeno de sellado se establece gracias a la interacción de las integrinas avb3 periféricas del osteoclasto y los aminoácidos de la matriz con motivos Arg-GlyAsp, reconocidos por aquellas. Las integrinas se sitúan en unas pequeñas elevaciones de la membrana celular conocidas como podosomas, que en la situación de reposo tienen una localización aleatoria. Sin embargo, cuando se va a producir la resorción ósea, los podosomas se concentran en una zona de disposición anular,78 hecho que determina la morfología circular de la cámara de resorción antes referida. El anillo formado por el conjunto de podosomas tiene un esqueleto de actina, que a su vez está conectado con el citoesqueleto celular. Las primeras sustancias ERRNVPHGLFRVRUJ 80 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología r i r ología del ca tílago a t cula r Bi que se vierten a la cámara de resorción son hidrogeniones, los cuales movilizan el componente mineral del hueso. Los H+ se generan a partir de agua y dióxido de carbono en una reacción dependiente de la anhidrasa carbónica II (CAII). Su excreción depende de la bomba de protones a3V-ATPasa localizada en el ribete en cepillo del osteoclasto. El mantenimiento del pH ácido depende de la excreción de Cl–, resultado del intercambio con bicarbonato HCO3–, a través del canal aniónico del cloro CIC-7. Posteriormente, se excretan las colagenasas capaces de degradar la matriz orgánica. La catepsina K es la principal y su funcionamiento se ve facilitado por el pH ácido.79 Fisiología del cartílago El cartílago articular o cartílago hialino es un tejido especializado, avascular, aneural y alinfático, constituido por dos elementos fundamentales: uno celular, el condrocito, y otro extracelular, la MEC, que se nutre principalmente mediante difusión de nutrientes desde el líquido de la cavidad articular. Existen, en el humano, tres tipos de cartílago: el cartílago hialino, el fibrocartílago y el cartílago elástico. El cartílago hialino es el que recubre las epífisis óseas de las articulaciones diartrodiales y es el conocido propiamente como cartílago articular. El cartílago articular está compuesto principalmente por agua (≈70%), colágeno (≈20%) y PG (5-10% del peso total).80,81 El colágeno principal del cartílago articular es el Col II, aunque también existen otros tipos de colágeno en menor proporción. El cartílago articular es heterogéneo desde un punto de vista estructural, funcional y metabólico, y está organizado en cuatro capas bien diferenciadas: superficial o tangencial (zona I), intermedia o de transición (zona II), radial o profunda (zona III), y calcificada o zona IV. Las dos últimas zonas, profunda y calcificada, están separadas por una línea o frente de calcificación, denominado tidemark o «línea de marea». Por debajo del cartílago articular, se encuentra el llamado hueso subcondral (HS), componente esencial en la distribución y absorción de cargas en la biomecánica articular en condiciones tanto fisiológicas como patológicas. Las propiedades físicas del cartílago articular están determinadas en gran medida por la distribución de la red de las fibrillas de colágeno, que aportan la resistencia a las fuerzas de tensión, y por los agregados de PG, que aportan resistencia a la compresión gracias a su gran capacidad de retener o secuestrar el agua circundante, la cual es nuevamente liberada una vez que cesan las fuerzas compresivas. El cartílago articular presenta una superficie con un bajo coeficiente de fricción debido a la presencia de algunos lubricantes, como el ácido hialurónico y la lubricina, ambos producidos tanto por los condrocitos como por las células sinoviales.82 Aunque este apartado se abordará nuevamente y de forma más precisa en el capítulo 12, creemos oportuno cerrar esta sección hablando, al menos someramente, de la biología del cartílago, la homeostasis del condrocito y otras células esenciales de la articulación como el fibroblasto. Biología del condrocito El condrocito es la única célula integrante del cartílago y constituye exclusivamente el 1-2% del volumen total del cartílago.80,81 Al igual que algunas de las células mencionadas en este capítulo, como el osteoblasto y el fibroblasto, su naturaleza es mesenquimal, ya que procede de precursores mesenquimales indiferenciados. La diferenciación de los precursores mesenquimales a condrocitos ocurre principalmente durante la embriogénesis y en situaciones reparativas tras una lesión, como ocurre en la formación del callo tras una fractura. La morfología y la distribución de los condrocitos varían según la profundidad a la que se encuentren, siendo más pequeños y aplanados en la capa superficial, y más gruesos o esféricos en la capa intermedia, adquiriendo una morfología elíptica en la capa profunda, con una distribución en columnas de dos a seis células cada una y una orientación perpendicular a la superficie articular. En la zona profunda, los condrocitos son menos numerosos, aunque viables. Para desempeñar sus funciones, los condrocitos están en estrecho contacto con la MEC e interaccionan constantemente con sus proteínas. El condrocito se encuentra instalado dentro de esa MEC formando lagunas o «condronas», que constituyen la denominada unidad funcional del cartílago articular.81 El papel principal del condrocito es mantener la integridad del cartílago reparando el daño ocasionado a la matriz por los insultos cotidianos y microagresiones de la vida diaria. En condiciones fisiológicas y debido en gran medida a la falta de vascularización del cartílago, el condrocito trabaja en condiciones de hipoxia, sobre todo, en las capas profundas, lo que dificulta su capacidad de reparación. De hecho, el condrocito vive y trabaja en superficie con una tensión de oxígeno al 10% de la presión arterial de oxígeno y a menos del 1% en las zonas profundas.83,84 Los condrocitos maduros apenas presentan actividad mitótica, manteniendo un metabolismo basal al ralentí, mucho menor que en otros tejidos conectivos. Ello conduce a un bajo recambio del Col II, suficiente solo para garantizar el equilibrio entre los procesos anabólicos y catabólicos dentro del cartílago, aunque el recambio de glicosaminoglicanos (GAG) y proteínas no colágenas está algo mejor conservado. Además, el número de condrocitos disminuye con la edad, lo que hace que su reparación sea aún más difícil en edades avanzadas. Sin embargo, en el cartílago de la placa de crecimiento, existen factores de supervivencia intracelulares como el factor inducible por hipoxia 1a (HIP-1a) que ayudan al condrocito a mantener una actividad fisiológica adaptada a un escenario más anabólico y de diferenciación celular.85 En la artrosis, por el contario, el condrocito se torna proliferativo e hipertrófico, al igual que se observa en la placa de crecimiento, adquiriendo un fenotipo catabólico caracterizado por la disminución en la síntesis de matriz, la sustitución del Col II por Col I y X, y el aumento de enzimas degradativas, MMP y agrecanasas, que contribuyen a la destrucción del mismo. Homeostasis del cartílago articular La mayor parte del colágeno que compone el cartílago articular es de tipo II, lo que supone aproximadamente el 90-95% del total. El resto son Col VI, IX, XI, XII y XIV. El Col II es sintetizado por el condrocito y liberado al medio como procolágeno, que a su vez es degradado parcialmente por enzimas proteolíticas que eliminan la porción no helicoidal, dando lugar posteriormente a la formación de redes tridimensionales que se incorporan a la MEC, lo que proporciona al conjunto una mayor resistencia a las fuerzas de tensión.80,86 ERRNVPHGLFRVRUJ C © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología Sin embargo, los colágenos minoritarios que componen el cartílago articular (VI, IX, XI, XII y XIV) pueden tener importantes propiedades estructurales y funcionales, contribuyendo a mejorar las conexiones celulares, aumentar la estabilidad e incrementar la resistencia del cartílago. Por su parte, los PG son macromoléculas sintetizadas por el condrocito y constituidas por un eje lineal central de naturaleza proteica al que están conectadas lateralmente cadenas de GAG mediante enlaces covalentes. Se disponen entre las fibras de colágeno y son altamente hidrófilos, incrementando de forma notoria la resistencia del cartílago articular.80,86 El ácido hialurónico es otro GAG producido por el condrocito, que sirve para enlazar diversos PG a través de las denominadas proteínas de unión, dando lugar a grandes agregados llamados agrecanos, que contribuyen a dar mayor estabilidad y resistencia al cartílago. Aunque la semivida de los PG del cartílago articular humano adulto es prolongada, pudiendo sobrepasar los 800 días, existe, sin embargo, cierto recambio rápido de parte del mismo (en pocos días), lo que sugiere un indudable grado de recambio o remodelado del cartílago articular. Además, la síntesis de PG aumenta llamativamente en el cartílago lesionado, aunque la calidad estructural y funcional de este cartílago nuevo o de síntesis, generalmente, fibrocartílago, es menor a la del cartílago original, lo que sin duda merma sus propiedades biomecánicas y funcionales.80,86 Asimismo, el cartílago articular contiene en su matriz PG de pequeño tamaño como la decorina y el biglicano, así como pequeñas cantidades de otras proteínas no colágenas y PG, que interaccionan con otras proteínas de la matriz. De ellas, las más estudiadas son la fibronectina, la ancorina y la proteína de matriz oligomérica del cartílago (COMP). La fibronectina podría contribuir al mantenimiento de la estructura del cartílago a través de su interacción con determinados componentes de la matriz como el Col II y la tromboespondina. La ancorina es una proteína situada en la superficie del condrocito y que actúa como receptor de señales mecánicas desde la matriz al interior de la célula. Por su parte, la COMP es un miembro de la familia de las tromboespondinas, especialmente abundante en el cartílago de crecimiento, y podría participar en fenómenos de reparación y de regulación del crecimiento celular.80,86 Existen algunos marcadores fenotípicos que nos pueden orientar sobre el tipo y momento evolutivo en la diferenciación condrocitaria. Por ejemplo, la expresión de Col X y la de ALP son marcadores que se expresan principalmente en el condrocito hipertrófico. En cambio, la expresión de factores de crecimiento de tipo BMP-6 y BMP-7 es un marcador que se expresa principalmente en condrocitos que intervienen en la calcificación endocondral. Un aspecto esencial en la homeostasis del cartílago es el relacionado con su degradación. En este sentido, es esencial el papel desarrollado por las MMP. Las MMP son una familia de endopeptidasas capaces de degradar los diferentes componentes de la MEC, que habitualmente contienen átomos de cinc y que, para su activación, necesitan la presencia de calcio y magnesio. Normalmente, se secretan como proenzimas. En la actualidad, se conocen al menos 28 tipos de MMP, que pueden degradar diferentes sustratos como colágenos, PG, gelatina o fibronectina. Asimismo, existen controladores negativos o inhibidores de la acción de las MMP, entre los que destacan los inhibidores tisulares de las MMP (TIMP, tissue inhibitors of 81 metalloproteinases). En condiciones fisiológicas, existe un equilibrio entre los procesos anabólicos y los catabólicos. Las MMP juegan un papel especialmente relevante en situaciones patológicas en las que predomina el aspecto catabólico. En la tabla 7-2, se muestran las principales MMP conocidas en la actualidad y los principales sustratos sobre los que actúan.1,2,86 Finalmente, nos gustaría resaltar el papel del HS en la homeostasis y funcionamiento del cartílago articular en condiciones tanto normales como patológicas. El HS es un tejido bien diferenciado y con unas características específicas que, en las articulaciones diartrodiales, está en estrecho contacto con el cartílago suprayacente, formando una unidad funcional que actualmente se denomina «unidad osteocondral», a través de la cual se establece una comunicación continua entre los osteoblastos y osteoclastos del HS y el condrocito articular,87 que cobra una especial intensidad en situaciones patológicas como la artrosis.88,89 El HS es una estructura dinámica bien adaptada al estrés y fuerzas mecánicas que continuamente impactan en la articulación. El HS absorbe normalmente un 30% de la carga que recibe la articulación y sirve de apoyo al cartílago adyacente. Asimismo, el HS suministra nutrientes a las capas profundas del cartílago y facilita la depuración de los productos metabólicos de desecho.88,89 Otras células articulares: fibroblastos y sinoviocitos Los fibroblastos (FB) son células de linaje mesenquimal, pleiotrópicas, ubicuas y que residen en ambientes ricos en colágeno, rodeados de MEC. Los FB presentan una gran capacidad para diferenciarse en otras células del sistema ME, dando lugar a tendones y ligamentos. En algunos casos, los FB adquieren una especialización muy sofisticada, lo que les permite elaborar tejidos como hueso o cartílago. Los FB tienen habitualmente una morfología fusiforme o estrellada, aunque su aspecto varía en función del tejido en el que asientan.86 Funcionalmente, el fibroblasto es una célula típicamente secretora, que expresa fibronectina y sintetiza, sobre todo, Col I y III. Su función principal es mantener una MEC de calidad. De hecho, los FB poseen también numerosas enzimas que les permiten destruir los constituyentes ya degradados de la MEC, que reemplaza rápidamente sintetizando nuevas moléculas de matriz. De este modo, los FB mantienen la homeostasis del tejido donde asientan y ayudan a la reparación y curación de las heridas.90 En casos no controlados, se producen consecuencias indeseables dando lugar a fibrosis. La proliferación de FB se induce bajo el efecto de diferentes factores de crecimiento, especialmente, PDGF y TGF-b.86,90 En último lugar, cabe mencionar que los sinoviocitos, nombre con el que denominamos a las células residentes en la membrana sinovial, presentan dos subtipos principales: el sinoviocito fibroblástico, con todas las características que acabamos de mencionar para el fibroblasto, y el sinoviocito de tipo macrófago, con las características comunes a los macrófagos ya mencionadas. onclu one C si s En este capítulo, hemos revisado brevemente algunos aspectos básicos de la biología celular, incluyendo una visión general del ciclo celular, las vías de señalización y los FT más impor- ERRNVPHGLFRVRUJ 82 T Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología abla 7-2 Proteasas de matriz, agrecanasas y principales sustratos en los que intervienen Sustrato principal Colagenasas MMP-1 (colagenasa 1) MMP-8 (colagenasa 2) MMP-13 (colagenasa 3) MMP-18 (colagenasa 4) Colágeno de tipo II Proteína del núcleo de agrecano Gelatinasas MMP-2 (gelatinasa A) MMP-9 (gelatinasa B) Colágenos de tipos II y XI Proteoglicanos; proteínas de unión Estromelisinas MMP-3 (estromelisina 1) MMP-10 (estromelisina 2) MMP-11 (estromelisina 3) Proteína del núcleo de agrecano Colágenos de tipos IX y XI Fibronectina; proteínas de unión Matrilisinas MMP-7 MMP-9 Proteínas de unión MMP de membrana (MT-MMT) MMT-14 (MT1-MMP) MMT-15 (MT2-MMP) MMT-16 (MT3-MMP) MMT-17 (MT4-MMP) MM-24 (MT5-MMP) MMT-25 (MT6-MMP) Colágeno de tipo II; fibronectina; agrecano; pro-MMP-2; pro-MMP-13; pro-TNF Agrecanasas ADAMTS-1 ADAMTS-4 ADAMTS-5 Núcleo de agrecano etaloproteasas de matriz ( Serina proteasas MM Tipo M Familia P) Activadores del plasminógeno Agrecano; fibronectina; pro-MMP Catepsina G Agrecano; colágeno de tipo II; pro-MMP Cisteína proteasas Catepsinas B, K, L, S Colágenos de tipos IX y XI; proteínas de unión; agrecanos Inhibidores tisulares de las MMP (TIMP) TIMP-1; TIMP-2; TIMP-4 (formas solubles) TIMP-3 (unida a la matriz) Inhiben acción de las MMP ADAMTS, desintegrina y metaloproteinasa con secuencias trombospondina; TNF, factor de necrosis tumoral. tantes implicados en las distintas células y tejidos que componen el sistema ME, así como algunas generalidades sobre los mecanismos de apoptosis o muerte celular programada. En un segundo apartado, hemos repasado aspectos concretos de las principales linajes celulares que componen el sistema ME, particularmente, de las células del linaje osteoblástico y monocito-macrofágico, para terminar el capítulo centrados en el condrocito, el fibroblasto y la homeostasis condrocitaria. ­ Agradecimientos Los autores agradecen a Vanessa Centeno Talayero, técnica del Laboratorio de Reumatología del Hospital de La Princesa (Madrid), sus aportaciones al manuscrito y la preparación de las imágenes enviadas. s r i b ev atu a r A AP-1: proteína activadora 1 (factor de transcripción). Apaf-1: apoptosis protease-activating factor-1 (proteína activadora de la apoptosis). ARN: ácido ribonucleico. Bcl-2: B-cell lymphoma 2 (familia de proteínas de la vía intrínseca de la apoptosis). BMP: proteínas morfogenéticas del hueso. CAII: anhidrasa carbónica II. CaMKII: Ca2+/calmodulina proteína quinasa II (Ca2+/calmodulindependent protein kinase II). cdk: quinasas dependientes de ciclinas. CFU-F: unidad formadora de colonias de fibroblastos. Cit C: citocromo C. Col I: colágeno de tipo I. COMP: proteína de matriz oligomérica del cartílago. COX: ciclooxigenasa; existen al menos dos isoformas conocidas: COX-1 y COX-2. CREB: cAMP response element-binding (factor de transcripción). DAG: diacil glicerol. ADN: ácido desoxirribonucleico. ALP: fosfatasa alcalina. AMPc/cAMP: monofosfato de adenosina cíclico. ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología DAP12: DNAX-activating protein 12 kDa (adaptador transmembrana). DMP-1: proteína de la matriz de la dentina 1. E11: glicoproteína transmembrana clave en la osteocitogénesis temprana (podoplanina). EGF: factor de crecimiento epidérmico. FADD: dominio de muerte asociado a Fas. FB: fibroblastos. FcRg: receptor de cadenas g asociado al Fc de las inmunoglobulinas (adaptador transmembrana). FGF: factor de crecimiento fibroblástico. FT: factores de transcripción. G: proteína G. GAG: glicosaminoglicanos. GDP: difosfato de guanosina. GTPasa: guanosina trifosfatasa, o trifosfatasa de guanosina (superfamilia de enzimas que hidrolizan la molécula de trifosfato de guanosina (GTP). HIP-1a: factor inducible por hipoxia 1a. HS: hueso subcondral. IGF-1: factor de crecimiento similar a la insulina 1. IKB: inhibidores de kB. IL: interleucina. IP3: inositol-1,4,5-trifosfato o trifosfoinositol. ITAM: secuencia de activación de inmunorreceptor basada tirosina. JAK: Janus quinasa. LRP: proteínas relacionadas con el receptor de lipoproteínas de baja densidad (low-density lipoprotein receptor-related proteins). MAFIA: modelo de apoptosis de macrófagos inducida por fas (macrophage fas-induced apoptosis transgenic mouse model). MAP: proteínas activadas por mitógenos (mitogen-activated proteins). M-CSF: factor estimulante de colonias de macrófagos. ME: musculoesquelético. MEC: matriz extracelular. MEPE: fosfoglicoproteína de la matriz extracelular. MIFT: factor de transcripción asociado con microftalmia (factor implicado en el desarrollo de melanocitos y osteoclastos). MMP: metaloproteinasas de matriz (matrix metalloproteinases). MSC: células madre mesenquimales (mesenchymal stem cells). NF-kB: factor nuclear potenciador de las cadenas ligeras k de las células B activadas. NFATc1: factor nuclear de linfocitos T activados, citoplásmico 1. OC: osteocalcina. OP: osteopontina. OPG: osteoprotegerina. OsteoMacs: macrófagos del hueso. Osx: osterix (factor de transcripción de la diferenciación de los osteoblastos). PDGF: factor de crecimiento derivado de las plaquetas. PG: proteoglicanos. PHEX: endopeptidasa neutra reguladora de fosfatos ligada al cromosoma X. PI3K: fosfoinositol 3 quinasa. PIP2: fosfatidil-inositol-4,5-bisfosfato. PKA: proteína quinasa A. PKC: proteína quinasa C. 83 PTH: parathormona, hormona paratiroidea. PTHrP: péptido relacionado con la parathormona. PU.1: factor de transcripción implicado en el desarrollo del sistema inmunitario. Rac: proteína de la superfamilia de GTPasas. RANK: receptor activador del factor nuclear NF-kB. RANKL: ligando del receptor activador del factor nuclear NF-kB. RE: retículo endoplásmico. RIP: receptor-interacting protein (proteína quinasa inductora de apoptosis). RUNX2: Runt-related transcription factor 2 (factor de transcripción clave asociado con la diferenciación de los osteoblastos). SCF: Skp Cullin F-box containing complex (subunidad E3 del complejo de la ubiquitina ligasa). SOST: esclerostina (SclerOSTin). STAT: transductor de señal y activador de transcripción. Syk: tirosina cinasa de bazo. TGF-b: factor de crecimiento transformante b. TIMP: inhibidores tisulares de las MMP (tissue inhibitors of metalloproteinases). TNFR1: receptor 1 del factor de necrosis tumoral. TNF-a: factor de necrosis tumoral a. TRAP: fosfatasa ácida tartrato resistente. UV: ultravioleta. VEFG: factor de crecimiento vascular endotelial. Wnt: int/Wingless signaling gene family (vía de señalización implicada en múltiples procesos biológicos, oncológicos y del desarrollo). bl og a ía Bi i r f © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ­ 1. Zuscik MJ, Hicham Drissi M, Chen D, Rosier RN. Molecular and cell biology in orthopaedics. In: Einhorn TA, O’Keefe RJ, Buckwalter JA, editors. Orthopaedic Basic Science: Foundations of clinical practice. 3rd ed. Rosemont: AAOS; 2007. p. 3-24. 2. Nelson DL, Cox MM. Lehninger Principles of Biochemistry. 6th ed. New York: W.H. Freeman; 2013. 3. Rajagopal S, Rajagopal K, Lefkowitz RJ. Teaching old receptors new tricks: biasing seven-transmembrane receptors. Nat Rev Drug Discov 2010;9(5):373-86. 4. Dessauer CW. Adenylyl cyclase—A-kinase anchoring protein complexes: the next dimension in cAMP signaling. Mol Pharmacol 2009;76(5):935-41. 5. Engelman JA, Luo J, Cantley LC. The evolution of phosphatidylinositol 3-kinases as regulators of growth and metabolism. Nat Rev Genet 2006;7(8):606-19. 6. Fayard E, Xue G, Parcellier A, Bozulic L, Hemmings BA. Protein kinase B (PKB/Akt), a key mediator of the PI3K signaling pathway. Curr Top Microbiol Immunol 2010;346:31-56. 7. Taylor SS, Kim C, Vigil D, Haste NM, Yang J, Wu J, et al. Dynamics of signaling by PKA. Biochim Biophys Acta 2005;1754(1-2):25-37. 8. Parekh AB. Decoding cytosolic Ca2+ oscillations. Trends Biochem Sci 2011;36(2):78-87. 9. Lemmon MA, Schlessinger J. Cell signaling by receptor tyrosine kinases. Cell 2010;141(7):1117-34. 10. Red Brewer M, Choi SH, Alvarado D, Moravcevic K, Pozzi A, Lemmon MA, et al. The juxtamembrane region of the EGF receptor functions as an activation domain. Mol Cell 2009;34(6):641-51. 11. Pfeifer AC, Timmer J, Klingmuller U. Systems biology of JAK/STAT signalling. Essays Biochem 2008;45:109-20. 12. Bianchi K, Meier P. A tangled web of ubiquitin chains: breaking news in TNF-R1 signaling. Mol Cell 2009;36(5):736-42. 13. Hayden MS, Ghosh S. Shared principles in NF-kappaB signaling. Cell 2008;132(3):344-62. ERRNVPHGLFRVRUJ Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología 42. Kamioka H, Sugawara Y, Honjo T, Yamashiro T, Takano-Yamamoto T. Terminal differentiation of osteoblasts to osteocytes is accompanied by dramatic changes in the distribution of actin-binding proteins. J Bone Miner Res 2004;19(3):471-8. 43. Poole KE, van Bezooijen RL, Loveridge N, Hamersma H, Papapoulos SE, Löwik CW, et al. Sclerostin is a delayed secreted product of osteocytes that inhibits bone formation. FASEB J 2005;19(13): 1842-4. 44. Baron R, Kneissel M. WNT signaling in bone homeostasis and di sease: from human mutations to treatments. Nat Med 2013;19(2): 179-92. 45. Bellido T. Osteocyte-driven bone remodeling. Calcif Tissue Int 2014; 94(1):25-34. 46. Tatsumi S, Ishii K, Amizuka N, Li M, Kobayashi T, Kohno K, Ito M, et al. Targeted ablation of osteocytes induces osteoporosis with defective mechanotransduction. Cell Metab 2007;5(6):464-75. 47. Plotkin LI, Bellido T. Osteocytic signalling pathways as therapeutic targets for bone fragility. Nat Rev Endocrinol 2016;12(10):593-605. 48. Frost HM. The mechanostat: a proposed pathogenic mechanism of osteoporoses and the bone mass effects of mechanical and nonmechanical agents. Bone Miner 1987;2(2):73-85. 49. Carmeliet G, Vico L, Bouillon R. Space flight: A challenge for normal bone homeostasis. Crit Rev Eukaryot Gene Expr 2001;11(1-3): 131-44. 50. Sibonga JD. Spaceflight-induced bone loss: is there an osteoporosis risk? Curr Osteoporos Rep 2013;11(2):92-8. 51. Han Y, Cowin SC, Schaffler MB, Weinbaum S. Mechanotransduction and strain amplification in osteocyte cell processes. Proc Natl Acad Sci U S A 2004;101(47):16689-94. 52. Bonifer C, Hume DA. The transcriptional regulation of the Colony-Stimulating Factor 1 Receptor (csf1r) gene during hematopoiesis. Front Biosci 2008;13:549-60. 53. Hume DA, Loutit JF, Gordon S. The mononuclear phagocyte system of the mouse defined by immunohistochemical localization of antigen F4/80: macrophages of bone and associated connective tissue. J Cell Sci 1984;66:189-94. 54. Chang MK, Raggatt LJ, Alexander KA, Kuliwaba JS, Fazzalari NL, Schroder K, et al. Osteal tissue macrophages are intercalated through out human and mouse bone lining tissues and regulate osteoblast function in vitro and in vivo. J Immunol 2008;181(2):1232-44. 55. Assoian RK, Fleurdelys BE, Stevenson HC, Miller PJ, Madtes DK, Raines EW, et al. Expression and secretion of type beta transforming growth factor by activated human macrophages. Proc Natl Acad Sci U S A 1987;84(17):6020-4. 56. Champagne CM, Takebe J, Offenbacher S, Cooper LF. Macrophage cell lines produce osteoinductive signals that include bone morphogenetic protein-2. Bone 2002;30(1):26-31. 57. Grundnes O, Reikeraas O. Effects of macrophage activation on bone healing. J Orthop Sci 2000;5(3):243-7. 58. Hauge EM, Qvesel D, Eriksen EF, Mosekilde L, Melsen F. Cancellous bone remodeling occurs in specialized compartments lined by cells expressing osteoblastic markers. J Bone Miner Res 2001;16(9):1575-82. 59. Cho SW, Soki FN, Koh AJ, Eber MR, Entezami P, Park SI, et al. Osteal macrophages support physiologic skeletal remodeling and anabolic actions of parathyroid hormone in bone. Proc Natl Acad Sci U S A 2014; 111(4):1545-50. 60. Vi L, Baht GS, Whetstone H, Ng A, Wei Q, Poon R, et al. Macrophages promote osteoblastic differentiation in-vivo: implications in fracture repair and bone homeostasis. J Bone Miner Res 2015;30(6): 1090-102. 61. Alexander KA, Chang MK, Maylin ER, Kohler T, Müller R, Wu AC, et al. Osteal macrophages promote in vivo intramembranous bone healing in a mouse tibial injury model. J Bone Miner Res 2011;26(7): 1517-32. 62. Raggatt LJ, Wullschleger ME, Alexander KA, Wu AC, Millard SM, Kaur S, et al. Fracture healing via periosteal callus formation requires macrophages for both initiation and progression of early endochondral ossification. Am J Pathol 2014;184(12):3192-204. 63. Alexander KA, Raggatt LJ, Millard S, Batoon L, Chiu-Ku Wu A, Chang MK, et al. Resting and injury-induced inflamed periosteum contain multiple macrophage subsets that are located at sites of bone growth and regeneration. Immunol Cell Biol 2017;95(1):7-16. ERRNVPHGLFRVRUJ ­ ­ ­ 14. Ferrell JE Jr, Pomerening JR, Kim SY, Trunnell NB, Xiong W, Huang CY, et al. Simple, realistic models of complex biological processes: positive feedback and bistability in a cell fate switch and a cell cycle oscillator. FEBS Lett 2009;583(24):3999-4005. 15. Nigg EA. Mitotic kinases as regulators of cell division and its check points. Nat Rev Mol Cell Biol 2001;2(1):1-32. 16. Doree M, Hunt T. From Cdc2 to Cdk1: when did the cell cycle kinase join its cyclin partner? J Cell Sci 2002;115(Pt 12):2461-4. 17. Nurse P. Cyclin dependent kinases and cell cycle control (nobel lecture). Chembiochem 2002;3(7):596-603. 18. Jorgensen P, Tyers M. How cells coordinate growth and division. Curr Biol 2004;14(23):R1014-27. 19. Lakhani SA, Masud A, Kuida K, Porter GA Jr, Booth CJ, Mehal WZ, et al. Caspases 3 and 7: key mediators of mitochondrial events of apoptosis. Science 2006;311(5762):847-51. 20. Adams JM, Cory S. Bcl-2-regulated apoptosis: mechanism and therapeutic potential. Curr Opin Immunol 2007;19(5):488-96. 21. Giam M, Huang DC, Bouillet P. BH3-only proteins and their roles in programmed cell death. Oncogene 2008;27(Suppl 1):S128-36. 22. Riedl SJ, Salvesen GS. The apoptosome: signalling platform of cell death. Nat Rev Mol Cell Biol 2007;8(5):405-13. 23. Teng X, Hardwick JM. The apoptosome at high resolution. Cell 2010;141(3):402-4. 24. Cardozo T, Pagano M. The SCF ubiquitin ligase: insights into a molecular machine. Nat Rev Mol Cell Biol 2004;5(9):739-51. 25. Owen M, Friedenstein AJ. Stromal stem cells: marrow-derived osteogenic precursors. Ciba Found Symp 1988;136:42-60. 26. Marks SC Jr, Popoff SN. Bone cell biology: the regulation of development, structure, and function in the skeleton. Am J Anat 1988; 183(1):1-44. 27. Manolagas SC. Birth and death of bone cells: basic regulatory mechanisms and implications for the pathogenesis and treatment of osteoporosis. Endocr Rev 2000;21(2):115-37. 28. Otto F, Thornell AP, Crompton T, Denzel A, Gilmour KC, Rosewell IR, et al. Cbfa1, a candidate gene for cleidocranial dysplasia syndrome, is essential for osteoblast differentiation and bone development. Cell 1997;89(5):765-71. 29. Ducy P, Zhang R, Geoffroy V, Ridall AL, Karsenty G. Osf2/Cbfa1: A Transcriptional Activator of Osteoblast Differentiation. Cell 1997;89(5):747-54. 30. Nakashima K, Zhou X, Kunkel G, Zhang Z, Deng JM, Behringer RR, et al. The novel zinc finger-containing transcription factor osterix is required for osteoblast differentiation and bone formation. Cell 2002;108(1):17-29. 31. Baron R, Kneissel M. WNT signaling in bone homeostasis and disease: from human mutations to treatments. Nat Med 2013;19(2):179-92. 32. Martin TJ, Sims NA. RANKL/OPG; Critical role in bone physiology. Rev Endocr Metab Disord 2015;16(2):131-9. 33. Sims NA, Martin TJ. Coupling the activities of bone formation and resorption: a multitude of signals within the basic multicellular unit. Bonekey Rep 2014;3:481. 34. Manolagas SC, Parfitt AM. What old means to bone. Trends Endocrinol Metab 2010;21(6):369-74. 35. Chambers TJ, Fuller K. Bone cells predispose bone surfaces to resorption by exposure of mineral to osteoclastic contact. J Cell Sci 1985;76:155-65. 36. Hauge EM, Qvesel D, Eriksen EF, Mosekilde L, Melsen F. Cancellous bone remodeling occurs in specialized compartments lined by cells expressing osteoblastic markers. J Bone Miner Res 2001;16(9):1575-82. 37. Dallas SL, Bonewald LF. Dynamics of the transition from osteoblast to osteocyte. Ann N Y Acad Sci 2010;1192:437-43. 38. Zhang K, Barragan-Adjemian C, Ye L, Kotha S, Dallas M, Lu Y, et al. E11/gp38 selective expression in osteocytes: regulation by mechanical strain and role in dendrite elongation. Mol Cell Biol 2006;26(12):4539-52. 39. Guo D, Keightley A, Guthrie J, Veno PA, Harris SE, Bonewald LF. Identification of osteocyte-selective proteins. Proteomics 2010;10(20): 3688-98. 40. Plotkin LI, Bellido T. Osteocytic signalling pathways as therapeutic targets for bone fragility. Nat Rev Endocrinol 2016;12(10):593-605. 41. Knothe Tate ML, Adamson JR, Tami AE, Bauer TW. The osteocyte. Int J Biochem Cell Biol 2004,36(1):1-8. ­ 84 C 85 apítulo 7 Bases de biología celular y molecular en cirugía ortopédica y traumatología 78. Faccio R, Novack DV, Zallone A, Ross FP, Teitelbaum SL. Dynamic changes in the osteoclast cytoskeleton in response to growth factors and cell attachment are controlled by beta3 integrin. J Cell Biol 2003;162(3):499-509. 79. Teitelbaum SL, Ross FP. Genetic regulation of osteoclast development and function. Nat Rev Genet 2003;4(8):638-49. 80. Benito-Ruiz P. Estructura y función de la articulación. En: Benito-Ruiz P, Blanco Garcia FJ, Tornero Molina J, Möller Parera I, Monfort Faure J, Batlle-Gualda E. Artrosis: Fisiopatología, diagnóstico y tratamiento. 1.ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2010. p. 81-9. 81. Castañeda S, Vicente EF. Osteoarthritis: more than cartilage degeneration. Clin Rev Bone Miner Metab 2017. doi:10.1007/s12018-0179228-6. 82. Greene GW, Banquy X, Lee DW, Lowrey DD, Yu J, Israelachvili JN. Adaptive mechanically controlled lubrication mechanism found in articular joints. Proc Natl Acad Sci U S A 2011;108(13):5255-9. 83. Pfander D, Gelse K. Hypoxia and osteoarthritis: how chondrocytes survive hypoxic environments. Curr Opin Rheumatol 2007;19(5): 457-62. 84. Thoms BL, Dudek KA, Lafont JE, Murphy CL. Hypoxia promotes the production and inhibits the destruction of human articular cartilage. Arthritis Rheum 2013;65(5):1302-12. 85. Maes C, Araldi E, Haigh K, Khatri R, Van Looveren R, Giaccia AJ, et al. VEGF-independent cell-autonomous functions of HIF 1a regulating oxygen consumption in fetal cartilage are critical for chondrocyte survival. J Bone Miner Res 2012;27(3):596-609. 86. Quintero M, Miltrovic DR. Generalidades, composición bioquímica y regulación metabólica. En: Quintero M, Monfort J, Miltrovic DR. Osteoartrosis: Biología, fisiopatología, clínica y tratamiento. 1.ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2010. p. 3-36. 87. Imhof H, Sulzbacher I, Grampp S, Czerny C, Youssefzadeh S, Kainberger F. Subchondral bone and cartilage disease: a rediscovered functional unit. Invest Radiol 2000;35(10):581-8. 88. Lories RJ, Luyten FP. The bone-cartilage unit in osteoarthritis. Nat Rev Rheumatol 2011;7(1):43-9. 89. Mahjoub M, Berenbaum F, Houard X. Why subchondral bone in osteoarthritis? The importance of the cartilage bone interface in osteoarthritis. Osteoporos Int 2012;(23 Suppl 8):S841-6. 90. Pap T, Gay S. Fibroblasts and fibroblast-like synoviocytes. In: Firestein GS, Budd RD, Harris ED Jr, McInnes IB, Ruddy S, Sergent JS, editors. Kelley’s Textbook of Rheumatology. Vol. I. 8th ed. Philadelphia: Saunders-Elsevier; 2009. p. 201-14. ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 64. Teitelbaum SL, Tondravi MM, Ross FP. Osteoclasts, macrophages, and the molecular mechanisms of bone resorption. J Leukoc Biol 1997;61(4):381-88. 65. Ory S, Brazier H, Pawlak G, Blangy A. Rho GTPases in osteoclasts: orchestrators of podosome arrangement. Eur J Cell Biol 2008;87 (8-9):469-77. 66. Mulari MT, Zhao H, Lakkakorpi PT, Väänänen HK. Osteoclast ruffled border has distinct subdomains for secretion and degraded matrix uptake. Traffic 2003;4(2):113-25. 67. Tondravi MM, McKercher SR, Anderson K, Erdmann JM, Quiroz M, Maki R, et al. Osteopetrosis in mice lacking haematopoietic transcription factor PU.1. Nature 1997;386(6620):81-4. 68. Sharma SM, Bronisz A, Hu R, Patel K, Mansky KC, Sif S, et al. MITF and PU.1 recruit p38 MAPK and NFATc1 to target genes during osteoclast differentiation. J Biol Chem 2007;282(21):15921-9. 69. Takatsuna H, Asagiri M, Kubota T, Oka K, Osada T, Sugiyama C, et al. Inhibition of RANKL-induced osteoclastogenesis by (-)-DHMEQ, a novel NF-kappaB inhibitor, through downregulation of NFATc1. J Bone Miner Res 2005;20(4):653-62. 70. Asagiri M, Sato K, Usami T, Ochi S, Nishina H, Yoshida H, et al. Autoamplification of NFATc1 expression determines its essential role in bone homeostasis. J Exp Med 2005;202(9):1261-9. 71. Takayanagi H, Kim S, Koga T, Nishina H, Isshiki M, Yoshida H, et al. Induction and activation of the transcription factor NFATc1 (NFAT2) integrate RANKL signaling in terminal differentiation of osteoclasts. Dev Cell 2002;3(6):889-901. 72. Crabtree GR, Olson EN. NFAT signaling: choreographing the social lives of cells. Cell 2002;(109 Suppl):S67-S79. 73. Tomida T, Hirose K, Takizawa A, Shibasaki F, Iino M. NFAT functions as a working memory of Ca2+ signals in decoding Ca2+ oscillation. EMBO J 2003;22(15):3825-32. 74. Koga T, Inui M, Inoue K, Kim S, Suematsu A, Kobayashi E, et al. Costimulatory signals mediated by the ITAM motif cooperate with RANKL for bone homeostasis. Nature 2004;428(6984):758-63. 75. Faccio R, Teitelbaum SL, Fujikawa K, Chappel J, Zallone A, Tybulewicz VL, et al. Vav3 regulates osteoclast function and bone mass. Nat Med 2005;11(3):284-90. 76. Zou W, Reeve JL, Liu Y, Teitelbaum SL, Ross FP. DAP12 couples c-Fms activation to the osteoclast cytoskeleton by recruitment of Syk. Mol Cell 2008;31(3):422-31. 77. Sato K, Suematsu A, Nakashima T, Takemoto-Kimura S, Aoki K, Morishita Y, et al. Regulation of osteoclast differentiation and function by the CaMK-CREB pathway. Nat Med 2006;12(12):1410-6. ERRNVPHGLFRVRUJ ‑ Capítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología Sonia Vidal Rodríguez Resumen La influencia del genotipo es notable en cirugía ortopédica y traumatología. Este capítulo analiza la estructura y la variabilidad (mutaciones y polimorfismos) del material genético, los principales patrones de herencia y los trastornos genéticos más frecuentes en esta especialidad. También dedica atención a las implicaciones de la genética en la prevención, la medicina personalizada y los dilemas éticos que plantean. Int oducc ón r i La genética es, sin duda, la disciplina con mayor dinamismo del mundo científico actual. Desde que en 1898 Virchow estableciese la célula como la única unidad de reproducción,1 comienza una compulsiva búsqueda de la base material de la herencia. La entrada en el siglo xx produce una explosión de nuevos descubrimientos que ya no se detendrá y que continuará a un ritmo siempre creciente. A comienzos del siglo xxi, a través del desarrollo del Proyecto Genoma Humano,2 fue posible conocer la secuencia prácticamente completa del ADN humano. Los resultados del proyecto han permitido avanzar en el estudio y conocimiento de la estructura y regulación de nuestros genes, y cómo la variación genética puede contribuir a la enfermedad que, como sabemos, es el resultado de una combinación multifactorial entre las características genéticas de cada individuo y el ambiente al que está expuesto. En el ámbito de la traumatología y la cirugía ortopédica, el estudio de factores genéticos es relativamente joven. Sin embargo, el impacto futuro será cada vez mayor en el ámbito clínico y quirúrgico. Comienzan a nacer protocolos en materia de prevención, basados en análisis genéticos y perfiles genotípicos que pueden condicionar la aparición y evolución de diversas patologías óseas. Se hace, pues, necesario el conocimiento de los principios básicos en esta rama de la medicina. Este es el objetivo del capítulo que se muestra a continuación. Est uctu a d la nfo mac ón g nét ca r e r e i r i i En el genoma humano quedan almacenadas las claves para llevar a cabo una correcta diferenciación celular y la producción de todas las proteínas que forman los diferentes tejidos y órganos de un individuo funcional. Además, los genes contienen la información necesaria para que se manifieste un carácter fenotípico específico de cada individuo (p. ej., color de pelo). Todas las células nucleadas del cuerpo humano contienen su propia copia del genoma humano, que posee alrededor de 20.000-50.000 genes. El genoma se compone de grandes cantidades de ácido desoxirribonucleico (ADN). El ADN es una macromolécula de ácido nucleico polimérico con tres tipos de unidades: un azúcar con cinco carbonos, la desoxirribosa; una base que contiene nitrógeno, y un grupo fosfato. Las bases son de dos tipos, purinas y pirimidinas. En el ADN hay dos bases de purina, a saber, adenina (A) y guanina (G), y dos bases de pirimidina, a saber, timina (T) y citosina (C). Cada una de las cuatro bases establece enlaces con la desoxirribosa, a través del nitrógeno y con un grupo fosfato, formando los nucleótidos correspondientes (fig. 8-1). El ADN tiene una estructura de doble hélice, descrita por Watson y Crick.3 Las dos cadenas de polinucleótidos siguen direcciones opuestas y se mantienen unidas entre sí por enlaces de hidrógeno entre los pares de bases: la T de una de las cadenas se une a la A de la otra, y la G se une a la C (fig. 8-2). Los genes están codificados en el ADN, que se estructura en cromosomas localizados en el núcleo de cada célula. Los genes se alinean a lo largo de los cromosomas y cada uno ocupa un lugar preciso, denominado locus. El mapa de la localización genómica de los genes es el mapa génico, característico de cada especie y de los individuos dentro de una especie. El genoma contenido en el núcleo de las células somáticas humanas está constituido por 46 cromosomas, organizados en 23 pares. De estos 23 pares, 22 son iguales en los hombres y las mujeres. El par restante lo constituyen los cromosomas sexuales: un cromosoma X y un cromosoma Y en los hombres, y dos cromosomas X en las mujeres. Cada cromosoma contiene un conjunto diferente de genes dispuestos linealmente a lo largo de su ADN (fig. 8-3). Una vez conocida la estructura del ADN, se nos plantean dos cuestiones de enorme relevancia: ¿cómo se transmite la información de una generación celular a la siguiente?, y ¿cómo el ADN puede dirigir el funcionamiento de un ser humano? Además, los cromosomas se encuentran en el núcleo celular; sin embargo, la síntesis de proteínas que especificarán las funciones celulares tiene lugar en el citoplasma de las células. La 86 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C 87 apítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología Pirimidinas Purinas Adenina (A) Citosina (C) Guanina (G) Timina (T) Nucleótido Fosfato Fi gu a 8-1 r Desoxirribosa Base nitrogenada Cuatro bases del ADN y estructura general de un nucleótido en el ADN. respuesta constituye lo que ha venido denominándose como el dogma central de la biología molecular. El ADN es capaz de autoduplicarse antes de una división celular. El mediador químico para lograr este proceso es el ácido ribonucleico (ARN). Su estructura es muy similar a la del ADN, salvo que cada nucleótido del ARN tiene un azúcar de ribosa en lugar de G C A T A G A desoxirribosa y el uracilo (U) reemplaza a la timina (T), como base pirimidínica. Además, el ARN es una molécula de una sola cadena, al contrario que el ADN, que es una doble hélice (fig. 8-4). La duplicación del ADN se realiza a través del proceso de replicación; transmite su información a una molécula de ARN mensajero (ARNm) por el proceso de transcripción y T C T Cromosoma © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. G C A T G Segmento de ADN/gen C A A G T T Núcleo C A T gu a 8-2 AT y GC. Fi r Célula Estructura en doble hélice de ADN con los pares de bases gu a 8-3 Fi r ERRNVPHGLFRVRUJ Estructura de los cromosomas nucleares. 88 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ARN ADN Adenina Citosina Guanina 0 Uracilo HN O Timina C 0 Base -0 P O CH 2 O O C H HC H3 C C H CH CH CH C N CH H Uracilo (U) Fosfato Ribosa r Fi gu a 8-4 Doble hélice de ADN. Hélice de ARN y estructura de un nucleótido ARN. 2. Mutaciones regionales o subcromosómicas: se modifica solo una parte de un cromosoma. Pueden implicar un cambio en el número de copias de un segmento o una alteración estructural en partes de uno o más cromosomas. 3. Mutaciones de genes o del ADN: aparecen sustituciones, deleciones o inserciones de ADN que oscilan desde un solo nucleótido hasta un límite de aproximadamente 100 kb (fig. 8-7). Va ab l dad g nét ca: mutac on s y pol mo f smos Las mutaciones pueden ser inocuas o silentes, o ser causa de una enfermedad, dependiendo de la ubicación precisa y dimensiones de la mutación. e i i e i i r i i ri ­ el ARNm la transmite a una secuencia de aminoácidos de una proteína mediante el proceso denominado traducción (fig. 8-5). Además, las proteínas controlan el proceso de replicación del ADN uniéndose a una secuencia específica y, de esta manera, pueden activar o inhibir la transcripción de un gen determi nado. M El ADN asegura la constancia de los caracteres fundamentales de un ser humano. Heredamos de nuestros progenitores dos juegos de cromosomas, uno procedente de la madre y otro del padre (fig. 8-6). Dentro de una misma especie, un cromosoma en concreto es similar, aunque presenta pequeñas variaciones. Polimorfismos genéticos En todas las poblaciones humanas, se han identificado decenas de millones de diferencias en un único nucleótido y más de un millón de variantes más complejas. Estas alteraciones se con- utaciones genéticas Una mutación supone un cambio en la información contenida en el ADN. Puede ser el cambio de un solo nucleótido o alteraciones de un cromosoma entero. Se pueden clasificar en función del tipo de células afectadas: • • ADN Transcripción Germinales: afectan a los gametos (células reproductoras) y células pluripotenciales (células madre), y, por ende, se transmiten a la descendencia. Somáticas: afectan a las células somáticas y no son heredables. ARN Traducción También se pueden clasificar sobre la base de la extensión del material genético afectado, donde se distinguen tres niveles diferentes: Proteína gu a 8-5 r Fi 1. Mutaciones cromosómicas: los cromosomas se encuentran intactos, pero varía su número en el interior de una célula. Núcleo celular ERRNVPHGLFRVRUJ Dogma central de la biología molecular. Citoplasma C 89 apítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología Cromosoma procedente de padre Cromosoma procedente de madre Un par de cromosomas homólogos A A A a El locus de un gen Posición del gen en el cromosoma Un par de alelos Diferentes formas de un gen Homocigoto Dos copias iguales AA Heterocigoto Dos copias diferentes Aa Tres pares de genes gu a 8-6 Conceptos genéticos más importantes: cromosomas homólogos (dos copias, una procedente de cada progenitor); locus (posición de un gen dentro de un cromosoma), y alelos (dos formas diferentes de un gen: un individuo es homocigoto cuando las dos copias alélicas son iguales y se considera heterocigoto cuando las copias son diferentes). Fi r sideran polimorfismos genéticos si su frecuencia supera el 1% de los alelos en una población. El polimorfismo genético promueve la diversidad dentro de una población. Se desconoce el significado para la salud de una gran cantidad de polimorfismos, pero son diana actual de numerosas investigaciones. Existen diferentes clases de polimorfismos. Los más frecuentes son los polimorfismos de un único nucleótido (SNP, single nucleotide polymorphisms). El efecto de cada uno de ellos aislado o en conjunto es poco conocido como causa directa de una enfermedad, pero se relaciona mucho más con la susceptibilidad o riesgo de padecer una patología concreta. La localización cromosómica de un SNP suele tener solo dos alelos que corresponden a las dos bases distintas. La distribución es muy heterogénea en el genoma. Se han descrito más SNP en partes no codificantes del genoma. Así, de manera general, las mutaciones se consideran patológicas o anormales, mientras que los polimorfismos son variaciones normales en la secuencia de ADN entre unos individuos y otros, superan el 1% en la población y, por tanto, no se consideran patológicos. La mayoría de los polimorfismos, como hemos visto, proceden de mutaciones silentes y de recombinaciones genéticas (fig. 8-8). 1. Gen de referencia/normal/cadenas de ADN complementarias © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 2. Gen con mutación por sustitución 3. Gen con mutación por deleción 4. Gen con mutación por inserción gu a 8-7 Tipos de mutaciones en un gen de referencia (1) con sus dos cadenas de ADN complementarias. En (2) el par de bases TA ha sido sustituido por GC, en (3) el par de bases TA ha sido suprimido y en (4) el par de bases TA se conserva, pero se ha insertado un par de bases adicional GC. Fi r ERRNVPHGLFRVRUJ 90 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Alelo A Alelo a Secuencia de referencia: solo se muestra una cadena de ADN, porque la secuencia complementaria puede deducirse por la naturaleza bicatenaria del ADN A A A a A: gu a 8-8 i i ere e e nc a g nét ca e r Polimorfismo de un único nucleótido (SNP) en el ADN genómico del genoma humano de referencia mostrado en la parte superior. at on s d h r P Fi a: El patrón de herencia autosómica dominante (AD) se da cuando el alelo alterado es dominante sobre el normal y basta una sola copia para que se exprese la enfermedad. Se denomina autosómica porque el gen se encuentra en uno de los 22 pares de cromosomas no sexuales, o autosomas, pudiendo afectar así con igual probabilidad a hijos e hijas. El alelo alterado puede ser heredado tanto del padre como de la madre. Cada persona afectada tiene normalmente un progenitor afectado y un 50% de probabilidad de que cada hijo herede el alelo mutado y desarrolle la enfermedad (fig. 8-9). La herencia genética autosómica recesiva (AR) se produce cuando el alelo alterado es recesivo sobre el normal, por lo que con una única copia de este alelo no se expresa la enfermedad. El alelo alterado tiene que heredarse tanto del padre como de la madre para que aparezca la enfermedad. Cada persona afec- Herencia autosómica dominante tada tiene normalmente ambos progenitores sanos, pero portadores del alelo mutado. Los hijos de una pareja en la que ambos son portadores tienen una probabilidad del 50% de ser portadores de una copia del alelo alterado (no expresarán la enfermedad, pero podrían transmitirla a sus descendientes), el 25% de probabilidad de tener dos copias del alelo alterado y desarrollar la enfermedad AR, y el 25% de probabilidad de heredar dos copias del alelo normal y no desarrollar la enfermedad ni ser portadores. La herencia ligada al sexo se relaciona con la presencia del alelo alterado en el cromosoma X y/o en el cromosoma Y. A su vez, puede ser de carácter dominante o recesivo. Por otra parte, en el interior de las células existen unos orgánulos denominados mitocondrias, responsables del metabolismo energético celular. Las mitocondrias contienen una cantidad pequeña de material genético que se denomina ADN mitocondrial. Las alteraciones en este material genético son Herencia autosómica recesiva Madre afectada Dominante Recesivo Hh hh Padre sano Cc Madre portadora Hh Hh hh r Fi Cc Cc cc Hijo afectado Hijos sanos Hijo sano gu a 8-9 Padre portador hh CC Hijos afectados Cc Tipos de herencia. ERRNVPHGLFRVRUJ Portadores sanos 91 capítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología responsables de algunas enfermedades, a las que se cataloga como enfermedades de herencia mitocondrial. El patrón de transmisión de estas alteraciones genéticas es muy característico, ya que las mitocondrias solo se heredan de la madre. Todos los hijos e hijas de una mujer afectada heredarán las mitocondrias con la mutación y serán afectados por la enfermedad, mientras que ninguno de los hijos e hijas de un hombre afectado heredará la alteración ni desarrollará la enfermedad. Son muchas las enfermedades genéticas con manifestaciones osteoarticulares. En la tabla 8-1 se resumen las más importantes entre las enfermedades de herencia AD. En el síndrome de Charcot-Marie-Tooth (CMT) se pueden distinguir varios tipos en función de la alteración genética implicada. En CMT1, subtipo A (CMT1A), la alteración se encuentra en el gen PMP22, que codifica la proteína del mismo nombre y que forma parte de la mielina. La alteración consiste en un exceso de copias en dicho gen y, así, la función nerviosa se ve alterada. En CMT1, subtipo B (CMT1B), las mutaciones afectan al gen MPZ, que también codifica una proteína de la mielina. Así, estas alteraciones producen lesiones desmielinizantes. En el tipo 2, CMT2, las lesiones más frecuentes son de carácter axonal, por alteraciones en el gen de la mitofusina 2 (MFN2), que es una proteína fundamental para el buen funcionamiento mitocondrial.4 En el síndrome de Apert, caracterizado por la craneosinostosis, la alteración genética se encuentra en el gen FGFR2 (gen receptor 2 del factor de crecimiento de fibroblastos), que resulta fundamental para una correcta fusión ósea en el desarrollo. La acondroplasia se debe a una alteración en el gen FGFR3 que implica una alteración en el desarrollo del cartílago. El término osteopetrosis se refiere a un grupo de enfermedades genéticas caracterizadas por un incremento de la densidad ósea por fallo en el desarrollo y función de los osteoclastos. Existen múltiples tipos en función de la alteración genética implicada y el tipo de herencia. Las de tipo autosómico recesivo son las que revisten mayor gravedad y en las que la remodelación ósea se ve ampliamente comprometida.5 gEnétIca dEl tEjIdo ósEo El tejido óseo es un tejido en continuo remodelado y renovación fisiológica, imprescindible para lograr mantener las funciones normales del aparato locomotor humano. El proceso de remodelación ósea permite la renovación de un 5% del hueso cortical y un 20% del hueso trabecular al año.6 La tasa de renovación total alcanza el 10% del hueso total al año. El proceso se mantiene a lo largo de toda la vida. Sin embargo, el balance es positivo solo hasta la tercera década de la vida. La remodelación ósea corre a cargo de células muy especializadas. Los osteoblastos son células de origen mesenquimal, mientras que los osteoclastos son de estirpe hematopoyética. Se pueden distinguir tres fases. La primera es una fase de activación. El ciclo de remodelado es activado por células de estirpe osteoblástica que favorecen la expresión de los denominados factores de diferenciación osteoclástica. Los osteoblastos se diferencian a partir de células osteoprogenitoras bajo el estímulo de las denominadas proteínas morfogenéticas del hueso (BMP, bone morphogenetic protein), implicadas también en el desarrollo de cartílago y otros tipos de tejidos conjuntivos. Las BMP son factores de crecimiento que pertenecen a la familia de los factores de tabla 8-1 Enfermedades con herencia autosómica dominante y síntomas osteoarticulares © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Enfermedad Alteración genética/ de proteínas/de función Fenotipo osteoarticular Síndrome de Charcot-Marie-Tooth Neuropatía hereditaria periférica CMT1A: PMP22 CMT1B: MPZ Proteínas de mielina CMT2A: mitofusina 2 (MFN2: actividad mitocondrial) CMT-X: ligada a cromosoma X: GJB1 Debilidad en pies Dedos en martillo Pérdida de masa muscular en piernas Síndrome de Apert Acrocefalosindactilia 1 Alteraciones en la fusión ósea FGFR2: receptor 2 del factor de crecimiento de fibroblastos Alteraciones craneofaciales Sindactilias Acondroplasia FGFR3: receptor 3 del factor de crecimiento de fibroblastos. Alteración en el desarrollo y división celular Diversas mutaciones/isoformas Talla baja, hiperlordosis Manos en tridente Acortamiento rizomélico de miembros ERRNVPHGLFRVRUJ 92 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología crecimiento transformantes TGF-b. Las BMP son las proteínas más potentes inductoras de regeneración ósea. Se ha comprobado que las BMP-2 y BMP-7 son factores de crecimiento que inducen la diferenciación de células progenitoras a osteoblastos. La BMP-4 tiene una acción osteoinductiva importante y participa activamente en el metabolismo del cartílago. La BMP-3 y la BMP-5 presentan una acción significativamente retardada. Las mutaciones en las BMP y sus inhibidores están asociadas con numerosos trastornos que afectan al esqueleto humano. Clínicamente, un aumento en la expresión de BMP-4 está asociado a la fibrodisplasia osificante progresiva7 y otras mutaciones en esta proteína producen anomalías cerebrales y malformaciones óseas en las extremidades, por su función en el desarrollo embrionario. Otros muchos factores inducen la diferenciación de células mesenquimales en células osteoblásticas como la parathormona (PTH), la vitamina D, la osteocalcina, las interleucinas —en especial la IL-1—, el factor de crecimiento fibroblástico (FGF) y el factor de crecimiento vascular endotelial (VEGF). La interconexión entre osteoblastos y osteoclastos es un proceso complejo, en el que es importante conocer dos sistemas/vías, cuyas alteraciones genéticas inducen la aparición de procesos patológicos en el aparato locomotor. con otras proteínas conocidas como TRAF, también de la familia de TNF. Se han descrito alteraciones en el gen TRAF6 relacionadas con el desarrollo de osteopetrosis8 por el déficit de osteoclastos. Se conocen tres formas de RANKL, codificadas por un solo gen. La isoforma 1 codifica la secuencia que permite su anclaje a la membrana celular. La PTH y algunas interleucinas como IL-6 incrementan la expresión de RANKL. La osteoprotegerina (OPG) es una glucoproteína producida también por las células osteoblásticas, que estimula la apoptosis de los osteoclastos y bloquea su formación y activación. La OPG es capaz de unirse a RANKL, neutralizando sus efectos e inhibiendo, así, la resorción ósea. Se han descrito mutaciones en OPG, asociadas a la enfermedad de Paget juvenil,9 osteolisis familiar expansiva10 y osteosarcoma.11 El bloqueo en la expresión de OPG se relaciona con la aparición de osteoporosis.12 En los últimos años, se ha diseñado un anticuerpo que inhibe RANKL, denosumab, que se ha introducido como tratamiento para la osteoporosis. Se administra cada 6 meses y ha demostrado un incremento en la densidad mineral ósea y reducción en el riesgo de fracturas13 (fig. 8-10). istema/vía R El proceso de activación osteoblástica a partir de células mesenquimales requiere del correcto funcionamiento de dos vías de señalización molecular, íntimamente ligadas entre sí: la vía Wnt (wingless) y la vía de las BMP (fig. 8-11). Las proteínas Wnt está implicadas en el desarrollo embrionario y en muchos procesos tumorales. En Wnt se requiere la interacción entre la proteína relacionada con el receptor de lipoproteínas de baja densidad 5 (LRP5) y los receptores frizzled. La b-catenina, mediadora en Wnt, puede ser estimulada por BMP2 para la diferenciación osteoblástica y la formación ósea encondral. Mutaciones en LRP5 producen un tipo ­ ­ El ligando del receptor activador de NF-kB (RANKL) es una proteína transmembrana que pertenece a la familia de TNF. Es producida por osteoblastos, pero también por células del sistema inmunitario y células de estirpe endotelial. Su receptor se denomina RANK, que se encuentra en la superficie de las células precursoras de osteoclastos. Cuando el RANKL, producido por los osteoblastos, se une a su receptor RANK, se induce la expresión de genes que promueven la diferenciación y activación de osteoclastos. Tras el contacto, RANK interacciona ­ K- OPG AN K -R L AN S BMP Vía Wnt/ Precursor osteoclasto – Estirpe hematopoyética Osteoclasto maduro Diferenciación RANK M-CSF OPG Glucocorticoides Vitamina D RANKL RANKL PGE2 IL-11 IL-6 IL-1 PTH TNF-α gu a 8-10 r Fi Osteoblasto – Estirpe mesenquimal/estroma Vía RANKL/RANK/OPG en la diferenciación de osteoclastos. ERRNVPHGLFRVRUJ C 93 apítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología Precursor de osteoclastos Célula precursora hematopoyética Osteoclasto maduro Dkk-1: Actividad osteolítica Wnt Esclerostina (gen SOST) DKK-1 MSC Fz LRP5 Célula mesenquimal Osteoblasto maduro Precursor de osteoblastos TNF-α © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Fi gu a 8-11 r Vía y regulación de sistema Wnt en el remodelado óseo. muy infrecuente de osteoporosis, conocido como síndrome de pseudoglioma-osteoporosis. Se trata de una enfermedad AR que cursa con ceguera, fracturas y deformidades de las extremidades.14 Otra mutación en el gen LRP5 es responsable del síndrome de alta densidad ósea, con herencia AD.15 La esclerostina es una proteína codificada por el gen SOST que interfiere en la señalización BMP y Wnt. Las mutaciones en el gen que la codifica producen la enfermedad de Van Buchem16 y la esclerostosis, por aumento de la masa ósea.17 Se han publicado estudios en los que diversos polimorfismos en los genes Wnt10b, LRP5, LRP6 y SOST pueden influir en la masa ósea y predisponer al desarrollo de osteoporosis.18 Las alteraciones genéticas en Wnt que producen inhibición de la actividad osteoblástica se han relacionado con las lesiones óseas del mieloma múltiples.19 Las alteraciones que conducen a un aumento en la expresión de Dkk-1 que bloquea los ligandos de Wnt inhiben la actividad osteoblástica, favoreciendo la aparición de lesiones osteolíticas por aumento de la actividad osteoclástica. A la fase de activación le sigue una etapa o fase de resorción iniciada por los osteoclastos ya diferenciados. Los osteoclastos producen diversas enzimas proteolíticas que van excavando lagunas en el hueso trabecular y conos resortivos en el hueso compacto. La resorción ósea libera factores de crecimiento (TGF-b, BMP, factor de crecimiento [GF]) que actúan como estímulo para que posteriormente los osteoblastos sinteticen y depositen matriz ósea. La producción de OPG por parte de los osteoblastos, como vimos anteriormente, limita la actividad resortiva del osteoclasto y, una vez cumplida su función, el osteoclasto entra en apoptosis. Sobre la superficie resorbida se deposita una placa de glicoproteínas que se denomina línea de cementación y que servirá de soporte para el asiento de los osteoblastos. Es un período de aparente inactividad celular que suele durar entre 1 y 2 semanas. En la fase de formación los osteoblastos van ocupando las zonas excavadas por los osteoclastos y sintetizan colágeno de tipo I y proteínas que conforman el osteoide que después adquiere estado de mineralización. El proceso suele durar de 1 a 3 meses. Los principales factores estimulantes en la formación de hueso se muestran en la figura 8-12 y cualquier alteración en los genes que los codifican puede producir defectos óseos importantes. rtrosis y mecanismos genéticos A Hoy en día, se sabe que la artrosis tiene un componente hereditario importante. Se ha comprobado que las personas con artrosis severa de rodilla en familiares directos que portan una prótesis precisarán una prótesis en dicha articulación de dos a cinco veces más frecuentemente que la población general.20,21 El conocimiento de los factores genéticos que puedan estar implicados en la aparición y desarrollo de la artrosis permitiría identificar a aquellos individuos de mayor riesgo en fases iniciales e iniciar el estudio de nuevas terapias que permitan disminuir el ritmo de degeneración articular. Desde hace tiempo, se sabe que están implicados genes de la vía Wnt.22 La evidencia científica pone de manifiesto que, tras estudios en gemelos, el carácter hereditario se encuentra en el 75% de los casos de espondiloartrosis, el 60% de coxartrosis, el 40% de gonartrosis y el 65% de rizartrosis.23 Desde hace ya una década, se vienen realizando estudios de asociación de genoma completo (GWAS, genome-wide association study) para asociar variaciones genéticas específicas con el desarrollo de la artrosis. El mayor problema en todos ellos es la variabilidad en la clasificación de la artrosis primaria y la heterogeneidad en relación con edad, sexo y raza. Muchas alteraciones genéticas se han descrito, por ejemplo, en poblaciones asiáticas y no han podido reproducirse en otras poblaciones.24 GDF5 fue el primer gen asociado al desarrollo de artrosis. En una población asiática, se descubrió la asociación de un polimorfismo de un único nucleótido (rs143383, C/T) con la ERRNVPHGLFRVRUJ 94 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Célula de estirpe hematopoyética Célula mononuclear Progenitor de osteoblastos Célula mesenquimal Preosteoclasto Preosteoblastos Línea de cementación Osteoclasto Osteoblastos Matriz osteoide Hueso nuevo Hueso viejo Osteocitos Principales factores estimulantes en la formación de hueso gu a 8-12 Principales factores estimulantes en la formación de hueso. r Fi BMP-2 (proteína morfogenética ósea 2) BMP-4 (proteína morfogenética ósea 4) BMP-6 (proteína morfogenética ósea 6) BMP-7 (proteína morfogenética ósea 7) IGF-I (factor análogo a la insulina I) IGF-II (factor análogo a la insulina II) TGF-β (factor transformante del crecimiento β) FGF (factor de crecimiento fibrioblástico) PDGF (factor de crecimiento derivado de las plaquetas) VEGF (factor de crecimiento vascular endotelial) T artrosis de cadera y rodilla. Estudios posteriores lo han confirmado en algunas poblaciones europeas.25 La proteína GDF5 es un miembro de la familia de las BMP y participa en la condrogénesis y en los procesos de reparación del hueso y del cartílago. En la tabla 8-2, se muestran los genes más estudiados en su relación con la artrosis, el defecto genético y la función fisiológica. La producción científica es amplia y rápida, y día a día se van sumando variantes genéticas relacionadas con la degeneración articular. abla 8-2 Principales genes estudiados en la artrosis Gen(es) SNP/mutación Función/proteína Enfermedad Col2A1, Col11A1, Col11A2 Mutación. Posición 519, cadena a1 (11); codón cisteína Síntesis de colágeno Osteoartrosis familiar Condrodisplasia DIO2 SNP (rs225014 y rs12885300) Regulador hormonal Tiroidea. Yodotironina desyodinasa Artrosis de grandes articulaciones FRZB Frizzle SNP (rs288326 y rs7775) Antagonista Wnt Coxartrosis ADAM 12 SNP (rs3740199, rs1278279, rs1044122, rs1871054) Enzima de degradación de cartílago. Metalopeptidasa Artrosis ANP32A SNP (rs7164503) Apoptosis/señal Wnt Artrosis VDR1 SNP (alelo aa) Receptor de vitamina D Rizartrosis COMP Mutación c.2152 C>T mutación en exón 18 Matriz extracelular Trombospondina 5 Artrosis juvenil familiar ALDH1A2 SNP (rs3204689) Retinaldehído deshidrogenasa 2. Desarrollo de cartílago/hueso Rizartrosis ITPR2 SNP (rs10842750) Degradación de matriz cartilaginosa Enfermedad de Kashin-Beck ERRNVPHGLFRVRUJ C 95 apítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología nét ca d l t j do con ct o Haplotipo Ge Haplotipos Padre Fi gu a 8-13 r Madre Hijo o hija Esquema de haplotipo. También se ha estudiado el posible papel del ADN mitocondrial en la artrosis, especialmente en haplogrupos.26 Un haplotipo es un tipo de secuencia que comprende todas las secuencias idénticas. Estas secuencias están compuestas por combinaciones alélicas. Es decir, un conjunto de alelos, genes o polimorfismos que se heredan en bloque. Un haplogrupo es un grupo de haplotipos que comparten un ancestro común. Es decir, estos haplotipos forman un conjunto que se repite en una población y que define el haplogrupo. El estudio de estas variantes en el ADN mitocondrial permite el estudio de las relaciones filogenéticas en la evolución de la humanidad (fig. 8-13). Estos haplotipos se remontan hasta los orígenes de la especie humana en África, en su línea matrilineal, dado que el ADN mitocondrial se hereda solo de la madre. Desde allí, se inicia la dispersión por toda la superficie del planeta. Con letras de la A a la Z se denominan los diversos linajes, según el orden de su descubrimiento. Los haplogrupos J (m.4216T>C, m.10398A>G) y JT (m. 4216T>C) se han asociado a un menor riesgo de artrosis de rodilla, y los haplogrupos relacionados J y J1c (m.14798T>C), con menor riesgo de artrosis de cadera en población española.27 La mayor parte de los estudios de investigación demuestran que el grado de expresión de diferentes genes entre un paciente con artrosis y una persona sana es completamente diferente. Aún faltan por conocer los mecanismos intrínsecos de estas diferencias, pero su estudio permitirá consideraciones futuras de diagnóstico y tratamiento. La susceptibilidad genética se podrá considerar como un factor de riesgo más para el desarrollo de la degeneración ósea y articular. i e e i e iv El tejido conectivo constituye la estructura fisiológica que aporta resistencia a los tejidos y está compuesto por diversas proteínas que incluyen colágenos, proteoglicanos y glicoproteínas. Se trata de un tejido de características dinámicas y metabólicas que representa una reserva nutritiva importante debido a su contenido en mucopolisacáridos. Además, casi un tercio de las proteínas totales del organismo se encuentran en los espacios intercelulares del tejido conectivo. Así, su regulación genética requiere de enorme precisión. El colágeno es una proteína insoluble y fibrosa compuesta por tres cadenas polipeptídicas que forman una triple hélice. Es el paradigma de las proteínas estructurales y es un componente fundamental de la matriz extracelular. El tipo de colágeno presente en una matriz extracelular condiciona sus propiedades físicas y biomecánicas. En la tabla 8-3 se muestran los distintos tipos de colágenos y distribución tisular. Los análisis genéticos han demostrado que los genes que codifican las cadenas de colágeno se encuentran dispersos en el genoma y la expresión de un determinado tipo de colágeno se encuentra sometida a un riguroso control.28 Su síntesis anormal, las alteraciones en su estructura y en la interacción con otros componentes de la matriz extracelular producen numerosas disfunciones orgánicas. La matriz extracelular tiene tres componentes fundamentales, donde pueden aparecer lesiones determinadas genéticamente: fibras estructurales, matriz hidratada y proteínas adhesivas. ibras estructurales F Entre ellas están los colágenos y la elastina. A la síntesis de cada colágeno, contribuyen diversos genes. En la tabla 8-4, se muestran aquellas alteraciones en el colágeno con repercusión en el sistema osteoarticular. La osteogénesis imperfecta engloba un grupo heterogéneo de desórdenes caracterizados por fragilidad ósea que provoca fracturas ante mínimos traumatismos o ausentes.29 Existen muchos tipos en función del tipo de alteración genética y el tipo de herencia. La alteración afecta a los genes COL1A1 y COL1A2, que codifican para las cadenas pro-a1 y pro-a2 del procolágeno de tipo 1. La osteogénesis imperfecta fue una de las abla 8-3 Tipos de colágenos y distribución tisular © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. T Colágenos Tipo(s) Distribución tisular Fibrilares I Piel, hueso, tendón, cápsulas de órganos, arterias II Cartílago, humor vítreo III Piel, vasos, útero V Piel, vasos, placenta XI Cartílago Asociados a fibras IX, XII, XIV, XVI, XIX, XX Cartílago, discos intervertebrales, tendones y ligamentos Redes y estructuras microfibrilares IV, VI, VII, VIII, X Cartílago, estroma, fibrillas de anclaje, cartílago en la placa de crecimiento ERRNVPHGLFRVRUJ 96 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología RANKL abla 8-4 Enfermedades genéticas del colágeno T Gen(es) afectado(s) I COL1A1, COL1A2 RANK Osteoclasto Enfermedad Osteogénesis imperfecta, síndrome de Ehlers-Danlos, enfermedad de Caffey, hiperostosis cortical infantil COL2A1 Acondrogénesis III COL3A1 Síndrome de Ehlers-Danlos IV COL4A1, COL4A2, COL4A3, COL4A4, COL4A5, COL4A6 Síndrome de Alport, síndrome de Goodpasture V COL5A1, COL5A2, COL5A3 Síndrome de Ehlers-Danlos (clásico) VI COL6A1, COL6A2, COL6A3 Miopatía de Ulrich, miopatía de Bethlem IX COL9A1, COL9A2, COL9A3 EDM2 y EDM3 X COL10A1 Displasia metafisaria de Schmid XI COL11A1, COL11A2 Fibrocondrogénesis GEN COL1A1 G-T TG TT GG Resorción ósea Recambio óseo Fi II Hueso gu a 8-14 r Tipo de colágeno Denosumab Osteoblasto Mecanismo de acción del denosumab. primeras patologías genéticas del aparato locomotor en cuyo tratamiento comenzaron a utilizarse los anticuerpos monoclonales; en concreto, un anticuerpo monoclonal que se une a RANKL, impidiendo la activación de su receptor RANK, presente en la superficie de los osteoclastos. Como antes hemos comentado, esta unión inhibe la formación, función y supervivencia del osteoclasto, lo que lleva a una disminución de la resorción ósea en el hueso cortical y trabecular (fig. 8-14). Las alteraciones en los genes que codifican los colágenos se han estudiado ampliamente en relación con la predisposición a lesiones en tendones y ligamentos. Los estudios se centran, sobre todo, en el análisis de polimorfismos en distintas poblaciones. Los genes más estudiados son Col1A1, Col5A1 y GDF5, relacionados con lesiones en el tendón de Aquiles, en el ligamento cruzado anterior (LCA) de la rodilla y en tendones del manguito rotador del hombro durante la práctica deportiva. En la figura 8-15, se muestran estas alteraciones. En Col1A1, el polimorfismo consiste en el cambio de una guanina por una timina.30 Las mujeres y hombres homocigotos para el alelo T (TT) tienen un 85% menos de probabilidad de sufrir lesiones en el LCA de la rodilla y el tendón de CC GEN GDF5 C-T TC TT GEN COL5A1 C-T TC TT CC LCA Mujeres 85% < 60% < > 2 Hombres 85% < 60% < Mujeres 85% < >2 Hombres 85% < >2 60% < 60% < gu a 8-15 Alteraciones genéticas más frecuentes en lesiones tendinosas y ligamentosas. LCA, ligamento cruzado anterior. r Fi Tendón de Aquiles ERRNVPHGLFRVRUJ >2 C 97 apítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología Aquiles, en comparación con el resto de genotipos para el mismo gen. En GDF5, el cambio es de una citosina por una timina.31 Las mujeres y hombres homocigotos, TT, tienen dos veces más posibilidades de lesión en el tendón de Aquiles. En el gen Col5A1, el cambio es de una citosina por una timina.32 En este gen, se ha demostrado que los homocigotos para el alelo C (CC) tienen un 65% menos de probabilidad de, durante la práctica deportiva, sufrir lesiones en LCA y en tendón de Aquiles. Por otra parte, las mujeres TC y TT tienen el doble de probabilidad de lesiones en LCA de la rodilla. En el caso de lesiones en el manguito de los tendones rotadores del hombro, se ha demostrado que el alelo T en GDF5 es un factor de riesgo para la lesión. El síndrome de Ehlers-Danlos clásico se produce por una mutación identificable de herencia AD en Col5A1 o Col5A2, que codifican el colágeno de tipo V.33 Se caracteriza por hiperextensibilidad de la piel, propensa a hematomas y heridas con lenta cicatrización. Existe una hiperlaxitud articular extrema que favorece la aparición de esguinces, luxaciones que se acompañan de fatiga muscular y dolor. atriz hidratada M Destacan fluidos extracelulares y proteoglicanos. Existen diferentes tipos de proteoglicanos. El ácido hialurónico predomina en los líquidos articulares, los condroitín sulfatos en cartílago, tendones y hueso, donde coexisten con queratán sulfatos. Sus alteraciones genéticas son responsables de enfermedades sistémicas graves, donde la alteración en el crecimiento óseo y las deformidades suelen ser un elemento común. Podemos citar el síndrome de Hunter, el de Morquio o el de Sanfilippo.34 En los últimos años, se han descrito polimorfismos en genes implicados en la función de proteínas sulfatadas y su relación con lesiones discales de columna, sobre todo con hernias discales. Es el caso del gen CHST3.35 roteínas adhesivas P por un solo gen (ELN), alteraciones en este gen se asocian a lesiones como la estenosis supravalvular aórtica por afectación de las paredes vasculares o el síndrome de Williams, una enfermedad rara en la que se produce un defecto en el desarrollo, alteraciones en la columna vertebral y bajo tono muscular. 36 A las microfibrillas se asocian otras proteínas como factores de crecimiento (TGF-b, MAGP y fibulinas). Las fibrilinas forman parte de las fibrillas más grandes en todos los tejidos. La familia de las fibrilinas está compuesta por dos tipos: 1. La fibrilina 1 es codificada por el gen FNB-1. Las mutaciones (existen casi 600 mutaciones) en este gen son causa directa del síndrome de Marfan.37 Se trata de una enfermedad con herencia AD, aunque existen tipos con herencia ligada al cromosoma X. Los principales síntomas en el aparato locomotor incluyen malformaciones en el pecho (pectus carinatum/excavatum), estatura alta, escoliosis y movilidad aumentada de las articulaciones. En la figura 8-17 se muestra el mecanismo genético y celular de estas alteraciones, y sirve de ejemplo de las alteraciones genéticas relacionadas con la producción de proteínas de adhesión de la matriz extracelular. 