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ILUSTRAÇÃO ARTISTICA XVI

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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
LA ILUS TRACI ÚN ARTÍSTICA
ÚMERO
tria del inmortal Cervantes, y como ha dicho don
Buenaventura Carlos Aribau, «cesó la competencia
entre las siete poblaciones que se disputaban la bonra de haber recibido al nacer al príncipe de nuestros
escritores: quedan eliminados evilla, Madrid, Lucena, Toledo, Esquivias, Consuegra y Alcázar de
San Juan; documentos irrecusables deciden á favor
de Alcalá de Henares, ufana de tan gloriosa maternidad.»
De tal modo se ba hecho la luz en tan interesante
punto, que los biógrafos del presente siglo no han
creído pertinente llenar largas páginas relativas al
mismo, y sólo D. Jerónimo Morán, en la edición
680
en dicha culta población comunicó, sobre asuntos'
literarios, con personas discretas, nutrió sólidamente
su espíritu por medio de la lectura, el estudio y la
Consecuentes en nuestro propósito de obseqUJar á
refle;<ión, y adquirió la filoso fía que rebosa en todos
sus escritos.
nuestros suscriptores con números extraordinarios, en
justa correspondencia del favor oreciente que el público
Desde sus. más tlérnos años manifestó singular
nos dispensa, hemos querido al inaugurar la serie coamor al estudIO , y así, él mismo dice que· siendo
rrespondiente al a.f'10 189@ honrar con uno de ellos la
muchacho, recogía para leerlos cuantos papeles ham emoria del inmortal Cervantes y de su incomparable
llaba en la calle. Poseía una imaginación vivísima y,
Quijote, publicando en ál, además de escogido texto
una memoria privilegiada, gracias á las cuales haexclusivamente dedicado al príncipe de las letras espabiendo oído declamar en sus más tiernos años,' profiolas, una numerosa colección de r eproducciones tomabablemente en Madrid ó Segovia, á Lope de Rueda, t
das directamente de las ediciones más importantes que
retenía en la edad adulta los versos con que deleitó 1
de aquel libro sin par se han hecho
su ánimo ,infantil, y los sab oreaQrt~ ;,
en Espal'ia y en el extranj era.
y encarecla.
1
Para la realización de nuestra idea
Con caracteres no más que pronos ha prestado BU valioso conourso,
blemáticos se ofrece la afirmac ión
poniendo á. nuestra disposición su
de los que dicen que cursó algún
preciosa biblioteca, el distinguido b,tiempo en las aulas salmantinas, .
bliófi.lo y cervantista notable de esta
sin que pueda explicarse el motivo
ciudad D. Isidro Bonsoms, que ha loó motivos que á dicha ciudad le
grado reunir la colección más comllevaron y los medios con que para
pleta é interesante de cuantas existen
vivir contaba en la misma. i dedel Quijote y á quien desde las cobe olvidarse que, como dice don
lumnas de L A ILUSTRACIÓN ARTíSTICA
Tomás T amayo de Vargas, los conenviamos la expresión de nuestro más
temporáneos émulos de Cervantes
le tildaban de z'ngenio lego, lo que.
profundo reconocimiento por el favor
en el lenguaje de la época quería'
que tan desinteresada y entusiastasign ificar que aquel á quien así se
mente nos ha dispensado.
calificaba no' había arrastrado baLos EDITORES.
vetas nipz'sado las losas de la [hu~
versidad. De los primeros maestros de Cervantes se conoce lÍnicamente el nombre del presbítero
SUMARIO
Juan López de Hoyos , varón piaTexto. - Miguel de Cervantes Saavedra,
doso y grande humanista, que desartículo biográfico tomado del Dicciopués fu é nombrado catedrático de
1tario EncicloPédico Hispano-Am erica·
Gramática latina en el Estudio de
no. - Cervantes soldado, por Francisco
Barado. - Las ilustraciones del «Quijola vil la de Madrid, y posteriorte,» por J. L. Pellicer. - J uicios (m,.tidos
mente cura de la parroquia de San
sobre el «Quijote,» por algunos emmenAndrés. Es de creer que Cervantes
tes literatos nacionales y extranjeros. aprendía con singular aprovechaE diciones del «Quijote,» por I gnacio
miento, si se atiende á los elogios
Dublé. - Catálogo de todas las edicio·
nes del Ingenioso ltidalgo Don Quijote
y expresiones de cariño que le prode la Mancha, publicadas en España y
digó su maestro.
en el extranjero desde su aparici6n en
Sus obras acreditan que llegó á
160S hasta J 89-1··
adquirir una erudición nada vulgar,
Gr~ados. - El Ingem'oso Hz'dalgo
Don Quijote de la Mancha. - Primera
siquiera, á causa de una agitada
edici6n: 1605, Madrid. - Primera edivida, no llegase á dar á sus estuci6n ilustrada: 1620, Lond res. - Pri·
dios la extensión que quizás él
meras ediciones en español: Madrid,
mismo deseaba. Presc indiendo de
Valencia , Lisboa, Milán, Bruselas,
Barcelona y Ambcres, de 1605 á 1706.
cuanto se refiere á este primero y
_ Primeras ediciones en inglés : Lonobscuro período de su vida, es lo
dres, de 1620 á 1711 . - Primeras edi·
cierto que Cervantes se hallaba en
ciones en francés: P arís, Amsterdam
Madrid cuando, en 24 de octubre
y Rouen, de 1614 á 1646. - Primeras
ediciones en italianó: Venecia y Roma,
de I568, celebraba la: villa en las
de 1612 á 1722. - Grabados de Novelli:
Descalzas Reales las exequias de
Venecia, 1819. - Ediciones en español
Isabel
de Valois, muj er de Feli·
ilustradas: Bruselas, Madrid, Amberes,
pe H.
León (Francia), Barcelona, El H aya,
Tarragona, Leipzlg, PaTis, Boston, MéEl maestro López de Hoyos,
xico y Sevilla, de 1662 á 185 4. - Re·
que entonces regentaba el Estudio
Portada de la primera edición del Don Quijote de la Malle/la
tratos de Cervantes de distintas edicio·
público de Humanidades de Maimpresa en Madrid, con Privilegio, por D. Juan de la Cuesta en 1605. - Tamaño del original 0'95 x o' 16
nes. - Ediciones en inglés ilustradas :
drid, tomó parte, á nombre de este
Londres, Dub][n, Glasgo\V, Nueva York
..
.
centro, en el duelo público, y con
y Edimburgo, de 1687 á 188!. - Edi,
ciones en francés ilustradas: Amsterdam, Bruselas, Pans y Dorregaray del QUijote (Madnd, .I~63) trata, á título este motivo escribió un libro, H z'storia y relación verLeipzig, de 1695 á 1832. - Ediciones en alemán i!ustradas: de recu~r?o, es~ cuestIón, defil1lttvamente resuelta. dadera de la enfermedad, felicísimo tránsito ... de ...
Francfort, Leipzig, Viena y Koenigsberg, de 1683 a 1793· Eeliciones en holanelés ilustradas: Dordrecht, Amsterdam y La tr~dlclón se~al a todavla los restos de la casa en doiia Isabel de Valois, impreso en Madrid, I568 (un
Leiden, de 1657 a 1877. - Ediciones en dinamarqués ":f .en que dIcen se cnó Cervantes, .enclavados hoy en lo volumen en 8:), que, á falta de otro mérito, ensueco: Copenhague y Stokolmo, ele 1775 a 1814. - D os edlcl~' que fu é Huerta de ~os Capuch.lI1o.s,'y reducidos á una cierra las poesías consagradas á la fún ebre solemnines en portugués (una ilustrada): Lisboa, de 1794 á 185o.-·Edl- pared y puerta t~plada, con ll1dlClOS de la pobreza dad, y entre ellas unas quintillas, dos sonetos y una
ciones en ruso yen griego ilustradas: Moscou, Odessa, Ate,;as
.
elegía de Miguel de Cervantes, á quien su preceptor
y Trieste, de 1815 á 1864. - E?i.ciones en p'olacoy en boheml,o : de los q~e la hablt~~~n.
Era hIJO de nobillSLma y preclara estirpe, la de los llama repetidamente su caro y amado discípulo. Auvarsobia y Praga, 1855. - Ed lc~ones en hungaro, en. ~nlandes,
en bohemio y en croata : 1850 a 1878. - ReproducclOt; ~I; una Cervantes, que desde Galicia se trasladó á Castilla y tares de crédito sostienen que aú n compuso Cervancomposición de Coypel, París. - Grabados de la ecl!clOn en que ya suena en la Historia bajo el reinado de Fer- tes, por la misma época , aquellos romances z'lljinz'tos
español de T onson ( Londres). - Grabados de la.edic ión publi·
cada por la Real Academia de la Lengua, Madnd. -:. Una nando IH ; t.odo est~, aceptando como bueno el ár- y otras diversas poesías, incluso el poema pastoral
composición de PineHi, Roma. - Agua fuerte de Schrodter, bol genealÓgICO pubhcado. Fueron sus padres Rodri- La .A·lena, de que él mismo hace mérito en el capíAltona. - Grabado de la edición ilustrada por G. D oré ..- . Ca· go de Cervantes y doña Leonor Cortinas, señora tulo IV de su Viaje al Parnaso, perdidos para la
beceras de la edición publicada por la casa Montaner y Snnón, ilustre, natural, segll'!1 parece, de Barajas. De este posteridad en su mayor parte.
ori ginales de Balaca y PeHicer. - Reproducción en negro ele
Dispu tan los biógrafos acerca de si Cer\'antes pudos láminas cromolitografiadas de la edición de Montaner y matrimonio nacieron cuatro hijos: Andrea, Luisa,
imón, originales de Halaca y PeHicer. - Cuatro grabados de Rodrigo y Miguel, que era el menor de todos. Su do ser alumno del Estudio de Humanidades de I[a_
dibujos inéditos de Jiménez. Aranda. - Versión catalana de abuelo paterno, Juan de Cervantes, fué corregidor de drid, Ó si recibió en tiempo anterior las lecciones de
Antonio Bulbena y Tusell : 1891 , Barcelona, imprenta de Al· Osma, donde dejó gratos recuerdos, y descendiente Hoyos en Alcalá ó Salamanca, y ha dado margen á.
tés. - Tumba de D. Quijote, alegoría por Pinelli, Roma.
del gran Alfonso Nuño, alcaide de Toledo, cuya ra- esta cuestión la circunstancia de que no hacía más
ma entroncó con la de los reyes de' Castilla por me- que ocho meses que aquel profesor regentaba el Esdio de doña Juana Enríquez de Córdova y Ayala, tudio cuando se celebraron las exequias, y contando
MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA (1) segunda mujer de Juan H.
Cervantes veinte años, no es verosímil que llevase
La familia de Cervantes, sin embargo, había de- tan retrasados sus estudios. Jerónimo de Morán sosEl príncipe de los ingenios españoles, Miguel de caído de su antiguo esplendor. Sus padres, en efecto, pecha que sus padres se trasladaron desde Alcalá á
Cervantes Saavedra, nació en Alcalá. de H enares en vivían tan faltos de recursos, que mal hubieran po- Madrid, y que él, «con su inclinación vehemente á
octubre de I547, siendo bautizado en la iglesia de dido dar á sus hijos la educación que les correspon- las Bellas Letras, las cuales cultivaría durante sus
Santa María la Mayor el día 9 de dicho mes y año. día, á no haber fijado su domicilio en Alcalá de He- primeros años, sin guía ó preceptor, en ' el privado
Hoy nadie pone ya en duda que Alcalá fué la pa- nares, cuya Universidad ya entonces tenía asomos de asilo, aprovechara tan buena ocasión de perfeccionar
competencia con la de Salamanca. No por esto se ha los conocimientos por sí solo adquiridos, inscríbién( J) Tomamos este artículo del Diccio1zat'Ío EncicloPédico de creer que Cervantes cursó en aquellas aulas, pues dose como alumno en el Estudio público del maesHispa1zo·Amerüallo que publica esta casa editorial, que es sin
duda uno de los más completos trabajos biográficos que del consta lo contrario; pero si se tiene en cuenta su ca- tro Hoyos, cuya enseñanza era gratuita, puesto que
rácter , podrá admitirse sin duda la sospecha de que se sabe que aquel establecim iento estaba sostenido
autor del Quijote se han publicado.
NOTA DE LOS EDITORES
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
I
ÚM E RO
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ART ÍSTICA
3
con fondos de la villa. La especie de si habría sido nes, y cuando se batía con denuedo, en lo más recio
Embarcóse ervantes en la galera de España lladiscípulo de Hoyos en Alcalá ... quedó completamen- del combate, recibió dos heridas de arcabuz en el mada Sol, en compañía de su hermano Rodrigo, de
te desvanecida á p rincipios de. este siglo; pues, des- pecho, y otra además que le destrozó para siempre Pero Díez arrillo de Quesada y de otras personas
pué. de las investigaciones practicadas al efecto por la mano izquierda. Resistió, sin embargo, i los suyos de cuenta. 'alió de Jápoles, y el 26 de septiembre
D. Manuel de Lardizabal , reslJltó que ni Cervantes que querían recogerle, y únicamente al saber que la de 1575 vióse la galera rodeada de una escuadrilla
había cursado en la referida U niversidad, ni el maes- victoria había coronado el esfuerzo de los cristianos de galeotas que mandaba el amauta Mamí, renegado
tro H oyos perteneció jamás á su claustro.»
se dejó conducir, todo ensangre ntado, pero henchido albanés, capitán de la Mar de Argel. Presa la galera
H acia febrero de 1569 salió Cervantes de España de gozo, á curarse las heridas, de que con justicia se y conducida á Argel, se inició para los tripulantes y
con d irección á R oma, aco mpapasajeros la triste vida de la cautiñando al cardenal Julio Aquaviva,
vidad.
legado del Papa. Este hecho marca
Comienza entonces para Cervanun nuevo rum bo en la vida del
tes una época terrible de penaligran escritor, y es el principio de
dades y tormentos, pero á la vez
. una infi nita serie de desdichas.
glorio a por el heroísmo de que el
Buscando las causas que pudieantiguo soldado dió repetidas yexran determinar á Cervantes para
traord inarias muestras. E l arráez
dejar su patria y sus amigo, cuanDali Mamí, á quien cupo en suerte
do empezaba á ser conocido en la
Cervantes en el reparto que se hizo
república de las letras, y camb iar el
de los cautivos, creyó, engañado por
ejercicio de la Poesía por el desemlas cartas de D. Juan de Austria y
peño de las fun ciones de camarero
del duque de Sesa, que su esclavo
cerca del expresado carqenal; reera una persona de calidad, error
cordando las repetidas alusiones
en que le afirmó el agradable asque el propio autor del Quijote hace
p cto de sus maneras, su bravura
á cierta circu nstancia de su vida,
en el combate y el respeto que le
cierta falta de su juventud, cau a
manifestaban sus compañeros de
de todas sus desgracias, no parece
desgracia. Por esta causa creyó que
in fundada la opi nión de Morán,
podría obtener del prisionero un
que, publicando un doc.umen to jugran rescate, y al efecto le trató con
dicial, en q ue se manda perseguir
todo el rigor compatible con la
á un 1iguel de Cervantes, ausente
conse rvación de su existencia. «Side Madrid y condenado en rebeltuación era ésta, dice un biógrafo,
día por ciertas heridas causadas
capaz de abatir al hombre más es«en esta cort á An tonio de igura,
forzado; pero el alma de Cervantes
andante en esta corte,» razona exera inflexible; una idea única se
tensamente para venir á probar que
apoderó de ella desde el momento
este ervantes perseguido por la
en que se vió privado de su libertad:
justicia pudo ser el príncipe de los
la de recobrar este bien que no tiene
ingenios, y que Antonio de Sigura
precio.)
sería probable mente un alguacil.
Esta es la parte más interesante
Si Morán acierta, habrá que creer
de toda la vida de Cervantes: en ella
qu Cerva ntes sali ó de España huse engrandec ió su alma altanera, se
ye ndo de la justicia, y que ésta, tí
aguzó su ingenio y su bieron de punsu regreso, no le persigu ió porque
to su heroísmo y generosidad. Aforle precedía la fama de sus gloriosos
tunadamente no escribimos una
hechos, porque protegieran al esnovela, aunque lo parece; ningú n
critor altas influ encias, ó, acaso, á
suceso de cuantos le atañen se halla·
la v z por ambas causas. Cervantes,
más plenamente justificado que esta
pues, y esto está bien comprobado,
serie de tentativas arriesgada en
residía en R oma, como camarero
que á cada paso comprometió su
del cardenal Aquaviva, en 1570.
¡;abeza para alcanzar su libertad, y
El viaje á la corte pontificia,
::uando no, para salvar la vida de
dado su espíritu observador, le fué
sus cómplices y clientes en causa
muy provechoso, y por las indicatan gloriosa.» B urlando la vigilanciones espa ~cid as en sus obras se
cia á que estaba sometido, yacompuede trazar casi de u n modo segupañado de otros cautivos, con quiero la ruta que llevó por Valencia,
nes quiso compartir el beneficio de
atalu ña, el Mediodía de Francia,
la libertad, fugóse Cervantes y busel Piamonte, el Milanesado y la
có un moro que le sirviese de guía
T oscana. Había alcanzado I talia el
y le acompañase por tierra hasta
mayor grado de cultura; frecuentaOrán, plaza ocupada por los espaban seguramente el palacio del c..'Uñoles; pero cuando los fugitivos
denal los más esclarecidos ingeni os,
habían andado alguna jornada, les
y all í sin d uda amplió Cervantes su
aba ndonó el guía y tuvieron que
educac ión, conoció y trató á varios
regresar á Argel, · donde recibieron
literatos, y aun adquirió resabios de
severos castigos.
italian ismos, no escasos en sus esL1. familia de Cervantes, para
critos.
reunir el precio del rescate, hizo los
A vido de gloria, pues su pesaclimayores sacrificios: malvendió su
· LONDR.§ S ·16"20 ·
!la constante fué la inmortalidad,
corto patrimonio, empeñó las dotes
que buscó por d istintos camin os,
de las hijas, solicitó socorro de los
despidióse del cardenal, al que
amigos, y quedó reducida á un essiempre recordó con afecto, y entró
tado próximo á la m iseria. El protí servir, quizás primero bajo las
ducto de tantas privaciones llegó á
banderas pontificias, acaso sentanArgel dos años después del apresado desde luego plaza en las fi las
miento de los Cervantes; pero no
Portada de la primera edición inglesa. del Don Qui'ole de a !llancha
españolas, que esto no est."Í bien
satisfizo las exigencias de Dali Maayeriguado, aunque sí consta que
mí, que no quiso soltar á su cautivo,
impresa en Londres en 1620, por G. Blounte. - Tamaño del original 0'16 x 0'09
en el propio año de 1570 formaba
y así fué aplicado al rescate ele su
parte de la compañía del capitán
hermano Rodrigo, quedando M iDi ego de Urbina, perteneciente al tercio del famoso envaneció siempre. Al día siguiente visitó todas las guel sin esperanza alguna de salvac ión. Encargó éste
guerre ro D. Miguel de M oncada, y que no tardó mu- naves D. Juan de Austria, quien concedió á Cervantes á Rodrigo que desde las costas de las Baleares ó de
cho tiempo en acredita r su bizarría. E l 7 de octubre el aumento de tres escudos en la paga, y le socorrió Valencia le enviase una embarcación que favoreciese
de 157 [ se daba la memorable batalla de Lepanto. además varias veces.
su fuga, y entonces sucedió lo que en los siguientes
C rvantes, si mpre soldado, yacía en un camarote de
A fines de 1572, restablecido ya de sus heridas, términos refiere Aribau: «Cumplió Rodrigo fielmente
la galera de Andrés Doria, La Marquesa, inutilizado, aunque manco para siempre, se vió Cervantes incor- este deber fraternal, y provisto de cartas é instmccioal parecer, para el combate, por las calenturas que porado en el tercio de D. Lope de Figueroa; con- nes de varios caballeros que entraban en el plan,
padecía. Llegado el instante de pelear, solicitó de currió á la jornada de Levante, y tomó parte en la habilitó inmediatamente una fragata armada al mando
Diego de U rbina el puesto de mayor peligro, y á empresa de avarino. o se conocen bien us hechos de un tal Viana, marino arrojado y práctico conocedor
Cuantos jefes y compañeros que rían disuadirle,. les en los dos años siguientes, pero se sabe que en 157 5, de aquellas costas. El punto de la recalada se designó
decía: «En cuantas ocasiones de guerra se han ofre- ansioso de volver á su patria y de obtener algún pre- junto á una casa de campo sita á tres millas al Este
cido hasta hoy á S. M., he servido como buen solda- mio por sus servicios, solicitó licencia y la obtuvo. de de Argel, propia del alcaide Azán, renegado griego, y
do; y así ahora no haré menos, aunque esté enfermo D. Juan de Austria, quien le dió cartas de recomen- cultivada por un cautivo natural de Navarra, conocido
y Con calenturas.»
dación para F elipe Il, á fin d e que le confiase el bajo el nombre de Juan el J ardinero.
Tomó parte, como deseaba, en la sangrienta lu- mando d e alguna compañía. En igual sentid o escri»Habíaallí una cueva muy oculta, donde fueron con
cha, di rigiendo doce soldados puestos bajo sus órde- hió al rey y á los mi nistros el duq ue de esa.
mucha an ticipaci6n guareciéndose los cautivos á me·
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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de 1.1 I'UCbJ.l de A /cozer • SClior
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ED ICIONES IMPRESAS EN ESPA Ñ OL DESDE EL AÑO 1605 Á 16[6
(En las reproducciones va marcado el tam año del original)
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Por JUAN BAU TISTA
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EDICIONES DIPRESA S El\" ESPAÑOL DE DE EL A O 16 16 Á 1 706
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
1 Ci6'.I.:
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NUMERO
LA ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA
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'Oli únJ_.?riJge; J. H .!.RDING al the
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LONDON,
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Primeras ediciones inglesas, impresas en Londres en los años de) 62o á 1711
dida que iban escapándose de las casas de sus amos.
Juan velaba por su seguridad. Cervantes, con suma
diligencia y disimulo, dirigía aquella maquinación,
proveyendo á todo y ofreciendo este medio de fuga
á los cautivos de su confianza. Pero la depositó muy
sobrada en uno que llamaban el Dorador, natural de
Melilla, que después de haber renegado de su fe n
la juventud, se había vuelto á reconciliar con la Iglesia, y había sido posteriormente cautivado. Éste cuidaba de comprar los víveres y conducirlos á la cueva
con el recato que es de suponer, y debía ser uno de
los prófugos.
»Todo estaba dispuesto: la noche, aunque incierta,
de la libertad se iba acercando, y Cervantes 'e ocupaba en recoger á sus amigos más rezagados, con el
disgusto de no haber podido atraer al doctor Antonio de Losa, eclesiástico de estoica virtud, que lleno
de achaques y guardado con e pecial vigilancia por
su amo, no pudo ó no quiso acompañarle. Llegó por
fin la fragata, q ue manteniéndose en franquía todo
el día 2 I de septiembre, se arrimó ya de noche, y su
tripulación verificaba el desembarco , cuando ame-
drentada por unos moros que acertaron á pasar por rados, en vista de tan rara presencia de ánimo, desaquel sitio, tuvo que hacerse á la mar. Volvió en se- pacharon un propio al rey, quien mandó que todos
guida; pero alarmada ya la población de aquel cam- aquellos infelices fuesen conducidos á su baño y que
po, que acudió y se puso en acecho, no solamente á Cervantes le llevasen á su presencia. Así se verififrustró la tentativa, sino que, arrojándose sobre la có, y así tuvo que entrar en Argel el animoso joven,
embarcación, la apresó con toda su gente. Quedaro n, maniatado, á pie y perseguido por los insultos de
en consecuencia, los de la cueva privados de toda aquel bárbaro populacho. Puesto Cervantes en preesperanza y socorro; pues, no volviendo á aparecer el sencia de Azán-Bajá, preguntóle éste con t rribles
Dorador, carecían de todo alimento y se hallaban amenazas quién era de este negocio sabedor y qui én
red ucidos á la mayor desesperación.
habría podido ser su autor. Porque sospechaba el
»A los tres días le vieron por fin, pero conducien- rey del R. P. J orge Olivar, de la orden de la Merced
do al comandante de la guardia del rey con veinti- y comendador de Valencia, y au n se tenía por cierto
cuatro infantes armados de alfanjes, lanzas y escope- que el mismo Dorador se lo habría dicho y persuatas y algunos turcos de á caballo. Encamináronse to- dido, y de aquí que, como codicioso tirano, quisiera
dos derechamente á la cueva, yal oir el rumor de las echar mano con esta ocasión del mismo Padre para
pisadas y amenazas, tuvo tiempo Cervantes de adver- sacar de él buena cantidad de dinero. Pero como á
tir á sus cOI1).pañeros que descargasen sobre él toda pesar de todas sus amenazas no pudiera sacar nunca
la culpa; en seguida se adelantó á encararse con el co- de Cervantes otra cosa sino que él y no otro fuera el
mandante, diciendo con singular entereza que él solo autor de la conspiración, mandó que lo metieran en
había fraguado aquel proyecto y seducido á los demás, su baño, teniéndole también por esclavo , aunque
así que sobre él solo debía recaer cualquier castigo. I después, á él Y á otros tres ó cuatro, hubo de volver
»Asombrado los agresores, tanto como los captu- por fu erza á los patrones respectivos,
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DON Q.UIXOTTE
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NOVV ELLE EDITl ON,
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TOME SECaNO,
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Primeras ediciones rancesas, impresas en los años de 1614 á 1646
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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L'HIST01RE DE SES.GRANDSEX PLOKTS '
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DE LA MANGUE .
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DE LA MANCHE.
Chez PI."'" MOATI."~ Libr.i.re
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d 'EfFagllol en Fran~ois.
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»El alcaide Azán, luego que en su jardín pren dieron á los cristianos y trajeron al jardinero con ellos,
fué de todo avisado; y corriendo á casa del rey, requirióle con gran instancia que hiciese áspera justicia
á todos y particularmente que le dejase á él hacerla
á su gusto, y que el rey castigase á los demás cristian os que habían estado escondidos en la cueva. ¡Cosa
terrible! Algu nos de ellos estuvieron más de siete
meses encerrados, sin ver la luz sino por la noche
cuando de la cueva salían. Cuatro veces estuvo Cervantes á punto de perder la vida por salvarlos; y si á
su ánimo, industria y trazas, dice su contemporáneo
H aedo, hu biera correspondido la ventura, hoy sería
A rgel de los cristianos, porque no aspiraba á menos
en sus intentos. Decía Azán-Bajá que si él tuviese
guardado al estropeado español, tendría también seguros sus cristianos, bajeles y aun toda la ciudad.
T al era el temor que le infundieron las trazas de
C ervan tes.
»El mejor medio , pues, que le ocurrió al rey para
L'in gegno[o Cirradino
DON CHISCIOTTE
prevenir las peligrosas contingencias que pu diera
origi.nar la singular audacia de aquel mancebo, fué
el de comprársele al arráez Dali Mamí por precio de
qu inientos escudos, y encerrarle con grillos y cadenas en su baño, donde tenía de la propia suerte hasta
dos mil cristianos. U na vez, con ocasión de encontrarse entre los dos mil cautivos tres caballeros relacionados con el gobernador de Orán, donde también
tenía Cervantes algunos amigos, juntando las recomendaciones de todos halló medio para ganar á un
moro que llevó á Orán las cartas que á esta plaza escribía el inquieto cautivo, pidiendo les enviasen algunos espías y personas de confianza con quienes
pudiesen realizar la fuga . Preso el desgraciado mensajero al entrar en el mismo territorio de Orán, y
conducido á Argel, fué mandado empalar, y hasta
morir sufrió el terrible suplicio con tal entereza, que
no pudieron arrancarle una palabra del secreto. Pero habiéndole encontrado cartas con letra de Cervantes, Azán llamó á éste á su presencia y ordenó que
DON CHISCIOTTE
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D A LOR.ENZO FRANC~OSINI FI O R.ENTINO.
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C on "'n l T2 11 o l~ Qcdi n,;¡ül1jull
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Dcdicaeoall 'Altl'zza StrtnlHlln n dI
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Compofl.¡da Jl.tlCHE L
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di Spagn nolo , IR ¡eaIJano .
DA L O RF N :LO F R A NC I OS TNI f fO R l: N T1N O.
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le d iesen dos mil palos, sentencia que se hubiera
cumplido inmediatamente si un chiste del español
no h ubiera desarmado la cólera del rey.
»T antos peligros milagrosamente esquivados, infundieron en el ánimo de Cervantes mayor precaución, pero no lograron extinguir la sed de libertad
que de día y de noche le abrasaba. Trabó amistad
con un renegado natural de Osuna, llamado Girón
entre los cristianos y Abdaharramén entre los moros,
el cual deseaba volver al seno de la Iglesia . Persuadióle á que adquiriese y armase una fragata, bajo
el pretexto de hacer el corso, y que en ella huyese
de Argel, llevando consigo una porción de cautivos
de lo más florido. Para reunir fondos se acudió á un
mercader valenciano, establecido en aquella plaza y
llamado Onofre Exarque, el cual, en efecto, aprontó
más de mil h'escientas doblas, con las cuales y otros
recursos se acudió á lo más necesario. Ya estaba todo d ispuesto, sesenta cristianos debían romper sus
grillos; pero aun entre ell os hubo u n Judas. E ra éste
DcIfi~gegno[o Cittadino
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tr4~o d'¡Mpirgar t 03/0 in légger battagtle J disfidr J
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D ON F EROINA ND O S EC O N DO ,
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Con vna Tauola ordin:ni ffima per trouar faeíl ..
. mente :i ogni Capitolo gli fh au aganti (ucccITl, e l'hel'olche bra u urc di quefio
gran Caualiero.
Aggiunteui in t¡uefia no/{/t ¡", prc/fiolle otto figur~
di Rame J &- il Principio .
IN VENETIA. Apprcfl'o Andrea Bab~, 1>1 DC XXlf .
',I,N VENETIA. ApprclloAlldl·ea.B;l1xt M De xx ~
CM LicC11Z..ll#l' SIlIe.r~t; > .1I 'Pri,.,-¡eg¡~ ;
COll /iwn:..4 de' S/lprriori. & 7'riuilrg,o •
IN ROMA. Ndla Stamperia di Giu(cppe Corno.
c Bartolomeo Lupard i ImpreC. Camer. I ó n .
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DON CHISCIOTTE
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Compofta d:: .M le 1i E L di e E R f/' ..<t7'{ TE $
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chial'C2Za, di SpagnJlOlo in Italiano,
DA LORENZO fRANCrOSI1\'] FIORENT!lNO.
Parte Prima.
bl'"tt tlO1Jt dccop,,,to l'lIftl" r7' ji dllelto,
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~ ron "'"'f((ldr" r4 dI fo'lJOle, e d' dlfri gttlt"~ffilm
awdmtj, ji ¡impmo difrorji llob,1t , ¡um ffi TJltIra'Vjgltoji, }e",m~t grl'.'lJI , (7 dl tr< (ofo !xII"
t des". dI qudl ji 'Vog!." glkdt~Ofo ferfore • .
