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PROYECTO FINAL HEP (00320756)

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PROYECTO FINAL: “EL DÍA QUE CAMBIÓ MI VIDA”
MARCO GALLEGOS NÚÑEZ
Universidad San Francisco de Quito
Colegio de Comunicación y Artes Contemporáneas
Hablar en Público
(NRC 2084)
Quito, Ecuador
(30 de Noviembre de 2022)
Muchas personas consideran que, en sus vidas, hay un momento, o un conjunto
de momentos que la cambian para siempre. Una vuelta de 180° que ponen a una persona
en un camino totalmente diferente al que en un inicio planeó. En el caso del autor,
probablemente, la vida tomó este giro en la época del colegio. No por nada realmente
interesante, sino porque hubo una serie de sucesos que encaminaron la vida que hoy en
día lleva. Sin embargo, hay que aclarar una cosa: el autor todavía es muy joven como
para determinar a ciencia cierta cuál fue el día que su vida cambió para siempre. Por
este motivo, puede que la serie de sucesos que llevan a la construcción de este ensayo
no sean de mayor impacto. Sin embargo, el día del que se va a hablar en cuestión, es
aquel que afectó mayoritariamente la forma en la que, a día 27 de noviembre de 2022, el
autor percibe su vida.
Para empezar, es necesario contextualizar lo que ocurría en segundo de
bachillerato, allá a mediados del año 2019. En la época, la compañía Space X continuó
con su proyecto de cohetes reutilizables. Según un informe de la nave “Falcon”, se
retomó los despejes de este tipo de aeronave en 2019, hasta mediados del 2020 (2021).
Esto en el plano internacional laboral, interesó por sobre manera al autor, puesto que,
enfocado ya en estudiar una ingeniería, buscaba un desafío, algo que estuviera fuera de
lo que su círculo cercano considerase común. Por otra parte, ya se conocía cómo tocar la
guitarra, pero la intriga por aprender a tocar un nuevo instrumento, además de aprender
a cantar, crecía cada vez más. En aquel momento, se tenía dos opciones a responder
cuando una persona preguntara “¿qué vas a estudiar?”: la primera de ellas era “no sé” si
la persona que preguntaba era un conocido o un desconocido. La segunda respuesta
típica era “probablemente una ingeniería, aunque todavía no sé cuál. Se decía esto
porque la carrera de ingeniería aeroespacial, que se enfoca en cohetes y vehículos
espaciales, no estaba disponible en Ecuador. Ir a estudiar directamente al extranjero no
era una opción, ya que era muy costoso para el presupuesto con el que se contaba.
A pesar de las dudas que se tenían en cuanto a cómo proceder, una tercera
interrogante surgiría: “¿podría dedicarme a la música?” Dicha pregunta nació de las
presentaciones de banda que se realizaban en el auditorio del colegio: junto con sus
amigos, tocaban canciones mayormente de rock ante los estudiantes. Se sentía bien
tocar, una liberación de endorfinas que premiaba al autor cada vez que tocaba y lo hacía
bien. Alrededor de este tiempo, un articulo de la revista digital INSPILIP titulado “La
felicidad como fuente de salud y educación” apareció en los archivos digitales del
colegio. Su contenido establecía que naturalmente, el ser humano busca realizar
actividades que le proporcionen felicidad, puesto que así, el cuerpo se mantendría sano.
Esta reflexión llevó a la consideración seria de estudiar música. De hecho, esta opción
fue debatida internamente sin considerar el ingreso que dicho empleo podría generar, se
la tomó en cuenta por lo feliz que hacía sentir al escritor. Así, el autor tenía tres
opciones para su futuro: una ingeniería cualquiera de mediano interés en el medio local,
buscar estudiar ingeniería aeroespacial en el exterior a través de una beca o algún
proceso de ese estilo, o estudiar música simplemente por placer.