2. La fibrilina 2 forma parte también de las fibras elásticas. Los defectos genéticos se asocian a patologías como la aracnodactilia congénita.38 nét ca d l t j do muscula squ lét co Ge i e e © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. e i r El músculo esquelético es una estructura tisular altamente especializada. La estructura general del músculo esquelético queda reflejada en la figura 8-18. Las proteínas primarias de las fibrillas del músculo esquelético son la miosina y la actina, así como la tropomiosina y la troponina asociadas a la actina. Otras proteínas musculares Las principales proteínas adhesivas de la matriz extracelular son las fibronectinas, lamininas y elastina. Durante el desarrollo, se produce la síntesis de las fibras elásticas y la expresión de elastina va disminuyendo rápidamente con la edad, salvo en patologías vinculadas a su sobreexpresión. La fibra elástica está formada por un núcleo central de elastina insoluble y amorfa, rodeado de una red de microfibrillas, ricas en fibrilina (fig. 8-16). A diferencia del colágeno, la elastina es sintetizada Núcleo de elastina Contracción e i Célula normal en el gen FBN1 Célula con mutación en el gen FBN1 Fibrilina 1 normal Fibrilina 1 defectuosa Microfibrillas + Fibras elásticas normales Microfibrillas + Fibras elásticas anormales Relajación TGF-β Crecimiento celular Microfibrillas Moléculas de elastina Fi gu a 8-16 r Enlaces Estructura de las fibras elásticas. gu a 8-17 Fi r ERRNVPHGLFRVRUJ Mecanismo genético y celular del síndrome de Marfan. 98 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología A plicación de genética en traumatología, asistencia sanitaria personalizada e implicaciones éticas y sociales Endomisio (recubre cada fibra muscular) Perimisio (delimita el fascículo de fibras musculares) Epimisio (recubre el conjunto del músculo) Vaso sanguíneo Tendón gu a 8-18 Estructura del músculo esquelético. r Fi Hueso como la a-actina, la miomesina o la neblina son esenciales para mantener la unión y alineación de los miofilamentos. Una de las más importantes es la distrofina del sarcolema que forma el citoesqueleto de actina a la matriz extracelular. Cualquier alteración en algunos de los genes que codifican todas estas proteínas tendrá repercusiones en el sistema de contracción muscular. La distrofina es una proteína de forma bastoniforme, de gran tamaño, ubicada justo por debajo de la membrana plasmática de la célula muscular. Permite el anclaje de las proteínas musculares citoplasmáticas a la membrana celular. Participa en la unión elástica entre las fibras de actina del citoesqueleto y la matriz extracelular, permitiendo disipar la fuerza contráctil durante la contracción/relajación muscular (fig. 8-19). Las alteraciones genéticas en la distrofina conducen a una fragilidad en la membrana celular con tendencia al daño mecánico del sarcolema, así como a la desestabilización del complejo de glicoproteínas asociada y a la necrosis de las miofibrillas.39 Así, se desarrollan las denominadas distrofinopatías (fig. 8-20) con afectación importante en el sistema osteomuscular. Tanto la distrofia muscular de Duchenne como la de Becker tienen una herencia recesiva ligada al cromosoma X, con localización Xp21 (v. fig. 8-20). La mayor parte de las alteraciones en el gen de la distrofina son deleciones, un 5-10% de duplicaciones y casi un 35% de mutaciones. Independientemente del tipo de mutación, para que se produzca la enfermedad la alteración genética debe romper el marco de lectura normal del ARNm que sintetiza la proteína, de manera que la síntesis se interrumpe y se degrada lo que ya ha sido sintetizado. Si la alteración genética no rompe el marco de lectura, se producirá proteína en menor cantidad o parcialmente funcional, que origina la distrofinopatía de Becker, de fenotipo algo más leve.40 Los métodos genómicos modernos están ampliando nuestras capacidades de evaluación del riesgo y de asesoramiento genético para pacientes y familias que se enfrentan a la posibilidad de padecer enfermedades hereditarias. En el ámbito de la traumatología estas aplicaciones aún se encuentran en su inicio, pero existen algunas patologías, en globadas dentro del grupo de enfermedades raras, en las que es posible establecer un diagnóstico prenatal. En el caso de la distrofia muscular, es posible la detección de portadores, así como la realización de diagnóstico prenatal en familias con antecedentes de Duchenne. En casi el 70% de las familias, la mutación se debe a una deleción o una duplicación. Estas alteraciones se pueden determinar mediante el estudio del ADN fetal mediante un procedimiento denominado amplificación múltiple de sondas dependiente de ligamiento (MLPA, multiplex ligation-dependent probe amplification). La enfermedad tiene una frecuencia muy alta de mutaciones nuevas y al tener una herencia recesiva, ligada al cromosoma X, la mayor parte de los niños varones con enfermedad nacen en el seno de familias sin antecedentes de enfermedad. En relación con la osteogénesis imperfecta, se han detectado más de 2.000 mutaciones diferentes que afectan a la síntesis o estructura del colágeno de tipo I. El diagnóstico prenatal es posible en los casos de herencia de tipo dominante (cuando uno de los progenitores es afectado) o cuando ya existe un hermano con la enfermedad (en los casos de herencia recesiva). Para el diagnóstico prenatal, el ADN genómico se obtiene de células coriónicas o amniocitos a partir del feto gestante. El control en todas estas pruebas debe ser exhaustivo para evitar la contaminación por células maternas que puede alterar los resultados finales. ­ Unión muscular Colágeno en la lámina basal Distrofina-complejo proteico Laminina a-DG α-SG β-SG γ-SG δ-SG β-DG Sarcolema Xp22.32 Xp22.2 Xp22.12 Xp21.3 Xp21.1 Gen Distrofina Xp11.3 Xp11.22 Xq12 Xq13.2 Xq21.1 Xq21.31 Xq21.33 Xq22.2 Xq23 Citoplasma celular Actina Xq25 Xq26.2 Xq27.1 Xq27.3 gu a 8-19 r Fibra muscular (célula) Fi Nervio intramuscular ERRNVPHGLFRVRUJ Mecanismo celular y genético de la distrofina. C 99 apítulo 8 Bases de genética en cirugía ortopédica y traumatología Gen Pseudohipertrofia gemelar Xp21 Gen Xp21 p p q q X Y X Varón afectado X Mujer portadora Signos de Gowers gu a 8-20 Afectación genética en gen de la distrofina, ligada a cromosoma X. Fenotipo clásico en distrofinopatías: pseudohipertrofia gemelar y falta de tono muscular en muslos/caderas. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Fi r Así, en traumatología, hasta el momento solo es posible el análisis de las patologías que han demostrado una clara herencia dominante y donde el antecedente familiar es un hecho. El mejor conocimiento molecular y genético de las enfermedades traumatológicas permitiría en un futuro establecer el cribado genético en grupos de población, con independencia de sus antecedentes familiares. En epidemiología genética, los estudios se desarrollan en tres grandes grupos: estudios de casos y controles, entre personas enfermas y las que no padecen la enfermedad; estudios transversales con una muestra aleatoria de la población, en la que se determinan y comparan genotipos y exposiciones ambientales, y estudios de cohortes, en los que la población se observa durante un cierto tiempo para objetivar quiénes desarrollan o no la enfermedad. Los principales aspectos éticos en genética médica recaen en la privacidad de la información obtenida y el uso apropiado de la misma. No debe existir ningún tipo de discriminación laboral ni en seguros de vida o sanitarios. La traumatología está dando sus primeros pasos en la investigación genética con el reto de que los resultados puedan ser aplicados clínica y quirúrgicamente. La producción científica es enorme y abre la posibilidad a estudios y proyectos jóvenes y ambiciosos, donde mejorar el bienestar de nuestros pacientes sea el gran final. bl og afía Bi i r 1. Virchow R. The Huxley Lecture on Recent Advances in Science and their Bearing on Medicine and Surgery: Delivered at the opening of the Charing Cross Hospital Medical School on October 3rd. Br Med J 1898;2(1971):1021-8. 2. Naidoo N, Pawitan Y, Soong R, Cooper DN, Ku CS. Human genetics and genomics a decade after the release of the draft sequence of the human genome. Hum Genomics 2011;5(6):577-622. 3. Watson JD, Crick FHD. Molecular Structure of Nucleic Acids: A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid. Nature 1953;171(4356): 737-8. 4. Sanmaneechai O, Feely S, Scherer SS, Herrmann DN, Burns J, Muntoni F, et al.; Inherited Neuropathies Consortium - Rare Disease Clinical Research Consortium (INC-RDCRC). Genotype-phenotype characteristics and baseline natural history of heritable neuropathies caused by mutations in the MPZ gene. Brain 2015;138(11):3180-92. 5. Stark Z, Savarirayan R. Osteopetrosis. Orphanet J Rare Dis 2009;4:5. 6. Feng X, McDonald JM. Disorders of Bone Remodeling. Annu Rev Pathol 2011;6:121-45. 7. Shore EM, Kaplan FS. Insights from a Rare Genetic Disorder of Extra-Skeletal Bone Formation, Fibrodysplasia Ossificans Progressiva (FOP): Bone 2008;43(3):427-33. 8. Lomaga MA1, Yeh WC, Sarosi I, Duncan GS, Furlonger C, Ho A, et al. TRAF6 deficiency results in osteopetrosis and defective interleukin-1, CD40, and LPS signaling. Genes Dev 1999;13(8):1015-24. 9. Roodman GD,Windle JJ. Paget disease of bone. J Clin Invest 2005;115(2): 200-8. 10. Higgs JT, Jarboe JS, Lee JH, Lee CM. Variants of Osteoprotegerin Lacking TRAIL Binding for Therapeutic Bone Remodeling in Osteolytic Malignancies. Mol Cancer Res 2015;13(5):819-27. 11. Delgado-Calle J, Sañudo C, Fernández AF, García-Renedo R, Fraga MF, Riancho JA. Role of DNA methylation in the regulation of the RANKL-OPG system in human bone. Epigenetics 2012;7(1):83-91. 12. Liu YJ, Shen H, Xiao P, Xiong DH, Li LH, Recker RR, et al. Molecular Genetic Studies of Gene Identification for Osteoporosis: A 2004 Update J Bone Miner Res 2006;21(10):1511-35. 13. Lewiecki EM. Denosumab in Postmenopausal Osteoporosis: What the Clinician Needs to Know.Ther Adv Musculoskelet Dis 2009;1(1):13-26. 14. Gong Y, Vikkula M, Boon L, Liu J, Beighton P, Ramesar R, et al. Osteoporosis-pseudoglioma syndrome, a disorder affecting skeletal strength and vision, is assigned to chromosome region 11q12-13. Am J Hum Genet 1996;59(1):146-51. 15. Mao W, Wordinger RJ, Clark AF. Functional analysis of disease-associated polymorphism LRP5.Q89R. Mol Vis 2011;17:894-902. 16. Brunkow ME, Gardner JC, Van Ness J, Paeper BW. Bone Dysplasia Sclerosteosis Results from Loss of the SOST Gene Product, a Novel Cystine Knot-Containing Protein. Am J Hum Genet 2001;68(3): 577-89. ERRNVPHGLFRVRUJ 100 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología 17. Weivoda MM, Oursler MJ. Developments in sclerostin biology: regulation of gene expression, mechanisms of action, and physiological functions. Curr Osteoporos Rep 2014;12(1):107-14. 18. Manolagas SC. From Estrogen-Centric to Aging and Oxidative Stress: A Revised Perspective of the Pathogenesis of Osteoporosis Endocr Rev 2010;31(3):266-300. 19. Yang J, He J, Wang J, Cao Y, Ling J. Constitutive activation of p38 MAPK in tumor cells contributes to osteolytic bone lesions in multiple myeloma. Leukemia 2012;26(9):2114-23. 20. Valdes AM, Spector TD. The contribution of genes to osteoarthritis. Rheum Dis Clin North Am 2008;34:581-603. 21. Chitnavis J, Sinsheimer JS, Clipsham K, Loughlin J, Sykes B, Burge PD, et al. Genetic influences in end-stage osteoarthritis. Sibling risks of hip and knee replacement for idiopathic osteoarthritis. J Bone Joint Surg Br 1997;79:660-4. 22. Tornero-Esteban P, Peralta-Sastre A, Herranz E. Altered Expression of Wnt Signaling Pathway Components in Osteogenesis of Mesenchymal Stem Cells in Osteoarthritis Patients. PLoS One 2015;10(9): e0137170. 23. Spector TD, MacGregor AJ. Risk factors for osteoarthritis: genetics. Osteoarthr Cartil 2004;12(SupplA):S39-44. 24. Shi D, Nakamura T, Nakajima M, Dai J. Association of single-nucleotide polymorphisms in RHOB and TXNDC3 with knee osteoarthritis susceptibility: two case-control studies in East Asian populations and a meta-analysis Arthritis Res Ther 2008;10(3):R54. 25. Liu J, Cai W, Zhang H, He C, Deng L. Rs143383 in the Growth Differentiation Factor 5 (GDF5) Gene Significantly Associated with Osteoarthritis (OA)-A Comprehensive Meta-analysis Int J Med Sci 2013;10(3):312-9. 26. Abramson SB. Nitric oxide in inflammation and pain associated with osteoarthritis. Arthritis Res Ther 2008;10(Suppl 2):S2. 27. Rego-Pérez I, Fernández-Moreno M, Fernández-López C, Arenas J, Blanco FJ. Mitochondrial DNA haplogroups: Role in the prevalence and severity of knee osteoarthritis. Arthritis Rheum 2008;58:2387-96. 28. Lee TH, McKleroy W, Khalifeh-Soltani A, Sakuma S, Lazarev S. Functional genomic screen identifies novel mediators of collagen uptake. Mol Biol Cell 2014;25(5):583-93. 29. Byers PH, Krakow D, Nunes ME, Pepin M. Genetic evaluation of suspected osteogenesis imperfecta (OI). Version 1. Genet Med 2006;8(6):383-8. 30. Posthumus M, September AV, Keegan M, O’Cuinneagain D, Van der Merwe W, Schwellnus MP, Collins M. Genetic risk factors for anterior cruciate ligament ruptures: COL1A1 gene variant. Br J Sports Med 2009;43:352-6. 31. Raleigh SM, Posthumus M, O’Cuinneagain D, van der Merwe W, Collins M. The GDF5 gene and anterior cruciate ligament rupture. Int J Sports Med 2013;34(4):364-7. 32. Brown KL, Seale KB, El Khoury LY, Posthumus M, Ribbans WJ, Raleigh SM, et al. Polymorphisms within the COL5A1 gene and regulators of the extracellular matrix modify the risk of Achilles tendon pathology in a British case-control study. J Sports Sci 2016;19:1-9. 33. Sun M, Connizzo BK, Adams SM, Freedman BR, Wenstrup RJ. Targeted deletion of collagen V in tendons and ligaments results in a classic Ehlers-Danlos syndrome joint phenotype. Am J Pathol 2015;185(5): 1436-47. 34. Fedele AO. Sanfilippo syndrome: causes, consequences, and treatments. Appl Clin Genet 2015;8:269-81. 35. Song YQ, Karasugi T, Cheung KM, Chiba K, Ho DW, Miyake A, et al. Lumbar disc degeneration is linked to a carbohydrate sulfotransferase 3 variant. J Clin Invest 2013;123(11):4909-17. 36. Guenat D, Merla G, Deconinck E, Borg C, Rohrlich PS. DNA damage response defect in Williams-Beuren syndrome. Int J Mol Med 2017 Jan 17. 37. Mehar V, Yadav D, Kumar R, Yadav S, Singh K, Callewaert B. Congenital contractural arachnodactyly due to a novel splice site mutation in the FBN2 gene. J Pediatr Genet 2014;3(3):163-6. 38. Quattrocelli M, Spencer MJ, McNally EM. Outside in: The matrix as a modifier of muscular dystrophy. Biochim Biophys Acta 2017;1864(3): 572-9. 39. Long C, Amoasii L, Bassel-Duby R, Olson EN. Genome Editing of Monogenic Neuromuscular Diseases: A Systematic Review. JAMA Neurol 2016;73(11):1349-55. 40. Ohlendieck K, Swandulla D. Molecular pathogenesis of Duchenne muscular dystrophy-related fibrosis. Pathologe 2017 Jan 17. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 9 Fisiopatología ósea Pedro Carpintero Benítez Resumen participa en la hematopoyesis, forma parte del equilibrio ácido-base y es el principal regulador del metabolismo fosfocálcico:2 ­ El hueso es un tejido conectivo altamente especializado que posee funciones mecánicas como son la protección de órganos internos y facilitar el movimiento, y funciones metabólicas como son la hematopoyesis y la regulación del metabolismo fosfocálcico. Está formado por una fracción inorgánica (fósforo, calcio y algunas trazas de otros elementos) y otra orgánica constituida por proteínas y células. Estas células son las responsables de la formación, del modelado y remodelado óseos, procesos por los cuales el tejido óseo se adapta a los requerimientos mecánicos y se renueva de forma constante destruyendo el hueso viejo o dañado y formando un hueso nuevo de mejor calidad. Estos procesos están regulados por multitud de factores tanto mecánicos como bioquímicos, en los que participan citoquinas y un gran número de hormonas. Cuando se altera el equilibrio entre formación y reabsorción óseas, se produce una disminución de la resistencia del hueso. Este fenómeno ocurre con el envejecimiento y ante determinadas circunstancias patológicas. • Protección, especialmente, en aquellas zonas del organis- mo donde un traumatismo puede acarrear graves consecuencias como ocurre en la cabeza, tórax o pelvis, y, aunque la estructura de los huesos que cubren estas zonas es igual que la del resto del organismo, sin embargo, está organizada para absorber el máximo de energía posible, como se puede observar en el cráneo, costillas y pelvis, cuya estructura está formada por dos tablas de hueso compacto, rellenas de hueso esponjoso para absorber una parte importante de energía. Función mecánica, que consiste en dar soporte y permitir los movimientos mediante la acción de los músculos estriados, ya que ninguna contracción muscular sería efectiva sin realizar un efecto de palanca en el hueso. Hematopoyesis, al producirse las células sanguíneas en la médula ósea. Regulación del metabolismo fosfocálcico, al ser el reser vorio más importante de ambos elementos que pasan al torrente circulatorio mediante el remodelado óseo. Recientemente, se le atribuyen otras funciones endocrinas, ya que también participa en el metabolismo energético mediante la secreción de la osteocalcina y del factor de crecimiento fibroblástico 23 (FGF-23); este último es segregado por el osteoblasto, aumentando la reabsorción de fosfatos y disminuyendo las concentraciones de 1-25 OH vitamina D. La osteocalcina influye en la secreción de insulina y actúa sobre los adipocitos que producen adiponectina, que reduce la resistencia a la insulina. También el hueso, mediante la lectina, influye en el hipotálamo. Así, no solamente actúa en el metabolismo mineral, sino también en el metabolismo de la glucosa y deposición grasa.3 • • • Int oducc ón r i Todo organismo pluricelular necesita una estructura que le dé soporte y que posibilite sus funciones mecánicas, y, al igual que la estructura de un edificio es diseñada según las funciones que vaya a tener, el esqueleto será diferente según las necesidades de cada especie.1 El hueso es un tejido altamente especializado que desde el punto de vista mecánico se caracteriza por su rigidez, porosidad y dureza, que, además, tiene poder de reparación y regeneración, está compuesto por células y por una matriz extracelular constituida por fibras y material cristalino. Alrededor de la tercera parte es sustancia orgánica, y dos tercios son minerales. Se está modelando y remodelando durante toda la vida para adaptarse a los cambios biomecánicos y para retirar el hueso viejo o dañado y sustituirlo por nuevo con mejor resistencia. • pos de huesos Ti Según su apariencia externa, los huesos se pueden clasificar en largos, cortos, planos, irregulares, sesamoideos y neumáticos. Func ones del tej do óseo i ­ i El tejido óseo es multifuncional y juega varios papeles importantes para el buen funcionamiento del organismo, ya que protege órganos vitales, hace posible la locomoción, es reservorio de calcio, fósforo, factores de crecimiento y citoquinas, uesos largos H Son mayores en una dimensión que en cualquier otra. Consisten en una estructura relativamente cilíndrica (diáfisis) y en dos 101 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 102 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología uesos cortos M Está compuesto por cristales de hidroxiapatita que se encuentran entre las fibras de colágeno, aunque inicialmente se depositan como fosfato de calcio amorfo con grandes cantidades de carbonato cálcico. Con el desarrollo del hueso, el carbonato se reduce y se cristaliza disponiéndose los cristales paralelos a las fibras de colágeno. Con la edad, estos cristales se hacen mayores y más cristalizados. Existen dos fases de cristalización del hueso. Una inicial en la que se incrementa rápidamente el número de cristales (mineralización primaria) que se depositan en el entramado colágeno y que produce entre el 65 y el 70% de la mineralización total, y que dura unas 3 semanas. Existe una segunda fase en la que se continúa acumulando minerales de forma lenta y que puede durar meses o años.5 H C Tienen todas sus dimensiones prácticamente iguales. No poseen cavidad medular, sino que están rellenos de hueso esponjoso, que está rodeado de una fina capa de hueso compacto, por lo que absorben bien el estrés mecánico. Se encuentran situados en articulaciones complejas como el carpo y el tarso. uesos planos H Son delgados y expandidos en dos direcciones. Consisten en dos placas de hueso compacto rellenas de tejido esponjoso. Su misión principal es la de proteger estructuras nobles (cráneo, costillas, esternón, pelvis, escápula), aunque algunos de ellos como la escápula y la pelvis sirven también como inserción a multitud de músculos. H No tienen ninguna forma definida. A este grupo pertenecen las vértebras y algunos huesos del cráneo. Suelen tener procesos prominentes y proporcionan protección, soporte e inserción a músculos. élulas Existen tres células fundamentales en el tejido óseo: el osteoblasto, el osteocito y el osteoclasto (fig. 9-1). uadro 9-1 rincipales proteínas no colágenas encontradas en el hueso i ompos c ón del hueso i C Contienen espacios aéreos (senos) que se comunican con la atmósfera. A este grupo pertenecen el maxilar y el frontal en la especie humana. Las aves tienen la mayoría de sus huesos «neumatizados» para disminuir el peso del esqueleto. Como se ha comentado anteriormente, el hueso está formado por una matriz orgánica y otra inorgánica que forman un material compuesto (composite) en el que la matriz mineral le confiere rigidez, y la orgánica, resistencia y cierto grado de elasticidad. Aproximadamente el 65% de su masa es mineral (hidroxiapatita fundamentalmente), hay un 25% de materia orgánica, siendo el 90% fibras de colágeno de tipo I, y el 10% restante, proteínas no colágenas y células. El 10% restante es agua.4 roteoglicanos y glucosaminoglicanos • Heparán sulfato: producido por osteoclastos y osteoblastos. Importante papel en interacción celular • Hialuronano (ácido hialurónico): glucosaminoglicanos • Proteoglicanos: organización estructural del hueso P uesos neumáticos Glicoproteínas • Fosfatasas alcalinas: transportador de calcio. Marcador de formación ósea • Fibronectina: primeras fases de formación ósea • Trombospondina: formación de hueso y cartílago • Vitronectina: atracción celular • Osteopontina: inhibe formación mineral tras • Osteocalcina: controla el depósito mineral • Osteonectina: promueve la proliferación osteoblástica O H C Aparecen en el interior de los tendones para reducir la fricción, incrementar el brazo de palanca o cambiar la dirección de la fuerza muscular. Aparte de algunos que son constantes, existen varios que pueden aparecer en manos y pies, y que son inconstantes. El mayor de ellos es la rótula. roteínas no colágenas Aunque solo representan el 2% de la totalidad del hueso, juegan un papel importante en la formación y desarrollo de las fibras de colágeno y en el control de la mineralización. Podemos distinguir varios tipos (cuadro 9-1). C uesos sesamoideos olágeno Las fibras de colágeno se intercalan con el sustrato mineral. Estas fibras están formadas por dos cadenas a-1 y una cadena a-2, que forman una hélice triple. Cada cadena posee aproximadamente 100 aminoácidos. La orientación de estas fibras se encuentra en relación con los requerimientos mecánicos del hueso: en sentido longitudinal, en la parte del hueso sometida a tensión y, transversalmente, en aquellas zonas sometidas a compresión.6 P uesos irregulares ineral P H extremos que son las epífisis. Entre la diáfisis y las epífisis se encuentran las metáfisis, que tienen forma cónica. Sus funciones principales son las de servir de brazo de palanca y de soporte del cuerpo, haciendo posible la locomoción. Se consideran huesos largos el húmero, radio, cúbito, metacarpianos y falanges en el miembro superior, y el fémur, tibia, peroné, metatarsianos y falanges en el miembro inferior. En el interior de la diáfisis existe una cavidad medular, y hueso esponjoso, en el interior de las metáfisis y epífisis. ERRNVPHGLFRVRUJ 103 C apítulo 9 Fisiopatología ósea Osteocito Matriz calcificada Osteocito Osteoblasto Mantiene el tejido óseo Forma la matriz ósea F Células del tejido óseo. u a 9-1 ig r Célula osteogénica Célula madre Osteoclasto Reabsorbe el hueso F ig © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. El osteoblasto deriva de las células madres mesenquimales que se encuentran en la médula ósea y que pueden diferenciarse a osteoblasto, condroblastos o adipocitos. Esta transformación está regulada por muchos factores de transcripción, entre los que se encuentran las proteínas morfogenéticas del hueso (BMP, bone morphogenetic protein), la parathormona (PTH), b-catenina y factores de crecimiento (TGF-b, IGF-1). El osteoblasto es el responsable de la formación de la matriz ósea y de su mineralización, y su número tiende a disminuir con la edad. El osteoblasto puede transformarse en osteocito, en células de revestimiento, o sufrir una apoptosis7 (fig. 9-2). El osteocito es el osteoblasto maduro y representa entre el 90 y el 95% de todas las células óseas en el adulto, frente al 4-6% de osteoblastos y el 1-2% de osteoclastos. Se encuentran de forma dispersa en la matriz mineral, dentro de una celda y conectados a otros osteocitos, osteoblastos o a células de revestimiento por unas prolongaciones dendríticas a través de canalículos (fig. 9-3). Son sensibles a las cargas mecánicas, respondiendo a los cambios de estrés mecánico transmitiendo señales a la superficie ósea para inducir osteoformación o resorción ósea. Tienen también una función importante en la homeostasis Lacunae Canaliculi u a 9-3 r Osteona. de los fosfatos y en el remodelado óseo, y participan en la nutrición y expulsión de detritus a través de los vasos sanguíneos.8 Provienen, como se ha dicho anteriormente, de los osteoblastos, que también producen células de revestimiento, y otros sufren apoptosis.9 El osteoclasto es una célula gigante multinucleada, miembro de la familia osteocito-macrófago y proviene de los macrófagos de la célula ósea. Se encuentran en la superficie ósea en las llamadas lagunas de Howship (fig. 9-4). Existen dos citoquinas esenciales para su génesis, el ligando del receptor activador NF-kB (RANKL) y el factor estimulante de colonias de macrófagos (M-CSF-1), que son producidas por las células madres mesenquimales y los osteoblastos. Otras proteínas juegan un papel importante en la biología del osteoclasto, como es la osteoprotegerina (OPG), que tiene una gran afinidad por el RANKL y lo inhibe, evitando la formación de osteoclastos. La OPG es segregada por células mesenquimales de la médula ósea. El osteoclasto realiza la reabsorción ósea mediante enzimas que digieren la matriz mineralizada, liberando calcio. Su acción está regulada por diferentes hormonas (PTH, calcitonina e IL-6) y por la interacción de las moléculas de OPG y el RANKL (fig. 9-5). Células de revestimiento Osteoprogenitor Osteoblastos Hueso Osteocitos Hueso F u a 9-2 ig r Osteocito. ERRNVPHGLFRVRUJ 104 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología RANKL M-CSF R RANKL INFβ R TRAF6 C-SRC C-SRC Anhidrasa carbónica II HCO3 HCO3 Cl– Cl– C-SRC Pyk2 Lisosomas Receptores de calcitonina PKA, PKC Pyk2 Zona clara C-SRC H+ C-SRC ανβ3 Integrinas H+ C-SRC ATPasa Integrinas Integrinas H+ Enzimas secretadas Cl– + Catepsina K – H Cl MMP-9 H+ TRAP Matriz ósea u a 9-4 r ig F Fases del remodelado óseo. Las células de revestimiento provienen de los osteoblastos cuando se vuelven inactivos, aunque no se puede descartar que provengan de otras células endósticas o del estroma. Ante determinados estímulos, pueden convertirse de nuevo en osteoblastos.10 Se encuentran en la superficie ósea, que cubren parcialmente. Tienen una gran importancia en el metabolismo fosfocálcico, ya que RANKL RANK Célula osteoblástica regulan a estos dos elementos en el hueso. También tienen un papel importante en el remodelado óseo, pues es necesario que se retraigan o que desaparezcan para que los osteoclastos comiencen la reabsorción ósea, y, además, digieren el colágeno que dejan los osteoclastos en las lagunas de Howship, como paso previo a la acción de los osteoblastos que formarán hueso nuevo.11 HSC Osteoblasto apoptósico MSC Preosteoclasto - Factores de crecimiento M-CSF Preosteoblasto - Calcio Osteoblasto Osteoclasto Osteomacrófago Hueso u a 9-5 r ig F Célula de revestimiento Osteocito Sistema RANK/RANKL. ERRNVPHGLFRVRUJ 105 C apítulo 9 Fisiopatología ósea Org an zac ón i i Desde el punto de vista ultraestructural, el hueso adopta diferentes formas según su función. Se distingue un hueso laminar, que es la mayor parte del tejido óseo, en el cual las fibras de colágeno y el componente mineral se disponen en capas que forman bandas circunferenciales, o entrelazado, que es un hueso muy desorganizado, más mineralizado que el anterior, y suele ser un tejido de reparación. Macroscópicamente, podemos distinguir dos tipos. El primero es el hueso compacto o cortical, y el segundo, el hueso esponjoso o trabecular. El hueso compacto se encuentra en la diáfisis de los huesos largos, rodeando el hueso esponjoso (vértebras, pelvis, cráneo, etc.), y está formado por unidades cilíndricas llamadas osteonas (fig. 9-6). Cada una de ellas contiene capas concéntricas de matriz calcificada con osteocitos que se encuentran en unos espacios denominados lagunas. En el centro, existe un canal (canal de Volkmann) que permite el paso de vasos sanguíneos provenientes del periostio. Entre las capas, existen unos pequeños canales que se irradian desde el canal central y poseen vasos sanguíneos y nervios. Los osteocitos están conectados entre ellos por extensiones celulares. A pesar de su denominación, el hueso compacto posee una cierta porosidad debido a los conductos de Havers, que representan alrededor del 5%, aunque este porcentaje aumenta con la edad, por lo que se ha calculado que la resistencia del hueso disminuye un 2% aproximadamente por década después de la maduración ósea. Este aumento de la porosidad también se produce en algunas situaciones patológicas como en la osteoporosis. Alrededor del hueso compacto se encuentra el periostio, que es un tejido conectivo que cubre la cortical externa, excepto en las articulaciones. Contiene vasos sanguíneos, nervios y células como son los osteoclastos y osteoblastos. Está firme- Vena Nervio Arteria Osteocito F ig u a 9-7 r Historia natural del osteoblasto. mente adherido al hueso por las llamadas fibras de Sharpey, que son fibras de colágeno. El interior de la cavidad medular está revestido por una estructura membranosa (endostio), que cubre también la superficie del hueso trabecular y los conductos de Volkmann. También posee, lo mismo que el periostio, células (osteoblastos, condroblastos) y vasos sanguíneos.12 El hueso esponjoso se encuentra en las metáfisis, vértebras, costillas y pelvis, y constituye solo el 25-30% del total de la masa ósea; su misión es dar soporte estructural sin incrementar el peso del esqueleto debido a la interconexión que existe entre sus trabéculas.13 Vascula zac ón e ne del hueso ri Canal central Osteoblasto Laminillas © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Osteocito i i ac ón rv i Los vasos nutricios óseos se dirigen hacia el canal medular y, por esta razón, dos terceras partes de la vascularización son producidas por él, y el resto, por el periostio. Cuando llegan a los conductos de Havers (fig. 9-7), tienen una estructura capilar y poseen numerosas interconexiones a través de canalículos formando una red. Ine ac ón rv i El tejido óseo está pobremente inervado, y se han descrito terminaciones nerviosas en el periostio y la médula ósea. asa ósea y cal dad ósea M Osteoclasto Arteria Vena Nervio F u a 9-6 ig r Osteona. Vaso linfático i La resistencia del hueso viene dada por una combinación de la cantidad de hueso (masa ósea habitualmente medida por tomodensitometría) y la calidad del hueso. Este concepto de calidad ósea no está claramente definido y se considera que está en relación con diferentes factores como la velocidad del remodelado óseo, la arquitectura y geometría, las propiedades de la matriz mineralizada y la cantidad de microfracturas que tenga. ERRNVPHGLFRVRUJ 106 i ecanot ansducc ón i eta ol smo óseo b D Es una hormona esteroidea. Se sintetiza en la piel por acción de los rayos ultravioleta, que transforman el 7-dihidrocolesterol en provitamina D y, posteriormente, en vitamina D inactiva. Llega al hígado unida a la proteína fijadora de la vitamina D, donde se hidroxila convirtiéndose en 25-OH vitamina D o calcidiol, que es la principal forma circulante y cuyos niveles sanguíneos se usan para determinar el estado de déficit, normalidad o intoxicación. Posteriormente, sufre una nueva hidroxilación mayoritariamente en el riñón y en menor medida en la mama, colon o próstata, convirtiéndose en 1-25 OH vitamina D o calcitriol, que es la forma activa de la hormona.16 Actúa facilitando la absorción de calcio en el intestino estimulando las proteínas transportadoras de calcio. También induce la expresión de osteocalcina. Pero no solamente tiene una acción sobre el hueso, sino que existen receptores específicos para esta hormona (receptor de vitamina D [VDR]) en la mayoría de las células del organismo, por lo que tiene muchas acciones extraóseas y, de hecho, se considera que regula el 3% del genoma humano.17 alcitonina Se produce preferentemente en las células parafoliculares de la glándula paratiroides, pero también en otros lugares del organismo, como el pulmón o el tubo digestivo. Es un polipéptido que inhibe la acción de los osteoclastos y, por tanto, la reabsorción ósea. Está regulado por numerosas hormonas y factores locales. A continuación, se detallan algunos. Existen numerosos factores de crecimiento que actúan sobre el hueso (IGF, TGF, PDGF, FGF, etc.), algunos de ellos antiguamente se denominaban somatomedinas. ona o ri bri esa ollo em del hueso rr Las cargas mecánicas actuarían sobre mecanotransductores en el esqueleto que informarían a las células óseas. Este mecanismo no está del todo explicado a día de hoy, parece ser que actuarían sobre el osteocito y su red de canalículos, y así se ha demostrado que los osteocitos ante una carga mecánica aumentan la producción de ácido ribonucleico (ARN) y el consumo de glucosa, osteocalcina e IGF-1. También se ha comprobado el aumento de flujo de fluidos en las lagunas y canales osteocitarios, por lo que se presume que este líquido puede ser un mediador entre los osteocitos y otras células.15 M o calcitriol Factores de crecimiento i r M ­ El hueso es un material anisotrópico, ya que tiene diferentes propiedades mecánicas según la dirección de la carga que reciba. Otra característica mecánica del hueso es la viscoelasticidad como resultado de agua que posee y que le permite tener diferentes propiedades mecánicas según las cargas que so porte. La matriz mineralizada es la principal responsable de la rigidez, mientras que las fibras de colágeno lo son de la elasticidad. Vitamina D i B omecán ca ósea arathormona Secretada por las glándulas paratiroides. Es un polipéptido de 84 aminoácidos y es el regulador más importante del calcio y del fósforo de los fluidos extracelulares. El osteoblasto no tiene receptores específicos para esta hormona, con lo que su acción no es directa sobre estas células, sino que actúa de forma indirecta inhibiendo la OPG, con lo que aumenta la expresión de RANKL, lo que conlleva una mayor producción y actividad de los osteoclastos y, por tanto, aumenta la reabsorción del hueso. C La masa ósea es la responsable del 50-70% de la resistencia ósea. El remodelado óseo que se describirá más adelante puede influir en el resto de los factores. Así, un remodelado óseo elevado disminuye la resistencia ósea por alteración de la estructura del hueso y uno demasiado lento también porque se produce un aumento de las microfracturas. En cuanto a la arquitectura, se ha comprobado que una disminución en el número o tamaño de las trabéculas, y, especialmente, las horizontales, también disminuye la resistencia del hueso. Tanto el componente orgánico como el inorgánico de la matriz ósea tienen importancia en la resistencia, pues una alteración de la mineralización tanto por defecto como por exceso puede aumentar la fragilidad (osteomalacia, osteopetrosis). La mutación de ciertas proteínas puede producir fragilidad como ocurre en la osteogénesis imperfecta. El aumento de porosidad con los años explicaría el incremento de fragilidad ósea que ocurre con la edad; no obstante, aparecen cambios adaptativos en el hueso durante el envejecimiento para minimizar esta disminución de la resistencia, como es la expansión de la cortical mediante aposición perióstica y la reabsorción endóstica, que mejoran las condiciones mecánicas del hueso al aumentar el momento de inercia.14 También es importante la cantidad y madurez de las fibras de colágeno de tipo I, y la forma en la que están entrelazadas (osteogénesis imperfecta). Las microfracturas óseas aparecen por las cargas mecánicas que soporta en la actividad diaria y son reparadas por procesos fisiológicos del hueso. Si ocurre un aumento del número de microfracturas o una disminución de la reparación, existe también la posibilidad de una disminución de la calidad y, por tanto, de la resistencia. P Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Las células esqueléticas provienen de tres líneas celulares embrionarias. Así, la cresta neural contribuye a la formación del esqueleto craneofacial. Las células del esclerotoma formarán el esqueleto axial, y el mesodermo, el esqueleto apendicular. Estas células formarán el esqueleto en cuatro fases: la primera es la migración de las células; en segundo lugar, se produce la interacción entre epitelio y mesénquima, que dará lugar a la ter- ERRNVPHGLFRVRUJ C 107 apítulo 9 Fisiopatología ósea cera fase de condensación, y, por último, se produce la diferenciación entre condroblastos y osteoblastos. La formación del hueso proviene de una matriz cartilaginosa en la que se producirá una osificación encondral. Esta formación del hueso no se produce solamente durante el período embrionario, sino también posteriormente, incluso en el período posnatal. La osificación membranosa se produce directamente de células mesenquimales que se transforman en osteoblastos sin participación de la matriz cartilaginosa. El crecimiento del esqueleto tanto en la etapa prenatal como en la posnatal es responsabilidad del tejido cartilaginoso que crece intersticialmente mediante la aposición y aumento del tamaño de los condrocitos, mediados por el pericondrio, que hace de fuente de condroblastos. Los condrocitos segregan diferentes sustancias como el colágeno de tipo II, agrecanos y otras que constituyen la matriz extracelular del cartílago hialino; posteriormente, existe una invasión vascular del periostio que permite la llegada de células precursoras osteoblásticas (centros primarios de osificación). Estos cartílagos primitivos de crecimiento se establecen y sirven para el crecimiento en longitud del hueso durante la vida pre- y posnatal. Aparecen centros de osificación secundarios en las epífisis, de forma similar a los centros primarios, que formarán el extremo articular del hueso. Existen muchos mediadores de la proliferación de condrocitos del cartílago de crecimiento. Unos son sistémicos, como la hormona del crecimiento (GH), las hormonas tiroideas, los glucocorticoides y la vitamina D, y otros son mediadores locales, como el TGF-b, el PTHrP y el FGFR3. A diferencia de los condrocitos localizados en las diáfisis, los que se encuentran en las epífisis no presentan hipertrofia, maduración y mineralización, sino que por causas aún no conocidas producen una gran cantidad de matriz extracelular y forman el cartílago articular inducidos por los TGF-b. odelado y emodelado óseo M r © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. El hueso vivo es un tejido adaptable que está en un estado continuo de desarrollo y reabsorción. Esto se reconoce como remodelado óseo. Este término fue acuñado por Wolff en 1892 al observar que las trabéculas óseas se encontraban orientadas en la dirección de las cargas mecánicas que soportaba el hueso, por lo que pensó que el hueso se adaptaba a las cargas recibidas. Esto se conoce como ley de Wolff. odelado M Es el proceso por el cual el hueso cambia de forma u orientación por la acción de fuerzas mecánicas, adaptándose el esqueleto a la función a la que es sometido. Los huesos pueden ensancharse o cambiar sus ejes por acción de los osteoblastos y de los osteoclastos, que responden de esta forma a los estímulos mecánicos (ley de Wolff). Normalmente, los huesos se vuelven más anchos con la edad debido a la aposición periótica y a la reabsorción endóstica. El modelado es menos frecuente que el remodelado en la edad adulta12 y puede incrementarse ante situaciones patológicas como en el hiperparatiroidismo y en la osteodistrofia renal. Remodelado Es un proceso complejo mediante el cual el hueso se renueva para mantener su resistencia y la homeostasis mineral se realiza mediante la actividad coordinada de los osteoblastos y los osteoclastos. Estas células forman estructuras temporales que se denominan unidades multicelulares básicas. Consiste básicamente en la reabsorción de las partes del hueso viejo o que se encuentren deterioradas (microfracturas), y su sustitución por una nueva matriz proteica que posteriormente se mineraliza para formar un hueso nuevo. Este proceso comienza en la vida intrauterina y se mantiene hasta la muerte, por lo que el esqueleto se renueva periódicamente. Se produce en diferentes zonas del tejido óseo, en unos casos es al azar y en otros donde existen zonas de hueso alterado, y, de esta forma, se mantienen sus propiedades mecánicas evitando un deterioro precoz del esqueleto, con contribución a la homeostasis fosfocálcica, movilizando estos dos elementos. Las unidades de remodelado óseo están formadas por grupos de osteoblastos y de osteoclastos que actúan de forma coordinada produciendo reabsorción de hueso viejo y formación de hueso nuevo (fig. 9-8). Este proceso aumenta en la perimenopausia para disminuir en la senectud, pero estará más acelerado que en la premenopausia. Se compone de cuatro fases: 1. Activación. 2. Reabsorción. 3. Reposo. 4. Formación. Preosteoclastos Osteoclastos activos Superficie ósea F u a 9-8 ig r Reabsorción Preosteoblasto Células mononucleares Retorno Conducto de Havers. ERRNVPHGLFRVRUJ Osteoblastos Formación ósea Osteocitos Mineralización Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ­ En la fase de activación, se produce un reclutamiento y activación de los precursores de los osteoclastos (células monocitos-macrófagos) que provienen de la circulación sanguínea, levantamiento de las células de revestimiento del endostio y fusión de múltiples células mononucleares para formar los preosteoclastos. Estos se unen a la matriz ósea, se convierten en osteoclastos maduros. Esta fase dura aproximadamente entre 2 y 4 semanas. La formación, la activación y la reabsorción que producen los osteoclastos están mediadas por muchos factores, entre los que se encuentran la relación entre el RANKL y la OPG, y otros factores, como la IL-1, la IL-6, el M-CSF, la PTH, la calcitonina y la 1,25-dihidroxivitamina D. El osteoclasto acidifica la superficie del hueso, lo que contribuye a retirar la superficie mineral y diferentes enzimas (fosfatasas ácidas, catepsina K, metaloproteinasas, gelatinasas, etc.) que digieren la matriz orgánica y forman unos espacios conocidos como lagunas de Howship. Posteriormente, el osteoclasto sufre una apoptosis. Durante la fase de reposo, las cavidades contienen diferentes células como son monocitos, osteocitos liberados de la matriz ósea que se ha reabsorbido, y preosteoblastos. Esta fase dura unas 2 semanas. Posteriormente comienza la fase de formación, que dura aproximadamente unos 4 meses. En ella, los osteoblastos forman una nueva matriz proteica que posteriormente se mineraliza. Los osteoblastos que quedan rodeados por esta matriz se convierten en osteocitos, conectados entre ellos y con las células de revestimiento, y el resto de los osteoblastos sufren apoptosis o se convierten en células de revestimiento. Estas células regulan la entrada y salida de iones minerales del fluido extracelular del hueso, y mantienen la capacidad de volver a convertirse en osteoblastos debido a la acción de la PTH o por la acción de fuerzas mecánicas. Cada ciclo de remodelado dará lugar a una nueva osteona. Esto se produce tanto en el hueso cortical como en el trabecular. En el adulto, el remodelado cortical suele ser del 2 al 3% al año; sin embargo, el remodelado trabecular es mucho más elevado. Existen numerosos factores que regulan este proceso (cuadro 9-2). Quizás el factor más importante de este proceso de remodelado es la PTH, hormona que juega un papel más importante en la regulación de la homeostasis fosfocálcica y en el remodelado. La acción de esta hormona depende de la forma de administración; así, un aumento continuado de ella disminuye la masa ósea, pero, si la administración es de forma intermitente, la aumenta.18 El mecanismo de acción por el que se produce esta diferencia en el comportamiento de la hormona frente al hueso es desconocido. El ejercicio físico también tiene una gran influencia sobre este remodelado. Cuando se hace de forma continuada, aumenta la masa ósea y modifica la estructura macroscópica y microscópica del hueso, principalmente aquellos ejercicios que implican carga. Por todo ello, aumenta la resistencia ósea.19 En el joven existe un equilibrio entre formación y resorción del hueso que mantiene prácticamente constante la masa ósea, mientras que en el envejecimiento o en determinadas circunstancias patológicas el balance es negativo y, por tanto, disminuye la cantidad de hueso,20 produciéndose, además, un adelgazamiento de las trabéculas óseas con pérdida de las trabéculas horizontales, lo que hace que se pierda la conectividad intratrabecular y que, por tanto, aumente la fragilidad ósea. uadro 9-2 Factores que actúan en el remodelado óseo C 108 Factores genéticos • Determinan el 60-80% del total de la masa ósea Factores mecánicos • Cargas mecánicas • Actividad muscular Factores nutricionales • Ingesta de calcio Factores hormonales • Estimulan la formación ósea: vitamina D, calcitonina, estrógenos, progesterona, andrógenos, insulina, hormona del crecimiento, PTH en dosis bajas, leptina • Estimulan la reabsorción ósea: PTH, glucocorticoides, hormonas tiroideas, vitamina D en dosis altas Factores locales Factores de crecimiento • Estimulan la formación ósea: IGF-1, IGF-2, BMP, TGF-b, PDGF • Estimulan la reabsorción ósea: TNF, EGF, PDGF, FGF, RANKL, M-SGF, GM-SGF Citoquinas • Estimulan la formación ósea: IL-3, IL-4, IFN, OPG • Estimulan la reabsorción ósea: IL-1, IL-6, IL-8, IL-11, PGE, PGE-1, PGG-2, PG-12, PGH-2 También se produce adelgazamiento y aumento de la porosidad cortical, que contribuyen aún más al aumento de la fragilidad.21 Simultáneamente y como defensa, el hueso del anciano sufre una reabsorción endóstica y una proliferación perióstica con objeto de aumentar el diámetro del hueso, lo que le confiere una mayor resistencia al aumentar el momento de inercia axial del material.22 La densidad mineral ósea (DMO) de un individuo se mide habitualmente por radioabsorciometría de doble energía (DEXA, dual-energy X-ray absorptiometry), que usa una cantidad pequeña de rayos X. Básicamente, hay dos tipos: 1) central, que mide la DMO de columna lumbar y caderas, y 2) periférica (p-DEXA), que mide la DMO de muñeca, dedos, pierna o talón. La DEXA es el método más universalmente usado para medir la DMO,23 pero tiene sus limitaciones, ya que la mitad de los pacientes que sufren fracturas por fragilidad tenía valores en la DEXA superiores a los que la OMS considera como rango para la osteoporosis.24 Por ello, también son útiles los llamados marcadores del remodelado óseo que son enzimas o péptidos no enzimáticos que provienen del hueso y que pueden ser medidos en el suero sanguíneo. Se distinguen dos tipos: 1. Marcadores de formación ósea. Hay varios. Pueden ser productos de la síntesis del colágeno (protocolágeno de tipo 1 N terminal [P1NP] y protocolágeno de tipo 1 C terminal [P1Nc]) o enzimas del osteoblasto (fosfatasas alcalinas), y matriz proteica (osteocalcina). ERRNVPHGLFRVRUJ C 109 apítulo 9 Fisiopatología ósea 2. Marcadores de reabsorción ósea. También existen varios, como son los productos de la degradación del colágeno (C-telopéptidos, N-telopéptidos, hidroxiprolina), proteínas no colágenas (sialoproteínas), enzimas osteoclásticas (fosfatasas ácidas, catepsina K) o marcadores de la actividad osteocitaria (RANKL, OPG, esclerostina). Cuando estos marcadores se encuentran elevados, ello pone de manifiesto un alto remodelado óseo y, por tanto, un riesgo de fragilidad. onclus ones C i El tejido óseo posee unas funciones metabólicas muy complejas que son reguladas por numerosos factores endocrinos, mecánicos y locales, lo que hace que muy diferentes situaciones fisiológicas actúen sobre su estructura, pudiendo alterarla y producir fragilidad. B lo ib i a ía gr f ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 1. Buckwalter JA, Glimcher MJ, Cooper RR, Recker R. Bone Biology I. Structure, blood supply, cells matrix and mineralization. Instr Course Lect 1996;45:371-86. 2. Taichman RS. Blood and bone: Two tissues whose fates are intertwined to create the hematopoietic stem cell niche. Blood 2005;105(7): 2631-9. 3. Burr DV, Akkus O. Bone Morphology and Organization. In: Burr DV, Allen MR, editors. Basic and Applied Bone Biology. London: Academic Press; 2014. p. 3-24. 4. Boskey AL, Robey PG. The composition of bone. In: Rosen CJ, editor. Primer of metabolic diseases and disorders of mineral metabolism. 8th ed. Oxford: Willey and Blackweel; 2013. p. 49-57. 5. Dorozhkin SV. Amorphous calcium (ortho) phosphatos. Acta Biomater 2010;6(12):4457-75. 6. Boskey AL. Organic and inorganic matrix. In: Wnek G, Bowling GL, editors. Encyclopedia of biomaterials and biomedical engineering. London: Taylor and Francis; 2006. p. 1-15. 7. Bonewald LF. Osteocytes. In: Rosen CJ, editor. Primer of metabolic diseases and disorders of mineral metabolism. 8th ed. Oxford: Willey and Blackweel; 2013. p. 16-34. 8. Qing H, Bonewald LT. Osteocyte remodeling of the perilacunar and pericanalicular matrix. Int J Oral Sci 2009;1(2):59-65. 9. Bellido T, Plotkin LI, Bruzzaniti A. Bone cells. In: Burr DB, editor. Basic and applied bone biology. London: Academic Press; 2014. p. 27-45. 10. Matic I, Matthews BG, Wang X, Dyment NA, Worthley DL, Rowe DW, et al. Quiescent bone lining cells are a major source of osteoblast during adulthood. Stem Cells 2016;34(12):2930-42. 11. Everts V, Delaissé JM, Korper W, Jansen DC, Tigchelaa-Gutter W, Saftig P, et al. The bone lining cell: its role in cleaning Howship’s lacunae and initiating bone formation. J Bone Miner Res 2002;17(1): 77-90. 12. Clarke B. Normal bone anatomy and Physiology. Clin J Am Soc Nephrol 2008;3(Suppl 3):S131-9. 13. Quin QH. Introduction to bone materials. In: Qin QH, editor. Mechanics of celular bone remodeling. London: Taylor and Francis; 2013. p. 1-22. 14. Turner C. Biomechanics of bone: Determinants of skeletal fragility and bone quality. Osteoporos Int 2002;13(2):97-104. 15. Klein-Nulend J, Bonewald LF. The osteocyte. In: Bilezikian JP, Raisz LG, Martin TJ, editors. Principles of Bone Biology. 3rd ed. San Diego: Academic Press; 2008. p. 153-74. 16. Navarro Valverde C, Quesada Gómez JM. Deficiencia de vitamina D en España. ¿Realidad o mito? Rev Osteoporos Metab Miner 2014;6(Suppl 1):S1-4. 17. Rosen CJ, Adams JS, Bikle DD, Black DM, Demay MB, Manson J, et al. The nonskeletal effects of vitamin D: an Endocrine Society Scientific statement. Endocr Rev 2012;33(3):456-92. 18. Berg C, Neumeyer K, Kirpatrick P. Teriparatide Nature Rev Drug Disc 2003;2(4):711-9. 19. Burr DB, Robling AG, Turner CH. Effects of biomechanical stress on bones in animal. Bone 2002;30(5):781-6. 20. Reyes García R, Rozas Moreno P, Muñoz Torres M. Regulación del proceso de remodelado. Rev Osteoporos Metab Miner 2008;17(4):10-4. 21. Nalla RK, Kruzic JJ, Kinney JH, Ritchie RO. Effect of aging on the toughness of human cortical bone evaluation by R-curves. Bone 2004;35(6):1240-6. 22. Seeman E, Delmas P. Bone quality; the material and structural basis of bone strength and fragility. N Engl J Med 2006;354(21):2250-61. 23. Meeta Digumarti L, Agarwal N, Vaze N, Shah R, Malik S. Clinical practice guidelines on menopause: An executive summary and recommendations. J Midlife Health. 2013;4(2):77-106. 24. Nguyen ND, Eisman JA, Center JR, Nguyen TV. Risk factors for fracture in nonosteoporotic men and women. J Clin Endocrinol Metab 2007;92(3):955-62. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 10 Bases fisiopatológicas de la respuesta sistémica al traumatismo grave Josep Maria Muñoz Vives Resumen La mortalidad en el paciente politraumático tiene una distribución trimodal: inmediata, precoz y tardía. La causa más frecuente de las mortalidades precoz y tardía reside en dos círculos fisiopatológicos viciosos: el de la tríada letal en la precoz y el fracaso multiorgánico en la tardía. Ambos círculos viciosos tienen una base fisiopatológica que conocemos cada vez mejor; de este conocimiento, derivan estrategias de tratamiento que solamente se comprenden si se conocen estas bases fisiopatológicas. Int oducc ón r i El término politrauma está en uso desde hace muchas décadas. Normalmente, se usa para definir a pacientes víctimas de un traumatismo romo con lesiones en más de una región o cavidad que comprometen la fisiología del paciente y que pueden causar el fallo de órganos no lesionados. Estos pacientes presentan una morbimortalidad superior a la de la suma de las morbimortalidades causadas por cada una de las lesiones individuales que padecen.1 Ya en 1974, Donald Trunkey2 describió que la distribución de la mortalidad en los pacientes politraumáticos era trimodal. El primer pico de la mortalidad se producía en el momento del accidente a consecuencia de lesiones del sistema nervioso central (SNC) o de hemorragia masiva; el segundo, entre la primera y la cuarta hora, frecuentemente por exanguinación del paciente, y el tercer pico, tras la primera semana por fallo multiorgánico o sepsis. íada letal Tr Las causas más frecuentes de muerte en los pacientes durante las primeras 24-48 h son el traumatismo craneoencefálico o la exanguinación, o sus complicaciones.3 La principal consecuencia de la pérdida de sangre es la pérdida proporcional de la capacidad del transporte de oxígeno a los tejidos. Las células aerobias precisan del oxígeno para llevar a cabo su función principal, el mantenimiento de su membrana. Si la membrana celular se destruye, la célula pierde su identidad, deja de ser una célula, pues sus límites han desaparecido y es inviable. Las células obtienen su energía a partir de la combustión de glúcidos; las neuronas, en particular, carecen de mecanismos alternativos de producción de energía. Para esta combustión, es imprescindible que a la célula le llegue el oxígeno proveniente de la atmósfera. La evolución ha proporcionado a los órganos vivos multicelulares un sistema de transporte de oxígeno basado en la oxidación de moléculas y, en la mayoría de los vertebrados, la molécula que se oxida en los pulmones o branquias es la hemoglobina que está contenida en células anucleares denominadas hematíes. Una de las lesiones más frecuentes en el paciente politraumático es el sangrado. Cuando un paciente sangra, está perdiendo su capacidad de transporte de oxígeno, puesto que cualquier hematíe no contenido en el sistema vascular y que no circule por una zona ventilada del pulmón pierde su función. Con la combustión de la glucosa y su transformación en dióxido de carbono y agua, se consigue la transformación de seis moléculas de difosfato de adenosina (ADP) en seis moléculas de trifosfato de adenosina (ATP), que es la moneda de intercambio energético celular. Esta transformación, denominada ciclo del citrato o ciclo de Krebs, se produce mediante una serie de enzimas que se encuentran en el interior de las mitocondrias, que son orgánulos intracelulares. La célula utiliza el ATP obtenido en la combustión de la glucosa para funciones que precisan energía como, por ejemplo, la síntesis de proteínas, la contracción muscular o la creación de un potencial de membrana. Si las células no disponen de ATP, no pueden realizar su función; si un fibroblasto no puede producir colágeno, no puede cicatrizar una herida; si una miofibrilla pierde la capacidad contráctil, el músculo no se mueve, y si una neurona no transmite un impulso nervioso, dejamos de pensar. cidosis A Cuando un paciente sangra, está perdiendo unidades de transporte de oxígeno a las células. Las células que no reciben oxí- 110 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 10 Bases fisiopatológicas de la respuesta sistémica al traumatismo grave geno activan sistemas de producción de energía alternativos para mantener sus funciones vitales básicas. Las fermentaciones son sistemas de producción de energía alternativos que no incluyen reacciones de oxigenación; la fermentación láctica consiste en la transformación de una molécula de glucosa en dos moléculas de lactato. Esta reacción es, sin embargo, mucho más ineficiente que la combustión aerobia de la glucosa en el ciclo de Krebs. Por cada molécula de glucosa, solamente se consiguen fosforilar dos moléculas de ADP en dos moléculas de ATP. Además, esta transformación produce hidrogeniones H+, con lo que el pH del medio en que se produce disminuye, es decir, se acidifica. La velocidad de una reacción enzimática es altamente dependiente de la temperatura y acidez del medio. No es de extrañar que la acidosis tenga un importante efecto sobre la coagulación, que, en definitiva, es una cascada enzimática con un efector final: la trombina que regula la última reacción enzimática consistente en la conversión del fibrinógeno en fibrina (que actúa como sellador de la fuga en el vaso sanguíneo). Este efecto se ha observado en modelos experimentales,4 en los que se ha observado que el alargamiento del tiempo de coagulación que se produce por acidosis no se corrige de forma inmediata mediante la administración de bicarbonato, lo cual implica que es de suma importancia no permitir que el paciente entre en acidosis. El efecto de la acidosis se produce especialmente porque inhibe la activación de los factores V, VIII, IX, X, y la formación del complejo de la protrombinasa. • do y en el bazo, y las plaquetas pierden parcialmente sus propiedades de agregabilidad. Afecta a la cinética de la cascada de la coagulación. Estudios in vitro han demostrado que una disminución de la temperatura por debajo de 35,8 °C alarga el tiempo de protrombina de forma significativa, temperaturas por debajo de 33,8 °C alargan el tiempo de tromboplastina. Probablemente, el mayor efecto de la hipotermia sobre la coagulación se produce por esta alteración de la actividad enzimática. Altera la fibrinolisis. Estudios en animales han demostrado que la disminución de la temperatura aumenta la fibrino lisis. • ­ ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Hipotermia Hablamos de hipotermia cuando la temperatura corporal disminuye por debajo de los 35 °C. La regulación de la temperatura corporal se realiza en el hipotálamo, que recibe señales de los termorreceptores situados en la carótida interna, el hipotálamo posterior, y los receptores cutáneos periféricos. En respuesta al frío, se produce una liberación de catecolaminas y de tiroxina que hace que el organismo reaccione incrementando el tono muscular, tiritando y aumentado el metabolismo celular. Los pacientes traumatizados pierden la capacidad de regulación de la temperatura desde el mismo momento del accidente; además, el shock hipovolémico y la hipoxemia anulan el mecanismo de la tiritera; un estudio mostró que, a su llegada a urgencias, solamente 1 de cada 82 pacientes traumáticos en situación de hipotermia tiritaba.5 Los relajantes musculares utilizados en anestesia anulan completamente la contracción muscular. Los pacientes traumatizados, al ser desnudados para su exploración física, son expuestos a la temperatura ambiente, con lo que pierden calor por radiación. Si los fluidos utilizados en la reanimación del paciente (líquidos cristaloides a temperatura ambiente y derivados de la sangre que se conservan a baja temperatura) no se calientan a una temperatura cercana a los 37 °C, se contribuye de forma significativa a disminuir la temperatura corporal. Uno de los efectos más documentados de la hipotermia es la coagulopatía. La hipotermia afecta la hemostasia a varios niveles: • Altera la función plaquetar. En situación de hipotermia, se produce un secuestro reversible de las plaquetas en el híga- 111 Esta alteración de la coagulación no se refleja en las pruebas de laboratorio, puesto que las muestras se calientan a 37 °C antes de realizar las pruebas de coagulación. Los efectos de la hipotermia sobre la coagulación son reversibles, por lo cual es muy importante mantener la normotermia del paciente politraumático para minimizar el efecto de la temperatura sobre la coagulación. oagulopatía C La explicación de que la coagulopatía del paciente politraumático es únicamente por consumo o dilucional no se sostiene con los conocimientos actuales.6 Existen numerosas pruebas en estudios de laboratorio, en animales y clínicos observacionales que apoyan un origen multifactorial de la coagulopatía. Algunos de los mecanismos son predominantes y otros solo se manifiestan en situaciones clínicas muy particulares. Los traumatismos provocan la liberación de mediadores tisulares y estos activan diversos sistemas humorales, como las cascadas de la coagulación, de la fibrinolisis, del complemento y de la calicreína. Estas reacciones tienen efectos sobre las funciones de las células, entre ellas, las plaquetas, y provocan cambios en los mecanismos de la homeostasis. Uno de los sistemas cuya lesión tiene consecuencias directas sobre la coagulación es el SNC. Las lesiones del cerebro provocan una alteración de la coagulación a través de la liberación de tromboplastina tisular.7 Se postula que existen seis iniciadores clave de la coagulopatía del paciente traumático: 1. Traumatismo tisular. 2. Shock. 3. Hemodilución. 4. Hipotermia. 5. Acidosis. 6. Inflamación. Cuando no se consigue parar la hemorragia de un paciente traumático y persiste el sangrado, podría perderse la volemia suficiente como para provocar la muerte. Además de la pérdida de hematíes, que son responsables del transporte de oxígeno desde el pulmón hasta el resto del organismo, se pierden plaquetas y factores de la coagulación. A estos pacientes se les administran fluidos para restaurar la volemia, la pérdida de sangre ha disminuido la cantidad de plaquetas y factores de la coagulación circulantes, con lo que la administración de líquidos (cristaloides o coloides) sitúa frecuentemente al paciente traumatizado ERRNVPHGLFRVRUJ 112 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ri i r i Respuesta nflamato a al t aumat smo A partir de las primeras 48 h, la primera causa de mortalidad en el paciente politraumático ya no es la exanguinación, sino las lesiones cerebrales secundarias o el fracaso multiorgánico.3 El paciente politraumático sufre en el momento del accidente múltiples lesiones, contusiones, laceraciones, fracturas y otras lesiones tisulares que se agravan frecuentemente por la hipoxia tisular secundaria al sangrado o a las lesiones del aparato respiratorio. Este cúmulo de lesiones tisulares, que deno- Coagulopatía Hemorragia gu a 10-1 Tríada letal. r Fi Hipotermia Acidosis 9.000 Trombina activa (μg/l) 7.500 6.000 4.500 3.000 1.500 0 0 1 2 3 4 5 6 7 Minutos Control Hipotermia Acidosis Combinado r gu a 10-2 Efectos de la hipotermia, la acidosis y su combinación sobre el tiempo de coagulación. Fi en una situación de coagulopatía dilucional, puesto que la concentración de plaquetas y factores de la coagulación en la sangre circulante es inferior a la normal. Los pacientes con un sangrado importante pueden caer en el círculo vicioso de la tríada letal (fig. 10-1). El sangrado disminuye el transporte del oxígeno por pérdida de las unidades de transporte que son los hematíes, las células en ausencia de oxígeno utilizan la vía anaerobia del metabolismo, que tiene un rendimiento energético muy inferior al de la aerobia, y el paciente se enfría y su medio interno se acidifica. Tanto la hipotermia como la acidosis alteran la coagulación. La hipotermia altera básicamente la función plaquetar, disminuyendo su activación. La acidosis altera las reacciones enzimáticas de la cascada de la coagulación y aumenta la fibrinolisis. Los efectos de la hipotermia y la acidosis son aditivos (fig. 10-2), y la corrección de la acidosis con bicarbonato no revierte la alteración de la coagulación. La alteración de la coagulación hace que persista la pérdida hemática, con lo cual no solo se agrava el transporte de oxígeno sino la coagulopatía misma, ya que al perder sangre se pierden también las plaquetas y los factores de coagulación que se necesitan para detener el sangrado. Como ya se ha señalado, la pérdida de hematíes obliga al organismo a utilizar la vía anaerobia para obtener energía, que tiene un rendimiento muy inferior provocando hipotermia y acidosis. En este punto, el paciente ya ha entrado en un círculo vicioso, el mismo efecto es a su vez causa y consecuencia; la coagulopatía provoca sangrado que provoca hipotermia y acidosis, que, a su vez, agravan esta coagulopatía. Aunque actualmente existen estudios que buscan estrategias para sacar a los pacientes del círculo vicioso y revertir la situación de coagulopatía, el mejor tratamiento de este síndrome sigue siendo la prevención del mismo, es decir, evitar la hipotermia, parar el sangrado tan pronto como sea posible y reponer la pérdida hemática de forma precoz para evitar la acidosis. minamos primer impacto, es debido a las fuerzas externas que han incidido en el paciente en el momento del accidente. El tratamiento inicial del paciente también es causa de lesión tisular, las laparotomías, la fijación de fracturas, las transfusiones, etc. son también agresiones al organismo, aun cuando su fin sea curativo. Al conjunto de lesiones tisulares producidas con intención curativa, lo denominamos segundo impacto.8 El conjunto de lesiones tisulares (incluidas las del primer y el segundo impactos) inducen una reacción inmune de defensa del organismo, habitualmente, inflamatoria, que es el primer paso en la regeneración de los órganos lesionados. En ocasiones, y dependiendo de su magnitud, esta reacción inmune se vuelve contra el propio organismo, agravando la lesión que ya padecían los órganos lesionados, incluso provocando el fracaso de otros que no habían sido lesionados por el impacto inicial, conduciendo al fallo multiorgánico y la muerte del paciente. Mediadores de la inflamación Cada vez conocemos más los mecanismos de la reacción inmune de defensa y sabemos que son varias las cascadas metabólicas que se activan en el proceso inflamatorio. Estas cascadas metabólicas se encuentran interrelacionadas entre sí.9 Mediadores inflamatorios locales El ácido araquidónico normalmente se encuentra esterificado como fosfolípido y forma parte de la membrana celular. La rotura de la membrana plasmática expone al ácido araquidónico a la acción de dos enzimas: la ciclooxigenasa, que lo transforma en tromboxanos y prostaglandinas, y la lipooxigenasa, que lo transforma en leucotrienos. Estos tres grupos de moléculas actúan como mediadores inflamatorios en diversas reacciones. También actúan de forma local los derivados del quininógeno (calicreína y bradiquinina) y la histamina secretada por los mastocitos tisulares o los basófilos circulantes. Todos estos mediadores producen un aumento de la permeabilidad capilar ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 10 Bases fisiopatológicas de la respuesta sistémica al traumatismo grave y edema local, y reclutan células del sistema inmunitario. Estos factores inflamatorios tienen básicamente un efecto local y una vida media corta, por lo que la medición de sus niveles en suero no es un buen indicador de la lesión tisular generada. Sin embargo, si se producen en exceso por una lesión tisular muy extensa, pueden distribuirse por el torrente sanguíneo y amplificar la respuesta inflamatoria en órganos alejados del lesionado originalmente. las alteraciones de las barreras intestinales y epiteliales que se observan tras un traumatismo grave. Uno de los frentes de estudio actuales es saber las acciones de esta molécula después del período inflamatorio, ya que se cree que puede estar implicada en la regeneración tisular, atrayendo células madre12 al lugar de la lesión y promoviendo la angiogénesis en lugares previamente inflamados. Cascada del complemento Las citoquinas son proteínas secretadas por las células que tienen como misión la transmisión de información de forma paracrina (a las células alrededor de la célula secretora) y endocrina (a las células a distancia de la célula secretora). En el último cuarto de siglo, estas moléculas se han estudiado con mucho interés en el campo de la inflamación. Su administración puede producir un síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS) en ausencia de traumatismo y el bloqueo de sus receptores puede ser beneficioso.10 Las citoquinas proinflamatorias más estudiadas son el TNF y las interleucinas 1b (IL-1b), 6 (IL-6), 8 (IL-8) y 12 (IL-12), y el interferón g (IFN-g). Otras citoquinas tienen un efecto antiinflamatorio, como la IL-10. El TNF fue una de las primeras citoquinas identificadas. Estimula el eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal produciendo fiebre; en el hígado estimula la síntesis de proteína C reactiva (PCR) y es un potente agente quimiotáctico para los neutrófilos. Sus efectos sobre los macrófagos son: estimular la fagocitosis, activar la síntesis de IL-1, de lisozimas y de prostaglandina E2. La IL-6 ha sido una de las citoquinas más estudiadas porque demuestra una buena correlación con la cantidad de lesión tisular.13 Se ha preconizado su utilidad como marcador de pronóstico clínico porque el aumento de su concentración plasmática por encima de determinado nivel predice el desarrollo del síndrome del distrés respiratorio del adulto (ARDS, adult respiratory distress syndrome) y de fallo multiorgánico (MOF, multiple organ failure). Entre sus acciones se encuentran la estimulación de la síntesis de PGE2 en el hipotálamo, con lo que induce fiebre; en el hígado, también estimula la síntesis de proteínas reactivas de fase aguda (fibrinógeno, PCR); en la médula ósea, promueve la multiplicación y diferenciación de granulocitos neutrófilos y activa los linfocitos natural killer. La cascada del complemento consiste en una serie de reacciones enzimáticas que se inician por complejos antígeno-anticuerpo (vía clásica) o directamente por algunos de los componentes de la membrana de los microorganismos (vía alternativa). Algunos de los productos pueden producir la lisis bacteriana de forma directa y otros como el C3a o el C5a actúan conjuntamente con las quininas y productos de la degradación de la fibrina produciendo liberación de histamina y aumentando la permeabilidad capilar. Los metabolitos activos del complemento «marcan» las bacterias (opsonización), atrayendo a los neutrófilos para que las fagociten y las lisen. Alarminas © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 113 Cuando se produce una invasión por microorganismos patógenos, algunas células liberan sustancias denominadas alarminas cuando sus receptores de membrana detectan patrones moleculares que solo poseen estos microorganismos (lipopolisacáridos de la membrana, ADN bacteriano o ARN viral). Estos patrones moleculares exclusivos de los microorganismos patógenos se denominan PAMP (pathogen-associated molecular pattern o patrones moleculares asociados a patógeno). Los traumatismos también elicitan respuestas de alarma por exposición de estos receptores a moléculas endógenas denominadas alarminas. Las alarminas forman, junto con los PAMP, un grupo más general de sustancias que denominamos DAMP (damage-associated molecular pattern o patrones moleculares asociados a lesión).10 Una de las alarminas más estudiada es la HMGB1 (high mobility group box-1 o proteína del grupo de alta movilidad con caja 1). Esta proteína se encuentra en el núcleo de la célula, donde cumple una función de organización del ADN y regulación de la transcripción. Cuando una célula fallece y se lisa, esta proteína nuclear se libera al espacio extracelular y activa los receptores de DAMP estimulando la secreción de mediadores inflamatorios. La HMGB1 no solo se libera en la lisis celular, los monocitos, los macrófagos y las células dendríticas la secretan activamente cuando están activados (p. ej., por el factor de necrosis tumoral [TNF] a). Como su concentración está en relación con la cantidad de necrosis tisular, se han estudiado sus niveles en diversos modelos experimentales de traumatismo como la fractura bilateral de fémur, el shock hipovolémico o la lesión hepática por isquemia-reperfusión.11 Tanto las sustancias liberadas por los PAMP como las alarminas activan las células presentadoras de antígenos (APC) —neutrófilos, linfocitos T, monocitos, macrófagos, linfocitos natural killer y células dendríticas—, indicándoles el lugar del daño tisular y estimulando la liberación de citoquinas por parte de estas células. La HMGB1 también interacciona con las células endoteliales, por lo que se la ha responsabilizado de Citoquinas élulas implicadas en la respuesta al traumatismo C En respuesta a los traumatismos, entran en acción en el sistema inmunitario los neutrófilos, los monocitos/macrófagos y los linfocitos natural killer. Neutrófilos Los neutrófilos o granulocitos representan el 60% de los leucocitos circulantes. Son el grupo celular que primero se activa y su acción es la más importante en la respuesta inicial al traumatismo. Su función principal es la lucha contra microorganismos invasores y el desbridamiento de los tejidos necróticos. Cuando se produce un traumatismo, los neutrófilos se activan, migran e infiltran los tejidos afectados por el trauma atraídos por la IL-8; una vez en el lugar del traumatismo, se adhieren a la pared endotelial y la atraviesan llegando al parénquima del ERRNVPHGLFRVRUJ 114 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología órgano, donde se degranulan, liberando diversos tipos de moléculas: • Marcadores de lesión y activadores de otras células. Los • • • mismos neutrófilos liberan IL-8 y TNF; ambas moléculas son potentes quimiotácticos de los mismos neutrófilos, con lo cual cada vez son más los que acuden al lugar de la lesión. Proteasas neutras. Entre ellas, la elastasa es la que permite la adhesión de los neutrófilos al endotelio de los vasos y su posterior migración hacia el parénquima tisular. Los niveles de elastasa se han utilizado como marcadores de la cantidad de daño tisular. Especies reactivas del oxígeno, que incluyen iones de oxígeno, radicales libres y peróxidos. Son moléculas muy pequeñas y altamente reactivas. Estos compuestos se forman de manera natural como subproducto del metabolismo normal del oxígeno y tienen un importante papel en la señalización celular, actuando como marcadores de lesión. Además, el peróxido de hidrógeno es el sustrato de actuación de la mieloperoxidasa. Sin embargo, si sus niveles aumentan significativamente, se pueden producir daños en el ARN y ADN celulares. Mieloperoxidasa. Es la enzima responsable de la transformación del peróxido de hidrógeno y cloro (H2O2 + Cl–) en ácido hipocloroso (HClO), que es capaz de disolver la pared de las bacterias y, por ello, la principal arma del neutrófilo contra las infecciones. La enzima, al contener un grupo hemo, es la responsable del color verde de algunos puses y secreciones. Los neutrófilos atacan a los microorganismos y desbridan el tejido muerto mediante tres mecanismos: 1. Fagocitosis del microorganismo opsonizado (marcado) por el complemento o del resto celular, y liberación de gránulos al interior del fagocito para que digiera su estructura. 