11 qucfb TeI'la ImprcfTionc COrretta, e m iglior.tta éon
la T radulione dc verfi Spagnuoli, non tradotti
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680
NUMERO
»El alcaide Azán, luego que en su jardín pren dieron á los cristianos y trajeron al jardinero con ellos,
fué de todo avisado; y corriendo á casa del rey, requirióle con gran instancia que hiciese áspera justicia
á todos y particularmente que le dejase á él hacerla
á su gusto, y que el rey castigase á los demás cristian os que habían estado escondidos en la cueva. ¡Cosa
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cuando de la cueva salían. Cuatro veces estuvo Cervantes á punto de perder la vida por salvarlos; y si á
su ánimo, industria y trazas, dice su contemporáneo
H aedo, hu biera correspondido la ventura, hoy sería
A rgel de los cristianos, porque no aspiraba á menos
en sus intentos. Decía Azán-Bajá que si él tuviese
guardado al estropeado español, tendría también seguros sus cristianos, bajeles y aun toda la ciudad.
T al era el temor que le infundieron las trazas de
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»El mejor medio , pues, que le ocurrió al rey para
L'in gegno[o Cirradino
DON CHISCIOTTE
prevenir las peligrosas contingencias que pu diera
origi.nar la singular audacia de aquel mancebo, fué
el de comprársele al arráez Dali Mamí por precio de
qu inientos escudos, y encerrarle con grillos y cadenas en su baño, donde tenía de la propia suerte hasta
dos mil cristianos. U na vez, con ocasión de encontrarse entre los dos mil cautivos tres caballeros relacionados con el gobernador de Orán, donde también
tenía Cervantes algunos amigos, juntando las recomendaciones de todos halló medio para ganar á un
moro que llevó á Orán las cartas que á esta plaza escribía el inquieto cautivo, pidiendo les enviasen algunos espías y personas de confianza con quienes
pudiesen realizar la fuga . Preso el desgraciado mensajero al entrar en el mismo territorio de Orán, y
conducido á Argel, fué mandado empalar, y hasta
morir sufrió el terrible suplicio con tal entereza, que
no pudieron arrancarle una palabra del secreto. Pero habiéndole encontrado cartas con letra de Cervantes, Azán llamó á éste á su presencia y ordenó que
DON CHISCIOTTE
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le d iesen dos mil palos, sentencia que se hubiera
cumplido inmediatamente si un chiste del español
no h ubiera desarmado la cólera del rey.
»T antos peligros milagrosamente esquivados, infundieron en el ánimo de Cervantes mayor precaución, pero no lograron extinguir la sed de libertad
que de día y de noche le abrasaba. Trabó amistad
con un renegado natural de Osuna, llamado Girón
entre los cristianos y Abdaharramén entre los moros,
el cual deseaba volver al seno de la Iglesia . Persuadióle á que adquiriese y armase una fragata, bajo
el pretexto de hacer el corso, y que en ella huyese
de Argel, llevando consigo una porción de cautivos
de lo más florido. Para reunir fondos se acudió á un
mercader valenciano, establecido en aquella plaza y
llamado Onofre Exarque, el cual, en efecto, aprontó
más de mil h'escientas doblas, con las cuales y otros
recursos se acudió á lo más necesario. Ya estaba todo d ispuesto, sesenta cristianos debían romper sus
grillos; pero aun entre ell os hubo u n Judas. E ra éste
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DA LORENZO fRANCrOSI1\'] FIORENT!lNO.
Parte Prima.
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Juan Blanco de Paz, que se titulaba doctor, y había
sido religioso dominico, y que así que supo el proyecto cometió la villanía de delatarlo al rey Azán, de
quien recibió por todo premio un escudo de oro y
una jarra de manteca.
»EI rey, disimulando para hacer su venganza más
estrepitosa, segura y extensiva á muchos conjurados,
había dado ya sus disposiciones para sorprenderlos
en el mismo acto de la fuga. Pero por estas disposiciones que no pudieron ser del todo secretas, ó por
algún indicio, conocieron los cristianos q,ue se hallaban descubiertos y el terror se apoderó de todos.
Onofre Exarque, viendo comprometida, no sólo su
hacienda, ino también su vida, dijo á Cervantes que
él daría desde luego la suma pedida para su rescate,
suplicándole con las mayores veras que aceptase el
partido, y salvándose á sí mismo, le librase de aquella angustiosa situación.
»Tentadora era la propue ta, mas no era Cervantes hombre para abandonar á sus amigos, de cuya
constancia en la tortura no podía responder como de
la suya propia. Tranquilizó al m rcader asegurándole
que nada sería capaz de arrancarle una sola palabra;
por lo pronto, y con el fin de ver cómo las cosas se
encaminaban, huyó del baño, acogiéndose al amparo
de su antiguo camarada el alférez Diego astellano.
Mas poco días después oyó publicar por las calles
de Argel el pregón que declaraba su fuga é imponía
pena de la vida á quien lo ocu ltase, y no queriendo
que padeciera por su causa su generoso amigo y encubridor, salió al momento de su asilo, y juntándose
al paso con Morato Riez (11altrapillo), renegado
murciano y amigo del rey, se presentó impávido á
éste para que dispusiese de su vida.
»Irritado Azán mandó atarle las manos atrás y
ponerl e un cordel á la gargan ta, como para ahorcarle, si no confesaba, ada bastó para que nombrase á
per ona alguna; echó toda la culpa sobre sí y sobre
otros cuatro caballeros que estaban ya en libertad,
hasta que, cansado Azán de sus inútil es pesquisas,
vencido á los ru ego' de su amigo Morato, ó cediendo á la rascinadora influencia de un esclavo cuya superioridad no podía menos de reconocer, dispuso que
le encerrasen en la cárcel de moros, que estaba en
su mi mo palacio, y desterró á Girón al reino de Fez.»
Así terminó esta tentativa desgraciada, que, como
las anteriores, dice Aribau, hubiera podido serlo más
sin una misteriosa disposición de la Providencia.
Habíanse hecho por aquel tiempo grandes aprestos de guerra en España; y au nque el objeto de Felipe II era invadir y conqu istar á P ortugal, consta
que los argelinos tuvieron gran pavor, recelando que
hacía España dichos armamentos con intención de
apoderarse de aquel bajalato berberisco. Esta violenta situación de general alarma influyó probablemente en el ánimo de Azán para conservar la vida á
aquel cautivo que, dando muestras de grandeza tal"
inducía sospecha de q ue pudiera tener parte en la
tempestad que contra su reino se fraguaba en el del
monarca castellano. No sería, pues, de extrañar, si
á esto se atiende, que Azán-Bajá le reservara para
aquettos días de prueba que veía con espanto aproximarse, cuyo temor manifiestamente se declaró en
la epístola de Cervantes al secretario Mateo Vázquez.
El cronista de aquella época, Rodrigo Méndez de
Silva, en su obra titulada Ascendencia t'lustre del famoso Nztlio Alfonso, dice que corrió gran riesgo la
vida de Cervantes por las cosas que intentó para libertar muchos cristianos, y q ue fueron «tales su heroico ánimo y singular industria, que si le correspondiera la fortuna, en tregara á Felipe II la ciudad de
Argel. » Bien fuera esa la causa, ó la ,secreta simpatía
que pudiera infundir en su ánimo aquel valor increíble, lo cierto es que Azán se aplacó por entonces,
según se lleva ya indicado.
'
Morán añade lo siguiente: « Dos meses antes de
que tan trágicas escenas aconteciesen, en .3 1 de julio
de 1 S79, la infeliz madre de Cervante , en el desamparo ya de su viudez, y su hija doña Andrea de Cervantes, vecinas de Alcalá y residentes en Madrid, se
presentaron á los Padres de la R edención imploranpo su inagotable y reconocida piedad, entregándol s
la suma de trescientos ducados , que á duras penas y
á costa de dolorosas privaciones pudieron reunir,
para que sirvieran de ayuda al anhelado rescate de
su Miguel. Medio año más tarde, en 17 de enero de
1580, obtuvieron además del rey F elipe II, para el
mi roo objeto, un corto arbitrio sobre exportación de
mercancías á Argel, pero con tan corta ventura que
no hicieron uso de esta gracia, porque al tratar de
beneficiarla, únicamente ofrecieron por ella la miserable cantidad de sesenta ducados. »
Trasladados á Argel el 29 de mayo de 1580 los
Padres Trinitarios Fr. Juan Gil y Fr. \ntonio de la
Bella, reqentor aquél por la provincia de Castilla y
éste por el reino de Andalucía, provistos con soco-
LA
I LUSTRACION
RTISTICA
rros de la orden y con limosnas de algunas personas
piadosas, comenzaron al punto á poner en planta la
santa obra que á las playas africanas los conducía, y
como Cervantes era la principal y más noble figura
que se destacaba en aquel fondo lóbrego de lágrimas
y desolación, tan querido de todos, tan ensalzado
por todos, á quien aclamaban con voz unánime el
bien/lechor, e/maestro, el virtuoso, el caballero, con
otros mil dictados no menos honrosos que constan
de las informaciones recibidas sobre este punto y de
los testimon ios de personajes del más alto respeto,
natural era que aquellos religiosos se sintieran movidos á estimar, entre los más preferentes, el re cate de
un cristiano que con tanta abnegación y por tantas
veces había puesto su cabeza en peligro por procurar
la libertad de sus hermanos de cautiverio, por lo cual
ha bía llegado á tal punto su predicamento, que traspasando los límites de la colonia a rgelina, el nombre
de Cervantes corría con fama y era respetado por
todas las plazas berberiscas; y lo mismo entre los infi eles por el temor que les infundía, que entre los
cristianos por los sentimientos de gratitud y amor
que exc itaba en ellos, era considerado como « hombre distinto de los que se usaban.»
Llegó autivo á Argel desde Constantinopla don
Diego de Benavides, y preguntando á los que, como
él, lloraban la pérdida de la libertad quiénes de ellos
eran los más principales y señalados, fu é contestado
por todos que ervantes entre los primeros, porque era
muy caballero, muy virtuoso y de muy buena condición :
escogióle con tan buenas noticias por guía y compañero, y anduvo en ello tan afortunado, que confesó
después haber hallado en él padre y 1/ladre; es decir,
protección y r cursos y socorro y cariño. Y en otros
muchos testimonios que se conservan, H ernando de
Vega confesaba «que todos holgaban y trata ban de
comunicar con Cervantes, por ser de su cosecha amigable, noble y llano con todo el mundo;» J uan de
Valcázar declaró que «hacía bien y limosna á los pobres cautivos, sustentándoles de comer y pagándoles
sus jornadas;» el alférez Luis de Pedrosa afi rma «que
tenía en extremo especial gracia en todo, porque es,
dice, tan discreto y avisado, que pocos hay que le
lleguen;» el religioso carmelita Fr. Feliciano Enríquez, «que se hizo muy amigo suyo, como lo eran los
demás cautivos, á quienes da envidia su hidalgo proceder, cristiano , hon esto y virtuoso ... »
¿Para qué más? Sería perdurable tarea la de referir todas las alabanzas de que fu é objeto el que prodigaba á aquellos desgraciados los consuelos que él
mismo necesitaba. Fué, sin embargo, tan mi serable
su fortuna, que más de una vez estuvo á punto de
perderse el negocio de su tan , anhelada redención.
Se recordará que el arráez Dali Mamí había vendido
su esclavo al rey Azán por quinientos escudos de
oro . Como cuestión de tráfico, el comprador exigía á
la sazón el doble, según refIere el benedictino Haedo. Y era lo peor que el tiempo apremia ba, porque
habiendo terminado ya la soberanía de Azán-Bajá en
Argel, tenía aprestados sus bajeles para dar la vuelta
á Constantinopla, yen ellos se hallaba Cervantes embarcado. Algunas horas más , y el negocio hubiera
quedado completamente perdido , porque ya se alzaban las velas en el puerto. P ero la caridad del P. Gil
era tan grande como el compromiso, y así, con el
santo fervor del misionero, pidiendo á éste, influyendo con aquél é importunando á todos con sus quejas y demandas, obtuvo al fin el ¡;es cate tan susp irado de Cervantes por el mismo precio de quinientos
escudos que le había costado á Azán-Bajá.
Era el 19 de septiembre de 1580, y tal vez el único día de su existencia que pudiera señalar el gran
español con piedra blanca. Restituída su libertad,
Cervantes permaneció todavía en Argel hasta fin es de
aquel año, agasajado de cuantos conocían sus bellas
prendas. Sólo su delator, el mencionado Juan Blanco de la Paz, que, como casi todos los perversos,
aborrecía con preferencia á quienes más había agraviado, puso en juego todas las artes que pudo sugerirle su infernal ingenio para desacreditar y perder á
quien no había podido asesinar. T emía tal vez que
de regreso á España, Cervantes había de descubrir su
infame proceder, y trató de ganarle por la mano á fin
de que sus relaciones no fuesen creídas. Con este
objeto se dedicó á esparcir voces denigrantes, y á
recogerlas después, seduciendo á varios cautivos y
excitándoles á declarar en cierta información que intentó.
Pero odiado como era, si la crédula docilidad de
algunos pudo hacerle concebir alguna esperanza, encontró en los demás desprecio y resistencia. Despechado, pero no arrepentido, acudió á un medio de
terror, que en aquellos tiempos alcanzaba aun á los
infelices cristianos que bogaban en las galeras ó trabajaban en las obras públicas en tierra de infieJes.
Arrogóse el título de comisario del Santo Oficio, con
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UMERO
680
cédula y comisión del rey para ejercer allí sus funciones; presentóse al respetable doctor Sosa para requerirle á que le reconociese como tal, )' fué rechazado; lo mismo exigió de los Padres Redentores,
quienes le pidieron exhibiese sus despachos; no pudo
hacerlo porque no los tenía; todo era falsedad é intriga. « in embargo, dice Aribau, era preciso rechazar un golpe que hubiera podido repetirse. Con este
propósito provocó Ce rvantes una información de testigos, que por fortuna exi. te original en el Archivo
general de Indias, establecido en Sevilla. En este
precio'o documento dieron sus declaraciones los
cautivos más autorizados que existían entonces en
Argel, exponiendo los hechos que hemos referido, y
justificando la virtuosa conducta de Cervantes en
medio de aquellos trabajos. En efecto, no perdió
ocasión de alentar á los renegados, medianamente
predispuestos, para que volvie en á sus antiguas
creencias, tímidamente abandonadas; trataba á todo
con una gracia particular, que le conciliaba el afecto
de cuantos le conocían; con lo poco que podía recoger socorría liberalmente á los mi, necesitados, exhortaba á los pusihinimes, flacos y tibios, cumplía
con los deberes de la religión, y componía versos,
algunos de ellos sobre asuntos de pieclad. Acaso á
esta época debe referirse la infinidad de romances de
que habla él mi smo en su Viaje al Parnaso.»
Con este testimonio, que suplía on ventaja las
perdidas cartas de recomendación, vino ervantes,
lleno de seductoras esperanzas, á besar las arenas de
su patria y á abrazar á su atribulada familia. De haber regresado rico, feliz, fastuoso y colmado de honores, hubiera hallado seguramente manos que estrecharan la suya, sonrisas que le acariciasen, labios
que le llamaran amigo, plumas, en fin, que se ejercitasen en sublimar us proezas en Lepanto, sus bizarrías en Italia, sus dolores y sac rificios en Argel;
pero volviendo pobre, mutilado, modesto y desfavorecido, ¿qué otro acogimiento podía prometerse, siI)o
aquel que la injusticia humana tiene siempre di 'puesto para los desheredados de la fortuna? Grande
debió ser, en efecto, el desencanto de aquel genio
inmortal, al poco tiempo de su estancia en la corte, y
mortificadores hasta lo sumo los obstáculos que se
opusieron al logro de sus legítimas esperanzas, cuando, á pesar de sus treinta y tres años de edad, sus
gloriosas heridas, sus padecimientos inauditos y sus
méritos jamás .galardonados, volvió á empuñar las
armas, no para mandar una compañía, á lo que cinco años antes le habían considerado ya acreedor
D. Juan de Austria y el virrey de Tápoles, sino para
luchar de nuevo como simple soldado por su patria.
Debió además impulsarle á semejante determinación
el ejemplo de su hermano Rodrigo que, de vuelta
de su cautiverio, se hauía otra vez incorporado á sus
antiguas banderas, y servía á la sazón en el ejército
castellano que acabaLa de invadir á Portugal.
Mal dispuestos sus moraclores para su frir el domini o de los castellanos, luego que falleció su soberano D. Enrique, opusiéronse á las pretensiones de
F elipe II, levantando estandartes en Lisboa por el
prior de Ocrato, D. Antonio, hijo espúreo de un hermano del difunto monarca; y aunque aquella tormenta fué brevemente deshecha por el duque de Alba,
todavía con las turbulencias de la muchedumbre y
el poderoso amparo que prestaban las Cortes de
Inglaterra y Francia á los portugueses en aquella
guerra;, encendida primero en el Continente y propagada después allende los mares en las posesiones portuguesas, hubo de dilatarse desde el año ] 581 hasta.
el 1583.
Consta que por mar y por tierra tomó parte Cervantes en las campañas de esos tres años, pues él
mismo dijo en un memorial dirigido al rey, que
después de cautivados él y su hermano Ro¡;lrigo,
fueron á servir á Su Majestad en el reino de Portugal, y á las T erceras con el marqués de Santa Cruz.
Pero no hay noticias positivas de sus aventuras y
hechos de armas en estas expediciones; sólo sabemos
que por aquellos tiempos fué enviado de Mostagán
con cartas y avisos del alcaide de aquella fortaleza
para Felipe II, quien le mandó pasar á Orán.
También con esta época debieron coincidir ciertos
amores con una dama portuguesa, de la que hubo
una hija llamada Isabel de Saavedra, que formaba
después, como se dirá, parte de su f~milia.
Concluída la guerra con la redUCCIón de todas las
posesiones ultramarinas pertenecientes á la monarquía portuguesa, y desvanecidas las probabilidades
de fortuna por este camino, fijó ya Cervantes su domicilio, después de quince años de vicisitudes y adversidades.
Pero lo grande, lo admirable es que aquel incesante movimiento, aquella constante agitación, aquella
vida tan llena de tristísimos azares, que parece debían absorber, si no toda su atención, todo su tiem-
EDICIONES ILUSTRADAS DEL «DON QUIJOTE DE LA lIIANCHA}) I MPRESAS EN ESPAÑOL EN LOS AÑOS DE
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1736 Á 1757
12
po al menos, lejos de distraerle del cultivo de las
letras, sirvió, por el contrario, para excitar más en él
su afición nativa y para fertilizar con la observación
de distintos paí es y costumbres aquella imaginación
tan rica de por sí. Sus correrías por Italia enardecieron su fantasía con aquel fuego inspi rador y contagioso que, encendido no mucho tiempo antes en los
palacios de Lorenzo de Médicis el Magnífico y de
León X, alumbraba espléndidamente aun en la segunda mitad del siglo XVI. Ese fecundo germen comenzó á dar sus frutos durante el cautiverio del ilu stre novelista, y diólos tal vez ta mbién durante su e'ta ncia en Portugal, puesto que pocos meses después
de su egulldo reg reso á España, que delJió de ser á
últimos del I583, dió á la estampa su primera producción de importancia, La Galatea, colgando para
siempre aquella e pada que le había ciado honra muchísima, pero trabajos infinitos sin provecho algun o.
«Consta, dice Aribau, que en I2 de diciembre de
I584 contrajo Cervantes matrimonio con doña Catalina de Palacios Salazar y Vozmediano, bija de Hernando alazar y Vozmediano y de Catalina de Palacios, ambos de las más ilustres casas de Esquivias.
Se echa de ver que había estrechas relaciones entre
las familias de los desposados, por cuanto el padre
de Cervantes había nombrado por albacea en su testamento á la doña Catalina, viuda ya de H ernando.
»El domicilio conyugal se estableció en la misma
villa de Esquivias, al parecer muy modestamente,
pues no daban lugar á otra cosa la dote de la mujer
ni los recurso del marido. Era preciso aguzar el
ingenio para atender á las nuevas cargas, y tanto
la falta de ocupación cuanto la proximidad de
aquel punto á la corte, daban á Cervantes frecuentes
ocasiones para ir á activar sus pretensiones y á
cultivar sus amistad s. Túvolas muy estrechas con
los más afamados ingenios de aquel tiempo, cuya
benevolencia se había granjeado por los elogios,
á la verdad exagerados en su mayor parte, que
acababa de tributarles en el Ca1tto de Calíope, inserto en el libro VI de su Galatea. Concurriría, probablemente, donde sus amigos se juntaban, á departir las cuestiones literarias del día y á comunicarse
el fruto de sus trabajos, y así fué que á varios autores que publicaron por entonces sus obras, dedicó
algunos sonetos y composiciones laudatorias para
poner al frente de aquéllas, urbana costumbre y tributo recíproco qu e él mismo recibió y pagó, pero
que con sumo donaire supo después ridiculizar en el
prólogo de la prim era parte del Quijote.»
P ero esto no daba medios de subsistir, y aunque
generalmente la industria de escribir era entonces
más esté ril que en nuestros días, había ciertos ramos
en los que se lograba algún mezquino producto, y
uno de ell os era el teatro. La e cena española e taba
entonces en mantillas. Ni el artificio de Bartolomé
Torres Naharro y sus secuaces Cristóbal de Castillejo y Juan de Malara, ni la cómica sencillez del in igne Lope de Rueda y su apasionado Juan de Timoneda, ni los esfuerzos de Ferná n Pérez de Oliva, Pedro Simón Abri l y Fr. J erónimo Bermúdez para inocular en sus contemporáneos el gusto á las formas
clásicas, habían logrado formar un teatro verdaderamente nacional. Las reliquia de aquellos tiempos,
preciosísimas para la historia del Arte, como que señalan las huellas que dejó el ingenio e pañol en su
gloriosa carrera, no podían servir de guía segura. N o
hay necesidad de detenerse más en este punto: basta
decir que Juan de la Cueva, en Sevilla, y Cristóbal
de Virúes, en Valencia, tomaban un rumbo nuevo y
allanaban el camino al gran Lope de Vega, corrompiendo en su mismo origen la obra que preparaban.
El pueblo, entusiasmado por la brillante novedad,
corría en tropel á los corrales de comedias, y Cervantes, que escribía para la subsistencia y para la
gloria, se vió en el caso de contentar al pueblo que
pagaba y que aplaudía. Veinte ó treinta comedias,
según él dijo después, compuso en aquellos años, y
por la notable incertidumbre con que e expresa sobre su número, puede pre umirse que en poco las
estimaría. Sin embargo, fueron bien recibidas por
representantes y espectadores, y sz'n o/renda de pePinos
ni de otra cosa arrot'adlza corrieron su carrera libres
de silbidos, gritos y baraundas.
Ocupaciones de otro género sobrevinieron á Cervantes, que desapareció de la escena literaria por espacio de cerca de veinte años, sobre cuyo período
desagradable pasan sus biógrafos rápidamente. Obligado por la necesidad, aceptó el cargo de temporal,
comisario ó factor de provisiones para la Armada;
se trasladó con este motivo á Sevilla en 1588, prestó
sus fianzas, desempeñó allí su cometido hasta I592,
y rindi ó sus cuentas. En el ínterin no descuidaba sus
pretensiones, como que en 1590 solicitaba del rey un
oficio, de los que se hallaban vacantes en Indias , señalando particularmente la contaduría del nuevo rei-
LA
ILUSTl{ACIÓN ARTÍSTlCA
no de Granada, la de las galeras de Cartagena, el
gobierno de Socon usco en Guatemala, ó el corregimiento de la ciudad de la Paz, pues con cualquiera
de estos destinos se daba por sati fecho, apelando,
como dijo él mismo, al remedio á que se acogían
11IucltOs otros 'Óérdidos en Sevilla, que era el pasarse á
las Indias. refugio y amparo de los desesperados de
Espai'ia. El rey decretó que no había lugar, y que
busca e por acá en qué se le hiciese merced.
Dando á esta prome a más valor del q ue en sí tenía, volvió Cervantes á Madrid en I594, y todo lo
que pudo conseguir rué otra comisión del onsejo
de Contaduría [ayo r para la cobranza de ciertas
cantidades que, procedentes de tercias y alcabalas,
debían varios pueblos del reino de Granada, que recorrió en efecto, realizando estos créditos con sum a
eficacia, aunque no sin dificultades. En 1595 tuvo
que pasar á Sevilla con motivo de haber vuelto protestada una letra sobre Madlid, de siete mil cuatrocientos reales, que había remitido al tesorero general,
y de cuyo im porte se le hacía responsable; la qu iebra
del librado r le pu so en grandes apuros, de que salió
si n más perjuicios que el disgusto. En 1597, según
las cuentas formadas por las ofi cinas, resu lt,1lJa contra Cervante un descubierto de dos mil seiscientos
cuarenta y un reales, y por R eal provisión se dió
orden á un juez de Sevilla para que le prendiese, y
á su costa le enviase preso á la corte á di 'posición
del Tribunal de ontaduría Mayor. Verificóse la prisión, aunque no se tardó, por buena composición,
en poner en libertad á Cervantes, bajo fianza de
presentarse dentro de treinta día ' en Madrid á rendir la cuenta y pagar el a lcance.
o era entonces meramente Sevi lla emporio comercial, pues florecieron también en ella por aquel
tiempo muchos de los poetas l]Ue más honra dan á
nuestro Parnaso, y con los cuales comunicaba Cervantes amigablemente.
El insigne pintor Francisco Pacheco, maestro y
suegro del gran Velázquez, así man ejaba el pin cel
como la pluma, y es fama que su estudi o fué en
aquella época, no solamente museo para lo artistas,
sino reunión de grato solaz y dulce estímulo para los
literatos. Academia ordinarIa de los más cultos ingel/ios de Sevilla y forasteros la llamó el historiador
Rodrigo Caro en sus Claros varones de Sevilla. Pacheco tuvo el buen gu to de retratar á sus compañeros ó cofrades; y como consta que hizo el retrat:> de
Miguel de Cervantes, no es dudoso que éste debió
ser del número de los concurrentes á su casa. También fu é retratado Cervantes por otro pintor y poeta
evillano de gran fama, el trad uctor de la Aminta,
del Tasso, D. Juan de Jáuregui, y tuvo am istad con
el gran lírico Fernando de Herrera, cuya mu erte debió ocurrir en aquel tiempo, según se deduce de un
son to en que lamentó tamaña pérdida Cervantes,
so neto que califi có su mismo autor con estas palabras, puestas bajo el epígrafe: Creo que es de los buenos que ¡le hecho en mi vida.
No fu eron sólo e tos juguetes los trabajos literarios en que se ejercitó su pluma durante el largo
transcur o de doce años que permaneció en Andalucía. Otros de mayor consideración sirvieron de e parcimiento á su ánimo en los ratos que le dejaban libres aquellas prosaicas y aborrecibles com isiones, y
es opinión acreditada, no entre el vulgo, sino entre
los eruditos que más han profundizado la historia de
Cervantes, que fué en Sevilla donde comenzó á escribir el Qttijote. Desde fines de 1598 hasta p rincipios de 16°3, sólo quedan de Cervantes tradicion es
que, si bien bastante generales y constantes, no se
apoyan en documentos conocidos; falta tapto más
sensibl e cuanto más interesante sería saber las circu nstancias que le dieron oca 'ión é impu lso para escribir su libro inmortal, El Ingenioso Rt.'dalgo D on
Quijote de la Manclla. Sobre que en la Mancha estuvo en aquellos años, todo se hallan acordes; y de
que allí recibió algún desaguisado en cierto pueblo,
cuyo nombre recordaba con repugnancia, 'dan testimonio algunos pasajes de su obra. Pudo muy bien
haberse trasladado á aquel país acogiéndose al amparo
de algú n pariente, entre lo muchos:¡ muy ilustres
que por allí tenía; pudo también haber ido á desempeñar alguna comisión, ya que este modo de vivir
había abrazado. «Unos aseguran, dice Navarrete,
que, comisionado para ejecutar á los vecinos morosos de Argamasilla á que pagasen los diezmos á la
dignidad del gran priorato de San Juan, fué atropellado y puesto en la cárcel; otros suponen que esta
prisión dimanó del encargo que se le había confiado
relativo á la fábrica de sal itres y pólvora en la misma
villa, para cuyas elaboraciones echó mano de las
aguas del Guadiana en perjuicio de los vecinos que
las aprovechaban para el riego de sus campos, y no
falta, en fin, quien crea que este atropellamiento
acaeció en el Toboso, por haber dicho Cervantes á
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una mujer algún chiste picante, de que se ofendieron
sus parientes é interesados.» La fama de quisquillosos y linajudos de que gozaban los pueblos de aquel
distrito; la tradición que todayía ubsiste en Argamasilla de que en la casa llamada de Medrano estuvo
el encierro donde permaneció Cervante' padeciendo largos trabajos, y el dicho del mismo, con firm ado por otro de Avellaneda, de que su libro fué engendrado en una cárcel, donde toda incomodidad
tiene su asiento, han originado una multitud de conjeturas, que en vano se han pretendido apurar. Si lo
que se refiere tiene, según pare e, algún fundamento,
es preciso confesar que no se ha isto jamás en el
mundo más graciosa ni más discreta venganza.
Acaso e ·to mismo habrá contribuído á que creyéndose alguno aludido en su persona ó en su familia
en esta Ó en aquella expresión del Quijote, haya procurado ocultar los documentos que pudieran hacerle
ridícu lo ú odioso.
Se hallaba e tablecida la corte n Valladolid desde el año . J 600 Y andaba todavía á vueltas el fastidioso exped iente del supuesto descubierto de ervan tes por resultas de las cuentas de sus cobranzas,
n informe que accidcntalmente dieron en enero de
1603 los contadores de relaciones á la Contad uría
Mayor, iba á remover el asunto y á causarle nuevas
vejaciones, cuando Cervantes, sa bedor acaso de esta
nm'edad, se presentó en Valladolid á dar sus descargos, que sin duda fueron sa.tisfactorios, sur uesto que,
habiendo residido en la corte y á la vista del Tribunal hasta el fin de sus días, no volvió á ser mol estado bajo el concepto de deudor á los caudales públicos.
Di ponía entonces á su arbitrio de la monarquía
el famoso duque de Lerma, gran valido de Fel ipe III,
que, según las queja de los contemporán eo.' y la visible decadencia del poderío, riqueza y cu ltura de la
nación, usó de su privanza en provecho propio más
que en el común. En vano se esforzó Cervantes en
expon erle sus servicios para conseguir la apetecida
recompensa; aquéllos eran ya muy antiguos y ésta se
guardaba sólo para lo lisonjeros y paniaguados. El
duque, ambicioso de enlazar su fam ilia con las más
esclarecidas del reino, casó á su hijo segundo D. Dicgo Gómez de Sandoval con doña Luisa de Mendoza
que, como inmediata ucesora del título del Infantado, llev.aba el de condesa de Saldaña. Al nuevo conde, pu e , que según parece era aficionado á la poesía, dirigió Cervantes una oda; pero ni por este medio alcanzó el merecido favor, y aseguran que fué recibido con despego por aquel orgulloso ministro.
