Conflicto territorial en el Ártico
Intereses en el Ártico
El Ártico es una región de alto valor estratégico y económico, debido al cambio climático y al deshielo progresivo del Polo
Norte. Este fenómeno permite acceder a enormes reservas de recursos naturales, como petróleo y gas, y además abre
nuevas rutas marítimas que pueden revolucionar el comercio global. El Instituto Geológico de Estados Unidos estima que
bajo la banquisa ártica hay 90.000 millones de barriles de petróleo y 44.000 millones de metros cúbicos de gas natural, lo
que representa el 13% y el 30% de las reservas mundiales no descubiertas.
Principales actores en la disputa
Los países con mayor protagonismo en la disputa territorial son:
● Rusia
● Canadá
● Estados Unidos (por Alaska)
● Dinamarca (por Groenlandia)
● Noruega
Además, aunque no reclama territorio, China tiene una fuerte presencia a través de acuerdos económicos y estratégicos,
especialmente con Rusia y Groenlandia.
Rutas marítimas estratégicas
El deshielo permite que ciertas rutas marítimas estén navegables por más tiempo al año. La más importante es la Ruta
Marítima del Norte, que conecta el océano Atlántico con el Pacífico a través del Ártico. Esta ruta es una alternativa a los
canales de Suez y Panamá, y reduce significativamente el tiempo, el costo y el combustible necesarios para el comercio
internacional. A futuro, se espera que incluso surjan rutas transpolares directas.
Base legal y reclamaciones territoriales
La Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar establece que un país puede ejercer soberanía hasta
320 km más allá de su costa. Sin embargo, si demuestra que su plataforma continental continúa más allá de ese límite,
puede reclamar una extensión adicional ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental.
Un punto clave en esta disputa es la cordillera de Lomonósov, una montaña submarina reclamada por Canadá,
Dinamarca y Rusia como parte de sus plataformas continentales.
Posiciones específicas de los países
● Rusia está invirtiendo fuertemente en la región, modernizando puertos y desarrollando rompehielos
nucleares.
● Canadá defiende sus derechos sobre áreas del Ártico en conflicto con EE. UU. y Dinamarca.
● Noruega tiene menos reservas energéticas en otras regiones, por lo que su interés en el Ártico es vital.
● Estados Unidos tiene conflictos con Canadá sobre ciertas zonas desde la compra de Alaska en 1867.
● China propone una “ruta de la seda polar” para la exportación de minerales estratégicos.
Cambio climático y consecuencias
El calentamiento global está acelerando el deshielo, lo que no solo intensifica las disputas por los recursos y las rutas,
sino que también tiene consecuencias ambientales graves. La región se ve afectada por la descongelación del
permafrost, acidificación oceánica y cambios en los ecosistemas locales. Además, se estima que para 2030 o 2050, el
hielo del Ártico podría desaparecer por completo durante el verano.
Geopolítica del Ártico vs geopolítica ártica
● La geopolítica del Ártico se refiere a la región como un espacio físico que puede analizarse desde la soberanía,
los recursos y las infraestructuras.
● La geopolítica ártica, en cambio, se enfoca en discursos y narrativas, como la cooperación pacífica o los
derechos de los pueblos indígenas.
Un ejemplo de cooperación regional es el Consejo Ártico, formado por los ocho estados árticos: Canadá,
Dinamarca/Groenlandia, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos. Este foro promueve la
cooperación científica y medioambiental, aunque no trata temas militares.
Pueblos indígenas y soberanía
Los pueblos indígenas, como los inuit y los sami, están organizados en consejos que exigen mayor participación y
reconocimiento de sus derechos sobre el territorio, los recursos y su autodeterminación. Un ejemplo es la Declaración
Circumpolar Inuit de 2008, que exige respeto por sus derechos y control sobre su desarrollo político y económico.
Perspectivas a futuro
A pesar de las tensiones, todavía hay espacios de cooperación entre los países involucrados. Sin embargo, el aumento
de las inversiones, el interés global y los cambios ambientales generan incertidumbre. El futuro del Ártico dependerá de
la capacidad de los estados para llegar a acuerdos que equilibren los intereses económicos, geopolíticos y la protección
del medioambiente.