2. Degranulación. Liberación de las sustancias del interior de los gránulos al espacio extracelular, donde lisarán directamente el microorganismo. 3. Trampas extracelulares. Los neutrófilos pueden también «morir matando»;14 a este tipo de muerte celular, diferente a la lisis y a la apoptosis, se la ha denominado netosis (de net, «red»). Cuando un neutrófilo está activado, puede romper sus membranas plasmática y nuclear, y expulsar la cromatina contenida en el núcleo al espacio extracelular. Su cromatina (su ADN) actúa como una red en la que los microorganismos quedan atrapados, los gránulos del neutrófilo también son expulsados y lisan los microorganismos atrapados. La función de los neutrófilos es defender ese tejido lesionado contra los microorganismos y limpiarlo de tejido necrótico. Sin embargo, una activación generalizada puede producir que los neutrófilos migren e infiltren tejidos no lesionados, y causen su disfunción.15 Son los principales responsables del ARDS y del MOF. Monocitos/macrófagos La función principal de los monocitos circulantes y de los macrófagos tisulares es la fagocitosis de patógenos o de tejido necrótico. Los granulocitos que han fallecido también son ingeridos por los macrófagos. Además de la función de digestión de los patógenos, otra de sus funciones más importantes es la de actuar como células presentadoras de antígenos; al digerir un patógeno, integran parte de la pared del microorganismo en su propia membrana plasmática. Los linfocitos T que reconocen esta pared bacteriana producen anticuerpos específicos para el antígeno presentado que se unirán a otros microorganismos para señalarlos como cuerpos extraños para que el macrófago los fagocite. Células dendríticas Las células dendríticas probablemente deriven de los monocitos, como los macrófagos. Se encuentran en los epitelios en contacto con el mundo exterior, las mucosas del estómago y del intestino, la mucosa nasal y la piel (donde reciben el nombre de células de Langerhans). Las células dendríticas actúan como células presentadoras de antígenos, es decir, presentan en su membrana antígenos para que sean reconocidos por linfocitos T-killer, T-helper y linfocitos B. Los linfocitos T y B se activan en contacto con el antígeno presentado por la célula dendrítica y actúan contra él, ya sea mediante citotoxicidad o fabricando anticuerpos específicos para el antígeno. Linfocitos natural killer Los linfocitos natural killer son linfocitos que actúan precozmente, pertenecen al sistema inmunitario innato, es decir, que no precisan de la presencia de anticuerpos para desarrollar su función. Se activan por citoquinas (IL-2, IL-6, IL-12, IL-15, IL-18) liberadas por células estresadas (por una infección vírica, pero también por un traumatismo). Actúan por citotoxicidad, mediante proteínas contenidas en gránulos de su citoplasma (perforinas) que liberan cerca de la célula estresada que han decidido «matar». Las perforinas producen poros en la membrana celular y la célula se lisa o presenta apoptosis. Síndrome de respuesta inflamatoria sistémica Los pacientes politraumatizados con una lesión tisular significativa activan los mecanismos de defensa antes expresados como consecuencia de la lesión celular directa que produce el traumatismo, pero también como consecuencia de la hipoxia secundaria a lesiones pulmonares o a la anemia aguda por pérdida sanguínea o a la necrosis tubular aguda secundaria a la hipovolemia. Todas estas células se encuentran «estresadas» y liberarán citoquinas. Durante milenios, el sistema inmunitario ha evolucionado para luchar especialmente contra la invasión por microorganismos. La respuesta inmune inicial a la lesión tisular está especialmente diseñada para protegernos contra una infección. El aumento de la producción de neutrófilos, su activación, el aumento de adhesividad y la migración hacia el parénquima tisular son análogos a lo que ocurre en una nación que se prepara para la guerra, alista a los soldados, los entrena y los envía al frente. Sin embargo, la noxa ha desaparecido un instante después del accidente. A diferencia de lo que ocurre en una infección, donde los microorganismos proliferan y se multiplican sobre el tejido necrótico, después del accidente no hay agresor contra el que luchar, similar a un ejército inflamado por las ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 10 Bases fisiopatológicas de la respuesta sistémica al traumatismo grave arengas, lleno de ira contra el enemigo y dispuesto para la batalla que, sin embargo, se encuentra con que se ha declarado la paz. Las huestes, sin enemigo que atacar, se dedican al pillaje y a la barbarie; los inocentes y pacíficos aldeanos son el pasto de la ira insatisfecha por el inexistente enemigo que los soldados esperaban. Así, los neumocitos, los hepatocitos, los miocitos o las células del endotelio del propio organismo padecen la acción de los leucocitos que no encuentran ninguna bacteria que fagocitar. A su vez, el daño tisular provocado por los propios leucocitos aumenta los niveles de mediadores inflamatorios, con lo cual el organismo cae en un círculo vicioso que puede concluir en la propia autodestrucción. Al estado de hiperinflamación que se produce en ocasiones después de un accidente, sin infección bacteriana subyacente, se le denomina síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS). Los criterios (cuadro 10-1) para definir que un paciente se encuentra en este estado se concretaron en una conferencia de consenso en 1992,16 este estado de inflamación es tan similar a una infección generalizada que la definición del estado de sepsis solo difiere de la del estado de SIRS en el hecho de que se reconozca una infección o se detecte una bacteriemia. Teoría del segundo impacto © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. El estado de SIRS está provocado no solo por la lesión tisular directa producida por el traumatismo inicial, sino también por las circunstancias, como consecuencia del traumatismo, que agravan la lesión tisular (entre otras, la hipoxemia por una lesión de la vía aérea o la hipovolemia por un sangrado abdominal) y las que se desarrollan secundariamente.8 Un síndrome compartimental sin tratamiento correcto produce una lesión tisular mucho mayor que la producida por el traumatismo inicial que lo desencadenó. Los fenómenos de isquemia-reperfusión también son responsables de una gran liberación de mediadores inflamatorios. Cuando las células se ven sometidas a isquemia no solo por la contusión directa, sino por el estado de vasoconstricción e hipovolemia por el sangrado, además de por alteraciones microcirculatorias (por alteraciones de la adhesividad de los leucocitos), siguen consumiendo energía (degradando ATP en ADP y este en monofosfato de adenosina (AMP), y el AMP en hipoxantina), pero son incapaces de regenerar a ATP la hipoxantina producida. El agotamiento del ATP produce directamente que la bomba de Na+/K+ de la membrana celular deje de funcionar, el aumento del Na+ intracelular produce edema intrace- Cuadro 10-1 Criterios diagnósticos del síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS)* • Frecuencia cardíaca > 90 latidos/min • Frecuencia respiratoria > 20 respiraciones/min. Hiperventilación con PaCO2 < 32 mmHg • Temperatura > 38,8 °C o < 36,8 °C • Recuento de leucocitos > 12.000/mm3 o < 4.000/mm3, o bien > 10% en formas juveniles *Para la definición de SIRS, es necesario que se cumplan dos o más criterios. Se define sepsis cuando se cumplen criterios de SIRS y existe un foco bacteriano conocido o bacteriemia. 115 lular por entrada de agua, además de alteraciones de la membrana y acumulación de Ca2+ intracelular, que es el responsable de las alteraciones de la membrana, de la liberación de mediadores y activación de proteasas y nucleasas que pueden acabar en lesión del ADN celular y la lisis o apoptosis de la misma célula. Estos efectos se observan después de una isquemia prolongada, pero de mayor importancia es el efecto de la acumulación de hipoxantina en células sometidas a un estado isquémico transitorio. Cuando se restaura la volemia y se reperfunden los tejidos que han sido sometidos a isquemia, en presencia de oxígeno, la hipoxantina se degrada a xantina y, finalmente, a ácido úrico. En estos dos pasos se generan radicales de oxígeno libres que producen lesiones de la membrana y del ADN nuclear induciendo la lisis o apoptosis celular. Algunas intervenciones terapéuticas iniciales sobre el paciente politraumatizado también aumentan la cantidad de lesión tisular: laparotomías, toracotomías, craneotomías, fijación de fracturas, etc.; otras aumentan el estado inflamatorio por exposición del sistema inmunitario a antígenos, como la transfusión de sangre homóloga.17 A toda la carga inflamatoria inducida por los esfuerzos terapéuticos iniciales de estabilización del paciente politraumático, se la denomina segundo impacto. Los médicos a cargo de un paciente politraumático han de valorar cuidadosamente que la carga del segundo impacto sea la menor posible para evitar que el paciente sufra las consecuencias del SIRS, lo cual implica normalmente estabilizar las lesiones para evitar su progresión y diferir su reparación definitiva a un momento posterior, cuando el estado inflamatorio del paciente haya disminuido y mejorado (teoría del control de daños).18 Actualmente, no podemos predecir con certeza qué paciente desarrollará SIRS, aunque empezamos a atisbar que los niveles de algunos de los mediadores implicados en el proceso inflamatorio pueden ser de utilidad en esta predicción.13 Sin embargo, es sabido que algunos pacientes desarrollan un SIRS tras una lesión tisular menor, mientras que otros que han sufrido una gran lesión tisular no desarrollan este estado. onsecuencias clínicas del síndrome de respuesta inflamatoria sistémica C Síndrome del distrés respiratorio del adulto La denominación de este síndrome, descrito por Ashbaugh en 1967,19 ha cambiado la palabra adulto por agudo, pues se ha reconocido su aparición también en niños y neonatos.20 La insuficiencia respiratoria inicial es probablemente multifactorial, la hipoxemia es debida al llenado alveolar por edema rico en proteínas, alteración de la función del surfactante, disminución de la compliancia —distensibilidad pulmonar— y aumento del espacio muerto pulmonar por lesión del lecho capilar.21 La base fisiopatológica del ARDS es el edema pulmonar; el paso de plasma rico en proteínas al espacio aéreo alveolar impide la entrada de aire, con lo cual no se produce el intercambio gaseoso y disminuye la cantidad de oxígeno en la sangre. El plasma se difunde desde el interior del capilar al espacio aéreo alveolar por un aumento de la permeabilidad capilar, a diferencia del edema pulmonar que se produce en la insuficiencia cardíaca, donde la causa principal es un aumento de la pre- ERRNVPHGLFRVRUJ Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología sión sanguínea capilar pulmonar, aunque la administración excesiva de fluidos en la reanimación puede contribuir también a la extravasación de líquido en el ARDS. La fase inicial del ARDS se define como exudativa y la tardía como proliferativa. En la fase inicial, se perturba la barrera alveolocapilar, que está formada por el endotelio capilar y el epitelio alveolar. Las autopsias de pacientes con ARDS demuestran que el endotelio se encuentra alterado, no solo existe lesión de las células endoteliales, sino que estas aumentan el espacio entre sí y a través del espacio creado puede salir el plasma rico en proteínas que ocupará el alvéolo. En el ARDS también hay capilares tan lesionados que la circulación sanguínea a través de ellos es imposible, con lo que no solo hay lugares del pulmón mal ventilados, sino que los hay mal perfundidos. La otra parte de la barrera, el epitelio alveolar, también se daña. Existen dos tipos de células epiteliales alveolares: las de tipo I, que son las más numerosas y constituyen la base del epitelio, y las de tipo II, que, aunque menos numerosas, tienen importantes funciones, a saber, la producción de surfactante, el transporte de iones y la regeneración de las células de tipo I. Los neutrófilos están íntimamente relacionados con el ARDS, las autopsias de pacientes con el síndrome demuestran una alta acumulación de neutrófilos en el pulmón; la reinfusión de leucocitos autólogos marcados demuestra que estos se dirigen a esta localización, pero el motivo por el cual los neutrófilos son retenidos en el lecho capilar pulmonar es motivo de debate. Una teoría apunta a que la causa es que el endotelio pulmonar es más adhesivo en situaciones de estrés; otra a que los neutrófilos activados (por la IL-8, leucotrieno B4, complemento C5a, endotoxina) pierden elasticidad y, comoquiera que en situación normal han de deformarse significativamente para atravesar el capilar pulmonar, cuando están activados no pueden deformarse y quedan atrapados, migrando posteriormente hacia fuera del endotelio y al espacio aéreo alveolar. Una vez en el pulmón, para causar un ARDS los neutrófilos deben liberar los productos tóxicos que contienen sus gránulos: proteasas, especies reactivas del oxígeno, citoquinas y otros metabolitos que lesionan el parénquima pulmonar. Estas armas químicas pueden ser bloqueadas por sustancias que neutralizan los efectos de las proteasas (la a1-antitripsina y la a2-macrogobulina neutralizan a la elastasa, que es la que digiere la matriz extracelular permitiendo la migración del neutrófilo hacia fuera del endotelio) o sustancias antioxidantes que neutralizan los efectos de los peróxidos. La liberación de estas sustancias se hace en respuesta a la acción de citoquinas antiinflamatorias. Una vez que el neutrófilo ha realizado su función, entra en apoptosis y es ingerido por los macrófagos alveolares; dado que en el proceso de apoptosis el neutrófilo retiene en su interior los gránulos, no provoca mayor lesión tisular. También se ha demostrado que en situación de ARDS la proporción de neutrófilos que entran en apoptosis es menor, lo cual implica que existen mayor cantidad de neutrófilos activos, lisados o que han sufrido netosis,22 es decir, forman mallas (net) de ADN que contienen histonas y proteínas antimicrobianas al espacio extracelular. Estas trampas extracelulares (net) inmovilizan a los microorganismos atrapándolos entre agentes antimicrobianos, como mieloperoxidasa, elastasa, proteinasa 3, catepsina G, lactoferrina, triptasa y gelatinasa y otros. Pero con la lisis y la netosis se liberan las proteasas y peróxidos, lo cual contribuye a agravar la lesión tisular. Toda la cascada de eventos que ocurren en el ARDS está iniciada, amplificada y modulada por el complejo sistema de citoquinas y otros mediadores de la inflamación. Inicialmente, las células pulmonares producen TNF e IL-1 que estimulan a otras células a producir IL-8, que es un poderoso quimiotác tico de los neutrófilos. La administración de anticuerpos anti-IL-8 puede prevenir el desarrollo del ARDS y el balance entre IL-8 y anti-IL-8 predice mejor el desarrollo del ARDS que la medición de la IL-8 aislada. El balance entre mediadores inflamatorios y antiinflamatorios probablemente sea mejor predictor de la evolución del ARDS que la medición aislada de una citoquina proinflamatoria o la cantidad de tejido pulmonar lesionado. ­ 116 Alveolitis fibrosante Tras la fase exudativa del ARDS, en algunos de los pacientes el cuadro se resuelve de forma completa y rápida sin dejar secuelas; en otros, la curación de la lesión pulmonar es demasiado proliferativa. Hay una ocupación del espacio aéreo alveolar por células mesenquimales y excesiva proliferación de nuevos vasos sanguíneos. Los pacientes que presentan este tipo de fibrosis alveolar tienen mayor mortalidad. Aunque la fase fibroproliferativa es tardía, probablemente su desarrollo esté relacionado con el insulto inflamatorio inicial porque, por ejemplo, la IL-1 es un estímulo mitogénico para los fibroblastos. La alveolitis fibrosante es un factor pronóstico deletéreo, los pacientes que la desarrollan presentan mayor tasa de mortalidad. Síndrome de fallo multiorgánico Esta denominación define una situación clínica en la que múltiples órganos de un paciente presentan una alteración de la función tal que el paciente no puede recuperar la homeostasis sin ayuda médica. De hecho, al MOF no se llega sin ayuda médica, puesto que esta situación clínica solo se presenta en pacientes en unidades de cuidados intensivos (UCI) y es el legado del progreso de la medicina intensiva el que consigue que sobrevivan pacientes con una insuficiencia completa de un órgano. Aunque en realidad es todo el organismo el que está implicado, en el paciente traumático el primer órgano que fracasa suele ser el pulmón por un ARDS, le suele seguir el fallo hepático, el renal y, finalmente, el cardíaco. Si el proceso de inflamación generalizada no se revierte, el fallo multiorgánico suele acabar con la vida del paciente. En muchas ocasiones, el SIRS se complica con una infección. Las infecciones (neumonía por sobreinfección de una contusión pulmonar, peritonitis poslaparotomía, infección de una fractura abierta u otras) no solo comprometen la función del órgano implicado, sino que aumentan el estado inflamatorio del enfermo. En muchas ocasiones, la diferencia entre SIRS y sepsis es solo especulativa (se desconoce si el paciente presenta una infección). Hipótesis «intestinal» En la fase de recuperación del shock hipovolémico, el último órgano reperfundido es el intestino. El riego esplácnico es el último que se recupera cuando se sale de la hipovolemia y, por tanto, el tejido intestinal es el que se ve sometido a una isquemia más prolongada. Se cree que esta isquemia prolongada y sus ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 10 Bases fisiopatológicas de la respuesta sistémica al traumatismo grave consecuencias pueden tener un papel fundamental e iniciador del SIRS y del fallo multiorgánico. A consecuencia de la isquemia intestinal, se altera la función de la mucosa intestinal y las bacterias situadas en la luz se multiplican y migran a través de la barrera de la mucosa epitelial hasta situarse debajo del epitelio intestinal. Este fenómeno se conoce como translocación bacteriana. La translocación bacteriana estimula la producción de mediadores inflamatorios por parte del intestino. Estos mediadores son liberados a la circulación portal y distribuidos por todo el organismo activando a los leucocitos que lesionan a los distintos órganos o al mismo intestino, produciendo una mayor alteración de la barrera intestinal, con lo que se incrementa la translocación bacteriana y se cierra otro de los círculos viciosos que padece el paciente politraumático.10 onclus ones. Impl cac ones f s opatológ cas sob e el t atam ento del pac ente pol t aumát co C i i i i r r i © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. i i i i r i La mortalidad debida a coagulopatía por consumo y por fallo multiorgánico no ha variado de forma significativa en las tres últimas décadas y, sin embargo, la mortalidad en el paciente politraumático ha disminuido. Esto es explicable porque ambos son estados de agotamiento de los recursos del organismo y, una vez traspasada la barrera que los define, no suele haber marcha atrás. Por tanto, aun cuando se realizan esfuerzos en el tratamiento de ambas entidades, la estrategia más eficaz es evitar que el paciente caiga en alguno de estos dos círculos viciosos letales.23 En la fase inicial de tratamiento, se debe hacer todo lo posible para minimizar la pérdida hemática y reponer la volemia precozmente hasta solucionar la hemorragia. La detención precoz de la hemorragia no solo preserva la capacidad de oxigenación y consecuentemente evita la acidosis, sino que también ahorra la pérdida de plaquetas y factores de coagulación que pueden ser útiles para detener una hemorragia en otra localización. Al mismo tiempo, se ha de evitar el enfriamiento del enfermo, dadas las consecuencias de la hipotermia en la coagulación. Se ha de intentar que el paciente supere este primer obstáculo sufriendo la menor lesión tisular posible, ya sea iatrogénica, ya sea la secundaria a la isquemia tisular por hipoperfusión. Sabemos que la cantidad de lesión tisular inicial (primer impacto) se suma a la quirúrgica y a la producida por la hipoperfusión (segundo impacto) y que, si la suma de ambas supera cierto listón, el paciente entrará en un SIRS, que es la antesala del fallo multiorgánico. Consecuentemente, hemos de minimizar el impacto quirúrgico en pacientes con mucha lesión tisular y dosificarlo a lo largo del tiempo para evitar desencadenar o agravar esta respuesta inflamatoria autolesiva. 117 bl og afía Bi i r 1. Butcher N, Balogh ZJ. The definition of polytrauma: the need for international consensus. Injury 2009;40(Suppl 4):12-22. 2. Trunkey DD, Lim RC. Analysis of 425 consecutive trauma fatalities: An autopsy study. J Am Coll Emerg Physicians 1974;3(6):368-71. 3. Pfeifer R, Tarkin IS, Rocos B, Pape HC. Patterns of mortality and causes of death in polytrauma patients-Has anything changed? Injury 2009;40(9):907-11. 4. Darlington DN, Kheirabadi BS, Delgado AV, Scherer MR, Martini WZ, Dubick MA. Coagulation Changes to Systemic Acidosis and Bicarbonate Correction in Swine. J Trauma 2011;71(5)1271-7. 5. Tsuei BJ, Kearney PA. Hypothermia in the trauma patient. Injury 2004;35(1):7-15. 6. Hess JR, Brohi K, Dutton RP, Hauser CJ, Holcomb JB, Kluger Y, et al. The coagulopathy of trauma: a review of mechanisms. J Trauma 2008;65:748-54. 7. Hulka F, Mullins RJ, Frank EH. Blunt brain injury activates the coagulation process. Arch Surg 1996;131(9):923-7. 8. Lasanianos NG, Kanakaris NK, Dimitriou R, Pape HC, Giannoudis PV. Second hit phenomenon: Existing evidence of clinical implications. Injury 2011;42:617-29. 9. Lenz A, Franklin GA, Cheadle WG. Systemic inflammation after trauma. Injury 2007;38(12):1336-45. 10. Tsukamoto T, Chanthaphavong RS, Pape HC. Current theories on the pathophysiology of multiple organ failure after trauma. Injury 2010; 41(1):21-6. 11. Klune JR, Dhupar R, Cardinal J, Billiar TR, Tsung A. HMGB1: endogenous danger signaling. Mol Med 2008;14(7-8):476-84. 12. Palumbo R, Bianchi ME. High mobility group box 1 protein, a cue for stem cell recruitment. Biochem Pharmacol 2004;68(6):1165-70. 13. Strecker W, Gebhard F, Perl M, Rager J, Buttenschön K, Kinzl L, et al. Biochemical characterization of individual injury pattern and injury severity. Injury 2003;34(12):879-87. 14. Brinkmann V, Zychlinsky A. Neutrophil extracellular traps: Is immunity the second function of chromatin? J Cell Biol 2012;198(5):773-83. 15. Botha AJ, Moore FA, Moore EE, Sauaia A, Banerjee A, Peterson VM. Early neutrophil sequestration after injury: a pathogenic mechanism for multiple organ failure. J Trauma 1995;39(3):411-7. 16. Bone RC, Balk RA, Cerra FB, Dellinger RP, Fein AM, Knaus WA, et al. Definitions for sepsis and organ failure and guidelines for the use of innovative therapies in sepsis. Chest 1992;101(6):1644-55. 17. Dunne JR, Malone DL, Tracy JK, Napolitano LM. Allogenic blood transfusion in the first 24 hours after trauma is associated with increased systemic inflammatory response syndrome (SIRS) and death. Surg Infect (Larchmt) 2004;5(4):395-404. 18. Rotondo MF, Schwab CW, McGonigal MD, Phillips GR, Fruchterman TM, Kauder DR, et al. “Damage control”: an approach for improved survival in exsanguinating penetrating abdominal injury. J Trauma 1993;35(3):375-82; discussion 382-3. 19. Ashbaugh DG, Bigelow DB, Petty TL, Levine BE. Acute respiratory distress in adults. Lancet 1967;2(7511):319-23. 20. Weinberger S, Cockrill B, Mandel J. Acute Respiratory Distress Syn drome. In: Weinberger S, Cockrill B, Mandel J. Principles of Pulmonary Medicine. Philadelphia: Elsevier Saunders; 2014. p. 351-63. 21. Ware LB. Pathophysiology of acute lung injury and the acute respiratory distress syndrome. Semin Respir Crit Care Med 2006;27(4):337-49. 22. Manda A, Pruchniak MP, Araźna M, Demkow UA. Neutrophil extracellular traps in physiology and pathology. Cent Eur J Immunol 2014; 39(1):116-21. 23. Muñoz Vives JM. Bases fisiopatológicas de la reacción sistémica al traumatismo. En: Caba Doussoux P, Zafra Jiménez JA, editores. Estrategias de tratamiento en el politraumatizado. Madrid: Luzán 5; 2012. p. 25-39. ERRNVPHGLFRVRUJ ­ Capítulo 11 Interacción implante-huésped Eduardo García Rey Resumen El gran desarrollo que se ha experimentado durante las últimas décadas en el campo de los biomateriales y su utilización como implantes en la cirugía ortopédica y traumatología ha derivado en un gran número de posibilidades a las que el cirujano ortopédico debe enfrentarse para poseer un correcto conocimiento. La excelente fijación ósea que presentan muchos de ellos es consecuencia de una correcta interacción entre el implante y el huésped. Una correcta fijación primaria es indispensable para garantizar el éxito a largo plazo de una artroplastia de sustitución articular. Tanto la fijación cementada, en su interfaz cemento-hueso o cemento-aleación metálica, como la no cementada ofrecen resultados óptimos en un gran número de diseños que hacen que se puedan indicar en distintos tipos de pacientes según sus características. Los fenómenos de aflojamiento aséptico pueden aparecer tanto a corto, debidos a una mala fijación inicial que lleva a la aparición de una membrana fibrosa, como a largo plazo secundarios al desgaste del par de fricción, así como a causas tribológicas de otro tipo. Por último, la utilización de injerto óseo en cualquiera de sus tipos también aparece como una de las opciones que permite una correcta evolución en determinados casos complejos. En este capítulo, se evaluará el conocimiento actual de la interacción implante-huésped en cirugía ortopédica y traumatología en diferentes aspectos: primero, la estabilidad mecánica del implante y, segundo, el fenómeno del aflojamiento aséptico y los posibles factores relacionados con la fijación, como la utilización de injerto óseo o distintos agentes farmacoló gicos. ­ Estab l dad m cán ca d un mplant n c ugía o topéd ca y t aumatología i e i e i r i e i e ir r Una de las razones para un resultado óptimo de un implante utilizado en cirugía de sustitución articular es la adecuada estabilidad mecánica a lo largo del tiempo de la duración de ese implante. Para que el componente protésico presente una correcta función, debe aparecer una fijación primaria en el momento de la cirugía (estabilidad primaria), la cual puede continuar, en el caso de los implantes no cementados, por un crecimiento óseo directo sobre una determinada superficie del implante (estabilidad secundaria). Int oducc ón r i El éxito de la utilización de los diferentes tipos de implantes en cirugía ortopédica y traumatología se debe a una adecuada interacción entre los factores relacionados con el paciente y la técnica quirúrgica1 (fig. 11-1). Sin embargo, los fallos aparecidos a lo largo de las últimas décadas en determinados materiales han sido motivo de preocupación. Aunque no siempre ha sido la causa más frecuente, la escasa evidencia de algunos diseños y de sus principios de fijación ha provocado que los pacientes hayan sido víctimas de la moda.2 Por este motivo, aunque el problema de la fijación de los implantes osteoarticulares está muy desarrollado, particularmente, en la cirugía de sustitución articular, el cirujano debe tener en cuenta cuál puede ser el implante óptimo. Para ello, se debe evaluar de un modo crítico toda la información científica de los datos que obtienen tanto las investigaciones en ciencia básica como los estudios clínicos a largo plazo o los que ofrecen los análisis de implantes retirados. Técnica quirúrgica Cirujano ortopédico Paciente Implante F gu a 11-1 La interacción entre el paciente, el implante y la técnica quirúrgica debe ser la adecuada para un resultado clínico satisfactorio. i r 118 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C 119 apítulo 11 Interacción implante-huésped Fijación cementada El desarrollo de la próstesis total de cadera de baja fricción con par metal-polietileno y un tamaño de la cabeza femoral de 22,25 mm por sir John Charnley cambió para siempre el futuro de la cirugía ortopédica gracias a sus excelentes resultados.3 La introducción del cemento acrílico en la práctica ortopédica como modo de fijación fue una de las razones del éxito. El polimetilmetacrilato (PMMA) en sus dos componentes, polímero y monómero, produce una reacción de polimerización tras su fase de mezcla a fin de funcionar como anclaje primario y definitivo del implante.4 La interfaz hueso-cemento que se produce es una estructura con interdigitaciones que se pueden observar entre los espacios del hueso trabecular, creando un bloque. Una evolución satisfactoria del implante cementado va a depender de la correcta transferencia y distribución de fuerzas entre la prótesis y el hueso. El cirujano debe conocer los factores más importantes que pueden afectar a la interfaz cemento-hueso (fig. 11-2). La técnica de cementación es fundamental; la evolución tanto de los tipos de cementos (alta o baja viscosidad, utilización de antibióticos o no) como de la introducción y el manejo del PMMA durante la cirugía (primera generación manual, segunda generación con pistola retrógrada o tercera generación con PMMA mezclado al vacío) ha mejorado los resultados de los implantes.5,6 El grosor de la capa de cemento continúa en discusión desde que la tradicional capa de cemento de 2 a 5 mm, que asegura un resultado óptimo, era alrededor de 1 mm en algunos casos con buena evolución y fue desarrollada por cirujanos franceses.7,8 Las transferencias de las cargas de un modo más directo al hueso cortical más que en la esponjosa pueden, de este modo, mejorar la estabilidad del implante. Por último, es igualmente importante la textura de la superficie de los componentes (pulida o mate), su metalurgia (aleaciones de acero, cromo-cobalto o titanio) y la forma del implante a la hora de establecer la fijación primaria y su mantenimiento a lo largo del tiempo. Esta última debe ser capaz de transmitir las fuerzas a la interfaz hueso-cemento para evitar fuerzas excesivas y micromovimientos.4 De igual modo, es importante conocer la interfaz implantecemento. Al igual que el objetivo principal de los implantes cementados es evitar el aflojamiento a nivel cemento-hueso, hay una evidencia clara de que también puede aparecer un despegamiento de la unión entre el cemento y el implante.9 Los factores más importantes en este proceso son análogos a la interfaz cemento-hueso. La utilización de aleaciones de titanio sin un adecuado tratamiento de pulido y de oxidación puede provocar corrosión y fallo de los implantes.10 La estabilidad rotatoria dentro de la interfaz cemento-implante también depende de la forma (bordes agudos, cuadrados) y del tamaño de la sección del implante. Por último, la superficie del implante (pulida o no) puede crear diferentes grados de abrasión y de migración de los implantes dentro de la capa de cemento. Estos últimos hallazgos llevan a que una fijación cementada pueda ofrecer buenos resultados con distintos métodos, ya sea con un mínimo hundimiento inicial que crea una compresión axial de un implante recto pulido o con una fijación inicial sin hundimiento de un implante mate y anatómico.11 ­ ­ Fijación no cementada La fijación no cementada tiene como objetivo el crecimiento óseo directo sobre el implante durante el proceso anteriormente descrito como estabilidad secundaria.1 Tras muchos intentos con un alto número de fracasos, razón por la cual se popularizó la fijación cementada, estos implantes comenzaron a mejorar sus resultados utilizando para ese crecimiento diferentes superficies con cubiertas bioactivas y texturas rugosas de diferentes implantes hechos en aleaciones metálicas (titanio, cromocobalto). En todos los casos, el objetivo es conseguir una adecuada osteointegración, es decir, una correcta unión del hueso laminar al implante sin interposición del tejido fibroso.12 Lo que tiene que tener en cuenta el cirujano es que la estabilidad primaria es necesaria para una correcta osteointegración. Este proceso de osteointegración aparece como una interdigitación entre poros de pequeño tamaño, milímetros (proceso de in-growth) (fig. 11-3), o tras un crecimiento óseo sobre una superficie rugosa (proceso de on-growth) (fig. 11-4). Los diferentes métodos utilizados en investigación básica pueden evaluar la estabilidad primaria de un implante. Estudios en experimentación miden la fuerza de tensión aplicada y su resistencia, así como diferentes grados de movilidad, y analizan su histología.13,14 De igual modo, con los estudios en muestras óseas de cadáver o con métodos de elementos finitos que simulan el comportamiento de un sistema basado en leyes mecánicas, lo que se trata de conseguir es una valoración óptima de la estabilidad primaria de un implante para valorar el rango aceptable de micromovimientos de la interfaz.15,16 Por último, existen métodos tridimensionales in vivo como el análisis con radioestereometría, que evalúa la posible movilización de un implante desde el momento de la intervención quirúrgica.17 El © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ­ F gu a 11-2 Radiografía de un vástago femoral cementado con una correcta interfaz cemento-hueso y cemento-implante 5 años después de la intervención. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 120 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología re re f i lojam nto asépt co y acto lac onados ie Af ­ principal objetivo de todos estos métodos es tratar de averiguar cuál es el movimiento que puede aparecer en la interfaz huesoimplante para que se produzca una osteointegración correcta que permita la estabilidad del implante a largo plazo. Los distintos estudios que han investigado el límite de cantidad de micromovimiento a partir del cual aparece la osteointegración en el proceso de estabilidad secundaria de los implantes s i r i F gu a 11-3 Osteointegración de una cúpula acetabular no cementada hemisférica realizada en titanio tras su extracción. no cementados parecen estar en el rango de 20 a 40 micras.14 A pesar de que la membrana fibrosa que se forma puede ser estable durante un tiempo, hay diversos factores como la alta fricción o la estabilidad rotatoria que pueden favorecer el aflojamiento del implante. Lo que sí parece estar más claro es que con un micromovimiento mayor de 150 µm se forme siempre tejido fibroso alrededor de los implantes independientemente de la superficie.18 Una vez que se ha producido esa estabilidad primaria, los procesos biológicos estimulan el crecimiento óseo y rellenan el hueco que aparece entre el hueso y el implante, apareciendo la osteoinducción, estimulando las células osteoprogenitoras por mediadores que aparecen en el proceso de reparación ósea, lo cual aumenta la población de osteoblastos. Estas poblaciones celulares se unen y proliferan a lo largo de la superficie del implante gracias a la osteoconductividad y la acción de las proteínas transmembrana o integrinas. Por último, se produce la osteointegración a largo plazo del hueso al implante, proceso que comienza a partir de la cuarta a la duodécima semana postoperatoria, período durante el cual el ambiente puede influir.19 En cuanto a los factores que más influyen a la hora de diseñar un implante, conviene recordar que la morfología como las propiedades de la superficie son los más importantes. Las diferentes secciones geométricas se deben adaptar al hueso de una manera adecuada para permitir una correcta estabilidad primaria que permita la osteointegración posterior sin alteraciones significativas. Deben tenerse en cuenta las características biomecánicas de transmisión de cargas del implante al hueso, al igual que una técnica quirúrgica que permita respetar la vascularización ósea para que sea capaz de establecer los puentes que inicien la reparación ósea. De igual modo, es importante que la forma sea la adecuada para evitar la aparición de fenómenos de osteopenia por desuso a lo largo del tiempo. En cuanto al tratamiento de la superficie del implante, se ha descrito que se observa una correcta osteointegración con un tamaño de poro que oscila entre 100 y 140 µm.20 Tanto si la superficie es porosa o rugosa, el tamaño del poro es fundamental para la buena evolución de la fijación del implante al hueso (tabla 11-1). Fisiopatología del aflojamiento aséptico r i F gu a 11-4 Radiografía de un vástago femoral no cementado realizado de aleación de titanio de doble cuña con superficie rugosa con signos de fijación ósea 15 años después de la intervención. A pesar del gran éxito de la cirugía de sustitución articular como parte del tratamiento de las enfermedades articulares en su estadio final, el cirujano debe tener en cuenta que el aflojamiento puede aparecer en cualquier momento, especialmente a largo plazo. Debido a las consecuencias que pueden aparecer en términos de destrucción ósea, su correcta comprensión y el diagnóstico precoz son esenciales. La teoría más aceptada que trata de comprender este proceso es la de la enfermedad de partículas. Tras la fase inicial que sigue a la implantación durante la cual se estabiliza la prótesis, la interfaz permanece durante una fase biológica y mecánicamente estable más o menos variable a lo largo del tiempo.21 Como fenómeno multifactorial, conviene recordar los distintos factores que afectan a la aparición de aflojamiento en los implantes utilizados en cirugía ortopédica y traumatología. Ya se ha comentado con anterioridad la importancia del micromovi- ERRNVPHGLFRVRUJ C 121 apítulo 11 Interacción implante-huésped abla 11-1 Tipos de fijación mecánica de los implantes osteoarticulares T Fijación Biomaterial Interfaz ementada Fijación primaria Polimetilmetacrilato Cemento-hueso: interdigitación en hueso trabecular Cemento-implante: depende del diseño, acabado, hundimiento-compresión o cementada Fijación primaria y secundaria Aleaciones metálicas (titanio, cromo-cobalto, cubiertas de hidroxiapatita) Micromovimiento inicial Crecimiento óseo: en superficie rugosa (on-growth)/ interdigitación en superficies porosas (in-growth) C N miento inicial y la aparición de tejido fibroso, grietas, y el potencial camino que aparece para las partículas de desgaste, que a su vez pueden interferir en el despegamiento del implante. La osteopenia por desuso que frecuentemente se observa alrededor de los implantes a lo largo del tiempo también es causa de camino para las partículas y la consecuente aparición de osteolisis. Otro proceso estudiado ha sido el concepto de presión alta de fluidos por la teoría del espacio articular efectivo y la carga dinámica que puede acelerar la transferencia de partículas de desgaste a zonas débiles de la interfaz.22 Otros factores estudiados relacionan las endotoxinas como activadoras de la respuesta macrofágica y la predisposición genética que ha sido descrita al observar diferentes respuestas a una misma cantidad de polietileno. La aparición de partículas procedentes de la superficie articular, las superficies modulares no articulares y las zonas de choque produce una reacción de cuerpo extraño que activaría una reacción inflamatoria localizada. De igual modo, las partículas pueden ser transportadas por los macrófagos al sistema reticuloendotelial y generar una respuesta biológica dependiendo de la cantidad, el tipo, la composición o la superficie de las mismas. da con zonas de hueso necrótico previo y la interfaz que muestra contacto directo entre el PMMA y el osteoide23 (fig. 11-5). Otras técnicas como el autoinjerto masivo con ayuda de membrana provocada con la utilización de un espaciador de PMMA han demostrado la estimulación de la revascularización y la consolidación de hueso nuevo.24 Efectos farmacológicos en la interfaz hueso-implante La aparición de una respuesta inflamatoria crónica en la interfaz hueso-implante u osteolisis, puede estar influida por la acción de diferentes fármacos utilizados en relación con la intervención quirúrgica o de modo frecuente por otras causas. Así pues, los antibióticos, los antiinflamatorios y los medicamentos relacionados con el calcio parecen tener un efecto positivo en la osteointegración, y otros como los inmunosupresores o los dicumarínicos parecen tenerlo negativo. ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Injerto óseo e interfaz injerto-implante El injerto óseo es el segundo tejido que más frecuentemente se trasplanta por orden de frecuencia solo detrás de la sangre. Es un procedimiento quirúrgico con gran número de indicaciones que trata de sustituir hueso en defectos para ayudar a la reparación ósea. El hueso tiene la capacidad de regenerar sin formar tejido cicatricial, unas propiedades que el injerto óseo puede conseguir gracias a diferentes mecanismos biológicos: osteoconducción, el material del injerto actúa como andamiaje para el crecimiento óseo nuevo que se encuentra en el hueso nativo; osteoinducción, el material incluye mediadores que estimulen las células madre mesenquimales para realizar la diferenciación celular a condroblastos y osteoblastos; osteogénesis, síntesis de hueso nuevo por células derivadas del injerto o el huésped, sobre todo, las que provienen del hueso esponjoso. Así pues, se puede obtener injerto óseo de manera autóloga (autoinjerto) o heteróloga (aloinjerto), y según sus características puede ser aspirado de médula ósea, hueso esponjoso, cortical, desmineralizado o sustituto óseo. La incorporación del injerto óseo depende de factores como la vascularización, sistémicos (hormonales, infección, fármacos), además de factores biomecánicos (carga, estabilidad). La utilización de aloinjerto de esponjosa impactado ha demostrado que existe una zona de hueso regenerado entre la capa profun- F gu a 11-5 Radiografía de un fémur proximal intervenido de cirugía 6 años antes de recambio de vástago mediante una técnica de aloinjerto de esponjosa de cabeza femoral triturado e impactado con un vástago femoral cementado de doble cuña. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 122 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología e onclus on s i C ­ Los implantes metálicos pueden, de igual modo, crear reacciones locales o a distancia cuando se implantan. Los productos de degradación derivados de los implantes se generan por desgaste mecánico y roturas, al igual que por la corrosión de la superficie.25 Estos productos pueden aparecer como partículas de desgaste, iones libres, complejos metal-proteínas, secuestrados en formas de almacenaje orgánicas como la hemosiderina o como sales u óxidos de metales inorgá nicos. Las respuestas biológicas pueden crear citotoxicidad, sobre todo en forma de nanopartículas, formando una reacción granulomatosa intensa que afecte a la respuesta inmune, al igual que se han descrito fenómenos de mutagénesis. A nivel local, la respuesta a los iones metálicos puede ser en las partes blandas con derrames, lesiones quísticas o sólidas pseudotumorales con metalosis y necrosis asociadas, al igual que en la interfaz hueso-implante creando fenómenos de aflojamiento y osteolisis. Por último, a nivel sistémico se han descritos numerosos hallazgos en los sistemas hematopoyético, renal o nervioso, si bien, al igual que con la posibilidad del cáncer, no se han podido demostrar en estudios epidemiológicos alteraciones clínicas significativas. f r bl og a ía i Bi El cirujano ortopédico debe conocer los aspectos más importantes de las posibles interacciones que aparecen entre un implante y el hueso. Tanto la investigación básica como los estudios clínicos son fundamentales para continuar en la correcta evolución que se ha producido durante los últimos años. Es importante no utilizar diseños poco validados a fin de evitar errores que se han producido, sobre todo, en patologías en las cuales ya existen soluciones con resultados excelentes. 1. Karachalios T, editor. Bone-implant interfaces in orthopaedic surgery. London: Springer-Verlag; 2014. 2. Muirhead-Allwood SK. Lessons of a hip failure. BMJ 1998;316(7132): 644. 3. Charnley J. Arthroplasty of the hip. A new operation. Lancet 1961;1: 1129-32. 4. Munuera L, García Cimbreo E. La prótesis total de cadera cementada. Madrid: Interamericana/McGraw-Hill; 1989. 5. Malchau H, Herberts P, Eisler T, Garellick G, Soderman P. The Swedish total hip replacement register. J Bone Joint Surg Am 2002;84A: S2-20. 6. Elson RA, Jepcott AE, McGechie DB, Verettas D. Antibiotic-loaded acrilic cement. J Bone Joint Surg Br 1977;59B:200-5. 7. Embramzadeh E, Sarmiento A, McKellop HA, Llinas A, Gogan W. The cement mantle in total hip arthroplasty: analysis of long term radiographic results. J Bone Joint Surg Am 1994;76A:77-87. 8. Langlais F, Kerboull M, Sedel L, Ling RSM. Annotation: the “French paradox”. J Bone Joint Surg Br 2003;85B:17-20. 9. Verdonschot N, Huiskes R. Cement debonding process of total hip arthroplasty stems. Clin Orthop 1997;336:297-307. 10. Hallam P, Haddad F, Cobb J. Pain in the well-fixed, aseptic titanium hip replacement. The role of corrosión. J Bone Joint Surg Br 2004;86B:27-30. 11. Karrholm J, Nivbrant B, Thanner J, Anderberg, C, Borlin N, Herberts P, et al. Radioestereommetric evaluation of hip implant design and surface finish. Scientific Exhibition, AAOS, Orlando, 2000. 12. Albrektsson T, Albrektsson B. Osseointegration of bone implants — a review of an alternative mode of fixation. Acta Orthop Scand 1987;58(5):567-77. 13. D’Lima DD, Lemperle SM, Chen PC, Holmes RE, Colwell CW Jr. Bone response to implant surface morphology. J Arthroplasty 1998;13(8): 928-34. 14. Pilliar RM, Lee JM, Maniatopoulos C. Observations on the effect of movement on bone ingrowth into porous-surfaced implants. Clin Orthop 1986;208:108-13. 15. Monti L, Cristolfini L, Viceconti M. Methods for quantitative analysis of the primary stability in uncemented hip prostheses. Artif Organs 1999;23(9):851-9. 16. Pancati A, Bernakiewicz M, Viceconti M. The primary stability of a cementless stem varies between subjects as much as between activities. J Biomech 2003;36(6):777-85. 17. Kärrholm J, Herberts P, Hultmark P. Radiostereometry of hip prostheses — review of methodology and clinical results. Clin Orthop 1997;344:94-110. 18. Engh CA, O’Connor D, Jasty M, McGovern TF, Bobyn JD, Harris WH. Quantification of implant micromotion, strain shielding, and bone-resorption with prous-cated anatomic medullary locking femoral prostheses. Clin Orthop 1992;285:13-29. 19. Galante JO, Rostoker W, Lueck R, Ray RD. Sintered fiber metal composites as a basis for attachment of implants to bone. J Bone Joint Surg Am 1971;53A(1):101-4. 20. Itälä AI, Ylänen HO, Ekholm C, Karlsson KH, Aro HT. Pore diameter of more than 100 microm is nor requisite for bone ingrowth in rabbits. J Biomed Mater Res 2001;58(6):679-83. 21. Abu-Amer Y, Darwech I, Clohisy JC. Aseptic loosening of total joint replacements: mechanisms underlying osteolysis and potential therapies. Arthritis Res Ther 2007;9(Suppl 1):S6. 22. Robertsson O, Wingstrand H, Kesteris U, Jonsson K, Önnerfalt R. Intracapsular pressure and loosening of hip prostheses. Preoperative measurements in 18 hips. Acta Orthop Scand 1997;68:231-4. 23. Schreurs BW, Slooff TJ, Buma P, Verdomschot N. Basic science of bone impaction grafting. Instr Course Lect 2001;50:211-20. 24. Masquelet AC, Begue T. The concept of induced membrane for reconstruction of long bone defects. Orthop Clin North Am 2010;41(1): 27-37. 25. Jacobs JJ, Hallab NJ, Skipor Ak, Urban RM. Metal degradation products: a cause for concern in metal-metal bearings? Clin Orthop 2003;417:139-47. ­ Reacción al desgaste metálico ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 12 Fisiopatología articular: cartílago y sinovial Javier García Coiradas, Fernando Marco Martínez Resumen En el presente capítulo desarrollaremos la fisiología y la patología relacionadas con las articulaciones y todas sus estructuras con los objetivos de: • Conocer la estructura, composición y función de las articulaciones y sus componentes, el cartílago articular y la membrana sinovial. • Identificar posibles agresiones y lesiones que afectan al cartílago articular, y el proceso de su reparación. • Localizar los diferentes tipos de ligamentos existentes, su anatomía y posibles lesiones, a fin de saber manejarlas correctamente. • Clarificar el concepto de inestabilidad articular y su tratamiento. • Recordar la importancia de las heridas articulares, su tratamiento e impacto en el futuro de dicha articulación. • Describir el fibrocartílago y sus principales diferencias con el cartílago hialino. Int oducc ón r i Las articulaciones son estructuras que interconectan los diferentes segmentos rígidos del esqueleto. Distinguimos tres tipos de articulaciones en función del grado de movilidad que presentan: 1. Sinartrosis: no hay movilidad entre los segmentos óseos que la forman, ya que están unidos por tejido fibroso. Las suturas frontoparietal y occipitoparietal son dos ejemplos de sinartrosis. 2. Anfiartrosis: articulaciones de movilidad restringida, en las que los dos huesos se mantienen unidos por estructuras cartilaginosas, por ejemplo, la sínfisis del pubis. 3. Diartrosis o articulación sinovial: es una estructura altamente especializada que permite el movimiento con una mínima fricción y la transmisión y distribución de cargas y solicitaciones mecánicas a su través. Es un tipo de articulación esencial del aparato locomotor, pues, accionada por los músculos, permite la realización de un amplio rango de movimientos. Es el tipo de articulación más frecuente. Ejemplos de esta son el hombro o la cadera. La articulación sinovial está formada por las epífisis de los huesos que participan de la articulación, la cápsula articular y los ligamentos intraarticulares que limitan el movimiento y confieren estabilidad, así como la membrana sinovial y el líquido sinovial que baña, lubrifica y nutre las superficies articulares junto con diferentes fibrocartílagos a fin de aumentar la superficie articular, dar estabilidad u otorgar mayor estabilidad. La eficacia de esta articulación viene determinada por las características de los elementos que la componen. El equilibrio entre estabilidad y movilidad articulares es indispensable para responder a la demanda mecánica a la que estas articulaciones están sometidas. En cuanto al cartílago, existen tres tipos en el organismo: 1. Fibrocartílago: predomina el componente fibrilar. Lo encontramos en los meniscos, en los anillos fibrosos de los discos intervertebrales, en los rodetes glenoideo y acetabular, y otras localizaciones. 2. Cartílago elástico: con abundantes fibras elásticas. Es el que forma el pabellón auricular, la epiglotis, la laringe, etc. 3. Cartílago hialino o articular: destaca como componente la matriz hidrófila. Es el más abundante en el organismo; está presente en superficies articulares, en la nariz, en la parrilla costal, etc. El cartílago articular es un tejido avascular, aneural y alinfático, lo que le confiere ciertas peculiaridades fisiopatológicas, que se irán tratando a largo del capítulo. Adicionalmente, el cartílago hialino constituye la placa fisaria que permite el crecimiento de los huesos largos. a tílago a t cula o ca tílago h al no C r i r i r r i Se trata del tipo de cartílago más frecuente, al ser el que recubre las superficies epifisarias de los huesos que forman las articulaciones sinoviales. omposición del cartílago articular C (cuadro 12-1) Podemos dividirla en un componente extracelular, formado por agua y macromoléculas estructurales y un componente celular, formado por los condrocitos. 123 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 124 uadro 12-1 C C Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología omposición del cartílago articular C élulas • Condrocitos: representan aproximadamente el 10% del cartílago articular Matriz extracelular • Agua (60-80%) • Macromoléculas (20-40%): • Colágeno (65% de las macromoléculas): tipo II (90-95%) y tipos V, VI, IX, X y XI (5-10%). • Proteoglicanos o mucoproteínas (25% de las macromoléculas): condroitín sulfato (el más abundante), queratán sulfato y dermatán sulfato • Proteínas no colágenas (10% de las macromoléculas) Ácido hialurónico Queratán sulfato Matriz extracelular Proteínas de unión Su composición es la siguiente: • Proteína del núcleo del agrecano F gu a 12-1 Ejemplo de una estructura de proteoglicano. Alrededor de una molécula de ácido hialurónico se van disponiendo los monómeros, que a su vez están formados por una proteína del núcleo del agrecano, sobre la que se agrupan los glucosaminoglucósidos, incluidos el condroitín sulfato, el queratán sulfato y el dermatán sulfato. r la elasticidad, a la resistencia y al bajísimo par de fricción existente entre las superficies articulares, además de participar en los mecanismos de lubrificación articular y constituir el medio de difusión de nutrientes hacia los condrocitos. Macromoléculas (20-40%): colágenos, proteoglicanos y mucoproteínas, y proteínas no colágenas. • Colágeno (65% de las macromoléculas): el tipo II representa el 90% del total de colágeno presente en el cartílago. Es el tipo de menor calibre y el que está mejor capacitado para colaborar con las macromoléculas en mantener un elevado grado de hidratación. Además, presenta gran resistencia a la tensión y al cizallamiento. • Proteoglicanos y mucoproteínas (25% de las macromoléculas): son macromoléculas formadas por agregados de monómeros. El monómero es una estructura formada por un filamento proteico central con múltiples cadenas laterales de glucosaminoglicanos, entre los que destacan el condroitín sulfato (el más abundante), el queratán sulfato y el dermatán sulfato. Los monómeros se agrupan en torno a una cadena de ácido hialurónico, formando los agrecanos (fig. 12-1). La interacción entre las moléculas de colágeno y proteoglicanos en la matriz extracelular contribuye a la rigidez, fuerza y adhesividad del cartílago articular. El grado de integración varía en los distintos estratos del cartílago y se ve afectado en las situaciones patológicas. Otra de las funciones de los proteoglicanos es controlar los movimientos del agua y permitir el atrapamiento de esta, que se desaloja en compresión y se atrae, por la carga negativa de los proteoglicanos, al cesar esta. • Proteínas no colágenas (10% de las macromoléculas): como la fibronectina o la ancorina. Se encargan de mantener la relación entre las macromoléculas y los condrocitos. Los proteoglicanos y las proteínas no colágenas mantienen atrapada la fase líquida y controlan sus movimientos para mantener la elasticidad frente a la compresión, además de participar en la lubrificación. Condroitín sulfato i • Agua (60-80%): el elevado contenido en agua contribuye a Condrocitos Son células de origen mesenquimal. Se disponen generalmente aisladas o en pequeños grupos isogénicos, y son las encargadas de producir y mantener la matriz extracelular, lo que se ve estimulado por la carga y el movimiento articulares. Su morfología varía según la capa de cartílago en la que se encuentren. Presentan un metabolismo reducido con escaso consumo de oxígeno, en el que predomina la glucolisis y el metabolismo anaerobio.1 La actividad metabólica del condrocito es mayor en las zonas profundas, lo que se aprecia microscópicamente por un mayor desarrollo del retículo endoplásmico rugoso. El condrocito maduro cesa prácticamente su actividad mitótica, salvo en situaciones patológicas. En la tabla 12-1 se recogen los factores de crecimiento más importantes presentes en el cartílago articular. Fisiología del cartílago articular Cabe destacar lo siguiente: • Actividad metabólica: en el cartílago articular se lleva a ca• bo una constante sustitución de glucosaminoglicanos, a un ritmo aproximado del 50% al año, y de colágeno, a un ritmo del 50% cada 10 años. Nutrición: como se ha citado previamente, el cartílago es avascular; por tanto, la nutrición se tiene que llevar a cabo a partir del líquido sinovial. La nutrición se realiza por difusión o convección, es decir, por la deformación del cartílago en el curso de los movimientos, lo que explica la im- ERRNVPHGLFRVRUJ C abla 12-1 Factores de crecimiento presentes en el cartílago articular T Factor de crecimiento Función Factor de crecimiento derivado de plaquetas (PDGF) Participa en la reparación de las laceraciones del cartílago Factor de crecimiento transformante b (TGF-b) Estimula la síntesis de proteoglicanos Factor de crecimiento fibroblástico básico (b-FGF) Estimula la síntesis de ADN en los condrocitos Factor de crecimiento similar a la insulina 1 (IGF-1) Estimula la síntesis de ADN y matriz extracelular en el cartílago articular adulto portancia del movimiento articular para mantener una buena nutrición y evitar el deterioro del cartílago. Estructura del cartílago articular (fig. 12-2) El cartílago articular se estructura en cuatro capas, con variaciones en cuanto a la composición y la organización de su estructura, debido a que existen diferencias funcionales entre cada una de ellas:2 1. Capa superficial: lámina splendens, condrocitos alargados, metabólicamente poco activos y ordenados en paralelo a la superficie. 2. Capa intermedia o de transición: células redondeadas con mayor actividad metabólica y fibras más gruesas entrecruzadas sin patrón. Zona de superficie articular Capa superficial Capa intermedia o transicional © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 125 apítulo 12 Fisiopatología articular: cartílago y sinovial Capa profunda Tidemark Capa calcificada Hueso subcondral Hueso esponjoso 3. Capa profunda o radial: las células se disponen en columnas perpendiculares a la superficie. Las fibras son más gruesas y abundantes, y ordenadas verticalmente. La matriz extracelular se compone de menor cantidad de agua y más proteoglicanos. Entre esta capa y la siguiente existe una línea ondulada y basófila (línea de la marea o tidemark), que sirve de separación entre ambas. 4. Capa de cartílago calcificado: presenta menor número de células y une el cartílago al hueso subcondral por el anclaje de las fibras colágenas. Propiedades del cartílago articular Se distinguen dos propiedades: 1. Biomecánicas: el comportamiento viscoelástico del cartílago articular, es decir, la deformación en función del tiempo de aplicación de la fuerza, es lo que le permite transmitir y amortiguar las cargas a las que se ve sometida la articulación. Por otra parte, optimiza el deslizamiento entre las dos caras de la articulación con un coeficiente de fricción muy bajo. 2. Lubrificación: evita el desgaste de la superficie articular. M b ana s nov al em r i i Se trata de un tejido descrito como capa lisa y brillante, que se encarga de segregar el líquido sinovial, de eliminar productos de desgaste, de participar en la nutrición del cartílago y en la reparación de ligamentos intraarticulares. Es el tejido diana de algunas enfermedades, como los reumatismos inflamatorios crónicos. Estructura de la membrana sinovial Cuenta con dos capas: 1. Capa íntima: es la que está en contacto con la cavidad articular. Está formada por sinoviocitos con funciones fagocitarias (tipo A) y secretoras (tipo B). 2. Capa subíntima: se encuentra bien vascularizada y, en ella, hay vasos linfáticos y fibras nerviosas propioceptivas. La membrana sinovial cambia su estructura en respuesta a las lesiones, ya sean traumatismos o irritaciones, aumentando su vascularización, celularidad y permeabilidad, lo que influye en las características del líquido sinovial. íquido sinovial L Se trata de un filtrado del plasma regulado por la membrana sinovial, que evita que pasen proteínas superiores a 150.000 Da como son el fibrinógeno y las proteínas que participan en la cascada del complemento, y que explica que el líquido sinovial no coagule. Algunas de las proteínas que podemos encontrar en el líquido articular son: • Ácido hialurónico: confiere viscosidad. • Lubricina: contribuye a mantener un bajo coeficiente de fricción. F gu a 12-2 i r El cartílago articular y sus capas. • Fibronectina: contribuye a la adherencia celular. ERRNVPHGLFRVRUJ 126 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Las características del líquido sinovial varían en respuesta a las lesiones de la membrana sinovial, encargada de la producción de este líquido, por lo que el análisis del mismo nos orientará sobre el tipo de agresión sufrida por la membrana sinovial. e r e r e e i Le s on s cond al s y ost ocond al s Se trata de lesiones que afectan a la superficie cartilaginosa de una articulación; en tal caso, estaríamos ante lesiones condrales, o que, además de al cartílago, afectan al hueso subyacente, denominándose entonces lesión osteocondral. La condición del cartílago de ser un tejido avascular, aneural y alinfático hace que tenga una escasa capacidad reparativa, por lo que las lesiones condrales pueden ser devastadoras para el funcionamiento de la articulación. El pronóstico puede mejorar en el caso de que se afecte el tejido óseo subcondral y la vascularización subyacente pueda participar en la curación. condral hace que se vean reducidas las propiedades mecánicas de la articulación afectada. Lesión condral Se produce por abrasión, laceración o fractura del cartílago articular. Pese a producirse la lesión, no existe una respuesta reparativa adecuada, por lo que no se ponen en marcha mecanismos que favorezcan la regeneración del cartílago lesionado. Existen algunos factores que han sido relacionados con la inefectiva reparación de las lesiones condrales: • Factores vinculados con la estructura tisular, que, al ser • • T Etiopatogenia. ipos de lesiones condrales Las lesiones pueden ser indirectas, por lesión de partes blandas circundantes, o directas. Lesiones condrales indirectas Por exposición al aire El contacto del cartílago con el aire aumenta la degradación o supresión de la síntesis de proteoglicanos tras sufrir una apertura traumática o quirúrgica de la cápsula sinovial. Si la exposición es temporal, los condrocitos restauran dicha pérdida. Si, por el contrario, es prolongada, se puede desecar el cartílago y ocasionar la muerte de los condrocitos. La resistencia mecánica disminuye, alterando la correcta función de la articulación, por lo que, además de retrasar la carga como parte del tratamiento, debería cubrirse la articulación lo antes posible y, si no fuera posible, mantenerla irrigada con suero fisiológico. Por derrame sinovial o hemartros Lesión osteocondral La profundidad de la lesión del cartílago es mayor; llega hasta el hueso subcondral. En este caso, sí se produce un proceso inflamatorio reparativo que depende de los elementos procedentes del hueso subcondral y encontramos la aparición de un hematoma que favorece la migración celular de fibroblastos y de células mesenquimales, y la síntesis de matriz extracelular, siendo el coágulo formado inicialmente la base de la respuesta reparadora. Este tejido de reparación tiene características similares a las del fibrocartílago con propiedades mecánicas inferiores al cartílago hialino y con escasa capacidad de integración con el cartílago adyacente. A nivel microscópico, presenta una organización macromolecular de la matriz extracelular distinta; así, aparecen altos niveles de colágeno de tipo I, a diferencia del colágeno de tipo II, predominante en el cartílago hialino, y los proteoglicanos propios del cartílago hialino son sustituidos por otros.3 Este tejido de reparación no solo difiere en su composición del cartílago hialino, sino que además sufre un proceso degenerativo más precoz y favorece el deterioro del cartílago adyacente, pues los condrocitos cercanos a este nuevo tejido degeneran. C La lesión se produce por varios factores como son un aumento de la presión articular, una disminución en la producción de ácido hialurónico, la liberación de enzimas lisosomales, la disminución del intercambio de nutrientes y la irritación de la membrana sinovial, que tiene lugar en mayor medida cuando se produce un hemartros. Se debe evaluar la posibilidad de evacuar derrames articulares o hemartros a fin de prevenir futuras limitaciones articulares. Por cuerpos libres o detritus cartilaginosos La presencia de cuerpos libres, también denominados «ratones intraarticulares», puede producir una lesión mecánica directa o una lesión indirecta por irritación de la membrana sinovial y liberación de enzimas proteolíticas. Lesiones condrales directas (tabla 12-2) Contusión Se produce cuando el impacto al que es sometida la articulación es superior a las cargas fisiológicas habituales. Aparece edema con alteración de la matriz extracelular y puede llevar a la destrucción de los condrocitos. La presencia de una contusión aneural, carece del reconocimiento de que se ha producido una lesión y, al ser avascular, no permite la aparición de una reacción inflamatoria adecuada. Factores inherentes a los condrocitos, como la baja densidad celular de estos y su limitada actividad mitótica. Factores relacionados con la matriz extracelular, que parece que supone un obstáculo para la migración de moléculas. En función del tamaño y de la localización de la lesión condral, puede suponer la evolución a degeneración artrósica. línica La presentación clínica es variable en función de la intensidad del traumatismo y de las estructuras articulares afectas. De modo general, encontraremos: • Dolor: de características mecánicas, por trasladarse la car• ga al hueso subcondral al haberse superado la capacidad de carga de la articulación. Derrame articular: si la lesión es condral, se formará un derrame de tipo hemartros, mientras que, si la lesión es osteocondral y, por tanto, llega al hueso subcondral, aparecerá un lipohemartros, es decir, un hemartros con gotas de grasa procedentes del hueso en el sobrenadante. ERRNVPHGLFRVRUJ C 127 apítulo 12 Fisiopatología articular: cartílago y sinovial abla 12-2 Lesiones del cartílago articular (según Buckwalter) T Tipo de lesión Descripción Respuesta del tejido Potencial de curación I Contusión sin destrucción de la superficie articular (daños en la estructura macromolecular de la matriz cartilaginosa y en los condrocitos; puede incluir lesión del hueso subcondral y producir degradación de las moléculas de la matriz) Síntesis de nuevas macromoléculas de la matriz Proliferación celular Si la estructura básica de la matriz permanece intacta y se conservan un número suficiente de células viables, estas pueden restaurar la composición normal del tejido Si la matriz o población celular sufre daños graves o si el tejido sufre daños posteriores, el cartílago puede deteriorarse II Fractura condral o laceraciones. La lesión se limita al cartílago articular No se forma coágulo de fibrina ni se produce inflamación. Síntesis de nuevas macromoléculas de la matriz y proliferación celular, pero el nuevo tejido no rellena el defecto de cartílago Dependiendo de la situación, el tamaño de la lesión, la integridad estructural, la estabilidad y la alineación de la articulación, la lesión puede permanecer inalterada o el cartílago articular restante puede deteriorarse III Fracturas osteocondrales (la destrucción de tejido se extiende desde el cartílago articular hasta el hueso) Formación de un coágulo de fibrina, inflamación, invasión de nuevas células y producción de nuevo tejido. El tejido reparador del cartílago se convierte normalmente en fibrocartílago, no en cartílago articular o hueso. No rellena defectos grandes o restaura el contorno de la superficie articular El tejido reparador del hueso se convierte en hueso normal Dependiendo de la situación y el tamaño de la lesión, y de la integridad estructural, la estabilidad y la alineación de la articulación, el tejido reparador puede remodelarse y formar una superficie articular fibrocartilaginosa o puede deteriorarse junto con el cartílago circundante, dejando el hueso al descubierto Traducido y adaptado con autorización. © 2002, Wolters Kluwer Health, Inc. Fuente: Buckwalter. Clin Orthop Relat Res 2002;402:21-37. Kluwer Health, Inc., y sus sociedades no se hacen responsables de la traducción de la publicación original en inglés ni de los errores que pudieran producirse. • Limitación funcional: como consecuencia del dolor y del © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • • derrame articular. Bloqueos articulares: aparecerán si existen cuerpos libres. Signos y síntomas de las lesiones de partes blandas articulares asociadas: por ejemplo, ante una lesión ligamentosa asociada aparecerá inestabilidad articular. iagnóstico extensión.4 La punción articular y el análisis del líquido obtenido pueden orientarnos en el diagnóstico. El diagnóstico definitivo se realiza mediante la visualización directa de la lesión con la realización de una artroscopia. La clasificación de Outerbridge permite diferenciar distintos grados de lesión condral atendiendo a su aspecto macroscópico al visualizarlos con el artroscopio (fig. 12-3): D El proceso diagnóstico debe comenzar por la anamnesis y una exploración física adecuada. En la anamnesis cobra mucha importancia el mecanismo lesional, que, además del diagnóstico de la lesión condral, nos puede hacer sospechar lesiones asociadas, como lesiones ligamentosas. Entre las pruebas complementarias, la radiografía simple tiene una utilidad limitada. La tomografía computarizada (TC) puede ser útil ante una lesión osteocondral para valorar el grado de afectación ósea, aunque la prueba de elección para este tipo de lesiones es la resonancia magnética (RM), que nos permite valorar la localización precisa, el grado de afectación y su 0. Cartílago de consistencia y apariencia normales. 1. Reblandecimiento del cartílago articular en la palpación. 2. Fibrilación superficial del cartílago. 3. Fisuración del cartílago. 4. Denudación a hueso subcondral (úlcera condral). ratamiento T Para la reparación de las lesiones condrales, se debe tomar en consideración la profundidad del defecto, la madurez del tejido y la localización de la lesión dentro de la articulación.5 ERRNVPHGLFRVRUJ 128 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología I II III IV r i F gu a 12-3 Clasificación de Outerbridge de las lesiones condrales: al visualizarlo en artroscopia, puede existir reblandecimiento, fibrilación, agrietamiento o ulceración del cartílago. De manera general, hay que evitar la exposición de la articulación al aire, evacuar el derrame articular si está a tensión, proteger la articulación de la carga precoz, limitar la movilidad articular inicialmente, pero evitando el uso de una inmovilización rígida prolongada, tratar los síntomas asociados como el dolor y extraer los cuerpos libres si estos son de tamaño significativo. Tratamiento quirúrgico • Las lesiones condrales que aparecen como consecuencia de A nta as Esguinces Podemos definir el esguince como la elongación o rotura de un ligamento debido a un estiramiento súbito en el que se supera la máxima tensión soportable por el ligamento. Etiopatogenia Existen dos tipos de esguinces según el nivel del ligamento en el que se produce la lesión: 1. Esguinces intersticiales: se producen en el cuerpo del ligamento y son los que aparecen asociados normalmente a traumatismos de baja energía. 2. Esguinces de la unión: se produce a nivel de la inserción del ligamento en el hueso. Se asocian a traumatismos de alta energía y pueden ser una avulsión simple o una fractura por arrancamiento de la inserción ligamentosa. Anatomía patológica Se describen tres grados de lesión ligamentosa: • Grado I: esguince leve. Existe deformación plástica con • • ri me i p s on s ca sulol ga e Le • fracturas con extensión a una articulación requieren la reducción anatómica de la superficie articular afecta y una síntesis estable. Las lesiones condrales parciales se tratan de forma artroscópica mediante afeitado y regularización de la lesión. Los defectos completos pueden ser tratados de diversas maneras: perforaciones del hueso subcondral para provocar una respuesta reparativa, colocación de injertos autólogos (a veces, en forma de múltiples cilindros o mosaicoplastia) o de aloinjerto, y, finalmente, implantes de condrocitos autólogos cultivados.6 Existen, actualmente, numerosas líneas de investigación sobre técnicas de ingeniería tisular para la reparación de lesiones condrales. i • duración dura hasta 1 año con reorientación de los haces de colágeno según las líneas de fuerza. Hasta la maduración de las nuevas fibras formadas, puede existir laxitud articular. 