Desalentado Cervantes por este camino y tratando
de publi car la primera parte del Quijote, que acababa
de escribir, se vió en la necesid ad de buscar algún
Mecenas poderoso que, según la fra e de en tonces,
a mparase á la obra y la pusiese á cubierto de los tiro ' de la envidia. D. Alon so López de Zúñiga y Sotomayor, sép timo duque de Béjar, era uno de los
magnates que por aquel tiempo hacían gala de proteger las letras y honrar á 10ti autores, si bien no
siempre con buena intención y discern imiento. R ehusando el duque la dedicatoria, ciii.óse Cervantes á
suplicarle 'e dignase oir un capítulo, y fué tanto lo
que su lectura regocijó á los asistentes, que no le
dejaron parar hasta el fin de la obra. Tanto fué menester para aceptar un obsequio que habría llenado
de orgullo al más indiferente.
Esta protección duró muy poco, siendo de notar
que Cervantes no dedicó al mismo duque, que aún
vivía, la segunda parte del Quijote, ni volvió á mentarle en sus escritos. Atribúyese esto á la influencia
. de un religioso entrometido, que mangoneaba n
ca. a de los duques y qu se empeñó en desacreditar
á Cervantes.
Pocos meses después de publicado el QUIj'ote,
ocurrió á en 'antes un disgu sto que debió acibarar
por algunos días su existencia. o parece sino que
una tenaz fatalidad le andaba persiguiendo sin ce ar
por todas partes. Permanecía en Valladolid con alguna tranquilidad en el seno de la familia, compuesta de su hija natural, de su hermana viuda, doña
Andrea, la misma qu e había contribuído á su rescate; de una hija de ésta y de una persona allegadiza
que se llamaba también su hermana y era beata. Por
la noche del 27 de junio, estando ya recogido Cervantes y todos los de su familia, hubo en la calle cuchilladas, de que resultó herido gravemente D. Gaspar de Ezpeleta, caballero navarro, de la orden de
Santiago, que andaría rondando, según la costumbre
de los enamorados de aquellos tiempos. Pidió auxilio, alborotóse la vecindad, bajó Cervantes, y con la
ayuda de otro fué colocado el herido en el cuarto de
una vecina, que se hallaba más á mano, dond e murió en la mañana del 29 . .La cir unstancia de haberse depositado sus vestidos en casa de Cervantes,
motivó el que se le pusiese en la cárcel junto con su
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Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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hermana, hija y sobrina. Días después, reconocida su
inocencia, fué puesto en libertad, y los dichos de las
mujeres sonsaeaelas por el juez en pesC]ui. as y de laraciones impertinente han dado casión á la malicia
de alguno para atribuir á Cervantes una industria
vergonzosa, incompatible con la nobleza de su carácter.
L1evaela otra vez la corte á Maelrid, la siguió Cervantes, siempre dedicaelo á las agencias que se le encomendaban, aplicando de día en día y con mejor
fortuna su laboriosidad á los trabajos literarios.
En medio de tanta adversielad, Ceryantes llegó á
tener, pero ya muy tarele, extensas é importantes relaciones, debidas, sin duda, á la buena acogida que
entre todas las clases tenía entonces la Congregación
que celebraba sus ejercicios en el convento ele la
Trinidad, pues él formaba parte de la asociación, y
fué recibido después en la Orden Tercera de an
Francisco, todo lo cual con tribuiría á mitigar, por
otra parte, las amargura ele una vida apesarada que
]Jor momentos se iba acabando. Tenía ya conc1uída
su obra Los Trabajos de Pérsiles y Segislllunda, cuando en 2 de ab ril de J 616 enfermó de hielropesía, y
sin poder salir de su casa hi zo en ella su profesión de
la Orden Tercera.
Dió el mal una breve tregua que le permitió trasladarse á Esquivias, ó para despedirse ele sus deudos,
ó para buscar algú n alivio en la variación de aires y
alimentos. Pero vista la ineficacia del remedio, volvió
á Madrid á los pocos elías; el encuentro que tuvo en
el cam ino con un estud iante se halla descrito en el
p rólogo de dicha obra y prueba la jovialidad 9.ue
conservó hasta sus últimos mom entos, como qUIen,
satisfecho de su cond ucta, tranquilo en su conciencia, iba cami nando alegre y animoso á los próximos
umbrales de la muerte, que tantas veces arrostró.
Pero en donde más resplandece la entereza elel
justo, es en la dedicatoria on que aco mpañó el P ér·
siles y Segismzmda á su constante protector el cond e
ele Lemos, que, relevado de su gobierno de ápoles,
estaba próximo á regresar á la corte para tomar posesión de la presidencia ele Italia. Deseaba Cervantes besarle las manos antes de morir ; pero fué negado á su gratitud este consuelo. Recibida la Extremaunción el día anterior, escribió en 19 de abril aq uella carta festivamente tierna, que no tiene lugar en
las agonías del más firme estoico, é hizo u testamento encargando dos misas en sufragio de su alma, que
abandonó á su cuerpo en 23 ele ab ril de 1616.
En tal día del mismo año, observa el doctor Bowle, falleció el célebre dramaturgo Guillermo Shakspeare, honra y prez de la nación británica. Esta
coincidencia es sólo aparente. El día 23 de abril en
el calendario británico de aquellos tiempos correspondía al 12 del propio mes en el nuestro: las persecuciones religiosas habían retardado allí la adopción
ele la reforma gregoriana. Pero Shakspeare yace en
un soberbio monumento, bajo las suntuosas bóvedas
ele Westminster, entre reyes y poderosos. El cuerpo
de Cervantes, conducido humilel emente por uatro
hermanos de la Orden Tercera con la cara descubierta, según la costumbre de aquella sociedad, fué en terrado en la iglesia de las monjas Trinitarias, donde
había profesado doña I sabel, único fruto de sus
amores.
Sus despojos, ¿dónde están? Cuando aquellas religiosas, diecisiete años después, trasladaron su comunidad de la calle del Humilladero, en que se establecieron, á la ele Cantarranas, recogieron los restos de
los que habían elegido aquel recinto para su último
descanso y los depositaron sin distinción en una huesa ignorada. Aunque un entendido frenólogo, escudriñando y buscando por entre aquellos montones de
polvo y huesos elescabalados, tomase un cráneo y lo
presentase diciendo: «aquí pensó Miguel de Cervantes Saavedra,» sería dudoso y desconfiado nuestro
profundo acatamiento .
En el año siguiente sali eron á luz los Trabajos de
Pérsiles y Segismu1!da en Maelrid, Valencia, Barcelona y Bruselas. Se perdieron, probablemente para
siempre, la segunda parte ele La Galatea, Las Se1l1a?las del plrdín y El Bernardo, obras que se proponía
concluir si por un milagro, decía él al onde de Lemos, le restituía el cielo la vida. Perdiéronse también
sus retratos originales, que pintaron, según indicios,'
Francisco Pacheco, )', positivamente, D. Juan de
J áuregui. D e cualquiera de los elos 'puede ser copia
el de la Academia, atribuído por unos, á Alonso del
Arco, y por otros á Vicente Carducho, ó á Eugenio
Caxes, ó á alguno de su escuela.
Era Cervantes, según la descripción que de sí mismo nos hace, de estatura mediana, ele color viva, antes blanca que morena, rostro aguileño, nariz corva )'
bien proporcionada, frente li sa y desembarazada, ojos
alegre., cabello castaño, barba un tanto más clara,
bigótes grandes, boca pequeña, dientes mal alinea-
LA 1LUST1{ACró
dos, algo cargado de espaldas y no muy ligero de
pies, á la edad en que esto escribía, que era á la
de sesenta y seis años.
«Pero el retrato de su alma privilegiada, dice Aribau, se encuentra en sus e 'critos y en sus acciones.
Impávido en los peligros, fuerte en las adver. idades,
mode to en sus triunfos, desprendido y generoso en
sus intereses, amigo de fuvorec l', indulgente con los
esfuerzos bien intencionados de la medianía, dotado
de juicio recto y clarísim o, de imaginación si n ejemplo, en su fecundidad pásó por el mundo como peregrino cuya lengua no se comprende. u ontemporáneos no le conocieron, y le miraron con indiferencia; la posteridad le ha dado una comp nsación
justa, pero tardía, porque ha conocido que hubo un
hombre que se adelantó á su siglo, que adivinó el
gusto y las tendencias de otra sociedad, y que, haciéndose popular con sus gracias inagotables, anunció
la aurora de una civilización que amaneció mucho
después ...
»Los soberanos, agrega el mismo biógrafo, han
honrado á porfía su memoria; los magnates y protectores de las letras le han levantado monumentos; los
sabios le han colmado de elogios; el pueblo ve su
nombre con una especie de culto; las naciones extrañas nos le envidian; las Artes todas han reproducido su efigie y las creaciones de su fa ntasía bajo mi l
formas; la Imprenta multiplica sus escritos todos los
años y los difunde por todo el ámbito del mu'ndo;
nosotros no podemos prestarle otro homenaj e que el
de haber relatado sencillamen te sus hechos.»
El genio fecundo del inmortal soldado de Lepanto
manifestó variadas aptitudes. La novela rué el género
en que brilló especialmente aquella privil giada inteligencia; pero todavía como po ta lírico y autor dramático ganó ervantes justos títulos de fama, un
tanto aminorada por el mismo espl ndor de su r putación como noveli tao
Suyo es el monumento más glorioso de la literatura castellana, el inmortal Quijote, libro al cual dedicamos el presente núm ero de LA I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA Y de cuyas principales ediciones se ocupa el
interesan te trabajo de crítica y erudición con que nos
ha honrado, y que en este mi smo número publicamos,
el notable y entusi asta cervantista D. Ignacio Dublé.
CERVANTES SOLDADO
R~ra vez llega una nación al apogeo de su poderío,
sin que la cultura intelectual acompañe á su preponderancia militar y política, y este feliz concurso qu
acredita la historia de Grecia en el siglo de Pericles,
la de Roma en el de Augusto, la de Inglaterra en e;
de I sabel, la de Francia en el de Luis XIV, pú ose
también de manifi esto en la España ele Carlos I y de
Felipe n. Movió á uno y otro de estos monarcas el
pensamiento ele una monarquía sin rival, y á las codicias de esta preponderancia, no menos que á los
empeños religiosos, debióse así la dilatada serie d e
guerras por ambos sosten idas, como que arraigaran
si cabe en nuestro pueblo las aficiones aventureras
que forzosamente tenían que despertar las guerras de
Italia, Alemania y Flandes y los descubrimientos de
Indias_ A.esto elebióse también la especialísima fisonomía que ofreció nuestra cultura, esa mezcolanza de
armas, letras y artes, sobre todo de as untos místicos
y belicosos, que fué por decirlo así la característica
del siglo XVI; como que muchos de los emin en tes
varones españoles que él produjo fueron ó militares
ó religiosos, cuando no ambas cosas. Militares fu eron
Garci-Lasso, Ercilla, Lope de Vega, Cervantes; frailes Luis ele León y Lui s de Granada; jesuíta el ilustre Mariana, y sacerdote el mismo Lope de Vega; es
decir, los príncipes de nuestra poesía y de nuestra
prosa, de nu estro teatro y de nuestra hi storia. Casi
podría decirse otro tanto de no pocos celebrados ingen ios que por enton ces brillaron en nuestra patria;
y este rclicísimo concierto entre las armas y las letras
no pudo ser más fecundo para la cultura n~ciQna1.
Causas poderosísimas impelían también hacia la
carrera de las armas á los muchos hidalguillos que
existían en España, á los muchos menesterosos que
vagaban por campos y ciudades, y á los no escasos
caballeros «con mucho Don y poca blanca» que paseaban las calles de la corte. Por un lado el desprecio
que inspiraba el trabajo manual, tachado de bajo y
humillante; por otro, no ya sólo el alto concepto en
que eran t~niclas las armas, sino la satisfacción que en
su ejercicio hallaban los españoles, ganosos ele aventura , de glorias y riquezas. Ya Cervantes lo dijo con
su habitual donaire: Más "ltZ'erO tener por amo y sel70r
al R ey)1 servirle en la guerra, que no á un peleón en la
corle. Y as í era en verdad . Estaban las compañías de
los tercios en los buenos tiempos de nuestra infante-
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N' .\LERO 680
ARTÍSTICA
ría, nutridas por los elementos más heterogéneos que
encerraba la sociedad española. Mozos que como el
genti l mancebo de las lanzas iban á la guerra por necesidad, nobles si n grand es bienes de fortu na, ehurrilleros y otra gente maleante que buscaba en Flandes
y en Italia un refugio contra la justicia, estudiantes
más ganosos de una jineta que de una borla, señores
de la más alta nobleza y hasta príncipes que no tenían á desdoro tomar una picq en las fila de aquella
bizarra infantería. Unos asentaban su plaza y seguían
la bandera del primer capitán que pasaba por la aldea,
villa ó lugar; otros tomaba n por su cuenta la vuelta
de Italia ó de los Paí e Bajos y ofr cían sus servicios al Jl¡[aestre ó jefe de más nombradía y concepto;
ni faltaba tampoco quien sólo era soldado en el instante de la muestra, y que al oir el redoble de la caja,
como á buen Guzmán hurtaba el cuerpo á las fatigas
y peligro de la guerra.
Todos estos elementos se mezclaban y confundían
en el tercio, y á todos ellos, pese á la licencia y al
desacato engrendrados por la guerra y la falta de
pagas, daba tono y c.'lrácter la ordenanza, algo más
severa en Flandes que en Italia, aunque bastan te
relajada ya en los últimos años del reinado de Felipe n . La gloriosa historia de esa unidad, el probaelo
valor de los que la componían, su abnegación y su
heroísmo, todavía se perpetuaron en el siglo siguiente, y tuvieron digna y brillante corona en Rocroy,
en Lens y en las Dunas de Dunkerque. Por eso ha
podido con razón escribir un estadista é historiador insigne, que soldados como los que por aquella centuria se vieron, infantes como los que combatieron en Flandes durante los siglos XVI )' XVII no
los vieron los tiempos anteriores ni será frecuente
verlos en los sucesivos (1). Sólo así se explica el renombre, la justa fama de aquel aventurero que luchaba cubierto de andrajos en E uropa y en Arrica,
que llevaba con la cruz de la tizona el símbolo del
cristian ismo á los nevados A~des, á la solitaria pampa y á las olvidadas islas d el Pacífico, que hundía con
su pica el pedestal de la divinidad azteca ó rompía
con su arcabuz las apiñadas haces de gente luterana,
y que desde las boc.'ls del Escalda á la ardiente costa
tunecina, desde el go lfo mexicano á la Tierra de F uego, dejó huella y memoria de sus proezas; tipo militar éste de singularísimas condicion s, porque, aunque fuese villano de Castilla, en cuanto tomaba la
pica, considerábase con iguales úr[os y libertades que
cualquier se110r; pobre COII/O 1zingulIo en la mesma pobreza, generoso ha~ta el extremo de fiar la vida á las
promesas de su capit,á.n, terco en los empeños de
ocupar puesto en la vanguardia, galante con ribetes
de li bertino, leal en su palaura, tan resignado "omo
valero 0, y, sobre todo, tan poseído del sentimiento
de la patria, tan pagado del crédito de su nación, que
bien puede decirse que esa idea de la patria existió
más poderosa en nue: tros ejércitos de Fla')des, que
en el mismo seno de la socie(lad eS]Jañola, hondamente afectada por el partic,llarismo. T 0 1es fueron
los solcbdos que retrataron alder6n y Lope, tales
los que pintó ervantes en su famosa novela, tales
en fin aquellos á quienes Carlos de Gan te llamaba
complZ/leros y hermallos y Juan tilo Austri a y H ernando de Toledo magníficos s%res, amados y amigos
míos. Y tal fué la escuela en que pasó lo más florido de sus años el insigne auto r d el Don Qltijote.
Hacia los años 1569, cuando Miguel de Cervantes se trasladó á Italia y después de haber servido
breve tiempo al cardenal Aquaviva sentó su plaza
como soldado raso en la co mpañía de Diego de Urbina, perteneciente al tercio de Figueroa, el sol d~1
poderío español .brillaba en todo su esplendor. FelIpe n era sin duda alguna el monarca más respetado
ele Europa, no sólo por la extensión y m'ímero d~ su.s
dominios, sino por la fama)' el valor de sus eJérCIto., la pericia y el prestigio de sus generales. Era
también el portaestandarte del catoli cismo, y por
eso cuando la cri stiandad, amenazada por el turco en
las costas mediterráneas, se decidió á pactar la memorable Liga co ntra el prín cipe Selim II, de Felipe
y de España esperó la poderosa y eficaz ayuda que
uos años más tarde daba la victoria á las armadas
catól icas en las aguas de Lepanto. Sobreyino est armamento el año T 570, como consecuenCIa del pacto,
y Cervantes embarcó se on ·su tercio en la armada
confeelerada, tomando parte desele aquel punto y
hora en las operaciones marítimas que precedieron
y determinaron el memorable combate naval.
Los tercios españoles, cuya arcabucería tanto se
distinguió en e te famoso combate, formaban un total de 8.160 hombres. Distribuyéronse éstos en las
galeras de España, Nápoles, Sicilia y Génova, )' en la
denominada lIfm'quesa, que mandaba el célebre Juan
Andrea D oria, entró Cervantes con su compañía.
(1 )
Cánovas uel Castillo: E studios delt"eÍlIado de Felipe IV.
°53'
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LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA
Con esta galera salió de Mesina, formando parte de
la armada de la Liga, el 16 de septiem):>rede 1571, y
con ella se batió en Lepanto, colocado en la división
de la derecha, ó sea el cuerpo derecho de la línea de
batalla.
Lo que se sabe de su conducta en este día, está
justificado por lns declaraciones hechas por cuatro
testigos en 1578, según las cuales hallibase en aquellos momentos
en 'antes enfermo de calenturas,
por lo que su capitán y camaradas le aconsejaban
que permaneciese qui to n la cámara de la galera;
En el Viaje al Parnaso, recordando la jornada,
dice el poeta'
An-ojóse mi vista á la call1pmia
Rasa del mar, que trujo á mi memoria
Del heroz'co D. ¡ua.. la heroica haza17a,
Donde con alta de soldados glon'a
y con prOPio valor y airado pecho
T1Ive, afinque humilde, parte e" la vuloria.
También en el pról go de sus Nove/as yen la segunda parte del Don Quijote habla ervantes ti sus
heridas con el noble orgullo de un buen soldado.
más expresivas cartas de recomendación, suplicando
al rey se le confiriese una compañía «por er hOIllbre de valor y de méritos y de muy señalados servicios.»
No estaba reservada á Cervantes esta recompensa,
pues al ha er el viaje, su galera fué apresada por
cuatro bajeles turcos, y cuantos iban en ella conducidos en cautiverio á la ciudad de Argel. Desde el
26 de septiembre de 1575, en que este suceso ocurrió,
hasta septi~mbre de 1580, en que fué resca ~o, permaneció Cervantes en . cautividad, é inútil es decir
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EDICIONES ILUSTRADAS DEL «DON QUIJOTE DE LA MANCHA» IMPRESAS EN INGLÉS EN LOS AÑOS DE 1818 Á 1881
pero nuestro soldado, po. eído de noble ardimiento,
dijo que prefería morir peleando por Dios y por el
rey :í. conservar In. salud á costa de acción tan cobarde.
y combatió con gran brío junto al esquife, contribuyendo á la matanza de turcos que los de su
galera hicieron i la capitana de Alejandría (1). En
esta refriega recibió Cervantes tres arcabuzazos, dos
en el pecho y otro en la mano izquierda, de cuyas cicatrices se honraba, «como recibidos en la más alta
'ón que "ieron los siglos pasados, los presentes,
ni esperan .-er los venideros,» y «como estrellas que
guian á los demás al cielo de la honra y al desear la
justa .alabanza.»
De regreso ::í. su patria, estuvo restableciéndose de '
ellas en Me ina, donde mandó D. Juan de Austria
que se le socorriera en 15 Y 20 de enero, yen 9 y 17
de marzo de IS72, ya por la po.gad u ría de la armada,
ya por gastos secretos y extraord inarios, y una vez
curado ordenó ::í. los oficiales de Cuetzta y Razón que
asentasen en sus Libros de cargo tres escudos de
ventaja mens uales á Miguel de Cervantes, en el tercio de D. Lope de Figueroa y compañía que le
fuese señalada, que fué sin duda la de Ponce de
León. Con ella tomó parte en las poco fructuosas
operaciones militares de J 572, según lo confirman
algunos testigos que figuran en la información citada. Confirman asimismo varios de sus camaradas que
se halló en la expedición á Túnez de ) 573, sirviendo
(1) Declaración hecha por los cuatro testigos presmlados como buen soldado. De regreso á Italia siguió las
para la Informació1t de servicios IJ1le m 15713 soHcitó Rodri- vicisitudes de su tercio hasta 1575, en que obtuvo
go de Cervantes, en ocasión que SIl hi'o Miguel se hallaba cau- licencia para venir á España á solicitar recompensa.
tivo.
D. Juan de Austria se interesó por él y le dió las
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cu~ntos fueron los padecimientos que sufrió durante
aquellos cinco años, y cuánta su alegría al divisar de
nuevo las costas de la patria, alegría mezclada de ,
pesar á causa de la pobreza y desamparo en que ha- i
lió á su famil ia. o teniendo otro camino que elegir,
Cervantes al istóse en 1:llS tropas destinadas á la jornada de Portugal, y en unión de su hermano Rodrigo, alférez de infantería, tomó parte en esta empresa,
así como en la jornada de las Terceras. Presúmese que
militó en su antiguo tercio, compuesto casi todo de
veteranos, y embarcado en el galeón San Mateo, contribuyó, como en Lepanto, á la victoria de la armada
española. Regresó después á Lisboa, y de allí á .1ostagán y luego á Orán, donde se halló de guarnición ,
con su tercio (2).
(2) j'tforme puesto al ffIcmonal de Miguel de Cervantes
Saavedra, sobre que se le haga merced, atento á las causas que
refiere, de fttlO de los oficios que Pide. - Navarrete: Vida de Cero
vantes.
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EDICIONES ILUSTRADAS DEL «DON QUIJOTE DE LA MANCHA» IMPRESAS EN FRA NCÉS EN LOS AÑOS DE
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
1695 Á
1802
N ÚMERO b 80
LA I LUSTRACI ÓN ART ÍS TICA
«Tres campañas añadidas á las antiguas, dice uno
d e sus biógrafos, y que nada sirvieron ni á su fama
ni á su fortuna, acabaron de desengañarle de lo poco
que podía aprove har por aquel camino. Veíase ya
entrado en la edad madura, perdido' los años de su
juventud, perd idas sus fatigas, perdido sus servicio,
sin estado, sin nombre, y no quedándole por tantos
sacrificios más que su espada y su pundonor. Empezaba ya tal vez á fermentar en su cabeza y le incitaba
siete años de dad, de los que aproximadamente unos
nueve, rest.:1.dos los cinco de cautiverio, sirvió en las
fi las de la infantería. Y no es aventurado asegurar
que la profe ión de las armas ejerció poderosísima
influencia en su \"ida y en sus obra, puesto que como ha d icho con sumo acierto el ilustre Capmany
al ocuparse de nuestro escritores soldado del iglo
de oro, «en el teatro de la guerra debe el continuo esI pectáculo de objetos nuevos, raros, grandes)' terribles,
21
I
I
LAS ILGSTRACIO ES IJEL «QUIJ OT E»
iempre, y mucho más en los tiempos actuales, en
que todo va impulsado por la fuerza de un frío positivismo; cuando parece que es resultado de sagaz inteligencia no conceder valor ni apreciar lo hechos y
las cosas má que por u lado utilitario y material; en
una sociedad como la nuestra que vive recordando
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EDICIONES ILUSTRADAS DEL «DON QUIJOTE DE LA MANCHA» IMPRESAS EN
poderosamente á escri bir, aquel conjunto de sucesos
extraordinarios, de caracteres y costumbres in teresantes y de cuadro' y pin turas, grande y apacible, que
sus conti nuos viajes por tan di"ersos países habían
acumulado en su fantasía. Quizás también la composición de la Galatea, en que por entonces se ocupaba, le manifestó la necesidad de abandonar el bullicio y agitació n de las armas si había de seguI r el
instin to de su talento y cultivar sosegadamente las
letras.
De cualqtuer modo que esto fuese, él dejó de una
fez la carrera mili ta r, y en 1584 publicó aquella novela pastoral, con la que se granjeó inmediatamente un nombre en el mundo literario ( J).»
Cuando esto acaeció, Cervantes contaba treinta y
(1)
Quintana: Miguel de Cervantes.
~'RANCÉS
EN LOS A5!OS DE 1806
Á
1832
comunicar viveza y grandiosidad á la expresión; la ideales que fueron, no supl idos por otros todavía y
tolerancia de los trabajos y la fami liaridad en los pe- sólo por algunos vislumbrados los ven idero, importa
ligros, valentía y solidez á los pensam ientos; y el co- mucho poner de relieve, ofrecer á la vista. de unos y
nocimiento de los países y gente diver os, junto con de otros la. importancia qúe han revestido y revisten
la experiencia y práctica de las pasiones y a tucias, las creaciones del genio, la labor intelectual, exentas
verdad y profundidad á las sentencia.» Pero al y ajenas por completo á todo cAlculo mercan til y protrocar la espada por la pluma, tampoco olvidó Cer- pósitos industriales.
vantes los méritos que enaltecen al soldado, y en la
P or esto el presente m1mero de LA h USTRACIÓN
más hermosa. de us obra, en el Don Quijote, ensal- ARTíSTICA, honrándose al renóir un tributo de admizó la Milicia sobre toda ponderación, calificándola ración y de respeto á Miguel de Cervantes, es, además
como ejer icio slIperior á cuanto los hombres inventa- de una corona tejida por el entus iasmo y nueva aclarOl!, como escuela modelo de hidalguía y como cien- mación de su gloria imperecedera, testimonio vivo de
cia la que todo lo abarca. El ramoso discurso de las cuánto vale y cuánto puede, de la importancia que
Armas y la Letras no es otra cosa que una apología tiene en la sociedad el produ to de la inteligencia,
de la profesión militar.
au n tratándose de intereses puramente materiales.
Véase si no el largo catálogo de las ediciones del
FRANCISCO BARADO
inmortal Q7fii ote, impreso en todos los idiomas, en
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
22
todos los tamaños y condiciones desde que apareció
la primera parte en 1605 ; enumérense los grabados
que adornan muchas de ellas, desde el to ca abierto
en madera hasta el delicado agua fuerte, desde las
más perfectas obras en talla dulce hasta las cromolitografías más adocenadas y relucientes, y salta á la
vista la trascendencia inmensa que ha tenido y que
continuará á más y rnejor teniendo la creación de
obra tan genial. Dejemos de lado el regocijo y placentero solaz que ha proporcionado á unos y asimismo el elevado deleite y purísimo goce á otros, la
alteza de su concepto, su importancia social, y ciñéndonos concretamente á lo resultados materiales, deben asombrar al más escéptico é indiferente las consecuencias múltiples, infinitas, de un simple trabajo
intelectual. Las aventuras de los dos héroes manchegos escritas por el . desdichado manco, que para sacarlas á luz neces itó escudarse en los blasones del
duque de Béjar primero y be ar los pies del conde de
Lemos en su segunda parte, han perpetuado hasta
nosotros los nombres de estos personajes, y los egregios protectores reciben del infeliz artista una inmortalidad que no merecieran, y unas cuartillas manuscritas en mísero aposento mueven más tarde las
prensas de todo el mundo, se reproducen y multiplican, tradúcense gráficamente por el grabado, inspiran á pintores y escultores, y los resultados materiales de una obra literaria son in calcu lables : una
creación artística, un destello de un arte que ninguna industria necesita remueve más millones de ese
oro en que sólo creen los hombres de nuestros días,
que todas las empresas sugeridas por su codiciosa
actividad.
Estas consideraciones se ocurren al contemplar y
al estudiar, como he debido hacerlo para la formación
de este núm ero, la biblioteca cervantina que posee
nuestro amigo el Sr. D. I sidro Bonsoms, en la que
figuran puede decirse «todas» las ediciones del Q1tI~
jote. A su ilustración é inteligencia, que han cooperado en gran parte en nuestros trabajos; á su franca
y c rdial hospitalidad, abriendo de par en par las
puertas de su tesoro bibliográfico, que bien puede
llamarse único, debemos la realiza ión de este homenaj e con que la ILUSTRACIÓN ARTiSTlCA trata de
enaltecer una de las más puras y esplendentes glorias españolas.
Publicóse la primera edición del Don Q1ti;'ote de la
Mancha en el año 1605 por Juan de la Cuesta y á
costa de Francisco de Robles; en época en que la
imprenta declinaba ya por la pendiente en la que
empieza hoy á detener e, perdido el caracter artístico
de sus primeras manifestaciones, transformóse en producción industrial: á los primorosos trabajos de los
miniaturistas y calígrafos que exornaran los primeros
libros estampados, siguió la adocenada labor del obrero, escasa si no exenta de originalidad y más escasa
tOdavía de elegancia y de buen gusto. Así en la portada del primer Qui;'ote, ornamentada con una viñeta
no desprovista de buenas cualidades, pero infelizmente encuadrada con un filete, vemos el título del libro
dando preeminencia al calificativo de I ngenioso y
partiendo la palabra QUl~:r:ote para terminar en otra
línea con la denominación de la Mancha en tipos
inferiores al Hidalgo y á el I ngenioso: compuesto por
Miguel de Cervantes aparece en cursiva humilde, como
también de la misma cursiva y en línea aparte el segundo apellido Saavedra, mientras diriU'ido al duque
de Bé;'ar se lee en versales, y llena tanto espacio la
designación de los títulos y cualidades de este personaje como el título del libro.
I}asta que aparece en 1620 y en Londres con la
primera edición inglesa el primer grabado representé\ndo á D. Quijote y á ancho, salen á luz en distintos años repetidas impresiones del libro, cuyas portadas se exornan con signos ó marcas de los impresores,
emblemas ó simplemente con viñetas toscas todas ellas
y de época anterior, escogidas por representar mas ó
menos aproximadamente á los héroes del libro; algunos de ellos grabados curiosos y característicos, como
los de Valencia, Lisboa y Barcelona, reproducidos en
estas páginas.
