Bryan Alexander Sepúlveda Álvarez
Abril 2024
Motivantes de La Idea del Destino Inexorable En La Cultura Griega
Ante todo, señalar que la estimación de este trabajo ha de ser más orientativa que determinante
dentro de la cuestión social que abarca el tema del destino inexorable dentro de la cosmovisión
griega, pues la base de datos en la que se parte es insuficiente para considerarle algún aporte
etnográfico hacia la cultura Helenícense. No obstante, basta con ser conscientes de la tradición
discursiva que caracteriza al imaginario que se tiene sobre la sociedad griega, sumado a una breve
apreciación que se tenga sobre la respectiva literatura clásica, para ir construyendo un interesante
perfilamiento alusivo a la identidad griega.
Primero que nada, se tiene multitud de herencias literarias del mundo clásico en las que se retratan
crónicas con episodios, tanto triviales como fantásticos, de los sujetos que protagonizaban su
tradición oral, de entre ellos, uno de los más renombrados, fue Agamenón, el cual cayó presa de un
destino anunciado en materia de su magnicidio a manos Clitemnestra, su cónyuge; y Egisto , amante
de Clitemnestra; constituyendo ello un relato que pretende retratarnos dicho desenlace como
resultado de la necedad y negación de Agamenón ante las advertencias de la profeta Casandra, mas
surge una aparente contradicción, pues la historia también llega a sugerirnos que dicha profecía era
ineludible, con lo que ¿Agamenón realmente tenía la culpa de su muerte? Pues, sin ir muy lejos, se
puede reformular dicha cuestión para, así, adecuarla a un tema del que se halla bastantes
referentes, quedando pues como ¿Era Agamenón realmente libre o capaz de tomar alguna otra
decisión diferente a la profetizada por Casandra? Ortega y Gasset distingue en Rebelión de Masas
que, si bien, es ineludible la fatalidad de la experiencia vital, esto solo se da en un grado parcial que
admite cierta variabilidad de la que se halla cierta libertad de decisión. “En vez de imponernos una
trayectoria, nos impone varias, y, consecuentemente, nos fuerza… a elegir. ¡Sorprendente condición
la de nuestra vida! Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos
a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión. Inclusive
cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir” (Gasset,
2010), esto nos deja en manifiesto algo importante para eventualmente responder a la duda del
presente ensayo, y es el hecho de que inclusive la voluntad inconsciente puede verse influenciada
por una decisión consciente previa, con lo que ya se nos sugiere que el determinismo griego es cosa
parcial, pues nuestras circunstancias no parecen estar moldeadas únicamente por el contexto en el
que se nace, sino también por las decisiones con las que uno se desenvuelve en dicho contexto,
aunque ¿No son pues las decisiones influenciadas por los impulsos en cierta medida? Dice el
neurólogo Libet, celebre por el experimento homónimo alusivo al libre albedrio que, aunque existe
una considerable influencia inconsciente sobre las decisiones conscientes, existe un margen de
actividad consciente en el cerebro que admite cierta negación o rechazo ante un impulso
inconsciente, llamada “Libertad al Veto”, cosa que, más tarde, Alfred Meleen con su obra “Libres.
Por Qué La Ciencia No Ha Refutado El Libre Albedrío” señalaría como una libertad que se asume en
virtud de cierta disposición construida en decisiones conscientes - algo así como la matiz pragmática
y consciente de la personalidad -. Esto nos deja con una aparente estima de la cultura griega en los
principios bien premeditados, entendidos por las reflexiones y deliberaciones cuya credibilidad o
grado de convencimiento influencia en nuestra capacidad de eventualmente impulsos; haciendo,
pues, de la necedad o terquedad un degrado de la Libertad al Veto derivado en vacíos dentro de las
reflexiones que preceden a los principios de un individuo. Conclusión que entra a ser coherente con
lo que, en la literatura griega, persiste como una exaltación hacía la figura del Prudente, es decir, de
Bryan Alexander Sepúlveda Álvarez
Abril 2024
quien ejerce con plenitud su libertad al veto, resolviendo así nuestra duda respecto a la culpabilidad
de Agamenón y de los condenados por su destino en general, determinando que estos no fueron
más que imprudentes, y que lo que se mostraba como destino, sencillamente resulta ser la
concreción de una circunstancia poco meditada por su usuario.
Esto solo nos deja con una fascinación por la forma mítica y casi religiosa en la que los Helenícense
trataban la prudencia, la cual cobra coherencia en tanto se considera que las implicaciones que tiene
el categórico de Prudente planteado aquí y extrapolado al contexto de la época clásica, adicionando
algunas implicaciones que nos deja Sigmund Freud respecto al tema de las creencias. Ya se había
planteado que el grado de prudencia de un individuo es proporcional a la legitimidad de los
principios que desencadenan su Libertad al Veto, y sabiendo que prácticas como la mayéutica, el
debate o la oratoria, eran las formas más asequibles que por entonces, en el mundo clásico, se
disponían para dotar de veracidad a los argumentos, con lo que, la exaltación a la prudencia era,
por tanto, una exaltación al principal mecanismo con el que se desarrollaba la vida pública en una
sociedad democrática y mercantil como Grecia, es decir, la oratoria. Algo que en su manifestación
culturar y mística, y en consideración a la obra MITO Y TOTEMISMO EN SIGMUND FREUD y CLAUDE
LEVI-STRAUSS de Rodrigo Cordero, puede llegar a ser un fenómeno del horror neurótico que se tenía
por el fratricidio (desenlace de muchas historias que tratan el tema del Destino Inexorable) y un
desgarre del vínculo social que ellos primordialmente ostentaban a través de las ya mencionadas
actividades discursivas. Según nos sugiere Rodrigo Cordero al citar a Sigmund Freud, la religión deja
en manifiesto ciertas formas de Horror neurótico: "aparece una tendencia a ampliar la prohibición
que recae sobre el incesto natural y el de grupo, haciéndola extensiva a los matrimonios entre
parientes de grupos más lejanos, conducta idéntica a la de la Iglesia católica cuando extendió la
prohibición que recaía sobre los matrimonios entre hermanos y hermanas, a los matrimonios entre
primos, inventando para justificar su medida, grados espirituales de parentesco" (Cordero).