Todo empezó a tomar un rumbo cuando comenzó el segundo año de
bachillerato. La educación musical y la práctica que se venía llevando de la guitarra se
vio truncada principalmente porque el horario del colegio fue acomodado para dar
prioridad a materias que entraban en el kárdex del Bachillerato Internacional: Inglés,
Matemática, Literatura, Francés, Gestión Empresarial y Biología. La exclusión de
música del horario, junto con la cantidad de nuevas obligaciones derivadas del diploma
del Bachillerato Internacional, provocó una falta de práctica que se tradujo en una
reducción de la calidad que con la que se venía trabajando. De hecho, el factor tiempo
juega un rol fundamental en el aprendizaje de la música. Según Capistrán, autor del
libro “La práctica musical efectiva” y profesor de letras y música de la Universidad
Autónoma de Aguas Calientes:
(…) la práctica es más eficaz cuando está dispuesta de una manera lógica y
secuencial. El establecimiento de objetivos a largo, mediano y corto plazo, el uso
de un libro de registro o diario para tomar notas, fijar un horario determinado
para la práctica, asignar una cantidad específica de tiempo para realizar ciertas
tareas, mantener control del tiempo usando una bitácora, escribir digitaciones,
analizar la partitura (estructura formal, progresiones armónicas y melódicas,
modulaciones, repeticiones, etc.) y planificar la interpretación, etc., son algunas
recomendaciones para esta fase (2017. p. 25).
Esta falta de práctica hizo que se deje en un segundo plano la música, puesto que
había otras obligaciones de las que hacerse cargo. Estas obligaciones continuaron por
dos años, en los que, si bien la música continuaba siendo una parte pasiva de su vida, no
tenía la misma relevancia que antes. Sin embargo, la idea de estudiar composición
musical y dedicarse a ello nunca dejó de sonar atractiva para el autor. Probablemente,
una de las razones por las que se seguía considerando la música con tanta fuerza a pesar
de ya no estudiarla en el colegio, era que el autor continuaba reuniéndose con los
amigos que conformaban la banda con la que se presentaban en el colegio. No solo para
jugar fútbol, salir u otras actividades típicas de un adolescente, sino que, en su mayoría,
se reunían a tocar canciones de bandas como “Green Day”, “Panic! At The Disco”,
“The Strokes”, y otros. El sentimiento de unión era tal que (quizás solamente el autor)
se consideraba que dicha banda evolucionara en algo más, con todos preparándose para
ser mejores músicos y tal vez, forjar una carrera en dicho campo.
Por otro lado, la matemática siempre formó parte de el abanico de habilidades
académicas del autor. Desde pequeño, siempre hubo un desempeño sobresaliente en
cuanto a cálculos, una característica que se corroboró al momento de obtener las
calificaciones del diploma del Bachillerato Internacional. Sobre siete puntos posibles, se
obtuvo un 6, la calificación más alta de la generación. Fue así que, gracias a la práctica
tanto en los números como en guitarra, se decidió a escribir la monografía, un “trabajo
de investigación independiente y dirigido por el propio alumno, que culmina con un
ensayo de 4.000 palabras” (Bachillerato Internacional, 2018). Cuando se entregó el
trabajo final, hubo un sentimiento de agradecimiento por parte de los profesores del área
politécnica: física, química y matemáticas, ya que, en su generación, fue el único que
abordó un tema matemático, pues trató la relación entre la música y la matemática,
combinando sus dos pasiones.
Era necesario contextualizar la situación para abordar el día que cambió por
completo la vida de Marco Gallegos. Fue un campamento que se realizó con sus
compañeros del colegio, junto con un profesor con el que aún mantiene contacto hasta
el día de hoy. Esto fue antes de terminar el primer quimestre de primero de bachillerato,
antes de la pandemia del coronavirus. El profesor con el que fueron, Martín Fernández,
se destacaba como politécnico, y hasta ese momento, esa fue la única faceta que mostró
ante sus alumnos. Para entonces, el autor ya era considerado un buen guitarrista, por lo
que Fernández lo invitó a llevar su guitarra para tocar en la noche, junto a la fogata.
Cuando el momento llegó, en lugar de dejar que tanto el autor como otras personas que
supieran tocar la guitarra, lo hicieran, él mismo la tomó y comenzó a cantar. Fue una
grata sorpresa para todos, porque, además de ser un profesor con el que todos
conectábamos, ahora resultó tener un talento escondido.
Al analizarla forma en la que tocaba y las canciones que interpretaba (entre ellas
“More Than Words” de “Extreme” o “Dust in the Wind” del grupo “Kansas”), se pudo
notar que Fernández mantenía un nivel de medio a uno avanzado, puesto que además
conocía de teoría musical. Según Morais, licenciado en Música contemporánea de la
escuela Cifra Club de Brasil, toma de 5 a 10 años de práctica tocar la guitarra un nivel
avanzado, por lo que quedaba claro que la práctica del profesor no era reciente, no se
había preparado para aquella noche, sino que ya tenía ese conocimiento desde hace
mucho.