El frontispicio de la primera edición inglesa impresa por Blounte, grabado en talla y vigorosamente dibujado, representa al insigne caballero y á su servidor montados en Rocinante y en e! rucio: á sus pies
la fantasía decorativa del artista trazó una especie de
pedestal, raro y extravagante, en que figura el título
d el libro, ostentando el zócalo en un tarjetón el nombre del impresor. Aparte la relevante candidez del
dibujo, en las cabalgaduras especialmente, dé bese
notar en esa composición el carácter de los personajes, bien distintos por cierto del tipo que generalmente
se ha asignado á cada uno de ellos. Es D. Quijote
un caballero de testa nobl e é inteligente: Sancho no
es el rústico gayán del vulgo; su mirada es fina y penetrante; la expresión revela una cierta ironía mali-
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTI CA
ciosa, y por su aspecto total, mejor que un criado
servil é inconsciente parece el compañero de su señor.
i no se achacara á resultados de una sugestión involuntaria ó á propó itos preconcebidos, afirmaría que
la cabeza de D. Quijote me recuerda á Shakespeare,
como en la de Sancho veo las facciones del J ohn
Bull creado por el humorismo de los artistas ingleses.
La primera edición ilustrada española vió la luz
en Bruselas corriendo el año 1662, de la que reproducimos dos grabados: la aventura de Andresillo, que
corresponde á la primera parte, y la portada de la
segunda, de aspecto decorativo, en la que campea el
generoso hidalgo, espada en mano y embrazando la
rodela, con un león domeñado á sus pies en el centro
de un zócalo en hemiciclo, sobre el cual descansan
Dulcinea encantada y Sancho Panza gobernador,
sosteniendo la efigie de Merlín. Son los personajes
representados fl emáticos y reposados: caballero y servidor hermanos por los tipos, y es Dulcinea una matroná de un cuadro de Teniers.
La disposición y concepto de esa portada, como la
de la primera parte, sirvió de tipo y de norma para
infinidad de ediciones sucesivas, de la que es una
muestra la cabecera que adorna la publicada en Madrid por la viuda de Blay el año 1730. En ella cabalga D. Quijote, seguido de ancho abrazado al rucio, surgiendo de entre los dos un pede tal coronado
por el busto de Dulcinea, flanqueando la composición las estatuas barroco-romanas de los caballeros
andantes Amadís y Rolando.
En los años 1674-1706 y I7I4 publícanse en Madrid ediciones ilustradas con pequeilos grabados en
talla é intercalados en el texto, en los que, como no
podía suceder otra cosa, traslucíase, au nque vagamente, el carácter del país en los tipos y en varios detalles,
como también la impericia yesca o valer de los artistas que tales obras produjeron. Verdussen en Amberes y Bonnardel en León (Francia) estampan por
los años 1719 Y 1736 ediciones ilu tradas con láminas sueltas, curiosas por la ingenuidad del dibujo y la
sencillez gráfica con que tratan de represe ntar las más
culminantes aventuras del generoso hidalgo, hasta
que en 1744 aparece en El H aya una edición en cuatro tomos, adornada con habilísimos grabados segLín
las composiciones de Coypel airosamente resueltas y
no mal dibujadas, á la par que ricas en ese color y
claro-obscuro propios de la escuela halan de a, que
constituye una nota brillantísima en la iconografía
del Quijote.
Pocos años antes, en 1737, J. y R. Tonson habían
impreso en Londres las dos partes del libro en cuatro
tomos in folio, conteniendo sesenta y ocho grabados
en cobre, de los que reproducimos dos; grabados
correctamente abiertos, pero que no alcanzan ni con
mucho á los magistrales cuadros de Coypel, curiosos,
eso sí, por los tipos, especialmente los de! caballero
y su servidor.
En Madrid y en 1750 se estampa una edi ción
exornada esta vez con grabados abiertos en madera,
ejecutados torpemente, pero no privados los asuntos
de cierta gallardía en el dibujo, intención y carácter
en los tipos y de ingenio en la representación; y como
es probable que la conveniencia de reducir los gastos
en la impresión de nuevas ediciones para extender y
facilitar su venta, hiciera adoptar el procedimiento de
ilustrarlas con grabados en alto, sigue una serie de
éstos, que demuestran, especialm ente la de Madrid en
el año I7 5 1, la mayor grosería posible en el grabado
y la carencia absoluta de las más rudimentarias cualidades en la composición y en el dibujo, sin que se
eleven en mucho más las publicadas por Salís en Barcelona y Barber en Tarragona por los años 1755 Y 57
respectivamente, tras de las que aparece la edición de
Martúl, de Madrid, en 1765, como L'íltima expresión
negativa del arte, de buen gusto y hasta de sentido
común. Felizmente pocos años después, en 177 1, publica Ibarra nuevamente el libro inmortal, enriquecido
esta vez con hermosos grabados, de los que como
muestra damos las portadas de la primera y segunda
parte, donde en sendos medallon es están D. Quijote
y Dulcinea, de cabeza varonil, noble é inteligente él,
y mofletuda, vivaracha y risueña ella.
La R eal Academia Española en 1780 publicó una
edición monumental, cuatro tomos in fol io, conteniendo treinta y dos grabados de ejecución hábil y
esmerada: dos muestras de ellos, la alarma nocturna
en la Insula y el vencimiento de D. Quijote por el
caballero de la media luna, figuran junto á los otros
dos de la edición londin en e de Tonson. La desgraciada terminación del gobierno de Sancho constituye
un cuadro interesante, por la agrupación, movimiento
y expresión de las figuras y por el claro-obscuro á
trechos firm e y vigoroso ó fino y deliCc'ldo, en conjunto felizmente resuelto. Por sus condiciones touas,
poco se recomienda la derrota del desdichado hidalgo;
sólo el grupo de éste y Rocinante revelan la mano de
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
Nú
lERO
680
un artista: e! vencedor monta un mballo desastroso,
y el resto de la lámina no lo es menos por su entonación y dibujo.
El editor Sánchez en Madrid da á luz sucesivamente
tres nuevas ediciones ilustradas, en 1777, 1797 Y
en I798, merecedoras cada una de ellas de atención
y de respeto por el artista: dividida en nueve tomos
de pequeñas dimensiones la segunda, adórnanla precio as viñetas finamente abiertas en acero encabezando los capítulo' hermosean la tercera buenos grabados
en láminas sueltas dibujadas con soltura y elegancia
y de carácter contemporáneo, aunque nada español,
mientras la segunda reviste por la ilustración importancia extraordinaria por el concepto y la traza en la
composición, el color, la robustez y propiedad de los
tipos en los más de los cuadros y por la finura é inteligencia del buril con que fueron interpretados. Antes de ésta, en 1787, dió á luz la R eal Academia Española una ed ición esmerada, enriquecida tam bién
con numerosas láminas grabadas en metal por artistas españoles, pero de aspecto frío é in oloro, reproduciendo un dibujo sin vida ni movimi ntu, au nque
de sabor genuinamente español en los tipos y detalles.
Ya en este siglo, en 18°4, Vega da en Madrid una
nueva edición de mediano tamaño, que contiene dos
portadas alegóricas y buen número de laminitas con
encuadrami entos y peanas en que campea la fi sonomía propia d 1 seudo-clasicismo propio ele la época,
constituyendo una ilu tración bonita y elegante d 1
lil ro. En 1807 aparece en Leipzig Don Quijote impreso en castellano en vario' tomos de forma r d ucida y ado rnado con grabados de buena talla, de dibujo
vigoroso y movido, y pocos aJlos después, en 18 14,
Bossange y Masson estampan en París, y en castellano
también, el D on Qui;'ote en seis pequeños tomos que
adornan varios grabados de ejecución orrecta, pero
de condiciones artísticas poco relevantes .
La Real cademia Española en 1819 rinde nuevo
homenaje á Cervantes con p ublicar otra edición embellecida con buenos dibujos de Rivelles, 'grabados
por Euguidano y Blanco, que recuerdan á Goya algunos, como el que publiCc'lmos representando la vertiginosa molienda de puñetazos y mojicones entre Maritornes y su ompañeros en el aposento de D. Quijote, y de casta y sabor nacionales todo ellos.
De la ed ición impresa en castellano en Boston por
el año 1827 reproducim os una de las láminas sueltas,
grabadas al contorno, que revelan en u autor un humorismo de buena ley con un dibujo fácil y correcto;
y de la publicada el año anterior en Madrid por
M. de Burgos dos, como ejemplos de esa nueva ilustración curiosa é interesante que revela al menos cono edor en los menores accesorios el gusto y las tendencias de la época.
A expensas ele un conocido cervantista estampa
J. Didot en París una edición microscópica en un
tomo, reproducida pocos años después en dos, onteniendo pequeñas láminas de aspecto y cuali dades
bien semejant s á las que fi guran en la publi ada por
Bergnes en Barcelona el año 1832, grabadas en acero
por Alabern, y antes, en 1829, aparece en Madrid
en varios tomos y en forma tambié n reducida la
edición d e los hijos de doña atalina Peñuc1a, que
adornan curio ísimas portadas decorativas, con escenas alegóricas en ti erra firm e, mientras por lo aires
revolotean geniecillos y campean sendos y garboso.
ra 'gos de experto pendolista, todo bonito, un tanto
sentimental y en perfecta co munidad con la estética
del día.
Algunos años más tarde Bergne, á quien tanto
debe la imprenta catalana, su regenerador al finali zar
el primer tercio de este siglo, imprim e nuevamente
Don Qui;'ote en forma grande, interCc'llando en el texto los numerosos dibujos con que lo ilu strara Tony
Lohannot, grabados en madera.
Era entonces la obra de este artista tenida como
el SZt1ll1JIttJll, algo como no ha mu hos años se consideraba la de G. Doré: el éxito alcanzado por e a ilustración del Don Qui;'ote fué grande, y como siempre,
sus composiciones fáciles y sueltas y su manera fueron reproducidas é imitadas hasta el infinito. De algunos de sus dibujos son reminiscencias, si no opias,
algunas láminas litografiadas en una curiosí ima edición impre a en México el año 1842, que contrastan
notablemente con otras más originale ejecutadas con
una inocencia fenomenal, como por ejemplo la llegada
á Barcelona que reproducimos en la última pagina de
las edicio nes en español, ilustradas, en que figuran
muestras de la edición de R epullés (Madrid, 1853),
adornada con hermosas láminas dibujadas por P. C.
Camarón y grabadas por F. Duflos, y la publiCc'lda en
Sevilla en 1854, encabezada con el héroe, grabado
en madera por Benedicto.
Ya las ed iciones posteriores son de todos conocidas, por lo que y por no dar una extensión más que
extraordinaria á este número, no las consignamos grá-
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EDICIONES ILUSTRADAS DEL « DON QUIJOTE DE LA MANCHA» IMPRESAS EN ALEMÁN EN LOS AÑOS DE 1648 Á 1800
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
LA I LUSTRACI ÓN ARTISTICA
ficamente muchas de ellas: deben rnencionarse, sin
embargo, algunas por su importancia y signi fi caci6n,
como la de Gorchs (Barcelona, 1859), dedicada á la
memoria de Cervantes; dos tomos in foli o, enriquecidos eon [ 2 grabados abiertos en acero, por Hortigosa,
Estevanill o, Martínez Roca y Fatj6, segLÍn los dibujos
de Espalter, L. F erran t, Montañés, L. de Madraza,
C. Lorenzale, C. L. Ribera, Fluixench, R. Martí y
Alsina y E. Planas, con profusi6n de iniciales dibu-
D
NÚMERO 680
I
hubo ni hay casa editorial importante que no haya de Cervantes, repetido parcialmente en Copenhague
contribuído con alguna edici6n a enaltecer el mejor (17 76), como tampoco el de Leipzig (1 780), que figulibro de la literatura castellana, como pocos so n los ra en una elegante portada gallardamente compuesarti stas que no le haya n rendi do hom enaj e inspirán- tao Es el de París ( t 835) obra de Deveria, el pintor
dose en sus paginas.
fran cés; y se recomiendan por el caracter de los ;'asDe uno de ellos, Jiménez Aranda, se reproducen gas con que la tradici6n personifi a á Cervantes el
en este nLÍmero cuatro dibujos inéditos que gustoso de Pforzheim y especialmente el de SeYilla 08 54).
ha facilitado para contribuir con sus firm es cual ida- En otra página publicamos el que figura en la verde de dibujante a avalorar la presente pu blicaci6n. si6n CAo'l talana, impre a en esta capital en 189 I,:y Rue
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E -D · E 'O E E L
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Ediciones ilustradas impresas en los años de 1657 á 1877
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jadas por J. Moragas, Giron el1a, Martinez y Estevanillo, relevadas en madera por todos los grabadores
que constituían la escuela catalana en aquella época:
Lecbard, Branguli, Surroca, Abadal, T orner, Mullor
y Llopis; la de Dorregaray, (Madrid, 1362-63), ilustrada con cumenta y tres grabados en cobre, obras de
di stinguidos artistas, y la de Aleu y Fugarull (Barcelona, 1879) con cromolitografías reproduciendo composicion es de Apeles Mestres; la de Pablo Riera,
ilustrada por G. D oré, de la que damos una composici6n, y la publi cada por esta casa en 188 r, con
láminas en litografía y grabados al boj, reproducidos
dos y dos respectivamente en estas páginas.
Bien puede decirse que de nuestros tiempos no
La justa notoriedad de su autor, su reco nocido
talento, me eximen de apreciar en lo que valen
esas mu estras de su valer. H ace ya años que
nuestro querido amigo y antiguo compañero se
ocupa en la labor, para él pred ilecta, de representar gráficamente el poema d e Cervantes, no
en el sentido de ilu strarlo, como vul garm ente se
dice, no tratando de decorar un libro, sino con
el prop6sito de expli carlo á su man era y realizar
por el dibujo, con enlace natural, una síntesis
clara y razonada de la obra. A este fin dedica
las horas, los mom entos de placida tran quilidad
que para otros temperam entos serían ele ocio 6
el e bulli ciosa expansi6n: es para él este trabajo
intimo goce y continuado motivo para manifestar sus cualidades s61idas de arti sta seri o, hábil
y laborioso.
Otro dibujo in édito, debido á la fantasía y
claro talento del insigne Urrabieta Vi erge, por
causas imprevistas no figura en estas p<iginas,
con verdadero sentimiento por nuestra parte; pero si
en este homena je á Cervantes falta su concurso, pronto pagará el tributo á su gloriosa memoria con una
magistral ilustraci6n del Quijote.
I ntercalada entre las páginas que reproducen muestras de las principales, más típicas é importantes ediciones impresas en castellano del Quijote, se halla
una selecci6n de retratos de su autor, publicados, menos uno, en versiones del libro a idiomas extranjeros.
Algunos, como los estampados en Londres en 1794
y 1818, son curiosísimos, ya que no se recomiendan
por su mérito artístico ; no carece de interés por la
expresión y cierto carácter el de Amsterdam (1768),
que pone de manifiesto el honroso brazo izquierdo
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
segtln testimoni os es verídico y auténtico; retrato cuyos rasgos más salientes concuerda~1 con los de un
caballéro que representa la Ju stICIa, grabado por
Jáuregui, en unas ilustraciones del Apocalipsis, .y para
cuya figura sup6nese que le sirvi6 de modelo su íntimo amigo el autor del Quijote.
D e las edicion es impresas en inglés, como muestras
tipográficas, interesantes por su ~spec to, exornac~6n
y sello especial, se han reprodUCido la portada de la
's'egunda parte (Londres, 1620), la de otra edición hecha en esta ciudad en 1652, elegantes y claras con
artísticas viñetas, y otra londinense también, que por
la traza de su disposici6n confirma el ai"ío de 1711
en que fué impresa.
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680
ILUSTRACIÓN A RT ÍSTICA
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De Londres son la mayor parte de las
edi iones escogidas para dar una idea de
la ilustración del QuiJote en las versiones
inglesas. La portada de la primera, con la
salida de D. Quijote seguido de Sancho lle"ando del ramal al ru cio, con la aldea que
abandonan, viva representación de la paz y
tranquilidad de los campos, por lanzar e á
10 aza,res de las aventuras, es una composición fel izmente conceb ida y resuelta. R e. ignado Rocinante y reflexivo el rucio parece como que atienden al oloquio de
caballero y escudero, en el que éste, de expresión jovial y maliciosa, co n un cierto
atavío que le asemeja en algo á un bufó n,
expo ne sus dudas y recelos sobre los beneficios de la vida que van á emprender. Es
una co mposición feliz, finamente grabada,
10 I ropio que otra página de la mi sma edición con as untos parecidos y que recuerdan
la buena escuela flam enca, súperiores en
mucho á la lámina reprodu ida de 17 06
(Londre ) en dibujo y en grabado.
Mu cho difiere de esas muestras el grabado de Dublin (1747), de carácter genuinamente inglés, y el de
Glasgow (177 r), rem in iscencia Ó imitació n de Coypel.
Tres ediciones sucesivas impresas en Londres nos
han propo rcio nado otras l:c1.ntas reproducciones interesantes: la primera (1774) es de un grabado que ostenl:c1. una orla inocente y de dichada, cerrando una
composición igual; corresponde la segunda á 1794, Y
es una alegoría hi storiada que en algo refleja el estado de ánimo de aquellos tiempos azarosos, pobremente dibujada y reproducida; la tercera (1810) es
una escena bien movida, con dibujo enérgico y de
robusta entonación.
ueva York nos ofrece en 181 5 prueba de una
ilustración, insignificante puede llamarse; y á esta
edición siguen impresas en Londres otras dos en los
años 1818 y 182 1, no muy significadas tampoco,
pero agradables y correctas en el grabado las ilu straciones que conti enen.
De Edimburgo (1892) es una curiosísi ma edición
con láminas cromo-grabadas, intachables co mo procedimiento, pero raras ha ta la extravagancia algunas
por el d ibujoj y llegamo. á nuestros día con reproducir dos hermosos aguas fuertes, de la edición de
Edimburgo (r879) uno y de Londres (1881) otro, con
cierto aspecto característi co en determinados detalles
que revelan estudios hechos ex profeso sobre el terreno
y qt e por su conjunto y ejecución satisfacen al más
exigente.
. .
E diciouesfrancesas. - La pnmera traducclón al francés de nuestro libro, impresa en París por J uan FC?i.iet
en 1614, contiene en su portada, no mal compuesta,
una bellísima viñeta; portada que con las dos de Amsterdam y la de R ouen constituyen curiosos ejemplares
tipográficos de las primeras ed iciones del Don Quijote.
Comienza la serie de ilustraciones con la portada
de la edición que en Amsterdam (1695) publicó
P . Mortier cuyo carácter revela el país donde se publicara. Montados los dos protagonistas, D. Quijote
parece no atender á alguna observación de ancho,
fija su ate nción en algo que le hace entrever una
próxima aventura, predominando en ese grabado el
título en una cinta volandera que lo corona y las
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[Ediciones dinamarque as y 'llecas ilustradas
impresas en los años de 1776 á 1865
descomunales proporciones de la bacía co n que defi ende su cabeza el valeroso manchego.
Interesan te es también la portada de la edición de
Bruse las (r¡06) con D. Quijote armado de punta en
blanco pasando por una especie de arco de triunfo,
pero bien diferente [Jor sus cualidades todas á la lámina q ue la acompaña, suelta y hábil de dibujo.
La ilustración hecha por la Compañía de 10 libre-
o
ros (París, 1713), no es muy recomendable por sus
condiciones artísticas, pero es en cambio por los trajes
y tipos fidelísima representació n del carácter francés
de la época. En 17 1 7 aparece en Amsterdam otra edición, cuya portada, de grabado suelto y limpio, indica
perfectamente la escuela, si no la indicara ya el dibujo
redondeado y claro de los fl emáticos personajes en él
representados . Esta vez el ingenio del artista colocó
el título del libro en una de las caídas de los manteles que cubren la mesa á que D. Quijote está sentado.
Con la edició n de Clou ier, de París (1741), aparece
un remedo de las composiciones de Coypelj la de
Bassompierre, de Francfort (175 7), nos presenta una
extravagante portada, que con la de Barrois (París 17 77), ,aunque ma sensata, son pruebas fehacientes de la decadencia artística á que descendió por entonces el arte,
A la terminación del período revolucionario, el primogénito de los Didot (1799 ) imprime el D ott QuiJote,
acompañándolo de láminas muy interesantes, unas
pintorescas y coloridas, en que campea una fogosa
fanta ía, y otras frías y clásicas, emblemas de la evolución realizada en aquel período atormentado y fecundo en todo, con los que se nos aparece D. Quijote
I con las apariencias por mitad de un seudo-romano y
de un patri ota militante. D eterville en París, y en
HISTORIA,
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Ediciones portuguesas impresas en los años 1794 y 1853
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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1802, publica una edición de forma reducida é ilustrada con grabados, felicísimos los más por lo acert o
e 10s tipos y la soltura en el dibujo.
I
Corresponden, puede decirse, á la época del prinJer
mperio las ed iciones de París (J806) y la de LeipZl.g (I8ro), con viñetas colocadas por dobles parejas
~ cada lámina é inscrita en óvalos á guisa de can:¡ateos en aquélla y con composiciones en las que se
rhan~fiesta ya la manera y artificio que pone en evidencia la muestra de los grabados de la edición que
eh Ifarís estampó Delongchamps (11$24). De ottas
des ediciones, parisienses toda., dadas á luz á la teriimlción del primer tercio del siglo, se reproducen
una precio a viñeta representando la aventura del
y 1010 de Mambrino, la visión en la cueva de Mont~sinos, fina y correctamente grabada en acero, y el
hallazgo del rucio por an ho, 4ue tiene toda las
trazas d un bandido calabrés, lámina dibujada por
H:oracio Vernet, probablemente a l comienzo de su
4trrG! ra artística.
¡ Las edicion es posteriores popularizan más el..Do1t
, /tÍjote con la adopción del grabado en madera, que '
nermite una impresión más expeditiva y numerosa y
su reprod ucción en reimpresiones sucesivas. Topy ,
J'ohannot, Bertail, etc., y últimamente Gustavo Úoré,
~ocian su renombre á la fama universal de Cervantes, 'y las ilustraciones creadas por esto' artistas' embell<fcen nuevas y nuevas ediciones, así en Francia
<flTl,O en el extranjero.
Cabe aquí mentar una de las composiciones de
. oypel, rep roducida para consignar la obra de artista
t n distinguido, que sirvió en el llltimo siglo de ti,Po
ejemplo á la ilustración de ediciones, ya.francesas ó
de otros países. ingLÍn elogio necesita: por ella sola
comprenderá cualquiera la importancia de la colección á que pertenece.
Ediciones alemanas. - R ara, rarísima es de seguro
la primera edición impre a en alemán; no la posee la
biblioteca del Museo Británico, ni figura tampoco en
la del Sr. Bonsoms. Corresponde la p rioridad, cronológicamente, á la estampada en Francfort el año 1648,
que figura en la página de las Ediciones Alemanas,
junto á la de 1669 , á cuya portada acompaña un
fron tispicio con la representación d e D. Qu ij ote cabalgando un Rocinante en exceso derrengado; la equivocación de Maritornes en la venta corresponde á
una de las láminas contenidas en la edición de Francfort (1648), composición sistemáticamente resuelta
para /que en todos los planos de la escena pueda el
espectador ap reciar sus pormenores y detalles. Como
ejemplares interesantes en la tipograf[a decorativa
figuran en la página las portadas correspondien tes á .
las ediciones de Basilea, Francfort (1683) y Leipzig (17 34), exornadas con sendas viñetas, y, caso curi oso, de estructura un tanto barroca la primera y de
sabor clásico la segunda.
L eipzig en 1780 nos ofrece una edición deliciosamente ilustrada, como lo demuestra la entrada en
Barcelona, de dibujo habilísimo, correcto y fi rme, interpretado por un buril inteligente y delicado. No es
menos agradable la lám ina que corresponde á la edición de Viena y Praga (1 79l:S), de coloración y claroobscuro co n todo acierto resueltos, como también las
dos portadas que pertenecen relativamente á la de
Leipzig (1780) una y á la de Viena y Praga (1791) la
otra, por las viñetas que las decoran. Junto á estos
ejemplare', que son verdaderos dechados de perfección en talla, contrasta de manera visible una muestra
de grabado en madera, perteneciente á la edición de
Koen is berg (1800), hecho por mano poco hábil.
De Schrodter, un artista alemán, es el bellísimo agua
fuerte que de la serie publicada en Altona (1863) se
ha reproducido. Aparte de las só lidas condiciones de
dibujo que tiene la figura, hundida en el vetusto y
desvencijado si llón, del feliz desorden en los accesorios y dd valor sugestivo de cada uno de ellos, de su
apropiado carácter y del re ogimiento y concentraciÓn que en el conjunto resu lta tan en armonía con
la expresión y naturaleza del personaje, es sorprend ente, no ya su postura, que no se concibe el verla de
otra manera, sino la potente fuerza, la vida de toda
ella, de de el conjunto hasta los más infimos detalles;
el destell o magnético que de los ojos se dirige á la's
páginas del libro; la obsesión del desgraciado mancheg,o, acusada desde la faz alterada por la emoción á
la caperuza que se resbala por el cráneo, desde la
crispada mano á la mal calzada zapatilla. Sin peligro
de errar puede afirmarse que es la mejor, la más noble
y levant<ida concepción que lápiz alguno haya trazado
- .al persOllificar á D. Quijote.
Ediciones italianas. - E scasa importancia, desde el
punflt'o de vista de la ilustración, tienen las ediciones
en i iano impresas, y de las que se reproducen dos
ven ianas y una romana del siglo XVII y otra veneciana también publicada á comienzos del XV III. Es la
de R oma ilustrada, pero no con grabados ,originales, y
ILUSTRACI ÓN ARTÍ STI A
la portada de un gusto bien inferior á las tres de Venecia, con todo y ser malas, á excepción de las viñetas.
En nuestro siglo (1819) Novelli grabó en Venecia
una colección de grabados en que se de criben gráficam ente las escenas más sali entes del li bro, con
trazo fino y agradable, de un dibujo expresivo.
Pinelli, el fecundo y enérgico artista romano, algunos años más tarde tradujo con su firme dibujo y
manera clásico· realista las aventuras de nuestro héroe,
en un á lbum de cuyo con tenido publicamos las láminas primera y última.
Ediciones llOlandesas. - De las publicadas en D ordrecht y Amsterdam en 1657 yen 1670 son las dos
elegantes portadas sobriamen te adornadas con sencillas viñetas ornamentales, ejemplares de buen gusto
tipográ fico. En msterdam en 1696 imprime una nueva edición W. van Lansveld, á la que pertenecen la
portada y la lámina que representa la consabida escena·
del arriero, Maritornes, etc .: es ésta de ejecución desmañada y torpe, aunque presentando bien resuelta la
figura de la fregona y feliz la expresión de Sancho entregado á beatífico sueño. A artista más hábil se debió
la característica composición que sirve de portada,
agradable é interesante por su concepto, por la expresiva intención de los tipos y la soltura del dibujo, interpretado con sencillez y habilidad por el buril del
grabador.
A una edición moderna corresponde otra lámi na
reproducida, copia litográfica del Don Quijote de
G. 'Doré.
Ediciones portuguesas. - R educida en nLÍmero, sólo
se reproducen la portada de la publicada en 1794, que
ninguna particularidad ofrece, pero de aspecto claro y
agradable, y la de 1853, poco feliz como composición
tipográfica, y ostentando, mal aplicada por cierto, una
de l as viñetas intercaladas en el texto, ilustración cuyo 'original corresponde á una edición francesa.
1Jdiciones dinamarquesas y suecas. - Dos estampadas en Copenhague y dos en Stokolmo van representadas en este nLÍmero: de las primeras, una bonita portada de fines del siglo anterior, y una lámina litografiada, de fácil y suelto dibujo, correspondiente á edicióh moderna; de las segundas, las portadas acopladas con dimi nutas viñetas, firmemente dibujada una y
grabadas las dos con finísima perfección.
4diciones rusas y griegas. - De la publicada en
Moscou en 1815 pueden verse dos portadas, una de
tipografía, otra en que fi guran en sendos óvalos los
retratos de Cervantes y el tradu ctor suyo, grabada en
metal, y una de las láminas que adornan los tomos, de
escaso valor a rtístico.
Son de ediciones impresas en griego los tres grabados restantes que pertenecen á este grupo, dos correspondientes á la de Atenas (1860), ilustrada con grabados al boj, no originales, y la de Odessa (1882), que
tiene una portada cromolitográfica, extremadamente
cómica la composición Y. de coloración chillona y
ordinaria.
Las demás ediciones consignadas en este número
por medio del grabado , impresas en hlíngaro, en
finl andés, en polaco, en bohemio y en croata, casi
todas ilustradas, ningLÍn interés ofrecen en e te concepto, por serlo con clisés de grabados franceses, á
excepción de una portada decorativa, correspondiente
á una publicada en Praga.
Con la ilustración del Quijote sucedió y sucede
todavía lo que con todas las cosas; los primeros que
á su modo exornaron las ediciones con portadas Ó
con láminas, traduciendo gráfi camente los tipos y escenas del libro, fueron copiados é imitados considerable núm ero de veces: en la imposibilidad en tonces
de reproducir los grabados como actualmente lo facilitan los procedimientos modernos, procedía cada
impresor á hacer grabar de nuevo las viñetas ó láminas ya publicadas, alterándolas en más Ó en menos,
según las cualidades del artista; por lo cual elnLÍmero
de reproducciones en esta publicación contenidas
corresponde como tipos originales á uno mucho mayor de ediciones estampadas. Las primeras ~a beceras
alegó ricas con D. Quijote en compañía de Amadís y
Rolando, con Sancho, Dulcinea y 1erlín, sirven de
norma á muchísi mas composiciones parecidas; las
viñetas abiertas en cobre de las primeras ediciones
madrileñas, se copian por diversos grabad ores en impresiones sucesivas, y no hay que decir que igual
hecho se produjo con las ilustraciones extranjeras,
particularmente con la obra del pintor Coypel después de aparecer fi el y hábilmente abierta en cobre.
El mismo hecho se ha producido en el , presente
siglo; y si el derecho de propiedad ha co ibido en
parte esas fáciles reminiscencias é imitacior¡es, ,si no
calco materiales de lo producido por el ingenio de
algunos, la industria moderna favorece al infimto su
multiplicación hasta la vulgaridad. Así hemos visto
repetirse .varias veces, aquí y en el extranjero, los
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
N ÚMERO
680
dibujos de Tony J ohannot, por ejemplo; los de Doré,
los de Bertail, G ilbert, etc.
En una 'palabra, este caso concreto comprueba
que la ley de ' la inercia rige en las manifestacione de
la inteligencia como en las demás; que la originalidad
escasea hasta llegar á ser rara.
Obsérvase en la representación gráfica de los tipos,
que en las primeras ten tativas proceden los artistas
con inocente sinceridad, y así los vemos sin particularidad ninguna que los ponga de relieve; si en alguno se acentLÍa es con la personificación de Sancho,
por la fácil obtención de la vulgaridad corriente y
prosaica; en cambio la fi sonomía de D. Quijote es la
le tantos caball eros que difícilmente podrían lanzarse
en el mundo de las aventuras por el sentimiento generoso del amor á la ju ticia; la transcripción gráfi ca
de una expresión que d emuestra el culto noble y
desin te resado á un ideal, no existe.
