🌹 de BooDarkness Es 1967 y Harry está harto de ser aquel chiquillo religioso el cual todos molestan. Ya cansado de Dios fingiendo no oírle, decide tomar otras riendas a escondidas; ¿Qué tan mal podría irle si recurriera al Diablo? ¿Qué tan rápido le oiría éste? Es hora de guardar la biblia y encender las velas rojas. 😈🎻🔥😈 N/A: Bebés, la opinión sobre Dios en el libro no es mía. Entiendan que era una época diferente, Harry es bastante inocente. Por favor, no se ofendan y no discutan sobre sus creencias ni hagan sentir mal al otro. 💔💔 Cada uno es libre de creer lo que quiera mientras no haga daño en el otro. Giuseppe Tartini nació el 8 de abril de 1692 y murió el 26 de febrero de 1770. Era un músico, violinista, compositor de piezas que lograban cautivar a la gente. NADIE habría podido llegar a su nivel, era sumamente insuperable. Más aún con su mejor obra; "La sonata del diablo". Muchos simplemente admiran aquella pieza, otros simplemente no quieren oír de ella, y los pocos que saben la verdad le temen de por vida. El astrónomo francés llamado Jérôme Lalande ha dejado registrado en su libro Voyage d'un François el supuesto encuentro que tuvo Giuseppe con el diablo. Éste último dijo: "Una noche, en 1713, soñé que había hecho un pacto con el Diablo y estaba a mis órdenes. Todo me salía maravillosamente bien; todos mis deseos eran anticipados y satisfechos con creces por mi nuevo sirviente. Ocurrió que, en un momento dado, le di mi violín y lo desafié a que tocara para mí alguna pieza romántica. Mi asombro fue enorme cuando lo escuché tocar, con gran bravura e inteligencia, una sonata tan singular y romántica como nunca antes había oído. Tal fue mi maravilla, éxtasis y deleite que quedé pasmado y una violenta emoción me despertó. Inmediatamente tomé mi violín deseando recordar al menos una parte de lo que recién había escuchado, pero fue en vano. La sonata que compuse entonces es, por lejos, la mejor que jamás he escrito y aún la llamo "La sonata del Diablo", pero resultó tan inferior a lo que había oído en el sueño que me hubiera gustado romper mi violín en pedazos y abandonar la música para siempre…" Giuseppe murió de gangrena años después, y los que estaban a su alrededor juraron oír una leve y apenas audible melodía. Aquella sonata con la que el violinista había sido llevado a la cima, solo que de una forma tan perfecta que las personas temían moverse y dejar de oírla. No porque vivas años significa que el diablo se olvidará de tu alma. No, no. Ahora Giuseppe ha sido condenado a tocar aquella sonata por siempre, con la sangre de sus cortados dedos manchando las suaves y finas cuerdas del precioso instrumento, el cual ardía en llamas mientras la melodía hacía eco en el infierno. 😈🎻🔥😈 Espero les guste el primer prólogo. La sonata la pueden oír en el archivo de multimedia. No tengan miedo, es muy bonita. 💕 1957. El infante de unos seis años de edad jugaba tranquilamente a perseguir las hojas que el viento se llevaba, jamás yéndose tan lejos ya que no le permitían. No era su hogar como para poder irse a lo largo de su patio, o correr fingiendo ser un avión por su gran comedor. No, al menos no hasta un mes. Estaban con su padre, madre y hermana mayor en una cabaña en el campo que habían comprado sus tíos especialmente para pasar la navidad en familia. Todos tenían aquella buena costumbre de reunirse los días festivos, incluso llevándose terriblemente, la religión provocaba que los lazos continuaran resistentes, aún si no estaban de acuerdo. Mientras el niño continuaba persiguiendo las hojas con sus cortas y pálidas piernitas, también intentaba que uno de los tirantes no se deslizara por su hombro. No quería a su madre regañándolo y diciéndole que no lo dejaría jugar más por estar hecho un desastre. Sus pasos se detuvieron de golpe ante un ruido que provino de lo profundo del bosque que se encontraba a unos centímetros del patio en donde él está. El pequeño Harry observa a su alrededor con una expresión confundida y con sus colmillitos mordiendo su labio inferior. ¿Qué fue eso? Un nuevo sonido vuelve a hacerse presente: Pisadas sobre las hojas que caen de los viejos y altos árboles, y le parece ver a alguien estar escondido detrás del tronco de uno. El ceño del infante se frunció. —¿Hola? —Preguntó con voz curiosa e infantil. —¿Hay alguien allí? — Luego de aquella pregunta se sobresalta un poco al notar como una gran y pálida mano con muchos anillos de oro se presenta, apoyándose sobre el tronco, en un lugar visible para el pequeño. Decidió armarse de valor mientras forma puños con sus pequeñas manos, dando dos pasos hacia adelante, pero volviendo a retroceder al notar la mano ajena reafirmar el agarre en el tronco. —¡No me estás asustando para nada! —Intenta ser valiente a pesar de sus ojos llenándose de lágrimas lentamente y su voz temblequeando. — ¡Ni un poquito, así bien chiquito, me asustas! Oh. —Rápidamente se retracta al ver que la mano vuelve a esconderse detrás del tronco. ¡Se ha asustado! Es una persona muy curiosa, pero mientras aferra sus manos a su pecho y oye los acelerados latidos de su corazón, no está realmente seguro si debería avanzar o retroceder. —Lo siento. ¿Yo te asusté? —Da un pequeño paso, viendo la mano volver, pero solo un poco. —Yo no quise. ¿Eres tímido? No te procures, yo soy ami-amigable. —Dice en voz alta el niño con toda la inocencia del mundo, aún un poquito asustado. Pues claro: Él no tiene idea que su futuro se oculta allí detrás. Mordiendo su labio inferior de manera insegura se acerca a pequeños pasos, pero antes de llegar al tronco sus padres lo llaman y solo alcanza a ver a una alta figura oculta en las sombras, y un rostro literalmente borroso. Aterrado a más no poder, simplemente giró sobre sus talones y corrió sin mirar atrás hasta estar dentro de la casa, según él: A salvo. Y no vuelve a salir, ni siquiera quiere ver los copitos caer del precioso cielo por la ventana, incluso si todos sus primos están fuera, jugando en la nieve. No quiere saber nada más del exterior, y tampoco quiere volver a estar solo. Aunque últimamente se siente muy observado. Muy. 1967. // Tiempo después de la invocación. // Los alumnos del instituto corrían felizmente por el patio con césped y trozos de nieve, los cuales usaban para tirarse entre ellos. Yo podría ser uno de esos niños Pensó Harry, pero aquel pensamiento fue olvidado con facilidad, dejándolo nuevamente sumergido en aquella burbuja gris en la que se encontraba. Literalmente, era como uno de esos dibujos en los cuales había una nube gris con lluvia sobre la cabeza de una persona. Había sol, Harry lo sabía, pero veía todo mucho más oscuro. Todo lo era desde... Su sangre se heló en cuanto pudo sentir un suspiro en uno de sus oídos. No estaba seguro porqué le asustaba tanto, ya estaba completamente acostumbrado a tenerlo detrás suyo. Mira, mira, mira, mira. La cabeza del de rizos se giró hacia un grupo de adolescentes, como si alguien hubiese controlado sus movimientos. Lo que él le hizo ver fue como aquellas personas arrojaban rocas en vez de copos de nieve a pobres alumnos mucho más pequeños, del mismo tamaño que él. ¿No te es tentador arrojar una enorme roca en dirección a sus estúpidas cabezas? Sí...eso suena tan bien. Suena excelente, podría hacerlo ahora mismo e irme. Podría... No. No. Una risa comienza a resonar por el lugar, y no es nada parecida a la de los lindos niños con vidas felices. Harry rápidamente se pone de pie y comienza a caminar rápidamente en dirección a la salida. Incluso escapando de la situación, sabe que no puede escapar de él al sentir las pisadas en sus talones. Jamás podrá escapar de su sombra, ni siquiera muerto. Y últimamente dudaba mucho querer hacerlo. Ya el aire fresco chocando contra su rostro al salir no se siente nada bien, parece haber una especie de niebla donde sea que viese, y su oído no deja de pitar. Se está volviendo loco, se está muriendo lentamente y no sabe si hay alguna manera de sentirse bien teniéndolo a su lado. Es como el malestar, incluso su presencia, literalmente, provoca rechazo. ¿Por qué se siente tan conectado a él? ¿Por qué siente que no quiere volver a como era antes? ¿Qué está mal con su cabeza? Cuando menos se da cuenta ha llegado a su casa, tiene los ojos desbordando de lágrimas y no duda en apoyarse contra la puerta principal, tapar su rostro y echarse a llorar. Lo único que se la pasa haciendo últimamente es llorar, y no suele aliviarlo como anteriormente lo hacía. Todo ha cambiado. Siente una presencia al frente y unas manos más grandes que las suyas apartando estas últimas. La figura de Louis está frente a él, el toque de aquella mano sosteniendo su mentón arde levemente, pero lo ignora debido a que siente como su corazón late más deprisa y el color le vuelve un poco a la cara. —Lo que menos quiero en éste basurero es que mi niño favorito llore. — Susurró con calma, aunque no lucía para nada así. Tenía los ojos más abiertos de lo normal, de un leve color bordó. Enojado, estaba enojado. Y cuando el diablo se enoja... ...nada bueno puede ocurrir. —Lo siento. —Rápidamente dice Harry, sorbiendo su nariz y permitiendo que el rey del inframundo le limpie las mejillas lenta y delicadamente. Es increíble como la persona más dañina del mundo puede hacerle sentir más cuidado y seguro que nunca. —¿Fue por lo que metí en tu cabeza? ¿Lo de aquellos niños? —Acercó sus labios a la mojada mejilla del menor y dejó un suave beso. Nuevamente su toque ardió. —Se lo merecían, soy el karma de los idiotas, Harry. Debes entenderlo. —Sí, lo entiendo. Se alejó un poco y quedo bastante cerca de los rojizos y gruesos labios del rizado, casi los rozaba. Harry podía sentir como se le iba el alma poco a poco. —...Creo que es hora de una ducha, niño favorito. —Susurra, sonriendo para sorpresa del menor- de lado al alejarse. Ya se ha acostumbrado a que le llame de esa forma, pero nunca ha podido dejar de sonrojarse como la primera vez. Luego de que Harry asiente, el arcángel se hace a un lado y el mundano se encamina hacia la puerta del sótano, dispuesto a bajar los escalones. Un leve mareo provoca que todo se vuelva más borroso. Una melodía comienza a sonar, gritos y lamentos le dan jaqueca antes de tambalearse y caer, golpeando fuertemente su cabeza y dejándolo en plena oscuridad. Al fin. Dominique-nique-nique era, simplemente, un pobre caminante que iba cantando. En todos los caminos, en todas partes, solo hablaba del buen Dios. Solo hablaba del buen Dios. Cierto día, un hereje le arrojó a unas zarzas, pero nuestro padre Dominique le convirtió nuestra alegría. La francesa y religiosa melodía resonaba en el comedor de aquella enorme y protegida casa. Estaba tan fuerte y se había repetido tantas veces que incluso era bastante pegadiza. Anne y Gemma Styles lavaban los platos entre pequeños tarareos algo desafinados, Des Styles bendecía el hogar entre murmullos bajos, y a cualquiera le sorprendería saber que todos los días era lo mismo. Misma rutina, misma protección de Dios, pero diferente bando. Pues Harry Styles, el menor de la casa, se encontraba encerrado en su habitación del sótano, y mientras todos creían que estaba estudiando o, tal vez orando y repasando la biblia, en realidad se encontraba en el baño de su habitación, con la tina llena de agua caliente, cuatro velas rojas encendidas a su alrededor y a oscuras. Completamente. Él se encontraba semi desnudo, con su pequeño y corto cuerpo dentro del agua, con su suave y pálida piel ardiendo como el infierno. Su respiración estaba agitada, pero intentaba calmarse mientras llevaba su trasero a la punta de la bañera para poder acostarse y meter su cuerpo debajo del agua. Lo hizo, pero aún no estaba preparado para hundirse completamente. Dejó de inhalar, soltando el aire lentamente mientras pensaba mentalmente unas palabras. Eres el rey de las tinieblas, y te entrego mi cuerpo. Para que elijas mi destino hoy. Eres el rey de las tinieblas, y te entrego mi vida. Para que elijas mi destino hoy. Eres mi rey de las tinieblas, y te entrego mi alma. Para que elijas mi destino hoy. Cuando finalizó de decir aquello seis veces, sin siquiera tomar aire nuevamente cerró sus ojos y hundió su cabeza lentamente, soltando unas cuantas burbujas por sus labios mientras sus oídos se tapaban y el ruido del agua se hacía presente. Intentando resistir ante la falta de aire hizo lo posible para mantenerse en el fondo de la tina, abrió sus ojos entre dolorosos parpadeos, intentando acostumbrarse al leve ardor mientras observaba como las luces de las velas siguen de la misma forma. Su pecho arde, le urge respirar y cuando está a punto de volver a salir nota como las luces se esfuman, dejando todo completamente a oscuras. Está funcionando. Sintió su corazón dar un vuelco y burbujas escaparon de su nariz ante el pánico. ¿Realmente está sucediendo? Un cosquilleo se hace presente en su pecho y, luego de contar hasta seis, comienza a dejar el agarre para mantenerse debajo del agua, su cuerpo subiendo un poco más, sin dejarlo pegado al fondo. Tiene que funcionar, tiene que funcionar... De repente siente como si un cuerpo más caliente que el agua se instalara sobre el suyo, manteniendo su espalda pegada al fondo. No puede ni siquiera arquear ésta, algo o alguien lo está abrazando con fuerza. Harry solloza en seco e intenta quedarse tranquilo, saber que nada puede salir mal ya que está realmente pasando lo que había leído en aquel libro bastante oculto en el lado oscuro de la biblioteca de su pueblo. Se abrazó a éste cuerpo que no lograba ver debido a la oscuridad y se limitó a esperar. Solo faltaba perder el conocimiento...y estaba bastante cerca. Aún con sus ojos viendo entre la nubosidad y oscuridad bajo el agua, su mente comienza a nublarse de a poco, sin entender cuáles son sus pensamientos y con la desesperación de querer subir a la superficie, pero ese cálido y pesado cuerpo sobre él no se lo permitía para nada. Iba a morir. Iba a morir. No debió hacerlo. Cuando ya no lo soportó, incluso antes de inhalar perdió la conciencia. Desgraciadamente y, al parecer, murió. Harry despertó de una manera lenta en la bañera, su cuerpo estaba adolorido, ardiendo, y se sentía terriblemente mareado. El sonido del agua le dejaba más atontado, su visión se hacía presente poco a poco y, a pesar de la nubosidad, podía notar que fuera del agua había luz. Un momento... ¿Qué hacía aún bajo el agua? Se desesperó y, apenas salió del agua tosió lo suficiente, jadeando en una profunda inhalación. Incluso la primera respiración se volvió extraña. Era como un malestar en lo profundo de su pecho, como un sentimiento de vértigo todo el tiempo y un pitido en su oído izquierdo que apenas le permitía escuchar con claridad algún otro sonido. Miró alrededor, notando las velas apagadas y la luz del baño prendida. No comprendía. Se acurrucó unos segundos, abrazando sus piernas y temblando, viendo un punto fijo en el agua, la cual ahora estaba helada. Los pensamientos ya no eran tan inconscientes, ahora estaba recordando qué había sucedido y... ...y ya no quería estar más allí. Asustado y algo anonadado salió rápidamente de la bañera, intentando procesar lo ocurrido mientras se envolvía en una toalla y caminaba a tropezones fuera del baño. Apenas abrió la puerta del baño alguien golpeaba la puerta de su habitación urgentemente. El pequeño envolvió mejor su cuerpo con la enorme toalla y caminó a paso torpe hasta la puerta, abriéndola. Su madre lo observó como si acabara de ver al mismísimo diablo. —Jesús. Hijo, ¿Qué te pasó? —El rostro de Harry se contrajo ante la sorpresa y vergüenza de tener algo que no se diera cuenta; Algo así como un moco. —¿Te sientes bien? —¿Qué? ¿Qué tengo? —Susurró, tocando su propia cara y caminando hasta el espejo de la esquina de su cuarto, observando su reflejo mientras sus ojos verdes se agrandaban un poco más de lo normal y sus pupilas se dilataban debido al susto. Se veía pálido como una servilleta, con sus labios secos y lo blanco de los ojos levemente irritado. Mordió su labio inferior y estuvo por hablar, pero una terrible sensación de vértigo lo invadió y, gracias a su madre, no cayó al suelo. —Harry, bebé. —Anne lo sostuvo de la cintura y lo ayudó a caminar hasta la cama, sentándolo y haciendo lo mismo. —¿Te sientes mal? ¿Has comido? —El pequeño de cabello rizado se limitó a asentir mientras su estómago le hacía saber con un leve cosquilleo que se encontraba extremadamente nervioso. Su madre torció la boca mientras le tocaba la frente, suspirando y poniéndose de pie. —Voy a tomarte la temperatura, ponte cómodo. Cuando salió del cuarto Harry no dudó en acostarse de inmediato, suspirando de alivio al no sentirse tan mareado y metiendo un dedo dentro de su oreja izquierda, intentando destaparla, sin éxito. ¿Siquiera estaba tapada? ¿No se supone que debía de sentir como si estuviera hablando dentro de un balde y no como si alguien gritara en su oído? A decir verdad, sonaba como si alguien estuviera tocando la cuerda aguda de un irritante violín. Estaba muy callado y su madre lo notaría si no asimilaba lo que había sucedido: Había hecho el ritual de invocación, había visto como las velas se apagaban por sí solas y había sentido el peso muerto de un cuerpo sobre él. Era lo suficientemente inteligente para saber que si aguantas mucho la respiración te desmayas, podría haber inhalado y haberse ahogado. Entonces, si se ahogó, ¿Cómo es posible que se haya vuelto a levantar? Eso no sucede seguido a nadie, y aún menos si se ve como si realmente hubiera muerto. Su madre volvió luego de unos minutos con un termómetro en su mano izquierda. Comenzó a sacudirlo con fuerza y luego lo puso en la axila de su hijo, tocándole los brazos y mejillas, notablemente preocupada. —¿Mamá? ¿Qué sucede? —Harry preguntó en un débil susurro. La bonita mujer le dedicó una sonrisa. —Nada, cielo. No creo que tengas fiebre, estás...estás congelado. ¿Seguro que comiste? —Tú me viste hoy. Todos comimos antes de ir a la iglesia. —¿No te sientes enfermo, cielo? —Nuevamente el pequeño negó ante aquella pregunta, provocando que sus ricitos mojados se muevan y se peguen contra su rostro. Le estaba mintiendo, se sentía pésimo. Él jamás le había mentido a su madre... —Me voy a cambiar. —Susurró, sentándose lentamente y parpadeando con lentitud, intentando acostumbrarse a la sensación de vértigo. De inmediato su madre se puso de pie, caminando hacia la puerta. — Intenta mantener tu brazo quieto o la temperatura no saldrá bien. —Dijo antes de cerrar la puerta suavemente detrás suyo. Harry suspiró y se refregó los ojos con sus pequeñas y débiles manos antes de abrir las puertas de su armario y tomar su pijama: Una camiseta gris, un pantalón holgado del mismo color y unos calcetines largos y blancos. Cuando terminó, secó su cabello con una toalla y tiró ésta al cesto de ropa sucia. Dio media vuelta y caminó entre balanceos hasta su mesa de noche, tomó el collar plateado con el crucifijo y se lo puso en el cuello, pasándolo por su cabeza como si fuera una prenda de vestir. Era una prenda de vestir para él: Se lo había sacado solo para lo que hizo. Sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Por qué lo hizo? Era obvio. Jamás alguien lo podría culpar. A pesar de que parecía tener una gran vida, con una madre comprensiva y la familia perfecta, cada uno de ellos tenían sus lados oscuros. Su padre...era un buen padre, pero definitivamente era un mal esposo. Una vez el pequeño Harry entró sin permiso a la habitación de sus padres, y su madre lloraba mientras sus manos estaban en una de sus mejillas, la cual estaba roja y levemente hinchada. Su padre se puso pálido y le ordenó al rizado que saliera del cuarto. ¿Dónde estaba Dios para ayudarlo cuando rogó que su padre no vuelva a lastimar a su madre? Su familia eran sus padres y su hermana, Gemma. Luego estaban sus tíos y sus seis primos, los cuales jamás dejaban de molestarlo y decir cosas verdaderamente ofensivas. Todos ellos eran importantes en la iglesia ya que eran el coro de ésta, y tenían voces de ángeles. Lucían como éstos, ya que además de ser bonitos físicamente, también se encargaban de predicar, orar y ayudar a personas enfermas. Pero para ellos Harry era la excepción. Le encantaban molestarlo, empujarlo, culparlo, burlarse y hacerlo sentir como la nada misma. ¿Dónde estaba Dios cuando le hablaba todas las noches, pidiendo cambiar para caerles bien a sus primos y poder, al menos, tener un amigo? Finalmente -y lo peor de todo para el pequeño de rizos- estaba el saber que estaba enfermo, pero no poder hacer nada al respecto. Las mujeres no le atraían, ni siquiera cuando su madre le obligaba llevar al cine a Sidney Preston, la hija del Sacerdote. Esa chica era perfecta y, oh, Harry simplemente no sentía ninguna atracción hacia ella. Sabía que había algo malo con él, sabía que no iba a poder darle a sus padres una familia numerosa porque, simplemente, rogaba jamás tener que tocar a una mujer si era mentira el sentir algún tipo de atención hacia éstas. Sabía que un hijo no era cualquier cosa, y definitivamente no tendría una farsa de familia como la que, poco a poco, se ha dado cuenta que siempre tuvo. ¿Dónde estaba Dios cuando rogaba ser normal? Luego estaban Dylan y Parker, los torpes que le molestaban en la escuela. Ellos eran geniales -según las personas de la escuela- por usar diferentes peinados y tener mucho dinero, también les encantaba usar a Harry como al blanco de su frustración y enojo, de los problemas que no podían resolver. Le pateaban, le empujaban, rompían sus deberes y lo metían en problemas. ¿Dónde estaba Dios cuando le golpeaban vilmente? Fue allí cuando todo se juntó en un problema solo: La escuela y lo vulnerable que se sentía en ella, el cómo su madre se desesperaba por no ser avergonzada por su hijo, "el maricón", sus primos burlándose de su forma de ser, de su forma de sentir y pensar y soñar. Su padre revelando su verdadera cara y el que el único amigo que tenía era Dios...y éste parecía no querer oírlo. Así que decidió tomar sus propias decisiones: pasarse al lado oscuro, probar a la ciencia. Iba a invocar, iba a probar que nada de lo que decían era real, y que, aunque Dios parecía hacer oídos sordos lo estaba escuchando. Pero todo era bastante real, o eso parecía...y estaba asustado. En verdad lo estaba. Su madre volvió a entrar luego de unos largos minutos y se sentó a un lado de él en la cama, le quitó el termómetro entre tarareos de aquella canción Francesa y vio la temperatura, deteniendo toda cosa que se encontraba haciendo y viendo con expresión neutra el pequeño aparato que había puesto debajo del brazo de su hijo. El ceño de Harry se frunció mientras el miedo crecía en su pecho. — ¿Mamá? ¿T-Tengo fiebre? Su madre parpadeó una vez antes de subir la mirada hacia él. Lucía asustada, pero rápidamente dejó escapar una nerviosa risa y sacudió con fuerza el termómetro. —Me daba como si estuvieras sin temperatura, amor. —Dijo entre risitas, volviendo a poner el aparato debajo del brazo de su hijo. —Intenta no moverte, mientras podríamos orar a Dios para que no tengas fiebre. Te hará sentir mejor. Harry amaba orar con su madre, pero tenía un fuerte nudo en la garganta como para hacerlo. —No moví el brazo. —Susurró, bajando la mirada y suspirando entrecortado. Sabía que algo andaba mal. Pasaron los minutos esperando y su madre no dijo ni una palabra hasta que ya se hizo la hora justa y le sacó con tranquilidad el termómetro de debajo del brazo a su hijo. Observó la temperatura y ésta vez sí que estaba pálida. Harry se inclinó e intentó ver qué era lo que marcaba, pero Anne fue más rápida y se puso de pie en un instante. —Voy a buscar otro. —Salió a pasos torpes de la habitación de su hijo, subiendo los escalones de manera apresurada. Una vez que Harry estuvo solo comenzó a observar de manera paranoica a su alrededor, sintiendo como si una mirada fija estuviese sobre su pequeño y delgado cuerpo. Se encogió en su lugar y movió sus pequeños pies hasta que su madre entró nuevamente a la habitación. Observó cada movimiento de la mujer mayor y vio como esta dejó otro termómetro bastante diferente al anterior en su axila. Se acercó a su hijo y le envolvió en sus brazos, comenzando a rezar en voz alta. Harry hubiera sentido tranquilidad si no se sintiera tan mal. —...cura a Harry para que pueda tener fuerzas y sentirse mejor en este hermoso día. Tu fuerza es increíble, señor... —Se detuvo en cuanto el reloj de la pared marcó la hora exacta y se apartó, tomando el termómetro de la axila de su hijo y viendo la temperatura que marcaba en éste. La mano de la mujer comenzó a temblar a la vez que cortaba su respiración, parpadeando rápidamente. El termómetro no tardó en caer sobre la cama de su hijo. —¿Mami? ¿Qué pasa? ¿Qué tienes? —Sollozó Harry. Ya era normal en él asustarse y llorar del miedo. A pesar de ser un adolescente, lucía todo lo contrario. Ni siquiera recibió una respuesta, su madre salió corriendo de la habitación. —¡DES! ¡DEEEEEEEES! ¡AL AUTO, VE AL AUTO! ¡HAY ALGO MAL CON HARRY! —Bien. ¿Harry Ste...Styles? —El nombrado asintió con timidez al Doctor Jenkins. —Tu temperatura está bien, solo te ves un poco mal porque aún no has ingerido azúcar. Te recomiendo comprar una caja de jugo de naranja y algún dulce: Chocolate, una paleta, lo que sea. Te sentirás mejor y verás que no es nada grave. —Le sonrió de manera amplia. Daba un poco de miedo. —¿E-está seguro que no tiene nada? Podr-ría jurar q-que parecía muerto, incluso el t-t-termómetro lo demostró. —Su madre tartamudeó mientras hablaba y se abrazaba a su marido, el cual suspiraba y la acunaba en su pecho. El doctor Jenkins se giró hacia ellos, sonriendo de la misma manera en la cual le sonrió a Harry. —Señor y Señora, les aseguro que su hijo está bien. Es un caso extraño, lo admito, pero está en perfectas condiciones. Para que se queden tranquilos tienen que saber que estamos aquí siempre, y que si algo así o similar a ello llega a suceder pueden venir y lo tendremos veinticuatro horas en observación. ¿Les parece? Los Styles estuvieron de acuerdo, incluso Harry. Cuando iban saliendo y lo saludaron, su doctor lo vio de manera fija y el menor pudo jurar haber visto sus ojos volverse rojos y sus pupilas agrandarse, pero lo ignoró. Tal vez solo se encontraba paranoico por no decir lo que había hecho aquella mañana. Iban por el pasillo del hospital y decidió comprarse una cajita de jugo de naranja de un pequeño puesto que había allí. Su madre le dio un billete y corrió felizmente hasta éste, pidiéndole a la anciana que atendía lo que quería. Le entregó su billete y tomó la caja con el sorbete, dando un sabroso trago. Quítatelo, quítatelo ahora... Fue un susurro claro y escalofriante, como si estuviera realmente cerca de su cuerpo, pero cuando vio a su alrededor no había nadie más que dos mujeres con niños inquietos y sus padres y hermana esperándolo en una esquina, a la salida de aquel lugar. Vio como uno de los niños se le acercaba y le jalaba del pijama, provocando que lo vea. Harry le sonrió con timidez y alzó ambas cejas. ¡Amaba a los niños! —No quiero asustarte, pero...el hombre de negro está diciéndome que necesita que te quites esa cosa del cuello. —Apuntó a su crucifijo. La sonrisa de Harry se borró poco a poco y el miedo se reflejó en su rostro mientras veía fijamente al niño, el cual alza la mirada detrás del rizado, agrandando sus pequeños ojitos marrones a alguien mucho más alto que se encontraba allí. El niño retrocedió para finalmente salir corriendo, Harry solo se giró un poco y caminó apresuradamente, sin girarse ni un segundo a ver qué había detrás suyo. Lo único que ha notado y lo ha dejado más pálido de lo normal es una sombra que sigue a la suya por las paredes: Alta y más oscura. Había pasado un día de lo ocurrido, de aquel extraño accidente en donde Harry no murió, pero parecía muerto y un niño le dijo que se quitara su crucifijo. Sumándole el sentir a alguien viéndolo fijamente, el oír pasos detrás suyos y el continuo pitido en su oreja izquierda. ¿Qué puede decir en su defensa? Nada. Él se lo buscó, él lo quiso y aún lo quiere. Sin embargo, lo asusta...y no se quitará el collar. Según investigó gracias a los libros en la sección oculta de la biblioteca de su pueblo, una vez que se le ignora al espíritu, ya éste se aburre y termina yéndose solo. Pero, ¿Acaso el mismísimo diablo se va? ¿Acaso Harry debía ir a un curandero o algo así? No. ¡Por supuesto que no! Iba a ser valiente, iba a acostumbrarse el vivir con una mirada encima y con un molesto pitido en su oreja, e iba a olvidar toda esa extraña resurrección. Iba a hacer de cuenta que no vio el rojo en los ojos de su doctor y también fingiría que el niño tenía algún tipo de enfermedad mental la cual lo hacía alucinar y ver cosas que no son. ¡Tal vez él podría mentirse a sí mismo y pensar en que estaba enfermo mentalmente! Y lo hizo. Fue entonces aquel día, el segundo, al cual Harry maldijo/bendijo de por vida. Los Styles se dirigían a la iglesia en el Triumph Herald verde de Des. El de rizos llevaba puesta una camiseta blanca, pantalones cortos por arriba de las rodillas de color negro, medias hasta las rodillas blancas y zapatos negros de vestir. Todos dirían que tenía aspecto de niño para tener aquella edad, pero así era la ropa que su madre compraba para él, y al ser pequeño y delgado de cuerpo tampoco le molestaba. Estaba bien, porque la mayoría de las personas de su religioso pueblo se vestían así. Gemma iba con su vestido por las rodillas y zapatos planos blancos. Su madre iba exactamente igual, y su padre de traje, recién salido de la ducha. Todos oían una melodía -obviamente religiosa- que le daba gusto oír a la familia, e incluso se la sabían, pero no eran tan exagerados como para cantarla al unísono. Bueno...un poco. —Oh-oh. —Harry susurró viendo por la ventana un accidente que había a lo lejos, en un borde de la carretera. Gemma intentaba mirar por la ventana de su hermano mientras Anne tapaba su vista y murmuraba en voz baja. Des frunció sus labios y manejó con más velocidad, intentando pasarlo rápido para que no les provoque tristeza o impresión a sus hijos. Harry se acercó más a la ventana, observando a través del vidrio como pasaban y poniéndose pálido como una servilleta al ver algo totalmente negro, alto y de hombros anchos parado a un lado del cuerpo inerte en el suelo. Sin embargo, ningún oficial que se encontraba alrededor le veían. Le pasaban de largo como si fuese lo más normal del mundo. Rápidamente volvió su vista al frente y tragó la bilis que subió por su garganta, pretendiendo que nada había sucedido. Nada ni nadie podría quitar aquella escena de su mente; Al hombre ensangrentado, con su vista perdida y piel morada. A los médicos y policías hablando entre ellos, y aquella figura algo extraña, completamente vestida de negro. —Mamá, Harry está raro. —Dijo Gemma, viendo a su hermano de manera extraña y apartándose un poco, como previniéndose de que le vomite encima. Anne rápidamente se giró y Des se limitó en ver a su hijo por el espejo retrovisor, frunciendo el ceño e intentando disimular la preocupación. —Hazz, bebé. ¿Te sientes bien? ¿Quieres que nos detengamos por un momento? —Su madre preguntó de manera dulce y claramente preocupada, asustada -seguramente- de que su hijo estuviera mal nuevamente. Harry negó rápidamente con la cabeza, bajando la mirada y respirando profundamente. —Está bien, hijo. —Dijo Des, girando el volante hacia la izquierda y comenzando a conducir lentamente para poder estacionarse. —Llegamos. Pídele a Dios que te haga sentir mejor, él va a escucharte. Harry quiere decirle que no es así, que Dios ya no va a escucharlo nunca más, pero solo asiente y se baja del auto cuando éste finalmente dejó de estar en marcha. Todo da vueltas, para prevenir se apoya unos segundos en el auto antes de suspirar y caminar hacia la iglesia a pasos lentos. Un extraño sentimiento al ver “La casa del señor” hace que su cabeza comience a doler de manera leve y su estómago se contraiga bastante, provocando que la bilis suba por su garganta y no le dé ni tiempo para llamar a su madre, teniendo un pequeño espasmo antes de inclinarse y vomitar en el pavimento, en la entrada. Su madre rápidamente llega junto a él y exclama su nombre, asustada mientras sostiene a su hijo para que éste no caiga al suelo. La gente que pasa por allí para entrar a la iglesia o seguir de largo observa con cierto asco, cosa que Harry sabe y lo hace querer morir allí mismo por la vergüenza. —Cariño... —Se lamenta Anne, viendo que su hijo no para de vomitar ni por un segundo y apenas puede inhalar nuevamente. Para Harry se sentía como si estuviese vomitando nada -porque ni siquiera vomitaba comida, era un líquido transparente- y como si alguien le apretara el estómago con fuerza cada vez que intentara inhalar. Fue tanta la desesperación que cayó al suelo de rodillas y jaló con fuerza la falda del vestido de su madre, pidiéndole ayuda. Anne había comenzado a llorar, entrando en pánico y sollozando el nombre de su hijo, Gemma observaba con desesperación a su alrededor al ver a su hermano con el rostro tan rojo, pero el único que reaccionó allí fue Des, el cual tomó a su hijo por debajo de los brazos y lo llevó hasta un lugar más apartado de la iglesia. De inmediato Harry se detuvo y comenzó a respirar entre jadeos, muy asustado como para comenzar a llorar, parpadeando con lentitud mientras su padre lo sentaba en el asiento trasero de su coche y le abanicaba la cara con su propia mano. No era difícil cargarlo ya que el pequeño era lo suficientemente delgado y ligero como una pluma. —Ya, Hazz. Vas a estar bien. ¡Gemma! Toma. —Sacó de su bolsillo trasero dinero y se lo dio a su hija. —Haz algo por tu hermano y compra una botella de agua y alguna golosina. Ésta asiente, tomando el dinero y caminando a paso rápido hacia el pequeño mercado que había a la vuelta. —Estás mejor. Ya puedes respirar, ¿Vale, hijo? No tienes de qué asustarte. Fue un momento feo, pero ya pasó. Harry sollozó de manera seca, sintiéndose triste y sin poder soltar tantas lágrimas como desearía. Sigue asustado, pero agradece ser el mimado de la familia en aquel momento, y agradece el que su padre lo trate de esa forma: Como si fuera un niño, aunque él mismo sabía que, en parte, lo seguía siendo. Quiere volver en el tiempo para no hacer lo que hizo. Si sabía que se sentiría de esa forma no lo hubiera hecho. ¿Dios puede ayudarlo ahora? Su padre lo ve con su entrecejo fruncido y le acaricia la mano con lentitud, a la vez que Harry alza la mirada y ambos se ven fijamente. —Quiero ir a casa. —Dice, parpadeando y dejando caer las únicas dos lágrimas que salieron de sus ojos. Y Des no lo contradice, para nada. Luego de avisarle a Gemma y Anne que llevaría a su hijo a casa y se quedaría a cuidarlo, ambas comienzan a caminar hacia la entrada de la iglesia, sorprendiéndose al encontrarse con el cura de ésta parado allí. —Padre William. ¿Cómo se encuentra en un día tan hermoso como hoy? El hombre de unos cincuenta años le dedicó una sonrisa apenas notable. —Muy bien, gracias. ¿Por qué no se adentran? Son bienvenidas. Éstas asienten y caminan hasta estar dentro, sin embargo, el padre William continúa allí, observando como Des cargaba al indefenso y debilucho niño hacia el auto. Un suspiro escapó de sus labios al notar como una sombra pisaba los talones de ambas personas. —Dios te bendiga, Styles. —Susurró, y creyó que estaría más a salvo de lo que fuese aquella sombra, dentro de la iglesia. Sin dudarlo, se adentró y decidió olvidar el tema por completo. Luego de una riquísima comida que su padre le había preparado ya estaba mucho mejor. Fly me to the moon, let me play among the stars. Let me see what spring is like on A-Jupiter and Mars. In other words, hold my hand. In other words, baby kiss me. Nuevamente estaba en su cuarto, y mientras oía a Frank Sinatra en su tocadiscos con el permiso de su padre -ya que la familia no le dejaba oír más que música religiosa- fue lo suficientemente inteligente para apagar todo y esconder el vinilo en una caja bajo su cama cuando pudo oír en el piso de arriba el cómo su madre, hermana y más personas se adentraban a la casa. Suspiró: He aquí su adorable familia. Volvió a la cama, cubriéndose con las cobijas hasta la cabeza, fingiendo estar dormido. Su madre no tardó nada en entrar a su cuarto, llamándolo y provocando que éste se destapara. —Oh, mi amor. —Anne se lamentó, acercándose a la cama y sentándose en una orilla, abrazando a su hijo. —Cielo, lo siento. Realmente no podía faltar a la iglesia. ¿Te sientes mejor? ¿Necesitas ver un doctor? Harry negó rápidamente, sonriendo a su madre para que ésta se calmara. Era tan dulce. —No, mami. Estoy bien. Me siento muy bien. La mujer sonrió de inmediato. —Le he pedido a Dios por ello, con todas mis fuerzas. Tengo mucha fe, por supuesto que te vas a sentir bien. —No desconfió ni por un segundo en sus palabras, dejando un beso en la frente de su hijo, el cual sí desconfió. —Vale, ya que estás bien necesito que subas y saludes a la familia. La sonrisa se borró de los labios del niño, siendo reemplazado por un pucherito en su labio inferior. —Oh. Vamos, bebé. Solo unos minutos, ¿Si? Luego puedes venir aquí, o ir a cualquier lugar de la casa. Por mí, anda. Y Harry no pudo resistirse. Se puso los zapatos, peinó y tomó a su madre de la mano, siendo guiado fuera del cuarto, escaleras arriba. Una vez llegó a la sala, notó que su padre hablaba amistosamente con sus tíos, ofreciéndoles de una bandeja llena de muffins. Todos tenían sus respectivos tés o cafés. Gemma estaba charlando con sus tías y los primos de Harry tenían su grupo aparte. El niño saludó de manera educada a cada uno de ellos, ignorando apenado el cómo sus familiares fingían hacer arcadas, luego ruidos de llantos y nuevamente arcadas. El crucifijo en el cuello de Harry ardía demasiado sobre su piel, y siempre que sus primos lo fastidiaban de alguna manera, la cadena de éste se calentaba a tal punto que hacía suspirar lastimosamente al niño. Verán, todo hubiese ido mejor si no lo hubieran molestado tanto. —¡Harry! —Su madre regañó completamente molesta, con su ceño fruncido y músculos tensos. Rápidamente señaló hacia la puerta que llevaba al sótano, y el rizado ni siquiera necesitó oír lo que había a continuación, simplemente se giró con culpabilidad y escapó a su cuarto. Una vez allí puede oír a sus primos retorcerse de la risa en su comedor y a sus tíos discutir con sus padres sobre lo que había dicho el niño en plena discusión por no soportar las burlas de sus familiares. “¡Ya verán! ¡Todos los que se burlan de mí las van a pagar! Dios no es el único que ve todo, ¡hay alguien debajo que vendrá pronto!” Esa tontería había enloquecido a todos en la casa. Pero Harry no tenía la culpa; Demonios, no. Él le había rogado a Dios cada día por no recibir burlas de sus primos, por cambiarlos a ellos o cambiar algo en él para que ya no lo lastimen, pero nada jamás cambió: Siempre era igual. Dios no lo ayudó, el niño se sintió solo y...acudió a otros mundos. Nada había ocurrido aún, pero Harry podía sentirlo: Podía sentir la presencia de algo, algo que desesperadamente quería salir, pero una cosa se lo impedía. Sin embargo, ese algo sabía que, pronto, el pequeño se daría cuenta y le daría el paso para comenzar con su trabajo. Era como tener a alguien respirando en tu nuca, la sensación de mirar hacia atrás por sentir una mirada fija en ti. Incluso mucho más incómodo. Escalofríos donde se encuentre, a cada minuto. No importaba, porque Harry podría soportar cualquier cosa que le hicieran con tal de saber que algo así existía. Pero ahora mismo se encuentra muy triste, sin necesidad de fijarse en todos aquellos síntomas que prueban lo irreal. Se tira en su cama, poniéndose de manera fetal y llorando más fuerte. Hay algo que no lo deja respirar y debe detenerse de vez en cuando. Parece como si hubieran manos aferradas a su cuello que, de vez en cuando le dan unos masajitos, pero, de repente, lo aprietan tan fuerte que tiene que jadear por aire Con su ceño fruncido se sienta lentamente, dejando que las lágrimas fluyan por sus mejillas y comenzando a jadear por oxígeno lentamente. No lo entiende, es como si su garganta se estuviese cerrando. Él no era alérgico a nada. Quiere gritar o llamar a sus padres, pero su voz se ha perdido en el mismísimo aire. Rápidamente se abre apenas su camiseta blanca y comienza a entrar en pánico al notar que nada sucede. Debido a la desesperación, no tiene otra opción más que arrancarse el crucifijo del cuello y levantarse con desesperación para encaminarse hacia la pequeña ventana que casi llegaba al techo, intentando abrirla, aunque era casi imposible debido a la altura. El aire vuelve muy de golpe, aunque ya es tarde para no sentirse mareado: Sus ojos se cierran y su cuerpo se balancea hacia atrás, pero cuando cree que está a punto de caer unos fuertes y cálidos brazos lo sostienen por detrás. La respiración de la otra persona choca contra su cuello, haciéndolo tranquilizarse y ponerse nervioso a la vez. No sabe quién es, pero lo sospecha, y eso le pone los pelos de punta. —Te tengo. —Le susurra una voz escalofriante, provocando que sienta una sensación extraña en el pecho. Los brazos de aquel cruel supuesto mito lo hacían sentir bien, incluso emanando malestar por cada uno de sus poros. Por alguna razón, no estaba tan asustado. Sin embargo... ¿Debería? Habría que averiguarlo. La respiración de Harry aumentó al igual que su ritmo cardíaco. Incluso sintiéndose como si estuviese muerto, podía jurar que si no moría allí mismo era por pura suerte. Sintió el como algo acariciaba su cuello, y luego dos cosas se posicionaban en sus caderas, sosteniéndolo. Bajó la mirada y, a pesar de estar anonadado, pudo procesar el que aquellas cosas eran manos. Manos de hombre, manos humanas. ¿Acaso la cosa que estaba detrás suyo era humano? Sintió un aliento cerca de su oreja izquierda, su piel se erizó y sus ojos volvieron a cerrarse con fuerza. —No podía esperar a que te quitaras esa mierdecilla del cuello. —La voz era normal, nada maligno ni tampoco llena de ira, aunque tenía algo que provocaba escalofríos. Tal vez era la tranquilidad, o el silencio ensordecedor que se formaba cuando se hacía presente. El aliento de Harry se cortaba, sentía que iba a morirse. Iba a morirse de en serio. —¿Listo? —El niño intentó tragar saliva, pero apenas podía pasar aire por su garganta y nariz. Iba a girarlo, e iba a asustarse porque nada bueno puede venir del diablo. Nada bonito, nada angelical. Solo perturbador. Horroroso. Continuó con sus ojos cerrados fuertemente en cuanto las manos en sus caderas lo hicieron girar, quedando frente a la cosa. Solamente se oían las respiraciones en aquel cuarto, los murmullos y las pisadas del piso de arriba. Debía de abrir los ojos, debía de esperar lo peor. Lentamente abrió los ojos, y el aliento quedó atrapado en su garganta, admirando al mal personificado frente a su pequeño cuerpo. No había nada parecido a un ente rojo con cuernos y larga cola, tampoco había un rostro o cuerpo espantosamente infernal. Mucho menos había algo que fuese horroroso... ...Simplemente era un humano. El humano/demonio más precioso que alguna vez vio. Tés pálida, figura alta y delgada. Cabello oscuro, lacio y corto, labios finos pero rojos como la sangre, nariz corta, mandíbula marcada, cejas arqueadas y, Dios bendito, sus ojos. Tan celestes como el cielo, aparentando un hogar de ángeles en éstos. Sin embargo, un cuarto de uno de éstos era de un bordó, en el cual se refugiaban miles de almas. Las pupilas de éste ser estaban dilatadas, pero eran los ojos más hermosos que Harry alguna vez vio. Vale. Daba miedo. Daba miedo porque, claramente se podía sentir el malestar al estar cerca, y su profunda mirada daba escalofríos. Iba todo de negro: Una camisa abotonada hasta arriba, de mangas largas, unos pantalones y unos zapatos bastante lustrados, los cuales lucían nuevos. Los anillos de oro en cada dedo del arcángel le hicieron viajar a un vago recuerdo: Sabía que alguna vez vio a alguien así, con muchas joyas, pero no recordaba cómo. Ni quería. La cabeza de la alta y oscura figura se ladeó, Harry ya no tenía idea si estaba en shock por el miedo o por la belleza de lo-que-sea-que-fuese que estaba frente a él. —... ¿Cómo es que un niñito como tú ha terminado llamando a alguien como yo? Debe ser importante. —Asintió lentamente luego de decir aquello. Harry continuó sin decir nada, intentando inhalar. ¡Di algo tú, torpe! Una brusca inhalación provocó que el supuesto rey de las tinieblas fingiera sorprenderse, alzando ambas cejas, manteniendo la perfecta seriedad en su bello rostro. —Y-yo... —Fue interrumpido por unos golpes en la puerta de su habitación, haciéndole sobresaltar y ver hacia allí. —Hey, primo. ¿Sigues conversando con el diablo? —Muchas risas se hicieron presentes. No había una sola persona detrás de aquella puerta, obviamente. —Dice tu madre que subas a comer pastel, tenemos una rebanada para Sati también. —Y para cualquier amigo imaginario que desees tener. —Porque los maricones no tienen amigos reales. —Y más risas. La respiración del niño con rizos se vuelve a entrecortar, sus ojos verdosos no tardan en llenarse de lágrimas, un puchero tembloroso se hace presente en sus labios y, pronto, un llanto bajo y doloroso acaba con el silencio en la habitación. El diablo continúa viendo hacia la puerta con una expresión neutra antes de ver a Harry, importándole poco el que esté llorando de aquella manera. —Los castrati. —Dice, y a pesar de que Harry no comprende, asiente simplemente para que el Señor Diablo no sienta que no lo ha escuchado. Es chistoso el cómo es amable hasta con el ser más vil de la existencia. Los primos de Harry continúan diciendo cosas hirientes, y es cuando Harry solloza -por primera vez- ruidosamente que el arcángel parece darse cuenta de aquello. Claro que sabía, solo estaba embriagado por el aroma a angustia y dolor que había en aquella habitación. —Hey, no, no, no. Shh. —Masajeó con sequedad la espalda baja de Harry, ya que a pesar de que el humano se ha girado, no ha dejado de ser sostenido. —No hay que llorar, no somos cobardes para llorar, ¿Verdad? —Debido al terror, el niño de rizos negó lentamente con la cabeza, sorbiendo su nariz y limpiando los rastros de lágrimas en sus mejillas antes de alzar la mirada. El diablo continúa con su expresión neutra, sus ojos celestes y un cuarto bordó están fijos en un punto de la habitación, como si estuviese pensando. Pronto mira fijamente al rizado, el cual se sobresalta y baja la mirada. —¿Qué tal sí hago que se caguen encima? Será divertido. Siente la mirada del diablo sobre su rostro, y la situación es tan perturbadora que todo su cuerpo comienza a temblar descontroladamente. Una de las manos de la criatura con forma humana fue alejada de la espalda baja de Harry, rápidamente chasqueando sus dedos. Un ruido asqueroso se hace audible, seguido de muchos más y de preguntas: "¿Qué es ese olor tan nauseabundo?" "...Me hice encima." "... ¿Qué acaba de pasar?" Corridas se hacen presentes, ya están en el piso de arriba y Harry intenta no echarse a reír con fuerza en cuanto su tío se entera del accidente que tuvieron sus primos, comenzando a quejarse del olor y de la comida que fue servida en la casa de los Styles. El diablo sonrió de lado en cuanto Harry tapó su boca con ambas manos, soltando una risita estrangulada, sonrojado. —¿Has oído? Fue divertido. —Dijo, soltando al niño por completo y girándose, comenzando a caminar por la habitación. —No es que haya sido divertido solo porque se cagaron, sino también porque se siente bien cuando avergüenzas a los que se lo merecen. —Al finalizar, se detiene en un rincón de la habitación, quedándose allí de pie y clavando su mirada en los enormes ojos verdes del niño. —¿Verdad? —Yo...n-no lo sé. —Logró decir Harry entre pobres tartamudeos, encogiéndose en su lugar debido a lo intimidado que se sentía. Miró a su alrededor, en el suelo, buscando el crucifijo que anteriormente tenía en su cuello y arrancó. Su madre se lo había obsequiado a los siete años, y desde entonces lo cuidaba con todo su corazón. —Lo destruí. Alzó la mirada al arcángel, el cual ya no sonreía para nada. Estaba serio, con la cabeza levemente inclinada hacia abajo y viéndolo fijamente. Harry no se atrevió a discutir, pero, sin embargo, sintió una puntada en su pecho. El pitido en su oído se hacía mucho más fuerte cuando sus miradas conectaban. —Ya no estás protegido. —Volvió a hablar el diablo, comenzando a acercarse muy lentamente a su presa. El nuevo juguete del diablo, uno completamente diferente. Harry emanaba inocencia por donde fuese, jamás era fingida. Jamás. —Tú me llamaste, y no sabes en lo que te has metido. Harry comenzó a retroceder lentamente. —Yo... El diablo se detuvo y extendió su mano luego de unos segundos, dándole a entender al humano que la tomara. Éste, dudoso y temblando, se aproximó y lo hizo. El tacto quemó levemente, miles de imágenes perturbadoras se hicieron presentes en la mente de Harry por menos de un segundo, tan pronto que incluso dudó que haya sido real. —Tú, Harry Styles, eres la primera persona que me vende su alma de la manera más pura que conozco. Sin embargo, aún tú no lo sabes. El rostro del rizado se puso aún más blanco. Aquello era cierto: Harry aún no sabía por qué había invocado a tan vil ser pero, sin embargo, también sabía que, muy en el fondo, estaba decidido por algo. Sólo tenía que averiguarlo. —Así como has sido un niño valiente al dejarme ahogarte cuando me aceptaste como tu rey, vas a ser un niño valiente cuando duermas y esté en un rincón de tu habitación, cuando respires y me puedas ver de reojo, observándote. —Se acercó un poco más a Harry, viéndolo tan fijamente que éste último comenzó a sentir pánico. —Voy a hacer lo que pediste cuando me llamaste, y a cambio de eso...voy a llevarme tu alma. Todo nuevamente fue silencio por unos segundos. —Es importante que sepas que tu Dios ya no te protegerá más. —Alzó ambas cejas, y una de las comisuras de sus labios se alzó un poco. —Tú ahora eres mío. El arrepentimiento y horror recorrían cada parte de su cuerpo, y cuando estuvo a punto de responder unos golpes se hicieron presentes en su puerta. Cuando vio ésta y luego quiso ver al diablo frente a él, ya había desaparecido. Pero Harry sabía que estaba allí, lo veía de reojo. Se mantuvo todo el día aferrado al brazo de su madre con la excusa de querer pasar un rato con ella. La ayudó a hacer la merienda, limpiar la casa y hasta a hacer la cena en cuanto se hizo de noche. Cuando estuvieron en sus respectivos lugares, Des sugirió que sería buena idea el que Harry comenzara la oración. ¡Pues sí! ¡Claro! Harry amaría hacerlo. Ya lo había hecho antes, solía gustarle. Pero ya no. La protección del Señor no estaba en él, y estaba más que seguro que si decía algo iba a terminar vomitando a lo loco. —Yo...lo siento, padre. No me siento muy bien para hacerlo, ¿Podrías, Gemma? —Harry observó a su hermana la cual, encantada, comenzó a orar. —Señor, gracias por la comida que nos das cada día. Te agradecemos infinitamente por tu gran misericordia al poner un plato en nuestra mesa... Nuevamente, Harry vomitó. Afortunadamente, pudo llegar al baño antes de hacerlo frente a su familia. Se arrodilló frente al retrete y soltó una arcada antes de que líquido transparente saliera de su boca. Agua, nada más que aquello y todo era debido a que no había comido nada desde que vomitó en la tarde. Enjuagó su boca, intentando tranquilizarse, sin verse al espejo debido a que sabía que tenía a alguien detrás. Salió y fue a la mesa: Gemma había terminado su oración, y Anne veía preocupada a su hijo. —Bebé, ¿Estás bien? —Harry asintió rápidamente, sentándose en su respectivo lugar antes de suspirar y comenzar a comer. Des comentó cosas de la iglesia, cosas que Harry hubiese oído encantado si no fuese porque estaba volviéndose loco. Iba a morir, en unos días, o semanas su familia encontraría su cuerpo inerte en algún lugar. Tarde o temprano el diablo se llevaría su alma, y jamás podría descansar en paz. ¿Era capaz de asimilar aquello? El crucifijo lo protegía. ¿Acaso eso quería decir que Dios existía? ¿Por qué Dios quiso evitar el que viese Harry a la cosa que invocó, cuando pudo haberlo evitado en cuanto el niño le rogó que le ayudara en sus problemas? Era injusto como hasta lo sobrenatural jugaba con su corazón. Finalmente llegó la hora en la que todos iban a ir a sus respectivos cuartos para dormir. Anne acompañaba a su hijo al sótano, oyendo los ruegos de éste porque no quería dormir solo. Para el niño, el sótano ahora era algo muy terrorífico. Sabía que al estar solo el diablo iba a aparecer. Comenzaría a enloquecer, no podría dormir. —Hazzie, no tienes que temer, mi amor. —Su madre lo hizo entrar en la habitación. Éste ya estaba en pijama, rápidamente se metió en la cama y vio alrededor. No había nadie. —Cielo, ¿Viste alguna película de terror? Sabes que tu padre no permite eso aquí. —N-no, no es eso, mami. Tuve...pesadillas. —Se acobijó con ayuda de su madre, la cual le acomodó los rizos. Fue cuando Harry vio su rostro más de cerca que notó un hematoma en su pómulo derecho, pero no lo miró demasiado. —Oh, amor. No te preocupes, esas cosas que te asustan no existen. — Harry solo tragó saliva, dejándose mimar por los besos que daba su madre en su mejilla, provocando que sonría. —¿Quién es mi niño de dulces hoyuelos? —Yo. —Tú, claro que sí. —Dejó un beso en la frente del niño antes de ponerse de pie. Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas y su exhalación fue entrecortada. —Dejaré la luz prendida, solo por hoy. Agradeció aquello, aun intentando disimular el que iba a llorar. —Gracias, mami. Anne abrió la puerta del sótano, saliendo de la habitación no sin antes asomar mitad de su cuerpo para dedicarle una sonrisa a su hijo. —Buenas noches, mi amor. Dios te bendiga, sueña con angelitos. —Y se fue, cerrando la puerta. Un suspiro salió de los labios de Harry, seguido de un gimoteo asustado en cuanto la luz del cuarto se apagó por sí misma. Rápidamente metió todo su cuerpo bajo las mantas, y comenzó a llorar en cuanto unos lentos pero fuertes pasos se hicieron audibles en la habitación, por alrededor de la cama. No. No debía de tener miedo, no debía. ...En realidad sí, pero ya había vendido su alma, ya estaba hecho. Rápidamente se destapó, el cuarto continuaba oscuro, siendo alumbrado por la luz de la luna, la cual entraba por su pequeña ventana. —¿No duermes? —La voz tan cerca provocó que pegué un salto, agitado y negando rápidamente. —N-no. ¿Tú? —No. Exhaló lentamente, aferrándose a las mantas y sintiendo las lágrimas continuar cayendo por sus mejillas. —... ¿D-Donde estás? —Mira la ventana. —La respuesta fue rápida. Cuando vio ésta se acurrucó aún más en su lugar al ver una sombra gracias a la luz de su ventana, en el medio. Podía notar que era él por su cabeza. —Y-yo... ¿Podría... —Se fue recostando en la cama poco a poco hasta quedar con su mejilla recostada sobre la almohada. —...dormir? —Creí que no lo hacías. La figura frente a su ventana y en plena oscuridad continuaba siendo perturbadora, y se preguntaba si el arcángel lo veía a él. —¿Te gustaría...? —Si, en definitiva, estaba loco por lo que iba a preguntar. Dios mío, qué estaba por decir. —Q-Quiero decir, ¿Te importaría...? A ti... ¿Quieres a-acostarte a mi lado? Y-Yo, uhm, no tendría...no tendría ningún problema. No hubo respuesta alguna, simplemente silencio, y la figura continuaba quieta frente a su ventana. Harry creyó haberle ofendido, y se asustó tanto que tapó su cuerpo entero con las mantas y lloró ruidosamente hasta caer dormido en una profunda pesadilla. El diablo, en cambio, continuó de pie en su lugar, neutro. Por primera vez en su existencia no había tenido qué decir, y aunque no lo supo en ese momento, aquel día, luego de que el niño más inocente del planeta le invitara a recostarse para que no estuviera incómodo de pie... ...Aquel día algo latió en su pecho. Unos golpes en la puerta de su habitación provocan que sus ojitos se abran lentamente e intente acurrucarse más en su lugar, necesitando del calor de las cobijas, los cuales lo hacían sentir más pequeño de lo que era. —Harry, cielo. Arriba, debes ir a la escuela. —Oyó la voz de su madre provenir del otro lado de su habitación. —¡Harry, despierta! Anda, bebé. Te preparé el desayuno. —Luego unos pasos en las escaleras y, segundos después, Dominique siendo reproducida nuevamente, una y otra vez. El rizado siente una mirada sobre él mientras intenta conciliar el sueño nuevamente, y recuerda haberse dormido en plena oscuridad, con el diablo parado frente a su cama, simplemente viéndolo. Le arden los ojos de haberse quedado dormido llorando, y el pitido en su oído le saca de quicio. Pero al menos su alma sigue en su cuerpo. En cuanto sus enormes ojos verdes se abren, nota una figura de negro sentada en su cama, a su lado. Observó por unos segundos cada anillo en los largos dedos del diablo, notando los raros símbolos que apenas relucían. Temía alzar la vista para ver su rostro, pero cuando lo hizo simplemente se encontró con una firme mirada sobre él, y al hombre más hermoso de la existencia con un serio semblante. Intentó no ver sus ojos debido a que el pitido en su oreja aumentaba. —¿Te asusté? —Ambas cejas del arcángel se alzan, y su tono es tan sarcástico que Harry tiene que morder su lengua con fuerza y recordar que es un ser infernal para no responder de la misma forma. El rizado negó lentamente antes de suspirar y sentarse en la cama con lentitud. Estaba despeinado, le ardían los ojos y aún sentía malestar. Vio nuevamente al diablo, el cual intentaba verlo fijo. —Buenos días. —Dijo éste, y se inclinó hacia el mundano. La respiración de Harry se cortó y su cuerpo comenzó a temblar, temiendo por lo que podría pasar. Pero, claro: Jamás se hubiese esperado un suave beso en su mejilla de parte del ser más vil del planeta. Aún con la mirada baja, apretó sus labios y se sonrojó, provocando que el diablo sonriera de lado. —Puro...como el veneno. —Simplemente dijo. —¡Harry! —Unos golpes lo hicieron ver la puerta, y ni siquiera tuvo que voltear para saber que el diablo ya no estaba allí. Suspiró y se puso de pie, tomando el uniforme de su escuela y yendo al baño luego de haberle avisado a su madre que estaba despierto. Le costó un poco bañarse, desnudarse y saber que el diablo estaba allí, en alguna parte escondido, viéndolo como vino al mundo. Se duchó con rapidez, lavó bien su cuerpo, buscando el sentirse, de alguna forma, bien. No funcionó. Al salir, se secó y vistió. Los zapatos negros, los pantalones del mismo color, una camisa blanca abotonada y un suéter azul con el logo del instituto. Sus ricitos estaban húmedos, y continuaba con su aspecto de niño muerto. Ya se estaba acostumbrando, y apenas llevaba pocos días de la invocación. Sonaba extraño comentarlo, como si fuese lo más normal del mundo tener al diablo acechando en donde sea. Ya habiendo terminado, fue a su cuarto y preparó su mochila con sus deberes. Notó que había cosas que no había terminado, y mientras se lamentaba comenzaba a pensar en una manera de pedirle las respuestas a Fionn Whitehead, su compañero de clase y coro. Subió los escalones del sótano con las correas de la mochila colgadas en sus pequeños hombros, intentó evitar la canción volviendo a comenzar en el tocadiscos de su sala y caminó hasta la cocina, sentándose en una silla, con su desayuno en la mesa y su hermana en una silla del frente. Luego de que su mamá le diera un beso de buenos días, comenzó a tomar su té y comer el pan con mermelada. Oyó un sonido, pero continuó en lo suyo, hasta que un pedazo de pan fue arrojado a su rostro. —¡Auch! —Se quejó, intentando no hacer berrinche, pero con un pucherito en su labio inferior. Al ver la escena, su madre se dirigió al tocadiscos de la sala y apagó la música. —¿Qué no me oyes? —Su hermana le dijo, algo enfadada, pero a la vez frunciendo su ceño con preocupación. —Oh, lo siento. Yo... —Llevó uno de sus dedos a su oreja izquierda, intentando quitar la sordera. No, todo seguía igual. —...Uhm, se me ha tapado un oído en la ducha. Anne se lleva las manos a su cintura antes de suspirar profundamente, viendo a su hijo fijamente. Éste hace lo mismo y su corazón da un vuelco al ver el violáceo hematoma en la piel del rostro de su madre. —Mami. ¿Qué te ha ocurrido? —Harry no puede evitar preguntar. Ya no está seguro de seguir queriendo evitar el tema. —¿Esto? Oh, sabes como soy, Hazzie. Me golpeo con todo. —Dijo Anne, comenzando a cantar Dominique mientras limpiaba una encimera. Gemma y Harry se observaron fijamente por unos segundos antes de que la mayor de ambos decidiera hablar: —Mamá... ¿Estás segura que te golpeaste? Anne bufó. —Sí, y se acabó el tema. —Ambos chicos quedaron cabizbajos, ya sin intención de que su madre les regañe. —Harry, cielo. ¿Te sientes bien? Estás pálido. Harry asintió en respuesta a la pregunta, terminando su té de un gran sorbo. —No he dormido muy bien anoche. —Simplemente dijo. Y aunque está completamente seguro de haber dormido, sin abrir sus ojos ni por un momento, se siente como si jamás hubiese dormido. —¿Quieres quedarte? Puedes hacerlo, yo te creo. El rizado negó rápidamente, poniéndose de pie. No, por supuesto que no. Ya no quería estar solo nunca más. Tomó una manzana y le dio un mordisco. —No, yo puedo. Tengo examen hoy. —Besó la mejilla de su madre y luego de su hermana. Una bocina se hizo audible fuera de la casa y Harry acomodó las correas de su mochila antes de salir de la cocina. —¡Adiós! —¡Cuídate, cielo! Una vez salió de la casa, se subió a los asientos de atrás y saludó a su padre mientras abrochaba su cinturón. El hombre conducía y charlaba con Harry, como siempre. Le era muy fácil hablar con su padre, podrían conversar de cualquier cosa y estaría bien. Fue de repente, en cuanto su padre reafirmó el agarre al volante, que Harry -por algún motivo- pudo oír los huesos de sus dedos tronar. Un leve sentimiento que no comprendía se instaló en su pecho, y pronto fue creciendo. Lo que sea que le decía su padre ya no importaba. Es más: Ni siquiera quería seguir oyendo su asquerosa voz, deseaba que chocaran y un camión aplastara la parte delantera, en donde éste estaba. Quería... Tragó saliva con fuerza y oyó una voz en su mente. Díselo, díselo. Mueres por decírselo. Imágenes de los hematomas de su madre se hicieron presentes en su mente, al igual que las veces en las que oyó fuertes golpes y a su padre insultar a Anne. Lo observó manejar, entretenido en una charla que no era de dos, y se sintió tan asqueado, tan lleno de odio e impotencia que apenas podía parpadear. Díselo. —Finalmente podremos conseguir las alfombras que queríamos para casa. Así tu tío no tendrá más opc—Hijo de puta. —... ¿Harry? —Su padre no podía creer lo que había salido de la boca de su hijo, incluso creyó haberlo alucinado. El diablo sonrió. —Puto cobarde. El auto se detuvo cerca de la acera, frente al instituto Noorgard. Des se giró lentamente en el asiento y observó fijamente al de cabello rizado, el cual ni siquiera respiraba. —¿Quieres repetirme una vez más qué me has dicho? —Dijo, creyendo que el niño no iba a atreverse a decir una de los insultos anteriores. Seguía sorprendido, sin poder creerlo. —...Maldito hijo de puta. —No titubeó ni un segundo, nada. Ni siquiera se sentía él, más bien, sentía el grito de impotencia atrapado en su garganta. Sentía su espalda sudada y sus manos temblorosas. Des simplemente lo vio fijo antes de bajarse del auto y abrirle la puerta a su hijo, el cual se quedó en su asiento unos segundos antes de salir del auto, sintiendo el frío calar sus huesos. Su padre cerró la puerta con fuerza y acercó su rostro al del niño, quedando frente a frente. —Vete a la escuela. —Le dijo en un seco tono de voz antes de girarse, meterse al auto, encender éste y acelerar con tranquilidad. Fue de inmediato que su ira comenzó a irse y el nudo en su garganta descendió que deseó con todo su corazón estar muerto para no afrontar lo que sucedería luego de la escuela. La ansiedad se quebraba en su pecho mientras sus enormes ojos verdes rogaban por soltar las lágrimas. Su respiración se entrecortaba mientras veía alrededor antes de caminar a pasos rápidos a la escuela. Ni siquiera notó el no haber vomitado al entrar a un lugar supuestamente religioso, su mente solo le decía una cosa: Baño. Necesitaba llegar al baño, encerrarse y buscar una manera de zafarse del enorme problema que causó. Su camino fue bloqueado por un delgado chico de semblante serio y mandíbula marcada. Fionn Whitehead. —Hey, Harry. —Simplemente dijo. —H-Hola Fionn. —Su mandíbula temblaba por sí sola, le era imposible no tartamudear a lo loco mientras se dirigía con el chico hacia alguna parte. —¿Cómo estás? —...Bien. ¿Tú? —Genial. ¿Hiciste algo esta semana? ¿Además de invocar al diablo? No, nada. —Uhm...no. ¿Tú? —Estuve con mi abuela. La conocí, más bien. Ella es genial. —Dijo. El timbre resonó por los pasillos y todos los estudiantes apuraron el paso. —¿Vamos a clases? —Sí, yo...luego te alcanzo, necesito ir al baño. —Vale. —Asintió rápidamente antes de caminar hasta entrar por una puerta, a su respectiva clase. Harry, en cambio, siguió de largo por los blancos pasillos llenos de cuadros y estatuillas con santos. Había silencio, solo se oían a las profesoras dar clases en cada salón, y cuando entró al baño el silencio fue ensordecedor. Se fijó que no hubiera nadie en las cabinas y luego se acercó al lavabo, apoyándose en la encimera de cerámica y viéndose en el enorme y largo espejo. Respiró profundamente un par de veces y se despeinó los ricitos, buscando -de alguna manera- relajarse. Sentirse mejor. La ansiedad no paraba de lastimar su pecho, y fue cuando sollozó secamente que las lágrimas no tardaron en salir. Comenzó a llorar desconsoladamente, temblando de miedo y dando solo un paso hasta pegar su espalda con los fríos azulejos de la pared. La presencia del mal personificado fue inmediata, y ni siquiera tuvo que abrir los ojos para saber que estaba frente a él. Lo hizo solo cuando sintió dos cálidas y enormes manos tomando su rostro, alzando un poco éste. —Sh, sh, sh. —Intentó silenciar, limpiando con sus pulgares los rastros de lágrimas en la suave y pálida piel del niño. —¿Mi niño favorito está asustado? —Harry asintió rápidamente y el diablo negó en un suspiro, como lamentándose. —¿Cómo puede estar asustado, cuando ha hecho cosas peores que faltar el respeto? Harry hipó, negando lentamente y aun sollozando. —N-no entiendes. Yo, é-él... —Entiendo completamente. Tu querido padre se merecía esas palabras de tu parte. ¿Sabes por qué? —Harry negó lentamente. —Porque eres lo que más ama. —...Él es un buen padre. —Golpea a tu madre. —Sigue siendo un buen padre. El arcángel acarició lentamente las mejillas del niño. —¿Acaso es un buen padre alguien que les enseña mal a sus hijos y lo sabe? —Harry bajó la mirada, más triste. Se quedaron unos segundos en silencio hasta que el de cabello rizado decidió hablar: —... ¿Señor Diablo? Una profunda y baja risa brotó de los labios del nombrado. —Señor Diablo, me gusta. Muy original. —Comentó, y Harry se sonrojó más de lo que ya estaba. —Lo siento, yo...no sé cómo llamarle. ¿Lucif...? —Louis. El niño parpadeó, desprevenido. Honestamente, no se esperaba nada así. Se esperaba un nombre más largo, más extraño, único. Louis era común, tanto que si las personas que conocía y se llamaban así supieran que aquel era el nombre del diablo, se harían encima. —Pero...pero en realidad no se llama así, ¿Verdad? —¿Cómo crees que me llamo? —Yo... —Notó la mirada de Louis ir a sus ojos, y continuó intentando mantener la mirada clavada en el suelo. —...Creí que era Satanás. — Susurró, invadido por la vergüenza. —Me llaman por muchos nombres. Tú dime Louis. —Louis. —Tragó saliva ruidosamente. La cercanía entre él y el diablo era demasiada. No pudo evitar alzar la mirada: Sus ojos se encontraron con los del rey del inframundo, el pitido fue mucho más potente e insoportable. Rápidamente bajó la mirada y llevó una mano a éste. —YYo...debo ir a clase. El timbre sonó, anunciando que ya se había perdido la primera clase. ¿Tanto tiempo había estado allí dentro? Supo que el diablo se había ido sin siquiera tener que ver. Lavó sus manos, su rostro, acomodó su cabello y salió del baño. El día iba bastante bien. Si no fuese porque a Harry le esperaba de todo excepto algo bueno cuando llegara a su hogar, diría que fue un día perfecto. Los bravucones habían decidido no molestarlo aquel día, le fue bien en clases y tuvo cosas que hablar con Fionn. Finalmente estaban en la clase de coro, ambos adolescentes en sus respectivos lugares. Debían de entonar una melodía antigua, en otro idioma, y era bastante difícil para los alumnos que decían cualquier cosa o no podían dejar de bromear haciendo sonidos de flatulencias. El maestro estaba disgustado, pero no podía evitar reír de vez en cuando. —De acuerdo, clase. Quiero hacer un anuncio importante así que, por favor, necesito de su atención. —Luego de unos murmullos y pocas risas todos quedaron en silencio, viendo al hombre mayor que dirigía todo aquel grupo de coro. Éste se dirigió hacia su escritorio y tomó un manojo de hojas con algo escrito en ellas, volviendo a donde anteriormente estaba. —Les daré una de éstas hojas a cada uno de ustedes y deberán de mostrarles a sus padres. Es un permiso para ir con dos profesores, incluyéndome, y los alumnos de último año a una pequeña convivencia por unas horas. Será en el bosque más cercano de aquí, ida y vuelta en autobús. Hablaremos sobre muchas cosas para aprender, les enseñaremos a cómo sobrevivir y a cómo debemos convivir. <<Si sus padres o tutor no les dan permiso, simplemente no entreguen el papel. Sin papel, no pueden venir. Si tienen alguna duda pueden venir y consultarlo conmigo o con el profesor Howell, de literatura de último año. Ahora sí, espero que tengan un buen día y Dios los bendiga. Todos los alumnos tomaron un papel y salieron de aquel salón. Era el horario de salida y Harry no podía estar más nervioso. Fionn caminaba a su lado por los pasillos mientras observaba de reojo el papel en su propia mano y negaba lentamente con la cabeza. —Dios mío. No van a dejarme, mi padre es muy protector. Dice que soy alocado, que fumo y bebo cuando no hay nadie alrededor. Las cejas del rizado se alzaron. —¿Lo haces? —...Ese no es el punto. El punto es que voy a tener que rogar para que me deje. —Bufó el adolescente, molesto. —Lo siento, Fionn. —Una vez estuvieron fuera del instituto, su corazón dio un vuelco en cuanto visualizó el coche de su padre, pero con su madre en éste, la cual tenía la vista al frente. —Yo...tengo que irme. N-nos vemos mañana. —Adiós, Harry. Ambos adolescentes tomaron caminos diferentes. Harry apresuró el paso en cuanto notó que su madre encendía el coche. Se subió al asiento copiloto y bajó la mirada. Todo quedó en silencio. El rizado supuso que su madre ya se había enterado de su actitud. —M-mamá... Su madre alzó la vista de golpe, con sus ojos abiertos de par en par. Estaba enojada. Y no solo eso. Estaba golpeada, también. ¿Acaso...su padre la había golpeado porque él lo insultó? Harry comenzó a sollozar antes de que su madre comenzara a gritarle. —¿Cómo pudiste haberle dicho eso a tu padre? ¿Cómo puedes faltarle el respeto a alguien que te cría, y da de comer, y mantiene bajo un techo? —Le apuntó con su dedo índice. —¡Jamás te ha faltado nada! ¡Él te ha dado todo! Te da todo lo que quieras, Harry. ¿Qué pudo haberte hecho para que le dijeras esas terribles cosas? Harry no podía dejar de sollozar, cada vez encogiéndose más en su asiento, sintiendo las lágrimas fluir y no parar de hacerlo. —Y-yo, yo... —Tú eres un malagradecido. No quiero que vuelvas a hablar de aquella manera nunca jamás. Recibirás un castigo por esto y se acaba la conversación aquí, ¿De acuerdo? —Harry asiente de inmediato mientras abrocha su cinturón de seguridad. —Necesitas disciplina. Y no entiende. No entiende porqué su madre le hace sentir que su vida depende de un hombre. No entiende porqué su madre vive como si fuese que siguiera por él. No comprende, y no quiere...y no puede. Finalmente, el auto acelera y ambos van rumbo a la casa. Harry gritaba e intentaba cerrar la boca cada vez que el abrojo del cinturón golpeaba fuertemente contra la piel de su espalda. Eran diez veces, pero su padre, cegado por la ira, no dudó en darle uno más debajo de su ojo izquierdo. Ahora éste estaba morado, y la espalda del niño ardía como mil infiernos. Se encontraba acostado de lado en su cama, sintiendo las lágrimas caer lentamente. Había una taza de chocolate caliente sobre su mesa de noche, y había sido cobijado por su madre. Recibió una disculpa de su padre, el cual le decía que debía de ser disciplinado, que Dios no iba a abrirle las puertas del cielo si el menor se convertía en una mala persona. Lentamente comienza a sentir malestar, y la cama se mueve detrás suyo. Louis está acostado a sus espaldas, su aliento roza la oreja del menor, el cual comienza a sollozar audiblemente. —Dime qué quieres que haga. —M-mi espalda, me duele... —Rompió a llorar apenitas más fuerte, sintiendo una tristeza inmensa en su interior. No quería ser malo. Quería ir al cielo, pero ya no podía. Se congeló en cuanto sintió la cálida mano del diablo colarse por debajo de la camiseta de su pijama, acariciando la piel de su cadera. Subió lentamente por su costilla e inesperadamente la posicionó en su espalda, sobre las heridas. El aire escapó de los pulmones del niño, comenzando a sentir ardor, pero éste se desvaneció de inmediato y su espalda dejó de doler. —Voltéate. —Dijo. Harry lo hizo lentamente, dudando si debería debido a que temía estar alucinando, que su espalda no esté realmente curada y cuando apoyase ésta contra el colchón moriría de dolor. Pero no fue así. Se sintió completamente normal. Una vez frente a frente con el diablo, sin verlo directamente a los ojos, sintió el pulgar de éste debajo de su ojo, en la herida. Acarició un par de veces y el dolor se fue de inmediato, aunque no estaba seguro si el hematoma también. —Yo podría hacer que nadie vuelva a hacerte daño...jamás. —Dijo Louis, bajando su mano a la mejilla de Harry y acariciándola delicadamente. Era extraño que el diablo le hiciera sentirse bien, incluso con el malestar a su alrededor. —Solo tienes que decir mi nombre. Nómbrame, y haré algo al respecto. —E-está bien. Se quedaron en silencio. Era de noche, tarde. Harry no había cenado, y continuaban de la misma manera. —No puedo dormir... —Susurró el pequeño, aunque estaba completamente adormilado, casi cayendo en los brazos de Morfeo. El diablo subió su mano a los rizos de Harry, los probó entre sus dedos y comenzó a acariciarlos lentamente, oyendo un balbuceo de parte del dueño de aquellos bucles para luego oír una respiración pesada y leves ronquidos. Estaba dormido. El diablo lo envolvió con sus brazos, lo refugió en su pecho e inhaló lentamente, absorbiendo poco a poco su alma. Sus ojos están abiertos, pero no puede mover el cuerpo o hablar. Es como estar con el cuerpo dormido y la mente despierta, alerta a lo que puede pasar. La figura altísima y cubierta por una capa negra que está en un rincón es la misma que vio en la carretera cuando ocurrió aquel accidente rumbo a la iglesia. Continuaba allí, como viéndolo debajo de toda aquella oscuridad. Se acercó lentamente al niño, el cual veía de reojo y se le inclinó hasta que estuvo cerca de su oreja. Esta cosa comenzó a susurrar tan bajo que apenas se oía, incluso si lo hacía en su oreja. Hablaba en otro idioma, eso sí podía notarse. Harry sentía escalofríos, la necesidad de respirar hondo, pero sentía a alguien sobre sí. Un peso muerto. Sus ojos estaban llorosos, su voz no salía para llamar a su madre y comenzaba a desesperarse. Finalmente, en un parpadeo comenzó a tener dominio de su cuerpo. Vio alrededor entre lágrimas y aquella cosa enorme y oscura ya no estaba allí, se había ido al igual que el peso sobre su cuerpo. Sollozó asustado y se giró hacia al otro lado al sentir una respiración en su nuca. El diablo le observaba sin ningún tipo de expresión, completamente neutro mientras el niño sollozaba, aún medio adormilado y lleno de pánico que no quería demostrar. —Tuviste una parálisis de sueño. —Dijo Louis, llevando una de sus manos cubiertas de muchos anillos de oro hacia la mejilla del niño, limpiando sus lágrimas y apartando los ricitos rebeldes de su frente. Harry hipó antes de acurrucarse tímida y disimuladamente contra el torso del rey del inframundo, el cual no dudó en envolver en sus brazos el diminuto cuerpo del humano. Ambos estuvieron unos segundos en silencio antes de que el menor suspire de manera profunda y temblorosa. —¿Alguien se salva de ir al infierno? —Preguntó apenitas audible, temiendo a la respuesta que seguramente recibiría. —No. Es por eso que la gente no hace a menudo pactos conmigo. —Dijo con algo de gracia el ente, acariciando con su dedo medio la espalda del niño. —Y tú...me sorprendiste. —¿Lo hice? —Me maravillaste. Nunca vi algo tan puro verse tan bien al hacer un ritual de invocación. Las mejillas de Harry comenzaron a arder ferozmente, su cuerpo quedó inmóvil y su mente viajó al momento en el que decidió hundirse bajo el agua...semi desnudo. Recordó también cuando Louis le había confirmado ser él el cuerpo que lo ahogó con su peso. Pero estaba oscuro, y el diablo no podía ver en la oscuridad... ¿O sí? ¿Acaso el diablo le veía realmente cada segundo? ¿Veía cuando él pasaba el jabón sobre su piel bajo la lluvia artificial de su baño? Supuso que sí debido a que cada vez que Louis estaba cerca sentía malestar y protección, una sensación extraña y un calor agradable. Que suerte que no se podían ver a los ojos, porque si así fuera, luego de Harry saber que probablemente el arcángel que lo envolvía en sus brazos había visto sus partes íntimas, moriría de vergüenza antes que éste pudiese llevarse su alma. —¿Te has llevado el alma de alguien importante? Louis asintió lentamente ante la inocente pregunta de su niño favorito. — Me he llevado el alma de muchas personas importantes. —¿Cuál fue la última? —Marilyn Monroe. —La sangre de Harry se heló. Si no fuese el diablo, ahora mismo lo hubiera echado de su casa, no sin antes decirle lo feo que eso lo hizo sentir. ¡Marilyn Monroe! ¡Su modelo a seguir a escondidas había vendido su alma a éste hermoso diablo! Ella era dulce, y frágil. Justo como él. Al diablo no le importó. Eso le dolía un poco a Harry, porque ya hace días convivía con la presencia de Louis y sabía que le gustaba. Sí, le gustaba el mismísimo diablo. Era imposible no hacerlo porque no solamente era su preciosa apariencia, si no la manera en la que lo hacía sentir. Amaba la protección que sentía, amaba que secara cada una de sus lágrimas, amaba la manera en la que sus fuertes y cálidos brazos lo envolvían. Sin embargo, no era tonto. Últimamente hacía mucho frío, no dormía nada bien, todo lo que veía al cerrar los ojos eran pesadillas y su oído no dejaba de pitar, como si la cuerda más aguda de un violín fuese tocada una y otra vez de la manera más irritante. Además del obvio rechazo a todo lo que tuviese que ver con Dios, sus cambios de humor y la rabia que crecía al hablar con su padre. Sabía que algo estaba mal con él. Era como si su alma se fuese de su cuerpo poco a poco. Intentaba no pensar día a día en el hecho de que, en algún punto, iba a ser solo una desesperada alma atrapada en el pequeño espacio rojo en uno de los ojos del diablo. Y le dolía. —Harry, voy a enseñarte algo: Cada vez que alguien pide por mí, sabe que me llevaré su alma. Es como en el mundo: Cada vez que alguien pide algo a alguien más siempre quieren algo a cambio, pero debes confiar en si lo cumplirán o no, y no puedes pedirle a alguien lo que se te antoje. Conmigo es diferente, es por eso que cuesta llamarme a mí, no es tan fácil. —Yo ni siquiera sé exactamente lo que te he pedido. —Lo pediste, y sigues pidiendo, inconscientemente. Pero no voy a decírtelo, simplemente voy a cumplirlo. Harry no insistió ya que sentía que estaba exigiendo saber mucho. Simplemente decidió hacer una última pregunta: —¿Lou...Louis? —Corrigió rápidamente, ruborizado al haberle puesto apodo al diablo. No debía de tratarlo con tanta confianza. —¿Hay alguna manera en la que no me sienta tan mal? Siento...uhm. Siento como si fuese a desmayarme en cualquier momento, pero nunca lo hago. Louis negó lentamente. —Es parte de esto el sentirte de esa manera. Te acostumbrarás. —Es extraño. Siento feo en mí, pero me siento bien cuando estoy cerca tuyo, como...protegido. La enorme mano repleta de anillos del ente tomó la barbilla del niño, alzándola. Éste último cerró los ojos debido a que no soportaría no verlo a los ojos, y el pitido lo sobresaltaría. No quería apartarse y, además, el diablo aprovechó para admirar las facciones del bello rostro del humano. Era como un precioso y frágil muñeco de porcelana. —Eso es porque estoy aquí. Recuerda mis palabras: Nómbrame y haré algo al respecto. —Harry sintió el aliento de Louis sobre sus labios, su respiración se cortó, pero volvió en cuanto sintió un beso sobre su frente antes de que alejara la mano de su barbilla y volviera a envolverlo con ambos brazos. —Niño, es hora de soñar. Minutos después, Harry volvió a dormirse y revivió todas perturbadoras pesadillas su mente, incluso descansando en paz. las —Buenos días. —Anuncia el rizado en cuanto entra a la cocina. —Buenos días, cariño. —Su madre responde de espaldas, cortando rebanadas de budín de pan y poniéndolas en pequeños y bonitos platos floreados. —¿Cómo has amanecido? —Se giró con uno de los platos en mano. —Dios te bend... —Su voz se cortó y el plato cayó al suelo, haciéndose pedazos en un segundo, todo provocado gracias a la apariencia de su hijo. Se veía diminuto y delgado como siempre, pero sus labios eran del color de una servilleta, al igual que su rostro. El hematoma bajo el ojo gracias a los golpes de su marido seguía allí, pero también tenía unas ojeras moradas. No lucía nada sano, y un nudo se instaló en la garganta de Anne cuando recordó el cambio de temperatura en el cuerpo de su hijo y que el doctor había dicho que si algo más sucedía debían de volver y dejarlo en observación. —¡Mami! Iré por una escoba. —Dijo el adolescente, saliendo de la habitación. Volvió a los segundos con la escoba y una pequeña pala. — ¿Qué sucedió? ¿Por qué soltaste el plato de esa forma? ¿Te lastimaste? ¡Traeré vendas! Anne rápidamente detuvo a su hijo y ambos se vieron fijamente antes de que la mujer negara con lentitud, sin poder creer lo descuidada que había sido con su hijo. Rápidamente lo envolvió en brazos. —¡Oh, cielo! ¿Te sientes bien? ¿Por qué luces así? Desayunemos y vayamos al hospital, ¿Vale? —No, no, no. Estoy bien. —Rápidamente cubrió con una mentira el hecho de que su cuerpo esté en descomposición como si fuese un cadáver. — Estoy bien, solo he dormido muy mal éstos días. —Eso último era verdad. Su madre guardó silencio mientras él barría los vidrios con rapidez antes de tirar los trozos a la basura. Pronto su padre bajó las escaleras y luego su hermana. Todos se sentaron a desayunar, era muy temprano y debían de ir a la iglesia, cosa que preocupaba a Harry. Su padre -al igual que su madre- le preguntó sobre su apariencia, y el adolescente respondió exactamente lo mismo. Se limitó a comer de su desayuno, beber de su jugo exprimido y disfrutar de la compañía de su familia como si fuese la última. Todo iba extrañamente bien. Parpadeó un par de veces en cuanto notó que parecía como si se estuviese haciendo de noche. ¿Pero cómo? ¡Si apenas se levantaba! Observó hacia la ventana más cercana de la cocina y notó el cielo levemente nublado, sin sol, un poco oscuro. Apretó los labios y frunció un poco el ceño antes de volver la vista al frente, parpadeando con rapidez. ¿Era posible que todo se volviera, literalmente, más oscuro desde la llegada de Louis? Oyó como su familia comentaba sobre las cosas que deberían de hacer aquel día, y finalmente hablaban de unos compromisos que tenían en la iglesia. —Harry. —Llamó su padre, y el nombrado lo vio de inmediato. Lucía preocupado. —Iremos a la iglesia, pero tú te quedas aquí a descansar, ¿Está bien? —Ambos asienten lentamente, de acuerdo. Su madre luce más tranquila ante aquello. Por encima de Dominique comienza a sonar el teléfono. Su padre se disculpa antes de ponerse de pie y caminar hacia éste. Por las caras de su madre y hermana Harry puede deducir el que es algo extraño, pero la música y el pitido en su oído no le permiten husmear como las dos mujeres que le hacían compañía. Finalmente, su padre vuelve y se queda observando a su familia antes de sentarse y ver a su esposa. —Cariño, me ha llamado mi hermano. Vendrá él, Jacky y los niños. Dice que quiere que nos disculpemos por haberles dado comida en mal estado. —Suspira antes de apoyar su mano bajo su barbilla. Anne rápidamente apoya una de sus manos sobre las de su marido, y Harry intenta esconder sus ganas de reír gracias a una taza de té tapando su boca al beber. —Oh, amor. Tranquilo. Nosotros sabemos que no hemos hecho nada mal. Pero si quieren una disculpa para seguir siendo una familia, lo haremos. Recuerda que Dios lo ve todo. —Aconsejó su esposa. Des le agradeció con una ligera sonrisa. —Por favor, apenas terminan de desayunar vayan a vestirse para recibir a su familia. Anne, prepara el agua para el té y la bandeja con el budín de pan para el living. Gemma, ayuda a tu madre. Harry, tú descansa un poco y ven unos minutos cuando lleguen tus primos. Al finalizar de recibir las órdenes continuaron desayunando y, finalmente fueron a sus respectivos cuartos para vestirse. Harry lo hizo rápidamente, sonrojado y sin poder dejar de pensar que el diablo rondaba por allí. Hacía frío fuera, pero ya que iba a quedarse dentro de su casa simplemente se puso sus calcetines largos y blancos, shorts de tiro alto con tiradores color negro, camisa blanca abotonada y zapatos negros. Se miró al espejo por unos segundos, acomodando sus ricitos hacia un costado y suspirando. Se veía horrible. —Perfecto, mi niño favorito. —Sonrió de lado al oír la voz de Louis y se giró hacia la izquierda, viéndolo en un rincón del cuarto con una pequeña sonrisa, la cual demostraba de todo excepto algo bueno. Se acercó lentamente a Harry, éste último viendo por el espejo como el diablo lo envolvía en sus brazos desde atrás y se veían a través del reflejo. Su oído no molestaba tanto cuando se veían así, cosa que Harry agradecía, pero, de todas maneras, debía de apartar la vista en un punto. El sonido era insoportable. —Mira cómo me veo... —Se lamentó el rizado en voz baja, cada vez notando más el deterioro en su piel, ojos, cuerpo. Todo. —Te ves emocionado por recibir a tus primos. —Lo giró en sus brazos, quedando frente a frente. —Lo estamos, ¿Verdad? Veamos... ¿Qué les haremos hoy? Harry mordió su labio inferior, bajando la mirada. —Creo que no deberíamos hacer nada... —Comentó, culpable. Ya bastante vergonzoso había sido lo que Louis les había hecho. El silencio reinó unos segundos en la habitación antes de que los brazos del diablo se envolvieran más posesivamente alrededor de la cintura del humano, el cual alzó el rostro, sorprendido y sonrojado. El ente acercó su rostro al del más bajo, rozando sus labios con la suave mejilla del otro. El toque ardía un poco, pero todo era cálido a su alrededor. —Nómbrame...y haré algo al respecto. ¿Por qué no dejaba de repetirlo? Una vez oyeron la puerta abrirse y diferentes voces en su casa ambos alzaron el rostro antes de volver a verse. El diablo lo observó fijo, aunque el pequeño no lo hacía y finalmente lo soltó, dando unos pasos hacia atrás y deteniéndose. Se veía intimidante, neutro y paciente. Harry simplemente se giró y salió, subiendo los escalones y caminando por el pasillo hasta llegar al living, en donde estaban por sentarse sus tíos y primos: Brad, Ben y Bob. Era algo chistoso que todos los nombres comenzaran con “B”, pero Harry no lo admitía porque era una buena persona y no quería burlarse de su familia. —¡Harry! Hola, querido. —Su tía abrió sus brazos a su sobrino favorito y éste último, encantado, se dejó llenar de mimos con una adorable sonrisita. Jacky tomó el rostro del niño y lo observó con su ceño fruncido. —¿Has estado comiendo bien? Mira tú hermosa carita... ¿Qué te ha sucedido en el ojo? —Me golpeé jugando. —Mintió, apartándose para saludar al resto de su familia. Sin poder evitarlo, sonrió de más en cuanto tuvo que darles besos en las mejillas a sus primos, los cuales lo fulminaban con la mirada mientras el más pequeño se sentaba en el sofá. El tío de Harry, Joffrey Styles, observaba a su hermano fijamente, sin siquiera sonreír un poco. Todos ya estaban sentados y se habían quedado completamente en silencio, simplemente mirándose entre sí. —¿Quieren...quisieran budín de pan? —Ofreció Anne amablemente. —Quiero mis disculpas. —Joffrey... —Jacky intervino, aún con su ceño fruncido y observando con desaprobación a su marido. Dirigió sus ojos marrones hacia Anne y le sonrió con amabilidad. —Claro, de seguro está muy rico. Anne estuvo a punto de comenzar a servir, algo incómoda, pero notó que había olvidado los pequeños y bonitos platos floreados en la cocina. Harry de inmediato se puso de pie al notar la ausencia de éstos. —Yo voy. —Dijo, intentando liberarse de la incómoda situación familiar. —De acuerdo, bebé. No olvides los cubiertos y las cucharas para el té. ¡Oh! Fíjate en el refrigerador si ha quedado pastel, tal vez nadie quiera budín de pan. —Dijo su madre. —Nosotros lo ayudaremos. —Dijo Brad poniéndose de pie, siendo seguido por sus otros dos hermanos, los cuales sonreían de una manera falsamente inofensiva. Harry apretó sus labios, nervioso mientras caminaba hacia la cocina y sentía los pasos detrás suyos. La puerta se cerró una vez estuvo dentro y caminó hacia la encimera, haciendo puntitas de pie para intentar alcanzar los platillos de la alacena. Dominique sonaba a gusto en el pasillo, y no pudo evitar comenzar a tararear. Una mano tomó su brazo con fuerza, girándolo y haciendo que vea con sus dos ojos bien abiertos a Brad, el cual se inclinaba de manera amenazadora hacia el rizado. —Mira. No sé qué mierda fue lo que hiciste el otro día. —Comenzó. Harry de inmediato alzó ambas cejas. —¿Yo? ¿Q-Qué hice? —No te hagas el idiota. ¿Cómo crees que sea posible que a los tres a la vez nos haya sucedido? Eres un brujo. —Acusó, refiriéndose a cuando tanto él como sus hermanos se habían ensuciado a la par, al mismo segundo. El ceño de Harry se frunció de golpe, molesto, pero sin dejar los nervios de lado. No le gustaba que lo acusaran, incluso si, en parte, era verdad. —No soy nada de eso. —Se quejó debido al agarre reafirmándose en su pobre brazo el cual, seguramente, ya estaba dañado. —¡No es una casualidad! Eres un brujo y voy a decírselo a tus p... —Un ruido proveniente de un rincón de la habitación lo interrumpió. Todos observaron hacia allí, notando que una de los miles de crucifijo que colgaban en la pared se había caído al suelo. Se quedaron en silencio unos segundos, y el agarre en el brazo de Harry comenzó a esfumarse cuando todos los crucifijos de la habitación comenzaron a temblar. Los primos de Harry retrocedían, asustados. —¿Qué está pasando? —Bob preguntó. Pero, de manera inesperada... ...Todas las cruces se giraron bruscamente, dando la clara señal de que allí dentro no había nada bueno. —¡AAAAAAAAAAAAH! —¡MAMÁAAAAAAAAaAaAaaaaAaAAA! —¡BRUJO, BRUJO! ¡BRUJOOOOO! Los primos de Harry salieron de la habitación, cerrando la puerta tras sí. Harry corrió al refrigerador en cuanto oyó las voces del resto de su familia preguntar qué había sucedido. Tomó el pastel con un brazo y con el otro busco rápidamente cubiertos en el segundo cajón de una de las encimeras. Tomó la cantidad exacta y caminó rápidamente hacia la puerta, viendo de reojo las cruces girarse con rapidez. En cuanto abrió la puerta sus primos comenzaron a gritar nuevamente, apuntándolo e intentando esconderse tras sus padres. —¡ES EL ANTICRISTO! —Ben gritó. —¡YA BASTA, LOS TRES! —Alzó la voz su tío Joffrey, observando a sus hijos. Estaba avergonzado de sus propios retoños. —Su primo no es ningún anticristo. Dejen de molestarlo y avergonzar a su madre y a mí. Estoy harto de ustedes. —¡Papá, lo juramos! —Bob intentó convencer para luego ver a Des. — Hizo que todas las cruces se giraran. Lo juramos, en serio. Ven, vamos a ver. —Tomó la mano de su tío y los tres arrastraron a los hermanos Styles hacia la cocina. —Por el amor de Dios. ¿Qué sucedió, Harry? —Gemma preguntó, preocupada por la terrible actitud de sus primos. Harry se sentó a un lado de su tía, la cual lo veía apenada. Observó a su hermana con un semblante neutro. —Mientras me decían cosas feas una cruz se cayó y se asustaron. —Mintió. —¡Oh, rayos! Olvidé los platitos. — Un pucherito se hace presente en su labio inferior. Su tía ríe antes de avisar que ella iría por ellos, por lo cual se levantó y se dirigió hacia la cocina. Minutos después todos vuelven. Su tío pide disculpas inmediatas por el terrible comportamiento de sus hijos, y también por haber acusado a su familia de dar comida en mal estado. Todo parece bien, excepto por las miradas de sus primos en él. Su tía Jacky los ve y les dirige una mirada asesina, provocando que no lo vean por un largo rato. Harry come de su rebanada de pastel mientras nota de reojo a Louis en un rincón. De inmediato lo ve y, a pesar del constante pitido en su oído izquierdo, éste no aumenta cuando les ve fijamente a los ojos. ¿Acaso desde esa lejanía no podía aumentar? Harry desearía poder verlos más de cerca, descubrir miles de cosas dentro de esos hermosos ojos celestes con un cuarto de rojo. Ambos se ven fijamente, y el niño siente miedo, pero también una desesperante necesidad de ser envuelto por los brazos del rey de las tinieblas. Y nunca creyó que se encontraría en aquella situación, deseando algo tan loco como aquello. Se limitó a ver los ojos de Louis por un largo rato. Éste le devolvía la mirada y lentamente sonreía de lado. Fue entonces cuando Harry volvió la vista al frente para ver a su familia que notó a su hermana fruncir el ceño. De inmediato sus mejillas se volvieron rojas y bajó la mirada a su rebanada de pastel, terminando y dejando el platito en la mesa ratona frente a él para darle un gran sorbo a su té de manzanilla. Finalmente se sentó derecho, de forma educada e intentó escuchar la conversación de su familia, pero, nuevamente, hablaban de Dios. Un chiflido sin melodía alguna se hace presente, Harry parece ser el único que lo oye así que busca con la mirada a Louis, el cual se encuentra detrás de sus primos, los cuales veían de manera paranoica a su alrededor, asustados. Ben, sin embargo, ve fijamente a Harry, el cual intenta disimular el estar notando algo detrás de sus familiares. “Dime qué quieres que les suceda.” Oye en su cabeza. “...Vamos. Será divertido.” Lo primero que se cruza por la cabeza de Harry es la palabra “asustar”, y el diablo sonríe ante aquello. No sonríe porque fuese malvado, porque comparado a lo que ha hecho toda su existencia, aquello es una estupidez. Más bien, sonríe por la verdadera inocencia que está unida al alma de su niño favorito. Sin dejar de ver a éste último, se inclina lentamente hacia la oreja derecha de Ben, el cual es el más paranoico de los tres. Los ojos del ente se vuelven oscuros, sus pupilas se dilatan y la sonrisa que le dirige al niño es lo demasiado escalofriante para erizar su piel. Sin esperar más, un “Boo” demasiado grave y algo distorsionado sale de la boca del diablo. Ben prácticamente vuela del sofá, gritando y comenzando a llorar. Harry se queda en su asiento, asustado por la manera en la que los ojos de Louis se pusieron, y su voz... El hermoso océano en sus ojos había desaparecido, ahora tan solo había una oscura fosa llena de almas. Fue cuando, finalmente, Jofrrey decidió que era hora de llevar a sus hijos a casa, no sin antes observar sospechosamente a su sobrino, el cual corrió la mirada de inmediato. Culpa. Eso era. Cuando sus tíos y primos se fueron, Harry ayudó a su madre a limpiar todo el lugar, oyendo a sus padres comentar el extraño comportamiento de sus sobrinos. Gemma se había terminado de preparar para ir a la iglesia, y Harry comentó que deseaba dormir un poco antes de que sea mediodía y tener que ir a la escuela. Su madre nuevamente le ofreció quedarse en casa, pero éste se negó. Finalmente, cuando estuvo solo simplemente bajó al sótano, a su habitación. Cerró la puerta detrás suyo y se giró, viendo alrededor. No quería volver a ver a Louis así nunca jamás, y aunque le daba miedo llamarlo, necesitaba que sus brazos lo envuelvan...incluso si aquello era pedir mucho al diablo. —¿L-Louis? —Niño. —Harry observó hacia un lado de su habitación al oír la voz provenir de allí, y su corazón comenzó a latir normal en cuanto notó los ojos del ente nuevamente normales. —¿No me digas que eso que huelo en ti es...? —Se acercó mientras comenzó aquella pregunta, quedando de frente. Lo tomó de la cintura e inclinó su rostro al cuello del niño, inhalando profundamente. La piel de Harry se erizó. —Culpa. —Afirmó. Harry bajó la mirada en cuanto el diablo lo observó fijo. Estaba avergonzado de sí mismo, de su comportamiento. —Ellos son...son solo tontos adolescentes. No saben lo que hacen. — Defendió a su familia, incluso sin tener que hacerlo ya que sabía que le hacían la vida casi imposible. —Como dije: Eres puro. —Repitió el diablo, y una sonrisa ladina surgió en sus labios. —Lo noté en tus ojos cuando no parabas de mirarme. Las mejillas de Harry ardían como el mismísimo infierno, pero no pudo evitar sonreír solo un poco mientras su corazón latía rápidamente. — Yo...creo que quiero dormir un poco. —Ladeó su cabeza en cuanto Louis se apartó un poco. Este último le tendió su mano repleta de anillos al niño, y Harry la tomó sin dudar, notando que encajaban perfectamente. El diablo lo guio hacia la cama, lo sentó y se inclinó solamente para quitarle los zapatos y los calcetines con lentitud. Se volvió a poner de pie mientras el humano se acostaba en la cama, dejando un espacio para el ente el cual ni lo dudó y se acostó también, rodeando el cuerpo del niño con uno de sus brazos. Ambos estaban cerca, y a pesar de que Louis le observaba fijamente mientras acariciaba los ricitos de la frente de su niño, éste veía fijamente bien puestos en los gruesos dedos del diablo. En un parpadeo, unas rápidas imágenes se hicieron presente: Bosque, árbol, mano con anillos, ventana y nieve. Frunció su ceño con confusión antes de que sus ojos se cerraran, agotado. —¿Te he conocido antes? —Preguntó con las pocas fuerzas que tenía. Oyó una ronca risa, y se durmió con éstas últimas palabras en su cabeza: —He vigilado tu alma incluso antes de que estuviera en tu cuerpo, y siempre ha sido mía. Fionn y Harry salieron de la clase de coro con sus papeles en mano. El primero nombrado rápidamente se acerca a un cesto de basura del pasillo, hace pedazos la autorización negada y lo tira antes de patear al mismísimo aire y volver al lado de su compañero, el cual veía al frente con la mirada perdida en algún lugar. —Es injusto. Iba a ser un increíble viaje. —Fionn se quejó. No podía creer que no le habían dado permiso de ir a la excursión. ¡Había hecho todo lo que le dijeron! —Lo siento, Fionn. —Dijo, aún algo ausente. Sentía todo ir bien, incluso más bien que antes. No sentía el malestar, y cuando había ido al baño notó en su reflejo verse mucho mejor que antes. Cuando despertó para ir a la escuela Louis no estaba, y en la siesta que tuvo no solo había dormido excelentemente, también había soñado bonito y todo. Todo parecía ir exactamente como antes, excepto por el hecho de que sentía un gran, gran, graaaan vacío en su interior. Y todo por la notable ausencia de Louis. Ni siquiera lo veía de reojo, quería llorar. —¡Y yo! Iba a haber fogata, iban a merodear por el bosque. Ibamos a nadar. ¡A nadar en invierno! ¿Comprendes eso? Harry despertó de su trance al oír aquello. ¿Nadar? Oh, no. No, no, no. —Yo no sé nadar. —Confesó. —¡Pues yo te hubiera enseñado si estuviera allí! —Fionn suspiró, frustrado. Una vez fuera, ambos se quedaron en la entrada esperando a que los recogieran sus respectivos padres. Harry nuevamente notó que el sol no estaba a la vista, pero, sin embargo, podía ver la luz de éste sobre la piel de Fionn. Él, en cambio, no tenía nada más que sombra. —Harry, no te ofendas, pero he querido preguntarte algo todo el día. — Fionn dice, girándose para poder ver al niño de rizos, el cual siente que ha hecho algo malo. Últimamente siente aquello todo el tiempo. —¿Por qué te ves como la mierda? Harry se sonroja ante el insulto y acomoda sus rizos hacia el costado. — Oh, no he dormido bien éstos días, y eso suele arruinarme. —Miente. —¿Qué hay del moretón en tu ojo? —Me golpeé. —Otra mentira más. Fionn alza ambas cejas antes de negar. —Harry, más de la mitad del pueblo recibe dura disciplina de sus padres por mal comportamiento. Créeme, tengo golpes todo el tiempo. —Su tono es desanimado. Finalmente ve al frente y ríe con notable sarcasmo. —Realmente espero que en los siguientes siglos nuestros castigos sean vistos como maltrato, y también sean ilegales. ¿Te imaginas? Me volvería rico. —Fionn, es 1967. No creo que estemos vivos para los siguientes siglos. —No me rompas el corazón de esa manera, Harry. —Ambos chicos ríen. Finalmente se despiden debido a que el padre de Fionn frenó con su coche cerca de la acera. Una vez el auto aceleró Harry suspiró profundamente, cerrando sus ojos. Un malestar se instala de manera desprevenida en su pecho, el pitido de su oreja aumenta un poco y una vez abre los ojos, suspira nuevamente ahora de alivio- al notar al diablo por el rabillo del ojo. —Lou. —Dice, más tranquilo. Ya no tiene miedo de usar el apodo. —Mi niño favorito. ¿Cómo estuviste sin mí? —No te vi al despertar. —Tuve que bajar por unos asuntos. El ceño del niño se frunció, sin comprender. —¿Baj...? —No termina su pregunta debido a que lo comprende casi de inmediato. Bajar, infierno. ¡Claro! —Oh. Bueno... ¿Todo en orden? —Por supuesto. Harry notó el auto de su padre llegar con su madre conduciendo. Esta tenía una amplia sonrisa, el rizado simplemente la mira por unos segundos antes de volver a suspirar. —Te extrañé. —Dice, claramente dirigiéndose al diablo antes de comenzar a caminar rápidamente hacia el auto de su madre. Una vez se sube, siendo bombardeado de preguntas sobre cómo estuvo su día y demás, se siente tranquilo de ir rumbo a su casa con Louis vigilando. Una vez Anne y Harry llegan a la casa, ésta comienza a comentar alegremente el estar preparando lasaña para la cena. Camino a la sala le dice a su hijo que preparará té y algo para comer en la merienda, pero la charla se detiene en cuanto nota a Des, Gemma y Brad sentados sobre el sofá más grande del cuarto. Su primo le sonríe, su hermana tiene los ojos llorosos y su padre parece estar a punto de matarlo. ... ¿Qué estaba sucediendo? Su madre y él se observan antes de volver la vista al frente, confundidos. —Harry, siéntate. —Su padre dice con calma. Oh, no. Ese tono... Harry de inmediato camina al sofá del frente de su familia, es uno individual así que no duda en hacerlo. Se quitó la mochila y la puso a sus pies para luego poner sus manos entrelazadas sobre su regazo, observando con miedo a su padre, el cual no cambiaba la expresión. Finalmente Des alzó su mano, sosteniendo en ésta dos colillas de cigarrillos y uno a medio fumar. También había un encendedor. —¿Qué es esto? El niño parpadea, perplejo. Jamás ha visto a su padre sosteniendo un cigarrillo, es extraño. Tragó saliva antes de responder: —¿C-Cigarrillos? —Tartamudea, temiendo decir algo mal. Su padre se para bruscamente del sofá y da unos pasos hacia su hijo, inclinándose para intimidar lo y acercando los cigarrillos a la cara del niño. —¿Me repites lo que acabas de decirme? Harry observa a su alrededor, buscando a su madre con la mirada, viendo a su hermana luego y finalmente a su primo, el cual cubre sus labios para intentar no reír. Dulce, dulce venganza. Sus ojos verdes se llenan de lágrimas antes de volver a ver fijamente a su padre, el cual tiene su rostro rojo y le tiembla la mano. —P-papá. ¿Qué sucede? —Tragó el sollozo que se avecinaba, intentando ser valiente. Un profundo gruñido sale de la boca de su padre antes de que lo tome por la manga de la camiseta, levantándolo bruscamente del sofá individual y arrastrándolo hasta la cocina, sin molestarse en cerrar la puerta. Lo pone de frente a él y agita los cigarrillos en su cara. —¿Quieres saber qué sucede? —Ríe con sequedad. —¡El irrespetuoso de mi hijo fuma a escondidas como si fuese un traicionero! ¡Un pecador! Anne entra a la cocina, comenzando a llorar. Sabía que esta vez no podría controlar a su marido. Nunca podía. —Des, por favor... —¡Cierra la boca, Anne! Tú... —Apunta a Harry con un dedo índice, respirando profundo antes de exhalar bruscamente, negando con la cabeza. —No puedo creer que me sigas viendo a la cara. —Eso no es mío. —Rápidamente responde Harry con su voz temblorosa, apretando sus labios y entrecerrando sus ojos cuando su padre comienza a agitarlo desde su camiseta. —¡ESTABA EN TU CUARTO, TÚ ERES EL ÚNICO QUE SE LA PASA ALLÍ! —¡Yo no he puesto eso allí! Lo juro. Yo jamás haría eso. —Las lágrimas comienzan a caer por su rostro. Tiene miedo, quiere ir a su habitación y refugiarse en los brazos de... —¡ME HAS PUESTO EN VERGÜENZA FRENTE A NUESTRA FAMILIA! FRENTE A LOS OJOS DE DIOS. ¿QUÉ CREES QUE DIRÁN EN LA IGLESIA SOBRE ESTO? —Nuevamente agita los cigarrillos en la cara del niño. — ¿CREES QUE ACEPTARÁN A UN VAGO FUMADOR Y PECADOR? —¡Yo no fumo! ¡Créeme a mí! —No puedo creerle a un mocoso. Has dicho cosas horribles hacia mí el otro día. —El agarre en el brazo de Harry aumenta. —¿Acaso necesitas más disciplina? —Des, por favor. Él no ha... —¡CIERRA LA BOCA! —Un gemido doloroso sale de los labios de Anne en cuanto Des suelta a su hijo y su palma impacta fuertemente contra la mejilla de su esposa. Harry retrocede rápidamente, comenzando a sollozar más fuerte, asustado. Gemma aparece por el marco de la puerta, analizando la situación y acercándose a su madre, abrazándola y viendo a su padre de manera acusadora, llena de ira, sin saber exactamente qué hacer. Des parpadea por unos segundos antes de volver su vista a su hijo. Sus orificios nasales se agrandan antes de acercarse y tomar los rizos de Harry, arrastrándolo fuera de la cocina. El niño puede oír los sollozos de su madre y los gritos de su hermana, indicándole que se detuviera. Sus pies tropiezan en las escaleras ante el dolor que siente en su cuero cabelludo, se está ahogando en su propio llanto y su vista se oscurece un poco. Parpadea rápidamente al notar luego de unos segundos que está en el cuarto de sus padres, sentado en la punta de la cama de éstos. Des cierra la puerta y se gira para ver a su hijo. Luce tranquilo, y si Harry no lo conociera bien pareciera que iba a pedir perdón. Su padre arroja las colillas de cigarrillo al suelo y lleva el único que está por la mitad a su boca, prendiéndolo gracias al encendedor de su cuarto. Harry intenta no continuar ahogándose con su llanto, ignorando el dolor en su cuero cabelludo y observando con terror a su padre, viéndolo encender el cigarrillo antes de apartarlo de su boca y exhalar el humo. Ambos se quedan viendo por unos segundos, Harry intenta mantenerse callado, pero sabe lo que va a suceder. Des da un paso adelante antes de poner el cigarrillo en posición vertical y decir: —Extiende tu brazo. Los sollozos de Harry vuelven a hacerse presentes mientras niega rápidamente, retrocediendo un poco en la cama, sin fuerzas. —N-no, no. Yo no l-lo hice. —Extiende tu brazo. —Repite su padre, sin dejar de avanzar hacia él. —No, no. Todo pasa muy rápido: Des toma el brazo de Harry con brusquedad, pero éste último llega a proporcionarle una patada en el estómago, alejándolo. Siente que está sin aire, no puede creer que aquello esté sucediendo. —¡LOUIS! ¡LOUIS, LOUIS! Tan solo el primer llamado fue necesario. Su padre estaba avanzando hacia él, pero, de pronto, quedó inmóvil. Exhaló e intentó inhalar, pero no se le hacía fácil. Llevó una mano a su pecho a la par que soltaba los cigarrillos, y en segundos estaba desplomado en el suelo. “Nómbrame y haré algo al respecto.” Un ataque al corazón, esa fue la obra del diablo. Oír el desconsolado llanto de una madre desesperada al haber perdido a su hijo en la sala de espera del hospital no era nada reconfortante para Harry Styles, el cual temblaba en los brazos de su hermana mayor, la cual acariciaba con una mano sus adorables rizos e intentaba consolarlo, diciéndole que nada de lo que había sucedido fue su culpa. Definitivamente todo era su culpa. Bien podría haber aguantado un par de quemaduras en su piel, porque no eran nada a comparación de un ataque al corazón. No hubiese pasado de un castigo, porque su padre jamás podría herirlo con gravedad... ¿O sí? Ambos hermanos vieron a la puerta del frente en cuanto ésta se abrió y su madre salió con una pequeña sonrisa. Harry no sabía si aquello era bueno o malo. Anne se acercó a sus hijos, tomando el asiento de un lado de Gemma y viéndolos. —Niños, no lloren. Su papá está bien, se va a recuperar. —Besó la frente de ambos de sus hijos. —Tienen que rezar y Dios va a arreglarlo todo. Estará en observación esta noche, y se va a recuperar poco a poco. No debe llevarse disgustos, y debe comer saludable. Lo cuidaremos, tranquilos. A pesar de la sonrisita de su madre y el profundo suspiro saliendo de los labios de Gemma, Harry temblaba como una hoja, y tenía el color de ésta. Estaba descompuesto, mareado, disgustado... —Gemma, cielo. Lleva a Harry a la cafetería. —Dijo a la vez que le entregaba dinero a la mayor de los hermanos. —Cómprale un chocolate caliente y una dona. Cómprate algo tú también, es una noche muy fría. Me quedaré aquí, asegúrate que tu hermano esté bien. Gemma asintió y ayudó a su hermano a ponerse de pie y a caminar fuera de la sala de espera. Recorrieron el hospital hasta finalmente llegar a la cafetería. Ésta estaba casi vacía a excepción de unos ancianos en unos asientos de la esquina, bebiendo tazas de café y charlando en voz baja. Gemma dejó a su hermano en un asiento de una mesa de las esquinas y acarició sus rizos. —No me tardo, quédate aquí. —Le dijo antes de ir a pedir la comida. Harry se encogió de hombros, sintiéndose más pequeño de lo que era mientras continuaba temblando. Moría de frío, moría de miedo... ...Moría de ganas de continuar en los brazos de Louis. No se sentía a salvo, estaba desprotegido, y tan nervioso que apenas lo veía de reojo. Era su culpa. Su padre había tenido un ataque al corazón, ya no podrían verse mutuamente a la cara. Su familia sospecharía de él, se preguntarían quién es “Louis” y lo acusaría, para luego matarlo a golpes. Su alma iba a ser arrebatada de la peor manera posible, e incluso sabiendo que acabaría en el infierno, nunca dejó de sentir las ganas de ser envuelto por los brazos del diablo. Lo quería tanto, necesitaba aquello, y más. Necesitaba... Las tazas siendo puestas bruscamente sobre la mesa lo sobresaltaron, interrumpiendo sus pensamientos y acurrucándose más contra su asiento. Su hermana se sentó frente a él y puso el plato con las cuatro enormes donas de chocolate en el medio. —Come, Harry. —Básicamente le ordenó. No iba a negarlo, tenía hambre. Pero sentía que podría vomitar en cualquier momento. La culpa no se iba de su sistema, si al menos pudiese irse con el vómito... Intentando dejar de pensar respiró profundamente antes de sentarse derecho y tomar una dona, dando un mordisco y masticando lentamente. Su hermana suspiró y bebió de su café con crema, relamiendo sus labios luego. —Harry. —Llamó, pero éste continuó con la mirada baja, masticando. — Sé que crees que es tu culpa p—Lo es. —Interrumpió el pequeño. Apenas le salía la voz. Tragó la comida de su boca y dejó la dona sobre la mesa, tomando delicadamente su taza y soplando el contenido antes de darle un sorbo, sintiendo el chocolate arder en su pecho. —Por supuesto que no. —Rápidamente contradijo Gemma. —Papá es violento. Tú lo sabes, mamá lo sabe, yo lo sé. Joder, él lo sabe. —Harry alzó la mirada al oír el insulto. No sabía que su hermana decía palabrotas. —Lo siento. El punto es que...no es un castigo. Él nos hace creer que es un castigo y...Dios bendito, no lo es. —Gemma. N-no... —Nuevamente respiró profundo, intentando calmar su cuerpo. No podía. —...Por favor, no hablemos de ésto. Intento...intento no temblar. —¿Tienes frío? Es porque siempre estás desabrigado. No usas pantalones largos. Es otoño, Harry. ¿Quieres que vaya a casa a por un abrigo? Puedo ir con el auto. No necesitaba un abrigo. Necesitaba sus brazos. —No, no. Yo...necesito ir al baño, ¿Me disculpas? —En cuanto su hermana asintió le dio un último sorbo a la taza y se puso de pie, saliendo de la cafetería. Caminó rápidamente en busca de un baño. Sabía que no era un horario en que se encontraría a alguien allí, lo cual era bueno para él. Había comenzado a llorar silenciosamente, de solo saber que sentiría los brazos de Louis podía casi sentir la protección. Una vez lo encontró se adentró sin dudarlo y cerró la puerta detrás de sí. Miró alrededor y se acercó a los cubículos, notando que ninguno estaba ocupado. De inmediato comenzó a sollozar con fuerza. —¿Louis? —Se giró en cuanto sintió una sombra pasar de reojo. De inmediato caminó hacia el diablo al verlo parado frente a él, y lo abrazó por el torso, sin temer a su hermoso pero inexpresivo semblante. Comenzó a sollozar a lo loco en cuanto sintió los brazos del diablo envolverlo, al principio, con dificultad. —Louis. N-no puedo dejar de temblar... —Sh, sh. —Intenta calmarlo el arcángel, reafirmando el agarre con más seguridad y llevando su nariz a los ricitos del niño, el cual estaba algo despeinado, pero continuaba viéndose adorable. —Vas a dejar de temblar, solo necesitabas estar en mis brazos. —Le dijo, aún sin expresión. Era imposible descifrar lo que éste ser sentía...si es que