2. Ligamentos intraarticulares: se encuentran dentro de la cápsula articular (p. ej., ligamentos cruzados de la rodilla). Las lesiones que afectan a estos ligamentos no cicatrizan de manera espontánea, pues el proceso reparativo es impedido por el líquido sinovial. natomía de los ligamentos Se trata de un tejido conjuntivo rico en colágeno de tipo I en el que predominan fibras de elastina y fibronectina, y que se caracteriza por tener un escaso número de fibrocitos. Su función consiste en unir entre sí los huesos que forman una articulación, participar en la estabilidad articular, guiar el recorrido del movimiento y recoger información propioceptiva gracias a la rica inervación que poseen. Los ligamentos tienen un comportamiento viscoelástico, es decir, su deformidad depende de la tensión a la que se vean sometidos y durante cuánto tiempo lo estén (mayor elasticidad a fuerzas con baja velocidad, menor edad y calentamiento previo). Existen dos tipos de ligamentos en función de su localización respecto de la articulación: 1. Ligamentos extraarticulares: se encuentran fuera de la cápsula articular (p. ej., ligamento lateral externo de la rodilla). Cuando se produce una lesión de este tipo de ligamentos, la reparación es posible. El proceso de remodelación y ma- microrroturas del ligamento, pero no hay laxitud en la exploración física de la articulación. Grado II: esguince moderado. Aparecen roturas y focos hemorrágicos visibles macroscópicamente, pero sigue conservándose la continuidad ligamentosa y no hay laxitud articular. Grado III: esguince grave-rotura ligamentosa. Se trata del grado máximo de lesión en el que hay discontinuidad ligamentosa y laxitud clínica de la articulación afectada. Clínica Varía según el grado del esguince: • Grado I: existe dolor en la palpación local al forzar el mo• • vimiento que pone en tensión el ligamento o al cargar la articulación. No existe laxitud articular. Grado II: el dolor es más intenso y aparecen edema e inflamación local moderados, pero la articulación sigue siendo estable. Grado III: existe dolor en la palpación local, pero en este caso, al estar el ligamento completamente roto, el dolor no aumenta con las maniobras de estrés articular, si bien estas maniobras sí provocan laxitud articular, lo que se conoce como «bostezo». En la inspección, se aprecian también edema, inflamación y hematoma local. Si se trata de un ligamento intraarticular, el paciente presenta dolor y hemartros. ERRNVPHGLFRVRUJ C En la exploración, existe una laxitud articular, dependiendo del ligamento lesionado. Diagnóstico En los esguinces de grados I y II, el diagnóstico se basa en la anamnesis y en la exploración física, en la que destaca la estabilidad articular al realizar las maniobras de estrés. La radiografía simple es normal. La RM es la prueba más útil para detectar el grado de lesión ligamentosa y, en estos casos, aparecen edema e inflamación intrasustancia, manteniéndose la continuidad de las fibras ligamentosas. En los esguinces de grado III, en la exploración física destaca que las maniobras de estrés articular son positivas. Si realizamos radiografías de estrés, observaremos bostezo articular (fig. 12-4). La RM demostrará falta de continuidad del ligamento. Podremos observar el fragmento óseo en las fracturas por arrancamiento al realizar el estudio radiográfico. Tratamiento El objetivo del tratamiento de un esguince es conseguir una articulación móvil y estable. Como se ha indicado anteriormente, se debe distinguir si la lesión es de un ligamento extraarticular o de uno intraarticular: • Ligamentos extraarticulares: en general, el tratamiento es • conservador y la cirugía se reserva para los casos en los que se produce una fractura por arrancamiento con separación de fragmento óseo si existen heridas asociadas o si se produce la interposición de partes blandas entre los cabos. Ligamentos intraarticulares: al no producirse un proceso reparativo adecuado, las roturas de estos ligamentos requieren tratamiento quirúrgico. Tratamiento conservador Es el empleado en la mayoría de los casos. Tiene como base el reposo, la aplicación de hielo, la compresión (vendaje compresivo) y la elevación, lo que responde al acrónimo RICE (rest, © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 129 apítulo 12 Fisiopatología articular: cartílago y sinovial F gu a 12-4 i r ice, compression, elevation). Se suele añadir un tratamiento analgésico o antiinflamatorio. El grado de inmovilización varía según la gravedad del esguince, pero tiende a ser lo más funcional posible para la articulación. Se recomienda comenzar la fisioterapia una vez pasada la fase aguda del esguince, aproximadamente, 5-7 días después de la lesión. Tratamiento quirúrgico Si se trata de una lesión intrasustancia, los ligamentos extra articulares se pueden reparar mediante sutura con o sin la ayuda de un refuerzo con una plastia.7 Si es un arrancamiento, se debe realizar la reinserción del ligamento en el hueso mediante un anclaje o similar. Si lo que ha ocurrido es la fractura por arrancamiento de la inserción, se fijará el fragmento óseo con material de osteosíntesis. Para los ligamentos intraarticulares, se realiza una reconstrucción con autoinjerto o aloinjerto.8 En el cuadro 12-2 se esquematiza el tratamiento de los esguinces según su gravedad. ­ Complicaciones Tras un esguince pueden aparecer complicaciones, bien porque la recuperación o reparación de la lesión resulte deficiente o excesiva: • Reparación deficiente: puede deberse a una falta de estabi- • lización o a que se haya producido una lesión grave de las partes blandas. Esto tiene como consecuencia una laxitud e inestabilidad articulares. Se puede optar por un tratamiento conservador mediante fisioterapia para tratar de mejorar la inestabilidad articular y, si esta fracasa, el tratamiento quirúrgico consistirá en la reparación del ligamento mediante retensado, refuerzo o reconstrucción. Reparación excesiva: puede aparecer en lesiones graves si aparecen infecciones, si la cirugía de reparación fue extensa o prolongada, o si la inmovilización se prolongó dema- Bostezo articular en radiografías de estrés de rodilla y tobillo por lesiones ligamentarias. ERRNVPHGLFRVRUJ 130 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Según el grado de inestabilidad uadro 12-2 Manejo de los esguinces según el grado C Dependiendo de la magnitud del traumatismo puede producir: G rado I: leve • Hielo local. Analgésicos y antiinflamatorios no esteroideos • Vendaje adhesivo elástico durante 15 días • Fisioterapia • G rado II: moderado • Inmovilización durante 3-4 semanas: • Contención elástica (strapping) • Vendaje enyesado • Ortesis estabilizadora • Antiinflamatorio • Fisioterapia • Luxación: se trata de la pérdida permanente de contacto • Según la cronología de la inestabilidad Atendiendo al tiempo transcurrido desde la aparición de la inestabilidad hasta el diagnóstico, distinguimos entre inestabilidad congénita, aguda, crónica, inveterada, recidivante o habitual: G rado III: grave • Reparación quirúrgica precoz (< 4 días) • Vendaje enyesado durante 4 semanas • Fisioterapia • Congénita: por ausencia o anomalía del desarrollo de los extremos óseos. siado en el tiempo. Cualquiera de estos factores puede tener como consecuencia una rigidez articular. El tratamiento inicial consistirá en fisioterapia para mejorar el balance articular y, si no mejora, puede recurrirse a una movilización bajo anestesia o a una artrolisis de la articulación. r nosticar al menos durante 3 semanas. • Recidivante: cuando la articulación ha tenido varios episodios de inestabilidad (al menos en tres ocasiones). • Habitual: se suele emplear como sinónimo de recidivante y, por otros autores, para señalar aquellas articulaciones que presentan inestabilidad en los movimientos habituales de la vida diaria. Se distinguen dos mecanismos de lesión principales: Se define la inestabilidad articular como la pérdida del contacto normal entre las superficies articulares. Clasificación La inestabilidad articular se puede clasificar de diferentes formas atendiendo al grado de inestabilidad, a la cronología, a la etiología, a la intencionalidad o a la dirección. 1. Traumática: se trata de la forma más frecuente y se produce por una posición forzada de la articulación que puede ser consecuencia de un traumatismo directo, indirecto, o de una contracción muscular brusca. Se manifiesta clínicamente por dolor agudo en reposo y en la manipulación. 2. Atraumática: tiene un comienzo insidioso, con molestias leves y reducción espontánea de los episodios de inestabi- i F gu a 12-5 Luxación astragalina con herida articular asociada. ERRNVPHGLFRVRUJ r i r i • Aguda: episodio reciente de inestabilidad. • Crónica: se prolonga durante más de 72 h. • Antigua o inveterada: aquella que ha permanecido sin diag- Según la etiología de la inestabilidad e i i e In stab l dad a t cula . uxac on s L entre las superficies articulares. Requiere maniobras de reducción para recuperar el contacto perdido (fig. 12-5). Subluxación: existe una pérdida parcial del contacto entre las superficies y, normalmente, se produce una reducción espontánea y una vuelta al contacto articular normal. Fractura-luxación: toda aquella luxación que lleva asociada una fractura de uno de los extremos articulares. 131 C apítulo 12 Fisiopatología articular: cartílago y sinovial lidad. Aparece en personas con hiperlaxitud articular, aunque también puede ser adquirida. • Lesiones neurovasculares: la afectación de las estructuras vasculares a consecuencia de una luxación puede conllevar la aparición de isquemia crónica, alteraciones del retorno venoso, edemas linfáticos, etc. La lesión de los nervios puede dejar como secuela la presencia de paresias, disestesias o parálisis. Según la intencionalidad de la inestabilidad Diferenciamos entre voluntaria o involuntaria. Estos últimos casos asocian con cierta frecuencia trastornos de la personalidad. Según la dirección de la inestabilidad La luxación puede ser unidireccional o multidireccional. uxaciones traumáticas En la tabla 12-3 se resumen las distintas formas de inestabilidad articular. s on s d l L Le Desde el punto de vista anatomopatológico, se produce una rotura-desinserción de la cápsula y los ligamentos articulares, en mayor o menor grado dependiendo del mecanismo, de la dirección y de la intensidad del traumatismo. Clínicamente se manifiestan por dolor súbito acompañado de deformidad e impotencia funcional. Este tipo de luxaciones se asocia frecuentemente a lesiones de las estructuras nerviosas y/o vasculares adyacentes, por lo que es fundamental realizar una exploración neurovascular completa ante todo episodio de luxación. El diagnóstico se basa en la anamnesis y en la exploración física. La radiografía simple es la prueba de imagen de elección en el momento agudo y debe obtenerse preferiblemente antes y después de cualquier maniobra de reducción. El tratamiento inicial consiste en volver a colocar las superficies articulares en su correcta localización mediante maniobras de reducción. Existen diferentes maniobras según la articulación afectada y estas pueden realizarse bajo anestesia local o general. En la mayoría de las ocasiones, las maniobras de reducción de la luxación son satisfactorias de forma cerrada, pero, si no es así, puede ser necesaria la reducción abierta de la misma. Una vez reducida la articulación, se debe comprobar su estabilidad, pues la persistencia de la inestabilidad puede indicar la presencia de una fractura asociada. Se debe realizar siempre una nueva exploración neurovascular distal después de cada maniobra de reducción. La articulación luxada se inmoviliza durante un período de tiempo variable, aunque de forma aproximada 3 semanas es el tiempo que suelen requerir las partes blandas lesionadas para cicatrizar. Pasado el período de inmovilización, está indicado uno de rehabilitación para recuperar el balance articular y fortalecer la musculatura. Complicaciones e e b oca tílago fi r r Definición Los fibrocartílagos son estructuras intraarticulares de origen cartilaginoso que facilitan el deslizamiento articular, mejoran la congruencia entre los extremos óseos, amortiguan la intensidad de las cargas que recibe la articulación, participan en la estabilidad articular y generan información propioceptiva. Algunos ejemplos de fibrocartílagos son los meniscos en la rodilla, el rodete glenohumeral del hombro o el fibrocartílago triangular de la muñeca, siendo estos tres, además, los más frecuentemente lesionados. ­ natomía patológica A Las características anatomopatológicas de los fibrocartílagos son importantes para entender el proceso de reparación de estas estructuras ante una lesión.9 La vascularización llega al tercio del fibrocartílago que está en contacto con la cápsula articular a través de su inserción, y serán las lesiones en esa zona del fibrocartílago las que tendrán potencial de cicatrización, mientras que las lesiones en otras zonas del fibrocartílago no podrán cicatrizar por la falta de vascularización. Clínicamente, las lesiones de fibrocartílago se manifiestan clínicamente por dolor, derrame articular y síntomas mecánicos por atrapamiento, como pueden ser chasquidos, bloqueos o pseudobloqueos, o por inestabilidad o aprensión articulares. iagnóstico D Se realiza fundamentalmente mediante la anamnesis y la exploración clínica. La prueba complementaria más útil para el diagnóstico de las lesiones de fibrocartílago es la RM. El diagnóstico definitivo se realiza hoy día mediante artroscopia. Son relativamente frecuentes y dependen del mecanismo de lesión y de la rapidez con que se reduce la luxación: © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. i ratamiento T • Inestabilidad articular: tras un episodio de luxación, puede • • aparecer una inestabilidad articular debido a la falta de reparación adecuada de las lesiones capsuloligamentarias. La articulación se hace inestable ante traumatismos menores o movimientos habituales. Necrosis avascular: si en el momento de la luxación se produce una lesión de la vascularización epifisaria, puede producirse una necrosis avascular en los meses posteriores a la luxación. Artrosis secundaria: la pérdida de contacto entre las superficies articulares puede producir la lesión del cartílago articular y, por tanto, la degeneración artrósica de la articulación. Inicialmente se realiza un tratamiento sintomático de forma parecida a como se hace en caso de esguince. Si la sintomatología no remite o aparecen síntomas mecánicos o de inestabilidad, el tratamiento debe ser quirúrgico. Entre las opciones de tratamiento quirúrgico se encuentran las siguientes: • Reparación: si la lesión es en la zona vascular periférica, • mediante la realización de una sutura o la reinserción de fibrocartílago. Desbridamiento: se realiza una resección parcial de la lesión; es la opción elegida cuando la parte de fibrocartílago afectada es la no vascularizada. ERRNVPHGLFRVRUJ 132 T Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología abla 12-3 Formas de clasificación de la inestabilidad articular atendiendo a diferentes parámetros Parámetro Forma Descripción Grado de inestabilidad Luxación Pérdida permanente de contacto articular Subluxación Pérdida parcial de contacto Fractura-luxación Luxación asociada a fractura de uno de los huesos Cronología Etiología Intencionalidad Dirección Congénita Ausencia o anomalía del desarrollo de los extremos óseos Aguda Episodio reciente de inestabilidad Crónica Se prolonga durante > 72 h Inveterada Sin diagnosticar durante ≥ 3 semanas Recidivante Varios episodios de inestabilidad Habitual Inestabilidad en los movimientos normales de la vida diaria Traumática Tras un acontecimiento traumático Atraumática No ha existido traumatismo claro Voluntaria El paciente puede producir la inestabilidad Involuntaria El paciente no controla la inestabilidad Unidireccional Inestabilidad siempre en la misma dirección Multidireccional Inestabilidad en distintas direcciones Asociaciones frecuentes de inestabilidad articular Grado Cronología Etiología Intencionalidad Dirección Ejemplo Luxación Luxación Aguda Traumática Involuntaria Unidireccional Codo Recidivante Atraumática Voluntaria Multidireccional Hombro Subluxación Crónica Atraumática Involuntaria Unidireccional Articulación trapeciometacarpiana • La resección completa de los fibrocartílagos como forma re i das a t cula r Heri de tratamiento en articulaciones de carga ha demostrado ser perjudicial a largo plazo por el aumento de la tendencia a desarrollar artrosis. facilitan el riesgo de artritis aguda postraumática tras una herida articular. Clasificación Fue descrita por Collins en 1988 y define cuatro tipos como recoge el cuadro 12-3. s Solución de continuidad de partes blandas que establecen comunicación entre el interior de una articulación y el exterior. Etiopatogenia Según el mecanismo de lesión pueden ser: • De fuera adentro: mayor riesgo de infección. • De dentro afuera: en el contexto de fracturas o luxaciones D Definición Se realiza fundamentalmente gracias a la exploración física. Si existen dudas de la presencia de una herida articular por tratarse, por ejemplo, de lesiones puntiformes producidas por un objeto punzante, pueden utilizarse estudios de imagen como la artrografía, la RM o, más empleada en la actualidad, la artroscopia. El diagnóstico definitivo se realiza mediante exploración quirúrgica de la herida. articulares (v. fig. 12-5). ratamiento natomía patológica El objetivo fundamental del tratamiento de las heridas articulares es prevenir la aparición de infecciones, facilitar la curación de partes blandas y lesiones asociadas, y restablecer la función articular. El primer paso ante una herida articular es la T A iagnóstico Se debe valorar el grado de lesión de las diferentes estructuras articulares. Las características fisiológicas de las articulaciones ERRNVPHGLFRVRUJ C 133 apítulo 12 Fisiopatología articular: cartílago y sinovial lar. Si a consecuencia de la herida se lesiona alguno de los estabilizadores de la articulación, puede aparecer inestabilidad residual, que requerirá tratamiento quirúrgico. uadro 12-3 Clasificación de Collins de las heridas articulares C ipo I Perforación o desgarro simple de la cápsula sin daños extensos de las partes blandas: onclus on s T • Ausencia de lesión de la superficie articular o mínima (< 2 mm de defecto; área de conminución < 1 cm2) • Lesión significativa (> 2 mm de defecto; área de conminución > 1 cm2) de una única superficie articular • Lesión significativa (> 2 mm de defecto; área de conminución > 1 cm2) de las dos superficies articulares o rotura meniscoligamentaria ipo II Perforación o desgarro simple o múltiple de la cápsula con lesión extensa de partes blandas: C i • El cartílago articular está formado mayoritariamente por • agua y macromoléculas, entre las que destaca el colágeno de tipo II. Su composición y estructura le permiten cumplir su función biomecánica y de lubrificación de las articulaciones. Las patologías traumáticas más importantes que afectan al cartílago articular son la lesión condral y la osteocondral, cuya reparación está dificultada por ser el cartílago un tejido aneural, avascular y alinfático. Un ligamento es una estructura de tejido conjuntivo que une dos estructuras óseas entre sí. Existen ligamentos intray extraarticulares, los cuales se comportan de manera distinta ante una lesión. Un esguince es la elongación o rotura de un ligamento. Se caracteriza por inflamación y bostezo articular si el ligamento está roto. El diagnóstico es fundamentalmente clínico, y el tratamiento conservador es el más habitual. La inestabilidad articular tiene diversas formas de presentación, de las que la más frecuente es la luxación traumática. Es importante pensar en las posibles lesiones, sobre todo, neurovasculares, que pueden acompañar a una inestabilidad articular. El fibrocartílago articular es un tipo de cartílago presente en algunas articulaciones para, entre otras funciones, hacerlas más congruentes. Su lesión puede ocasionar dolor e inestabilidad articular. Las heridas articulares ponen en grave riesgo de infección a las articulaciones, por lo que son fundamentales un diagnóstico certero y un tratamiento precoz. T • Ausencia de lesión de la superficie articular o mínima (< 2 mm de defecto; área de conminución < 1 cm2) • Lesión significativa (> 2 mm de defecto; área de conminución > 1 cm2) de una única superficie articular • Lesión significativa (> 2 mm de defecto; área de conminución > 1 cm2) de las dos superficies articulares o rotura meniscoligamentaria ipo III Fractura abierta periarticular con extensión a la articulación subyacente: • • • T • Ausencia de lesión de la superficie articular o mínima (< 2 mm de defecto; área de conminución < 1 cm2) • Lesión significativa (> 2 mm de defecto; área de conminución > 1 cm2) de una única superficie articular • Lesión significativa (> 2 mm de defecto; área de conminución > 1 cm2) de las dos superficies articulares o rotura meniscoligamentaria ipo I Luxación abierta o lesión vascular o nerviosa asociada que precise reparación quirúrgica T • • V Traducido y adaptado con autorización. © 1989, Lippincott-Raven Publishers. Fuente: Collins et al. Clin Orthop Relat Res 1989;243:48-56. Kluwer Health, Inc., y sus sociedades no se hacen responsables de la traducción de la publicación original en inglés ni de los errores que pudieran producirse. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. e toma de muestras microbiológicas para, a continuación, administrar antibioterapia empírica y profilaxis antitetánica. En la mayoría de las ocasiones, se debe realizar una exploración quirúrgica de la herida, en la que se lava y desbrida la lesión, y se lleva a cabo un cierre primario si es posible o se realiza una cobertura adecuada para proceder a un cierre diferido. La articulación afectada se inmoviliza mediante vendaje o férula. omplicaciones C El mayor riesgo tras una herida articular es la aparición de infección, que requiere un tratamiento agresivo mediante antibioterapia y lavados quirúrgicos. La aparición de fibrosis articular postraumática puede conllevar la aparición de rigidez articu- bl og a ía Bi i r f 1. Rolauffs B, Williams JM, Grodzinsky AJ, Kuettner KE, Cole AA. Distinct horizontal patterns in the spatial organization of superficial zone chondrocytes of human joints. J Struct Biol 2008;162(2): 335-44. 2. Chubinskaya S, Malfait A, Wimmer M. Form and Function of Articular Cartilage. In: O’Keefe R, Jacobs J, Chu C, Einhorn T, editors. Orthopaedic Basic Science. 4th ed. Rosemont: American Academy of Orthopaedic Surgeons; 2013. p. 183-97. 3. Tuan R, Mauck R. Articular Cartilage Repair and Regeneration. In: O’Keefe R, Jacobs J, Chu C, Einhorn T, editors. Orthopaedic Basic Science. 4th ed. Rosemont: American Academy of Orthopaedic Surgeons; 2013. p. 309-27. 4. Loredo R, Sanders TG. Imaging of osteochondral injuries. Clin Sports Med 2001;20(2):249-78. 5. Brittberg M, Winalski CS. Evaluation or cartilage injuries and repair. J Bone Joint Surg 2003;85A(Suppl 2):58-69. 6. Brittberg M, Lindahl A, Nilsson A, Ohlsson C, Isaksson O, Peterson L. Treatment of deep cartilage defects in the knee with autologous chondrocyte transplantation. N Engl J Med 1994;331:889-95. 7. van den Bekerom MP, Kerkhoffs GM, McCollum GA, Calder JD, van Dijk CN. Management of acute lateral ankle ligament injury in the athlete. Knee Surg Sports Traumatol Arthrosc 2013;21(6):1390-5. 8. Levy BA, Stuart MJ. Treatment of PCL, ACL, and lateral-side knee injuries: acute and chronic. J Knee Surg 2012;25(4):295-305. 9. Arnoczky SP, Warren RF. The microvasculature of the meniscus and its response to injury: An experimental study in the dog. Am J Sports Med 1983;11:131-41. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 13 Patrón del crecimiento humano Juan Carlos Abril, Ana Ramírez Barragán, Gabriel Á. Martos Moreno Resumen En este capítulo se analizan las características básicas del crecimiento humano, con atención especial a su evolución en las distintas etapas de la vida. También se explican los aspectos esenciales de la maduración del esqueleto. Además, se exponen los factores ambientales, el control genético y hormonal, así como los principales indicadores de crecimiento y los métodos de evaluación comparativo y cuantitativo. Int oducc ón r i El crecimiento longitudinal del cuerpo humano es un proceso dinámico que comienza intraútero con la formación del cigoto y se completa al final de la adolescencia con el cierre fisario. Es, por tanto, un fenómeno cuantitativo que puede expresarse como el incremento de la masa en función del tiempo, en contraposición al desarrollo, fenómeno cualitativo que, si bien acompaña al proceso de crecimiento, no siempre discurre al mismo ritmo que aquel.1-3 Macroscópicamente, se manifiesta por un aumento del tamaño y un cambio de la forma del organismo. Microscópicamente, existe un aumento del número y tamaño de las células de los distintos órganos implicados, así como del volumen de las sustancias extracelulares. Bioquímicamente, encontraremos un aumento de la síntesis de proteínas, ácidos nucleicos, así como del contenido en hidratos de carbono, lípidos o sustancias más simples como las moléculas de bajo peso molecular y cristaloides. Desde el punto de vista termodinámico, el crecimiento determina la necesidad de un aporte de energía, necesaria para realizar los procesos anabólicos. La curva que representa el crecimiento humano tiene una forma típica con dos períodos de crecimiento rápido, compuesta por una fase de aceleración y desaceleración, separados por un período de crecimiento más lento y estable (figs. 13-1 y 13-2). El primer ciclo de crecimiento rápido corresponde al período fetal y primeros meses de vida extrauterina, el segundo ciclo aparece con el estirón puberal. El período de crecimiento más lento ocurre desde los 2-3 años de vida hasta los 10-11 años (con rangos variables en función del sexo y ritmo madurativo). En el momento de la adrenarquia, comienza un incremento ligero de la velocidad de crecimiento, que afecta sobre todo a los miembros. Existe una clara diferencia entre las tasas de crecimiento de los diferentes tejidos y órganos que se producen durante las distintas fases del desarrollo del ser humano. Este hecho explica la variación en las proporciones del cuerpo a lo largo de la infancia. Así, en el feto hay un desarrollo predominante del polo craneal; por eso, en el recién nacido la longitud de la cabeza es aproximadamente el 25% de la talla total, siendo el segmento inferior proporcionalmente más corto. Durante el inicio de la pubertad predomina el crecimiento de los miembros, mientras que en los estadios finales el tronco crece más deprisa que las extremidades. Los miembros alcanzan el pico de crecimiento puberal 8-10 meses antes que el tronco. Después de la fusión de las fisis de los huesos largos, la columna vertebral crece aproximadamente 2 cm, contribuyendo a la remodelación definitiva del esqueleto. Estas fases claramente diferenciadas del crecimiento humano se van a ver influenciadas por múltiples factores, entre los que destacan las predisposiciones genéticas, influencias hormonales, ambientales y nutricionales (fig. 13-3). El crecimiento prenatal sigue un aumento exponencial en el número de células y alcanza una velocidad que nunca más llegará a producirse. Este momento vertiginoso de crecimiento depende, en gran medida, del tamaño materno y del estado nutricional. La genética parenteral presenta escasa influencia en esta etapa. Los factores implicados en el crecimiento intraútero son la insulina y el factor de crecimiento similar a la insulina 2 (IGF-2). En este período, la acción de la hormona del crecimiento (GH) es escasamente relevante. Durante la lactancia, el ritmo de crecimiento se enlentece paulatinamente hasta alcanzar la dinámica más o menos estable característica del período prepuberal. Este ritmo depende en gran medida de la herencia genética, produciéndose en la primera infancia el denominado fenómeno de canalización hacia la talla genéticamente determinada. El crecimiento a partir del segundo semestre de vida extrauterina depende especialmente de la acción normal de la hormona tiroidea y la GH. La GH va a estimular la síntesis de IGF-1 en el hígado y, localmente, en la fisis, fomentando la diferenciación de los condrocitos. La activación del eje hipotalámico-hipofisario-gonadal, con un incremento paulatino de la producción de hormonas sexuales, marca el inicio de la adolescencia. En este período existe un incremento de la velocidad de crecimiento resultante del efecto aditivo de los esteroides sexuales, junto con la GH (cuya pulsatilidad aumenta) y, consecuentemente, la síntesis de IGF-1. Asimismo, a lo largo de las décadas se han objetivado cambios poblacionales en los patrones de crecimiento del ser humano. Durante el pasado siglo xx, se cree que las influencias 134 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C 135 apítulo 13 Patrón del crecimiento humano Curva de crecimiento: modelo de los tres componentes 50 45 40 35 cm/año 30 25 20 Curva combinada de velocidad de crecimiento 15 10 5 0 Prepuberal Primera infancia –1 0 Pubertad 1 2 3 4 5 6 7 9 8 10 11 12 13 14 15 16 17 Edad (años) F gu a 13-1 Modelo de crecimiento humano descrito como el «modelo de los tres componentes»: primera infancia, prepuberal y puberal. Se trata de una curva donde se muestra la velocidad de crecimiento en centímetros por año de edad. i r Ganancia ponderal humana 10 9 8 7 kg 6 5 3 2 1 nt o 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 ac i m ie 0 N © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 4 Edad (años) Niño Niña F gu a 13-2 Modelo de ganancia ponderal a lo largo del crecimiento según el sexo. Obsérvese que las niñas sobrepasan a los niños a la edad de 6-7 años; sin embargo, a la edad de 13 años son los niños los que sobrepasan a las niñas en la ganancia en kilogramos, y así se mantiene el dismorfismo sexual hasta la edad adulta. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 136 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología Crecimiento combinado en altura 200 180 160 140 Hormonas sexuales cm 120 100 80 GH 60 40 Factores de crecimiento fetal 20 0 –1 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 Edad (años) r socioeconómicas y ambientales favorecieron el crecimiento humano, determinando las denominadas tendencias seculares. ie c m nto i re e r i Evoluc ón natu al d l c humano C El crecimiento lineal asienta en una estructura esquelética como es el hueso y en una estructura específica que es la fisis o platillo cartilaginoso de crecimiento. Sus condrocitos basales proliferan, se agrandan y se osifican, dando lugar a la formación de hueso nuevo en la zona metafisaria de la fisis. Este proceso de «crecimiento encondral» es influido por factores genéticos, hormonales y nutricionales/ambientales, que varían según la fase de crecimiento en la que se encuentre. Se describen cuatro fases: período prenatal, lactancia, infancia y adolescencia. recimiento prenatal El desarrollo intrauterino, desde la formación del cigoto microscópico hasta el recién nacido de en torno a 50 cm, constituye el período de crecimiento más intenso del ser humano. A partir de la novena semana de vida intrauterina, termina la organogénesis; posteriormente, en el segundo trimestre se produce una rápida aceleración del crecimiento intrauterino, llegando a una velocidad pico de 2,5 cm/semana. A pesar de ser un intervalo cronológicamente muy corto, el período prenatal tiene una gran proyección en la biología y patología ulterior del crecimiento. La transformación de una célula pluripotencial e indiferenciada, el cigoto, en un organismo tan complejo como el recién nacido a través de los procesos de diferenciación y morfogénesis íntimamente unidos al aumento de masa es uno de los procesos más complejos y apasionantes que tenemos que entender. El medio endocrino intrauterino es una interacción compleja de sustancias fetales, placentarias y maternas, que influyen en el crecimiento. Cabe destacar los IGF (principalmente el IGF-2), la insulina fetal, el lactógeno placentario humano y los esteroides sexuales. Ni los factores genéticos ni las hormonas tiroideas parecen influir en el crecimiento fetal, con excepción de las mutaciones patológicas que afectan al crecimiento del esqueleto, como la acondroplasia.4,5 La ausencia de hormona tiroidea fetal presenta escasa afectación del crecimiento intraútero.6 La producción de testosterona por el feto masculino, que se inicia aproximadamente a la décima semana de gestación, es esencial no solo en la diferenciación genital masculina, sino además porque fomenta el crecimiento general. Esta elevación de la testosterona al final del embarazo produce una mayor masa magra en los recién nacidos masculinos y menos masa grasa en las niñas. De promedio, son casi 1 cm más largos y 150 g más pesados.7 C i F gu a 13-3 Muestra el crecimiento como el «modelo de los tres componentes». Obsérvese que en cada fase predomina el crecimiento promovido por una hormona diferente: factores de crecimiento fetal, hormona del crecimiento (GH) y hormonas sexuales. (Basado en Karlberg J. A Biologically‐ Oriented Mathematical Model (ICP) for Human Growth. Acta Paediatr Scand Suppl 1989;350:70-94.) recimiento en el período de la lactancia Comprende los primeros 2 años de la vida extrauterina. Se trata de un período de crecimiento rápido, que se va enlenteciendo a partir del nacimiento. La minipubertad del final del período fetal debida a la presencia de testosterona en el feto masculino continúa durante 3-6 meses tras el nacimiento. Es en este período cuando los niños crecen más rápidamente que las niñas. ERRNVPHGLFRVRUJ C 137 apítulo 13 Patrón del crecimiento humano En esta segunda etapa, la velocidad de crecimiento está determinada fundamentalmente por los factores parentales dependientes de la dotación genética. Durante este período, se producen cambios endocrinos importantes; entre ellos, la sustitución del mecanismo de regulación paracrino-autocrino del período fetal por la regulación endocrina, en la cual la hormona hipofisaria de crecimiento pasa a desempeñar un papel cada vez más destacado, sobre todo a partir del sexto mes de vida. A pesar de que en el pasado se creía que el crecimiento durante los primeros 6 meses de vida era independiente de la GH, actualmente se admite que la deficiencia de GH o la carencia de sus receptores causan una deficiencia grave de IGF-1 que puede afectar al crecimiento posnatal desde el principio.6,8 El crecimiento humano es lineal en un proceso gradual y no continuo.9 De forma orientativa, la velocidad de crecimiento durante el primer año de vida va desde 20 cm/año en los primeros meses hasta 10-12 cm/año al cabo del año de edad. En este primer año de vida, la longitud se incrementa un 50% y el peso se triplica. En el segundo año de vida, la velocidad de crecimiento promedia de 10 a 13 cm/año y, en el tercer año, va de 7,5 a 10 cm/año. Además del peso y de la talla, otros parámetros antropométricos sufren cambios importantes, como el aumento de la grasa corporal y el aumento progresivo del segmento inferior debido al crecimiento rápido de los miembros. recimiento durante el período infantil del crecimiento en longitud, que se acompaña de un proceso de remodelación morfológica y del crecimiento, y maduración de las gónadas y los genitales. A lo largo de la adolescencia se produce la activación progresiva del eje hipotalámico-hipofisariogonadal con un aumento en la pulsatilidad de secreción de gonadotropinas y, como consecuencia, comienzan a incrementarse paulatinamente los niveles circulantes de esteroides sexuales. El brote de crecimiento de la adolescencia se inicia aproximadamente 2 años antes en las niñas, coincidiendo con el desarrollo mamario. El comienzo de la adolescencia en los niños se caracteriza por el incremento del volumen testicular. Esta diferente cronología confiere a los niños un período más prolongado de crecimiento previo al incremento puberal, que en parte influencia la mayor estatura media de los hombres adultos. El efecto de la testosterona sobre el crecimiento genera gran parte del dismorfismo sexual de la especie humana favoreciendo, en los varones, el incremento de los tejidos magros. El brote de crecimiento puberal aporta más del 20% de la estatura y del 50% de la masa ósea del adulto. El crecimiento se completa cuando, bajo la influencia de los estrógenos, bien sean secretados por el ovario en las mujeres, bien sean convertidos por aromatización desde la testosterona en los hombres, se produce la fusión de las epífisis a la metáfisis. Además de las hormonas sexuales, durante la pubertad se observan incrementos considerables en los niveles circulantes de insulina, GH e IGF-1, todo lo cual, junto con una función tiroidea normal, es esencial para el brote de crecimiento de los adolescentes.10 ­ ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. C Este período que comprende el período preescolar y el escolar, se extiende desde los 3 años hasta el comienzo del estirón puberal. Es un período de crecimiento lento y uniforme. La talla aumenta aproximadamente de 5 a 7 cm/año y sus incrementos tienden a disminuir ligeramente hasta alcanzar la mínima velocidad en el momento previo al estirón puberal («depresión prepuberal del crecimiento»). Hacia la edad de 7-8 años, el ritmo de desaceleración disminuye y se observa un aumento ligero y transitorio de la velocidad (mid-childhood spurt). El peso sigue también un aumento lento y constante, pero, al contrario que la talla, tiende a acelerarse progresivamente. El crecimiento en la infancia se caracteriza también por un cambio rápido en las proporciones corporales, cuando las piernas crecen más rápidamente que el tronco y ambos crecen mucho más rápidamente que la cabeza, en proporción con la longitud total del cuerpo. La proporción entre la parte superior del cuerpo y el segmento inferior fluctúa entre 1,7 en el momento del nacimiento, 1,4 a los 2 años y 1 a los 10 años de edad.7 recimiento durante la adolescencia C La pubertad se caracteriza por importantes cambios somáticos y emocionales, que coinciden con el proceso de maduración sexual. Es un período en el que coexisten un ritmo de crecimiento elevado y fenómenos madurativos importantes, que van a culminar con la consecución de la talla adulta, la expresión completa del desarrollo sexual y el logro de la capacidad reproductiva. El estirón puberal es el rasgo más característico del crecimiento somático, consiste en una aceleración brusca e intensa c m nto ós o Cre i ie e El crecimiento del esqueleto sigue la curva general descrita, pero, además del crecimiento en longitud, el sistema óseo sufre un proceso madurativo que coincide cronológicamente con el aumento de tamaño de los huesos, pero es independiente de él y se rige por mecanismos reguladores distintos. Este proceso consiste, en esencia, en la transformación progresiva de los primitivos primordios fibrosos o cartilaginosos en tejido calcificado. Su interés estriba en que la valoración de la maduración esquelética, realizada con una técnica correcta, es el método más útil para evaluar el nivel de desarrollo alcanzado. El conocimiento de este dato es fundamental para realizar la estimación de la talla final, para evaluar las posibilidades terapéuticas de un niño con trastorno del crecimiento y para controlar los efectos de eventuales tratamientos.11 La maduración ósea se desarrolla en tres etapas. La primera tiene lugar en el período prenatal; en ella se osifican diáfisis, huesos planos, epífisis distal del fémur, epífisis proximal de la tibia, calcáneo, astrágalo y cuerpos vertebrales. Los huesos del carpo, el tarso y las epífisis de los huesos largos se van osificando progresivamente en la etapa prepuberal. Finalmente, en la etapa de la adolescencia tiene lugar la fusión de las epífisis a través de la osificación de los cartílagos de crecimiento, dando lugar al final del crecimiento en lon gitud. Para valorar la maduración ósea no sirven las medidas absolutas del tamaño de los huesos. Es preciso emplear criterios morfológicos, los denominados por Todd et al.12 indicadores de madurez, que son caracteres de los distintos huesos que se pueden reconocer en la radiografía y que, por producirse de una ERRNVPHGLFRVRUJ ­ 138 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ­ El crecimiento está determinado genéticamente, y los factores ambientales modulan dicha base genética. La importancia relativa de la dotación genética y de los factores ambientales varía en los distintos períodos y para los distintos rasgos o parámetros antropométricos: talla, peso, proporciones segmentarias y maduración sexual.14 En condiciones ambientales favorables, la curva de crecimiento refleja la potencialidad genética. En casos de situaciones adversas como malnutrición o enfermedades crónicas, se va a producir una situación desfavorable que va a repercutir en el crecimiento. La intensidad de la respuesta varía de unos individuos a otros. Esta variabilidad depende del momento en que ocurra, de su duración y de las condiciones ambientales. Hace un siglo y medio, el hombre occidental promedio no alcanzaba la talla adulta de media hasta los 23 años. Actualmente, esta se consigue a los 17 años. Asimismo, la edad de la menarquia ha disminuido de los 17 a los 11,5-12 años en nuestro medio. La explicación más evidente de este fenómeno es la mejora en los factores ambientales, fundamentalmente en la nutrición y la disminución de las enfermedades de la infancia. Estas mejoras producen efectos positivos sobre el eje GH/IGF-1 mejorando el crecimiento humano. En los últimos 50 años, esta tendencia secular parece haberse estabilizado.7 Un tema de actualidad sobre los factores ambientales es la obesidad. Parece ser que esta incrementa la velocidad del cre- ie c m nto i re e i e r ont ol g nét co d l c Se estima que del 70 al 90% de la estatura adulta está predeterminada genéticamente, a igualdad de factores nutricionales y socioeconómicos. Está ampliamente aceptado el control genético del crecimiento a través de numerosos genes que actúan en la placa de crecimiento: • Los factores de crecimiento fibroblásticos (FGF) activan e ie ie i re e e re Facto s amb ntal s n l c c m nto cimiento, acelera la maduración esquelética y puede adelantar el inicio de la pubertad (si bien en los varones puede ocasionar el efecto opuesto). En contraste con los efectos permanentes de la desnutrición infantil a largo plazo o las enfermedades crónicas, la obesidad no se asocia normalmente a efectos deletéreos sobre la talla adulta.10 Los factores socioeconómicos en niños en edad preescolar parecen influir más en el crecimiento que los factores raciales o genéticos.15 El hecho de que estas diferencias en el tamaño entre grupos étnicos o geográficos sea el resultado de factores ambientales más que de factores genéticos fue apoyado por el hallazgo de que niños de 7 años en familias de clase socioeconómica alta, de ocho países diferentes, presentaban tallas muy similares correspondientes al percentil 50 en EE. UU.16 C manera regular y en un orden definido e irreversible, señalan su progreso hacia la madurez.11 Los procedimientos para valorar los indicadores de crecimiento, cada uno de ellos con sus ventajas y limitaciones, son los métodos comparativos y los métodos cuantitativos. El método comparativo coteja la radiografía del paciente con los estándares del atlas de referencia. En este atlas se representa la maduración ósea media en distintas edades para cada uno de los sexos, y se le asigna la edad ósea que corresponda. En los métodos numéricos o cuantitativos se asigna una puntuación a las distintas etapas evolutivas del hueso. De esta forma, un fenómeno cualitativo —que se expresa por cambios morfológicos— se transforma en un dato numérico que puede ser analizado con métodos estadísticos; así, podemos conocer exactamente en qué percentil o desviación estándar se encuentra una persona en relación con los valores de referencia. El prototipo de los métodos comparativos es el atlas de Greulich y Pyle, y el de los métodos numéricos son el método de Tanner-Whitehouse (ambos sobre imágenes de la mano y la muñeca) y, en menores de 2 años, el método de SobradilloHernández-Sánchez13 (sobre imagen del tobillo). El inconveniente es que están realizados con muestras de poblaciones muy alejadas en el tiempo en sus características a la población española actual. Para obviar estos inconvenientes, Hernández et al. publicaron en 1991 un atlas13 y describieron un método numérico basado en el TW2-RUS (Tanner-Whitehouse en radio, cúbito y huesos carpianos), además del mencionado método original (método de Sobradillo-Hernández-Sánchez) para valorar la maduración ósea en los primeros 2 años de vida. • • • • los receptores para el desarrollo del hueso encondral y la fusión final de los huesos largos. El gen del receptor 2 de FGF (FGFR2) se expresa por los condrocitos más precoces e induce su diferenciación, y, además, también actúa en el desarrollo genital masculino. Otros genes como el del receptor 3 (FGFR3) estimulan la proliferación de células inmaduras y limitan la división de los condrocitos proliferantes. En contraposición, la mutación funcional de FGFR3 se asocia con diversas patologías esqueléticas.10 Los condrocitos prehipertróficos producen una proteína llamada erizo indio, que coordina la proliferación y la diferenciación de los condrocitos y los osteoblastos, así como el proceso de formación ósea. El incremento de su función o la pérdida por mutaciones produce condrodisplasias específicas con hipocrecimientos. El gen SHOX se encuentra en la región pseudoautosómica de los brazos cortos de los cromosomas X e Y. Se trata de un gen necesario para el crecimiento. La pérdida por deleción de uno de los dos alelos de SHOX ha sido encontrada en niños con talla baja armónica, además de en la discondrosteosis de Leri-Weill (la pérdida de ambos alelos provoca otra forma de malformación ósea, la displasia mesomélica de Langer). En contraste, la sobreexpresión del gen SHOX en niñas con el síndrome triple X produce una talla alta y explica la estatura alta de otros síndromes poli-X y poli-Y. El incremento de la estatura se ha asociado también a variantes del receptor de la melanocortina 4 (MC4R) en casos de obesidad, entre otros genes. El péptido natriurético de tipo C (PNC) es un regulador del crecimiento esquelético recientemente identificado. La mutación del receptor B de PNC produce la pérdida de la función y causa la displasia esquelética de Maroteaux-Lamy (displasia acromesomélica). Los portadores heterocigóticos de la mutación son significativamente más bajos que los no ERRNVPHGLFRVRUJ C 139 apítulo 13 Patrón del crecimiento humano portadores y se estima que el 3% de los niños con talla baja idiopática podrían ser heterocigóticos para esta mutación.17 ont ol ho monal d l c c m nto C r e re r i ie Como se ha indicado anteriormente, la insulina, la hormona tiroidea y los esteroides sexuales son componentes esenciales en las diferentes fases del crecimiento. La ausencia de insulina intraútero provoca una insuficiencia grave del crecimiento en los diferentes tipos de leprechaunismo o enanismo intraútero. La hormona tiroidea fetal no es determinante en el crecimiento intrauterino, pero es esencial para la diferenciación y la proliferación de los condrocitos y su capacidad para responder a los factores de crecimiento a partir del nacimiento. Existen varios defectos genéticos que afectan a la embriogénesis y la migración de la glándula tiroides, la producción de hormona estimulante del tiroides (TSH), el receptor de TSH, la producción de hormona tiroidea y la conversión a triyodotironina. Estas alteraciones, junto con la tiroiditis autoinmune, pueden determinar una grave afectación del crecimiento del niño. Los efectos de los esteroides sexuales sobre la maduración ósea se producen a través del receptor estrogénico; las mutaciones de este receptor o la aromatasa que controla la conversión de testosterona a estrógeno ocasionan un crecimiento óseo más prolongado por defecto del cierre fisario. Los estrógenos también regulan la producción de GH y, por ende, del IGF-1. El IGF-1 es una hormona anabolizante liberada fundamentalmente por el hígado gracias al estímulo de la GH. Es la responsable de la actividad anabólica de la GH, favoreciendo la síntesis proteica, la retención de nitrógeno y la proliferación celular. La deficiencia congénita de GH se asocia a malformaciones estructurales del sistema nervioso central, el hipotálamo o la hipófisis. Las anomalías adquiridas que afectan al eje GH/IGF fluctúan desde la lesión de la región hipotalámica-hipofisaria por traumatismos, tumores, infecciones, enfermedades autoinmunes o radiación hasta la influencia que sobre este eje ejercen un amplio espectro de procesos catabólicos. Asimismo, son determinantes de hipocrecimiento los defectos genéticos en el receptor de GH, sus vías de señalización (JAK/STAT), el propio IGF-1, la subunidad ácido lábil (SAL) que contribuye a su transporte y el receptor de IGF-1. Recientemente, se han descrito los primeros casos humanos de hipocrecimiento por mutaciones en las proteasas encargadas de la liberación de IGF-1 de los complejos trimoleculares circulantes (PAPPA-2).18-20 Facto la s s r fi re al zado d l c i r e c m nto: re i ie i El esqueleto realiza funciones muy variadas e importantes debido a que es una agrupación de varios tejidos: óseo, cartilaginoso, conjuntivo, estructuras vasculares y nerviosas, sistema hematopoyético y elementos reticulohistiocitarios, cada uno de los cuales participa en actividades muy diversas. Un tejido muy particular es el cartílago de crecimiento o cartílago fisario. La fisis es la encargada de llevar a cabo el crecimiento longitudinal a través del proceso de osificación encondral, que comporta a su vez la progresión armónica de tres procesos complementarios y estrechamente relacionados (fig. 13-4): 1. Proliferación celular de la línea celular basal fisaria en contacto epifisario. 2. Diferenciación de las células y síntesis de la matriz extracelular en sus capas intermedias. 3. Degeneración y lisis celular, mineralización e invasión vascular en la capa fisaria que contacta con la metáfisis. Zona epifisaria Capa de células de reserva © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Capa proliferativa Fisis Zona de maduración Capa hipertrófica Zona de degeneración Hueso largo Capa de calcificación Zona metafisaria F gu a 13-4 Gráfico que describe la histología de la fisis. Obsérvese la distribución columnar de las células condrales responsables del crecimiento longitudinal. Las lesiones fisarias alteran la alineación columnar y producen el cese del crecimiento. La capa de células de reserva se encuentra en contacto con la epífisis. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 140 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología f r i bl og a ía 1. Hernández M, Argente J, editores. Human growth: Basic and clinical aspects. Ámsterdam: Excerpta Medica; 1992. 2. Rosenbloom AL. Fisiología del crecimiento. Ann Nestlé 2007;65: 99-110. 3. Argente J, Carrascosa A, Gracia R, Rodríguez-Hierro F. Tratado de endocrinología pediátrica y de la adolescencia. 2.ª ed. Barcelona: Doyma; 2000. 4. Jones KL. Smith’s Recognizable Patterns of Human Malformation. 6.ª ed. Philadelphia: Saunders; 2005. 5. Rosenbloom AL. Recombinant human insulin-like growth factor-I (rhIGF-I) and rhIGF-I/rhIGF-binding-protein-3: new growth treatment options? J Pediatr 2007;150:7-11. 6. Dauber A, Muñoz-Calvo MT, Barrios V, Domené HM, Kloverpris S, Serra-Juhé C, et al. Mutations in pregnancy-associated plasma protein A2 cause short stature due to low IGF-I availability. EMBO Mol Med 2016;8:363-74. 7. Smith DW. Growth and Its Disorders. Philadelphia: Saunders; 1977. 8. Rosenbloom AL, Guevara-Aguirre J, Rosenfeld RG, Pollock BH. Growth in growth hormone insensitivity. Trends Endocrinol Metab 1994;5:296-303. 9. Lampl M, Veldhuis JD, Johnson ML. Saltation and stasis: a model of human growth. Science 1992;258:801-3. ­ Bi ­ El cartílago de crecimiento está especialmente dotado para cumplir estas funciones por la capacidad del condrocito para dividirse, aun estando sometido a fuertes presiones, así como para responder a la acción de diversas hormonas no solo con cambios metabólicos, sino sintetizando IGF-1 y otros factores de crecimiento, los cuales, a través de un mecanismo autocrinoparacrino, regulan su propia diferenciación y multiplicación. 10. Root AW, Diamond FB Jr. Overgrowth syndromes: evaluation and management of the child with excessive linear growth. In: Lifshitz F, editor. Pediatric Endocrinology. Vol. 2. 5th ed. New York: Informa Health Care; 2007. p. 163-94. 11. Ginebreda Martí I. El crecimiento y sus alteraciones. En: Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT). Manual de Cirugía Ortopédica y Traumatología. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2010. p. 77-80. 12. Todd TW. Atlas of skeletal maturation (Hand). St Louis: CV Mosby Co; 1937. 13. Hernández M, Sánchez E, Sobradillo B, Rincón JM. Maduración ósea y predicción de talla. Atlas y métodos numéricos. Madrid: Díaz de Santos; 1991. 14. Hernandez M, Argente J. Regulación del crecimiento, la diferenciación y el desarrollo. En: Gil A, editor. Tratado de Nutrición: Nutrición humana en el estado de salud. Tomo III. 2.ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2010. p. 151-78. 15. Habicht J-P, Martorelli R, Yarborough C. Height and weight standards for preschool children. Lancet 1974:1051-2. 16. Martorelli R. Genetics, environment and growth: Issues in the assessment of nutritional status. In Velazquez A, Bourges H. Genetic Factors in Nutrition. New York: Academic Press; 1985. 17. Olney RC, Bukulmez H, Bartels CF. Heterozygous mutations in natriuretic peptide receptor-B (NPR2) are associated with short stature. J Clin Endocrinol Metab 2006;91:1229-32. 18. Argente J, Flores R, Gutiérrez-Arumí A, Verma B, Martos-Moreno GÁ, Cuscó I. EMBO Mol Med 2014;6:299-306. 19. Giordano M. Genetic causes of isolated and combined pituitary hormone deficiency. Best Pract Res Clin Endocrinol Metab 2016;30: 679-91. 20. Castinetti F, Reynaud R, Saveanu A, Jullien N, Quentien MH, Rochette C. Mechanisms in endocrinology: An update in the genetic aetiologies of combined pituitary hormone deficiency. Eur J Endocrinol 2016;174:239-47. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 14 Fisiopatología de tejidos blandos del aparato locomotor: músculos, ligamentos, tendones y meniscos Rafael Ballesteros Massó Resumen Las funciones mecánicas que tienen que asumir los tejidos blandos del aparato locomotor condicionan su estructura. El conocimiento de su fisiopatología determina nuestra capacidad de reparación. La reparación muscular consta de dos procesos simultáneos: regeneración muscular y formación de tejido cicatricial, siendo este el mecanismo principal. Los elementos que transmiten la fuerza desarrollada por las fibras musculares, tendones y ligamentos, así como los fibrocartílagos articulares, tienen una estructura basada en armazones colágenos con cierta capacidad de autorreparación, aunque la historia natural de muchas lesiones mejora tras un tratamiento quirúrgico. Int oducc ón r i Las lesiones de los tejidos blandos del aparato locomotor constituyen, en la actualidad, una parte importante de la consulta del cirujano ortopédico. En el presente capítulo se repasan la estructura, fisiopatología y principales lesiones de estos elementos. Su conocimiento nos permite aplicar terapias contrastadas y diseñar nuevas estrategias de tratamiento. Músculos Estructura La célula muscular esquelética (denominada fibra muscular) es fusiforme y tiene un tamaño que oscila entre 10 y 100 µm de longitud y entre 1 y 40 µm de diámetro. Es una célula multinucleada con un citoplasma abundante (sarcoplasma) rodeado por una membrana plasmática (sarcolema). Posee un retículo endoplásmico (sarcoplásmico) bien desarrollado y abundantes mitocondrias. La fibra muscular posee un sistema contráctil bien desarrollado constituido por dos estructuras características: las miofibrillas y los túbulos en T. La unidad fisiológica de contracción (sarcómera) es el conjunto de haces de miofibrillas proteicas que se activan química y eléctricamente desde la placa neuromuscular y desencadenan la actividad motora. La ca- pacidad contráctil depende de la organización espacial de las miofibrillas, que se disponen formando filamentos paralelos. Conviene distinguir entre la estructura proteica —composición y asociación de estas proteínas— y su disposición espacial —estriación visible en el microscopio—. Los filamentos finos están formados por tres proteínas: actina (globular y fibrilar), tropomiosina y troponina. La actina es el elemento principal, mientras que la tropomiosina cubre sus lugares activos impidiendo su unión a la miosina. La troponina tiene una importante afinidad por los iones de calcio que se liberan tras la despolarización producida por el estímulo nervioso, de manera que cuando se une al calcio modifica la configuración espacial del complejo tropomiosina-troponina, quedando al descubierto el lugar activo de la actina, que, de esta forma, puede interactuar con el filamento grueso de miosina. Al microscopio se aprecia una estriación característica con alternancia de bandas oscuras y claras. La estriación se debe a la interdigitación de los filamentos finos y gruesos. Las bandas claras, cuya anchura varía según el grado de contracción, presentan una zona central de mayor densidad, la línea Z. La unidad fisiológica de contracción (sarcómera) es el conjunto de miofibrillas existentes entre dos líneas Z adyacentes. En fase de relajación, la distancia entre las líneas Z es máxima, mientras que durante la contracción esta distancia disminuye por deslizamiento e interdigitación de los filamentos1 (fig. 14-1). Un músculo está rodeado por una vaina densa de tejido conectivo (epimisio) que contiene vasos y nervios que penetran en su interior hasta llegar a las fibras musculares. Por debajo del epimisio, el músculo está organizado en haces musculares rodeados por un tejido conectivo laxo (perimisio). Los haces están formados por numerosas fibras musculares que, individualmente, están recubiertas por un fino tejido conectivo denominado endomisio (fig. 14-2). Los tabiques conectivos actúan como aislantes eléctricos y constituyen un esqueleto flexible al que se anclan las fibras musculares. La continuación de estos tabiques forma el aparato de inserción: tendón o fascia. esiones musculares L El agente traumático puede actuar directamente sobre las fibras musculares causando una destrucción total o parcial del tejido, 141 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 142 A uadro 14-1 L C Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología esiones musculares gudas Traumatismo directo • Laceración: su gravedad depende del tamaño de la herida, de su proximidad al pedículo nervioso y de la dirección del agente cortante, lo que condiciona el tamaño del segmento denervado • Contusión: disrupción parcial de fibras, con rotura de capilares y sangrado infiltrativo. La gravedad depende de la intensidad del traumatismo y del estado de contracción muscular en el momento del impacto • Hematoma: por sangrado abundante, con compresión de estructuras y una pérdida funcional proporcional a la severidad del traumatismo. Estas lesiones se atribuyen al daño del sarcolema, lo que ocasiona la entrada descontrolada de calcio y produce la activación de proteasas e hidrolasas2 ocasionando un proceso de autodigestión. El agente traumático también puede actuar sobre otros tejidos distintos del muscular, pero que repercuten sobre este, bien por isquemia, bien por lesión neurológica. A su vez, según el mecanismo de lesión, se distinguen traumatismos directos, que ocasionan una hemorragia intersticial acompañada de un componente inflamatorio proporcional a la energía de la lesión, y traumatismos indirectos, en los que la lesión se produce al ser el músculo incapaz de soportar una fuerza en su eje mayor, lo que produce un daño mecánico a las miofibrillas. En ocasiones, las lesiones musculares se cronifican, muchas veces como consecuencia de una distorsión en el proceso de cicatrización (cuadro 14-1). rónicas • Pseudoquiste: falta de reabsorción del hematoma, que se encapsula pasando a una fase líquida fluctuante • Nódulo fibroso: proliferación de tejido fibroso desorganizado • Miositis osificante: formación de tejido óseo • Rotura recidivante: por debilidad estructural C r i F gu a 14-1 Músculo esquelético humano, sección longitudinal. Imagen de microscopio electrónico de transmisión. Se aprecia la estructura de las miofibrillas con su patrón alternante de bandas. (Tomado de Louisa Howard, http://remf.dartmouth.edu/images/humanMuscleTEM/source/2.html.) Traumatismo indirecto • Distensión: aparece tras una tensión brusca o después de algún movimiento mal coordinado. La fuerza aplicada a la unidad miotendinosa sobrepasa su capacidad de elongación sin llegar a distorsionar la integridad estructural.3 El daño muscular microscópico produce una alteración funcional limitada, sin lesión permanente • Desgarro (rotura fibrilar o esguince muscular): solución de continuidad parcial localizada en la unión miotendinosa. Son especialmente frecuentes en músculos biarticulares y en aquellos que trabajan en movimientos controlados por el par agonista-antagonista Reparación Consta de dos procesos simultáneos: regeneración muscular y formación de tejido cicatricial. La regeneración es interesante desde el punto de vista biológico, aunque tiene grandes limitaciones, ya que solo es capaz de reparar pequeñas lesiones locales, mientras que el proceso predominante en lesiones de mayor tamaño es la formación de tejido cicatricial. Regeneración muscular r i F gu a 14-2 Corte transversal de tejido muscular (microscopio óptico 40×, hematoxilina/eosina). Se observan los núcleos en la periferia de la célula muscular. Tras el traumatismo se produce una reacción inflamatoria macrofágica que elimina los detritus celulares respetando la membrana basal, que posteriormente servirá de guía para la regeneración. La transición en el fenotipo de los macrófagos es un componente esencial de la regeneración.3 Los macrófagos proinflamatorios (M1) eliminan los desechos y expresan citoquinas que desempeñan un papel clave en la regulación de la proliferación, migración y diferenciación de las células satélite. La posterior invasión por los macrófagos antiinflamatorios (M2) promueve la reparación del tejido y atenúa la inflamación.4 La regeneración se desarrolla en cuatro estadios sucesivos y coordinados (cuadro 14-2). ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 14 Fisiopatología de tejidos blandos del aparato locomotor: músculos, ligamentos, tendones y meniscos uadro 14-2 Fases de la regeneración muscular C 1. Las células satélite son células madre musculares que se localizan entre la lámina basal y el sarcolema de las miofibrillas. Cuando se estimulan, se diferencian en mioblastos, que proliferan y se fusionan entre sí o con células musculares lesionadas4 2. Formación de sarcoblastos por fusión del citoplasma de los mioblastos, con generación de los miofilamentos proteicos que se agrupan en fascículos y constituyen el esbozo de las miofibrillas 3. Formación de fibras estriadas nuevas por maduración de los sarcoblastos 4. Reinervación de las fibras musculares regeneradas Formación de tejido cicatricial Sigue el esquema básico de respuesta inflamatoria del tejido conjuntivo. La rotura de vasos produce un sangrado en el interior del músculo. Tras la limpieza de la zona, se forma un tejido reticulado que permite el anclaje de los fibroblastos. Estos proliferan y sintetizan colágeno de tipos I y III. El efecto global es la formación de una cicatriz fibrosa que rellena el defecto y permite la continuidad tisular, aunque carece de las propiedades contráctiles y, por tanto, limita significativamente la recuperación funcional.5 © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Tratamiento El tratamiento conservador incluye reposo, hielo, compresión, elevación, fármacos antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y fisioterapia. Durante la fase aguda de la cicatrización, es beneficiosa una pauta corta de AINE, aunque hay datos que sugieren que su uso a largo plazo puede tener efectos adversos en la cicatrización del músculo6 al actuar sobre la ciclooxigenasa 2.7 La movilización precoz puede ser beneficiosa, ya que acelera la proliferación de capilares, la regeneración muscular y la orientación de las fibras nuevas, aunque una inmovilización inicial breve (no mayor de 5 días) reduce el hematoma y estimula la aparición de colágeno de tipo I, responsable de la solidez de la cicatriz. El tratamiento conservador tiene múltiples limitaciones. Para conseguir la recuperación funcional del músculo, es necesario controlar la inflamación, estimular la regeneración y limitar la fibrosis.8 Algunas estrategias que incluyen las inyecciones de factores de crecimiento, el trasplante de células madre musculares de forma aislada o en combinación con andamios biológicos, los tratamientos antifibróticos y la estimulación mecánica pueden mejorar la recuperación.9 La lesión del músculo esquelético puede beneficiarse de la terapia celular, aunque la mayoría de las células musculares trasplantadas (mioblastos) son incapaces de sobrevivir a la respuesta inmune y a las condiciones hipóxicas.10 Las células madre derivadas del músculo (MDSC, muscle-derived stem cells) son células madre posnatales distintas de las células satélite, que conservan la capacidad para diferenciarse en linajes múltiples.11 Se está estudiando el potencial clínico de algunos fármacos antifibróticos que inactivan la cascada de señalización del factor de crecimiento transformante b1 (TGF-b1), principal me- 143 diador implicado en el desarrollo de la fibrosis.12 Entre ellos, destacan la suramina13 y la relaxina.14 Quizás uno de los fármacos antifibróticos de mayor interés sea losartán, sobre el que se están realizando estudios preclínicos prometedores.15 Li ga ntos me Estructura y tipos de ligamentos Los ligamentos limitan los movimientos anormales y desempeñan un papel importante en la propiocepción articular. La mayoría de los ligamentos son extraarticulares y están rodeados por tejido conectivo laxo. Los ligamentos intraarticulares, como el ligamento cruzado anterior, se localizan en el interior de una articulación pero por fuera de la membrana sinovial. Esta distinción es importante, ya que condiciona su respuesta a la lesión. Los ligamentos extraarticulares están organizados en fascículos, a su vez constituidos por subfascículos, integrados por conjuntos de fibras colágenas. Los fascículos están separados entre sí por los espacios interfasciculares (EIF), formados por un conjuntivo laxo con función de distribución vascular y nerviosa. Además, están rodeados por estructuras conjuntivas que los aíslan del medio sinovial. El colágeno es el principal componente de los ligamentos, básicamente, colágeno de tipos I (90%) y III (fig. 14-3). La proporción precisa entre las diferentes formas de colágeno juega un papel crítico en la estabilidad y la función normal de las articulaciones.16 Los tipos III y VI se concentran en las zonas de inserción. Bajo la luz polarizada, el colágeno presenta un plegado característico (crimping), cuya traducción funcional parece ser un efecto dinamométrico.17 Otros componentes son la elastina (5%) y los proteoglicanos (1%). Los ligamentos están irrigados por una red que procede de diferentes arterias periarticulares. Los vasos se disponen paralelos a los fascículos de colágeno, ocupando los EIF, y se ramifican en troncos de diámetro decreciente. Las inserciones osteoligamentosas no contribuyen en grado significativo a esta red vascular.18 La inervación articular procede de ramas nerviosas independientes (nervios articulares) y de ramas que se originan en los nervios de los músculos adyacentes. La obtención de datos propioceptivos se realiza por medio de mecanorreceptores que transforman la energía física producida por la compresión de los EIF en impulsos nerviosos (fig. 14-4). La suma de descargas es integrada por el sistema nervioso central para F gu a 14-3 Estructura del ligamento cruzado anterior del gato (microscopio óptico 20×, hematoxilina/eosina). i r ERRNVPHGLFRVRUJ 144 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología L mentó, esto se debe a la transición progresiva de colágeno de tipo I a colágenos de tipos III y VI. esiones de los ligamentos Las lesiones de los ligamentos se clasifican en tres grados:23 • Grado I, esguince o desgarro leve: distensión del tejido sin desorganización. Al microscopio se observan pequeñas hemorragias y roturas. Grado II, desgarro moderado: desgarro macroscópico con focos hemorrágicos. Se mantiene la continuidad, aunque la resistencia se reduce considerablemente. Grado III, rotura completa del ligamento. • • ­ uadro 14-3 Fases de la cicatrización de los ligamentos extraarticulares C Los ligamentos cambian su forma según varía la posición de sus puntos de origen e inserción con los movimientos de la articulación. Esta adaptación se produce a varios niveles. Aunque las fibras de colágeno individuales son inextensibles, el agua asociada a los proteoglicanos proporciona la lubricación para el deslizamiento de las fibras. Se ha descrito también que el entrecruzamiento de enlaces dentro de las moléculas de colágeno responde a la tensión mediante un reclutamiento mecánico de los enlaces cruzados responsable de cierto grado de deformación.20 También contribuye a esta adaptación el patrón de plegamiento de las fibrillas colágenas y el reclutamiento no uniforme de las fibras individuales. Además, los EIF funcionan como planos de deslizamiento permitiendo el movimiento relativo entre los haces de colágeno y protegiendo las estructuras neurovasculares de las fuerzas de cizallamiento.21 Estas adaptaciones son responsables del fenómeno denominado de forma global precondicionamiento, una de las bases teóricas del calentamiento deportivo. También tiene cierta importancia en las diferentes estrategias para proporcionar la tensión adecuada a los injertos tendinosos.22 Durante la actividad normal, los ligamentos trabajan en la región de baja rigidez de la curva carga/elongación. Cuando la articulación se somete a fuerzas excesivamente grandes, lo hace en la región de alta rigidez para limitar el movimiento excesivo y proteger la articulación. Los ligamentos muestran un comportamiento dependiente del tiempo. Si se aplica una carga progresiva, se obtiene cierta elongación. En cambio, una fuerza brusca, aunque sea de menor intensidad que la carga de rotura habitual, puede provocar su fracaso. En las zonas de inserción, el cambio brusco de tejido ligamentoso flexible a hueso rígido está mediado por una zona de transición fibrocartilaginosa, que permite un cambio gradual en la rigidez y evita la concentración de fuerzas. Como ya se co- La cicatrización de los ligamentos extraarticulares es similar a la de cualquier tejido vascularizado con formación de un tejido cicatricial con propiedades funcionales y mecánicas inferiores a las del tejido nativo (cuadro 14-3). Los ligamentos intraarticulares son incapaces de cicatrizar de forma espontánea debido a un fallo en la formación del hematoma. Hay respuesta vascular desde los extremos rotos, pero el hematoma se diluye en el líquido sinovial, con lo que se impide la formación del coágulo de fibrina. Estudios experimentales24,25 apoyan la dificultad (ligamentos extraarticulares) o la incapacidad (ligamentos intra articulares reconstruidos) para la recuperación del control propioceptivo, lo que contribuye a la inestabilidad subjetiva en Inflamatoria Tras la rotura, los extremos del ligamento se retraen adoptando un aspecto deshilachado. Se forma un hematoma desde los vasos lesionados. Los mediadores de la inflamación producen vasodilatación y aumento de la permeabilidad capilar, permitiendo la trasudación de líquido y el reclutamiento de células inflamatorias. Los monocitos y macrófagos fagocitan las zonas necróticas y producen factores angiogénicos que estimulan la proliferación de yemas capilares Proliferativa Multiplicación celular y síntesis de colágeno, en su mayor parte de tipo III. Se forma un tejido de granulación en el que predominan los fibroblastos. Al final de esta fase empieza a predominar el colágeno de tipo I, con disposición irregular e remodelación Disminución de la celularidad y de la vascularización. El colágeno empieza a organizarse, alineándose a lo largo del eje del ligamento y aumentando su resistencia a la tensión debido a la formación de enlaces cruzados D Mecánica de los ligamentos icatrización de los ligamentos e maduración Remodelación del tejido cicatricial. Las líneas predominantes de fuerza inducen la disposición paralela del colágeno, con lo que adquiere mayor resistencia en esta dirección D analizar la posición estática y la cinestesia de la articulación. Los mecanorreceptores constituyen, además, el punto de inicio del arco reflejo g, que ajusta el balance articular.19 C r i F gu a 14-4 Mecanorreceptor (flechas) situado en un espacio interfascicular del ligamento cruzado anterior del gato (microscopio óptico 60×, cloruro de oro). ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 14 Fisiopatología de tejidos blandos del aparato locomotor: músculos, ligamentos, tendones y meniscos ligamentos reconstruidos y a la presencia de lesiones ligamentosas recidivantes. ratamiento de las lesiones ligamentosas T En los esguinces leves de los ligamentos extraarticulares, el tratamiento consiste en la utilización de AINE (controvertido), analgésicos, frío, elevación y compresión moderada. La inmovilización estricta no es necesaria en los esguinces leves. Esta pauta permite la recuperación funcional de la mayoría de las lesiones. En lesiones más severas, la cicatriz fibrovascular formada posee unas propiedades mecánicas inferiores a las del tejido original. En la fase inicial suele recomendarse una inmovilización rígida durante un máximo de 2 a 6 semanas. Son muchos los autores que defienden la movilización inmediata, ya que, además de favorecer el drenaje del hematoma, permite una orientación funcional precoz de las fibras de colágeno y evita los efectos nocivos de la inmovilización. La carga mecánica y la subsiguiente mecanotransducción y señalización anabólica generan algunas adaptaciones en el tejido conectivo, que aumenta su volumen y resistencia, y mejora sus propiedades mecánicas.26 Otras terapias, incluyendo masajes transversos profundos, electroterapia, campos magnéticos pulsados, plasma rico en plaquetas27 y vibraciones de baja o alta frecuencia,28 son fuente de grandes controversias. En la reparación de los ligamentos intraarticulares, se utilizan autoinjertos (patrón oro) y aloinjertos. Se está intentando fabricar ligamentos artificiales viables trasplantables. Otra estrategia consiste en inyectar en el defecto células y/o factores de crecimiento.29 Existen evidencias preclínicas que apoyan el uso de andamios combinados con células madre mesenquimales, aunque la experiencia clínica es muy limitada.30 Se están investigando nuevos enfoques terapéuticos como la utilización del factor de crecimiento recombinante humano derivado de plaquetas BB (rhPDGF-BB). Se ha demostrado que sus propiedades quimiotácticas, mitogénicas y proangiogénicas consiguen el reclutamiento y proliferación de células, y un aumento proporcional en la deposición y organización de la matriz extracelular, mejorando las propiedades morfológicas y biomecánicas de los ligamentos.31 ­ ndon s Te e © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Estructura y función Los fibroblastos del tendón (tenocitos) son células fusiformes responsables de la homeostasis y reparación tendinosa. La célula madre tendinosa, recientemente descubierta, también desempeña un papel vital en el mantenimiento del tendón gracias a su capacidad de autorrenovación y diferenciación en tenocitos.32 Las propiedades mecánicas de los tendones derivan de la disposición de las fibras de colágeno de tipo I, que están densamente apiladas en paralelo. El tendón posee una estructura jerárquica de fibrillas, fibras y fascículos unidos entre sí por una matriz de pequeñas moléculas, fundamentalmente, proteoglicanos. Los fascículos están envueltos por un conectivo laxo, denominado endotendón, que contiene los elementos de sostén, de disposición predominantemente longitudinal, y que permite el deslizamiento entre los fascículos. Por fuera del endotendón y en continuidad con él se encuentra una estructura más densa, 145 denominada epitendón, que rodea globalmente el tendón. Además, algunos tendones están recubiertos por un paratendón independiente, aunque existe cierta confusión en la denominación de estas estructuras.33 Debido a la gran diferencia entre las propiedades mecánicas del tendón y las del hueso, existe una zona denominada entesis, con una estructura histológica característica que evita que se produzcan grandes tensiones en el punto de unión. La entesis es un elemento de transición gracias a la gradación en su composición, que incluye colágeno de tipos II, IX y X. A su resistencia contribuye tanto el hecho de que las inserciones tendinosas se unan al hueso con ángulos de fijación poco acentuados como la interdigitación del tejido de transición con el hueso. Esta complejidad constituye un reto para que se produzca una respuesta reparativa eficaz.34 Aunque el metabolismo tendinoso es poco activo, necesita de un mecanismo que asegure la nutrición de las células que lo forman. Desde los tejidos adyacentes penetran vasos en el tendón que se disponen paralelos a los fascículos. Algunos proceden también de las uniones miotendinosas. La vascularización dependiente de las inserciones es, sin embargo, muy escasa. En algunas zonas, los tendones están rodeados por vainas sinoviales y su vascularización depende de vasos que alcanzan el tendón a través de un mesotendón de estructura longitudinal. En zonas anatómicamente comprometidas, el mesotendón es discontinuo y forman estructuras vasculares segmentarias denominadas vínculas. Vainas tendinosas, bolsas y almohadillas grasas Las estructuras que mantienen los tendones en posición se conocen por diversos nombres dependiendo de su localización (retináculos, poleas, ligamentos anulares o vainas fibrosas). En algunas zonas, como en la cara palmar de los dedos, las vainas forman un túnel osteofibroso reforzado por poleas. La existencia de los retináculos condiciona la necesidad de que el tendón tenga vainas sinoviales en aquellas zonas en las que roza contra un hueso o un tejido fibroso. La vaina sinovial tiene una capa parietal y una capa visceral, que se encuentran en continuidad. Entre ellas queda una cavidad ocupada por líquido sinovial. La zona a través de la que se continúan ambas capas permite el acceso de los vasos sanguíneos y se denomina mesotendón si es continua y víncula si es discontinua. Las áreas tendinosas hipovascularizadas se nutren parcialmente por difusión desde el líquido sinovial de las vainas. Las bolsas son estructuras presentes en las inserciones (bolsas subtendinosas) o en zonas más superficiales, y facilitan el desplazamiento entre la piel y el tendón. Tanto las vainas sinoviales como las bolsas pueden inflamarse o ser colonizadas por gérmenes procedentes del exterior. En determinadas zonas, los tendones tienen una relación íntima con almohadillas de grasa, como la grasa de Hoffa y la grasa preaquílea de Kager. Estas estructuras están ricamente inervadas y vascularizadas, y se especula con su función mecanosensitiva y amortiguadora, así como con su posible implicación en las tendinopatías.33 icatrización C La cicatrización del tendón sigue un curso similar al expuesto en las lesiones de los ligamentos (fase inflamatoria, prolifera- ERRNVPHGLFRVRUJ 146 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología tiva, de remodelación y de maduración). La cicatrización de las lesiones intratendinosas depende de la contribución de múltiples fuentes celulares, incluyendo fibroblastos del endotendón y epitendón, células inflamatorias sanguíneas, células madre tendinosas o células madre mesenquimales que pueden migrar a la zona de lesión. Una excepción la constituyen los tendones que discurren en el interior de una vaina sinovial. Aquí el tendón tiene cierta capacidad intrínseca de cicatrización si se aproximan sus extremos y se inicia una movilidad controlada precoz. Si no es así, la cicatrización espontánea genera adherencias a la vaina tendinosa. Por otro lado, la lesión de las zonas de inserción, como la rotura del manguito de los rotadores, también tiene unas características peculiares que suelen exigir su reinserción ósea. L esiones ­ En función del tiempo de evolución, la lesión tendinosa puede ser aguda (inflamación, laceración, rotura, contusión), sub aguda o crónica (tendinosis, roturas intrasustancia). Estas últimas suelen ser el resultado de sobrecargas repetidas que debilitan el tendón y ocasionan, por último, roturas macroscópicas (fig. 14-5). En las tendinopatías del cuerpo del tendón, se han descrito zonas con hiperplasia angiofibrosa que favorecerían las roturas. Las lesiones se localizan en áreas hipovascularizadas (unión de vertientes vasculares) y zonas de fricción. Una zona de especial debilidad en tendones, por otra parte, sanos, es la unión miotendinosa, donde se producen lesiones agudas por contracción muscular brusca. La patología de la inserción osteotendinosa se debe generalmente a sobrecargas y se manifiesta como lesiones tendinosas (con más frecuencia, crónicas, y conocidas como entesitis). Macroscópicamente, el tendón puede encontrarse adelgazado o engrosado por el proceso inflamatorio, con pérdida de la estructura fascicular, que es reemplazada por tejido cicatricial desorganizado. Pueden existir osificaciones peritendinosas. Se cree que las células madre tendinosas pueden ser las responsables de las lesiones crónicas al experimentar una diferenciación aberrante a células diferentes del tenocito en respuesta a una carga mecánica excesiva.32 Reparación tendinosa Si se produce una solución de continuidad en la porción del tendón localizada en el interior de una vaina sinovial, es imprescindible su reparación quirúrgica. Además de la retracción mecánica, el contacto de los extremos con el líquido sinovial limita su capacidad de cicatrización,35 que debe producirse exclusivamente desde los tenocitos intrínsecos. La reparación debe permitir el deslizamiento intrasinovial imprescindible para evitar las adherencias. La movilidad debe ser pasiva para proteger de carga la reparación. No está claro si para conseguir una resistencia óptima es imprescindible aproximar los extremos de un tendón extrasinovial. En general, existe tendencia a la reparación quirúrgica mediante técnicas mínimamente invasivas. Estudios experimentales han mostrado resultados prometedores, en especial, en las primeras fases, con el uso de aspirado de médula ósea, células madre, diversos factores de crecimiento, así como varias proteínas morfogenéticas del hueso. Asimismo, diversos biomateriales como el tendón decelularizado y la submucosa intestinal han conseguido resultados prometedores como andamios, aunque son necesarias más investigaciones para evaluar su aplicación clínica.36 Estudios clínicos recientes demuestran que la aplicación de plasma rico en plaquetas mejora la madurez del tejido cicatricial y favorece la aposición de colágeno de tipo I en las roturas agudas del tendón de Aquiles.37 Trabajos experimentales apoyan la utilización de suturas quirúrgicas recubiertas de sustancias bioactivas (BMP-12) como un medio para favorecer la cicatrización tendinosa.38 Reparación de la interfaz osteotendinosa A pesar del manejo quirúrgico apropiado, la cicatrización de la interfaz osteotendinosa no regenera la estructura original. En su lugar, se forma una cicatriz fibrovascular más débil que conduce a tasas de cicatrización subóptimas y/o a mayores tasas de rerrotura.39 Se están estudiando diversas estrategias para solventar este problema, aunque la mayoría se encuentra en fase de experimentación animal. Un enfoque interesante lo constituye el uso de suturas y dispositivos de interferencia r i F gu a 14-5 Visión artroscópica de la inserción de un tendón del bíceps sano (izquierda), en la que se aprecia la contribución de los vasos subsinoviales a la irrigación tendinosa en su inserción, e imagen artroscópica de tendinitis del bíceps, con desestructuración del patrón fascicular (derecha). ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 14 Fisiopatología de tejidos blandos del aparato locomotor: músculos, ligamentos, tendones y meniscos recubiertos con factores biológicos.40,41 Algunos trabajos clínicos apoyan el uso de células madre derivadas de la médula ósea como terapia adyuvante en el tratamiento de las roturas del manguito rotador.42 Además del cruentado de la huella de inserción, la resección de 4 a 7 mm del borde del tendón lesionado podría mejorar la cicatrización al eliminar los tenocitos que poseen una expresión de moléculas y citoquinas alterada, siempre y cuando no se comprometa la mecánica de la reconstrucción.43 147 ­ uadro 14-4 Clasificación de las lesiones de los fibrocartílagos C • Según la localización con respecto al eje mayor del fibrocartílago: cuerno posterior del menisco, labrum superior anteroposterior (SLAP, superior labrum anterior to posterior) de tipo II, etc. • Según la localización con respecto a la vascularización: zonas roja, blanca-roja y blanca, o equivalentes • Según la localización de la rotura en el seno de la estructura: intrasustancia o en superficie • Según la orientación del trazo: horizontal, vertical (longitudinal y radial) y oblicuo Mecanotransducción Las cargas mecánicas apropiadas mejoran los procesos anabólicos tendinosos. De especial interés es el papel del factor de transcripción escleraxis (necesario para la tenogénesis) y del factor de crecimiento transformante b (TGF-b), que actúan como mediadores.44 Tras la reparación, el inicio precoz de la movilidad activa se asocia a un mayor riesgo de rerrotura.45 Las cargas mecánicas excesivas inducen procesos catabólicos, incluida la degradación de la matriz. Las células madre tendinosas responden a las cargas mecánicas excesivas mediante una diferenciación aberrante no tenocítica (hacia adipocitos, condrocitos y osteocitos).46 F b oca tílagos i r r © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Estructura Los fibrocartílagos son estructuras intraarticulares que tienen una función mecánica (congruencia, absorción de impactos, lubricación articular) y propioceptiva. Destacan por su importancia clínica los meniscos, el rodete glenoideo y el femoroacetabular, y el fibrocartílago triangular. Están formados por células (fibrocondrocitos), fibras entrecruzadas de colágeno y pequeñas proporciones de tejido elástico y glicoproteínas. Las fibras tienen una disposición que les permite resistir las solicitaciones mecánicas. Su orientación depende de la mecánica del fibrocartílago en cuestión. Así, por ejemplo, la estructura colágena del menisco consiste en una red de fascículos de 80 a 420 μm orientados circunferencialmente y entretejidos con fibras orientadas radialmente. También existen fibras oblicuas en las superficies de contacto y en el tercio interno.47,48 Hay diferencias estructurales entre el cuerpo y las inserciones.49 El tercio periférico del menisco está vascularizado (zona roja) y presenta cierto potencial de cicatrización. El resto es avascular (zona blanca), con débil o nula capacidad de cicatrización. La zona intermedia (roja-blanca) posee escasa vascularización. Esto tiene implicaciones directas en el tratamiento y en el pronóstico, ya que la cicatrización se produce en y desde la periferia. La periferia del menisco está ricamente inervada y presenta numerosos mecanorreceptores que se disponen a lo largo de la unión meniscosinovial. El resto del menisco es aneural. ratamiento T La historia natural de algunas lesiones pequeñas es favorable, bien por cicatrización espontánea, bien por disminución de la sintomatología sin extensión de la rotura. Por el contrario, muchas lesiones son sintomáticas de forma persistente y se asocian a un riesgo de agravamiento. En estos casos, está indicado el tratamiento quirúrgico, cuyo objetivo es la regularización de la lesión preservando la mayor cantidad posible de tejido estable. Algunos patrones de lesión son candidatos a sutura y/o a reinserción. Multitud de líneas de estudio intentan recuperar parte del tejido dañado, incluyendo andamios libres de células, terapia génica, aporte intraarticular de células progenitoras, pegamentos biológicos, y sustitución parcial y total del menisco. Sutura meniscal Siempre que se pueda, debe primar la reparación sobre la resección, especialmente, en jóvenes. Continúa vigente la técnica de sutura de fuera adentro clásica, aunque se dispone de diversos implantes y dispositivos de sutura de dentro afuera. Se está desarrollando instrumental que permite rodear la rotura, en lugar de atravesar el defecto, y realizar suturas circunferenciales que ampliarían las indicaciones de la sutura meniscal.50 Injertos meniscales El trasplante de menisco puede ser una opción viable para pacientes sintomáticos menores de 50 años sin inestabilidad ni alteraciones de la alineación y con un cartílago articular razonablemente conservado. Los objetivos son obtener una posición anatómica de las inserciones, y una adecuada fijación al hueso y a la cápsula de un aloinjerto de tamaño adecuado51 (fig. 14-6). El trasplante con fijación ósea ha mostrado una alta tasa de supervivencia clínica a largo plazo,52 aunque parece que no limita la aparición de cambios degenerativos,53 generalmente asociados a la extrusión del aloinjerto relacionada con una posición subóptima.54 Reparaciones meniscales Mecanismo y tipos de lesión Hay dos formas principales de lesión: un traumatismo agudo de intensidad suficiente sobre un fibrocartílago sano y los traumatismos repetidos sobre un fibrocartílago patológico (degenerado). Las lesiones pueden clasificarse según diversos criterios que permiten definir una lesión concreta (cuadro 14-4). A pesar de los avances en la ingeniería de tejidos, reproducir las características estructurales macroscópicas y microscópicas del menisco nativo es un desafío. Se están diseñando andamios formados por láminas de poli(ε-caprolactona) que imitan esta jerarquía estructural, sembrados con células madre mesenquimales.55 También se han utilizado andamios de colágeno de ERRNVPHGLFRVRUJ 148 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología r i F gu a 14-6 Trasplante meniscal: extracción del aloinjerto con su inserción ósea (arriba); implantación artroscópica mediante tunelización de la pastilla ósea con la inserción del cuerno posterior (abajo a la izquierda), y sutura periférica (abajo a la derecha). (Caso del Dr. Aurelio Aparicio Franco.) e onclus on s i C tipo I con células de la almohadilla grasa infrapatelar.56 Otra opción consiste en utilizar células de menisco humanas expandidas in vitro cultivadas en andamios tridimensionales de ácidos poliglicólico y hialurónico estabilizados con pegamento de fibrina. Para evitar la necesidad de implantación quirúrgica, se están desarrollando inyectables de matriz extracelular de menisco con resultados experimentales prometedores.57 f r bl og a ía i Bi Las funciones mecánicas que tienen que desempeñar los tejidos blandos que integran el aparato locomotor (músculos, tendones, ligamentos y fibrocartílagos) condicionan su estructura. Esta, a su vez, determina su capacidad de reparación. El conocimiento de su fisiopatología, diferente en cada uno de ellos, es fundamental, ya que nos permite aplicar terapias contrastadas y diseñar nuevas estrategias de tratamiento que posibiliten, en un futuro, pasar de la reparación a la regeneración de los tejidos. 1. Martínez E, Moreno R, Mayor MA, Chacón M. Morfología y fisiología muscular. En: Ballesteros R, editor. Traumatología y Medicina Deportiva I. Madrid: Paraninfo; 2002. p. 25-36. 2. Best TM. Anatomy, physiology and mechanics of skeletal muscle. In: Simon SR, editor. AAOS Orthopaedic Basic Science. Chicago: AAOS Press; 1994. p. 89-125. 3. Tidball JG, Villalta SA. Regulatory interactions between muscle and the immune system during muscle regeneration. Am J Physiol Regul Integr Comp Physiol 2010;298(5):1173-87. 4. Boldrin L, Morgan JE. Modulation of the host skeletal muscle niche for donor satellite cell grafting. Methods Mol Biol 2013;1035: 179-90. 5. Juhas M, Bursac N. Engineering skeletal muscle repair. Curr Opin Biotechnol 2013;24:880-6. 6. Baoge L, van Den Steen E, Rimbaut S, Philips N, Witvrouw E, Almqvist KF, et al. Treatment of skeletal muscle injury: a review. ISRN Orthop 2012;26. doi:10.5402/2012/689012. 7. Danna NR, Beutel BG, Campbell KA, Bosco JA 3rd. Therapeutic approaches to skeletal muscle repair and healing. Sports Health 2014; 6(4):348-55. 8. Laumonier T, Menetrey J. Muscle injuries and strategies for improving their repair. J Exp Orthop 2016;3(1):15. 9. Gharaibeh B, Chun-Lansinger Y, Hagen T, Ingham SJ, Wright V, Fu F, et al. Biological approaches to improve skeletal muscle healing after injury and disease. Birth Defects Res C Embryo Today 2012;96(1): 82-94. 10. Ota S, Uehara K, Nozaki M, Kobayashi T, Terada S, Tobita K, et al. Intramuscular transplantation of muscle-derived stem cells accelerates skeletal muscle healing after contusion injury via enhancement of angiogenesis. Am J Sports Med 2011;39:1912-22. 11. Garg K, Corona BT, Walters TJ. Therapeutic strategies for preventing skeletal muscle fibrosis after injury. Front Pharmacol 2015;6:87. 12. Nozaki M, Ota S, Terada S, Li Y, Uehara K, Gharaibeh B, et al. Timing of the administration of suramin treatment after muscle injury. Muscle Nerve 2012;46:70-9. 13. Negishi S, Li Y, Usas A, Fu FH, Huard J. The effect of relaxin treatment on skeletal muscle injuries. Am J Sports Med 2005;33:1816-24. ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 14 Fisiopatología de tejidos blandos del aparato locomotor: músculos, ligamentos, tendones y meniscos 14. Terada S, Ota S, Kobayashi M, Kobayashi T, Mifune Y, Takayama K, et al. Use of an antifibrotic agent improves the effect of platelet-rich plasma on muscle healing after injury. J Bone Joint Surg Am 2013;95(11):980-8. 15. Faivre B, Boisrenoult P, Lonjon G, Pujol N, Beaufils P. Lateral meniscus allograft transplantation: clinical and anatomic outcomes after arthroscopic implantation with tibial tunnels versus open implantation without tunnels. Orthop Traumatol Surg Res 2014;100(3):297-302. 16. Wan C, Hao Z, Tong L, Lin J, Li Z, Wen S. An update on the constitutive relation of ligament tissues with the effects of collagen types. J Mech Behav Biomed Mater 2015;50:255-67. 17. Diamant J, Keller A, Baer E, Litt M, Arridge GC. Collagen: ultra structure and its relation to mechanical properties as a function of ageing. Proc R Soc Lond D 1972;180(1060):293-315. 18. Dodds JA, Arnoczky SP. Anatomy of the anterior cruciate ligament: A blueprint for repair and reconstruction. Arthroscopy 1994;10(2): 132-9. 19. Ballesteros R, Gómez-Barrena E, Torres R, Chacón M, MartínezMoreno E, Munuera L. Quantitative assessment of neurohistology in the anterior cruciate ligament of the knee. Combined 7th Conference of the European Orthopaedic Research Society and III E.F.O.R.T. Congress. Barcelona (Spain), 1997. 20. Kwansa AL, De Vita R, Freeman JW. Mechanical recruitment of Nand C-crosslinks in collagen type I. Matrix Biol 2014;34:161-9. 21. Clark JM, Sidles JA. The interrelation of fiber bundles in the anterior cruciate ligament. J Orthop Res 1990;8:180-8. 22. Sherman SL, Chalmers PN, Yanke AB, Bush-Joseph CA, Verma NN, Cole BJ, et al. Graft tensioning during knee ligament reconstruction: principles and practice. J Am Acad Orthop Surg 2012;20(10):633-45. 23. Ballesteros R, Martín JA, Chacón M, Gómez-Barrena E. Lesiones de los ligamentos. En: Ballesteros R, editor. Traumatología y Medicina Deportiva II. Madrid: Paraninfo; 2002. p. 3-16. 24. Ballesteros R, Bonsfills N, Chacón M, García-Lázaro J, GómezBarrena E. Histomorphometry of the ligaments using a generic-purpose image processing software, a new strategy for semi-automatized measurements. J Digit Imaging 2012;25(4):527-36. 25. Gómez-Barrena E, Bonsfills N, Martín JG, Ballesteros-Massó R, Foruria A, Núñez-Molina A. Insufficient recovery of neuromuscular activity around the knee after experimental anterior cruciate ligament reconstruction. Acta Orthop 2008;79(1):39-47. 26. Hee CK, Dines JS, Solchaga LA, Shah VR, Hollinger JO. Regenerative tendon and ligament healing: opportunities with recombinant human platelet-derived growth factor BB-homodimer. Tissue Eng Part B Rev 2012;18(3):225-34. 27. Di Matteo B, Loibl M, Andriolo L, Filardo G, Zellner J, Koch M, et al. Biologic agents for anterior cruciate ligament healing: A systematic review. World J Orthop 2016;7(9):592-603. 28. Thompson WR, Keller BV, Davis ML, Dahners LE, Weinhold PS. Low-Magnitude, High-Frequency Vibration Fails to Accelerate Ligament Healing but Stimulates Collagen Synthesis in the Achilles Tendon. Orthop J Sports Med 2015. doi 10.1177/2325967115585783. 29. Yilgor C, Yilgor Huri P, Huri G. Tissue engineering strategies in ligament regeneration. Stem Cells Int 2012. doi: 10.1155/2012/374676. 30. Caudwell M, Crowley C, Khan WS, Wong JM. Systematic review of preclinical and clinical studies on scaffold use in knee ligament regeneration. Curr Stem Cell Res Ther 2015;10(1):11-8. 31. Kjaer M, Jørgensen NR, Heinemeier K, Magnusson SP. Exercise and Regulation of Bone and Collagen Tissue Biology. Prog Mol Biol Transl Sci 2015;135:259-91. 32. Wang JHC, Guo Q, Li B. Tendon biomechanics and mechanobiology — a mini-review of basic concepts and recent advancements. J Hand Ther 2012;25(2):133-41. 33. Benjamin M, Kaiser E, Milz SW. Structure-function relationships in tendons: a review. J Anat 2008;212(3):211-28. 34. Bunker DLJ, Ilie V, Ilie V, Nicklin S. Tendon to bone healing and its implications for surgery. Muscles Ligaments Tendons J 2014;4(3): 343-50. 35. Garvican ER, Salavati M, Smith RK, Dudhia J. Exposure of a tendon extracellular matrix to synovial fluid triggers endogenous and engrafted cell death: A mechanism for failed healing of intrathecal tendon injuries. Connect Tissue Res 2016;11:1-9. 36. Shapiro E, Grande D, Drakos M. Biologics in Achilles tendon healing and repair: a review. Curr Rev Musculoskelet Med 2015;8(1):9-17. ­ ­ © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ­ 149 37. Alsousou J, Thompson M, Harrison P, Willett K, Franklin S. Effect of platelet-rich plasma on healing tissues in acute ruptured Achilles tendon: a human immunohistochemistry study. Lancet 2015;385(Suppl 19). doi: 10.1016/S0140-6736(15)60334-8. 38. Chamberlain CS, Lee JS, Leiferman EM, Maassen NX, Baer GS, Vanderby R, et al. Effects of BMP-12-releasing sutures on Achilles tendon healing. Tissue Eng Part A 2015;21(5-6):916-27. 39. Weeks KD, Dines JS, Rodeo SA, Bedi A. The basic science behind biologic augmentation of tendon-bone healing: a scientific review. Instr Course Lect 2014;63:443-50. 40. Bokor DJ, Sonnabend D, Deady L, Cass B, Young A, Van Kampen C, et al. Evidence of healing of partial-thickness rotator cuff tears following arthroscopic augmentation with a collagen implant: a 2-year MRI follow-up. Muscles Ligaments Tendons J 2016;6(1):16-25. 41. Atesok K, Fu FH, Wolf MR, Ochi M, Jazrawi LM, Doral MN, et al. Augmentation of tendon-to-bone healing. J Bone Joint Surg Am 2014;96(6):513-21. 42. Hernigou P, Flouzat Lachaniette CH, Delambre J, Zilber S, Duffiet P, Chevallier N, et al. Biologic augmentation of rotator cuff repair with mesenchymal stem cells during arthroscopy improves healing and prevents further tears: a case-controlled study. Int Orthop 2014;38(9):1811-8. 43. Fabiś J, Szemraj J, Strek M, Fabiś A, Dutkiewicz Z, Zwierzchowski TJ. Is resection of the tendon edge necessary to enhance the healing process? An evaluation of the homeostasis of apoptotic and inflammatory processes in the distal 1 cm of a torn supraspinatus tendon: part I. J Shoulder Elbow Surg 2014;23(12):1772-8. 44. Murchison ND, Price BA, Conner DA, Keene DR, Olson EN, Tabin CJ, et al. Regulation of tendon differentiation by scleraxis distinguishes force-transmitting tendons from muscle-anchoring tendons. Development 2007;134:2697-708. 45. Kluczynski MA, Isenburg MM, Marzo JM, Bisson LJ. Does Early Versus Delayed Active Range of Motion Affect Rotator Cuff Healing After Surgical Repair? A Systematic Review and Meta-analysis. Am J Sports Med 2016;44(3):785-91. 46. Wang JHC, Guo Q, Li B. Tendon biomechanics and mechanobiology — a mini-review of basic concepts and recent advancements. J Hand Ther 2012;25(2):133-41. 47. Andrews SH, Ronsky JL, Rattner JB, Shrive NG, Jamniczky HA. An evaluation of meniscal collagenous structure using optical projection tomography. BMC Med Imaging 2013;13:21. doi: 10.1186/14712342-13-21. 48. Abraham AC, Donahue TL. From meniscus to bone: a quantitative evaluation of structure and function of the human meniscal attachments. Acta Biomater 2013;9(5):6322-9. 49. Fox AJ, Wanivenhaus F, Burge AJ, Warren RF, Rodeo SA. The human meniscus: a review of anatomy, function, injury, and advances in treatment. Clin Anat 2015;28(2):269-87. 50. Saliman JD. The circumferential compression stitch for meniscus repair. Arthrosc Tech 2013;2(3):e257-64. 51. Kim JM, Bin SI, Lee BS, Kim NK, Song JH, Choi JW, et al. Long-term Survival Analysis of Meniscus Allograft Transplantation with Bone Fixation. Arthroscopy 2016;27. doi: 10.1016/j.arthro.2016.07.017. 52. Ahn JH, Kang HW, Yang TY, Lee JY. Risk Factors for Radiographic Progression of Osteoarthritis After Meniscus Allograft Transplantation. Arthroscopy 2016;32(12):2539-46. 53. Lee DH, Lee CR, Jeon JH, Kim KA, Bin SI. Graft extrusion in both the coronal and sagittal planes is greater after medial compared with lateral meniscus allograft transplantation but is unrelated to early clinical outcomes. Am J Sports Med 2015;43(1):213-9. 54. Fisher MB, Henning EA, Söegaard N, Bostrom M, Esterhai JL, Mauck RL. Engineering meniscus structure and function via multi-layered mesenchymal stem cell-seeded nano-fibrous scaffolds. J Biomech 2015; 48(8):1412-9. 55. Oda S, Otsuki S, Kurokawa Y, Hoshiyama Y, Nakajima M, Neo M. A new method for meniscus repair using type I collagen scaffold and infrapatellar fat pad. J Biomater Appl 2015;29(10):1439-48. 56. Freymann U, Endres M, Neumann K, Scholman HJ, Morawietz L, Kaps C. Expanded human meniscus-derived cells in 3-D polymer-hyaluronan scaffolds for meniscus repair. Acta Biomater 2012;8(2):677-85. 57. Wu J, Ding Q, Dutta A, Wang Y, Huang YH, Weng H, et al. An injectable extracellular matrix derived hydrogel for meniscus repair and regeneration. Acta Biomater 2015;16:49-59. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 15 Biomecánica del aparato locomotor Luis Fernando Llanos Alcázar Resumen Las leyes de Hueter y Volkman y de Wolff determinan la influencia de la biomecánica en la estructura ósea. Este capítulo analiza la estructura, la forma y los distintos tipos de tejido óseo, así como sus propiedades fisicoquímicas y propiedades biomecánicas singulares. Se dedica un apartado a los principales tipos de fuerzas soportadas por el hueso en circunstancias fisiológicas y su respuesta en condiciones patológicas. También se expone el concepto clásico de adaptación de la forma a la función. Otros apartados destacados son la influencia del genoma y del epigenoma en la biomecánica ósea, el principio del tirante aplicado al tratamiento quirúrgico de las fracturas y la importante función de absorción de fuerzas realizada por la musculatura. Int oducc ón r i Mecánica es aquella parte de la física que estudia el movimiento. La descripción matemática del movimiento compete a la cinemática. La dinámica es la parte de la mecánica que estudia cuáles son las causas del movimiento de un cuerpo interrelacionado con otro, en tanto que la estática estudia las condiciones que deben producirse para que un cuerpo o sistema esté en equilibrio. La biomecánica es la ciencia que estudia la estructura de los seres vivos aplicando las leyes de la mecánica. El aparato locomotor constituye el órgano que soporta, traslada y protege el cuerpo humano. Como tal, está sometido a las leyes de la mecánica y su estudio corresponde a la biomecánica.a Durante el proceso de morfogénesis ósea aparecen unos núcleos, centros de osificación primitivos o puntos primarios de calcificación, por degeneración en el seno de la masa cartilaginosa primitiva constituyente del molde óseo a partir del mesénquima primitivo. Paralelamente, aparecerán en los extremos cartilaginosos otros centros de osificación secundarios, que representan el inicio de la definitiva epífisis ósea. El crecimiento en longitud óseo proseguirá en tanto permanezca activa la fisis o cartílago de crecimiento. Todos estos procesos se rigen por un ritmo constante y es un dato que refleja la madurez ósea, como describió por vez primera Acheson al acuñar el concepto de edad ósea. También conocemos la existencia de factores que intervienen en este proceso de morfogénesis ósea y que se salen del propósito de este capítulo, pero de entre ellos queremos significar la importancia de los factores mecánicos como veremos más adelante. Estos conceptos, con carácter biomecánico, nos llevan a considerar dos leyes clásicas de aplicación constante en ortopedia y traumatología: 1. Ley de Hueter y Volkmann, o ley de Delpech, del hueso en crecimiento (fig. 15-1A): «Las zonas de cartílago de crecimiento sometidas a presión excesiva sufren una inhibición y enlentecimiento de crecimiento, en tanto que las que son sometidas a tracción tienen un crecimiento acentuado». Este es el fundamento de la progresión de la escoliosis durante el crecimiento independientemente de su etiología, o de las desviaciones axiales de los miembros después de lesiones del cartílago fisario que le afecten asimétricamente. En ella se basan igualmente las técnicas de distracción epifisaria para alargamientos y las de bloqueo o epifisio desis. 2. Ley de Wolf,1 del crecimiento por aposición del hueso maduro (fig. 15-1B): «La osificación o crecimiento en grosor está estimulada por la presión, de forma que las partes del hueso sometidas a mayor presión se adaptan engrosándose, en tan- ­ ­ a Como apunte histórico, debemos recordar la primera aportación a la biomecánica del movimiento y de la marcha por parte de G. A. Borelli —hijo de un soldado español de la corte de Carlos III desplazado en Nápoles— con su obra De motu animalium, publicada en 1680. Ley de Wolff Ley de Delpech B A ­ ­ F gu a 15-1 Aplicación de la ley de Delpech (A) y de la ley de Wolff (B) al crecimiento del hueso. i r 150 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C 151 apítulo 15 Biomecánica del aparato locomotor to que las sometidas a tracción se adelgazan».b Esta adap tación puede observarse en la evolución de los callos de fractura y en la cirugía que tiene como fundamento la modificación de los ejes de carga de los miembros inferiores. ­ ­ Est uctu a d l t j do ós o r r e e i e El tejido óseo es el elemento constituyente de las piezas esqueléticas de la mayoría de los vertebrados. Como tejido derivado del mesénquima y, por tanto, con función trófica y mecánica, está formado por células, matriz orgánica intercelular y sustancia mineral. Debemos definirlo en términos biológicos y mecánicos. En términos biológicos, el hueso se describe como tejido conectivo, tejido que une y actúa como soporte de las diferentes estructuras del cuerpo humano. Mecánicamente, se trata de un material duro (el único entre todos los tejidos conectivos), compuesto por diferentes fases sólidas y líquidas. La dureza, adaptada a su función primordial cual es la resistencia a la tracción, compresión y flexión, se debe a su principal componente orgánico (matriz colágena extracelular), constituida por cristales de tipo hidroxiapatita [Ca10 (PO4)6 (OH)2] con contenido de iones carbonato. Si bien es un tejido resistente y sólido gracias a su contenido en sales cálcicas, puede deformarse discretamente por causas mecánicas, tanto estáticas o de sostén como dinámicas, durante la marcha. Esta propiedad se la confieren las fibras colágenas. El hueso del niño ofrece una mayor plasticidad frente a las cargas, así como mayor capacidad de reconstrucción merced a la acción osteogénica del periostio. ipos de tejido óseo © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Forma y estructura del hueso El hueso es un receptor de la actividad mecánica más que instigador de la misma. Sobre él se aplican cargas a través de las superficies articulares o de las inserciones fibrosas. La aplicación de dichas cargas deforma partes del esqueleto, pero, de manera parecida a lo que sucede con el paso de los vehículos por los puentes, si están diseñadas apropiadamente, no se deteriorarán debido a un reparto equilibrado de las cargas que soporta cada uno de sus componentes. La forma y estructura del hueso conforman un diseño basado en una información genética predeterminada. Además, tiene la capacidad de acomodar su masa, textura y, en determinadas circunstancias, su forma a la función que se pretende desarrollar. Esta relación apropiada entre estructura y función se complementa o define por el elemento celular, reforzando y, si es necesario, remodelando los elementos del esqueleto en respuesta a los diversos cambios, especialmente aquellos en los que concurren circunstancias mecánicas.c P o dad s ís co-quím cas d l hu so r T Macroscópicamente, se distinguen dos tipos de tejido óseo, cortical o compacto y esponjoso o trabecular. La superficie externa o perióstica es lisa, en tanto que la interna o endóstica es rugosa, parecida a la del hueso esponjoso. El hueso trabecular asienta en las regiones epifisaria y metafisaria de los huesos y en el interior de huesos planos y cortos. El hueso esponjoso se denomina también trabecular debido a que está constituido por un entramado de material óseo con estructura en forma tridimensional, denominado trabéculas, que, conectadas, presentan un aspecto esponjoso. Microscópicamente, existen tres tipos de hueso cortical: plexiforme, laminar y haversiano. El plexiforme no presenta una relación estable de contenido mineral y colágeno; únicamente se encuentra fisiológicamente en el embrión, en el feto y en adultos en condiciones patológicas después de alguna lesión ósea (callo de fractura en sus períodos iniciales, algunos tumores benig- b nos de la serie osteogénica, osteosis hiperparatiroidea). En este tipo de hueso, las fibras colágenas se disponen anárquicamente. Durante la maduración ósea, ese hueso se ve sustituido progresivamente por hueso laminar y haversiano, en el que las trabéculas se orientan ordenadamente debido a los estímulos mecánicos a que está sometido el esqueleto (fuerza de la gravedad, tensiones y compresiones debidas a la musculatura, etc.). A diferencia de la esponjosa, la compacta no posee arquitectura trayectorial reconocible. Julius Wolff expresó que la ley de remodelación ósea debía entenderse como aquella por la cual tienen lugar ciertos cambios en la arquitectura interna de los huesos, siguiendo determinadas reglas matemáticas, debido a alteraciones primarias en su forma y/o de las tensiones soportadas por los mismos. En aquella parte del hueso que soporte fuerzas compresivas o stress tensil, se desarrollará matriz ósea, desarrollo que será mayor en las zonas sometidas a las máximas fuerzas. Por el contrario, en aquellas zonas óseas donde disminuyan dichas fuerzas, aparecerán fuerzas de cizallamiento, desarrollándose lagunas por reabsorción, hueso trabecular o nuevas cavidades medulares. pie e e f i i e Una vez sintetizada la osteoide (v. capítulo 8), transcurren entre 5 y 10 días hasta su mineralización. Secuencialmente existen una serie de procesos hasta alcanzar la calcificación de sus componentes orgánicos y minerales: 1. Mineral óseo: el principal mineral cristalizado del cuerpo es la ya citada hidroxiapatita, perteneciente al grupo de los compuestos con contenido iónico elevado. Las concentraciones de Ca y P son esenciales en el tiempo y el lugar oportunos para que pueda obtenerse la calcificación. El factor que se ha mostrado común a todos los tipos de calcificación es la degradación parcial de los polisacáridos. Las células vivas intervienen en el proceso de calcificación, probablemente, por medio de las mitocondrias que acumulan el Ca y fosfato en concentraciones que exceden la solubilidad del fosfato tricálcico, formándose así los «micropaquetes cálcicos», precursores indispensables de la hidroxiapatita extracelular. El transporte de este material se debe a una acción electroquímica. 2. Cristalización: se han observado cuatro tipos de cristales de hidroxiapatita, si bien el producto final termodinámicamente estable es microcristalino, esto es, que bajo condi- c Szent-György2 afirmó que «no existe diferencia entre estructura y función; son dos lados de la misma esquina. Si la estructura no nos dice nada acerca de la función, es que no hemos mirado correctamente». ERRNVPHGLFRVRUJ 152 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología ciones fisiológicas nunca se forman cristales de dimensiones superiores a unos cientos de Ångström.d 3. Nucleación del cristal: probablemente sean el colágeno con los mucopolisacáridos los responsables. 4. Polisacáridos: son un grupo de compuestos bastante activos e inestables químicamente, a los que a veces se denomina polisacáridos solubles, entre los que destaca la condroitina, elemento que forma la «cola» que mantiene unidas las fibras de colágena, y los compuestos similares a la celulosa, que dan solidez a las membranas basales y a la reticulina. La despolimerización de sulfatos parece ser uno de los cambios importantes que precede a la calcificación; tal vez sea el sulfato de condroitina A el que tome parte en la calcificación. 5. Otros compuestos minerales del hueso: en el hueso se han hallado hierro, cinc, magnesio y otros minerales en menor proporción, habiéndoseles asignado un significado variable respecto de su posible papel en la calcificación. 6. Células: el osteoblasto contiene poco o ningún glucógeno. Probablemente, una vez que las células hipertróficas del cartílago de crecimiento han comenzado a degenerar, el glucógeno que contienen se extiende a través de la materia fundamental amorfa y puede colaborar en convertirla en calcificable. El papel de las mitocondrias celulares ya se ha comentado. Estadios de la calcificación Las células producen modificaciones en el metabolismo del citrato responsable de los primeros cambios de calcio iónico: es lo que se denomina ion cambiable o primer estadio de la calcificación. Se ha estudiado en el hueso haversiano y en otros huesos organizados un calcio menos lábil, pero todavía removible, que constituye el segundo estadio de la calcificación. Por último, el calcio depositado en la superficie del hueso cortical, fuertemente calcificado, presenta la organización final del depósito de mineral en el cuerpo, o tercer estadio. Es muy probable que las fuerzas físicas que actúan localmente afecten a las células tanto como a los componentes de la sustancia fundamental, pudiendo participar activamente en el mecanismo de la calcificación. e e i e dad s m cán cas d l hu so e pie r P o Las primeras investigaciones y trabajos experimentales sobre las propiedades mecánicas del hueso son antiguos.e Integrados los caracteres mecánicos del hueso en su conjunto, sus propiedades adquieren una dimensión distinta. El hueso no es un material homogéneo. Se dice de él que es anisótropo, es decir, que Los cristales pequeños (50 × 600 Å) son los hallados en la mayoría de las muestras óseas estudiadas, en tanto que cristales más grandes, con fosfato absorbido (500 × 500 Å), suelen hallarse en el esmalte dentario. Las diferencias encontradas entre los cuatro grupos en el sustrato asientan en las proteínas asociadas y, particularmente, en las b-proteínas. e Wertheim,3 en 1847, trabaja sobre probetas de hueso. Culmann4 y Meyer,5 en 1866, elaboran la «teoría trayectorial» sobre la estructura del cuello de fémur. El trabajo más importante del siglo xix fue el de Rauber,6 en 1876, sobre la elasticidad y resistencia del hueso. El comienzo de la época contemporánea podemos situarlo en los años cincuenta, con la publicación por el anatomista norteamericano Evans de su obra Stress and Strain in Bones y posteriores,7,8 seguidas por multitud de trabajos al amparo de técnicas más sofisticadas de análisis e interpretación de resultados. sus propiedades no son las mismas en todas las direcciones. Su diferenciación en hueso laminar o cortical y esponjoso constituye una estructura compleja perfectamente estudiada para desarrollar la vida de relación y movimiento. El hueso cortical y el esponjoso, como es sabido, se diferencian únicamente (y de forma importante) en la porosidad. Denominamos porosidad la proporción de volumen de hueso ocupada por tejido no mineralizado (no óseo). Se expresa en porcentaje, de manera que en el hueso cortical la porosidad oscila entre el 5 y el 30%, y en el esponjoso, entre el 30 y el 90%. Se aprecia así bien lo arbitrario —aunque útil— de la diferenciación de ambos tipos de hueso. Las propiedades mecánicas más importantes del hueso son la rigidez y la resistencia, propiedades que pueden observarse también en otros materiales sometidos a carga. El hueso cortical es más rígido que el esponjoso y capaz de contrarrestar más stress, pero menos tensión antes de romperse. El hueso esponjoso, por el contrario, no se fractura hasta que la tensión llega al 7%. Como la estructura de un hueso es diferente en dirección longitudinal o transversal, la resistencia variará según la dirección en que actúen sobre él las fuerzas. En este sentido, y en contra de lo que podría esperarse, Frankel y Burstein hallaron que se alcanzan los valores más altos de tensión para las cargas en dirección longitudinal.9 El hueso es 3 veces más ligero y 10 veces más flexible que un molde de un hierro, pero ambos presentan una resistencia a la tensión similar. Sus propiedades mecánicas dependen sobre todo de su composición material y relaciones estructurales, las cuales reaccionan ante estímulos bioquímicos y físicos. Tanto en el hueso como en otros materiales, para conocer sus propiedades hay que someterlos a cargas en direcciones conocidas; la deformación de la estructura estudiada deberá trasladarse a una curva de presión-deformación para poder determinar la resistencia de la misma. Una curva de presión-deformación tipo puede ser la de la figura 15-2, en la que podemos apreciar cómo al aplicarse una carga sobre un material dúctil se produce una deflexión elástica lineal reversible en la parte de la izquierda de la curva, inducida sobre el material por los stresses de flexión (v. más adelante). Si persiste la presión sobre el material ensayado, sus fibras extremas ceden y, cuando cese esta, se producirá un cambio permanente de la forma del mismo (punto B de la curva). En caso de continuar la presión, se llegará a una zona de resistencia límite, D C B d A r i F gu a 15-2 Curva de presión-deformación para un bloque de material (A), límite de la zona elástica de la curva (B), zona plástica de la curva (C) y zona de rotura de todas las fibras del material (D). ERRNVPHGLFRVRUJ 153 C apítulo 15 Biomecánica del aparato locomotor A B C D E F G F gu a 15-3 Esquema de los tipos de fuerzas actuantes. A. Columna descargada. B. Fuerzas de tensión o tracción. C. Fuerzas de compresión. D. Fuerzas de flexión. E. Fuerzas de cizallamiento. F. Fuerzas de torsión. G. Fuerzas combinadas (compresión-torsión). i r pasada la cual (punto C) ceden todas las fibras de esta sección y el material seguirá deformándose hasta romperse. Estos hechos permiten delimitar en la curva dos porciones: una elástica a la izquierda y otra de deformación no elástica (o plástica). Las fuerzas que actúan sobre un hueso producen sobre este efectos internos y externos. Los externos se resuelven en el movimiento del hueso alrededor de una articulación. Los internos, en stress y tensiones: • Stress: se define como la carga o fuerza interna desarrolla- • da por unidad de área sobre una parte de un cuerpo a un lado de un plano, como respuesta a las fuerzas externas ejercidas sobre esa misma parte del cuerpo, pero al otro lado del plano. En definitiva, un stress no es una presión, sino el resultado de una presión. Se expresa en fuerza por unidad de área (p. ej., newtons [N]/cm2). Tensión (strain): es el cambio de configuración geométrica o deformidad que sufre una estructura sometida a carga.f Se pueden obtener curvas de stress-tensión. En ellas podremos calcular la rigidez de un material, dividiendo el stress en cualquier punto de la porción elástica de la curva por la tensión de dicho punto. Este valor recibe el nombre de módulo de elasticidad o módulo de Young. Los materiales rígidos tienen un módulo alto. omportamiento del hueso bajo cargas (fig. 15-3) C © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Tensión Bajo la carga tensil, las estructuras se alargan y adelgazan. Suele producir fracturas en el hueso esponjoso, como ocurre en la f Tanto los stresses como las tensiones pueden ser normales o de cizallamiento. El stress normal es la fuerza por unidad de área que actúa perpendicularmente al área en cuestión y su unidad de medida es la ya citada. El stress de cizallamiento es una fuerza por unidad de área que actúa paralelamente a dicha área y tiene las mismas unidades de medida (p. ej., kg/mm2). La tensión longitudinal o normal se define como la relación entre el cambio de longitud y la longitud original. Al no ser dimensional, se expresa en porcentajes (p. ej., mm × mm). La tensión por cizallamiento se define como la deformidad angular ejercida sobre un ángulo recto. Puesto que se mide como un cambio de ángulo, la unidad de medida será el radián. base del quinto metatarsiano, en la zona de inserción del músculo peroneo lateral corto, o en el calcáneo, cerca de la inserción del tendón de Aquiles. Compresión Consiste en la aplicación de cargas iguales y opuestas hacia la superficie de la estructura. El máximo stress compresivo se produce en un plano perpendicular a la carga aplicada. En este caso, las estructuras a las que se aplica la compresión se acortan y ensanchan. Las fracturas más frecuentes producidas por las fuerzas de compresión asientan en las vértebras. Cizallamiento En este caso, las fuerzas se aplican paralelamente a la superficie de la de la estructura; se producirán stress y deformación constantes en el interior del cuerpo. La estructura sobre la que se aplica esta fuerza se deformará internamente de forma irregular: los ángulos rectos se convertirán en obtusos o agudos, hecho que no ocurre en los cuerpos sometidos a fuerzas de compresión o tensión. A este respecto, el hueso cortical contrarresta mejor las fuerzas de compresión que las de tensión, y estas mejor que las de cizallamiento. Flexión La aplicación de cargas de flexión origina una incurvación de la estructura considerada alrededor de su eje. Esto va a originar fuerzas compresivas en el lado de la concavidad y de tensión en el de la convexidad a ambos lados del eje neutral. Se describen dos tipos de flexión: aquellas que se producen mediante la aplicación de tres fuerzas y las que son producidas por cuatro fuerzas. Las debidas a tres fuerzas producen dos momentos iguales y la estructura sometida a la fuerza se rompe en el punto de aplicación de la fuerza media. Es el antiguo mecanismo típico de las fracturas tibiales distales del esquiador, al aplicarse una fuerza en la porción proximal de la pierna y quedar el pie fijo en la bota. Las producidas por cuatro puntos originan dos pares de fuerza, que producirán dos momentos iguales. La estructura se romperá por su sitio más débil. Torsión Se producen fuerzas de torsión cuando se aplica una carga a una estructura de forma que origina un giro alrededor de un eje. Al igual que ocurre con las fuerzas flexoras, su magnitud es proporcional a la distancia alrededor del eje neutral; cuanto más ERRNVPHGLFRVRUJ 154 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología lejos actúe la fuerza del eje neutral, mayor será la magnitud. La lesión primaria ósea suele ser una fisura paralela al eje neutral del hueso. Cargas combinadas ­ La estructura irregular del hueso y las múltiples e indeterminadas cargas a las que está sometido indican lo complejo de definir la carga total real que absorbe el hueso in vivo. La contracción muscular altera la distribución de esfuerzos, disminuyendo o anulando los esfuerzos tensiles aplicados sobre los huesos, mediante la producción de esfuerzos de compresión, que los neutralizarán total o parcialmente (v. más adelante). i r r e r ipi P nc os d const ucc ón d l a a ato locomoto p La fatiga puede producirse, ya sea por una carga simple, ya sea por múltiples cargas repetidas. En el primer caso, se producirá una fractura si la carga excede la resistencia límite del hueso; en el segundo, se producirá una fractura por fatiga, producida por repeticiones moderadas de cargas elevadas o por repetición numerosa de cargas relativamente normales, con producción de microfracturas. La relación entre cargas y repetición puede expresarse, asimismo, en curvas de carga-repetición para observar el nivel de la curva en que se produce la lesión. Las fracturas por fatiga ocurren generalmente durante el transcurso de actividades físicas continuadas muy duras. Tal actividad conlleva fatiga muscular. Cuando los músculos se fatigan, disminuye su capacidad contráctil y, consecuentemente, son menos útiles para absorber energía y neutralizar los esfuerzos impuestos al hueso (v. «La musculatura como mecanismo de absorción de cargas», más adelante). La alteración de la distribución de fuerzas en el hueso origina cargas elevadas anormales, originando la fractura por fatiga. ri oncepto de fatiga ósea Aquellos procesos que afecten a la forma o estructura hística del hueso van a influenciar negativamente su comportamiento mecánico. Citaremos entre otros las fracturas, reparaciones óseas frente a diversos procesos, parálisis o envejecimiento. En este sentido, hay que comentar que existe un fenómeno de concentración de fuerzas alrededor de cualquier defecto óseo. Burstein et al. estudiaron el efecto de los tornillos y agujas de transfixión ósea sobre la capacidad de almacenar energía en los huesos de las ratas. El efecto inmediato fue la disminución de un 70% de la capacidad de almacenamiento; a las 8 semanas se había mineralizado por remodelación ósea. Al quitar el tornillo, se reiniciaba el proceso de debilitamiento.10,11 Los defectos óseos grandes o secciones abiertas son soluciones de discontinuidad de los huesos, ocasionadas generalmente por resecciones quirúrgicas de un fragmento óseo superior al diámetro del mismo. En los huesos normales sometidos a cargas torsionales, los esfuerzos de cizallamiento se distribuyen por todo el hueso, lo que contribuye a soportar el momento de fuerza desarrollado. Pero en las secciones abiertas se reduce la capacidad de carga y almacenamiento de energía en más de un 90%, según pruebas efectuadas en tibias humanas. Es importante que el cirujano ortopédico tenga presente esta patología mecánica y prever la posibilidad de fracturas posteriores a extracciones de material u otros procedimientos que debiliten la resistencia ósea a las cargas. Por último, es preciso reseñar los cambios que se producen con la edad. En el anciano las paredes de las trabéculas de hueso esponjoso se adelgazan progresivamente, pudiendo llegar a reabsorberse.12 El resultado será una marcada reducción del conjunto de hueso esponjoso, con disminución de la rigidez y resistencia del material. e Se define energía como la capacidad de producir trabajo. Existen muchos tipos de energía. De entre la energía mecánica citaremos la energía potencial, la energía cinética y la energía de tensión, que es la que nos interesa en este apartado. Energía de tensión es aquella que un cuerpo es capaz de absorber gracias a la forma cambiante del mismo bajo la aplicación de presiones externas. Durante las actividades normales, solamente se utiliza una pequeña proporción de la energía total almacenada en el hueso. La capacidad de almacenamiento o absorción de energía del hueso varía con la velocidad con que se aplica la carga, de suerte que a mayor velocidad se libera más energía de hueso almacenada. Además, la velocidad de la carga aplicada va a influir no solamente en el tipo de fractura, sino también en el conjunto de partes blandas lesionadas perifracturarias. Cuando un hueso se fractura, la energía puede manifestarse en forma de una simple fisura ósea; el hueso y las partes blandas quedan relativamente intactos, existiendo ligero o nulo desplazamiento. Con velocidades elevadas, el exceso de energía producirá conminución ósea y extensas lesiones de partes blandas. Como aplicación directa de lo expuesto, las fracturas óseas pueden dividirse en: 1) de baja energía; 2) de alta energía, como ocurre en los accidentes de tráfico, y 3) de muy alta energía, como es el caso de las producidas por arma de fuego. C lteración de las propiedades mecánicas del hueso A Energía almacenada en el hueso La rotura del hueso puede aparecer tanto en el lado tensil como en el sometido a compresión, o en los dos. En el lado tensil adoptará la forma de una fisura transversal que puede evolucionar hacia una fractura. La del lado sometido a fuerzas de compresión actúa más lentamente, pudiendo no evolucionar el hueso hacia la fractura completa. Suele ser de trazo oblicuo. La forma del hueso y la localización de las fuerzas van a constituir dos factores importantes. Debido a su longitud, los huesos de los miembros portantes están sujetos a elevados momentos de flexión y, por lo mismo, a grandes esfuerzos de tensión y compresión. Su forma tubular les habilita para resistir momentos de flexión en todas las direcciones. Ya se ha expresado cómo la arquitectura y el desarrollo de los huesos se ven influenciados por las cargas a las que se ven sometidos y que se manifiestan en diversos tipos de fuerzas. No obstante, no existe un acuerdo sobre cuáles pueden ser los factores responsables de la regulación del diseño óseo y qué importancia puedan tener en el mismo los fenómenos genosómicos (o de información interna) y los epigenéticos. Por una parte, existen hechos que favorecen el papel permanente de la regula- ERRNVPHGLFRVRUJ C 155 apítulo 15 Biomecánica del aparato locomotor 1 2 1 5 2 3 4 4 A 3 5 B F gu a 15-4 Sistemas trayectoriales esponjosos. A. Extremidad proximal de fémur: 1, sistema cervicocefálico menor; 2, abanico de sustentación de Delbet o sistema de carga; 3, sistema ojival (grupo externo) o gran sistema cervicocefálico; 4, sistema ojival (grupo interno) o haz cervicotrocantéreo; 5, sistema trocantéreo propio. B. Tobillo-pie: 1, sistema talámico; 2, sistema tibioescafoideo; 3, sistema de la apófisis anterior; 4, sistema aquíleo; 5, sistemas transversales. i r ción genosómica, como es el caso de atributos dimensionales que indican características familiares heredadas, como pueda ser el cráneo, o el duarfismo sexual existente en la morfología de la pelvis. Por otra, la existencia de factores que modifican e influyen en el diseño de los huesos, como pueden ser el reposo o el ejercicio físico, la atrofia o la hipertrofia musculares, y, en general, las condiciones en que actúen las fuerzas sobre el individuo, como el peso del sujeto o la fuerza de la gravedad.g Si consideramos, por ejemplo, las fuerzas compresivas ejercidas durante la marcha normal sobre el miembro inferior, suponen dos o tres veces el peso corporal sobre la cadera en la fase de apoyo monopodal y tres o cuatro veces sobre la rodilla.14 A su vez, sobre el tobillo alcanzan cuatro o cinco veces.15 ¿Cómo se transmiten dichas fuerzas a través de la cadena cinética del miembro inferior? ¿Cómo influyen en la cinemática del mismo, favoreciendo la existencia de arcos preferenciales de movimiento a nivel de las diferentes unidades articulares? mineral, protege los tejidos y órganos adyacentes, soporta la fuerza de la gravedad y actúa dinámicamente como brazo de palanca durante los movimientos. Benninghoff complementó estas ideas al considerar la construcción humana como un todo en el que las diversas partes se relacionan, ordenan e integran para constituir una unidad morfológica, estructural y funcional. Para él, el conjunto de formas o la reunión de estructuras es lo importante, pues ello sirve a la totalidad. Ahora bien, deberán ser unos conjuntos armónicos y homogéneos, esto es, unos sistemas. Surge así el concepto de sistema funcional.17 A finales del siglo xix los trabajos de Ward,18 Culmann, Meyer, Wolff y Roux (ya señalados), entre otros, pusieron las bases de nuestros conceptos actuales sobre la arquitectura ósea. Como corolario de estos trabajos y, especialmente, de los de Culmann y Meyer, surgió la denominada «teoría trayectorial» de la estructura ósea, que considera las trabéculas óseas como líneas trayectoriales materializadas (fig. 15-4). e la anatomía funcional a la biomecánica D Guillermo Roux, padre de la anatomía funcional, intuyó que el desarrollo viene condicionado por la función a desarrollar, surgiendo así el concepto de funktionelle Anspassung o adaptación funcional.16 Destaca, asimismo, que la forma se adapta para la realización de un fin, con lo que crea el concepto de estructura funcional, concepto este que nos lleva al «principio del mínimomáximo», por el cual se significa que con el mínimo material se alcanza el máximo de función. Por ello, afirmó que el hueso está constituido con la máxima economía de material, porque su configuración y estructura interna se adaptan hasta en los más mínimos detalles a su solicitud decisiva. Con su estructura desempeña funciones de reserva de iones para la homeostasis © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ­ g Moss13 define el término diseño, referido al hueso, como una forma o ente macroscópico con una localización espacial, con unas características externas que le son propias (una apófisis, un tubérculo, etc.) y con una estructura microscópica que muestra cómo se producen procesos metabólicos del tipo de la aposición y resorción, o alteraciones en la vascularización. Estos factores habrá que considerarlos en el tiempo, siguiendo las fases de desarrollo, madurez y envejecimiento. daptación de la forma ósea a su función A Cuando una columna soporta una carga, se producen tensiones a su nivel que equilibran la carga. Las tensiones se harán mayores con el aumento de esta, de suerte que, si se hace muy pesada, alcanzará la tensión de rotura y la columna se romperá por su capa más externa a nivel de la convexidad. Será inicialmente una pequeña grieta que, conforme progrese, aumentará indirectamente las tensiones desencadenadas por las fuerzas; a este tipo de aumento se le denomina efecto de entalla. ¿Cómo se puede disminuir la tensión sobre la columna? Básicamente, por aumento del diámetro y/o por alteración de la situación de la carga. Hay que considerar que la carga excéntrica solicita la columna no solo en compresión, sino también y simultáneamente en flexión, ya que las fuerzas de flexión aumentan muy rápidamente cuando se alarga la distancia (o brazo de palanca) sobre la que actúan. Pauwels,19 a partir del concepto de la grúa de Culmann, fue mejorando —afinando— el diseño de la misma y, paralelamente, obtuvo experimentalmente una reducción de las fuerzas que actúan sobre ella, en especial, las de flexión. ERRNVPHGLFRVRUJ 156 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología W ma ­ En esencia, los mecanismos utilizados son: 1) un contrapeso en el extremo contrario de donde pende la carga; 2) aplicando un obenque o tirante, que consigue el mismo efecto, pero reduciendo peso, y 3) curvando la columna con objeto de convertir fuerzas de flexión en fuerzas de compresión. Además, en vez de utilizar una columna masiva diseñó una viga en T o un tubo debido a que, bajo el efecto de una solicitación en flexión, el reparto de fuerzas será desigual: máximas en la periferia y cero a nivel de la fibra neutra. En consecuencia, si la columna es masiva, el material situado a nivel de la fibra neutra no será utilizado para resistir y sí en los bordes, donde las tensiones son máximas (fig. 15-5). La representación en el hueso humano de dicha estructura tubular será la cavidad medular. Aún podemos mejorar el diseño construyendo el larguero de la grúa en forma de enrejado o celosía a semejanza del hueso esponjoso humano. El hueso también va a ser solicitado en compresión, pero especialmente en flexión, generándose momentos rotatorios peligrosos. Este hecho se debe a que el peso corporal y las cargas adicionales se encuentran siempre más o menos excéntricos con relación al hueso. Consideremos el fémur (para compararlo con la grúa) durante el período de apoyo unipodal de la marcha, en que soporta la máxima solicitación (fig. 15-6). El centro de gravedad de la porción del cuerpo soportada por el fémur se sitúa por fuera de la mitad del cuerpo, hacia la pierna oscilante; la línea de carga del cuerpo (W, weight) se encuentra muy excéntrica con relación a la diáfisis femoral. En esas condiciones, la diáfisis del fémur va a estar fuertemente solicitada en flexión por el citado peso corporal. El equilibrio pelviano se conseguirá merced a la contracción de los abductores (musculatura abductora [ma]), que, puenteando la cadera del miembro en carga, forman con el fémur un sistema de soporte rígido semejante a una grúa. La cintilla iliotibial (CIT) es lateral al fémur y, cuando se encuentra en tensión, actúa como un obenque, proporcionando una contraflexión. Se tensa automáticamente cuando el fémur 2 CIT d mv r i F gu a 15-6 Disminución de las cargas soportadas por la diáfisis femoral por la acción de tirante de la musculatura (v. explicación en el texto). CIT, cintilla iliotibial; d, distancia del brazo de palanca actuante sobre el fémur; ma, musculatura abductora; mv, momento de fuerza del vasto externo; W, peso corporal (weight). 3 del miembro en carga soporta el peso corporal. La cintilla se va a tensar por mediación de los músculos responsables del equilibrio frontal y sagital de la pelvis en carga. Por esta razón, la CIT es más eficaz por la contracción del vasto externo, cuyo aumento de volumen la aleja de la diáfisis del fémur, alargando el brazo de palanca (mv).20 Esta acción de tipo tirante u obenque del tracto iliotibial (tirante de Pauwels) sirve, en principio, para definir la acción muscular de cada músculo sobre el hueso tubular. Dicha acción no va a limitarse a funciones de control postural o movilización de palancas óseas, sino que va a mantener la coaptación articular y al tiempo permitirá su movilización, libre de fuerzas perjudiciales. Su parálisis origina una claudicación típica. 4 1 5 r i F gu a 15-5 Diseño del aparato locomotor: disminución de material mediante la colocación de un contrapeso, añadiendo un sistema de obenque, y sustituyendo la columna masiva por una hueca y una estructura enrejada (trabecular), que soportan la misma carga decisiva. 1, carga; 2, contrapeso; 3, obenque; 4, viga curvada, tubular; 5, estructura enrejada, no maciza. Aplicación del principio del tirante al tratamiento de las fracturas Para que un hueso fracturado consolide, necesita estabilidad mecánica. La distracción repetida es muy desfavorable: es esencial la neutralización de estas fuerzas. Según el principio del tirante, la tracción muscular provoca que los fragmentos se separen con el movimiento, tal como ERRNVPHGLFRVRUJ C 157 apítulo 15 Biomecánica del aparato locomotor Fq caso del aquíleo-calcáneo-plantar,21 que permite actividades como la carrera, el salto o la danza (fig. 15-8). El antepié, a su vez, actúa como un brazo de palanca que magnifica las fuerzas actuantes sobre el tobillo. a musculatura como mecanismo de absorción de cargas L Fr A B F gu a 15-7 La función fisiológica del cuádriceps femoral (especialmente el vasto medial), contrapesada con la acción de los isquiotibioperoneos, mantiene alineada la rótula (con ayuda de los alerones rotulianos) y libera de cargas la articulación femororrotuliana, que soporta hasta nueve veces el peso corporal. La técnica del obenque en las fracturas rotulianas se beneficia de un mecanismo similar. Fq, fuerza del cuádriceps; Fr, fuerza del tendón rotuliano. i r © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ocurre en las fracturas de rótula, de olécranon, o en las avulsiones de un fragmento óseo en el que se insertan un tendón o un ligamento, como es el caso del troquíter, trocánter mayor o maléolo tibial. Un tirante (u obenque) neutraliza estas fuerzas y las convierte en fuerzas de compresión cuando la articulación se flexiona (fig. 15-7). El aparato locomotor dispone de otros sistemas funcionales que facilitan la recepción-transmisión de cargas, como es el A El brazo de palanca de un músculo monoarticular es el más corto a nivel de la inserción del músculo en la diáfisis y aumenta en dirección a la articulación. En caso de actuar simultáneamente dos músculos monoarticulares, se reducirá la solicitación en flexión a nivel de toda la diáfisis, y más a nivel de las extremidades óseas. El músculo biarticular puentea totalmente el hueso, actuando como un obenque en toda su longitud, con lo que reduce las fuerzas de flexión uniformemente. Así, el músculo bíceps braquial, actuando en solitario, descarga el húmero en toda su longitud, pero no disminuye la considerable solicitación en flexión del radio debido a la carga que existe en la vecindad del codo. Actuando como un obenque, el supinador largo en solitario no descargaría nada más que el radio. Es la combinación de ambos la que permite reducir la gran solicitación en flexión a nivel de ambos huesos (fig. 15-9) y descargar la articulación, favoreciendo su movilización.22 Además, la musculatura, al insertarse en áreas óseas (no puntiformes), reducirá los picos de fuerzas actuantes contra el hueso. onclus on s C i e • El crecimiento conlleva un proceso de remodelación es• quelético continuo a fin de mantener la morfología ósea durante el desarrollo. Las propiedades físico-químicas y mecánicas del hueso, así como las características complementarias del hueso cortical y del esponjoso, explican su resistencia a las solicitaciones que reciben. B F gu a 15-8 Representación esquemática (A) y por resonancia magnética (B) del sistema funcional aquíleo-calcáneo-plantar: tendón de Aquiles, sistema trabecular posteroinferior del calcáneo o aquíleo, y musculatura corta plantar. i r ERRNVPHGLFRVRUJ 158 Parte II Ciencia básica de aplicación en cirugía ortopédica y traumatología • Los conceptos de estructura funcional y de sistemas funcio- • • nales nos ayudan a entender el funcionamiento del aparato locomotor como un todo, en el que las diferentes estructuras tisulares se superponen e integran, permitiendo la absorción de cargas y su transmisión dinámica a través de las diferentes unidades articulares. Los músculos, además de actuar como brazos de palanca para los huesos y servir a la dinámica articular, actúan como tirantes que soportan tracciones, convirtiéndolas en fuerzas de compresión, mejor toleradas por el hueso. Los principios de construcción del aparato locomotor sirven de guía para la prevención y reparación de las lesiones debidas a traumatismos, sobrecargas o desviaciones axiales. f 1. Wolff J. Das Gesetz der Transformation der Knochen. Berlin: Hirschwald; 1892. 2. Laín Entralgo P. Szent-György A. En: Laín Entralgo P. Historia Universal de la Medicina. Vol. 7. Barcelona: Salvat; 1975. p. 32. 3. Wertheim MG. Memoire sur l’elasticité et la cohesion des principaux tissues du corps humain. Ann Chim Phys 1847;21:385-414. 4. Culmann K. Die graphische Statik. Zurich: Meyer und Zeller; 1866. 5. Meyer GH. Die Architektur der Spongiosa (Zehnter Beitrag zur Mechanik des menschlichen Knochengerüstes). Arch Anat Physiol Wiss Med 1867;34:615-28. 6. Rauber AA. Elasticität und Festigkeit der Knochen. Leipzig: Engelmann; 1876. 7. Evans FG. Stress and Strain in Bones. Springfield: Charles C. Thomas; 1956. 8. Evans FG. Mechanical Properties of Bone. Springfield: Charles C. Thomas; 1973. 9. Frankel VH, Burstein AH. Orthopaedic Biomechanics. Philadelphia: Lea & Febiger; 1970. 10. Burstein AH, Reilly DT, Frankel EH. Failure characteristics of bone and bone tissue. In: Kenedi RM, editor. Perspectives in Biomedical Engineering. Baltimore: University Park Press; 1973. p. 131-4. 11. Frankel VH, Burstein AH. The biomechanics of refracture of bone. Clin Orthop 1968;60,221-7. 12. Trueta J. La estructura del cuerpo humano. Estudio sobre su desarrollo y decadencia. Barcelona: Labor; 1975. 13. Moss ML. The regulation of skeletal growth. In: Goss R, editor. The Regulation of Organ and Tissue Growth. New York: Academic Press; 1972. p. 127-42. 14. Andreacchi TP, Mikosz RP. Basic Orthopaedics Biomechanics. New York: Raven Press; 1991. 15. Stauffer RN, Chao EY, Brewster RC. Force and motion analysis of the normal, diseased, and prosthetic ankle joint. Clin Orthop 1977;127:189-96. 16. Roux W. Gessamelte Werke. Leipzig: Engelmann; 1895. 17. Benninghoff A. Das problem der Organischen Form. Marburg: N.G. Elwert Verlag; 1952. 18. Ward FO. Outlines of human osteology. London: Renshaw; 1838. 19. Pauwels F. Biomécanique de l’appareil moteur. Berlin-Heidelberg: Springer-Verlag; 1979. 20. Inman VT. Functional aspects of the abductor muscles of the hip, J Bone Joint Surg 1947;29:607-19. 21. Viladot A, Arandes R. Biomecánica del calcáneo. Med Clinica 1953;21(1):25-34. 22. Llanos LF. Introducción a la Biomecánica del Aparato Locomotor. Madrid: Editorial Universidad Complutense; 1988. ­ r i F gu a 15-9 Absorción por la musculatura de cargas articulares (v. explicación en el texto). r i ib B l og a ía ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general Luis López-Durán Stern Resumen En este capítulo se revisan los mecanismos de fractura de los huesos largos, así como de los cortos y planos, y la importancia de la cobertura de las partes blandas, cuya lesión puede dejar el hueso al descubierto, las fracturas abiertas. Las clasificaciones más empleadas son la general de la AO y, para las abiertas, la de Gustilo. El análisis teórico de los tratamientos incruentos, esto es, la tracción continua, el yeso, las ortesis de inmovilización, y los cruentos, esto es, la fijación externa, la síntesis con placas y obenques. El enclavado endomedular. • • Int oducc ón r i La traumatología es una de las ramas de nuestra especialidad que ocupa una parte muy importante del quehacer diario de los servicios hospitalarios con un consumo de recursos muy elevado y con una repercusión socioeconómica muy alta, la pérdida de horas de trabajo y secuelas de las fracturas en la población en edad de trabajar, por un lado, y la dependencia de muchos pacientes ancianos con fracturas osteoporóticas, por otro. Es, pues, necesario conocer a fondo la etiopatogenia de las fracturas y la elección del método de tratamiento mejor para cada caso que lleve a la consolidación de la fractura con una recuperación funcional rápida y sin secuelas.1-5 las f cac ón C i i i Las fracturas son interrupciones de la continuidad de un hueso producidas por un agente traumático de mayor o menor intensidad. El traumatismo puede incidir sobre un hueso de calidad normal de forma directa o, con mayor frecuencia, de forma indirecta produciendo una deformación del hueso que supera su límite de resistencia y se rompe. La intensidad del traumatismo es variable y se diferencian: • Traumatismos de alta energía o de gran velocidad, en los que la energía cinética liberada es muy grande y la lesión que producen es siempre extensa, afectando tanto al hueso como a las estructuras vecinas. Son caídas de gran altura, accidentes de tráfico; traumatismos por arma de fuego y explosiones, catástrofes naturales. Traumatismos de energía intermedia: la energía es alta, pero suele actuar sobre uno o varios segmentos esqueléticos: caída por una escalera, accidentes deportivos, traumatismos directos por la agresión de un objeto en movimiento o de un segmento esquelético en movimiento contra una resistencia. Traumatismos de baja energía: caídas desde la propia altura, movimientos incoordinados con una contracción muscular brusca que arranca un fragmento de hueso en la zona de origen o inserción muscular, como en los ataques epilépticos. Desde el punto de vista anatómico, la rotura ósea puede ser: • Fisura: es una línea de interrupción simple, que puede ser • completa o incompleta y que no produce desplazamientos de los fragmentos en que se ha dividido el hueso por la conservación del periostio. Fractura: la interrupción de ambas corticales es completa y los fragmentos pueden desplazarse si se rompe el periostio y la energía aplicada es suficiente. Como consecuencia de la fuerza aplicada, no solo se rompe el hueso sino, además, las partes blandas circundantes y la piel, de forma que su apertura comunica los extremos fracturarios con el exterior y se convierte, así, en una fractura abierta (fig. 16-1). Tanto la lesión muscular como la de la piel van a interferir en el proceso de consolidación de la fractura por la pérdida de la cobertura ósea y de la vascularización periostal, fundamental en las primeras fases del callo. La contaminación externa, además, aumenta el riesgo de infección. En función de la gravedad de la lesión de las partes blandas y de la piel, se han elaborado diferentes clasificaciones que tienen un gran componente observacional con grandes variaciones interpersonales en su aplicación. 161 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 162 Parte III Patología general A B a g Fi ur 16-1 A. Fractura abierta de grado II de Gustilo. B. Fractura abierta de grado III de Gustilo. Clasificación de Tscherne de lesión de partes blandas La calidad ósea puede estar alterada y el traumatismo puede dar lugar a diferentes tipos de fractura. • Grado 0: fractura simple sin o con contusión muy leve de Alteraciones óseas estructurales • Displasias óseas • ­ • las partes blandas. Grado I: abrasión superficial o contusión cutánea asociada a una fractura de complejidad media. Grado II: una abrasión profunda de la piel y/o una contusión de piel y músculos con riesgo de síndrome compartimental; suelen asociarse a una fractura transversal producida por un traumatismo directo. Grupo III: lesión cutánea extensa, dislaceración cubierta del tejido celular subcutáneo y daño muscular con necrosis posterior que se asocia con frecuencia a una lesión vas cular.1,5 De acuerdo con el tamaño de la herida, la destrucción de las partes blandas, la lesión o no de los pedículos vasculonerviosos, se han clasificado las fracturas abiertas en grados de interés pronóstico.1-5 Clasificación de Gustilo y Pasternak de las fracturas abiertas • Enfermedades con transparencia anormal (osteogénesis imperfecta, hipofosfatasia, etc.). • Enfermedades con densificación del esqueleto (osteopetro- sis, Camurati Engelman, etc.). Como se describe en el capítulo 20. Fracturas osteoporóticas Véase el capítulo 19. Hueso patológico • Lesiones tumorales. Primitivas o secundarias: metástasis. • • I. Herida punzante de hasta 1 cm de diámetro, generalmente, limpia. Con frecuencia, es una herida producida por la salida de un extremo óseo que rasga la piel, no hay contusión muscular. II. Es una herida mayor de 3 cm, en general, producida por laceración con algún colgajo cutáneo. Poca o ninguna contusión muscular (v. fig. 16-1A). III. Es la forma más grave con una lesión importante de las partes blandas y, en ocasiones, conminución ósea. Se subdivide en tres formas: IIIa. Colgajos cutáneos y contusión muscular, pero el hueso puede cubrirse con las partes blandas disponibles (v. fig. 16-1B). IIIb. Junto a lesión musculocutánea hay un desprendimiento periostal, la herida está contaminada y no es posible una cobertura ósea adecuada. IIIc. Cualquiera de los dos tipos asociados a una lesión arterial que determina la viabilidad del miembro distal a la fractura. El tejido tumoral invade el hueso normal y, en las formas líticas, reduce la resistencia ósea y facilita la fractura. Factores generales. Hay factores carenciales, hábitos tóxicos y enfermedades que debilitan la resistencia ósea y facilitan la aparición de fracturas (cuadro 16-1). Factores locales. Defectos estructurales por lesiones previas, infección. Iatrogenia. Cuadro 16-1 Factores generales • Carencias nutricionales • Hepatopatías y alteraciones metabólicas múltiples: hipercortisolismo, hiperparatiroidismo, hipogonadismo, trastornos tiroideos • La radiación, cuando la dosis supera los 5.000 rad • Fármacos: • Anticoagulantes, heparina y dicumarínicos • Antineoplásicos. Quimioterápicos • Hidantoínas • Corticoides y antiinflamatorios no esteroideos ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general 163 • Fracturas por traumatismo indirecto: cuando el traumatis- Cadencia del traumatismo La carga representa para el hueso un estímulo osteogénico que puede transformarse en patológico cuando sobrepasa los límites de resistencia del tejido. Ese exceso de carga va produciendo microfracturas por fatiga del material que, sumadas, llegan a originar una fractura de sobrecarga o stress; se diferencian dos formas: mo no actúa de forma directa sobre el hueso, sino que lo hace en uno de sus extremos con una fuerza deformante que excede los límites de resistencia del tejido óseo, y lo fractura. La fuerza traumática puede actuar sobre el hueso de diferentes formas: Para comprender los mecanismos de fractura, hay que recordar que el hueso por su carácter anisótropo tiene unos límites de resistencia y elasticidad que no son iguales ni para todas las fuerzas ni en todos sus ejes. Los huesos están sometidos habitualmente a fuerzas de compresión, tracción y rotación, con una mayor resistencia a la compresión debido a la disposición helicoidal de las fibras colágenas en las laminillas óseas y osteonas. Esta disposición longitudinal del colágeno determina su menor resistencia a la tracción y a la rotación, deformaciones que inician la rotura. La lesión originada depende de la energía cinética liberada. Cuando se agota en la producción de la fractura, esta suele ser de trazo simple y el desplazamiento de los fragmentos se limita por la integridad del periostio. Cuando la energía es mayor, se hace más complejo el trazo, la rotura del periostio es completa y, si la fuerza continúa actuando, desplaza los fragmentos que desgarran la musculatura. En las fracturas de alta energía, hay siempre una gran destrucción de las partes blandas con lesión de la vascularización periostal que compromete el desarrollo del callo óseo. • Traumatismo directo: aplicación directa del impacto sobre Mecanismos elementales de fractura 1. Fracturas por fatiga: aparecen en huesos de estructura normal sometidos a traumatismos o esfuerzos repetidos, como en los deportistas. La línea de fractura aparece por un desacoplamiento entre la fase de reabsorción aumentada y la de regeneración subsiguiente, en la frontera entre un frente y otro (fig. 16-2). 