En las primeras ed icio nes represén tanse las escenas más ugestivas y salientes de la historia en su
aspecto pu ramente materiales; nada de apreciaciones
finas ni sentim ientos hondos, nada de expresión psíquica, como diría alguno; y con la marcha del tiempo,
si bien se e;..'trema la reproducción fidedigna de la
característica en tipos, indumentaria y demás accesorios gráfi cos, al intentar con el lápiz la expresión de
los rasgos determinantes en lo' héroes, desciende el
concepto que de ellos se forman los artistas á lo cómico, haciendo de lo humorístico una burda caricatura .
La primeras ilustraciones del ,Q"ijote son meros
adornos del texto, como las orlas é iniciales de los
libros anteriores á la invención de la imprenta (sin
tener su valor artístico ni su importancia decorativa);
son descansos indicados en la le tura, nu evo atractivo para abrir el libro, imple y puro deleite para los
ojos; en nada se compenetran con el conce'pto del
autor, ora sean ejecutados por torpe ma no, producto
de un temperamento ordinario, como por la peri ia
há bil y consumada de un a rtista fin o y delicado.
La historia de la ilustra ión del Quij'ote bien puede decirse que es la del grabado, como concepto y
como procedimien to, desde el primer tercio del siglo XVII hasta nuestros d ías: todas sus evoluciones
están representadas en el número extraordinario de
ediciones publicadas, como represe ntada se halla en
éstas la influencia del medio en que se produjeran.
Basta una ligera ojeada para ver en nuestras ed iciones
el carácter de los ti pos y el sello especial de los accesorios todos, variando según las ép? as hasta las edicio nes que podemos llamar contemporáneas; al igual
de las extranjeras, cuyas expresiones gráficas corresponden perfectamente á cada país; y así vemos á
D. Quijote en las ediciones españolas y aun en algunas francesas, inglesas y alemanas, fi el representación
de u n guerrero del siglo xv, como .rec;:ue.rdo tradi cional y legendario de los caballero de otro ti empos,
para transformarse . paulati namente en un capitán inglés ó en un soldado alemán, soldado unas' veces de
mosqueteros, de personajes que parecen salidos de un
cuadro de "Vatteau, que recuerdan vagamente á Call ot Ó por ciertos detalles al azaroso período de la R evolución francesa y también á modas y co nvenciones
que caracterizan el gusto y sello artístico de un período determinado.
Prolija sería la enumeración de las obras que el
libro q ue nos ocupa ha inspirado ó motivado en las
artes del dibujo y de la pintura, en estampas obtenidas por todos los procedimientos imaginables . Las
artes gráficas han con tribuído á extender y populari zar la inmortal creación de Cervantes por doquier,
completando la acción de la im pren ta , siquiera sea
superfi cialmente; porque por talento genial que tenga y haya tenido el artisto'l que ha glosado on el
lápiz las aventuras del inmortal manch ego, ¿quién ha
podido fijar gráficamente su fi sonomía y determinarla?
ingun o.
U n concepto artístico creado y realizado por un
procedimiento, difícil es de traducirse por otro; máxime cuando éste es la palabra escrita, elemento fino,
inmaterial puede decirse, )' hay que reproduci rle 'tO Il
los trazos concretos y fij os de Ull dibujo.
¿Quién es capaz de representar la expresió n de
Edipo ó de Ulises gráficamente? Podrá la genial po
tencia de un artista convencer con los celos de Otelo,
pero su fuerza será insuficiente para dibujar las torturas y angustias de H ámlet. De la propia manera,
dibujando á D. Quijote se hará una: obra de arte digna de aplauso, pero no es posible que se personifique
al noble y generoso caballero, como no es posible que
se tracen con líneas y contornos precisos los rasgos
de un ideal; quédese eso para la fi sonomía en todo
caso comprensible y conocida de todos, de ancho,
el hombre vulgar, de buen sentido práctico y positi','o,
cuya sola y única aspi ración es el gobierno de la 1nsula Barataria.
Nú
680
1E RO
LA ILV T RAerÓN ARTÍSTICA
P or esto es general el decir que ninguno acierta en
suponemos serán leídos con gusto por nuestros susla representación de D. Qu ijote: fórmase cada cual JUICIO E MITIDOS SOBRE E L «QUIJOTE» criptores:
con la lectura del libro una idea del protagonista,
POR ALGU NOS LITERATOS NACIONALES Y E XT RANJ E ROS
«Abandonó Cervantes el teatro al mismo tiempo
según su manera de ser, é inútil es que trate nadie
Para que resulte completo el homenaj e que con el que se entronizaba en él Lope de Vega, y hasta que
de da rle forma corpórea á satisfacción de todos, porque si decía Gerard de Nerval, al verter al fra ncés las presente nú mero rend imos á la memoria de Cervan- no se dió á luz la primera parte del Quijote, no pupoesías de R eine, que las traducciones eran du clair tes y á su libro inmortal, hemos creído necesario p u- blicó ni nguna obra de importa ncia. La necesidad de
de tune empaitlé, ¿qué no ha de ser la traducción de bli car alguno juicios emitidos por eminencias litera- ganarse la vida le ponía, probableme nte, en el caso
un concepto literario, de un tipo ideal creado por el rias de E spaíla y del extranjero acerca del Quijote, de no poder cultivar las Musas. Errante y vagab undo
genio, hec ha por los trazos y tonos de un dibujante? por los cuales nuestros lectores podrán formarse idea por varias partes de España, buscaba, sin encontrarEsto, segl1n el infortunado cuanto festivo egarra Bal- del altísimo co ncepto que en todas partes yen todos la, una colocación á la cual le daban derecho su tamaseda, es tan imposible como poner en música «los tiempo ha merecido el monumento más precioso de lentos, sus virtudes y los servicios por él prestados á
nuestra literatura.
su patria. Su fatalidad lo arrastraba de Mad rid á edesmo ntes del R etiro. »
E l primero que á con tinuación publicamos, aun que villa, de evilla á la Mancha, y para poner el sell o á
o ha de suponer esto, sin embargo, ni la más leve
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1860.
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T.II .. ~ al Ai", •• .,t Ah"
IU4.
Ediciones ilustradas rusas y griegas del D on Quijote,
impresas en los años de 1815 á 1882
"
0'1-75 xo'l.0S
censura á la ilustración del Quijote: si imposible es de autor anónimo, tiene indisputable autoridad por su desgracia, los habita ntes de Argamasilla lo maltrala transcripción gráfica del héroe, es posible la repre- figurar al frente de una de las mejores ediciones que taron y lo aprisionaron, sin que se haya sabido, hasta
sentación de otros tipos, de muchas escenas, inciden- d el Quij'ote se han hecho en Italia, según puede verse ahora, los motivos de tamaña violación .
tes y detalles, y da razonado motivo para reproducir en las líneas con que encabeza su traducción el eru»Pero ¿qué son las cadenas para un hombre de geinfini dad de documentos interesantes, de crear cua- dito é ilustrado cervantista D. Ignacio Dublé.
nio? Aunque esté suj eto y oprimido conserva siemp re
dros ve rdaderamente artísticos y de hacer, en una
la energía y se burla de estos horrores. Sócrates filopalab ra, obra meritoria al exornar, cuando no en otro
De las versiones italianas del Quij'ote, es quizás la sofaba en su prisión co mo en la plaza de Atenas;
concepto, en el decorativo, un libro por todos y siem- más notable la de 1818, publica.da en Venecia por T orcuato T asso en situació n parecida no se dolía de
p re leído.
Alvisopoli, si no por su antigüedad, por la exactitud haber perdido la libertad, sino d e no poder escribir á
Yo mis mo, en mi profesión, que los azares de la de la traducción, que se hizo en vista de la ed ición su talante, lo cual le estaba prohibido por sus opresosuerte me han deparado, de ilustrador de libros, he de [780, corregida por la R eal Academia E spañola, res. Cervantes aprisionado por los manchegos dió
puesto torpe mano en la obra del inmortal Cervantes y de la otra edición de 1797-98, publicada en Madrid rienda suelta á su imaginación y compuso el D on
con el p ropósito, ya que no fuera factible el de inter- por D. Gabriel de Sancha y anotada por D. Juan Quijote; así el libro más ingenioso y singular q ue ha
pretar al generoso héroe manchego, de contribuir en Antonio P ellicer. La edición á que nos referimos con- producido el espíritu humano fu é compuesto en una
el esca o valer de mis fuerzas á enaltecer y glorificar, tiene un estudio biográfico-crítico de Cervantes y sus cárcel, donde, según nos dice el autor, toda incomo
como con esta manifestación se hace, una creación obras, debido á la pluma del anónimo traductor, !tO- didad prevalece y tod o triste rumor tiene su asiento,
genial uya esplendente aureola no obscurece en lo mo altrefta nto p erito qua1tto modesto, según lo califica
»La filosofía y la elocuencia fu eron á contemplar á
más mínimo afortunadamente todo el mezquino po- el prólogo de los editores, y que, á juzgar por dicho Cervantes, cuando éste, errante y miserable, era olvisitivismo de nuestro «fin de siglo.»
trabajo crítico y por la versión del Quijote, se com- dado de los poderosos y despreciado de los poelas,
prende debió ser un eminente literato. D el mencio- porque se d esdeñaba de escribir, á semejanza de ellos,
J. L. P E LLICER
nado estudio traducimos los siguientes párrafos, que ,versos frívolos y vanos. Mientras tanto tenía la aten-
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
L A ILU STRACI ÓN AH.Ti STICA
N Úl\1E R O 680
ción puesta en su siglo, y veía con sentimiento y con nuevo sin apa rtarse de la naturaleza., ni decaer un solo en decirlo dis ipó las ilu siones de la Caballería. La
enojo á la mayor parte de los hombres empeñados en in . ta n te, ni causar tedio jamás. T odo esto pertenece multitud de libros por él impugnados, esparcidos por
un género de lectura que perju dicaba la educación, al genio, que se manifiesta por si solo sin nece idad todas partes y con tanta avidez acogidos, desapareció
corrompía la moral, perve rtía las costumbres y usurpa- de regla. ni modelo .
de tal modo que no se tendría noticia de su existenba á lo bello aquella atención que se concedía á las
»Cua ndo el .Don Quijote se pu. o en parangón con cia sino po rque se lee el Quijote: triu nfo sing ula r y
más monstruo as invenciones . Esta ba la España inun- la Ifiada, no se comprendió q ue era im posible com- maravilloso, digno de la obra y de la gloria que nadi e
dada de libros de caballería, y sus despropósitos cons- parar dos obras de tan distinta naturalez.'l; y ta nto se ,p uede disputar á Cervantes.
»Las sátiras viven poco tiempo; si tienen vaguedad,
tituían la admiración de los ignorantes, el pasatiempo extremó la analogía, que se pretendió encon trar en el
de los ociosos y quizás ta mbién de los hombres de poeta griego algunos pasos de los cuales procuró no interesan; y si se aplican á determinados objetos,
no ordinari o talento. «V o acabaré con esta peste,» de- Cervante. hacerse imitador. Verdaderamente sería 'mueren tan p ronto como cesan las circunstancias que
cía para sí Cervantes; y su elevada y caprichosa ima- extraña la a fi rmación de que la lectu ra de H omero las han hecho nacer. E staba reservado á Cervan tes el
ginación le presentó el héroe que debía extermÜlar á hubiese producido el D on Quijote: no obstante, si al privilegio de que para vergüenza de ver aniquilada la
tan intolerables pala in es.
recordar al padre de la poesía se dijese que para com- Caballería y con ella las ridículas co tumbres, viviese
» o valían, sin embargo, para conseguir tal inten- poner el Do" Qlliiote era necesaria tanta fue rza de su D on Quijote y adquiriese cada día más esplendor.
to, ni las estériles in vectiing nio ('omo para compo- ¿Quién hay que tenga el d on de interesar como él?
vas, ni las finas argum entaner la Ilíada, estaríamos Por esta razó n le llamó inimitable el autor de Eloísa,
ciones que se habían usado
de tocio punto conformes y lo prefería á todos los escritores de fantasía; y por
hasta en ton es: débil repaco n este juicio, añad iendo esta razó n todas las naciones cultas han traducido su
sURBlrc AROD11H PIS1IE!\ nm tUROP Y.
ro á contagio tan grande, y
que esta misma re lació n obra, y las máquinas no se cansan de imprimi rla n i
que contenidas en obras no
tiene Cervantes, no s610 los ojos se ca nsan de leerla. Los nom bres de D. Q uileídas por el p ueblo, á éste
con Homero, sino también jote y de Sancho Panza resuenan en los lugares más rede nada le podían servir.
con Sófocles, con Virgi lio, motos de la tierra, y estos dos humildes personajes, na¿De q ué ap rovecha que un
con Tasso, co n Corneille, cidos en la fanta ía de Cervan tes, ve ncen en celebridad
crítico escriba para otros
con Racine y con todos los á los más ilustres hé roes de la fábula- y de la h istoria.
»Existen hombres, si n embargo, á los cuales no guscríti cos aquello que éstos
grandes escritores.
pueden acaso pensar por sí
»U n hom bre á cuyo ta- ta este libro, y que tachan de insípida y de frívola su
ILLUSTttACYA TONY J OHAN NO T.
solos? Por tal motivo la delento es de udora la poesía lectura. Sería tiempo perdido el que se empleara en
clamaciones de Luis Vives,
trágica de la altura á que dar á con ocer á esos tales las bellezas del D Oll Quijote.
de Alejo Venegas y de otros
ha 11 gado en este siglo, y ¿Insípida su lectura cuan do la hicieron uni versa l sus
contra los libros de cabagracias únicas y el delei te
que difun de pp r d oquier?
llería eran imítil es, ya que
¿Frívola una obra que co rri el pueblo, absorto en la lecgió el vicio lit rario de 'u situra de éstos, no leía aq uéDll prvn,
glo, y sin la cual los que la
llas ni era capaz d e entenjuzgan tan desdeñosamente
derlas. Si se quiere extirpar
quizá aú n pe rd ería n el
un vicio arraigado en todas
tiem po leyendo u n A 111 adis
partes, se necesita un remedio conveniente para todos.
de Calt/a? Que se ci te un
solo au tor en el cual el pla»Crecía entretanto la necer, efecto etern o é insepacesidad de este remedi o, y
rable de las obras de hermosi la gente cifraba todas sus
sa invenci6n, res u lte tan
delicias en la lectura qu e
cumplido y haya ll egado á
se trataba de aniquilar, era
tan alto grado. Pero dejemos
necesario reemplazar dicha
á tales hombres on u exlectura por otras igua lm entravaga nte censura; sus late agradables, y suplir la
bios no se abrieron nunca á
pérdida de tantos libros co n
E d ición polaca im presa con il ustraciones en el año 1855
la sonrisa, ni su corazones
uno que los aventajase á
á las gracia s.
todos por la novedad y el
deleite; que, adornado con todas las galas de la ima- que ha tratado ca i todos
»Cuando se publicó en
.'á.
ginación, se apoyase en los principios del buen gusto los género de literatura
1605 la p rimera parte del
1- Bo): Ftr~t ..
y de la verdad, y cuya in vención junto con la fil osofía con una penetración y una
D on Quijote, no pudo ta n de
facili
dad
que
formaran
épores ultasen útil es y deleitosas á toda clase de personas
improviso co nocerse la fin ísica en el mundo, al a firm ar
ma sátira que encerraba, y
en cualquier estado de la vida .
»Tal fu é el Don Quijote que ahora lee ávidamente en sus Misceláneas que el
convino al autor hacer una
la posteridad, sin atreverse á decidir qué es lo más espíritu humano no hace
crítica aparente de su obra,
digno de admiración, si la fu erza de la fantasía que más que r producirse y que
para que ésta fu ese buscada
lo inventó, ó el deleite que lo 'azo na, ó el estilo con las obras Hue nosotros ady entendida. Gracias al Busqu e está redactado . Cuando en el curso de la co nver- miramos son imitación de
caPié ( 1) se difun dió el libro
sación se viene á tratar de este libro, todos compiten otras más an tiguas, dice
yen poco tiempo se hi zo unien hacer su ' elogio, y nun ca decrecen las alabanzas, que el modelo del D on
versal su lectu ra. E sta celecomo si fuera inagotable el manantial de las mismas. Quijote fu é el Orlando, de
bridad suscitó la envi dia que
U no encomia la novedad y felicidad del pensamien- Ario too Es in d udable q ue
derm mó su veneno sobre los
to; otro la verdad y belleza de los caracteres y de las se debe la más viva ad mipoetas confun didos por la
costumbres; éste la verdad de los episodios; aquél la ración y el mayor respeto
.
.
_
superioridad de Cerva ntes, y
. ., .
E ch cJOn Ilustrada Impresa en BohemIa en el ano 1866
él, desgraciado y obscuro,
abundancia y delicadeza de las alusiones y de los á este escri tor italiano, cochistes; quién admira el infinito artifi cio y gracia de 11)0 á un o de los más gran.
subsistien do quizás gracias á
los diálogos, y quién la inapreciable belleza del estilo des escritores originales de q ue puede enorgullecerse la co mpasIón de los demás, no ambicionaba otra riy la pureza del lenguaj e. Todas aquellas dotes que la poesía. Pero ¿qué a nalogía pu ede existir entre dos qu eza ni otros bienes que la gloria de su obra, al misacá y allá difundidas habían formado la gloria de mu- locos de manía tan diversa, entre un cuadro comple- mo tiempo que los poetas irritados se conjuraban para
chos escritores, se encontraron reunidas en un solo tamente quim éri co y otro cuad ro todo ve rdad , entre aniquilarla,
»En tl na composición de pésimo estilo el in solente
hombre y espa.rcidas co n profusión en un solo libro; un libro de caballería y una sátira de ta les li bros, en¿y en qué tiempo? En un siglo de frivolidades y de tre la libertad que se permi te el ita . ano y el artificio
disputas más que de gusto y de saber, en el cual el y la sabiduría con que procede el español?
( 1) Lo' trabajos críticos poste riores á la lecha del artículo
» V aun cuando se co nced iese qUd la marcha del
arte del raciocinio se había casi perdido y en que la
que traducimos han venido á. impugna r la exactitud le estas
literatura puede únicamente contar dos ó tres libros uno es mu y semejan te á la del otro en parecidos su- afirmaciones relativas a l B/tScapii!. El distinguido cen'amista y
que se atrevan á competir con la superioridad de las cesos de la fá bula, ¿cuántas otras cua lidades resaltan docto catedrático de l I nstituto de Vi toria D . J ulián Apraiz, en
dos edades que le siguieron ; y por esto cuando se en el Quijote que no podrían ser tomadas de Ariosto u discurso leído en 2 4 de abri l de 1893 en la sesión pública ceconsidera la época en que se publicó Don Quijote y ni de ningú n otro escritor? ¿E ncuén tra'e por ven tura lebrada en el teatro de dicha ciudad para conmemorar el a ni"er277 de la muert e de Cervantes, dice acerca tl-e este asunto
se compara á Cervantes con los hombres de su tiem- en dicho poeta el tono de sen ibil idad du lce y afec- sario
lo sigu iente : «E l primero que andando los tiempos condenó
po, la obra parece un portento y Cervantes un coloso. tuosa, tan frecuente en la obra el Cerva ntes? ¿Nece- esta vaga y confusa trad ición de las alusion es quijotescas fué
»N o es esta ocasión oportuna de analizar las belle- sitó acaso aprender de Ariosto la elegancia de un es- el ilustre a rtill ero D. Vicen te de lo R ío, quien en su Vida de
zas del Don Quijote, ni de examinar por cuál modo tilo siempre armonioso y p uro, qu e adaptándose al Cervantes, imp resa en 1780, hace la peregrina afirmación ele
su mismo biogra liado había publicado en forma a nónima
el autor haya sabido hacer de su héroe el más rid ículo objeto descrito por él, es natural , fluido é ingenioso que
cierto li brito denominado BttScapié, en el que á más de una críen
las
narraciones
,
modesto,
ingenuo
y
decoroso
en
y al mismo tiempo el más prudente y más virtuoso de
tica del Quijote se daba una especie de clave para la debida intelos hombres, sin que tantos y tan diversos aspectos los chistes, preciso en los raciocinios, rico y fastuoso ligencia de ciertas recónditas intencionada alusiones; añadiendo
en que lo presenta se perjud.iquen entre sí; cómo en en las descripciones? Finalmente, ¿de quién aprend ió el di ligente biógrafo que un Sr. Ruidíaz había leído recien teun ejemplar del mi terioso opllsculo. Mas las ob 'en'acioSancho ha reunido todos los grados de la simpleza, nunca el precioso y difícil arte de los diálogos, en los mente
nes de D. J uan Antonio Pellicer, D . Martín Fernández de Nacual es su admirable cond ucta en estas variedades cuales Cervantes no tiene rival alguno, ni aun el ilus- varrete y D . D iego Clemencín, aun dejando a alvo la buena fe
incomprensibles sin perjudicar á la un idad de los ca- tre Richardson?
histórica de R íos, dieron completamente a l traste con semejante
» N o, D on Quijote no buscó modelos, y hasta ahora especie; y aunque á mediados del presente sig lo publicó D. A dolracteres ; cómo ha sabido juntar en su fábula los
de Castro el supuesto Bus(apii! del autor del Qui¡"ote, la conacontecimientos que parecían más apartados de la carece de imitadores: es una obra que encierra 10s fo
tundente impugnación de T icknor en su H istoria de la literatllra
mi sma, haciéndolos servir para poner de relieve la caracteres todos de la originalidad y del genio; es un espm10la (ed ición ca teIlana) ha dejado las cosas e n el mismo
locura de su personaje principa l; dónde ha aprendi- poema divino, cuya composición nació bajo el auspi- estado de carencia de noticias auténticas aCerc<1. del tal libreio
do á variar las situaciones, á poner en contraste las cio de las Gracias y de las Musas; cuya aparición ru é atri buído á Cervantes.
(N. del T.)
escenas, á conservarse siempre original y siempre un rayo de luz que en menos tiempo del que se tarda
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E DICION ES HÚ NGA RAS, FIN LANDESA, BO HEM IA Y CROATA ILUSTRADAS, IMPRE AS EN LOS AÑOS DE 1 850 Á 1882
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
LA
ILUSTRACION ARTISl'ICA
Villegas (1) os6 calificarlo de triste poeta y llamarlo justa que le es dable ambicionar al hombre de consquijotista, con pretexto de tomar la defensa del poeta picuo talento. u actividad intelectual hubo de ejerArgensola (2), á quien Cervantes no había hecho otra citarse en un campo estrecham ente limitado: la liberofensa que l::t de apreciarlo con exceso. Otro poe- tad de palabra, la de discutir las grandes cuestiones
. ta (3) tan obscuro como Villegas, imitando por mofa relacionadas con el bienestar político y religioso de
á Cervantes, lleg6 hasta la temeridad de continuar los hombres se hallaban bajo un entredicho igual al
una obra cuyo mérito estaba muy lejos do poder es- que pesaba sobre la libertad de imprenta, y así encatimar. ¡Ignora nte! ¡Atreverse á escribir otro Quijote, denado el pensamiento sec6se 1 manantial de toda
y d cir que lo hacía para mejorar el primero y por- humana energía, porque faltándole la independencia
que al autor de éste le faltaba talento para continuar- no pu lo influir en el desenvolvimiento de la letra,
lo! ¿No sabía el tal que la crítica más difícil es la que de la bellas artes, ni de ninguna de las producciones
mira al ejemplo y que el éxito seguro no está reser- intelectuale de aquel tiempo.
»Si hubiesen regido á E paña otras instituciones,
vado más que al hombre de superiores facultad e. ?
»El pobre hombre tachaba de bajo el estilo de Cer- Cervantes no habría tenido que abrazar la carrera de
vantes, y se burlaba de éste porque era viejo, lisiado las armas como un soldado vulgar, siguiéndola hasta
y pobre; como si \ illegas, Argensola y todos los poe- perder en ella un brazo y la salud estropeada por las
tas de aquella época reunidos pudieran competir en fatigas de la guerra y las penas del cautiverio; no se
mérito literario on un 010 capítulo
del QlÚjote: y como i la pobreza y la
imperfecci6n de Cervantes, cubriendo
de oprobio á su siglo, no añadieran
mayor lustre á la veneraci6n que le es
debida. Pero tales ultrajes, que no
merecen la atenci6n de la posteridad,
son citado por nosotros únicam nte
porque iban encaminado: á la ofensa
de un hombre ilustre. Además, vienen
á comprobar la verdad del dicho d
Pope: «Que un mal escritor es generalmente un hombre malo.»
»Por el'contrario, ¡cuánta dign idad
y cuánto decoro se encuentra en la
defensa de Cervantes! Para co nfundir y pulverizar á su adversario no encontr6 el.:pedJente más á prop6sito
que publicar la segunda parte del
Quijote, superior todavía en corrección y buen gusto á la primera. Le
bast6 en algun os pasos de e ta segunda parte tomar á broma la poca gracia de su émulo, y advertirle alegremente que la composición de un libro
cuesta una fatiga mucho mayor de lo
que él se figuraba. Si todos los autores se defendiesen á la manera de
Cervantes, menos escandalosas serían
las guerras de los literatos, y la caterva de temerari os detractores no se
atreverían á proferir tantos ladridos. ~
NUMERO
680
convendrán en ello cuantos hayan leído esa obra admirable, así como en que es de aquellas que no pueden
leerse por fragmentos ni ser analiz..1.das conforme á las
reglas de la crítica ordinaria. Para conocer á fondo al
caballero de la Mancha hay que examinarle en todos
sus aspectos. Hay que contemplarle embebido en la
lectura de sus li bros de caballerías; oirle departir on
los paladines y los encantadores, y verle volar all ende
los confines de la raz6n á impulsos de su gallarda
fantasía.
»EI que ha tenido el embele o de saborear los 1 ocma de A",adis y de Orlando es quien puede apreciar
la cualidades del héroe man chego cuando monta u
viejo y escuálido jamelgo, y cubierto de una moho °a
armadura cruza montes y valle en busca de aventuras dignas de u e pada; cuando su alborotada fantasía transforma los molinos de viento, la. aldeanas y
los labriegos n gigantes, paladines,
Dulcineas y mago ', sin que los ontratiempos, desazones y desdi chas quc
en tropel le agobian sean parte á hacerle abrir lo ojos. Las proe7A1.S del
ingenioso hidalgo on su fiel Rocinante y su c6mico e cudero ancho
aparecen enton es á los ojos del lector con aquella dignidad que da un
encanto tan incomparable á sus hazañas.
» Para est imarlas en su justo \·,llor y
apreciar debidamente el carácter de
estos personajes fuerza es onocer el
de aquellos á quien s imitaban, pues
de otro modo no nos fuera dable imaginar la mira que tuvo el autor al
evocar la memoria de sus altos hechos.
o es menos indispensable penetrar
la satírica intenci6n de ese libro que
de no e tar caracteri zado por las ga
la de tan jovial ingen io habría sido
una seria disertaci6n sobre lo errores
y los de atino sociales de su tiempo.
Por otra parte, sus jocosidades nos
invitan á reflexionar inspirándonos
graves pensamientos, lorque son de
tal naturaleza que al mismo tiempo
que hacen asomar la ri sa i 10 labios
fomentan la actividad del entendimiento. Deleitan enseñando. Hasta
en el relato de las más graciosas aventuras se advierte ese fll1 moral que el
I G J\CIO ])UBL1~
autor nunca pierde de vista.
»El c6mico efecto producido por el
singular heroísmo del caballero haReprouucción de un cuadro de la colección de Coypel sobre asuntos del Don Qui;ole,
ciendo contraste con el miedo cerval
Thomas Roscoe, E q., en el capípublicada en Parí por L. Surgue en el año 1780
de Sancho en la nocturna a\'entura de
tulo I de su excelente obra Tlle lije
los batanes, nos trae á la memoria á
and writings o/ Miguel de Cervmttes
Saavedra ha compilado una porci6n de anécdotas y habría visto en la dura necesidad de solicitar un mez- los héroes de Homero y Virgilio procurando .orobservaciones por todo extremo curiosas acerca de quino empleo incompatible con sus hábitos, ni habría prender á favor de las tinieblas el campamento enetenido que aceptar un cargo su balterno en una remo- migo. Para formarnos una idea exacta del carácter
nuestro inmortal novelista. Dice de este modo:
ta colonia, abandonando la patria por la . cual había de la obra hemos de estudiarla en su conjunto.
«Al fallecer, en 1598, el sombrío é intolerante Fe- peleado y vertido su sangre. Por otra parte, es induda- ¿Quién sería capaz de formar e por medio de exlipe n, no pareci6 sino que el gen io científico y ar- ble que un hombre dotado de una ardiente imagina- tractos una idea de las aventura que á D. Quijote
tístico se sentían súbitamente emancipados de aque- ci6n y un espíritu enérgico cual poco los hayan po- le ocurrieron en la venta que él creía casti llo enlla letal infiuen ia que por espacio de muchos a ños seído, no habría pasado entonces más de veinte años can tado y en la cual mantearon al pobre Sancho?
había tenido aletargadas las inteligencias, de aquel bajo el tiránico reinado de su ingrato señor, sin pu- Del mismo modo hay que leer toda la novela para
despotismo político y religioso por cuya virtud impe- blicar una sola obra, hasta que en el año 1605 dió á hacerse cargo del arte con que trazó el autor un conraba en la vasta monarquía un sepulcral silencio que luz la primera parte del Don Quijote. Cual si no bas- traste tan vivo como el qu e resulta de la contrapotaran los demás sinsabores que acibararon su existen- sición de dos caracteres como el del grave y cortés
s610 se atrevían á romper muy contadas personas.
»Hemos visto á Cervantes volver á su patria y á su cia, hubo de ver c6mo le cerraba el camino la ingra- hidalgo y el del rústico y vulgar escudero . E te cofamilia mutilado, pobre, menospreciado y exhausto titud de una corte que no pens6 jamás en ascenderle nocimiento cleriva de aquella interesante narraci6n
de medios y de esperanzas, pero dotado de una vigo- ni en recompensarle. Bien puede decirse sin encare- en la cual la viveza de la fantasía, ostentada en un
rosa inteligencia y un carácter jovial que en más feli- cimiento que su genio, como su fortuna, se vieron sinnúmero de aventuras, se hermana por modo maraces circunstancias le habrían valido una fortuna; re- condenadoS" durante aquel tiránico reinado á una es- villoso con la sabia pintura de los caracteres, embecompensa la menos noble, mas no por ello la menos pecie de solitario cautiverio, en cierto sentido más lesando el ánimo del lector, fascinado por la maestría
duro todavía que el de los baños de Argel, cuando la del novelista. Bien lo muestra la indiferencia de aqueruin turba cortesana se gloriaba en su ignorancia de llos que se solazaron con la lectura íntegra de la obra
( 1) Se refiere á D. Esteban Manuel de Villegas, natural de
respecto á los fragmentos escogidos de ella que se
meno preciar el Don Quij·ote.