Al notar esto, el autor conversó con su profesor acerca de aquel talento que tenía
oculto. En aquella charla, él comentó que, de joven, era una persona cuya principal
afición era la música. De hecho, decidió dedicarse a ella por completo. Sin embargo, por
la situación económica que atravesaba el país mientas él estudiaba (época del feriado
bancario), decidió cambiar de profesión hacia la ingeniería eléctrica, algo que
probablemente sería mucho más rentable para su futuro, económicamente. Sin embargo,
él nunca dejó la música, aunque ahora lo hacía de manera no profesional. Como
Fernández conocía bien a cada uno de sus alumnos, Marco Gallegos no era la
excepción. El maestro conocía de las habilidades del autor con la guitarra, así como su
gusto por las matemáticas. El autor creyó que su maestro lo iba a incentivar a continuar
con la música, sin embargo, le dijo una frase que nunca olvidará: “a veces, hay que
sacrificar la felicidad de uno mismo, por el bien de la humanidad”. Fernández dijo
confiando en que el autor fuera una de las pocas personas que impacten en el desarrollo
de la humanidad, pidiéndole que estudie una ingeniería. Ciertamente, esta es una
petición un tanto difícil para un joven de 16 años, aún más cuando se tenía a la música
como una opción fuerte. Sin embargo, esto permitió que Marco Gallegos escogiera un
camino concreto para el resto de su vida.
El lanzamiento de las naves de Space X en el mismo año finalmente fascinó al
autor, por lo que les pidió a sus padres poder estudiar ingeniería aeroespacial en el
extranjero. Al inicio obtuvo una respuesta negativa, ya que, dada la situación
económica, no se podía costear dicho grado. Sin embargo, el padre del autor realizó una
investigación profunda en todas las universidades del país para ver si hallaba un
convenio que le permitiera estudiar al autor ingeniería aeroespacial de alguna manera.
Así fue como encontró la Universidad San Francisco de Quito, que a través de la carrera
de ingeniería mecánica, se podía transferir luego de tres años a Embry-Riddle, una
universidad en Florida, Estados Unidos especializada en el ámbito aeroespacial.
La experiencia con el profesor Martín Fernández terminó de centrar el camino
por el que Marco Gallegos iría el resto de su vida. Todo lo que ocurrió después de aquel
día ha permitido que el autor se convierta en una persona que ha centrado su atención
completamente en asegurar el futuro que él tiene previsto. Sin embargo, vivir de la
música ya no es una opción, seguir dos carreras de tal magnitud no sería saludable. Pero
esto no quiere decir que el autor no pueda seguir sumergiéndose en la música como un
hobby o subespecialización. Gracias a la Universidad San Francisco de Quito, y a su
filosofía de artes liberales, es posible para el autor estudiar música desde una
perspectiva más anecdótica, pero práctica, pues a la par, sigue estudiando ingeniería
aeroespacial. A raíz de aquella fogata, el autor se convirtió en una persona que tiene
sus objetivos a corto plazo claros: se terminará de estudiar, luego se especializará, y lo
que ocurra después es un misterio. ¿vivir en Marte? ¿Especializarse aún más en música?
Lo cierto es que Marco Gallegos se convirtió en una persona más abierta a aprender
acerca de más campos de estudio, pues gracias a dichas experiencias, ahora es posible
catalogar a cada suceso como enriquecedor.
Referencias
Bachillerato Internacional. (2018). Principios y Prácticas de evaluación del IB:
evaluaciones de calidad en la era digital. Obtenido de
https://www.ibo.org/contentassets/1cdf850e366447e99b5a862aab622883/assess
ment-principles-and-practices-2018-es.pdf
Capistrán, R. (2017). La Práctica Musical Efectiva. Obtenido de
https://editorial.uaa.mx/docs/practica_musical_efectiva.pdf
Macías L, et al. (2017). La felicidad como fuente de salud y educación. Revista
científica INSPILIP V. Obtenido de
https://docs.bvsalud.org/biblioref/2019/04/987286/12-felicidad-como-fuente-desaud-y-educacion.pdf
Morais, G. (2021). ¿En Cuánto tiempo se aprende a tocar guitarra bien?. Obtenido de:
https://www.cifraclub.com/blog/en-cuanto-tiempo-se-aprende-a-tocarguitarra bien/#:~:text=4%20a%206%20meses,en%20que%20ya%20vienes%20
aprendiendo.
Space X. (2021). Falcon’s Users Guide. Obtenido de
https://www.spacex.com/media/falcon-users-guide-2021-09.pdf
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