sentía algo, claro. —Sigue vivo, mi padre. —Le dijo el niño, como si no se hubiese enterado. Se apartó de su pecho para alzar el rostro y ver sus labios, ya que no podía ver sus ojos o el molesto pitido comenzaría a taladrar su cerebro más de lo que ya lo hacía. Sintió un cosquilleo en su estómago en cuanto las manos del diablo tomaron sus mejillas y los dedos pulgares limpiaron con calma sus lágrimas. El niño sollozó. —Va a matarme, Louis. —No va a matarte. —Dijo de inmediato. —Es imbécil, pero no tanto. — Sonrió de lado, como si no hubiese sucedido ninguna tragedia. —No va a querer ni tocarte. —Ben, Brad y Bobby... —Negó lentamente Harry. Sus primos, ellos habían planeado todo. Deseaba darles una lección, una que realmente les quedara clara. Louis volvió a silenciarlo y lo apegó a su pecho, aun sonriendo de lado. —No quiero que mi niño favorito malgaste sus recuerdos pensando en los Castrati. Va a calmarse, respirar y relajarse. ¿Está bien? —Harry asintió, obediente. Y eso al diablo le encantaba. —Ahora te quiero comiendo. —P-pero... —Sorbió su nariz antes de formar un inconsciente puchero con su grueso labio inferior, triste. —¿No vienes conmigo? El diablo rio por la inocencia y pureza que cargaba el niño encima. Nadie querría estar cerca de él, incluso temían nombrarlo, y ahora se encontraba con un pequeño religioso y un poco curioso. Sin poder evitarlo, Louis acercó su rostro al del niño y dejó un suave beso en la comisura de los labios del más bajo, el cual se congeló en su lugar y adaptó un furioso rubor en sus mejillas. —Desearía, pero el deber me llama. Ve. Harry asintió lentamente, limpió sus lágrimas y se soltó del cuerpo del diablo, saliendo por la puerta. Definitivamente se sentía más relajado. Pero no sentía nada correcto. Los ojos del hombre en la camilla del hospital se abrieron lentamente. Tragó saliva, sintiendo su garganta seca. Necesitaba agua, urgente. Suspiró mientras se removía, incómodo. La aguja del suero en su brazo le incomodaba y dolía, necesitaba ver a su familia y saber que todos se encontraban bien, que estaban esperando por él fuera, en la sala de espera. Su mente comenzó a recordar entre la confusa neblina el cómo intentó castigar a su hijo, y de pronto su pecho comenzó a doler demasiado. El aire escapó de sus pulmones, su vista se volvió negra y el golpe en el suelo lo dejó inconsciente. —¿Quieres agua? —Soltó un gemido de susto al haber oído una voz susurrar en su oreja izquierda. Llevó una mano a su pecho e intentó calmar su corazón. No quería tener otro infarto, definitivamente. Nuevamente giró su cabeza y notó entre la nubosidad de su vista algo vestido de negro en la punta de su cama. Su garganta se secó aún más, parpadeó más veces para saber si aquello que veía era real. Finalmente reconoció a un hombre, era un poco más joven que él y tenía unos ojos tan celestes como el mismísimo cielo en un bello día de verano. Sonreía con calma y vestía una camiseta negra abotonada hasta el cuello y unos pantalones del mismo color. —¿Q-quién eres? —Pudo decir, aunque casi no tenía voz. El hombre de inmediato se acercó al lado de Des y tomó de una bandeja que estaba sobre una mesa de un lado de la camilla un pequeño vaso de plástico, el cual estaba lleno de agua. Lo acercó a la boca del paciente y permitió que se lo bebiera todo. Incluso éste sin merecer ni una gota. Al finalizar, dejó con calma el vaso nuevamente en la bandeja y volvió a la punta de la cama, viéndolo. —¿Quién eres? —Nuevamente Des preguntó, perdido. —¿Dónde está mi familia? —Des Styles, yo... —El hombre llevó su mano repleta de anillos de oro a su pecho. —...soy Jesús. Si Des no estuviese algo sedado, definitivamente hubiese tenido otro ataque al corazón. Se quedó observando fijamente al hombre que estaba frente a su camilla, el cual continuaba sonriendo con la misma calma de antes. Definitivamente no esperaba que Jesucristo fuese de aquella manera. Pero... ¿Quién era él para juzgar a su Dios? —¿C...cómo sé que no mientes? —Des, tu creíste en mí cuando salvé a tu hermana de cáncer terminal. — De inmediato el hombre comenzó a llorar, sin poder creerlo. Nadie pudo haber sabido que comenzó a creer en Dios en aquel momento. La vida de su hermana estaba en riesgo, y Dios fue su única oportunidad. —¿Me crees ahora? —Oh, Dios. Mi señor. Alabado sea s... —Se interrumpió en cuanto el hombre de negro alzó una de sus manos y negó lentamente con la cabeza, indicándole que se detuviera. —Mi querido Des. Verás, yo no estoy aquí para charlar. Quiero decir... — Alzó ambas cejas. —...soy Jesucristo, no tu terapeuta. —Des tragó con fuerza, sintiendo dolor en su interior. ¿Este era el hijo de su señor? — Estoy aquí porque intentaste hacer algo muy, muy malo con uno de mis querubines. —¿Q-quer—Tu hijo, para ser exacto. —Caminó alrededor de la cama hasta llegar a un lado de Des nuevamente, viéndolo fijamente. —Casi quemas su piel de porcelana. ¿Te das una idea de lo mucho que planeo acariciar esa piel? Por mí. Lo espero con ansias. —¿Qué? —Miró alrededor, pero le asustaba llamar a alguna enfermera. Le asustaba intentar defenderse. Éste no podía ser Jesucristo, no. —Es una pena. ¿Recuerdas lo que sentías cuando eras un pobre niño y te escondías en el armario para que tu asqueroso padre no te encontrara? Miedo, desesperación de...de ser como él, ¿Verdad? —A pesar de las terribles cosas que decía, todo era calmado, tranquilo. Suave. —Decías “Yo no voy a ser como mi padre” y, joder, eres más que tu padre. Eres peor que tu padre. —Dios te salve, María. Llena eres de gracia. El señor esté contigo... —A éste punto el hombre ya se había dado cuenta con quien trataba. Lo había sentido, pero tuvo la esperanza de que no fuese nada malo. Nada peor de lo que le sucedió. El hombre de negro ríe antes de negar. —No seas imbécil. ¡Creí que nos estábamos llevando bien! —Exclamó en un triste y sarcástico tono de voz. —Es una pena. Creí que podrías obedecerme. —¿Obedecerte? Solo obedezco a mi Dios. A mi único Dios, vuelve a las tinieblas de donde viniste. Te lo ordeno en el nombre del señor... El diablo alzó ambas cejas. —¿Dios te dice que seas un abusivo? Vaya, yo creí que era bondadoso, pero veo que es peor que yo. —Bromeó, riendo bajo, de manera ronca. Se puso serio de repente, y el color marino en sus ojos cambió a uno bordó, oscuro. Sus pupilas se dilataron y se inclinó sobre el rostro del creyente. —Vamos a ser claros, ¿Quieres? —En el nombre de Jesús, yo te devuelvo a—En el nombre de tu puta madre muerta, cierra la boca. —Su voz cambió a una grave, distorsionada, y Des comenzó a llorar ante aquello. El diablo aclaró su garganta, fingiendo estar afligido. —Lo siento por eso. —Su voz volvía a la normalidad. —Perdí el control, supongo. Todo quedó en silencio por unos segundos, Louis sonrió de lado nuevamente. —Por favor, no me mates. —Rogó Des, hipando e intentando hacerse hacia atrás lo más que podía, espantado con lo que estaba frente a sus ojos. —Vas a dejar a tu hijo en paz. —Dijo el diablo, nuevamente serio y con sus ojos bien abiertos, fijos en los del padre de su hijo favorito. —No vas a mirarlo, no vas a hablarle, mucho menos vas a tocarlo. —Des asentía, obediente. —Si tu alma sigue en tu cuerpo es gracias a él, ahora agradece. —Y-yo, yo... —¡AGRADECE! —Gracias, g-g-gracias. Gracias. —Sollozó, temblando y llevando una mano a su pecho. —Gracias, gracias. Los pitidos comenzaron a hacerse audibles en la habitación, indicando que su pulso estaba muy acelerado. El diablo vio la máquina por unos segundos antes de ver al hombre de la camilla. —Soy alguien muy ocupado, pero sigo siendo real. Estaré vigilándote en tu estadía en la tierra, Desmond Styles. —Nuevamente caminó a la punta de la cama, sin quitarle los ojos de encima. —Y recuerda: La próxima tu Dios no va a salvarte. Dos enfermeros entraron a la habitación, llegando a un lado de la máquina e intentando calmarlo. Otra enfermera llegó con una bandeja con comida saludable, todos bloquearon la vista del paciente, y cuando éste pudo tener la oportunidad de ver nuevamente la orilla de la camilla, ya no había nada allí. Gemma y Harry entraron por la puerta principal de la casa, exhaustos. Su madre iba a quedarse en el hospital esperando, y tuvieron que dejarle el auto, regresando en autobús y a pie a un horario no tan bonito. La casa estaba silenciosa, las cosas estaban como las habían dejado. Había una gran tormenta avecinándose y ambos solo querían dormir. —Descansa, Harry. Llámame si quieres algo, dormiré en el sofá para oírte. —Harry asintió, recibiendo un beso en su frente de parte de su hermana. —Te amo. —Yo a ti. —Finalmente se giró hacia la puerta del sótano, bajó los escalones y volvió a abrir la siguiente puerta, entrando a su habitación. Una vez allí suspiró con cansancio y se encaminó hacia el velador de su mesa de noche, estuvo a punto de encender la luz, pero decidió dejar todo a oscuras ya que pronto iba a acostarse. Quería dormir, dejar de pensar por un segundo, dejar de llorar porque, a pesar de no estar sollozando, las lágrimas caían por sus mejillas. Sintió aire frío detrás, y luego calidez. Unos brazos se envolvieron alrededor de su cintura y un cálido aliento rozaba su oreja izquierda. Las lágrimas se detuvieron de inmediato, la protección que necesitaba volvió. —Louis, creo que me estoy volviendo malo. La nariz del diablo rozó sus rizos y olfateó leve y disimuladamente. — Imposible. Sigo oliendo pureza en ti. —Dijo. Harry no podía entender cómo siquiera podía haber una gota de pureza en su cuerpo luego de haber invocado al ser más vil de la existencia. —¿Incluso habiendo invocado al diablo? —Se atrevió a decir en voz alta, cerrando sus ojos en cuanto sintió las manos del diablo acariciar su delgado torso. —Eso no fue un acto de maldad. Fue un acto de desesperación ante la maldad de los demás. —Contestó Louis, girando al niño en sus brazos y pegándole a su cuerpo, inclinando su rostro para rozar la nariz con la del contrario, el cual se puso de puntitas de pie, amando esas leves caricias y la cercanía. —Muchos no lo entenderían. —Nadie lo entendería. —Confirmó Harry. —Yo lo entiendo. —Contradijo Louis, continuando con los roces de narices. —Tu alma es mía, puedo sentir todo lo que sientes de maneras mucho peores. El ceño de Harry se frunció de inmediato a la par que la preocupación brotaba de su pecho. —¿No te duele? —El diablo sonríe de lado, negando lentamente ante la inocente pregunta de su niño favorito a la par en la que acariciaba la espalda baja de éste. —¿Recuerdas todas esas historias donde soy un ser egoísta, que me gustan los malos sentimientos y soy muy, muy mentiroso? —Harry asiente lentamente, esperando una respuesta negativa acerca de ello. — No son mentira. El rizado tragó saliva para intentar apaciguar el nudo en su garganta. Claro que el diablo era vil y mentiroso, y probablemente todos los supuestos sentimientos y muestras de cariño que lograba tener hacia Harry eran falsos, porque era un ser mentiroso y probablemente no tenía sentimientos. No debería de estar así de cerca, no debería de querer que el arcángel lo bese y tampoco debería de sentir las maripositas en su estómago. Esto estaba mal. Debía ser listo. —Entonces, ¿También es verdad que tienes cuernos y cola? —Preguntó, intentando olvidar el asunto de ser mentiroso, aunque sus ojos llorosos delataban que había pensado negativamente, pero los tenía cerrados. El diablo frunció el ceño. —¿Quién dijo eso? Lo mato. —A pesar de estar bromeando no pudo evitar sonar indignado, cosa que hizo reír bajo al niño sonrojado. El diablo de inmediato corrió un poco su rostro y comenzó a dejar suaves besos en la mejilla de Harry. —...Es extraño. A éste punto Harry no podía ni moverse, su cuerpo estaba relajado contra el cálido torso del diablo y se encontraba embobado por los suaves besos en su mejilla. Finalmente logró decir: —¿Qué cosa? —No sabía que tenía dos lados. Aquel comentario de parte de Louis provocó que abriera sus ojos con el ceño levemente fruncido, esperando que no sea nada malo, incluso sabiendo que el hombre que lo sostenía y besaba su mejilla era malo. —... ¿Cómo? —Sí. Una parte de mí adora verte perder la vida poco a poco. —Los músculos de Harry se tensaron, y el miedo se hizo presente en su pecho. Sin embargo, no quería salir de la protección que sentía al ser rodeado por los brazos del diablo. —Pero otra parte de mí hace lo posible, incluso ser gracioso, para que sigas sonriendo. Jamás me había sucedido. A pesar de que sonaba realmente sincero, Harry intentó no convencerse. El diablo era mentiroso, tenía que ser listo, más listo que él. Se apartó un poco de la oscura figura con la mirada baja, se giró nuevamente para tomar su pijama celeste con aviones y se dirigió hacia su cama ordenada, sentándose en la punta. Se quitó los zapatos y estuvo a punto de comenzar a desvestirse, pero los ojos celestes y un cuarto rojo de Louis estaban clavados en él, en su cuerpo. —¿Podrías...? —Sonrojado pidió, esperando que comprendiera lo que debía de hacer. El arcángel bufó, parecía casi un chiste oírlo bufar. Se giró y rodó los ojos, sin poder creer que estaba haciendo aquella ridiculez de girarse para complacer a un simple niño, a una simple alma como todas. Aunque...tal vez no era tan simple. —Ya. —Dice Harry, vestido con su pijama. Cuando Louis vuelve a girarse el niño está en su cama, cobijado y dejando un espacio para él. El diablo se acerca y no duda en acostarse a su lado, rodeando nuevamente su cuerpo con sus brazos. Comienza a acariciar los rizos del niño, esperando a que éste se duerma, pero sabe que no lo hará debido a que él está allí, y probablemente debería de irse nuevamente para que Harry pudiese descansar. —¿Qué significa la palabra en la que llamas a mis primos? —Pregunta inesperadamente el rizado. Siempre había sido curioso con aquella palabra, y ahora que sentía que podía tener más confianza con el diablo -lo cual sonaba loco- no iba a desaprovechar. —¿Los Castrati? —Harry asintió y el diablo relamió sus labios antes de comenzar a explicar: —Hace muchos años la iglesia compraba niños que tuvieran buena voz y los llevaban a una especie de reformatorio. Les cortaban el pene porque creían que eso conservaría sus voces agudas. — Una mueca de dolor se hizo presente en su rostro. ¿Cómo pudo la gente ser así de cruel con unos simples niños? Era injusto y aún más terrible que sean creyentes. —¿Quieres saber la peor parte? ¿La que nadie sabe? —Su voz suena como si estuviese a punto de contar algo entretenido, hasta chistoso. —... No lo sé. —Se los comían. —El ceño de Harry se frunció, confundido. —¿Qué? ¿A quién? —Preguntó. —Sus penes, se los comían. La bilis subió por la garganta del rizado, pero rápidamente pudo tragar. Angustia se instaló en su pecho, por todos esos niños y porque no podía dejar de pensar en por qué Louis llamaba así a sus primos. ¿Era porque cantaban en el coro de la iglesia o porque planeaba hacerles algo? Intentó continuar con las preguntas para no echarse a llorar. —Oh...oh, bueno. Eso es...enfermizo. —Su voz tembló y Louis lo acurrucó más contra sí. —Quiero preguntarte algo, pero temo ofenderte. —Adelante. —Lo animó. —¿Tú eras...un ángel? ¿Eras un ángel de Dios? —...Mh. —Afirmó. Oh, vaya. —¿Este es tu cuerpo verdadero? Quiero decir... ¿Siempre has tenido esta forma? —Le asustaba creer que el hermoso hombre que lo sostenía en sus brazos era un cuerpo que el diablo había tomado. Realmente esperaba que no. —Puedo ser lo que quiera, pero éste es mi cuerpo verdadero. —Se alivió de inmediato a la respuesta. Pero ya era tarde. El miedo que había estado en su pecho cuando Louis le confesó amar ver cómo moría poco a poco lo consumía, sumando la angustia que sintió por los niños que fueron castrados y usados como coro de ángeles, gobernados por demonios que se hacía pasar por creyentes. Temía el mismo destino para su familia, incluso si éstos eran malos él no era tan malo. Y lo que más temía... Se estaba enamorando de Louis. Irremediablemente. Y el diablo es mentiroso. Los sollozos escaparon de sus labios, las lágrimas no se detenían por nada del mundo, cayendo por sus pálidas mejillas. Era un alivio llorar, pero el malestar no se iba y sabía que era debido al diablo. Sin embargo, no lo quería en otro lugar. —Louis. —Sollozó con fuerza, acurrucándose en el pecho del diablo. — Tengo miedo. —¿A qué le tienes miedo? —La voz del diablo era neutra. Pareciera que no le afectara en lo mínimo el niño llorando desconsoladamente. Si tan solo pudiese recordar una muestra de afecto que demuestre que le importaba...pero no había nada que recordar, porque jamás había tenido sentimientos. —...A ti, pero no de la manera en la que todos te temen. —Suspiró el niño, finalizando con el llanto y cerrando sus ojos, concentrándose en dormir. Lo logró y el diablo se fue apenas éste lo hizo, solo para que no tuviese pesadillas ni nada que pudiese dañar su mente. Además, tenía cosas que hacer. —Harry. Harry, hey. Despierta. —Sus párpados se alzan en cuanto su hermana agita su hombro. La ve de mala manera al principio hasta que finalmente nota que ésta se encuentra bastante pálida. —¿Gemms? —Se sienta bruscamente, un poco mareado al hacerlo. Lleva su pequeña mano en forma de puño a su ojo izquierdo, intentando quitar el sueño. —¿Qué sucede? —Tenemos que ir al hospital ahora, levántate. —Dijo, y salió rápidamente del cuarto sin dar ninguna explicación. De inmediato el pánico brotó por su cuerpo. ¿Le había sucedido algo a su padre? ¡Era su culpa! Comenzó a llorar bajito mientras se destapaba y se vestía. Se puso sus pantalones cortos, sus zapatos, su camisa blanca abotonada y sus tiradores negros. Limpió las lágrimas en su rostro y miró alrededor, notando que no veía nada de reojo. —¿Louis? —Llamó. Nada pasó. Salió de su cuarto apresuradamente, cerrando la puerta detrás suya y subiendo los escalones para abrir la siguiente puerta. Una vez en la cocina, su hermana le entregó un vaso con jugo de naranja exprimido y dos tostadas con mermelada de durazno encima. Era extraño no oír Dominique sonar por la casa a todo volumen. —¿Gemms? ¿Algo le ocurrió a papá? —No puede evitar sollozar. De inmediato su hermana lo abraza. —No, no. Tranquilo, nada le pasó a papá. —Dice, dejando un beso en la frente de su hermano antes de dedicarle una débil sonrisita. —Te voy a explicar en el camino, ¿Vale? Desayuna rápido, por favor. Y eso hizo. Media hora después ambos hermanos estaban en el auto, con sus cinturones abrochados debido a lo rápido que conducía Gemma. Harry intentaba no llorar, creer en las palabras de su hermana, pero sabía que algo malo había sucedido. —Mira, Harry. No sé cómo decir esto. —Su hermana niega lentamente con la cabeza a la vez que dobla en una esquina. El corazón del niño comienza a latir con demasiada rapidez mientras ve al frente. —Algo le pasó a nuestro primo, Brad. —Rápidamente el rizado la observó, pálido como una servilleta, comenzando a temblar. No, no. —No sé cómo decirlo delicadamente, Dios mío. Uhm...algo les pasó a sus partes íntimas, y tuvo que ser...amputado. El mareo que el rizado tiene es terrible, pero es disimulado debido al rápido movimiento del auto y a que tiene el cinturón de seguridad puesto, el cual lo sostiene contra el respaldo del asiento. Siente náuseas, siente ganas de morirse allí mismo. Su culpa. Solamente su culpa. Ni siquiera se da cuenta cuando llegan al hospital. Su hermana lo llama, pero su voz se oye lejana, siente como se deshacen del cinturón de seguridad y, luego de unos segundos, lo bajan del auto. El aire frío contra su rostro lo despierta un poco, pero la culpa es tanta que siente que va a tener un ataque al corazón. ¿El karma de su padre, acaso? Rápidamente ambos hermanos se dirigen dentro del hospital, caminando por los pasillos hacia la sala de espera. Todos los familiares están allí, y cuando Harry llega junto a su hermana sus dos primos lo ven con terror. Sus tíos están hablando con un médico que acababa de salir de un cuarto. —Quédate aquí. —Gemma le dice a su hermano, dejándolo más alejado del resto de la familia, dirigiéndose a su madre, la cual había comenzado a llorar. La luz del hospital se apaga y se prende por unos segundos, sin embargo, nadie parece notarlo. El frío invade al rizado como si estuviese en el polo norte y cuando ve a su lado, algo grande, alto y cubierto por una capa oscura pasa como si nada. El aliento escapa del pecho del niño mientras ve a ésta figura que anteriormente vio en la carretera adentrarse seguido de un doctor al cuarto donde -Harry supuso- Brad estaba. Su tío comienza a llorar mientras cubre su rostro ante la noticia del doctor, y su tía Jacky se deja caer en el suelo en un grito desgarrador. Sus primos comienzan a llorar en el asiento ruidosamente y su hermana y madre intentan calmar a su tía Jacky, la cual no deja de gritar el nombre de su hijo. Son el centro de atención, y por la cara que tiene el médico cuando se gira y continúa su camino por el pasillo, Harry sabe que no es una simple amputación. Algo salió mal, y ahora Brad está muerto. El diablo se hace presente a un lado del niño, Harry puede verlo de reojo. Y sentirlo. Aunque, al punto que llegó, ya no sabe si puede volver a sentir algo más que culpa. —¿Qué es eso? —Pregunta, refiriéndose a la figura que ahora sale del cuarto de su primo y sigue por el pasillo hasta el final, doblando en una esquina, en busca de otro cuarto al que entrar. —La Muerte. —¿A dónde se lo lleva? —Retrocede un poco. Su boca se mueve por sí sola, haciendo preguntas. Todavía no sabe cómo sigue de pie. La profunda inhalación del diablo es tan audible y fuerte que incluso se mueven un poco los cuadros de la pared. En aquel momento Harry sabe que Louis estaba absorbiendo las almas oscuras. Como la de su primo. —No importa a dónde, lo importante es que ya no será una molestia. — Miente. Porque el diablo es mentiroso. Engaña, finge, envenena, mata. Y nunca se olvida de tu alma. —Louis... —Logra decir en una exhalación, pero, sin más remedio, cae al suelo. Nadie lo sostiene, nadie responde a su llamado de ayuda. Y todo se vuelve negro. Dos semanas. Habían pasado dos semanas desde lo que había sucedido luego de que Harry despertó de aquel desmayo al enterarse que, prácticamente, él fue el que causó la muerte de su primo. Para empezar, estuvo en observación por un día debido a su falta de alimento y mal aspecto. Durmió gracias al tranquilizante en el suero y se alimentó bien antes de volver a casa. Luego llegó la noticia del funeral de Brad, y el rizado con tal solo oírlo cayó desmayado nuevamente. ¿Se había vuelto una especie de trauma? No lo sabía con exactitud, pero supuso que sí debido a las imágenes que rondaban por su mente en el momento en que alguien nombraba a su familiar fallecido, la manera en la que murió. Recordaba la palabra Castrato y estallaba en ataques de ansiedad, en puro pánico. Tan puro que creía que podría morir. Finalmente fue cuando recordó que, segundos antes de caer desmayado en el hospital, el diablo no lo había sostenido. No había sentido la protección de sus brazos, no había sentido nada e internamente estaba agradecido, porque en aquel momento fue la primera vez que le tuvo miedo de la forma en la que todos lo hacen. Miedo a que le hiciera algo, incluso sabiendo que se estaba llevando su alma. El padre de Harry había vuelto a la casa, luego de un par de días le comentaron sobre la muerte de su sobrino y se encerró en su cuarto por más de tres días. Siempre estaba en la casa, pero cuando Harry llegaba a ésta se iba a otra parte, incluso si era otra habitación, simplemente se iba. Ni siquiera lo miraba, rezaba constantemente -incluso más que antesy al niño le dolía debido a que esperaba una disculpa...una disculpa por querer hacer que quemara su propia piel, por pegarle a su madre, etc. Pero lo que más le dolía a Harry de toda esta situación no eran los desmayos, el vivir constantemente con la ansiedad, el cargar con la culpa de la muerte de una persona y de dañar a su propio padre, mucho menos el saber que se iba a ir al infierno de manera segura y gratuita. El verdadero dolor fue que luego de despertar aquel día en el hospital...Louis se había ido. Completamente. Ya no sentía el pitido en su oído izquierdo, no sentía el constante malestar, ni tampoco su cuerpo continuó deteriorándose. Incluso mejoró. Ya no parecía un cadáver. Y a pesar que al principio tuvo miedo de volver a ver a Louis, definitivamente no se comparaba con el dolor de tenerlo lejos, de no sentirlo abrazarle por las noches. Era todo completamente terrible, y el nudo de su garganta no disminuía ni siquiera llorando ruidosamente en los brazos de su madre, la cual no comprendía la tristeza de su hijo al creer que todo estaba bien. Decidió culparse, porque jamás permitiría que su pequeño tuviera la culpa de nada. Finalmente, luego de las dos semanas Harry volvió a la escuela. Sus padres habían firmado la autorización del viaje de convivencia. "¡El viaje en el que Dios guía tu camino!" Dijeron, pero Dios no guiaba nada que tuviera el nombre "Harry Styles", y éste lo sabía. Fionn Whitehead continuaba molesto por no haber ido, Harry temía ir porque sabía que irían los de último año, y eso implicaba que Dylan Moisset y Parker Jenkins estuvieran allí. "Los bravucones", por así decirlo. Hacían la vida de los dos adolescentes imposible, todo por no llevar el típico estereotipo y por ser inocentes. Fionn era un rebelde sin causa, incluso siendo igual de pequeño que Harry, pero claramente en el instituto no aparentaba aquello. En cambio, Harry era como siempre en todas partes. Dylan Moisset era el que siempre seguía a Parker. Éste último había tenido una vida terrible, cayendo en un orfanato y siendo adoptado por una familia rica al ser extremadamente hermoso. Se le subió la fama a la cabeza, nadie sabía que era adoptado excepto los padres de Harry, los cuales se llevaban bien con los padres de Parker. El rizado lo había escuchado en el momento en que el señor y la señora Jenkins lo habían confesado ante los Styles, pero jamás dijo nada. Sabía que iba a tener un viaje terrible. Por todos los cielos, lo sabía. Pero ya nada le importaba, ya no les encontraba mucho sentido a las cosas. Quería a Louis, lo único que quería, lo único que deseaba y no podía tener. Sintió todo el cariño que éste alguna vez le dio realmente falso, y eso rompió su corazón. El autobús parecía estar esperando a que los estudiantes finalizaran de subir. El profesor de coro estaba a un lado de la puerta de éste, observando su reloj. Probablemente esperaba a que fuese el minuto exacto para subirse y partir. Harry pensó seriamente en escaparse, pasar el día paseando en la ciudad, tal vez comprarse un helado y luego volver a la escuela cuando fuese la hora, pero su madre lo mataría por aquello, así que caminó rápidamente al autobús, entregando su permiso y subiendo a éste. Todos estaban sentados en sus respectivos lugares excepto los dos imb...bravucones. Los dos bravucones. Se encontraban molestando a un chico de adelante, el cual estaba junto a otro, ambos cubriendo sus cabezas para no ser golpeados por éstos. Harry rogó pasar rápidamente por el pasillo, y así lo hizo. Ni siquiera tenía idea cómo no lo notaron. Iba a sentarse detrás de todo, del lado de la ventana y junto a Liam Payne, el cual era de último año y leía la biblia con mucha atención. No entendía cómo nadie eligió aquel asiento, lo mejor del viaje era disfrutar el paisaje. Una vez el rizado se sentó, suspiró y se acomodó contra el respaldo del asiento, su piel erizada debido al frío. El invierno se acercaba. Liam Payne dejó de observar la biblia para ver a su acompañante. —Hey, Harry. —Dijo. A decir verdad, Liam era un buen tipo. Un buen y lindo tipo. No se metía con nadie, y nadie se metía con él debido a su tamaño. Grande, musculoso y con mala cara...pero solo para algunas personas. Harry lo había conocido cuando tuvo que hacer una obra de teatro en donde Liam era Moisés y Harry...bueno, ignoremos que fue una oveja y solo enfoquémonos en presumir que estuvo en una obra. Su primera obra. Desde allí se saludaban en los pasillos y pocas veces habían almorzado juntos, pero nada más que eso. Ni siquiera una amistad como la de Fionn y Harry. —Liam. —Saludó de vuelta Harry, notando lo frío que había sonado. Observó de reojo la biblia y frunció un poco el ceño al notar que ésta, por dentro, no era nada parecido a la verdadera. —¿Qué lees? —Fingió no saber. —¿Qué te parece? —Río Liam nerviosamente a la par que volvía su vista a la lectura. Harry le observó por unos segundos con notoria gracia. —Definitivamente no he visto antes la palabra "vampiro" en la biblia. —Comentó, llevando su mirada al frente, fingiendo quitarle importancia a aquello. Liam, completamente sobresaltado cerró "la biblia" y la dejó sobre su regazo, apuntando con su enorme dedo índice al rizado, el cual había vuelto a verle con una pequeña sonrisita, provocando que tan solo un hoyuelo fuese visible en su mejilla. —Si no dices nada te lo pagaré como sea. —Intentó negociar. Harry decidió que continuaría con aquella negociación, pensando por unos segundos antes de acomodarse en su asiento. —No diré nada con una condición. —Ambos se quedan viendo y Harry, sin quitar su mirada del chico del frente suyo, asintió en dirección a Dylan y Parker, los cuales bromeaba entre sí sobre algo. —¿Ves esos chicos? A la par en que Liam vio al frente para buscar a los dos tontos, el autobús se puso en marcha y todos exclamaron con emoción antes de que acelerara por la calle tranquilamente. El profesor interrumpió la charla de Liam y Harry para avisar a todos que se mantuvieran en sus asientos. —Los bravucones. —Responde Liam luego de unos minutos. —Me molestan, y mucho. Tú eres grande, Liam. Eres musculoso. ¿Puedes protegerme? —Honestamente está sonrojado, y no por haberlo llamado musculoso, sino porque nunca había sido tan directo en algo. El castaño frente a él lo observó por unos segundos de arriba abajo, asintiendo lentamente, como confirmando sus dudas. —Cambiaste. —Confirma. Las cejas de Harry se alzan, sorprendido, pero no del todo. —Te ves todo confiado y negociador. Quiero decir, siempre he entendido que eres muy inteligente y observador, pero te muestras muy tímido y hoy estás...bastante atrevido. Oh, rayos. ¡Alguien está siendo increíblemente directo! La incomodidad de Harry se incrementó, provocando que se re acomode en su asiento y vea al frente, inseguro mientras llevaba sus pequeñas manos a su regazo. —Yo no quería...bueno, l-lo siento. —Tragó saliva con fuerza para intentar aliviar el nudo de su garganta, pero sentía que no funcionaba. Louis ya no estaba, y se había comportado como un chico tonto y atrevido para buscar la protección en alguien. Estaba muy apenado. —Lo siento, no tengo derecho de...tú sabes. No diré lo del libro, tranquilo. —Llevó su mirada a la ventana, viendo la carretera en la que se encontraban. — Supongo que todos hacemos cosas malas alguna vez. —¿Crees que leer esto es malo? —Sonrió de lado ante la pregunta de su compañero de asiento. —No, es por eso que no voy a delatarte. No haces nada malo. —Irás al cielo y yo no, pero así es por algo, y probablemente porque lo merezco. —Eres una buena persona, Liam. Liam parece pensar en algo mientras vuelve a abrir la supuesta biblia, retomando su lectura. Harry parece estar esperando ver algo anormal entre los árboles de los costados de la carretera, algo que le diga que Louis no se había ido, que le importaba el que estuviese bien en el planeta tierra. Jamás supo cuándo se llevaría su alma, ni tampoco lo que pidió que fue según el diablo- la cosa más pura. Quería saber, y la intriga lo carcomía más rápido que la ansiedad. Suspiró antes de apoyar su cabeza contra el vidrio y cerrar sus ojos, ignorando el hermoso paisaje y al cuervo que volaba más arriba del autobús, por lo alto. El autobús finalmente se detuvo al adentrarse a un bosque por un camino de tierra, estacionando no tan lejos de la carretera. No deseaban perderse. Liam despertó a Harry, el cual roncaba un poco y tenía su dedo pulgar resbalando de su boca. Cuando despertó vio alrededor y suspiró profundamente, sonrojado al haber sido visto durmiendo como un bebé...literalmente. Se puso de pie mientras frotaba sus ojitos y caminó detrás de un par de alumnos, siguiendo a Liam por el pequeño pasillo entre los asientos del autobús. Los bravucones se pusieron detrás suyo, pero Harry estaba lo suficientemente adormilado para darse cuenta. Fue finalmente cuando llegó al primer escalón para bajar del autobús que fue empujado con fuerza, provocando que su cara diera contra la tierra bruscamente. Un gemido de dolor salió de sus labios ante el fuerte dolor de nariz, oyendo risas de sus compañeros. Unas manos lo levantaron por el brazo, y cuando se reincorporó, completamente mareado, notó que Liam fue el único que lo ayudó. Le agradeció en un asentimiento a la par que intentaba quitarle la tierra de las pestañas sin que dañaran sus ojos. El profesor no había visto aquella escena, y tampoco preguntó de qué se reían todos. Simplemente se acercó y sacó un papel a la par en que se colocaba sus anteojos para comenzar a leer. —"Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios. (1 Juan 4:7)" —Una vez finaliza de leer aquello observa a todos sus alumnos con una sonrisa, como si todo fuese simple. —Los hemos traído aquí porque deseamos que todos se amen, que todos sientan que puedan contar con el otro. La comodidad, el respeto, principalmente el amor atrae al señor. Vamos a sentir la felicidad ésta tarde. —Finalmente suspiró antes de ver a su alrededor. —Bien. Vamos a buscar un lugar cerca en donde podamos armar una pequeña fogata y acomodar unos troncos para sentarnos a convivir. Síganme. Todos comienzan a caminar. Harry sacude su ropa entre todos los alumnos, oyendo a Dylan y Parker detrás. Liam va a su lado, pero no tanto. Lleva su supuesta biblia bajo el brazo y tiene la vista bien al frente. Las risas de los torpes de atrás no cesan, y comienzan a hablar más fuerte de lo normal, aunque casi todos lo están haciendo. —Sí, murió en el hospital. —Dylan comienza. Harry siente un cosquilleo de vértigo en su pancita. —Se desangró. Supongo que...no tuvo las bolas suficientes para seguir con vida. —Ambos adolescentes explotan en carcajadas. Claramente hablan sobre Brad. El piso parece moverse, y Harry está tan mareado que desea simplemente vomitar. Siente una de las manos de Liam sostenerlo del brazo en cuanto comenzaba a inclinarse hacia un lado, a punto de caer. Lucía como si hubiese subido a un carrusel sin frenos, y su corazón parecía estar yendo al ritmo de éste: Rápido, descuidado. Respiró profundo un par de veces sin recibir ninguna pregunta de Liam, y pronto se calmó un poco. Louis, te necesito. —Lo siento por lo de tu primo. —Harry asiente lentamente y limpia sus lágrimas en cuanto se da cuenta que éstas caen por sus mejillas. —Voy a cuidar tu espalda. De inmediato Harry alza su rostro hacia Liam, el cual lo ve de reojo mientras observa como el profesor de coro ha encontrado un lugar perfecto para detenerse. —¡Aquí! Aquí es perfecto. Ayúdenme con esto, por favor. —¿E-en serio? —Harry pregunta, y cuando el otro adolescente asiente de inmediato comienza a sentir la culpa instalándose en su pecho. —Liam, no te sientas obligado. —No estoy siendo obligado, simplemente creo que no debes lidiar con ésta porquería hoy. Harry no duda en agradecerle, feliz de poder contar con alguien en el miserable mundo que se encontraba. —¡Liam Payne! —El maestro le llama, y éste de inmediato se acerca no sin antes darle su biblia a Harry para que la sostuviera. Éste lo hace de inmediato, aferrándola a su pecho. —Necesitamos sus músculos, señor Payne. —Con gusto. —¿Por qué quieres venir a convivencia? —La voz de Parker se hace audible a un lado de Harry. Finge caminar tranquilamente alrededor del pequeño rizado, el cual se encoge sus hombros en su lugar. —Eres el bicho raro de aquí. Dylan finge pasar tranquilamente por el lado de Harry y con una sacudida de su brazo tira el libro de las manos del niño de ojos verdes, el cual suspira antes de inclinarse para levantarlo. La risa de Parker llega a sus oídos antes de ser empujado al lodo. Ahora sí ha manchado su ropa por completo. ¿Por qué tuvo que usar su camisa blanca aquel día? Dios santo. Liam reaparece de inmediato en la escena, pero a pesar de llegar un poco tarde pone de pie a Harry y se empeña en ver fijamente a Dylan Moisset, el cual le sonríe amistosamente al castaño. —¿Tienen algún problema? —Pregunta de mala gana a la par en que comienza a acercarse a Dylan, el cual parece irradiar más nervios que éstos mismos. —¿Estás aburrido? —N-no. El profesor ve en aquella dirección debido a que está indignado por la suciedad en la ropa de su alumno más pequeño, Harry Styles. Liam al notar aquello golpea amablemente el hombro del molesto adolescente frente suyo y finge una sonrisa llena de bondad. —¿Quieres que te desaburra partiendo tu cara, imbécil? —Liam sonríe aún más luego de decir aquello, y Dylan niega rápidamente antes de alejarse un poco más, pasando por al lado de Harry y asegurándose de siquiera verlo. Liam se gira en cuanto oye a Parker reír entre dientes. —¿Te da risa algo? —No me das miedo, Payne. Sabes que si haces algo podrías salir perjudicado. —¿Me estás probando? —¿Chicos? ¿Qué sucede aquí? —El profesor de coro intervino debido a un estudiante explicándole sobre una problemática situación cerca de los cuatro chicos. Liam suspira para luego girarse y tomar el brazo de Harry, guiándolo con él. Oyen las risas de Parker y Dylan, pero los ignoran por completo, intentando tener un bonito día de convivencia, incluso si el pequeño de cabello rizado sabía con exactitud que no era así. —¡Cordero de Dios! —Aplausos. —¡Cordero de Dios! —Más aplausos unísonos. —¡Que quitas el pecado del mun-do! ¡Ten piedad de nosotros, ten piedad de nosotros! Harry no iba a mentir. Iba a ser muy sincero pero cuidadoso: Las canciones solamente lo deprimían aún más. Incluso sabiendo que no vomitaría al nombrar al padre de los cielos, también sabía que no tenía ningún derecho. Suspiró y bajó la mirada a sus manos, solo aplaudiendo cuando todos lo hacían, oyendo a sus compañeros entonar terriblemente con la canción, excepto a Liam, el cual cantaba brillante. Suspiró. ¿Louis? ¿Puedes oírme? Siento si hice algo que te molestó, prometo no hacerlo más, pero...por favor, vuelve. Unas pequeñas ramas que provienen de su derecha pican en su rostro desde ya hace rato, pero no cree soportarlo más. Liam no podía hacer nada en aquella situación, y Harry lo comprendía. —¿Podrías, por favor, dejar de arrojarme cosas? Parker ríe junto a Dylan a la par en que todos dejan de cantar y el profesor regaña a los tres adolescentes con la mirada: A Harry por interrumpir, y a los otros dos por comenzar. Harry ni siquiera le da tiempo a hablar. —Voy a...encontrar un baño. — Dice antes de ponerse de pie, sacudiendo su ropa aunque ésta ya está realmente sucia. —De acuerdo. —El profesor aprueba, sonriendo en dirección a su alumno. Harry Styles siempre le había caído bien y todo gracias a que jamás daba problemas. —No te alejes mucho, por favor. —El rizado asiente ante aquello, agradeciendo la muestra de preocupación mientras se encamina fuera de la ronda, adentrándose al bosque poco a poco. —Yo también necesito ir al baño, profesor. —Y yo. —Harry suspira temblorosamente. Sabe que ambos chicos lo hicieron a propósito, no duda ni un poquito. —Vayan, y no se pierdan. —Profesor, yo también. —Liam rápidamente dice poniéndose de pie. Harry agradece aquello, pero lo hace muy pronto. —Liam, mejor ve con un nuevo grupo cuando ellos vuelvan. —El profesor dice, y Liam nuevamente se sienta, viendo con el ceño levemente fruncido como Harry caminaba con más rapidez y los otros dos idiotas intentaban alcanzarlo. De inmediato se giró e intentó cantar sin estar concentrado en qué le sucedería a su compañero. El niño de rizos apresuró mucho más su paso, casi trotando mientras oía como Parker y Dylan hacían exactamente lo mismo entre risas. Es cuando Harry detiene su paso al saber que no se librará de los adolescentes, que éstos deciden empujarlo al suelo de inmediato. Parker lo sostiene de la nuca, dejando su mejilla pegada contra la tierra del suelo. —¿Quién mierda te crees que eres ahora? ¿El protegido de Payne? Idiota. —El puchero se instalaba poco a poco en el labio inferior de Harry. Desde la llegada de Louis se había acostumbrado a no lidiar con ese tipo de mierdas, y ahora solo se culpaba, preguntándose qué hizo mal y sintiendo que todo lo que podría ocurrirle se lo merecía. —Haz que se trague la tierra. —Dylan dice completamente emocionado. Parker toma en un puño los rizos de la parte trasera de la cabeza de Harry y los levanta un poco, solamente para hundir el rostro de éste en la tierra. El cuerpo del rizado se retuerce, intentando zafarse del agarre debido a que siente que se está ahogando. Inesperadamente lo sueltan y se queda en el suelo, tosiendo e inhalando profundamente con el rostro lleno de tierra. —Fenómeno. —Dice Parker antes de levantarse y comenzar a caminar con Dylan nuevamente hacia el pequeño campamento con los demás alumnos. Y eso ha sido todo. Un profundo y tembloroso suspiro sale de la pequeña nariz de Harry, el cual se gira en el mismísimo suelo, sentándose y observando fijamente a ambos muchachos, caminando. —Basura adoptada. —Deja salir mientras traga el sabor amargo de su boca. Es la primera vez que siente ira por su cuenta, y que insulta a alguien queriendo hacerlo. Y que, maldita sea, se siente increíble. Internamente agradece a su lengua afilada. Ambos adolescentes detienen su caminata, Dylan incluso se aleja un poco de Parker mientras ve a Harry con sorpresa y hasta cierto terror. Fue allí y por la desquiciada mirada de Parker que el rizado fue poniéndose de pie lentamente mientras las lágrimas caían por sus mejillas. No se arrepentía, pero estaba asustado. Sabía que se había pasado y podrían matarlo a golpes. Debía de ir rápidamente donde Liam, pero ambos chicos estaban bloqueando aquel camino. Una risa entrecortada y extremadamente falsa sale de la boca de Parker. —Dios bendito, estás tan muerto justo ahora. —Dice. Harry toma aquello como una señal para girarse y comenzar a correr, sintiendo a ambos adolescentes hacer lo mismo. Dylan grita el nombre de su amigo, porque molestar es muy diferente a alejarse de los demás y partirle la cabeza al niño contra una roca. Sabe que su amigo va a pasarse, y sabe que va a tener que conservar un peso en su conciencia para toda su vida. El niño no puede dejar de respirar rápidamente entre sollozos apenas audibles mientras corre con la mayor fuerza que le queda, intentando no tropezar con ninguna rama de por medio porque, oh Dios, estaría tan malditamente muerto si eso ocurriera. Sabe que se está alejando demasiado cuando ya no se oyen los cantos de sus compañeros y por no reconocer aquella área del bosque. Es cuando ve al frente que desea haber cerrado su boca y conservar su ira: Un lago que separa el bosque de otro bosque está a unos metros, claramente no puede arrojarse, así como así debido a que no sabe nadar. Concluyó todo sabiendo que moriría, y prefería morir ahogado antes de hacerlo en manos de Parker, con Dylan de cómplice. Sollozó más fuerte. ¿Cómo podía Louis llevarse su alma, matándolo de ésta manera? Creía que el diablo decidía la muerte de sus víctimas, y si el arcángel sintiese algo por él...esto no estaría pasando. ¿Cómo había sido tan torpe de creer que Louis sentiría algo por él? ¿Cómo había podido creer que, alguna vez, alguien sentiría amor por él? —Louis. —Susurró con pánico antes de respirar profundo, sin dejar de correr y saltando en cuanto llegó al borde del lago, hundiéndose lentamente. Cerró sus ojos con fuerza mientras sentía sus oídos taparse por el sonido del agua, dejando su cuerpo inmóvil, pero sintiendo como cada vez descendía más. Burbujas salieron de su nariz a la vez que relajaba su cuerpo, disfrutando de la calma que el agua le brindaba y esperando a la muerte con paciencia. Si iba a morirse, iba a morirse bien. Más burbujas salieron de su nariz con brusquedad en cuanto unos brazos envolvieron su cintura, apegándolo a un duro torso. Fue entonces que... ...el malestar se hizo presente. Dio una profunda inhalación por la boca en cuanto su rostro estuvo fuera del agua, tosiendo un poco. No había entrado agua a sus pulmones, pero el haber corrido bastante y luego contener la respiración lo había hecho ahogarse un poco. Su oído izquierdo pitaba como antes, su cuerpo estaba helado y creyó que era debido al agua, pero en cuanto sus enormes ojos verdes se abrieron y observó el diablo demasiado cerca, lo comprendió. Éste estaba tan guapo como siempre, solo tenía el cabello mojado, hacia atrás y sus ojos bordó con las pupilas terriblemente dilatadas. Su piel estaba cálida y, demonios, Harry lo había echado de menos. Tanto, tanto que apenas podía respirar. De inmediato llevó los brazos alrededor del cuello del arcángel y lo abrazó, temblando al saber que se venía lo malo. —¡Parker, deten...! —Ambos chicos se detuvieron en cuanto pararon frente al lago, observando al niño de rizos abrazar a un tipo extraño, el cual daba miedo. Dylan de inmediato vio alrededor antes de volver a ver al hombre en el agua. —¿Quién diablos eres tú? Todo pasó muy rápido. Un cuervo, el mismo que había vigilado a Harry en todo el viaje, se hizo presente en la escena. Se posicionó frente a la cara de Dylan y comenzó a atacarlo mientras éste gritaba, rogando por ayuda. Sangre caía por sus mejillas hasta finalmente ser separado de sus propios ojos. El cuervo se alejó mientras masticaba su comida y el adolescente cayó al suelo, poco a poco desangrándose hasta morir...solo. Parker observó a su amigo de toda la vida, su cuerpo inmóvil en el suelo y gritó fuerte, horrorizado mientras llevaba sus manos a sus mejillas, sin poder creerlo. El sonido del cuervo masticando los oscuros ojos de su amigo fue todo para comenzar a correr por el bosque, sin mirar atrás, escapando. Tal vez era la falta de aire, el pánico en su pecho o el haber corrido por mucho tiempo, pero su cabeza comenzaba a doler terriblemente. Un dolor anormal. Fue finalmente que llegó a donde todos estaban reunidos. El profesor de coro silenció a sus alumnos al notar el rostro de Parker tan blanco como una servilleta, poniéndose de pie para acercarse a su alumno, pero decidiendo esperar a que éste reaccione. —¿Parker? ¿Qué sucede? —Pregunta. Todos observan extrañados al adolescente, el cual lentamente se sienta sobre un tronco entre dos alumnos más. Todo queda en silencio por unos segundos mientras la respiración de Parker comienza a cesar, volviéndose más costosa. Su rostro se vuelve rojo, bordó, lentamente violeta y las venas resaltan en éste. Es cuando el profesor avanza que, literalmente, la cabeza de su alumno estalla en pedazos. La sangre salpica a todas las personas que se encontraban allí, algunos gritan, algunos corren lejos y otros no pueden moverse. El cuerpo del adolescente cae, no hay rastro de su cabeza, rastro de nada. El caos se desata. Louis alzó a Harry, finalmente pudiendo dejarlo fuera del agua. Éste respiraba profunda y rápidamente, boca arriba y observando el cielo azul. Era un bonito día para tanta tragedia, para tantos problemas. Lentamente comienza a sentarse, mareado y observando de reojo cómo el diablo salia del agua, quedando de pie y tirando su oscuro cabello hacia atrás. Su camisa y pantalones negros estaban empapados, al igual que la sucia ropa del pequeño. Es cuando el arcángel está a punto de inclinarse para levantarlo que el niño se hace hacia atrás, sollozando secamente. Siente que ya no puede llorar, incluso intentándolo. —L-Louis... -Sollozó mientras su pecho recibía dolorosas puntadas. — ¿Dónde estabas? T-te necesitaba. —Comienza a llorar más fuerte mientras las lágrimas salen de su rostro. Parece estar entrando en pánico, pero finalmente se gira para ver al cadáver del bravucón. Un bravucón, como cualquier otro torpe adolescente que aún no madura, y había recibido el castigo de una de las peores muertes tan solo por no saber con quién se metían. —Muerto. El diablo lo observa con sus ojos más grandes de lo normal, sin saber cómo reaccionar ante las palabras de su niño. —Se lo merecía. —Susurra. Harry parece estar comenzando a enloquecer. —D-Dios. —Un gruñido bajo escapa de los labios de Louis ante la mención de éste mientras el niño pasa sus temblorosas y frías manos por sus ricitos mojados, casi arrancándolos e hiperventilando aún más. —E-Esto no está pasando, no. N-no puede estarlo. —Niega rápidamente mientras todo se mueve a su alrededor. Rápidamente es tomado por debajo de los brazos y envuelto por la cintura en cuanto el diablo nota que no tiene estabilidad en sus piernas. — Escúchame. —Le dice, notando cómo Harry hace lo posible para no entrar en pánico —Juro que voy a explicarte por qué me fui. La verdad. —¿C-cómo sé que no estás mintiendo? —Otro sollozo se escapa de sus labios mientras intenta recuperar el ritmo normal de su respiración, fallando reiteradas veces en el intento. Louis simplemente lo ve fijamente, incluso si el niño no lo hace, manteniendo sus ojos cerrados. —...Yo jamás le mentiría a mi niño favorito. —Le dijo antes de acariciar su nariz contra la del más bajo, respirando profundamente y grabando nuevamente el aroma de éste en su memoria, en sus sentidos. Es cuando Louis comienza a hablar que Harry cree estar soñando. Habla en una lengua incomprensible para los simples humanos como él, pero es tan suave e intrigante que los nervios de Harry comienzan a descender mientras se acurruca más contra el caluroso cuerpo del diablo. Éste último acaricia -Harry se atreve a pensar que es con mucho cariño- la espalda del niño suave y lentamente. Poco a poco los nervios disminuyen, solo siente frío y pesadez. El shock se va, solo tiene miedo. —No enloquezcas. —Harry traga saliva con fuerza mientras el diablo se separa y toma las mejillas del más bajo para observarlo, a pesar de que éste se encuentra viendo la boca del arcángel, la cual se ladea en una algo macabra- sonrisa. —Hice que la cabeza del otro ser inferior volara en mil pedazos. Todos con los que viniste ya saben que algo ha sucedido. Tienes que volver y decir que tú no sabes de nada, ya que decidiste ir más lejos que ellos y caíste en el lago. El shock nuevamente invade a Harry, pero no siente que vaya a enloquecer nuevamente. —Y-yo... —Niega lentamente antes de sollozar, sintiendo las lágrimas caer por sus mejillas. Esto era una pesadilla, y un sueño hecho realidad a la vez. —...No puedo. La respiración de Louis cambia drásticamente. Harry casi puede asegurar que el diablo está desesperado porque su niño favorito no reciba culpa en el asunto, pero no quería creerlo del todo. —Hazlo, o mato a cada uno de los humanos que hay aquí. —Dice en un tono suave pero frío. Inesperadamente se aleja del rizado. —Ve. —¿M-moverás el cuerpo? —Louis asiente y Harry hace lo mismo antes de girarse y comenzar a caminar rápidamente hacia el camino de vuelta a la convivencia. Finalmente llega e intenta usar su shock para fingir sorpresa y preocupación. Los alumnos están subiendo al autobús en fila, hay dos ambulancias y los troncos en donde anteriormente todos estaban sentados están cubiertos de sangre. Hay una cinta amarilla alrededor de éstos y algo que luce como un cuerpo metido en una bolsa negra. Harry está a punto de comenzar a caminar hacia la fila del autobús, subirse y ya, pero cree que aquello sería realmente sospechoso así que se encamina hacia su profesor de canto, el cual tiene ambas manos en su cintura y está más pálido de lo normal, negando lentamente a la nada. —¿Señor McCoulay? ¿Qué ha desconocimiento en la situación. pasado? —Dijo, fingiendo claro El profesor alza lentamente su mirada, viendo fijamente al niño antes de rebajarlo con la mirada, consciente de lo mojado y sucio que éste estaba. —¿Dónde has estado? El rizado intenta no balbucear. —Fui a hacer pipí al lago, pero me caí. — Frunce levemente su ceño y ve alrededor antes de volver a ver al adulto. —¿Qué ha sucedido? ¿Alguien salió herido? Un suspiro sale de los labios del hombre luego de observar al niño por unos segundos. Ante sus ojos -y los de cualquiera- es muy claro el que su alumno jamás le haría daño ni siquiera a un mosquito. Harry ya no se siente tan puro como Louis jura que es. La mano de McCoulay viaja a la espalda del rizado, empujándolo suavemente en dirección al autobús mientras niega lentamente con la cabeza. —No te preocupes. Ve a casa, niño. Una vez Harry sube al autobús, nota el como sus compañeros y los del último curso no pueden reaccionar. Algunos hablan bajo, otros lloran y los demás simplemente...lucen perdidos en su cabeza. Casi todos están cubiertos de manchas rojas, el conductor del autobús termina de fumar un cigarrillo mientras mueve su pierna frenéticamente, esperando al profesor para partir. Harry camina al fondo sin mirar a nadie y vuelve a ubicarse en el mismo lugar de ida, a un lado de Liam, el cual parece más cuerdo que todos. —¿Harry? ¿Dónde estabas? ¿Qué te ha sucedido? —Luce preocupado mientras el niño cierra sus ojitos, respirando de manera lenta y temblorosa. —Caí al lago. Larga historia. —Se enderezó una vez abrió sus ojos, viendo a Liam e intentando lucir extrañado ante las manchas de sangre en su camiseta. —¿Qué ha pasado, Liam? Éste suspira antes de dirigir su mirada al frente. —Es mejor que no lo sepas. Podría herir tu sensibilidad. Es porque aún no sabes todo lo que hice, Liam. Todo lo que provoqué. Harry asiente lentamente antes de girarse en dirección a su ventana. Minutos después el autobús acelera, dejando atrás el lugar de aquella terrible convivencia y cada lágrima que derramaba el rizado entre los silenciosos sollozos que dejaba escapar, simulando dormir plácidamente cuando en realidad era el más afectado de todos aquellos. No fue sorpresa que su madre chillara y lo abrazara contra su pecho en cuanto lo fue a retirar de la escuela. Ya todos los padres estaban informados de lo ocurrido y ninguno parecía tener una reacción leve o menor a la de la madre de Harry. Ésta le besó el rostro como si no lo tuviese lleno de tierra húmeda debido al agua. —¡Harry! —Tomó el rostro de su hijo, examinando y haciendo una mueca de dolor al ver su mejilla raspada y un orificio nasal con un poco de sangre. —¿Qué ha sucedido? ¿Estás bien, bebé? ¡Tienes sangre! Harry rápidamente se acurruca en los brazos de su madre, suspirando profundamente e intentando que la taquicardia cesara rápidamente. — Estoy bien, mami. Solo me he caído. —¡Estás empapado! —Caí en un lago, intentaba hacer pipí. —Se sonrojó. En parte, era cierto. Iba específicamente a hacer pipí, pero no en el lago. Ew. —Oh, cielo. —Lo abrazó más fuerte antes de alejarse un poco, viéndolo con cariño. —Firmo un papel para retirarte y nos vamos a casa. Te prepararé la mejor merienda del universo y podrás ver lo que quieras, ¿Mh? Espérame aquí. —Obligó al niño a sentarse en uno de los asientos pegados a la pared de la pequeña sala de espera en la oficina y se adentró a ésta última. Luego de un par de minutos se encaminaron fuera del instituto, recibiendo miradas de desaprobación de parte de las monjas que pasaban y observaban la vestimenta de Harry. Ya fuera, caminaron hasta el auto y se subieron en él. El niño esta vez iba en el asiento copiloto. —¿Cómo saliste? No sabes nadar. —Hice lo que pude. —Al oír el suspiro de su madre Harry se sintió aún peor y llevó su pequeña, pálida y delicada mano al brazo de su madre. — Estoy bien, mami. No te preocupes por mí. —Dice para luego sonreírle de lado, simulando no tener idea de lo ocurrido. Su madre hace lo mismo mientras su hijo se abrocha el cinturón de seguridad y busca relajarse en el asiento. Sabe que debido a mentir estaría llorando, no lo soportaría porque jamás ha soportado mentir, pero la leve caricia en su brazo que proviene del asiento de atrás lo calma completamente, haciéndolo sentir que no está solo. Apenas llegó a su casa fue recibido por un abrazo de su hermana, expresando lo preocupada que había estado. Su padre tomó su taza de café y subió los escalones, yendo a su habitación. A Harry le dolió. Su madre le preparó una merienda: Siempre era té y tostadas, pero ésta vez fue leche con chocolate y galletas horneadas específicamente para él. Comió solo porque quería ver la sonrisa en el rostro de su madre, pero no se merecía ni una pequeña migaja. Nada. Finalmente decidió que era hora de ir a ducharse así que se encaminó a la puerta del sótano, cerrando esta y bajando los escalones para abrir la puerta de su habitación. Tomó su pijama celeste de aviones, unos calcetines cortos color blancos y ropa interior, dirigiéndose al baño. El agua caliente fue reconfortante, cayendo por sus hombros y cabeza. No dejó de llorar fuerte en todo el baño, borrando sus lágrimas con la lluvia artificial. La única prueba de que había llorado cuando terminó eran sus ojos levemente hinchados, rosados por fuera al igual que su nariz. Se secó y se vistió, limpiando antes de encaminarse a su habitación. Una vez en ésta ni siquiera se sobresaltó ante la oscura figura de Louis, de pie en la punta de su cama. Se dirigió con calma hacia ésta y se sentó, cubriéndose las piernas con las mantas y bajando la mirada, dejando sus manos sobre su regazo. Sabía que iban a hablar. —No puedo estar siempre contigo. Pero no sabía que iba a doler. —...Entiendo. —Simplemente susurró, asintiendo lentamente y realmente intentando comprender que era el diablo. ¡El diablo! Muchas más ocupaciones que abrazarlo. Estuvo a punto de recostarse para dormir, queriendo dar finalizada la conversación. —Si lo estoy vas a volverte un cadáver. —El ceño de Harry se frunció, queriendo verlo a los ojos para comprender, sin poder hacerlo debido al molesto pitido en su oído izquierdo. —Cuando estoy mucho tiempo contigo tu cuerpo se deteriora: Adelgazas, no duermes, vomitas, no comes...te sientes triste. El niño parpadeó lentamente, intentando comprender. ¿Era eso? ¡¿Solo eso?! ¿Significaba que Louis...lo estaba protegiendo? —...Oh. —Simplemente dijo, mordiendo su labio inferior por unos pequeños segunditos. —Pero a veces...bueno, en las noches duermo y siempre me abrazas. —Cuando te duermes me voy. —Confesó el diablo, caminando lentamente hacia donde Harry estaba. —Las veces que me quedé a tu lado tuviste insomnio, pesadillas y parálisis de sueño. —Se sentó en un costado de la cama y llevó sus manos repletas de anillos a las mejillas de su niño favorito. —Y tuviste miedo. Miedo de mí. —N-no... —Siento lo que tú sientes. —Interrumpió. Harry internamente se preguntaba si Louis era capaz de sentir que estaba enamorado, porque sería muy vergonzoso. Se sonrojó ante aquel pensamiento. —Pude sentir tu miedo en el hospital, y era dirigido a mí. —Harry no dijo nada, era cierto. Había estado aterrado de tener cerca a Louis en el momento en que despertó en el hospital. Fue como salir de todo sueño en donde el diablo parecía cuidadoso, mimoso y hermoso. Fue ver la realidad: No tiene corazón. No lo tiene. Louis permaneció viendo a Harry unos segundos antes de, inesperadamente, acercarse más hasta que los labios de ambos se rozaban. El rizado parecía haberse quedado sin aire y estar transformándose en un tomate. —Pregúntame. —Dice. Las pequeñas manos de Harry tiemblan y siente como la felicidad vuelve a su cuerpo poco a poco ante las muestras de afecto del arcángel, aunque siente que va a morir de los nervios. —¿Mh? —Es lo único que logra decir, incluso su voz tiembla en aquel murmullo. —Qué es lo que pediste, pregúntame. Los ojos del niño se cierran ante las dulces e íntimas caricias de la nariz de Louis en su nariz. Ama tanto aquel cosquilleo en su estómago cuando aquello sucede que decide alzar más el rostro, sin negarse a los mimitos. —¿Q-qué es lo que pedí? Louis inhala fuertemente, provocando que algunos cuadros en la habitación de Harry se muevan levemente. Está a punto de hablar, pero un gruñido bajo escapa de su boca antes de alejarse de Harry. Éste último observa al diablo con confusión, el cual se pone de pie y retrocede hasta estar en un rincón del cuarto. —Alguien viene. —Advierte. Harry borra su mueca de confusión y amor, acostándose lentamente en la cama y viendo a su madre entrar luego de unos leves golpecitos. Ésta le sonríe a su hijo, siendo correspondida. —Bebé. —Dice y camina hacia la cama, sentándose donde anteriormente Louis estaba. Éste continúa en el rincón de la habitación, observando la escena y solamente visible para el niño. —¿Cómo te encuentras? —Estoy bien. —Simplemente responde, riendo bajito ante los besitos de su madre en la palma de su mano. Ésta asiente lentamente antes de darle un leve apretón a su mano. —Hey, amorcito. —Susurró. Harry borró un poco su sonrisa al oír el tono en la voz de su madre. —Necesito preguntarte algo. —¿Sí? —En el campamento... ¿Notaste algo extraño en dos de tus compañeros? Uhm... ¿Dylan Moisset y Parker Jenkins? —Harry se queda inmóvil por unos segundos, viendo de reojo la figura de Louis en la oscuridad del rincón de su cuarto. Niega lentamente, luciendo para nada convincente. —¿Seguro? —Pues...se veían nerviosos. —Nuevamente ve a Louis de reojo, el cual asiente lentamente en aprobación. Volvió la mirada a su madre y se encogió de hombros. —Pero no presté mucha atención, solo quería hacer pipí. Su madre se echó a reír ante las palabras de su hijo, pellizcando sus mejillas y provocando que éste sonría adorablemente, con los hoyuelos visibles en sus mejillas. —Vale, hombrecito. A dormir. Mami se quedará contigo unos segundos. —Harry asintió y le dejó espacio a su madre, la cual se acostó detrás y lo envolvió en sus brazos. Louis gruñó ante aquella escena y Harry no pudo evitar reír en voz alta. —¿Qué sucede? Volvió a reír, pero más bajito, viendo fijamente a Louis, el cual tenía ambas cejas levantadas. —No, nada...Recordé un chiste buenísimo. —¿En serio? Cuéntamelo. —Pide su madre, animada. Harry se congela, sin saber exactamente qué decir y viendo la sonrisa ladina en el rostro de Louis, el cual había tomado aquello como una venganza. —U-uhm...Tengo sueño, mañana. —Bosteza exageradamente y cierra sus ojos, comenzando a roncar a los segundos y esperando a que su madre se lo crea. Es obvio que no se lo cree, Harry es muy exagerado al hacer sus ronquidos, pero simplemente sonríe y se queda haciéndole compañía a su hijo. Poco a poco, los exagerados ronquidos se vuelven realidad y Anne deja un beso en los rizos del niño antes de levantarse, arroparlo mejor y salir en silencio del cuarto. Louis observa al rizado y nota que éste realmente está dormido. Suspira antes de decidir irse para que su niño favorito no tuviera ningún tipo de pesadillas, pensando en que lo que habría hecho hoy lo haría mañana: El caos. El cao de los caos, y todo porque finalmente el diablo haría algo que no dañaba a nadie excepto a él mismo, y eso era resignarse frente a los ojos del de arriba. Una total mierda, a decir verdad. Pero ya no lo soportaba. Necesitaba besarlo. Y un poco más. Sus enormes ojos verdes se abrieron lentamente en cuanto pudo oír a su madre entrar a la habitación, cerrando la puerta sin cuidado y todo debido a que cargaba con una bandeja en sus antebrazos, la cual tenía un desayuno puesto de manera muy organizada: Chocolate caliente en una enorme taza azul y unas galletas bien horneadas en un pequeño y floreado platito de porcelana. A un lado una nota en la cual le deseaba un buen día y todas las bendiciones del mundo, las cuales no harían ni un poquito de efecto en Harry porque, ¡Hey! ¡Estaba enamorado del diablo! Volvió a cerrar sus ojos debido a que no quería que su madre notara que estaba despierto, sintiendo como ésta dejaba la bandeja a un lado suyo, sobre su mesa de noche. —Hazzie. —Le sacudió el hombro, el niño simplemente cubrió su cabeza con las cobijas. —El desayuno, bebé. —En un minuto... Anne suspiró, regañándolo un poco debido a que sabía que no iba a despertar de inmediato y ella no podía quedarse. Simplemente se fue, y Harry frotó sus ojitos con sus pequeños puños por debajo de las cobijas. Casi de inmediato sintió el peso de un cuerpo caer a un lado suyo, sentándose. Hubiese tenido miedo, pero solo sentía emoción. —¿Miren quien despertó? —No pudo evitar sonreír, cerrando sus ojos con fuerza por unos segundos y sintiendo cosquillas en su pancita. Le encantaba cuando le hablaban así, especialmente si era Louis, por lo que no pudo evitar sonrojarse. Se quitó las mantas de encima a la par en que se sentaba con algo de lentitud, haciendo sus ricitos hacia un costado. Continuaba estando despeinado, pero poco le importaba ya que Louis lo había visto varias veces de aquella manera. Bostezó antes de levantarse. —Ya vuelvo. —Dijo, y corrió descalzo hacia el baño. Se había aguantado en ir el día anterior. Minutos después salió, Louis continuaba en el mismo lugar y con su mirada sobre el niño que ingresaba con pereza -nuevamente- a la cama. Tomó la bandeja y la puso sobre su regazo, el cual estaba oculto bajo las cobijas. Lo mantenían abrigado, hacía frío fuera. Antes de comenzar a beber de su chocolate caliente para comenzar bien el día tomó una galleta y se la tendió a Louis sin verlo. —¿Quieres? —De reojo notó como éste negaba y de inmediato la sumergió en su chocolate caliente para luego morder, masticando el exquisito sabor de ambas delicias mezcladas. Es cuando decide comenzar a beber de su chocolate caliente que Louis decide hablar: —He estado merodeando por tu casa. —Casi escupe todo, alejando la taza con rapidez de sus labios y tragando con fuerza la bebida. Su corazón latía muy fuerte, sus ojos se abrieron de par en par. ¿Louis había hecho algo nuevamente? El miedo se disparó por todo su cuerpo. —Tranquilo, no hice nada malo ni que hiciera notable mi presencia. — Aquello provocó que el alivio cayera de manera satisfactoria sobre él, provocando que suspire antes de continuar desayunando. —Solo se giraron crucifijos...y asusté a tu padre... Solo eso. —Oh, bueno... —Harry aceptó aquello. Por algún motivo, comenzaba a gustarle el que Louis hiciera notable su presencia. ¿Acaso era el poder y protección que sentía cuando tenía al diablo a su alrededor? ¿Éstas dos emociones comenzaban a apoderarse de él? Quiso verlo, y sabiendo que no podía ver sus ojos decidió ver sus labios, pero de inmediato bajó la mirada y sus mejillas ardieron de manera infernal al recordar el cómo sus labios se habían rozado contra los del ente la noche anterior, en pleno silencio y absoluta oscuridad de su cuarto. —Descubrí que tienes una azotea. Asintió lentamente. La preciosa azotea a la cual nunca tenía permitido ir. Se lo prohibían y todo por ser bastante torpe con sus pasos, ambos padres del niño creyendo que éste podría caer y morir de manera trágica. —Sí, pero nunca me dejan ir. —Confirmó, bebiendo lo último de su taza de chocolate antes de dejarla sobre la mesa de noche, no sin antes tomar una galleta. —Dicen que soy muy torpe y me puedo caer. —Se encogió levemente de hombros. Siempre le hizo ilusión el subir allí, tomar la polaroid de su madre (la cual solo usaba en ocasiones de bonitas reuniones familiares o fiestas en la iglesia) y tomar fotos del precioso cielo. Eso ayudaría mucho a copiar las fotografías y continuar dibujando en su pequeño cuaderno de arte. —Hoy va a ser un largo día, oí que tu madre está organizando una cena familiar para hacer oraciones por tu primo. —Dice, y Harry casi puede oír la ironía y diversión en su voz. Está disfrutando de aquello, y no puede evitar estremecerse. —¿Él...está en el infierno ahora? —Teme a la respuesta, incluso sabiendo cual será. —Si. —¿Dylan y Parker también? —No. Solo el segundo ser inferior. Harry asiente lentamente, intentando estar aliviado al saber que Dylan Moisset no estaba sufriendo la condena en el infierno. Sin embargo, debió de ser un infierno cuando sus ojos fueron arrancados de su rostro por un maligno cuervo. Su pecho comenzó a doler y llevó una de sus pequeñas y delicadas manos allí, por sobre la camiseta del pijama. Inhaló profundamente, intentando calmarse, sin mucho éxito. Casi de inmediato alejó las cobijas de sus piernas, dejó la galleta sobre la bandeja de la mesa de noche y gateó hasta estar pegado a Louis, abrazándolo. Éste de inmediato le acurrucó contra su pecho, no sin antes tomarlo de la cintura y subirlo a su regazo. Casi muere de vergüenza en aquel momento porque, demonios, estaba sobre el regazo del rey de las tinieblas y se sentía...malditamente bien. Louis parece estar hablando contra su oído sano, pero todas las palabras que pronuncia son completamente incomprensibles. Sin embargo, aquel desconocido lenguaje hipnotiza los sentidos de Harry, el cual de manera inmediata exhala profundamente y relaja todos los músculos a la vez. No sabe por qué está tan calmado cuando oye al diablo hablar de esa manera, pero es como si le arrebataran todo el pánico y lo llenaran de paz. —¿Qué idioma es ese? —No tiene un nombre. —¿Qué me estás diciendo? —Palabras que no existen en éste mundo. Las cejas del más bajo se alzaron, curioso con aquello, pero sin moverse ni un poquito. —¿No tienen los mismos significados que aquí? —Son los mismos, pero mucho más fuertes, descriptivos. No se comparan. Decidió no preguntar. No quería descifrar qué era lo que el diablo le decía, prefería que éste lo mantenga en secreto, así si era algo malo Harry jamás lo sabría y continuaría creyendo que le dijo algo como “Eres hermoso”. Falsas ilusiones. ... ¿O no? Un grito proveniente del piso de arriba provocó que ambos se quedaran en silencio. -“¡Harry, despierta! ¡El desayuno! ¡Ven a convivir con la familia!”. El pequeño suspiró mientras sentía sus ojos comenzar a llenarse de lágrimas y sus músculos tensos. —No quiero asistir a la reunión familiar, no me siento bien. —El diablo alejó un poco a su niño, el cual cerró sus ojos cuando sintió las caricias en su mejilla, provenientes de la mano repleta de anillos de oro del ente. Aquello alivió su corazón. —¿Louis? ¿Q-Qué es lo que pedí? —Te lo diré esta noche en la azotea. —Dice a la par en que aleja la mano y se pone de pie, no sin antes dejar a su niño favorito sobre la cama. Harry abre los ojos casi de inmediato, viéndolo caminar hasta estar en la orilla de su cama. —No me dejan ir a la azotea. —Repitió, rogando que a Louis no se le ocurriera hacerlo esconderse. Estaba muy vigilado últimamente, simplemente no podía. —Tu madre planea decirte que la reunión no será en la casa, que puedes quedarte aquí si te afecta. Vale, si era una sorpresa...ya no. —Y... ¿Eso significa que subiré sin permiso a la azotea? —Se sonrojó de tan solo preguntarlo, mirando dudoso a su alrededor, pensando que no era una buena idea. ¿Qué si alguien lo descubría? Louis sonrió de lado. —Serás un niño malo hoy. —Dijo. Harry parpadeó, completamente atónito ante aquellas últimas palabras que murmuró el diablo. La figura de éste último se desvaneció en uno de sus parpadeos, y la voz de su madre nuevamente se hizo presente, diciéndole que se apresurara, que debía de decirle algo. Dominique comenzó a sonar por cuarta vez en el día, pero milésima vez en la vida. Finalmente se limitó a vestirse con su habitual camisa blanca abotonada y sus shorts negros junto a los tiradores, calcetines largos y quickers. Se vio al espejo de su habitación por unos segundos antes de tomar la bandeja del desayuno y dirigirse fuera del cuarto, subiendo los escalones hasta finalmente caminar por el corto pasillo y llegar a la sala, en la cual se encontraban su madre y su hermana. Anne caminaba de un lado a otro, llevaba ropa en sus manos y una escoba, Gemma estaba bebiendo un té, sentada en el sofá y mirando la televisión. Su madre debía estar de muy buen humor ya que odiaba que sus hijos se la pasaran viendo dibujos animados e inapropiados. —Buen día, cariño. ¿Cómo te sientes hoy? —Dice Anne, acercándose a su hijo y dejando un beso en su mejilla. El niño simplemente sonríe de lado, intentando mostrar que todo iba bien a pesar de haber matado a dos personas y provocar un ataque al corazón a su padre. —Escucha: Hoy estarás solito por unas horas porque haremos una reunión familiar. No creo que debas asistir, no hablaremos de temas lindos para tus orejitas y estarás más cómodo aquí. —Está bien, mami. Luego de unos minutos regresó de la cocina, en la cual había dejado su bandeja y se dirigió hasta estar a un lado de Gemma. Se sentó en el sofá y su hermana no dudó envolverlo en sus brazos, amando los ricitos de su hermano menor contra su mentón. —¿Sabes por qué papá no me habla? —Harry preguntó de repente, tomando desprevenida a su hermana, la cual dejó de observar “Porky Pig”, la caricatura del momento. —Probablemente esté arrepentido y no sabe cómo decirlo. Hay que darle su tiempo. Harry asiente dudosamente. No puede evitar pensar que Louis tiene algo que ver con aquello, incluso cree estar casi seguro porque, vamos, no puede simplemente pasar de un momento a otro. ¿O sí? Si Louis había hecho o dicho algo, el rizado comenzaba a creer que el diablo no era tan inteligente como parecía. Esperaba que su padre no lo sorprenda en un par de días con ninguna tontería. Realmente, realmente esperaba que no. Su hermana se apartó apenas para bajar la mirada y observar a su hermano menor con una de sus sonrisitas. Se parecían bastante entre ellos si no fuese porque los ojos del pequeño eran mucho más grandes y su nariz menos larga que la de Gemma. —¿Sabes qué me dijeron mis amigas hoy? Que habrá Luna sangrienta. — Harry hubiese muerto de miedo si no fuese porque llevaba al diablo consigo más de las veinticuatro horas del día. Simplemente la observó fijo, parpadeando con lentitud y sin siquiera estremecerse un poquito. — Pero aún no es Halloween, así que tranquilo. —Finalizó, extrañada de que su hermano no demostrara ni siquiera un poquito de terror. El que haya Luna sangrienta a Harry siempre le había aterrado, todo por Gemma y sus leyendas de que era la noche en la que las sombras salían a cazar almas puras. Probablemente hubiera muerto de miedo en aquel momento, pero una sombra realmente lo estaba cazando, y encima se había enamorado de aquella sombra. No podía ser peor. —Gemma, te oí. —Advirtió su madre. —No quiero oír la palabra “Halloween” en ésta casa, Harry está algo delicado. —La risa baja y sarcástica de Louis se hizo audible en aquel momento, Gemma simplemente suspiró mientras volvía su vista a la televisión y el rizado se encontraba completamente sonrojado. Ni siquiera se dio cuenta cuando cayó profundamente dormido. A pesar de seguir durmiendo cuando su madre se despidió de él con un beso en la frente, sus ojos se abrieron en cuanto la puerta principal se cerró. Habría silencio absoluto de no ser porque continuaban dando la caricatura en la televisión. Se dio cuenta que estaba cubierto con una manta, con su cabeza sobre un almohadón y completamente sonrojado. Dominique ya no se oía, gracias al cielo. Suspiró antes de sentarse con lentitud, estirándose a la par en que llevaba ambas de sus pequeñas manos en forma de puño a sus ojos, frotando. ¿Todos se habían ido? Observó alrededor. —¿Mami? ¿Gemm? —Llama, pero nadie responde. Es obvio que se han ido. Es cuando finaliza de bostezar que la televisión se apaga como si nada. Se mantuvo observando esta y nota por el reflejo a alguien de pie detrás suyo. —¿Lou? Es cuando va a girar que, poco a poco, la luz de la cocina, pasillo y living se apagan. Se encuentra completamente a oscuras, y hay una pesada respiración en su cuello que dura unos poco segundos. Asustado se gira de golpe y nota que hay un poco de luz escaleras arribas, la cual revela a Louis de pie, con sus manos repletas de anillos en los bolsillos de su pantalón, observándolo fijamente. ¿Acaso lo estaba desafiando a que subiera? —¿Lou? —Éste, ignorando el llamado rebaja con la mirada a su niño favorito antes de encaminarse hasta desaparecer de la vista del rizado, yendo hacia el lado derecho del piso de arriba. Hacia la azotea, por supuesto. Un suspiro tembloroso salió de sus labios y, no sin antes verificar por la ventana del living que el coche de su padre no estaba, frotó su rostro por última vez y subió las escaleras, doblando para encaminarse a las otras escaleras que lo llevarían a la azotea. Esta es bastante abierta, espaciosa. Los muros a su alrededor son bajos, lo cual le permite admirar todo su pueblo: El verde del césped, el humo saliendo por la chimenea de las casas, preparados para el invierno. La naturaleza, algún avión pasando...apreciar el cielo, sobre todo, el cual estaba lentamente oscureciendo, con la luna ya haciéndose notar. El diablo se encontraba cerca de un borde, caminando hasta estar de un lado, dándole la espalda al niño. Éste último avanzó hasta que estuvo a un lado del alto hombre. Le daba un poco de vértigo estar cerca de los muros, pero se armó de valentía y se concentró en admirar el precioso paisaje. Era relajante, le brindaba paz en su interior, luego de no haberla sentido en mucho tiempo. El ente a su lado parecía estar más que calmado, con su mirada fija en él. Es como si estuviese presintiendo que haría una pregunta. —Louis... ¿Por qué mi padre no me habla? —No pudo evitarlo. Sabía que no era una casualidad. Algo había ocurrido. —Le dije que no se acercara a ti. —Dijo con tranquilidad el diablo. —¿Le hablaste? —Pudo ver de reojo como asentía con lentitud. Intentó tragar el nudo que se le formaba en la garganta gracias al miedo, sin mucho éxito. —P-pero...Ahora sabrá que te tengo conmigo. Sabrá que tengo algo que ver con la muerte de Brad. Louis volvió la vista al frente con su ceño levemente fruncido. Allí fue donde Harry aprovechó para verlo, sus ojos lentamente llenándose de lágrimas que no tardarían en salir. —No tienes nada que ver con la muerte de Brad. Eso lo hice yo mientras dormías. No sabe si fue por la brusquedad en sus palabras, la falta de sentimientos en Louis que lo asustaba, o la culpa que calaba su alma muy de a poco, pero en el momento en que bajó la mirada e intentó con todas sus fuerzas no llorar, un sollozo bajo y débil escapó de su boca. Rápidamente tapó ésta con una de sus manos a la par que cerraba sus ojos y las lágrimas caían de manera silenciosa por sus mejillas. El arcángel se mantuvo observándolo fijamente. No le sorprendía el que su niño favorito llorara, ya que sabía que su alma pura estaba entrelazada con la sensibilidad en el corazón de éste, pero por algún motivo...le dolía el pecho al verlo así. —¿Por qué lloras? —Es que... —Hipó, sorbiendo su nariz antes de apartar las lágrimas con sus pequeños y delgados dedos, dejando sus pálidas mejillas completamente mojadas. —...Soy una mala persona, y lo estoy asumiendo justo ahora. —No pudo evitar confesar, con el dolor siendo insoportable en su pecho. Louis lo tomó entre sus brazos de manera inmediata, acurrucándolo en su pecho mientras el niño se deshacía en fuertes sollozos. —No lo eres. —A pesar de la desesperación en todos sus sentidos al ver así a Harry, su voz se encontraba completamente neutra. —Y te lo digo yo. Ya sabes quién soy, cómo me llaman y las cosas que puedo llegar a hacer. Harry rio entre lágrimas, sorbiendo su nariz y tragando saliva antes de apartarse un poquito. Las yemas de los dedos de Louis presionaron levemente la espalda de su niño cuando este pasó su lengua por sus labios rojos y mojados. —Solo q-quería ser feliz...no sabía qué hacer cuando me molestaban, o me golpeaban. Sé que está mal que m-mates personas tan fácilmente, en mi mundo, claro. Pero...jamás me sentí tan protegido como ahora. Tan... No podía explicarlo, pero Louis le indicó en un asentimiento que, lo que sea que Harry sintiese, él también lo sentía. Ambos permanecieron en silencio por un par de segundos, y el rizado aprovechó aquello para intentar calmar su respiración y limpiar mucho mejor su rostro. —¿Quieres ver lo que puedo hacer? —Preguntó Louis de manera inesperada, alzando ambas cejas con aire de superioridad. Al notar que el pequeño no reaccionaba de ninguna forma soltó un largo suspiro y posicionó sus manos en los hombros del más bajo, girándolo hasta dejarlo de espaldas a él. Se inclinó un poco y rozó con sus labios la oreja de su niño. —Mira el cielo. El rizado alzó la mirada de inmediato, y tuvo que parpadear un par de veces al notar como la tarde se volvía noche de una manera anormal. Las estrellas alumbraban de manera preciosa el cielo azul mientras la luna se volvía más grande y, poco a poco, roja. De inmediato recordó a su hermana hablando del eclipse, pero no se imaginó que podía verse tan bonito. Resplandecía tanto con el brillo de la luna que el bordó parecía extenderse por el cielo. —Wow... —Ni siquiera sabe que decir. Apenas puede contar una estrella sin perderse. Se limita simplemente a suspirar profundamente, sin poder creer lo que el ser más malo de la tierra podía hacer. El diablo se alejó un poco, tan solo para quedar una distancia razonable y extender su mano repleta de anillos hacia el más bajo. —¿Alguna vez bailaste con el diablo en tu azotea a la luz de la luna sangrienta? —Harry intentó no sonreír mientras negaba lentamente. Allí fue cuando Louis sonrió de lado, alzando un poco sus cejas. —¿Aceptarías? Jamás se negaría a sentir aquella embriagante cercanía. Y algo le decía que realmente iba a hacer un niño malo hoy. Harry no dudó en aceptar la mano que el rey de las tinieblas le tendía. A pesar de ser esto último, su confianza estaba totalmente en el ente. No le importaba tanto salir dañado, aún más sabiendo que de todas maneras se iría al infierno, pero pondría toda su confianza en Louis. Absolutamente toda. Con un suave tirón, el diablo lo atrajo cerca de su cuerpo y le rodeó la cintura con un brazo a la par que Harry apoyó una de sus pequeñas manos en la camisa abotonada y negra, sobre el pecho de éste. Pudo sentir lo cálida que su piel era, y las manos libres de ambos se juntaron, encajando perfectamente, como si estuvieran hechas una para la otra. Sin más, el diablo comenzó a bailar lentamente, meciéndolos a ambos a un ritmo lento. Harry se tropezaba con sus pies, y todo debido a que no había nada que pudiese seguir. Nervioso, intentó tragar el nudo de su garganta y rio falsamente, sonrojado y muy, muy avergonzado. —No hay música... —Susurró, realmente esperando no romper el precioso ambiente que se había formado. De reojo observó al diablo sonreír de lado. —Mírame a los ojos. No evitó alzar ambas cejas, sorprendido al oír aquellas palabras salir de la boca del más alto. Frunció apenitas el ceño y bajó la mirada. El pitido ya de por sí era molesto, y sabía que no aguantaría más de un segundo oyendo éste mucho más potente. Era como sentir que su cabeza iba a explotar. Negó lentamente. —No puedo... —Mírame. —E-es que...el pitido... —Esperaba que Louis no se enfadara. — Suena un pitido cuando lo hago. —Harry... —El nombrado de pronto se puso muy nervioso, y más al sentir el como el diablo se inclinaba un poco, y el aliento de éste rozaba su rostro como una leve brisa. —Y duele un poco. Lo siento. La mano de Louis suelta la del menor, y la lleva al mentón de éste último, levantándolo con calma. —Mírame. Los ojos de Harry se alzan, observando entre sus pestañas los ojos celestes, y un cuarto rojo de solo uno, del diablo. El pitido hace latir su cabeza del repentino dolor que estremece sus huesos, pero éste se va de manera fugaz, sin dejar rastro. Una melodía suave comienza a sonar. Un violín deja atrás el pitido, y suena tan triste que los ojos de Harry comienzan a lagrimear. El diablo, fingiendo no notar aquello y sin apartar la vista de los ojos del menor, lleva la mano desde el mentón nuevamente a la del niño, entrelazando los dedos y suspirando antes de comenzar a mecerse nuevamente. Esta vez Harry puede seguir los pasos, sin tropiezos, con calma. Las lágrimas caen por su rostro de manera silenciosa, está hipando y hasta tiembla, pero jamás aparta los ojos de los de Louis. Disfrutará al máximo el ver terrible pieza de arte. —¿Qué...? —Traga y luego suspira para que su voz no suene tan quebrada. —... ¿Qué es eso? —Giuseppe Tartini. Harry no puede evitar parpadear con sorpresa. Su primo Brad solía aterrorizarlo con historias sobre ese famoso violinista, pero luego de tantas noches en vela debido al miedo que lo hacía sentir aquel nombre, incluso en aquellos meses no se lo hubiera creído. —¿Está en el infierno? —Me dio su alma. —Louis susurra. La realidad comienza a caer sobre su pequeño cuerpo luego de haber oído aquello. Porque es obvio: Louis es el diablo, él es un simple humano. Ha vendido su alma, y el diablo es un manipulador. Tiene el mismo destino de todos, y nada va a cambiar. No debía de creerse éstos actos de cariño, pero no podía evitarlo. —No entiendo por qué no estoy asustado. —Yo lo hago. —Mientras Harry parpadea, anonadado y entre lágrimas, Louis se inclina para rozar sus labios contra la oreja del menor. —Caíste... —... ¿Mh? —Caíste. Te enamoraste de mí. Desconcertado, Harry se aparta solo un poco para poder ver a Louis fijamente. Sus delgadas y cortas piernas comienzan a temblar, y su corazón late con fuerza. Luego de una profunda respiración cierra sus ojos y apoya su mejilla sobre el pecho del diablo. —Sí. —Admite. Pronto, algo parecido a unos potentes latidos surgen del pecho del mayor. Son increíblemente rápidos. Harry solloza. —No sabía que el diablo tenía corazón. —Yo tampoco. Los sollozos se vuelven más fuertes antes de alzar su mirada nuevamente a Louis. —Lou... —Ruega sin dejar de sollozar. Está adolorido, su pecho duele de tanta tristeza que hay en éste. —¿Qué es lo que he pedido? Louis deja de mecerse de inmediato. Se ve serio, se ve intimidante, se ve hermoso. Como siempre. —Tú me entregaste tu alma. No encontrabas ningún tipo de amor verdadero en ninguna de las personas que te rodean, ni siquiera de tu madre, la cual daría todo por ti. Tú lo sabías .. —Los sollozos comienzan a surgir con más fuerza al darse cuenta qué era. Siente presión en su pecho, en su garganta. No deja de temblar, no sabe qué sentir. —Sabías que yo iba a ser el único que podría hacer todo por ti. —T-tan solo... —Pediste que alguien te amara honestamente. Pediste sentirte amado. —Dice. —Y debía de llevarme tu alma en cuanto sientas algo por mí...pero hay un problema. —Harry sorbió su nariz, alzando el rostro para ver nuevamente los ojos del diablo. —Sentiste algo por mí desde el primer momento en que me viste. No podía llevarme tu alma, pero no solo porque quería divertirme...Sentí algo la noche en que me invitaste a recostarme a tu lado. —... ¿Algo? —En el pecho. —Se ve tan seguro que Harry tiene repentinas esperanzas. —Sentí lo que tú sientes por mí. —Confirmó, inclinándose un poco a la par que soltaba la mano del menor y rodeaba mucho mejor su cintura. El rizado no pudo evitarlo y llevó ambos brazos, de manera realmente lenta hacia el cuello de Louis, poniéndose de puntitas de pie. —Y un corazón. Los latidos comienzan cuando te tengo entre mis brazos. —Louis... —Su aliento rozaba con el del mayor, poniéndolo más torpe de lo que sentía que era. La cercanía lo volvía loco, y sentía que esta vez... ...Esta vez realmente sucedería algo. —Eres un niño malo, te enamoraste de mí. —Harry nuevamente solloza, pero Louis le brinda un suave e inesperado beso en los labios. Es uno rápido, pero deja a Harry sin habla. —Voy a cumplir mi parte del trato. Hoy serás el humano más amado en la tierra... Sin más, los labios del diablo tomaron lenta y profundamente los de su niño. Éste último cortó su respiración y permitió que Louis le brindara todo primero, ya que jamás se había dado una idea de cómo era un beso. Poco a poco comenzó a mover sus labios, siguiendo el compás de éste y bajando sus párpados, relajando su cuerpo y mente por primera vez en el día. No podía creer que se encontraba en aquella situación. Siempre creyó que existían esas ganas en ambos de comerse la boca, y aunque Harry lo había deseado bastante, era sorprendente que estuviera sucediendo. Soltó un suspiro por su nariz y ladeó el rostro a la par que el diablo lo hacía en dirección contraria, profundizando más el beso. Harry pudo sentir la lengua del mayor adentrarse a su boca y rozar la suya. Un irreconocible cosquilleo se instaló en su vientre, y ante la inocencia de no haberlo experimentado nunca se apartó un poco de los labios de Louis. —Cierra tus ojos...y no los abras. —Ordenó el ente. Harry lo observó por unos segundos antes de obedecer. Nuevamente los labios de Louis comenzaron un lento beso. Todo parecía estar dando vueltas, incluso se aferró mucho más al rey de las tinieblas en cuanto sentía que podría llegar a tropezar. Sin embargo, no abrió los ojos, incluso los cerró con más fuerza. Cuando todo se detuvo el diablo apartó sus labios de los de Harry, pero éste último no abrió sus ojos. Se mantuvo respirando por la boca, con los labios rojos y levemente hinchados, mejillas sonrojadas y los ricitos algo despeinados debido al viento en la azotea. Todo parecía más cálido donde estaba, más tranquilo. Un suspiro fue lo primero que oyó. —Si supieras como te ves ahora...maldita sea. —Louis dijo. No solo era por lo hermoso que su niño favorito era, sino también por lo obediente que demostraba ser, ya que no abrió sus ojos en ningún momento. Sonrió de lado antes de hablar: — Ábrelos. El rizado lo hace de inmediato, parpadeando un par de veces antes de notar que se encontraba en su habitación, un poco a oscuras y en la punta de su cama. ¿Acaso se habían...transportado allí tan fácilmente? Bueno...no es como si se estuviera besando con alguien común y corriente. Louis le rodeó la cintura posesivamente, y Harry alzó su rostro, poniéndose de puntitas de pie y haciendo muy obvio el estar anhelando otro de los muchos besos que el diablo le brindaba. Éste último no se negó y complació a su niño, besándolo profundamente mientras lo aferraba contra su cuerpo. Luego de unos segundos el rizado ya no podía evitar soltar bajos, casi inaudibles soniditos desde su garganta. Besar a Louis era su nueva cosa favorita, y le agradaba tanto la manera en que era sostenido y mimado que no podía evitar demostrarlo con aquellos leves sonidos. El diablo apartó su boca de la del niño y comenzó a besarle la mejilla, la mandíbula y finalmente llegó a su cuello, pasando su cálida lengua por la tibia y perfecta piel de Harry. Éste último abrió su boca levemente, intentando mantenerse en silencio mientras sentía un leve ardor debido a la boca del diablo succionando su piel. Los cosquilleos en su vientre regresaron y solo se aferró mucho más al cuello del mayor, temeroso, pero sintiéndose extrañamente bien. —¿Qué sientes? —Louis dijo, aun dejando besos por la piel de su niño, también detrás de la oreja, con los ricitos de éste haciéndole cosquillas en el rostro. —Siento... —Se calló debido a que el rostro del mayor regresó a estar frente al de él y dejaba suaves pero cortos besos en sus labios. ¿Podía sentirse más embobado? —...calor. Pudo sentir la ligera sonrisa de Louis sobre sus labios. —¿Mi niño favorito necesita ayuda? —Su voz sonaba ronca, incluso un poco entusiasmado. Harry se limitó a quedarse quieto, sin saber exactamente qué responder. Las manos repletas de anillos del diablo comenzaron a desabotonar la camisa blanca del rizado. Éste último comenzó a sentir los nervios brotar por su cuerpo, la vergüenza acumulándose en el rosa de sus mejillas mientras notaba como Louis observaba sin pudor alguno su delgado torso. Muchas veces Louis había fingido no estar, y había visto el cómo Harry se desnudaba lentamente para irse a bañar. Le fascinaba su pálida piel de porcelana, lo pequeño que se veía en ropa interior y calcetines. Cuando este se metía a la ducha o bañera quería -realmente lo hacíalamer las gotas que resbalaban por la espalda de su niño favorito. Quería abrazarlo por detrás y lamerle todo el cuerpo. El arcángel deslizó los tiradores por sus hombros hasta quitarlos del camino, y también se deshizo de la camisa que cubría la preciosa piel del más bajo. La tiró al piso, sin importarle lo más mínimo el que se ensuciara y llevó ambas manos hacia la espalda baja del niño, el cual se estremeció debido al frío de los anillos contra su piel. Un profundo suspiro surgió del pecho de Louis. —No sabes cuánto llevo esperando para tocarte así... —Confesó mientras subía sus manos por los costados del menor, sintiendo sus costillas. —Fue una tortura no sentirte todo este tiempo. Harry no se atrevió a preguntar, simplemente devolvió el beso en los labios que el mayor le brindaba, sintiéndose pequeño ante las caricias por su torso, descubierto, algo avergonzado. No es como si le fascine su cuerpo. Louis se apartó tan solo un poco. —Ven. —Se inclinó un poco y pasó un brazo por debajo de las piernas de Harry, alzándolo. Todo lo que hacía lo estaba haciendo con una tremenda delicadeza, y es que no podía simplemente corromper al niño, ya que éste era una persona con un alma demasiado pura y todo lo que se encontraba experimentando era nuevo. Lo dejó con delicadeza sobre la cama, acostado mientras se quedaba de pie a un lado. Harry simplemente lo miró, bajando la mirada en cuanto notaba como el diablo se quitaba sus zapatos con ayuda de sus propios pies, seguido de comenzar a desabotonar su camisa y quitándosela. Su piel era de un tono normal, en forma y completamente tatuado. Había palabras inentendibles, símbolos que no se atrevía a preguntar por el significado. Era hermoso, perfecto. Se acomodó boca arriba mientras Louis observaba el cuerpo del niño, con la mirada fija en sus shorts y sonreía de lado. —Quítatelos. Harry tragó saliva antes de llevar sus pequeñas manos hacia los shorts, comenzando a bajarla y desviando la mirada, avergonzado al estarse desnudando para el diablo. Finalmente quedó en ropa interior e hizo a un lado la prenda, fuera de la cama. No levantó la mirada por nada del mundo, solo lo hizo cuando Louis posicionó lentamente su cuerpo sobre el de él, quedando lo suficientemente cerca para darle un beso. Al paso de los minutos el rizado comenzó a calmarse gracias a los exquisitos besos que Louis dejaba en sus labios y por la manera en que le acariciaba su piel. Se apoyaba con un brazo a un lado del cuerpo de su niño, y la otra mano la usaba para tomar el muslo de éste y acariciarlo de arriba abajo. No se hartaba de susurrarle cosas al rizado, el cual estaba hecho un manojo de nervios al principio, pero, poco a poco, comenzó a relajarse. Siempre le había asustado aquel contacto tan cercano en las personas, o con sus cuerpos, pero con Louis todo se sentía extrañamente bien. Se sentía protegido, sabía que no iba a salir lastimado, y quería. Lo quería demasiado. Fue inevitable el que Louis bajara sus caderas, creando una exquisita fricción con los miembros de ambos. Lentas y cálidas sensaciones se fueron propagando en el cuerpo del menor, el cual respondía a aquellas caricias mutuas con suspiros entrecortados y leves movimientos de pelvis, incluso aportando y cerrando más las piernas. Le gustaba lo que sentía, le gustaba con quien lo hacía. Estaba siendo tan, tan malo. Un niño demasiado malo. —U-uhm... —Ladeó el rostro en cuanto la lengua de Louis lamió su mandíbula lentamente, llegando hasta detrás de su oreja y besando lentamente aquella zona. Era como un punto débil del menor, lo hacía estremecerse y sentirse mucho más acalorado. —Lou... —¿Te gusta? —Harry asintió. —Tócame. —Louis no podía dejar de disfrutar todo el asunto, y más aún con su nuevo fetiche: Algo tan puro dejándose llevar por algo que estaba mal...pero se sentía bien. Las manos de Harry fueron tímidamente a la espalda del diablo. Era cálida, suave. Le agradaba. Casi ronronea mientras acaricia la columna vertebral de éste de arriba abajo. Está demasiado concentrado en todo lo que su cuerpo siente, todo lo que su cuerpo quiere y, aún más: Que necesita. La piel de Louis era una de sus cosas favoritas, y con el paso de los segundos se volvía adictivo sentirla contra la yema de sus pequeños y delgados dedos. No podía parar, no podía creer que todo lo que sucedía era real. Finalizó por rodear el cuello del arcángel y aferrarse a éste en cuanto Louis se apartó tan solo para quitarse los pantalones. Harry desvió la mirada con rapidez en cuanto notó que el mayor estaba completamente desnudo bajo aquella prenda. ¡Había sido tomado por sorpresa! Los nervios se apoderaron de sí una vez Louis nuevamente se acercó, besando de manera más suave los labios de su niño antes de comenzar a bajarle la ropa interior. Harry se quedó perplejo, con sus ojos fuertemente cerrados y mejillas rojas mientras sentía el cómo quedaba completamente desnudo para el diablo, expuesto. Éste último quitó los zapatos y calcetines del menor, el cual cerró sus piernas e intentó cubrirse. —Por todos los infiernos... —Louis dijo, suspirando tan profundamente que los cuadros de la pared se movieron levemente. Se inclinó hacia la oreja del niño y la mordió suavemente. —Voy a lamer todo tu cuerpo. Y así fue: Comenzó lamiendo sus labios, seguido de su mandíbula y bajando a su cuello, mordiendo suavemente allí. Besó sus clavículas y luego bajó un poco más, rozando con sus labios uno de los pezones del menor. La piel de éste se erizó más, y no pudo evitar formar una “o” con sus labios en cuanto el ente comenzó a succionar levemente, pasando su lengua delicadamente antes de encargarse del otro. Su espalda comenzó a arquearse con el paso en que la lengua iba por su estómago, su plano abdomen, llegando finalmente al vientre. Dejó suaves besos en éste mientras llevaba sus enormes y tibias manos a las caderas del niño, sosteniéndolo con firmeza. Su aliento rozaba contra el miembro del menor, pero a pesar de que estuvo muy cerca, ese no fue su objetivo. Alzó su mirada hacia los ojos verdosos que lo observaban entre confundido y excitado. —Vas a ser un niño bueno, y vas a decirme todo lo que sientas. — Ordenó. El nuevo fetiche del diablo: Oír a su niño favorito decir puras cochinadas. Harry asintió lentamente, dudoso y algo nervioso al no saber qué sentiría. Louis presionó el vientre del rizado firmemente para que éste no pudiera moverse, con su otra mano tomando uno de los pequeños y suaves muslos para separarlo un poco del otro, dejándole visible su pequeña entrada. Sonrió de lado antes de inclinarse más, exhalando lentamente sobre ésta. Harry se removió un poco, realmente sin lograrlo mucho al estar presionado contra el colchón. Su boca se entreabrió aún más cuando sintió algo cálido y mojado en aquella zona privada, algo que le hacía dar leves escalofríos al principio, pero finalmente tener correntadas de placer desde la base de su miembro, expandiéndose por su vientre y fluyendo lenta y exquisitamente por sus venas. Su respiración se atascaba en su garganta, tenía la necesidad de cerrar sus ojitos, con su cuerpo relajado pero tenso a la vez. No evitó mover sus caderas, y soltó un quejido en medio de un gemido al estar inmóvil. La mano del ente era pesada, una fuerza sobrenatural. —Lou...ah. —Al no poder mover las caderas simplemente arqueó un poco su espalda, ladeando la cabeza y llevando sus manos lentamente a los lados de su cabeza, apretando con sus pequeños y delgados dedos, delicadamente, la funda de la almohada. —U-uhm... “Dime lo que sientes.” Una voz susurró en su cabeza. Harry finalmente cerró sus ojos, soltando gemidos bajos, vergonzosos, completamente sonrojado pero ido por el placer que le producían aquellas cálidas caricias, las cuales eran lentas, repentinamente volviéndose rápidas antes de volver a ser como el principio. —Siento, uhm...algo extraño. —Frunció un poco su ceño en cuanto pudo sentir ésta cosa cálida y suave -claramente sabiendo que era la lengua del mayor- adentrarse un poco en su interior de forma repentina, sin siquiera avisar. Intentó acostumbrarse, y al lograrlo lo notó con la ligera capa de sudor que cubría su cuerpo. —Calor...ráfagas de algo, aah, se siente bien... Su miembro palpitaba con fuerza, amaba las caricias que el ente proporcionaba en la parte interna de su muslo. Se alejó de su entrada en cuanto notó que no podía aguantar los gemidos de Harry. Eran demasiado para él, y estaba seguro como la mierda que en toda su existencia jamás había sentido algo tan fuerte. Besó su vientre antes de subir y besarlo profundamente en los labios, arrodillado mientras tomaba los muslos del menor y los separaba, posicionándose entre éstos. Entre una prolongada sesión de besos, el diablo no dejaba de refregar su miembro contra la entrada del menor. Tan solo era eso, y el pequeño gemía gustoso, incluso queriendo más al mover sus caderas en círculos. —Eres un niño tan bueno, Harry... —Los chasquidos de los besos interrumpían su habla, y los temblorosos gemidos del rizado creaban un mejor ambiente. Louis gruñía bajo, como si tuviese una bestia interna en su pecho. Era algo así, ya que realmente necesitaba follarlo con todas sus fuerzas, pero algo le decía que tenía que proteger a éste pequeño. No podía. Incluso el ser más cruel del universo no podría lastimar a Harry. No había necesidad de prepararlo, podía hacerlo y de una mejor manera. Se alejó de los labios de su niño y lo miró fijamente a los ojos. Harry parecía perderse en su mundo cada vez que Louis le veía fijo, y es que estaba obsesionado con la peculiar originalidad de aquellos ojos celestes con cuarto rojo. Simplemente amaba ver como el rojo se volvía celeste, era como ver el cielo y el infierno a la vez. Harry no quería estar en ninguno si significaba no tener a Louis a su lado. —Mírame, no dejes de mirarme, niño. —Ordenó. No paraba de ordenar, y ninguno se quejaba. Los brazos de Louis tomaron los muslos de Harry mucho mejor antes de atraerlo más a su miembro, un poco hacia abajo. Una mano bajó a su erección y la alineó con la entrada del menor, el cual tragó saliva con fuerza. —No dejes de verme, cariño. Distraído al haberse derretido internamente con aquel apodo, sus ojos se abrieron más de la cuenta al sentir un ardor en su entrada, algo abriéndose paso en su interior. Fue cuando cerró sus ojos con fuerza que Louis se detuvo. —Mírame. —Nuevamente ordenó con su voz volviéndose más profunda. De inmediato los ojos llorosos de Harry se abrieron, observando fijamente los ojos del mayor y sintiendo cosquilleo en donde se abría paso su miembro. No había dolor, el ardor era demasiado leve para notarlo, no como al principio, y solo podía mantener sus labios entreabiertos, sin dejar de ver al amor de su vida. Éste último también había abierto levemente la boca, con las pupilas dilatándose y el precioso color celeste volviéndose un azul profundo. —Mierda. ¿Te duele? —Harry negó lentamente. Sin embargo, podía sentir que de a poco no tenía suficiente aire. Estaba muy lleno, era muy grande. —Bien. No te atrevas a dejar de verme. Louis comenzó a mover sus caderas en un ligero y lento vaivén al principio, observando a su niño con atención. Parecía como si quisiese descifrar algún cambio en éste, alguna queja o signo de que estuviera sufriendo, pero solo pudo sentirse orgulloso con una coqueta sonrisa ladina en cuanto un suspiro escapó de la boca del menor, separando más sus rojizos y rellenitos labios que al diablo tanto le gustaban. El vaivén iba igual de lento, pero un poco más profundo. El calor los invadía a ambos, y ahora estaban mucho más cómodos: Sus cuerpos pegados, compartiendo lentos besos de vez en cuando. Louis acariciaba la frágil y delicada figura de Harry, yendo desde su cintura hasta sus caderas, sosteniéndolo y presionando la yema de sus dedos contra la piel, sabiendo que luego tendría una marca. El calor irradiaba de sus cuerpos, los gemidos eran audibles incluso en el primer piso y simplemente no sentían que pudiesen parar. El menor se encontraba más que agradecido por no sentir ningún tipo de dolor, y el recuerdo de aquel ardor al principio se había evaporado por completo luego de sentir todas las correntadas de placer que fluían por sus venas. Los vaivenes de Louis se habían vuelto embestidas un poco más rápidas, un tanto bruscas luego de haber encontrado el ángulo correcto para rozar el punto dulce del menor. Ya podía dejar de verlo a los ojos, pero simplemente no querían. Se sentían más conectados de lo normal, como si pudiesen sentir lo del otro. Harry, muy concentrado en lo que experimentaba por primera vez su cuerpo, jamás oyó el ruido de la puerta principal abriéndose. —¡Estamos en casa! —Se oyó. De inmediato Harry dio una profunda inhalación, sorprendido con la guardia baja y asustado a la vez que dejaba de moverse y observaba fijamente a la puerta de su cuarto, de repente sintiéndose muy mal. ¡Estaba pecando tanto! Lejos de ser un alma pura. ¡Lejísimos! Louis no detuvo sus embestidas. Fingiendo no haberlo notado, simplemente comenzó a dejar suaves y húmedos besos sobre la piel del cuello del menor, acelerando sus embestidas. Harry, cegado por el placer, rodeó el cuello del diablo con sus brazos y cerró sus ojos, tensando sus piernas. Necesitaba disfrutar, necesitaba pensar. —¡Harry! ¿Estás durmiendo? —Unos pasos se hicieron audibles en las escaleras y todo su cuerpo se congeló, abriendo sus ojos en dirección a la puerta. Como arte de magia, el pestillo se corrió por sí solo, trabando la puerta antes de ser abierta. La perilla fue giraba un par de veces antes de que se oyera un profundo y agotador suspiro y que subiesen las escaleras, nuevamente al primer piso. Todo el cuerpo de Harry volvió a relajarse, intentando calmar los acelerados latidos de su corazón antes de abrazar a Louis mejor, aferrándose con miedo y presionando sus labios contra el cálido hombro del diablo para acallar sus jadeos fuertes, soltando sonidos contra la piel del mayor. Las embestidas se volvían cada vez más fuertes, tanto que Harry comenzó a clavar sus uñas en la piel de los bíceps del rey de las tinieblas, el cual respiraba profundo y gruñía de vez en cuando, también jadeando roncamente mientras la cama rechinaba un poco. Ambos estaban por llegar, y Harry se nublaba ante la cercanía del clímax ya que jamás lo había experimentado, y apenas tenía idea de qué era. —L-Lou, uhm... ¡AH! —Fue cuando los dientes de Louis mordieron levemente el lóbulo de la oreja del menor que este arqueó su espalda, entregándose a la placentera sensación de su cuerpo siendo lentamente sumergido en una gran ola de satisfacción y liberación. Su respiración se cortó, tembló por unos segundos y su esencia salía de su miembro, manchando ambos torsos. Louis no dejaba de impulsarse sobre su niño favorito, acabando dentro suyo en segundos después. Ambos jadeando por un poco de aire mientras se abrazaban, piel contra piel entre las sábanas ya algo desordenadas. Harry mantenía sus ojos cerrados y labios entreabiertos a la par en que el mayor le tomaba del rostro, observándolo con una sonrisa ladina para luego comerle la boca, lenta y profundamente, ambos acariciando mutuamente sus lenguas. —Lo has hecho tan bien, niño. —Halagó a la par que el menor aferraba mejor sus brazos al cuello del diablo, abrazándolo. —...Lo lograste. —¿Mh? —Rozó con su nariz el cuello del menor, el cual cerró sus ojos. —Hacerme sentir el ser humano más amado en la tierra. Lo lograste. Honestamente, Harry creyó que no podría dormir aquella noche. Luego de hacer el amor sintió que no podría pegar un ojo. El diablo había dicho que sería el humano más amado de toda la tierra...pero “hoy”. Solo por hoy, y ya. Y eso no había salido de su cabeza para nada. Sin embargo, los cómodos y cálidos brazos de Louis envolvían su cuerpo de una manera que lo hacía sentir protegido, agotado. Tenía más sueño de lo que alguna vez había tenido, e incluso creía que Louis podría estar haciendo aquello. Sin embargo, estaba realmente cansado como para ponerse a llorar, o despedirse apropiadamente del -ahora- amor de su vida, incluso si éste era el que finalizaría por matarlo. El mayor pasaba las cálidas yemas de sus dedos por el pálido y suavecito brazo del menor, el cual se estremecía con el toque a la par que veía cada vez más nublado. Para cuando quiso darse cuenta, ya se había dormido. Y despertó al siguiente día. El dolor que sentía en los músculos era inexplicable, la pesadez de su cuerpo y el leve malestar en su pecho lo empeoraban. Las cobijas cubrían su figura y la de la persona que lo abrazaba desde atrás, el cual hacía todo más cálido. Quitándole el malestar que llevaba sobre él estaba realmente feliz. Había dado su primer beso, había hecho el amor por primera vez, todo eso con Louis. Con el diablo. Ya nada podía ir mal. Se removió un poquito al sentir que la mano del rey de las tinieblas le acariciaba la pancita. Claramente estaba despierto... ¿Siquiera dormía? ¿Siquiera él seguía vivo o era toda una ilusión? —Mh. —Louis suelta aquel sonido luego de olfatear los ricitos de Harry. — Hueles como si te hubiese hecho mío. —Dice. Tira del cuerpo del rizado y éste comienza a darse la vuelta hasta quedar de frente al cuerpo desnudo del mayor. Su oído ya no hace ese extraño sonido, y ahora puede mirarlo a los ojos las veces que lo desee. Sin embargo, se siente muy avergonzado como para verlo, pero se mantiene observando fijamente sus labios. Louis toma aquello como una señal y no se negó a dejar un suave pero lento beso en los labios de su niño favorito, el cual parecía algo perdido en sus pensamientos. El diablo se alejó solo un poco para verlo, esperando que hable. —Sigo aquí... —Dijo el rizado, parpadeando lentamente y rodeando tímidamente el cuello del mayor en cuanto éste se acercó más y comenzó a dejar tibios besos sobre la piel de su cuello. —Si. —N-no me sucedió nada. —Tartamudeó. Aún sentía algo de miedo, y fue como si Louis pudiese sentirlo ya que lo envolvió mejor por la cintura. Apartó su bello rostro del cuello de su niño y ambos se vieron fijamente por primera vez en el día. Fue algo precioso. —¿Por qué? Nuevamente continuaron observándose por unos segundos a los ojos. El diablo suspiró, sonriendo de lado con una lentitud delirante antes de girar un poco el cuerpo del niño, dejándolo boca arriba y posicionándose sobre éste. Le acarició el muslo con cuidado, rozando por debajo de las sábanas su miembro entre las piernas de Harry. Éste bajó la mirada con vergüenza, mordiendo su labio inferior para no suspirar como torpe. El rostro de Louis baja lentamente hasta quedar a la medida de su oreja, mordiendo suavemente el lóbulo de ésta antes de pegar su boca. —Porque quiero y puedo. —Simplemente respondió. En parte Harry teme a aquello. Piensa en que podría desaparecer en cualquier momento, sin tener una justificación válida, solo un “Porque quiero y puedo.” —Oh. —Dice, nuevamente aferrándose al cuello de Louis cuando éste se alejó para verlo fijamente a los ojos. Harry se atrevió a alzar la mirada, cruzando su vista con la del diablo. —Y voy a disfrutarte un rato más...porque quiero y puedo. —Sin más, atrapa los labios de su niño entre los suyos, besándolo lenta y profundamente, ladeando la cabeza para que sus narices no choquen y sea incómodo. Harry suspiró por la nariz, siguiendo aquel compás mucho mejor que antes: Menos nervioso, más relajado, demasiado protegido entre los brazos del que influía en los malos sentimientos, pero le hacía sentir todo lo bueno. Solo a él. Sus lenguas se acariciaban entre pequeños sonidos que Harry soltaba, ambos presionados con el cuerpo del otro, con Louis frotando suavemente su miembro con el de su niño, amando la manera en la que éste se veía tan pequeño y delicado bajo su cuerpo, entre sus brazos. —Oh, mierda. —Se quejó, apartándose y poniendo su peor cara. Harry lo observó con algo de miedo, temiendo haber hecho algo mal, pero los golpes en la puerta no le dieron tiempo a preguntar. —¡Harry! ¿Estás despierto? —La voz de su madre se hizo presente. Harry observó al diablo, el cual le restó importancia y volvió a besar los labios del niño, indicándole que se mantuviera callado. El rizado obedeció y continuó el beso, embobado, amando el sentir las cosquillitas en su pancita y vientre. El pomo de la puerta gira repentinas veces, sin éxito. La puerta continúa sin abrirse y todo gracias al pestillo que Louis puso con la mente en pleno sexo...era raro decirlo. —¡Harry! ¿Estás despierto? Ambos continúan con los besos. Harry sabe que Louis cree que va a irse, pero él conoce a su madre, y ésta no se irá hasta recibir una respuesta. Sin embargo, continúa siendo obediente y no se niega a los exquisitos besos que el diablo le proporciona. —¿Hijo? ¡Harry! Louis se aparta con mala cara. —Contesta. —Ordena en un tono de voz frío. La piel del niño se eriza y el diablo parece darse cuenta. Aclara su garganta antes de responder: —Ya voy, mami. —Abre la puerta, cielo. —Pide Anne, nuevamente girando inútilmente el pomo un par de veces. —Uhm...Mi cabeza duele un poco. —Miente, y el diablo sonríe de lado, encantando. —¿Puedo dormir veinte minutos? —Louis alza ambas cejas, como preguntándole si realmente lo decía en serio. Eso no alcanzaría para todo lo que quería hacerle. —¿Treinta? —Harry ofrece con duda, inocentemente. El mayor pone los ojos en blanco y mala cara antes de dejar suaves besos en los labios de su niño favorito. Oh, al carajo. Jugaría con el tiempo, no quería desaprovechar el tener al niño más puro de la tierra desnudo y entre sus brazos. —Cielo, debemos ir a la iglesia. —Insiste su madre en tono dulce. —Lo sé. Solo un poquito, ¿Puedo? —Harry casi ruega contra los labios del diablo, el cual empuja sus caderas contra las del menor, robándole un suspirito. —...Vale. —Accede Anne. Louis de inmediato comienza a besar al menor de la misma manera en la que lo estaba haciendo. —Solo un poquito. Te traigo el desayuno en media hora. Pero iremos a la iglesia, ¿Me oyes, Harry? Iremos. Ignora la orden de su madre debido a que está demasiado perdido en las caricias que el arcángel proporciona en sus labios, y en como los dedos de éste se dirigen hacia su entrada, acariciándola. —Lou.. —Suelta, y sus ojitos se cierran en cuanto dos dedos se adentran en su interior comenzando a moverse en forma de tijera, lenta y delirantemente. Pequeños gemiditos escapan de sus labios, abriendo más sus piernas y sintiendo una leve capa de sudor cubrir su pequeño cuerpo mientras el diablo no deja de besar sus labios y rozar su punto dulce con la yema de sus dedos. Sintió como Louis apartaba solo un poco su rostro del menor, como si lo estuviese viendo. Luego se hicieron presente las caricias en sus ricitos y los profundos suspiros del mayor. —Te ves tan...corrompido por mí. —El diablo dice, bajando a besar los labios de su niño favorito a la par que comienza a frotarse contra la cadera de éste, el cual se encuentra cegado por las olas de placer que lo invaden por dentro con una delirante lentitud. Minutos después llega al clímax por segunda vez en su vida. Desearía sentir aquella deliciosa sensación por el resto de sus días, se ha vuelto adicto a ella. Se encuentra sediento de lo que sea que Louis le enseñe por primera vez. Harry es atraído al pecho de Louis, y aún es increíble en la situación en la que se encuentra. Jamás se imaginó que invocaría al diablo, que le vendería su alma, y mucho menos que al hacerlo se enamoraría tan perdidamente. El miedo de que Louis no lo ame se había ido de su pecho, por su bien o si no se volvería loco con el paso de los días. “Que pase lo que tenga que pasar”, e intentaría esperar pacientemente. Disfrutar lo poco que le queda. El mayor acarició con suavidad una mejilla del menor, provocando que éste alzara el rostro y ambos se vieran por unos segundos. El ente soltó un profundo suspiro antes de negar lentamente con la cabeza. —¿Qué sucede? —Harry no pudo evitar demostrar su preocupación, sonrojado y ladeando un poco su cabeza. El silencio se hace presente por solo un par de segundos antes de que Louis decida contarle: —Tu familia sospecha. Es como si el aire de la habitación se estuviese yendo de a poco, y la cabeza de Harry -la cual ya dolía desde que despertó- estuviese por explotar. Se encontró temblando cual hoja a los segundos de oírlo, y el diablo no dudó en acurrucarlo más cerca, comenzando a besarle el cuello. —... ¿Qué? —Sospechan que tienes algo malo. —Dijo con sus labios pegados contra la piel del menor. —No saben qué, no creen que yo sea real, pero saben que hay algo. Y van a sospechar más ahora, porque te ves terrible. La garganta de Harry pareció cerrarse de golpe a la par que su cuerpo se congelaba y miles de inseguridades rondaban por su cabeza; Inseguridades respecto a él, a su físico, a su personalidad y torpe inocencia que tanto detestaba. En el instituto casi siempre le decían que no era muy bonito, o se reían de él por ser el más bajo teniendo ya dieciséis años, e intentó que no me importara lo suficiente. Pero que Louis le diga que se veía terrible, sea de la manera que lo haya dicho, fue un golpe bastante bajo. Louis alza el mentón de Harry con su mano en cuanto ve las lágrimas caer de sus ojos verdes. No puede evitar sonreír de lado. —¿Mi niño favorito está dudando de su belleza? —No puede evitarlo. Se acercó lentamente y dio un beso sobre una lágrima, saboreando la tristeza del rizado. —¿Solo por lo que yo dije? —S-sí. La sonrisa de Louis se borra lentamente a la vez que conecta su mirada con Harry. Ambos se ven fijamente, y el menor puede notar que el diablo está a punto de decir algo que debía de quedarle en la cabeza. Se veía ofendido e indignado, por alguna razón. —Que sea la última vez que crees que te veo de una manera desagradable. Eres lo más precioso y puro que mis ojos han presenciado. Las mejillas de Harry parecen estar a punto de estallar mientras limpia rápidamente sus lágrimas y mira hacia otro lado tímidamente. Por algún motivo, que Louis le hable así le hace saber que está expuesto, desnudo contra su cuerpo, y siente que se ahoga en la vergüenza, aunque tampoco planea moverse. —Lo siento... Louis le suelta el mentón y lo abraza más contra él luego de la disculpa. Por algún motivo, luce como si lo hubiese perdonado. ¿Este precioso hombre realmente era el diablo? —Te ves terrible porque estoy aquí mucho tiempo. Estuvimos más cerca de lo que debíamos, y me metí en tu cabeza. Luces muy enfermo. —Dice, observando con detalle el rostro del menor: Pálido, ojeroso, más delgado, con sus ojos solo un poquito más vacíos. Muy poquito. —¿Te metiste en mi cabeza? —Sorprendido y sin comprender aquella referencia, tan solo parpadea lentamente y ve a Louis, el cual se mantiene viéndolo fijamente a los ojos. —¿Cómo? La sonrisa ladina del diablo le hace suspirar de manera embobada mientras éste se acerca a su oreja izquierda, besándola. Es un verdadero alivio poder oír una hermosa voz y no pitidos. —¿Acaso crees que en tu primera vez no iba a dolerte? —No evita lamerle detrás del oído, lo cual provoca que todo el cuerpo del menor se estremezca. —Hice que me vieras a los ojos para meterme en tu cabeza y que así no sintieras dolor. Oh. Era algo abrumador. Era como haber estado poseído. —Oh...oh, vaya. —El diablo se aparta y lo ve a los ojos. Harry está sumergido en sus pensamientos mientras baja la mirada al torso del mayor, el cual está repleto de tatuajes. Se mantiene acariciándolos con la yema de su dedo índice, su mano cómodamente apoyada sobre el estómago del ente. Finalmente suspira. No puede dejar de pensar. — Lou... ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo iré a la iglesia? Apenas lo piso comienzo a vomitar o me asfixio. No quiero volver a sentir eso nunca más. —No vas a sentirlo. —Lo tranquiliza de inmediato, provocando que cerrara sus ojitos y suspirara de alivio. Un problema menos. —Voy a irme. Sus ojos se abren de inmediato, y automáticamente sus manos van a los bíceps de Louis, sosteniéndose de éstos y negando rápidamente. —¿Qué? No. No, no. Quédate. —Niño, créeme: Amaría ver la cara de todos al saber que soy real, pero no es tan fácil. No desde que finalmente eres mío, y todos pueden dañarte. Harry está a punto de comenzar a llorar. —No quiero que te vayas...La última vez fue horrible. —Su voz tiembla y sus ojos se llenan de lágrimas. Louis lo observa de manera neutra, queriendo que continúe comentándole como fue todo sin él. Necesitaba saberlo. El menor traga con fuerza y baja la mirada. El nudo en su garganta no se va. —Quiero decir: Me alivió el no sentir el malestar, o el pitido en mi oreja. Pero el vacío que sentía en mi pecho...fue insoportable. Parece no notar como los músculos del diablo se tensaron, o como parece estar congelado, quieto en su lugar. Incluso parece perdido en sus pensamientos, o como si supiera o tramara algo. Harry se sobresalta cuando siente el frío llegarle de golpe: Louis ha dejado de abrazarlo y se ha levantado de la cama. Se viste tan fluidamente que Harry está impresionado mientras él tan solo se sienta en la cama, cerrando sus ojos al recibir un mareo algo fuerte y volviéndolos a abrir. —¿Vas...vas a irte? —Pregunta con la voz entrecortada mientras trapa su cuerpo con las cobijas. Se encuentra temblando y no sabe si es el frío o el miedo por el vacío que sentiría. —Si. Luce serio, frío a lo que sea mientras le da la espalda y se abotona la camisa hasta arriba, acomodando el cuello. —¿Dije algo malo? Me pasé, ¿Verdad? Lo siento. No quería faltarte el respeto. En cuanto Louis se gira y ve a su niño favorito, tan pequeño y frágil, con su cuerpo tapado por las cobijas, sus mejillas sonrojadas, ojos llenos de agua y ricitos despeinados, no puede evitar comenzar a caminar hacia él hasta inclinarse y comenzar a besarlo. Lo besa lenta y profundamente, metiendo su lengua y sosteniéndole el rostro con necesidad. Harry de inmediato se aferra a su cuello con sus brazos, necesitando más. Louis no puede evitar consentir a su niño favorito. Permanecen besándose por un largo tiempo, perdidos en los labios del otro, en las caricias que se daban. Finalmente, Louis se aparta con una mordida en el labio inferior de su niño, el cual abre los ojos lentamente y luce embobado, acalorado y con sus labios rojos. —Vuelvo en un día. —Dice, sonriendo de lado. No puede evitar soltar un casi inaudible quejido. —E-está bien. — Finalmente concuerda, aunque sigue en desacuerdo. Louis deja un último beso en sus labios y se aparta, caminando hacia un rincón de la habitación y quedándose allí, observando a su niño. Harry continúa con el puchero en sus labios, intentando no llorar. —Volveré más pronto de lo que crees. Asiente lentamente antes de parpadear, y finalmente Louis no se encuentra más allí. Ya la primera respiración se vuelve extraña, y nuevamente está ese vacío que no lo deja en paz. La pequeña mano de Harry da unos rápidos y bajitos golpes en la puerta, apresurado y viendo paranoicamente alrededor, temiendo cruzarse con su madre o padre, aunque éste probablemente lo ignoraría. La puerta finalmente se abre, revelando a su linda hermana, Gemma. — Harry, ¿Qué...? Oh, Dios mío. ¡Luces terrible! —¡Sh! Rápidamente se adentra a la habitación sin siquiera pedir permiso. Es bonita, rosada, huele bien y hay maquillaje sobre la cama. ¡Perfecto! Está a punto de encaminarse hacia éste, pero su hermana tira de su brazo luego de cerrar la puerta y lo pone frente a ella, tomándolo de las mejillas con cuidado. —Hazzie. ¿Qué sucede? Estás... —Su voz tiembla un poco, negando con su cabeza. —...no estabas así hace unos días atrás. No te veías así hace semanas, e incluso te ves peor. —Lo sé, lo sé. —Intenta tranquilizarla llevando sus propias manos hacia las de su hermana, pero las tiene casi congeladas, y ésta se horroriza más. —Es que no dormí. Con todo el asunto de Brad mi apetito se ha cerrado, y estoy intentando usar ropa holgada para no preocupar a mamá. —Que buen mentiroso. Si me gustara mentir y preocupar a las personas, me halagaría a mí mismo. —También he usado maquillaje. Gemma, ya más tranquila no puede evitar reír bajo, observando a su hermano con el ceño levemente fruncido. —¿Es que acaso eres mujer u homosexual? No puedes usar maquillaje. No culpaba a su hermana, en serio. A pesar de nunca haber seguido la opinión de su familia respecto a los hombres que gustaban de hombres, u hombres que usaban maquillaje y supuesta ropa de mujer, Gemma si lo había hecho. Muchos niños pensaban igual que ella, y todo por sus padres. Harry se ponía de ejemplo a sí mismo: Su madre le había enseñado que al despertar era esencial darse una ducha, pero muchas personas no lo hacían, o lo hacían en otros horarios. Es como cada uno cría a sus hijos, pero, honestamente, espera que lo que Fionn había dicho respecto a que las cosas en el mundo cambiaran sea verdad. Que los hombres usaran maquillaje y no sean homosexuales por ello, o que la homosexualidad no sea un pecado para tantos. Que no haya ropa con género, sino que simplemente ropa. Y que la gente juzgue y se fije un poco menos en lo que uno lleva, o como es. —Lo sé, Gemms. —Sonríe falsamente de lado, fingiendo estar de acuerdo. Gemma se dirige hacia la cama y se sienta, observando a su hermano. — Pero si no lo hago mamá enloquecerá. —Mamá ya ha enloquecido. Siéntate. —Dice mientras busca entre su maquillaje algo que sirviera para su hermano. Harry se sienta frente a su hermana mayor, observando cómo ésta toma algo parecido a un labial, pero es color piel claro, y comienza a hacer líneas por su rostro, sosteniéndolo del mentón. —¿Por qué dices que mamá ha enloquecido? —... ¿Prometes no decir nada? —Los nervios se instalaron en el estómago del menor a la par que asentía. De por mientras, su hermana pasaba su dedo índice por todo su rostro. —Ayer fuimos a la charla familiar. Se supone que hablaríamos de temas de la iglesia, y los tíos darían una charla sobre Brad. —Dice. Harry cierra sus ojos cuando Gemma pasa su dedo por sus párpados. —No fue así. Mamá y papá comentaron lo raro que has estado, el cómo los médicos dicen que no tienes nada, pero te ves mal, y actúas diferente. Ellos dicen que tienes algo malo. Harry abre sus ojos nuevamente cuando su hermana se aparta, sin poder evitar demostrar algo de miedo. —¿Algo...malo? —Si. Que tienes algo malo, y que deben quitártelo. Por algún motivo el enojo comienza a brotar de su cuerpo a tal punto que siente como comienza a sudar. Miles de imágenes sobre alguien cualquiera- quitándole a Louis de su lado lo invaden, provocando que negara con enfado. —Eso es...tonto. —Escupió. Su hermana le da una mirada seria por un rato antes de ponerse de pie. Pronto se oyeron golpes en la puerta. —Niños, a desayunar. Y rápido. Harry está a punto de ponerse de pie, pero es bruscamente empujado nuevamente a la cama, tomado por sorpresa y alzando la mirada con algo de susto hacia su hermana. Esta última lo apuntó con su dedo índice mientras lo veía fijamente a los ojos. —Mejor que sepas en lo que te estás metiendo. Parpadeó lentamente, realmente sorprendido. —... ¿Qué? —Mi hermano hubiera comenzado a llorar, preguntándome si realmente tiene algo malo. —Ambos se ven por unos segundos mientras los ojos de Harry se vuelven llorosos. Baja la mirada rápidamente. —No digo que no hagas lo que quieras, digo que sepas en lo que te estés metiendo. Porque yo...no te tengo miedo. —Gemms... —Y no pienso apoyarte, Harry. Sea lo que sea, mientras esté mal, no te apoyo. —Finalmente comienza a juntar el maquillaje y Harry aprovecha para salir de la habitación rápidamente antes de que comience a llorar. El desayuno había sido incómodo ya que Gemma no le sacaba la mirada de encima a su hermano mientras tomaban de su té y comían pan con mermelada de fresa. Su madre hablaba y se veía radiante, feliz de que Harry no tuviese la cara de un monstruo -Aunque no sabía que éste en realidad la tenía y la ocultaba bajo una capa de maquillaje- y no estuviera lo suficientemente poseído por el diablo (Cuando en realidad había sido poseído por el diablo de todas las maneras que uno imaginaría) como para no ir a la iglesia. Su hijo estaba sano, sin embargo, debía esperar a que llegaran y no comenzara a vomitar como un demente con problemas estomacales. Finalmente fueron a la iglesia en coche. Su padre se negaba a llevarlo al principio; Ya aquello fue algo para poner triste a Harry. Anne lo convenció con un susurro al oído y marcharon silencio hacia la casa del señor. Sin música, sin Dominique a todo volumen. Tan solo un incómodo silencio, y Harry sabía que él hacía la situación incómoda. La misa transcurrió tranquila. Los tíos y primos de Harry estaban allí, allí y veían de reojo al niño el cual, con vergüenza, hacía cosas que supuestamente no debería de hacer. Dios debía de estar realmente enojado con él. Finalmente, todos comenzaron a encaminarse hacia la salida cuando ésta finalizó, pero Anne llevó a Harry a hablar con el cura y era una razón más para nombrar a éste día: “Me dedico a mentir y lo hago estupendo.” —Harry Styles. —Nombra al niño aquel hombre mayor con ojos enormes y acusadores. No, tal vez solo está muy paranoico. —Un placer volverlo a tener en la casa del señor. ¿Cuáles fueron los motivos de su ausencia? La boca de Harry se abre para contestar, pero su madre decide hacerlo por él: —Harry no se sentía muy bien éstos días. Mucha angustia en su interior. —Bueno, no estaba mintiendo. Había angustia y un ligero vacío en su pecho. Louis, vuelve. —Creo que no le vendría mal confesarse. ¿Qué opinas, Harry? No, no, no, no. ¡No! —No lo sé, yo... —Ríe bajo, intentando buscar una manera de zafarse de aquello sin tener que salir corriendo o algo así. —Tengo tiempo. Harry, acompáñame, por favor. —Rápidamente dice el cura, asintiendo con la cabeza hacia aquel “armario” (Harry lo llamaba así) en donde la gente se confesaba. Ambos se adentran luego de que Anne sigue a su familia. Ya no queda nadie en la iglesia, solo un profundo silencio y el eco de la voz del cura cuando éste comienza a hablar: —Vamos a rezar primero. El hombre mayor comienza a rezar en voz alta, y Harry finge seguirlo. No puede, simplemente no está bien. Al finalizar nuevamente el silencio se hace presente, y Harry decide romperlo e intentar no sonar sospechoso. —... ¿Padre? ¿Qué hago si no tengo nada...nada que decir? —Tartamudea un poco a la par que acomoda nerviosamente sus tirantes negros. —¿No quieres confesar nada? —No. —Responde con rapidez. —Tu madre dijo que has estado angustiado. —Harry se encoge de hombros. —¿Tienes cosas que confesar? —Sí, pero todos tenemos secretos. —Dice, intentando demostrar que no hacía falta revelarlos. Era lo cierto: Cualquier persona tenía secretos, y también tenía el derecho de no querer decirlo. —Está bien, Harry. Puedes contármelos. ¿Hay algo malo que hiciste? —El cura usa su tono de amabilidad, pero es demasiado falso. No porque el hombre no sea amable, pero simplemente no le cree. —No. —¿Seguro? No. —Si. —Bien. —Harry nota de reojo como el hombre se acomoda en su lugar. Un suspiro sale de sus labios. —¿Algo de lo que te arrepientas? Maté a mi primo, maté a dos personas que no sabían lo que hacían, provoqué un infarto a mi padre y ahora me odia. Mi hermana ya no confía en mí, mi familia habla a mis espaldas, me tienen miedo. El maquillaje es para mujeres, la homosexualidad está mal. Estoy donde no debería de estar. —No. —Harry...para confesarte debes de decir la verdad. Se pone tan nervioso que sus manos comienzan a temblar. Necesita protección, necesita no sentirse tan mal. —Lo estoy haciendo. —Intenta sonar honesto, pero no lo logra. —Sé lo que tienes. Lo vi. —Sus ojos comienzan a llenarse de lágrimas. ¿Cómo puede estar intentando disimularlo? —Lo veo en ti. —No tengo nada, señor. —Su voz se alza un poco, preso del pánico. —No te atrevas a mentir en la casa del señor. —Comienza a sollozar en cuanto la voz del cura también se alza. —Confiesa. —Yo no—Confiesa ahora. Está a punto de comenzar a llorar con fuerza y realmente, realmente, realmente confesar. Sin embargo, un fuerte viento se hace presente dentro de la iglesia, y todas las velas se apagan. Quedan a oscuras a excepción de las ventanas cerca del techo. El frío comienza a hacerse presente, los vellos de su nuca se erizan mientras intenta ver desde la puerta de madera a cuadros que no le permite salir. —¿Qué estás haciendo? Harry acerca su rostro a la puerta, y se sobresalta en cuanto ve a una figura alta y cubierta con una capa negra en el banco donde anteriormente él se sentaba durante la misa. Su espalda choca contra el armario y comienza a respirar rápido. —¿Qué? ¿Qué sucede? —Quédese aquí, y no salga hasta que yo se lo diga. —¿Qué? No. No es posible. Esta casa está bendecida. rápidamente, también pegándose contra el armario. —Niega —P-por favor, quédese aquí. Harry abre la puerta con lentitud oyendo como ésta rechina. Sale temblando como una hoja al viento, sin quitar sus enormes ojos verdes de la figura alta y terrorífica que permanece como si fuese una estatua. No deja de acercarse, y es allí cuando la supuesta muerte se pone de pie, provocando que se detenga. Su corazón late demasiado rápido, su cabeza le duele levemente. —¿V-viniste por mí? —La figura niega lentamente antes de levantar su exageradamente largo brazo, apuntando con un fino y pálido dedo índice hacia el armario. El frío se incrementa en su cuerpo. —¿Por qué? —No responde. Harry niega rápidamente. —S-si te lo llevas...todo será m-muy obvio. La muerte continúa en silencio, y el rizado se sobresalta cuando nuevamente apunta hacia el armario, solo que más brusco, impaciente por tomar lo que le pertenece. —Van a creer que lo asesiné, y todo empeorará. ¿Quieres...que Louis se moleste? —Finalmente la muerte baja su brazo, se queda quieta por unos segundos e inesperadamente camina hacia el confesionario. Harry rápidamente se pone en frente, muerto de miedo. —¡No! No vas a llevártelo. —Y firme, decidió por algo que no creyó arrepentirse. —N-no te lo permito. No te dejo. Es allí cuando las manos de aquella cosa suben a la capucha de la capa y la baja lentamente. Un hombre calvo, pálido, similar a un esqueleto lo observa fijamente. Lo más intrigante y bizarro de aquello es que tiene los ojos de Harry. Cuando los suyos se cruzan con los farsantes, adrenalina viaja por su cuerpo. Imágenes entrecortadas se hacen presentes en su cabeza: Momentos felices, momentos de dolor. Son pocos, pero son importantes. Siente como si le tomaran el corazón con el puño y lo apretaran fuerte. No puede respirar y siente su cabeza volar en mil pedazos, pero sabe que sigue normal ya que puede seguir presenciando todo aquello. Parpadea, y las velas se prenden por sí solas nuevamente. No hay nada frente a él, solo un humo oscuro que cuando lo respira al inhalar bruscamente, se tambalea y cae hacia atrás. No se desmaya, pero está algo ido. No es el mismo. El cura sale rápidamente del confesionario, importándole poco las órdenes del niño. Se acerca a éste último y se arrodilla, sacudiéndolo de los hombros. —¿Harry? —Al verlo tan ido lo sacude nuevamente, desesperado, aterrorizado. Aún no creía que lo que vio era real. —¡Harry! Iré por tus padres. Sí, eso haré. —El hombre está a punto de ponerse de pie, pero Harry tira rápida y bruscamente de su brazo, importándole poco si le hace daño. ¿H-Harry? Se sienta lentamente con la ayuda del cura, el cual sigue en shock. Sus manos tienen cosquilleos, el malestar está más presente que nunca y siente...siente... Casi nada. —Estoy... —Su voz tiembla, sus ojos están llenos de lágrimas, pero por más fuerza que haga, no puede llorar. Alza la mirada y ve los ojos del hombre mayor, aunque no lo hace realmente. —...Estoy bien. E-estoy bien. —Déjame llamar a tus padres. —Ruega. —Por favor, no diga nada. —Nuevamente se ven fijamente y Harry frunce un poco el ceño, sin estar muy seguro de cómo reaccionar. ¿Qué ha pasado? —Me debe una, me la debe. Lo sabe. Niega lentamente. —No puedo decirle a la gente que algo que no es de Dios entró aquí. Esto...Esto jamás sucedió, ¿Vale? Harry asiente lentamente, de acuerdo mientras lleva una mano a su pecho. Los latidos son lentos, siente que le falta algo en su interior y no está muy seguro de poder sostenerse de pie, pero sabe que no puede levantarse por sí solo. —Necesito... —Solloza secamente, pero no lo alivia. ¿Qué está pasando? —...a alguien que me levante. ¿P-Puede? —Si. Sí, claro. —El hombre mayor rápidamente se pone de pie, se inclina y toma a Harry desde atrás, por debajo de los brazos. No le es difícil levantarlo ya que este es muy ligero y pequeño. —¿Puedes caminar? —Puedo. Harry comienza a caminar a paso lento y con la mirada fija y vacía hacia adelante, oyendo un “Cuídate” de a la persona a la cual le salvó la vida. Ya no había donde cuidarse, no había salvación y... Demonios, Louis estaría tan enfadado cuando lo viera. ¿Será que la muerte extrajo sus pocas ganas de seguir viviendo? ¿Será que solía tener ganas de vivir antes de que el dolor en su pecho surgiera, y ahora solo sentía que jamás había querido respirar? Luego de haber salido de la iglesia, su familia fingió no notarlo extraño. Anne preguntó un par de veces si se encontraba bien debido a que su hijo parecía tener serios problemas para caminar, pero ya que la reunión con su familia lavó su cerebro -aunque lo que creían era cierto: Harry tenía al diablo consigo- no quiso acercarse demasiado. Iba a seguir todo como lo planeaban, sin arruinar nada. Fue demasiado literal el hecho de que el rizado llegara a su casa, bajara los escalones y se fuera a dormir. Ni siquiera supo cuando se durmió, nada. El malestar era muy fuerte, el dolor en su pecho demasiado notable. Se preguntó si estaba muriendo. Rogó que sí para no volver a sentir jamás en su vida aquel vacío. Despertó al siguiente día, y no supo cuánto tiempo se quedó viendo el techo, respirando de manera pesada, demasiado débil. Louis no había vuelto, y eso lo hundía mucho más. Intentó mantener firme en su cabeza que no debía dejarse caer, quería a Louis. Y no quería morir solo. No se sentía tan mal como el día anterior, al menos podía mantenerse de pie, siempre y cuando estuviese recargado en algo. El día fue como si nada hubiese pasado, y nadie excepto su hermana le preguntó qué le sucedía. Incluso pudo oír a su madre hacerla callar y continuar fingiendo que todo estaba bien. Le comentaría aquello a Louis, si es que éste no lo mataba. Fue al instituto y se vistió con un grande abrigo color gris, con botones negros. El frío calaba sus huesos, incluso encontrándose en otoño. Un día atrás estaba en pantalones cortos, y ahora estaba temblando, con sus labios morados y piel pálida. Por suerte Fionn no había ido aquel día, y podía evitar todo tipo de preguntas sin respuestas. Volvió a su casa en el auto de su padre con su madre un par de horas después. No había probado bocado en todo el día debido a que la primera cosa que había bebido -una caja de jugo de naranja, ya que no se sentía con ánimos de desayunar- estaba ahora en un retrete del baño. Lo había vomitado de manera inmediata y lo comprendió: Al parecer su cuerpo rechazaba cualquier cosa que lo hiciese sentir bien. Una vez entró, ni siquiera saludó a sus tíos, los cuales tomaban el té en la sala. Pudo notar que su padre estaba a punto de regañarlo por ser maleducado, pero se retractó al instante debido a que recordó las palabras del diablo. Debía ser muy precavido. Finalmente bajó los escalones con cuidado, sosteniéndose de la baranda y abriendo la puerta de su cuarto, prendiendo la luz y girándose para cerrar la puerta con pestillo. No quería ver a nadie. Suspiró y se giró, su corazón dando un vuelco al notar al diablo a unos centímetros de distancia, en la otra punta de la habitación, para ser exactos. Lucía diferente. Sus ojos estaban más abiertos y bordos, sus pupilas muy dilatadas, su mandíbula tensa y sus puños apretados mientras no dejaba de rebajar a Harry con la mirada. Éste último se congeló al verlo de aquella manera porque, vamos, fue muy estúpido no haber pensado en cómo sería el diablo enojado. ¿Creyó que sería el precioso Louis? ¿Ese que lo había estrechado en sus brazos mientras le hacía el amor? ¿El que aliviaba sus lágrimas con palabras preciosas? No. El silencio reinó en la habitación por unos largos segundos. Harry no iba a hablar, sería demasiado irrespetuoso. —... ¿Qué has hecho? ¿Alguien le creería si confirmara que jamás le tuvo el miedo que todos le tienen a Louis? ¿Si jurara que, a pesar de ser el diablo, nunca vio lo horrible, terrorífico y cruel en él? ¿Será que estaba tan enamorado? La voz del diablo había salido tan baja, ronca y tranquila que fue demasiado escalofriante. Le entraron ganas de llorar, pero con cada impulso que quería dar para sollozar, parecía que nada salía de su pecho. Incluso sus ojos, borrosos de lágrimas, no soltaban ni una. Ya no podía llorar. Intentó tragar saliva con fuerza y, en un acto de desesperación, quiso huir. Necesitaba refrescarse. Un baño, sí. Se dirigió apresuradamente hacia el baño, con sus piernas temblando, y dio un salto en su lugar cuando la puerta se cerró con toda la brusquedad posible. Se encogió en su lugar antes de girarse a ver a Louis, pero éste le apareció frente a su rostro, provocando que se hiciese hacia atrás y chocara su pequeña espalda contra la madera de la puerta. Una ligera risa silenciosa en medio de una exhalación escapa de los labios del diablo. —¿Estás intentando escapar de mí? —Su respiración era tan fuerte que un cuadro cayó al suelo, y los demás temblaban levemente. — ¿De mí? Yo fui el único que te protegió. —N-no estoy intentando escaparme de ti. —Harry tartamudea, alzando el rostro y viendo fijamente los ojos de Louis, rogando que éste le creyera. Lo había intentado, pero realmente estaba asustado. Las cejas del diablo se alzan, fingiendo sorpresa. No le gusta éste Louis, éste Louis es malo y sarcástico, y no lo comprende. —¿No? ¿Y qué intentas hacer yendo a otra habitación? —Se acerca de manera brusca al rostro del niño y olfatea solo un poco antes de apartarse —Hueles diferente. Te ves diferente. ¿Qué.has.hecho? —Lou... La brusca y profunda respiración que Louis toma lo hace pegarse más contra la puerta, asustado mientras el pucherito en su labio inferior es muy visible. —¿A quién mierda le diste parte de tu alma? —Sus pensamientos se hicieron reales. —Tú y yo teníamos un trato. Oh. La manera en que lo dijo, tan... “Tú y yo teníamos un trato.” Solo un trato. Nada de amor, nada que llenara su pecho o cumpliera su deseo. Harry se preguntó si alguien realmente había sentido como le rompían el corazón: La sensación pesada en el estómago, las manos poniéndose frías, las puntadas en el pecho y la esperanza haciéndose añicos. Incluso los pensamientos sobre la persona que te lo rompe cambia, y no porque se crea que es un maldito, un desgraciado: Simplemente...todo se torna lejano. No tenía aire. Louis se le había escapado de entre sus dedos, y ahora no era nada. ¿Cómo pudo ser tan torpe de creer que lo amaba? Se lo repitió miles de veces: El diablo es mentiroso. El diablo es mentiroso. El diablo es mentiroso. “—Yo podría hacer que nadie vuelva a hacerte daño...jamás.” El diablo es mentiroso. “—Louis, creo que me estoy volviendo malo. —Imposible, sigo oliendo pureza en ti. —¿Incluso habiendo invocado al diablo? —Eso no fue un acto de maldad. Fue un acto de desesperación ante la maldad de los demás. Muchos no lo entenderían. —Nadie lo entendía. —Yo lo entiendo.” Es tan doloroso. “Una parte de mí adora verte perder la vida poco a poco. Pero otra parte de mí hace lo posible, incluso ser gracioso, para que sigas sonriendo. Jamás me había sucedido.” Mentiroso. Inexpresivo se da la vuelta y abre la puerta del baño, cerrándola rápidamente detrás suyo. Sabía que Louis podía simplemente aparecerse dentro, pero, oh, no quería verlo. No podía. Le costaba tanto respirar mientras se inclinaba temblorosamente en la tina y comenzaba a llenarla de agua fría y agua caliente, intentando buscar la temperatura perfecta para su cuerpo. Ni siquiera podía llorar, sentía que estaba a punto de colapsar. Simplemente se quita los quickers, y un escalofrío viaja por su columna vertebral al sentir a alguien de pie detrás suyo observarlo. —No cumpliste con lo que prometimos. Harry niega lentamente, tomando aire por la boca e intentando dejar de ver los puntos negros que se asomaban por su vista. —Tú tampoco. — Susurra, sofocado. No puede deshacerse de su ropa, no tiene fuerzas. — T-tú dijiste que yo quería a alguien que me amara honestamente. —Lo tienes. —Mentiroso. —No puede llorar así que ríe sin ganas, cerrando sus ojos por unos segunditos antes de volver a abrirlos. Todo está demasiado oscuro. —Me dijiste que eras mentiroso, y que no tenías sentimientos. Es verdad. Tú no has cumplido nada, porque jamás me amaste ni quisiste honestamente. Y ese no era el trato. Puede jurar sentir el enojo de Louis en su propio pecho, pero tenía que decirlo. De cualquier manera, estos podrían ser sus últimos minutos. Ya apenas estaba de pie, supuso que era la desesperación lo que lo mantenía despierto, algo cuerdo. —¿Te atreves a juzgar lo que pienso o siento? —Harry lo ignora al sentir desesperación por aire y por refrescarse, por sentirse bien. Rápidamente alza sus piernas y se mete a la tina, pero no llega a sentarse debido a que Louis lo toma del brazo, girándolo y dejándolo frente a él. —Deja de escaparte y respóndeme. —Alzó un poco su voz, y lucía algo perdido en cuanto observó la expresión de cansancio en su niño favorito. —Louis... —Harry dijo suavemente, como si toda la rabia y el dolor hubiesen pasado. Llevó ambas manos al pecho del diablo, sosteniéndose. Ya no podía seguir. Era tiempo de despedirse. Tomó una profunda inhalación, la cual no resultó bien. —Todo l-lo que he querido desde que supe que eres real era tenerte cerca. Yo...yo jamás me alejaría de ti. — Niega lentamente mientras apoya su mejilla en el cálido pecho de Louis, sin poder mantener sus ojos abiertos. —No importa si para ti esto es solo un trato, o si me vas a matar de la forma más despiadada. Úsame si quieres, no importa. Y-yo...jamás me alejaría de ti. Te amo. El diablo envuelve sus brazos en la cintura de Harry cuando éste último afloja sus piernas por completo, casi inconsciente. ¿Cómo es que éste dulce niño podía vivir tanta desgracia? ¿Cómo podía ser que un ángel como Harry quisiera a alguien como él? El mismísimo diablo. ¿Cómo el diablo había sido tan tonto de enamorarse del niño? No sabía decirlo, no sabía demostrarlo porque era un demonio. Y nada bueno viene de ellos. Solo tocan, destruyen, lastiman y están donde no deben. —...Harry. —Llamó, moviéndolo un poco en sus brazos, pero éste no respondió. Louis supuso que ya se había desmayado, y con la desesperación en su pecho cargó mejor en sus brazos al rizado y se adentró a la bañera. Se sentó, apoyándose contra el borde y al pequeño y helado cuerpo de Harry sobre él. Sostuvo con un brazo la cintura del niño y con su mano libre tomó el mentón de éste, alzándolo y poniéndolo a la medida de su boca. Le mojó el rostro y dio unas palmaditas en su mejilla. —Abre los ojos, hey. —Dio unas palmadas un poco más fuertes y los ojos de Harry se abrieron solo un poco, aún sin lograr respirar tan bien. — Mírame. Mírame, niño. Louis le ve fijamente mientras unas palabras inentendibles salen de sus labios lentamente. Harry no puede despegar los ojos del diablo ni por más que quisiera, y no quiere. Siente sus mejillas comenzar a calentarse al igual que su cuerpo, no siente sus labios helados y el aire llega a su pecho nuevamente, obligándolo a respirar profundo mientras los latidos de su corazón son rápidos. Puede mantener sus ojos bien abiertos, no todo se ve tan oscuro y el malestar se ha ido, pero no del todo debido que se encuentra con el diablo. En shock y abrumado por todo lo que sintió anteriormente simplemente se quedó observando a Louis, con sus ojos llenándose de lágrimas y (para su gran alivio) algunas cayendo por sus mejillas. —¿Q-Qué has hecho? —No vas a morir hoy. —Simplemente respondió, muy decidido. Los sollozos de Harry comienzan bajitos, silenciosos y se vuelven más fuertes, tapando su rostro y temblando, cayendo en que realmente iba a morirse. Fue horrible, no fue nada tranquilo, y no hubo ninguna luz. No para él. El diablo lo abrazó contra su pecho, dejando al pequeño sobre su cuerpo. Lo abrazó con necesidad de sentirlo en sus brazos, de calmarse. Cada sollozo de su niño era como un puñal en su pecho, porque podía sentir el dolor de su alma pura de manera física. Sin embargo, lo soportaba. —Dijiste que me amas. Harry hipó, sorbiendo su nariz y asintiendo. —S-sí. —Dijo apenitas audible, y los sollozos continuaron más fuertes. Necesitaba desahogarse, dejar de sentirse tan rechazado, tan vulnerable. Louis no respondió nada, simplemente dejaba suaves besos sobre la piel del cuello de su niño favorito y lo abrazaba por la cintura, buscando cualquier manera de hacerlo sentir bien. Sabía cuál era, pero simplemente...no podía. Porque si le decía lo que Harry esperaba...todo iba a complicarse tanto, tanto. Amarlo dolía. Los siguientes cinco días fueron tranquilos, tanto que daban hasta miedo. Harry se encontraba mucho mejor, y todo por el arreglo que habían hecho. Mientras se acurrucaban en su cama, ambos desnudos, sudorosos y en una larga sesión de toqueteo y más, compartían entre húmedos besos palabras importantes. Ya que el rizado le había comentado que su familia parecía estar tramando algo, el diablo decidió que, no solo por ello si no para la recuperación de Harry, se iría y tan solo volvería a su lado en la noche, al menos por cuatro días hasta que su niño favorito se recuperara nuevamente y no se viera nada sospechoso. También habían comentado sobre el tema de que, aunque a Harry le costara, ya no debía de dar la vida por nadie. Louis le dijo que él había enviado a La Muerte para matar al hombre y que no lo invada de preguntas, pero el rizado, en medio de una pequeña discusión, le intentó hacer entender que no debían de matar a cada persona que lo molestara ya que se vería demasiado sospechoso, y aunque en el mundo donde Louis era rey fuese normal, en donde Harry era algo horrible. También le expresó la culpa que le hacía sentir y lloró un poco al recordar a su primo, compañeros de escuela y el daño que le hizo a su padre. El diablo tan solo repetía lo mismo: "Mi niño favorito, ¿Por qué lloras por personas que no merecen respirar el aire de éste mundo? Si están ardiendo en el infierno es por algo. Nadie te toca." Por el resto de la noche Louis secó las lágrimas del rizado con sus dedos repletos de anillos de oro y lo besó en los labios por horas, buscando que se sintiera mejor. Si sus fieles seguidores del infierno vieran lo que era para el diablo irse de allí por "Asuntos importantes", morirían de envidia. Su familia notó el gran cambio en Harry, y como gente que poco se informa y no tiene idea de nada le comentaron su estúpido plan: Atarlo a su cama y hacerle un exorcismo. Por último, lo felicitaron por recuperarse, le dieron la bendición y Harry no sintió ni cosquillas por ello debido a que Louis volvía en la noche. El veintinueve de octubre, en su instituto organizaban para cada alumno que tuviera el permiso de sus padres un proyecto llamado "Anti-sectas". Básicamente era entregar folletos los cuales informaban pésimamente sobre el Halloween, metiendo en cabezas ajenas cuan satánico era aquello y todo lo que significaba. Desgraciadamente Fionn y Harry tuvieron el permiso, y al siguiente día ya se encontraban repartiendo folletos en la esquina del parque de la ciudad. Todos eran muy amables y los tomaban, e incluso se quedaban cuando los adolescentes les explicaban de mala gana cómo era todo el asunto. La cosa es que todos eran fieles seguidores de Dios, pero ese no era el enorme problema. El enorme problema era que seguían fielmente a la Biblia, la cual tenía sus cosas buenas, pero también sus cosas malas, y los humanos parecían exagerarlos y penalizar de muerte a cualquiera que fuese en contra de aquello. —Es injusto. —Fionn bufó, notando que nadie pasaba cerca y acercándose a un cesto de basura, tirando cinco volantes dentro y volviendo rápidamente al lado de Harry. —¡Fionn! —Regañó, y se sonrojó porque, vamos, él no era nadie para decirle a los demás lo que estaba mal. Estaba haciendo lo que se consideraba lo peor del mundo. —Vale, lo siento. —Arrojó uno más y Harry alzó ambas cejas. El castaño rodó sus ojos ante el interrogatorio del pequeño. —Es solo...Halloween es genial, amigo. Es tan genial porque te disfrazas y asustas, y asustar es divertido. La nariz de Harry se arruga. —Yo no me divierto cuando me asustan. — Dice, y le entrega un folleto a la señora que pasa frente a él, dedicándole una tímida sonrisita. Fionn nuevamente rueda sus ojos. —Es porque siempre has sido al que asustan. ¿Has asustado alguna vez? De inmediato recordó el momento en que asustó a sus primos -más bien, Louis- dando vuelta todos los crucifijos y negó lentamente con la cabeza. —Asustar es malo, Fi. —Estuvo en desacuerdo. Ambos chicos comenzaron a caminar hacia un banco del parque, aun conversando. —Es malo cuando se hace con maldad. —Fionn defiende. Ambos se sientan y Harry suspira, más relajado. Sus piernas duelen, no está totalmente recuperado. En cambio, Fionn se endereza y ve al rizado con una pequeña sonrisita. Sus dientes chuecos se pueden apreciar muchísimo, se le ven bonitos. —En Halloween, todo es inocente diversión. Puedes tener un disfraz, comer muchos dulces... —¿Dulces? —Harry rápidamente dijo, viendo a Fionn con un leve brillo en sus ojos verdes. El otro chico sonrió de manera malévola: Había capturado lo que le llamaba la atención al adorable de los Styles. Asintió rápidamente. —Muchos. —Dijo. Harry pareció estar embobado por unos segundos, pero luego negó con la cabeza, bajando la mirada y ordenando los folletos en sus manos. Fionn suspiró, agotado por querer convencer a alguien como su pequeño y fiel amigo. —Vamos, Harry. ¿Realmente crees lo que dicen éstos folletos? —Tomó uno y buscó algo realmente ridículo para leer en voz alta, pero, Dios mío, todo era ridículo. —“La palabra Halloween proviene del idioma maldito la cual significa Seguir al verdadero rey. La manera de invocar al señor de las tinieblas es usar disfraces de sus servidores, crear mala vibra y malos sentimientos. ¡Usted siga a Dios!” —Ve a Harry nuevamente, poniendo su peor cara. — ¿En serio? Obviamente el rizado sabe que no es verdad, pero ve nuevamente los folletos antes de ver a Fionn. —Bueno, no lo sé. La parte en donde dice que los gatitos negros son secuestrados por brujos me parece bastante creíble. Muchos gatitos negros habían desaparecido, aunque también podían ser los de la iglesia, ya que creían que el animal era de mala suerte. Demasiado pretenciosos, demasiado metidos en cosas que no eran así. —Puede que eso sea verdad, pero no todos los que festejan Halloween se llevan a los gatitos. ¡Y Halloween no viene de una palabra maldita! Es más, si alguien de éste maldito pueblo tomara un libro y se dedicara a leer un poco, sabrían que comenzó en el siglo diecinueve y que ellos mismos, los católicos y cristianos, celebraban primero que todos. Harry se limitó a no decir nada ante la evidente irritación de su amigo, el cual se echó hacia atrás, contra el respaldo de aquel banco y suspiró, observando alrededor mientras se acurrucó más en su abrigo. —¿No crees en Dios, Fi? —Sí, creo en Dios. —Este rápidamente respondió, más tranquilo, pero aun viendo al frente con notable irritabilidad. —Pero no creo que Dios vaya a matarme por hacer algo que me divierte, sin hacer daño a nadie. El rizado asintió lentamente y vio hacia otro lado, rogando no haberle dado una idea a Fionn porque, oh, éste ha puesto su cara de "Un foco se prendió sobre mi cabeza". —¿Qué tal si nos disfrazamos y salimos a pedir dulces? —Rápidamente dijo. ¡Maldita sea! —Oh, no. —El niño se levantó del banco, caminando hacia el mismo lugar donde anteriormente estaba y siendo perseguido por su amigo, el cual se quejaba por lo bajo. —No, no, no. Van a matarme si lo hago. Si, probablemente iban a matarlo si lo descubrían, y arruinaría su perfecto plan de "Todo está bien conmigo, no tengo nada metido dentro, soy un ser de luz". Además, la noche era el único momento el cual podía permanecer junto a Louis, y la noche anterior estaba tan agotado que se había dormido muy rápido, sin tener tiempo de una sesión de besos con el diablo. Había estado todo el día pensando en lo maravilloso que sería llegar a su casa y meterse entre los brazos de Louis, ser besado y sostenido, justo como le encantaba. —¡No van a enterarse! —El castaño rogó. —Les diremos que...uhm... ¿Una protesta contra el Halloween? ¡Será divertido! —Intentó animar a Harry, el cual continuaba repartiendo volantes a la gente que pasaba por allí. Fionn hacía lo mismo. —Podemos ser terroríficos al menos una noche. —Yo... —La duda le carcomía el cerebro. Se oía tan divertido, pero...debía de consultarlo con Louis. —...no lo sé. —Dulces, Harry. Dulces. El nombrado rio tímidamente, sonrojado al notar que su amigo ya conocía una de sus debilidades. Negó lentamente antes de suspirar y entregar el último volante. La conversación finalizó hasta que Fionn entregó su último volante también y ambos caminaban por el parque hacia sus casas. —Sería...sería divertido. —Harry dice. Fionn parece estar a punto de explotar por la emoción, pero el rizado rápidamente alza su dedo índice, apuntándolo. -Pero te confirmaré mi respuesta mañana en el instituto. —Voy a hablar con un amigo cercano para que nos lleve a donde planeo ir. ¡Dios, estoy tan feliz! Tendremos dulces y haré unos buenos disfraces para nosotros. ¡Seremos fantasmas! —Exclamó, cegado por la felicidad de, finalmente, hacer algo que le gustaba. Aquel pueblo era como una cárcel. —Mi padre cree todo lo que le digo, así que le diré que le avise a tus padres lo que supuestamente haremos. Tú solo relájate, ¿Si? Todo saldrá bien. Además...Algún día debías de hacer algo malo, ¿No crees? Harry sonríe de lado con timidez, provocando que un solo hoyuelo se marcara en su mejilla. No tienes ni idea. Cuando Harry llegó a su hogar fue una sorpresa el como todos, incluso su padre lo saludaban. El niño devolvió el saludo y observó el reloj, notando que apenas eran las seis de la tarde. Louis no aparecería por allí hasta las ocho o nueve, así que aprovechó para hacerse una rica merienda: Té con limón y unas tostadas con mermelada de cereza. Gemma no estaba en casa, así que aprovechó para sentarse en un sofá individual del living, comiendo tranquilamente mientras sus padres conversaban en el sofá del frente. —Harry, cariño. ¿Cómo ha ido todo en la escuela? ¿Has repartido los volantes? —Harry asintió con la boca llena. —¿Todo en orden, cielo? ¿Te sientes bien? Te ves bien. Una vez tragó su comida le sonrió tímidamente a su madre, sonrojado. — Oh, gracias, mami. Tú te ves hermosa, también. Todo está en orden. — Asintió antes de darle el último sorbo a su té y levantarse, tomando la bandeja con sus cosas. —Voy a limpiar esto y luego voy a darme un baño. —De acuerdo, cielito mío. Deja la taza en la encimera, yo la lavo. No olvides cepillar tus dientes, amor. —Lo haré. —Avisó este. Aunque su madre le había dicho que no lavara su taza, lo hizo de todas formas. Limpió las migas de la mesa del living y, no sin antes disculparse, se dirigió hacia la puerta que llevaba al sótano. Bajó los escalones, abrió la puerta de su habitación y cerró con pestillo debido a que iba a darse un honorable baño hasta que su nov...bueno, hasta que Louis volviera. Una vez en el baño llenó la tina con agua tibia y se quitó rápidamente la ropa, adentrándose y relajando su cuerpo una vez estuvo éste bajo el agua. Aprovechó para relajarse más sumergiéndose por unos segundos, con sus ojos cerrados y cuerpo quieto. Hacer aquello le recordaba la abrumadora sensación de cuando el cuerpo de Louis lo llevó lentamente a la inconsciencia y despertó con aquel molesto pitido en la oreja izquierda que, por suerte, ya no tenía el placer de oír. Volvió a la superficie cuando sus pulmones ardieron en busca de aire y frotó el jabón en cada lugar de su cuerpo, limpiando. Aunque extrañaba a Louis y tenía la necesidad de sentirlo a cada momento cerca suyo, debía admitir que estaba mucho mejor así. Podía respirar, no había tanto malestar y el sol pegaba contra su piel. Cuando le faltaba gran parte de su alma, a pesar de que algunas cosas son muy borrosas en su memoria, pudo jurar poder ver fijamente al sol sin necesidad de entrecerrar sus ojos o cubrirlos. Pudo verlo como si tuviese gafas oscuras puestas, y se sorprendió. Negó lentamente, lavando sus ricitos con shampoo. No debía recordar las sensaciones de cuando le faltaba gran parte de su alma, porque el pánico volvía y quedaba en shock. Suspiró y se enfocó en pensar lo divertido pero arriesgado que sería ir con Fionn a donde sea que dijo en Halloween. Aunque, pensándolo bien, estaba casi seguro que Louis no aceptaría aquello. Y planeaba obedecerlo como el buen niño que es. Finalizó por poner acondicionador en sus rizos y enjuagarlos. Se puso de pie y cubrió su cuerpo entero con una toalla enorme, no sin antes salir de la tina. Se veía más pequeño de lo normal con aquella toalla y sus rizos mojados pegados en el rostro, desordenados. Quitó el tapón de la bañera y se secó rápidamente, poniéndose su ropa interior y dirigiéndose hacia la habitación. Dejó la toalla en el cesto de ropa sucia luego de secar sus ricitos y acomodó éstos a un lado antes de dirigirse hacia el mueble donde guardaba toda su ropa. Tomó unos calcetines, sus shorts de dormir con ositos marrones y bonitos en éste y una remera de manga larga blanca, simple y sin ningún estampado en ella. Comenzó poniéndose los calcetines y la camiseta, pero cuando estuvo a punto de ponerse los shorts el malestar se instaló lentamente en su estómago y sintió un escalofrío en su columna vertebral. Pronto, unos brazos lo rodearon por la cintura y una boca se pegó a su cuello, besando húmedamente allí y provocando que sus ojos se cerraran. —Quédate justo así. —Louis dijo, refiriéndose a la vestimenta del menor. Lo giró en sus brazos, dejándolo de frente y tomándolo mejor de la cintura, inclinándose para alcanzar los labios de Harry. —Mi niño favorito. —Lou. —El menor parpadeó lentamente, embobado con la perfección frente a su rostro. —Te extrañé. —Susurró, intentando no apartar la mirada por la vergüenza, haciendo obvias sus mejillas rojas. El diablo, con aquella coqueta sonrisa de lado se inclinó y atrapó los labios del menor en un hambriento, pero lento beso, siendo correspondido con sorpresa al principio. Un suspirito escapó de la pequeña nariz del rizado, el cual estaba de puntitas de pies y se sostenía gracias a sus brazos rodeando el cuello del diablo. —Yo a ti. —Respondió éste último. Un momento... ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Aquella imprevista respuesta provocó que Harry dejara de responder en el beso y abriera sus enormes ojos verdes, impresionado, sin poder creerlo. —... ¿Qué dijiste? Louis lo ve por unos segundos, entrecerrando levemente sus ojos para luego alzar ambas cejas. —Yo te extrañé a ti. —Repitió, solo que de manera más testaruda. Las mejillas de Harry estaban a punto de explotar por lo sonrojado que se encontraba. —¿E...e-en serio? ¿A mí? Yo... El diablo rueda los ojos antes de acercar más al niño y besarlo lenta y profundamente. Éste último, demasiado feliz por aquella muestra de afecto en palabras que ni siquiera pidió, se dejó mimar y respondió al exquisito beso. Ambos permanecieron así por unos minutos antes de que los brazos de Louis se ubiquen bajo el trasero del rizado y lo levante, cargándolo. Sus labios no se despegan ni por un segundito mientras el diablo se dirige hacia la cama y deposita suavemente al niño sobre el colchón, corriendo las cobijas hacia abajo. Se separaban y Louis comienza a desvestirse mientras el rizado lo ve de reojo, notando que cuando el ente se quita el pantalón no hay nada que cubra lo que había allí debajo. Louis vuelve a la cama, acostándose a un lado del niño y envolviéndolo en sus brazos, comenzando a besarle el cuello lentamente. —Por mí, niño...Rogaba sentir tu piel. —Lamió una porción de ésta, provocando que Harry suspirara audiblemente y ladeara su cabeza. Louis le sujetó el mentón con una mano para que se mantuviera quieto y comenzó a besarle húmedamente el cuello, rozando sus dientes, pasando su lengua y succionando porciones de piel. Harry se aferró a Louis, estando a la merced de éste último. El diablo podía hacer lo que quisiese con él, jamás diría que no. —Lou...espera. Tengo que decirte dos cosas, solo dos cositas y ya. — Pidió, rogando no faltarle el respeto. El rey de las tinieblas gruñó antes de apartarse un poco y subirse sobre el pequeño cuerpo de su niño favorito. —Espero que sea importante. —Dijo mientras llevaba las manos hacia la camiseta del rizado, subiéndola lentamente y repartiendo besos por su pancita. —S-sí. Fionn quiere que lo acompañe a una fiesta de Halloween, pero no quiero faltarte el respeto. ¿Crees que deba ir? Porque si no es así, no hay problema y lo sabes. —Ve. Ahí te veré. —Habló contra la piel del torso de Harry, dejando la camiseta levantada hasta la medida de su cuello, comenzando a succionar sus pezones. La boca del menor se entreabrió, sin poder evitar removerse un poco. —¿Algo más? A pesar de que el rizado se encontraba embobado por lo que Louis le estaba haciendo, demasiado sonrojado abrió sus ojos y llevó sus pequeñas manos a los cálidos hombros del diablo. —Louis, esto es más importante que lo anterior. —Advirtió, y el nombrado, de mala gana dejó de succionar los pezones de su niño, ubicando su rostro cerca del otro para prestarle atención. —Mi padre me...saludó hoy. Louis parecía no haberse sorprendido ni un poquito, como si ya supiese que Des Styles intentaría acercarse nuevamente al no sospechar de Harry. —¿Quieres que lo mate? —Harry niega rápidamente, sobresaltado y tensándose un poco ante la brusquedad de sus palabras. —Bien. Esto es lo que vas a hacer: Hablas con él, y cuando intente algo me nombras. Luego yo me encargo. Harry asintió, no muy seguro mientras devolvía el lento beso en los labios. Sus brazos rodearon el cuello del diablo, el cual llevó sus manos repletas de anillos hacia la ropa interior de su niño, bajándola lentamente. Le acarició los muslos y el trasero a la par que adentraba su lengua en la cavidad bucal del menor, tomándolo imprevisto y robándole un gemido entrecortado, apenas audible. Refregó ambas erecciones y el rizado no tardó en comenzar a sudar y respirar agitadamente, invadido por las sensaciones que fluían lentamente por todo su cuerpo. Los ojos de Louis buscaron los suyos y Harry ya entendía que era para quitarle el dolor, así que no apartó la mirada, perdiéndose en el azul de sus ojos, y también en lo bordó. Las manos del arcángel sostuvieron las caderas del menor antes de ubicarse en su entrada, adentrándose lentamente al principio, buscando una mala expresión en el rostro de su niño favorito, pero, al no encontrarla, finalizando por adentrarse con más rapidez. Comenzó a moverse en un vaivén lento antes de llevar sus manos a las muñecas de Harry y clavarlas en la almohada, a los lados de su cabeza. Ambos continuaron viéndose a los ojos fijamente, el rizado soltando suaves suspiros y abriendo más sus cortas y delgadas piernas. Fue cuando sus ojos se cerraron debido al placer que los labios de Louis fueron detrás de su oreja, besando allí y haciéndolo gemir. Comenzó a hablar nuevamente en aquel idioma tan suave e inentendible a la par que aceleraba sus movimientos, rozando reiteradas veces el punto dulce del menor. —U-uhm, Louis... —Entreabrió más los labios cuando el vaivén se transformó en embestidas, duras y rápidas. La punta del miembro de Louis golpeaba fuerte su punto dulce, haciéndolo jadear por aire, gemir entrecortada pero audiblemente mientras oía la rápida respiración y los gruñidos de parte del diablo. Su pelvis se tensaba una y otra vez, el placer fluía de manera más rápida por su cuerpo y le cegaba la mente, convirtiéndolo en alguien que solo sabía gemir, mover sus caderas y rogar por más. —M-más...más rápido. —Pidió, presionando las yemas de sus deditos sobre la piel de la espalda del ente el cual, luego de oír lo que su niño decía, aceleró las bruscas y fuertes embestidas, golpeando su punto dulce y provocando que comenzara a gemir fuerte. —Joder, niño. —Mordió suavemente la piel del cuello del menor, intentando acercarlo aún más al orgasmo. Simplemente no podía, Harry iba a matarlo algún día. Bastó un par de embestidas más para que el rizado llegara al clímax de manera exquisita, doblando los deditos de sus pies, arqueando su espalda y jadeando el nombre de Louis mientras se manchaba con su esencia el torso de ambos. Segundos después sintió como el diablo se corría en su interior, llenándolo. Se estremeció y acurrucó contra el cálido cuerpo del ente, agotado y con la respiración agitada. Compartieron besos por varios minutos, ya no había nada de qué hablar y Louis, él simplemente quería apreciar el rostro del menor. Le acarició la suave mejilla con lentitud, rozando con su pulgar el lunar en la mejilla de su niño favorito. Nuevamente lo besó, sin poder resistirse. Todo estaba saliendo tan bien...que incluso asustaba. Fionn se había encargado de hacerle saber a su padre que planeaba ir con Harry y otro amigo a una protesta contra el Halloween y las sectas para hablar de Dios. Su padre lo creyó y finalmente decidió comunicárselo a Anne Styles la cual, orgullosa de su hijo, lo felicitó y con gusto lo dejó. Whitehead había organizado disfrazarse junto a Harry -él elegiría el disfraz- e ir a una fiesta que le había recomendado el amigo con el cual irían -que, por cierto, era Liam Payne- la cual quedaba casi fuera del pueblo, en la casa embrujada del viejo Cowell -bueno, Harry no sabía esoy divertirse. Mucho. Iba a conseguir dulces para el rizado, bailar con la rebelde hija del padre William y asustar. Asustar mucho. Mientras Liam se encargaba de comprar unos refrescos y comida chatarra para el viaje en una estación de servicio, Harry y Fionn se encontraban en el baño de ésta el cual estaba vacío. Ambos simplemente de pie frente al enorme espejo, observando sus ridículos reflejos debajo de una sábana manchada con pintura roja y agujeros en el área de los ojos para no bloquear sus vistas. Un suspiro salió del más alto de ambos. —Nos vemos tan aterradores, Harry. —Dijo, y se veía un poco chistoso el no notar cuando hablaba. Literalmente, ambos lucían igual. Harry no habló por unos segundos, y por encima de la sábana pudo notarse que ladeaba su cabeza. —Uhm, sí. —¿No lo crees? ¿No crees que nos vemos muy terroríficos? —Uhm... —No quiere decepcionar a su amigo, el cual se ha tomado el tiempo de preparar todo detalladamente y sin problemas. —...Oh, sí. Definitivamente. —Genial, sígueme. —Dijo, buscado la mano del más bajo y llevándolo a la salida del baño. Ambos chocaron con una pareja de adultos, los cuales se sobresaltaron un poco. —¡BOOOOOOO! El hombre con peinado raro alzó ambas cejas. —¿Qué son? ¿Mocosos con sábanas? —Cállate, somos fantasmas. —Fionn respondió, completamente indignado y tirando de la mano de Harry, dirigiéndose ambos hacia el auto. Liam salía de hacer las compras con tres latas de Coca Cola y un gran paquete de papas fritas. Éste vestía casual, pero había maquillado su rostro como el de un esqueleto y su cabello estaba peinado hacia atrás. Alzó ambas cejas al ver a los niños, sin saber qué decir. Fionn alzó sus brazos, indignado y Liam reconoció de inmediato aquel gesto, llevando una mano a su pecho de manera exagerada. —Oh, lo siento. Me asustaron y quedé algo ido. —Mintió. Fionn parecía conforme ante aquello y no se metió en el asiento copiloto sin decirle "Ja, perdedor" al más guapo de los Payne. Harry subió en el asiento trasero y quitó la sábana de encima de su cuerpo, encontrándose a Louis a su lado e intentando no sobresaltarse. Debía de acostumbrarse a que Louis podía aparecerse solamente para él. Se sentó bien pegado a su lado, intentando disimular y permitió que éste le acariciara la mano. —¿Liam? —Harry llamó, recibiendo tan solo un murmullo de parte de éste. —¿A dónde vamos? Ambos chicos del asiento del frente se ven de reojo antes de que Fionn se gire y vea a Harry a través de la sábana. Incluso la forma en que lo ve a través de los agujeros de esta luce como si quisiera disculparse. —Hay una fiesta en la casa del viejo Cowell. —Dice despacio, apenas audible. Los ojos de Harry se agrandaron. Oh, no. —¡¿La casa del viejo Cowell?! —Exclamó, asustado. ¡Ese viejo había sido su pesadilla de niño! —¡Si! —Fionn parece emocionado. —¡Está embrujada! —¡Lo sé! —Continúa entusiasta. —Y habrá mucha gente. Chicos como yo, y chicos como tú, aunque...Bueno, nunca vi a alguien como tú. Casi todos saben lo que quieren. Louis suelta una risa casi silenciosa y el rubor no tarda de llegar a las mejillas del rizado. Liam continúa conduciendo en silencio y comiendo papas. —¿Acaso yo no? —Harry responde, tranquilo y llevando su mirada a la ventana, observando la oscura y vacía carretera. —No. Tú sabes que lo que hacemos está bien, pero estás muy follad-muy absorbido por el sistema. —Rápidamente se corrige, volviendo la vista al frente. Nuevamente la risa del diablo se hace audible y Harry no puede evitar sonreír tímidamente de lado, bajando la mirada y recibiendo una caricia en su mano izquierda. Oh, Louis. Hace más de treinta años los padres asustaban a sus hijos con la famosa historia de Reinold Cowell. Según todos, éste solía ser un brujo que vivía casi en las afueras de Holmes Chapel. Comenzó a ser un fiel servidor del diablo cuando unos malvados niños iban frecuentemente a su casa y le arrojaban medianas piedras, rompiendo sus ventanas y destruyendo su hogar. Hubo ocasiones en la que lo lastimaron físicamente, y aquella casa en la que vivía solía cuidarla bien porque su esposa fallecida la había construido junto a él. Era el único recuerdo que le quedaba de ella. Decidido y cegado por el dolor de haber perdido al amor de su vida, Reinold decidió invocar a los demonios superiores, vendiendo su alma al líder de éstos para que lo protegieran de aquellos niños. La última vez que los niños fueron a arrojar piedras, no solo fueron molestados por todos los demonios de maneras humillantes y dolorosas Quebrarse los dedos de la nada y sentir puntas filosas enterrándose en sus pies- si no que el famoso músico del infierno, Giussepe Tartini, tan solo subió para tocar la cuerda más aguda del violín de una manera brusca e irritante. Aquel sonido hizo explotar una por una las cabezas de los niños, y pronto los cuerpos aparecieron en las puertas de las casas de cada padre. Reinold Cowell fue colgado en su propia sala, y lo último que dijo antes de morir fue: "He aquí muriendo injustamente, como casi todo el mundo lo hace. No culpo a esos niños, veo ahora frente a mí a los monstruos en los que se reflejaban." Toda la infancia de Harry se basó en bromas respecto a ese tipo, e incluso las pocas veces que había casi alcanzado la salida del pueblo con su familia lloraba y pedía a gritos regresar sano y salvo a su casa. No podía ni siquiera pensar en una muerte, ni en alguien rodeado de demonios. Irónico, porque estaba enamorado del diablo, y ahora una muerte para él era algo normal, y bastante frecuente. La casa era enorme, y lucía vieja. Estaba bastante seguro que las telarañas eran de verdad. Sin embargo, la decoración de Halloween ayudaba, y la multitud de personas dentro parecían divertirse mientras bailaban "Rock in jail" de Elvis Presley gracias al jukebox de la esquina. Había un bar en la otra punta de la sala, y estaba también lleno. La luz del lugar se encontraba apagada, y las velas del enorme candelabro del techo iluminaba el lugar de manera leve. En la cocina había gente sentada alrededor de lo que parecía ser una tabla con letras extrañas. Harry probablemente estaría muerto de miedo si hubiese entrado a la casa antes de conocer a Louis, pero no tenía miedo. Era algo completamente normal para él. Liam observaba con una ligera sonrisa cono Fionn se quitaba la sábana de encima y observaba con indignación los terroríficos disfraces de todos. ¡¿Cómo no pudo notar que Harry y él se veían ridículos?! De inmediato vio al rizado, el cual continuaba escondido bajo la sábana y parecía estar moviendo su cabeza al sonido de la música. -Oh, mierda. ¿Me repites qué dije de nosotros frente al espejo? -Harry lo ve por unos segundos, completamente perdido ante la neutra manera en la que Fionn le habla. -Oh. Dijiste "Nos vemos tan aterradores, Harry." - ¿Por qué no me golpeaste cuando dije eso? Liam rió, negando con la cabeza y llevando sus manos a las espaldas de ambos chicos. -Vamos a beber algo y calmarnos. -Dijo, dirigiéndose con éstos hacia la barra, la cual estaba repleta, pero atendían con bastante rapidez. Harry se quitó la sábana de encima del cuerpo una vez llegaron y la ató alrededor de su cuello, como si fuese un súper héroe. Fionn la había dejado por ahí, tan solo con su cabello hacia arriba, despeinado y ojos pintados de negro. - ¿Fionn? -Liam preguntó, siendo claro al estar a punto de ser atendido por el hombre del otro lado de la barra. -Una cerveza. - ¿Harry? -Oh. Uhm, agua. Las cejas de Liam se alzan. - ¿Agua? -O jugo. Jugo está bien. -Harry rápidamente corrige, provocando que Fionn suelte una carcajada. - ¡¿Jugo?! -Niega rápidamente mientras Harry arruga su nariz, avergonzado. ¿Tenía algo de malo beber jugo? ¿Acaso no lo vendían? Que terrible. -Pide una cerveza para él. -No voy a beber eso. -Rápidamente se defendió el rizado, negando en desaprobación. -No venden jugo, Harry. -Yo no lo sabía... -Lo sé. Lo siento, es q- ¿Disculpa? Oí que tu amigo quería jugo. Aquí tengo. Harry se gira ante la reconocible voz que viene del tipo alto a un lado de Fionn y lo ve fijamente. Parpadea, atónito de notar como Louis interactúa con su amigo del instituto. No puede disimular su shock y pasa de ver a Fionn a ver al diablo, y así sucesivamente por unos segundos. Su amigo, en cambio, sonríe y acepta el vaso que Louis le tiende. Gracias, amigo. -Se gira para ver al rizado y le tiende el vaso, alzando ambas cejas. -Mira, Harry. Éste adulto ha conseguido jugo para ti. Parpadeando rápidamente, el menor toma el vaso y se sonroja cuando Louis le guiña un ojo. -G-gracias. Obviamente va a fingir no conocerlo. -No hay de qué. Fionn ríe mientras lo ve de arriba abajo, despertando unos leves celos en el rizado, el cual bebe del jugo de naranja. Sabe a recién exprimido, pero no se sorprende porque Louis es el maldito diablo y puede hacer lo que quiera. - ¿De qué vienes vestido? Oh, espera. Espera. Déjame adivinar. Entrecierra sus ojos, pensando antes de asentir, confiado. - ¿Eres un...satánico? -No. Soy el diablo. Harry le hace señas para que se detenga, pero Liam llega pronto a su lado con tres latas de cerveza en la mano y observa perdido la conversación que están teniendo con aquel tipo. El ceño de Fionn se frunce ante la respuesta de Louis. -El diablo tiene cuernos y cola, genio. El corazón de Harry no puede estar latiendo más rápido. Teme que aquella respuesta sea demasiado atrevida para el diablo, y éste último crea que alguien era superior a él, lo cual es bastante malo. El rizado observó tan mal a Fionn que éste cerró la boca y tomó la lata de cerveza que Liam le tendía, bebiendo y sin decir nada más. -Chicos, me iré unos minutos a hablar con unos amigos de allí. -Dijo el joven Payne, señalando a lo lejos un grupo de personas reunido en la esquina de la sala. -Si alguno quiere irse, busque al otro y nos iremos los tres juntos. Fionn y Harry estuvieron de acuerdo mientras observaban por donde iba Liam. Louis, por otra parte, no le quitaba la mirada de encima a Harry. -Harry. -Llamó su amigo, y cuando el rizado lo observó éste lucía completamente embobado, con su mirada perdida en la pista de baile. ¿Te molesta si me desaparezco unos minutos? El menor descubrió que, entre la multitud de gente, la hija del padre William bailaba sin apartar sus ojos y sonrisa de su amigo. -Oh, uhm... -Yo me quedo con él. -Louis dijo rápidamente, provocando que Harry lo observara con alivio. Sería raro estar en una fiesta con Louis. Fionn le entregó su lata de cerveza a Harry y le sonrió con alegría al diablo. - ¡Gracias, Lucifer! -Volvió a ver a su amigo y le dio unas palmaditas en el hombro. -Harry, no me moveré de ésta casa, lo prometo. Si te quieres ir, me buscas y nos vamos. Finalmente se alejó, entusiasmado en cuanto le ofreció a la linda hija del cura bailar y ésta aceptó sin peros. Ambos enloquecieron mientras hacían unos pasos de rock muy difíciles y, pronto, todos estaban a su alrededor, alentando el baile de los dos adolescentes. Harry no pudo evitar sonreír tímidamente ante aquella imagen frente a él, llevando luego su mirada a Louis, el cual no le apartaba la mirada de encima por nada del mundo. -Fionn Whitehead es un mal amigo. -Louis dijo, provocando que Harry dejara de sonreír y su corazón comenzara a latir más rápido. La mirada del diablo fue al frente y su expresión se mantuvo neutra. -Es su deber como amigo cuidarte. No debería de haberte dejado beber del vaso que te dí. - ¿H-hay algo mal con el jugo? -Tartamudeó. Siempre estaba aquella duda en la cual temía que, inesperadamente, Louis se llevara su alma de la forma más cruel, cuando menos se diera cuenta o cuanto más confiara en él. El arcángel llevó nuevamente su mirada hacia Harry, lo analizó por unos segundos de arriba abajo y simplemente dijo: -Hay malas personas aquí, y son personas que te ofrecerían lo que sea para tenerte dormido y en una cama. La piel del niño se volvió más pálida ante aquel pensamiento. Entonces, ¿Estaba bien aceptar una bebida del mismísimo diablo y no estaba bien aceptar de una persona mala? Aunque Louis jamás le haría nada... ¿O sí? - ¿No pueden notar el malestar cuando estás cerca? -No, solo tú me has vendido tu alma de aquí. Hay mucha buena vibra para notar un vacío. -Dice, y suspira antes de tenderle su mano al rizado, el cual la aceptó de inmediato. -Sígueme. El niño se limitó a seguir al ente, fijándose no estar en el radar de Fionn y Liam. Algunas personas observaban extrañadas las manos unidas de ambas personas con el mismo sexo, pero ninguno decía nada ni lo comentaba, lo cual resultaba ser bueno para Harry. Ambos pasaron por un pasillo oscuro en el cual tuvieron que esquivar a algunas parejas besándose, y finalmente Louis abrió una puerta al fondo, adentrándose junto a su niño. Era una vieja habitación con una cama perfectamente ordenada y una mesa de noche algo desarreglada. Las paredes blancas tenían moho, cosas escritas y todo olía a humedad. El ambiente era terrible, pero se podía conversar bien, sin ninguna molestia. El rizado se encaminó hasta dejar las dos latas de cerveza y su vaso con jugo en la mesa de noche, observando el lugar detalladamente, analizándolo. Era tétrico y hacía mucho frío. Se giró para ver a Louis, el cual lo envolvió en sus brazos de inmediato y lo obligó a alzar la mirada para que sus frentes se unieran. Sus mejillas se sonrojaron, aún sin poder creer que era el diablo el que sanaba su pobre corazón. -Estás extraño. -Dijo, acariciándole la cintura y pegando sus labios con los del menor, sin moverlos y obligando a éste último a cerrar sus ojitos. - ¿Qué pasa por la mente de mi niño favorito? -Oh, nada. -Bueno, sí había algo. Estaba nervioso de hacer cosas como éstas: Ir a fiestas sin permiso, festejar Halloween luego de haber repartido volantes en contra de éstos...últimamente estaba haciendo todo mal. - ¿Estoy extraño? -Inconscientemente llevó sus pequeñas manos a los brazos del mayor, sosteniéndose de éste. -Estás...atrevido. -Las mejillas de Harry se sonrojaron aún más, y agradeció internamente a la falta de luz en aquel lugar, exceptuando la que entraba por la ventana rota. -Mientes, te escapas a una fiesta, te metes con el diablo...Uhh. Eres un niñito malo. La inocencia del menor no le permitió captar el travieso tono de voz que había usado el arcángel, y estuvo a punto de comenzar a llorar, haciéndolo obvio con el pequeño pucherito que comenzó a formarse en su labio inferior. -Lo sé, lo sieSus disculpas son interrumpidas por el profundo beso que Louis depositó sobre sus labios, acariciando, chupando y mordiendo suavemente. Un pequeño suspirito salió de la nariz del rizado y subió sus brazos alrededor del cuello del más alto en cuanto éste último reafirmó el agarre en su cintura. Sus lenguas no tardaron en hacer contacto, ambas formando sensaciones en ambos, y leves sonidos de chasquidos por la habitación. Louis caminó hacia adelante y dejó a Harry contra la pared, en un rincón de la habitación. Todo se volvió más cálido, más íntimo. Pronto el diablo se encontraba presionando al chico contra la pared y le acariciaba los muslos y el trasero. Le acariciaba la lechosa piel por debajo de su camiseta y disfrutaba los soniditos que salían de la boca de su niño favorito. Minutos después se separaron un poco, con ambos labios rojos y la urgente necesidad de verse fijamente a los ojos. Harry descubrió paz, un océano en aquellos ojos azules, el cual usaba para sumergirse unos segundos y relajarse completamente. Incluso el pedazo bordó le gustaba. Todo Louis le gustaba. Decidió decirlo. Decidió tragar su timidez, la humillación que recibiría si no era así, la vergüenza en su pecho y su inseguridad. -Dime la verdad. -Susurro justo cuando Louis decidió tomarlo de las mejillas, alzar su rostro y besarle los labios suavemente. - ¿Qué quieres saber? Permanecieron besándose, nuevamente el diablo bajando sus brazos a la cintura del menor, el cual subió los suyos y se sostuvo de su cuello. La necesidad en la manera que movían sus labios era inexplicable y muy evidente. -D-dime que no me quieres muerto, que me quieres justo aquí. -Ningunos se separó del beso, y Louis lamió el labio inferior del menor, sintiendo como éste último temblaba en sus brazos. -Si no es así, está bien. Pero, por favor, no.…no me mientas. Ambos apartaron sus rostros un poco para poder verse fijamente a los ojos. - ¿Por qué no debería de mentirte? -Louis preguntó, y su expresión demostraba la lucha en su interior. -Porque tú no solo eres el diablo para mí. -Harry susurró, mordiendo su labio inferior luego y sin parpadear, admirando los ojos del ente. -Lo eres con los demás, pero eres Louis conmigo. Y yo...conozco a Louis. CConozco cuando miente, cuando algo le gusta o disgusta. -Harry. -Lo sostiene de manera más posesiva y el azul de sus ojos se vuelve más oscuro. Le gusta lo que oye. -Lou, juro que si no es como lo digo puedes seguir u... -Tragó saliva con fuerza ante el nudo en su garganta y tuvo que parpadear debido a las lágrimas llenando sus enormes ojos verdes. -...usándome el tiempo que quieras. Solo quiero saber la verdad. El diablo no dice nada mientras intenta averiguar cómo reaccionar ante aquella situación, pero deja escapar un suspiro en cuanto Harry no evita sollozar en una exhalación, cerrando sus ojos a la par en que la frente de Louis nuevamente se unía junto con la del niño. Permanecen en silencio, y Harry continúa sollozando e hipando bajito, con las lágrimas cayendo por sus mejillas, sin poder soportar el estar cargando el peso de amar a alguien que, según él, no puede amar. -...No quiero que mueras. El cuerpo de Harry tiembla con más intensidad, y se obliga a sí mismo a detener los sollozos y permanecer tranquilo, sorbiendo su roja nariz y aferrándose más a Louis para quedar mucho más cerca. Necesita cariño, mimos. Necesita al diablo. -Te quiero aquí, conmigo. -Continúa el ente. -No allí. - ¿Allí? -De donde vengo. -Rápidamente dice. Sus ojos están cerrados y su boca roza con la de su niño favorito. -Y donde deberías estar. No es lugar para ti, tú eres tan...delicado. Y pequeño. -Lou. -No puedo permitirlo. -Continúa, y sus manos repletas de anillos están tensas. -Así que deja de hacer que diga cosas que no puedo. Harry parpadeó, perplejo y sin saber cómo reaccionar a aquellas últimas palabras. ¿Debía de estar sorprendido porque el diablo sentía que Harry lo obligaba? ¿Qué Harry tenía algún tipo de poder sobre él? ¿Lo que dijo confirmó sus dudas? ¿Louis lo quería? Sin dudarlo dejó un tímido, suave y muy corto en los besos del diablo, con la cara ardiendo antes de soltar un suspiro. -Gracias... Y Louis nuevamente lo besó con profundidad en la penumbra de aquel cuarto. Cuando Harry sale de la habitación Louis lo sigue un poco de lejos, y ambos acaban cerca de la barra, donde anteriormente estaban. Fionn se encuentra despidiéndose de la hija del padre William, y Liam está abrazado al otro chico, el cual lucha por sostenerlo. - ¡Harry! -Suspira de alivio al ver al pequeño de rizos sano y salvo, aún acompañado por aquel hombre que dice estar disfrazado del diablo. - Santo Dios, me asustaste. -Harry se encuentra viendo a Liam con el ceño fruncido, preocupado. El de ojos castaños está al borde del desmayo, y pálido. -Oh, Liam está ebrio. No es nada. Se va a morir en el asiento de atrás por un rato, andando. Harry se gira hacia Louis, sin saber exactamente qué hacer o decir. El diablo sonríe de lado coquetamente y le dedica un asentimiento. -Fue un placer conocerte. El rizado asiente frenéticamente. -Oh. S-sí. Igualmente. - ¿Por qué es un experto mintiendo en algunas cosas, y es un asco en otras? Se gira, pero cuando no quiere dejar atrás al ente nuevamente vuelve a ver en la dirección donde estaba. Sin embargo, ya no se encuentra allí, pero cuando vuelve a girarse para caminar hacia la salida puede sentir los pasos en sus talones. Llegan al auto y Harry se adelanta para abrir la puerta de los asientos traseros mientras Fionn hace vomitar a Liam en unos arbustos cerca de la casa. Finalmente lo meten dentro, acostándolo de lado y cerrando la puerta. Ambos chicos se suben en la parte delantera y suspiran. El de cabello lacio suspira profundamente antes de voltearse a ver a Harry, el cual no puede evitar reír tímidamente. -Estás todo besuqueado. -Comenta al notar las marcas de labial en los labios, mentón y mejillas de su amigo. Este último continúa observando a Harry y no puede evitar sonreír de lado, enseñando esos dientes algo chuecos que se le veían de una manera extremadamente adorable. -Ese tipo estaba embobado por ti. El ceño del niño se frunce. - ¿Quién? -El diablo sin cola ni cuernos. Se veía como que quería arremeter contra ti y arruinarte de la forma más preciosa. -Finalmente enciende el auto y acelera, dando la vuelta para volver al pueblo. Y Harry, con su cuerpo cubierto por la sábana que había usado para ser un fantasma y mirando hacia la ventana, realmente piensa en si está siendo arruinado de la forma más preciosa. Los tres adolescentes habían pasado la noche en la casa de uno de ellos: Fionn Whitehead. Para Harry aquello era desperdiciar una noche con Louis, ya que éste no podía estar presente allí. Apenas llegaron, luego de que Liam vomitara un poco más y bebiera mucha agua, los tres se fueron a dormir. Despertaron al siguiente día cuando la alarma del reloj de Fionn sonó. Había sido tan chillona y molesta que ninguno quiso hablar mientras se levantaban. Se vistieron como el día anterior y bajaron a desayunar. El padre de Fionn parecía muy alegre comentando lo bello que estaba el día, las ventajas del invierno y lo lindo que sería cuando la nieve cayera en diciembre. El humor de Harry mejoró y se puso a hablar con el padre de su amigo sobre el clima, pero volvió a decaer cuando éste le comentó al rizado la tragedia que hubo en el último viaje de convivencia que hizo la escuela, y se quedó más que callado. Liam no pasó por alto aquello. Finalmente, Harry y Liam decidieron irse media hora antes de entrar a la escuela debido a que necesitaban ponerse el uniforme. Ambos chicos se fueron por diferentes caminos a sus respectivas casas. El rizado podía sentir los pasos del diablo en sus talones, y le extrañaba que éste no estuviese a su lado caminando. No había nadie a esas horas de la mañana, al menos no por aquella zona. - ¿Lou? -No recibió respuesta, tan solo aquellos pasos detrás de sí. Tragó saliva con fuerza y de inmediato se puso tenso, creyendo que algo andaba mal. Apresuró el paso hacia su casa, queriendo llegar rápidamente para poder meterse en su cuarto y enfrentar lo que sucedía. Minutos después llegó a su casa y abrió la puerta principal, cerrando detrás de sí mismo y a punto de correr hacia su cuarto, pero detuvo sus pasos al ver a su padre observarlo desde el sofá de la sala, bebiendo una pequeña taza de té. Ambos se observaron por unos cortos segundos antes que Des alzara ambas cejas y dejara la taza en la mesa ratona frente a él. -Hijo, hola. -Dijo. Harry no sabía exactamente qué decir. Era muy extraño hablar luego de que ambos supieran que Des quiso quemarlo con un cigarrillo, Harry le provocó un ataque al corazón diciendo "Louis" y luego el nombrado se le apareció a su padre en el hospital. Simplemente apretó sus labios, formando una línea con ellos, alzando un poco una de sus comisuras y asintiendo en forma de saludo. -Uhm, ¿Mamá y Gemma? -Por algún motivo se puso mucho más tenso al ver como su padre se ponía de pie, caminando muy lentamente hacia él. -No están. -Oh. -Harry asintió, viendo alrededor. Estaba realmente inseguro. Hizo una especie de trompita con sus labios y frunció un poco el ceño, pensando. ¿Dónde podría estar su familia? - ¿Dónde fueron? -A resolver unos asuntos. -Sonrió amistosamente. A pesar de que se veía honesto la respuesta a su pregunta lo puso más nervioso. ¿Qué debía de estar haciendo su familia que no podía él enterarse? Porque claramente sería muy tonto continuar preguntando. - ¿La pasaste bien anoche en la protesta? -Oh, sí. -Se le hizo un nudo en la garganta por mentir. -Sí. - ¿Has comido? ¿Quieres que te prepare algo? Aquellas preguntas lo hicieron sentir tan querido, importante para su padre en el cual siempre había buscado algún tipo de aprobación y amor verdadero, que sus ojitos se llenaron de lágrimas y sonrió con vergüenza. Tragó saliva con fuerza antes de negar. -Oh, no. Está bien. -Su voz tembló un poco y carraspeó con fuerza para reafirmarla. -Ya he desayunado con Fionn. ¿Tú...tú has desayunado? -Sí, gracias. -Oh, bueno. -Asintió lentamente antes de dar un paso atrás. -Me voy a vestir para ir al instituto. -Yo te llevo. -Dijo Des, bajando la mirada y asintiendo. Parecía apenado. -Genial, gracias. -Agradeció el niño de rizos antes de girarse para ir a su cuarto. ¿Debía de ponerse feliz porque la relación con su padre estaba avanzando? ¿Finalmente éste último comprendía que golpear a alguien con un cinturón hasta marcarlo no era la forma de solucionar las cosas? ¿Acaso había cambiado? O, ¿Cambiaría? Ni siquiera tuvo tiempo de pensar en las respuestas de todas aquellas preguntas. Una mano tira fuertemente de su brazo y otra mano junto a otro objeto se pegan con fuerza en su cabeza, sobre sus rizos. De inmediato se siente sofocado, y literalmente como su sangre comienza a hervir. -En el nombre del señor, te ordeno que salgas de éste cuerpo. Harry abre su boca en un grito mudo, comenzando a temblar. Puede sentir fuego en sus huesos, en su interior. En todas partes y, oh. Es como ser quemado vivo por un largo tiempo y nunca morir, solo sufrir. -L... Ni siquiera termina de nombrar al diablo que el crucifijo que se encuentra en su cabeza vuela de la mano de Des y una fuerza inhumana arroja a su padre hasta una esquina de la sala, dejándolo en el suelo y tirando algunas cosas. Harry intenta mantenerse de pie como puede mientras recupera la respiración, pero se encuentra quejándose en voz alta por el fuego en sus venas. Observa a su padre de lo más herido, llorando bajito mientras se sostiene a sí mismo, pálido. - ¿Q-Qué eres? -Des también está pálido, y se arrastra hasta tomar nuevamente el rosario, tendiéndolo hacia Harry por si éste planeaba acercarse. - ¿Qué clase de monstruo eres? Shockeado y perturbado, el rizado se ríe secamente, limpiando las lágrimas de su rostro e intentando enderezarse debido a que se encontraba algo doblado por el dolor. Debía verse fuerte frente a su padre, o éste creería que podría derrotarlo fácilmente. Le apuntó con su pequeño dedo índice a una de las personas que alguna vez más amó, amenazante. Se veía como un pequeño intentando asustar, pero daba igual. -N-No.…no vuelvas a intentar tocarme, o voy a matarte. -Acomodó sus ricitos, temblando. Se estaba muriendo de ardor. -Voy a matarte. Se tambaleó hasta llegar a la puerta que iba hacia las escaleras y la bajó con demasiada dificultad, quitándose la mochila en el camino a su habitación. Una vez llegó cerró la puerta detrás de sí y se apoyó contra ésta, cerrando sus ojos y llevando una mano a su pecho. No aguantaba, y a pesar de que el fuego en su interior no se había propagado, podía sentir aún el ardor tan potente que su aliento era como vapor. Unos brazos lo rodearon fuertemente por la cintura. -Harry. -El susurro del diablo era ronco, y hasta parecía desesperado ante los quejidos de dolor del menor. -Arde, arde. -Las lágrimas no le salían y le costaba respirar. Sus piernas le temblaban y estaba seguro que si no era sostenido por Louis iba a caer al suelo. -M-me está... -Sollozó secamente. Una mano de Louis se dirigió hacia el mentón del rizado, tomándolo y alzando su rostro. -Mírame. Harry, mírame. -Los ojos del niño se abrieron con cansancio y ambos se vieron fijamente. Poco a poco el alivio llegó al pecho del rizado en cuanto el ardor cedía y parecía que algo refrescante lo invadía. Se sostuvo mejor de Louis, cerrando nuevamente los ojos y recibiendo un desesperado y necesitado beso en los labios. -Ya, estás bien. No voy a dejar que nadie te vuelva a tocar. -I-Intenté decir tu nombre, Louis. Me dio miedo, no salía. -Tu padre no va a seguir vivo cuando vuelvas de la escuela. -Prometió el diablo. Harry de inmediato lo observó y negó. -Nada me va a hacer cambiar de opinión, aquí mando yo. -No, no. No lo mates. -Suplicó su niño favorito. No podía seguir cargando el peso de la culpa, el de las muertes y el cómo afectaba a su alrededor y lo volvía más débil a continuar vivo. -No... Los ojos de Louis se oscurecieron y dio un profundo suspiro, pero no fue como las demás veces que los cuadros tan solo se movieron, esta vez muchas cosas se cayeron y hasta se rompieron. Oh, el diablo estaba tan enojado. -Te tocó. -Louis, por favor. -Rogó, llevando sus manos hacia los hombros del mayor, aferrándose y observándolo fijamente. La expresión del ente era neutra, no demostraba nada, pero sostenía a Harry por la cintura con fuerza. -Tocó lo que es mío. -Sus fosas nasales se abrieron un poco más ante las profundas respiraciones. La luz del cuarto había bajado un poco y Harry no lo notó hasta que un fuerte relámpago sonó, sobresaltándolo un poco. -Mío. Harry sollozó, negando y poniéndose de puntitas de pie, llevando tímidamente sus brazos alrededor del cuello de Louis. -No sabe lo que hace. Lou, por favor. -Intentó llegar a la boca del amor de su vida, lográndolo. Rozaron sus labios por un momento. -Por favor... -Hoy muere. Se va al infierno. -Lou... -Besa con demasiada vergüenza los labios del ente, el cual comienza a comerle la boca a su niño favorito. Aquel beso es profundo, lleno de pasión y necesidad. Harry se aferra a Louis como si tuviese miedo de cada cosa que hay en todo el espacio que lo rodea, y en parte es así. Tuvo mucho miedo y ahora tan solo ruega por mimitos del diablo el cual, sin saber lo que se encuentra experimentando busca algún tipo de remedio en los labios de su bebé para curar la rabia que siente en su pecho. Se separan luego de unos minutos. -...Por favor. El diablo aparta tan solo un poco más su rostro y abre sus ojos, los cuales siguen oscuros. Niega lentamente y es la primera vez que Harry lo ve tan confundido, shockeado. -Por mí. ¿Qué me estás haciendo? -Nuevamente toma a su niño y lo besa profundamente por tan solo unos segundos, finalizando con besos entrecortados. Vuelve a suspirar y más cosas caen. -Estoy tan furioso. Sé cómo resolver las cosas, pero tú me lo impides...y yo te lo permito. Ambos se ven fijamente por unos segundos, y el rizado no evita volver a soltar algunas lágrimas. -Es mi padre, Lou. -No me importa. -No importa lo que haga, sigue siendo mi padre. -Defendió inútilmente. Una irónica risa, llena de sequedad y poca gracia sale de la boca del ente. -Humanos. ¿Qué es esa ideología en sus cabezas de que por tener la misma sangre deben perdonar acciones intencionales de uno? Tu padre sabe que tengo mis ojos sobre ti. -Su voz baja de tono, la furia intensificando el malestar en el interior del pequeño. -Yo le advertí. Le advertí que no te tocara, que no te mirara. Lo hizo sabiendo que iba a lastimarte. Lo que Louis no comprendía es que Harry no lo defendía por ser de su sangre. Quería hacer referencia a que amaba a Des, con todo su corazón, al igual que amaba a su madre y a Gemma. A su pequeña familia. Y no importaba si su padre buscaba hacerle daño, porque él lo amaba más y no quería ningún daño. Porque era mejor que eso. Porque, simplemente, ya no podía soportar más porquería. -Lou... -Sollozó. El nudo en su garganta no le permitía decir lo que sentía. -Y ahora tú me pides que siga como si nada, y deje pasar el hecho de que te lastimó. ¿Crees que no puedo ver los deseos de los demás, Harry? Preguntó. - ¿Crees que te he dicho que eres un alma pura todo éste tiempo solo porque tuve ganas? -No, no dije eso. Es solo-Tu padre va a saber lo que es estar cerca del infierno cuando vuelvas de la escuela. -Interrumpió, acercando más el rostro al de su niño favorito, el cual intentó aguantar los sollozos. -Es una orden. ¿Ha quedado claro? -Sí... -Dice, parpadeando para soltar más lágrimas. El diablo le alzó el mentón y llevó su cálida y húmeda lengua a la mejilla de Harry, limpiando las gotas de tristeza, saboreado ésta última. -Deja de hacerme dudar de mis decisiones. -Lo siento. -Se permite llorar luego de que Louis deja un beso en sus labios y se aparta, rodeando su pequeño cuerpo. Harry se gira rápidamente, limpiando las lágrimas de su rostro y sollozando mientras nota a Louis negar lentamente, pero nuevamente con aquella neutra expresión que tanto lo caracterizaba. -No lo comprendo. -Dice antes de tragar saliva. -Vístete, volveré cuando oscurezca. En tan solo un parpadeo el diablo desaparece, y con él un pedazo del alma de Harry, dejándolo más débil, tembloroso y llorando. Sube las escaleras furiosamente luego de salir de su cuarto, y en cuanto cierra la puerta detrás de sí y ya está en su sala nuevamente, vestido con su uniforme, mochila, cara lavada y peinado, su padre se encuentra allí, inmóvil en el sofá y observando a su hijo con una mezcla de lástima y miedo. La furia fluye por las venas del rizado a la par que toma un libro que se encuentra cerca y se lo arroja al adulto, el cual se sobresalta, sorprendido. - ¡Eres un tonto! -Grita Harry, comenzando a sollozar con fuerza, con las lágrimas cayendo como cascada de sus enormes y preciosos ojos verdes. - ¡Te metiste conmigo y ahora la vas a pasar mal! ¡Y no quiero, pero te lo mereces! -Iba a explotar si no le decía en la cara la verdad a alguien. -...Harry. Está tan roto, tan a punto de colapsar. -E-Él tenía razón, eres un mal padre. -Apunta con su pequeño dedo índice al hombre mayor, acusándolo. -Te gusta golpear a mamá, y te gusta castigarme. Te gusta jugar a ser Dios. -Este no eres tú. No es el niño dulce que siempre amé. -No. -Y esta vez su voz no se quebró, incluso salió mucho más fuerte. Negó lentamente antes de acomodar las correas de su mochila sobre sus pequeños hombros. -Tú no sabes amar. Y, sin más, giró sobre sus talones y salió de su casa, camino a la escuela y llorando desconsoladamente. No duró ni media hora dentro del salón de clases, pero se la pasó gran parte en el baño, el cual estaba completamente vacío a esas horas y podía darse el lujo de estar fuera de los cubículos. Fionn Whitehead lo encontró cuando su profesor le ordenó ir a buscar al alumno que hace más de treinta minutos se había ido al baño y no volvía. Harry lloraba y murmuraba "No quiero que suceda" mientras Fionn intentaba calmarlo mojándole el rostro y abrazándolo. El rizado se veía extremadamente perturbado, como si no pudiese evitar lo que se avecinaba, y así era. Murmuró un par de veces "Louis", pero quien sabe dónde éste estaba que no apareció ni un segundo. Fionn decidió llevar a Harry a su casa cuando éste último parecía temer ir a la suya. No paraba de preguntar por la hora y negar rápidamente, desesperado. Cuando ambos llegaron a la casa del castaño se encaminaron hacia su cuarto y se quedaron allí, bebiendo jugo de naranja exprimido y comiendo pan con mermelada. Ambos tuvieron una corta charla en donde el rizado le confesaba a su amigo el haber hecho algo muy, muy malo que no podía decir y no saber cómo remediarlo. Fionn le dijo: "-Pues...está en ti detener las cosas, pero quiero que tengas cuidado. El sentir culpa y estar en un ambiente tóxico puede arruinarte y volverte alguien diferente. No dejes que eso pase." ¿No se ha vuelto ya alguien diferente? Se sentía diferente. Débil y fuerte a la vez. Eran las ocho p.m., hora de volver para la cena. Le sudaban las manos mientras salía de la casa de los Whitehead y caminaba hacia la suya. No había nadie, como a la mañana, y todo estaba oscuro a excepción de la tenue luz blanca en cada faro. Pudo sentir la presencia de Louis a mitad de camino, pero no se atrevió a hablar. Tenía miedo de cada respuesta que recibiría. Finalmente llegó a la casa y, sin siquiera pensarlo abrió la puerta principal, adentrándose. Fue envuelto fuertemente en los brazos de su madre, la cual jadeó, aliviada. -Harry, Dios santo. -Se aleja luego de unos segundos, besando el rostro de su hijo. - ¡Cielo! ¡Te busqué por todas partes! Pero tu padre, uh. Él me dijo que estarías bien y decidí esperar. ¿Dónde estabas? -Lo siento, mami. -Su voz tembló así que rápidamente carraspeó su garganta. -Estaba con Fionn, me sentía raro y me quedé en su casa. Siento haberte preocupado. Los besitos de su madre en su rostro lo reconfortan un poco, pero aún sigue aterrado por lo que se avecina. Anne sonríe tímidamente luego, viendo fijamente a Harry. -Tu padre me contó lo que sucedió. -Dice, y el niño se congela, pálido y tenso. No sabe qué hacer, no sabe qué decir. -Ha asimilado la culpa, y ha prometido tantas cosas buenas, amor. Todo va a mejorar. Él quiere ofrecerte una disculpa. ... ¿Qué? -U-uh... Sus balbuceos son interrumpidos en cuanto Des sale de la cocina, relamiendo sus labios y viendo hacia su esposa e hijo. Luce relajado, incluso parece estar realmente feliz. Harry jura nunca haberlo visto así mientras este se acerca rápidamente con una mirada culpable...y ojos rojos. Demonios, que ese no era su padre. Pero tampoco era Louis, lo sentía detrás. -Harry, lo siento tanto, hijo. Prometo que no volveré a lastimarte, te lo juro. -Dice fluidamente, rodeando con su brazo la cintura de Anne, la cual se sonroja. Simplemente asiente, y es allí cuando su padre sonríe levemente y mira a su esposa, la cual le devuelve la mirada. ¿No nota el cambio en el color de ojos? -Deberíamos cenar, tengo hambre y cocinas riquísimo. Su madre ríe, aún más sonrojada. Se parece a él cuando Louis dice cosas que lo hacen sentirse el ser más afortunado del mundo. -Cocinaría lo que sea por ti, mi amor. -Y ambos adultos se dirigen a la cocina, entablando una conversación. Harry ve a Gemma, la cual está en el sofá fingiendo ver televisión, y ambos se observan fijamente antes de volver a lo suyo. El niño se dirige a su cuarto, bajando las escaleras y cerrando la puerta detrás de sí antes de encender la luz. Louis se encuentra parado allí, y él no puede evitar comenzar a sollozar silenciosamente, pegado a la puerta. - ¿L-Lo mataste? La mandíbula de Louis parece estar tensa, y se mantiene bastante quieto. -No. -Dice. Harry deja de llorar, sorprendido. -Pero va a desear estar muerto, y no lo lamento. El rizado comienza a quitarse la mochila, el abrigo y deja todo sobre un sofá individual en la esquina del cuarto. Suspira y limpia las lágrimas en su rostro antes de girarse, encontrándose a Louis frente a él. Ya no se sobresalta más. -Estás asustado. -Confirma el ente, por lo cual Harry niega. Louis rodea la cintura de su niño favorito con sus brazos, acercándolo y pegándolo a su pecho. Bajó el rostro y olfateó el cuello del más bajo tan solo unos segundos. -Estás triste. Harry nuevamente solloza, comenzando a temblar. Todo el miedo que cargó sobre sí jamás se convirtió en alivio, ahora solo era tristeza que no podía cambiar. Se sentía terriblemente, y temía no saber cómo controlarlo. Louis lo observaba sin comprender al principio, pero pronto, en carne propia pudo sentir las emociones de su niño y, casi desesperado por aliviar el malestar lo alzó como si fuese una princesa y lo llevó a la cama, recostándolo. El rizado no dejaba de llorar, y Louis le limpió las lágrimas antes de tomarlo del mentón y alzarle el rostro, acomodándose a su lado, pero un poco más arriba. - ¿Soy yo el causante de tu tristeza? -Harry tan solo parpadea, negando apenas notable. - ¿Crees que estoy equivocado en la decisión que he tomado? Ambos permanecen callados por unos segundos, tan solo oyendo como el rizado sorbía su nariz e intentaba no hacer ruido al llorar. -No. No creo que estés equivocado, y por eso estoy triste. Su madre, ella...jamás la había visto tan feliz, tan radiante. Pudo incluso sentir lo hermosa y amada que esta se sentía, y las esperanzas surgiendo de su pecho. Su padre, el cual estaba siendo poseído por un demonio y su alma estaba en quién-sabe-donde, se veía mucho más comprensivo e inteligente de aquella manera. Tan solo le dolía, porque él realmente desearía tener a su padre de vuelta, pero siendo de aquella manera. El diablo se mantuvo acariciando delicadamente la mejilla de su niño favorito, y nuevamente lucía confundido como nunca. Realmente era muy extraño verlo así, sin entender lo que sucedía. -Aún no lo comprendo. Esta vez Harry preguntó: - ¿Qué cosa? -Te interesa la vida de alguien el cual no se preocupa por la tuya. -Se inclina y besa suavemente los labios de su niño. -Te pone triste que alguien sufra, incluso si no tuvo inconveniente en hacerte sufrir a ti. Eres tan frágil, y tan puro. Yo...me dejas sin habla. Nuevamente comparten una húmeda sesión de besos ruidosos. Harry se acurruca en el pecho del rey del inframundo, el cual sostiene a su niño favorito como si se le pudiese resbalar de las manos, cosa que era cierta. Nunca había sentido tanto enojo como el ver que el rizado no podía respirar debido a que alguien intentó que se quitara de encima. Ilusos. Acarició las caderas del niño y adentró su lengua a la boca del menor, el cual gimió bastante bajo y se acercó aún más, necesitando de mucho más tacto. Louis se apartó solo unos segundos. - ¿Cómo es que Dios no le prestó atención a alguien como tú? Harry suspiró al sentir los besos del ente sobre la piel de su cuello, succionando y lamiendo. -Uhm...tal vez él sabía que...que iba a enamorarme de ti. El corazón del diablo volvía a latir, y con mucha más intensidad. Una sonrisa ladina se hizo presente en su boca, gustoso por su respuesta a aquella suposición. -O tal vez yo lo sabía e impedí que se metiera en mi camino. Aquella noche hicieron el amor, y Louis se ocupó de quitar el susto y tristeza del pecho de Harry. Mientras éste último dormía luego de varios minutos, se permitió quedarse recostado, envolviendo el pequeño cuerpo del menor y pensando una manera en la que éste disfrutara su vida junto a él...y no muriera en el intento. No era de esperarse que con el pasar de los días Harry se la pasara en su cama, acurrucado y llorando. No podía simplemente olvidar que mientras todos se la pasaban de lo mejor con su actual padre, el alma de su verdadero padre estaba en el infierno, siendo torturada una y otra vez por quien sabe qué cosa que estaba allí, ya que Louis estaba junto a él. Últimamente se la pasaba a su lado y todo porque el niño estaba de lo más deprimido. La culpa realmente lo estaba carcomiendo, y la presencia del diablo empeoraba todo. Fue cuando éste último se dio cuenta de aquello que decidió ponerle un fin. -Voy a irme. -El diablo se puso de pie luego de estar un rato sentado en el borde de la cama de su niño favorito, el cual estaba envuelto en las sábanas y sollozaba, lamentándose el haberse puesto al nivel de las personas malas. Louis no solo iba a irse porque Harry estaba lo bastante deteriorado para hacerle compañía, también estaba el hecho de tener que oír cosas que no eran ciertas. ¿Por qué el rizado cargaba con toda la culpa, cuando fue el ente el cual decidió enviar al imbécil al infierno? ¿Por qué ensuciaba sus propias manos cuando lo único que había en ellas era suavidad y delicadeza? ¿Qué buscaba provocar en el diablo al estar mentalmente castigándose de aquella manera? El rostro del rizado, el cual está con la nariz enrojecida, ojos levemente hinchados y llenos de lágrimas, y ricitos pegados en éste se hace visible luego de unos largos minutos en donde lo mantuvo oculto bajo las cobijas. - ¿Q-Qué? -Estás demasiado mal, demasiado deteriorado. Voy a irme, al menos por dos días. -Y, maldita sea, que no lo estaba preguntando. Lo iba a hacer y punto. Harry se pone de pie, torpemente avanzando hacia el bello hombre frente a él, aferrándose al brazo de éste. Ambos se sorprenden por la falta de estabilidad del niño, el temblor que comienza a apropiarse de su cuerpo y la manera en que la respiración se le corta. -No. No, n-no. No te vayas, p-por favor... -Inhala entrecortadamente y se le rasga el pecho con cada sollozo. El diablo puede sentirlo en carne propia, y aunque no siente más que leves pinchazos en el pecho, como si se le hubiese dormido algún músculo, sabe que Harry lo siente en demasía. -Y-yo...lo siento. -Harry. -Se acerca al niño, notándolo realmente pálido. Suavemente pasa uno de sus brazos por detrás de la espalda del rizado, y el otro por debajo de sus piernas. Llevó su nariz a los rizos castaños de su ángel y suspiró sobre éstos, acunándolo contra su pecho. -Pequeño... Era impresionante lo que el humano podía provocarle con tan solo mencionar el hecho de necesitarlo. -No sé qué haré sin ti, por favor, yo... -Aprieta la yema de sus dedos contra la camisa, sobre el hombro del diablo. -...yo no... Louis comienza a encaminarse al baño, y cuando llega tan solo deja a su niño favorito sobre la tapa del retrete, apoyándolo contra la pared. No le dice que deje de llorar cuando su llanto se incrementa, tan solo se dirige hacia la bañera y comienza a llenarla con agua tibia mientras se quita la camisa y los zapatos, quedando en pantalones. Una vez la bañera se encuentra llena se acerca a su niño y comienza a desvestirlo básicamente a la fuerza hasta dejarlo en ropa interior, tomándolo en brazos y llevándolo consigo hasta la bañera. Se metió y dejó a Harry sobre su pecho, llevando su mano repleta de anillos al agua y pasándola por el rostro del niño a pesar de que éste se removía para intentar respirar. Finalmente, harto Louis lo tomó del rostro y lo miró fijamente. -Si no te calmas voy a tener que sumergirte. Harry aguanta el aire por unos segundos y lo suelta lenta y temblorosamente por la nariz, pero el llanto no abandona su pecho y no puede evitar sollozar un par de veces, pegando su mejilla contra el cálido pecho del rey del inframundo. -No te vayas, por favor. N-No sé qué hacer... -Solloza con más fuerza, a punto de comenzar otro ruidoso llanto. Louis rápidamente comienza a dejar suaves besos en su mejilla y luego en su cuello, abrazándolo más contra sí. -Deja de llorar, no voy a irme. -Te amo, Lou. -Solloza, y se aferra más fuerte al torso del amor de su vida, el único que hace el mundo menos terrible para él. No sabe cuánto tiempo va a poder soportarlo. Los días pasaban, Harry no mejoraba y todo debido a que Louis no podía apartarse ni un segundo de él ya que entraba en una especie de crisis donde chillaba por el diablo, incluso con éste allí presente. El trato en donde el ente volvía en las noches se había ido al demonio, y el rizado ni siquiera podía ver a su padre falso porque comenzaba a surgirle tanta ansiedad en el pecho que hacía lo que sea para no tenerla. Lo único bueno de su nuevo padre era que Dominique no era reproducida cada mañana en el tocadiscos, una y otra vez. En los zapatos del niño de ojos verdes, todo se había vuelto como aquella vez en la que la muerte lo vio a los ojos y todos los momentos importantes en su vida se hicieron añicos. Estaba delgado, desanimado, se sentía pesado y ligero a la vez, el día estaba soleado, pero para él era como usar gafas de sol y las ganas de llorar lo invadían cada tanto, pero había dejado de poder soltar lágrimas por sus ojos. Despertó en medio de la tarde. El atardecer dejaba una leve luz en su cuarto y las cobijas sobre él lo protegían del frío, el cual últimamente era bastante. Se sentía más extraño que ayer: Sentía algo en su pecho que le dejaba...como si estuviese en la nada. Es decir: No sentía...demasiado. Louis estaba sentado a su lado viéndolo fijamente, y cuando notó que el pequeño ya estaba despierto, tomó su mano y comenzó a dejar suaves besos en sus nudillos. El ceño de Harry se frunce levemente, parpadeando con lentitud. No sabe ni qué día es. - ¿Q-Qué ha pasado? -Te dormiste ayer por la tarde. -Decidió omitir que había aprovechado el irse y que había llegado hace tan solo unos minutos. -Oh. -Se sienta fijamente con ayuda del diablo. Se ve más pequeñito ante la delgadez. Mira alrededor unos segundos, parpadeando con algo de pesadez antes de llevar su pequeño puño a su ojo izquierdo, refregándolo. - ¿Mi mamá no ha preguntado por mí? -Sí, ha venido un par de veces a ver si estabas bien. -Mintió. No es que Anne no se haya preocupado por su hijo, pero cada vez que iba a bajar tan solo le comentaba a su marido que iba a hacerlo, y el demonio decía que él se encargaría, aunque realmente no lo hacía. A Louis no le molestaba aquello: No quería a nadie más que a él en la habitación de su niño. Se veía tan chiquito como siempre, recién amanecido, con los rizos despeinados y adormilado. No dejaba de pasar su mano por su ojo izquierdo, intentando despertarse un poco, e inconscientemente hací-a trompita con sus labios. Fue inevitable, imposible, no pasar un brazo por la espalda del menor, rodeándolo para sostenerlo como si fuese un bebé. Ambos se vieron fijamente a los ojos por un rato, perdidos en el otro. Harry habí-a alzado su mano al rostro del diablo, acariciando con las yemas de sus dedos la preciosa piel del ente. Estaba embobado, anonadado, enamorado. -Te amo, Louis. -Susurra, sin poder evitarlo y no esperando recibir nada de vuelta. Tan solo quería decirlo porque tener tal belleza frente a él, tener tal crueldad y aprender muy lentamente a amarla lo había hecho ver que Louis podría sentir. No amarlo, solo sentir. Negó lentamente con la cabeza. Si el diablo no lo amaba y planeaba llevarlo al infierno de la manera más cruel, Harry estaría gustoso. Al menos moriría sabiendo que tuvo el placer de ser besado por alguien único como lo era Louis. -Haz conmigo lo que quieras. Luego de la sonrisa ladina que le dedica al niño, el diablo baja su rostro, dirigiéndose al cuello ajeno y, al llegar, comenzando a succionar porciones de la pálida piel. Le encantaban las reacciones del menor, el cual suspiraba entrecortadamente y se removía un poco, casi ronroneando. Roza sus dientes contra la piel y dio una lamida, dejándole el cuello húmedo con su saliva. Subió y lo tomo firmemente del mentón con su mano libre, comiéndole la boca. El beso tomó más profundidad, con sus lenguas acariciándose y formando chasquidos ante la manera tan húmeda en la que se besaban. Harry se aparta un poco, abriendo sus ojitos y observando a Louis antes de desabotonar su camisa blanca y quitársela. No llevaba sus típicos tirantes negros debido a que se encontraba con el uniforme de la escuela, el cual solo era una camisa, pantalones largos y grises por el frío que se avecinaba, y unos zapatos negros. El diablo no pudo evitar volver a sonreír, y todo porque era la primera vez que veía confianza en Harry, el cual se estaba quitando la ropa lentamente, de una manera tan sensual con su carita de inocente, pero caliente. Supo que no iba a poder detenerse luego de aquello. Harry tan solo quedó en ropa interior, haciendo sus ricitos a un lado, permitiendo que Louis lo acercara hacia sí y le besara suavemente los labios. Se sentía tan delicado y protegido, porque el diablo lo sostenía como si fuese una pieza de arte que no puede ser ni un poco maltratada. Y suya, siempre. Lo recostó en la cama con suavidad y se arrodilló, comenzando a quitar su propia ropa, revelando su torso repleto de tatuajes, símbolos y palabras inentendibles. Se quitó los pantalones, los zapatos e hizo aquel leve flequillo que siempre estaba intacto hacia atrás. Todas las prendas de ambos estaban en el suelo, desordenadas y esparcidas. El diablo le quitó lentamente los calcetines y pasó su dedo índice por la planta del pie del menor, el cual se removió un poco y no pudo evitar reír adorablemente. Louis se inclinó, dejando un beso profundo en sus labios, sin tocarlo para nada, tan solo sosteniéndose con sus brazos a los lados de Harry. Éste último se retorcía al no sentir el toque del diablo en su piel, llevando tímidamente sus manitos a la espalda del mayor y tirando con suavidad para que sus torsos desnudos se chocaran, pero Louis ni siquiera se movía. Abandonó los labios del menor y comenzó a besarle el mentón, nuevamente jugando con su cuello y bajando por sus clavículas hasta su torso. Le lamió uno de los pezones y lo succionó, también haciéndolo con el otro al notar que al niño le había gustado debido a que arqueaba levemente su espalda. Continuó con el camino de besos, entreteniéndose un rato en el vientre del niño. No le quitó su ropa interior, le dejó suaves besos por encima, los cuales lo hicieron inhalar bruscamente. Llegó al interior de los muslos y exhaló aire calentito allí, sintiendo a su niño removerse un poco, ansioso. Lamió la suave piel y comenzó a dejar suaves besos, oyendo suspiros provenir de los labios de Harry. Le bajó la ropa interior hasta quitársela y le abrió las piernas, las cuales quedaron en sus hombros. Bajó el rostro y sacó su lengua, comenzando a penetrar con ésta la entrada del menor. El rizado de inmediato soltó aquel jadeo que estuvo conteniendo mientras Louis le besaba lentamente todo el cuerpo, y respiró hondo antes de continuar jadeando por todo lo que se encontraba sintiendo. El placer fluía por su cuerpo irremediablemente, nublando un poco sus sentidos mientras no dejaba de mover sus caderas en círculos, y se quejó cuando luego de un par de minutos Louis se alejó. Se arrodilló nuevamente en la cama, quitando las piernas de Harry de sus hombros con suavidad y bajándose la ropa interior hasta quedar completamente desnudo, con su prominente erección visible. Se hizo más hacia adelante, con ambas rodillas a los lados del torso de su niño y su miembro quedando a centímetros de su boca. Los ojos del diablo se tornaron de un bordó oscuro mientras observaba fijamente los enormes e inocentes ojos verdes ajenos. -He tenido esta imagen en mi cabeza por días, niño. -Rozó su glande sobre los labios entreabiertos del rizado, el cual se encontraba sumamente sonrojado y con sus ojos brillosos. Hace tiempo no los veía así. -Quiero que lo tomes con tus preciosos labios. -Harry cerró un poco sus piernas, retorciéndose ante aquellas sucias palabras. Asintió. -Voy a follar tu boquita. -Si... -Abre. El rizado suelta un suspiro antes de abrir un poco más su boca, cerrando sus ojos cuando Louis adentró su miembro en la boca ajena lentamente, sintiendo la húmeda sensación nublar sus sentidos, provocando que jadeara antes de comenzar un vaivén en la boca del niño, oyendo los suaves gemiditos que soltaba cada vez que su erección entraba aún más en su boca y sintiendo como se retorcía, cerrando sus piernas con más fuerza y moviendo sus caderas. -Eso es, mírame a los ojos. -Harry abrió éstos, parpadeando rápidamente y viendo fijamente al diablo, el cual tomó sus ricitos en su puño, acercándolo más e introduciendo todo su miembro en la boca del rizado. Éste último se apartó un poquito tan solo para tomar la erección de Louis con su pequeña y delicada mano, comenzando un vaivén dudoso al principio, pero acelerando al ver que al amor de su vida le resultaba fascinante. Dejando la vergüenza de lado y atreviéndose a un poco más alzó su rostro y lamio lentamente la glande ajena, sintiendo el pre-semen en la boca y lamiéndose los labios ante aquello. -Joder. Sintió un cosquilleo en el vientre ante aquel ronco insulto y nuevamente lamió, solo que esta vez la base, y luego volvió a adentrar el miembro a su boca, cerrando sus ojos y recibiendo más halagos y tirones en sus ricitos. Louis creía que, fuera o dentro de lo sexual, Harry era el mejor. Siempre. Apartó al rizado cuando sintió que ya era tiempo, y que no soportaba un segundo más fuera de su interior. Le abrió las piernas y permitió que éste se aferrara a sus bíceps con sus pequeñas y delicadas manos. Louis se inclinó, besándole los labios de una manera sucia, húmeda antes de apartarse. Ambos se vieron fijamente a los ojos, y todo porque Harry ya se había acostumbrado a que el diablo se lo dijese. Todo para no lastimarlo. Sintió una oleada de calor y placer viajar por todo su cuerpo cuando el miembro de Louis estuvo en su interior. Arqueó levemente su espalda y dobló los deditos de sus pies, realmente invadido por las exquisitas e inexplicables correntadas que viajaban por todo su cuerpo. -U-uhm... -Mordió su labio inferior con fuerza, intentando no ser ruidoso. Su familia estaba arriba y debían ser muy cuidadosos, aunque Louis disfrutaba el ver a su pequeño callarse y, si fuese por él, lo haría gemir tan alto que hasta Des lo oiría desde el infierno. El vaivén comenzó lento, delirante mientras se besaban profundamente y exploraban con sus manos el cuerpo del otro. Harry acariciaba con la yema de sus dedos los fuertes brazos del diablo, el cual pasaba su mano de arriba abajo por los suaves y tiernos muslos de su pequeño. Sus bocas no se alejaban en ningún momento, sus lenguas se acariciaban y sus corazones latían a la par, más que conectados. Harry gemía entrecortadamente sobre los labios del diablo, subiendo sus pies hasta pegar sus talones en la espalda baja de éste, con sus piernas rodeando las caderas del ente. A pesar de que el vaivén era lento, poco a poco se hacía más fuerte, más duro. -M-Más... -Harry pidió entre jadeos bajos y suspiros debido a que la glande de Louis golpeaba una y otra vez su punto dulce, provocando que casi delirara del placer. -Mhm. El diablo aumentó el vaivén de inmediato, sosteniendo un poco más fuerte los muslos del menor y separándolos para poder adentrarse con más facilidad. Llevó sus labios detrás de la oreja de su niño y succionó, sintiéndolo retorcerse mientras gemía ruidosamente, aunque no debería. -Has sido tan bueno, Harry. Mi Harry. -Lamió donde besaba y se adentró con más fuerza en su interior, oyendo un gemido bajo, agudo y entrecortado. -Mi niño favorito... Minutos después detuvo el vaivén y Harry abrió los ojos con confusión, preguntándose si había hecho algo mal antes de ser tomado por la cintura y volteado hasta quedar sobre el cuerpo del diablo. - ¿L-Lou? -...Eso es. -Susurró cuando Harry se sentó, apoyando sus manos sobre el pecho del ente. Las manos de éste último fueron a la cintura del rizado, el cual tenía sus rojizos labios entreabiertos, mejillas sonrojadas y ricitos despeinados. Un tesoro, eso era. -Sé un buen niño y salta sobre mí. Harry relamió sus labios antes de moverse un poco, robándose un suspiro a sí mismo. Hizo sus ricitos hacia atrás antes de acomodarse mejor y comenzar a mover sus caderas en círculos, con las yemas de los largos dedos del diablo presionando en su piel. Ambos se veían fijamente, pero el rizado tuvo que cerrar sus ojos cuando comenzó a dar lentos saltos sobre la erección del ente debido a que el placer era lo suficientemente agobiante, pero, demonios, que todo se sentía demasiado bien. Sus cuerpos estaban cálidos, con una leve capa de sudor. Harry había aumentado su ritmo y rodeado con sus brazos el cuello del diablo, el cual se había sentado y ayudaba a su niño a impulsarse hacia arriba, apretando sus nalgas y besándole los labios. Harry no podía dejar de gemir rápidamente, con el cosquilleo haciéndose presente en su vientre, temblando del placer que le nublaba los sentidos, tanto que inconscientemente clavaba sus uñas en la espalda del diablo, el cual gruñía y hacía temblar los cuadros. -Voy a... -Dejó sus labios entreabiertos, cerrando sus ojitos con fuerza mientras sentía a Louis besarle el cuello y bajarlo con más dureza en uno de los saltos. Tres veces más bastaron para que el clímax lo invadiera de una manera exquisita, viajando por todo su cuerpo, doblando los deditos de sus pies y jadeando contra el hombro del ente, el cual segundos después lo llenó con su esencia. Ambos respiraban agitadamente, intentando recuperarse del orgasmo. Louis respiró profundo antes de rodear con un brazo la cintura del niño y tirarse hacia atrás, cayendo acostado en la cama y con el menor sobre él, descansando en su pecho y con la mejilla en su hombro. Los minutos pasaban, y en la oscuridad del cuarto continuaban abrazados, viendo a la nada. El diablo mimaba a su niño, acariciándole los ricitos, pero a pesar de ese acto de dulzura y protección, Harry podía notar el enojo de Louis en el pecho. -Quiero matar a tu padre. Quiero matar a cualquiera que te toque. Finalmente dijo el motivo de sus malas emociones, dejando un beso en la frente del menor, el cual cerró sus ojos luego de un largo tiempo. ¿Qué se supone que debería de hacer? Su padre. Des Styles. Tuvo una infancia terrible donde su padre lo buscaba para llenarlo de golpes, donde no hubo una madre presente. Aprendió cosas que no debería, que todos dicen que está bien. Llenaron su cabeza y ahora que es padre cree que está bien hacer lo mismo con sus hijos. A pesar de los golpes, de sus ataques de locura y casos extremos de violencia, siempre se había preocupado por él. Siempre se había fijado si comió, si necesitaba algo. Lo dejaba oír Frank Sinatra y Marilyn Monroe en el tocadiscos cuando Dominique no estaba siendo reproducida una y otra vez, pero, ¿Era aquello una excusa? ¿Excusaba todas las veces que le intentó meter en la cabeza a Harry y Gemma luego de golpearlos con un cinturón que estaba bien? ¿Todas las veces que su madre llevaba moretones en su precioso rostro? ¿O que tal cuando no le creyó ni una palabra a su hijo menor y quiso quemarlo con el cigarrillo? ¿Qué hubiese pasado si él no hubiese acudido a Louis y a Des no le hubiese dado un ataque al corazón? ¿Por qué intentó arruinar la única oportunidad de tenerlo cerca al quemarlo por dentro cuando lo quiso prácticamente exorcizar a la fuerza? Harry había sido criado de la misma manera que su padre, y él jamás podría golpear a sus hijos. Jamás. ¿Des querría? Los pensamientos eran tantos que ni siquiera podía pensar en orden, pero no estaba listo para tomar una decisión. No podía. A pesar de que todos se veían más felices ahora -a excepción de él-, era realmente injusto. Porque era como...como una farsa. Sin más, se acurruca aún más en el cuerpo del diablo y gime bajito, miedoso. -No quiero que me intenten alejar de ti, Lou. Un gruñido surge del pecho de Louis y las cosas de la pared nuevamente tiemblan. Aferra a Harry más contra sí antes de pegar sus labios contra los ricitos ajenos. -Nadie te va a alejar de mí, nadie se atreverá. 