2. Fracturas por insuficiencia: aparecen en huesos de calidad anormal, osteoporóticos, como consecuencia de esfuerzos mecánicos como las fuerzas aplicadas en la vida diaria. En estas formas, hay una reabsorción normal y un retraso en la regeneración que permite la aparición de la fractura. Me nis o ca m ener l g a el hueso, dando lugar a una fractura con una lesión asociada de la piel y musculatura subyacente, lesión que puede exponer el hueso. Son la flexión, la tracción, la compresión, la rotación y el cizallamiento.4,6 © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Derecha A B Fi ur 16-2 Fractura por sobrecarga. A. Imagen radiográfica que evidencia una línea de densificación metafisaria. B. Imagen de RM que confirma la línea de fractura. g a ERRNVPHGLFRVRUJ 164 Parte III Patología general Fracturas por flexión (fig. 16-3) Es el mecanismo de fractura más frecuente de los huesos largos. La fuerza actúa en una dirección perpendicular al eje mayor diafisario y es aplicada en un extremo del hueso con el otro fijo, o en el centro de la diáfisis, como sucede en los traumatismos directos y como se realiza en los ensayos de rotura (v. fig. 16-3A y B). El hueso va a ser desplazado de su eje, incurvándose. En el diagrama de fuerzas, se observa que a partir de una línea neutra coincidente con el centro del canal medular los elementos de la concavidad son sometidos a compresión, mientras que los de la convexidad lo son a distracción; como el tejido óseo es menos resistente a la tracción que a la compresión, comenzará a romperse en el punto de máxima distracción, desde donde la línea de fractura se desplaza hacia la concavidad a medida que cede el tejido (v. fig. 16-3C). Al sobrepasar la línea neutra, la fractura de la cortical cóncava se puede dividir en dos, aislando un fragmento triangular, que se conoce como tercer fragmento o fractura en ala de mariposa. Si consideramos ahora la bóveda craneana, un impacto puntual va a desplazar hacia el interior la calota, que presentará tres puntos de inflexión dando lugar a una fractura por flexión. Es el mecanismo general de fractura en un hueso plano. Fracturas por rotación (fig. 16-4) Se producen por la aplicación de dos fuerzas de tracción de sentido inverso en torno al eje longitudinal de la diáfisis, como sucede cuando el pie está sujeto al suelo y hay un giro brusco del cuerpo. La rotación determina la aparición de una línea espiroidea a lo largo de la cual las laminillas óseas se van a separar por tracción, dando lugar a la fractura. Los ensayos mecánicos indican que un cilindro hueco, como las diáfisis, es más resistente a la torsión que uno sólido y, para la misma cantidad de material, la resistencia es mayor cuanto mayor sea el diámetro externo. Fracturas por cizallamiento A Aparecen cuando dos zonas vecinas del hueso son sometidas a fuerzas, de sentido contrario y perpendiculares al eje diafisario, las laminillas de la zona límite entre las dos fuerzas sufren un esfuerzo similar al de las fracturas por flexión, empezando la fractura en la zona de máxima tracción. Cuando en lugar de Fuerza Tracción B Q L L b a B Q A C a A B a Fi ur 16-4 Fractura por rotación. Esquema de la progresión de la fractura a lo largo de una línea espiroidea donde se concentran los esfuerzos de tracción máximos. g g Fi ur 16-3 Mecanismo de las fracturas por flexión. A. Montaje experimental de fractura con fémur porcino. En el centro, cable de acero que tracciona en su eje hasta fractura. B. Fractura transversal resultante de la hiperflexión. C. Esquema de la progresión del trazo de fractura: transversal hasta la línea media y oblicua después con separación de un fragmento triangular. ERRNVPHGLFRVRUJ 165 Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general aplicarse las fuerzas en dos se hace en tres puntos, aparece una fractura bifocal. Fracturas por compresión Es uno de los mecanismos fundamentales de fractura del hueso esponjoso, epifisario, de los huesos cortos y vértebras. Si consideramos los cuerpos vertebrales y las epífisis como esféricos y rellenos de líquido (sangre), la presión aplicada en un polo se transmite por igual y en dirección perpendicular a las paredes de la esfera, que toma forma elíptica (fig. 16-5A). Las trabéculas óseas sobrecargadas más allá de su resistencia se rompen; en primer lugar, las trabéculas verticales, paralelas a la fuerza actuante, se comban hasta fracturarse en los puntos de máxima inflexión. Una vez rotas, las trabéculas verticales no sustentan ya a las horizontales y permiten su hundimiento, como un barquillo, se apelotonan los restos trabeculares apareciendo, por pérdida de su disposición espacial, un espacio vacío que favorecerá la recidiva de la deformidad por falta de soporte. En la figura 16-5B se muestra una fractura vertebral por compresión, tras un intento de reducción cerrada (fig. 16-5B). Si la fuerza de compresión se aplica de manera excéntrica a una epífisis en lugar de producir su hundimiento, determina la aparición de una fractura lineal con separación de un fragmento epifisario. Pueden combinarse ambos trazos dando lugar a una fractura con hundimiento y separación, como es frecuente en la meseta tibial y en el cuerpo vertebral. Fracturas por tracción Son frecuentes en pacientes con convulsiones y en deportistas en los que una contracción muscular brusca e incoordinada produce un arrancamiento o avulsión de la inserción muscular, arrastrando consigo una pastilla ósea. En la tabla 16-1, se recoge la correlación entre el mecanismo y el tipo de fractura. Clíni ca ener l g a En la anamnesis de una fractura hay un traumatismo previo, la mayoría de las veces hay siempre dolor intenso y continuo que se exacerba con los movimientos activos o pasivos. El dolor se origina por la irritación de las terminaciones nerviosas periostales y musculares, y puede ser tan intenso que desencadene un cuadro de shock neurogénico. La pérdida de continuidad y el desplazamiento de los fragmentos ocasionan una impotencia funcional más o menos marcada según la magnitud de los desplazamientos. En la inspección, hay un acortamiento y un aumento de volumen del segmento de miembro afecto debido al acabalgamiento de los fragmentos, al edema postraumático y al hematoma acumulado que se exteriorizará a la piel en los días siguientes y, con frecuencia, a cierta distancia de la fractura, como el hematoma de Hennequin en las fracturas del húmero proximal. La rotura de los vasos endomedulares, a saber, arteria nutricia y lagos venosos, produce una hemorragia de diversa cuantía según el hueso fracturado (la pelvis y la diáfisis femoral sangran en el adulto 1-3 l). Las asociaciones lesionales pueden, entonces, desencadenar un cuadro de shock hipovolémico. Cuando la lesión de los tegumentos pone en contacto la fractura con el exterior, es una fractura abierta. Desplazamientos Cuando la fractura es completa, la energía aplicada y la fuerza de la gravedad separan los extremos y, en cada segmento anatómico, los fragmentos resultantes adoptan unos desplazamienA abla 16-1 Correlación de mecanismo de acción y trazo de fractura © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. T B Fi ur 16-5 Fracturas por compresión. A. La presión aplicada sobre una esfera la deforma a una elipse apareciendo la fractura en su ecuador como zona de máxima tensión. B. Fractura vertebral por compresión; la rotura de las trabéculas verticales condiciona un colapso del cuerpo vertebral y su acuñamiento anterior. g Fuerza aplicada Trazo Fragmento(s) adicional(es) Flexión Transversal Oblicuo corto Ala de mariposa Rotación Espiroideo Tercer fragmento Cizallamiento Transversal Bifocal Compresión Aplastamiento Separación — Tracción Arrancamiento — Alta energía Conminuto Múltiples a ERRNVPHGLFRVRUJ 166 Parte III Patología general tos determinados por las tracciones musculares. Podemos distinguir, entonces, varios tipos de desplazamiento (fig. 16-6): • Desplazamiento lateral: cuando se produce, los fragmentos quedan situados en diferente plano sagital (v. fig. 16-6A). • Desplazamiento longitudinal: suele ser acortamiento por la tracción producida por el tono de los músculos largos del miembro, paralelos al eje del hueso fracturado. En este grupo, se incluye también la distracción más frecuente en el húmero por acción de la gravedad (v. fig. 16-6A). Desplazamiento angular: normalmente producido por las tracciones excéntricas de la musculatura (v. fig. 16-6B). Desplazamientos rotatorios: consecuencia de la acción traumática, como en los movimientos de giro del tronco sobre la pierna anclada al suelo por el pie. La gravedad lleva en rotación externa el miembro inferior distal a la fractura femoral cuando el paciente está en decúbito, y en las fracturas de la diáfisis humeral, la colocación en rotación interna del brazo, llevando la mano al cuerpo. • • El mejor ejemplo de la combinación de desplazamientos es la fractura del tercio proximal del fémur (v. fig. 16-6C). esiones vasculares y nerviosas acompañantes • Traumatismo craneofacial y columna cervical. • Columna dorsal-esternón, corazón/grandes vasos. • Calcáneo-meseta tibial-pelvis-columna lumbar, etc. L Fracturas por sobrecarga La lesión arterial abierta o cerrada es siempre un cuadro de urgencia absoluta que exige su diagnóstico y tratamiento inmediatos por los riesgos de shock hipovolémico y muerte, así como de la pérdida de la parte distal del miembro por isquemia y gangrena. Hay regiones anatómicas de máximo riesgo de lesión vascular, como son: el hombro, el codo y la rodilla. A En las fracturas abiertas la lesión vascular suele ser la rotura arterial o venosa, mientras que en los traumatismos cerrados es más frecuente la contusión arterial con lesión de la íntima, que se desprende y enrolla. La lesión nerviosa puede ser inmediata, simultánea a la fractura y consecuencia del traumatismo, o, más frecuentemente, originada por el desplazamiento de los fragmentos fracturarios que estiran, contunden o seccionan la médula o los troncos nerviosos periféricos, como la compresión del radial en su canal de torsión en las fracturas de la diáfisis humeral. Es mandatorio realizar siempre una exploración vascular y neurológica de urgencia para descartar la presencia de estas lesiones y porque no reseñarlas en la primera exploración tiene consecuencias legales. Hay que hacer siempre una exploración completa de los enfermos traumatizados y diagnosticar de entrada todas las lesiones existentes. A nivel esquelético, hay que analizar las posibles cadenas lesionales, como: El cuadro se caracteriza por la aparición de dolor progresivo que aumenta con el ejercicio y cede con el reposo, la ausencia de un traumatismo único previo y la historia de un esfuerzo repetido mayor de lo habitual. En la exploración hay dolor a punta de dedo cuando es accesible a la exploración y, en las lesiones más superficiales, edema (v. fig. 16-2). B C a g Fi ur 16-6 Desplazamientos de los fragmentos fracturarios. A. Desplazamiento lateral y acortamiento. B. El fragmento proximal está en abducción y rotación externa, y hace un ángulo con el fragmento distal. C. Esquema de las tracciones musculares sobre los fragmentos independizados: el psoas da flexión, y el glúteo mediano, aducción al fragmento proximal. Los aductores angulan la diáfisis y contribuyen a su acortamiento. (C, adaptado con autorización. © 1972, Springer Nature. Fuente: Lang J, Wachsmuth W. Praktische anatomie. Berlin: Springer; 1972. p. 176.) ERRNVPHGLFRVRUJ 167 Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general Di ag nós i o t esonancia magnética c R Los estudios de imagen son imprescindibles en el diagnóstico y control evolutivo de las fracturas. adiografías R Son el primer paso y deben realizarse siempre después de un traumatismo. La radiografía debe incluir el segmento de miembro lesionado en su totalidad (de articulación a articulación), lo que no siempre es posible para el fémur. La radiografía debe hacerse en dos planos perpendiculares entre sí, frontal y lateral (axial); imágenes difíciles de obtener para la extremidad proximal del húmero y del fémur por su proximidad al tronco. Las fisuras y fracturas sin desplazar pueden no verse en la radiografía inmediata tras el traumatismo, hay que esperar unos días a que se produzca la reabsorción de los extremos fracturarios para que el trazo se haga visible como sucede con frecuencia en el escafoides carpiano. En ocasiones hay que recurrir a proyecciones oblicuas, además de las clásicas anteroposterior y lateral, para analizar los desplazamientos, como en las fracturas de la cabeza del radio, y para observar el progreso de la consolidación. La resonancia magnética (RM) no se emplea como exploración de rutina en el estudio de las fracturas de los miembros, pero tiene su indicación en el estudio de las lesiones capsuloligamentosas; en las fracturas vertebrales osteoporóticas con aplastamientos múltiples, para diferenciar las fracturas recientes de las ya consolidadas. Ante la sospecha de una fractura por sobrecarga (v. fig. 16-2B). En ocasiones, ante la sospecha de fracturas del cuello femoral y en las lesiones traumáticas de las epífisis cartilaginosas de los niños. cografía E Su empleo está indicado como segunda exploración en las lesiones epifisarias de los niños, por ejemplo, en las fracturas condíleas humerales de los niños. En función de la localización de la fractura por huesos, epífisis proximal o distal y tipo de trazo, la Arbeitsgemeinschaft für Osteosynthesefragen (AO) ha desarrollado una clasificación numérica de las fracturas que se encuentra en sus textos básicos (fig. 16-8). Prin i ios c Tomografía computarizada © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. No es una exploración de rutina para las fracturas aisladas, pero su empleo como tomografía computarizada (TC) multicorte de cuerpo entero se impone como exploración inicial en los politraumatizados. La posibilidad de reconstrucción tridimensional es una ayuda importante para el análisis de las fracturas vertebrales y articulares de los miembros (epifisarias) con desplazamiento: glenoides, paleta humeral, pelvis y cotilo, etc. (fig. 16-7). p ener les g a d e t atam ento r i Todas las fracturas tienen tendencia a consolidar gracias al desarrollo del callo óseo. Para que la curación se produzca en condiciones normales, hay que respetar los siguientes principios mecánicos: • Inmovilización del foco, ya que el reposo favorece el callo. La • inmovilización debe ser elástica, una discreta movilidad del foco es un estímulo funcional para lograr la consolidación. Si las fracturas tienen tendencia natural a la consolidación, su tratamiento se encaminará a conseguir que esta curación se A B Fi ur 16-7 g a Aplicación de las TC para el estudio de las fracturas. A. Reconstrucción 3D de una fractura de rama púbica. B. Fractura de calcáneo. ERRNVPHGLFRVRUJ 168 Parte III Patología general 91. Diagnóstico = «esencia» de la fractura 9. Huesos craneofaciales Localización 92. 51. 52. 11. 15. 14. 15. Clavícula Hueso 1234 Segmento 1 2 3 (4) Tipo ABC Grupo 123 Subgrupo .1 .2 .3 14. Escápula 4 huesos largos 3o4 segmentos 3 tipos 3 grupos 3 subgrupos B fractura en cuña 2 fractura por flexión 1. Húmero 12. 53 21. 2. Radio/ cúbito Ejemplos 32-B2 5. Columna vertebral 13. Morfología 3 fémur 2 diafisaria 11. 21. 12. 22. 13. 23. 61. 6. Pelvis/acetábulo 22. 23. 31. 62. 32. 31. 41. 7. Mano 3. Fémur/rótula 33. 34. 32. 42. 41. 42. 43. 44. 8. Pie 4. Tibia/peroné 33. 43. 44. Localización anatómica de la fractura. La localización anatómica se designa con dos números: uno para el hueso y otro para el segmento (el radio y el cúbito, así como la tibia y el peroné se consideran un hueso). El segmento maleolar (44) es una excepción. Los segmentos proximal y distal de los huesos largos se definen como un cuadrado cuyos lados tienen la misma longitud que la zona más ancha de la epífisis (excepciones 31 y 44). A B C D a g Fi ur 16-8 Clasificación de las fracturas según la AO. A. Numeración de los diferentes segmentos esqueléticos: epífisis proximal, diáfisis y epífisis distal. A esta numeración se añaden los subtipos A, B y C según la complejidad del trazo, que a su vez tiene tres grados. B. Orientación de los trazos diafisarios. C. Complejidad del trazo. D. Fracturas epifisarias de menos a más complejas. (A, adaptado con autorización: Copyright de AO Foundation, Suiza. Fuente: Müller AO Classification of Fractures—Long Bones. www.aosurgery.org.) ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general haga tras la reducción, en buena posición, y a lograr una recuperación funcional completa del segmento comprometido. La reducción y contención de la fractura se obtiene de dos formas: una que emplea métodos incruentos con el fin de distorsionar lo menos posible el proceso normal de consolidación, y otra que busca obtener mejores resultados anatómicos y funcionales interviniendo quirúrgicamente las fracturas mediante la aplicación de diferentes dispositivos conocidos como osteosíntesis: alambres, placas y tornillos, clavos y fijadores externos. Tratamiento conservador u ortopédico El tratamiento conservador se vale de los siguientes métodos. ­ Reducción de los desplazamientos En todas las fracturas con desplazamiento hay que corregir, reducir, las desviaciones para restablecer la longitud y los ejes diafisarios o el perfil articular, según sea la localización de la fractura: • Corrección del acortamiento: en las fracturas diafisarias de © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • los huesos largos, habrá que restablecer su longitud de forma completa en el adulto o permitir cierto acortamiento en el niño. Restablecimiento de los ejes en los tres planos del espacio: la reducción óptima es la anatómica, pero hay unos límites de tolerancia para cada una de las desviaciones. • Los desplazamientos laterales son tolerables mientras queden en contacto un tercio de las superficies fracturarias para que puedan ser unidas por el callo. • Las angulaciones residuales tienen menor repercusión funcional unas que otras. Se puede aceptar en el adulto una angulación residual de hasta 10° en el miembro superior tanto en el plano frontal como en el sagital. En el miembro inferior, las desviaciones en valgo son siempre mejor toleradas que las angulaciones en varo. Son aceptables hasta 15-20° de valgo, mientras que para el varo no deberían superar 5°. • En el antebrazo, las angulaciones convergentes de ambos huesos tienen una repercusión funcional muy importante al limitar la pronosupinación y favorecer, además, la sinostosis de ambos huesos. • Durante la infancia son tolerables angulaciones mayores, ya que el crecimiento va a ser capaz de remodelar las mismas. • Los desplazamientos rotatorios nunca se corrigen por remodelación y hay que corregirlos siempre de forma completa, tanto en el adulto como en el niño, ya que las malrotaciones residuales son muy mal toleradas funcionalmente. La reducción se hará manipulando ambos fragmentos fracturarios siempre que su tamaño lo permita. Cuando el proximal es pequeño o está rodeado de una gran masa muscular, no es posible manipularlo y solo podremos actuar sobre el fragmento distal que habrá de enfrentarse al proximal. Hay siempre que hacer recorrer a los fragmentos el camino inverso al que siguieron durante el desplazamiento tras la fractura. El tono de los músculos insertados en el hueso tiende a desplazar de nue- 169 vo los fragmentos obligando a buscar posiciones que contrarresten su acción. Las maniobras sucesivas de reducción son: 1. Tracción y contratracción para restablecer la longitud inicial del hueso, que será mantenida durante toda la maniobra de reducción, una pequeña diástasis permite desenganchar los fragmentos y la corrección de los otros desplazamientos. 2. Corrección de los defectos rotatorios alineando los puntos de referencia anatómicos externos (p. ej., la rótula y el dedo gordo del pie en las fracturas de la tibia). 3. Corrección de los desplazamientos laterales por presión perpendicular a la diáfisis desplazada. 4. Corrección de las angulaciones en los planos frontal y sagital. Para las fracturas epifisometafisarias y de los huesos planos, las vértebras, tarso y carpo, es preciso siempre recurrir a maniobras ortopédicas indirectas por tracción sobre los ligamentos allí insertos, que van a traccionar sobre los fragmentos fracturarios y los van a reducir. Es la ligamentotaxis. La reducción cuyas maniobras básicas son las aquí indicadas puede hacerse de forma encadenada bajo anestesia local o general, o bien de forma paulatina aplicando una tracción continua en el eje del miembro para que una vez recuperada la longitud inicial la presión hidrostática de las celdas musculoaponeuróticas del segmento afronte ambos fragmentos (fig. 16-9A). A B Fi ur 16-9 Tracción continua. A. Aguja de K transcondílea sujeta a un estribo para el fémur. La aguja puede pasarse también por los platillos tibiales, lo que más fácil, pero a la larga distiende los ligamentos de la rodilla. B. Una vez colocada la tracción, el miembro reposa sobre una férula, de Braun, en este caso. g a ERRNVPHGLFRVRUJ 170 Parte III Patología general A este sistema elemental pueden añadirse tracciones suplementarias para lograr la completa reducción de la fractura y, con ello, entramos en el siguiente, el de la contención de los fragmentos reducidos para lograr su consolidación. articular. Otras veces se mantiene durante 2-3 semanas, al cabo de las cuales, cuando el callo fibroso tiene un desarrollo suficiente, se inmoviliza la fractura con un yeso. Contención e inmovilización Introducido por Mathysen, es una venda de gasa impregnada en yeso que, una vez mojado, va a fraguar endureciendo el vendaje, que es ligero, permite la transpiración cutánea e inmoviliza la fractura de manera suficiente como para obtener la consolidación ósea. Desde Boehler está estandarizada su aplicación: hay que colocar el vendaje sin almohadillar (salvo en los puntos esqueléticos muy prominentes que puedan escararse) para evitar la aparición de movimientos pasivos en el interior del yeso que permitan nuevos desplazamientos de la fractura. El yeso debe aplicarse de forma continua circular, superponiendo en cada vuelta una mitad de venda sobre la siguiente de distal a proximal, reforzándolo con férulas únicamente en los puntos de máximo esfuerzo mecánico. Cuando se aplica después de la reducción precoz de la fractura, en las primeras 48 h tras la lesión, debe siempre abrirse de forma completa, incluidas las capas de almohadillado, hasta la piel, a todo lo largo del vendaje para evitar la aparición de síndromes compartimentales. Con el yeso puesto, hay que elevar de forma repetida el miembro para favorecer el retorno venoso, estimular la contracción de los grupos musculares incluidos en el yeso y añadir la ingesta de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) durante 48 h. Se mantendrá un control constante del estado neurovascular del miembro y, ante el menor signo de compromiso, se retirará el yeso de forma completa y se dejará el miembro en tracción continua o con una fé rula. En la doctrina clásica, era preceptivo siempre inmovilizar las dos articulaciones vecinas a la fractura, cambiando cada 2-3 semanas el yeso para mantenerlo ajustado al miembro, ya que la atrofia muscular hace que de forma paulatina quede holgado y permita el desplazamiento de los fragmentos. Sarmiento defiende el tratamiento funcional, basado en el apoyo precoz como estímulo funcional del callo, por el movimiento elástico que se produce a nivel de la fractura. Sarmiento considera que la presión hidrostática de las celdas musculoaponeuróticas mantiene la posición de los fragmentos, lo que permite renunciar a la descarga y a la inmovilización prolongada de las dos articulaciones vecinas a la fractura. El tratamiento funcional favorece, además, una recuperación precoz de esas articulaciones.7 Para la aplicación de estos tratamientos funcionales, se emplean con frecuencia moldes plásticos conformados al miembro, de menor peso que la escayola y más higiénicos. En los tratamientos funcionales, se sustituye el yeso cerrado a las 2-3 semanas por una ortesis de inmovilización conformada. 1. En la recogida del traumatizado en el lugar del accidente, se emplea un dispositivo externo de inmovilización, almohadillado, metálico o plástico, las gotieras, en las que se apoya el miembro y se sujeta por cinchas o un vendaje blando. Ambos sistemas favorecen el drenaje venoso, disminuyen la aparición de edema al inmovilizar parcialmente la fractura y sedan el dolor. 2. El entablillado del miembro mediante una tira única de yeso, la férula, que se sujeta en la cara dorsal o ventral del miembro mediante una venda blanda sobre un vendaje almohadillado. El fin de la tracción continua puede ser la reducción paulatina de la fractura o la contención de la reducción obtenida por maniobras ortopédicas. Se aplica, bien sobre los tegumentos con tiras adhesivas o frondas y es la tracción blanda, bien de forma transósea, pasando una aguja elástica metálica por el fragmento distal del hueso fracturado, o por la porción proximal del hueso del segmento de miembro distal a la fractura. La aguja de Kirschner se fija a un estribo metálico del que cuelgan los pesos. Para la columna, la tracción transesquelética se aplica en el cráneo mediante un compás. Una vez aplicado el dispositivo de tracción, debe colocarse el miembro en posición de máxima relajación muscular y de mayor amplitud articular para evitar una tracción muscular excesiva y el desarrollo de rigideces articulares. Esta posición se obtiene para el miembro inferior en semiflexión de cadera y rodilla, y en ángulo recto del tobillo. El miembro se coloca sobre un dispositivo metálico, una férula rígida como la de Braun (fig. 16-9B) o articulada como la de Thomas, que se apoyan o suspenden de la cama. El peso tractor debe estar como norma, para el miembro inferior, entre 1/7 y 1/10 del peso del cuerpo, colocando la cama en posición de Trendelenburg para que el cuerpo haga contratracción y con el tronco incorporado para favorecer la ventilación pulmonar. El hilo tractor debe prolongar el eje diafisario del hueso fracturado, permitiendo suspender el peso fuera de la cama para que sus desprendimientos accidentales no lesionen secundariamente al enfermo. Cuando la tracción se mantiene durante mucho tiempo con una articulación interpuesta entre su anclaje y la fractura, pueden distenderse las estructuras ligamentosas articulares y dejar una laxitud residual, además de la posible rigidez. Mientras se mantiene al enfermo encamado en tracción, hay que esmerar las medidas higiénicas generales: ventilación pulmonar, retorno venoso y presión de las partes acras para evitar el desarrollo de escaras. La inmovilización puede mantenerse hasta la consolidación, iniciando a las 2 semanas los ejercicios de rehabilitación ­ La inmovilización ortopédica va a lograrse de varias formas. La inmovilización temporal, desde la primera atención del enfermo hasta la aplicación del tratamiento definitivo, puede hacerse de dos formas: Vendaje enyesado Tratamiento quirúrgico: osteosíntesis Es el tratamiento más empleado para las fracturas desplazadas, unas escuelas lo emplean sistemáticamente y otras solo en casos concretos.1-5 Se denomina osteosíntesis al procedimiento quirúrgico encaminado a fijar mediante algún dispositivo la fractura una ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general vez reducida. La osteosíntesis busca una contención estable de los fragmentos hasta la consolidación en posición anatómica. Su empleo se justifica si cumple una serie de requisitos como son: • Mantener la reducción de forma estable hasta el punto de prescindir de medios externos de inmovilización. • Permitir la recuperación funcional precoz de las articula- ciones vecinas y la carga precoz en las fracturas diafisarias de los miembros inferiores. Para que la osteosíntesis tenga resultado, debe estar hecha con materiales que han de cumplir uno los siguientes requisitos: • Ser inertes: no deben producir reacciones de rechazo en el organismo como los granulomas de cuerpo extraño. ­ • Ser inactivos: en el sentido de no liberar iones ni producir diferencias de potencial entre sus distintos componentes (p. ej., tornillos y placa) que puedan producir una osteolisis electroquímica. Aunque hoy todos los materiales empleados son inertes, debe evitarse el uso de dos tipos de material distinto dentro del mismo hueso o, incluso, en el mismo miembro. Ser incorrosibles: la aleación del metal implantado o del polímero, en el caso de usar plásticos, debe ser resistente al medio interno con su flujo iónico y su pH ligeramente ácido. En la actualidad, se emplean materiales como el ácido poliglicólico o poliláctico de reabsorción controlada que mantienen su resistencia el tiempo necesario para que consolide la fractura y, después, son desintegrados poco a poco por un tejido de granulación que hace innecesaria la retirada de estos tornillos y agujas sin dejar granulomas residuales. Ser resistentes a los esfuerzos mecánicos que actúan sobre los huesos durante el proceso de consolidación, período durante el cual la osteosíntesis debe asumir esos esfuerzos mecánicos. Deben resistir, en consecuencia, los esfuer- • © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • 171 zos puntuales máximos y las solicitaciones continuas de la vida diaria sin romperse ni desimplantarse. Métodos de osteosíntesis Fijador externo (fig. 16-10) Es un método a caballo entre la osteosíntesis interna y la inmovilización externa pura. Fue desarrollado por Hoffmann y se basa en la solidarización, a un tutor externo, de los fragmentos óseos por medio de unos clavos de Steinmann, fijados a la cortical. Los fijadores externos están indicados en las fracturas abiertas y en el tratamiento inicial de los politraumatizados durante la fase de control de daños. Los clavos de Steinmann se introducen de forma percutánea y a cierta distancia del foco en uno o dos planos del espacio, y se solidarizan entre sí mediante un sistema rígido de barras y rótulas que absorben los esfuerzos mecánicos del hueso fracturado en las primeras fases de la consolidación. Su eficacia mecánica es mayor cuanto más cerca estén las barras del hueso. Ilizarov introdujo un sistema de fijación externa, apoyado en agujas de Kirschner que se tensan sobre un armazón circular conectado por barras. El sistema da una fijación elástica que permite la carga precoz en el miembro inferior y la compresión dinámica de la fractura (fig. 16-11). Placas y tornillos La osteosíntesis fue iniciada por Koenig, Lambotte, Lane y Sherman a principios del siglo xx. A partir de las placas originales, la escuela suiza de la AO elaboró un sistema de placas metálicas de resistencia suficiente como para estabilizar el hueso roto al que se atornillan aplicando compresión interfragmentaria para lograr un contacto completo de los fragmentos y anular los movimientos a nivel de la fractura, facilitando así la consolidación directa. La estabilidad de estas placas se basa en su acoplamiento total a las corticales y a la presa de los tornillos en el hueso. La rigidez del montaje permite renunciar a la inmovilización externa y comenzar de inmediato la recuperación funcional de los miembros. A B Fi ur 16-10 Fijador externo. A. Fijador externo monolateral para una fractura abierta de tibia con tres clavos de Schanz roscados. B. Diagrama de transmisión de las fuerzas desde el hueso a través de los tornillos a la barra del fijador. La fractura queda sin carga. g a ERRNVPHGLFRVRUJ 172 Parte III Patología general Barras de tracción A B a g Fi ur 16.11 Fijador externo de tipo Ilizarov. A. Imagen clínica del montaje de cuatro anillos con barras de tracción/distracción entre los dos anillos superiores y los dos inferiores. B. Esquema del transporte óseo: el defecto es distal; la osteotomía es proximal, y el fragmento intermedio se desliza a distal; a nivel de la brecha proximal se regenerará un hueso membranoso. La forma elemental de lograr la compresión interfragmentaria es en una fractura oblicua la colocación de un tornillo perpendicular a la línea de fractura (fig. 16-12A), cuyas roscas hacen presa solo en la cortical contraria a su entrada, para lo cual se labra un canal de mayor diámetro en la cortical proximal para que el tornillo no haga presa y pueda cerrar la línea de fractura al traccionar sobre el fragmento opuesto. Como un tornillo aislado no soporta las cargas axiales, se refuerza mediante una placa que absorbe esos esfuerzos (v. fig. 16-12A). En los trazos horizontales, el tornillo de compresión interfragmentaria es sustituido por una placa cuyos orificios permiten al atornillarse el desplazamiento de los tornillos que arrastran los fragmentos y compactan el trazo de fractura. La reducción de la fractura se hace con las placas de compresión al mismo tiempo que su colocación (fig. 16-12B y C). La osteosíntesis rígida, al absorber todos los esfuerzos mecánicos del hueso, puede dejar las corticales sin estímulo funcional hasta el punto de favorecer un cambio de su estructura, se espongializa y es menos resistente. La aplicación de estas placas exige una desperiostización de una gran área de hueso lesionando la vascularización periostal, comprometiendo así la revascularización corticomedular y la consolidación de la fractura. A partir de las placas de compresión y debido a las complicaciones descritas, se han desarrollado placas en titanio para A B C a g Fi ur 16-12 Placas y tornillos. A. Tornillo de tracción de inserción perpendicular al trazo de fractura. A nivel de la cortical de entrada del tornillo se ha fresado un mayor diámetro para que solo haga presa en la cortical opuesta y dé compresión a la fractura. Se añade en posición perpendicular una placa de sostén. B. En las placas de compresión DCP (dynamic compression plate), los orificios para los tornillos por su diseño de cilindro inclinado y angulado permiten su deslizamiento para lograr la compresión de la fractura. C. Esquema de la compresión interfragmentaria. (Reproducido con autorización: Copyright de AO Foundation, Suiza. Fuente: AO Principles of fracture management. www.aosurgery.org.) ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general A B 173 C Fi ur 16-13 A. Placa bloqueada en una tibia distal con esquema de la transmisión de cargas como en los fijadores externos. B. Tornillo bloqueado simple, con roca para la placa y el hueso, y tornillo DLS con funda para el hueso de menor rigidez para permitir la dinamización de la fractura. C. Placa LCP con orificios para tornillo convencional de compresión o bloqueado. g a © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. mejorar su elasticidad y con un área de contacto menor con el hueso (LC-DCP, low contact dynamic compression plate). Las dificultades de la osteosíntesis en el hueso osteoporótico con una presa peor de los tornillos convencionales ha llevado al desarrollo de las placas bloqueadas, de estabilidad angular en las que los tornillos, para dar una mayor estabilidad al sistema, se roscan a la placa formando un montaje rígido (fig. 16-13A). Se ha aumentado el diámetro y se ha cambiado el paso de rosca de los tornillos bloqueados, un paso para la placa y otro para el hueso. Los tornillos bloqueados pueden ser uni- o bicorticales. Este montaje rígido absorbe, como los fijadores externos, las cargas transmitidas y las puentea del fragmento distal al proximal descargando la frac- tura. Se ha llamado fijador interno bloqueado a este sistema (fig. 16-13B). La aplicación de estas placas exige la reducción previa de la fractura. En la técnica MIPO (minimally invasive percutaneous osteosynthesis), las placas se introducen por una incisión cutánea pequeña a nivel de uno de los extremos del hueso fracturado y mediante una guía externa fijada a la placa esta se atornilla al hueso a través de pequeñas incisiones cutáneas. Se evita la desperiostización amplia del hueso al no ser necesario el contacto directo de la placa con la cortical, respetando así la vascularización periostal (fig. 16-14A). Para facilitar más la fijación, se han desarrollado placas que permiten introducir los tornillos en diferentes direcciones, son las placas poliaxiales. a B c A B Fi ur 16-14 Características mecánicas de las placas bloqueadas. A. a es el área de trabajo; B + c es la longitud de la placa, y la relación B + c/a debería ser 3:1. B. Imagen comparativa del desarrollo del callo periostal en un clavo endomedular y en una placa bloqueada que no hace contacto cortical. g a ERRNVPHGLFRVRUJ 174 Parte III Patología general ­ Hay placas llamadas LCP (locking compression plate) que combinan los tornillos bloqueados con los de compresión que facilitan una reducción adicional de los fragmentos, en cuyo caso debe insertarse antes el tornillo de compresión que los de bloqueo, que impiden, una vez atornillados, ulteriores desplazamientos hueso/hueso/placa (fig. 16-13C). Las placas bloqueadas dan una gran rigidez axial que, con frecuencia (hasta en el 20% de los casos), determina una pseudoartrosis y un desarrollo asimétrico del callo, que puede faltar en la cortical próxima a la placa. Para evitarlo, se recomienda el uso de placas muy largas, con pocos tornillos; en parte, unicorticales. Al disminuir la estabilidad axial, aumentan los movimientos en el foco que, si llegan a ser excesivos, también impiden la consolidación. Para calcular la rigidez axial y la elasticidad en el foco, hay que tener en cuenta la longitud de la placa y la densidad de tornillos (fig. 16-14B). En una placa se diferencian tres zonas: el segmento medio corresponde al área de la fractura, y los dos tornillos más próximos, es el área de trabajo. La longitud ideal de la placa se calcula a partir de la relación longitud total de la placa/longitud de la fractura y debe ser superior a 3:1 en las conminutas y entre 8:1 y 10:1 en las fracturas simples. La densidad tornillos/placa (es decir, el número de tornillos colocados/número de agujeros de la placa) debe estar en torno a 0,4, es decir, un poco menos de la mitad de los tornillos posibles. Otras formas de disminuir la rigidez axial son usar placas de titanio, brocar los orificios de la cortical proximal a la placa a un diámetro mayor con el fin de que no hagan presa los tornillos bicorticales o bien usar tornillos de tipo DLS (dynamic locking screw), etc.8 Clavo endomedular Frente al sistema de placas, que ya se empleaban antes del desarrollo del sistema AO, Küntscher introdujo en 1940 la osteosíntesis endomedular considerando que las solicitaciones mecánicas son mínimas en el canal medular y, por tanto, la colocación a ese nivel de un tutor metálico permite con una A B menor cantidad de material absorber la carga del hueso hasta su consolidación. Este sistema es solo válido para las fracturas diafisarias y emplea un clavo metálico hueco con perfil de hoja de trébol que le da la elasticidad suficiente como para introducirse comprimido en la medular y, una vez en ella, dilatarse para adaptarse a sus paredes. Tiene la ventaja de colocarse sin abordar el foco de fractura introduciéndolo por un extremo óseo, a foco cerrado, con lo que el riesgo de infección y pseudoartrosis es menor. Para que el clavo cumpla las condiciones mecánicas suficientes y absorba todo el esfuerzo que normalmente soporta la diáfisis fracturada, debe hacer un contacto continuo con las paredes del canal medular, que tiene en la mayoría de los huesos largos forma de diábolo (v. fig. 16-6A). Hay, en consecuencia, que regularizar los canales medulares para que cumplan los requisitos descritos. Esta regularización se obtiene fresando (fig. 16-15A) sus paredes hasta darles un perfil cilíndrico uniforme lo más largo posible para que la longitud de trabajo del clavo sea mayor y pueda absorber las cargas (fig. 16-15B), y llegando a un diámetro mínimo para cada hueso; así, para el fémur debe ser de 11 mm si se quiere renunciar a las inmovilizaciones externas y autorizar la carga precoz. Para poder introducir con seguridad un clavo, hay SIEMPRE que fresar de 1 a 1,5 mm más que el diámetro de clavo elegido. La maduración completa de los callos corticales en las fracturas diafisarias tratadas por enclavado endomedular exige al menos 1 año, al cabo del cual la diáfisis recobra su función mecánica y por remodelación ósea se separa del clavo, que deja de tener función y puede retirarse si es preciso (v. fig. 16-15B). Los clavos no son nunca tan rígidos como una placa y permiten la aparición de micromovimientos a nivel del foco que estimulan la consolidación (v. fig. 16-15B). A partir del clavo de Küntscher se han hecho varias modificaciones para ampliar las indicaciones de los clavos. La más importante ha sido el atornillado del clavo para dar a los fragmentos estabilidad axial y rotacional para las fracturas de trazo espiroideo, conminutas, bifocales, etc. (v. fig. 16-14A). El anclaje transversal, adicional, mantiene la reducción inicial. Los clavos atornillados, en sus diferentes modelos, tienen un perfil C a g Fi ur 16-15 Enclavado endomedular. A. Fresas elásticas. B. Área de trabajo del clavo: zona de contacto del clavo con la cortical diafisaria. C. Fractura pertrocantérea síntesis con clavo g largo. ERRNVPHGLFRVRUJ 175 Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general cilíndrico y se pueden atornillar en ambos extremos. Cuando se hace así, es un clavo estático; si se atornilla solo uno de sus extremos (proximal o distal), se habla de un clavo dinámico que permite una mayor elasticidad a nivel del foco al bloquear únicamente uno de los fragmentos, el más próximo al trazo de la fractura, y, a pesar de esa ventaja hipotética, la tendencia en la actualidad es al bloqueo estático (v. fig. 16-14A). En las fracturas metafisodiafisarias, como las fracturas de húmero proximal, de la región trocantérea y supracondíleas, tiene una alta tasa de consolidaciones con la ventaja adicional de la cirugía a cielo cerrado (fig. 16-15C). La crítica al fresado de destruir la circulación medular y dejar la diáfisis sin la circulación necesaria para el desarrollo del callo no tiene en cuenta que inmediatamente después de la fractura y durante 10 días aproximadamente la rotura de la arteria centromedular interrumpe la circulación medular, el flujo cortical se invierte y se hace centrípeto a costa de la vascularización periostal; en esta fase, el fresado no desvasculariza más las corticales y los vasos medulares se regenerarán en torno y en el interior del clavo a partir del décimo al decimoquinto día. Se han atribuido también al fresado un aumento de las embolias grasas y una mayor tasa de complicaciones pulmonares en los politraumatizados. En la actualidad, se sabe que la aparición del distress respiratorio está en relación con la gravedad del traumatismo torácico y no con el fresado femoral, que debe evitarse como tratamiento definitivo hasta que no se resuelva la situación pulmonar. En los politraumatizados inestables, el enclavado fresado en las primeras 24 h produce un insulto adicional aumentando la tasa de fallos multiorgánicos, por lo que se recomienda en la actualidad la cirugía de control de daños mediante el uso de fijadores externos y posponer el enclavado, si la evolución del politraumatizado es buena, al quinto día tras el traumatismo. Métodos de osteosíntesis complementarios de los clavos y placas • Cerclajes: consisten en la aplicación de una banda alámbrica © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. a toda la circunferencia ósea como en la rótula (fig. 16-16A y B). Fi ur 16-16 Cerclajes y obenques. A y B. Cerclaje rotuliano apoyado aquí en dos tornillos de doble rosca; lo más frecuente es hacerlo sobre dos agujas de Kirschner. C. Obenque en una fractura de olecranon. El alambre que se apoya en las agujas en la zona de inserción del tríceps pasa por la cortical distal a la fractura y se anuda en una figura de ocho. g • Obenques: se indican en las fracturas por tracción (p. ej., olécranon), y se basan en apoyar un cerclaje en ocho de guarismo en la cortical distal a la fractura y en la zona de inserción muscular o ligamentosa del fragmento proximal, donde se apoya en dos agujas de Kirschner que se anclan en la cortical del fragmento distal (fig. 16-16C), transformando así la tracción musculoligamentosa en compresión a nivel de la fractura al trasladar la fuerza de tracción a la cortical distal a la fractura y anular la tracción sobre el fragmento proximal. Fr ur s bier act a a s ta En estas lesiones, hay que curar las heridas y reconstruir las pérdidas de sustancia de las partes blandas al tiempo que se procura la consolidación de la fractura: 1. Limpieza a fondo de la herida en el momento inicial, lavado con al menos 3 l de suero, extracción de todos los materiales extraños y cepillado de las zonas vecinas con suero y antisépticos que no tiñan la piel para no enmascarar las zonas mal vascularizadas y poder delimitar las áreas necróticas. 2. Extirpación de los tejidos desvitalizados: piel, aponeurosis, músculos y fragmentos óseos desprendidos. Con la piel hay que ser siempre muy conservador, en especial, en áreas como las manos, los pies, la cara. Todos los colgajos de vitalidad dudosa deben reponerse y, si es posible, se deben cubrir las superficies óseas con las partes blandas. Los fragmentos óseos sueltos a nivel de una diáfisis deben extirparse (pueden conservarse en frío para una reposición ulterior), mientras que los epifisarios deben reponerse siempre. 3. Amputación. En las fracturas de tipo IIIc, hay que valorar en la urgencia si se procede a la reconstrucción del miembro o a su amputación, como debe hacerse en casos de lesión extensa del paquete vascular sin posibilidades de reconstrucción. Para sentar la indicación, se han desarrollado el concepto de extremidad catastrófica y una serie de escalas indicativas. ­ a B A ERRNVPHGLFRVRUJ C 176 Parte III Patología general A B a g Fi ur 16-17 Aloinjerto esponjoso. A. Fragmentos de hueso congelado a –80° y desgrasado. B. Aloinjerto rellenando una gran cavidad. ­ La principal complicación de esta técnica es la trombosis del pedículo. d. Transporte óseo según la técnica de Ilizarov (v. fig. 16-11B): el fijador externo circular permite hacer en una de las metáfisis una osteotomía individualizando un fragmento diafisario que mantiene su vascularización periostal y medular. Desde fuera y por tracción desde uno de los anillos, se desplaza el segmento diafisario individualizado hacia el área de defecto hasta entrar en contacto con el segmento óseo opuesto con el que va a consolidar por medio de un callo de fractura. Como el desplazamiento se hace muy lentamente (1 mm/día), a nivel de la osteotomía se regenerará un hueso diafisario normal por osificación directa. Todo el proceso tiene una duración de meses, que se calculan con tablas. e. Materiales osteoinductores y osteoconductores, como el coral natural, la hidroxiapatita sintética y las proteínas morfogenéticas del hueso (BMP) obtenidas por extracto o a partir de su código genético: están en la actualidad en fase de desarrollo. Para pequeños defectos, se emplean el coral o diferentes formas de fosfatos tricálcicos que tienen características osteoconductoras. Es decir, forman un lecho favorable para la invasión vascular y celular osteoformadora; la adición de células de la médula ósea obtenidas del paciente aumenta la regeneración ósea. Estas sustancias son muy frágiles y solo pueden emplearse como relleno o cobertura, nunca como elementos estructurales. Las BMP son osteoinductoras y deben unirse a un soporte adecuado que permita su liberación paulatina en el lecho de implantación para lograr una respuesta celular osteoformadora ade cuada. onclus ones i C 4. Fijación de la fractura. En la actualidad, las fracturas abiertas desplazadas deben fijarse de urgencia con un fijador externo monolateral estable o mediante un clavo cerrojado estático con o sin fresado. Cualquiera de estos sistemas debe permitir los pasos siguientes. 5. Reconstrucción vascular: sutura o injerto arterial y venoso. La sutura de los nervios no puede hacerse siempre en este momento. De no suturarse, deben anclarse sus extremos con un marcador metálico que permita identificarlos tardíamente y proceder entonces a su reconstrucción. 6. Cobertura. Deberá ser inmediata siempre que se pueda y, cuando no es posible, en los días sucesivos, una vez que la herida está limpia y se hayan extirpado todas las zonas necrosadas, debe cubrirse la fractura con los tejidos blandos adecuados. Estos procedimientos deben hacerse en la primera semana después de la fractura. Las opciones son: a. Sutura de la herida. b. Colgajos musculares por rotación, desde la vecindad, para cubrir la fractura, como el gemelo interno para una fractura abierta del tercio proximal de la tibia. Cicatrizado el colgajo muscular, se cubre con un injerto cutáneo libre. c. Colgajos musculares o musculocutáneos pediculados libres que se liberan con un pedículo vascular de su lecho y se suturan a un vaso de la zona de fractura. El colgajo más empleado es el de dorsal ancho. 7. Reconstrucción de las partes blandas: aporta vascularización facilitando su consolidación y disminuyendo la tasa de infección. 8. Reconstrucción ósea. En los casos de defectos por la pérdida o extirpación de fragmentos desvitalizados, hay que restablecer la continuidad ósea. Para ello, disponemos de varias posibilidades: a. Injerto óseo autólogo: rellena defectos óseos parciales o totales inferiores a 3 cm de longitud. Es el tratamiento de referencia al ser hueso vivo, propio, que aporta células y mensajeros celulares. La esponjosa se obtiene de la cresta ilíaca o de los cóndilos femorales y se coloca en su destino de forma inmediata. Su empleo está limitado por el volumen disponible. Su obtención no debe comprometer la continuidad y estabilidad del hueso donante. La incorporación depende de la vascularización del lecho y del tamaño del injerto. A partir de las paredes del defecto, si existe una vascularización adecuada, proliferan capilares que van a penetrar en el injerto, que queda así incorporado a su lecho, consolidación ayudada por los osteoblastos viables del injerto. b. Aloinjerto congelado o liofilizado: no tiene límite de tamaño y volumen, pero su incorporación al lecho receptor es más lenta. Los aloinjertos de esponjosa del mismo volumen que los autoinjertos se integran como estos, pero de forma más lenta (fig. 16-17). La incorporación de los injertos corticales masivos no se hace nunca de forma completa. Si las condiciones mecánicas son adecuadas y el injerto es estable, consolida por sus extremos quedando su parte central inerte. c. Autoinjerto vascularizado: gracias a la sutura de su pedículo vascular, mantiene la vitalidad del injerto y su proceso de consolidación será similar al de cualquier callo de fractura. El hueso más empleado es el peroné. En la actualidad, el tratamiento de las fracturas debe ser tanto ortopédico como quirúrgico, dependiendo del caso, los tratamientos conservadores exigen una atención permanente del paciente y exigen correcciones frecuentes. El tratamiento quirúrgico de las lesiones epifisarias se hace con placas y tornillos. Muchas de las fracturas metafisarias y las diafisarias de húme- ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 16 Fracturas abiertas y cerradas: clasificaciones, etiopatogenia, diagnóstico y tratamiento general ro, fémur y tibia se solucionan bien mediante clavos. Las placas bloqueadas tienen indicaciones superpuestas, pero el equilibrio rigidez axial/movimiento fracturario sigue sin estar totalmente elucidado. iblio r B g af í a 4. McRae R, Esser M. Tratamiento práctico de fracturas. 5.ª ed. Barcelona: Elsevier; 2010. 5. Rüedi T, Buckley R, Moran C. AO Principles of Fracture Management. Vol. I. 2nd ed. Stuttgart: Thieme; 2007. 6. Reina N, Laffosse JM. Biomecanique de l’os, application au traitement et a la consolidation des fractures. Encyclopedie Medico-Chirurgicale 2014;14-031-A-1-16. 7. Sarmiento A, Sharpe F, Ebramzahed E. Factors influencing the outcome of closed tibial fractures treated with functional bracing. Clin Orthop 1995;315:8-24. 8. Vicenti G, Pesce V, Tartaglia N, Abate A, Mori CM, Moretti B. Micromotion in the fracture healing of closed distal metaphyseal tibial fractures: A multicentre prospective study. Injury 2014;45(Suppl 6): S27-35. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 1. Browner BD, Jupiter JB, Krettek C, Anderson P. Skeletal Trauma. 5th ed. Philadelphia: Saunders Elsevier; 2015. 2. Court-Brown C, McQueen M, Tornetta P. Orthopaedic surgery essentials. Philadelphia: Lippincott; 2006. 3. López-Durán L. Traumatología y ortopedia. 2.ª ed. Madrid: Luzán 5; 1995. 177 ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños Pedro González Herranz, Miguel Castro Torre, M.ª de los Llanos Rodríguez, Natalia Penelas Resumen Las fracturas infantiles presentan unas características únicas que las hacen diferentes a las del adulto: la fácil y rápida consolidación, la capacidad de remodelación, etc., son algunas de ellas que le dan la impronta de benignidad. Pero no todas tienen el mismo comportamiento. Existen lesiones ocultas difíciles de identificar, mecanismos de producción distintos a los de la población adulta, dificultad para explorar a un niño dolorido y aterrado, y preocupación por parte del traumatólogo de las temibles secuelas por no detectar o diagnosticar adecuadamente la lesión, elegir el mejor método terapéutico, etc. El tratamiento de estas fracturas ha cambiado en gran medida por los cambios sociales, laborales, económicos, etc., acontecidos en las últimas décadas. Aunque el método conservador sigue constituyendo el patrón oro para la gran mayoría de las fracturas, actualmente existe una tendencia creciente a la reducción cerrada empleando para la osteosíntesis cirugías mínimamente invasivas, con el uso de clavos elásticos, tornillos canulados, agujas de Kirschner, etc., con el fin de mejorar el confort, disminuir riesgos, acortar la estancia hospitalaria e interferir en la menor medida de lo posible en la vida familiar, escolar y laboral de los progenitores. La recuperación funcional del niño tras el accidente es muy diferente a la del adulto. Tras la retirada de la inmovilización escayolada, la recuperación es completa al cabo de pocas semanas sin precisar una fisioterapia específica. No obstante, sí debemos prestar atención a determinadas fracturas o lesiones del cartílago de crecimiento que pueden tener una evolución no tan simple o impredecible. Esos casos requieren un seguimiento suficiente para confirmar que el niño está curado sin secuelas y puede ser dado de alta de forma definitiva. Int oducc ón r i Las fracturas en la edad pediátrica son frecuentes, de fácil tratamiento y, por lo general, el resultado es excelente. Por tanto, quizás pudiera pensarse que este capítulo podríamos pasarlo por alto y dedicar nuestra lectura y estudio a otros aspectos de nuestra especialidad. Lo cierto es que dentro de la simpleza en el manejo de las fracturas infantiles hay unas zonas oscuras en las que desgraciadamente, si no estamos prestos a la identificación del problema y a la aplicación de esos sencillos tratamientos, los resultados pueden tener unas fatales consecuencias. El tratamiento de las fracturas infantiles ha cambiado en gran medida durante las últimas décadas. A mediados del siglo xx, en 1955, Walter P. Blount, publicó el primer libro específico sobre traumatología infantil, Fracturas en el niño, versando sobre el tratamiento habitualmente conservador de la mayoría de las fracturas infantiles. En él se recogen clásicas ilustraciones y recomendaciones que aún se conservan como «dogmas ortopédicos» y aforismos que perduran en los años como el de «fractures in children are different» o «cuando fracasan los métodos conservadores, el empleo de la osteosíntesis es la forma de actuar del cirujano impetuoso». Este libro fue el germen que originó que fuesen apareciendo nuevos libros, tratados, volúmenes, revistas, etc., dando lugar a una profundización del conocimiento que ha hecho que el manejo de las fracturas infantiles complejas lo realicen profesionales con una especial dedicación a los niños.1 El desarrollo actual de nuestra especialidad, auxiliada por las nuevas técnicas de diagnóstico por imagen, los avances anestésicos y del tratamiento quirúrgico, además de la globalización del conocimiento, nos ha permitido tratar las fracturas más complejas minimizando sus complicaciones y secuelas. Ep d m ología i e i Las fracturas infantiles son muy frecuentes y causa habitual de consulta en los servicios de urgencias hospitalarios. Más del 30% de los niños presentarán al menos una fractura antes de los 17 años. Las fracturas en los niños son más frecuentes que en las niñas, con una incidencia del 66 y del 34%, respectivamente. Las del miembro superior son tres veces más frecuentes que las del inferior. Las lesiones en antebrazo y mano representan el 50% del total de las fracturas. En cada hueso, las lesiones de localización distal son más frecuentes que las proximales. El lado izquierdo y el derecho están afectados de una forma casi idéntica a pesar de que alrededor del 90% de los niños son diestros. Una de cada dos fracturas tiene trazo transversal. Las epifisiolisis, representan el 15-20% de todas las fracturas. Las causas más habituales son, por orden de frecuencia: actividades deportivas, 31%; actividades al aire libre, 25%; accidentes domésticos, 19%; accidentes escolares, 13%, y accidentes en la vía pública, 12%. Las fracturas ocurren, sobre todo, después del mediodía y su frecuencia aumenta entre los meses de mayo y octubre; el cambio de horario en verano se acompaña de un incremento de las fracturas. El 80% de las fracturas ocurren después de los 6 años.2,3 178 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 179 C apítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños f nc as nt f actu as nfant l s y d los adultos Di i ere i i e e re r r e El hueso en la edad pediátrica presenta una serie de peculiaridades que van a caracterizar el tipo de fractura. Sus diferencias anatómicas no son solo de tamaño, sino que presentan epífisis cartilaginosas poco osificadas, amortiguadoras de impactos, radiotransparentes y que en su interior van a desarrollar un centro de osificación secundario, variable en tamaño según la edad del paciente. Poseen también fisis o cartílagos de crecimiento que van a proporcionar la longitud ósea, en respuesta a estímulos hormonales, mecánicos, etc., y que constituyen el lugar de menor resistencia. La zona metafisaria es un área de transición entre la diáfisis con hueso cortical y la fisis, siendo en esta donde la transmisión de fuerzas produce pequeñas fracturas por colapso óseo (rodete). El grueso periostio, que envuelve toda la diáfisis y metáfisis, proporciona el abundante callo de reparación que caracteriza a las fracturas pediátricas y que origina la dificultad para reducir fracturas completamente desplazadas por interposición. Finalmente, la cortical de la diáfisis de los huesos largos en el niño es más porosa y flexible. Estas peculiaridades anatómicas definen la biomecánica de las lesiones infantiles, ya que su hueso posee un módulo de elasticidad y una resistencia a la tensión y tracción menores cuanto más jóvenes sean los pacientes, incrementándose progresivamente con la edad. De esta forma, los huesos de los niños pueden absorber más energía tanto antes como después de la fractura, lo que evita su propagación haciendo que sean infrecuentes las fracturas conminutas. Por el contrario, son habituales la fractura en tallo verde, la deformidad plástica, la fractura por compresión o en rodete o torus, y la lesión del cartílago de crecimiento.4 La capacidad de remodelación es una característica típica de las fracturas en la infancia. El hueso en crecimiento, debido a las leyes ortopédicas de Wolff y Hueter-Volkmann, va a permitir la reabsorción ósea de la zona convexa de la deformidad y su aposición en la concavidad. La mala orientación fisaria se irá corrigiendo hasta encontrarse perpendicular a los ejes mecánicos o de carga de las articulaciones. Este fenómeno de remodelación ósea puede durar no solo durante el período del crecimiento, sino que puede extenderse hasta la vida adulta, si bien la velocidad de remodelación es más lenta debido a la delgadez del periostio. Por lo general, el potencial de remodelación es inversamente proporcional a la edad del paciente y depende del tipo de desviación, localización e incluso hueso, así como de si la angulación observada está en el mismo plano de movimiento de las articulaciones adyacentes. La remodelación se produce al final de la reparación de la fractura, aunque los mecanismos biológicos y de control no son conocidos.5 Sabemos por experiencia clínica que determinadas fracturas tienen una gran capacidad de remodelación (húmero proximal, radio distal, tibia distal). Por el contrario, otras como las fracturas supracondíleas de codo es difícil que remodelen por el escaso crecimiento del húmero distal. Las deformidades rotacionales, especialmente, cuando afectan a la diáfisis de huesos largos, poseen poca capacidad de corrección, aunque pueden compensarse o enmascararse por el movimiento de las articulaciones vecinas (fig. 17 1). Por tanto, el que los niños tengan esta gran capacidad biológica para remodelar desviaciones angulares tras una fractura © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ­ ‑ A B C gu a 17‑1 A-C. Proceso de remodelación de fractura distal de radio en varón de 4 años consolidada en desviación dorsal hasta la realineación. Fi r no debe justificar la abstinencia terapéutica porque este fenómeno es impredecible. Debemos saber que la remodelación es un «aliado» que puede ayudarnos a mejorar el resultado del tratamiento de una fractura en la que se produjo un desplazamiento secundario. En la tabla 17 1 y de forma orientativa, se expresan unos límites de remodelación en función de la edad del paciente, del hueso y localización. En cuanto a los mecanismos de producción, también son diferentes a los que suceden en la vida adulta. La mayoría son accidentes de baja energía; sin embargo, y aunque el número de lesiones por alta energía (accidentes de tráfico o atropellos) ha disminuido en las últimas décadas, su incidencia y su gravedad continúan siendo preocupantes. No podemos dejar de mencionar la lacra social que supone el maltrato físico infantil, en ocasiones, de difícil diagnóstico, no por su infrecuencia, sino por las complicadas situaciones que envuelven estos casos. El 25-30% de las fracturas en niños menores de 3 años no son accidentales, y esta cifra aumenta hasta el 56% cuando se trata de menores de 1 año. Se ha calculado que un traumatólogo de urgencias ve entre el 30 y el 50% de los casos de ERRNVPHGLFRVRUJ ‑ 180 T Parte III Patología general abla 17‑1 Límites de remodelación en niños con fracturas con deformidad angular Miembro superior < 10 años Miembro inferior Húmero (proximal) Antebrazo Fémur Tibia 40-70° Distal 20-40° 20-30° 10-15° 15-20° 10-15° Medio 10-20° > 10 años 20-30° Distal < 20° Medio 10° ras patológicas más frecuentes son, en el húmero proximal, las que asientan sobre un quiste óseo esencial y, en los miembros inferiores, las debidas a defectos óseos corticales, fibromas no osificantes o displasias fibrosas. Las fracturas patológicas sobre neoformaciones malignas, aunque posibles, tienen una incidencia muy baja comparada con la de la población adulta. También existen otras situaciones de enfermedad generalizada que pueden originar debilidad ósea (osteogénesis imperfecta, displasia fibrosa poliostótica, etc.) o presentar una predisposición para epifisiolisis crónicas o desplazamientos epifisarios (raquitismo, trastornos hormonales, obesidad, etc.).7 i i e i actu as ún cas d la nfanc a r Fr Además de las fracturas clásicas metafisarias y diafisarias con trazos transversal, oblicuo, espiroideo, con tercer fragmento o conminutas, abiertas o cerradas, existen una serie de fracturas únicas de la infancia que debemos conocer8 (fig. 17 2): ‑ niños maltratados que requieren atención médica, por lo que es de suma importancia identificar precozmente esta situación. En los últimos años, ha habido un incremento real de los maltratos infantiles, así como de su identificación. Existen muchos traumatismos actualmente debidos a los denominados «vehículos de rueda pequeña» (patinete, patines en línea, zapatos con ruedas, etc.). Por suerte, en la actualidad existe una mayor aceptación social del uso de un equipo de protección. En los parques de recreo, se producen un gran número de fracturas a pesar del mejor acondicionamiento de estas áreas con superficies de impacto más blandas. Las atracciones del tipo de los «castillos hinchables», las camas elásticas y los nuevos deportes urbanos (parkour) han dado lugar a una nueva fuente de accidentes. Durante un parto distócico por niño macrosómico, presentación de nalgas o sufrimiento fetal, la extracción rápida del feto puede resultar dificultosa provocando involuntariamente alguna fractura o desprendimiento epifisario. La fractura obstétrica más frecuente es la de clavícula, ocasionada por una distocia de hombros en el período expulsivo. El desprendimiento epifisario o fractura diafisaria del húmero, mucho menos frecuente, puede plantearnos problemas de diagnóstico diferencial con la parálisis braquial obstétrica, lesión más grave por la importancia de sus secuelas. Las fracturas obstétricas múltiples son excepcionales y la causa más frecuente es la osteogénesis imperfecta. El manejo del niño politraumatizado también es sensiblemente diferente al manejo que se hace en el adulto. Tras la estabilización sistémica del paciente, se ha demostrado la importante ventaja que supone la osteosíntesis de las fracturas en las primeras 48-72 h si la comparamos con el tratamiento conservador. El tratamiento quirúrgico proporciona un menor tiempo de coma inducido, una disminución de la estancia en la unidad de cuidados intensivos (UCI) y menor incidencia de secuelas por consolidaciones viciosas, dismetrías o alteraciones funcionales. La estabilización temporal que se realiza en los adultos para control de daños (fijación externa) en niños puede constituir el tratamiento definitivo. La tolerancia del niño al traumatismo craneoencefálico es mejor que la del adulto.6 Las fracturas patológicas, al igual que sucede en la población adulta, presentan una doble dificultad, el tratamiento de la fractura y la identificación de la causa para poder realizar el tratamiento etiológico. A diferencia de los adultos, las causas localizadas más habituales suelen ser procesos neoformativos benignos o lesiones pseudotumorales. En concreto, las fractu- • Fractura en rodete o torus: sucede por colapso de la metá- • • fisis de un hueso largo cuando la carga discurre por su eje anatómico y no influyen fuerzas de inclinación o rotatorias produciéndose un mecanismo de compresión. La localización más habitual es el radio distal, pero también puede observarse en otras localizaciones como húmero proximal, fémur distal, tibia, etc. Es una fractura estable que origina dolor durante un período de 2-3 semanas. Cura sin secuelas. Fractura en tallo verde: es una fractura parcial o incompleta del hueso, se produce por un mecanismo de angulación que causa una verdadera rotura de los elementos óseos (periostio y córtex) en la zona convexa, angulándose, pero manteniendo la continuidad en la zona cóncava. Es muy frecuente y el periostio juega un papel fundamental en el mecanismo de producción y tratamiento. Las localizaciones predominantes son el antebrazo y la clavícula. La complicación más habitual es la recidiva de la deformidad unos días o semanas después de obtener una aceptable reducción. Deformidad plástica: realmente no es una fractura, sino más bien una angulación diafisaria que se ha producido en el hueso tras aplicar una fuerza submáxima deformante sin llegar a romperlo. Su incidencia es baja si la comparamos con la de los otros tipos. Suele observarse en el antebrazo y en el peroné. Si no se detecta precozmente, puede alterar la pronosupinación del antebrazo, dificultar la reducción de una frac- ERRNVPHGLFRVRUJ C 181 apítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños 2 3 1 Fi gu a 17‑2 r 4 Fracturas únicas de la infancia. 