ájera en la Rioja, que nació hacia los años de 1595, y que
»Cuando España empez6 á respirar, aliviada del publicaron por separado. A esto hay que añadir que
en 1618 publicó un torno de sus traducciones y poesías con el
título de Eróticas. D e una vanidad extremada, este poeta se peso de tantas guerras exteriores y tanta opresi6n también pierde una gran parte de su atractivo para
representó al frente de su libro como el sol naciente que amorti- enervadora, y la paz y las artes útiles parecieron re- los que desconocen por completo la lengua y las cosgua con sus rayos á las estrellas, llevando el arrogante lema Sicul vivir haciendo augurar una era más dicho a, no me- tumbres de la patria del héroe.
solmatutillus: Me surgente, quid islm? o contento con esta ri·
»Otro de los más notables caracteres de la obra 's
dícula jactancia, insultó en su libro á Cervantes, motejó á Gón- jor6 por esto la posición de Cervantes; pero, en camgora y se burló de Lope de Vega, 10 cual motivó que Góngora bio, extendi6se considerablemente su fama. El éxito el perenne contraste que en ella se nota entre los. que
le dedicara los siguientes versos:
de su nueva obra - recibida al principio con frialdad lIamamo espíritu poético y espíritu prosaIco . La Jl1~a­
- fué realmente asombroso, á pesar de los envidiosos ginaci6n, el sen timiento, las prendas y las tendencIas
«Anacreoote español, no hay quien os tope
Que no diga con mucha cortesía,
ataques de sus contemporáneos, pues en vida de su más generosas del alma humana coadyuvan á engranQue ya que vuest ros pies son de elegía
autor se tiraron de ella más de treinta mil ejemplares. decer á nuestros ojos el tipo de D. Quijote. Antes y
Que vuestra suavidades son de arrope .....
Al mi mo tiempo tradújose á todas las lenguas y vi6- después de su tiempo ha habido hombre de esforzaCon cuidado especial vuestros antojos
se aplaudida por toda suerte de lectores. Sin embar- do espíritu que consagraron u existencia á la noble
Dicen que quieren traducir del griego,
o habiéndolo mirado vuestros ojos.»
go, e to no fué nada, comparado con la inmensa cir- empresa de enderezar entuertos y satisfacer agravios
(N. del T.)
declarándose campeones de la justicia hollada y la
~ulaci6n y los entusiastas homenajes que debían honinocencia oprimida. Como D. Quijote, descubrían
(2) Bartolomé Leonardo de Argensolit, nacido en Barbastro rarla más adelante.
en 1564, bermano de Lupercio y maestro del poeta Esteban
»Cervantes debe su inmortalidad al Don Qui/ote. doquier la imagen de esas virtudes á las cuales tribu(N. del T.)
Manuel de Vi llegas.
No se ha producido jamás en ningún idioma una sá- taban ferviente culto. Creían firmemente que el des(3) Alude al desconocido escritor que con el seudónimo de
interés, la hidalguía, el valor y la abnegaci6n caballeAlonso Fernández de Avellaneda publicó en 1614 la segunda tira más amable y delicada ni un alarde tan maravilloso de inspiraci6n y arte literario. o dudamos que resca no habían desaparecido aún de la haz de la tieparte del Qui"ote.
(N. del T.)
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Grabados de la edición española publicada en Londres por J. y R. T onson en 173 8, medida 0'20 x 0'15
Grabados de la edición española publitada en el año 1780 por la Real Academia de Madrid, imprenta de Ibarra, medida 0'20 x 0'13
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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LA
ILUSTRACI ÓN ARTÍSTICA
NÚMERO 680
encantadores no eran en realidad sino sencillas aldea- broma sus más generosos impulsos. !fal podía disinas que al verle pensaron morir de espanto.
mular á los otros las flaqu ezas que á sí mismo no se
»A los hombres leS:trata siempre de un modo caba- perdonaba. Una alma grande como la uya no ca lla
lleresco, y como no olvida jamás u papel de ende- la verdad aunque s a en detrimento de lo que más
rezador de entuertos, siempre les deja un recuerdo de ama y respeta, mientras no ceda en u propio dessu persona, pero las más de las veces por todo extre- doro.
mo desagradable. Bien lo explicó el bachill er Alonso
»Pero ni este propósito, ni el indicado contraste
López diciéndole:
entre el mundo heroico y el mundo vulgar, ni su feli- «No sé cómo pueda ser eso de enderezar tuer- císima sátira contra la exalta ión de la fantasía puetos, pues á mí de derecho me habéis vuelto tuerto, den 'eñalarse como los únicos móvil e~ que induj eron
dejándome una pierna quebrada, la cual no se verá á Cervantes á escribir u libro. Hay otro muy apaderecha en todos los días de su vida, y el agravio que rente y de más d irecta aplicación qu ha. ta hoy paen mí habéis deshecho, ha rece haber pasado inadvertido. Conviene recordar
SIdo dejarme agraviado de ma- que, uando apareció el Don Quijote, la literatura esnera que me quedaré agraviado pañola estaba atestada de li bros de caball erías, en
para siempre; y harta desven- su mayor parte muy malo . T al fu é u pernicio a intura ha sido topar con vos, que fluencia, que no ólo pen'irtió el gusto nacional, sino
vais buscando aventuras.»
que desl'ió deplorablemente á aquel pueblo del bu en
» La conclusión que dedu- camino. No hay duda que la mitología caballeresca
ci mos de la lectura del Don contribuyó á in pi rar nociones muy puras de honra
Quijote la encontramos en lo' y de moralidad á las nacione modernas Desde luego
sentidos términos con que el purificóse el amor, de manera que sin encarecimienpobre bac hill r se lam enta de to podemo dec ir que seguramen te debe mos á los
su malaventura.
autores de Lanzarote, Amadís y Orlando la exqui»Es que la exalta ión de sen- sita galantería que distingue á las modernas naciones
timiento redunda en perjuicio europea de los pueblos antiguos; ese r sp to á.la
no só lo del individu o que se mujer, rayano en idolatría, que los griegos d s orl'Osacrifica por los otros, sino cieron por completo. Briseida, Andrómaca y Penétambién de la sociedad cuyas lope caían resignadas en los brazos de sus conqu isleyes quebranta, fomentando tadores, que hacían de ellas sus esclavas al par que
el espíritu de rebelión, sin pro- sus esposas . La buena fe, en los tiempos mod erno',
ducir sino resultados extraños se ha pue:to al seryic io de la fu erza proc lamándose
y con frecuencia ridículos en que la felonía es de honra. Lo ' antiguos la tuvieron
sumo grado.
por inmoral, pero no la co nsideraron vergonzosa. El
»Como más arriba dijimo. , sentimiento del hon or fué íntimamente nlazad o con
un libro que hubi ese tratado nuestra propia existenc ia, la leshonra se juzgó peor
este asunto de un modo lógico que la muerte y el valor una cualidad indi pensable,
y grave habría sido excesiva- no sólo para el soldado, sino para el hombre en geReproducción de una dc la. composiciones dibujadas y grabadas pur Pinelli
mente triste y enervador, mien- neral, 'in distinción de clases ni categorías.
sobre a untos del Don Qt¡i'ole, publicadas en Roma en el año J 834
»Pero si los genuinos libros de caball erías eje;'c ieron
tras que una sáti ra escrita sin
acrim onia podía s r una jovial tan favorable influencia en las costumbres nacionales,
ta, hácese casi ridícu lo si nos colocamos para juzgarle y donosa producción, pues así el autor como los sati- no fué m nos fatal su imi tación para el gusto públien el nivel comú n de los mortales. Es sahido que el ri za~o~ eran su cep~ib l es de elevados y gene cosos co. La imaginación, cuando no se apoya en la realierror, ó en otros términos, la sandez y el d scarrío sentimi entos. En realIdad, los actos ejecutados por dad, es una cualidad abundante y vulgar. Ha habido
del entendimi ento, es el más abundante manantial de tipos parecidos á D. Quijote
chistes y entretenida recreación que existe en el mun- dan una idea más ventaja a de
do. En las aventuras del héroe las si mpl ezas y las su corazón que de su inteligenpreocupaciones abundan que es una bendi ión, pro- cia; pero el nom bre de este héroe
duciendo las más cómicas yuxtaposiciones, y así está I imaginario aplícase con suma
lleno el relato de graciosos in cidentes; porque un frecuencia á los que se pasan
hombre que todo lo ve heroico 6 caballeresco no de generosos en sus empresas,
puede menos de dar?lugar á mil extrañas combina- ora sean de carácter público ó
cione., á mil singu lares es en as y no\'elescos aconte- privado, 10 cual prueba que ese
cimientos. Luego hay un sinnúm ero de co ntrastes, tipo no tiene nada de obrenamás jocosos todavía, porq\le po puede dárse nada tural ni inverosímil. Sismondi
más donoso que el que ofrecen' la poesía y la prosa ha hecho notar que algo partide la vida; los ensueños de la imaginación y los pe- cipaba del esp íritu de la cabadestres detalles de la vida diaria; el heroísmo y el vo- llería andante el mismo carácter
raz ap tito del h-éroe ' el palacio de Armida y la ven- de Cervantes, y que las aventuras que tuvo durante su cautive•
ta; la prince'sa enca ntada y Maritornes.
»Según Sismondi, á esto se debe que tantas perso- ri o traen á la memoria las de los
nas digan del D01t Quijote que e: un o de los libros poemas caball erescos.
más tristes que se han escrito, lo que no deja de te»No hay duda que el amor i
ner un gran fondo de verdad, pues la base de la no- la gloria fué el móvil que le imvela y la enseñanza que de ella se despende son real- pulsó á abandonar sus estudios
mente desconsoladoras. Cervantes ha compendiado y la quietud del hogar para emtodos los nobles sentimientos y todas las ilusiones de puñar la espada contra lo eneun heroico espíritu en las desgraciadas aventuras de migos de su patria y á alistarsu héroe. D. Quijote, hombre de bien á carta cabal se nuevamente á pesar del mal
y cumplido caballero, fu é siempre ludibrio de zafios pago que habían recibido sus
y maleantes. Tal fué el pago que recibió por sus vir- servicios y de haber perdido un
tudes aquel hombre valiente entre los valientes que brazo en el combate más mearrostró los más formidables peligros naturales y so· morable que se ha librado para
brenaturales. aquel hombre tan honrado que no titu- atajar el paso á las hu estes mubeó jamás un solo in stante al tratarse del cumplimien- su lmanas que ame nazaban la
to de su palabra, aun en los asuntos más baladíes, independencia de toda E uropa .
»Ese mismo espíritu fué el
ni se desvió lo más mínimo de la e. tricta verdad en
que estimuló en Argel al intréninguno de los lances de su agitada existencia.
»Desinteresado a l par que valeroso, no peleó nunca pido cautivo, granjeándole el
sino en defensa de la virtud, y cuando le acometió el respeto de los moros; el que
deseo de poseer un rei no fué para regalarlo á su fi el cuando hubo recibido la Extremaunción le inspiró la necesaria
escudero.
»E n suma, lué á un tiempo el más fi el y rendido serenidad para contemplar ride los enamorados, el más magnánimo de los gue- sueño la muerte que e aproxiReproducción del agua fu erte de ir. A. Schrodler, publicada en Allana en 1863.
rreros, amo bondadosísimo y espejo de paladines. maba á la cabecera de su lecho,
T amaño del original 0 '25 x 0' 19
Si á todo esto se añade la delic.adeza de su gusto y la y el que le dictó las nobles pailustración de su entendimiento, bien puede decirse labras de su último prefacio. En
que aventajó en bondad, lealtad y bizarría á todos los su carta al conde de Lemas y en varios de us pos- algunas naciones y algunas épocas que han carecido
Amadises y Orlandos que había tomado por modelos. treros escritos fuera fácil encontrar muchos puntos de de ella' mas en cambio, las que la tuvie'ron la han
Pero, entretanto, sus más generosas empresas no le semejanza entre Cervantes y su desventurado héroe, ostentado como un don colectivo. Los españoles, los
valen sino tumbos y porrazos sin cuento, y su amor á que al fin acaba por comprender la vanidad de la provenzales y los ár~bes han teni?o ~I~a imaginación
la gloria sólo le proporciona sinsabores y desengaños. gloria y de aquella ambiciosa carrera que no le había especial que se adVierte en los ll1dlVlduos de estos
pueblos ..:omo un sello de raza, así en el poeta. como
Los gigantes con los cuales lucha tan denodadamen- valido sino desazones é infortunios.
»Si es verdad que ridiculizarse á sí mismo es el ma- en el rústico aldeano. Si esta imaginación no es ente resulta luego que eran molinos de viento transormados en titanes por su acalorada fantasía; las yor esfuerzo del buen gusto, no podemos menos de frenada por las reglas del buen gusto, incurre muy
damas que creyó libertar de la s garras de poderosos admirar al genio que de tal manera supo tomar en á menudo en las más asombrosas extravagancias.
rra. Sin calcular jamás sus propias fuerzas, acometían
las má peligrosas empresas en beneficio de gente ingrata, acrificándose en aras de leyes y principios que
muchos juzgaban completamente ilusorios. La devoción al heroísmo y las pruebas de virtud, son, como
ha dicho Sismondi, los asu ntos más nobles y ejemplares que trata la historia de la humanidad. o los
hay más elevados en los dominios de la Poesía, cuyo
elemento principal es la representación de grandes y
desinteresados sentimientos.
»Sin embargo, el mismo carácter que nos inspira
admiración contemplado desde un alto punto de.vis-
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UNA DE LAS COMPOSICIONES DE LA EDICIÓN DEL (DON QUIJOTE DE LA MANCHA)
ilustrada por G. Doré y publicada por la casa de M. Hachette y C.a de Par!s en el año 1863, propiedad en España de la casa editorial de D. Eusebio Riera.
(Tama.ño del original 0'25 x 0(19)
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»Así, en el registro que el cura y el barbero practican en la biblioteca de D. Quijote, citan por centenares los libros de caballerías que Cervantes condena
á la hoguera. Sin embargo, ninguno de ellos es tildado
de falto de numen. La fantasía desbordaba del poema de EsplandiálZ, de la con tinuación del Amadis de
Garda, del Amadis de Grecia y de todos los Amadises, y ostentábase asimisnio una imaginación exuberante en Florismarte de I:lircania, en Palmerín de
Oliva y Palmerin de Inglaterra, pues todos estos libros estaban llenos de encantamientos, gigantes, batallas, amores extraordinarios y maravillosas aventuras.
»Mientras los escritores á la moda hacían gala de
menospreciar todas las reglas de la vero imilitud, del
gusto y de la composición, aquel diluvio de libros de
caballerías iba ejerciendo una fun esta influencia en
los sentimientos y el criterio de sus lectores. Ellos
acostumbraron á los españoles á considerar la ampulosidad como la reina de las cual idades literarias y
á consagrarse casi exclusivamente á la lectu ra de
aquellas obras tan huecas que sólo excitaban la imaginación, sin interesar las de más facultades y sentimientos del alma. La Hi toria, comparada con estas
extravagantes ficciones de la fantasía, se les antojaba
pe 'ada é indigesta. Así perdieron la afición al estudi o
de los hechos verdaderos, pirrándose en cambio por
las fábu las que sus autores intercalaban en las má
graves narraciones y hasta en los anales de su patria,
que fueron llenándose de estúpidas consejas .
. .
»No hay duda, pues, que Cervantes acometió una
patriótica empresa poniendo de manifiesto en su
D on Quijote el abuso de los libros de caballerías y
hundiendo en el descrédito aquellas disparatadas ficciones de hechos y aracteres imposibles. El triunfo
de Cervantes fué completo: aquella antigua legión de
héroes, ti tanes y vestigios cayó para no volverse á levantar ante la lanza de Don Quijote. En vano probaron algunos escritore de luchar con una sátira tan
profunda é ingeniosa, lo único que lograron con ello
fué hacer patente que habían sido caricaturizados
antes que nacidos. o sería poca ventura que pudiésemos hacer hoy otro tanto en todos los géneros literarios.
»La vigorosa capacidad de Cervantes se revela sobre todo en sus producciones jocosas, en las cuales,
como lo dijo él mismo, no se encuentra ni un ataque
á la religión, á la moral ni á las leyes. E l carácter de
Sancho Panza ofrece un admirable contraste con el
de su amo. El uno es todo poesía y el otro todo prosa. Sancho posee todas las cualidades del hombre
vulgar sujeto á la influencia de un corrompido sacerdocio y un vicioso gobierno; una combinación de
sensualidad, gula, pereza, cobardía, jactancia, egotismo y bellaquería, conj unto de defectos mezclado con
cierta virtud nativa, con una constante fidelidad, una
ruda suti leza y un natural bondadoso.
»Cervantes debió de creer que no debía colocar en
primer término un carácter odioso, principalmente
por la índole jocosa de su obra. A pesar de todas las
flechas satíricas que les dispara, vese bien claramente
que su propósito es hacer á D. Quijote y á su escudero simpáticos al lector, y esto es tan cierto como
que no obstante de haberse esmerado en señalar constantemente el co ntraste de esos dos tipos, se ha guardado mu y bien de atribuir al uno todas las cualidades y al otro todos los defectos. Mientras la divertida
locura de D. Quijote consistt: en practicar al pie de
la letra su elevada filo ofía, fruto de una imaginació n
calenturienta, Sancho toma por mentor la práctica y
calculadora filosofía que ha inspirado los proverbios
de todas las naciones. D e ahí resultan á un tiempo
ridiculizadas la poesía y la prosa, de modo que si el
ingenio satírico de Cervantes se ceba en el exagerado
entusiasmo del héroe, no sale mejor librado de sus
manos el egotismo del escudero.
»El p lan general del D on Quijote y la serie de incidentes que contiene son un verdadero derroche de
ingenio y de fantasía. Si nos fuera lícito hacer una
aplicación profana de las palabras del Evangelista, diríamos que la imaginación representa las cosas reales
y las que no existen, dando á éstas un valor que las
equipara á las primeras. La verdad es que los objetos
creados por una potente imaginación queda n impre. sos en nu estra memoria como si estuviesen dotados
de una existencia real y positiva, con sus formas, cualidades y demás circunstancias características. Tal vitalidad les dió el autor, que ocuparon su puesto en el
mundo formando un eslabón de la cadena general de
los seres; de modo que más fácil nos fuera negar la
existencia de los que la tienen verdadera, que la de
esos engendros de la humana fantasía. D. Quijote y
Sancho, el ama yel cura, han quedado indeleblemente grabados en nuestra memoria. De la misma mane-
LA
I LUSTRACIÓ N A RTíSTICA
ra nos hemo familiari zado con la Mancha y con las
soledades de ierra Morena. La España de aquell a
época está retratada en nuestra imaginación con las
costumbres de sus habita ntes. Me atrevo á asegurar
que más nos ha dado á conocer esa singular nación
la obra de Cervantes que los relatos y observaciones
de los más concienzudos viajeros.
.. . ...
»En cuanto al estilo del Don Quijote está dotado
de una belleza inimitable, del cual no puede dar idea
ninguna traducción por esmerada y feliz que sea. Ti ene la nobleza y la ingenuidad de los antiguos poemas
caballerescos, realzadas por una riqueza de colorido,
una precisión de lenguaje y una armonía que no ha
igualado jamás ninguno de los escritores españoles.
Los pocos pasajes en los cuales D . Quijote arenga al
auditorio han adquirido gran celebridad por su belleza oratoria. Entre ellos merece citar e el discurso que
ende reza á los cabreros, explicándoles las maravi llas
de la edad de oro. El lenguaje de esta oración es noble por todo extremo: tiene una grandeza y una elegancia que recuerdan los más célebres frag mentos literarios de esta clase que la antigüedad nos ha legado.
»Cua ndo nos fij amos en su persona y en sus palabras, siempre nos parece verle calado el casco y ceñida la coraza, lo cua l hace que su estilo resulte excesivamente gracioso, comparado con el plebeyo lenguaje de Sancho Panza. El generoso hidalgo le promete
el gobierno de una isla que, hablando á la antigua,
como los novelistas de la época, llama ínsula. Al repetir Sanc ho con gracioso énfasis esta palabra no parece tener una noción muy exacta de su ign ificado, y
el misterioso lenguaje de su amo le preocupa 'y admira grandemente.
»El D on Quijote revela en su autor una extensa
erudición, un cultivado entendimiento y un gusto muy
refinado. El arte de la crítica parece que le llamó seriamente la atención. El examen de la bibliot ca de
D. Quijote por el cura nos proporciona un pequeño
tratado sobre la literatura española, en el cual resplandece un co rrec~o é ilustrado criterio. En el prólogo,
en los demás di SCursos del héroe y en otros pasajes
del libro abundan las observacio nes críticas, unas veces serias, otras joco a , pero siempre correctas, originales é interesantes.
»Sin duda para hacerse perdonar la severidad con
que h ~ bía tratado á los demás quiso mostrarse no
menos severo consigo mismo. Así, al examinar los
libros de D. Quijote, pregunta el cura al barbero:
- Pero ¿qué libro es ese que está junto al Cancionero
de López Maldonado? - La Galatea de Miguel de Cervantes, responde el barbero. - Muchos años ha que
es grande amigo mío ese Cervan tes, replica el cura,
y sé que es más ver ado en desd ichas que en versos.
Su libro tiene algo de buena invención, propone algo,
y no concluye nada: es menester esperar la segunda
parte que prom ete: quizá con la enmienda alcanzará
del todo la misericordia que ahora se le niega'; y entretanto que esto se ve, tenelde recluso en vuestra
posada, señor compadre. - T homas R oscoe.~
TRA D. POR
J.
COROLEU
En Alemania, una de las naciones que más entusiasta culto han rendido á Cervantes y á su incomparable Quijote, e ha publicado un libro exclusivamente dedicado á coleccionar los juicios, encomiásticos
todos, que acerca de uno y otro han em itido los más
eminentes literatos y críticos ale mane . De ellos entre acamos el siguiente, del ilustre Federico Schlegel,
cuyo nombre nos releva de todo comen tario sobre la
importancia ·é imparcialidad de los conceptos en su
trabajo co ntenidos.
«La novela de Cervan tes debe su fama y la admiración que desde hace dos siglos sienten por ella todas
las naciones de Europa, no sólo á la bondad y belleza de su estilo, á lo perfecto de su exposición y al hecho de ser la que revela más inven tiva y más genio de
todas cuanta obras satíric.'ls se han producido; débelas también á que constitu ye un cuadro viviente y épico de la vida y del carácter genu inamente españoles.
»De aquí que cada día tenga nuevos encantos y valor nuevo, al paso que tantas otras imitaciones suyas
publicadas en Francia, en Inglaterra y en España
misma resultan completamente anticuadas y yacen Ó
están á pun to de caer en el más absoluto olvi do.
»A este libro más que á ningún otro pu ede aplicarse
lo que en cierta ocasión he dicho acerca de las obras
poéticas satírica, á saber: que este género literario
es en el que el poeta más debe probar, con gran su ma
de poesía en 10 episodios accesorio, en la expo ición, en la forma y en el lenguaje, su vocación y el
derecho que tiene á hacer uso de todas las libertades
que se toma.
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N ÚMERO
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»Por esta razón no proceden justamente los que se
parando de la novela de Cervantes sólo la sátira
quier€n dejar á un lado la poesía. Cierto que ésta, tal
como all,í apa r~ce, no siempl:e se adapta al gusto de
las demas nacIOn es por lo mismo de estar informada
de ll~ modo esencial en el espíritu gen uinamente
espanol; pero el que con éste se identifique y pueda
sentirlo cual sentirse debe, verá que en aquel cuadro
hermo o y lleno de vida, lo serio y lo jocoso, la átira
y la poesía, están por modo admirable unidos, completándo e mutuame nte y alwnzando, gracias á ello, ésta
y aquélla su verdadero valor.
»Las demás ob ras en prosa de Cervantes part icipan
en mayo r Ó menor grado de las excelencias elel estilo y
del artí tico artificio ele ex po ición que c.'lracterizan el
Quijote/ pero á éste corresponderá iempre la corona
en punto á la p di cción ele la fábula, al paso que
aquellos otros trabajos valen prin ipalm ente en cuanto se relaciona n con e ·te libro, único en u género y
más inimitable cuanto más imitado.
»El Quijote s un ncanlo si n par de la li teratura
española, y con raZÓn pueden los españoles se ntirse
orgullosos de po eer una novela que constituye una
o~:)t"a tan co ml~l etam e n te nac iona l como no la posee
nll1guna otra li te ratura, y que como maravill oso cuadro de la vida, de las c:Jstumbres y del e píritu de la
nación merece ser equiparada á un poema épico; que
no sin razón han le muchos considerado como epopeya de un g¿nero especial y de todo pun to nuevo.
. . . ..
»Yo exhorto encarecidamente á los lectores del Quijote á que consideren á Cervantes como un poeta
que si en la prim era parte de su libro parece haber
derramado sobre éste, en un momento de festiva prodigalidad, todas las flores de [re ca poesía que mezcladas con la gracia guardaba en el cuerno de la abundanc ia de su genio, supo también escribir otras obras
no menos dignas de estimación y de respeto que algún día serán colocadas, cual les corre 'ponde, en el
santuario del arte romántico. Refiéro me á la apacible
é ingeniosa Ga(atea, en la cual' el juego ele la vida
humana forma con arte reposado y suave simetría un
bello cuanto artístico tejido de eterna música y delicados anhelos: es la corona de flores de la inocencia
y de la primera y todavía tímida juventud El ombrío P érsiles, en cambio, desenvuélvese lenta y casi
penosamente por la profusión de sus sorprendentes
peripecias, desde el lejano y obscuro orte hasta el
cálido Sur, para terminar apaciblemente en Roma,
centro magnífico del mu ndo civilizado: es el fruto
tardío, acaso sobrado maduro, pero siempre fresco y
aromoso de ese ingenio que aun en sus últimos destellos respiraba posefa y juventud eterna. Sus Novelas
no son inferiores á ninguna de sus obras: el que no
las encuentre d ivinas, forzosa mente se formará un
falso concepto del Quijote. De aquí que deban ser
traducidas inmediatamente después de éste, porque
tratándose de aquel escritor inmortal es. preciso leer
todo cuanto prod uj o ó no leer nada.
»Del mismo modo que ahora se empieza á considerar á Shake pea re, no ya como un poeta fogo o, desesperado y frenético, sino como uno de los artistas
más intencionados, a í también es de esperar que al
fin se reconozca en Cervantes algo más que el escritor burlón, puesto que en punto á intención oculta es tan sagaz y solapado como pudo serlo aquél, que
sin haberle conocido, era su amigo y . u hermano,
cual si sus espíritu se hubiesen encontrado en un
mundo invi sible y departido allí amigablemen te
»Séame permitido, an tes de terminar, decir algo de
la prosa de Cervantes, en la que, como tengo dichC',
hay mu cha poesía: á mi ente nder es la ún ica prosa
moderna que merece ser parangonada co n la de Tácito, Demó tenes y Platón, porque con ser tan esencialmente moderna está escrita co n tanto arte como aquella otra an tigua En ningu na otra prosa encontramos
tanta simetría y tanta música en la colocación de las
palabras; en ninguna yemos empleadas las variedades del estilo de un modo tal que no parece sino que
sean masas de colores y de luz; ninguna ofrece tanta
frescura, tanta vida, tanta verdad en las expre iones
generales de la cultura espiritual. Siempre noble y
siempre elegante, ora se eleva hasta los conceptos más
profundos, ora se entretiene en infantiles cuanto dulces frivolidades. Por esto "la prosa española es para la
novela que ha de fantasear la mtísica de la vida y
para los gé neros artísticos afi nes, lo ql~ e la pros~ de
los a ntiguos es para las obras de r~ tónca y de 11IStoria. ¡Olvidemos los alemanes el estilo popular de los
fran ceses y de los ingleses, y esforcémonos por imitar
aquellos modelos!
»Pero enti éndase bien: tales modelos han de buscarse en la prosa española de Cervantes, que es única
aun en España. - Federico de Schlegel. »
TRAD. POR
M. l\!La
ANGELÓN
/1 6J •.•
UNA DE LAS CABECERAS DE LA EDICIÓN DEL «QUIJOTE}) PUBLI CADA POR LA CASA EDITORA DE « LA ILUSTR ACI ÓN ARTíSTICA})
dibujada por R . Balaca
UNA DE LAS CABECERAS DE LA -ANTEDICHA EDIC IÓN PUBLICADA E
dibujada por
J.
EL AÑO 188 0
L. Pellicer
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
({MAS EL CURA NO VINO EN ELLO SIN PRIMERO LEER SIQUIERA LOS TÍTULOS ...
,»
cuadro pintado por R. Balaca
reproducci6n de uno de los cromos de la edici6n del Ingenioso Hidalgo Don QUÍ10te de la Mancha, impresa y publicada en el año 1880
por la casa editora de La Ilustraoión ArtÍstioa
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
«SINO HASTA DOS DOCENAS DE PUNTOS DE U 'A MEDIA ...
,» cuadro pintado por J.
L. Pellicer
reproducción de uno de os cromos de la edición del Ingenz'oso Hidalgo Don Qui;ote de la J,fancúa, iml_resa y publicada en el año
por la casa editora de La Ilustración Artística
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
I
80
LA
En.tre lo mucho que en Francia se ha escrito acerca
del Quijote y de su autor, poco trabajos hay tan
completos como el libro de Emilio Chasle, ilustre
profe 'or de literatura extranjera de la facultad de Letras de ancy, titulado Miclle/ de Cervantes, sa vie,
son telllps, son aJuvre politique et literarle. De él tomamos los siguientes párrafos del interesante capítulo
referente al sentido que, á juicio del autor, informa la
novela inmortal del Príncipe de los ingenios españoles .
«El sentido del Don Quijote, su alcance lejano y su
profundidad cambiante no pueden ser comprendidos
desde luego por los ontemporáneos, porque están
demasiado cerca y les falta la perspectiva; mientras
que los crítico', que vendrán á u vez á juzgar el libro según las reglas ordinarias, á determinar la intención y á reducir el cuadro, experimentarán cierta dificultad para penetrarse de los personajes alegóricos.
El verdadero intérprete del Don Qttijote es el aulor
mismo, y él nos revela su propio esfuerzo. Por lo
pronto escribe lo que ve ó lo que le place; después
su genio se engrandece insensiblemente, sus miras no
son ya tan re tringidas como en otro tiempo, y toma
por modelo el espíritu, el hombre mismo, uniendo
á la observación pintore ca la crítica suprema, es
deór, el conocimiento Íntimo de lo que hay de más
extraño y más misterioso en nuestra naturaleza.
»D. Quijote, Sancho y Dulcinea son personificaciones, y sus caracteres, símbolos. Mientra: que Cervantes les da cuerpo y forma, camb ian bajo su mano
y se engrandecen poco á poco. Al describir el espíritu de las novelas se ve onduódo á pintar el de España, el de su época, y por último el de la humanidad; y á pesar suyo, sin la menor intención, sin
esfuerzo, por su movimiento independiente y dejándose llevar de su asunto, socava cada vez más. El
análisis psicológico le impulsa; ese libro, que al principio era una simple parodia literaria, transfórmase
en una pintura filosófica, en un cuadro del mundo,
ilimitado, univer al; y como Cervantes interroga al
mismo tiempo á su propia conciencia, se burla de su
pasado y de. cubre us impresiones presentes, adivínase en el libro una discreta autobiografía.