03/03/56. - ¿Papi? -Preguntó dudosamente el pequeño retoño, el cual de asomaba por el marco de la puerta de la cocina, refregando uno de sus ojitos con su pequeño puño para espabilar el sueño. No. No tenía permitido subir las escaleras que llevaban al primer piso, su madre siempre le repetía que la llamara para que ella pudiese subirlo porque él era muy pequeño y podía resbalarse o pisar mal, pero había gateado y éste caso era algo así como urgente. Había alguien en el piso de arriba que lloraba desconsoladamente: Su padre, para ser exactos. Las luces de la casa estaban apagadas, pero la cocina hacía una excepción en la iluminación debido a que los faroles de afuera alumbraban el cuarto gracias a la ventana que éste tenía. Había dos botellas oscuras, una con algo dentro y un vaso de vidrio a medio llenar a un lado de éstas, con un poco del contenido sobre la mesa. El hombre descansaba incómodamente en una silla, claramente ebrio, despeinado y angustiado. Lloraba silenciosamente contra sus manos, las cuales estaban presionadas en su rostro. -... ¿Papá? -Nuevamente preguntó el niño de cinco años, sobresaltándose cuando su padre también lo hizo y pasaba sus manos por su rostro para dispersar, de una forma inútil, la ebriedad. No servía, pero necesitaba buscar una forma de no estar torpe para poder tranquilizar al pequeño. El hombre vio a su hijo con medio cuerpo asomado por el marco de la puerta de su cocina, en pijama, descalzo y con sus ricitos castaños completamente despeinados. Sus enormes ojos verdes, los cuales incluso resaltaban en medio de aquella oscuridad, demostraban confusión y pánico. Su pecho se oprimió al verlo así. Extendió su mano y el niño corrió de inmediato hacia su padre, tomándole la mano y abrazándole el brazo, cerrando sus ojitos. -Papá... ¿Qué pasa? ¿Está...tú...? -Abrió sus ojos, aún preocupado y con una expresión que el hombre conocía muy bien: Iba a llorar. - ¿Tú...mal? ¿Mal? A pesar de su estado no pudo evitar sonreír de lado. Su hijo era muy adorable, y muy buena persona. De inmediato lo subió a sus piernas y lo abrazó contra su pecho, intentando evitar sollozar, pero, maldita sea, las lágrimas caían por su rostro aún. Sorbió su nariz y alejó apenas a su hijo del pecho, viéndolo. Éste último subía sus pequeñas manos, limpiando torpemente las lágrimas de su padre. -Hazz, escúchame. -Su voz salía lenta, ronca. Tragó saliva con fuerza, bajando la mirada unos segundos antes de volver a subirla y ver a su hijo, el cual lo observaba fijamente, serio y atento. Eso es lo que le asustaba a veces: Que sea tan neutro. ¿Sabría qué le pasaría cuando no estuviese bien? -Quiero que sepas que te amo. -Yo te amo a ti más. -Y que siento ser malo a veces. -Negó lentamente, nuevamente bajando la mirada, avergonzado. -Papá no suele darse cuenta de cuánto daño hace, pero te amo a ti. La amo a Gemma. Los amo. -Yo entiendo. -Asintió el niño, parpadeando lentamente y ladeando un poco su cabeza luego. - ¿Triste? -El hombre asintió y el ceño del niño se frunció. - ¿Por qué? -Porque soy... -Negó nuevamente luego de unos segundos en silencio. No, no iba a contarle sus problemas a su hijo de cinco años. -...humano. Y todos nos ponemos tristes a veces. Una trompita surgió de los labios del niño con rizos, aún con su ceño fruncido y viendo hacia otro lado, pensativo antes de volver a ver a su padre. - ¿Sabes que...yo hago para estar feliz? Su padre no pudo evitar sonreír, enderezándose mejor. - ¿Qué haces? -Hago abrazo. -Dijo, envolviendo sus pequeños bracitos alrededor del torso de su padre, apoyando su mejilla contra su pecho. -Y hago beso. Alzó el rostro y, con ayuda de su padre, el cual se inclinó, le dio un beso en la mejilla. -Y mamá dice "Te amo, Hazzie". Su padre alzó las cejas, entretenido con lo que su hijo le decía, retomando su postura a pesar de la ebriedad. - ¿En serio? -Sí. -Llevó sus pequeñas manitos a los lados de las comisuras de los labios de su padre y las elevó, intentando de manera torpe formarle una sonrisa. Ambos rieron bajo y nuevamente se abrazaron. -Te amo, Hazzie. Nunca cambies, ¿Vale? -Nunca cambio, entiendo. -Asintió, recibiendo un beso en su mejilla. -Yo te amo a ti más. Su padre nuevamente lo dejó en el suelo antes de ponerse de pie. Al notar que se encontraba normal, sin marearse ni nada por el estilo, se inclinó y tomó en sus brazos a su hijo, caminando fuera de la cocina. - ¿Y que más haces para estar feliz? -Le dio charla mientras bajaba la escalera, sosteniéndose con su mano libre de la baranda y adentrándose al cuarto del pequeño no sin antes prender la luz. Sorprendentemente, todo estaba bastante ordenado. El pequeño no era de dejar cosas que estorbaran de por medio. -Juego. - ¿Ah, sí? -Lo vio asentir mientras lo dejaba en su cama y lo tapaba con las mantas. Hacía frío aquella noche. - ¿A qué juegas? -A escondidas. - ¿Solo? -Esta vez el niño niega mientras su padre deja un beso en su frente, acomodándole los ricitos. -Con Gemma. -No. Juego con alguien, pero no sé quién es. -Dice, comenzando a cerrar sus ojitos. La verdad es que tenía mucho sueño, y las caricias de su padre en sus rizos lo hacen estar más torpe. Suspira. -El hombre con anillos... -... ¿Qué? Pero ya está dormido, y nunca pudo confirmar que había balbuceado aquello. Había sucedido algo muy extraño. Falta una hora para irse del instituto. Está con Fionn Whitehead sobre un banco del patio de aquel enorme lugar. A pesar de que hace frío lo están disfrutando, y también la soledad debido a que no hay nadie allí. Terminaron de comer unos sándwiches de queso y estaban conversando acerca de la navidad, cómo iban a pasarla y si planeaban hacer algo. Fue entonces cuando el timbre sonó y Fionn se puso de pie, suspirando. -Bien, vamos. Es la última clase y somos libres. Fue a tirar la envoltura del sándwich y las dos cajas de jugo de manzana vacías al cesto de basura, y cuando volvió se encontró con el rizado aún sentado, con su ceño levemente fruncido. Muchas veces había asistido a clases sin ganas, pero últimamente se le hacía insoportable no estar allí. Tenía sueño, estaba triste y no toleraba nada. Decidió darle fin a su tortura, y comenzar a hacer lo que a él le parecía bien. -...No voy a entrar. Su amigo lo observó de manera extraña, viendo alrededor, creyendo que Harry vio a alguien que le molestaba, pero no. Aquellos bravucones ya estaban bien enterrados. - ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué ocurre? Harry se puso de pie lentamente, colgando su mochila en sus hombros antes de parpadear rápidamente, subiendo la mirada para ver a su amigo. -Nada, es solo...no quiero. Me iré. -Y, sin más, salió del patio, comenzando a caminar por los pasillos. Fionn Whitehead quedó shockeado y congelado en su lugar, intentando reaccionar. - ¿Qué? Pero... ¡HARRY! -Rápidamente lo siguió, y cuando lo alcanzó no pudo evitar carcajearse. - ¿Cómo es que...? Yo... ¡¿Qué te ocurre, Dios santo?! -No me gusta estar aquí, nunca me gustó. -Miró a los pasillos de los lados y, al no ver a nadie, continuó con el paso, apresurándolo un poco. -He decidido hacer lo que quiero. -Vale, espera. -Nuevamente le tomó del brazo y lo detuvo. Ambos se veían. -Mira, bien. Estoy de acuerdo con éste acto de rebeldía. La escuela es...bueno, es mierda. -Harry frunció un poco su ceño ante la mala palabra. -Pero no por eso debes de meterte en problemas. Eres menor de edad y nadie va a permitir que te vayas. Yo creo que t-Fionn. -Interrumpió, negando rápidamente. -No necesito que me aprueben, me iré ahora. Eso es lo que haré. -Afirmó, poniéndose de puntitas de pie y dejando un beso en la mejilla de su amigo. -Te quiero. Se giró y caminó con rapidez hacia la salida, notando que nadie lo veía antes de abrir la enorme puerta principal de aquel lugar y salir. Fionn abrió sus brazos, con su boca entreabierta, sin creerlo. Se carcajeó al ver que, segundos después, el niño no volvía. - ¡HARRY STYLES! No fue tan lejos. Se encontraba en aquel parque donde Fionn y él habían repartido los folletos anti-sectas, sentado en un banco y acurrucado en el hombro de Louis, el cual había aparecido hace tan solo unos segundos y tenía envuelto el brazo alrededor de Harry. Su cuerpo estaba cálido, no había un rastro frío en éste. -Estás rebelde. -Comentó el diablo con una sonrisa ladina en sus labios. Harry rápidamente niega, sonrojado. -Sí, eres sexy. El rizado no pudo evitar echarse a reír, alzando el rostro hacia el ente al finalizar, observándose fijamente con éste, el cual bajó su cabeza y dejó un suave y corto beso en sus labios. Harry observó alrededor, paranoico, pero no había nadie que pudiese verlos. -Quiero preguntarte algo. -Adelante. - ¿Por qué a ti no te afecta tocar objetos benditos, pero a mí sí? Cuando mi padre rezó y puso el rosario en mi cabello... -Bajó la mirada, negando. -...juro haber sentido que mi cuerpo se incendiaba por dentro. -Los brazos del diablo se tensaron al oír aquello, y decidió no entrar en más detalles. -Pero tú tuviste la suficiente fuerza para arrojarlo lejos. Louis relamió sus labios lentamente antes de hablar. -Las personas creen que me pueden matar con tan solo un "Padre nuestro" o arrojar agua bendita. Se equivocan. -Niega. -Pueden lastimarte a ti porque eres humano y no está en tu naturaleza tener maldad pura, del infierno. Es como cuando apenas te quitaste la mierdecilla del cuello: Fui visible, pasé días contigo y te deteriorabas. No estabas acostumbrado a la maldad, pero ahora sí. - ¿Ahora tengo maldad? -Sí, pero no es tuya. Sigues puro. -Respondió rápidamente. Harry suspiró y cerró sus ojitos, apoyando su mejilla en el pecho del ente. Ambos permanecieron de aquella forma, en silencio por algunos segundos. - ¿Lou? ¿Cuánto tiempo planeas quedarte así, conmigo? -La curiosidad lo carcomía por dentro. Hacía ya un tiempo que el diablo se encontraba junto a él. ¿Qué planeaba? Louis baja la mirada cuando Harry se aparta un poco, y ambos se ven fijamente a los ojos. -Uno largo. - ¿Largo? Uhm. -Arrugó su naricita, sin poder evitar sonreír un poco. ¿Diez años? ¿Veinte? -Más. - ¿Cincuenta? -No. Más. Harry no pudo evitar soltar una risita, sonrojado. - ¿Miles? -Claramente bromeó. -Más. La sonrisa embobada que el niño le dirige al diablo lo hace lucir demasiado adorable, y éste último no puede evitar robarle un beso. El rizado, más que sonrojado hace trompita con sus labios, bajando la mirada y entrecerrando sus ojitos. Eso significaba que estaba pensando qué decir. - ¿Deberíamos de...? -No terminó aquella pregunta, la cual fue bastante inaudible. Louis pudo oler vergüenza en él. - ¿Qué? Harry parecía haber entrado en una crisis nerviosa, tartamudeando y removiéndose en su lugar. -B-Bueno...si vamos a, uhm, a estar juntos por mucho tiempo, tú y yo...es decir. Uhm. -Tragó saliva con fuerza. Deberíamos de...no lo sé. -Se encogió apenitas de hombros, con la mirada baja. -Ser novios. El silencio reinó en el lugar por unos largos segundos, tan solo siendo audible el viento y los autos pasar de vez en cuando. -... ¿Novios? -...S-Sí. -Afirmó su niño favorito. -Sería lindo. Sería como...oficialmente tuyo. Louis siente un leve sentimiento de molestia ante aquel pensamiento. ¿Qué no ha hecho suficiente para hacer notar que Harry era suyo? Lo observó fijamente, serio. - ¿Crees que no has sido oficialmente mío desde el momento en que te sumergiste en tu bañera mientras me invocabas? -Su pregunta sonó seca, fría. Harry tenía frío, de repente. Rápidamente alzó la mirada, encontrándose con los ojos azules y un cuarto rojo del diablo, el cual también lo veía fijamente. Eso definitivamente no era a lo que quiso referirse. -Oh. Yo...eso no era lo que yo quería decir. -Dice bajito, y se siente mal porque el ente no entendió su referencia. Detestaba no poder mostrarle al mundo que amaba a alguien, porque éste alguien era el claro y literal ejemplo de la maldad. Tan solo quería sentir las cosas un poco más normales, y llamar a Louis su "algo". -Lo siento, Lou. Olvídalo, soy tuyo de todas f- ¿Por qué no te casas conmigo? Abrió sus ojos ante lo que creyó oír. Ya no había pitido en su oído izquierdo, y había sonado bastante claro. Alzó la mirada con rapidez, realmente sonrojado y shockeado mientras se tomaba unos largos segundos para, simplemente, parpadear y respirar hondo, atónito. -... ¿Qué? Louis lo envuelve mejor con su brazo, poniéndolo de lado para que quedaran frente a frente. -Harry Styles. Hoy trece de noviembre de 1967... -Se quitó uno de sus anillos, el del dedo meñique. Era de oro, y lucía como la corona de un rey. -...te declaro a ti en presencia de cualquier humano, ángel y demonio el príncipe del inframundo. -Desenvolvió el cuerpo de Harry y tomó su pequeña mano, metiendo el anillo en el dedo anular delicadamente. Éste encajaba a la perfección, y se sentía cálido. Serás mío por siempre. Nadie se atreverá a tocarte, a menospreciarte ante mi presencia, hasta los siglos de los siglos. Ambos quedaron en silencio. Harry simplemente...él simplemente no podía creerlo. Nuevamente se vieron fijamente a los ojos, y el menor fue tomado de las mejillas. - ¿E-En serio? Louis asintió, acariciando con sus pulgares la suave piel del rostro de su niño favorito. -En serio. -Repitió, y no se molestó en ver alrededor para besar profunda y lentamente los labios de su niño. Nadie los veía. Y nadie jamás los separaría. ¿Podría retomar todo nuevamente si alguna vez salía de allí? Estaba siendo carbonizado, mutilado, destripado una y otra, y otra, y otra vez. ¿Su piel? Ya no estaba, y podía ver los pedazos de ésta en el aire a pesar de la oscuridad en el lugar, todo gracias a los fuertes relámpagos que partían su cráneo ante la intensidad de la repentina luz. Se encontraba desnudo, amarrado a una especie de telaraña hecha con fierros oxidados y puntiagudos. Gritaba, y nadie lo oía. Podía oír a más gente gritar, pero ninguno se oía entre sí cuando intentaban decir algo. Todo allí era lamentos, sollozos fuertes, quejidos y la inevitable soledad. De vez en cuando, todo se apagaba y le daba mucho sueño. Cuando sus ojos se cerraban, estaba nuevamente en la tierra, pero no en 1967. Siempre eran diferentes tiempos: Su infancia, su adolescencia, su boda, situaciones con sus hijos...y todas eran pesadillas. Inevitables pesadillas, las cuales convertían buenos momentos en traumas permanentes. Habían pasado más de setenta años. ¿Todo seguiría igual fuera? ¿Todos estarían viejos? ¿Volvería a su cuerpo, en la tierra? Y lo importante... ¿Volvería completo? Porque su alma...su alma no solo había sido sumergida en aquel mar de fuego llamado La Fosa, calcinada una y otra vez sin arrepentimientos. ¿Sería tan fuerte como para resistirlo? Habían pasado dos semanas desde lo ocurrido: Harry y Louis eran esposos. Los días habían estado extrañamente bien, y cuando Anne le preguntó a su hijo sobre el anillo él mintió, diciendo que tan solo era un anillo que compró en una tienda la cual tuvo que ir a acompañar a Fionn. Por algún motivo, luego de decir aquello Gemma rio secamente, y el rizado tan solo la miró fijo por unos segundos, intentando analizar a su hermana, saber si ésta sospechaba algo. ¿Cómo podría? Cuando Louis le propuso matrimonio estaban en un parque, Gemma estaba en su escuela y ni siquiera quedaba en la misma zona. Era más posible que su madre los encontrara a que los encontrara su hermana. En el pasar de las semanas Harry se había vuelto paranoico, creyendo que todo mundo con el que hablaba sabía algo sobre Louis. No temía por él, temía por el diablo. A pesar de que éste le había confesado que los exorcismos no le afectaban, tan solo lo regresaban al infierno, pero podría volver muy fácilmente, el rizado se abrazaba a él y se quedaba en silencio, transmitiéndole su miedo sin decir ni una palabra. Louis le confesó cómo funcionaban las cosas luego de que Harry le hiciese unas simples preguntas. ¿Cómo era el infierno? "—Claramente no es la típica imagen de fuego, velas rojas, y un trono en donde todos se inclinan ante mí. No es una casa, tampoco es un lugar en sí. -Comenzó, con su mirada fija en el muslo del menor y en como su mano repleta de anillos de oro acariciaba aquella suave y pálida piel, de vez en cuando haciendo una leve presión. -Hay muchas maneras de pasar la eternidad en el infierno, y todas son obligatorias. —¿Por ejemplo? Suspira. Por algún motivo, no lo hacía sentirse orgulloso con Harry. -Me he tomado la molestia de observar a los mundanos, y entre aquello noté que lo que más les molesta es esperar. Esperar en una fila de un banco, de una tienda, de cualquier cosa. No pueden soportarlo. Cuando un alma va al infierno va a verse a sí mismo en una fila larguísima, y depende lo malo que haya hecho esa alma, pasará el tiempo que el demonio que se encarga de aquella área decida. —Vaya... ¿Y qué pasa cuando finalmente terminan la fila? —Vuelven al principio. Como dije: Depende lo que hayan hecho. Harry asiente, tan solo eso. No puede reaccionar diferente, no puede fingir no estar asustado. Inconscientemente se acurruca más en Louis, y éste lo recibe envolviendo un brazo en su cintura y otro bajo los muslos, acariciándolo. El rizado refriega su naricita contra el pecho desnudo y tatuado del diablo, y respira profundo un par de veces antes de planear volver a hablar. —... ¿Tienes un determinado tiempo en el que te lleves mi alma? Louis se queda en silencio, y eso provoca que todo el cuerpo del menor se ponga tenso, alerta. Detestaba aquello: Estar tan tranquilo en los brazos del amor de su vida, sentirse tan protegido y de repente...se congelaba del terror. No terror a él, sino que a la situación. —Creí haberte aclarado que tuve que haberme llevado tu alma hace tiempo. —Dice con calma, pero el niño no siente que sea así. Lo suelta y lo empuja para que quede boca arriba, y el ente se pone sobre su cuerpo. Ambos se observan fijamente, y Harry una vez más se sumerge en aquel océano azul, tampoco sin ignorar el pedazo bordó. Amaba los ojos de Louis. —Nos casamos. —Sí. —No tengo la intención de llevarme tu alma...pero sería inevitable si lo hiciera. A Harry se le corta la respiración. —¿C-Cómo? —Si yo me fuese, es decir...definitivamente de tu lado. Decidiese no volver, despegarme de todo lo que tenga que ver contigo...sería inevitable para mí el no llevarme tu alma. —Fue escalofriante la manera tan neutra en la que lo dijo. —Ni por más que pusiese todas mis fuerzas. Es algo inevitable, ya que un trato es un trato, y a pesar de ser el diablo no puedo controlarlo. Es la manera en la que se hacen las cosas. Harry tragó saliva con fuerza, asintiendo luego de unos segundos y quedando en silencio, tan solo parpadeando. Louis pudo sentir el susto, la desesperación y ansiedad que rasgaba el pecho de su niño. Le dio un suave pero profundo beso en los labios antes de volverlo a mirar a los ojos. —No es necesario que te asustes. —Dijo. —Porque yo jamás me iré. El labio de Harry temblaba levemente mientras asentía dudosamente, bajando la mirada unos segundos antes de volverlo a ver. —¿Nunca me dejarás solo? La mano de Louis fue a la mejilla de Harry, acariciándola antes de volver a besarlo en los labios, comenzando un lento beso. —No, nunca te dejaré solo. Ambos se taparon con las sábanas debido a la fría noche que podría enfermar al rizado, y se limitaron a dejar de pensar y comenzar una exquisita sesión de besos." Decidió despejarse un poco de todos aquellos temas del infierno, del alma, de su padre, posible culpable de asesinatos, etc. Hoy se cumplían 66 -que ironía- años de que la iglesia continuaba "brindando sus servicios". En el aniversario de ésta siempre hacían un tipo de kermese: Juegos, comida, premios y, por supuesto, una misa. Este año le tocaba a su madre, finalmente, poner su puesto de comida ante la aprobación de las personas de la iglesia. Sus pasteles eran exquisitos, al igual que sus galletas con chispas de chocolate. Se encontraba muy feliz, y cuando finalmente terminó de preparar todo se fueron hacia el auto. Su padre -que en realidad no es su padre- lucía, no solo más alegre que su verdadero padre, si no que hasta más amigable. No es que Des no lo fuese, pero era un poco más cerrado. El demonio lucía hasta feliz de estar dirigiéndose a una junta religiosa. Harry solo esperaba que no sucediera nada malo. Finalmente llegaron, y todos ayudaron a su madre a acomodar sus pasteles en la mesa, y su cartel con los respectivos precios. Todo el dinero que las personas recaudaban iría a un orfanato que quedaba en las afueras de Londres. Era uno oculto, olvidado dentro de un bosque. Bastante triste, a decir verdad. Cuando finalizan y los precios de cada cosa están en orden, Gemma decide ir con su grupo de amigas del colegio así que Harry, no sin antes preguntarle a su madre, se dirigió en busca de Fionn. De seguro estaba allí y, si lo conocía bien, también estaba seguro que se encontraba frustradísimo intentando ganar algún premio de los juegos. Entre todas las alegres personas que se encontraban en aquel lugar Harry pudo admirar la naturaleza. Estaban en el patio trasero de la iglesia, el cual era grande, espacioso, al aire libre por completo. Había un recorrido de piedras, una preciosa cascada con palabras en latín y un tipo que Harry no reconocía, y un bosque a lo lejos al cual nadie iba porque dejaba de ser territorio de Dios, pero se veía hermoso, también. Embobado por la belleza del lugar se sorprendió cuando chocó con un cuerpo más alto que él. Rápidamente subió la mirada para disculparse, pero la sonrisa que se avecinaba en los labios del señor Whitehead no le permitió hablar, porque sabía que éste comenzaría la eterna charla. —¡Harry! Gusto verte, muchachito. —Se oía alegre. A Harry le agradaba muchísimo el padre de su mejor amigo, solo era un problema cuando este no paraba de hablar...nunca. —Es un lindo día, ¿Verdad? —Harry asintió tímidamente y vio alrededor. —De seguro estás buscando a mi hijo. —De hecho, sí. —Está con otro muchacho intentando ganar premios. Pasé hace un rato por su lado: Estaba muy frustrado. Yo le dije y no paré de decírselo en el camino: “Fionn, hijo. Vamos a pasarla bien, no te pongas como niño de cinco años a jugar e intentar ganar peluches.” pero él no puede controlarlo. Es como una adicción. —Harry rio. Lo que supuso era verdad. —Oh, por cierto. ¿Son verdad los rumores? —¿Mh? —Por algún motivo, se puso tenso de inmediato. —¿Qué rumores? —Oí que tu madre puso su puesto de comida, por primera vez. Me agradaría mucho comer algo. —Oh. —Suspiró, soltando una risa nerviosa y baja en la exhalación. —Sí. Está por allí. Tiene muchas cosas. —Apuntó en la dirección que se encontraba su madre. —¿Dónde está Fionn? —Sigue como venías, en algún puesto de la derecha. Ahora, si me disculpas, voy a gastar mi dinero en pasteles y budín de pan. —La emoción del hombre hizo reír a Harry antes de que se despidieran y continuaran su camino. Finalmente reconoció a Fionn unos puestos más adelante, concentradísimo en un juego donde había que lanzar una bola blanca hacia unas latas rojas, tirando tan solo tres. Ni una más, ni una menos. A medida que se acercaba pudo reconocer a Liam de pie junto a éste, con sus brazos cruzados y suspirando. Una bonita chica de cabello rubio y ojos oscuros estaba a un lado, y observaba atenta los movimientos de su mejor amigo. —Harry. —Liam saludó, formando una sonrisa y dejando de cruzar sus brazos. —Me alegra que hayas venido. —Gracias, Liam. ¿Cómo estás? —Preguntó de manera educada, recibiendo una respuesta positiva antes de ver a Fionn y volver a ver a Liam nuevamente. —¿Cuánto tiempo lleva igual? —He estado de pie a su lado desde que llegué. —Respondió, y ambos rieron. La chica rubia pareció despertarse un poco, dejando de observar a Fionn y llevando su mirada oscura hacia Harry. Una bonita sonrisa se formó en sus labios e, inevitablemente, sus mejillas se sonrojaron. —Tú...Tú eres Harry, ¿Verdad? —Sí. —Respondió tímidamente, y estrechó la mano de la chica luego de que se la tendiera. —Soy Ruby. —Se presentó. Ambos alejaron sus manos y Harry sonrió de lado, provocando que tan solo un hoyuelito se marcara en su mejilla. —Es un placer. Ruby suspiró, embobada. Lucía dulce, y lo parecía. Llevaba una falda larga rosa pálido, y una camiseta blanca metida dentro de ésta con unos zapatos haciendo juego. Su cabello era realmente lacio y lucía muy suave. —El placer es mío. —Respondió. Su voz también era dulce. —¿Cómo es que jamás te había visto por aquí? Harry negó y vio de reojo a su amigo, el cual parecía más concentrado en la conversación que en el juego. —Uhm, tal vez me viste, pero no me notaste. Me sucede seguido. —Rio tímidamente, bajando la mirada con un poco de vergüenza antes de volver a verla. —Te aseguro que si te hubiese visto antes lo hubiese notado. —La chica dice. Un furioso sonrojo se hace presente en las mejillas del rizado mientras las cejas de Liam se alzan ante aquella situación. Nunca había visto a Harry tan sonrojado. Harry agradece tan bajo que no sabe realmente si Ruby lo oyó y se acerca más a Fionn cuando este pierde nuevamente, se queja y saca nuevamente dinero, prácticamente arrojándoselo al hombre del puesto, el cual no paraba de reír disimuladamente. —Fionn. —Harry llamó a su amigo bajo, dulce. —Hazzie. —Tu padre me dijo que estás aquí desde que llegamos. —No, no lo estoy. La mirada del rizado va hacia Liam y Ruby, los cuales asienten con la cabeza y mueven sus labios, diciendo silenciosamente “Si, lo está”. Nuevamente la mirada verdosa del niño con rizos va a su amigo, el cual luce más serio de lo normal. —Yo creo que sí. Deberíamos ir a dar una vuelta. Su mejor amigo suspira, intentando eliminar toda la frustración que se encuentra en su ser por haber desperdiciado tanto dinero y, con ira, arroja la pelota, derribando exactamente tres latas. Todos quedan inmóviles, y el hombre del puesto rueda los ojos antes de decirle de mala gana al adolescente que escoja un premio. —¡Gané, maldita sea! —Exclama, recibiendo miradas de reproche ante el insulto en un lugar sagrado. Harry ríe con alegría mientras Fionn se gira a ver a Ruby. —Escoge uno. A la chica comienzan a brillarle los ojos, más que sonrojada y observando los premios. Tímidamente señala una muñeca mediana, algo escalofriante pero parecida a ella misma. El hombre le da su premio, murmurando un “Que Dios les bendiga” antes de darles la espalda, hablando con otra persona. Comienzan a caminar, observando el lugar, recorriéndolo. Harry, por primera vez en mucho tiempo, se encuentra teniendo un día bastante normal. Finalmente, luego de comprarse cada uno un pastel de chocolate -excepto Harry, que prefirió una bolsa de galletas- y refrescos, se sentaron en la fuente. Liam, Ruby, Fionn y Harry. Los dos primeros adolescentes se encontraban en una charla entretenida, hablando sobre que querían comenzar una campaña para detener el racismo, justificando cada cosa que opinaban, y lo que podrían opinar los demás de manera errónea. —Mierda, no quiero estar aquí. —Fionn le susurró a Harry. Ambos se observaron por unos segundos fijamente a los ojos. —¿Por qué? —Harry le tendió su bolsa y el adolescente tomó una galleta a la par en que le daba una cucharada de su pastel de chocolate al rizado. Luego de masticar y tragar, Fionn se encogió de hombros. —Bueno, para empezar: La he pasado tan bien en la fiesta de Halloween que, no lo sé, esto me resulta...deprimente. Tal vez alegre a muchos, pero es que...no a mí. —Entiendo. —Asintió. Desde que Louis estaba en su vida Harry sentía que nada más lo hacía tan feliz, incluso estando mal. —Y me he pasado el día intentando... —Carraspeó su garganta, bajando su voz. —...intentando tirar una cantidad exacta de latas para ganarme esa fea muñeca y dársela a Ruby. —Bajó su voz, inclinándose hacia su amigo. —Pero además de que no he encontrado una forma de invitarla a una malteada, llegaste tú y pareció embobarse así que... —Suspiró y nuevamente se encogió de hombros. —...toda tuya. Las cejas de Harry se alzaron y observó de inmediato a Fionn con indignación y reproche. ¿Qué? Intentó pensar en algún momento en donde Ruby se viese interesada en él de una manera más sentimental, pero no encontraba. ¿Era tan iluso para no darse cuenta o su amigo estaba exagerando? —Uhm...no, gracias. No me gusta. Ahora Fionn se ve indignado, devolviéndole la mirada a su mejor amigo. —¿La has visto? —Se lamenta cuando alza un poco la voz, y ambos adolescentes se fijan en Ruby y Liam, pero éstos parecen bastante entretenidos. —Si. Es adorable. —Dijo Harry, asintiendo antes de volver a ver a Fionn. —Pero no me gusta. Podría ayudarte con ella. Los ojos de Fionn brillaron un poco. —¿En serio harías eso por mí? —Haría más que eso. Eres mi mejor amigo. El castaño le sonríe. —Sí, yo también estoy enamorado de ti. —Bromea, y ambos comienzan a reír. Harry se detiene cuando el malestar se hace presente en su estómago y siente una brisa que le estremece el cuerpo. Parpadea, viendo alrededor con ilusión, y observa a Louis a unos metros, entre medio de la gente y con su semblante serio, viéndolo fijamente. Intenta no sonreír por la felicidad y se pone de pie. —Fionn, voy al baño. —Dice, sin apartar la vista del diablo a lo lejos. Su amigo confirma haber escuchado aquello con un murmullo y Harry comienza a caminar lentamente, intentando disimular mientras aprieta la bolsa de galletas contra su pecho. Pasa lentamente por un lado del diablo, el cual camina a la par luego de aquello. Harry mira a la gente de su alrededor, notando que nadie le pone atención y preparado para hablar. —¿Lou? ¿Qué sucede? —Habla bajo, apenitas audible. —¿Todo...todo está bien? —Sí, solo quería verte. Te estás divirtiendo. —Harry asintió. No se estaba muriendo de diversión, pero estaba teniendo un día bonito. —Te echo de menos... Louis parecía estar a punto de responder, pero vio algo no tan lejos de ambos y negó lentamente. —Qué clase de repulsivos humanos organizan cosas como éstas. Harry observó y sintió como le daba un vuelco el corazón. Había cuadros de los dos bravucones de la escuela con muchas flores rodeándolos. Harry no pudo evitar carraspear un poco su garganta ante el nudo que se formaba en su garganta, y Louis estaba molesto. Sabía que aquello aún le afectaba a su niño favorito. —Malditas pestes. —Murmuró, y con un suspiro provocó que un fuerte viento apagara las velas y provocara que los cuadros cayeran de las mesas al igual que algunas flores. Harry negó antes de girarse para caminar. No quería ver aquello. Se detuvo de golpe cuando el padre William le dio un susto tremendo, posicionado frente a él y viéndolo fijamente con el semblante serio. — Harry Styles. —Dijo. Miró detrás del niño un segundo antes de volver a verlo. —Deberíamos de hablar. Se giró y comenzó a caminar hacia la entrada trasera de la iglesia. Harry miró a Louis antes de que ambos lo siguieran, subiendo los escalones y deteniéndose cuando estuvieron frente al padre, el cual miraba a Harry con reproche, indignación. —... ¿Qué hace él aquí? —Los ojos de Harry se abren más de la cuenta mientras comienzan a sudarle las manos y los latidos de su corazón aceleran. —¿Q-Quién? El reproche en su mirada aumenta, y Harry lucha para no ver hacia otro lado. —Puedo verlo, y me sonríe. ¿Qué está planeando? Nadie está molestando a nadie. —No está planeando nada. —Rápidamente el rizado defiende a su esposo. —Solamente quería verificar que yo me encontrara bien, si nadie me molesta o sucede algo. El padre William niega con la cabeza. —¿Qué puede molestarte aquí? ¿Cómo siquiera puede estar aquí? Esto es territorio sagrado. La risa baja, ronca y escalofriante de Louis se hace presente. Harry niega, acercándose un poco más al diablo y tomándolo de la manga de su camisa negra con cuidado. —P-Por favor, hable con cuidado o esto no va a acabar bien. —Harry dice en un tono dulce, bajo. —No le tengo miedo, estoy protegido y él lo sabe. —Dice, observando fijamente al diablo y como éste continúa sonriéndole. —Sí, pero no estoy seguro de que todos aquí estén igual de protegidos que usted, así que por favor deje de hablar así. No va a tolerar que le falte el respeto. —Es la primera vez que Louis oye a su niño favorito hablar con molestia, sin llorar ni estar dolido. Le gusta y no evita alzar y bajar las cejas, observándolo antes de volver a observar al cura. —¿Sabe cómo se llama eso, padre? No ser egoísta y pensar en los demás. —Dice Louis tranquilamente, guiñándole un ojo antes de que el padre nerviosamente vuelva a ver a Harry. —Bien. No hablaré de más, pero no quiero que tú estés aquí. —Dice. La firmeza que Harry usó anteriormente para hablar se evapora, y ahora Louis puede sentir la tristeza del niño, el cómo su día feliz se escurría de sus manos. Le molestó. —La gente va a sentir su presencia y se va a espantar. Tú no puedes sentirla porque estás acostumbrado. Se equivocaba. Harry podía, pero no la sentía tan intensamente. Asintió lentamente, bajando la mirada. Se iría a su casa y estaría con Louis. A pesar de que eso lo hacía feliz, esto no. Se sentía repudiado de su entorno. Louis rueda los ojos. —Está bien, me iré. —Dice. Harry alza la mirada y le agradece en silencio con una sonrisita apenitas visible. Da un paso para estar a centímetros del padre William y lo ve fijamente a los ojos. —Pon muchas velas de santos en tu casa, tal vez te ayuden a no encontrarte con tu esposa muerta de su lado de la cama. Con tan solo parpadear, el diablo desapareció, y Harry dejó de sentir aquel malestar en su estómago. Observó al padre William con algo de vergüenza, pena. —Yo...lo siento. —Se disculpó sin mucha gracia. —Eres un buen niño, Harry. Él no lo vale, y sabes cómo esto va a terminar. —Dijo antes de darse la vuelta y adentrarse a la iglesia. ¿Lo sabía? Mientras iba en busca de sus amigos no dejaba de pensar en que Louis no le pudo dar ni un besito, ni tampoco tocarlo. La única vez que se tocaron fue cuando Harry le sostuvo de la manga de su camiseta, pero ni siquiera hubo un mínimo contacto con sus pieles. Ahora, de su cabeza no salía aquella necesidad de tenerlo, sentirlo. Quería ser besado, sostenido y acariciado por el diablo con urgencia. No sabía cuánto iba a durar coherente. Llegó a la fuente y todos se encontraban allí, solo que Liam anotaba algo en su pequeña libreta mientras Fionn y Ruby conversaban más cerca de lo normal. Harry no pudo evitar sonreír un poco mientras se acercaba y se sentaba a un lado de Liam, el cual rápidamente dejó de anotar y cerró su libreta, guardándola para observar al rizado con una sonrisa. —Harry. ¿Dónde estabas? —Fui al baño. —Respondió, tendiéndole su bolsa de galletas a su amigo, el cual negó. —No, gracias. Probé los pasteles de tu madre, y están sabrosos. Es muy buena cocinera. ¿Dónde aprendió a cocinar así? Pero Harry no respondió, su ceño estaba fruncido mientras miraba fijamente el rostro de Liam. Éste último estaba más delgado, ojeroso, pálido... ¿Podría ser...? —Uh, ¿Harry? ¿Todo en orden? —Preguntó, sintiéndose un poco incómodo por la manera en que el menor lo observaba, como si estuviese analizándolo por completo. —¿Liam? Tú... ¿Te encuentras bien? —Preguntó, temiendo la respuesta que seguramente obtendría. El de ojos castaños parpadeó lentamente, procesando las palabras de su amigo antes de reír bajo, nerviosamente y bajando la mirada. —Oh, sí. Sí, estoy bien. Si lo dices por mi rostro, es porque no he dormido bien éstos días. Oh, no... Mentía. Harry decidió terminar el tema allí. Las horas pasaban, la noche llegó y todos brindaron excepto el niño de rizos, que se encontraba un poco más alejado. Sin que nadie lo viese decidió adentrarse al bosque, intentando no caer debido a que estaba bastante oscuro. Cuando se alejó un poco más finalmente suspiró, apoyándose contra un tronco de uno de los miles de árboles allí y sintiendo el malestar volver a su estómago. De reojo veía al diablo parado allí. —¿Por qué mi niño favorito está aquí, tan solo? —Dijo. Harry alzó un poco la mirada, viéndolo fijamente a los ojos mientras el mayor se acercaba a su esposo hasta acorralarlo contra el tronco y su propio cuerpo. Llevó una mano a la fría mejilla del rizado, el cual se inclinó ante el toque y cerró sus ojos, alzando más el rostro. —¿Qué es lo que te preocupa? —No quiero hablar de eso, Lou. —Susurra, casi pidiendo disculpas y vuelve a abrir sus ojos, perdiéndose en los del diablo. Se pone de puntitas de pie mientras sus brazos rodean el cuello del más alto y roza sus labios contra los del ente. —Hoy... —¿Sí? —No me has dado ni un beso pequeñito. —Dice con vergüenza y algo de tristeza. Louis sonríe de lado sin besar a su niño favorito, torturándolo con caricias en sus labios con los propios. —¿Y tú querías un beso? —Dice, fingiendo no darse cuenta de aquello. Harry asiente, embobado y cerrando sus ojos. —¿Solo uno? —No.…más. El diablo alza las cejas, llevando sus brazos para rodear la cintura del menor. —¿Más? ¿Solamente míos? ¿De nadie más? —Tuyos, siempre... —Estaba realmente sonrojado, pero agradecía la oscuridad del lugar. Louis da una lamida sobre los labios del menor, el cual suspira temblorosamente. —Buen niño. —Dice, finalmente acortando la distancia y comiéndole la boca al rizado. El compás era lento y profundo, con Harry ladeando su cabeza y moviendo sus deditos por detrás de la nuca del ente, el cual apretaba las yemas de sus dedos repletos de anillos sobre la piel del menor. El beso fue prolongado, algo ruidoso, todo lo que Harry necesitaba. La lengua del diablo se adentró a la boca del niño, el cual no pudo evitar soltar soniditos cuando ambas lenguas se tocaron, acariciándose. Se apartaron unos minutos después debido a que todo estaba más subido de tono y Louis necesitaba saber qué era lo que le preocupaba a su niño favorito. Podía oler mezclado en su aroma natural la preocupación, la tristeza, la necesidad. —Dime qué ocurre... —N-no es...no es nada. —Abrió sus ojos, revoloteando las pestañas con rapidez por unos segundos, mirando hacia otro lado. —Harry. —Le llamó, y observó fijamente los ojos del diablo. —Puedo notar que me ocultas algo. Dime qué ocurre, o comenzaré a pensar que alguien te puso sus manos encima y voy a quemar todo éste lugar. —No, no. Tranquilo. No me tocaron. Hoy fue un día bonito. —Rápidamente dijo para calmar al diablo, el cual se puso menos tenso, pero, de todas maneras, se aferró al niño aún más. —Yo solo me preguntaba... ¿Tú haces tratos con más personas? Louis asintió tan solo una vez. —Por supuesto. El nudo en la garganta de Harry comenzó a formarse lento, dolorosamente. —Oh. —Tragó saliva con fuerza. —¿Qué tipos de tratos? —Lo que ellos quieran. —¿Alguna vez han pedido...estar contigo? —Sí. El dolor en el pecho del niño se intensificó un poco, temiendo oír lo peor. —¿Y qué...qué hiciste? —Lo cumplí. —¿Sigues...haciendo ese tipo de tratos con personas? —En efecto, sí. —Respondió, como si nada. La mirada de Harry comenzó a apagarse un poco, y el ceño de Louis apenas se frunció al sentir la oleada de tristeza, decepción, casi como si le rompiesen su propio corazón el cual, hace tan solo un par de meses, creyó que no existía. Louis continuaba acostándose con personas, repitiendo una y otra vez que era el diablo, que podía hacer lo que quisiese, pero, por algún motivo, no podía no cumplir aquello. Se soltó de inmediato del diablo, sin creerlo. ¿Necesitaba hacer más preguntas? ¿Decirle directamente “Louis, te acuestas con miles de personas que requieren tus servicios mientras te casaste conmigo”? —Estás entendiendo mal. —Rápidamente dijo Louis al ver dolor en los ojos verdes de su esposo, y lágrimas que no tardarían en salir. —Las personas que solicitan de mí solamente me ven una vez. Sea lo que sea que pidan, solo una vez, en sus sueños. —¿Así que te acuestas con ellos en sus sueños? —No pudo evitar decir el rizado, con la voz rota. —No. —Responde de inmediato el ente. —Lo he hecho, por supuesto. Pero cuando te conocí a ti...no pude. Harry parpadea y deja fluir lágrimas contenidas, observando al diablo. Luce perdido. —¿No? —Intenta no sollozar mientras el diablo niega. —No. —Repite. Se acerca más y roza la punta de su nariz con la de su niño. —Los manipulo. Les envío un demonio cualquiera que los haga creer que están negociando conmigo. —Aclara. La respiración de Harry se vuelve calmada nuevamente, y se muere por llorar. —Niño...te di mi maldito anillo. Harry baja la mirada intentando no sollozar. Se había llevado el susto de su vida, hasta podía sentir su corazón roto incluso luego de que el diablo le confirmara que no estuvo con nadie. —Una persona cercana a mí está siendo poseída. No se lo merece. Louis lo observa por unos segundos. —Si está siendo poseída y aún no ha matado a nadie significa que él hizo un trato. —Dijo con calma. ¿Liam haciendo un trato? ¿Por qué lo haría? Harry negó. No. Estaba mal. —No importa si él lo hizo o no, es una persona excelente y no se merece terminar muerto e ir al infierno. —El niño justificó. Ahora Louis se veía un poco molesto. —¿Y tú si lo merecías? —Reprochó mientras ambos, nuevamente, se observaban fijamente. —...Es diferente. —Susurró Harry luego de unos segundos, bajando la mirada. Tal vez no lo merecía al principio, pero ahora...ahora se merecía lo peor. —Te aseguro que eres uno de los humanos más inseguros de sí mismos que alguna vez conocí. Nunca creerías que podrías llamar mi atención, incluso sigues sin creerlo ahora así que no hay manera de que me llamaras creyendo que esto sucedería. ¿Qué es diferente entre esa persona y tú? —Preguntó. Era la verdad. Harry era demasiado inseguro de sí mismo, y le gustaba, claro. Pero detestaba cuando éste se echaba toda la culpa de las acciones malas que el ente hacía. —Es una buena persona, y yo no lo soy. —Respondió el rizado con firmeza, completamente convencido y alzando la mirada para ver nuevamente al amor de su vida, el cual parecía tranquilo, pero no sonaba igual. —¿Cómo puedes referirte a ti de esa manera? —Dijo, ofendido. Era increíble cómo se encontraba defendiendo a su esposo...de su propio esposo. —Harry, tú eres puro. —El niño negó. —Una persona pura no mata a tres personas, ni envía a su propio padre al infierno. Louis le dio un lento y suave beso en los labios. Quería curar toda culpa, todo mal sentimiento, pero, maldita sea, era el diablo. —Podríamos conversar sobre ello cientos de veces y, créeme, mi respuesta sería la misma: La responsabilidad es mía. —Siempre que podía se lo repetía, porque era la verdad. Por supuesto que Louis sabía por qué Harry sentía culpa: Éste último había traído al diablo a la tierra -cosa que estaba mal porque el ente subía de vez en cuando antes de estar con el niño- sabiendo que el rey del inframundo no iba a dar solo un par de sustos. Harry lo sabía, y sentía que era su responsabilidad debido a que él llamó a Louis. —No lo es...es mía. E-Es mi culpa, yo lo siento. —Su voz se entrecortó y más lágrimas cayeron por su rostro mientras bajaba aún más la cabeza. Era la primera vez que lo decía en voz alta. —Lo sientes mal. —Dijo Louis, abrazando más contra su pecho a su niño favorito. —¿Me has mentido? —... ¿Q-Qué? —¿Eras tú el que me rogó por no enviar a tu padre al infierno? —Sí. —Responde apenitas audible, limpiando sus lágrimas y refregando su rostro contra el pecho de Louis, como un gatito necesitado de mimitos. La boca del diablo fue a su cuello, besando delicadamente porciones de piel antes de que su boca quedara cerca de la oreja del niño. —¿No eras tú el que enloqueció cuando vio a las personas que iban a dejar que te ahogaras en un lago muertas? —Susurró. —Fui yo quien dijo tu nombre para que a mi padre le diera un ataque al corazón. —Contraatacó Harry. —No. Ese fuiste tú llamándome para que te salvara a ti, no para que lo matara. Iba a quemarte, a torturarte. —Justificó, respirando profundo unos segundos debido a que la ira del recuerdo regresó. —Lou... —Sorbió su nariz y fue alejado del pecho del diablo y tomado por las mejillas. Nuevamente se observaron fijo mientras los pulgares del ente limpiaban las lágrimas del rizado. —Debes dejar de hacerte responsable de todo lo que yo haga. —Comenzó, y muy seriamente. —He hecho cosas peores, y si con cada situación de la que yo me ocupo creerás que es tu responsabilidad, entonces ve y cásate con Dios, porque lo único que vas a observar a mi lado es a mí arruinando la vida de personas que pidieron por ello. Harry se quedó en silencio, luchando para no hipar y respirando profundo por la nariz. —N-No. Yo quiero estar contigo. —Bien, eso esperaba. —Responde Louis, sonriendo de lado antes de besarle suavemente los labios, apartando su rostro un poco. —Mírame. — Harry hizo lo que el ente dijo. —Te necesito pensando, te necesito cuerdo. —El niño asintió, intentando ocultar el pucherito en su labio. Louis lo lamió. —Lou, te amo. —Susurró con vergüenza. —Lo sé. —Dijo antes de iniciar otro exquisito y prolongado beso. Se apartaron cuando, nuevamente, las cosas subían de tono. —Vuelve, o comenzarán a buscarte. —Dice, apartándose del todo y besándole los nudillos al niño antes de guiñarle un ojo. —Está bien... —Estaré aquí mañana, en la tarde. Tengo asuntos pendientes hoy. —Te voy a extrañar. ¿Qué era esa sensación en su cuerpo cuando Harry decía algo como eso? ¿Alguna vez en la eternidad alguien lo había extrañado? Lo observó por unos largos segundos, neutro. —Y yo... —Dijo, admirando el rubor en las mejillas de su niño favorito y la tímida sonrisita. —Ahora ve. Ve. Harry se dio la vuelta, caminando fuera de aquel bosque y limpiando bien su rostro en el camino. Tenía frío, y el diablo no estaría para abrazarlo en la noche. La kermese acabó. Todos se fueron en sus respectivos coches y cuando la familia Styles llegó a su casa, luego de ayudar a bajar las sobras de su madre, el niño de ricitos se fue a su cuarto. Se quitó la ropa al llegar al sótano y tomó aquella vieja mantita que usaba para poder dormir cuando era pequeño. La envolvió a su lado, en la cama, y se abrazó a esta, lentamente sumergiéndose en un profundo sueño donde Louis lo sostenía y le acariciaba el cabello. Se sentía real. Lo que Harry no sabía es que alguien se encontraba en su cuarto esa noche, acariciándole el cabello y.…no era Louis. Harry despierta al siguiente día, completamente a salvo, con su madre llamando a su puerta e intentando evitar que el niño llegara tarde a la escuela. Los enormes ojos verdes se abren lentamente, y frente a él, más bien, a su lado, el diablo lo observaba fijamente mientras una de las comisuras de sus labios se elevaba lentamente. —Lou... —Susurra suave y dulcemente, su voz sonando ronca debido a ser la primera vez en el día que hablaba. La mano repleta de preciosos anillos de oro del ente va a los ricitos color chocolate de su niño favorito, el cual cierra nuevamente sus ojos y parece volver a revivir aquel momento en el cual no supo si realmente estaba despierto o había sido un sueño. Decidió quitarse la duda. —¿Estuviste aquí toda la noche? —No, he llegado hace unos minutos. —Responde. Harry no se preocupa debido a que no se le cruza nada extraño por la cabeza, y además realmente estaba muy dormido así que no puede saberlo con exactitud. Comienza a refregar sus ojitos para no estar tan adormilado y poder levantarse para, al menos, darle un beso al diablo. Sin embargo, éste último resulta ser más rápido debido a que se inclina y comienza a dejar suaves y lentos besos por el pálido y suave rostro de Harry, el cual envuelve el cuello del ente con sus brazos y vuelve a cerrar sus ojos. Puede sentir como se está durmiendo poco a poco. Es cuando Louis lleva su mano a la espalda del rizado para darle una suave e íntima caricia por debajo del pijama que siente unas líneas de piel sobresalidas rozando las yemas de sus dedos. El cuerpo del niño se estremece con un leve dolor y frunce el ceño, volviendo a abrir los ojos y observando el semblante del diablo. Éste tiene los ojos un poco más oscuros. —¿Qué te sucedió? —Exige saber. —¿Qué? ¿Qué tengo? —Ni siquiera intenta verse debido a que es imposible. Louis presiona un poco su mano en los rasguños, provocando que Harry sisee en un reclamo, pero, apenas terminó, ya no sintiese más dolor. El diablo había sanado sus heridas. —¿Lou? ¿Qué sucede? Me estás...me estás asustando. —No hay nada de qué asustarse. —Miente, y atrajo a Harry, volviendo a sentarse y dejándolo en su regazo, contra su pecho. El niño no se negó e incluso refregó su rostro contra el torso del arcángel, como un gatito. — Levántate y ve a la escuela. Tengo unos asuntos pendientes, pero me verás aquí en la noche. —Harry asiente y Louis lo toma del mentón, inclinándose un poco y dejando un suave beso en sus labios. —Ve, se hace tarde. En realidad, le importaba una mierda si se le hacía tarde en la escuela, porque la escuela y todo el maldito mundo, excepto Harry, le importaba una mierda. Sin embargo, debía resolver unos asuntos pendientes. Porque el hijo de puta se metió con su niño. El rizado se pone de pie luego de recibir suave beso que le dejó cosquilleando los labios y salió de encima del regazo del diablo, caminando tranquilamente hacia el baño y cerrando la puerta detrás. A Louis no le toma ni un segundo ponerse de pie y, en un parpadeo, estar en la habitación del último piso de la casa. La habitación de Des y Anne, solo que se encontraba el primero, el cual en realidad no era Des y estaba en camisa blanca y calzones, buscando ropa para vestirse mientras silbaba una melodía irreconocible y completamente inconsciente de que el diablo se encontraba a unos centímetros, detrás de él. —¿Tú le hiciste eso en la espalda a Harry? —Dice, y el demonio se lo toma tan sorpresivamente que arroja el pantalón que tenía en su mano y da un grito algo cómico, girándose y observando aterrado al diablo. —¿Q-Qué? No. No, no, señor. No. —Da unos pasos hacia atrás hasta estar pegado a la pared. —Y-yo ni siquiera le hablo. —Eres el único demonio en la casa, y mi niño tiene rasguños en su espalda. —Des no paraba de negar con la cabeza, aterrado. Y es que Louis podía hacer lo que quisiese con éste. —No fui yo. No. Sabía que no mentía, y aunque sus ojos estuviesen oscuros y quisiese matar a alguien, no podía culpar a quien no era, porque Harry podía estar en peligro, y había que solucionarlo de una forma u otra. Asiente lentamente, completamente serio. —De todas formas, ya me aburriste. Vete, y haz que vuelva el infeliz. — Ordena. El demonio que habitaba el cuerpo de Des no parece feliz por ello, pero intenta no demostrarlo y asiente. —Dile que si dice una palabra sobre donde estuvo volverá indudablemente. Y tú... —Alza un poco su cabeza en señal de autoridad. —Si te llegas a escapar, voy a encargarme de que pases la peor eternidad de tu vida. —S-S-Sí. Sí, mi rey. —Se para derecho en su lugar, listo para irse. —Una cosa más. —Louis se va acercando lentamente al demonio, y cuando lo tiene a tan solo centímetros, comienza a sonreír lentamente, de lado. —Corre la voz. Hay un príncipe. —P.…Príncipe. —Eso es. Que rápido aprendes. —Dice, y aunque suene cómico, su expresión de victoria no ha cambiado. —Y si alguien vuelve a poner un solo dedo sobre él...voy a chasquear mis dedos, y se van a morir todos. ¿Capiche? El demonio tan solo asiente, completamente temblando antes de alzar su rostro, viendo hacia el techo y abriendo su boca. Humo negro sale de su boca fugazmente antes de caer al suelo, desmayado...pero respirando. El desgraciado estaba de vuelta. Louis camina hacia la puerta y le pone pestillo antes de, nuevamente, volver a la habitación de Harry. Éste último se encontraba frente al espejo de su cuarto, finalizando de abotonarse la camisa. Se giró a ver a Louis al notarlo de reojo, y éste se acercó de inmediato, abotonándole el último botón con calma, paciencia, pero muy rápidamente. —Tu padre va a regresar. —Dice. Harry se lo queda observando, inmóvil ante la manera natural de Louis por decir cosas importantes y que claramente le iban a provocar un leve shock. —...Está bien. —Tan solo pudo decir luego de unos segundos mientras su esposo le subía los tirantes por los hombros. Ambos se vieron fijo por unos segundos antes de que Louis pasara lentamente los brazos por la cintura de su niño favorito, acercándolo. Éste último se puso de puntitas de pie y ambos comenzaron una suave y lenta sesión de besos, ladeando sus cabezas hacia lados contrario y sintiéndose, realmente haciéndolo por primera vez en el día. Los deditos de Harry acariciaban tímidamente el cabello en la nuca del diablo, mientras que éste último se tomaba la libertad de, luego de haber acariciado la espalda del rizado, acariciarle los glúteos. El beso, poco a poco, fue volviéndose más intenso, pero continuaba lento. Finamente se alejaron debido a que el calor comenzaba a reinar en aquel lugar, y se hacía tarde como para comenzar una sesión de algo más. Harry debía de ir a la escuela, encargarse de ver como estaba Liam. Louis debía averiguar quién mierda dañó a su esposo, y hacerlo pagar. —Vendré en la noche... —El rey del inframundo dice sobre los labios de su bebé, el cual asiente apenitas con la cabeza. Ninguno puede separarse aún. —...y te haré sentir bien. —Sí... Louis le da unos últimos besos en los labios antes de subir sus manos a la cintura del rizado y besarle la mejilla, finalmente separándose y dando unos pasos hacia atrás. —Si algo sucede con tu padre, quítate el anillo. Voy a sentirlo cuando lo hagas. Harry asiente lentamente y, con un guiño de ojo, en un parpadeo el diablo desaparece. El leve vacío aparece en el pecho del rizado y siente que no quiere hacer mucho, pero pone lo mejor de sí y sale de la habitación luego de tomar sus cosas. Se apresura en tomar un té y comer unas tostadas, llevándose para el camino una manzana debido a que, según Anne, su padre no se sentía bien y planeaba quedarse en el cuarto. Eso fue un alivio para Harry y salió rápidamente de la casa antes de que Des cambiara de opinión. Tenía miedo, pero intentó no preocuparse...aunque sí lo hizo. Su padre lo odiaría, seguramente. Finalmente, en la escuela, luego de las aburridas clases, Fionn y Harry conversaron de todo en el almuerzo. Liam pasó por un lado de éstos, pero ni siquiera notó que estaban allí. Se veía perdido, cansado, y el rizado no sabía qué hacer. Decidió esperar un día más, pensando exactamente cómo confrontar al de ojos castaños. Cuando la hora de salida se hace presente, el niño de ojos verdes no quiere volver a su casa. Teme aquel rechazo que probablemente recibirá, y teme el sentir que se lo merece, aún si lo hace a menudo. Se lo merece. Se merece de todo. Al no poder explicarle algún motivo a Fionn y necesitar estar al aire libre a pesar del tremendo frío que hacía, una vez se despide de su amigo, comienza a caminar hacia aquel parque en el que ambos repartieron volantes en contra del Halloween. No era muy lejos, y era realmente bonito, excepto por lo solitario y triste. Lucía como él. Una vez estuvo allí, eligió un banco que se encontraba dentro del parque, cerca de las palomas y de un monumento, el cual era un hombre con sus brazos abiertos, como si estuviese sosteniendo algo, pero no había nada. Extraño. Suspiró y se apoyó contra el respaldo, respirando profundamente por la nariz y oyendo los pájaros cantar. Necesitaba tranquilidad, necesitaba dejar de pensar. Sentía que se estaba volviendo loco. —¿Por qué estás aquí, tan solo? —Sus ojos se abrieron rápidamente, revoloteando sus pestañas a la par que sonreía al ver a Ruby frente a él con una tímida sonrisa. Estaba muy abrigada y llevaba dos trenzas. Su nariz estaba roja por el frío -como la de él- y también sus mejillas. Se veía adorable. La adolescente no dudó en sentarse a su lado. —No es por entrometerme, pero hace mucho frío aquí. Vas a resfriarte. —Lo sé, pero... —Niega lentamente, viendo alrededor y sin poder evitar sonreír de lado, provocando que uno de sus hoyuelos se haga visible. — ...disfruto mucho el frío. Siento que la gente no sabe aprovecharlo, pero no quiero juzgar a nadie. —En parte, es cierto. —Afirma la rubia, asintiendo y encogiéndose de hombros a la vez que ocultaba sus manos entre sus piernas. Aparentaba tener frío. —Yo opino que el frío se debe disfrutar, pero depende de cuánto frío haya. No quiero, tu sabes, quedar congelada como él... —Apuntó con su dedo índice hacia el monumento del hombre. Harry ya había comenzado a reír. —...y que la gente crea que soy un monumento de un parque. —Finalizó, también riendo. Era chistosa. Con razón Fionn la quería. Oh, ¡Fionn! Harry se acomodó de lado, preparado para hablar. —¿Qué tal las cosas con Fionn, Ruby? —Intentó comenzar el tema. La adolescente parpadeó rápidamente, lucía algo perdida con el cambio de tema de conversación. —¿Qué hay con Fionn? —Oh, no lo sé. —El rizado se encogió de hombros. —Pues...yo creo que ustedes harían muy linda pareja. Las mejillas de la adorable chica se volvieron rojas. —Oh, vaya...uhm. No lo sé. —¿No te...gusta? —Oh, no. Sí, me gusta. —Emoción fluyó desde el pecho de Harry. —Es muy amable, muy dulce y muy lindo, pero, a decir verdad...también me gusta alguien más. Harry se lo tomó con algo de sorpresa al principio, pero no le parecía nada indignante. A pesar de que, tal vez, el corazón de su mejor amigo se rompiera en mil pedazos, no juzgaba el que a alguien pueda gustarle dos o más personas a la vez. Era algo que no podía evitarse. Por supuesto que a él no le sucedía, porque Louis era tan único, diferente, excitante y dulce que siempre lo hacía querer más, y más. Ruby se veía como si tuviese miedo de ser juzgada y también como si tuviese esperanza de que Harry no creyera que era una cualquiera. Harry jamás creería eso de una mujer. A veces sentía que nació en la época equivocada. —Oh, lo siento. Yo...bueno, no sabía. Creí que solo te gustaba Fionn. — La mirada de la chica baja al suelo y mueve sus pies. Luce avergonzada. —No hay nada de malo en eso, pero yo creo que deberías de aclararlo con mi amigo porque él...pues está muy ilusionado. Ruby se mantuvo callada por unos segundos. Harry se preguntó si la había incomodado e incluso estuvo a punto de pedir disculpas, pero la chica rápidamente alzó la mirada y se lo quedó observando fijamente. Lucía aún más sonrojada. —¿Tú no.…no quieres saber quién me gusta? —Dice. Harry parpadea lentamente, procesando aquellas palabras. —Uhm, claro. —Que no sea Liam, que no sea Liam, que no sea Liam. —¿Seguro? —Se acerca más hacia Harry, el cual no es consciente de aquello debido a su inocencia. —Porque...bueno, no me preguntaste. Si era Liam, todo se iba a arruinar. Fionn obviamente no diría nada en contra, pero estaría tan dolido por la relación de éstos que no podría ni ver al de ojos castaños a la cara. —No quería sonar entrometido. Puedes contarme si g—Tú. Oh. —... ¿Q-Qué? —Me gustas tú. Harry no podía explicar la vergüenza, timidez, incomodidad y fobia que le dio en aquel instante. Su rostro probablemente era una mezcla de colores, sus ganas de correr lejos hasta llegar a los brazos de Louis eran infinitas y la incomodidad por su obvia homosexualidad estaba más que visible. Sintió las manos de la chica tomar sus mejillas; Lucía preocupada. —¿Harry? Reacciona, por favor. Parpadeó y se apartó tan solo un poco, aún sonrojado y sorprendido. Realmente creía que iba a decir "Liam". —Y-Yo...no sé qué decir. —B-Bueno, podrías empezar con algo como... "Ruby, te diré lo que yo siento." —Dijo, intentando ayudar. Pero lo empeoraba. Lo empeoraba porque, demonios, Harry sentía culpa. —E-Es que... —Negó lentamente. Sentía que cada cosa que iba a decir lo haría tartamudeando. Se tomó unos segundos para respirar profundo. — ... ¿Cómo puedo gustarte? Me conociste ayer. A Fionn lo conoces hace más de dos semanas. Bueno, eso no tenía mucho sentido. Él se había enamorado de Louis al segundo en que lo vio. —No lo sé. Uhm, pues yo...te vi, y me gustaste. Tú... ¿Saldrías conmigo? Ahora Harry iba a morir. Ya. Ya murió. —Ruby, yo... —Bajó la mirada y negó lentamente. Ni siquiera podía observarla. No podía creer que él estaba rechazando a alguien, que estaba rompiendo el corazón de una frágil y dulce chica. Siempre era él a quien le rompían el corazón. —...lo siento, pero me gusta alguien más. Y yo jamás podría hacerle eso a Fionn. Los ojos de la muchacha están llenos de lágrimas mientras aprieta sus labios por unos segundos, al borde del llanto. —¿Cómo sabes que él gusta de mí? Puede estar fingiendo. —Él no haría eso, lo conozco. —Dice, y era cierto, pero, en parte, entendía a la muchacha por creer aquello. Fionn había estado con varias chicas, y siempre decía que había que disfrutar de la soltería. Pero era diferente invitar a salir a alguien, a darle un beso y nunca más verla. —Es mi mejor amigo. —Susurró. Quería tanto, tanto a Fionn. Era una muy linda persona, y esto le dolía. Ahora, más que nada, prefería que la respuesta hubiese sido "Liam". Alzó la mirada al oír unos sollozos bajitos y sintió dolor en el pecho al ver a la chica llorar. —Ruby, no llores. Lo siento... Se veía como si estuviese enojada y triste. Harry no tuvo ni tiempo de acercarse debido a que la adolescente se puso de pie y comenzó a caminar lejos, hacia su hogar, supuso Harry, el cual cerró nuevamente sus ojos y dio un profundo respiro para calmar los fuertes latidos de su corazón. Al fin y al cabo, parecía que había ido al parque para hacerse un problema más. Sin embargo, aquella manera de confrontar las cosas le llevó a pensar en que podía hacerle frente a su padre. Intentó meterse en su cabeza que no necesitaba a su padre, que no quería su amor. Que estaba muy bien tan solo con Louis. Se levantó de su asiento y comenzó a caminar hacia su casa. Obviamente no era verdad. Todo le afectaba, y tarde o temprano iba a acabar con él. Puede sentir el rubor en sus mejillas incluso cuando está por abrir la puerta principal de su casa. Entre medio de los pensamientos de cómo sería ver a su padre recordó la incómoda sensación de Ruby confesándose, tomándole del rostro y preguntándole si saldría con ella y es que, ay Dios. Por otra parte, se sentía algo perseguido. ¿Louis lo habría visto? De seguro que no, no había sentido su presencia en todo el día. Recordó que si tenía un problema con su padre debía de quitarse en anillo ya que el diablo lo sentiría. Lo tuvo en mente mientras abría la puerta, cabizbajo y se giraba para cerrarla. Cuando volvió a girarse pudo sentir los brazos de su padre envolverlo en un abrazo. Entre la sorpresa y el susto quedó inmóvil, con sus brazos colgando a los lados de su cuerpo y oyendo cerca de su oreja la respiración entrecortada de su padre. —L-Lo siento. Lo siento tanto, hijo. —Dice. Harry continúa quieto, aun temiendo. —Jamás volveré a tocarte, jamás volveré a hacerte daño ni a ti, ni a tu hermana, ni a tu madre. No puedo remediar las cosas, pero aprendí mi lección. Realmente lo siento. Se separan un poco, y el hombre tiene lágrimas fluyendo por sus mejillas. Harry lo ve fijamente a los ojos, y no sabe si es porque quiere que sea así o porque realmente lo es, pero Des realmente se ve arrepentido. Incluso diferente. ¿Quién era él para condenarlo? Tragó saliva con fuerza antes de asentir. Le temblaban las manos. —Lamento haberte dado un ataque al corazón. —Se disculpó. Lo tenía que decir, aunque sonara extraño. —Me lo merecía. —Rápidamente responde su padre, negando lentamente. No quería disculpas de su hijo, no debía. —Mira, sé...sé que he sido un desgraciado. Voy a probarte que he cambiado, éstos tres años yo—¿Tres? —Harry interrumpe. Des ahora lo observa fijo, asintiendo con algo de confusión. —Papá, estamos en el mismo año que cuando te fuiste. El hombre permanece quieto, procesando aquella información al igual que Harry, el cual ahora se siente aún más culpable. Había hecho pasar tres años en el infierno a una persona, y no a cualquiera. A su padre. —Oh, bueno. Creo que lo sospeché, todo se ve igual. —Dijo, suspirando y observando nuevamente a su hijo, negando lentamente. —Te he echado de menos... Estaba temblando, y necesitaba darse un baño. Un refrescante y tranquilo baño. —Yo...voy a ir a darme un baño. —Dice, apartándose un poco. —Oh, sí. Sí, claro. Yo estaré por aquí si me necesitas. —Responde su padre, y luego de unos segundos se gira para ir hacia la cocina. Harry aprovecha aquello y también se gira, caminando rápidamente hacia las escaleras, cerrando la puerta antes de comenzar a bajarlas y llegando a la otra puerta, adentrándose en su cuarto y cerrando la puerta con seguro. Su respiración estaba algo agitada, pero intentaba mantenerse tranquilo como sea mientras se encaminaba hacia el baño. Llegó a éste y comenzó a llenar la bañera luego de ponerle el tapón. Había decidido sobre cualquiera, como si fuese algún tipo de Dios, a jugar con la vida de una persona. De su sangre, su familia. Su padre. Se disculpaba, y había estado tres años en el infierno gracias a él. No importaba que no fuesen realmente tres años, pero en el inframundo sí lo era, y le dolía. Le dolía. ¿Quién era él para decidir sobre la vida de los demás? ¿Quién era él para aceptar disculpas de su padre, cuando era él quien debía disculparse? Porque sí, Des se había equivocado, pero estaba seguro que unas quemaduras en el cuerpo no se comparaban con tres años en el infierno. Cerró el grifo cuando la bañera estuvo llena de agua tibia y tan solo se deshizo de sus zapatos, adentrándose temblorosamente y vestido con camiseta, pantalones, tirantes y calcetines al agua. Cuando su cuerpo se sumergió en ésta, se acurrucó en un rincón de la bañera y cerró sus ojos, llevando sus manos temblorosas a su pecho. Estaba demasiado nervioso, pero el agua estaba haciendo su efecto, y poco a poco su cuerpo se relajaba. Comenzó a respirar normal y mojó sus manos para pasarlas por su rostro, refrescándose. ¿Había estado tan desesperado por relajarse que se había metido vestido? Rayos, realmente debía de tener los nervios de punta. Un malestar se hizo presente en su estómago y sus ojos se abrieron, pero no encontró a nadie allí. Y el malestar era diferente. Era como el malestar que experimentó con Louis la primera vez que se presentó: Escalofríos, miedo profundo y un vuelco en su corazón. Su ceño se frunció. —... ¿Lou? Un silencio ensordecedor provocó que otro escalofrío viajara por su columna vertebral a la vez que una leve presión se hacía presente en sus hombros. Su cuerpo se aflojó al no entender, y sentía algo empujándolo fuerte pero despacio hacia abajo. Se sostuvo con fuerza de los bordes de la bañera, sin siquiera poder hablar debido al susto, pero fue como si aquella fuerza sobrenatural se diese cuenta que Harry estaba rehusándose a hundirse, porque de inmediato la presión en sus hombros aumentó y en un parpadeo se encontró bajo el agua, con su cabeza rebotando contra el fondo de la bañera, pero no lo suficientemente fuerte como para desmayarlo. Las burbujas salían de su nariz y gemidos ahogados de su boca, dejando salir gran parte del aire que intentaba contener. Sus manos fueron a sus hombros, pero no sentía nada que lo sostuviese. No había nada. Intentó salir, se sacudió y pataleó, pero nada servía. Justo cuando tuvo a punto de darse por vencido, un pensamiento fugaz atravesó su mente y llevó su mano al anillo, quitándoselo y dejando que se perdiera en el agua. Segundos después, la fuerza desapareció junto al malestar, tan solo para que otro malestar reconocible se haga presente. Se sentó en la bañera y comenzó a toser con todas sus fuerzas agua que había tragado, respirando profundo como podía mientras volvía a estallar en un mudo ataque de nervios. —Harry. —El diablo se aproximó de inmediato y lo tomó del rostro, alzándolo y verificando que estuviese bien. —Harry, ¿Me oyes? Harry. — Llamó al notar como su niño favorito se veía aún desesperado. En una temblorosa exhalación se le escapó un lastimoso y entrecortado sollozo, y sus ojos no tardaron en soltar lágrimas. El ente lo envolvió en sus brazos de inmediato, atrayéndolo a su pecho. —Te tengo. Aquí estoy. El rizado se aferró con todas sus fuerzas a su esposo, y éste último lo levantó como pudo, sin importarle arruinar su elegante vestuario negro y tomándolo en brazos. Tomó con una mano una toalla y se encaminó nuevamente al dormitorio, estirando la toalla sobre la cama y luego dejando el tembloroso y mojado cuerpo de su niño, el cual continuaba sollozando. Se cayó un poco mientras Louis le quitaba la ropa, comenzando a sonrojarse al quedar tan solo en ropa interior. El ente lo volvió a sentar y tomó la toalla, acercándolo y comenzando a secarlo lenta y delicadamente, brindándole todo el cuidado que se merecía, pero, maldita sea, era el diablo. Ambos estaban en silencio mientras Louis se ponía de cuclillas y le secaba los dedidos de los pies a su niño, el cual limpiaba sus lágrimas y comenzaba a sentir frío. El diablo comenzó a desabotonar su propia camisa, quitándosela y revelando aquel torso marcado y lleno de tatuajes, símbolos y palabras irreconocibles ante los ojos de Harry, el cual fue abrigado por ésta camisa. Louis comenzó a abotonársela y le subió las mangas para que no le fuera tan larga. —L-Lou... —Las manos del diablo fueron a los muslos de su niño, y alzó la mirada para verlo mejor desde la posición en la que se encontraba. — ...algo me empujó. —Lo sé. —Tengo miedo. —Dijo con un hilo de voz. Sentía que iba a enloquecer, era demasiada paranoia. Tenía demasiadas preguntas, pero apenas podía respirar. —No lo tengas, ya estoy aquí. Harry comenzó a llorar nuevamente, siendo algo ruidoso. —N-No vuelvas a irte. —Dijo, dejando fluir las lágrimas por sus mejillas. Era demasiado. Realmente demasiado. Louis lo observa fijamente por unos segundos, y Harry desearía saber qué ronda por la cabeza de este antes de que asintiera. —No me iré. — Simplemente dice antes de ponerse de pie. —Métete en la cama, voy por el anillo. —No, no. —Rompe nuevamente en sollozos, cerrando sus ojitos con fuerza y llevando sus manos a una de las manos del ente. —P-Por favor. Lou... —Está bien. De acuerdo. —Louis se acerca más y lleva sus brazos a la cintura del menor, poniéndolo de pie. A éste le tiemblan las piernas. Quitó la toalla, dejándola en el suelo y abrió las cobijas, acostando a Harry. Lo dejó allí y tan solo fue al mueble, buscando un cambio de ropa interior y volviendo cuando lo encontró. Le quitó a Harry la que llevaba puesta y le puso la nueva, subiéndola lentamente por sus preciosas piernas. Lo acomodó mejor en la cama y le subió su propia camisa antes de inclinar su rostro y dejar suaves y delicados besos en la pancita del menor. Louis estaba siendo realmente dulce, realmente cuidadoso con él cuando con el resto del mundo era un asco. El diablo. ¿Era afortunado? Se le acomodó a un lado y llevó las cobijas sobre sus cuerpos. Harry rápidamente se acurrucó contra el pecho del ente y ambos enredaron sus piernas. La temperatura corporal del rey del inframundo era cálida, y eso ayudaba mucho al rizado a relajarse. —Puedes dormir, yo estoy aquí y no permitiré que toquen a mi niño favorito. —¿Ni te irás? —Ni me iré. —Llevó su mano a los ricitos del adolescente, acariciándolos. Harry tardó más de media hora en dormirse, y Louis.... Louis estaba tan malditamente furioso. Las luces están apagadas, el cuarto a oscuras y frío, a pesar de que las dos personas en él se encuentran muy calientes. La nieve ha comenzado a caer fuera y el viento golpea contra la ventana que hay casi llegando al techo, pero Harry se encuentra muy ocupado para prestar atención a la tormenta que, poco a poco, comienza a formarse. No puede dejar de gemir sobre la boca del diablo debido a las aceleradas embestidas que éste le daba. Tan solo se oían los chasquidos que formaban sus labios, la cama crujir un poco y el sonido de Louis entrando y saliendo de Harry. Ambos desnudos, unidos de la mejor forma posible. -Voy a... -Intentó avisar el rizado, pero fue demasiado tarde. Soltó un jadeo ahogado y algo agudo mientras arqueaba su espalda y doblaba los deditos de sus pies, tensando cada musculo de su cuerpo a la vez que su esencia salía, manchando ambos torsos. Exquisito. Mientras intentaba recuperar la respiración, se mantuvo quieto hasta que el ente llegó al orgasmo en su interior. Ambos quedaron sudorosos, respirando entrecortado y con los cuerpos pegados. Louis se sostenía con sus brazos a los lados de la cabeza de Harry, y comenzaba a darle profundos y lentos besos en los labios, los cuales eran correspondidos de inmediato. Sus manos bajaron por el pequeño cuerpo del menor hasta llegar a las nalgas. -Ya no voy a dejar que nadie vuelva a lastimarte. -Presionó sus manos para apegarlos más, sin dejar de besarlo. Los brazos del menor rodeaban el cuello del ente. -Tú eres mío. -Sí... -Y, maldición, sí que lo era. Los besos continuaron, pero Louis pudo notar como éstos se volvían más lentos de parte de su niño favorito. Salió del interior de éste último y se puso a su lado, atrayéndolo a sus brazos y agitando su mano, provocando que las cobijas volaran en su dirección y los taparan a ambos. Sabía que Harry no tenía sueño, porque llevaba durmiendo gran parte de las tres semanas que había pasado sin irse ni un momento. El niño tenía miedo, incluso a veces temía estando junto al diablo y éste debía de comenzar a explicarle que nada más malo que él podía permanecer a su lado a la vez que el ente se encontraba allí. Estaba delgado, pálido, con marcas que él no hacía. Eran golpes, golpes insignificantes como rozar los dedos contra un mueble, o marearse y apoyarse bruscamente contra una pared. Ya no reía tanto, sonreía poco, y se mareaba mucho. ¿Debía Louis ignorar las súplicas de Harry e irse en busca de lo que lo dañó? No estaban llegando a nada, y su niño moría lentamente. Por su culpa. Se pasó la noche en vela, como siempre, pensando miles de cosas mientras acariciaba el rostro de su esposo y lo admiraba hasta el amanecer. Era 20 de diciembre. La nieve continuaba cayendo y la familia Styles empacaba para irse a la cabaña en la cual siempre se hospedaban para pasar la navidad junto a los tíos y primos de Harry. Éste último se encontraba doblando ropa sobre su cama con un bolso abierto a un lado. Dominique se oía en el piso de arriba y el rizado no paraba de tararearla. Louis lo observaba en una esquina con los ojos más grandes de lo normal y serio, como si estuviese traumado: Aquella canción había sido reproducida más de siete veces y su esposo la seguía cantando. -Por mí. -Dice el diablo antes de fingir apoyar el dedo índice en un vinilo. La música del piso de arriba se para abruptamente y suspira, apoyándose en la pared. Se oyen unos pasos y un "¡Yo lo arreglo!" de su cuñada antes de que Dominique vuelva a ser reproducida desde el principio. Harry ríe bajo, sin ganas. -Podría matar a tu hermana. -Lou. -Y quemar el vinilo con su cuerpo. Harry niega. Sabe que Louis no habla en serio...o eso cree. Luego de haber estado doblando un par de prendas por un rato finaliza por meter éstas en el bolso. Ahora tan solo le queda doblar unos pares de calcetines y su ropa interior. Ya ha metido el cepillo de dientes, dos toallas y un par más de zapatos. Todo está en orden. - ¿Qué es tan importante como para irse de viaje? -Pregunta Louis. Le parece absurdo y no puede evitar resoplar mientras se apoya mejor contra la pared, cruzando un poco sus piernas y metiendo sus manos repletas de anillos de oro en los bolsillos de sus pantalones. - ¿Qué lo hace tan especial? Harry mete los calcetines en el bolso. ¿Le agradaría al diablo oír que festejaban el nacimiento de Jesús? -Pues...se supone que es para pasar la navidad en familia. Sospecho que no va a ser muy bonita debido a lo de mi primo. El rizado ya podía imaginarse peor de lo que estaba de ánimo al ver a sus tíos llorar. Si, su primo era un torpe, y pasaba los límites de ser molesto. Pero era un hijo, y perder a un hijo...debía de ser doloroso. Louis sonríe de lado. -De todas formas, no era la mejor navidad cuando tu primo estaba. Lo hacía peor. -Dice. Harry está de acuerdo, pero no evita pensar en cómo es que Louis sabe aquello. Tal vez simplemente adivinó, así que le resta importancia. -Son una familia rara. Empacan ahora y se irán en la madrugada. Harry suspira luego de meter su ropa interior y cerrar el bolso. -Es para no hacer todo a último momento. -Explica con paciencia, y se gira. Un repentino mareo lo deja algo atontado, y cree que es porque ha adelgazado en los últimos días, pero casi de inmediato su vista comienza a nublarse. Sus músculos se tensan y sus ojos se cierran mientras algunas imágenes se hacen presentes en su mente. La noche, árboles, sus manos bañadas en sangre, humo negro y profundo vacío. Todo es demasiado, y antes de siquiera poder rogar por ello, Harry cae desmayado al suelo. La oscuridad deja de consumirlo cuando una suave cachetada provoca que sus enormes ojos verdes se abran abruptamente. Su respiración es pesada, el miedo tiene tensos sus músculos y el -para nada extrañablepitido en su oreja le provocan ganas de llorar, pero está muy débil y confuso para hacerlo. Parpadea un par de veces y su vista se normaliza, dejando de ver puntos negros. -Hey... -Oye decir a alguien, y aquella persona exhala con brusquedad, notablemente aliviada. No se había dado cuenta que aquella persona era Louis hasta que vislumbró entre la nubosidad de su vista aquel perfecto e irreal rostro. Había sido imposible reconocerle a pesar de su voz, y todo porque lucía preocupado. Siente como los ricitos que cayeron en su frente son apartados, y luego de observar alrededor y respirar profundo por unos segundos, finalmente observa al ente. -Lou... -Dice con suavidad, débil. El pitido continúa incluso viendo al diablo a los ojos, y una parte de él se encuentra aliviado por no tener que apartar la vista. Moriría si no pudiese volver a admirar aquellos preciosos ojos celestes en los que siempre se sumergía cuando todo iba mal, e incluso había aceptado sumergirse también en el cuarto de color rojo que había en un ojo. Le encantaba. -Aquí estoy. -Nuevamente suena neutro, ya sin mostrarse tan desesperado como anteriormente. -Te desmayaste. -Dice, y ayuda a Harry a sentarse cuando éste último lo demuestra, pero jamás lo suelta. Jamás. El menor continúa observando alrededor, y ahora que no está tan confundido como anteriormente, su ceño se frunce, desconcertado por el cambio de horario. ¿Acaso se estaba haciendo de noche? La habitación tenía muy boca luz. No oscuridad absoluta, es decir, todo apagado como cuando uno cierra sus ojos. Más bien...triste. Todo muy oscuro y frío. Él se moría de frío. - ¿Cuánto tiempo he...? -Diez minutos. -Responde Louis antes de siquiera dejarle terminar la pregunta, y sus ojos comienzan a volverse bordó, oscuros. Sabe lo que está sucediendo. A Harry todo le recuerda a aquella vez que Muerte le quitó gran parte de su alma. ¿Técnicamente Louis estaba cumpliendo con el trato? Porque claramente no se está haciendo de noche. Antes de desmayarse era muy temprano, e incluso aún debe ir a la escuela. El diablo niega lentamente antes de ayudar a su esposo a ponerse de pie, sosteniéndolo de la cintura al notar como éste se tambaleaba. Estaba demasiado pálido, demasiado delgado, demasiado sin vida. Y todo por ser el maldito rey del inframundo. -Ya no puedo permitir que estés así. -Habla bajo, de manera temible. Harry simplemente lo mira. -Tengo que irme. Debo irme. La desesperación comienza a surgir en el pecho del adolescente, recordando el miedo que sintió mientras se ahogaba bajo el agua y la necesidad de tener los brazos de Louis envolviéndolo. Incluso luego de aquello, hasta con la camisa del ente y en sus brazos no se sentía tan a salvo. -Lou, s-si tú te vas...lo que sea que me sigue, va a volver por mí. Intentaba conservar la calma, no ponerse a llorar, como siempre hacía. -Puedo poner a uno de mis cuervos en donde sea que estés, ya lo he hecho antes. El diablo nota como, poco a poco, un inconsciente pucherito se forma en los labios de su esposo, y es antojable a pesar de que éste está por llorar. - ¿Y cómo resultó eso? -La voz del niño se entrecorta. Los flashes de aquel momento comienzan en su cabeza, y le duele. Le duele tener que vivir con culpa por el resto de su vida. -Dos personas murieron, fui golpeado y casi me ahogo. Los ojos de Louis comienzan a oscurecerse, y su mandíbula parece tensa, como si estuviese conservando una ira que intentaba no dejar salir, pero, irremediablemente, saldría. Le hartaba que el rizado continuara creyendo que todo lo sucedido era su culpa. Si, él lo había invocado, pero, siendo honestos, pudo sentir en aquel momento el cómo Harry no creía que realmente podría invocar al diablo. Y odiaba la manera en la que el mundano le hablaba ahora. No era maleducada ni brusca. Era suave, pero cada palabra que soltaba era cruda. -Yo no iba a dejar que eso sucediera, y esas personas recibieron su merecido. -La voz del diablo sale más baja, fría y ronca. Harry se encoge en su lugar cuando el ente da un paso hacia el frente, quedando más cerca. - ¿Cómo esperas que atrape a quien sea que quiere dañarte si debo estar contigo cada segundo? Harry no sabe qué hacer. Realmente no lo sabe. Su esposo tiene razón. No sirve de nada que se quede allí, porque el rizado se estaba deteriorando, su cuerpo parecía pudrirse por dentro y su alma dañarse con el paso de los segundos. No quedaba mucho tiempo para que, posiblemente, muriera. Sin embargo, el estado en el que se encontraba lo hacía estar más confundido, menos esperanzado y más...suicida. Así que no le importaba si llegaba a morirse, necesitaba a Louis a su lado. Necesitaba no sentir miedo al llegar la hora de su muerte. -Diriges un infierno. -Dice. No podía creer que estaba discutiendo con el diablo, aunque, bueno, no lo tomaba realmente así. Era una discusión de esposos. -Tienes demonios que pueden buscar a esa cosa. Un gruñido parecía alzarse desde el pecho del mayor. - ¿Por qué todos creen que porque dirija un infierno aquellos inservibles son capaces de hacer algo? Por supuesto, ellos van a seguir mis órdenes y van a ir a buscar a esa cosa que quiere hacerte daño, pero también son manipuladores, y a la primera que los deje ir van a hacer lo que quieran. No creo que te guste un ejército de demonios sueltos en la tierra. Por supuesto que Louis no se negaría ver muertes...pero para eso estaban los humanos. destrucción, caos, Todos tenían esta imagen errónea del diablo, donde éste es un monstruo rojo de cuernos con cola, ríe maniáticamente, golpea su trino contra el suelo y hace maldades sin pensar en las consecuencias. La verdad del diablo es que éste era malditamente inteligente, y calculador. No hacía maldad solo porque podía -y claro que así era-, si no cuando realmente algo sucedía. No quería acabar con el mundo, porque éste lo entretenía. Le gustaba robar almas, le gustaba ver gente mala morir y tenerlas en el infierno. Le gustaba dirigir, obligar, ser un rey...pero nunca sería un estúpido. Excepto cuando se trataba de Harry, por supuesto. Alguien le tocaba un pelo y se volvía el diablo más estúpido. -Matarme, Louis. Quiere matarme. -Harry corrigió. Louis no dejaba de decir que aquella cosa quería "dañarlo", y ambos sabían perfectamente que no era así. Era mucho peor. El diablo respiró profundo, provocando que las cosas que había en las paredes tiemblen levemente. -Y yo quiero matar a esa cosa, Harry. - Respondió. Estaba intentando tanto mantener la calma, maldita sea. -Te estoy dando una maldita orden y ni siquiera sé por qué intento que la cumplas. Voy a poner un cuervo que te vigile, y cuando esa cosa intente dañarte voy a volver, y la voy a matar. Y si te hizo daño, te curaré y todo se acaba. Las cejas del rizado se alzaron, indignado. ¿Acaso su esposo iba a usarlo como cebo? Vaya. El nudo en su garganta iba a explotar, le ardían los ojos y de su pecho irradiaba decepción, un leve enojo, miedo y mucha tristeza. Le ponía mal el que Louis sepa que él sentía aquello, y aún quisiese darle ordenes, como si no estuviesen casados. - ¡No! ¡No va a acabar! -Finalmente alza la voz, explotando. El rostro del diablo se alza un poco, queriendo mostrar superioridad. Por supuesto que es superior, pero eran esposos. Y aunque todas las parejas siempre tenían al hombre, el cual se creía superior y dueño de una mujer, Harry detestaba aquello. La pareja era de ambos, y si Louis no podía aceptarlo, continuarían así un largo tiempo. - ¡Porque tarde o temprano te llevarás mi alma, y de una forma u otra, esto que harás no tendrá remedio porque estaré muerto! Da dos pasos hacia atrás, alejándose del ente y apoyándose contra la pared. No puede evitar comenzar a llorar, y son sollozos leves, audibles. Siente mucha tristeza en su pecho. -Y-Y-Yo jamás...jamás te he pedido nada, siempre hago todo lo que quieres, y no solo porque eres el diablo, sino también porque te respeto y estoy de acuerdo contigo, p_pero... -Sorbe su nariz, volviendo a ver los ojos del diablo. El pitido en su oreja realmente lo está lastimando. -...no pongas ese tipo de autoridad en mí, como si fuese tu sirviente. -Harry. -Porque soy tu esposo. -El pucherito se intensifica y otro inevitable sollozo sale de sus labios. -E-Estamos comprometidos, y no es justo. -Susurra. Ambos se quedan viendo en silencio por un par de segundos antes de que el rizado vuelva a hablar. -Intenta comprenderme, estoy asustado. -Su voz nuevamente es suave, y él luce tan frágil y perdido que el diablo no evita dar un paso hacia adelante. -Y quiero más que nada estar bien, pero me he buscado esto. Yo te busqué, tú a mí no. Louis asiente lentamente, neutro. -Bien. Entonces, si soy tu esposo y yo no tengo derecho a decirte que hagas lo que es mejor, ¿Por qué aún crees que voy a llevarme tu alma? -Aquello sorprende tanto a Harry que tan solo se queda parpadeando, sin respuesta. - ¿Realmente crees que, luego de todo lo que hemos pasado, voy a enviarte a un lugar en el que solo es sufrimiento para toda la eternidad? -Yo... -Estoy buscando una manera de matar a lo que quiere matarte, y de alejar a lo que te está matando. -Continúa. Con aquello último claramente se refiere a él. -¿Aun así crees que mi intención es hacerte daño? -Da otro paso, y ahora tan solo los rostros de ambos están a centímetros. -Yo puedo chasquear mis dedos y romperles el cuello a todos los que amas, porque no me importan. -Lleva sus manos a la cintura de Harry hasta rodearla con sus brazos, atrayéndolo. El rizado hace puntitas de pie, rodeando el cuello del ente con sus brazos. Las narices de ambos se rozan. Necesitan cercanía, calor corporal mutuo luego de aquella gran discusión. -Pero no lo hago, porque tú si me importas. Harry traga saliva, intentando aliviar el nudo en su garganta y cierra sus ojos. -Una vez dijiste que el diablo era muy mentiroso. Siente que se le ha ido un peso de encima luego de soltar aquello, pero aún teme por la respuesta. Louis niega lentamente, y una de sus comisuras se alza un poquito. -Y lo es. Lo soy. Mi intención no era que lo interpretaras de aquella manera. -Dice. Se le cruza por la cabeza miles de formas de explicarle a su niño favorito lo que realmente significaron aquellas palabras, pero tan solo ambos rozan sus labios. -No puedo mentirte a ti, no a menos que sea para protegerte. Harry alza un poco más la cabeza y ambos comparten un profundo y lento beso. Sus lenguas se acarician lentamente, y el agarre de Louis se reafirma en la cintura del menor, el cual está pegado a la pared. El beso está, poco a poco, subiendo cada vez más de tono. Les encanta sentirse, les encanta haber tenido la oportunidad de terminar de aquella manera. Harry está encantado cuando Louis baja sus manos repletas de anillos a sus muslos y lo alza, dirigiéndose a la cama. Una de sus manos hace un movimiento y el bolso con ropa cae al suelo, dejando la cama libre para acostar a su niño favorito. Una vez lo hace, el diablo se acuesta sobre él y lo toma de las manos, alzándolas hasta dejarlas a los lados de su rizada cabeza, con los dedos de ambos entrelazados mientras el beso ardiente continúa. El diablo comienza a realizar movimientos sobre el cuerpo del menor, provocando que ambos miembros se friccionen por encima de la ropa. Harry comienza a gemir entrecortadamente sobre los labios de su esposo. -Lou... -No puede formular palabra debido a que la boca del rey del inframundo ha ido a la piel en su cuello, besando de manera húmeda y caliente antes de comenzar a hacer succiones, marcándolo. Sus manos repletas de anillos sueltan las de su niño y las dirige a las nalgas de éste último, presionándolo más contra él y sus movimientos. -Uhm... Si, tenía la opción de relajarse, dejarse llevar. Quería estar con Louis, realmente quería. Sin embargo, debía ir a la escuela, o sus padres nuevamente sospecharían que estaba enfermo...lo cual así era. Frunció apenitas el ceño mientras llevaba los brazos alrededor del cuello del ente, el cual comenzaba a besarle detrás de la oreja, volviéndolo loco. -L-Lou, la escuela...no hay tiempo. -Gime debido a que las fricciones son más profundas. Dio...Diablos. Se siente tan bien. -Yo controlo el tiempo. -Louis se excusa. La risa surge desde el pecho de Harry, de manera honesta y levemente ruidosa. Sus carcajadas suenan dulces, parece un niño de seis años riendo. Louis detiene las fricciones y se aparta un poco para observarlo serio, neutro. A cualquiera le daría miedo aquella mirada, pero Harry ya se había acostumbrado. El diablo se limitó a admirar aquellos pequeños segundos en donde su esposo reía. Apenas sonreía últimamente, y ambos sabían por qué era. Harry lo observó con una débil y dulce sonrisita, levemente sonrojado mientras una de las manos del diablo iba hacia la mejilla del niño, tocando sobre el rubor. El rizado podía jurar que su corazón iba a salirse de su pecho, debido a que pocas veces Louis tenía aquellas demostraciones de afecto. Poco a poco ambos estuvieron serios, tan solo viéndose a los ojos. -Te amo, Lou. -Susurra. Louis suspira mientras lleva su mano a los ricitos de su niño, acariciando. -Lo sé, pequeño. -Responde. Harry traga el nudo que comienza a formarse en su garganta al no ser correspondido. Era tan inseguro. Sin embargo, la respuesta de Louis había sido más afectuosa que las veces anteriores. -Necesito que hagamos lo que te propuse. Harry suspira entrecortadamente. -E-Está bien, pero...pero mañana. Por favor, que sea mañana. Louis se lo queda viendo fijamente, como queriendo decirle algo. -Bien, mañana. -Harry sabe que no está de acuerdo por su tono. Ambos vuelven a besarse y la fricción continúa luego de unos segundos. Harry no puede dejar de suspirar mientras oye la respiración profunda del diablo en su oreja. Sus pequeñas manos acarician la cálida espalda del ente por encima de la camisa, y deseando sentirlo más, tímidamente mete sus manitos por debajo de ésta, sintiendo la calidez en sus dedos. Louis no evita gruñir levemente ante aquello. Le gusta. Baja sus manos y abre el pantalón de Harry, bajándolo junto a su ropa interior. Hace lo mismo con los suyos y nuevamente comienza una fricción. Ambos suspiran al sentir el placer intensificado, y nuevamente se abrazan mientras mueven sus pelvis a la par. -Dios... -Harry jadea, y Louis sonríe de lado mientras le besa la piel del cuello. -Ah... - ¿Te atreves a soltar el nombre de Dios mientras estás en la cama con el diablo? -Silba en aprobación y, con sus manos en las nalgas de Harry, las presiona para sentirlo aún más. -Eres un niño malo... Harry, sonrojado, pero sin dejar de gemir suavemente, lleva su boca a la oreja del diablo y exhala entrecortadamente. -Diablos. -Corrige en un gemido. Louis muerde suavemente el cuello de su esposo. -Ese es mi niño. Porque, joder, ama ver a su personita inocente volverse algo rebelde. Ambos comienzan a sudar, el placer que fluye por la sangre de ambos es demasiado, sus erecciones palpitan demasiado fuerte y, oh, se siente tan bien. Los movimientos de ambos son bruscos. Louis sabe cuándo Harry está cerca por sus bonitas expresiones, en donde entreabre sus labios sin soltar más que suspiros y frunce levemente el ceño. Rápidamente besa sus labios, y hace que sus lenguas se encuentren una vez más. -Aguanta. -Louis dice entre el beso, y Harry niega. No puede, es demasiado. -No, aguanta. -Suena como una orden. Abre las piernas del menor un poco más y, aún friccionándose, mete dos dedos en el interior de éste. Un gemido algo ruidoso y agudo sale de la boca del rizado antes de ser besado nuevamente. Apenas puede respirar de lo bien que se siente. Los dedos del diablo realizan un vaivén, rozando su punto dulce. Su interior se contrae, y quiere alejarse de la boca del ente para respirar profundo, pero éste lo tiene agarrado de la mandíbula con su mano libre. Es demasiado, simplemente demasiado. -Me corro... -Jadea, y cuando el diablo mueve sus dedos contra el punto dulce del niño, aquello ya es suficiente. Éste último se arquea, dejando su boca entreabierta, doblando los deditos de sus pies y sintiendo el placer más exquisito mientras derrama su esencia entre los cuerpos de ambos, manchando sus torsos. Se relaja de inmediato y espera hasta que el diablo finalmente llega al orgasmo, también manchando sus torsos. Harry necesitaba un cambio de ropa. En serio. || Continuación del prólogo III. || Se alejó un poco y quedo bastante cerca de los rojizos y gruesos labios del rizado, casi los rozaba. Harry podía sentir como se le iba el alma poco a poco. -...Creo que es hora de una ducha, niño favorito. -Susurra, sorprendentemente sonriendo de lado al alejarse. Ya se ha acostumbrado a que le llame de esa forma, pero nunca ha podido dejar de sonrojarse como la primera vez. Luego de que Harry asiente, el demonio se hace a un lado y el mundano se encamina hacia la puerta del sótano, dispuesto a bajar los escalones. Un leve mareo provoca que todo se vuelva más borroso. Una melodía comienza a sonar, gritos y lamentos le dan jaqueca antes de tambalearse y caer, golpeando fuertemente su cabeza y dejándolo en completa oscuridad. Al fin. Sus ojos se abrieron lentamente. Le pesaban demasiado y todo su cuerpo dolía. Hay una especie de vacío más notable en su pecho, y el malestar no está presente. Es cuando nota esto último que sus ojos se abren. El hospital...de nuevo. Cielos. La gente de seguro ya le conocía allí. Tenía algo inyectado en uno de sus brazos, una venda en una de sus muñecas, la cual dolía como el infierno al que seguramente iría, y a su madre sentada en una silla de al lado. Es cuando respira profundamente que Anne jadea bajo, aliviada y se acerca, tomándole la mano sana a Harry. -Amor. El rizado carraspea. Su garganta está algo seca. - ¿M-Mamá? -Sh, tranquilo. -Le sonríe dulcemente, intentando verse tranquila mientras comienza a acariciarle los ricitos. -Estás bien. Te diste un golpe fuerte, pero estás bien. - ¿Qué sucedió? -Te caíste de las escaleras. -Anne dice, y sus ojos se llenan de lágrimas. La culpa carcome a Harry. -Oh. ¿Cuánto dormí? -Ha pasado un día, bebé. -Vaya. -Supongo que te dejarán irte hoy, en un par de horas. Iremos a la cabaña, y durante el viaje pondremos la música que tú quieras. -Harry agradecía tanto el cómo su madre quería ponerle de mejor ánimo con caprichos. No pudo evitar sonreír débilmente, no mucho ya que le dolía todo. -Hornearé cosas ricas, y comerás mientras te arropo en tu mantita, y estarás bien. ¿Si? -Harry asintió lentamente mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. - ¿Te duele algo? El corazón. -Me duele la cabeza, el rostro. El torso, las rodillas y sobre todo mi muñeca. -Tienes muchos hematomas, Harry. Y tu muñeca se rompió. Debes tomar remedios. - ¿Papá y Gemma? -Están fuera. Tu padre quería verte, le diré que pase. -Deja un beso en la frente de Harry antes de ponerse de pie. - ¿Mamá? ¿Puede papá traerme un poco de agua, por favor? -Claro, mi cielo. -Y salió. Se mantuvo esperando allí, mirando al techo. Tenía miedo, pero estaba intentando ser valiente. Había pasado un día sin Louis, y ya que estaba mejor física -bueno, no tanto- y mentalmente, podía pensar en que claramente el diablo tenía razón. -Hey, Hazz. -Parpadea y nota a su padre entrando a la habitación con una leve sonrisa. Harry tan solo sonríe débilmente mientras ve a Des sentarse en el asiento que había a un lado de la camilla. Suspira. -¿Cómo te sientes? -Estoy vivo. -Harry responde, nuevamente poniéndose serio. -Eso es bueno. Hablé con el doctor, podrás irte en unas horas. Finalmente una buena noticia. Harry asiente, realmente aliviado. - ¿Tú quieres que vayamos a la cabaña? Porque si estás mal y no quieres puedes decírmelo. Y no lo haremos. Ese fue un detalle realmente bonito de parte de su padre. Por primera vez en mucho tiempo sentía que alguien escucharía su opinión. Con una leve sonrisita negó. -No, no. Está bien, quiero irme. Creo que me hará bien despejarme un poco. Des asiente, de acuerdo. -Oh, toma. -Y Harry tampoco había notado el vaso con agua en la mano de su padre. Lentamente se sienta, negándose a la ayuda del hombre y toma el vaso con su mano sana, bebiéndoselo todo. Se lo devuelve a su padre y se estira un poco. -Él me lo dijo. Harry nuevamente ve a Des. -... ¿Qué? ¿Quién? -Él. El hombre de ojos rojos. -Dice. A Harry se le va la respiración, o al menos eso siente. Le da miedo cuando alguien más habla de Louis, porque no sabe qué hacer o qué decir. Su padre lo está viendo fijamente, de manera neutra. -Me buscó, sabía que yo estaba en el piso de arriba cuando llegaste. Me dijo lo que debía de hacer, y te traje al hospital. Harry traga con fuerza mientras lágrimas escapan de sus ojos y fluyen lentamente por sus mejillas, observando a su padre con mucha culpabilidad. Aprieta sus labios y asiente lentamente, bajando la mirada y volviendo a tragar con fuerza. -Gracias. -Dice con su voz baja, rasposa. Su padre acerca más su silla a la camilla de su hijo y se inclina, viéndolo fijamente. - ¿Por qué estás llorando? -Harry niega lentamente. Aquellas preguntas solo le provocan más ganas de llorar. -Harry...hijo, necesito que me escuches. -Harry lo observa luego de limpiar su rostro. Se siente pésimo. No solo es la culpa, el miedo, el extrañar a Louis, si no que todo su cuerpo le duele, y se siente solo. Extraña a Fionn, extraña a Gemma. -Aprendí la lección, y no voy a juzgarte. -Le aparta los ricitos de la cara a su hijo. -El día en que me fui allí, antes de eso, tú me dijiste muchas cosas. -Lo sie- -No. -Interrumpe Des. No quiere disculpas. -Me dijiste muchas cosas que eran ciertas, y aquello hizo algo en mí. Muy pronto comencé a pensar igual que tú, abriste mis ojos y me sentí asqueroso. -Confiesa. -Sabía que no iba a cambiar de un minuto a otro, pero podía intentarlo. Podía comenzar, y el comienzo de aquello era pedirte una disculpa. Pronto salí de la casa, volví a estar dentro. Y luego caí, y ya no pude salir. Y sé que aquí no fue así, y cuesta perdonarme, pero hace tres años que no te veo...y lo que menos quiero que sientas es que voy a decirte algo que no quieres oír. Una sonrisita débil se forma en el rostro de Harry mientras las lágrimas continúan cayendo. -Gracias, papá. Des asiente, apretando sus labios mientras se pone de pie. -Solo espero que estés haciendo lo correcto. -Dice. -Voy a pedir algo para que comas, de seguro tienes hambre. Ahora vuelvo. Harry asiente y, una vez más, limpia su rostro mientras observa a su padre salir de la habitación. Suspira, y siente que, por fin, luego de mucho tiempo, algo le salía bien, y tenía el apoyo que necesitaba. Nuevamente se acuesta y se pone de lado, viendo hacia la ventana los árboles que había por la ciudad. Frunce un poco el ceño al observar una pequeña figura negra en uno de los troncos de los árboles y suspira al notar al cuervo allí. Bueno, al menos está siendo cuidado. "Espero que estés haciendo lo correcto." Tal vez no lo estaba. Pero definitivamente Louis era lo correcto en su vida. La familia Styles partió a las afueras de Londres al siguiente día. Harry había salido unas horas después desde que había despertado, pero decidieron esperar un poco, dejarlo descansar en su propia casa, en su cuarto, donde el rizado menos quería estar. Podía sentir el malestar -el normal- irse lentamente de su cuerpo, dejándole un leve vacío en el pecho que, poco a poco y sin darse cuenta, iba volviéndose más grande. El estar solo, en silencio y acurrucado en la cama de su habitación le hacía recordar cuánto extrañaba a Louis, y lo mucho que, a veces, odiaba que fuese el diablo. Tenerlo lejos de él era una lenta tortura, y prefería pasar por cualquier otra que le trajera dolor físico a pasar por uno que solo le hacía doler el corazón y no parar de pensar ni por un segundo. Habrá quedado clarísimo que no había descansado ni un poco aquella noche, porque todo el cuerpo le dolía, y porque no podía dormir sin hablar con Louis antes. Además de sus hematomas y notables ojeras oscuras bajo sus ojos, cargaba con un tremendo mal humor que apenas lo estaba dejando respirar. Su familia, la cual jamás lo había visto de aquel modo, tan gruñón y maleducado, decidieron ignorarlo y tratarlo como siempre antes de irse al auto. Anne y Des conversaban en los asientos de adelante, Gemma escribía en su diario y Harry veía por la ventana en el asiento de atrás. —Será un precioso viaje, ¿Verdad? —Sí, cariño. —Le respondió Des a su esposa, suspirando y mirando por el espejo retrovisor a su hijo. —¿Harry? ¿Todo en orden? El niño miró los ojos de su padre fijamente por el espejo, de mala manera. Si no fuese tan adorable, probablemente daría miedo. Gemma silbó al notar que no hubo respuesta de su parte. —¿Estamos de mal humor? —Bromeó con ánimos, aun escribiendo en su cuaderno. Harry regresó la mirada a la ventana. —Sí, le sucede a la gente que se cae por una escalera y se lastima. —Respondió, sarcástico. Su hermana se encogió de hombros. —Cada uno sabe en lo que se mete, ¿Verdad? Y Harry no entendía, realmente no entendía qué era lo que sucedía: Tal vez extrañaba mucho a Louis, tal vez necesitaba su presencia, tal vez no. Tal vez estaba harto de lo que le sucedía, de la farsa de familia que llevaba consigo y el cómo ninguno quería admitirlo, o el como su padre intentaba brindarle su confianza cuando había sido una porquería por largos años. No sabía qué era, realmente no, pero aquella ira enjaulada en su pecho lo hizo girarse lentamente hacia su hermana y dedicarle una mirada desquiciada. —Estás muerta. —Simplemente le dijo, algo ronco debido al enojo que cargaba encima. La adolescente se lo quedó viendo a la vez que Anne se giraba, indignada al haber oído a su hijo. —¡Harry Edward Styles! ¿Qué rayos sucede contigo? —Harry la observó de reojo, pero no le quitaba la vista de encima a su hermana. —¡Mírame cuando te hablo! —Finalmente lo hizo. Madre e hijo intercambiaron miradas. —No sé qué te sucede, pero no quiero que vuelvas a decirle cosas así a tu hermana, y menos de aquella manera. ¿Me oíste? Harry parpadeó rápidamente por unos segundos, nuevamente viendo a Gemma, la cual se veía incómoda y asustada mientras se alejaba un poco de su hermano menor. Éste último comenzó a sentir un fuerte nudo en su garganta, porque se había dado cuenta que había asustado a su hermana, pero ya estaba cansado de pedir disculpas sin obtener nada bueno a cambio. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y asintió lentamente ante la última pregunta de su madre, girándose nuevamente hacia la ventana y acurrucándose, observando el paisaje y al cuervo que le seguía. —Ya, ya. No le grites, Anne. —Su padre intervino. —Y Gemma, no hagas bromas. Le duele el cuerpo, no ha descansado bien. No quiero que le dirijan la palabra, ¿Me oyeron? La mujer pareció darse cuenta de lo ruda que había sido en una situación donde claramente no debía y se giró nuevamente para ver a su hijo, arrepentida. —Lo siento, bebé. —Dijo. Harry no respondió, tan solo dejaba caer sus lágrimas y observaba fijo por la ventana. Anne se giró tan solo unos segundos, tomando una manta que tenía por allí antes de volver a ver a su hijo y acomodársela encima con cuidado. —Intenta descansar, ¿Si? —Fue lo último que dijo antes de volver a girarse. El auto quedó en silencio, y Harry finalmente se durmió. —¿Hazzie? Harry, llegamos. Los ojos del adolescente se abrieron lentamente, notando que era de noche. El cielo estaba nublado y hacía tanto, tanto, tanto frío. Su padre, quien lo había despertado desde fuera de la puerta del asiento trasero, lo ayudó a bajar con mucho cuidado, aun manteniéndolo envuelto en la manta, y lo ayudó a entrar a la cabaña. Aquella cabaña que le traía miles de recuerdos y sensaciones, buenas y malas. Su madre lo ayudó a caminar desde la puerta principal debido a que Des volvía al auto junto a Gemma en busca de los bolsos de todos, que se encontraban en el baúl. Su tía Jacky lo recibió entre sus brazos, intentando aparentar una de sus mejores sonrisas. A Harry le dolió tanto que apenas y pudo devolver aquel dulce y cálido abrazo de parte de una de las mujeres más gentiles. —Mira que hermoso que estás, Harry. —Dijo, alejándolo de su cuerpo y dejando un beso en la frente del de ricitos, el cual cerró sus ojitos tan solo por esos segunditos. —Estoy muy golpeado. —Eso no evita que seas hermoso. —Respondió la mujer, y luego saludó a Anne. Harry observó a Joffrey, su tío, el cual le dedicó una ligera sonrisa y también lo envolvió en un abrazo, diciéndole cuánto le alegraba verlo. Se veía decaído, ojeroso e incluso había bajado de peso. Tuvieron una pequeña conversación donde ambos se preguntaban cómo estaban, y donde ambos mentían terriblemente. Sus primos se encontraban en una punta de la habitación, ambos sentados en un sofá y evadiendo la mirada de Harry, completamente serios. Éste último decidió no saludarlos, por su bien y el de ellos. Luego de que Des y Gemma adentraran los bolsos comenzaron a decidir los cuartos en los que los niños iban a dormir. Eran cinco, y con dos ya ocupados, Joffrey sugirió que sus hijos durmieran en la misma habitación, y que Gemma y Harry se quedaran con las otras dos. Jacky anunció la hora de la cena y todos fueron a sus respectivos asientos, sirviéndose un calentito plato de fideos con salsa. Llegaba la hora de rezar, Joffrey y Jacky se tomaron de las manos, intentando, de alguna forma, demostrarse apoyo. El mayor de los hermanos Styles observó al menor. —¿Des? ¿No vas a comenzar tú? Des suspiró y negó, sonriendo sin ganas. —...Ya no. Que alguien comience por mí. —Honestamente, se veía desinteresado en el tema. Luego de un incómodo silencio todos cerraron sus ojos y Jacky comenzó a rezar, pidiendo por el bienestar de su familia, por estar yendo por el buen camino, disculpándose por lo que sea que hizo que su hijo muriera mientras su voz se le quebraba levemente. Harry abrió sus ojos y se mordió el labio inferior, entre culpable e incómodo mientras observaba de reojo a su tía. No soportaba aquello que ardía en su pecho, que no lo dejaba disfrutar de una simple cena. Ni siquiera tenía hambre. Llevó su mirada al resto de la familia, y no se sorprendió tanto al notar que su padre se encontraba observándolo fijamente. Intercambiaron miradas hasta que Jacky finalizó de cerrar, y luego observaron sus platos, comenzando a cenar. Todos charlaban entre sí, y los únicos que no hablaban eran Harry y Des. El rizado entendía el porqué. Sabía que su padre notó lo incómodo que éste se veía ante la mención de su primo, y probablemente lo sospechaba. Finalmente terminaron, y todos decidieron irse a sus respectivas habitaciones debido al cansancio del viaje y bajos ánimos. Minutos después la cabaña estaba en completo silencio, lo único que se oía era el viento fuera. Hacía un frío infernal. Harry se encontraba buscando en su bolso lleno de ropa su camisa blanca de mangas largas y pantalones holgados. A pesar de llevar puesta su camisa blanca, suéter bordó, pantalones negros y kickers, tenía demasiado frío. Honestamente, no podía esperar a vestirse y meterse bajo las cobijas, calentito. Bostezó y se dirigió hasta el sofá individual de la esquina de la habitación, intentando no tropezar debido a que la luz estaba apagada. De todas formas, iba a dormir ya. Dejó el bolso sobre el sofá y se inclinó a cerrarlo. Un reconocible malestar comenzó a formarse en su estómago y se quedó congelado por unos segundos, intentando descifrar si era real. Lentamente comenzó a enderezarse y respiró profundamente antes de comenzar a girarse. Una silueta oscura y más alta que él apareció justo en frente, y pudo apreciar aquellos ojos celestes con un cuarto de rojo, los cuales le veían fijamente. Era el diablo. Venía y no a por él, más bien, solo por él. Intercambiaron significativas miradas antes de que Harry intentara tragar el nudo en su garganta. El rey del inframundo dio otro paso adelante, y tan solo los separa una pequeña corriente de aire. —Lou... —Harry pudo soltar, aguantando el llanto, tan solo admirando la pieza de arte que había frente a él. Louis llevó su mano repleta de anillos a la mejilla del rizado y acarició con lentitud el hematoma que había en ésta, borrando el dolor, pero sin poder borrar la marca. Finalizó por suspirar lentamente, sin dejar de ver fijamente a su pequeño. Éste último notó que, nuevamente, el pitido había desaparecido. —He comprobado una duda que habitaba en mí. —Dijo. Harry creyó morir al oír su voz. Probablemente sonaría muy exagerado, pero dos días habían sido dos eternidades. No podía seguir adelante sin la única persona que lo hacía sentirse vivo, incluso cuando muchas veces era la razón por la que podría morir. —No puedo pasar mucho tiempo sin verte. —Confesó, y al rizado comenzaron a caerle lágrimas por las mejillas mientras sonreía débilmente. Segundos atrás, antes de sentir aquel malestar en su estómago, estaba teniendo los peores días de su vida, pero el toque, la presencia y las palabras de su esposo lo cambiaban todo. —¿Mi niño favorito me extrañó? Harry rio corta y silenciosamente. —Te eché de menos. —Dijo con su voz completamente entrecortada, aun sonriendo mientras sus lágrimas no paraban de caer y su barbilla temblaba levemente; Claras señales de que quería llorar con todas sus fuerzas. El diablo sonrió egocéntricamente, de lado. —¿Demasiado? —Demasiado, con todo mi corazoncito. Su esposo suelta un silbido antes de acercarse más, rodeando la cintura del más bajo con sus fuertes brazos envueltos en aquella camisa negra abotonada hasta el cuello que siempre llevaba. —Eso es mucho. — Susurra, y roza sus labios con los de su niño. —Te necesité tanto, niño. ¿Te mencioné que el tiempo en el infierno es diferente? Para mí, han pasado meses sin verte. —Aquí han pasado dos días, pero se sintieron como años. —Responde Harry, y no entiende porqué, pero su cuerpo comienza a temblar incontrolablemente. Louis nota aquello y guía a su niño a la cama. Sabe lo indefenso que éste se sintió, el miedo que tenía de ser lastimado nuevamente y la culpa que cargaba al tener que hablar con la familia del imbécil que mató. A pesar de todo, había sido muy valiente, pero se merecía un descanso, se merecía alguien que contuviese su llanto y lo llenara de besos. El diablo creía que Harry merecía todo. Una vez lo acostó, se sentó a un lado y observó su pequeño cuerpo antes de comenzar a desnudarlo. Cada prenda que quitaba iba al suelo, y sus manos recorrían la piel dañada de su niño, curando el dolor de cada golpe. Se encargó de besarle suavemente la pancita cuando le quitó el suéter y desabotonó la camisa, de curarle el dolor de costilla y la muñeca que había estado rota y estaba lentamente mejorando. Finalizó por ponerse sobre él, tapándolo con su cuerpo y llevando sus suaves besos a su cuello. La fragilidad, dulzura de éstos, y el calor que emanaban los brazos del diablo envolviendo su cuerpo lo hicieron, inevitablemente, comenzar a llorar dolorosa y silenciosamente. Louis simplemente lo mantuvo cálido en sus brazos, callándolo con bajos “shh” cerca de su oreja, dejando unos cuantos besos en ésta, como si fuese un bebé. Era su bebé. Apartó su rostro del cuello del menor y le dio un suave beso en sus labios antes de volver a sentarse, tan solo para tomar la ropa de dormir que estaba estirada en la punta de la cama y comenzar a vestirlo lentamente. Una vez finalizó se acostó a un lado de su esposo e hizo un movimiento con su mano, provocando que las cobijas llegaran hasta él, tapando los cuerpos de ambos. Harry sorbió su pequeña nariz. —Te extrañé tanto. —Dijo. —Lo sé. —Respondió el diablo luego de atraerlo contra su cuerpo. Llevó su dedo índice y pulgar al mentón del rizado, alzando su rostro y besando sus labios lenta y profundamente, con ansias de sentirlo más. El rostro del niño permanecía quieto debido al agarre en su quijada, pero movía sus labios, intentando seguir el compás del diablo, y la manera en que su lengua acariciaba la suya propia. Sentía los cosquilleos en su pancita, las mariposas revoloteando en éstas ante lo exquisito que estaba siendo aquel beso. Era como probar la fruta prohibida. Amaba la manera en la que el ente tomaba iniciativa, posesión. Le daba lo que quería, lo que necesitaba. Pasan los minutos y sienten que es tiempo de despegarse un poco, incluso cuando no es lo que quieren. Ambos se observan fijamente luego de unos segundos. —¿Qué hiciste el tiempo que no estuve aquí? ¿Fuiste un niño bueno? —Lo último lo preguntó de manera burlona. No le importaría si su niño de vez en cuando fuese malo, solo no quera verlo triste. Harry suspira y baja la mirada, avergonzado y haciendo trompita con sus labios mientras comienza a mirar los dedos de su mano, moviéndolos. Está avergonzado. —Estuve...de un humor terrible. Louis nuevamente silba, satisfecho. Le hubiese encantado ver eso, ya que siempre veía a su niño estar triste, o neutro, o pidiendo perdón. —Debió ser entretenido. —Pues...le dije a mi hermana que se considere muerta cuando me molestó, y fui maleducado con mis papás. No respondí a sus preguntas, me la pasé callado y gruñéndole a todo el mundo. —Dice, y se sonroja. Louis deja un beso en la mejilla del niño. —Ese es mi niño favorito. — Dice, y sostiene a Harry, dejándolo sobre su propio cuerpo mientras bajaba sus manos a las nalgas del menor, presionándolas. —Te habrás visto tan condenadamente caliente. —Dice antes de darle un beso casto en los labios y dejar su nariz pegada contra la ruborizada mejilla del rizado. —¿Los castrati? —Ellos no me hablan, están de lutos y saben que tengo algo que ver. — El diablo resopla ante aquello y parece querer opinar, pero Harry decide cambiar el tema rápidamente. —¿Qué hiciste tú? Louis invierte las posiciones, dejando a su esposo bajo su cuerpo, viéndolo fijamente a los ojos. —Tuve algunos asuntos de los cuales ocuparme. Más que nada, busqué a la cosa que quiere lastimarte. Harry se tensó de inmediato. Le ponía nervioso que haya algo tras él, y tener noticias de ello. —¿Le encontraste? —Estoy cerca. Es un demonio. Harry revolotea sus pestañas, completamente sorprendido. ¿Un demonio? ¿Qué quería un demonio con él? ¿Por qué quería dañarlo y matarlo? —Oh...oh, vaya. —Torturé a muchos, y nadie sabe cuál es su nombre. Al parecer, trabaja solo. No habla con otros, y está en la tierra desde hace mucho tiempo como para reconocerlo. He ido en busca de tu amigo. —¿Fionn? —Su corazón comenzó a latir rapidísimo, temiendo lo peor. —El otro. —Liam —Lo he estado vigilando. No siento ninguna presencia con él, y si hubo, no ha aparecido en días. Harry sabía que Louis había vigilado a Liam debido a las sospechas del menor, y es que se veía bastante obvio. ¿Era posible que se haya equivocado? Y si no era así, ¿Por qué lo haría? ¿Por qué invocaría a un demonio y haría un pacto? —Tal vez yo estaba equivocado. Es decir... ¿Por qué Liam invocaría a un demonio? —Decidió decir lo que pensaba. Tal vez Louis podría ayudarlo a resolver sus dudas. —No encuentro una respuesta. Sin embargo, ¿Por qué tu invocarías al rey del inframundo? —Harry se queda en silencio ante aquello. Era verdad. Nadie era lo que aparentaba. —Como ves, no somos lo que aparentamos. No pudo evitar reí silenciosamente notar que habían pensado lo mismo. ¿Acaso era el alma gemela del diablo? Aquello lo hizo meterse en una laguna inconclusa: Decisiones o pensamientos sin respuesta, todos relacionados con su futuro y su esposo. —Lou... —Mh. —Estaba muy ocupado comenzando a trazar húmedos besos en la piel del cuello de su niño favorito. —Tú, bueno... —Está nervioso. Baja la mirada cuando Louis se aleja un poco y lo observa, intrigado. —...Esto es serio. —¿Esto? —Nosotros. —Louis se queda callado, queriendo oír más. —Yo...es decir, tú... ¿Has pensado en el futuro? —No pienso en el futuro. —N-Nuestro futuro. Nosotros dos, juntos. El diablo nuevamente se acuesta a un lado del niño y lo atrae a su pecho, tomándole la mano la cual llevaba el anillo que le dio, comenzando a besarle los nudillos. —No lo he pensado, pero supongo que te he dicho un poco de él cuando te di mi anillo. —Dice. El menor alza la mirada, y ambos se observan fijamente. —“Serás mío por siempre. Nadie se atreverá a tocarte, a menospreciarte ante mi presencia, hasta los siglos de los siglos.” —No evita sonreír de lado. —Amén. —Se burla. Harry ríe bajo y dulcemente, con un brillito en sus enormes ojos verdes. —Lo recuerdas. —Por supuesto. Es el día que declaré tu trono junto al mío. Aquello lo hizo cohibirse un poco, y tal vez se asustó. Era extraño, extraño y muy en serio el tener un trono en el mismísimo infierno. No podía arrepentirse, no había vuelta atrás. —¿Asustado, niño favorito? —No. Yo... ¿Tendré que ir al infierno para estar contigo? —No. Solo irás al infierno cuando tú quieras. De hecho, ya puedes. Harry asiente lentamente, pero segundos después se da cuenta de lo que su esposo dijo y se lo queda observando, quieto. —... ¿Qué? —Como oíste. ¿Acaso...podía ir al infierno y regresar? ¿Sin morir? ¿Al verdadero infierno? Los nervios comenzaron a instalarse en su estómago, y la curiosidad crecía en su pecho. —Si voy... —Hablaba con cuidado debido a que estaba pensando en consecuencias. —... ¿Podría regresar? —Por supuesto, no estás muerto. —Oh. —Se queda callado mientras observa como Louis le besa la palma de la mano. —¿Lo permitirías? Quiero decir... ¿Permitirías que vaya? El diablo deja de hacer lo suyo y ve fijamente a Harry. Luce intimidante y hasta da un poco de miedo. Tal vez sea porque la respuesta que dará no es lo que realmente quiere decir. —Jamás lo prohibiría, pero no me parece buena idea. Hay mucha pureza e inocencia en ti, ver eso podría afectarte, aún más sabiendo que gente que conociste está allí, o que tu inservible progenitor lo estuvo por un tiempo. Siento que la culpa te carcomería. La culpa ya me está carcomiendo. —Quiero ir. —Responde, decidido. En parte, lo merezco. Merezco más culpa. Ambos se observan fijamente a los ojos por unos largos segundos. Harry sabe que no es lo que Louis quiere realmente, pero también sabe que una parte de él no se lo negaría. —Vístete. Ambos se levantan de la cama. Harry básicamente corre a vestirse mientras Louis le da la espalda, observando por el ventanal que había en aquella habitación y daba a aquel patio trasero en donde había visto a su niño hace mucho tiempo. —Toma otra prenda de ropa. —Le dice a su esposo, el cual ya ha terminado de vestirse con la ropa que anteriormente llevaba puesta. Harry acomoda sus rizos antes de observar alrededor. —¿Cualquiera? — Louis, aún de espaldas, asiente. El rizado se gira y busca en su bolso con ropa cualquier cosa. Encuentra un calcetín. —Uhm, ¿Literalmente cualquier cosa? —Se gira nuevamente, y su respiración se detiene cuando nota que su esposo no estaba allí. Frunce un poco el ceño y da unos pasos al frente, aún con el calcetín en su mano. —¿Louis? Lou... —El malestar sigue en su estómago. El diablo estaba allí. Se giró nuevamente y se sobresaltó al chocar con el cuerpo de éste, llevando su mano libre a su propio pecho ante el susto. —Me asustaste. —El calcetín servirá. —Louis responde, como si nada. —¿Por qué te fuiste? —Harry baja la mirada por instinto, y nota que el diablo trae un cuchillo en su mano izquierda. Harry se tensó de inmediato. No creía que Louis le hiciese daño, pero, ¿Le harían daño a alguien más? —¿P-Por qué traes eso? —No es tan fácil como crees, tienes que mezclar tu sangre con la mía. — Harry se le queda viendo fijo, algo dudoso. —Me parece una gran idea si nos quedamos. Segundos después, una vez más, el rizado vuelve a negarse a aquella propuesta. —No, quiero ir. Nuevamente intercambian miradas en silencio antes que Louis le tienda su mano. Harry tuvo un pequeño recuerdo en el cual tomaba la mano del diablo y danzaban a la luz de la luna roja. —Sígueme. —Dice luego de que Harry toma su mano, y ambos comienzan a caminar. El ente se dirige por la casa como si la conociera, y Harry supuso que era debido a que había inspeccionado si alguien se encontraba despierto. Fue entonces que llegaron al final de las escaleras, pero se detuvieron allí. Louis se puso frente a Harry y desabotonó una de las mangas de su camisa, levantándola y dejando visible parte de su brazo con tatuajes. Con el cuchillo, sin siquiera dudar ni un segundo, cortó un poco de su brazo. —Louis... —Tienes que cortarte. —Dice al terminar, y toma el brazo de Harry con cuidado, viéndolo fijamente. —No dejes de verme fijo. —Harry asiente y obedece. Puede sentir el filo cortando parte de piel de su brazo, y puede sentir la sangre saliendo, pero no siente dolor. —Va a arderte cuando dejes de verme. Harry lo hace de inmediato, sin siquiera asimilarlo. El ardor comienza a picar dolorosamente en su brazo y hace una leve mueca, pero lo aguanta. Debe hacerlo. Louis, aún sin soltar el brazo de su niño, pega el corte que éste lleva en su brazo con el corte que él mismo tiene en su brazo, combinando las sangres. El diablo dice unas palabras en un idioma inentendible, suenas suaves pero perturbadoras, y sus ojos lentamente se van volviendo más oscuros, bordos. Finalmente se calla y aleja su brazo, quitándole el calcetín a su niño y poniéndose detrás de éste, cubriéndole los ojos con la prenda. —Vas a comenzar a bajar la escalera lentamente. Son tan solo doce, y a partir del seis voy a tomar tu mano, así que extiéndela. —Dice, tomando una de las manos del niño para acomodarla en la baranda de la escalera, y estirando el otro brazo para poder tomarlo. Se aleja y baja las escaleras, posicionándose en el sexto escalón. —No te asustes por lo que sea que sientas, y una vez estemos allí, no te separes de mí. ¿Entendido? —Entendido. —Repite. —Ese es mi niño. —El diablo halaga mientras se baja la manga de la camisa, abotonándola nuevamente. —Comienza. Harry toma una profunda y temblorosa respiración antes de comenzar a bajar lentamente. Cada vez que baja un escalón, Louis dice algo en aquel inentendible idioma, se oye como si estuviese contando de la manera más terrorífica que oyó en su vida. Sus manos comienzan a temblar y pierde la cuenta, pero sabe que ha llegado al último escalón debido a que el diablo lo sostiene de la mano. Ambos continúan bajando, y Harry retoma la cuenta, ignorando lo que Louis continúa murmurando. Comienza a sentir cosquilleos en su pancita cuando nota que ya han pasado los doce escalones, y siguen bajando, y bajando. Fue extraño. Al principio sentía como si una pared de fuego estuviese a centímetros de él y el calor apenas lo dejara respirar, luego comenzó a oír silbidos y voces que cada vez se volvían más fuertes, insoportables. El pitido iba aumentando lentamente en ambos oídos hasta solo oír aquello, y finalmente el silencio llegó. Comenzó a sentir frío, y seis escalones después finalmente se detuvo. Tan solo se oía su entrecortada respiración. Un fuerte “¡PIIII!” hizo que diera un salto en su lugar, seguido de algo que sonaba a puertas pesadas de hierro puro abriéndose. Siente al diablo soltar su mano y traga saliva con fuerza mientras la venda es retirada. Parpadea unos segundos y observa algo de lo que ya anteriormente había oído, pero verlo era completamente diferente. La habitación era algo angosta y bastante larga, completamente blanca y con luces que parpadeaban un poco. Lucía como un hospital. Una larga fila de costado hasta el final de la habitación, gente de cualquier edad, incluso niños de más de ocho años, pálidos, podridos y neutros, con la vista fija al frente y avanzando tan solo un paso. Se oía una risa macabra a lo lejos. —Hemos llegado justo para ver cómo avanza la fila. —Dice Louis entretenido, ya a un lado de Harry. Ambos se ven, el diablo continúa con sus ojos rojos y pupilas muy dilatadas. Da miedo, pero, sin embargo, le dirige una encantadora sonrisa a su esposo. —Bienvenido al infierno. Su... ¿Segundo hogar? Aquel frío lugar, la falta de vida y la notable crueldad lo hicieron tener más de dos escalofríos en menos de cinco segundos. Sin poder evitarlo se acercó más a Louis, tomándolo del brazo. —No hay nada que temer. —Dijo el diablo. —En parte, éste es tu hogar. —Y comenzó a caminar con su niño sosteniéndose de su brazo. Pasaba con la cabeza en alto entre todas aquellas personas formadas, recibiendo silencio y ninguna mirada, respeto al ser el rey de todo aquel lugar. Harry evitó observar a algunas personas que golpeaban su cabeza contra la pared, fuera de sí. ¿Hace cuánto estaban allí, tan solo de pie, esperando por algo peor? Muchos de ellos parecían estar pudriéndose, con sus pieles cayendo de sus cuerpos. Había un hombre a unos metros, al principio de toda aquella fila. Mientras el rizado caminaba y observaba alrededor, podía oír la grave voz de aquel hombre hacer comentarios completamente sarcásticos y crueles. “¿Alguno tiene sed?” “¿No creen que se están tardando mucho? ¿Qué dicen si aplaudimos?” —Azazel. —Dijo Louis cuando llegaron al principio de la fila, y Harry intentó no sorprenderse ante lo escalofriante que sonó su voz; Autoritaria, demandante, demasiado fría y seca. El pálido hombre de unos cuarenta años, el cual dejó de reír de inmediato y se giró hacia el diablo, haciendo visibles sus ojos completamente negros, comenzaba a verse asustado e incluso débil. —¿Sí, mi rey? —Respondió, y de reojo observó al niño que se encontraba a un lado del rey del inframundo, abrazándose al brazo de éste. Louis se mantenía inexpresivo y hablaba con decisión. —Quiero que te inclines. —Dijo. El demonio de inmediato lo hizo, poniéndose frente a su rey. —Inclínate ante tu nuevo príncipe. El demonio alza la mirada, confundido al principio, pero de inmediato se arrastró frente al niño, inclinándose ante él. —Mi príncipe. Harry observaba al demonio inclinado a sus pies con sus ojos verdes más abiertos de lo normal. Le parecía extraño, porque una de esas cosas era su pesadilla, una de esas cosas lo seguía e intentaba matar. Le parecía extraña la situación, irreal, pero, maldita sea, que sí era real. Que un demonio le estaba haciendo una reverencia y lo había llamado “Príncipe”. —Hola... —Dijo, y se sintió estúpido. Louis rodó los ojos sin que nadie lo viese. —De pie. —Ordenó. El demonio lo hizo de inmediato y retrocedió unos pasos. —Él vendrá aquí cuando se le antoje, y espero por el bien de todos que se le trate como lo merece, o tendrán el doble de sufrimiento. —Dice mientras ve a todas las personas formadas, las cuales lentamente pasaban de ser muertos vivientes a muertos vivientes hiperactivos, con obvios nervios ante la presencia del rey del inframundo. —¿Capiche? —Por supuesto, majestad. Louis mueve su brazo, extendiéndolo hacia Harry, el cual toma al diablo de la muñeca con ambas manos, distraído al estar viendo alrededor. — Sigue con tu trabajo. —Le dice a su sirviente, y da unos pasos más, abriendo una puerta que hay a un costado del largo y algo estrecho cuarto. Es alta, de hierro y suena pesada cuando Louis la abre sin hacer ni un poquito de fuerza. Guía al niño para que pase primero, y luego se adentra él, cerrando detrás. Ambos quedan en silencio, Harry parpadea debido a que la luz ha bajado aún más. Pareciese como si estuviese metido en un largo pasillo de pura tierra, con alguna que otra antorcha iluminando a lo largo. Se oían lamentos a lo lejos, llantos. Louis se puso frente a él, y ambos se miraron fijamente para confirmar que el menor se encontraba en buen estado. Le dio un asentimiento a su esposo, y el rey del inframundo lo tomó de la muñeca antes de comenzar a avanzar. Harry descubrió que aquel pasillo tenía muchas esquinas que llevaban a más pasillos con más esquinas. Vio algunas puertas, y supuso que dentro había gente encerrada, porque muchos rogaban por salir. Un nudo se le iba formando lentamente en la garganta. ¿Eso habrá pasado su padre? ¿Su primo? ¿Parker Jenkins? ¿Habría sido peor? Porque estaba comenzando a notar que nada era mejor en aquel lugar. No le salía la voz, no quería decir ni una palabra, incluso cuando se estaba muriendo de curiosidad. ¿A dónde lo guiaba Louis? En el final del pasillo, otra puerta se hizo presente, una igual a la anterior. El ente la abrió e incitó al niño a que pasara primero, el cual lo hizo. Le temblaban las manos. Aquel cuarto era enorme, redondo, con paredes muy altas, al igual que el techo altísimo, todo gris. Había enormes puertas dobles de hierro por doquier, el suelo era liso, y en medio de todo éste cuarto, unas elegantes escaleras negras guiaban a un lugar en el subsuelo. La mano repleta de anillos fue hacia la espalda baja del menor, guiándolo con suavidad hacia las escaleras. —¿Qué son todas esas puertas? —Dijo, mirando alrededor. Se alegró de que su voz hubiese salido. —Diferentes rincones del infierno. —Simplemente respondió, y ambos comenzaron a descender por las escaleras. Eran en forma de caracol, y a simple vista lucían larguísimas. Sin embargo, no tardaron tanto en llegar a una enorme puerta. Lucía igual que las demás, solo que bañada en oro. Louis aleja su mano de la espalda del más bajo antes de abrir la puerta con ambas manos y hacerse a un lado para que Harry se adentrara primero, cosa que hizo. Decir que quedó maravillado era poco. El lugar era amplio, alto y muy elegante. El piso color marfil brillaba, las paredes eran de un bordó oscuro. Había una gran chimenea, la cual estaba prendida. Tan solo una pared estaba ocupada hasta arriba de todo con libros, cuadernos, cosas que lucían completamente importantes. En medio del cuarto había un pequeño escalón que llevaba a un pequeño piso más alto, redondo. En medio de éste había dos tronos: Uno con un respaldo inmenso, negro y otro más pequeño a un lado, del mismo color. La habitación está iluminada por algunas velas en pequeños candelabros de las paredes, también en uno bastante grande en el techo y, debido a la lejanía, mantenía una luz tenue, suave. Perfecta. Mas a un costado había un escritorio con un asiento bordó de un respaldo bastante alto, también. Sobre el escritorio había papeles bien ordenados, excepto dos y una carpeta que estaba sobre todo. —...Wow. —Simplemente puede decir. Louis, que lo estaba observando desde que se adentraron a la habitación, sonríe lentamente de lado. Jamás había tenido intriga de ver a alguien emocionarse por el infierno, por su lugar en específico, donde dirigía todo. Sin embargo, allí estaba. —Esto...es muy lindo. —Admiró todos los libros en los estantes de la enorme biblioteca que ocupaba una pared. —¿Los has leído todos? —No son solamente libros, hay libros de otros universos, y archivos con contratos de personas importantes. —Dijo, comenzando a caminar hacia su escritorio. Ya podía apartarse de Harry y todo debido a que estaban en una zona segura y tranquila para el niño. —Wow... ¿En serio hay otros universos? —Sí. Mundos paralelos, también. Lo descubrirán en un futuro cercano, probablemente estés para verlo. —Lo que Harry sintió después de eso fue emoción, y escalofríos. Estando con el diablo no recordaba que podría morir. Luego de que el diablo terminara de echarle un vistazo a uno de los papeles de su escritorio, se acercó al más bajo y le tendió su mano. —¿Le apetecería al príncipe sentarse en su trono? Harry revolotea sus pestañas con rapidez por un segundo, sorprendido y volviendo a ver hacia los tronos. Si, había visto los dos, pero, por algún motivo, no se le cruzó por la cabeza que uno sea suyo. —En serio tengo un trono... —Dijo, sin creerlo y aceptando la mano del diablo, el cual de inmediato lo guio en aquella dirección. Subieron aquel pequeño escalón, y ayudó a su niño a sentarse. Éste último a simple vista pensó que sentarse en uno sería demasiado incómodo, pero hasta parecía acolchonado sin serlo. Era extraño. No pudo evitar sonreír un poquito. — Esto...no es como lo imaginaba. Louis finaliza de acomodarse en su trono, viéndolo fijamente. —¿No? ¿Qué imaginabas? —Bueno, no recientemente, pero antes de conocerte imaginaba al infierno...a ti, completamente diferentes. —Louis continúa observándolo fijo, esperando a que continuara expresándose. —Pues te imaginaba a ti, tú sabes... —Se mueve sobre su trono, comenzando a sonrojarse y muy avergonzado, dejando de ver al rey del inframundo. —...como una especie de monstruo rojo, con bigotes, cola, cuernos y un tridente. —Louis niega lentamente, con una pequeña sonrisa ladina. —Lo siento. —No, es gracioso. Es completamente diferente. —Bueno, sí. Tú...eres muy bonito. —Dice, sonrojado. Louis lo observa. —Lo soy. —Dice, inexpresivo. —Y también lo eres tú. El rizado baja la mirada, negando lentamente. —Gracias. —Dice bajito. —No deberías de agradecer lo que no se siente. —Louis responde. Harry alza la mirada de inmediato y ambos se ven fijamente. —Está bien no sentirse hermoso, yo provoqué eso el día que le di “El fruto prohibido” a Eva. El menor parpadea con rapidez, sorprendido. —¿Eso realmente sucedió? —Louis asiente con lentitud. —¿Eras una serpiente? El ceño del diablo comienza a fruncirse, y se permite unos segundos para asimilar lo que su esposo acababa de decir. —Creo que debería de leer la biblia, así al menos no me sorprenderé tanto cuando me cuentas estas cosas. —Lo siento, Lou. —Se disculpó. Esperaba no haberlo ofendido. —No era una serpiente. —Dice, poniéndose de pie y bajando el pequeño escalón, yendo hacia su escritorio. —Era yo, tal y como soy ahora. Las serpientes no hablan. —Lo dice en un tono tan obvio que Harry no evita llevar una mano a sus labios, silenciando una carcajada. —Yo tan solo persuadí, manipulé. Harry asiente lentamente, aunque no lo comprende. Es decir: La biblia decía que el diablo era malo, que el diablo lo había hecho porque así era, porque así le gustaba ser. Decía que hacía todo el mal del mundo, y muchas veces era torpe, no pensaba realmente. Sin embargo, Louis era completamente lo opuesto. Era hermoso, era perfecto ante sus ojos. Sí, le gustaba el mal, y sí, le gustaba dirigir el infierno; Harry lo había visto en aquella sonrisa con la cual le dio la bienvenida a aquel lugar. Pero lucía inteligente, calculador, sabía cuándo atacar y cuando no. Lucifer, Satanás, Satán, y su nombre era Louis. Su imagen había sido cruelmente arruinada, y no sabía si se lo merecía, o si no. Todo debido a que el diablo jamás lo había dañado intencionalmente. O tal vez sí, pero hace ya un tiempo. Alzó la mirada, y noto como Louis le veía fijamente. Ya no se sobresaltaba tanto, aunque le daban escalofríos cuando éste tenía los ojos completamente bordó, justo como ahora. —Hay un motivo por el cual soy bonito, como tú dices. —Comienza, dejando los papeles que anteriormente había tomado del escritorio, nuevamente en éste y caminando hacia el pequeño escalón. —Era un arcángel, lo sigo siendo. Antes era el favorito de Dios, y me hizo hermoso. Es por eso que me sorprende tanto que los religiosos crean que soy un chiflado, de piel roja y feo: Ellos saben quién fui, y quién sigo siendo. Harry suspira mientras el diablo, ya habiendo subido el escalón, se posiciona frente a él y apoya sus manos en los apoya-brazos del trono del menor, inclinándose un poco para quedar cerca de éste. —Es que...a veces la gente inventa cosas. Tal vez antes la religión era honesta, y se podía apreciar. Últimamente la he sentido como una mentira, como si ya no supiese qué creer. —¿Te estás volviendo...satánico? —Bromea. Harry no evita reír bajo, alzando la mirada para verlo. Ambos rozan sus narices. —No será en tanto tiempo cuando una multitud de personas en diferentes mundos dejen de creer en Dios gracias a las mentiras de la iglesia. Eso es lo que yo intenté demostrarle antes de que me arrojara del cielo: “No confíes en todos, no siempre serán honestos. Y no todos los humanos serán perfectos. Van a manchar tu nombre”. No me escuchó, y aplicó éste castigo en mí. —Sonríe de lado. —Me dio un lugar, un nombre, y me difamó. Pero, ¿Adivina qué? —Se aparta tan solo unos pequeños centímetros para ver fijamente los preciosos ojos verdes de su esposo. —Aun así, me temen. Harry relame sus labios. —Yo no te temo. ¿Eso está mal? Louis borra tan solo un poco su sonrisa, viéndolo fijamente a los ojos, nuevamente inexpresivo. —No. —Tan solo dice, y se inclina más, tomando con sus labios los de su niño en un lento y profundo beso. Harry saboreó la boca del diablo, tembló ante el toque de sus lenguas acariciándose y de sus respiraciones mezclándose. Louis le envolvió la cintura con sus brazos, poniéndolo de pie y dejándolo de puntitas. El beso continuó, intensificándose cada vez más. Los brazos del menor rodearon el cuello del ente para tener más comodidad, y estaban dispuestos en llegar a más justo allí, en el despacho del diablo, en el infierno. Sin embargo, Harry tenía una duda la cual no dejaba de rondar por su rizada cabecita. Se separó del beso. —Lou... —Llamó, y el nombrado le robó otro suave beso. —¿Recuerdas que estaba hablándote sobre nuestro futuro? —Sí. —Y tú dijiste “Por los siglos de los siglos”, “Hasta el final de los tiempos”. —Se encuentra embobado, intentando formular bien las palabras debido a que el diablo no deja de robarle besos suaves. —Mh. —Pero yo...soy humano. Voy a crecer, envejecer, morir. —Dice. Louis detiene sus besos, y ambos abren los ojos, viéndose fijamente, inexpresivos. El ente puede oler el miedo en su niño favorito. —Y eso significa que no habrá ningún “Para siempre”. El agarre se reafirma en su cintura, y las pupilas del rey del inframundo lucen más dilatadas. —No digas eso. —Dice. Harry se lamenta, se le rompe el corazón. Con timidez y mucho cuidado desliza sus brazos fuera del cuello de su esposo, y sus delicadas manos van al rostro del mayor, acariciándolo. —Lo siento, pero es la verdad. —Susurra. Su voz se entrecorta un poco. El pecho comienza a dolerle. —Sabes que a mi lado nada es bueno, ¿Verdad? —Harry, ¿En serio le estás diciendo eso al diablo? —El nombrado no evita sonreír sin ganas. Louis suspira, acercándolo más al punto en que los torsos de ambos están juntos. —¿Cómo puede mi niño favorito creer algo así? —He llegado a la conclusión de que no tengo un final feliz. —Nadie lo tiene. Todos mueren, todos se despiden. —Responde. No es lo que el niño quiere oír, pero de todas formas asiente lentamente, aceptando aquellas duras palabras. —Pero no tú. Tú vas a ser malditamente feliz conmigo. —¿Cómo? —Si hubiese una manera de vivir para siempre, ¿Lo harías? —Harry nuevamente alza la mirada, algo sorprendido. —De estar conmigo, por los siglos de los siglos. —Sí. —No creo que lo estés pensando. —Rápidamente responde el diablo, y es duro meterse el egoísmo por el culo, solo por tener a alguien en quién pensar. —Vivir por siempre implicaría...todo. Todos los que conozcas van a morir, y tu seguirás con la misma edad. Van a notarlo, y probablemente tengas que alejarte. Todas las personas que conozcas en todos los años que vivas, van a morir. Desearía no tener que decírtelo, pero tienes que pensarlo adecuadamente. Harry suspira, cerrando sus ojitos por un par de segundos. Sentía que su cabeza iba a estallar. Nuevamente los abrió, viendo fijamente a su esposo y asintiendo lentamente. —Lo pensaré. Louis sonríe lentamente de lado. —Ese es mi niño favorito. Vamos, hora de volver a tu verdadero hogar. Una preciosa mañana en Surrey, Inglaterra, con el cielo celeste formado con bonitas nubes y el radiante sol creando el más hermoso paisaje, en un banco de un parque vacío se encontraba aquel adolescente, no más de diecinueve años, con cabello rubio, ojos celestes, pálido y muy, muy neutro. Traía ropa normal, excepto por su camiseta, que tenía un logo de alguna tienda barata del lugar. Observaba todo con total tranquilidad, disfrutaba del cantar de los pajaritos y de la preciosa vista. - ¿Esto es lo que haces? -Aquel adolescente alzó la mirada lentamente para encontrarse con el mismísimo diablo a un lado de aquel banco. ¿Meterte en tus ilusos recipientes? Digno de ti usarlos. Louis. El arcángel más precioso, el más realista y pecador. El gran error. El diablo. Ni siquiera lo miraba, también observaba el paisaje, pero más acostumbrado a verlo, y estaba bien, ya que el rey del inframundo llevaba bastante tiempo en la tierra, vigilando a cierto niño de cabello rizado. -Quiero que sepas que Niall Horan estuvo totalmente de acuerdo con permitirme hospedarme en su cuerpo, y tendrá lo que merece. -Dice el rubio. Su voz es suave, no hay maldad, ni bondad. Solo es tranquila, pero neutra. Louis finalmente lo observa. -Estoy de acuerdo. Todos deberían de tener lo que se merecen. El ceño del tal Niall se frunce levemente y ladea tan solo un poco su cabeza. - ¿Puedo preguntar desde cuándo te importa que la gente obtenga lo que merece, si es que te refieres en algún sentido positivo? -No se trata acerca de ningún sentido positivo, es sobre el sentido común. Los buenos deberían de obtener lo bueno, y los imbéciles deberían de obtener la mierda. - ¿Incluso si te gustaría que los buenos tuviesen lo malo, también? Louis rio seco mientras le sonreía de lado, arrogante. -Tú eres el imbécil mayor. -Dice. Nunca le ha tenido miedo. Siempre lo había enfrentado, porque no podía matarlo. No podía. El diablo vuelve la mirada al frente y suspira, lentamente poniéndose serio al estar sumergiéndose en sus pensamientos. - ¿Qué crees que debería de suceder? -Dice el adolescente de ojos color mar, volviendo la vista al frente. El silencio reina en el lugar por unos segundos. -Harry merece ser feliz, y sé que es difícil de entenderlo, pero lo es conmigo. -Dice. Y se oye tan simple, pero no lo es. Más aún cuando sabe que el idiota que está dentro del cuerpo del tal Niall Horan lo sabe todo, y no piensa decírselo. - ¿Y tú? -Observa al diablo. - ¿Eres feliz con Harry? Louis observa fijamente los ojos de aquel adolescente y lentamente comienza a fruncir el ceño antes de decir: -No me vengas con esas estupideces de telenovela. -El tal Niall ve al frente y ríe silenciosamente. - ¿Desde cuándo preguntas por mi felicidad? -No me importa. -Rápidamente contesta. -Solo quería saber si eres tú siendo egoísta, o eres tú realmente preocupado por un humano. Louis ríe secamente, alzando un poco las cejas. - ¿Crees que todos los que habitan esta tierra piensan en los demás? La mayoría piensan en sí mismos. -Se defiende. Si, era egoísta, muchas veces. ¿Quién no lo era? Nuevamente el silencio reina por unos pocos segundos. -Me importa su futuro. Su futuro es conmigo, tú y yo lo sabemos. -No. No lo sabes. Louis comienza a sentir el enojo crecer en su pecho. ¿Este era Dios refregando en su cara la falta de conocimiento? ¿Siendo egocéntrico? ¿O solo le estaba diciendo la verdad? El diablo lo mira, sus ojos se han oscurecido un poco y abierto más. Respira hondo, y un gran viento provoca que las nubes comiencen a aparecer de a poco, tapando el sol. -Quiero que viva por siempre, conmigo. -Dice, más bajo, manteniendo su tono tranquilo. -Y estoy en busca de una manera. - ¿Es por eso que estás aquí? -El rubio frunce un poco su ceño. - ¿Crees que yo puedo darte la manera? -El diablo se mantiene en silencio, tan solo viéndolo. Si, así era, pero no lo diría en voz alta. El adolescente se acomoda en el banco. -Amo mi creación. -Louis gira sus ojos ante aquello, y éstos se vuelven un poco más claros. -Pero seamos claros: Él te eligió a ti. -Y ambos sabíamos que pasaría, porque tú pretendías no escucharlo. -Porque tú te metiste en mi camino. -Corrige de manera suave el creador de todo, nuevamente viendo al diablo, el cual nuevamente tiene los ojos oscuros. -Louis... -Niega lentamente y, con paciencia, se pone de pie. Tal vez, si no te hubieses entrometido, lo hubiese salvado, de todo ésto. No malinterpretes mis palabras, pero fue a causa de tu egoísmo el que él esté de esta manera. ¿Había manera de no malinterpretar aquello? -Era inevitable no entrometerme, tú jamás hiciste algo para que no me invocara. Yo respondo cuando llaman, ¿Podrías tu decir lo mismo? ¿Qué pasó con "Libre albedrío"? ¿Nos lo metemos por el culo, padre? -Preguntó al final de manera sarcástica, poniéndose frente al rubio, el cual negó. -Por supuesto que no. Harry tuvo, tiene, y siempre tendrá su libre albedrío, y lo que él decida hacer con éste, tú no lo sabrás. -No te preocupes. -El diablo finge estar desinteresado, viendo hacia otro lado. -Voy a conseguirlo, quieras tú o no. - ¿Si? ¿Por qué? ¿Porque lo amas? -La mirada de Louis va fijamente a los ojos de aquel recipiente en el que Dios se refugiaba? -Cierra.la.boca. - ¿No puedes amarlo? ¿O no quieres? - ¡No es de tu maldito asunto lo que yo haga! -Alza su voz, y el banco en donde anteriormente Dios reposaba y admiraba la vista arde en llamas. Ninguno parece inmutarse por aquello. -Tienes que entender que tampoco es tu asunto lo que él decida hacer. Dice el adolescente luego de unos segundos. -Te duela o no, Harry decidirá su propio destino. Podrás ser dueño de su corazón, pero no de su vida. Louis se aparta lentamente. Las llamas se reflejan en sus ojos bordó. -No soy ni pretendo ser el dueño de su vida. Pretendo darle lo que quiere, y voy a hacerlo. Con o sin tu ayuda. -Y en un parpadeo, ya no está. Las llamas se apagan lentamente, el banco queda hecho cenizas, y Dios alza su vista al cielo antes de cerrar sus ojos y soltar un gran suspiro. Porque lo que esperaba para aquel humano que creyó no ser oído era un gran drama, peso en los hombros. Un trabajo. Una oportunidad. La única para poder estar junto al amor de su vida. Aquella noche Louis llevo al niño de vuelta a aquella cabaña de su infancia, de la misma manera. Le desató el calcetín de los ojos, lo acompañó a su cuarto, lo ayudó a vestirse con su ropa de dormir y se acostó a un lado. Hablaron por el resto de la noche, compartiendo besos y caricias. Louis le contó historias entretenidas acerca de gente a la que había conocido en siglos pasados, le confirmó dudas de creencias que los mundanos tenían, y luego informó a Harry sobre más funciones en el infierno. En sí, el infierno no era un lugar, pero también tenía muchos lugares. Todas las puertas que Harry había visto antes de bajar las escaleras que llevaban al despacho del diablo eran diferentes áreas, que incluso llevaban a otras. Estaba "La fosa de las almas", y era como un mar de fuego donde las almas de las personas nadaban, quemándose una y otra vez, por el resto de la eternidad. Otra de las puertas trataba sobre un salón donde un demonio en específico usaba miles de bonitos escenarios que había en la mente de las personas para torturar, volviendo todo bastante perturbador. También estaba esta parte del infierno que se hacía llamar "La nada misma". No era exactamente la nada, pero se basaba en un lugar oscuro, con relámpagos cada cinco segundos. Había unos fierros enormes que se sostenían de quién sabe qué, cruzados. Los demonios colgaban con ganchos enormes desde la piel a las personas, y las dejaban allí. Por más que éstas intentaran hablar, no serían escuchados por los demás, ni podrían comunicarse entre ellos. La última que Louis le había contado era "Pesadillas". Básicamente, un cuarto que te lleva a tu peor pesadilla, volviéndola repetitiva por el resto de la eternidad. Y había miles de otras secciones, pero Harry prefirió no oír más. Los besos regresaron, y el rizado no pudo evitar aferrarse más al rey del inframundo, el cual lo cubrió con su cuerpo. Sus lenguas se encontraron, se acariciaron y minutos después sus cuerpos estaban frotándose entre sí. -Lou... -Suspiró y ladeó su rostro cuando el diablo comenzó a repartir húmedos besos por la piel de su cuello. -Q-Quiero... -Te doy lo que quieras. Un sonidito escapó de la boca del menor ante las succiones que le brindaba su esposo en el cuello, y una sonrisita comenzó a crecer en sus labios por lo que éste le había dicho. -Una casa, lejos. -Comenzó. -Ambos. -Desnúdate. -Ordenó el diablo. El niño lo observó por unos segundos mientras sentía el rubor hacerse presente en sus mejillas antes de llevar sus manos al borde de su camiseta, levantándola hasta quitarla por su cabeza, despeinando sus ricitos. - ¿Qué más? -Que nadie nos persiga. -Sentía la mirada del diablo en su cuerpo, las caricias en su cintura, el frío de sus anillos. -Quiero poder brindarte todo lo que nunca nadie te brindó, darte todo el amor que mereces. -Louis detuvo sus caricias y alzó la mirada, observado fijamente los enormes y verdes ojos de su esposo. ¿Realmente había dicho aquello? ¿Realmente lo amaba tanto? ¿Realmente creía que una cosa como él merecía su amor? -Y será grande. Será el amor más grande que alguna vez alguien haya sentido. -Baja la mirada, con vergüenza. -N-No hay nadie que sienta lo que yo siento por ti, Lou. Los brazos de Louis rodean mejor la cintura del niño, y se ha quedado sin habla. Es la primera vez en mucho tiempo que no sabe qué decir, pero no es la primera vez el no saber cómo actuar. Sigue sus instintos. Una lenta y ladina sonrisa se forma en sus labios, y se inclina para besar los labios del niño con demasiado afecto, sentimiento y profundidad. Le come la boca, esperando que el mundano pudiese entender todo lo que pasaba por la cabeza del arcángel, aunque probablemente no sería así. Terminaron de desvestirse entre besos, y con las mantas cubriéndolos debido a que el rey del inframundo no quería a su esposo enfermo, se acomodó entre las piernas de éste y adentro su prominente miembro al interior del más pequeño, el cual jadeó algo fuerte, un poco agudo. Rápidamente llevó una de sus manitos a su boca, y Louis le lamió la mandíbula antes de llegar a su oreja entre besos por su piel. -Un día estaremos completamente solos, en nuestra casa... -Se adentró hasta el fondo, completamente. El niño dobló los deditos de sus pies. ...y te voy a hacer gritar tanto que harás eco en el infierno. -Le quitó la mano de la boca para besarlo, ahogando los gemidos en su boca, mordiéndole el labio inferior. El vaivén fue lento, y no porque no pudiese ir más rápido, pero esa noche...esa noche el diablo le estaba haciendo el amor. Se estaban sintiendo lento, delirante, de todas las formas posibles. Ambos se besaban, y besaban porciones de piel del otro. Louis le besaba detrás de la oreja, mordía el lóbulo y le apretaba las nalgas. Harry le mordía suavemente el hombro, se sostenía de sus bíceps y movía, inconscientemente, sus caderas ante el vaivén. Todo iba perfecto. El exquisito placer fluía por ambos cuerpos, la capa de sudor cubría éstos, el clima en la habitación había ascendido y se estaban sofocando en el otro de la manera más delirante. Las sábanas se habían arrugado, las mantas estaban en el suelo cuando Louis invirtió las posiciones. Quedó sentado para que el niño pudiese sostenerse de su cuello, y él pudiese alzarlo por las caderas en cada subida y bajada, ayudándolo. Harry podía sentir el glande del diablo rozar una y otra vez su punto dulce. Se estaba muriendo por llegar al clímax, pero todo era tan lento y maravilloso que no podía permitirse ir más rápido. No fue luego de unos minutos después que al ver como las piernas del niño temblaban un poco, el rey del inframundo volvió a dejarlo delicadamente bajo su cuerpo, y aumentó un poco el ritmo del vaivén cuando ya ambos necesitaban realmente aquella hormigueante sensación. Los labios de Harry estaban presionados, soltando exhalaciones bruscas por la nariz y, de vez en cuando, unos cuantos jadeos bajos, con sus ojos entrecerrados. Entreabre sus labios cuando los de Louis van a la piel en su cuello, lamiendo, besando, succionando y mordiendo. Todo es demasiado. La cama comienza a rechinar, comienza a sentir el hormigueo, el delirante placer. Su espalda se arquea, llegando al clímax, con su cuerpo tensándose por unos segundos y su esencia saliendo de su miembro, manchando ambos cuerpos. El diablo continúa impulsándose en el cuerpo de su esposo, aumentando las embestidas entre gruñidos e insultos. Finalmente, el vaivén se vuelve más lento, y Harry puede sentir un líquido llenando su interior. Ambos cuerpos quedan abrazados, sudorosos, pegajosos. Louis se acuesta a un lado de su esposo y lo atrae a su pecho, haciendo un movimiento con su mano para que las sábanas los tape, y la manta vuelva del suelo, sobre ellos. Harry oculta su rostro en el cuello del diablo, suspirando. Ambos se quedan en silencio por un par de segundos, tan solo mimándose con caricias en sus cuerpos, besos suaves y cortos. - ¿Vas a irte? -Pregunta Harry, sin abrir sus ojos. Siente que está a punto de dormirse, pero necesita respuestas a su duda. -Si. Abre sus ojos y alza la mirada, frunciendo levemente su ceño. Luce preocupado. Louis no evita acariciarle la mejilla. Se ve bonito, recién folladito. -Pero... ¿Volverás? Louis le besa la frente. -Por supuesto. Siempre vuelvo a ti. Y Harry le sonríe antes de ser besado. Finalmente cierra sus ojos y se acomoda nuevamente, dispuesto a dormir. Eran las cinco a.m. cuando, abrazado al amor de su vida, descansó. Habían pasado dos días, la navidad había llegado. Harry amaba la navidad, porque había luces, y nieve, y chocolate caliente con galletas. Amaba todo lo que estuviese relacionado, las tradiciones que tenían con su familia, los obsequios. Pero ahora, a sus dieciséis años, tan solo quería acostarse en su cama, y ser besado por el diablo hasta que sus labios no pudiesen más. Si, probablemente si alguien oyera sus pensamientos lo creerían algo perturbador, pero era todo lo que quería. Hacía frío, y necesitaba el cálido cuerpo de su esposo pegado al suyo, envolviéndolo, cubriéndolo. Necesitaba ser amado de todas las maneras posibles, sostenido, besado. Y estaba de un humor tremendo, porque algo muy extraño le había sucedido. Fue segundos antes de despertar, pero siente que fueron horas. Creyó que era un sueño, pero jamás había observado algo en un sueño con tantos detalles. Pudo verse a sí mismo, sus brazos estirados. Vestía una camisa negra, como la de Louis. Sabía que estaba en un hospital, y frente a él, en una camilla, una niña con cáncer dormía. Sabía que esa niña se llama Chloe, sabía que tenía cinco años, sabía toda su vida. El escenario cambia. Ahora está caminando hacia algo que luce como una cama, pero no puede observar bien, porque todo está nublado. Se sienta, y la persona a la que no logra observar bien, la cual está en aquella cama, se alegra de verlo. Un escalofrío, el cambio de temperatura en su cuerpo, estar haciendo algo que jamás consideró bueno pero ahora...ahora era normal. Cotidiano. Despertó, pero se volvió a dormir. Y ya no tuvo ese tipo de sueños, tan solo pesadillas. Como siempre. Su primo estaba de pie en el umbral de la puerta de su cabaña, y le preguntaba una y otra vez por qué no lo sacaba del infierno, porqué era malo y no lo ayudaba. Finalmente despertó. Esa mañana se había levantado, ignorando al cuervo que lo observaba desde una rama de un enorme árbol, cerca de su ventana. Ésta daba a aquel bosque en el que le temía desde pequeño, así que no observaba tanto por la ventana. De todas formas, se le hacía chistoso temerle a algo inexistente y estar casado con el rey del inframundo. Es decir, el rey de toda pesadilla. Sentía una nueva emoción realmente extraña. Sentía un poco de enojo debido a que sus manos le temblaban levemente, y había tristeza en su pecho, y ganas de llorar. Sentía que sabía el motivo, pero que jamás podría explicarlo, y era aquello que lo hacía enfadarse de la nada. Había preparado un chocolate caliente para su hermana y para él, era su forma de pedir disculpas. Sus primos lo ignoraron cuando él ofreció prepararles algo, y estaba bien. Había ido a buscar unas galletas a la pequeña cocina, dispuesto a volver al living donde Gemma y sus primos estaban sentados, conversando. Se quedó en ésta, del otro lado de la puerta entreabierta cuando oyó que lo nombraban. -...Harry salió afectado en todo ello. -Gemma, escúchanos. Mantente alejada de él. Es el anticristo. -Uno de sus primos dijo. Harry intentó no burlarse mentalmente, tan solo frunció un poco su ceño. -Chicos, no sean así. Entiendo que siempre han tenido problemas con él, pero es un ángel. Solo...tiene algunos problemas. - ¿Ah, sí? ¿Cuáles? -Pues...mamá y papá no lo saben, pero, honestamente, yo creo que anda en drogas. A veces habla solo, o se pone de diferente humor, o dice cosas extrañas. También se pone mal, hemos tenido que ir al hospital muchas veces. Se enferma. -Es porque es el anticristo. Gemma, te lo digo. Lo es. Es el anticristo, y nosotros lo sabemos. Él mató a Brad. Una punzada atravesó su pecho y tuvo que sostener ambas tazas con más firmeza. Entonces, ellos definitivamente lo sabían. -... ¿Qué? -Lo hizo. Justo después de que Brad lo molestó, le cortaron su...bueno. Ya sabes. Y murió desangrado. ¿No te parece una coincidencia? -No. -Su hermana respondió de inmediato, negando. Se oía un poco molesta. -Harry jamás haría eso. Él...es incapaz de hacerle daño a alguien. No, no era incapaz. -Está bien si no quieres creernos, pero es la verdad. Y nosotros nos encargaremos de que pague por ello. Harry se congela un poco mientras oye el incómodo silencio que se hace presente en aquella habitación. ¿Acaso sus primos podrían haber invocado al demonio? ¿Podrían querer matarlo? Debía de decirle a Louis... ¿Debía? -Ustedes no van a tocar a Harry. -Su hermana defendió de inmediato aquella amenaza de parte de sus familiares. Harry sintió un calor agradable en el pecho, hacía mucho no sentía que su familia estaba para él, solo sentía que le tenían lástima. -Yo los apuntaré a ustedes si les sucede algo, y saben que todos van a creerme. Lo saben. Se oye una risa seca de uno de sus primos. -Malditas mujeres, solo sirven en la cocina. Fue como si algo tomara control en el cuerpo de Harry. Se adentró al cuarto donde sus primos y hermana estaban, le dio las tazas a Gemma con total tranquilidad y suspiró antes de girarse hacia Ben, el cual había dicho aquello. Usaría el temor que le tenían para que nunca más hicieran sentir inferior a su hermana, o a otra mujer. -Repítelo. -Su primo alza la mirada hacia el rizado. Harry comienza a sentir el malestar haciéndose presente en su estómago, Louis llegando, pero está muy tenso para prestarle atención. -Repíteme lo que le dijiste a mi hermana. -Harry... -Gemma lo intenta llamar, pero no se pone de pie. No cree que su hermano sea capaz de golpear a alguien. -Te voy a partir la cara. -Nunca se había sentido con tanta adrenalina, con tanto enojo. Estaba enojado. ¡Estaba tan enojado! - ¡Harry! -El nombrado giro su rostro hacia su padre, el cual está entrando a la habitación. No luce enojado, pero luce indignado, sorprendido por la reacción de su hijo. Normalmente éste se quedaría callado. - ¿Qué está pasando aquí? Harry regresa su mirada a Ben, el cual ve a su tío con pánico, en busca de alguna salvación. El rizado observa de reojo al diablo, el cual está de pie en una esquina de la habitación, con sus manos en los bolsillos de su pantalón y viendo a su niño favorito fijamente, sonriendo de lado. -L-Lo siento. Harry, lo siento. -Los ojos de su primo comienzan a llenarse de lágrimas. Sabe que ha metido la pata, que podría morir en segundos, minutos, tal vez en un par de días, y nadie lo sabría. El pequeño observa fijamente a los ojos a su familiar, y su enojo se convierte en ira. Ira hacia él mismo, por asustar, por sentirse más poderoso que los demás al tener de esposo al mismísimo diablo. Louis lentamente fue borrando su sonrisa, porque podía sentir lo que su niño sentía, y hubiese sido divertido si el enojo era hacia alguien más, pero sabía que era odio propio, personal. Harry de inmediato se aleja de su primo, pasando por un lado de su padre y subiendo las escaleras. Oye como Des le llama y lo sigue, pero no se detiene. Está tan enojado, quiere golpear, romper, gritar, y más. Llega al cuarto donde se estaba quedando y no evita azotar con fuerza la puerta. Louis se encuentra en un rincón. -Harry. -Déjame esto a mí. -Dice rápidamente antes de que su padre entre también al cuarto, cerrando detrás de sí. -Hazz, cálmate. Cálmate, ¿Está bien? Tu primo...es un idiota. Y lo sabes. -Es la primera vez que oía a su padre hablar así de su familia. ¿Realmente habrá cambiado? Harry se queda de pie, lejos de su progenitor, tan solo observándolo fijamente. Louis se pone de pie detrás aun cuando su querido suegro no puede verlo. Es su forma de proteger al niño sin meterse en el asunto. Harry había dicho "no", y aunque antes hubiese mandado a la mierda a quien sea, a su esposo lo respetaba. -Escúchame. -Comienza Des, con calma, alzando un poco sus manos y viendo fijamente a su hijo. -Debes calmarte, no vale la pena. -Son unos... -Negó lentamente, riendo seco y silenciosamente. -...la hicieron sentir mal. -Lo sé. Y yo me encargaré, pero tú...esto no está bien. Yo...no quería opinar, te lo dije. Hay algo que te sucede, y creo saber qué es. -Ambos quedan en silencio mientras los ojos de Harry lentamente comienzan a llenarse de lágrimas, y un nudo se le forma en la garganta. No va a llorar, no lo hará. Traga con fuerza. -Harry, necesito que me digas la verdad. Comienzan a temblarle las manos. - ¿Qué? - ¿Asesinaste a tu primo? -Cuida su boca. -Louis dice rápidamente a su esposo, con tranquilidad, pero no luce de la misma manera. Sus ojos lentamente se van volviendo rojos, el malestar se intensifica. -No. - ¿Asesinó a tu primo? -N-No. Des lo sabe. Sabe que su hijo miente, sabe que éste jamás diría que sí, porque aún no confiaba en él. Niega lentamente antes de dar un paso hacia atrás. No puede creerlo. Su hijo de dieciséis años no solo estaba metido donde no debía, sino que también era cómplice de la muerte de su sobrino...y de quién sabe qué más muertes. - ¿Cómo... -Des exhala. Esto no estaba bien. Harry se mantiene callado, con Louis detrás. Ambos observan a Des de la misma manera: Con desafío, enojo. Harry tiene más culpa en sus ojos, a Louis todo le importa una mierda. - ¿Cómo haces para cargar con algo así sobre tus hombros? Eres cómplice. Harry estalla nuevamente. Ni Louis se ve venir el que éste tome el reloj de la mesa de noche y lo arroje contra la pared, cerca de su padre, rompiéndolo en mil pedazos. Ahora sí no se quedaría callado, ahora sí diría todo lo que quería decirle al infeliz de Des Styles. Él jamás había pensado en sus sentimientos, ¿Por qué Harry debía de pensar en los suyos? ¿Por qué Harry no se hartaba de pensar en los demás, cuando nadie pensaba en él? - ¡Deja de hacerme sentir culpable! -Grita, dando un paso. El diablo suspira, satisfecho de ver la cara de susto del hombre mayor. -No. Harry, yo j-Es lo que siempre haces. Siempre quieres hacerme sentir que todo lo que hago está mal, incluso cuando esto no estaba pasando. ¡Cuando todo era normal! -No, no. Un momento. Yo no dije eso. Yo no intento hacerte sentir culpable. -Se pone de pie frente a Harry, firme. -Cierto, eres una persona buena, a la cual le importa no dañar a alguien antes de decir las cosas en voz alta. -Aplica el sarcasmo. Louis opina internamente que ama el sarcasmo de su esposo, pero no es buen momento. - ¿Y tú? -Des alza un poco su voz. - ¿Pensaste las cosas antes de hacerlas? -Yo no maté a nadie. NADIE. ¡Nada de esto hubiese sucedido si hubieses sido un buen padre y me hubieses creído cuando te dije que ese cigarrillo no era mío! ¡Si tú me hubieses creído, Brad hoy solo sería un torpe que intentaba molestarme, y tú no hubieses tenido un infarto! -Alza más su voz, y no tiene miedo. Se siente poderoso, tan poderoso como para hacerle frente a su padre a pesar de ser más bajo que éste último, y usar todas sus fuerzas para brindarle un empujón y tambalearlo hacia atrás. TODO se trata de ti, y tu maldita irresponsabilidad respecto al lamentable papel de padre que te traes. De no ser por tu falta de tacto y atención hubiese sido feliz. ¡PERO NO! ¡JAMÁS TUVISTE NI UN POCO DE EMPATÍA! ¡EL PESO QUE ESTÁ EN MIS HOMBROS ES POR TI! ¡TÚ PUSISTE ESTA RESPONSABILIDAD EN MIS HOMBROS, Y ES POR ESO QUE TE ODIARÉ HASTA QUE ME MUERA! El silencio reina en la habitación por varios segundos. Padre e hijo intercambian miradas, el rey del inframundo se mantiene observando a ambos, esperando. -...Harry. El nombrado traga con fuerza y no puede aguantar el llanto. Sus ojos nuevamente se llenan de lágrimas y niega lentamente. -Entiende que ya no confío en ti. Solo... -Retrocede. -...déjame solo, por favor. Des sale del cuarto de inmediato, sintiendo la culpa carcomiendo su ser. Lo merecía, merecía el rechazo de su hijo. No supo aceptar que éste lo había tratado bien incluso luego de todas las porquerías que hizo. Pero no iba a rendirse, le dejaría su tiempo. Dentro del cuarto, Harry exhala entrecortadamente antes de bajar la mirada y cerrar sus ojitos con fuerza debido a que aún la ira no se va del todo. Respira profundamente por la nariz antes de comenzar a darle golpes con su puño al armario frente a él. -Suficiente. -Louis le toma la muñeca, deteniéndolo. Sus nudillos se hinchan casi de inmediato, hay un poco de sangre en ellos, y tiembla. Tiembla completamente. Jamás se odió con tanta fuerza, jamás quiso no sentir una sola cosa. Jamás se había enojado tanto, ni reaccionado así. No sabía qué le sucedía. ¿Será que, después de todo éste tiempo, realmente se estaba volviendo malo? ¿Cómo pudo hablarle así a su padre? ¿Asustar a su primo? Miles de comentarios machistas en el mundo, en la iglesia, que se había callado toda su vida, pero, de repente, era como si hoy explotara por todos ellos. Solloza bajo, casi silenciosamente mientras el diablo lo atrae a su pecho. Le está matando el dolor de cabeza, no siente sus dedos. -Solo quiero que esto termine. -Tiene que hacer mucha fuerza para hablar, debido a que el nudo en su garganta lo está matando. -Ya no quiero sentir ésta culpa, ya no quiero sentir nada. Por favor, necesito dejar de sentir. Voy a volverme loco. -Louis reafirma los brazos alrededor de la cintura del más bajo al sentir que las piernas comienzan a fallarle. No necesito esto. Lo guía hacia la cama y lo acuesta. Nota como la mirada de Harry está perdida en el techo y lucha por respirar bien, preso de la ansiedad que rasgaba su pecho con lentitud, con crueldad. Le quita las zapatillas y el suéter antes de acostarse a su lado y arrastrarlo contra su pecho. -Mírame. -Dice. Harry alza la mirada y las narices de ambos se rozan. Lo decía en serio. -El ceño de el niño se frunce ante aquellas palabras. "Te doy lo que quieras." Y si todo lo que me dijiste hoy es lo que quieres, te lo daré. Harry se acurruca en los brazos de Louis y éste comienza a susurrar palabras en aquel idioma inentendible, provocando que el niño se relaje, las lágrimas se detengan y, poco a poco, éste caiga dormido. El diablo lleva una mano a la del menor, la cual está lastimada y le besa los nudillos ensangrentados. Poco a poco, éstos están como nuevos, sin ningún rasguño. Lo atrae más cerca y se pasa la noche acariciándole la espalda, los rizos, oliendo éstos últimos, y pensando. Debía de estar preparado para lo que sea que vendría, porque su niño...su dulce niño se estaba rompiendo. Harry despertó ante la canción navideña resonando en el piso de abajo. Jingle Bell Rock. Una de sus canciones navideñas favoritas. Agradeció despertar así, pero recordaba las situaciones antes de dormir y tan solo quería seguir haciéndolo. No fue hasta que sintió besos en su barbilla, y sonrió. Abrió sus ojitos para encontrarse con el rey del inframundo, aun sosteniéndolo en brazos. -Lou... -Aborrezco la navidad...pero esa canción no está nada mal. Me trae recuerdos. -Comenta. Harry alza sus cejas antes de comenzar a refregar sus ojitos, intentando quitar un poco el sueño. Se estira, pero se vuelve a abrazar a su esposo. - ¿Si? ¿Bobby Helms también te vendió su alma? -Bromeó el niño. Rogaba porque fuese una broma y el diablo no terminara confirmándolo. -No. Recuerdo a cierto niño de rizos, aproximadamente unos cinco años, cantando esta canción con malas pronunciaciones y saltando en medio de la sala. -Dice, como si nada. Harry alza la mirada y lo observa fijo. Louis alza una de sus cejas. - ¿Qué? Te lo dije: He vigilado tu alma incluso antes de que entre a tu cuerpo, y siempre ha sido mía. -Sí, pero no sabía que estabas desde hace mucho. -Algunos recuerdos surgieron en la mente del rizado, pero no eran exactos. Recordaba una mano, recordaba esconderse, jugar con alguien, morir de risa y cosquillas. - ¿Y yo te he visto? -Louis asiente. -Has hecho más que verme. Podremos hablar de eso otro día. -Y lo harían. Louis le contaría lo adorable que era, cómo le gustaba dar abrazos, jugar a las escondidas, y que le hiciesen cosquillas. También las veces que lo había consentido con dulces y helado. -Deberías de comer eso. -... ¿Mh? Harry se gira detrás suyo cuando Louis asiente con su cabeza, señalando aquel lugar. En la mesa de noche hay una taza que contiene chocolate caliente, y a un lado hay una porción de pastel de chocolate. El niño frunce un poco su ceño mientras se sienta. - ¿Quién ha traído esto? -Pregunta mientras toma con cuidado la taza y sopla el contenido caliente antes de olfatear. Huele exquisito. -Tal vez Santa Claus. -Dice el diablo. Claramente bromea. Se sienta y apoya su espalda contra el respaldo de la cama y la pared, observando a su niño favorito beber su chocolate caliente. Éste le dejó bigotitos en su arco de ángel, y Louis relame sus propios labios, tentado a quitarle aquello con su lengua. - ¿Qué tal está? -Perfecto. -Se estremece. La bebida caliente y el clima frío no lo ayudan, aún más si sigue en pijama y no está cubierto. -Vaya. - ¿Tienes frío? -Harry asiente y deja con cuidado la taza en su mesa de noche, dispuesto a tomar una manta. -Mejor ponte tu suéter navideño. -Lou, no tengo suéter nav... -Deja de hablar cuando observa en la punta de la cama, doblado, un suéter de lana rojo, con ciervos blancos y pequeños árboles verdes. Vuelve su mirada hacia el diablo, el cual tan solo lo observa de manera neutra. - ¿Quién ha traído eso? -Santa. -Lou. -Harry no puede evitar soltar una risita, alegre. Eso alivia el peso en sus hombros. Toma el suavecito suéter, pasa sus brazos por las mangas y su cabeza por el agujero, acomodándolo en su torso. Le queda bien, algo grande. Es calentito. -Tengo un suéter navideño. -Dice de manera dulce, emocionado. Louis le tira de la mano, y el niño termina en su regazo, acurrucado contra él. El diablo le alcanza la taza para que el niño siga bebiendo. Jingle Bell Rock cesa, It's the most wonderful time of the year comienza. Los ojos de Harry brillan con emoción. - ¿Quién está abajo? -Nadie. Santa está poniendo la música. -Dice el diablo. Harry intenta apartar de su cabeza el hecho de que su familia se fue sin él, realmente lo hace, porque Louis está haciendo algo que está llenando su pecho de amor. -Lou... -Dice luego de beber de su chocolate caliente. Nuevamente tiene bigotitos, y el diablo no pierde la oportunidad de limpiarlo por su cuenta, con su lengua. Deja un beso suave y casto en los labios de su niño, y cuando ambos se apartan éste último tiene sus ojos llenos de lágrimas, pero continúa sonriendo. -...Gracias. El diablo tan solo pasa sus dedos pulgares por las lagrimitas que amenazan por salir. No es muy bueno recibiendo agradecimientos, porque jamás había hecho algo así por nadie. - ¿Todo en orden? -Harry asiente, sorbiendo su naricita, aún con una sonrisa y dejando la taza en la mesa de noche. -Eso espero. Santa dejó más regalos bajo tu cama, deberías de verlos. - ¿Ahora? -Si. Y Harry se baja todo emocionado, se arrodilla a un lado de su cama y comienza a sacar completamente emocionado muchos paquetes. Sus regalos fueron muchos vinilos de sus artistas favoritos, y algunos nuevos. Calcetines navideños, un cuaderno de tapa negra con una pluma y tinta, libros respecto a teorías de universos paralelos que había sacado de su despacho (confiaba en que Harry no revelaría nada del futuro), más anillos y un reloj de bolsillo en números romanos. A Louis le importaba una mierda la navidad, Louis ni siquiera quería saber cómo festejaba cada persona, y lo fue descubriendo los años que pasó junto a su, ahora, esposo. Esas luces, árboles, regalos, buena música. Familia unida, amigos. El diablo jamás lo confesaría...pero su niño era su familia. Su niño merecía todo lo bueno en el mundo. Y se lo daría, comenzando por cosas leves como éstas. Y era una promesa. 🌹 🌹 1956 —¿Quiere un poco de té, Señora Styles? La nombrada rio al oír el tono formal que usaba su pequeña hija para referirse a ella, y luego de asentir con una sonrisita, Gemma Styles simula servir té desde su tetera de plástico a una pequeña taza rosada. El día era una obra de arte. No hacía frío, ni calor. Había un sol precioso, y ambas habían decidido poner un mantel sobre el césped del patio trasero y jugar a que se reunían a tomar el té. Jacky, la cuñada de Anne Styles, estaba allí también, pero un poco más lejos, observando cuidadosamente al niño de cinco años que no paraba de correr en círculos y reír a carcajadas. —Harry, cariño. —Jacky comenzó, queriendo que éste se detuviera un poco, y estaba a punto de advertirle que se quede fuera a la vista de las mayores, pero el niño de rizos se dirigió entre respiraciones agitadas hacia la casa. Anne se puso de pie de inmediato y observó a su hija por el quejido que ésta dejó salir. -Vuelvo rápido, cariño. Solo traeré a tu hermano, mientras hazme otra taza de té, por favor. -Fingió beberse todo lo de la taza y chillar por lo caliente que estaba. Gemma se echó a reír antes de quitarle la pequeña tacita a su madre y comenzar a preparar más té para ella y sus osos, los cuales le hacían compañía. Cuando Anne entró a la casa, se encontró con Harry corriendo en círculos alrededor del sofá, viendo detrás suyo de vez en cuando y chillando con emoción para luego estallar en carcajadas. —¡No me atrapas, no me atrapas! —Se burlaba de algo que no estaba allí. Anne suspiró. Su hijo de cinco años era un terremoto. El rizado volvió la vista al frente y detuvo aquella carrera, observando algo frente suyo y chillando con más emoción antes de dirigirse a la dirección contraria, subiéndose al sofá y poniéndose en posición fetal a la par que ocultaba su rostro con sus pequeñas manitos. Jacky, la cual estaba entrando a la casa, rió al ver a su sobrino de aquella manera y se le acercó. —¿Qué le sucede al bebé? Corre muy rápido. —Harry, cielo. No corras así, por favor. —Se acercó a su hijo y lo tomó en brazos con cuidado. Éste se ocultaba en el hombro de su madre. -Te puedes caer y... ¿De quién te escondes, niño travieso? —Su bebé soltó una risita antes de observar a su madre con una dulce sonrisa y hoyuelos visibles en sus ruborizadas mejillas. —De su amigo imaginario. —Dijo Jacky sentándose en el sofá. Anne deja un beso en el rostro de su pequeño antes de soltarlo, y Harry parece buscar algo con la mirada antes de que sus ojos se iluminen y comience a, nuevamente, correr. —Es tan alegre que me contagia. —¡Mami! —Su hija llamaba desde el patio, ya harta de esperar tanto tiempo. —Estoy en camino, Gemma. —Observó a su niño. —Hazzie. Bebé, ¿Me prestas atención? —Harry la observó tan solo unos segundos antes de seguir corriendo y chillando. Anne nuevamente suspira. —Ve con Gemma. —Dijo su cuñada, tomando el diario que se encontraba sobre el sofá y acomodándose en éste para comenzar a leerlo. —Yo me encargo. —Jacky, no te sientas obligada a quedarte aquí. Harry puede venir al patio, ¿Verdad, Harry? —El niño ni siquiera la oyó, ahora se escondía detrás del sofá, concentrado en no hacer ni un ruido. —No me siento obligada, Anne. Me gusta verlo jugar. —Dice, y observa de reojo el diario, cambiando una página al no ver nada interesante. —Avísame si necesitas algo. —Nuevamente su hija llama, y se dirige nuevamente hacia el patio. —¡Aquí estoy, amor! Jacky suspira antes de volver a ver a Harry cuando éste ríe y rodea el sofá, tirándose al suelo y tomando la pierna de su tía, cerrando sus ojitos con fuerza. —¡No me atrapas, moun...monstrou de cosquillitas! —¿Con quién hablas, mocosito? —Dice su tía, y alza las cejas con sorpresa cuando el niño se retuerce y comienza, nuevamente, a correr en círculos alrededor del sofá. La mujer vuelve la vista al diario, y es minutos después que se da cuenta al ver de reojo que la puerta que lleva al sótano, a la habitación del pequeño, está abierta. Pensarlo le llevó tan solo segundos, y parece que habían coincidido ya que Harry corría en aquella dirección, sin mirar al frente, tan solo atrás, a aquella supuesta cosa que le perseguía. —Harry, cuida... ¡Harry! —El niño vio al frente tan solo cuando sintió que donde pisaba no había absolutamente nada, y antes de tener una brutal caída por las escaleras, la mujer pudo observar como la nada misma tironeaba de la camisa blanca del niño hacia el lado contrario a la caída, dejándolo tirado de vuelta al living. Su tía borró de inmediato de su mente haber visto aquello al notar el puchero en el labio inferior de su sobrino, y se acercó a paso rápido. — Cariño. ¿Te encuentras bien? No pasó nada, solo fue un susto. –Yo estoy bien. —Responde el niño con la voz algo temblorosa. No quería llorar frente a su tía. Miró alrededor y se quedó observando por unos segundos mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. —Se fue... Jacky no hace preguntas, tan solo abraza al niño luego de ponerlo de pie, le besa la mejilla y lo obliga a ir con su madre. Mientras cierra la puerta que lleva al sótano, siente un escalofrío viajar por su columna vertebral al recordar lo que había visto, y aunque quería creer que podía haber sido un milagro, no se sentía como uno. Se sentía como una maldición. 26 de enero de 1969. // Un año, un mes y un día después. // —Harry...Harry...Oye, Harry...Harry... —Tan solo pasan unos cortos segundos de silencio antes de recibir otra palomita de maíz contra su mejilla. —...Harry. —Ay, por Dios. —Dice el nombrado, ocultando su rostro en sus manos. Su mejor amigo ríe bajo. —Harry, esta película es una mierda. —Y vuelve a reír silenciosa, aunque recibe unos “sh” de la parte de adelante. Ambos adolescentes estaban en el cine, el único del pueblo y, extrañamente para ser domingo, no estaba tan lleno. Había una película en estreno desde hace menos de una semana llamada “La residencia”. Al parecer, a casi nadie del pueblo le gustaba, y es por eso que había algunos asientos libres a los lados. Harry no quería ser mala persona, realmente quería darle una oportunidad a la película, pero no podía, y Fionn lo volvía más complicado. —Fionn, por lo que más quieras, déjame ver la película. Fionn suspira. Está harto, aburrido. Harry le devuelve la mirada. —¿Por qué la ves? No te gusta. —Come palomitas, ignorando otro “Shh” que proviene de más adelante. —Porque hemos gastado dinero en esto, y en las palomitas que están cayendo al suelo. —Harry baja su voz aún más debido a que se oyen quejas. —Y no creo que sea tan malo, todos parecen disfrutarla. —Se están durmiendo, Harry. El niño suspira, negando lentamente y acomodando sus ricitos hacia atrás, en su hopo, como últimamente los usaba. No había cambiado nada a excepción del peinado y su vestimenta: Había abandonado los tiradores, los pantalones cortos y los kickers. Ahora tan solo usaba una camiseta blanca abotonada hasta arriba, unos pantalones largos hasta la cintura color negro y borcegos del mismo color, los cuales lo hacían tan solo un poquito más alto, y eso le hacía feliz. Él iba a ser alto, algún día. Estaba hermoso, reluciente, pero seguía siendo la misma dulce y bondadosa criatura de siempre. Seguía siendo Harry Styles. Fionn también estaba cambiado. No solo era mucho más responsable, también había tenido un cambio de imagen como Harry: Con su cabello hacia atrás y ropa parecida, solo que su camisa no tenía botones y estaba más abierta en la parte del cuello. Ambos ahora también se veían fuera de la escuela para ir al cine o al parque junto a Liam. Un quejido salió de la boca del rizado ante la fuerte picazón que sentía en el antebrazo, sobre una marca apenitas visible e indescifrable, ya que su madre lo había llevado al hospital a hacerse unos exámenes, y al no obtener respuestas decidieron descartar la posibilidad de algo grave, añadiendo una donde se debía a algún tipo de alergia de alguna tela que le rozaba la piel. —¿Tienes comezón aún? —No sé qué sea. —Responde, y deja de rascarse, porque hace que le pique aún más. —Déjame ver. —Su mejor amigo le toma el brazo, observando con atención en el área donde le picaba al niño. —Sí, definitivamente te vas a morir. —Bromea, haciendo a Harry reír silenciosamente y alejar su brazo. —Te diré qué: Nos vamos de aquí a mi casa, cenamos allí y luego te acompaño a tu casa. Era un buen plan. —Suena bien, pero me da vergüenza ponerme de pie ahora. —Harry, no me voy a quedar ni un segundito más aquí sentado. Necesito ir al baño, tengo hambre, me estoy aburriendo. Accidentalmente usó un tono de voz normal para decir aquello, provocando que tres filas al frente, un adulto que estaba con su esposa se gire. —¿Quieres cerrar la boca, por el amor de Dios? —Púdrete. —Fionn. —Harry regaña, y por querer llamar la atención de su amigo pone su mano sobre la del otro, frunciéndole el ceño antes de ver al adulto. — Lo siento, señor. Ya nos íbamos. Y todo hubiese salido bien si el hombre simplemente se hubiese girado, pero estaba fastidiado, y era un idiota. Su mirada bajó a las manos de los adolescentes, las cuales estaban una sobre la otra, y negó. —Tenían que ser homosexuales. —Dice antes de girarse y volver a sentarse. Se oyen algunas risas en el cine ante él, al parecer, chistoso comentario del adulto. Harry nota que su mano sigue sobre la de Fionn y la aleja rápidamente, mirando a su mejor amigo con culpabilidad. A él no le molestaba lo que la gente pensara sobre él, pero a pesar de conocer muy bien a Fionn, jamás habían pasado por una situación así. —Lo sie—Ni se te ocurra disculparte por tomar mi mano. —Le interrumpe Fionn. A él tampoco le importaba. —Vamos. —Dice, poniéndose de pie. Harry está por hacerlo, pero entonces comienza a sentir aquel reconocible malestar en su estómago. Nota como por arte de magia las palomitas del hombre que los insultó sale volando hacia la cara de su esposa, la cual se queja antes de ponerse de pie, sacudiendo su precioso vestido. Todos están viendo aquella escena antes de subir la mirada a la pantalla. La película ha quedado tildada en una parte donde uno de los personajes suelta una carcajada. De los parlantes se oye un pitido irritante, y Harry es el único que no tapa sus oídos. Lo sintió durante tanto tiempo, que ya no le afectaba en lo más mínimo. La gente comienza a quejarse y, entonces, la pantalla literalmente se quiebra, todo se oscurece antes de que las luces del cine se encendieran. Todos están entre asustados y muy confundidos. ¿Acaso el sonido había hecho que la pantalla se quebrara? Fionn se vuelve a sentar en su asiento, sorprendido. —Dime que no estoy loco y viste eso. —Lo vi. —Responde Harry con tranquilidad. —¿Y por qué actúas tan normal? —Harry simplemente revolotea sus pestañas con rapidez ante aquella pregunta, observando a su mejor amigo, el cual niega y suspira. —Olvídalo. Vámonos a casa. Esta vez ambos adolescentes se ponen de pie. Toda la gente está saliendo del cine. Fionn pasa primero, caminando por el angosto pasillo entre los asientos. Harry observa alrededor, intentando buscar a Louis, pero éste no se deja ver. Una sonrisita se hace presente en el rostro del rizado antes de buscar a su mejor amigo, abandonando aquel cine. Habían llegado a la casa de Fionn, el cual estaba muy emocionado, sorprendido por lo que había sucedido en el cine. Faltaba poco para que la cena estuviese lista, y Fionn no perdió la oportunidad de contarle a su padre la anécdota mientras cenaban. —Y la pantalla se quebró en dos, así como si nada. Todos tuvimos que salir de allí. —Dijo, buscando con su tenedor más pasta con salsa de su plato, llevándola a su boca. —Es una pena, dicen que la película es buena. —Comentó el señor Whitehead, bajando la mirada a su plato casi vacío. Harry y Fionn no perdieron la oportunidad de verse con los ojos bien abiertos y un gesto de sufrimiento: Aquella película había sido lo peor de toda la anécdota. El padre de su mejor amigo suspira antes de levantarse de la mesa. —Harry, estaré en la sala. Puedes avisarme cuando quieres irte, y te llevo a tu casa. —Oh, no es problema, señor educadamente. Whitehead. Puedo ir solo. —Dice —No me molesta para nada llevarte, hijo. —Le despeina tan solo un poco los rizos antes de pasar por detrás de Fionn. —Incluso me dejaría dormir en la noche. Fionn, lava los platos cuando termines. —El nombrado se queja con la boca llena y gruñe cuando su padre le palmea la espalda con tan solo un poco de fuerza. Harry no puede evitar reír bajito. —¿No te pareció extraño el que haya sucedido aquello? —Dice su mejor amigo al haber tragado la comida y tomado un poco de agua. —No, puede pasar. Las cejas del de ojos azules se alzan. —Sí, claro. Es completamente normal que una pantalla se quiebre como si nada. —Dice sarcásticamente. —Pudo haber sido el ruido. No me gusta opinar de cosas que no sé. —Se encoge de hombros y suspira. Estaba llenísimo, nunca había comido un plato tan enorme en su vida. —De acuerdo, entonces hablemos de cosas que sí sabemos: Tu cumpleaños. Tus dieciocho, para ser exactos. —Fionn no evita sonreír cuando nota como su amigo se ruboriza. —¿Harás algo? Harry niega. —No. —Tiene que haber a—No. Los ojos de su mejor amigo se entrecierran un poco, viendo fijo al rizado. —Pequeño e inocente Harry, sin saber mentir. ¿Crees que no te conozco lo suficiente? Te sorprenderías. —No es nada. Mi mami...mamá. —Corrige. Jesús, cumpliré dieciocho y sigo diciéndole “mami” en público. —Mi mamá hará algo, seguramente. Siempre lo hace, la “fiesta sorpresa”. —¿Acaso yo he faltado a alguna? —No. —Pues lo haré, porque yo planearé mi sorpresa aparte. Y te va a gustar. Ya lo he pensado. Será el mejor regalo. Harry no puede evitar sonreír, bajando la mirada. —Vale. Deja de emocionarme. —Recibe una palmada algo dolorosa e inesperada en el antebrazo de parte de su amigo. —¡Auch! ¿Por qué me golpeas? —Deja de rascarte. Ni siquiera se había dado cuenta que estaba rascándose. —Me pica. —Se excusa, inconscientemente formando un pucherito con su labio inferior antes de bajar la mirada a aquella marca indescifrable. No era tan notable. —Tal vez sea un granito. —Tal vez sea un tercer pezón. Ambos amigos ríen antes de levantar la mesa entre charlas. Fionn acompañaba al rizado a la puerta mientras su padre se adelantaba hacia el auto. Ambos adolescentes se observan. —¿Te veo mañana en la escuela? —Por supuesto. —Responde Fionn, apoyándose en el marco de la puerta y observando de reojo a su padre subirse al auto. —No llegues tarde, no me gusta estar solo. —Ya eres niño grande, ahora debes acostumbrarte a la soledad. — Bromea. Harry arruga su nariz, riendo bajo antes de acercarse a su mejor amigo y dejar un beso en su mejilla, como siempre, volteándose. Harry jamás dejaría de ser un niño. Un hermanito menor para él, no solo por sus actitudes o inocencia, simplemente porque así lo sería para toda la vida. —Hey. —El rizado se voltea nuevamente, alzando ambas cejas. Fionn se acerca a éste. —Ven aquí. —Dice antes de envolverlo en un abrazo. Harry, sorprendido, responde de inmediato. —¿Desde cuándo me abrazas? —Siempre te abrazo, torpe. —Mentiroso. Nunca me abrazas de la nada. —Contradice el de rizos antes de reír bajito. —Ya sé que te sucede. Estás sentimental... —Cállate. —Porque estoy creciendo. Un silencio se hace presente por unos segunditos. —...Tengo mis razones. —Se excusa Fionn. Harry vuelve a reír antes de ser apartado del abrazo. —Fuera de mi casa, Harry Styles. —Dice con un tono de falsa molestia. Harry oye la bocina del auto del señor Whitehead. —Te veo mañana, Fi. —Dice, aun riendo antes de girarse y caminar rápidamente hacia el auto, subiéndose. Fionn tan solo los observa irse desde el umbral de la puerta, suspirando. Si, estaba sensible. Pero jamás iba a admitirlo. Finalmente, Harry había llegado a su casa. Le agradeció al señor Whitehead antes de bajar y caminar para la puerta. El malestar en su estómago había estado presente en el camino de vuelta a la casa, y estaba ansioso. Cuando entró y cerró la puerta principal se quedó de pie en la entrada al ver a su hermana Gemma con su novio, Theo, en el sofá. Éstos tenían los labios muy rojos y el cabello algo desarreglado para estar viendo televisión. Los tres se observaron por unos segundos. —Harry, no creí que ibas a llegar tan temprano. —Dice su hermana, sonriendo suavemente. —Sí, es que...la película apestó. —Explica, y asiente hacia Theo en forma de saludo, el cual lo ignora. Harry vuelve a ver a Gemma. —¿Mamá y papá? —Salieron por su aniversario. Me dijo que vendrán un poco tarde. —Oh, bueno... —Un silencio incómodo se hace presente antes de que Harry suelte una risita, comenzando a caminar hacia su cuarto. —Estaré en mi cuarto. —Buena idea. —Su hermana le dedica una sonrisita de agradecimiento mientras Harry abre la puerta que lleva a las escaleras y la cierra detrás suyo, bajando hasta abrir la puerta de su cuarto. La cerró detrás suyo, prendiendo la luz antes de girarse. Ni siquiera le dio tiempo a ver algo, cuando ya estaba contra la pared, y su esposo, el rey del inframundo y la persona que más amaba, lo sostenía de la cintura con sus brazos. Harry no puede evitar sonreír embobado, cerrando sus ojitos ante la cercanía de sus rostros. —¿Qué tal estuvo la película? —Pregunta el arcángel, fingiendo no saber nada. —Horrible. —Mi parte favorita fue cuando la rompí. Harry no pudo evitar soltar una risita, negando lentamente. Se sentía algo culpable. —Hiciste que aquel pobre hombre arruinara su cita. —Oh, no era mi intención. —Dice sarcásticamente el diablo, sonriendo coquetamente de lado antes de acercar su rostro y tomar los labios de su esposo en los suyos. Ambos movían sus labios en el mismo lento y profundo compás, ladeando sus cabezas hacia los lados contrarios. Harry subió sus brazos al cuello del ente, y éste bajo sus manos hacia los muslos del menor, cargándolo en sus brazos para dirigirse a la cama. Ambos continuaban igual que siempre, pero intentaban volver las cosas menos tóxicas, con Louis tan solo apareciendo en las noches hasta que Harry se dormía, o cuando a éste le sucedía algo, aunque en todo el año, luego de la horrible navidad que tuvo Harry, todo parecía ir bien. Nada se había estropeado, nada los perseguía. Todo estaba perfectamente bien, y aunque al principio aquello era extraño, ya se estaban acostumbrando. Se habían vuelto mucho más unidos, y al menos Harry creía que ya no había secretos entre ellos exceptuando por qué Louis no le decía que lo amaba. Si. Incluso habían cumplido un año de casados, y aun así el diablo no decía aquellas simples palabras. Y Harry comenzaba a sentir que no estaba siendo correspondido. —Te extrañé. —Dice el niño una vez Louis se sienta en la cama, con él en su regazo. —Creí que estabas bastante bien con tu amigo. —Responde, llevando los besos a la piel del cuello del menor. Harry sonríe apenitas visible. —Sí, estaba bastante bien. Pero aun así...yo te extrañé cada segundito. —Ese es mi niño favorito. —Gruñe bajo, satisfecho por la respuesta de su esposo antes de besarle nuevamente los labios. El rizado sale de encima del diablo para dirigirse a su mueble, tomando el pijama y comenzando a vestirse de espaldas mientras respondía preguntas del rey del inframundo sobre si alguien se había metido con él en el tiempo que no estuvo y principalmente queriendo saber si había probado bocado en el día. Finalizó de ponerse sus pantalones de pijama y su camiseta de manga larga color gris. Su cabello continuaba perfectamente peinado. —Comí tanto que aún sigo muy lleno para moverme. —Comentó, girándose con una tímida sonrisita y mejillas sonrojadas. Era verdad. Él estaba acostumbrado a platos pequeños, y el padre de Fionn claramente no, porque le había servido algo parecido a una montaña de pasta con mucha salsa. Lo sorprendente es que se lo había comido casi todo. Cocinaba muy bien. Perdido en sus pensamientos no se dio cuenta que Louis estaba frente a él y le estaba separando la mano del brazo, con su rostro completamente inexpresivo mientras le veía fijamente. —¿Sigues rascándote? —Oh, no. —Miente, pero suspira ante la mirada del diablo. —Bueno, sí. — Admite por haber intentado mentirle a su esposo. —¿Por qué no me lo dijiste? —Dice con el mismo tono de voz, y toma su brazo para observar la zona donde le picaba. —Porque todos están haciendo un gran problema por un poco de comezón. —Louis alza la mirada para ver nuevamente a Harry. Si no fuese porque es su esposo y le conoce, aquellos ojos azules con un cuarto rojo, inexpresivos, que lo ven fijamente, le daría miedo. Pero no es así, sabe que aquella mirada significa que Louis no exagera, tan solo cuida de Harry, y no sabe cómo decirlo en voz alta. —Lou, yo entiendo, pero se irá. Tal vez sea alergia a alguna tela o comida, lo que dijo el doctor. El diablo vuelve a bajar la mirada al pálido brazo de su esposo y se le frunce un poco el ceño, como si estuviese comenzando a pensar en algo que finalmente descarta al envolverlo en sus brazos y darle un beso en la frente. Harry amaba cuando Louis hacía aquello, eran pocas veces y siempre quedaba tan sorprendido como la primera vez. Se abraza al cálido torso de su esposo y apoya su mejilla en el pecho del contrario, sintiéndose pleno. —¿Cómo estuvo tu día, Lou? —En orden. —Responde, y reafirma su agarre en la cintura del menor antes de comenzar a dejar lentos besos en la piel de su cuello. Harry mantiene sus ojos cerrados, y no evita comenzar a pensar en el tiempo que había pasado, y en el tiempo que pasaría. —Te noto tenso. El rizado suspira y ladea un poco más el rostro, buscando que aquellos cálidos labios alivien la tensión que comenzaba a sentir en todo su cuerpo. —Solo pensaba... —Estás frío. A la cama, y lo hablamos. —Dejó un último beso y se alejó para poder dejar que su niño favorito se moviera. Éste de inmediato se dirigió a su cama y corrió las mantas antes de meterse, haciéndole un lugar al diablo, que también se recostó y agitó su mano para que las mantas los taparan. Atrajo al niño contra su cuerpo, el cual estaba cálido e iba a quitarle los temblores del frío. —Será mi cumpleaños en unos días. —Comenzó Harry. Louis tan solo le beso la mejilla suavemente, mimando a su niño. —Estoy creciendo...y no quiero hacerlo. —Es algo completamente normal ponerse nostálgico por ello, a nadie le gusta envejecer. —Sí, pero no todo el mundo está casado con el rey del inframundo. — Murmura, intentando darse entender. Harry no devuelve la mirada fija de Louis, y el silencio se hace presente tan solo por unos segunditos. —Te dije que haría todo lo posible para que vivieras la eternidad junto a mí. —Lo sé, y yo valoro eso. Créeme que lo hago. —Rápidamente aclara el rizado, sin querer que Louis se sienta que había fallado en hacerlo feliz. —Pero...no lo sé, solo me desanima un poco. No quiero tener sesenta cuando eso suceda. —¿Por qué? Tengo miles de años, y más. Me sentiría un poco a la par, siendo honesto. —Harry no puede evitar reír bajito por aquella broma. —Sí, pero luces de veintitantos. Eso no se verá nada agradable. —No puede editar volver a reír y Louis no puede evitar volver a besarlo. Harry se aparta segunditos después, viendo fijamente a su esposo. —Te amo, Lou. Solo estoy asustado de que no podamos lograrlo, de que algo suceda. —No lo estés. —Dice, nuevamente evitando aquellas palabras y metiendo sus manos por debajo de la camiseta del menor para acariciarle la piel. —Tienes que confiar en mí. Harry siente un nudo en su garganta. Confiar. Confiar en que lo ama, aunque no lo diga de vuelta. —Lo hago. —Responde, y vuelven a besarse. Comienzan una sesión de besos lentos, dulces, con mordiditas suaves en sus labios. Louis no dejaba hablar a Harry, y éste reía entre el beso, intentando alejarse, pero no podía y aquello lo hacía reír más antes de ser besado nuevamente con lentitud y más profundidad. Ambas lenguas se encuentran y hacen su fricción, miles de sensaciones se desatan en el cuerpo del rizado. Amaba sentir la lengua de Louis con la suya propia. El rey del inframundo se aleja. —Tienes que dormir. Maldición. Harry sabía que Louis decía aquello ya que la noche anterior Harry no había dormido muy bien, todo debido a que habían hecho el amor y se habían quedado hablando de muchas cosas hasta que amaneció. Suspira. —Está bien. —Dice, recibiendo un último beso antes de cerrar sus ojos y ser atraído al pecho del mayor. —Lou. —¿Mh? Silencio. —¿Tú tienes cumpleaños? Más silencio por más segundos. —No. —¿Te gustaría tener uno? —Y sonríe algo adormilado al sentir un fuerte latido en el pecho del diablo. —¿Por qué preguntas? Harry siente que se está durmiendo. Hace todo lo posible para mantenerse despierto. —Solo creo que sería bonito decidir que tuvieras uno. Podría darte un regalo y... —Bosteza. —...y hornearte un pastel. No lo sé. Louis le besa los labios por última vez. —Descansa, niño. Podemos hablar de esto otro día. Y Harry no se niega, finalmente durmiendo con profundidad. Lunes al mediodía, en un día soleado pero frío, Liam, Fionn y Harry se encontraban almorzando en la cafetería del instituto. Stella, una chica rubia y buena que había salido un par de veces con Fionn, estaba sobre el regazo de éste, oyéndolo hablar mientras veía alrededor para vigilar que no haya ningún profesor cerca que la vea de aquella manera sobre el chico que le atraía. —Y la pantalla se rompió. Tengo mis sospechas de que Harry lo hizo con sus poderes, porque ni siquiera se sorprendió. —Comenta, haciendo reír a la chica. Harry, por otro lado, ya estaba harto de oír a su mejor amigo contar la historia a todo ser viviente que se le cruzara. Sin embargo, él jamás dejaba de ser amable o hacía sentir torpe a alguien más. —No es que no me sorprendí, solo no reaccioné como tú. —Respondió. Liam tan solo observaba la situación, comiendo. Amaba estar con sus amigos. —¿Y cómo es que, según tú, yo reaccioné? —Ha pasado un día y no paras de decirlo. ¡Incluso lo repites! —Es porque está emocionado, déjalo. —Defiende Stella, y besa a Fionn en los labios, el cual está satisfecho. Harrry pone los ojos en blanco y Liam ríe por ello, provocando que los adolescentes se separen. Stella ve alrededor nuevamente y se levanta con rapidez de encima de Fionn al ver a un profesor a lo lejos. —Voy a mi clase. ¿Nos vemos en la noche? —Ten por seguro que sí. —Se besan rápidamente antes que la chica camine lejos de aquella mesa. Fionn la ve irse antes de girarse a ver a sus amigos, los cuales lo observan. —... ¿Qué? —Yo debo de ir a la biblioteca. —Dice Liam, poniéndose de pie y tomando la botella de agua de su bandeja, observando al rizado e intentando no reír. –¿Nos vemos en la noche? —Dice, imitando un tono más agudo. —Ten por seguro que sí. —Dice Harry en un tono coqueto, imitando a su mejor amigo. Ambos ríen excepto Fionn mientras Liam se aleja. —Harry Styles, deja de romper mi corazón. —Tu rompes el mío, me cambias por Stella. —Finge tristeza, suspirando. —¿Es porque su cabello es rubio y el mío no? —Sonríe, demostrando que claramente está bromeando antes de suspirar cuando suena la campana. Todos comienzan a ponerse de pie, y ellos también. —¿Qué harán esta no.…? —No termina su pregunta debido a la cara de Fionn, el cual se queda en silencio. —No, no. No quiero saber. —Bien. Eso es bueno. Ambos se dirigen por el pasillo, caminando lentamente mientras Fionn le comentaba sobre la sorpresa de su cumpleaños, sin decirle nada. —Va a ser genial, pero no puedo decirte. —Suena a que quieres decirme todo. —Ambos se adentran a los baños del instituto donde, por suerte, están vacíos. Fionn se dirige a un cubículo mientras Harry lo espera de pie frente a los lavabos. —Sí, pero no puedo. Liam me mataría, él va a ayudarme en todo. Se oye como Fionn sale del cubículo, pero Harry ni puede prestar a atención a ello debido a que siente un enorme pinchazo, como si estuviesen inyectándole fuego sobre el lugar que siempre le picaba del brazo. Su boca se entreabre y gime adolorido antes de apoyarse contra el lavabo. —¿Harry? Hey. —Se acerca de inmediato. —¿Qué tienes? —N-Nada. —Se acaricia el brazo cuando el ardor cesa, y vuelve a respirar, entrecortadamente. —Solo sentí un dolor horrible en el brazo. Debo haber dormido mal. —Miente. Fionn sabe que Harry está mintiendo, pero no dice nada. Se lava las manos y pasa un brazo por encima de los hombros de Harry, intentando demostrarle su apoyo. —Vamos a clase. —Dice, y salen del baño de aquella forma. Cuando salen, Harry habría preferido quedarse en el baño. Ambos chicos se detienen, extrañados de que muchos alumnos corran en la misma dirección, por el largo pasillo y a la izquierda. Muchos murmuran cosas, nada se ve bien. —¿Qué sucede? —Pregunta Harry, intentando que no se notara el miedo en su voz. —No lo sé. Vamos a averiguarlo. —Aún con su brazo sobre los hombros del rizado, ambos comienzan a caminar más lento en aquella dirección. —Hey, Langdon. —Fionn alza más su voz al ver a un compañero en su clase, con el cual tenía más confianza. —¿Qué sucede? —Alguien murió. —Dice, y se dirige corriendo hacia aquel lugar. Ambos adolescentes comienzan a sentir un vacío en su estómago, principalmente Harry, el cual no había oído de la palabra “Muerte” hace más de un año. Nada relacionado a aquello, ya que fue puro año de felicidad donde el diablo le acompañaba, donde todos creían que éste se había ido, pero era una mentira más ligera de cargar. Como si ambos estuviesen sincronizados, comienzan a caminar por el pasillo, callados, sin correr. Lucen tranquilos, pero están aterrados. Ya de por sí era algo horrible, ¿Qué si era alguien que ellos conocían? ¿Liam? ¿Stella? ¿Ruby? No habían visto a Ruby hasta hace un par de meses, pocas veces la cruzaban, pero igualmente era una conocida. Finalmente giran en donde toda la gente está amontonada, y se separan mientras intentan pasar al frente. Hay un cuerpo de un alumno que, por suerte, no conocían, pero aun así era un alumno. Una persona. Sus ojos ven fijamente un punto perdido en el aire, pálido y con el uniforme empapado de sangre, con cortes en cada parte de sus brazos y garganta. —Mierda. —Dice Fionn, respirando profundo antes de alejar la mirada y buscar entre la multitud. —Harry, allí está Liam. Fionn se dirige hacia su amigo, pero Harry no puede moverse con tanta facilidad. Alza la mirada, parpadeando lentamente y fijando su vista en la figura alta y con capa negra que está de pie a lo lejos del pasillo, pero no tanto. Aquella figura que se llevó una parte de su alma hace rato, pero que Louis pudo arreglar debido a que aparentemente no había sido la gran cosa. Muerte lo miraba fijo, aún si Harry no podía ver su escalofriante rostro debajo de la capa negra que cubría su cabeza, sabía que esta ya había tomado el alma del alumno muerto, y que solo estaba allí para demostrar que lo observaba. A él. Harry sale de allí al ver llegar a los policías y dos médicos con una camilla donde pondrían el cuerpo. Se dirige por donde regresó, y en el trayecto al baño se quita el anillo. Segundos después, siente el malestar en su estómago y se tranquiliza, pero solo un poco. Quiere llorar. Una vez dentro del baño, le pone pestillo a la puerta y se gira, observando al diablo de pie allí, viéndose alerta. —Lou. —Se le entrecorta la voz mientras se le escapan unas lágrimas, y llega hacia donde está su esposo, siendo envuelto por los brazos de éste contra el calor de su pecho. Comienza a llorar bajito, con sus ojitos cerrados y ceño levemente fruncido. —N-No puedo... —Shhh, no hables. —Lo sostiene mejor hasta cargarlo en sus brazos y poder subirlo a uno de los lavabos, sentándolo en éste. Se ubica entre sus piernas y le limpia el rostro con lentitud, dejando un beso en sus labios. —Alguien murió. Harry asiente lentamente y baja la mirada, con más lágrimas escapando. Sus manos tiemblan. —L-Lo siento. Es que...hace mucho que no veo algo así. —No vi, pero sentí. La muerte estuvo aquí. —¿Ya no? —Sorbió su nariz y Louis continúa limpiando las lágrimas que salen de sus preciosos ojos verdes. —No mientras yo esté. Me teme. —¿Por qué seguía aquí si el chico ya estaba muerto? Es decir, ya se había llevado su alma. ¿No se supone que debería de haberse ido? —Tal vez debe de llevarse a alguien más. —¿Dos muertes en el mismo día y mismo lugar? —Puede que no el mismo día. Algunas veces vigila a su próxima víctima. Harry se quedó callado de inmediato, mirando a Louis unos segundos antes de sentir escalofríos. Se apegó más a éste, el cual le dejó de manera inmediata. —¿Tú sabes quien solía ser Muerte? —Hubo muchas Muertes. Esta es la novena, la penúltima. Solo puede haber diez muertes. —Respondió. A Harry le gustaba saber sobre éstos temas. —¿Es como ser un profeta? Es decir, ¿Te eligen? —A decir verdad, no sé bien cómo funciona, pero esta Muerte lo eligió. Luego de rituales costosos para contactar a Dios, recurrió a mí. — Comienza, acariciando la espalda del niño con lentitud. —Era un simple hombre de una aldea asquerosa y llena de pobreza. Tenía una esposa, y seis hijos. Mató a éstos para demostrarme su insensibilidad, que podía ser la muerte. —Harry niega lentamente. No entendía cómo alguien podría hacer algo así. —Mató a su esposa para conseguir el ritual de invocación, y cuando se reunió con la octava Muerte, luchó contra ella. No sé ni me importa cómo, pero ganó, y está a la espera de la próxima. –Creí que Muerte debía de ser alguien tranquilo, que ayude a las personas a morir en paz. —Sí, el de arriba también lo cree. En la larga lista de “Razones para odiar a mi arcángel favorito” está aquello. —Sonríe de lado, presumiendo. Harry se aparta un poco de su pecho para alzar la mirada y verlo. — ¿Todas las Muertes chillaban de esa forma y se vestían así? —No, exceptuando lo de la vestimenta. El chillido es algo que sale de alguna parte de Muerte cuando se hace presente, y solo lo escuchan los seres que son capaces de verla, no los humanos. La he escuchado cuando llegué. —¿Y por qué yo la escucho? —Porque, por algún motivo, ésta Muerte no habla, y el chillido es la única forma de comunicarse. Harry frunció un poco el ceño. Aquello era raro. Recibe un beso en los labios de parte de su esposo. —Tienes que calmarte y enfrentar esto. Las Muertes son completamente normal. —Para ti. —Bufó el niño, y Louis nuevamente lo besa. —¿Qué harías tú si yo muriera? Y es de inmediato, que los brazos de Louis se tensan, su rostro vuelve a ser inexpresivo y sus ojos se vuelven del mismo color que el cuarto de uno. Todo rastro de que allí hubo un color azul desaparece. Harry no evita sorprenderse, no evita sentir nostalgia y a la vez felicidad por importarle al diablo. —Lou. —Lleva sus suaves y delicadas manos a las mejillas de su novio. —Lo siento. No voy a morir, solo era una suposición. No sabía que te pondrías así. Louis tan solo lo ve fijo antes de ver de reojo hacia la puerta y volver a ver a su esposo. —Van a enviar a todos a casa, no tendrás que seguir aquí. Apenas llegues, come algo y baja a tu cuarto. Allí estaré. Y en un parpadeo, desaparece, al igual que el malestar en el estómago del rizado. Éste último suspira y se baja del lavabo de un pequeño salto. Se gira para verse al espejo y lava su rostro ya que su nariz y alrededor de sus ojos están rosados por el llanto. Finalmente se dirige hacia la salida del baño, quitando el pestillo de la puerta antes de salir. Observa a los lados y nota a Fionn y Liam caminando en esa dirección. Su mejor amigo suspira, aliviado al encontrar al rizado. —Harry. ¿Dónde estabas? —De inmediato en que llega frente al más bajo, lo envuelve en un fuerte abrazo. —Estabas llorando. ¿Alguien te hizo daño? Torpe, no puedes andar solo. Hay un asesino en la escuela. —Tranquilo... —Harry devuelve el abrazo debido a que nota a su mejor amigo realmente asustado. Aunque su tono de voz fuese como si quisiese matarlo, sabía que cuando sonaba así era porque estaba preocupado o asustado. —...Solo me asustó ver al chico. —Soy un idiota. Luego de lo que has pasado con tu familia no debería de haberte llevado. Lo siento, Harry. —Se aparta, y su mirada demuestra absoluta culpabilidad. —Fionn, no es responsabilidad. tu culpa. Yo estoy grande para que seas mi —Cállate, tú siempre serás mi responsabilidad, idiota. —No se pongan cursis. Harry, me alegra que estés vivo. —Bromea, y Fionn lo fulmina con la mirada, sin encontrarle sentido al comentario. — ¿Qué? Eres un exagerado, solo fue al baño. Harry rio bajo. —Liam, nosotros también creímos que tú fuiste el que murió. —Desafortunadamente para Fionn, sigo vivo. —Esta vez los tres rieron. —Pero hablando en serio, debemos ir a la oficina del director. Llamarán a nuestros padres y nos iremos a nuestras casas. —Si. Aparentemente el colegio no es seguro hasta que descubran quien anda asesinando personas. —Explica Fionn mientras los tres se dirigen hacia la oficina del director por el pasillo. —Esto será un caos, probablemente ni siquiera nos dejen andar de a uno por los pasillos. —¿Crees que está mal? Yo no quiero andar solo si alguien anda asesinando personas. A Harry le da igual, sabe que con solo quitarse el anillo Louis estará allí para salvarlo de lo que sea. Los Styles terminaban de almorzar luego de haber ido a buscar a Harry a la escuela. Gemma finalizó de comer primero que todos y se fue a su habitación, no sin antes levantar su plato. Nadie tocó el tema de la escuela, especialmente porque no querían que Harry se pusiera mal. Cuando todos finalizaron de comer, Anne se levantó para juntar los platos. —Yo te ayudo. —Se ofreció Harry, a punto de ponerse de pie si no fuese porque su madre lo detuvo. —No, no. Quédate. Yo lo levanto, tú deberías de ir a descansar. —Dice con amabilidad, y le guiña un ojo antes de dirigirse hacia la cocina. Harry observa a su padre, quien lleva viéndole durante todo el almuerzo, y suspira. —Papá... —No dije nada. —Des ríe bajo, intentando tranquilizar a su hijo. —Lo sé, pero sé en lo que estás pensando. —Y le dolía. Tragó saliva con fuerza, negando. —No fui yo. No tuve nada que ver. —¿Ha vuelto? —No. Nada ha vuelto. —Bastardo mentiroso. —No hay nada que temer, estoy abrumado porque me trajo recuerdos, pero juro que esta vez no he tenido nada que ver. Realmente hay alguien en la escuela que asesinó a ese chico. —Espero que encuentren una solución, o no pienso dejarte ir de nuevo. —Comenta Des mientras Harry se pone de pie y le da un beso en la mejilla. —Voy a ayudar a mamá. —Se va a molestar si lo haces, ya la oíste: Quiere que vayas a descansar. ¿Tienes tarea? —Harry niega. —De acuerdo, entonces ve a tu habitación a descansar. —Subo en un rato, voy a darme un baño. —Dice, y se dirige hacia las escaleras, cerrando la puerta detrás suyo antes de bajar las escaleras. Finalmente llega a su cuarto y cierra la puerta con pestillo mientras comienza a quitarse la ropa. Louis aún no estaba allí. Se dirige al baño y comienza a llenar la bañera en ropa interior y calcetines, temblando un poco por el frío. Siente el malestar hacerse presente unos minutos después, y unos pasos llegar al baño desde el cuarto. Harry no se gira, continúa regulando el agua para su baño. —¿Desde cuándo te has vuelto un exorcista? —Pregunta Louis, y cuando Harry se gira con sus mejillas sonrojadas al estar en ropa interior, el diablo tiene en sus manos un cuaderno del rizado, donde éste había anotado un exorcismo que se había aprendido de memoria. —Desde que un demonio me perseguía. —Dice. Louis cierra el libro y lo deja sobre la tapa del retrete antes de acercarse al rizado, envolviendo su cuerpo semi-desnudo en sus brazos, acariciándole los muslos mientras pegaba sus labios contra su oreja. —Tienes frío. —Dice, mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja del niño, trayéndole a éste más escalofríos ante la calidez mezclada con la frialdad. —Lou... —Suspira. —...espera. —Se aleja un poquito y se da vuelta, cerrando el grifo. La bañera ya estaba llena, y el agua perfecta. Nuevamente se gira hacia el diablo. —Lou, siento por lo que te dije en la escuela. No quería hacerte enfadar. —Se disculpa, pero el diablo tan solo vuelve a envolverlo en sus brazos y le besa los labios de manera suave y lenta. Harry se deja completamente, rodeando el cuello del más alto con sus brazos y poniéndose de puntitas de pie. –¿No estás molesto? —Dice sobre los labios de su esposo, el cual niega antes de apartarse. —He pensado una respuesta a tu pregunta. —Responde, y sonríe ladinamente. —Tu serias mi perfecta excusa para el Apocalipsis. Harry no puede evitar echarse a reír y esta vez comenzar él un beso. Su risita cesa entre más besos, besos que suben de temperatura al igual que sus cuerpos. Las manos del diablo acarician las nalgas del niño por debajo de la ropa interior de éste, presionándolo contra su obvia erección que se ha formado debajo de su pantalón. Leves gemiditos escapaban de la boca del menor ante las presiones y el beso, el cual se volvía cada vez más profundo. Louis alejó sus manos para comenzar a quitarse la camisa, pero Harry apartó sus manos y él mismo la desabotonó, quitándosela y dejando visible el torso repleto de tatuajes. Dejó la camisa sobre el lavabo que estaba a su lado y llevó sus manitos al pantalón del diablo, bajándolo. Louis no llevaba nada debajo de sus pantalones. Completamente desnudo, finalizó por quitarle al rizado la ropa interior mientras éste se deshacía con sus propios pies de sus calcetines. Louis se apartó tan solo para meterse en la bañera y ayudar a Harry a entrar. Se sentó, y tiró de la mano del rizado para dejarlo de pie frente a sí. Comenzó a besarle los muslos de manera húmeda mientras le acariciaba las nalgas y entre ellas. El niño suspiró. —Quieto... —Dijo Louis ante el movimiento de caderas del menor, y continuó besándole los muslos, mordiendo suavemente y haciéndolo suspirar nuevamente. —...Buen niño. Ven aquí. Tiró de sus manos y Harry se sentó sobre el regazo de Louis, siendo recibido por el agua calentita hasta arriba de sus pezones. Alzó el rostro cuando recibió un beso lento y profundo, exquisito en sus labios. Gimió al pegar su torso contra el del mayor y le rodeó el cuello con los brazos. Inconscientemente, el rizado comenzó a mover sus caderas, y las fricciones comenzaron. Ambos suspiraban sobre la boca del otro mientras se acariciaban y se besaban. El diablo llevó sus besos al cuello del niño, el cual soltaba soniditos bajos, con sus ojitos cerrados y el ceño fruncido. —Lou... —Arrugó su naricita al sentir como el diablo adentraba dos de sus dedos con anillos en su interior, comenzando a moverlos lentamente. Un suspirito salió de sus labios antes de comenzar a gemir por los movimientos que su esposo realizaba en su interior, y por cómo las puntas de sus dedos rozaban contra su punto dulce, haciéndolo retorcerse. Las manos del rizado bajaron hasta el torso de su esposo, acariciando, delineando con sus dedos sobre los tatuajes, sobre las frases y símbolos inentendibles para él. Las descargas de placer le recorrían todo el tiempo, y el calor era abrumadoramente exquisito. —P-Por favor... —Como mi niño lo desee. —Dijo Louis, aunque, siendo honestos, él tampoco aguantaba. Sacó los dedos del interior del niño con lentitud y lo observó fijamente, amando como le brillaban aquellos preciosos ojos verdes, como su boquita estaba roja, levemente hinchada y como el color en sus pómulos era un leve rosado. —Vas a montarme. Harry asintió mientras llevaba sus manos a los hombros del diablo para poder levantarse un poco. El arcángel lo ayudaba tomándolo de las caderas, y el menor fue bajando, llevando una mano a la erección de Louis para adentrarla en su interior de manera lenta. Ya no dolía, solo le temblaban las piernas, porque se sentía...se sentía demasiado bien. Se sostuvo con sus brazos alrededor del cuello del ente cuando finalmente el miembro de éste estuvo completamente dentro, y aguardó unos segundos de aquella forma, entre besos, caricias de manos y lenguas, para finalmente comenzar a mover sus caderas en círculos. Se sentía bien, se sentía como estar en casa. No era tan solo el placer, las sensaciones; Era el sentirse, el tenerse lo suficientemente cerca para complementarse, para respirarse y conocer cada detalle en el cuerpo del otro, en el alma. Harry, con ayuda del amor de su vida, comenzó a dar saltos, al principio lentos, sobre la erección del ente, formando un vaivén que los hacía temblar. Por algún motivo, el frío en sus pieles exceptuando las áreas en el agua cálida, lo volvía todo mejor. El cambio de temperatura, la irregularidad de sus respiraciones mientras se besaban, suspirando entrecortadamente en la boca del otro, aumentando el ritmo de embestidas. Se sentía pleno, hacer el amor con el diablo incluso se sentía puro, pero malo a la vez. A Harry no le importaba, tan solo...era demasiado. Louis era demasiado para él, y lo amaba con todo su corazón. Minutos después, cuando ya ambos estaban cubiertos por una leve capa de sudor y el cosquilleo en su vientre era demasiado, aumentaron el ritmo. Harry fue el primero en llegar, con un gemido agudo y entrecortado, deteniendo su movimiento, con tan solo Louis haciéndolo seguir con las embestidas. Su esencia salió de su miembro, mezclándose con el agua mientras la correntada de un intenso placer le recorría el cuerpo. Pronto pudo sentir al diablo llenar su interior, apretarlo más contra él. Ambos abrazados, respirando agitadamente. Louis llevó una de las manos que estaban en las nalgas del menor hacia el mentón de éste, sosteniéndole con firmeza para atraerlo a su boca, besándolo profundamente. —Te amo... —Lo sé. —Responde Louis, dejando besos en su mejilla, en todo su rostro. Y Harry está a punto de decirlo, pero tan solo se recuerda a sí mismo la reacción de Louis cuando oyó la pregunta del menor en el baño de la escuela. ¿Qué tal si moría? Ojos rojos, músculos tensos, mirada fija, sin siquiera poder responder. Louis lo amaba...y algún día lo diría. Calor, sudor, pasión y aroma a sexo había en el despacho del diablo, en el subsuelo del enorme e interminable infierno. Si, Louis lo había estado deseando hace rato: Tener a su niño desnudo sobre sí, saltando sobre su erección, besándole todo el cuerpo y que sus gemidos hicieran eco en su despacho. Todo esto estando sentado sobre su trono, sintiéndose un verdadero rey. Le acarició los glúteos mientras lo hacía detener los saltos al estar muy cerca. Quería disfrutar más de aquellas sensaciones, de tener el pequeño cuerpo, desnudo y sudoroso sobre el propio, el cual estaba cubierto con su ropa, pero con sus pantalones bajos, por supuesto. Tomó los ricitos en un puño, tirando hacia atrás para alzarle el rostro y atacar directo a aquellos labios rojizos y levemente hinchados. Harry gimió, respondiendo como podía. Se sentía sin aire, con mucho calor y placer. Las manos del diablo estaban por todas partes, sus besos lo hacían estar más cerca del límite, y las palabras sucias que le susurraba al oído lo hacían sentir un niño muy, muy malo. Lo amaba tanto. Louis ordenó entre un beso los movimientos de Harry, y éste nuevamente reinició los movimientos de sus caderas, los saltitos sobre la erección de su príncipe, su esposo, su rey. Su todo. El joven rodeó el cuello del diablo con sus brazos, aferrándose y mordiendo su labio inferior, con sus ojitos cerrados y ceño levemente fruncido. El diablo llevó sus manos a la cintura de Harry, presionándola para ayudarlo a subir y bajar más deprisa. En aquella sala reinaron nuevamente los gemidos, los jadeos y chasquidos de los besos. Todo era simplemente demasiado, y ninguno pudo soportarlo por mucho tiempo. Llegaron al clímax casi al mismo tiempo, con sus cuerpos temblando ante las descargas de placer mezclado con alivio. Harry manchó la vestimenta del ente con su esencia, y lo notó casi de inmediato. Se quedó abrazado al cuerpo de su esposo, el cual le besaba húmedamente el cuello. —Lo siento... —Se disculpó entre respiraciones agitadas. Louis le mordió juguetonamente el cuello en aquella área donde el niño tenía cosquillas, haciéndolo reír adorablemente y retorcerse un poco en sus brazos, los cuales se estrecharon de manera más firme. —Deberías de tener una cama aquí... —Deberíamos. —Corrige el diablo. —Esto es tuyo, también. —Un cosquilleo se hizo presente en la pancita de Harry a la vez que recibía un beso en su oreja. —Aunque me gusta hacerte mío en mi trono. —Dice bajo, y le aprieta las nalgas, provocando que gimiera apenitas audible. El diablo se aparta tan solo para alzarle el mentón y besarlo en los labios. Las lenguas de ambos se encuentran de inmediato, frotándose entre sí, formando húmedos sonidos y más calor en el pecho de ambos. Louis se aparta con una suave mordida en el labio inferior del niño, y entonces abre los ojos para verlo. Rizos despeinados, mejillas sonrojadas, labios rojos y ojos brillosos, dilatados. La mirada del niño pasa de estar embobado a estar entre confundido y avergonzado. —¿Qué sucede? —Pregunta ladeando levemente su cabeza, con su ceño frunciéndose apenitas. —Te ves condenadamente bien. —Halaga el diablo, provocando que su niño se sonroje y no evite reír silenciosamente en una exhalación, bajando la mirada y negando lentamente. Las cejas del rey se alzan por unos segundos. —Oh, vamos. Dime que el niño favorito no sabe que es precioso. Una vez más, el pequeño niega, sin alzar la mirada. —No... —¿Me estás contradiciendo? —La boca de Louis vuelve a acercarse a la oreja del pequeño. —Porque, verás, yo soy mentiroso...pero no necesito serlo con mi esposo. —Lamió el lóbulo de su oreja antes de sostenerlo mejor contra su pecho y observarlo. —Deberíamos de volver. En tu casa no tardan en despertar, y sería extraño si te ven en la escalera con los ojos vendados por uno de tus calcetines. Harry no evita reír y alza el rostro, pidiendo un beso, obteniéndolo con gusto. Suspira por la nariz profundo, con su pecho llenándose de amor. —Te amo. —Lo dijo porque lo sentía, y porque creyó que tal vez podría tener una oportunidad, aquella oportunidad de oír a su esposo responder, ser correspondido. A él jamás le gustaba presionar a las personas, e iba más allá de lo que a él le gustara o no que le hicieran, ya que siempre pensaba primero en los demás antes que él, lo cual era malo, pero también era algo que no podía evitar. Siempre pensaba en Louis primero. Y aunque éste último fuese el diablo, una persona que tenía un trono, que dirigía el infierno, de poco tacto y cero tolerancias al perdón, Harry lo trataba como cualquier ser humano se merecía ser tratado: Le daba tiempo, le daba espacio y le daba amor. Y no. No se estaba hartando de no ser correspondido. Se estaba hartando de jamás ser amado. Porque eso fue lo que pidió en primer lugar, sentirse amado, y el que ni siquiera el diablo pudiese cumplir eso...era malo. Muy. Le rodeó el cuello con los brazos para tenerlo más cerca, y el diablo apretó levemente sus caderas. —Pero demasiado...te amo demasiado. No hubo ninguna respuesta. Y de pronto, se sintió avergonzado. Se sintió apenado de estar frente al diablo, aún con éste en su interior, desnudo sobre su regazo y confesando su amor no correspondido. Suspiró y, luego de unos segundos, no tuvo más remedio que apartarse y levantarse con cuidado, buscando su ropa y comenzando a vestirse. No iba a llorar. Se puso su ropa interior, pantalones tiro alto, borcegos y camisa. Se estaba abotonando los últimos botones de ésta cuando oyó la voz de Louis: —Sé lo que quieres oír. Harry negó lentamente mientras se metía la camisa dentro del pantalón y acomodaba sus ricitos. —No lo creo. —Respondió como pudo ante el nudo en su garganta, aún sin girarse debido a que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas. Limpió cualquier rastro de éstas. Pudo sentir a Louis acercarse con lentitud. —Sé que buscas una respuesta siempre que lo dices. —Y yo puedo entender que no puedes dármela. —Dice amablemente, intentando ser comprensivo, pero, a pesar de esto, demasiado dolido. Comienza a caminar hacia la enorme puerta dorada de salida, puede sentir a su esposo caminar más lento. Se detiene. —Solo quiero que seas honesto conmigo. Si dices que no necesitas mentirme, entonces no lo harás. No está preparado para girarse, para enfrentar esta charla, la cual presiente que lo va a dejar hecho pedazos, pero lo hace de todas formas. El verde esmeralda se encuentra con aquel profundo y frío azul y un rojo sangre en tan solo un costado. —¿Hay algo que te impide corresponder? Silencio. —No. Una puntada atraviesa el pecho del más bajo y traga saliva con fuerza, alzando un poco una ceja. —¿Nada? ¿Solo eres tú? —Sí. —Y ve, por primera vez, dolor en la mirada del rey del inframundo. Si, ya no puede soportarlo. Las primeras lágrimas escapan de los ojos del rizado y no puede evitar hipar. Louis se acerca tan solo un poco, se le ve tenso, como si no le gustara aquella situación. —¿Me estás mintiendo porque es necesario o me estás diciendo la verdad? —Continúa, pero se da cuenta de que está siendo un niñito. Un niñito lleno de esperanzas rotas e inalcanzables. Louis se acerca más, sus ojos volviéndose rojos. — ... ¿No me amas? —Su voz tiembla aún más, y tiene que apretar los labios para no sollozar. —Harry... —Es la primera vez que oye la voz del diablo temblar, pero es como si aquello lo hubiese despertado, y rápidamente vuelve a tener aquella neutralidad en sus facciones, inexpresivo. —...soy el diablo. Por algún motivo, para el arcángel decir aquello es como si lo hubiese dicho todo, pero a Harry aún le cuesta entender. Sin embargo, sigue siendo dulce. No tiene la necesidad de tratar mal a Louis por esto, porque no podía culpar a la gente por no amarlo de vuelta. —¿Y por qué nos comprometimos? —Solloza, y la mano del mayor va a una de sus mejillas. Harry inclina su rostro inconscientemente, disfrutando de aquel toque. —¿Por qué estás buscando cosas para volverme inmortal y pasar mi vida a tu lado si no lo haces? ¿Cuál es el sentido de todo esto, Lou? —Y el diablo no responde. Luce perdido. Así que Harry toma una decisión. Lleva su manito a la de su esposo, y la baja lentamente, dejándola con la palma hacia arriba. Acaricia aquellos anillos en los dedos del amor de su vida, y la suelta, comenzando a quitarse el anillo. Louis aleja la mano como si ver aquello lo hubiese quemado, sus ojos se vuelven levemente más grandes y el bordó consume el azul. Sangre tiñendo un mar. Harry se lo queda viendo. —Extiende tu mano. —No... Harry no hacía esto para recibir respuesta, no hacía esto para forzar...hacía esto por su bien. Porque no podía pensar que se repetiría una historia, que su matrimonio sería como el de sus padres: “Nos une un anillo, pero no nos amamos.” Sin apartar la mirada de los ojos del arcángel, volvió a tomar la mano y le dejó el anillo sobre la palma. Podía jurar oír su corazón rompiéndose, haciendo eco en el infierno. —Conozco la salida, no tienes que acompañarme. —¿Qué cambió? Ambos se observan fijamente antes de que Harry vuelva a hablar: —Nada ha cambiado. Yo sigo amándote, y tú no. —Lo observa con dolor antes de girar sobre sus talones y abrir la pesada puerta, saliendo del despacho del diablo y dejando a éste allí, completamente solo. Desató el calcetín que cubría sus ojos cuando estuvo en el último escalón de la escalera de su casa. Todo estaba a oscuras, era de madrugada. La presencia de Louis no estaba, y ya había sentido aquello varias veces, pero esta vez era diferente...porque era la última. Tragó saliva con fuerza antes de comenzar a llorar silenciosamente y bajar los escalones, caminando hasta estar sentado en el sofá. No quería ir a su cuarto, porque ya no se sentía protegido. Ahora todo valía, todo contaba. Era la oportunidad para cualquier cosa que haya estado persiguiendo a Harry hace más de un año. Tenía que ser listo. Se puso de pie y rápidamente se dirigió a los cajones del mueble que cargaba con el tocadiscos, buscando entre las estampillas de vírgenes. Vislumbró algo plateado que brillaba con la luz que llegaba de la ventana. Un crucifijo. Lo tomó de inmediato y prendió la luz de la sala antes de volver al sofá. No hacía falta bendecirlo debido a que todo crucifijo o rosario lo estaba gracias a su madre. Lo colgó en su cuello y, por unos segundos se sintió a salvo. Pero, ¿Acaso Dios iba a protegerlo luego de haber estado con el diablo? Suspiró y prendió la televisión, bajándole todo el volumen. Se recostó en el sofá e intentó pensar en que todo estaba bien, y podía con esto. El día estaba haciendo largo, y Fionn se limitaba a observar a su mejor amigo el cual estaba sentado a su lado, pálido y con bolsas violetas bajo los ojos. Se veía extremadamente cansado y roto, pero no podía preguntarle ahora debido a que estaban en medio de una clase y el profesor suplente era extremadamente jodido. Minutos después el timbre sonó y todos comenzaron a guardar sus cosas. Ahora tan solo quedaba ir por última vez a la cafetería, y al fin se irían de aquel lugar. —¿Qué te sucede? —Harry lo observa ante aquella pregunta de manera inexpresiva al principio, luego frunciendo un poquito su ceño. —Nada. —¿Estás enojado conmigo? —El rizado nuevamente niega y ambos se apresuran a salir del salón con los demás debido a que ya no permiten a nadie caminar libremente por los pasillos gracias al asesinato de un alumno. Una vez comienzan a caminar, Fionn suspira. —Lo estás. Harry no evita soltar una risita, una con muy pocas ganas. —Fi, no estoy enojado contigo. Realmente no lo estoy, solo...no pude dormir. —No mentía. —¿Algo sucedió como para que no pudieses dormir? Harry hizo silencio por unos segundos antes de tragar saliva para responder: —No, solo no pude. Necesitaba aprender a mentir mejor, llevaba un tiempo haciéndolo y era lamentable que aún no se oyera honesto. Finalmente llegaron a la cafetería y fue como si Liam lo supiese, porque de inmediato se acercó. —Harry, te ves pálido. —Fue lo primero que dijo, con su ceño levemente fruncido. Se disculpó con la mirada al ver la manera en la que Fionn lo veía. Éste último suspiró y pasó su brazo por los hombros de su mejor amigo. —Te diré qué. —Comenzó a caminar provocando que sus otros dos amigos también lo hicieran. —Liam, tú y yo comeremos algo, y luego iremos a mi casa a pasar el día. —Me dormiré en el camino. —Bromeó con una sonrisita mientras sus ojos se volvían levemente llorosos, pero respiró profundo para que pasara. —Nosotros te cargaremos. —Dijo Liam. Éste último y el rizado van a sentarse a una mesa mientras Fionn se dirige a la fila. Una vez formado en ésta, Stella aparece y le toca el hombro, sorprendiendo a su mejor amigo con un beso cuando éste giró su rostro para verla, uno corto ya que había profesores allí. Extrañaba los labios de Louis: Tibios, expertos y suyos. —Luce como si fuesen en serio. El de rizos asiente lentamente y voltea su mirada, frunciendo el ceño al notar a dos policías en cada punta del lugar. —¿Por qué tanta protección? ¿Creen que pudo ser un grupo de asesinos? —Eso parece. —Oye un suspiro y su mirada va a su amigo. —Nunca había sucedido algo así. —No tienes que asustarte, Liam. —No lo estoy, pero me pone nervioso el que nuestro pueblo sea chico. — Explica mientras se acomoda el cabello. —Todos conocemos a todos, y eso significa que podría ser cualquiera. El niño traga saliva, ahora un poco nervioso. Eso era cierto. No había nadie en Holmes Chapel que no se conociera al menos de vista. Todo se había vuelto un desastre, y a pesar de que le había dicho a su amigo que no lo tuviese, sentía miedo. Si algo le llegaba a pasar a Liam, o a Fionn...por suerte sus amigos eran listos, y no querían intentar ser rebeldes. —Harry... ¿Realmente solo no has podido dormir? —Harry lo observa de inmediato. —Está bien si no quieres decírmelo, solo quiero asegurarme de que todo esté bien. ¿Debería? Se acomoda en su asiento antes de suspirar, cabizbajo. —... ¿Alguna vez amaste a alguien que no te ama de vuelta? —Ruega que Liam no preguntara tanto, porque realmente se quedaría sin palabras. Liam hace una mueca, reincorporándose. No se esperaba aquello. —Creo que todos lo hemos hecho. —Responde luego de pensarlo por unos pequeños segundos. —Sí, pero no me refiero a amar a alguien que no te nota, hablo de amar a alguien que luce como si te amara, y hace cosas que te aseguran que lo hace...pero no lo dice, o lo niega. Nuevamente hay un silencio. Harry sabe que recibirá una buena respuesta de Liam, porque era de dar buenos consejos. El rizado había tenido bastante suerte en tener personas como Fionn y Liam, no solo por lo leales que eran, sino porque sabían respetar opiniones, y cuando uno no quería contar más de lo debido al otro. Sabían no entrometerse. —Eso depende. A veces no todo se basa en decirlo, aunque nos hace sentir bien oírlo. Hay mejores maneras de demostrar el amor. El ceño del niño se frunce. —¿Cómo cuáles? —Proteger, dar espacio, cuidar. Hay muchas más, pero, personalmente, creo que esas son las más destacables. —Se permitió opinar el castaño, observando a Fionn en la fila y notando que a éste lo estaban atendiendo. —¿Y qué si hace todo eso, pero lo niega? Liam nuevamente le ve, solo que ahora fijamente. —Está mintiendo. — Respondiendo, dejando a su amigo aún más confundido. —No todos, pero al menos esta persona que tú me dices, sí. —... ¿Cómo lo sabes? —Me has dicho que, por las cosas que hace, luce como si te amara. — Responde Liam, esperando que sea obvio y un poco indignado al notar que Harry no lo comprende. —Eres una persona extremadamente insegura, y si dices eso es porque realmente lo conoces, y puedes notar su amor. —Ambos notan a Fionn despidiéndose de Stella. —Solo que eres lo suficientemente inseguro para creerlo. Harry arruga un poco su nariz, de pronto, sintiéndose culpable. —¿Es...mi culpa? —No, él es un idiota. —Rápidamente dice inconscientemente niega. —Pero tendrá sus razones. Liam, y Harry “Soy el diablo.” ¿Será que Louis creía que era su deber el no amar o aceptar hacerlo? ¿Tomaba el ser el diablo como un trabajo que le costaría más que horas laborales? Bueno, claro que sí, pero aun así era algo terrible. ¿Acaso el diablo era igual de inseguro que Harry lo era con sí mismo? ¿Qué tal si Louis lo amaba y lo había tirado todo por estar encaprichado con oír una respuesta? ¿O qué tal si no y tan solo no lo amaba? Honestamente, Harry creía que lo primero encajaba muchísimo más, pero su inseguridad no se lo permitía. —¿De qué tanto hablan? —Preguntó Fionn al llegar a la mesa, dejando la bandeja con los sándwiches y cajas de jugo en la mesa antes de sentarse. Harry despertó de su trance ante la mirada de Liam sobre sí. —De que Stella y tú se ven muy bien. —Rápidamente respondió Harry. No mentía, habían comentado aquello y era la verdad; Hacían muy bonita pareja. Tomó un sándwich de la bandeja, agradeciéndole a su amigo y dándole un mordisco a la comida. No tenía tanta hambre, pero tenía que aparentar. Fionn alzó ambas cejas. —Por supuesto que nos vemos bien, ambos estamos buenísimos. —Comentó, haciendo reír a Liam. Nuevamente observó a su mejor amigo, un poco más tranquilo al verlo comer. — ¿Seguro que todo está bien? Harry lo observó, masticando y asintiendo rápidamente antes de tragar. —Sí, seguro. Solo estoy cansado. Y pensó en distraerse, pensó en las cosas que estaban diciendo sus amigos, en no callarse y responder, unirse y no estar tan aislado en sus pensamientos. Al principio no podía lograrlo, porque estaba seguro que nadie podría ni querría quitar a Louis de su cabeza, pero finalmente lo logró, justo en el momento en que sentía una mirada en su nuca, un frío en su espalda. Algo o alguien estaba muy cerca de él, y sabía qué era. Dejó de comer, con su sándwich casi terminado en su mano. Se quedó observando fijamente a la mesa e intentó mantener la calma. La Muerte debía estar comprobando si el diablo realmente no aparecería, ¿Cómo lo había sabido? Bueno, Harry había salido llorando del infierno. Tal vez se corrió la voz o.