1, fractura en rodete; 2, fractura en tallo verde; 3, deformidad plástica; 4, fractura fisaria. tura de tibia desplazada o mantener y/o reproducir una luxación de la cabeza radial en una lesión de Monteggia. Fracturas fisarias: son las lesiones traumáticas que afectan a la epífisis y/o cartílago de crecimiento. Existen muchas clasificaciones, pero indudablemente la más ampliamente aceptada y conocida es la de Salter y Harris, que desarrollaremos más adelante. Son muy frecuentes y pueden tener gran repercusión por las complicaciones que pueden derivarse por pérdida de la función del cartílago de crecimiento total o parcial originando discrepancias de longitud o desviaciones axiales. • las f cac ón d las f actu as f sa as C © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. i i i i e r Clasificación de Salter y Harris En 1963 publicaron «Injuries involving the epiphyseal plate»,10 en el que clasificaban estas fracturas basándose en el mecanismo de lesión, en la línea de fractura en relación con las capas celulares de la fisis y en el pronóstico, siendo este punto el más controvertido, pues algunos consideran que no guarda una buena correlación. Es la clasificación más empleada, debido a su sencillez y a que permite englobar la mayoría de las fracturas fisarias, dividiéndolas en cinco tipos (v. fig. 17 3): ‑ • Tipo I: generalmente son producidas por un mecanismo de r ri Aunque el interés por las fracturas fisarias se remonta a la antigüedad, como recoge un texto de Hipócrates, no es hasta bien entrado el siglo xix cuando aparece la primera clasificación de este tipo de fracturas, publicada por Foucher en 1863, describiendo la lesión y el mecanismo de producción. De los tres tipos descritos por este autor, solo uno de ellos puede considerarse una verdadera fractura fisaria, la que él denomina divulsion épiphysaire, por lo que la validez de esta clasificación quedó en entredicho. En 1898, Poland publica el libro Traumatic Separation of the Epiphysis, en el que documenta la existencia de cuatro lesiones (fig. 17 3). Sus apreciaciones se basaban en fracturas complejas y disecciones realizadas en cadáveres que habían sufrido amputaciones o lesiones fatales, ya que no se disponía de estudios radiológicos.9 Esta clasificación es la precursora de las que hoy en día empleamos y que han ido completándose y modificándose con la aparición de nuevas técnicas de diagnóstico por imagen. A pesar de esto, no existen otros textos que traten el tema de las lesiones fisarias con tanta exhaustividad como el de este autor. ‑ • cizallamiento o avulsión. La lesión transcurre íntegramente por la placa de crecimiento, separando la epífisis (a la que permanecerán unidas las capas germinal, proliferativa e hipertrófica) de la metáfisis (a la que permanece unida la capa de calcificación provisional). En el caso de las fracturas no desplazadas, que son las más frecuentes, la radiología simple puede no resultar de utilidad, mostrando únicamente un posible ensanchamiento de la fisis, siendo la clínica acompañante (tumefacción y dolor selectivo a la palpación) la que nos permitirá llegar al diagnóstico. Las fracturas con desplazamiento completo de la epífisis son raras, ya que el periostio suele permanecer intacto, pero pueden originar secuelas como la aparición de necrosis, o cierre fisario (5% del total de los casos), aunque en general el pronóstico de este tipo de lesión es bueno. Este tipo de fractura puede verse en neonatos y en fracturas sobre hueso patológico. Tipo II: es el más frecuente, sobre todo, a partir de los 8 años de edad. Se producen por un mecanismo de cizallamiento o avulsión. La línea fracturaria transcurre por la fisis para posteriormente extenderse a la metáfisis, quedando un fragmento triangular (signo de Thurston Holland). La separación se produce, igual que en el caso anterior, entre la zona hipertrófica y la de calcificación provisional. El periostio se inte- ERRNVPHGLFRVRUJ 182 Parte III Patología general POLAND SALTER-HARRIS OGDEN I II III IV V VI VII VIII gu a 17‑3 Clasificación de las fracturas fisarias según Poland, Salter-Harris y Ogden. r Fi IX ERRNVPHGLFRVRUJ C 183 apítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños • • • rrumpe en el lado epifisario, por lo que el grado de desplazamiento de este tipo es variable. El crecimiento fisario no se altera, aunque en las fracturas de fémur distal, por sus características morfológicas y la mayor magnitud de las fuerzas ejercidas, el crecimiento sí puede verse comprometido. Tipo III: son fracturas intraarticulares originadas por un mecanismo de cizallamiento a nivel de la articulación. Son menos frecuentes que las de los dos tipos anteriores y aparecen en niños mayores. El trazo de fractura sigue la fisis y se introduce en la epífisis hasta la articulación. Con frecuencia producen secuelas, bien por incongruencia articular, bien por puentes fisarios parciales, limitadas, sin embargo, por la mayor edad de los pacientes, con menor crecimiento remanente. La fractura más característica de este tipo es la fractura de Tillaux de la tibia distal. Tipo IV: son fracturas intraarticulares consecuencia de la aplicación de fuerzas de avulsión o cizallamiento. El trazo de fractura se inicia a nivel articular en la epífisis y cruza la fisis (dañando todas sus capas) y la metáfisis. Como en el tipo anterior, las secuelas vienen determinadas por la incongruencia articular y la posibilidad de cierres fisarios precoces. En general, el pronóstico es malo. Un ejemplo de este tipo de fracturas sería la fractura de cóndilo humeral externo Milch de tipo I o las fracturas triplanas de tobillo. Tipo V: traumatismo directo por compresión que condicionaría un cierre fisario completo o de gran parte de la fisis. Son lesiones raras. Habitualmente, se diagnostican en fase de secuelas, pues son difíciles de visualizar en los estudios de imagen iniciales. Algunos autores ponen en duda la existencia de este tipo de fractura. Se divide en 9 tipos diferenciados, que a su vez se clasifican en varios subgrupos, con un total de 23 tipos de lesión, lo que resulta menos práctico para el manejo clínico habitual. Los primeros seis grupos se corresponden con la clasificación de Salter-Harris y Rang, con especificación de los distintos tipos de trazo posible en cada uno. Las fracturas de subtipos 1C, 2B y 2D pueden producir cierre fisario precoz. El resto de los tipos descritos afectan a zonas adyacentes a la fisis, que pueden ocasionar alteraciones definitivas en la placa de crecimiento (v. fig. 17 3): ‑ • Tipo VII: fractura epifisaria pura con desprendimiento de • • un fragmento osteocondral intraarticular. El núcleo de osificación secundario puede resultar dañado. Se han añadido dos subgrupos dentro de este tipo, el 7C correspondería a lesiones del tipo osteocondritis disecante y el 7D a una contusión del núcleo de osificación epifisario que solo sería detectable con resonancia magnética (RM). Ambas son lesiones con buen pronóstico. Tipo VIII: fractura metafisaria pura que puede afectar a la vascularización de la fisis. Un ejemplo de este tipo podría ser la fractura metafisaria de tibia de tipo Cozen. Tipo IX: lesión por avulsión del periostio que puede alterar el crecimiento del hueso. Clasificación de Peterson En 1984, Peterson13,14 publica una nueva clasificación tras la revisión de 951 fracturas fisarias. En esta revisión, encuentra dos tipos de fracturas que no se ajustaban a la clasificación de Salter y Harris, y que incluyó en dos nuevos grupos. No en contró ninguna lesión de tipo V, por lo que este tipo no fue in cluido. El primer grupo comprende aquellas fracturas que atraviesan por completo la metáfisis con algún trayecto adicional que llegan a la fisis sin cruzarla. Este tipo correspondía a fracturas observadas principalmente a nivel del radio distal y falanges, y tienen buen pronóstico. El segundo grupo, más infrecuente, engloba las fracturas abiertas con pérdida de fragmento fisario originando un cierre precoz. Peterson ordenó su clasificación en función del pronóstico de las fracturas, de mejor a peor, en seis grupos diferentes (fig. 17 4): ­ En 1969, Mercer Rang,11 colega de Salter, definió otro patrón de fractura fisaria que este último aceptó incluir en su clasificación, pasando a constituir el tipo VI, que comprendería aquellas lesiones originadas por un traumatismo en el pericondrio, dañando la zona de Ranvier, o por la pérdida de parte de la fisis en las fracturas abiertas, originando un cierre fisario y una consecuente desviación angular (v. fig. 17 3). ‑ Clasificación de Ogden © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Presentada en 1982,12 es una clasificación más completa. Incluye también otros mecanismos de lesión que pueden afectar al crecimiento a pesar de tener lugar en estructuras fuera de la fisis. Nos permite un mejor conocimiento del pronóstico, especialmente, en los tipos I y II de Salter y Harris, que son los más frecuentes. I ­ ‑ • Tipo I: fractura metafisaria con trazo que llega a la fisis sin cruzarla. Es el de mejor pronóstico (cierres fisarios en el 3,4%). II III IV V II I III IV PETERSON SALTERHARRIS Fi gu a 17 4 r - Clasificación de las fracturas fisarias según Peterson y su correspondencia con los tipos de Salter-Harris. ERRNVPHGLFRVRUJ VI 184 Parte III Patología general ­ atam nto A diferencia de las fracturas en el adulto, la mayoría de las fracturas en edad pediátrica responden bien al tratamiento conservador. Sin embargo, en los últimos años el tratamiento quirúrgico ha ganado popularidad en parte debido a factores económicos, sociofamiliares, escolares, y a los avances en los procedimientos de osteosíntesis. El tratamiento debe individualizarse para cada caso y optar por el procedimiento que ofrezca los mínimos riesgos para el paciente y las máximas posibilidades de curación. El tratamiento conservador tiene como pilar fundamental el vendaje enyesado, aunque, en función de la fractura que se vaya a tratar y las características del paciente, también se empleen otros métodos, si bien con menor frecuencia, como el arnés de Pavlik en fracturas femorales en lactantes, férulas termoplásticas o cabestrillos. Es importante ser cuidadoso a la hora de colocar un yeso a un paciente pediátrico. Aunque las fracturas en los niños por lo general consolidan con rapidez y no suelen presentar problemas de rigideces articulares o atrofias musculares tras la inmovilización, son propensos a sufrir lesiones cutáneas por yesos apretados o mal colocados. El yeso ha de colocarse bien adaptado, con la cantidad mínima de algodón posible para proporcionar un buen ajuste, aunque prestando especial atención a la protección de las prominencias óseas (fig. 17 7). La inmovilización de las articulaciones ha de realizarse en posiciones anatómicas, evitando posturas forzadas. Es fundamental aleccionar al niño y a la familia sobre los cuidados del yeso y los signos de alerta de las posibles complicaciones que puedan ocurrir (edema, síndrome compartimental, úlcera, etc.). En muchos hospitales se entregan folletos explicativos con dibujos que consiguen estimular a los niños y que han demostrado ser eficaces. Para la inmovilización de las fracturas desplazadas, seguiremos el principio de Charnley14 de ‑ ‑ El método habitual diagnóstico es la radiología convencional en dos proyecciones. Estas proyecciones deben ser de calidad y han de mostrar el hueso en su totalidad con las articulaciones adyacentes (fig. 17 5). En ocasiones su interpretación puede ser dificultosa por la gran cantidad de porción cartilaginosa radiotransparente, para lo cual podemos solicitar estudios del miembro contralateral sano o proyecciones oblicuas. Es conveniente estar familiarizados con la forma de los núcleos secundarios de osificación y la edad de los pacientes. En aquellos casos en que los signos radiológicos no son concluyentes, pero sospechamos la existencia de una lesión traumática que puede comprometer la función o el resultado del tratamiento, debemos ampliar nuestros estudios de imagen teniendo en cuenta el acceso racional a los medios con los que ‑ mag n contamos. En la mayoría de nuestros hospitales, no tenemos un acceso inmediato a la RM, método diagnóstico de elección en el caso de lesiones intraarticulares, condrales y capsuloligamentosas. La ecografía es de especial utilidad en manos expertas y puede orientarnos en la existencia de hematomas subperiósticos, derrames articulares, lesiones tendinosas, etc. Es un procedimiento barato, accesible y no usa radiaciones ionizantes. La tomografía computarizada (TC) es muy útil en fracturas articulares con gran componente osificado, como sucede en las fracturas triplanas del tobillo, o en fracturas de difícil interpretación con la radiología simple (fracturas acetabulares, raquis, espinas tibiales, etc.) y nos permite la reconstrucción articular bidimensional (2D) o tridimensional (3D). La artrografía es un método auxiliar del tratamiento cuando realizamos reducciones de fracturas articulares. Nos ayuda a valorar de una forma más exacta que la radiología conven cional la superficie articular. A nivel del codo, es útil en el diagnóstico y tratamiento de fracturas de cóndilo externo o de cuello radial, especialmente, cuando la cabeza aún no está osificada (fig. 17 6). La gammagrafía ósea, aunque no es un método de primera elección, sí que puede ayudarnos para el diagnóstico de fracturas por sobrecarga, fracturas ocultas, o en el estudio del niño maltratado. ie agnóst co po e Di • i • r • i • de Salter y Harris, originando cierre precoz de la placa de crecimiento en el 6,5% de los casos. Tipo III: se corresponde con el tipo I de Salter y Harris. El 7% presentan secuelas. Tipo IV: corresponde al tipo III de Salter y Harris, con cierre fisario precoz en el 14%. Tipo V: se corresponde con el tipo IV de Salter y Harris. Menos frecuente, con una tasa de secuelas por lesión fisaria definitiva del 19%. Tipo VI: pérdida de parte de la fisis por fracturas abiertas que condiciona un cierre fisario precoz en todos los casos. Tr • Tipo II: el más frecuente. Se correspondería con el tipo II - r Fi gu a 17 5 La radiografía inicial debe incluir el hueso entero con las articulaciones adyacentes y, al menos, dos proyecciones ortogonales. En el caso de esta figura, la proyección anteroposterior (izquierda) no mostraba más que una ligera incurvación plástica del peroné, pero la proyección lateral mostraba una fractura diafisaria oblicua larga de la tibia (derecha). ERRNVPHGLFRVRUJ C 185 apítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños gu a 17 6 El uso de la artrografía es útil para el diagnóstico de lesiones ocultas o en localizaciones donde la porción cartilaginosa radiotransparente no nos permite visualizar adecuadamente la superficie articular. En el caso que mostramos, el cirujano se ayuda de esta técnica para la reducción de una fractura de cuello radial según la técnica de Metaizeau. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Fi r - yeso moldeado con apoyo en tres puntos, aplicando presión en el fragmento proximal y distal inversa a la aplicada en el foco, de modo que el periostio intacto neutralice las fuerzas biomecánicas que son las causantes del desplazamiento y la angulación. Por regla general, las inmovilizaciones se mantienen en torno a las 4 semanas.15,16 La imposibilidad para conseguir una reducción satisfactoria con medidas conservadoras, así como los desplazamientos secundarios, evidencian la existencia de una fractura inestable que precisará tratamiento quirúrgico. La decisión debe estar basada en el tipo de fractura, su localización, y siempre valorando a cada paciente y su entorno familiar. La existencia de fracturas múltiples, lesión neurovascular, de partes blandas, lesión intraarticular, etc., justifica también la indicación quirúrgica. La fijación percutánea con agujas de Kirschner es el método más extendido y aceptado. Permite la fijación de fracturas metafisarias, diafisarias y articulares combinada con vendajes enyesados. Normalmente se requieren un mínimo de dos agujas para conseguir un montaje estable, pudiéndose combinar con cerclajes, alámbricos o reabsorbibles. En la medida de lo posible, hay que evitar cruzar las fisis. En aquellos casos en los que es inevitable, estas deben ser finas y lisas, aplicadas lo más perpendiculares a la línea fisaria y mantenidas el menor tiempo posible para minimizar el riesgo de daño iatrogénico. El enclavado intramedular elástico ha ganado popularidad en los últimos años. Está indicado en las fracturas diafisarias inestables de antebrazo y húmero, así como en fémur en niños mayores de 6 años y fracturas de tibia inestables, de trazo transverso u oblicuas cortas (fig. 17 8). Dentro de sus ventajas están una consolidación más rápida, una baja morbilidad (cicatrices quirúrgicas aceptables, poco tiempo de ingreso hospitalario, etc.) y una curva de aprendizaje corta. Por el contrario, siempre va a requerir un segundo tiempo quirúrgico para su extracción y, aunque la pseudoartrosis no es habitual, está documentada en ‑ algunos casos de enclavado de tibia en niños mayores. Muchas de las complicaciones de este tratamiento se deben a una mala indicación quirúrgica y a errores técnicos.17 19 Normalmente, se deben usar dos clavos precurvados con montaje en «torre Eiffel» intentando que la zona más curva quede en el foco de fractura para conseguir aumentar la estabilidad de la fijación y permitir un mayor control de la rotación. Se debe ocupar el 80% del canal medular en su punto más estrecho (en el caso de colocación de doble clavo, se calcula: diámetro del canal × 0,4 = tamaño del ‑ ­ B A/B = 0,7 A gu a 17 7 El yeso debe estar bien modelado, protegiendo las eminencias óseas para evitar la aparición de úlceras por presión. En el antebrazo se emplea frecuentemente y, en esta localización, el yeso debe estar bien adaptado para evitar desplazamientos secundarios. Para ello, debemos recordar que no es circular y que su visión lateral debe corresponder al 70% de la anteroposterior. Fi r ERRNVPHGLFRVRUJ - 186 Parte III Patología general A B - ‑ fracasados. También están indicadas en fracturas subtrocantéreas de fémur, difíciles de estabilizar con otros métodos. El uso de placas puente submusculares en fracturas femorales inestables está ganando popularidad en los últimos años para el tratamiento de fracturas femorales.25 Los tornillos canulados son de utilidad en fracturas fisarias o articulares (v. fig. 17 10) que por sus características precisan una reducción anatómica para evitar futuras secuelas, como es el caso de las fracturas triplanas de tobillo o la fractura de Tillaux, habituales en pacientes próximos a la madurez.26,27 ‑ ‑ ‑ clavo) para conseguir una buena estabilización. La técnica de Metaizeau, mediante la introducción de un clavo elástico o una aguja de Kirschner con la punta previamente doblada, es útil para las fracturas desplazadas de cuello radial con el fin de evitar la artrotomía de codo, siendo útil también para el tratamiento de fracturas del cuello de los metatarsianos, metacarpianos, cuello humeral, etc.20,21 (v. fig. 17 6). El uso de clavos intramedulares rígidos de acceso trocantéreo está indicado en fracturas femorales en niños próximos a la maduración, con cavidad intramedular superior a 10 mm o peso mayor de 50 kg. El punto de entrada a través del trocánter reduce el riesgo de necrosis avascular comparado con la entrada realizada por la fosita piriforme, aunque el riesgo de epifisiodesis trocantérea persiste en menores de 12 años. Esta técnica permite una fijación estable, una pronta movilización del paciente, y presenta tasas más bajas de pseudoartrosis que la fijación intramedular elástica22,23 (fig. 17 9). La estabilización con sistemas de fijación externa, aunque su uso no es muy frecuente, está algo más extendida en la edad pediátrica que en adultos. Es de elección en fracturas abiertas, pero presenta otras indicaciones, como fracturas diafisarias inestables, ya sean conminutas o espiroideas largas, donde la reducción con sistemas de enclavado elástico no permite una adecuada estabilización de la fractura. Es útil también para la corrección de deformidades agudas o desplazamientos secundarios. Como desventajas presenta la alta tasa de infección de los tornillos, las antiestéticas cicatrices, el riesgo de refractar al retirar el implante y la difícil aceptación del montaje por parte del niño y la familia24 (fig. 17 10). Las placas de osteosíntesis se usan con poca frecuencia. Se emplean en fracturas de antebrazo en pacientes próximos a la madurez esquelética o como rescate de tratamientos previos ERRNVPHGLFRVRUJ - r gu a 17 9 Varón de 11 años con fractura diafisaria de fémur derecho con gran tercer fragmento diafisario tratada con clavo humeral bloqueado con acceso trocantéreo. Fi r Fi gu a 17 8 A. Fractura de diáfisis femoral izquierda transversal localizada en el tercio medio. Tratamiento con clavos elásticos intramedulares precurvados en una niña de 12 años. La retirada de material se realiza una vez consolidada la fractura alrededor del año de evolución. B. Control del hipercrecimiento femoral a los 2 años postratamiento. 187 C apítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños D A B gu a 17 10 A. Fractura conminuta de la extremidad distal de ambas tibias en una niña de 13 años sufrida tras precipitación. B. Tratamiento mediante ligamentotaxis con fijación externa monolateral asociada a síntesis percutánea ad minimum con tornillos canulados. Fi r - ompl cac on s d las f actu as n la nfanc a C e i i i e e r r i Las fracturas infantiles comparten las complicaciones generales de las fracturas, pero presentan, además, otras que son exclusivas de la edad pediátrica. A estas condiciones serán a las que nos refiramos en este apartado, especialmente, a secuelas de las fracturas fisarias. Para el diagnóstico, la radiología convencional suele ser el primer recurso. La localización exacta de la barra, así como su extensión, son datos imprescindibles para la planificación de un posible tratamiento quirúrgico. La TC utilizada hasta hace algunos años para valorar la extensión y localización de estas lesiones ha sido reemplazada por la RM como prueba de elección en el estudio de los puentes fisarios, por la excelente calidad de imágenes, la posibilidad de realizar reconstrucciones 3D y no exponer al paciente a radiaciones ionizantes. El tratamiento de los puentes óseos variará en función del tamaño y repercusión clínica.28 Los cierres fisarios completos provocarán el cese total de crecimiento, por lo que no producirán deformidades angulares. La localización del puente y la edad del niño determinarán la magnitud de la discrepancia de longitud al llegar a la madurez. Al no existir crecimiento remanente, la resección de la barra no es de utilidad. En las extremidades superiores, el tratamiento estaría justificado en discrepancias mayores de 5-6 cm por afectación de la fisis del húmero proximal o, en aquellas fracturas de muñeca con un cambio en la varianza radiocubital, estaría justificada la epifisiodesis del hueso no afecto o el alargamiento del afecto. En las extremidades inferiores, la afectación de las fisis femoral o tibial en edades tempranas origina una discrepancia de longitud que habitualmente necesita el alargamiento de la extremidad afectada o epifisiodesis de la contralateral. Los puentes fisarios parciales y excéntricos pueden condicionar la aparición de una desviación angular, además de una dismetría. La existencia de un remanente de crecimiento en la fisis permite la realización de técnicas de cirugía fisaria según la edad ósea y la predicción del crecimiento remanente de la extremidad. Cuando el puente ocupa menos del 50% de la fisis y el crecimiento potencial es mayor de 2 cm o de 2 años, la resección-interposición del puente fisario descrita por Langenskiöld puede realizarse como tratamiento primario de la lesión. La interposición puede realizarse con grasa autóloga (técnica original) o con otros materiales como cera de hueso, metilmetacrilato o elastómeros de silicona.29 ­ Puentes fisarios El pronóstico de las lesiones fisarias depende de una serie de factores que van a condicionar la aparición de una epifisiodesis: • Severidad del traumatismo: las lesiones de alta energía con • © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • • • • fracturas complejas con importante conminución y desplazamiento de los fragmentos pueden causar daños en la capa germinal. Edad del paciente: las secuelas son inversamente proporcionales al crecimiento remanente. Localización: no todas las fisis tienen la misma transcendencia. Las lesiones de la tibia proximal y del fémur distal que aportan gran crecimiento al miembro inferior producirán secuelas con frecuencia. En el miembro superior, el húmero proximal y cúbito y radios distales. Vascularización: las células germinales y proliferativas reciben el aporte vascular esencialmente a través de los vasos epifisarios. Cualquier desplazamiento fracturario o su afectación directa por la propia lesión pueden condicionar un cierre fisario prematuro. Tipo de fractura: las fracturas de tipos III, IV y V de Salter y Harris, y las de tipo VI de Peterson, Rang y Odgen presentan una alta incidencia de puentes fisarios. Tratamiento de la fractura: la reducción no anatómica de la integridad fisaria o su agresión por material de osteosíntesis provocan con frecuencia la aparición de epifisiodesis. ERRNVPHGLFRVRUJ 188 Parte III Patología general D A B - ‑ Necrosis avascular Se trata de una complicación poco frecuente en general, aunque en determinadas localizaciones su incidencia tras fracturas desplazadas es elevada: ­ • Fracturas del cuello femoral: la incidencia global es de al • • • rededor del 40%, más elevada en el tipo IB (80-100%) de Colonna-Delbet. Aparece antes del primer año y para su diagnóstico precoz son útiles la gammagrafía y la RM. Para prevenir su aparición, se recomienda evitar las manipulaciones violentas y realizar una reducción anatómica y precoz en las primeras 10 h y evacuación de hemartros seguida de la descarga postoperatoria prolongada30 (fig. 17 12). Fracturas de la cabeza radial: es poco frecuente y de mal pronóstico. Está relacionada con la agresión quirúrgica cuando es necesaria una cirugía abierta (casi en el 80% de los casos).31 Fracturas de astrágalo: algunas series describen incidencias de hasta el 50% de los casos. Su aparición tiene relación con el tipo de fractura (cuello, más frecuente), con el grado de desplazamiento y con la edad (> 10 años). Fracturas supracondíleas de húmero: cuando la necrosis afecta a la totalidad de la tróclea, puede condicionar un cúbito varo progresivo. La deformidad en cola de pez caracterizada por un cierre fisario humeral distal se ha relacionado etiológicamente con la necrosis avascular de la tróclea.32 ‑ La principal complicación tras la resección de la barra es la recidiva, generalmente, cuando el tamaño es mayor del 50% de la fisis o debido a errores técnicos en la resección. Los resultados de la resección son mejores cuanto menor es la magnitud del puente, menor es el tiempo transcurrido desde la lesión y más distal es la localización en el esqueleto. Es habitual que tras la resección del puente persista, además de una cierta dismetría residual, una deformidad angular que necesite una osteotomía para su corrección. Cuando la resección del puente no puede ser planteada o fracasa, existen otras alternativas de tratamiento, como son la epifisiodesis contralateral (cuando la discrepancia esperada es < 3-4 cm), el alargamiento del hueso afecto (cuando la discrepancia esperada es > 3-4 cm), las correcciones angulares mediante osteotomías de apertura o cierre, o mediante fijación externa o distracción fisaria, etc. (fig. 17 11). ERRNVPHGLFRVRUJ - Fi gu a 17 12 Varón de 6 años que sufrió un atropello y presentó, entre otras lesiones, una fractura-luxación de la cabeza femoral que requirió reducción abierta, síntesis con agujas de Kirschner e inmovilización escayolada. Evolucionó hacia necrosis cefálica femoral y puente fisario central, que origina un cuello corto. r r Fi gu a 17 11 A. Niña de 4 años que, tras una caída por precipitación, sufre una fractura fisaria compleja de la extremidad distal del fémur evolucionando hacia la formación de un puente óseo que origina acortamiento severo del fémur y desviación en valgo de la rodilla. B. Tratamiento mediante doble osteotomía femoral para elongación ósea de 10 cm y osteotomía varizante supracondílea gradual mediante fijación externa monolateral. C 189 apítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños Pseudoartrosis Sobrecrecimiento En los niños los condicionantes biológicos como microcirculación, actividad osteoblástica, formación y organización del hematoma favorecen que la consolidación de las fracturas sea la norma y la pseudoartrosis sea excepcional. La falta de unión suele estar relacionada con fracturas muy conminutas, asociadas con lesiones extensas de partes blandas, fracturas abiertas, fracturas infectadas o fracturas tratadas con reducción abierta y fijación interna (generalmente, cuando se producen errores técnicos en el abordaje o en la síntesis utilizada). Otro factor que favorece la aparición de pseudoartrosis es la existencia de una fractura sobre un hueso patológico. A partir de los 12 años, la tasa de pseudoartrosis de huesos largos puede considerarse similar a la que se presenta en adultos y, por debajo de 6 años, es excepcional. La fractura de cóndilo externo humeral es una fractura intraarticular y transepifisaria que presenta una incidencia elevada de pseudoartrosis (fig. 17 13). La presencia de líquido sinovial y la existencia de gran cantidad de superficie cartilaginosa que dificultan la consolidación son dos factores anatómicos que favorecen la pseudoartrosis. Las pseudoartrosis de huesos largos en niños son excepcionales y casi inexistentes por debajo de los 10 años. La localización más frecuente son los miembros inferiores (70%); cuando asientan en los miembros superiores, lo hacen en el antebrazo, habitualmente, cuando están fracturados ambos huesos.33 El estímulo vascular que supone la curación de una fractura puede condicionar un hipercrecimiento del hueso afecto. En la práctica las lesiones de fémur y tibia, especialmente, las diafisarias, son las que tienen importancia clínica, ya que pueden condicionar una dismetría. En general, el hipercrecimiento se produce en los primeros 1,5 años después de la fractura, siendo mínimo después de los 2 años. El incremento medio que se produce en las fracturas de fémur es de 1 cm, mayor si la lesión se produce entre los 2 y los 10 años. En las fracturas diafisarias de tibia, el hipercrecimiento medio es de 0,5 cm, siendo este mayor en las fracturas conminutas y cuando se produce entre los 3 y los 10 años de edad.35 ‑ Deformidades angulares y rotacionales Las deformidades angulares se producen como consecuencia de una reducción inadecuada de las fracturas o desplazamiento secundario. Sin embargo, existe una fractura que puede condicionar una deformidad angular a pesar de un tratamiento correcto. La fractura metafisaria proximal de tibia (fractura de Cozen; fig. 17 14) puede presentar una desviación en valgo de etiología no completamente aclarada que aumenta durante el primer año y medio tras la lesión pudiendo mejorar progresivamente en los años siguientes.34 © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ‑ A Refracturas Las refracturas son aquellas que se producen sobre la localización inicial de una fractura previa. La incidencia global en la población infantil ronda el 1%, siendo la localización más frecuente las fracturas de los huesos del antebrazo, oscilando su incidencia entre el 4 y el 8%. Pueden ser clasificadas en dos grupos: las formas tempranas que se producen en relación con un corto período de inmovilización, y las formas tardías que se dan sobre un hueso en remodelación, relacionadas con la actividad del niño. La reducción inadecuada, especialmente, de las lesiones diafisarias que tienen una consolidación más lenta que las metafisarias, condiciona un retardo en la consolidación de las mismas que puede predisponer a la refractura.36 onclus on s C i e Las fracturas infantiles, por lo general, son fáciles de tratar. El tratamiento conservador mediante una reducción cerrada e inmovilización escayolada es el método más habitual. Esto no implica que dicho manejo conservador no requiera anestesia general o que una fractura pueda dejarse sin reducir porque la remodelación futura realineará los extremos fracturarios. La remodelación de las fracturas infantiles es una ventaja que tienen B C gu a 17 13 A. Pseudoartrosis de cóndilo externo del codo izquierdo. B y C. Tratamiento mediante abordaje a cielo abierto, cruentación del foco y síntesis con tornillos canulados. Fi r - ERRNVPHGLFRVRUJ 190 Parte III Patología general - r bl og afía i 1. Blount WP. Fractures in Children. Huntington, New York: Robert E. Krieger Publishing Company; 1977. 2. Dimeglio A. Epidemiología de las fracturas infantiles. En: de Pablos J, González-Herranz P, editores. Fracturas Infantiles: Conceptos y principios. Gijón: Ediciones MBA; 2005. p. 35-44. 3. Hedstrom EM, Svensson O, Bergstrom U, Michno P. Epidemiology of fractures in children and adolescents. Acta Orthop 2010;81: 148-53. 4. Ponseti I, Morcuende Rojo JA. Introducción a las lesiones traumáticas en la infancia. En: Burgos J, González-Herranz P, Amaya S, editores. Lesiones traumáticas del niño. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 1995. p. 5-11. 5. Gascó J, de Pablos J. Remodelación e hipercrecimiento en las fracturas infantiles. En: de Pablos J, González-Herranz P, editores. Frac turas infantiles. Conceptos y principios. Gijón: Ediciones MBA; 2005. p. 87-95. ­ Bi ­ 6. Letts M, Davidson D, Lapner P. Multiple trauma in children: predicting outcome and long-term results. Can J Surg 2002;45:126-31. 7. Ocete Guzmán JG. Fracturas patológicas. En: Burgos J, GonzálezHerranz P, Amaya S, editores. Lesiones traumáticas del niño. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 1995. p. 99-128. 8. Wenger DR, Pring ME. Rang’s Children’s Fractures. Philadelphia: Lippincott Williams & Wilkins; 2005. 9. Poland J. Traumatic separation of the epiphysis. London: Smith, Elder and Co; 1898. 10. Salter RB, Harris WR. Injuries involving the epiphyseal plate. J Bone Joint Surg 1963;45A:587-622. 11. Rang M. The growth plate and its disorders. Baltimore: Williams and Wilkins; 1969. 12. Ogden JA. Skeletal growth mechanism injury patterns. J Pediatr Orthop 1982;2:371-7. 13. Peterson HA. Epiphyseal Growth Plate Fractures. Berlin: Springer; 2007. 14. Charnley J. The closed treatment of common fractures. 4.ª ed. Cambridge: Cambridge University Press; 1999. 15. Zionts LE, Zalavras CG, Gerhardt MB. Closed treatment of displaced diaphyseal both-bone forearm fractures in older children and adolescents. J Pediatric Orthop 2005;25:507-12. 16. Betham C, Harvey M, Cave G. Manipulation of simple paediatric forearm fractures: a time based comparison of emergency department sedation with theatre-based anaesthesia. N Z Med J 2011;124:46-53. 17. Dietz HG, Schmittenbecher PP, Slongo T, Wilkins KE. Elastic Stable Intramedullary Nailing (ESIN) in Children (AO Manual of Fracture Management Series). New York: Thieme; 2006. 18. Gordon JE, Gregush RV, Schoenecker PL, Dobbs MB, Luhmann SJ. Complications after titanium elastic mailing of pediatric tibial fractures. J Pediatric Orthop 2007;27:442-6. 19. Lascombes P, Haumont T, Journeau P. Use and abuse of flexible intramedullary nailing in children and adolescents. J Pediatr Orthop 2006;26:827-34. 20. Kelly DM. Flexible Intramedullary Nailing of Pediatric Humeral Fractures: Indications, Techniques, and Tips. J Pediatr Orthop 2016; 36(Suppl 1):S49-55. 21. Metaizeau JP, Prevot J, Schmitt M. Rèduction et fixationdes fractures et decollements épiphisaires de la tête radiale par broche centromédullaire. Rev Chir Orthop 1980;66:47-9. 22. Sutphen SA, Mendoza JD, Mundy AC, Yang JG, Beebe AC, Samora WP 3rd, et al. Pediatric Diaphyseal Femur Fractures: Submus­ los niños con respecto a los adultos y el motivo por el cual el tratamiento conservador persigue la buena alineación de los fragmentos, aceptándose pequeños desplazamientos, pero hay que saber que, para grandes desviaciones, esta es impredecible. El tratamiento quirúrgico en las fracturas desplazadas es cada día más habitual y se emplea de forma racional para mejorar el confort del paciente, disminuir la estancia hospitalaria o minimizar las complicaciones del tratamiento conservador. La cirugía y los diferentes tipos de osteosíntesis deben contemplar los principios de ser mínimamente invasivos, que preserven la fisis, que proporcionen una estabilidad suficiente y que mejoren el manejo del tratamiento conservador, gold standard de las fracturas infantiles. El seguimiento clínico de nuestros pacientes no acaba cuando el niño recupera la funcionalidad de la extremidad. Especialmente cuando se trata de fracturas fisarias es conveniente un seguimiento de al menos 2 años o hasta alcanzar la madurez esquelética. ­ r Fi gu a 17 14 Fractura metafisaria de tibia izquierda en varón de 3 años. Estas fracturas presentan una típica tendencia a desarrollar una deformidad en valgo de la pierna, motivo por el cual es conveniente advertir a los padres. ERRNVPHGLFRVRUJ C 191 apítulo 17 Epifisiolisis y fracturas en los niños 30. González Herranz P, Burgos Flores J, de la Fuente C. Fracturas de cadera. En: de Pablos J, González Herranz P, editores. Fracturas infantiles. Conceptos y principios. Gijón: Ediciones MBA; 2005. p. 319-36. 31. Young S, Letts M, Jarvis J. Avascular necrosis of the radial head in children. J Pediatr Orthop 2000;20:15-8. 32. Nwakama AC, Peterson HA, Shaughnessy WJ. Fishtail deformity following fracture of the distal humerus in children: historical review, case presentations, discussion of etiology, and thoughts on treatment. J Pediatr Orthop B 2000;9:309-18. 33. Lewallen RP, Peterson HA. Nonunion of long bone fractures in children: a review of 30 cases. J Pediatr Orthop 1985;5:135-42. 34. Jackson DW, Cozen L. Genu valgum as a complication of proximal tibial metaphyseal fractures in children. J Bone Joint Surg Am 1971;53:1571-8. 35. Edvardsen P, Syversen SM. Overgrowth of the femur after fracture of the shaft in childhood. J Bone Joint Surg 1976;58B:339-42. 36. Tisosky AJ, Werger MM, McPartland TG, Bowe JA. The factors influencing the refracture of pediatric forearms. J Pediatr Orthop 2015;35:677-81. © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. cular Plating Compared with Intramedullary Nailing. Orthopedics 2016;39:353-8. 23. Flynn JM, Curatolo E. Pediatric femoral shaft fractures: a system for decision making. Instr Course Lect 2015;64:453-60. 24. Blasier RD, Aronson J, Tursky EA. External fixation of pediatric femur fractures. J Pediatr Orthop 1997;17:342-6. 25. Abdelgawad AA, Sieg RN, Laughlin MD, Shunia J, Kanlic EM. Submuscular bridge plating for complex pediatric femur fractures is reliable. Clin Orthop Relat Res 2013;471:2797-807. 26. Crawford AH. Triplane and Tillaux fractures: is a 2 mm residual gap acceptable? J Pediatr Orthop 2012;32(Suppl 1):S69-73. 27. Rapariz JM, Ocete G, González-Herranz P, López-Mondejar JA, Domenech J, Burgos J, et al. Distal tibial triplane fractures: long-term follow-up. J Pediatr Orthop 1996;16:113-8. 28. de Pablos Fernández J. Lesiones traumáticas del cartílago. En: Burgos J, González Herranz P, Amaya S, editores. Lesiones traumáticas del niño. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 1995. p. 21-43. 29. Langenskiöld A. Surgical treatment of partial closure of the growth plate. J Pediatr Orthop 1981;11:3-11. ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 18 Otras complicaciones locorregionales en cirugía ortopédica y traumatología José Antonio Villalba Tejero, Alberto Damián Delgado Martínez Sínd ome compa t mental agudo Resumen r El síndrome compartimental agudo (SCA) está causado por un aumento de la presión, dentro de los límites de un compartimento osteofascial, suficiente para comprometer el flujo sanguíneo microvascular del tejido contenido en su interior. Si no se corrige, se puede provocar necrosis del tejido en pocas horas. Existen diversas causas, pero la más frecuente es el traumatismo y puede afectar a cualquier compartimento. La fisiopatología corresponde a un círculo vicioso de traumatismo tisular y respuesta inflamatoria, con liberación de mediadores inflamatorios que producen fuga capilar y edema. Se sospecha por la clínica, pero se diagnostica mejor y más precozmente cuando DP es de 30 mmHg o más, lo que indica la necesidad de fasciotomía urgente.11 El síndrome de dolor regional complejo (SDRC) se caracteriza por dolor espontáneo o inducido que es desproporcionado respecto al evento que lo produjo y se acompaña de alteraciones autonómicas y motoras dando una gran variedad de presentaciones clínicas. Con frecuencia, se asocia a cirugías y a traumatismos menores. Se postulan tres mecanismos fisiopatológicos: cambios por inflamación postraumática, disfunción vasomotora periférica y cambios funcionales y estructurales de sistema nervioso central secundarios a una mala adaptación. Para el diagnóstico, se usan los criterios de Budapest. Requiere un tratamiento multimodal sin existir un gold standard.15 r i Introducción El síndrome compartimental se define como un aumento de presión en el interior de un espacio anatómico confinado que causa cambios isquémicos de los tejidos incluidos en dicho espacio. A medida que el edema y el sangrado incrementan la presión intracompartimental (PIC), se compromete la circulación, disminuyendo la oxigenación tisular y alterando el metabolismo celular. Si persiste, se provoca la muerte celular, siendo los tejidos nervioso y muscular los más sensibles. Puede producirse casi en cualquier área del cuerpo y ser agudo (más grave) o crónico.1 pidemiología y etiología3,4 E La incidencia es de 3,1 por cada 100.000 personas/año (hombres/mujeres = 7,3/0,7). La edad media de aparición es de 32 años (hombres: 30; mujeres: 44). La causa más frecuente (en adultos y en niños) son las fracturas, siendo la más frecuente la diafisaria de tibia. La segunda causa más frecuente es la lesión de tejidos blandos. Le siguen en orden decreciente las siguientes fracturas: distal de radio, diafisaria de antebrazo, diafisaria femoral, de platillo tibial, de mano, de pilón tibial, de pie, de tobillo, fractura-luxación de codo, de pelvis y diafisaria de húmero. Otras causas aparecen en el cuadro 18 1. Los factores de riesgo más importantes son los jóvenes (desde la adolescencia) y el sexo masculino. El uso de anticoagulantes puede ser un factor de riesgo. Se cree que las lesiones de alta energía aumentan los riesgos, excepto en la fractura diafisaria de tibia, que es más frecuente en traumatismos de baja energía por no romperse los limitantes del compartimento y porque en las de alta energía, al romperse la fascia, aparece un efecto de «autodescompresión». Por esto mismo, los síndromes compartimentales agudos (SCA) son menos frecuentes en las fracturas abiertas. El segundo tipo más frecuente de SCA es el que se produce por lesión de tejidos blandos como en el aplastamiento muscular (crush syndrome), aunque también puede aparecer sin trau‑ Int oducc ón r i El síndrome compartimental agudo y crónico, tanto en niños como en adultos, es una complicación relativamente infrecuente pero con consecuencias muy desfavorables si no se diagnostica y trata de manera apropiada.1 El síndrome de dolor regional complejo es una complicación potencialmente grave observada con poca frecuencia cuyo diagnóstico es relativamente sencillo pero con pocas medidas terapéuticas realmente efectivas.2 192 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ C 193 apítulo 18 Otras complicaciones locorregionales en cirugía ortopédica y traumatología uadro 18‑1 agudo C ausas de síndrome compartimental C ondiciones que incrementan el volumen del compartimento • Fractura • Lesión de tejidos blandos • Síndrome de aplastamiento • Revascularización • Ejercicio • Diátesis hemorrágica/anticoagulación • Infusión de fluidos (incluyendo artroscopia) • Punción arterial • Rotura de ganglios/quistes • Osteotomía • Mordedura de serpiente • Síndrome nefrótico • Infiltración leucémica • Miositis viral • Osteomielitis hematógena aguda • Efectos de la presión elevada sobre el nervio: pérdida de la función neuromuscular. • Efectos de la presión elevada sobre el hueso: pseudoartrosis. La lesión de reperfusión se produce tras el restablecimiento del flujo sanguíneo a los tejidos isquémicos y ocurre tras fasciotomía o tras la reperfusión al músculo. Aparece una respuesta inflamatoria en el tejido isquémico que puede llegar a ser sistémica. C iagnóstico4 (fig. 18 1) D ‑ El diagnóstico rápido es la clave para un buen resultado. Su retraso ocasiona fracaso del tratamiento.3,4 Se basa en dos pilares: la clínica y la medición de la PIC. Clínica3,4 • Dolor: se considera el primer síntoma. Es de naturaleza ondiciones que reducen el volumen del compartimento • Quemaduras • Reparación de hernia muscular C omorbilidad médica • Diabetes • Hipotiroidismo C isquémica y, por lo general, severo y desproporcionado a la situación clínica. Presente en la mayoría de los casos. Pero puede ser poco fiable en el diagnóstico de SCA al ser variable en su intensidad. Puede estar ausente en lesiones nerviosas o cuando se produce en un compartimento profundo. No puede provocarse en pacientes inconscientes o bajo anestesia regional. En niños debe sospecharse ante la aparición de inquietud, agitación, ansiedad, o con el aumento de las prescripciones analgésicas. Tiene una sensibilidad del 19% y una especificidad del 97% en el diagnóstico de SCA. Si está presente, es un síntoma temprano de SCA en el paciente despierto. Dolor en el estiramiento pasivo de los músculos: no es más confiable que el dolor de reposo por la misma falta de fiabilidad antes referida. La sensibilidad y la especificidad son similares a las del dolor en reposo. Parestesias e hipoestesia: suelen ser los primeros signos de isquemia nerviosa. La sensibilidad es del 13%, y la especificidad, del 98%. Parálisis de los músculos afectados: signo tardío, de baja sensibilidad. Si se desarrolla un déficit motor, la recuperación completa es inusual. Hinchazón palpable: de difícil evaluación. Es un signo muy subjetivo (fig. 18 2). Pulsos periféricos y retorno capilar: están siempre intactos en el SCA, salvo que haya una lesión arterial importante, enfermedad vascular, o en las etapas muy tardías del SCA cuando la amputación es inevitable. Si se sospecha un SCA y los pulsos están ausentes, la arteriografía está indicada. Por el contrario, es peligroso excluir el diagnóstico de SCA porque los pulsos estén presentes. ­ matismo. Así, en niños, el 61% de los SCA diagnosticados en ausencia de fracturas se califican como iatrogénicos. Los pacientes politraumatizados tienen un riesgo especial de retraso en el diagnóstico, por lo que la identificación de los factores de riesgo en este grupo es muy importante. Un aumento en el déficit de bases, en los niveles de lactato y en los requerimientos transfusionales son factores de riesgo significativos en este grupo. La percepción alterada del dolor también puede retrasar el diagnóstico. atogénesis 3 P Es discutida. Se acepta que el efecto es a nivel de pequeños vasos. Existen varias teorías: © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • Teoría de la presión crítica de cierre: al elevarse la PIC, el • • flujo sanguíneo disminuirá y puede cesar debido a una combinación de cierre arteriolar activo y compresión capilar pasiva. Teoría del gradiente arteriovenoso (AV): los incrementos de PIC reducen el gradiente AV local y el flujo sanguíneo. Teoría de la oclusión microvascular: la oclusión capilar es el mecanismo principal que reduce el flujo sanguíneo. Los efectos sobre los tejidos son los siguientes: • • • • • ‑ Usando una combinación de síntomas y signos, aumenta la sensibilidad diagnóstica. Clínicamente, el diagnóstico de SCA está claro en etapas tardías, lo cual es inaceptable, por lo que se han buscado otros métodos de diagnóstico. Monitorización de la presión intracompartimental • Efectos de la presión elevada sobre el músculo: isquemia seguida de necrosis. Si la isquemia es completa, los cambios serán irreversibles. La necrosis es más central que periférica, por lo que una evaluación externa del músculo es poco fiable. Es básica para el diagnóstico. Es mejor realizarla de forma seriada: • Manómetro de aguja: método sencillo pero inexacto. Se precisan una aguja, un tubo de drenaje venoso, una llave de tres pasos, una jeringa y un manómetro. La llave de tres ERRNVPHGLFRVRUJ 194 Parte III Patología general Paciente con lesión en extremidad Paciente consciente en riesgo Paciente consciente, alerta y sin factores de riesgo Paciente obnubilado/difícil de evaluar/anestesia regional ¿Signos y síntomas clínicos de SCA? No → Observar clínicamente durante 24 h Monitorizar PIC ∆P > 30 mmHg > 24 h Sí → Medir PIC ∆P > 30 mmHg ∆P < 30 mmHg ∆P < 30 mmHg > 2h Monitorización discontinua Fasciotomía • ‑ • • Umbral para la descompresión en el síndrome compartimental agudo ¿Con qué PIC está indicada la cirugía urgente? Es controvertido. Inicialmente, se creía que era una PIC absoluta de 30-40 mmHg, pero algunos autores reconocieron una variación individual significativa en la tolerancia a la PIC elevada debida a variaciones en la presión sistémica sanguínea. Se ha sugerido la importancia de la diferencia entre la presión arterial diastólica (PAD) y la PIC (a esta diferencia se la llama ΔP), de forma que cuando esta ΔP es menor de 30 mmHg en monitorización continua durante 2 h se han encontrado una perfusión inadecuada e ­ • tante medir la presión máxima (de pico) dentro de las extremidades, que suele producirse dentro de los 5 cm del nivel de la fractura.4 En el cuadro 18 2 se observan los lugares más comunes de toma de la PIC.3 Espectrometría cercana al infrarrojo (técnica no invasiva): mide la saturación de oxígeno del tejido. Es una técnica prometedora, pero que requiere mayor validación.3,4 Ultrasonidos: tiene una sensibilidad del 77% y una especificidad del 93%. El principal inconveniente es que la sensibilidad es menor en hipotensos.4 F gu a 18‑2 Síndrome compartimental agudo de antebrazo. Obsérvense hinchazón, edema y flictenas. ERRNVPHGLFRVRUJ r • pasos comunica la jeringa, el manómetro y el compartimento en el que se introduce la aguja unida al tubo lleno de suero. El tubo de drenaje se deja medio lleno con un menisco de suero en su mitad. Al conectar la jeringuilla con este tubo y aplicar presión, el menisco se empieza a desplazar hacia el compartimento, denotando el equilibrio con la PIC. La conexión de la llave de tres pasos, en ese momento, con el manómetro determinará la PIC exacta.5 Catéter de mecha: es mejor para una medición continua, pero puede bloquearse la punta.3,4 Catéter de ranura: es más preciso para la medición continua.3,4 Catéter intracompartimental con transductor de estado sólido (STIC, solid-state transducer intracompartment): consiste en la colocación de un transductor de presión directamente en el compartimento colocándolo dentro de la luz de un catéter. Comercialmente disponible y ampliamente usado. Problema de la reesterilización. Más caro que los anteriores.3,4 Medición de la PIC en la pierna: se hace en el compartimento anterior, pero, si es normal y persiste la sospecha de SCA, hay que medirla en otros compartimentos. Es impor- i • r i F gu a 18‑1 Algoritmo diagnóstico del síndrome compartimental agudo (SCA). PIC, presión intracompartimental. C 195 apítulo 18 Otras complicaciones locorregionales en cirugía ortopédica y traumatología uadro 18‑2 ugares más comunes para la toma de la presión intracompartimental C L • Muslo: compartimento anterior • Pierna: compartimento anterior; compartimento posterior profundo si existe sospecha clínica • Pie: compartimentos interóseos; considere el compartimento calcáneo en lesiones del pie posterior • Antebrazo: compartimento flexor • Mano: compartimento interóseo ΔP es menor de 30 mmHg, si la PIC está disminuyendo y la ΔP está subiendo, entonces es seguro observar al paciente en anticipación de que esa ΔP regrese a niveles seguros. Si la PIC está aumentando, la ΔP está disminuyendo a menos de 30 mmHg y esta tendencia ha sido consistente por un período de 2 h, entonces se debe realizar una fasciotomía. La fasciotomía no debe realizarse sobre la base de una sola cifra de presión, excepto en casos extremos. Utilizando este protocolo, el retraso de la fasciotomía y las secuelas del SCA se reducen sin necesidad de realizar fasciotomías innecesarias. iagnóstico tardío3,4 D isquemia relativa en los tejidos.4 La sensibilidad es del 94%, y la especificidad, del 98,4%.3 Por tanto, para una adecuada vigilancia en la posible aparición de un SCA, el diagnóstico debe hacerse sobre la medida de la PIC secuencial, en vez de esperar el desarrollo de síntomas y signos clínicos.3,4 El umbral puede diferir en los niños que tienen una PAD baja y es más probable que tengan una ΔP menor de 30 mmHg. Se ha recomendado el uso de la presión arterial media en lugar de la PAD para evitar este problema.3,4 ­ Monitorización continua de la presión intracompartimental3,4 Aunque está debatido, cuando se ha hecho un diagnóstico tardío, no debe hacerse la descompresión para evitar efectos negativos sistémicos y la sepsis. ratamiento T Inicialmente, es necesaria la eliminación de una compresión externa (vendaje o yeso). La extremidad no debe elevarse por encima de la altura del corazón porque se reduciría el gradiente AV. Corregir hipotensión e iniciar oxigenoterapia.3 Si con estas medidas no mejora la PIC, el único tratamiento posible es la fasciotomía. Anatomía quirúrgica y aplicada La monitorización continua de la PIC permite un registro claro de la tendencia de las mediciones. En situaciones en las que la En la tabla 18 1 se describen los compartimentos anatómicos, sus contenidos y los signos de SCA.3 ‑ abla 18‑1 Compartimentos anatómicos, sus contenidos y signos de síndrome compartimental agudo (SCA) © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. T Región anatómica Compartimento(s) Muslo Pierna Contenido (músculos y nervios) Signos de SCA Anterior Cuádriceps Sartorio Nervio femoral Dolor a la flexión pasiva de rodilla Entumecimiento medial de pierna/pie Debilidad en la extensión de rodilla Posterior Isquiotibiales Nervio ciático Dolor a la extensión pasiva de rodilla Cambios sensoriales raros Debilidad para flexión de rodilla Aductor Aductores Nervio obturador Dolor a la abducción pasiva de cadera Cambios sensoriales raros Debilidad en la abducción de cadera Anterior Tibial anterior Extensor largo de dedos Extensor largo de hallux Peroneus tertius Nervio tibial anterior y vasos Dolor a la flexión pasiva del tobillo y dedos de los pies Entumecimiento del primer espacio Debilidad en la extensión de tobillo y dedos de los pies Lateral Peroneo largo Peroneo corto Nervio peroneo superficial Dolor a la inversión pasiva del pie Entumecimiento del dorso del pie Debilidad de la eversión Posterior superficial Gastrocnemios Soleo Plantares Nervio sural Dolor a la extensión pasiva de tobillo Entumecimiento del pie dorsolateral Debilidad en la flexión plantar (Continúa) ERRNVPHGLFRVRUJ 196 Parte III Patología general T abla 18‑1 Compartimentos anatómicos, sus contenidos y signos de síndrome compartimental agudo (SCA) (cont.) Región anatómica Compartimento(s) Pierna (cont.) Posterior profundo Pie Brazo Antebrazo Mano Contenido (músculos y nervios) Signos de SCA Tibial posterior Flexor largo de dedos Flexor largo de hallux Nervio tibial posterior Dolor a la extensión pasiva de tobillo y pie, y en la eversión del pie Entumecimiento de la planta del pie Debilidad en la flexión de dedo y tobillo, y en la inversión del pie Medial Músculos intrínsecos de hallux Lateral Flexor del quinto dedo Abductor del quinto dedo Hinchazón severa Diferenciar los compartimentos afectados es muy difícil Central superficial Flexor corto de dedos Central profundo Cuadrado plantar Aductor del hallux Aductor del hallux Cuatro interóseos Interóseos Nervios digitales Anterior Bíceps Braquial anterior Coracobraquial Nervio mediano Nervio cubital Nervio musculocutáneo Nervio cutáneo lateral Nervio antebraquial Nervio radial (tercio distal) Dolor a la extensión pasiva del codo Entumecimiento en la distribución mediano-cubital Entumecimiento volar/lateral del antebrazo distal Debilidad en la flexión del codo Debilidad de la función motora mediano/cubital Posterior Tríceps Nervio radial Nervio cubital (distalmente) Dolor a la flexión pasiva del codo Entumecimiento en la distribución cubital/radial Debilidad en la extensión del codo Debilidad de la función motora radial/cubital Volar Flexor radial del carpo largo y corto Flexor superficial y profundo de dedos Pronador redondo Pronador cuadrado Nervio mediano Nervio cubital Dolor a la extensión pasiva de muñeca y dedos Entumecimiento en la distribución mediano-cubital Debilidad en la flexión de muñeca-dedos Debilidad mediano-cubital de la función motora de la mano Dorsal Extensor de dedos Extensor largo de pulgar Abductor largo de pulgar Extensor cubital de carpo Dolor a la flexión pasiva de muñeca-dedos Debilidad de la flexión de muñeca y dedos Externo Braquiorradial Extensor radial de carpo Dolor a la flexión pasiva de muñeca y en la extensión pasiva de codo Debilidad para la extensión de muñeca y la flexión del codo Tenar Abductor corto del pulgar Flexor corto del pulgar Oponente del pulgar Hipotenar Abductor del meñique Flexor del meñique Oponente del meñique Cuatro interóseos dorsales Interóseos dorsales Tres interóseos volares Interóseos volares Aductor del pulgar Aductor del pulgar ERRNVPHGLFRVRUJ C apítulo 18 Otras complicaciones locorregionales en cirugía ortopédica y traumatología • Las heridas pueden cerrarse de forma primaria retardada si Fasciotomía Es fundamental una adecuada descompresión de todo el compartimento. Para ello se deben hacer incisiones cutáneas en toda la longitud del compartimento. No hay lugar para una fasciotomía limitada o subcutánea. Se deben visualizar todos los músculos. La necrosis muscular debe ser completamente desbridada para evitar la infección:3 • En la pierna, los cuatro compartimentos deben liberarse. • • • © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. • • 197 La técnica más usada es la fasciotomía de los cuatro compartimentos mediante doble incisión. Los compartimentos anterior y lateral se liberan por una incisión cutánea lateral intermuscular entre los compartimentos. Hay que tener cuidado en no lesionar el nervio peroneo superficial. A los dos compartimentos posteriores se accede a través de una incisión a 2 cm del borde medial de la tibia. Se deben proteger la vena y el nervio safeno, y los vasos y nervios tibiales posteriores. La fasciotomía de los cuatro compartimentos mediante una sola incisión lateral es más destructiva y comporta riesgos de daño del nervio peroneo común, y puede ser difícil visualizar toda la extensión del compartimento posterior profundo. No obstante, ambos métodos parecen ser igualmente eficaces para reducir la PIC.3 En las regiones del muslo y glúteos, la descompresión es simple y los compartimentos se visualizan bien. Ambos compartimentos del muslo se abordan por una única incisión cutánea lateral, aunque se puede usar una incisión medial sobre los aductores si es necesario.3 En el antepié, las incisiones dorsales sobre el segundo y cuarto metatarsianos permiten un acceso suficiente a los compartimentos interóseos. A los compartimentos medial y lateral se puede acceder alrededor de la cara profunda del primer y quinto metatarsianos, respectivamente. Para el retropié, se realiza una incisión medial separada para descomprimir el compartimento calcáneo.3 En el brazo, la fasciotomía brazo se realiza a través de una incisión anterior y otra posterior. En raras ocasiones, debe descomprimirse el deltoides.3 En el antebrazo se realizan fasciotomías volar y dorsal. Se aborda primero el compartimento volar mediante una incisión desde el tendón del bíceps en el codo hasta la palma de la mano para descomprimir también el túnel del carpo. Deben inspeccionarse los flexores profundos y puede ser necesario exponer y descomprimir el pronador cuadrado. Normalmente la fasciotomía volar es suficiente, pero, si la PIC se mantiene elevada, se precisará una descompresión dorsal a través de una incisión posterior.3 En la mano, la descompresión suele ser adecuada mediante dos incisiones dorsales que permiten el acceso a la zona del compartimento de los interóseos. Esto suele ser suficiente, pero, si se sospecha clínica o aumento de la PIC tras ello, pueden hacerse incisiones sobre las eminencias tenar e hipotenar, y descomprimir estos compartimentos.3 • es posible, que deberá ser sin tensión en los bordes de la piel. Se realizará el cierre definitivo entre el tercer y el séptimo día si el paciente está estable y no requiere desbridamiento. Se desaconseja el cierre por segunda intención.1 Si el cierre primario retardado no puede lograrse, entonces pueden usarse técnicas de dermatotracción o injertos de piel.3 La dermatotracción o las técnicas de cierre gradual (fig. 18 3) evitan los problemas cosméticos del injerto de piel, pero pueden causar necrosis. Otra desventaja es el tiempo prolongado requerido para lograr el cierre, de hasta 10 días.3 El injerto de piel se usa más en jóvenes y en lesiones por aplastamiento. Ofrece una cobertura de piel inmediata, pero tiene una alta tasa de morbilidad a largo plazo.3 El sistema de cierre asistido por vacío (VAC, vacuum assisted closure) es probable que ofrezca una ventaja significativa al reducir la necesidad de injerto de piel, con una tasa baja de complicaciones.3 ‑ • • Tratamiento de las fracturas asociadas (si las hay)3 • Deben estabilizarse, sobre todo, las de huesos largos. La • fasciotomía debe realizarse antes de la estabilización de la fractura. En la estabilización de las fracturas de tibia, la tracción excesiva, la contratracción mediante la barra en muslo y la elevación de la pierna deben evitarse en pacientes con riesgo de SCA. Resultados funcionales del tratamiento del síndrome compartimental agudo6 • Hay información limitada. Hay evidencia de nivel IV de • complicaciones que afectan a la fuerza muscular, pérdida funcional y síntomas cutáneos, sobre todo, en pacientes mayores, que pueden ocurrir incluso cuando la fasciotomía se realiza pronto. Hay evidencia débil (nivel IV y V) de una morbimortalidad elevada asociada a fasciotomía tardía. La fasciotomía correcta y temprana no garantiza un resultado excelente ni anula por completo la posibilidad de morbilidad y de discapacidad causada por el SCA. Manejo postoperatorio de las heridas cutáneas tras la fasciotomía • Las incisiones nunca deben cerrarse; se dejan abiertas y cubiertas. A las 48 h, se realiza una «segunda revisión» para asegurar la viabilidad muscular. El cierre de la piel no debe intentarse, salvo que todos los grupos sean viables.3 F gu a 18 3 Síndrome compartimental agudo de antebrazo. Cierre de herida mediante dermatotracción. i r ERRNVPHGLFRVRUJ - Parte III Patología general Síndrome compartimental agudo en niños i Sínd ome compa t mental c ón co r Si un SCA del antebrazo no se trata adecuadamente, la PIC sigue aumentando hasta producir isquemia tisular irreversible. La contractura isquémica de Volkmann es el resultado de diversos grados de lesión tisular. Los primeros cambios suelen afectar al músculo flexor común profundo de los dedos en el tercio medio. La clínica consiste en flexión del codo, pronación del antebrazo, flexión de la muñeca, aducción del pulgar, extensión de las articulaciones metacarpofalángicas y flexión de los dedos. Se ha descrito una forma leve o síndrome de Volkmann localizado, por isquemia parcial del vientre muscular del flexor común profundo de los dedos. Las contracturas en flexión afectan solo a dos o tres dedos. Los trastornos sensitivos son leves o nulos. No existen contracturas articulares ni de los músculos intrínsecos. En el tratamiento en los primeros estadios, pueden ser útiles las férulas dinámicas, la rehabilitación funcional y el uso activo de la musculatura. Tras 3 meses, puede procederse a la liberación y alargamiento de las unidades musculotendinosas implicadas. Pero, cuando se afectan múltiples unidades tendinosas, es preferible realizar una técnica de desbridamiento muscular. En contracturas moderadas se afectan los flexores de dedos largos, el flexor largo del pulgar y, posiblemente, los flexores de la muñeca. Existen deformidades por afectación de la musculatura intrínseca (deformidad intrinsic minus) y cambios sensitivos en los territorios de los nervios mediano y cubital. En este caso, puede realizarse una técnica de deslizamiento muscular, una neurolisis de los nervios mediano y cubital, y una extirpación de la masa muscular fibrosada. A veces se precisa una transferencia volar de los extensores dorsales de la muñeca (braquiorradial y extensor radial largo del carpo), junto con una liberación completa de la muñeca y de los flexores de los dedos. Las contracturas graves afectan tanto a flexores como a extensores del antebrazo. Pueden asociarse con fracturas de huesos y cicatrices cutáneas. Suele haber afectación de la retroalimentación sensitiva. El tratamiento es la extirpación precoz de los músculos necróticos, combinada con una neurolisis completa de nervios mediano y cubital. Las transferencias tendinosas deben realizarse como procedimiento secundario y son la transferencia del músculo braquiorradial al flexor largo del pulgar y la del extensor radial largo del carpo a los tendones del flexor común profundo de los dedos. i Síndrome de Volkmann del antebrazo8 r Complicaciones de la fasciotomía La fasciotomía asocia gran morbilidad, a saber, infección de la herida, pseudoartrosis,7 trombosis venosa profunda, lesión neurovascular, disestesias, prurito, cicatrices atróficas, úlceras cutáneas recurrentes, hernias musculares y adhesión de tendones.1 Los niños con fracturas supracondíleas del húmero, lesiones del codo flotante, fracturas del antebrazo tratadas quirúrgicamente y fracturas de la tibia corren alto riesgo. La flexión del codo mayor de 90° en la inmovilización de fracturas supracondíleas del húmero y el tratamiento cerrado de las fracturas del antebrazo en lesiones de codo flotante se asocian con un mayor riesgo.9 Los signos típicos del SCA no son fiables en la infancia. La necesidad creciente de analgesia puede ser el marcador más sensible.10 Entre los factores que pueden contribuir están el espasmo arterial, el aumento de la PIC por el traumatismo, la elevación de la extremidad inferior, el estancamiento venoso, la aplicación de tracción, la inmovilización inadecuada, el aplastamiento y la isquemia prolongada por lesión arterial.10 Las posiciones con apoyo en la pantorrilla, como la inmovilización con un yeso pelvipédico 90/90, aumentan la presión en los cuatro compartimentos de la pierna.10 El tratamiento consiste en una fasciotomía urgente.10,11 r Son menos frecuentes si se trata con prontitud. El retraso en el diagnóstico es el mayor motivo de fracaso. Un retraso en la fasciotomía > 6 h es posible que cause secuelas significativas, contracturas musculares, debilidad muscular, pérdida sensorial, infección y no unión de las fracturas. En casos severos, la amputación puede ser necesaria.3 Aparecen sin antecedente traumático, pueden reproducirse regularmente y no requieren tratamiento urgente.12 Fisiopatología12 Son factores predisponentes la fascia del compartimento muy rígida, el aumento del volumen muscular, el flujo linfático o venoso restringido, y la hemorragia por la rotura de fibras musculares. No se ha demostrado que la elevación de la PIC durante el ejercicio disminuya la perfusión a los tejidos, ni que sea la que provoque el dolor. Se han barajado otras causas como la irritación del periostio o la estimulación de los receptores musculares de presión para explicar el dolor. C omplicaciones línica12 En varones deportistas y, generalmente, en miembros inferiores, aparecen dolor, calambres, quemazón y, en ocasiones, debilidad y parestesias localizadas en el compartimento afecto. También refieren fatiga muscular prematura y mejoría de los síntomas al interrumpir el ejercicio. Su clínica confusa puede hacer pensar en fracturas por estrés, microdesgarros musculares, periostitis interna de la tibia, etc., pero los distinguiremos porque los síndromes compartimentales crónicos no tendrán gammagrafía positiva, pico de dolor a las 48 h ni dolor a la palpación como tendrán las patologías mencionadas, respectivamente. D C 198 iagnóstico12 La exploración física en reposo es anodina. Suele ser bilateral (75-95% casos), pero con clínica más evidente en uno de los miembros. Tras el ejercicio podemos observar aumento de consistencia del compartimento con dolor a la palpación y, a veces, hernias musculares. ERRNVPHGLFRVRUJ C 199 apítulo 18 Otras complicaciones locorregionales en cirugía ortopédica y traumatología Las radiografías y gammagrafía son normales y sirven para descartar fracturas por estrés o reacciones periósticas. En los pacientes con historia y exploración física compatibles, al diagnóstico de certeza se llega mediante la medición de la PIC inmediatamente antes y después del esfuerzo. Los criterios aceptados son una PIC en reposo mayor de 15 mmHg, una PIC 1 min después del ejercicio mayor de 30 mmHg o una PIC a los 5 min mayor de 20 mmHg. doloroso, pero, tocando de forma repetitiva, el dolor se vuelve insoportable y continúa por un período prolongado. ­ ratamiento T Inicialmente es conservador: antiinflamatorios no esteroideos (AINE), estiramientos, descanso prolongado, disminución o evitación de la actividad problemática, ortesis, masajes y denervación química. Se precisan más estudios que determinen la utilidad de estos tratamientos.13 Tratamiento quirúrgico La única opción efectiva es la cirugía mediante fasciotomía subcutánea o fasciectomía del compartimento.11 Ambas pueden realizarse de forma abierta o endoscópica.13 En la pierna se realiza mediante dos incisiones anterolaterales de unos 2 cm de longitud para los compartimentos anterior y peroneo, y otras dos mediales para los posteriores.12 Se debe garantizar la descompresión de los compartimentos afectos y dejar un drenaje subcutáneo para evitar la apa rición de un SCA.12 Tras la cirugía, colocar un vendaje levemente compresivo y frío local.12 Debe mantener reposo durante 2 semanas y reiniciar la actividad deportiva a las 4-6 semanas.12 Los resultados de la cirugía son favorables en dos tercios de todos los pacientes jóvenes, estando satisfechos el 84% en el seguimiento a corto y medio plazo.14 ­ Sínd ome de dolo complejo r r En series históricas, se ha referido que el SDRC asociado a contractura severa es raro (< 2%).2 La incidencia anual varía en un rango que va de 5,4 a 26,2 casos por cada 100.000 personas.15 Pero estudios prospectivos demuestran que ocurre después de un 30% de las fracturas y traumatismos quirúrgicos, aunque estos casos no suelen diagnosticarse al resolverse de forma espontánea o con tratamiento.2 Es más frecuente en mujeres (3-4/1),15 con un pico de incidencia a los 40-49 años.16 La incidencia es el doble en miembros superiores.16 Se asocia a fracturas (46%), a cirugía electiva (porcentaje impreciso) y a causa desconocida (10-26%).16 La incidencia de recurrencia anual es del 1,8% (50% espontáneas).16 No tiene relación con la diabetes, el tabaco o el alcohol.16 La incidencia no cambia por el método de tratamiento usado. No está claro si la gravedad de la lesión o la calidad de la reducción de la fractura alteran la incidencia.2 ­ ipos16 T • Tipo I: sin lesiones asociadas de nervio periférico. • Tipo II: con lesión asociada de nervio periférico. • Tipo NOS: no cumplen del todo los criterios, pero sus síntomas no se explican en otra patología. Factores de riesgo para síndrome de dolor regional complejo de tipo I Son el sexo femenino, especialmente, en la etapa posmenopáusica, una luxación de tobillo o su fractura intraarticular, la inmovilización y el dolor severo presente en la etapa temprana del traumatismo.15 eg onal r pidemiología E i oncepto © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. C La International Association for the Study of Pain (IASP) define el síndrome de dolor regional complejo (SDRC) como una «variedad de condiciones dolorosas de localización regional, posteriores a una lesión, que presentan predominio distal de síntomas anormales, excediendo en magnitud y duración al curso clínico esperado del incidente inicial, ocasionando con frecuencia un deterioro motor importante, con una progresión variable en el tiempo».2,15,16 Antes de la unificación de la nomenclatura por la IASP, se ha llamado también distrofia simpático-refleja, causalgia, causalgia menor, mimocausalgia, algodistrofia, algoneurodistrofia, síndrome de dolor postraumático, distrofia dolorosa postraumática, osteoporosis postraumática dolorosa, osteoporosis migratoria transitoria.2 tiología E Puede ocurrir tras cualquier traumatismo. Existe una asociación con los moldes muy ajustados y puede haber una predilección genética. Se han propuesto las siguientes etiologías:14 • Anomalías psicológicas: son psicológicamente normales, • • • • Algunas definiciones de alteraciones en la percepción del dolor2 • Alodinia: percepción dolorosa de un estímulo que no suele ser doloroso. • Hiperalgesia: aumento de la sensibilidad al dolor. • Hiperpatía: es una suma temporal y espacial de una alodi- nia o hiperalgesia. El paciente nota un contacto suave como pero con mayor labilidad emocional, bajo umbral de dolor, histeria y depresión. El paciente «Sudecky» corre el riesgo de un peor resultado, porque no se movilizará ante el dolor.2 Dolor anormal (neuropático).2 Anormalidades del sistema nervioso simpático (SNS): del flujo sanguíneo de la piel, regulación de la temperatura, sudoración y edema.2 Inflamación anormal.2 Inmovilización y desuso del miembro afectado: suelen no cooperar con la fisioterapia. Existe una anormalidad significativa de la percepción sensorial y se ha explorado la posibilidad de una función motora eferente anormal. Los pacientes tienden a ignorar a su miembro afectado y encuentran difícil iniciar o dirigir con precisión el movimiento. Hay un desajus te entre sensación, percepción y movimiento.2,17 ERRNVPHGLFRVRUJ ­ 200 Parte III Patología general Fases Fase temprana2 La inestabilidad vasomotora y el edema dominan esta fase. Aunque se ha descrito una primera etapa de vasodilatación (extremidad seca, caliente y rosa) y, días o semanas después, una segunda etapa de vasoconstricción (extremidad sudorosa, fría y azul), esta evolución es rara. Con mayor frecuencia, hay un aumento en la sensibilidad a la temperatura con alteración variable de la sudoración. Unos pacientes están sustancialmente vasodilatados, mientras que otros están vasoconstreñidos. El edema es marcado. Inicialmente, es una simple hinchazón de los tejidos que puede mejorar con terapia, pero, con el tiempo, se vuelve fijo e indurado. La pérdida de la movilidad articular en esta fase es por la hinchazón y el dolor, junto con la incapacidad para iniciar el movimiento. Puede haber debilidad, distonía, espasmos, temblores y mioclonos; todos estos no son prominentes. Con la progresión, la pérdida de la movilidad articular se debe más a la contractura. Solo si se detiene la progresión antes de que aparezca la contractura, es posible la resolución completa. Fase tardía2 La inestabilidad vasomotora retrocede, el edema se resuelve y aparece una atrofia de la extremidad que afecta a todos los tejidos. La piel se adelgaza, desaparecen los pliegues articulares y la grasa subcutánea, los pelos se vuelven frágiles, desiguales axonomía moderna y diagnóstico ‑ Los criterios diagnósticos iniciales de la IASP poseen adecuada sensibilidad pero baja especificidad. Posteriormente se han desarrollado otros criterios como los de Atkins, basados solo en un contexto ortopédico,2 o los de Veldman.18 En 2010, el comité de la IASP aprobó y codificó la taxonomía de los llamados criterios de Budapest como los «nuevos criterios de la IASP», que se describen en el cuadro 18 3.15 uadro 18 3 riterios de udapest (2010): criterios diagnósticos actuales del síndrome de dolor regional complejo (alta sensibilidad y especificidad) B El diagnóstico se basa en descripciones clínicas. Los signos adquieren gran importancia.2 Es más frecuente en la mano y el pie, común en el hombro y más raro en rodilla y codo. La cadera se afecta en la osteoporosis transitoria del embarazo.2 El SDRC suele comenzar hasta 1 mes después del trauma (incluso más tarde). A medida que los efectos directos de la lesión disminuyen, surge el dolor neuropático. La hiperalgesia, la alodinia y la hiperpatía son comunes pero no universales. El dolor es incesante (aunque puede no afectar al sueño), empeorando e irradiando con el tiempo, y puede incrementarse por el contacto físico, un trastorno emocional o factores extraños como un ruido o una ráfaga de aire frío.2 C línica - C 1. Inflamación postraumática: hay aumento del péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP; podría ser el responsable de la hiperexcitabilidad neuronal) y de la sustancia P. El aumento del factor de necrosis tumoral a (TNF-a) y de la interleucina 6 (IL-6) se ha relacionado con la hiperalgesia mecánica. 2. Disfunción vasomotora: hay tres patrones, a saber, caliente, intermedio y frío. 3. Sensibilización central que distorsiona o suprime las sensaciones no nociceptivas. Además, se potencia la excitabilidad de la vía nociceptiva talamocortical. En resumen, se perpetúa el dolor. T Son tres los mecanismos involucrados:15 y curvados. Las fascias se engrosan y contraen simulando un Dupuytren. Las vainas tendinosas se constriñen con disminución de la excursión tendinosa. La articulación, las cápsulas y los ligamentos colaterales se acortan, engrosan y adhieren, causando contractura conjunta. Es muy importante recalcar que la progresión del SDRC es muy variable2 no solo en la expresión y gravedad de los signos y síntomas individuales, sino también en el marco temporal de su resolución.18 La gran mayoría tendrán características de la fase temprana y no pasarán a desarrollar la grave contractura, aunque una proporción significativa mostrará una contractura subclínica crónica.2 Respecto a los cambios óseos, la afectación ósea es universal. No hay artritis, pero sí hipercaptación generalizada en pruebas de escáner al inicio; más tarde, hay pérdida ósea con desmineralización parcheada, subcondral, y osteoporosis subperióstica, bandas metafisarias y pérdida profunda de hueso. La fractura es infrecuente.2 C Fisiopatología 1. Dolor continuo, desproporcionado en relación con cualquier evento desencadenante 2. Al menos un síntoma referido en tres de las cuatro categorías siguientes: a. Sensorial: hiperestesia, alodinia b. Vasomotor: asimetría de la temperatura, cambios o asimetría de color de la piel c. Sudomotor/edema: edema, cambios o asimetrías en la sudoración d. Motor/trófico: disminución del rango de movimiento, disfunción motora (debilidad, temblor, distonía), cambios tróficos (pelo, uñas, piel) 3. Al menos un signo en dos o más de las siguientes categorías en el momento de la evaluación: a. Sensorial: hiperalgesia, alodinia (al tacto superficial, profundo o movimiento articular) b. Vasomotor: cambios o asimetrías en la temperatura o en el color de la piel c. Sudomotor/edema: edema, cambios o asimetrías en la sudoración d. Motor/trófico: disminución del rango de movimiento, disfunción motora (debilidad, temblor, distonía), cambios tróficos (pelo, uñas, piel) 4. Ausencia de otro diagnóstico que explique mejor los signos y síntomas ERRNVPHGLFRVRUJ C El SDRC es un diagnóstico clínico y no hay ninguna prueba que sola lo diagnostique.2 Otras pruebas son: • Termómetro y Doppler: para valorar los cambios vasomo- tores.15 Biopsia de piel: para medir la atrofia y disminución de la densidad de nervios.15 Electrodiagnóstico: puede demostrar lesión nerviosa en el SDRC de tipo 2.2 Radiografías simples: pueden revelar osteoporosis.15 La densitometría no suele ser útil. Una gammagrafía ósea normal sin osteoporosis radiográfica prácticamente excluye el SDRC.2 Resonancia magnética (RM): evalúa las lesiones de los tejidos blandos y el edema óseo.15 No es diagnóstica.2 Tomografía computarizada (TC): puede ser útil para demostrar compresión.2 • • • • • El diagnóstico diferencial se realiza con: • Infección de tejidos blandos. • Problemas «mecánicos» como una prótesis total de rodilla 2 que causa dolor, hinchazón y rigidez, o unos tornillos demasiado largos.2 Exageración consciente de los síntomas (litigio).2 Enfermedad psiquiátrica: trastornos somatomorfos y de conversión.2 Dolor neuropático.2 Estado de dolor crónico: estos pacientes pueden deprimirse, aprenden a evitar las actividades que causan dolor y son protegidos por familiares y cuidadores generando una complejidad psicosocial.2 Artritis infecciosas, reumáticas e inflamatorias.15 Arteriopatía periférica y trombosis venosa profunda. En fase crónica, con enfermedad de Dupuytren, esclerodermia y fascitis plantar.15 En afecciones de la cadera, conviene descartar coxitis y osteonecrosis.15 Si existe desmineralización ósea, es recomendable descartar fracturas de estrés, osteoporosis y tumores óseos benignos y malignos.15 Neuralgia por varicela-zóster.18 Enfermedad de Lyme.18 Tumores benignos (tumor glómico, osteoma osteoide, schwannoma) y malignos (tumor de Pancoast, carcinoma de mama, linfoma, sarcoma epitelioide).18 Enfermedades raras (síndrome de Gardner-Diamond).18 Exposición a tóxicos (alcaloides vinca) o a metales pesados.18 • • • • • • • • • • • • © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. 