Uploaded by EDUARDO MANUEL ORELLANO ASTOS

Artículo (T. Final)

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EL BUEN SALVAJE Y LA LEYENDA NEGRA COMO CONSTRUCCIONES DE
PREJUICIOS Y DOMINIO CRISTIANO
María Angélica Chiuche Anconeyra
RESUMEN:
Las construcciones del buen salvaje y la leyenda negra en las crónicas de conquista, y cómo
influyeron en la percepción y tratamiento de las culturas indígenas durante la época de la conquista.
Se destaca que estas representaciones extremas fueron utilizadas como herramientas para justificar
el dominio y la explotación de las poblaciones indígenas. El buen salvaje retrataba a los indígenas
como seres ingenuos y necesitados de ser civilizados, mientras que la leyenda negra demonizaba
a los españoles como violentos y crueles. Ambas narrativas dejaron un impacto duradero en la
relación entre los españoles y los pueblos indígenas.
PALABRAS CLAVE:
Buen salvaje, leyenda negra, crónicas de conquista, eurocentrismo, dominio religioso.
ABSTRACT:
The constructions of the good savage and the black legend in the chronicles of the conquest, and
how they influenced the perception and treatment of indigenous cultures during the time of the
conquest. It is emphasized that these extreme representations were used as tools to justify the
domination and exploitation of indigenous populations. The good savage portrayed the indigenous
people as naive and in need of civilization, while the black legend demonized the Spaniards as
violent and cruel. Both narratives left a lasting impact on the relationship between the Spanish and
the indigenous peoples.
KEY WORDS:
Good savage, black legend, chronicles of conquest, Eurocentrism, religious domination.
Introducción
En el contexto de la conquista en América, las crónicas de exploradores y conquistadores jugaron
un papel crucial en la construcción de dos representaciones opuestas pero complementarias: el
«buen salvaje» y la «leyenda negra». Estas representaciones reflejaron las percepciones
eurocentristas y coloniales de la época, influyendo en la forma en que se veía y trataba a las culturas
indígenas. Por un lado, el buen salvaje era una figura idealizada y pasiva, retratada como inocente,
humilde y necesitada de la guía y salvación cristiana. Por otro lado, la leyenda negra demonizaba
al español como cruel y explotador. Ambas imágenes extremas contribuyeron a la dehumanización
y justificación de los abusos hacia las poblaciones indígenas durante la época de la conquista y
dominio.
Las crónicas presentaban al indígena como una figura ingenua y vulnerable, lo que facilitaba la
percepción de los españoles como salvadores y civilizadores. Esta representación idealizada del
buen salvaje permitió justificar la conversión forzada y la explotación de los pueblos indígenas en
nombre de su supuesta liberación y conversión al cristianismo. Por otro lado, la leyenda negra
pintaba a los españoles como violentos y sanguinarios, lo que deshumanizaba a las poblaciones
indígenas y justificaba su subordinación y explotación.
Estas representaciones extremas influyeron profundamente en la percepción y tratamiento de las
culturas indígenas durante la época de la conquista. La visión del buen salvaje llevó a una visión
paternalista y asimétrica de las relaciones entre los españoles y los indígenas, lo que resultó en la
subordinación y opresión de estos últimos. Por otro lado, la leyenda negra legitimó la violencia y
la explotación de los pueblos indígenas como una respuesta necesaria y justa frente a su supuesta
crueldad y salvajismo.
Desarrollo
Los españoles emprendieron expediciones de expansión territorial, búsqueda de riquezas y
reconocimiento de la corona, utilizando la religión como una excusa para cristianizar, liberar y
adoptar a los indios e indígenas. Durante la época de la conquista, la ideología eurocentrista y
colonial se reflejó en las crónicas escritas por los exploradores y conquistadores, quienes
presentaron al indígena como el "buen salvaje", una figura idealizada que necesitaba ser salvado
del paganismo y convertido al cristianismo.
Este proceso de conversión religiosa, en apariencia altruista, en realidad ocultaba motivaciones
económicas y políticas subyacentes. Los españoles buscaban justificar la expansión territorial y el
saqueo de recursos mediante la idea de que estaban liberando a los indígenas de la ignorancia y
salvajismo, proporcionándoles una "civilización" que se ajustaba a sus valores europeos y a la
religión cristiana. De esta manera, se legitimaba el sometimiento de los pueblos indígenas y su
incorporación en el sistema colonial español. La religión se convirtió en una herramienta
estratégica para imponer el control cristiano y mantener la hegemonía española sobre los territorios
recién conquistados, al tiempo que se legitimaban los intereses expansionistas y la explotación de
recursos para el beneficio de la corona y la élite española.