…no lo sabía. Solo sabía que la tenía justo detrás, y que era perturbador: Su presencia no era nada agradable. Fue como cuando la tuvo de frente, inexpresiva y tranquila. ¿Y por qué estaba allí? Fácil. —Alguien más ha muerto. —Susurra. Los policías del pasillo entran a la cafetería y cruzan el lugar hasta llegar a los profesores. El timbre suena luego de unos segundos, y todos se ponen de pie. Harry continúa congelado en su lugar, y Fionn se extraña por eso. —Harry. —Llama, y el nombrado alzo lentamente la mirada, con sus ojos llorosos y llenos de terror. —¿Qué tienes? —¿Harry? —Liam se incorpora. Están a punto de seguir interrogando, pero uno de los profesores del último curso hace callar a todos antes de hablar: —¡Necesito que todos hagan una fila! Los llevaremos a la oficina del director, y allí llamarán a sus familiares para que vengan por ustedes. ¡Todos en orden, y con calma! Harry se para abruptamente, intentando no temblar mientras se aleja con sus amigos sin mirar atrás. Fionn cree que este está asustado por los asesinatos, y lo mantiene cerca todo el tiempo, intentando tranquilizarlo mientras le decía que podía irse a su casa y Liam y él esperarían a que Anne pasara a por él. Ninguno dijo ninguna palabra, y cuando la señora Styles llegó, se despidieron y lo acompañaron hasta que éste estuvo sentado en el asiento copiloto. —Chicos. —Llamó Anne a los dos amigos de su hijo. —¿Quieren que los lleve a casa? —Oh, no. Está bien, Anne. No queremos molestar. —Fionn habló. —No es molestia. ¿Ya notificaron su retirada en las oficinas? —Sí, hace unos minutos. —Dijo Liam, y pidiendo permiso se subió a la parte trasera, seguida de Fionn. El viaje estuvo silencioso a excepción de las preguntas que Anne le hacía a Harry, y éste respondiendo de manera cortante, neutra mientras se encogía en su asiento y sostenía con una mano el crucifijo en su cuello. Finalmente, Fionn y Liam se bajaron en la casa del primer nombrado, ambos agradecieron y se despidieron de su amigo y su madre. Cuando esto sucedió, Anne nuevamente ve a su hijo. —Mi amor. ¿Estás bien? —A Harry le tiembla el labio antes de bajar la mirada. Necesita a su mamá. —¿Qué sucede? Hazz, ¿Te asustaste? —El rizado asiente lentamente antes de cerrar sus ojos, con sus primeras lágrimas saliendo y comenzando a sollozar silenciosamente. Estaba muy asustado. —Oh, mi bebé. —De inmediato le quitó el cinturón de seguridad y lo atrajo a sus brazos, acunándolo en su pecho. —Mami está aquí contigo y no va a dejar que nada te pase, ¿Si? —Harry asiente aun sollozando. Se mantiene así unos segundos, realmente desahogándose, aunque cuando finaliza sigue doliéndole el pecho. Dejar a Louis había sido lo más doloroso que le había sucedido, no entendía siquiera como se le cruzó por la cabeza, y éste último seguramente le odiaba. Su madre lo apartó un poco y le limpió las mejillas. —Luces cansado...Hazzie, he encontrado una manta en el sofá. ¿No estás durmiendo en tu cuarto? —No puedo... —¿Y si duermo contigo? Yo te protejo, cielo. No hay de qué temer. —Dijo su madre, y deseó con todas sus fuerzas que sea cierto. —Vamos a pasar toda la tarde juntos, no estás solo. Harry nuevamente solloza. Se sentía más solo que nunca. —Mami, te amo. —Yo te amo muchísimo más, mi amor. —Le da un beso en la frente y lo acomoda en su asiento, poniéndole nuevamente el cinturón de seguridad antes de, nuevamente, conducir. —Vale, a olvidarse de éste momento feo. Vamos a comprar algo rico para almorzar, ¿Quieres? Puedo prepararte lo que sea que quieras. Harry sorbió su nariz y asintió lentamente. —Está bien. —Respondió con su voz entrecortada, y se giró hacia el lado de la ventana. Sin poder evitarlo, se durmió camino a casa, observando al cielo y con la inseguridad de que, esta vez, ningún cuervo lo seguía. La enorme puerta de oro se había cerrado, el diablo se mantuvo de pie allí, sin saber qué decir, sin saber qué pensar. Así que se puso a trabajar. Comprendía un poco a los humanos después de todo: Él había observado como éstos solían trabajar o hacer cosas para olvidar desgracias, despejar sus cabezas. Louis había archivado más de cincuenta contratos aquel día, liberó almas que ya habían cumplido sus años en el infierno e hizo más contratos para nuevas almas que buscaban negociar con demonios. Merodeó por los lugares, chequeando como todos hacían sus trabajos. Mantuvo su cabeza ocupada, bloqueó lo que no aceptaba. No le estaba prestando ni un poco de atención a Baphomet, un demonio que iba en busca de los contratos para repartirlos. Éste comentaba sobre la cantidad de gente solicitando al infierno como si fuese el mejor regalo de su vida. Louis alzó la mirada desde su trono a un reloj que tenía en la pared: Los números eran romanos, y era muy antiguo, de un banco hundido hace años. Andaba hacia atrás, pero funcionaba bien. Habían pasado días, y eso significaba que habían pasado más en la tierra. Probablemente ya era el cumpleaños del rizado, y si no se equivocaba, estaba por terminar. —Envía un cuervo. —Finalmente habló a regañadientes, interrumpiendo al otro demonio. —¿Dis-Disculpe? Entonces el diablo lo observó, con sus ojos bordó -habían estado así todo el día-, y se puso de pie lentamente. —¿Debo repetirlo? —¡No! No. Por supuesto que no. Ya mismo enviaré un cuervo. —El demonio era listo. Tomó el resto de los contratos y se fue corriendo de aquella habitación. Louis suspiró. ¿Cómo el diablo pudo haber sido tan torpe? ¿Acaso no le era suficiente? ¿No había aprendido y esta era otra lección de su padre, o Harry era muy real? No. Harry no podía ser real, porque era el ser humano más amable, sensible y bondadoso. Siempre quería ayudar a todos, era muy extraño que juzgara a alguien y todo lo que hacía era por pura inocencia y curiosidad. Jamás tenía malas intenciones, aún si elegía lo malo. ¿Cómo alguien así podía enamorarse de él? Se giró lentamente, y observó el pequeño trono al lado del suyo. Estaba dispuesto a darle todo, incluso la inmortalidad, porque eso era lo que él quería. Lo quería a su lado por voluntad propia, sin obligaciones. Parecía inalcanzable el hacer al niño feliz, pero a veces, cuando ambos terminaban de hacer el amor y Louis sostenía el pequeño cuerpo desnudo de su esposo en sus brazos, Harry lucía como si no quisiese nada más. Harry lucía pleno, alegre. Feliz. ¿Era muy tarde para decírselo? Tal vez y hasta ya se haya conseguido otro novio, los humanos solían hacer eso, e incluso estaban con más personas a la vez, sin que entre éstas se supiera. Eso le hizo hervir la sangre, pero todos sus pensamientos fueron interrumpidos cuando las puertas se abrieron abruptamente. Se giró, desconcertado. Nadie entraba sin tocar primero. Baphomet lo observaba con pánico, como sabiendo lo que se aproximaba y cómo se pondría el diablo. —Señor, tiene que ir ahora mismo. Y lo sintió en su pecho. Un vacío, un profundo e interminable vacío se formaba mientras todo él ardía, y los pensamientos en su cabeza eran más que negativos. Se dirigió fuera del infierno a zancadas, pensando: ¿Así se siente? Pero ahora no importaba, porque quién quiera que lo haya tocado, iba a cruzarse con el mismísimo diablo más que enfadado. Un suspiro. Un largo, profundo, y entrecortado suspiro. No, no. Simplemente no podía. Su mente no regresaba, ni avanzaba. Se necesitaba más que un suspiro para afrontar lo que había sucedido, y ganas de vivir para afrontar lo que continuaría. Observó con su vista nublosa -podrían ser sus heridas, podrían ser sus lágrimas- sus manos ensangrentadas, temblorosas y lastimadas. Alzó la vista y observó a unos metros aquella bolsa, nuevamente regresando la vista al frente. Se necesitaba querer estar bien para querer morir. Definitivamente no quería estar bien, porque no lo merecía. Merecía sufrir. Se puso de pie como si nada, sin sentir ningún tipo de dolor, solo hormigueo y un vacío en su pecho, y se dio la vuelta, intentando no tropezar, cojeando y con su mano presionada en su costilla a pesar de que no sentía el verdadero dolor. El verdadero dolor ahora estaba en su alma. Y esperaba, realmente lo hacía, no estar vivo pasada la medianoche. // XII horas antes de lo ocurrido // El niño abrió sus ojos debido a su hermana sobre él, despertándolo sin ningún signo de gentileza, tan solo un canto desafinado y molesto, pero lo hizo sonreír. —¡FELIZ CUMPLEAÑOS A TI, FELIZ CUMPLEAÑOS A TI, FELIZ CUMPLEAÑOS OLO-ROOOO-SOOO, FELIZ CUMPLEAÑOS A TI! —Recibió un beso en su mejilla que lo hizo reír silenciosamente y ocultar su rostro en la almohada, fingiendo seguir dormido, aunque claramente no era así. —Oh, vamos. Debes despertar, tienes dieciocho. ¡DIECIOCHO! —Le sacudió el hombro al gritar eso, provocando que riera. —Mamá quiere que te levantes, no te salvarás de ir a la escuela solo porque es tu cumpleaños. Harry asintió y esperó a que su hermana saliera de su habitación antes de suspirar, refregando sus ojitos con sus puños antes de sentarse lentamente, medio quejándose. Parpadeó un par de veces y observó a su alrededor, buscando algo que claramente no habría. Louis. Un poco más angustiado, se quitó el rosario del cuello, con los nervios en su pancita. Lo dejó en su mesa de noche y cerró los ojos, contando hasta diez para luego abrirlos. No, no era el rosario. Louis se había ido, y aunque era tiempo de aceptar que ya no volvería, dolía. Dolía porque él creía sus razones válidas, el sentía que lo que hizo fue por el bien de ambos. Tal vez alguien más podría haberlo hecho, pero dolía vivir con el miedo de no ser amado, y Louis prácticamente lo había rechazado cuando hablaban del tema. “Soy el diablo.” ¿Qué podría haber hecho luego de aquello? ¿Rodear su cuello, decirle que no importaba y nuevamente hacer el amor? Harry sabía y estaba consciente de haber dicho innumerables veces que Louis podía hacer lo que quisiese con él, pero ya había pasado más de un año con él, ya no había contrato por su alma, era más serio que al principio. Aunque, aparentemente, nunca fue serio. Tragó con fuerza el nudo de su garganta y decidió negar con la cabeza, dejando que todos aquellos pensamientos se evaporaran mientras se levantaba y caminaba en pijama hacia el baño. Sí, todavía un baño, una ducha bien calentita. No había de qué preocuparse, estaría bien. Estaba arruinado. ¿Por qué todo le recordaba a él? Bañarse le recordaba a él, principalmente a aquella vez en donde entró en pánico cuando iba a irse, y el diablo lo llevó a la bañera y lo abrazó contra su pecho. Cuando se vistió frente al espejo, pudo visualizarse a sí mismo un año atrás, con los tirantes en sus shorts altos, medias por las rodillas y kickers, con su esposo detrás, diciéndole cuan bonito se veía, y la pureza que llevaba consigo. Nadie jamás iba a decirle algo tan bonito en su vida, y si así era, no quería que haya nadie más. No pudo evitar tapar su rostro y llorar silenciosamente. ¿Cómo haría para vivir sin Louis? Éste era su ancla, lo mantenía firme, en pie luego de todas las cosas malas que hizo. Lo mantenía cuerdo, acompañado y feliz. Ahora estaba solo. Limpió su rostro, y nuevamente lavó su rostro antes de finalizar de vestirse, poniéndose un suéter gris sobre la camisa blanca y tomando su mochila antes de salir de su cuarto. Apenas subió las escaleras y abrió la puerta que lo llevaba a su sala de estar, su madre lo recibió con un abrazo cariñoso. —Feliz cumpleaños al amor de mi vida. —Le dijo, haciéndolo sentir realmente mimado y aguantando el llanto. Lo tomó del rostro y repartió besos por todo du rostro. —No importa cuántos años tengas, siempre serás mi bebé. Harry rio tímidamente y recibió el abrazo de su padre, el cual se había acercado mientras su mamá le daba besitos. —Feliz cumpleaños, Hazz. — Le dio un beso en la frente y le acomodó los ricitos húmedos hacia un lado. —No salgas con el cabello mojado, hace frío y no quieres enfermarte en tu cumpleaños, ¿Verdad? Yo te llevaré a la escuela. Harry asintió. Se sentía más reconfortado. —Está bien, gracias. — Respondió. Permitió que su mamá lo guiara hasta la cocina, quitándole la mochila y dejándola en el respaldo del asiento donde estaría su hijo. Se dirigió hacia una encimera y le sirvió una taza de chocolate caliente junto a un pequeño plato de galletitas con chispitas de chocolate. —Oh. Gracias, mami. —Dijo y tomó una galleta, mojándola en la leche antes de comenzar a comer. —No hay de qué, corazón. —Respondió Anne cariñosamente, acariciándole los ricitos a su bebé y sonriéndole a Gemma antes de ver nuevamente a su hijo. —¿Estás mejor? —Harry, el cual se encontraba bebiendo de la taza, asintió. —Tus amigos me comentaron de una sorpresa que te tienen en la noche. Irás, ¿Verdad? —Oh, sí. —Relamió sus labios, aunque sobre los superiores quedó un poco de chocolate caliente. —Fionn me quiere allí, ayer no paraba de hablar de ello y que tenía que ser puntual. —¿Donde será? Harry alzó la vista para verla. —No lo sé, es sorpresa. —Vale, pero ten cuidado. —Llevó su mirada hacia su hija, la cual bebía tranquilamente de su taza. —Gemma, ¿Y Theo? La cara de la nombrada cambia repentinamente a estar más seria. — Rompimos. Ya no hablamos. Anne iba a comenzar a interrogar, pero cuando su hija negó con la cabeza y Des entró a la cocina sosteniendo un diario y tarareando, se enfocó en éste último para comenzar una charla. —Cariño, ¿Joffrey y Jacky? Harry no se permitió oír más y observó a su hermana, la cual revolvía el té en su taza y suspiraba, con la mirada perdida. Ambos hermanos estaban pasando por lo mismo, a excepción de que Harry había estado más tiempo en pareja, y más acostumbrado a la presencia de Louis. —¿Por qué cortaron? Gemma alzó la mirada unos segundos antes de regresar a ver su taza y encogerse inocentemente de hombros. —Es...complicado. Él probablemente hubiese respondido lo mismo. Minutos después se encontraba despidiéndose de su hermana y madre mientras caminaba hacia el auto de su padre, el cual ahora tenía un impala del 67. A Harry le agradaba aquel auto. Se subió en el asiento copiloto y dejó la mochila a sus pies antes de ponerse el cinturón de seguridad y suspirar, con su padre subiéndose a su lado. Suspiró. Se sentía mucho mejor ahora que había desayunado y su familia le daba mucho amor y cariño. Era un niño mimado, otra vez. Pero sin el amor de su vida. —Hazz. —Observó a su padre, el cual giraba la llave para encender el auto. —Ahora que eres mayor de edad, si quieres puedo enseñarte a conducir. Es fácil y te servirá. El niño hizo una mueca de inseguridad. —Uhm...no me gusta conducir, soy muy miedoso. Prefiero caminar. —Oh, vamos. —Lo alentó Des. —No necesariamente tienes que aprender para usarlo cotidianamente, también puedes simplemente saber por si alguna vez surge alguna emergencia. Fue casi de inmediato que su padre comenzó a enseñarle todo tipo de cosas sobre el auto: El cómo hacerlo andar, los cambios, freno, velocidad, etc. Harry prestaba suma atención, y pudo entenderlo, pero, honestamente no creía conducir jamás. Una vez Des estaciona frente a la escuela del rizado, éste último se desabrocha el cinturón y se pone la mochila. —Tu madre me dijo que hace unos días no estuviste bien. —Harry lo observa de reojo, dudoso antes de asentir rápidamente. —Harry, si tienes miedo, puedes llamarme. No lo contengas, yo vendré de inmediato y lo sabes. Era increíble lo mucho que había cambiado Des Styles. Había pasado de ser un religioso, homofóbico, abusador a todo lo contrario. Por supuesto que Harry no defendía aquello, e incluso le dolía decirlo, pero estaba de acuerdo con el castigo que Louis le había dado, porque lo cambió. Lo hizo ver a lo que verdaderamente hay que temer, y a lo que lleva juzgar sin saber. —Está bien...gracias, papá. —Se inclinó y le dio un besito en la mejilla antes de bajarse del auto, cerrando la puerta. Se inclinó un poco para estar a la par de la ventana. —Tengo una pregunta. ¿Mamá no quiere que esté en casa por la fiesta sorpresa? Des lo observó por un momento, hasta parece que había dejado de respirar. —¿Qué fiesta sorpresa? —Harry alzó ambas cejas, esperando. — ¿Cómo lo supiste? —La hace todos los años. —Vale, sí. Pero ésta vez será diferente. Vendrá más gente del pueblo. — Comentó, y nuevamente encendió el auto. —Creo que no deberías de decirle a tu madre. —No lo haré. Hasta la noche, papá. Harry pasó frente al auto, cruzando la calle con cuidado y caminando en la acera antes de adentrarse a la escuela. Había un policía allí que guiaría a un grupo de alumnos hacia la cafetería, y Harry se reportó con otro policía antes de ir con los demás. La seguridad era extremadamente alta en la escuela, y cualquier persona tenía el derecho de faltar si podía. Honestamente, Harry creía que los padres de sus compañeros eran lo suficientemente religiosos para creer que Dios los protegería. Una vez se adentraron a la cafetería, fue casi instantáneo recibir un fuerte abrazo de su mejor amigo, el cual fingía un llanto a un lado de su oreja, haciéndolo reír. —Fionn, moriré. —Dijo el rizado debido a que los brazos del otro chico lo presionaban con fuerza. Liam venía riendo ante aquello con un pequeño plato en donde había la mitad de un pastel. —Mi hermanito ya no es hermanito. —Le pasó la mano por los rizos, haciéndolos hacia atrás y provocando que Harry abra sus ojos de más. — Es mayor, es...mierda, no. Es hermanito. Sigues siendo menor que yo. — Se alejó, fingiendo restarle importancia. Harry acomodó sus ricitos hacia un lado nuevamente. —Por meses. — Dijo, y recibió encantado el abrazo de su otro amigo, Liam. —Feliz cumpleaños, Hazz. —Gracias, Li. —Se mantuvieron así por unos segunditos más antes de alejarse y sonreírse. Nuevamente la mirada del niño fue a su mejor amigo, el cual se encontraba viendo alrededor, concentrado. —¿Fi? Fionn observó a Harry y sacudió su cabeza. —Oh, solo buscaba a Stella. Ella va a ayudarnos con tu sorpresa. Vale, vamos a comer. —Pasó un brazo por los hombros del más bajo y lo guio hacia la mesa. Había un pastel muy bonito decorado en la mesa a donde se fueron a sentar, solo le faltaba un trozo y Fionn comentó molesto el cómo Liam no se aguantó y comenzó a comer antes de lo debido. El de ojos castaños parecía no darle importancia, y Fionn continuaba discutiendo. A Harry le ponía tan feliz aquellas pequeñas charlas o anécdotas. Las clases pasaron más rápido de lo usual, y los tres chicos registraron su salida en la oficina del director antes de salir del instituto, caminando entre charlas y risas hacia la casa de Fionn. El Señor Whitehead estaba allí, viendo la televisión. Recibió a Harry en un gran abrazo y lo felicitó antes de dejar a los chicos, yéndose a dormir unas horas ya que él sería el que llevara a Harry al lugar en donde Fionn y Liam le tenían la sorpresa. Los tres chicos se mantuvieron conversando, incluso hicieron los deberes de la escuela para tener el resto del día libre. Tenían padres exigentes, que les presionaban con los estudios y el futuro de cada uno. Finalmente, Liam decidió que iría hacia el cuarto de Fionn a preparar las cosas que llevarían al lugar sorpresa. Una vez éste desaparece de la sala, el de ojos azules se giró para tomar de su mochila un sobre y tendérselo a Harry. —Tengo éste regalo aquí para ti, y es lo único que voy a darte. —Harry lo toma, emocionado y dispuesto a abrirlo, pero Fionn lo frena. —No, no. No es para que lo abras ahora, es para que lo abras cuando...oh, a la mierda. ¡Ábrelo, ábrelo! Harry comenzó a reír y antes de pensar en abrirlo lo agitó. —¿Es una guitarra? —Bromeó, y ambos volvieron a reír antes de que el niño finalizara por abrir el sobre y sacar lo que había dentro. —...oh. Oh, vaya. Wow. Wow. Wow, wow, wow. Fionn se removió en el sofá, ansioso y esperando una reacción. —¿Qué tal, ah? ¿Crees que podríamos irnos a Londres y llegar a tiempo para el show de Frank Sinatra? Harry estaba boquiabierto. Fionn sabía cuánto le gustaba aquel artista, cuan bien lo hacía sentir oír su vinilo al estar triste, y ahora...ahora tendría la posibilidad de verlo en vivo, y junto a su mejor amigo. En su mano se encontraban dos entradas, y dos boletos para un tren a Londres en tres semanas. Era el mejor regalo del mundo. —Tú, yo... ¿En serio? ¡¿En serio?! ¡Oh, Dios! —Rio alegremente antes de lanzarse a los brazos de su mejor amigo, ambos fundidos en un abrazo. —Gracias, gracias, gracias. —Espero que sea mejor que una guitarra. —Bromeó el de ojos celestes antes que ambos se apartaran. Harry observó nuevamente los boletos y volvió a guardarlos en el sobre, con una sonrisita y ojos húmedos por la emoción. —Cuidaré esto con todo mi ser. —Lo guardó en su mochila. —Creí que merecías una gran sorpresa por tus dieciocho luego de todo lo que has pasado. —Harry hace una mueca, entre ésta se oculta una sonrisita. —Y te he notado triste. Como tu mejor amigo, es mi deber verte mejor. —No es un deber, tú no tienes la obligación de hacerme feliz. —Ya comenzaba a hacer puchero. —Es verdad, lo siento. Quiero verte mejor. —Aclaró. Ambos se vieron fijamente, y con sonrisitas en sus labios. El amor y aprecio que se tenían era increíble. Siempre serían una familia. —Fionn, estás haciendo que me enamore de ti. —Bromeó el de ricitos, intentando no reír cuando su mejor amigo llevó una mano a su pecho. —Creí que ya lo estabas. —Oh, no. ¿Crees que fui muy obvio? —No tan obvio como para tomar a la ligera, pero lo suficiente para no sorprenderme. —Ambos ríen mientras Harry niega lentamente. Aún quería llorar. —Realmente quiero verte mejor. —Lo haré, lo prometo. Si, tal vez lo estaría. Liam salió de la habitación minutos después de aquella charla, cargando una pila de cuatro cajas e intentando no tropezar. Fionn se puso de pie de inmediato y le ayudó con dos. —¿De qué hablaban? —Preguntó Liam, sonriéndole a Fionn en modo de agradecimiento. —Harry estaba confesando su amor por mí. —Y había sonado tan indiferente y realista, que Liam abrió sus ojos de más, observando a ambos de sus amigos. —¿Era él por quien estabas mal? —Le preguntó al rizado. Éste último abrió sus ojos de más, algo pasmado. —...oh. Oh, mierda. —¿Qué? ¿De qué hablan? —Preguntó Fionn, pero al ver a Liam tan serio su mirada fue rápidamente a la de Harry, también abriendo sus ojos de más. —¡Estás enamorado de alguien! ¡Es por eso que estabas triste! — De repente la expresión del adolescente cambió a una de pánico mientras reafirmaba el agarre en las cajas. —Oh...oh, no. Por favor, dime que no estás enamorado de mí e hice una estúpida broma que te dañó. Harry no evitó reír, comenzando a negar. —No eres tú, tranquilo. Fionn pareció volver a respirar y observó a Liam antes de que ambos se sonrieran con picardía, viendo al rizado de la misma manera. —Así que... ¿Quién es él? Recordó haber dejado pasar el “él” de la pregunta que le hizo Liam hace días, pero ya eran muchas ocasiones en las que sus amigos se referían a alguien con quien Harry podría estar como si fuese un chico. Era momento de aclarar, doliese o no. —¿Por qué asumen que es un chico? —Pregunta tímidamente, comenzando a ponerse nervioso y con sus mejillas calientes. —Porque no somos estúpidos. —Respondió Liam, y ambos continuaban con aquella sonrisita pícara. Harry bajó la mirada, juntando sus manos y entrelazando sus deditos. — ¿Ustedes...están de acuerdo con ello? Fionn frunce su ceño, borrando su sonrisa. —¿Qué? —¿No creen que yo esté enfermo? —Enfermo es tener gripe, no que te gusten los chicos. Y jamás vuelvas a preguntarle a alguien si está de acuerdo con tu orientación sexual, el único que tiene que estar de acuerdo eres tú. Harry tragó saliva con fuerza y limpió una lagrimita que caía por su mejilla. —Gracias. —Dijo. —No agradezcas, Harry. —Dijo Fionn, también sentimental. Liam se quejó. —Quiero abrazarlo. —Lo haremos apenas venga a ver la sorpresa. Siéntete como en tu casa, Harry. —Le sonrió en modo de aliento y se dirigió hacia la puerta. —Liam, vamos. Habían pasado aproximadamente dos horas, y Harry se la había pasado viendo Tom & Jerry en la televisión, entretenido mientras comía pastel que había quedado y bebía jugo de naranja. Fue finalmente cuando el Señor Whitehead despertó de su siesta y le propuso ordenar un poco antes de salir que Harry se levantó y se dirigió a la cocina, dispuesto a lavar su plato y vaso. Nuevamente volvió al living, y acomodó la mochila en el sofá junto a las demás. Apagó la televisión cuando el señor Whitehead había terminado de beber algo y salió junto a éste para dirigirse al auto. En el camino se la pasaron hablando del regalo que Fionn le había dado a Harry, de la buena música. Comentaron cosas sobre Elvis Presley, los Beatles y los Rolling Stones. El rizado, de entre todos esos, prefería a Elvis, pero también amaba los otros dos grupos. Finalmente llegaron frente a la iglesia del pueblo, y Harry no pudo evitar fruncir el ceño. ¿Acaso habría una misa? Estaba a punto de comenzar a desilusionarse, pero el padre de su mejor amigo le tendió un papel, el cual era una especie de mapa. —Sigue las instrucciones, y allí los encontrarás. —Dijo. —Oh. —El rizado desabrochó su cinturón antes de bajarse, y agradeció el “Feliz cumpleaños” proveniente del hombre en el vehículo antes de acelerar y desaparecer por las calles desiertas de Holmes Chapel. Harry se encaminó hacia la iglesia, pero no subió los escalones de ésta, más bien, la rodeó, justo como decía en el mapa. Podía oír música a lo lejos, y mientras más se adentraba al bosque, más audible y reconocible era. Se encontró moviendo la cabeza. Solía oír esa canción cuando le tocaba limpieza en su cuarto, porque era muy animada, para oírla en los buenos días. Continuó avanzado, y el sonido se volvía aún más fuerte. Entre los troncos y la oscuridad, visualizó un lugar exacto del bosque el cual parecía tener cosas allí. Se fue acercando con una sonrisita en sus labios: Reconocía una mesa con comida y lo que parecía un gran pastel, un cartel que iba de un tronco a otro donde se leía “¡Feliz cumpleaños, Harry!” y decoraciones rosadas y azules, sin olvidar el tocadiscos con el vinilo girando en éste. Finalmente llegó, y bajó la mirada para doblar el mapa. ¿Dónde estaban sus amigos? Nuevamente alzó la mirada, y su sonrisa se borró de inmediato al visualizar a Liam en el suelo, con un poco de sangre en su sien y desmayado...o eso esperaba. Todo su cuerpo se tensó, todo se volvió frío mientras sentía a alguien de pie detrás suyo, a la expectativa de lo que haría. Sentía el malestar en su estómago, pero no, no era Louis. Era aquel malestar que sintió aquella noche que durmió mientras creía que el diablo le acariciaba el cabello y no era así, o cuando intentaron quitarle la vida en la bañera. Tomó una respiración honda antes de girarse de golpe, y se encontró cara a cara con Stella, la cual le sonrió de manera lenta y escalofriante. —Feliz cumpleaños. Sintió un golpe en la cabeza, su cuerpo caer al suelo, y se durmió. Sus ojos se abrieron lentamente, le pesaban un poco los párpados mientras una fuerte jaqueca lo hacía sisear. Tenía frío, hacía frío aquella noche, y la música había desaparecido. Respiró profundo, intentando dejar de ver borroso. —Finalmente. —Oye nuevamente aquella voz. Era Stella, era la novia de su mejor amigo. Finalmente, su vista se aclaró, y la vio caminar lentamente hacia él. Se intentó hacer hacia atrás, pero parecía que algo lo mantenía en su lugar. La observó entre asustado y frustrado. La chica alzó ambas cejas. —Oh, no me veas así. ¿Ahora vas a decirme que no lo sospechabas ni un poquito? No podía ser el que todo lo bueno durara poco para él. Estaba tan enojado, y tan, tan, tan asustado. —¿Qué debería sospechar? —Dijo, sin verla, pero teniéndola bastante cerca. Se armó de valentía. —¿Que eres una perra? —Jamás había llamado a una mujer así, y no lo hacía. Él no le hablaba a Stella, le hablaba al demonio. Una fuerte patada en su estómago lo hizo jadear por aire. Se quejó debido al ardor, pero aun así hizo todo lo posible para seguir firme. —¿Dónde está Fionn? —Eso es un “no”. Vaya, Harry, te creía menos imbécil. —Proporcionó otra patada en el cuerpo del niño en el suelo, lo cual lo hizo doblarse y nuevamente jadear, pero el demonio se dirigió hacia la mesa donde estaba el pastel, tomando la gran cuchilla que había a un lado. —¿No me reconoces en éste cuerpo? —Cortó un trozo de pastel y lo sirvió en un platillo. —Tal vez debería de verme más triste, más rota y rechazada. — Fingió un tono triste antes de girarse aún con la cuchilla en su mano. Harry la observó fijamente, con una mano en su estómago y tragando el gusto metálico en su boca. Oh, realmente había sido un imbécil. Había sido obvio. —Ruby. Stella se encogió de hombros inocentemente. —Sí, bueno. Podría decirse que sí, así nos conocimos. —Comienza a caminar hacia el cuerpo del niño, ignorando el de Liam al pasar, y poniéndose de cuclillas para estar a la altura del rizado. —No importa eso, realmente. Lo único que importa aquí es que sepas que yo no soy el malo de la historia. —Negó lentamente, viendo fijamente los ojos verdes del menor. —Realmente, no lo soy. Tú si lo eres. Harry intenta no verse muy obvio al notar que Liam comienza a ponerse de pie silenciosamente, sosteniendo en una de sus manos una botella de wisky. —En primer lugar... —Prosiguió el demonio, apuntando el pecho del rizado con la cuchilla, presionando levemente para herirlo. —...tú fuiste quien corrió a los brazos del demonio cuando nuestro querido Brad... —Hizo una pausa y llevó su mano libre a su corazón, asintiendo, con una falsa expresión de lamento. —...que en paz descanse, engañó a tu familia. Era un simple castigo, solo unas quemaduras en la piel. Es una gran diferencia a morir desangrado porque te arrancaron el pene, ¿Verdad? Liam continúa acercándose muy lentamente, fijándose donde pisaba para no ser ruidoso. Por suerte, en aquella área del bosque, era pura tierra. No había tantas ramas ni césped. Harry vio fijamente a Stella y relamió sus labios antes de hablar, ya que debido a los nervios tenía la boca seca. —Así que mis primos te ordenaron matarme. —Mira, yo lo intenté. Realmente lo hice, pero siempre que lo intentaba...allí estaba él. Incluso con sus cuervos. Siempre vigilándote, y yo no podía arriesgarme tan rápido, sé reconocer que no tengo la misma cantidad de poder que él, pero soy muy bueno escondiéndome: Primero en aquella dulce niña, luego en el idiota del novio de tu hermana, he estado en el padre de Fionn y, oh, incluso he estado en Liam. —Llevó la cuchilla al cuello del menor, y la piel de éste se erizó más de lo normal. —Siempre he estado a tu alrededor, acechándote, y tú jamás te has dado cuenta. Pero ahora ya no está. Se ha ido, Harry. —Comenta refiriéndose a Louis. Su sonrisa se vuelve más grande y se acerca más al rostro del menor. —¿No te pones a pensar en porqué todos te dejan? —Suspira mientras Harry comienza a lagrimear. Esto era una pesadilla. —Creo que es hora de asimilar la verdDetuvo sus palabras cuando la botella de wisky que anteriormente estaba en las manos de Liam estalló contra la cabeza de la chica, y lo escalofriante fue que la expresión de ésta era la misma: Sonriente, aunque en su mirada algo cambiaba. Extendió su mano, y Liam salió prácticamente volando por los aires, chocando contra un tronco y cayendo al suelo. La mente de Harry viajó más rápido de lo normal, y en su cabeza imágenes de su libreta, las páginas corriendo hasta detenerse en una hoja exacta, aquella hoja la cual había memorizado por si acaso. —Exorcizamus te, omnus immundus spirituNo pudo seguir debido al fuerte puñetazo en su nariz, la cual comenzó a sangrar de inmediato. Sollozó secamente por el fuerte dolor, pero apenas tuvo tiempo a lamentarse ya que fue tomado del mentón y dos golpes dejaron su rostro con sangre. —Omnis...omnis satanica potestas, omnis incursio infernalis adversarii, omnis legio... —Continuó Liam, levantándose lentamente. Stella comienza a temblar, retorciéndose. Harry aprovecha para intentar moverse. —¡LIAM, CORRE! Éste le hace caso, comenzando a correr para salir del bosque, buscar ayuda, pero se gira debido al fuerte jadeo del rizado. El demonio había introducido la cuchilla debajo de una de las costillas del menor, el cual gruñó por el dolor, con lágrimas cayendo entre toda la sangre de su rostro. —Omnis congregatio et secta diabolica. —Continuó Liam mientras el demonio quería moverse, pero todo lo que hacía era temblar. Sus ojos pasaron de ser como los de un ser humano normal a volverse completamente negros. —Ergo draco maledicte et omnis legio diabolica adjuramus te. —Liam retrocede un poco cuando el demonio se pone de pie entre temblequeos, queriendo caminar hacia él. Harry quita la cuchilla enterrada en su abdomen y lleva su mano allí, poniéndose de lado y respirando entre jadeos de dolor. —Liam... —Cessa decipere humanas creaturas, eisque aeternae perditionis venenum propinare. —Dice el chico, y toma otra botella, lanzándosela y fallando. —Mierda, mierda, mierda. —Vade, Satana, inventor et magister omnis fallaciae, hostis humanae salutis. —Continúa Harry mientras hace lo posible por ponerse de pie, lográndolo y sintiendo la sangre en su abdomen, en su rostro. Está tan acabado. —Humiliare sub potenti manu dei, contremisce et effuge, invocato a nobis sancto et terribili nomine, quem inferi tremunt. —Su voz se alza cada vez más. Stella cae de rodillas y gruñe antes de gritar, con su voz gruesa, distorsionada. Medio ríe entre quejidos, fuerte, escalofriantemente. —¡¿POR QUÉ NO ABRES TU REGALO, AH?! —Apunta hacia una dirección detrás de Harry, pero su brazo se tuerse debido a que Liam continúa, dejándola temblando, con los ojos cerrados y gritando. —Ab insidiis diaboli, libera nos, Domine. Ut Ecclesiam tuam secura tibi facias libertate servire te rogamus, audi nos. Medio inclinado por el dolor bajo su costilla y notando que Liam tenía el control de la situación, se gira hacia donde el demonio había apuntado. Siente un escalofrío atravesar su columna vertebral al ver una bolsa negra, la cual llevaba algo dentro. No. A tropezones, lentamente, se encaminó hacia la bolsa, y a medida que se fue acercando, pudo observar una mano fuera de ésta. —Ut inimicos sanctae Ecclesiae humiliare digneris, te rogamus, audi nos. No. No, no, no. No. No. Se balancea a centímetros de la bolsa. No puede ser. Le ha dejado de doler el cuerpo, ahora solo algo arde profundamente en su pecho, algo de lo que no se recuperará jamás en su vida. Jamás, jamás. Con temor, su mano temblando, ya sabiéndolo, abrió la bolsa del todo. Su aliento se cortó. Si, por supuesto. Harry le había quitado a alguien, y era claro que harían lo mismo con él. Era claro que el demonio buscaría a lo más cercano que Harry tenía como familia ya que éste estaba siendo protegido por Louis. Y no entendia como de repente todo había dejado de doler, como si fuese que algo le quitó los sentimientos y el dolor físico. Shock, frío, pérdida de sangre, aunque probablemente sea el cuerpo sin vida de Fionn Whitehead, cortado, más manchado de sangre que él, con sus ojos abiertos y perdidos en un punto del bosque. Fue instantáneo el dejar de temblar, y se giró lentamente, viendo a su otro amigo. —Terribilis Deus de sanctuario suo. Deus Israhel ipse truderit virtutem et fortitudinem plebi Suae. ¡BENEDICTUS DIUS! ¡GLORIA PATRI! —Liam finaliza aquel exorcismo, y un humo negro y largo sale de la boca de la adolescente, la cual tiembla y cae al suelo, inconsciente. El demonio golpea contra un punto del suelo y el malestar desaparece al igual que éste. Un silencio ensordecedor se hace presente en aquella área del bosque, solo respiraciones agitadas y entrecortadas. Liam parece recordar que su amigo está apenas manteniéndose de pie, y rápidamente camina hacia éste, tomándolo del rostro al llegar. Lucía perdido, desorientado. —Estás bien, estás bien. Tranquilo. Pero Harry lo estaba. —Estoy tranquilo. —Dijo con calma, la voz apenas audible. Liam frunció su ceño antes de ver detrás del rizado, y éste último pudo ver los ojos castaños del chico llenarse de lágrimas. Las manos de Harry tomaron las muñecas de su amigo. —E-Escúchame. —Liam nuevamente lo observó, y sollozó, asintiendo y con lágrimas cayendo por su rostro. —Tienes que irte, ahora. Nadie puede saber esto. —Harry, es Fionn... —Nadie va a creernos. Liam, por favor. —Ambos se observan fijamente. Sabían que esa sería la última vez que se verían. —Adiós, Harry. —Se le entrecorta la voz antes de besarle la frente al menor y alejar las manos del rostro de éste, dando unos pasos hacia atrás y pasando por un lado del cuerpo de Stella. Liam nota que esta respira. —Está viva. —Llévatela. Liam asiente y se inclina, pasando sus brazos por debajo del cuerpo de la adolescente, cargándola en brazos y caminando fuera de aquel lugar sin mirar atrás. La mirada del rizado permanece perdida antes de girarse nuevamente, en dirección a aquella bolsa. Observa el cuerpo de su mejor amigo, y a pesar de que no siente nada, las piernas le tiemblan y cae de rodillas al suelo, rendido. La casa de los Styles estaba repleta de gente del pueblo. La música era tranquila, todos estaban bebiendo y comiendo, charlando entre ellos. Estaba resultando perfecto. Gemma conversaba con sus amigas en el sofá, Des hablaba con Joffrey y Jacky y Anne iba de un lado a otro, fijándose que todos tuviesen lo que deseaban, conversando con algunas mujeres de la iglesia. Un portazo provino de la puerta principal, junto a muchos jadeos de horror. Des alzó la mirada cuando oyó un vaso romperse en el suelo. —¡HARRY! Allí estaba su hijo: Con su rostro golpeado y repleto de sangre, pálido, con su ropa sucia por tierra y una gran mancha de sangre en su camisa. Respiraba hondo, con sus ojos muy abiertos, pánico en su expresión. Des dejó todo, acercándose. —¡No! —Exclamó el menor, extendiendo su mano y retrocediendo, intentando no caerse. —No. N-No te acerques. —¡Harry, bebé! —Anne igualmente quiso acercarse, pero el nombrado no se lo permitió. —¿Qué te sucedió? ¡Amor! Por favor. —N-no.…no me toquen. No me toquen. Un hombre de entre todas las personas se acerca. —Tienen que llevarlo al hospital ya. Está desangrándose. —Dice, acercándose. Era George Griffin, un médico reconocido entre todos. —Vamos, Harry. Necesitas ayuda. —Se acerca de más y lo toma de la mano. —¡NO ME TOQUES! Y, como arte de magia, el hombre sale disparado por los aires, golpeando su cuerpo contra una pared antes de caer al suelo. Todos parecen sentir aquel malestar, que para ellos era lo peor, pero para Harry, oh, para Harry era un alivio. Anne dio un paso hacia atrás, asustada. La gente comenzó a desesperarse y encaminarse hacia la salida del patio trasero, escapando de aquella situación, todos menos el padre William y la familia Styles. El niño no sabía si tal vez era el extrañarlo con toda su alma, pero incluso podía percibir dónde estaba el diablo. Con esperanza, se dirigió de manera apresurada, tambaleante hacia las escaleras, comenzando a subirla con cuidado. El padre William extendió su mano, apuntando con ésta al rizado. No sabía que oír a alguien orar iba a lastimarlo como aquella vez en la que su padre lo hizo, y sintió éste fuego recorriendo el interior de su cuerpo. Gimió con dolor, a punto de caer de la escalera hacia adelante, pero sintió como algo, Louis, para ser específicos, lo atrapaba, y lo tomaba en brazos. —¡OH, POR DIOS! —Jadeó Anne, llorando y muy asustada. Todos quedaron en silencio al ver aquella figura alta, vestida de negro, con ojos color sangre, perfecto pero escalofriante. El diablo se hacía visible por primera vez frente a las demás personas, sosteniendo a su esposo, a su niño favorito, el cual habían lastimado, en brazos. La furia recorría por sus venas, pero, sin embargo, alzó la mirada y sonrió lentamente de lado. —Un gusto conocernos personalmente. —Dice. Alza su mano mueve levemente sus dedos, provocando que todas las puertas se bloquearan. Ahora tan solo tenían la sala, no había donde escapar. —Bueno, que comience el show. Hizo falta un chasquido de sus dedos para que las cosas comenzaran a destrozarse y moverse bruscamente de lugar, dañando a todo el que se interpusiera entre éstas. Los focos estallaron en pedazos y el diablo podría ver a través de la oscuridad. Se giró con elegancia y subió los escalones, sosteniendo a su niño en su pecho y oyendo los gritos de susto de los Styles y las pocas personas que quedaron en la sala. Harry se quejó en los brazos de éste, retorciéndose de dolor. —Sh, sh. —El diablo lucía asustado por primera vez en su vida. Se dirigió hacia las escaleras de la azotea, aquella azotea en la que habían bailado bajo la luna sangrienta. La puerta se abre sola de un golpe, y Louis se apresura a arrodillarse en el suelo, dejando a su niño en sus brazos, el cual lo observa entre dolor y sangre, débil y con lágrimas cayendo de sus ojos. —Lou... Louis lo sostiene por la espalda con un brazo, y su mano libre va al rostro de éste, queriendo mantenerlo quieto para curarlo. Harry lo nota y cierra sus ojos, negando. —No... —Estás muy débil, no hables. —Ordena. —Abre los ojos. —Yo... —Solloza, adolorido. Todo era una pesadilla. —...lo maté. Yo lo maté. —¿A quién? Harry, lo que sea que haya pasado, no es tu culpa. —El rizado asiente. Por supuesto que lo era. Nada de esto hubiese pasado si no fuese por él. Louis acerca su rostro y las narices de ambos se rozan. —No lo es. —Gruñe. —Lo sé porque te conozco, y no eres capaz de algo así. —Harry solloza más fuerte, retorciéndole. El ardor lo está matando, pero debía soportarlo. —Mírame. Harry. —Llamó, y le tomó del mentón cuidadosamente. El niño negaba, con sus ojos cerrados. Se negaba a ser curado. —¡Harry! —¡No! —Harry, mírame o voy a matar a tu jodida madre. —Si Harry moría, los mataría a todos. El niño rápidamente abre sus ojos, creyendo en las palabras de su esposo y ambos se observan fijamente. Poco a poco el ardor comienza a desvanecerse, y ahora tan solo hay gusto metálico en su boca. Todavía siente la calidez de la sangre en su torso, y Louis parece no darse cuenta de aquel corte profundo bajo su costilla. Se observan por un momento antes de que Harry vea detrás del diablo y apriete su agarre en el brazo del diablo, el cual gira su rostro para observar aquello que atemorizaba tanto a su niño favorito. Descubrió a La Muerte de pie, tan solo observando. —No. —Louis sostuvo a su niño mejor, contra su pecho. La muerte soltó un leve chillido. —¡DIJE QUE NO! —Gritó, y el chillido de Muerte fue más fuerte antes de desvanecerse, asustada. Louis cubrió las orejas de Harry ante aquel sonido que podría afectarle en su estado, y luego lo observó por completo, finalmente notando la camisa con una gran mancha de sangre. La levantó, y observó el corte y la sangre fluyendo de ésta. —No. No. ¡Maldición! —Louis... —No, cállate. —Interrumpió, y presionó con su mano repleta de anillos la herida viendo al niño, el cual luchaba por mantenerse cuerdo. —No voy a dejarte morir, ¿Me oyes? Soy el jodido diablo, y yo decido esto. Yo decido si mueres o no, ¿Entendido? Claramente sabía que no era así, no tenía ningún control sobre las decisiones del niño y por ende no era quién para decidir si continuaría con vida. Pero es que él...él no... —Harry, no soy nada sin ti. El rizado sollozó, aliviado y extendiendo débilmente su mano para acercar a Louis. Ambos presionaron sus labios en un casto beso que duró unos segundos. —Me tienes que llevar a un hospital, y no puedes. —Comenzó Harry, ambos viéndose fijamente. El transportarse podría hacerle más daño, no estaba en condiciones. Suspiró entrecortadamente y observó fijamente los labios del diablo antes de volver a aquellos ojos que lo tenían embobado. —No siento las piernas, Lou. —Puedo curarte. —Dijo, desesperado. —Por favor. Déjame curarte. Harry asintió. Jamás le diría que no. Jamás. La mano en el abdomen de Harry comenzó a calentarse un poco, como si algún tipo de energía lo aliviara. Pudo sentir la sangre dejar de salir de la herida, y cuando estuvo a punto de sentir la herida completamente cerrada, la puerta de la azotea se abrió, y la voz del padre William se alzó en una oración en latín. Harry gritó, retorciéndose, y a Louis le importó una mierda todo. Agitó su mano y aquel hombre salió expulsado nuevamente por la puerta, cayendo por las escaleras. La mirada del diablo volvió al rostro de su pequeño y se congeló al verlo intentar respirar, escupiendo sangre por su boca y temblando, tan solo observándolo. Louis exhaló. Solo había una manera de salvarlo. Le acarició el rostro antes de posicionar su rostro frente al suyo. —Lo siento por esto, pequeño. —Dice, y ambos se ven fijamente. — Déjame salvarte. Harry intenta hablar, y no lo logra. Tan solo asiente, dándole permiso. Siente el aire irse de su cuerpo, y cree que está por morir, pero su boca se abre involuntariamente y puede sentir esta especie de polvo adentrarse, dándole picazón en su garganta. Sus ojos se cierran, y luego de unos segundos más toma una bocanada de aire. —¡Harry! —Se oyen llamados y pisadas en los escalones, hasta que finalmente Des y el padre William llegan nuevamente a la azotea, éste último con un poco de sangre en su frente. Anne intenta subir detrás de su marido. —¡Anne, quédate ahí! ¡Saca a Gemma de la casa! Observa nuevamente al frente, y su hijo está de pie, de espaldas a ambos. —¿Harry? El niño parece suspirar profundamente antes de girarse. Su rostro inexpresivo, un poco engreído con el paso de los segundos y sus ojos completamente bordó. Una sonrisa ladina y coqueta se hace presente en el rostro del menor. — Incorrecto. —Dice, y agita su mano, ésta vez tirando a ambos hombres por las escaleras. Si, así curaría a su niño, pero, mientras... ...esto iba a ser tan divertido. Harry estaba vivo. Apenas. Pocas veces los ángeles tenían el permiso de la otra persona para poseerla, pero a Louis todo le daba igual. Louis no podía dejar morir a Harry, simplemente no era lo correcto, éste no era el destino del niño y, honestamente, poco le importaba si lo era. Iba a salvarlo, por las buenas o por las malas. Los arcángeles eran fuertes, Harry se curaría de inmediato si el diablo quería. Estaba maldito, pero aún podía sanar humanos, aunque jamás lo había hecho antes. El niño había sido el primero. Suspiró. Era extraño ser más bajo, era extraño ser su esposo. Bajó los escalones que lo habían llevado a la azotea, y nadie estaba en el segundo piso. Todos se encontraban debajo, en donde habían estado al principio. Se oía un llanto, el cual seguramente era de su suegra, y las personas se comunicaban de manera rápida, nerviosa. Louis llegó hasta la escalera, pero se quedó de pie allí, sin bajar y observando fijamente a las personas mientras llevaba una de las pequeñas y delicadas manos de su esposo al bolsillo delantero de su pantalón, con la otra apoyándose en la baranda, alzando un poco más el rostro, mostrando superioridad ante todos los asquerosos seres humanos en aquella casa. Cada uno de ellos era lo peor. Solamente estaban Anne, Gemma, Des y el padre William, el cual sostenía su cabeza ante la sangre que emanaba de un corte que a simple vista parecía leve, pero era algo profundo. Nada para morirse. Anne dio un paso antes de que Des la tomara del brazo, pero esta jamás quitó su mirada del cuerpo de su hijo, el cual justo ahora no lo estaba siendo. —¿Harry? ¿Bebé? —Le tembló la voz. Las cejas del mencionado de alzaron, y su cabeza se fue ladeando lentamente con una cínica y ladina sonrisita en sus labios mientras observaba a la mujer caer de rodillas, sollozando. —P-Por favor, devuélvemelo. Por favor. —Anne... —Por favor... —Sí, Anne. —Habló Louis, con la voz de su niño sonando tranquila y seca, tan fría como su cuerpo. —Paciencia. No mataré a Harry, todos ustedes podrán seguir maltratándolo como siempre. —Finalizó, comenzando a bajar las escaleras con paciencia. El padre William llevó su mano hacia el diablo en el cuerpo del niño, pero éste último fue más rápido, y antes de que el mundano pudiese siquiera recitar algo, lo hizo volar hasta pegarlo contra la pared de manera brusca y dolorosa. —No me digas qué hacer, viejo estúpido. —A pesar del insulto, continuaba sonando tranquilo. —Tú, tu iglesia y tu Dios pueden besarme el culo. No éste, por supuesto. —Aclara. —Éste solo lo beso yo. —Asiente lentamente antes de girarse a la familia Styles, observando a su suegra arrodillarse ante sus pies, aun sollozando con fuerza. —Por favor, déjalo ir. —Ruega. —Déjalo ir... —¡Está bien! —Exclama, fingiendo animarse. —Pero dime “Por favor” de nuevo. —Claramente molestando. Sonríe un poco al ver el enfado mezclado con miedo en la mirada de todos. —P-Por favor...te lo ruego. Vale. No es como si a Louis le agradase del todo, pero era la madre de su niño. A pesar de sus absurdas creencias, ésta le preparaba la mejor merienda cuando Harry se sentía mal, lo llevaba a la cama, se acostaba con él cuando tenía pesadillas, le hacía fiestas sorpresas, lo iba a buscar a la escuela y siempre intentaba tratarlo con la mayor amabilidad. Inhaló, mirando arriba unos segundos, pensando antes de exhalar profundamente y ponerse de cuclillas frente a la mujer. Llevó una mano al mentón de ésta, la cual alzó la mirada con terror y tristeza, y la vio fijamente por unos segundos. —Solo haz lo que te digo, y todo irá bien. —Dijo, y la mujer, aun sollozando, asintió. Louis se paró nuevamente. —Ponte de pie. —Le ordenó. La mujer lo hizo de inmediato y Louis dio unos pasos atrás, girándose y pasando una mano por la barbilla de su esposo. Oh, Harry. Debía de curarse rápido, porque su paciencia se debilitaba con el paso de los segundos, y las ansias de hacerlos pagar a cada uno crecía en su pecho. Se giró. —Yo les explico, tomen asiento. —Disimuló un tono amable antes de mover su mano. Los sillones del lugar se movieron bruscamente hacia donde estaban los mundanos, y éstos fueron sentados a la fuerza a excepción del padre William, el cual continuaba pegado a la pared. Louis comienza a caminar lentamente por la sala. —Por mucho que me guste estar dentro de su hijo, llegará un punto en el que tendré que salir, como siempre. Pero quiero que sepan algo... —Se detuvo y observó a todos seriamente. Intentaba contenerse, realmente lo hacía. —...vi y veré cada cosa que ustedes hagan con mi niño favorito. Anne negó. —No es tuyo. ¡No lo es! ¡Déjalo ir! Maldición. ¿Es que acaso los humanos eran así de estúpidos? Si bien Louis era el diablo, y cuando Harry y él habían hecho un trato, el niño era suyo, luego de aquello simplemente era una persona. Claro, Louis solía decirle a Harry que éste era suyo, que le pertenecía, porque al rizado le gustaba oírlo, pero sabía perfectamente que no era literal. Harry no era de su propiedad, no era su esclavo o juguete, era una persona. Era su esposo, su debilidad humana, su alma gemela y aun así, no le pertenecía. Y realmente no iba a responder a esa estupidez, pero entonces el anciano de la iglesia nuevamente habló. Louis poco a poco dejaba ir aquella paciencia que contenía hasta que su niño se curara. Era como cuidar de animales descontrolados, aunque éstos probablemente se comportarían mejor. —Es nuestro. —Dice aquel hombre, y se oye tan asqueroso saliendo de su boca. Es decir, era normal que su madre lo dijera, pero, ¿Quién se creía? Lentamente, Louis fue girándose, con los hermosos ojitos de su niño poniéndose aún más rojos de lo que ya estaban. —Es de nuestra gente. Tiene la protección de Dios. Louis sonrió de lado, provocando que un hoyuelito se marcara en una mejilla de su esposo. —Señor cura depravado, me están empezando a tocar las pelotas sus comentarios. —Dios es misericordioso y—A Dios le importas una mierda. —Se mete ambas manos en los bolsillos del pantalón, girándose para ver a los Styles. —A Dios le importan una mierda, y por eso estoy aquí. El padre William había comenzado a rezar, y junto a éste Anne y Gemma, tomándose las manos. Se notaba que lo hacían con esperanza, intensidad. Se maldijo al sentir los músculos del cuerpo de su niño tensarse un poco y rio con falsedad mientras pasaba la mano de su niño por sus ricitos. —Oigan, es de mala educación interrumpir a alguien. —Advirtió, y llevó su mirada fijamente a los ojos de Des Styles, el cual era el único que se mantenía callado. Harry, lo siento. —De acuerdo, ¿Saben qué? —Sacó una mano del bolsillo delantero del pantalón y chasqueó los dedos. Fue algo tan simple como aquello que hizo explotar en mil pedazos la cabeza del padre William, salpicando sangre y trozos a su alrededor, manchando la camisa y el rostro de Harry. Anne y Gemma se quedaron calladas de inmediato, con la respiración agitada por el miedo a ser las siguientes, afectadas por el impacto. Louis se encogió de hombros desinteresadamente, alzando un poco sus brazos. —Yo se lo advertí. Le advertí que me estaba tocando las pelotas, y siguió. —Harry, sé que estás allí... Louis suspiró antes de ponerse de espaldas a la familia. —Des, controla a tu esposa antes de que comience a tocarme las pelotas, también. —Anne, cállate. —Ordenó el hombre, notablemente nervioso. —Ha-Harry... —¡Anne, cierra la boca! —Exclamó, alzando la voz. La mujer se quedó callada de inmediato, sollozando entre aceleradas respiraciones. Des la observó con dolor. Él tampoco quería eso, no quería eso para su hijo, pero no necesitaba a más de una persona muerta. —Tranquila, ya pasará. Respira profundo, solo hay que esperar. —La mujer parpadeó, soltando un par de lágrimas antes de asentir lentamente, respirando profundamente. Louis se giró, sonriendo de lado y provocando que el hoyuelo nuevamente se hiciese visible en la mejilla de su niño favorito. —Irónico que te tranquilice la persona que más daño te hizo. —Murmuró, dando unos pasos al frente, hacia la mujer. Des le tomó la mano a ésta para mantenerle cerca. —Eres la única decente en ésta casa, que jamás ha maltratado a mi esposo. Debo decir...tú y yo deberíamos llevarnos bien, prácticamente somos familia. —Claramente no era en serio. Louis estaba disfrutando del daño psicológico que les provocaba a los Styles, porque llevaba soportándolo demasiado tiempo. La mujer frunció su ceño con confusión mientras le temblaba el labio. Era realmente muy parecida a Harry, pero no. No era Harry. Nadie era como Harry. —¿E-Esposo? Louis se quedó en silencio mientras tomaba asiento frente a la mujer con lentitud, con sus piernas levemente separadas y sus manos juntas, dedos entrelazados y cabeza ladeada. Anne aún no podía creer lo que estaba sucediendo, porque ese no era Harry. No era su bebé. El color de sus ojos no era aquel precioso verde, y sus movimientos eran fluidos, confiados. El diablo siempre había sido ese miedo que está alrededor, pero te dices a ti mismo que no existe, y lo imaginas como un hombre de risa histérica, trino en mano y muertes por doquier. Sin embargo, aquí estaba: Sentado frente a ella, calmado, sabiendo qué hacer, qué decir, formando caos con una perturbadora tranquilidad y usando de traje a su hijo. A su bebé. Éste la veía fijamente, y allí fue cuando Anne entendió que Harry no estaba allí. —¿No te lo dijo? —Hablaba tranquilo, fingiendo indignación y alzando ambas cejas. —Tranquila, debe de ser la poca confianza que ustedes le brindan. No lo culpo, ese fue el motivo por el cual estoy aquí. —Comentó mientras los sollozos de la mujer eran más audibles que antes, dolorosos para todos excepto para Louis. —Mamá... —Susurró Gemma, asustada y también comenzando a llorar, aun viendo fijamente el cuerpo del padre William, sin cabeza. —¿Puedes darte una idea de todos los problemas que ha atravesado tu hijo? —Continuó el diablo, sin apartar su mirada de los ojos de su suegra. —Nunca lo supiste, porque no lo conoces lo suficientemente bien para saber que está mintiendo. ¿Adivina quién fue el único que estuvo para él? —Sonrió de lado, esperando no tener que responderlo. —Basta. Ya basta. —Esta vez fue Des el que alzó la voz, temblando levemente mientras negaba rápidamente. Louis lo observó casi de inmediato, de manera escalofriante. —Solo vete. Déjalo en paz. Anne notó que el diablo dentro del cuerpo de su hijo veía fijamente a su esposo. Aquello significaba caos silencioso, de nuevo. —Somos su familia, nos corresponde estar para él. Sé que no.…sé que no siempre ha sido así, pero lo será. —Intentó tranquilizar a aquella cosa que manejaba el cuerpo de su hijo. Louis se puso lentamente de pie, dando dos pasos hasta estar frente al padre de su niño. Se inclinó, apoyando sus manos en los apoya-brazos del sofá individual en donde el mundano se encontraba sentado, y quedó con el rostro de Harry a centímetros del de Des, viéndolo fijamente a los ojos. Los del rizado estaban bordó, oscuros y con las pupilas muy dilatadas. La sonrisita que llevaba en su rostro se fue borrando lentamente mientras los cuadros y crucifijos de la casa, los cuales ya se encontraban al revés, temblaban de manera brusca. —... ¿Y tú quién mierda te crees para decirme lo que tengo que hacer? ¿Quién mierda te hizo creer que eres un buen padre ahora, jodida basura? —Rápidamente se endereza y agita su mano con brusquedad, provocando que el sofá cayera hacia atrás, y con éste Des. Anne jadeó, asustada al ver tal escena mientras Gemma sollozaba. —Aún tiene cicatrices en su espalda, producto de su estupidez. —Escupe, moviendo su mano. Esta vez Des sale expulsado hacia el otro lado de la habitación, chocando contra la pared y golpeando una mesa, provocando que las cosas en ésta cayeran. —¡Des, no! —¡Papá! El nombrado se quejó audiblemente, intentando ponerse de pie, sosteniéndose de la mesa. La mano de su hijo se agitó y quedo pegado contra la pared. —No viste el dolor en sus ojos cuando intentaste exorcizarlo aquella vez, y lo peor de todo fue que le dolía menos el ardor de lo que le dolió que su propio padre intentara hacerle daño. —Gruño, y lleno de furia volvió a agitar su mano, enviándolo al otro lado de la habitación con más fuerza que antes. Se giró para poder verlo mientras las cosas colgadas en la pared continuaban cayendo. —Si fuese por mí, hubieses pasado toda tu eternidad en el infierno, pero tu hijo te salvó, y así se lo pagaste: No estando para él. Unas llamas de fuego de elevaron de la nada sobre el cuerpo del padre William. Gemma gritó mientras Anne comenzaba a llamar a su esposo y éste, ya sollozando, hacía un gran esfuerzo intentando levantarse. Louis tan solo rodó los ojos por las reacciones de éstos. ¿Qué esperaban? ¿Qué éste se fuera dejando un hombre sin cabeza en la sala? Por supuesto que no, él sabía limpiar sus desastres, y no quería problemas para Harry cuando éste despertara. El olor a piel quemada comenzó a sentirse mientras el fuego cesaba lentamente con un suave movimiento de dedos del diablo. Era hora, podía sentirlo. —Cuiden de él. —Dijo. —Y teman de mí, porque los estaré observando, y no dudaré en hacer arder esta casa hasta...hasta que... —Su voz le temblaba al igual que sus rodillas, y podía sentir la sangre fluyendo por su nariz. Despierto. Estaba despierto. No lo resistiría demasiado. — ...hasta que sientan el aroma...de sus cuerpos arder. Tal vez solo para una despedida. Sin más, cayó al suelo y, lentamente, fue quedando inconsciente, sintiendo el cuerpo de su niño temblar descontroladamente y oyendo los gritos de la familia Styles. Todo era bonito en aquel lugar. El sol pegando en algunas partes, la brisa primaveral que no daba frío, tan solo refrescaba. Todo olía a flores, y su humor mejoraba debido a las risas de los niños a lo lejos, jugando en los columpios. Él se encontraba bajo un gran árbol. Había estado allí muchas veces en su vida, años atrás, y siempre iba al mismo lugar. Oye unos pasos acercarse lentamente, a alguien sentarse a su lado, y puede reconocerlo incluso sin necesidad de girarse. Una dulce sonrisita con hoyuelitos se hace presente en sus labios antes de girar su rostro y observar a su esposo, el cual se sentó a un lado suyo y lo observa fijamente. —Lou... Louis no evita sonreír de lado. Luce tan bonito, tan calmado. Tiene pequeños pétalos de flores entre sus ricitos, los cuales se ven más claros en la luz, al igual que sus ojos. No puede evitar tomar su pequeña mano y, lentamente, comenzar a besarle los nudillos, sin dejar de mirarlo. Harry siente cosquillas en su estómago, y suspira, embobado. Quiere quedarse así por siempre. Finalmente, Louis aleja la mano de su esposo de su boca, pero no la suelta. —¿Te gusta éste sitio? Harry ve alrededor antes de asentir. —Es el parque central del pueblo, queda cerca de la escuela. Es donde me pediste comprometernos, solo que en invierno no hay tanta gente, pero cuando es primavera...se ve hermoso. Solíamos venir con mi familia cuando era pequeño y pasábamos la tarde juntos. El semblante de Louis cambia, notablemente serio. Hasta luce frustrado. —Me lo hubieses dicho antes. —Susurra, negando lentamente. —Lo hubiese pensado antes. El ceño de Harry se frunce mientras se acerca más al diablo, apoyando su mejilla en el hombro del contrario. —¿Cómo? —Cuando cumplimos el año de comprometidos no hice nada más que pasarlo contigo en tu habitación. Tuvimos sexo, charlamos, y jamás pensé en traerte aquí. —Hey... —Harry estaba tan de buen humor que hasta bromeaba con ofenderse, alzando el rostro y entrecerrando tan solo un ojo debido a la fuerte luz del sol. —A mí me gustó el cómo pasamos nuestro aniversario. —Merecías algo mejor. —Aclara el diablo, tragando saliva. Un pequeño silencio se hace presente antes de que bajara la mirada, encontrándose con los hermosos ojos de su niño. —Con esto me refería a ser el diablo. Todo es mucho más difícil a mi lado, porque no estoy hecho para amar. Te deterioro, y no puedo ni siquiera llevarte a cenar a un lugar que te guste en nuestro jodido aniversario. —Está notablemente molesto consigo mismo. —Lou, no me hubieses podido llevar a cenar ni siquiera siendo humano. Ya nos estarían dejando en la calle por ser dos hombres. —No estoy hecho para merecerte. Harry frunce su ceño, sintiendo preocupación en su pecho. Nunca había visto a Louis liberando sus pensamientos de aquella forma, porque el diablo siempre había sido coqueto, y demostraba superioridad ante cualquiera, y pocas veces revelaba sus pensamientos, pero éstos...eran pensamientos realmente oscuros. Louis no se amaba. No realmente. —Lou, tú...tu no debes de decir eso. Tu no eres malo. —Abre su boca una y otra vez, pero nada sale. Está desesperado, porque no sabe cómo hacerlo sentir mejor. —Yo sé...que no has recibido amor en mucho tiempo, probablemente toda tu existencia, pero te aseguro que ahora sí. Eres amado, yo te amo más de lo que alguna vez alguien amaría. —Traga saliva con fuerza. —Y eso es todo lo que importa. Louis lo observa fijamente por unos largos segundos. —Harry, sabes que realmente no estás aquí, ¿Verdad? —El niño tan solo le observa confundido. —Probablemente estés en el hospital ahora mismo, has sufrido una convulsión. Ya estás curado, y tu cuerpo no es lo suficientemente fuerte para sostenerme. El niño baja la mirada, y de pronto miles de imágenes recorren su cabeza: Su mano sin anillo, llanto, cumpleaños, entradas a una presentación de Frank Sinatra, bosque, Stella, Ruby, Liam, demonio, Fionn, fiesta sorpresa, Louis, azotea, Muerte, sangre... —Ay...no. —Lleva rápidamente sus manos a sus ojitos, cubriéndolos. No quiere ver más, no quiere recordar eso. No puede ser. ¿Todo había sido real? —Harry... El día parece nublarse notablemente, la brisa se vuelve fría, las risas de los niños se vuelven inaudibles. Es invierno, pero no uno bonito, si no uno frío, donde no hay un lugar cálido para relajarse. El rizado niega lentamente mientras las lágrimas no tardan en caer por sus mejillas. Destapa su rostro luego de limpiar sus mejillas. Devastado, esa era la palabra, o tal vez una peor. Nada de lo que anteriormente le había sucedido se comparaba con esto. —Yo...estar aquí me hizo olvidar. Parecía una nueva vida, quiero decir...quería que lo fuera. —Su voz se corta un poco y toma una profunda respiración para controlar el llanto. —Realmente quería que esto fuese real. —Lo sé, amor. —Si Harry no estuviese tan arruinado, si Harry se hubiese conservado como hace unos minutos atrás, ahora estaría brincando por aquel apodo. Negó. —¿Tú dices no merecerme a mí? Al menos eres el diablo, fuiste forzado a ser así. Yo soy un humano, y me convertí en un monstruo. — Su voz tiembla, su mirada está perdida mientras deja caer nuevas lágrimas por sus mejillas. Louis gruñe. No, no puede permitir esto. —No es así. —Dice, acercándose y tomándolo de las mejillas. —Mírame. Harry, mírame. —El rizado lleva su mirada a la del amor de su vida. Éste ahora tiene los ojos rojos, llevándose el celeste. —No es así... —Lou, he matado a Fionn. —Dice. Ni el mismo puede creer cómo pudo decirlo en voz alta, con tanta normalidad, cuando se está muriendo por dentro. Un silencio se hace mientras Louis lo sostiene, negando. —Yo lo hice. Esa cosa vino por mí, y lo encontró. Lo descuartizó vivo, metió su cuerpo en una bolsa...y aún sigue allí. —No entiende cómo, pero, por algún motivo, no parece enloquecer. Parece asimilarlo, aunque realmente no es así porque su voz tiembla, y las lágrimas continúan cayendo por su rostro. —Su padre está solo, todo lo que tenía era a su hijo y yo se lo he quitado. —Traga saliva antes de llevar su mirada a un punto perdido. Apenas puede respirar del dolor. —He matado a mi mejor amigo. Louis no puede hacer otra cosa que estrujarlo contra su pecho. Puede sentir el dolor de su niño como si fuese propio, y era debido a la gran conexión entre ambos. Era una de esas pocas veces en las que el arcángel se quedaba mudo, pero esta vez fue diferente: No se quedó sin palabras, pero supo que no había nada que sanara aquella herida, y quería protegerlo. Quería protegerlo de cualquier cosa. Debió haberlo protegido, debió haberlo cuidado más. —Harry, no hay nada que yo diga que pueda arreglar éste daño. —Llevó una mano a los ricitos de su esposo, acariciándolo con cuidado, como si fuese tan frágil como para quebrarse con el más mínimo toque. Debía de ser cuidadoso, como nunca había sido. —Pero te diré la verdad, incluso si esta muchas veces no arregla nada: No fue tu culpa. Nada de todo lo que te ha sucedido es tu culpa. Finalmente, Harry solloza silenciosamente, temblando en los brazos del amor de su vida. No, definitivamente no había logrado asumir nada, y desafortunadamente aún tenía sentimientos. Lloró con fuerza, pero silenciosamente en el pecho del diablo, el cual le acariciaba la espalda, los rizos y le besaba la frente. —Sh, tranquilo. Estoy aquí contigo... —T-Tuviste que haberme dejado morir. —¿Cómo podría? —Responde de inmediato Louis, riendo secamente en medio de la frase, con sus labios pegados en los rizos de su niño. —¿Cómo podría haberte dejado morir, sabiendo la persona que eres? ¿Cómo podría abandonarte, cuando eres el único para mí? —Cierra sus ojos con algo de fuerza. —¿Cómo podría haberte dejado morir sin hacerte saber que he llegado a amarte incluso más de lo que tú podrías amar? Harry se derrumba, sollozando fuerte y envolviendo sus brazos alrededor del torso del mayor, ocultándose en él. Es una mezcla de alivio, tristeza y paz. Es una mezcla de sentimientos que no paran de pasarle por el pecho, dejándolo anonadado. Intentó detener su llanto, dejar de mojar la camisa negra de su esposo. —Te...te amo. Louis le alzó el rostro, sosteniéndolo de las mejillas, y ambos cerraron sus ojos con fuerza antes de plantar sus labios en los del otro, moviéndolos con pasión, profundidad, sintiendo cada parte de sus bocas, disfrutando cada sensación, cada pequeño segundo. Una de las manos repletas de hermosos anillos de Louis fue a la nuca de su niño favorito, sosteniéndolo de los ricitos para mantenerlo cerca, deteniendo el profundo beso cuando pequeños sollozos se le escapaban e intentando consolarlo con caricias y suaves pero cortos besitos sobre su boca. Para Harry, Louis era el amor de su vida, y para Louis, Harry era el amor de su existencia. Su alma gemela. Lo había sentido siendo tan solo un alma, el momento en que fue creado. Lo sintió en el pecho, y éste sentimiento lo llevó a él. Fue como un llamado del destino, algo a lo que no podía ni quería negarse. Largos minutos después, se aparta y le limpia mejor las lágrimas a Harry. Ahora se encuentra serio, viendo fijo al rizado, y éste sabía que cuando Louis tenía aquella mirada era porque diría algo que no quería ni podía repetir dos veces. —Escúchame con atención. —Dice. Harry asiente, sorbiendo su naricita. —El demonio que ha matado a Fionn está en el infierno. Yo voy a encargarme de éste, cobraré venganza por ti, me encargaré de hacerlo pagar cada segundo que sufriste. —Harry asiente mientras aprieta sus labios, intentando no llorar desconsoladamente, de nuevo. —Debo irme ahora, por un corto tiempo. —¿Qué? No. No, no puedes irte ahora. No p—Harry. —Lo interrumpe. —Tú sabes que a mí me importa una mierda tu familia, pero estarán vigilándote. Lo que te sucedió no es poca cosa, y querrán comprobar que no esté contigo. Van a dañarte, y no voy a tolerarlo. —Explica, suspirando mientras continúa limpiando las lágrimas que fluyen por las mejillas del menor. —Pero volveré. —No lo harás... —Solloza, adolorido y temblando aún más. —...s-solo lo dices para que no me duela, para que resista. No volverás... —No. Mírame. Mírame, Harry. Lo haré. Prometo que lo haré. Voy a volver, debo volver...debo regresarte. El silencio se hace presente unos segundos. —¿R-Regresarme? Louis lo ve fijamente. —Espérame, ¿De acuerdo? Debes esperarme. —¿Lou? —Es casi instantáneo comenzar a sentir su cuerpo cansado, pesado, lo suficiente para acabar recargado en el pecho del diablo. Los ojos se le cierran. —L-Lou... Oye la voz de su esposo decirle algo, pero no pudo descifrar qué. Cayó dormido. Días después, finalmente sus ojos se abrieron. Parpadeó lentamente, observando a su alrededor. Habitación blanca, algo inyectado en su antebrazo, alguien con delantal acomodando cosas a su lado. Hospital. Estaba en un hospital. ...oh. —Hey, finalmente despiertas. —Dice la mujer con ánimos, tomando una libreta y verificando lo que esta decía. —Harry Styles, soy la doctora Lee. ¿Recuerdas lo que te sucedió? Claro que recordaba... ...pero por algún extraño motivo, no le afectaba. —Si. —Responde. Hasta su voz suena extraña. —¿Qué día es? —Han pasado cuatro días desde el incidente. —Responde la mujer, anotando un par de cosas en su libreta. —¿Te duele algo? —No. —Suspira, cansado antes de moverse un poco, intentando sentarse. La enferma rápidamente le ayuda, extrañada. Debería de dolerle, al menos, la cabeza. ¿Un milagro, tal vez? —Necesito revisarte para verificar que estés completamente bien, pero iré a avisarle a tu familia. Llevan mucho tiempo esperando fuera. Pediré que te traigan agua, y tal vez puedas comer una sopa, niñito. Harry tan solo la observó irse, ya sentado, y se observó a sí mismo. Se observó las manos, y movió los deditos de sus pies, y tocó su rostro... ¿Qué había cambiado? Porque ya no había vacío. Claramente Louis se había ido, pero poco le afectaba. Poco le afectaba todo. Intentó recordar algo profundo, algo que sabía que podría dolerle. Visualizó la imagen de su mejor amigo descuartizado, muerto, con la mirada perdida. ... Nada. Y tal vez era una leve sospecha, tal vez Harry solo estaba cansado y necesitaba comer o beber, pero...había una gran posibilidad... ...no. No era hambre, no era sed. Era una probabilidad. El diablo había cumplido con su trato. Su alma ya no estaba. ¿Y le afectaba? Para nada. Era un nuevo comienzo, una diferente manera de ver las cosas...y la disfrutaría. Al máximo. Un día después de haber despertado, estaba fuera. Podría haber salido incluso horas después de haber despertado, porque gracias al arcángel se encontraba en perfectas condiciones, pero a los doctores les resultaba raro aquello, y decidieron mantenerlo en observación por un día más antes de dejarlo ir. Harry ya era conocido en aquel hospital debido a los miles de veces que sus padres lo habían llevado, y más últimamente por todo lo sucedido, así que las personas realmente sospechaban algo extraño. Su familia lucía asustada al principio, cuando comenzaron a hablarle. Apenas lo llevaron a la casa -fue un viaje silencioso e incómodo- lo hicieron estar en la sala, acostarse allí. Llamaron a un sacerdote de la iglesia en donde el padre William también solía estar, y pidieron por él para bendecir la casa y chequear que Harry no tuviese nada dentro o a su lado. Así fue: David llegó, bendijo cada lugar de la casa, limpió toda mala vibra -la cual aseguró que había, y mucha-, y también chequeó a Harry. Éste permitía que hagan lo que quisieran con él, porque poco le importaba. El día había transcurrido normal. El rizado se la había pasado en su habitación. Al entrar, tan solo se sentó en su cama y tocó las cobijas, sintiendo la textura de éstas. Intentó recordar cosas profundas, cosas que sabía que solían matarlo de dolor, pero no. Nada le dañó el pecho, nada lo hizo tener emociones. Nada. Pero, aun así, no estaba seguro. Necesitaba una confirmación, porque podría estar en shock. Se fue a dar un baño, se vistió, y ordenó su habitación. Cambió los muebles de lugar, e hizo espacio en la mesa donde hacía su tarea de la escuela, quitando los vinilos escondidos de debajo de su cama y acomodándolos de manera ordenada. ¿Por qué los ocultaría? Ya no tenía miedo. Luego tan solo subió a comer, y no tenía hambre, pero lo hizo de todas formas. Se mantuvo callado mientras los Styles intentaban entablar conversaciones alegres, fingiendo que nada había pasado, que todo estaba bien y no habían presenciado muerte, caos. Principalmente, fingiendo no saber el que su hijo menor se había casado con el diablo. Llegó la hora de dormir, y el sueño no apareció en toda la noche hasta las ocho a.m., cuando finalmente se durmió, tan solo dos horas. Y estaba cansado, pero no le afectaba como realmente debía afectarle. No soñó absolutamente nada. Cuando subió a desayunar tan solo se encontró con su madre, la cual claramente estaba llorando. Su rostro estaba rojo, sus ojos llorosos y sus mejillas húmedas. Se limpió rápidamente la cara cuando vio a su hijo llegar a la cocina: No quería que éste se preocupara, pero, de todas formas, no lo hizo. —Buenos días, mamá. —Dijo, pasando de largo hasta la encimera, preparándose su desayuno. Buscó una taza, su té y puso agua a hervir antes de buscar el azúcar. Oyó a su madre sorber su nariz. —Harry...tenemos que hablar. Por favor, siéntate. El nombrado se giró con el ceño levemente fruncido y asintió antes de volver a girarse. —En un minuto, mamá. Tan solo me sirvo el té, y hablamos. —Bebé...necesito que hablemos ahora. —Sollozó, tapando su rostro y nuevamente comenzando a llorar en silencio. Harry ni siquiera se inmutó. Como si su madre no estuviese allí, incluso tarareó mentalmente una canción de Elvis Presley, alejando la tetera del fuego y sirviendo el agua en la taza, tomándola y yendo hacia una silla, sentándose y suspirando antes de comenzar a revolver el té. —Te escucho. Anne lo observó con el ceño levemente fruncido, volviendo a limpiar sus mejillas. Se extrañaba de su hijo, el que éste no haya corrido a preguntarle si le había sucedido algo. No lucía preocupado, hasta lucía desinteresado. Ignoró aquello y se sentó frente al rizado, observándolo fijo antes de tomarlo de la mano, provocando que éste la observara. —Harry, hoy...yo.... —Se detuvo ante el temblor de su barbilla. —...la policía estuvo aquí hoy. —¿Qué querían? Anne suspiró, bajando la mirada. —Ellos...encontraron muerto a—A Fionn. —Completó Harry. Anne lo vio entre sorprendida y angustiada, comenzando a llorar nuevamente. —Ya lo sabía. —Lo siento mucho, mi cielo. —Le dio un suave apretón en la mano antes de soltarlo. Harry puso el saquito del té sobre una servilleta. —La policía, ellos...querían hablar contigo. Les dije que estabas algo delicado, si podrían, por favor, hacerlo luego. Accedieron, tu sabes, nos conocen de toda la vida. —Nuevamente estaba limpiando sus lágrimas. No paraba de llorar. Harry tan solo bebía de su té, asintiendo. —Mamá, ¿Hay tostadas? La mujer lo observó fijamente, y ahora comenzaba a indignarse un poco, sin poder evitar el hecho de que, básicamente, a su hijo le importaba poco y nada la muerte de su mejor amigo. Tragó saliva, asintió y se puso de pie, yendo a buscar las tostadas. Se detuvo a medio camino antes de girarse. Recordó a su hijo antes del caos: ¡Éste estaba repleto de sangre! ¿Acaso él...? —Harry. —Su voz le tembló al llamarlo. El niño alzó la mirada, viéndola fijamente y serio. —¿Tú...tú mataste...? No, no. Tú no lo...hiciste, ¿Verdad? Harry parpadeó lentamente. —Si. —Respondió. Las manos de la mujer mayor comenzaron a temblar antes de recargarse en la cocina. Todo su cuerpo estaba sudando de nerviosismo y miedo. Porque si Harry había matado a su mejor amigo, a aquel adorable chico, y lo decía con tanta frialdad, más preocupado por no estar desayunando tostadas que por ser un asesino y ya confirmado que no tenía nada dentro, entonces se había vuelto un verdadero psicópata. No solo eso, sino que, si aquello salía a la luz, además de que ella y su familia podrían no ser bienvenidos en la iglesia y pueblo, Harry iría a la cárcel. Y apostaba lo que fuese que, por la manera en la que habían encontrado el cuerpo de Fionn, lo ejecutarían de inmediato en la silla eléctrica. No podía permitir eso, porque ese no era su niño. No era su bebé. —Harry...Dime que es una broma. —Sollozó y se acercó, tomándolo del rostro. —Dime que no lo hiciste. Dime que no lo dañaste así, no lo mataste. No lo viste morir. Harry continúa observándola. —Bueno, no fui exactamente yo. Yo fui el motivo por el cual está muerto, pero no lo he matado de manera literal. —Aclaró. Su madre se calmó un poco y, nuevamente, tuvo que sentarse. Realmente no podía creerlo. Harry se terminó lo que quedaba de su té antes de volver a hablar: —¿Recuerdas a Louis? Anne negó. —El diablo. Ese es su nombre. —Explicó. Todo el cuerpo de Anne se tensó. Harry se estiró en su silla. —Él me ha defendido de Brad cuando le mintió a papá sobre que yo fumaba. También ocasionó el infarto en papá, porque estaba a punto de dañarme. —...Yo—Así que Louis mató a Brad. —Siguió hablando. Los ojos de Anne se abrieron de más, con su corazón latiendo demasiado rápido y fuerte. — Ben y Bob decidieron vengarse. Hicieron un pacto con un demonio para que me mate. El demonio no pudo, porque yo tenía al diablo encima, así que Ben, Bob y el demonio cambiaron el trato: Mataron a una de las personas que más amaba, así como Louis hizo con ellos. Solo que Fionn era bueno. —Se encogió inocentemente de hombros. Su madre sollozaba bajo. Estaba perdida, no tenía idea de qué hacer porque su muchacho estaba actuando como un completo loco, y luego de haber visto todo lo que vio aquel día, le creía. Sabía que era verdad, pero los demás no le creerían. —¿Cómo...cómo haré? Eres sospechoso, Harry. Quieren hablar contigo. —Alzó un poco su voz, temblando e intentando calmar su respiración. — Podrían ejecutarte por creer que tú lo mataste. Podrías morir. —No hay problema. —Acomodó sus ricitos hacia un lado. —No habrá ningún problema en confesar que yo lo maté. —¡Harry, no fue así! —Exclama, desesperada. —¡Eres un niño! ¡No sabes lo que haces, no sabías en lo que te metías! ¡No es tu culpa, bebé! —No me siento culpable, mamá. —Se puso de pie, tomando la taza y llevándola al fregadero, lavándola antes de dejarla nuevamente en el mueble. Se giró sobre sus talones para ver a su madre, la cual lo veía sorprendida, hasta con algo de miedo. —No tengo miedo de morir, y no hay manera de que crean que un demonio lo mató. —Harry, no puedes confesar. —Se puso de pie rápidamente, caminando hacia el niño, y lo tomó del rostro con sus manos temblorosas. —P-Por favor. Bebé, por favor, dime que no confesarás. Dime que no lo harás. —Está bien. —No, no. —No permite que se aparte. —Tienes...tienes que prometerlo. Debes de decirle a la policía que no fuiste tú, que Fionn no estaba allí cuando llegaste, solo Liam y tú. —Le echarán la culpa a Liam. —Harry, alguien debe salir perjudicado en esto...y no serás tú. Tú...eres mi amor. Eres mi adorable pequeño. Necesito protegerte, porque no mereces más cosas malas. Necesitas cuidados. Harry tan solo la observó fijamente. Podría no sentir nada, podría no sentirse atraído a todo lo que antes le fascinaba, podría no amar más...pero no por eso iba a hacer maldades. Era listo, y sabía lo que estaba mal y bien, aunque no lo sintiera realmente. —No voy a tirarle la carga a Liam, porque no es lo correcto. —Dice, alejando de su rostro y con cuidado las manos de su madre. —No diré nada, si eso quieres. Puedo intentar algo más. —¿Qué harás? —...Ya lo pensaré. Debo irme a la escuela. Adiós, mamá. —Sin siquiera un toque, ni un beso en la mejilla o en la frente, se dirigió hacia su cuarto. Habían pasado dos semanas. Los policías mantenían a Harry como un posible sospechoso, porque éste se veía muy insensible a la hora de relatar el asesinato de su amigo. Había hablado días antes con Liam, el cual también se comportó distante. Ya no era lo mismo. No sin Fionn. Comentaron lo que dirían, lo repitieron para guardarlo en sus cabezas. Liam fue el primero en confesar, y finalmente le tocó a Harry. Esa fue, esta vez, en definitiva, la última vez que lo vio. "Yo esperaba en casa de Fionn con el señor Whitehead, éste me llevó al supuesto lugar donde me harían la fiesta sorpresa. Cuando llegué, no encontraba a Liam, tampoco a Fionn. Finalmente lo encontré en la bolsa, con su cuerpo descuartizado y.…" Negó, fingiendo dolor. "Liam llegó después, ambos quedamos en shock. Aún no podemos creerlo, y no sabemos quién fue.” Y así fue como, con el paso de los días, la policía continuaba buscando, pero no realmente. Nunca les importa demasiado. Los días pasaban. Harry había vuelto a aquella biblioteca donde encontró el libro de invocación para llamar a Louis, queriendo resolver aquel asunto del cual no estaba seguro. ¿Realmente su alma había desaparecido? Sin embargo, hasta aquel día, no había encontrado ni un libro que mencionara algo sobre el tema. ¿Cómo era posible que había un libro con una verdadera invocación al verdadero rey del inframundo, pero no había ni siquiera una teoría sobre el alma? ¿Al menos de cómo regresarla? La verdadera pregunta era: ¿Realmente quería su alma de regreso? Volvía cada día con libros que devolvía al siguiente día, para tomar otros. La recepcionista Harris le permitía sacar lo que Harry quería, porque antes de Louis, éste acostumbraba ir a leer muchísimo, y aquella mujer, al verlo nuevamente luego de largos meses, le permitió llevarse los libros que quisiera, e incluso le regaló dos. Fue cuando entraba a su cuarto, sosteniendo ocho libros apilados en sus brazos y dos en cada mano, cuando intentó prender la luz y finalmente lo logró, que apareció. Allí estaba su supuesto esposo, de pie cerca de la cama, con sus ojos celestes y un cuarto bordó viéndolo con anhelo. Lucía como si no lo hubiese visto en un largo tiempo, y como si quisiese tomarlo en sus brazos, apretarlo contra su pecho, oler su cabello y quedarse así por siempre. Harry lo observó tan solo unos segundos antes de girarse y dejar los libros sobre su escritorio, con cuidado. Acomodó un poco éstos para que no cayeran. —¿Qué haces aquí? —Preguntó. El ceño de Louis se frunció levemente, desconcertado. —... ¿Cómo? —Bueno, te fuiste. No creí que volverías. —Respondió el rizado, rebuscando entre los libros, finalmente hallando uno más pequeño que, tal vez y con suerte, le serviría. Lo abrió, tomándolo con sus manos y girándose, recargándose contra el escritorio y comenzando a leer. El libro se cerró de golpe en sus manos, y Harry suspiró, volviendo a abrirlo. Nuevamente, éste se cerró, pero, a diferencia de la vez anterior, salió disparado por la habitación. —Louis... —Mírame. El diablo creyó que su esposo lo obedecería cuando lo vio caminar hacia su dirección, pero en cuanto se detuvo a mitad de camino y se inclinó para tomar su libro del suelo, supo que no. Louis gruñó una vez vio al niño enderezarse y abrir el libro, y dio zancadas hasta estar frente a éste, quitándole el libro y tomándolo del mentón. Su esposo lo observó fijamente, tan solo parpadeando muy lento. Vio más allá, y no encontró nada. Las pupilas de Harry no tenían brillo, pudo incluso sentirse atrapado en aquel núcleo de nada misma. No había nada en aquellos ojos que amaba. ¿Cómo era posible? Él se había encargado de volver al infierno, se había encargado de chequear si su alma estaba allí, y cuando no la encontró, uno de sus demonios más confiables le había informado que el alma de Harry estaba ya en su cuerpo. Decidió esperar para volver, aunque había enviado un cuervo. Sabía que su niño favorito iba a estar derrotado, y tenía que cuidar que no se hiciera nada hasta que pudiese regresar. El tiempo en el infierno era mucho más rápido que en la tierra, así que había pasado aproximadamente un mes. Ya no aguantaba, estaba muriéndose, -aunque sabía que aquello no era posible- por verlo, por tenerlo. Así que, sí. Esto era una sorpresa, una sorpresa para nada agradable, y que hizo que sus ojos se volvieran bordos en menos de un segundo. Harry alzó un poco sus cejas. —¿Notas algo raro? ¿Tú puedes notarlo? — La mano repleta de anillos del diablo dejó el mentón de su niño favorito y dio un paso atrás. —Tu alma...no está. Harry asintió rápidamente antes de girarse, yendo hacia el escritorio. — No te impresiones tanto, hiciste lo que debías, y hasta me facilitaste la búsqueda. —Comentó, haciendo su mejor esfuerzo para consolarlo, aunque claramente no lo hizo debido a que no lo decía con honestidad. Tomó su mochila de la escuela y comenzó a vaciarla en la cama. No iba a volver a ir con todos los libros en sus brazos, iba a ser más inteligente esta vez. Los bolígrafos y cuadernos cayeron sobre su cama, seguido de un sobre. Frunció el ceño y soltó la mochila, tomándolo y abriéndolo. “—Tengo éste regalo aquí para ti, y es lo único que voy a darte. No, no. No es para que lo abras ahora, es para que lo abras cuando...oh, a la mierda. ¡Ábrelo, ábrelo! —¿Es una guitarra? ...oh. Oh, vaya. —¿Qué tal, ah? ¿Crees que podríamos irnos a Londres y llegar a tiempo para el show de Frank Sinatra?” Relamió sus labios, entrecerrando un poco sus ojos antes de volver a meter las entradas al sobre, guardándolo dentro de un cuaderno antes de dejar éste en la mochila, junto a un bolígrafo. Se puso de rodillas frente a la cama y sacó una caja de debajo de ésta, la cual estaba llena de cassettes, cassettes los cuales llevaban guardados por un largo tiempo. Tomó algunos que podrían servir, y los metió a la mochila. Se puso de pie y caminó hacia su mueble, abriendo los cajones y sacando ropa. El diablo lo observaba fijo, analizando los movimientos de su pequeño. —¿Qué haces? Harry sonríe de lado. —Lo que debería de haber hecho hace mucho tiempo en vez de andar llorando y refugiándome en ti. —Dice, y finalmente cuando termina de doblar su ropa, la mete en la mochila y cierra ésta. Louis intenta calmar aquella impaciencia en su pecho mientras lo ve caminar al armario y tomar un abrigo de jean marrón oscuro, poniéndoselo sobre la camisa blanca que llevaba. Maldición, se veía muy bien. —¿Y qué es eso que deberías de haber hecho? Harry finaliza de acomodarse frente a su espejo el abrigo, y hace sus ricitos hacia un lado antes de girarse y ver al diablo. —Irme. —Se acerca a la cama para tomar la mochila, la cual sale disparada por la habitación. El rizado nuevamente ve a su esposo. —¿Tienes algo que decirme? Louis estaba enojado, lo estaba. Principalmente porque había sido iluso al confiar en Baphomet, el cual le había servido casi toda la eternidad. No entendía como éste pudo traicionarle, y para nada le dolía aquello, simplemente era algo ilógico y que debía de investigar. Había llegado al cuarto de su esposo con la esperanza de verlo, de comérselo a besos, de decirle, finalmente, cuanto lo amaba; Decirle lo hermoso que era, y cuanto sentía todo lo que le hizo pasar. Que no estaba hecho para amar, pero, joder, haría lo posible para hacerlo sentir bien. ¿Y todo para qué? Para llegar, notar que todo había sido una traición ilógica, y que su niño favorito era el ser más inexpresivo e insensible del universo. Jamás creyó describir a Harry de aquella forma en su vida. Jamás. Se acercó lentamente al rizado. —No me desafíes, Harry. El que no tengas alma no te hace más fuerte. —En realidad, sí. Lo hace. —Dice, frunciendo levemente el ceño. Por supuesto que sí, no sentir nada era lo mejor. Ambos se observaron fijamente por unos segundos, en silencio. —Louis...voy a salir por esa puerta. No puedes impedírmelo. —Sí, puedo. —Su mandíbula lucía tensa mientras las cosas de la pared comenzaban a temblar. A Harry no le importó, y lo que Louis no entendía es que él debía de acostumbrarse. —¿Cómo? —Ambos continuaron observándose fijamente, en silencio por unos segundos antes de que las cejas de Harry se alzaran. —¿Vas a matarme? —Louis no podía creerlo. Era irreconocible. Era simplemente un cerebro. —Antes, muy probablemente hubiese chillado y rogado porque algo que no fuese tú me matara. Me hiciste un gran favor, ya no estoy sufriendo. Nada me duele. —Escúchame. —Lo cortó. Ya no podía oírle hablar. Le pegó contra la pared y le tomó de los brazos. Harry tan solo parpadeaba, inexpresivo. —Tú no eres realmente tú, y si tengo que pasarme tres jodidas eternidades buscando tu alma, voy a hacerlo. ¿Entendido? El rizado asintió de inmediato. —De acuerdo. —Y no solo se oía desinteresado, sino que también parecía importarle muy poco. Ambos se observan un poco más. El diablo no lo soporta, y toma el rostro de su esposo, su Harry, entre sus manos, con los anillos de sus dedos pegados a las frías mejillas del más bajo, acercándose y arrebatándole un lento y profundo beso en los labios. Harry jadeó, de inmediato aferrándose a la camisa de Louis, moviendo sus labios contra los del arcángel, el cual le presionaba contra la pared. Sus lenguas se encontraron, acariciándose con lentitud, sensualidad. Finalmente, el diablo se apartó, relamiendo sus labios antes de lamer los del contrario. —Te ves condenadamente caliente cuando todo te importa una mierda...pero te prefiero hablando sobre lo bien que te hace sentir estar en mis brazos. —Nuevamente se aproximó, rodeándole la cintura para atraerlo a sus brazos. Se sentía diferente, pero lo echaba de menos. Permaneció unos pequeños minutos probando los labios de su esposo como si fuese la primera vez antes de apartarse, soltándolo y dando unos pasos hacia atrás. Sus ojos habían vuelto a la normalidad. —Nos veremos cuando encuentre tu alma. Harry suspiró antes de ir hacia la cama, tomando su mochila y colgando las correas en sus hombros. —Suerte con eso. —No la necesito. Dejó de sentir aquella presencia. Lo bueno de no tener alma era que ya no sentía malestar cuando Louis estaba presente. ¿Cuantos beneficios de no tener alma habían? Debía de comenzar a enumerarlos. Pero no ahora. Ahora tenía que actuar. Procurando no olvidar nada, finalmente salió de su cuarto tomando una manta calentita, dejándola bajo su brazo, y subió los escalones, llegando a la sala. Se detuvo al ver a su padre entrando y observarlo. —¡Harry! ¿Qué haces aquí? —Preguntó, extrañado mientras dejaba las llaves del auto en la mesa ratona, sonriéndole a su hijo. ¡Cierto! Supuestamente estaba en la escuela. —Oh, nada. Salí temprano de la escuela. —Miente, sonriendo con tan solo alzar las comisuras de sus labios, provocando que sus hoyuelitos se hagan presente en sus mejillas. —Papá, ¿Estás muy cansado para hacerme un té? Des entrecerró sus ojos, confundido. Su hijo jamás le había pedido que le hiciera algo, pero, ¿Quién era él para negárselo? —No, por supuesto. Te haré un té. —Dijo, y luego de unos pequeños segundos giró sobre sus talones y se dirigió hacia la cocina, perdiendo de vista a su hijo. —¿Cómo estuvo la escuela? Silenciosamente, el rizado se acerca a la mesa ratona y, con cuidado, se inclina para tomar las llaves del auto de su progenitor. Suspira. —Bien. —Responde. —Gracias. Me he sentido excelente, papá. ¿Qué tal tú? ¿Qué tal tu día? Su padre interpretó aquello como una buena señal, y no dudó en comenzar a contar su día mientras ponía el agua a hervir y preparaba la taza con las cosas. Harry tan solo se giró y, con cuidado, abrió la puerta principal de su casa, saliendo y cerrándola muy despacio. Apenas se giró, comenzó a correr hacia el auto, subiéndose al piloto. Jamás lo había hecho, pero recordaba en su cumpleaños, antes de la tragedia, que Des le había explicado un poco. Dejó su mochila y la manta en el asiento copiloto antes de poner la llave en donde iba y girarla, presionando un pedal. El auto encendió, y respiro profundo antes de girar el volante y acelerar, saliendo con cuidado de la calle principal. Observó el espejo retrovisor antes de ver hacia el frente, conduciendo más lento de lo normal para poder abrir su mochila con una mano. Sacó de ésta un mapa, y lo extendió en el volante, observando de reojo. De acuerdo, solo hacían falta veintiséis calles y media para poder salir de aquel pueblo, finalmente entrando a la carretera, camino a Londres. Dejó el mapa y aceleró con más confianza. No tenía miedo, porque todo parecía estar saliéndole excelente. Decidió poner "play" al cassette que ya estaba en el auto. Dominique, nique, nique... Frenó en seco. Quitó el cassette y lo arrojó por la ventana en el medio de una avenida antes de acelerar. ¡Qué alivio! Lástima que no lo sentía, pero probablemente lo hubiese sentido. ¿Eso debería de sumarse a la lista de cosas buenas y malas de no tener alma? No. Ya no pensaría en eso. No lo haría, porque todo estaba tranquilo ahora. Durante el resto del camino oyó uno de sus cassettes de Elvis. Devil in Disguise. ¿Se sabía la letra? Si. ¿La oía con pasión o emoción? No. Ahora, tan solo era una canción más, tan solo era algo que escuchar, y pretender cantarla con ganas no iba a hacer que realmente suceda. Finalmente había salido del pueblo, y había sido tranquilo. Ninguna persecución, ningún problema. Había sido tan fácil, y se preguntó qué le impedía hacerlo antes. ¡Demonios! Incluso pudo habérselo propuesto a Louis, pero no, prefirió seguir intoxicándose. Horas después, en la tarde, cuando Harry se pasó dos estaciones de servicio, notó su estómago gruñir, anhelando con desesperación un poco de comida. Él realmente no sentía hambre, y debía de aprovechar la carretera vacía, pero sabía que si no comía podría sucederle algo, aunque éste no lo sintiese así. Finalmente, dos pueblos y tres horas más adelante, logró encontrar una pequeña estación de servicio. De todas formas, necesitaba gasolina, y podría tomar un café mientras planeaba a dónde iría. Estacionó a un lado de un hombre que trabajaba allí, y le indicó cargar el impala, dejándole propina y las llaves antes de tomar su mochila y dirigirse dentro de la pequeña cafetería. Esta no estaba para nada llena a excepción de un anciano en una punta, y una familia que parecía estar de viaje, comprando muchas cosas para los dos niños. El rizado se dirigió a una mesa y dejó la mochila a su lado, sacando uno de sus libros, el mapa y su bolígrafo, acomodando todo en la mesa. Debía anotar los lugares que había pasado, los pueblos en los que planeaba quedarse, etc. Oye unos pasos acercarse. —Jovencito. ¿Qué desea beber? —Uhm...café y galletitas. —Responde luego de pensar por unos segundos, sin apartar la mirada del mapa, marcando con su dedo índice un recorrido. La mujer escribe algo en su pequeño anotador antes de girarse a la silla frente a la del rizado. —¿Y tú, cariño? ¿Algo en especial? Harry frunció su ceño antes de alzar la mirada, encontrándose nuevamente con su esposo, el cual niega ante la pregunta de la mujer. Ésta se va por donde llegó, murmurando algo por lo bajo, probablemente sobre los pocos buenos modales que ambos tenían. —Creí que fuiste a buscar mi alma. —Comenta el rizado, marcando con su dedo índice otra dirección, dibujando con el bolígrafo en el mapa. —...No está. La mirada del menor se dirige nuevamente al diablo. —¿Qué? Louis se endereza en su asiento, negando antes de pasar una mano por su cabello. Harry jamás lo había visto de ésta manera, porque si hay algo que su esposo tenía siempre era autocontrol, pero claramente lo estaba perdiendo. El arcángel no podía soportarlo. —Busqué en cada rincón. Creí que estaría en La Fosa. Aparentemente no. Harry finalmente dobla el mapa, terminando con su trabajo antes de silbar. —Mi alma debe estar frita. —Comenta, guardando las cosas en su mochila antes de cerrarla. Louis tensa su mandíbula. Quiere matar a alguien. —Tu alma no está frita, porque no ha estado en La Fosa, o tal vez sí, pero un periodo demasiado corto. No está arruinada. —¿Y qué si lo está? —Te amaré de cualquier forma. Harry niega. —Eso es egoísta, Louis. —Dice. El nombrado debe comenzar a acostumbrarse un poco a las miradas frías, tono de voz apagado y palabras vacías. —¿Qué si yo no quiero mi alma? El diablo lo ve fijamente antes de sonreír de lado, como si se estuviese burlando de alguien o algo. —Tú no eres mi esposo, eres tan solo un cuerpo. Yo lo quiero a él, y quiero que él sea el que decida sentir o no. Tú eres su cuerpo, y me tengo que encargar de que nada te pase. —Vaya, gracias. —Dijo de manera falsa, observando de reojo a la mujer acercarse con el café y las galletitas. —Si yo no soy Harry, ¿Quiere decir que cuando me besaste en mi habitación lo engañaste? El diablo tensó aún más su mandíbula ante la pregunta sarcástica, muy poco tomada en serio de su niño favorito. La mujer de aquella cafetería depositó la taza de café y las galletas en la mesa. Harry esta vez agradeció y tomó una galletita, mojándola en el contenido de la taza. —¿Estás seguro que no vas a ordenar nada, chico? —La mujer escribe algo en su pequeño anotador antes de ver al diablo. —¿Un vaso de agua, tal vez? Eso es gratis. Louis parpadea lentamente, relamiendo sus labios antes de alzar la mirada para clavarla fijamente en los ojos de la mujer. —No, pero voy a ordenarte algo. —Dice, con su voz sonando un poco más ronca, hablando bajo. La mujer, la cual parece embobada, hipnotizada, asiente. —¿Vas a ser tan amable de ofrecerle lo que quiera al niño de rizos de aquí? —...Sí. —Perfecto. —Se la quedó viendo fijamente por unos segundos antes de que la señora asintiera, se girara sobre sus talones y se fuera. Louis lleva su mirada a los vacíos ojos de su esposo. —Si me llego a enterar que el cuerpo de mi esposo ha tocado a otro que no sea yo, o que sus labios han besado otros labios que no son los míos, sin su consentimiento y, honestamente, por ahora no creo que puedas tenerlo, la señora del café se va a encargar de atropellarte hasta que tus sesos queden esparcidos por todo el país, y yo le voy a conseguir un mejor cuerpo a Harry. A pesar de que el rizado no sentía ni un poco de miedo, le tomó unos cuantos segundos asimilar lo que acababa de oír. —...Eso es imposible. —Maldición, lo sé. Así que obedece. Fue en un parpadeo que la presencia del diablo dejó de sentirse, y verse. Harry bufó. ¿Acaso Louis creía que el hecho de no tener alma lo iba tener tirándose a todo tipo que viera? De eso no se trataba. No lo necesitaba. Bebió su café de un trago y guardó las galletitas en su mochila, masticando una mientras se levantaba del asiento y veía alrededor. El anciano de la esquina de aquel lugar observaba sorprendido, realmente impactado al rizado, y éste frunció su ceño antes de notarlo. Probablemente había visto desaparecer a Louis. Se giró y se dirigió al mostrador, comenzando a pedirle comida y dinero a la mujer que lo había atendido. Esta se lo dio sin problema, y luego de que Harry guardara todo en la mochila, se dirigió al coche, el cual ya tenía suficiente gasolina. El trabajador de allí le entregó la llave, y Harry agradeció antes de adentrarse al auto, encenderlo y conducir. Ahora iría rumbo a Londres, y en el camino intentaría buscar una manera de convencer a su esposo para quedarse de aquella manera: Sin preocupaciones, malestares y lamentos. En Surrey los días continuaban igual de tranquilos que siempre. Había un clima de porquería, porque la humedad lo volvía todo pegajoso, y la lluvia demoraba bastante en caer del cielo, pero, a pesar de aquello, la gente continuaba de buen humor. El joven de cabello claro finalizó de sacar dinero de la caja, tendiéndoselo a la anciana frente a él y por encima del mostrador, la cual lo tomó con cuidado. —Tome, Dorothy. Espero que tenga un muy buen día. La señora sonríe mientras cuelga la bolsa de las compras en su muñeca. —Muchas gracias, cariño. Espero que tú también tengas un hermoso día. —Responde Dorothy, y mientras se va de la tienda, se cruza con un trabajador del lugar, el cual sostiene una enorme caja en sus brazos. — Él es un caballero. —Le dice a aquel otro joven, refiriéndose al cajero antes de irse por la tienda, haciendo sonar una pequeña campanita que colgaba de ésta. El moreno que cargaba de la caja se giró hacia el chico del mostrador, alzando y bajando las cejas. —Ella realmente te ama. —Dice de manera coqueta, sonriendo de lado mientras caminaba hasta un rincón del lugar, dejando la caja en el suelo. —Oh, cállate. Podría ser tu abuela. —Pero no lo es. —El moreno nuevamente se endereza, estirándose un poquito antes de girar sobre sus talones y dirigirse nuevamente para dirigirse al pequeño cuarto con más cajas por llevar. Dios, su espalda dolía. El tocadiscos con The Beatles sonando le provocaba querer bailar, pero sería demasiado vergonzoso si su amigo o alguien regresaba, así que simplemente se dignó a tomar el pequeño trapo y lo roció con agua, comenzando a limpiar el mostrador mientras tarareaba el ritmo. Oyó la risa de su amigo desde el otro cuarto, por lo cual su rostro se volvió rojo, callándose. —WELL, SHAKE IT UP BABY NOW —Cantó de manera muy fuerte el moreno, acomodando cajas. Ahora era el rubio el que reía. —TWIST AND SHOOOUUT —TWIST AND SHOUT —Coreó. —COME ON, COME ON, COME, COME ON BABY NOW —COME ON BABY —COME ON AND WORK IT ON OUT —WORK IT OSus cantos fueron interrumpidos debido al fuerte estallido de los vidrios de la tienda. El chico del mostrador se cubrió rápidamente, con su ropa y cabello lleno de pequeños cristales, y su pómulo con un leve corte que tan solo ardía. Oyó la puerta de la tienda abrirse de manera brusca, por lo cual abrió sus ojos y observó, creyendo que sería su amigo. No fue nada así. Ya lo había visto antes, cuando fue controlado por el mismísimo Dios. Vestimenta negra, ojos color sangre, mirada fría, un poco desesperada. Un arcángel, el arcángel. El diablo. Éste no lucía para nada como la primera vez que lo había visto: Continuaba pareciendo calmado, a excepción de sus dos ojos más abiertos de lo normal. Su mirada era desquiciada, como si no fuese a tolerar una pequeña cosa más. Observó a su alrededor rápidamente antes de observar al joven en el mostrador, el cual lucía entre sorprendido y asustado, retrocediendo lentamente. —Oh, Dios. Aquello pareció enfadar más al diablo el cual, con un simple movimiento de mano, pegó de manera brusca al rubio contra la pared. Se oyeron pasos mezclados con gemidos adoloridos, y su amigo, el cual estaba un poco lastimado, salió del pequeño cuarto y observó la escena. —¿Niall? —¿Dónde está? —Finalmente habló el arcángel, sin apartar su mirada de la del rubio, ejerciendo más fuerza en el agarre contra la pared, volviéndolo más doloroso. —N-no lo...no lo sé. —...No voy a pedirlo de vuelta. —¿Qué le haces? —El moreno alzó su voz al hombre frente a él, el cual le daba la espalda. Tenía miedo, pero Niall era su mejor amigo. No permitiría que nada malo le pasara. —¡Suéltalo! —N-No sé dónde- ¡AHHH! —Sintió de manera inolvidable su brazo saliéndose de lugar, y no pudo evitar gemir con dolor mientras sus preciosos ojos celestes se llenaban de lágrimas. —¡¿Qué haces?! ¡TE DIJE QUE LO SUELLouis fue más rápido. Tan solo movió su otra mano, y el cuello del moreno se partió. Su cuerpo cayó al suelo, sin vida. —¡ZAYN! —Sollozó, parpadeando y con sus lágrimas cayendo por sus mejillas. —Dime dónde está. Un grito desgarrador salió de la boca del mundano y, lleno de ira, observó al diablo. —¡QUE TE JODAN, MALDITO! ¡NO TE DIRÉ NI MIERDA, ACABAS DE QUITARME A MI MEJOR AMIGO! Louis pareció congelarse por unos largos segundos, con los fuertes sollozos del rubio retumbando en su cabeza, carcomiéndolo, haciéndolo entender. ¿Esto era? ¿Esto era en lo que se había convertido? ¿Un rey del inframundo con compasión? Por supuesto que no. Era solo... ...Harry jamás lo perdonaría por ello. Bajó su mano mientras observaba al rubio caer bruscamente, gimiendo de dolor entre fuertes sollozos. ¿Cómo había sucedido aquello? Hace tan solo unos segundos estaba cantando alegremente su canción favorita, coreando a la persona que amaba, a la que había estado a su lado desde jardín de infantes. ¿Cómo fue que terminó así? ¿Era su culpa? Louis se giró hacia el cuerpo, decidido. Iba a revivirlo. Hubiese deseado poder revivir al mejor amigo de su niño, pero habían pasado días, sumándole que Fionn estaba descuartizado, y su alma ya había ascendido como para regresarla. Se inclinó, parpadeando lento y acercó su mano a la cabeza de aquel chico. Se detuvo para cuando éste abrió sus ojos repentinamente. Lo sintió de inmediato, y como si fuese alérgico, Louis se puso de pie de inmediato, dando dos pasos hacia atrás y observando con desprecio al joven, el cual se ponía de pie con calma. —Oí que me buscabas. Louis respiró profunda y temblorosamente. —La quiero de vuelta, o te juro que voy a matar a cada maldita cosa viva en éste mundo. El ceño del moreno se frunce levemente. —¿Qué es lo que quieres de vuelta? —Lo sabes perfectamente. Solo estás haciéndome perder el tiempo. Niall caminó con sus piernas temblorosas, sosteniendo su brazo quebrado y aun llorando. —¿Zayn? —El mencionado, aunque realmente no lo era, lo observó por unos segundos antes de volver la mirada al diablo, el cual la había llevado al suelo al oír la voz quebrada de aquel joven. —Si te refieres al alma de Harry Styles, no la tengo. —Dice. Louis alzó la mirada, observando fijamente a Dios disfrazado de aquel ser inferior, menos enfadado con éste, pero más y más confundido. ¿Qué estaba sucediendo? —Imposible... —Louis, ¿Por qué habría de creer que yo la tendría? Él te ha vendido el alma a ti. —Comenta, llevando su mirada al rubio y avanzando hacia éste. Louis lo sigue con la mirada, cada vez más perdido. Nunca creería demostrarse para los demás tan vulnerable, pero ahora lo estaba, y no le importaba tanto como para aparentar. —Así es. Pero cuando fui al infierno a buscarla no la encontré, y uno de mis demonios me informó de que ya habían llevado el alma nuevamente a su cuerpo. El creador de todo se dedicó a tomar el brazo de Niall, curándolo sin siquiera provocarle dolor. Niall parpadeó entre lágrimas a la par en que el moreno llevaba sus manos al rostro de éste. —Mi protección continúa en ti, a pesar del daño que puedan causarte. Sigo en deuda contigo, por lo cual no debes de preocuparte por tu amigo. Él estará bien cuidado. —No. —Rápidamente dice Niall, llevando sus manos a los brazos de Zayn. —No. Debes devolverlo. Éramos felices. Él es mi mejor amigo, y-yo...no soy nada sin él. Por favor...te lo imploro. Louis tragó saliva con fuerza. Maldición. —Como desees. —Dice el moreno, alejando sus manos de las mejillas del rubio cuando finalizó de curarlo. Se giró hacia su arcángel nuevamente. —¿Qué te ha dicho el demonio? —Nada. Lo encontré muerto. —Respondió. —¿Y qué es lo que crees que sucedió? Louis dudó unos segundos, suspirando y alzando un poco su barbilla, demostrando superioridad y valor. Debía de ser fuerte en esto, por su esposo. —Baphomet era un imbécil, pero era muy leal. Se ha pasado sirviéndome por unos largos años. Creo que hubo alguien que sí se llevó el alma de Harry, y luego se deshizo del idiota para que no me dijese quién fue. Su padre asintió. —Comprendo, pero no está en el cielo. Te lo hubiese hecho saber de inmediato, aunque, honestamente, no creí que te importara tanto. —Yo tampoco creí que te importaran tanto tus preciados humanos. —Me importan, sí. —Confirmó el moreno de manera neutra, observando fijamente al arcángel. —Creo siempre haberlo demostrado. —Solo demuestras que te importan cuando no están perdidos, pero en cuanto creen que tienen salida conmigo, los abandonas. —Dice, llevando sus manos a los bolsillos delanteros de su pantalón. —No te culpo por creer en ello, pero tal vez si tu no hubieses sido como eres, ellos no tendrían motivos para caer en tus manos, por lo cual yo no los abandonaría. —Lo hubieses pensado antes de enviarme a un lugar lleno de oscuridad simplemente por tener una opinión respecto a los humanos diferente a la tuya. Sin embargo, luego llegas y dictas el “libre albedrío” mientras te montas un marketing de puta madre para que todos crean que yo soy el mal y tú eres el bien. Dime motivos para no ser como soy, y con gusto me voy a tu bando, Dios de los hipócritas. —Finaliza de decir eso, completamente tranquilo antes de mover su dedo índice hacia arriba. “Help” de The Beatles comienza a sonar en el tocadiscos, más fuerte antes de que el diablo vea por última vez a las dos personas de pie allí, en específico a una, y se gire para salir de aquella tienda, desapareciendo una vez fuera. Todo queda de aquella manera antes de que el cuerpo del moreno caiga al suelo nuevamente. Niall se sobresalta, abriendo sus ojos de par en par. —¡¿Zayn?! Dios. Por favor. —Se arrodilla a un lado del cuerpo del chico y lo toma de la camisa, a punto de sacudir lo bruscamente. El pelinegro tomo una profunda respiración, agitado al principio y, de a poco, comenzando a respirar más normal. —Oh, Zayn... —¿Q-Qué sucedió? —Niall sollozaba, y el moreno pareció preocuparse más por ello que por haber estado muerto hace tan solo unos segundos. —Niall, tranquilo. No llores... Niall de inmediato lo abrazó, pegando su rostro al hombro izquierdo del otro, sosteniéndolo con fuerza, y siendo sostenido de la misma manera, con la mano de su mejor amigo sobando su espalda. Poco a poco se calmaba nuevamente. —Idiota, creí que te perdí... —Está bien. —Zayn ríe un poco, sin ganas, y sostiene más cerca a su amigo mientras ve a su alrededor. Mierda. —Necesito que me expliques todo. —Lo haré, lo prometo. —Y debemos comenzar a inventar una excusa para los vidrios rotos. El rubio ríe, sorbiendo su naricita antes de apartarse un poquito para ver a su amigo, el cual sonríe débilmente de lado. —Idiota. Nunca había conducido tanto en su vida, y para ser una de las primeras veces, le estaba yendo bastante bien. El niño había estado conduciendo por horas, y horas. Podría seguir, pero no era ningún torpe. Sabía que se debilitaría si no comía o dormía adecuadamente, aunque no sentía hambre, ni sueño. Detuvo el auto luego de adentrarse a un camino de tierra, saliendo de la carretera, por un bosque. Condujo por unos minutos hasta finalmente estacionarse en la mitad y apagar el coche, suspirando mientras refregaba su rostro y se estiraba un poco en el asiento. Trabó las puertas desde dentro y, con cuidado, se pasó al asiento trasero. La mantita que había tomado de su habitación estaba allí, y aunque no tenía frío, luego de quitarse los zapatos y el abrigo, se cubrió con ésta, quedándose sentado y con su cabeza apoyada contra la ventana de la puerta izquierda de los asientos de atrás. Sintió su presencia apenas apareció, pero tan solo mantuvo sus ojos cerrados, nuevamente suspirando. —Hola, Lou. —Saluda. Tan solo hay silencio. —¿Encontraste mi alma? —No, y no sé cuándo lo haga, pero lo haré. Volverás a ser lo que eras. Los ojos del rizado se abrieron antes de girarse para ver al arcángel, el cual lo observaba fijamente. Éste continuaba con sus ojos bordó y, honestamente, habían estado así desde que Harry no tenía alma. —Louis, ¿Qué si no quiero mi alma de vuelta? —No puedo no devolvértela, es peligroso. —Cuando el ceño del rizado se frunció levemente, el diablo nuevamente volvió a hablar: —No siempre serás así de tranquilo. El no tener alma puede traer aún más oscuridad de la que ya llevas. Además...simplemente no puedo permitirlo. No es justo tener un final así. No para ti. —Ese es el punto. —Harry está calmado, neutro mientras se gira por completo para ver a su esposo, el cual le observa como si fuese una obra de arte. Lo era. —Yo no.