201 apítulo 18 Otras complicaciones locorregionales en cirugía ortopédica y traumatología • • La inmovilización debe evitarse, pero, si se usa, las articulaciones deben colocarse en posición adecuada.2 La desensibilización se consigue a base de pequeños toques o caricias sobre la zona afectada haciéndole ver que no son dolorosos.2 La terapia de imaginación motora se realiza de forma gradual.15 La terapia virtual de espejo aún no se ha probado en un contexto ortopédico1 y tiene una evidencia moderada.15 Debe ofrecerse aporte psicológico o psiquiátrico.2 Tratamiento farmacológico Lo más usado actualmente es la pregabalina. A continuación se indican los fármacos más empleados: • Tratamientos usados en otras neuralgias (anticomiciales y • • • • • • antidepresivos): pregabalina (evidencia 4), gabapentina (evidencia 4), antidepresivos tricíclicos, carbamazepina, opioides, clonidina, nifedipino, antagonistas a-adrenérgicos, parches de lidocaína y capsaicina tópica.15 Vitamina C en etapas tempranas,2 aunque está debatido. Para el dolor óseo neuropático: calcitonina, bisfosfonatos, corticoides e inmunoglobulina IV.15 AINE (sin valor en el SDRC de tipo 1), corticoides (evidencia de tipo 1), inhibidores de la ciclooxigenasa 2 y captadores de radicales.15 Los opiáceos son una segunda o tercera línea de tratamiento y no deben usarse inicialmente. Se han usado metadona y tramadol.15 La ketamina se ha usado sin ningún apoyo de pruebas.15 Toxina botulínica A: no existe suficiente evidencia en el SDRC para tratar la distonía.15 ­ Tratamiento intervencionista No existen indicaciones establecidas para estos procedimientos:15 • Bloqueos del plexo braquial y espinal: nivel de evidencia 4. • Bloqueo simpático: la ablación por radiofrecuencia obtiene • • un nivel 3 de evidencia. Según Cochrane, la práctica de la simpatectomía química y quirúrgica se basa en muy pocas pruebas de alta calidad. Estimulación del ganglio de la raíz dorsal: disminución del dolor en un estudio al 50% o más. Neuroestimulación: evidencia limitada. Tratamiento quirúrgico Su papel es limitado y peligroso:2 • Si la causa es una compresión nerviosa, se puede descomprimir. ratamiento T Es importante tener siempre un alto índice de sospecha para diagnosticarlo tempranamente.2 El tratamiento moderno hace hincapié en la rehabilitación funcional. Inicialmente, se deben realizar una excelente analgesia y una fisioterapia cuidadosa evitando la exacerbación del dolor.2 El objetivo de la terapia física y ocupacional es minimizar el edema, desensibilizar el dolor y normalizar la sensibilidad, promover posiciones normales, disminuir la pérdida de masa muscular y aumentar la función de la extremidad.15 • Raramente, se indica para tratar contracturas fijas, siendo • • radical y con expectativas limitadas. Debe retrasarse hasta que la fase activa del SDRC haya terminado y al menos 1 año después de que el paciente experimentara por última vez dolor e hinchazón. La amputación debe abordarse con cautela. El alivio del dolor es raro e impredecible y el síndrome se repite a menudo en el muñón. Generalmente la cirugía representa un estímulo doloroso que exacerba el SDRC o precipita un nuevo ataque. ERRNVPHGLFRVRUJ 202 Parte III Patología general Clínica Consiste en dolor, alodinia, hiperalgesia, disminución de la movilidad, debilidad y atrofia muscular, hallazgos autonómicos (hinchazón, edema, cambios de temperatura, hiperhidrosis, cambios en el color de la piel, cianosis, sensibilidad al frío, piel seca), cambios tróficos en pelo y uñas, alteraciones motoras (distonía, debilidad, temblores, espasmos y fasciculaciones). Diagnóstico Es clínico y se basa en la historia y examen físico. Cuando hay dudas, añadir examen de laboratorio, pruebas de imagen (radiografías, RM, TC y electromiografía). Ninguna prueba es gold standard. Los criterios de Budapest no han sido validados en pediatría. Diagnóstico diferencial Deben incluirse otras causas de dolor muscular crónico pediátrico. Tratamiento La piedra angular es la terapia física intensiva combinada con terapia cognitivo-conductual. Con un escaso grado de recomendación, están la terapia psicológica, los tratamientos farmacológicos (AINE, paracetamol, amitriptilina, fenitoína, gabapentina, ketamina, bisfosfonatos), los tratamientos invasivos (bloqueos simpáticos, catéteres epidurales) y la electroestimulación nerviosa transcutánea (TENS, transcutaneous electrical nerve stimulation). Pronóstico s onclu one si C En general, es mejor que en adultos. El SCA surge cuando la presión dentro de un compartimento muscular se eleva hasta un nivel que compromete el flujo de sangre a los tejidos cerrados. Sin descompresión urgente, se produce una isquemia y necrosis de los tejidos que desembocará en un déficit funcional. Un diagnóstico y tratamiento rápidos son la clave para un resultado exitoso, pero, un retraso en los mismos, puede conducir a déficits sensoriales y motores permanentes. Hoy día no se debe esperar a tratarlo atendiendo a su clínica, ya que se han desarrollado técnicas diagnósticas que permiten un diagnóstico más precoz.4 f r i ­ Etiología y patogénesis Las causas específicas son desconocidas. Hay escasez de estudios pediátricos. Se han involucrado traumatismos, factores psicológicos, anormalidades neurológicas, anomalías inflamatorias e inmunitarias, y factores genéticos. bl og a ía 1. Riba J, Fernández J. Síndrome compartimental. Manual de Cirugía Ortopédica y Traumatología. 2.ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2010. p. 1363-7. 2. Atkins R. Complex regional pain syndrome. In: Court-Brown C, Heckman J, Mc Queen M, Ricci W, Torneta P III, editors. Rockwood and Green’s. Fractures in Adults. 8th ed. Philadelphia: Wolters Kluwer Health; 2015. p. 779-92. 3. McQueen M. Acute compartment syndrome. In: Court-Brown C, Heckman J, Mc Queen M, Ricci W, Torneta P III, editors. Rockwood and Green’s. Fractures in Adults. 8th ed. Philadelphia: Wolters Kluwer Health; 2015. p. 895-910. 4. McQueen M, Duckworth A. The diagnosis of acute compartment syndrome: a review. Eur J Trauma Emerg Surg 2014;40:521-8. 5. Gómez-Castresana F, Fernández L. Síndromes compartimentales. En: Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (SECOT), editor. Manual de Cirugía Ortopédica y Traumatología. 2.ª ed. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2010. p. 157-60. 6. Gorczyca JT, Roberts CS, Pugh KJ, Ring D. Revisión del diagnóstico y tratamiento del síndrome compartimental agudo de la pantorrilla: evidencia actual y mejores prácticas. Instr Course Lect 2011;60: 35-42. 7. Blair JA, Stoops TK, Doarn MC, Kemper D, Erdogan M, Griffing R, Sagi HC. Infection and nonunion after fasciotomy for compartment syndrome associated with tibia fractures: A matched cohort comparison. J Orthop Trauma 2016;30(7):392-6. 8. Jobe M. Compartment syndromes and Volkmann contracture. In: Azar F, Beaty J, Canale T, editors. Campbell’s Operative Orthopaedics. 13th ed. Philadelphia: Elsevier; 2017. p. 3613-23.e2. 9. Hosseinzadeh P, Hayes C. Compartment syndrome in children. Orthop Clin North Am 2016;47(3):579-87. 10. Bassett W. Complicaciones de las fracturas diafisarias y fisarias distales femorales pediátricas. AAOS Instructional Course Lectures 2015;64:37-48. 11. Webb L, Behboudi A. Fasciotomía para el síndrome compartimental. AAOS. Selected Procedures in Orthopaedic Surgery. Miembro inferior. Madrid: Medical Trends; 2014. p. 29-31. 12. Garrido J, Delgado A. Fisiopatología muscular. Síndromes compartimentales. En: Cirugía Ortopédica y Traumatología. Curso online. 4.ª ed. CursoCOT. Disponible en: https://www.cursocot.es/. 13. Rajasekaran S, Hall M. Nonoperative management of chronic exertional compartment syndrome: A systematic review. Curr Sports Med Rep 2016;15(3):191-8. 14. Campano D, Robaina JA, Kusnezov N, Dunn JC, Waterman BR. Surgical management for chronic exertional compartment syndrome of the leg: a systematic review of the literature. Arthroscopy 2016;32: 1478-86. 15. Hernández-Porras BC, Plancarte-Sánchez R, Alarcón-Barris A, Sámano-García M. Síndrome doloroso regional complejo: revisión. Cirugía y Cirujanos 2017;85(4):366-74. Disponible en: http:// www.elsevier.es/index.php?p=revista&pRevista=pdf-simple&pii=S0009741116301232&r=139. 16. Díaz J, Delgado A. El dolor en el aparato locomotor. En: Cirugía Ortopédica y Traumatología. Capítulo 1. Curso online. 4.ª ed. CursoCOT. Disponible en: https://www.cursocot.es/. 17. Hotta J, Saari J, Koskinen M, Hlushchuk Y, Forss N, Hari R. Abnormal brain responses to action observation in complex regional pain syndrome. J Pain 2016 Nov 12. pii: S1526-5900(16)30309-1. doi: 10.1016/j.jpain.2016.10.017. 18. Borchers A, Ggershwin M. The clinical relevance of complex regional pain syndrome type I: The Emperor’s New Clothes. Autoinmunity Reviews 16(2017):22-33. 19. Weissmann R, Uziel Y. Pediatric complex pain syndrome: a review. Pediatric Rheumatology (2016);14:29. ­ El tipo I es más frecuente en niñas. La edad media es de 12 años. Se afecta más la extremidad inferior. ­ Epidemiología Bi El SDRC es común, pero no se diagnostica formalmente. Si se diagnostica precozmente, los resultados del tratamiento son satisfactorios. Un diagnóstico tardío conlleva una discapacidad significativa y un tratamiento con pobres resultados.2 Síndrome de dolor regional complejo en niños19 ERRNVPHGLFRVRUJ Capítulo 19 Fragilidad y metabolismo óseos José R. Caeiro Rey, Íñigo Etxebarría Foronda, Manuel Mesa Ramos Resumen Se considera patrón biomecánico normal aquel caracterizado por una resistencia ósea adecuada a la función mecánica que ha de desempeñar dicho hueso. Por el contrario, se denomina fragilidad esquelética al patrón caracterizado por una disminución de la resistencia ósea secundaria a la presencia de alteraciones en la densidad mineral ósea (DMO) y/o en las propiedades materiales o estructurales del hueso. La osteoporosis (OP), ejemplo tipo de enfermedad osteometabólica fragilizante, es un trastorno esquelético generalizado caracterizado por una disminución de la resistencia ósea que predispone a un mayor riesgo de fractura, reflejando dicha resistencia la integración entre cantidad y calidad óseas. La deficiencia de vitamina D del adulto-osteomalacia es una osteopatía fragilizante osteopénica relacionada con un déficit de vitamina D, responsable de un defecto de mineralización de la matriz orgánica del esqueleto maduro, lo que disminuye su resistencia y aumenta el riesgo de frac turas. Ambas osteopatías, con mecanismos fisiopatológicos capaces de desarrollar y amplificar una fragilidad ósea, deben ser conocidas desde el punto de vista de su diagnóstico, y prevenidas y tratadas de forma que se consiga disminuir el riesgo de aparición de fracturas por esta causa en los pacientes que las padecen. ­ Int oducc ón r misma manera, las IF se van dividiendo en enlaces intermoleculares (enlaces de H), IF interfibrilar (enlaces covalentes de la región telopéptida), IF interlamelar y líneas de cementación. Las IF serían las encargadas de aportar cohesión y estabilidad a los BB, así como de transferir las tensiones mecánicas a lo largo de todos los niveles de estructuración jerárquica del hueso. Los constituyentes orgánico e inorgánico de la matriz ósea y, en cierta medida, la organización nano- y ultraestructural de los BB y sus IF determinarán las denominadas propiedades materiales del hueso, mientras que colectivamente sus niveles de organización jerárquica (macro-, micro- y submicroestructural) establecen las propiedades estructurales del mismo. oncepto de resistencia ósea C Se denomina resistencia ósea a la fuerza necesaria que hay que superar para desencadenar bajo unas condiciones específicas de carga el fracaso biomecánico de un hueso.2 Se considera que la resistencia ósea depende básicamente de la integración entre las variables de cantidad y calidad óseas. Mientras que la cantidad es responsable, in vitro, del 60 al 80% de la resistencia biomecánica del hueso, la calidad ósea, como variable en general, es responsable del 20 al 40% restante.3 Estos dos factores, cantidad y calidad óseas, denominados genéricamente determinantes de la resistencia ósea, serían los responsables de establecer, conjuntamente con los sistemas de modulación estructural del hueso (modelado y remodelado), un hueso sano y biomecánicamente competente. i El tejido óseo es un tejido especializado dotado de unas características materiales, una estructura jerarquizada y un sistema de modulación estructural, responsables de sus propiedades biomecánicas y su resistencia. Hueso como estructura La matriz orgánica mineralizada del tejido óseo está formada por una serie de elementos específicos constituyentes denominados bloques de construcción (BB, building blocks).1 Estos BB y sus respectivas interfaces (IF) están organizados sobre la base de una estructura jerárquica, es decir, en una configuración a distintos niveles de la escala dimensional. Así, dependiendo de cada uno de estos niveles jerárquicos, los BB se estructuran sucesivamente en fibrillas (tropocolágeno-colágeno de tipo I), fibras, lamelas y capas cruzadas, osteonas y hueso trabecular o cortical. De la eterminantes de la resistencia ósea. antidad y calidad óseas D C La cantidad ósea está directamente relacionada con la densidad mineral ósea (DMO), siendo básicamente dependiente de la cantidad adquirida, a modo de reserva ósea, durante la fase de desarrollo y maduración esquelética. Desde el punto de vista biomecánico, la importancia de la DMO parece clara si tenemos en cuenta que in vitro, tanto para fémur proximal como para columna lumbar, cuanto mayor es la misma mayor es la rigidez del hueso y, por tanto, el esfuerzo máximo que este es capaz de soportar antes de fracturarse.4 Se denomina calidad ósea al conjunto de factores independientes de la DMO relacionados con la capacidad de un hueso para resistir fuerzas de fractura.5 Esta variable cualitativa de la resistencia ósea depende tanto de variables macro-, micro- y 203 © 2020. Elsevier España, S.L.U. Reservados todos los derechos ERRNVPHGLFRVRUJ 204 Parte III Patología general abla 19-1 Factores determinantes de la calidad ósea categorizados según la escala jerárquica del hueso ‑ tenc a ó ea s Patología de la e i Cada uno de los mencionados niveles de jerarquización sufre, a lo largo de la vida, diferentes procesos de transformación modulados por factores de tipo local o endocrino-metabólico, así como por las cargas mecánicas que el hueso recibe. En general, la transformación del hueso involucra tres procesos diferentes: crecimiento, modelado y remodelado óseos.6 Se denomina crecimiento al proceso de alargamiento del esqueleto que ocurre durante la infancia y la juventud, y que dura hasta el cierre de las epífisis. El proceso de modelado está relacionado con la expansión transversal del hueso y la adquisición de su forma exterior durante la etapa de crecimiento. El remodelado óseo, sin embargo, es el mecanismo por el cual el hueso adulto se renueva para mantener intacta su competencia estructural y biomecánica, evitando la acumulación de microlesiones causadas por la fatiga del material.7 sis Sistemas de modulación estructural del hueso. Modelado y remodelado óseos Mediante el proceso de remodelación ósea y a nivel de cada una de las unidades básicas multicelulares (BMU), se van generando una serie de balances óseos focales (cantidad de hueso formado menos cantidad de hueso resorbido) que determinan, en un sumatorio de todos ellos, el balance óseo general del esqueleto. Si la cantidad de hueso destruido y formado es equivalente, la masa ósea no variará (balance óseo neutro), pero, si la cantidad de hueso resorbido supera a la de hueso formado, la masa ósea tiende a disminuir (balance óseo negativo). El proceso de remodelado óseo tiene lugar durante toda la vida, estando regulado por los denominados sistemas de modulación estructural del hueso: factores genético-familiares, factores biomecánicos (gravedad, peso, actividad física), factores macrovasculares locorregionales, ambiente local del hueso (citoquinas, prostaglandinas, factor de crecimiento similar a la insulina 1 [IGF-1], factor de crecimiento transformante b [TGF-b], proteínas morfogenéticas del hueso [BMP], etc.), vías de señalización (OPG/RANK/RANKL y vía Wnt) y ambiente endocrino-metabólico del organismo (estrógenos, testosterona, hormonas tiroideas, calcio, vitamina D, hormona paratiroidea [PTH], etc.) (fig. 19 1). r ‑ ultraestructurales como de la composición material del hueso (composición química, mineralización de la matriz y distribución de ambas), propiedades que, al igual que la DMO, dependen en última instancia del remodelado óseo. En la tabla 19 1 se recogen los factores determinantes primarios y secundarios más importantes de la calidad ósea de acuerdo a la escala jerárquica del hueso. Cuando los mencionados sistemas de modulación estructural funcionan correctamente, dan lugar a un hueso sano y biomecánicamente competente, mientras que las alteraciones fisiopatológicas del mismo serían las responsables del desarrollo de diferentes tipos de patología de la resistencia ósea. Escala Factor determinante > 10–3 m Forma, tamaño y geometría del hueso Distribución espacial de la DMO de los subtipos tisulares óseos 10–6-10–3 m Microarquitectura Grosor cortical Porosidad Densidad, morfología y disposición espacial de los conductos de Havers y lamelas intersticiales Número, tamaño, separación y conectividad de las trabéculas Anisotropía trabecular 10–9-10–6 m Distribución, alineamiento e interconexión entre matriz orgánica y mineral Tipo, cantidad y distribución de los microdaños (microcracks) < 10–9 Estructura e interconexión del colágeno Tipo de mineral, distribución y alineamiento de los cristales Interfaces colágeno-mineral DMO, densidad mineral ósea. Traducido con autorización. © International Osteoporosis Foundation and National Osteoporosis Foundation 2005. Springer. Fuente: Hernández et al. Osteoporos Int 2006;17:464-70. Se considera como patrón biomecánico óseo normal aquel caracterizado por una DMO normal, por una calidad de hueso también normal y, sobre todo, por una resistencia ósea adecuada a la función mecánica que ha de desempeñar dicho hueso. Por el contrario, se denomina fragilidad esquelética a la disminución de la resistencia ósea secundaria a la presencia de alteraciones fisiopatológicas en los determinantes de la resistencia ósea, ya sean estas motivadas por afecciones regionales del hueso (desuso o desequilibrio mecanostático) o por afecciones generales del organismo (desequilibrio genético, senil, endocrino-metabólico o multifactorial). Se pueden establecer al menos cuatro tipos diferentes de patrones de fragilidad esquelética: un patrón fisiológico involutivo-senil del hueso (el envejecimiento) y tres patrones fisiopatológicos de fragilidad ósea, a saber, las osteopatías fragilizantes no osteopénicas, la osteopenia simple y las osteopatías fragilizantes osteopénicas8 (fig. 19 2). El envejecimiento, proceso metabólico involutivo senil osteoblasto-dependiente, asociado a una disminución progresiva de la DMO y a una desestructuración también progresiva del tejido óseo, se caracteriza, desde el punto de vista biomecánico, por una disminución de la resistencia ósea compensada en sus fases iniciales por el proceso de modelado óseo. Las osteopatías fragilizantes no osteopénicas (osteogénesis imperfecta, osteopetrosis, enfermedad de Paget, etc.) se caracterizan por presentar una DMO normal (o alta), cambios estructurales y/o materiales en el tejido óseo y una disminución progresiva de la ERRNVPHGLFRVRUJ ‑ T Patrones biomecánicos óseos normales y patológicos C 205 apítulo 19 Fragilidad y metabolismo óseos Ambiente endocrino-metabólico Modelado óseo Macroarquitectura-geometría (macroestructura) Microarquitectura (micro- y submicroestructura) Propiedades ESTRUCTURALES Mecanostato Moduladores locales Remodelado óseo 20-40% DMO 60-80% Red de colágeno Mineralización Composición (ultra- y nanoestructura) Propiedades MATERIALES Propiedades BIOMECÁNICAS Genético-hereditario Resistencia del hueso gu a 19-1 Esquematización de los procesos de transformación ósea, modelado y remodelado óseos en la que se muestran los diversos factores que intervienen en los mismos y su influencia en las propiedades del hueso. DMO, densidad mineral ósea. Fi r competencia biomecánica del hueso. La osteopenia simple, sin embargo, es un patrón fisiopatológico caracterizado por una masa ósea baja no asociada, en principio, a alteraciones en la resistencia ósea. En cambio, las osteopatías fragilizantes osteopénicas (osteopenia con fractura, osteoporosis, déficit de vitamina D-raquitismo-osteomalacia, hiperparatiroidismo, osteodistrofia renal, etc.) son patrones de fragilidad caracterizados por masa ósea disminuida, calidad ósea alterada y resistencia ósea también disminuida. teo atía f ag l zante o teo én ca Os p s p s i r i i Epidemiología s s Osteoporosis Definición La osteoporosis (OP), paradigma de osteopatía fragilizante osteopénica, está considerada hoy en día como un «trastorno esquelético generalizado caracterizado por una disminución de la Normal Disminuida Normal Normal Osteopatías fragilizantes no osteopénicas Osteogénesis imperfecta Osteopetrosis Enfermedad de Paget Baja MASA ÓSEA © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. COMPETENCIA MECÁNICA Osteopenia simple Osteopatías fragilizantes osteopénicas Osteoporosis Osteomalacia Raquitismo Hiperparatiroidismo Osteodistrofia renal gu a 19-2 Patrones de fragilidad ósea: normal, osteopenia, osteopatía fragilizante no osteopénica y osteopatía fragilizante osteopénica. (Adaptado de Ferretti et al., 2001.) Fi r resistencia ósea que predispone a un mayor riesgo de fractura», reflejando dicha resistencia la integración de dos características fundamentales del hueso: la cantidad y la calidad óseas.9 Se denomina fractura por fragilidad o fractura osteoporótica (FrOP) a aquella que se produce tras un traumatismo de baja energía (como una caída desde la propia altura) o en ausencia de un traumatismo identificable, localizada en cualquier hueso del esqueleto axial o periférico, con excepción del cráneo y el macizo facial, una vez excluidas otras causas de fragilidad esquelética.10 La OP es la enfermedad osteometabólica más frecuente. Más de 200 millones de personas en todo el mundo la padecen. El 6% de los hombres y del 24 al 30% de las mujeres de entre 50 y 85 años de edad son osteoporóticos. Al menos el 40% de estas mujeres y el 15-30% de estos hombres sufrirán una o más FrOP a lo largo de su vida.11 Es complicado establecer la incidencia real de todas estas fracturas. En nuestro país, se estima una incidencia anual de 200.000 nuevas FrOP,12 previéndose que para el año 2025 se incremente este número en 80.000, con un aumento paralelo de un 30% en los costes asociados a ellas.13 En el caso específico de las fracturas de fémur proximal, se calcula que en la Unión Europea se producen anualmente unos 640.000 nuevos casos, mientras que en España el número asciende a unos 60.000.14 Los datos epidemiológicos referentes a la fractura de cadera en España refieren una incidencia aproximada, según las series, de unos 300 casos por cada 100.000 habitantes/año, con una razón de 3-4:1 en mujeres frente a los hombres.15,16 Clasificación La OP se puede clasificar en cinco grandes grupos: 1. OP primaria, debida a la deficiencia estrogénica tras la menopausia (OP de tipo I o posmenopáusica) o al envejeci- ERRNVPHGLFRVRUJ 206 Parte III Patología general miento (OP de tipo II o senil). Estas dos formas de OP son las más frecuentes en la práctica clínica diaria. 2. OP secundaria o de tipo III, que se produce como consecuencia de una patología genética (osteogénesis imperfecta, homocistinuria, síndrome de Marfan, etc.) o adquirida, excluidas la menopausia y el envejecimiento. Las más comunes en la práctica clínica diaria son las asociadas a: a. Enfermedades endocrino-metabólicas: diabetes mellitus, hipogonadismo, hipertiroidismo, hiperparatiroidismo, hipercorticismo, hipofosfatasia, etc. b. Enfermedades reumáticas: artritis reumatoidea. c. Fármacos: corticoides, heparinas, inhibidores de la aromatasa, metotrexato, anticonvulsivantes, etc. 3. OP idiopática o de tipo IV, que incluye todos los casos de OP sin una causa específica. Se manifiesta, sobre todo, en individuos jóvenes. 4. OP localizada o de tipo V, que se origina por una disminución de la DMO relacionada con la inmovilización prolongada u otras alteraciones mecánico-biológicas normalmente de alguna extremidad. Puede asociarse a disfunción autonómica o inflamación local (síndrome de dolor regional complejo, OP transitoria, etc.). ‑ r fragilidad en pacientes entre los 50 y los 75 años de edad, fracturas típicamente localizadas a nivel vertebral, intertrocantéreo en la cadera y a nivel de la extremidad distal del radio. A diferencia de la OPPMP, en la OP de tipo II o senil parecen existir dos tipos de factores directamente implicados en la pérdida de masa ósea: unos de carácter local, osteoblastodependientes (reducción del número y actividad de los mismos), y otros de carácter general, relacionados con las vías bioquímicas del envejecimiento (estrés oxidativo y acortamiento de telómeros), los estilos de vida (sedentarismo) y los déficits nutricionales de calcio y vitamina D del anciano.17 En este tipo de OP, el déficit de calcio y vitamina D sería responsable del desarrollo de un hiperparatiroidismo secundario (HPTD2º), actuando el aumento persistente del nivel de PTH como un potente estimulador de la resorción ósea. Todas estas alteraciones fisiopatológicas serían responsables, por un lado, de una disminución progresiva en la cantidad de hueso formada y, por otro, de la calidad estructural del mismo, con un adelgazamiento, en este caso, de todos los elementos estructurales óseos (corticales y trabeculares). De manera conjunta, estas alteraciones cuantitativas y cualitativas corticotrabeculares producen una merma en todas las propiedades biomecánicas del hueso18 y, en particular, una reducción importante de la resistencia ósea global. Esta disminución de la resistencia ósea sería la responsable de la aparición de FrOP en pacientes mayores de 75 años, fracturas típicamente localizadas en la pelvis, el cuello femoral, la tibia proximal y la extremidad proximal de húmero. ­ La OP de tipo I u OP posmenopáusica (OPPMP) es la consecuencia directa de un aumento de la actividad resortiva en las BMU. El déficit estrogénico, principal factor etiopatogénico de la OPPMP, parece ser el responsable, por un lado, del aumento de la vida media de los osteoclastos (por disminución de su apoptosis) y, por otro, del aumento del número y de la frecuencia de activación del remodelado en las BMU.6 Esta situación da lugar a llenados incompletos de las lagunas de resorción, es decir, a balances óseos negativos en cada BMU. El resultado final de este proceso sería, por tanto, una reducción neta de la cantidad global de masa ósea asociada a un deterioro estructural del tejido óseo.6 En la OPPMP, y a diferencia de lo que ocurre en el envejecimiento, las alteraciones macro- y microestructurales comprometen, sobre todo, al hueso trabecular, debido a que este subtipo tisular posee una mayor tasa de actividad de remodelado (80%) que el hueso cortical (20%). A nivel microestructural trabecular, los cambios más significativos son la disminución progresiva del número de trabéculas (responsable de hasta un 65% de reducción de la resistencia ósea), adelgazamiento de las mismas, la pérdida de conectividad trabecular (acortamiento de los terminales y rotura de los puentes horizontales), el cambio en la proporción de formas trabeculares (relación placa-tubo) y la alteración progresiva de la anisotropía trabecular (fig. 19 3). A nivel microestructural cortical, la alteración de la densidad de los conductos de Havers, la disposición espacial de los mismos y de las lamelas intersticiales (que actúan como determinantes de su anisotropía), y el incremento de la porosidad cortical son los factores determinantes secundarios más importantes de la resistencia ósea que se ven alterados en la OPPMP. De manera conjunta, las alteraciones cuantitativas y cualitativas estructurales corticotrabeculares mencionadas producen durante la OPPMP una merma en todas las propiedades biomecánicas del hueso y, en particular, una reducción importante de la resistencia ósea global. Esta disminución determinaría un aumento del riesgo de aparición de fracturas por ­ gu a 19-3 Microtomografía computarizada 3D de muestras óseas cilíndricas de un paciente con fractura intracapsular de cadera. Cambios microestructurales del hueso trabecular. Fi Fisiopatología Clínica La OP por sí misma es asintomática hasta que se producen fracturas por fragilidad. Todas las FrOP repercuten no solo sobre la calidad de vida de los pacientes, sino también en su esperanza de vida.19 ERRNVPHGLFRVRUJ C 207 apítulo 19 Fragilidad y metabolismo óseos La FrOP vertebral (FrOPV) es la más frecuente de todas las FrOP. Su localización más habitual es la columna dorsal baja y la lumbar alta. Aunque suelen asociar un mecanismo desencadenante de flexión ventral, pueden aparecer en ocasiones espontáneamente. Cursan con dolor agudo (FrOPV sintomáticas), en ocasiones, irradiado, que se incrementa al movilizarse. La FrOPV asocia pérdida de estatura y cifosis dorsal más o menos progresiva. Probablemente debido a las diversas comorbilidades del paciente, las FrOPV asocian, además, una disminución de unos 6 años en la esperanza de vida.20 Las FrOP no vertebrales (FrOPNoV) tienen, sin embargo, repercusiones clínicas de diferente grado. La FrOP de la extremidad proximal del húmero, la tercera más común a partir de los 65 años, supone el 5% de todas las fracturas por fragilidad. Son más frecuentes en mujeres. Reducen la capacidad funcional, limitando de forma significativa las actividades de la vida diaria a los 6 meses de la fractura.21 Las FrOP de la extremidad distal del radio no conllevan un aumento de la mortalidad, probablemente porque se producen en pacientes más jóvenes y con menor grado de afectación de su estado de salud, pero pueden originar secuelas que limiten la percepción de su calidad de vida, sobre todo, en pacientes mayores.22 La FrOP de la cadera es un proceso clínico grave, con una significativa morbimortalidad.23 Se estima que los pacientes con una fractura de cadera tienen una mortalidad intrahospitalaria cercana al 5% y una mortalidad del 20% en el primer año,24 siendo los problemas respiratorios y cardiovasculares las principales causas de defunción dentro de los primeros 30 días.23,24 El 30% de los pacientes con fractura de cadera desarrollan una incapacidad permanente, presentando el 40% limitaciones serias para la deambulación y un 80% incapacidad para realizar al menos una actividad independiente. en general. Se puede realizar el cálculo del riesgo teniendo en cuenta o no el valor de la DMO en cuello femoral. Los principales estudios realizados en nuestro país para valorar la capacidad discriminativa de la herramienta25,28 reflejan que la versión española del FRAX® infravalora a la mitad el riesgo de FrOP mayor y de cadera, por lo que su capacidad predictiva en estos casos es baja. La prueba diagnóstica de imagen básica para el diagnóstico de la FrOP es la radiografía simple. Si bien esta prueba solo es capaz de detectar cambios en la masa ósea cuando ya se ha producido una pérdida de DMO superior al 30%, la radiografía simple sí permite realizar una valoración aproximativa del grado de OP regional ósea. Por ejemplo, a nivel de la cadera se ha utilizado con este fin el clásico índice radiológico de Singh, una valoración semicuantitativa del grado de OP regional de la extremidad proximal de fémur basada en los patrones radiológicos de pérdida progresiva de los haces trabeculares de compresión y tensión a medida que va disminuyendo la DMO.19 A nivel vertebral, la radiografía simple permite, mediante criterios morfométricos, identificar y ponderar el grado de la FrOPV. Se han descrito varios métodos semicuantitativos de medida del grado de afectación vertebral, siendo el más utilizado el de Genant et al.29 Se considera una deformidad ligera cuando existen una reducción del 20-25% de la altura anterior media o posterior del cuerpo vertebral, una deformidad moderada cuando hay una disminución del 25-40% de la altura anterior, media o posterior, y una deformidad grave cuando existe un 40% o más de reducción de la altura anterior, media o posterior del cuerpo vertebral. Diagnóstico densitométrico de la osteoporosis © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Diagnóstico clínico-radiológico de la fractura osteoporótica El concepto densitométrico clásico de OP de la Organización Mundial de la Salud (OMS) define esta enfermedad como la resultante de una disminución de la DMO. La absorciometría por rayos X de doble energía (DEXA, dual-energy X-ray absorptiometry) determina la DMO en g/cm2, con una reproducibilidad suficiente para ser empleada en la práctica clínica como método estándar oro para el diagnóstico y seguimiento de la OP. Esta técnica permite establecer en términos de T-score (valor que evalúa el grado de desviación de la DMO de una persona en comparación con el de la media de una población adulta sana) cuatro categorías diferentes de pacientes dependiendo del valor de dicha puntuación: Numerosos son los factores de riesgo tanto de OP como de FrOP. En general, la edad avanzada, el sexo femenino, el sedentarismo, el consumo de alcohol, los antecedentes familiares de fractura, los antecedentes personales de fractura, la menopausia precoz, la diabetes mellitus, la artritis reumatoide y el consumo de corticoides son los factores de riesgo más comúnmente reconocidos para la población española25,26 y europea.27 La DMO, en su valor densitométrico, está considerada hoy en día un factor de riesgo más de FrOP, si bien pudiera tener una capacidad predictiva no completa en poblaciones no fracturadas o con un bajo riesgo de fractura. La herramienta FRAX® es un instrumento de cálculo del riesgo de FrOP en hombres y mujeres de entre 40 y 90 años. Permite evaluar el riesgo absoluto de fractura de cadera y de FrOP mayores de 10 años en diferentes poblaciones. Está basada en una serie de metaanálisis que identifican los factores de riesgo clínicos que se asocian a una mayor probabilidad de FrOP, así como en datos de incidencia y prevalencia de este tipo de fracturas en las poblaciones de cada uno de los países incluidos en la herramienta. Los factores de riesgo que tiene en cuenta son la edad, el sexo, el peso, la talla, la presencia de fracturas previas por fragilidad, la historia parental (padre o madre) de fractura de cadera, el tabaquismo actual, el consumo de alcohol, el tratamiento previo con corticoides durante más de 3 meses, la presencia de artritis reumatoide y el diagnóstico de OP secundaria ­ ­ • Pacientes con DMO normal: T-score ≥ –1 DE. • Pacientes con osteopenia: T-score entre –1 y –2,5 DE. • Pacientes con OP: T-score ≤ –2,5 DE. • Pacientes con OP establecida: T-score < –2,5 DE en presencia de una o más fracturas por fragilidad. Aunque el T-score puede medirse en la columna lumbar, cuello femoral y cadera, la OMS recomienda que para el diagnóstico de OP se utilicen los valores en cuello femoral. El cribado densitométrico de la población general no es rentable, estando indicada la realización de una densitometría: ­ • En mujeres y hombres mayores de 65 años con riesgo mo- derado de fractura, establecido a través de sus factores de riesgo o con la herramienta FRAX®, cuando el valor de su resultado pueda suponer un cambio en la actitud terapéutica. ERRNVPHGLFRVRUJ 208 Parte III Patología general elevado para fracturas por fragilidad. En pacientes menores de 40 años con factores de riesgo muy elevado de fractura (varias FrOP previas, FrOP mayor o tratamiento con altas dosis de corticoides, etc.). Antes del inicio de tratamientos que puedan afectar a la DMO. • • Los equipos DEXA periféricos, la tomografía computarizada cuantitativa central o periférica, y los ultrasonidos son útiles para predecir un riesgo elevado de fractura, no debiéndose utilizar para el diagnóstico, el seguimiento o la evaluación de la respuesta terapéutica en pacientes con OP.19 Diagnóstico diferencial T ­ El diagnóstico diferencial de la OP involutiva primaria (pos menopáusica o senil) se basa en excluir el resto de las causas secundarias de la enfermedad.30 Una analítica general que permita descartar estas causas debería contar con un hemograma completo con velocidad de sedimentación globular [VSG], una bioquímica sérica con calcio, fósforo, fosfatasa alcalina, transaminasas, urea y creatinina, y un calcio en orina de 24 h, y con un estudio específico dirigido al cribado de las causas más im- portantes de OP secundaria (albúmina, proteínas, proteinograma, niveles séricos de hormona estimulante del tiroides [TSH], PTH, 25-OH vitamina D) que permita identificar trastornos endocrino-metabólicos, hematológicos, electrolíticos y/o enfermedad sistémica. Como método simple de despistaje de las causas más frecuentes de OP secundaria, recomendamos la realización de las pruebas analíticas recogidas en la tabla 19 2. ‑ • En pacientes menores de 65 años con factores de riesgo Tratamiento Existen una serie de medidas no farmacológicas, consideradas universales, para la prevención primaria y secundaria de las FrOP. En primer lugar, evitar el sedentarismo, promoviendo el ejercicio físico regular (ejercicios aeróbicos con impacto y carga) durante toda la vida. Adaptado para cada edad del individuo, el ejercicio físico fortalece la musculatura, mejora el equilibrio, la agilidad y la salud en general.19 En segundo lugar, limitar los hábitos tóxicos no solo por su repercusión ósea, sino también por su beneficio en otros ámbitos de la salud. La supresión del tabaco, la reducción del consumo de alcohol hasta menos de 3 unidades diarias y la moderación de la ingesta de bebidas ricas en cafeína favorecen el mantenimiento de la DMO.19,27 En tercer lugar, una dieta adecuada, con ingesta adecuada de proteínas (1 g/kg/día) y de calcio (1.000-1.200 mg/día), y un ade- abla 19-2 Pruebas analíticas en el diagnóstico diferencial de la osteoporosis Prueba Anomalía detectada Sospecha diagnóstica Hemograma completo con VSG Anemia, F VSG Mieloma Fractura patológica Creatinina F Creatinina Enfermedad renal Calcio F Calcio f Calcio Hiperparatiroidismo primario Hipercalcemia tumoral Malabsorción Déficit de vitamina D Fósforo f Fósforo Osteomalacia Fosfatasa alcalina F Fosfatasa alcalina Déficit de vitamina D Enfermedad hepática Enfermedad de Paget Transaminasas F Transaminasas Enfermedad hepática Albúmina f Albúmina Malnutrición Enfermedad hepática Enfermedad renal Electroforesis de proteínas Gammapatía monoclonal Mieloma 25 (OH)-vitamina D f 25 (OH)-vitamina D Insuficiencia/deficiencia de vitamina D PTH F PTH Hiperparatiroidismo TSH (ultrasensible) f TSH Hipertiroidismo Calcio en orina de 24 h Hipercalciuria Hipercalciuria primaria o secundaria a hiperparatiroidismo Hipertiroidismo Hipercalcemia tumoral VSG, velocidad de sedimentación globular. Adaptado de Etxebarría et al., 2015. ERRNVPHGLFRVRUJ C 209 apítulo 19 Fragilidad y metabolismo óseos cuado aporte de vitamina D (800 UI diarias), hace que el riesgo de FrOP sea menor.19,27 Por último, las estrategias de prevención de caídas, promoviendo el ejercicio físico, la reducción y retirada de fármacos que las pueden originar, solucionando déficits sensoriales, modificando riesgos del hogar y corrigiendo déficits nutricionales, sobre todo, en lo referente a la vitamina D, resultan pilares no farmacológicos fundamentales del manejo de estos pacientes.19,27,31 Las medidas farmacológicas disponibles actualmente para la prevención y tratamiento de la FrOP son los moduladores selectivos de los receptores estrogénicos (SERM), los bisfosfonatos (alendronato, risedronato, ibandronato y zoledronato), el denosumab, los péptidos de la familia de la PTH y el ranelato de estroncio, fármacos que han demostrado en ensayos clínicos controlados su eficacia en la reducción del riesgo de fracturas vertebrales, no vertebrales y/o de cadera (tabla 19 3). Los fármacos anticatabólicos (o antirresortivos) se caracterizan por ser capaces de disminuir el remodelado óseo acelerado al reducir el número de BMU neoactivadas y el grado de su actividad osteoclástica. Este mecanismo de acción supone, desde el punto de vista cuantitativo, un incremento de la DMO y, desde el punto de vista cualitativo, una preservación de la microestructura ósea trabecular y cortical, al favorecer, por un lado, una disminución de la resorción trabecular perforativa, una disminución de la cantidad de microfracturas y una menor pérdida de conectividad trabecular y, por otro, un menor grado de porosidad cortical. Los SERM son antirresortivos no esteroideos que se unen al receptor de estrógeno y actúan como agonistas o antagonistas de estrógenos, dependiendo del tejido objetivo. El raloxifeno (60 mg/día por vía oral) es el único SERM disponible para la prevención y el tratamiento de la OPPMP. Previene la pérdida de hueso y reduce el riesgo de fracturas vertebrales un 3050% en mujeres posmenopáusicas con osteopenia y con OP con o sin FrOPV anteriores.32 No ha mostrado un efecto signi‑ ficativo en la reducción de FrOPNoV. Como único efecto adverso grave (aunque no habitual), ha mostrado un cierto aumento del riesgo de trombosis venosa profunda-fenómenos tromboembólicos, siendo comunes los casos de sofocos y calambres en las extremidades inferiores. Sin embargo, glo balmente la relación riesgo-beneficio es favorable, siendo ampliamente utilizado para la prevención y el tratamiento de la OPPMP.19 El bazedoxifeno (20 mg/día por vía oral) es un SERM que ha demostrado reducir significativamente el riesgo de nuevas FrOPV, mostrando efectos favorables sobre los marcadores del remodelado óseo y la DMO. Al igual que el raloxifeno, ha mostrado un aumento del riesgo de trombosis venosa profunda-fenómenos tromboembólicos y casos habituales de sofocos y calambres en las extremidades. Sin embargo, en contraposición a lo encontrado con raloxifeno, la eficacia del bazedoxifeno es dependiente del nivel de riesgo de fractura evaluado por FRAX®.27 Los bisfosfonatos (BF), análogos estables de pirofosfato, son potentes inhibidores de la resorción ósea, produciendo su efecto al reducir el reclutamiento y la actividad de los osteoclastos y aumentar su apoptosis. La potencia y la afinidad química de los BF por el hueso determinan su efecto antirresortivo, variando esta en gran medida de unos a otros, por lo que también lo hacen las dosis empleadas en la práctica clínica.19,27 El alendronato (70 mg una vez por semana por vía oral) y el risedronato (35 mg una vez por semana por vía oral) son los BF más utilizados. El alendronato ha demostrado reducir aproximadamente a la mitad el riesgo relativo de aparición de FrOPV (47%), de extremidad distal del radio (48%) y de cadera en mujeres con FrOPV prevalentes (51%). Por su parte, el risedronato ha demostrado reducir significativamente la incidencia de FrOPV (41%) y FrOPNoV (39%) en mujeres con fractura vertebral. En una población numerosa de mujeres de edad avanzada, redujo el riesgo de fractura de cadera (30%), efecto que fue mayor en mujeres osteoporóticas de entre 70 y ­ abla 19-3 Eficacia sobre el riesgo de fractura de las diferentes opciones farmacológicas disponibles para el tratamiento de la osteoporosis posmenopáusica cuando se administran con calcio y vitamina D T © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Fármacos anticatabólicos (antirresortivos) Raloxifeno/bazedoxifeno Fractura vertebral Fractura no vertebral Fractura de cadera A ned ned Alendronato A A A Risedronato A A A Ibandronato A A* ned Zoledronato A A A Denosumab A A A Fármacos anabólicos Teriparatida A A ned Agentes duales Ranelato de estroncio A A A* *Únicamente en subgrupos de pacientes (análisis post hoc). A, grado de recomendación basado en una categoría de evidencia I (extremadamente recomendable); ned, no evidencia disponible. Adaptado de Kanis et al., 2013, y Etxebarría et al., 2015. ERRNVPHGLFRVRUJ 210 Parte III Patología general tratamiento prolongado. No obstante, resulta recomendable monitorizar los posibles efectos hipersupresores del remodelado óseo de la molécula a largo plazo.19 A diferencia de los anteriores, los fármacos anabólicos se caracterizan por ser capaces de aumentar el remodelado óseo al aumentar el número de BMU neoactivadas y el grado de su actividad osteoblástica. Desde el punto de vista cuantitativo, este proceso genera (debido a una mayor magnitud de la fase de formación) un balance óseo positivo en cada BMU, lo que se traduce, a la postre, en un sustancial incremento de la DMO. Desde el punto de vista cualitativo, los fármacos anabólicos reactivan el proceso de modelado del hueso, consiguiendo, por un lado, al incrementar el grosor y la conectividad de las trabéculas, reparar la microestructura trabecular dañada y, por otro, al aumentar por aposición perióstica el área de sección transversal del hueso, mejorar la eficacia biomecánica del mismo. Mediante los mencionados mecanismos, los fármacos anabólicos consiguen reducir significativamente el número de fracturas por fragilidad. Pertenecen a este grupo la molécula intacta de PTH (PTH 1-84), actualmente retirada del mercado, y el fragmento N-terminal de la misma (PTH 1-34 o teriparatida). La administración intermitente de teriparatida (20 µg/día por vía subcutánea durante 24 meses) origina un aumento del número y la actividad de los osteoblastos, lo que lleva a un aumento de la masa ósea y a una mejora en la microarquitectura trabecular y cortical. El tratamiento con este fármaco ha demostrado reducir el riesgo de nuevas FrOPV (35%) y una disminución del riesgo de FrOPNoV del 47%.19,27 Se ha comprobado que los efectos de este fármaco persisten hasta 30 meses después de suspender el tratamiento. Los efectos adversos más frecuentes de este fármaco son leves (náuseas, dolor en las extremidades, dolor de cabeza y mareos). Debe utilizarse con precaución en pacientes con urolitiasis activa o reciente, estando contraindicado en condiciones caracterizadas por un aumento anormal del remodelado óseo (hipercalcemia, hiperparatiroidismo, enfermedad de Paget, pacientes con metástasis ósea, pacientes que hayan recibido radioterapia previa sobre el esqueleto, etc.) o que tengan elevaciones no explicadas de la fosfatasa alcalina, con hipercalcemia preexistente o con insuficiencia renal severa.19,27 Además de estos dos grandes grupos, existe un tercer grupo de fármacos, de acción dual (anticatabólica-anabólica), que combinan los efectos de los antirresortivos con los de los formadores de hueso. El ranelato de estroncio (RE) (2 g/día por vía oral) actúa con este efecto combinado, disminuyendo por un lado la reabsorción y aumentando por otro la formación de hueso al estimular al receptor sensible del calcio de los osteoblastos. El RE ha demostrado en sus estudios esenciales una eficacia en la reducción de FrOPV y FrOPNoV similar a la de los BF orales, siendo su eficacia independiente del nivel de riesgo de fractura evaluado por FRAX®. Aunque en los estudios esenciales los eventos adversos observados con RE fueron por lo general leves y transitorios, el fármaco actualmente tiene un uso clínico muy restringido debido a la aparición de alertas sanitarias relacionadas con el fármaco: desarrollo de síndrome DRESS (drug rash with eosinophilia and systemic symptoms, «fiebre, exantema, eosinofilia y afectación sistémica»), incremento del riesgo de tromboembolismo venoso y mayor riesgo de infarto de miocardio en los pacientes tratados. Por ello, las indicaciones actuales del RE están limitadas a pacientes con OP severa y alto riesgo ERRNVPHGLFRVRUJ ­ 79 años, no siendo significativa la reducción, sin embargo, en mujeres de más de 80 años sin OP.19,27 El ibandronato (2,5 mg/día por vía oral) reduce el riesgo de FrOPV un 62%, aunque el efecto sobre las FrOPNoV solo se demostró en un análisis post hoc de un subgrupo de mujeres con T-score por debajo de –3. Se ha probado que tanto una dosis oral mensual de 150 mg como dosis intravenosas intermitentes (3 mg cada 3 meses) tienen efectos equivalentes o incluso superiores al ibandronato diario, lo que dio lugar a la aprobación de ambas administraciones para la prevención de la FrOPV.19,27 La perfusión anual de una solución de 5 mg de zoledronato durante 3 años ha demostrado reducir de forma muy significativa la incidencia de FrOPV (70%) y de cadera (41%). La administración intravenosa de este fármaco también ha demostrado disminuir el riesgo de mortalidad cuando se administra poco después de una primera fractura de cadera.19,27 Los BF orales se asocian a alteraciones gastrointestinales leves y, en algún caso, a esofagitis. Los BF intravenosos pueden inducir una reacción transitoria de fase aguda con fiebre y dolor óseo y muscular. La osteonecrosis de mandíbula ha sido descrita en pacientes con cáncer que reciben altas dosis de pamidronato o zoledronato intravenoso, pero la incidencia en pacientes con OP es muy baja (en el orden de 1 de cada 100.000 casos), no habiendo sido totalmente confirmada todavía una relación causal estricta entre ambos. El tratamiento con BF puede estar relacionado también con un cierto riesgo de fibrilación auricular y de cáncer de esófago. Finalmente, el uso de BF parece estar asociado con fracturas atípicas del fémur (fracturas subtrocantéreas o mediodiafisarias). Aunque el riesgo absoluto de fracturas atípicas en pacientes en tratamiento con estos fármacos es relativamente bajo (entre 3,2 y 50 casos por cada 100.000 personas/año), el tratamiento prolongado con ellos puede estar asociado a un riesgo relativo más alto (alrededor de 100 casos por cada 100.000 personas/año) de sufrir este tipo de fracturas. Pese a todo, el perfil de seguridad global de los BF es favorable y la relación riesgo-beneficio sigue siendo propicia para su uso en la prevención y tratamiento de las FrOP.19,27 El denosumab (DMAB) es un anticuerpo monoclonal humano que se une específicamente a RANKL con una afinidad muy elevada, impidiendo su interacción con el receptor RANK. La eficacia antifractura de 60 mg de DMAB por vía subcutánea cada 6 meses se ha evaluado en mujeres con OPPMP, mostrando a los 3 años una reducción del 68% en la incidencia de nuevas FrOPV, del 20% en FrOPNoV y del 40% en fracturas de cadera.19,27 Un subanálisis del estudio FREEDOM sobre pacientes con alto riesgo de fractura demostró una reducción significativa (del 62%) del riesgo de fractura de cadera en pacientes mayores de 75 años. Esta reducción fue significativa ya a los 12 meses de iniciar el tratamiento. En un metaanálisis de cuatro ensayos clínicos, los riesgos relativos de eventos adversos graves (hipocalcemia, celulitis, erisipela, neumonía, diverticulitis, infecciones urinarias) para el grupo tratado con DMAB en comparación con el grupo placebo no resultaron significativos. La incidencia de osteonecrosis de maxilar en población osteoporótica en tratamiento con el fármaco es muy baja, con tasas que oscilan entre menos del 0,001% y el 0,15% al año. La incidencia de fracturas atípicas en pacientes osteoporóticos tratados con DMAB es igualmente baja, incluso con el C 211 apítulo 19 Fragilidad y metabolismo óseos de FrOP que no puedan utilizar otras alternativas terapéuticas por contraindicación o intolerancia y que no presenten ni tengan antecedentes de cardiopatía isquémica, enfermedad arterial periférica o patología cerebrovascular. No debe utilizarse tampoco en pacientes con hipertensión arterial no controlada o inmovilización permanente o temporal.19,27 Una reciente revisión del riesgo de fractura de una cohorte española33 mostró que los pacientes con riesgo de FrOP intermedio (≥ 5% y < 7,5%) y elevado (≥ 7,5%) serían susceptibles de una medición de la DMO para confirmar el diagnóstico y eva- luar, a su vez, la necesidad de instaurar tratamiento farmaco lógico. En la figura 19 4 se recoge la sistemática para realizar una identificación de pacientes susceptibles de comenzar una intervención farmacológica, tanto a nivel de prevención primaria (pacientes que no han sufrido aún una FrOP) como secundaria (pacientes que ya la han sufrido).19,27 En la figura 19 5 se recoge el algoritmo de tratamiento en mujeres con OPPMP con alto riesgo de FrOP. Como primera opción de tratamiento, se recomiendan los BF orales, con alendronato y risedronato como opción preferencial por su eficacia en la reducción de FrOPV, FrOPNoV y de cadera. De forma electiva, cuando se busca una reducción del riesgo de FrOPV, se podría plantear como primera opción el ibandronato. En caso de contraindicación, mala tolerancia oral, mal cumplimiento o falta de eficacia terapéutica, se valorará como opción preferencial el DMAB. De forma alternativa, podrían plantearse los SERM y el RE, aunque este último con una indicación muy restringida, tal y como se ha comentado con anterioridad. Por otro lado, en pacientes con muy alto riesgo de FrOP, el tratamiento osteoformador con teriparatida puede ser una buena Población adulta con riesgo posible de FrOP Hombre o mujer con FrOP previa (FrOPV, FrOPNoV, FrOPCad) Prevención primaria de FrOP Prevención secundaria de FrOP ­ Criterios de instauración y algoritmos de decisión del tratamiento ­ ‑ ‑ Se debe instaurar tratamiento farmacológico antiosteoporótico en aquellos pacientes que tengan: • Unos valores densitométricos en cuello femoral con T-score igual o mayor de −2,5 DE. • Una FrOP previa. • Un elevado riesgo de FrOP según la herramienta FRAX . ® Valoración del riesgo clínico de FrOP (sin DMO) (herramienta FRAX®, versión de España) Riesgo bajo de FrOP mayor Riesgo medio de FrOP mayor Riesgo alto de FrOP mayor Revalorar el riesgo de FrOP (con DMO) (herramienta FRAX®, versión de España) Factores de riesgo clínico adicionales Riesgo alto de FrOP mayor © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Riesgo bajo de FrOP mayor Recomendaciones no farmacológicas universales Evaluación del riesgo y estrategias de prevención de caídas No intervención farmacológica Intervención farmacológica Revalorar clínica periódica del riesgo de FrOP (sin DMO) (herramienta FRAX®, versión de España) Valorar monitorización terapéutica (DMO y marcadores) gu a 19-4 Algoritmo de identificación y de indicación terapéutica en pacientes en riesgo de fractura osteoporótica. FrOP, fractura osteoporótica; FrOPCad, fractura osteoporótica de cadera; FrOPNoV, fractura osteoporótica no vertebral; FrOPV, fractura osteoporótica vertebral. Fi r ERRNVPHGLFRVRUJ 212 Parte III Patología general Mujeres posmenopáusicas con ARFrOP Recomendaciones no farmacológicas universales Garantizar un adecuado aporte de Ca y vitamina D Tratamiento durante 5 años, reevaluación de riesgo y valoración de la continuidad o vacaciones terapéuticas Primera opción → Bisfosfonatos p.o. Alendronato o risedronato Ibandronato solo ↓ RR de FrOPV Muy alto riesgo de FrOP (> 2 FrOPV, FrOPV + FrOPNoV) Contraindicación, mala tolerancia, mal cumplimiento o fracaso terapéutico PTH 1-34 (teriparatida) Alternativa: denosumab, zoledronato i.v. Denosumab Alternativa: SERM, ranelato de estroncio Tratamiento durante 5 años, reevaluación del riesgo y valoración de la continuidad o vacaciones terapéuticas Tratamiento durante 2 años, reevaluación de riesgo y valorar continuidad con bisfosfonatos Valoración de continuidad mediante revaloración clínica del riesgo de FrOP (herramienta FRAX®, versión de España) r Fi gu a 19-5 Algoritmo de tratamiento para mujeres con osteoporosis posmenopáusica y alto riesgo de fractura. ARFrOP, alto riesgo de fractura osteoporótica; FrOP, fractura osteoporótica; FrOPNoV, fractura osteoporótica no vertebral; FrOPV, fractura osteoporótica vertebral; RR, riesgo relativo; SERM, moduladores selectivos de los receptores estrogénicos. ‑ opción. En estos pacientes, como alternativa al tratamiento anabólico, se podría considerar el zoledronato o el DMAB.19,27 En la figura 19 6 se recoge el algoritmo de tratamiento de la FrOP de cadera. Las opciones preferenciales serían los fármacos con eficacia demostrada específica en reducción de fracturas de cadera, es decir, BF (alendronato, risedronato y zoledronato) y DMAB. Dentro de los primeros, el alendronato y risedronato son los más indicados, salvo en circunstancias de patología gastrointestinal mayor, efectos secundarios conocidos, paciente polimedicado, encamamiento o preferencia del paciente, caso en que la opción más idónea sería el zoledronato intravenoso anual, administrado al menos 2 semanas después de haberse producido la fractura para no interferir en el proceso de consolidación de la misma. En FrOP de cadera, el DMAB es una excelente alternativa a los BF, sobre todo, en situaciones de mala tolerancia a los mismos, mala adherencia farmacológica o fracaso terapéutico previo. Aunque teriparatida no ha demostrado una eficacia antifractura en cadera, sí tiene efecto farmacológico verificado a ese nivel, razón por la cual consideramos este fármaco como una opción terapéutica en pacientes de alto riesgo (más de dos FrOPV o una FrOPV y otra no vertebral previas, incluida la fractura de cadera), ya que en ellos el riesgo de aparición de nuevas fracturas es muy elevado.19,27 Deficiencia de vitamina D en el adulto. Osteomalacia El raquitismo (RQT) en niños y la osteomalacia (OML) en adultos son osteopatías fragilizantes osteopénicas relacionadas con una deficiencia de vitamina D. En ambos casos, esta deficiencia induce un defecto de mineralización de la matriz orgánica del esqueleto, ya sea en el hueso en crecimiento o en el hueso maduro. En este capítulo, revisaremos básicamente la deficiencia de vitamina D en el adulto, sus consecuencias clínicas, su diagnóstico y su tratamiento. Definición No existe un claro consenso a la hora de definir suficiencia y deficiencia de vitamina D en el adulto. Se utiliza habitualmente el valor de los niveles séricos de la 25[OH]D para establecer los rangos que las determinan. Basado en estudios poblacionales, la insuficiencia de vitamina D se ha establecido en niveles de 25[OH]D entre 20 y 30 ng/ml (50 y 75 nmol/l) y la deficiencia de vitamina D en niveles de 25[OH]D inferiores a 20 ng/ml (< 50 nmol/l). Niveles superiores a 30 ng/ml (75100 nmol/l) de 25[OH]D son considerados actualmente como suficientes.34,35 Epidemiología La deficiencia de vitamina D está considerada un problema de salud mundial, constituyendo actualmente una pandemia que afecta a más de la mitad de la población general.36 La prevalencia de la deficiencia de vitamina D en mujeres gestantes puede alcanzar hoy en día el 60,2%, y en sus neonatos, el 48,9%.37 En ancianos, la deficiencia de vitamina D afecta al 20-40% de los independientes y hasta al 80% de los institucionalizados.38 En ERRNVPHGLFRVRUJ C 213 apítulo 19 Fragilidad y metabolismo óseos Paciente con FrOPCad Recomendaciones no farmacológicas universales Corregir la deficiencia de vitamina D Garantizar un adecuado aporte de Ca y vitamina D Evaluación del riesgo de caídas y estrategias de prevención de caídas Primera opción: bisfosfonatos Denosumab Sin patología GI mayor Posición erguida mantenible 30-60 min Capacidad de seguir instrucciones de la vía oral Preferencia del paciente Patología GI mayor Efectos secundarios conocidos con bisfosfonatos orales Paciente multitratado por vía oral Confinamiento en cama Preferencia del paciente Bisfosfonatos orales Bisfosfonatos i.v. Contraindicación, mala tolerancia o mal cumplimiento con bisfosfonatos Preferencia del paciente Fracaso terapéutico Muy alto riesgo de FrOP (> 2 FrOP, FrOPV + FrOPNoV) Fracaso terapéutico PTH 1-34 (teriparatida) Alendronato p.o. semanal Risedronato p.o. semanal Risedronato p.o. mensual Aclaramiento de creatinina ≥ 30 ml/min Zoledronato i.v. anual Aclaramiento de cr ≥ 35 ml/min No menos de 15 min de infusión Preferentemente en medio hospitalario habilitado > 2 semanas después de la fractura Alternativa: ranelato de estroncio* Alternativa: denosumab Valoración de continuidad mediante revaloración clínica del riesgo de FrOP (herramienta FRAX®, versión de España) gu a 19-6 Algoritmo de tratamiento para pacientes con fractura osteoporótica de cadera. FrOP, fractura osteoporótica; FrOPCad, fractura osteoporótica de cadera; FrOPNoV, fractura osteoporótica no vertebral; FrOPV, fractura osteoporótica vertebral; GI, gastrointestinal. Fi r los ancianos que tienen asociada una FrOP de cadera, la prevalencia de deficiencia de vitamina D puede llegar al 100% de los casos.34 Etiopatogenia © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. Son varias las causas etiopatogénicas del RQT y de la OML, dividiéndose fundamentalmente en tres grandes grupos.39 adquiridas (malabsorción, exceso de antiácidos, aumento de la pérdida renal de fósforo, neoplasias, etc.). 3. Inhibidores de la mineralización: hipofosfatasia, acidosis crónica, aluminio, fluoruro sódico, BF a altas dosis, etc. La deficiencia de vitamina del adulto, sin embargo, está casi siempre relacionada con la edad, al descender con ella la producción cutánea de la vitamina D y la actividad de la 1-ahidroxilasa renal (lo hace de forma paralela al descenso de la función renal que se produce con el envejecimiento).35,38 ­ 1. Deficiencias de vitamina D: insuficiente exposición solar (ancianos, encamamiento, uso de filtros solares), déficit nutricional (lactancia materna, escasa ingesta, dieta vegetariana), malabsorción (fitatos, celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, cirugía gastrointestinal, etc.) y alteraciones en la síntesis de vitamina D (deficiencia de 1-a-hidroxilasa o RQT vitamina D-dependiente de tipo I (VDDR I), anomalía hereditaria en el VRD o RQT vitamina D-dependiente de tipo II (VDDR II), hepatopatías, nefropatías, fenitoína, fenobarbital, rifampicina, isoniacida, etc.). 2. Hipofosfatemias no relacionadas con el déficit de vitamina D: hereditarias (hipofosfatemia ligada al cromosoma X) o Fisiopatología La vitamina D está considerada actualmente como un complejo hormonal capaz de regular la absorción de calcio (Ca) y fósforo (P) en el intestino (ayudando de esta manera a regular sus niveles plasmáticos y, por extensión, la de PTH), y favorecer la mineralización de la matriz osteoide del hueso. Si bien no se conoce con exactitud la fisiopatología de las alteraciones neuromusculares relacionadas con la deficiencia de vitamina D, probablemente un mecanismo directo ligado a ERRNVPHGLFRVRUJ ­ 214 Parte III Patología general Diagnóstico En la OML, las pruebas de laboratorio indican una 25[OH]D disminuida (con una 1-25[OH]2D normal o incluso aumentada por el HPTD2º). Típicamente, los valores de Ca y P en sangre suelen ser normales o estar ligeramente disminuidos hasta estadios avanzados de OML, siendo los valores de PTH relativamente altos en relación con la calcemia. Los marcadores de remodelado óseo tanto de reabsorción (hidroxiprolina urinaria) como de formación ósea (fosfatasa alcalina, osteocalcina) están elevados.38,39,46 Los hallazgos radiológicos son normales la mayoría de las veces. La alteración radiológica más común en la OML es la osteopenia difusa por disminución de la DMO esquelética. Sin embargo, los hallazgos clásicos de la OML son los cuerpos vertebrales bicóncavos con patrón trabecular borroso (en vidrio esmerilado) y las líneas de Looser o pseudofracturas (microfracturas de estrés no adecuadamente consolidadas que delimitan delgadas líneas radiolucentes marginales en el hueso).38,39 Son típicamente bilaterales y simétricas, y pueden evolucionar a fracturas completas. Los lugares más frecuentes en los que aparecen incluyen los márgenes de la escápula, las costillas inferiores, las ramas pubianas y el cuello femoral.38,39 La aparición de pseudofracturas múltiples, bilaterales y simé tricas se ha denominado síndrome de Milkman.38,39,46 En raras ocasiones, pueden aparecer cambios relacionados con el HPTD2º (reabsorción subperióstica de las falanges). La densitometría ósea demuestra generalmente osteopenia, habiéndose observado una correlación positiva entre los valores séricos de 25(OH)D y la DMO de la cadera.38,39,46 La gammagrafía ósea demuestra generalmente focos hipercaptantes múltiples, que pueden precisar diagnóstico diferencial con metástasis óseas. El diagnóstico de confirmación de la OML precisa de estudio histológico del hueso. El marcaje con tetraciclinas permite demostrar en los estadios avanzados de la misma un aumento de la extensión y anchura de la sustancia osteoide, con las bandas de depósito de las tetraciclinas no separadas prácticamente entre sí, indicando una disminución de la aposición ósea mineral.38,39,46 El estudio electrofisiológico de la miopatía por deficiencia de vitamina D suele mostrar potenciales de acción de unidad motora polifásicos y de baja amplitud y duración, sin evidenciar anomalías en la transmisión del nervio motor ni en la unión neuromuscular. El estudio histológico confirma la miopatía e identifica una atrofia selectiva de las fibras musculares de contracción rápida (tipo II), lo que explicaría la contracción muscular más lenta y débil, y el retardo de la fase de relajación tras la contracción muscular. ­ Clínica Los síntomas generales de la OML suelen ser inespecíficos y cursar con dolor sordo, que se agrava con la actividad y la carga de pesos. Suele ser más pronunciado en la columna lumbar baja, la pelvis y las extremidades inferiores, agravándose en ocasiones a la palpación. Se acompaña, en ocasiones, de otros síntomas igualmente inespecíficos que determinan diagnósticos clínicos erróneos (enfermedad reumática, polimialgia, desórdenes psiconeuróticos, fibromialgia y enfermedades malignas, etc.).42 Sin embargo, la sintomatología neuromuscular de la misma es un poco más específica. Valores de 20 ng/ml de vitamina D se han asociado a una baja propiocepción, un aumento del balanceo corporal y un mayor desplazamiento del centro de gravedad, que alteran el control de la marcha.43 Cuando los niveles de vitamina D son menores de 10-12 ng/ml, se produce una disminución de la fuerza muscular, estableciéndose una miopatía franca con sarcopenia de localización proximal (generalmente de extremidades inferiores) cuando dichos niveles se encuentran por debajo de 8 ng/ml.44 Esta miopatía de la deficiencia de vitamina D se caracteriza típicamente por dolor muscular difuso, debilidad muscular, alteración de la marcha con aumento del balanceo corporal y dificultad para la incorporación de una silla sin apoyo y para subir escaleras. Esta miopatía puede contribuir igualmente a un aumento de la frecuencia de caídas y, por tanto, a un incremento del riesgo de fracturas. Por el contrario, niveles séricos de vitamina D ≥ 20 ng/ml se asocian con un mejor funcionamiento de la extremidad inferior, una mayor fuerza muscular y un menor número de caídas, existiendo una correlación positiva entre los valores de 25(OH) vitamina D (25[OH]D) y la ausencia de ellas. Desde el punto de vista de la sintomatología ósea, se ha constatado la existencia de una relación entre los niveles bajos de vitamina D y una mayor prevalencia de FrOP (especialmente de la cadera) debido fundamentalmente al HPTD2º que inducen. Además de en las fracturas de cadera, se han constatado también niveles inadecuados de vitamina D en pacientes con FrOPV y FrOPNoV, excluidas las de cadera (costillas, ramas pubianas, etc.).38,45 Raras veces pueden aparecer en la OML avanzada de- formidades esqueléticas, sobre todo, en la pelvis y el tórax, que son secundarias a la compresión del osteoide no mineralizado.38 Diagnóstico diferencial Además de con el RQT (edad de presentación, retraso psicomotor, baja estatura, craneotabes, rosario costal, cifoescoliosis, deformidades pélvicas, tibias valgas, hipotonía muscular, etc.), el diagnóstico diferencial de la OML precisa establecerse con otras causas de dolor óseo (mieloma, metástasis óseas) y con otras causas de miopatías congénitas o adquiridas. Las alteraciones bioquímicas diferenciales entre los distintos tipos de OML se recogen en la tabla 19 4. ERRNVPHGLFRVRUJ ‑ los receptores de la vitamina D (VDR) y otro indirecto, asociado a los bajos niveles de Ca y P y al hiperparatiroidismo secundario (HPTD2º), contribuyen al desarrollo de la misma.35,38 Para algunos autores, el aumento de PTH puede conducir por sí mismo a sarcopenia y debilidad muscular debido al aumento de la tasa de calcio intracelular y a la disminución de la cantidad de proteínas contráctiles que produce.40 Sin embargo, desde el punto de vista de las alteraciones óseas, parece claro que la disminución de la calcemia y el HPTD2º (que, a su vez, agrava la hipofosfatemia) son las causas fundamentales de la mismas.35,38 Estas alteraciones producirían inicialmente un incremento en la resorción ósea, que con el tiempo desarrollaría una verdadera osteopatía fragilizante osteopénica, con disminución de la DMO y adelgazamiento de todos los elementos estructurales óseos.35 Además, si el déficit de vitamina D es grave, las concentraciones de Ca y P del líquido extracelular están muy bajas, lo que impide la mineralización normal de la matriz osteoide y del cartílago de crecimiento, desarrollando RQT en niños y OML en los lugares de remodelado óseo en adultos.41 C 215 apítulo 19 Fragilidad y metabolismo óseos abla 19-4 Alteraciones bioquímicas en los distintos tipos de osteomalacia T Deficiencia de vitamina D VDDR I VDDR II Hipofosfatemia ligada al cromosoma X Hipofosfatemia tumoral Hipofosfatasia Calcio foN f f N N N Fósforo foN f f f f NoF FALO* F F F F F ff 25[OH]D ff N N N N N 1-25[OH]2D f, N o F ff FF Nof f N PTH F F F N N N Ca en orina ff f f N N N P en orina N NoF NoF FF FF N *FALO, fosfatasa alcalina ósea. F, alto; f, bajo; FF, muy alto; ff, muy bajo; N, normal; VDDR, raquitismo vitamina D-dependiente. Adaptado con autorización. © 2011 Elsevier España, S.L., y © 2019 Sociedad Española de Reumatología Clínica. Fuente: Peris. Reumatol Clin 2011;7(Supl. 2):S22 -S27. Tratamiento La prevención de la deficiencia de vitamina D en el adulto se basa en asegurar unos niveles adecuados de vitamina D y una ingesta adecuada de Ca. No existe consenso sobre los niveles de vitamina D a conseguir en población sana y tampoco cómo conseguirlos. Los niveles séricos de 25(OH)D entre 30 y 75 ng/ml parecen los más fisiológicos y, por tanto, recomendables.34 Respecto a la dosis diaria que debe administrarse, un reciente meta análisis47 establece que para mantener unos niveles cercanos a 40 ng/ml (y una adecuada masa ósea) podrían ser suficientes dosis de 800 UI diarias de vitamina D, asegurando siempre una correcta ingesta de calcio de 1.000-1.200 mg, preferiblemente, con la dieta.48 Los objetivos del tratamiento de la OML son corregir la causa de esta afección para prevenir su reaparición, normalizar el HPTD2º y aliviar sus síntomas. En la OML carencial, dosis diarias de 800-4.000 UI de vitamina D2 o D3 durante 3 meses (con una ingesta diaria de calcio de 1.000-1.200 mg) suelen ser suficientes para su control. Como alternativa, 50.000 UI de vitamina D2 o D3 una vez por semana durante 8-12 semanas hasta alcanzar niveles de 25OH vitamina D superiores a 30-40 ng/ml. Normalizados los niveles de vitamina D y el HPTD2º, se pasaría a una dosis de mantenimiento de 8001.000 UI diarias. Se deben utilizar dosis altas de forma prolongada en pacientes con gastrectomía y malabsorción. En general, el efecto del tratamiento sobre los síntomas de la OML es rápida, sobre todo, en relación con la desaparición del dolor óseo, la debilidad muscular y el riesgo de caídas. En este sentido, la suplementación de vitamina D en dosis de 7001.000 UI ha demostrado reducir un 19% el riesgo de caídas en personas mayores, mientras que dosis menores de 700 UI no lo han hecho.49 Desde el punto de vista analítico, el tratamiento disminuye los niveles de PTH y los de los marcadores de reabsorción, aumentando los de formación y la DMO en varias regiones del esqueleto.38 Pese a esta consideración, parece que la administración aislada de vitamina D tiene poca probabilidad de prevenir las fracturas por fragilidad. Esta probabilidad aumenta cuando el tratamiento con vitamina D se realiza conjuntamente con suplementos de calcio, pauta que ha demostrado reducir el riesgo de fracturas de cadera, sobre todo, en pacientes institucionalizados.49 onclu one C si s © Elsevier. Fotocopiar sin autorización es un delito. ­ La OP y la deficiencia de vitamina D-OML son problemas clínicos relevantes en los pacientes adultos con fractura, resultando especialmente prevalentes en ancianos con fractura de cadera. Ambas osteopatías, con mecanismos fisiopatológicos capaces de desarrollar y amplificar la fragilidad ósea, deben ser conocidas desde el punto de vista de su diagnóstico, y prevenidas y tratadas de forma que se consiga disminuir el riesgo de aparición de fracturas por esta causa en los pacientes que las padecen. bl og afía Bi i r 1. Bala Y, Seeman E. Bone’s Material Constituents and their Contribution to Bone Strength in Health, Disease, and Treatment. Calcif Tissue Int 2015;97(3):308-26. 2. Beck T. Measuring the structural strength of bones with dual-energy X-ray absorptiometry: principles, technical limitations, and future possibilities. Osteoporos Int 2003;14(Suppl 5):S81-8. 3. Faulkner KG. Bone matters: are density increases necessary to reduce fracture risk? J Bone Miner Res 2000;15(2):183-7. 4. Seeman E. The structural and biomechanical basis of the gain and loss of bone strength in women and men. Endocrinol Metab Clin North Am 2003;32:25-38. 5. Bouxsein ML. Bone quality: where do we go from here? Osteoporos Int 2003;14(Suppl 5):S118-27. 6. Kini U, Nandeehs BN. Physiology of Bone Formation, Remodeling, and Metabolism. In: Fogelman I, Gnanasegaran G, van der Wall H, editors. Radionuclide and Hybrid Bone Imaging. Berlin: Springer-Verlag Berlin Heidelberg; 2012. p. 29-57. 7. Parfitt AM. Skeletal heterogeneity and the purposes of bone remodeling: implications for the understanding of osteoporosis. In: Marcus ERRNVPHGLFRVRUJ 216 Parte III Patología general ERRNVPHGLFRVRUJ ­ (ESCEO) and the Committee of Scientific Advisors of the International Osteoporosis Foundation (IOF). European guidance for the diagnosis and management of osteoporosis in postmenopausal women. Osteoporos Int 2013;24:23-57. 28. González-Macías J, Marín F, Vila J, Díez-Pérez A. Probability of fractures predicted by FRAX and observed incidence in the Spanish ECOSAP Study cohort. Bone 2012;50:373-7. 29. Genant HK, Wu CY, van Kujik C, Nevitt MC. Vertebral fracture assessment using a semiquantitative technique. J Bone MinerRes 1993; 8:1137-48. 30. Caeiro JR, Vaquero E, Mesa M. Prevención de las fracturas osteoporóticas mediante métodos farmacológicos: Punto de vista del cirujano ortopédico y traumatólogo. Revista Argentina de Osteología 2006;5:17-37. 31. Duaso E, Casas A, Formiga F, Lázaro del Nogal M, Salvà A, Marcellán T, et al
0
You can add this document to your study collection(s)
Sign in Available only to authorized usersYou can add this document to your saved list
Sign in Available only to authorized users(For complaints, use another form )