Así, el uso de la excusa de la religión fue una estrategia conveniente para encubrir los verdaderos
propósitos expansionistas y económicos de las expediciones españolas en América. Esta ideología
contribuyó a la perpetuación de prejuicios y estereotipos hacia los pueblos indígenas, justificando
su subordinación y explotación en nombre de la "civilización" y el "progreso" impuestos por los
españoles. Esta narrativa histórica contribuyó a la dominación cristiana y la opresión de las culturas
nativas durante ese período crucial de la historia.
La relevancia e impacto de los distintos libros de crónicas de Indias en el proceso de
descubrimiento del "nuevo mundo", la destrucción de las civilizaciones precolombinas, la
transculturización y el mestizaje fue enorme. Estos registros históricos, elaborados por cronistas
como Gonzalo Fernández de Oviedo, Bernal Díaz del Castillo con su Historia verdadera de la
conquista de la Nueva España, Hernán Cortés, Cristóbal Colón y su Diario y relación de viajes, y
Bartolomé de las Casas con Brevísima relación de la destrucción de las Indias, jugaron un papel
fundamental en la creación y perpetuación de las representaciones del buen salvaje y la leyenda
negra durante la época de la conquista.
Estas crónicas ofrecieron narrativas particulares y sesgadas sobre los encuentros entre españoles e
indígenas, contribuyendo a la creación de estereotipos y prejuicios que influyeron en la percepción
y tratamiento de las culturas indígenas. Por un lado, las crónicas exaltaron la superioridad de la
cultura europea y la misión civilizadora y evangelizadora de los conquistadores, retratando a los
indígenas como seres ingenuos y pasivos que necesitaban ser salvados y cristianizados. Por otro
lado, algunos cronistas críticos, como Bartolomé de las Casas, denunciaron los abusos y la
violencia hacia los indígenas, contribuyendo a la construcción de la leyenda negra que demonizaba
a los españoles como violentos y sanguinarios.
El análisis de estas crónicas permite comprender cómo las representaciones del buen salvaje y la
leyenda negra se entrelazaron y se utilizaron para justificar el dominio cristiano y la explotación
de los pueblos indígenas. Estos registros históricos han dejado un impacto duradero en la
percepción de la conquista y el mestizaje en América, lo que resalta la importancia de abordar
críticamente estas fuentes para una comprensión más completa y precisa de la historia y la
diversidad cultural en el continente.
Se resalta el papel crucial que desempeñó la religión en la conquista a través del Requerimiento,
un documento legal que intentaba legitimar los deseos y regular las conquistas. Este texto era leído
a los indios antes de la invasión de sus territorios y establecía las razones jurídicas para la
dominación española. La religión se convirtió en una herramienta estratégica para justificar la
expansión territorial y el sometimiento de las poblaciones indígenas, presentando la misión
evangelizadora como una forma de "civilizar" y "salvar" a los nativos, mientras ocultaba
verdaderos intereses de dominio y explotación por parte de los conquistadores españoles. Este uso
de la religión como un medio de control y legitimación de la conquista dejó un impacto duradero
en la percepción y tratamiento de las culturas indígenas, contribuyendo a la construcción de las
representaciones del buen salvaje y la leyenda negra.
En cuanto a la construcción del Buen Salvaje se evidencian desde el viaje realizado por Colón a
América y la imagen que pintaba de los indígenas, "todos mancebos, que ninguno vide [sic] de
edad de más de XXX años, muy bien hechos, de muy fermosos [sic] cuerpos y muy buenas caras,
los cabellos gruessos [sic] cuasi como sedas de cola de cavallos [sic] e cortos." (p. 43); "D'ellos
[sic] se pintan de prieto, y d'ellos son de la color de los canarios, ni negros y blancos [..] "Ellos no
traen armas ni las conocen, porque les amostré espadas y las tomavan [sic] por el filo y se cortavan
[sic] con ignorancia." (p.43); "Ellos deven [sic] ser buenos servidores y de buen ingenio, que veo
que muy presto dizen [sic] todo lo que les dezía [sic]. Y creo que ligeramente se harían cristianos,
que me pareció que ninguna secta tenían." (p. 43). Demostrando cómo Colón idealiza a los
indígenas describiéndolos como personas amables, físicamente atractivas y de buen ingenio, lo
que contribuye a la creación de la imagen del buen salvaje. La descripción de los indígenas como
personas nobles y sin malicia se utiliza para justificar su conversión al cristianismo y, al mismo
tiempo, oculta los verdaderos intereses de dominio y explotación detrás de las expediciones de
conquista.
Luego que amaneció, vinieron a la playa muchos d'estos [sic] hombres, todos mancebos,
como dicho tengo, y todos de buena estatura, gente muy fermosa [sic]; los cabellos no
crespos, salvo corredíos y gruesos como sedas de caballo [sic], y todos de la frente y cabeça
[sic] muy ancha más que otra generación que fasta aquí aya [sic] visto; y los ojos muy
fermosos [sic] y no pequeños; y ellos ninguno prieto, salvo de la color de los canarios [..]