»En un principio, Don Quijote es simplemente la
parodia, el resumen y la tumba de los libros de cabaHerías: el poeta declara la guerra á los gigantes que
los infestan, á lo emperadores de Trebisonda, á los
encantadores, á los dragones, á los enanos, á los escuderos, á las mujeres guerreras, á las princesas enamoradas, á la geografía fantástica, á las torres flotantes y
á todo lo maravilloso que en tales libros se desarrolla.
La biblioteca de D. Quijote aparece, pues, en el primer plano; el ama de gobierno y su sobrina la saquean;
Cervantes pone en claro a l punto la corrupció n de
las ide¡¡.s, y hace el diagnóstico de la enfermedad universal.
»Pero llega Sancho y se hace escudero de D. Quíjote. ¿De dónde viene? Ese tipo no está tomado de
los libros de caballerías : Cervante ha ido á buscarle
en otra parte, en otra lite ratura de la Edad media.
Junto á esos hermosos libros de aventuras ex isten
extraños relatos populares, cuyo héroe es un villano:
en Francia se le llama Marcolfo; en Italia lleva el
nombre de Bertoldo, y su mujer el de Marcolfa; pero
aquí ó allá es el mismo hombre, un pobre diablo que
busca el medio de vivir, que nada tiene que ver con
lo ideal, y para quien la gloria, los honores y el amor
son variedades de un luj o que le está prohibido á él
y á los suyos. En lucha con la vida, no cuenta más
que consigo mismo y con su buen sentido; para
guiarse tiene una provisión de máximas ya preparadas, las cuales conserva como artículos de. fe y que
vienen á ser como su tradición.
»Cervantes, que ha leído los adagios de Erasmo,
las reseñas españolas y las pasquinadas italianas, se
sirve de ellos por boca del labrador manchego: la literatura oral, compuesta de sentencia ó dicho populares, y la literatura escrita, rica en galanterías aristocráticas, se entremezclan en su libro y se combaten;
es la lucha de la novela y del proverbio; y Rocinante
y el rucio constituyen un doble símbolo que completa el contraste. Sancho, montado en su asno, es el
polo opuesto de D. Quijote en su corcel; y cuando
los dos avanzan, cada cual en su cuadrúpedo, se cree
ver salir del fondo de la Edad media á los dos mUIldos que contenía: el mundo de los villanos y el mundo de los caballeros. La segunda parte del D on Quijote se ha convertido en la a ntítesis social de dos
castas.
»Vuelvan á leer el D on Quijote los hombres de
nuestros días que por la edad han adquirido la experiencia y el sentido de las luchas sociales, y les sorprenderá yer empeñarse allí, entre el caballero y el
patán, la lucha que acabará algtín día por una revolución.
I
I LUSTRACIÓN ARTÍSTICA
» hora bien; ¿contra cuál de ellos se dirige, pues,
Cervantes? ¿Es contra la aristocracia? ¿Tendrá Byron
razón? Así se creería al oir hablar á Sancho; pero
Cervantes no aborrece al caballero de la 1ancha,
pues le hace bueno, intrépido, elocuente; su carácter
es generoso y noble, y demuestra muy buen sentido
siempre que no se toque á su idea fija. ¿Y cuál e'
esta idea? Es la antigua idea de Cervantes en sus
años juveniles y de locas esperanzas, la idea de las
grandes empresas.
»Podría citar muchos rasgos del libro de Cervantes que permiten reconocer, bajo el di fraz de su
D. Quijote, corredor de aventuras, al caballero pobre
y nómada que, nacido para la armas y amigo de las
letras, quiso en una y otra carrera corregir los erro res
públicos, i alguno lo dudase, que lea la última página del li bro, harto olvidada ya. «Para mí solo hace decir Cervantes á la pluma de Cide Hamete nació D. Quijote y yo para él; solos los dos somos
para uno.» En el fondo de la novela hay un monólogo, como en las confesiones cristianas de an Agustín yen las confesiones filosóficas de Juan Jacobo.
»Y no es esto todo aún: las profundidade morales
en que Cervantes penetra se iluminan, no sólo por su
con iencia, á la cual interroga, sino también por el
diálogo,.entablado entre Sancho y D. Quijote.
»Cuando el ca.ballero habla, es lírico; cuando el
villano contesta, es todo lo contrario, y entonce desaparece la antítesis social o es al caball ero á quien
oímos, ni al viJ:.mo; es la poesía y la prosa. Lo que
nos admira únicamente es la imaginación en lucha
on el buen sentido, ' lo ideal chocando con la realidad, el esfuerzo de ilusión que trata de dominar
la razón positiva. Entre el hombre á quien infunde
horror la evidenóa y se resiste á ella con soberbia
terquedad, y el otro que le sigue y le hostiga de de
abajo; entre el que no ye ino las ideas y aquel que
no ve má que las cosas, hay un duelo continuo,
admirado más en el libro porqu se ha visto ya en
la vida.
Cervantes los ha escuchado, repite sus propias
palabras y ya no tiene estilo propio, porque se sirve
del estilo de ellos. Cada cual usa su vocabulario especial y su jerigonza intelectual; la conversación de
aque llos dos seres, distintos por su naturaleza y su
alimento (como decía la Edad media), es la maravilla
del libro; el arte del narrador triunfa en las di cusiones ingeniosas del amo y del criado, y hace entrever
en su cerebro con inusitada transparencia el juego de
sus pensamientos. Al ver funcionar el mecanismo de
cada uno de esos dos relojes, que jamás pueden poner e de acuerdo, reconocemos á las dos grandes familias que se compa rten el mundo, la de los idea listas y la de los reali stas.
»La antítesis social se ha de arro ll ado, pues, hasta
el punto. de abrazar la humanidad entera. En vez de
dos castas tenemos á la vista dos categorías de espíritu s; es la antítesis humana y universalmente verdadera; y á veces Cervantes, que se siente atraído por
su asunto más a llá de los límites que se trazara en la
primera parte, interrúmpe e riendo, y dice:
« Llegando á escribir el traductor desta hi. toria este
quinto capítulo, dice que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho con otro estilo del que se
podía esperar de su corto ingenio, y dice cosas -tan
sutiles, que no tiene por posible que él las supiese.»
»En efecto, la argumentación va haciéndose seria
por momentos: ingenuas en un principio, las polémicas entre Sancho y su ar110 toman el carácter de
aquellas que excitan la risa loca de los niños. Sancho se limita por lo pronto á desengañar á su amo,
que con una mirada transforma todo cuan to le rodea,
que convierte la posada en un castillo ·con puente
levadizo; el porquero, que toca un cuerno, en enano
que anuncia su llegada, y el tejado rústico en muro
almenado, en el cual tiene su puesto imaginario un
paje ausente.
»Sin embargo, poco á poco el debate cambia de
terreno, y ya no se trata de saber si los molinos son
gigantes y si los odres son fantasmas, sino determinar
á qué es preciso atenerse respecto á la gloria, por
ejemplo, ó á la verdadera belleza, ó á la justicia social, ó, en fin, al honor de las mujeres. Cuestiones
delicadas, difíciles de dilucidar, sobre las cuales los
dos viajeros filosofan, siendo siempre de parecer contrario; y más de una vez Cervantes nos deja perplejos
para decidir quién de los dos tiene razón.
»EI autor, en efecto, no quiere declararse ni por
Sancho ni por D. Quijote, y deja á cada cual entregarse á sus reflexiones. Si no se consu ltase más que la
primera impresión de lectura, indudablemente el buen
Sancho es el hombre razonable y D. Quijote el loco;
pero si se medita algo más sobre el libro, tal vez se
piense de otra manera. Ya sabemos que Cervantes
amaba el heroísmo y también se verá que ado raba la
poesía.
I
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
NÚMERO 680
»Antes de examinar la doctrina final de D. Quijote es preciso eguir los desarrollos del pensamiento
de <=:ervantes en ese período de ' 598 á 1616, que fué
un tiempo de madurez, de savia y de juicio general,
escuchando lo que dice cuando habla directam ente
de la poesía, de la literatura y de la sociedad española. - Emilio Chasle.»
TRAD. POR
E. L.
VER:OVEUlL
Del artículo Cervantes incluído en la importante
enciclopedia dinamarquesa-noruega Nardisk COflversatiollS lexicon, publicada en Copenhague en 1885, y
escrito por el DI. G. Stonn de ristianía, traducimos
el iguiente párrafo:
«El Quijote ha hecho época en la literatura universal. ] a intención inmediata de Cervante era, como se sabe, parodiar las fantástica ' y absurdas nov.ela caballerescas que desde casi un siglo habían
sldo la lectu ra del mundo elegante; mas su genio
tomó un vuelo más a lto, y al través de la narración
humorístico-burlesca de las desventurada aventuras
del caballer? errante suena un saludo de de 'pedida
al.romantlclsmo de la Edad media. El que la car 0mida lanza que el «caballero de la Triste F igura» blande, se hace astillas contra la prosaica realidad de los
molinos de viento, es como un símbolo de que los
ensuellos de la Edad media han de desvanecerse
irremi iblemente ante el concepto racional de la vida
moderna. A'í como los dramáticos españoles en la
figura cómica del «gracioso» condensan una parod ia
viva del aéreo ideali mo caballere 'co del héroe encontramos aquí en la maciza y achaparrada per;ona
de Sancho Panza el prosaico sentido común del aldeano. El escudero y su amo son dos de esos tipos
eternos que repre entan y por el contraste cómico
ilustran los conceptos extremos de la vida. Epi odios
romántico, descripciones de la naturaleza y de la
vida popu lar, todo igualm ente alu mbrad o por el sol
de Andalucía, tachonan de flores la oura en la cual
se esparce holgadamente, en una exposición llena de
sentimiento y color, manifestándose á cada paso el
carácter simpático y en el fondo bonachón de Cervantes. - Dr. G. StfJrlll.»
TRAD. POR qASPAR
E NTI ÑÓN
V. Karelín hace preceder á su traducción directa
del Quijote un 1 rólogo de 20 páginas, 4. o esp., con el
epígrafe «Miguel Cervantes Saavedra y su libro Do/!
Quijote de la Mallclla.» Este prólogo empieza a Í :
«Ningún libro ha adquirido tanta fama, ninguna
novela ha alcanzado tan extensa celebridad, ninguna
producción de ningún escritor ha logrado ganar tan
universal popularidad como el D Oll Quijote de Miguel
de Cervantes. Mas cuando á cada paso y de la boca
de muchísima gente oímos el nombre del héroe de
esta inmortal obra, cabe, sin embargo, preguntar si
son muchos los que han leído el libro, y más aún los
que sabe n algo del autor mismo, á pesar de que tal
vez no hay otro libro que se haya reimpreso tantas
veces ó traducido á tantas lenguas ni otro autor que
haya merecido tantas biografías. Detrás del enjuto
rostro del héroe que ha quedado típico, asoma la potente fi gura del autor mismo. Que salga á nue ·tra
vista por un minuto antes de empezar á narrarnos la
vida y los hechos del ingenio'o hidalgo.»
«Mas ¿qué es este libro maravillo o que tanta fama
y gloria alcanzara? ¡Con la aparición del Quijote - ha
dicho E. Chasle -la caballería quedó muerta y Cervantes inmortal! E te es el juicio más acertado al
par que conciso que puede hacerse del Quijote, pues
nos coloca en el verdadero punto de vista desde el
cual hemos de examinar la obra.»
. . . . . .
.
«Evidentemente Cervantes quería escribir tan sólo
una sátira contra las mencionadas novelas, entregándolas á la ri'a pública, para que las gentes se convencieran de la necedad de semejante lectura. Mas
la pluma del genio, según el agudo dicho de H eine,
es siempre superior á él; alcanza mucho más allá de
las casuales intenciones del mismo, y por e to Cervante , sin darse cuenta de ello, escribió una gran sátira
contra la humana extravagancia. El Quijote representa la lucha entre el idealismo y el realismo; el largo y
flaco caballero es la personificación del entusiasmo
idealista; el gordo escudero es el sentido común realista, y ambos á dos representan una parodia del propio afecto. No se nos presenta simplemente la diferencia entre un soñador y un individuo prosaico, sino
que se trata del eterno contraste entre el idealismo
·"
«NO HA MUCHO TIEMPO QUE VIvíA UN HIDALGO DE LOS DE LANZA .....
dibuj o inédito de J osé Jiménez Aranda. (Véase el texlo de la pág. 24.)
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
» (Cap.!.)
LA
40
exclusivista y el realismo. Fischer ensalza la obra como verdadera producción artística, precisamente porque en ella la individualidad del colorido va combinada con la universalidad del fondo.
»El Quijote representa un trabajo de 1 5 años, y
si la primera parte e. la producción de un chancero,
la segunda es obra de un filósofo En ésta D. Quijote sale de nuevo en busca de aventuras, y éstas se
presentan aún más ricas y más fantásticas y de carác-
ILUSTRACION ARTISTI CA
N ÚMERO 680
mos para dar de ello idea exacta á nuestros lectores. festiva le presentó el héroe que había de anonadar á
De aquí la necesidad en que nos vemos de limitar- tan tos y tan acreditados paladines. o eran bastannos á citar únicamente el testimonio de dos autorida- tes ya contra ellos ni una invectiva seca, ni un juicio
des tan indiscutibles como D . Manuel J osé de Quin- aislado como los que se habían hecho hasta entonces:
tana, el inspirado poeta coronado en vida por regias débiles reparos contra un contagio tan grande, y que,
manos, y D. J uan de Valera, el profundo crítico y es- incorporados la mayor parte en obra que el pu ~b l o
critor eminente, cuyas producciones se con ideran no leía, de nada servían al pueblo. ¿Qué aprovecha
con justicia como modelos de bien pensar y bien que un crítico escriba para otros críticos lo que ellos
decir. De la Vida de Miguel de Cervantes del pri- acaso se pen arán sin él? Por esto las declamaciones
mero y del Discurso leído ante la Real Academia Es- d Lui Vives, Alejo Venegas y otros sabios on tra
«QUE SE LE PASABAN LAS NOCHES LEYENDO DE CLARO EN CLARO ..... ,» dibujo inédito de J osé Jiménez Aranda
ter todavía mi. romántico que en la~p rimera parte,
pero ya no ofrecen una fisonomía tan típica ni tan
profundamente popular. Mucho tiempo la narración
se mantiene á la misma altura que en la primera parte, pero finalmente llega un momento fatal en que,
según la expresión de Frenzel, la comedia se conviert~ en tragedia.
})Si las alabanzas tributadas á las chuladas de Sancho pudieron inducir á Cervantes á hacer de este
carácter el centro de su narración ulterior, bastó esto
para que en la mitad de la segunda parte se desvaneciera nuestra simpatía por el héroe ... Pero la ingrata
impresión de una parte de la segunda mitad no puede hacernos olvidar la grandiosidad del conjunto.
Tiene razón Fischer cuando dice: «El mérito inmortal de Cervantes consiste en que con una sola producción creó con ironía artística al mismo tiempo la
novela cómica y la naturalista ... »
.
})l\Iás claramente no puede explicarse la importancia de este libro para la literatura universal.
}) o se sabe qué ha sido del cadáver de Cervantes,
pero su nombre quedó en la memoria de los contemporáneos y de la posteridad, rodeado de tal gloria
como no puede pretender ningún otro nombre en la
literatura á no ser el de Shake ·peare.)
TRAD. POR GAS PAR SENTl 'ÓN
Por los juicios que anteceden habrán podido ver
nuestros lectores la alta estima en que los más diversos pueblos tienen la in1perecedera obra de Cervantes. o menos laudatorios son los emitidos por nuestros más insignes literatos y pensadores; y es tanto 10
que en alabanza del QiÚjote se ha dicho en España,
que nece itaTÍamos un espacio de que no d ispone-
jaílola en junta pública de 25 de septiembre de 186 4
por el segundo, entresacamos los siguientes párrafos
que más d irectamente se refieren al libro inmortal.
«Maltratado así de los ho mbres, y cont rariado por
la fortuna, había entrado Cervantes en la jurisdicción
de la vejez sin que se hubiese desenvuelto en su ingen io aquella fuerü1. colosal que le iba á dar la primacía entre los escritores españoles; mas ni los años,
ni los contratiempos ni la naturaleza de sus ocupaciones, igualmente triviales q ue enfadosas, podían
apocar aquel ánimo, ya otro tiempo tan generoso y
libre en las mazmorras de Argel. Detenido en las prisiones de Argamasilla, donde la misma tradición señala el punto de su último desaire, concibe la idea de su
Don Quijote, y la realiza con la portentosa facilidad
que su mismo contexto manifiesta. L1. obra se publicó
en J 605, cuando Cervantes contaba cincuenta y ocho
años de edad: así un vuelo de fantasía tan alto y extraordinario es dado en una época de la vida en que
apenas hay escritor, por vigoroso que sea, que no
sienta desmayar sus bríos; y el libro más ingenioso y
festivo que ha producido el entendimiento humano
se escribe en una cárcel, «donde - como su autor dice - toda incomodidad tiene su asiento, y todo triste
ruido hace su habitación.»
»Estaba entonces entregada la mayor parte de los
hombres á una clase de lectura extravagante, que viciaba la educación, corrompía las ideas de la moral,
estragaba las costumbres y usurpaba con las invenciones más monstruosas la atención debida sólo á la
belleza. I nundaban los libros caball erescos á. España,
y sus despropósitos eran la admiración de los idiotas,
el entretenimiento de los ociosos y tal vez distracción
indigna de los d iscretos. «Va acabaré con esta peste, )
dijo entre sí Cervantes, y su imaginación grande y
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los li bros caballerescos eran superfluas, cuando el
vulgo, embebecido con ellos, ni las leía ni las podía
entender. Es preciso para desarraigar un vicio general que el remed io también lo sea.
»Y aú n se ne es itaba más entonces. Puesto que las
gentes se agradaban tanto de la lectura que se in tentaba dest ruir, el fi n no se alcanzaba si no se susti tuía
por otra que fuese igualmente grata, y si no se suplía la
pérd ida de tan tos libros con uno que venciese á los
demás en novedad y en placer; que, rico con todos
los adornos de la imaginación, se apoyase en lo· principios del gusto y de la verdad, y en do nue la invención y la fi losofía, acordes, agradasen y suspend iesen
á toda clase de personas en todos los estados de la
vida.
})Tal fué el D on Quijote, donde no se sabe qué admirar más, si la fuerza de fanta ía que pudo oncebi rle, ó el talento divino que brilla en su ejecución.
Cuando en la conversación llega á mentarse este libro,
todos á porfía se extienden en su elogio, y el raudal
de sus alabanzas jamás se disminuye, como si saliera
de una fuente inagotable. El uno ensalza la novedad
y felic idad del pensamiento, el otro la verdad y la
belleza de los caracteres y costumbres; éste la yariedad de los episodios, aquél la abundancia y delicadeza de las alusiones y los chistes; quién admira más
el infinito artificio y gracia de los diálogos, quién la
inestimable herm osura del estilo y la propiedad de
su lenguaje.
}) T odas estas dotes, que esparcidas hubieran hecho
la gloria de muchos escritores, se encon traron reunidas en un hombre solo y d erramadas con profu sión
en un libro. Y no deja de entrar á la parte de la maravilla la considerac ión de la época. Pues aunque el
siglo X VI sea por tantos respetos acreedor á nuestra
admiración y gratitud, ni el carácter que entonces
({DIERA ÉL, POR. DAR, UNA MANO DE COCES .....
dibujo inédito de José Jiménez Aranda
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»
LA
tenía la ilustración, ni la calidad y mérito de los
autores que á la sazón sobresalían entre nosotros, ni,
en fin, el tono general de nuestras letra, ni aun de
nuestros gustos y usos, podían prometer una producción tan original y tan grande, y al mismo tiempo
tan graciosa. Ella á nada se parece, ni sufre cotejo
alguno con nada de lo que entonces se cscribía; y
cuando se compara el Quijote con la época en que
salió á luz y á Cervantes con los hombres que le rodeaban, la obra parece un portento y Cervantes un
coloso.
»Empéñense en buen hora los q ue se precien de
críticos en analizar las bellezas de esta fábula y examinar cómo el escritor sup o hacer de su héroe el más
ridículo y al mismo tiempo el más discreto y virtuoso
de los hombres, sin que tan diversos aspectos se dañen unos á otros; ómo en ancho empleó todas las
formas de la simplicidad; q ué de recursos se supo
abrir en estas variedades im perceptibles, 'in ofender
á la unidad de los caracteres; cómo supo enlazar á
su fábula los lances que parecían más lejanos de ella,
y hacerlos servir todos para realzar la locura del personaj principal; de dónde aprendió á variar las situaciones, á co ntrastar las escenas, á ser 'iempre original y nuevo, sin desmentirse ni decaer nunca, sin fasti diar jamá.. T odo esto pertenece al genio, que se lo
encuentra por sí solo, sin estudio, sin regla y sin
ejemplares.
»As í aparece tanto más vano, por 110 decir importun o, el empeño de los hombres doctos que se han
puesto :i desentrañar las bellezas de este libro, ajustá ndole á reglas y á modelos que, no teniendo con él
ni semejanza ni analogía alguna, de ninglÍn modo
pueden comparársel . Si su autor pudiera levantarse
del sepulcro, y.viera á los un os apurar su ingenio, á
otros su erudi ción, á otros su cavilosa metafísica y á
tocios sud ar para hacer clel Quijote una obra á su modo, qu izás les dijera con compasió n y con risa : «En
balde os aranái' si con esa disposición doctrinera
pensáis gustar cle mi libro ni hacer entencler lo que
vale. ¿Qué hay en Homero cle común conmigo, ni
e n Aquiles con D01l Quijote, ni qué tienen q ue hacer
aquí Macrobio y Apuleyo, Aristóteles y L o ngi no?
Todo ese aparato de e rudición y prin cipios podrá servir á vuestra ostentación; mas para explicar mi obra
es del tocio insignificante y supe rfluo. La natu raleza
me presentó á D. Quijote, mi imag inación se apoderó de él, y un feliz instinto hi zo todo lo demás. Así,
cuando hablá is de imitaciones épicas, de intenciones
metafísicas y su tiles, de artificio y pulimento, me
asombro de " er q ue haya e n mi libro tantas cosas en
que no pensé, y q ue sea menester tanto trabajo para
descifrar y dar precio á lo que á mí no me costó ninguno.})
» o : el Quijote no tuvo modelo, y carece hasta
a hora de imitadores (1): es una obra que presen ta tod os los caracteres de la originalidad y del ge nio, un
poema divino á cuya ejecución presidieron las Gracias
y las Musas. Su publicación fué un rayo q ue deshizo en
un momcnto las ilusiones de la caballería; y el tropel
d e libros qu ata Ó, tan univer. almente d erramado
y tan grata mente acogidos, desapareció de tal modo
que ya sólo e n el Quijote dura la memoria de que
fu eron : triunfo admirable y singular, digno del mérito
d e la obra, y gloria e n que autor ninguno puede competir con Cervantes (2).
»Así, contra el destino y condición de las sátiras,
cuya vida, por la naturaleza mi sma de u objeto y de
sus medios, es por lo co mún tan corta (3), se reservó al
Quij ote el privilegio extraordinario de ir adq uiriendo
nueva vida y lu stre nuevo al cabo de d os siglos que
los libros de caballería y sus ilusion es extravagantes
está n sepultados e n olvido. El interés vivo é inm enso
que anima todas las partes de esta fábul a no se limita
á una sola época ni tampoco á un solo país. D e de
que su autor la dió á lu z, las prensas no se cansan
d e e tampada ni los ojos d e leerla. Todas las nacio( 1) Cánd ido, Suhlero, Fray Gerundio y ot ros li bros escritos
en la manera del QUIjote prueban más que ninguna ot ra cosa la
supe ri oridad de Cervantes : copias miserables de un ad miraule
o,i ginal.
(2 )
Esta desaparición de los li bros de cahall erías fué muy
pronta: ya Calderón decia en su Afoest,·o de damar:
«En ti
T odas las locuras dejo
De Fsplandián, de I:lelianís,
Amadís y Beltenebro',
Que, á pe a r de Do" Quijote,
Hoy á re,'ivir han vuelto.»
' J ornad a 1, escena 1.)
(3) E stá en la naturaleza que a í sea: si la sá tira es vaga no
nteresa; su "ida y su inte, és nacen de.la aplicación in genio a y
oportun a á circunstancias y personas determinadas: ct:ando éstas dejan de existir, la sátira cae tam bién con ella y sólo puede
conse rvar e á fuerza de ingenio y mérito en la ejecución.
ILU STRACIÓN ARTíSTICA
nes cultas la han hecho suya : los nombres d e don
Quijote y Sancho son conocidos e n las regiones más
apanada~ y mentados en los á ngulos más remotos d e
la tierra; y estos dos personajes humildes, nacidos en
la fantasía de Cervantes, vencen e n celebridad á los
héroes más ilustres de l::t fáb ula y de la historia.»
MANU EL
JosÉ
DE QU INTANA
«Ensalzado erva ntes hasta las nubes en todas las
nacio nes de E uropa, y singularme nte en Inglate rra y
Francia, ya miradas entonces, y no sin moti\'o, como
al frente de la civilización del mundo, se avivó el fervor de nuestros lite ra to, y no pudieron me nos de
reconocer en el autor del Quijote á uno de lo pocos
seres p rivilegiados q ue, valiéndonos de un neologi mo expresivo y elegante, designamos hoy con elnombre de genios. I a injusta cru eldad con que las referidas nac iones d enigraban todo lo demás d e España,
daba mayor precio y fuerza a l panegírico de Cervantes, haciendo de él una excepción rarÍ 'ima; el Píndaro d e esta Beocia. Como se negaba que hubiésemos
tenido fil ósofos, sabios y gra ndes humani stas, y a l
propio tiempo se afi rm aba q ue Cervantes era un genio,
muchos críticos españoles, que con harta humildad
creían la primera afirmación, quisieron subsanarnos
del daño deduciendo de la segunda que e n Cen'antes
estaban compendiadas todas las ciencias, todas las
humanidades y toda la fi Ioso fía. Por otra parte, la
magia del Quijote concu rría y conspiraba á que pasase su au tor por un varón extraordinario, y yo creo
que no hubo clasicista español de aquella época, y sea
esto dicho para honra de todos, q ue, por mucho que
se admirase de su Boileau, de su Corneille y d e su
Racine, no pusiese a l ma nco d e Lepanto por cima
de estos tres escritores, sin hallarle igual, á no ser en
H ome ro.»
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do la honra. » Ni del caball ero que estas pa labras dice, ni de los sentimientos que estas pa labras exprea n, pudo en ma nera a lguna burlarse Cervantes. H ay
en estas palabras algo de más patético y . ublime que
cuanto se cita de su blime y de patético en la poesía
ó en la historia. El qu'ilmourut de Corneille y e l tout
est perdu IlOrs l'homzeltr de Franc i. ca 1, parecen fraes artific iosas, rebuscadas y frías, frases de ptlrad{~,
al lado d e las frases sencillas y naturale de don
Quijote, que nacen de lo Íntimo de su corazón y está n en perfecta consonancia con la nobleza de su carácter, nunca desmentida de de el principio hasta el
fin d e la obra.
»Yo no entiendo ni acepto mu y á la letra la su posición d e que D. Quijote simboliza lo ideal y Sancho lo real. Era Cerva ntes demasiado poeta para hacer de sus héroes figuras simbólicas ó pálidas alegoría . o era co mo Moliere, que hace en E l Avaro la
personificación de la avaricia y en E l Misántropo la
per onificación de la misantropía . Era como H omero
y como Shakespeare, y creaba figura vivas, individuos
huma nos, determi nados y reales, á p esar de su hermosura. y es tal su virtud creadora, qu D . Quijote y San ha viven más en nuestra mente y en nuestro a fecto que los más famosos personajes de la historia Ambos nos parecen moralmente hermosos, y
los amamos y nos complacemos en la realidad de su
sér como si fuesen honra de nuestra especie.»
J UAN V ALER A
EDICIONES D E L «QUIJOTE»
Son más numerosas de lo flue generalm ente se cree
las ed iciones que se han publicado de E l h wenioso
Hidalgo D on Quijote de la Manclla. En la notable librería del distinguido bibliófilo de esta ciudad D . I sidro Bonsoms y Sicart figuran más de 500 edi ciones
«Cervantes parodió en su Quijote el espíritu caba- distintas el e la obra maestra de Cervantes, entre las
lleresco, pero confirmándole ante que negándole. cuales, 187 son ediciones publicadas en lengua casN o fué esta su intención, pero fu é u inspirac ión in- tella na, 140 en francés, 83 en inglé , 39 en a lemá n,
consciente, la esencia y el ser d e su ingenio; de lo 14 en italiano, lO en holandés, otras 10 en ruso, 5 en
cua l no se daba cue nta, por ser él poco crítico, y por portugués, 3 en húnga ro, 3 en le ngua da nesa, 3 en
vivir en una edad y e n una nación dond e la crítica catalán, 2 e n sueco, 2 en griego y otras 2 e n boheliteraria y la reflexión sobre estos puntos, si existía, mio, una en croata, otra en polaco, otra en lengua
rvia, y finalmente una edic ión en las d os le nguas
era superfi cia l ó extraviada . Época aquella d e impremeditada inspiración, el único intento cla ro y deter- fran cesa y polaca. Bie n es verdad que la biblioteca
minado que Cervantes tuvo, fu é censurar los libros cervantina de D. J sidra B onsoms es quizás la más
de caballerías Melchor a no, Luis Vives, Alejo d e completa de todas las que ex iste n; ya que, para no
Venegas, fray Luis de L eón, Malón de Chaide y citar más que algunas de las que hay en E spaña, la
otros los había n ya censurad o seria men te. Cervantes biblioteca de D. José M.a Ase nsio, presidente de la
quiso acabar con ellos por medio de la burla, y vino A ademia de Bellas L etras de Sevilla, con ser basá lograrlo. No ll evaba Cervantes otro fin, y no se tante numerosa y digna de especial mención, no concomprend e cómo a lgu nos admiradores suyos lo des- tiene más q ue 115 ediciones españolas y 26 version s
conozcan, suponiendo propósitos contrari os e n e l en lenguas extranjera; la de D . P edro Salvá, entre
Quijote. En mil pasajes de esta obra inmortal se d e- su riqu ísima colecc ión de obras, no contiene más
clara, sin la menor ironía, sino fran ca y abiertamen- que 36 ediciones d el Q7tijote en castellano, y la del
te, que se trata de desterrar los libros de caba ll erías presbítero Sr. Cortejón, ilustrado catedrático d e Prey de anatematizar su lectura. o debe, pues, dudarse ceptiva literaria en el Instituto de segunda enseñan za
de nuestra ciudad, á pesar de que es ta mbién mu y
de esto. »
nota ble, dista mucho, según sabe mos por conducto
«Por cuanto qu ed a expuesto se corrobora más que fid edigno, de contener ta n gra n número d e ejemplade censurar Cervantes en el Quijote un género d e re como la biblioteca del Sr. Bonsoms.