…no sé si esto está bien, probablemente no sea así. —Niega lentamente, viendo fijamente los ojos del rey del inframundo. —Pero he estado mejor de lo que alguna vez he estado. Me siento más fuerte, porque nada me asusta más, nada me duele. Soy independiente, sin desequilibrio emocional. No me importan mis padres, ni mi hermana, ni mis amigos...ni tú. —A Louis le quema en el pecho oír aquello último, pero sabe que no es culpa de Harry. Claramente no iba a sentir nada, sabía lo que era no tener alma, bueno...no exactamente. En su caso, había estado apagada, pero sabía lo que era no sentir. <<A lo que voy es que... ¿Qué crees que suceda cuando tenga mi alma de vuelta? Porque no puedo sentirlo, pero si puedo describir cómo dolía. La muerte de Fionn acabó conmigo. Recuerdo haber pensado “Quiero morir esta noche, realmente quiero morirme”, y recuerdo haber creído merecer todo. Recuerdo llorar, y no poder dejar de hacerlo, porque no dejaba de doler. Así que yo realmente intento respetar tu decisión y, a pesar de que me importe una mierda, comprender que no puedo decidir esto, pero, ¿Qué si ya lo había anhelado y nunca te lo dije? Louis se había quedado sin palabras. Le sorprendía lo inteligente que podía ser Harry. Éste, a pesar de no sentir nada, intentaba esforzarse en hacerlo, pero, lamentablemente, tenía sus motivos para quedarse de aquella forma. Sin embargo, el diablo también tenía sus razones. —¿Recuerdas cuando estuviste a punto de morir porque aquel hijo de puta no me dejaba curarte? —Harry tan solo asintió luego de unos segundos. —Te pedí que me dejaras ayudarte, porque no podía dejarte morir. Sé que dijiste que sí porque me amas...pero también sé que me aceptaste porque tuviste esperanzas de que te salvara. Quieres ser salvado, y quieres vivir, y sanar. Quieres amar, y sentirte amado, porque por eso me conociste. Querías amor. —No es solo eso. Hay más razones por las que no deberíamos: ¿Tu presencia? Sin alma, no me afecta que te pases las horas pegado a mi lado. No me deterioro. —Tenemos mucho tiempo para continuar juntos, y siempre que me vaya porque mi presencia te lastima, volveré. Siempre volveré por ti, Harry. El rizado niega lentamente, bajando la mirada y frunciendo apenitas el ceño cuando un fuerte dolor comienza a hacerse presente en un lugar cercano a su muñeca, expandiéndose por todo su brazo. Louis nota aquello y lleva su mirada a aquella marca indescifrable en el antebrazo de su esposo. Le toma con cuidado la mano para observar más de cerca. —¿Sigue doliéndote? —Sí, pero es más soportable ahora que estoy de ésta manera. — Responde, cortando un poco su respiración ante el fuego que sentía en su piel, finalmente yéndose de manera repentina, haciéndolo exhalar. Louis observa fijamente el rostro de su niño el cual, segundos después, alza también la mirada. Ambos se ven fijamente antes de que Harry sonría falsamente de lado. Al menos lo intentaba. —Aquí otra razón para no tener mi alma de vuelta: Lloraba hasta cuando alguien respiraba. Louis no pudo evitar sonreír de la misma manera que el rizado, tirando de su mano para acercarlo más. El niño quedó de rodillas en los asientos, y Louis le rodeó la cintura con sus brazos muy lentamente. —Yo creía que era adorable. Aunque detestaba verte triste, era un gran motivo para tenerte en mis brazos. Eras un bebé. Harry rodea el cuello del arcángel con sus brazos, y Louis tira un poco más para finalmente tenerlo sobre su regazo, con las dos piernas del rizado del mismo lado, estiradas en el asiento. —Ahora también lo soy, solo que un bebé al que le da igual todo. Uno más fuerte...—Ladea la cabeza cuando Louis acerca su boca a la del niño. —Siempre has sido fuerte. Sus labios finalmente se unen, moviéndose lenta y profundamente sobre los del otro. Louis acerca más a su cuerpo al rizado. Maldición, lo había extrañado tanto. Quería comerle la boca cada maldito segundo. Harry llevó una de sus manos al cabello de su esposo, acariciando lentamente, intentando sentir la textura de éste, intentando recordar cómo se sentían las cosquillas en su pancita. ...nada. Se apartó tan solo un poco, observando al diablo fijamente. —No siento nada. —Lo sé. —Louis asintió mientras metía sus manos por debajo de la camisa del más bajo, acariciándole la cintura. —Yo me encargaré, yo te volveré a traer, porque mereces un final feliz, Harry. El rizado asintió lentamente, alzando las cejas y viendo a un punto fijo. —Espero que tengas razón, Louis. —La tengo. —Inconscientemente lo acurrucó más cerca y posicionó su boca pegada a la frente del menor. Éste último no dudó en cerrar sus ojos, listo para conciliar el sueño el cual, con el paso de los días, era aún más difícil que suceda. Suspiró. —...Solo apresúrate, antes que cambie de opinión. Antes de que la oscuridad absorba lo que queda de mí... ¿Quién diría que en la habitación de un motel barato se hospedarían el verdadero rey del inframundo y un adolescente sin alma? Louis estaba consiguiendo todo lo que Harry necesitaba. Debido a que éste no tenía alma, le era difícil comentar el tener hambre, sueño, cansancio o malestar. Simplemente conducía hacia un rumbo desconocido. Habían pasado tres días, y fue finalmente cuando el rizado llegó a Londres que condujo hasta un motel, obligado por su esposo, el cual le consiguió un cuarto en aquel lugar con tal sólo ver a los ojos a la encargada, pronunciando claramente “Dale todo lo que necesite”. La habitación era mediana, acogedora y fría. Tenía una cama, un mueble con un espejo, dos cuadros de pinturas baratas y un baño extremadamente pequeño. Luego de acomodarse, ya llevaban más de dos horas allí. Harry estaba en la cama, descalzo y con sus manos sobre su estómago, observando el techo fijamente. El diablo se mantenía en un rincón con el anotador de Harry entre sus manos repletas de anillos, leyendo el exorcismo que éste había anotado y, entre páginas, encontrado cosas adorables: “Louis + Harry” “13/11/67” y frases de canciones de los cantantes favoritos de su niño. A pesar de los fuertes latidos en su pecho, el diablo también sentía rabia. ¿Cómo había sido tan estúpido para descuidarse? La realidad era que él no podría haber sabido que aquel niño que mantuvo vigilado desde pequeño podría llegar a ser algo importante para él. No sabía que iba a querer protegerlo de tal manera en la que arriesgaría todo, no sabía que iba a... —Bien. —El rizado interrumpió sus pensamientos, llevando su mirada hacia Louis mientras se sentaba bruscamente en su cama. —Si nadie del bando de Dios y de tu bando la tiene, ¿Quién queda? El rey del inframundo alzó la mirada para verlo de mala manera, volviendo a la realidad. Tres días atrás, en la noche, lo había tenido sobre sus brazos, e incluso se habían besado, pero hizo mal. Ese Harry no era su Harry, no debía confundirse. Suspiró mientras cerraba el anotador, dejándolo sobre el único mueble de la habitación. —Ese es el problema. No encuentro una manera de saber si alguien de cualquier bando la tiene. —De todas formas, ¿Por qué alguien la querría? ¿Qué es esa cosa tan importante que tiene como para robarla? —Louis volvió a alzar la mirada, observándolo. No había pensado en una posibilidad así. ¿El alma de Harry tendría un precio? —¿O es solo alguien que quiere molestarte? Louis tenía bastantes enemigos, sí. Ser el diablo significaba ser mal visto o llevarse mal con cualquiera que tuviese relación con el de arriba, así que había grandes posibilidades de que fuese alguien que quisiera molestarlo, porque sabían que Harry era lo único por lo cual Louis se preocupaba. —Lo sabré dentro de poco. —Dijo, y se acercó a la mochila del rizado, tomando de ésta una bolsa de frituras y dejándola sobre la cama, cerca de su esposo. —Come. —¿Quién, además del demonio que mató a Fionn, querría hacernos daño? —Harry lo ignoró, continuando con el mismo tema. —Muchas personas, pero nadie se atrevería. Saben lo poderoso que soy, y es por eso que aun no comprendo bien quién podría ser. Ahora calla, y come algo. El rizado suspiró antes de tomar la bolsa de frituras, cruzándose de piernas y masticando sin ganas aquella comida chatarra. Estaba pálido, había adelgazado un par de kilos y tenía notables bolsas oscuras bajo los ojos. Se veía como cuando solía pasar mucho tiempo al lado de su esposo, a excepción que ahora no lucía frágil...ahora lucía como que no le importaba. Paró de masticar cuando una gran idea se hizo presente en su mente, y dejó la bolsa de frituras a un lado, poniéndose de pie. Louis gruñó ante eso, a punto de exigirle nuevamente que se alimente. —Una vez me dijiste que mi alma estaba destinada a estar con la tuya. Louis lo observó fijamente, sin saber a dónde podría llegar aquella conversación. —Así es. —Afirmó en un tono seco, apoyándose nuevamente contra la pared. —¿Cómo? —Pude sentir el momento en que tu alma fue creada. Lo sentí dentro, sentí lo nuevo, y puro. —¿Y cómo la encontraste? ¿Cómo me encontraste? —Me...concentré. —Dijo, deteniéndose en medio de la oración al saber la teoría de su niño. Era listo incluso sin alma. —Y lo hice. —Frunció un poco su ceño, comenzando a concentrarse sin siquiera avisar. Podía sentir algo, apenas... —Ahí lo tienes. Mientras... –Harry se giró, caminando hacia el mueble en la otra punta de la habitación. —...yo voy aLouis detuvo su concentración al oír un repentino golpe contra el suelo. Llevó su mirada hacia allí, y se encontró con el rizado de rodillas, de espaldas hacia él. Se acercó de inmediato, notando las manos de su esposo temblando, con el rostro alzado y sus ojos fuertemente cerrados, moviéndose. Oscuridad, cosquillas en el pecho, manos con venas volviéndose negras, y un inevitable dolor en su brazo. —Hey. —El diablo se arrodilló frente al menor, y lo tomó del rostro. — Harry, niño. Maldición, despierta. —Lo movió un poco cuando notó que la respiración de éste se había cortado, y estuvo a punto de volver a hacerlo si no fuese por la repentina y brusca inhalación del rizado, el cual ya tenía sus ojos abiertos y respiraba bastante profundo. —Tranquilo, respira. — Ni siquiera estaba siendo consciente de que le estaba acariciando el rostro. ¿Se había vuelto un instinto proteger al niño? ¿Acaso siempre lo había sido? Bajó las manos a los hombros, notando la delgadez. —¿Qué sucedió? ¿No te has alimentado adecuadamente? —Casi gruñó, intentando mantener la calma. Harry negó luego de unos segundos, parpadeando entre confusión y agobio. —...Estoy bien. —Tienes que comer, y ahora mismo. —No es eso. –Rápidamente respondió el humano. —Vi algo. El arcángel permaneció con sus ojos fijos en el inexpresivo rostro de su esposo. —¿Qué viste? Lo notó tragar saliva antes de comenzar a levantarse. Louis lo ayudó a mantenerse de pie hasta dejarlo sobre la cama nuevamente. —No creo poder explicarlo... —Inténtalo. Puede que signifique algo. —Se posicionó de cuclillas frente a Harry, el cual negaba, restándole importancia. —No creo que lo haga, esto ya ha sucedido antes. Puede que haya sido más fuerte, solo por el hecho de no tener alma. Puede que tenga algo... Fue quedándose callado de a poco al notar los cuadros baratos de aquella habitación temblando. Regresó su mirada al rey del inframundo, el cual tenía los ojos color sangre y la mandíbula más marcada que de costumbre. —... ¿Cómo dijiste? El niño parpadeó lentamente. No le afectaba en lo más mínimo, como era de esperarse. —He tenido ese tipo de imágenes incluso cuando tenía alma. —Comentó. Uno de los cuadros cayó al suelo, pero ninguno se sobresaltó. —Creo que deberías de calmarte. Eso enfureció más al diablo, el cual se puso de pie de inmediato. —¿Cómo pudiste ocultarme algo tan importante? —Preguntó en un tono de voz bajo. Harry se encogió de hombros mientras presionaba su brazo contra su pecho. —No lo sé. Supongo que en aquel entonces sentía que no era realmente importante. —Se excusó, volviendo a subir los pies a su cama y sentándose más hacia atrás, apoyando su espalda contra la pared. — He soñado con el futuro. —Comenzó. Hubo un corto silencio. —O eso creo. Así se ve. <<Antes de mi cumpleaños vi un bosque, y manos con sangre. Probablemente fue una premonición, porque fue el mismo escenario en donde Fionn murió, y mis manos estaban ensangrentadas por la puñalada que Ruby me hizo en la costilla. Todo era igual, pero desde otro ángulo. No era yo quien veía, y era un poco borroso. Alzó la mirada cuando sintió al diablo nuevamente frente a él, de cuclillas y tomándole con cuidado una de sus manos, la del brazo Adolorido. Posicionó la palma fría del menor sobre la suya, la cual estaba cálida, y con su mano libre la apoyó sobre el dorso de ésta, buscando darle calor. Harry no sentía una temperatura que no fuese más allá de lo normal. Louis movió tres de sus dedos anillados para remover la manga de la camisa blanca del rizado hasta pasar el antebrazo, dejándolo libre. Observó aquella marca en el brazo de su esposo, la cual continuaba igual de transparente, pero el área estaba al rojo vivo. El ceño de ambos se frunció a la par antes de que el diablo alzara la mirada a los ojos vacíos del niño. —Dime más de tus visiones. ¿Las tenías regularmente? ¿Qué has visto hace unos minutos? —He visto dos manos, y las venas en éstas eran de color negro. — Respondió la verdad. ¿Para qué mentiría? La mirada del arcángel volvió a la marca, y suspiró con fuerza. Tenía sus dudas, sus teorías...y ninguna de ellas tenían sentido, y pocas que probablemente acertarían...simplemente no las quería para su esposo. Intentó tener paciencia, realmente lo estaba intentando. —Tienes que decirme cuando esto suceda. Y Harry asintió, pero se le notaba perdido en sus pensamientos, con la mirada en un punto fijo del cuarto. Parpadeó rápidamente cuando un pensamiento pasó por su cabeza. —Puede ser... El rey del inframundo regresó a verlo a los ojos. —Dilo. El rizado también le devolvió la mirada. —Creo que sé quién tiene mi alma. —Dijo. —Más bien, quienes. Si no fuese porque el camino hasta allí no era más que un segundo en donde Louis le hacía cerrar los ojos a su esposo y le tocaba una parte del cuerpo, hubiesen permanecido discutiendo todo el viaje. “—No. —Llévame contigo. —No. Te quedas aquí, sin salir. Te dije que es peligroso. Harry negó rápidamente, sin importarle, y comenzó a ponerse los zapatos. —No voy a quedarme aquí, quiero estar al tanto. —Dije no. —Te he dicho que te apresures a buscarla antes de que mi opinión cambie, pero eso no significa dejarme fuera de las cosas. Si tú te vas y no me llevas contigo, voy a conducir hasta allí, no importa si ya te has ido. Voy a irme, y voy a asegurarme de que no me encuentres. La mirada del diablo se mantuvo fija en los ojos del rizado. Ya sabía que éste no tenía alma, pero, por algún motivo, muchas veces solía buscar aquel brillo puro e inigualable que tanto le gustaba. Se acercó, y llevó ambas manos a los hombros del más bajo. —Cierra los ojos. —Le ordenó.” Podía sentir la oscuridad en Harry comenzar a crearse. Era rápida, y desprevenida. Sabía que llevarlo consigo serían problemas, pero también sabía que dejarlo solo podría ser incluso peor. —Ábrelos. Los ojos verdes del menor se abrieron, parpadeando lentamente para aclarar su vista y dejar atrás el mareo, viendo a su alrededor. Reconoció la casa de sus tíos, aquel lugar donde había vivido los peores momentos de su infancia: La primera vez que vio a su padre levantarle la mano a su madre en uno de los cuartos del fondo del único pasillo del lugar, o cuando era el cumpleaños de Brad y éste junto sus amigos esparcieron el rumor de que Harry era homosexual y besaba a todos los chicos que veían. Lamentablemente, recordar cosas así no era como hace unos días. Era extraño. No sentía afecto, nostalgia, ni ninguna emoción por todos aquellos malos recuerdos, pero tenía un leve cosquilleo en el pecho, como si fuese este reloj que sonaba con el paso de la aguja de los segundos, moviéndose lentamente, y algo sucedería al llegar arriba junto a la otra aguja. Unos pasos cerca lo hicieron alzar la mirada, y sintió la aguja imaginaria acelerarse al ver a su primo, Ben, caminando mientras silbaba, con una taza de té caliente entre sus manos. Se veía relajado, con ropa cómoda y despeinado. Probablemente había estado durmiendo. ¿Cómo era posible que pudiese dormir tranquilo luego de haber provocado un asesinato? Ben alzó la mirada y se congeló en su lugar, soltando un jadeo entrecortado y con la taza resbalando de sus manos hasta caer en el suelo, salpicando el líquido caliente y con los vidrios esparciéndose a sus pies. —...Dios, no. —Susurró. Es entonces que parpadea, y detrás de su primo se hace presente esta figura alta, vestida de negro, que anteriormente creyó ver. Le cuesta respirar, sabe quién es. —¡Bob! ¡BOB! Unos nuevos pasos se hicieron presentes, y el segundo hermano apareció, observando la escena mientras sus ojos se abrían de par en par. La fría y falsa sonrisa de Louis se hizo visible. Aquella sonrisita de lado que provocaba todo menos algo con bueno. —Mira qué tenemos aquí. —Dice. El niño frente a él no habla, porque aquella oscuridad que le envuelve los sentidos no se lo permite, y la repentina sed de venganza mantiene su boca incluso más cerrada. Louis asiente hacia el suelo, donde están los restos de la taza de té. —Hasta te habías preparado un té, simulando que todo estaba en paz y solucionado...que no vendría por los estúpidos que comenzaron con todo esto. —Harry. Harry, te lo pido, por Dios...ten piedad. —Bob comienza, alzando sus brazos en modo de defensa y retrocediendo hasta chocar con una pared. Un movimiento de uno de los dedos del arcángel provoca que ambos mundanos sean expulsados hasta el otro lado de la habitación, contra una pared. Éstos gimen, adoloridos y con la respiración agitada por el susto. Las pupilas del rizado están más que dilatadas mientras oye en sus propios oídos su corazón latiendo con fuerza, pero manteniéndose lento. Sus manos pican por las irremediables ganas de aplastar las cabezas de sus primos. Si, debería... Respiró profundo para controlarse. Louis no parece notar aquello, y da un paso al frente. —Comiencen a confesar, y tendrán una muerte rápida. —Dice con firmeza. —Devuélvanme su alma. La sala queda en silencio mientras los hermanos se observan entre confusión y terror antes de volver a ver al diablo. —¿Q-Qué? La sonrisita de Louis se esfuma mientras sus ojos comienzan a tornarse bordó. —¿Realmente me estás pidiendo que lo repita? –Mueve nuevamente su dedo, tan solo un poco para hacer que los mundanos se golpeen contra la pared. —Tengo poca paciencia para estas cosas. —¡No sabemos qué quieres! —Exclama Ben, desesperado mientras oye a su hermano sollozar en silencio. —S-Sólo no entendemos a lo que te refieres. Por favor, te lo suplico. Louis nuevamente se concentró, como cuando estaba en el motel antes de que Harry tuviera las extrañas visiones. No la sentía cerca, la sentía bastante lejos. Gruñó, harto y dio un par de zancadas hacia el frente, deteniéndose y tomando de la camisa a Bob, acercándolo a su rostro. —Dime dónde está su alma, quién la tiene, o voy a partir cada hueso de tu cuerpo. —N-No lo...no lo sé. Por favor, realmente no s- ¡AAAHH! Louis tan solo presionó sobre la muñeca de Bob, la cual se quebró, y le siguió la otra. Para el diablo, el sonido del hueso rompiéndose era música para sus oídos. E iba a seguir disfrutando, realmente iba a hacerlo. Fue cuando sintió que el otro hermano se escapaba, luego de romperle una pierna al que sostenía, botó como la mirada de éste iba más allá de él, y gritaba fuerte a la par que un asqueroso sonido se hacía presente. Louis se giró, y soltó al chico quebrado ante la escena frente a sus ojos. No sabía cómo reaccionar. Harry sostenía con una mano uno de los hombros de Ben, y la otra estaba con un filoso cuchillo de cocina hundido en medio del rostro del chico, el cual tenía sus ojos bien abiertos e intentaba respirar mientras sus manos temblaban. El rizado apartó el cuchillo con esfuerzo, e hizo una rápida y profunda línea en el cuello de su primo, salpicando sangre antes de soltarlo y verlo caer al suelo, muriendo. Era un alivio. Era como haber bebido luego de días sin tomar ni un poquito de agua. Era una sensación exquisita, y le cosquilleaban los dedos por volver a probarla, pero ya estaba lo suficientemente satisfecho. Se giró en busca de la mirada del arcángel, con su inexpresivo rostro lleno de sangre. Limpió el cuchillo en su camisa luego de un par de parpadeos, y lo guardo en su bolsillo. Entre los fuertes gritos de Bob hacia su hermano, el diablo salió de su trance y caminó rápidamente hacia su niño, tomándolo de los hombros, sin siquiera darle tiempo en cerrar los ojos para desaparecer de allí. La sala de sus primos se esfumó, y pronto la pareja re aparecía en la habitación del motel, a oscuras. Lo único que se oía eran sus respiraciones fuertes. Louis presionaba con fuerza -no la suficiente para herirlo- los hombros del menor, el cual aún parpadeaba lento, sin saber realmente qué sucedió, pero agradeciéndolo internamente. —...Harry. Hubo un corto silencio. —Lo siento, Louis. El diablo cerró sus ojos con fuerza. Su voz sonaba tan dulce, sonaba como el antiguo Harry, pero no era él. Ya no, y debía de buscar una manera de volver a encontrarlo. Necesitaba a su esposo nuevamente. —No, no lo sientes. —...No. —Responde, de acuerdo. Alza lentamente la mirada, y los ojos de ambos se encuentran. —Tenía que hacerlo...quería hacerlo. Era demasiado extraño verlo así. Harry...Harry era la persona más dulce y frágil, y fuerte a la vez. Lloraba mucho, siempre recurría a él, pero había sido muy fuerte en muchas situaciones de toda su vida. Había aguantado golpes de su padre, burlas de sus primos, insultos en su escuela, hipocresía en la iglesia. Había soportado la muerte de Fionn Whitehead, y caminó hasta su casa habiendo sido apuñalado. Harry era fuerte, Harry era una buena persona, y esta versión de él era una verdadera pesadilla. Louis llevó sus manos al rostro del menor, limpiando los rastros de sangre. No se permitiría más que ese toque. —¿Tienes una idea de lo que te vas a odiar a ti mismo cuando tu alma regrese a tu cuerpo? —No podía ni siquiera pensarlo. Deseaba cargar con toda esa culpa, realmente quería. El rizado simplemente permaneció viéndole por unos largos segundos antes de encogerse levemente de hombros. —Ojo por ojo, Louis. Mi alma...yo con mi alma, tendré que entenderlo. Una parte mía quería esto el día de mi cumpleaños, y sé que va a agradecerlo. Habían pasado tan solo unos minutos de lo ocurrido, y Harry parecía haberse congelado en su lugar. Louis se encargó de limpiarle el rostro con su propia camisa, lo tomó en brazos y lo llevó a la pequeña e incómoda cama de aquel lugar, desvistiéndolo para ponerle una camiseta de mangas larga gris, un pantalón holgado y unos calcetines blancos. Era lo menos que podía hacer. Fue cuando el de rizos se durmió -o eso parecía--que se giró hacia la puerta, haciendo un movimiento con su mano en dirección a ésta. Debía de bloquearla, al menos en el tiempo en que no se encontraba allí. Se puso de pie lentamente, caminando hasta el medio de la habitación, con cada pisada provocando un ruido en la vieja madera del suelo. Echó un último vistazo al niño que parecía dormir plácidamente bajo las mantas, y finalmente desapareció de allí, dejando en aquel lugar un silencio ensordecedor. Y sin estar a tiempo para ver cuando los ojos verdes de su esposo se abrieron. Volver a esa casa significaba ser recibido por gritos, llanto, y cosas que no podían importarle menos. Estaba allí para amenazar al único primo castrato de Harry que quedaba, advirtiéndole guardar silencio o su muerte sería una de las más dolorosas. Había oficiales en aquel lugar, pudo oír el llanto de una mujer y estaba seguro que era la tía de Harry, lamentándose por la pérdida de otro de sus hijos. Claramente, ella no tenía la culpa de haber tenido imbéciles. Louis hubiese ido directo hasta el cuarto donde aquel idiota estaba, pero se detuvo. Había algo extraño, sí... Llevó su mirada a la bolsa que envolvía el cadáver de Ben, el cual estaba sobre una camilla, y tuvo que acercarse un poco para comprobarlo. De todas formas, no estaba siendo visible para los demás. Llevó su mano sobre la bolsa, sin tocar, y lo confirmó: El alma de Ben seguía en su lugar. ¿Cómo era posible? Más bien, la verdadera pregunta de Louis era: ¿Por qué Muerte no había ido por el alma de aquel lamentable intento de persona? Cuando él no estaba haciendo pactos, Muerte era la encargada de las almas. Se las llevaba, y las guiaba hacia donde pertenecían: Cielo, infierno, purgatorio. El no tomar un alma de un cuerpo, significaba dejarla con decisión propia, es decir; Ben se volvería un alma en pena, o ni siquiera despertaría, continuaría como si estuviese dormido, cosa que a Louis le parecía perfecto porque no quería verle ni de fantasma, pero...aun así era extraño. Lo suficiente para no prestarle atención. Cuando Louis reaparece en el cuarto del motel, nota a su esposo despierto, observando el techo antes de girar un poco su cabeza en su dirección, observándolo fijamente. Hay ojeras más notables bajo sus ojos, parece como si se deteriorara con el paso de los minutos. Esto tenía que terminar hoy, y más ahora, que estaba casi seguro de haberlo conseguido. El diablo caminó hacia la cama, sentándose en el espacio que quedaba. —Necesito que me cuentes sobre tus visiones. Harry parpadea rápidamente antes de negar, regresando su mirada al techo. —No eran muy interesantes. —Dice. Un silencio se forma entre ellos antes de que el rizado suspirara y se pusiera de lado, en dirección a su esposo. —¿Por qué quieres saberlo? Louis debía ser inteligente, y eso significaba no decirle a Harry su plan. Éste había comenzado la etapa de oscuridad -la cual, ya de por sí, iba bastante rápido--y probablemente no querría su alma de regreso. —Simplemente no he dejado de pensar en ello. —Mintió, y con mucha facilidad. Era el rey de las mentiras. —Y quiero saber. —He visto un hospital. —Responde de inmediato, sin siquiera titubear. — Yo estaba ubicado en la punta de la camilla de una niña con cáncer. Louis se puso de pie de inmediato. Bingo. —¿Qué ocurre? El diablo caminó hasta el medio de la habitación, pasando su mano por sus labios y barbilla, intentando contener la ansiedad y el enfado que se avecinaban, haciendo lo posible para no hacer temblar aquellos cuadros baratos de la pared. —Ya sé quién tiene tu alma. Es Muerte. —Se da la vuelta, notando al niño sentarse de golpe, con su ceño levemente fruncido. —¿Muerte? ¿Por qué Muerte tendría mi alma? —No estoy del todo seguro aún. —En realidad, tenía unas teorías: Probablemente Muerte le había quitado el alma a su niño porque su padre quería darle una lección. Si, seguramente, porque siempre quiere tener la razón. Intentó no gruñir, saliendo de su trance y viendo a su esposo. – Voy a por ella. —Iré contigo. —No. —Ante aquello, la mirada de Harry se vuelve incluso más oscura, y se pone de pie abruptamente. —No más condiciones, mataste a alguien. El rizado alza ambas cejas mientras se apunta con su dedo índice al pecho. —¿Tú me estás diciendo esto a mí? Eres el diablo. —Yo no soy ninguna excepción. No siento culpa y es mi trabajo, no el tuyo. —Estás equivocado. —Respondió rápidamente el menor. —Yo no siento nada, y deberíamos de dejarlo así. —Suficiente. —El rey del inframundo alza tan solo un poco su voz antes de rebajar con la mirada al mundano sin alma frente a él. Pronto volvería su esposo, estaba seguro. —Volveré pronto. Ambos se vieron fijamente por unos segundos, y el diablo notó algo en la mirada de Harry cambiar. Era indescifrable. —...Está bien. —Respondió, finalmente de acuerdo. Louis sabía que no estaba de acuerdo, y que algo tramaba. Tan solo se limitó en desaparecer en un parpadeo, porque mientras más tardara, peores problemas habrían. Por otra parte, Harry, apenas notó que el diablo ya no estaba en aquel cuarto, caminó rápidamente hasta su mochila y sacó de esta el cuchillo que usó para matar a Ben junto a un crucifijo de plata, y subió a la cama, aguardando apoyado contra la pared mientras se mantenía viendo un punto fijo en la habitación. Solo era cuestión de esperar. La cripta de San Antolín estaba situada bajo la catedral de Palencia, España. Era una cripta bastante reconocida por su hermosura, y porque la iglesia solía guardar cosas importantes en ésta. Allí era donde estaba aquella figura alta, cubierta por una capa negra. Caminaba de manera recta luego de haber bajado las escaleras, dispuesta a encaminarse a un destino el cual ya se sabía de memoria. Siempre iba a comprobar por ella, porque la cuidaba, porque era su única manera de... Se detuvo al sentir una presencia mucho más fuerte detrás suyo, y no dudó en girarse rápidamente, encontrándose al mismísimo diablo de frente. Éste tenía sus ojos de color sangre, cabeza levemente ladeaba y una vibra oscura, intimidante. Louis se tomó unos pequeños segundos para cerrar sus ojos y tomar una profunda respiración, concentrándose lo suficiente. Podía sentirla tan cerca, que incluso su corazón latió con fuerza, como nunca antes. Abrió los ojos de golpe. —Notaste lo que hiciste, ¿Verdad? —Dio un paso hacia el frente, provocando que Muerte retrocediera. —Has tomado el alma de mi niño favorito, desde mi infierno, y sin mi permiso. —Relamió sus labios, viendo detrás de la figura cubierta por la capa negra antes de regresar su mirada a ésta. —Lo haremos fácil. Entrégame su alma, o voy a destruirte. No eres tan fuerte, y me importa una mierda si las personas dejan de morir porque no hay Muerte que los reciba. Un chillido agudo y fuerte salió de la boca de Muerte, imposible de ver gracias a la capa cubriendo gran parte de su rostro. Aquel sonido retumbó por toda la cripta, haciendo temblar el lugar. A Louis no le movió ni un pelo, tan solo continuó con el mentón en alto, y la mirada fija en Muerte, la cual había intentado demostrar su fuerza a través de aquel sonido. Louis soltó un profundo suspiro, harto de aquella situación. ¿La gente no se cansaba de querer demostrar superioridad ante él? Era el jodido diablo, podía hacer lo que quisiera. Sintiéndose más poderoso que nunca, porque finalmente sabía dónde estaba el alma de su esposo, y todo volvería a la normalidad, alzó su mano, poniendo sus dedos en posición para chasquear. Tan solo los rozó, preparándose, y en las paredes de la cripta comenzaron a aparecer grietas mientras el lugar temblaba intensamente. La única ampolla de luz del lugar explotó, dejando a ambas criaturas sobrenaturales a oscuras y en un silencio ensordecedor. —...Estoy esperando. El niño ya había bendecido tanto el cuchillo bajo su manga como el crucifijo alrededor de su cuello, y estaba de pie frente al mueble, observando el anotador con el exorcismo en él. ¿Serviría en el mismísimo diablo? No estaba seguro, pero valía la pena intentarlo. Se giró cuando sintió una presencia detrás suya, y notó a Louis de pie a tan solo centímetros de su rostro. El rizado se mantuvo inmóvil, devolviendo la fija mirada. Los ojos celestes del diablo fueron hacia el cuello de su niño, y pronto se tornaron color bordó. —¿Realmente creíste que eso iba a protegerte de mí? —Inclinó su cabeza hacia abajo, alzando ambas cejas a la par que sonreía de lado, fríamente. —Niño tonto, no tienes alma. No hay nada que proteger. —omnus immundus spirits. Omnus s—Sería bueno que dejaras de insistir. —Interrumpe el rey del inframundo, volviendo a su semblante serio. Era extraño ver a su niño en contra suya. —¿Por qué haría eso? La mirada de Louis cambió a una llena de ansiedad, hasta emoción. —He encontrado tu alma. Harry negó, retrocediendo y chocando contra el mueble detrás suyo. — No quiero mi alma. —Dijo, decidido. —Así estoy bien. —Mal por ti, porque iremos al infierno y te regresaré a la normalidad. Fue cuando el diablo intentó tomar al menor de la mano que éste último fue mucho más rápido: Sacó el cuchillo bajo su manga y lo tomó con el puño cerrado del mango, clavándolo con fuerza, aproximadamente tres veces en el pecho de su esposo antes de sacarlo y sostenerlo en su mano. El ceño de Louis se frunció antes de bajar su mirada a su propio pecho. La habitación comenzó a temblar de tal manera que el rizado se tambaleó, y no esperó ninguna reacción, tan solo se abalanzó hacia la puerta, intentando abrirla y fallando en el intento. Comenzó a golpear ésta desesperadamente mientras oía las cosas cayendo de las paredes y del mueble. —¡Ayuda! ¡Ayúdenme! —Deberías saber a esta altura que a donde sea que quieras ir ahora mismo...voy a encontrarte. —¡AYUDA! ¡ALGUIEN AYÚDEME, POR FAVOR! —Gritó más fuerte, comenzando a patear la puerta y golpearla con su hombro izquierdo. No iba a volver a tener su alma. No. —Harry... —Quiso advertir Louis, el cual se oía completamente tranquilo a pesar de haber sido apuñalado por su esposo. Tenía en la cabeza que aquel niño no era realmente su niño. Una voz fuera del cuarto del motel lo interrumpió. —¿Quién golpea tanto? —Se oyó. Era la anciana de la recepción, la cual ahora golpeaba la puerta despacio desde el otro lado. —¿Joven? ¿Está atrapado! —¡Ayuda! ¡Ayúdeme! —Harry. —¡AYUDA! —Aumentó los golpes. Inesperadamente, el cuarto dejó de temblar y Louis lo tomó del brazo, girándolo y viéndolo fijamente a los ojos, con su mandíbula más marcada de lo normal. —Préstame atención. —Dijo, con su voz baja mientras oía de fondo a la anciana hablar y golpear desde el otro lado. El rizado lo observó con sus ojos levemente entrecerrados y respiración agitada de tanto moverse. — Vas a abrir esa puerta y decirle que no podías abrirla, y luego vendrás conmigo al infierno y te regresaré. No puedes evitarlo, así que sé listo y afronta esto. —¿Joven? ¡Iré a buscar a mi hijo! ¡Tal vez pueda ayudarte! Harry se giró bruscamente y abrió la puerta con fuerza tambaleándose. La anciana volvió a girarse para observarlo, preocupada. —Oh, ¡Dios mío! —La dulce anciana llevó una mano a su pecho, acercándose al rizado. —¿Te encuentras bien? Harry puso su más amable y falsa sonrisa. —Oh si. Si. La puerta tan solo había quedado trabada, y me asusté mucho. —Dijo, soltando una risita al final. La anciana negó mientras una sonrisita se hacía presente en sus labios. —Oh. Tranquilo, cariño. Siempre puedes golpear, y vendré a ayudarte. — Harry asintió mientras una idea pasaba por su mente. Sostuvo mejor el cuchillo en su mano. —O si tienes algún otro problema, puedo cambiarte de habUn grito salió de sus labios cuando el rizado la tomó rápidamente del brazo y se posicionó detrás de ésta, rozándole el cuello con el cuchillo y observando fijamente al diablo el cual, probablemente, por primera vez, había sido tomado desprevenido. Lucía cada vez más enfadado, sabía que iba a costarle, porque su niño había sido absorbido por la oscuridad más rápido que alguien normal, y aquello seguramente tenía una explicación que aún no descubría. La anciana sollozó, cerrando sus ojos. —Por favor. P-Por favor. —Louis, voy a matar a todo el mundo antes de que me vuelvas un idiota de nuevo. Te lFue interrumpido por un chasquido de parte del diablo. La señora cayó al suelo, muerta. Louis prefería ser él quien la matara, porque ya no sabía cómo ayudaría a Harry luego de haber matado a su primo. El cuchillo salió volando de la mano del último mencionado, y cuando se giró para intentar escapar, se vio atrapado en los brazos del rey del inframundo, el cual le mantenía inmóvil. —¡Déjame ir! ¡LOUIS! El nombrado lo ignora por completo, y ni siquiera le advierte cuando se teletransportan de sitio. Todo allí era diferente y, si Harry tuviese alma, deberían de hacer lo del juego de las escaleras, pero al ser tan solo un cuerpo, no afectaría en nada el ir de inmediato al infierno. Se encontraban en aquella habitación redonda de muchas puertas. En el medio se encontraba la reconocible y elegante escalera que llevaba a un subsuelo donde el diablo tenía aquel, muy bien cuidado, despacho. Louis se dirigió hacia una de las enormes puertas, la segunda desde la puerta en donde estaba el calabozo de las almas. El diablo se adentró con su esposo -el cual no dejaba de gritarle que lo bajara- en brazos a la habitación de la puerta antigua, pesada y de una madera oscura. La habitación parecía la nada misma, porque tan solo había una camilla en el centro, con una ampolla de luz iluminando, colgando desde un cable. Los rincones no se veían gracias a la oscuridad, pero no había nadie allí. Tan solo ellos. Louis dejó a Harry cuidadosamente en la camina, y cuando éste intentó escapar, fue tomado de los hombros hasta volver a quedar acostado. —¡Louis! Louis, mírame. Mi amor... —El arcángel alzó la mirada hacia el niño de inmediato, sin poder evitarlo. Éste no tenía ninguna lágrima en sus ojos, pero su ceño estaba levemente fruncido y lucía adolorido. Era un buen actor. —...Lou, no hagas esto. Vas a matarme, por favor...te amo. Louis traga saliva con fuerza antes de apartar la mirada y sacar el cuchillo de su manga, alzando su mano libre y ubicando la punta filosa en su manga, comenzando a decir palabras en un idioma indescifrable. —¡Louis! ¡Vas a hacer que muera, Louis! —No voy a dejar que te conviertas en un monstruo. —Tan solo responde al terminar de citar aquellas palabras inentendibles, y corta su palma, notando entre la sangre un leve brillo. Su mano estaba demasiado tensa, y se debía a algo tan puro dentro de la palma del diablo. Nuevamente, citó otras palabras en una lengua extraña. —¡Seré un monstruo con mi alma! ¡Al menos no lo reconozco ahora! ¿Tienes una idea de lo que voy a sentir? ¿Saber que maté a Fionn? ¿Qué asesiné a mi familia? —Louis ignoró todo aquello, formando un puño con su mano antes de girarla. Harry decidió alzar su voz, desesperado. — ¡¿Crees que voy a perdonarte? ¡¿Crees que voy a seguir amándote luego de lo que hiciste?! ¡No sentía nada por ti antes de quedarme como ahora! ¡NADA! Louis lo observó fijamente, sin poder evitar prestar atención. —Tan solo te tenía miedo, y por eso me tuviste. No hay nada que me provoques, más que terror y placer. Tener alma o no, voy a seguir fingiendo. —Respiró profundo. —Jamás te he amado. —No me importa...—Simplemente respondió el arcángel. —...porque yo sí te amo... —Finalmente lo dijo. Lástima que el rizado no pudiese realmente apreciarlo. Regresó su vista a su mano. —...y no voy a dejar que te conviertas en lo que un día rogaste no ser. Descendit. Pegó su palma al pecho del rizado con algo de fuerza, el cual de inmediato soltó un grito que hizo eco en la habitación, arqueando su espalda y tirando su cabeza hacia atrás. Louis, con sus ojos un poco más abiertos de lo normal, observó tanto el rostro del rizado como su mano en el pecho de éste. Sentía como si succionaran dolorosamente de su palma, aunque para él eran como cosquillas. Podía sentir lo fuerte que era el alma de su esposo, y como éste dejaba de respirar, con su grito cesando hasta caer desmayado en la camilla, con su rostro sudoroso, pálido. La succión en la mano de Louis cesó unos segundos después, y alejó su mano, observando fijamente el cuerpo de Harry. Posicionó una de sus manos nuevamente en el pecho del menor. No habían latidos. Tampoco respiraba. Louis pasa rápidamente su brazo por debajo de la espalda de su esposo, levantándolo un poco y recostándolo sobre su pecho, notando la cabeza de éste caer hacia adelante. Rápidamente llevó su otra mano al mentón, alzándole el rostro. —¿Harry? Hey, Harry. —Lo movió levemente mientras su ceño se fruncía un poco. Hizo los ricitos sudorosos que le caían en la frente hacia atrás, acariciándole la mejilla. —Vamos, vamos, vamos. —Susurraba despacio. Notó que, luego de unos segundos, continuaba de la misma forma así que, intentando mantener el control, llevó nuevamente su mano al pecho de éste. Iba a revivirlo. Se concentró e hizo lo que siempre hacía, pero, a pesar de varios intentos, jamás oía los latidos del corazón. Tragó saliva con fuerza, gruñendo. —No.…no, no, no. Despierta. —Volvió a moverlo a la vez que lo sostenía mejor en sus brazos, acercándolo a su pecho. Negó rápidamente. — Despierta, maldita sea. —Gruñó. Era la primera vez que estaba realmente asustado. Cuando estuvo a punto de morir y tuvo que poseerlo, al menos estaba reaccionando, y sabía que, de una u otra forma, iba a volverlo a la vida. Pero ahora había intentado de todo, y continuaba sin reaccionar. Le acarició la mejilla, frunciendo su ceño aún más. No podía ser, no podía estar pasando... Intenta, por última vez, revivirlo. Lleva su mano al pecho del menor, y cierra sus ojos con fuerza, concentrándose. Ya tendría que haber sucedido, ya tendría que haber sentido su corazón latiendo, o al menos haber oído una respiración. ¿Realmente estaba muerto? ¿Realmente no volvería? Abrió los ojos lentamente, esperando encontrarse con los ojos de su esposo, su niño. Quería admirar aquel color verde y único, y notar el brillo en su mirada. Quería sostenerlo mejor, y prometerle que ya nadie iba a volver a hacerlo a sufrir, que era un torpe porque no estaba en su naturaleza amar, ni sabía cómo demostrarlo, pero haría lo posible. Aprendería por él, haría lo que sea por él. Sin embargo, se encontró con los ojos cerrados del rizado, y le tocó la piel fría de la mejilla antes de refugiarlo en su pecho. Su mirada fue al frente, a un punto fijo, y sus ojos fueron, lentamente, volviéndose de color negro. No había rastro de celeste, ni blanco, y bordó. Eran completamente oscuros. Un gruñido comenzó a subir por su garganta, finalizando con un fuerte grito lleno de impotencia y furia. El infierno completo tembló. Las almas del calabozo, aterradas por el ruido, comenzaron a rogar salir de entre las rejas. La fila sin fin de otra de las habitaciones se tambaleó mientras los demonios se observaban entre sí. Y ya no importaba. Si era necesario, haría desaparecer el mundo en tan solo un chasquido. Porque su esposo, su niño...el príncipe del inframundo se había ido. Y si Louis alguna vez creyó estar enojado, se equivocaba. Esto era estar enojado, lleno de impotencia... ...Esto era tener el corazón roto. ¿Cuánto tiempo había pasado? No estaba muy seguro, probablemente no tanto. Aún continuaba en aquel lugar, abrazando el cuerpo de su niño favorito, acariciándole sus preciosos rizos, admirándolo. “Jamás te he amado.” Fueron sus últimas palabras. Louis intentaba no dejarse influir por ello, porque recordaba sentir lo que Harry sentía por él antes de no tener alma, pero, de todas formas, sabía que no podría deshacerse de ese recuerdo ni en millones de años. Lo peor de todo es que ni siquiera podía morir. No había nada que lo matara, estaba condenado a ello. Estaba condenado a vivir sabiendo que había matado al amor de su eternidad. Le acarició con su dedo pulgar los labios, los cuales estaban pálidos, del mismo color que su bello rostro. Jamás volvería a probar esos labios, ni oír su dulce voz. Jamás vería sus lindos hoyuelitos marcarse por sus tímidas sonrisas. Era tan injusto. Él lo había intentado... ...Realmente había intentado ser, al menos, un poco bueno. Una fuerte y fría brisa interrumpieron sus pensamientos, un chillido fuerte se hizo presente, y se vio obligado a soltar a Harry cuando fue lanzado contra un rincón, en la oscuridad de la habitación. El cuerpo del rizado cayó al suelo al no haber sido re acomodado en la camilla. Louis gruñó con furia antes de levantarse del suelo, observando a la figura alta, con capa negra y, esta vez, guadaña de punta muy filosa en una de sus manos, encaminarse hacia el cuerpo de su esposo. Louis formó un puño con su mano al frente, manteniendo a Muerte en su lugar. Sus ojos nuevamente estaban completamente negros. Movió su mano con fuerza, y Muerte fue expulsada por la habitación, primero hacia un lado, y luego hacia el otro, golpeándola. —No lo toques, maldita sea. —Gruñó el diablo, finalizando por atraer a Muerte hasta tenerla frente a él. —Te voy a hacer pedazos, lenta y dolorosamente. La guadaña voló por la habitación, cayendo en el medio de ésta, y Louis tomó el cuello de la cosa sobrenatural frente a él, apretando con fuerza y sintiendo como sonaban unos huesos contra su mano. Sonrió de lado, complacido, pero nuevamente volvió a estar serio y, con un grito lleno de furia, arrojó a Muerte hacia otra punta de la habitación. Ya nada le hacía sentir satisfacción, lo único que sentía era un profundo hueco en el pecho, y ni matando a la razón por la cual su niño estaba muerto le servía de consuelo. Aún menos sabiendo que la verdadera razón era él. —Era todo su plan, ¿Verdad? —Dice, sonriendo con amargura mientras nota a la figura de negro levantarse del suelo y soltar otro chillido. Louis se tambalea hacia atrás. —Él quería esto, Dios quería a Harry. Y tú se lo diste. Te llevaste su alma para que yo volviera a ponerla en su cuerpo, y fallara. Ahora está muerto, y no hay manera de hacerlo regresar. Bravo. —Muerte, la cual ya estaba de pie, caminaba nuevamente hacia el rizado. —Esa es una gran lección: Usar a las personas para probar cosas. — Asintió lentamente. Todo había sido tan solo un juego del de arriba. O eso creía. Alzó la mirada cuando notó la mano de Muerte ir en dirección al pecho del rizado, y fue justo cuando estuvo a punto de alejarla, cuando estuvo a punto de matarla, que ésta chilló, más fuerte que nunca antes de ser arrojada, sin siquiera tiempo de caer al suelo debido a que, inesperadamente, se convirtió en cenizas, esfumándose en el mismísimo aire. El ceño de Louis se frunció, totalmente confundido. Ese no había sido él. Observó hacia la puerta, en busca de algo que se adentrara al cuarto, pero no había nada. De pronto, Harry tomó una profunda bocanada de aire, abriendo sus ojos de golpe y comenzando a toser. Los ojos de Louis se abrieron de golpe. —¡¿Harry?! —Caminó a zancadas hasta el menor, tirándose al suelo de rodillas y sosteniéndolo cuando el rizado intentaba sentarse, confundido. Parpadeó rápidamente, con la respiración entrecortada y el cuerpo temblando antes de alzar la mirada al diablo, viéndole a los ojos fijamente. Louis le devolvió la mirada, notando aquel brillo que tanto había extrañado. —... ¿Lou? —Le tembló la voz. Se sentía pésimo, como si estuviese realmente descompuesto. El diablo no podía creerlo, estaba entre emocionado, ansioso, confundido y asustado. ¿Qué mierda había pasado? —Harry... —Lo tomó del rostro, acariciándole. Aún estaba frío y pálido, cosa que le preocupaba bastante. Lo admiró, se fijó en cada detalle: Su manera de parpadear, su respiración y la manera en la que lo observaba. —... ¿Eres realmente tú? El ceño del rizado se frunció levemente ante aquella pregunta, más que confundido, pero, aun así, asintiendo lentamente. Louis de inmediato le rodeó con un brazo el torso, apoyando su mano libre sobre la coronilla de la cabeza de su niño, atrayéndolo a su cuerpo y posicionando su rostro en el cuello de su esposo, respirando profundamente su aroma e intentando no explotar de felicidad. Estaba vivo, sentía su pulso. Harry respondió al abrazo de inmediato, rodeando torpemente el cuello del diablo con sus brazos y respirando profundamente, intentando mantenerse tranquilo, dejar de temblar. Cerró sus ojitos con algo de fuerza, sin saber que Louis hacía lo mismo. Ambos tan solo estaban sintiéndose, disfrutando de aquel momento. —Lou... —Louis se apartó tan solo un poco, manteniendo su rostro muy cerca del menor, acariciándole la espalda con cuidado. Tenía miedo de hacer algún movimiento brusco que lo hiciese desaparecer. —... ¿Qué ha pasado? —Observó alrededor antes de ver nuevamente a su esposo. – ¿Dónde estamos? —¿No recuerdas nada? —El menor negó, sorprendiendo al rey del inframundo. ¿Recordaría no haber estado sin alma y las cosas que hizo? —Estamos en el infierno. ¿Qué es lo último que recuerdas? —Mi cumpleaños. —Responde, dudoso. Tenía algunas cosas en la cabeza, además de migraña, una la cual se intensificaba con el paso de los segundos y trataba de disimular. —Yo...recuerdo cuando me poseíste, no puedo...es decir, no.…no recuerdo... —No importa, está bien. —Lo tomó del rostro con cuidado, tranquilizándolo. —Recordarás, eventualmente. —Dijo, acariciándole una de las mejillas. Harry le observó con cariño por la manera en la que el diablo se estaba comportando, aunque le preocupaba lo asustado que se veía. Ladeó su cabeza en busca de los mimos en su mejilla, pero se vio obligado a cerrar sus ojos, frunciendo el ceño por el dolor. —¿Qué pasa? ¿Qué sucede? ¿Sientes algo? —Harry asintió lentamente, y un fuerte dolor en su brazo lo obligó a quejarse en voz alta, adolorido, bajando el rostro, pero con sus ojos cerrados. Se le partía la cabeza. — Harry. El menor gimió más fuerte, quejándose a la vez que se le aflojaba el cuerpo. Louis lo sostuvo contra él de inmediato, sosteniéndolo mientras el cuarto comenzaba a temblar levemente. Su mirada se dirigió hacia la piel del cuello del niño, y abrió sus ojos de más cuando las venas se hacían visibles, volviéndose negras. —¡Lou! —Gritó, retorciéndose. Louis lo sostuvo mejor y llevó su mano a la mejilla del rizado para aliviar el dolor, pero aquello no sucedía. —M-Me duele... ¡Mi brazo! La mirada del diablo fue de inmediato hacia el brazo del niño, y mientras lo sostenía por la espalda, con su mano libre lo tomó del brazo y le corrió la manga, observando la marca. Esta parecía estar ardiendo mientras comenzaba a formarse algo parecido a una guadaña de color rojo vivo. Louis iba a tomarse un momento para aliviarse cuando la marca dejó de formarse y el brazo del menor se aflojó, pero cuando subió la mirada hacia el rostro de su esposo, notó sangre caer desde el lagrimal de su ojo izquierdo, el cual estaba cerrado. —Harry. —Lo sostuvo mejor. El niño ya no estaba teniendo dolor, pero estaba agitado y sollozaba silenciosamente, abrumado. —Niño, abre los ojos, por favor. —Pidió. Necesitaba comprobarlo, necesitaba... Los ojos de Harry se abrieron lentamente, como si le hiciese daño, y el arcángel se quedó en total silencio cuando notó uno de éstos tener un cuarto de color negro mezclado entre el precioso verde. No podía ser. El puchero del rizado temblaba, al igual que todo su cuerpo. Ya no podía intentar mantener la calma luego de aquello, había sido lo suficientemente abrumador como para siquiera intentarlo. —¿Q-Qué está pasándome? —El diablo se ve obligado a reaccionar al ver a su esposo asustado, y lo abraza de inmediato, acunándolo contra su pecho y tomándolo con su mano libre de la muñeca para verle la marca mejor. Harry parpadeó y observó la marca, con su ceño frunciéndose lentamente. —... ¿Qué es eso? Louis tragó saliva, sin atreverse a tocar aquella marca, la cual parecía recién horneada y preparada para mandar a volar a cualquiera que quisiera tocarla. Subió la mirada nuevamente a los ojos del menor, admirando aquel pequeño detalle en éste. —Harry... —Notó el color volver a los labios del niño, las venas negras desaparecer. Todo parecía comenzar a acomodarse, a la par que sus pensamientos. Giró su rostro y observó a lo lejos la guadaña, la cual seguía en su lugar, e incluso derrochaba una vibra mucho más poderosa que anteriormente. Esa fue la última pieza que faltaba en el enorme rompecabezas. —Eres la nueva, y última Muerte. Luego de aquel horrible episodio, y de que Louis hubiese dicho en voz alta que Harry era la última Muerte, éste último pareció quedarse completamente aterrado por ello. No, no podía ser posible. No quería eso. Louis se había encargado de tomar en brazos a su esposo y salir de aquel cuarto, pero fue detenido por el menor, el cual le pidió regresar por la guadaña. Cuando la tomó, pudo ver la satisfacción en el rostro del menor, y el miedo. Tan solo lo acurrucó más contra su pecho, y lo sacó de aquel lugar para llevarlo por las escaleras, hacia su despacho. Al llegar a éste, todo parecía más tranquilo y menos terrorífico. Era un lugar con mucho silencio, que era justamente lo que Harry necesitaba luego de haber pasado por tanto dolor y gritos. Fue dejado en un sofá que había en la esquina, de frente a la chimenea y cientos de libros en cada inmenso estante. El diablo se sentó rápidamente a su lado cuando Harry no dejaba de sostenerlo de su mano. Lo estaba volviendo loco, lo había extrañado tanto. Se mantuvieron unos segundos en silencio, donde Harry observaba la marca de su brazo, y el diablo veía fijamente el rostro del niño. —¿Te duele? —Harry negó ante la pregunta de su esposo, tragando saliva con fuerza. —Harry, mírame. —El nombrado obedeció de inmediato, observando al arcángel fijamente. —No voy a irme de tu lado jamás. No volverá a pasar...a menos que eso sea lo que desees. —No quiero que te vayas. —Respondió rápidamente a las palabras de Louis, negando. —Es solo...no entiendo. No entiendo nada, me siento muy abrumado. —Yo te lo explicaré. —El diablo acomodó los ricitos despeinados de su niño favorito antes de comenzar: —Harry, cuando fuiste poseído por mí en tu cumpleaños, hice tiempo para que pudieses curarte por dentro, tu familia supo muchas cosas respecto a nosotros, por mi culpa. Cuando noté que ya estabas curado, me metí en tu mente para hablar contigo, ¿Recuerdas eso? —Si. Eso lo recuerdo. —Confirmó el rizado, asintiendo lentamente antes de bajar la manga de su camiseta para ya no ver la marca en su brazo y prestar suma atención a su esposo. —Recuerdo que me dijiste que esperara por ti, y creí que iba a regresar, y desperté aquí. —Han pasado varias semanas de ello. Casi un mes. —El niño alzó ambas cejas, sorprendido. —Tu familia no sabe absolutamente nada de ti desde unos pocos días después de tu cumpleaños. —N-No.…no entiendo. Louis suspiró. No iba a mentirle, porque si lo que Harry quería era alejarse de él, iba a estar bien. —A pesar de que te dije que el trato ya no continuaba en pie, era por decisión propia, pero, técnicamente, el contrato seguía. Los contratos no pueden romperse, quiera o no. Es algo que no está en mis manos. Es por eso que cuando decidí irme por completo, ya que sabía que tú familia iba a comprobar de muchas formas si seguías teniendo relación conmigo, tuve que finalizar el contrato. Me llevé tu alma. <<Cuando yo o cualquier demonio se llevan almas, éstas caen automáticamente al infierno, porque es debido a que hubo un contrato. Volví aquí luego de asegurarme que tu familia te llevó al hospital, y cuando busqué al que se encarga de las almas y los contratos, Baphomet, éste me dijo que ya se habían encargado de regresar tu alma a tu cuerpo. Decidí no regresar, y envié cuervos para vigilarte hasta que tus padres dejaran de estar sobre ti. Días después, Baphomet apareció muerto, y cuando volví a la tierra para verte, descubrí que tu alma no había regresado. —¿Eso quiere decir que anduve sin alma todo éste tiempo? ¿Es por eso que no recuerdo nada? ¿Lastimé a alguien? Louis negó. —No. —Mintió. Al menos hasta que todo se acomodara, y luego le diría. —Y si, anduviste sin alma todo éste tiempo. Te fuiste de tu casa en el auto de tu padre, y llegaste a Londres. Llevábamos muchas conclusiones de quién se había llevado tu alma, hasta que finalmente me di cuenta que había sido Muerte. Probablemente ésta la tomó del infierno, y mató a Baphomet. Muerte quería guardar tu alma, porque sin esta en tu cuerpo, no había manera de que la marca en tu brazo hiciera efecto en ti, y ésta no dejaría de existir. Todo comenzaba a tener muchísimo más sentido, pero aun así era escalofriante. ¿Huir de su hogar? ¿Manejar? Nada de lo que Louis le decía era típico de él. No pudo evitar sentir un leve mareo, por el cual cerró sus ojos y tapó su rostro. —Esto no puede estar pasando, no quiero...no quiero convertirme en algo como lo era Muerte. No quiero ser así, Lou. —Nuevamente, su voz comenzó a temblar. Se destapó el rostro y negó. —No quiero. —No vas a ser lo que era Muerte. Ésta había hecho un pacto conmigo para ser así, fue como un castigo el transformarse en alguien que solo chillaba. —Resopló, aún resentido con aquella estúpida criatura. Le había hecho pasar un infierno...incluso el infierno era más tranquilo que lo que le había hecho pasar. —Tan solo serás...inmortal. Harry alzó la mirada al diablo de inmediato, parpadeando rápidamente, no muy seguro de lo que había oído. ¿Inmortal? ¿Sería inmortal? Había estado queriendo serlo desde que Louis y él se comprometieron. Tragó saliva con fuerza. —¿No envejeceré? —No. —Y eso significa...que ya no podré volver a ver a mi familia, ¿Verdad? — Sus ojos comenzaron a cristalizarse, pero no iba a llorar. No quería llorar. —No creo que eso sea posible, Harry. El niño asintió antes de bajar la mirada, y sorbió su nariz. Estaba comenzando a aceptar las cosas, a pesar de que no le gustaba para nada, y estaba muy triste por todo. Nuevamente alzó su mirada y observó a su esposo. —Tú eres mi familia, Lou. —Dijo, su voz quebrándose. Louis lo observó fijamente antes de acercarse incluso más, sosteniendo el rostro del menor mientras éste último sostenía las muñecas del arcángel. Las narices de ambos se rozaron. —He querido esto desde hace mucho, y sabía que tendría sus consecuencias. —Pero estás triste. Ya sin poder evitarlo, un par de lágrimas cayeron por sus frías mejillas, y el diablo las secó rápidamente. —Estoy asustado, no sé qué será...cómo será ser la última Muerte. —Vas a estar bien, Harry. Lo prometo. Te amo. El rostro de Harry se apartó levemente, sin estar muy seguro de lo que acababa de oír, con aquello último repitiéndose una y otra vez en su cabeza. Parpadeó, con sus pestañas brillando levemente por las lágrimas, y sonrió lenta y tímidamente, con sus hoyuelitos marcándose en sus mejillas. —Lo dijiste... —Susurró, embobado. Louis no evitó sonreír lentamente de lado. —Es mi tercera vez diciéndolo, niño. —¿Tercera vez? —Lo dije antes de que irme el día de tu cumpleaños, y volví a decirlo antes de devolver tu alma en tu cuerpo. Esta es la tercera vez. —Oh...lo siento, Lou. Desearía recordar. No, no lo desearías. Louis negó lentamente, nuevamente serio. —No hace falta, ahora es perfecto para que lo recuerdes. —Y, sin más, se acercó y unió sus labios con los de su niño. Ambos suspiraron por la nariz, aliviados mientras se mantenían cerca y movían sus labios lentamente, ladeando sus cabezas hacia los lados contrarios. Las manos del diablo bajaron a la cintura del menor, el cual llevó sus manos desde el pecho del arcángel hasta rodear con sus brazos el cuello de éste, aferrándose. Para Louis, era un alivio finalmente ser correspondido con sentimiento, finalmente tener a su esposo en sus brazos. Hace tan solo un par de horas creía que jamás volvería a verlo, ni a besarlo o verlo sonreír, y ahora estaba allí con él. Y lo estaría para toda la eternidad. El diablo y Harry habían permanecido unas largas horas en el infierno, las cuales habían sido días en la tierra. Se la habían pasado hablando de lo sucedido y, más que nada, brindándose mimos; Especialmente Louis a Harry. Éste último se encontraba realmente abrumado por todo lo sucedido, aún no se sentía del todo bien. Estaba muy débil, tanto que apenas podía mantenerse de pie. Le dolía el ojo, con el cual veía levemente nublado alrededor, y le palpitaba la cabeza. Louis tenía toda su atención en éste, e intentaba sanarlo, pero no sería posible, y si se sobrepasaba con sus poderes la marca de Harry podría tomarlo como un ataque y enviarlo lejos. No podía morir, pero tampoco quería eso, sabiendo que su niño favorito se sentiría lo suficientemente culpable para ni querer acercarse. En el despacho del diablo no había nada más que calma, con el sonido de la leña quemándose en la pequeña chimenea, y las respiraciones de ambos. Sin embargo, Harry sabía que no podía pasarse la vida allí: Necesitaba moverse, y una extraña sensación le hacía querer comenzar con su trabajo como Muerte. Era extraño decirlo, o siquiera pensarlo. Él jamás se habría imaginado en una situación como aquella. ¿Acaso Louis sabía? Creía que no, pero éste anteriormente le había dicho que había vigilado su alma desde siempre. ¿Acaso Louis podría haberlo sentido? Recordó su expresión de total sorpresa cuando le confirmó ser la última Muerte, y lo descartó por completo. Cuando el niño le pidió a su esposo el salir de aquel lugar, Louis no tardó en llevarlo a Bristol, otro pequeño pueblo, y en el cual había visto a Dios más de una vez. Se hospedaron en un hotel sin necesidad de pagar gracias a los poderes del rey del inframundo. La habitación era mucho más linda que el hotel anterior, aunque, claro, Harry no podía recordarlo. El hotel quedaba en un lugar céntrico, lleno de bares y tiendas. A ninguno le importaba, pero Louis creía que podrían usarlo a su favor para practicar los poderes de su niño favorito. Harry había acomodado su -ahora preciada- guadaña en el rincón de la habitación. Ésta emanaba una vibra completamente poderosa, un poco peligrosa, se atrevería a decir el dueño de ésta, el cual se miraba fijamente frente al espejo del baño. Estaba sucio, con el pijama con el que despertó el cual, sin saber por qué, tenía leves manchas de sangre. No quería preguntar. Suspiró luego de ver fijamente sus ojos, en especial aquella mancha negra en uno de ellos. Sintió la presencia de Louis, la cual ahora era mucho más fácil de interpretar, y vio por el espejo como lo rodeaba con sus fuertes brazos desde atrás, rozando su mejilla con el lado de la cabeza de su niño. Ambos compartieron una larga mirada a través del espejo, y Harry parpadeó rápidamente un par de veces antes de verse a sí mismo. —Necesito ropa nueva. —Comentó con un nudo en la garganta, aun notando las manchas de sangre. ¿Qué había sucedido? —Debes saber que necesitas comenzar a vestir ropa oscura, por ser Muerte. Sin embargo, yo opino que esa es tu decisión. —Agregó al final. Sabía que todo era demasiado abrumador para su pobre niño, y no quería asustarlo más de lo que ya lo notaba. Y, por Dios, que lo notaba. Desde que Harry se había vuelto Muerte, podía sentir todo con mucha más intensidad de lo que ya lo hacía. Ahora podía sentir su notable preocupación, y le estaba poniendo algo inquieto. Presionó suavemente sus dedos repletos de anillos contra el vientre del rizado. —Niño, dime qué es lo que piensas. —...Es solo... —Negó. Ni siquiera sabía por dónde comenzar. Louis lo giró con cuidado en sus brazos. Harry aún seguía algo delicado, con suerte y caminaba sin realmente marearse. Buscó su mirada verdosa, pero no la encontró debido a que lo evitaba. —...no sé si quiero esto. No es por la vestimenta, o mi ojo, pero es solo... —Se mantuvo callado. Sonaba malagradecido, o eso creía. Louis le alzó el mentón con una de sus manos, sosteniéndolo de la cintura con la otra, y ambos se vieron fijamente a los ojos. —...no era lo que yo tenía en mente. No sé si quiero pasar el resto de mi vida...de mi eternidad viendo a gente sufrir hasta morir. Louis negó lentamente a medida que decía las últimas palabras. —Tu concepto de ser Muerte está mal enseñado, como era de esperarse con los humanos. —Harry lo observó con leve confusión, ladeando un poquito su cabeza. —Has visto morir gente de forma muy cruel. Si, verás cuerpos en muy mal estado, y tu misión es tomar el alma de las personas, pero no es nada escalofriante, nada que deba de darte miedo. —Se apartó tan solo un poquito, tomándolo de las manos. Harry de inmediato acarició con sus deditos las de su esposo, las cuales estaban realmente cálidas. <<Harry, ahora mismo puedo sentir todo lo que emanas, y una de esas cosas es paz. Cuando la gente te vea antes de morir, van a sentir sensaciones positivas que jamás han sentido. Todo éste tiempo han estado con una Muerte que los hacía morir incómodos, e incluso muchas almas han quedado atrapadas en cuerpos. —¿Cómo haré para acompañar a tantas personas mientras mueren y estar disponible para siquiera respirar? —Siquiera pensarlo lo estresaba, se le hacía algo imposible. —Mueren personas cada segundo en todo el mundo. —Para eso existen las Parcas. —Respondió el diablo, notando la intranquilidad de su esposo. Intentó suavizar más su voz, no perder la paciencia. Detestaba explicar cosas, muchas veces su ego lo hacía creer que todos deberían de saber lo que él, pero debía tragarlo, porque no se trataba de cualquiera, se trataba de Harry. —Son tus servidores, y hay miles de éstas. Ya saben que hay otra Muerte, y que es la última, así que probablemente se inclinarán ante ti y no te dirigirán la palabra. Harry negó lentamente. —Eso no es nada bonito. —Eres su rey ahora, el verdadero. Han esperado por ti miles de años, y mi consejo como rey del inframundo es que les permitas permanecer con ese respeto. Muchas veces creen tener más derechos de los que se les dan, y no puedes permitir que eso suceda. El silencio se hizo presente por un par de segundos. Cuando Louis lo explicaba así, cuando Louis le hacía ver que la muerte era un nuevo comienzo, y que no era nada a lo que los humanos imaginaban, no se sentía como un verdadero problema. Hizo una leve trompita con sus labios, pensativo. —No suena...tan mal cuando lo dices así. —Comentó, y tuvo que cerrar sus ojos debido a la repentina angustia en su pecho, recordando a cierto chico descuartizado y con la mirada perdida, dentro de una bolsa. ¿Había F...había él podido tener un nuevo comienzo? —Solo...no puedo dejar de pensar en... —Sus labios temblaron cuando intentó pronunciar su nombre. Negó con la cabeza. Nuevamente un pequeño silencio se hizo presente, y supo que el diablo estaba pensando en qué responder a ello. —Deberíamos de hablar sobre ello. —No. —Respondió con firmeza el rizado, abriendo sus ojos y viendo a su esposo fijamente. —No quiero que hablemos de él nunca. Esta es mi manera de superarlo. Louis lo observa fijamente. Por supuesto que él respetaría la decisión de su esposo, pero también sabía que, tarde o temprano, éste estallaría, y eso no era bueno para la nueva Muerte. No, no. Más aún si esta tendría que aguantar toda la eternidad. —Bien. —Nuevamente le dejó besos en los nudillos, rozando sus labios con aquel anillo que una vez le había dado. Su anillo de compromiso. Lentamente, guio las manos del rizado hacia su propia nuca, haciendo que le envolviera el cuello con sus brazos, cosa que el menor de ambos hizo. —No te preocupes por los demás. Puedes tener una vida completamente normal. Un suspiro salió de la boca del más bajo, desanimado. —Lou, no creo que eso sea posible. Louis alzó levemente sus cejas, sintiendo aquello más como un desafío. Él era el jodido diablo, y podía hacer lo que sea, cuando sea. Era invencible, si quería podía chasquear sus dedos e incendiar cada pueblo de Inglaterra, o convocar la maldita Apocalipsis. Así que, si podía hacer todo eso, en definitiva, podía hacer a lo único que le importaba feliz. —Claro que sí. —Afirmó, y lo atrajo más cerca desde la cintura. — Podemos tener una casa en donde tú quieras, del tipo que quieras. —Los verdes ojos de Harry comenzaron a brillar, incluso aquel cuarto oscuro en uno de ellos se iluminó un poco. —¿Es eso lo que quiere mi niño favorito? Con un notable rubor en sus mejillas, asintió mientras una tímida sonrisita se abría paso en sus labios. —Sí. —Respondió. Louis inclinó más su rostro, ambos rozando sus labios y las puntitas de sus narices. —Pero solo lo quiero si eso es lo que tú quieres. El diablo sonrió lentamente de lado. Jamás alguien más que su precioso esposo le había preguntado qué era lo que él quería. —De todas formas, necesitamos un lugar. —Nuevamente habló el arcángel, acariciando con sus dedos la espalda baja de su niño. —Yo sugeriría el infierno, pero claramente no es de tu agrado pasar la eternidad en éste. —Tu despacho es muy bonito, pero lo demás... —Negó. No quería ser malo ya que, después de todo, había sido algo así como una casa para el diablo. —Prefiero una...una casa. —Se vio interrumpido ante los inesperados pero suaves besos en sus labios. Aquí era cuando Harry finalmente notaba dónde estaba su verdadero hogar, y el que la espera realmente había valido la pena. Si, apestaba ser Muerte, tener muchísimas responsabilidades, pero finalmente era inmortal. Finalmente, no habría noches de insomnio en donde se preocupará por estar envejeciendo, ni tampoco el pensar en que, algún día, sería tan solo un recuerdo en la cabeza de Louis. Ahora está allí, era invencible y más aún con su esposo a su lado. En medio de un suave y lento beso, un agudo dolor en su cabeza lo hace alejarse del rey del inframundo y verlo fijamente. Imágenes se hacen presentes en su cabeza: Una noche fría, en el asiento trasero del Impala de su padre, sobre las piernas de su esposo, besándolo. Parpadea rápidamente y se aparta un poco, desconcertado. —¿Qué sucede? —Nada, y-yo...solo recordé algo. Harry puede sentir la inquietud del diablo como si fuese la suya propia luego de oír aquella respuesta. Frunce un poco su ceño, extrañado por ello. —¿Qué recordaste? —¿Te besé en el auto de mi padre? Louis tan solo se limita a verlo fijamente por unos segundos. —Sí, tuvimos una conversación. Sintió un escalofrío en su columna vertebral mientras tragaba saliva con fuerza. —Yo...sí. Lo recuerdo. —A pesar de haberse visualizado de aquella forma, fue como si tan solo un tramo de segundos trajera a flote todas las cosas de aquel día. Podía recordar el no sentir nada, podía recordar el vacío en su estómago y el hablar automáticamente, tan solo pensando como si todo se tratase de simple estrategia. —¿Cómo era yo sin alma? —Un grano en el culo. —Louis no pudo evitar usar su sinceridad, mucho más de lo que usualmente lo hacía. Harry tampoco pudo evitar la notable indignación haciéndose visible en su rostro. —Eras neutro. Había oscuridad en ti, e intenté hacer lo posible para retrasarla. Al principio sabía que no eras tú, pero con el paso del tiempo comencé a desesperarme, extrañarte, y estuve bastante confundido. Bajé la guardia, y te besé. —No iba a mentirle, quería que Harry estuviese al tanto, pero solo de algunas cosas. —Luego pude sentirlo erróneo, y solamente me enfoqué en regresarte. —Entiendo. —Harry asiente, pero la vergüenza no obliga a bajar la mirada al suelo. Se siente mal por haber sido una carga. —Lo siento por haber sido así. —No hay necesidad de disculparse, no eras realmente tú. —Louis busca su mirada, inclinando levemente su rostro. Harry alza un poco el suyo, y ambos se ven fijamente. —Ahora estás aquí... —Suspira por la nariz con profundidad, y se ve perdido en sus propios pensamientos mientras admira al niño frente suyo. —...finalmente, conmigo. —Finaliza, disminuyendo levemente su tono. —Y para toda la eternidad. Louis exhala bruscamente, satisfecho con aquellas palabras. —Ven aquí. —Gruñe, acercando más a su lindo esposo y besándolo lentamente, con cuidado. Ambos acarician sus labios, ladeando sus cabezas y cerrando sus ojos mientras se relajan contra el cuerpo del otro. Louis presiona la palma de su mano contra la espalda baja de su niño favorito, mientras que con su otra mano le sostiene el mentón firmemente, sin hacerle daño. Quería comerle la boca. Es en ese preciso instante en que mete su lengua, encontrándola con la de Harry, que se oye el cristal del espejo quebrarse, y tanto la bombilla de luz de baño como la de la habitación, explotan. El rizado abre sus ojos, asustado y viendo alrededor, aún con el agarre en su mentón mientras se acerca más al diablo. La preocupación y angustia de que nuevamente algo esté mal le daña el pecho. —¿Qué fue eso? —Pregunta con la voz temblorosa, llevando su mirada, con su ceño levemente fruncido, a la del diablo, el cual se encuentra sonriendo muy coquetamente de lado. —Fuiste tú. —Responde, y hasta luce algo orgulloso. Ante la mirada de sorpresa del menor de ambos, Louis da una lamida sobre los rojos y apetecibles labios de su esposo. —Ahora tienes poderes, igual a mí. Tienes que aprender a controlarlos. —Pero yo...ni siquiera sé cómo hice eso. —Respondió perplejo, e intentó no gemir ante el suave apretón en uno de sus glúteos. —Yo te enseñaré. —Responde el diablo, sin parar de acariciar el cuerpo de su niño favorito. Es que Harry era, simplemente, tan hermoso. Miró alrededor antes de volverlo a ver. —Creo que no hay otra cosa que puedas destruir. —Sin más, lo besó. Louis no entendía cómo había soportado tanto, y Harry no supo hasta aquel momento cuánto había extrañado hacer el amor con su esposo. Ambos se besaban profundamente, con sus lenguas dándose lentas caricias, acalorados, de pie en el baño de aquel barato hotel en Bristol. Sus manos estaban por todas partes, y fue cuando Louis notó que, lentamente, Harry dejaba de hacer puntitas de pie debido al cansancio, que lo tomó por los muslos y cargó, caminando con él nuevamente hacia la habitación. Harry notó su espalda chocar contra el colchón de la única cama de la habitación, y abrió sus piernas para permitir el cuerpo del diablo entre el suyo. Pasó sus manos por la cálida espalda de su esposo, y Louis llevó las suyas a la cintura de su niño favorito, lentamente levantándole la camiseta del pijama. Sus labios bajaron por la mandíbula del rizado, el cual se encontraba respirando con más profundidad, con sus ojos cerrados y ladeando la cabeza. Solo por hoy, no tendría tanta timidez a la hora del sexo, porque había extrañado aquello demasiado. Había extrañado las descargas de placer, el calor del cuerpo de Louis, sus labios, sus manos acariciándole, su...absolutamente todo de él. El diablo finalmente le quitó la camiseta, y le observó el torso, acariciándolo con lentitud, provocándole escalofríos. Gruñó. —Mío. —Sí... Sus labios bajaron por el cuello de su esposo, llegando a su pecho, y tomando un pezón en su boca, chupando. Leves escalofríos se hicieron presentes en el cuerpo del menor, y se encontró arqueando levemente su espalda, con sus labios entreabiertos. Inconscientemente, se encontró alzando las caderas, rozando su miembro con el de Louis por encima de ambos pantalones. —Mierda. —Louis llevó una mano al mentón del rizado, sosteniéndolo con firmeza mientras continuaba chupando aquel pezón, el cual se veía verdaderamente apetecible. Empujó sus caderas contra las del niño, provocando una inevitablemente fricción, y lo oyó jadear. —Nene, no te das una idea lo mucho que necesitaba tenerte así. Harry jadeaba suavemente, con sus labios entreabiertos, y Louis aprovechó para empujar su dedo índice y medio dentro de la boca del rizado, tanteando su lengua, la cual inmediatamente lamió sus dedos. Gruñó, y bajó con más fuerza sus caderas, robándole suspiros y sonidos suaves a ambos. Pasó muy rápido. Harry sintió como si el colchón lo absorbiera. Se vio a sí mismo siendo apartado de Louis, como si la cama se lo hubiese tragado, y en tan solo un parpadeo estaba en otro lugar. Confundido y más que desconcertado, sintiendo la fría cerámica del suelo contra la piel de su espalda, se sentó bruscamente y observó alrededor. Un hospital... ¡¿Qué hacía en un hospital?! Parpadeó lentamente, demasiado acalorado. Rápidamente se abrazó a sí mismo, intentando cubrir la desnudez de su pecho y la visible erección bajo sus pantalones. —...Oh-oh. —...Oh-oh. Se levantó lentamente del suelo. No sentía ningún tipo de dolor, tan solo leves escalofríos al haber sentido la fría cerámica del suelo contra su espalda desnuda después de tan acalorada situación. Observó alrededor, con más inseguridad que antes. Por suerte, la puerta estaba cerrada, y parecía ser de noche en donde quiera que esté, así que no había mucha gente deambulando por el hospital. Y, por supuesto, la...bueno, su guadaña yacía en el suelo. ¿Acaso ésta seguiría a donde sea que vaya? Sintió una corriente detrás suyo, la presencia reconocible, y rápidamente se giró, observando la burlona expresión de su esposo, el cual estaba perfectamente vestido mientras él intentaba cubrir hasta el más mínimo rastro de piel, sin éxito. Sintió como sus mejillas comenzaban a arderle, y tan solo se observaron por unos pequeños segundos. —No sé cómo llegué aquí. —Te ha llamado el deber por sí mismo, y ahora debes cumplir con ello. — Respondió, y alzó un poco más su mano, donde sostenía la camiseta de su niño favorito. Éste la tomó rápidamente, poniéndosela. Honestamente, necesitaba un cambio urgente de ropa. —Una vez hayas dominado tus poderes ya no sucederá. El rizado bufó, aún más sonrojado. Realmente no quería estar en una situación mucho más comprometedora y transportarse. Ya habiéndose puesto la camiseta, observó mejor a su alrededor, y su mirada se posó en la camilla que había frente a él, dejándolo atónito. —Yo... —Frunció levemente su ceño mientras los recuerdos llegaban a su mente. Era la misma niña, y estaba de la misma forma: Sus ojos cerrados, pálida, delgada y conectada a una máquina para poder respirar. A su lado descansaba un pequeño peluche de un conejo al cual le faltaba una oreja y lucía algo sucio. —...esto...he visto esto antes. He estado aquí. —Afirma lentamente, finalizando con seguridad. Definitivamente era lo mismo. —Cuando estuviste sin alma mencionaste haber soñado con esto. Puede que haya sido una predicción. Y Harry podía oírlo, definitivamente, pero había algo que no lo dejaba apartar la mirada de aquella niña. Había algo que lo llamaba a estar allí, a su lado, y cuando su vista se desenfocaba levemente por la concentración, podía darse el gusto de observar algo blanco, levemente transparente flotar alrededor del cuerpo de ésta. Era como una vibra, y podía sentirla extremadamente débil, a punto de desaparecer. La necesitaba. El notar sus propios pensamientos lo hizo sentir un leve dolor en el pecho, y por inercia retrocedió. Se estaba asustando, y cuando el diablo fue capaz de sentir aquello, de inmediato llevó su mano a la espalda baja de su esposo, sosteniéndolo y observándolo fijamente a los ojos. —Ahora que eres Muerte puedo sentir tus emociones, incluso más fuerte que antes. Lamentablemente para ti, la niña también puede. —Tenía que ser sincero, no podía mentirle a su niño, ya bastante estaba intentando retener el asunto del haber estado sin alma. —P-Pero, yo... —Harry comenzaba a desesperarse levemente, y su mente lo obligaba a mantenerse en calma. Debía ser inteligente, debía obedecer lo que su esposo le pedía indirectamente. Sin embargo, cuando bajó la mirada a sus propias manos, éstas temblaban. —...no sé si pueda, Lou. —Sí, puedes. —Afirmó Louis, casi gruñendo y acercándose un poco más. Harry llevó la mirada a la niña al oír un jadeo adolorido de su parte, y sintió más pánico en su pecho, pero su esposo lo tomó del rostro para que sus miradas se encontraran. —Eres el responsable de llevarla al otro lado, necesitas brindarle bienestar y paz para que no tenga miedo. — Limpió con su pulgar la humedad que se estaba formando bajo los preciosos ojos de su niño favorito. —No tienes que estar triste, morir es un proceso tranquilo y para nada doloroso. —A pesar de que no era realmente paciente, sabía que debía de serlo con su esposo, o éste se acobardaría, y todo se iría al mismísimo infierno...literalmente. —Vendré apenas termines. Nómbrame, y vendré. —¿Qué? No. —El niño rápidamente lo tomó del brazo, abriendo sus ojitos de más y negando con rapidez. —Lou, no creo poder hacer ésto sin ti. — Susurró, sintiendo un nudo en su garganta. —Si me quedo aquí, la niña sufrirá debido a mi presencia, y sé que eso te importa. —Comentó. Y era cierto, debido a que desde que Louis había pisado aquella habitación, la pequeña no dejaba de quejarse. El diablo lo tomó de la mano y dejó un suave beso en el dorso antes de soltarla con lentitud y dar un paso atrás, desapareciendo en un parpadeo. Echó un vistazo alrededor antes de volver la vista a la camilla, y respiró profundamente. Inhaló, contuvo la respiración por unos segundos, y la soltó lentamente. Sus manos, poco a poco, dejaban de temblar, y sus pensamientos se acomodaban de a poco. Debía de tomarse aquello como algo completamente normal, porque el destino se había encargado de elegirlo para un trabajo tan pesado como éste, y no sería por cualquier cosa si no fuese en serio. Se inclinó en el suelo y tomó la guadaña. La marca en su brazo ardió levemente, y lo sintió mucho más firme. Se sentía...realmente poderoso. Lentamente, comenzó a dar pasos hasta ubicarse a un lado de ésta, y se arrodilló en el suelo para estar a la altura. Intentando estar calmado, se mantuvo observándola. Llevó su mirada a los pequeños detalles del rostro de aquella niña. Era más hermosa que en sus sueños: Tenía lunares, pequeñas pecas en sus pómulos y nariz, y su cabello era realmente largo, pelirrojo. Ya no se veía mal, más bien, se veía relajada. Harry parpadeó rápidamente, y se sorprendió al notar su propia mano en la fría mejilla de la mundana. Ésta, lentamente, se encontró abriendo sus ojos ante el tacto. Eran oscuros, y su mirada atraía demasiado a quién sea que le viese, ya que tenía un brillo especial y único. El rizado no sabía exactamente porqué se encontraba notando aquellas cosas. ¿Acaso era parte de ser Muerte? La respiración de la joven aumentó, y Harry de inmediato negó. —Está bien, está bien. No hay...no tienes que tener miedo. —Le sonríe tímidamente de lado, y está haciendo su mejor esfuerzo para no llorar. Lentamente, y con mucho cuidado, lleva su mano a la pequeña mano contraria, cubriéndola antes de dar un suave apretón. Debía de hacerlo bien, esto no era cualquier cosa. —Yo cuido de ti. Puedes dormir. La pequeña abre su boca e intenta decir algo, pero parece quedarse sin aire muy fácilmente. —No hables, todo está bien. —Alza ambas cejas, y baja la mirada a los labios de aquella niña cuando nota que está articulando una palabra, una y otra vez. Su corazón da un vuelco, y esta vez sonríe dulcemente, sintiendo sus mejillas sonrojadas. —Sí...sí, soy un ángel. De la muerte. La niña comienza a cerrar lentamente sus ojos, y Harry siente un impulso, el cual permite de inmediato. Sabe que es parte de ello, sabe que, si no lo hace, nada pasará. Se levanta del suelo con lentitud, sin soltar la pequeña mano de la joven y se inclina hacia ésta, dejando un pequeño beso en su frente. Algo revolotea su pecho, y aquella vibra levemente visible alrededor de la camilla desaparece. Había muerto. Harry se mantiene viéndola con un nudo en la garganta, y suelta delicadamente su mano, acomodándola en su camilla. Observa la maquina comenzar a soltar aquel pitido, el cual indicaba que su corazón ya no se encontraba latiendo. Se volteó hacia la punta de la camilla, a punto de llamar a Louis, pero se detuvo al notar a una mujer de pie...junto a la misma niña que hace unos segundos había fallecido. La mujer llevaba ropa gris oscura, y su vista estaba en el suelo, jamás observaba a Harry. En cambio, la niña lo saludaba con la mano, despidiéndose. El rizado no tuvo tiempo de devolver aquel saludo porque, en un parpadeo, ya había desaparecido. Y él continuaba igual de estupefacto, tan solo parpadeando y viendo un punto fijo. La puerta es azotada con fuerza, y más de dos doctores entran a la habitación. Harry se da cuenta que lo ha arruinado cuando las miradas de éstos se dirigen hacia él. Por supuesto, si aún no había aprendido a no hacerse visible, ni otra cosa más que hacer explotar luces por besar a su esposo. —¿Qué está haciendo usted aquí? ¿Quién lo ha dejado entrar? Y Harry no tiene ni tiempo a responder -aunque, honestamente, no sabía qué podría decir- cuando, en un parpadeo, es llevado nuevamente al hotel. Los brazos del diablo lo envuelven, y él tan solo recarga su mejilla en el cálido pecho de su esposo, respirando muy audiblemente mientras se mantiene viendo un punto fijo. Sus manos tiemblan, y sus piernas también. Todos los nervios que estuvo tragando para mantener tranquila a aquella adorable niña estaban surgiendo efecto ahora mismo. Respiró entrecortadamente y buscó el aferrarse a Louis, cerrando sus ojitos. —L-Lo...lo hice bien. —Tartamudeó, y soltó la guadaña, la cual había tomado firmemente con su mano. Está cayó al suelo, y el diablo tomó aquella oportunidad para tomar en brazos a su niño favorito al notar sus piernas temblar. -Lo hiciste brillante. Ambos se encontraban recostados en la cama de aquel hotel. Harry estaba viendo hacia la pared, y Louis le rodeaba desde atrás con uno de sus brazos, manteniéndolo cerca de su pecho. El rizado no había dicho ni una palabra por largas horas que llevaban allí, tan solo se mantenía respirando tranquilo, jugando con los anillos de la mano de su esposo y observando el suyo de compromiso. —Lou... —Finalmente habló, y carraspeó su garganta al tener la voz levemente ronca. —...estoy mejor. —Al no obtener respuesta, se giró. Notó la mirada del diablo sobre él, y se observaron por unos leves segundos antes de que Harry volviese a hablar. —Necesitaba tiempo para acomodar mis pensamientos. —¿Qué fue lo que pudiste acomodar? —La niña está bien. Me sonrió antes de irse con la parca. El ceño del diablo se frunció un poco. —Te dije que eso pasaría. —Sí, lo sé. Aparentemente tenía que verlo para creerlo. —Bajó la mirada y arrugó un poco su nariz, pensando. —¿No te asusta? Tener un trabajo realmente superior. —No. —Respondió. —Pero puedo llegar a comprender el que a ti te asuste, ya que has pasado de tener una vida completamente mundana a ser la última Muerte. Son cosas completamente opuestas. —Harry nuevamente alza la mirada, y también un poquito su rostro. Louis sabe que cuando su niño hacía aquello era debido a que necesitaba afecto. Inclinó un poco su rostro, y las narices de ambos se rozaron. —No tienes nada que temer. La cabeza del rizado se ladeó un poco, y sus ojitos se cerraron a la par que exhalaba profundamente por la nariz. —¿Tú...tú podrías...? —Se detuvo unos segundos, pero el diablo permaneció en silencio, esperando. —¿Tú podrías...cuidar de mí, incluso yo siendo poderoso? Joder. Louis se encontraba casi gruñendo de gusto, y rodeó mejor el cuerpo fe su esposo, atrayéndolo más cerca. —Eres mi esposo, siempre voy a cuidar de ti. —Rozó sus labios con los del contrario. —No sé qué me hiciste, niño. Ambos comparten un dulce y lento beso. Cálido, pero tranquilo. No tienen intención de llevarlo más allá, tan solo pretenden sentirse cerca. —Te amo, Lou. —Recibió otro beso, y una leve y suave mordida en su labio inferior, la cual lo hizo sonrojarse. Cuando el diablo se apartó un poco, Harry no pudo evitar bajar la mirada con timidez. —De acuerdo...ahora enséñame. ¿Cómo lo haces? —¿Cómo hago, ¿qué? —Ser...invisible. —Sonaba un poco torpe decirlo. Volvió a alzar la mirada, viendo fijamente al diablo. —¿Cómo haces todas esas cosas? —Tan solo pienso en que eso es lo que quiero, y sucede. ¿Lo has probado? Harry negó. —No exactamente. —Bien. Te propongo algo. —En tan solo segundos, el rey del inframundo se encontraba sobre el cuerpo de su esposo, sosteniéndolo de la cintura y llevando su rostro al cuello de éste, dejando suaves y húmedos besos sobre la piel. Harry se encontró rodeando el cuello de Louis con sus brazos. —¿Qué te parece si tú y yo nos vamos a donde sea que quieras ir? A algún lugar apartado...y te enseñaré todo lo que te hace falta. Harry sonrió tímidamente. —¿En serio? —Oyó un murmullo de afirmación de parte del diablo, y ladeó un poquito más la cabeza ante los besos de éste en su pecho. —Si, por supuesto. ¿A dónde iríamos? —A donde tú quieras. —Yo...no lo sé. —Y Louis se sorprendió al oír una risita pequeña, pero llena de felicidad de parte del rizado. Se separó tan solo un poco, y lo observó fijamente, oyéndolo hablar acerca de algunos países los cuales siempre le había interesado visitar, pero jamás consideró la oportunidad. Entonces el diablo realmente comenzó a pensar si era necesario decirle todo lo que había sucedido cuando no tuvo alma. ¿Lo era? ¿Qué cambiaría al decirle lo que había sucedido? No podía regresarlos de la muerte, ni tampoco matarlos. Él mismo se había encargado en su poco tiempo libre lejos de su niño el guiar las dos almas a un rincón en el infierno. ¿Cambiaría algo? ¿Realmente iba a arruinar esta felicidad y calma que su niño, finalmente, estaba sintiendo? ¿Iba a ponerlo triste por dos escorias que ni merecían ser recordadas? Jamás le mentiría...a menos que sea para protegerle. De todas formas, realmente no le mentiría. Harry eventualmente recordaría, y se lo diría en aquel momento. Mientras, lo evitaría, y recordaría cosas más importantes. —... ¿Lou? —El diablo alzó ambas cejas en respuesta. —Entonces, ¿Qué dices? ¿Rusia estaría bien? Louis asintió. —Todo lo que mi niño favorito desee. —Dejó un lento beso en los labios contrarios, el cual se iba prolongando, volviéndose más profundo y húmedo. Sus lenguas se encontraron con caricias suaves y, nuevamente, Louis le quitó la camiseta, pasando sus cálidas manos por el torso desnudo de su niño. Harry desabotonó la camisa oscura del diablo, y sus manos se deslizaron por el torso cubierto de tatuajes con símbolos desconocidos y frases inentendibles. Admiró la belleza la cual todos rechazaban, y se dijo a sí mismo que haría a un lado la timidez, lo más que pudiese. Necesitaba hacer el amor con su esposo, lento y apasionadamente, sin nada que lo cohibiera. Lo había echado de menos, y lo necesitaba más que nunca. Los besos en su cuello volvieron con leves succiones y lamidas, provocando que su respiración se entrecortara mientras llevaba sus manos a la espalda del diablo, acariciando lentamente. ¿Cómo podía ser capaz de no cohibirse, si Louis era un maestro con su boca? Lo hacía todo perfectamente, enviándole escalofríos por su columna vertebral y tirones en su vientre. Alzó sus caderas cuando sintió que le desprendía los pantalones y se los bajaba, acariciándole los muslos en el trayecto y dejándolo tan solo en ropa interior. Los besos fueron desde su cuello a su mandíbula, finalmente terminando en sus labios. Abrió su boca para recibir, nuevamente, aquella cálida lengua, y ladeó levemente su cabeza mientras sus manos bajaban por el torso de su esposo hasta sus pantalones, desabrochando y bajándolos. El diablo estaba completamente desnudo bajo aquella prenda, como de costumbre. Las sábanas fueron removidas una vez la última prenda en el cuerpo de Harry desapareció, y se cubrieron con éstas. Hacía frío fuera, y el rizado no estaba del todo recuperado. Había pasado de nada a la inmortalidad, pero su temperatura corporal se mantendría por un tiempo. Louis se recostó a un lado de su niño y lo atrajo mucho más cerca, sin apartarse de sus labios. Llevó una mano a la pierna del rizado y llevó ésta por encima de su cadera, rodeándolo de la cintura con el otro brazo. Su mano repleta de anillos deambuló por el muslo de Harry, acariciando de arriba abajo, dando leves agarres a una de sus nalgas mientras lo presionaba más contra sí. El diablo rompió el beso, y llevó dos de sus dedos a la boca contraria, sintiendo la succión que esta realizaba. Ambos podían sentir la leve capa de sudor aparecer con el paso de los minutos. Harry realizó pequeños pero lentos movimientos con sus caderas, rozando su miembro con el de su esposo, jadeando entrecortadamente. Había echado de menos aquella sensación. —Lou... —Dijo cuándo los dedos del diablo salieron de su boca, y su respiración se cortó al sentirlos en su entrada, acariciando. Se retorció levemente, y empujó su trasero hacia atrás, en dirección a las caricias. Los dedos de la mano contraria de su esposo se presionaron más contra la piel de sus caderas, y no evitó soltar un sonido entrecortado cuando los dos dedos, húmedos por su saliva, se adentraron lentamente en su interior. —U-Uhm... Louis tan solo aguardó unos segundos, los cuales dedicó para besar el rostro de su niño favorito, lamerle y morderle los labios antes de mover sus dedos en un vaivén, acariciando las paredes del interior de su esposo, el cual respondía a los besos en sus labios con la respiración entrecortada. El diablo sostenía la pierna del rizado, acariciándole la lengua con la suya propia y moviendo sus dedos en un vaivén cada vez más rápido, adentrándolos más a fondo, buscando encontrar aquel punto que robaba el aliento de su pequeño y lo hacía jadear por aire. Fue cuando finalmente lo hizo, que tuvo que sostener a su esposo con más firmeza al notar como se retorcía, con sus labios entreabiertos, jadeante. Louis gruñía bajo, resoplando por el placer que le daba ver a su niño de aquella manera, y por los movimientos de caderas que éste realizaba, formando una inevitable fricción entre ambos. Fue tan solo unos minutos después cuando estuvo sobre el cuerpo de su esposo, atrapado en su interior, moviéndose lento pero profundo mientras lo sostenía en sus brazos, besándolo hasta el cansancio. ¿Cómo era que había terminado de aquella forma? Lo que sostenía en sus brazos, lo que reclamaba con sus besos...al que le hacía el amor con cuidado, era su más preciada cosa en el mundo. Siempre había sido un egoísta, porque la única cosa preciada que tenía era él, y su trabajo. Se sentía importante, lo era, y sobre todo esencial en el mundo de porquería. Hacía lo que quería, cuando quería, como quería. Jugaba con las personas buenas, aunque principalmente con las malas. Mentía, y destruía con mucho placer, porque para eso estaba hecho. Estaba hecho para hacer el mal, tanto en la tierra como en el infierno. Sin embargo, Harry apareció. Este chiquillo inocente y curioso, que creyó buscar una salida más fácil con magia negra, que creyó que todo sería más fácil, y menos doloroso. Louis también lo creyó. —Lou... —Jadeó ahogadamente, moviendo sus caderas más rápido, contrayendo su interior y provocando que el rey del inframundo gruñiera. —M-Más...por favor. Las embestidas aumentaron, golpeando su glande una y otra vez contra el punto dulce en el interior de su esposo, sintiéndolo retorcerse, hasta temblar levemente. Lo sostuvo con más firmeza de las caderas, sintiendo al contrario sostenerse de sus brazos con sus preciosas manitos. Harry era, simplemente, una pieza de arte de donde sea que se vea. Lo descubrió específicamente el primer día, en la noche. Fue la primera persona en ser amable con él ya que, a pesar de estar muerto de miedo, le había ofrecido un lugar a su lado para dormir...a él, al mismísimo diablo. Y Louis tan solo supo quedarse callado, oyendo los sollozos de fondo y sintiendo el terror que el mundano sentía. Porque no entendía qué era eso latiendo en su pecho, y si antes ya estaba, pero no lo había notado. No entendía que era esa bilis subiendo por su garganta, y el quedar totalmente en blanco. Siempre había tenido algo que decir, porque todo era con fluida falsedad, aunque fríamente calculado. Su simpatía era de cartón, honestamente detestaba explicar cosas, y prefería mantenerse lejos de cualquier inservible humano. Pero con su niño...simplemente era diferente. Él quería estar allí, halagarlo, hablarle de cualquier estupidez, incluso si quedaba mal. Al siguiente día, cuando lo vio despertar con los ricitos despeinados y ojos levemente hinchados, lo supo. Cuando lo vio bostezar, y atraer las mantas a su pecho...supo que quería verlo así todos los días de la tierra. Bastó tan solo una embestida para que su niño favorito se retorciera en sus brazos, cortando su respiración a la vez que arqueaba su espalda, derramando su esencia entre ambos torsos y doblando los pequeños deditos de sus pies. Sus labios estaban rojos al igual que sus mejillas, sus ricitos despeinados ante los movimientos, y su ceño levemente fruncido. Se desparramó cómodamente en la cama cuando finalizó, y a Louis le bastaron un par de embestidas para llegar a saborear el éxtasis. “El cielo” había sido un lugar realmente agradable, aunque con mucha falsedad. Sin embargo, nunca había sentido que podía tocar algo más supremo, hasta ahora. Con un profundo suspiro y saliendo del interior del rizado, se posicionó a su lado y lo atrajo en un abrazo. Ambos respiraban algo agitados, y Harry no dudó en ocultar su rostro en el cuello del diablo, dejando un suave beso allí. —Lou, te amo... —Yo a ti. —No iba a admitir que aún le costaba decirlo, y que muchas veces temía no ser capaz de hacerlo, porque ese no era su supuesto trabajo, pero intentaba implementar su lema de hacer lo que se le antojaba, y si quería amar a Harry, entonces lo haría. Se besaron nuevamente, con más suavidad que anteriormente, y se sintieron plenos mientras retomaban la conversación anterior, planeando el largo futuro que tendrían por delante. —...y además en diciembre Rusia se vuelve realmente helado. Me gusta el frío, y habrá mucha nieve. Podemos, si tú quieres, por supuesto, buscar alguna cabaña bonita en dónde vivir, lejana a alguna ciudad. — Comentaba con algo de inseguridad, tímidamente mientras le observaba de reojo a los ojos. El hecho de que alguien le preguntara su opinión lo hacía, inevitablemente, sonreír de lado. Nuevamente se acercó y dejó un beso en la punta de su nariz antes de atraerlo a su cálido pecho. —Todo lo que quieras, niño. Y permanecieron de aquella forma, callados, tan solo abrazados y pensativos sobre qué sucedería. ¿Desde cuándo pensaba en éstas cosas? ¿Qué tan bajo había caído? Finalmente, respondió a sus conclusiones: Él ya había caído una vez, hace siglos, pero, aun así, estaba seguro que jamás había caído como lo hizo al enamorarse de Harry Styles. FIN. 2003. No sabía exactamente como había terminado allí. El infierno no era un lugar en el que le gustara estar. Si, era el lugar de trabajo de Louis, y sí, siempre sería bienvenido. Hasta tenía su propio trono, pero, aun así, nada lograba atraerlo. Supuso que sería por todas las almas que le hablaban, rogándole que se los llevara, volviendo su mente un desastre. Pero ese día lo necesitaba. Las puertas del pasillo en el cual estaba aquella larga e interminable fila de almas se abrió. El demonio que había estado riendo y burlándose básicamente haciendo su trabajo- se calló ante la poderosa presencia, y fue como si las almas hubiesen despertado, porque toda aquella que se encontraba allí observó la puerta de detrás. La Muerte dio un paso, y lucía...de muerte, literalmente. Todo su vestuario era completamente negro: Llevaba unas botas cortas, unos pantalones de algo parecido al cuero, ajustados, una camiseta ligera, dentro del pantalón y hasta el cuello, bordada con encaje en las puntas. Llevaba un abrigo largo, el cual era una mezcla de gabardina y capa, con su cabello corto, y guadaña firmemente en su mano. Su expresión era seria, y no se veía realmente temible, ya que no solo su estatura no había cambiado, si no que emanaba mucha tranquilidad, pero el problema de los demonios allí era que también emanaba mucho poder, y sabían que si éste quería podía aniquilarlos. Analizó a su alrededor con sus ojos verdes, y uno levemente manchado de oscuridad profunda, antes de comenzar a caminar lentamente por el costado de la fila, con la guadaña golpeando el suelo en cada paso y sus botas resonando. Pasó de largo al demonio que hacía una reverencia ante él, y estuvo a punto de adentrarse a la puerta que lo llevaría al calabozo, pero se detuvo. Bastó unos segundos antes de que se girara, observara a las pobres almas de la fila, las cuales llevaban allí muchos años antes de que él fuese inmortal, y luego llevó su mirada al demonio, el cual no le veía a los ojos. —Voy a llevármelas a todas. —Tan solo dijo, y chasqueó sus pequeños dedos por debajo de la manga larga de su abrigo. Todos los cuerpos de la fila se derrumbaron en sus lugares, haciendo un brusco sonido unísono, y no tardaron en deteriorarse, quedando tan solo mucho polvo en el lugar. Harry suspiró, satisfecho antes de volver a ver al demonio, el cual se notaba que contenía su furia. —Deberías de limpiar. —Comentó la Muerte, asintiendo lentamente, de acuerdo consigo mismo antes de girarse. —¡Tú...! ¡Usted no puede hacer esto! —Exclama el demonio, molesto al haber desecho su trabajo. Por supuesto, almas nuevas llegarían, pero lo divertido era cuando eran siempre las mismas por mucho tiempo. Harry nuevamente se giró en su lugar, observándolo fijamente. Hace mucho tiempo, Louis le había dicho de hacer aquello, debido a que sentían el poder aún más y, citando a su esposo: “...Y como imbéciles que son, van a tenerte miedo.” Y era cierto. El demonio de inmediato retrocedió, se tiró de rodillas al suelo y se inclinó ante él, suplicando perdón entre susurros. Harry frunció el ceño. —No voy a lastimarte, puedes ponerte de pie. —Le dijo, ladeando levemente la cabeza. El demonio rápidamente se levantó, aún medio inclinado en una reverencia. —Yo solo...quiero que me recuerdes qué dijo tu rey...una vez más. El demonio se removió incómodo en su lugar. —“Si mi esposo quiere venir aquí y volar este lugar en mil pedazos con su mente, espero no enterarme que se resistieron, porque les haré...” —Solo eso. —Interrumpió Harry, agitando su mano lentamente, pidiéndole que se detenga, y así lo hizo. —Espero no tener que dar nuevamente explicaciones así, yo realmente no quiero que el rey se enfade. —N-No alteza. —Bien. —Asintió antes de girarse y abrir la puerta que llevaba al calabozo. —Ten un bonito día. —Y la cerró tras sí. Ignoró el oír la rabieta del demonio, y se encaminó por los pasillos del calabozo, liberando a pocas almas que se lo rogaban y el percibía que eran buenas personas. Abrió la puerta del final, sintiendo escalofríos al ver aquella puerta en donde se había convertido en lo que era, y pasó una de sus manos por el barandal de la escalera, bajando. Finalmente, abrió la puerta de oro del despacho de su esposo, justo como éste le había enseñado, y se adentró, cerrando la puerta detrás de sí antes de encaminarse a su trono y sentarse allí, acomodando la guadaña a su lado. Posicionó su codo en el apoya-brazos y su frente en su mano, cerrando sus ojitos y suspirando profundamente. Había sido un día extremadamente duro. Hacía años no le sucedía algo así, y pudo mantener el control perfectamente, pero sabía que en algún momento iba a derrumbarse. Sus manos temblaban levemente, y sentía una profunda angustia en su pecho. Claramente, no podía continuar trabajando así. No era algo cuestionable, era un rotundo “no” y, por suerte, antes de ir al infierno, había tenido tiempo de avisarle a sus fieles servidores, las Parcas, que se encontraría momentáneamente fuera de servicio. Las Parcas habían resultado seres realmente amables, aunque levemente neutros. Harry debía de mantener su postura con éstas, exceptuando con esta Parca a la cual le debía más que su existencia, porque siempre estaba allí. En realidad, había estado allí antes de siquiera ser una Parca. Harry se había enterado mediante Louis que las Parcas eran almas que no ascendieron ni descendieron, y quedaron atrapadas en su cuerpo. Cuando los poderes del niño avanzaron, luego de tomarse un tiempo ante tal decisión, simplemente siguió sus instintos. 