Las piernas muy derechas, todos a una mano, y no barriga, salgo muy bien hecha." (p. 44).
Colón también destaca la aparente generosidad de los indígenas y su disposición a recibir objetos
de los españoles, lo que refuerza la idea de que son buenos servidores y candidatos para ser
convertidos al cristianismo. Estas citas ilustran cómo la construcción del buen salvaje se convirtió
en una herramienta retórica para justificar la subyugación de los pueblos indígenas, presentándolos
como seres inferiores que necesitaban ser "civilizados" y guiados por los europeos: "No le
cognozco [sic] secta ninguna y creo que muy presto se tornarían cristianos, porque ellos son de
muy buen entender." (p.50).
Describe también la imagen ingenua y ligeramente infantil en su forma de actuar de los indios
“En fin, todo tomavan [sic] y daban de aquello que tenían de buena voluntad, mas me pareció
que era gente muy pobre de todo." (p.43):
“Yo no dexé [sic] tomar nada ni la valía de un alfilel [sic]. Después se llegaron a nos unos
hombres d'ellos [sic], y uno se llegó a qui [sic] yo di unos cascabeles y unas cuentezillas
[sic] de vidrio y quedó muy contento y muy alegre; porque y la amistad creçiese [sic] más
y lo requiriese algo, le hize pedir agua" (p. 56).
"Algunos d'ellos traían algunos pedaços de oro colgado de la nariz, el cual de buena gana
davan por una cascavel d'estos de pie de gavilano y por cuentezillas de vidrio, mas es tan
poco que no es nada, que es verdad que cualquier poco cosa que se les dé." (p. 57).
Es fundamental analizar la obra de Bartolomé de las Casas, especialmente su Brevísima relación
de la destrucción de las Indias. Las Casas describe a los indígenas como seres inocentes y
humildes, dotados de cualidades virtuosas y espirituales.
Todas estas universas [sic] e infinitas gentes a toto [sic] género crió Dios los más simples,
sin maldades ni dobleces, obedientísimas [sic] y fidelísimas a sus señores naturales e a los
cristianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas e quietas, sin rencillas
ni bollicios [sic], no rijosos, no querulosos [sic], sin rancores, sin odios, sin desear
venganzas, que hay en el mundo. Son asimismo las gentes más delicadas, flacas y tiernas
en complisión [sic] e que menos pueden sufrir trabajos y que más fácilmente mueren de
cualquiera enfermedad, que ni hijos de príncipes e señores entre nosotros, criados en
regalos e delicada vida, no son más delicados que ellos, aunque sean de los que entre ellos
son de linaje de labradores.
Son también gentes paupérrimas y que menos poseen ni quieren poseer de bienes
temporales; e por esto no soberbias, no ambiciosas, no cubdiciosas [sic]. Su comida es tal,
que la de los sanctos padres en el desierto no parece haber sido más estrecha ni menos
deleitosa ni pobre. Sus vestidos, comúnmente, son en cueros, cubiertas sus vergüenzas, e
cuando mucho cúbrense con una manta de algodón, que será como vara y media o dos varas
de lienzo en cuadra. Sus camas son encima de una estera, e cuando mucho, duermen en
unas como redes colgadas, que en lengua de la isla Española llamaban hamacas. (1985, p.
38)
El autor destaca también su docilidad y facilidad para abrazar la fe cristiana, resaltando su potencial
para ser convertidos y evangelizados.
Son esos mesmo [sic] de limpios e desocupados e vivos entendimientos, muy capaces e
dóciles para toda buena doctrina; aptísimos [sic] para recebir [sic] nuestra sancta fee [sic]
católica e ser dotados de virtuosas costumbres, e las que menos impedimientos tienen para
esto, que Dios crió en el mundo. Y son tan importunas desque [sic] una vez comienzan a
tener noticia de las cosas de la fee [sic], para saberlan, y en ejercitar los sacramentos de la
Iglesia y el culto divino, que digo verdad que han menester los religiosos, par sufrillos [sic],
ser dotados por Dios de don muy señalado de paciencia; e, finalmente, yo he oído decir a
muchos seglares españoles de muchos años acá e muchas veces, no pudiendo negar la
bondad que en ellos veen [sic]: «Cierto estas gentes eran las más bienaventuradas del
mundo si solamente conocieran a Dios.»
En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas,
entraron los españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones
cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta
parte, hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazallas [sic], matallas [sic],
angustiallas [sic], afligillas [sic], atormentallas [sic] y destruillas [sic] por las estrañas [sic]
y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras. (p. 38).