Va mos, en cumplimie nto del encargo que nos han
literatura falso y a nacróni co, no se sigue que tratase
d e censurar ni que censuró y puso en ridículo las hecho los editores d e esta R evista, á d ecir algunas
ideas caballerosas, el hon or, la lealta d, la fId elidad y pa labras ace rca de las principal es ediciones d el Qltl~
la castidad en los a mores, y otras virtudes q ue cons- jote comprendidas en di cha biblioteca.
tituían el ideal d el caballero y q ue siempre so n y seE Dl ClON1,S EN ESPAÑO L ( 16 0S)
rán estimadas, reverenciadas y queridas d e los nobles
espíritus como el suyo. N o hay, en mi sentir, acusaD e las ediciones en castella no la má an tiguas son
c ión más injusta que la de aquellos qu e ta l d elito imputan á Cervantes. D. Quijote, burlado, apaleado, d el año 1605, en q ue por primera vez apareció la
objeto d e mofa para los duqu es y los ga napanes, ator- primera parte del Quijote. eis son la. ediciones d e
mentado en lo más sensible y puro d e su a lma por la esta fecha q ue fi guran en la librería del Sr. Bonsoms;
d e e nvu elta Altisidora, y hasta pisoteado por a nima- dos de ellas publicada en Iadrid, dos en Lisboa y
les inmundos, es una fi gura más bella y más impáti- otras d os en Valencia. Las dos d e fad rid están imca que todas las demás de su historia. Para el alma presas por Juan de la Cuesta, á expensas d e Francisnoble que la lea, D. Quijote, más que objeto d e co d e R oble, y llevan las do e l escudo del mencioescarnio, lo es de amor y de compasión respetuosa. nado impresor, que representa una mano sostenien do
Su locura tiene más de sublim e q ue d e ridículo. Jo un ha lcón encapirotado, d ebajo del cual se ve un
sólo cuando no le tocan en su mo nomanía es don león tendido ó dormido, co n el lema «Post tenebras
Quijote discreto, elevado e n sus sentimientos y mo- spero lu em; » y las dos contienen la Tassa de ] uan
ralmente herma o, sino que lo es a un e n los a rran- Callo d e Andrade, dada en Valladolid á los veinte
ques d e su mayor locura ¿Dónde hay palabras más días d el mes d e diciem bre de 1 604, y la licencia real,
sentidas, más propias de un héroe, más noblemente expedida también en Valladolid á 26 de eptiembr.e
mela ncólicas q ue las que dice al caballero d e la Blan- del mi smo ailO; pero se notan entre ambas las SIca Luna, cua ndo éste le vence y q uiere hacerle con- guientes diferencias : 1 :1, en la portada d e una de
fesar que Dulcinea d el T oboso no es la más herm osa dichas ediciones se dice solamente «Con privilegio, »
mujer del mundo? «D. Quijote, molido y a turdido, y en la otra «Con privilegio de Castilla, Aragón y
sin al zarse la visera, como si hablara dentro d e una Portugal »; 2. a , en la primera la d edicatoria va dirigitumba, con voz debilitada y enferma dijo: Dulcinea da «al du que d e Béjar, marqu~s de Gib raleón, co nde
d el Toboso es la más hermosa mujer del mundo y yo de Benalcac;ar y Bañares, vizconde de la Puebla de
el más desdichado caballero de la tierra, y no es bien Alcozer, señor de las villas de Capilla, Curiel y Burque mi fl aqueza d efra ude esta verdad; aprieta, caba- guil las; y en la otra en vez de Benalcac;ar se dice
llero, la lanza y quítame la vida, pues me has quita- Barcelona, yen vez de Burguillos Burgillos (véanse en
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
NÚMERO
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el presente número de LA ILUSTRACIÓN las copias tipográficas de la. portadas correspondiente á las dos
ediciones) : 3. a , la primera edición en el reverso de la
plana q ue contiene la Tassa y que está sin fo liar, lleva te timonio de las erratas, d e fecha L° de diciembre
de 1604; mientras que la segunda lleva tres erratas,
sin fecha, á continuación de la Tassa y en la misma
plana : 4. a , la primera edición no contiene más que la
licencia real, de q ue se ha hecho mención, para imprimir el libro en todos estos nuestros R eynos de
Castilla por tiempo y espacio de diez a710s,' la segunda ed ición lleva, además de esta licencia y á continuación de la misma, otra real licenci:J., escrita en
portugués y fechada en Valladolid en 9 de feb rero
de 16°5, autorizando á Miguel de Cervantes Saavedra para que possa imprimir nos meus R ejllIOS de
P ortugal ó liuro intitulado I ngenioso Hidalgo D on
Quixote de la ]yfallcha. Sin embargo, la diferencia
capital entre ambas ediciones es la que señaló D. Juan
Eugenio Hartzenb usch y que hemos tenido ocasión de
comprobar, la cual se observa en el capítulo XXV!, de
la parte ó sección tercera, donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo el nltestro D on Quijote e?l
Sierra morena. Cuando en dicho capítulo se trata de
que el héroe ma nchego se propuso imitar á Amadís,
en la edición «Con privilegio» se lec: mas ya sé que lo
que él hizo jué rezar y encomendarse á Dios,' p ero qué
ltaré de rosario que no le tengo? E n esto le vino al pe1tsallltento cómo le ltaría, y jité que rlls/{ó una gra n tira
de las jaldas de la camisa, que andaban colgando, y
dió/e once nudos, el uno más gordo que los demás, y
esto le sirvió de rosario el tielllpo que allí estuvo; mientra q ue en la e lición «Con privilegio de Castilla,
Aragón y P ortugal,» se d ice: mas ya sé que lo que más
que él hizo jué rezar y asi lo Itaré yo. Y sirviéronle de
rosa 1'0 IInas agallas grattdes de un a!cornoqz¿e, que
ensarló, de que ltizo un diez. E l rasgo relativo á la
tira de la camisa que se lee en la edició n «Con privilegio,» indudablemente se mandó suprimir, porque
sólo se encuentra en las dos ediciones de Lisboa, de
qu e hablaremos á continuació n; pe ro no aparece en
la otra edición impresa por Ju an de la Cuesta. en [6°5,
ni en las dos impresas aqu 1 mismo año en Valencia
. por P edro Pa tricio Mey, ni e n ninguna de las edicion es posteriores. Y este dato es de muchísi ma importancia para fi jar el orden cro nológico en que fueron
publicadas las seis edic ones de aquella misma fecha.
E dicl'oJteS de L isboa de t 60S. - La primera de estas dos ed iciones, ó sea la impresa con licenfa do San ·
to OJjirio, por J orge Rodríguez, en 4. °, á dos columnas, tiene 10 hojas preliminares y 220 foliadas, la
última sin numerar y la pen última marcada por equivocación con el número2 09. La viñeta de la po rtad a
(véase el facsímile en elpresen te nú mero) representa
un caballero montado 1 eva ndo una espada en alto,
y precedido de un escudero á pie con lanza al hombro y espada á la cintura. La li cencia del Santo Oficio lleva la fecha del 26 febrero de 1605. La segunda de estas dos ediciones de Lisboa es la impresa
por Pedro Crasbeeck, con licenc ia de la Santa Inq uisición, expedida en 27 de ma rzo del mism o año, y
consta de 448 páginas foliadas, en 8. o menor, y [2
más sin foliar, de portada y pre liminares. Lleva en la
portada (véase la reproducción correspondiente) dos
tiguritas que representan un jinete cubierto de todas
armas defensivas, con lanza al hombro y en clirección
hacia la izqui erda, seguido de un peón, armado también de lan za y espada.
Edicz'ones de Valencia de 1605. - Las dos están
impresas por P edro Patricio Mey, á costa de I usepe
Ferrer, on del mismo tama ño, tienen el mi s mo 11Lí.mero de páginas foliadas y sin fo lia r, la m isma aprobación, firmada á 18 de julio por Fr. Luis Pellicer,
lector de S. T/zeologia y diflimdor, y lleva n en la portada la misma estampa, que representa un caballero
lanza e n ristre, en actitud de aco meter (yéase la copia de dicha portada). Sin embargo, son dos ediciones distintas, con varias ,d iferencias tipográficas, de
las cuales D. Pedro Sah'a, en el Catálogo d e su biblioteca, señala las sigu ientes como muy n otables:
En una de estas dos ediciones el reclamo d el recto
de la segunda hoja, ó sea la de la Ap robación, dice Al;,
en la otra dice La;, en aquélla la primera hoja va
marcada jol 1; e n ésta sólo hay el núm ero 1 (sin
jol); en la primera están bien numeradas las páginas 192 y 243; en la segunda la numeración está
equivocada, llevando dichas páginas los mí.meros 162
y 234 respectivamente; y por fin, en .l a primera la
página 365 principia dic iel~do el de Alicante, mien.
tras que en la segunda empieza con las palabras Sevillay yo.
En cuanto á la prioridad respectiva de las ediciones de que nos venimos ocupando, si atendemos á la
circunstancia anteriormente explicada, rela tiva a l pasaje del capítulo XXVI, contenido en una edición de
Juan de la Cuesta y en las dos de Lisboa, y suprimi-
LA
ILUSTRACIÓ N ARTíSTICA
da e n la otra de Madrid ye n las dos de Valencia; y
si nos fijamos en las fechas de los Reales privilegios
y de las licencias del Santo Oficio, pod remos afirmar
que el orden cronológico en que aparecieron la' seis
ed iciones de r 60 S es el siguiente:
L a edición, ó edición. príncipe: la de Madrid «Con
privilegio. »
2." edición: la de Lisboa, impresa por Jorge Rodríguez.
3. a edición: la de Lisboa, impresa por Ped ro Crasbeeck.
4." ed ición: la de Madrid «Con privilegio de Castilla, Aragón y Portugal. »
s.a y 6.': las dos ediciones de Valencia, de P edro
Patricio Mey, sin que pueda determinarse, á punto
fijo, cuál de las dos se publicó primero.
Esto mismo opinan también distinguido' cerV'l.ntistas. El ya mencionado D. José María Ase nsio publicó en el número de La E SDmla moderna correspondiente al L° de Enero del año último un 'artículo
titulado «Noticias curiosas. - Particularidades y anécdotas relativas al Quijote,» e n el c ual artículo, al trata r d e las primeras ediciones de esta obra y d e la
p rio ridad de su publicación respectiva, hace las siguientes consideraciones que 110S parecen muy atinadas. « El Quijote debió aparecer a l Plíblico á principios del año 1605. Lo persuade .la fecha de la fe de
erratas, q ue demuestra estaba terminada la im presión
e n 1. 0 d e diciembre de 1604; lo confirman los hechos,
pues en 26 de fe brero y en 25 de marzo de 1605 ya
se dieron licencias e n Lisboa á los editores Jorge
Rodríguez y P edro Crasbeeck para que pudieran
reim pri mirlo. Estas liccncias causaron gran alarma al
librero Fra ncisco R obles, q ue había comprado á Miguel de C ervantes el derecho de reimprimir E l In <Te1I/'oso I!idalgo, y para preve nir la reproducc ión de
ediciones en los reinos que formaban la corona de
E spaña, solicitó y obtU\'o nuevo p ri vilegio que comprendía á Aragón y Portugal, y puso en circulación
inmediatamente nueva edición. P or cierto que insertó
e n ella el certificado de Portugal, pero no el de Aragó n, y la misma falta se nota en la ed ición de 1608. »
Solamente así se explica que el pasaje del capítulo XXVI con te nido e n la edi.ción «Coú privi legio» Ó
edición p ríncipe, aparezca en las dos de Po rtugal y no
en la otra d e Juan de la Cuesta ni e n ninguna de las
ed iciones posteriores; y la misma prisa del librero R obles en publicar la edición «Con privilegio de Castilla, Aragón y Portugal» pudo ser causa de las erratas
Barce/ona y B urgillos q ue ~e observan en la portada
de esta segunda edición impresa por Juan de la Cuesta. ::\1uy raros son los ejemplares de todas estas edicion es de 160 5. La medalla que se acuñó e n nu estra ciudad para conmemorar la inauguració n de la
fototipografía y la reproducción en facsímile por dicho procecli miento · de la primera edición ó edición
príncipe del Quijote, di ce que sólo quedan en España
dos ejemplares de la misma, si bien nosotros tenemos
motivos para c reer que esta afirmación no es exacta. D. P edro Salvá, para demostrar la rareza d e la
edición de Lisboa, impresa por Jorge R odríguez,
d ice que no conoce ningl~ n otro ej emplar que el de
su biblioteca; sin e mbargo, D. José M.a Asen sio, en
una nota de su artículo ({Curiosidades,» publicado e n
La Espatla M oderna y del c ual he mos hablado anteriormente, afirma que ha tenido ocasión de ver cuatro
ejemplares de esta edición de R od ríguez : el que fué
de Salvá, vendido en París en 1892; el que fué de
D. Leopoldo Ríus y q ue a hora perte nece al Sr. Bonsoms; el del marqués de Jerez d e los Caballeros, en
Sevilla (1), y el que tiene en su colección el mismo D.
José M.a Asensio. Este escritor cervantista, en el Catálogo de su biblioteca califica de rara avis el ejemplar
q ue posee de la edición de Li sboa impresa por P edro
Crasbeeck. El repetido D. P edro Salvá y el Diccionario bibliográfico de Jacques-Charles Brunet dicen
que la 2 . a edición de Madrid es tan rara y tan buscada como la prime ra. Y fin almente, el mismo Salvá,
al hablar de las do's edic iones valen cianas, dice que
compiten en rareza con las de Madrid.
. Ed ición de 16°7, publicada en Bruselas, por Roger Velpius, en 8.° Es nota ble por ser la primera
edición en lengua cas tellana impresa y publicada en
el extranjero .
Eclición de 1608 : tercera impresa por Juan de la
Cuesta, co n 12 hojas preliminares y 277 foliadas. Por
la circunstancia de contener considerables correcciones, adiciones y supresiones, esta edición es la q ue
ha' servido de texto para las reimpresiones académi cas
y ha sido siempre la más buscada por los bibliófilos.
Edición de [6ro, publicada en Milán por el heredero de Pedro Mártir Locarni y Juan Bautista Bidello.
( 1) El Excmo. Sr. Marqués de Jerez de los Caballeros posee
una de las mejores bibliotecas cervantinas que hay en España.
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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Es la segu nda edición castellana publicada en el extranjero, y notablc, además, porque en ella la dedicatoria de Cervantes al duque de Béjar fué sustiluída
por otra d e los impresores «All' lllmo. Señor el ig.
Conde Vitaliano Vizconde.»
16 l5. - Primera edición ó edición príncipe de la 2. a
parte del Q/Újote, dedicada á D . P edro Fernández de
Castro, conde de L emos, «con privilegio, » im pre a
por Juan de la Cuesta, también á expensas del librero
Francisco de Robles; 8 hojas preliminares y 280 foliadas, en 8.° menor. Edición rarísima y ünica que se
hizo en E paña cn vida del autor.
1616. - Edición p ublicada e n Bruselas por Huberto Antonio. Comprende sólo la 2." parte del Qttijote,
y el perm iso para su impresión está fechado en 4 febrero de 16 16; por con iguiente debe ser la segunda
edición de la 2.a pa rte, y primera impresión d e la mi sma en el extranj ero
1616. - Ed ición publicada en Valencia por Pedro
Pa tricio Mey. Como las a nteriores comprende sólo
la 2." parte y debe co nsiderar e como la tercera ed ición
de la mi ma, por cuanto la licencia para u imprcsión
lleva la fecha del 27 de mayo del mi mo año 161 6.
16 q. - Edi ción en 8:, publicada en Barcelona, en
casa Bautista Sorita, á co ta de Juan Si món. Es muy
notable por ser la primera q ue tiene reunidas las dos
partes del Qlújote, y tan rara que D. P edro Salvá
d ice qu e su ejemplar es el único que conoce. Sin embargo, ade más del suyo d eb ía existir a lgú n otro, pucsto que figura un eje mplar de esta misma dición en
la biblioteca de D. I sidro Bonsoms.
16 47. - Segunda edició n que co mprende las dos
partes del Qltijote. Se publicó en Madrid por los ed itores J . Antonio Bonet y Francisco Serrano, y en ella
la dedicatoria de la r. a parte va susti tuída por otra
del editor Serrano á D. Antonio de Vargas.
1744. - Ed ición en cuatro tomos, 12 .°, p ublicada en
La H aya por P. Gosse y A. M oetjens, co n la vida de
Cervantes por D. Gregorio Mayans y Siscar. Es n otable esta edición porque tie ne, segú n reza la portada,
«muy be llas estampas, grabadas sob re los dibujos de
Coypel, primer Pintor del Rey d e Francia »
17 80. - Magnífica ed ición de cuatro tomos en folio,
hil o superior, impresa por J oaquín 1barra, y con láminas de José del Castillo, Antonio Carnicero y otros.
Es la primera edición corregida por la Real Acade·
mia española. La segunda de la Academia es de [7 152 Y
la te rcera de 1787, ambas edicion es impresas por
I barra y con lá mina ' de I sidro y Antonio Carni cero.
Se dife rencian tan sólo en que la segunda edición
consta de cuatro tom os y la tercera de seis.
1797-9r. . - D c esta fecha existen en la bi blioteca
del Sr. Bonsom s tres eje mpla res de otras tantas ediciones, publicadas por D. Gabriel de Sancha, con
estampas de Navarro y con la vida del autor por
D J uan A..l1tonio l'eILicer. Uno de estos ejemplares
consta de cuatro tomos y está impreso en hilo común;
otro que tiene cinco tomos está impreso en papel de
hilo superio r, y fi na lmente el otro que consta de siete
tomos es uno de los poquísimos ejemplares (seis según Salvá, dos segú n la nota impresa pegada cn el
primer tomo) q ue se im prim ieron e n hermosa vitela
y por el cual se pagaron 3.000 francos en París el
año 1882, siendo de creer que es el ejemplar que
perteneció al mismo Gabriel d e Sancha, por cuanto
en todos los volúme nes lleva las cifras G. S. entrelazadas en el lomo de la magnífica encuadernación
de tafilete.
18 [9. - Cuarta edición corregida por la R eal Academia española. Consta de cinco tomos, en 8.° mayor, con estampas de Rivelles, grabadas por Enguidanos y Blanco. El tomo V contiene la vida de Cervantes por D. Martín F ernández de Navarrete.
1827. - Edició n en miniatura, 16:, con estampas;
límpidamente impresa por J ulio Didot, mayo r, y. publi cada en París á expensas de D. J oaquín M.a de
Ferrer. Las cos partes están contenidas en un solo
volume n.
1832. - Segunda edi ción en miniatura, también
publicada en París por D. J oaquín M. a de Ferrer.
Es igual á la anterior, con la sola diferencia de constar de dos voltímenes, por haberse espaciado las líneas
algo más que en la edición anterior.
1 8 ~3-39. - Edición imp resa en Madrid por E. Aguado. Consta de seis tomos en 4. ° con los comentarios
de D. D'iego Clemencín, y es, por esl<1. circu nstancia,
la más Mil de las que se han publicado hasta ahora
para los que quieran conocer á fondo las bellezas y
lo defectos de la obra de Cervantes.
1863. -De esta fecha existen tres ejemplares de
otras tantas ediciones publicadas en ArgamasiUa del
Alba por Manuel Rivadeneyra; un o de los ejemplares en hilo superi or, 16."; otro del mis mo tamaño en
hilo común, y otro de papel superior, marqu illa. E~te
(tltimo, que consta de cuatro tomos, for ma parte de
las obras completas de Cervantes publicadas por el
44
LA
I LUS T RAC I ÓN ARTISTICA
L'ENGINYOS CAVALLER
nON aUlXOT DE LA MANXA
Miquel de Cervantes Saavedra
NUMERO
680
cionario bibliográfico d e Brun et, ya citado anteri ormente, dice que esta primera versión se imprimió en
Londres en 16 r 2 y 1620, de esto se d educe que el
primer tomo, que contiene sólo la l, a parte del Quijote (y no podía contener la 2. a porque aún no se
había publicado), debe ser del año 16 12.
Siguen á esta edición las de 1652 Y de 1675, ambas publicadas en Londres por Crooke y Scot respectivamente; y la de 1687, publicada asimismo en
L ondres por ewton, que contiene la traducción de
J. Philip , en un '0 10 volumen, folio .menor, con láminas ó grabados en cobre.
VERSIONES ALEMANAS
Anton; 1lulbolln y :rus.U
6,\1\I ·1·:I.U:-'\
l'u·' ....It,ul.\r.Ji,f.AI.I(
. IW"'lL'u:. 1I
101,1'-:'''.'('
D e e tas existen en la bibliotec.1. del Sr. Bonsoms
tres ejemplares corre pondientes á otras ediciones del
siglo XVII, á aber: la de 1648 y 1669, publicadas ambas en F rancfort por M. Gotzen, y la de 1683, p ubli::ada en Basilea por J. Ludovico du F our Jo consta
':: 11 dichos ejemplares el nom bre del traductor; pero
.lCeniéndose á lo que dice el ya repetido Diccionario
bibliográfico de Brunet, las ed iciones tÍ que nos referimos deben ser otras tantas reimpre iones de la primera versión alemana, hecha por l~a cal Bastel, y
pub licada en Cothen en 1621.
VERS iONES ITALIANAS
Tres son también los ejemplares que posee don
I sidro Bonsoms de las ediciones italianas publicadas
durante el siglo á que nos contraemos: la edición de
1622 (primera italiana) y la de 1625, publicadas ambas en Venecia por Andrea Baba; y la de 1677, publicada en Roma por J. Corno y B. Lupardi. Las
Vcrsi6n catalana de Anton io Bulbena y Tusell, 1891. Bo.rcelona. I mprenta de Altés
tres contienen la traducción hecha por L. Franciosini, y de las tres se reproduce la portada en el presenmismo:¡Rivadeneyra. El mérito de estas ediciones otras tantas ediciones que se publicaron en fran cés te número de la Revi ta o
consiste para el literato en que el texto fué corregido desde el año J 6 J 4 hasta el 1695 inclusive.
VERSION ES HOLANDESAS
La más antigua de estas ed iciones, cuya portada se
por D. Juan Eugen io Hartzenbusch, y para el bibli ófilo en la circunstan cia de que se imprimi eron en la reproduce en el presente número de L A ILUSTRADe estas versiones existen en la biblioteca del semisma casa donde se supone que estuvo preso Mi- CiÓN, lleva la fecha de 1614 , fué publicada en París ñor Bonsoms cuatro ejemplares que corresponden tÍ
por Juan Foüet, y contiene sólo la L a parte del Qltl~ las ed icion es siguientes: la de r657, publicada en
guel de Cervantes.
A partir de esta fe ha, las principales ed iciones del jote. Es la primera versión fran cesa, hecha por Cé ar Dordrecht por Savry; y las de 1669, 1696 Y 1699,
Quijote se han publicado en nuestra ciudad, )' de Oudin, secretario de . M . en las lenguas germánica, p ublicadas las tres en Amsterdam, la primera por
italiana y española y secretario de Monseñor el prín- Boeckholt, la segu nda por G de 1 amsveld, y la terentre ellas merecen citarse las siguientes:
1871-73. - Cuatro tomos. Esta edición, impresa en cipe de Condé. El mismo Lui s XIII, á quien está cera por G. de Coup Todas ellas conti enen la mi sla casa arciso Ramírez y Ca es la reproducción en dedicada la obra, le encargó la traducción d I .Don ma traducción de L. V. B. (Bosch, seglín el catálofacsímile de la primera ed ición ó edición príncipe del Quijote, y por este trabajo recibió César Oudin una go de Leopoldo Ríus) y van ilustradas con estam pas
(véanse en el lugar correspondiente de este número
Quiiote por la fototipografía y fué publicada por el suma de 300 li bras.
Síguele, en orden de antigüedad, la ed ición de 1622, las reproducciones de las portada respectivas). De
coronel D . Francisco López Fabra. Las 16.' 3 notas
puestas á esta edición por D. Juan Eugenio Hartzen- publicada también en París por Denis Moreau y que las versiones en las demás lenguas extranjeras no
sólo contiene la 2. a parte del Quijote, traducida por existe en la biblioteca del Sr. Bonsoms n ingún ejembusch se publicaron en 1874.
1875. - E d ición publicada por los herederos de Francisco de R osset, natural de Provenza, novelista plar del siglo XVII
Pablo Ri era. Consta de dos tomos en folio mayo r, y poeta, y muy experto en las lenguas del Mediodía
Bastante más podríamos aiJad ir á lo qu e llevamos
de Europa. Su versión, que es la primera que se hizo expuesto; pero este artículo, que ya peca de largo en
con láminas del célebre dibujante Gustavo Doré.
1879. - Editor Juan Aleu. Consta de dos tomos en en francés de la 2. a parte del Quijote, se imprimió demasía, y que por la circunstancia de ser meramenfolio con cromos y dibuj os de Apeles Mestres. Esta por primera vez en lÓ18, según dice el Diccionario te bibliográfico ha de carecer de toda amenidad, reed ición, conforme á la corregida y publi cada por la bibliográ fi co de Brun et.
sultaría, si fuese más extenso, extrao rdinariam ente
Vienen después de estas dos primeras las dos edi- cansado y fastid ioso para los lectores de esta R evisR eal Academia española, ru é anotada por D. Antonio Bofarull y de Brocá. Otra edición de la misma ciones de 1625, París, ed. Mestais, u na de ellas con ta. Por otra parte, en este mismo núm ero se inserta
fecha e la publicada por Espasa hermanos, com- la traducción de César Oudin y otra con la versión un estado de todas las ediciones publicadas del Ql¿Z~
puesta de dos tomos en folio mayor, con láminas de F. de R os. et; la edición de 1639, París, ed. Ar- jote, que puede servir de complemento al presente
nold Cottinet; otra de la misma fecha, publi cada por artículo y en el cual se consignan cuantos datos puegrabadas en acero.
1880-83.-Montan r y Simón. Luj osa edición en Antoine Couton; la de 1646, publicada en Rouen; dan interesar á los cervantistas.
dos tomos, folio mayor, con grabados intercalados y la de 1665, en Orleans; la de 1678, París, ed. Claude
La li sta de ediciones en dicho estado contenida, y
láminas cromolitográfi cas de los reputados artistas Barbin; la de 1681, también publi cada en París por lo que 'llevamos consignado en este artículo , bastan
D. Ri cardo Balaca y D. J. Luis P ellicer. El texto el mismo editor; otra de la misma fecha publicada en para demostrar la inm ensa celebridad que, desde su
Lyón por Thomas Amaulry; la de 1692, Amsterdam, aparición en r605, ha tenido en nuestra patria y fu eestá anotado por D. icolás Díaz de Benjumea.
Finalmente, para terminar con las ediciones espa- ed. Abraham Wolfgang; la de 1695, P arís, ed. Clau- ra de ella la obra inmortal del Príncipe de los ingeñolas, diremos que impresas en el establecimi ento de Barbin, y fin almente otra de Amsterdam, ed. Pi er- nios españoles.
I GNACIO D UBLÉ
tipográ fi co del Sr. Gorchs están en curso de publica- re Mortier, que empezó á publicarse el mismo año
ción tres edi ciones del Quijote, una en papel de hilo, de 169 5, terminando su publ icación en 1696.
otra en papel del Japón y otra en vitela.
Además podemos citar aquí las dos versiones cataVERSIONES INGLESAS
lanas de la misma obra, ambas publicadas también
en nuestra ciudad: la de 1882, que cómprende sólo
Los ejemplares que figuran en
la prim era parte trad ucida por Eduardo T ámaro, y
forma un tomo eh 4. 0 salido de la imprenta d e don la biblioteca del r. Bonsoms, de
Cristóbal Miró; y la de 189[, traducida por D. An- las ediciones inglesas del Quijote
tonio Bulbena, que forma también un tomo, con publicadas duran te el siglo XVll,
el retrato de Cervantes. D e esta edición, impresa son en número de cuatro.
De estas ediciones, la más
en la tipografía de F . Altés, sólo se tiraron 350 ejemantigua consta de dos tomos
plares.
en S.", que conti enen respectivamente la L a y la 2.a parte del
VERSIONES EXTRA JERAS
Quijote, los cuales fueron imLa demasiada longitud de este artículo hace que presos en Londres por Edward
no podamos ocuparnos con mucha extensión de las Blount; el primero, cuya portada
versiones extranjeras del Ingenioso J'Iidalgo Don Qui- se reproduce en el presente nú'ote de la Mancha . Por lo tanto nos limitaremos á mero, no lleva ninguna fecha,
hablar, y aun someramente, de las versiones que se mientras que el 2. o tomo, en la
portada, cuyo facsímile también
• publicaron en el siglo XVII.
puede verse en este número, lleva la fecha de 1620. Dicha ediVERSIONES FRANCESAS
ción contiene la primera versión
Trece son los ejemplares del Quijote que existen inglesa del Quzjote, hecha por
Tumba de D. Quijote, alegoría por Pinelli. Roma, 1834
en la librería del Sr-. Bonsoms, correspondientes á Thomas Shelton; y como el Dic-
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
BIBLIOTECA UNIVERSAL ILUSTRADA
HOMENAJE AL POETA ESPAÑOL
DON JOSÉ ZORRILLA
Rindiendo el debido 'tributo á la memoria del insigne vate, cuyo 'nombre llenará siempre una de las
hermosas páginas de la historia de nuestra literatura, y seguros de que hemos de complacer con ello á los
suscriptores de nuestra
BIBLIOTECA UNIVERSAL,
publicaremos en el corriente año una edición de su obra
inédita, propiedad de esta casa editorial, titulada
LA LEYENDA DE LOS TENORIOS
con ilustraciones del renombrado dibujante
DO N
J O SÉ LUIS
PELLICER
cual obra repartiremos encuadernada con tapas alegóricas.
LA ILUStRACION ARTÍSTICA
Desde el próximo número de nuestra
ILU STRACI ÓN ARTÍSTI.~A
empezaremos á publicar la traducción de
la preciosa novela de J. Rameau, titulada
LA
CABELLERA
DE
MAGDALEN A
ilustrada con preciosos . dibujos debidos á Mr. Marchettz
,....
A esta novela seguirá la titulada
UN BUEN TÍO Y UN
BUE~-
CURA
.'
Original de
JUAN DE LA BRETE;
libro premiado por la Academia Francesa y traducido esmeradamente de la 38.a edición
POR DON CARLOS OCHOA y MADRAZO
La ilustración de esta obra la hemos confiado al dibujante español Sr. Cabrinety.
Biblioteca Virtual de Castilla-La Mancha. Libros, 1895 - La Ilustración artística dedica este número al inmortal libro D. Quixote de[...]
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