1998. Lo único que realmente le había costado trabajo fue cargar con aquello, y ocultárselo a Louis. Sabía que éste no diría nada, pero querría hablar sobre aquello, y era justamente lo que Harry no necesitaba. Le había tomado trabajo aprender aquello, y siempre estaba la posibilidad de que saliera mal, pero había practicado, había trabajado duro y no iba a echarse hacia atrás por miedo. Toda su vida había dado pasos erróneos por pura cobardía, y el conocer a Louis había sido lo mejor que le pasó, gracias a un acto de valentía hacia lo sobrenatural. Esto iba a hacerlo, y si no era lo que quería...entonces le dejaría ir. Dentro de la cripta del cementerio de Holmes Chapel, su antiguo hogar, llevó su mano al frente, por sobre encima de aquel cuerpo con aroma a podrido, duro y frío. Había llorado más de veinte minutos antes de ser capaz de comenzar con lo que planeaba. Ya no iba a hacerlo. Cerró sus ojos y tomó un profundo suspiro, plasmando una situación en su mente: Un árbol sin vida, seco y al borde del derrumbe. Su mano emanaba poder, luz, y era capaz de remediarlo. El árbol se volvió a su lugar, y la luz viajó por el tronco de éste, comenzando a ascender hasta que las ramas surgieron junto a muchas hojas verdosas y sanas. Sin siquiera notarlo, sus labios se movían en un idioma que actualmente reconocía, pero jamás sería capaz de explicarlo. Era una lengua con origen desconocido, y las palabras estaban más allá de éste mundo. Probablemente a los humanos les faltaba demasiado para igualar algo así. Era asombroso. Sintió calor en su palma, y permaneció de aquella manera por unos largos minutos, hasta que tan solo sintió frío, y su mente se oscureció. Abrió sus ojos, bajo la mirada, y sus ojos no tardaron en abrirse de par en par a la vez que daba unos cuantos pasos hacia atrás. De repente, volvía a ser un niño de dieciséis años, indefenso e híper sensible. El pecho de Fionn Whitehead se infló en una profunda y lenta respiración a la par que sus ojos se abrían, revelando aquel bonito azul. La palidez de su rostro no se iba a excepción de sus labios volviéndose levemente rosados. Ya de por sí, el chico era pálido. —¿F-Fi? ¿Fionn? —Se acercó, reaccionando. Realmente se sentía como si el tiempo jamás no hubiese pasado. Cuando el chico resucitado se sentó, Harry de inmediato llevó sus pequeñas manos a las mejillas de su amigo. —¿Fionn? ¿Eres tú? —La voz se le cortaba, pero no lloraría. Estaba perplejo, no creía que funcionaría. El mencionado tan solo parpadeaba, pero, luego de unos segundos, había sido capaz de observar a Harry, el cual lucía igual, pero con prendas oscuras. Sus ricitos continuaban, con su flequillo hacia un costado en algo parecido a un hopo. Abrió sus labios e intentó hablar, pero la voz no le salía. Su garganta estaba seca. Se observó a sí mismo, notando el traje viejo de su padre. ¿Qué había sucedido? Comenzaba a entrar en pánico. —No, yo... —Harry se interrumpió a sí mismo, mirando a su alrededor, sin saber exactamente qué hacer. No tenía ningún lugar al que ir más que a la casa, en donde justamente estaba su queridísimo esposo. Y tampoco quería ocultárselo, pero sabía que habría una discusión. Mordió su labio inferior por unos segundos. —...vamos a un lugar más seguro. Te cuidaré. Sin más, sostuvo los hombros de su amigo y, en tan solo un parpadeo, el lugar cambió. Ahora ambos estaban de pie, aunque Fionn casi encima de Harry, el cual intentaba sostenerlo como sea debido a que su mejor amigo era más alto que él. Estaban en una sala, una muy bonita y acogedora sala. La temperatura era perfecta ante toda la nieve que caía fuera, siendo visible por una de las ventanas de allí. —Ven, siéntate aquí. —Habló el rizado en voz baja, apresurándose en sentar a Fionn en el sofá, tomando una manta de éste y envolviéndolo. Se veía totalmente abrumado, tanto por la resurrección como por el cambio de escenario. —Te traeré agua, quédate aquí. —Y salió corriendo hacia la pequeña cocina en el lugar. Tomó agua rápidamente en un vaso, el cual se cayó en la encimera ante los nervios, y lo llenó con agua antes de volver a la sala, ayudando a su mejor amigo a beber, el cual lo hizo desesperadamente y pudo sostenerlo con su mano. —Fi, quédate aquí. Juro que explicaré todo, pero necesito que te quedes aquí. —Notó el asentimiento de su amigo mientras continuaba bebiendo agua, y eso lo alivió. De inmediato corrió por el pequeño pasillo de aquella bonita casa. Se detuvo de golpe cuando notó a Louis salir de uno de los dos cuartos de la casa, con su ceño levemente fruncido y ojos más oscuros. Cuando vio a su niño, éstos se volvieron un tono más claro. —¿Por qué estás haciendo tanto ruido? Los ni... —Se vio interrumpido cuando su pequeño esposo se puso de puntitas de pies y estampó sus rojos y gruesos labios contra los suyos. Por supuesto que no se negó. El diablo envolvió la cintura de su niño, atrayéndolo más mientras ambos se besaban lento, con profundidad, pero con dulzura. El rizado ladeó levemente la cabeza para que sus narices no chocaran en el trayecto, y se apartó luego de unos segundos, embobado y rozando naricitas con su esposo. —Lou... —Comenzó lentamente, y su voz se quebró un poco. Louis de inmediato apartó un poco más su rostro, y al ver la expresión del rizado, los brazos alrededor de éste último se tensaron a la par que sus ojos volvían a oscurecerse. —¿Qué te hicieron? —No, no. N-Nada. —Negó, y medio rio nerviosamente. Suspiró profundamente, y luego de unos segundos lo observó fijamente a los ojos. —Hice algo, y creo que estuvo mal, pero...pero no quería mentirte. —Sí, lo he notado. Puedo notar a alguien en la casa. ¿Trajiste a alguien? ¿A alguien de tu familia? —Esto último lo preguntó con un tono de advertencia en su voz a la par que negaba. —Eso está prohibido. —No es alguien de mi familia. Bueno...es mi familia. Yo, yo solo... Ambos permanecieron callados, tan solo mirándose, y fue como si Louis le hubiese leído la mente. Un suspiro salió de entre sus labios antes de negar, liberando a su niño favorito de entre sus brazos. —Niño, tú no puedes hacer eso. —Dijo en un tono más frío de lo normal. —Te lo dije: Hay ciertas reglas. —Lou, yo lo sé, pero...pero no hay nada mal en esto. Piénsalo: Lo he traído de vuelta, y puedo hacer el ritual para volverlo una Parca. Si no es lo que él quiere, entonces me encargaré yo mismo de llevar su alma al cielo. —Discúlpame, ¿Has dicho “Hacer el ritual para volverlo una Parca”? Definitivamente no. Tú no puedes hacer eso, ninguna Muerte ha hecho a una Parca antes. El de arriba se encarga de elegir, y enviarlas. —Entonces hablaré con Dios. Le diré que comenzaré a hacerme cargo yo. —Louis casi gruñó, frustrado. —Yo no soy como las otras Muertes, Lou. Esto no es nada malo. —El problema aquí es que no por ser Muerte tienes derecho a revivir a humanos que te agradaban, así como no por ser el diablo tengo el derecho de extinguir la población, incluso si muchas veces quiero hacerlo. —Su paciencia se estaba acabando, aquello era verdaderamente notable ante su forma de hablar. —Tú sabes perfectamente que no es tan solo alguien que me agradaba. Fionn es mi familia, y lo ha sido por un largo tiempo. La causa de su muerte fue culpa mía. —Su voz tembló levemente, pero continuaba intentando verse firme. Louis tan solo lo observaba. —Sabes que llevo sintiéndome culpable desde que ha muerto, y no sé cómo has llegado a pensar en que podría vivir toda la eternidad con esto en mi pecho. —¿Estás insinuando que yo te he obligado a permanecer toda la eternidad así? —La discusión claramente iba empeorando. Louis también sentía culpa, culpa porque sin él, nada hubiese sucedido, pero él jamás había obligado a Harry a ser inmortal. Éste último lo había querido, y ante lo último que había dicho, sintió como si no hubiese sido consentido. —No he pensado en que podrías vivir con esto. Me has aclarado desde un principio que no querías hablar nunca más de tu amigo, y te he dado tu espacio, como debería de ser. No por eso puedo aceptar que las cosas cambien solo porque un niño caprichoso lo quiere así. Las cosas han sido de una manera desde antes que existiera tu alma, así que quítate de la cabeza el que vaya a cambiar porque tú lo crees. Ambos quedaron en silencio, con un Harry completamente herido por las palabras de su esposo, y un Louis completamente arrepentido ante la expresión de su niño favorito. Claramente, la paciencia no era lo suyo, y aunque creía tener razón en algo, eso no le daba el derecho de ser cruel con el rizado. —No quise decir eso. —...Lo sé. Yo solo...yo creí que me apoyarías en esto. Creí que tu ibas a alentarme el encargarme de algo tan importante como elegir Parcas. Creí, yo... —No, no. Por supuesto. —Se acercó, y con cuidado refugió a su niño en su pecho, rodeándolo con sus cálidos brazos a la vez que posicionaba sus labios en los rizos de éste. —Tienes toda la razón. Debería de apoyarte en esto, tú eres muy capaz. —Por favor, no te enfades conmigo. —Su voz tembló nuevamente, pegando su rostro al pecho del arcángel. —Es que yo...no puedo. No podía seguir. Quería verlo, y pedirle perdón. Aún n-no lo he hecho. —No estoy enfadado. Ya no lo estoy, me equivoqué. —Lo apartó tan solo un poquito para tomarlo de las mejillas, alzándole un poco el rostro. —Tú no eres caprichoso, tienes todo el derecho. Simplemente...joder, no quiero que el de arriba se atreva a decirte una sola palabra en contra. Sé que eres capaz de todo, pero no me gusta que te enfrenten. No me gusta enterarme que te hablaron mal, y no hice nada al respecto. —Lou, él no va a decirme nada. Y si lo dice, no me importa. —Claramente si le importaba, pero no iba a admitirlo. —Porque yo haré lo que sé que está bien...y lo que se me dé la gana. Harry había tomado éste extraño hábito de comenzar a hablar como Louis. Era como éste curioso niño que imitaba actitudes de alguien más para que le felicitaran. Desde que sus poderes habían sido dominados, comenzaba a repetir cosas que Louis decía cuando aumentaba su ego. “Hago lo que quiero, cuando quiero, y como quiero.” o “Porque quiero y puedo”. —Ese es mi niño favorito. —Se inclinó y dejó un último beso en los labios del más bajo. —Únicamente quiero pedirte que no me ocultes éste tipo de cosas. Hay cosas que realmente no pueden suceder, y no te quiero metido en problemas. —Está bien. Voy a hablar con él ahora, creo que...sería mejor que vinieras luego de explicarle. Louis asintió, claramente de acuerdo. —Tan solo quiero que comprendas una cosa: Si él te ha oído, y no quiere lo que tú quieres, déjalo ir, porque no servirá. —Lou, yo jamás obligaría a nadie a ser alguien que no quiere. —Negó, casi horrorizado con aquello. Él tan solo intentaría, y si no era posible, entonces llevaría con gusto su alma al cielo, por más que le doliera en el alma. Sin más, se soltó del diablo y se encaminó fuera de aquel pasillo, pero se detuvo a la mitad, girándose. —Oh, por cierto. ¿Los...? —Estaban durmiendo. Probablemente siguen así. —Bien. No me tardo, Lou. —Nuevamente se giró, y volvió a la sala, dispuesto a enfrentar su pasado, e intentarlo volverlo un futuro. 2003. Aquel día Harry se había encargado de sentarse luego de prepararle algo de comer y una taza de chocolate caliente al humano, el cual continuaba algo perdido, pero ya siendo capaz de hablar luego de beber una gran cantidad de agua. Le había explicado exactamente lo que había pasado aquella noche, para luego seguirle con el cómo había conocido a Louis, y el qué tenía que ver aquello con su muerte. Le comentó como fue todo después, se disculpó más de veinte veces y, finalmente, cuándo Fionn dio a entender que todo estaba en orden y necesitaba un poco de tiempo para asimilarlo, decidió hablar. Le confesó el que Louis hubiese creído que su alma había ascendido, pero que no había sido así, debido a que la penúltima Muerte había estado demasiado ocupada vigilando a Harry aquella noche como para tomarlo a él. Le explicó el ritual que intentaría conseguir de Dios para llevar a cabo la transición a Parca, si es que éste lo quería aquí. Le dio a entender que tan solo sería su decisión, sea cual sea. Creyó que iba a ser rechazado, pero fue aceptado con rapidez. Fionn parecía hasta emocionado por aquello, y cada cosa que Harry le comentaba era como música para sus oídos. Sin embargo, Harry decidió esperar más de dos semanas antes de encargarse en hablar con Dios, debido a que quería confirmar la decisión de su mejor amigo. Louis y Fionn se conocieron, y éste último lo reconoció como “El que estaba disfrazado del diablo en la fiesta de Halloween y te ofreció jugo.” Cruzaron pocas palabras, porque Louis no era realmente muy charlatán, y eso fue todo. Fionn confesó el siempre haber querido algo diferente en su vida, incluso si los tenía a Liam y a Harry. Siempre quiso escapar, tener la oportunidad de irse y, aparentemente, Harry le estaba brindando aquello. Cuando Muerte fue a hablar con Dios, fue algo épico. Definitivamente no hubo ninguna discusión, porque al jefe de arriba le agradaba bastante el esposo de su arcángel favorito. Lo aceptó a la velocidad de la luz. Fionn se había tomado las cosas serias, por lo cual no fue difícil llevar a cabo el ritual y volverlo una Parca. Ahora sería uno de sus sirvientes, pero su mejor amigo para siempre. Así que, volviendo al presente y por qué Fionn no solo era una de las personas más importantes de su vida, sino que también le debía más que la existencia, se debía a algo de lo cual Louis y Harry se habían encargado en hacer ese mismo año, antes de traer de vuelta a la, ahora, Parca. Así que, volviendo al presente y por qué Fionn no solo era una de las personas más importantes de su vida, sino que también le debía más que la existencia, se debía a algo de lo cual Louis y Harry se habían encargado en hacer ese mismo año, antes de traer de vuelta a la, ahora, Parca. Para un trabajo como el que Harry tenía, debía de esperarse cualquier cosa. Fue bastante difícil acostumbrarse a los cuerpos descompuestos, a las perturbadoras situaciones en las que debía encontrarse para tomar almas, pero, finalmente, poco a poco fue normalizándolo. Ya no provocaba tanto impacto, tan solo le daba tristeza la manera en que las cosas acababan para tal persona. Y así como había trabajos los cuales realmente costaban, también había trabajos que traían cosas nuevas e inesperadas. Mayo // 1998 En aquella casa llena de polvo, con el cuerpo de una mujer en el suelo, cubierto de sangre ante las puñaladas en su abdomen, Muerte observaba fijamente al hombre sentado tranquilamente en una mesa, viendo de reojo el cadáver mientras hablaba por teléfono el cómo deshacerse de éste. Harry ya se había encargado de liberar el alma de ésta, pero había algo en específico que no lo hizo sentir ninguna paz, ninguna tranquilidad que usualmente sentía luego de hacer su trabajo. Cuando la Parca recogió el alma de la mujer, ésta última, ya muerta, llevaba su mirada cargada con pánico hacia su asesino, luego con tristeza hacia un rincón de la habitación y, por último, de súplica hacia el rizado. Finalmente, el alma ascendió, y Harry se dirigió lentamente hacia el rincón de la habitación. Ya había aprendido hace mucho tiempo el cómo volverse invisible, por lo cual no habría ningún inconveniente con el mundano en la silla. Sus ojos verdes con una pequeña mancha de oscuridad se abrieron de más al ver dentro de la cuna, la cual se notaba que estaba muy mal armada, dos bebés de cinco y tres meses en ella, desnudos. Harry aún podía sentir la temperatura corporal y no dejaría de sentirla hasta un par de años. Hacía frío en aquel cuarto, estaba seguro que aquellas criaturas podrían enfermar gravemente si no se apresuraba. ¿Era por ellos que la mujer lo había visto fijamente? ¿Acaso esperaba que Harry salve a esos bebés de una pésima y corta vida? ¿Acaso esperaba...que los mates de una manera más rápida? Bueno, podría hacerlo. La muerte ya no era algo anormal y trágico desde su forma de pensar, así que no sería nada nuevo. Se posicionó mejor frente a la cuna, alzó su mano derecha y la dirigió hacia ambos bebés, entreabriendo sus labios para hablar en una lengua indescifrable. Sin embargo, se detuvo. Uno de los bebés, el que lucía un poquito más grande, lo veía fijamente. Sus ojos eran oscuros, y el poco cabello que tenía era rubio. Tan solo lo veía, y ladeaba su cabeza. Inconscientemente Harry también lo hizo, frunciendo levemente su ceño, con su mano en el aire, la cual comenzaba a temblar. El bebé comenzó a hacer soniditos con su boca, provocando pequeñas burbujas con su saliva, cerrando sus ojitos. ¿Acaso iba a dormirse? Pronto, Harry comprendió: Su presencia le daba paz, a ambos. Se inclinó más sobre la cuna al notar que el otro bebé apenas se movía, y le tocó un poco el cuerpito, asegurándose de que estuviese bien. Notó la fría temperatura, y su pecho ardió. Ese bebé necesitaba alimento, cobijas, y mucho amor de su madre, la cual había dejado su cuerpo hace tan solo unos minutos atrás. Ambos la necesitaban. Por su mente comenzaron a surgir muchas ideas las cual podría emplear, pero estaba completamente seguro de que no podría matarlos. Y no entendía por qué. Lou...ven, por favor. No puedo decidir esto solo. Se apartó rápidamente de la cuna, dando pasos hacia atrás mientras mantenía su cabeza ocupada, realmente sin saber qué elegir. Ante la lejanía, uno de los bebés comenzó a sollozar. El hombre golpeó la mesa con su puño, apartando el teléfono del lado derecho de su rostro. —¡Cállate, mierda! ¡O voy a dejarte como a tu madre! El bebé aumentó el llanto debido a la brusca contestación, y Harry observó al asesino colgar el teléfono para levantarse bruscamente del asiento. La presencia del diablo surgió de manera inesperada, el cual en tan solo un parpadeo se encontraba de pie frente al cadáver de la mujer, bloqueando el camino del mundano. A Louis le bastó tan solo analizar la situación para alzar su mano y doblar sus dedos, como si estuviese formando una garra, con su palma hacia arriba. Giró ésta bruscamente hacia un lado, y los huesos del hombre comenzaron a quebrarse, uno por uno. Los gritos se hicieron presentes hasta que el cuello de éste sonó y quedó inmóvil en el suelo, sin vida. El diablo se giró hacia su esposo, viéndolo fijamente con sus ojos bordos. —¿Qué es lo que no puedes decidir? ¿El llevarte el alma de éste imbécil? Yo diría que lo hagas descender, en el infierno aún queda mucho espacio libre. El rizado tan solo lo observó, y su mirada fue hacia la cuna del rincón del cuarto ante el llanto tornándose más fuerte, con hipidos. Louis frunció su ceño y llevó la mirada hacia la misma dirección por unos segundos. Ambos, Diablo y Muerte, se acercaron de dónde provenía el ruido, observando a los bebés con cuidado, uno al lado del otro. Éstos dejaron de llorar instantáneamente, y ambos se sorprendieron de no verlos incómodos por la inconsciente vibra maligna que Louis traía encima. —Tal vez solo uno la siente cuando sabe del supuesto ser maligno que el diablo es. —Respondió el rizado a una pregunta que ninguno había dicho en voz alta, hablando casi en un susurro. Louis observó a los niños por un momento antes de ver a Harry. Ambos compartieron una larga y fija mirada, intentando transmitirse todo lo que sentían en aquel momento. —¿Esta es la decisión que no puedes tomar sin mí? Harry suspiró, apoyando una mano en la cuna y bajando la mirada, ladeando levemente su cabeza. —Su madre fue asesinada, y antes de ascender me vio...extraño. Sentí como si estuviese pidiéndome un favor, jamás me había sucedido antes, Lou. —Comentó, volviendo a alzar la mirada a los ojos del diablo y negando lentamente antes de volver la vista a los bebés. —He pensado en hacerlos ascender con su madre, pero... —...Por supuesto que no has podido. —Asintió lentamente, intentando comprender. Nunca había tenido una situación así, pero intentaba empatizar con su esposo, incluso si era muy difícil. Dio un paso más cerca de su niño y bajó la mirada, buscando la suya. —Dime lo que quieres. —Yo...estaba pensando en criarlos. —Su voz tembló, estaba notablemente nervioso. Se mordió el labio inferior, aun viendo a los bebés. —Criarlos contigo. Ser...padres. No hubo contestación por unos largos segundos, tan solo se observaban fijamente, como si eso fuese todo. Harry hubiese querido estar en la mente del diablo en aquel momento, pero, desafortunadamente, no podía leerla. Al menos no la suya. Bajó la mirada, avergonzado ante tal propuesta. Ser padres era una gran responsabilidad, y él lo sabía más que nadie. No solo por el hecho de que sus trabajos los mantenía bastante ocupados, si no que ellos jamás envejecerían y, claramente, los bebés sí. ¿Acaso debían de pasar por la misma locura de cuando Louis quería volver inmortal a su niño favorito? ¿Serían capaces de soportar? Lo más importante: ¿Serían buenos en la crianza? Harry apenas comenzaba a —realmente-- madurar, y Louis hacía apenas un par de años que había aceptado el poder amar, incluso siendo el rey del inframundo. Sí, sonaba a una excusa debido a que ya había pasado tiempo, pero comparado con mil años... Harry no notó la mirada de Louis en la cuna. Éste observaba al bebé más pequeño, el cual se había movido entre quejidos y sus ojitos se habían abierto. Los colores de éstos eran verdes, brillantes y con largas pestañas. Instantáneamente le recordó a la imagen del rizado, cuando era tan solo un niño y lo perseguía por su antigua casa. —Está bien. —Dijo, provocando que Muerte alzara su mirada con rapidez, levemente sonrojado. Louis llevó su mirada al rostro de su esposo, examinando su expresión asombrada ante su respuesta. —Seamos sus padres. —¿Tú...en serio? ¿En serio quieres esto? —No evitó acercarse más, apoyando su mano en el pecho del diablo, sosteniéndose de él. Las manos repletas de anillos de Louis fueron hacia la espalda del más bajo, sosteniéndolo mejor y asintiendo. —Por favor, realmente necesito saber que quieres esto y no lo haces por mí. —Lo hago por ti, pero quiero esto también. —Una lenta sonrisa de lado surgió en sus labios. —Propongo que será entretenido. Sin embargo, hay cosas que debemos de hablar. —Lo sé, y lo haremos. Sugiero ahora el llevarlos a casa, necesitan atención, no quiero que enfermen. —Se inclinó en la cuna y, con cuidado, tomó en brazos al bebé más pequeño, sosteniéndolo del cuerpo y cabeza. Lo acunó en su pecho mientras éste se quejaba levemente. Harry lo observó con dulzura. —Sh, sh. Tranquilo, te tengo. Lo meció suavemente de un lado a otro, embobado con las preciosas facciones del niño. Alzó la mirada por unos segundos, y se encontró con el diablo observándolo fijamente. No podía descifrar aquella mirada por lo cual le sonrió tímidamente. —¿Quieres cargarlo? Sería de mucha ayuda, no creo que pueda con los dos. —No sé hacerlo. Ésta sería la primera vez que Harry le enseñaría algo a su esposo. Satisfecho con aquel pensamiento rondando por su cabeza, se acercó más, hasta casi estar pegado al diablo. —Está bien. Mira, pon tus brazos como yo. —Louis tardó tan solo unos segundos antes de suspirar y hacerlo. Con mucho cuidado, el rizado le acomodó al niño en los brazos. —Sostenlo contra tu pecho, se quedará tranquilo. Tiene frío, y tú eres cálido. —Si tiene frío...deberíamos de conseguirle ropa. Una manta. —Comentó el arcángel con algo de inseguridad en su voz, viendo fijamente al niño, analizándolo. Harry se limitó a tomar al otro bebé, el cual lucía más despierto. Examinaba a Muerte como si fuese algo de otro mundo mientras ésta lo sostenía dulcemente en sus brazos. El rizado no pudo evitarlo y le dio un pequeño besito en la frente antes de alzar la mirada al diablo, el cual continuaba embobado con el bebé en sus brazos. —Vámonos. Cuando llegaron a la casa, Harry se encargó de buscar mantas en el armario de su habitación con Louis. Ambos se habían encargado de conseguir ese tipo de cosas apenas se habían mudado a aquella bonita casa en las afueras de Moscú. Era un pueblo pequeño, con mucho frío. Siempre nevaba, y las personas no socializaban tanto. Era lejano, y desconocido. Todo lo que Harry y Louis buscaban. Harry sabía que no por ser Muerte iba a dejar sus intereses de lado como, por ejemplo, oír música, escribir en sus cuadernos, ver caricaturas, etc. Tampoco dejaría de beber o comer, aunque no era realmente necesario y el sabor había dejado de ser el mismo. Louis no había tardado nada en dejar la casa perfecta, quería que su niño sintiese que aquel era su hogar, pero no se daba cuenta que él también lo estaba sintiendo. O tal vez se debía a que ambos estaban allí, y un hogar para ellos era donde sea que ambos estuviesen juntos. Louis se encontraba con ambos niños en brazos cuando Harry regresó con dos mantas polares, sentándose en el sofá de la sala, a su lado, y ayudándolo a envolver a los pequeños. —Así, ahora sí... —Sostuvo a uno de ellos en sus brazos, levemente apoyado sobre su esposo mientras ambos veían a los bebés, los cuales lucían más a gusto. El rizado alzó la mirada, apoyando su mejilla en el hombro del diablo. —Necesito algunas cosas. —Las conseguiré por ti. —Biberones, pañales, toallas húmedas, talco, leche de fórmula, ropitas, cu... —Se detuvo al ver el ceño del diablo levemente fruncido mientras lo veía fijamente. Sonrojado, negó. —Podrías tú quedarte con los bebés, e ir yo. Louis negó. —No, yo iré. No puede ser tan difícil. Le entregó al niño con suma delicadeza y se inclinó para besarle suave y rápidamente los labios a su esposo, poniéndose de pie y desapareciendo en tan solo un parpadeo. Harry aprovechó aquel tiempo para tomar la temperatura corporal de ambos bebés, y admirar las facciones de éstos, suspirando profundamente. ¿Había escogido bien? 2003. Se puso de pie nuevamente, bajando el bajo escalón que llevaba al trono e inspeccionando el escritorio de su esposo, observando los contratos apilados y tan solo dos esparcidos en la mesa junto a una larga pluma negra y un pequeño frasco de tinta a un lado. Definitivamente el despacho del diablo era algo muy elegante, y precioso. Harry solía ir luego de andar de un lado para otro, y todo debido a que le era difícil despegarse de su esposo. De vez en cuando, durante el día, necesitaba conversar sobre cosas cotidianas que pasaban. Y sentía que en aquel momento lo necesitaba más que nunca, pero... ¿Por qué lo evitaba? Sentía un nudo en su garganta, unas profundas puntadas en su pecho y, de a ratos, sus ojos se llenaban de lágrimas que nunca soltaba. Hacía mucho tiempo que no lloraba, lo cual era bueno y malo a la vez al ser híper-sensible y cargar con todo. Sin embargo, sentía que podría hacerlo más independiente, que podría tomar las cosas más a la ligera. No era así. Harry sabía que no debía de cambiar por nadie, pero muchas veces sentía que su llanto era la debilidad de su esposo. También sentía que aquello provocaba que lo proteja constantemente, lo cual no molestaba a Muerte, pero prefería aprender solo e independizarse mucho más rápido, y que Louis no sintiese que dependía de éste. Sus pensamientos fueron interrumpidos ante un llamado que lo hizo alzar las comisuras de los labios lentamente. Sus bebés lo necesitaban. Sin más, extendió su mano en dirección a la guadaña, y ésta viajó inmediatamente para ser sostenida por su dueño el cual, segundos después, desapareció del infierno. —¿Qué es esto? —Es papá. La parca movió la hoja que sostenía en sus manos en diferentes direcciones, frunciendo levemente su ceño y analizando el dibujo con sus ojos antes de bajar la vista a su sobrino. —¿Cual papá? —¡Papá Louis, tío! ¿No ves sus dos ojos rojos? —Fionn acercó un poco más la hoja para intentar observar el color, y en definitiva estaba allí. Sin embargo, no era una forma en específico. —Viktor, eres un gran artista. —Asintió, fingiendo estar impresionado y observando la emoción en el brillo de los ojos oscuros de su sobrino. — Definitivamente a tu papá le va a gustar. —¡Lo sé! —Exclamó, emocionado y tomando el dibujo de nuevo. Lo llevó a su pecho y se mantuvo observando fijamente a la nada por unos segundos antes de ver alrededor. Sentía la paz que emanaba su padre justo en aquel lugar. —¡Papi! —Se dirigió felizmente al rizado, el cual dejaba su guadaña en un rincón y se ponía de rodillas para recibir el abrazo de su hijo. —¡Hola, amor mío! ¡Te extrañé mucho! —Exclamó Muerte, masajeando la espalda del pequeño niño y besándole el cabello antes de olfatear. Adoraba el aroma de sus bebés, lo calmaban y era lo que más necesitaba en aquel momento. —¿Qué es eso que traes ahí? Viktor se alejó un poco, relamiendo sus labios y extendiéndole el papel a su padre. —¿Crees que le gustará a papá Louis? El tío me dijo que era un gran atrista. —Artista, sí. Wow, Vik. Está hermoso. —Internamente pensaba en que debía de advertirle a su esposo antes de verlo. No es que no le gustaban, Louis adoraba los dibujos de su hijo y por eso tenían el refrigerador repleto de ellos. Sin embargo, podía ser algo brusco al no comprender exactamente lo que veía. —A papá le va a encantar. —Comentó, devolviéndole el dibujo y encaminándose hacia Fionn, sentándose a un lado de éste y suspirando. —¿Tuviste un día agotador? —La mejilla de Harry se ubicó en el hombro de la Parca, la cual rió ante aquella opción y palmeó la cabeza de Muerte. —Te ves exhausto. —Eso no es verdad. No he cambiado desde los dieciocho años. — Comentó, enderezándose para ver a su mejor amigo, el cual también lo observaba. —Lo cual está bien, porque he podido cambiar mi aspecto. —Echo de menos los ricitos. —Observó el cabello del, anteriormente, rizado. Ahora lo llevaba tan solo un poco corto, con un par de ondas y raya al costado. Se veía bien, y aún Lucía realmente adorable. —Y sí, te ves cansado. Yo te conozco, y sé cuándo te ves cansado. No vengas a acusarme de mentiroso, Harry Styles. El nombrado sonrió levemente, realmente intentando evitar su día de porquería. Negó, queriendo que con aquel movimiento los feos pensamientos se fueran. —¿Dónde está Dean? —Durmiendo. —Harry suspiró, arrugando levemente su nariz. —Lucía exhausto. ¿Por qué? —No encuentra a su conejito. —Su mejor amigo asintió con la cabeza, soltando un "Oooh" entre aquello, como si entendiese absolutamente la situación luego de aquello que Harry había mencionado. Su hijo de apenas cuatro años se la pasaba la mayor parte del tiempo callado, con su conejito de peluche en brazos llamado "Dientitos". Se la pasaba más con éste que con su hermano, el cual se ponía notablemente celoso por aquel hecho. El problema era que Viktor era muy diferente a su hermano menor: Él pintaba todo el tiempo, y veía caricaturas mientras hablaba sin parar. Dean, en cambio, apenas y decía una palabra. Tan solo le gustaba jugar a tomar el té con Dientitos y dormir muchísimo. —Bueno, yo creo que se le pasará. ¿Quién de nosotros no perdió un peluche o juguete de niños? —Pero él realmente ama mucho a su conejo. Es su mejor amigo, y no quiero que pase por eso. Quiero que él mismo decida dejar de jugar con él. -Se quejó Muerte mientras veía a su mejor amigo levantarse del sofá. Su ceño se frunció levemente. —¿A dónde vas? No te vayas... —Debo regresar al trabajo, no eres el único atractivo ser sobrenatural con cosas por hacer. —Bromeó, acomodando su cabello hacia un lado. Fionn, a diferencia de Harry, no había cambiado ni un poquito. Entrecerró sus ojos a la vez que llevaba una de sus manos a su nuca. —Oye, Harry. He estado pensando... El silencio reinó por unos segundos en la habitación. Muerte se reincorporó al notar que venía algo serio por la incomodidad de su mejor amigo. —Fi, ¿Qué sucede? —Es solo...yo me preguntaba si podría ir a ver cómo está mi padre, y Liam. —Nuevamente el silencio se hizo presente, lo único que se oía era el crayón de su hijo mayor raspando la hoja, y las respiraciones de los tres. —Estaría escondido, sé perfectamente que hay reglas. —Fi... —Harry, no hay nada de malo en lo que estoy diciendo. —Su ceño se frunció levemente, negando un poquito con su cabeza. —Tan solo voy a verlos, no a dejar que me vean. —Ese no es el problema, pero esto me ha pasado anteriormente. El deseo de saludarlos, abrazarlos...va a hacerte perder. Inevitablemente, vas a hacerlo, y no sabes cómo reaccionarán. —Inevitablemente voy a querer ir a verlos. —Fi, todos en nuestro pueblo creen que estás muerto. —Harry se puso de pie, hablando más calmado al notar la molestia en la Parca. Lo comprendía, absolutamente lo hacía...pero habían reglas con las cuales lidiar si se era inmortal. —Tu padre ha visto tu cadáver hecho pedazos, no va a creer que su hijo sigue vivo, y de la misma manera. Puede salir mal, y más aun siendo mayor de edad. —No puedes simplemente suponer cosas, Hazz. —No estoy suponiendo. Comprendo completamente. —No lo haces realmente. Tú si tienes a alguien con quien pasar la eternidad, necesito que comprendas eso. Harry intentó mantener el nudo en la garganta. ¿Qué quería decir con eso? —Si. Tengo a Louis, y a ti. Tú siempre estarás incluido. ¿Tú no me tienes a mí? —No es lo mismo, y lo sabes. Quiero ver a mi padre, lo necesito. Entiéndeme, quiero que sepa que estoy bien, que no he tenido un horrible final. ¿Te das una idea de lo que debe pensar? ¿Lo que debe sentir, Harry? Por supuesto, no lo haces. Por ahora. La boca de Muerte se entreabrió al entender aquello último, y la Parca palideció más de lo que estaba al notar la estupidez que había dicho. "Por ahora." Por supuesto, porque Harry algún día perdería a sus bebés. Ellos crecerían, se harían ancianos y morirían. Él tendría que recoger sus cuerpos, y hacer descender sus almas. Despedirse de ellos para siempre. Una sensación punzante se hizo presente en su pecho mientras observaba dolido el rostro de su mejor amigo. —Harry, yo-...joder, perdóname. Muerte observó de reojo como su precioso hijo los observaba, con crayón verde en mano y cabello rubio platinado y levemente corto despeinado. —Vik, ve a tu cuarto y no hagas ruido, tu hermanito duerme. —Si... —El niño se puso de pie rápidamente, comenzando a juntar las hojas de manera apresurada y torpe, pegándolas a su pecho antes de tomar la caja de crayones y caminar apresuradamente hacia el pasillo que guiaba a su cuarto. Se oían sus pasitos y, a continuación, una puerta abriéndose y cerrándose. —Harry, no quise—Ve a verlos. —Lo interrumpió Muerte, habiendo tenido un pequeño tiempo para calmarse cuando su hijo tomaba sus cosas para irse. No debía enojarse, debía de comprender. —Pero recuerda que te advertí. Espero que todo esté bien. —¿Quieres que vaya a ver a tu familia? —No. —Respondió con rapidez, firmemente mientras lo observaba fijamente a los ojos. —Esta es mi familia ahora, y es a la única familia que puedes venir a ver, cuando quieras. —Soy parte de esta familia. —Agregó Fionn. —Es bueno que lo sepas, Fi. —Harry sonrió débilmente de lado, alzando una comisura de sus labios. Asintió con la cabeza hacia una dirección. — Ve, luego cuéntame cómo te fue. —Realmente lo siento, no quise decir aquella estupidez. —Se disculpó rápidamente, negando. —¿Viktor y Dean? ¿Tú? Ustedes son parte de mí. Daría mi vida nuevamente por mantenerlos con nosotros por siempre. —Y yo lo sé, es por eso que no debes de preocuparte. No estoy enojado. —Dio unos pasos hacia atrás, rodeando el sofá y caminando muy lentamente hacia la cocina. —No hay de qué preocuparse, Fi. Vuelve luego, y dime que tal estuvo todo. Su mejor amigo tan solo lo observó fijamente, asintiendo con duda antes de desaparecer en tan solo un parpadeo. Harry finalmente llegó a la cocina y apoyó sus manos sobre una de las encimeras. Sentía sus piernas temblar y la marca en su brazo arder. Nunca se había guardado nada tan grande, nunca se había aguantado tanto dolor, el cual claramente lo estaba superando poco a poco. Cerró sus ojos con fuerza. ¿Cómo haría para volver a repetir aquella situación con sus hijos? ¿Cómo haría para llevarse el alma de sus dos bebés cuando llegue el tiempo? Habían hablado aquello con Louis apenas los habían llevado a la casa, y se habían puesto de acuerdo en que no dejarían que les afectara. A Harry no le afectaba... ...hasta ahora. Accidentalmente comenzó a emanar más energía de lo normal, y fue inevitable no provocar que la luz de aquel cuarto se intensifique hasta que el foco de la lámpara estalle en mil pedazos. Tragó saliva, frustrado mientras pasaba sus manitos por su cabello, haciéndolo hacia atrás. Aún no controlaba del todo sus poderes, y era humillante debido a que ya habían pasado años. Al principio, cuando Louis lo besaba como a él le gustaba, o ambos se volvían un descontrol en la cama, la energía en el cuerpo de Harry descontrolaba todo a su alrededor, y debían de volver las cosas más tranquilas. A Louis le causaba gracia, pero para Muerte aquello era irritante, y lo había querido cambiar rápidamente, más aún que ahora tenían dos niños pequeños en la casa, los cuales podrían lastimarse. Rápidamente tomó una escoba y pala, comenzando a juntar los cristales en el suelo, dejándolos dentro del cesto de basura. Debía calmarse, debía distraer su cabeza. No podía simplemente estallar... ¿O sí? —¿Papi? —Su hijo mayor dibujaba una flor enorme sobre una hoja arrugada, tranquilamente en el suelo, con sus crayones esparcidos sobre la alfombra frente al sofá y su pijama puesto. Había dormido una siesta, y era ya la tarde, lo cual significaba dos cosas: Merienda y llegada de Louis. Harry sostenía a su hijo pequeño en brazos, el cual estaba mitad dormido y despierto, con su rostro oculto en el pecho de su padre y su cabello oscuro, ya un poco más largo, completamente despeinado. Muerte le acariciaba la espalda, consolándolo. Su hijo lucía triste, y seguramente era debido Dientitos. Sabía que pasaría, pero verlo así le rompía el corazón. —¿Si, mi amor? Viktor dejó sus crayones, enderezándose y quedando de rodillas para ver mejor a su papá. —Siempre he tenido una pregunta. —Está bien, puedes decirme. —¿Por qué papá y tú tienen cama si no duermen? La mano de Harry dejó de acariciar la espalda de su hijo, retomándolo cuando éste último se quejó, al borde del llanto. El calor se había instalado en sus pómulos, y la vergüenza había hecho que su mirada fuese hacia otro lado. —Es que...y-yo... —Rio nerviosamente, tragando saliva. ¿Qué debería de decir? —...a nosotros nos gusta fingir que dormimos. Viktor permaneció viendo a su padre por unos segundos, tan solo parpadeando lentamente mientras su ceño se fruncía un poquito, ladeando su cabeza. —... ¿Y eso por qué? La boca de Harry permanecía cerrada, pensando exactamente en qué decir. Viktor era un niño muy inteligente, definitivamente no le creería. Estaba a punto de comenzar a entrar en pánico, pero su esposo lo salvó, apareciendo en el medio de la sala. —¡Papá! —Viktor se puso de pie rápidamente y corrió hacia el diablo, el cual se inclinó tan solo para tomarlo en brazos. —¡Yo te extrañé mucho! —Exclamó su hijo antes de darle un beso en la mejilla y abrazarlo más fuerte. —¿Ah, sí? —Louis sonreía de lado, tan solo alzando una comisura de sus labios mientras le era inevitable olfatear el cabello de Viktor. Ambos hacían aquello con sus hijos. De alguna u otra forma, los calmaba. —Yo también los eché de menos. —Papá, ¿Por qué finges dormir con papá Harry? —Nuevamente, el silencio se hizo presente en la habitación, junto con la notable incomodidad del castaño, el cual bajó la mirada cuando el diablo llevó su mirada a éste. Nuevamente observó al niño, demostrando confusión con su ceño fruncido. —¿Quién te dijo eso? —Estaba preguntándole a papá porqué tienen cama en su cuarto si ustedes no duermen. —Explicó el niño mientras Louis nuevamente lo dejaba en el suelo, con una lenta sonrosa ladina formándose en sus labios. —Me dijo que les gustaba fingir que dormían. —Con que eso te dijo, ¿eh? —Nuevamente, su mirada estaba sobre Muerte, la cual llevaba las mejillas notablemente sonrojadas y acariciaba el cabello de su hijo menor, el cual llevaba en brazos. Regresó la mirada al pequeño de ojos oscuros y curiosos, asintiendo. —Cierto. —¿Y eso por qué? —Mh, últimamente no dejas de preguntar el "por qué" de todo. —Se quejó el arcángel, caminando hacia Harry y dejando un beso en su frente antes de quitarle a su hijo menor de entre los brazos. —Te has vuelto muy curioso, Viktor. El niño se encogió levemente de hombros mientras fruncía levemente su ceño, caminando nuevamente hacia sus dibujos. —La maestra Levikov ha pedido de tarea que dibujemos la casa. —Esa maestra tuya es una chismosa. —Bufó el diablo luego de olfatear el cabello de Dean, el cual se aferraba al cuello de su padre con fuerza y continuaba intentando dormir. —Voy a tener que ir a hablar con ella. Los ojos de Viktor se abrieron de par en par antes de ver a Harry y comenzar a negar. Muerte rio sin ganas, negando rápidamente. —Papá bromea, Vik. ¿Por qué mejor no sigues dibujando luego? Voy a prepararte algo de merendar a ti y a tu hermano. —Sí, está bien. —Dijo, comenzando a acomodar sus hojas y crayones. — ¡Oh! Papá Lou, tengo una sop...sor...sorprersa para ti. Aún no está lista, así que prepárate, ¿Si? —Esperaré ansioso. —Comentó el diablo, viendo a su hijo mayor correr hacia el sofá mientras su esposo se levantaba de éste. —Papi, ¿Me prendes la tele, por favor? —Sí, mi amor. Estuvo a punto de dirigirse hacia la televisión, pero el cuerpo del diablo se puso delante, cerca, sosteniendo a su hijo menor con un brazo y usando su mano libre para tomar el mentón de su niño favorito. —Primero esto. —Dijo antes de tomar aquellos labios suaves y gruesos en un lento y breve beso. Los ojos de Muerte se cerraron, y un leve suspirito salió de su nariz. Esto era lo que buscaba, esta calma en específico. Ambos se apartaron y se observaron en silencio por un breve momento antes de continuar con sus tareas: Harry encendió la televisión, poniéndole caricaturas a sus hijos mientras Louis dejaba en el sofá a Dean, el cual ya había despertado y abrazaba el brazo de su hermano mayor, reemplazando a su peluche de conejo con éste. La música de introducción de Tom y Jerry se hizo presente, provocando que Harry volteara con rapidez a ver la televisión, deteniéndose en medio camino. Se visualizó a sí mismo a los dieciséis años, merendando el té con tostadas que su madre solía prepararle. Era su momento más feliz, porque se sentía completamente mimado por su progenitora, y la casa estaba sola a excepción de su hermana en su cuarto. Era una de las únicas veces donde su padre no estaba para provocar caos, o para cambiar la personalidad de Anne. —¿Harry? Nuevamente, sus piernas y manos comenzaban a temblar. Apretó sus labios con fuerza, haciendo su mayor intento para contener las lágrimas. La televisión comenzó a hacer interferencia y la tensión de la luz bajaba y subía notablemente. Los niños vieron a su alrededor con confusión a la vez que Louis se acercaba a su esposo, tomándolo de los brazos. —¿Qué ocurre? —Su voz sonó baja, y sus ojos se volvieron de un color bordó, con sus pupilas dilatadas. —¿Quién te dañó? Dime su nombre, voy a acabarlo. Harry negó rápidamente, viendo con nerviosismo en dirección al sofá. Sus dos hijos observaban a Louis entre confundidos y asustados. Muerte tomó una profunda y lenta respiración, notando las luces volver a la normalidad y la distorsión en la televisión cesar. Viktor y Dean regresaron su vista a ésta, y el mayor de ambos suspiro de alivio mientras su brazo era más aferrado por su hermano menor. El diablo vio a los niños unos segundos antes de volver a ver a su esposo, con su mandíbula tensa tomándolo de la muñeca sin presionar ni un poco, caminando hasta adentrarse a la cocina y cerrar la puerta detrás. Aquello provocó que toda la fuerza de voluntad que Muerte acumulaba se derrumbara en menos de un segundo. Un sollozo fuerte y doloroso salió de sus labios a la par que el arcángel lo envolvía con sus brazos, permitiéndole llorar en su pecho. Le abrazaba con la fuerza necesaria, olfateaba su cabello y pasaba sus dedos repletos de anillos de oro por su espalda, acariciando. El llanto continuaba, siendo silenciado ante la boca del más bajo contra el pecho del más alto. Louis posicionó su mentón en la cabeza de su niño favorito, tan solo sosteniéndolo al notar sus piernas temblar. Los minutos pasaban. Cuando Harry sentía el poder irradiar ante el dolor en su pecho y las luces bajar, tomaba una profunda respiración, calmándose. Sin embargo, no pensaba parar, porque no pensaba volver a sentirse así de mal nunca jamás. Louis lo apartó tan solo un poquito, tomándole el rostro entre sus manos y alzándolo tan solo un poco. Le pasó el pulgar por los ojos, limpiando sus lágrimas, y ambos se vieron fijamente antes de que Harry bajara la mirada, aún con lágrimas cayendo por sus mejillas. El silencio continuó por unos pocos segundos antes de que Harry tragara saliva con fuerza. —Tuve mi primer trabajo personal hoy. —Tan solo dijo, con su voz quebrada. Louis lo comprendió en tan solo un segundo, y fue de inmediato que lo atrajo a su pecho. Se imaginaba quién podría ser. Los trabajos personales eran los peores. El diablo se lo había comentado a su esposo apenas este comenzó a ser la décima y última Muerte: Al principio Harry tenía trabajos pequeños, como recoger tan solo un alma, o dos. Luego, debía de hacerse a un lado. Tan solo las Parcas se encargaban de eso, Muerte era asignada para cuando sucedían catástrofes con mayor número de almas buscando ascender, debido a la mayor cantidad de poder. Sin embargo, Harry podría sentir cuando alguien con una fuerte conexión a él esté a punto de morir. Y eso fue justamente lo que sucedió. Horas atrás. En tan solo un parpadeo, se encontraba dentro de aquella habitación, en la cual no había estado durante un largo tiempo. El último recuerdo que tenía en ésta era él luchando contra su padre, el cual quería desesperadamente quemarlo con un cigarro, supuestamente buscando enseñarle una lección. Ahora, todo estaba oscuro a excepción de la luz entrando por la ventana detrás de la cama, en la cual yacía Anne Cox, avejentada y con muy pocas fuerzas. Los ojos de Muerte estaban abiertos de par en par, con lágrimas llenándolos mientras examinaba cada cosa de su progenitora: Las arrugas, el cabello blanco, sus delicadas y bonitas manos sobre su pecho, presionando levemente. Su ceño estaba algo fruncido, como si sintiese dolor, y sus ojos estaban cerrados. Dio un paso, pero retrocedió nuevamente. ¿Esa era...? ¿Esa era su mamá? De pronto, no supo si había sido la mejor de las ideas prohibir a las Parcas tomar aquel trabajo. Era su primer trabajo personal, y definitivamente no podía ser peor. Él tomaba completamente normal la muerte de las personas, porque sabía que estarían bien, sabía que todo era bueno a donde iban, y ni siquiera recordarían el dolor que pasaron anteriormente, pero...enfrentar su pasado nuevamente y ver luego de años a una de las personas que más amaba...eso era algo que definitivamente se esperaba, pero no tan pronto. Suspiró profunda y temblorosamente, comenzando a dar lentos pesos hacia un lado de la cama. El ceño de Anne dejó de fruncirse, el dolor en el pecho yéndose ante la paz que traía la presencia de su hijo, el cual lentamente se sentó en un pequeño espacio de la cama, del lado de su madre. La observó, tragando todo sentimiento malo. Debía de reprimirlo, debía de hacerla sentir bien. Suspiró profundamente, y el ruido de su respiración provocó que los preciosos ojos verdes de la mujer se abrieran lentamente. Las miradas de ambos se encontraron, un jadeo casi inaudible salió de entre los labios de la mujer a la vez que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, brillando. Una de sus manos se levantó, temblorosa, hasta llegar a la mejilla de Muerte, acunándola. Harry ladeó levemente su cabeza, cerrando sus ojitos ante el toque y sin poder evitar que una lágrima fluyera por su mejilla. —Oh, mi bebé... —Habló débilmente, sin poder evitar sollozar, regalándole una sonrisa. Los ojos de Harry se abrieron, sonriéndole dulcemente entre lágrimas, tocando la mano de su madre y depositando un besito en su palma. —... ¿Estoy soñando? Eso rompió el corazón de Muerte. Sollozó entre una risita, negando lentamente antes de limpiar sus mejillas con su mano libre, sorbiendo su naricita y observando con todo el amor del mundo a la mujer en la cama. —N-No...soy yo. Soy real. Anne suspiró, negando, pero aun sonriendo mientras le apretaba la mano con suavidad. -Sé que no. Si lo fueses, lucirías mayor. —Han pasado muchas cosas, mami, pero...realmente soy yo. Realmente estoy aquí. —Asintió rápidamente, mordiendo su labio inferior mientras la mujer continuaba inspeccionando los detalles del rostro de su hijo. El labio inferior de ésta tembló, y Harry no pudo evitar refugiar su rostro en el dorso de la mano de su progenitora, cerrando sus ojitos y sollozando. —Sé que nunca podrás perdonarme...pero lo siento mucho. —Tembló ante la tensión en su cuerpo. —Oh, mi amor... —Tiró débilmente de su hijo, y éste se posicionó tan solo un poquito sobre su madre, con cuidado de no aplastarla, devolviéndole el abrazo que la mujer le daba. Se mantuvieron así por unos segundos, llorando silenciosamente. Honestamente, ninguno de ellos podía creer que aquello estuviese pasando. Anne comenzaba a creerlo, debido a que podía recordar aquella charla que tuvo por última vez con su hijo, en la cual le contaba todo lo que había sucedido, e incluía muchas cosas sobrenaturales. Ahora, sabía que aquello era verdad, pero no quería interrogar, tan solo quería disfrutar el poco tiempo que le quedaba. Ambos se alejaron, y Harry limpió las lágrimas en las mejillas de la mujer, la cual no paraba de sonreír, respirando con dificultad. —Escúchame...te he buscado por años. —Harry no evitó fruncir levemente su ceño ante las fuertes puntadas en su pecho. —No lo creía al principio, pero luego me di cuenta que los años pasaron...y no te culpé. Cielo, yo jamás te culparía. Luego de todo lo que te hemos hecho pasar... Muerte negó rápidamente. —No, tú no me has hecho pasar nada. Lo único que tengo de ti son recuerdos buenos. —Susurró, muy seguro. Su madre había hecho su vida soportable, a pesar de todas las cosas. Sabía que ésta era muy manipulada por Des, y que le tenía miedo. —Mamá... ¿Y papá? ¿Gemma? —Tu hermana se ha mudado a Londres, tiene su propia familia. Tu padre...bueno, poco después de tu desaparición, se esfumó. No sé exactamente a dónde fue. Harry sentía como, con cada palabra, el aire se le iba. ¿Su madre había permanecido sola todo ese tiempo? ¿No había parado de buscarlo? ¿Había sido tan egoísta de rehacer su vida suponiendo cosas que no eran mientras Anne Cox permanecía en su casa, completamente sola y preguntándose donde estaba su hijo? Efectivamente. Notó la respiración de su madre atascarse por unos segundos antes de volverse un poco rápida, con su mano yendo a su pecho. Harry rápidamente la vio de arriba abajo. Notó el área del pecho rasgada, supo de inmediato gracias a sus poderes el que su madre tenía algo malo en su corazón. Sorbió su nariz, dejando de llorar. —¿Quieres que te cure? Puedo curarte. Anne negó lentamente. —No...estoy cansada, amor. Solo quiero dormir. —Mamá, no he venido aquí para hacerte dormir. —Le acarició el cabello, peinándolo hacia atrás. —¿Hace cuánto tiempo estás así? ¿P-Por qué no has llamado a nadie? —Eso no importa. —Susurró la mujer en un tono dulce, negando lentamente. Observó a su hijo fijamente por unos segundos. —Solo quiero descansar, ya he terminado. El niño tragó saliva con fuerza. —... ¿Eso es lo que quieres? —La mujer asintió lentamente, provocando que los ojitos de Muerte se cerraran. Respiró profundamente, juntando fuerzas. —¿E-Estás segura? —Lo estoy. Finalmente te he encontrado, ya puedo descansar. —Dijo, observando a los ojos a su hijo cuando este los abrió. —Te amo, Harry. Te amo demasiado. —Yo te amo más. —Su voz salió entrecortada y, tomando todo el valor del mundo para decir adiós, se inclinó sobre su madre, sosteniéndole la mano firmemente antes de dejar un lento y casto beso en su frente. El cuerpo permaneció quieto, ya sin vida. Harry observó éste por unos segundos antes de voltearse. Una Parca estaba de pie junto al alma de su madre. Anne lo observó fijamente, dándole la sonrisa más bonita que Muerte había visto en su vida antes de desaparecer. La leve sonrisita en la boca de Harry se borró lentamente, con su ceño frunciéndose. De golpe, caía en la realidad: Había finalizado con el dolor de Anne, dolor el cual fue más por su causa que por otra cosa. La había dejado sola, cuando ella jamás lo hizo y siempre intentó darle todo lo posible. Llevó su mirada rápidamente al cuerpo sin alma, y la tomó de los hombros. —No, no. —La sacudió levemente. -Despierta. Despierta, despierta. — ¿Mami? —Sus manos comenzaron a temblar, y se puso rápidamente de pie, dando unos pasos hacia atrás y aún con sus manos en la misma posición. Su respiración se atacaba mientras las lágrimas caían. Si, se había ido, y todo estaba bien...pero no lo había estado por un largo tiempo. Simplemente no podía soportar cargar con ello. La ira llegó a su interior, y soltó un fuerte grito que rompió cristales y movió muebles. Agitó su capa al girar sobre sus pies, viendo firmemente al frente, pero extendiendo su mano hacia un costado, sintiendo la guadaña llegar a ésta. Continuó caminando por la casa, con el semblante serio y pasos firmes y fuertes. Llegó a la escalera, bajándola con decisión. Ni siquiera permitió que los recuerdos de aquella pesadilla de noche llegaran a su mente, porque tenía trabajo que hacer. Ya en la sala, se dirigió hacia el teléfono que estaba en una mesa, en el rincón del lugar. Afortunadamente había una libreta a un lado con números de teléfono, y no fue difícil encontrar el de su hermana. Tomó el tubo, llevándolo a un lado de su rostro y marcó el número que leía en la libreta. El sonido de espera se hizo presente antes de que una voz dulce y conocida surgiera: —¿Hola? —Señorita Styles, siento molestarla. —Tragó saliva, presionando el tubo del teléfono con fuerza. —Soy el vecino de su madre. —... ¿Algo ha pasado? —La voz le tembló. —Lo siento mucho, he encontrado...su cuerpo. El vecindario estaba preocupado, decidimos llamar a la policía. Fue reciente. Una respiración agitada se oyó al otro lado, una voz irreconocible haciéndole preguntas a la adulta. —N-No... ¿Quién es usted? —Lo siento mucho. —Y colgó, ignorando las preguntas. Un suspiro profundo salió de sus labios antes de hacer la llamada a una ambulancia. Permaneció en el sofá sentado, invisible para los demás cuando fueron a buscar a su madre, y finalmente se fue. No quería ver a su padre, ni enterarse si su padre aparecería mágicamente. No quería nada. Solo quería ir a un lugar tranquilo, donde no tuviese que ver a nadie...y sabía dónde estaba eso. Ahora. —Tú y yo sabemos que ella está bien ahora. Todo el dolor se ha ido, todo- —No es por eso. —Muerte negó, intentando soportar los sollozos mientras aferraba sus manitos a la camiseta del diablo. —Todo el dolor se borró para ella, pero la culpa que siento en mi interior...permanecerá por siempre. Ella ha estado tan sola, y me ha buscado por años...probablemente me creyó muerto. Tuvo que soportar ese dolor, ¿Te imaginas...? ¿Te imaginas algo así con nuestros hijos? —No, no lo imagino. —La mandíbula del diablo se tensó ante la imagen en su mente. Él jamás permitiría que algo así les pasara a sus hijos, ni a su esposo. —C-Cuando nosotros hablamos sobre tener a Vik y Dean, concordamos en mantener la calma cuando llegara su hora. Haríamos ascender sus almas, y los iríamos a ver siempre, pero... Louis tragó saliva, envolviendo mejor la cintura de su niño favorito. Ahora lo comprendía con totalidad. —Pero no creíste que sería tan difícil como decirlo hasta ahora que te ha sucedido con tu madre. —Ante el temblor en el cuerpo de Harry comenzando, lo atrajo más cerca, con sus pechos chocando. —Niño, yo haría lo que sea por ti. Sabes eso, ¿Verdad? —S-Sí. Le alzó el mentón nuevamente para dejar un suave y lento beso en sus labios, buscando curarlo, demostrarle que no estaba solo. Si tan solo pudiese hacerlo con tan solo sus poderes, no lo dudaría. Se apartó, y sus narices se rozaron. —Y si quieres que busque una forma de volver a nuestros niños inmortales, lo haré. Pero no voy a hacerlo si es arriesgado para ellos, ni tampoco si no lo deciden. Dejaremos que crezcan, y les preguntaremos. Yo tampoco los quiero lejos. —Le acarició la cintura antes de besarle pausadamente. —A veces lo olvido, que ésto no siempre va a ser así. Se me olvida...nunca tuve algo así. —¿Te gusta ésto? Siempre estuve exactamente lo que esperabas. preocupado...de que no sea —No lo esperaba, en eso tienes razón. Sin embargo...no me desagrada. Me gusta. Ha pasado tiempo... —Quiso dar a entender con aquello algo que Harry realmente deseaba escuchar, pero jamás presionaría. Louis era afectuoso, pero no tanto verbalmente. No le salía expresar lo que sentía, y Harry comprendía completamente aquello. No hizo falta, tan solo lo observó por unos pequeños segundos antes de alzar más su rostro y dejar un pequeño beso en los labios del diablo. —Gracias por siempre apoyarme. Te amo... —Te amo. Cerró sus ojitos cuando nuevamente sus labios fueron tomados por los del arcángel, el cual los acariciaba con lentitud y ganas, iniciando un beso profundo. Los brazos de éste envolvían bien a su esposo, apegándolo a él mientras ladeaban sus cabezas en direcciones contrarias. Harry se sentía completa y absolutamente mimado, y aunque su día no mejoraría, podría estar estable. Se apartaron al oír la voz de su hijo mayor llamarlos con entusiasmo. La puerta se abrió mientras ambos entraban dando brincos, con Viktor apuntando a su hermano menor, el cual alzaba al aire a su conejito de peluche y llevaba una sonrisita en sus labios. —¡Encontramos a Dientitos! ¿Adivina dónde estaba, papá? ¡Estaba debajo del sofá! —Exclamó Viktor, jalando suavemente su cabello rubio ante la emoción. —¡Wow! Son tan inteligentes. —Harry se inclinó y tomó a Dean en brazos, sin poder evitar soltar una risita al ver a su bebé tan feliz. Le besó ruidosamente la mejilla. —Te amo, Dean. A Dientitos también lo amamos. —¿Y a mí? —El pequeño de ojos oscuros preguntó aquello con algo de temor, el cual de inmediato se esfumó al ser tomado en brazos por su otro padre. —Por supuesto. Entonces... ¿Cuál era mi sorpresa? —¡Oh, cierto! ¡Tú soprersa! —Agitó sus piernitas, buscando que Louis lo bajara y, cuando finalmente lo hizo, corrió nuevamente hacia la sala. — ¡Ven, papá Lou! —¿Qué dices? ¿Me ayudan tú y Dientitos a preparar la merienda? —Dean asintió lentamente, aun aferrando en su pecho a su peluche. Harry lo sentó en la encimera y comenzó a preparar todo. Louis se dirigió hacia la sala, donde su hijo buscaba entre sus dibujos uno en especial. El pequeño observó la hoja por unos segundos antes de pegarla contra su pecho y girarse hacia su padre, acercándose. Se la tendió y el diablo no dudó en tomarla, girándola para verla y mantenerse así por unos segundos. —¿Qué es? —Preguntó, confuso. Viktor entreabrió sus labios, luciendo un poco indignado antes de suspirar. —¡Papá! —Exclamó, algo irritado. ¡Todos le habían hecho la misma pregunta! —¡Eres tú dibujado! ¡Eres igual al tío! Él preguntó lo mismo. —Oooh. —Se mantuvo viendo el dibujo. Era una especie de mancha negra, con puntos rojos entre medio y garabatos. —Luzco bien. —Papá, no me mientas. —Un pucherito comenzó a hacerse presente en su labio inferior a la vez que el diablo lo observaba y fruncía su ceño. Aún no sabía cómo lidiar con el llanto de sus bebés, lo ponía nervioso. —No te gustó. —Viktor, sí me gusta. —Se acercó al niño y lo tomó en brazos, sintiendo como ocultaba el rostro en su hombro derecho. —No lo entendía, pero ahora sí porque me lo explicaste. Eres un artista tétrico. —Se dirigió cargando al niño hacia el refrigerador y tomó un imán que quedaba libre, colgando el nuevo dibujo en la puerta del congelador. —Ahora sí. Viktor apartó el rostro del hombro de su papá, viendo al refrigerador antes de regresar la vista al diablo. Tenía los ojos cristalizados, y el leve pucherito continuaba presente en su labio inferior. —¿Realmente te gusta, papá? Louis le peinó el cabello hacia atrás, haciendo un intento de bajarlo un poco. —Por supuesto. A mí me agrada tu arte, mocoso. Es muy poco común y cobra sentido cuando lo explicas. Voy a conseguirte más cosas hoy, para que puedas pintar con elementos diferentes. —¿Emelentos? —Elementos. Te los enseñaré apenas los tenga. —Dirigió su atención a Harry saliendo de la cocina, sosteniendo una bandeja mediana la cual llevaba dos pequeñas tazas con chocolate caliente y galletitas de vainilla, rellenas. —Ahora deja de pensar tonterías y ve a merendar. —Puso su rostro, y Viktor le besó la mejilla antes de bajar de los brazos de su padre y correr hacia el sofá, mucho más feliz. Muerte posicionaba la bandeja en la mesa ratona que se encontraba frente al sofá, y ambos niños veían Tom y Jerry. Louis se acercó a Harry al notar su mirada perdida en algún lugar de la habitación, sumergido en sus pensamientos, y lo abrazó por detrás, brindándole apoyo indirectamente mientras veían a sus niños. El día había pasado, los menores habían cenado y se habían ido a la cama. Harry y Louis hicieron lo mismo luego de apagar las luces. Ambos en la cama, con poca ropa y acurrucados. Muerte había hablado con Fionn antes de dormir, y todo estaba absolutamente bien entre ellos. Aquello era lo que siempre había necesitado: paz, tranquilidad y compañía. El rey del inframundo había cumplido su promesa con el rey de la muerte: Louis lo hacía sentir pleno, y amado. El diablo había cumplido con su parte del trato, y la mejor parte... ...la mejor parte era que, pese a algunos inconvenientes, ambos sabían que sería de aquella forma por una larga eternidad. 1986 Para ser un simple cajero en un supermercado de Doncaster, un pueblo bastante pequeño y algo fantasmal, en donde todos se conocían y compartían las mismas creencias, su vida no iba tan mal. Todas las mañanas se despertaba con el maldito gallo de despertador, y mientras su preciosa abuela preparaba el desayuno, él reproducía su canción favorita. A veces sentía que ya no era su canción favorita, sino una parte de él. Se la pasaba cantando el mismo verso, la repetía una y otra vez sin duda alguna, y las personas que lo conocían, como su mejor amigo, rogaban a Dios y todos los santos existentes que aquella tortura acabara. Tal vez lo demás no lo comprendían realmente: Aquella canción era con la que Louis Tomlinson quería bailar hasta el cansancio, la que quería oír en una situación donde él saliese victorioso y otro —probablemente el prestamista del pueblo, al cual le debía bastante dinero— quedara boquiabierto. Pero lo más importante es que era la única canción la cual podría escuchar y no tendría nada religioso de por medio. Últimamente los adolescentes estaban más rebeldes, pero, al menos en donde él vivía, era uno de los pocos que no le prestaba tanta atención a la religión. Su abuela estaba de acuerdo, ella creía que no había que vivir de la iglesia para amar a Dios. Louis no estaba muy seguro de amar a Dios, y eso lo ponía terriblemente nervioso, incluso a sus veintidós años de edad. La gente podía ser muy persuasiva. Últimamente no le tenía miedo a la supuesta ira de Dios, y todo se debía a que no solo no estaba seguro de amar a éste, si no que sentía atracción por personas de su mismo género lo cual, según la gente de la iglesia en su pueblo, no estaba nada bien. Él no podía evitarlo, le atraían y eso era todo. Se lo había comentado a su abuela, y esta le había dicho que ya era una persona adulta y que hiciera lo que quisiera. Tal vez fue un castigo para ésta, o para Louis —realmente no estaba seguro— pero, meses después, su pequeña abuela enfermó del corazón, y dependía de un medicamento para continuar viviendo en buenas condiciones, y por un tiempo más. Louis nunca quiso tanto tener a alguien más que aquella mujer, a alguien más que lo contuviera, que le prestara dinero de manera paciente. Un milagro, lo que sea. No siempre tenían el dinero suficiente, él era el único trabajando y tenía que hacer muchas más cosas en el supermercado para poder comprar el medicamento y que le alcanzara para otras cosas necesarias. Pero últimamente todo era realmente agotador. Necesitaba dormir, y no podía conciliar el sueño durante las noches hasta que se hacía la madrugada. Dormía cuatro horas todos los días sabiendo que, tarde o temprano, el cansancio del trabajo y el agotamiento del insomnio harían su efecto. ¿Quién cuidaría a su abuela en ese entonces? No podía dejarla morir. Pero Louis cometió un error, y uno muy grande. Aquel día se había despertado tres horas después del horario de entrada en el trabajo. Nunca había corrido tan rápido en su vida, y aunque su abuela intentaba tranquilizarlo, diciéndole que estaría bien, éste no le hizo caso. Apenas abrió la puerta de su casa, con cansancio en sus preciosos ojos azules y totalmente despeinado, se encontró con el causante de mucha de sus pesadillas. El prestamista. —¡Louis! ¿Cómo va todo? ¿Bien? Te ves extraño sin tus lentes. — Comentó, fingiendo un tono amigable. Louis llevó la mano a su rostro, palmeando. Había olvidado sus estúpidos lentes. Eso explicaba el ver nublado, creía que podría quedarse ciego del cansancio. —Todo bien, iba al trabajo ahora. —Cerró lentamente la puerta, pero sintió un tirón del otro lado. Los nervios se instalaron en su estómago cuando su abuela se asomó con su ceño levemente fruncido. —No, no. No salgas, hace frío. Ignoró totalmente a Louis, viendo de arriba abajo al hombre frente a su casa. —¿Buen día? —Buen día, señora. —El hombre dio un asentimiento. —Mi nombre es Paul, mucho gusto. —Igualmente. —Alzó su mirada a Louis, el cual tenía tensa su mandíbula y veía fijamente al hombre frente a él. —¿Cómo lo conoces, cielo? —Del trabajo. Somos cercanos. —Responde Paul, sonriendo de lado y metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón. —No sabía que vivías con tu abuela. —Sí, siempre he vivido con ella. —Respondió, moviendo su cabeza para hacer a un lado su flequillo. Se giró a observar a su abuela y le sonrió amablemente, algo tenso. —Entra, abuela. Ya me voy al trabajo. —¿Estás seguro? —Sí, amor. —Le dio un beso en la frente. —Estaré aquí lo más rápido que pueda. Esperó a que su abuela entrara a la casa para cerrar la puerta y girarse. Le dio un asentimiento al hombre frente a él y comenzó a caminar, esperando que lo siguiera. Éste lo hizo de inmediato. —¿Tienes algo para mí? —Uh...no esta vez. Incluso estoy llegando tarde al trabajo. —Se sinceró, caminando más apresuradamente. El hombre chasqueó la lengua. —Hey, vamos, hombre. No juegues conmigo. No estoy muy de buen humor. Dame al menos un poco. Louis negó. —Puedo darte un poco cuando salga del trabajo, pero ahora no tengo nada, ni para un duJadeó adolorido cuando fue empujado contra la pared de una casa, lastimando su espalda y la coronilla de su cabeza. Alzó el rostro cuando la mano de Paul se instaló en su cuello, apretando y clavando las uñas en su piel. —Louis, en serio no estoy de buen humor. Quiero mi dinero. —Susurró, acercándose a su rostro. —He tenido la paciencia suficiente, no puedo esperar para siempre, ¿Verdad? —No recibió respuesta. Apretó el cuello del castaño con más fuerza. —Intentaré esperar un poco más, ser más paciente, pero no te sorprendas si un día llegas a casa y la vieja está colgada a una soga en el techo. —Louis miró hacia otro lado, sin poder evitar gruñir. Recibió una bofetada. —Mírame cuando te hablo, porque te hablo muy en serio, y si tu abuela sorpresivamente comete suicidio, no hará falta sentirme culpable. Tú solo sabrás quién verdaderamente tiene la culpa aquí por meterse en cosas que no sabe. Sin más, lo soltó, y pareció girarse, dispuesto a irse. A Louis se le cortó la respiración cuando recibió un puñetazo en su nariz, arrugando ésta y cerrando sus ojos con fuerza por el dolor. Llevó una mano a su rostro, adolorido y esperando por unos segundos antes de volver a abrir sus ojos. Rogaba por un milagro. Rogaba por algo que aliviara esta mísera vida. —Maldita sea. —Limpió la sangre debajo de su nariz, aunque esta continuaba saliendo, y se dirigió a pasos rápidos y furiosos hacia el supermercado. —Hijo de puta, hijo de puta, hijo de puta. —Susurraba. Intentó no pensar en nada. Tan sólo se mantuvo susurrando aquello hasta llegar al trabajo, en el cual fue cruelmente regañado y humillado por ir en aquellas condiciones. Tan sólo le permitieron ir a la caja, sentarse y comenzar a atender a las personas, pero como castigo no le permitían limpiarse la cara. <<Tan solo...algo. Algo, quién sea, no me importa, ayúdeme en ésta mierda de vida. Dios, Jesús, Satanás, a quien mierda se le dé la gana.>> Dejó de meter cosas de una clienta en la bolsa debido a que su mirada fue a las luces del supermercado, las cuales parpadeaban. No hubiese sido extraño, si no fuese porque parpadeaban en un mismo orden. Una bombilla se apagaba, y se prendían cuando dos volvían a parpadear. Una estúpida idea cruzó por su mente, pero lo hizo. Recordando el código morse que había aprendido gracias a su abuelo fallecido, sus ojos se abrieron de más ante el mensaje repetitivo. <<Estoy aquí. Estoy aquí. Estoy aquí. Estoy aquí.>> Los focos explotaron, provocando sustos de todas las personas en el lugar. Se oyó una risita dulce, traviesa, y los ojos de Louis buscaron a esa persona en la fila. Se encontró con un bonito niño —no tan niño, aproximadamente de dieciocho años, pero lucía algo infantil— de rizos, con vestimenta oscura, antigua. Debajo del largo saco negro llevaba una camiseta blanca, abotonada hasta arriba, y una pequeña y adorable corbata del mismo color que el saco, dentro de éste. No podía ver lo demás, pero no parecía llevar más que unos pantalones cortos debajo. Su sonrisa era deslumbrante, con hoyuelos en sus mejillas mientras veía alrededor con emoción. —Esto parece una película de terror. —Comentó, casi chillando de la emoción. Louis asintió, de acuerdo. Cuando finalizó de atender a la mujer, había llegado el turno del niño. —Buenos días. —Murmuró Louis educadamente, aunque no tenía muchas ganas de desear buenos días a la gente, pero el niño era adorable...aunque extraño. Alzó ambas cejas cuando éste último dejó una gran cantidad de dulces que planeaba comprar. —Vaya... —Me gustan mucho, mucho las golosinas. —Se excusó, encogiéndose de hombros mientras observaba las manos de Louis registrar en la caja cada dulce. —Pareces hacer todo tan fluido, e incluso sin luz. ¿Hace mucho trabajas aquí? —Hace casi cuatro años. —Respondió de manera seca, asintiendo lentamente. Se sintió mal por la animada manera en la que el rizado le hablaba, así que decidió devolver la pregunta. —¿Tú? ¿Hace mucho vives aquí? Nunca te he visto. El niño negó lentamente, viéndolo fijo a los ojos. —Yo acabo de llegar. Louis le devolvió la mirada por unos segundos antes de asentir lentamente, finalizando con las últimas golosinas antes de tomar una bolsa pequeña, metiendo todo allí. Espero la paga luego de decirla, como habitualmente hacía, pero se sorprendió al notar como el rizado daba la vuelta, saliendo del lado del cliente y quedando del lado del cajero, donde estaba el castaño. —¿QuéSus ojos se abrieron de más cuando fue tomado de las mejillas e inclinado hacia abajo, a la altura del menor. Sintió unos fríos y húmedos labios sobre los suyos, acariciando su labio inferior de manera lenta y suavecita. Ni siquiera respiraba, estaba realmente sorprendido, tanto que apenas podía moverse. Un agradable cosquilleo se instaló en su estómago, pero duró poco debido a que el rizado se alejó, viéndolo a los ojos con una pequeña sonrisita ladina. —Nos vemos, Lou. Sin más, tomó la bolsa y se fue. Louis parpadeó rápidamente, sin llegar a tiempo a seguirle con la mirada debido a que no se encontraba más en el lugar. Vio alrededor, notando algunas personas verle con cierto espanto por la escena de minutos atrás. Respiró profundamente y volvió a acomodarse en su asiento, esperando a más clientes mientras se preguntaba quién era ese niño, porqué lo había besado y cómo sabía su nombre. 😈👿😈👿😈 Cuando llegó el final del día, luego de estar todo el rato limpiando, refregando paredes, suelo, y cambiando los focos de luz, se reunió con su jefe, esperando la paga. Su ceño se frunció al recibir mucho menos de lo mínimo esperado. —¿Tan solo esto por llegar tres horas tarde? —El anciano lo observó algo sorprendido por la queja de Louis. —Son las doce de la noche. Mi turno terminaba a las ocho y media. —Por mí vete a la hora que quieras, luego de todo lo que provocaste hoy hasta puedes ir buscando un nuevo trabajo. Ya harto, se mantuvo firme y enojado. No iba a quebrarse. —¿Qué es exactamente lo que hice hoy? —Además de tu tardanza, llegar golpeado y andar con un humor de perros durante todo el día, te atreviste a...a besar a un hombre frente a todo el supermercado. —Comentó, asqueado y enojado, bajando la mirada. No podía ni mirarlo. —No estoy en contra, pero me parece repugnante, y todos te vieron. —Bueno, eso claramente es estar en contra. Y yo no lo besé, el me besó. El que me haya dado un golpe no es mi culpa, y tampoco el quedarme dormido. He estado trabajando muchísimo estos días, recibiendo miseria. —¡¿Miseria?! ¡¿A eso le llamas miseria? —Apuntó al dinero en la mano de Louis, el cual formó un puño, arrugándolo. —¡Es lo menos que te mereces, maleducado! ¡Voy a dejarte volver mañana, solo porque soy una buena persona! —Por mí váyase a la mierda y no vuelva. —Eso había sido todo, no iba a dejar que lo tomaran de torpe. Se giró y caminó hacia la puerta. —Usted no es una buena persona. Tanto que va a la iglesia, cuéntele a Dios y la virgen María que me hacía arrastrar por el pasillo para limpiar la mugre de sus zapatos, por poco dinero. —¡Hijo de la reverenda p-! Cerró la puerta justo a tiempo, guardando el dinero en su bolsillo mientras caminaba a paso rápido, furioso por el supermercado, hacia la salida. El frío lo invadió. Se maldijo al haber olvidado su abrigo dentro. De todas formas, no tenía absolutamente nada en él. Podría vender algunos libros de su estantería, y algunos muebles. Algo, debía pensar en algo. —¿No tienes frío? —Dio un salto al oír la voz a su lado. Sorprendido de ver al mismo niño que lo había besado en el supermercado, detuvo su paso. Éste se giró, también deteniéndose. Louis pudo notar que más abajo de los pantalones cortos llevaba unos calcetines largos hasta las rodillas, negros, y unos zapatos algo elegantes, con abrojo. Su ceño se frunció al notar su propio abrigo en una de las manos del rizado. —¿Qué-? ¿Cómo tomaste eso? —Le quitó el abrigo con brusquedad, poniéndoselo. El ceño del menor se frunció, demostrando confusión mientras ladeaba levemente su cabeza. —Yo te esperé hasta que salieras. —... ¿Por qué? No te conozco. Ni siquiera sé su nombre. —No tengo un nombre. —Respondió, más seco. La dulzura se estaba desvaneciendo, cada vez estaba más serio, hablaba un poco más bajo y el color verde en sus ojos se oscurecía. —Estoy aquí porque tú me llamaste. El corazón de Louis latió con más fuerza, sin comprender qué sucedía exactamente, suponiendo algo, pero...no. No podía ser. Simplemente no podía. —...No entiendo nada. —No es muy difícil de comprender. —Respondió con algo de arrogancia, dando media vuelta y continuando caminando por el camino, lentamente. Se giró a una distancia considerable, viendo fijamente al castaño, como aguardando. Éste lo observó por unos segundos antes de, nuevamente, comenzar a caminar. Una vez llegó a la medida del niño, caminaron en silencio. El castaño se encontraba realmente tenso, ¿Acaso era un sueño? ¿Una pesadilla? —Creí oír que estabas dispuesto a recibir un milagro de quién sea. ¿Por qué ahora estás tan asustado? —Suspiró, negando lentamente mientras soltaba pequeños “Mm, mm”. —Ustedes no saben realmente lo que piden hasta que lo obtienen, ¿Verdad? —Lo observó de reojo. —Bueno, déjame decirte algo. —Se detuvo, y junto a él Louis. —Lamentablemente para ti, soy todo lo que jamás deseaste, pero puedo ayudarte más que un ángel. —... ¿No eres un ángel? El rizado alzó las cejas, inclinando un poco su cabeza. —¿Luzco como uno? Si. —No. —Carraspeó, y continuó caminando a la par del niño. Se mantuvo en silencio, pensando exactamente qué podría decir. —Entonces... ¿Quién eres tú? Una risita provino de los gruesos y rojizos labios del menor. —Si te digo, puede que te asustes. —Canturreó bajito. Metió una mano en su bolsillo y sacó una paleta que había comprado en el Supermercado de Louis, metiéndolo en su boca luego de quitar la envoltura. Saboreó ruidosamente, quitándolo de su boca al finalizar y sosteniéndolo en su pequeña mano. —Uhm, bueno. Soy...algo así como un servidor del rey del inframundo. ¿Eso está bien? ¿Es una buena manera delicada de decirlo? Louis metió las manos en su bolsillo. No podía permitir que el ni...que el demonio notara los temblores en éstas. Intentaba estar tranquilo, pero sentía que la cordura se le estaba escapando de las manos, que nada era real. Simplemente se mantuvo en silencio, pensativo y con los nervios de punta. Adelantó el paso, oyendo las quejas caprichosas del rizado. Subió los cortos escalones de la entrada de su hogar y dio un par de golpes, provocando insultos de su abuela del otro lado hasta que abrió la puerta. —¿Lou? ¿Qué te pasó en la cara? —Preguntó, preocupada. Louis de inmediato la abrazó, soltando una risita forzada, intentando volver su preocupación un poco más ligera. —¿Por qué te ríes? ¿Qué pasa? —Sh, sh. Abuela, no pasa nada. —Se apartó un poco, y la anciana lo tomó del rostro. —Estoy bien. Yendo al trabajo me di un gran golpe, estaba algo dormido. —¿Desayunaste? Louis, ¿Comiste algo? —Hablaba realmente rápido. El castaño le tomó las manos, negando lentamente. —Sí, comí. —Mintió. —Por favor, no te preocupes. Todo está bien. No tienes que preocuparte, abuela. —Necesitas descansar, ¿De acuerdo? Voy a prepararte algo rico para comer. —Apuntó con su dedo índice a su nieto cuando este iba a hablar. —Y me importa una mierda si comiste ya. —Louis rodó sus ojos, intentando no reír por el vocabulario de su abuela. Ésta siempre hablaba de aquella forma, pero emanaba ternura ante su dulce voz. —Te vas a acostar, y dejas que tu abuela te prepare cosas ricas. —¿Tomaste la pastilla, abue? —...Es la última. —Comentó, intentando sonar desinteresada mientras se giraba y caminaba hacia la cocina. —Pero ya la tomé. Puedo intentar conseguir mañana. Louis la siguió hasta la pequeña cocina, observándola poner la tetera mientras la oía comentar que le prepararía una sopa. —Abue, encontraremos algo, no te preocupes. —Cielo, tú no te tienes que preocupar. Es mi salud. De ésto me encargo yo, ¿Vale? Ahora vete a la cama, no me hagas repetirlo. Suspiró profundamente antes de voltearse y caminar hacia la habitación, tragando saliva con fuerza mientras cerraba la puerta de su cuarto. Encendió la luz y se volteó, dando un salto e insultando en un gruñido al encontrarse con el niño de rizos sobre una silla mecedora en la esquina del cuarto, hamacándose. Aquella era de su abuela, pero él la usaba en las noches de insomnio donde, extrañamente, hamacarse funcionaba. —¿Esa es tu abuelita? Que linda. —Empujó con uno de sus pies una caja pesada. Louis bajó la mirada, abriendo sus ojos de par en par al notar que la mediana caja blanca estaba llena de pequeñas cajas de farmacias reconocibles ante sus ojos. Aquellos eran los comprimidos de la medicación que necesitaba su abuela. —¿Eso...? ¿Eso es...? —¡Si! ¡Lo sé! —Exclamó, sonriente mientras se ponía de pie. Derecho y formal, realizó una reverencia hacia Louis. —De ahora en más, seré tu fiel sirviente. —¿Mi sirviente? —El demonio asintió, enderezándose y viendo fijamente al castaño el cual, poco a poco, fruncía su ceño. —... ¿A cambio de qué? La sonrisa del rizado se volvió más ligera, con menos emoción. —¿No es obvio? —Alzó un poquito una de sus cejas, y ambos se observaron fijamente. —Quiero tu alma. Louis empalideció de manera inmediata, parpadeando rápidamente. —¿Mi alma? ¿Cuándo? ¿Cómo? —Cuando mueras, por supuesto. —Respondió el niño, dando un paso al frente. —Te seré totalmente leal, te protegeré y daré lo que quieras. Sin embargo, cuando llegue el día de tu muerte, yo me llevaré tu alma, e incluso estaré contigo en la infinita oscuridad. —¿Y qué si me niego? El demonio ladeó un poco su cabeza, aún con una fría sonrisita en sus labios. Tan sólo cuando hacía aquello, o se mantenía de forma seria, no lucía nada dulce. Era como si todo rastro angelical se esfumara a la velocidad de la luz. —Me voy, y conmigo se va todo lo que he traído. Allí fue cuando Louis comprendió que debía de aceptar. Por su abuela, por su trabajo, por sus vidas... ...por él. —Está bien. Acepto. —Admiró la sonrisa en los labios del demonio expanderse, mostrando unos adorables hoyuelitos. —¿Me dirías tu nombre? —No tengo uno. —Se sentó en la cama de Louis en un salto y, al haber rebotado, no pudo evitar dar otro saltito. —¿Me puedes poner uno? Después de todo, eres mi amo. Sintió un tirón en su miembro por lo último, y dirigió su mirada a la habitación. ¿En serio aquello lo estaba poniendo duro? Dirigió sus pensamientos a lo mencionado por el demonio, y su mirada se dirigió a la estantería del rincón, repleta de libros. —Harry. —Mencionó en un susurro, llevando su mirada al niño de rizos, el cual dejó de dar saltitos y lo miró seriamente, parpadeando con lentitud. —Te vas a llamar Harry. El demonio sonrió de lado. —Está bien. Desapareció en un parpadeo cuando la abuela de Louis se adentró al cuarto. Le dejó la sopa de calabaza en la mesa de noche, y el castaño aprovechó para darle la sorpresa de los medicamentos. Le mintió, diciéndole que lo habían ascendido por su buena conducta, y la hizo realmente feliz hasta que salió del cuarto debido a que había llegado la hora de dormir. Y, entre tantos pensamientos, logró dormirse. Jamás se había dormido tan temprano, pero se habían deshecho de muchas preocupaciones que anteriormente invadían su mente. Ahora la única preocupación que tenía era la de una presencia demoníaca acechando su alma, dando diez pasos cuando él daba uno. Siempre por delante, siempre sigiloso y obediente. Pero no le importaba ir al infierno. Harry ahora se había vuelto una parte de él, ¿Y lo mejor? No le desagradaba ni un poco. 2004 // Mundo original // Muerte cerró el libro de manera brusca, boquiabierto y soltando un jadeo silencioso. —Esto... —Negó lentamente, y volvió a abrir el libro, buscando entre otras páginas. ¿No había continuación? ¿Realmente se iba a quedar con la intriga para toda la vida? —¿Qué estás haciendo? Soltó un jadeo del susto, dejando caer el libro al suelo y girándose en prisa. Se encontró con el mismísimo diablo, el cual también era su esposo y la criatura sobrenatural que más amaba en el universo. Y en otros, seguramente. Luego de un largo día de trabajo como Muerte, se había ido al infierno a buscar a su esposo. Estaba cansado, necesitaba contención y mimitos. El rey del inframundo estaba ocupado, y Harry decidió esperar. Se había distraído husmeando algunos contratos en el escritorio a un lado de la fogata, pero finalmente decidió hojear todos aquellos libros que había en la enorme e infinita pared. Se había subido a la larga escalera, y había tomado aproximadamente seis libros de la sección en la que, una vez, Louis le había indicado que se basaban en mundos alternativos, universos paralelos, etc. Podría haber cualquier cosa, pero jamás creyó que encontraría aproximadamente dos libros en donde hubiera vidas paralelas del mismísimo diablo. Era algo confuso, porque éste era el rey del inframundo en todos los mundos. Sin embargo, tenía historias. —Y-Yo...yo estaba... ¿Dónde estabas tú? El ceño del diablo se frunció un poco. —Trabajando, por supuesto. —Es que yo...te extrañé. —En la mirada de su esposo notó aquella señal que le hizo acercarse y refugiarse en su pecho, siendo envuelto por brazos cálidos y fuertes. —Tuve un día agotador. —Siempre los tienes. —Sintió un beso sobre su cabello y caricias de los dedos repletos de anillos de su esposo acariciando su espalda. —¿Qué estabas leyendo? —Harry apartó su rostro del pecho de Louis, alzándolo y cerrando sus ojitos cuando recibió un suave y lento beso en sus labios. —¿Mh? ¿Estabas husmeando mis libros, niño? —La sección de los universos alternativos. Aparentemente, tú fuiste un simple mundano, y tenías un demonio. Adivina como se llam—Harry. Sí, eras tú. —Interrumpió, asintiendo lentamente y reafirmando el agarre en el cuerpo de su esposo para que éste no se alejara. —¿Te sorprende? —Sí, y no lo entiendo. ¿No que tú eras el único diablo? ¿Cómo puedes tener una vida si eres como ésta en todas? —Mi historia no es como la de los demás. El libro donde dice eso, más bien, es algo que podría haber sucedido. —Lo aferró más cerca, haciéndolo ponerse de puntitas de pies. —Niño travieso, husmeando el despacho del diablo. Aquel último comentario provocó que las mejillas de Muerte comenzaran a arder, provocando que bajara la mirada, ladeando un poquito su rostro mientras sus deditos acariciaban la nuca del rey del inframundo. —Lo siento, estaba aburrido. —Respondió, y alzó nuevamente la mirada, cerrando sus ojos cuando recibió otro lento, profundo pero pausado beso. —¿Fuiste a ver a los niños? —Sí, estaban durmiendo. Fionn se iba apenas llegáramos, pero quise venir por ti. —Mh-hm. —Tomó el labio inferior de su niño favorito, chupando antes de lamer, finalizando con un beso el cual al más bajo le quitó el aliento. — Bueno, entonces vamos. Tan solo bastó para que Harry acomodara el libro, se girara y tomara la mano de su esposo. En un parpadeo, ambos habían salido de aquel despacho, retomando la vida que diariamente sobrellevaban sin problema alguno, y con mucho gusto. "Estimados padres: Nos complace invitarlos al pequeño ensayo que presentará cada alumno de 1er y 3er curso por el festejo del Día Del Padre. Día: Viernes 16. // Horario: 11 a.m. ¡Los esperamos!" La mismísima Muerte, también llamado Harry Styles, alzó su vista, curioso de ver la mirada de su esposo, el cual era el mismísimo diablo. Éste lucía neutro -como de costumbre-, sin mucho que expresar ante lo que había oído anteriormente salir de la boca de su niño favorito. —... ¿Qué es lo que intentas explicar? —Louis... —Se quejó Harry, cerrando el pequeño cuaderno del instituto al cual su hijo mayor asistía y dejándolo en la mesa de noche de la habitación de ambos seres sobrenaturales. —...tenemos que ir. —Ni hablar. El diablo se rehusaba, realmente lo hacía. ¡No había nada de especial en aquel día! Era un día como otro, pero el instituto lo volvía especial y provocaba que los niños que asistían a éste se sintieran mal debido a la ausencia de "algo tan importante". Incluso le parecía ofensivo de parte de los mundanos conmemorar tal cosa. Sumando todo aquello, Louis no creía poder aguantar tanto la estupidez humana. No creía que todos fuesen así, pero los pocos que se habían presentado en su vida -excepto Harry- tenían pensamientos realmente asquerosos, y se creían más que los demás. No quería estar tan cerca, y se iba a encargar de criar a sus hijos de la manera correcta, incluso si apenas sabía hacerlo. Sin embargo, tuvo que soportar la cara de indignación proviniendo de su esposo cuando finalizó de confirmar su ausencia al evento. —No puedo creer que estés siendo así. —Hizo berrinche, como habitualmente hacía desde que tenía dieciséis años, aunque antes solía estar más callado y sumiso. A Louis le gustaba el cambio que había tenido su niño, en todo el sentido de la palabra debido a que, bueno...lucía realmente guapo todo el maldito tiempo. —Viktor va a sentirse muy mal si no vamos. De seguro ha escrito un ensayo y todo. Jamás hemos asistido a un evento así. —Continuó, sentándose en la cama lentamente y apartándose un poco del cálido cuerpo del diablo. Ninguno dormía, por supuesto. Harry solía hacerlo un poco, aún no se le iba del todo, pero era debido al aburrimiento cuando Louis no estaba presente en las noches, aunque eran pocas. También le sucedía a la tarde, cuando sus hijos dormían siesta y el agotador trabajo como rey de las almas no lo llamaba. Estaba con su cabello despeinado, usando un pijama que se había comprado para el invierno -incluso si ya no sentía las bajas temperaturas como solía suceder-, cubierto con las mantas y con sus labios formando una trompita. Louis, en cambio, no tenía otra cosa que ropa interior, la cual pocas veces usaba. Si fuese por él, andaría desnudo hasta por la sala, pero Harry creyó que debería de estar usando ropa interior ahora que los niños estaban y podían entrar en cualquier momento al cuarto de sus padres. Éstos -muchas veces- olvidaban de poner el pestillo. —Harry, Viktor detesta hacer deberes. —Intentó calmar a su esposo, llevando su mano repleta de anillos al brazo contrario y tirando suavemente para tenerlo más cerca. —Apuesto a que ni siquiera ha hecho un párrafo, principalmente porque aún le cuesta escribir sobre el guión. —Eres cruel. —Ahora Harry lucía molesto, con su ceño levemente fruncido. Pocas veces eran las cuales Muerte no comprendía que, a pesar de ser el diablo, Louis no decía aquello con maldad. Apartó su brazo y volvió a acostarse, dándole la espalda a su esposo. —Vamos a dormir. El ceño del diablo se frunció. —Nosotros no dormimos. —Entonces vamos a fingir que dormimos, porque no quiero hablar. Louis se movió de inmediato, acercándose al cuerpo de Harry con movimientos cuidadosos. Suavemente le pasó una mano por debajo de la camiseta, acariciándole dulcemente la cintura mientras pegaba sus labios a la nuca del menor de ambos. —Sabes que no estoy hablando en serio. —Le susurró, dejando suaves besos. —Es decir: Sí, pero no de la manera en la que tú crees. Viktor aún no sabe escribir sobre un reglón, pero no estaba criticando. Fue simplemente un comentario sin ningún tipo de expresión. Hubo un corto silencio. —Lo sé, pero no me agrada tanto. Viktor se esfuerza mucho. —Dice, en un tono mucho más suave, pero, aún, levemente distante. — Sé cómo lo dices, pero he visto cómo se frustra, y me duele. —Entiendo. —Dejó lentos y cortos besos en la nuca de su niño favorito. —No volverá a pasar. —Segundos después, su esposo se había girado al menos un poco como para tener el rostro frente al rey del inframundo. Éste último no desaprovechó la oportunidad; Tomó el grueso y rojizo labio inferior, succionando levemente antes de dejar una mordida que hizo suspirar, al contrario. De inmediato lo tomó más de la cintura, girándolo para pegarlo a su cuerpo y enredar sus piernas. —Te amo. —Louis buscó más su boca ante aquel pequeño susurro, encimándose un poco sobre el cuerpo de Muerte mientras le acariciaba el muslo con su mano libre. Sus tibias lenguas se encontraron luego de unas largas horas, explorando como si jamás lo hubiesen hecho. En momentos como aquellos, Harry creía más que nunca que todo lo que había sucedido había tenido sus frutos. El ruido de la puerta sobresaltó al menor de ambos, e intentó alejarse del agarre del diablo, pero éste lucía como si nada estuviese sucediendo. Simplemente giró un poco su cabeza, relamiendo sus labios de manera floja y observando con ambas cejas alzadas a su hijo de seis años entrar apresuradamente. —¡Papá y papá, me van a escuchar! —Exclamó, y aunque lucía molesto, su tono era de lo más suave y dulce. Harry y Louis se sentaron casi al mismo tiempo, viendo extrañados a Viktor Cox. Muerte y Diablo habían decidido que usarían el apellido de la madre de Harry para sus hijos, debido a que Styles era una gran ofensa luego de que un hombre como Des lo llevara. —¡No quiero hacer el estúpido ensayo! —Exclamó, deteniendo su andar a la mitad de la cama y alzando una hoja arrugada que tan solo decía el nombre del niño, escrito demasiado grande y fuera del guion. —Viktor, ¿Qué es lo que acabas de decir? —Los ojos verdes de Muerte se agrandaron al oír el insulto de su pequeño, el cual también agrandó sus ojos cuando oyó el tono amenazante de su padre. —No quiero volver a oírte decir una palabra así, o vas a estar castigado de por vida. ¿Me oíste? El niño parecía estar a punto de estallar en un desconsolado llanto con el paso de las palabras de Harry. Louis suspiró profundamente, poniendo sus ojos en blanco antes de palmear el colchón, frente a sí mismo. Viktor subió rápidamente a ésta y se acurrucó en los brazos del rey del inframundo, el cual le acariciaba la espalda. —Cuando papá era pequeño, no decía ni una sola mala palabra. —Explicó el ser infernal, apartando un poco al niño para verlo, notando de reojo la mirada de su esposo sobre sí. —Es por eso que no le gusta que digas... —Pensó unos segundos. —...groserías. —Finalizó, asintiendo lentamente. —No es por eso, es por todo. Tienes seis años, Vik. —Ahora el castaño de ojos verdes con una mancha negra cubriendo un poco el color en uno de éstos se sentía un poco culpable. Extendió sus brazos hacia su pequeño, el cual de inmediato se acurrucó contra su pecho. —No es bueno que digas esas cosas. —Las personas mayores lo dicen. —Se excusó el niño, alzando la mirada y recibiendo un beso en su frente de parte de la persona que lo sostenía en brazos. —No copies lo que dicen las personas mayores, hasta que seas mayor. — Sugirió Louis, viendo de reojo como Harry intentaba cubrir sus labios en el cabello rubio de su hijo para no demostrar su gracia. —No copies lo que haga nadie. —¿Eso quiere decir que no puedo copiar mi ensayo de alguien más? — Harry negó de inmediato, devolviéndole la mirada fija a su hijo, el cual derrochaba ternura sin siquiera intentarlo. —¿En serio? ¿Papá no puede tars...tranispor...? —Frunció un poco su ceño, frustrado. —¿Papá no puede viajar a la casa de mi amigo y robar su ensayo? —Papá no hace esas cosas malas, Vik. —Muerte mintió, arrugando su nariz cuando su esposo alzó una de sus cejas, demostrando incredulidad ante lo que había dicho. —Además, ¿crees que nadie se dará cuenta? Tienes que escribir sobre tus padres. El niño resopló, agrandando un poco más sus ojos y alzando sus pequeñas manos con algo de frustración. —¿Y qué digo? —Que nos amas. —Respondió Harry. —Que somos geniales. —Respondió Louis a la par. El matrimonio se observó fijamente a los ojos por unos segundos antes de volver la vista al menor de la habitación, el cual hacía una leve trompita con sus labios, pensativo. Louis creía que su hijo había adaptado aquella expresión por culpa de su esposo. No pudo evitar sonreír de lado ante aquello, disimulando con una relamida de labios antes de acercarse un poco y besar la frente de Viktor. —Bueno, ahora ve a dormir y piensa en lo que vas a escribir en tu ensayo. Una pequeña sonrisa comenzó a formarse en el niño de seis años. —Será una sorpresa, le pediré a mi maestra que me ayude. —¿Sorpresa? ¿Para nosotros? —Harry no pudo evitar besar la frente de su hijo mayor cuando éste asintió, levemente ruborizado. Lo abrazó contra su pecho, suspirando profundamente. —Vik, te amo con todo mi corazón. —Besó ruidosamente su mejilla. —Anda, vamos a arroparte. —Yo lo llevo. —Se ofreció el diablo, extendiendo sus brazos hacia su hijo, el cual de inmediato se aferró al cálido cuerpo de su padre. Apoyó su cabecita en el hombro del rey del inframundo, como si éste no fuese aquello último. —Vendré en unos minutos. —Está bien. —Muerte asintió y observó a su esposo caminar fuera del cuarto con su hijo en brazos, arrojándole un par de besos a éste último, el cual los devolvía con una tímida sonrisa. Suspiró, viendo a su alrededor como si se encontrase perdido. A pesar de todo lo que había sucedido, amaba la vida que llevaba. Amaba su casa, amaba a sus hijos y amaba a Louis. Amaba a su familia y amaba tener el poder suficiente para protegerlos de lo que sea. Se acomodó un poco en la cama antes de cubrirse con las mantas. No tenía frío, pero le gustaba estar arropado, y en la espera de los brazos de su esposo. Justo cuando estuvo a punto de dormirse por el aburrimiento, una presencia irrumpió su momento de paz. Parpadeó rápidamente, y su ceño se frunció al notar a su mejor amigo, Fionn Whitehead, al final de la cama. —¿Fi? —Se sentó casi de inmediato al notar el pánico en el delgado rostro del hombre. —¿Qué sucede? ¿Qué tienes? —¿No lo sientes? —Harry se vio obligado a salir de la cama cuando sintió la voz temblorosa de aquella persona con la cual había compartido grandes momentos. Tan solo lo observó, perdido y desesperado, esperando sentir algo que no fuese angustia y susto. —Algo pasará. Alguien va a morir aquí. —... ¿Qué? —Su voz salió un poco más fuerte de lo esperado. Fue casi de inmediato que se acercó al más alto, el cual también lo hizo. —Dime que es una broma y te equivocaste de casa. —Harry, no sé qué está sucediendo, pero me pidieron que viniera porque alguien iba a morir en ésta casa. ¿Dónde están los niños? —Están con Louis. No, ¿qué? Fi... —Llevó una mano a su frente, entrecerrando un poco sus ojos ante el repentino estrés que estaba sintiendo. Todo su cuerpo se encontraba tembloroso, de pronto se sentía como si miles de demonios le estuviesen pasando por encima. —...te has confundido. Alguien te ha dado la dirección incorrecta. —Harry, yo... —Relamió sus labios mientras pasaba las palmas de sus manos por sus pantalones, limpiando el sudor proveniente del nerviosismo. —...no es la dirección incorrecta. ¿No lo sientes? —¡Que no siento nada! ¡Estoy perfectamente, así que de seguro te has equivocado, Fionn! La puerta de la habitación se abrió de inmediato, y un Louis de ojos rojos y mandíbula tensa se adentró al cuarto, observando a ambos seres sobrenaturales con una expresión neutra pero alarmante. —¿Qué está sucediendo? —Se acercó a su esposo al notar el nerviosismo saliendo en ondas que solo eran visibles ante sus ojos. —Harry. —Louis, me han informado que aquí alguien morirá. —A diferencia de cuando se lo había dicho a Harry, ahora lucía claramente confundido, con su ceño fruncido mientras le devolvía la mirada al rey del inframundo. — ¿Vik y Dean? —Viktor acaba de acostarse, y Dean está dormido. —¿Te fijaste que esté simplemente dormido? La mandíbula de Louis se tensó aún más cuando sintió el tembloroso agarre de su esposo en la ropa que llevaba puesta. Sus pupilas se dilataron un poco más y la mirada amenazante provocó que La Parca llevara su mirada al suelo. —Está dormido, Fionn. —Respondió Louis lo más calmado posible. Había oído la tranquila respiración de su hijo menor. —Quiero ir a ver. —Muerte quiso adelantarse, huir hacia el cuarto, pero Louis no lo permitió. Lo tomó de inmediato de la cintura con un brazo. — Solo quiero ir a comprobar q—Harry, acabo de volver de ahí. ¿Crees que no lo sentiría? ¿Crees que no sentirías si tus hijos estuviesen en peligro? —Llevó ambas manos con dedos repletos de anillos de oro hacia las mejillas del más bajo, viéndolo fijamente. —Tienes que calmarte, o van a sentir tu pánico. Confía en mi, niño. La Muerte dio un profundo respiro para calmar su aura. El toque de su esposo y su suave tono de voz lo hacían pisar tierra nuevamente. Llevó sus manos hasta las manos del rey del inframundo, y lo observó con ojos llenos de preocupación y mal augurio. —No siento nada, Lou. —Lo sé, ni yo. —De inmediato lo sostuvo contra su cuerpo, y dejó un beso en su frente antes de ver a Fionn, el cual lucía claramente incómodo. — Te equivocaste de hogar. —Créeme que no hubiese venido hasta aquí si no lo hubiese comprobado. —La Parca negó lentamente, mordiendo su labio inferior antes de ver al matrimonio. —¿Les molesta si me quedo vigilando en el cuarto de los niños? —Por supuesto que no. —Respondió Harry, agradecido. No dormiría en toda la noche, y aunque no era su propia presencia, le calmaba que fuese Fionn quien velara los sueños de sus bebés. Él no podría hacerlo, debido a que claramente no era capaz de controlar sus emociones. Aquello podría provocar horrorosas pesadillas hacia los infantes. —Lo siento, Fi. —Está bien, Hazz. Lo sabes. —Su mejor amigo le sonrió levemente antes de dirigirse fuera de la habitación, cerrando la puerta al salir. Harry y Louis se observaron casi al mismo tiempo, como si se comunicaran con la mirada. —Mírame y presta atención a lo que voy a decirte. —El Diablo se acercó un poco más a su esposo, aun sosteniéndolo. —Yo jamás...jamás en mi eternidad voy a dejar que algo les pase. —Un nudo se instaló en la garganta del más bajo, el cual tan solo asintió, estando de acuerdo. Podía sentir la calma envolverlo de a poco. —Sea lo que sea, Harry, yo los protejo. ¿Entendido? —Entendido. —Repitió su esposo. Alzó un poco más su rostro, y ambos compartieron un suave beso en los labios. Cuando regresaron a la cama, debajo de las mantas, Harry fue envuelto por los reconfortantes brazos del diablo, pero a pesar de toda la calma que se encontraba recibiendo, siquiera pegó un ojo, a la espera de sentir algo. —Ay, por Dios. —Harry cubrió su rostro, suspirando con cansancio y alivio a la par. Oyó un gruñido a sus espaldas y negó lentamente. —Diablos. — Corrigió. —Mucho mejor. —Felicitó Louis. —Mierda. Lo siento, hermano. —Se disculpó Fionn, observando con demasiada culpabilidad a su mejor amigo, el cual continuaba negando. —No, no. Está bien, le sucede a cualquiera. —Muerte apartó las manos de su rostro y se cruzó de brazos, luciendo condenadamente bien con su vestuario de trabajo y la leve brisa de Rusia haciendo su cabello corto hacia atrás. —Quiero decir... —Ladeó su cabeza, observando el cuerpo inerte del peludo felino en el patio trasero de su hogar. — ...definitivamente hubo una muerte. —Sí... —Oh, joder. —Masculló el Diablo, parándose a un lado de su esposo para observarlo con algo de gracia. —No le hagas cumplidos, despídelo. Eres su jefe, y apesta siendo una Parca. El ceño del sirviente de su esposo se frunció. —Sí, bueno; Se supone que el diablo no se enamora, y mírate. Estás casado y con hijos. —Se mantuvo en silencio por unos segundos ante la neutra mirada de Louis. Rápidamente llevó su mirada hacia su mejor amigo, terriblemente sonrojado. —Me voy. —Está bien. —Apenas Muerte finalizó de decir aquello, Fionn desapareció a la velocidad de un parpadeo, sin siquiera dejar rastro de haber estado allí alguna vez. Harry se giró de inmediato hacia Louis, el cual lo observaba de la misma manera en la que había observado a La Parca. — No me mires así. —Confías mucho en él. —Comenzó. El ser sobrenatural con menos experiencia de ambos hizo un movimiento con una de sus manos y, pronto, el felino volvía a respirar, maullando desconsoladamente. — Siempre lo has hecho. —Y siempre lo haré. Es mi mejor amigo, Lou. —Has tenido una semana de mierda, creyendo que nuestros hijos iban a morir, y ha resultado ser un gato. —Frunció un poco su ceño, sintiendo molestia al notar que Harry ni siquiera le prestaba atención. Se encontraba completamente embobado por el felino, el cual lloraba luego de haber vuelto. Muerte rápidamente se acercó a éste, poniéndose de cuclillas y comenzando a acariciar el peludo lomo. —Te estoy hablando. —Estoy escuchándote. —Mordió su labio inferior con preocupación, intentando sanar al animal, lográndolo casi de inmediato. Podía entender a su esposo: Éste fue el único que lo había estado consolando luego de todos los sustos que se había dado cada vez que sus hijos hacían algo que pudiese terminar de manera trágica, cuando no los estaba vigilando, lo cual era extraño. Ni siquiera había dormido, estaba muy seguro de que ya no volvería a hacerlo. —Pero, ¿qué sugieres? ¿Que él no me haya dicho nada? ¿Qué hubiese sucedido si realmente eran Vik o Dean y no lo hubiésemos sabido? —No lo defiendas. No estoy diciendo que lo asesines, pero no puedes dejar pasar cosas así. Muerte se puso de pie con el felino en brazos, el cual lucía realmente cómodo, y se giró hacia su esposo ante lo último que éste había dicho. — ¿Alguna vez no he dejado pasar las cosas? Creí que ya no era una sorpresa. —El diablo negó lentamente, en desacuerdo. —Se lo voy a decir, Lou. Lo prometo. —...Bien. —Mira el lado bueno de las cosas: ¡Tenemos mascota nueva! —Meció al felino de pelaje blanco, lo suficientemente gordo para quejarse por el movimiento. —¿Cómo podemos llamarlo? Nunca tuve una mascota. Louis llevó su mano a su entrecejo, frotando allí mientras suspiraba profundamente. El buen humor de su esposo era contagioso, pero él también había tenido una terrible semana, y no quería dejar pasar aquello. No podía. —Voy a matar a Fionn. —Se encaminó hacia la casa, queriendo encontrar paz, como solía hacer cuando estaba completamente solo y lo único que despejaba su cabeza era la tranquilidad de su despacho en el infierno. —¡No te olvides que hoy es el ensayo de Vik! ¡Te amo, Louis! —Y aunque no se giró ni respondió, una lenta sonrisa creció en sus labios. Rusia no era un país muy liberal, pero Harry lo había elegido cuando las cosas eran muy diferentes. El mundo no había cambiado del todo, pero había más opciones dónde estar cuando dos hombres se enamoraban, y definitivamente no era aquel país. Las miradas de los padres de otros alumnos en Muerte y Diablo eran una mezcla de disgusto y sorpresa. El instituto estaba completamente lleno, con niños correteando por todas partes. Harry sostenía a Dean en brazos, y Louis tenía una de sus manos en el hombro de su hijo de seis años, el cual estaba de pie frente a éstos, luciendo perdido mientras veía a su alrededor y aferrando su mochila color amarillo a su pecho. Una mujer de cabello rubio y brillante sonrisa comenzó a hablar. Harry frunció el ceño; Todavía no se acostumbraba a comprender todos los idiomas como si siempre los hubiese estudiado. —¡Los niños que hayan preparado sus ensayos pueden seguirme! Harry de inmediato vio a su hijo. —Anda, Vik. —Lo alentó. Éste lucía espantado mientras caminaba lentamente hacia los alumnos que se amontonaban frente a la mujer. —Tiene miedo. —Comentó Louis, viendo fijamente al niño hasta que éste se perdió a la vuelta del lugar, adentrándose a un salón. Se giró casi de inmediato y tomó a su hijo menor, el cual se quejó de inmediato, de los brazos de su esposo. —Lo has estado cargando todo el camino. —Está malhumorado, no quiere bajarse. Louis bajó al niño al suelo, el cual se aferró a su pierna mientras continuaba quejándose. Ambos sabían que éste no había dormido bien, y quería su siesta de siempre, sin interrupciones. Las personas a su alrededor observaban la escena, y mientras Harry volvía a tomar a su hijo en brazos, el diablo amenazaba con la mirada a las familias Rusas de su alrededor. —Louis... —El más bajo de ambos había notado aquello mientras mecía a Dean, el cual intentaba dormir en su hombro. El rey del inframundo tan solo lo vio por el rabillo del ojo, tomándolo de la mano y guiándolo cuando la maestra de su hijo mayor indicó que se adentraran al salón. Era lo suficientemente espacioso para que todos los padres entraran, pero Louis se dirigió junto a su esposo hacia el fondo. —Hasta que al fin llegan. —Harry se giró de inmediato al oír la voz de su mejor amigo, el cual se encontraba a su lado. Observó a su sobrino menor y tendió sus brazos. —Dámelo. —Muerte de inmediato lo hizo, y el niño ni siquiera se quejó. Amaba a su tío. —¿Todo en orden? Harry asintió, observando de reojo a su esposo y notando la mirada de éste fija en él. Suspiró. Sabía que Louis no iba a dejar de insistir respecto a esto, y en parte lo entendía bastante. Seguramente él también había tenido dudas de su seguridad, seguramente también habría pasado miedo. Llevó su mirada a Fionn. —Eres un torpe, Fi. —Simplemente dijo, sorprendiendo al último nombrado. El diablo silbó. —Casi haces que me dé un infarto, y he perdido el hábito de dormir. Por favor, si no estás seguro de algo, no lo digas. —Pidió con amabilidad a pesar de lo que estaba diciendo, parpadeando suavemente. Nadie podría enojarse con él hablando tan suave y luciendo de esa forma. —Lo siento, Harry. No volverá a pasar, lo prometo. —Dirigió su mirada hacia Louis. —Y lo siento, Louis. —Conmigo no te disculpes. La próxima que lo hagas, te arranco las bolas. —El diablo ni siquiera se giró a verlo, tenía sus ojos entrecerrados, vigilando a su hijo mayor, el cual estaba entre todos sus otros compañeros. Fionn alzó ambas cejas, sorprendido mientras veía a Harry de reojo, el cual negó. Definitivamente no quería volver a pasar por algo así. El evento comenzó casi de inmediato. La única maestra reconocible para Harry había estado explicando el propósito de los ensayos, y también había comentado que los niños de primer curso habían hecho un mural de dibujos para cada padre. Éste lo podrían ver luego. —Genial, otro dibujo para el refrigerador. Harry aferró ambos brazos a uno de Louis, embobado. Le había dado ternura aquel comentario de parte del diablo, y no quería decirle que no podría quitar los dibujos de su hijo del mural. Ambos estaban prestando atención a lo que la mujer había indicado, hasta que finalmente llegó el tiempo de que los alumnos leyeran sus ensayos. Habían comenzado los niños del tercer curso, lo cual había sido bastante rápido debido a que, aparentemente casi ninguno del salón había hecho más que el dibujo del mural. Finalmente llegaba el momento de los del primer curso, y Muerte esperaba el ensayo de su hijo con ansias. Había niños que no sabían leer, y la amable maestra Rusa los ayudaba. Finalmente, luego de minutos que habían parecido interminables, el momento de Viktor Cox había llegado. Con una tímida sonrisa de pequeños y pocos dientitos, terriblemente sonrojado, se posicionó al frente de los demás alumnos, con el papel en mano. —¿Necesitas ayuda, Viktor? —El niño asintió y le tendió su papel a la mujer, la cual lo tomó, inspeccionando en silencio la hoja. Harry agitó un poco el brazo de Louis, algo nervioso mientras se paraba de puntas de pie para ver mejor entre los demás padres. —¿Qué crees que diga? —Le susurró a su esposo. —Dijo que era una sorpresa. —Louis se encogió de hombros, fingiendo desinterés. Ambos sabían perfectamente que no era así. La Muerte mordió su labio inferior, a la espera de que la maestra de su hijo comience a leer la primera oración. —"Amo a mis papás, son geniales." —Harry no pudo evitar sonreír ampliamente, con hoyuelitos marcados en sus mejillas. Louis infló su pecho con orgullo, sin poder evitar sonreír un poco, también. —"Ellos me cuidan mucho a mí, y a mi hermanito, Dean." —Leyó lentamente, siguiendo la lectura. La mujer frunció levemente su ceño. —"Yo nunca tengo miedo, porque mis papás tienen poderes mágicos." El semblante de los dos seres sobrenaturales cambió de inmediato. Harry abrió sus ojos de más, quedándose congelado en su lugar y ejerciendo un poco de presión en el brazo del Diablo. —Ay, joder. —Maldijo este último. —"No tienen autos, porque nos pueden hacer viajar con sus poderes." —Siguió la mujer mientras Viktor asentía, estando de acuerdo con su propia escritura. —"Uno trabaja castigando malos, y el otro los"..."los mata". —La mujer alzó la mirada, buscando a los padres del niño entre las personas. Ninguno dijo ni una palabra, tan solo permanecieron viendo al frente. —"Pero yo los amo igual, y más ahora, que nos regalaron a mi hermanito a mí un gato que se había muerto en nuestro patio." Cariño. —La mujer vio al niño, el cual continuaba con una sonrisita en sus labios. —¿Dónde están tus papás? Viktor observó a través de la multitud de gente, borrando un poco su sonrisa ante la confusión de las personas y los murmullos que interrumpían la lectura. Louis soltó a Harry al ver la expresión cambiar en el rostro de su hijo mayor. —Quédate aquí. —Le ordenó a su esposo con suavidad, el cual asintió. Por supuesto que estaría de acuerdo, era un pésimo mentiroso. El diablo avanzó entre la gente sin siquiera tener que pedir permiso. Todo aquel que estuviese en aquella habitación podía sentir el aura oscura que éste emanaba, y preferían mantener lejanía, aún más luego de verlo de la mano de otro hombre. Una vez Louis llegó frente a Viktor, posicionó una de sus manos repletas de anillos sobre el hombro de éste, observando a la amable pero horrorizada maestra. —Yo soy el padre que castiga malos. —Simplemente dijo, sonriendo de lado y viendo con superioridad a la adulta frente a sí. —Soy policía. — Mintió con tranquilidad. —¿Y su...compañero? —La mujer alzó ambas cejas, siendo intimidada casi de inmediato por la fija mirada proviniendo del padre de su alumno. —¿El que los mata? —Trabaja en una funeraria. Mi hijo tiene una gran imaginación. — Nuevamente mintió. Harry envidiaba aquello; Últimamente las mentiras eran algo que necesitaba en su vida cotidiana como Muerte, esposo del mismísimo Diablo y padre de dos hijos. —Y no es mi compañero, es mi esposo. El salón entero quedó en silencio por segundos que se sintieron como horas. Podía sentirse la incomodidad junto al mal augurio y el nerviosismo de Muerte. Claramente los mundanos no se darían cuenta como uno que supiese, pero, aun así, allí estaba. —¿Algo más? —Las cejas de Louis se alzaron, sin cambiar su expresión. —N-No, no. Está bien. De todas formas, así termina el ensayo de Viktor. —Una sonrisa -esta vez, falsa- creció en sus labios, viendo al frente mientras acariciaba el cabello rubio del niño. —Un aplauso para Viktor y su ensayo. Los aplausos llegaron de manera lenta, pero fueron lo suficientemente audibles para que el niño de seis años brincara en su lugar, cubriendo su rostro por la verguenza antes de extender sus brazos hacia el ser infernal de su lado, el cual lo cargó de inmediato y sacó del salón, viendo a Harry por el rabillo del ojo y dando un asentimiento en dirección a la puerta. Era hora de seguir al Diablo. —¡Papi! —El niño corrió hacia los brazos de Muerte, el cual lo envolvió de inmediato, besándole cariñosamente la mejilla. —¿Te gustó mi ensayo? —Llevó sus pequeñas manos al rostro de Harry y lo observó con ojos brillantes y mejillas sonrojadas. —¿Estás feliz? —Me encantó. Te amo tanto, tanto. —Lo cargó en brazos, dejando besos en su cabello y olfateando un poco. Amaba el aroma de sus bebés. —Eres increíble, Vik. Todo lo que haces me llena de amor. Viktor parecía estar a punto de decir algo, pero sus ojos se agrandaron al ver a La Parca detrás de su padre, sosteniendo a su hermano menor, el cual dormía cómodamente en el hombro del adulto. —¡Tío Fionn, viniste! —Se sacudió un poco en los brazos de Harry, y éste último lo acercó a su mejor amigo, entregándoselo. Ahora Fionn cargaba a ambos niños. —¿Viste que lindo mi ensayo? —¡Estuvo de puta madre! —Exclamó La Parca. —¡Si! ¡De puta madre! Harry sentía que su mandíbula iba a golpear el suelo. Justo cuando estuvo a punto de decir algo, Louis apareció a su lado, con una hoja mediana en una de sus manos. —Listo, ya nos podemos ir. —¡Papá! ¡Mi dibujo! —Exclamó el niño cuando notó lo que Louis sostenía. —¿Nos lo llevamos a casa? ¿Al refrigerador? —Al refrigerador. —Repitió el rey del inframundo, llevando su mirada a su esposo. —Son sus disculpas por el interrogatorio en medio del ensayo. Muerte negó lentamente con la cabeza y, rendido, siguió a su esposo y mejor amigo hasta estar fuera de aquel instituto, lejos de cualquier mundano que pudiese verlos transportarse. Cuando llegaron a su hogar, los niños durmieron la siesta y la pareja sobrenatural decidió tomarse el día libre. En su tiempo a solas, donde Harry se acurrucaba contra el rey del inframundo en el sofá de la sala, ambos observaban con admiración el dibujo que su hijo de seis años había dibujado. Para ser tan pequeño, había hecho a la perfección las figuras de sus padres tomados de la mano. A un lado de éstos estaban los menores, también tomados de la mano, y luego Fionn sosteniendo al nuevo gato, el cual aún no tenía un nombre digno de una mascota. —Estuvo cerca, ¿no crees? —Alzó su mirada, encontrándose con la de Louis, el cual alzaba un poco sus cejas. —Si las personas se volvían locas, hubiésemos tenido un enorme problema. —Nada que no pudiésemos solucionar. —Inclinó el rostro hacia abajo, dejando un suave y lento beso en los labios de su esposo. —Mi niño favorito... —Se apartó tan solo unos centímetros, inspeccionando el rostro del que alguna vez había sido un simple adolescente, inocente y religioso, lleno de amor que no podía dar ni recibir de manera apropiada. Siempre había sentido la valentía de Harry como si fuese propia, pero ahora era incluso más fuerte. Relamió sus labios, recorriendo con sus ojos -ahora rojos- los gruesos y rosados labios de su esposo, subiendo por su pequeña nariz hasta aquellos ojos en los cuales quería perderse por siempre. Ahora éstos tenían una pequeña mancha oscura, pero ni siquiera ésta los opaca, incluso los volvía más maravillosos. Negó, sin poder creerlo. —...eres precioso ante mis ojos, y los de cualquiera. —Dejó salir. —Te amo. Las mejillas de Muerte se tornaron levemente rosadas a la vez que arrugaba un poco su nariz, bajando sus párpados por la vergüenza. Ya no solía quedarse estupefacto como antes, pero aún parecía querer ocultarse en donde sea que pudiese. Nuevamente, fue recibido por aquellos preciosos ojos esmeralda, y la mano del dueño de éstos acarició su rostro. El tacto ardió como las fuertes llamas de La Fosa y, maldición, que le gustó. Lo besó casi de inmediato, perdiéndose en el sabor de su lengua junto a la propia, y anhelando más días tranquilos como aquellos.