En las palabras de Las Casas contribuye a la imagen idealizada de los indígenas, presentándolos
como seres vulnerables y pacíficos que merecen la protección de los españoles. Sin embargo, el
mismo autor también denuncia la crueldad y violencia ejercidas por los cristianos en la conquista
y colonización de las Indias: “de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dirán, en tanto
grado, que habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de ánimas que vimos, no hay hoy de los
naturales de ella doscientas personas.” (p. 39); "De la gran tierra firme somos ciertos que nuestros
españoles los sus crueldades y nefandas obras han despoblado y asolado y que están hoy desiertas"
(p. 39).
Las Casas revela las atrocidades cometidas por los conquistadores, poniendo de relieve la
contradicción entre su supuesta misión de civilizar y cristianizar a los nativos y su comportamiento
despiadado:
Atado a un palo decíale [sic] un religioso de San Francisco, sancto [sic] varón que allí
estaba, algunas cosas de Dios y de nuestra fe, (el cual nunca las había jamás oído), lo que
podía bastar aquel poquillo tiempo que los verdugos le daban, y que si quería creer aquello
que le decía iría al cielo, donde había gloria y eterno descanso, e si no, que había de ir al
infierno a padecer perpetuos tormentos y penas. El, pensando un poco, preguntó al religioso
si iban cristianos al cielo. El religioso le respondió que sí; pero que iban los que eran
buenos. Dijo luego el cacique, sin más pensar, que no quería él ir allá, sino al infierno, por
no estar donde estuviesen y por no ver tan cruel gente. Esta es la fama y honra que Dios e
nuestra fe ha ganado con los cristianos que han ido a las Indias. (p. 54).
Los crímenes fueron tantos y tales que las descripciones cometidas contra los indios resultan muy
crueles:
Desque [sic] tuvo nueva el principal desto [sic], que dije que acabó de asolar a Pánuco, que
venía la dicha buena Real Audiencia, inventó de ir la tierra adentro a descubrir donde
tiranizase, y sacó por fuerza de la provincia de Méjico quince o veinte mil hombres para
que le llevasen, e a los españoles que con él iban, las cargas, de los cuales no volvieron
doscientos, que todos fué [sic] causa que muriesen por allá. Llegó a la provincia de
Mechuacam, que es cuarenta leguas de Méjico, otra tal y tan felice [sic] e tan llena de gente
como la de Méjico, saliéndole a recebir [sic] el rey e señor della [sic] con procesión de
infinita gente e haciéndole mil servicios y regalos; prendió luego al dicho rey, porque tenía
fama de muy rico de oro y plata, e porque le diese muchos tesoros comienza a dalle estos
tormentos el tirano: pónclo [sic] en un cepo por los pies y el cuerpo estendido [sic], e atado
por las manos a un madero; puesto un brasero junto a los pies, e un muchacho, con un
hisopillo mojado en aceite, de cuando en cuando se los rociaba para tostalle [sic] bien los
cueros; de una parte estaba un hombre cruel, que con una ballesta armada apuntábale [sic]
al corazón; de otra, otra con un muy terrible perro bravo echándoselo, que en un credo lo
despedazara, e así lo atormentaron porque descubriese los tesoros que pretendía, basta que,
avisado cierto religioso de Sant Francisco, se lo quitó de las manos; de los cuales tormentos
al fin murió. Y desta [sic] manera atormentaron e mataron a muchos señores e caciques en
aquellas provincias, porque diesen oro y plata. (p. 84)
Las Casas nos permite entender cómo la construcción del buen salvaje y la leyenda negra se
entrelazan en su obra. Mientras idealiza a los indígenas como seres inocentes y virtuosos, al mismo
tiempo denuncia las atrocidades cometidas por los colonizadores, presentando así una perspectiva
más equilibrada sobre el encuentro entre culturas. Esta obra es crucial para comprender cómo los
prejuicios y la ideología dominante influenciaron la percepción y representación de los pueblos
indígenas en el contexto de la conquista de América.
Conclusiones
En conclusión, ambos constructos, reflejaron las percepciones eurocentristas y coloniales de la
época, contribuyendo a la dehumanización y justificación de los abusos hacia las poblaciones
indígenas. Estas narrativas históricas dejaron un impacto duradero en la percepción y tratamiento
de las culturas indígenas durante la época de la conquista y dominio. Es fundamental reconocer
cómo estas construcciones de prejuicios y dominio cristiano afectaron la relación entre los
españoles y los pueblos indígenas, y cómo su legado aún resuena en la comprensión de la historia
y la diversidad cultural en el continente americano.
REFERENCIAS
Casas, B. (1985). Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Madrid. Editorial: Sarpe.
Colón, C. (1985). Diario. Relación de viajes. Madrid. Editorial: Sarpe.
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